Grafiti en la Comuna 13.- QUERALT CASTILLO

La Comuna 13, en Medellín, se abre camino a través del hip-hop, los grafitis y el arte popular. Las calles angostas donde se escondían antaño los sicarios de Pablo Escobar se han convertido ahora en una exposición al aire libre.

 

Estefany Riosco sonríe y pregunta a todo el que pasa si quiere un choricito. Lleva una camisa muy colorida estampada, un delantal de flores y un turbante rojo anudado a la cabeza. Aparenta más edad de la que en realidad tiene. 36 años y seis hijos, de 20,18,14,11,16 y el bebé, de 4 años. Hoy, ninguno de ellos la acompaña en el puesto, pero se ha traído a un sobrinito que, paciente, espera que su tía termine la jornada para poder volver a casa.

Llegó a la 13 cuando tenía ocho años, procedente del Chocó, un departamento colombiano en la zona del Pacífico y tan pronto la Comuna empezó a levantar cabeza, montó un puesto de chorizos, en el que también vende "obleas, solteritas, cerveza, agua, arepitas, arepitas con queso. Todo, vendo de todo". No resulta difícil arrancarle una sonrisa y a primera vista parece una mujer de pocas palabras. Pocas y concisas, sin embargo: "Aquí vivimos mucha violencia y gracias a Dios ya todo está calmadito".

Escuchar las historias que se esconden tras las calles empinadas, serpenteantes y angostas de la Comuna 13, en Medellín, capital antioqueña y "Ciudad de la eterna primavera" –ahora también conocida por ser el lugar de nacimiento de J. Balvin–, es escuchar historias de balaceras, desaparecidos, menores armados, muertes y narcotráfico. Es hablar de luchas de poder, de sicarios de Pablo Escobar y de enfrentamientos entre guerrillas y paramilitares. Convertida en uno de los epicentros de la violencia durante los años ochenta y noventa, esta Comuna lucha ahora por quitarse el estigma de encima.

Violencia y Operación Orión, los estigmas de la 13

Nació la Comuna 13 como lo hicieron las dieciséis restantes en Medellín: a causa de la migración del campo a la ciudad de personas que escapaban de la violencia de las FARC, el ELN y las operaciones paramilitares y del Estado. Personas que llegaron, muchas procedentes del Urabá antioqueño, con lo puesto a una urbe que parecía prometerles una vida más tranquila. No fue así. La pobreza en los ochenta y los noventa supuso el caldo de cultivo perfecto para que la 13 se convirtiese en la cuna de los sicarios de Escobar. La ecuación parecía fácil: dinero y ascenso social a cambio de vasallaje. Pero nunca nada es tan sencillo: las guerras entre facciones se cobraron miles de vidas y los desaparecidos aún se cuentan por decenas. La muerte de Escobar, el 2 de diciembre de 1993, no hizo nada más que empeorar las cosas: las luchas por el control de los diferentes barrios se saldaron con unos niveles de violencia incluso peores que durante la época Escobar y la 13 entró en una espiral a la que pocos le veían salida.

"Empezaron a surgir las redes del microtráfico, personas que controlaban el tema del narcotráfico en el ámbito local, de la ciudad y en los barrios. Empezaron a dar guerra: los de la FARC empezaron a dominar unas partes, los el ELN otras. En realidad, había cuatro o cinco grupos de guerrillas. A inicios de los dos mil, esas bandas empezaron a disputarse los territorios. Había fronteras invisibles y quien pasaba esas fronteras era asesinado. La guerra explotó", explica Jesús David Sáenz, técnico de la Agencia de Cooperación e Inversión de Medellín (ACI).

En 2002, Álvaro Uribe, expresidente de Colombia, decidió atajar la situación a la brava. Entre el 16 y el 17 de octubre de 2002 se llevó a cabo en la 13 la intervención militar urbana más grande de la historia de Colombia, la Operación Orión. El número de muertos baila según a quién se le pregunte: 80 ciudadanos heridos, 17 homicidios a manos de policía y ejército, 71 personas asesinadas por los paramilitares, 12 personas torturadas, 92 desapariciones forzadas y 370 detenciones arbitrarias. Sobre las detenciones arbitrarias, las torturas, las desapariciones y las ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por las fuerzas del estado con la colaboración de grupos paramilitares poco se sabe aún. A pesar de la Operación Orión y otras tantas que se sucedieron, lo cierto es que "entre el año 2000 y el 2012 el Estado no tuvo apenas control sobre esas zonas", reconoce Sáenz.

Escaleras y 'grafitours'

Los grupos de turistas empiezan a amontonarse a eso del mediodía, móvil en mano. Desde hace unos años la Comuna 13 se ha convertido en un spot instagrameable de primer orden gracias a las decenas de grafitis que adornan aquellas calles serpenteantes donde antes corría la sangre. Las escaleras mecánicas, inauguradas en 2011, han transformado el barrio de Las Independencias, uno de los 19 que conforman la Comuna y se han convertido en un referente de urbanismo social. "Las escaleras para la paz" son un proyecto novedoso que, ciertamente, ha hecho disminuir el nivel de violencia en el barrio, ha atraído a turistas y ha mejorado notablemente la vida de sus residentes, ya que la accesibilidad les ha permitido tener una vida un poco más cómoda. De hecho, el sistema teleférico en la ciudad, la segunda más grande de Colombia, construido en 2004, ha permitido, en los últimos años, unir diferentes comunas periféricas, hasta el momento prácticamente inaccesibles, con el centro de la ciudad, hecho que ha mejorado la calidad de vida de la gente.

Las escaleras se enmarcan dentro del programa de Proyectos Urbanos Integrales (PUI), que son intervenciones en el espacio público que tienen un impacto zonal, gracias a su enfoque destinado a solucionar problemas de movilidad, centralidad, encuentro, medio ambiente, espacios públicos recreativos y deportivos. Formaron parte del Plan de Desarrollo 2008- 2011 para mejorar la calidad de vida de los residentes de la ciudad. "Éramos una ciudad que a causa de la violencia estaba cerrada al mundo, no venía nadie a Medellín porque les daba temor. La Comuna 13 es una victoria sobre lo que fue el pasado de la violencia y toda la época oscura de Medellín", dice Sandra Milena Ospina D’Alleman, subdirectora de Posicionamiento de la ACI.

Además de las escaleras, la inversión en cultura también ha sido un elemento clave en el lavado de cara de la 13. Los numerosos grafitis que adornan las calles de la Comuna se han convertido en un reclamo turístico importante y los grupos de turistas que reservan grafitours se ha multiplicado de manera exponencial en los últimos años. John Alexander Serna es conocido como Chota 13 (El Chota) y es uno de los artistas locales más reconocidos. Nacido y criado en la 13, empezó a pintar grafitis a los 16. "Queríamos recuperar los espacios y que a través del color cobrasen vida, así como recuperar la memoria. Los muros cuentan cosas y detrás de ellos hay una serie de personajes. Cuentan quiénes son (...) Los que más me inspira para pintar es la resistencia de la gente". Además de grafitis, El Chota pinta en acrílico sobre lienzo y monta exposiciones.

Mira la gentrificación de reojo: "Hemos pensado en los peligros de que la Comuna se haga popular, pero mientras sea la comunidad la que se lleve los beneficios, todo estará bien. Lo más duro sería que el café del barrio fuera arrasado por Starbucks. Si vienen empresas externas a quitarnos lo que hemos construido, esto se pondrá complicado", asegura.

***
Ese del tatuaje es Kase O. ¿Tan famoso es aquí?
Es mi maestro.

El Rapza tiene 23 años y prepara su actuación en un callejón. En estos días actúa en un bar por el que se suceden los turistas, la gran mayoría gringos, en busca de un frapuccinos y jugos de frutas exóticas para aminorar el calor. Tatuado hasta la médula, destaca, entre todos los tatuajes, uno de Kase O en el antebrazo. El zaragozano, máximo exponente del hip-hop en España, estuvo un tiempo viviendo en Medallo, mientras preparaba su último disco, El Círculo. "Hay un antes y un después en mi vida, desde que lo conocí. Estuvo viviendo en una finca, en las afueras de Medellín. Lo conocí en un evento en un teatro. Cuando lo vi, no lo reconocí porque tenía mucha barba. Me lo presentaron y cantamos juntos. Lo seguía desde hace tiempo".

No miente, el Rapza. En Tutorial, uno de los temas de El Círculo, Kase O canta: "¡Basta ya de Farsa, el Rapza viven en la 13 y sin ir de gangsta te da lecciones de humildad! Y no solo él, hay procesos en Colombia que te erizan la piel. Paz para Henry y su escuelita, en una vista aprendes más de hip-hop que con el puto Bambaataa. Es más, paz para que los que se ocupan de esos que nadie se acuerda, ellos tienen mi respeto, no artistillas de mierda".

En el documental que muestra el paso de Kase O por Medellín también aparece el Rapza. "Lo que más me inspira es el rap y los raperos malos, la guerra, la corrupción, la maldad de los humanos, son cosas que se salen de mi conocimiento, mi comprensión y tengo que manifestarme ante esto. Aquel día te di una chapa bastante seria, co. Te quería abrir la cabeza. Jugar y no caer siempre en la caja. Esta es la primera que has hecho con este concepto", le dice el zaragozano al colombiano. El Rapza canta mientras Ibarra escucha, asiente y sonríe.

Dice que tiene pendiente ir a España. Nacido y criado en la 13, su vida ha dado un giro radical, "antes nunca hubiésemos podido estar aquí hablando tú y yo. Imposible". La guerra entre pandillas le arrebató parte de la familia. "Llevo toda la vida rapeando. En la guerra asesinaron a miembros de mi familia, así que me fui un tiempo del barrio, pero volví". Ahora es uno de los raperos más prominentes de la escena hiphopera de la Comuna.

