Biocombustibles, riesgo para la seguridad alimentaria: FAO

Aunque la demanda de maíz amarillo importado crece cada año, ya que uno de sus principales usos es la fabricación de biocombustibles, organismos internacionales han advertido en distintos análisis, emitidos de 2010 a 2017, de los efectos de destinar la producción agrícola a combustibles en lugar de alimentos.

En el reporte El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estima que en 2050 la agricultura tendrá que producir casi 50 por ciento más de alimentos y biocombustible de los que producía en 2012 para cubrir la demanda mundial.

Aunque el aumento de terrenos de producción agrícola significa mayor cantidad de alimentos, también tiene efectos negativos. El documento recalca que a mayor producción alimentaria, también hay un impacto directo en el medio ambiente.

En los pasados 20 años la expansión agrícola se mantuvo en promedio en 4 mil 900 millones de hectáreas en el mundo, con una pérdida de cubierta forestal que se ha ralentizado entre 2010 y 2015.

Sin embargo, la FAO señala que hay diferencias regionales significativas, ya que mientras en las regiones tropicales y subtropicales se perdieron 7 millones de hectáreas anuales de bosque en 20 años, la superficie agraria aumentó a un ritmo de 6 millones de hectáreas anuales.

"Los países de bajos ingresos sufrieron la mayor pérdida neta anual de área de bosque, y también la mayor ganancia neta anual de superficie agrícola."

El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS) advirtió desde 2013 que la producción de biocombustibles representa riesgos en los aspectos económicos, sociales y ambientales, ya que crea competencia entre los cultivos para este fin y los alimentarios.

Publicado enMedio Ambiente
El cultivo masivo de palma y soja para producir biocombustible contamina más que la gasolina o el diésel

El cultivo industrial de palma y soja emite más CO2 a la atmósfera que el consumo de combustibles fósiles como el diésel o la gasolina. Y no un poco: la producción de palma para obtener biocombustible contamina casi tres veces más. La soja el doble que sus equivalentes de origen petrolífero.


La causa principal de esta cantidad de emisiones es la transformación de los suelos para plantar estos dos cultivos. En especial el drenaje de humedales en Indonesia y Malasia. Y la oxidación de esos terrenos después de que se conviertan en plantaciones, según el último estudio de Comisión Europea sobre los biocombustibles realizado para reorientar la política comunitaria sobre esta materia.


La estrategia de la Unión Europea contra el cambio climático señalaba que, cada país, tenía que llegar a que el 10% de la energía utilizada en el transporte fuera de origen renovable para 2020. Los biocombustibles contaban para hacer esos cálculos.


Así que la demanda europea se enfocó hacia el biodiésel que se obtiene a partir de los cultivos de palma, girasol, colza o soja. Esta política ha causado la conversión de ocho millones de hectáreas de terreno en explotaciones de este tipo. Solo la expansión de las plantaciones de palma para satisfacer este mercado ha convertido 2,1 millones de hectáreas en el sudeste asiático "la mitad de ellas a expensas de humedales y bosque tropical", explicaba el documento de la Comisión.


Los agrocombustibles son carburantes de origen biológico pensados para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de los motores. Pero no todos son iguales. El rango abarca desde los que se producen a base de alimentos (como la colza, el girasol, la palma o la soja) hasta los más avanzados que utilizan chopos, sauces, pastos perennes y residuos forestales. La diferencia clave es que estos últimos son cultivos que no se cosechan todos los años. Son explotaciones mucho menos agresivas con el suelo que los soporta.


Un análisis comparativo de las emisiones de CO2 de todos estos combustibles realizado por la organización Transport & Enviroment con los datos de la CE muestra que la apuesta por el biodiesel de palma, soja, girasol y colza multiplica por 1,8 los niveles de contaminación respecto a los combustibles fósiles debido a las emisiones en su fabricación.


Los peores resultados los da el combustible de palma. Su utilización supone en torno a un 250% más de emisiones que las de los derivados del petróleo (implica el lanzamiento 241 gramos de CO2 por megajulio de energía generada frente a 94 del gasoil tradicional).


Casi tres cuartas partes de ese CO2 corresponden a la utilización del suelo, no al uso en lo motores. Es decir, el proceso de producción de los cultivos contamina mucho más que los coches que emplean ese producto.


15,4 millones de toneladas al año


En el otro lado, las nuevas generaciones de agrocombustibles –de cultivos no anuales– ahorran un 15% respecto a los hidrocarburos.

Sin embargo, según T&E, "actualmente están marginados por la política de apoyo a los biodiesel tradicionales" (los de soja o palma).


Los productos de biodiesel suponen, aproximadamente, el 75% del consumo interno de agrocombustibles de la Unión Europea que en 2014 fueron 15,4 millones de toneladas. Las ayudas públicas para el biodiesel en la UE, mediante subsidios a los precios, a las importaciones o exenciones fiscales, han oscilado entre los 4.600 a 5.500 millones de euros al año.


Los autores de la comparativa aseguran que esta línea de actuación ha provocado que "en lugar de reducir las emisiones de CO2 del transporte, va aumentarlas un 4% para 2020, como si hubieran circulado 12 millones más de coches ". Según su análisis si no se deja de apoyar a los combustibles a partir de soja o palma, las variedades más efectivas para el medio ambiente no podrán abrirse camino.

