Miércoles, 24 Octubre 2018 17:22

Centros penitenciarios de control social

Centros penitenciarios de control social

Lo que gritan es muy diciente: “cállese marrano hijueputa”; “abajo, marica, ¿es qué no escucha?”; “este hijueputa es el más fastidioso de todos”; “marrano hijueputa”; “ese es el cacique, ese hijueputa es el cacique”; “ahí sí no es hombre ¿no?”; “ahí sí llora como una nena”; “ya no se cree malo ¿no?”; “sea barón, gonorrea”; “esas gonorreas casi matan al man”. Los insultos corresponden a un video que muestra a varios hombres jóvenes semidesnudos tirados en el suelo boca abajo. Uno de ellos, al que llaman Marrano, llora de dolor al ser golpeado con un palo en la retaguardia. Si uno, como espectador, sólo tuviera acceso a los audios, y no a las imágenes, podría pensar que quienes golpean e insultan, a quien por nombre le dicen Marrano, hacen parte de una banda delincuencial que cobra venganza, posiblemente por las heridas propinadas por éste a uno de los suyos. Así se escuchan y así se ven. Pero no, no son ninguna banda enemiga, el video muestra que quien golpea y quienes insultan al joven reducido es la Policía Nacional y quienes están tirados en el piso son algunos de los jóvenes del centro penitenciario El Redentor.

 

El video salió a la luz pública el 11 de octubre y desde entonces se desató un debate sobre el funcionamiento del centro reclusorio. Un debate que, sin embargo, se centró en el comportamiento de los reclusos y no en la represión de los oficiales. Pero ¿por qué? La pregunta correcta es ¿para qué? Para justificar de forma velada el comportamiento de los policías. Así lo insinúa la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), Juliana Pungiluppi, entidad encargada de proteger a los adolescentes y jóvenes: “se acude a la policía sólo cuando la situación ya está fuera de control y, pues, desafortunadamente suceden estos excesos, que nada los justifica”, aclara.

 

Pero el “nada lo justifica” ya no sirve, es sólo un accesorio para curarse en salud. Antes ya había dicho que en lo corrido del año los reclusos se han amotinado en más de 20 ocasiones y que constantemente les encuentran armas, que no son adolescentes sino jóvenes entre los 18 y 28 años. Es decir, ya deslegitimó a los reclusos. No es difícil imaginar entonces que los policías implicados compartan su lógica. No es difícil imaginar escucharlos decir “claro, ahora sí arman tremendo escándalo por los reclusos, pero ¿quién habla de los policías que los reclusos hirieron?”. Porque, como se escucha en el video, al parecer uno de los policías dice: “esas gonorreas casi matan al man”, refiriéndose a uno de los uniformados heridos.

 

Es muy posible que el motivo de la conducta de los policías haya sido precisamente esa; que, tras ver a uno de los suyos lastimado, al parecer por el joven a quien llaman Marrano, hayan actuado ciegamente, con rencor. Con esta descripción, tal y como se insinúa en medios de comunicación, es hasta muy posible que la opinión pública simpatice con los oficiales y condene a los reclusos, a pesar de ver las fuertes imágenes de estos en el piso. Sin embargo, la Fuerza Pública no es un grupo de individuos común y corriente, son una entidad, se supone, formada y capacitada para saber cómo actuar en casos de crisis. Son una institución, supuestamente, democrática y que por lo tanto sus funcionarios no deben actuar como la gente común y corriente. Por esto, no es posible justificarlos, ni mucho menos simpatizar con su conducta.

 

Ahora, si el debate estuviera encaminado en esta dirección nos estaríamos preguntando más bien por la formación y funcionamiento de la Policía, no sólo por el centro reclusorio. Aquí ganan pertinencia preguntas como: ¿en realidad los policías están formados para manejar casos como el que tratamos? Y con esto no sólo se puede hacer referencia a las estrategias de reducción y sometimiento de los reclusos, sino a la formación psicológica y emocional (hasta moral) para manejarse cuando las cosas se salen de control. ¿Se discierne con los policías la forma en que entienden a los reclusos? Esto es fundamental que lo hicieran ya que, por la naturaleza de su oficio es muy posible que la imagen que construyen sobre el delincuente en general (y el recluso en particular) esté reducida a sus características negativas, es decir, que tiendan a demonizarlos, a verlos como la escoria de la sociedad y con ello pierdan todo sentido de compasión, comprensión y entendimiento ¿Los policías tendrán, entonces, una reflexión/trabajo continuo con profesionales, por ejemplo del área de la psicología, para evitar que deshumanicen al delincuente? Estas son las preguntas que también deberían estar en el centro del debate, mucho más cuando la Procuraduría advierte que el comportamiento de los oficiales dentro del reclusorio es posiblemente sistemático.

 

Signos de crisis

 

La indignante golpiza propinada a los reclusos por parte de los oficiales, sumado al hecho de que los reclusos constantemente se están amotinando, es una muestra más de la crisis estructural del sistema penitenciario. Este es un fenómeno sobre el cual muchos estudiosos del tema han llamado la atención, pero tal vez también es uno de los más rezagados, olvidados e ignorados. Las variables de la crisis están en todas las dimensiones, comenzando por la infraestructura, como afirma la misma doctora Pungiluppi, para quien El Redentor es inadecuado e insuficiente en términos de espacio. Esta es una realidad no sólo para este reclusorio sino para la gran mayoría de este tipo de centros de reclusión con que cuenta el país. Constantemente se escucha en los noticieros los índices de hacinamiento en las cárceles, los cuales pueden sobrepasar cuatro veces su capacidad.

 

Otra variable tiene que ver con la demora en la formulación de las sentencias. Más del cincuenta por ciento de los presuntos delincuentes pasan años privados de su libertad hasta que se de una sentencia. Esta es, por un lado, una de las causas del hacinamiento, aunque no la determinante.

 

Pero el problema más relevante en términos sociales tiene que ver con los procesos de resocialización. Es bien conocido este fenómeno en la opinión pública. Se sabe que los reclusos aprenden a delinquir en los centros de reclusión tanto como en la misma calle. Una gran contradicción si se cree, como se nos dice a menudo, que la función de dichos centros es la de rehabilitar y resocializar a quienes infringen las leyes. Funciones que en realidad nunca han existido ni han estado dentro del radar de los formuladores de la política pública. En realidad, como afirma Michael Foucault, las cárceles son centros de control social, específicamente de las clases bajas y los movimientos sociales. Su función, contrario a lo propagandeado, es la de someter y destruir al disidente.

 

Sistema penitenciario: la nueva forma de esclavitud

 

La crisis estructural del sistema penitenciario no sólo es un problema de Colombia, es uno de los más importantes del mundo. En el documental Enmienda 13, de la directora Ava DuVernay (Selma, Scandal), autores como Angela Davis, Van Jones, Michelle Alexander, afirman que el sistema penitenciario en Estados Unidos es la forma como se logró perpetuar la esclavitud de la población negra a pesar de la abolición formal de la misma como sistema económico. Dichos autores muestran cómo se han transformado en el tiempo las causas del encarcelamiento. Durante el siglo XIX y parte del XX se apresaba a las personas negras que se consideraban ociosas o vagas. Luego, criminalizaban a los actores de los movimientos sociales antiracistas y a favor de los derechos civiles de las personas negras, por fomentar el caos e ir en contra de la ley. Hasta llegar a la década de los sesenta del siglo XX con el gobierno de Nixón, cuando inició la lucha contra las drogas.

 

A partir de este momento se emprendió una guerra sistemática contra los consumidores, productores y expendedores de drogas. Una política que, se sabe, tiene como objetivo el control social de la población marginal para impedir que se organicen y así fomentar el miedo de unos con otros. Este análisis que enuncia el documental es fundamental como puerta de entrada para entender nuestra propia realidad. El observatorio de niñez, del Icbf, muestra que la causa principal del encarcelamiento en adolescentes y jóvenes es el “tráfico, fabricación o porte de estupefacientes”. Un cambio radical en la política sobre el tema de las drogas, del punitivo a uno con enfoque de salud pública, sacaría a miles de adolescentes y jóvenes de los reclusorios donde se exponen a ambientes de riesgo. Sin embargo, más de diez millones de personas, sumadas a la indiferencia de otros tantos millones, eligió a un presidente que volvió a penalizar la dosis mínima. Lo cual traerá como consecuencia un incremento en el número de reclusos que nunca serán resocializados.

 

Así, su política contra las drogas es una política que alimenta la criminalidad si se entiende de esta manera: al ser un negocio ilegal, sus conflictos inherentes no se pueden resolver por medio de la justicia ¿qué significa esto? Que, si un productor sorprende a uno de sus expendedores robándole la mercancía, no recurre a la justicia para apresarlo, sino a métodos violentos, como el sicariato, propio de una economía ilegal. Legalizar el negocio reduciría el número de jóvenes y adolescentes muertos o encarcelados por asesinar.

 

Retórica oficial

 

Luego de darse a conocer el video que evidencia la brutalidad policial y sin exponer las causas que lleva a los jóvenes allí recluidos a cometer conductas por las caules pierden su libertad, la retórica oficial se ha centrado en decir que desean una gran reforma al Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes –Srpa–. La directora del Icbf ha dicho, por ejemplo, que su enfoque deseado sería que la última opción para castigar a los jóvenes delincuentes sea la reclusión, que antes buscaría otras estrategias, como la labor social. Una propuesta que suena bonita ante un micrófono de un medio de comunicación, pero que no deja de ser buenas intenciones. Es difícil creer que la gran reforma se haga porque, para lograrla, se tendría primero que reformar, para empezar, la política contra las drogas. Si esto no se hace, a la par de una reforma del sistema penitenciario, los problemas estructurales continuarán. Pero, para que se de un giro de esta importancia, se requiere un tipo de gobierno radicalmente distinto al actual, uno que no utilice las cárceles como sistema de control social y la guerra contra las drogas como excusa para conseguirlo.

 

Publicado enEdición Nº251
El Papa condenó los abusos de la Iglesia. “Escándalo” en Irlanda

El Papa Francisco viajó a Irlanda y condenó a los curas pederastas. En su primer día de visita por el país, se reunió con el presidente Michael D.

Francisco viajó con motivo de asistir al Encuentro Mundial de las Familias, un evento internacional que se realiza cada tres años, y que reflexiona sobre los vínculos familiares y la Iglesia. Sin embargo en su primer discurso pronunciado en el Castillo de Dublín, el Papa, ante la interpelación del Primer Ministro, se pronunció sobre los casos de pedofilia relevados la semana pasada. “No puedo evitar reconocer el grave escándalo que ha causado en Irlanda el abuso de menores de edad por parte de miembros de la Iglesia que estaban encargados de protegerlos y educarlos”, explicó Francisco conforme a revelaciones de abusos sexuales cometidos en Pensilvania, Estados Unidos.

