Sábado, 26 Octubre 2019 06:22

El cártel de las tierras de Bogotá

El cártel de las tierras de Bogotá

En los alrededores de Bogotá llaman volteo de tierras al truco de quitar la denominación de un predio de uso agrícola y clasificarlo como tierra urbana, que dispara su precio 100 veces.

Con el volteo de tierras modifican los Planes de Ordenamiento Territorial (POT), al incorporar suelos rurales al perímetro urbano de los municipios cercanos a las grandes ciudades, incrementando así notablemente su valor.

El Departamento de Cundinamarca tiene 22.623 kilómetros cuadrados y 116 municipios, cerca del 89 por ciento de ellos son estratos 5 y 6, donde la gran mayoría del suelo es de uso agrícola; sin embargo, en los últimos ocho años las fincas ganaderas vienen siendo reemplazadas por grandes parques industriales llenos de bodegas y fábricas.

Detrás del suelo de la Sabana de Bogotá existe un multimillonario negocio, donde los municipios enfrentan un caos por cuenta de las determinaciones que trastocan la destinación de la tierra, realizado por intereses poderosos que manipulan los POT, produciendo un detrimento económico a millones de habitantes del Altiplano Cundiboyacense causando pobreza y desplazamiento.

El territorio pasa de bien común a propiedad privada

La constante violación al ordenamiento jurídico y las normas ambientales con complicidad de políticos y funcionarios públicos, ha permitido que miles de hectáreas que eran de uso agrícola y rural se conviertan en zonas para edificar, tener comercios y extracción de materiales, entre otros.

El Procurador General, Fernando Carrillo denunció que las empresas de desarrollo territorial -como las corporaciones regionales- se convierten en fuente de financiación de los partidos políticos:

“Es importante acabar con la manipulación y la interpretación amañada de los POT, el volteo y la usurpación de tierras y, sobre todo, con el cambio inescrupuloso del uso del suelo” [1].

El Senador C.F. Galán denunció que en diferentes municipios de Cundinamarca, Concejales y funcionarios de la Corporación Autónoma de Cundinamarca (CAR) habrían manipulado el POT de manera fraudulenta:

“Hemos evidenciado que alcaldes, funcionarios, políticos y contratistas se están enriqueciendo a cambio del crecimiento desordenado de los municipios y esos son problemas que los harán colapsar” [2].

En Cajicá se aprobó en 2014 una modificación al POT que dejó al municipio con solo un 23 por ciento del territorio agropecuario y forestal, contrario a lo que ordena la Ley; esa misma modificación presentada por el exalcalde Óscar Mauricio Bejarano, dedicó 96 hectáreas de la Reserva Forestal Protectora para “vivienda campestre”.

Cómo devoran la Reserva Van der Hammen

El POT presentado por Peñalosa, Alcalde de Bogotá, acordado con la CAR determina que el área conocida como que Reserva Van der Hammen, que se caracteriza por su importancia la formación de afluentes hídricos, quedaría transformada en suelo de expansión urbana [3].

Cuando la CAR reglamentó la Reserva Van der Hammen en 2011, el Distrito tenia presupuestada la compra de 1.340 hectáreas destinadas a la conservación ambiental, con un costo de 300 mil millones de pesos; hoy esos mismos predios cuestan alrededor de 2,2 billones [4].

De los 361 predios que conforman la Reserva Van der Hammen, el 70 por ciento es propiedad de empresas constructoras, agentes inmobiliarios, bancos y fondos de inversión, que adquirieron los predios a un bajo costo y con la intención de poder urbanizar.

Viviendas VIS y VIP, otro método de saqueo

La Ley permite que una vez por periodo de un alcalde se cambien predios rurales a urbanos exclusivamente para la construcción de Viviendas de Interés Social (VIS) y Viviendas de Interés Prioritario (VIP), con el objeto de beneficiar familias de bajos recursos y sin capacidad financiera.

En Facatativá en 2014, el Alcalde Luis Orlando Buitrago incorporó un predio rural –sujeto de protección por hacer parte de la micro cuenca Mancilla– para construir viviendas VIS y VIP [5]; sin embargo, solo el 20 por ciento estaba destinado a viviendas de este tipo, el resto del proyecto estaba dedicado a la construcción de “viviendas campestres” unifamiliares y multifamiliares.

Notas

[1] Volteo de Tierras en Cundinamarca. www.kienyke.com/kien-escribe/que-es-el-volteo-de-tierras-en-cundinamarca

[2] Hay carteles y mafias de tierreros que manejan el POT. https://www.procuraduria.gov.co/portal/Hay-carteles-y-mafias-de-tierreros-que-manejan-el-POT-y-el-volteo-de-tierras_-Procurador.news

[3] El tesoro bogotano perdido. El Espectador, Julio Carrizosa Umaña, 16-10-2019.

[4] Constructores: grandes dueños de la Van der Hammen.

https://www.elespectador.com/noticias/bogota/constructores-grandes-duenos-de-van-der-hammen-articulo-625149

[5] 40% del volteo de tierras ocurre en Cundinamarca. www.eltiempo.com/justicia/delitos/mas-del-40-de-las-investigaciones-por-volteo-de-tierras-son-en-cundinamarca

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Lunes, 08 Julio 2019 05:46

La economía de Trump

La economía de Trump

El Departamento del Trabajo de Estados Unidos anunció la semana pasada que en junio se crearon 240 mil empleos, lo que representa un incremento tres veces mayor al reporte correspondiente a mayo.

 

En la misma semana se informó que la economía ha tenido un crecimiento sostenido por 121 meses consecutivos. (No hay que olvidar que las bases de ese suceso datan de 2008 cuando Barack Obama rescató a la economía de su mayor crisis después de la de los años 30)

 

Trump celebró la noticia y no desperdició la oportunidad para advertir que era una muestra de sus "atinadas" decisiones en materia económica. Sin embargo, el júbilo del mandatario fue matizado por diversos especialistas cuando advirtieron que tal crecimiento enmascara una realidad no tan plausible.

 

El crecimiento ha beneficiado solamente a 10 o 15 por ciento de la población de mayores ingresos que ha recibido 80 por ciento delas ganancias de dicho crecimiento. La desigualdad es la que ha predominado en ese aspecto. Un ejemplo son los gerentes o directores de empresas cuyo salario es mil veces más alto que él de quienes trabajan en o para sus empresas, afirmaron los economistas Heather Boushey, presidente del Washington Center for Equitable Growth, y Matthew Slaughter, decano de la Escuela de Negocios Tuck, entrevistados en la cadena oficial PBS.

 

El agravante es que la tasa de los impuestos que pagan esos trabajadores es igual, y en muchos casos más alta, que el sector de mayores ingresos. El multimillonario Warren Buffet mencionó en alguna ocasión que le parecía absurdo que él pagara igual o menos impuestos que su secretaria, situación que se repite en multitud de casos.

 

La desigualdad también se caracteriza por su distribución en diversos sectores de la economía, ya que aproximadamente 50 por ciento de la fuerza laboral corresponde a los servicios, el comercio y la agricultura, sectores en los que el empleo suele ser de tiempo parcial e inestable. (NYTimes con datos del Departamento del Trabajo) El resultado es que un trabajador en esos sectores debe trabajar dos y hasta tres turnos para poder sobrevivir.

 

Esa es la razón principal de que el desempleo haya llegado a su nivel más bajo en 50 años. Un dato poco conocido que aparece en la información oficial es que por lo menos 7.2 por ciento de la población, la mayoría sin haber terminado la educación media, trabaja en el sector informal y en empleos de tiempo parcial en los que no tienen prestaciones, seguro médico, etcétera.

 

Las estadísticas son evidentes y demuestran, sin lugar a duda, que desde hace varias décadas el crecimiento económico ha sido desproporcionadamente más alto que el salario, al que ha dejado muy rezagado. Para conocer en forma correcta a quienes ha favorecido el crecimiento económico, la estimación del repunte en el ingreso debería tomar como base a las familias en forma individual y no como un agregado del ingreso de toda la nación, según han puesto de relieve Boushey y Slaughter, y también otros especialistas.

 

Tal vez sería mucho esperar que Trump entendiera esas sofisticaciones económicas, pero es la realidad enmascarada por las mentiras y demagogia con la que su maquinaria de propaganda confunde y engaña a buena parte de la población.

 

Hay que recordar que si bien los problemas sociales y el deterioro en las relaciones con otras naciones son elementos que norman el criterio de los electores, sin duda la economía ha sido el criterio que más ha influido en el ánimo de los estadunidenses a la hora de votar. Por ello, de no mediar una estrategia para evidenciar la distorsión que se esconde en el mito del suceso económico que Trump pregona, será difícil evitar que logre su relección.

