Domingo, 18 Agosto 2019 05:30

Universidades bajo S.O.S.pecha

Universidades bajo S.O.S.pecha

Fuimos muchos quienes perdimos a nuestros amigos, a ellos, quienes fueron alcanzados por las balas asesinas y cobardes, otros tuvieron que abandonar el país, a sus familias, sometidos a un exilio forzoso frente a las constantes amenazas. Recuerdo que cuando cursaba la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Distrital, vivimos años sangrientos; uno de los mayores criminales del país, Álvaro Uribe Vélez, era el presidente y había emprendido una guerra siniestra bajo la supuesta “Seguridad Democrática”, en contra de estudiantes, docentes, sindicalistas, campesinos, indígenas, jóvenes y un largo etcétera. Veíamos en los pasillos, en las asambleas o en más de una ocasión los pasos de los infiltrados que se apresuraban cerca de nosotros: “Mejor no se pongan de sapos porque van a amanecer con la boca llena de moscos…”, nos decían.


En las marchas debíamos cubrir nuestros rostros, no salíamos a protestar un viernes porque caer en sus manos significaba un largo fin de semana de golpes y represalias. Nos organizamos en movimientos estudiantiles, marchábamos con la consigna: “Van a volver, las balas que disparaste van a volver, la sangre que derramaste la pagarás, los hombres que asesinaste no morirán, no morirán”, o íbamos a las distintas regiones junto a compas de otras universidades; de La Nacho, de la Pedagógica, del Mayor de Cundinamarca, siempre con el espíritu combativo de que entre todos podríamos cambiar nuestro país en guerra, preñado de terror. Herederos de los estudiantes quienes perdieron la vida en 1929, 1954 o 1973, a quienes recordamos el 8 y 9 de junio con la conmemoración del día del estudiante caído en Colombia.


El cerco en contra del pensamiento crítico ha sido una constante en el país, la imposición de políticas neoliberales que buscan privatizar la educación, la persecución paramilitar con el beneplácito del Estado y la complicidad de los medios masivos de comunicación. Persecución que hundió sus feroces garras en contra de profesores críticos como Miguel Ángel Beltrán, un luchador al servicio del pueblo, que durante varios años vivió en carne propia la perversidad de Álvaro Uribe. Fue injustamente criminalizado, ilegalmente capturado, bajo falsas acusaciones que lo llevaron a purgar varios años de condena en las inhóspitas condiciones de la cárcel. Sin embargo, allí floreció con mayor ahínco su pensamiento crítico.


Hoy en su incansable y comprometida labor nos entrega un libro que habla de esa realidad, recopila el proceder represivo del sistema estatal en: “Universidades bajos s.o.s.pecha: represión estatal a estudiantes, profesorado y sindicalistas en Colombia (2000-2019)”, acciones que se han querido mostrar engañosamente como casos aislados. Un texto más que vigente en la coyuntura de violencia política que se agudiza en el país, en el que nos muestra el panorama de las universidades públicas, la estigmatización de los medios de comunicación en Colombia ante la represión en la academia, las modalidades de la represión contra la comunidad universitaria y en el que se recupera la memoria de estudiantes, profesores y sindicalistas asesinados por la represión estatal.


Mientras existan resistencias y grietas de pensamiento crítico el muro del capitalismo que permea los más recónditos espacios, incluyendo la vida, tendrá que destruirse.

Publicado enColombia
Viernes, 26 Octubre 2018 05:38

Jamal Khashoggi entendía el poder

Jamal Khashoggi entendía el poder

Supe justamente lo que en realidad significó el asesinato de Jamal Khashoggi en el contexto de Medio Oriente cuando me di cuenta de a quién tendría que llamar para que me explicara. A quién iba a llamar por teléfono para enterarme de qué estaba pasando. Pues desde luego, hubiera tenido que llamar a Jamal Khashoggi y por eso es que su muerte es tan importante; porque era, como él mismo sabía, un solitario e importante periodista árabe que no escuchaba –ya no más– la voz de su amo. Ese fue su problema.

Este repugnante, peligroso, aterrador y sucio asesinato –porque no me van a decir que un hombre de 60 años que muere en una "pelea a puños" con otros 15 hombres no es un asesinato– no sólo muestra al gobierno saudita tal y como es, sino que nos muestra a nosotros tal como somos. ¿Por qué nos seguimos enamorando de los estados árabes –como también lo hace Israel– y después gritamos aterrados cuando resultan ser extremadamente desagradables y muy violentos?

Para responder a esta pregunta ya hay varias pistas. La reacción inicial de Trump al decir que la versión saudita era "creíble" –cuando claramente no lo era– fue el comienzo. Después, el asesinato se convirtió en "el peor en la historia de los encubrimientos". Fue la calidad del asesinato lo que le pareció perturbador, como pueden ver. Estos fulanos no sabían cómo borrar sus rastros. Ya había admitido que no quería renunciar a la venta de armas estadunidenses a Arabia Saudita. Nuestra querida primera ministra (británica) Therea May, además, se refirió a la horrenda muerte de Jamal diciendo que lo habían "matado" y no que fue "asesinado".

Posteriormente –y esto es un indicador puesto que nadie lo contradijo– tuvimos al ministro del Exterior saudita, Adel al Jubeir, quien describió el asesinato como un "enorme y grave error". "Error". Déjenme repetirlo: ¡ERROR¡

Al Jubier, ex embajador saudita en Washington que alguna vez se dijo víctima de un intento de asesinato en Estados Unidos, estaba hace un año dando lecciones a la prensa sobre la guerra contra Yemen y afirmó que Arabia Saudita "respeta las leyes humanitarias internacionales". Pues por lo visto lo que ignoran son las leyes diplomáticas internacionales. Pero esperen un minuto; Al Jubier –a quien conocí muy bien hace muchos años– es un hombre muy elocuente y bien educado. Su inglés es impecable. No se equivocó al usar la palabra "error". Lo que quiso decir –más bien creo que quiso decir– es que Jamal Khashoggi no debió haber muerto.

Jamal no debió haberse enfrascado en la famosa "pelea a puñetazos". Algo salió mal. Quizá los asesinos no entendieron qué debían hacer. Debió haber una rendición, no un asesinato. Quizá una plática amigable se salió de control. No estaban conscientes de sus propias fuerzas, Antes de darse cuenta, Jamal se estrelló contra sus puños, o el puño de uno de ellos. Ellos cometieron "un error" y por esta razón nos podemos olvidar del equipo de 15 golpeadores; eso sin mencionar al doble de Jamal que fue captado saliendo del consulado –aparentemente vestido con la ropa de Jamal, por amor de Dios– quien después tiró esa misma camisa, pantalones y saco en un basurero. Olvídense del científico forense y de la misteriosa camioneta negra. Y las dos semanas de negación de los hechos que cubrieron una descarada y total mentira desde el primer día. ¿Y esto fue un Error?

No debía extrañarnos, claro. Esta semana el "error" fue minimizado y se convirtió en un lamentable "incidente", según el ministro saudita, en una conferencia internacional de empresarios en Riad para la que numerosas compañías occidentales disminuyeron el rango de su representación al enviar a directivos secundarios en vez de principales al encuentro.

Mohamed bin Salmán –¿lo vieron sonriente con sus invitados y bromeando con el rey Abdullah de Jordania?– está totalmente limpio; eso debemos creer. Intocable e inocente. Puro como la nieve recién caída del cielo. Pero después de su guerra vil en Yemen, su arresto de los más importantes príncipes y nabobs (hombres muy adinerados de Oriente. N. de la T.) de Riad, su secuestro del primer ministro libanés y su asalto contra Qatar –con la exigencia de cerrar la cadena Al Jazeera (que ahora debe estar disfrutando mucho el torpe proceder saudita), ¿sería de extrañar que Mohammed bin Salmán se hubiera mezclado en algo que se salió de control aun cuando eso hubiera ocurrido y ahora nos digan que nada pasó? Un error, por ejemplo.

Si la guerra en Yemen puede salirse de control –incluso resultar un error–bueno, ¿qué puede esperarse cuando un grupo de golpeadores son llevados a Estambul a bordo de jets sauditas? Por cierto, me encantó el detalle de que volaron hacia distintos aeropuertos de Estambul, eso realmente confundió a los turcos ¿verdad? Quizá no fue el peor encumbrimiento de la historia.

Ciertamente fue un error.

Y todos debimos de haber notado, ¿no es cierto? la repulsiva e hipócrita cascada de indignación de parte de nuestros valientes y morales líderes occidentales ante el asesinato de Jamal. Han estado titubeando durante dos años sobre la guerra en Yemen, inventándole excusas y evitando la responsabilidad por ella, es muy obvio que les importa mucho, mucho más la muerte de Jamal que los 5 mil civiles que han perecido en el conflicto en Yemen. ¿Cuánto vale la muerte de un niño o de todos los asistentes a una boda comparados con el asesinato de Jamal? Supongo que siempre podremos encontrar excusas para las bajas en Yemen – "daños colaterales", "escudos humanos", "investigación a fondo", pero el asesinato de Jamal fue demasiado obvio, demasiado envuelto en mentiras, demasiado lleno de matones. Nosotros, al igual que el príncipe heredero –alabado sea su nombre– nos quedamos sin excusas. Dios nos libre pero ¿qué haríamos si se descubriese que el famoso cuchillo –siempre suponiendo que hubo un cuchillo y que Jamal fue desmembrado– y que éste fue fabricado en Scheffield?

Naturalmente, todos esperamos que Jamal no haya sido desmembrado. Si Adel al Jubier no lo sabe, y el cónsul saudita no lo sabe –y dado que ahora está a salvo, de vuelta en Riad, nunca lo sabremos– y si Mohammed bin Salmán tampoco lo sabe (porque él no puede saber nada de esta atrocidad) entonces todos esperamos que se le haya dado a Jamal un solemne y digno funeral musulmán; que se hayan dicho todas la plegarias de rigor para su alma y que su cuerpo haya sido sepultado –en secreto, desde luego– amortajado, sobre su lado derecho y con la cabeza en dirección a la Meca; la ciudad santa de la cual es protector el rey, padre de Mohamed bin Salmán.

Esto no habría sido fácil de hacer si, en efecto, Jamal fue partido en pedazos por nuestro científico forense favorito y llevado a la residencia consular o al bosque –como indica la versión oficial turca– para enterrarlo clandestinamente. Los perpetradores pensaron, debido a lo piadoso de su país y a su fe, que debían darle un funeral musulmán. Sin embargo, para entonces, deben haberse dado cuenta de que cometieron "un grave y terrible error". Según la ley islámica, un cuerpo mutilado debe ser cosido con sus partes en su lugar antes de ser amortajado. ¿Habrán cosido a Jamal? ¿Le habrán puesto una mortaja?

Por supuesto, se nos atora en el pescuezo el hecho de que el hombre que ha filtrado cada detalle de la impactante muerte de Jamal sea el mismo sultán Erdogan, quien ha encarcelado a 245 periodistas y tiene entre 50 mil y 60 mil presos políticos. Erdogan debe estar sacando provecho de esta macabra y terrible historia. Bueno, al menos él no los mutila a todos; asegura que fueron excarcelados tan pronto entraron a prisión, para luego admitir que no sabe dónde están sus cuerpos.

