El fiasco de Maduro ahonda la debilidad de un régimen aislado del mundo

Baja participación, denuncias de fraude y nuevas condenas de EE UU, países americanos y europeos

El fiasco de la participación de las elecciones del domingo en Venezuela, con la abstención más alta de la historia en ese país en unas presidenciales (un 46%), ahonda la debilidad del régimen chavista. Las fuerzas mayoritarias de la oposición pidieron el boicot de los comicios por carecer de garantías y la victoria, aplastante, de Nicolás Maduro solo tuvo legitimidad para el oficialismo. Sus adversarios, Henri Falcón y Javier Bertucci, exigieron la repetición, aunque este último acabó reconociendo el resultado. El Frente Amplio (de los principales partidos de la oposición) demostró el alcance de su llamamiento a no votar. La comunidad internacional ratificó el aislamiento del Gobierno.


Maduro se proclamó el domingo por la noche presidente de Venezuela hasta 2025. Según los datos oficiales, con casi 6,2 millones de apoyos frente a los 1,9 de Falcón, su principal contrincante. Lo hizo después de una campaña marcada por la indiferencia y de una jornada electoral en la que más de la mitad de los votantes (de un total de unos nueve millones) secundó las tesis de quienes rechazaban estos comicios, convocados a principios de año con unos tiempos y unas reglas del juego que, según sus denuncias, favorecían a las autoridades. El aparato chavista redobló los esfuerzos para conjurar la abstención —“votos o balas”, llegó a decir el propio mandatario, incidiendo en la retórica del enemigo exterior—, pero finalmente incluso el Consejo Nacional Electoral (CNE), una institución controlada por el oficialismo, confirmó uno de los peores datos de movilización en unas elecciones de estas características.


El sucesor de Hugo Chávez salió del palacio de Miraflores y compareció ante miles de seguidores para exhibir una “victoria popular permanente” y habló de diálogo. Su ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, se empleó ayer en demostrar, junto a la presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez, que la participación no fue tan mala. Confrontó las cifras con las de países vecinos como Colombia y de Estados Unidos. No obstante, el término de comparación para medir estas elecciones se halla en la propia historia de Venezuela. En 2013, acudió a las urnas casi el 80% del censo; en 2012, el 80,5%; y en 2006, el 74,7%. Nunca en las últimas décadas unas presidenciales causaron tanto rechazo. El ministro también se pronunció, durante una conferencia de prensa, sobre las críticas y las denuncias de la llamada comunidad internacional, una expresión que él mismo dijo censurar. Trató de restar importancia a las presiones de las principales instancias americanas y europeas y afirmó lo que importa es lo que dice Venezuela.
Rechazo
Sin embargo, una de las cuestiones que más preocupa a la cúpula del chavismo es precisamente la amenaza de las sanciones internacionales. Estados Unidos, las potencias de América Latina, varios países europeos y también el G-20, cuyos ministros de Exteriores están reunidos en Buenos Aires, condenaron la cita electoral. El vicepresidente de EE UU, Mike Pence, reiteró que su país no reconoce lo que calificó de “farsa”. “No fueron ni libres ni justas. Los resultados ilegítimos de este falso proceso electoral son un golpe más para la orgullosa tradición democrática de Venezuela", mantuvo en un comunicado. La Unión Europea ya había manifestado hace un mes que para poder reconocer los resultados debían darse algunas condiciones como la participación de todas las fuerzas políticas, una composición plural de la autoridad electoral, un nuevo calendario y una mayor observación internacional. Y los 14 países latinoamericanos que integran el Grupo de Lima llamaron a consultas a sus embajadores y acordaron reducir las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Maduro.


Estos países aseguraron que “no reconocen la legitimidad del proceso electoral desarrollado en la República Bolivariana por no cumplir con los estándares internacionales de un proceso democrático, libre, justo y transparente”. El Ejecutivo español también avanzó que “estudiará junto a sus socios europeos la adopción de medidas oportunas”. “Resulta evidente que en el proceso desarrollado en la jornada de ayer no se verificaron esos requisitos indispensables... A las deficiencias democráticas fundamentales de las que se partía, hay que sumar las graves irregularidades denunciadas por candidatos opositores y diversos sectores de la sociedad civil respecto del desarrollo de la jornada de ayer”, continúa el Gobierno español.


Henri Falcón, que rompió con el chavismo en 2010 y era el principal candidato opositor, exigió la repetición de las elecciones. Este militar retirado se alejó de la Mesa de Unidad Democrática, que reúne a los principales partidos de oposición, precisamente después de la convocatoria electoral. Las fuerzas críticas con Maduro enfrentaron estas presidenciales con estrategias distintas. Las formaciones de Leopoldo López (Voluntad Popular), Julio Borges y Henrique Capriles (Primero Justicia) y Henri Ramos Allup (Acción Democrática) optaron por demostrar su fortaleza a través de la abstención, tratando de evidenciar la soledad del régimen.


“A los venezolanos les imploro que no caigan en la desmoralización. Hoy Maduro es más débil que nunca antes. Estamos en la fase final de un ciclo trágico para nuestro país. Ha quedado expuesto y el mundo desconocerá el fraude hoy [domingo]”, dijo Borges. Quedan ahora por conocer los próximos pasos de estas formaciones y su voluntad real de volver a unirse y redoblar la presión.

Caracas 22 MAY 2018 - 03:32 COT

 

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Maduro fue reelecto, Falcón no lo reconoció

El mandatario venezolano ganó con un 67,7 por ciento de votos frente al 21,1 por ciento de su principal rival, Henri Falcón. La participación fue del 46 por ciento, en una jornada marcada por el llamado opositor a la abstención.

Nicolás Maduro renovó su presidencia de la República Bolivariana de Venezuela tras triunfar en los comicios que se realizaron ayer. Según el parte oficial del Consejo Nacional Electoral (CNE) que leyó su titular, Tibisay Lucena, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo 5.823.728 millones de votos (67,7 %) en tanto que su principal contrincante, Henri Falcón, consiguió 1.820.728 (21,2 %). El porcentaje de participación del padrón ascendió, al cierre de esta edición, al 46.01 por ciento y según las proyecciones llegaría al 48 por ciento. En ese marco, Falcón desconoció los resultados y aseguró que Maduro carece de legitimidad sumándose así al discurso que tuvo el resto de los partidos opositores que se negaron a competir y llamaron a la abstensión. Ello no evitó la fiesta del chavismo: una verdadera multitud esperó el resultado en el Palacio de Miraflores, sede del gobierno venezolano. Maduro, acompañado de su esposa Cilia Flores, aseguró a la militancia que “volvimos a ganar, a triunfar. Somos la fuerza de la historia que enfrenta todos los retos y desafíos que los hemos convertido en victoria popular y permanente”.


Así, Maduro será el presidente de Venezuela hasta 2025 (el mandato empieza en enero de 2019). “Tomen nota, esta es la victoria 22 en 19 años conquistada en base a la conciencia, el movimiento de pueblo luchador. Cuánto subestimaron al pueblo, cuántos me subestimaron a mi pero aquí estamos, victoriosos otra vez”, indicó el presidente reelecto. Incluso recordó que esta es la cuarta victoria seguida desde aquella derrota cuando la oposición se hizo del control de la Asamblea Nacional (legislatura). Maduro señaló que obtuvo el 68 por ciento de los votos y advirtió que Falcón desconoció el resultado cuando todavía no se conocían. “Eso falta de honor”, señaló para repetir que su candidatura ganó con 68 por ciento y superó a Falcón por 47 por ciento. Todos datos para contrarrestar el discurso opositor que apostó al abstensionismo y así señalar una supuesta falta de legitimidad. A pesar de ello, anoche Maduro durante su discurso de victoria igual convocó a un proceso de diálogo nacional y también se comprometió a “activar los motores de la economía para generar la inclusión social”.


El opositor Falcón no esperó el parte oficial para presentarse ante los medios de comunicación para afirmar que “este proceso electoral carece de legitimidad y desconozco el resultado” del escrutinio que al momento en que habló todavía no se conocía aunque debía contar con el informe de sus propios fiscales. Aseguró que realizó una infinita cantidad de denuncias ante el CNE por irregularidades en el comicio pero que no obtuvieron respuestas. Señaló como responsable de estos hechos al gobierno y al PSUV y por eso afirmó que “para nosotros no hubo elecciones y se deben hacer otras nuevas”. Una declaración que lo terminó por sumar a la estrategia del resto de los partidos opositores que habían desistido de participar para deslegitimar la elección presidencial.


