Para garantizar el derecho a la alimentación

ALAI AMLATINA, 24/03/2015.- Uno de los réditos del Año Internacional de la Agricultura Familiar que propició la ONU en el 2014, con el trasfondo de la crisis alimentaria, es haber contribuido de alguna forma a visibilizar el debate entre el agronegocio y la agricultura campesina, que se mantenía en sordina por la simbiosis establecida entre el primero y el poder mediático.

En el plano oficial, por decir algo, el Director general de la FAO, José Graziano da Silva, en su discurso de apertura del 24 período de sesiones del Comité de Agricultura (COAG) en Roma, expresó: "Los responsables políticos deben apoyar una amplia gama de enfoques para reformar los sistemas alimentarios mundiales, haciéndolos más saludables y sostenibles y reconocer que 'no podemos confiar en un modelo intensivo de entrada para aumentar la producción y que las soluciones del pasado han mostrado sus límites'... (y) solicitando un 'cambio de paradigma', dijo que los principales desafíos de hoy en día son reducir el uso de insumos agrícolas, especialmente el agua y los productos químicos, con el fin de lograr una agricultura, una silvicultura y una pesca más sostenibles y productivas a largo plazo"[1].

Es en este contexto que tendrá lugar el VI Congreso de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) – Vía Campesina, del 10 al 17 de abril próximo en Buenos Aires, con la participación de delegaciones de más de 80 organizaciones de 18 países de América Latina y el Caribe, donde la disputa con el agronegocio será uno de los temas centrales. De hecho, la programación incluye la V Asamblea Continental de Mujeres y la IV Asamblea de la Juventud[2].

 

Dos modelos

 

El agronegocio (agribusiness) es expresión de los cambios estructurales en la producción agrícola de la nueva fase del capitalismo hegemonizada por el capital financiero y las transnacionales que irrumpe en la década de los '80 del siglo pasado.

Según João Pedro Stedile, dirigente del MST de Brasil, este modelo "se caracteriza sucintamente, por: organizar la producción agrícola en la forma de monocultivo (un solo producto) en escalas de áreas cada vez mayores; uso intensivo de máquinas agrícolas, expulsando la mano de obra del campo; la práctica de una agricultura sin agricultores; la utilización intensiva de venenos agrícolas, los agrotóxicos, que destruyen la fertilidad natural de los suelos y sus micro-organismos, contaminan las aguas en la capa freática e inclusive la atmósfera al adoptar los defoliantes y secantes que se evaporan en la atmósfera y regresan con las lluvias. Y sobre todo, contaminan los alimentos producidos, con consecuencias gravísimas para la salud de la población. Usan cada vez más semillas transgénicas, estandarizadas, y atacan el medioambiente con sus técnicas de producción que buscan sólo mayor tasa de lucro, en menor tiempo"[3].

Ante este modelo del agronegocio -socialmente injusto, económicamente inviable, insustentable para el medio ambiente y toda la biodiversidad, y una producción mercantil de alimentos con graves consecuencias para la salud de la población-, las organizaciones del campo articuladas en la Coordinadora Latinoamericana del Campo (CLOC-Vía Campesina) han desarrollado el concepto de la Soberanía Alimentaria, partiendo del principio de que los alimentos no pueden ser una mercancía, pues la alimentación es un derecho de supervivencia de la humanidad, y que, por lo mismo, en todos los lugares del mundo cada pueblo tiene el derecho y el deber de producir sus propios alimentos.

En tal sentido, el documento preparatorio[4] señala: "Realizaremos nuestro VI Congreso avanzando en la elaboración política de nuestra propuesta hacia una nueva sociedad, donde la Soberanía Alimentaria sustentada en la concreción de Reformas Agrarias Integrales y Populares nos devuelva la alegría y la convicción soberana de continuar trabajando y cuidando la madre tierra para producir los alimentos que nuestros pueblos requieren y que la humanidad necesita para garantizar su desarrollo". Y más adelante precisa: "La cuestión de la alimentación es un tema estratégico para la autonomía de un pueblo y para la Soberanía de la Nación. Así, vemos que la Agricultura Campesina e indígena cumple un papel fundamental en cualquier país que vislumbre ser soberano".

La agricultura campesina, acota el texto, "es una forma de ser, de vivir y de producir en el campo, se basa en el rescate de tradiciones, costumbres y culturas de los Pueblos Originarios. El campesinado y los pueblos indígenas viven en una constante lucha por la autonomía productiva, a través de la diversificación de la producción y de la utilización de subproductos de una producción para la otra, en la búsqueda del equilibrio ecológico, a través de una fuerte relación con la naturaleza, el auto abastecimiento y el abastecimiento local y regional de alimentos saludables, constituyéndose en elemento basal para la promoción de la soberanía alimentaria".

Y para confirmar que la agricultura campesina no es menos productiva que el agronegocio y que le supera en razón de factores sociales, culturales y ecológicos que cumple, el documento señala: "Los campesinos e indígenas acceden a apenas al 24,7% de las tierras y territorios, son responsables de más del 70% de la producción de alimentos del mundo. Grandes cantidades de esos alimentos son comprados a bajos precios por las grandes transnacionales y trasladados lejos de las áreas donde se producen o se destinan a otros fines que no son la alimentación, existiendo una distribución no equitativa de los mismos, generando hambre y miseria en los sectores y países más pobres del mundo. La tierra y el territorio son las bases fundamentales para la Agricultura Campesina e Indígena y la soberanía alimentaria, tener acceso a ella y explotarla racional y adecuadamente es vital para el desarrollo humano equitativo".

 

Conexión global: salvar el planeta

 

Como integrante de la Vía Campesina, una delegación de la CLOC participó en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares (Roma-Vaticano, 27-29 de octubre 2014), donde las organizaciones del campo en el diálogo con el Papa Francisco destacaron la gravedad de la destrucción ambiental, "por una ínfima minoría, que con un modelo de producción y consumo que prioriza el lucro antes que la vida, está devastando el planeta y las formas de vida y culturas que lo sostienen. El cambio climático que ha producido este modelo y esa minoría está amenazando la existencia de la Tierra y todos los seres vivos, incluidos los humanos"[5]. Y convocaron a los siguientes compromisos.

- La defensa de la permanencia de los pueblos del campo en sus territorios y de la agricultura campesina y otras formas de producción de los pueblos como base de nuestra alimentación
- Llamar a detener los graves impactos sociales y ambientales de la minería, la deforestación y otras industrias contaminantes y abogar por su control.
- Un rechazo claro a los organismos y cultivos transgénicos y sus efectos... los transgénicos son un peligro grave y que sus promesas de mayor productividad y de terminar con el hambre no tienen base económica, ni científica ni biológica.
- Pronunciarse contra el patentamiento y manipulación de todos los seres vivos.
- Rechazar la privatización del agua, la tierra, las semillas y los bienes naturales
- Rechazar las falsas "soluciones" frente al cambio climático, como la energía nuclear, las mega-represas, la geoingeniería y los mercados de carbono.

