La aproximación de las elecciones para la alcaldía de Bogotá realza de nuevo la importancia de la movilidad urbana, incluyendo el interminable debate sobre la construcción del metro o el mejoramiento a corto plazo de la congestión en el Transmilenio. ¿Cuál y cómo debería ser la función del servicio público?, es decir, ¿somos clientes o usuarios?

 

A pesar del paso de los años, y con ellos de los intentos por transformar el sistema de transporte capitalino, aún podemos ver por sus calles los buses tradicionales, secuela de un sistema de transporte instalado desde los años 1950, que nació al amparo de la quema del tranvía entonces existente, del alza en el costo del transporte en el mismo, por la necesidad de cubrir barrios que estaban llenando la entonces creciente periferia urbana, y por el afán de negocio de las familias que controlaban (y aún en buena parte lo determinan) el poder político y económico nacional, asociadas al capital norteamericano y su sistema de transporte impulsado por gasolina. Este cambio de gestión del servicio público nos coloca ante el carácter incompatible del manejo por el sector privado de un derecho que, como tal, debería ser irrenunciable, estratégico y hacer parte de lo público.

 

Entonces, la llegada de las empresas privadas para la distribución del servicio público de transporte en Bogotá impuso un cambio total en la relación con el usuario, visto desde entonces no como usuario sino como una mercancía, como un medio para la ganancia. En consecuencia, este cambio impuso la llamada "guerra del centavo" como ejemplo de la lucha permanente entre los diferentes propietarios de buses –y sus trabajadores– para recoger un máximo de pasajeros, sin pensar en la calidad del servicio que ofrecían, priorizando únicamente los beneficios directos, pues los conductores eran remunerados en función del número de pasajeros recogidos.

 

Este modelo de transporte causó también otros daños colaterales a los habitantes de la capital colombiana y, como no, en todo el país. Hasta finales de los años 90 del siglo anterior, el número de buses en la ciudad siguió creciendo de manera exponencial hasta llegar a sumar en 1999, al momento de iniciar el sistema conocido como Transmilenio, un promedio de 19.093 buses en servicio diario1, demostrando claramente una falta de regulación, lo que aporta de manera sustancial a la congestión del tránsito urbano.

 

Como la mayoría de la demanda de transporte es "derivada", es decir ofrecida ante la necesidad de los "clientes" por acceder a los sitios en que realizan sus distintas actividades diarias (trabajo, estudio, descanso, compras), éste tiene momentos de gran congestión producto de la concentración de muchos buses en un mismo espacio (ya que las distintas empresas acceden a las rutas más apetecidas) y a la ausencia de calles y avenidas bien dotadas para que los carros circularan sin contratiempo2.

 

La guerra del centavo propició la congestión del tráfico capitalino sobre todo en las rutas más utilizadas –Avenida Caracas, Carrera Décima, Carrera 30, Calle 68, Avenida Boyacá– además, produjo una sobreoferta de buses. Esa brecha causó otro problema derivado como lo es la contaminación ambiental y auditiva, provocando al mismo tiempo frecuentes accidentes y una extrema incomodidad para quienes abordaban los buses.

 

El servicio de transporte tradicional demostró al fin del segundo milenio una manifiesta falta de calidad, causando daños generales por toda la ciudad, incrementando la inseguridad, dando lugar a viajes promedios muy largos, perjudicando con todo ello la calidad de vida en la capital del país.

 

El sistema Transmilenio, una respuesta limitada a una situación de emergencia

 

Ante esta realidad, implementar otro sistema de transporte era una necesidad inaplazable en Bogotá.

 

Nace Transmilenio en diciembre de 2000, bajo la administración de Enrique Peñalosa, y posteriormente se desarrolla el Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp). Su propósito era obligar a los bogotanos a dejar atrás el automóvil privado como principal medio de transporte para buscar alternativas más eficientes, económicas y sostenibles, buscando de igual forma mejorar su calidad de vida. Los intereses de los propietarios de los grandes empresas de buses, de las autopartes y la misma debilidad financiera de la ciudad, fueron motivos para no optar por el metro. Una vez más, como sucedía desde cincuenta años atrás, los estudios para implementarlo quedaban guardados en las gavetas.

 

Con el cambio aprobado se logra un mejoramiento en el servicio de transporte a nivel local, pero lo que nos interesa es el funcionamiento del sistema de transporte en su conjunto, es decir, la agrupación Sitp/buses tradicionales, en su relación con el servicio público dedicado al usuario.

 

Según un estudio sobre la movilidad en Bogotá realizado por la alcaldía en 2011, resalta que casi la mitad de los bogotanos caminan para desplazarse dentro de la ciudad (46%), seguido por el transporte público colectivo (20%), el automóvil (10%) y después el Transmilenio (9%)3. En su conjunto, los transportes públicos representan algo más del 30% de los medios de transporte, un porcentaje muy bajo a la vista de las necesidades de movilidad que tienen los habitantes de la urbe. Pero sobre todo, hay una clara desconfianza en lo que son los transportes en la ciudad, mostrando una diferencia muy fuerte entre las clases bajas y altas.

 

En efecto, para los estratos más bajos (de 1 a 3) más del 50% camina para desplazarse y todavía más del 35% corresponde a viajes a pie mayores de 15 minutos, revelando una dificultad cada vez mayor para pagar un pasaje. Al contrario, para los estratos más altos (5 y 6) también más del 50% no usa los transportes públicos sino el automóvil para desplazarse dentro de la ciudad y casi el 60% para los viajes a pie mayores a 15 minutos, lo que pone de relieve una desconfianza real en el sistema de transporte tras 10 años del establecimiento del sistema de Transmilenio. Si la mayoría de la población no usaba los transportes públicos para desplazarse y el sistema Transmilenio era mucho menos utilizado que los buses tradicionales en 2011, para interpretar las cifras de manera más eficiente es necesario una actualización de las estadísticas, pues el sistema de transporte está unificándose lo que causa cambios notables dentro de la movilidad urbana. La falta de confianza en los transportes públicos puede entenderse en gran medida por la mala calidad del servicio prestado así como por el alto promedio del tiempo de espera del bus en relación con el número muy bajo de kilómetros recorridos.

 

Realidad crítica, pero hay más aspectos por valorar. Al día de hoy podemos subrayar otra brecha: el alto costo del sistema de transporte en la capital colombiana en comparación con el salario mínimo en vigor. En efecto, si hablamos de un ciudadano ordinario, que va a trabajar seis días a la semana y que se encuentra en la obligación de tomar el transporte para llegar a su sitio de labor, destina un promedio de $86.400 pesos al mes para desplazarse, si el salario mínimo mensual está en $644.350 pesos (255 USD), esto significa que destina para su transporte más del 13% de sus ingresos, una cantidad considerable, mucho más si recordamos que un porcentaje no desdeñable de quienes trabajan –en el rebusque– no acceden al mínimo.

 

La eficiencia y utilización de un servicio de transporte que no es accesible para todos parece entonces limitado para que rompa en dos la historia de la ciudad en cuanto a transporte público. En efecto, la sola compensación subsidiaria existente por parte de la administración del Sitp (la tarifa preferente para los mayores de 62 años y los beneficiarios del Sisben, excluyendo de facto a los estudiantes que deben contar con el apoyo de su familia), no es suficiente para estimular la utilización de este sistema de transporte, ni aporta de manera sustancial al rendimiento de los pocos ingresos de los hogares más populares obligados a destinar un importante porcentaje de los mismos para el transporte de los suyos.

 

La tarifa del transporte por tanto marca, una vez más, la paradoja del manejo de un servicio público a través de manos privadas.

 

Pero, por desfortuna, Bogotá no es la única ciudad de la región que maneja precios de transportes altos en relación al salario mínimo, de acuerdo a las estadísticas que manejan las distintas ciudades de la región, nuestra capital es la quinta más cara, antecedida por Sao Paulo, Rio de Janeiro, Buenos Aires y Santiago de Chile. Sao Paulo y Rio de Janeiro tienen respectivamente los precios de transportes más altos en Sur América en comparación al salario mínimo en vigor (ver cuadro), precios cuyo aumento fue justamente la causa principal de las protestas que empezaron en junio de 2013. Sin embargo, la ciudad que parece mostrar el ejemplo más notable sobre la noción de transporte público, y de su relación con el servicio público, es Quito, con unos gastos en transporte que representa el 3,39% del salario mínimo de los obreros (adicionalmente cuenta con tarifa diferenciada del 50% menos para adultos mayores y estudiantes). Prima aquí la esencia de lo público sobre el negocio particular. El transporte como derecho básico.

 

Además de no ser un ejemplo en materia de acceso democrático a los transportes públicos, las desigualdades siguen existiendo en la capital colombiana demostrando una vez más la marginación de los pobres en relación a los servicios públicos. De hecho, son aquellas personas que realizan los viajes con mayor número de kilómetros, las que tienen un promedio de tiempo más largo por viaje, y a quienes más les afecta o les roba su tiempo libre. En Colombia la jornada de trabajo es de 48 horas a la semana, lo que obliga a los trabajadores pasar en sus sitios de labor la mayoría de su tiempo diario.

 

Un absurdo en tiempos de gran tecnificación. Lo que aún se ahonda más para los más pobres cuando vemos que el promedio de viaje representa para los estratos más bajos 77 minutos, contra 40 minutos para las personas de estrato alto –sin contar el tiempo de espera, así como el de transbordo–; de esta manera los viajes cotidianos para las clases más bajas pueden representar fácilmente entre tres y cuatro horas diarias, lo que significa la mitad del tiempo libre, el mismo que en otras circunstancias podría destinar para descansar, para cultivarse o formarse intelectualmente.

 

Lo privado impide repensar el transporte público como derecho fundamental

 

En estas circunstancias, Transmilenio y después el Sitp pretendió brindar respuesta a corto plazo, a parte de lo hasta aquí relacionado, pero nunca pretendió repensar el problema central del transporte urbano, o sea, la gestión de un servicio que supuestamente es público, pero que continúa en manos privadas.

 

¡Vaya paradoja! Por toda la ciudad ahora vemos buses que parecen ser de la ciudadanía, buses que hacen parte del nuevo Sitp (incluye Transmilenio, buses zonales, alimentadores, complementarios), pero no es así, pues en su inmensa mayoría continúan en manos privadas, los llamados concesionarios, quienes además obtienen otro porcentaje del todavía negocio del transporte al operar como recaudadores del pasaje. Negocio, por demás, poco democratizado, como se demostró en el 2014, tras la polémica que involucró a Transmilenio por ampliar su flota en 180 buses sin licitación y para solo dos operadores, Consorcio Express (ahora tiene el 45% de la operación del Sitp y Transmilenio) y GMóvil4.

 

A partir del momento en el cual empezamos a entender el funcionamiento de un servicio de transporte supuestamente público, se nota la incomprensión de esa dicotomía entre privado y público, y nos preguntamos por qué existe unas infraestructuras públicas y sobre éstas un negocio privado. ¿Es difícil –imposible– garantizar una gestión pública para el servicio del transporte de la(s) ciudad(es) con todas las arandelas que le cuelgan? Si la ciudad construye las vías y las conserva, si la ciudad dispone de toda la infraestructura y complementarios que demanda este tipo de servicio, ¿por qué no puede también pensar y actuar para que lo público sea de verdad tal?

 

Y para abordar estos interrogantes tendríamos que pensar primero en el derecho colectivo, en calidad de vida, en igualdad de oportunidades, en goce del tiempo libre, en la salud, en el bienestar y la seguridad colectiva, en el medio ambiente, en la atención prioritaria de menores, estudiantes, ancianos, personas discapacitadas, etcétera.

 

En fin, son tantas las variables por considerar, y tanto lo acumulado por cada ciudad, que cuando lo detallamos vemos que sí es factible, que lo impuesto durante tantos años de despotismo oligárquico es un negocio que favorece a unos cuantos a pesar de perjudicar a la inmensa mayoría. Un servicio traducido en negocio, que le permite a los empresarios y sus defensores en los medios de comunicación criticar porque en algunos horarios los buses del Sipt transitan desocupados o casi sin pasajeros, es decir, aquí una vez más su punto de reflexión es la ganancia y no el servicio, el cual debe ser prestado a toda hora y momento de manera suficiente, así los usuarios sean pocos, pues el problema no es la rentabilidad sino el derecho, traducido en eficiencia y calidad.

 

Pero en la ciudad la problemática que esconde todo este debate continúa recogida de manera errada. Ante el déficit de usuarios del Transmilenio y el Sitp, se evade la pregunta por los ingresos en los hogares, y ante la masa de colados en el Transmilenio lo que termina por hacerse es provocar una "denuncia de pueblo contra pueblo" –los cívicos y los 'bárbaros'–, militarizando estaciones y tecnificando puertas y torniquetes para evitar los colados. Los que así proceden olvidan que el problema no es de "cultura ciudadana" sino de otras variables, como las ya enunciadas, además del rechazo espontáneo de miles de personas a la privatización de este derecho.