La sombra de la gentrificación amenaza

El aumento del turismo en la 13, sin embargo, mantiene vigilantes a sus residentes. La gentrificación es una amenaza real y los comuneros ya empiezan a sentir como acecha. "¡Ah sí, el arriendo, los servicios, todo es costosito! Ya como esto cogió un poquito de valor, pues ya la gente se aprovecha, cosa que no me parece", asegura Estefany, la del puesto de choricitos, preguntada por los alquileres. Ella no paga nada por tener el puestecito y cada día lo monta y lo desmonta. "Mira, vivo en esa casa azul que está ahí con ropita", señala. El tejado es de uralita. La vendedora espera que sus hijos puedan tener un futuro más cierto que el suyo: "La idea es que estudien y no pasen el trabajo que paso yo; que lleguen a ser alguien en la vida y sigan adelante, porque usted sabe que para que se acabe la pobreza, tenemos que estudiar. Estudiando es como se acaba la pobreza".

Alejandra tiene 25 años y un puesto de pulseras y abalorios (desde hace un año y medio), a unos metros del puesto de Estefany. Es clara con el proceso que se vive en la 13. "El arriendo por acá es supremamente costoso. Esto es a causa del turismo, y la gente, que se toma atribuciones que no debe por eso. El aumento del turismo en la zona ha afectado a alguna gente y ha favorecido a otra, como a mí", reconoce.

La popularización de la 13 también ha favorecido a La Crew, un grupo de b-boys que baila para recoger unas monedas y que nació a partir de unos proyectos participativos que se llevaron a cabo en la Comuna 13. "Se dieron unas clases durante un mes y cuando terminaron todos nos quedamos un poco huérfanos. ¿Qué vamos a hacer con lo que aprendimos? Y aquí estamos, representando a la Comuna 13". El que habla es Scooby, uno de los integrantes del grupo. La Crew empieza sus actuaciones a las 9:30 de la mañana y suele terminar sobre las 18:00. También actúa en teatros, actos privados y escuelas. Scooby reconoce cómo la inversión por parte del Ayuntamiento en proyectos participativos y de fomento de la cultura, ha conseguido darle una vuelta a la Comuna: "El cambio ha sido muy grande y la cultura aquí es importante porque aleja a las personas de pensar en algo malo. Ya sea a través de los grafitis o la música o el baile, te alejas de lo malo. La Crew ha salvado a varios compañeros", dice. A pesar de su corta edad, tan sólo tiene 20 años, Scooby sabe bien de qué habla.

Si bien la vida en la 13 ha cambiado considerablemente, El Chota reconoce que "aún hay pelados en las esquinas que forman parte de las bancrín [bandas criminales]" y el problema de la violencia no está del todo resuelto. Los grafitours se suceden y los turistas sonríen mientras posan al lado de grafitis realmente espectaculares. Cuando lleguen al hotel, subirán la foto a Instagram. La mayoría, sin embargo, visita la 13 en grupo y apenas se encuentran turistas que vayan por libre. El estigma continúa y a la 13 aún le queda camino para quitárselo de encima, pero parece que, gracias al baile, la pintura, el hip-hop y otros procesos culturales, los jóvenes cada vez tienen unos referentes más sanos. Ahora faltará que Starbucks pase de largo.

 

19/07/2020 08:33

Por Queralt Castillo Cerezuela

@qc_Cerezuela

Publicado enColombia
La pesadilla del coronavirus: Bogotá, entre el miedo y la esperanza

Aun cuando la pandemia todavía avanza sin clemencia en América Latina, las grandes urbes de esta región del globo se volvieron a poblar. Atrás, quedaron los largos días de encierro involuntario y un montón de promesas. Ahora, de regreso a la ‘normalidad’, este relato nos recuerda el discurrir de las primeras semanas de confinamiento en la capital de Colombia y su posterior ruptura.

 

Bogotá, hoy, parece otra ciudad. Incluso, peor –¿o mejor, realmente?–, Bogotá, hoy, parece una ciudad de otro planeta. La gente ha desaparecido repentinamente de las calles. Tampoco hay autos en las vías. Y la tóxica mancha gris, presente de manera habitual desde hace algún tiempo en el cielo de esta inmensa metrópoli andina, se ha esfumado también.

¿Qué pasó –entonces– con la Bogotá abarrotada de vehículos y buses atestados de pasajeros corriendo desenfrenadamente para sus trabajos desde la madrugada y luego a casa al morir el día? ¿Dónde están los miles de vendedores de toda clase de cachivaches que suelen ocupar los andenes de aquí y allá en modo rebusque? ¿Qué se hicieron los estudiantes y sus mochilas y sus risas y sus sueños? ¿Adónde han ido todos?

En su lugar, un magistral coro de pájaros de diversas especies –de regreso a sus viejos nidos: cedros, nogales, eucaliptos, cauchos sabaneros y guayacanes, desparramados por barrios y avenidas– no cesa de trinar, como antaño, regalándonos los más increíbles conciertos al amanecer. Y en las noches, cada noche, una nueva estrella se asoma en el cielo, ahora límpido. Y otra. Y una más.

Podría tratarse de una película de ficción –e incluso de un poema: la luna en lo alto sobre la ciudad vacía–. Pero, no. Es el día número 11 de un confinamiento obligatorio inimaginado para escondernos en nuestros hogares del ataque de un invisible y microscópico asesino que nos tiene a todos contra la pared, a unos rezando y a otros renegando.

La ciudad y las familias sufren una súbita metamorfosis. Cada quien trata de arreglárselas de la mejor manera. Pero, lo peor se avecina. El planeta está paralizado y la economía mundial tambalea. Bogotá y Colombia no escapan a ello.

Afuera, únicamente permanecen los prestadores de servicios esenciales: abarrotes, aseo, farmacias y funerarias, transportadores, domiciliarios, vigilantes y autoridades. Y, desde luego, un ejército que también ha sufrido pérdidas en sus propias filas por salvar las vidas de los más golpeados por el virus: el de los galenos, enfermeras, camilleros y auxiliares médicos, que adicionalmente y en no pocas ocasiones se han convertido en víctimas de la paranoia e ignorancia de unos cuantos ciudadanos que los insultan y agreden cuando los ven ingresar o salir de los edificiosdonde residen o de los supermercados donde se abastecen, por temor a ser contagiados.

 

El hambre no da tregua

 

Transcurren los días y en Bogotá, al igual que en el resto de Colombia y del globo entero, las ‘cifras’ comienzan a aumentar dramáticamente y pese a que en nuestra ciudad –según las autoridades– estas se encuentran por debajo de los estimativos iniciales, cada muerto nos duele y causa alarma. En tal parte, van ‘tantos’, dicen los noticiarios. Tantos contagiados. Tantos hospitalizados. Tantos en unidades de cuidados intensivos. Tantos fallecidos.

A estas alturas y sin dinero en el bolsillo para lo indispensable, aparecen en las calles los primeros que se resisten al encierro. Son los del rebusque. Los de las ventas de cachivaches en andenes y calles. Los de los malabares en los semáforos. Los que no pueden seguir esperando las ayudas gubernamentales ni las donaciones, porque sí llegan pero no alcanzan: las necesidades son superiores y «si no nos mata el coronavirus nos mata el hambre», repiten en cada esquina.

Poco a poco, y conforme lo autoriza el gobierno, a estos primeros hombres y mujeres, procedentes principalmente de las zonas marginales, se van sumando los obreros de las construcciones que quedaron paralizadas y luego los de las fábricas que dejaron de producir inesperadamente. Más tarde, se incorporarán otros trabajadores y posteriormente los demás grupos de población, han anunciado el presidente de la nación –un tantourgido de hacerlo– y la alcaldesa de la capital–no tan convencida de que sea el momento–.

De manera que, ahí van, bajo el miedo y la zozobra, bajo las carencias y las esperanzas, recorriendo las lluviosas calles de la ciudad, en una y otra dirección, luciendo el nuevo atuendo, la nueva prenda de vestir que se impone en el mundo de la moda 2020, igual en Europa que en América o en Asia que en África o en Oceanía: el tapabocas, esa mascarilla de la que no podremos desprendernos en mucho tiempo, pero que algunos tampoco usan, porque lo que está ocurriendo les parece una farsa o porque está agotada o porque su costo aumentó ridículamente –¡corruptamente! – y no tienen para comprarla.

Sí, podría tratarse de una película de ficción –e incluso de un poema: cualquier poema–. Pero, no. Es el día 17… 21… 29… 35… 43… 52… 60… de un confinamiento obligatorio inimaginado, que se prolonga cada tanto y que ha quebrado innumerables empresas y que ahora tiene a millares y millares sin empleo y sin para comer y sin para pagar el arriendo y sin para pagar los recibos de servicios públicos que no paran de llegar y que por el contrario vienen más caros, exagerada e injustificadamente más caros…

De forma «progresiva e inteligente», explica el gobierno, la ciudad y el país –como todas las ciudades y todos los países del mundo– van regresando a la ‘normalidad’ o intentando hacerlo. Hay que detener la otra pandemia, la de la fuerte crisis económica derivada del coronavirus. Por consiguiente, cada día hay más gente en la calle. Y también más riesgo de que el microscópico asesino alcance a quienes se descuiden.

Y ahí va el miedo, disfrazado de tapabocas. Y los muertos –sin funeral– rumbo al crematorio… ¿Aparecerá otra vez la tóxica mancha gris en el cielo? ¿Huirán los pájaros de nuevo? Sí, Bogotá, hoy, parece otra ciudad. Incluso, peor –¿o mejor, realmente?–, Bogotá, hoy, parece una ciudad de otro planeta… y el planeta parece otro planeta.

—Desde mi refugio, día 70 de confinamiento.

__________________________________________________________

Mario Henao Quevedo es periodista y guionista de nacionalidad colombiana; autor de diversos libros; ha escrito en desde abajo en varias ocasiones.

Publicado enColombia
http://www.elotroparche.com/una-vecina-demasiado-incomoda/

Un deslizamiento de 60 mil toneladas de desechos acaecida el pasado 28 de abril, con su consiguiente mar de malos olores y despertar de preocuaciones entre vecinos del deposito de basura, le recordó a la ciudadanía bogotana que el relleno Doña Juana prosigue como una realidad por resolver.

