Construir con otros, desafío en tiempos de pandemia

Las situaciones límite y la reacción de cada sujeto

Lo que se pone en juego en momentos extremos es la pregunta de quién es el otro para cada uno, qué lugar ocupa en la subjetividad de cada quien. Y allí también habrá una respuesta acerca de cómo reacciona cada uno a una situación límite.

 

Suele decirse que las situaciones límite, o bien lo que cada sujeto vive como tal, son una oportunidad donde se pone de manifiesto como “cada uno es”. Sería más preciso decir que lo que se pone en juego en dichas situaciones es fundamentalmente “¿quién es el otro para cada uno?”, qué lugar ocupa en la subjetividad de cada quien. O, en todo caso, que lo que “cada uno es” se muestra en qué lugar se le da a la subjetividad del semejante.

Y esto es así, dado que en las situaciones de excepción caen algunas barreras imaginarias, algunas que suele poner el superyó, los filtros como suele decirse, y sube a escena el interés narcisista de preservación. Ante el riesgo, real o no, de que se ponga en juego la propia vida, el narcisismo puede empujar a un sujeto a intentar resguardar y preservar como única cuestión el propio cuerpo, entendido como lugar donde asienta lo viviente.

La situación de excepción implica también que puede haber un otro, representado por el Estado, por la ley, que puede tomar la conducción de dicha situación y poner límites a los sujetos en función de lo que considera el bien de todos y todas, o bien, el de la mayoría. Y ante esto se pone de manifiesto también la posición respecto del límite, del propio límite, que no es ajeno al lugar que tiene el otro.

Escuchamos en estos días reiteradas veces: “nadie se salva solo”. Más allá de que “salvarse” puede dar lugar a diferentes interpretaciones --ya que: ¿qué puede significar que uno se salva?--, entiendo que esa frase expresa la importancia fundamental del lazo con el otro o bien del lazo social.

Situar dicha importancia requiere poder conceptualizar que, desde nuestra perspectiva, el psicoanálisis, hay una soledad inherente a la subjetividad. Se trata en definitiva de la soledad de todos y todas ante la incompletud de lo simbólico, ante la falta de garantías respecto de nuestros actos y decisiones. Esta soledad constitutiva se pone de manifiesto fundamentalmente respecto de tres cuestiones con las que la mayoría de los sujetos se encuentran en algún momento de la vida, que son: el amor, el sexo y la muerte.

No se trata de tres cuestiones menores, ya que el encuentro con ellas siempre es en soledad, y todo sujeto concurre al mismo con sus posibilidades y sus límites.

De todas maneras, tienen sus diferencias. En las dos primeras, el amor y el sexo, todo sujeto busca allí, paradójicamente, poder salir de esa soledad estructural, ya sea en el abrazo amoroso o el encuentro sexual, el anhelo de fusión con el otro u otra es un intento de exorcizar esa distancia, siempre enigmática, que separa inevitablemente a dos sujetos.

Distancia que solemos atribuir neuróticamente a la culpa (el otro u otra no quiere hacer lo que yo quiero, es su culpa que estemos mal), a la falta de voluntad (no se da cuenta de que yo necesito que haga tal o cual cosa para que estemos bien) o simplemente a la buena o mala intención (no quiere).

En psicoanálisis decimos que si bien el amor o el sexo apuntan a la fusión, lo que separa es el goce, es decir que dos nunca podrán ser uno. De lo que se trata entonces es de cómo cada sujeto tramita esa distancia irreductible, si se transforma en padecimiento, en neurosis o cada encuentro con la misma es una nueva oportunidad que relanza el deseo. Dicho de otra manera, dado lo imposible de que dos, como decía recién, sean uno, la cuestión es si ante ese encuentro inevitable e inherente a la vida se hace de eso neurosis, si se lo padece o no.

Respecto de la muerte, allí nadie va a su encuentro con el anhelo de encontrar completud, salvo tal vez quien crea, en el sentido fuerte del término, que la completud es lo que va a encontrar después de ella.

En definitiva, es en esos encuentros donde se pone de manifiesto esa soledad estructural, pero a su vez es con otros donde todo sujeto puede intentar construir un modo de transitarla y recorrerla.

No es sin otros, por eso Freud definía a la salud psíquica como amar y trabajar, ya que es allí --en el lazo social inherente a ambas-- donde esa soledad, en el mejor de los casos, se disimula, se hace soportable, pero no se anula.

Esto conduce a la pregunta: ¿quién es el otro?, y ese “quién” no refiere a la identidad o lazo sanguíneo de aquel con quien nos relacionamos. Refiere a qué lugar ocupa en nuestra subjetividad, lo cual se pone de manifiesto en la cotidianeidad y, como decía al comienzo, de manera más explícita en las situaciones límite o de excepción.

Ante la soledad estructural, un camino posible es intentar en el lazo con otros, construir un espacio donde acompañarse respecto de ella. Con los límites y las posibilidades que esto tiene, lo cual implica un requisito fundamental que es el reconocer en ese lazo social la subjetividad del otro, que se trata de un semejante, no un igual.

Que en el otro también habita esa soledad que nos une en el punto de hacer con otros, con él o ella, y nos separa en el punto de la singularidad de cada uno. No es posible transitar esa soledad constitutiva sin el otro, sin que el otro acompañe, cuide, proteste, se queje o simplemente se vaya, también a la inversa, ya que cada encuentro y desencuentro será ocasión de relanzar la pregunta acerca de quién es el otro para cada uno.

El psicoanálisis, como ya he dicho en otras ocasiones, no implica una ética individualista, sino que en la medida en que un sujeto puede situar esto en su propia experiencia, no hará de esa distancia irreductible con el otro padecimiento. Y podrá encontrar en el hacer con otros un modo de construir alternativas a esa soledad inherente a todo sujeto.

Claro que las determinaciones epocales de la subjetividad, me refiero al neoliberalismo, hacen marca en los cuerpos, los afectos y en nuestro lazo con el otro. Al pretender hacer del sujeto un consumidor, todo los que nos rodea puede volverse un objeto de consumo, también el otro.

Esto no es sin consecuencias, ya que implica negar la subjetividad del semejante, que no tenga lugar, con lo cual no solo se trata de verlo como un objeto de consumo, sino que lo que pueda sucederle no tiene espacio en quien se para o sostiene desde esa posición. Probablemente desde una posición de ignorancia que no des-responsabiliza, implica poner en acto: “el otro no me importa, no es mi problema”.

Es la lógica de hacer de la propia vida una empresa, de suponerse autosuficiente, y donde el otro solo tiene lugar en tanto hace consistente al propio yo, o bien en tanto se puede extraer una gratificación individual, la propia, lo que implica que el otro no es considerado un semejante, por eso es que lo que le suceda “no importa” en tanto sea beneficioso para quien hace del otro un objeto.

La subjetividad neoliberal no hace lazo social por esta misma razón, genera sujetos aislados, aun en la hiperconexión, sujetos sin historia, sin horizonte, narcisistas y encerrados en un goce autoerótico.

Es precisamente este lugar de objeto que adquiere el otro lo que hace que dicho sujeto no solo esté habitado por esa soledad estructural de la que hablaba al comienzo, para esto no hay excepciones, sino que además está aislado, sin posibilidad de hacer con otros, sin posibilidad de construir con sus semejantes un camino que la haga transitable. El odio, que suele poner de manifiesto cuando algo se le opone, es directamente proporcional a su incapacidad para creer que construir con otros pueda modificar algo de su entorno, o bien a que construir con otros puede hacer transitable las inconsistencias de la vida. El odio es inherente a la subjetividad neoliberal, en tanto es su respuesta ante la frustración o bien ante la diferencia, es su respuesta ante la imposibilidad de construir con otros.

Si bien el neoliberalismo pretende ser hegemónico y disimular la dominación como consenso, encuentra también sus límites, y es allí donde se produce una batalla, que excede lo que podamos pensar o situar solo desde el psicoanálisis, pero lo que es un hecho de experiencia que, a pesar de su pretensión, dicha concepción neoliberal no logra una dominación absoluta.

Esta pregunta, entonces, sobre “¿quién es el otro?”, que sería como el reverso de “¿quién es cada no?” es algo que podemos situar, leer y escuchar en las noticias de los últimos días.

Si en cada una de esas notas, tanto en el diario como en la televisión, podemos abstraernos del relato en sí mismo, vamos a encontrarnos con que lo que lo habita, o que lo que se pone en juego allí es una concepción del otro. Se trata solo de preguntarnos: “¿quién es el otro en ese relato?” Y allí también tendremos alguna respuesta acerca de cómo reacciona cada uno a una situación límite.

Basta para ellos algunos ejemplos: cuando escuchamos de los miles de voluntarios que se ofrecen para asistir a la gente que está en cuarentena, cuando en un edificio se arma un grupo de whatsapp para hacer las compras a la gente mayor, cuando las familias se reúnen virtualmente, y se sienten juntan, si bien a la distancia, cuando en un barrio la gente se organiza para que puedan comer los más necesitados, “¿quién es el otro?”. El otro allí es alguien con quien transitar esa soledad, se construye un puente que une, pero que también separa, es --como decíamos-- un semejante, no un igual. Después habrá que pensar qué destino pueden tener dichos encuentros, o si simplemente quedarán diluidos cuando esto pase.

La contracara es cuando escuchamos que alguien fue a una fiesta sabiendo que estaba enfermo y contagio a once y hay veinte en observación, o decidió subirse a un avión sabiendo que tenía el virus, o escondió a la empleada doméstica en el baúl de su auto para entrarla a su casa del country en plena cuarentena, o los millonarios que compran su propios respiradores, o los vecinos que acosan a los profesionales de la salud por miedo al contagio. “¿Quién es el otro allí?”. Seguramente no un semejante, y más allá de que esto no des-responsabiliza a cada uno de estos sujetos, son ellos también objeto de la subjetividad neoliberal que los ha tomado, haciéndoles creer que son los protagonistas, cuando en realidad se trata de simples actores de reparto.

Al no poder contar con el otro, porque se niega esa subjetividad, solo cuenta “lo que se quiere”, y esto dicho en el sentido más banal del término, ya que ese “querer” no supone ninguna cuestión trascendente. Y si se produce un encuentro con la imposibilidad de alcanzarlo, el odio a aquel que se supone causa de la misma es lo único que conduce el hacer.