Publicado enMedio Ambiente
La producción de agrocombustibles sigue creciendo, aunque está demostrado que son el principal factor causante del aumento de precios de los alimentos, por su alta demanda de granos. A la sombra de este argumento, avanzan otros desarrollos de combustibles industriales basados en recursos biológicos, que se afirma no competirán con los alimentos. Uno que está ganando terreno en todo el mundo es el cultivo de algas para producir combustibles.

Si no se analiza con cuidado, parece la alternativa perfecta. Las microalgas son abundantes y se reproducen rápidamente generando grandes cantidades de biomasa; no son fuente básica de alimentación humana; producen un hidrocarburo que puede ser prensado y refinado para biodiesel, gasolina, plásticos o productos químicos; producen celulosa que podría ser usada para etanol celulósico; pueden absorber dióxido de carbono (y generar potencialmente créditos de carbono para los inversores). Toda una panacea, al menos según las empresas que esperan grandes ganancias.

OriginOil, una compañía estadounidense que invierte en Ensenada, Baja California, habla de esto como el proyecto Manhattan de México, (aludiendo al proyecto que creó la bomba atómica) y afirma que México se convertirá en el principal productor mundial de combustible derivado de algas. Cuentan con el marco legal que les propició la Ley de Producción y Desarrollo de Bioenergéticos, que menciona específicamente el apoyo al uso de algas, así como apoyos públicos de la Secretaría de Economía, recibidos a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). También hay proyectos en Sonora, con inversores nacionales y extranjeros (Biofields, Algenol, Dow Chemicals) e instituciones públicas que colaboran con distintos proyectos, como el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CISESE) y el Instituto de Biotecnología de la UNAM.

A nivel mundial, especialmente en Estados Unidos, empresas trasnacionales, petroleras y otras, están invirtiendo en combustible de algas en conjunto con compañías de biología sintética. Por ejemplo, ExxonMobil y BP han hecho contratos de cientos de millones de dólares con Synthetic Genomics, la empresa creada por el magnate de la genética Craig Venter. Shell y Chevron no se quedan atrás con importantes inversiones. Sapphire Energy, con dinero de Bill Gates y otros (y ex-directores de Monsanto y BP entre sus ejecutivos) piensa producir un millón de barriles de diesel de algas para 2011 y 100 millones anuales en 2018. Transalgae, basada en Israel, se propone ser en algas, lo que Monsanto es en semillas.

Las propuestas van desde cultivo en mar abierto o en piletas en zonas desérticas o tierras marginales, cultivo en tanques (usando azúcares en lugar de sol) e instalaciones de fotobiorreactores, que son sistemas que encierran las algas en tubos de vidrio o bolsas de plástico transparente mientras se bombea agua, nutrientes y dióxido de carbono a través de los contenedores expuestos al sol.

Lamentablemente, hay muchas razones para preocuparnos. En 40 años de experimentación con algas para combustibles, no se han logrado resultados capaces de competir con los combustibles derivados de petróleo. Por tanto, esta nueva ola presupone el uso de algas transgénicas, algas y bacterias modificadas con biología sintética e ingeniería de pasos metabólicos, frente a lo cual, no existen conocimientos ni normas de bioseguridad. La posibilidad de escape de estos organismos es aterradora, tanto por los impactos sobre algas naturales –que son la base de toda la red alimentaria marina– como por el riesgo de de la presencia en el ambiente de microorganismos sintéticos diseñados para degradar celulosa. La celulosa está omnipresente en toda la naturaleza terrestre y marina, por tanto tendrían alimentación ilimitada.

Conlleva además ocupar enormes superficies, ya que deben ser piletas de poca profundidad para poder captar la luz del sol. Saul Griffits, experto en renovables, calculó que aún si se hicieran algas con cuatro veces más eficiencia de uso de luz solar, se necesitaría una alberca olímpica de algas, cada segundo durante veinte años, para compensar apenas un 3 por ciento del consumo mundial de energía. Esto signfica una nueva ola de disputa por tierras, agua y nutrientes, particularmente en zonas que las empresas llaman desérticas, pero que en realidad están habitadas y dependen de esos escasos recursos.

El cultivo de algas, además de sol, necesita la adición constante de fertilizantes, un recurso cuyos componentes, como el fosfato, es cada vez más escaso y su demanda compite directamente con su uso para la producción alimentaria.

Finalmente, la instalación de piletas, bombeo, procesamiento, necesita energía. Según un estudio publicado en la revista Environmental science and technology, la producción de combustible con algas consume más agua y energía que otras materias primas como maíz o canola (y sobre éstos ya se sabe que su ecuación energética es negativa, es decir, consumen más petróleo del combustible que generan). Además, asegura la publicación, tiene mayores emisiones de gases de efecto invernadero que esos cultivos.

No se trata de que no haya salidas al uso de los combustibles fósiles. Las hay, son diversas y descentralizadas. Por ejemplo la agricultura campesina y agroecológica en lugar de la agricultura industrial es una gran parte de la solución. Lo que es un camino al abismo es seguir creando nuevos problemas y riesgos, supuestamente para enfrentar los que ya existen, sin cuestionar de fondo sus causas y el sistema que las sostiene.

Por Silvia Ribeiro, i
nvestigadora del Grupo ETC

Datos tomados del informe The new Biomassters, www.etcgroup.org , próximamente en castellano
Publicado enInternacional
Jueves, 20 Enero 2011 08:48

Es hora ya de hacer algo

Contaré un poco de historia.

