Las vidas son negras, el dinero es blanco

Por qué ciertos estados de EE.UU. se apuran tanto en levantar la cuarentena

Los más apurados son los que muestran mayor divergencias entre su porcentaje de habitantes afroamericanos y las muertes por raza.

 

Varios estados en esa unión de cincuenta que son los Estados Unidos están reabriendo en todo o en parte su economía. De los cuatro costados les avisan que levantar las cuarentenas implica un costo en vidas, que están haciendo casi un cálculo de cuánto cuestan los muertos, a ver si vale la pena en dinero. Pero esas advertencias no tienen en cuenta un lado importante de la ecuación. No es “la vida o el dinero”, si no “la vida de quién o el dinero de quién”. En los estados más apurados en reabrir, quedó en claro que el dinero es de la mayoría blanca y las vidas de la minoría negra.

Los gobernadores de esos estados “aperturistas” argumentan que reciben presiones de pequeños comerciantes y de trabajadores desempleados. Pero según la encuestadora Civis Analytica, el setenta por ciento de los que opinan que es hora de abrir la economía son blancos que no perdieron su puesto de trabajo por la cuarentena. Es decir, que apenas un tercio se dice dispuesto a correr el riesgo del coronavirus por desesperación, por pobreza. La amplia mayoría está cómoda y a salvo.

La explicación está en la diferencia en la tasa de mortalidad de la covid-19 por raza, que en algunos estados llega a ser brutal. De los quince estados con minorías negras importantes, nueve muestran las mayores disparidades. De esos nueve, siete son gobernados por republicanos más o menos alineados con el presidente Donald Trump. Para dar una idea de la diferencia, en Kansas el seis por ciento de habitantes afroamericanos puso el 33 por ciento de los muertos hasta ahora. En Michigan, donde los milicianos de ultraderecha tomaron la legislatura armados con fusiles automáticos para reclamar la reapertura, el 14 por ciento de población negra puso el 44 por ciento de los muertos.

Pero el estado más aberrante es el de Georgia, gobernado por un republicano duro, Brian Kemp. Georgia es “el sur profundo”, una expresión que implica la vieja tradición confederada, una economía original de plantaciones con esclavos, racismo, Ku Klux Klan y una verdadera manía por andar armado. El 32 por ciento de los habitantes de este estado es negra, y no sólo puso la mitad de los muertos de covid-19 hasta ahora, sino que un asombroso 83 por ciento de todos los pacientes que fueron a parar a un hospital resultaron ser afroamericanos.

El gobernador Kemp autorizó a reabrir hasta las peluquerías.

En Alabama, otro símbolo del apartheid norteamericano, el 27 por ciento de los habitantes es negro y puso el 46 por ciento de los muertos. En ese estado, una buena cantidad de comisarios de pueblo -sheriffs, les dicen- simplemente se negaron a hacer cumplir la cuarentena. El gobernador acaba de abrir las playas.

En el discurso demócrata, camino a las elecciones, ya se instaló la idea de que la pandemia del coronavirus dejó al descubierto las disparidades raciales y sociales del país. El Centro de Control de Enfermedades, el ya famoso CDC, coincide. En un estudio a nivel nacional, encontró que el 18 por ciento de los norteamericanos de raza negra ya puso la tercera parte de los muertos de esta emergencia. Exactamente el 33 por ciento.

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“La clase media es el pueblo del Estado, el problema es que eso anula la política”

La configuración de los Estados como centros de concentración de poder entró en crisis en el último tercio del siglo XX. Muy avanzado el siglo XXI, el ensayista Emmanuel Rodríguez aborda el problema del Estado y la imposibilidad de una revolución con las mimbres de las experiencias históricas.

Vivimos en sociedades de clases. En los polos que se construyen sobre esa división se construye la “política de clase”. La “política de clase” es una política “de parte” (no aspira a serlo de un “todo”) y como tal no busca, es más, rechaza, la ficción unitaria y la reconciliación en los términos que plantean los Estados. Esa política de parte ha sido confundida con “el proceso de creación histórica” que llamamos revoluciones y es necesario revisar críticamente esa confusión para plantear el futuro inmediato de la política de clase.


Con esas cuatro ideas como punto de salida y de llegada, el historiador y sociólogo Emmanuel Rodríguez (Madrid, 1974) ha escrito La política contra el Estado. Sobre la política de parte(Traficantes de Sueños, 2018). Un ensayo que no pretende esquivar ninguna polémica pero que se presenta “por fuera” del debate coyuntural de la política realmente existente. Como Rodríguez comenta en la entrevista, La política contra el Estado puede ser un mapa para navegar el tiempo histórico en el que estamos inmersos.


¿Está en crisis la idea de los Estados tal y como los conocemos?


Para ser precisos no es una crisis de los Estados como institución, es una crisis de lo que identificamos como Estado históricamente, desde su conformación a partir del Estado moderno —tomando como posible inicio la Paz de Westfalia de mediados del siglo XVII— pero sobre todo de lo que entendemos como un Estado que es soberano, con lo que eso implica. Un Estado que tiene la capacidad de regular aquellas que son tres características fundamentales, que son el territorio, la población y la seguridad.


Eso, que son las atribuciones del Estado soberano, no está garantizado a día de hoy. No lo está desde hace bastante tiempo. El largo siglo XX es un continuo desengaño con lo que eran las atribuciones del Estado soberano.


Si consideramos el periodo de entreguerras, y lo que en cierta medida es una guerra civil global en términos de lucha de clases —con distintas matizaciones—, nos encontramos que el enfrentamiento en términos de dictaduras que son soberanas, no simplemente comisariales, como por ejemplo las que resultan de la revolución rusa o el fascismo y el nazismo, giran y se organizan en torno a esta idea del Estado soberano.
Desde los años 70 vemos que eso es cada vez menos operativo, y el Estado se convierte en una pieza que articula el proceso de desregulación financiera y lo que llamamos la globalización. Es decir, que se convierte en un gestor social y económico de una cadena de producción cada vez más globalizada y fragmentada. Por otra parte, también es un regulador, en este caso bastante subordinado, del capital financiero.


Esas son las funciones del Estado: conserva, por supuesto, la función prioritaria de regulador social sobre determinado territorio, pero cada vez es menos eficaz en ese terreno. Sencillamente, a día de hoy se ve cada vez más incapacitado para manejar las palancas que históricamente tuvo a la hora de organizar en términos intervencionistas un mercado propio. Incapacitado también en la función que tenía para desarrollar programas de desarrollo industrial y organizar el mercado de trabajo nacional.

¿Esa crisis es coyuntural o permanente?


Yo diría que es irreversible. No tiene solución. El Estado queda como un garante de cierto orden social, un regulador económico subordinado a fuerzas que se le escapan y progresivamente —en la medida en que es menos eficiente como gestor social del ciclo de acumulación, que se produce a escala global— nos encontramos con que queda relegado a atribuciones cada vez más represivas. Esa es la trampa que tienen las políticas que han abogado por el soberanismo, el hecho de que la única capacidad soberana, en términos clásicos, que le va a quedar, es aquella que se articula sobre la población en términos represivos.

¿Cómo funciona la UE en este contexto de crisis de los estados? ¿como un súper Estado o como otra cosa? ¿Estamos ante una futura sustitución de los Estados por esta estructura?


Más que vaya a venir a sustituirlos, hay que anotar que el Estado ha sido una pieza que ha funcionado y operado a favor del proceso de globalización. Esta no se entiende sin la colaboración de todos los Estados. Estos han permitido una regulación que precisamente destruía los viejos mecanismos de regulación, de control de capitales, de la organización de los mercados internos. Se han destruido ciertas dinámicas proteccionistas y los Estados han operado como mecanismos de liberación de flujos. No de todos, obviamente el del trabajo no.


Lo que nos encontramos en este momento es que hay distintos niveles que operan de forma bastante caótica, como ha investigado gente como Saskia Sassen, Bob Jessop, etc. Atribuciones que antes estarían en manos del Estado, como por ejemplo, la regulación del ciclo de acumulación, ya no dependen de ellos. En cierta medida, porque eso se produce a escala global y por medios financieros.


Es lo que ha hecho la UE, por ejemplo, a la hora de santificar y proteger políticamente sus propios mecanismos de funcionamiento; las famosas tres condiciones de Maastrich: el control de la deuda pública, el control del gasto público y el control de la inflación. Básicamente, las tres garantías para el funcionamiento del ciclo de extracción financiera.


A la vez, te encuentras con que hay una delegación de funciones por parte del Estado sobre las regiones y sobre las ciudades. En el sentido de que estas se vuelven piezas que compiten en esa cadena de producción global y no se pueden escapar de esa competición. De este modo, hay ciudades-empresa, ciudades cuasi-Estado como Londres y la City, que tienen a veces más poder que su propio Estado a la hora de imponer condiciones.

¿Cómo se explicita esa crisis de los Estados en España?


España, y creo que esta es una cuestión específica de aquí, ha sido durante el siglo XIX y buena parte del XX una potencia decadente, a diferencia de otros países con pasado imperial, como Francia, Inglaterra, y en menor medida Italia y Alemania (las potencias perdedores de la II Guerra Mundial y, en el caso alemán, también de la primera). El pasado glorioso de España se pierde definitivamente a principios del XIX y ya no se incorpora como una potencia imperialista nada más que como una de segundo o de tercer orden durante los repartos de África.