Y sí, este asesinato va a afectar a Turquía y a Arabia Saudita, a Egipto y Siria –y a Israel, que suspira con cariño por Mohamed bin Salmán– y desde luego afectará a Trump. Pero volvamos a la pregunta inicial de cómo es que los "buenos" acaban siendo malos. ¿Cómo es que agradables y moderados líderes que garantizan la "estabilidad" de Medio Oriente –y naturalmente incluyo aquí a los sauditas– acaban siendo tan horrendos? No me refiero a sus pueblos sino a sus autócratas y dictadores, reyes, príncipes y tiranos a quienes les sonreímos, a quienes halagamos, admiramos y ante quienes nos arrodillamos.

Ahora todos amamos al "moderado" y "estabilizador" régimen del presidente y mariscal de campo Sisi de Egipto. Pero, ¿quién recuerda ahora al estudiante italiano de la Universidad de Cambridge, Giulio Regeni, torturado con cuchillos y asesinado en El Cairo, quien fue hallado tirado a un lado del camino hace apenas dos años? Los italianos sospechan que los policías de Sisi cometieron el asesinato, incluso hubo en el caso una cámara de vigilancia que no funcionó. Estas cosas siempre pasan en el peor (mejor) momento. Los egipcios saben el nombre del principal policía sospechoso, pero el régimen ordenó olvidar el caso. Por lo tanto Roma y El Cairo han hecho las paces y los turistas italianos siguen llegando a Egipto sin preocuparse por los 40 mil o 50 mil o hasta 60 mil presos políticos que se pudren en las cárceles del país. El cuerpo de Regeni tenía heridas de arma blanca. Qué chistoso es que los instrumentos con filo parecen ser los favoritos de los regímenes árabes.

Quién recuerda lo mucho que queríamos a Muamar Khadafi cuando derrocó al rey Idris, en Libia, y cómo lo odiamos después, cuando ayudó al ERI, y luego volvimos a quererlo cuando renunció a sus instalaciones nucleares y Tony Blair le dio un beso. Después, ayudamos a que los opositores a Khadafi se rindieran para que el dictador libio pudiera torturarlos en sus prisiones de muerte.

Y qué decir de Saddam Hussein, a quien apoyamos en su guerra contra Irán –aunque usara armas químicas– hasta que invadió Kuwait, y después, cuando supuestamente tenía armas de destrucción masiva, fue derrocado por nosotros y ejecutado.

Después está Bashar al Assad, quien recibió honores en París el Día de la Bastilla como el rostro de la Siria moderna, y cuyo padre asesinó a 20 mil personas en 1982, durante la rebelión de Hama, y después fue acusado de la muerte de medio millón de personas durante la guerra civil siria en la que miles fueron ultimados, tanto por el régimen como por islamitas pagados –sí– por Arabia Saudita.

El régimen de Assad fue sinónimo de horcas, el Isis se caracterizó por sus postes de crucifixión y bloques de decapitación. Nuevamente las armas blancas. Por supuesto, los sauditas niegan todo esto. Porque es impensable que los sauditas apoyen a un culto asesino de la misma manera que es impensable que ese mismo gobierno mande a un escuadrón de la muerte a Estambul.

Nunca cometerían semejante acto terrorista –o error– de la misma forma en que no ejecutarían masivamente a sus enemigos en el territorio saudita. Después de todo, la decapitación del líder religioso jeque Nimr al Nimr (y otras 46 personas) ocurrió antes de que Mohamed bin Salmán fuera príncipe heredero.

Lo mismo ocurrió en el caso del escándalo por millones en sobornos que tenían que ver con el contrato por armamento de Al Yamamah, que la policía británica investigó hasta que los interrogatorios policiales terminaron cuando Tony Blair se arrodilló ante la presión saudita y puso fin a tan inconveniente investigación.

Sí. Todo se trata de dinero y riqueza y poder: y porque esta gente se ha mantenido en el poder gracias a las locuras, mentiras, corrupción e hipocresía de nuestros líderes políticos. Permitimos que nuestros sátrapas lleven a cabo actos de corrupción y asesinatos masivos dignos del rey Creso de Lidia ¿pues qué esperábamos? Los creamos, sostuvimos, apoyamos, besamos y amamos. ¿Qué es una invasión o dos entre amigos? ¿Acaso no es Arabia Saudita vital para la seguridad de Gran Bretaña? Se supone que esa es una de las razones por las que abandonamos la investigación del caso Al Yamamah, y volveremos a escuchar este mismo argumento de los lacayos de Arabia Saudita en Gran Bretaña en los próximos días o semanas. ¿Qué pasaría si los británicos dejáramos de recibir toda esta información sobre el terror islamita de los sauditas? Bueno, esperemos que no nos envíen a 15 tipos a Heathrow, incluido un científico forense.

Jamal Khashoggi sabía todo sobre el poder y el peligro. Hace un cuarto de siglo se apareció en mi hotel en Jartum y condujo el vehículo que me llevó por el desierto sudanés para reunirme con Osama bin Laden, a quien él conoció durante la guerra entre Afganistán y la Unión Soviética. "Nunca se ha reunido con un periodista occidental", me dijo mientras pasábamos velozmente por las ruinas de unas pirámides sudanesas. "Esto va a ser muy interesante". Khashoggi se estaba divirtiendo con sicología aplicada, ¿cómo respondería Bin Laden a un infiel?

Pobre de quien interpretara que los anteojos redondos y el sarcástico sentido del humor de Khashoggi eran indicio de laxitud espiritual. Llamaba a Bin Laden "jeque Osama".

Conocí a Khashoggi en 1990 y hablé con él por última vez por teléfono desde Beirut a Washington hace un par de meses. Aun cuando fungió como asesor de la familia real, y trabajó como editor y periodista en Arabia Saudita, hablaba de lo que llamaba "los hechos de la vida". En privado, descartaba cualquier rumor de una revolución dentro del palacio en el reino, pero siempre hablaba del cinismo y la facilidad para el soborno de las potencias occidentales que apuntalaban a los regímenes árabes para después destruirlos si no obedecían; y de cómo los pueblos árabes, en general, no son libres.

Esto es verdad, y quizá me lo hubiera repetido si hubiera yo podido hablar con él antes del "error" ocurrido en Estambul. Pero los muertos no hablan y los sauditas deben estar muy complacidos por ello.

The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

Publicado enInternacional
Jueves, 23 Agosto 2018 15:05

Sobre la guerra y el nacionalismo

Sobre la guerra y el nacionalismo

En medio de la disolución de la antigua Yugoslavia en la década de 1990, la península balcánica europea asistió al auge más tremendo del nacionalismo jamás visto después de la Segunda Guerra Mundial.

 

El horror que el mundo vio en el periodo de expansión de la ideología Nazi y que generó millones de muertes atroces, fue recordado en Sarajevo, capital de Bosnia, cuando las fuerzas militares y paramilitares serbias atacaron durante algunos años territorio bosnio escudándose en la defensa de sus valores nacionales y de su pueblo. El 28 de junio de 1914, la misma ciudad de Sarajevo había sido testiga del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, quien horas después de un atentado con un artefacto explosivo a su paso por una de las calles de la ciudad, del cual resultó ileso, fue abaleado en otra de las calles del mismo lugar, muriendo instantáneamente, al igual que su esposa quien también recibió impactos de bala. Este hecho fue la excusa para desatar uno de los primeros conflictos bélicos del siglo XX, con amplia resonancia e impacto sobre buena parte del mundo durante casi todo el siglo XX.

 

Nuestra intención aquí no es relatar paso a paso los hechos acaecidos durante la Primera Guerra Mundial que en noviembre próximo cumple 100 años desde su finalización. Más bien, aprovechamos este suceso para cuestionar el fenómeno de la guerra y la noción de nacionalismo.

 

La guerra siempre ha sido un fenómeno hostil. Hasta ahora, entre los seres humanos, ha sido fácil traducir el conflicto, que les es inherente a través de la diferencia, en términos de confrontación bélica. La historia de la humanidad ofrece muchos registros de esta actitud y despliegue ofensivo contra el otro de diversas formas: religiosamente, políticamente, racialmente, etcétera. No es gratuito que la preocupación por la guerra haya sido frecuente entre las mentes más brillantes de cada época.

 

Las respuestas ante este fenómeno han estado siempre sobre la mesa, desde los griegos y hasta nuestros días, el fenómeno de la guerra ha tenido un espacio en medio de las discusiones conceptuales más agudas, de los dramas políticos más tensos y hasta en medio de tiempos de relativa tranquilidad, pues a la paz la han definido casi siempre como aquel estado donde ocurre la ausencia de guerra. Como vemos, esta última ha sido uno de los eventos estructurales que ha acompañado el desarrollo de la historia de Occidente. Desde Aristóteles y su preocupación por la Constitución de los atenienses, pasando por Maquiavelo y su idea de la regulación del conflicto a través de instituciones como el Tribuno del pueblo para regular el conflicto entre gobernantes y gobernados, hasta nuestros días y los esfuerzos democráticos por evitar la confrontación armada, paradójicamente, en medio de ella.
Colombia y su contexto de violencia –situación especialmente importante para nosotros– ha tenido tiempos de guerra donde las cifras siempre asustan, más allá de que muchas veces se conviertan, para la mayoría, en un asunto de producción natural de la muerte.

 

Los excesos que acompañan a la guerra se han vuelto tan familiares en nuestro contexto que ya no sorprenden los relatos de las víctimas por más desgarradores que sean, tampoco el testimonio físico de las heridas que deja a su paso toda confrontación con las armas.

 

Además de este proceso de naturalización del horror, la guerra también puede ser invisible, o por lo menos, escudarse en medio de la ausencia formal de ella, pues luego de la finalización oficial del conflicto armado colombiano entre el Gobierno Nacional y las Farc, según el relato gubernamental los sistemáticos asesinatos de líderes sociales no tienen nada que ver con el conflicto estructural de un país que se ha desarrollado históricamente en medio de la injusticia, la desigualdad, la falta de oportunidades y la estigmatización y eliminación de toda forma diferente de emprender, asumir y construir la vida individual y colectivamente. Esta diferencia alimenta el conflicto que parece no puede resolverse sin los disparos y muertes de miles de seres humanos.

 

Pese a esta dinámica histórica, la enseñanza y el reto es que la diferencia debe ser asumida en términos estructurales entre los seres humanos, adjunta a la identidad y el principio de individuación propio de todo ser que se asume como único, no como justificación del rechazo y eliminación de todo aquello que no es igual a una posición hegemónica de ver la vida y entender las relaciones sociales. Entender que la diferencia es algo que puede ser resuelto de manera definitiva nos empuja a una salida que implica el rechazo del otro, y la instauración de modelos únicos y necesarios donde se pretende que quepamos todos bajo una única forma de pensar y actuar. No asumir la diferencia como una forma esencial de los seres humanos es negar a la humanidad misma, es creer que pueden canalizarse todas las pulsiones de hombres y mujeres en función de una identidad absoluta pretendiendo, ingenuamente, solucionar la conflictividad inherente a estos. Esta vía de solución del problema como nos dice Estanislao Zuleta “es tratar de negar los conflictos internos y reducirlos a un conflicto externo, con el enemigo, con el otro absoluto: la otra clase, la otra religión, la otra nación; pero este es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, pues es el que genera la felicidad de la guerra”**, y esto no hace más que alimentar y fomentar una consciencia de identidad única, forma esta sobre la cual se han desplegado los nacionalismos más virulentos y dañinos de la historia de la humanidad. La felicidad de la guerra, expresión con la que juega Zuleta, nos pone de cara al horror que supone el placer que puede llegar a surgir de aquello que nos daña y nos limita en diversas formas. La identidad con este tipo de actitudes es propia de la consolidación del nacionalismo.