 

En este punto del debate y de cara a las próximas elecciones, habría que demandar un debate abierto y profundo de lo que aquí está en juego, abordando la pregunta por lo que significa en el fondo un servicio público de transporte, es decir ofrecer un servicio de calidad y apropiado para todos en función de sus recursos y obligaciones. De así proceder la discusión a cerca de la movilidad abriría una reflexión más amplia sobre lo que debe ser un servicio público como derecho, al cual deben acceder todos los ciudadanos, los mismos que cuando lo sientan de verdad suyo lo apropiarán y cuidarán.

 


1 Fuente DANE-ETUP.
2 Revista de la Cepal, La congestión del tránsito urbano: causas y consecuencias económicas y sociales, numero 76, 2002, pp. 111-112.
3 Informe de indicadores Encuesta de Movilidad de Bogotá 2011, pp. 66-67
4 "El otro 'gangazo' de Transmilenio a los operadores privados", El Tiempo, 9 de julio de 2014, URL: http://m.eltiempo.com/bogota/el-otro-gangazo-de-transmilenio-a-los-operadores-privados/14223447

 

 

Publicado enEdición Nº 216
Sábado, 29 Agosto 2015 11:45

Medellín, ¿Un hogar para la vida?

La que alguna vez fue cuna de buenos escritores como Manuel Mejía Vallejo y León de Greiff, es ahora la ciudad del consumo, el narcotráfico y demás facetas de la delincuencia. Esa es la actual capital del departamento de Antioquia, la que en otra época resaltaba su potencial cultural e industrial.

 

Con una población de 2.499.080 habitantes, en un informe de la ONU fue catalogada como la ciudad más inequitativa de Colombia: En 1991 si un habitante pobre ganaba $1, un rico ganaba 21 veces más que él; para el año 2010 un habitante rico ganaba 56 veces más que un habitante pobre, lo que significa que antes de reducir el margen de puntos, este se ha ampliado en 35 puntos.

 

Las grandes industrias y multi-latinas son ahora los nuevos patrimonios privados de la ciudad: Solo el 1.32% del sector empresarial concentra el 94.41% de los activos. Como estrategia comercial y organizativa, alrededor de 125 marcas nacionales e internacionales están integradas en el Grupo Empresarial Antioqueño –antes conocido como Sindicato Antioqueño–; marcas que cubren la banca, alimentos, recreación, construcción, salud y fondos de pensiones. Su poder local y departamental es omnímodo, incrustando en sus redes todo el consumo de quienes habitan esta parte del país, poder que extiende raíces por todo el país. Se ha mejorado mucho la reputación de Medellín como una ciudad para el mercado y la innovación, dejando a un lado la calidad de vida de su población.

 

"En enero de 2013 el sistema financiero reportó utilidades por $6,09 billones, 21,1% más que en enero del 2012. Un 86.3% correspondió a la mayor parte de las ganancias, arrojadas por los ahorros que manejan los fondos de pensiones y cesantías, así como las sociedades fiduciarias, que en conjunto reportaron una utilidad cercana a 5,3 billones de pesos". Según el informe de la superfinanciera "se destacaron los recursos que las personas depositaron en los fondos de pensiones obligatorias, situándose en $129,5 billones". Pese a sus crecientes ganancias, los Fondos dan otra impresión, esgrimiendo ante los usuarios que quieran retirar sus cesantías o sus pensiones, supuestas dificultades económicas. Es el caso de Bancolombia, que según la revista "América Economía" reportó una de las mayores utilidades del 2011.

 

"El Grupo Sura, dueño del principal banco de Colombia –Bancolombia, con activos por US$4.775 millones a septiembre de 2011–, agregó a sus haberes un gigante. Pasó de tener una incipiente participación en su país de origen, en el negocio de fondos de pensiones con AFP Protección, a ser el mayor administrador en América Latina con el 23% de los fondos de pensiones de los países en que participa, y el segundo jugador en seguros, con cerca del 7% de las primas emitidas. Tiene casi 16 millones de clientes y 9.200 empleados. Su patrimonio administrado, sin contar su AFP en Colombia y El Salvador, suma US$84.100 millones. BBVA, su más cercano competidor, tiene cerca de US$80.000 millones y Citigroup, unos US$18.000 millones en pensiones".

 

Con la urgente necesidad de lograr que más empresarios e inversionistas extranjeros se fijen en lo que es ahora Medellín y las nuevas oportunidades para el consumo y los distintos mercados que ofrece, a la mona la visten de seda cada vez que es necesario; pero lo que parecen ignorar el empresariado así como el Gobierno es que "mona se queda", dado que no logran dar solución a las precarias condiciones bajo las cuales vive más de la mitad de la población de esta parte del país. Es "una ciudad que puede cambiar", algunos ya lo han dicho, pero es evidente que lo de ahora no es ningún proceder pensado para la transformación social, sino más bien la creación de un buen disfraz para mostrarle al mundo lo que éste quiere ver. Mientras tanto, sus habitantes padecen el desempleo abierto o disfrazado, la constante violencia, intimidación y control social-territorial, la precariedad en su sistema de salud, el no superado déficit en vivienda, a más de otras dolencias que evidencian el muro que separa a la Medellín opulenta de la pobre y popular, la de los cerros que parecen querer sepultar el llamado Valle de Aburrá.
Medellín, ¿la más violenta?

 

La ciudad de los campesinos, arrieros y "personas de bien", cada día se ve más contaminada por la cultura traqueta de los Urabeños, los Pesebreros, la Oficina y los Rastrojo, herederos y continuadores de un modelo de control social a través del cual dominan y determinan la vida cotidiana en los territorios más empobrecidas de esta parte del país.

 

Más allá de mantener entre ellos un conflicto permanente, tras los territorios que los demás controlan, el tráfico de drogas ya no es suficiente para cumplir sus propósitos y llenar sus arcas, optando ahora por traficar en infinidad de barrios populares con electrodomésticos y alimentos fundamentales para la canasta familiar.

 

Su dominio es creciente. El centro de la ciudad, aunque aparece presa de la delincuencia, está bajo su total control; el miedo que esta situación pueda propiciar no es casual pues cumple con una labor fundamental –atemoriza, divide, expulsa, somete–; mientras tanto las "autoridades" nada hacen por rescatar un espacio público fundamental para el encuentro y la misma reconstrucción de imaginarios y construcción de sueños colectivos.

 

Es así como los vendedores ambulantes, aunque bajo el control de la Secretaría de Espacio Público, están en realidad en manos de lo que cada combo defina hacer con ellos. Los atracos, paseos millonarios y desapariciones son sucesos normales para los paisas que con la expresión "¿para qué da papaya?", asume la problemática como un asunto individual y no como algo colectivo que debe ser solucionado por la comunidad afectada. En el "sálvese quien pueda", cada uno procede por la "libre", permitiendo en no pocas ocasiones que los menores de edad de cada hogar terminen involucrados en el tráfico drogas en las crecientes "fronteras invisibles" que dividen a los barrios y atomizan la resistencia popular.

 

Como lo verifican cada día sus pobladores, la delincuencia no tiene control ni deja de crecer, pese a los informes cotidianos que dan cuenta de la supuesta captura de cabecillas de bandas. Mientras tanto, propios y extraños sueñan con poder regresar a la Medellín donde en los barrios populares podía jugarse al fútbol en cualquier calle de cualquier barrio, o en cualquiera de sus placas deportivas, así como compartir sueños y resistencias, las cuales se materializaban en acciones conjuntas y solidarias a través de marchas y otras expresiones de disposición al cambio.

 

Elecciones y falsas promesas

 

Entramos en año electoral, cuando los gobiernos locales quedan en el centro de la disputa. En la llamada hace décadas "Bella villa", miles de personas esperan que se presente un cambio significativo en el nivel de violencia e inseguridad, así lo prometen unos y otros, pero tal deseo y oferta se difumina cuando verificamos que los candidatos a la alcaldía 2016–2019, hacen sus campañas convocando a los combos como "La 38", "Los Triana", "Los Bananeros", "Los Gomelos" y muchos otros, buscando con ello ganar todos los votos que pueden garantizar en los territorios que controlan. No hay duda, dicen unos y otros, "En Medellín, llegue quien llegue a la alcaldía, todo seguirá igual".

 

Este es un indicador, pero el otro es el de las desapariciones, ahora de moda por el reconocimiento de la existencia de la Escombrera, problemática que no encuentra soluciones efectivas:

 

"Durante los últimos 3 años, son 527 (2014) las personas que continúan sin aparecer, teniendo en cuenta el trabajo conjunto de depuración hecho por el Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia (Sisc) de la Alcaldía, el Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses (Icmlcf) y la Personería de Medellín, durante el 2014, trabajo en el que se reclasificaron las 270 personas del año 2013, y las 388 del 2012. Sin embargo, y pese a la depuración, son miles los familiares que buscan a sus desaparecidos".

 

Y no es erróneo pensar que Medellín sea una ciudad donde también hay creación e innovación, ¡claro que lo es!, pero de manera preponderante es un territorio donde la violencia y la desigualdad se incrementan cada día, a pesar de lo cual la mayoría de sus pobladores ni levantan la voz ni salen a protestar. ¿Conformismo? ¿Temor? ¿Ausencia de alternativas para canalizar el descontento?

 

...Hablemos de empleo

 

Una de las principales razones para justificar el por qué menores de edad y adultos toman la alternativa de vincularse a grupos armados y fleteros, es la falta de oportunidades laborales, la falta de ingresos dignos, para poder gozar una vida con las condiciones mínimas de bienestar.

 

"Según informes de la Policía Nacional, el grueso de los integrantes de los grupos armados ilegales corresponde a hombres jóvenes que se encuentran entre las edades más vulnerables. Esta información se refleja cuando se da cuenta de que de los 653 homicidios ocurridos en Medellín entre enero y diciembre del 2014, 398 de los acaecidos eran hombres entre los 18 a 35 años de edad (Inmlcf, 2014)".

 

Unos y otros, en el mejor de los casos encuentran un empleo informal –según cifras de la CUT Medellín y de la Escuela Nacional Sindical, más del 50 por ciento de la población trabaja en la informalidad y por tercerización– donde ganan de acuerdo a lo que produzcan o vendan, sin contar con prestaciones; con estos ingresos deben, además, pagar impuestos y cumplir con las "vacunas" que les permita trabajar tranquilos.

 

Y ahora, con el acuerdo 300 que toma forma en el Decreto 0883, también entran en zozobra las empresas que constituyen parte del patrimonio público de la ciudad. La idea de Anibal Gaviria es cambiar la razón legal de empresas como Metrosalud –actual prestadora del servicio de salud por medio del Sisben– en riesgo de privatización, empresa que además realiza los procesos de contratación a través de la cooperativa Fedsalud, de la que muchos tienen dudas sobre su legalidad como entidad.

 

De hacerse efectiva esta pretensión del Alcalde, no solo se entregarán en bandeja de plata las mejores empresas sociales de la ciudad, sino que quienes trabajan allí pasarán a condiciones laborales críticas e incluso al desempleo. Lo que supuestamente mejoraría la estructura administrativa del municipio, empeorará la sobrevivencia de todos.

 

Pretensión privatizadora que le da continuidad al Plan de desarrollo "Medellín, un hogar para la vida", excluyente y parco con las minorías:

 

"Según el DANE, aunque la tendencia nacional de la tasa de desempleo es a la baja ubicándose en 9,8% en el trimestre evaluado, menos que el mismo período anterior, en Medellín y el Área Metropolitana el desempleo tuvo un aumento pasando de 11,3% presentado en el informe de enero, a 11,9% en el informe del mes de abril. Es decir que estamos por encima de la tasa nacional, y muy arriba de ciudades como Montería con 7,0%, Barranquilla Área Metropolitana con 7,5%, Cartagena con 8,4% y de Bogotá que está en 8,9% en el mismo período".

 

Juventud, ¿divino tesoro?

 

El caso de los jóvenes no es mejor. Para la mayoría, al terminar el bachillerato, la primera alternativa es buscar un trabajo aunque sea temporal, pues la economía familiar no da para realizar estudios superiores. Incluso quienes logran acceder a una carrera profesional, deben buscar un trabajo de medio tiempo que les ayude para su sostenimiento; en este caso las alternativas más accesibles son los Call Center o Contac Center, donde las jornadas laborales de medio tiempo son de 8 horas diarias y el contrato depende de la cantidad de ventas hechas en la semana, de resto solo queda la total informalidad.

 

Ahí están los semáforos, cada vez más llenos de jóvenes que con actos teatrales y artísticos buscan una moneda que los ayude para pasajes y fotocopias. Los buses hacen más paradas para recoger a jóvenes estudiantes, personas desplazadas y madres de familia que suben a vender sus dulces, que para recoger los mismos pasajeros.

