La palma de aceite, el nuevo rey agrícola del Sur

Las plantaciones de palma aceitera se extienden en América Latina a costa de daños a los ecosistemas, desplazamientos de campesinos y represión de la población local.

Rigoberto Lima Choc, maestro de 28 años, fue uno de los primeros en denunciar la contaminación del río La Pasión y responsabilizar de aquel "desastre ecológico", según lo calificó la ONU, que mató a miles de peces el pasado mes de junio, a una empresa procesadora de aceite de palma. Junto a otros activistas comunitarios, comenzó una campaña que terminó llevando el caso a la justicia: un tribunal lo admitió a trámite y decidió ordenar el cese de operaciones de la empresa durante seis meses. Al día siguiente, dos hombres subidos a una motocicleta asesinaron a Rigoberto Lima en la localidad de Sayaxche, al norte de Guatemala. La sospecha de las comunidades, que ahora investiga la justicia, es que la contaminación del río tiene que ver con el uso de agrotóxicos en la industria palmera; esos mismos herbicidas, plugicidas y plaguicidas que son aplicados sin protección por los trabajadores, que han denunciado daños a su salud.


Las comunidades locales, muchas de ellas de etnia q'etchie, viven rodeadas de plantaciones de palma, en un pequeño país que se ha convertido en uno de los mayores exportadores de palma aceitera del mundo. Algunas de esas comunidades habían llegado a Sayaxché hace un siglo, huyendo de las expropiaciones y el reclutamiento forzado para las plantaciones cafeteras en el vecino departamento de Alta Verapaz.


En los años 80, las comunidades lograron comprar tierras en la zona; pero la reestructuración del territorio dio lugar también a un nuevo mercado de la tierra que atrajo a la industria palmera. Hoy, los q'etchies tratan de sobrevivir entre plantaciones de palma, hidroeléctricas, destacamentos militares y narcotraficantes.


Casos como el de Sayaxché se repiten en Colombia, Ecuador, Brasil, Honduras, México. La acelerada expansión de la palma aceitera provoca impactos ambientales sobre ecosistemas tan vulnerables como los bosques tropicales, en regiones que se encuentran entre las más biodiversas del planeta; al mismo tiempo, el monocultivo expulsa comunidades campesinas enteras, a veces a costa de graves violaciones de los derechos humanos. La resistencia de las comunidades es atacada por las empresas y los estados conniventes en forma de hostigamiento y amenazas que algunas veces, demasiadas, se cumplen, como en el caso de Rigoberto.


Desplazamientos forzados por el terror


Esas dos caras oscuras de la moneda del agronegocio, el impacto social y el ambiental, se dan cita de modo brutal en el Chocó, en la costa pacífica colombiana. El Chocó es, tal vez, la región con más biodiversidad en país del mundo con más biodiversidad por hectárea; es, también, la región con mayor población afrodescendiente, que, tras una intensa movilización, logró ver reflejado en la Constitución de 1991 su derecho a la tierra que habitan desde que fueron llevados como esclavos hace cuatro siglos.


La llamada Ley 70, promulgada en 1993, venía a garantizar a las comunidades afrodescendientes su derecho a la propiedad comunal de la tierra. Pero los 90 eran, también, los años del imparable ascenso de los paramilitares, concentrados en las Autodefensas Unificadas de Colombia (AUC). Llegaron al municipio de Riosucio junto a la Brigada 17 del Ejército y, con el supuesto objetivo de enfrentar a la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), pero perpetraron masacres de inocentes y crímenes macabros para sembrar el terror, como demostraría después la justicia.


Unas 4.000 personas huyeron y abandonaron sus tierras; sólo se atrevieron a volver unos años después; para entonces, se encontraron sus territorios ocupados por plantaciones de palma. Desde entonces, las comunidades afectadas, Jiguamiandó y Curvaradó, luchan para recuperar sus territorios.


Son unos miles de los cinco millones de colombianos desplazados a la fuerza: el 10% de los 47 millones de colombianos. Según reconoce el propio Gobierno, más del 70% de ellos eran propietarios o tenedores de pequeñas fincas que tuvieron que dejar atrás: un total de alrededor de 6,5 millones de hectáreas, el 15% de la superficie cultivable del país.


Esos territorios, y los recursos que albergan, pasaron a engordar los monocultivos dedicados a la exportación, como la caña de azúcar y el aceite de palma, y los proyectos extractivos, como la minería y la explotación de hidrocarburos, en detrimento de lo que los colombianos llaman el "pancoger", la pequeña agricultura destinada al consumo local.


El nuevo rey agrícola


En 1971, en Las venas abiertas de América Latina, el uruguayo Eduardo Galeano repasaba casi cinco siglos de colonia y sometimiento latinoamericano a eso que llaman Primer Mundo a través de los "monarcas agrícolas" que impusieron los conquistadores en todo el continente desde el siglo XVI: caña de azúcar, algodón, café, caucho, banano. Hoy, dos nuevos reyes se alzan triunfadores, junto a una caña revitalizada por el empuje del etanol: la soja, que cubre en torno al 60% del suelo cultivable en Argentina y Paraguay; y la palma de aceite o palma africana, que ha llegado con intención de quedarse a los suelos de Colombia, Ecuador, Brasil, Guatemala, Honduras y México, entre otros.


La palma es una de las commodities agrícolas –esto es, materias primas que se comercializan en los mercados internacionales, y que están cada vez más financierizadas– más demandadas en este comienzo del siglo XXI. Su creciente demanda se debe, por un lado, a su uso para los agrocombustibles, y de otro, del aumento vertiginoso del uso de aceite de palma en la industria alimentaria.


Aunque muchos consumidores lo ignoren, el aceite de palma está detrás de esos aparentemente inocentes "aceites vegetales" que encabezan la lista de ingredientes de su chocolatina favorita y de buena parte de los productos que se adquieren en cualquier supermercado, también jabones y cosméticos. Del total del aceite de palma que se consume en el mundo, más del 80% proviene de Indonesia y Malasia. Es la palma aceitera la principal causa de la deforestación de los bosques tropicales del Sudeste asiático, muchas veces, a través de enormes incendios que mantienen un espeso humo gris en el cielo de estos países.
En tiempos en que el cambio climático se presenta como una evidencia científica, y no especulaciones "radicales", como quisieron hacernos creer hasta hace una década, no está muy bien visto andar esquilmando los pocos bosques tropicales que aún nos quedan.


Así que los productores y los mayores consumidores de palma –multinacionales como Unilever o Nestlé– tomaron medidas, como la organización de una Mesa Redonda del Aceite de Palma Sostenible (RSPO), o el paulatino traslado de la producción a nuevos territorios de África o América Latina, donde la expansión de la palma no es tanto a costa de la deforestación de la selva como sí de la expropiación de pueblos indígenas y campesinos que hasta entonces se dedicaban a la agricultura familiar y otras actividades que unos llaman "de subsistencia", pero que tal vez sean la única alternativa real "sustentable" frente a la acelerada expansión de un extractivismo voraz.