 

El nacionalismo puede definirse como un fenómeno que encuentra su fundamento en un conjunto de creencias y prácticas justificadas, las más de las veces, en mitos como la patria, la tierra, la religión, la raza o la sangre, y que además deben prevalecer sobre cualquier otra noción de conjunto social o comunidad política que no encuentre lugar en este conjunto.

 

El cierre político del siglo XX en Europa, como ya hemos visto, también tuvo lugar en territorio balcánico. Las guerras de secesión yugoslavas son la última manifestación de los excesos del nacionalismo en ese siglo. La feroz confrontación entre las diferentes repúblicas unidas bajo la bandera yugoslava después del fin de la Segunda Guerra Mundial generó una crisis que volvió a poner en tela de juicio el concepto de nacionalismo. Las armas como principal vía de solución de conflictos étnicos y políticos en aquel territorio aún remueven los cimientos de las diversas naciones que tienen su lugar en los Balcanes. Para no alejarnos de nuestro objetivo principal volvemos a nuestro contexto para cerrar esta reflexión.

 

Si bien en Colombia no emerge una idea clara de nación por parte de grupos identificados con ideas acabadas y unilaterales respecto de una única forma de vida y una única forma de relacionamiento con los demás, fenómenos como el paramilitarismo y el auge de formas religiosas tradicionales que buscan por todos los medios imponer una sola idea de cómo construir la vida, nos alertan sobre la posibilidad de un nacionalismo velado al interior del país, pues nociones como la defensa de la patria y de una única forma de familia, propiedad y administración política, dejan especular sobre el peligro de enfrascarnos aún más en el conflicto al cual hoy, históricamente, tememos la posibilidad de responder por vías diferentes a la de la confrontación armada que ha costado tanta sangre y dolor a un pueblo tan vilipendiado como el nuestro.

 

Lo que nos deja entonces la experiencia histórica de la guerra y el nacionalismo es la pregunta sobre la forma cómo debe construirse la vida en medio de las diferencias que nos constituyen. Ya tenemos algunas sugerencias de cómo se construye el infierno sobre la Tierra, no debe insistirse en ello, tampoco aspirar a la construcción de ningún paraíso, pero con toda certeza sabemos que otras formas de asumir nuestra humanidad y la dificultad que va de suyo son posibles.

 

* Centro de Estudios Estanislao Zuleta.
** Zuleta, Estanislao, Colombia: violencia, democracia y Derechos Humanos, Medellín, Hombre Nuevo Editores, 2008, p. 29.

Publicado enEdición Nº249
Sábado, 11 Agosto 2018 09:10

De policía a cazador

De policía a cazador

¿Cuál es la concepción de Derechos Humanos que rige en la Policía Nacional, y cómo es el proceso formativo que imparten a los nuevos uniformados, para que consideren que su autoridad descansa en las armas? ¿Es posible pasar de una fuerza de ocupación, como en realidad es esta institución en Colombia, a un cuerpo de control social regido por la soberanía comunitaria?

 

“Un grupo especial de comando está preparado para perseguir y matar extraterrestres cucarachas, que invaden el planeta y se esconden en cloacas y ruinas, pero en una de las persecuciones uno de los soldados más eficientes es rociado con algo en el rostro por una de las cucarachas, justo cuando el soldado está dispuesto a matarla. Sucede algo en un inicio incomprensible para él, descubre que a quien ha estado matando no son cucarachas, el spray que rociaron en su cara le ha permitido ver que son personas, mujeres y niños escondidos en esas ruinas que lo miran directamente a los ojos. Se siente aterrorizado porque ya ha matado a muchos; cuando le cuenta a su superior éste le confirma y le da la opción de aplicarle un mecanismo para olvidar o vivir con la culpa que eso implica. El oficial decide someterse al mecanismo para olvidar (serie de Netflix, “Black Mirror 3” temporada 5to episodio)”.

 

Una serie de ficción, que como siempre carga rasgos de realidad. Esa que sí vivimos en Colombia, para el caso que nos ocupa en Bogotá, en donde el pasado 15 de junio un grupo de jóvenes, después de una salida de amigos, intentan abordar un bus del servicio integrado de transporte, ingresando sin pagar a la estación de Transmilenio de la Autopista Norte con calle 142. Intento fallido, pues son vistos por un policía que hace una voz de alto no acatada por los requeridos, quienes echan a correr. Reacción lógica, mucho más cuando se es joven, pues todos temen llegar a las celdas de la mal llamada Unidad Permanente de Justicia (UPJ), espacios hacinados donde se violan casi todos los derechos humanos.

 

¿Todo normal? No. Pero sí en Colombia, un país donde la naturalización de la violencia mutó en estrategia de vida para miles de miles; un país donde la policía, militarizada, dota con armas de gran poder a sus efectivos, los mismos que las usan más para agredir que para prevenir, convirtiéndose de hecho, y de esta manera, en una fuerza de ocupación, como sucede cuando un país es invadido por otro. Naturalización de la violencia que lleva a banalizar el mal, donde no sólo se agrade por cualquier motivo, hasta por los más intrascendentes, y donde personas normales cometen actos monstruosos.

 

Es por ello que este es apenas el inicio de una triste tragedia, pues en el caso de estos jóvenes, el policía, cegado por “el cumplimiento de su deber” –proteger y hacer respetar la propiedad privada– decide perseguirlos unas ocho cuadras, pero sin poderlos capturar. ¿Hubo una motivación profunda, sentimiento de frustración o rivalidad de fuerza que lo impulsaron a demostrar su poder y autoridad? O más tenebroso aún, no fue una emoción profunda que nubló su razón, sino que su lógica secunda sus acciones.

 

Con argumentos en su cabeza que validan su proceder, el policía actúa, toma un taxi y se dirige tras los jóvenes. Ya no es policía, ahora es un cazador. Cuando llega al lugar donde se encuentran –calle 144 con carrera 46– se baja del vehículo y desenfunda su arma; por pura reacción de autoprotección los jóvenes corren de nuevo, ahora por temor al arma; un estruendo estalla y un segundo después yace en el suelo Andrés Camilo Ortiz, de 19 años de edad, uno de los jóvenes que huía del cazador urbano.

 

El susto agobia a sus compañeros, que corren con más energía, pese a lo cual uno de ellos hace un alto para intentar socorrer a quien ahora está moribundo, pero al acercarse al cuerpo alza la vista y ve que el “el paladín de la justicia” le apunta directamente; el frío recorre su cuerpo y siente que tiene que autoprotegerse, retoma la carrera. El policía, con “su trofeo” en el piso, camina de un lado a otro sin solicitar ayuda médica inmediata para el joven que siente que la vida se le va.

 

¿Un motivo para morir? Andrés Camilo nunca hubiera pensado así, mucho menos lo hubiera deseado, nunca hubiera pensado que un policía, por el simple hecho de portar un uniforme verde y un arma, llegara a asumir una simple colada a un portal como motivo para acabar con su vida, tal vez joven como él, viviendo con sus 19 años en plena primavera.

 

Pero Andrés desconocía que los agentes de la Policía Nacional son sometidos voluntariamente a una formación que acalla su conciencia, que elimina la empatía básica entre seres humanos, igual que en la historia del inicio, mecanismos de desconexión moral para ver enemigos en los otros, y considerar cada acción como un combate.

 

Las cámaras del sector registraron todo, ahí está la memoria de lo sucedido, de lo que nunca más debiera volver a ocurrir. El desenlace para Andrés Camilo Ortíz, de 19 años de edad, estudiante de tercer semestre de contaduría de la Universidad Nacional, es fatal. Un joven víctima de un policía que, reaccionó de acuerdo a procesos formativos recibidos, mentalizado como el disciplinador social, que está convencido que más que una vida, hay que proteger el “orden y la propiedad privada”, que las instituciones y las cosas son más importantes que las personas. Así, el policía formado sin un margen de autonomía y valoración ante cada circunstancia que vive y/o enfrenta, sin un aprendizaje donde resalte la vida por sobre cualquier bien privado o público, termina por considerar que ante la burla de estos jóvenes él está cumpliendo con su deber.

 

Buscando pistas

 

Juan es teniente retirado del ejército, es un conocido y amigo a quien reencuentro y le narro los hechos para entender mejor lo sucedido.

 

–Es que si los muchachos se metieron al Transmilenio sin pagar eso es una falta, pero se volvió un delito cuando se les dio la voz de alto y se echaron a correr. Me dice Juan con tranquilidad.

 

–Y ahí, el policía sí puede disparar. Agrega.

 

Esto me produce terror, porque no logro comprender la estructura de las leyes de un país donde es legal disparar a unos jóvenes por no acatar un grito de alto, cuya única falta fue querer entrar colados al sistema de transporte público, y después, por natural temor, correr al ver a la policía. Un temor donde la ética está escrita sobre simples conveniencias institucionales y sus integrantes no hacen, sobre dichas leyes, ningún discernimiento ético, sobre la valoración de la vida y de lo que puede ser catalogado o no, como delito.

 

Pienso en lo dicho por mi amigo Teniente y en el significado profundo de lo que rodea esa voz de ¡alto!, y me produce terror saber, pensar que los policías ven como enemigo y criminal a una persona que no obedece de manera inmediata sus órdenes, por lo cual pueden atentar contra su vida; policías que tienen la convicción total de que sus acciones son coherentes con la ética impartida en el entrenamiento que los prepara para su supuesta función social: proteger y servir a la comunidad.

 

En la lista de horrores que me produce el hecho y hablar de él, me horroriza la absoluta justificación y naturalidad con la que piensa un militar o policía como Juan; cuando la acción que terminó con la vida de Andrés Camilo, según la norma establecida, tiene para él una justificación, por lo cual se siente totalmente libre de culpa y bendecido por el cumplimiento del deber.

 

Dice Juan: “para mi siempre se trata de cumplir la ley del ejército y la ley de Dios, y si tengo que matar a un delincuente en un enfrentamiento pues lo hago”. Y se echa la bendición.

 

¿Ha pensado nuestra sociedad a quiénes y cómo están formando a nuestros supuestos protectores? Las consecuencias en todo caso están a la vista, indicándonos que es urgente construir otra política para la seguridad colectiva.

 

Trasfondo

 

¿Es este policía una persona intrínsecamente mala, con el potencial de matar y hacer daño a otros? ¿Es la fuerza pública un grupo de individuos malvados y violentos, sin familias y con impulsos agresivos incontrolables?

 

Para buscar luz ante este interrogante acudo al psicólogo e investigador Albert Bandura quien asegura que: “Los actos inhumanos son perpetrados por personas que en otros aspectos de sus vidas pueden ser compasivos y humanos”. En sus estudios, Bandura expone los mecanismos de desconexión moral, y parte de las respuestas a las conductas, en este caso de los uniformados que son padres, esposos, ciudadanos, a lo mejor ejemplares, pero que no tienen ningún problema ético al matar, torturar o hacer daño a quien considera como su enemigo.

 

Las personas dentro del contexto social desarrollan un marco de referencia moral que les permite identificar lo bueno y lo malo. Estas normas guían y determinan la conducta. Sin embargo para la conducta del transgresor (en este caso el policía) lo que sucede es un acomodamiento del referente ético de manera que no le incomode. Para Bandura la gente “buena” puede llegar a cometer actos crueles. Lo que hace es conectarse o desconectarse de esas normas morales, y justificar las acciones dependiendo de a quien catalogue de humano o no.