 

"Según el Informe de Calidad de Vida de Medellín Cómo Vamos del 2013, el desempleo juvenil fue de 17,6%, y según últimas cifras de la Secretaría de Desarrollo Económico presentadas al concejo en el mes de marzo, la tasa ya está en 15,4%. Sin embargo sigue siendo superior al de la ciudad presentado por el Dane".

 

Ahora hablemos de la más educada

 

La nueva generación de jóvenes de Medellín ni trabaja ni estudia porque no tienen la oportunidad de desempeñarse en ninguno de los campos, es común escucharles decir, "Si trabajo no tengo tiempo para estudiar, pero si no trabajo no tengo cómo estudiar".

 

Lo que es un derecho, la Universidad, está convertida en un premio más esquivo que el Baloto; por más propaganda que haga el gobierno a la "educación de calidad para todos", la ciudad está en la dinámica de construir Uvas o mega colegios donde lo importante es la infraestructura, mientras que la calidad formativa y las condiciones de vida de los estudiantes parecen ajenas a las administraciones.

 

¿Crisis juvenil y de la educación? Sin duda. Cada vez son menos los jóvenes y niños que aspiran a una carrera universitaria; unos y otros ven con desagrado tener que dedicar 5 años de estudio a una profesión. De otro lado, el Sena gana la batalla vendiendo ilusiones de hacer personas exitosas y emprendedoras, ofreciendo opciones en técnicas y tecnologías en logística y mercados internacionales a los estudiantes de décimo grado de las comunas; mientras tanto, y como clara expresión de la otra cara del espejo, en los colegios de la comuna de El Poblado las ofertas son diferentes: diseño gráfico, medios audiovisuales, gastronomía y contabilidad.

 

Finalmente...

 

¡Esta no es una ciudad para todos! ¡Esta es una ciudad para ellos!, ¡para los de arriba!, que la piensan y moldean de acuerdo a sus intereses, donde la democracia es la vasalla de cada juego de poder que pone en marcha el niño mimado de una de la tantas familias conservadoras dueñas del más del 50 por ciento de la ciudad.

 

Esta ciudad, gran parte de sus pobladores, no olvida el legado de Pablo Escobar y de la oficina de Envigado, y por infinidad de sus calles toma forma el modelo de violencia, aupado por políticas oficiales que se sirven de bandas distinto calibre para evitar que la rabia y rebeldía social tome forma.

 

De esta manera, sometidos a las lógicas del más fuerte, los pobres permanecen en su estadio, divididos entre sí, mientras las distintas empresas del Grupo Empresarial Antioqueño hacen su agosto dominando toda la economía de la ciudad y de la región.

 

Su modelo urbano, político y económico, diseñado por ProAntioquia, con sus agendas y juego de escenarios a varias décadas, les ha permitido, a pesar de ser minorías, controlar y dominar a millones de personas, ¿hasta cuándo seguirá siendo así? ¿Existirá espacio en Medellín para otra democracia?

Publicado enEdición Nº 216
Domingo, 16 Agosto 2015 09:58

La mujer en la ciudad

La mujer en la ciudad

Antonio Risério es uno de los intelectuales brasileños más importantes de la actualidad. En su más reciente libro, Mujer, casa y ciudad, el antropólogo traza grandes arcos históricos que van de la Antigüedad al mundo contemporáneo, para reflexionar sobre la tensa relación entre la mujer y la ciudad. Por un lado, destaca la nula presencia urbana en la obra de Murasaki Shikibu, novelista japonesa del siglo XI y, por el otro, reflexiona sobre la contribución decisiva de tres arquitectas brasileñas del siglo XX. A raíz del lanzamiento de este volumen, en el que retoma algunas observaciones de su elogiado libro La ciudad en Brasil, se realizó esta entrevista.

-Usted sostiene que la casa es el punto de partida del urbanismo. ¿Por qué?

–La casa tiene que ser pensada en función de la ciudad. Es ella la que construye la ciudad. No hay ciudad sin casa. Es necesario tener una visión del sitio urbano, del entorno, lo que aquello significa históricamente. El error estuvo en que la arquitectura, principalmente a partir de los megaproyectos europeos, se alejó de forma insensata de la antropología, la sociología y el urbanismo, y formó un matrimonio monógamo con las bellas artes. Cada arquitecto quiere hacer su escultura. Pero uno vive en la ciudad, no en una escultura. Paulo Mendes da Rocha dice que el arquitecto no debe hacer una casa que responda a "la cara del cliente". Si el tipo se muere de aquí a cincuenta, sesenta años y la casa va a durar trescientos, la casa tiene que tener la cara de la ciudad. Yo coincido totalmente.


–La mujer es el tercer vértice de su libro, junto a la casa y la ciudad. ¿Cómo entra la mujer en esa ecuación?
–Este es el problema central. La mujer entra en la casa para habitar, no como constructora. Las mujeres comenzaron a construir hace muy poco. Las primeras ingenieras de Brasil, como Carmen Portinho, son del siglo XX, los proyectos de Lina Bo Bardi también. Entre los indios, la mujer nunca construyó nada, lo mismo en la Antigüedad clásica. En el Renacimiento no hay una arquitecta. En el barroco brasileño no produjimos ninguna "Aleijadinha". Las mujeres fueron puestas a un lado para ocupar un lugar construido por el hombre. Dentro de ese espacio ella creó lo doméstico, la intimidad doméstica, la idea de confortabilidad. Esa noción de lo reconfortante viene del hecho mismo de cuidar lo que la mujer parió. En algunos períodos históricos no tenían voz activa sobre nada, como en la casa medieval. Cada vez más han ido conquistando y definiendo ese espacio.


–Eso tuvo consecuencias incluso en la producción literaria, tal como usted lo muestra.
–La mujer no tiene una experiencia de ciudad como el hombre. Mi hipótesis es que la mujer fue confinada al espacio doméstico y eso provocó que no viviera intensamente la ciudad. Y eso se refleja en la creación literaria. Uno recorre libros y libros de mujeres y nada. La ciudad no tiene densidad, no se concreta. Y no es algo sólo de Occidente. Pienso en Murasaki Shikibu, del siglo XI, que escribió un libro de mil y tantas páginas y no tiene nada sobre la ciudad japonesa. Ella era de Kyoto, capital del imperio Heian. Safo no habla de Mitilene, que era la ciudad más importante de aquella época (siglo VII AC). La ciudad marca poderosamente la producción textual masculina, pero no la femenina. La mujer viaja dentro de la casa y dentro de sí misma, principalmente.


–¿De qué forma la sociabilidad de la mujer en la ciudad es diferente a la del hombre?
–El hombre es el rey del espacio público, del cual las mujeres fueron excluidas durante mucho tiempo. En el Brasil colonial, las mujeres eran encerradas dentro de la casa. Gilberto Freyre dice que la casa y la calle eran enemigas. Las mujeres no podían ver a las visitas que llegaban. Cuando comienzan a hablar y pensar en el espacio público, los hombres de inmediato les hablan del peligro, no del placer. La conquista de ese espacio a manos de la mujer es reciente.


–¿Cuál es la clave para entender esa permanencia?
–La clave está en toda dominación masculina sobre las mujeres. La mujer en las sociedades indígenas era un bien de intercambio. En los pueblos árabes tampoco pintaba nada. El gran cambio para el mundo es el movimiento feminista. Eso va a cambiar algo que viene de milenios. El tema de igualdad entre hombre y mujer es una invención moderna. En Brasil, las mujeres comenzaron a salir de la casa en el reinado de Pedro II. Me refiero a las mujeres ricas, porque las pobres nunca tuvieron eso. También está esa enorme distinción. Las mujeres negras y pobres circulaban por las calles de Brasil por miles. Si miramos algo más reciente, es de la clase media para arriba que la calle constituyó el problema, no para las clases populares. Como no existe una literatura de las clases populares, excepto de manera más reciente, no vemos la experiencia femenina.


–Usted dedica tres textos a Carmen Portinho, Lina Bo Bardi y Lota de Macedo Soares. ¿Cómo nos interpelan hoy sus trabajos?
–Todas ellas tienen algo en común muy interesante, que es crear espacios de convivencia. El Parque Flamengo (de Lota) es un lugar de convivencia extraordinario. Claro que la sociedad acabó en la violencia y las cosas se complicaron, pero son lugares para convivir. El Sesc Pompeia, en San Pablo, una de las creaciones de Lina, es un gran lugar de convivencia. Y Carmen se empleó en la construcción de conjuntos habitacionales populares complejos, que tienen escuela, áreas de ejercicio, espacios culturales. Era el conjunto habitacional de la dictadura del Estado Novo de Getulio Vargas. Eso es escandaloso, Brasil no tuvo nada igual en arquitectura popular. El proyecto del Conjunto do Pedregulho es de su marido, Affonso (Reidy), pero ella lo construyó. Es curiosa esa voltereta también. Ella es la ingeniera que comanda a los peones. Era la preocupación social de la vanguardia arquitectónica mundial reflejándose en Brasil. Vargas llamó a la vanguardia para hacer las cosas, una intuición fantástica porque él mismo no entendía nada de eso. Había allí una preocupación por vivir bien y por tener una vida comunitaria, todo muy bien engranado con la ciudad. No había nada de eso de Mi Casa, Mi Vida (MCMV), que lanza lejos a la gente, sin la menor infraestructura, sin el menor vínculo con la ciudad. Están construyendo hoy las favelas de mañana.


–¿El programa actual muestra que la casa está siendo pensada como algo desvinculado de la ciudad?
–Mi Casa, Mi Vida es una porquería de proyecto. Apenas entregan las casas y ya están llenas de cuarteaduras, filtraciones; todo lo que visité es un absurdo. Compáralo con el Pedregulho. Un programa social es lo que la dictadura de Vargas hizo: habitación mínima, popular, digna, decente. Hoy todo eso se perdió. Dilma habla de habitación digna. ¿Cuál? ¿Ella va a vivir allí? Getulio supo hacer las cosas, congeló el precio de la renta, hizo la ley de inquilinato. Nadie echaba a nadie. Los conjuntos eran propiedad del Estado, eran rentados. Él vio de inmediato que no podía dejarse el problema de vivienda en manos del mercado. El caso de MCMV es escandaloso, las constructoras son dueñas de los terrenos en las ciudades y deciden lo que será barrio de lujo y barrio pobre. Quien dicta la política urbana en Brasil hoy son las inmobiliarias, no el gobierno.


–Usted dice que es necesario buscar una narrativa común para las luchas de mujeres, negros y gays. ¿El derecho a la ciudad puede ser esa narrativa?
–Tiene que serlo porque todo pasa por ahí: transporte, discriminación, las propias disparidades de clase que dificultan la realización plena del derecho a la ciudad. Es necesario un eje. Es el derecho a la ciudad lo que puede unir todo. Esos movimientos tienen su especificidad, pero pueden encontrar puntos en común. Yo me manifiesto por la liberación de la mariguana y por la preservación de los canales de la Vila Madalena en San Pablo. Esas cosas no se excluyen. Si uno quiere transporte público de calidad, tiene la lucha contra el automóvil, eso interesa desde la favela hasta los condominios de lujo. Lo difícil es encontrar esos elementos comunes en una ciudad completamente dividida. Nadie vive en los mismos espacios. En una ciudad que excluye, que segrega, ¿cómo quieres que el individuo se identifique con ese cuerpo cívico? Eso hay que construirlo.


–¿Cómo ve el avance conservador que se vive hoy en Brasil?
–Nos engañamos. En términos culturales, de comportamiento, Brasil avanzó mucho menos de lo que pensábamos y ahora nos asustamos con la ola conservadora. El país no avanzó como soñamos. Estuvimos bailando tres compases adelante de la música. Y otra cosa: las personas no agreden a un gay en la calle para no ser encarceladas, no porque lo hayan aceptado. Los derechos tienen que ser empujados desde abajo en nombre de la cultura liberal democrática. Uno no se puede engañar y tiene que continuar avanzando centímetro a centímetro, como en la década de los setenta. No creas que las personas están aceptando las drogas, la homosexualidad, porque el grueso de la población no lo ha aceptado. Una cultura no cambia en una, dos, ni en tres décadas, se necesita un siglo. Pero yo hablo desde el punto de vista de alguien más viejo. Es obvio que algún avance ha habido. Claro que hay un avance. Desde que tengo memoria, Brasil ya se fue al caño varias veces. Y aquí sigue


Traducción del portugués de Georgina Mejía e Iván García

Publicado enSociedad
"Llegó la hora de la política social de cuarta generación: La creación de empleo"

Con la seguridad de que será elegida alcaldesa de Bogotá en octubre próximo, Clara López, proyecta comprensión y sentido político de largo plazo, opina sobre el nuevo POT que deberá aprobar la ciudad, así como sobre educación, juventud, impuestos, salud, región, territorio, y otro cúmulo de temas que esbozan lo sustancial de su política de gobierno a debatir con la ciudadanía en medio de la campaña electoral.