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Martes, 04 Diciembre 2018 08:21

Triunfo campesino sobre Monsanto/ Bayer

Triunfo campesino sobre Monsanto/ Bayer

El 3 de octubre de 2018 será un día histórico para el reconocimiento de los campesinos y campesinas del mundo. Ese día el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra adoptó por unanimidad la “Declaración sobre los derechos de los campesinos y otros trabajadores rurales”. Aunque el documento fue el resultado de un arduo proceso iniciado a mediados de 2001 e impulsado por organizaciones como la Vía Campesina, tuvo una férrea oposición desde diversos sectores, entre ellos, el gobierno de Gran Bretaña, uno de los pesos pesados en el Consejo de Seguridad de la ONU. Al observar de cerca el texto es posible reconocer el porqué de esa actitud. En efecto, el documento contiene una serie de principios que buscan proteger los derechos de las poblaciones rurales que, según estimaciones, ascienden a la mitad de la población mundial pero cuyas condiciones de pobreza y necesidades básicas insatisfechas son cercanas al 80% (https://www.cetim.ch/derechos-para-los-campesinos/).


Para Gran Bretaña y otros de sus socios económicos, la declaración puede poner en peligro los intereses de las multinacionales de alimentos pues dentro de los valores consignados se promueve la libertad de siembra, asociación, opinión y expresión de los campesinos, algo que resulta desafiante para los emporios alimenticios.


De acuerdo con el relator especial sobre el derecho a la alimentación, Oliver Schutter, la declaratoria sugiere una enorme contribución en materia de bienestar para los campesinos en al menos cuatro dimensiones. Primero, contribuirá a la lucha contra el hambre en las zonas rurales; segundo, permitirá proteger la agricultura familiar de pequeña escala de las intenciones depredadoras de las grandes empresas agroindustriales; tercero, aumentará el acceso a los medios productivos por parte de los campesinos y, finalmente, significará un instrumento regulatorio enmarcado en el derecho internacional lo que implica un avance notorio en el reconocimiento de los trabajadores del campo (https://www.righttofoodandnutrition.org/files/declaracion_de_las_naciones_unidas_sobre_los_derechos_de_los0acampesinos.pdf).


Con todo, la declaración sugiere un paso significativo para los campesinos y campesinas del mundo en la continua lucha por la afirmación de sus derechos. No obstante lo anterior, ¿por qué la resolución de Ginebra simboliza un duro golpe a las empresas multinacionales como Monsanto-Bayer? Tomando como base los principales puntos de la declaración, el presente documento busca desentrañar las consecuencias que tendrá para los emporios económicos en caso de que a finales de 2018 la Asamblea General de la ONU decida aceptar el contenido total del texto.


El primer paso fue la aceptación en el Consejo de Derechos Humanos donde hubo 33 votos a favor liderados por Cuba y Ecuador, 11 abstenciones –entre las que se destacan los casos de Alemania (casa matriz de Bayern) y Brasil, este último en vilo con el reciente triunfo a la presidencia del ultraderechista Jair Bolsonaro–. Finalmente, tres Estados se opusieron a la declaración: Australia, Hungría y Gran Bretaña. Este panorama muestra que, a pesar de contar con las mayorías necesarias para la aprobación en la Asamblea en pleno, el camino estará lleno de obstáculos por cuenta de las empresas y gobiernos cuyos negocios estarán comprometidos. Además, debe tomarse en consideración la tendencia mundial del ascenso de gobiernos de derecha, cada vez más radicales, lo que significa una afrenta a los derechos humanos. Sin duda, la democracia está en peligro.


Ahora bien, la declaración comienza con la definición de campesino, entendido como un hombre o mujer que tiene una relación directa y particular con la tierra y la naturaleza a través de la producción de alimentos u otros productos agrícolas (art. 1). Dentro de esta categoría se incluyen las comunidades locales, familias y demás grupos que trabajan la tierra, así como las personas indígenas dedicadas a dichas labores.

También son campesinos los individuos que por distintas circunstancias no poseen tierra y cuya única alternativa es vender su mano de obra. Generalmente, los campesinos y campesinas son personas sin acceso a condiciones dignas de supervivencia, razón por la cual, la declaración propone una serie de derechos a título individual y colectivo que sugieren la protección de la libertad en un marco de igualdad fundada sobre la no discriminación por su condición económica y sociocultural (art.2).


Un punto fundamental en relación con lo anterior es la soberanía alimentaria que comprende “el derecho a una alimentación saludable y culturalmente apropiada, producida mediante métodos ecológicamente racionales y sostenibles, y el derecho a definir sus propios sistemas de alimentación y agricultura” (http://www.ecologistas.cl/2018/10/13/onu-declaracion-sobre-los-derechos-de-los-campesinos-y-otros-trabajadores-rurales/). Este concepto que ha sido construido a lo largo de los años por organizaciones campesinas es fundamental para entender sus luchas y demandas y, al tiempo, significa un temor latente para las multinacionales como Monsanto-Bayern. En efecto, al hablar de soberanía alimentaria se hace referencia al reconocimiento de sistemas ancestrales y autóctonos en la producción de alimentos y en la explotación pesquera sostenible, algo que va en claro detrimento de los intereses de las grandes empresas cuya motivación es la maximización de las ganancias. Mientras un sistema local promueve la diversidad en la producción de alimentos, Monsanto insiste en la compra de amplias extensiones de tierra para sembrar monocultivos que generen excedentes para vender a otras regiones del mundo. Los alimentos como negocio y no como derecho. De ahí que, la declaración signifique un avance notable en el reconocimiento de los productores locales.


Así mismo, el artículo tercero de la resolución plantea una serie de derechos relacionados con la vida, la dignidad y un nivel adecuado de desarrollo que incluye el hecho de que ningún campesino pueda ser “acosado, desalojado, perseguido o detenido arbitrariamente”. Esta circunstancia se relaciona con las condiciones en las que viven millones de trabajadores del campo en el mundo quienes debido a su situación económica han adquirido grandes deudas, han tenido que vender sus riñones o incluso han llegado a suicidarse. Todas estas circunstancias han sido documentadas por la activista india Vandana Shiva, una importante voz en medio de la lógica depredadora de Monsanto (https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20180127/vandana-shiva-la-revolucion-empieza-en-la-cocina-6573024). A propósito de la multinacional, uno de los puntos de declaración sostiene explícitamente que “los campesinos tienen derecho a vivir una vida saludable y no ser afectados por la contaminación de productos agroquímicos como los pesticidas y fertilizantes químicos”. Este parágrafo tiene un destinatario específico: la empresa norteamericana que con sus productos ha generado una crisis mundial en la manera de producir y distribuir los alimentos.


Desde esta perspectiva, la declaración de los derechos campesinos es un paso histórico para limitar el poder de influencia de Monsanto y demás empresas que han intentado monopolizar el mercado alimentario mundial. Amparados por el sistema de Naciones Unidas, los campesinos podrán contar con un valioso instrumento para protegerse de la violencia de estos grupos económicos y lo más importante aún, tendrán autonomía en sus sistemas de producción. En esta misma vía, la resolución plantea que los campesinos tendrán derecho a una tenencia de tierras segura y a no ser desalojados por la fuerza.


Esto es particularmente relevante en un país como Colombia donde el nivel de desigualdad en el campo alcanza el 89,7%. De las más de 114 millones de hectáreas con las que cuenta la nación, el 54% está concentrada en propietarios privados y el porcentaje real de pertenencia a campesinos es inferior al 20%. Casos como el de Quibdó donde menos del 1% de los propietarios privados es el dueño del 94% del territorio rural, ejemplifican la difícil situación de los campesinos en Colombia (https://www.eltiempo.com/economia/sectores/desigualdad-en-la-propiedad-de-la-tierra-en-colombia-32186). A esto hay que sumarle la constante violencia de la que son objeto los trabajadores del campo, los desplazamientos y la poca cobertura en servicios básicos con la que cuentan. Por tanto, la declaratoria puede significar una oportunidad sin parangón para reconocer los derechos de uno de los actores más afectados por el conflicto armado. Habrá que esperar unos meses para conocer la orientación del gobierno Duque cuando se realice la votación en la Asamblea General.


Por otra parte, uno de los puntos neurálgicos en la declaración es el “derecho a las semillas y al saber y la práctica de la agricultura tradicional” (art.5). En este acápite se consignan las libertades que tienen los campesinos para determinar la variedad de semillas que quieren emplear. Del mismo modo, los empodera para rechazar la multiplicidad de plantas que consideren nocivas en términos económicos, culturales o ecológicos y a evitar el modelo agroindustrial. Nuevamente, el apartado significa una afrenta a los proyectos de empresas como Monsanto-Bayer que han buscado históricamente restringir los canales de producción local y han limitado a gran escala la biodiversidad. En efecto, por medio de costosos bufets de abogados, la multinacional ha buscado ocultar sus crímenes en contra de la humanidad. Aunque no siempre se ha salido con la suya. Un ejemplo de ello fue la multa de 289 millones de dólares que el gigante económico deberá pagar a un campesino, luego de que un jurado en Estados Unidos determinara que el cáncer terminal que padece fue la consecuencia de exponerse a los agentes químicos de Monsanto (https://www.semana.com/mundo/articulo/monsanto-condenado-a-pagar-usd-289-millones-por-un-herbicida-con-glifosato/579263). La resolución es también una oportunidad para proteger a millones de campesinos del mundo de la exposición a productos cancerígenos y que afectan al medio ambiente.