Pese a las amenazas, la judicialización de las resistencias, el hostigamiento, los asesinatos y desapariciones, muchas comunidades siguen dispuestas a resistir a la expansión de la palma y otros agronegocios de latifundio. Muchos de ellos son conscientes de que no sólo luchan por su tierra, que es su supervivencia como pueblos, sino por la defensa del planeta en su conjunto. En Europa no se produce palma, pero sí se consume. El aceite de palma está en uno de dos productos que adquirimos en supermercados, desde alimentos procesados a cosméticos. Así que pocos motivos tenemos para sentirnos ajenos a esas luchas.

 

Por Nazaret Castro
, (Buenos Aires) @nazaret_castro_
16/11/15 • 10:58

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Jueves, 12 Noviembre 2015 06:38

Exxon et al: escándalo del siglo XXI

Exxon et al: escándalo del siglo XXI

El procurador general de Nueva York ejerció acción sobre ExxonMobil, la mayor petrolera en capitalización de mercado, para que entregue toda comunicación acumulada durante los últimos 40 años de sus investigaciones sobre el calentamiento global (CG) vinculado a las emisiones de gases con efecto invernadero, GEI (dióxido de carbono, metano, etcétera) por la combustión de fósiles. Tanto Los Angeles Times como el WSJ y el NYT destacaron la noticia. Según D. Hasemyer y J.H. Curshman (Inside Climate News-ICN-, 22/10/15) interesa al procurador saber cuánto del conocimiento generado transmitió Exxon a sus inversionistas, así como la duplicidad de incluir ese conocimiento en sus cálculos de negocios, liderando en la investigación sobre el CG, para luego, con sus dividendos en mente, sembrar dudas por décadas sobre la ciencia climática, frenando la acción contra el CG y alentando con decenas de millones de dólares, los cofres de negacionistas del fenómeno.


Advertida la demora por la Organización Meteorológica Mundial (WMO, en inglés) y por los mismos científicos de Exxon y dadas sus catastróficas consecuencias en el control de las emisiones de GEI, es crucial, en lo judicial, lo político y atmosférico transparentar las operaciones y la propaganda de Exxon et al, para desactivar iniciativas con el fin de controlar esos gases. Transformaron las incertidumbres propias del conocimiento científico, en armas masivas de confusión como ironiza ICN, sembrando dudas sobre la ciencia climática e impulsando la negación del CG asociado a la combustión de carbón, gas y petróleo. Exxon, con los petroleros Bush-Cheney en el bolsillo, en los inicios de ese gobierno (2001) exigió una purga de personal afin al consenso científico sobre el clima dentro y fuera de la presidencia, incluidos aquellos que conducían la relación de EU con el Panel Inter-gubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC en inglés), el cuerpo que define el consenso científico sobre el calentamiento global (que hoy es de 97 por ciento) que luego es transmitido a los gobiernos del mundo.


En su lugar Exxon impulsó a quienes disputaban los fundamentos de ese consenso, enfatizando la duda para desarticular la regulación de emisiones de GEI, gases que acompañan a las ganancias de la industria fósil, hoy en colapso moral y de precios, pese a ser, desde la Revolución Industrial, el combustible de la acumulación capitalista. Se indica que tras bambalinas Exxon interfirió con, y como se supo después, premió la censura de documentos científicos internos del gobierno.


Charles MacCracken, alto cargo sobre el clima en el Departamento de Energía y en la Casa Blanca, quien de los 70 a 1990 había colaborado con las investigaciones climáticas de Exxon, advirtió que el giro de la firma no se reduce a su actuación fuera del consenso científico, porque "oponerse a los hallazgos científicos más importantes (de la ciencia climática) es en verdad algo espantoso (appalling)". En efecto, al tomar Bush-Cheney el poder, Randy Randol, principal cabildero de Exxon, se quejó en memo ante la Casa Blanca de los correveidiles del pasado, con agendas agresivas de combate al CG, que influían al IPCC en sus preparativos sobre el próximo consenso científico sobre el clima. Exigió la renuncia o el control de la influencia de MacCracken de cualquier decisión mientras "la contribución de EU al IPCC debía retrasarse". El éxito del cabildo fósil, con el retiro de EU, Canadá y Australia del Acuerdo de Kyoto tuvo el efecto esperado: desarticuló, desmoralizó y demoró el esfuerzo por el control de los GEI. Aún así, el cabildo fósil acentuó duda y negacionismo como se hizo con el humo del tabaco, el DDT y la lluvia ácida (ver Oreskes y Conway Merchants of Doubt ).


A fines de los 70 los científicos de Exxon Research & Engineering (ER&E) reconocían que la causa más probable del calentamiento global (CG) se vincula a las emisiones de CO2. En su primer informe (1990) el IPCC asentó la certidumbre del CG y la necesidad de profundas reducciones en los GEI para aminorar la crisis a futuro. Los expertos del ER&E informaron a la cúpula de Exxon que era urgente enfrentar el problema a la brevedad, pero fue entonces que Exxon et al, mientras usaban la climatología para calcular los costos o beneficios del derretimiento polar en sus inversiones en el Ártico, atacaban iniciativas para regular los GEI. Hoy la WMO dice que en 2014 las concentraciones de GEI llegaron a un nivel récord (Greenhouse Gas Bulletin 9/11/15). Su secretario general, Michel Jarraud, dijo a Reuters que "las emisiones pasadas, presentes y futuras tendrán un impacto cumulativo en el calentamiento global y en la acidificación oceánica... más eventos extremos: olas de calor e inundaciones, derretimiento del hielo, niveles oceánicos al alza... Esto ocurre ahora. Hemos ingresado a territorio desconocido y a una velocidad que asusta".


La acción de Exxon et al es espantosa e imperdonable.


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Miércoles, 11 Noviembre 2015 07:12

Los indios que invadieron Managua

Los indios que invadieron Managua

El canal por Nicaragua puede parecer un imposible por su magnitud descomedida, por los recursos que no se pueden sacar de la nada para construirlo, y porque Wang Ying, el empresario a quien se entregó la triste concesión leonina, se desvanece cada vez más como un fantasma junto con su fortuna que se tragó la reciente crisis financiera en China, donde ya desde antes era un millonario de tercera.


Pero para los campesinos cuyas tierras se hallan en los territorios por donde pasaría el canal, la amenaza que se cierne sobre ellos no tiene nada de cuento chino. Desde que se anunció la supuesta ruta interoceánica dejaron oír su no rotundo en asambleas y marchas, y anunciaron que no abandonarían sus propiedades a ningún precio. Para ellos no se trata de negociar. Lo que exigen es que el canal no se construya.


Y en un país donde la democracia es cada vez más precaria, y la oposición al gobierno de Ortega ha sido debilitada y dividida, de modo que las elecciones del año entrante no traerán sorpresas, estos hombres y mujeres salidos de la entraña de la Nicaragua profunda han enseñado un vigor inusitado que ningún movimiento político ha podido mostrar. Se han organizado en una red nacional, y hace poco decidieron llegar hasta Managua desde las lejanas comarcas donde viven para demandar ante la Asamblea Nacional la derogación de la ley que otorga a Wang Ying la concesión canalera.


Y entonces el gobierno de Ortega decidió impedirles poner pie en la capital a cualquier costo.


Todos los instrumentos del poder político del régimen fueron concentrados en una gigantesca y costosa operación que empezó desde que los campesinos subieron a los vehículos que los llevarían a Managua, y en ella participaron la Policía Nacional para cerrarles el paso, el Ministerio de Transporte para exigir permisos arbitrarios; las autoridades municipales por donde las caravanas debían pasar para obstaculizarlas, las fuerzas de choque del partido de gobierno para amedrentarlos en los cruces de carreteras.


