Jueves, 15 Diciembre 2011 09:41

Tragedias, como tantas gotas de lluvia

Tragedias, como tantas gotas de lluvia
En Colombia siempre hemos tenido tragedias invernales, pero la magnitud de las dos últimas temporadas ha hecho que las tragedias dejen de ocurrir sólo en ciertos lugares marginales y geográficamente definidos. Es el caso de lo sucedido, por estos días, en el suroccidente de Bogotá, dónde barrios como Vizcaya, Atalaya, El Recreo, Alamada del Río y Quintas, de la localidad de Bosa, y Tintal, de la localidad de Kennedy –algunos construidos bajo la cota del nivel del río y todo parece indicar con tuberías insuficientes para encausar las aguas negras y las procedentes de las lluvías– se inundaron a través de sus cañerías en virtud de la presión ejercida por el alto caudal del río Bogotá y algunos de sus afluentes. Esta tragedia ha dejado 45.000 damnificados, grandes pérdidas para estas familias, así como un futuro con mal olor para ellas, como para toda los que habitamos Bogotá.
 

Caminando por la Alameda

 
Caminar por la alameda en el sector de la ciudadela El Recreo, en Bosa, en un momento se pudiera pensar como una experiencia grata y que permitiera sentirse habitante de la ciudad y al mismo tiempo ribereño y sabanero, con ese horizonte de fondo por donde han llegado tantos viajeros, invasores, desplazados y comerciantes. Ese sueño posible es arrancado muy pronto por el olor de las aguas negras que inundan las calles y los primeros pisos de las casas.
 
Desde la noche del martes 6 de diciembre, estas aguas entraron a los hogares como un huésped, buscando refugio para pasar la noche de las velitas. Según Aura González, “nos dio mucha tristeza porque la noche de las velitas no había luz, nos tocó poner velas encima de unos bultos de arena, y amontonarnos con las cosas recogidas en el segundo piso o subidas en lo que pudimos para que no se nos dañaran”.
 

Anfibios

 
Desde la noche del martes, los habitantes del sector pasaron de ser terrestres a vivir como anfibios: no había escapatoria. Las calles y los primeros pisos estaban inundados. Tantos arreglos navideños en naufragio hacían sentir un diciembre frustrado. En las zonas altas ya había bajado el agua, pero ahora eran el barro y miles de lombrices, además del olor putrefacto de las aguas negras, lo que causaba desazón y desespero entre sus habitantes.
 
Mientras tanto, la vida de anfibio hacía que la gente estuviera de un lado para otro con sus botas de caucho, transportándose ya no en motos, carros o bicicleta, sino en botes, como en cualquier Venecia, intentando descansar en carpas instaladas alrededor del barrio, eso sí, siempre pendiente de sus propiedades, a la expectativa de las ayudas que muy lentamente llegan. 
 
Es un tiempo que parece ser de otro tiempo, como un cuento del que no se pensó nunca ser protagonista. La angustia no deja de reflejarse en el rostro de cientos de personas. También, el inconformismo, comprensible por la angustiosa situación que sobrellevan y por la incapacidad de las instituciones ante el tamaño del desastre ambiental que ahora, como aquellas pestes del Egipto faraónico, ahora afecta a miles de familias. Se espera que, en la medida en que el clima mejore y las motobombas desalojen el agua acumulada en calles y viviendas, se puedan culminar las jornadas de aseo y desinfección, tarea fundamental para impedir epidemias y otras afectaciones en la salud de los moradores de esta parte de la ciudad..
 
Mientras esto sucede, mientras llegan mejores condiciones para retomar la cotidianidad, algunas familias toman lo que pueden y se marchan adonde amigos y familiares que habitan en otros sitios de Bogotá. La situación es desesperante, pues los gastos económicos se multiplican, y los ingreos se reducen. Así lo confirma Armando Romero: “Nosotros vivimos pagando arriendo en esta casa, ahora únicamente tiene trabajo mi esposa, estamos debiendo arriendo y con todo esto los gastos se aumentan. Nos tocó sacar a nuestros hijos para donde un familiar porque aquí se nos iban a enfermar”.
 

La casa en el hoyo

 
“Mire para allá y se da cuenta de que las casas están construidas por debajo del nivel del canal Cundinamarca, mejor dicho, están meditas en un hoyo, ahí se ve”. Estas no son las palabras de un topógrafo o de cualquier otro experto sino las palabras de Joaquín Rodríguez, un habitante del barrio. Algunos de estos sectores fueron construidos hace cerca de 10 años por varias empresas, como la Constructora Bolívar. 
 
Las casas en la ciudadela El Recreo, en contra de un verdadero habitat, son de tres por cinco metros y tienen tres pisos; verdaderas cajitas de fósforos. Estas casas valieron aproximadamente 22 millones de pesos, incluyendo el pago inicial y la papelería. La gran mayoría de las familias que las habitan las están pagando a 10 años; además, muchas de estas casas siguen en obra negra. Para sus habitantes, el problema apenas comienza, bienvenidas todas las ayudas, pero saben que son paliativos, porque de tener una estabilidad y un patrimonio alrededor de sus viviendas pasaron a tener un gran problema porque nadie quiere irse a pagar arriendo allí o comprar estas casas. Mientras tanto, las deudas siguen vigentes, creciendo, pero el valor comercial de las viviendas se deprecia.
 