Hay que recordar que desde su inicio, bajo la alcaldía de Andrés Pastrana en 1988, el relleno Doña Juana no ha dejado de ser una historia de conflictos y daños permanentes para la ciudad y sus habitantes, afectando en primera instancia a los pobladores de las veredas Mochuelo Alto y Bajo pero, con el paso de los años ampliando su impacto sobre las localidades de Ciudad Bolívar, Usme y Tunjuelito, para un tiempo después impactar toda la ciudad.

Durante estas más de tres décadas, los perjuicios a la ciudad y al medio ambiente han sido de diverso tipo: las familias campesinas han sido golpeadas por la intervención institucional, negándoles su actividad productiva y sus relaciones históricas y ancestrales con el territorio; se alteraron los cauces naturales de las quebradas Puente Tierra, el Botello e Hierbabuena: los lexiviados han penetrado el conjunto de la cuenca contaminando aguas y envenenando la tierra; los malos olores y el inadecuado manejo del depótico de desechos de una ciudad de millones de pobladores, más los que llegan desde municipios aledaños, han multiplicado los roedores, moscan, zancudos y otros insectos, impactando la salud de quienes aún se resisten a dejar sus alrededores.

Algo que no solo los afecta y concierne a ellos, pues con los cuatro deslizamientos que han removido a la inmensa montaña de residuos, acaecidos en los años 1997, 2012, 2015 y 2020, toda la urbe ha sido impactada, con especial afectación en 1997 cuando el derrumbe arrojó un aproximado de un millón de toneladas de residuos que alcanzaron a llegar al cauce del Río Tunjuelo, afluente principal del Río Bogotá, inundando el Sur de la ciudad con olores nauseabundos, proliferación de roedores y moscas en los barrios cercanos,

Recordar también que hasta el año 2001 los lixiviados eran arrojados al Río Tunjuelito sin tratamieneto previo, luego de lo cual, a pesar de algunas medidas implementadas para su tratamiento, la situación se mantiene en niveles superiores a lo permitido, de manera que la contaminación que propicia su inadecuado tratamiento dispersa por toda la cuenca metano, amoniaco, ácido sulfhídrico, mercaptanos, altos niveles de contaminación bacteriológica con coliformes fecales y más organismos patógenos.

Es de destacar que la movilización social de sectores de pobladores ubicados en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado mediar para que los efectos de la disposición de basuras no hayan sido más catastróficos para la ciudad; una acción propositiva que los ha llevado a proponer innumerables salidas para la superación de esta probremática: desmonte del Botadero Doña Juana, implementación de un sistema de manejo de basuras que involucre los diferentes sectores de la economía, al igual que el desarrollo de una política de consumo responsable, manejo integral de los residuos que implique biogasificación, compostaje, conversión, reutilización y transformación final de las basuras, dando reconocimiento y participación a las comunidades y recicladores de oficio, entre otras. Lo triste y paradójico es que ninguna de estas propuestas comunitarias se han implementado.

Y no solo esto, contrario a lo propuesto y a las mismas evidencias arrojadas por la naturaleza y sus pobladores durante estas décadas, la administración Peñalosa no solo no cumplió con la demanda del cierre de Doña Juana sino que en el 2019 la amplió, agravando y prolongando a futuro la problemática ambiental que el relleno sanitario significa; acción antipopular que acompañó con el desmonte del plan “Bogotá basura cero” y con la privatizando del segmento de recolección de basura logrado para la ciudad por la alcadía que le antecedió.

¿Qué le espera a los habitantes de Bogotá? El panorama no es nada halagüeño: las tarifas de recolección de basura subieron desmedidamente en septiembre del 2019, y el operador exige mayor pago por tonelada –so pena de abandonar el manejo del botadero–, la administración baraja la posibilidad de quemar la basura para reducir el volumen de los desechos, lo que generaría mayor gasto de energía y un mayor daño a la salud de los bogotanos y de la región.

Por el momento, la actual directora de la Uaesp y la alcaldesa eluden el tema de darle una salida de fondo a una problemática que desde hace 32 años vive la ciudad.

Podemos concluir diciendo, que lo sucedido durante estas décadas es que las alcaldías que han estado al frente de la ciudad han carecido de voluntad política, de una concepción adecuada y responsable sobre el medio ambiente, así como de visión política y técnica para solucionar uno de los principales problemas de afecta a la principal urbe del país.

 

Reto

 

El manejo de las basuras en la ciudad es prioritario, y es deber del conjunto de liderazgos y de las organizaciones sociales con asiento en ella actuar para dejar en el pasado esta historia de atentados contra el medio ambiente, contra el territorio sur de Bogotá y contra sus pobladores.

Solucionar la problemática descrita no puede seguir siendo bandera solo de las organizaciones y de los pobladores del sur bogotano. Es necesario asumir entre el conjunto que somos una estrategia integral que permita, por medio de proyectos concretos, reducir los niveles de desperdicios en los hogares, ayudar en labores educativas, al tiempo que exigimos cambios en las políticas distritales y nacionales que obliguen a las empresas a asumir un mayor compromiso con los materiales y desechos que generan; a la par, implementar plantas que permitan la reutilización y transformación de los desechos, concretar alianzas público comunitarias que permitan disputarle el manejo en las decisiones y administración de la ciudad a los que históricamente han decidido su destino, todo lo cual no solo permitirá mejorar las condiciones ambientales y de salud para los habitantes de Bogotá y Cundinamarca sino que también sería parte de la solución para el grave problema de desempleo que se padece en los barrios populares.

Como puede concluirse, son inmensos los retos, pero no podemos esperar que las soluciones nos las den los actuales administradores y políticos, a los que solo les interesa aumentar sus ingresos para así financiar su siguiente campaña. La solución está en nosotros. Iniciemos una divulgación masiva de la problemática que nos aqueja y establezcamos estrategias comunes que nos permitan concretar los objetivos planteados por los líderes y las comunidades que ya han asumido esta gran tarea.

 

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Publicado enEdición Nº268
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Un deslizamiento de 60 mil toneladas de desechos acaecida el pasado 28 de abril, con su consiguiente mar de malos olores y despertar de preocuaciones entre vecinos del deposito de basura, le recordó a la ciudadanía bogotana que el relleno Doña Juana prosigue como una realidad por resolver.

Hay que recordar que desde su inicio, bajo la alcaldía de Andrés Pastrana en 1988, el relleno Doña Juana no ha dejado de ser una historia de conflictos y daños permanentes para la ciudad y sus habitantes, afectando en primera instancia a los pobladores de las veredas Mochuelo Alto y Bajo pero, con el paso de los años ampliando su impacto sobre las localidades de Ciudad Bolívar, Usme y Tunjuelito, para un tiempo después impactar toda la ciudad.

Durante estas más de tres décadas, los perjuicios a la ciudad y al medio ambiente han sido de diverso tipo: las familias campesinas han sido golpeadas por la intervención institucional, negándoles su actividad productiva y sus relaciones históricas y ancestrales con el territorio; se alteraron los cauces naturales de las quebradas Puente Tierra, el Botello e Hierbabuena: los lexiviados han penetrado el conjunto de la cuenca contaminando aguas y envenenando la tierra; los malos olores y el inadecuado manejo del depótico de desechos de una ciudad de millones de pobladores, más los que llegan desde municipios aledaños, han multiplicado los roedores, moscan, zancudos y otros insectos, impactando la salud de quienes aún se resisten a dejar sus alrededores.

Algo que no solo los afecta y concierne a ellos, pues con los cuatro deslizamientos que han removido a la inmensa montaña de residuos, acaecidos en los años 1997, 2012, 2015 y 2020, toda la urbe ha sido impactada, con especial afectación en 1997 cuando el derrumbe arrojó un aproximado de un millón de toneladas de residuos que alcanzaron a llegar al cauce del Río Tunjuelo, afluente principal del Río Bogotá, inundando el Sur de la ciudad con olores nauseabundos, proliferación de roedores y moscas en los barrios cercanos,

Recordar también que hasta el año 2001 los lixiviados eran arrojados al Río Tunjuelito sin tratamieneto previo, luego de lo cual, a pesar de algunas medidas implementadas para su tratamiento, la situación se mantiene en niveles superiores a lo permitido, de manera que la contaminación que propicia su inadecuado tratamiento dispersa por toda la cuenca metano, amoniaco, ácido sulfhídrico, mercaptanos, altos niveles de contaminación bacteriológica con coliformes fecales y más organismos patógenos.

Es de destacar que la movilización social de sectores de pobladores ubicados en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado mediar para que los efectos de la disposición de basuras no hayan sido más catastróficos para la ciudad; una acción propositiva que los ha llevado a proponer innumerables salidas para la superación de esta probremática: desmonte del Botadero Doña Juana, implementación de un sistema de manejo de basuras que involucre los diferentes sectores de la economía, al igual que el desarrollo de una política de consumo responsable, manejo integral de los residuos que implique biogasificación, compostaje, conversión, reutilización y transformación final de las basuras, dando reconocimiento y participación a las comunidades y recicladores de oficio, entre otras. Lo triste y paradójico es que ninguna de estas propuestas comunitarias se han implementado.

Y no solo esto, contrario a lo propuesto y a las mismas evidencias arrojadas por la naturaleza y sus pobladores durante estas décadas, la administración Peñalosa no solo no cumplió con la demanda del cierre de Doña Juana sino que en el 2019 la amplió, agravando y prolongando a futuro la problemática ambiental que el relleno sanitario significa; acción antipopular que acompañó con el desmonte del plan “Bogotá basura cero” y con la privatizando del segmento de recolección de basura logrado para la ciudad por la alcadía que le antecedió.

¿Qué le espera a los habitantes de Bogotá? El panorama no es nada halagüeño: las tarifas de recolección de basura subieron desmedidamente en septiembre del 2019, y el operador exige mayor pago por tonelada –so pena de abandonar el manejo del botadero–, la administración baraja la posibilidad de quemar la basura para reducir el volumen de los desechos, lo que generaría mayor gasto de energía y un mayor daño a la salud de los bogotanos y de la región.

Por el momento, la actual directora de la Uaesp y la alcaldesa eluden el tema de darle una salida de fondo a una problemática que desde hace 32 años vive la ciudad.