Les confiscaron autobuses, les poncharon las llantas regando miguelitos en las carreteras, los sometieron a pedreas, capturaron a sus líderes, los obligaron a marchar largos trayectos a pie; pero al final, tras días de lucha por avanzar palmo a palmo, venciendo las barreras policiacas, más nutridas a medida que se acercaban a Managua, las caravanas de camiones de carga donde viajaban lograron entrar a la capital, sólo para encontrarse, cuando pusieron pie en tierra, con los cordones de policías antimotines que les cerraban el paso en las calles, con más grupos de choque armados de garrotes y cadenas, y con una contramanifestación que el gobierno había montado con empleados públicos, miembros de la Juventud Sandinista uniformados con camisetas y estudiantes acarreados de las universidades estatales y los colegios de secundaria. Había asueto decretado para todos.


En medio del cerco formado por los policías antimotines y las fuerzas de choque, los manifestantes lograron apartar las barreras metálicas colocadas a media calle, y pudieron recorrer varias cuadras desviándose de la ruta inicial, con lo que se dieron por satisfechos. Nunca buscaron ni el enfrentamiento ni la violencia, y resistieron las provocaciones. Y aunque no lograron alcanzar las puertas de la Asamblea Nacional, demostraron que habían podido llegar a la capital, pese a todo; volvieron a subir a los camiones, y antes del anochecer iban de regreso hacia las tierras que no están dispuestos a entregar.
He visto una y otra vez los videos tomados ese día. Los campesinos, arracimados en los camiones de carga, entran a Managua ondeando sus banderas nacionales azul y blanco. Abajo, los contramanifestantes ondean banderas del partido oficial, las banderas rojinegras que un día fueron de la revolución, y sus consignas a voz en cuello son contra los malos hijos de Nicaragua. Dan vivas al canal, vivas al presidente Ortega y a su esposa. ¡No pasarán!, grita uno, cuando los campesinos están cruzando frente a sus narices. Y otro, exaltado, grita: ¡Me vale verga lo que digan los indios! ¡El canal va!


Y aquí, en la palabra, indios, es donde quiero detenerme. Es la que mejor ha expresado nunca el desprecio contra los rotos y descalzos; la soberbia contra el inculto, el ignorante, el de abajo: el indio pata rajada; indios son estos campesinos humildes de tierra adentro que calzan botas de hule, en quienes este joven activista que grita desde la calle en nombre del sandinismo oficial no se reconoce, y más bien los repudia.


Una india como la campesina Francisca Ramírez, dirigente de la lucha contra el canal, que dice: Miles pensamos que preferimos morir antes de entregar o vender nuestras tierras, y aunque nos digan que nos van a llevar a una ciudad y que vamos a tener todo, nosotros sentimos como que nos están quitando la vida y más bien nos están mandando a la muerte.


Hace ya 35 años, en los albores de la revolución, miles de jóvenes se fueron a convivir por meses a las áreas rurales remotas con los indios y enseñarles a leer y a escribir. Fue la Cruzada Nacional de Alfabetización, cuando la juventud que gozaba del privilegio de educarse reconoció que había dos Nicaraguas, y era necesario traspasar la frontera para trasladarse a la otra donde vivían los pobres y analfabetos, y darles clases a la luz de los candiles porque no tenían luz eléctrica, ni tampoco agua potable ni letrinas.


Quizás los campesinos que por fin lograron llegar a Managua son hijos de aquella cruzada y aprendieron a leer y a escribir entonces, y a defender sus derechos, lo que ahora se les niega, aún el derecho de movilizarse y de protestar, ya no digamos el de vivir en sus tierras. Y pareciera que son ellos quienes deberían alfabetizar ahora a estos otros jóvenes que los repudian con sarcasmo llamándolos indios mientras agitan las banderas que un día fueron las banderas de la revolución.


Buenos Aires, noviembre 2015.
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¿Hacia un colapso climático antropogénico? (I)

Ante abundantes estudios ofrecidos por revistas de alto calibre de la comunidad científica sobre el calentamiento global por la emisión humana de gases con efecto invernadero (GEI) y de la acelerada pérdida de biodiversidad también de corte antropogénico, uno de ellos en Climatic Change (2014) de Richard Heede y otro más en Science (2015) de Gerardo Ceballos et al, así como artículos y entrevistas publicados por The Guardian, considero necesario hacer la pregunta del encabezado. Esto, por las advertencias y el inusitado consenso de la comunidad científica sobre la necesidad, urgente, de recortes vinculantes e inmediatos de las emisiones de GEI en la COP21 la cumbre climática, París, Nov/Dic/15. Máxime que esas fuentes advierten que la ventana de oportunidad para evitar una catástrofe bioclimática, puede estar cerrándose.


Sólo desde un enfoque interdisciplinario, de corte enciclopédico, en diálogo entre las ciencias naturales, las humanidades y las ciencias sociales, es posible lograr la precisión necesaria para determinar ¿qué hacer? Ese es un enfoque necesario en lo atmosférico, geofísico y biológico y en lo que atañe a la historia, la economía política y la sociología. El estudio de Heede es una laboriosa investigación sobre las emisiones acumuladas de dióxido de carbono y metano de los productores de combustibles fósiles y de cemento, de 1854 a 2010. Ese estudio mostró que tan sólo 90 corporaciones, algunas descendientes de la Standard Oil Company: Chevron/Texaco, Exxon/Mobil, y otras como BP, Total y Shell (las cinco grandes) a las que se añaden entes estatales y otras manejadas por gobiernos, han generado dos tercios de los GEI (Co2/metano, etcétera) acumulados en la atmósfera desde los inicios de la era industrial (circa 1750).


Susanne Goldenberg (The Guardian, 20/11/13) informa que Heede realizó la investigación a lo largo de varios años y que se conoció en las negociaciones climáticas de 2013. Mostró que la mitad del CO2/metano fue lanzado a la atmósfera en los últimos 25 años, es decir, cuando tanto gobiernos como grandes corporaciones ya estaban enterados de que el aumento de GEI por la quema de carbón, petróleo y gas natural, era causa de cambio climático peligroso(ibid). El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advirtió que a las tasas de emisión de entonces, en sólo 30 años se tendría que alcanzar la cantidad de GEI que llevara el clima a un aumento de no más de dos grados centígrados 2Cº desde la era pre-industrial (a la fecha ya aumentó 0.8Cº) aunque estudios de James Hansen et al, advierten que aún un aumento de 2Cº, considerado seguro, sería catastrófico, acortándose los plazos. Hansen es el ex científico de la NASA y de la Universidad Columbia cuyo testimonio ante el Senado de EU en 1988 hizo público el fenómeno del calentamiento global vinculado a la quema de combustibles fósiles.


