https://www.arqhys.com/wp-content/uploads/2017/06/Admiraci%C3%B3n-por-las-m%C3%A1quinas.jpg

La formación en ciencia permite el desarrollo de siempre mejores capacidades humanas; notablemente, sentido crítico, trabajo con datos y evitar la especulación cuando no sea necesaria, argumentación, mente abierta a posibilidades de error, deseo de corrección, mejoramiento y desarrollo, capacidades de trabajo en cooperación, multilingüismo, trabajo con técnicas y herramientas de punta, y mucha capacidad de lectura y de reflexión. Formar en ciencia sienta condiciones para un nuevo gobierno y nuevas formas de vida. Estudiamos aquí estos aspectos.

Breve panorama del estado de la ciencia, hoy

Podemos distinguir tres revoluciones científicas en la historia: primero, la ciencia moderna, cuya característica central consiste en determinar, en reducir y fundamentar las cosas, en fin en explicar todo en términos de generalidades, estadística y grandes tendencias. La segunda revolución científica trabaja con fenómenos altamente contraintuitivos, se ocupa de eventos y realidades que no descansan en la percepción natural y aprende nuevos lenguajes, métodos y aproximaciones. Hacen parte de ella las ciencias cuánticas (física cuántica, química cuántica, biología cuántica, tecnologías con base en comportamientos y principios cuánticos y las ciencias sociales cuánticas). La tercera revolución científica se condensa en el aprendizaje de lenguajes de programación, modelamiento, simulación y grandes bases de datos. Se trata, notablemente, de la teoría de la información1. De manera notable, para decirlo en términos amplios, la primera revolución científica es disciplinaria. Las otras dos, por el contrario, son ampliamente inter, trans o multidiciplinarias.

De este modo la información en buena ciencia es, cada vez más, formación de cara a la segunda y la tercera revolución científicas. Es exactamente en este contexto que cabe hablar legítimamente de ciencias de la complejidad como ciencias de la vida. La vida, puede decirse sin dificultad, es el denominador común de estas dos recientes revoluciones científicas en las que nos encontramos; es decir, el cuidado de la vida, su exaltación, su gratificación, su posibilitamiento. La vida en toda la gama de la palabra.

Esto exige una advertencia importante.


La ciencia clásica es distintivamente antropocéntrica. La segunda y tercera revoluciones científicas son, por el contrario, biocéntricas o ecocéntricas. Ello exige disponer sobre la mesa a plena luz del día tres errores de los que debemos liberarnos:

i) El error de Aristóteles. El filósofo griego estableció las distinciones de géneros literarios, y con ella, la introducción de que hay formas menores de conocimiento. De manera puntual, llevó a creer que pensar era hacerlo en términos analíticos. Analizar consiste en dividir, fragmentar, segmentar, compartimentar. La vida no es posible, en absoluto de esta forma.
ii) El error de Descartes. Él introdujo la distinción, y entonces la jerarquización, entre ciencia y filosofía, como si fueran dos cosas distintas. Este error condujo al desprecio de la reflexión y al camino directo al positivismo y todo lo que él comporta. Nadie que piensa bien lo hace sin la mixtura de ambas: ciencia y filosofía.
iii) El error de Compte. El padre del positivismo afirma la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales y humanas y con ello, entre ambos grupos de ciencias y las humanidades. Este error reafirma la disciplinariedad, el estatuto analítico del conocimiento, y conduce a la separación de esferas que es imposible separar cuando se piensa en la naturaleza, el planeta, la vida, los seres humanos e incluso el universo en sus cruces y entrelazamientos.

Los tres errores se implican y se refuerzan recíprocamente. Una buena formación en ciencia consiste, dicho de forma negativa, en el alejamiento de estas equivocaciones.

El problema más apasionante, importante y urgente al mismo tiempo es el estudio, el cuidado y el posibilitamiento de la vida, y con ella, de la naturaleza en todas sus formas, lo que demanda superar cualquier comprensión antropológica, antropomórfica y antropocéntrica del mundo y de la realidad. Ya un historiador importante de la ciencia –Thomas Kuhn– lo señala: toda revolución científica es al mismo tiempo una revolución política. Nos encontramos actualmente, seamos conscientes de ello o no, en medio de una fantástica revolución científica. Asistimos a una crisis civilizatoria, y con ello, al mismo tiempo a la emergencia de nuevos horizontes de posibilidades; por definición, mejores y diferentes.

¿Qué significa formarse en ciencia de punta, hoy?

La forma excelsa de trabajo en ciencia es el realizado con experimentos mentales. No sin buenos laboratorios, excelentes bibliotecas, muy buenas bases de datos, multilingüismo, viajes académicos de distinta índole y excelentes profesores, el trabajo en ciencia –por tanto también en filosofía y demás– es distintivamente el trabajo con ejercicios de imaginación. En el lenguaje técnico esto se denomina igualmente como pompas de intuición. Imaginar posibilidades, concebir que las cosas son y pueden ser distintas, anticipar escenarios, figurarse comportamientos, estructuras y sistemas diferentes. Todo ello se denomina: experimentos mentales. Nadie es un buen científico si no sabe trabajar de esta manera. De esta suerte, el rasgo más distintivo hoy es que antes que trabajar con lo real mismo –en cualquier acepción de la palabra–, se trabaja con posibilidades; incluso con cosas que son consideradas imposibles (tema técnico que debe quedar para otra ocasión). El trabajo con modelamiento, simulación y grandes bases de datos (big-data science) no es otra cosa que la instrumentalización del trabajo con experimentos mentales. Es decir, trabajar de cara a nuevos mundos, mundos distintos; dicho políticamente, el trabajo con un nuevo gobierno y un nuevo Estado, con nuevas formas de vida que las conocidas y que vivimos actualmente.

Sin pesimismos, quizás el más álgido de todos los problemas actualmente, en el país y en el mundo, es el evitar la crisis climática o superarla, evitar la catástrofe climática. Los límites planetarios son un problema evidente e inaplazable. El capitalismo está matando al mundo con sus regímenes de producción y crecimiento, desarrollo y consumo, explotación de la naturaleza y agotamientos de los recursos naturales, corrupción, injusticia e inequidad y mucha violencia de todas las formas (física, militar y de policía, simbólica y otras). Los diagnósticos al respecto son amplios, sólidos y profusos. Otra democracia es posible. Otra forma de vida es posible. La ciencia puede contribuir activamente en esta dirección. Sin grandilocuencias, otros estilos de vida son posibles, y sí: otro ser humano puede ser posible.

Formas de trabajo en buena ciencia de punta, hoy

La formación hoy día consiste en la potenciación de capacidades (Nussbaum, 2012). No, en contra de lo que hoy predomina, en el desarrollo de competencias, destrezas y habilidades. Manifiestamente se trata de potenciar capacidades humanas, no de trabajar para el mercado, el crecimiento y el desarrollo económico. En esta idea está el ABC de un humanismo de cara a nuevos y mejores mundos y gobiernos.

La finalidad de una buena vida (suma qamaña, sumak kawsay) no consiste en el crecimiento y el desarrollo económico. Por consiguiente, mucho menos en la “sostenibilidad”. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son más, dicho de forma breve y directa, que trabajar por la sostenibilidad del capitalismo: ese que mata la vida y no sabe de convivio con la naturaleza. Ese sistema que practica el fracking, permite la minería de cielo abierto, que es negacionista de la crisis del covid-19, en fin, el que es indolente con los enfermos, los pobres, los trabajadores, los indígenas, los campesinos y todos los marginados. Podemos decir, el que usa el poder para su propio beneficio (por ejemplo, aprovechando la excepcionalidad del confinamiento y la crisis de la pandemia). En una palabra, se trata del desarrollo humano, y en absoluto de ideas como competitividad, innovación para el mercado y crecimiento económico.

Ninguna discusión que deje intacta la función de producción es seria ni radical. No puede hablarse de políticas ambientales en toda la línea de la palabra sin plantear el cambio (total) de la función de producción. La buena ciencia de punta hoy sabe de esto, y por ello es revolucionaria (por decir lo menos, en el sentido de Th. Kuhn).

En pocas palabras, la forma de trabajo es en términos de síntesis, conexiones, procesos. De este modo, es imposible abordar y resolver un problema en un plano sin considerar otros problemas existentes en un plano distinto. Este es el rasgo más sobresaliente de la formación en ciencia hoy. En términos gruesos, los temas relativos al cuidado del medioambiente y la naturaleza son perfectamente inseparables de la crítica al modelo económico vigente. Esta es la radicalidad de lo que significa interdisciplinariedad.

La superación de los tres errores es necesaria y es posible. Cada vez avanzamos más en esta dirección.

El apoyo a la ciencia es una sola cosa con el apoyo a políticas sociales

La ciencia comporta varias dimensiones, así: educación, innovación, tecnología, información y divulgación. Todas se encuentran perfectamente entrelazadas.


La educación debe poder conducir a los estudiantes en todos los niveles a una formación pluralista, laica y secular. La separación entre la Iglesia y el Estado es un acervo irrenunciable de la modernidad. Pues bien, este acervo debe ser cuidado y fortalecido en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad.

La innovación significa que lo mejor del conocimiento en el mundo y en el país debe estar puesto sobre la mesa o el tablero de manera que los estudiantes, pero también la sociedad civil y una parte del sector privado la conozcan y la apropien. Sin embargo, es absolutamente imperativo apoyar la innovación nacional y desplazar el énfasis en transferencia del conocimiento y de tecnologías, que es el modelo dominante. Existen tecnologías y formas vernáculas de conocimiento e innovación. La interface entre ciencias sociales y naturales resulta aquí manifiesta.