Cuando los españoles "nos descubrieron", hace cinco siglos, la cifra estimada de la población de la Isla no sobrepasaba los 200 mil habitantes, los cuales vivían en equilibrio con la naturaleza. Sus fuentes principales de alimentos provenían de ríos, lagos y mares ricos en proteínas; practicaban adicionalmente una agricultura rudimentaria que les suministraba calorías, vitaminas, sales minerales y fibras.

En algunas regiones de Cuba aún se practica el hábito de producir el casabe, una especie de pan elaborado con yuca. Determinados frutos y pequeños animales silvestres complementaban su dieta. Fabricaban alguna bebida con productos fermentados y aportaron a la cultura mundial la nada saludable costumbre de fumar.

La población actual de Cuba es posiblemente 60 veces mayor a la existente entonces. Aunque los españoles se mezclaron con la población autóctona, prácticamente la exterminaron con el trabajo semiesclavo en el campo y la búsqueda de oro en las arenas de los ríos.

La población indígena fue sustituida por la importación de africanos capturados a la fuerza y esclavizados, una práctica cruel que se aplicó durante siglos.

De gran importancia para nuestra existencia fueron los hábitos alimenticios creados. Fuimos convertidos en consumidores de carne porcina, bovina, ovina, leche, queso y otros derivados; trigo, avena, cebada, arroz, garbanzo, alubias, chícharos y otras leguminosas provenientes de climas diferentes.

Originalmente disponíamos de maíz, y se introdujo la caña de azúcar entre las plantas más ricas en calorías.

El café fue transferido por los conquistadores, desde el África; el cacao lo trajeron posiblemente de México. Ambos, juntos al azúcar, tabaco y otros productos tropicales, se convirtieron en enormes fuentes de recursos para la metrópoli después de la rebelión de los esclavos en Haití, ocurrida a principios del siglo XIX.

El sistema de producción esclavista perduró, de hecho, hasta la transferencia de la soberanía de Cuba a Estados Unidos por el colonialismo español que, en cruenta y extraordinaria guerra, había sido derrotado por los cubanos.

Cuando la Revolución triunfó en 1959, nuestra isla era una verdadera colonia yanki. Estados Unidos había engañado y desarmado a nuestro Ejército Libertador. No se podía hablar de una agricultura desarrollada, sino de inmensas plantaciones explotadas a base de trabajo manual y animal que en general no usaban fertilizantes ni maquinarias. Los grandes centrales azucareros eran propiedades norteamericanas. Varios de ellos poseían más de cien mil hectáreas de tierra; otros alcanzaban decenas de miles. En conjunto eran más de 150 centrales azucareros, incluidos los de propiedad de cubanos, los cuales laboraban menos de cuatro meses al año.

Estados Unidos recibió los suministros azucareros de Cuba en las dos grandes guerras mundiales, y había concedido una cuota de venta en sus mercados a nuestro país, asociada a compromisos comerciales y a limitaciones de nuestra producción agrícola, a pesar de que el azúcar era en parte producida por ellos. Otras ramas decisivas de la economía, como los puertos y refinerías de petróleo, eran propiedades norteamericanas. Sus empresas poseían grandes bancos, centros industriales, minas, muelles, líneas marítimas y férreas, además de servicios públicos tan vitales como los eléctricos y telefónicos.

Para los que deseen entender no hace falta más.

A pesar de que las necesidades de producción de arroz, maíz, grasa, granos, y otros alimentos era importante, Estados Unidos imponía determinados límites a todo lo que compitiera con su propia producción nacional, incluida el azúcar subsidiada de remolacha.

Desde luego, en cuanto a la producción de alimentos es un hecho real que dentro de los límites geográficos de un país pequeño, tropical, lluvioso y ciclónico, desprovisto de maquinaria, sistemas de presas, riego, y equipamiento adecuado, Cuba no podía disponer de recursos, ni estaba en condiciones de competir con las producciones mecanizadas de soya, girasol, maíz, leguminosas y arroz de Estados Unidos. Algunas de ellas como el trigo y la cebada no podían ser producidas en nuestro país.

Cierto es que la Revolución Cubana no disfrutó un minuto de paz. Apenas se decretó la Reforma Agraria, antes de cumplirse el quinto mes del triunfo revolucionario, los programas de sabotaje, incendios, obstrucciones y empleo de medios químicos dañinos se iniciaron contra el país. Estos llegaron a incluir plagas contra producciones vitales e incluso la salud humana.

Al subestimar a nuestro pueblo y su decisión de luchar por sus derechos y su independencia cometieron un error.

Por supuesto que ninguno de nosotros poseía entonces la experiencia alcanzada durante muchos años; partíamos de ideas justas y una concepción revolucionaria. Quizás el principal error de idealismo cometido, fue pensar que en el mundo había una determinada cantidad de justicia y respeto al derecho de los pueblos cuando, ciertamente, no existía en absoluto. De eso, sin embargo, no dependería la decisión de luchar.

La primera tarea que ocupó nuestro esfuerzo fue la preparación para la lucha que se avecinaba.

La experiencia adquirida en la batalla heroica contra la tiranía batistiana, es que el enemigo, cualquiera que fuese su fuerza, no podría vencer al pueblo cubano.

