Gustavo Petro: ‘Santos confunde una paz chiquita con la paz grande...’

Hace cerca de un año que Gustavo Petro finalizó su gestión al frente de la alcaldía de Bogotá, cuatro años de una política que pretendió romper con un modelo de ciudad de espaldas al agua, a la naturaleza que rodea a la capital del país, y a las mayorías que la habitan.

 

La gestión realizada, su evaluación, aún está pendiente de procesarse. Lo propuesto y lo concretado, los éxitos y las derrotas, todo a una, como parte de la política de ser gobierno, lo acompañan en sus meditaciones de muchos días.

 

El pasado reciente lo acompaña, pero también el presente y el futuro, en una reflexión sobre cómo construir una acción política de nuevo tipo, una acción con la cual encarar una posible campaña electoral por el gobierno nacional en el 2018. Santos y su paz pequeña, la sociedad como un todo y los cambios estructurales fundamentados en el territorio, las Farc y el acuerdo logrado con el gobierno, pero también el plebiscito y el No que derrotó los cálculos de tantos, son parte de las otras reflexiones que recorren una y otra vez su mente.

 

Como un político con vocación de poder, no descansa, sabe que logró el diseño de una propuesta de gobierno para la Colombia de hoy –además de haber ejecutado en Bogotá, una experiencia puntual de la misma– que levanta odios y amores. Él quiere ejecutarla para todo el país, pero también sabe que para poder acometer una próxima contienda electoral primero tiene que vencer a los jueces, a través de los cuales el establecimiento ha decidido maniatarlo.

 

Sobre estos y otros temas nos respondió en entrevista exclusiva para el periódico desdeabajo.

 

desdeabajo (da). Mirando las decisiones de la actual administración distrital, algunas reactivas, como la línea de metro, la construcción de la ALO, así como los bicicorredores, ¿cuáles serían las afectaciones fundamentales, para la ciudadanía, de este tipo de decisiones?
Gustavo Petro (G.P.) En términos macros lo que propuso Bogotá Humana, y empezó a implementarse, era básicamente una ciudad, en primer lugar incluyente socialmente; en segundo lugar, equilibrada con la naturaleza,; y en tercer lugar, en el campo de la infraestructura de la movilidad multimodal y eléctrica (multimodal significa la bicicleta, el peatón, el bus –pero saltando tecnológicamente hacia la no contaminación y los modos férreos que tenían que ver con los tranvías que se adelantaron cuatro proyectos, y el metro–), una movilidad no contaminante, lo cual tiene que ver, obviamente, con el segundo aspecto, o sea, lograr equilibrarse con la naturaleza y con la vida; una movilidad multimodal, además, tiene que ver con lo que es más eficaz, más digna para la ciudad, más productiva en términos neoliberales; ese esquema macro, esa propuesta de Bogotá Humana está hoy completamente destruida.

 

da. Un golpe severo para la sociedad de clase media...
G.P. Lo que quiso la ciudadanía de clase media de Bogotá, a la que hicimos mayoría, porque es una clase media forjada gracias a la política redistributiva de doce años de gobiernos progresistas, fue destruir esa propuesta, esa fue su actuación electoral. No le vamos a echar la culpa de eso a Peñalosa que realmente no mintió, y su vida personal está muy ligada a lo contrario de lo que se había propuesto desde Bogotá Humana.

 

da. ¿En qué se concreta esa destrucción?
G.P. Durante este casi año de gobierno de Pañalosa, han destruido los tres aspectos de la Bogotá Humana: una sociedad no incluyente, segregada: habitantes de la calle golpeados, desalojados forzadamente; vendedores ambulantes que no les permiten que estén en los lugares de mayor tránsito de residentes de alta capacidad de pago; vuelta al sistema de vivienda para los pobres en los bordes; abandono de los proyectos en el centro; parálisis del proyecto de jornada única –que se queda donde lo dejamos, y así se escribe en el Plan de Desarrollo, no va a aumentar–, destrucciones de jardines infantiles y de la política de cuidado a la primera infancia; destrucción de la política de médicos y salud en los hogares en los barrios más populares; privatización del sistema de salud; privatización del sistema educativo. Este conjunto de medidas genera una política de exclusión social generalizada, lo contrario de lo que habíamos propuesto.