El acceso y disfrute de internet forma parte de la cuarta generación de derechos humanos. Es un derecho humano, sin más. Un Estado social y democrático de derecho debe poder garantizar, como responsabilidad pública el libre acceso –gratuito, por tanto–, a internet. Es imperativo establecer programas de wimax en todas las ciudades. La información es hoy por hoy una forma de cuidado y garantías de la vida.

Muy importante, la divulgación de la ciencia y la socialización del conocimiento son imperativas en un sistema político y económico que afirmen la vida y la garanticen en todas sus formas y expresiones. En este sentido, deben implementarse políticas que favorezcan las editoriales nacionales, la importación y venta de libros, programas de radio, televisión de varias otras formas que garanticen la apropiación del conocimiento. Este tema es perfectamente inseparable del desarrollo y respeto de un periodismo investigativo y de un periodismo científico.

El reto de la ciencia de punta, hoy

El más importante, sensible, urgente, apremiante de todos los problemas en nuestra época es el estudio, el conocimiento y el significado de lo que es la vida. La vida tal-y-como-la-conocemos, tanto como la vida tal-y-como-podría-ser-posible. Esto comporta un abanico amplio y sugestivo que no comprende únicamente a la biología en todas sus formas, sino también a las ciencias sociales y humanas, las tecnologías y una forma de vida armónica con la naturaleza. En contraste con el pasado que estuvo centrado absolutamente en el ser humano, de cara al futuro el tema de base es el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

En las ciencias sociales y humanas eso significa el respeto de la diversidad cultural en todas sus facetas. En el plano de las ciencias naturales se trata del cuidado del suelo y subsuelo, de las aguas y los mares para beneficio en primer lugar de la población colombiana, y no de las corporaciones, trasnacionales y gobiernos extranjeros. Y en el plano genético, se trata del conocimiento y cuidado de la muy amplia biodiversidad del país.

En una palabra, la buena ciencia permite un abordaje integral de los problemas, sin esas deficiencias del derecho administrativo que implican las divisiones de responsabilidades en términos de la nación, los departamentos y los municipios. Por ello mismo, el gobierno y el Estado deben cambiar sus estructuras y funcionamiento.

La ciencia comporta, como se aprecia, otras estructuras mentales, modos de comprensión y formas de relacionamiento. Un reto magnífico de cara al presente y al futuro previsible.

 

* Para una ampliación de estos temas, cfr. Maldonado, C. E., Teoría de la información y complejidad. La tercera revolución científica, Bogotá: Ediciones Desde Abajo, 2020; (2019c) “Quantum Theory and the Social Sciences”, en: Momento. Revista de Física, 59E, Octubre, págs. 34-47; https://doi.org/10.15446/mo.n59E.81645; disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/momento/article/view/81645; Maldonado, C. E., (2017) “¿Ciencias sociales cuánticas?”, en: Le Monde diplomatique, Abril, No. 165, pp. 34-35.

Referencias
Nussbaum, M., (2012). Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Gedisa

 

 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enEdición Nº270
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La formación en ciencia permite el desarrollo de siempre mejores capacidades humanas; notablemente, sentido crítico, trabajo con datos y evitar la especulación cuando no sea necesaria, argumentación, mente abierta a posibilidades de error, deseo de corrección, mejoramiento y desarrollo, capacidades de trabajo en cooperación, multilingüismo, trabajo con técnicas y herramientas de punta, y mucha capacidad de lectura y de reflexión. Formar en ciencia sienta condiciones para un nuevo gobierno y nuevas formas de vida. Estudiamos aquí estos aspectos.

Breve panorama del estado de la ciencia, hoy

Podemos distinguir tres revoluciones científicas en la historia: primero, la ciencia moderna, cuya característica central consiste en determinar, en reducir y fundamentar las cosas, en fin en explicar todo en términos de generalidades, estadística y grandes tendencias. La segunda revolución científica trabaja con fenómenos altamente contraintuitivos, se ocupa de eventos y realidades que no descansan en la percepción natural y aprende nuevos lenguajes, métodos y aproximaciones. Hacen parte de ella las ciencias cuánticas (física cuántica, química cuántica, biología cuántica, tecnologías con base en comportamientos y principios cuánticos y las ciencias sociales cuánticas). La tercera revolución científica se condensa en el aprendizaje de lenguajes de programación, modelamiento, simulación y grandes bases de datos. Se trata, notablemente, de la teoría de la información1. De manera notable, para decirlo en términos amplios, la primera revolución científica es disciplinaria. Las otras dos, por el contrario, son ampliamente inter, trans o multidiciplinarias.

De este modo la información en buena ciencia es, cada vez más, formación de cara a la segunda y la tercera revolución científicas. Es exactamente en este contexto que cabe hablar legítimamente de ciencias de la complejidad como ciencias de la vida. La vida, puede decirse sin dificultad, es el denominador común de estas dos recientes revoluciones científicas en las que nos encontramos; es decir, el cuidado de la vida, su exaltación, su gratificación, su posibilitamiento. La vida en toda la gama de la palabra.

Esto exige una advertencia importante.


La ciencia clásica es distintivamente antropocéntrica. La segunda y tercera revoluciones científicas son, por el contrario, biocéntricas o ecocéntricas. Ello exige disponer sobre la mesa a plena luz del día tres errores de los que debemos liberarnos:

i) El error de Aristóteles. El filósofo griego estableció las distinciones de géneros literarios, y con ella, la introducción de que hay formas menores de conocimiento. De manera puntual, llevó a creer que pensar era hacerlo en términos analíticos. Analizar consiste en dividir, fragmentar, segmentar, compartimentar. La vida no es posible, en absoluto de esta forma.
ii) El error de Descartes. Él introdujo la distinción, y entonces la jerarquización, entre ciencia y filosofía, como si fueran dos cosas distintas. Este error condujo al desprecio de la reflexión y al camino directo al positivismo y todo lo que él comporta. Nadie que piensa bien lo hace sin la mixtura de ambas: ciencia y filosofía.
iii) El error de Compte. El padre del positivismo afirma la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales y humanas y con ello, entre ambos grupos de ciencias y las humanidades. Este error reafirma la disciplinariedad, el estatuto analítico del conocimiento, y conduce a la separación de esferas que es imposible separar cuando se piensa en la naturaleza, el planeta, la vida, los seres humanos e incluso el universo en sus cruces y entrelazamientos.

Los tres errores se implican y se refuerzan recíprocamente. Una buena formación en ciencia consiste, dicho de forma negativa, en el alejamiento de estas equivocaciones.

El problema más apasionante, importante y urgente al mismo tiempo es el estudio, el cuidado y el posibilitamiento de la vida, y con ella, de la naturaleza en todas sus formas, lo que demanda superar cualquier comprensión antropológica, antropomórfica y antropocéntrica del mundo y de la realidad. Ya un historiador importante de la ciencia –Thomas Kuhn– lo señala: toda revolución científica es al mismo tiempo una revolución política. Nos encontramos actualmente, seamos conscientes de ello o no, en medio de una fantástica revolución científica. Asistimos a una crisis civilizatoria, y con ello, al mismo tiempo a la emergencia de nuevos horizontes de posibilidades; por definición, mejores y diferentes.

¿Qué significa formarse en ciencia de punta, hoy?

La forma excelsa de trabajo en ciencia es el realizado con experimentos mentales. No sin buenos laboratorios, excelentes bibliotecas, muy buenas bases de datos, multilingüismo, viajes académicos de distinta índole y excelentes profesores, el trabajo en ciencia –por tanto también en filosofía y demás– es distintivamente el trabajo con ejercicios de imaginación. En el lenguaje técnico esto se denomina igualmente como pompas de intuición. Imaginar posibilidades, concebir que las cosas son y pueden ser distintas, anticipar escenarios, figurarse comportamientos, estructuras y sistemas diferentes. Todo ello se denomina: experimentos mentales. Nadie es un buen científico si no sabe trabajar de esta manera. De esta suerte, el rasgo más distintivo hoy es que antes que trabajar con lo real mismo –en cualquier acepción de la palabra–, se trabaja con posibilidades; incluso con cosas que son consideradas imposibles (tema técnico que debe quedar para otra ocasión). El trabajo con modelamiento, simulación y grandes bases de datos (big-data science) no es otra cosa que la instrumentalización del trabajo con experimentos mentales. Es decir, trabajar de cara a nuevos mundos, mundos distintos; dicho políticamente, el trabajo con un nuevo gobierno y un nuevo Estado, con nuevas formas de vida que las conocidas y que vivimos actualmente.

Sin pesimismos, quizás el más álgido de todos los problemas actualmente, en el país y en el mundo, es el evitar la crisis climática o superarla, evitar la catástrofe climática. Los límites planetarios son un problema evidente e inaplazable. El capitalismo está matando al mundo con sus regímenes de producción y crecimiento, desarrollo y consumo, explotación de la naturaleza y agotamientos de los recursos naturales, corrupción, injusticia e inequidad y mucha violencia de todas las formas (física, militar y de policía, simbólica y otras). Los diagnósticos al respecto son amplios, sólidos y profusos. Otra democracia es posible. Otra forma de vida es posible. La ciencia puede contribuir activamente en esta dirección. Sin grandilocuencias, otros estilos de vida son posibles, y sí: otro ser humano puede ser posible.

Formas de trabajo en buena ciencia de punta, hoy

La formación hoy día consiste en la potenciación de capacidades (Nussbaum, 2012). No, en contra de lo que hoy predomina, en el desarrollo de competencias, destrezas y habilidades. Manifiestamente se trata de potenciar capacidades humanas, no de trabajar para el mercado, el crecimiento y el desarrollo económico. En esta idea está el ABC de un humanismo de cara a nuevos y mejores mundos y gobiernos.