Siempre ha habido un complejo de inferioridad respecto a Europa y eso la sitúa histórica y culturalmente en una posición distinta respecto a las dinámicas continentales. Ha tenido también un retraso en términos de crecimiento económico —que el franquismo acentúa— y todo el proceso de incorporación a “Europa” se toma como la incorporación a la modernidad. El ingreso en la Comunidad Económica Europea, como pasa en buena medida en los países del Este con la UE, implica esa incorporación a la modernidad capitalista asociada a determinados valores y a determinada mecánica de intervención del Estado, que es lo que llamamos Estado del bienestar.


Esa crisis de los Estados, por estos motivos, no se vive con la agudeza de otros lugares porque no ha sido un Estado o un país que tenga una posición central. Sin embargo, sí se ve materialmente en cuestiones determinantes: España se ha incorporado a todo ese proceso con funciones muy específicas. La globalización no supone nuestra incorporación como un Estado de producción industrial y de tecnologías medias y avanzadas (salvo en segmentos muy determinados). Lo que va a producirse, en cambio, en esa dinámica de globalización financiera, es una nueva centralidad de las dinámicas territoriales que David Harvey llama el circuito secundario de acumulación. Eso hace que su posición competitiva esté ligada a las burbujas inmobiliarias.


¿Qué determina esto? Una posición frágil en los ciclos bajistas, sobre todo cuando son a nivel global, porque en cierta medida su posición, aunque es muy exitosa en esta globalización financiera —exitosa en términos relativos—, conlleva que a partir de 2007-2008 la crisis adquiera aquí perfiles mucho más agudos que en otros lugares.

¿En qué afecta esto a esas tres condiciones de territorio, población y seguridad?

En que el Estado no es capaz de regular la crisis social, o no tiene las competencias. Estas son, durante la crisis, derivadas a la Unión Europea. Por otra parte, el Estado no tiene capacidad de regular las luchas intestinas de las élites competitivas que se producen a nivel territorial. La crisis de la clase política la conduce a una situación agónica. Creo que eso es lo que expresa también Catalunya.

¿Cómo se refleja esa crisis en la clase media, que precisamente es el vector al que todos los partidos se apuntan por ser la plasmación de ese estado centralizador y aplanador de las diferencias entre clases?


Lo que se pretende en el libro es responder a eso mismo. Los Estados liberales no consiguen unificar completamente a sus sociedades. Es un conflicto que se plantea en términos de Guerra Civil después de la Revolución francesa y durante la propia constitución de los Estados liberales. Un conflicto en un primer momento con los viejos poderes —las aristocracias terratenientes, las lógicas del antiguo régimen— y, posteriormente, en la dinámica progresiva de industrialización, con la creación de una nueva plebe, con el movimiento obrero. Esa nueva plebe no está integrada en el “pueblo”, no está integrada en la nación.
Esa “otra” nación se corresponde básicamente con el propio movimiento obrero. Y va a adquirir expresiones muy radicalizadas, sobre todo en el siglo XIX, y posteriormente en la crisis de los años 10, 20 y 30 del siglo XX. Es a esa otra nación a lo que los marxismos y el anarquismo tratan de dar una articulación. Este pueblo se construye, en determinadas ocasiones, con una posición de completa unilateralidad, es decir, se decanta como política de parte y autodeterminación social independiente al propio Estado.


La autodeterminación obrera va a ser el gran problema del Estado liberal, del Estado como lo conocemos: ¿Cómo integrar eso? ¿Cómo se hace? El artilugio, que no se puede esbozar en tres palabras, básicamente pasa por un proceso de reformas sociales e integración política de ese cuerpo social. Pero también se adoptan salidas de corte autoritario: el Fascismo es un intento de convertir el Estado básicamente en el gran mecanismo de unificación, en el cual el pueblo carece de divisiones, y aquella parte heterogénea del pueblo va a ser incluso suprimida, se le va a declarar enemigo interno.


El mecanismo político después de la II Guerra Mundial consiste en una vuelta a una democracia liberal pero con Estados fuertemente intervencionistas, que tienen herencias fascistas y conserva tintes corporativos. Pero, por otra parte, hay toda una labor de ingeniería social destinada a convertir a esa clase que se había secesionado —el movimiento obrero— en algo distinto, que es eso que llamamos clases medias. Esta denominación es un constructo cultural pero tiene una base material articulada por el propio Estado a través de mecanismos de redistribución y a través de una integración en términos capitalistas en el consumo. Mediante el consumo, el salario se integra en el ciclo de acumulación de forma positiva, que es lo que llamamos fordismo.


Por medio de ese mecanismo, la clase media se va a convertir en el pueblo que el Estado, por lo menos el Estado occidental, es capaz de unificar. Y donde no sea capaz, el Estado tendrá límites evidentes. No conseguirá nunca superar una especie de estado de guerra civil permanente, que es lo que pasa en América Latina y en cierta medida en algunos países asiáticos.


El gran triunfo del Estado moderno es la capacidad de haber construido su propio pueblo. No es el resultado simplemente de operaciones de mercado, no es simplemente que se produzca la incorporación social al consumo, hay toda una tecnología, de tipo estatal, que también genera mecanismos de integración; a través de la educación, a través de los servicios públicos. Ese es el gran resultado: la clase media es el pueblo del Estado. El problema, y la paradoja del asunto, es que eso también anula la política. Detiene el motor dinámico de lo que es la política moderna. En la medida en que el Estado va progresivamente “engordando” y consumiendo los mecanismos de integración social, el Estado destruye o convierte la política en un mero espectáculo cada vez más impotente.

 

¿Desde dónde articular esa posibilidad comunitaria popular que se opondría o caminaría aparte del Estado? ¿Cómo hacerlo a partir de ahora?


Creo que hay reflexiones interesantes en América Latina. Hay un intento de repetir la hipótesis fundamental de lo que ha sido la izquierda occidental, con una variante latinoamericana, que es la de apoyar este propio proceso de integración social a través de mecanismos estatales. En el caso de América Latina eso implicaba construir Estados propiamente dichos, Estados con capacidad fiscal, con capacidad redistributiva, presentes en la vida social y capaces de organizarla en el sentido de incluir, sino a la totalidad de la población, sí a una parte significativa.


Hay toda una reflexión sobre lo que es la izquierda latinoamericana, sobre cómo se construye. Y hay una decepción de buena parte de los sujetos que han operado. En el caso de Bolivia es muy claro. El propio Proceso Constituyente ya empieza a manifestar insuficiencias manifiestas en el reconocimiento de comunidades, pues tienes sociedades indígenas y comunitarias que viven prácticamente al margen del Estado.


En la medida en que la Constitución no reconoce buena parte de esas demandas —que se basan en la no integración en el Estado sino que piden jurisdicción propia, capacidad de autogobierno territorial— y tras la estabilización de los gobiernos progresistas —cuando se ven dinámicas de corrupción, de autoritarismo, inercias del Estado muy fuertes— se plantea la necesidad de reconfigurar cómo se piensa políticamente el proyecto estratégico de la izquierda.


Surgen entonces toda una serie de definiciones, de posibilidades. Una de ellas es esta de los horizontes comunitarios populares, que lanza Raquel Gutiérrez y Huascar Salazar en Bolivia. Lo que plantean básicamente es que el horizonte político está ligado a la construcción de dinámicas de autodeterminación que son dinámicas de parte, que no son integrables en estos procesos de captura estatal. Consiste en fomentar iniciativas de carácter cooperativo, con capacidad de autosustentar la vida. Se plantea una comunidad de lucha, que se construye en el conflicto, que es protagonista y sujeto directo de la acción y dibuja esos horizontes como las posibilidades de la política hoy.


Traducido en términos más propios, se trataría de la construcción de contrapoderes. Contrapoder es algo que no simplemente se opone al Estado, sino que es la constitución de un poder propio. Cada vez más vivimos en un régimen que puede reconocerse en la metáfora de la poliarquía —en la condición de que la política está organizada a partir de instancias que tienen soberanías limitadas y superpuestas, y por tanto no son soberanías en estricto sentido—. La cuestión es cómo construyes poderes propios, que tengan la capacidad de intervenir y organizar la vida, y de sostener comunidades que tienen la capacidad de fundarse a sí mismas y mantener una posición propia. Esa es la clave. En sociedades tan estatalizadas como la nuestra eso es difícil de imaginar, porque apenas queda la memoria, los restos y embriones de cosas parecidas. Memorias como la del sindicalismo revolucionario, la del sindicalismo que no estaba integrado en el Estado.

Denuncias también una incomparecencia de los partidos en ese conflicto, en esa tensión contra el Estado o en el funcionamiento al margen del Estado.


El partido es una máquina que está organizada siempre para la conquista del Estado. Históricamente, se puede pensar que esas máquinas partidarias tenían capacidad de organizar un Estado distinto, de reformarlo radicalmente. Ese era el proyecto, por ejemplo, de los partidos comunistas; lo era también de los partidos fascistas; en términos reformistas, lo era de los partidos socialdemócratas.


Tomando la imagen de Gramsci, cada partido es la prefiguración de una forma de Estado. A medida que transcurre el siglo XX, y —sobre todo en los países occidentales— la sociedad se homogeneiza, los partidos acaban configurados como prolongaciones de la Administración. Es lo que ha señalado muchas veces Nicos Poulantzas. En el sentido de que los partidos modernos dependen de las subvenciones y de las prebendas que concede el Estado. Se forman como los únicos canales de representación y básicamente viven solamente a partir de los presupuestos públicos. Es muy difícil que tengan autonomía.


Eso los hace completamente distintos a la dinámica de los años 20 o 30. Los partidos, incluso de ultraderecha, se forman como organizaciones funcionales a la propia operativa del Estado, aunque promuevan determinadas transformaciones del Estado. Pero la virulencia que conocimos, la capacidad de refundar el orden político creo que ahora mismo está fuera de la posibilidad de ese tipo de articulaciones. Otra cosa es que el partido sea una mera función de un movimiento de masas, eso es lo que originalmente era el fascismo y también los partidos obreros. A día de hoy realmente los partidos concentran la capacidad, las funciones decisivas, y es muy complicado que ese tipo de políticas produzca transformaciones, ya venga desde ámbitos emancipatorios como desde ámbitos si quieres de ultraderecha o conservadores.