Varadkar, jefe de gobierno y símbolo de una nueva Irlanda liberal, abogó porque las víctimas y los sobrevivientes obtengan justicia, verdad y curación. “Santo Padre, le pido utilizar su posición y su influencia para que esto se haga aquí en Irlanda y en el mundo entero”, exclamó. “El hecho de que las autoridades eclesiáticas -obispos, superiores religiosos, sacerdotes y otros- no afrontaron adecuadamente estos repugnantes crímenes con justa razón ha dado lugar a indignación y sigue siendo una fuente de dolor y vergüenza para la comunidad católica”, señaló el pontífice, quien agregó que él comparte los dolorosos sentimientos. Francisco reconoció que la Iglesia en Irlanda desempeñó en el pasado y en el presente un papel en la promoción del bienestar de los niños y subrayó que ello no debe quedar tapado por las recientes denuncias. En la bienvenida al Papa, Varadkar enfatizó que Irlanda tiene una herencia amarga y rota de abusos que dejaron un legado de dolor y sufrimiento. Seguidamente lo llamó a que aproveche su influencia para que la justicia y la verdad se impongan y que no se repitan los crímenes indescriptibles perpetrados y encubiertos por personas con el fin de proteger la institución eclesial. El primer ministro insistió en la necesidad de que después de las palabras sigan los hechos. “Le pedimos que escuche a las víctimas y los supervivientes. Sabemos que usted lo va a hacer”, afirmó Varadkar. Luego de su disertación el Papa se reunió con ocho víctimas de abusos eclesiásticos. En un comunicado, la Coalición de los Hogares Madre e Hijos de Irlanda, grupo que participó en el encuentro con Francisco, anunció que el Papa condenó los hechos de corrupción y los encubrimientos.

Varios grupos de víctimas de los abusos cometidos por el clero en Irlanda, protestaron frente al papamovil durante su recorrido por las calles de la capital irlandesa (foto) y mientras transcurrían los actos frente al Castillo de Dublín. La movilización fue organizada por la irlandesa Margaret McGuckin, superviviente de los abusos cometidos en el internado Casa de Nazaret e impulsora de uno de los órganos estatales de investigación de casos históricos de abusos. “El papa tiene que dar la cara y hacer algo por las víctimas. Necesitamos que se concedan compensaciones, necesitamos que la Iglesia se responsabilice”, declaró McGuckin.

 

Publicado enSociedad
Sicarios y espías entre los escoltas que "protegen" a personas amenazadas en Colombia

Las directivas de la Unidad Nacional de Protección (UNP), entidad encargada de salvaguardar la vida de las personas amenazadas en Colombia, mantienen en reserva la captura de un presunto sicario y secuestrador infiltrado como escolta en el esquema de seguridad del periodista que lo investigaba desde 2016 y que también tuvo a su cargo la "protección" de funcionarios públicos, congresistas, un reclamante de tierras y un sindicalista, entre otros ciudadanos en situación de riesgo.

El hecho, que prende las alarmas en momentos en que arrecian los ataques contra líderes sociales en el país, ha permanecido oculto pese a las posibles repercusiones en la seguridad de quienes fueron infiltrados por una temida banda sicarial de Medellín, y se suma a graves irregularidades documentadas por el Equipo Nizkor que involucran a escoltas al servicio de la UNP en acoso y violación sexual, tráfico de drogas y vigilancia contra los "protegidos", y a la Unidad en acciones de control que rayan en el espionaje y recuerdan las prácticas del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), organismo del que heredó las funciones de protección.

El pasado 20 de junio, durante un operativo de los Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal (GAULA) en varias ciudades colombianas, fueron detenidos nueve policías -cinco activos y cuatro retirados- sindicados de conformar la banda "Los Magníficos", un peligroso grupo de secuestradores y sicarios que operaba en Antioquia. Entre ellos se encontraba Jefferson de Jesús Sangregorio Esquea, alias "Mi Sangre" o "Sangre", escolta de la Unión Temporal Seguridad Integral 2016, empresa contratista de la UNP para cuatro zonas de Colombia y encargada de los esquemas de miles de ciudadanos amenazados en el país.

El último de los "protegidos" por el supuesto sicario fue el periodista e investigador social Luis Fernando Quijano Moreno, director de la agencia de prensa Análisis Urbano y presidente de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (CORPADES), quien desde septiembre de 2016 había denunciado la existencia de "Los Magníficos" y mencionado directamente a "Mi Sangre" como uno de los responsables del secuestro -en marzo de 2015- del ingeniero Alejandro Ramírez Acosta, cuyo cadáver fue encontrado 20 meses más tarde, en noviembre de 2016.

 

Jesús Sangregorio Esquea, "Mi Sangre"

 

Según fuentes de la Policía Nacional, Sangregorio Esquea fue retirado de esa institución a finales de 2016 y en enero de 2017 fue contratado como escolta de Seguridad Integral, donde tenía como función relevar a sus compañeros cuando salían de vacaciones o se encontraban de permiso.

En tal calidad, durante los últimos dieciocho meses alias "Mi Sangre" escoltó, entre otros, al procurador regional (e) de Antioquia y expresidente del Sindicato de la Procuraduría General de la Nación, William Millán Monsalve; al subsecretario de Derechos Humanos de la Alcaldía de Medellín, Carlos Alberto Arcila Valencia; al líder indígena Juvenal Arrieta González y al congresista Juan Felipe Lemos Uribe, sobrino del exsenador Mario Uribe Escobar, condenado en 2011 por vínculos con grupos paramilitares, primo del expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez.

En los registros oficiales de la UNP -que pese a tener reserva legal se encuentran abiertos al público en el portal de la contratación estatal en Colombia- consta que entre 2017 y 2018 Sangregorio Esquea también estuvo en el esquema de seguridad del director de la Escuela Nacional Sindical (ENS), Carlos Julio Díaz Lotero; y del excombatiente del EPL, analista político e intermediario en la desmovilización de pandillas urbanas en Medellín, Mario de Jesús Agudelo Vásquez; así como el de una mujer de nombre María Nohelia David Guisao.

Igualmente, entre los escoltados por el señalado sicario y secuestrador se encuentra Gerardo Vega Medina, director de la Fundación Forjando Futuros y Premio Nacional de Paz en el año 2012, quien hace pocos días denunció en rueda de prensa en Medellín la existencia de un plan para atentar contra su vida y la de otros defensores de derechos humanos y reclamantes de tierras.

Según funcionarios de la Dirección de Investigación Criminal (DIJIN) de la Policía, de la banda sicarial también hacían parte otros dos ex uniformados que se desempeñaban como escoltas: Charles Antonio Argumedo Villaba, alias "Villa", y Juan Pablo Martínez Velásquez, alias "Ñame". No obstante, el Equipo Nizkor no pudo confirmar que éstos trabajaran en empresas contratistas de la UNP y esa entidad aseguró que los demás detenidos no tenían vinculación alguna con ella.

 

Juan Pablo Martínez Velásquez, alias "Ñame"

 

También quedaron a disposición de las autoridades el subintendente Francisco Javier López Carmona, alias "López", asignado a la Policía Metropolitana de la ciudad de Pereira; el patrullero Mauricio Andrés Ariza Morales, alias "Poli", en servicio en la región del Urabá antioqueño; así como los agentes Sebastián Machado Moreno, quien laboraba en el departamento de Bolívar, y Luis Eduardo Torres Valencia, quien se desempeñaba en el Valle del Cauca.

Asimismo, fueron capturados Hernán Mauricio Meneses Villa, alias "Súper", y Juan José Flórez Morales, alias "Juan El Negro", sindicados de ser los autores intelectuales de varios secuestros y cabecillas principales de "Los Magníficos".

 

 

Juan José Flórez Morales, alias "Juan El Negro"

 

De forma inexplicable, "Mi Sangre" fue asignado de al esquema de seguridad del periodista Luis Fernando Quijano el 13 de junio, una semana antes de que fuera detenido. Para el periodista, este hecho da cuenta de varias irregularidades tanto al interior de la Policía como de la empresa Seguridad Integral, que al firmar el contrato para el manejo de los esquemas de la UNP se comprometió a realizar estudios de confiabilidad a todos sus escoltas.

"Esa banda está denunciada desde 2016 y desde entonces sabemos que tanto Policía como Fiscalía los venían investigando, ¿cómo puede ser que nadie haya advertido que estas personas fueron retiradas mediante facultad discrecional y se les haya permitido entrar a empresas de seguridad que protegen a líderes sociales, periodistas, defensores de derechos humanos y gente amenazada en Colombia?", cuestiona el director de Análisis Urbano.

 

Miembros de la banda "Los Magníficos" al momento de su captura el 20 junio18. Policía Nacional

 

Al ser consultado sobre esta grave situación, el director de la UNP, Diego Fernando Mora, guardó silencio y delegó la respuesta en su subdirector de Protección, el coronel retirado de la Policía Nelson Aceros Rangel, que tampoco respondió. Quien sí lo hizo fue el subdirector de Evaluación del Riesgo de la UNP, coronel Álvaro López Pabón.

Según la UNP, la Unión Temporal Seguridad Integral 2016 "es absolutamente autónoma e independiente en los procesos de selección que realiza", los cuales deben basarse "en unos requisitos establecidos en el contrato" suscrito con ese organismo. "Una vez se tuvo conocimiento de la captura del escolta relevante, la Subdirección de Protección en ejercicio de la supervisión técnica y operativa del contrato, solicitó aclaración sobre la irregularidad tan grave que se estaba ventilando en medios de comunicación y se adoptaran las medidas preventivas y/o correctivas a las que hubiera lugar".

Para Quijano Moreno, las investigaciones que emprendan las autoridades deben establecer quién dentro de Seguridad Integral envió a Sangregorio Esquea a su grupo de escoltas "a última hora, en reemplazo de un relevante que fue enviado a otro grupo. Esta persona había sido denunciada hace dos años y con seguridad él sabía quién lo había hecho. ¿A qué vino? ¿A atentar contra mi familia o contra mí, a plantar pruebas en mi contra?".

El periodista recuerda que dos días antes de la captura de "Mi Sangre", hubo un operativo de cinco miembros de la Seccional de Investigación Judicial (SIJIN) de la Policía al frente de su oficina. "¿Acaso lo iban a capturar mientras se encontraba conmigo para poner en tela de juicio mi labor?".

 

Vehículo de la SIJIN y el CTI de la Fiscalía que vigilaba la sede de Análisis Urbano y CORPADES días antes de la captura de "Mi Sangre"

 

El mismo 20 de junio, según dice Quijano, hubo personal del GAULA del Ejército y la Policía alrededor de su sitio de vivienda, lo que para el investigador es una muestra de la irresponsabilidad con que operan los organismos de seguridad, pues "hubieran armado un show diciendo que cogieron a un secuestrador en mi casa, lo que habría servido para desprestigiar mi labor".

 

No es un "hecho aislado"

 

El caso de Luis Fernando Quijano no es el primero ni el único en que queda al descubierto la infiltración de personas que podrían resultar relacionadas con investigaciones sensibles de periodistas en riesgo en Colombia, y compromete la responsabilidad directa de la UNP ya sea por acción u omisión en su deber de garantizar la no repetición de hechos que puedan incrementar la situación de inseguridad de quienes debido a graves amenazas contra sus vidas se ven obligados a recurrir a la protección del Estado.

En marzo de 2016, el periodista y escritor Javier Osuna, autor del libro "Me hablarás del fuego" -que documenta la existencia de los hornos crematorios de los paramilitares en Norte de Santander, a raíz de cuya investigación y publicación recibió fuertes amenazas e incluso fue víctima de un incendio controlado en su apartamento- denunció que su escolta, un sargento retirado del Ejército, le preguntó por Armando Rafael Mejía Guerra, alias "Hernán", uno de los comandantes del Frente Fronteras, sobre quien Osuna escribió en su libro. El guardaespaldas le informó al reportero que había sido instructor de "Hernán" en el Ejército e incluso le mostró una foto en compañía del jefe paramilitar.

 

Carátula del libro del periodista Javier Osuna sobre los hornos crematorios de los paramilitares en Norte de Santander

 

Este hecho, añadido a que Osuna se había percatado de que el escolta en reiteradas ocasiones reportaba vía telefónica a personas desconocidas las novedades en el esquema, llevó al periodista a solicitar una investigación para determinar cómo una persona relacionada con un jefe paramilitar sobre el cual él había investigado había sido infiltrado entre quienes le brindaban seguridad.