La finalidad de una buena vida (suma qamaña, sumak kawsay) no consiste en el crecimiento y el desarrollo económico. Por consiguiente, mucho menos en la “sostenibilidad”. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son más, dicho de forma breve y directa, que trabajar por la sostenibilidad del capitalismo: ese que mata la vida y no sabe de convivio con la naturaleza. Ese sistema que practica el fracking, permite la minería de cielo abierto, que es negacionista de la crisis del covid-19, en fin, el que es indolente con los enfermos, los pobres, los trabajadores, los indígenas, los campesinos y todos los marginados. Podemos decir, el que usa el poder para su propio beneficio (por ejemplo, aprovechando la excepcionalidad del confinamiento y la crisis de la pandemia). En una palabra, se trata del desarrollo humano, y en absoluto de ideas como competitividad, innovación para el mercado y crecimiento económico.

Ninguna discusión que deje intacta la función de producción es seria ni radical. No puede hablarse de políticas ambientales en toda la línea de la palabra sin plantear el cambio (total) de la función de producción. La buena ciencia de punta hoy sabe de esto, y por ello es revolucionaria (por decir lo menos, en el sentido de Th. Kuhn).

En pocas palabras, la forma de trabajo es en términos de síntesis, conexiones, procesos. De este modo, es imposible abordar y resolver un problema en un plano sin considerar otros problemas existentes en un plano distinto. Este es el rasgo más sobresaliente de la formación en ciencia hoy. En términos gruesos, los temas relativos al cuidado del medioambiente y la naturaleza son perfectamente inseparables de la crítica al modelo económico vigente. Esta es la radicalidad de lo que significa interdisciplinariedad.

La superación de los tres errores es necesaria y es posible. Cada vez avanzamos más en esta dirección.

El apoyo a la ciencia es una sola cosa con el apoyo a políticas sociales

La ciencia comporta varias dimensiones, así: educación, innovación, tecnología, información y divulgación. Todas se encuentran perfectamente entrelazadas.


La educación debe poder conducir a los estudiantes en todos los niveles a una formación pluralista, laica y secular. La separación entre la Iglesia y el Estado es un acervo irrenunciable de la modernidad. Pues bien, este acervo debe ser cuidado y fortalecido en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad.

La innovación significa que lo mejor del conocimiento en el mundo y en el país debe estar puesto sobre la mesa o el tablero de manera que los estudiantes, pero también la sociedad civil y una parte del sector privado la conozcan y la apropien. Sin embargo, es absolutamente imperativo apoyar la innovación nacional y desplazar el énfasis en transferencia del conocimiento y de tecnologías, que es el modelo dominante. Existen tecnologías y formas vernáculas de conocimiento e innovación. La interface entre ciencias sociales y naturales resulta aquí manifiesta.

El acceso y disfrute de internet forma parte de la cuarta generación de derechos humanos. Es un derecho humano, sin más. Un Estado social y democrático de derecho debe poder garantizar, como responsabilidad pública el libre acceso –gratuito, por tanto–, a internet. Es imperativo establecer programas de wimax en todas las ciudades. La información es hoy por hoy una forma de cuidado y garantías de la vida.

Muy importante, la divulgación de la ciencia y la socialización del conocimiento son imperativas en un sistema político y económico que afirmen la vida y la garanticen en todas sus formas y expresiones. En este sentido, deben implementarse políticas que favorezcan las editoriales nacionales, la importación y venta de libros, programas de radio, televisión de varias otras formas que garanticen la apropiación del conocimiento. Este tema es perfectamente inseparable del desarrollo y respeto de un periodismo investigativo y de un periodismo científico.

El reto de la ciencia de punta, hoy

El más importante, sensible, urgente, apremiante de todos los problemas en nuestra época es el estudio, el conocimiento y el significado de lo que es la vida. La vida tal-y-como-la-conocemos, tanto como la vida tal-y-como-podría-ser-posible. Esto comporta un abanico amplio y sugestivo que no comprende únicamente a la biología en todas sus formas, sino también a las ciencias sociales y humanas, las tecnologías y una forma de vida armónica con la naturaleza. En contraste con el pasado que estuvo centrado absolutamente en el ser humano, de cara al futuro el tema de base es el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

En las ciencias sociales y humanas eso significa el respeto de la diversidad cultural en todas sus facetas. En el plano de las ciencias naturales se trata del cuidado del suelo y subsuelo, de las aguas y los mares para beneficio en primer lugar de la población colombiana, y no de las corporaciones, trasnacionales y gobiernos extranjeros. Y en el plano genético, se trata del conocimiento y cuidado de la muy amplia biodiversidad del país.

En una palabra, la buena ciencia permite un abordaje integral de los problemas, sin esas deficiencias del derecho administrativo que implican las divisiones de responsabilidades en términos de la nación, los departamentos y los municipios. Por ello mismo, el gobierno y el Estado deben cambiar sus estructuras y funcionamiento.

La ciencia comporta, como se aprecia, otras estructuras mentales, modos de comprensión y formas de relacionamiento. Un reto magnífico de cara al presente y al futuro previsible.

 

* Para una ampliación de estos temas, cfr. Maldonado, C. E., Teoría de la información y complejidad. La tercera revolución científica, Bogotá: Ediciones Desde Abajo, 2020; (2019c) “Quantum Theory and the Social Sciences”, en: Momento. Revista de Física, 59E, Octubre, págs. 34-47; https://doi.org/10.15446/mo.n59E.81645; disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/momento/article/view/81645; Maldonado, C. E., (2017) “¿Ciencias sociales cuánticas?”, en: Le Monde diplomatique, Abril, No. 165, pp. 34-35.

Referencias
Nussbaum, M., (2012). Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Gedisa

 

 

 

 

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Publicado enColombia
El virólogo e investigador belga, Peter Piot, que ha pasado los últimos 40 años siguiéndoles la pista a distintos virus y luchando contra ellos

 El veterano virólogo belga opina que la segunda ola podría adoptar una forma distinta a la primera

 

Estamos solo al comienzo de la pandemia de coronavirus, aunque la segunda ola podría adoptar una forma distinta de la primera. Lo afirma el veterano virólogo Peter Piot, que ha pasado los últimos 40 años siguiéndoles la pista a distintos virus y luchando contra ellos. El profesor Piot (Lovaina, 1949) colaboró cuando tenía 27 años en el descubrimiento del ébola y ha liderado la lucha contra el VIH y el sida. El científico, director de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres en el Reino Unido, y asesor especial sobre el coronavirus para la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, , contrajo el SARS-CoV-2 a comienzos de este año. En esta entrevista habla de la manera en que la covid-19 ha cambiado su punto de vista sobre la enfermedad, de por qué necesitamos una vacuna y de las consecuencias de la pandemia a largo plazo.

Pregunta. Tras 40 años buscando virus, recientemente se las ha visto de cerca con el coronavirus. ¿Cómo se encuentra?

Respuesta.Tardé tres meses en recuperarme desde que me puse enfermo, pero ahora vuelvo a sentirme más o menos normal. Sin embargo, [mi experiencia] me ha enseñado que la covid-19 es algo más que gripe, o bien una enfermedad, que hace que el 1% tenga que recibir cuidados intensivos y muera. Entre esos dos extremos hay mucho. Pero me ha servido para entenderlo mejor. Ahora conozco el virus desde dentro, no solo por estudiarlo o luchar contra él. Es una perspectiva muy distinta.

P- ¿En qué sentido?

R. Ante todo, esta es una crisis relacionada con los seres humanos. Buena parte de las comunicaciones oficiales sobre la covid-19 hablan de aplanar la curva, y apenas de seres humanos. En segundo lugar, en cuanto a la percepción, el hecho es que no es una cuestión de “o gripe o cuidados intensivos”. Va a dejar a mucha gente con afecciones crónicas. Por eso, personalmente, me hace sentirme doblemente motivado para luchar contra el virus. Tras haber luchado contra virus la mayor parte de mi vida, ahora uno me ha alcanzado, pero pienso que es también la experiencia humana la que cambia las cosas. Es lo que en neerlandés denominamos ervaringsdeskundige [un experto que ha aprendido de la experiencia]. Viene de la política social. De modo que no se trata de que los expertos les digan a las personas lo que es bueno para ellas. También se habla con los afectados. Y yo procedo del movimiento del sida. En el VIH, ni se nos ocurría diseñar, desarrollar, y ni siquiera investigar sin involucrar a pacientes infectados de VIH. Y esa es más o menos mi forma de pensar.

 

P. En la actualidad hay más de nueve millones de casos de covid en todo el mundo y la pandemia se está extendiendo por Latinoamérica. ¿Cuál es su perspectiva de la situación actual?

R. Bueno, francamente, lo primero es que las cifras se quedan cortas, sin duda, porque estos son los casos confirmados. De modo que probablemente estemos más cerca de superar con creces los 20 millones, y pronto, el medio millón de muertes. Junto con el VIH, convertido ahora en una epidemia silenciosa que sigue matando a 600.000 personas cada año, y la gripe española [de 1918], el coronavirus es ciertamente no solo la mayor epidemia, sino también la mayor crisis social en tiempos de paz. Si pensamos en Europa, prácticamente todos los países han logrado contener la expansión del virus, y esa es una buena noticia. Las sociedades están volviendo a ponerse en marcha y relajando algunas medidas. Y ahora tenemos que prepararnos para la llamada segunda ola. Espero que no sea un tsunami, sino algo más parecido a los brotes que ya tenemos, por ejemplo, en una empresa cárnica de Alemania, o en lugares de ocio nocturno, en Corea. En el Reino Unido seguimos teniendo brotes en algunas residencias de ancianos. Creo que ahora tenemos que prepararnos para eso. Lo cierto es que estamos solo al comienzo de esta pandemia. Mientras haya personas propensas a infectarse, el virus estará muy dispuesto a hacerlo, porque necesita nuestras células para sobrevivir.