Soluciones institucionales

 
Parcialmente, el gobierno distrital presenta algunas medidas paliativas a la difícil situación que sobrellevan los habitantes de esta parte de la ciudad: prometió que para 2012 no les cobrarán impuesto vehicular, predial, y de industria y comercio. La Personería Distrital investigará a las Curadurías por haber otorgado licencias de construcción. Se revisará el papel de las alcaldías locales y del Acueducto.
 
Por su parte, el gobierno nacional prometió un cheque de 1 millón 500.000 pesos para antes del 24 de diciembre y dialogar con las instituciones financieras para que no cobren la cuota de vivienda en enero-febrero, y reiteró el anuncio de la licitación para la recuperación del río Bogotá. “Recuperado” el río, se pretende que su ladera sea un parque y no haya nuevos planes de vivienda en la zona.
 
El vicepresidente Angelino Garzón, por su parte, saludó el hecho de que el Fondo Nacional del Ahorro tomara la iniciativa respecto al manejo de las cuotas de los damnificados, e hizo un llamado para que las entidades financieras a las cuales los damnificados les deben su casa se comprometan con medidas efectivas que sirvan para paliar la situación que viven..
 

Bosa y Kennedy son toda Colombia

 
Lo que pasa en las localidades de Bosa y Kennedy sucede de manera reiterativa en toda Colombia. Hasta hace un tiempo, las tragedias invernales en el país las sufrían principalmente algunas poblaciones ribereñas de los principales ríos que recorren el país. Eso era un libreto que ya sabían manipular muy bien los medios de comunicación y las élites. Era un libreto construido y heredado por las mismas élites que, bajo la lógica de un país centralista y excluyente, con in modelo de desarrollo de espaldas a la naturaleza, han concentrado la riqueza en ciertos lugares geográficos menos vulnerables ante los inviernos, mientras en los lugares vulnerables la gente tiene que arrinconarse por efecto de la concentración de la tierra en pocas manos.
 

La Niña que desnuda al sistema

 
Hoy, el fenómeno de La Niña ha rebasado los márgenes históricos del invierno y sus efectos, más allá de los cientos de tragedias vividas y por vivir, y de las típicas respuestas institucionales. Esta Niña está mostrándonos varias cosas. La agudización de los inviernos ha dejado al descubierto que la estructura social colombiana se construye sobre la injusticia social y ambiental. Por eso, los principales damnificados son los pobres y la misma naturaleza. Este invierno ha destapado el hedor que subyace en los lugares donde las tragedias no son resultado del invierno sino de la carencia de una política pública capaz de generar condiciones de vida de no vulnerabilidad.
 
Este mal olor en parte es propio pero tiene un trasfondo heredado de la concepción de desarrollo que hemos importado. Por eso, hoy huele mal en Bosa, en Europa, en Japón y en la Cumbre de las Naciones Unidas por el cambio climático en Durban (Sudáfrica). En Bosa, lo que más huele mal no es el agua putrefacta sino la política de engaño e irresponsabilidad a la que han sido sometidas las personas. Más que el invierno, es esta política de la mentira lo que incuba tragedias y más tragedias.
 

Las causas

 
Se habla de que son causas naturales, divinas o humanas. Cuando el gobierno dice que “esta maldita Niña ha sido el karma de mí gobierno” (palabras del presidente Juan Manuel Santos, Chia, 6 de diciembre), está reforzando la idea de que gran parte de lo que sucede no es responsabilidad de los gobernantes sino de la naturaleza o de Dios.
 
Se dice que los dos últimos inviernos son los más fuertes en décadas, que no se conocía algo así, y aún se discute si La Niña es generada por el cambio climático o no. El tema del invierno y del cambio climático tiene muchos aspectos polémicos, pero algo obvio que ha ratificado el invierno es que, si no se respeta el equilibrio natural, si no se asume una relación de armonía y respeto con la naturaleza, se propician condiciones para nuevos desastres, no sólo ambientales sino de todo tipo. En ese sentido, la relación ser humano-naturaleza que impusieron los invasores, consolidada en la Colonia y prolongada durante siglos, con extensión hasta el presente, marcó el destino nacional.
 
La vulnerabilidad que tenemos a todo nivel, en el campo y ciudades, y la política mentirosa que ha logrado destapar este invierno, al ponernos en esta situación extrema, permite decir que la peor situación ambiental vivida en los últimos años no es el invierno sino el modelo minero-energético impulsado durante el doble gobierno de Uribe (*), extendido hasta el presente, con la aprobación de cientos de títulos mineros que destruirán y contaminarán nuestras cordilleras, arrinconando a miles de pobladores del campo y la ciudad, quienes padecerán en próximos inviernos, o fuera de estos, situaciones calamitosas.
 

También me gustan los estudiantes y los indígenas

 
Uno de los comentarios de los damnificados en Bosa es que tienen que demandar, que necesitan abogados. Así como ellos necesitan abogados hoy, otros los consiguieron ayer, junto a topógrafos, ingenieros y funcionarios corruptos que autorizaron la construcción de estas viviendas. En tal sentido, tienen razón los estudiantes colombianos en sus recientes jornadas de protesta, al hablar de luchar por otro modelo de educación; por una educación pública, gratuita y de calidad, porque sólo así es posible graduar profesionales con criterios éticos que no permitan la incubación de estas tragedias. Este es el motivo por el cual han invitado a la sociedad toda a vincularse al debate sobre la educación que requerimos en el país y la manera de abordarla.
 