¿Desde qué lugares plantear la transformación en un momento en el que multinacionales de la información como Google adquieren más poder que los viejos Estados?


Creo que, por un lado, lo que necesitamos son mapas. Son guías, en el sentido más figurado del término. Diagnósticos. Una topografía de cuál es el mundo en el que vivimos, y ese mundo, como señalas, no es un mundo hecho exclusivamente de Estados. Muchas veces no son éstas las instancias decisivas y no parece que lo vayan a seguir siendo, lo cual no quiere decir que desaparezcan y que no tengan poder.
Luego están los instrumentos, las herramientas, las armas que tú utilizas en esa travesía. Y eso creo que pasa por una reinterpretación de tres instituciones que fueron clásicas de esa “política de parte” en el siglo XIX y la primera mitad del XX: el Sindicato, la Cooperativa y el Ateneo. En los últimos 30 o 40 años los movimientos sociales han sido un permanente intento de reinvención de esas instituciones.


Cooperativa entendida como organización de redes económicas, de carácter autogestionado —y utilizaría esa denominación antes que economía social y solidaria—. No hablo del tercer sector o de la economía que ocupa los nichos que el Estado de bienestar va dejando sino de producción y consumo, socialmente significativo y necesario. Se puede considerar que esto ha llegado a resultados modestos pero, donde el tejido social es más fuerte, existen ese tipo de redes económicas.


Por otra parte, el Sindicato —todas las organizaciones de defensa de derechos—, que a menudo son reclamativas del propio Estado pero que a la vez generan comunidad y son capaces de gestionar una parte de la vida. Ahí se encuadra el sindicalismo social: relativo al movimiento de vivienda, a la cuestión de los derechos de salud, todas las organizaciones de precarios, etc. Son movimientos que tienen ciertas semejanzas con el viejo sindicalismo.


La tercera es el Ateneo, que es el espacio donde uno produce una instancia cultural propia, cultural en el sentido más denso de la palabra. Una forma de vida, al fin y al cabo. Esos son los centros sociales, en parte, y otro tipo infinito de organizaciones o de especializaciones de este tipo de dinámicas: desde los huertos urbanos, en el sentido más naif, hasta espacios productivos como las librerías.


Esto es completamente insuficiente, pero es la materia viva sobre la que se puede generar espacios comunitarios que luego operen como contrapoderes propiamente dichos.


Sin eso, lo que hay es una política que es siempre delegativa respecto a la política profesional, al partido, al Estado. Y es una política que cada día es más impotente. También es un terreno en el que tú juegas siempre en campo enemigo, en el sentido de que el Estado va a quedar más reducido a actuaciones de corte represivo. Eso no quiere decir que en el Estado no se pueda intervenir a determinados niveles, pero eso ya es otra cuestión.


En la introducción hablas de una especie de revolución permanente, que pierde de forma definitiva el componente de momento fundacional en el que se basó la idea de la conquista del poder, un mito que sigue vigente.


El mito de la revolución opera sobre lo que sería en términos latos una fundación absoluta. Una fundación social, pero sobre todo estatal. Una nueva forma de Estado que articula, a partir del triunfo del sujeto “clase victoriosa” —podía ser la clase obrera, el movimiento obrero— un Estado nuevo que es el Estado socialista. Aunque en las visiones más audaces y más interesantes era un Estado condenado a la extinción, un Estado puramente transicional, luego este se acababa fundado sobre lo que son los principios del Estado soberano.


La idea de revolución está sometida, y creo que eso es algo que observamos todos. No puedes concebir que en un mundo tan complejo se vaya a producir un proceso de fundación absoluta. Lo que hay son crisis y esas crisis se resuelven de una manera o de otra. Como mito, que está siempre fundando en la ordenación absoluta de un nuevo Estado, creo que lo tenemos, no solamente que desechar, porque en la práctica está desechado, si no que pensar y criticar a partir de lo que ha sido la experiencia histórica del mismo.


La cuestión no está tanto en que seamos capaces de fundar la sociedad como un todo a través del Estado, como en que seamos capaces de construir poderes propios, contrapoderes, a partir de las comunidades que ya existen, que son vivas, que tienen que proliferar y crecer. Eso es lo que estaría en el centro de la política de parte. Es una política de fundación de ciudades —en el sentido figurado y metafórico de la palabra, nuevas polis— y no tanto de fundación de un orden social absoluto que está al margen de las posibilidades históricas y de lo que a día de hoy es posible.


PABLO ELORDUY
@PELORDUY

PUBLICADO
2018-10-21 05:53:00

Publicado enPolítica
Domingo, 24 Diciembre 2017 06:57

Lucha de clases, a izquierda y derecha

Lucha de clases, a izquierda y derecha

 

A veces, la mejor manera de apreciar una noticia es leerla junto con otra noticia, solo esa confrontación nos permite discernir qué es lo que está en juego en un debate. Tomemos las reacciones a un texto incisivo: en el verano de 2017, David Wallace-Wells publicó el ensayo Tierra inhabitable que de inmediato se convirtió en una leyenda. Describe clara y sistemáticamente todas las amenazas a nuestra supervivencia, desde el calentamiento global hasta la perspectiva de un billón de refugiados climáticos, y las guerras y el caos que todo esto causará.

En lugar de centrarse en las reacciones predecibles a este texto (acusaciones de alarmismo, etc.), uno debería leerlo junto con dos hechos relacionados con la situación que describe. En primer lugar, está, por supuesto, la firme negación de Trump de las amenazas ecológicas; luego, está el hecho obsceno de que multimillonarios (y millonarios) que apoyan a Trump se están preparando para el apocalipsis invirtiendo en lujosos refugios subterráneos donde podrán sobrevivir aislados por hasta un año, provistos de vegetales frescos, gimnasios, etc.

Otro ejemplo es un texto de Bernie Sanders (foto) y una noticia en los medios sobre él. Recientemente, Sanders escribió un comentario incisivo sobre el presupuesto republicano donde el título lo dice todo: “El presupuesto republicano es un regalo para los multimillonarios: es Robin Hood al revés”. El texto está claramente escrito, lleno de hechos convincentes y observaciones agudas. ¿Por qué no encontró más eco?

Deberíamos leerlo junto con el informe de los medios sobre la indignación que estalló cuando Sanders fue anunciado como un orador de apertura en la próxima Convención de Mujeres en Detroit. Los críticos afirmaron que era malo permitir que Sanders, un hombre, hablara en una convención dedicada al avance político de las mujeres. No importaba que él iba a ser solo uno de los dos hombres entre los 60 conferencistas, sin oradores transgénero (aquí la diferencia sexual de repente fue aceptada como no problemática ...). Al acecho bajo esta indignación estaba, por supuesto, la reacción del ala Clinton del Partido Demócrata a Sanders: su malestar con la crítica izquierdista de Sanders al capitalismo global de hoy. Cuando Sanders enfatiza los problemas económicos, es acusado de reduccionismo de clase “vulgar”, mientras que nadie se molesta cuando los líderes de las grandes corporaciones apoyan a LGBT + ...

Entonces, ¿debemos concluir de todo esto que nuestra tarea es derrocar a Trump lo más pronto posible? Cuando Dan Quayle, no exactamente famoso por su alto coeficiente intelectual, era vicepresidente de Bush Senior, corría la broma de que el FBI tenía una orden secreta sobre qué hacer si Bush moría: matar a Quayle inmediatamente. Esperemos que el FBI tenga la misma orden para Pence en el caso de la muerte de Trump o su juicio político - Pence es, en todo caso, mucho peor que Trump, un verdadero conservador cristiano. Lo que hace que el movimiento Trump sea mínimamente interesante son sus inconsistencias, recuerde que Steve Bannon no solo se opone al plan fiscal de Trump, sino que aboga abiertamente por aumentar los impuestos a los ricos hasta un 40 por ciento, y argumenta que ahorrar dinero público es “socialismo para los ricos” ... seguramente no es algo que a Pence le gusta escuchar.

Steve Bannon recientemente declaró la guerra, ¿pero contra quién? No contra los demócratas de Wall Street, no contra los intelectuales liberales o cualquier otro sospechoso habitual, sino contra el propio establishment del Partido Republicano. Después de que Trump lo despidiera de la Casa Blanca, está luchando por la misión de Trump en su estado más puro, incluso si a veces es contra Trump, no olvidemos que básicamente Trump está destruyendo al Partido Republicano. Bannon tiene como objetivo liderar una revuelta populista de las personas desfavorecidas contra las élites: está tomando el mensaje de Trump del gobierno por y para la gente más literalmente de lo que el propio Trump se atreve a hacer. Para decirlo sin rodeos, Bannon es como SA con respecto a Hitler, la parte populista de clase baja que Trump tendrá que deshacerse (o neutralizar al menos) para ser aceptado por el establecimiento y funcionar sin problemas como jefe de estado. Es por eso que Bannon vale su peso en oro: es un recordatorio permanente del antagonismo que atraviesa el Partido Republicano.

La primera conclusión que estamos obligados a extraer de esta extraña situación es que la lucha de clases ha vuelto como el principal factor determinante de nuestra vida política, un factor determinante en el buen sentido marxista de “determinación en última instancia”: incluso si lo que está en juego parece ser totalmente diferente, desde crisis humanitarias hasta amenazas ecológicas, la lucha de clases acecha en el fondo y arroja su ominosa sombra.