 

P. ¿Hay alguna razón para el optimismo?

R. La buena noticia es también la colaboración científica, que no tiene precedentes. Es difícil seguir el ritmo de la nueva información y de la ciencia que se está publicando sobre algo que, aunque parezca increíble, tiene solo cinco meses. A veces me digo: “Dios mío ¿cómo voy a mantenerme informado de todas las publicaciones?” Pero, por otra parte, es un problema bueno, porque en las anteriores epidemias la información no se compartía. También es insólito que las empresas y los países estén invirtiendo enormemente en el desarrollo de vacunas, medicamentos y demás. De modo que es un rayo de esperanza.

 

P. Si estamos solo al comienzo de la pandemia, ¿cuánto podría durar?

R. No dispongo de una bola de cristal, pero podría durar varios años. Yo diría que, a corto o medio plazo, una vacuna supondría una enorme diferencia, aunque dudo de que sea una vacuna eficaz al 100%. Hemos oído promesas de que en octubre dispondremos tal vez de cientos de millones de vacunas. A todos los efectos prácticos, es más probable que sea en 2021, y eso realmente podría ayudar a controlar la epidemia en gran medida. Pero seguiremos teniendo que cambiar nuestra forma de relacionarnos con los demás. Si nos fijamos en Japón, por ejemplo, desde hace generaciones se ponen mascarilla para proteger a los demás, incluso cuando tienen un simple resfriado. De modo que, además de esperar esta vacuna mágica, hace falta un cambio de conducta a gran escala.

 

P- El maratón de donantes organizado por la Comisión Europea ha recaudado casi 10.000 millones de euros en donaciones, que se repartirán entre vacunas, tratamientos, pruebas y el refuerzo de los sistemas sanitarios. En su opinión, ¿cuáles son las prioridades para gastar este dinero? ¿Y es suficiente?

R. Este maratón de donaciones es necesario por dos razones: para asegurarnos de que haya dinero y para garantizar el acceso equitativo a las vacunas y otros recursos. La mayor necesidad es el desarrollo de la vacuna y su fabricación. Pero lo más importante es que [los fondos] no son solo para investigación y desarrollo, sino también para crear mecanismos que permitan el acceso de países pobres o que no son productores de vacunas. Podría pensarse que es muchísimo dinero, pero no es suficiente.

 

P. ¿Por qué no?

R. Lo insólito, también, es que estamos hablando de miles de millones, no millones, de personas a las que hay que vacunar. Nunca se ha intentado. Aproximadamente 4.000 o 5.000 millones de personas necesitarán acceder a esta vacuna. Y eso significa también miles de millones de viales de vidrio para envasarla. Hace falta ocuparse de todas estas cosas básicas. Empresas y Gobiernos tienen que apostar e invertir en la fabricación de vacunas sin saber siquiera si esa vacuna va a funcionar de hecho. Es un gran reto, pero por eso hace tanta falta también dinero público, porque va a ser un bien público. Y está también el problema del “nacionalismo de la vacuna”. Empezó cuando Estados Unidos dijo que las vacunas producidas en Estados Unidos serían para los estadounidenses. Y si todos los países empiezan a hacer eso, la mayoría de los habitantes del mundo quedarán excluidos, porque solo unos cuantos países producen vacunas.

 

P. ¿Cómo nos aseguramos entonces de que no se deja a nadie de lado?

R. Es la gran pregunta. Pienso que, en definitiva, va a ser una cuestión política. Y por eso insisto en que el acceso equitativo debe formar parte de la iniciativa de donaciones puesta en marcha por la Comisión. No se trata solo de reunir dinero para desarrollar la vacuna. Se trata de reunir dinero para desarrollar una vacuna accesible para todos los que la necesiten. Es muy distinto.

 

P. El mes pasado, declaraba usted en una entrevista que aprendemos a medida que navegamos y que sin vacuna no podrá reanudarse la vida normal. ¿Sigue pensando lo mismo?

R. De manera un poco más matizada. Ahora digo que vamos aprendiendo a medida que corremos porque navegar es un poco lento. En estos momentos, todo el mundo corre. Y sigo pensando que, sin vacuna, va a ser extremadamente difícil recuperar una sociedad normal. Todo dependerá de que las vacunas protejan contra la transmisión. En otras palabras, de que si yo me vacuno no pueda coger la enfermedad o, como en el caso de la gripe, que la vacuna sea especialmente útil para prevenir el desarrollo de enfermedad grave y la mortalidad. Hay muchos elementos desconocidos. En mi opinión, constituye la mayor prioridad para la ciencia y para la respuesta, porque si no hay vacuna, significará que tendremos que convivir años con este virus.

 

P. ¿Hay alguna candidata a vacuna que le entusiasme y que pueda destacar sobre las demás?

R. No, porque hay unas cuantas. Pero lo hermoso en este momento es que hay muchos enfoques muy distintos para obtener una vacuna. Las hay de ARN (mensajero) y otras que utilizan métodos más tradicionales. Personalmente, soy agnóstico.

 

P.  Incluso aunque una vacuna pueda impedir que la gente enferme, ha mencionado que muchos padecerán afecciones crónicas. ¿Cómo debería organizarse la respuesta a más largo plazo?

R. Estamos todos ocupados con la crisis aguda y, aunque ahora tenemos un poco de tiempo para prepararnos para estos brotes de la segunda ola, también necesitamos mirar a más largo plazo. Esto es evidente en lo que respecta al impacto económico y social, pero también para el impacto en la salud mental que ha tenido no solo la epidemia, sino también las medidas para contrarrestarla –confinamiento, niños que no van al colegio, etcétera– que podrían realmente exacerbar las desigualdades y las injusticias sociales. A menudo, las epidemias revelan las líneas divisorias de la sociedad y acentúan las desigualdades. Es algo que va mucho más allá de los aspectos biológicos y médicos, pero es lo que tenemos que planificar ahora.

Por ANNETTE EKIN|HORIZON

02 jul 2020 - 01:35 COT

Este artículo ha sido originalmente publicado en inglés en Horizon, la revista de investigación e innovación de la UE. La investigación de este artículo fue financiada por la UE.

Traducción de NewsClips.

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Coronavirus: En pleno avance de la pandemia, Brasil prueba la vacuna de Oxford

El estado de San Pablo, uno de los más afectados en Brasil por la pandemia de coronavirus, inició pruebas en dos mil personas con el prototipo de vacuna que se desarrolló en la Universidad de Oxford. El proyecto británico es uno de los más avanzados contra la Covid-19, y podría comercializarse a la brevedad. 

La Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil dio luz verde para hacer pruebas, en un país cuya máxima autoridad, el presidente Jair Bolsonaro, no se cansa de provocar y burlarse de quienes sostienen la necesidad del aislamiento social para paliar la propagación del virus.

Brasil acumula 1,1 millones de contagiados y  51.271 muertes, de acuerdo a los últimos datos del ministerio de Salud. Es el segundo país más afectado del mundo, con algo menos de los casos positivos que tiene Estados Unidos ( 2,3 millones), según el conteo global de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore.

En Brasil, la investigación es llevada adelante por el Centro de Referencia para Inmunobiológicos Especiales (CRIE) de la Universidad Federal de Sao Paulo (Unifesp), con la coordinación de la empresa Weckx y el apoyo financiero de la Fundación Lemann, del multimillonario Jorge Paulo Lemann.

Según se informó, la vacuna de Oxford usa un vector viral inactivado. Se trata de una versión atenuada de un adenovirus de chimpancé que fue modificado y al que se le agregó información del SARS-CoV-2.

El virus se inyecta a los pacientes e ingresa en sus células sin provocar la enfermedad, pero, a través de las proteínas, es reconocido por el sistema inmune.

Desde la Fundación Lemman estimaron que "los especialistas tienen un largo camino que recorrer antes de poder celebrar los buenos resultados" y que " lo que vendrá después, todavía no lo sabemos".

La idea es testear la vacuna en el universo de 2 mil personas en Brasil, lo cual convierte al gigante de América del Sur en el primer país, después del Reino Unido, en el que se realizan pruebas en seres humanos.  

Según la universidad paulista, los resultados serán clave para registrar la vacuna en el Reino Unido, algo que podría producirse para fines de 2020, aunque ello dependerá de los resultados que se obtengan.

En este momento, la vacuna se testea en más de 10 mil personas. Al mismo tiempo, ya se puso en marcha la fabricación de un millón de dosis para que puedan aplicarse sin demoras si la vacuna es  efectiva.

Los científicos que alertaron sobre una pandemia de coronavirus pero se quedaron sin financiación

"La presencia de una gran reserva de virus en murciélagos, junto con la cultura de comer animales exóticos en el sur de China, es una bomba de tiempo".

Con estas palabras terminaba un artículo publicado en 2007 por un equipo de virólogos de la Universidad de Hong Kong en la revista científica Clinical Microbiology Reviews.

No serían los únicos en dar la alerta.

Entre los años 2002 y 2003, una enfermedad causada por un coronavirus (el llamado virus del SARS), había matado a más de 700 personas.

En aquella ocasión se detectó y aisló a todos los infectados. Así, se consiguió erradicar del todo el virus y se evitó una pandemia como la que ahora vivimos.

En el año 2012 apareció otro coronavirus en humanos: el virus del MERS. Murieron más de 800 personas, pero la transmisión humano-humano era muy limitada y el asunto desapareció pronto de los titulares.

Pasaba el tiempo y los investigadores en coronavirus contemplaban alarmados cómo los gobiernos del mundo no eran conscientes del riesgo de una pandemia.

Esta era la conclusión de un artículo publicado en la revista Nature en 2013:

"Nuestros resultados proporcionan la evidencia más sólida hasta la fecha de que los murciélagos de herradura chinos son huéspedes naturales de coronavirus como el SARS-CoV, y que los hospedadores intermedios pueden no ser necesarios para la infección humana directa.