 

Agroecología

 

En su VI Congreso Continental, la CLOC-VC se propone avanzar en la construcción del proyecto político popular y la generación de propuestas para políticas públicas. En tal sentido, en el documento preparatorio señala, como uno de sus desafíos, que el programa "debe defender una nueva matriz de producción de los bienes agrícolas, basada ahora en la agroecología, como una forma concreta de enfrentar la forma capitalista de expoliar la naturaleza. La agroecología es más que un conjunto de técnicas alternativas para producir en el campo, es un modelo, un instrumento necesario para derrotar el modelo capitalista, que solo consigue producir con venenos, destruyendo la naturaleza".

Bajo esta perspectiva, "la Agroecología y la Transición Agroecológica como una nueva base técnica y científica para la producción de alimentos, fibras y biomasa, en cantidad y calidad suficiente para el abastecimiento nacional y las exportaciones, preservando y conservando la base de recursos naturales existentes en los biomas y ecosistemas, constituyendo condiciones para la transición a través de conocimientos técnicos y una nueva ruta de insumos, con estructuras industriales locales y regionales para producirlos y distribuirlos".

Destaca además que las semillas criollas, "patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad, son determinantes de la calidad, diversidad y cantidad de alimentos producidos, por lo tanto tienen vinculación directa con la Soberanía Alimentaria. Las semillas determinan el modelo productivo adoptado. Las semillas nativas están adaptadas al suelo, clima de su región, por lo tanto son determinantes en el enfrentamiento del modelo agroquímico, por lo tanto fundamentales para el enfrentamiento a las multinacionales". Mientras que, "el uso de las semillas transgénicas, aumenta la utilización de agrotóxicos e insumos químicos, aumentando el desequilibrio ambiental y creando un ciclo vicioso donde cada vez se usa más venenos e insumos químicos, generando más desequilibrio y necesitando así utilizar más insumos químicos y venenos".

 

Políticas públicas

 

Para fortalecer la agricultura campesina e indígena y la soberanía alimentaria, la CLOC-VC reconoce que es necesario luchar por políticas públicas, tales como:

a) Reforma Agraria Popular e Integral. Distribución de tierras, juntamente con políticas de fortalecimiento del sector productivo. Límite en el tamaño de la propiedad; prohibición de la venta de tierras para extranjeros, etc. Expropiación de tierras con explotación de trabajo esclavo o situación análoga.

b) Política de stocks (acopios) reguladores. Donde el Estado compre la producción en período de zafra-cosecha, forme stocks (acopios) y coloque en el mercado en el período entre cosechas.

c) Política de precios mínimos. Garantizando un precio mínimo que cubra los costos de producción y un margen de renta para las familias campesinas y limite los precios pagados por los trabajadores urbanos.

d) Asistencia técnica. Orientada hacia los sistemas campesinos de producción, incentivando la producción de alimentos, con equipos multidisciplinarios, de forma gratuita y capaz de atender a todas las familias campesinas.

e) Créditos subsidiados para la producción de alimentos. Garantizando que las familias campesinas produzcan alimentos, obtengan renta y puedan colocar los alimentos en el mercado a precios accesibles para los trabajadores urbanos.

f) Derechos de los agricultores. Reconocimiento por los servicios ambientales prestados, protección del conocimiento tradicional, re-distribución de los beneficios, participación en las decisiones sobre la conservación y el uso sustentable de los recursos fitogenéticos para la alimentación.

g) Legislación. Legislación específica para la producción, industrialización y comercialización de la producción campesina, como forma de incentivo para la producción de alimentos.

h) Educación campesina. Orientada hacia la realidad local, contextualizada, que prepare a la juventud campesina para actuar en el campo, con orgullo de ser campesina.

i) Mercados institucionales. Que los gobiernos compren alimentos para los programas de alimentación escolar, hospitales, asilos y el sistema provisional directamente de los campesinos y sus organizaciones.

j) Nueva circulación de insumos. Reconocer, apoyar la estructura productiva y organizar la logística de distribución de insumos naturales, que no agredan al medio ambiente.

k) Programa de transición agroecológica. Reconociendo y apoyando procesos, con una ampliación gradual de incentivos de acuerdo con el avance implementado por las familias campesinas en el proceso de transición.

l) Apoyo a procesos de cooperación. Cooperativas, asociaciones, empresas comunitarias, agroindustrias, mercados populares...

m) Reconocimiento del modo campesino de hacer agricultura. Es el único capaz de dar respuestas a los principales dilemas de la humanidad:

Crisis alimentaria.
Crisis energética.
Crisis ambiental.

Éstas y otras medidas pueden resolver el problema de la crisis de los alimentos, disminuir la presión en las grandes ciudades y garantizar condiciones de vida digna para las familias trabajadoras del campo y las ciudades. Con estas políticas públicas y esta lógica de producción campesina podremos alcanzar la Soberanía Alimentaria.

 

Notas:

[1] Comunicado de prensa FAO, 30 de septiembre 2014
[2] La CLOC se fraguó al calor de la Campaña Continental "500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular", para constituirse formalmente en el congreso realizado en Lima, Perú, del 21 al 25 de febrero de 1994.
[3] "Las tendencias del capital sobre la agricultura", América Latina en Movimiento nº 459, ALAI, octubre 2010.
[4] Rumbo al VI Congreso Continental. Secretaría Operativa CLOC-VC - Argentina, Abril 2015.
[5] Mensajes leídos al Papa, EMMP, http://alainet.org/active/78544&lang=es

* Texto publicado en la revista América Latina en Movimiento No. 502 de marzo 2015, sobre el tema "Agricultura Campesina para la Soberanía Alimentaria" - http://www.alainet.org/es/revistas/168312

Publicado enMedio Ambiente
Gasolineras volantes revolucionarían la aviación

Los aviones comerciales podrían repostar en vuelo, poco después del despegue, medida que permitiría ahorrar hasta 20 por ciento del carburante, manteniendo las condiciones de seguridad actuales, indica una estudio europeo con participación suiza.
La Alta Escuela de Zúrich para las Ciencias Aplicadas, que participó en el estudio, indicó este lunes en un comunicado que unas gasolineras volantes podrían revolucionar el transporte aéreo.


Los aviones comerciales podrían despegar con menos queroseno en los depósitos y repostar cuando alcancen una altitud de 10 mil metros, añade el comunicado. Tener el depósito lleno durante el despegue supone gran desventaja, ya que las reservas del combustible representan un tercio del peso total del avión. Los aviones militares ya repostan en vuelo, pero este estudio plantea esa opción para los comerciales.