En tal sentido, los campesinos podrán gozar de nuevas libertades al no estar avocados a la compra de semillas y pesticidas de la multinacional. Atrás quedará la dictadura alimentaria que obligaba a los trabajadores del campo a sembrar determinada especie de semilla (generalmente genéticamente modificada) bajo el temor de ser encarcelado (https://www.elespectador.com/opinion/tener-una-semilla-es-un-delito-la-nueva-dictadura-alimentaria-columna-439703). Con la resolución se promoverá la biodiversidad biológica (art.10), la protección del medio ambiente (art.11), las libertades de asociación (art.12) y el acceso a la justicia (art.13), elementos claves para el reconocimiento de incansables luchadores sociales. El paso que acaba de dar el consejo de Derechos Humanos y que se espera tenga un respaldo avasallador en la Asamblea General, es tan sólo una primera conquista de los campesinos que tendrán que estar preparados para la arremetida de las multinacionales y gobiernos que buscarán a toda costa evitar la aplicación de lo contenido en la declaración. Es por esa razón que las demandas a favor de la protección de los derechos de los campesinos y campesinas del mundo debe continuar.

 

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Duque busca atraer inversión extranjera con su primera reforma tributaria

El presidente colombiano promete ante empresarios de 40 países "reducir la carga a los que generan empleo"


El Gobierno colombiano enviará esta semana al Congreso una reforma tributaria que refleja una de las obsesiones de su nuevo presidente, Iván Duque. Esto es, presentar a Colombia ante la comunidad internacional como un país atractivo para invertir. La nueva legislación, que el mandatario esbozó el lunes ante inversores de más de 40 países, busca, aseguró, “reducir la carga tributaria a los que generan empleo a esas micro, pequeñas, medianas y grandes empresas” y que “este país genere más empleo formal”.


El Ejecutivo propondrá, por ejemplo, una exención de 10 años del impuesto de renta a los empresarios que inviertan en el campo, con proyectos de desarrollo productivo agroindustrial, con la condición de generar “un mínimo de puestos de trabajo”. “Sí, Colombia está creciendo quizás por encima de muchos países de la región este año, casi el 3%, un 2.8%, y muy seguramente el año entrante la meta que quiero trazarme es que lleguemos al 4% para seguir creciendo”, enfatizó Duque, que hizo hincapié en la importancia del turismo y de la llamada economía naranja, es decir, las industrias creativas, en un país tradicionalmente vinculado al sector extractivo.


“En temas como robótica, inteligencia artificial… economía naranja, también cero impuestos de renta por los primeros cinco años a cambio, por supuesto, de generar un mínimo en puestos de trabajo”, prometió el mandatario. “En el emprendimiento de nuestro país entra a jugar un papel fundamental la música, el diseño, el cine, la literatura, festivales, carnavales, arquitectura, publicidad, joyería”, agregó.


Con respecto al turismo -“el nuevo petróleo de Colombia”, dijo-, el presidente se fijó una meta: “Nuestra apuesta es que Colombia tenga 6 o 7 millones de turistas en estos cuatro años y que podamos abrir un camino de políticas de largo plazo para que rápidamente pueda superar el umbral de los 10 millones de turistas”.


Para lograr los objetivos que se propone, Duque intentará concretar uno de los compromisos de la campaña electoral: reducir la burocracia y adelgazar la Administración. Con esta reforma, el Gobierno intenta atraer capital extranjero. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo puso en marcha un plan de estímulo bautizado como Estado Simple, Colombia Ágil. El objetivo final consiste en "eliminar, racionalizar y agilizar trámites que se vuelven muchas veces en un dolor de cabeza para el sector privado”. "En estos casi 90 días ya llevamos cerca de 50 trámites intervenidos, llegaremos a 100 antes de terminar el año y esperamos que en el primer año de gobierno tengamos cerca de 900 trámites, porque lo que nos interesa es que el Estado no sea obstáculo", aseguró el mandatario.

F. MANETTO
Bogotá 30 OCT 2018 - 17:02 COT

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Los narcocultivos baten un nuevo récord en Colombia

Las autoridades no logran revertir la tendencia alcista de los últimos años. En 2017, el número de hectáreas sembradas pasó de 146.000 a 171.000

Ya es oficial. A pesar de los enormes esfuerzos de los últimos años, Colombia no ha conseguido revertir el aumento constante de los cultivos ilícitos. El nuevo Gobierno, presidido por Iván Duque, se enfrenta al desafío de reducir la mayor cantidad de hectáreas de coca de las que se tenga registro. En 2017, según el informe anual del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas (Simci), presentado este miércoles en Bogotá, se produjo un incremento del 17%, equivalente a 25.000 hectáreas sembradas. La extensión total creció de 146.000 a 171.000 hectáreas, la cifra más alta desde que la ONU vigila el tamaño agregado de estos cultivos.


“El 25% de la coca en el país se encuentra a menos de 20 kilómetros de una frontera”, siendo los límites con Venezuela y Ecuador donde más intenso es el fenómeno, subraya Bo Mathiasen, representante en Colombia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Los departamentos de Nariño y Putumayo -ambos fronterizos con Ecuador- y Norte de Santander -que limita con Venezuela-, concentran en conjunto el 60% de los narcocultivos. La producción potencial de cocaína alcanzó un nuevo récord en 2017: 1.379 toneladas. “Colombia necesita asistencia para esta gran tarea”, subraya Mathiasen.


Los funcionarios del nuevo Gobierno colombiano admiten que, debido a la dinámica de los narcocultivos, la cifra probablemente seguirá al alza este año. “Esta es una curva que va a en ascenso permanente y no encuentra su punto de inflexión”, se lamentó el ministro de Defensa, Guillermo Botero, sin ocultar su “inmensa” preocupación. “Este tema ya es tratado como un asunto de seguridad nacional”.


Las estadísticas, que ratifican a Colombia como el primer productor de coca en el mundo, se conocen justo cuando en el país sudamericano se debate sobre la conveniencia o no de retomar las fumigaciones con glifosato. El Ejecutivo enfrenta fuertes presiones por mostrar resultados a Estados Unidos: Donald Trump visitará Colombia en diciembre y las autoridades ya han autorizado autorizaron el uso de drones cargados del potente herbicida. A finales del 2015 el Gobierno había suspendido las aspersiones aéreas con glifosato, potencialmente cancerígeno, ante un fallo de la Corte Constitucional que apelaba al principio de precaución y ante las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).


En paralelo al crecimiento de los narcocultivos en Colombia ha aumentado también la tensión entre Bogotá y Washington, estrechos socios en la estrategia antinarcóticos desde 1999, cuando se concibió el Plan Colombia. Las hectáreas dedicadas a la hoja de coca pasaron de 168.000 en el año 2000 a 48.000 en 2012 y 2013, su nivel más bajo desde que hay datos. Desde entonces, no han dejado de crecer: de acuerdo con las mediciones del Simci, en 2014 había 69.000 hectáreas dedicadas a estos cultivos, 96.000 en 2015 y 146.000 en 2016.

La estrategia antidroga también ha sido motivo de agrios debates políticos desde la campaña que llevó al poder a Duque, que tomó posesión como presidente a principios de agosto. Su antecesor, Juan Manuel Santos, pidió en distintos foros internacionales cambiar el enfoque en la lucha global contra el narcotráfico, enfatizando en los países consumidores y abordando el problema desde una óptica de defensa de los derechos humanos y de la salud pública. El nuevo Gobierno, por el contrario, apuesta por la erradicación forzosa en detrimento de las iniciativas voluntarias pactadas por Santos con las comunidades de campesinos. “Vamos a volver a la aspersión aérea y se va a instaurar la erradicación forzosa sin cerrarle la puerta a acuerdos de erradicación voluntaria que sean viables y eficaces”, explicó el canciller, Carlos Holmes Trujillo, en una entrevista reciente con EL PAÍS.