Queremos resaltar la importancia de los programas de investigación de patógenos en grupos de animales salvajes en regiones críticas de enfermedades emergentes como estrategia de preparación ante una pandemia."

El título de este otro artículo científico publicado en 2015, era aún más directo:

"El [coronavirus] WIV1-CoV está preparado para saltar a los seres humanos".

O este otro publicado en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU en 2016:

"Los coronavirus que circulan entre los murciélagos muestran su potencial para saltar a los humanos".

En septiembre de 2019, el gobierno de EEUU decidió cortar la financiación al programa de vigilancia de enfermedades emergentes Predict. EcoHealth Alliance, dirigido por el Dr. Peter Daszak, era uno de los proyectos que se apoyaban en Predict.

Durante más de una década, EcoHealth Alliance había enviado equipos a China para atrapar murciélagos, recolectar muestras y buscar en ellas coronavirus. El proyecto había identificado cientos de coronavirus, incluido uno muy similar al que provoca el COVID-19.

Pero si lo que os he contado hasta ahora os resulta preocupante, esperad porque la situación actual es aún peor.

En una rueda de prensa el pasado 17 de abril, Donald Trump ordenó revisar y cancelar cualquier programa de investigación en el que científicos estadounidenses colaborasen con investigadores del Instituto de Virología de Wuhan. Trump justificó su decisión explicando que el virus podía haber salido de un laboratorio chino, una teoría rigurosamente desacreditada por los científicos.

En respuesta, el gobierno de China ha anunciado la cancelación de cualquier proyecto de investigación con EEUU para encontrar el origen del SARS-CoV-2.

Años de alertas por los científicos, falta de fondos y cuando más necesitamos la colaboración internacional, la geopolítica lo impide.

Por Alberto Sicilia

10 junio 2020

¿Y si nunca tenemos una vacuna frente al coronavirus?

Cuando aparece una nueva enfermedad contagiosa, los epidemiólogos consideran dos escenarios posibles: la erradicación o la contención. El primer caso es el más deseable y consiste en detectar rápidamente a todos los infectados y aislarlos hasta conseguir que el virus desaparezca completamente de la circulación entre humanos.

Eso se consiguió con el coronavirus del SARS. Desde 2004 no ha vuelto a detectarse ningún caso en el mundo.

Al COVID-19 hemos llegado demasiado tarde.

El nuevo coronavirus está ya extendido por todo el mundo. No podremos erradicarlo. La única estrategia viable es la contención.

Toda nuestra esperanza está puesta en la vacuna. Pero ¿y si no logramos nunca una vacuna frente al coronavirus?

Algunas razones para ser optimista y pensar que SÍ conseguiremos desarrollar una vacuna:

  • Nunca antes se han invertido tantos recursos para obtener luchar contra una enfermedad. Nunca antes ha existido una colaboración semejante entre investigadores de todo el mundo. Hay más de 100 vacunas "candidatas" en proceso de desarrollo.
  • Las cuarentenas han provocado un enorme daño económico y social. Todos los gobiernos son muy conscientes de lo necesaria que es la vacuna.
  • Quien obtenga una vacuna ganará muchísimo dinero. Quizás suene algo cínico, pero así es.
  • Además de los incentivos económicos, el país que desarrolle la vacuna obtendrá una enorme victoria geopolítica. Imaginemos que China desarrolla una vacuna y demuestra a terceros países que funciona de manera efectiva. El equilibrio de poderes en el mundo habrá cambiado para siempre. La vacuna frente al coronavirus se ha convertido en el equivalente de la "Carrera a la Luna".

Algunas razones para ser pesimista y pensar que NO conseguiremos desarrollar una vacuna:

  • Nunca hemos desarrollado una vacuna para ninguno de los coronavirus humanos que conocemos. Y sabemos que los coronavirus humanos existen desde hace décadas.
  • Según va pasando el tiempo, el virus podría ir sufriendo mutaciones (todos los virus mutan) y hacer irrelevante cualquier vacuna que pudiésemos desarrollar. Pensemos en el caso de la gripe, que cada año necesita de una vacuna nueva. (Afortunadamente el coronavirus por ahora ha mutado menos que el virus de la gripe).
  • Llevamos 40 años buscando una vacuna frente al virus del VIH, que provoca el SIDA, y aún no lo hemos conseguido.
  • La vacuna más rápida jamás desarrollada fue la de las paperas, y se necesitaron 4 años. Para el virus de la varicela fueron necesarios 28 años.

Exploremos algunos escenarios posibles si no desarrollamos la vacuna.

Escenario 1: No desarrollamos la vacuna, el virus sigue circulando indefinidamente, pero no se generan "olas" tan dramáticas como la que hemos vivido. La concienciación de la población es suficiente para tener controlado al virus. Se producen algunos casos, pero siempre están contenidos.

Escenario 2: No desarrollamos la vacuna, el virus sigue circulando indefinidamente, y sí se generan "olas dramáticas" de contagio. Debemos acostumbrarnos a vivir con "confinamientos severos" durante algunas semanas cada año.

Escenario 3: No desarrollamos la vacuna, el virus sigue circulando indefinidamente, pero sufre alguna mutación que lo convierte en un agente mucho menos letal. (Los virus suelen sufrir mutaciones que los hacen menos letales porque si su huésped ellos no tienen tampoco ningún futuro). El nuevo coronavirus se convierte en un resfriado más (como otros coronavirus que ya conocemos).

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Las personas con tapabocas en un supermercado durante brote de coronavirus en Soacha, Colombia, el 31 de marzo de 2020.Luisa Gonzalez / Reuters

Luego de dos semanas de pruebas, un grupo de investigadores de la Universidad de Antioquia logró confinar al SARS-CoV2 en un tubo de ensayo.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Antioquia (UDEA), en Medellín, Colombia, anunció el pasado lunes que consiguió aislar en el laboratorio el virus SARS-CoV2, causante del coronavirus, lo que permitirá realizar investigaciones sobre medicamentos para enfrentarlo.

El equipo de inmunovirología que desarrolló esta investigación está dirigido por los doctores María Teresa Rugeles López, coordinadora del grupo; Francisco Javier Díaz, asesor técnico y de seguridad en el laboratorio, y Wbeimar Aguilar Jiménez, investigador. Además participaron varias personas entre estudiantes de doctorado, de posgrado y de pregrado.

En un contacto a través de Facebook Live, estos especialistas expusieron este avance científico que podría permitir determinar cuáles serían los medicamentos y protocolos seguir a la hora de combatir e inhibir al coronavirus, que ya ha causado 46 muertes en Colombia y 1.576 casos confirmados.

¿Cómo se logró?

Rugeles explicó que después de dos semanas de "intenso trabajo", consiguieron aislar al virus SARS-CoV2, agente causal de la pandemia del covid-19, algo que también se ha logrado en otros países que avanzan en investigaciones para conocer el comportamiento del coronavirus.

Básicamente, esto significa que lograron que la cepa del virus que circula en Medellín creciera en dentro de tubo de ensayo, en el laboratorio.

Todo comenzó con una muestra de un paciente confirmado como positivo por el Instituto Nacional de Salud de Colombia. "Para hacer el aislamiento necesitábamos tener unas células creciendo en nuestro laboratorio", explicó Aguilar.

Los investigadores tenían tres líneas celulares diferentes que pusieron en cultivos. "Cuando estaban creciendo en botellitas, procedimos a inocularles la muestra del paciente y se empezó a hacer un seguimiento diario de todos los cambios que se observaban, teniendo un control no inoculado", expresó Aguilar, quien se encargó del proceso.

Luego de entre tres y cuatro días se comenzaron a manifestar los cambios morfológicos o efectos citopáticos ocurridos durante la replicación viral, lo que sugiere que puede haber un patógeno multiplicándose en el cultivo, que en este caso era el SARS-CoV2.

Para confirmar el hallazgo, decidieron hacer una inmunoflorescencia indirecta, que es una técnica que hace uso de anticuerpos unidos químicamente a una sustancia fluorescente para demostrar la presencia del virus.

¿Con qué finalidad?

En opinión de Rugeles, "son muchas las oportunidades" que se abren, debido a que a través de este cultivo podrán evaluar medicamentos que están en uso para tratar otras patologías como malaria y lupus, y que pudieran tener la capacidad para inhibir la replicación del virus.

Por su parte, Díaz, experto en evolución viral, aseveró que hay varios laboratorios en Colombia haciendo pruebas diagnósticas y testeando los reactivos comerciales importados, por lo que este hallazgo permitiría determinar cuáles son los mejores para ser utilizados.

De igual modo, podría contribuir a establecer los protocolos más adecuados para poder eliminar el virus de los equipos que se están utilizando con los pacientes contagiados, de la ropa que usa el personal de salud y de las superficies.

¿Cómo es este virus en Colombia?

Díaz recordó que el SARS-CoV2 "es bastante variable y muta rápidamente", por lo que compararán la cepa hallada en China con la que se encuentra en Colombia para determinar si hay cambios.

"Eso permite observar la velocidad de cambio del virus y la velocidad de mutación. Además, permitirá hacer algunas inferencias sobre el tiempo que está tomando la población viral en duplicarse y multiplicarse".

Del mismo modo, el cultivo podría ser utilizado para comparar si los reactivos que se están usando en Colombia para detectar el virus se acomodan a la cepa que existe en el país, ya que hay una posibilidad de que se haya modificado de manera tal que los reactivos desarrollados en el exterior no puedan aplicarse al virus en el país suramericano.

¿Hubo riesgos?

En cuanto a la seguridad para aislar el virus, los especialistas explicaron que el laboratorio de la UDEA es de nivel de contención 3, que se utiliza para diagnósticos especiales e investigaciones. Adicionalmente, los científicos usaron trajes especiales para proteger la cara y el cuerpo. "Fue un desafío desde el punto de vista de la bioseguridad", manifestó Díaz.