En abril de ese mismo año, Diego Fernando Mora, director de la UNP, se comprometió ante la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de Derechos Humanos (OACNUDH) a realizar una indagación al interior de ese organismo para determinar cómo ese "hombre de protección" había sido asignado al periodista.

No obstante, dos años después la UNP admite que no realizó investigación alguna, pues ésta corresponde "a las autoridades judiciales competentes en la materia". Según respuesta al Equipo Nizkor, la Unidad se limitó a solicitar a la empresa contratista adelantar "las diligencias pertinentes con el fin de establecer dicha información" y nuevos "estudios de confiabilidad de los integrantes del esquema".

En la Fiscalía, por su parte, la investigación también está estancada, pese a que –según lo estableció el Equipo Nizkor– cada día son más los interrogantes a resolver en el caso de Javier Osuna, pues su ex escolta se presenta en las redes sociales como suboficial activo del Ejército y no como un sargento retirado de esa institución. Cabe preguntarse entonces ¿cómo un militar activo terminó siendo asignado como escolta del periodista que investigó y denunció a uno de sus subalternos, a la postre convertido en jefe paramilitar?

Para Osuna, es claro que las autoridades deben responder a ese y otros cuestionamientos, como el porqué la justicia colombiana no ha llevado a cabo hasta ahora una investigación real sobre la existencia y número de víctimas incineradas en los hornos crematorios; las circunstancias en que fue asesinado "Hernán" el año pasado, tan sólo dos semanas después de haber salido de prisión; y las razones por las cuales su caso lleva dos años paralizado.

 

Escoltas al servicio de "Kiko" Gómez

 

Otro caso preocupante, que también compromete la responsabilidad del director de la UNP, Diego Mora, es el del veterano documentalista e investigador independiente Gonzalo Guillén, cuyas denuncias llevaron a la cárcel al exgobernador de La Guajira, Francisco "Kiko" Gómez Cerchar, por homicidio y concierto para delinquir, entre otros delitos. Según las investigaciones del periodista, "Kiko" Gómez podría tener a su haber la comisión de más de 130 homicidios en la Costa norte del país.

Amenazado de muerte y conocedor de varios planes de asesinato en su contra -el más reciente de los cuales fue denunciado hace un par de semanas- en agosto de 2016 Guillén solicitó el cambio de uno de sus escoltas, de nombre Alejandro Renzo, a quien señaló de espiarlo "de manera detallada" y distribuir fotografías de todos sus movimientos tanto afuera como "a la UNP y a la empresa que lo tiene contratado".

Guillén también dejó constancia expresa del "altísimo grado de peligrosidad en que ha sido aumentada mi difícil situación de seguridad personal debido a la actitud del referido señor Alejandro quien, lejos de actuar en beneficio de mi protección como ciudadano colombiano y periodista, lo hace abiertamente en contra de ella".

En aquella oportunidad, el director de la UNP respondió personalmente al periodista a través de una carta en la que le expresaba que "desde el día viernes 5 de agosto se procedió al retiro del hombre de protección del cual usted hace denuncias muy graves, ya que ante todo, para mí como director es muy importante no solo lo que tiene que ver con su seguridad e integridad, sino también, lo que tiene que ver con la protección de su intimidad e información; de igual forma di instrucciones al subdirector de protección, para que este escolta fuera marginado del programa de protección, ya que no puede existir la más mínima duda del comportamiento de cualquier integrante de un esquema de protección".

Pese a ese anuncio explícito por parte del director de la UNP, el pasado 17 de abril el escolta Alejandro Renzo fue asignado al esquema de seguridad de la también periodista Diana López Zuleta, cuyo padre, Luis López Peralta, fue una de las víctimas de "Kiko" Gómez. Por este caso, el exgobernador fue condenado a 40 años de prisión en enero de 2017, al tiempo que la reportera fue gravemente amenazada de muerte y por ello la Unidad debió asignarle un esquema de seguridad.

Una vez más cabe preguntarse, ¿cómo un escolta que había sido denunciado por vender información sobre el periodista Gonzalo Guillén a la organización criminal de "Kiko" Gómez terminó "protegiendo" a una de las víctimas del exgobernador?

El Equipo Nizkor no obtuvo respuesta a estos interrogantes, pues el director de la UNP decidió bloquear a la autora de este reportaje de su red social de Whatsapp. A cambio, delegó las respuestas en el subdirector de Protección, coronel Nelson Acero, quien tampoco respondió, pese a ser uno de los supervisores directos de las empresas contratistas y responsable de los esquemas de protección.

Por su parte, el subdirector de Evaluación, coronel Álvaro López Pabón, se limitó a responder que "la Unidad Nacional de Protección realiza seguimientos al personal que va a ser asignado a los diferentes esquemas de protección con el fin de ejercer la supervisión técnica y operativa que corresponde en el cumplimiento de requisitos, y de esta forma exigir al Operador para que de forma inmediata adopte las medidas preventivas y/o correctivas a las que haya lugar, siendo el caso por ejemplo la desvinculación de dicho personal por el incumplimiento de los referidos requisitos."

No obstante, el Equipo Nizkor documentó varios casos más de escoltas contratistas al servicio de la UNP involucrados en labores de espionaje, seguimiento o persecución e incluso violencia sexual contra las personas cobijadas en los programas de ese organismo.

 

Próxima entrega: violación y acoso sexual a mujeres "protegidas": el fracaso del enfoque diferencial de la UNP.
[Fuente: Por Claudia Julieta Duque, Radio Nizkor y Equipo Nizkor, Primera Entrega, Bogotá, 16jul18]

Publicado enColombia
Sábado, 20 Enero 2018 10:35

Alias Grace

Alias Grace

En junio del 2015, en el marco de un diálogo público titulado «El oficio de escribir», el escritor alicantino Javier Cercas hace una fascinante observación sobre la naturaleza de la novela Cervantina:

 

Para mí –dice– hay algo fundamental en la novela, en este artefacto que inventa este señor Miguel de Cervantes Saavedra, y es la ironía... ¿Qué es la ironía para este señor y luego para todos lo que venimos después? Muy fácil: Don Quijote está totalmente loco, pero al mismo tiempo está totalmente cuerdo. Don Quijote es un personaje totalmente cómico, totalmente risible, ridículo, pero al mismo tiempo es trágico; esa es la ironía, y eso es consustancial a la novela.... Y es (a su vez) un antídoto contra una visión dogmática del mundo en la cual sólo existe una verdad. Tú, precisamente –le dice a Vargas Llosa–, en un ensayo sobre Isaiah Berlin hablas de las verdades contradictorias; es decir, que dos cosas en aparente contradicción pueden ser verdad al mismo tiempo, y eso es lo que hace la novela...Por eso es por lo que la novela es peligrosa, porque enseña que el mundo es más complejo, que las cosas pueden ser de una manera y de otra.

 

En esto Vargas Llosa está completamente de acuerdo y lo complementa al decir que la novela pone en «duda nuestras certezas». Para estos escritores la importancia social de la novela radica en que esta pone en duda nuestras certezas sobre el mundo, permitiéndonos ver que es más complejo de lo que creemos al mostrarnos que detrás de lo aparente, de lo visible, del fetiche, diría Marx, se oculta la realidad sobre cómo funciona. Así, la buena novela, para aquellos, es aquella que plantea un problema, un interrogante, pero que, a diferencia de la ciencia, la novela no nos ofrece una conclusión, sino que deja que el lector sea quien la interprete. Es al lector a quien le toca decidir si el Quijote está loco o demasiado cuerdo, si el Jaguar (personaje de La ciudad y los perros) es el héroe o el villano, o si Enric Marco (personaje de El impostor, de Javier Cercas) es espantoso o genial, como escribió Vargas Llosa en un artículo con relación a esta última novela. Y eso, la capacidad de formular una pregunta y dejar que el lector sea quien encuentre la respuesta, señoras y señores, aunque parezca imposible al ser un elemento tan cervantino, lo encontramos en Alias Grace, una serie audiovisual canadiense de Netflix que se estrenó en noviembre del año pasado. Dicha serie está basada en la novela homónima de la escritora Margaret Atwood y no por menos ha llamado la atención de la crítica especializada.

 

En ese sentido, vale la pregunta, ¿cuál es entonces la problemática que nos planea Alias Grace con la cual pretende develarnos un mundo complejo? Simple: determinar si esta mujer, Grace Marks, es inocente o culpable del asesinato múltiple. Las historias suelen, y por ello hay tono un género, poner a un personaje encargado de resolver la problemática. El encargado en nuestro caso es el Doctor Simon Jordan, un psicólogo de los Estados Unidos que fue llevado al alto Canadá por el comité del pueblo para que en un informe determinara, en preferencia, su inocencia, lo cual analizaremos más adelante. Con la problemática planteada la historia no nos defrauda al ofrecernos una respuesta. El Dr. Jordan, al final, luego de haber entrevistado a Grace por varios días, de haber entrado en su vida a través de su propio relato y luego, como último recurso de naufrago desahuciado, permitir una sesión de hipnotismo, quedó incapacitado de presentar el informe ante los resultados de la investigación. De ese modo, la historia es quien deja que el espectador sea quien dé el dictamen. Y para nosotros, como espectadores curiosos, Grace Marks es culpable.

 

La asesina

 

En la primera escena de la serie, Grace Marks, vestida de sirvienta, se mira en un espejo y piensa en todo lo que se ha dicho de ella: que es, en el mejor de los casos, una inocente mujer que se dejó manipular de un hombre perverso o que es, por el contrario, una malvada arpía con el demonio dentro. Tanto se ha dicho de ella desde puntos tan disímiles que termina preguntándose «cómo puedo ser tantas cosas contradictorias al mismo tiempo»; y, sin embargo, a lo largo de la serie el espectador comprueba que estas verdades contradictorias definen al personaje de Grace. A grandes rasgos, su historia, tal y como ella misma se la cuenta al Dr. Jordan, es así: estamos en el nacimiento del siglo XIX. Grace es la hija mayor de una familia protestante la cual tuvo que salir de su lugar de origen, Irlanda, por una cruzada religiosa entre cristianos contra protestantes. Durante el viaje en barco hacia Canadá, luego de predecir su propia muerte tras ver en la proa a tres cuervos graznar, como señal de un mal augurio, la madre de Grace muere, al parecer, por un cáncer de estómago. Arrojada al auspicio de un padre violento y alcohólico, Grace llega a Toronto, una ciudad marginal, gaseosa y a la que va a definir como una Babilonia desconcertante, junto a sus cuatro hermanos, a quienes había deseado, en un lapsus mental cuando estaba en el barco, perderlos en el mar para así liberar cargas económicas. Sin la madre que lo controlara, el padre no sólo la maltrataba, sino que intentó abusar de ella. En una tarde, mientras el padre dormía, Grace tomó un objeto pesado y fulminante y sintió el impulso de matar a su progenitor, pero se detuvo ¿la razón? No quería cometer un pecado mortal. Al poco tiempo su padre la echó de la casa y Grace se convirtió en la mucama de una familia aristocrática. Sintiéndose sola y perturbada, Grace conoce allí a Mery Witney, una joven esbelta, alegre y de rasgos amerindios que la enorgullecen, ella es el personaje clave de toda la historia. Mery Witney es una sirvienta de familia de origen campesino que se considera así misma una rebelde en contra de la aristocracia y habla de William Lyon Mackenzie, un insurrecto que lideró la fracasada revolución contra la aristocracia, como de un ídolo al que hay que resucitar y vengar. Grace, que desconoce el mundo canadiense de la época, pero que vive todas las injusticias, es una estudiante que aprende las lecciones de Witney con entusiasmo.