Las drogas ilícitas han sido, por décadas, el principal combustible para el conflicto armado en Colombia. El reciente incremento del cultivo de coca ha coincidido con la negociación en La Habana del acuerdo de paz que Santos selló con las FARC a finales de 2016, a pesar de que la exguerrilla -hoy desarmada y convertida en partido político- se comprometió a romper cualquier vínculo con el narcotráfico y a ayudar a combatirlo. Sobreviven, en cualquier caso, diversos grupos armados que se lucran del narcotráfico, entre ellos las disidencias de las FARC que se apartaron del proceso de paz.


Los resultados del Simci, publicados tres meses después de la fecha en que habitualmente se divulgan, llegan después de la medición de la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca, que suele registrar un número mayor. Ese estudio señaló que los cultivos ilícitos en Colombia alcanzaron 209.000 hectáreas, un incremento anual de 11 %. Las dos mediciones utilizan distintas metodologías, y si bien los números difieren, muestran la misma tendencia al alza.

 

Bogotá 19 SEP 2018 - 17:58 COT

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Extrabajadores de la familia Uribe desvelan vínculos con paramilitares

Las declaraciones ante el fiscal, a las que ha tenido acceso EL PAÍS, documentan la relación del hermano del expresidente con el grupo de Los 12 apóstoles

Amenazas a la población, vejaciones, connivencia con las fuerzas de seguridad, retenciones y una estrecha relación con Santiago Uribe, hermano de Álvaro, expresidente de Colombia. Las declaraciones ante el fiscal de tres exempleados de la hacienda ganadera La Carolina, que en los noventa era propiedad de esa familia, señalan a la finca, ubicada en el municipio de Santa Rosa de Osos (a unos 80 kilómetros al norte de Medellín), como base de operaciones del grupo paramilitar conocido como Los 12 apóstoles, activo durante esa década.


Los testimonios, recabados el pasado 31 de mayo, confirman los vínculos de Santiago Uribe, procesado por haber constituido supuestamente esa organización, con el jefe de sicarios de la banda, Jorge Alberto Osorio Rojas, alias El Mono de los Llanos y Rodrigo. EL PAÍS ha tenido acceso a las grabaciones de esos antiguos trabajadores, cuyos nombres fueron proporcionados a la justicia por el propio acusado. Este negó en enero, durante el último juicio en su contra (lleva dos décadas respondiendo ante la justicia), todo tipo de lazos con sus cabecillas y dos meses después salió de la guarnición militar donde permanecía recluido desde 2016. Se encuentra ahora a la espera de la próxima vista del proceso, que puede reanudarse a finales de julio.


El relato de los empleados, que trabajaron en la hacienda durante largos períodos, describe algunas actividades de Los 12 apóstoles y, sobre todo, documenta la cercanía entre El Mono, hoy en busca y captura, y Santiago Uribe. "Eran muy íntimos" y su trato era "muy amistoso", llega a afirmar M. T. M., uno de los testigos, de quienes se reproducen solo las iniciales por razones de seguridad. Este hombre empezó a cuidar ganado a los siete años en distintas explotaciones del departamento de Antioquia hasta que en 1982 recaló en La Carolina, donde permaneció casi dos décadas. Aunque pertenecen a generaciones distintas, su historia es parecida a la de J. L. R., que entró en la finca con su familia a los 12 años, la dejó y regresó con 33, entre 1995 y 1996.


La defensa de Uribe siempre ha argumentado, y por el momento con éxito, que los testigos presentados por la acusación particular, la ONG Comisión Justicia y Paz, y la Fiscalía son “falsos” o que han recibido dinero. Cuando no lo ha convertido en una batalla política contra su hermano, el expresidente Álvaro Uribe, que en la época en la que sucedieron los hechos era senador (1986-1994) y gobernador del departamento de Antioquia (1995-1997) .


Uribe es ahora senador -fue el más votado en las elecciones legislativas de marzo- y apoya la candidatura de Iván Duque, que el domingo se disputa la presidencia con el izquierdista Gustavo Petro. Siempre se mantuvo en la primera línea de la política, liderando la oposición a los acuerdos de paz con las FARC alcanzados por el actual mandatario, Juan Manuel Santos, y alentando la indignación de parte de la sociedad colombiana ante la desmovilización de la antigua guerrilla y el sistema de reparación a las víctimas. Sus adversarios sostienen que su negativa a retirarse responde a sus temores de perder influencia y enfrentarse a la justicia como un ciudadano más.


"Rodrigo y don Santiago"


“El administrador era Carlos Serna”, declara este empleado. Se refiere a Carlos Enrique Serna Areiza. Desde 1994 fue mayordomo de ese terreno, según quedó registrado durante el juicio contra Santiago Uribe. Durante el proceso, el gerente confirmó que presenció un asesinato dentro del recinto, aunque siempre desvinculó a su jefe de cualquier actividad ilegal.


Las declaraciones de estos trabajadores apuntan en la dirección contraria. J. L. R. asegura que tanto el paramilitar Rodrigo como el hermano del expresidente portaban armas, pero el dueño de la hacienda “la llevaba tapada con una toalla”. Describe un revólver o una pistola, armas cortas, pero no detalla de qué tipo. “Hacían eso por las malas informaciones que había por ahí: La Carolina estaba amenazada por la guerrilla”.


“Rodrigo llegaba siempre antes que don Santiago. Luego salían juntos a caballo”, dice. M. T. M. se refiere, además, a "negocios entre ambos", sin precisar. "¿Quién le daba órdenes?", le pregunta el fiscal. "Don Santiago". "¿Alguien más?", insiste. "No". El lugar de encuentro de los dos, según la exposición de los testigos, era una casa dentro de la finca que se llama La Mayoría y sus alrededores.


Los trabajadores explican que, aunque este grupo estaba en La Carolina, era habitual que se movieran por los caminos de la zona y que entraran a otras propiedades aledañas. “Llegaban por la carretera y paraban a la gente”, asegura uno de ellos. “Un man [sic] me contó que cuando iba en una buseta, le bajaron y le apuntaron con un arma. Eso hacían. Pasaba gente por la carretera, les quitaban la ropa. Protegían a Santiago”.


Estos operativos estaban al cargo de El Mono -descrito como "robustico", "carirredondo", "coloraíto" y "con los ojos zarquitos"- y un grupo de hombres que los testigos identifican con apodos como Pelusa, Carlos, el Paisa y Sabino, entre otros. En uno de los informes de la Fiscalía (redactado el pasado 5 de febrero e incluido en la causa contra el jefe de los sicarios) se identifica a Pelusa como el dueño de un laboratorio de cocaína que fue desmantelado por la policía. En ese mismo documento se detalla que también tenía un vehículo en el que “llevaba a personas amarradas en horas de la mañana". Dos detalles que coinciden con el plan que llevaba a cabo este grupo en la región: "Hacían limpieza de personas que hacían maldades y las asesinaban".


'Limpieza social'


Los 12 Apóstoles es responsable de 509 víctimas a principios los noventa, según defensores de derechos humanos que han investigado a este grupo. Su tarea consistía en lo que se conoce por “limpieza social”, es decir, garantizar la seguridad en determinados territorios a través de ejecuciones arbitrarias de lo que consideraban delincuentes, colaboradores de la guerrilla, adictos a las drogas, entre otras personas inocentes. Camilo Barrientes, un conductor de autobús, es la víctima que permitió que se abriera el caso contra Santiago Uribe. Fue asesinado en febrero de 1994.


"Los comentarios eran que ellos trabajaban con la Policía y el Ejército”. El testimonio de M. T. M. hace referencia también a la presencia de personal de las fuerzas de seguridad en la hacienda. "Pues sí, allá iban. Con el Ejército que se mantenía allá". Tanto este testigo como otra recuerdan que se hablaba de estas personas como "paracos". "No me gusta esa palabra”, dice L. M. P., una trabajadora que estuvo 13 años en La Carolina cocinando, limpiando cuartos y haciendo cualquier tarea que le mandaran. “¿Qué es para usted un paraco, un paramilitar?”, le pregunta el fiscal. “Gente mala. Pasaba alguno muerto y decían: esos fueron los paracos que mantienen ahí en La Carolina”. Cada noche, cuando esta mujer salía de la finca, los mayordomos le recordaban una frase: "El Mono es de respeto'. Nos decían que nos fuéramos callados. No vimos nada, solo escuchamos comentarios. Cuando salíamos, ellos se reunían”.


En el tiempo que esta mujer pasó en La Carolina asegura que nunca vio “a la ley”, es decir, a la policía. Sin embargo, confirma que al poco de irse de la finca, se instaló un batallón militar, el de Girardot, encargado de tareas de seguridad en la zona. Otra empleada de la hacienda, M. E. R. T, habla en cambio, de encuentros una o dos veces por semana con miembros de la policía nacional. El fiscal le menciona algunos nombres, aunque esta encargada de las tareas del inmueble principal no los recuerda. Ni siquiera el de Alexander Amaya.