Los autores del estudio trabajaron tres años para comprobar si se podía aplicar esa medida al tráfico civil.


El proyecto se titula RECREATE (investigación para habilitar un crucero de transporte aéreo) y lo realizaron investigadores del centro suizo y de instituciones de cinco países europeos.


Naves cisterna, la propuesta


Según su propuesta, unos aviones cisterna, que llevarían carburante suficiente para reabastecer a entre tres y cinco aviones, volarían en lugares muy definidos.


Leonardo Manfriani, responsable del proyecto en el centro suizo, explica que esas gasolineras volantes deberían situarse muy lejos de las zonas habitadas, pero también muy cerca de los principales corredores aéreos.


Se reduciría, además, el ruido en torno a los aeropuertos ya que, cuanto más pesa el avión, más ruido hace, señala Manfriani.
También permitiría hacer vuelos muy largos, como Zúrich-Sidney, sin escala.

China construye el primer tranvía del mundo alimentado con hidrógeno

El primer tranvía del mundo impulsado por hidrógeno salió hoy de la línea de ensambladura en Qingdao, China.
Liang Jianying, ingeniero en jefe de Sifang Co., una subsidiaria completamente propiedad de la Corporación de Ferrocarriles del Sur de China, indicó que el nuevo tranvía es el único vehículo impulsado por hidrógeno, lo que convierte a China en el único país del mundo en haber dominado esa tecnología.


Las pilas de combustible de hidrógeno son una nueva fuente de energía limpia, utilizada ampliamente en la industria automotriz, aunque atrasada en el área de tránsito de trenes.


"Le tomó dos años a Sifang solucionar problemas tecnológicos clave con la ayuda de instituciones de investigación", comentó Liang.


El tranvía puede ser recargado con hidrógeno en tres minutos y puede viajar 100 kilómetros (km) a una velocidad de hasta 70 km por hora."


La distancia promedio de las rutas de tranvía en China es de alrededor de 15 km, lo que significa que una recarga es suficiente para tres viajes redondos", dijo Liang, quien agregó que el costo de operación en general se reducirá enormemente.


No se producirá ningún óxido de nitrógeno pues la temperatura de la reacción dentro de la pila de combustible es controlada por debajo de 100 grados Celsius. La única emisión del tranvía será agua, aseguró Liang.


Cada tranvía cuenta con más de 60 asientos y puede transportar a más de 380 pasajeros.


(Con información de Xinhua)

Viernes, 06 Marzo 2015 06:15

La despensa que cambiará las cocinas

La despensa que cambiará las cocinas

El mercado municipal de Manaos es un espectáculo en sí mismo. Por fuera, muestra la estructura metálica construida en 1880, en pleno esplendor de la ciudad, en un intento por recrear el mítico mercado parisino de Les Halles en plena selva amazónica. La imagen cambia en cuanto te asomas a la abigarrada maraña de puestos que se amontonan en el interior. Es una suerte de laberinto en el que lo cotidiano se convierte en fuente de sorpresas para el extraño; apenas queda un resquicio para la indiferencia. Aquí hay de todo y casi todo resulta ajeno. Verduras extrañas, hierbas con formas y aromas desconocidos, verduras sorprendentes y pescados imposibles más allá de la cuenca amazónica, como el pacú, el gigantesco pirarucú, el tucunaré o alguno de los mil parientes de la piraña.


La experiencia se convierte en espectáculo sobrecogedor si remontas el curso del Amazonas hasta lo más profundo de la selva, llegas a Iquitos, poco después de que el río pierda su nombre para ser el Marañón, y te acercas al mercado de Belem. Es como una ciudad dentro de otra, capaz de vivir y respirar por su cuenta. Se repiten los pescados, aunque cambien de nombre. Está la carne rosada de la gamitana —un familiar hervíboro de la piraña, que se alimenta a base de frutas—, la doncella, con la carne algo más blanda, el paiche, que puede alcanzar los 200 kg, o el maparate, de menos de un kilo y carne de sabor y texturas similares a la anguila. También la carachama, un pez acorazado de aspecto prehistórico. Se calcula que sólo en la cuenca del Amazonas hay censadas más de 2.400 especies fluviales comestibles y estas solo son una muestra. Algunas, como la gamitana y el paiche, se crían ya en cautividad. La carne del paiche —el pirarucú brasileño— se exporta ya a medio mundo.
Las referencias vegetales podrían arrancar por el camu camu, la fruta con más vitamina C del mundo, del tamaño de una uva de mesa y con un sabor singular, ácido, astringente, dulce y aromático.


A partir de ahí daremos con la yarina, obtenida de una palmera con cocos de forma irregular, comestible cuando está tierna y tan dura al secarse que toma el nombre de marfil vegetal y se emplea para tallar artesanía (el agua se va gelificando en su interior conforme madura el fruto hasta acabar endureciéndose). Encontraremos el macambo, de la familia del cacao, con pulpa de sabor único, muy aromática y dulce, el aguaje, fruto de una palmera cubierto de escamas, el tomate de árbol —tamarillo o sachatomate—, pariente de la cocona, una fruta fragante y sutil, el lulo, que en algunas zonas recibe el nombre de naranjilla, y así sucesivamente, hasta conformar un elenco único en el mundo. En él se incluyen también las mil variedades del palmito. Entre ellas, la que más ha prosperado en la selva, que permite trabajar las ramas del árbol y conservar intacto el tronco, frente a los cultivos tradicionales que exigen tirar abajo la palmera para extraer el palmito. El corazón del palmito ofrece la chonta, que las vendedoras deshilacha en finas cintas a la vista del comprador. Por ahí andan también hierbas aromáticas que nunca son lo que parecen, como el sacha culantro, el sacha orégano o el sacha ajo.


Sólo es una minúscula muestra que podemos encontrar en estos y otros mercados de Latinoamérica, como el de Paloquemao, en Bogotá, o el mercado municipal de Puerto Ayacucho, en la Amazonía venezolana. Algunos llegan también a los puestos de Ciudad de Panamá, procedentes de la selva fronteriza de Darién.


La Amazonía vive un doble proceso que conviene observar con atención. De un lado, la reivindicación de las despensas locales que sustenta el despertar de las cocinas latinoamericanas, poniendo en valor productos hasta ahora despreciados y estimulando su incorporación a la dieta cotidiana. Del otro, la transformación del sistema productivo. La mayoría de los frutos viven un tránsito crucial de la recolección al cultivo. Cuando ese proceso acabe de consolidarse, empezarán a inundar los mercados de medio mundo. Esta despensa cambiará la cara de los mercados del mundo, abriendo un nuevo tiempo para sus cocinas.