 

Para así proceder tiene varios mecanismos de desconexión moral. Las instituciones militares, religiosas, políticas, y casi cualquiera que pueda resguardarse en un ideal, usan con frecuencia estos mecanismos para validar sus actos (masacres, asesinatos, secuestros, desapariciones, genocidios) Las personas en nombre de ideales –supuestos o reales– hacen cosas para sentirse orgullosas, tener una bandera por la cual luchar les potencia valor personal, un ejemplo de siglos atrás son las Cruzadas, para aquellos caballeros matar estaba totalmente justificado, los enemigos estaban nada menos que en contra de Dios. Pero en tiempo reciente nos podemos acercar a multitud de ejemplos, entre ellos el propio fascismo, en lucha contra el comunismo, o en nuestro territorio los propios paramilitares –o sus aliados en los cuarteles– en lucha contra el “narcoterrorismo”.

 

Son “héroes” de ayer y de hoy, en cuyos casos deshumanizan al enemigo (la víctima), convirtiéndolo en un subhumano, lo que impide que lleguen a generar empatía con él, de ahí que al aludir al mismo anulen sus características humanas, identificándolo dentro de un grupo agresor, revoltoso, terrorista, insurgente, delincuente, o similar*.

 

Para así proceder, uno de los mecanismos más poderosos es la justificación moral, a partir del uso de palabras engañosas para santificar la conducta destructiva, para lo cual cada persona o institución tiene sus propios argumentos para validar sus acciones. Es común en ello el uso de lenguajes enrevesados y eufemismos, con lo cual ocultan la violencia y la agresión que despliegan a partir de ciertas políticas o medidas desplegadas, todo lo cual resume técnicas ya muy desarrolladas por los políticos que no hablan de desalojo de una población sino de reubicación, que no aluden a niveles de pobreza sino de poblaciones vulnerables.

 

Estamos, entonces, ante toda una maquinaria del poder, que requiere un abandono de la voluntad individual para someterse a la obediencia de un superior que lo es en rango, asumido, además, como tal en inteligencia. ¿Cómo discutir con alguien superior a ti? ¿Cómo discutir con quien significa el ideal de lo que quieres llegar a ser? Solo hay una máxima: Obediencia.

 

Comportamiento que de manera técnica recibe el nombre de único superior, y que lleva a la obediencia ciega, la cual tiene otras consecuencias pues cuando un subalterno es enjuiciado y argumenta que simplemente obedecía la ley lo sancionan, porque la obediencia institucional o grupal no exime del delito.

 

Responsabilidad flotante

 

Estamos ante un sistema de estructuración de mentalidades sometidas que es complejo. Los sistemas de autoridad están estructurados para que las políticas destructivas sean camufladas, disimuladas, no explícitas ni directas, pueden ser incluso ilegales –como los paramilitares en Colombia–, que les permite a quienes están en la punta de la pirámide jerárquica desentenderse de las consecuencias y negar las responsabilidades. Además que las culpas quedan diseminadas en cada fracción de la acción, lo que le resta la magnitud de terror que el hecho pudiera tener. Por ejemplo, uno da la orden, otro estructura la estrategia, otro consigue el armamento, otros realizan la acción con la convicción de que cumplen órdenes, ¿la culpa es de todos o es de nadie? La acción grupal propicia el anonimato.

 

Pero también, los mecanismos finales desplegados por el poder culpabilizan a la víctima; por supuesto, para que el sistema moral no se active se desestiman los efectos dañinos de la acción.


Todos estos recursos son potenciados por el poder al momento de formar a quienes supuestamente protegen a la sociedad, los que construyen una coraza en el cerebro de cada uno de sus funcionarios y de sus agentes. Actúan de manera violenta protegidos por tales recursos.

 

Así, al momento del disparo contra Andrés Camilo Ortiz, cuando milésimas de segundo después yace en el suelo moribundo, el “agente del orden” camina de un lado para otro, tal vez se está activando su sistema moral, para encontrar en alguno de los mecanismos antes mencionados la razón lógica de sus acciones. Finalmente, de acuerdo a su razonar, la culpa será del estudiante, que aunque no es un delincuente seguramente su conciencia –en su agonía– le dirá que se portó como tal.

 

¿Paradoja? No. Es el poder y todo su arsenal de defensa y ataque desplegado, en este caso para imponer “orden”, no importa el precio que implique lograrlo ni las consecuencias de ello.

 

* Esto es lo más tradicional, pero ahora también se habla de moralización tecnológica, ya no de personas sino que se usan términos tecnológicos o números, por ejemplo.

 

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Viernes, 10 Agosto 2018 08:57

Colombia: Entre muertos y desaparecidos

Colombia: Entre muertos y desaparecidos

Desde 2007 hasta la fecha han exhumado en el país 8.969 cuerpos en fosas oficiales y clandestinas. Estos restos humanos siguen anónimos porque los procesos de identificación y entrega a familiares reportan mínimas proporciones 5,8 por ciento y 1,4 respectivamente. La falta de coordinación institucional es constante a toda escala, así lo evidencia el informe presentado a comienzos de julio por una coalición de organizaciones y congresistas.

 

El pasado 8 de julio, el senador Iván Cepeda y el representante Alirio Uribe, en Audiencia Pública “La paz se construye con hechos: entrega digna de personas no identificadas” presentaron un diagnóstico sobre la situación de personas inhumadas no identificadas en cementerios y entierros clandestinos en Colombia. La elaboración del informe fue posible gracias a la coordinación de las Unidades del Trabajo Legislativo de estos congresistas, Cinep, Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, Corporación Claretiana Norman Pérez Bella, Corporación Vida-Paz, Equipo Colombiano Interdisciplinario de Trabajo Forense y Atención Psicosocial –Equitas, Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado Movice.

 

El informe, con el equívoco nombre “Resultados de la implementación de las medidas inmediatas humanitarias y la situación actual de los cementerios municipales”, indicaría la falta de claridad en política pública para la intervención de entidades en el manejo de los cementerios. Aunque menciona estas dificultades como parte del problema, no es su principal interés. Tiene mayor razón desde la necesidad conjunta expresada por Gobierno y Farc en La Habana, con el comunicado conjunto N° 62, para la búsqueda de desaparecidos por el conflicto y la creación de una unidad especial para ello. Sin unidad institucional, la responsabilidad de identificación de personas recae en la Fiscalía General de la Nación y el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en la tarea de localización, identificación y entrega de cuerpos o restos oseós a familiares.

 

Este documento se elaboró con los insumos recibidos del conjunto de derechos de petición oficiados a todas las alcaldías municipales sobre cifras de cuerpos no identificados. Como es recurrente en nuestro país, no todas respondieron, de las 853 respuestas recibidas la mitad incluía una cifra de cuerpos inhumados. Otras excusaban desconocer cifras o no estar a cargo de los campos sacros.

 

 El llano en llamas

 

Existen 2.292 personas inhumadas como no identificadas en tan sólo cinco cementerios: Villavicencio, Vistahermosa, La Macarena, Granada y San José del Guaviare. En la sola capital llanera reposan 593 cuerpos. Por su parte, el Ministerios de Interior señala que el reporte de los cuerpos en Villavicencio asciende a 679, y en el cementerio de Granada hay otros 609 más. La Fiscalía, en respuesta sobre labores desarrolladas junto con el CTI y la Dijin, dice que han logrado identificar 899 cuerpos y sólo 186 restos han sido entregados a familiares. Por su parte Medicina Legal dice trabajar articuladamente y establece que el porcentaje de identificación de las exhumaciones llega apenas al 5.8 por ciento y el 1.4 en cuerpos entregados a familiares.

 

Entre la lista de anónimos, están los reportados por el Ejército Nacional como guerrilleros dados de baja en combate. Así lo demuestran las 1.421 actas de levantamiento de cadáver. Otras cifras señalan que el número de exhumación asciende a más de 2.304 casos, de los cuales, por reportes de las cinco unidades militares de combate del Meta indican 1.674 muertos en combate.

 

Que coordinen

 

Los convocantes instan tanto a Fiscalía como a Medicina Legal, a realizar un informe conjunto sobre su intervención en las exhumaciones. El reporte de cifras diferentes entre estas dos instituciones evidencia el alto nivel de descoordinación que mantienen en su labor de exhumación. En el mejor de los casos se presentaría una duplicidad de esfuerzos, pero se teme que ayude a la impunidad de violaciones a los Derechos Humanos y crímenes de Estado. A nivel nacional los cuerpos identificados por Medicina Legal representan solo el 1 por ciento del total de cementerios reportados, evidencia clara del enorme retraso del propósito, con el agravante de tener la custodia de los cuerpos por varios años.

 

Por su parte, el Ministerio del Interior reportó un proyecto con el nombre de “Búsqueda de personas no identificadas en cementerios”, con una asignación de 9 mil millones de pesos. En respuesta al derecho de petición interpuesto utiliza cifras parciales y datos incompletos, para terminar justificándose, diciendo que el proyecto se circunscribe únicamente al diagnóstico de cementerios. Semejante respuesta, para toda una entidad ministerial. Y aún así también evidencia la ausencia de una política pública en cementerios para la custodia de cuerpos inhumados, no identificados o sin reclamar.

 

Los medios oficiosos de comunicación, con su escaza sensibilidad social y acrítica, contribuyen al olvido de los líderes sociales asesinados, de los muertos sin nombre, de los desparecidos. En este caso, las preguntas por los no identificados, pueden tener respuestas en los desaparecidos por efecto del conflicto. Cada caso de estos, que afecta por la ausencia de la persona, irradia en su familia el dolor y la angustia por la pérdida del ser querido y por su deseado retorno, proyectando intimidación en los procesos organizativos donde participaban, a la par que ocasiona miedo generalizado, y posible terror, en el sector social al que estaban vinculados.

 

Todas estas son las consecuencias que dejan los desaparecidos en cuerpos sin identificar. Todas estas son las consecuencias de una ola de violencia que no cesa y que el Estado ampara, o por lo menos demuestra su incapacidad para contener.

 


 

Recuadro

 

Unidad de víctimas cuestionada por la Contraloría

 

Al parecer, la Unidad para la Atención y Reparación Integral de las Víctimas (Uariv) ahora también es cuestionada por la propia Contraloría, por el hallazgo de irregularidades en el manejo de recursos que generaron un pasivo financiero de 1.5 billones de pesos. Entre los hechos están entregas de proyectos productivos por $2.000 millones sin resultados, indemnización a supuestas víctimas con documentos falsos, que favorecieron 90 pagos por 72 millones, y otras 95 indemnizaciones a personas muertas por 1.500 millones de pesos. Su directora, Yolanda Pinto –viuda de Guillermo Gaviria Correa, exgobernador de Antioquia asesinado en el 2003 por la Farc– se ha limitado a entregar un escueto comunicado y señalar que escaló las denuncias a las autoridades competentes. Entorno a los proyectos productivos, pueden tomar 20 años para obtener resultados, sin embargo tomará nota para hacer los correctivos.

 

Cuadro

 

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Ataque aéreo en Yemen alcanza autobús escolar; hay 50 muertos

Saná, Yemen

 

Un ataque aéreo lanzado este jueves por la coalición encabezada por Arabia Saudita que lucha contra los rebeldes hutíes, apoyados por los chiítas, alcanzó a un autobús en un mercado concurrido del norte de Yemen, con saldo de al menos 50 muertos, entre ellos 29 niños, y 77 heridos, informó la televisora rebelde Al Masirah.

La coalición aseguró que atacó a los rebeldes hutíes, que dispararon este miércoles un misil, con resultado de una persona muerta en el sur del reino: un residente yemenita.