El día después


La continuidad del gobierno de Maduro a partir del triunfo no implica necesariamente la descompresión inmediata del conflicto político económico. En todo caso abre caminos para explorar lo que el propio presidente vino anticipando en su discurso en la campaña e incluso ayer que gira alrededor de una convocatoria al diálogo, al perdón y a un proceso de reconciliación nacional con todos los sectores políticos, económicos y sociales de Venezuela. Sin duda, entre ese universo al que hace referencia están los partidos de la oposición, los que de alguna manera moderaron su postura como el Frente Amplio Venezuela Libre donde conviven Acción Democrática y Primero Justicia. Pero también están lo más radicalizados como Soy Venezuela que apuestan a la destrucción total del chavismo y entre sus opciones incluyen la intervención militar extranjera.


La propuesta lanzada por Maduro implica la tarea de resolver la peor de las crisis económicas que recuerda Venezuela donde la inflación y la destructiva corrida cambiaria destruyeron y lo hacen aún el poder adquisitivo de los venezolanos en general pero fundamentalmente a las clases sociales más bajas. Por ahora el abastecimiento está más o menos controlado a través de la implementación de los Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), surgido a partir de un acuerdo con el gobierno de Turquía, le quitó un peso a la tensión que vive la sociedad de este país pero el gobierno sabe que eso no alcanza y tal vez por eso Maduro adelantó algunos items que incluirá la propuesta lanzada al mundo político en particular pero que también incluye a sindicatos, las iglesias y sobre todo los empresarios.


El presidente buscó ayer ganar el escenario mediático al votar a las seis de la mañana en punto cuando se abrieron las mesas electorales. Luego de emitir su voto, Maduro planteó ante los medios de comunicación su decisión de “cambiar muchas cosas” dentro de su gobierno y entre ellas deslizó que pretende modificar los “métodos” pero no dio más pistas. Luego sostuvo que con todos los sectores convocados a este proceso de reconciliación buscará “perfeccionar ese cambio”. Bien podría considerarse que Maduro hace referencia a una revolución dentro de la revolución pero no dio cuenta de los límites ni de los puntos que incluirá pero todo deberá hacerse, según sus palabras, en el marco de un diálogo franco y en pos de la paz del país latinoamericano.


La situación económica será uno de los ejes y problemas a resolver en el proceso que impulsa el chavismo. Maduro lo dijo: “Queremos una nueva economía porque la actual fue infectada de neoliberalismo” y agregó que “debemos instalar un nuevo sistema de precios para que no nos roben”. No avanzó más pero la ausencia de la palabra “socialismo” en el discurso de Maduro pero también de todos sus ministros, dirigentes del Partidos Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) e incluso simples militantes, abre interrogantes sobre el perfil del nuevo mandato presidencial. Es probable que sea parte de la táctica para estos tiempos aciagos y en el marco de la propuesta lanzada. Una de las incógnitas que se develarán con el correr del tiempo.


Lo cierto es que a partir de hoy poco habrá cambiado para el venezolano pero no es para despreciar contar con una perspectiva o una alternativa a explorar para salir de la crisis. En la madrugada del domingo, cuando todavía no se habían abierto los centros electorales una mujer de unos cincuenta largos sintetizó para PáginaI12 lo que podía ocurrir en las elecciones y después de ellas: “Si perdemos será un peo (problema) y si ganamos... también”, dijo y agregó “pero los chavistas estamos para esa vaina, para enfrentar y seguir pa’lante”, señaló con una amplia sonrisa.

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Domingo, 11 Febrero 2018 09:48

Brasil y la temporada de incertidumbres

Brasil y la temporada de incertidumbres

Las elecciones de octubre son, sin duda, las de pronóstico más dudoso desde 1989, cuando los brasileños volvieron a las urnas para elegir un presidente luego de 28 años.

 

Algunos mecanismos, es verdad, se repiten. Por ejemplo: en aquella ocasión, el poderoso grupo de comunicaciones llamado Organizaciones Globo, con la televisión que lleva el nombre del conglomerado y actúa, en términos concretos, como un gran monopolio, a la cabeza, hicieron de todo para impedir que Leonel Brizola fuese a la segunda vuelta. Por una diferencia de poco más de 450 mil votos, quien logró enfrentarse al candidato de los medios, del mercado financiero y del empresariado, un neófito llamado Fernando Collor de Melo, fue el entonces radical líder sindical Luiz Inácio Lula da Silva.

 

Dando una clarísima muestra de su ausencia total de escrúpulos, la Globo manipuló los noticiarios de mayor audiencia en el país con una edición trucha de un debate que mostró los mejores momentos de Collor de Melo y los peores de Lula da Silva.

 

Resultado: ganó Collor, quien fue defenestrado por el Congreso después de cumplir poco más de dos años y medio de su mandato, hundido por toneladas de acusaciones bien comprobadas de corrupción endémica.

 

Ahora, a la Globo y a todos los demás medios masivos de comunicación, al mismo mercado y al mismo empresariado, se sumó el muy poderoso Poder Judicial, la Corte Suprema inclusive, con la misma misión: defenestrar la figura de Lula da Silva.

 

Es verdad que la campaña sufrida en aquel entonces por el más consistente y, por tanto, peligroso líder de izquierdas, Leonel Brizola, se parece a caricia materna si es comparada a lo que se armó contra Lula.

 

Eso se debe a razones consistentes, para empezar, por lo que él hizo en sus dos mandatos presidenciales. Pero lo importante es que, a estas alturas del juego, las posibilidades de que Lula da Silva, quien encabeza con amplio margen todos los sondeos electorales, pueda presentarse en octubre son poco menos que nulas.

 

Es comprensible: al fin y al cabo, el golpe institucional que destituyó en 2016 a la presidenta Dilma Rousseff –nunca es demasiado repetir– tenía como objetivo final liquidar a Lula. Un juicio preñado de irregularidades, a empezar por la ausencia confesa de pruebas (se le condenó con base en "convicciones" surgidas de lo que dijo un delator), cuya sentencia fue confirmada por un tribunal de segunda instancia, hizo que su postulación fuese prácticamente fulminada: la legislación electoral brasileña impide que alguien con una condena confirmada sea candidato.

 

Hay, desde luego, brechas en esa ley. Pero sobran indicios de que, en su caso particular, ningún espacio será abierto. Antes siquiera de recibir –y analizar– un pedido de registro de la candidatura de Lula, el presidente del Tribunal Superior Electoral, el folclórico Luis Fux, ya anticipó, en un neologismo infame, que el nombre del ex mandatario es "irregistrable".

 

Además, existe otro riesgo rondando la figura del más popular presidente de la historia brasileña: el tribunal que le sentenció determinó también que Lula empiece a cumplir la pena tan pronto se agoten sus recursos en la corte. No son pocas las posibilidades de que lo encarcelen a mediados de marzo. Son altísimas las posibilidades de que instancias superiores le concedan un habeas corpus. Pero el desastre estaría consumado.

 

El problema es que, sin Lula, ¿qué saldrá de las urnas?

 

La perspectiva de un absentismo olímpico asusta a analistas y traza un escenario inquietante para quien logre alzarse vencedor.

 

Para hacer aún más enigmático el panorama, ni el grupo instalado en el poder, ni el sacrosanto mercado financiero, ni el conglomerado oligopólico de comunicación y menos todavía el empresariado, tienen un candidato viable para mantener las cosas tal como están.

 

Faltando seis meses para el cierre oficial del registro de candidatos, y ocho para que los electores acudan a las urnas, lo que se ve en el horizonte es una interrogación de las dimensiones de un portaviones en la piscina de algún club de suburbio.

 

Todos los nombres lanzados hasta ahora como globo de aire no lograron ganar altura. El PSDB, partido del ex presidente Fernando Henrique Cardoso e idealizador del golpe institucional, se encuentra en un callejón sin salida: su presidenciable, el actual gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, tiene el carisma de una hoja de lechuga.

 

Cardoso, a propósito, ya dio todas las pistas de que pretende abandonar al candidato oficial del partido y estimula que un presentador de televisión, Luciano Huck, funcionario de la TV Globo, se postule. Bastante popular principalmente en las clases menos favorecidas, a raíz de un programa populachero que distribuye beneficios a los pobres, Huck tiene la coherencia política e ideológica de una gallina y la consistencia de un flan de nubes.