Es entonces en estos momentos donde se pone de manifiesto de manera desembozada, para utilizar un término nietzscheano, “¿quién es el otro para cada uno de nosotros?”

Por eso, cuando todo sujeto se topa con la soledad que lo habita y lo constituye como sujeto, está solo, pero puede no quedarse solo en tanto y en cuanto haga y construya con otros un camino transitable, sin ahorrarnos, claro está la angustia y la incertidumbre respecto del recorrido.

Probablemente por esto en Italia a los pacientes que están con el virus y no tienen chance de recuperación, les dan una tablet para que puedan hablar y despedirse de sus seres queridos. Esto significa que van a morir solos, como todos y todas, pero no aislados. Una voz, una imagen familiar, les dará, con sus límites, cierta compañía en ese encuentro en soledad.

Claudio Di Pinto es psicoanalista.

Publicado enSociedad
Miércoles, 03 Junio 2020 06:11

El Estado como contra-revolución

El Estado como contra-revolución

El tema del Estado ha dividido diferentes movimientos revolucionarios como el anarquismo o el comunismo. La organización de la sociedad podría tomar formas diferentes pero debe estar ligada a la sociedad, a la historia, a la naturaleza y a la revolución de las mujeres. Esto requiere no sólo un rechazo al Estado sino a sus pilares y lo que representa, a su mentalidad e ideario, a la búsqueda de alternativas, a la aceptación de una organización basada en la autoridad natural.

 

“Los aparatos del Estado y del poder pueden tener estrategias y tácticas, pero en el sentido verdadero no tienen política. En cualquier caso, el poder y el Estado solo existen cuando la negación de la política está asegurada. Todo poder y todos los Estados representan la congelación de la razón. La fuerza de ambos y sus debilidades vienen de esa cualidad. Así, las esferas del poder y del Estado no son campos donde buscar o encontrar la Libertad.”

Rebêr Apo (Abdullah Öcalan), Sociología de la Libertad

Las bases de nuestra ética, de la escritura, cultura, agricultura, la conformación de la sociedad en sí y las bases que mantienen la vida, la resistencia y la supervivencia social se crearón durante la revolución neolítica, que fue la primera revolución de las mujeres (en el período de hace 10.000 a 5.000 años). Estas bases sólo se pudieron construir en una sociedad colectiva, sin jerarquías (aunque sí con la autoridad natural de mujeres, madres y ancianas), y basada en el enlace con la naturaleza. La aparición del patriarcado supuso un cambio de la sociedad matriarcal, es decir gestionada por los valores de las madres de los clanes, hacia la orden o imposición de la ley del hombre dominante.

El Estado no es solo una manera de organizar la sociedad. ¿Cuál es el alma del Estado? ¿Qué tipo de personalidad crea? El Estado es una manera de pensar, genera emoción, acción y cambio. No puede sólo medirse según las instituciones que representa. Esta medida en sí misma es producto de una mente conquistada por el Estado, que lo divide todo en partes. La humanidad era un todo, creía en la Diosa Madre como unidad de todo aquello que existe en el planeta. Ella fue partida en pedazos hasta derivar en la construcción de las religiones monoteístas y el desarrollo de nuevos dioses como el dinero. La primera interpretación de ello la encontramos en la mitología babilónica, hace unos 3.500 años, con el asesinato de la diosa Tiamat por su hijo Marduk. La diosa fue partida en pedazos y de su muerte se originó el mundo. Es la expresión del desarrollo del patriarcado que había comenzado unos 500 años antes. Todo ello sentó las bases de la aparición de las ciudades y del Estado mismo, esclavizando a la mujer hasta hoy en día.

Un Estado también suplanta las autoridades naturales, que normalmente eran dadas a las madres por parte de la sociedad. El Estado crea divisiones y se levanta sobre una base jerárquica que no hemos sido capaces de superar como sociedad, por su composición misma que va en contra de la naturaleza humana. Nuestro objetivo como revolucionarias es buscar una alternativa al Estado. Entender el Estado como historia, cómo algo más allá de un paso organizativo, como algo que se ha impuesto en el corazón de cada una y que ha creado la familia nuclear que impide nuestro desarollo colectivo, es clave.

Para comprender algo debemos estudiar su historia. El Estado es la legitimización del patriarcado y del capitalismo porque el alma, mente y lógica de sus instituciones se construyeron sobre esos cimientos. ¿Qué significa el capitalismo para países colonizados? El capitalismo funciona a nivel global, ¿cómo se construye un Estado sin capitalismo cuando es esta su base? ¿a qué nos referimos pues con Estado? ¿Qué tipo de sociedad necesita un Estado? La creación de un Estado en nombre del socialismo y de la libertad es una concepción errónea. Tampoco ha de nacer un Estado únicamente de la destrucción de otro, siguiendo con la rueda de la que la humanidad debe de salir. Esta rueda sobre la que corremos, como ratones encerrados, nos ha mareado tanto que lo que hay fuera de ella ya no podemos vislumbrarlo bien.

La necesidad de la implementación del Estado como fase social vislumbra un entendimiento de la historia lineal y determinista. Un hecho determina el siguiente. Para construir una revolución, la historia y la realidad se miden a través del desarrollo de la ética y procesos sociales que se mueven como el agua, que forman una espiral sobre la cual el poder patriarcal trazó una línea recta. Con esta línea se determinan los procesos históricos según los medios de producción. Es una visión material de lo que significa la inmensidad de la vida y la existencia.

La medida del paso de la vida es altamente compleja y debe de ser redifinida desde la perspectiva de la liberación de las mujeres. Y para ello hay que desenterrar la realidad de las resistencias para cambiar la manera en la que la humanidad y la sociedad se identifican a sí mismas. Tarîx significa historia en árabe, significa la “ciencia de las estrellas (del espacio) y del tiempo”, es decir la ciencia del universo, con el cual estamos conectadas, nuestro mundo material es sólo una parte. Rebêr Apo explica en su libro Sociología de la Libertad que “la energía es libertad. Creo que la partícula material es la prisión de un paquete de energía”. No podremos alcanzar la libertad definíendonos por el mundo material. Esto deberá extenderse a todos los planos de la existencia humana.

Debemos superar la idea de crear un Estado que han querido muchos pueblos en lucha. Cada pueblo del mundo tiene una necesidad de organización y de recuperar su nación como identidad colectiva. No podemos basar la libertad sin liberar a todos los pueblos, lo que une todas estas luchas no es una necesidad de un Estado propio, sino una necesidad de organización colectiva basada en la diversidad. El Estado es una forma de centralidad el poder. Esto puede verse a pequeña o gran escala. Los movimientos que lucha por la libertad no deben dejarse absorber por la lógica del Estado. Aquí en Kurdistán, tras un análisis exhaustivo de la situación del pueblo kurdo, hubo un cambio de paradigma en 1999. Este cambio de paradigma llevó consigo la priorización del confederalismo democrático y un gran rechazo al Estado, implementando la lucha de las mujeres como eje central junto con la ecología. Estas ideas están totalmente ligadas entre sí. Son la continuación de los valores de la sociedad natural que sigue existiendo, y la lucha contra toda forma de opresión.

El tema del Estado ha dividido diferentes movimientos revolucionarios como el anarquismo o el comunismo. La organización de la sociedad podría tomar formas diferentes pero debe estar ligada a la sociedad, a la historia, a la naturaleza y a la revolución de las mujeres. Esto requiere no sólo un rechazo al Estado sino a sus pilares y lo que representa, a su mentalidad e ideario, a la búsqueda de alternativas, a la aceptación de una organización basada en la autoridad natural.

La lucha de las mujeres también es una lucha contra el Estado por el poder que este representa. La lucha de las mujeres es la lucha por la libertad colectiva, basada en la defensa de la identidad de cada nación y pueblo, de cada territorio y su cultura. Para ello hay que garantizar una organización mundial que no deje hueco para las dictaduras ni para el fascismo. Una organización desde las comunas que se modere a sí misma es necesaria para que la sociedad crezca en libertad y diversidad de manera permanente, que no deje lugar a repetir los errores del pasado.

La palabra revolución viene del latín revolutio, que significa “dar la vuelta, volver, revolver”. ¿A qué lugar se estában refiriendo? La palabra más antigua para libertad es la palabra sumeria amargi, que significa “volver a la madre” (a los valores matriarcales). Es en la sociedad pre-estatista y pre-patriarcal donde encontramos la verdadera raíz de la cuál nace la libertad. Este proceso de vuelta es lo que llamamos revolución. El reto ahora es buscar nuestra identidad perdida teniendo en cuenta la historia que ya nos ha ocurrido. Nuestra revolución es una lucha constante de cada día para, usando la lógica ancestral, adaptar la lucha a nuestro tiempo.

Por Celine de la Filia

2 jun 2020 20:12

Publicado enPolítica
Suecia, el país que no confinó: los pros y los contras de no dejar reinar al miedo

En todo momento, entre un 20% y un 30% de las camas de cuidados intensivos han permanecido sin ocupar. Esta capacidad de absorber el primer impacto de la enfermedad en el sistema público de salud ha contribuido a que en Suecia no haya reinado el miedo tras no aplicar medidas restrictivas de confinamiento.

 

El email llega a las diez y media de la noche, aunque en teoría la oficina de prensa de la Autoridad Nacional para la Salud Pública de Suecia cierra cinco horas antes. Todo apunta a que trabajan contra reloj, pues la citación para poder entrevistar al que quizás sea hoy el epidemiólogo más cuestionado del mundo es solo unas pocas horas más tarde, en la mañana siguiente. Anders Tegnell, científico al frente de la excepcional estrategia sueca, llega al encuentro con un escolta del servicio secreto, algo inusual en Suecia, el único país de la Unión Europea que, a pesar de sugerir ciertas medidas de prevención, decidió no confinar a su población. “El confinamiento da resultados a corto plazo —indica—, pero no es sostenible en el tiempo, así que hemos optado por ser una sociedad que permanece abierta”. Aparte del alarmante número de muertes por covid-19, que ya suman 4.395, el doctor Tegnell ha sido criticado por no alcanzar el objetivo de tener en mayo a un 40% de la población de Estocolmo inmunizada, extremo que él admite, aunque con matices. “Puede que mis cálculos fueran un poquito optimistas, pero no demasiado. Tenemos ahora en marcha una investigación que podría apuntar a un 20 o 25% de la capital, lo que se acerca bastante a la cifra que anunciamos hace unas semanas”.