Al Masirah difundió imágenes dramáticas de niños con la ropa y mochilas escolares cubiertas de sangre mientras permanecían en camillas de los hospitales. El Comité Internacional de la Cruz Roja tuiteó que su equipo en un hospital al que financia en Saada recibió los cadáveres de 29 menores, que no llegaban a los 15 años. El equipo también recibió a 48 personas heridas, entre ellas 30 niños, agregó.

El ataque ocurrió en el mercado Dahyan, en la provincia de Saada, en la frontera con Arabia Saudita. La región de Saada es el bastión de los rebeldes hutíes, a los que combate la coalición dirigida por Riad, que interviene en apoyo a las fuerzas del presidente Abd Rabbo Mansur Hadi.

Los hutíes, que forman parte de la minoría zaidita (una rama del chiísmo), se consideran marginados en un país mayoritariamente sunita y tienen apoyo de Irán, que niega darles respaldo militar.

El secretario general de la Organización de Naciones Unidas, António Guterres, exigió una investigación rápida e independiente.

“De nuevo numerosos niños habrían muerto o resultado heridos cuando un autobús escolar fue atacado en el norte de Yemen… ¿El mundo realmente necesita ver más niños inocentes muertos para poner fin a la guerra cruel en Yemen?”, se preguntó el director del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para Medio Oriente, Geert Cappelaere.

La portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Heather Nauert dijo: Exhortamos a la coalición encabezada por Arabia Saudita a realizar una investigación exhaustiva y transparente respecto al incidente.

El autobús bombardeado transportaba a civiles locales, muchos de ellos menores, según jefes tribales yemeníes que hablaron a condición del anonimato por temor a represalias.

No hubo un desglose de las víctimas fatales y se desconocía de momento cuántas correspondían al autobús y cuántas eran transeúntes en los alrededores. También se desconocía si hubo otros ataques aéreos en la zona.

El coronel Turki al-Malki, portavoz de la coalición, dijo que la incursión en Saada estuvo dirigida a los insurgentes que dispararon un misil contra la ciudad saudita de Jizán, donde también causaron 11 heridos. Precisó que el proyectil fue interceptado, pero sus fragmentos causaron las víctimas.

Al-Malki insistió en que el ataque en Saada fue una acción militar legítima acorde a los usos y costumbres del derecho internacional. Acusó a los hutíes de reclutar niños y utilizarlos en los campos de batalla para encubrir sus acciones.

La guerra de Yemen dejó más de 10 mil muertos desde la intervención de la coalición en 2015 y provocó la peor crisis humanitaria en el mundo, según la ONU.

 


Tres palestinos muertos en el fuego cruzado entre Israel y Hamas en la frontera de la Franja de Gaza

 

Página12

 

Los fuegos cruzados entre la organización palestina Hamas y el ejército israelí sacudieron la madrugada de ayer los territorios a un lado y otro de la frontera en la Franja de Gaza. 180 cohetes partieron del lado palestino hacia Israel, quien respondió con ataques aéreos a más de 150 objetivos. Murieron una mujer embarazada palestina, su bebé de 18 meses y un miembro de Hamas.

La nueva escalada de tensiones comenzó el martes cuando el ejército israelí abrió fuego con un tanque a un puesto de vigilancia palestino, porque interpretó que un ejercicio con fuego real del brazo armado de Hamas ponía en peligro un destacamento suyo. La milicia islamista que controla la Franja de Gaza enseguida prometió represalias, pero éstas no llegaron sino hasta el miércoles por la noche, cuando una lluvia de cohetes cayó sobre suelo israelí.

El Ejército de Israel aseguró que durante la noche fueron lanzados 150 proyectiles hacia su territorio, de los que más de 30 fueron interceptados pero la mayoría cayó en el campo. En respuesta, Israel atacó más de 150 objetivos en la Franja de Gaza. “Sólo atacamos objetivos militares que sin duda eran utilizados por Hamas”, dijo el portavoz militar Jonathan Conricus. Sin embargo, a pesar de las declaraciones de los militares, una mujer embarazada que cursaba el octavo mes de embarazo, Inas Jamash, de 23 años, y su hija Bayan, de 18 meses, perdieron la vida mientras dormían en su casa en un bombardeo que alcanzó Jafarawi, en el centro de Gaza. “No puedo entenderlo. Me gustaría que el soldado israelí que disparó contra mi hermana y mi sobrina pueda sentir por un segundo el dolor y agonía con los que yo ahora tengo que vivir”, dijo a la cadena qatarí Al Jazzera la hermana de la víctima, Iman, con quien Inas había pasado las últimas semanas eligiendo ropa para su segunda hija. El tercer palestino muerto fue identificado por Hamas como Ali Ghandur, un miembro de la rama armada del movimiento, la brigada Ezedin al Qasam.

Ayer por la tarde se instaló una breve calma en el territorio, que terminó con la caída de un cohete palestino cerca de Beersheva, a unos 40 kilómetros de Gaza. El artefacto no provocó daños ni víctimas, pero parecía una advertencia a Israel ya que se trata de la primera vez desde la guerra iniciada en 2014 que se lanza un cohete tan en el interior del territorio del Estado hebreo, en lugar de las proximidades de Gaza. Al final de la tarde, hubo respuesta israelí en la que se atacó a un edificio de cinco pisos donde funcionaba un teatro.

Tras estos últimos episodios de violencia, una asociación de resistencia armada, a la que pertenece Hamas, dio por terminada la escalada de violencia con Israel. “Esta escalada se ha acabado gracias a la mediación internacional y regional”, informaron. Según sus declaraciones, Egipto y el enviado especial de la ONU Nickolay Mladenov habían logrado mediar un acuerdo de alto el fuego entre Israel y las milicias, que entró en vigor por la medianoche local. Mladenov previamente ya había llamado a acabar con la escalada. “Estoy profundamente alarmado por la escalada de violencia entre Gaza e Israel, y en especial por los numerosos cohetes lanzados hoy hacia una localidad del sur de Israel”, declaró el diplomático quien hizo, además, un llamado a la moderación.

“Se ha llegado a un acuerdo de calma a cambio de calma, que comienza a medianoche”, dijo un miembro del comité conjunto de las milicias armadas en Gaza que pidió no ser identificado. El medio digital israelí Ynet señaló que fuentes palestinas confirmaron la entrada en vigor de una tregua, aunque aseguró que portavoces del Ministerio de Exteriores israelí no habían respondido por el momento a preguntas sobre la cuestión. Las informaciones sobre el alto el fuego siguieron, sin embargo, a una declaración en sentido contrario del Gabinete de Seguridad israelí, que tras varias horas reunido con altos mandos de Defensa emitió un comunicado en el que aseguraba que había ordenado al Ejército que continuara actuando con fuerza contra los que llamó los elementos terroristas.

Israel y Hamas mantienen desde la guerra de 2014 un muy tenso alto el fuego, que con regularidad se ve puesto a prueba por actos hostiles a ambos lados de la valla fronteriza israelí que cierra herméticamente la frontera.

El 30 de marzo comenzaron una serie de manifestaciones masivas contra el bloqueo israelí y para exigir el derecho de retorno de los palestinos que fueron expulsados de sus tierras con la creación de Israel, en 1948.

Las tensiones se vieron exacerbadas por el traslado, el 14 de mayo, de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén. Esta decisión, que rompió con décadas de consenso internacional, coincidió con un baño de sangre en el que más de 60 palestinos murieron a lo largo de la valla fronteriza. Desde marzo, el fuego israelí ha acabado con la vida de al menos 165 gazatíes. Un soldado israelí también murió en esos enfrentamientos el 20 de julio, por primera vez desde 2014.

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Jueves, 09 Agosto 2018 10:16

Nicaragua. La muchacha de Pernambuco

Nicaragua. La muchacha de Pernambuco

El reparto Lomas de Monserrat hasta hace poco hervía de paramilitares encapuchados. Muy cerca de allí se encuentra la Universidad Nacional Autónoma, tomada por estudiantes desde los inicios de la protesta cívica que sacude al país. Siempre fue inminente un ataque para desalojarlos, el cual se dio por fin la tarde del viernes 13 de julio.

Los estudiantes corrieron a refugiarse en la vecina iglesia de la Divina Misericordia, y los disparos incesantes continuaron hasta la madrugada del sábado 14, ahora contra la iglesia, dejando dos muertos.

Los encapuchados continuaron en Lomas de Monserrat tras la operación limpieza contra la universidad, y el 23 de julio aún estaban allí.

Esa noche, Raynéia da Costa, de 31 años, originaria de Pernambuco, estudiante de sexto año de medicina, tras terminar su turno de practicante en un hospital, asistió junto con su novio, Harnet Lara, a una fiesta en ese reparto.

Bella como una modelo de revista de modas, según se la ve en las fotografías de su muro de Facebook, había llegado a Managua seis años atrás, recién casada con un nicaragüense de quien después se separó.

Para sostener sus estudios fabricaba brigadeiros, trufas de chocolate y coco, y cuando sus compañeros la veían acercarse sonriente ofreciendo su bandeja de dulces, silbaban en su homenaje La garota de Ipanema.

Tras la fiesta, cerca de medianoche, los novios abandonaban el reparto, ella por delante conduciendo su auto, un pequeño Suzuki, y él detrás al volante del suyo. Al escuchar disparos, Harnet aceleró y la encontró sentada en el pavimento, bañada en sangre. Ya herida, había logrado deslizarse fuera del vehículo.

Al descubrir a tres paramilitares encapuchados, las armas en ristre, se acercó con las manos en alto. La cargó en brazos hacia su auto, sin que los enmascarados se lo impidieran, para llevarla al hospital más cercano. Es lo que relató a los practicantes que la recibieron en la sala de emergencias, algunos de ellos compañeros de clase de Raynéia.

Todo fue inútil. Había recibido un balazo lateral de alto calibre a la altura de las costillas que le dañó el corazón, el diafragma y parte del hígado.

Agentes de la policía se presentaron al hospital en busca del novio para llevarlo "a reconstruir la escena", pero los médicos lo impidieron debido a su estado de shock. Sólo fue dado de alta al día siguiente.

La policía imputó primero a un guarda de seguridad del reparto, al que no identificó. Pero luego señaló a Pierson Gutiérrez, de 42 años de edad, oficial del Ejército hasta 2009, y profesor de taekwondo, a quien le fue incautada una carabina M4, de uso militar.

Gutiérrez, militante del partido oficial, es empleado de Petronic, que funciona bajo el paraguas de Albanisa, la empresa a cargo del negocio del petróleo venezolano. Tiene sus oficinas en Lomas de Monserrat.

Desde que abandonó el hospital, no se sabe de Harnet. Se lo tragó la tierra. El Suzuki de la víctima desapareció de la escena del crimen. También desaparecieron los paramilitares de Lomas de Monserrat. Las cámaras de vigilancia del vecindario fueron desmontadas.

El inculpado fue presentado subrepticiamente en los tribunales el primero de agosto, cuando es feriado obligatorio, pues se celebraba al patrono de Managua, Santo Domingo de Guzmán. La audiencia se celebró a puertas cerradas.

Las malas novelas resultan siempre incongruentes. Y mal contadas. En el escrito de acusación, la fiscalía empieza por culpar a la víctima de su propia muerte por conducir de forma "descontrolada y con actitud sospechosa"; y respecto al hechor, explica que venía de buscar, a esas horas, un local para abrir una escuela de taekwondo; se acordó de camino que conocía a unos guardas de seguridad de servicio en Lomas de Monserrat, y fue a ofrecerles capacitación en defensa personal y uso de armas de fuego. Eran entonces las 10.40 de la noche.