 

Es Witney quien le enseña las canciones de la revolución, las hazañas y lecciones de William Lyon Mackenzie, pero, sobre todo, a odiar a la clase aristocrática no sólo por haber desterrado a la clase campesina pobre sino de aprovecharse de su condición de poder para mantener a la clase sierva sometida y empobrecida. Es también Witney quien le da una lección con su propia experiencia sobre cómo los amos, y la clase en sí, tratan a las mujeres siervas. Al poco tiempo de vivir juntas Grace percibe el cambio del comportamiento de la amiga, las noches fuera de la cama, los silencios, las náuseas, el miedo a perder el empleo y la vida. Witney estaba embarazada del hijo de sus amos. Sin más opción decide abortar, pero dicha operación es riesgosa, puede morir la mujer intervenida y Witney lo sabe bien. Tras la operación, sucede lo temido.

 

De nuevo sola, Grace decide marcharse de aquel lugar, entre otros motivos para huir del amo que, luego de usar a Witney, ahora la buscaba a ella, y se emplea en la finca del señor Thomas Kinnear, una de las víctimas mortales, un hacendado pretencioso que alardea el haber derrotado a los rebeldes, y quien es también conocido por mantener relaciones íntimas con sus siervas, comportamiento que Grace sólo padecerá con el paso del tiempo. Allí, en el nuevo trabajo, Grace conoce a la ama de llaves, Nancy Montgobery, la segunda asesinada, y al verdugo, el joven James McDermott, quien siempre renegaba que su jefe inmediato fuera una mujer.

 

Todo este relato lo conocemos por la misma voz de Grace, quien es interrogada en una serie de sesiones por el Dr. Jordan. Un aspecto muy interesante a lo largo de toda la narración de Grace es lo que cuenta y a la vez lo que oculta a su interlocutor. Por ejemplo, le oculta lo que piensa de las relaciones entre el siervo y el amo, es decir, de las relaciones de clase. Le oculta que odia limpiarles sus heces, estar sometida y que utiliza las revistas de moda, donde salen las imágenes de clase, para limpiarse su propio excremento; una actitud subversiva que revela su personalidad. Como ella misma nos lo confiesa, sólo dice lo que quiere escuchar el Dr. Jordan. Le dice que McDermott, cansado de las humillaciones de Nancy Montgobery y el señor Kinner, quiere vengarse matándolos, sobre todo cuando es despedido, pero dice que no le creía ya que lo consideraba un fantoche, hasta que realmente sucedió. También le dice lo mucho que le afectó saber que la señorita Nancy mantenía una relación íntima con el señor Kinnear y que, peor aún, quedara embarazada de este. Pero no sólo McDermott fue despedido, Grace también.

 

Sin embargo, el Dr. Jordan descubre otra versión de los hechos, la del joven McDermott quien afirmaba que en realidad fue Grace quien lo incitó a que asesinara a sus jefes prometiéndole casarse con él. Una versión en la que Grace no se ve tan inocente como se pinta ella misma y en la que utiliza su seducción para fines viles.

 

Luego del múltiple asesinato, el señor Kinnear recibe un disparo en el pecho y Nancy Montgobery es ahorcada con ayuda de Grace, según McDermontt, luego de que cayera por las escaleras del sótano, los implicados huyen del país, pero pronto son capturados en una fonda de mala muerte. McDermott es condenado a muerte mientras que Grace, quien siempre se defendió diciendo que olvidaba los hechos, es eximida de este castigo, pero la condenan a cadena perpetua, decisión que se mantuvo en firme hasta que, luego de diez años, el comité de la ciudad, como ya dijimos, reabre el caso con la intención de dejarla libre.

 

Hasta aquí los hechos nos muestran a una Grace inocente de la que sólo dudamos cuando se interpone el punto de vista de otro de los implicados. Es hora de las preguntas ¿Por qué el Dr. Jordan no puede dar un veredicto? ¿Por qué el comité del pueblo quiere eximirla de sus culpas? Y si en definitiva Grace es culpable ¿Cuáles fueron sus motivos?

 

En realidad, la historia de Grace no es otra cosa que la exposición de los motivos por los cuales ella es tan culpable del múltiple asesinato como el joven McDermott. En principio están la motivación de género. Durante toda la historia vemos cómo Grace es abusada, directa o indirectamente, por su condición de mujer por todas las figuras masculinas de autoridad con las que se cruzó: su propio padre, los amos donde trabajó como sirvienta, como el señor Kinnear, quien también intentó acosarla y, por último, los médicos del psiquiátrico donde llegó luego de ser acusada. Pero a este motivo se le suma otro igual de importante: los conflictos de clase. Como vimos, su íntima amiga Witney fue quien le ayudó a tomar una conciencia de clase y el comportamiento de sus amos no sólo le representaba un conflicto de género, sino que al mismo tiempo un conflicto de clase. Sentía ira al saber la injusticia que significaba que unos tuvieran tanto y otros tan poco, que unos hombres tuvieran que limpiarles la mierda a otros hombres. En conclusión, Grace tenía motivos suficientes para querer asesinar a sus amos luego de tantos años abusos e injusticias, aún más cuando fue despedida sin justa razón. Sin embargo, no por el hecho de tener motivos los humanos cometen este tipo de actos. Tienen que, a su vez, tener la capacidad de hacerlo y, por otro lado, ninguna razón moral y ética que se lo impida y como vimos al principio, Grace no pudo asesinar a su padre porque sus creencias religiosas se lo impedían. Pero la razón que le impidió cometer un pecado mortal es la misma que le permitió cometerlo. Es decir, cuando Grace descubre que Nancy y el señor Kinnear mantienen una relación pecaminosa, ella misma cree que debe pagar por ello. Esta es una razón que nos ayudaría a entender por qué quiso asesinar a Nancy. Pero hay otra razón, la razón de clase. Podríamos interpretar que para Grace el comportamiento de Nancy, intimar con el señor Kinnear y abusar de los demás trabajadores, era una traición a su clase. Si esto nos es suficiente para argumentar las razones de conciencia de clase y de género de Grace, sólo basta con darnos cuenta con quién termina casada Grace.

 

Lo demás sólo son detalles. Para no verse directamente implicada, pudiendo ella misma asesinar a sus amos con veneno, manipula a un hombre para que este lo haga por ella con sus armas de mujer venenosamente hermosa. Hasta aquí, todo nos parece obvio porque fácilmente se nos revela la culpabilidad de Grace (y con ello la naturaleza de la sociedad en que vivió). Y, sin embargo, aún falta resolver un interrogante de suma importancia que nos revela la ingeniosa mentalidad del personaje de Grace que, en esencia, fue magistralmente construido por Margaret Atwood y, muy bien recogida, por la directora Mary Harron: ¿Por qué el Dr. Jordan no pudo determinarlo así? Porque Grace, totalmente consciente de la imagen de la mujer en su sociedad, utiliza un elemento para despistarlos a todos. Luego de rendirse ante la evidencia, de confesarse incapaz de haber logrado que Grace, por un lado, recordara los momentos de olvido, o, por otro lado, que confesara su culpabilidad, acepta que un seudocientífico intervenga a Grace con una sesión de hipnotismo. En esta sesión, la supuesta verdad se esclarece. Quien habla tras cada pregunta no es Grace, sino el espíritu de su íntima amiga Witney que, tras fallecer, su alma invadió el cuerpo de Grace y confiesa que la manipuló para hacer que cometiera el múltiple asesinato. El Dr. Jordan entra en un dilema si creerle o no. Sin embargo, al saber nosotros como espectadores quién es el seudocientífico sabemos que todo es un montaje bien engranado. El comité, convencido de la inocencia de Grace, no pude hacer nada sin un fallo de autoridad. Pero ¿Qué fue lo que hizo Grace? Sencillo: representó la mujer que su sociedad le exigía. Es decir, ¿por qué el comité fue tan clemente con ella y no con McDermott? Porque era mujer. En la sociedad patriarcal en la que vive a la mujer, inferiorizada, se la considera incapaz de ser tan calculadora, inteligente y fría como para cometer tal acto. Sabiendo eso muy bien, Grace les da gusto y afirma que un ser exterior, un demonio (recordemos la primera escena de la serie) la manipulaba sin que ella fuera consciente de lo que hacía.

 

La importancia de las historias

 

Como dijo Javier Cercas en el ya citado dialogo con Vargas Llosa, la novela es ironía, nos presenta verdades contradictorias y pone nuestras certezas en duda. Pocas veces las producciones audiovisuales logran la profundidad que le es propia a las buenas novelas. Pero cuando lo hace, su impacto puede ser mucho más incisivo. En Alias Grace la verdad es que su protagonista es tanto culpable como inocente. O mejor aún, y he ahí la complejidad de la que es propia la novela, juzgar a Grace no es tarea fácil porque el crimen que cometió es el resultado de una sociedad injusta, machista y abruptamente desigual. Claro, ningún crimen se justifica, pero sí se logra comprender por qué se cometen y llegar a ese terreno, a ese punto de empatía con un asesino, puede ser peligro para una sociedad hipócrita. Pero por eso es que los narradores tienen predilección por los villanos, porque es en ellos que se busca descubrir la naturaleza del humano.

 

La realidad que narra Alias Grace sólo varía en forma con la sociedad actual de muchos lugares del mundo. ¿Cuántas empleadas de servicio doméstico en Bogotá no son maltratadas por sus empleadores? Sus vidas se desconocen porque ni siquiera su trabajo, en pleno siglo XXI, está regulado por el Estado. Las buenas historias, más allá de su forma novelística o audiovisual, nos permiten entrar en la complejidad de las vidas ocultas y entender cómo funcionan. Sin embargo, en Colombia hay pocas producciones que nos muestren las vidas de miles de mujeres de la ciudad y del campo que aún viven en dichas condiciones que parecen de siglos pasados. Se necesitan en el país historias que nos muestren la complejidad de nuestra realidad y pongan en duda nuestras certezas.

Publicado enEdición Nº242
Martes, 09 Enero 2018 06:35

Su tiempo se acabó

Su tiempo se acabó

 

En 1964 yo era una pequeña niña sentada en el piso de linóleo de la casa de mi madre, en Milwaukee, viendo a Anne Bancroft presentar el Oscar al Mejor Actor en la 36ª entrega de los Premios de la Academia. Ella abrió el sobre y recitó cinco palabras que literalmente hicieron historia: “El ganador es Sidney Poitier”.

Subió entonces al escenario el hombre más elegante que yo hubiera visto jamás. Su corbata era blanca y su piel era obviamente negra... y lo estaban celebrando. Nunca había visto que celebraran a un hombre de raza negra de esa manera. He intentado muchas, muchas veces explicarme qué es lo que significa un momento cómo ese para una pequeña niña, una niña que miraba desde “los asientos baratos”, mientras su mamá entraba por la puerta, cansada de limpiar las casas de otras personas. Pero lo único que puedo hacer es citar lo que dice Sidney Poitier durante su actuación en Los lirios del valle: “Amén, amén, amén, amén”.

En 1982, Sidney recibió el premio Cecil B. DeMille justo aquí, en los Globos de Oro, y no sería extraño que en este momento haya otras niñas pequeñas mirando la televisión mientras me convierto en la primer mujer de raza negra en recibir ese mismo premio. Es un honor y es un privilegio el compartir esta noche con todos aquellos, con los hombres y mujeres increíbles que me han inspirado, que me han desafiado, que me sostuvieron y que hicieron que mi viaje hacia este escenario fuera posible. Dennis Swanson, quien se arriesgó por mí en AM Chicago. Me vio en el programa y le dijo a Steven Spielberg: “Ella es Sofía, en El Color Púrpura. Gayle (King), quien encarna la definición de lo que es ser amiga y Stedman (Graham), quien ha sido mi roca.