Lo que ha sucedido en los primeros días de diciembre en el suroccidente de Bogotá, y sucede en muchos lugares de Colombia y el mundo, es el reflejo de la crisis de un modelo de sociedad y de vida que nos está degradando y matando. Los ancestros muiscas que habitaron la Sabana de Bogotá tenían otro modelo de relación con la naturaleza, defendido continentalmente por los pueblos indígenas de hoy. Esta herencia viva y recreada, a pesar de los problemas y los matices en las comunidades, es un patrimonio cultural de toda la sociedad colombiana, que en su trasfondo señala la necesidad de un reordenamiento territorial urbano y rural, como única vía para construir justicia y vida digna, y para evitar próximos desastres ambientales, por motivos ya diagnósticados.
 
La enseñanza está a la mano. También, el camino por seguir.
 
 
(*) En su primera administración se duplicó el área titulada para la minería, superando los 1,1 millones de hectáreas. Las cifras se multiplicaron exponencialmente a partir de 2006, y por más de cuatro veces entre ese año y 2009, logrando adjudicar para la explotación minera un total de 8,4 millones de hectáreas.
 
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Durban: las negociaciones entran en la fase política
Las negociaciones sobre cambio climático, que se llevan a cabo en Durban, Sudáfrica, desde el 28 de noviembre, entran esta semana en la fase de negociaciones políticas de alto nivel. Si bien parece perfilarse una postura mayoritaria de que Durban no debe significar el sepelio del Protocolo de Kioto, bien podría ser -como señaló un representante de Greenpeace- que éste termine en la unidad de cuidados intensivos.
 
Hay dos temas centrales y cruciales en los debates en esta Conferencia de las Partes (COP17): la renovación de los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, en el marco del Protocolo de Kioto, cuyo primer periodo vencerá en 2012; y los mecanismos y fuentes financieras del Fondo Verde Climático (FVC), considerado indispensable para la implementación efectiva de otra serie de acuerdos y mecanismos, como los planes de adaptación, mitigación y transferencia tecnológica para que los países en desarrollo puedan enfrentar el cambio climático.
 
Voceros de la sociedad civil y movimientos sociales presentes en Durban están escandalizados por la aparente falta de voluntad política de algunos de los actores más potentes de comprometerse con acciones contundentes y a corto plazo, ya que la situación actual y las amenazas de catástrofes exigen respuestas urgentes. Los plazos y metas necesarios para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a un nivel más sostenible ya fueron reconocidos por la comunidad internacional en años anteriores.
 
El lunes, Nicolas Stern (autor del Stern Review sobre la economía del cambio climático), en una rueda de prensa, recordó las cifras: en los próximos 40 años, se tendrá que reducir las emisiones del nivel actual de unos 50 mil millones de toneladas anuales, a menos de 20 mil millones, para tener la posibilidad (aunque no la seguridad) de mantener el calentamiento global promedio por debajo de los 2 grados. Al mismo tiempo, 6 de los 7 mil millones de habitantes actuales del globo requieren de un crecimiento económico para satisfacer sus necesidades básicas, recordó.
 
No obstante, hasta ahora ni siquiera se han cumplido las metas globales -poco ambiciosas- de reducir las emisiones globales en un 5% hasta 2012 (sobre los niveles de 1995). Un estudio difundido por el Global Carbon Project a fines de noviembre revela que en 2010, las emisiones globales de carbono aumentaron en 5,9%, el mayor aumento anual registrado hasta ahora. El promedio de la última década ha sido un crecimiento del 3% anual, comparado con cerca de 1% en los años 90.
 
A pesar de esta situación, no se percibe en Durban un sentido de urgencia por parte de los grandes actores; incluso la mayoría de propuestas en discusión hablan de al menos ocho años más para seguir negociando, antes de asumir compromisos más radicales.
 

Planteamientos

 
Los países del ALBA, que han venido concertando posturas comunes, expresaron públicamente sus preocupaciones con el estado de las negociaciones. “No hemos visto avances significativos en el Protocolo de Kioto y eso todavía nos preocupa”, señaló en rueda de prensa la jefa de la delegación venezolana, Claudia Salerno. Los países del ALBA están comprometidos en buscar “un resultado que sea significativo para el planeta”, lo cual implicaría compromisos substanciales de reducción de emisiones, y a corto plazo. “Si las fechas críticas se establecieron en el año 2009, no entendemos cómo ahora ciertos países desarrollados planteen hojas de ruta que pueden tomar muchos años y que concluirían quizás con mucha esperanza en el 2020”, puntualizó.
 
Paul Oquist, ministro de la Presidencia para Políticas Nacionales de Nicaragua, respondiendo a una pregunta de ALAI, señaló que los países con responsabilidad histórica para las emisiones, y que tratan de evadir su responsabilidad civil por los daños causados a los países en desarrollo, ahora podrían sumar una nueva responsabilidad histórica: el de decretar una década perdida. “No lo podemos aceptar”, sentenció.
 
En los últimos días, China modificó su posición al decir que podría aceptar nuevos compromisos vinculantes a partir del 2020, pero estableció cinco condiciones. Por su parte, Japón, Canadá y Rusia han dicho hace algún tiempo que no participarán en un nuevo periodo de compromisos, pero también han señalado que no obstaculizarán un nuevo acuerdo.
 
En cambio Estados Unidos, que ni siquiera firmó el Protocolo, viene planteando medidas dilatorias y buscando debilitar los acuerdos, como lo denunciaron miembros del Climate Action Network. Nuestro mensaje a Obama, dijo Kumi Naidoo, es que si no puede lograr que su equipo acá en Durban cambie su actitud negativa, entonces “que se haga a un lado para dejar que el resto del mundo avance”. Jim Leape agregó que “ninguna de las soluciones actualmente en la mesa nos salvarán de la tragedia”, y que falta ambición y voluntad política.
 