La preparación del país para la lucha se convirtió en el esfuerzo principal del pueblo, y nos llevó a episodios tan decisivos como la batalla contra la invasión mercenaria promovida por Estados Unidos en abril de 1961, desembarcada en Girón escoltada por la infantería de marina y la aviación yanki.

Incapaz de resignarse a la independencia y al ejercicio de los derechos soberanos de Cuba, el gobierno de ese país adoptó la decisión de invadir nuestro territorio. La URSS no tuvo absolutamente nada que ver con el triunfo de la Revolución Cubana. Esta no asumió el carácter socialista por el apoyo de la URSS, fue a la inversa: el apoyo de la URSS se produjo por el carácter socialista de la Revolución Cubana. De tal modo es así que cuando la URSS desaparece, a pesar de eso, Cuba siguió siendo socialista.

Por alguna vía la URSS conoció que Kennedy trataría de usar con Cuba el mismo método que ella aplicó en Hungría. Eso indujo a los errores que Jruschov cometió con relación a la Crisis de Octubre, que me vi en la necesidad de criticar. Pero no solo se equivocó Jruschov, se equivocó también Kennedy. Cuba no tenía nada que ver con la historia de Hungría, ni la URSS tuvo nada que ver con la Revolución en Cuba. Esta fue fruto única y exclusivamente de la lucha de nuestro pueblo. Jruschov tuvo solo el gesto solidario de enviar armas a Cuba, cuando estaba amenazada por la invasión mercenaria que organizó, entrenó, armó y transportó Estados Unidos. Sin las armas enviadas a Cuba, nuestro pueblo habría derrotado a las fuerzas mercenarias como derrotó al ejército de Batista y le ocupó todo el equipo militar que poseía: 100 mil armas. Si la invasión directa de Estados Unidos contra Cuba se hubiese producido, nuestro pueblo habría estado luchando hasta hoy contra sus soldados, que con seguridad habrían tenido que luchar también contra millones de latinoamericanos. Estados Unidos habría cometido el mayor error de toda su historia, y la URSS tal vez existiría todavía.

Horas antes de la invasión, después del ataque artero a nuestras bases aéreas por aviones de Estados Unidos que portaban insignias cubanas, fue declarado el carácter socialista de la Revolución. El pueblo cubano combatió por el socialismo en aquella batalla que pasó a la historia como la primera victoria contra el imperialismo en América.

Pasaron diez presidentes de Estados Unidos, está pasando el undécimo, y la Revolución Socialista se mantiene en pie. También pasaron todos los gobiernos que fueron cómplices de los crímenes de Estados Unidos contra Cuba, y nuestra Revolución se mantiene en pie. Desapareció la URSS, y la Revolución siguió adelante.

No se llevó a cabo con permiso de Estados Unidos, sino sometida a un bloqueo cruel y despiadado; con actos terroristas que privaron de la vida o hirieron a miles de personas, cuyos autores hoy gozan de total impunidad; luchadores antiterroristas cubanos son condenados a cadena perpetua; una llamada Ley de Ajuste Cubano concede ingreso, residencia y empleo en Estados Unidos. Cuba es el único país del mundo a cuyos ciudadanos se aplica ese privilegio, que se niega a los de Haití, después del terremoto que mató más de 300 000 personas, y al resto de los ciudadanos del hemisferio, a los que el imperio persigue y expulsa. Sin embargo, la Revolución Cubana sigue en pie.

Cuba es el único país del planeta que no puede ser visitado por los ciudadanos estadounidenses; pero Cuba existe y sigue en pie, a solo 90 millas de Estados Unidos, librando su heroica lucha.

Los revolucionarios cubanos hemos cometido errores, y los seguiremos cometiendo, pero jamás cometeremos el error de ser traidores.

Nunca hemos escogido la ilegalidad, la mentira, la demagogia, el engaño al pueblo, la simulación, la hipocresía, el oportunismo, el soborno, la ausencia total de ética, los abusos de poder, incluso el crimen y las torturas repugnantes, que con obvias, aunque sin duda meritorias excepciones, han caracterizado la conducta de los presidentes de Estados Unidos.

En este momento la humanidad está enfrentando problemas serios y sin precedentes. Lo peor es que en gran parte las soluciones dependerán de los países más ricos y desarrollados, quienes llegarán a una situación que realmente no están en condiciones de enfrentar sin que se les derrumbe el mundo que han estado tratando de moldear en favor de sus intereses egoístas, y que inevitablemente conduce al desastre.

No hablo ya de guerras, cuyos riesgos y consecuencias han transmitido personas sabias y brillantes, incluidas muchas norteamericanas.

Me refiero a la crisis de los alimentos originada por hechos económicos y cambios climáticos que aparentemente son ya irreversibles como consecuencia de la acción del hombre, pero que de todas formas la mente humana está en el deber de enfrentar apresuradamente. Durante años, que en realidad fue tiempo perdido, se habló del asunto. Pero el mayor emisor de gases contaminantes del mundo, Estados Unidos, se negaba sistemáticamente a tomar en cuenta la opinión mundial. Dejando a un lado el protocolo y demás tonterías habituales en los hombres de Estado de las sociedades de consumo, que en su acceso al poder los suele atolondrar la influencia de los medios de información masiva, la realidad es que no prestaron atención al asunto. Un hombre alcoholizado, cuyos problemas eran conocidos, y no necesito nombrar, impuso su línea a la comunidad internacional.