Este es uno de los testigos clave en el juicio, expolicía y exparamilitar que cumple una condena de 40 años de cárcel. Desde mediados de los noventa asegura que Uribe fue jefe de Los 12 apóstoles, así llamados porque uno de sus miembros era sacerdote, y de haber estado en una reunión del ganadero con este grupo en la finca La Carolina


“Se puede dar como un hecho cierto y probado que el señor Santiago Uribe Vélez ejercía la dirección y coordinación del grupo Los 12 Apóstoles”, dijo la vicefiscal María Paulina Riveros al inicio del proceso en octubre de 2017. Esta acusación no ha sido probada todavía. No obstante, estos testimonios pueden ahora dar un vuelco al caso.


Bogotá 12 JUN 2018 - 10:43 COT

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Jueves, 26 Octubre 2017 06:34

Eric Hobsbawn y América Latina

Eric Hobsbawn y América Latina

Poco antes de morir, en 2012, ya con 95 años, Eric Hobsbawn manifestó la voluntad de publicar un volumen con sus artículos y ensayos sobre América Latina. No tuvo tiempo de hacerlo, pero el historiador británico Lesley Bethell recogió la tarea y organizó un volumen, al que dio el título de Viva la Revolución, publicado el año pasado en Londres.

En su autobiografía Tiempos interesantes, publicada en 2002, Hobsbawn afirmó que la única región fuera de Europa que él consideraba que había conocido bien y donde se sentía plenamente en casa, era América Latina.

Sin embargo, en sus obras clásicas, la presencia de América Latina es marginal. En Era de las revoluciones hay sólo referencias de paso a nuestro continente. En Era del capital hay solamente media docena de páginas sobre América Latina, en el capítulo titulado Perdedores. En Era de los imperios hay pocas referencias y cuatro páginas dedicadas a la Revolución Mexicana. En Era de los extremos, América Latina pasa a ocupar lugar de destaque en el surgimento del Tercer Mundo, con referencias a varios acontecimientos históricos de importancia, de la Revolución Mexicana al Chile de Allende.

Este libro empieza con sus primeras impresiones sobre el continente, que significativamente son de su primer viaje a Cuba, en octubre de 1960, que se abre con la afirmación: "Salvo si hay una intervencion armada de Estados Unidos, Cuba será muy en breve el primer país socialista del hemisferio occidental".

Hobsbawn volverá varias veces a Cuba, que será una referencia permanente para el continente. Pero él será un crítico sistemático de la vida cubana, expresada en los movimentos guerrilleros.

Su interés sobre América Latina se volverá más sobre sus movimientos campesinos, por ello concentra sus viajes y sus análisis sobre Colombia –que le fue presentada por el gran intelectual colombiano Orlando Fals Borda– y Perú. La temática de bandidismo social lo lleva a volcarse incluso sobre Sendero Luminoso. Hobsbawn analizó muchísimo más los movimientos campesinos que los movimentos de los trabajadores urbanos latinoamericanos.

De todas maneras Hobsbawn no se considerabaun historiador latino-americano. De hecho, él nunca logró liberarse de la impronta europea, que fuertemente marca su obra, para comprender las particularidades latinoamericanas. Sobre las relaciones sociales en el campo, tiene siempre como referencia el feudalismo, no incorporando el amplio debate de 1960, protagonizado, antes de todo, por Rodolfo Stavenhagen y posteriormente incorporado por gran parte del pensamiento social del continente.

Al igual que Hobsbawn siempre mantuvo sobre el nacionalismo la marca del fenómeno en Europa, refiriéndose a Perón y a Vargas, así como a otros líderes "populistas" del continente como fascistas. Su libro sobre los nacionalismos no incorpora las particularidades del fenómeno, con el tono antimperialista que asume en nuestro continente. Los rasgos antineoliberales del nacionalismo latinoamericano aparecen para él siempre análogos al facismo y al nazismo.

Sin embargo, América Latina fue para Hobsbawn un gran laboratorio de experiencias políticas. "Así como para el biólogo Darwin, para mi, como historiador, la revelación de América Latina no fue regional, pero si general. Era un laboratorio de cambios, en su mayor parte distinta de lo que se podría esperar, un continente hecho para minar las verdades convencionales. Era una región donde la evolución histórica ocurría a lavelocidad de un tren expreso y que podía ser realmente observada durante la mitad de la vida de una única persona".

Cuando hace un balance, en su último texto general sobre el continente, escrito en 2002, 40 años después de su primera visita, Hobsbawn constata que "la revolución esperada" no había ocorrido. Pero él ya convivió con los nuevos gobiernos progresistas, manifestó simpatías por Hugo Chavez, pero hacia Lula y el PT es que él mantenía sus más grandes simpatías. ("Llevo su distintivo en mi llavero para recordar simpatías antiguas y contemporáneas y recuerdos de mis momentos con el PT y con Lula."

En su conjunto, el libro de más de 500 páginas, desde sus primeras impresiones, pasando análisis de las estructuras agrarias y del movimiento campesino, así como de los intentos revolucionarios, –México, Cuba, Chile–, hasta sus reflexiones finales, es un gran mosaico de interpretaciones del más grande historiador del siglo XX, sobre un continente en constante ebullición, de revoluciones y contrarrevoluciones.

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La Matriarca afro de las selvas colombianas

Han dicho de ella que es guerrillera, la han querido judicializar, asesinar y desplazar. Lo último lo lograron y en ese hecho se ha centrado su lucha y resistencia. Con 75 años de edad, Ligia María Chaverra, conocida como la matriarca de la cuenca del Curvaradó, ubicada en las selvas chocoanas de Colombia, le ha puesto la cara a los paramilitares, al gobierno, a los empresarios, pero también a embajadores de todo el mundo. Desde las rústicas casas en medio de la selva, se ha desplazado hasta Costa Rica, México, Canadá, España, Suiza y Bélgica para denunciar que en 1997 las fuerzas militares en concordancia con estructuras paramilitares desplazaron y masacraron a los pobladores de Jiguamiandó y Curvaradó, departamento del Chocó.


“Dicen que soy guerrillera, pero yo he criado a ocho hijos y a 44 nietos. ¿Creen que he tenido tiempo para hacer la guerra?”, dice la matriarca. Para la comunidad, María Ligia no es otra cosa que una mujer que ha entregado su vida a la defensa del territorio, exigiendo igualdad de derechos para todas las personas sin distinción de género, raza o religión. Enseñando a niños, niñas, jóvenes y adultos la importancia de defender sus tierras fértiles de intereses económicos y políticos.


Hace 58 años llegó al Curvaradó donde se casa con Celdonio Martínez con quien tuvo 8 hijos. La vida parecía tranquila hasta que la Operación militar Septiembre Negro, diseñada por la Brigada 17 del Ejército colombiano en conjunto con paramilitares, que tuvo como epicentro el Curvaradó, la desplazó a ella, a su familia, y a 1500 pobladores. Luego empezó la militarización de la zona y Chaverra fue testigo de más de 70 crímenes entre asesinatos y desapariciones forzadas. Vio morir a vecinos, amigos y familiares.


Tras esa escalada de la violencia, vivió 6 meses escondida con sus nietos en las montañas chocoanas, donde la desnudez, el hambre, el frío pero sobre todo el miedo fueron las constantes. Cuando sonaban los disparos de un lado, debían desplazarse hacia otro lugar y así, sin ningún tipo de estabilidad vivió esos días con su familia. Al principio no sabía muy bien por qué los perseguían, “decían que se trataba de operaciones contra la guerrilla de las FARC”, pero cuando los pobladores volvieron al Curvaradó, el monocultivo de palma de aceite y de banano sembrados en lo que todavía para ellos era su hogar y sus tierras, explicó tal situación. “Por la palma fue nuestro despojo. La sangre de nuestros amigos y de nuestros hermanos ha abonado esa palma”, expresa incansablemente la matriarca.


La fe y creencias religiosas de esta lideresa la mantuvieron en pie y le permitieron seguir adelante en medio de la adversidad. Quienes la conocen, describen a Ligia como una persona religiosa, también como la expresión rural y afrodescendiente que mezcla discursos que practica en su propia vida. Puede hablar de gozarse una verbena, pero al tiempo guarda un fervor muy especial por la virgen María, y a su vez por el libertador Simón Bolívar. Su tabaco en la boca y su andar un poco cabizbaja han acompañado los pasos de quien ha liderado la permanencia en el territorio de las comunidades afro y mestizas en medio del conflicto armado colombiano.


Poco a poco su voz fue ganando espacios en la comunidad y esa fortaleza y credibilidad hizo que la población la escogiera como represente de las víctimas de esa operación militar, junto a la ONG, la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Juntos han denunciado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el drama en el que han vivido las comunidades del Chocó por el actuar gubernamental y paramilitar.