 

Desdeabajo –da–. Toda campaña y todo programa político normalmente tiene un tema central alrededor del cual giran el resto de temáticas, en el caso del Polo Democrático Alternativo, ¿cuál es el gran tema desde el cual estructuran la propuesta por presentar a los bogotanos en la actual campaña electoral?

Clara López –CL–. Somos consientes de que en Bogotá se construye, desde el gobierno de Lucho Garzón, un modelo social de ciudad. El 70 por ciento del presupuesto de inversión de la ciudad es inversión social, contamos con enormes avances en salud, educación, alimentación, por lo cual el famoso indicador de pobreza multidimensional cayó del 29 por ciento en el año 2003 a algo así como el 7 por ciento en la actualidad.

 

Dentro de ese modelo social de ciudad, lo que está a la orden del día –en lo que pudiéramos llamar la cuarta generación de la política social– es el empleo, con énfasis en la inclusión para el trabajo, al emprendimiento, proyectada para 370.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan, y que si no adoptamos ya una política pública intensa para ellos, pueden convertirse en una generación perdida, algo totalmente inaceptable para una ciudad como Bogotá.

 

da. ¿Cuál sería la orientación central o la estrategia principal de esta propuesta?
CL. La estrategia principal tiene que ver con la estructuración de una verdadera política de fomento al desarrollo económico de la ciudad, algo que entró en desuso a nivel nacional desde que entraron las políticas neoliberales, cuando un Ministro de Estado tuvo a bien decir que la mejor política industrial era no tenerla.

 

da. ¿Cuál sería el proposito de esta política en el largo plazo?
CL. Nos tenemos que orientar a construir en Bogotá una ciudad del conocimiento –tomando como fecha simbólica el año 2038, cuando cumple 500 años de su refundación–, que implica empezar a tomar desde ya acciones concretas para incorporar en su política pública un fuerte respaldo y promoción a la innovación, a la ciencia, a la tecnología; articular el trípode Estado, empresa y academia, a través de una alianza estratégica con varias vertientes, una de ellas, desde luego, la articulación del sistema educativo hacia el reforzamiento de todo lo que tiene que ver con las destrezas y los conocimientos orientados a fomentar tecnología de alto nivel; una política que involucre a la educación media y a los jóvenes en tantas posibilidades que hay en este mundo que se abre camino: información, tecnología y comunicaciones. y, desde luego, desde el punto de vista de la empresa, de políticas firmes de capital semilla para nuevos emprendimientos de nuestros jóvenes de las pequeñas, de las medianas, incluso de las grandes empresas.

 

da. Una proyección que debe retomar lo ya construido y proyectar metas en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT)...
CL. Así es. Continuar y potenciar lo hasta ahora logrado. Generar el reconocimiento al anillo de innovación en ese eje tan importante de la calle 26 con Laboratorio de Tejidos de la Secretaría de Salud, en todo el trabajo del Parque Tecnológico de la Universidad Nacional, Maloka, Innovo, la Feria Internacional, dentro de un concepto de ciudad para atraer innovadores y personas de altísimos conocimientos.

 

da. A propósito del POT, valorando su importancia en la proyección que usted nos comenta, pero también el interregno en que se encuentra el presentado por la actual administración de la ciudad, ¿qué haría su administración al respecto?, ¿es posible reformularlo?, ¿será necesario presentar uno nuevo?
CL. A la próxima administración le corresponderá presentar un nuevo POT, y tiene que ser legítimo, tanto por ser legalmente expedido, como porque venga precedido de una discusión y de una participación por parte de todos los sectores ciudadanos en su elaboración y construcción.

 

da. Presentar un nuevo POT es una oportunidad para actuar con visión de futuro...
CL. Sí. Tenemos diversidad de realidades sobre las cuales intervenir con tal visión. Valga decir que Bogotá no ha tenido fortuna con sus POT, no solamente el suspendido, sino el vigente, que no logró descentralizar la ciudad, y por eso hoy tenemos ese drama tan terrible de todo el empleo productivo de la ciudad, todos los servicios sociales, todas las universidades, inclusive las instalaciones hospitalarias, concentradas en el centro ampliado, y la gente viviendo lejos, en la periferia, lo que demanda enormes cantidades de viajes que son un desperdicio para la ciudad, para la sociedad y para las familias.

 

da. ¿Qué hacer para romper tal realidad?
CL. Adicional a lo planteado sobre la innovación y la tecnología, debemos prever usos mixtos del territorio a través de planes de renovación que nos permitan descentralizar el empleo, teniendo en cuenta, en todo el proceso de su diseño, la necesidad de juntar vivienda, trabajo, estratos sociales, servicios sociales, ofertas económicas, espacios públicos.


Es interesante que en la próxima administración nos vaya a corresponder ese gran reto de un nuevo POT, porque demográficamente la ciudad también ha sufrido enormes cambios: ya en el centro los colegios no tienen niños para ocuparlos y en la periferia hacen falta instalaciones; con un cambio fundamental: la irrupción de la mujer en la fuerza de trabajo y el hecho de que ya el 30 por ciento de las cabezas de familia son mujeres, además de un envejecimiento de la población, lo que implica un amoblamiento urbano acorde con tales cambios demográficos; construir instalaciones sociales –similares a las existentes para el cuidado de la infancia– cerca de los hogares, tenemos que descentralizar la oferta hospitalaria, todo eso tiene que incorporarlo ese POT, y los planes maestros de la infraestructura sectorial correspondiente, que serán un gran reto para la ciudad.

 

da. Cada vez que la parte álgida de la campaña electoral se acerca, en los noticieros aparecen con mayor frecuencia los problemas de inseguridad, como queriendo culpar a las últimas administraciones, ¿qué piensa al respecto y cuál sería su propuesta en esa área?
CL. Otros candidatos están promoviendo, al lado de los medios de comunicación, una visión apocalíptica de la seguridad en Bogotá, y también de la movilidad, que son, desde luego, problemas acuciosos que a diario mortifican a la ciudadanía, pero sobre eso quiero decirle que todo tiempo pasado no fue mejor, fue peor.

 

El análisis de las encuestas de 'Bogotá cómo vamos', repetidas durante muchos años, me sorprendieron, mire un ejemplo: la estadística de percepción de inseguridad está hoy en día en 48 por ciento, pero en el 2000, hace 15 años, estaba en el 58. Al mirar la tasa de homicidios, y este sí es un dato duro, la disparidad es más fuerte: hoy registra 17 por cada 100.000 habitantes, en aquellos años era de 32. Es claro que está en marcha una política de miedo, quieren cabalgar sobre éste para realizar lo que ellos llaman el "cambio".

 

da. De acuerdo a usted, los que auspician tal política ¿qué entienden por cambio?
CL. Su cambio no es para avanzar, es para retroceder. Quieren volver a lo de antes, cuando no había ni siquiera suficientes cupos en los colegios públicos, cuando había que hacer cola porque las instalaciones eran insuficientes, sin la alimentación escolar que tenemos hoy en día. Un estudio realizado por la universidad de Harvard reconoce la calidad de la comida balanceda entregada por las alcaldías de izquierda, producto de la cual los niños, niñas y adolescentes de los colegios distritales han aumentado una talla completa, lo que se refleja en muchas cosas, además de la calidad de vida, por ejemplo, en la capacidad de aprendizaje de los muchachos, lo que ha llevado a un aumento muy grande en su desempeño en las pruebas del Icfes, a tal punto que, si bien en el año 2008, el 17 por ciento de los colegios estaban en el nivel superior o más, el año pasado ya habíamos superado el 60 por ciento.

 

da. En el tema de movilidad el factor financiero parece ser uno de los más críticos, ¿cómo ve usted ese factor en relación con el metro y los demás programas, así como frente a las necesidades de inversión en otros sectores y con el equilibrio fiscal en términos generales?
CL. Quiero llamar la atención sobre la calidad de las finanzas distritales: Bogotá se distingue desde hace ya varios años por tener calificación Triple A. Cuando fui alcaldesa, a finales de 2011, obtuvimos el grado de inversión que es la prueba ácida de sostenibilidad de finanzas, eso gracias a un manejo muy responsable de la hacienda pública por parte de estos gobiernos que dicen que no sabemos nada de eso, pero la realidad es que la ciudad está preparada, cuenta con muy bajo nivel de endeudamiento, tiene una enorme capacidad financiera y posee una enorme canasta de fuentes de recursos que se tienen que combinar para el cierre financiero.

 

da. Entonces, en relación con el Metro hay tranquilidad con el tema financiero..
CL. Sí, a mí no me preocupa que la ciudad esté en capacidad de hacerlo, ya que tenemos todas las condiciones que demanda una obra de esa magnitud; en cambio, lo que sí me preocupa, es el silencio sobre cómo hacer compatible ese compromiso financiero con el modelo social de la ciudad, y eso en plata blanca tiene más que ver con la voluntad política que con la capacidad financiera de la ciudad.

 

da. Esa capacidad financiera, además de contar con el aporte de la Nación, dicen tiene que apoyarse con el capital privado, en eso que llaman Alianza Pública Privada (APP), ¿es así?
CL. Así es. Aquí es muy importante tener en cuenta que todas estas ofertas de APP para construir obras de infraestructura, tienen que realizarse y analizarse con mucho cuidado, esa es una fuente muy seria de financiación para la obra pública que debe considerarse, lo importante no es si se usa o no se usa, sino cómo se usa y garantizar que sea en beneficio de la ciudad en su conjunto; lo que no veo muy factible es que todo pueda hacerse con APP. Porque un poco lo que está en el ambiente es: 'no hay ningún problema, eso no le cuesta un peso a la ciudad, hagamos las cuatro entradas, hagamos todas las troncales de Transmilenio, y nos queda sobrando para cuanto tema se nos ocurra en el camino'. Pero aquí no puede olvidarse que nada es gratis, siempre alguien paga y si erramos puede pagar muy duramente el bolsillo del ciudadano de a pie o el ciudadano que avanza sobre cuatro ruedas.


da. Algunos afirman que Bogotá perdió su liderazgo en términos de esfuerzo fiscal, ¿qué piensa usted de la estructura fiscal de la ciudad? ¿Es equitativa? ¿Deben aumentarse los impuestos a los que más tienen?
CL. En primer lugar, las finanzas de Bogotá no están desequilibradas, son ejemplo de buen manejo; en segundo lugar, el problema con la estructura impositiva tributaria local, que la establece la ley, es que la componen principalmente impuestos indirectos, que por definición son regresivos. Entonces, es un gran reto convertir el predial en un impuesto de carácter progresivo con el cual a mayor valor de la propiedad mayor la tarifa, y que tenga en cuenta un criterio que ha salido a la luz con este reciente aumento del impuesto predial tan injustificado que se presentó este año y es que en una etapa de valorización de los terrenos –porque se acabó la tierra en Bogotá y hay fenómenos de carácter incluso especulativo–, a la gente que utiliza su predio para el uso de vivienda se le tiene que tener una consideración distinta que a quienes utilizan el predio para fines comerciales.

 

da. ¿Por qué está diferencia?
CL. Porque no es lo mismo el valor de uso que el valor de cambio. Nosotros podemos mejorar el impuesto predial sin aumentar la carga tributaria, pero sí garantizando que el que más tenga pague más; y podemos tecnificar el Ica, el impuesto de industria y comercio tiene muchos problemas sensibles de carácter técnico, no solamente en su estructura tributaria sino también en su forma de pago, muy engorroso para las empresas, simplificándolo, haciéndolo más amigable...

 

da. Entonces, ¿quienes habitan esta ciudad están ante la posibilidad de nuevos impuestos?
CL. Lo que está a la orden del día en Bogotá no es aumentar los impuestos, es utilizar las oportunidades que ofrece la valorización y la plusvalía en el suelo urbano, para devolverle a la sociedad parte de ese mayor aumento del precio de los predios que se debe, no a la actividad del dueño, sino a la sociedad en su conjunto. La realidad es que el suelo urbano no puede mirarse solamente como un negocio de finca raíz para los propietarios, sino que es un valor social incrementado no sólo por responsabilidad del titular sino de la sociedad en su conjunto.

 

da. Seguramente nadie está en desacuerdo con que la ciudad debe redensificarse, pero este es un proceso de mediano y largo plazo, ¿qué hacer mientras tanto cuando la solución por la que ha optado la gente parece ser trasladarse a municipios cercanos? ¿debe crearse una zona metropolitana con ellos?
CL. En primer lugar, Bogotá es tal vez una de las ciudades más densas del continente; en segundo lugar, sí, hay que prever y estimular a través del POT la densificación de la ciudad; se acabó la tierra, no podemos seguir expandiendo hacia afuera, tenemos que echar para arriba y eso desde luego implica un muy cuidadoso proceso de estructuración de normas para estimular de manera adecuada ese proceso de redensificación, con todas las inversiones en materia de servicios públicos y en amoblamiento urbano que esto demanda.