 

da. Este es uno de los aspectos...
G.P. En el frente del nuevo diálogo con la naturaleza la regresión es total, lo planteado, y lo que empieza a implementarse, es la destrucción del área de los Cerros Orientales que los urbanizadores siempre quisieron urbanizar, y el anuncio cada vez más consistente de destrucción de la reserva forestal del norte; el anuncio de la construcción de la ALO con recursos que serían de la privatización de EEB, que destruiría casi todos los humedales de Bogotá, porque la ALO pasará por encima de ellos; la visión otra vez expansionista de la ciudad, que terminará poniendo a vivir poblaciones, incluso de altos recursos, en alto riesgo climático.

 

da. Faltaría el tema de la movilidad...
G.P. Ahí tenemos la destrucción del proyecto metro, con la complicidad de Santos; la destrucción de los cuatro proyectos de tranvía, dos de ellos ya a punto de empezar la etapa de adjudicación para construcción, el de Soacha y el de Faca; la destrucción del proyecto del cable a San Cristóbal, sobrevivió el de Ciudad Bolívar pero porque lo dejé en un punto de no retorno, no pudieron desbaratarlo; la vuelta a la tesis de que la movilidad es unimodal, motores de combustibles fósiles, llámense buses, llámense carros particulares, llámense motos, y un discurso falso sobre la bicicleta porque las grandes inversiones que anuncia Peñalosa a partir de la privatización de las empresas públicas tiene que ver es con la ampliación de autopistas, es decir, con incrementar el espacio al carro particular, lo cual es un absurdo, y un contrasentido absoluto alrededor del nuevo paradigma urbano del siglo XXI. Este es el resumen.

 

da. Mirando esta reacción, podríamos enmarcarla dentro de lo que viven los llamados gobiernos progresistas: en Brasil, Argentina, guardadas las proporciones también se ve el auge de medidas regresivas. Ante esta realidad, ante la búsqueda de un cambio por una sociedad mejor, después de ver que un trabajo de varios años puede ser destruido tan fácil, ¿justifica seguir en la lucha por los gobiernos en ese sentido?, ¿qué queda realmente después de ser gobierno en favor de la comunidad, y el avance del progreso social?
G.P. Antes de entrar en este tema es bueno subrayar en algo que arrojan estos procesos: las izquierdas latinoamericanas, con sus debidas excepciones, no han construido una visión alternativa de ciudad del mundo urbano, su discurso ha sido más bien ambiguo.

 

da. Pero igual sucede entre nosotros, por ejemplo con los gobiernos del Polo Democrático...
G.P. Creo que el progresismo tuvo un discurso muchísimo más claro. Mire el proceder del Polo, excepto algunas políticas de carácter social, distribución del gasto, lideró una concepción de ciudad muy similar a la de Peñalosa; no olvide que Lucho Garzón fue quien renunció a hacer un metro, y por eso hoy no lo tenemos; quemó cuatro años de tiempo, que eran necesarios, porque decidió pactar con Mockus y Peñalosa la continuidad del sistema de transporte unimodal, es decir, buses; y Samuel ahondó en la política de expansión urbanística, incluso de disminución de los cuidados por hacer sobre humedales, sobre la naturaleza; por eso ni Lucho, ni Samuel, no incluyo ahí a Clara López, no vieron como prioritario el cambio del Plan de Ordenamiento Territorial de Peñalosa, intacto hasta que llegamos al gobierno; Clara López hizo un intento, y nosotros tomamos parte de su trabajo para la propuesta que al final hicimos, y que fue suspendida por una magistrada.

 

da. ¿Acaso la izquierda tiene un discurso poco preciso, ambiguo, sobre la ciudad?
G.P. Sí, por eso usted encuentra ausencia de un discurso alternativo de ciudad en Venezuela, donde la ciudad sigue girando alrededor del petróleo y el carro particular, igual que antes de Chávez; la ciudad brasileña, con algunas diferenciaciones, no es que haya establecido una política alternativa a la ciudad neoliberal, incluso las políticas de la izquierda brasileña alrededor de la juventud excluida en las favelas, es similar a la que tenía el neoliberalismo, con un gran desarrollo de la brutalidad policial como instrumento fundamental para su tratamiento; en ciudad de México, a pesar de que la izquierda gobierna allí desde hace mucho tiempo, el modelo urbanístico sigue girando alrededor del carro, incluso con una consecuencia nefasta para el medio ambiente: recién tuvieron que paralizar actividades por los niveles de contaminación, consecuencia lógica del giro que dieron al paralizar el crecimiento del metro y pasarse a una política de segundos pisos, de ampliación de autopistas con inversiones gigantes en este tipo de infraestructuras...