Publicado enCultura
Miércoles, 03 Diciembre 2014 09:15

Fría hermosura

Fría hermosura

El hielo puede ser perjudicial o mortal, pero también puede crear inadvertidamente algunos de los paisajes más bellos y fascinantes del invierno. Su formación está sujeta a un millón de variables diferentes, y el más mínimo cambio en la humedad, la temperatura o la velocidad del viento puede crear muy diferentes resultados.

 

Aquí una breve muestra de los caprichos hermosos de la casualidad:

 

 

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Sábado, 11 Octubre 2014 17:35

La naturaleza de un fotógrafo sin hogar

La naturaleza de un fotógrafo sin hogar

Justin Brosey es un talentoso fotógrafo. Su obra ha sido incluso publicada en la National Geographic, aunque esto no es lo que hace su historia interesante. Después de perder su trabajo estable, no tuvo más remedio que mudarse con su novia, y con su hija de 7 años al bosque. Es técnicamente una persona sin hogar pero que toma fotografías increíbles.

También trabaja en su página personal mediante el uso de WiFi cuando lo puede encontrar en su entorno. Cuando vea sus fotografías, no va a pensar que son de alguien que tiene muy pocos recursos disponibles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado enFotorreportajes
Inundan Wall Street y exigen justicia climática

El toro de Wall Street fue ahogado hoy por una inundación de miles de activistas en demanda de justicia climática, que acusaron al poder financiero de llevar al mundo al borde de la catástrofe ambiental.


Unos dos mil manifestantes rodearon la famosa escultura del toro –símbolo del poder financiero– y avanzaron unas cuadras al norte para llegar hasta el cruce de Wall Street y Broadway, a una cuadra de la Bolsa de Valores, donde decenas de policías mantuvieron cerrado el ingreso. Durante unas ocho horas los manifestantes obligaron a las autoridades a cerrar el tránsito en esta arteria principal en el distrito financiero de Nueva York.


Inundamos Wall Street para frenar su financiamiento de la destrucción planetaria, y abrir paso a economías sustentables que benefician a los pueblos y al planeta, afirmó Michael Lean Guerrero, de Climate Justice Alliance, agrupación que ayudó a organizar esta movilización un día después de que ellos y otros 300 mil participaron en la marcha más grande sobre cambio climático en la historia. La idea es: si Wall Street está provocando la inundación del mundo, hoy Wall Street fue inundado.

Con mantas, bandas de música, dos enormes burbujas de carbón y un oso polar (bueno, alguien con un disfraz), y consignas de a, anti, anticapitalismo, esta fue una acción mucho más filosa en mensaje que la marcha plural de ayer. Con ésta se responsabiliza directamente al 1 por ciento y el sistema actual de la crisis ambiental. Unos 100 manifestantes cargaron una manta de 100 metros de largo en que se leía: "Capitalismo=Caos climático –Inunda Wall Street".

Participaron una amplia gama de activistas: Veteranos de Guerra por la Paz, veteranos de la gran movilización altermundista de Seattle y veteranos de Ocupa Wall Street. Al rodear la escultura del toro –el cual estaba protegido por barreras y policías–, un cura usó el ya famoso micrófono popular para anunciar que ya se necesitaba domar a ese toro, mientras un reverendo sacó una reata para intentar lazar la enorme bestia de bronce.

Somos imparables. Otro mundo es posible, se coreó cuando, después de varias horas de sentarse alrededor del toro, los manifestantes se levantaron para avanzar por la avenida ya cerrada hacia Wall Street. Todos los accesos a la Bolsa habían sido cerrados con barreras custodiadas por policías. Y por las dudas, la famosa plaza de Zucotti Park, sede de Ocupa Wall Street durante unos meses, estaba completamente rodeada con barreras y policías, para evitar una nueva invasión. ¿A quiénes protegen?, repetía el coro ante la defensa policiaca del toro, así como de la Calle Wall. Arresten a los ricos, gritaba un grupo.

"Estos hijos de puta están matando al mundo con su fracking, su petróleo y contaminación", gritó un manifestante apuntando hacia la Bolsa, al responder por qué estaba en la protesta.


Esto fue el reclamo del espacio público: tomar una calle principal en este país en una acción donde cualquiera puede expresarse es algo que casi nunca se permite, afirmó Bill Dobbs, activista veterano de varias luchas sociales.


Después de ocho horas de inundación que congeló el paso por Broadway, esta noche la policía –que hoy actuó de manera mucho menos agresiva y amenazante que durante el gobierno del alcalde anterior en la represión a Ocupa, y sólo hubo un par de arrestos durante el día– ordenó la dispersión de los manifestantes y empezó a arrestar a los que rehusaban despejar la avenida. Entre los arrestados: el oso polar.


Con los ecos de la marcha de cientos de miles por el planeta el domingo y la acción en Wall Street hoy como transfondo, el martes se realizará una cumbre sobre el cambio climático en la sede de la Organización de Naciones Unidas, con más de 120 mandatarios detrás de un inmenso aparato de seguridad y muy lejos de las calles. Ahí se verá lo que la proclamada comunidad internacional propone hacer ante lo que los expertos advierten como daños severos e irreversibles si no se logra frenar el cambio climático.

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Clamor mundial para salvar al planeta del cambio climático

De repente, decenas de miles de participantes en lo que los organizadores declararon la marcha sobre cambio climático más grande de la historia cesaron sus consignas, dejaron de golpear sus tambores, levantaron los brazos y guardaron dos minutos de silencio, dedicados a las décadas de inacción de las cúpulas políticas y económicas, silencio que fue seguido de una ola de dos minutos de ruido que inundó el centro de esta ciudad, enviando así una señal de alarma y un grito para exigir "justicia climática".

 

La marcha y acciones paralelas –2 mil 700 actos en 161 países, según organizadores– fueron convocadas justo para enviar un mensaje desde la calles a los gobiernos que están citados para realizar una cumbre sobre el cambio climático en la Organizaciones de Naciones Unidas este martes, cuyo propósito es establecer un marco para un acuerdo global sobre emisiones el año entrante. La movilización exigió compromisos inmediatos para contrarrestar una crisis que afecta a todos y ante la advertencia de los científicos de que el cambio climático ya afecta a todos los continentes y mares del planeta y que está al borde de causar "daños irreversibles" si no se dan pasos audaces para frenar el calentamiento del planeta (junio, julio y agosto fueron los meses más calientes jamás registrados).
Diversidad de sectores se movilizaron en NY


La marcha en Nueva York –a diferencia de muchas otras acciones ambientalistas– reflejó el hecho de que la crisis climática afecta a todos, al manifestarse una diversidad sin precedente de participantes; unos 300 mil, según los organizadores. Marcharon juntos ambientalistas y agrupaciones de inmigrantes de América Latina, el Caribe, Asia y África –muchos de los cuales libran luchas ambientales en sus países– al lado de indígenas estadunidenses, estudiantes y académicos, científicos, cocineros y granjeros. Una amplia representación de sindicalistas (de servicios, transportistas, sector automotriz, salud) marcharon a la par que una coalición de trabajadoras domésticas, de maestros y médicos todos a un mismo coro: "la crisis climática es una crisis de salud", monjas y bailarinas en bikini y organizaciones comunitarias de todo tipo, además de delegaciones internacionales de representantes de movimientos indígenas y ambientalistas en México y otras partes de América Latina.