En entrevista con ALAI, el jefe de la delegación boliviana, René Orellana, identificó como principales obstáculos a superar, primero “que el segundo periodo de compromisos se dé sin condicionamientos”, es decir que los compromisos no deben ser negociables a cambio de algo, sino que son “una responsabilidad moral y ética”. Y segundo, que los países desarrollados que no entren al segundo periodo de compromisos “admitan, acepten y decidan tener un sistema de cumplimiento de sus ofertas de reducción”. Ello implica que sus ofertas de reducción (voluntarias) permitan cuantificar la reducción de emisiones, con “un sistema de control riguroso y un sistema punitivo”, en caso de incumplimiento. Bolivia ha presentado una propuesta en este sentido a la Conferencia, pues, según los actuales textos en debate, mientras que la mayoría de países, que sí aceptan compromisos vinculantes, se someterían a un sin fin de controles, monitoreos, restricciones y verificaciones, hasta ahora no se contempla nada similar para los países con metas voluntarias.
 
En los pasillos se comenta que probablemente algún tipo de acuerdo saldrá de Durban que mantenga en vida el Protocolo de Kioto, mientras se siga negociando un instrumento más contundente; pero hay poco optimismo que pueda estar a la altura de lo que el planeta y la humanidad requieren, ni con la urgencia necesaria.
 

El Fondo Verde

 
La creación del Fondo Verde Climático ya fue acordada en Cancún, y durante el año se ha avanzado en definir el marco operativo, pero aun persisten marcadas diferencias sobre algunos aspectos. Se da por sentado que se llegará a un acuerdo sobre los mecanismos; no obstante, poco se está discutiendo las fuentes para llenar el fondo. Para los países del ALBA, se requieren compromisos claros y obligatorios de los países desarrollados. Ya se ha visibilizado el fracaso de los mecanismos voluntarios, afirmó Oquist.
 
Por su parte, Ecuador ha sometido a la conferencia una propuesta de monitoreo y verificación para los mecanismos de financiamiento, para saber cómo se están ejecutando los fondos comprometidos. De los fondos Fast Start establecidos en Copenhague hasta 2012, “ni el 9% han sido invertidos en los países en desarrollo”, destacó la ministra del Patrimonio, Mará Fernanda Espinosa. “Lo que vemos es una serie de baúles vacíos de recursos, pero llenos de retórica”, denunció. Esto deja en entredicho otros acuerdos de Cancún, cuyos mecanismos se están afinando en Durban, como adaptación, iniciativas REDD, mitigación, porque quedarán desfinanciados.
 
La posición de Bolivia en estas negociaciones se alinea con los demás países del ALBA presentes.  No obstante, afirma no haber dejado de lado los compromisos de Tiquipaya (Conferencia Mundial de los Pueblos, 2010). En este marco, señaló René Orellana, Bolivia ha presentado una propuesta muy rigurosa de manejo sustentable de los bosques, sin los mercados, que contempla la captura de carbono pero también una visión más integral, como espacio de vida que incluye alimentación, biodiversidad, agua. Algunos países han expresado interés, dice, pero la mayoría de países no han dado señal al respecto.
 
En otro tema, consecuente con el rechazo a los mercados como mecanismo de financiamiento expresado en Tiquipaya, se ha presentado una propuesta de impuesto a las transacciones financieras y un impuesto a los buques de navegación internacional y la aviación (que no responden a ningún país). Esto se está negociando y Bolivia tiene esperanzas de que sea incluida.
 
En cuanto a si habrá una segunda Conferencia de los Pueblos, Orellana respondió que son los movimientos sociales del mundo los que tienen que definirlo: “Esa conferencia ya tiene que ser apropiada por ellos y ya no por un Estado. Nosotros por supuesto lo apoyamos,” acotó.
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Jueves, 16 Diciembre 2010 07:21

Controversias sobre la justicia climática

La energía no puede reciclarse y, por tanto, incluso una economía que no creciera y que use combustibles fósiles, necesitaría suministros frescos que vengan de las fronteras de la extracción. Lo mismo se aplica a los materiales que en la práctica se reciclan solamente en parte (como el cobre, el aluminio, el acero, el papel), no más de 40 o 60 por ciento. Si la economía crece, la búsqueda de fuentes de energía y materiales es aún mayor. Hay una acumulación de beneficios y de capital por la desposesión (como dijo David Harvey en 2003) o una raubwirtschaft (una expresión de geógrafos de hace 100 años) y hay también acumulación mediante la contaminación con lo que queremos decir que los beneficios capitalistas aumentan por la posibilidad de echar a la atmósfera, al agua o a los suelos, sin pagar nada o pagando poco, los residuos producidos. Que el precio de la contaminación sea bajo o nulo no indica un fallo del mercado sino un éxito (provisional) en transferir los costos sociales a la gente pobre y a las futuras generaciones. Eso es evidente en el caso de los gases con efecto invernadero. Por eso hay protestas bajo el nombre de justicia climática.

No son solamente los activistas de la justicia climática tan visibles en Cancún sino también bastantes gobiernos de países relativamente pobres, quienes reclaman la deuda ecológica, una idea que nació en América Latina entre las organizaciones de justicia ambiental en 1991. Estados Unidos (EU), la Unión Europea (UE) y Japón no reconocen esta deuda, pero en Copenhague, en diciembre de 2009, por lo menos 20 presidentes de Estado o de gobierno mencionaron explícitamente la deuda ecológica (o deuda climática). Algunos incluso usaron la palabra reparación (de daños).