Podemos concluir diciendo, que lo sucedido durante estas décadas es que las alcaldías que han estado al frente de la ciudad han carecido de voluntad política, de una concepción adecuada y responsable sobre el medio ambiente, así como de visión política y técnica para solucionar uno de los principales problemas de afecta a la principal urbe del país.

 

Reto

 

El manejo de las basuras en la ciudad es prioritario, y es deber del conjunto de liderazgos y de las organizaciones sociales con asiento en ella actuar para dejar en el pasado esta historia de atentados contra el medio ambiente, contra el territorio sur de Bogotá y contra sus pobladores.

Solucionar la problemática descrita no puede seguir siendo bandera solo de las organizaciones y de los pobladores del sur bogotano. Es necesario asumir entre el conjunto que somos una estrategia integral que permita, por medio de proyectos concretos, reducir los niveles de desperdicios en los hogares, ayudar en labores educativas, al tiempo que exigimos cambios en las políticas distritales y nacionales que obliguen a las empresas a asumir un mayor compromiso con los materiales y desechos que generan; a la par, implementar plantas que permitan la reutilización y transformación de los desechos, concretar alianzas público comunitarias que permitan disputarle el manejo en las decisiones y administración de la ciudad a los que históricamente han decidido su destino, todo lo cual no solo permitirá mejorar las condiciones ambientales y de salud para los habitantes de Bogotá y Cundinamarca sino que también sería parte de la solución para el grave problema de desempleo que se padece en los barrios populares.

Como puede concluirse, son inmensos los retos, pero no podemos esperar que las soluciones nos las den los actuales administradores y políticos, a los que solo les interesa aumentar sus ingresos para así financiar su siguiente campaña. La solución está en nosotros. Iniciemos una divulgación masiva de la problemática que nos aqueja y establezcamos estrategias comunes que nos permitan concretar los objetivos planteados por los líderes y las comunidades que ya han asumido esta gran tarea.

 

 

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Reunión del iuFOR para trabajar en el desarrollo del Plan Estratégico, https://www.flickr.com/photos/147451313@N04/

El proyecto de acuerdo del Plan de Desarrollo Distrital (PDD) Económico, Social, Ambiental y de Obras Públicas del Distrito Capital 2020-2024 “Un Nuevo Contrato Social y Ambiental para la Bogotá del siglo XXI” ha contado con varios cambios, la primera versión presentada al Consejo Territorial de Planeación Distrital –Ctpd– el 28 de febrero de 2020 contaba con 5 propósitos, 30 logros, 17 programas estratégicos, 70 programas generales, indicadores y metas; en la revisión de 11 de marzo se tuvo una reducción a 65 programas generales, 79 indicadores, 539 metas de sector. En el entregado al Concejo de Bogotá se reducen los programas generales a 58 y las metas de sector a 513.

El PDD de Bogotá se basa en los objetivos de desarrollo sostenible (1) de los cuales el número 14 no se puede desarrollar, en este sentido no es claro cómo y en qué porcentaje se pretende cumplir con los objetivos, y aunque es un contrato social cabe resaltar que el mismo le da peso al mercado, así queda reflejado en el Título II, capítulo I, artículo 8, pág. 62. En la primera versión del 28 de febrero y del 11 de marzo era más evidente en el artículo (2) “El nuevo Contrato Social y Ambiental es un esfuerzo deliberado y conjunto entre la ciudadanía, las empresas y el Estado (3)”.

Frente a temas ambientales, en el contrato social se menciona el POT y la recuperación de la Estructura Ecológica Principal –EEP–, aunque es importante que se mencione si quedan dudas sobre cómo se está pensando o cuáles son las bases para el nuevo POT, ya que se propone tenerlo listo en noviembre, y uno de los grandes debates al POT de Peñalosa fue la falta de participación de la gente, la construcción de grandes propuestas inmobiliarias como Ciudad Río, Lagos de Tunjuelo, Ciudad Usme, Lagos de Torca, y en esta crisis de salud el tema de participación ha sido y es bien limitada.

Así mismo, dentro del PDD no se refleja la manera cómo se fortalecerá la EEP, ya que la crisis ambiental no se mira de forma profunda, la emergencia climática no cuenta con políticas ni presupuesto para mitigar esta problemática, ejemplo de lo cual es que a principios de año Bogotá tenía alerta amarilla y naranja en varias localidades (4), pero el PDD plantea fortalecer el sector movilidad con $36.919.236 (5) frente al sector ambiente con $1.345.877

El PDD se basa en 5 propósitos, los cuales serán su eje en estos cuatro años, los mismos que se han tenido que modificar frente a la actual crisis por el covid-19, la que nos ha llevado a cambiar modos de vida, la virtualidad nos ha mostrado nuestras fortalezas y debilidades. Valga resaltar que dentro de las fortalezas están las organizaciones sociales, las primeras en responder en los barrios populares con jornadas de recolección de alimentos e identificando sectores vulnerables, también las iniciativas por volver a las ollas comunitarias; organizaciones que también han sido las primeras en informar de abusos de la fuerza pública tanto en desalojos como en los plantones donde se reclamaba ser escuchados por la administración, sin encontrar eco.

Los 5 propósitos del PDD son: 1. Hacer un nuevo contrato social con igualdad para la inclusión social, productiva y política, este cuenta con 12 logros de ciudad; 2. Cambiar nuestros hábitos de vida para reverdecer a Bogotá y adaptarnos y mitigar la crisis climática, con 8 logros de ciudad; 3. Inspirar confianza y legitimidad para vivir sin miedo y ser epicentro de cultura, paz y reconciliación, con 5 logros de ciudad; 4. Hacer de Bogotá-Región un modelo de movilidad, incluyente y sostenible, con un logro de ciudad; 5. Construir Bogotá-Región con gobierno abierto, transparente y ciudadanía consciente, con cuatro logros de ciudad.

Si bien los propósitos 4 y 5 del PDD apuntan a una Bogotá-Región, es llamativo que el presupuesto para el sector de Planeación –que es el que debería asumir esos dos propósitos– no cuenta con la reserva para desarrollarlo. También se ve que el sector Cultura y el sector Ambiente son de los más perjudicados perdiendo aproximadamente un 50 por cieneto de sus recursos y es el sector Cultura uno de los más afectados en esta época de pandemia ya que fueron los primeros en cerrar sus salas y serán los últimos en reactivar su economía.

El tema de movilidad sigue como el que cuenta con mayor recurso, para invertir en un metro elevado que no cuenta con estudios técnicos; se plantea adelantar el metro cable en San Cristóbal –que tiene estudios de factibilidad hace cuatro años–, pero se sigue invirtiendo en Transmilenio el cual no ha podido resolver problemas como frecuencia de los buses rojos, hacinamiento en los articulados, y en tiempos de pandemia puede ser un foco potencial de contagio.

Aquí un debate desde las organizaciones sociales, que proponemos que la ciudad debe cambiar los contratos que dan legalidad a Transmilenio pues en ellos la ciudad solo recupera un 5 por ciento de lo invertido. De igual manera, revisar el tema SITP pues el mismo no llega a todos los rincones de la ciudad. Al mismo tiempo, se proyecta la ampliación de ciclovías, pero sin garantías para la movilidad –pintan de azul unos tramos de las rutas, y así creen que la movilidad queda resuelta, a pesar de los cruces con bicitaxis y transportes privados.

En temas de salud se continua con las APP y fortaleciendo un modelo de Ley 100 el cual debe cambiarse, y crear un modelo de salud que facilite a los ciudadanos su atención inmediata, sobre todo cuando el coronavirus no es algo que vaya a pasar de la noche a la mañana –se prevee que puede durar unos dos años, con varios picos de contagio si no se toman medidas a tiempo. No solo es la atención y prevención de los contagios, es trabajar la salud en todos sus niveles si bien la idea es quedarse en casa es indispensable la atención en el hogar por que la sociedad vive varios males y debe estar valorándose constantemente en todos los campos: salud mental, nutrición, odontología, etcétera. La idea no es estar encerrados y que las EPS se sigan enriqueciendo sin atender a sus usuarios.

En otro aspecto del PDD, es importante fortalecer la ETB y logran dar conectividad a la mayoría de la población, brindar fibra óptica para mejor conectividad ya que el propósito 5 habla sobre Gobierno Abierto –Gabo. Como es claro, tendremos que pasar por varias cuarentenas si no se controla el covid-19, y el teletrabajo y la educación en casa, que antes se veía lejano, ahora es un reto de ciudad, el cual no estaba contemplado y debemos asumirlo, para lo cual, además de la conectividad, se requieren herramientas tecnológicas, mucho más cuando no todos los hogares cuentan con equipos suficientes. En este sentido, el PDD debe ir caminando hacia una ciudad inteligente que, incluso a nivel nacional en su Plan Nacional de Desarrollo, debería pensar en nacionalizar la banca, y a nivel Distrital volver Trasnmilenio en una empresa del Distrito.

 


Asimismo, es importante en esta nueva etapa de la sociedad que el PDD aborde la soberanía y la seguridad alimentaria: en el presente y en el futuro el problema es de hambre, y es por ello que el abastecimiento de la ciudad debe constituirse en una prioridad creando alianzas públicos comunitarias que permitan crear redes de abastecimiento, redes de distribución y redes de consumo; la visión de Bogotá-Región nos debe garantizar crear mecanismos para abrir el camino del campo a la ciudad sin intermediarios, fortaleciendo la organización social. El PDD no debe proponerse salvar al sector privado del mercado y los constructores.

En temas de educación debe adelantarse con la gratuidad de la educación, en la ampliación de los cupos y programas universitarios; somos más de 7 millones de habitantes y la plusvalía que genera la ciudad debe redistribuirse entre los ciudadanos; los impuestos que se pagan se deben ver reflejados en una educación de calidad. No estábamos preparados para la virtualidad; las pruebas saber 11 se han aplazado, la Universidad Distrital debe brindarle oportunidades a la ciudad.