Aseveró el cultivo de un microorganismo nuevo es un reto porque los virus son más difíciles de cultivar que otros microorganismos como las bacterias o los hongos.

"Los virus solamente crecen sobre otro organismo vivo, por esta razón tuvimos que utilizar las células de riñón de mono que teníamos congeladas en el laboratorio", agregó

"Usamos recursos de otros proyectos que teníamos en marcha y varias personas aportaron sus reactivos, sus materiales y entre todos pudimos poner todos los recursos necesarios", dijo.

Publicado: 8 abr 2020 00:58 GMT

Publicado enColombia
El Covid-19 quita y pone Presidentes. Desata guerras de Trump contra China y Venezuela
  1. Controlar el virus igual a ser presidente

En mi artículo "COVID-19 define al próximo presidente de México" formulé la "prueba decisiva" de la política actual: sólo los presidentes que sepan frenar la pandemia rápidamente, garantizan su permanencia en el poder. Frenar la epidemia y ser –o llegar a ser-- presidente, es prácticamente lo mismo. Es la ecuación que rige la política del mundo y lo hará hasta que termine la pandemia.

  1. Política sin ciencia

La verdad de esta ley es evidente a escala global y es el resultado de una política sin ciencia. Una política que administra, en lugar de conducir con ciencia, previsión y comprensión estratégica. Y que improvisa cuando los jinetes apocalípticos se presentan. Trump moviliza un millón de reservistas para sobrevivir, comete "piratería moderna" robando las mascarillas a sus "aliados" Alemania, Canadá y Francia en los aeropuertos y endeuda aún más a la quebrada Unión Americana para salvar a su capitalismo insostenible; Bolsonaro se acerca a la sustitución por una alianza del gobernador de Sao Paulo, Joao Doria (derecha), con Lula (PT) y los militares, con los jefes de las favelas aplaudiendo; el ecuatoriano Moreno no sobrevivirá a la apocalipsis de Guayaquil; el Kirchnerismo, en terapia intensiva con el ventilador oligárquico La City y el gurú de la derecha criolla Durán Barba, oscila entre Bolsonaro y AMLO, sin futuro estratégico; el populista en jefe de Her Majesty, Boris Johnson, minimizador de la pandemia como Trump, está hospitalizado, dejando el Reino Unido en una crisis estructural de liderazgo político post-Brexit y COVID-19; y México, carente de una política anti-epidémica holística clara, firme y convincente en los tres niveles del Estado, vive un ominoso proceso de bicefalización y descomposición de la 4ta Transformación, sin actores emergentes a la vista, para impedir la implosión.

  1. Guerra contra China y Venezuela

Tal es la ecuación política del virus en el Nuevo Mundo, a la cual Donald Trump agregó ahora el clásico recurso del poder político imperial: la agresión a otros pueblos y Estados para desviar la atención de sus propios fracasos. El blame game como lo llaman en Estados Unidos. En este caso, usa una pérfida guerra psicológica mundial contra China y la preparación anunciada de la invasión militar contra Venezuela, con el apoyo de la Unión Europea. El D-day de la intervención militar está correlacionado con las elecciones de noviembre. Trágicamente es obvio, que Maduro y su camarilla --como lo hicieron Saddam Hussein, Noriega y Gadafi-- utilizarán al pueblo como carne de cañón en una guerra sin sentido contra la OTAN, antes de renunciar a su usurpación de la nación venezolana. Maduro y Trump, dos delincuentes políticos hechos uno para el otro, se encontraron. Con la diferencia, de que Maduro es un tigre de papel y el imperialismo es un tigre real con dientes nucleares.

  1. El Instructivo secreto de Trump

El 21 de marzo, el periodismo investigativo estadunidense, The Daily Beast, informó, que la Casa Blanca había lanzado "un plan de comunicaciones a través de múltiples agencias federales", que se centra en acusar a Beijing de crear una pandemia global y orquestar su "encubrimiento". Las fuentes de la información son dos funcionarios estatales y un cable del gobierno. El cable parece haberse redactado en el Consejo de Seguridad Nacional (NSA). Dice en una parte: "NSC Top Lines: [República Popular de China] Propaganda y Desinformación sobre la pandemia del virus Wuhan."

Los memes propagandísticos que deben usar todos los funcionarios estadounidenses incluyen los siguientes: "Los funcionarios del Partido Comunista Chino en Wuhan y Beijing tenían la responsabilidad especial de informar al pueblo chino y al mundo de la amenaza, ya que fueron los primeros en enterarse de ella"… "En lugar de eso, el...gobierno ocultó noticias del virus de su propia gente durante semanas, mientras suprimía la información y castigaba a los médicos y periodistas que levantaron la alarma. El Partido se preocupaba más por su reputación que por el sufrimiento de su propio pueblo".

Los funcionarios entrevistados informaron que: "Nos dicen que tratemos de sacar este mensaje de cualquier manera posible, incluyendo mediante conferencias de prensa y apariciones en televisión". También: "El [Partido Comunista Chino] está llevando a cabo una campaña de propaganda para tratar desesperadamente de trasladar la responsabilidad de la pandemia global a los Estados Unidos. Este esfuerzo es inútil". "Gracias al encubrimiento...los expertos chinos e internacionales perdieron una ventana crítica para contener el brote en China y detener su propagación mundial. Salvar vidas es más importante que salvar la cara".

"Estados Unidos y el pueblo estadounidense están demostrando una vez más que son los mayores humanitarios que el mundo haya conocido", según el cable. "Estados Unidos está dispuesto a proporcionar más asistencia a China, si el Partido Comunista Chino nos permite hacerlo".

  1. Guerra sucia en el Ciberespacio

Los dos epicentros de la guerra sucia mundial son Washington y Londres. De ahí arrancó la actual ofensiva propagandística contra China, con incesantes mentiras del evangélico carismático Pompeo, reforzadas por el propio Trump, Nancy Pelosi y demás mandarines sistémicos. Después de este fuego de ablandamiento discursivo arreció la pandemia propagandística imperialista con un video apócrifo (falso) de una supuesta entrevista de Telesur a Noam Chomsky, seguido por panfletos que aparecieron en la alcantarilla, que por alguna extraña razón se llama "prensa inglesa".

Continuó la ofensiva de lodo de la CIA y de los servicios británicos con la reaparición de un video fake news del programa TGR Leonardo, de la televisión pública italiana RAI, de 2015 (¡!), que reportaba que un grupo de investigadores chinos habría creado artificialmente un "supervirus" que causa SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) y que es capaz de "traspasarse a los humanos directamentedesde un murciélago sin pasar por una especie intermedia". La revista científica Nature se encargó de desmentir la falsedad de RAI, publicando que no hay evidencia para afirmar que el COVID-19 fue "diseñado artificialmente".

Después le tocó el turno al diario italiano de derecha, La Stampa, propiedad de la transnacional Fiat Chrysler, que publicó "con referencia a fuentes anónimas de alto rango", que el 80 por ciento de la ayuda de Rusia contra la pandemia en Italia era "inútil". Va bene, bambini. Un pequeño ingreso extra de "fuentes anónimas de alto rango" siempre es bienvenido en la economía del hogar. De ahí, la estafeta pasó a la cloaca británica donde el amarillista tabloide Daily Mail apareció con la "noticia", de que "fuentes de alto nivel" (high-ranked sources) informaron al diario, que "reportes de inteligencia" no excluían la posibilidad de que la mortal enfermedad fuera un producto humano (man-made): "Perhaps it is no coincidence that there is that laboratory in Wuhan. It is not discounted," the unnamed source told the British paper.

  1. Objetivo estratégico de la mentira COVID-19

El objetivo final de la campaña de Trump está claro. Lo reveló el bufete de abogados "Berman Law Group" en la Florida, al presentar una demanda colectiva (class action lawsuit) en Florida y Texas contra China. Fiel a la libreta secreta de la Casa Blanca acusa a Beijing "por encubrir el brote de Coronavirus en Wuhan". Pide que China sea declarado legalmente responsable (legally accountable) para obligarla a pagar billones de dólares por "su negligencia". El asesor estratégico de la empresa corrió la cortina en una entrevista con un canal reaccionario de la televisión hindú, confesando que trabajan en la organización de una alianza global con Gran Bretaña contra China. Subrayo, que de particular importancia en este proyecto es la India. La razón es evidente. El virus causará probablemente millones de muertos en ese país, que no cuenta con la infraestructura médica, sanitaria y habitacional urbana necesaria para evitar la hecatombe. Una resolución condenatoria de la justicia de clase gringa contra China sería impagable. Como la cobrarían a una superpotencia nuclear, que no es Cuba, ni Venezuela, es otra cuestión. Por ahora dan el primer paso: controlar las cabezas de aquellos que andan en el ciberespacio sin entender lo que pasa. O sea, la mayoría de los internautas.

  1. La Fauna del Ciberespacio

El transmisor principal (vector) por el cual el patógeno propagandístico anglosajón infecta a la opinión pública mundial es el ciberespacio: televisión, las plataformas de redes sociales, smartphones y radio. Es el caldo de cultivo idóneo para los manipuladores, porque el cyberspace está básicamente poblado por las siguientes especies. 1. Los mercaderes gran-capitalistas. 2. Los controladores políticos, cuyos trolls, bots y comentocracia son pagados por el capital y los gobiernos reaccionarios. 3. Los influencers, que promueven toda clase de fake news y amarillismo, con tal de tener "vistas" en su página y aumentar sus tarifas. 4. Los licenciados y doctorcitos, cuya sabiduría suele ser inversamente proporcional a su prepotencia. (Lo doctor no quita lo pendejo, dice acertadamente el pueblo mexicano.) 5. Finalmente, la cohorte mayoritaria, que usa las redes como un hub digital global de activismo auto-erótico, reminiscente del bíblico Onán, que en paz descanse. ¿Exagero? No, las pruebas empíricas están a la vista de todos, en los comentarios. Alrededor del 90 por ciento de los que "comentan" no leen los textos que "comentan". Ven el título y ejecutan su vulgar actividad catártica vía un reflejo condicionado pavloviano.