La relevancia política del estudio de Heede la sintetizó Al Gore, quien, ante las fuertes discusiones sobre las responsabilidades de las naciones, dio importancia a la identificación de aquellos que son históricamente responsables por la contaminación de la atmósfera, porque tienen la obligación clara de ser parte de la solución. De aquí la necesidad de revisar al detalle el modus operandi a todo nivel de las 90 firmas de energía y cemento responsables por las emisiones de CO2 y metano en ese periodo (casi un billón –trillion– de toneladas). De las 90 firmas 50 son privadas, petroleras las más, con las cinco grandes antes citadas, además de British Coal Corp, Peabody Energy y BHP Billiton. También se menciona a British Coal Corp, Peabody Energy, más Aramco de Arabia Saudita, Gazprom de Rusia y Statoil de Noruega. Esta información, que incluye entes petroleros de México (Pemex), Polonia y Venezuela (PDVSA), habría servido para desbloquear la discusión en la COP de 2013. No fue así. El poder persuasivo de los cabildos fósiles es grande y de gran penetración en los gobiernos que integran y debaten tan grave asunto en la ONU y al mismo tiempo ofrecen crecientes subsidios a la energía fósil.


De cara a la COP 21 importa saber que las 90 operan en todo el mundo. Algunas en 43 países, explotando toda fuente de petróleo, gas y carbón, con miras al aumento de 40 por ciento del consumo de energía esperado en 2035. A las primeras 20 firmas corresponde 30 por ciento de las emisiones acumuladas. La atención sobre grandes imperios privados tipo Exxon, bien estudiados por Robert Engler (varios años) y Steve Coll (2012) es por las responsabilidades acumuladas, que se centran en monopolios fósiles vitales a la etiología del capitalismo. El problema no es la humanidad ni el Homo sapiens, sino el capitalismo existente: ahí están las Chevron y Exxon en pos de ganancias, desafiando a la comunidad científica e internacional y hasta a sus accionistas. Siguen su programa de inversión en ascenso, arrastrándonos en ruta al abismo. (Continuará)


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El ser humano ha destruido ya el 46% de la masa forestal del planeta

Un equipo de investigación de más de 15 países ha estimado en tres billones la cifra de árboles en el planeta. La tasa de pérdida debido a la deforestación y la actividad humana es de 15.000 millones de árboles cada año.


Hasta ahora, la estimación global de bosques se obtenía a partir de imágenes por satélite de las áreas forestales, pero la información que se generaba no era del todo precisa. Por esta razón, un grupo de investigación internacional decidió crear un mapa de la distribución mundial de los árboles por kilómetro cuadrado.

El estudio, que se publica esta semana en Nature, revela que sobre la Tierra existen tres billones de árboles, lo que supone 422 árboles por persona, una cantidad ocho veces superior a los cálculos anteriores (61 árboles por persona). Sin embargo, a pesar de esta cifra, el número total de árboles ha caído en un 46% desde el comienzo de la civilización humana.

Además, en la actualidad, "la tasa de pérdida forestal –provocada por la deforestación, el cambio en el uso de la tierra y la gestión forestal– es de 15.000 millones de árboles cada año", advierte Thomas Crowther, autor principal del trabajo e investigador en el Yale School of Forestry & Environmental Studies de la Universidad de Yale (EE UU).


"Esto repercute en la concentraciones de carbono de la atmósfera, así como en los miles de otros servicios que proporcionan los bosques", añade con preocupación el científico que subraya que la densidad de árboles disminuye cuando aumenta la población humana.

Los resultados de la investigación indican que el número de árboles en el mundo varía en función de la actividad humana. Para los investigadores, el impacto negativo del ser humano en los ecosistemas naturales es claramente visible en pequeñas áreas, como demuestra el nuevo mapa. Las decisiones históricas del uso de la tierra han dado forma a los entornos actuales.

Con la nueva distribución, obtenida a partir de imágenes por satélite, inventarios forestales a pie de campo, y tecnologías de supercomputación, el equipo en el que han participado 15 países describe el estado actual de los bosques mundial para que científicos, ecologistas y políticos lo entiendan y tomen medidas. "Pero no hemos descubierto ningún otro posible sumidero de carbono", asegura Crowther.


Los bosques boreales, los de mayor densidad


Para lograr un cálculo más preciso, los científicos usaron casi medio millón de estimaciones de la densidad de árboles obtenidas a partir de personas que los contaban a pie de campo. A esto añadieron las características medioambientales (temperatura, humedad, estado del suelo y nivel de actividad humana) y la información de densidad de 400.000 terrenos forestales.


"Si el número de árboles aumenta en zonas húmedas, podemos empezar a predecir cuántos árboles están relacionados con la humedad en esa área", indica el investigador estadounidense. El mapa les ha permitido así obtener la distribución de los árboles que varía en función de cada paisaje.

Según el trabajo, las masas forestales con mayor densidad de árboles son los bosques boreales de las regiones subárticas de Rusia, Escandinavia y Norteamérica. Pero las mayores áreas forestales se encuentran, con diferencia, en los trópicos, donde habitan cerca del 43% de los árboles de todo el mundo. Solo el 24% está en las regiones boreales y el 22% en las zonas templadas.

Para Crowther, el mapa también representa una distribución de la estructura de los ecosistemas. "Aporta información sobre las áreas donde viven diferentes plantas y animales, y dice cuánto carbono se almacena en esas áreas", comenta Crowther. En definitiva, el estudio muestra los esfuerzos que aún quedan por hacer para recuperar los bosques.

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El aumento de ozono en la troposfera sobre China frena éxitos contra la contaminación

El aumento de la concentración de ozono en la capa atmosférica cercana a la Tierra sobre China, que entre 2005 y 2010 fue de alrededor de siete por ciento, está frenando los éxitos de Estados Unidos en la lucha contra la contaminación, según un estudio publicado en Nature Geoscience.


Los investigadores holandeses y estadunidenses que elaboraron el estudio atribuyen la mayor concentración de ozono al aumento de las emisiones en el país asiático y también a un mayor desplazamiento de ese gas desde capas atmosféricas más altas.


Sin embargo, ese aumento influye también en la situación en otras regiones del mundo: en el oeste de Estados Unidos, por ejemplo, la carga de ozono se ha reducido mucho menos de lo que correspondería a la caída de las emisiones contaminantes conseguidas.


El esperado 43 por ciento del descenso de ozono se frustró debido a su desplazamiento desde China, señalaron los científicos, cuyo estudio subraya la importancia de los esfuerzos globales en la lucha contra la contaminación regional y del cambio climático.


Radiaciones ultravioletas


Una de las fuentes principales son los gases de efecto invernadero de la industria y del transporte, pues bajo el efecto de las radiaciones ultravioletas los óxidos de nitrógeno y el dióxido de carbono se convierten en ozono.


En las capas cercanas a la Tierra, ese gas perjudica tanto la salud humana como la función de los ecosistemas.


En la troposfera, la capa más baja de la atmósfera, el ozono actúa provocando un efecto invernadero. Y una vez que se ha formado, permanece varias semanas y puede ser trasladado con el viento a regiones más alejadas.


Willem Verstraeten, de la Universidad de Wageningen en Holanda, y sus compañeros estudiaron mediciones satelitales de concentración de ozono y de dióxido de nitrógeno (a partir del cual se forma ese gas) en la troposfera. Con ayuda de un modelo de transporte químico conocido como TM5 simularon el reparto de la sustancia en largos trayectos.