 

La complicidad de la justicia consolidó el golpe. Pero ahora nadie, ni los golpistas, sabe qué hacer para impedir un eclipse de consecuencias absolutamente imprevisibles.

 

La verdad es que octubre, más que un enigma, se parece cada día más a una amenaza. Terrible amenaza.

 

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A un día del voto en Chile preocupa la abstención

Con la esperanza de que una mayor afluencia a las urnas beneficie más al candidato oficialista, Alejandro Guillier, que al derechista Sebastián Piñera, el gobierno lanzó varias campañas invitando a los chilenos a acudir a las urnas.

A un día de las elecciones presidenciales la mayor preocupación, sobre todo del oficialismo, es incentivar el escuálido 46,6 por ciento de votantes que se registraron en la primera vuelta, con la esperanza de que una mayor afluencia a las urnas beneficie más al candidato oficialista, Alejandro Guillier, que al derechista Sebastián Piñera.


En Chile el voto no es obligatorio, por lo que el nivel de abstencionismo suele ser alto. Por esta razón, el Gobierno lanzó varias campañas invitando a los chilenos a acudir a las urnas, tanto por televisión, como a través de carteles luminosos y anuncios publicitarios en las calles de Santiago. “#Elecciones2017: No dejes que otros decidan por ti el futuro que quieres para Chile. En esta segunda vuelta ¡no te restes, súmate!”, es el mensaje que transmite el gobierno por sus cuentas en redes sociales.


En la primera vuelta electoral, el 19 de noviembre, el candidato de Chile Vamos, Piñera, salió primero con cerca del 37 por ciento de los sufragios, seguido por Guillier, La Fuerza de la Mayoría, con el 22,7 y la centroizquierdista Beatriz Sánchez, del Frente Amplio (FA), con un sorprendente 20,27. En la acumulación de estos dos porcentajes, avalados por el respaldo explícito del FA, se centran las esperanzas del oficialismo.


En las atiborradas calles de Sanhattan, como llaman a la exclusiva zona de modernas oficinas de la ciudad, abundan las compras navideñas pero el principal tema de conversación es el balotaje del domingo .Un empleado de un restaurante de ese barrio, al que acuden a almorzar cientos de personas cada, comentó que los diálogos entre parroquianos, son “el debate televisivo, si cumplirán lo que prometen Piñera o Guillier, o cómo subirá o bajará la bolsa el lunes”.


En la comuna de Las Condes, tradicionalmente favorable al candidato de Chile Vamos, algunos vecinos hablan de la importancia de ir a votar este domingo porque en la primera vuelta Piñera no ganó con la ventaja que auguraban las encuestas, de modo que “es más importante que nunca ir a votar para que haya un cambio”, dice un vecino.


En las comunas más populares, como La Florida, donde muchos vecinos han logrado acceder a la educación universitaria gratuita por la reforma impulsada por el actual gobierno de Michelle Bachelet, los comentarios son diferentes. “Votaremos por Guillier, necesitamos que la educación universitaria gratuita llegue a más personas”, cuenta María Fernanda, mientras limpia la vereda de su casa.


En Santiago Centro, un vendedor ambulante cuenta que hay mucha preocupación en las calles por el rumbo de la economía si no gana Piñera, aunque para él los cambios de este Gobierno “no se verán en años y seguramente con el tiempo extrañaremos a Bachelet”. Julieta Parra, una estudiante de arquitectura de 24 años, que vive en la comuna de Puente Alta, votó en la primera vuelta por la candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez. “La voté por convicción, por lo mismo este domingo votaré contra Piñera, marcando la opción de Guillier, para que los derechos que hemos ganados las mujeres en Chile sigan avanzando. La ley de aborto en tres causales es una victoria para nuestra dignidad y, por lo tanto, no puedo permitirme que la derecha, al igual como pasó durante la dictadura, nos quiten lo que por tantos años luchamos”, enfatizó Parra.
Mañana a partir de las 8 de la mañana y hasta las 18 horas, los chilenos mayores de 18 años podrán acudir a sus mesas de votación, al igual que miles de chilenos en el exterior, que se inscribieron previamente en su consultado. Es una elección con sólo dos opciones, de modo que se estima que los resultados definitivos estarán cerca de las 21.

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Las elecciones francesas, una farsa siniestra

La democracia electoral pluripartidista, joya de la modernidad democrática en Europa y en Estados Unidos, está gangrenada y ha iniciado el camino de su decadencia. La dictadura ejercida por el capital de los monopolios financieros ha aniquilado visiblemente el alcance y el sentido de las elecciones. Esta es una experiencia por la que Francia ya había pasado hace unos años: el pueblo francés había rechazado por referéndum la propuesta de constitución europea; esto no preocupó en absoluto al gobierno ni al parlamento, ¡que la adoptaron al día siguiente!


La lección que sacó de ello el pueblo francés fue simplemente que el voto había perdido su alcance decisivo y que ya no valía la pena acudir a las urnas. Las elecciones presidenciales de abril de 2017 y las dos vueltas de las elecciones al Parlamento del 11 y del 18 de junio de 2017 así lo atestiguan. ¡Las abstenciones se acercan desde entonces al 60% del cuerpo electoral! Algo nunca visto en la historia de la democracia occidental. En estas condiciones, aunque Macron haya sido elegido Presidente y disponga de una confortable mayoría absoluta en el nuevo Parlamento, el voto positivo a su favor no supera el 16% de los ciudadanos, reclutados en privado en el seno de las clases medias y de los empresarios, un medio social naturalmente “pro-capitalista”, socialmente reaccionario; no constituye en absoluto “un maremoto” como lo presentan los medios de comunicación dominantes. De haberse producido un caso análogo en Rusia, en Irán o en cualquiera de los países del Sur, los medios de comunicación occidentales no habrían dejado de denunciar la farsa. Pero se guardan mucho de decir lo mismo cuando se trata de una “democracia” occidental, en este caso de Francia.


La farsa electoral es el resultado previsible del ejercicio de la dictadura continua y sin precedentes desde hace tres décadas de los monopolios financieros, una dictadura enmascarada bajo la apariencia engañosa de las “exigencias objetivas de las leyes del mercado”. Esta dictadura se ha adueñado del poder político directo, y la adhesión de la socialdemocracia al discurso y a las exigencias del neoliberalismo económico ha producido de facto una forma de poder de “partido único”, precisamente el que está al servicio de la pequeña minoría de los “más ricos”. Ya no hay ninguna diferencia en la práctica de los gobiernos de la derecha clásica o de la izquierda electoral tradicionalmente mayoritaria representada por los socialistas. Esta forma de partido único –el de los “neocons” en Estados Unidos– regula actualmente la “vida política”, de hecho la “vida despolitizada” en el Occidente europeo y norteamericano.


No hay ningún motivo para alegrarse de esta farsa siniestra. Pues la pérdida de legitimidad de la “democracia electoral” no va acompañada por el avance de una alternativa inventiva de formas nuevas y más avanzadas de una democracia real mejor. Esto vale tanto para Occidente como para los países del Sur: los pueblos constatan la deriva, pero finalmente acaban aceptando las consecuencias, a saber, la “marcha atrás” a todo gas. Para Francia, como para los demás países del centro imperialista, las ventajas que procura esta posición en el sistema mundial a la gran mayoría de los pueblos implicados están probablemente en el origen de la “adhesión” pasiva al liberalismo de los mercados.


Sin embargo, el porvenir sigue abierto. En Francia, la farsa electoral de la “República en marcha” no responde a ninguna expectativa de la amplia mayoría de los ciudadanos y de los trabajadores. La esperada adhesión de la derecha al proyecto supuestamente de “centro” no tardará en dejar al descubierto el verdadero rostro de Macron: el de un hombre de derechas al servicio del capital financiero y de las políticas neoliberales, y nada más. Como contrapunto, las luchas sociales, reforzadas por la emergencia de la fuerza política representada por “la Francia insumisa”, están probablemente llamadas a adquirir una mayor amplitud. El falso “maremoto macronista” del que presumen los medios de comunicación pese a que no tiene relación alguna con la realidad de los hechos, corre el riesgo de ser de corta duración. Conviene saber, sin embargo, que la experiencia de las tres últimas décadas ha demostrado que las luchas sociales por sí mismas no son suficientes para detener la deriva de derechas y restablecer una dinámica de avances sociales que implique la superación de las estrategias defensivas y la cristalización de un proyecto alternativo positivo, auténticamente social y democrático. Un proyecto de esta naturaleza tendrá que saber inscribirse, por la fuerza de las cosas, en una perspectiva más amplia y más larga, cuestionando de nuevo al orden mundial imperialista y al subsistema europeo atlantista que lo sostiene. Las condiciones de emergencia de las visiones de esta amplitud y de las estrategias de acción que avanzan en esta misma dirección, tendrán que ser recordadas y constituir el núcleo de los programas de debate de la izquierda radical, tanto en Francia como en el resto de Europa y en todo el mundo.