Quiero agradecer a la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA, por sus siglas en inglés). Sabemos que la prensa está bajo asedio en estos días y también que la dedicación insaciable por descubrir la verdad absoluta es lo que nos impide “hacer la vista gorda” ante la corrupción y la injusticia, frente a los tiranos y a las víctimas, a los secretos y a las mentiras. Quiero decir que ahora valoro a la prensa mucho más que nunca antes, cuando intentamos navegar en estos tiempos tan complicados, lo que me lleva a la siguiente conclusión: estoy segura de que contar nuestra verdad es la herramienta más poderosa que todos tenemos. Y estoy especialmente orgullosa e inspirada por todas esas mujeres que se han sentido lo suficientemente fuertes y empoderadas como para hablar y compartir sus historias personales. Cada uno de los que estamos en esta sala estamos siendo premiados por las historias que contamos. Sin embargo, este año, nosotras nos convertimos en esa historia.

Pero no es una historia que solo afecte a la industria del entretenimiento. Es una que cruza cualquier cultura, geografía, raza, religión, posición política o espacio de trabajo. Así que yo quiero expresar esta noche mi gratitud hacia todas las mujeres que han soportado años de abuso y agresiones porque ellas, como mi madre, han tenido hijos qué alimentar y cuentas qué pagar y sueños qué perseguir. Ellas son mujeres de las que nunca sabremos sus nombres. Son empleadas domésticas y del campo. Están trabajando en fábricas y en restaurantes; igual que en la academia, la ingeniería y la ciencia. Son parte del mundo de la tecnología, la política y los negocios. Ellas son nuestras atletas en las Olimpiadas y nuestros soldados en la milicia.

Y hay otra persona, Recy Taylor, un nombre que conozco y que ustedes deberían conocer. En 1944, Recy Taylor era una esposa joven y una madre que regresaba de un servicio religioso al que había atendido en Abbeville, Alabama, cuando fue secuestrada por seis hombres blancos armados, quienes la violaron y la dejaron vendada a un lado del camino. Ellos la amenazaron con matarla si le decía a alguien, pero su historia fue denunciada a la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (Naacp, por sus siglas en inglés), donde una joven trabajadora con el nombre de Rosa Parks se convirtió en la principal investigadora de su caso y juntas buscaron justicia. Pero la justicia no era una opción en la era de Jim Crow (la de las leyes que promovían la segregación racial). Los hombres que trataron de destruirla nunca fueron perseguidos. Recy Taylor falleció hace 10 días, poco antes de cumplir 98 años. Ella vivió, como todos lo hemos hecho, demasiados años en una cultura quebrada por hombres brutalmente poderosos. Por mucho tiempo las mujeres han sido ignoradas y no se las ha escuchado cuando se atrevieron a contar su verdad sobre el poder que tienen esos hombres. Pero su tiempo se acabó. Su tiempo se acabó (en referencia a la frase en inglés Time’s Up, que es además el nombre del movimiento que ha servido para crear un fondo de ayuda legal a víctimas del acoso machista).

Su tiempo se acabó. Y yo tengo la esperanza de que Recy Taylor haya muerto sabiendo que su verdad, como la verdad de muchas otras mujeres que fueron atormentadas en esos años –y que siguen siendo atormentadas en estos días– y que sin embargo siguen adelante, como el corazón de Rosa Parks que tantos años después encontró la fuerza para quedarse sentada en ese autobús y no ceder su asiento en Montgomery, y está en cada mujer que aquí mismo elige decir “Yo también” (“Me too”, en referencia a las mujeres que han denunciado haber sido ser víctimas de acoso), y en cada hombre que elige escuchar.

En mi carrera, lo que siempre intenté hacer con todas mis fuerzas, ya sea en cine o televisión, es tratar de decir algo sobre cómo los hombres y las mujeres se sienten realmente. Contar cómo nosotros experimentamos vergüenza, cómo amamos, cómo nos enojamos, cómo fallamos, cómo emprendemos la retirada, cómo perseveramos y cómo, finalmente, nos superamos. He entrevistado y retratado a personas que fueron capaces de resistir algunas de las peores tragedias que la vida te puede arrojar. Todos ellos tienen una cualidad en común: la habilidad de mantener la esperanza en un mañana mejor, aún durante las noches más oscuras. Así que quiero que todas las jóvenes que están viendo en este momento sepan que un nuevo día está en el horizonte. Y cuando ese nuevo día finalmente comience, será porque muchas de esas magníficas mujeres, muchas de las cuales están aquí en la sala, y algunos hombres fenomenales, están peleando duro para asegurarse de convertirse en los líderes que nos lleven al tiempo en el que nunca nadie tenga qué decir de “Yo también” otra vez.

* Texto completo del discurso que la famosa presentadora y actriz pronunció durante la entrega de los Globos de Oro.

 

 

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Según los sondeos tras el discurso de Oprah Winfrey, mucha gente la imagina como futura presidenta de Estados Unidos.

 

Los Globos de Oro mostraron el cambio de época

Time’s up, se terminó: la consigna de batalla contra los ultrajes sexuales de los “altos mandos” de la industria se hizo fuerte durante la entrega de premios, con todas las mujeres vestidas de negro como señal de protesta y un discurso impresionante de Oprah Winfrey.

 

Hollywood reacciona. Por una vez, la frase de la noche –de la tarde-noche, si se prefiere– no fue, el domingo pasado en el Hotel Beverly Hilton de Los Angeles, “And the winner is...”, sino “Time’s Up”. Se terminó el tiempo en que para conseguir o no perder su empleo, una chica debía soportar toda clase de ultrajes sexuales de parte de los “dueños de la pelota” de la industria: accionistas, ejecutivos, productores, directores. Time’s Up es la consigna de batalla que sucedió a Me Too desde el momento en que The New York Times dio a conocer las primeras denuncias de acoso sobre el productor Harvey Weinstein, en octubre pasado, que generaron un impresionante efecto bola de nieve que se extendió por el mundo entero. Primero fue Me Too –a mí también me abusaron o quisieron hacerlo– como modo de blanquear la situación. Luego, la consigna superadora, Time’s Up: se terminó, no va más, de ahora en más el que quiera ejercer el derecho de pernada se queda sin trabajo. Que es lo que viene sucediendo en Hollywood desde el derrocamiento de Weinstein, con varios “caídos” por día. Contra eso se levantaron de sus asientos las mujeres presentes en la 75º entrega de los Globos de Oro, y la comunidad hollywoodense en pleno, a la vez que celebraron el fin de esos tiempos. La del domingo fue una ceremonia de protesta y fundación, tal como reflejó el impresionante discurso de Oprah Winfrey (ver Contratapa), equivalente al que Meryl Streep dio el año pasado contra Trump al recibir el mismo premio (el Cecil B. de Mille a la trayectoria) en el mismo escenario.

Se sabía de antemano el tinte que iba a tener la ceremonia organizada por la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, incluso en sentido literal. La indicación corrió como reguero de pólvora por Tinseltown y todo el mundo (las damas, en realidad, ya que para los varones no es novedad) concurrió vestido con un único color, el negro. Si se trataba de un funeral, era el del abuso como práctica impune, incluso en manos de los propios pares. Kevin Spacey debió haber estado en el Beverly Hilton y en su lugar estuvo, en la categoría Mejor Actor Secundario, Christopher Plummer, que es quien lo remplazó en la película Todo el dinero del mundo, cuando se hicieron públicas las denuncias que llevaron a los productores a desistir de él. De no haber admitido las acusaciones en su contra, no hubiera sido raro que el humorista y guionista Louis C.K. acompañara a su colega Pamela Adlon, nominada al rubro Mejor Actriz de Comedia por la genial sitcom Better Things, cocreada por ambos. ¿Y la ganadora a Mejor Película Animada no fue acaso Coco, la nueva joyita del sello Pixar? ¿No ha optado acaso John Lasseter, creador de ese estudio, por un oportuno exilio de la industria, debido a ciertos “desaciertos” no especificados en el terreno sexual?

En el monólogo inicial, Seth Meyers, conductor de un talk show de medianoche, no tardó más que un par de minutos en hacer referencia a Weinstein y Spacey. De Weinstein dijo que si en veinte años se lo incluye en un recordatorio fúnebre, va a ser el primero en la historia en ser abucheado. Y el público abucheó. Hubo presencias de alto valor simbólico, como la de Salma Hayek, que se hizo presente para entregar un premio. En diciembre pasado, Hayek publicó en The New York Times una nota en la que contaba detalladamente la persecución a la que la sometió Harvey Weinstein en 2002, cuando produjo Frida, película que la actriz mexicana protagonizó. Estuvo también entre los concurrentes, aunque no en el escenario, Ashley Judd, una de las más notorias denunciantes de Weinstein. Hubo también asociaciones no casuales: quien presentó el premio a Oprah Winfrey fue Reese Witherspoon, que a poco de estallar el escándalo Weinstein confesó haber sufrido “múltiples experiencias de abuso y ataques sexuales” dentro de la industria. Algo más inadvertidas pasaron algunas oportunas “omisiones”, como la de Amy Sherman-Palladino, creadora de The Marvelous Mrs. Maisel, ganadora a la Mejor Comedia en series de televisión, que agradeció a Amazon su apoyo. A quien no agradeció fue al productor Roy Price, obligado a renunciar en octubre tras haber sido acusado de abuso.

 

La mujer es el negro del mundo


Pero el abuso no fue lo único que se denunció en esa improvisada (o no tan improvisada) tribuna en que se convirtió el escenario en la tarde-noche del domingo. “Vamos a anunciar a los nominados, que son todos hombres”, dijo, inmutable, Natalie Portman, una de las presentadoras del rubro Mejor Director de Película Dramática, ganado por Guillermo del Toro, por la maravillosa La forma del agua. “A ver si emparejan los salarios de las mujeres con los de los hombres”, bromearon Susan Sarandon y una reaparecida Geena Davis, cuyo 1.83 m de altura hizo lucir a su compañera, de 1.70, como una enana. ¿Sarandon & Davis? Thelma & Louise, claro. La más famosa pareja de justicieras femeninas no podía faltar en la noche del domingo. Barbra Streisand contó algo asombroso: desde que ella fue premiada con el Globo de Oro a la Mejor Dirección, en 1983 por Yentl, ninguna otra mujer volvió a ganarlo. Van 34 años y sigue el conteo.

Podría decirse que el domingo Greta Gerwig le pasó raspando a ese premio vacante. No lo ganó ella pero sí su elogiadísima ópera prima indie Lady Bird (tiene estreno asegurado en la Argentina), en el rubro Mejor Comedia. Actriz habitualmente contenida, Gerwig estaba totalmente desbordada, dando la sensación de que no se esperaba el premio. Tal vez le apostaba a The Disaster Artist, por la cual ganó James Franco como Mejor Actor. Muy divertido el gag (involuntario) que protagonizaron Franco y Tommy Wiseau, el actor y director malísimo de The Room, la película en la que The Disaster Artist se inspira. Franco había llevado a Wiseau, aunque éste estaba sentado por otro lado. Cuando anunciaron el premio, Franco tomó de la mano a su hermano Dave, que actúa en la película, para subir juntos al escenario. Detrás de ellos fue Wiseau, a quien la cámara tomó de espaldas, con su característica melena, como imitando su primera aparición en The Disaster Artist. Franco agradece, Wiseau se acerca, Franco lo saluda, Wiseau se acerca al micrófono y Franco le cruza la mano, como diciendo “Vos no hablás”. Y no habló.