A menos de un kilómetro del lugar donde nos encontramos, se escucha a un helicóptero volar. Acude al helipuerto del Instituto Karolinska, una de las más prestigiosas instituciones médicas del mundo, con hospital, universidad y varios centros de investigación punteros. Los afectados por el virus son llevados de un hospital a otro según las necesidades, habiendo mantenido el país, en todo momento, entre un 20% y un 30% de camas libres en cuidados intensivos. Esta capacidad de absorber el primer impacto de la enfermedad en el sistema público de salud ha contribuido a que en Suecia no haya reinado el miedo. Una sensación que se aprecia al caminar por las calles, donde prácticamente nadie lleva mascarilla, o en los parques y plazas, donde los ancianos salen a pasear y tomar el sol junto a los niños que juegan en los columpios. Tomando un café tras una rueda de prensa, Karin Tegmark-Wisell, jefa de Microbiología del Departamento de Salud Pública, explica y recuerda aspectos beneficiosos del no confinamiento, como “mantener las escuelas abiertas, que es fundamental para la salud de los niños”, entre otros factores que Suecia no ha sabido explicar al mundo, pero que aquí son recordados a menudo por las ONG, como seguir operando en hospitales, realizar nuevos diagnósticos de enfermedades graves o evitar que las mujeres y los niños víctimas de abuso queden aislados en casa junto a sus maltratadores.

En relación a una supuesta búsqueda de la inmunidad de grupo que la Autoridad Nacional para la Salud Pública —y ella misma— ha negado una y otra vez que sea su objetivo, admite con benevolencia que desde el exterior “ha habido malentendidos sobre ello”. Defiende que a esta inmunidad “se llegaría de forma natural” y, en ese proceso, lo vital para ellos sería “cuidar de la salud pública sin que afecte a otras áreas también de la salud pública”.

En relación al miedo que los daneses y noruegos tienen de los suecos, quienes no pueden cruzar la frontera e ir a sus países (no así al contrario, pues ellos sí tienen libre ingreso a Suecia), la microbióloga aporta detalles interesantes sobre las comparaciones hechas entre países por la prensa. “Creemos que es demasiado pronto para compararnos con Dinamarca y Noruega, pero si se hacen comparaciones habría que tener en cuenta que Suecia tiene 21 regiones, de las cuales muy pocas están afectadas. Por ejemplo Skåne, sueca, está muy cerca de la región de Selandia, en Dinamarca. En Skåne no ha habido confinamiento y hay menos infectados que en Selandia, que sí se cerró. Así que hay que analizarlo todo bien y ver qué ha pasado”.

Un aspecto fundamental que, por el motivo que sea, se ha ignorado en la narrativa del exterior, es que la Constitución sueca no permite instaurar medidas draconianas, como confinamientos y toques de queda en tiempo de paz. En este aspecto, el consenso del arco político es pleno, desde la ultraderecha hasta la izquierda pasando por la coalición de socialdemócratas y verdes que gobiernan en este momento. Tanto es así que hasta la fecha ningún grupo parlamentario ha abogado por lanzar una propuesta que busque la forma de alterar nada de esto.

La idea de imponer algo que requiera amplia presencia de la fuerza pública en las calles es difícilmente contemplable en un país que no solo lleva 200 años de paz, sino que mantiene una fórmula de probado éxito social y económico gracias a un modelo de confianza entre Estado y ciudadanos. El ejemplo más claro son las vacunaciones de los niños. No son obligatorias pero las llevan a cabo el 97% de las familias. El ya conocido como “experimento sueco” busca transmitir el mensaje de que su decisión de no confinar a la población no ha sido un error y, para ello, las páginas web de algunas de sus embajadas ponen como ejemplo (sin citar nombres) a otros países que,  pese al confinamiento, tienen más víctimas por cada 100.000  habitantes..

En Sollentuna, un municipio 15 kilómetros al norte de Estocolmo, una ambulancia abre sus puertas traseras para dejar pasar a una nueva víctima del  coronavirus. Las paramédicos que la atienden llevan trajes especiales y la enferma es montada en una camilla cubierta por una cápsula. Según se calcula hoy, más de la mitad de las muertes por covid-19 se han producido en residencias de ancianos. Muchas de ellas, incluida esta de Sollentuna, han venido siendo privatizadas, en un proceso iniciado en 1992 por Moderaterna, el partido de centro-derecha. Consultados sobre este extremo, han declinado ofrecer respuestas, no así la directora general de la Inspección del Sistema de Salud Público, Sofia Wallström, quien acude al Instituto Karolinska para dar cuenta de la investigación en curso, la cual comprende a 1.045 residencias de las 1.700 que tiene Suecia. Según indica, hay deficiencias que ya se veían antes y se han visto ahora, y si bien aún no disponen de un informe completo que señale cuáles han sido las causas que han hecho de las residencias el talón de Aquiles de la “estrategia sueca”, no duda en señalar la falta de formación de los trabajadores como uno de los factores clave.

Sentado en una butaca de la Biblioteca Parlamentaria, el líder del Partido de Izquierda, Jonas Sjöstedt, va mucho más allá y resalta aspectos que la prensa viene publicando desde hace unas semanas: la precariedad laboral como consecuencia de las privatizaciones en los cuidados a la tercera edad. “Es obvio que es por esto. La mayor parte de las muertes se han producido en Estocolmo, que es donde más se ha privatizado de todo Suecia. Hay muchos actores que solo buscan el beneficio económico. Cuando la gente tiene que ir a trabajar porque tiene inestabilidad y contratos temporales y además no tienes formación o te manda a trabajar estando enfermo”. Este ex europarlamentario habla de “historias de horror como las de los trabajadores que han tenido que ir a trabajar enfermos, sin protección. O que han tenido que desplazarse de una residencia donde está el virus a otras que no lo tenía”.

Respecto a la imagen de un país en el que apenas se había cambiado el modo de vida, o la gente era enviada a trabajar para satisfacer los intereses de los grandes capitales, el líder de izquierda es claro y ahonda en aquello que los diferencia de otros países sin confinamiento como Brasil y Estados Unidos. “Suecia ha cambiado el modo de vida drásticamente. La gente sigue las recomendaciones sin necesidad de toques de queda. Me gusta este método no autoritario. La confianza en las autoridades es grande y se han salvado trabajos”.

 
Expresso
3 jun 2020 06:00

eXPRESSO

Reportaje original publicado en portugués en el diario Expresso y traducido para El Salto por su autor, Unai Aranzadi. 

Publicado enInternacional
La necesidad de la recuperación verde en América Latina y el Caribe

El mundo se enfrenta a una crisis humanitaria y sanitaria sin precedentes en el pasado siglo en un contexto económico, social y ambiental ya adverso. Si bien la historia registra antes el paso de grandes pandemias, ninguna irrumpió en un mundo tan poblado ni tan interconectado y con un planeta ambientalmente enfermo.

Hace cinco años el papa Francisco lanzó la encíclica Laudato si’, donde aborda la degradación ambiental y el cambio climático. En ella, llama a la acción rápida y unificada para cambiar la dirección de la relación humana con su entorno que, si continúa así, acabará con la humanidad misma.

Tras la emergencia sanitaria, nos enfrentaremos a la depresión económica más grave en 120 años. La urgencia de reducir sus impactos ya se está aduciendo para abandonar avances regulatorios y consideraciones ambientales y climáticas que, si no se integran al centro de la recuperación económica, empujarán a la región hacia efectos más dramáticos y a mayor plazo que los del Covid-19.

La reanimación económica requerirá recursos y endeudamientos que restarán capacidad de gasto público. La potencia de nuestros países para responder a las crisis climáticas recurrentes y cada vez más intensas se verá gravemente disminuida: sequías, inundaciones, huracanes, pérdidas en la producción agrícola, pérdidas de energía y exposición a un aumento de las pandemias, entre otras. Preocupa especialmente la región del Caribe, que ya estaba previamente asediada por golpes tanto climáticos como económicos, incluyendo un fuerte endeudamiento y una alta exposición a desastres naturales. Por ello, es tan importante tomar medidas de reactivación económica sostenibles y “a prueba del clima”, no las usuales.

La salida de la crisis de 2008 en la región vio programas muy tradicionales, como estímulos a industrias altas en emisiones. Doce años después, nos encontramos frente a la sexta extinción masiva, que evidencia la interacción entre la crisis sanitaria y la del medio ambiente.

La reorientación del desarrollo con otros sectores y políticas coherentes tiene ahora importantes expresiones, como el Pacto Verde de la Unión Europea, la Civilización Ecológica China, el Nuevo Pacto Verde de Corea del Sur y las propuestas demócratas de Estados Unidos con su Green New Deal.

La recuperación debe ser distinta esta vez, basada en sectores verdes, con un gran impulso a la sostenibilidad o de economía verde. Estas inversiones alentarían la innovación, nuevos negocios y empleos decentes, efectos positivos en la oferta y demanda agregada en las economías de la región, superiores a los de sectores tradicionales de infraestructura. El liderazgo político es clave para abordar simultáneamente la crisis sanitaria, la económica y la climática, con coraje y audacia, y el momento es ahora.

Es imperativo otorgar certidumbre a la inversión para la economía sostenible con contextos coherentes, legislativos, regulatorios y de política pública. Las áreas de mayor oportunidad para alcanzar la Agenda 2030 y la recuperación verde son, al menos, las de energías renovables y eficiencia energética, transporte público y de última milla electrificado, soluciones basadas en la naturaleza, restauración de ecosistemas, ampliación de la infraestructura sanitaria básica y producción de materiales bajos en carbono para la construcción.

Este crecimiento selectivo debe expresar un acuerdo social recogido en política económica y regulatoria en favor de esos sectores, en ascenso, y de desincentivo a los sectores en ocaso. Es necesario que los flujos financieros apoyen la lucha contra el cambio climático y las asociaciones con el sector privado.