 

da. Pero hay experiencias urbanas por resaltar...
G.P. Sí, tenemos ejemplos en varias ciudades ecuatorianas, en ciertas políticas en boga en Sao Paulo, en Quito –antes de la derrota electoral–, en Rosario (Argentina), etcétera. Pero lo que quiero subrayar es que del lado del progresismo en América Latina resalta la ausencia de una visión del mundo alternativa para el siglo XXI, que toca temas diferentes a lo que diferenciaba la política en el siglo XIX y en el siglo XX, y que tiene que ver con este tema del cambio climático.

 

Coyuntura política

 

da. Acaba de realizarse el plebiscito para la refrendación de los Acuerdos con el resultado conocido, para salir del impase surgieron propuestas como los cabildos abiertos, algunos hablan de la constituyente, etcétera, ¿comparte alguna de estas salidas?, ¿cómo ve esta problemática?
G.P. Tengo una visión crítica desde el inicio, expresada públicamente, no ahora que fue derrotado el Sí. El planteamiento inicial lo construyeron alrededor de lo que podía significar una paz pequeña, a diferencia de una paz grande en Colombia.

 

da. ¿Qué quiere decir con ello?
G.P. Quería indicar que el gobierno de Santos usurpó un paradigma construido desde hace tiempo en Colombia alrededor del quehacer de la paz, confundiendo la paz grande –que es la construcción de las reformas fundamentales que permiten la convivencia, y que por lo tanto solo puede tener como protagonista la sociedad–, con lo que llamo la paz chiquita –que es una parte de esa paz grande, que es la desmovilización de las guerrillas–. No puede confundirse uno con lo otro, no se le puede decir a la sociedad que la desmovilización de una guerrilla es la paz, porque eso es un engaño, con una intención premeditada: no pasar las reformas fundamentales de la sociedad, que no se le permite a la guerrilla discutir, en lo cual podrían hasta tener razón pues no es ella la interlocutora de las reformas de la sociedad, así quisiera serlo, pero es que a nadie más le permiten discutirlas, es decir: ni es la guerrilla la interlocutora ni lo es la sociedad, entonces, en el escenario político colombiano no hay un camino para las reformas sociales que son fundamentales para la convivencia.

 

da. El resultado arrojado por el plebiscito el pasado 2 de octubre sorprendió a muchos, sus consecuencias son fuertes...
G.P. Jurídicamente él No tiene un mensaje, que también es político: no se aceptan los acuerdos de La Habana; no tiene más mensaje que ese porque a la gente no le hicieron otra pregunta.

 

da. Gran parte de la izquierda estaba segura del triunfo del Sí...
G.P. Para algunos el resultado terminó siendo una tragedia. Cierta izquierda que se pegó a Santos con el prurito de sacar avante esos acuerdos a como diera lugar, quizás pensando que las Farc rápidamente se transformarían en un movimiento político, (sentimiento bien legítimo, eso es una opción), hoy se siente herida por el resultado del 2 de octubre. Hoy tenemos una realidad política completamente diferente.

 

da. Ahora toca renegociar los Acuerdos, o imponerlos...
G.P. Su imposición sería un desastre, pues daría paso a una reacción no legal dentro de sectores del No que todos nosotros conocemos, y esa reacción sería que desmovilizados y desarmados los guerrilleros de las Farc, repetirían la misma historia de la Unión Patriótica, porque las condiciones para evitar la repetición de tal historia no se erradicaron en Colombia, al contrario se estimulan si el presidente Santos impone el Acuerdo a una decisión popular.

 

da. Con este resultado, dado que a Santos le quedarían dos años, ¿cómo jugaría el elemento tiempo?
G.P. El tiempo es un concepto político, ya lo decía alguien antes, los días parecen años, como puede haber años que parecen días ya vividos; en política los tiempos se pueden acelerar o desacelerar pero no por artificio, que es lo que me preocupa, esos tiempos políticos estarían cruzados hoy por una serie de circunstancias y habría que mirar algunas experiencias, por ejemplo, el Ejercito Zapatista es una guerrilla construida de otra manera, obviamente otra realidad histórica, pero que demuestra que se pueden mantener sin disparar, propiciando procesos políticos, mientras se desencadena el proceso del desarme, allá son años.