"No estés jodiendo a la Madre (tierra)". "Pon fin al capitalismo antes de que nos ponga fin a nosotros". "No al fracking". "Deja de chingar a tu Madre". "El agua vale más que el oro". "Más futuro, menos capitalismo". "1%, quita tus manos de nuestro futuro", expresaban las mantas y pancartas tan variados como los participantes, incluso una de un contingente de Nueva Orleáns que decía: "el mar se está levantando, y también nosotros" y otra con una imagen de un oso panda que pedía: "salven a los humanos", mientras recorrían las avenidas del centro, acompañadas de consignas como "Exxon, Mobil, Goldman Sachs/Quítenme su crisis de la espalda".


Una joven llevaba un cartel en que se leía: "somos la primera generación que siente los impactos del cambio climático y somos la última generación que puede hacer algo al respecto".


Un arca de Noe avanzó entre representaciones del mundo en mantas y globos, decenas de gaviotas, títeres, que pasaban desde la punta de Central Park para bajar por la Sexta Avenida a Times Square, y finalmente a una fiesta callejera en la Avenida 11. Más de 500 autobuses transportaron participantes de varias partes del país, junto con unos 200 que llegaron por el "tren del cambio climático" desde California.
A la vez, varias figuras reconocidas, entre ellos el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki-moon; el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio; el ex vicepresidente, Al Gore, y los actores Leonardo DiCaprio y Mark Ruffalo figuraron entre los manifestantes.
La Rude Mechanical Orchestra, entre otras bandas, ayudó a marcar el paso con su magnífica sección de metales y percusión, mezclando canciones populares con himnos rebeldes y provocando brotes de baile en la calle.


Muchos expresaban que ahora se verá si esta ola de ruido colectivo se escucha en los pasillos del poder, o si éstos tendrán que ser inundados por los pueblos antes de que se logre salvar al planeta.

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Sábado, 22 Marzo 2014 12:39

Agenda ambiental y paz

Agenda ambiental y paz

Hace dieciséis años el gran ambientalista colombiano, Augusto Ángel Maya, respondía a la propuesta del entonces Ministro de Medio Ambiente de "sacar la naturaleza del conflicto", señalando lo ingenuo e ilusorio de dicha idea pues "la naturaleza está en el centro del conflicto"1.

 

Casi simultáneamente con la rotunda frase de Augusto un grupo de ambientalistas presentaron en 1998, a la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil y a la Cumbre Social contra la Pobreza y por la Equidad, un documento que, leído hoy, resultó visionario, "Nuestro Compromiso Político con el Cosmos", un conjunto de propuestas de tipo programático, la inmensa mayoría aún vigentes, cuya redacción final fue encomendada a Gustavo Wilches Chaux. Dicho documento fue entregado poco después por Ecofondo y otras organizaciones a la mesa de conversaciones establecida entre el Gobierno del Presidente Pastrana y las farc, en el Caguán, como un aporte en la búsqueda de salidas al conflicto armado.

 

La dimensión ambiental y política de los conflictos

 

Década y media después la dimensión ambiental de los problemas colombianos es cada vez más visible y su carácter político cada vez más claro.

 

Colombia el segundo país megadiverso del mundo después del Brasil, está perdiendo gran parte de su biodiversidad, como resultado de la deforestación y del uso inadecuado del territorio. Las cifras son aterradoras: en Agosto del año pasado el Ideam anunciaba que entre 2011 y 2012, el país había perdido 295.892 hectáreas de bosque natural, el equivalente a 1,6 veces el área del Departamento del Quindío. Esta noticia se matizaba diciendo que el promedio anual había descendido a 147.946 hectáreas con respecto al período 2005 – 2010 donde había sido de 238.273 hectáreas anuales, lo cual no puede ocultar el desastre ambiental que supone la pérdida de 6.206.000 hectáreas entre 1990 y 2010, lo cual convierte a Colombia en uno de los países que más contribuye a la disminución de cobertura vegetal natural en el mundo.

 

La población colombiana habita hoy mayoritariamente en centros urbanos, el mayor de los cuales es Bogotá. La capital y los municipios circundantes albergan en conjunto a la cuarta parte de la población colombiana. Este enorme conglomerado es altamente vulnerable al cambio climático y a la escasez de agua, al tiempo que la calidad de vida en la ciudad disminuye. Expresión de ello son las grandes dificultades de transporte que han conducido a protestas casi cotidianas en las estaciones de Transmilenio más congestionadas.

 

La magnitud del deterioro de las condiciones ambientales del territorio se reveló en las inundaciones de hace solo tres años causadas por una temporada de lluvias más fuerte de lo habitual que no encontraron vegetación que las contuviera, acelerándose la escorrentía y produciéndose la inundación ante la sedimentación de la cuenca Magdalena – Cauca, la más poblada y a la vez más devastada de las grandes cuencas suramericanas.

 

En el período transcurrido entre las conversaciones de paz del Caguán y las que actualmente se adelantan en La Habana con el mismo actor armado, se produjo el desmonte progresivo del Sistema Nacional Ambiental diseñado en medio del entusiasmo que provocó el reconocimiento de la diversidad natural y cultural del país en la Constitución de 1991 y sus colorarios ambientales, entusiasmo reforzado por la Cumbre de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en 1993.

 

De dicho sistema queda ya muy poco: las Corporaciones Autónomas Regionales languidecen en medio del clientelismo y la corrupción. Mecanismos como las licencias ambientales han sido sucesivamente modificados para facilitar la actividad depredadora de las transnacionales y los monopolios criollos. El Ministerio encargado de gestionar el ambiente cambia de nombre en la medida en que pierde importancia y funciones y los seis últimos ministros y ministras poco o nada sabían del tema cuando se juramentaron en el cargo. Actualmente se prepara una modificación de la Ley 99 de 1993, creadora del Ministerio y del Sistema Nacional del Ambiente, que vendría a ser la estocada final al sueño ambientalista de principios de los noventa.