La Agenda 2030, con su llamado a la universalidad y simultaneidad, al igual que el Acuerdo de París, orientan el desarrollo en el sentido correcto y para una recuperación verde. Si tomamos estas acciones, América Latina y el Caribe saldrá reforzada de esta crisis y podremos decir que fuimos responsables para con la casa común que, como dice la encíclica, se nos ha confiado.

 

Por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Leo Heileman, director regional para América Latina y el Caribe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente

Publicado enEconomía
Jueves, 28 Mayo 2020 05:48

Una humanidad distinta

Una humanidad distinta

Una percepción colectiva mayormente optimista y esperanzada tiende a suponer que cuando la pandemia del coronavirus deje de castigar al planeta construiremos un mundo mejor.

La existencia de esa inclinación (del espíritu, de la imaginación, del intelecto) me llevó a pensar en otras pandemias y en otros momentos históricos, entre ellos uno bastante significativo, como fue el de la peste que asoló Grecia unos quinientos años antes de Cristo y que terminó (entre muchísimas otras) con la vida del mismo Pericles.

Y lo cierto es que después de aquella epidemia y después de la muerte de Pericles, Atenas ya nunca más volvió a ser lo que había sido. Después de la epidemia, Atenas empezó a perder su lugar en la Tierra.

Sócrates, hijo de ese siglo, el siglo precisamente conocido como el siglo de Pericles, es la última figura proactiva del pensamiento vivo ateniense que tanto importó a Pericles, estratega, tribuno, filósofo, político y guerrero.

Pasada la peste y un poco más tardíamente, el genio de Platón pertenece ya a un espíritu melancólico. Platón añora lo irrecuperable. Cuando Platón escribe uno tiene la sensación de que escribe sobre cenizas.

En suma, la peste que empieza a quitarle la luz a Atenas ocurre en el siglo V AC, cien años que darán un contorno reconocible a la cultura occidental y no sabemos que habría pasado o cómo sería esa cultura si la peste --en este caso la fiebre tifoidea-- no hubiese interrumpido la “normalidad” de Atenas, paradójicamente democrática e imperial a la vez.

Acaso ni siquiera Roma habría llegado a ser lo que fue. A fin de cuentas, la lenta disolución de Atenas en el incontrolable fluir de la historia no tenía porqué encarnar en el poderío prepotente y jurídico de Roma.

Es muy posible --pero nos faltan testimonios-- que durante la peste y ante la muerte de Pericles muchos atenienses sintiesen que una vez superado el mal las cosas retomarían su curso habitual, otros apostarían quizás a favor de un cambio hacia lo mejor del sistema y tal vez no pocos avistaran un mundo perdido.

Me parece que hoy, salvando las obvias distancias, todos y cada uno de nosotros experimentamos sentimientos parecidos.

Ya no lloramos la ausencia de un Pericles que defienda las requebrajadas democracias liberales que el hiperconsumismo y las riquezas cada vez más concentradas, se van devorando como si fuesen termitas. Ya no es este un período de grandes líderes (más bien se trata de pobres líderes, intercambiables aunque peligrosos) y menos aun de grandes utopías; todo lo que el mundo --sobre todo el mundo occidental-- parece querer es un eterno estado de bienestar donde convivan sin roces alarmantes libertad y justicia y sean evitadas las profundas desigualdades que acarrean desdichas crecientes.

Sentimientos, si se quiere, fácilmente contradictorios y distraidamente infantiles. Nuestros pensamientos son más consignas que pensamientos, menos ideas que almacenamiento de datos. Nunca antes dispusimos de una ciencia tan vasta y mucho menos de una tecnología tan prolífera, precisa y sorprendente, no obstante frente a la pandemia no parece todavía que sirvieran de mucho. Nunca, como en estos últimos meses, hemos pensado tanto en la vida y en la muerte.

En buena medida, nuestras aspiraciones se han vuelto de una fragilidad y de una pequeñez tan notables como la corteza de un pan viejo que se parte en pedazos no bien se le apoya un dedo encima.

Hasta hace poco vivíamos en una rutina crítica (en el mejor de los casos) o conformista en su mayor parte. Nuestros “pavores” eran sobre todo intelectuales, políticos o filosóficos, pero ahora tenemos miedo.

Y ahora tenemos miedo porque el virus, portador de muerte, ha corroído el sentido de la buena vida y no sabemos si una vez pasada esta etapa seremos capaces de volvernos mejores o empeorar hasta planos irreversibles.

Ignoramos cuál será nuestro comportamiento pero si no se descubre un sentimiento tan poderoso y persistente como la codicia pero de naturaleza exactamente opuesta, se vuelve difícil apostar a favor de la humanidad. Esta pandemia nos está demostrando que confundimos acumulación con felicidad, resignación acrítica con bienestar y “autonomía” digital con libertad.

Nadie sabe qué es ser feliz, reflexionaba Jacques Lacan, a menos que la felicidad se defina “en la triste versión de ser como todo el mundo”. 

28 de mayo de 2020

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Buques iraníes desafían el acoso de Trump a Venezuela

El desabasteciento de gasolina golpea al país 

El bloqueo económico estadounidense y la corrupción en Pdvsa, factores clave del declive de la producción y refinación petrolera

 

El tercer barco petrolero iraní, el Petunia, ingresó a aguas venezolanas este martes por la tarde escoltado por la Marina Bolivariana. Se sumó así a los dos primeros, el Forest, que fue acompañado a su vez por la Aviación Militar Bolivariana que desplegó dos Sukhoi Su-30MK2 y dos F-16 A/B Block 15, y el Fortune, que ya se encuentra en la refinería El Palito.

Quedan dos barcos por ingresar, todos bajo sanción del Departamento del Tesoro estadounidense. En cada caso está previsto que se repita el despliegue de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que en el caso del Fortune y el Petunia ingresó hasta aguas internacionales para recibirlos.

El gobierno informó que en los barcos no solamente viene gasolina –estimada en casi 1,5 millones de barriles petroleros- sino también aditivos, repuestos y otros equipamientos para aumentar la capacidad de refinación y producción petrolera.

Tanto la producción como la refinación se encuentran en declive desde los últimos años. Las razones son varias. Por un lado, el bloqueo económico estadounidense centrado sobre PDVSA que, desde el año 2017, hasta la fecha, ha multiplicado las sanciones sobre la industria petrolera.

El objetivo ha sido cortar a PDVSA de financiamiento, cerrarle canales de exportación -con sanciones a buques propios y empresas que comercien petróleo venezolano- y de importación, tanto de insumos para el refinamiento como de gasolina.

Por otro lado, las investigaciones de la Fiscalía que indicaron que desde el 2009 hasta el 2017 los presidentes de PDVSA, así como numerosos gerentes, estuvieron involucrados en corrupción, generando un desfalco. En el 2017 se cruzó el comienzo de las sanciones directas a la empresa y el cambio en su dirección.

La llegada de los buques petroleros permitió romper -de manera gráfica- el bloqueo que conforma un cerco sobre el país. Se espera que con eso se logre enfrentar parte del desabastecimiento de gasolina que golpea el país y ha generado sus consecuentes reventas dolarizadas. La escasez se siente menos por la cuarentena, no solo en las ciudades sino en las carreteras donde circulan muy pocos vehículos.

La alianza con Irán, otra economía bloqueada por Estados Unidos, representa la consolidación de una política internacional del gobierno venezolano que, en los últimos años, estrechó relaciones centralmente con Rusia y China. Estas alianzas permitieron a Nicolás Maduro construir una arquitectura de resistencia ante una escalada ininterrumpida desde Washington.

El envío de buques petroleros profundiza esa geopolítica y expone también las limitaciones actuales de América Latina ante este escenario que es más que un bloqueo económico. La reciente Operación Gedeón, con el envío de mercenarios, dos de los cuales estadounidenses, es una muestra de la naturaleza del conflicto.

Esa Operación forma parte de un continuum de acciones golpistas. Un actor central de esa trama ha sido el partido Voluntad Popular (VP), de donde proviene Juan Guaidó, fundado y liderado por Leopoldo López, quien se encuentra en la embajada de España en Caracas luego del intento fallido de golpe el 30 de abril del año pasado.

El Fiscal General, Tarek William Saab, anunció el lunes que introdujo en el Tribunal Supremo de Justicia un recurso de interpretación de los artículos 31 y 32 de la Ley contra la delincuencia organizada y financiamiento al terrorismo, para determinar si VP es una “organización criminal con fines terroristas”. La efectiva denominación del partido bajo esa denominación implicaría su disolución.

Esa situación tendría un fuerte impacto para el partido ya disminuido. Guaidó, por su parte, había anunciado a principios de enero que se separaba de VP para “enfocarse completamente en la libertad de Venezuela”.

Una parte de la oposición condenó la solicitud de la Fiscalía. La disolución de VP dejaría con menos fuerza al sector golpista de la oposición que ha retrocedido en su fuerza, unidad, y capacidad de interlocución con la sociedad. Esto último se acrecentó con el debate acerca del bloqueo económico, donde una parte mayoritaria de la oposición lo rechaza, mientras que otra, con Guaidó a la cabeza, sostiene que hay que profundizarlo.

La mayoría de la sociedad ve en el bloqueo un agravamiento de las condiciones materiales. El debate en relación a los buques petroleros dejó en evidencia que el consenso era que se permitiera su ingreso para poder acceder a gasolina, en un contexto de dificultades no solo por combustible, sino también por los precios dolarizados y la falta de agua debido a la sequía. 

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"La humanidad vive tiempos de descuento"  

La socióloga Maristella Svampa postula la idea de un "pacto ecosocial" como salida a esta "tragedia anunciada"

 El coronavirus puso de relieve las enormes desigualdades que se han consolidado en este sistema, así como la importancia de las causas socioambientales,

advierte Svampa.