En Cancún estuvieron más calmados, pero también se habló de la deuda ecológica desde algunos púlpitos gubernamentales. Pablo Solón, el embajador de Bolivia en la ONU, que ha tenido una posición valiente en Cancún, ya dijo en Copenhague el año pasado que “admitir responsabilidad por el cambio climático sin tomar las acciones necesarias para hacerle frente, es como si alguien le pone fuego a tu casa y después se niega a pagarla. Aunque el fuego se hubiera iniciado sin querer, los países industrializados, con su inacción política, han continuado echando gasolina al fuego.

No tiene justificación alguna que países como Bolivia tengan ahora que pagar esa crisis climática, lo que implica una enorme carga sobre nuestros recursos limitados para proteger a nuestra gente de esta crisis causado por los ricos y por su sobreconsumo. Nuestros glaciares están en regresión, las fuentes de agua se secan. ¿Quién debe hacer frente a eso? A nosotros nos parece justo que el contaminador pague, y no los pobres. No estamos aquí asignando culpabilidad sino solamente responsabilidad. Como dicen en EU, si lo rompes, lo pagas.

El trasfondo al discurso de Pablo Solón en Copenhague, hace un año, fue la declaración de Todd Stern (como principal negociador de EU) en una conferencia de prensa el 10 de diciembre del 2009. Reconocemos absolutamente nuestro papel histórico en poner las emisiones en la atmósfera, allá arriba. Pero el sentido de culpa o tener que pagar reparaciones, eso lo rechazo categóricamente (www.climate-justice-now.org/bolivia-responds-to-us-on-climate-debt-if-you-break-it-you-buy-it/).

A esta controversia se añadió inesperadamente el economista Jagdish Bhagwati, profesor de Columbia University en Nueva York, en un artículo en el Financial Times del 22 de febrero de 2010. Sin conocer aparentemente ni la literatura activista (www.deudaecológica.org) ni la académica, sobre el tema desde 1991, Bhagwati escribió que EU al enfrentarse a problemas de contaminación, tras el escándalo de Love Canal, creó en 1980 la legislación llamada Superfondo (la ley se llama oficialmente Cercla) que exige que la compañía responsable elimine los residuos tóxicos. Esta legislación sobre daños y perjuicios implica una responsabilidad estricta en el sentido legal, de manera que la responsabilidad existe aunque no se supiera entonces que los materiales vertidos eran tóxicos, como en el caso de las emisiones de dióxido de carbono hasta hace poco tiempo. Además, las personas perjudicadas pueden presentar sus propias demandas. En cambio, Todd Stern, el principal negociador estadunidense, rechazando esta tradición legal interna de EU en lo que respecta a casos de contaminación en su propio territorio, niega cualquiera obligación legal y cualquier pago por las emisiones pasadas. Evidentemente, EU debe dar marcha atrás en este punto.

Todos los países ricos deben aceptar sus pasivos ambientales, en proporción a su parte de emisiones históricas de dióxido de carbono como las contabiliza el Panel Internacional de Cambio Climático. El pago será según la responsabilidad por daños y perjuicios, por tanto esos fondos de ninguna manera pueden contarse como parte de la habitual ayuda al desarrollo, eso sería indignante. No le vas a quitar la pensión a un anciano que gana un pleito por daños y perjuicios”. Así escribió Jagdish Bhagwati.

En la UE, la Environmental Liability Directive (que se traduce como Directiva de Pasivos Ambientales, donde pasivo ambiental es sinónimo de deuda ecológica) fue promulgada en abril de 2004 aunque no todos los miembros de la unión la han transferido aun a su legislación interna. Esta legislación se supone que es para aplicación interna en la UE, no se aplica a la deuda climática (por lo menos mientras ningún juez diga lo contrario), y requiere que los estados exijan a las compañías que paguen los daños causados, incluida la restauración del ambiente cuando sea factible. En el caso del derrame de barros rojos de la producción de alúmina en Hungría en octubre de 2010, un experto de una compañía de seguros declaró que si por casualidad, extingues una oscura especie de mariposa que sólo existía en ese lugar concreto, ¿cómo vas a decir lo que vale en dinero? (Financial Times, 14 de octubre de 2010, Toxic slugde tests Brussels pollution law). Resulta muy difícil exigir la responsabilidad legal de las compañías europeas por sus pasivos socio-ambientales en el extranjero (aunque la Shell está ahora en juicio en Holanda por daños hechos en el delta del Níger). Más difícil aún es conseguir que se reconozca la deuda ecológica de EU y de la UE por los daños causados y por los costos que hace falta pagar ahora para prevenir los efectos del cambio climático a causa de las emisiones (históricas y actuales) desproporcionadas de esos países.

Sin embargo, el reclamo de compensaciones por la deuda climática se hace sentir en la calle, en los foros alternativos, 20 años después de la conferencia de Río de Janeiro de 1992. Y también se escucha a veces en las salas donde se reúnen las delegaciones oficiales. Así en Copenhague en diciembre de 2009, el entonces canciller de Ecuador, el doctor Fander Falconí, señaló que los países pobres eran como fumadores pasivos, y preguntó por qué no se aplicaba el principio de que el contaminador paga, reclamando la deuda histórica por cambio climático.