De ese trabajo, se constituyó Camelias, lugar blindado por medidas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que entre otras cosas, condenó al Estado colombiano por su responsabilidad en las masacres que generaron el desplazamiento de Ligia María y de miles de familias afro y mestizas. Desde entonces, antes de ingresar al territorio donde habita Chaverra, se lee en un cartel, ‘Zona humanitaria Las Camelias, es tesoro lugar exclusivo de población civil. Prohibido el ingreso de actores armados’.


En medio de su labor como ama de casa y agricultora, ha continuado luchando para que el gobierno le cumpla a las comunidades, en medio de los señalamientos que dicen que María Ligia es integrante de la guerrilla de las FARC. Y es que sus conocidos aseguran que en diversas ocasiones esta líder afro ha sido perseguida y estigmatizada. Nunca ha negado la presencia de esa guerrilla en Curvaradó antes del desplazamiento, como tampoco ha dejado de plantear su posición política progresista, aunque eso no significa que piense igual a ellos.


En medio de la selva permanece custodiada con un esquema de protección que el gobierno fue obligado a brindarle. Sabe que es más que posible que su cabeza tenga precio, pero a pesar de su edad sigue potenciando sus valores al servicio de su familia y su comunidad. “Si me matan por decir la verdad, nada puedo hacer, quedarán mis hijos y mis nietos. Yo sólo he abierto camino para que otros sigan esta lucha”.


Hace unos meses, en la Zona Humanitaria Camelias se realizó una jornada cultural durante la semana de clases del Colegio de la comunidad. Allí se juntaron manos jóvenes negras y mestizas para rendir un homenaje a las enseñanzas, sabiduría, lucha y resistencia de Ligia María Chaverra. Hoy un mural de colores con la palabra resistencia, evidencia el legado que ha dejado la matriarca a las comunidades del Curvaradó.

 

Contagio Radio
26 julio 2017 0
Por: Mónica Lozano

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Abandonar las ciudades, volver a la tierra

La humanidad, como nunca antes, requiere que emerjan formas alternativas de habitar la tierra. Experiencias que superen la devastación de la lógica del capital y convoquen con el ejemplo el fervor creador de las comunidades.

Estas alternativas urgen pues las reglas de juego del capitalismo mundial integrado1, hoy imperante, han acercado el mundo a un colapso apocalíptico. En muy pocas décadas la lógica del capital penetró en los últimos rincones del planeta que se habían mantenido a salvo de la codicia. Se apoderó también de ámbitos de la vida social que habían sido resguardados de la degradación que acarrea la ley de la ganancia: salud, alimentación, educación, cultura, etc.

Pocos años de políticas neoliberales fraguaron una política mundial atrapada en las demandas inaplazables de los grupos de presión corporativos, las exigencias de una humanidad no creadora consagrada a la banalidad y la habladuría, los gimnasios, los templos de los diezmos, las redes de cómplices, la estética vacía de los centros comerciales, y gravísimos problemas sin resolver que se enconan cada hora.

Para nuestro asombro –y para cavilar– es necesario tener en cuenta que en apenas un siglo el planeta pasó de albergar mil millones de seres humanos a soportar más de seis mil millones. Miles de millones con necesidades esenciales que cubrir y cientos de millones con falsas necesidades codificadas2 por un sistema de mediático omnipresente y conocedor de los mecanismos capaces de robotizar los cuerpos y esclavizar las mentes con un consumismo imposible de saciar ni con diez planetas más.

Un planeta que sufre la devastación de un sistema patriarcal, económico y político bárbaro y depredador. El calentamiento global alcanza hoy topes sin precedentes en la historia de la tierra. Un fenómeno que avanza a un ritmo incontrolable, hasta el punto de instaurar la desesperanza en millones de seres que contemplan con estupor la fuerza inercial de una dinámica económica arrasadora que nada ni nadie parece poder detener3.
Las fisuras

Al mismo tiempo, en el mundo entero, emerge como lo hacen las plantas después de las lluvias que siguen al verano, una asombrosa diversidad de experiencias moleculares alternas al mercado, o con una hibridación que les permite diversos grados de autonomía al tiempo que una inserción en el mercado.

Entre ellas se manifiestan con enorme fuerza las experiencias de retorno a la tierra. Experiencias que recuperan las potencias de la labor colectiva bajo el signo de la cooperación, y que renuncian de antemano, por principio, a cualquier forma de beneficio económico que les signifique envenenar la tierra.

Una de estas experiencias aflora en la región que reúne a Zipacón, Cachipay y Anolaima en Cundinamarca. Una geografía andina prodigiosa con bosque de niebla tropical, adornada con el esplendor de los ocobos en flor, y ubicada en el costado occidental de la cordillera que desciende desde Bogotá al Magdalena. Sus territorios van desde los 2.000 metros de altitud hasta los 1.500. Son tierras que brindan desde diversas variedades de papa y quinua, hasta la yuca, la guatila y el tomate. Una asombrosa diversidad de frutas y plantas medicinales, y variedades aclimatadas de amaranto, chía y yacón.

En esa región afloran diversos procesos alternativos al desastre de la mega urbe. En Colombia hay una antigua raíz cultural de sentido comunitario de la vida colectiva y amoroso cuidado de la madre tierra. Esta raíz ha resistido durante siglo y ha reverdecido en el siglo XX con la revalorización de las obras y saberes ancestrales. Su significado de vida se ha venido apreciando cada vez más con la creciente conciencia planetaria sobre la imposibilidad de mantener la vida y la dignidad con la organización social y económica que instauró en el mundo la más grande potencia que se ha engendrado en la tierra.

Hay un flujo creciente de personas y pequeñas comunidades de jóvenes que están retornando a la tierra. Reducen en alto grado el consumo en términos de despilfarro de las energías fósiles. Disminuyen su necesidad de moverse de un lugar a otro, y cuando se mueven caminan, utilizan bicicletas, comparten autos o acuden a los transportes colectivos.

No son únicos, forman parte de un proceso planetario: un movimiento cultural de retorno a la tierra. Jóvenes hastiados de la carrera de ratas del capital regresan a habitar los campos, como núcleos familiares o en pequeñas tribus. Ya no quieren hablar en contra del sistema, ni de las mil formas de demoler el poder. Se han decidido a labrar otro mundo, y en ello laboran cada día. Experimentan el placer superior de servir y de recibir ayuda de la comunidad en la que se desenvuelven sus vidas. Comprenden la salud con un acento en la prevención de la enfermedad, como una forma de vida, de nutrirse, de amar y de respirar. Y no como una cuestión farmacéutica.

No soportan más los entornos agresivos de las urbes. No quieren someter su sensibilidad al veneno silencioso de la miseria anímica y material, y la degradación que supura en calles y oficinas. No resisten ya las atmósferas ruidosas y tóxicas. Ni la omnipresencia de una televisión embaucadora, que miente, confunde, aturde y estimula la pasividad social.

Encarnan en sus prácticas cotidianas nuevas formas de resistir y construir que le permiten a unos y otros mirar la ciudad desde el campo y verla, desnuda, en su penosa verdad. En sus discursos prepotentes y sus prácticas devastadoras. En su ser famélico de amor. En sus represiones monstruosas y su decadencia. Con sus muchedumbres solitarias que han perdido el contacto con el misterio y lo sagrado. Que deambulan en universos carentes de sentido. Que han instalado el infierno en la tierra con millones de vidas convocadas por azar sin los anhelos y cuidados del amor.

Estos colectivo se han marchado de la ciudad para volver a escuchar el silencio, alegrarse con la lluvia torrencial que refresca la tierra reseca, o sosegarse con el rumor del viento, el canto matinal de las aves o la polifonía de anfibios y de insectos que saludan el anochecer.

Se han marchado y cada experiencia molecular interactúa con diversas experiencias en una red permacultural en la que hay autonomía y cooperación. Como sucede con Jenny, Juan, Melissa y Adrián en el proyecto Monte Samay, entre Cachipay y Anolaima, donde han construido sus propias viviendas con materiales de la región, con diseños que asombran por sus bajos costos, su respeto al entorno natural, y su extraordinaria belleza.

Rechazan la disyuntiva mortífera de pasar hambre o envenenarse con los productos letales y las dietas de un sistema alimentario controlado por los mercaderes que solo contemplan sus ganancias. Cultivan con sus propias manos en diseños de geometría sagrada, comparten semillas y frutos de la tierra. Varias personas son veganas y sus alimento y sus vestimentas no están vinculadas al sufrimiento animal. Se respetan diversas opciones alimenticias.