 

La paradoja del movimiento ambiental

 

Entre tanto el movimiento ambiental ha librado importantes luchas, al lado de otros sectores sociales y étnicos, como la oposición a la exploración de petróleo en el territorio de los U´wa, la defensa del Parque Tayrona, el referendo por el Derecho Humano al Agua y más recientemente la oposición a la minería en gran escala. Ha contribuido a la construcción de alternativas concretas impulsando la agroecología y el reciclaje, ha popularizado tecnologías apropiadas y ha educado ambientalmente a numerosos sectores sociales.

 

Sin embargo, es ostensible que dicho movimiento se ha debilitado por lo menos organizativamente. Brillan las voces autorizadas de ex – funcionarios como el ex – ministro Manuel Rodríguez, los ex – gerentes del Inderena, Julio Carrizosa y Margarita Marino y la ex – parlamentaria Alegría Fonseca, entre muchos otros, pero de las grandes ONG´s que impulsaron importantes iniciativas en los últimos venticinco años quedan muy pocas en pié, afectadas por la práctica desaparición de la cooperación internacional que las alimentaba.

 

Se presenta entonces la paradoja entre la necesidad de levantar con más fuerza que nunca una agenda ambiental de carácter programático y el debilitamiento del movimiento que tiene la experiencia histórica acumulada para contribuir a hacerlo. Todo ello en medio de un escenario, como el de las conversaciones de paz, que requiere con urgencia del aporte de los ambientalistas.

 

Agenda ambiental para el cambio y confluencia de movimientos

 

El gobierno de Juan Manuel Santos inició los diálogos de La Habana con un rotundo no a la discusión del modelo económico, cuando es precisamente el cuestionamiento del modelo dominante, no solo en lo económico sino también en lo social y en lo político, condición necesaria para alcanzar una paz duradera que nos reconcilie como seres humanos y con la naturaleza.

 

El cambio de dicho modelo es aún más urgente pues en el interregno entre los dos intentos de alcanzar la paz hemos asistido a la implementación de las políticas más agresivas contra los ecosistemas que vertebran el territorio colombiano como son la denominada locomotora minera, el agronegocio, los megaproyectos viales e hidroeléctricos y la urbanización expansiva y acelerada, entre otros. Al tiempo se ha reprimarizado la economía, al compás de la integración de Colombia a la globalización neoliberal, en virtud de la cual se han suscrito los mas lesivos tratados de "libre" comercio de nuestra historia, se ha desmontado el precario Estado de Bienestar que se había construido, se ha privatizado y mercantilizado el agua, la salud y los servicios públicos y se planea completar la tareas con la privatización de la educación, los terrenos baldíos, las semillas y otros bienes comunes.

 

La resistencia de la población, las comunidades, los sectores sociales y las múltiples formas de expresión ciudadana a las políticas neoliberales, sin embargo, ha hecho suyos muchos de los principios y propuestas ambientalistas. Este fenómeno no es para nada gratuito. Defender los páramos, de la minería, garantizando el suministro del agua y por lo tanto el derecho humano a acceder a ella, como ocurrió en Bucaramanga ante la amenaza al Páramo de Santurbán por las transnacionales, por ejemplo, pone al movimiento social y ciudadano en la ruta de las preocupaciones ambientales. Otro tanto podría decirse de la oposición a la Anglo Gold Ashanti en el Tolima o de las múltiples resistencias a la gran minería a lo largo y ancho del país.

 

Esta es la gran oportunidad para la confluencia de los ambientalistas con el movimiento social: la construcción cotidiana, permanente, consciente y participativa de una agenda social y política con dimensión ambiental capaz de erigirse en la alternativa que se requiere para aclimatar una paz estable no solo entre los actores armados sino entre todos los nacidos y nacidas en esta tierra.

 

Lograr lo anterior no será fácil dada la fragmentación que aqueja a los componentes del movimiento ambiental e incluso del movimiento social, sino porque la tarea debe enfrentar la enorme oposición de quienes se lucran del actual estado de cosas, las ilusiones que aprisionan la mente y la voluntad de amplios sectores de la sociedad, la desinformación y manipulación que emana de los grandes medios de comunicación comercial. Un propósito de esta magnitud implica cambiar la "piel cultural" del ser humano como dijera Augusto Angel, y ello supone grandes transformaciones tecnológicas, sociales y políticas.

 

Viene como anillo al dedo la siguiente reflexión del historiador ambiental panameño Guillermo Castro, a propósito de los retos del ambientalismo latinoamericano: "América Latina, en particular, ha logrado importantes avances en la tarea de contribuir a la creación de una verdadera visión de conjunto de este proceso, generalizando y escalando la complejidad de nuestras experiencias colectivas, en dirección a entender que, siendo el ambiente el producto de la interacción entre las sociedades y su entorno natural, la necesidad de generar un ambiente distinto nos obliga a asumir la de establecer sociedades diferentes. Identificar esa diferencia, encontrar los medios para hacer posible lo que ya es deseable, es ya el principal desafío político que encara el ambientalismo latinoamericano".2

 

* Miembro de Unión Libre Ambiental.
1 El episodio tuvo lugar en el Congreso Ambiental, "Ambiente para la Paz", realizado en Guaduas, Cundinamarca, entre el 24 y el 26 de Julio de 1998. El ministro de medio ambiente y quien hizo la propuesta de sacar la naturaleza del conflicto era Eduardo Verano de la Rosa, ante la voladura de oleoductos que practicaban los grupos guerrilleros.
2 Véase, Guillermo Castro Herrera, "Desafíos del ambientalismo latinoamericano", en culturadelanaturalezawordpress.com

Publicado enEdición Nº200
Sábado, 22 Marzo 2014 12:26

No hay ambiente para el extractivismo

No hay ambiente para el extractivismo

De inicio a fin del 2013 Colombia fue un país agitado en material ambiental: protestas por el agua en Yopal, "100 mil voces por el agua" que desde Santander contagiaron al país en su rechazo a la minería; las consultas de Piedras y Tauramena indicaron un camino para la autonomía territorial, el Piedemonte llanero se levantó para protestar ante el histórico deterioro ambiental producto de la industria petrolera; y, el Paro Nacional Agrario y Popular puso en primer plano a la tierra y las semillas, dos elementos también centrales para el futuro del país.

 

En este movimiento de disputa, de contienda frente al futuro territorial, el 2013 representó para el país un año de marcada conflictividad social frente a diversos temas en los que el sustrato de las luchas y reivindicaciones ha girado en torno al ambiente y el conflicto ambiental. Las políticas emanadas del gobierno nacional han hecho que se ponga en cuestión, entre muchos otros temas, la manera en la que se avanza con el modelo de libre comercio, la Alianza del Pacífico, y las consecuencias de los TLC para el sector agrícola y otras capas de la sociedad, aspectos que han dado pie a movilizaciones que por momentos han tenido las características de un levantamiento popular.