La segunda conclusión es que la lucha de clases cada vez menos directamente se traslada a la lucha entre los partidos políticos, y cada vez más a una lucha que tiene lugar dentro de cada gran partido político. En Estados Unidos, la lucha de clases atraviesa el Partido Republicano (el establishment del Partido contra los populistas tipo Bannon) y en todo el Partido Demócrata (el ala Clinton versus el movimiento Sanders). Por supuesto, nunca deberíamos olvidarnos de que Bannon es el modelo de la derecha alternativa mientras que Clinton apoya muchas causas progresivas como las luchas contra el racismo y el sexismo. Sin embargo, al mismo tiempo, nunca debemos olvidar que la lucha LGBT + también puede ser tomada por el liberalismo dominante contra el “esencialismo de clase” de la izquierda.

La tercera conclusión se refiere a la estrategia de la izquierda en esta compleja situación. Si bien cualquier pacto entre Sanders y Bannon queda excluido por razones obvias, un elemento clave de la estrategia de la izquierda debería ser explotar despiadadamente la división en el campo enemigo y luchar por los seguidores de Bannon. Para abreviar, no hay victoria de la izquierda sin la amplia alianza de todas las fuerzas anti establishment. Uno nunca debe olvidar que nuestro verdadero enemigo es el establishment capitalista global y no la nueva derecha populista que es meramente una reacción a sus impasses.

 

* Filósofo y crítico cultural. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal).

Traducción: C. Doyhambéhère.

 

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La vieja izquierda no recuperará hegemonía

De "terriblemente decepcionante" califica el intelectual italiano Antonio Negri la actuación de la izquierda en Brasil, luego de una visita en la que entrevistó a dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT), ex altos cargos de los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff, y miembros de movimientos sociales. Negri nunca ocultó sus simpatías por los gobiernos progresistas latinoamericanos con los que mantuvo buenas relaciones. Por eso es significativo que uno de los más destacados pensadores actuales tome distancias de las izquierdas de la región.

Sus opiniones fueron vertidas en un largo artículo difundido a comienzos de febrero bajo el título Impresiones de una visita a Brasil (goo.gl/qR63Qn ). Ordena su análisis en torno a siete preguntas, de las cuales abordaremos apenas las más relevantes.

La primera consistió en saber por qué el PT reprimió las manifestaciones de junio de 2013. Le sorprende que todos los consultados dijeran que "esos movimientos amenazaban desde el inicio la mantención de nuestras gobernabilidad". Recordemos que se trataba de luchas contra el aumento del precio del transporte y contra la represión policial. No toma en cuenta las respuestas que dijeron que se trataba de movimientos inspirados por la CIA, porque considera que no tiene sentido.

Negri asegura que ya en esos momentos "el PT tenía una relación mala con las poblaciones metropolitanas" que desde 2013 pedían al gobierno de Dilma que abandonara su inflexión neoliberal.

La segunda pregunta que formuló es por qué siguen muriendo tantos jóvenes negros. No obtuvo respuestas, lo que le permite destacar que la falta de voluntad del PT para comprender y asimilar esta problemática generó "un vacío de relaciones" con la población de las favelas, que "facilitó la entrada de la derecha religiosa (y no religiosa) en medio del proletariado negro". Cree que este es uno de los nudos de la crisis del PT, ya que perdió contacto con un sector clave del proletariado, ya que "revela la crisis más pesada para la izquierda, allí donde era hegemónica".

Cuando preguntó por qué el PT no fue capaz de responder a la ofensiva de la derecha desde 2013, concluyó que las relaciones que mantiene con los sindicatos y los campesinos sin tierra "se habían tornado irrelevantes, o tal vez subsistieran sólo para fines de propaganda". Negri sostiene que eso permitió a la nueva derecha conquistar la hegemonía en las calles por primera vez en muchos años.

Luego hace algunas afirmaciones notables. El PT no encaró una reforma constitucional que garantizase la gobernabilidad sin necesidad de corrupción. "La idea de gobernar por medio de la corrupción, o sea, retomando el hábito de la derecha, no parece haber perturbado el proyecto del PT desde el principio", escribe el coautor de Imperio. En la misma dirección va su denuncia de que los gobiernos del PT establecieron “un acuerdo tácito de fair play con los conglomerados mediáticos; ningún ataque a ellos por parte del gobierno y recíproca lealtad por parte de los medios”, por lo menos en la década que funcionó la gobernabilidad, o sea entre 2003 y 2013.

En sus conclusiones, Negri sostiene que los cuadros del PT "interpretan todo en términos de equilibro gubernamental y parlamentario", lo que explica que no fueran capaces de ponerse al frente de las movilizaciones de junio de 2013 y optaran por la represión. Cuando los criticó por no haber apostado por "contrapoderes de los pobres" para enfrentar a la derecha, obtuvo una respuesta que considera "patética" para alguien que se considera de izquierda: "Nosotros defendemos el estado de derecho".

Cree que el PT no volverá a ser una fuerza hegemónica y que la izquierda brasileña no podrá reconstruirse en pocos años. La cuestión pasa ahora por las luchas en los colegios secundarios y las luchas dirigidas por las mujeres, dice Negri. Pero el punto central, una vez más, es la cuestión negra, o sea del sector más pobre y rebelde de la clase obrera. "El PT se convirtió en una fuerza blanca, pálida con relación a la cuestión racial y débil al confrontar las políticas neoliberales".

Hasta ahí, de forma muy apretada, algunas conclusiones de Negri. Creo que son acertadas, sobre todo el énfasis en explicar la crisis por la represión a las manifestaciones, el alejamiento de los movimientos y la incapacidad de comprender la opresión racial. El no colocar a la izquierda como víctima de los medios y del imperio es un paso adelante en relación con los mediocres análisis al uso.

Habría que explicar, no obstante, por qué los gobiernos del PT optaron por dar prioridad a la gobernabilidad por delante de las luchas sociales y de clases. Este punto es importante, porque no es la primera vez que sucede. Estamos ante un tipo de actitudes que van mucho más allá de las opciones tomadas por los dirigentes del PT.

La primera cuestión se relaciona con los caminos elegidos. Optar por el Estado lleva directamente a defender el "estado de derecho", la "razón de Estado", lo que implica posicionarse contra los movimientos y los pueblos. La vieja izquierda todavía cree que el Estado es una herramienta neutra, algo que ya suena agotado luego de un siglo de revoluciones fallidas.

La segunda es más compleja. El Estado ha sido, y siegue siendo, el criadero de la clase dominante. Desde que llegó al gobierno, el PT estrechó alianzas con los grandes empresarios y con el sector financiero, fue el gran defensor del agronegocio y bajo sus gobiernos la banca obtuvo las mayores ganancias de su historia. La corrupción que ahora se destapa, interesadamente por parte de las derechas, no es una anomalía, sino intrínseca al sistema. Es imposible gobernar una gran nación capitalista sin corromperse.

Por lo tanto, trabajar por cambios de fondo implica recorrer otros caminos, en particular, abandonar el objetivo de gobernar a otros y ponerse a la tarea de impulsar la organización de los pueblos, primer paso para el autogobierno. Lo demás es seguir buscando mesías y salvadores.

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Nuestra gestión fue fuertemente intervenida por el partido judicial: frenó la ley de medios, un modelo contra la monopolización, e impidió la democratización del último poder coporativizado que resta en Argentina, afirma Cristima Fernández de Kirchner

 

El Calafate, provincia de Santa Cruz, Arg.

 

Ante los retrocesos experimentados por los gobiernos nacionales de América Latina y el avance de la derecha conservadora, la solución para mejorar la crisis económica, política y social de la región es la cooperación internacional "en serio", plantea Cristina Fernández de Kirchner, ex presidenta de Argentina, en la primera entrevista colectiva que concede a medios de comunicacíon internacionaes.

 

El diálogo tuvo lugar en casa de Cristina, ubicada en esta pequeña ciudad patagónica situada a 3 mil kilómetros de Buenos Aires, y umbral de los imponentes y fantásticos glaciares de la cordillera andina. Una plática que en lugar de buscar la "primicia exclusiva" fue también un modo de reconocer a los pocos medios que en el mundo dieron cuenta de su gestión con seriedad y objetividad: Telesur y Al Jazeera (televisoras de Venezuela y Qatar), Sputnik y Reuters (agencias noticiosas de Rusia y Reino Unido), Nodal (portal de la web), así como los invaluables despachos de Stella Calloni, corresponsal de La Jornada en Argentina.

 

Sin un papelito de consulta, Cristina respondió a las preguntas formuladas y, con sintaxis perfecta, habló dos horas bordando temas, conceptos y comentarios de fina ironía, que días después se "viralizaron" exponencialmente en las redes de la web.

 

Con énfasis latinoamericanista, habló de integración y modelos económicos, y de las elecciones en Estados Unidos; de los posibles trastornos sicológicos de Mauricio Macri con su papá y de la partidización del Poder Judicial; de terrorismo y de los increíbles aumentos en los servicios básicos; de consumo, salarios y paritarias por debajo de la inflación para estimular el mercado interno, y de los extraños convenios del sector público y privado; de la producción, transporte y distribución de las empresas de energía; del default de 2001 y su política de desendeudamiento; de inflación y de los excedentes de producción en el mundo; del precio del queso dietético que le gusta y el de los alimentos en general; de los españoles que pierden sus casas por ejecuciones hipotecarias y de la persecución judicial en los tribunales; de la precarización laboral y de "mi amigo, (Hugo) Chávez, Chávez, Chávez"; del injusto encarcelamiento de la dirigente social Milagro Sala, de la Segunda Guerra Mundial y del heroísmo del pueblo ruso; del contrabando ideológico y cultural de Hollywood, y de la frustrada ley de medios; de la imperiosa necesidad de democratizar el Poder Judicial, y de los acuerdos estratégicos con China, Rusia y los Brics; de sus pláticas con Dilma Rousseff y los chinos para crear un órgano alternativo al Fondo Momentario Internacional, de la evolución de los liderazgos políticos en el mundo...