Existen cálculos al respecto. La economista de la India, Jyoti Parikh, publicó un cálculo en 1995 en que cifraba la deuda climática en 75 mil millones de dólares al año de los países del Norte a los del Sur. Vean que el Fondo Verde prometido en Cancún es de esa cantidad como un fondo, no como un pago anual, y no es un pago de deuda sino una contribución para adaptación, incluso tal vez en forma de créditos.

Parikh calculó el importe viendo lo que se ahorraban los países ricos al no realizar las necesarias reducciones de las emisiones. Srinivasan y otros autores, incluido el economista ecológico de Berkeley, Richard Norgaard, cuantificaron en unos 2 millones de millones de dólares (2008) la deuda ecológica acumulada del Norte al Sur, la mayor parte a cuenta de la deuda climática. Ese cálculo se publicó en los Proceedings of the National Academy of Sciences, indicando la credibilidad académica del concepto de deuda ecológica. Hay otros libros y artículos en revistas científicas sobre este tema.

La deuda ecológica es un concepto nacido entre activistas que ahora llega a las publicaciones académicas y tal vez llegue a las políticas públicas, sorteando amenazas y sobornos como los que los negociadores de EU han prodigado, según explica Wikileaks.

Joan Martínez Alier,  catedrático de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona
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Martes, 14 Diciembre 2010 07:25

El acuerdo de Cancún: licencia para matar

El acuerdo de Cancún ha sido presentado ante la opinión pública como un avance en la lucha por enfriar el planeta. ¿Es verdad? No, no lo es. Fue un gran fracaso. Para combatir el cambio climático no hay más que una medida eficaz: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El acuerdo aprobado en la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 16) no avanzó un solo milímetro en esta dirección.

El acuerdo de Cancún es bueno para Estados Unidos y los países desarrollados, pero es muy malo para el clima. No impide que la temperatura global aumente en más de cuatro grados centígrados. Y, como señaló con toda claridad la delegación de Bolivia, recientes reportes científicos muestran que 300 mil personas ya están muriendo cada año por los desastres relacionados con el cambio climático. Este texto amenaza con el aumento de muertes anuales a un millón.

Los compromisos de reducción de emisiones contemplados en el documento apenas alcanzan 60 por ciento de lo que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) indica como requerimiento para que la temperatura se eleve.

El acuerdo da permiso para matar. Más que avance es un retroceso. Las naciones desarrolladas no ofrecieron nada nuevo en reducción de emisiones ni en financiación. Por el contrario, lograron abrir los candados para dar marcha atrás a los compromisos existentes, y avalar todas las rutas de escape posibles para evadir sus responsabilidades. El texto comunica textualmente que los países acuerdan que las emisiones nacionales deben tocar techo lo antes posible, pero no especifica cuál es ese techo, cuándo es lo antes posible ni qué sucede a los que no lo cumplan.

El acuerdo de Cancún crea las condiciones para vaciar de contenido el Protocolo de Kyoto. El protocolo fue aprobado en 1997 en Japón, y entró en vigor en febrero de 2005. Fija límites para la emisión de gases de efecto invernadero, vinculantes, para 37 países industrializados. Estados Unidos firmó el acuerdo, pero no lo ratificó. Los 183 países que lo ratificaron fueron responsables de menos de 55 por ciento de las emisiones de CO2 de 1990.

El documento aprobado está lleno de lagunas, confusiones deliberadas e imprecisiones. Asienta, por ejemplo, que se deben completar los trabajos para prorrogar Kyoto lo antes posible para que no haya brecha entre el primero y segundo periodo de cumplimiento, pero no dice cómo, cuándo, dónde y en qué términos. Se trata de una formulación de buena voluntad. Por ejemplo, Japón, que se había negado a seguir adelante con el segundo periodo de cumplimiento, puede alegar que salió triunfante.

El texto de Cancún abre la posibilidad de que los objetivos de disminución de gases de efecto invernadero no sean vinculantes (como lo son ahora) y su cumplimiento sea solamente voluntario, es decir, como una llamada a misa a la que asiste quien quiere. Los países –dice el texto– se comprometen a discutir las opciones legales para alcanzar un resultado acordado en 2011 en la Cumbre de Durban.

El acuerdo de Cancún fue aprobado sin consenso y con una maniobra diplomática de graves consecuencias hacia el futuro. A lo largo del plenario Bolivia expresó su desacuerdo de manera razonada. La canciller Patricia Espinosa violentó el sistema de toma de decisiones de Naciones Unidas. Este tipo de resolutivos deben ser aprobados por consenso, es decir, sin votos en contra. Así ha sido siempre. Y esa norma no fue respetada. La funcionaria mexicana rompió la regla del consenso. La violación sienta un grave precedente.

Penosamente, Bolivia no fue apoyada por los países de la Alba. La dejaron morir sola, permitieron que el gobierno mexicano la aislara. Claudia Salerno, la representante de Venezuela, apostó a convertirse en la negociadora responsable. Al final declaró: Yo puedo regresar a mi casa diciendo: tengo algo. Por supuesto no aclaró qué. Algunos representantes diplomáticos de estas naciones dijeron, extraoficialmente, que las posiciones de Evo Morales eran muy radicales y no llevaban a ningún lado, y que era necesario sacar una declaración final de compromisos.

La posición de Bolivia en favor de la justicia climática en la cumbre fue absolutamente congruente con las propuestas acordadas por 35 mil personas que asistieron a la Conferencia Mundial de los Pueblos de Cochabamba en abril de 2010. En el año transcurrido desde Copenhague, esas propuestas se integraron en el texto de negociación de las partes. Sin embargo, el texto de Cancún excluyó sistemáticamente esas voces. El resto de las naciones que integran la Alba no honraron esos compromisos, a pesar de la participación de varios mandatarios de países latinoamericanos en Cochabamba.