 

El encierro no la encuentra aletargada ni confundida. Maristella Svampa no hace otra cosa que pensar en la pandemia y escribir. “La crisis abre procesos de liberación cognitiva”, dice. Y ella la tiene en la cabeza “desde la mañana hasta que se acuesta”. La conversación va a la velocidad de su pensamiento, porque sabe que este estado de excepción va a ser breve. La crisis del coronavirus es una oportunidad, un portal que se abre pero no por mucho tiempo, en el que eventualmente va a haber que elegir entre más “capitalismo del caos” o un New Green Deal, del que se está hablando acá y en el mundo, y que a su paso va sumando las firmas de intelectuales y políticos, como Bernie Sanders, Alexandría Ocasio Cortez, Noam Chomsky.

Es que esta crisis no es producto del azar, sino una tragedia que viene siendo anunciada desde la Organización Mundial de la Salud, entre otras agencias oficiales de Naciones Unidas. Y a las causas de la enfermedad que recorre el mundo hay que buscarla, dice Svampa, entre la relación depredatoria con la naturaleza, el modelo agroindustrial y las ansias de ganancia a cualquier precio.

-¿Por qué es éste un momento especialmente oportuno para pensar lo social en clave ambiental?

-La humanidad vive tiempos de descuento. Se ha convertido en una fuerza que impacta en términos destructivos en el tejido de la vida. Es una alarma que ha saltado hace bastante tiempo. La gravedad de la crisis climática y el colapso ecosistémico son evidentes. El coronavirus viene a poner de relieve las enormes desigualdades que se han consolidado en este sistema y, por otro lado, la importancia de las causas socioambientales. No estamos viviendo un Leviatán climático, pero sí un Leviatán sanitario. Las causas de este fenómeno sin precedentes tienen que ver con la devastación de los ecosistemas, las enfermedades zoonóticas, como lo han explicado tantos especialistas, y también se desprenden del modelo agroalimentario. Las megagranjas industriales que son un caldo de cultivo y de transmisión de estos virus. Es una crisis que abre interrogantes acerca de hacia dónde queremos ir como sociedad, cómo vamos a pensar los vínculos sociales desde ahora en adelante y nuestro vínculo con la naturaleza. Las grandes crisis son portadoras de demandas ambivalentes. Por un lado, hay demandas de transformaciones radicales. Las crisis tornan viable aquello que hasta hace poco era considerado inviable. Por otro lado, hay voces conservadoras que claman por un retorno a la normalidad. Cuando en realidad, el retorno a la normalidad significaría una falsa solución.

-No se habla de causas socioambientales en el prime time. ¿A qué se debe para usted esa invisibilización?

-En principio no aparecen en el discurso público de ningún político. Desde Angela Merkel a Alberto Fernández. Aparece sólo lo sanitario y ligado a un discurso bélico que tiende a obturar esta discusión. Es una crisis que ha abierto dos ejes. Primero, ha develado la profundidad de las desigualdades. No sólo entre el Norte y el Sur sino al interior de nuestras sociedades. Thomas Picketty subraya que la concentración de la riqueza hoy es comparable a la que había a fines del siglo XIX. Y están las causas socioambientales que anuncian, como dicen tantos investigadores, que habrá nuevas pandemias. Y que además debemos afrontar el cambio climático, que combinará muchos de estos elementos, además de las enfermedades ligadas a la contaminación y un proceso masivo de refugiados ambientales.

-¿De qué se trata el pacto ecosocial del que viene escribiendo, junto al abogado especialista en Derecho Ambiental Enrique Viale?

-Es algo de lo que se viene hablando en todo el mundo. También es conocido como Green New Deal. En Estados Unidos y en Europa hay un imaginario instalado relacionado con la necesidad de un gran pacto como salida de las crisis, como el New Deal y el Plan Marshall. En Argentina lo que tenemos es una tradición ligada a la concertación como, por ejemplo, la que promovía el Peronismo con los Planes Quinquenales. Pero no hay un imaginario ligado a un pacto social, entendido como una recuperación integral. Hoy, sí se está hablando más del tema. Es importante promover una visión integral, porque hay una tendencia a encapsular a los pactos en su dimensión social y económica, desliándolo de los temas ecológicos, que son el gran desafío que enfrenta la humanidad en los días por venir. Preferimos no llamarlo “Nuevo Pacto Verde” porque cada vez que aparece esa palabra se tiende a acotar, a pensar que sólo hablamos de la reducción de los gases del efecto invernadero. Cuando en verdad estamos hablando de abordar la desigualdad, la cuestión sanitaria, la educación y la dimensión socioambiental.

-¿Por qué cree que el tema de la transición energética es una discusión que sólo se plantea marginalmente en Argentina?

-Entra y sale de las agendas de muchos países y se ve cercado por tensiones e intereses. Acá Vaca Muerta ha obturado la posibilidad de pensar una transición hacia energías limpias. Es un punto ciego que atraviesa diferentes gobiernos, con sus modalidades. Se instaló la idea de que, explotándola, Argentina se va a convertir en una potencia energética exportadora. Esa imagen se ha venido desmoronando y hoy está en su mínima expresión. Pero no sólo porque en todo el mundo hay fuertes controversias ambientales, sino porque en términos económicos y financieros Vaca Muerta es inviable. No sólo por la caída del precio del barril de petróleo. Es necesario salir de esa encerrona y pensar en una línea diferente en sintonía con las energías limpias y cómo transicionamos hacia ellas.

-Hay toda una discusión sobre el litio que todavía no se ha dado en Argentina, por lo menos, no cabalmente…

-Se está dando en muchos países. Se piensa cómo crear una Agencia Nacional del Litio que promueva un entramado tecnológico y productivo diferente, con métodos de extracción no contaminantes y acuerdos con las comunidades indígenas del norte argentino. Si no pensamos cómo implementarlo acá, lo que haremos, que ya está pasando, es destruir nuestros territorios, atropellar a las comunidades que viven allí y facilitarles la transición energética a los países más poderosos como China, Japón y Alemania.

-¿Se abre con este nuevo gobierno las posibilidades de dar esos debates?

-Sí, son temas que bien podrían ser abordados. Sobre todo, teniendo en cuenta la coyuntura. También soy consciente de que estos son procesos cortos. Son oportunidades, portales que, así como se abren, también se pueden cerrar en muy poco tiempo. Pero podría suceder que la respuesta sea reactivar la economía con más extractivismo, por ejemplo. Durante el confinamiento ha habido más desmonte en el Norte y también en provincias como Chubut, donde se le ha dicho que no a la mega minería, se está aprovechando la crisis para promover la minería como una solución. Insisto con que la transición es un proceso complejo y no tenemos un manual. La vieja imagen de YPF sirvió, a mi entender, hasta los años 70. Hoy los combustibles fósiles no forman parte del futuro. En el caso del litio es diferente, pertenece a los dos mundos. Por un lado, es minería de agua y es altamente insustentable. Para su extracción se utiliza millones de litros de agua en ecosistemas frágiles como son las salinas. Pero, por otro lado, es una de las claves para acceder a energías limpias, libres de combustibles fósiles. Ahí hay un dilema. Tendríamos que tratar de pensar en un escenario con energías post fósiles, limpias, renovables, para construir una sociedad solidaria y resiliente. Si queremos pensar en términos de justicia distributiva y de transición energética, lo que el Gobierno arregló, cediendo a la presión de las compañías petroleras, como un precio especial al crudo o un "barril criollo", es un total desatino. Un grave retroceso. Los costos que va a traer al país son enormes. Estoy incluyendo en esto a los gobernadores. Hay que pensar cómo desarticular esa alianza perversa entre grandes compañías, gobernadores y sindicatos petroleros, para volver a pensar en el país, en los trabajadores del sector, en los consumidores y en la transición.

-Al calor del confinamiento, mucha gente cuenta que se está replanteando su relación con el consumo…

-Es que si vamos a reemplazar los combustibles fósiles por el litio pero vamos a conservar el mismo modelo de consumo, centrado, por ejemplo, en automóviles individuales, no cambiamos nada. No sólo el planeta es limitado. El litio también es limitado y en algún momento se va a agotar. Es lógico que todos nos estemos replanteando la diferencia entre aquello que es accesorio y aquello que es necesario. Por eso digo que la pandemia es una oportunidad de rever la insustentabilidad y todas las injusticias que implica este modelo de consumo tan ligado a la globalización neoliberal.

-Otro de los ejes que entreteje la propuesta del Pacto Ecosocial y Económico es el Ingreso Universal Ciudadano.

-También lo pensamos como un proceso. Implicaría una salida de la trampa de la pobreza y el clientelismo, tan ligados a los planes sociales focalizados. Debe ser pensado junto a una reforma fiscal progresiva. No somos los únicos que hablamos del tema. Intelectuales como José Nun lo han trabajado históricamente, Rubén Lo Vulo, inclusive Beatriz Sarlo. La idea sería que no se castigue a los sectores más vulnerables, a través de impuestos indirectos como el IVA. Sino impuestos a las grandes fortunas, a los daños al medio ambiente, al capital financiero, a la herencia. No tenemos impuesto a la herencia porque Martínez de Hoz lo voló de un plumazo. Cuando decimos que América latina tuvo una oportunidad de crecimiento económico durante el ciclo progresista y usó renta extraordinaria proveniente del extractivismo en mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores populares, hay que decir también que no se promovió mayor justicia social a través de la reforma del sistema fiscal. El tercer eje del pacto es la deuda externa. Argentina está en virtual default, gracias a lo que nos dejó el Gobierno anterior. Muchos organismos internacionales están llamando a contemplar la situación de fragilidad que atraviesan los países del Tercer Mundo. Algunos hablan de un jubileo de deudas como la nuestra, que es insustentable y que ni siquiera mejoró la situación de los sectores menos favorecidos.

-La idea de reforma fiscal que grave a la renta financiera suena muy bien, pero estamos viendo la resistencia quye provoca un impuesto a las grandes fortunas. ¿Le parece practicable? 

-Estamos ante una crisis civilizatoria. Ni hablar de la recesión económica que ya se está instalando en el país. A eso hay que sumar que el virus está llegando a las poblaciones más vulnerables. Estamos a una situación de tal gravedad que queda claro que los sectores que tiene que aportar son los que más tienen. El impuesto a las grandes fortunas no es una locura peronista, como se quiere instalar, sino una cuestión lógica de justicia distributiva. Es necesario salir a apoyar esa medida desde todos los sectores. Las cartas no están marcadas.

-También han hecho foco en el tema de los cuidados, desde la perspectiva de la economía feminista.