 

Dijo que "el partido financiero, el partido judicial y el partido mediático se expanden como una mancha de aceite sobre el mundo". Que "la política no es corrupta. Puede haber políticos corruptos. Identifiquémoslos". Y en alusión a Macri, chicaneó: "¿Imaginan que me encuentren una cuenta en el exterior y yo diga que no me había dado cuenta? ¿Alguien hubiera aceptado que yo dijera esto?"

 

Con emoción, Cristina recordó el bicentenario del 25 de mayo de 2010, día patrio de los argentinos, cuando los presidentes Sebastián Piñera, Lula da Silva, Fernando Lugo, Evo Morales, Pepe Mujica, Rafael Correa y Hugo Chávez se miraron, diciéndole: "¿vamos a caminar así, entre la gente por la calle?".Y ella respondió: “Tranqui..., que no pasa nada”.

 

 

Despedida

 

“Yo no recuerdo, y, por favor, si ustedes lo recuerdan, díganme, que en Argentina a un gobierno lo despida masivamente el pueblo en su último día, luego de estar 12 años y medio. Nunca tuvimos tanta gente en la plaza. Y no gente organizada partidariamente. A mí me emocionó profundamente la plaza el 9 de diciembre, lo heterogéneo de la plaza, lo policlasista de la plaza... Prácticamente no había banderas ni pancartas, y mucha gente suelta que tardó muchísimo tiempo en desconcentrarse. ¿Y saben por qué? Porque era gente que no estaba acostumbrada a ir a actos masivos, y no había concurrido en forma orgánica.

 

"Entonces, si después de 12 años y medio, en un hecho que me atrevo a calificar de inédito, un pueblo (o por lo menos una parte importante de ese pueblo heterogéneo) va a despedir al gobierno que se va, convengamos que aunque haya cometido errores y cosas malas, es un fenómeno que nunca se había visto. Y ojalá que todos los gobiernos, cuando terminen, puedan despedirse con una plaza llena de gente."

 

 

América Latina

 

“Me parece que hay un retroceso de los gobiernos nacionales y populares en la región. Hay un avance de lo que podríamos denominar la derecha conservadora o restauradora en cuanto a exclusión social, en cuanto a nuevos realineamientos y en cuanto a abandonar la idea de unidad regional... luego comienza una mirada nuevamente hacia la región, que siempre fue vista como el reservorio de alimentos, energético, agua, minerales.”

 

 

Fondos de pensión

 

"Logramos recuperar la gestión de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones. Esto nos permitió también las tareas de inclusión, las moratorias jubilatorias que por ahí enojaban a algunos, porque decían que no habían hecho los aportes, pero no se daban cuenta de que así lográbamos mayor poder de consumo, mayor poder adquisitivo de la gente que retroalimentaba el país en un mundo que a partir de la crisis de 2008 se había tornado sumamente difícil y complejo."

 

 

Crisis capitalista

 

"Todo este fenómeno, además, se produce en un mundo con la crisis de 2008 que aún no se superó, cuando cae (el banco) Lehman Brothers y después van (no sé por qué rescate van ya), y quieren más rescates que los piratas del siglo XVIII. Siguen rescatando bancos mientras la gente se sigue hundiendo."

 

 

Poder adquisitivo

 

"Nunca cerramos ninguna paritaria durante los 12 años y medio de gestión con un porcentaje por abajo de la inflación. Nunca. Siempre se cerraron los salarios por arriba de la inflación. Por esto había poder adquisitivo."

 

 
Fondos buitres

 

“(Los ataques) durante toda nuestra gestión fueron por no querer pagar mil 600 por ciento de intereses en dólares. Algo que excedía cualquier concepto de usura, convirtiéndose en despojo. Una cosa es la usura y otra el despojo. Y creo que el hecho de que había división entre los partidos que podían acceder al gobierno alentó a los buitres para seguir exigiendo. Porque había gente que les decía que si ellos llegaban al gobierno se arreglarían con ellos, pagándoles cualquier cosa.

 

“Esto le dio una fuerza inusitada para que los buitres se plantaran, diciendo: ‘esto o nada’. Y yo me pregunto: ¿cuál hubiera sido la solución para los argentinos si los partidos políticos que tanto hablaban de unidad nacional hubieran llegado a un gran acuerdo entre todos para decir: ‘cualquiera sea el que gane, lo que vamos a pagar va a ser esto’. Estoy absolutamente convencida de que las fuerzas políticas no necesariamente debían tener un tinte progresista o de izquierda. Bastaba con que amasen a su país y concibieran la deuda externa como uno de los principales problemas que durante décadas atravesó nuestro país y la región.”

 

 

Subsidios

 

“Acá había la idea de que los subsidios eran para los morochos, para la gente pobre, para los villeros, para los negros, qué sé yo, como quieran llamarlos... para los cabezas, como despectivamente decían. Y no, los subsidios eran para toda la economía, para las pequeñas y medianas industrias, y también para las grandes. Los subsidios eran salario indirecto para los trabajadores, para la clase media que podía consumir, que podía viajar, que podía comprarse un auto o cambiarlo o comprarse una casa.”

 

 

Cultura

 

"La subordinación cultural tiene que ver con la historia y por eso la historia es tan importante. No como cuestión épica o de cultivo del héroe, sino simplemente porque es importante. No por nada las principales potencias del mundo (si querés te digo: Estados Unidos) hacen películas con su historia. La industria cinematográfica hollywodense es una máquina de transferir cultura y la historia contada por ellos. Ves la Segunda Guerra Mundial y parece que la hubieran ganado los yanquis. Y resulta que cuando vas a los números murieron 400 mil soldados norteamericanos y 26 millones de rusos entre población civil y soldados. Murieron muchísimos más soldados rusos (creo que 8 millones de soldados), y el resto población civil. Sin embargo, preguntás a cualquier persona en el mundo: ¿quién ganó la guerra?, y te dicen: los yanquis. Y es porque la contaron ellos, los norteamericanos. Hicieron una contribución, nadie lo niega. Una contribución importante. Por eso es tan importante contar la historia y los que mejor la han contado han sido los que hoy dominan el mundo: Estados Unidos. Entonces es importante saber quién cuenta la historia y cómo se cuenta. No es una cuestión de relato o de épica. Es una cuestión también de cómo es la relación de fuerzas en el mundo."

 

 

Del partido mediático y el partido judicial

 

“En determinadas regiones se ve claramente la aparición de un partido mediático que juzga públicamente, y un partido judicial que es como el espejo del partido mediático. Con estas dos patas fundamentales intervienen en la región. En el caso de Brasil se vio claramente la intervención del partido judicial. Acá también. Nuestra gestión fue fuertemente intervenida por el partido judicial. La ley de medios, que fue un modelo contra la monopolización o la hegemonía mediática, fue suspendida por el partido judicial. Intentamos democratizar el Poder Judicial, el último poder corporativizado que resta en Argentina, y que básicamente consistía no en que los jueces, sino los académicos y abogados que integran el Consejo de la Magistratura, fueran también elegidos por el voto popular, como son elegidos los diputados y senadores que conforman ese organismo. No los jueces que juzgan, porque evidentemente eso no es conveniente.

 

"Fue un intento y un proyecto de democratización muy amplio, y permitía que la democracia entrara en un poder que naturalmente es corporativo. Porque el hecho de que un poder sea vitalicio es una rémora, si se quiere, bastante antigua. Es el único poder en el mundo de carácter vitalicio. Todos los demás poderes están sometidos a las instituciones del Estado, a elecciones, a revalidaciones. Pretendíamos que ese Consejo de la Magistratura tuviera una representación estrictamente popular, que además se pudiera ingresar al Poder Judicial por mérito, por exámenes y no porque seas pariente o amigo del juez, del secretario, del fiscal de turno. Y bueno, la ley fue volteada cuando había sido enviada con un proyecto del Poder Ejecutivo."

 

 
Hillary, Trump, China, Rusia

 

“En el sistema norteamericano es lo mismo que gane uno o el otro. No estoy criticando que se piense de esa manera. Toda potencia piensa su desarrollo no con base en la próxima elección presidencial o parlamentaria, sino en su sobrevivencia como tal en los próximos 50 o 60 años. El Partido Comunista Chino también opera así. Las grandes potencias planifican estratégicamente, a largo plazo. Obviamente, yo creo que Estados Unidos puede haber visto que en nuestra región estaban ingresando la República Popular China, la Federación Rusa, y esto podía ser objeto de disputa en una región que guarda uno de los acuíferos más importantes del mundo, reserva de minerales y de energía de las más importantes del mundo, reserva energética.

 

“Los liderazgos de la modernidad eran individuales: Mandela, Fidel Castro, Charles de Gaulle, Kennedy, Perón, Yasser Arafat. El único atisbo de liderazgo muy parecido a la modernidad es el de Vladimir Putin. Pero después los liderazgos se basan en forma sistémica en lo que es Estados Unidos. Fijate en lo que allá está pasando: dentro de poco, el primer martes de noviembre, habrá elecciones en Estados Unidos y dos candidatos que pueden llegar: Donald Trump o Hillary Clinton. Según dicen, Trump tiene 57, 58 por ciento de rechazo, e Hillary 52, 53 por ciento de rechazo. O sea que a más de la mitad de los estadunidenses no les gustan los dos candidatos de su país. Con lo cual no van a votar por el candidato que más les gusta, sino por el que les parezca menos malo. Esto es muy malo para la política, porque da a las corporaciones un poder brutal.