Una pista de los intereses presentes en el acuerdo de Cancún la brindan las declaraciones de Todd Stern, el representante de Estados Unidos. Se logró un paquete equilibrado de decisiones, dijo. Añadió: Lo que tenemos ahora es un texto que, aunque no es perfecto, es una buena base para seguir adelante.

En Cancún no hubo un pequeño paso hacia delante, como claman ONG como Oxfam. Por el contrario, se abrió la puerta a una mayor privatización y mercantilización del clima. Tal como dijo Vía Campesina: El balance es negativo para la humanidad, pues se abrieron las puertas al gran capital y a las trasnacionales para que continúen con sus negocios y sigan apostando con la vida.

Por Luis Hernández Navarro
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Sábado, 05 Junio 2010 08:48

Manchas

Las “manchas”, del más diverso tipo ganaron las primeras planas noticiosas en los últimos días. Una de las más prominentes es la ocasionada por el derrame de petróleo en el Golfo de México, que se sigue expandiendo y amenaza con convertirse para el presidente Barack Obama en algo peor que lo que fue el huracán Katrina y sus consecuencias para su antecesor George Bush. Podría decirse mucho sobre la virtual declaración de derrota del mandatario estadounidense cuando admite que no tiene medios y recursos para detener el desastre ecológico. El poderoso Estado norteamericano es incapaz de poner límite a los perjuicios causados por una empresa privada que, en busca de maximizar sus ganancias, tampoco se preocupó antes de estimar los riesgos y prevenir las medidas necesarias ante la posibilidad de una catástrofe de este tipo. No es la derrota de los Estados Unidos o de Obama en particular, sino un nuevo retroceso de la humanidad frente a la voracidad capitalista que sólo repara en la superexplotación irracional de los recursos naturales y que se nos suele presentar como “desarrollo”. El filósofo francés Edgar Morin escribió ya en el 2002 que “el desarrollo, incluso en su forma suave de desarrollo sostenible, consiste en seguir la vía que conduce al desastre”, y sostuvo sin vueltas que “hay que cambiar de vía para un nuevo comienzo” (en Morín, E., ¿Hacia el abismo?, Paidós, Buenos Aires, 2010). Tal como lo señala el analista francés, lo que está en tela de juicio es el modelo de desarrollo, y con ello la racionalidad y los equilibrios que la sociedad internacional necesita para su propia sobrevivencia. Y para este fin es evidente que no funcionan los organismos y los espacios internacionales, incluso aquellos que se adjudican la gobernanza global. En primer lugar porque el sistema internacional está viciado en sus bases: no todas las opiniones valen lo mismo ni hay condición alguna de igualdad entre los estados. Basta con advertir lo que pasa en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, actuando como un mecanismo permanente de legitimación de los abusos de los poderosos y sus aliados. Pero también en situaciones que nos atañen más directamente, como la acción abusiva de Gran Bretaña en las aguas de Malvinas. ¿Acaso alguien piensa que el pronunciamiento formal, mayoritario, recurrente y reiterado de los distintos foros internacionales a favor de la reapertura de las negociaciones por la soberanía del archipiélago entre argentinos y británicos producirá algún cambio en la posición de Londres? Pensar que ello puede ocurrir sería tan ingenuo como sostener la presunta neutralidad de Estados Unidos, en 1982 y ahora, en esa disputa.

No habría que desconectar totalmente estos episodios de lo ocurrido frente a Gaza por la irracional acción de las fuerzas armadas israelíes contra la flota de barcos encabezados por el Mavi Marmara. Es una mancha de otro tipo. Aun corriendo el riesgo de equivocación –por la distancia y las múltiples mediaciones que tiene la noticia–, casi se podría decir que la condición de “partidarios violentos del terrorismo” que Benjamin Netanyahu pretende adjudicarles a los participantes de la llamada “flota humanitaria” es un nuevo exceso verborrágico para ocultar los errores propios. Y que las armas que los israelíes denuncian que estaban a bordo de los barcos repletos de ayuda humanitaria para Gaza son tan inexistentes como las “armas químicas” que los norteamericanos usaron de pretexto para arrasar Irak y acabar con Saddam Hussein. Estados Unidos, igual que en el caso anterior pero ahora claramente a favor de sus intereses en la región, declaró también su “impotencia”: se “lamentó” por las víctimas, pero no condenó a Israel. Faltó decir que “el fin justifica los medios”, como sí lo dicen de diferentes maneras muchos representantes del Estado israelí.

En todo caso, el pueblo palestino de Gaza no puede seguir siendo otra víctima inocente del conflicto árabe-israelí. Partiendo de la condena a cualquier tipo de terrorismo, está ciertamente demostrado que el uso de la fuerza irracional, tampoco por parte de los estados, no es una vía para alcanzar la paz duradera.