Los problemas han tomado cuerpo ahora de súbito, a través de fenómenos que se están repitiendo en todos los continentes: calores, incendios de bosques, pérdidas de cosechas en Rusia, con numerosas víctimas; cambio climático en China, lluvias excesivas o sequías; pérdidas progresivas de las reservas de agua en el Himalaya, que amenazan India, China, Pakistán y otros países; lluvias excesivas en Australia, que inundaron casi un millón de kilómetros cuadrados; olas de frío insólitas y extemporáneas en Europa, con afectaciones considerables en la agricultura; sequías en Canadá; olas inusuales de frío en ese país y en Estados Unidos; lluvias sin precedentes en Colombia, que afectaron millones de hectáreas cultivables; precipitaciones nunca vistas en Venezuela; catástrofes por lluvias excesivas en las grandes ciudades de Brasil y sequías en el Sur. Prácticamente no existe región en el mundo donde tales hechos no hayan tenido lugar.

Las producciones de trigo, soya, maíz, arroz, y otros numerosos cereales y leguminosas, que constituyen la base alimenticia del mundo -cuya población asciende hoy, según cálculos a casi 6 900 millones de habitantes, ya se acerca a la cifra inédita de 7 mil millones, y donde más de mil millones sufren hambre y desnutrición- están siendo afectados seriamente por los cambios climáticos, creando un gravísimo problema en el mundo. Cuando las reservas no se han recuperado totalmente, o solo en parte para algunos renglones, una grave amenaza ya está creando problemas y desestabilización en numerosos Estados.

Más de 80 países, todos ellos del Tercer Mundo, ya de por sí con dificultades reales, están amenazados con verdaderas hambrunas.

Me limitaré a citar estas declaraciones e informes, de forma muy sintetizada, que se vienen publicando en los últimos días:

“La ONU advierte del riesgo de una nueva crisis alimentaria.

"11 de Enero de 2011 (AFP)"

“‘Estamos ante una situación muy tensa’…” Coincidió la FAO.

“Unos 80 países enfrentan un déficit de alimentos…”

"El índice global de precios de productos agropecuarios de base (cereales, carne, azúcar, oleaginosos, lácteos) se sitúa actualmente en su nivel máximo desde que la FAO empezó a elaborar ese índice hace 20 años."

"NACIONES UNIDAS, enero (IPS),"

“La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con sede en Roma, alertó la semana pasada que los precios mundiales del arroz, el trigo, el azúcar, la cebada y la carne [...] registrarán significativos aumentos en 2011…”

“PARIS, 10 de enero (Reuters) - El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, llevará esta semana a Washington su campaña para enfrentar los altos precios globales de los alimentos…”

"Basilea (Suiza), 10 enero (EFE).- El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, portavoz de los gobernadores de los bancos centrales del Grupo de los 10 (G-10), alertó hoy de la fuerte subida del precio de los alimentos y de la amenaza inflacionista en las economías emergentes."

“Banco Mundial teme una crisis en el precio de los alimentos, 15 de enero (BBC)

"El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, le dijo a la BBC que la crisis sería más profunda que la de 2008."

"MEXICO DF, 7 de enero (Reuters)"

“El ritmo anual de inflación de los alimentos se triplicó en México en noviembre comparado con dos meses antes…”

“Washington, 18 enero (EFE)

"El cambio climático agravará la falta de alimentos, según un estudio"

“‘Desde hace más de 20 años los científicos han alertado sobre el impacto del cambio climático, pero nada cambia aparte del aumento de las emisiones que causan el calentamiento global’, dijo a Efe Liliana Hisas, directora ejecutiva de la filial estadounidense de esta organización.

“Osvaldo Canziani, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2007 y asesor científico del informe, indicó que ‘en todo el mundo se registrarán episodios meteorológicos y condiciones climáticas extremas, y los aumentos de la temperatura media superficial exacerbarán la intensidad de esos episodios’.”

“(Reuters) enero 18, Argelia compra trigo para evitar escasez y disturbios.

"La agencia estatal de granos de Argelia ha comprado alrededor de 1 millón de toneladas de trigo en las últimas dos semanas para evitar la escasez en caso de disturbios, dijo a Reuters una fuente del Ministerio de Agricultura."

"(Reuters) enero 18, Trigo sube fuerte en Chicago tras compras de Argelia."

“El Economista, 18 Enero, 2011

"Alerta mundial por precio de alimentos"

"Entre las principales causas están las inundaciones y sequías ocasionadas por el cambio climático, el uso de alimentos para producir biocombustibles y la especulación en el precio de los commodities."

Los problemas son dramáticamente serios. No todo sin embargo, está perdido.

La producción actual calculada de trigo alcanzó la cifra de casi 650 millones de toneladas.

La de maíz, rebasa esa cantidad, y se acerca a los 770 millones de toneladas.

La soya podría acercarse a los 260 millones, de los cuales Estados Unidos calcula 92 millones y Brasil 77. Son los dos mayores productores.

Los datos en general de gramíneas y leguminosas disponibles en el 2011 son conocidos.

El primer asunto a resolver por la comunidad mundial sería escoger entre alimentos y biocombustibles. Brasil, un país en desarrollo, desde luego tendría que ser compensado.