 

"Creo entonces que una elección donde Hillary o Trump salgan electos llevará a tener un presidente bastante débil frente al poder corporativo. Después tenés el liderazgo chino, que por sus características es el del Partido Comunista Chino. Los chinos eligen a sus líderes temporalmente, pero el que lidera es el Partido Comunista. Y después los liderazgos que surgen de la posmodernidad, de orden religioso: un liderazgo muy fuerte es el del papa Francisco, y por otro lado el del mundo islámico, que no reconoce ninguna figura puntual, pero son liderazgos de carácter religioso-espirituales. Lo cual no es bueno ni malo en sí mismo, pero plantea desafíos diferentes."

 

 
Corrupción

 

“Si uno lee las crónicas periodísticas durante mi último mandato, casi todos los periodistas, columnistas y editorialistas decían que yo, cuando abandonara el poder, iba a tener serios problemas con la justicia. Está escrito en letras de molde. O eran clarividentes o forman parte de la articulación mediática judicial que ahora están desplegando. Denuncias ya tuve siendo presidenta. Fui denunciada cuatro veces por no ser abogada. Cuatro veces me denunciaron diciendo que mi título de abogada era falso. Y no ahora, durante mi gestión.

 

“He sido sobreseída en tres casos de enriquecimiento ilícito. Me investigaron desde 1995 hasta casi el año 2012. Siempre con datos vinculados a declaraciones juradas. A mí no me encontraron ninguna cuenta en Panamá ni tampoco en el exterior. No tengo sociedades secretas que me hayan descubierto. Todo lo que dicen está en mis propias declaraciones juradas, firmadas y presentadas por mí, y no solamente frente a la Oficina Anticorrupción, sino ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (hacienda).

 

“¿Puede ser alguien tan tonto de firmar una declaración jurada para que después, con base en los números que están en su declaración, digan: ‘no, cometió un ilícito?’ Y resulta que todos los días encuentran gente que cuando no tiene cuentas en el (banco) HSBC, sacaron dinero del país. Cuando aparecieron los Panamá papers (dicho por los propios comunicadores alemanes), los periodistas argentinos estaban excitados porque pensaban que iban a encontrar a un Kirchner en ellos.”

 

Y a tambor batiente, Cristina Fernández de Kirchner siguió disparando flechas y dando en el blanco:

 

“Cuando vos decidís que los responsables del genocidio deben ser enjuiciados por los jueces de la Constitución y recibir las penas por lo que hicieron...

 

“Cuando vos recuperás edificios como los de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) para entregarlos a la memoria, no solamente del pueblo, sino del mundo...

 

“Cuando vos decidís recuperar la administración de los recursos de los trabajadores...

 

“Cuando vos decidís que los trabajadores tienen que tener un salario que les permita vivir dignamente...

 

“Cuando vos decidís recuperar Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la empresa más importante de Argentina y una de las 2 mil más importantes del mundo...

 

“Cuando vos decidís recuperar Aerolíneas Argentinas y transformarla en una compañía aérea competitiva...

 

“Cuando vos decidís recuperar AYSA (empresa de agua) para hacer las obras de infraestructura que se necesitan...

 

“Cuando vos decidís esas cosas...bueno... está claro que uno de los riesgos es la cárcel y que te persigan políticamente.”

 

Finalmente, un colega preguntó si le preocupa la posibilidad de que se dicte una orden de detención en su contra.

 

La respuesta fue:

 

“Si hubiese tenido temor no habría hecho las cosas que hice como gobierno. Posiblemente tampoco hubiese militado desde muy joven. Ser peronista nunca fue fácil en este país. Y nunca fue gratis. Peronista, con la orientación que siempre hemos tenido quienes compartimos este espacio político.

 

“Por eso digo que es un mundo muy complejo, y requiere de mucha inteligencia. Fundamentalmente hay que entender que el camino es la cooperación internacional en serio. El mundo de la dominación, donde uno decía ‘así son las cosas’ y todos acataban con un ‘sí, bwana’, se terminó. Por lo menos para una parte del mundo se terminó.”

 

 

 

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Brexit: lecciones, derrotas y escenarios de futuro
De entrada, el referéndum se celebra como una lucha por el proyecto hegemónico dentro de la derecha conservadora: el liderazgo del Brexit, encarnado por el populismo racista, y el del Bremain por el establishment austeritario británico y europeo.

 

A pesar del amplio despliegue mediático del establishment para convencer, fundamentalmente por la vía del miedo, de la permanencia en la UE, una ajustada mayoría de la población británica ha optado por abandonar el barco. Los resultados del referéndum sobre el Brexit arrojan incertidumbre política y económica tanto para la isla británica como para la Unión Europea. La escasa diferencia de votos entre partidarios de quedarse y de irse nos dibuja una sociedad muy polarizada y llama a un análisis cauteloso. A pesar de que sus consecuencias no podrán comprenderse hasta dentro de un tiempo, sí que se pueden desprender algunas lecciones, constatar algunas derrotas, y considerar escenarios posibles del rumbo de los acontecimientos, más allá de los tratamientos alarmistas y fatalistas.


La distribución del voto ha tenido dos factores explicativos esenciales: el territorial y el generacional. El Brexit ha recabado la mayoría de apoyos en las zonas trabajadoras en proceso de desindustrialización, de población blanca y envejecida. Es en estas áreas donde lleva años calando el discurso antiinmigración, como chivo expiatorio de la incapacidad de reproducir sus condiciones materiales y mantener sus expectativas de bienestar, abandonadas por una izquierda clasista desconectada de sus bases. Ante este electorado, que ya lleva tiempo sin nada que perder, y sin más aglutinador que el nacionalismo ante la pérdida de las articulaciones de clase, el discurso del miedo ha sido inútil. Aviso para navegantes: la clase trabajadora británica no es la única en estas condiciones.


Por otro lado, ahí donde los nacionalismos periféricos son fuertes, Irlanda y Escocia, y en su cosmopolita capital ‒que acaba de elegir a un alcalde musulmán‒ ha ganado claramente el Bremain. Irlanda y Escocia han pedido ya referéndums de independencia de Gran Bretaña para mantenerse en la UE, añadiendo tensiones territoriales internas a un Reino cuyo apelativo de Unido puede acabar siendo una broma de mal gusto.


De entrada, el referéndum se celebra como una lucha por el proyecto hegemónico dentro de la derecha conservadora ‒Tory‒, una apuesta arriesgada que Cameron ha acabado perdiendo. Una lucha entre la derecha, dentro de la derecha, en términos de derechas.

El liderazgo del Brexit, encarnado por el populismo racista, y el del Bremain por el establishment austeritario tanto británico como europeo, responsable del sufrimiento acumulado desde la crisis.


Es, al fin y al cabo, la enésima vez en que las frustraciones de una sociedad injusta y desigual se acaban canalizando vía el debate territorial, hacia una cuestión de dónde hay que poner la frontera, es decir, a quién se excluye del reparto de un bienestar erróneamente asumido como escaso. Por eso es un debate en el que desde el principio la izquierda no tiene una posición cómoda natural y debe elegir alinearse con el populismo xenófobo o con el establishment europeo. Tanto el partido laborista como el ecologista han hecho una campaña incómoda y teñida de inevitables contradicciones, intentando aportar razones para el Bremain y al mismo tiempo asumiendo la necesidad de reformar una UE disfuncional, a la que, por cierto, las élites británicas han contribuido en gran medida.


Quién ha perdido


En este escenario no sabemos demasiado bien quién ha ganado, pero sí sabemos quién ha perdido, más allá del resultado en particular. El primer derrotado es el proceso de construcción neoliberal de una UE desde la que, en su habitual tono antidemocrático, sólo han resonado amenazas. Poco que ver con la campaña de seducción y empatía que llevó a cabo Cameron con el referéndum en Escocia. Pero esta derrota de una UE deslegitimada y atrófica ha venido por parte de la derecha xenófoba, que ha conseguido situar a la gente trabajadora extranjera como la principal amenaza a la soberanía británica.


Pasara lo que pasara habían perdido también los trabajadores extranjeros en Gran Bretaña: porque Cameron pudo chantajear a la UE con sus derechos a cambio de apoyar el Bremain, y por la incertidumbre que se cierne ahora sobre sus condiciones laborales y permisos de residencia. Y como cada vez que una parte de la clase trabajadora pierde derechos, ha perdido también toda la clase trabajadora. Porque la existencia de trabajadores con condiciones peores pone presión sobre las condiciones laborales del resto. Una española que lleva 14 años trabajando en UK decía el otro día en la BBC: "I pay my taxes, unlike others [Cameron salió en los papeles de Panamá]. We are not the enemy". Esa trabajadora reflejaba de manera muy clara la derrota de la izquierda en la lucha por el discurso: la incapacidad de situar el conflicto en términos verticales, de clase, frente a un planteamiento de pobres contra pobres.


Pierde también una visión de la soberanía en un sentido de gestión democrática y subsidiaria de los problemas colectivos frente a una visión conservadora de la soberanía, que en el Reino Unido se expresa como un nacionalismo de nostalgia imperial y una gestión racista de sus fronteras. Pierde la democracia, incapaz de canalizar los conflictos redistributivos por lógicas que no sean las territoriales. Y también por las reacciones de muchos de nuestros responsables políticos, cuyas palabras airadas muestran su escaso respeto a la democracia. El enfado en Bruselas con David Cameron, como si el conflicto no estuviera latente antes de que el referéndum lo manifestara, refleja la pérdida de norte de la Gran Coalición y de su proyecto de UE.