 

Pero lo planteado en la pregunta es muy cierto, Bogotá tiene que organizarse como bien se empezó a estructurar a través de la Rape, como región. Entonces, es indispensable una institucionalidad con dientes y con capacidad real de regulación de temas tan sensibles como los usos del suelo, donde el POT de Bogotá y de cada una de las ciudades vecinas no sean particulares sino que sea definido como un todo, como región y como territorio, con una institucionalidad diseñada para defender la estructura ecológica principal, no solamente de la ciudad sino de la Sabana de Bogotá.

 

da. Los poderes corporativos son muy fuertes y van en contravía de los intereses sociales, ¿qué hacer cuando bloquean medidas que favorecen a las mayorías, como fue el intento de regresar a la esfera de lo público la recolección de basuras?, ¿no deben blindarse esas medidas con un fuerte movimiento social para hacerlas sostenibles?
CL. Por convicción y por mandato de mi partido soy una profunda defensora de lo público. Cuando fui alcaldesa, me posesioné cuando, en la víspera, a través de su alcaldesa encargada el Presidente de la República había presentado a consideración del Concejo de la ciudad un proyecto de ley para privatizar la ETB. Bueno, ¿qué hacer? Me pasó algo inédito: todo el entorno de mi apoyo había perdido la fe y todos a una me aconsejaban retirar el proyecto del Concejo, porque no pensaban que uno podía ganar con un buen argumento, demostrando que la ETB debía permanecer en manos públicas, con excepción de ese 10 por ciento que ya está en manos privadas.

 

Entonces, nos propusimos hacer un amplio debate público con los sectores sociales y el resto de la ciudadanía bogotana, incluidos todos los gremios, hicimos un proceso de divulgación extraordinario, de por qué debía permanecer pública la ETB y ganamos, el proyecto fue archivado por unanimidad en el Concejo.

 

¿Cuál es el mensaje de esto? Es claro, para defender lo público la empresa en cuestión debe funcionar bien, no basta con tener la razón desde el punto de vista de la teoría, es que nada le hace más mal a la defensa de lo público que la ineficiencia.

 

da. Los temas sentidos de la salud parecen seguir presentes: largas colas en los trámites, periodos de tiempo muy largos para citas con especialistas, etcétera. ¿Qué decirle a la gente sobre lo que podría hacerse en un tema tan sentido y tan sufrido por la población?
CL. La realidad es que en Bogotá, no gracias a, sino a pesar de la Ley 100, desde el programa iniciado en 2004 de 'Salud a su hogar', hoy llamado 'Territorios saludables', arrancó todo un proceso de atención primaria y de prevención que la Ley 100 había dejado a la deriva, y el gobierno de la ciudad, además, se propuso aumentar coberturas del plan subsidiado para que acá todo el mundo tuviese acceso a los servicios de salud; mientras en el resto del país se cerraban hospitales, aquí se abrían.

 

El resultado, Bogotá cuenta hoy con una red de 22 hospitales, y esperamos que pronto sean 23 con el San Juan de Dios y 300 puntos de atención que la ciudad ha construido y mantenido en circunstancias de enormes dificultades, porque las EPS no le pagan las cuentas a los hospitales que les prestan sus servicios.

 

Entonces, tenemos que meterle el hombro a los hospitales públicos, seguir trabajando en función de apoyar todas las iniciativas de reforma del sistema de la Ley 100 que nos parece absolutamente deficiente; continuaremos cualificando el servicio de salud del Distrito con una óptica de cobertura universal y esa humanidad que no puede faltar en tan elemental derecho.

 

da. En las pasadas elecciones en España, tanto en Madrid como en Barcelona, las dos más grandes ciudades de esa nación, fueron mujeres las elegidas para gobernar. Podría decirse que la condición de género, de ser mujer en éste caso, es una ventaja para la administración de lo público, ¿sería correcto hablar de esa manera o no tiene nada que ver?
CL. Claro que sí, tiene mucho que ver, porque la mujer en nuestra sociedad está en un proceso de empoderamiento que es inatajable y desde luego que las mujeres nos sentimos representadas en otras mujeres, especialmente cuando se refleja en ellas esa posición de cuidado al débil, de solución pacífica de los conflictos, de diálogo, de protección que es lo que está reclamando la sociedad en su conjunto.


da. En ese mismo sentido, ahora último, sobre todo en la actual alcaldía, se visibilizó mucho el movimiento Lgbti ¿piensa usted continuar la línea de visibilizar las problemáticas concernientes con ese sector, ¿qué opina de esto?
CL. Uno de los grandes aportes de los gobiernos de izquierda a Colombia, ha sido su política de poblaciones, la política de visibilización y de inclusión de Lgtbi ha sido uno de los puntos focales de las nuevas ciudadanías que ha protegido el PDA desde el gobierno, recuérdese que las primeras casas de igualdad de género fueron del Polo, lo mismo que esa casa tan importante que funcionó en Chapinero que ahora ha sido trasladada a Teusaquillo, con la población Rom, con la población Indígena, con la población afrodescendiente.

 

da. Hemos hablado de los aspectos a destacar de las administraciones del Polo, qué habría que evitar, es decir, en términos del ejercicio de la administración, ¿cuál sería el aspecto más relevante para rectificar?, ¿qué no habría que repetir?
CL. Sin lugar a dudas el tema del carrusel de la contratación ha tocado gravemente al PDA, y sobre eso hay que decir dos cosas: la primera, que no puede hacerse lo que han hecho los medios de comunicación masivos, utilizar ese carrusel de la contratación e indilgarselo en todos sus niveles al Polo, pues ahí –en este caso y en otros muchos– tenemos involucradas personas pertenecientes a otros partidos y sectores de la sociedad; como todos sabemos, el cáncer de la corrupción está carcomiendo el tuétano de esta sociedad y tenemos todos que mancomunadamente tomar armas en contra de ese flagelo. La segunda, el quiste de la ineficiencia, de la improvisación, que produce enormes daños a los recursos públicos.

 

Uno y otro tienen que ser corregidos y erradicados. Por eso he planteado la necesidad de una comisión de altísimo nivel, dependiente de la dirección distrital integrada por ciudadanos y ciudadanas sin reproche, para que mantengan el ojo abierto, para que tengan en sus manos todo el sistema de control interno y de veeduría distrital.

Publicado enEdición Nº 214
Viernes, 06 Marzo 2015 18:21

Bogotá en la revolución urbana.

Bogotá en la revolución urbana.

Expertos urbanistas coinciden en caracterizar el actual momento de muchas ciudades a nivel global como el de una revolución urbana. Fue Gordon Childe (http://bit.ly/1wMIHWY) quien utilizó por primera vez en su obra maestra sobre la Antigüedad dicha categoría para identificar el punto inicial de conformación de las primeras ciudades de la civilización humana.

Las últimas décadas han registrado una considerable expansión de las ciudades por todo el planeta. Lo que se ha conformado es un nuevo entorno urbano que se ha denominado Metapolis, una ciudad de ciudades.

Se trata de un sistema de redes urbanas creado por la conexión de las ciudades, el territorio y los pueblos a partir del desarrollo de los medios de transporte, el avance en el almacenamiento de bienes, información y personas, y la evolución científica continua de las tecnologías para mejorar el rendimiento de este sistema. El resultado son grandes conurbaciones extensas y discontinuas, heterogéneas y multipolarizadas, en las que la incertidumbre y el azar juegan importantes papeles que desmontan el absolutismo y los principios categóricos del urbanismo moderno. El prefijo meta- ya nos sugiere sobre un "ver más allá" de la forma de la "polis", de su realidad, de su significado según la concepción tradicional de la ciudad.

Bogotá hace parte del sistema de grandes ciudades del mundo en la que se concentran millones de personas. Es ya una Metapolis. Es el resultado del proceso de metapolizacion de la ciudad y el territorio de la Gran Sabana.

Así, en su condición de gran urbe, la capital de Colombia también es escenario de la denominada revolución urbana a la que se refiere Francoise Ascher (http://bit.ly/1wMIXFm), el conocido investigador francés cuya reflexión se especializó en el tema de las ciudades del siglo XXI (http://bit.ly/1ExjvV7).

Varias son las cuestiones que resulta obligado plantearse a propósito de dicho tema. ¿En qué consiste dicha revolución urbana? ¿Qué contradicciones surgen con dicho fenómeno? ¿Cómo actuar para sobreponerse a las deformaciones urbanas que aparecen con dichas transformaciones?

Utilizamos los términos de revolución y contrarrevolución no solamente por la historia que conlleva el concepto de revolución urbana y su renovación a lo largo del tiempo, como se comprueba en la literatura sobre el auge de las ciudades metropolitanas a lo largo del siglo 20 y más recientemente sobre la "explosión de la ciudad" o el ya clásico concepto de Metapolis acuñado por François Ascher.

La revolución urbana está asociada a un grupo de aspectos tecnológicos, económicos, políticos, sociales y culturales que igualmente se vinculan a la globalización neoliberal.

Esos procesos son los siguientes:

a) La informatización (por ejemplo la difusión de los ordenadores y las redes) ha modificado las relaciones espacio-tiempo y permite desarrollar actividades diversas (profesionales, de ocio o cultura, de educación, de consumo) sin depender de una localización rígida. Si a ello se une la generalización de las formas modernas de comunicación como el vehículo privado y las redes regionales de transporte y la telefonía móvil, es fácil deducir que la ciudad hoy ya no es lo que era.

b) Los nuevos territorios urbanos ya no se reducen a la ciudad central y su entorno más o menos aglomerado, lo que se llamó el "área metropolitana", es decir el modelo de ciudad de la sociedad industrial. El territorio urbano-regional es discontinuo, mezcla de zonas compactas con otras difusas, de centralidades diversas y áreas marginales, de espacios urbanizados y otros preservados o expectantes. Una ciudad de ciudades en su versión optimista o una combinación perversa entre enclaves globalizados de excelencia y fragmentos urbanos de baja calidad ciudadana.

c) El capital dominante es hoy especulativo más que productivo, nómada más que sedentario. Las decisiones se han "externalizado" del territorio, el cual se ha debilitado al tiempo que ha entrado en la carrera competitiva para atraer inversiones, actividades emblemáticas, turistas, etc. El capital fijo, dependiente del entramado económico local, se resquebraja y las infraestructuras que soportan la nueva economía corren el riesgo de ser de uso efímero.

d) El ámbito local-regional ha sido históricamente el de la reproducción social (educación, sanidad, vivienda, etc.), hoy afectado por la crisis del Estado de bienestar (o por su carácter limitado) al mismo tiempo que las demandas se multiplican (formación continuada, envejecimiento, reducción del tamaño del núcleo familiar, colectivos pobres o marginales, etc.). Los poderes locales, distritales y regionales deben reorientar sus funciones hacia la "producción social" puesto que la "competitividad" del territorio corresponde a esta escala más que a la del "Estado-nación". Pero no disponen de las competencias y recursos para ello.

e) La sociedad urbana se ha hecho más compleja, más individualizada y más multicultural. Las grandes clases sociales de la época industrial se han fragmentado, los grupos sociales se definen en función de criterios múltiples (territoriales, culturales, etc. además de su relación con la producción), la autonomía del individuo se ha multiplicado. Los comportamientos urbanos se han diversificado (en los tiempos, movilidades, relaciones sociales, etc.) y por lo tanto también las demandas. Las políticas urbanas hoy no pueden ser simplemente de "oferta" masiva dirigida a grandes colectivos supuestamente homogéneos.

f) Pero, paradoja: al mismo tiempo que individuos y ciudades apuestan por la distinción y la diferencia, las pautas culturales se globalizan y se homogeneizan. Arquitecturas y formas de consumo, informaciones y comportamientos de ocio, lenguas y vestimentas se banalizan y pierden sus elementos distintivos cualificantes. La carrera hacia la competitividad mediante la distinción lleva a la no-competividad por la homogeneización.

g) La gobernabilidad de los territorios urbano-regionales se convierte en un difícil desafío. Especialmente difícil debido a los siguientes factores:

• La multidimensionalidad del territorio urbano-regional (centros, periferias, red incompleta de geometría variable de ciudades medias y pequeñas, urbanización difusa, enclaves y hábitat marginal, etc.)

• Las potentes dinámicas privadas de ocupación de suelo.

• La nueva complejidad de la sociedad urbana y la diversidad de sus demandas y de sus comportamientos (movilidad, doble residencia, etc.)

• La fragmentación de los poderes locales que cooperan y se solapan, compiten, se estorban.

• La fuerza económica y a veces legal de las iniciativas privadas o de entes públicos sectoriales a la hora de definir o modificar grandes proyectos sectoriales sobre el territorio.

Importa señalar, como lo plantea Borja (http://bit.ly/1ExjvV7), que las revoluciones, sean políticas, sociales, económicas, científicas, culturales o tecnológicas generan procesos (o por lo menos expectativas) que para simplificar podemos calificar de "democráticos" o socializadores del progreso.