Si los millones de toneladas de soya y maíz que se invertirán en biocombustibles se destinan a la producción de alimentos, la elevación inusitada de los precios se pararía, y los científicos del mundo podrían proponer fórmulas que de alguna forma puedan detener e incluso, revertir la situación.

Se ha perdido demasiado tiempo. Es hora ya de hacer algo.

Fidel Castro Ruz
Enero 19 de 2011
9 y 55 p.m.
Publicado enInternacional
Maíz y arroz son dos de los pilares de la alimentación de las poblaciones pobres del mundo. Los precios de ambos son ahora 50 y 115 por ciento más altos, respectivamente, del nivel que tuvieron antes de que un incremento en la demanda de granos para producir combustibles disparara el costo de la comida en el mundo hace tres años, de acuerdo con información del Banco Mundial.

El organismo advirtió que entre 130 y 155 millones de personas en todo el mundo cayeron en pobreza en los últimos dos años, periodo en que a la crisis desatada por el alza en el precio de los alimentos se sumó el incremento en los combustibles y la mayor recesión económica en siete décadas.

Los precios de alimentos en muchos países no han bajado, aun cuando se observan disminuciones en las cotizaciones de los mercados internacionales de granos, expuso el Banco Mundial.

En América Latina, una región que en términos generales es exportadora neta de alimentos, la inflación en el precio de los alimentos se mantiene, una situación que está afectando el ingreso, nutrición y salud de los más pobres, según el organismo.

El viernes pasado, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló que uno de cada seis habitantes del planeta pasa hambre todos los días, la mayor cifra en la historia de la humanidad.

La falta de alimento en las mesas de mil 20 millones de personas en todo el mundo, 100 millones más que el año previo es provocada por la crisis económica, que ha causado a su vez una disminución en los ingresos de los más pobres y un alza en el desempleo, según el reporte de la FAO, difundido el viernes en Roma, Italia.

A mediados de 2008, antes que la crisis financiera de Estados Unidos se convirtiera en crisis económica mundial, la mayor desde la Gran Depresión, los habitantes de países pobres y en desarrollo eran afectados por un incremento en el precio de los alimentos. Éste era provocado sobre todo por el uso dado a granos alimenticios para producir biocombustibles, en un momento en que los precios del petróleo tocaban máximos históricos.

La crisis económica sólo contribuyó a agravar los problemas que millones de personas tenían para adquirir alimentos.

Otro de los aspectos en que se han visto afectados los países en desarrollo por la actual crisis financiera es la disminución de las remesas, una de las fuentes de ingreso principal en varias naciones –en Centroamérica y el Caribe, el Sur de Asia y África–, que al reducirse merma también la capacidad de consumo.

El Banco Mundial prevé una reducción de las transferencias de migrantes a los países en desarrollo de 5 a 8 por ciento aproximadamente en 2009. Esto significa que los receptores de remesas dispondrán de entre 14 mil millones y 23 mil millones de dólares menos este año que el pasado.

La reducción tiene relevancia debido a que en los años previos se registraron tasas de crecimiento anual de remesas de hasta 20 por ciento, como es el caso de México, país en que el último dato disponible, al primer cuatrimestre de este año, reporta una variación negativa de 3 por ciento en el ingreso de este flujo de recursos.

Normalmente, las remesas resistían a las conmociones y a menudo incluso se incrementaban durante las crisis económicas en los países receptores. Es poco probable que los efectos anticíclicos de esas transferencias se repitan en esta ocasión debido a la dimensión mundial de la actual recesión, según el reporte de la FAO.

Deterioro en nutrición y salud

En los mercados internacionales de granos y otros productos alimenticios se ha registrado en los últimos meses una disminución de algunos precios de alimentos, lo que todavía no se traslada a los mercados locales en los países en desarrollo.

Un índice internacional de precios de alimentos no procesados, que elabora el Fondo Monetario Internacional (FMI), refleja que entre mediados de 2004 –cuando comenzó a repuntar el precio de los granos y semillas– y mayo de 2009 se ha registrado una reducción de 19 por ciento.

La situación en los casos del maíz y arroz es contraria y por tratarse de alimentos que sostienen la dieta de vastos sectores de la población en América Latina y Asia (sólo en China e India vive un tercio de la población mundial), el persistente aumento de precio tiene incidencia sobre el bienestar de las personas.

En el caso del arroz, el precio en el mercado internacional es ahora 115 por ciento mayor que a mediados de 2004, de acuerdo con el índice del FMI. Respecto del maíz, durante el mismo periodo, el repunte es de 50 por ciento.

Aunque los precios internacionales han disminuido, los precios en los mercados locales se mantienen altos. Y si bien algunos alimentos cuestan hoy menos que el nivel máximo alcanzado a mediados de 2008, los principales granos alimenticios, el maíz y el arroz, se mantienen arriba del promedio de los últimos años, añadió el Banco Mundial.

América Latina es, en términos regionales, un exportador neto de alimentos. Es decir, vende más de lo que compra. Aun en esa condición, apuntó el organismo, el alza en el costo de los alimentos ha tenido un impacto de deterioro en el ingreso, la nutrición y salud de los consumidores más pobres.