-Creemos que se debe implementar un sistema nacional público de cuidados. Es central para pensar la nueva sociedad en la que se pongan en juego el respeto y la reciprocidad como elementos fundamentales para la reproducción social. Se trata de plantear otra mirada de las relaciones entre los seres humanos y de los seres humanos con la naturaleza, una visión que no piensa al ser humano como alguien autónomo, sino como alguien que necesita del otro para poder sobrevivir. Las feministas populares lo han dejado en claro cuando colocan la ética del cuidado en un lugar central. Hoy el cuidado aparece en el discurso oficial y de hecho este Gobierno ha incorporado a numerosas mujeres profesionales, economistas, intelectuales. Ojalá sus presencias en esos puestos colaboraren a profundizar esta visión.

-Mientras tanto se organiza una “marcha contra el comunismo”, se cacerolea contra la prisión domiciliaria para presos en situaciones vulnerables, y podríamos seguir…

-Todas esas personas siempre estuvieron ahí. Vivimos un momento de regresión política en el cual hay corrientes sociales ligadas a un pensamiento reaccionario de derecha y derecha extrema, que buscan una expresión política partidaria. Y que, en algunos países, como Brasil, la ha encontrado. La crisis de 2008 en Europa y Estados Unidos abrió la puerta a una reconfiguración económica y social negativa: se hizo en beneficio de los sectores financieros y perjudicó a sectores medios y populares. Esos sectores buscaron otras soluciones por la vía de una narrativa xenófoba y nacionalista. En América Latina lo vimos en Bolivia: a partir del derrocamiento a Evo Morales se hizo presente una derecha radical, anti-indígena, que creíamos derrotada. El modelo de la globalización neoliberal se agotó. Corremos el peligro de avanzar a un colapso ecosistémico de la mano de una derecha radical y nacionalista que propone un cierre cognitivo a través del miedo. En 2011, cuando surgieron movimientos como Ocupy Wall Street o los indignados en España, una de las consignas era “Somos el 99 % de la población contra el 1 % de los súper ricos”. Luis González Reyes, un ecologista español, dice que hay que complejizar esa consigna: hay un 20% de la población que es permeable al mensaje fascista. Entonces, en verdad, somos el 79% versus el 21%. No se puede negociar con los fascismos, al fascismo se lo combate a través de frentes políticos.

¿Por qué Maristella Svampa?

Maristella Svampa se define como intelectual anfibia, todo terreno, pero oriunda de la Patagonia. Es Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, magister en Filosofía en la Universidad de París I y doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, de París. Es investigadora principal del Conicet y tiene una veintena de libros publicados, entre ensayos, investigaciones y novelas. Svampa es una pensadora, se diría, especializada en crisis: en la crisis del mundo popular y el desarrollo de las organizaciones piqueteras en la convulsionada Argentina post 2001 (pero también, su contracara: la vida en los countries y barrios privados), la crisis del peronismo (La plaza vacía. Las transformaciones del peronismo) y, desde hace años, su gran tema ha sido el de la devastación medioambiental. Sus últimos libros lo demuestran: Chacra 51. Regreso a la Patagonia en los tiempos del fracking y Las fronteras del neoextractivismo en América Latina

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La policía lanzó gases lacrimógenos en un distrito comercial en el momento que miles de personas se agrupaban en las calles para manifestarse contra una legislación de seguridad propuesta por China para la ciudad. Opositores la han rechazado porque prohibiría la actividad secesionista. Argumentan que la iniciativa va contra el concepto de un país, dos sistemas. Foto Afp. Agencias

Hong Kong. La policía de Hong Kong lanzó ayer gas lacrimógeno en un popular distrito comercial, cuando miles de personas tomaban las calles para marchar contra una nueva ley de seguridad propuesta por China para la ciudad.

El canciller chino, Wang Yi, aseguró a la población de Hong Kong que dicha ley no afectará sus derechos e irá destinada a restringir la "excesiva injerencia extranjera".

Los opositores rechazan la propuesta porque consideran que prohibiría la actividad secesionista y subversiva, así como las interferencias extranjeras y el terrorismo en el territorio semiautónomo.

Alegan que la iniciativa va contra del concepto de "un país, dos sistemas", que prometía a la ciudad libertades que no se aplican en el territorio continental chino.

Grupos de manifestantes vestidos de negro se reunieron en Causeway Bay, popular distrito comercial, para protestar contra el proyecto presentado el viernes pasado al grito de: "liberen a Hong Kong".

El secretario estadunidense de Estado, Mike Pompeo, describió la propuesta como "una sentencia de muerte para el alto grado de autonomía" que Pekín prometió a Hong Kong.

Bernard Chan, importante legislador de Hong Kong y delegado del Congreso Popular Nacional en Pekin, defendió la norma de seguridad nacional, al afirmar que estaba escrita en la Ley Básica de Hong Kong, que funciona como la miniconstitución de la ciudad, pero nunca había entrado en vigor

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Sábado, 23 Mayo 2020 06:45

El dilema del prisionero digital

El dilema del prisionero digital

Sobre el culebrón de las aplicaciones de rastreo, código abierto, corporatocracia y batallas ganadas.

 

La guerra por el relato se ha ido recrudeciendo desde los inicios de la pandemia. Tras superar los primeros días de incertidumbre y miedo, la fábrica de bulos se ha puesto en marcha. Trolls orquestados organizan sus fechorías en las redes sociales generando tendencias de opinión que finalmente se acaban reproduciendo en los medios mainstream, tanto en telediarios como en programas del corazón. Hoy, la política se hace en Twitter, conocemos la vida de los y las dirigentes a través de Instagram y organizamos manifestaciones digitales a través de Facebook. Utilizamos las redes sociales y la tecnología como si fueran medios legítimos de expresión, olvidando, y obviando que son pura ideología, una vuelta de tuerca a la extracción de valor, acumulación por desposesión y vigilancia masiva.

Detrás de dichas tecnologías se encuentran las corporaciones más poderosas del mundo, que operan en connivencia con gobiernos y servicios de inteligencia. En los últimos años se han sucedido numerosos escándalos en lo que a ellas se refiere. Hagamos un recordatorio de algunos de los que evidenciaron la vigilancia y falta de privacidad a la que estamos expuestas las personas.

ESCÁNDALO VA, ESCÁNDALO VIENE

 

Entre 2013 y 2015 se publicaron en la prensa a través de las filtraciones de Edward Snowden miles de documentos sobre programas de vigilancia secreta, en los cuales se demostraba que la NSA interceptaba y vigilaba las comunicaciones de millones de personas en el mundo, en colaboración con agencias de inteligencia de varios países.

A principios de 2014, en Ucrania, ciudadanos, periodistas y personas ubicadas en los alrededores de las manifestaciones que se produjeron en Kiev, recibieron un mensaje en sus teléfonos con el siguiente contenido: “Estimado cliente: ha sido registrado como participante en un altercado masivo”. El mensaje no contenía firma, y las operadoras negaron tener conocimiento del mismo.

En junio de 2019 la Agencia Española de Protección de Datos sancionó a La Liga de fútbol Profesional con 250.000 euros por espiar a través de su aplicación móvil a los usuarios, conectando el micro y la geolocalización sin permiso para localizar así los bares que emitían los partidos sin licencia.

Uno de los escándalos más recientes que hizo cambiar nuestra percepción sobre las redes sociales sucedió en marzo de 2018, cuando un ex-empleado de Cambridge Analytica, Chrystopher Wylie, reveló que esta consultoría habría recopilado datos de unos 87 millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento. Su objetivo era crear campañas publicitarias y políticas dirigidas a perfiles concretos.

Brittany Kaiser, ex directora de desarrollo de negocios de Cambridge Analytica, facilitó al parlamento británico los correos en los que se reveló que la consultoría había trabajado en la campaña a favor del Brexit (Leave.EU).  En sus declaraciones ante el parlamento británico, Kaiser calificó algunas de las operaciones de la consultoría como técnicas de comunicaciones de grado militar. Esta categoría hace referencia a técnicas de operaciones psicológicas y de guerra de la información usadas por ejércitos y empresas privadas de defensa en zonas de conflicto para influir en el comportamiento de poblaciones. La consultoría ha sido también relacionada con la campaña de Trump y el giro de Estados Unidos hacia posiciones populistas de derechas.

 

AGUDIZACIÓN DE LA VIGILANCIA POR LA PANDEMIA

 

Las aplicaciones de seguimiento de contagios para evitar la expansión del virus se han presentado como una de las soluciones tecnológicas a la pandemia. “Es una justificación de los estados para poner la economía por delante de la vida, porque tenemos esto que nos va a ayudar. Es ‘tecnomagia’, la solución tecnológica que nos va a cuidar”, comenta Adrián Almazán, investigador sobre tecnología y las nuevas ruralidades desde una perspectiva ecosocial y miembro de Ecologistas en Acción.

Por otro lado, los bandazos que están dando las administraciones públicas en torno a las garantías de privacidad de los datos que recogen esas aplicaciones, ha levantado las suspicacias de activistas que trabajan por la privacidad, juristas, organizaciones y ciudadanía en general. La Comisión Europea ha lanzado una aplicación telefónica que, vía bluetooth, permite localizar en el entorno de la persona a otros usuarios que están o han estado infectados con coronavirus.

La científica española Carmela Troncoso estaba liderando un proyecto junto con un grupo de investigadores para desarrollar una aplicación móvil de código abierto, sin embargo, la Unión Europea dio un giro de mando y optó por una aplicación que surgía de la colaboración de los dos gigantes de internet, Google y Apple, las cuales, a través de los sistemas operativos instalados en los teléfonos de todo el mundo, podrían alcanzar a 3.000 millones de personas. Según Almazán “no es casual que Google y Apple se hayan lanzado a hacerlo porque lo que quieren garantizar es estar en todos los dispositivos, en los cuales, además de esa aplicación, hay otras muchas que operan en paralelo recabando datos”.