  1. Psicopatología del Internauta

La psicopatología detrás de este comportamiento es evidente. Como la gran mayoría de ciudadanos no tiene ninguna importancia real en el mega-sistema de procesamiento de datos que llamamos "sociedad", la posibilidad de emerger con nombre en la red les permite una dosis de autoestima y narcisismo que les confirma que existen. Una milagrosa transubstanción digital, que convierte a un cero social de la sociedad capitalista moderna --con menor importancia que un cero digital en un lenguaje binario-- en una realidad objetiva. Tal ritual es legítimo, porque cumple una función de higiene mental pública. Obliga, sin embargo, a los demás a diferenciar el acto exhibicionista del homo videns de la decisión razonada del homo sapiens, conducido por algoritmos inteligentes.

  1. El Arcángel COVID-19

En su infinita dialéctica, la historia ha tenido a bien emplear al Covid-19 como vengador del Socialismo con características chinas. Los respetables ciudadanos de la Zona Administrativa Especial de China, conocida como Hong Kong, tienen décadas queriendo vivir el American Dream (el sueño americano) o la refinada cultura de Her Majesty en Londres. En 1961 todavía, la Gran Bretaña protegía ese sueño considerando un ataque nuclear a China, si Mao Zedong se atreviera a tomar la colonia británica por la fuerza. Por suerte, no se llegó a esto.

Sin embargo, Dios es Grande y finalmente concedió a los hongkongeses acaudalados --muchos de ellos felices víctimas de las sectas evangélicas gringas-- su sueño del país donde "corre la leche y miel" (Kanaan), como decía el bíblico Moses. Fracasadas sus violentas manifestaciones de la contrarrevolución de color de Soros, emigraron a Estados Unidos, donde disfrutan ahora el mayor epicentro mundial de la pandemia: gracias al capitalismo neoliberal, que no tiene dinero para los sistemas de salud pública y dónde ni siquiera pueden comprar mascarillas, salvo si consiguen alguna de las importadas de China o de las que donó el billonario Jack Ma, miembro del Partido Comunista de China. Mientras tanto, China es el único país seguro del virus.

Cantaron con fervor el himno estadounidense en sus manifestaciones violentas. Qué bueno, que ahora vivan su realidad. Porque, como dice la Coca Cola: "You can´t beat the real thing."

Por:Heinz Dieterich  | Lunes, 06/04/2020 03:33 PM 

Publicado enInternacional
Miércoles, 25 Marzo 2020 06:11

A las puertas de un nuevo orden mundial

A las puertas de un nuevo orden mundial

El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población.

 

La pandemia supone la profundización de la decadencia y crisis del sistema que, en el tiempo corto, habría comenzado en 2008, y en el largo se extiende desde la revolución mundial de 1968. Entramos en un período de caos del sistema-mundo, que es la condición previa para la formación de un nuevo orden global.

En efecto, las principales tendencias en curso —militarización, declive hegemónico de Estados Unidos y ascenso de Asia Pacífico, fin de la globalización neoliberal, reforzamiento de los Estados y auge de las ultraderechas— son procesos de largo aliento que se aceleran en esta coyuntura.

Desde una mirada geopolítica, China ha mostrado capacidad para salir adelante, sobreponerse a las dificultades y continuar su ascenso como potencia global que en pocas décadas será hegemónica. La cohesión de la población y un Gobierno eficiente son dos aspectos centrales que explican en gran medida la resiliencia/resistencia china.

La dura experiencia vivida por su pueblo en los dos últimos siglos —desde las guerras del opio hasta la invasión japonesa— ayuda a explicar su capacidad para sobrellevar tragedias. La revolución socialista de 1949, además de la nacionalista de 1911, y la notable mejora en la calidad de vida del conjunto de la población, explican la cohesión en torno al Partido Comunista y al Estado, más allá de las opiniones que se tengan de esas instituciones.

Por el contrario, la división interna que vive la población estadounidense —evidenciada en las últimas elecciones y en la epidemia de opiáceos que ha disminuido la esperanza de vida— se conjuga con un Gobierno errático, imperial y machista, del que desconfían incluso sus más cercanos aliados.

La Unión Europea está aún peor que Estados Unidos. Desde la crisis de 2008 perdió su brújula estratégica, no supo despegarse de la política de Washington y del Pentágono y evitó tomar decisiones que incluso la benefician, como la finalización del gasoducto Nord Stream 2, paralizado por presiones de Trump. El euro no es una moneda confiable y la nunca concretada salida del Reino Unido de la Unión Europea enseña la debilidad de las instituciones comunes.

La financiarización de la economía, dependiente de la gran banca corrupta e ineficiente, ha convertido la eurozona en una “economía de riesgo”, sin rumbo ni orientación de larga duración. La impresión es que Europa está destinada a acompañar el declive estadounidense, ya que ha sido incapaz de romper el cordón umbilical amarrado desde el Plan Marshall.

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, ni qué decir de los países latinoamericanos, sufrirán los efectos económicos de la pandemia con mucha mayor intensidad que los asiáticos. Estos han mostrado, desde Japón y China hasta Singapur y Corea del Sur, una notable capacidad para superar esta adversidad.

Una reciente encuesta de Foreign Policy entre doce intelectuales destacados concluye que Estados Unidos perdió su capacidad de liderazgo global y el eje del poder mundial se traslada a Asia. La pandemia es la tumba de la globalización neoliberal, en tanto la del futuro será una globalización más “amable”, centrada en China y Asia Pacífico.

Hegemonía tecnológica

En las principales y decisivas tecnologías, China está a la cabeza. Se mantiene al frente en la construcción de redes 5G, en inteligencia artificial, computación cuántica y superordenadores. El economista Óscar Ugarteche, del Observatorio Económico de América Latina (Obela), sostiene que “China es la fuente de cinco ramas de la economía mundial: farmoquímica, automotriz, aeronáutica, electrónica y telecomunicaciones”. 

De modo que el cierre de las fábricas frena la producción de estas cinco ramas en el mundo. China producía ya en 2017 el 30% de la energía solar del mundo, por encima de la UE y el doble que Estados Unidos. La lista Top500 de los mayores superordenadores del mundo revela que China posee 227 de 500 (el 45%), frente a solo 118 de Estados Unidos, su mínimo histórico. Diez años atrás, en 2009, China tenía solo 21 superordenadores frente a 277 de la entonces superpotencia.

El triunfo chino en la carrera tecnológica no quiere decir que su sociedad sea la deseable desde el punto de vista de quienes deseamos una sociedad poscapitalista, democrática y no patriarcal. El control social en China es asfixiante: desde las millones de cámaras que vigilan a las personas hasta el diabólico sistema de “crédito social” que otorga y quita puntos según el comportamiento correcto de sus ciudadanos, así como la estigmatización y discriminación de las personas LGBTI.

En el resto del mundo las cosas no van mejor. El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población. “El mundo ha aprendido del país asiático”, destaca el periódico empresarial El Economista.

El auge de los fascismos en Europa y en Américas Latina —no solo a nivel de partidos, sino ese fascismo social difuso pero contundente, focalizado contra disidentes y emigrantes porque lucen comportamientos distintos y otro color de piel— va de la mano del vaciamiento de las democracias. Estas van quedando apenas como ejercicios electorales que no garantizan el menor cambio, ni la menor influencia de la población en las políticas estatales.

La experiencia del Gobierno de Syriza en Grecia, así como del Partido de Trabajadores en Brasil, debería ser motivo de reflexión para las izquierdas del mundo sobre las dificultades para mover la aguja de la economía y la política. Aun concediendo que se llevaron adelante con las mejores intenciones, el saldo de sus gestiones no solo es pobre, sino regresivo en los aspectos macroeconómico y respecto al empoderamiento de las sociedades.

El panorama para los movimientos es más que complejo, pero no es uniforme. Los que han hecho de la manifestación y otras acciones públicas su eje central son los más afectados. Sin embargo, los de base territorial tienen una situación potencialmente mejor. A todos nos afecta, empero, la militarización.

Los pueblos originarios y negros de América Latina, con destaque del zapatismo, los nasa-misak de Colombia y los mapuche, están en mejores condiciones. Algo similar puede suceder con los proyectos autogestionados, las huertas o los espacios colectivos con posibilidades de cultivar alimentos.

En todo caso, el militarismo, el fascismo y las tecnologías de control poblacional son enemigos poderosos que, aunados, pueden hacernos un daño inmenso, al punto de revertir los desarrollos que han tejido los movimientos desde la anterior crisis.

25 mar 2020 06

Publicado enSociedad
La búsqueda de los orígenes del coronavirus pone en jaque a científicos de todo el planeta

Cuando el pasado 31 de diciembre se hicieron públicos los primeros casos de una extraña neumonía en Wuhan (China), la comunidad científica supo que se enfrentaba a un virus desconocido. Tras la secuenciación del genoma, los investigadores chinos dedujeron que se trataba de un nuevo coronavirus, en concreto el SARS-CoV-2, también llamado HCoV-19.

De los siete coronavirus que conocemos, el nuevo virus es, junto al SARS-CoV-1 (que causó una epidemia en 2003 en China) y MERS-CoV (que generó un brote en 2012 en Arabia saudí), uno de los más mortíferos causando problemas respiratorios graves, en especial a pacientes con patologías previas.

Hoy la enfermedad actual del COVID-19 ha alcanzado en tres meses a unas 220.000 personas en todo el mundo y ha provocado la muerte a unas 9.000 personas, sobre todo en China e Italia, lo que ha obligado a tomar medidas drásticas para frenar la pandemia.