La gente más pobre sufre un efecto desproporcionado cuando sube el precio de la comida, debido a que destinan la mayor parte de su ingreso disponible a comprar alimentos. Así, las consecuencias en su nutrición y salud son serias, indica el organismo.
Publicado enInternacional
Sábado, 24 Octubre 2009 11:49

Centroamérica. Biocombustibles a debate

El decrecimiento de las reservas mundiales de hidrocarburos, la fluctuación de los precios del petróleo y sus consecuencias en la inflación en los países centroamericanos han hecho emerger en la región la controversial ‘oportunidad’ de producir y exportar biocombustibles.


Según el Informe del Estado de la Región (2008), hoy la región tiene dificultades para abastecerse de la energía que exige su desarrollo. De 1995 a 2006, la demanda aumentó un 71 por ciento, pasando de un consumo de 3.631 a 6.226 MW. Es importante considerar que allí sólo se aprovecha el 17 por ciento del potencial en hidroelectricidad y un 15 en geotermia. Por su parte, el consumo de hidrocarburos para generación eléctrica en 1990-2006 aumentó un 557 por ciento. El empleo del petróleo destinado al transporte es de un 66 del consumo total de hidrocarburos; el segundo destino del petróleo es la generación eléctrica.

Desde los 90, se ve incapacidad de satisfacer la demanda energética, lo que provoca racionamientos y mayor dependencia de hidrocarburos, y una mayor presión sobre los recursos naturales por el uso de leña, segunda fuente de energía según el Informe. Así, Centroamérica corre el riesgo de desabastecerse y, cuando los precios se elevan, las economías locales orientan un porcentaje cada vez mayor de su PIB a comprar hidrocarburos, afectándose los ingresos reales, en especial los de los más pobres. El consumo energético está muy vinculado con la importación de hidrocarburos, generando impactos económico-ambientales. En otras palabras, en América Central el desarrollo depende hoy de la importación de combustibles ante la insuficiente producción doméstica.

Biocombustibles y ambiente

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), El estado mundial de la agricultura y la alimentación, su documento publicado en 2008, la elaboración y el uso de insumos agroindustriales para biocultivos, tales como fertilizantes nitrogenados, pueden incrementar el óxido nitroso desprendido en el aire, de efecto invernadero 300 veces más perjudicial que el CO2. Igualmente, serán necesarios plaguicidas y químicos para su producción, y combustibles para transportar la materia prima y el biocombustible hasta su destino final.

El cultivo de fuentes de energía renovables son factores amenazantes de la diversidad biológica, debido a las grandes demandas de agua y tierra en las zonas tropicales, además del empeoramiento de problemas como erosión, sedimentación y escorrentía de nutrientes tales como nitrógeno y fósforo a aguas de superficie, y su infiltración en aguas profundas por el uso creciente de fertilizantes (FAO, 2008).

El cambio de uso del suelo para cultivar las fuentes de biocombustibles también preocupa. El éxito de los biocombustibles en la reducción de CO2, contribuyente del efecto invernadero, no está asegurado: el carbono almacenado en los bosques y los pastizales se libera del suelo durante su conversión para hacerlo útil a la agricultura. En cuanto a la palma africana, la FAO también advierte que un aumento en la extensión de su cultivo puede hacer que disminuyan las selvas tropicales, y en el documento referido menciona estudios sobre la relación demanda por biocombustibles-disminución en la población de especies de aves en Brasil, debido al cambio de uso del suelo y la intensificación de estos cultivos.

Carbon mitigation by biofuels or by saving and reforesting forest?, estudio de Righelato y Spracklen (2007) publicado en la revista Science, llama a la prudencia y sostiene que el secuestro de carbono logrado por la restauración forestal es mayor que las emisiones evitadas a partir de biocombustibles líquidos. Por tanto, estos investigadores proponen centrar los esfuerzos en incrementar la eficiencia en el uso del combustible fósil, en conservar bosques y sabanas, y en restaurar el bosque y los pastos en tierras de cultivo que no se necesiten para la alimentación.

Otro factor por tomar en cuenta, según Biocombustibles y su impacto potencial en la estructura agraria, precios y empleo en América Latina, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), es que la producción de biocombustibles pudiera aumentar la presión sobre los recursos naturales y los ecosistemas. En tal sentido, el Informe (2008) sostiene que Centroamérica (incluidos Panamá y Belice) tiene 669 áreas protegidas, con una extensión total de 124.250 kilómetros cuadrados y que la mayor parte del área no se dedica a la conservación estricta, y que el presupuesto para su vigilancia y control es muy reducido. Además, hay coincidencias geográficas entre zonas protegidas y población pobre, lo que crea condiciones de vulnerabilidad para el patrimonio ambiental de América Central, pues la seguridad y la riqueza regional no depende sólo del marco normativo de los sistemas de protección nacional en materia ambiental, sino de factores socio-económicos que generan presión en los recursos y minan la tarea de conservación.

En el caso centroamericano hay un aumento en la población que vive en las áreas protegidas o sus alrededores; un incremento en la pobreza, la concentración de la tenencia de tierra y la intensificación de actividades productivas. Justo esta última constituye la principal amenaza, ya que la expansión y la intensividad de las actividades productivas son culpables de la pérdida de la biodiversidad y el cambio de uso del suelo. No ha sido posible en estos años hacer compatible la conservación y la agricultura en gran escala.