Este cambio de dirección ocurrió cuando los estados se estaban planteando si era bueno el rastreo y cómo. En ese momento, Google hizo alarde de su predominancia en el mercado publicando los movimientos poblacionales de 131 países desagregados por tipo de lugar en el que dicha población se movía. Google demostró rápidamente que sabía si habíamos estado en un parque, en una tienda, en casa o en la oficina. En el caso de España, los datos además estaban desagregados por comunidades autónomas. Simona Levi, de Xnet, una plataforma que trabaja en el campo de los derechos digitales y la democracia en red, comenta: “Google primero hace un tour de force mostrando todo su poderío y luego se pone al servicio de los gobiernos diciéndoles que si quieren hacer aplicaciones de traceo ellos ayudan”.

El debate que se plantea es complejo. Estamos ante una pandemia que solo se puede afrontar de una manera colectiva. La opción de las apps de rastreo por un lado permiten hacer un seguimiento de todas las personas con las que hemos estado en contacto, sin embargo, que una de las opciones que se valore sea aquella desarrollada por las dos corporaciones más poderosas del mercado, y casi del mundo, con sede en Estados Unidos y con denuncias muy graves de uso y abuso de datos y colaboración con servicios secretos estadounidenses es, como mínimo, preocupante.

Laia Serra, abogada penalista especializada en tecnologías de la información, libertad de expresión, protesta y discriminación, opina que tenemos que hacer autocrítica cuando tiramos de este hilo: “Ha habido un gran cuestionamiento de las apps propuestas por los gobiernos, cuando hay muy poca cultura de la privacidad y no está habiendo un cuestionamiento de los datos que ‘regalamos’ a las empresas de manera habitual”, comenta.

Enric Luján pertenece al colectivo Críptica, una asociación sin ánimo de lucro centrada en la defensa de la privacidad y la seguridad. Él, en este contexto, no ve tan claro que tengamos que poner la privacidad por encima de otros factores. “Como sociedad estamos ante una situación muy adversa y no tenemos una respuesta sencilla. Podemos desconectar el móvil y no instalar las aplicaciones desde el punto de vista clásico de la privacidad, sin embargo, ¿queremos estar al margen del beneficio público que supone esto ahora? Para mí, en este caso, las aplicaciones se justifican”.

Serra, además, señala que ella cree que ha habido tanto debate en torno a las aplicaciones porque tenemos un problema de confianza en los gobiernos que han “demostrado un talante autoritario durante la gestión de la crisis y que desde el año 2015 están inmersos en una deriva legislativa autoritaria”. El hecho de que la ciudadanía no sepa cómo funciona, también ha aumentado esa suspicacia. “Aún así, dentro del  debate de tecnología—seguridad, tenemos que contemplar que muchas veces el problema no es la herramientas en si, sino el uso que se le da”, apunta la abogada.

Cuando hablamos de apps de trazabilidad es necesario distinguir entre “los datos de ubicación y los datos de localización”. Para los primeros, las empresas de telefonía tiene que entregar a las autoridades, datos anonimizados. Para los segundos, se requerirá el consentimiento informado del usuario. Se permite excepcionar este régimen legal en caso de necesidad democrática por razones de seguridad nacional o de salud pública tal y como se reconoce en la Directiva sobre privacidad 2002/58/EC de 12 de julio y el de la Reglamento de tratamiento de datos 2016/679 de 27 de abril. No obstante “resulta muy difícil anonimizar los patrones de movimiento y deben realizarse tests de robustez y seguridad en la anonimización de los datos” afirma la abogada. El abrazo de corporaciones y gobiernos para implementar aplicaciones de rastreo puede ser una bomba para el capitalismo de vigilancia.

 

CORPORATOCRACIA, UNA NUEVA ERA DE CONTROL

 

¿Somos conscientes de las implicaciones que tiene el hecho de que existan corporaciones transnacionales que mediante el análisis de big data sean capaces de predecir e influir en nuestras pautas de consumo y elección de voto? ¿Son capaces nuestras democracias de ejercer un papel de contrapoder y preservar nuestros derechos y libertades? En este contexto, ¿podemos empezar a hablar de corporatocracia?

El crecimiento de las corporaciones tecnológicas de los últimos años es alarmante. En 2019, las llamadas GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) se sitúan según su valor de mercado dentro de los 6 primeros puestos de la lista Forbes Global 2000. Desde 2014 han doblado sus valores, llegando a cifras entre los 512 y los 961 mil millones de dólares.

En la dinámica extractivista del capitalismo hemos pasado por distintas fases de acumulación del capital, llegando a esta etapa en que la mercantilización ha llegado a lo más privado de cada persona, a los procesos cognitivos que determinan nuestras decisiones. Almazán habla de “procesos de digitalización total”, los cuales suponen que la extracción de valor se amplíe a casi todos los aspectos de la vida. “Supone poder expropiar o mediatizar el ámbito de la expresión, de los afectos, de la comunicación. Muchas cosas que de manera tan directa no lo estaban”. 

Luján, de Críptica, hablando de las apps de rastreo comenta que “el riesgo es que el día de mañana tengamos montada una arquitectura de la vigilancia a nivel mundial más incisiva todavía. Es muy probable que nos acabemos viendo en esa situación”. La desescalada no será inmediata. No va a haber un día que todo vuelva a ser como antes, sino que la vuelta a la normalidad será paulatina. “Las medidas implantadas no van a desaparecer ni en una semana ni en dos meses y como sociedad no tenemos experiencia en gestionar este tipo de situaciones”, sentencia.

Parece preocupante que, pese al conocimiento de las prácticas e intereses de las multinacionales de la tecnología, sigamos dando por hecho la presencia y el uso de sus productos en nuestra vida cotidiana, también en esta situación de pandemia.

 

UNA BATALLA GANADA

 

Xnet considera que existen dos aproximaciones al uso de aplicaciones móviles y el covid-19. Por un lado las que están basadas en un sistema centralizado y son propiedad de una autoridad estatal. En este caso, los contactos y la geolocalización de los individuos están en manos de dicha autoridad central, la cual ejerce un control férreo sobre la población. Son casos como el de China, Corea y que países como Francia o Alemania se estaban planteando.

Por otro lado encontramos las soluciones basadas en un sistema descentralizado y bajo el control de los y las usuarias. Los datos están en los teléfonos, y tan solo activando permisos se puede activar la alerta de contagio. Simona Levi comenta que esta segunda opción puede ser peligrosa por estar sometida a “troleos” que generen un estado de alarma ficticio. “"Esta opción debe implicar cooperación entre al menos dos actores, paciente y sistema de salud, si no en manos de personas u organizaciones que quieren crear confusión y distorsionar el debate público, podrían crear un estado de alerta total” por ejemplo, creando falsos positivos. Podríamos tener los bots que contaminan las redes sociales, distorsionando las apps de rastreo, por ejemplo.

Inicialmente, Google y Amazon se habían adherido al primer sistema. Sin embargo, las tornas han cambiado “gracias al esfuerzo de la sociedad civil internacional y la reacción de todos” comenta Levi. Ayer mismo Tim Cook, director ejecutivo de Apple anunció que la aplicación estaba lista.

“Google y Apple, que inicialmente habían optado por la opción centralizada, se están poniendo al servicio de opciones descentralizadas y de software abierto. Además se han puesto a trabajar con el consorcio suizo que son los hiperdefensores del sistema descentralizado y están auditando su código. En realidad esto es una victoria brutal” sentencia Levi. 

Según Serra, “la cesión de datos tiene una serie de principios clave, uno de ellos es que sea clara la finalidad que justifica la colecta de datos y el otro es el de proporcionalidad de los datos (en cantidad y calidad) respecto de esa finalidad. Desde el inicio (10 de marzo), entidades como la Electronic Frontier Foundation  alertaron de esas apps”. Venimos de un pasado en el que estos principios no se aplicaban y la duda es si se recrudecerá en caso de que las aplicaciones de rastreo se acaben implementando.

Es importante tomar conciencia de que el uso de tecnología también es una forma de consumo, y que utilizar las aplicaciones y productos de las grandes corporaciones significa darles poder a través de nuestros datos. Tal vez sea el momento de repensar qué relación queremos tener con la tecnología y empoderarnos de todos los beneficios que nos puede brindar.


 

Existen alternativas a las GAFAM, multitud de herramientas han sido desarrolladas por personas que trabajan para que otro internet sea posible, con el objetivo que toda la humanidad se beneficie de ellas. La transición es posible para todas, sobretodo si nos ayudamos mutuamente.

Os proponemos hacer una prueba cuanto menos inquietante, descargar todos los datos que Google tiene sobre nosotras. La cantidad de información que Google almacena sobre nosotras en forma de fotos, audios, localizaciones o contactos entre otras, es abrumadora. Y eso sin contar los metadatos.

Si queremos empezar a explorar alternativas sencillas podemos empezar por la puerta por la que accedemos a internet, el navegador y el buscador. Mozilla Firefox es un navegador que no tiene nada que envidiar a los demás, y como buscador podemos utilizar Duck Duck Go, o Startpage.

Si valoramos nuestra privacidad en las comunicaciones mediante el correo electrónico, podemos abrirnos una cuenta en Tutanota, o en Riseup si alguna compañera con cuenta nos invita.

Para las usuarias de Android, un buen comienzo puede ser descargarnos el catálogo de aplicaciones de software libre F-Droid y substituir poco a poco aquellas aplicaciones que usamos en el día a día. Así, podemos empezar a usar los mapas de Maps.me o Osmand, y comunicarnos a través de Signal o Telegram.

Otra alternativa menos popular pero muy interesante es Briar, que facilita el anonimato mediante la descentralización de los canales de comunicación, el trabajo en red y la encriptación. Una buena herramienta para videollamadas grupales es Jitsi Meet, y para audiollamadas podemos usar Mumble.

Para trabajar en un documento compartido podemos crear un pad, realizar cuestionarios con framaforms y organizar nuestro calendario a través de framagenda. Por último, si todavía usamos un sistema operativo privativo, tal vez sea el momento de lanzarnos a probar uno libre, como GNU/Linux y sus múltiples distribuciones.

Por supuesto existen muchas más alternativas que las anteriores y herramientas para casi todo aquello que queramos realizar. La curiosidad y la voluntad nos ayudará en la transición hacía una forma de relacionarnos con la tecnología que sea más horizontal y orgánica, asumiendo que es un aprendizaje continuo, y que lo ideal es hacerlo grupalmente.