 

da. ¿Cuáles alternativas ve ante esta nueva realidad?
G.P. Estamos ante un mandato dado al Presidente para otro Acuerdo, con otra concepción de paz; para mí esto es una oportunidad. ¿Quién hace la paz? ¿Santos, Uribe, las Farc, o la sociedad? Entonces, bajo ese principio de la democracia y ese principio de la soberanía popular, la sociedad tiene que tener poder constituyente para hacer la paz.

 

da. ¿Qué entiende por el poder constituyente?
G.P. Entiendo por tal las asambleas territoriales constitucionales. Me explico, la paz tiene hoy una connotación territorial y no nacional como pensábamos en 1991, entonces no podemos reproducir una Asamblea Nacional Constituyente como la del 91, aquí tiene que tener otra forma y otros contenidos, pero, digamos, independientemente de los instrumentos lo cierto es que el camino de la paz con otra concepción hoy pasaría por dotar a la sociedad de poder constituyente y ese paso implica un acuerdo político nacional, que no es como se lo imagina Uribe –un acuerdo entre él y Santos–, pero tampoco es como lo imagina Santos –un acuerdo entre los partidos políticos que le son afines, incluida la izquierda que está ahí–; un acuerdo político nacional es un paso previo para juntar todas las fuerzas, las políticas y las sociales, en torno a un objetivo resumido en los puntos fundamentales del poder constituyente de la sociedad.

 

da. Pero esto sería limitar el poder constituyente de la sociedad..
G.P. Puede ser, pero es la vía para construir la paz que vincule a toda nuestra sociedad, en toda su pluralidad. Un paso necesario para llegar a un acuerdo sobre lo fundamental.

 

da. ...¿una vía, un método para avanzar hacia la paz posible?
G.P. El acuerdo sobre lo fundamental es un marco, es la precisión de aquello pretendido, por ejemplo: vamos a poner presos o no vamos a poner presos, eso es un acuerdo sobre lo fundamental, no es discutir lo que es la justicia, es el marco; primero precisar ¿qué? Otro ejemplo: ¿la paz implica un perdón generalizado, o es el encarcelamiento de los actores de la violencia?, eso es algo sobre lo fundamental, es discutir los puntos fundamentales que permiten la convivencia, que implica al uribismo, pero también a los campesinos, afros, indígenas [...] ese acuerdo sobre lo fundamental debe dar paso previamente al poder constituyente de la sociedad y a sus instrumentos concretos de decisión; por este camino los móviles de la violencia empiezan a desactivarse...

 

da. Más allá de estos temas de la paz y de los acuerdos con la insurgencia, ¿cuáles serían las líneas reales en que tendría que pensar el país para entrar en un proceso de convivencia pacífica, pero a la vez de recuperación material para aquellas personas que han sido marginadas durante tantos años?, ¿cómo vería usted los puntos a atacar, los puntos centrales para encausar realmente el país hacia una nueva condición?
G.P. Hemos propuesto lo que llamaríamos el Acuerdo sobre lo fundamental, es decir, las materias para tratar en instrumentos de poder constituyente: la salud, la educación pública, el territorio y la justicia.

 

da. ¿Puede ampliar algunas de estas grandes áreas temáticas?
G.P. Estos temas están pensados como vía para lograr, entre otros objetivos, la paz urbana –no tratada en La Habana–, pues la violencia afecta a la gente en su territorio. Esta violencia afecta a millones de personas, y tiene como actor fundamental a la juventud excluida, y como instrumento de posible resolución su inclusión a partir de la educación y la cultura.

 

Por su parte la justicia –ya lo decían los liberales dos siglos atrás–, si no la logramos no tendremos paz; la justicia pública, si es eficaz, impedirá que la justicia por mano propia continúe reinando.