Biocombustibles, agricultura y soberanía alimentaria en Centroamérica

Al revisar el Informe en materia de seguridad alimentaria, el panorama es alarmante. De 1990 a 2005, el cultivo de arroz, fríjoles y sorgo se redujo a la mitad, mientras los no tradicionales, dedicados a la exportación, aumentaron el doble. La producción de granos básicos por habitante es inferior a la de los 90, como resultado de la política neoliberal de apertura comercial que deteriora la posibilidad de que estas poblaciones se autoabastezcan.

Asimismo, aumenta la disponibilidad de granos básicos, resultado de las importaciones, que crecieron un 30 por ciento en 1990-2003. Esto es grave si se considera que los precios del maíz y el arroz se duplicaron de 2000 a 2008. Entre los factores de tal alza está la demanda de éstos para producir biocombustibles. Por si fuera poco, el incremento de un 15 por ciento en los precios de los alimentos significa el aumento de 2,5 millones de nuevos pobres extremos, sobre todo en Honduras y Guatemala, según el Informe.

Además, hay gran expectativa en los biocombustibles como potencial fuente adicional de empleo, en especial en el campo. Sin embargo, para el cultivo de caña de azúcar, principal fuente para producir etanol en Brasil, el asunto no es tan positivo. Teniendo en cuenta las afirmaciones del citado documento de la Cepal, la participación del empleo rural en el cultivo de caña de azúcar ha decrecido, y además los empleos rurales siguen asociados con los niveles salariales más bajos, siendo los empleados temporales los más desfavorecidos.

Considerando lo anterior, y que la apertura comercial transforma las estructuras productivas de la región y disminuye la participación del agro en las economías en los últimos 20 años, todo indica que América Central no tiene condiciones para que la agricultura sea un motor democrático de desarrollo y, por tanto, una herramienta para erradicar la pobreza.

Bases para una discusión

La generación de energía renovable por medio de la biomasa orientada por el libre mercado, lejos de hacer parte de una solución pudiera ser un problema en el actual estado de la región. La iniciativa, atractiva para Centroamérica, no está exenta de ser una producción de ‘oportunidad’ en extremo coyuntural, pues no se articula a una propuesta seria de desarrollo rural y ahorro de energía.

Según la FAO (2008), los combustibles seguirán empujando alzas en los alimentos, con impacto en América Central, que importa. Ello ocurrirá aun con ‘disponibilidad’, pues los países pagarán más por importar, debido a la apertura contraria a la producción nacional, y producirán lo no tradicional para exportar, importando lo que otros producen supuestamente a menores costos. En fin, a corto plazo, la población urbana y rural, sin tierra suficiente y sin capacidad de autoabastecerse, pagará más altos precios por los cultivos regulares de hace pocas décadas, antes que los programas de apertura se aplicaran en Centroamérica y se experimentara una consecuente reorientación productiva.

Aunque puede decirse que hay posibilidades de que los cultivos para biocombustibles sean de pequeños propietarios, esto requiere una vigilancia estatal que prevenga abusos contra los pequeños propietarios en la compra de insumos, así como subvencionar su producción. En cuanto a la absorción de mano de obra, el cultivo de materia prima para biocombustibles no repercutirá favorablemente en el ingreso de la población rural centroamericana, pues quizá los cultivos tengan pocos trabajadores fijos, a fin de mantener la competitividad. Al respecto, ya hay muestras de ‘flexibles’ relaciones laborales en la producción de banano y piña. Si ello ocurre con las regulaciones de hoy, ¿cómo esperar que se dé otro tipo de relaciones patronales para la población joven que se inserte en esta actividad? La pregunta cobra vigencia cuando la fuerza de trabajo en Centroamérica tiene una amplia base rural, y un 29 por ciento de la misma no supera los 25 años.

Finalmente, consideramos que con el desarrollo de esta opción energética, Centroamérica puede eventualmente disminuir en grado mínimo su dependencia de los combustibles fósiles. Sin embargo, esta producción exige subvención y protagonismo estatal (ausentes en los últimos 30 años) para que aquélla sea posible para los pequeños y medianos productores. La discusión sobre biocombustibles permite, pues, visibilizar los problemas deliberadamente no resueltos por los gobiernos centroamericanos y que convierten la herramienta energética renovable, útil al desarrollo, en factor agravante de lo laboral y ambiental. El desarrollo de insumos para biocombustibles, en las condiciones de hoy, se enmarcará en la explotación intensiva de recursos naturales, propia de la agroindustria y sujeta a los precios internacionales, ya que tarde o temprano se orientará hacia la exportación en vez de impulsar el desarrollo interno. Esta discusión, aunque importante, en la forma como empresarios y gobiernos acuden a ella, es un distractor de la problemática que afecta el agro en la región, y cuya atención se posterga en detrimento de un modelo realmente democrático y sostenible.

Bibliografía

FAO (2008). El estado mundial de la agricultura y la alimentación. Roma: Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
Programa del Estado de la Nación (2008). Estado de la región en desarrollo humano sostenible. Un informe de Centroamérica y para Centroamérica. San José: Estado de la Nación,
Razo, Carlos. Astete-Miller, Sofía. Saucedo, Alberto. Ludeña, Carlos (2007). Biocombustibles y su impacto potencial en la estructura agraria, precios y empleo en América Latina. Santiago de Chile: Cepal.
Righelato, R. y Spracklen, D. (2007). “Carbon mitigation by biofuels or by saving and reforesting forest?”. En: Science, vol. 317.

Publicado enEdición 151