En igual sentido, PDD debe garantizar el derecho a la ciudad y el territorio, el derecho a pensarse la ciudad a vivirla y a disfrutarla, entendiendo que somos una urbe que tiene sus particularidades y que son muchas las formas de habilitarla. Así, reconociendo los 14 pueblos indígenas que habitan acá, más los afros, raizales y el pueblo Rom, debe incluirse un capítulo especial para todos ellos en el PDD.

Al mismo tiempo, es fundamental pensarse la ciudad para las personas en condición de discapacidad brindando oportunidades a las y los cuidadores en temas de estudio, vivienda, salud, lo mismo que con el sector Lgbti, el enfoque diferencial y de derechos debe seguir siendo parte de la política social.

Si bien Bogotá Solidaria va a concentrar una parte importante de los recursos, es necesario que ponga en práctica las alianzas público-comunitarias con las organizaciones sociales que saben las problemáticas de la ciudad; desde el Distrito se debe avanzar la discusión de una Renta básica o mínimo vital, es un clamor ciudadano y la pandemia nos está dando el espacio para cambiar lo que está mal, es el momento de pensar en el desarrollo y el ordenamiento de las ciudades de cara a la gente, no es salvar a los bancos, es construyendo una nueva forma de habitar el territorio, de armonizar al ser humano con la naturaleza, de ordenar el territorio alrededor del agua, de fortalecer las redes de solidaridad.

Es tiempo de cambio. Han sido más de seis meses de gente en las calles buscando una transformación, el 21N permitió adelantar la discusión de hacia dónde marcar el rumbo de la ciudad, de no repetir errores del pasado y de avanzar en común-unidad, ¿sino es ahora cuándo?, ¿si no somos nosotros y nosotras, quiénes?

1 https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals.html
2 http://www.sdp.gov.co/sites/default/files/3._proyecto_de_articulado.pdf
3 Proyecto de Acuerdo Plan Distrital de Desarrollo 2020 - 2024
5 Cifras en millones de pesos

 

 

 

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Publicado enEdición Nº268
Reunión del iuFOR para trabajar en el desarrollo del Plan Estratégico, https://www.flickr.com/photos/147451313@N04/

El proyecto de acuerdo del Plan de Desarrollo Distrital (PDD) Económico, Social, Ambiental y de Obras Públicas del Distrito Capital 2020-2024 “Un Nuevo Contrato Social y Ambiental para la Bogotá del siglo XXI” ha contado con varios cambios, la primera versión presentada al Consejo Territorial de Planeación Distrital –Ctpd– el 28 de febrero de 2020 contaba con 5 propósitos, 30 logros, 17 programas estratégicos, 70 programas generales, indicadores y metas; en la revisión de 11 de marzo se tuvo una reducción a 65 programas generales, 79 indicadores, 539 metas de sector. En el entregado al Concejo de Bogotá se reducen los programas generales a 58 y las metas de sector a 513.

El PDD de Bogotá se basa en los objetivos de desarrollo sostenible (1) de los cuales el número 14 no se puede desarrollar, en este sentido no es claro cómo y en qué porcentaje se pretende cumplir con los objetivos, y aunque es un contrato social cabe resaltar que el mismo le da peso al mercado, así queda reflejado en el Título II, capítulo I, artículo 8, pág. 62. En la primera versión del 28 de febrero y del 11 de marzo era más evidente en el artículo (2) “El nuevo Contrato Social y Ambiental es un esfuerzo deliberado y conjunto entre la ciudadanía, las empresas y el Estado (3)”.

Frente a temas ambientales, en el contrato social se menciona el POT y la recuperación de la Estructura Ecológica Principal –EEP–, aunque es importante que se mencione si quedan dudas sobre cómo se está pensando o cuáles son las bases para el nuevo POT, ya que se propone tenerlo listo en noviembre, y uno de los grandes debates al POT de Peñalosa fue la falta de participación de la gente, la construcción de grandes propuestas inmobiliarias como Ciudad Río, Lagos de Tunjuelo, Ciudad Usme, Lagos de Torca, y en esta crisis de salud el tema de participación ha sido y es bien limitada.

Así mismo, dentro del PDD no se refleja la manera cómo se fortalecerá la EEP, ya que la crisis ambiental no se mira de forma profunda, la emergencia climática no cuenta con políticas ni presupuesto para mitigar esta problemática, ejemplo de lo cual es que a principios de año Bogotá tenía alerta amarilla y naranja en varias localidades (4), pero el PDD plantea fortalecer el sector movilidad con $36.919.236 (5) frente al sector ambiente con $1.345.877

El PDD se basa en 5 propósitos, los cuales serán su eje en estos cuatro años, los mismos que se han tenido que modificar frente a la actual crisis por el covid-19, la que nos ha llevado a cambiar modos de vida, la virtualidad nos ha mostrado nuestras fortalezas y debilidades. Valga resaltar que dentro de las fortalezas están las organizaciones sociales, las primeras en responder en los barrios populares con jornadas de recolección de alimentos e identificando sectores vulnerables, también las iniciativas por volver a las ollas comunitarias; organizaciones que también han sido las primeras en informar de abusos de la fuerza pública tanto en desalojos como en los plantones donde se reclamaba ser escuchados por la administración, sin encontrar eco.

Los 5 propósitos del PDD son: 1. Hacer un nuevo contrato social con igualdad para la inclusión social, productiva y política, este cuenta con 12 logros de ciudad; 2. Cambiar nuestros hábitos de vida para reverdecer a Bogotá y adaptarnos y mitigar la crisis climática, con 8 logros de ciudad; 3. Inspirar confianza y legitimidad para vivir sin miedo y ser epicentro de cultura, paz y reconciliación, con 5 logros de ciudad; 4. Hacer de Bogotá-Región un modelo de movilidad, incluyente y sostenible, con un logro de ciudad; 5. Construir Bogotá-Región con gobierno abierto, transparente y ciudadanía consciente, con cuatro logros de ciudad.

Si bien los propósitos 4 y 5 del PDD apuntan a una Bogotá-Región, es llamativo que el presupuesto para el sector de Planeación –que es el que debería asumir esos dos propósitos– no cuenta con la reserva para desarrollarlo. También se ve que el sector Cultura y el sector Ambiente son de los más perjudicados perdiendo aproximadamente un 50 por cieneto de sus recursos y es el sector Cultura uno de los más afectados en esta época de pandemia ya que fueron los primeros en cerrar sus salas y serán los últimos en reactivar su economía.

El tema de movilidad sigue como el que cuenta con mayor recurso, para invertir en un metro elevado que no cuenta con estudios técnicos; se plantea adelantar el metro cable en San Cristóbal –que tiene estudios de factibilidad hace cuatro años–, pero se sigue invirtiendo en Transmilenio el cual no ha podido resolver problemas como frecuencia de los buses rojos, hacinamiento en los articulados, y en tiempos de pandemia puede ser un foco potencial de contagio.

Aquí un debate desde las organizaciones sociales, que proponemos que la ciudad debe cambiar los contratos que dan legalidad a Transmilenio pues en ellos la ciudad solo recupera un 5 por ciento de lo invertido. De igual manera, revisar el tema SITP pues el mismo no llega a todos los rincones de la ciudad. Al mismo tiempo, se proyecta la ampliación de ciclovías, pero sin garantías para la movilidad –pintan de azul unos tramos de las rutas, y así creen que la movilidad queda resuelta, a pesar de los cruces con bicitaxis y transportes privados.

En temas de salud se continua con las APP y fortaleciendo un modelo de Ley 100 el cual debe cambiarse, y crear un modelo de salud que facilite a los ciudadanos su atención inmediata, sobre todo cuando el coronavirus no es algo que vaya a pasar de la noche a la mañana –se prevee que puede durar unos dos años, con varios picos de contagio si no se toman medidas a tiempo. No solo es la atención y prevención de los contagios, es trabajar la salud en todos sus niveles si bien la idea es quedarse en casa es indispensable la atención en el hogar por que la sociedad vive varios males y debe estar valorándose constantemente en todos los campos: salud mental, nutrición, odontología, etcétera. La idea no es estar encerrados y que las EPS se sigan enriqueciendo sin atender a sus usuarios.

En otro aspecto del PDD, es importante fortalecer la ETB y logran dar conectividad a la mayoría de la población, brindar fibra óptica para mejor conectividad ya que el propósito 5 habla sobre Gobierno Abierto –Gabo. Como es claro, tendremos que pasar por varias cuarentenas si no se controla el covid-19, y el teletrabajo y la educación en casa, que antes se veía lejano, ahora es un reto de ciudad, el cual no estaba contemplado y debemos asumirlo, para lo cual, además de la conectividad, se requieren herramientas tecnológicas, mucho más cuando no todos los hogares cuentan con equipos suficientes. En este sentido, el PDD debe ir caminando hacia una ciudad inteligente que, incluso a nivel nacional en su Plan Nacional de Desarrollo, debería pensar en nacionalizar la banca, y a nivel Distrital volver Trasnmilenio en una empresa del Distrito.

 


Asimismo, es importante en esta nueva etapa de la sociedad que el PDD aborde la soberanía y la seguridad alimentaria: en el presente y en el futuro el problema es de hambre, y es por ello que el abastecimiento de la ciudad debe constituirse en una prioridad creando alianzas públicos comunitarias que permitan crear redes de abastecimiento, redes de distribución y redes de consumo; la visión de Bogotá-Región nos debe garantizar crear mecanismos para abrir el camino del campo a la ciudad sin intermediarios, fortaleciendo la organización social. El PDD no debe proponerse salvar al sector privado del mercado y los constructores.

En temas de educación debe adelantarse con la gratuidad de la educación, en la ampliación de los cupos y programas universitarios; somos más de 7 millones de habitantes y la plusvalía que genera la ciudad debe redistribuirse entre los ciudadanos; los impuestos que se pagan se deben ver reflejados en una educación de calidad. No estábamos preparados para la virtualidad; las pruebas saber 11 se han aplazado, la Universidad Distrital debe brindarle oportunidades a la ciudad.