 

Samir Amin
TopoExpress
Texto de Samir Amin traducido por Josep Sarret para El Viejo Topo.

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Sábado, 05 Noviembre 2016 07:01

Denegación de voto

Denegación de voto

Ni los peores pronósticos de los políticos y los encuestadores se acercaron a lo que sucedió el domingo 23 en Chile: el promedio nacional de abstención en las elecciones municipales llegó al 65 por ciento. Los resultados fueron malos para el progresismo gobernante a nivel nacional.

 

El sábado 22 Chile quedó bajo una suerte de estado de sitio cívico. En cada ciudad el Ejército designó un “jefe de plaza” que asumió el control del orden público junto con las otras fuerzas militares y la policía. Soldados armados a guerra, con fusil al hombro y pistola al cinto, ocuparon las escuelas y los liceos, y quien intentara hacer actos políticos en público o en privado podía sufrir penas de cárcel. Además, los militares, en coordinación con los fiscales del Ministerio Público, tenían atribuciones para allanar las sedes de los partidos políticos y cualquier otro lugar donde hubiera sospechas de actividad política ilegal. Por otra parte, los ciudadanos que no acataran las normas de excepción vigentes se exponían a ser castigados con multas y prisión.


Tales controles no se debieron a ninguna situación de disturbios generalizados ni amenazas al régimen democrático, sino todo lo contrario: las fuerzas armadas estaban cumpliendo las funciones que les asigna la ley electoral, porque el domingo 23 los chilenos debían elegir a sus autoridades municipales. La alarma y la preocupación estaban más bien en el campo de los políticos, temerosos de que se repitiera el fiasco de las elecciones presidenciales, cuando el levantamiento de la obligatoriedad del sufragio hizo que la abstención superara el 58 por ciento y la hoy presidenta Michelle Bachelet llegara al poder con el respaldo de poco más de la quinta parte de los inscriptos en el padrón electoral.


En los últimos tiempos, a las movilizaciones de los estudiantes por la educación gratuita y de calidad se han agregado otras expresiones de descontento de la ciudadanía, como el movimiento No+Afp, que busca el fin del sistema privado de jubilaciones. El involucramiento de casi todos los partidos en los fraudes impositivos, mediante los cuales los empresarios financiaban a los candidatos de su preferencia; los abusos de los grupos empresariales para manipular los precios de productos que van desde los medicamentos hasta el pollo y el papel higiénico; los negociados con la salud y la educación, en los cuales participa más de un miembro de la clase política, y la verdadera ola de estafas a ahorristas e inversionistas descubierta desde marzo de este año –con más de 7 mil perjudicados y pérdidas por alrededor de 250 millones de dólares–, así como la disolución, entre cabildeos políticos y acuerdos de pasillo, del espíritu original de las reformas laboral y educativa, han creado una desazón colectiva y sobre todo una profunda desconfianza respecto de quienes tienen el poder, sea en la política y en la economía.


En las encuestas comparativas latinoamericanas los chilenos no suelen ocupar los primeros puestos en cuanto a su preferencia por el régimen democrático de gobierno ni por la adhesión a los partidos políticos, y pocos días antes de las elecciones municipales el estudio “Valores y prácticas ciudadanas”, realizado por la universidad privada Andrés Bello, indicó que el 46 por ciento apoya la suspensión de la democracia para resolver crisis sociales o políticas. La desafección por el sistema democrático aumenta en sentido inverso al nivel socioeconómico, y para Mauro Basaure, director del Doctorado en Sociedad Actual, de la Unab, “la pobreza se une con el de¬sinterés de votar”. En el caso de los jóvenes, si bien se mantiene la fe en la democracia, tienen la sensación de que el sistema político está traicionando sistemáticamente todas sus ilusiones y aspiraciones.


Ese clima en la opinión pública no contribuyó a despertar el entusiasmo por las elecciones municipales, tradicionalmente consideradas como un barómetro de lo que serán las presidenciales siguientes. Menos aun cuando pocos días antes de la jornada electoral se supo que, debido a unos errores todavía no aclarados en el cruce de datos entre el Registro Civil y el Servicio Electoral (en este país se vota con la cédula de identidad), a casi medio millón de personas les habían cambiado el lugar de votación. El caso más absurdo fue el de un ingeniero que vive en Santiago y que ni siquiera conoce el extremo sur del país, a quien le fue asignada una mesa de sufragio en la villa Las Estrellas...¡del territorio antártico chileno! Pese a la gravedad del problema y a un intento fallido del gobierno para promulgar en tiempo récord una ley que lo corrigiera, esas personas no pudieron participar en las elecciones municipales y como única solución se les ofreció un formulario de reclamos.


¿UN FRENTE AMPLIO VERSIÓN CHILENA?

La masiva abstención tuvo picos de hasta 70 y 80 por ciento en varias comunas, como en Santiago Centro, donde la derecha le quitó la alcaldía a la alianza de gobierno, en un total de votos que no llegó a la cuarta parte del padrón.


De todos modos, los sectores de la política tradicional celebraron el triunfo o lloraron la derrota sin tener en cuenta a los casi 10 millones de chilenos que decidieron no ir a las urnas. La oposición derechista, con el apoyo de los medios que le son afines, puso el énfasis en la cantidad de habitantes que quedan bajo su gobierno y representan más de la mitad de la población total. En cuanto al oficialismo, la presidenta Bachelet hizo un discurso de mea culpa en nombre de la coalición gobernante, en el cual afirmó haber oído el mensaje de los votantes. Una frase muy similar a aquella de “hemos escuchado a la gente”, que pronunció su mentor y antecesor Ricardo Lagos cuando no logró los votos necesarios para evitar la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de 1999. Lagos, que otra vez se ha lanzado a la carrera hacia La Moneda, es visto por muchos como el mandatario que corrió a la derecha el rumbo de la alianza que hoy preside Bachelet.


Esa deriva hacia la derecha es otra culpa que se le achaca al gobierno, por no ir a fondo con las promesas hechas en la campaña electoral, como la gratuidad de la enseñanza, que en realidad ha sido sustituida por un sistema de mayor financiación estatal a los establecimientos educativos privados, para que no cobren aranceles a los estudiantes. Es precisamente el movimiento estudiantil el que ha dado una sorpresa en las elecciones municipales, algo que podría marcar el comienzo de un desafío a los poderes anquilosados en la política de Chile.


Desde el comienzo de las movilizaciones universitarias, en 2011, los estudiantes miraron hacia países como Argentina y Uruguay para tomar referencias de sus sistemas de educación gratuita. En las observaciones en el terreno hicieron contacto con las fuerzas políticas progresistas, y el concepto del Frente Amplio uruguayo fue perfilándose como un modelo de movimiento para generar cambios reales a través de la política. En agosto, Giorgio Jackson y Gabriel Boric, dos de los líderes universitarios que habían dado a la Nueva Mayoría de Bachelet el beneficio de la duda, para llegar a la Cámara de Diputados, resolvieron apartarse de la coalición. “Una mayoría se cansó del modo en que se hace la política tradicional. Para eso es el Frente Amplio: convocar a todos a hacernos cargo del desafío de construir una política distinta, para pasar de un país de privilegios a uno de derechos”, dijo Jackson, al anunciar la formación de la nueva alianza. El Movimiento Autonomista, de Boric, Revolución Democrática, de Jackson, y otras colectividades que se ubican a la izquierda de la Nueva Mayoría, comenzaron a trabajar para afianzarse primero en los gobiernos municipales, y un fruto importante de ese trabajo ha sido destronar a la Unión Demócrata Independiente, el partido más pinochetista de la derecha, de la alcaldía de Valparaíso, donde gobernó durante 12 años.