En el caso de la revolución urbana a la que nos estamos refiriendo, se enfatiza la mayor autonomía de los individuos, la diversidad de ofertas (de empleo, formación, ocio, cultura, etc.) que se encuentran en los extensos espacios urbano-regionales, las nuevas posibilidades de participación en las políticas públicas de las instituciones de proximidad y a partir de la socialización de las nuevas tecnologías, las mayores posibilidades de elegir residencia, actividad o tipo de movilidad, etc.

Sin embargo, observa, nunca la segregación social en el espacio había sido tan grande: crecen las desigualdades de ingresos y de acceso real a las ofertas urbanas entre la población; colectivos vulnerables o más débiles pueden vivir en la marginación de ghettos o periferias (ancianos, niños, inmigrantes, etc.)

Los tiempos sumados de trabajo y transporte aumentan; la autonomía individual puede derivar en soledad e insolidaridad; la incertidumbre sobre el futuro genera ansiedad; se pierden o debilitan identidades y referencias; hay crisis de representación política y opacidad de las instituciones que actúan en el territorio, etc. Así, las esperanzas generadas por la revolución urbana se frustran y el malestar urbano es una dimensión contradictoria de la vida urbana actual.

Estos efectos perversos de la revolución urbana no son una fatalidad si no que resultan de un conjunto de mecanismos económicos, de comportamientos sociales y de políticas públicas como son: el carácter sobre determinante de la renta urbana en la definición de usos del territorio; el consiguiente carácter de "inversión" que han adquirido las compras en suelo o en vivienda; las alianzas sucias entre constructores y autoridades locales; el afán de distinción y de separación de importantes sectores medios y altos; los miedos múltiples y acumulativos que actúan sobre una población de cohesión débil; la fragmentación de los territorios urbanos extensos y difusos; la homogeneización de pautas culturales en los que la "imitación global" se convierte en obstáculo a la integración local, etc. Todo lo cual configura que vivimos no solo tiempos de revolución, de igual manera son tiempos de contrarrevolución, urbana obviamente.

Es una contra revolución, que en el caso de Bogotá, se refleja en la tendencia a la acentuación de la homogeneidad social de los barrios ricos, producto de la preferencia de sus habitantes por vivir tan alejados como sea posible de los diferentes (esto es, de las "clases peligrosas") y en la proximidad de sus iguales. De donde, "la homogeneidad social de los barrios ricos permite tomar conciencia de la ambivalencia de la segregación: ella no es nunca solamente separación, sino también siempre agregación y búsqueda de sus similares". Sin embargo, esta búsqueda de los iguales, no significa una búsqueda de convivencia en comunidad, no obstante que el "producto comunidad" se haya transformado en uno de los más promovidos por la nueva oferta inmobiliaria. Como señala Bauman, "la 'comunidad' que buscan equivale a un 'entorno seguro', libre de ladrones y a prueba de extraños. Comunidad' equivale a aislamiento, separación, muros protectores y verjas con vigilantes" ( http://bit.ly/1qG8vdA). En lo fundamental, se trata de una tendencia de lo que este mismo autor caracteriza como "la secesión de los triunfadores", que tiene como manifestación culminante la tendencia a la auto guetización, la guetización voluntaria, materializada en la explosión de los condominios y barrios cerrados. Son justamente estas islas urbanas, una de las principales expresiones de la estructuración social de la ciudad de nuestro tiempo: la fragmentación social urbana como expresión de una discontinuidad del tejido urbano derivado de un crecimiento marcado por un estallido y una dispersión de nuevas implantaciones, con vacíos no urbanizados y aún no urbanizables entre ellas. Donde la ausencia de articulaciones entre los pedazos en los que estalla el aglomerado urbano y la disimilitud extrema de las formas de los paisajes, tanto al nivel del tejido como al del Habitat, así como una gran heterogeneidad de los tipos de niveles de equipamiento (de infra-estructura y colectivos) y de servicios urbanos, aparecen como rasgos distintivos de esta evolución. A ello habría que agregar las peculiaridades de las áreas ocupadas por los sectores medios, donde la periurbanización y la gentrifcación (aburguesamiento) aparecen como dos modalidades residenciales que influyen de manera importante en la nueva morfología urbana; de un lado, una parte importante de los nuevos grupos medios en ascenso promueven la recuperación y reconversión de una parte de las antiguas áreas centrales. Y, de otro lado, una parte muy significativa de los sectores medios más tradicionales, motivados por su preferencia por la vivienda individual y, también, por su aspiración a condiciones de vida diferentes a las que pueden tener en las partes más inseguras, congestionadas y contaminadas de la ciudad, se desplazan hacia un periurbano semi-rural (Chía), que por esta misma razón tiende a crecer de manera incontrolable. Estas dos tendencias, gentrifcación y periurbanización, marcan dos de las velocidades que caracterizan la transformación de la ciudad actual.

Por otra parte, en contraposición a estos mundos de la riqueza, el panorama se completa con la ciudad de los tugurios y los ranchos, que se constituye en un componente ineludible de la ciudad de la revolución urbana y caracteriza la tercera velocidad, la de la relegación social. Al respecto, algunos números de los informes recientes de UN-Habitat son muy elocuentes: "el número total de habitantes en tugurios en el mundo alcanzó a alrededor de 1200 millones en el 2009. Esto representa cerca del 32% del total de la población urbana mundial. En ese momento, el 43% del conjunto de la población urbana de todas las regiones en desarrollo vivían en tugurios, mientras el 78,2% de la población urbana en los países menos desarrollados habitaban en tugurios y ranchos viejos. En algunas ciudades de países en desarrollo, los tugurios y ranchos son tan invasivos que los ricos han tenido que segregarse en pequeños enclaves amurallados. La conclusión lógica que se deriva inexorablemente de estas cifras es que "en lugar de ser un foco de crecimiento y prosperidad, las ciudades se han transformado en una tierra inundada por un excedente de población trabajando en servicios industriales y comerciales no calificados, desprotegidos y de bajos salarios.

Esta nueva realidad obliga al pensamiento crítico a plantearse nuevos parámetros en la lucha por la democracia urbana.
En plena campaña por elegir la nueva alcaldesa o alcalde de Bogotá, resulta obligado profundizar el tema del derecho a la ciudad y la democracia urbana en una ciudad convertida hoy en una Metapolis.

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Domingo, 04 Enero 2015 11:21

Ciudades inteligentes, gente nula

Ciudades inteligentes, gente nula

En la saga de inteligentes ya existen teléfonos, televisores, relojes, minucias varias y, caminando a paso firme, se vienen las casas para interconectar todo con todo. Pero la serie continúa, Ibm, Microsoft, Siemens, Hitachi, Cisco, van más allá y ofrecen servicios que analizan los datos de toda una ciudad para convertirla en "inteligente".

En 2008 las Naciones Unidas develaban que más de la mitad de la población del mundo vive en ciudades, y se calcula que 70 por ciento lo hará para 2050. La metrópoli atenta contra el anonimato y sus habitantes pasan a ser "data". En esta era post PC, una empresa como Ibm se propone grandes desafíos. En 2012 dirigió un documento de 538 palabras a un público objetivo bastante particular: los alcaldes e intendentes del mundo, a quienes les reconocía que el "trabajo de intendente ha comenzado a parecerse a la carga de Atlas. Infraestructura, agencias, servicios, economía y bienestar de los ciudadanos, todo demanda cambios. (...) Los líderes de ciudades de todo el mundo se movilizan más allá de las decisiones basadas en política para remodelar las ciudades con los conocimientos extraídos de los datos. Con logros eficaces, los recursos pueden ser coordinados, los problemas anticipados y la información integrada".

Una ciudad inteligente implica que los sistemas de transporte, electricidad, gas, agua, teléfonos y, en general, todos los servicios públicos sean constantemente monitoreados, y que tanto las autoridades como los ciudadanos estén al tanto de qué está pasando en su ciudad. Si la intendencia de una ciudad monitorea el sistema de limpieza, el camión recolector pasará únicamente por los lugares donde hay basura, por ejemplo, y el contenedor tendrá una alarma que avisará al usuario que está repleto y que debe dirigirse al contenedor más cercano señalándole dónde lo encontrará. Básicamente, una ciudad inteligente necesita la constante recopilación de datos de varios sistemas de sensores que a su vez son parte de un sistema de sistemas donde todo es contabilizado, calculado y analizado de forma tal de admi-nistrar eficientemente.

Después de años de trabajar como director de diseño de interfaces para usuarios de Nokia, en 2010 Adam Greenfield fundó urbanscale.org para "traer una perspectiva donde el ser humano sea el centro del diseño de productos, servicios, intervenciones espaciales y donde la tecnología pase a ser una condición urbana para el beneficio de todos quienes viven, trabajan, se esfuerzan y sueñan en las ciudades del mundo".

El pasado 14 de diciembre en el periódico británico The Guardian, el escritor Steven Poole se preguntaba al respecto: "¿Y qué papel jugará el ciudadano? Ese ejército de empleados impagos que generan información y datos contribuyendo voluntariamente a una base de datos urbanos monetizada por empresas privadas. ¿Es el ciudadano visualizado mejor que un píxel que se desplaza lentamente, yendo al trabajo, de compras o volviendo a casa, en un colorido monitor 3D? ¿O es el ciudadano, con todo derecho, una fuente impredecible de demandas y reclamos?". La ciudad inteligente con tecnología omnipresente donde los seres humanos somos ceros y uno tiene que tener alternativas, porque los carísimos sistemas de sistemas que venden las multinacionales no son más que capitalismo duro y puro.

"De los presupuestos participativos de Porto Alegre (los de Montevideo no son tan conocidos) a la literal 'desestratificación' que provoca el sistema de metro cable de Caracas, a los 'matatus digitales' de Nairobi (práctico mapeo de los vehículos del sistema público de transporte) y los reutilizados buses ferry de Manila (autobuses atornillados a remolcadores que permiten un sistema de ferry por el río Pásig), las comunidades del (hemisferio) Sur son responsables de un largo desfile de innovaciones sociales y técnicas que rivalizan con cualquier cosa que el mundo desarrollado ofrece para el ingenio y la utilidad práctica."

Considerando estas últimas innovaciones, Greenfield propone pensar a quiénes beneficia realmente la idea: "Cuando se examina la documentación interna (de las empresas multinacionales tecnológicas) y los materiales de marketing e intervenciones existentes, es evidente que hay una importante corriente de pensamiento acerca de la ciudadanía que está presente en todos ellos, con consecuencias bastante graves para la política de participación". Además Greenfield señala puntualmente que estas multinacionales construyen una imagen bastante chata del ciudadano, básicamente la de un consumidor pasivo de los servicios municipales, además de un generador de datos. Y es que la ciudad inteligente no prevé conductas disruptivas por parte de sus habitantes.

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Viernes, 28 Noviembre 2014 10:59

Segregación, subsidios y estratificación

Segregación, subsidios y estratificación

Es necesario recordarlo. Además de la relevancia del agua, el Plan de Desarrollo Bogotá Humana prioriza la lucha contra la segregación, la cual tiene diversas formas. La segregación socioeconómica, presente cuando las personas de distinto nivel de ingreso no se mezclan en el espacio urbano.

La figura ilustra 3 formas de la misma. Al lado izquierdo la segregación es alta porque no hay mezcla entre círculos, triángulos y cuadrados. En el lado derecho se representa una situación en la que sí hay mezcla y, por tanto, no hay segregación. En otras palabras, hay segregación socioeconómica cuando los ricos viven con los ricos y los pobres viven con los pobres.

En el análisis de la segregación debe tenerse en cuenta la variable con respecto a la que este es realizado (ingreso, condiciones de vida, acceso a equipamientos, etcétera). En Bogotá es observable que la segregación es mayor por ingresos que por acceso a equipamientos.

Es importante considerar el nivel desde el cual miramos esta problemática. Cuando el planeta Tierra se observa desde la Luna no hay segregación porque aquí convivimos todos. Pero esta sí aumenta a medida que el nivel espacial se reduce: país, ciudad, localidad, barrio y manzana. Las estimaciones realizadas de la segregación para Bogotá tienen como punto de referencia la localidad.

La raíz de la segregación es la mala distribución del ingreso existente en el país. Si su concentración, y el de la riqueza, no fuera tan alta, la segregación sería menor. Los gobiernos locales pueden incidir en el mejoramiento de la distribución del ingreso, pero las decisiones relevantes corresponden al gobierno central, que determina el impuesto a la renta. En los Estados Unidos la segregación va en aumento porque la distribución del ingreso empeora. Las familias de altos ingresos buscan áreas exclusivas, que las distancian de los demás en el espacio urbano. La segregación se combate de raíz con una mejor distribución del ingreso. Los profesores que vinieron de Francia para participar en este seminario también pusieron en evidencia el aumento de la segregación en ciudades como París. Lo conseguido, tanto en el país como en Bogotá, con respecto a la disminución de la concentración y de la riqueza, es muy poco. Dada esta limitación estructural debe buscarse que las personas, independientemente de su ingreso, compartan el espacio, los equipamientos, los bienes y servicios de la ciudad.