Descubrieron que la concentración de ozono en la troposfera sobre China aumentó entre 2005 y 2010 en 7 por ciento, y de óxidos de nitrógeno en 21. Por el contrario, en el oeste de Estados Unidos el contenido de dióxido de nitrógeno medible se redujo considerablemente debido a los esfuerzos por hacer caer las emisiones en muchas regiones. Sin embargo, pese a ese esfuerzo, apenas se redujo la carga de ozono en esa zona.


Los expertos consideran necesario realizar observaciones más tiempo para comprobar si la tendencia se mantiene, comentó Ruth Doherty, de la Universidad de Edimburgo, sobre el estudio.
Emisiones de India y otras naciones


Además es interesante analizar cómo los valores de ozono chinos se ven influidos por las emisiones de India y otras partes de Asia. Los resultados subrayan la necesidad de coordinar los controles nacionales e internacionales (...) para conseguir uno realmente efectivo de la calidad del aire y del contenido de ozono.


El año pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un análisis sobre las consecuencias de la contaminación del aire, que provocan cada año la muerte de 7 millones de personas, el doble de lo que se creía hasta el momento.


Ataques de apoplejía y enfermedades coronarias son la causa de muerte más frecuente consecuencia de la contaminación, seguida de enfermedades crónicas de pulmón. Las zonas más afectadas son, según la OMS, los países en desarrollo y emergentes del sureste asiático y la región del Pacífico occidental. En China e India se producen, además, alrededor de tres cuartas partes de todos los casos de muerte por esmog.

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El estado del clima y el clima de los Estados

ALAI AMLATINA, 04/08/2015.- Mientras el cambio climático avanza de acuerdo a lo previsto en los peores escenarios imaginados por la ciencia climática, la mayoría de los países latinoamericanos esperan sentados a que "los otros" se ocupen de los resultados de la COP 21

El reporte recientemente publicado de la Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA)[i] confirma las previsiones largamente anunciadas respecto del cambio climático. Desde 1997 se han sucedido 17 de los 18 años más cálidos en el planeta y 2014 fue el último en superar todos los récords.

La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera continúa aumentando y ya se situó en 397,2 ppm y la temperatura media en 2014 fue la mayor en los últimos 135 años de los que se mantienen registros. Europa y México tuvieron su año más cálido desde que se mide la temperatura y varias regiones del mundo alcanzaron records históricos.

Los océanos también tuvieron su record y el promedio global de la temperatura superficial del mar alcanzó en 2014 la mayor marca de la historia elevando el nivel medio global del mar en 67mm respecto a la media anual del año 1993, cuando comenzó su monitoreo satelital.


Las capas de hielo del Ártico y Groenlandia así como las masas glaciares continúan reduciéndose y las anomalías climáticas a todo lo largo y ancho del mundo se multiplican: precipitaciones y sequías inusuales, inundaciones y ciclones tropicales entre otros.

En nuestra región, la mayor parte de 2014 se caracterizó por el aumento de la temperatura del Océano Pacífico que influyó en el clima de toda América del Sur. La media anual de temperatura estuvo predominantemente por encima de lo normal en la región con anomalías de entre + 0,5 ° C y + 1,5 ° C.

En Brasil, las temperaturas medias fueron mayores a lo normal la mayor parte del año. Durante los meses de enero y febrero la ciudad de São Paulo experimentó su verano más cálido desde 1943. La ciudad de Río de Janeiro registró su mayor record de temperatura alcanzando 40,6 ° C el 3 de febrero.

En Colombia, las temperaturas fueron superiores a lo normal durante la mayor parte del año, registrándose temperaturas máximas de hasta 5°C por encima de la media. Del mismo modo, en el Ecuador, el promedio la temperatura para 2014 estuvo promedialmente por encima de lo normal, con anomalías entre + 0,5 ° y + 1,5 ° C.

En el Cono Sur la temperatura media estuvo entre + 0,4 ° C y + 0,6 ° C por encima de lo normal. En general, 2014 fue el segundo año más caliente de Argentina y Uruguay desde 1961. El año más caluroso de Argentina había sido 2012 (+ 0,74 ° C) y 2001 para Uruguay (+ 0,6 ° C). Temperaturas superiores a lo normal también ser registraron en Chile, con anomalías de + 0,26 ° C. después de un diciembre de 2013 extremadamente cálido.

 

La respuesta regional

 

En este contexto, los países de la región –y del mundo- se preparan para firmar un acuerdo de largo plazo con el fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a un nivel que permita -como mínimo- no superar los 2° C de aumento de temperatura respecto a la media de la era pre-industrial[ii].

Para eso la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas ha invitado a los países del mundo a presentar sus Contribuciones Nacionales[iii], es decir, cuál es el esfuerzo de reducción que cada uno está dispuesto a hacer para lograr el objetivo.

Pero la mayoría de los países están un poco holgazanes –o distraídos con otros problemas- y no se han puesto a pensar aún en este asunto: la Convención apenas ha recibido 22 contribuciones a la fecha[iv] y los compromisos que ellas expresan son completamente insuficientes para lograr el objetivo.

En América Latina en particular, el único país que ha presentado su Contribución Nacional es México. Chile, Perú y Colombia han anunciado su intención pero aún no la han oficializado ante Naciones Unidas. Del resto de los más de 40 países que componen la región de América Latina y el Caribe aún no se tienen noticias. Algunos todavía no han decidido siquiera si presentarán o no sus contribuciones.

Los datos relevados por las instituciones climatológicas a nivel mundial –como los que fueron presentados al inicio de este artículo- son año a año más dramáticos. Y lo que es peor, confirman las previsiones anunciadas desde hace varios años atrás, por lo cual es de suponer que están en lo cierto cuando auguran eventos bastante más adversos en el futuro.

En este escenario, la inacción política de los países de la región es cada vez más incomprensible. El argumento de que hay "otros" más responsables ya no se sostiene. No por falso, sino porque conduce a una estrategia errada. Intentar forzar a los grandes contaminadores a asumir compromisos mayores, hasta ahora solo nos ha dejado ante callejones sin salida.

Ya ha sido más que demostrado que las inversiones en mitigación son mucho más rentables que los futuros gastos en reparación de daños. Sobre esta base los países latinoamericanos podrían cambiar la estrategia y apostar a que ambiciosas Contribuciones Nacionales sacudan un poco la modorra de las negociaciones y habiliten un acuerdo más ambicioso.

Mientras esto no ocurra, cada país será cómplice del fracaso de París. Y aunque como siempre sucede, los unos culpen a los otros, resultará evidente que cada uno puso lo suyo para levantar este callejón sin salida.

La "deuda ecológica" existe. ¿Qué duda cabe? Pero a veces que los litigios por deudas incobrables resultan más costosos que la propia deuda. En este caso, insistir en la "responsabilidad histórica" de los otros puede resultar en una deuda mucho mayor con las generaciones futuras latinoamericanas.

El plazo para presentar las Contribuciones Nacionales vence el 30 de setiembre. Esperemos que nuestros gobiernos dejen alguna herencia en lugar de nuevas y amplificadas deudas ecológicas.