En igual sentido, PDD debe garantizar el derecho a la ciudad y el territorio, el derecho a pensarse la ciudad a vivirla y a disfrutarla, entendiendo que somos una urbe que tiene sus particularidades y que son muchas las formas de habilitarla. Así, reconociendo los 14 pueblos indígenas que habitan acá, más los afros, raizales y el pueblo Rom, debe incluirse un capítulo especial para todos ellos en el PDD.

Al mismo tiempo, es fundamental pensarse la ciudad para las personas en condición de discapacidad brindando oportunidades a las y los cuidadores en temas de estudio, vivienda, salud, lo mismo que con el sector Lgbti, el enfoque diferencial y de derechos debe seguir siendo parte de la política social.

Si bien Bogotá Solidaria va a concentrar una parte importante de los recursos, es necesario que ponga en práctica las alianzas público-comunitarias con las organizaciones sociales que saben las problemáticas de la ciudad; desde el Distrito se debe avanzar la discusión de una Renta básica o mínimo vital, es un clamor ciudadano y la pandemia nos está dando el espacio para cambiar lo que está mal, es el momento de pensar en el desarrollo y el ordenamiento de las ciudades de cara a la gente, no es salvar a los bancos, es construyendo una nueva forma de habitar el territorio, de armonizar al ser humano con la naturaleza, de ordenar el territorio alrededor del agua, de fortalecer las redes de solidaridad.

Es tiempo de cambio. Han sido más de seis meses de gente en las calles buscando una transformación, el 21N permitió adelantar la discusión de hacia dónde marcar el rumbo de la ciudad, de no repetir errores del pasado y de avanzar en común-unidad, ¿sino es ahora cuándo?, ¿si no somos nosotros y nosotras, quiénes?

1 https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals.html
2 http://www.sdp.gov.co/sites/default/files/3._proyecto_de_articulado.pdf
3 Proyecto de Acuerdo Plan Distrital de Desarrollo 2020 - 2024
5 Cifras en millones de pesos

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Miércoles, 13 Mayo 2020 08:18

La calle es la clave

La calle es la clave

Las calles vacías han puesto en evidencia que el espacio público es imprescindible para la cohesión social y aquello que nos mantiene unidos como comunidad.

 

“La calle es la clave, la clave es la calle”

(Club de los Poetas Violentos) - La saga continúa 24/7 (1997)

 

Esta crisis sanitaria del Covid-19 había sido anunciada, y con esa misma esencia premonitoria está revelando de manera cruda tantas realidades e intuiciones que habían sido enunciadas por muchos las últimas décadas; desde la importancia vital de los servicios públicos a la interdependencia social para mantener los cuidados, pasando por la necesaria revisión de nuestra relación con el planeta. Pero hay una cuestión que me parece transcendental y absolutamente tranversal a casi todos los ámbitos a los que esta crisis afecta, y es la revelación del espacio público como mecanismo para la garantía de derechos, reequilibrio de oportunidades y cohesión social.

Con casi la mitad de la población mundial confinada en los momentos más duros de la pandemia, las calles vacías han puesto en evidencia cómo el espacio público es imprescindible para que tengan lugar todas aquellas actividades que favorecen la cohesión social y nos mantienen unidos como comunidad.

El espacio público se muestra más que nunca necesario para garantizar las relaciones sociales y equilibrar déficits y desigualdades entre las condiciones de la vivienda a la que cada persona tiene acceso, por desgracia mucho más precarias de lo que sería deseable, el espacio público es en estos casos, condición de reequilibrio de las posibles carencias: superficie, soleamiento, aire, o simplemente espacio para desenvolver encuentros que hoy en día no son posibles en muchas viviendas.

El acceso al espacio público es imprescindible especialmente para las personas más vulnerables, pequeñas y mayores. Para las primeras, es necesario para su desarrollo personal, su autonomía, su educación y aprendizaje. Basta recordar para entenderlo, todo aquello que cada uno de nosotros ha vivido y aprendido en el espacio público, individual o colectivamente, interactuando con los demás. Que este ámbito de crecimiento no desaparezca ni se limite sino que aumente y se enriquezca, es básico también para que la conciliación sea posible y la brecha de género no se dispare, especialmente en estos momentos de incertidumbre respecto a la asistencia escolar reglada o los nuevos modelos laborales. Un espacio público rico y seguro es clave para una educación plena.

En el caso de los mayores, el espacio público seguro, que garantice la accesibilidad universal, es clave para la independencia y la autonomía personal, clave para otro modelo vital distinto al de la residencias de ancianos al que hemos condenado a muchos de nuestros mayores. No olvidemos que las residencias que permiten una vida, son aquellas que cuentan con servicios básicos a su alrededor, y por lo tanto una conectividad natural con el espacio público que las circunda.

Son dos ejemplos, quizás los más extremos de como una ciudad que piensa en los más vulnerables es una ciudad pensada para todas las personas.

Todo apunta a que esta realidad pandémica, y la percepción social que ha generado, han venido para quedarse, cuando menos mientras no consigamos una vacuna con garantías, o hasta que llegue la siguiente ola. Esto debería hacernos estar alerta para que el argumento de la seguridad sanitaria no sea una razón para la desdemocratización del espacio público a través del control social, y pensar que las actuales circunstancias son una oportunidad para mejorar la calidad del espacio urbano y facilitar su uso. Una oportunidad para que se visibilice el desequilibrio existente en el uso del espacio público entre el coche y el peatón, y de como otro uso del espacio libre es posible, para que las modificaciones que se están realizando en el espacio público en muchas partes del mundo puedan convertirse en definitivas, consolidar un reparto más justo del escaso espacio de nuestras ciudades y marcar las pautas del diseño urbano en el futuro, especialmente en los barrios más densos con una menor proporción de zonas libres per cápita y habitualmente con unos estándares de vivienda más precarios.

La mejor manera de conseguir un uso verdaderamente democrático del espacio es a través de una ciudad que favorezca la proximidad, donde sea posible realizar una vida plena en tu entorno inmediato, desde el ocio al trabajo pasando por la educación, la salud o la consecución de bienes de primera necesidad. Para conseguir esa ciudad próxima es preciso ejecutar intervenciones en el espacio público que garanticen su uso seguro y cómodo para todas las personas, especialmente las más vulnerables, con actuaciones de mejora que entrelacen los espacios de uso diario (servicios locales, equipamiento, espacios de ocio ...) dando continuidad a las rutas peatonales principales y conectando las diferentes partes de la ciudad, especialmente los barrios periféricos entre si, barrios que muchas veces han sido aislados del resto de la ciudad y de su entorno inmediato por la construcción de grandes infraestructuras pensadas especialmente para el transporte privado. Esta búsqueda de la conectividad es clave para acabar con la dicotomía centro/periferia y la dependencia de usos y funciones que los barrios sufren por el modelo urbano predominante.

Para conseguir esta ciudad de proximidad es esencial el ámbito de la movilidad sostenible y segura. Para evitar la dependencia del vehículo privado, es necesario favorecer y potenciar todas las alternativas posibles de las que por orden de eficiencia, universalidad y economía de recursos. Enumero las tres que considero prioritarias:

Favorecer la movilidad peatonal, extendiendo la sección de aceras que soportan tráfico peatonal alto, peatonalizando aquellas calles donde es posible la desaparición o compatibilización del tráfico vehicular con los peatones, ampliando el espacio peatonal en los accesos y alrededores de equipamientos y servicios que conllevan una alta concentración de personas, garantizando la accesibilidad universal en el espacio público, con especial atención a la resolución de barreras arquitectónicas, especialmente al ensanchamiento de aceras estrechas que hacen imposible garantizar la distancia espacial entre las personas.

Potenciar el uso de la bicicleta, como medio de transporte sostenible unipersonal, posibilitando rutas seguras, aumentando las dotaciones y régimen de oferta para el estacionamiento, implementando servicios públicos de bicicleta con asistencia al pedaleo y garantizando la universalidad de su uso, favoreciendo el acceso a las personas más vulnerables, independientemente de su condición física o económica.

Garantizar acceso al transporte público colectivo, especialmente en las circunstancias actuales en las que se prevé una reducción en su uso debido a las cautelas sanitarias. Para suplir esa menor ocupación de los vehículos, es necesario un aumento de la oferta de transporte público, ya sea con una nueva flota móvil o con un mayor uso de la flota móvil existente, por medio de recorridos prioritarios y prioridad en las intersecciones, la reducción del impacto de la hora punta mediante la regulación de los horarios de entrada y salida de los principales centros de trabajo, grandes empresas, administraciones y centros educativos de cualquier ámbito, así como unos protocolos de desinfección de vehículos y medidas de higiene que eviten la desconfianza hacia estos medios de transporte.

La salida de esta crisis tiene que ser comunitaria y solidaria, como ya se está demostrando de manera empírica con el trabajo de todas esas personas, desde las cajeras a las transportistas, repartidoras o sanitarias, que están manteniendo la sociedad en equilibrio, en muchos casos a pesar de una gran precariedad propiciada por las políticas de austeridad de los últimos años. La potenciación de lo común tiene que ser el camino también respecto al espacio público, lo peor que nos podría pasar sería que en adelante prolifere el control social del espacio público o el modelo de comunidades cerradas y apartadas, más dañino social y ecológicamente.

La forma de la ciudad es el resultado de las luchas de intereses y las circunstancias del paso de la historia, pero los ejemplos positivos parten siempre de la construcción colectiva. Esta situación dejará su huella, en las ciudades ya lo está haciendo con multitud de intervenciones de reconquista del espacio libre a favor del peatón. Los conos y la pintura nos están demostrando empíricamente que cuanto más amable es la ciudad, cuanto más fácil es recorrerla sin depender del vehículo privado, menos necesario es este, y menos espacio libre consume. Un círculo virtuoso.

Aprovechemos la ola e intentemos que de alguna manera sea positiva, convirtiendo las actuaciones provisionales en definitivas, para que en el futuro tengamos más y mejor espacio público, libre y para todas.