Por esta realidad es que entre el 2007 y el 2011 el índice de segregación residencial subió y pasó de 0.136 a 0.182. Este resultado muestra que las diferencias del ingreso entre las localidades van en aumento. Las localidades se tornan más homogéneas. Volviendo a la figura, las localidades están tendiendo hacia el lado izquierdo de la figura. En una localidad toman asiento los pobres (digamos, los triángulos), y en otras los ricos (los cuadrados).

La segregación, así como el desempleo, son males sociales, que difícilmente pueden eliminarse. No obstante, la sociedad debe plantearse la meta del pleno empleo como una opción posible. También podría afirmarse que la reducción de la segregación es un objetivo legítimo de política económica. Y en las coyunturas específicas cada sociedad va definiendo los niveles razonables de segregación. En el caso de Bogotá, la prueba reina de su ausencia podría ser una situación ideal en la que convivieran, en la misma escuela, los niños ricos y pobres. El día que Bogotá llegue a esta situación podría afirmarse que el nivel de segregación está reducido hasta un nivel razonable. Esta meta todavía es lejana. A medida que el ingreso sube, las familias prefieren los colegios privados y exclusivos.

La tendencia a la segregación tiene raíces sociales profundas. Allí convergen los aspectos políticos, culturales y económicos. La segregación es un fenómeno complejo multicausal. Una vez que las personas se agrupan comienzan a desarrollar mecanismos internos de protección y solidaridad; crean una identidad colectiva que ayuda a pelear por ciertas reivindicaciones. Pero estas bondades, derivadas de la solidaridad y de la protección colectiva, también estimulan la segregación.

Cuando la distribución del ingreso empeora, sucede igual con la segregación. Si la familia dispone de más recursos busca alternativas urbanísticas exclusivas. La lucha contra este fenómeno, por tanto, tiene que articularse a políticas tributarias que reduzcan la brecha del ingreso disponible.

Para mejorar la distribución del ingreso puede actuarse sobre tres variables. La primera es el salario, a través de políticas de empleo, que mejoren las condiciones laborales y el ingreso. La segunda son los impuestos. Colombia sigue favoreciendo la concentración del ingreso ya que reduce los impuestos a los más ricos, y no favorece la distribución por la vía tributaria. Y la tercera son los subsidios.

En el curso del seminario quedó evidente que algunos subsidios no están bien distribuidos, que los reciben personas que no los necesitan. Al hacer el balance entre subsidios e impuestos, se llega a la conclusión que gran parte de los primeros son contrarrestados por los impuestos. Es factible, por ejemplo, que el hogar que recibe los subsidios de un programa como Nuevas Familias en Acción pague por IVA un monto superior al recibido como beneficio de este programa. En el seminario trascendió, además, que los subsidios tienden a ser compensados por los impuestos y, entonces, las familias pobres quedan en una situación similar a la original. En otras palabras, el impacto distributivo de los impuestos y de los subsidios es cercano a cero.

Además, y como un mal que no es menor, la estratificación, convertida en un mecanismo perverso que acentúa la segregación. Bogotá es la única ciudad del mundo dividida en estratos. La pertenencia a uno de estos es una especie de marca, de sello. La segregación y la estratificación inciden de manera negativa en la calidad de vida. Los barrios pobres tienen mayor desempleo e inseguridad. Incluso, el solo hecho de informar la dirección donde se vive puede ocasionar rechazo en el mercado laboral. Ciertos barrios generan un imaginario que es repudiado por la sociedad, y de allí provienen procesos endógenos perversos. La segregación también se construye de manera simbólica, y para quienes son segregados los costos de las transacciones son más altos. La exclusión espacial tiene implicaciones políticas y puede expresarse en violencia urbana, como ha sucedido en Europa, específicamente en París.

En Bogotá, además de la brecha de ingresos, también es observable una diferencia importante en la distribución de los equipamientos, aunque se observan algunas mejoras. Es positivo que entre 2007 y 2011 la segregación por acceso a equipamientos haya caído. El índice tuvo una pequeña disminución de 0.0667 a 0.064, cambio pequeño pero que va en la dirección adecuada. La política urbana debe buscar reducir las diferencias notorias existentes en las condiciones de hábitat.

Tenemos ante nosotros, por tanto, una radiografía de parte de nuestra realidad, la misma que puede potenciar y/o facilitar otras problemáticas urbanas. Los retos abiertos para los actores políticos son muchos, y no hay tiempo para perder.

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Publicado enEdición 208
"En Detroit seremos la primera ciudad post-industrial"

Detroit celebrará este mes la conferencia Nuevo Trabajo-Nueva Cultura, las primeras jornadas dedicadas a repensar la economia y la cultura en Estados Unidos. Para entender el cambio que está sucediendo en Detroit y en norte-america hemos hablado con la histórica activista Grace Lee Boggs. Esta entrevista fue previamente publicada en Zazpika.

Grace Lee Boggs tiene casi 100 años y su pensamiento humanista vigoriza la devastada ciudad de Detroit (norte de Estados Unidos). Si la conocida como Motor City se convirtió en el símbolo del "sueño americano", hoy sus inmensos terrenos parecen un escenario de posguerra: gigantescas calles vacías, solares abandonados y abundante pobreza. Con el documental American Revolutionary. The evolution of Grace Lee Boggs y su libro The Next American Revolution: Sustainable Activism for the Twenty-First Century muchos norteamericanos han descubierto la visión y las esperanzas de esta mujer chino-americana. Luchadora por los derechos civiles en los Estados Unidos y tenaz activista del Black Power, Grace Lee Boggs se ha convertido en una figura legendaria: una sabia anciana que ve en las impresoras 3D y en los huertos urbanos la posibilidad de (r)evolucionar la sociedad.


Usted dice que se alegra de vivir en Detroit y de poder constatar cada día cómo los gigantes "también caen".

Sí, (sonríe). Creo que debemos pensar en perspectiva de siglos. ¿Qué sabes tú de la transición que hubo del Paleolítico al Neolítico?


Creo que muy poco..

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En el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico pasamos de la caza a la agricultura. Fue en ese milenio, antes de Cristo, cuando aparecieron todas las religiones, cada una con su propia "regla de oro". Esto sucedió porque la gente empezó a relacionarse de formas muy diferentes. Hoy tenemos que pensar en estos términos. El cambio que tenemos delante es como esa transición del Paleolítico al Neolítico. Tenemos que pensar de una forma mucho más antropológica y muchísimo más amplia.


¿Y piensa usted que en Detroit están metidos de lleno en este cambio?

Creo que sí. En los últimos doscientos años el ideal de vida ha sido el de la vida en la ciudad, pero este modelo nos lleva a nuestra propia extinción. La gente que seguimos habitando en Detroit estamos re-imaginando cómo queremos vivir. Hay gente que veía los solares abandonados como espacios vacíos y muertos y otros que los vemos como la posibilidad de colocar huertos urbanos. Somos los primeros en enfrentarnos a este nuevo estadio en la historia de la humanidad.

En su ciudad, ha transformado la que fue su casa y la de su marido James Boggs en el Boggs Center. Desde ahí trabajan la que denominan como "organización- visionaria". ¿Puede detallar este concepto en contraposición a lo que usted llama "organización-protesta"?


La organización-protesta funcionaba bien cuando el Estado-nación era fuerte. Pero ahora, da igual cuánta gente mandemos a Washington a protestar: Obama no tiene el mismo poder. El Estado-nación y los parlamentos fueron creados hace doscientos años, pero, después de la Segunda Guerra Mundial y con la globalización, los Estados-nación perdieron su papel.

¿Cómo funciona la organización-visionaria?


Cuando hay una crisis, hay gente que no se da ni cuenta, otra que reacciona y otra que ve las oportunidades que se generan y crea algo completamente nuevo. La idea de organización-visionaria surge al darnos cuenta de esto, de que las personas no son bancos de peces, no reaccionamos todas de la misma forma.


En Detroit queremos, a través de una organización visionaria, generar actividades nuevas, organizarnos para el futuro que queremos tener. ¿Los huertos urbanos crearán una nueva cultura?

Es el cambio de paradigma. Cuando se forzó a las mujeres a alejarse de la tierra y se mandó a los hombres a las fábricas hubo un cambio en el pensamiento y en la cultura. Así se generó el pensamiento cartesiano y la cultura industrial. En Estados Unidos creo que tenemos ahora esta oportunidad.


¿Podría darme más ejemplos de lo que hacen en su ciudad, además de los huertos urbanos?

Hace unos años quisieron solucionar la crisis del automóvil colocando casinos, con la promesa de generar nuevos puestos de trabajo. Nosotros nos opusimos y luego comprobamos que los casinos trajeron el dinero fácil, la droga y la criminalidad. Desde la organización-visionaria, nuestra respuesta a los casinos fue crear la Escuela de Verano, para repensar cómo queríamos vivir y trabajar. Ahora, en octubre organizaremos la primera conferencia mundial titulada "Nuevo Trabajo, Nueva Cultura".

¿Se acabó el "sueño americano"?


En Detroit, fuimos la ciudad de los milagros industriales y ahora seremos la primera ciudad post-industrial. La televisión y la publicidad tuvieron un rol muy importante en la cultura de masas.

¿Cómo se crea el nuevo imaginario?

Creo que usar impresoras 3D cambia totalmente la forma de pensar. Ahora es la sociedad la que puede decidir lo que producimos y no al revés. Cambia todo.

¿Y las mujeres?

En la transición del feudalismo al capitalismo, empezó la persecución de las brujas, así se impidió que las mujeres participaran en esta transición. Leí hace poco que un grupo de mujeres en África hizo una casa, en un día, con una impresora 3D. El cambio cultural es enorme.

Aconseja a los jóvenes tomarse la filosofía más en serio.


Sí, fui muy afortunada porque fui a la Universidad durante los años 30. Imagina lo que significa eso: los años 30, todo el mundo iba loco intentando entender la crisis económica de entonces. Yo dejé mis clases y me apunté a Filosofía. No entendía la filosofía y quería hacerlo. La esencia de la filosofía son dos cuestiones: ¿qué significa ser un ser humano? y ¿qué significa saber lo que sabemos? Estas son las preguntas que constantemente nos estaremos haciendo.

En los años sesenta participó en la organización de la marcha en Detroit en la que Martin Luther King ensayó por primera vez el famoso discurso «I have a Dream». ¿Cómo se vinculó con el movimiento Black Power?

Yo he sido muy afortunada por nacer mujer y de familia china. Crecí en Nueva York, donde mi padre abrió un restaurante, y siempre se me motivó a estudiar y a leer. Conseguí entrar en la Universidad y sacar el doctorado en Filosofía, pero luego nadie quiso darme trabajo. Me discriminaban por ser mujer y tener rasgos orientales. Cuando vi a la población afroamericana luchando por sus derechos, me uní a ellos. En Chicago vi y entendí por primera vez el sufrimiento de la población negra: como personas, como seres humanos.


¿Qué cambió en usted unirse al movimiento Black Power?

Cambió mi forma de entender la vida. Al participar en las manifestaciones y acciones y ver la fuerza de las masas pensé: "Si esto es lo que pueden conseguir las acciones masivas, esto es lo que quiero hacer toda mi vida". Cuando ahora veo lo que hacemos en Detroit, cómo los vecinos vuelven a cuidarse, cómo los niños son escuchados... pienso, si Malcom X viera lo que estamos haciendo seguro diría: "Esto es de lo que estaba hablando".


Junto con su marido, James Boggs, escritor negro y trabajador en la automoción (fallecido en 1993), hablaban ya desde los sesenta de la próxima "revolución americana".


Llegamos a esta conclusión a causa de los disturbios en Detroit en los 70: no estábamos haciendo una revolución, se trataba del grado de enfado de la gente. Una revolución es lo que hace que evolucione la humanidad, pero es importante distinguir bien entre revolución o rebelión y disturbio. Lo difícil, nuestra lucha, es intentar evolucionar como seres humanos. Los disturbios y las rebeliones no son lo mismo.


¿Entonces tenemos que (r)evolucionar?

Ahora mismo la cultura industrial, que se creó hace 200 años después de la Revolución francesa, se ha colapsado. Los europeos han afrontado las revoluciones como oportunidades para tomar el poder y no tanto como transiciones entre culturas. Pero, no se trata de tomar el poder. Fíjate, mi abuela nació cuando Marx era un niño. Era el periodo en el que aún no estaba claro qué camino seguiría Europa y nadie imaginaba todo lo que ha ido pasando después

¿Cómo ve ahora Europa?