En tren de ausencias asombrosas, se saldó una no menor a la de Mejor Directora. El actor afroamericano Sterling K. Brown, ganador del Globo al Mejor Actor en Serie Dramática por This Is Us, es, lisa y llanamente, el primero en la historia en ganarlo. Brown, que el año pasado se había destacado como abogado defensor en la miniserie The People vs O.J. Simpson, le agradeció al creador de This Is Us, Dan Fogelman, que haya escrito un personaje negro. “Creaste un papel de hombre negro que sólo podía ser interpretado por un hombre negro”, dijo Brown desde el escenario.

 

La otra Oprah


Las reivindicaciones que se hacían oír desde el escenario parecían volver como un búmeran desde varias de las películas o series premiadas. La película más galardonada, Tres avisos por un crimen, Missouri (se estrenará en la Argentina el jueves 18 de enero) trata sobre la batalla que da una madre (Frances McDormand) para hacer justicia con su hija violada y asesinada, en un pueblito sureño que parecería reacio a toda ley... y a que sean las mujeres las que quieran hacerlas cumplir. Dirigida por Michael McDonagh, la película ganó los Globos correspondientes a Mejor Película Dramática, Mejor Guión, Mejor Actriz y Mejor Actor Secundario. A su turno, las series favoritas resultaron Big Little Lies y The Handmaid’s Tale. La primera de ellas, que emite HBO y protagonizan Nicole Kidman, Reese Witherspoon y Laura Dern, trata sobre tres madres de chicos de primer grado, que se hacen amigas.

The Handmaid’s Tale, basada en la novela homónima de Margaret Atwood, ya se sabe, es una fábula sobre una sociedad del futuro que se sostiene sobre la esclavización de la mujer. Big Little Lies ganó Mejor Actriz de Miniserie (Kidman), Actriz de Reparto (Dern) y Actor de Reparto (Alexander Skarsgard). The Handmaid’s Tale, Mejor Serie Dramática y Mejor Actriz de Serie Dramática (Elizabeth Moss). Cuando todo el equipo de esta última subió al escenario a recoger el premio, el productor hizo un llamamiento para que la sociedad del futuro no sea como la que la serie imagina.

Pero, como quedó dicho, el bombazo de la noche fue el discurso de Oprah Winfrey, que es toda una institución en Hollywood. Institución que se diversifica en un montón de ventanillas. Winfrey empezó como conductora de talk shows y eventualmente actriz (El color púrpura), pero su popularidad fue creciendo de tal manera que además de terminar siendo dueña de una cadena de televisión pasó también a la producción de cine (produjo Selma), no se ahorra sus opiniones políticas (fue una de las más notorias sostenedoras de Obama dentro de la comunidad hollywoodense) y es la mujer afroamericana más rica de los Estados Unidos. Según los sondeos que arrojan los tweets y opiniones emitidas por las redes tras su discurso del domingo, podría arrancar con buen pie una nueva actividad: la de Presidenta de los Estados Unidos. ¿Alguien está queriendo lanzarla? Vaya a saber.

Lo cierto es que su discurso estuvo espléndidamente articulado, puntualizando con claridad que éste es un momento en que la industria del entretenimiento debe mirar hacia afuera, hacia el mundo. De ese afuera, Oprah trajo la historia de una mujer llamada Recy Taylor, que en tiempos de Segunda Guerra fue violada por seis hombres armados, no logró que se hiciera justicia y murió hace apenas un par de semanas, a los 98 años. Así como llegó desde su infancia hasta esa noche a través de una cadena precisa de vinculaciones, Winfrey hizo algo parecido con la historia de esta mujer, llegando hasta el presente. “Ella vivió, como todos nosotros, demasiados años en una cultura destrozada por hombres poderosos y brutales”, dijo. “Pero su tiempo terminó. Su tiempo terminó. Su tiempo terminó.” No hizo falta que los presentes se levantaran a aplaudirla: estaban de pie prácticamente desde el comienzo de su discurso.

 

 

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Lunes, 08 Enero 2018 07:50

Annus horribilis/mirabilis

Tarana Burke, fundadora de #MeToo, movimiento de denuncia contra el abuso, el hostigamiento y la intimidación sexual que está haciendo temblar a hombres poderosos. La imagen es de octubre del año pasado

 

Fue un año espantosamente horrible (perdón, se necesitan ambas palabras juntas para intentar capturar un tantito de esta realidad) en Estados Unidos. Fue una burla de todo lo más o menos decente, un asalto contra la belleza y lo noble, un ataque contra lo más delicado y vulnerable. Fue un año en el que no sólo se agotaron los adjetivos, sino hasta las mentadas de madre (y de padre –es la era de la igualdad de género). Hasta las mismas palabras fueron atacadas para anular su sentido, borrar la verdad, lograr que no importara la diferencia entre lo falso y lo verdadero.

No se necesita otro resumen de todos los atropellos, asaltos, abusos y ataques, y mentiras oficiales del año pasado incluyendo el apoyo presidencial a supremacistas blancos con suásticas amenazando a latinos, negros y judíos, los ataques contra los medios y ni hablar de la guerra contra los inmigrantes. Casi todos en el planeta saben de la vergonzosa realidad política estadunidense con el payaso peligroso y, según cada vez más expertos, loco, en esa casa muy blanca, y casi toda la cúpula política como cómplice.

Tal vez lo más terrible al revisar el año es que esto fue tolerado, aceptado y permitido. Claro, hubo extraordinarias expresiones de repudio, protestas masivas con nuevas alianzas maravillosas, sinfonías de colores y acentos que corearon un no de costa a costa. Pero le permitieron pasar. Y ahora amenaza –literalmente con bombas nucleares o con acelerar el cambio climático– a todos dentro y fuera de este país.

Muchos nos hemos pasado el año tratando de descubrir –una vez más en la historia– cómo es posible que un payaso populista de derecha que no pocos conservadores y liberales tradicionales tacharon de fascista respaldado por algunos de los intereses más retrógrados de este país, llegó a tomar el poder. Por supuesto, entre las claves es que ésta es una de las coyunturas de mayor desigualdad económica y social, y de mayor corrupción política en la historia del país. Pero hay más diagnósticos que respuestas.

David Remnick, director de The New Yorker, resumió esta semana lo que muchos han concluido: el presidente de Estados Unidos se ha convertido en una de las principales amenazas a la seguridad de Estados Unidos. Todo muy clarito, pero entonces, ¿qué sigue?

Trump, comentaban algunos luchadores sociales en el Highlander Center, tal vez marca el fin histérico y enloquecido de ese Estados Unidos blanco e imperial que sabe que está por pasar al basurero de la historia, cediendo ante ese Estados Unidos nuevo, hecho de los colores e idiomas del mundo, y cuya juventud multirracial abiertamente repudia el capitalismo, ese concepto hasta ahora sagrado, sinónimo de libertad y democracia en el vocabulario oficial. Aún más notable es que esta nueva generación dice favorecer algo que se llama socialismo.

Varias manifestaciones de rebeldía y desafío contra el régimen del payaso se han expresado a lo largo del último año, señales de esperanza, rayitos de luz, y vale destacar dos que marcaron el primer año de la era trumpiana: las mujeres y los comediantes.

De repente, pareciera (aunque claro que fue resultado de miles de esfuerzos y luchas), que surgió un movimiento amplio y descentralizado de mujeres. Vale recordar que las Marchas de la Mujer –consideradas tal vez las manifestaciones masivas más grandes en la historia del país– inauguraron la resistencia a Trump 24 horas después de llegar a la Casa Blanca. Y de repente, pareciera, también estalló en los últimos meses algo que se bautizó #MeToo, el movimiento de denuncia de abuso, hostigamiento e intimidación sexual de mujeres (y algunos hombres) que está haciendo temblar a hombres poderosos; desde la propia Casa Blanca hasta los palacios de Hollywood, de las grandes instituciones académicas y culturales, a los medios masivos.

Una parte de esta respuesta se está expresando en el ámbito político, donde en números sin precedente miles de mujeres están explorando y ya han decido participar en contiendas electorales locales, estatales y federales generando potencialmente lo que algunos llaman un cambio sísmico. Muchas con posiciones expresamente anti Trump ya han ganado en lugares inesperados. Hoy día, las mujeres representan sólo 20 por ciento del Congreso federal; sólo una de cada cuatro es legisladora estatal y sólo seis ocupan un sitio entre las 50 gubernaturas estatales.

Por otro lado, tal vez el enfrentamiento más efectivo, constante y hasta valiente contra Trump y lo que representa, ha sido el de los bufones. Los cómicos, sobre todo los de televisión, los caricaturistas editoriales, los escritores satíricos y artistas de perfomance han sido fundamentales en evitar la imposición de lo absurdo, y han encabezado con otros el movimiento para evitar que el trumpismo sea normalizado. Aunque no existe un movimiento encabezado por bufones –algo que ni desean–, sí logran revelar a públicos masivos todos los días que el emperador está desnudo (y feo), tarea esencial en la defensa de los principios democráticos.

Las innumerables luchas por la dignidad, y las nuevas y viejas alianzas tan necesarias, se ven por todo el país: encuentros entre jóvenes inmigrantes, indígenas estadunidenses, veteranos de guerra disidentes y Black Lives Matter; musulmanes, judíos y latinos cargando las mismas pancartas, nuevas constelaciones creadas con las diásporas del movimiento en torno a la candidatura de Bernie Sanders y crecimiento de partidos progresistas independientes, janitors en Stanford y trabajadores de lecherías de Vermont, y jornaleros en Immokalee, contando historias colectivas, historiadores que recuerdan cuentos parecidos de resistencia y cambio hace un siglo, sólo que en otros idiomas, y las sorpresas que guardan los estudiantes sin pedir permiso.

A pesar de ese annus horriblis pasado, aquí están presentes todos los elementos para hacer de 2018 un annus mirabilis (año maravilloso). Pero para lograrlo, uno no puede quedarse de observador ni guardar silencio, advierten los Martin Luther King, Einstein, Woody Guthrie y otros sabios de este país. (¿Y a poco no aparenta ser más inteligente esta columna al incluir tres palabras en latín?)

 

 

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Está prohibido, y así es como se hace

En noviembre del año pasado el comediante Louis CK fue acusado de abuso en el New York Times por cinco mujeres. Las víctimas dijeron que en diferentes circunstancias las había presionado para que lo vean o lo escuchen mientras él se masturbaba. El comediante reconoció los hechos y pidió perdón. Por el escándalo HBO le canceló una presencia y una película en la que actuaba suspendió su estreno luego de que sus dos co-protagonistas se negaran a publicitarla.

El 7 de noviembre de 2017, Judith Butler ayudó a organizar una conferencia en São Paulo, Brasil; aunque el título de la conferencia era “Los Fines de la Democracia” y por lo tanto no tenía nada que ver con el tema de transgénero, una multitud de manifestantes de derecha se reunieron afuera del lugar donde quemaron una efigie de Butler mientras gritaban “¡Queimem a bruxa!” (Portugués para “¡Quemen a la bruja!”). Este extraño incidente es el último de una larga serie de pruebas de que la diferencia sexual está hoy politizada de dos maneras complementarias: la “fluidificación” transgénero de las identidades de género y la reacción neoconservadora.