Escenarios


¿Y ahora qué? Más allá de los lamentos conviene situar algunos escenarios. En primer lugar, los británicos tendrán la oportunidad de comprobar, a manos del ala Tory hardcore, que las medidas de austeridad poco tenían que ver en el caso inglés, a diferencia del griego o el español, con una presión imperialista de los países acreedores con mayoría en el Consejo Europeo. Inglaterra podría adquirir un estatus similar al de Noruega, permaneciendo dentro del Espacio Económico Europeo (y por tanto esencialmente con la misma política comercial y de inversiones en su frontera con la UE). En todo caso, la intensidad de las relaciones productivas, comerciales y contractuales (es decir, la integración) entre las economías británica y europea es una realidad que el resultado del referéndum no cambia.


Sin embargo, la posibilidad de revertir la pertenencia a la Unión Europea sienta un precedente peligroso que no estaba contemplado.

La construcción europea ya no sólo va a más, sino que también tiene marcha atrás, y esto puede ser el detonante ignífugo de una ronda de referéndums de enmienda total a la UE por la vía nacionalista. Además, la vulnerabilidad económica y financiera en el continente es muy alta, y las presiones especulativas en las fronteras del continente están temporalmente apaciguadas sólo gracias al programa de expansión cuantitativa del Banco Central Europeo. La posibilidad de revertir la pertenencia a la UE añadirá presión y volatilidad a los próximos episodios de crisis en otros Estados miembro.


El Brexit pone de relieve que la UE post-2008 no es más que un enfermo artificialmente alimentado, con una resiliencia muy precaria a los shocks económicos. Por lo demás, algunos economistas coinciden en señalar que la volatilidad en las bolsas de estos días refleja más un reajuste de expectativas sobre el resultado del referéndum que la inauguración de una nueva ola de pesimismo en los mercados.


La reacción de la UE ante este reto va a determinar en gran medida el desenlace: puede llevar a cabo una campaña de aislamiento económico del Reino Unido, presionando a su sistema financiero como castigo ejemplarizante de cara a tentaciones similares en otros países, socavando aún más su legitimidad y fagocitando el sentimiento antieuropeo. Aunque por el peso económico del Reino Unido en la economía del continente no parece que ésa vaya a ser la vía.


Al contrario, la UE debería tomar nota del toque de atención y asumir un proceso de refundación en clave social y democrática, que parta de la solidaridad y el bienestar compartido como polos aglutinantes y de atracción, lejos de las amenazas, aprovechando que el lobby financiero de la City dejará de tener influencia en Bruselas. Cuál de las dos vías se tome dependerá en gran medida de si despierta una izquierda europea capaz de plantear una alternativa solvente tanto a las élites continentales como a los nuevos populismos nacionalistas y xenófobos, que convenza a las clases trabajadoras de que una Europa que les garantice bienestar es posible.

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Domingo, 05 Junio 2016 07:55

Las batidas ilegales en Colombia

Soldados patrullando zonas mineras
 
Cientos de colombianos apenas mayores de 18 años han sido obligados ilegalmente a incorporarse a las fuerzas armadas desde 2006. En su gran mayoría son pobres y sirven en las zonas mineras, para proteger intereses de las trasnacionales del sector.

 

El reclutamiento de Óscar fue cuestión de horas. “Salí del metro y dos soldados me pidieron la libreta militar. Yo tenía 18 años justos y no la había tramitado. Así que me llevaron a la IV Brigada y por la noche ya estaba camino a Puerto Berrío (Antioquia, noroeste de Colombia), que en esa época era una zona bien caliente”, cuenta este joven nacido y criado en el humilde barrio de El Socorro, en la Comuna 13 de Medellín.


El reclutamiento de Óscar fue tan rápido como ilegal. La ley 48 de 1993 establece que el servicio militar es obligatorio y que todo varón debe tener definida su situación militar a los 18 años. Esto es, disponer de una cartilla militar y que ésta señale si ha cumplido la prestación, si está exento o en proceso de incorporarse a filas. “Pero esa misma ley señala también cómo debe ser el reclutamiento. Primero hay que citar al joven en el distrito militar correspondiente. Segundo, someterlo a exámenes físicos y psicológicos, para ver si es apto. Y por último, fijar otra fecha para que, tras sorteo, le otorguen un destino donde prestar el servicio”, aclara Érika Gómez, abogada del Comité Permanente de Derechos Humanos (Cpdh).


Los militares pueden verificar la información sobre la cartilla de cualquier joven con una simple llamada por teléfono o radio. “Bajo ningún concepto lo pueden llevar detenido a un cuartel. Eso es ilegal, tal y como lo establece la sentencia C-879 de 2011 de la Corte Constitucional”, añade. La letrada asegura que la naturaleza ilegal de este tipo de reclutamiento –“batidas ilegales”, las llama– impide conocer cuántas se llevan a cabo cada año y a cuántos jóvenes afecta. Sin embargo, el estudio del Cpdh “Batidas militares y servicio militar obligatorio en Colombia: entre la conciencia y el modelo de desarrollo” revela que entre 2006, cuando se detectó el primer caso, y 2015 se han producido 182 batidas. El número de afectados superaría con creces el millar de personas. “A los que estábamos en la IV Brigada nos hicieron unos exámenes muy rápidos. Nos analizaron los ojos y medio lo miraban a uno y ya. Nos preguntaron si habíamos pasado tal o cual enfermedad y listo. Se creían lo que uno les decía. Hasta a un epiléptico se llevaron”, explica Óscar, mientras despacha una malteada en la cafetería de la biblioteca San Javier, de la Comuna 13. “Luego nos metieron en un camión como si fuéramos ganado, nos dieron un par de sandwichitos y no paramos hasta llegar a Puerto Berrío. Casi 24 horas de viaje. Y sólo cuando llegamos me dejaron llamar a mi familia”, lamenta.


El informe del Cpdh precisa que impedir a los reclutados comunicarse con sus familias durante las primeras horas de detención es una de las faltas que más se repiten en estos episodios.


Otra de ellas es que los camiones en los que se los transporta “por lo general (...) carecen de identificación, sin placas traseras o laterales, o con placas que son ocultadas con plásticos”.


En Colombia son los pobres los que ponen la carne de cañón. Las batidas ilegales se dan mayormente en las ciudades de Bogotá y Medellín; y casi exclusivamente en los barrios más desfavorecidos. Así, el informe señala que de los siete estratos (del 0 al 6) que diferencian a las clases sociales en Colombia, la mayoría de los jóvenes afectados por las batidas ilegales pertenecen al 1 y al 2. Junto al 0, los más pobres: la proporción mayor de soldados reclutados ilegalmente pertenecen al estrato 2, un 60,44 por ciento, frente al 0,06 por ciento del estrato 6, según el informe del Cpdh.


“Puerto Berrío era zona roja. Teníamos un entrenamiento de tres meses y luego te mandaban al batallón antiguerrilla del Putumayo. Aunque a algunos compañeros los enviaron incluso antes de terminar”, revela Óscar. “Durante esos meses te enseñaban a marchar, a disparar, te preparaban físicamente. También a tener mente fría para poder eliminar a un enemigo. Nos ponían a cazar y matar animales. Terneros, cabras... Para asimilar mejor la muerte de otra persona, para que fuera más fácil aniquilar a otra persona”, relata el joven.


Óscar no terminó los tres meses de entrenamiento militar. Una hospitalización por paludismo, primero, y las gestiones de su familia desde Medellín, después, con el apoyo de varias organizaciones de derechos humanos, pusieron punto final al mal sueño del chico.“Demostraron que el procedimiento no fue el legal y todo se acabó”, dice.


“Lo más efectivo es optar por el hábeas corpus”, señala Diego Quiroga, portavoz de Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia de Bogotá (Acooc), una figura jurídica que obliga a los jueces a tomar una resolución en 36 horas tras la denuncia de una detención ilegal. Normalmente el fallo es a favor del joven detenido. Quiroga también denuncia “la corrupción” que enturbia el reclutamiento militar en Colombia. “Los días del sorteo de destino se reúne a los jóvenes y a sus familias en polideportivos o lugares similares para ir dando a conocer donde irá cada cual. Ahí uno ve a los mandos militares repartiendo tarjetas por si alguna familia puede pagar una cuota de compensación y evitar así que su hijo cumpla con el servicio.”

 

 

Asegurar el capital extranjero.

 

Las batidas ilegales han ido en aumento desde 2006. De un solo caso en ese año se pasó a 58 en 2014 y a 71 en 2015. “Despierta preocupación que se lleven a estos jóvenes a los llamados batallones mineros, energéticos y viales, que cuidan explotaciones petroleras y minerales. Lugares complicados porque son objetivos de los ataques de la insurgencia”, apunta Quiroga.


El reporte del Cpdh atribuye el incremento de las batidas a las cuotas mínimas de reclutas que el Ejército debe incorporar cada año, por un lado. Y, por otro, al rumbo que está tomando el país respecto del capital extranjero bajo la actual presidencia de Juan Manuel Santos. “La transformación del sistema económico (...) conlleva un aumento de las necesidades de defensa, como vía para garantizar el nuevo modelo económico extractivista, donde la inversión extranjera es fundamental”, señala el informe.


Así, el documento asegura que a partir de 1998 se observa una “clara simetría” entre las operaciones del Ejército colombiano y la actividad en las zonas de extracción y producción minero-energética.


A pequeña escala, la Defensoría del Pueblo achaca a dinámicas internas que el Ejército siga creyéndose con derecho a optar por las batidas ilegales a la hora de engrosar sus filas.