El nuevo alcalde del principal puerto de Chile es Jorge Sharp, un abogado de 31 años, también formado políticamente en el movimiento estudiantil, quien dijo a los periodistas que la victoria “es una verdadera punta de lanza para lo que hoy día se está viviendo”, en referencia a las posibilidades de crecimiento del Frente Amplio. Si es posible hacer paralelismos con la historia del modelo uruguayo y su desarrollo a partir de la Intendencia de Montevideo, Valparaíso también es una ciudad puerto que tiene grandes riquezas paisajísticas y arquitectónicas (con la categoría de patrimonio de la Unesco), así como serios problemas de asentamientos, poblaciones precarias y sanidad urbana; un Montevideo “antes del Frente”. En esas condiciones, la intendencia de Sharp, con el apoyo desde el parlamento de los diputados Gabriel Boric y Giorgio Jackson, bien podría servir para la construcción de una verdadera fuerza política alternativa a aquellas que han perdido credibilidad para la mayoría de los chilenos.

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Viernes, 04 Noviembre 2016 06:26

Giro confirmado

Giro confirmado

Los resultados de la segunda vuelta de las elecciones municipales del domingo pasado ratificaron la tendencia de vuelco a la derecha del electorado brasileño.


En la mayor parte de las 57 ciudades de más de 200 mil habitantes los partidos más votados resultaron el socialdemócrata Psdb y el Pmdb, la formación política mayoritaria en el país, famosa por su capacidad de pactar con cualquier otro partido, según sople el viento, con tal de ocupar puestos de gobierno en el nivel que sea. Llamó también la atención el número de abstenciones, votos nulos y en blanco que, como en la primera vuelta, batieron récords.


En algunas ciudades, como Rio de Janeiro, la segunda del país, el total de anulados y en blanco fue de 2.034.000, más que los votos obtenidos por el candidato victorioso, el senador y obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios Marcelo Crivella, que llegó a 1.700.030. El mismo fenómeno aconteció en otras capitales estaduales, como Belo Horizonte y Porto Alegre. El candidato de izquierda derrotado en la ciudad carioca, Marcelo Freixo, del Partido Socialismo y Libertad (Psol), obtuvo 1.163.662 votos válidos, 40,64 por ciento de los emitidos. Tras la derrota, Freixo admitió que la izquierda enfrenta la peor crisis desde el fin de la dictadura cívico militar, en marzo de 1985.


REFLEJOS.


Según gran parte de los analistas políticos, algunos de los resultados de estas municipales pueden tener una traducción en las presidenciales de octubre de 2018. Es el caso de Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, donde João Leite, que contaba con el respaldo claro de uno de los referentes de la derecha brasileña, el ex candidato presidencial del Psdb y actual senador Aécio Neves, fue derrotado por Alexandre Khalil, empresario y ex dirigente del club de fútbol Atlético Mineiro. Khali disputaba por primera vez una elección, y al frente de una formación minúscula y casi desconocida, el Partido Humanista de la Solidaridad (Phs), al tiempo que Neves es un viejo lobo de la política local: fue gobernador de Minas Gerais.


Mientras Neves entra en decadencia, el que asciende en la derecha es Geraldo Alckmin, gobernador de San Pablo, cuyos candidatos en las elecciones municipales conquistaron reductos tradicionales del Partido de los Trabajadores en la región metropolitana del estado más poderoso económicamente de Brasil. Alckmin tiene prácticamente el camino desbrozado hacia 2018, porque su otro gran competidor, José Serra, actual ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Michel Temer, es objeto de acusaciones de corrupción por parte de ejecutivos de empresas implicados en irregularidades, investigadas en el marco de la operación Lava Jato sobre el escándalo de Petrobras.


Vistos los resultados del domingo, el Pmdb continuará siendo el partido con más ayuntamientos bajo su control; pero el que tuvo el mayor crecimiento fue el Psdb, que gobernará territorios poblados por 34 millones de personas, mientras el Pmdb gestionará ciudades habitadas por 21 millones.


Los evangelistas pentecostales (nada menos que 20 por ciento del electorado) fueron decisivos para la elección de Marcelo Crivella en la capital carioca. Durante la campaña, el nuevo alcalde había intentado relativizar sus vínculos con la Iglesia Universal del Reino de Dios, pero una vez electo ya no tuvo prurito alguno en aceptarlos. Su primer discurso como gobernante, en el que agradeció siete veces a Dios por su triunfo, lo centró, más que en temas de gestión, en referencias a la lucha contra la legalización del aborto y la difusión de la “ideología de género” en las escuelas, caballitos de batalla de los evangélicos. También se encomendó a otro dios: el del mercado. Dijo que reducirá al máximo el número de funcionarios y que privatizará servicios. Crivella la tendrá difícil para poder concretar sus 41 promesas de campaña y solventar un presupuesto municipal abultado con arcas casi vacías.

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Reza un grafiti: “No sólo de paz vive el hambre...”

El Nobel a Santos aplazó cambios de gabinete que estaban listos. En Colombia la paz arma lío, “preocupa, el discurso del Sí arranca con limitaciones de audiencia”, advirtió un artículo, en nuestra edición anterior. Visto en profundo, el resultado del plebiscito ya suma dos capítulos: en 2014, Santos también perdió la primera vuelta. Ahora repite, con desprestigio y crisis en el poder. A su vez, la izquierda deja desnuda, una grieta con la gente. Con distancia en la opinión, ¿desde 1991 o 2002?, el actor insurgente lleva a cuestas, un ancho margen de impopularidad. Y la abstención indica, el desprestigio de la politiquería, pero no significa un triunfo con eje organizable.

 

Cómo ...remendar el temporal retorcimiento/de un entorno popular, voto silvestre/permeable a la derecha
y su contagio.
Cómo ...nutrir afinidades que trastoquen el asueto/y liviano aumento de las bases,/sin acople ni grosor de mayorías auténticas.
(Turbulencia y víspera. O.R.R.)

 

Hace poco, en mayo de 2014, Óscar Iván Zuluaga venció al Presidente en la primera vuelta, de su reelección. Sin sacar aprendizajes ni acudir al [...] análisis más exacto, objetivamente comprobable, de la correlación de las clases y de las peculiaridades concretas de cada momento histórico*, la izquierda y el activismo salieron del paso. Con la idea fija, de que la reelección victoriosa de Santos, tuvo como artífices del momento definitivo: a la izquierda y “la paz con Mesa en La Habana”, a galope en el supuesto “tenemos pueblo, mayoría”. Convencido en esta hipótesis, el círculo cercano de Gustavo Petro hizo lobby para reclamar un ministerio. Y no faltaron espontáneos, como en las corridas. Más que con retardo, como por no dejar, Clara López, con soporte en la imagen del Polo, resultó Ministra del Trabajo. Ante el «No» del Plebiscito, flota una pregunta en el ambiente: En su consistencia y dinámica, ¿qué mejoró en la izquierda y sus partidos, desde aquel junio 2014? El resultado adverso al Sí, ¿es sólo una sorpresa secundaria o, hay debilitamientos?

 

En este marco, inconformes de Colombia votaron por el No, y también, inconformes dijeron Sí. Otros inconformes, anularon su voto o no respondieron al llamado institucional. Situación ésta del país, de la correlación política y su desventaja, en que ningún inconforme es superior a otro, aunque por ahora..., no existe un liderazgo suficiente, legítimo y con potencialidad para convocar a todos. Sin tomar el toro por los cachos, Iván Orozco –intelectual, activista y exfuncionario nacional de los derechos humanos– anticipaba en sus conversaciones, que las encuestas “ponían en ventaja al Si, para bajar la guardia de los activistas por la paz”. En verdad, estamos en ausencia de un sujeto social, con iniciativa de gobierno y de poder propio.

 

Plebiscito y crisis de desprestigio del poder

 

Timochenko dijo a Caracol el 12 de octubre: “fue hasta bueno que hubiera sucedido esto... ayuda a corregir la metodología y a presentar sencillo el objetivo de paz”.

 

De poco sirvió el carrerón final en la Mesa (Ver: “Acuerdo final Gobierno-Farc” con interrogantes, editorial de la edición anterior). Cuando los festejos de Nueva York, Cartagena y La Habana aún no apagaban luces, ante el atónito de muchos, hace años no ocurría en Colombia la coyuntura o momento buscado por la izquierda: una crisis de gobernabilidad con efectos en el prestigio del régimen y la cohesión del bloque de poder.