Sus conocidos eran dos, al servicio de Displuton SA, una empresa de seguridad también cubierta por el paraguas de Albanisa, cada uno de ellos armados con una escopeta calibre 12: así se completa el trío de paramilitares mencionados por Harnet.

Es entonces cuando queda sellada la suerte de Raynéia. "Debido al comportamiento y movilización errática del vehículo" los guardas sentían "que sus vidas estaban en peligro", dice, complaciente, la fiscalía.

Pierson, diligente en proteger a sus amigos, sacó de su auto la carabina M4, se apostó tras un poste de alumbrado, y disparó contra el Suzuki.

La fiscalía acusa al hechor de homicidio, que merece una pena de 15 años, menor a la de asesinato. La defensa pide aún una rebaja a 10 años, con lo que pronto el asesino estaría libre, digamos, por razones de salud, como es usual cuando se trata de estos juicios arreglados.

Mientras tanto, el cadáver de Raynéia, la muchacha que se pagaba sus estudios vendiendo brigadeiros, ya fue sepultado en su tierra natal de Pernambuco.

 

Masatepe, agosto 2018

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Nueve asesinados en El Tarra: A sangre fría, a plena luz del día, ante los ojos de la Fuerza Pública

Un desangre que se ahonda y se prolonga, ahora sus hilos llegaron al Catatumbo, al municipio de El Tarra. En plena luz del día del 29 de julio, cuando la diversión y el compartir desprevenido llenaba uno de los billares con que cuenta este municipio en su zona central, en donde varios amigos compartían recuerdos y visiones sobre el presente, la presencia inesperada de un grupo de sicarios encapuchados, transportados en motocicletas, y dotado de fusilería, interrumpió con ráfagas de 5.56 y 7.62 el rodar de las bolas de billar, así como la vida de nueve de los allí presentes; otros dos quedaron tendidos en el piso, impactados sobre su humanidad.

“[…] entre las nueve personas asesinadas había un líder social perteneciente a la Asociación campesina del Catatumbo. Se trata de Frederman Quintero presidente de la junta acción comunal de la vereda el 84, responsable del Comité veredal de Ascamcat”, informó a desdeabajo, en conversación telefónica, Juan Quintero vicepresidente de la Asociación Campesina del Catatumbo.

Según informa Ascamcat en su página, este líder social participaría el próximo 3 y 4 de agosto en la Audiencia Popular Regional a celebrarse en el municipio San Calixto de la región del Catatumbo. Las audiencias permiten a la población opinar políticamente y llevar a cabo lo que constitucionalmente está reglamentado: ejercer el estado social de derecho, para buscarle solución a la problemáticas existentes en la región.

Juan Quintero nos narra parte de los hechos ocurridos ayer en El Tarra:

“Según versiones de la autoridad departamental, entre este grupo de personas se encuentran tres ex integrantes de las Farc acreditados por el Comisionado de paz”, lo que permite entrever que la masacre fue fríamente calculada, buscando golpear en dos direcciones de manera simultánea: liderazgos sociales y personas con capacidad y experiencia militar, y tal vez disposición para retomar su batalla si los incumplimientos del Gobierno Nacional con lo firmado en La Habana y luego en el Teatro Colón, prosiguen.

Otras de las víctimas que registra este ataque sicarial, a las cuales Juan Quintero se refiere como “[…] personas que estaban en el lugar equivocado, en el momento equivocado (son): “un joven que vendía lotería y está por establecerse la identidad de las otras personas que se encontraban en el establecimiento”.

Las horas pasan, un aire de temor y zozobra expande aires amargos sobre este territorio, y pese a ello las autoridades no se atreven a confirmar el grupo responsable de la autoría de este ataque. Algunos especulan con la posibilidad de que la autoría de los hechos recaiga sobre alguna de las estructuras armadas que con más evidencia ejercen control sobre esta parte del país, sin embargo el Eln y el Epl, pocas horas después de conocido este insuceso, dejaron en claro que no participaron en los hechos. Como es conocido, ambas agrupaciones sostienen una confrontación abierta desde hace varios meses, la cual ha dejado como resultado varios muertos, el secuestro de líderes sociales por espacio de varios días, la imposición de paros armados como evidencia de control territorial y el temor entre la población que habita esta parte del país de quedar en medio de combates que toman forma en la parte rural a distinta horas del día.

Sobre este particular enfatiza nuestro entrevistado: “[…] hay una incertidumbres de quienes pudiesen haber sido; están circulando unos comunicados del Eln y el Epl desvinculándose del hecho, rechazándolo, se está verificando la veracidad de los hechos, pero lo que hay que preguntarse es, ¿cómo es posible que se desarrolle una masacre a plena luz del día, en un casco urbano de los más custodiados del Catatumbo y la fuerza pública no se de por enterada”.

Es una realidad que genera una suspicaz duda en relación a cómo sucedieron los hechos, técnicamente en las narices de la Fuerza Pública que copa el casco urbano de esta localidad.

Preguntado sobre amenazas recibidas en días pasados, Juan Quintero confirma que no sabían de ningún tipo de amenazas en contra del líder social, y hasta el momento las autoridades tampoco han explicado algo sobre los posibles responsables. Según ellas, están esperando a la reunión del Consejo municipal de paz, reconciliación y no estigmatización, del municipio de el Tarra para esclarecer los hechos.

“[…] y lo de siempre, lo que hemos expresado es un anuncio de desmilitarización. Nosotros pensamos que hay que ir más de fondo a este tema, hay unos escenarios propicios para ayudar a resolver los conflictos sociales y armados que tenemos en la región, y esperamos que esas voluntades existan en los grupos armados, en las autoridades y en el Gobierno”.

Al despedirnos, recordamos que esta parte del país, fuertemente azotada por el paramilitarismo hace dos décadas, no vivía un hecho similar desde hacía dos décadas. Eran tiempos donde no se sabía cuál sería la próxima víctima, pero donde muchos temían por su vida. Hoy parece volver tal temor, ahondado por la ofensiva paramilitar vivida desde hace cerca de dos años en contra del movimiento social.

Es un recuerdo y un temor que también hace temer por el futuro del Acuerdo de Paz, deshecho en varios de sus principales apartados, y marcado por la sangre de decenas de sus actores medios y de base. Sin duda alguna, Santos se va el próximo 7 de agosto sin haber cumplido con su promesa de paz completa y manchado por la sangre de los liderazgos sociales asesinados en distintas partes del país.

 

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Interrogantes y escenarios, periódico desdeabajo No. 248

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Sábado, 28 Julio 2018 09:04

De policía a cazador

De policía a cazador

¿Cuál es la concepción de Derechos Humanos que rige en la Policía Nacional, y cómo es el proceso formativo que imparten a los nuevos uniformados, para que consideren que su autoridad descansa en las armas? ¿Es posible pasar de una fuerza de ocupación, como en realidad es esta institución en Colombia, a un cuerpo de control social regido por la soberanía comunitaria?

 

“Un grupo especial de comando está preparado para perseguir y matar extraterrestres cucarachas, que invaden el planeta y se esconden en cloacas y ruinas, pero en una de las persecuciones uno de los soldados más eficientes es rociado con algo en el rostro por una de las cucarachas, justo cuando el soldado está dispuesto a matarla. Sucede algo en un inicio incomprensible para él, descubre que a quien ha estado matando no son cucarachas, el spray que rociaron en su cara le ha permitido ver que son personas, mujeres y niños escondidos en esas ruinas que lo miran directamente a los ojos. Se siente aterrorizado porque ya ha matado a muchos; cuando le cuenta a su superior éste le confirma y le da la opción de aplicarle un mecanismo para olvidar o vivir con la culpa que eso implica. El oficial decide someterse al mecanismo para olvidar (serie de Netflix, “Black Mirror 3” temporada 5to episodio)”.

 

Una serie de ficción, que como siempre carga rasgos de realidad. Esa que sí vivimos en Colombia, para el caso que nos ocupa en Bogotá, en donde el pasado 15 de junio un grupo de jóvenes, después de una salida de amigos, intentan abordar un bus del servicio integrado de transporte, ingresando sin pagar a la estación de Transmilenio de la Autopista Norte con calle 142. Intento fallido, pues son vistos por un policía que hace una voz de alto no acatada por los requeridos, quienes echan a correr. Reacción lógica, mucho más cuando se es joven, pues todos temen llegar a las celdas de la mal llamada Unidad Permanente de Justicia (UPJ), espacios hacinados donde se violan casi todos los derechos humanos.

 

¿Todo normal? No. Pero sí en Colombia, un país donde la naturalización de la violencia mutó en estrategia de vida para miles de miles; un país donde la policía, militarizada, dota con armas de gran poder a sus efectivos, los mismos que las usan más para agredir que para prevenir, convirtiéndose de hecho, y de esta manera, en una fuerza de ocupación, como sucede cuando un país es invadido por otro. Naturalización de la violencia que lleva a banalizar el mal, donde no sólo se agrade por cualquier motivo, hasta por los más intrascendentes, y donde personas normales cometen actos monstruosos.

 

Es por ello que este es apenas el inicio de una triste tragedia, pues en el caso de estos jóvenes, el policía, cegado por “el cumplimiento de su deber” –proteger y hacer respetar la propiedad privada– decide perseguirlos unas ocho cuadras, pero sin poderlos capturar. ¿Hubo una motivación profunda, sentimiento de frustración o rivalidad de fuerza que lo impulsaron a demostrar su poder y autoridad? O más tenebroso aún, no fue una emoción profunda que nubló su razón, sino que su lógica secunda sus acciones.

 

Con argumentos en su cabeza que validan su proceder, el policía actúa, toma un taxi y se dirige tras los jóvenes. Ya no es policía, ahora es un cazador. Cuando llega al lugar donde se encuentran –calle 144 con carrera 46– se baja del vehículo y desenfunda su arma; por pura reacción de autoprotección los jóvenes corren de nuevo, ahora por temor al arma; un estruendo estalla y un segundo después yace en el suelo Andrés Camilo Ortiz, de 19 años de edad, uno de los jóvenes que huía del cazador urbano.

 

El susto agobia a sus compañeros, que corren con más energía, pese a lo cual uno de ellos hace un alto para intentar socorrer a quien ahora está moribundo, pero al acercarse al cuerpo alza la vista y ve que el “el paladín de la justicia” le apunta directamente; el frío recorre su cuerpo y siente que tiene que autoprotegerse, retoma la carrera. El policía, con “su trofeo” en el piso, camina de un lado a otro sin solicitar ayuda médica inmediata para el joven que siente que la vida se le va.

 

¿Un motivo para morir? Andrés Camilo nunca hubiera pensado así, mucho menos lo hubiera deseado, nunca hubiera pensado que un policía, por el simple hecho de portar un uniforme verde y un arma, llegara a asumir una simple colada a un portal como motivo para acabar con su vida, tal vez joven como él, viviendo con sus 19 años en plena primavera.

 

Pero Andrés desconocía que los agentes de la Policía Nacional son sometidos voluntariamente a una formación que acalla su conciencia, que elimina la empatía básica entre seres humanos, igual que en la historia del inicio, mecanismos de desconexión moral para ver enemigos en los otros, y considerar cada acción como un combate.