 

La famosa descripción de la dinámica capitalista en El Manifiesto Comunista debe complementarse con el hecho de que el capitalismo global también hace que el “carácter unilateral y la estrechez de miras se vuelvan cada vez más imposibles”, que también en el ámbito de las prácticas sexuales, “todo eso si lo sólido se funde en el aire, todo lo que es santo se profana”: ¿el capitalismo tiende a reemplazar la heterosexualidad normativa estándar con una proliferación de identidades y / u orientaciones cambiantes e inestables? La celebración de hoy de “minorías” y “marginales” es la posición predominante de la mayoría, incluso los derechistas que se quejan del terror de la Correcta Política Liberal se presentan como protectores de una minoría en peligro de extinción. O tomemos a esos críticos del patriarcado que lo atacan como si todavía fuera una posición hegemónica, ignorando lo que Marx y Engels escribieron hace más de 150 años, en el primer capítulo del Manifiesto Comunista: “La burguesía, donde sea que tenga la ventaja, ha puesto fin a todas las relaciones feudales, patriarcales e idílicas”, todavía es ignorado por los teóricos de la izquierda que centran su crítica en la ideología y la práctica patriarcales.

 

Entonces, ¿qué deberíamos hacer con respecto a esta tensión? ¿Debemos limitarnos a apoyar la fluidificación transgénero de las identidades mientras permanecemos críticos de sus limitaciones? Existe una tercera forma de impugnar la forma tradicional de identidad de género que ahora explota: las mujeres que se expresan masivamente sobre la violencia sexual masculina. Todas las características de la cobertura mediática de este evento no deberían distraernos de lo que realmente está sucediendo: nada menos que un cambio de época, un gran despertar, un nuevo capítulo en la historia de la igualdad. Miles de años de cómo las relaciones entre los sexos eran regulados y arreglados, son cuestionados y socavados. Y la parte que protesta ahora no es una minoría LGBT +, sino una mayoría, mujeres. Lo que está saliendo no es nada nuevo, es algo que (vagamente, al menos) sabíamos todo el tiempo y que simplemente no podíamos (querer, preparar) abordar abiertamente: cientos de formas de explotar sexualmente a las mujeres. Las mujeres ahora sacan a relucir la parte oscura de nuestras reivindicaciones oficiales de igualdad y respeto mutuo, y lo que estamos descubriendo es, entre otras cosas, cuán hipócrita y unilateral era nuestra crítica de moda de la opresión de las mujeres en los países musulmanes (y lo es): tenemos que enfrentar nuestra propia realidad de opresión y explotación.

 

Como en cualquier revuelta revolucionaria, habrá numerosas “injusticias”, ironías, etc. (Por ejemplo, dudo que los actos de Louis CK, deplorables y lascivos como son, puedan ponerse al mismo nivel que la violencia sexual directa.) Pero, nuevamente, todo esto no debería distraernos; deberíamos enfocarnos en los problemas que tenemos por delante. Aunque algunos países ya se están acercando a una nueva cultura sexual post-patriarcal (ver Islandia donde dos tercios de los niños nacen fuera del matrimonio, y donde las mujeres ocupan más puestos en instituciones de poder público que los hombres), una de las tareas clave es, primero, la necesidad de estudiar lo que estamos ganando y perdiendo en este trastorno de nuestros procedimientos heredados de cortejo: se deberán establecer nuevas reglas para evitar una cultura estéril de miedo e incertidumbre. Algunas feministas inteligentes señalaron hace mucho tiempo que si tratamos de imaginar un cortejo políticamente correcto, nos acercamos sorprendentemente a un contrato de mercado formal. El problema es que la sexualidad, el poder y la violencia están mucho más íntimamente entrelazados de lo que esperamos, de modo que también elementos de lo que se considera brutalidad pueden ser sexualizados, es decir, invertidos libidinalmente; después de todo, el sadismo y el masoquismo son formas de actividad sexual. La sexualidad purificada de la violencia y los juegos de poder bien pueden acabar desexualizándose.

 

La siguiente tarea es asegurarse de que la explosión en curso no se limite a la vida pública de los ricos y famosos, sino que se filtre y penetre en la vida cotidiana de millones de “invisibles” individuos comunes. Y el último punto (pero no menos importante) es descubrir cómo vincular este despertar a las luchas políticas y económicas en curso, es decir, cómo evitar que la ideología (y la práctica) liberal occidental se apropien como otra forma de reafirmar nuestra prioridad. Uno tiene que hacer un esfuerzo para que este despertar no se convierta en otro caso donde la legitimación política se basa en el status de víctima del sujeto.

 

¿La característica básica de la subjetividad actual no es la extraña combinación del sujeto libre que se consideró a sí mismo como el responsable último de su destino y el sujeto que basa la autoridad de su discurso en su condición de víctima de circunstancias fuera de su control? Cada contacto con otro ser humano se experimenta como una amenaza potencial; si el otro fuma, si me lanza una mirada libidinosa, ya me duele; esta lógica de victimización hoy está universalizada, llegando más allá de los casos estándar de acoso sexual o racista: recuerde la creciente industria financiera de reclamos por daños, del acuerdo de la industria tabacalera en Estados Unidos y los reclamos financieros de las víctimas del holocausto y trabajadores forzados en la Alemania nazi, hasta la idea de que Estados Unidos debería pagarles a los afroamericanos cientos de miles de millones de dólares por todo lo que se vieron privados durante su pasada esclavitud...

 

Esta noción del sujeto como víctima irresponsable implica la extrema perspectiva narcisista desde la cual todo encuentro con el Otro aparece como una amenaza potencial al precario equilibrio imaginario del sujeto; como tal, no es lo contrario, sino más bien el complemento inherente del sujeto libre liberal: en la forma de individualidad predominante de hoy, la afirmación egocéntrica del sujeto psicológico se superpone paradójicamente con la percepción de uno mismo como víctima de las circunstancias .

 

En un hotel de Skopje donde estuve recientemente, mi compañera preguntó si se permitía fumar en nuestra habitación. La respuesta que recibió de la persona de recepción fue única: “Por supuesto que no, está prohibida por ley. Pero hay ceniceros en la habitación, así que esto no es un problema”. Esta no fue la última de nuestras sorpresas: cuando entramos a la habitación, efectivamente había un cenicero de cristal sobre la mesa, y en su parte inferior había una imagen pintada , un cigarrillo sobre el cual había un gran círculo con una línea diagonal que indica prohibición... Así que no era el juego habitual que uno encuentra en hoteles tolerantes donde le susurran discretamente que, aunque está oficialmente prohibido, puede hacerlo cuidadosamente, de pie junto a una ventana abierta o algo así. La contradicción (entre la prohibición y el permiso) era asumido abiertamente y por lo tanto cancelada, tratado como inexistente, es decir, el mensaje fue: “Está prohibido, y así es como se hace”. Y, de vuelta al despertar en curso, el peligro es que, de manera homóloga, la ideología de la libertad personal se combinará sin esfuerzo con la lógica del victimismo (con la libertad reducida silenciosamente a la libertad de sacar a relucir el propio victimismo), volviendo por lo tanto superfluo una emancipación política radical del despertar, haciendo que la lucha de las mujeres sea una en la serie de luchas: lucha nuevamente contra el capitalismo global y las amenazas ecológicas, por una democracia diferente, contra el racismo, etc.

 

 

*Filósofo y crítico cultural. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal).

Traducción: C. Doyhambéhère.

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Domingo, 26 Noviembre 2017 07:00

La rebelión de las manoseadas

Harvey Weinstein, el productor denunciado en octubre, encabeza una larga lista de personalidades acusadas por diversos grados de abuso sexual / Foto: Afp, Alberto Pizzoli, Archivo

 

Repercusiones de la iniciativa #MeToo en Estados Unidos.

Los hombres andan revisando qué han hecho y las mujeres qué han tolerado. Cada día aparecen más denuncias de abuso y acoso sexual, y más hombres salen a pedir perdón. La eclosión del movimiento #YoTambién, acelerada por las redes sociales, atraviesa divisiones ideológicas, partidistas, de clase social y niveles de educación. En todas partes, los abusos ocurren.

A comienzos de octubre numerosas mujeres acusaron públicamente al productor de Hollywood, Harvey Weinstein, de 65 años, por diversos grados de abuso y acoso sexual, y desde entonces la lista de denunciados, por conductas que van desde expresiones pasadas de tono a manoseos y violación, ha crecido con nombres del ámbito político, empresarial, de espectáculos y de los deportes. Estas revelaciones generaron que en las redes sociales, bajo el hashtag #MeToo (#YoTambién), mujeres de todo el mundo relataran los abusos sexuales de los que han sido víctimas.

Es posible que la bronca que hoy se manifiesta en tantas revelaciones se haya estado acumulando desde que el año pasado, en plena campaña electoral, se difundió una grabación en la que el entonces candidato presidencial republicano Donald Trump se jactaba de su comportamiento agresivo hacia las mujeres. “Me atraen automáticamente las mujeres bonitas”, había dicho Trump en una conversación privada con el presentador de televisión Billy Bush. “Empiezo a besarlas y es como un imán, no puedo ni esperar. Y cuando eres una persona famosa, te dejan hacer lo que quieras, puedes hacer lo que quieras. Agarrarlas por la concha. Puedes hacer de todo.”

Un mes después Trump ganó la elección. Desde entonces 13 mujeres han acusado a Trump por abuso sexual. El hecho de que más de 62 millones de votantes no hayan considerado que las groserías, el acoso y el manoseo de mujeres fuera un defecto moral suficientemente grave como para descalificar a alguien mostró cuán aceptables son en una sociedad tales comportamientos.

Las mujeres –incluso muchas que votaron por Trump– fueron las primeras en salir a la calle para avisarle al presidente que algunas cosas ya no se tolerarían, en la multitudinaria manifestación de mujeres en el National Mall de Washington, al día siguiente de su juramentación.


CUESTIÓN DE PODER.


La cascada de revelaciones, que no se detiene, es evidencia de que el comportamiento sexualmente abusivo de los hombres no se limita, y ni siquiera es predominante, en una u otra clase social, en un costado u otro de las ideas políticas, las afiliaciones religiosas o las edades.

Pero un factor que, aparentemente, es común en el abuso al que están expuestas las mujeres y también los hombres (como lo sugieren las acusaciones contra el actor Kevin Spacey), es la desigualdad en la relación de poder: ya sea el entrenador deportivo, el médico, el capataz en la cuadrilla de limpiadoras de oficinas, el promotor artístico, el periodista famoso, el miembro del Congreso o el pastor de la iglesia. El hombre que incurre en hostigamiento y abuso tiene poder sobre sus víctimas.

Según las denunciantes, Weinstein aprovechó durante décadas su poder en el mundo del espectáculo para “cobrar peaje” a las artistas en los comienzos de su carrera. En el caso del candidato a senador republicano de Alabama, Ray Moore, una denunciante dice que cuando ella tenía 14 años y él 32, siendo fiscal general del estado, la besó, le quitó la blusa y pantalones, se desvistió, la tocó sobre su sostén y pantaleta, y llevó la mano de la niña a su pene.

Dos ex colaboradoras del prestigioso periodista de televisión Charlie Rose, de 75 años, dicen que las llevaba a trabajar a su residencia en Nueva York, y se paseaba desnudo frente a ellas. Varios hombres en puestos de muy alta jerarquía en la cadena Fox News tuvieron que irse luego de numerosas acusaciones de acoso sexual, incluidos el fundador Roger Ailes, el comentarista conservador Bill O’Reilly y el periodista Eric Boiling.

Megyn Kelly, otrora periodista estrella de Fox News y una de las acusadoras de Ailes, sostiene que una vez denunció los abusos de O’Reilly a los jerarcas de la cadena y no obtuvo resultados. Kelly sostiene que la cadena difamó públicamente a las víctimas.

La afición por masturbarse frente a mujeres forzadas a observarlo ha sido una acusación frecuente, y llevó al comediante Louis C K a publicar una carta de confesión y arrepentimiento por sus abusos.