 

Fue a todas luces un año de movilización y debate ambiental nacional. En diciembre, mientras algunos ya preparaban sus festividades De fin de año, sucedieron dos asuntos de primera importancia que pueden dar elementos para comprender el camino que durante el año vino transitando el país. Nos referimos, de un lado, a la consulta popular en Tauramena –Casanare– que el 15 de diciembre mostró con contundencia la voluntad de la población frente a la exploración y posibilidad de explotación petrolera en una zona caracterizada por ser un verdadero territorio de agua; de otra parte, la esperada sanción a la multinacional Drummond por el vertido de toneladas de carbón a la bahía de Santa Marta, que el gobierno colombiano impuso por 3,5 millones de dólares, luego de las frecuentes denuncias de pobladores caribeños.

 

¿Cuáles han sido las jugadas gubernamentales para legitimar su política y la relación de ésta con el ambiente? ¿Cuáles fueron las principales contiendas por la justicia ambiental en el país? ¿Cómo han respondido comunidades y organizaciones sociales que defienden hoy sus territorios? Éstas son algunas de las cuestiones que a continuación queremos analizar.

 

Apuestas gubernamentales

 

1. ¿Lo que las comunidades decidan?

 

Como se plasma en la historia reciente, comunidades se han organizado para adelantar consultas populares en las que se registra su voluntad frente a proyectos de carácter extractivo, y en las realizadas unánimemente se ha rechazado la imposición de dichos proyectos de la locomotora santista. Ante esta situación, y con posterioridad a la consulta realizada en Piedras –Tolima– y la polémica y debate que desató en Colombia frente al alcance de esta iniciativa y su carácter vinculante o no, el ministro de Minas y Energía, Amilkar Acosta, señaló públicamente, antes de la consulta en Tauramena y ante esa población, que sería respetada la voluntad popular. Sorpresiva y contradictoriamente afirmó con posterioridad al resultado que estas decisiones no tienen carácter vinculante, en un claro cambio de posición también con las posturas que le caracterizaban antes de hacer parte del establecimiento. Las contradictorias alocuciones del ministro profundizan los interrogantes sobre la concepción de este gobierno acerca de los mecanismos de participación popular y ante todo sobre su concepción de la democracia. También se hace confusa la posición institucional frente al accionar de las empresas.

 

La multa impuesta a la multinacional Drummond contrasta con el respaldo que en las últimas semanas el presidente Santos entregó a las empresas y corporaciones mineras en el marco del III Congreso de Minería. Sin temor a equivocarse, la sanción a la multinacional fue producto de las consecutivas denuncias que frente a la empresa se han entablado y a la visibilización que tuvo el tema en los medios nacionales. En este caso, y por más que el monto de la sanción es irrisorio, la presión social llevó a que el accionar de la empresa no quedara completamente impune. Sin embargo, surgen interrogantes frente a otros intereses que podrían estar tras esta decisión del gobierno, sobre todo cuando abundan muchos otros casos en los que las formas de acción de las empresas son desastrosas y en los que no ha surgido el protagonismo de la ministra de Ambiente, Luz Helena Sarmiento1, como sí en el caso Drummond.

 

Ante el sorprendente cambio de actitud del gobierno respecto a los daños ambientales de la Drummond vale la pena indagar si tiene que ver con no se podía seguir "tapando el sol con los dedos", dada la nefasta gestión del sector extractivo minero –concepto que no parece ser compartido por el mandatario de las y los colombianos empecinado en dar continuidad a las condiciones para la industria extractiva pese a la mala gestión de las empresas mineras, que incluso algunos empresarios reconocen– o hace parte del entramado táctico en el que se encuentran hoy las fuerzas políticas de la unidad nacional en periodo pre-electoral.

 

2. En Colombia ¿la tierra es para los campesinos?

 

Mientras en La Habana, en los diálogos de paz de Colombia se discutía, entre otros puntos, la política de desarrollo agrario integral, en el país, los diversos movimientos campesinos convocaron para el 19 de agosto a un Paro Nacional Agrario y Popular, para expresar la incoformidad del campesinado, por su paulatino empobrecimiento como resultado de los tratados de libre comercio y las políticas agrarias que han buscado destruir la economía campesina, incluyendo la penalización de el uso, conservación e intercambio de la semilla nativa. El paro que se mantuvo durante más de dos meses, a pesar de la estrategia del presidente Santos, que incluyó: la invisibilización, la negociación por separado con cada sector, la estrategia de militarización y represión, siguiendo los tiempos de la seguridad democrática y las violaciones sistemáticas y manifiestas a los derechos de la población, logró levantar con fuerza los debates sobre la tierra, las semillas, la soberanía alimentaria. Este fenómeno social permitió recuperar la dignidad campesina y abrir un diálogo campo – ciudad.

 

Sumado a este intenso debate e importante movilización social, una alianza de organizaciones sociales y ambientalistas y, congresistas de oposición pusieron en evidencia las formas de acaparamiento de tierras en el país. Sobresalieron los escándalos relacionados con la estadounidense Cargill y la apropiación indebida de tierras baldías de la Nación, en un estimado de 26 mil hectáreas en la Orinoquía, y la feroz disputa entre empresarios que quieren quedarse con la altillanura colombiana y su potencial productivo de 4 millones de hectáreas, son la punta del iceberg de un conflicto declarado que involucra grandes empresas en contra de las comunidades campesinas de diversas zonas de Colombia.

 

No obstante esta intensa agenda social, el gobierno nombró como titular de la cartera de agricultura a Rubén Darío Lizarralde, quien ha estado involucrado en los escándalos por la venta de terrenos baldíos a través del modelo indupalma, desde donde se desprende una estrategia gubernamental para llevar el agro por el mismo camino de los acaparamientos y la financiarización que hoy padece.

 

En síntesis, las respuestas gubernamentales se han jugado en el escenario de los cambios institucionales para garantizar la imposición del modelo, y con el nombramiento de los tres ministros a quienes hemos hecho referencia, cambios de titular de cartera hechos curiosamente en medio del Paro Nacional Agrario y Popular. Con la ministra de Ambiente girando de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales –ANLA– al Ministerio, la vinculación de Acosta, excontradictor de la política minero – energética y ahora como ministro de Minas y Energía afín a la locomotora, y en la cartera de agricultura un personaje envuelto en grandes escándalos con terrenos baldíos de la nación, el futuro del ambiente desde la institucionalidad no parece estar resguardado.