 

Notas:
[i] State of the climate in 2014. Special Supplement to the Bulletin of the American Meteorological Society Vol. 96, No. 7, July 2015 http://ametsoc.org/SOC-2014.pdf
[ii] La COP 21 a celebrarse en París a fin de este año espera concluir con un acuerdo definitivo contra el cambio climático.
[iii] INDC: Intended National Determined Contribution. Las INDCs presentadas pueden encontrarse en el sitio oficial de la Convención http://www4.unfccc.int/submissions/indc/Submission%20Pages/submissions.aspx
[iv] La contribución de los 27 países de la Unión Europea está consolidada en una sola INDC

por Gerardo Honty, analista de CLAES Centro Latinoamericano de Ecología Social

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La crisis no es griega, europea o china, es mundial

ALAI AMLATINA, 31/07/2015.- En un mes, entre mediados de junio y julio cayó un 30% la valorización bursátil en Shanghái, una de las ciudades emblemáticas de la expansión económica de China, y en un año su deuda creció de manera exponencial.

Hasta ahora, solo se escuchaba hablar del crecimiento económico en China, especialmente desde el inicio de la modernización de su modelo económico desde 1978. Las llamadas tasas chinas, del 10% anual o más, así lo verificaban.

En el último tiempo se habló de desaceleración, con tasas del 7%, muy superior a la evolución de cualquier economía nacional, de países desarrollados, emergentes o atrasados. El interrogante es si bajo las nuevas condiciones de crisis evidente esto seguirá así, e incluso afectará la tasa de crecimiento y con ello al sistema mundial en una nueva espiral recesiva.

Vale el interrogante entre nosotros, por ser China uno de los principales compradores de la Argentina y un nuevo proveedor de fondos por inversiones externas o préstamos negados por el sistema mundial. Es una situación bastante generalizada en la región latinoamericana y caribeña, por lo que la situación se incluye en la agenda de preocupaciones de los gobiernos y los pueblos en esta parte del mundo.

El éxito del modelo escondía que junto al crecimiento se consolidaban todas las formas de las relaciones capitalistas, entre ellas el trabajo asalariado estimulado por inversiones externas difundidas por las transnacionales de todo tipo, sustentadas en el aliento del Estado.

 

Las relaciones capitalistas, el dinero, el Estado y la deuda

 

Ello suponía una inserción de China en la economía mundial, como gran productor fabril y gestor de una fabulosa masa de dinero, usada principalmente para sostener el déficit estadounidense, convirtiendo a China en el principal acreedor del mayor Estado capitalista, de una deuda pública gigantesca, la más grande del mundo.

Con esas relaciones de producción, distribución, cambio y consumo se consolidó un tipo de desarrollo sustentado en la expansión del consumismo interno y la exportación, favoreciendo el despliegue de un sistema de crédito e inversión especulativa en mercados diversos, especialmente alentando la burbuja inmobiliaria y el crédito personal y empresarial local.

La intervención estatal tuvo ese propósito, la de estimular la expansión de las relaciones mercantiles y monetarias capitalistas.

Parecía que el gigante asiático, ascendiendo en el podio de la producción y la economía mundial quedaba afuera de la crisis mundial del capitalismo.

De hecho, China disputa la primacía de la producción mundial con EEUU y algunos se anticipaban a predecir el surgimiento de una nueva potencia hegemónica en el sistema mundial, replicando otras previas transiciones en la historia del orden capitalista.

Parece que no, que la burbuja especulativa tiene ahora su trayecto en China, con un Estado con capacidad de intervenir muy fuerte desde sus tenencias por 4 billones de dólares de reservas internacionales. Es lo que genera incertidumbre y expectativas de control de los desastrosos efectos de toda crisis, especialmente entre los sectores más vulnerables.

El Estado estadounidense tiene para actuar sobre la crisis el poder del monopolio de la emisión de dólares. China lo hace desde el poder de la tenencia de activos globales, especialmente estadounidenses y el intento de hacer circular su moneda por todo el mundo, por lo que generaliza acuerdos sustentados en intercambios en monedas locales. El objetivo es la mundialización del yuan, la moneda local de China.

Desde allí y el poder estatal sobre la propiedad de las principales empresas y la gestión de ámbitos de la regulación de la política económica puede intervenir para aletargar los efectos de la inevitable crisis.

 

Emisión como política anticrisis

 

Una crisis, que, reiteramos, es mundial y se hizo visible en 2007/2008 en Wall Street, el mercado inmobiliario, de valores y de toda la economía de EEUU, transferida al sistema mundial, con escalas y acontecimientos visibles en España, Europa, con Grecia en el centro de las noticias y la agenda actual.

En todos esos países el tema del endeudamiento es clave. Es un mecanismo utilizado para posponer el problema de la crisis e intentar superarla.

EEUU necesita prácticamente todos los años la autorización parlamentaria a los efectos de incrementar su deuda, que es del 100% de su PBI.

Al mismo tiempo, como esa deuda genera intereses que deben cancelarse, el problema fiscal se constituye en problema estructural y año a año, así como crece la deuda, se sostiene un déficit fiscal (mayores egresos que ingresos) que se explica con emisión sin límite, forzando la posibilidad que tiene cada Estado de imponer la circulación de su moneda.

En el caso de EEUU, el Estado obtuvo desde 1945 la prerrogativa de imponer al mundo la circulación y dominación del dólar, aun con la crisis de la convertibilidad de 1971.

Hoy amenaza con la suba de tasas que provoca la caída de las otras monedas y los precios de las materias primas de exportación, generando condiciones para imponer una salida a la crisis capitalista desde los intereses nacionales de la dominación transnacional global. Pretende atrapar a los capitales excedentes del sistema mundial en búsqueda de rentabilidad y seguridad.

Para el caso griego, el Estado está limitado por los compromisos impuestos por el euro-grupo, y el monopolio en la emisión del euro, que algunos quisieron violentar sin éxito, sugiriendo emitir euros virtuales sostenidos para la circulación en el interior de Grecia. Era parte de lo que se llama Plan B en la situación griega e incluso para otros países atrapados en la lógica del euro y la hegemonía ortodoxa de Alemania y su gobierno.

Algo así como los bonos provinciales de la crisis del 2001, las "cuasi monedas" que favorecían el intercambio entre los habitantes de la Argentina, más allá, claro, de quitas y restricciones de sectores privados a la circulación de esos títulos públicos. Fue el mismo argumento usado en los clubes del trueque, con el reconocimiento y validez que la propia sociedad otorgaba a esos medios de pagos, los que también fueron objeto de especulación y fraude. Fueron medios que desaparecieron con el tiempo, pero el Estado y la Sociedad puedo imponerlos, aun transitoriamente como medios de circulación y pago.

La soberanía de los Estados nacionales está puesta en discusión por la crisis actual y sus manifestaciones monetarias, que entre otros, se explica, según CEPAL, como volatilidades monetarias para América Latina, con respuestas coyunturales diferenciales entre los países, algunos devaluando sus monedas y otros posponiendo las medidas con políticas diferenciadas, pero todos desde una lógica de subordinación al dólar o a las monedas de aceptación en el mercado capitalista mundial.

 

Crisis, hegemonía y alternativa

 

Por eso es que sostenemos desde hace tiempo que la crisis no es de algunos países que se hacen visibles por ciertas dificultades, hoy Brasil, Grecia o China, sino que el problema está en el capitalismo en su conjunto y por eso, el principal problema que intoxica al sistema mundial son las relaciones sociales capitalistas y el ejercicio del poder mundial desde el principal Estado capitalista: EEUU, que ejerce con la fuerza del dólar, las armas y la simbología del poder cultural la hegemonía mundial.