Las dos manchas se conectan por un cordón umbilical: la política imperialista de los poderosos. Que son estados o empresas o una combinación de ambos. Que se expresan política y económicamente. Y que tienen como víctimas a pueblos, grupos y comunidades que son rehenes de las decisiones del poder y de sus ambiciones. Situación que sólo es posible modificar a través de una nueva forma de relaciones internacionales en las que reine una ciudadanía democrática planetaria. ¿Mirada ingenua o utópica? Seguramente tan ingenua como utópica, pero imprescindible para evitar más manchas que conduzcan a más catástrofes. Habrá que construir entonces la viabilidad para un mundo con relaciones diferentes. Es tarea de todos. Morin dice en el mismo texto citado anteriormente que “tomar conciencia de los peligros puede ser un golpe de efecto para encaminarse en la vía de la sabiduría” y que “la vía de la sabiduría requiere una toma de conciencia capital de la solidaridad humana y el destino de una comunidad planetaria” (pág. 112). Ojalá que así sea.

 Por Washington Uranga
Publicado enInternacional
Domingo, 21 Junio 2009 10:59

Madre ambiente

Ecología viene del griego "oikos", casa, y "logos", conocimiento. Por tanto, es la ciencia que estudia las condiciones de la naturaleza y las relaciones entre todo lo que existe -pues todo lo que existe coexiste, pre-existe y subsiste. La ecología trata, pues, de las conexiones entre los organismos vivos, como las plantas y los animales (incluyendo los hombres y las mujeres), y su medio ambiente.

Quizás fuera más correcto, aunque no tan apropiado, hablar de ecobionomía. Biología es la ciencia del conocimiento de la vida. Ecología es más que el conocimiento de la casa en que vivimos, el planeta. Así como economía significa administración de la casa’, ecobionomía quiere decir administración de la vida en la casa’. Y es posible llamar al medio ambiente madre ambiente, pues él es nuestro suelo, nuestra raíz, nuestro alimento. De é venimos y a él volveremos.

Esta visión de interdependencia entre todos los seres de la naturaleza se perdió con la modernidad. A lo cual ayudó una interpretación equivocada de la Biblia -la idea de que Dios lo creó todo y finalmente lo entregó a los seres humanos para que "dominasen" la Tierra. El
dominio se convirtió en sinónimo de expoliación, estupro, explotación. Se buscó la manera de arrancarle al planeta el máximo de lucro. Los ríos fueron polucionados; los mares, contaminados; el aire que respiramos, envenenado.

Pero no existe separación entre la naturaleza y los seres humanos. Somos seres naturales, aunque humanos porque estamos dotados de conciencia e inteligencia. Y espirituales, porque estamos abiertos a la comunión de amor con el prójimo y con Dios.

El Universo tiene cerca de 14 mil millones de años. Y el ser humano existe hace apenas 2 millones de años. Eso significa que somos el resultado de la evolución del Universo que, como decía Teilhard de Chardin, es movida por una "energía divina".

Antes del surgimiento del hombre y la mujer, o Universo era bello, pero ciego. Un ciego no puede contemplar su propia belleza. Cuando surgimos, el Universo ganó, en nosotros, mente y ojos para mirarse en el espejo. Al mirarnos la naturaleza, es el Universo quien se mira a través de nuestros ojos. Y ve que es bello. Por eso es llamado Cosmos. Palabra griega que da también origen a la palabra cosmético -lo que imprime belleza.

La Tierra, ahora, está polucionada. Y nosotros sufrimos los efectos de su devastación, pues todo lo que hacemos se refleja en la Tierra, y todo lo que sucede en la Tierra se refleja en nosotros. Como decía Gandhi: "La Tierra satisface las necesidades de todos, menos la voracidad de los consumistas". Son los países ricos del Norte del mundo los que más
contribuyen a la contaminación del planeta. Son responsables del 80% de la contaminación, de los cuales los EUA contribuyen con el 23% e insisten en no firmar el Protocolo de Kyoto.

"Cuando el último árbol sea talado -dice un indio de los EUA-, el último río envenenado y el último pez pescado, entonces vamos a darnos cuenta de que no podemos comer dinero".

El mayor problema ambiental, hoy, no es el aire polucionado o los mares sucios. Es la amenaza de extinción de la especie humana, debido a la pobreza y a la violencia. Salvar la Tierra es liberar a las personas de todas las situaciones de injusticia y opresión.

La Amazonía brasileña es un ejemplo triste de agresión a la madre ambiente. Al comienzo del siglo XX, muchas empresas se enriquecieron con la explotación del caucho y dejaron en su lugar un rastro de miseria. En los años 1970 el multimillonario norteamericano Daniel Ludwing cercó uno de los mayores latifundios del mundo -2 millones de hectáreas- para explotar celulosa y madera, dejándonos como herencia tierra devastada y suelo agotado casi convertido en desierto. Es lo que pretende repetir, ahora, el agronegocio interesado en talar la selva para plantar soya y criar ganado.

La injusticia social produce desequilibrio ambiental y eso genera injusticia social. Con razón alertaba Chico Mendes a la economía sustentable (o sea capaz de no perjudicar a las futuras generaciones) y a la ecología centrada en la vida digna de los pueblos de la selva.

La mística bíblica nos invita a contemplar toda la Creación como obra divina. Jesús nos moviliza a la lucha en favor de la vida -de los otros, de la naturaleza, del planeta y del Universo. Dicen los Hechos de los Apóstoles: "Él no está lejos de cada uno de nosotros. Pues en Él vivimos, nos movemos y existimos. Somos de la raza del mismo Deus" (17, 28). Todo este mundo es morada divina. Debemos tener una relación complementaria con la naturaleza y con el prójimo, de los cuales dependemos para vivir y ser felices. Eso se llama amor.

(Traducción de J.L.Burguet)
Por: Frei Betto. Escritor, autor de "El amor fecunda el Universo.
Ecología y espiritualidad", junto con Marcelo Barros.
Más información: http://alainet.org
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