 

La lucha por el agua

 

Otro escenario de las luchas fueron los conflictos por el agua. Contiendas en diversas regiones dan cuenta de esta situación: en Yopal, Nuchia y Tauramena –Casanare– en Humadea, Acacias, Castilla la Nueva –Meta–, en la Provincia del Sugamuxi en Boyacá, entre muchas otras. Los diarios regionales y nacionales registraron las frecuentes movilizaciones de pobladores locales que se organizaron para impedir el acceso a las plataformas petroleras o a las cuadrillas de sísmica, movilizaciones regionales para denunciar la contaminación de aljibes, acuífero, humedales, quebradas, etcétera; otros prepararon importantes participaciones en foros y audiencias públicas exigiendo agua antes que minas y petróleo.

 

La lucha por el agua también movilizó a numerosas comunidades que en varias zonas están enfrentando proyectos hidroeléctricos. En Antioquia, ante las precarias condiciones de seguridad para protestar en la región, centenares de campesinos marcharon desde el Cañón del Río Cauca hacia Medellín y permanecieron en esa ciudad durante varios meses, exigiendo condiciones de vida digna. La agitación en el Huila contra la Hidroeléctrica del Quimbo no ceso, por el contrario, le sumó a ella el proyecto de construir 10 represas en el Alto Magdalena. Esta lucha incluyó diversas estrategias como la promoción del voto en blanco en las elecciones extraordinarias a Gobernador, iniciativa que obtuvo significativos resultados, donde el voto el blanco ganó, especialmente la Cuenca Alta del Magdalena. En el Cañón del Río Fonce en Santander y en la región del Sumapaz, las voces que rechazan las hidroeléctricas ya comienzan a resonar. Como base está la disputa por el control de los ríos, y las comunidades tienen claro que sus formas de relacionamiento con las aguas -la pesca, el barequeo, el turismo comunitario- están hoy amenazadas por los proyectos extractivos hidroeléctricos.

 

Las luchas antimineras continúan emergiendo. El suroeste antioqueño no se detuvo en su defensa por el agua y el territorio; Piedras, un pequeño municipio del Tolima que estaría afectado por una planta de procesamiento minero, realizó en junio la primera consulta popular en Colombia y unánimemente dijo NO al proyecto; Santander sigue dando ejemplo con sus grandes marchas, este año Cien Mil Voces por el Agua convocó a las y los santandereanos y a todo el país. Agua sí - oro no sigue siendo la consigna que más moviliza a las regiones que se oponen a la minería.

 

También las comunidades organizadas para la prestación del servicio del agua, la gran mayoría ubicadas en zonas rurales donde hoy se perfilan proyectos extractivos, han insistido en la organización nacional en red con experiencias concretas de formación popular e interlocución directa con entidades estatales como la Defensoría del Pueblo, buscando a partir de conceptos como el derecho humano al agua abrir los debates para la construcción de una ley propia, que surja de los agentes directos de la prestación del servicio, y asegure la protección territorial que permite la disponibilidad de aguas en cantidad y calidad suficiente para garantizar la vida.

 

La consulta como estrategia para demandar autonomía y democracia real

 

Las comunidades de los lugares en los que se perfilan las principales explotaciones, tanto mineras como petroleras, han iniciado un proceso sin amplios precedentes en la historia del país. La utilización de mecanismos de participación popular, consagrados en la Constitución Política, específicamente la Consulta Popular, se convierten en patrón de referencia del descontento general nacional ante la imposición de un modelo insustentable que pretende venderse bajo la categoría de extractivismo "responsable" con la aplicación sistemática de las falacias de responsabilidad social empresarial y su intentos de suplantación simulada del estado social de derecho. En el fondo, la utilización del mecanismo de participación popular encarna el llamado de la sociedad para que sea tenido en cuenta como constituyente primario y se haga efectiva la categoría de participación en la construcción de la política pública minero – energética. Los resultados de las primeras consultas adelantadas son contundentes, expresan al mismo tiempo la negativa de la licencia social a los proyectos, mientras hacen una llamado a resignificar la democracia con la voz expresa de todas y todos los pobladores de las regiones.

 

De fondo, la política pública y su significado en disputa han sido protagonistas del año en materia ambiental. Más allá de la significación tradicional que ésta ha tenido, generalmente entendida como las directrices del gobierno encargado frente a temas de importancia nacional, y que se materializan en ejecución de los Planes Nacionales de Desarrollo –PND– y en el rumbo que toman los territorios sobre los que aplica dicha política –de aguas, minero – energética, de selvas, petrolera, etcétera–, se ha configurado una apertura por parte de las comunidades, organizaciones y movimientos sociales que reclaman participación de estos sectores en la construcción de lo público y las decisiones que afectan a las unidades territoriales como espacios de acción política.

 

La construcción de lo público a través de la política ha dejado de ser entendida, entonces, como una tarea privilegiada de los funcionarios gubernamentales y de las entidades estatales, dando paso a la construcción de condiciones de posibilidad para una política pública de abajo hacia arriba, en la que los postulados y exigencias comunitarias entran, las más de las veces, en contradicción con las directrices gubernamentales.

 

Reflexión final

 

De acuerdo al informe de las universidades de Yale y Columbia que evalúan el Índice de Desempeño Ambiental (EPI), Colombia cayó del puesto 9 al 85, evidenciando la crítica realidad ambiental del país y el impacto que han causado la guerra, la pésima gestión ambiental, las políticas económicas neoliberales, en especial la implementación de los Tratados de Libre Comercio y, la desregulación ambiental y minera para facilitar la entrega de los bienes naturales al capital transnacional, entre otros asuntos. El deterioro ambiental es cada vez mayor, y en regiones donde desde hace más de tres décadas se desarrollan megaproyectos mineros y petroleros, los daños ambientales ya empezaron a pasar su cuenta de cobro.

 

Aunque si bien, el gobierno no quiere discutir en las negociaciones con la insurgencia el modelo de desarrollo, sin duda, la emergencia de los conflictos ambientales y la fuerza que ganan las resistencias en la defensa de los territorios, del agua, de la tierra, de las semillas, de la Pacha Mama, obligará a poner, mas temprano que tarde, en el escenario nacional, el debate sobre el extractivismo, que tiene de fondo una discusión más profunda. Se trata de debatir sobre otra guerra: la que impone el modelo de desarrollo y de acumulación capitalista, que requiere, no sólo explotar a los seres humanos, sino expoliar los bienes naturales"; que conlleva a reconocer tambien a la naturaleza como víctima del conflicto, y por ende, a colocar, sino en las conversaciones de paz, en un posible posconflicto, la necesidad de definir los procesos de reparación para con ella.

 

* Censat Agua Viva –Amigos de la Tierra– Colombia.
1 La ministra Sarmiento oficiaba como directora de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales –ANLA-, aspecto que requiere mención por lo que puede implicar el tránsito de la funcionaria desde el ANLA a la cartera de Ambiente y las estrategias giratorias en las que se juega el futuro de los territorios que se explotan y el de los que se pretenden explotar.

Publicado enEdición Nº200