Para los científicos es vital desentrañar el origen del virus, por eso trabajan desde el primer momento con los datos genómicos ya obtenidos. Un equipo del Scripps Research Translational Institute en La Jolla, EE UU, con el investigador Kristian G. Andersen a la cabeza, ha publicado en la revista Nature Medicine los probables escenarios por los cuales podría haber surgido y refuta las teorías conspirativas sobre su aparición.

"Nuestros análisis muestran claramente que el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio o un virus manipulado a propósito", revelan en el trabajo los autores, que han analizado las principales características del virus comparando seis genomas: tres de murciélago, el SARS humano, el del pangolín y el SARS-CoV-2.

El equipo de Andersen, director de Genómica de Enfermedades Infecciosas, comparó los datos disponibles de la secuencia del genoma para las cepas conocidas de coronavirus, y determinó "firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales", indica Andersen, referente mundial sobre epidemiología y evolución de los virus.

Un virus imperfecto

Al analizar el genoma de un virus que no ha ni evolucionado ni cambiado mucho desde que salió de Wuhan, los científicos se centraron, entre otros rasgos del virus, en las proteínas de espícula, unas armaduras en su exterior que le permiten agarrarse y penetrar las paredes exteriores de las células humanas y animales, y que están directamente implicadas en la penetración en la célula, a través de un receptor conocido como ACE2.

Pero se fijaron en especial en dos características importantes de esta proteína de espícula: el dominio de unión al receptor (RBD, por sus siglas en inglés), un tipo de gancho que se adhiere a las células huésped; y el lugar de escisión o transposición, una especie de abridor de latas molecular que permite que el virus abra y penetre las células anfitrionas.

En su estudio, el equipo quiso determinar la probabilidad de que la estructura de esta proteína del virus encajara en ese receptor. "Entonces observaron que esta encaja bastante bien, pero no es perfecta", manifiesta a SINC Fernando González Candelas, catedrático de Genética de la Universidad de Valencia e investigador de FISABIO.

Al analizar esa "construcción" dentro del virus constataron que tenía fallos. De ser manipulado genéticamente, esas estructuras deberían tener otras características para ser mucho mejores, pero el virus no las tiene. "Su diseño no es el que haría un ingeniero con el objetivo de crear un virus que provoque una pandemia", indica González Candelas.

Un virus que hubiera sido creado en laboratorio no tendría los desajustes que se observan en SARS-CoV-2. "Partimos de la idea de que si haces una manipulación para conseguir un determinado objetivo lo que vas a intentar directamente, como todo buen ingeniero, es que tu producto sea el mejor posible", explica el experto.

Además, la hipótesis de la evolución natural del virus fue respaldada por datos sobre la estructura molecular general del SARS-CoV-2, que de ser manipulada hubiera podido construirse a partir de la de otro virus que se sabe que causa enfermedades. Pero no fue así. Según el estudio, su estructura molecular difería sustancialmente de las de los coronavirus ya conocidos y se parecía más a la de virus relacionados que se encuentran en murciélagos y pangolines.

"Ha sido el proceso azaroso de la evolución que ha permitido al virus desarrollar una estructura de la espícula y de otras características que le permite invadir células humanas. Al estar en contacto con humanos ha provocado una infección y luego posteriores infecciones que han dado lugar a la epidemia", subraya el investigador español.

¿De dónde viene el SARS-CoV-2?

"Cualquier patógeno viral para los humanos sale de la nada. En teoría, un virus antiguo de un reservorio natural se convertirá en patógeno viral para el ser humano a través de muchos huéspedes intermedios", apunta a SINC Zhigang Zhang, investigador en el Laboratorio Estatal clave para la Conservación y Utilización de Recursos Biológicos en la Universidad de Yunnan (China) y autor de un estudio publicado hoy en Current Biology.

Según Zhang, el salto directo de los anfitriones originales al humano rara vez ocurre. "Por lo tanto, encontrar el reservorio natural es de gran importancia para detener la propagación del virus", constata el experto. "De hecho, los animales, incluidos los humanos, tienen muchos virus dentro de su cuerpo y la mayoría son inofensivos para sus anfitriones", continúa.

La respuesta sobre el origen del virus es aún incierta y los científicos barajan varios escenarios. El primero de ellos es que el virus pudo evolucionar a través de la selección natural en un huésped no humano y luego saltó a estos, como ocurrió en otros brotes con las civetas para el SARS y los camellos para el MERS.

En el caso de SARS-CoV-2, como ocurre con otros coronavirus, el reservorio más probable son los murciélagos (Rhinolophus affinis), por la similitud con los virus del propio animal. Pero no existen casos documentados de transmisión directa murciélago-humano. Ahí intervendría un huésped intermedio, que posiblemente estuvo relacionado con murciélago y humanos.

"El murciélago sería el huésped primario u original, por comparación con los coronavirus de murciélago ya conocidos y que estén emparentados con ellos", recalca Fernando González Candelas de la UV. Para el científico, el nuevo virus es el que se parece más a los coronavirus de estos animales, aunque "aún no se haya aislado el virus más próximo a él". Pero también aparecen diferencias.

Para entenderlo, el experto pone el ejemplo de una escalera. "Es como querer saltar un escalón de un metro y pensar que de un salto no puedes subirlo. Necesitas dos o tres escalones intermedios, difíciles cada uno, pero posibles. Es cuestión de tiempo que se consiga pasar de la base al escalón superior", ilustra.

Escenario 1: el pangolín como salto intermedio

En esa etapa intermedia de murciélagos a humanos, el virus habría pasado por algún huésped, cuya selección natural le habría predispuesto a infectar a humanos, "simplemente porque los receptores son lo suficientemente parecidos como para que luego al saltar a humanos sea mucho más sencillo", dice González.

En este escenario, las diferentes características del virus habrían evolucionado a su estado actual antes de penetrar en humanos. Como señalan en el estudio de Nature Medecine, la epidemia actual habría surgido en cuanto los humanos se habrían infectado. El virus convertido ya en patógeno habría estado listo para propagarse entre las personas.

En el trabajo de Zhang se plantea la posibilidad de que este huésped intermedio sea el pangolín por las muestras de pulmón analizadas y en las que se detectó por primera vez la existencia de un CoV similar al SARS-CoV, coincidiendo con el inicio de la epidemia. "Conjeturamos que los pangolines malayos muertos pueden llevar un nuevo CoV estrechamente relacionado con el SARS-CoV-2", recalcan en el estudio de Current Biology publicado hoy.

Según detalla a SINC el investigador chino, el camino de la infección que ha provocado el brote sería el siguiente: en la base estaría el murciélago (con resistencia o levemente susceptible al virus), seguido de múltiples especies cruzadas, entre las cuales el pangolín podría ser una víctima y susceptible al virus, antes de llegar al humano, aún más susceptible al virus y en contacto con animales para la obtención de herramientas, alimentos, caza y otros usos, incluidos los comercios ilegales.

A pesar de los hallazgos, ante la imposibilidad de realizar más experimentos a falta de la muestra original, el equipo chino recalca que aún se debate si las especies de pangolín son buenas candidatas para el origen del SARS-CoV-2.

"Teniendo en cuenta la amplia propagación de SARS-CoV en reservorios naturales, como murciélagos, camellos y pangolines, nuestros hallazgos serían significativos para encontrar nuevos huéspedes intermedios de SARS-CoV-2 para bloquear la transmisión entre especies", concluyen.

Según González Candelas, el virus va expandiéndose en todo tipo de organismos a los que puede infectar. "El pangolín sería otro, no solamente en la escalera que llega al humano, pero en una escalera colateral cuyo final no sabemos cuál es", añade, teniendo en cuenta que "la evidencia que existe no es lo suficientemente fiable o robusta como para dar eso por aceptado".

Escenario 2: desarrollado en humanos

El otro escenario que explicaría el origen del SARS-CoV-2 es que, sin descartar los escalones intermedios, una versión no patógena del virus pudo saltar de un huésped animal a los humanos, pasando desapercibida, y evolucionar a su estado patógeno actual dentro de la población humana.

Así, para explicar por qué este virus funciona tan bien en humanos, el equipo de Kristian Andersen sugiere que el último paso sucede en nuestro organismo cuando la proteína de espícula evoluciona ya en un huésped humano. "La última fase, la que de verdad hace que este virus sea muy infectivo en humanos, habría permitido que el virus se haya adaptado a humanos en humanos primero", declara González Candelas.

"A partir de ese momento, al pasar de humano a humano, el ajuste es mucho mejor", señala el investigador español. De este modo, a las personas a las que les llega el virus todavía no muy bien adaptado a humanos no sufren demasiada enfermedad. "No tienen una sintomatología que llame la atención ni desarrollan neumonía, pero el virus en ellos se adapta", indica el experto.

Una vez adaptado, con los mecanismos de infección que conocemos, puede haber pasado a otro humano. "En ese momento se iniciaría la cadena de transmisiones que da lugar a la epidemia", dice González Candelas.

Pero para los científicos aún es difícil, si no imposible, saber cuál de los escenarios es el más probable en el caso del SARS-CoV-2. Lo que sí saben es que, si el virus llegó a los humanos en su forma de patógeno actual desde una fuente animal, la posibilidad de que se produzcan más brotes en el futuro aumentaría porque la cepa que causa la enfermedad podría seguir circulando entre los animales.

Sin embargo, según el coautor del estudio de Nature Medecine, Andrew Rambaut, de la Universidad de Edimburgo, las posibilidades de que se produzca otra epidemia disminuyen si un coronavirus no patógeno entra en la población humana y luego desarrolla propiedades similares al SARS-CoV-2.

Por Adeline Marcos - Agencia SINC

19/03/2020 - 21:37h

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