Por XIAO VARELA GÓMEZ

ES ARQUITECTO Y EXCONCEJAL DE REGENERACIÓN URBANA Y DERECHO A LA VIVIENDA EN A CORUÑA POR LA MAREA ATLÁNTICA (2015-2019)

13 MAY 2020 06:51

Publicado enSociedad
Viernes, 08 Mayo 2020 06:44

La idiotez de la vida urbana

La idiotez de la vida urbana

Un amigo mexicano, hace ya más de una década me preguntó: ¿Qué situación se crearía si en la Ciudad de México hubiera un colapso hídrico? Nunca había imaginado tal posibilidad, por lo que me quedé sin palabras. Sin duda, a los pocos días, la situación se volvería caótica, habría violencia por el agua y mucha gente intentaría abandonar la mega ciudad, convertida en una trampa de la cual no sería fácil escapar.

Desde hace un mes se está produciendo un hecho insólito en Lima, y en menor escala en varias ciudades de provincia en Perú. Miles de personas abandonan la capital, cuya área metropolitana supera los 10 millones de habitantes (9.5 millones según datos oficiales de 2017). Pero el problema de Lima no es sólo la enorme concentración de población. Hay, por lo menos, dos temas adicionales.

El primero, es que creció de forma exponencial, como buena parte de las urbes de América Latina. En 1957 Lima tenía 1.2 millones de habitantes. En 1981 eran casi 6 millones. En 2004 llegaban a 8.5 millones, siendo 60 por ciento migrantes andinos que habían construido tres enormes conos (norte, este y sur), incluyendo los servicios, las viviendas y buena parte de los espacios colectivos.

El segundo, es la enorme vulnerabilidad de los sectores populares. El 70 por ciento trabaja en lo que el Estado llama informalidad: comercio ambulante en mercados y en las calles, elaboración y venta de alimentos, manufacturas del más diverso tipo, desde ropa hasta videos, además de varias actividades ilegales. Por último, Lima vive sobre un desierto que no tiene agua, árido y despoblado, helado y calcinante según temporadas.

La avalancha de migrantes fue descrita por el antropólogo José Matos Mar como desborde popular, en la década de los 80. ¿Cómo habría que nombrar ahora la migración inversa, el abandono masivo de la gigantesca y opresiva ciudad?

Los datos son muy elocuentes. Ante la salida incluso a pie de familias enteras, que en la larga caminata duermen donde pueden, corriendo enormes riesgos (ya hubo ahogados cruzando ríos y asesinados para robarles), el Estado abrió un registro para trasladarlos. El 25 de abril había 167 mil personas que querían retornar a sus pueblos o ciudades. Menos de 5 mil fueron transportados por el Estado (https://bit.ly/2xGrBBi).

Evidentemente son muchísimos más los que ya han salido y los que desean hacerlo. Huyen del hambre, de la soledad, de la insolidaridad. Familias enteras con sus hijos e hijas, buscan llegar a sus pueblos donde los esperan parientes que cultivan sus chacras y pueden abrazarlas con alimentos.

El historiador Fernand Braudel decía que el momento del naufragio es el más significativo, porque hace visibles los puntos de ruptura, las fallas en la construcción y los diseños defectuosos. En nuestras sociedades, esos defectos estructurales son el individualismo, el consumismo y todas las actitudes que entre los sectores populares son funcionales al capitalismo.

De poco sirve echar las culpas al sistema (capital o Estado) de nuestros males si, a la vez, no proponemos y transitamos caminos para superarlos. No tengo la menor duda que el sistema capitalista, el mismo que funciona en Estados Unidos, Europa o China, tiene una enorme responsabilidad en la pandemia y, de modo muy particular, en la enorme mortandad que provoca entre los más pobres.

Datos revelados por el diario O Globo el pasado primero de mayo sobre Río de Janeiro, no dejan lugar a dudas. Mientras en Leblon la tasa de letalidad de los infectados es de 2.4 por ciento, en el complejo de favelas Maré llega a 30.8 por ciento. Información que nos dice que la letalidad entre los pobres es 13 veces mayor que entre los ricos.

No creo en los analistas que dicen que la pandemia nos coloca a las puertas del comunismo, o que ahora la humanidad tiene la posibilidad de cambiar el rumbo. No veo el menor síntoma de que algo así esté en camino y, por el contrario, observamos cómo los poderosos intensifican sus planes genocidas: desde la masificación del teletrabajo y el control digital hasta megaobras como el Tren Maya, entre muchas otras.

La frase de Marx alterada, que titula este artículo (mencionó la estupidez de la vida rural, en el Manifiesto del Partido Comunista), no debería ser tomada al pie de la letra, sino valorarla como un legado del tiempo que le tocó vivir. Marx consideraba a la burguesía como revolucionaria y confiaba plenamente en el desarrollo de las fuerzas productivas y los avances tecnocientíficos como garantía del progreso de la humanidad.

No estamos obligados a insistir en ese modo de razonar. Siglo y medio atrás no existían ni el feminismo ni el anticolonialismo, que se desplegaron plenamente en el siglo XX y que deberían haber cambiado nuestra forma de ver el mundo con la emergencia de sujetos colectivos como los pueblos originarios y las mujeres de los sectores populares.

Nuestra fidelidad debería ser con los pueblos, que van por delante de cualquier teoría, como nos enseñan ahora las migrantes que abandonan Lima.

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Crónicas del temor, y de la esperanza (1)

Bogotá. Marzo 19, a dos horas de iniciar el simulacro.

Las luces ya no son las mismas, su intensidad ahora es tenue. Parece irreal pero a pesar del calendario asegurarnos que es jueves, día laboral, la intensidad de la ciudad se apaga. Los carros, a pesar de no dejar de rodar, notoriamente son muchos menos, y en los buses parece transportarse un fantasma. Las tiendas y almacenes, unos sí otros no, han cerrado sus cortinas y dejado de atender. En otras, con puertas entreabiertas, la gente hace fila para poder ingresar.

El ambiente de los días previos ya lo anunciaba. No del día anterior, ni del anterior, sino los de una semana atrás, durante los cuales, día tras día las calles se iban vaciando de gente, y la sensación de irrealidad lo iba cubriendo todo. En los medios de comunicación minuto a minuto anuncian el avance sin cesar de lo que habrá de llegar. Tal vez por ello, advertida, la gente se carga de resignación. Los que han dejado de salir, refugiados en sus casas –como a la espera de un bombardeo–, en su respuesta no ocultan el temor a la calle, acción con la creen evadir el blanco ante el invisible enemigo.

También el rostro de la gente ha mutado. De aquellos despejados, cubiertos solamente por las señales de afán y angustia, hemos llegado a las caras que parecen indicar que vivimos en medio de una enfermedad mal oliente, una de la cual nadie quiere respirar lo insano y lo sano. Son rostros sin personalidad, a pesar de sus cuerpos buscar realzar su identidad con tatuajes, ahora esa fortaleza ya no importa, dando paso a la uniformidad de la tela que cubre narices y bocas.

Son caras en las que se refleja la desorientación. No por desconocer a dónde van sino por no saber que llegará, a pesar de lo cual ahora lo más notorio son pasos cortos, lentos, como señalando la imposibilidad de huir.

El ruido de la urbe también ha menguado, como el peso del aire cargado de monóxido de carbono que ahora no está saturado de Acpm sino de temor, de miedo, que es un olor que puede estar cargado de tantos aromas como personas habitan en esta parte del mundo.

Todo es distinto, la niebla no cae sobre la ciudad, pero sí la bruma del no se qué llegará. ¿Tal vez la muerte? Nunca nos dijeron que la parca tomara este cuerpo, siempre nos la dibujaron de formas las más diversas, casi siempre violenta, pero nunca con el no cuerpo que ahora toma.

La noche cae y de las discotecas, tabernas, tiendas y otros negocios de licores o similares no sale la música de siempre. El silencio parece oprimir la conciencia con una barra de temor. Los pocos carros que cruzan pueden ir tan veloces o tan lentos como deseen. Y en los centros culturales la risa cedió el espacio a una mueca de espanto. ¿Qué vendrá?

Es 20 de marzo y en pocas horas toma el mando un simulacro de vida contra la muerte. Eso se supone pues en verdad nadie puede asegurar, ciento por ciento, que la vida se imponga sobre la muerte desocupando espacios y haciendo todo lo contrario que siempre ordenó el capital: trabajar y trabajar, circular y circular, intercambiar, consumir. Ahora, de manera lenta, cada día con mayor lentitud, se impone el no hacer, el no circular, el no extender el brazo para saludar… ¿Será que así es como se apaga un sistema social y económico para alumbrar a otro, aún sin cuerpo definido?

Tal vez, nadie sabe. Lo que muchos sí creen saber es que el sistema que hoy da señales de crisis, ya no podrá continuar siendo el mismo. Aunque todos sabemos, que pese a las señales de su mala salud aún no se ha formado el sepulturero que logre cubrirlo con sus paladas de futuro.

Más allá, en la conciencia de cada cual, sin haber tejido los indispensables lazos de fraternidad, cada uno espera, que una vez pasados estos meses de pesadilla, todo vuelva a la “normalidad” para encender las luces de la ciudad.

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Anne Hidalgo monta en una de las bicicletas de Vélib’, el sistema de bicis compartidas de París. KAMIL ZIHNIOGLU/AP/

'La ciudad en un cuarto de hora' es una propuesta para cambiar "radicalmente" la distribución de los barrios y relaciones de proximidad entre los vecinos

Anne Hidalgo ha incorporado el proyecto a su campaña para la reelección en las elecciones municipales de marzo, centrada en la sostenibilidad

La alcaldesa pretende reducir la contaminación, potenciar los desplazamientos a pie y que París sea 100% accesible para bicicletas en 2024

 

Que nadie tenga el colegio de sus hijos a más de 15 minutos de casa. Que todo el mundo llegue al trabajo en un cuarto de hora o tarde ese mismo tiempo en ir al supermercado. Es la propuesta que la alcaldesa saliente de París, Anne Hidalgo, ha presentado para las elecciones municipales francesas del próximo 15 y 22 de marzo.

Bajo el nombre 'La Ville Du Quart d'Heure' (La ciudad en un cuarto de hora), la política del Partido Socialista quiere hacer de París una ciudad de proximidad bajo una premisa: "Tener todo lo que necesitamos a menos de 15 minutos de casa", tanto a pie como en bicicleta.