El problema es que sus recetas impregnan las instituciones que formulan políticas con pretensión universal, la OMC, el FMI, el Banco Mundial, y con ellos se difunden las recetas liberalizadoras en las cumbres y todo protocolo de asistencia a países con problemas. Cuando no funcionan las recetas es siempre responsabilidad de mal aplicación de los poderes locales, nunca del sistema ideológico que promueve esas medidas.

Asumo la dificultad de romper la lógica de la receta del poder dominante para superar la crisis y restablecer la normalidad de la valorización y la acumulación. Ello supone superar el conjunto de valores culturales de la sociedad capitalista, de un modelo de producción sustentado en la explotación y el saqueo junto a una cultura de consumismo estimulado por las cuotas del irresponsable endeudamiento inducido por el sistema financiero y las políticas públicas del capitalismo contemporáneo.

Tenemos el desafío histórico de hacer realidad las propuestas emancipadoras que sucumbieron ante el proyecto de dominación. Como siempre decimos, parece una tarea gigantesca que se inicia desde el debate y la construcción de una práctica social por otro orden social y cultural de cooperación, solidaridad y pensando en la armonía del metabolismo social, lo que supone el respeto a la reproducción de la naturaleza, o sea, la inclusión de la reproducción de la humanidad, su hábitat la sociedad.

 

Por Julio C. Gambina, Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP
Ciudad de Buenos Aires.
www.juliogambina.blogspot.com

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"Es necesario transitar a otro modelo económico sostenible con el entorno y las personas"

Óscar Carpintero (Valladolid, 1972), doctor en Economía y profesor de la Universidad de Valladolid, plantea que es un autoengaño seguir apostando por el crecimiento ante la urgencia del cambio climático. Por ello, defiende la necesidad de una transición hacia una economía ecológica.


¿Qué alternativas existen al modelo económico neoliberal?


La economía como ciencia social admite diferentes miradas. En este último siglo y medio se ha puesto de manifiesto que el modelo económico neoclásico es injusto, genera pobreza y graves problemas ambientales. De entre los enfoques críticos, la economía ecológica intenta que por primera vez en mucho tiempo se incorporen las limitaciones físicas y ecológicas en el análisis del funcionamiento del sistema economico. De hecho, lo que plantea es que el sistema económico está dentro de un sistema más amplio que es la biosfera. Por eso es necesario tener en cuenta que los recursos naturales son limitados y el consumo de bienes y servicios también.


El cambio climático es una consecuencia de ese crecimiento ilimitado. ¿Hemos tocado techo?


El cambio climático es el ejemplo más claro de esa extralimitación en la explotación de los recursos naturales. Hemos superado la capacidad de absorción de los gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles e incrementado la temperatura del planeta. Conviene recordar a uno de los economistas ecológicos más importantes del siglo XX, Nicholas Georgescu-Rohen, que decía que no sólo la energía es importante, también los materiales.


Sin embargo, el modelo actual mantiene que la tecnología nos permitirá superar la escasez de recursos y seguir creciendo.
Nuestro sistema económico pone la esperanza en la tecnología como solución a la crisis ecológica, pero la tecnología exige al mismo tiempo más cantidad de recursos minerales. Ya hemos sobrepasado el cénit del petróleo convencional en 2006, y el de algunos minerales estratégicos está próximo. Y por el lado de los residuos, somos incapaces de cerrar el ciclo, seguimos contaminando. Los recursos disponibles son de peor calidad y los combustibles fósiles que quedan, si los explotamos, tendrían un impacto ambiental de tales dimensiones que sería el colapso de la especie humana en el planeta. Estamos inmersos en una crisis ecológica, social y económica en la que se sigue hablando del crecimiento como solución. Es la pescadilla que se muerde la cola.


¿El uso de energías renovables podría paliar la falta de recursos?


La transición del modelo energético hacia fuentes renovables exige la utilización de muchos minerales y metales estratégicos. Por tanto, mantener el consumo energético actual con fuentes renovables no sería posible. No tenemos tanto teluro o tierras raras en cantidades tan importantes para generar de forma renovable el volumen de energía que nos proporcionan los combustibles fósiles. Por primera vez, este sistema económico está chocando contra sus límites. El capitalismo es insostenible.


¿Y cómo va a ser ese cambio?


Esa transición se va a dar con menos recursos energéticos. En la historia de la humanidad, cuando pasamos de las sociedades de cazadores y recolectores a las sociedades agrarias, y de éstas a las industriales, el consumo de energía per cápita se incrementó. Pero en la actualidad, el cambio de este sistema económico a otro modelo se va a producir en un contexto más duro, con una reducción en las unidades de energía y de materiales disponibles. Por tanto, seguir planteando escenarios de crecimiento económico es un autoengaño. Lo que se está haciendo es retrasar la discusión sobre las estrategias de reducción y distribución y mayor justicia en el reparto de los recursos, y los problemas ambientales.


Pero países como China, India o Brasil revindican su derecho a crecer y contaminar.


En muchas zonas del planeta hay miles de millones de personas que no tienen satisfechas sus necesidades más básicas, y en esos casos va a tener que aumentar la producción de bienes y servicios. Pero eso va a exigir medidas drásticas en los consumos de los países mal llamados desarrollados. En la actualidad, los países pobres no participan en términos de igualdad en los recursos, y en cambio participan desproporcionadamente en los costes ambientales en la producción de esos bienes y servicios con destino a los países ricos. Porque, por ejemplo, ¿podemos consumir más móviles y ordenadores a los precios que pagamos? Eso está apoyado en unos costes de producción en los países pobres que hace que nosotros paguemos precios bajos. No se me ocurre ninguna razón por la que un ciudadano chino o de un país africano tenga que cobrar un salario por hora cien veces inferior al de un español, un francés o un alemán. Y si eso no fuese así, ¿cuánto costaría un móvil?


¿Por qué es necesario retirar el indicador del Producto Interior Bruto (PIB) como un referente económico?


Las tres últimas décadas ponen de relieve que el PIB no es un buen indicador de bienestar. Es conocido que prácticas que son ambientalmente muy dañinas aumentan el PIB y prácticas que son ambientalmente beneficiosas no. Cuando usamos el coche sube más el PIB que cuando utilizamos la bicicleta. Cuando bebemos agua embotellada aumenta el PIB más que cuando la bebemos del grifo. A esa ceguera ambiental que tiene el PIB, también hemos descubierto que a partir de un determinado umbral de renta en los países ricos, en torno a los 10.000 dólares per cápita, ésta no está relacionada con el bienestar subjetivo que percibe la gente.


Tendremos que centrarnos en aquellos indicadores que están relacionados con el bienestar, los indicadores que miden la desigualdad o el grado de deterioro ecológico. Se ha estudiado que, por ejemplo, en los paí¬ses donde hay niveles de igualdad importantes, porque hay buenos servicios públicos y porque hay buenas políticas de distribución, el bienestar subjetivo de la población es muy elevado. O que en aquellos países en los que el deterioro ecológico es menor y las condiciones de bienestar de la población son elevadas, la percepción del bienestar subjetivo es alto. Los niveles de desigualdad se pueden medir con el índice Gini [medida diseñada por Corrado Gini], o cómo serían las políticas económicas si el objetivo fuera reducir la huella ecológica [impacto ambiental del consumo y los residuos]. Es necesario transitar a otro modelo económico sostenible con el medio ambiente y las personas.