 

da. ¿Y el territorio...?
G.P. Todos estos temas tienen que ver con el territorio, tema no abordado en la Constitución del 91, y ahí una de sus fallas; precisamente es este vacío territorial el utilizado por la insurgencia de la clase política tradicional para dañar la Constitución a punta de armas con los paramilitares; lo territorial tiene que ser un eje fundamental y cuando uno va a un territorio –Bogotá, por ejemplo, es un territorio, y ahí mi nuevo énfasis–, identifica que el territorio es la cuna de la violencia, muchas de ellas difusas. Acercarse al tema del territorio, también tiene que ver con aspectos cruciales, por ejemplo, ¿quién debe tomar las decisiones allí? ¿Las toman sus pobladores, la sociedad en su conjunto, en función de la sostenibilidad de la vida, o las toman las multinacionales? Cuando se aborda este tipo de realidades e interrogantes, a partir de ahí usted tiene otra dinámica completamente diferente de la economía, la sociedad y el Estado; a partir de este tipo de acercamiento a nuestra realidad la discusión sobre lo estructural, impedida por Santos en La Habana, puede ser exigida y abordada por la sociedad.

Publicado enEdición Nº230
Evangélico, creacionista y antiabortista

Marcelo Crivella gobernará una ciudad en la que más del 20 por ciento de sus 6,3 millones de habitantes vive en favelas, con uno de los mayores índices de violencia del mundo y con graves deficiencias en servicios básicos como transporte, sanidad y educación.

 

Obispo evangélico, cantante de góspel, conservador y polémico por su concepción de la homosexualidad como una “conducta maligna” y sus críticas al resto de las religiones, Marcelo Bezerra Crivella, de 59 años, es el nuevo alcalde de Río de Janeiro.


El pastor se impuso ayer por una abultada ventaja al izquierdista Marcelo Freixo, profesor universitario y reconocido por su investigación sobre las milicias en el estado de Río de Janeiro, en la segunda vuelta de las elecciones municipales.


Crivella, del Partido Republicano Brasileño(PRB), una suerte de brazo político de la Iglesia Universal del Reino de Dios, partía como favorito en las encuestas y se impuso por el 59 por ciento de votos con el respaldo del importante colectivo evangélico y de las clases populares. Senador por Río de Janeiro, intentó dos veces llegar al gobierno del estado –apoyado por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores, PT)– y otras tres convertirse en alcalde de la capital fluminense. Entre 2012 y 2014, fue ministro de Pesca y Agricultura con el gobierno de la ex presidenta Dilma Rousseff, también del PT.


Ingeniero, escritor, obispo evangélico y cantante de góspel –con 14 discos en el mercado que han vendido más de 5 millones de copias–, Crivella es sobrino del obispo Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios y propietario del canal de televisión Record, uno de los más importantes del país.


Durante la campaña, se desmarcò públicamente de la Iglesia Universal y se declarò obispo “licenciado” para frenar las críticas por los polémicos comentarios vinculados con su actividad religiosa. Por ejemplo, fue el recopilador de un libro sobre Macedo en el que su tío afirma que la Iglesia Católica es “la mayor plaga del Tercer Mundo” y que la mujer debe ocuparse de cuidar del hogar.


En un libro publicado en 1999 sobre su experiencia como misionero en varios países africanos, el nuevo alcalde de Río afirmaba que la homosexualidad es una “conducta maligna” y condenaba a otras religiones por considerarlas “diabólicas”. El entonces misionero sostenía que la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas “predican doctrinas demoníacas” y que otras religiones, como el hinduismo y las creencias africanas, albergan “espíritus inmundos”. La recuperación de estas manifestaciones durante la campaña le puso en apuros y Crivella tuvo que pedir disculpas y justificarse argumentando que cuando escribió el libro era un “inmaduro” –pese a que tenía 42 años–.


Casado y con tres hijos, es creacionista y contrario al aborto y fue investigado por sospechas de evasión fiscal en causas que terminaron cerrándose.


En la recta final de la campaña, se crispó con la prensa por airear que fue fichado por la policía tras desalojar a una familia de un terreno donde la Iglesia Universal iba a levantar un templo. Además, medios brasileños rescataron un video en el que reconoce que la congregación fundada por su tío está detrás de su proyecto político. En el video, admite que fue escogido por la Iglesia Universal para entrar en política y confía en que Brasil elija a un presidente evangélico para “llevar el evangelio a todas las naciones”. “Ya pasé por muchas cosas en esta vida, conozco los problemas de las personas y por eso me siento preparado para ser alcalde de Río”, afirmaba en la presentación de la candidatura en su página oficial.
Ahora, Marcelo Crivella tendrá oportunidad de demostrar si efectivamente está preparado para gobernar una “Cidade Maravilhosa” donde más del 20 por ciento de sus 6,3 millones de habitantes vive en favelas, con uno de los mayores índices de violencia del mundo y graves deficiencias en servicios básicos, como transporte, sanidad o educación.