 

Momento que asomó en la tarde del domingo 2 de octubre, cuando el Presidente quedó grogui y habló al país, acompañado del equipo de negociadores con las Farc. Fue patente que decían cualquier cosa para calmar las aguas. Sabían que el triunfo del No, ponía en aumento una crisis de gobernabilidad. En efecto, las medidas por aplicar ante su proyectado triunfo, quedaron postergadas en lo económico, político, militar e internacional. Es el caso, de una reunión en Cartagena que Santos suspendió. Nada menos que con el Fiscal de Estados Unidos, un delegado del Departamento del Tesoro, otros cuatro fiscales de esa nacionalidad y, el Fiscal Martínez Neira, que tenía el propósito de detallar la forma de encausar a las Farc por lavado de activos..

 

Crisis de gobernabilidad con agrietamiento del régimen. Obvio, cuando la contraparte uribista ganó más espacio para atravesar palos al gobierno. Fácil ante la incertidumbre en el qué hacer y la mayor pérdida de la imagen oficial, por efecto de la alta abstención y el desconocimiento a la gestión del Gobierno en La Habana. Con ofensiva en el nuevo escenario, saltó el Centro Democrático con imagen de cogobernar con respecto al conflicto y actor de ‘diálogo nacional’. Asumió un tono conciliador ante el país y las mismas Farc. Una iniciativa de amnistía para la guerrillerada y un “no queremos la guerra...”. Proceder que despreviene a una parte del país, y que obligó a Santos a radicalizarse.

 

Así, el Gobierno anunció que el cese de fuegos iría sólo hasta el día 30. Su efecto fue el que buscó Santos: hacer creer que al fin de mes, las hostilidades prenderían de nuevo sus fogonazos y sollozos. Con esta jugada, el Centro Democrático queda de nuevo con el balón en su cancha: debe concretar sus negativas y reformas con los Acuerdos de La Habana. Y no solo esto. También tiene que favorecerlas en el Congreso, para que las negociaciones Gobierno-Farc no lleguen a romperse. Temor que aborda a la opinión pública y señalaría un culpable, ya no tanto en las Farc –cuña que Santos usa para apretar a su otrora jefe y aliado.

 

Situación y factores de crisis, percibidos con preocupación y puntualidad por parte de la comunidad internacional y su debate por valijas, y por la ONU –bajo presión de tiempo, 8 de noviembre, día de la elección en Estados Unidos– no ajeno al acomodo último, o, a la acción de mantener el Premio Nobel.

 

Rectificación necesaria por parte de la izquierda

 

...no sólo con angostas atarrayas y tarimas/de oradores con oficio/y cada grupo aparte,/granizo y goterones escarlatas/sin soldador de todos los fragmentos,/añade otro difícil. (Turbulencia...)

 

En este tire y afloje con efectos hacia 2018, irrumpen los jóvenes bajo un interrogante más de fondo, ¿palpita en la nueva generación la decisión de ir hasta donde sea necesario? De inmediato exigen que la paz no quede refundida y haya respeto al cese bilateral de fuegos. Queja en común, con los impulsores del Sí. ¿Y qué es necesario, desde un sentido de ruptura de la naturaleza oligárquica del régimen y su intento de legitimar otro peldaño de 20-30 años? Ahondar la crisis del propio régimen, es la respuesta.

 

Tomar iniciativa en procesar con emplazamientos locales y cabildos y plazas tricolores, la exigencia de demandas que vayan más allá de los propios Acuerdos –en su caso, quienes aúpan el No, demandan revisarlos–, como son: 1. congelar el paquete legislativo de la reforma tributaria, 2. defender un aumento del salario mínimo –equitativo con necesidades básicas–, 3. levantar la bandera de un “estatuto de oposición” con garantías para la autonomía de los movimientos sociales, atento a formas de corrupción y cooptación, y 4. poner en marcha acciones de alerta –informativas y de neutralización social– frente al riesgo latente de una contraofensiva de los poderes nacionales y sus afirmaciones regionales con instrumentos de derecha extrema. Un desafío que de conjunto –ante las incapacidades de la izquierda–, parece un tanto distante.

 

Infortunadamente, parece más predecible que los sectores oligárquicos, aun con la fractura del bloque de poder que cruza, se salgan con la suya, y conjuguen un acuerdo que les tranquilice las aguas.

 

Paz ingenua..., Paz tricolor..., paz blanca (política) de Mesas..., paz de militante..., etcétera., y la paz que busca Colombia, tiene adjetivos. En todo caso, hacen falta territorios con un ordenamiento nuevo, inclusión y tiempo; para avanzar de manera cierta, en una paz mayúscula, de creación colectiva e integración primera del mapa colombiano.

 

Con el Eln en Mesa, queda en la calle y en debate abierto, un itinerario de participación social para lograr una paz mayúscula, con ¡Otra democracia, Sí!

 

Cómo salir de esta ...larga defensiva y despego con el pueblo/que postergan/la inmediata alternativa.
(Turbulencia...)

 

* Cartas sobre táctica. V.I. Lenin. p. 5, primer párrafo. Editorial Progreso. 1972

 


 

Recuadro 1

 

 

 


 

Recuadro 2

 

 

 

Publicado enEdición Nº229
Psicongénesis de la ambición presidencial

Por más que sea un tributo a su pueblo y a las víctimas del conflicto armado. La nación colombiana no celebró este segundo Nobel. La enorme abstención, y los seis millones y medio que dijeron no en el plebiscito, desestiman el galardón. Sí quedará para la posteridad un nombre: Juan Manuel Santos, representante de la oligarquía criolla, cuya forma de gobernar está soportada en discursos reforzados y, sobretodo, en alianzas, espurias y traiciones. He aquí el perfil del hoy Presidente-Nobel.

 

La desconfianza por los Premios Nobel responde a que en muchas ocasiones están influenciados e instrumentalizados por innovaciones y descubrimientos que ayudan o refuerzan al modelo económico imperante. Contradicciones de esta distinción, pues el mismo Alfred Nobel fabricaba cañones y dinamita, o que Gandhi nunca obtuviera un Premio de estos, precisamente el otorgado al señor Santos. Hasta la nominación contemporánea con Obama, que posibilitó titulares como: “Nobel de paz envía tropas a Iraq”. Entonces, este Nobel representa el apoyo de la comunidad internacional a los acuerdos con las insurgencias. Es un reconocimiento mundial para que el nominado lo reciba con humildad y con noble gesto done el recurso a las víctimas. Pero, ¿qué merito hizo para recibirlo?

 

Cuna de oro

 

Fácil al nacer en cuna oligarca, y portar el apellido de abuelos y tatarabuelos de familias presidenciales. Su padre, Eduardo Santos, estuvo por más de 36 años al frente del periódico más importante del país. Extraño evidenciar que en la adolescencia pasó por muchos colegios, incluyendo el San Carlos, de donde salió el petardo de Andrés Pastrana. Quizás el muchachito Santos se estaba saliendo de las manos por lo cual fue enviado, por una familia liberal y con solo 16 años, como cadete a la Escuela Naval de Cartagena, proceso que duró dos años. Dicen quienes lo conocen que se volvió más metódico y adquirió disciplina, pero que no le quitó lo megalómano y egocéntrico que es. Su gusto por las biografías demuestra su gran narcicismo que justifican sus allegados como confianza en el poder. También dicen que hoy realiza 45 minutos de actividad física antes de comenzar el día. Cuentan que por alguna época practicó yoga, hasta pararse sobre la cabeza en la cama.

 

Enviado al extranjero se formó en la Universidad de Kansas en economía y administración de empresas, conocimientos que pondría en práctica al representar durante nueve años al país ante la Organización Internacional del Café (1972-1981). Los resultados de su gestión son tres Pactos cafeteros. Incluso fue Secretario de la embajada en Londres. Durante este mismo tiempo realizó su maestría en Economía y desarrollo en London School of Economics. Conoció el discurso de la Tercera vía que proclamaba su director, el sociólogo Anthony Giddens. Quizás la frase que más aprendió a citar “El mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario”. También perfilaría su formación con una maestría en Administración Pública en Harvard y, posteriormente, una beca The Fletcher School of Laws and Dimplomacy Universidad Tuffs. Entre algún conocimiento tecnócrata, el lobby y sus contactos, haría algo por su ambición de sobresalir.