Os veo en peor posición que los Estados Unidos, pero mi intuición dice que estudiar las migraciones en vuestro continente puede resultar clarificador. En Detroit, nos ha ayudado mucho entender los movimientos de la población negra. No creo que la inmigración africana tenga el mismo rol en Europa, pero hay que entender cómo os están afectando los movimientos de población. Europa intenta bloquear la inmigración y las deportaciones están aumentando. El pensamiento europeo sigue estando dominado por las ideas, principalmente, de los partidos políticos en tiempos de la dominación europea. Hay que cambiar esta mentalidad. Cuando vi las fotos de los inmigrantes intentando entrar en Ceuta me quedé muy sorprendida... Allí había algo nuevo. Debéis mirar a Europa desde esta perspectiva. Un periódico puede ayudar a hacerlo: tenéis que identificar y reconocer el cambio que estamos viviendo. Así, el cambio se reconoce a sí mismo.

¿Podría dar un ejemplo?

Por ejemplo, creo que es crucial entender el papel de Wangari Maathai en Kenia. Vino a EE UU en el momento álgido del movimiento de liberación de la mujer y cuando volvió a Kenia se dio cuenta de la diferencia entre la política hecha por los hombres y, en cambio, la sabiduría de las mujeres (con la organización del agua y la madera). La doctora Maathai se dio cuenta de que toda su lucha medioambiental era parte de un todo. Era una lucha ligada a combatir el sexismo, la pobreza y la corrupción. Entender el papel y la perspectiva que ha cogido gente como Maathai puede ser muy útil para entender de qué sirven estas migraciones.

¿Necesitamos más imaginación?

Hay que distinguir entre conocimiento e imaginación. Las escuelas se han centrado en dar conocimiento,que habla de realidades pasadas. La imaginación es proyección hacia el futuro,y los próximos líderes serán aquellos y aquellas que sepan ver y crear algo nuevo.

¿Qué significa ser un ser humano?


Evolucionar. Somos el único planeta que ha tenido este tipo de vida. Y ahora nos enfrentamos al peligro de la exterminación. Tenemos que evolucionar para impedirlo.

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Peatonalización de la carrera 7ª ¿problema o solución urbanística?

El pasado 24 de agosto arrancaron las obras de peatonalización de la carrera 7ª, también llamada avenida Alberto Lleras Camargo o Calle Real, importante e histórica vía de la capital colombiana. Con esta iniciativa Bogotá retoma iniciativas, como las de Londres, Barcelona, Nueva York, Quito, y otras ciudades con proyección mundial donde el centro prioriza al peatón, al caminar lento, le abre espacios a la conversación, al despliegue cultural, incentivando de esta manera el turismo, fuente fundamental de ingresos para diversidades de urbes y países en todo el mundo.

El proceso de peatonalización busca, según lo expuesto por el alcalde Gustavo Petro, convertir en protagonista al ciudadano que no usa carro.

La reorganización de esta avenida está proyectada en dos etapas: la primera cubre desde la calle 7ª hasta la Avenida Jiménez, y deberá entregarse a la ciudad el próximo mes de diciembre.

La segunda etapa, que va entre la Avenida Jiménez o calle 13, y hasta la calle 26, deberá concluirse en febrero de 2015.

La transformación de esta avenida en peatonal implica una inversión inmensa para la ciudad: $14.500'000.000 (catorce mil quinientos millones de pesos). ¿Será este tipo de obras la prioridad en las inversiones de la ciudad?

Voces dispares

Desde que la Alcaldía informó sobre este proyecto se levantaron voces, unas a favor, otras en contra. Estas últimas indican, por ejemplo, que el cierre de estas calles para los carros aleja a mucha gente de esta parte de la ciudad. Según quienes así piensan, ante la reducción de los potenciales compradores mayor inseguridad pues los más pobre no tienen a quien solicitar ayuda, acudiendo, por lo tanto, al raponeo o procederes similares.

Así piensa Camilo Camargo, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, magister en el área de urbanismo, al argumentar que "[...] peatonalizar la carrera 7ª significará que muchos transeúntes dejaran de ir al centro de la capital, dejarán de visitar los negocios, dejarán de visitar monumentos históricos como el Capitolio, la Catedral Primada, la Media Torta, entre otros, todo lo cual representa la muerte inminente del centro capitalino".

Una vez iniciadas las obras el gremio de los comerciantes –Fenalco–, insistió en el tema de la inseguridad, quejándose, además, por la reducción de ventas de sus afiliados. Una voz que parece quedarse en lo inmediato sin proyectar el futuro y el beneficio que en sus ventas tendrán en el futuro inmediato quienes poseen allí locales comerciales.

Por su parte, para los expertos que ven positiva esta reorganización urbana, el proceso de peatonalización permitirá que la gente tenga más zonas de recreación y culturales, más oportunidad de ejercer las caminatas sin ningún sobresalto, tendrán más espacio los ciclistas entre otros deportistas, peatones, etcétera.

Así reflexiona y expone el concejal Carlos Roberto Sáenz del Partido Alianza Verde, quien aduce que este proyecto es una solución netamente positiva, la misma que han puesto en marcha otras ciudades en el mundo con resultados positivos.

El deterioro y la pobreza

Edgar Montenegro, representante de movimientos sociales localizados en esta parte de la ciudad al responder a la pregunta ¿cómo está la peatonalización?, responde con otro interrogante: ¿cómo está?, más bien debe decirse, ¿a qué horas? Y él mismo responde: "a las 10 de la mañana es un sueño pero a las 10 de la noche es una completa pesadilla".

Y continúa argumentando: "La pobreza extrema se volcó sobre la carrera 7ª, se volcó sobre el centro de la ciudad". Por esta razón los visitantes de esta parte de la ciudad sienten que la inseguridad es mayor, "lo cual no se supera con peatonalizar unas calles pues este proceso de mayor pobreza evidente, este proceso de 'descomposición' es un simple reflejo de la dinámica que vivimos como sociedad". Se necesita, entonces, que peatonalización y pobreza se aborden con unos mismos ojos de manera que ahora no vengan con mayor control policial como mecanismo para sacar la pobrecía del centro, arrojándola sobre otra parte de la ciudad. Esto no se soluciona tapando.
El interrogante

Tenemos, pues, ante los ojos de todos un proyecto urbanístico que le inyecta nuevo aire a la ciudad, proyectándola como territorio de servicios. Los beneficiaros de esta iniciativa, de manera inmediata, son los comerciantes de las marcas más reconocidas, un pequeño nicho de los que allí llegan cada día para abrir sus locales, quienes no habitan en este territorio. Pero, de manera contradictoria, el costo de tal transformación recae en los bolsillos de todos los que vivimos en Bogotá.

Así las cosas, y ante esta contradicción, además de la variedad de frentes que en toda la ciudad reclaman el concurso de los dineros oficiales, y consecuentes con el discurso oficial que hoy campea en esta urbe –de participación e inclusión–, al momento de proyectar la posibilidad de esta obra debió levantarse una consulta popular entre quienes sí habitan esta parte de la ciudad, entre quienes habitan todos y cada uno de sus barrios y entre ellos decidir dónde invertir, de manera prioritaria, la millonada aprobada para esta peatonalización. De así proceder, con seguridad, todos caminaremos de mejor manera, y con mayor tranquilidad, por toda Bogotá.

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En menos de una década Río de Janeiro está padeciendo tres grandes eventos que modifican su fisonomía: los Juegos Panamericanos en 2007, la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Esa sucesión de megaeventos deportivos en tan poco tiempo es aprovechada por el capital financiero para remodelar una de las ciudades más bellas del mundo, donde obtiene enormes ganancias y provoca daños irreparables a los más pobres.


Este mes el Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas de Río lanzó el cuarto dossier titulado Megaeventos y violaciones de los derechos humanos en Río de Janeiro (se puede bajar de comitepopulario.wordpress.com). A lo largo de 170 páginas analiza las principales consecuencias que están teniendo sobre la ciudad y su población, a la vez que pone al descubierto quiénes se benefician con las millonarias obras que imponen, entre otras, la FIFA y el Comité Olímpico Internacional.


Los megaeventos deportivos marcan el retorno de la forma más violenta de menosprecio de los derechos a la vivienda en la ciudad, puede leerse al comienzo del dossier. Se trata de una limpieza social que consiste en relocalizar a los pobres para abrir oportunidades de negocios a las grandes empresas, en zonas nobles como Barra da Tijuca, Jacarepaguá y el centro histórico, mientras los traslada a zonas lejanas donde deben remprender sus vidas desde la nada. Hasta ahora son casi 5 mil familias desplazadas de 29 comunidades, estando otras 5 mil amenazadas de desalojo.


El Comité de la Copa apoya con estudios y análisis a las comunidades desalojadas, pero sus miembros también ponen el cuerpo para resistir a las excavadoras que derriban viviendas. Las mujeres están a la cabeza de la resistencia, como Inalva Britos, en Vila Autódromo, y Alessandra en el morro da (cerro de la) Providencia. En los barrios populares las mujeres venden comida en el vecindario o hacen artesanías, estrategia de sobrevivencia que no van a poder continuar en los desolados barrios del programa Mi Casa Mi Vida. Resistir es cuestión de vida.


Río es la ciudad más afectada por la especulación inmobiliaria. El precio de las viviendas subió 65 por ciento entre 2011 y 2014, frente a un promedio de 52 por ciento en Brasil. El precio de los alquileres subió 43 por ciento, frente a 26 por ciento en São Paulo. La lista de obras es impresionante: dos estadios (el Olímpico y Maracaná), la Villa Olímpica y el Puerto Maravilla; seis líneas de trenes livianos, ampliación del metro y de las autopistas o vías rápidas urbanas: todo financiado con dineros públicos.


Sólo la remodelación en Río, de Maracaná demandó mil 50 millones de reales (470 millones de dólares). El presupuesto de obras aumentó 65 por ciento desde lo presupuestado en 2010, alcanzando la astronómica cifra de mil 500 millones de dólares sólo para las obras del Mundial y las Olimpiadas. Las principales beneficiarias son las grandes constructoras: Odebrecht, OAS, Camargo Corrêa y Andrade Gutierrez. Casualmente, las que mayores aportes hacen a los partidos políticos en las campañas electorales.


Maracaná ha sido remodelada completamente por Odebrecht, que conserva además la apetecida gestión del recinto. Comparte con Andrade Gutierrez la construcción y gestión de la Villa Olímpica, con OAS la gestión del estado Olímpico, y así hasta 20 grandes obras en Río de Janeiro, cientos en las 12 ciudades sedes del Mundial, incluyendo nuevos aeropuertos y hoteles. Sólo la nueva Terminal 3 del aeropuerto de Guarulhos (São Paulo) tuvo hasta ahora un costo de mil 500 millones de dólares.


Nada de esto se puede hacer sin represión. La ocupación por el ejército del Complexo da Maré (130 mil habitantes en 16 favelas), hasta que termine el Mundial, es apenas la acción más conocida por la población. Esta semana el gobierno del estado de Río informó de la incorporación de ocho nuevos blindados para el Batallón de Operaciones Especiales (BOPE), que serán utilizados en los operativos de "pacificación de las favelas" ( O Globo, 24/06/14).


En los cuatro meses previos al Mundial, la Secretaría de Estado de Río informó de 4 mil 250 internaciones forzosas de personas en situación de calle, quienes son trasladadas a un albergue a 70 kilómetros del centro de la ciudad, donde, según el dossier de los Comités de la Copa, son alojados en condiciones precarias y sufren prácticas de tortura.


Río de Janeiro se está convirtiendo en una ciudad cada vez más cara y desigual, señala el dossier del Comité de la Copa. Una ciudad fracturada, conflictiva, como sucedió en el reciente carnaval, cuando más de 70 por ciento de los 14 mil recolectores de basura entraron en huelga. Luego de ocho días de duro conflicto y descalificaciones, una de las categorías peor pagadas obtuvo un aumento de 37 por ciento en su salario base, que aun así es de apenas 500 dólares. Pese a las presiones, aún se mantiene el enorme campamento de 4 mil personas organizado por el MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo) a tres kilómetros del estadio Itaquerão.


Cuando se lleva disputada la mitad del Mundial, las manifestaciones han descendido y la cantidad de personas movilizadas es menor que en las semanas previas. Aun así, las protestas están lejos de desaparecer. Nadie olvida el éxito de las jornadas de junio de 2013, que consiguieron frenar los aumentos del boleto de transporte urbano, pero que en realidad cuestionaban el modelo de ciudad que va imponiendo el capital con apoyo de una amplia coalición de partidos.


Un reciente comunicado del MTST, que mantiene un campamento de 400 personas frente a la cámara municipal en demanda de vivienda popular, asegura que su lucha no comenzó con el Mundial ni se terminará cuando finalice. Reafirmamos que el gran legado del Mundial fue la especulación inmobiliaria y la exclusión urbana.

Después de julio, cuando el balón deje de rodar y se apaguen los fuegos de artificio mediáticos, los brasileños volverán a su vida cotidiana, pagando precios abusivos por un transporte pésimo. La resistencia al extractivismo urbano recién comienza.

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