Publicado enInternacional
De la Bogotá Humana a Bronxgotá Para Todos.

“[...] las fronteras que separan los campos de la opresión y el de resistencia se han vuelto tenues y difusas, porque los de arriba aprendieron que deben disimular sus intenciones con discursos “políticamente correctos” .

 

Las noticias sobre aquellas personas que están arrojados a la calle, los mal llamados “habitantes de la calle”, los leprosos modernos, cada día son peores. Su dificil malvivencia sufrió un agravamiento desde que el pasado 27/28 de mayo fue allanado el Bronx por efectivos de la Policía, Fiscalía y otros entes del Estado distrital y central.

Esta intervención cada día es más cuestionada, pues tras los supuestos propósitos de control de una zona donde el expendio y comercio de estupefacientes era realizada a la luz del día, se esconde su verdadero propósito: avanzar en el control de un territorio para entregarlo a la especulación urbanística, la cual a paso lento pero continúo avanza por el centro de la ciudad y sus contornos, expulsando de sus moradas y territorios a sus habitantes de siempre. El barrio San Bernardo es el que sigue, y hacia él apuntan todas sus baterías los negociantes de la Lonja de Propiedad Raíz, con el beneplácito –por lo menos– de quien habita desde el 1 de enero pasado el Palacio Liévano.

Golpeado y roto por un palo, como si de un nido de avispas se tratara, quienes tenían el Bronx como su casa, salieron volando, dispersos en diferentes direcciones, picando allí y allá, a quienes encontraron a su paso. Las quejas de los afectados se hicieron sentir, evidenciando unos y otros –los picados como los que picaban– que la Alcaldía destruyó la casa de quienes habitaban el Bronx sin tener un plan exacto para proceder con ellos. Pero lo más grave, desconociendo las políticas puestas en marcha para esa población por el gobierno Distrital que lo antecedió.

San Bernardo, la sexta, la 30

Tras el palazo –en realidad balazos, golpes, hostigamiento, gases lacrimógenos–, cientos de los desalojados buscaron nuevo sitio para dejar caer sus humanidades, para reposar de la persecución policial, para consumir basuco, para rebuscar unas monedas. Dispersos por La Caracas, La 13, la 6, la 30, el barrio San Bernardo, La Estanzuela, Mártires, Santa Fe, “afearon” la ciudad. Ni en una ni en otra parte, alguien los quiere, todos desean que los saquen de allí, todos exigen que no meroden por sus lugares de tránsito o de habitación.

Pero en alguna parte hay que parar, en alguna parte hay que buscar un hueco o un rincón para dormir. Y la parte baja del puente de la calle 6 con carrera 30, por donde corren las aguas de la quebrada Comuneros –ahora un simple hilo de agua– fue el elegido por cuatro centenares de ellos para levantar cambuche.

Lo impensable. Ese simple hilo de agua, por efecto de fuertes aguaceros caídos en la parte superior de los Cerros Orientales el 16 y 17 de agosto, quedó transformado en lo que alguna vez fue: una quebrada con potencia de agua, la cual bastó para arrastrar, ahogar, maltratar, en fin, dejar en malas condiciones a muchos de ellos. ¿Cuántos? Las voces de algunos de quienes sufrieron esta pesadilla aseguran que no menos de veinte murieron, pero hasta ahora no hay registro en Medicina Legal que así lo confirme, aunque sí hay confirmación de centros de salud de que dos docenas de ellos quedaron afectados por golpes, hipotermia y otras dolencias. Pero como sucedía antes en el Cartucho y luego en el Bronx, la muerte de los nadie poco importa, entonces no es raro que los cuerpos de varios de ellos hayan terminado en algún recodo del caño, para luego ser recogidos sin revuelo, al fin y al cabo, ¿quién reclama por su cadáveres?

Menosprecio e improvisación

La segunda administración Peñalosa llegó negando –a barrer con– todo lo hecho por su antecesor: nada de lo realizado por la Bogotá Humana sirve, y si lo heredado es factible de ser vendido pues mucho mejor.