 

Las cámaras del sector registraron todo, ahí está la memoria de lo sucedido, de lo que nunca más debiera volver a ocurrir. El desenlace para Andrés Camilo Ortíz, de 19 años de edad, estudiante de tercer semestre de contaduría de la Universidad Nacional, es fatal. Un joven víctima de un policía que, reaccionó de acuerdo a procesos formativos recibidos, mentalizado como el disciplinador social, que está convencido que más que una vida, hay que proteger el “orden y la propiedad privada”, que las instituciones y las cosas son más importantes que las personas. Así, el policía formado sin un margen de autonomía y valoración ante cada circunstancia que vive y/o enfrenta, sin un aprendizaje donde resalte la vida por sobre cualquier bien privado o público, termina por considerar que ante la burla de estos jóvenes él está cumpliendo con su deber.

 

Buscando pistas

 

Juan es teniente retirado del ejército, es un conocido y amigo a quien reencuentro y le narro los hechos para entender mejor lo sucedido.

 

–Es que si los muchachos se metieron al Transmilenio sin pagar eso es una falta, pero se volvió un delito cuando se les dio la voz de alto y se echaron a correr. Me dice Juan con tranquilidad.

 

–Y ahí, el policía sí puede disparar. Agrega.

 

Esto me produce terror, porque no logro comprender la estructura de las leyes de un país donde es legal disparar a unos jóvenes por no acatar un grito de alto, cuya única falta fue querer entrar colados al sistema de transporte público, y después, por natural temor, correr al ver a la policía. Un temor donde la ética está escrita sobre simples conveniencias institucionales y sus integrantes no hacen, sobre dichas leyes, ningún discernimiento ético, sobre la valoración de la vida y de lo que puede ser catalogado o no, como delito.

 

Pienso en lo dicho por mi amigo Teniente y en el significado profundo de lo que rodea esa voz de ¡alto!, y me produce terror saber, pensar que los policías ven como enemigo y criminal a una persona que no obedece de manera inmediata sus órdenes, por lo cual pueden atentar contra su vida; policías que tienen la convicción total de que sus acciones son coherentes con la ética impartida en el entrenamiento que los prepara para su supuesta función social: proteger y servir a la comunidad.

 

En la lista de horrores que me produce el hecho y hablar de él, me horroriza la absoluta justificación y naturalidad con la que piensa un militar o policía como Juan; cuando la acción que terminó con la vida de Andrés Camilo, según la norma establecida, tiene para él una justificación, por lo cual se siente totalmente libre de culpa y bendecido por el cumplimiento del deber.

 

Dice Juan: “para mi siempre se trata de cumplir la ley del ejército y la ley de Dios, y si tengo que matar a un delincuente en un enfrentamiento pues lo hago”. Y se echa la bendición.

 

¿Ha pensado nuestra sociedad a quiénes y cómo están formando a nuestros supuestos protectores? Las consecuencias en todo caso están a la vista, indicándonos que es urgente construir otra política para la seguridad colectiva.

 

Trasfondo

 

¿Es este policía una persona intrínsecamente mala, con el potencial de matar y hacer daño a otros? ¿Es la fuerza pública un grupo de individuos malvados y violentos, sin familias y con impulsos agresivos incontrolables?

 

Para buscar luz ante este interrogante acudo al psicólogo e investigador Albert Bandura quien asegura que: “Los actos inhumanos son perpetrados por personas que en otros aspectos de sus vidas pueden ser compasivos y humanos”. En sus estudios, Bandura expone los mecanismos de desconexión moral, y parte de las respuestas a las conductas, en este caso de los uniformados que son padres, esposos, ciudadanos, a lo mejor ejemplares, pero que no tienen ningún problema ético al matar, torturar o hacer daño a quien considera como su enemigo.

 

Las personas dentro del contexto social desarrollan un marco de referencia moral que les permite identificar lo bueno y lo malo. Estas normas guían y determinan la conducta. Sin embargo para la conducta del transgresor (en este caso el policía) lo que sucede es un acomodamiento del referente ético de manera que no le incomode. Para Bandura la gente “buena” puede llegar a cometer actos crueles. Lo que hace es conectarse o desconectarse de esas normas morales, y justificar las acciones dependiendo de a quien catalogue de humano o no.

 

Para así proceder tiene varios mecanismos de desconexión moral. Las instituciones militares, religiosas, políticas, y casi cualquiera que pueda resguardarse en un ideal, usan con frecuencia estos mecanismos para validar sus actos (masacres, asesinatos, secuestros, desapariciones, genocidios) Las personas en nombre de ideales –supuestos o reales– hacen cosas para sentirse orgullosas, tener una bandera por la cual luchar les potencia valor personal, un ejemplo de siglos atrás son las Cruzadas, para aquellos caballeros matar estaba totalmente justificado, los enemigos estaban nada menos que en contra de Dios. Pero en tiempo reciente nos podemos acercar a multitud de ejemplos, entre ellos el propio fascismo, en lucha contra el comunismo, o en nuestro territorio los propios paramilitares –o sus aliados en los cuarteles– en lucha contra el “narcoterrorismo”.

 

Son “héroes” de ayer y de hoy, en cuyos casos deshumanizan al enemigo (la víctima), convirtiéndolo en un subhumano, lo que impide que lleguen a generar empatía con él, de ahí que al aludir al mismo anulen sus características humanas, identificándolo dentro de un grupo agresor, revoltoso, terrorista, insurgente, delincuente, o similar*.

 

Para así proceder, uno de los mecanismos más poderosos es la justificación moral, a partir del uso de palabras engañosas para santificar la conducta destructiva, para lo cual cada persona o institución tiene sus propios argumentos para validar sus acciones. Es común en ello el uso de lenguajes enrevesados y eufemismos, con lo cual ocultan la violencia y la agresión que despliegan a partir de ciertas políticas o medidas desplegadas, todo lo cual resume técnicas ya muy desarrolladas por los políticos que no hablan de desalojo de una población sino de reubicación, que no aluden a niveles de pobreza sino de poblaciones vulnerables.

 

Estamos, entonces, ante toda una maquinaria del poder, que requiere un abandono de la voluntad individual para someterse a la obediencia de un superior que lo es en rango, asumido, además, como tal en inteligencia. ¿Cómo discutir con alguien superior a ti? ¿Cómo discutir con quien significa el ideal de lo que quieres llegar a ser? Solo hay una máxima: Obediencia.

 

Comportamiento que de manera técnica recibe el nombre de único superior, y que lleva a la obediencia ciega, la cual tiene otras consecuencias pues cuando un subalterno es enjuiciado y argumenta que simplemente obedecía la ley lo sancionan, porque la obediencia institucional o grupal no exime del delito.

 

Responsabilidad flotante

 

Estamos ante un sistema de estructuración de mentalidades sometidas que es complejo. Los sistemas de autoridad están estructurados para que las políticas destructivas sean camufladas, disimuladas, no explícitas ni directas, pueden ser incluso ilegales –como los paramilitares en Colombia–, que les permite a quienes están en la punta de la pirámide jerárquica desentenderse de las consecuencias y negar las responsabilidades. Además que las culpas quedan diseminadas en cada fracción de la acción, lo que le resta la magnitud de terror que el hecho pudiera tener. Por ejemplo, uno da la orden, otro estructura la estrategia, otro consigue el armamento, otros realizan la acción con la convicción de que cumplen órdenes, ¿la culpa es de todos o es de nadie? La acción grupal propicia el anonimato.

 

Pero también, los mecanismos finales desplegados por el poder culpabilizan a la víctima; por supuesto, para que el sistema moral no se active se desestiman los efectos dañinos de la acción.


Todos estos recursos son potenciados por el poder al momento de formar a quienes supuestamente protegen a la sociedad, los que construyen una coraza en el cerebro de cada uno de sus funcionarios y de sus agentes. Actúan de manera violenta protegidos por tales recursos.

 

Así, al momento del disparo contra Andrés Camilo Ortiz, cuando milésimas de segundo después yace en el suelo moribundo, el “agente del orden” camina de un lado para otro, tal vez se está activando su sistema moral, para encontrar en alguno de los mecanismos antes mencionados la razón lógica de sus acciones. Finalmente, de acuerdo a su razonar, la culpa será del estudiante, que aunque no es un delincuente seguramente su conciencia –en su agonía– le dirá que se portó como tal.

 

¿Paradoja? No. Es el poder y todo su arsenal de defensa y ataque desplegado, en este caso para imponer “orden”, no importa el precio que implique lograrlo ni las consecuencias de ello.

 

* Esto es lo más tradicional, pero ahora también se habla de moralización tecnológica, ya no de personas sino que se usan términos tecnológicos o números, por ejemplo.

 

Publicado enEdición Nº248
Sigamos luchando en memoria de Nicolás Neira

El día 6 de mayo recordamos el decimotercer aniversario del asesinato, por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado colombiano, del joven estudiante libertario Nicolás David Neira Álvarez (11, quien para entonces contaba con escasos 15 de vida (octubre de 1989-6 de mayo de 2005).

En memoria de este joven soñador, en denuncia de la brutalidad policial, en reclamo de que todo asesinato de un activista social afecta al conjunto y no al grupo o colectividad a la cual perteneciera la víctima, en reclamo de justicia y ruptura del silencio impune que brota de las oficinas de jueces, desdeabajo reproduce el comunicado realizado por el Grupo Libertario Vía Libre.

En este comunicado, Vía Libre brinda un pequeño homenaje a la memoria de Nicolás, repasando los hechos que condujeron a su muerte, los procesos de persecución y amenaza desplegados por el Estado y los empresarios contra quienes defendieron su caso, los avatares de su proceso judicial y algunas perspectivas para la actualidad.

 

El caso de Nicolás

 

El asesinato de Nicolás se enmarca en la última parte del autoritario primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez y la coalición Primero Colombia, la administración del Ministerio de Defensa del empresario de seguros Jorge Alberto Uribe [1], así como de la dirección de la Policía Nacional a cargo del general Jorge Daniel Castro, que luego se vería forzado a renunciar por la revelación en mayo de 2007 de las operaciones secretas que desde hacía años realizaban las agencias de inteligencia policial contra la oposición política, defensores de derechos humanos y periodistas [2] para favorecer la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos.

Nicolás cursaba noveno de bachillerato en el Liceo (católico) Hermano Miguel de la Salle [3], participaba de la movilización por el centro de la ciudad de Bogotá, organizada el domingo 1 de Mayo por el día internacional de los trabajadores y trabajadoras, y que tenía por demanda fundamental el trabajo digno y la lucha contra las políticas de libre comercio. Nicolás se sumó al bloque anarquista convocado por la Coordinadora Libertaria Banderas Negras (Clbn) fundada en 2001 [4] y que ese día realizaría su última actividad pública [6],

La movilización, cargada de tensión desde la salida del Parque Nacional, hacia la 1:30 de la tarde se desbordó, cuando a la altura de la esquina de la carrera 7 con avenida 19 se produjo un choque entre algunos manifestantes y las Fuerzas del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía Nacional [7]. La situación provocó una ofensiva policial que llenó de gases lacrimógenos la calle. Nicolás, que padecía de asma, se vio severamente sofocado por los gases y al no poder correr con suficiente rapidez fue alcanzado, a pocos metros de la esquina de la carrera 7 con calle 18, por una avanzada de agentes del Esmad.