Hidalgo, que se presenta bajo una candidatura de coalición con el Partido Socialista, el partido 'Place Publique', el movimiento 'Génération.s' y el Partido Comunista Francés, pretende así reorganizar la ciudad para favorecer la vida diaria de los parisinos y a su vez contribuir a una transformación ecológica de la capital francesa.

La candidata a la reelección para la alcaldía de París –que asumió el cargo en 2014, siendo la primera mujer en hacerlo– se ha propuesto "un cambio de paradigma". En su programa electoral, explica que para ello se necesita una transición hacia fuentes libres de carbono y renovables que debe ir acompañada de una "ambiciosa política urbana" que transforme "radicalmente" nuestros estilos de vida. Aunque ha reconocido en una entrevista conjunta en los medios ;Europe 1-CNews-Les Echos que "cambiar el modelo es complicado" y se necesita "hacer mucha pedagogía".

Una ciudad con todo a 15 minutos

'La Ville du Quart d'Heure' forma parte de uno de los ejes estratégicos de su programa. El principio es que un ciudadano pueda acceder en menos de 15 minutos a sus necesidades esenciales y sus destinos diarios, basándose en pilares como el uso de la bicicleta frente a vehículos contaminantes, la transformación de los espacios públicos para que tengan más de un uso o la eliminación de plazas de garaje para crear espacios verdes o aparcamientos de bicicletas.

La propuesta incluye también un aumento de 5.000 agentes municipales por la ciudad para "coordinar la limpieza y el mantenimiento de las calles". Además, se habilitarían los patios de recreo de los colegios durante los fines de semana como jardines abiertos y se crearían "kioskos ciudadanos", espacios de convivencia para que los parisinos "se reúnan, se ayuden mutuamente y se sientan arropados por asociaciones y agentes municipales", escribe la alcaldesa de París en su cuenta.

En la presentación pública, según medios franceses, Hidalgo ha defendido que con este modelo de ciudad se reducirán las emisiones de gases invernadero porque los recorridos serían de corta duración, y se potenciará la agricultura urbana y el comercio de proximidad. Además, dice, los vecinos podrán conocer, de manera digital, las actividades que tienen lugar en sus barrios para participar de ellas.

'La ciudad en un cuarto de hora' surgió como un proyecto del director científico de la cátedra ETI (Empresariado, Territorio e Innovación) de la Universidad de la Sorbonne, Carlos Moreno. El proyecto se llevó a cabo, a modo de experimento y de forma digital, en dos barrios de París, explica el especialista en una conversación telefónica con eldiario.es. Hidalgo se interesó por ello e incorporó a Moreno a su equipo como Enviado especial de ciudades inteligentes.

"Es una ruptura en la visión estratégica hacia otros usos, optimizar las infraestructuras, y sobre todo tejer relaciones más próximas", argumenta el investigador. Moreno asegura que el proyecto es "una ambición, una hoja de ruta" que se desarrollará durante los seis años de mandato.

El experto es consciente de que hay cosas "más difíciles que no dependen de la Alcaldía", como la propuesta de que el trabajo esté a un cuarto de hora de casa. Pero asegura que "ha surgido un movimiento", a raíz de las protestas de los chalecos amarillos que se prolongan desde hace más de un año, y en las últimas semanas por la reforma de las pensiones del presidente Emmanuel Macron, "para aproximar el trabajo al lugar de residencia". "Es la desmovilidad frente a la movilidad. No es algo inmediato, pero se podrá", apunta Moreno.

De momento, la propuesta ha recabado apoyos, pero también hay quienes expresan sus dudas acerca de cómo aplicarlo en materia laboral o escolar. Como Romain Beaucher, director asociado de la agencia de diseño de políticas públicas Vraiment Vraiment, que defiende que, a pesar de que le parece "un maravilloso marco conceptual para la transformación urbana", el aprendizaje para los estudiantes que viven lejos de su lugar de formación o el trabajo "son actividades que son fáciles de combinar", ha escrito en Twitter. En este sentido, se pregunta cómo se hará, si, por ejemplo, "a través del teletrabajo, la educación a distancia...".

Además, Beaucher asegura que no tiene claro que el modelo sea aplicable en todos los barrios, e indica que se corre el riesgo de que en los distritos del centro estos 15 minutos sean "de paseo y relajante" mientras en las afueras, donde reinan las grandes superficies así como los vehículos no sostenibles, son "asépticos" y "con alto contenido comercial".

Moreno responde que "se trata de colocar el problema a la orden del día". Desde 'París en común'pretenden, dice, "reequilibrar los lugares donde se sitúan las fuentes de trabajo", que en la capital francesa están principalmente concentrados en el oeste, y para ello han lanzado un programa de construcción de nuevos espacios en las zonas del este "concebidos desde una óptica multidisciplinar, que permitan utilizarse para trabajar, vivir y ofrecer otros servicios como tiendas o actividades culturales".

"Más allá del teletrabajo se pretende implementar el acercamiento hacia núcleos multidisciplinares descentralizados en diversas áreas de la ciudad que acojan el trabajo a distancia", argumenta el experto. También señala que el proyecto pretende equilibrar, con una política de proximidad, los sectores más desfavorecidos de la ciudad "prestando una mayor atención" a esas zonas. "La ciudad de proximidad, permite tomar el pulso constantemente a la calle y activar los correctos protocolos para actuar con más precisión y eficacia".

Otra de las visiones que incluye 'La ciudad en un cuarto de hora' es que haya más actividades y que los edificios tengan más de una finalidad. Por ejemplo, detalla el director científico, se habilitará una sala en el Ayuntamiento para que los parisinos puedan estudiar. Desde la candidatura de Hidalgo han pedido a los ciudadanos que envíen propuestas en este sentido.

El proyecto se enmarca dentro de un movimiento llamado cronourbanismo, basado en "un cambio radical en la relación humana con el tiempo, los espacios de vida y los lugares donde vivimos", detalla Moreno.

Se trata de una corriente urbanística de pensamiento de los años 70 que ha inspirado a otras ciudades como Ámsterdam o Estocolmo, que han aplicado en sus ciudades en el modelo 5 minute city (la ciudad de los cinco minutos)' que establece que todo tiene que estar a cinco minutos a pie o de la parada de transporte público más cercana. "Allí el uso de la bicicleta está muy extendido y se puede aplicar", indica Moreno. Además, Nantes, Lyon o Montreuil también han decidido incorporar propuestas similares a la de Hidalgo en sus programas electorales para las elecciones municipales.

El plan contempla, además, una reducción de las plazas de aparcamiento –un coche ocupa alrededor de 12 metros de espacio– que facilitará la creación de alternativas en la vía pública como terrazas de comercios y zonas verdes.

La plataforma Ecomovilidad, de análisis de políticas públicas urbanas y de movilidad, consideran la medida una "oportunidad" para que la capital francesa desarrolle "espacios de proximidad". Asimismo, defienden la viabilidad de la propuesta por la propia estructura de la ciudad: "París cuenta con una gran ventaja, tiene una red de metro con un importante mallado y más accesible que la madrileña". Recuerdan que la medida impulsaría el cumplimiento de la Agenda 2030 de Naciones Unidas por el desarrollo sostenible, ya que se contribuiría, dicen, a reducir las emisiones y al mismo tiempo se disfruta de la ciudad sin la necesidad de salir del barrio.

Otras ciudades como Ottawa o Boulder en Colorado (EEUU) están probando el modelo de 15 minutos. En otros puntos del mundo hay quien trabaja en propuestas similares que fomenten la proximidad en las urbes, como el colectivo 'Punt 6' de Barcelona, que argumenta que ellas "llevan tiempo proponiendo una 'Red Cotidiana'" en las ciudades, que priorice los recorridos en transporte público y a pie, porque "aumentar los desplazamientos genera una peor calidad de vida". Añaden además que una mayor presencia de gente en la calle ofrece una mayor percepción de seguridad.

Menos coches, más bicis y transporte público

Pese a que no cuenta con un informe detallado con las propuestas concretas, 'La Ville du Quart d'Heure' engloba las medidas del programa electoral de Hidalgo, entre las que también está impulsar los espacios verdes en la ciudad, potenciar el espacio dedicado a peatones y vehículos sostenibles.

Se pretende así reducir el tráfico de coches convencionales –que estaría canalizado hacia otras zonas–, y que las calles 'estén tomadas' por los niños. Además, el plan incluye que las zonas de aparcamiento de vehículos se sustituirían por áreas de recreo y aparcamientos de bicicletas (100.000 nuevas plazas); y los cruces en zonas verdes y parques.

Respecto al uso del vehículo en la ciudad, Carlos Moreno explica que "no es una visión de prohibición, sino de prioridad". Por ello han establecido una pirámide de prioridades en la que los peatones "van primero", seguidos de las movilidades activas, como bicicletas, en tercer lugar el transporte público, y por último los coches. Que canalizarían su circulación hacia ciertas calles. "Los barrios tienen que ser peatonales", argumenta.

Hidalgo también ha presentado el objetivo de que, en cuatro años, París sea 100% accesible para bicicletas, a través de un nuevo plan de circulación que ofrezca prioridad a este tipo de transporte –en un año el número de usuarios ha aumentado un 54%–. Además, la coalición ha propuesto que puedan acceder a los aparcamientos subterráneos para poder estacionar allí las bicicletas y facilitar que los usuarios puedan hacer el trasbordo fácilmente al transporte público con lugares seguros en las estaciones.

En este sentido, quieren promover que en los colegios se aprenda a montar en bicicleta y se aumentará la vigilancia por vídeo de las zonas seguras de circulación ciclista. También contemplan incrementar la inversión en 26 euros por habitante en la compra de bicicletas, hasta los 350 millones de euros en seis años. Por otro lado, la alcaldesa de París se ha comprometido a ampliar las ayudas para comprar vehículos verdes adaptados y multiplicará los talleres de autorreparación de bicicletas.

 

Por Álvaro García Hernández 

29/01/2020 - 21:10h

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