Larry Nassar, ex médico de los equipos de gimnasia olímpica estadounidense, que es acusado de abuso sexual por más de 125 mujeres y niñas, llegó a un acuerdo con la fiscalía y se declaró culpable, en una audiencia judicial, de siete cargos de abuso sexual el martes 22 . Ese día la gimnasta olímpica Gabby Douglas dijo que ella también había sido víctima de Nasser. Douglas a su vez pidió disculpas por un previo twit en el que había sugerido que las mujeres que “se visten de forma sexy/provocativa atraen a gente con malas intenciones”. La joven afirmó que no había sido su intención culpar a las mujeres: “lo que una usa, jamás le da derecho a alguien a acosarte o abusarte”, añadió.


DESPIDOS.


Tras la divulgación de la grabación de Trump, el ahora presidente respondió: “Eso fueron bromas de vestuario, una conversación privada que ocurrió hace muchos años. (El ex presidente) Bill Clinton ha dicho cosas mucho peores que yo en el campo de golf. Ni se compara. Pido disculpas si alguien se ofendió”.

He allí un detalle interesante: el pedido de disculpas es “por si alguien se ofendió”, no porque el comportamiento haya sido ofensivo. Varias de las respuestas dadas por los ahora acusados han recurrido al mismo esquive de responsabilidades. Otras, la mayoría, han consistido en auténticos actos de contrición.

Pero, en cierto sentido, la declaración de Trump es una señal de un cambio cultural acerca del problema del acoso y abuso sexual.

Cuando a mediados de la década de 1990 el demócrata Clinton, entonces ya cincuentón, mantuvo relaciones sexuales con la becaria Monica Lewinsky, de 23 años, el escándalo fue grande, pero Clinton no fue destituido. Ahora, en varios de los casos, la revelación de conductas inapropiadas llevó a despidos.

El propio Congreso ha sido escenario de denuncias: la representante demócrata Jackie Speier, de California, y la republicana Barbara Comstock, de Virginia, se sumaron a #MeToo y denunciaron que al menos dos miembros de la legislatura, uno de cada partido, han incurrido en acoso sexual.

“Muchas de nosotras, en el Congreso, sabemos lo que es, porque el Congreso ha sido durante demasiado tiempo caldo de cultivo de un ambiente de trabajo hostil”, dijo Speier, quien hace unos días confesó haber sido víctima de acoso y abuso sexual en el Capitolio hace años, antes de ser legisladora.

El senador demócrata de Minnesota, Al Franken, 66, un favorito de los liberales en Estados Unidos, y el representante demócrata de Michigan, John Conyers, 88, un adalid de los negros, han sido acusados ambos por numerosas mujeres y encaran ahora la furia de votantes que reclaman sus dimisiones.

Y lo que comenzó en un sinnúmero de encuentros privados, tocadas de nalgas y pechos en los rincones de las oficinas, besuqueos en ascensores, y demanda de favores sexuales a cambio de empleos o promociones, han derivado en serias consecuencias políticas en la actual coyuntura estadounidense, al punto que 2018, cuando habrá elecciones para la renovación del Congreso, bien podría ser el auténtico “año de la mujer”. Actualmente, los republicanos tienen 54 puestos en el Senado y los demócratas 46. Si los votantes de Alabama repudian a Moore el mes que viene y eligen a su rival demócrata Doug Jones, la cuenta pasaría a 53/47, haciendo más difícil para el Partido Republicano conseguir los 60 votos necesarios para aprobar algunos tipos de reformas. Pero, a su vez, si la furia contra Franken conduce a su dimisión, los demócratas pueden perder más terreno.


REVISIONISMO.


“El movimiento #MeToo ha forzado prácticamente a cada mujer que conozco a bajar a su sótano interior y a reconocer su propia historia”, escribió la columnista de The New York Times, Jennifer Weiner. “Todas tenemos algunas historias. La mía es bastante típica y, en el panorama general, no tan mala. Hubo un profesor de la secundaria que me besó y me dijo que me amaba. Y el mozo en mi primer empleo en un restaurante, que me apretaba en los rincones y se fregaba contra mí.”

“Y todos esos tipos a lo largo de los años que me han dicho o susurrado cosas cuando salía a la calle, a hacer compras, o esperaba el ómnibus”, añadió. “Pero eso es sólo el ruido de fondo en la vida de cada mujer, el precio de existir en un cuerpo femenino. Ah, y el reportero en el semanario donde fui becaria que se metía conmigo en la pieza de depósitos cuando yo tenía las manos llenas con copias del periódico, y me tocaba los pechos. Lo peor no era el manoseo, sino la manera lujuriosa con que después me miraba. ‘Ahora tenemos un secretito’, parecía decirme. ‘Ahora tenemos un pacto. Voy a seguir haciéndolo y tú seguirás sin decir una palabra, porque yo soy poderoso y tú eres remplazable’.”

Pero también los hombres están en la fase revisionista: cada uno rememorando qué ha hecho, o no ha hecho con qué mujer y dónde cuando hubo oportunidades. Es irónico que ahora, en las juntas directivas y niveles gerenciales donde los hombres son mayoría, se tomen las decisiones de despidos, suspensiones y dimisiones forzadas. ¿Cuántos de esos directores y gerentes de empresa tienen sus propias historias escondidas en su sótano interior?

 

 

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Lunes, 30 Octubre 2017 07:17

Silencios interrumpidos

Rose McGowan, una de las decenas de actrices que han acusado de acoso e incluso de violación al productor de Hollywood Harvey Weinstein, llamó a no seguir ignorando el problema de las agresiones sexuales, en un discurso pronunciado el pasado viernes durante la Convención de la Mujer celebrada en Detroit, Michigan. La acompaña en la imagen (a la derecha) Tarana Burke, fundadora de #MeToo

 

Uno ocupa la Casa Blanca, dos son residentes anteriores de ese edificio público, otros son dueños de la fábrica de sueños (y pesadillas) en Los Ángeles, otros se dedican a reportar las verdades al público, muchos son campeones de valores familiares y todos son hombres acusados de abuso, hostigamiento y violación sexual de mujeres.

No son un club exclusivo. Una de cada tres mujeres han padecido hostigamiento sexual en su trabajo en Estados Unidos, pero 90 por ciento nunca presentan una queja formal según diversos cálculos. La violencia sexual es aún más alarmante: cada 98 segundos alguien –casi siempre mujeres– es sexualmente asaltado en este país y aproximadamente 321 mil 500 personas son sexualmente asaltadas o violadas cada año, y 99 por ciento de los responsables de violencia sexual no enfrentarán consecuencias penales, según cálculos de RAINN, la organización nacional contra la violencia sexual más grande del país (www.rainn.org).

Durante las recientes tres semanas, de repente se ha producido un coro ensordecedor de denuncia y condena contra el hostigamiento y violencia sexual contra las mujeres, una vez más. Y la pregunta es si esta vez algo cambiará.

El capítulo más reciente fue iniciado con un reportaje en el New York Times seguido casi de inmediato por otro en The New Yorker (este último escrito por Ronan Farrow, hijo de Mia Farrow y el director de cine Woody Allen, con quien no habla). En los reportajes varias actrices –algunas de manera anónima, otras por primera vez dando su nombre– acusaron al poderoso productor de cine Harvey Weinstein de acoso, hostigamiento y hasta violación sexual.

Esto se volvió un tsunami de ira y a lo largo de las recientes tres semanas, 60 mujeres han denunciado sus experiencias de abuso y violencia sexual con Weinstein y más de 200 han hecho lo mismo contra el guionista James Toback. Poco después, el jefe de Amazon Studios renunció ante acusaciones parecidas.

Los detalles, a veces muy explícitos, inundaron los medios. Mucho tenía que ver con los nombres famosos: Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow, Rachel McAdams, Annabella Sciorra, Ashely Judd, Asia Argento, Lupita Nyong’o. Los que no estaban en las listas tenían que comentar sobre el asunto. De repente, y por ahora, quedó prohibido el silencio.

Esto generó otras denuncias de abuso sexual de figuras reconocidas en otros sectores, incluyendo, entre otros, el periodista Mark Halperin, de NBC News y antes de ABC; el crítico literario de la revista The New Republic Leon Wieseltier; el célebre chef John Besh, y ahora hasta el ex presidente George H. W. Bush, quien a sus 93 años de edad se vio obligado a emitir una disculpa desde su silla de ruedas ante múltiples acusaciones de que tocó de manera indebida a mujeres –incluida una actriz– al momento de tomarse fotos públicas con ellas.

Con ello se detonó una masiva conversación pública sobre varias dimensiones de este escándalo y sus implicaciones, el abuso del poder de los hombres contra las mujeres y su tolerancia, y sobre el silencio.

Weinstein, como muchos otros –los casos más recientes son los del ejecutivo en jefe de Fox News Roger Ailes y el presentador estrella Bill O’Reilly–, silenciaban a sus víctimas con acuerdos legales con pagos desde decenas de miles a millones de dólares y/o por amenazas de que sus carreras serían anuladas y sus reputaciones destrozadas.

La caída extraordinaria de estos hombres –Weinstein fue echado de su propia empresa y expulsado de la Academia de Artes y Ciencias del Cine (el gremio de Hollywood), su esposa pidió el divorcio y la policía lo está investigando. Otros como Ailes, O’Reilly Halperin de NBC han sido cesados o se han apartado de sus puestos poderosos– genera expectativas de que esto podría ser el principio de un cambio real.

Pero también hay dudas, ya que no es la primera vez. Recuerdan que todo esto sigue ocurriendo, a pesar de los casos de alto perfil de años recientes, desde el del actor Bill Cosby –acusado por decenas de mujeres de drogarlas y violarlas– hasta los escándalos sexuales de otro ex presidente que estaba por volverse el primer caballero, Bill Clinton, o de las denuncias valientes de la abogada Anita Hill contra Clarence Thomas hace más de un cuarto de siglo que acabaron con ella cuestionada y él ratificado a la Suprema Corte.

Tal vez el ejemplo más devastador para los que luchan contra todo esto es un hombre que sólo el año pasado fue públicamente acusado múltiples veces por varias mujeres de hostigamiento sexual, y quien fue grabado declarando que él, por su fama y dinero, podía agarrar la panocha de quien se le antojara: el actual presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump.

Y no tienen vergüenza. Sólo la semana pasada, Trump y su vocera reiteraron que todas los que han acusado al presidente de violencia o acoso sexual son mentirosas, y que todo eso son fake news.

Por ahora, las víctimas, mediante actos de valentía individuales que al romper el silencio invitaron a otros –el hashtag #MeToo (yo también) ya cuenta con millones de minitestimonios/denuncias– están generando la solidaridad esencial para derrocar a algunos poderosos y que todos tengan que escuchar su grito colectivo.

Algunos esperan que esto podría renovar un movimiento feminista más radical que incluye también la lucha contra los abusos de poder en todos los rubros. Recuerdan que la primera manifestación masiva de resistencia a este presidente fueron las Marchas de las Mujeres. Algunas de sus organizadoras realizaron su primera convención nacional con más de 4 mil participantes este fin de semana en Detroit, donde entre las oradoras principales estaba Rose McGowan, una de las actrices que denunciaron a Weinstein, para diseñar algunas de las estrategias de lo que esperan será ese movimiento.

Algunos advierten que esto no puede quedarse como un asunto de famosos y los que quieren ser famosos, sino de millones que viven lejos de los reflectores y la fama, pero que se han enfrentado a la misma injusticia inaguantable de sufrir esta pesadilla sólo porque deseaban caminar hacia sus sueños. No es momento de guardar silencio.

 

 

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