Las políticas públicas construidas para humanizar la cotidianidad de estos leprosos modenos, deambulantes de la ciudad, también sufrieron el desprecio del Gerente que ahora habita el Palacio Liévano.

Niegan una realidad y un acierto. Niegan el proceso diseñado e implementado por la administración Petro para atender esta población, empobrecida, negada, excluida, enferma, adicta, violentada, enrutado, primero que todo hacia valorar la condición de humanidad de esas miles de personas que cada día se daban cita –luego de ser expulsadas de El Cartucho, ¿casualmente? durante la primera administración Peñalosa– en El Bronx. Y, segundo, les brindaba una esperanza de vida.

Lo definido fue elemental: Al ser tan complejo el entramado de relaciones delictivas, y tan interconectadas, se sabía por lógica que no podía realizarse simplemente una acción punitiva respecto a los Ciudadanos en Habitabilidad en Calle (CHC), ya que estos no son más que víctimas de un sistema económico que en su misma lógica los deja consumiendo el residuo más bajo de un negocio que tiene muchos senadores, concejales, alcaldes, etcétera, financiados por quienes ellos deberían atacar.

Bajo esta óptica, y en el trascurso de muchas reuniones, se coordinaron acciones inter e intrainstitucionales, siempre buscando que las acciones por emprender fueran lo menos traumáticas tanto para el CHC como para la ciudadanía en general, intentando no caer en asistencialismos, generando procesos para lograr el restablecimiento de sus derechos. Como lo demostraron los hechos, acciones emprendidas poniendo el pellejo en juego, como le sucediera a nuestro compañero Óscar Javier Molina Trujillo.

Sabiendo que esta problemática no se resuelve bañándolos, alimentándolos y vistiéndolos, y que el tiempo es un factor determinante para reducir el daño ocasionado por el consumo de estupefacientes, las acciones fueron enfocadas hacia construir en la práctica. Muchos la llamaron improvisar, pero en realidad se trataba de ganarle terreno a la degradación que lleva al olvido del sentido de humanidad hacia esa misma población. Adecucación de casas para pasar el rato, para compartir, para realizar algunas tareas, consumo controlado, etcétera, iba cambiando el entorno de esta parte de la ciudad.

Y no era para menos. “El único Estado que conocemos es el “tombo” que nos casca y Bienestar Familiar que nos quita los chinos”, aseguró en alguna ocasión una futura mamita usuaria de la “La Libelulosa”, una Casa de desarrollo integral para la primera infancia adecuada en este degradado y despreciado sector de la ciudad. Así, el Estado iba presentando otra faseta de lo que debe ser. Fue así como la alcaldía Progresista afrontó un problema al cual toda la sociedad le había hecho el quite.

Hoy, cuando el problema “solucionado” mediáticamente por el Gerente por la semana en que necesitaba le aprobaran su Plan de Gobierno, la realidad muestra como la Alcadía señalada y denunciada por “improvisación” tenía razón. Pero los primeros frutos que arrojaba tal intervención, con prioridad y valoración del ser humano y sus derechos, ahora violentados, terminaron rotos y su población de nuevo violentada, negada, para ser dispersada por toda la ciudad y el país: se empiezan a conocer los casos de –como dice la gente– camionadas de “locos” –Ciudadanos en Habitalidad en Calle– que están empezando a llegar de manera extraña. en horas de la madrugada, a distintos sitios del país; y con ellos las problemáticas asociadas al consumo de droga, amenazas, y demás fenómenos asociados a esta realidad.

Manipulación

Para terminar, resaltar que esta acción, así como muchas de las tomadas por la actual administración, no se enmarca en lo leído en su Plan de Gobierno, y por desgracia la ciudad empieza a ver como, a 7 meses de la llegada del Gerente a la Alcaldía, un problema que se encontraba localizado e identificado en sus características, ha terminado por ser expandido y dispersado por la geografía capitalina y nacional; improvisación y desprecio por lo humano que termina por llevar a la ciudad de la “Bogotá humana a la Bronxgotá para todos”.

 

Por Edwin Andres Castillo Barrios. “Rulos”.
Licenciado en Ciencias Sociales.
Educador Popular.
Vendedor Ambulante.
El profe de La Libelulosa, Primer Centro de Atención Integral a la Primera Infancia del Voto Nacional.

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