Reciben, como Diana y Alejandro en Ecocirco, en la vereda Cayunda en Cachipay, a viajeros de todo el mundo. Gentes que quieren conocer formas alternas de habitar la tierra, aprender las artes circenses y compartir los saberes que traen.
Brindan, como Girasol en el proyecto Gaiacpa, en Cachipay, una amplia y sostenida cooperación amorosa para que la red de emprendimientos que ahora germina pueda florecer. Crean espacios de reunión en torno al ser femenino, su reconocimiento y cuidado. Elevan la capacidad de expresar los deseos y las emociones. Enseñan a reconocer la dimensión femenina en el ser masculino. Desatan los nudos auto represivos que han aprisionado la energía libidinal.

Realizan terapias alternativas basadas en el agua y la luz, los poderes del descanso, la purificación y la fortaleza que brinda la actividad física y la salud que ofrece la nutrición orgánica.

Han creado una red de cultivadores orgánicos y están poniendo en marcha un sistema de mercadeo por internet para que sus frutos puedan llegar de modo directo a los consumidores. Celebran mingas semanales a las que acuden cada miércoles a brindar apoyo concreto a cada integrante de la red en sus huertas, en sus construcciones de tierra, en la elaboración de productos artesanales, alimentos o cosmética natural.

Emprenden como el emprendimiento Riohache Payko, en los límites de la vereda San Cayetano y Laguna Verde de Zipacón, junto con los procesos antes mencionados, dinámicas moleculares de escuela alternativa. Anna Aznar, pedagoga catalana les ha apoyado en un proceso que comprende la naturaleza como educadora y privilegia las potencias de la lectura en los autoaprendizajes. Se han propuesto no olvidar lo que olvida la mayor parte de la educación imperante: un respeto sincero y profundo a la libertad de cada niña, de cada niño, a sus diferentes ritmos de aprendizaje y a los temas que despiertan su interés. Recrean las atmósferas de aprendizaje y alientan a captar el valor de que los padres participen en las jornadas que deseen. Niñas y niños que aprenden a observar, a escuchar, a expresar lo que sucede fuera y lo que acontece dentro. Madres y padres se auto reconocen como aprendices en el proceso educador y están en la disposición de aprender y de compartir saberes. Han creado un espacio periódico para la deliberación conjunta de las diversas problemáticas que afloran en la creación colectiva de una escuela alterna.

También laboran sobre la lectura comprendiendo que es un proceso que exige una delicadeza infinita, que se inicia antes de leer, que comienza con la curiosidad, con el gusto, con el amor, por la lectura y los libros. Organizan pequeñas bibliotecas veredales para que niños y jóvenes puedan disponer de libros y filmes.

Tejen espacios de cooperación entre entidades educativas de la ciudad y el campo, de manera que gesten beneficios para las entidades que están en uno y otro lugar. Así se ha concretado un asombroso proceso de cooperación entre jóvenes del campo y la ciudad entre el colegio veredal Cartagena dirigido por Pedro Castiblanco, y el Gimnasio Los Pinos liderado por Juan Carlos Bayona Vargas, el colegio Agustín Nieto Caballero y la Universidad del Rosario de Bogotá.

Se relacionan con procesos de finanzas éticas como Confiar. Procesos en los que el dinero es medio y no un fin excluyente. Procesos capaces de apreciar los beneficios sociales y ambientales de diferentes emprendimientos permaculturales, y contemplar de manera eficaz la necesidad de apoyarlos.

Sostienen dinámicas de cooperación con procesos ciudadanos de largo aliento como Traficantes de Sueños en Madrid, España. Organización dedicada a la edición y la circulación de textos para la comprensión de los tiempos que vivimos y la gestación de nuevos mundos. Gentes que laboran con el copyleft en lugar del copyright, consideran el conocimiento como un bien común, y valoran las reuniones asamblearias como instancia de decisiones en los rumbos colectivos. Las reuniones energizan, animan, alientan, por la asombrosa diversidad de saberes de vida reunidos.

Algunos, como David, avanzan en la instalación de dispositivos que permiten depurar las aguas que se usan, antes de retornarlas a la tierra. Otros, como Carolina, fungen como formidable fuerza organizativa y dínamo de circulación de saberes permaculturales. Otros como Carlos de Koyawe han gestado la red, comparten plántulas orgánicas de hortalizas y apoyan la circulación de voluntarios. Otras, como Eliana, Juan Sebastián o Zabrina, ayudan a construir baños secos y hornos de barro para el pan, ladrillos de adobe, hacen papel, jabones y dentífricos no contaminantes. Investigan y adelantan para crear moneda local e incorporar la energía solar en la vida cotidiana.

Hospedan artistas de diversos lugares que llegan por temporadas a estos bellos parajes a compartir sus artes y saberes. Reciben grupos de maestros y estudiantes de colegios y universidades que están interesados en acercarse a otras formas posibles de habitar este planeta.

Son cambios en la cotidianidad de unos y de muchos, para vivir mejor. Son formas de actuar soportadas en valores diferentes a los de la apropiación individual. Son otras formas de ser y estar para construir una sociedad diferente, sobre la cual tal vez no esté todo claro, más allá de lo evidente: la necesidad de superar el modo urbano y capitalista de habitar la tierra.

Los campesinos: la espina dorsal de la revolución

En las famosas “tesis de abril”, con las que Lenin, en plena revolución, buscaba corregir la política bolchevique, además de la tesis fundamental, referente a la consigna de “todo el poder a los soviets”, hay otra, menos conocida hoy en día, de crucial importancia1. Se trata de la declaración anticipada y explícita de la que debía ser un objetivo inmediato y fundamental de la revolución: la confiscación de todas las tierras de los terratenientes. Importante era esta declaración pues el gobierno provisional, cuyo Ministro de Agricultura era nadie menos que el intelectual y dirigente del Partido socialista revolucionario, V. Tchernov, continuaba difiriendo las decisiones en esta materia a la futura Asamblea Constituyente. Lenin era consciente, naturalmente, del carácter fundamental de la cuestión agraria. Nada más por el simple hecho de que el campesinado era más o menos el 85% de la población rusa, repartido en las diferentes regiones del enorme Imperio. Pero también porque, en la lógica de los socialdemócratas, la solución de la cuestión agraria era la esencia de cualquier revolución democrático-burguesa y pese al admitido carácter proletario de la rusa, de todas maneras seguía siendo una tarea pendiente.

 

La razón más importante, sin embargo, era que la revolución o mejor la sublevación campesina, ya estaba en marcha. Y seguiría su camino hasta octubre y después. Con la particularidad de que no iba en pos de una reforma (jurídica) sino que ésta se iba adelantando por la vía de los hechos. Al principio declararon su voluntad de permanecer en calma hasta la Asamblea Constituyente, pese a que los terratenientes habían dejado enormes extensiones de tierra sin sembrar agravando la situación de escasez de alimentos. Sin embargo, su paciencia tenía un límite. Se presentaba otra amenaza más inmediata. Los terratenientes, previendo que la futura reforma excluiría las propiedades privadas por debajo de cierta extensión, se dedicaron a parcelar de manera ficticia sus haciendas creando propietarios de “papel”. Los campesinos exigían inútilmente que se pusiera fin a estas compraventas ficticias y la especulación que de allí se derivaba. Se comienzan entonces a ocupar, sin indemnización, las tierras de la iglesia y de los conventos, pero también las de la nobleza y los terratenientes. La confrontación adquiere rasgos cada vez más violentos. Se detienen muchos de los terratenientes y se saquean las mansiones señoriales; en no pocas ocasiones las incendian.

 

La inacabada caracterización del campesinado

 

Cautivados como solemos estar por las imágenes de las insurrecciones urbanas de febrero y octubre, a veces dejamos de lado esta porción de la historia. “La intrepidez revolucionaria del proletariado ruso no tenía su raíz exclusivamente en su seno –escribía Totski–. Ya su misma situación de minoría dentro del país indica que no hubiera podido dar a su movimiento tales proporciones, ni mucho menos ponerse al frente del Estado, si no hubiera encontrado un poderoso punto de apoyo en lo hondo del pueblo. Este punto de apoyo se lo daba la cuestión agraria”2.

 

Este era además un asunto de tratamiento delicado desde el punto de vista social y político. Trotski añadía que a falta de burguesía el campesinado necesitaba la dirección del proletariado. Lo que nunca pudo entender fue la tragedia que iba a significar la sustitución de semejante dirección puramente conceptual por el férreo control de un partido; tragedia que tendría su primera manifestación durante la guerra civil que se extendería luego hasta 1922. En el fondo no dejaba de abrigarse cierta desconfianza. Lenin, en sus tesis, advertía sobre el peligro de que el campesinado pudiera colocarse al lado de la burguesía. La solución, conforme a la ortodoxia, consistía en impulsar, aprovechando su diferenciación interna, la independencia política y organizativa de los más cercanos al proletariado, esto es los jornaleros (braceros), y de los campesinos parcelarios más pobres. Es por eso que en su tesis, a la propuesta de dejar las decisiones de reforma agraria a los soviets, con lo cual de manera certera se prescindía del gobierno provisional, añadía que debían ser primordialmente los soviets diferenciados de campesinos pobres y de braceros.