 

En 1981 regresa a su tierra natal como subdirector del periódico de su familia, donde siempre trabajó en el área editorial, predestinado a reemplazar a su padre, hasta que en 1993 César Gaviria lo llevaría a ocupar la reciente cartera de Comercio Exterior. Participó, por tanto, de la implementación en Colombia de la política neoliberal, llamada eufemísticamente “apertura económica”. Cuentan que para esta época los periodistas se quejaban por las órdenes que impartía para darse más popularidad, incluso llegó a publicar una autoentrevista para tan influyente medio. El poder económico y mediático da sus frutos: es nombrado como Designado presidencial, un cargo sin funciones precisas pero muy apetecido y con gran poder político a nivel vicepresidencial. Nombramiento para el cual avanza en acuerdos con Eduardo Maestre, Rodolfo González y Rodrigo Garavito, “honorables” senadores posteriormente condenados por el proceso 8000. Durante estos años aprendió la necesidad de estar siempre tranzando con los poderosos.

 

De su primera gestión pública el mayor mérito fue promover el cambio de hora frente al apagón ¡Eso es mucho estudio!

 

Una vez terminada la época de Gaviria, aprendería el truco de presionar mordazmente para conseguir un cargo de notoriedad. Con Samper le ofrecieron la embajada de Venezuela, pero el humilde Santos quería Washington. Ante la negativa se quedó en las toldas liberales bajo la figura de un triunvirato o liderazgo compartido. Crea su fundación “Buen gobierno” que se presenta como Centro de pensamiento, pero que se convertirá en la sede de su campaña personal. Con el desplante a Samper y la crisis del proceso 8000, busca acercamientos con Raúl Reyes en Costa Rica a quien acabaría unos años después con la operación Fénix.

 

En medio de la crisis de gobernabilidad que sobrelleva Samper, proyecta con Carlos Castaño y Víctor Carranza una transición, la cual pasaría por la renuncia del Presidente y la convocatoria a una Constituyente, proceso abortado pues la información llegó a la Casa de Nariño; acuerdo justificado como la búsqueda de una salida a la crisis política y no como conspiración para un golpe de estado. No sin razón dicen todo los que le conocen, que no tiene ningún problema para sentarse con quien sea para gobernar. Su participación dentro del gobierno Uribe Vélez así lo confirmaría. Dijo en su tiempo Mancuso que se reunió dos veces con él y que expresaba simpatías por el modelo paramilitar en Córdoba, pero rechazó el comando del Bloque Capital porque no sabía sobre esas cosas.

 

Trabajando con Álvaro Leyva en la sala situacional de la ONU en Bogotá, le sonó la idea de la paz, acomodándola con prontitud a su discurso. Según Pastrana, él es responsable de la zona de distención, Santos lo niega y señala a Pastrana de desmemoriado. Lo cierto es que Juan Manuel trabajó como jefe de verificación de esa zona, pero pronto saldría porque expresaba que “eso estaba sin coordinación”. Una vez más arrecia con críticas, hasta lograr con acuerdos ser el ministro de Hacienda y Crédito Público desde el cual promueve la ley de transferencias, la ley de pensiones y la reforma tributaria. Sería la primera vez que Santos y Uribe se enfrentan públicamente, en ese entonces por las partidas regionales denunciadas como auxilios parlamentarios; ambos tenían intereses por los recursos en disputa, soporte del control del clientelismo.

 

Tercera vía

 

Desempolvaría sus libros, y aplicado el recetario neoliberal, se acuerda de la Tercera vía. Ahora con discurso alternativo, como camino intermedio y pragmático entre el socialismo y neoliberalismo. Con sus apuntes universitarios resuelve la tensión en la economía de mercado entre la justicia social del Estado y el liberalismo de libertades individuales. Santos no sólo expresó públicamente ser un dirigente comprometido con esta ideología, sino que este modelo es aplicable a Colombia: “las buenas ideas no tienen fronteras entre países industrializados y subdesarrollados”, declaró. Además, proclamó que el glorioso partido Liberal era su constituyente. La apropiación del tema llevó a nuestro Nobel a publicar su primer libro en 1999: “Tercera vía, una alternativa para Colombia”, reflexión alimentada con la experiencia socialdemócrata de Tony Blair. Pero este discurso no tiene una definición operativa ni clara, y fácilmente se confunde con el clientelismo.

 

Su tiempo como servidor público mostró su capacidad para pasarse por la faja principios propagandeados por la Tercer vía como: distribución equitativa las riquezas, la igualdad de oportunidades, la responsabilidad y la solidaridad.

 

Inconsecuencia con los principios, pero “pragmatismo” con lo público. Así quedó demostrado al restablecer ministerios suprimidos por Uribe, y centralizar diversidad de instituciones en una sola, concentrando poder y capacidad clientelar. El Departamento Administrativo para la Prosperidad Social es la prueba de ello, al reunir en el mismo a la Agencia nacional para la superación de la pobreza, el Icbf, Acción Social, y Familias en Acción, con la centralización del 31 por ciento de la inversión total de la política social, para una cobertura de 11 millones de personas. Un instrumento que le ayudó a su reelección presidencial. Proceso en el cual también contribuyó la Unidad para la Atención y Reparación de Victimas, que además le permitió recaudar recursos de cooperación internacional. Por su compromiso con el modelo neoliberal impulsará las locomotoras mineras, sin justicia social e con amplio impacto ambiental. El reconocimiento del movimiento social tiene que ser por vía impuesta, pues su desprecio por el mismo no tiene límites: “ese tal paro agrario no existe”, así lo hizo patente.

 

Santos, y su espíritu de paz

 

En su momento, como era su costumbre, hizo oposición a Álvaro Uribe Vélez, en tanto su candidato era Horacio Serpa; quizás la presidencia de la colectividad roja estaba prometida. Pero cuando vio truncada su aspiración, por el retorno de César Gaviria, opta por fundar su propio partido así para lograrlo tuviera que aliarse con Uribe. En 2005, a pesar de escribir una columna “Ojo con jugar con candela”, decía que el desacuerdo con la reelección no era por Uribe, sino por razones institucionales que fueran reiterativas. El también reelegido sentenciaba: “las instituciones deben prevalecer no las personas”.

 

Al nuevo partido llegan politiqueros de todas las regiones y nefastos legados. El sustenta la necesidad del mismo como parte del impulso a la Tercera vía en Colombia, partido que tiene razón de ser en tanto la necesidad de “llenar el espacio que dejaban los partidos tradicionales atascados con viejos paradigmas”. Hoy es evidente que el difundido legado de la Tercera vía, nunca intentó ser retomada ni aplicada en Colombia, cayendo en crisis antes de ser derrotada por la realidad, como en Europa. La lección es simple: el capitalismo no admite caminos intermedios. Sin embargo la gestión del nuevo partido, y su importante presencia en el Congreso, le sirve para ser nombrado como ministro de Defensa del gobierno Uribe, cargo en el cual propinó duros golpes a las Farc, sucesos que le servirían para publicar su segundo libro, el mismo que un Nobel de Paz desearía esconder: “Los años horribles de las FARC”, donde describe grandes logros militares al bombardear a Domingo Biojó, Negro Acacio y Mono Jojoy, el campamento de Raúl Reyes, mintiendo al país al señalar que todo se hizo desde la frontera colombiana.

 

En el libro se jacta del éxito de la operación Jaque y de la frase lapidaria pronunciada en diciembre de 2007: “Anuncio el Annus horribilis de las FARC”, casi como dedicatoria: “Nada de esto se hubiera podido lograr sin el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez, un mandatario que siempre ha tenido claro –como los romanos cuando inventaron la república– que la seguridad es la primera condición de desarrollo”. Para esos años ya conocía bien –por la oficina de la alta Comisionada para los derecho Humanos–, las denuncias sobre las ejecuciones extrajudiciales. Pese a ello dejó pasar el tiempo hasta que se desató el escándalo. Nunca reconoció responsabilidad alguna por lo sucedido, a pesar de ser la cabeza del Ministerio acusado; la solución: purgarlo con la salida de 27 oficiales, incluidos tres generales, debilitando así los cuadros cercanos de Uribe.

 

Componendas, clientelismo, maniobras, silencio consciente, acuerdos, apariencia y traición. El curso en política tradicional, enmarcada en el neoliberalismo simple y llano, y en la más amplia instrumentalización de todo aquel que llegue a su sombra, ya estaba realizado.