Pero no lo alcanzaron para detenerlo, no, al llegar a él le dispararon un cartucho de gas lacrimógeno en la cabeza, que lo tumbó al suelo donde al menos medio docena de policías antidisturbios continuaron pegándole salvaje y repetidamente con puños, patadas y bastones de seguridad [8]. Una acción violenta, repetida una y otra vez, sobre un cuerpo indefenso, hasta perder su conciencia

Ya en el centro hospitalario, Nicolás entró en estado de coma. La lucha era entre la vida y la muerte. La violenta arremetida sufrida por su cuerpo pudo más que la juventud del atacado: el día 5 de mayo sufrió muerte cerebral y finalmente murió a las 2:00 pm del viernes 6 de mayo. Su cuerpo registraba trauma en tejidos blandos por golpes de bolillo, crisis convulsivas, escoriaciones en extremidades superiores, ruptura de costillas y omóplatos [9], trauma craneoencefálico severo y edema cerebral, siendo estos últimas heridas causado por el impacto de un objeto contundente en la parte posterior de la cabeza, causa inmediata de su muerte [10].

 

El Estado y los empresarios: encubren y amenazan

 

La gran prensa empresarial dio un cubrimiento parcializado de la noticia de la muerte de Nicolás, únicamente basado en las contradictorias versiones de la Policía Nacional, llegando a difundir versiones palmariamente mentirosas sobre la ausencia del Esmad en el lugar de los hechos, un supuesto enfrentamiento entre manifestantes o una pretendida avalancha humana [11]. La gran prensa se vio obligada a modificar su versión, sin desmentir sus pasados falsos testimonios, cuando se clarificaron los elementos del caso a través de las pruebas de Medicina Legal.

En paralelo, las fuerzas irregulares del Estado iniciaron un proceso de persecución contra los familiares de Nicolás, defensores de derechos humanos y testigos de los hechos, que llevaron a las amenazas de muerte contra el abogado Pedro Maecha así como intentos de asesinato contra Yuri Neira, padre de Nicolás y abanderado de su causa, quien denunciaría 4 atentados fallidos contra su vida [12] y Marco Sosa, militante anarquista y testigo clave de los hechos. A esto se sumaron las interceptaciones ilegales de teléfonos y correos electrónicos y seguimientos extrajudiciales, que iban de la mano de un proceso de persecución legal impulsado desde organismos como el desmontado Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) [13].

 

Los avatares del proceso judicial

 

Ante la falta de respuestas de la justicia local, en enero de 2010 los familiares y abogados de Nicolás decidieron elevar el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) por el retraso en la administración de justicia en un crimen oficial, sin obtener hasta el día de hoy respuesta por parte de este organismo [14]. Ese mismo año la Procuraduría General de la Nación, en desarrollo un proceso administrativo iniciado a finales de 2008, destituyó e inhabilitó por 10 años al subteniente Edgar Mauricio Fontal y el teniente Julio Cesar Torrijos, comandante a cargo de la columna del Esmad, que reprimió ese bloque de manifestantes el 1 de Mayo de 2005 en Bogotá. Hasta el 2010 la investigación penal había sido largamente dilatada por las autoridades judiciales y el caso había pasado por 4 fiscales y 10 investigadores sin mayores avances.

En abril de 2011 el Juzgado 37 Administrativo de Bogotá condenó por el asesinato de Nicolás al Estado colombiano y exigió una limitada indemnización económica al Ministerio de Defensa, la Policía Nacional y el ESMAD para la familia de Nicolás. En enero de 2015 se supo del testimonio del policía y ex integrante del ESMAD Héctor Cubides, quien participó de la operación represiva que condujo a la muerte de Nicolás, que uno de los patrulleros disparó contra la parte posterior de la cabeza del joven con un cartucho de gas lacrimógeno rellenado con balines artesanales –cartucho recalzado–. El testigo aclaró que cuando él empezó a denunciar estos hechos fue amenazado de muerte en repetidas ocasiones por integrantes de la propia institución policial [15].

Finalmente, el caso experimentó un importante avance en 2017. El 4 de agosto de ese año el mismo Torrijos Devia, aceptó la responsabilidad por el encubrimiento de las acciones realizadas por sus subalternos. El 19 de agosto del mismo año el juez 71 de garantías responsable del proceso judicial aceptó una petición de la defensa del patrullero del Esmad Néstor Raúl Rodríguez Roa, quien habría disparado el gas lacrimógenos contra Nicolás [16]. El 30 de septiembre del año pasado, el mayor Torrijos fue condenado por el juez 14 penal de Bogotá a 51 meses de prisión. Como han defendido los abogados de Nicolás, aún es necesaria la investigación de los superiores jerárquicos de Torrijos que, como este ha señalado, fueron quienes autorizaron las operaciones y el encubrimiento posterior [17]. En octubre del mismo año, se inició un juicio contra el patrullero del Esmad Néstor Julio Rodríguez Rúa que estaba registrado como uno de los subordinados de Torrijos y responsables de las actividades de ese día [18].

 

Perspectivas hoy

 

El de Nicolás es uno de los casos más infames. pero no el único que muestra los alcances de la represión policial en el país. Desde 1999 hasta 2015 el Esmad ha asesinado a 17 personas en el curso de protestas sociales, según cifras del Cinep y el representante a la cámara Alirio Uribe [19]. Por eso, hoy es urgente continuar la lucha por el derecho a la protesta social, contra la brutalidad policial y la represión gubernamental, teniendo la vida de Nicolás como una bandera bien en alto, señalando las situaciones que debemos erradicar. Aún está pendiente el juzgamiento de los máximos responsables políticos, civiles y militares del asesinato y posterior encubrimiento del caso, que hasta hoy se mantienen impunes y activos para intentar silenciar por medio de hostigamientos, amenazas y violencia, la verdad sobre este caso.

La violencia estatal se conserva viva y en todo su potencial. Hoy el país se asoma a un nuevo genocidio político contra la izquierda y los movimientos populares con 322 asesinatos de líderes sociales acaecidos entre 2016 y febrero de 2018, además de 53 asesinatos llevados a cabo en lo corrido del 2018 con corte al 25 de marzo, según investigación de Indepaz [20]. Es una realidad que debe, además de ser denunciada, ser contenida: ¡que desmovilicen sus fuerzas represivas!

Hoy luchamos por hacer de la memoria viva de Nicolás y la verdad histórica sobre su caso, parte del acervo que la clase trabajadora y los sectores sociales y populares tienen en su tradición y su cultura común, que les sirve para organizarse y luchar por un mundo más justo y más libre. Hoy continuamos en la pelea para hacer realidad los sueños de Nico.

 

¡Nico vive, la lucha sigue!
¡Nicolás Neira vive, Estado asesino!
¡Arriba los y las que luchan!

 

Grupo Libertario Vía Libre Bogotá, 6 de mayo de 2018

 

Referencias bibliográficas


[1] El País. Jorge Alberto Uribe nuevo Mindefensa. Noviembre 10 de 2003. En histórico.elpais.com. Link: http://historico.elpais.com.co/paisonline/notas/Noviembre102003/A610N9.html Consultado 05/05/2018
[2] Semana. Cambios en la cúpula. Mayo 14 de 2007. En semana.com. Link: https://www.semana.com/on-line/articulo/el-gobierno-provoca-mas-grande-crisis-historia-policia-comprobar-esta-hacia-grabaciones-ilegales/85923-3 Consultado 05/05/2018
[3] Grupo Libertario Vía Libre. En memoria de Nicolás Neira y las víctimas de la brutalidad policial. Mayo 6 de 2013. En anarkismo.net. Link: https://www.anarkismo.net/article/25523 Consultado 05/05/2018
[4] Paola. La Coordinadora Libertaria Banderas Negras y el anarquismo a principios del siglo XXI. Grupo Libertario Vía Libre. Diciembre de 2011. En Anarkismo.net. Link: https://www.anarkismo.net/article/21289 Consultado 05/05/2018
[6] Vía Libre. Relatoría sesión No. 14. La Coordinadora Libertaria Banderas Negras CLBN y el anarquismo a principios del siglo XXI. Grupo Libertario Vía Libre. Noviembre 6 de 2017. Link: https://grupovialibre.org/2011/11/03/relatoria-sesion-no-14-la-coordinadora-libertaria-banderas-negras-clbn-y-el-anarquismo-en-los-a-principios-del-siglo-xxi/ Consultado 05/05/2018
[7] Mecha Libertaria. Entrevista a Yuri Neira. “El asesinato de Nicolás Neira está ligada a una política de Estado de represión”. Enero 18 de 2010. En anarquismo.net. Link: https://www.anarkismo.net/article/15542?userlanguage=pl&save_prefs=true Consultado 05/05/2018
[8] Grupo Libertario Vía Libre. Comunicado 6 de mayo en memoria de Nicolás Neira. Mayo 7 de 2011. En grupolibertariovialibre.blogspot. Link: http://grupolibertariovialibre.blogspot.com.co/2011/05/comunicado-6-de-mayo-en-memoria-de.html Consultado 05/05/2018
[9] Atarka Rebel. Nicolás. Cartas contra la autoridad y la muerte. La Valija del Fuego Editorial, Bogotá. 2015. Pág. 30
[10] Soldepaz. 10 años del asesinato de Nicolás Neira-Entrevista a Yuri Neira. Abril 20 de 2015. Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo. En colectivodeabogados.org. Link: https://www.colectivodeabogados.org/?10-anos-del-asesinato-de-Nicolas-Neira-Entrevista-a-Yuri-Neira Consultado 05/05/2018
[11] El Espectador. Integrantes del Esmad probarían participación de patrullero en asesinato de Nicolás Neira. Octubre 20 de 2017. En elespectador.com. Link: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/integrantes-del-esmad-probarian-participacion-de-patrullero-en-asesinato-de-nicolas-neira-articulo-718998 Consultado 05/05/2018
[12] El Espectador. Por homicidio de menor Nicolás Neira condenan a la nación. Abril 4 de 2011. En elespectador.com. Link: https://www.elespectador.com/content/por-homicidio-de-menor-nicol%C3%A1s-neira-condenan-la-naci%C3%B3n Consultado 05/05/2018
[13] El Espectador. “Se van a esclarecer los excesos del Esmad”: padre de un joven asesinado por el cuerpo antidisturbios. Agosto 10 de 2017. En elespectador.com. Link: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/se-van-esclarecer-los-excesos-del-esmad-padre-de-un-joven-asesinado-por-el-cuerpo-antidisturbios-articulo-707423 Consultado 05/05/2018
[14] Mecha Libertaria. Entrevista a Yuri Neira. “El asesinato de Nicolás Neira está ligada a una política de Estado de represión”.
[15] El Espectador. Por homicidio de menor Nicolás Neira condenan a la nación. Abril 4 de 2011. En elespectador.com.
[16] El Espectador. Integrantes del Esmad probarían participación de patrullero en asesinato de Nicolás Neira. Octubre 20 de 2017.
[17] Noticias UNO. Mayor de la Policía que disparo contra Nicolás Neira fue condenado a 4 años de cárcel. Septiembre 30 de 2017. En NoticiasUnoColombia. Link: https://www.youtube.com/watch?v=NxdXcmh1BiM Consultado 05/05/2018
[18] El Espectador. Integrantes del Esmad probarían participación de patrullero en asesinato de Nicolás Neira. Octubre 20 de 2017.
[19] Semana. Tropel sangriento: ¿Qué hacer con el Esmad? Julio 23 de 2016. En semana.com. Link: https://www.semana.com/nacion/articulo/esmad-cuestionado-por-abuso-de-autoridad/482972 Consultado 05/05/2018
[20] La F.M. Indepaz: 53 líderes sociales han sido asesinados en lo corrido de 2018. Abril 2 de 2018. En lafm.com. Link: https://www.lafm.com.co/nacional/indepaz-53-lideres-sociales-han-sido-asesinados-en-lo-corrido-de-2018/ Consultado 05/05/2018

 

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