Apoyemos la horizontalidad, la cooperación y la defensa de las usuarias y comunidades que nos brinda el software libre frente a los abusos de poder del software privativo.

Empecemos a tejer nuestras redes afectivas y de cuidados en esferas digitales inclusivas, seguras, y que protejan nuestros derechos y privacidad. Esta apuesta pasa por tener en cuenta la brecha digital, formarnos mutuamente y pedir ayuda a colectivos que trabajan en la defensa del software libre y de la privacidad.

Apostemos por la soberanía tecnológica, porque lo tecnológico también es político.

Luis Rojas Marcos, psiquiatra

El psiquiatra asegura que la COVID-19 va a dejar secuelas psicológicas en la población para las que receta "compartir experiencias" en terapias de grupo

 

El psiquiatra Luis Rojas Marcos (Sevilla 1943) compagina desde hace años su labor médica y docente con trabajos de gestión y de coordinación en el sistema sanitario. Como ya le ocurrió en el 11S, la pandemia de la COVID-19 no le ha dejado ni un día de descanso. En la actualidad dirige una organización sin ánimo de lucro (PAGNY), integrada por 4.000 médicos y profesionales de la salud que prestan sus servicios en seis hospitales públicos de Nueva York y en el complejo penitenciario de Rikers Island, que tiene un total de diez cárceles y 10.000 presos.

Hablamos con él por Skype un domingo por la tarde (hora de Nueva York). Durante la entrevista, señala que gran parte de la población "va a sufrir estrés post traumático y las terapias de grupo, en el caso de la pandemia de coronavirus, pueden ser más beneficiosas que la terapia individual". 

¿Cómo ha reaccionado Nueva York a la pandemia?

Estados Unidos no estaba preparado y Nueva York tampoco. En un inicio, no teníamos suficientes mascarillas, ni suficientes respiradores, ni suficientes pruebas. En lugar de adaptar los recursos a las necesidades y a los consejos de los profesionales de la salud, se adaptó el discurso a los recursos. Se escucharon mensajes como "no hace falta que te pongas mascarilla", "no hace falta que te hagas la prueba". Ahora el mensaje es otro y se ha demostrado que el discurso inicial respondía a una falta de recursos. Eso ha desorientado a la población y ha alimentado la ansiedad y la sensación de vulnerabilidad y de incertidumbre. 

Como responsable del Sistema de Salud y Hospitales Públicos de Nueva York, jugó un papel fundamental en las atenciones médicas y psicológicas a las víctimas y a sus familiares del 11-S. ¿Le ha servido ahora esa experiencia?  

Los atentados del 11-S fueron una gran tragedia pero el enemigo era visible. Sabíamos que detrás de esas muertes había una organización terrorista. Murieron 3.000 personas, muchas otras se salvaron y en los hospitales prácticamente no atendimos heridos. En este caso, los hospitales de Nueva York se han llenado de enfermos de COVID-19. Esta pandemia nos plantea nuevos retos. Son muchas las incógnitas, y la cifra de muertos y de enfermos es enorme. Las personas que pierden a un familiar no pueden despedirse de él. Sí creo que en ambos casos es clave proteger la salud mental de la población. 

También vivió la epidemia de VIH que azotó a Nueva York. 

Sí, y en ambos casos el contexto es de epidemia y de infección. En el caso de la epidemia de VIH sin lugar a dudas un factor fue la estigmatización de ciertos grupos. De hecho, aunque el coronavirus no discrimina, en el caso de Nueva York la enfermedad ha afectado de forma desproporcionada a las minorías ya que han tenido que seguir trabajando para comer.

En el caso de la epidemia del VIH, sabíamos cómo se transmitía y sabíamos que la mejor manera de evitar el contagio era tener relaciones sexuales con protección. En el caso de la pandemia actual, las formas de protección son más variables y tienen un impacto significativo sobre toda la sociedad. No podemos abrazarnos, ver a nuestros nietos o reunirnos con familiares o amigos. 

¿Cómo podemos gestionar mejor esta situación?

Las personas que sienten que controlan una situación tienden a llevar mejor este tipo de adversidades. Por el contrario, las que se sienten impotentes y creen que todo depende de la suerte, la casualidad o de terceros, lo llevan peor. También es importante que programemos nuestro día a día, tengamos rutinas y la fuerza de voluntad para hacer lo que nos habíamos propuesto. El ejercicio físico es fundamental. Asimismo, es importante no culparnos, entender que si perdemos el trabajo o nuestro negocio va mal es porque, como humanidad, estamos pasando por un momento muy complicado. Y viajar en el tiempo.

¿En qué consiste?

Imaginar el futuro y recordar el pasado. Nos ayuda proyectar y decirnos a nosotros mismos que esta situación es temporal y que la superaremos. El sentido de futuro es muy importante en los seres humanos. Siempre estamos pensando y hablando de lo que haremos en un futuro y forma parte de nuestra rutina diaria: qué haremos por la tarde, qué haremos el fin de semana, dónde iremos este verano. Cuando no podemos proyectar, podemos sentir ansiedad y, con el paso del tiempo, depresión. También nos ayuda recordar situaciones pasadas en las que conseguimos superar momentos difíciles y esto nos hizo más resilientes. Siempre digo a mis pacientes que la resiliencia es una mezcla de resistencia y de flexibilidad. Encajas el golpe y con el tiempo consigues sobreponerte e incluso ser más fuerte y positivo. 

En Wuhan, muchos han afirmado que ayudar a los demás les hizo sentir mejor.

Ayudar también es una fuente de satisfacción y un método de supervivencia. Muchos estudios han demostrado que las personas que ayudan a los demás tienen más posibilidades de salir indemnes de una calamidad. Sabemos por ejemplo que en los accidentes de aviación, los que ayudan a otros pasajeros tienen más posibilidades de sobrevivir. El hecho de no estar tan pendiente de ti mismo y estar pensando en la persona que tienes al lado hace que no suban tus niveles de ansiedad, no te bloquees, puedas pensar con más claridad y actúes correctamente. Es decir, tienen menos ataques de pánico y reaccionan más rápido. 

Los expertos en salud mental afirman que gran parte de la población sufrirá estrés postraumático. ¿Cómo prevenirlo o tratarlo? 

El estrés postraumático se da cuando sufrimos un hecho que nos produce un nivel de estrés alto o cuando el estrés no es tan alto pero sí continuado en el tiempo. Algunas personas han perdido a familiares, otras el trabajo y les preocupa no poder dar de comer a sus hijos, otras, se sienten atrapadas en sus casas. Los estados de ansiedad no tratados pueden dar lugar a una depresión, que es la perdida de esperanza. El sistema de salud mental debe organizar grupos de apoyo de entre 8 y 12 personas. Hemos podido comprobar que son extremadamente beneficiosos para la población.

¿Cuándo debemos pedir ayuda?

Cuando la ansiedad nos causa insomnio o pérdida de apetito, falta de concentración o irritabilidad. El paso siguiente es la depresión y por eso es importante detectar lo antes posible estos cuadros de ansiedad y pedir ayuda. En mi opinión, son tantas las experiencias que podemos compartir que las terapias de grupo son muy beneficiosas.

Mientras no sea posible hacerlas de forma presencial, se pueden hacer por vídeo. Sí es cierto que la parte visual es fundamental cuando los miembros de un grupo se están conociendo. Más adelante algunos de los miembros podrían participar por teléfono. También es fundamental que los miembros del grupo no cambien y se formen unos lazos de solidaridad y de confianza entre ellos. En PAGNY ya estamos ofreciendo terapia de grupo a nuestros médicos y profesionales de la salud. Lo anunciamos y ha tenido una buena acogida. Es importante dar difusión a estos grupos para que todo aquel que crea que necesita ayuda pueda llamar.

¿Cómo afecta esta situación a los niños?

Su rutina ha cambiado y se les tiene que explicar por qué. En el caso de los niños más pequeños que todavía tienen dificultades para verbalizar una emoción es importante ayudarlos a expresar cómo se sienten a través de juegos. También lo es explicarles por qué ya no van a la escuela y por qué sus rutinas han cambiado. La explicación tiene que terminar de forma positiva, transmitirles que nos estamos protegiendo de una enfermedad y que todo va a ir bien. Los niños más mayores hacen muchas preguntas y es importante darles respuestas claras y, como en el caso de los más pequeños, terminar con un mensaje positivo. 

Muchos profesionales de la salud tienen miedo o están muy afectados por las experiencias que están viviendo.

En especial, hemos visto este miedo en los profesionales de la salud que son grupo de riesgo. Como responsable de una red de 4.000 profesionales de la salud he tenido que gestionar esta situación ya que 120 médicos que ven pacientes a diario tienen más de 70 años. Ahora tenemos un sistema de videoconferencias que está funcionando muy bien y los médicos en edad de riesgo ven a los pacientes por vídeo desde sus casas y coordinan a sus equipos de la misma forma. Yo tengo 76 años pero mi caso es distinto porque trabajo en un despacho. Trabajo desde casa y voy a la oficina dos días por semana.

A usted le ayuda pasear.

En el caso de Nueva York nunca se han limitado los paseos y podemos hacer ejercicio en el parque. Es una ciudad donde muchas personas viven solas, en estudios muy pequeños. Otras tienen compañeros de piso y no se llevan bien. Vemos que los conflictos familiares han aumentado y el consumo de sustancias, también. La ciudad está irreconocible ya que no estamos acostumbrados a que todo esté cerrado. 

Usted es una persona optimista. Denos un mensaje optimista para terminar.

La humanidad ha superado epidemias de todo tipo. Hemos resistido porque tenemos un instinto que nos hace unir fuerzas los unos con los otros para buscar soluciones y perseguir la estabilidad. Estamos poniendo todos los medios que tenemos a nuestro alcance para encontrar una vacuna, y sin lugar a dudas la encontraremos. Aunque lo superaremos como humanidad, habrá muertos. Las personas que pierdan a sus seres queridos tendrán más dificultad para superarlo. Y es por este motivo q

Por Emma Reverter

22/05/2020 - 21:32h

ue tenemos que tejer redes de apoyo y ayudarnos los unos a los otros. Tenemos que estar conectados. Y las tecnologías actuales son una potente herramienta de conexión.

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