 

La caracterización socialdemócrata tenía mucho de económica y estadística, pese a que no desconocían sus orígenes históricos. En términos generales: los campesinos pobres, sin tierra o con tan poca que no podían garantizar con ella su subsistencia; los medianos que disponen de una porción suficiente para obtener, con trabajo familiar, algún excedente comercializable, y los ricos o Kulaks que emplean mano de obra asalariada y llegan hasta arrendar alguna parte de sus tierras. Obviamente, dentro de esta complejidad, en la que son difusas las fronteras, se podían contabilizar entre los medianos y los kulaks, diferentes tipos de campesinos “acomodados”, y como categoría aparte los hacendados o burguesía agraria propiamente dicha. Todos ellos con diferentes tipos de relación y de contradicción con los señores de la tierra. Fue precisamente la coyuntura política revolucionaria la que condensó y articuló esas contradicciones; era el mundo rural heredado del pasado feudal, en su conjunto, el que se desplomaba frente a la posibilidad de un cambio radical.

 

Esta última consideración es fundamental para entender la realidad y el comportamiento histórico concreto del campesinado ruso. La clave de todo estaba, más bien, en la destrucción de la comunidad aldeana. El “Myr” que se puede traducir al castellano –y esto es bastante significativo– como “comuna” y a la vez como “mundo”3. Concepto que implica no solamente colectivo social, relación con la tierra y formas de propiedad sino un conjunto de “bienes comunes” que resultaban básicos para la producción y la reproducción de la vida material. Pues bien, todas las reformas que apuntaban a liquidar la servidumbre como las de 1861 y sobre todo las de Stolipin en 1906, no lograron cabalmente el desarrollo del capitalismo en la agricultura pero sí liquidaron los bienes comunes y fracturaron la vida en comunidad. Es por eso que si alguna diferenciación significativa del campesinado se había producido era la que existía entre los campesinos parcelarios que permanecían atados a la comunidad y aquellos “libres” que aspiraban a defenderse en el mercado. Y esto era fundamental desde el punto de vista no sólo social sino también político.

 

Las formas organizativas y de expresión política

 

A los socialdemócratas les costaba trabajo entender esta realidad. Lenin había dedicado buena parte de su esfuerzo intelectual desde su obra inicial “El desarrollo del capitalismo en Rusia” a demostrar, sobre la base de que el capitalismo ya había avanzado lo suficiente, que las tareas de los socialdemócratas debían apuntar no sólo a destruir el latifundio sino a eliminar todos los vestigios de la sociedad rural de origen medieval4. Y por ello subestimaba el peso social y político de la comuna, acusando a los socialrevolucionarios (populistas) y anarquistas, de simples nostálgicos, románticos y por lo tanto utopistas. Sin embargo eran éstos quienes contaban –y contarían hasta 1922– con la mayor simpatía y popularidad entre los campesinos. De hecho Lenin –a quien se le debe abonar su extraordinaria visión política– en la elaboración de la Ley de tierras que siguió a la revolución de Octubre, y contra la opinión de su partido, acogió la línea de los socialrevolucionarios y puso un mayor énfasis en el reparto que en la nacionalización (estatización).

 

Una vez más, en la realidad las cosas se daban de otra manera. Los soviets de campesinos nunca se desarrollaron de manera apreciable. En cambio, los comités agrarios, organismos creados por el gobierno provisional, es decir como instituciones de gobierno, poco a poco fueron tomando en sus manos las decisiones de reforma agraria, siguiendo la marcha de los acontecimientos y en contra del propio gobierno que inútilmente trataba de “conservar el orden” y de obligar a los campesinos a esperar el espejismo de la Asamblea. Hay que tener en cuenta que dichos comités estaban estructurados de manera territorial y jerárquica; había uno central pero debajo de éste los distritales, los cantonales y los locales y eran éstos últimos los verdaderamente efectivos. Tanto los terratenientes como los funcionarios territoriales se quejaban una y otra vez de que estos comités autorizaban “y estimulaban” de manera ilegal las expropiaciones de hecho. Y de que cohonestaban las múltiples manifestaciones de violencia. A su juicio seguían las conclusiones del Congreso campesino de toda Rusia que se había llevado a cabo en mayo el cual había dejado en la ambigüedad el deber de esperar las decisiones de la Asamblea Constituyente.

 

Quiere decir, en consecuencia, que el campesinado se estaba enfrentando, en la práctica, al gobierno y que los comités se habían convertido en organismos propios y habían dejado de ser instituciones de gobierno. El poder local contra el central; los de abajo contra los de arriba. Esto tiene que ver con las formas de expresión política. La contradicción palpable consistía en que ese gobierno era parcialmente socialrevolucionario comenzando por el Ministro de Agricultura, es decir del partido que en buena parte decía representar sus intereses. Poco a poco se comienza a entender que, en el fondo, lo que aspiraban a hacer sus dirigentes, aplazando todo hasta la Asamblea, era lograr en ese escenario un entendimiento con los partidos de la burguesía liberal, especialmente los Kadetes, para una reforma “ordenada”, respetando derechos adquiridos y con indemnizaciones, posiblemente del gusto de los kulaks. No obstante, pese a la heterogeneidad del campesinado las contradicciones internas no se colocaron entonces en un primer plano y la revolución agraria seguía el camino de los hechos. Lo que ocurrió, contrariamente a las previsiones de los socialdemócratas, no fue el paso a las huestes de la burguesía, y así los socialrevolucionarios se dividieron dando lugar a lo que se llamó el grupo, abrumadoramente mayoritario, de “izquierda”, y otro, más pequeño, de “maximalistas”, circunstancia que favoreció la alianza en la base con los bolcheviques cuya presencia se volvía más importante en el campo.

 

Como se sabe, siempre ha sido objeto de discusión e incomprensiones el asunto de la expresión política propia del campesinado y de sus formas de “conciencia”, siendo que por definición no constituyen una clase. El problema conceptual se resuelve, sin embargo, en la práctica, en las condiciones históricas concretas. Tiene que ver con aspectos de orden cultural donde juegan un papel específico elementos religiosos y étnicos y sobre todo con circunstancias de la coyuntura política como en este caso de Rusia. Cabe aquí un elemento adicional: los soldados, en realidad campesinos que regresaban de los frentes de la guerra a sus aldeas de origen y que habían pasado por experiencias, a pesar de todo, de vida colectiva y organización. Los destacamentos militares en cuanto agrupamientos organizados representaban una forma de expresión política -Recuérdese que también se habían formado soviets de soldados- Ellos, junto con los obreros licenciados por la parálisis de la producción y que venían de las ciudades, habían tenido además la oportunidad de escuchar toda la propaganda revolucionaria. La paz era una de las consignas más importantes de la revolución.

 

No obstante, el hecho más importante y significativo consiste en que si bien las decisiones eran formalizadas por los comités mencionados, en realidad se tomaban en asambleas comunales. La vieja forma del sjod. Y así lo reconoce Trotski, pese a sus prejuicios socialdemócratas: “Ante la gran transformación agraria, ante el reparto de tierras que se avecina, los campesinos quieren actuar como un bloque. Las barreras interiores pueden constituir un obstáculo. Es necesario que el Myr obre como un solo hombre”5. De ahí los conflictos que se daban en contra de los campesinos individualistas. Las decisiones se aplicaban partiendo de un globo de tierra común que luego se repartía. Era así como entendían los campesinos la consigna aparentemente absurda de “socialización de la tierra” que esgrimían los socialrevolucionarios y anarquistas.

 

La revuelta campesina tuvo varios momentos. Entre junio y julio está en auge, después de los acontecimientos relacionados con la guerra, el intento de golpe de Estado y la represión llevada a cabo por el gobierno provisional un momento de descenso, pero hacia septiembre ya ha retomado su impulso y gana en profundidad. El movimiento se extiende a todas las regiones, arrastra en las aldeas a todas las capas de la población; abandonadas todas las reticencias legales se hace más violento, utiliza armas elementales y el fuego, expulsa a los propietarios. Es entonces cuando el campesinado entiende que su destino y el de la revolución agraria están ligados a la consigna de todo el poder a los soviets. Y en esa medida empuja al proletariado para que asuma definitivamente el poder.

 


 

1 Ver “La hora de las rectificaciones” Desde Abajo. Nº. 234 Mayo 20 de 2017
2 L. Trotski. “Historia de la revolución rusa” Tomo I. Ed. Sarpe, Madrid, 1985.
3 Andrés Nin en la traducción de la mencionada obra de Trotski
4 V.I. Lenin “El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905-1907” Ed Progreso, Moscú. Sin fecha.
5 L. Trotski, Ibídem.

Publicado enEdición Nº235
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