¿Qué papel juega la economía feminista en todo esto?


Una parte muy importante que sostiene la economía y la sociedad es el trabajo que se realiza al margen de los círculos mercantiles, es lo que se llama trabajo de reproducción.


El análisis de esos trabajos de reproducción y cuidados ha sido objeto de estudio de las economistas feministas, con análisis muy lúcidos.


Cuando hay que poner sobre la mesa cuánto trabajo se realiza en una sociedad, la economía convencional aplica las horas desempeñadas desde el punto de vista mercantil. Pero en un circuito mercantil, cuando hablamos de la política redistributiva, no sólo hay que distribuir el trabajo, sino distribuir el empleo (trabajo remunerado) y también el trabajo no remunerado, el doméstico.


Y en esas políticas redistributivas, una parte de la población, la inmensa mayoría mujeres, viviría sustanciales mejoras si somos capaces de redistribuir las cargas de trabajo que afectan a la vida de todos: al trabajo de cuidados, doméstico, y por tanto, al sostenimiento de la vida. La importancia del trabajo doméstico en el mantenimiento de la vida ha sido subrayado por parte de la economía feminista. Si en el balance no incluimos esto, entonces no llegaremos a una sociedad justa.


¿En qué tendríamos que incidir para cambiar el modelo económico?


Hay tres dimensiones a tener en cuenta: la sostenibilidad ambiental, la sostenibilidad en términos de igualdad, defender políticas para reducir las desigualdades y la democracia económica, permitir mayores cuotas de poder a la población.


Habría que plantear con rigor y radicalidad la transición a otro sistema. Y tenemos que tener claros los objetivos, estrategias y medios para alcanzarlo. Sabemos cómo poner en marcha un cambio de modelo energético hacia la sustitución de las energías fósiles por las renovables, con el acento en la reducción del consumo y la eficiencia energética; sabemos cómo podríamos alimentarnos sin poner en riesgo la salud de las personas y los ecosistemas con métodos de producción de agricultura ecológica; cómo tendríamos que diseñar ciudades más habitables para que tengan en cuenta las necesidades de las personas y no las de los vehículos privados; cómo redistribuir la renta con criterios más justos, gravar a quienes tienen más recursos, y eludir los fraudes fiscales masivos y los paraísos fiscales. Tenemos herramientas.


También las hay para gobernar las finanzas de otra manera, para poner en marcha mecanismos de banca pública al servicio de la sociedad y no de una minoría. En economía no es una persona, un voto; hay personas que, por sus recursos, cuentan como millones de votos, y otras que no cuentan nada.


¿El momento actual es una oportunidad?


Los momentos de crisis siempre son una oportunidad. El problema es que la mayoría de las crisis recientes han servido, más que para cambiar, para reforzar las viejas estructuras.


A nivel económico español, y europeo, ahora estamos en un momento crucial. Ante la demanda de democracia de Grecia, la balanza puede inclinarse para cambiar las estructuras de fondo y favorecer a la mayoría de la población. Y a ello pueden ayudar mucho las enseñanzas de economistas heterodoxos (minoritarios en la Academia y los medios de comunicación), que no sólo supieron anticipar mejor la crisis, sino que llevan proponiendo medidas para avanzar por derroteros más sostenibles ambientalmente y justos socialmente.


Un modelo insostenible


Agricultura


Alimentamos con combustibles fósiles y recursos agotables actividades que antes eran sostenibles, como la agricultura y la ganadería.


Consumo


Mil millones de personas consumimos los recursos naturales a costa del resto del mundo, unas dinámicas que no son sostenibles.


Residuos


"El capitalismo es una potente máquina de producir residuos", dice Carpintero, que mantiene que deberíamos articular la producción sobre flujos renovables.


Justicia social


Debemos tener en cuenta las condiciones de producción en los países pobres y los precios que pagamos aquí por los productos que se fabrican allí.

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Bolivia abre a la exploración petrolera áreas protegidas

La necesidad de descubrir nuevas reservas ha llevado al Gobierno de Bolivia a autorizar la exploración petrolera en zonas protegidas por razones ambientales, una medida que ha generado el rechazo de las asociaciones ecologistas e indígenas. El Ejecutivo de Evo Morales ha respondido con dureza y asegura que incluso expulsará del país a las organizaciones no gubernamentales que se opongan al desarrollo de la industria. El Gobierno pretende que las empresas puedan actuar pagando a las comunidades un 1% de su inversión.


El Gobierno de Evo Morales ha aprobado recientemente un decreto que autoriza la exploración petrolera en todas las áreas que Bolivia protege por razones ambientales. La medida ha generado el respaldo del sector petrolero y la crítica de varias organizaciones ambientalistas. Morales replicó a estas últimas con un discurso durísimo, pronunciado al pie de un pozo recién inaugurado, en el que amenazó con expulsar del país a las organizaciones no gubernamentales que se opongan a la expansión de la industria de los hidrocarburos, el motor de la economía nacional, y afirmó que los bolivianos no se convertirán, como estas organismos quieren, en los "guardabosques" de los países desarrollados. Morales aseguró también que "las reservas forestales han sido creadas desde el imperio norteamericano", el cual quiere territorios "intocables, intangibles" en el tercer mundo para compensar sus propios crímenes contra el ambiente. En contraposición, afirmó, "tenemos la obligación de explorar cuanto tenemos".


Las ONG han sido amenazadas por cuestionar que el Gobierno boliviano, al mismo tiempo que pretende liderar la lucha mundial contra el calentamiento global mediante la generalización de un modelo de desarrollo de bases indígenas que respete los "derechos de la Madre Tierra", tome medidas como la que acaba de aprobar, y que no es la primera que estos grupos califican como "extractivista". "Con esta autorización, el Gobierno ha cruzado una línea roja", dice la ambientalista Cecilia Requena, "porque la misma no afecta a un área o un proyecto en particular, sino a todos los parques y territorios indígenas, en cualquier momento del futuro".


Al movimiento ecologista también le preocupa que se pretenda eliminar la obligación que ahora tienen las empresas petroleras de convencer a los indígenas que habitan en áreas reservadas de la necesidad y de la inocuidad de sus proyectos, mediante un procedimiento que se denomina "consulta previa", y se lo sustituya por un pago del 1% de la inversión que hagan con destino al área protegida. "Seguramente habrá conflictos entre las petroleras y los indígenas", anticipa Requena, "y el Gobierno quiere evitarlos amenazando a las ONG con la expulsión". Los expertos en hidrocarburos argumentan que existen nuevas tecnologías que permiten la explotación en sitios naturales delicados sin causar serios daños .


La decisión de Evo Morales, que ya había sido anunciada antes pero quedó postergada hasta después de las elecciones, se origina en la urgencia que tiene el país de descubrir nuevas reservas de gas, dado que las que actualmente posee se agotarán en 10 años. La falta de exploración petrolera en la última década se ha debido, según fuentes de la industria, al oneroso sistema de impuestos, así como a las dificultades que presenta la normativa del país, entre ellas la prohibición, que ahora quedó suspendida, de trabajar en las áreas protegidas.

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