 

La campaña para la presidencia en el 2010 así lo verificaría: en una primera instancia acusa, incluso a Rodrigo Pardo de reunirse con las Farc, todo ello para evitar la reelección de Uribe y para desviar la atención de sus listas al Congreso, filtradas por paramilitares. La traición al propio Uribe no tardaría. En la campaña lograría el apoyo de 9 millones de personas, bajo las palabras “La continuidad de las políticas de Uribe están en juego. No podemos reelegirlo otra vez ¡Pero vamos a reelegir la Seguridad Democrática, la cohesión social y la confianza inversionista! Sobre estos tres pilares avanzaremos hasta la prosperidad democrática para todos”.

 

Esas palabras quedaron atrás cuando se distanció de Uribe, reclamando el poder oligárquico sobre la emergente mafia y sus aliados terratenientes. Consciente de la necesidad de abrir todo el país a la inversión del capital internacional, no tardó en entablar contactos y negociación con las Farc, dinámica que le ha servido, incluso, hasta para encubrir su mediocre gestión al frente del país.

 

Mediocridad que no logró ocultar, y así lo supo el pasado 2 de octubre, cuando la bandera de la paz se vio afectada por un país que no lee ni perdona. Pero a Santos eso no le importa, Ya sus aliados internacionales, los mismos que determinaron el destino de Colombia a lo largo de los últimos cien años, incluida la guerra que la marcó durante las últimas cinco décadas, se movieron con todo para impedir el total reacomodo de Uribe, y él ahora ya es Nobel de Paz, quedando además para la memoria nacional como Presidente por dos periodos, Presidente que enfrentó y logró descolocar a los llamados sectores emergentes, así como a sus aliados en todos los campos.

 

¿Qué sigue ahora? ¿Referente y consultor internacional? ¿Algún cargo de representación en la amplia agenda multilateral? ¿Actor tras bambalinas para garantizar, tras los acuerdos pertinentes, el ascenso de Germán Lleras a la presidencia? ¿Tranzar con todos y con nadie a la vez? ¿A quién venderá en esta ocasión?

 

Ya el tiempo indicará el punto preciso sobre este particular. Por ahora toca decir que este Nobel nos recuerda qué es el poder cuando reposa en un individuo, cómo opera cuando no está sometido a las reglas colectivas, cómo son sus implicaciones a todo nivel, al tiempo que nos enseña sin ambajes cómo opera la política oligárquica en Colombia.

Publicado enEdición Nº229
Lunes, 17 Octubre 2016 07:18

Democrisis

Democrisis

 

"El sistema está amañado" no es una frase nueva, aunque en esta elección tanto Bernie Sanders como Donald Trump –en versiones diferentes– la han repetido de manera constante, justo porque tiene eco entre millones de personas; la mayoría no confía en los candidatos presidenciales, ni el Congreso ni en gran parte de las instituciones del aparato político, y menos en el económico.

En tiempos recientes esto ha sido en esencia el mensaje de Ocupa Wall Street, del movimiento sobre el cambio climático, de Black Lives Matter y, de hecho, de ahí brotó la respuesta electoral que llevó a Barack Obama a la presidencia. De diversas maneras la opinión pública mayoritaria expresa la idea de que este sistema no funciona para las mayorías.

Esto se refleja en que los candidatos presidenciales de los dos partidos que tienen el monopolio sobre la democracia electoral son rechazados por la mayoría del pueblo, algo sin precedente. A Trump lo perciben de manera desfavorable 66 por ciento de estadunidenses, y a Clinton, 53 por ciento, según el sondeo más reciente de ABC News. Más aún, sólo 34 por ciento de votantes empadronados creen que Trump o Clinton son honestos y confiables. La contienda es en verdad un concurso de quién es el menos malo.

También se refleja en que el nivel de "alta o suficiente confianza" en la institución del Congreso es sólo de 9 por ciento, según la última encuesta de Gallup, la institución más reprobada del país. Dos tercios del pueblo opina que el país va sobre una vía equivocada.

En un sondeo de votantes empadronados este mes, 40 por ciento afirmó: "yo he perdido la fe en la democracia estadunidense". En el sondeo realizado por SurveyMonkey y analizado por Nathaniel Persily, profesor de leyes en Stanford, en el Washington Post, sólo 31 por ciento están dispuestos a aceptar definitivamente el resultado de esta elección como "legítimo" si pierde su candidato; 28 por ciento dice que no lo harán.

De que en la democracia más antigua del mundo y proclamada como la de mayor grandeza en la historia, el debate político electoral ahora gira sobre mentiras, engaños y comportamiento sexual de los candidatos demuestra, antes de analizarlo demasiado, una descomposición alarmante.

Lo más asombroso no es Donald Trump y su efecto en lo que es tal vez la contienda electoral más fea de la era moderna, sino que una clase política entera permitió que él llegara a la antesala de la Casa Blanca; eso dice más sobre el deterioro de esa clase política que de él.

Sigue como el mejor análisis, inicialmente hecho por el conservador Robert Kagan de la Brookings Institution, de que el Partido Republicano creó un Frankenstein; surge de años de promover una agenda antimigrante, xenófoba, antimujer, antigay, antisindical que buscaba anular los avances de los derechos civiles al final creando a un monstruo tan poderoso que está por destruir a sus creadores.

"El primer síntoma de una aristocracia degradada es la falta de candidatos aptos para el trono. Después de años de indulgencia, las familias gobernantes se vuelven débiles, endogámicas y aisladas, con nadie más que místicos, impotentes y niños para presentar como reyes", escribe Matt Taibbi en Rolling Stone al describir el posible fin del Partido Republicano después de Trump.

Todo esto se alimenta de un hartazgo popular ante una sistema político que pretende representar a un electorado pero que en los hechos ha abandonado a amplios sectores sociales. Vale repetir que la implementación, por consenso bipartidista, de políticas neoliberales en Estados Unidos desde los 80 hasta ahora ha generado la devastación de sectores enteros en varios puntos del país, y ha llevado a una concentración de riqueza y la peor desigualdad económica desde 1928, poco antes de la gran depresión.

El gran misterio de por qué tantos estadunidenses apoyan a un candidato tan deplorable como Trump no se puede reducir a algo tan fácil como porque todos son racistas y antimigrantes. Lo que ha alimentado el apoyo a Trump, al igual que al fenómeno tal vez más notable e inesperado de Bernie Sanders, es algo que se resumió en el lema de Ocupa Wall Street: el uno por ciento que ha secuestrado al sistema para sus propios intereses y el 99 por ciento que padece las consecuencias. Hay sectores masivos de estadunidenses que después de hacer todo siguiendo las reglas: trabajar, ahorrar, cuidar a sus hijos y pagar sus cuentas, se encuentran en condiciones cada vez más precarias con la sensación de que sus gobernantes los han abandonado para dedicarse a proteger a los más ricos, incluso a aquellos que violaron leyes y no jugaron con las reglas, como los banqueros. O sea, el "sistema está amañado".

Ante ello, no sólo no confían en "el sistema", sino que no pocos están dispuestos a que estalle. Por eso, en parte, la ira tan aparente en los actos de Trump con denuncias de la cúpula política entera, tanto demócratas como republicanos, y la falta de respeto a las grandes instituciones políticas y económicas del país. Trump combina eso con su mensaje antimigrante (Fuck off, we’re full. Chíngate, ya no hay cupo, mensaje antimigrante en una camiseta en un mitin de Trump) y xenófobo, en la antigua tradición fascista.

Sanders ofreció una crítica dirigida a lo mismo, pero con una visión progresista e incluyente que también generó una ola de apoyo sin precedente para un candidato insurgente. Ambos tienen un eco extraordinario justo porque tocaron algo fundamental: enormes sectores de votantes y ciudadanos se sienten traicionados por sus gobernantes y por el sistema del cual forman parte.

Pero en lugar de que esa furia popular lograra, a través de las urnas, generar un cambio democrático del sistema, todo ha sido desviado por la candidatura de un pequeño salvaje patético tan extremo que ahora todo ser racional, incluyendo progresistas, se ven obligados, ante la amenaza de Trump, de promover el voto por Clinton, la reina del establishment.

O sea, de cierta manera, ante esta crisis política, tienen que salvar al sistema de sí mismo. Eso no regenera la confianza en lo que dicen que se llama democracia.

 

 

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