“Los mandos que gestionan el reclutamiento son de alta rotación. Suelen ser oficiales que vienen de primera línea del frente. Acceden a este cargo durante un año a modo de descanso, alejados de las zonas calientes”, explica el defensor delegado en asuntos constitucionales y legales Luis Manuel Castro. “Lo que finalmente ocurre es que terminan por ejercer ese cargo con la misma mentalidad que traen de las zonas rojas, donde hay enfrentamientos continuamente”, añade.


Castro asegura también que la Procuraduría no está investigando las denuncias que la Defensoría y las Ong han hecho sobre este asunto. “Hay una especie de tolerancia a lo que hace el Ejército. Hemos enviado tres quejas y nada de nada”, dice.


Por su parte, el Ejército no había reconocido abiertamente la existencia de estas batidas hasta hace unas pocas semanas, cuando anunció que las combatiría. En este sentido, el portavoz del Ministerio de Defensa de Colombia, Juan Carlos Sierra, detallaba por correo electrónico que “los casos de no inscripción de un joven para definir su situación militar implican que la persona solamente es compelida de manera momentánea mientras se verifica su situación y se inscribe. La inscripción se realiza de manera inmediata e in situ. No puede realizarse ningún otro procedimiento tendiente a su incorporación ni conducirlo a unidad militar alguna”.


Desde el Ministerio de Defensa aseguran también que se han puesto en marcha mecanismos para dar seguimiento y derivar a las autoridades competentes las denuncias de batidas ilegales que reciban de los ciudadanos.


Sin embargo, tanto Érika Gómez, la letrada del Cpdh, como Diego Quiroga, de Acooc, aseguran que lejos de ponerse punto final a las batidas éstas continúan de un modo más disimulado. “En lugar de llevarse a veinte chicos en un camión, se llevan a cuatro o cinco”, afirma Gómez. “O los citan en el distrito militar y de ahí los conducen directamente para el destacamento”, apunta Quiroga.


Sin ir más lejos, Brecha fue testigo hace unas semanas de cómo varios soldados solicitaban sus cartillas a jóvenes que salían de la estación de metro de Ayurá, en Medellín. Sea como fuere, más allá del reclutamiento ilegal, según el defensor delegado Luis Manuel Castro la discusión tendría que ser otra: “El problema aquí debería ser la eliminación del servicio militar obligatorio, ya que caminamos hacia la paz”.

 

Título original: Las batidas (Brecha: http://brecha.com.uy/las-batidas/)

 

 

 

Publicado enColombia
Indulgencia II: Vultur gryphus o simplemente condor

En el primer acto, se presenta el Cóndor. En el segundo, éste dibuja su silueta con tinta roja, que conserva en su pico.

 

Sobre el orden de la familia de los catáridos –o aves que limpian– o simplemente familia del orden de la mayoría de los rapaces diurnos, los ornitólogos tienen particular disputa. La polémica ha trasnochado en las últimas décadas a muchos de estos científicos de pájaros.

 

Por estar emparentados los cóndores andinos y los buitres americanos, confusa resulta a veces su diferenciación.

 

A los cóndores se les esconde en jaulas alternativas de Justicia y Paz, con la suficiente seguridad para que sus picos callen.

 

La confusión y la disputa sobre el orden de su familia los hacen aparecer unas veces emparentados con cigüeñas y garzas, otras como aves de rapiña.

 

Cóndores andinos, Buitres californianos, Zamuros, Chulos, Zopilotes, Auras, Gualas o Gallinazos, sean de cuatro o cinco soles, godos o liberales, entroncados se anidan todos en el cadalso y en el acopio sacro.

 

En el tercer acto, el cóndor vuela.

 

La confusión y la disputa mencionadas sobre el orden de su familia no debe tomarse por verdad. La certeza de este debate no debe llamar a más engaños. La validez de contarlo no está en la polémica; está en la indulgencia alternativa o, mejor, en la rapiña.

 

En el acto presente, los cóndores aparecen como cigüeñas presidenciales y como garzas de la prosperidad, rapando indulgencia para sus inclinaciones hacia el despojo. En el acto que falta, la polémica se torna lucha de clases.

Publicado enEdición Nº 216
¿Existen clases sociales? Y ¿hay conflicto entre ellas?

Una característica del tiempo que vivimos es la creencia, ampliamente extendida en los mayores fórums políticos y mediáticos del país, de que las clases sociales han dejado de existir. Aunque se acepta que en periodos anteriores las clases sociales hubieran existido, hoy se cree que han dejado de existir (o han dejado de ser relevantes en el estudio del comportamiento social) debido a los dramáticos cambios que ha sufrido la estructura social. En consecuencia, términos y conceptos como burguesía, pequeña burguesía y clase trabajadora han dejado de utilizarse para definir los distintos colectivos en los que la ciudadanía se ubica. En lugar de estos términos, la sabiduría convencional ha redefinido la estructura social catalogando a la población en tres categorías: los ricos, las clases medias y los pobres.

 

En esta categorización, a la mayoría de la población se la cataloga como perteneciente a las clases medias, tomando como característica definitoria el nivel de renta del individuo, independientemente del origen de tal renta o de la relación que tenga con los medios que producen esas rentas. Se incluyen así en estas clases medias un amplio abanico de rentas, que van desde los que son casi ricos a los que son casi pobres, abarcando de esta manera a la gran mayoría de la población. Para probar la veracidad y certeza de este análisis, los que presentan esta redefinición de la estructura social presentan encuestas que muestran que la mayoría de la ciudadanía se define como perteneciente a la clase media. Estas encuestas, sin embargo, son poco creíbles por la manera como se hace la pregunta en dichas encuestas: "¿Pertenece usted a la clase alta, a las clases medias, o a la clase baja?". Puesto que se asume que la llamada clase alta son los ricos y la clase baja son los pobres, la identificación de la población con la clase media quiere decir (y solo quiere decir esto) que la mayoría de la población no se consideran ni ricos ni pobres, con lo cual tal identificación carece de relevancia y valor explicativo de comportamiento social.

 

Ahora bien, la definición de la mayoría de la población como clase media no es inocente. Por extraño que parezca, responde a un proyecto político profundamente conservador que intenta, por todos los medios, la desaparición de las categorías de clase social de los análisis sociales científicos (que derivan de todas las tradiciones sociológicas, desde Marx a Weber) y sobre todo de la categoría de lucha de clases, categorías definidas como "anticuadas" por la sabiduría convencional que se reproduce también entre las izquierdas. Se quiere hacer olvidar cómo el poder se genera y reproduce, que continúa basándose primordialmente, aunque no exclusivamente, en la relación que la población tiene con los medios que generan y distribuyen riqueza y rentas, así como en el tipo y condiciones de su trabajo. Las categorías de raza y género continúan siendo categorías de poder que nos ayudan a entender también cómo se genera y reproduce el poder en nuestras sociedades. Pero la categoría clase social continúa jugando un papel fundamental para entender a nuestras sociedades, así como a sus instituciones. (En un artículo reciente he mostrado cómo el conflicto Capital-Trabajo ha jugado un papel determinante en la crisis financiera y económica actual -"Capital-Trabajo, el origen de la crisis actual". Monde Diplomatique. Julio 2013-).

 

La realización de este hecho está reapareciendo muy rápidamente en estos momentos de profunda crisis financiera, económica y política. Y un caso claro es lo que está ocurriendo en EEUU, donde la percepción conservadora de la estructura social se inició, extendiéndose a otros países. La revista Truthout acaba de publicar una recopilación de datos sobre cambios en la pobreza en EEUU, Gary Lapon "Poor Prospects in a 'Middle Class' Society" (18.08.13), en que muestra la validez de las categorías de clases sociales para entender la situación de EEUU. En realidad, la mayoría de las clases medias son clase trabajadora cuya situación está deteriorándose muy rápidamente. Y los pobres son, también, en su gran mayoría, miembros de la clase trabajadora.

 

Según el censo de EEUU, en el año 2011 había 46,2 millones de estadounidenses considerados pobres, representando el 15% de la población (308 millones). El nivel de pobreza es de 11.900 dólares al año para un individuo y de 23.550 dólares al año para una familia de cuatro personas. El Economic Policy Institute, EPI, uno de los centros de análisis económicos de mayor credibilidad en EEUU, indica que esta cifra es muy inferior a la que debería considerarse como mínima para llevar una vida modesta pero digna (que se calcula, es el doble de estas cantidades). Algo menos de la mitad (40%) de la población estaría en esta condición.

 

Y este porcentaje ha ido aumentando, resultado, sobre todo, del deterioro del mercado laboral, y muy en especial del descenso salarial. Mientras que el 60% de la población trabajadora tiene salarios que van de los 14 a los 21 dólares por hora, en la gran mayoría (el 58%) de nuevos puestos de trabajo pagan mucho menos. Solo el 22% pertenecen a los primeros niveles. Esto ha forzado el pluriempleo, una condición común que incluso no es suficiente para salir del nivel de pobreza de la población. En realidad, la mayoría de pobres son trabajadores de baja cualificación, cuyo salario no les permite salir de la pobreza.

 

¿Existe lucha de clases?

 

Este empobrecimiento de los diferentes componentes de la clase trabajadora y de sectores importantes de las clases medias que derivan sus ingresos de la renta del trabajo, junto con el enorme enriquecimiento de las rentas superiores que derivan sus rentas de la propiedad del capital, ha llevado a una polarización de la estructura social con un claro resurgimiento de la conciencia de clase.

 

Varias encuestas (véase la Pew Survey. 01.11.2013) han mostrado el gran crecimiento de la conciencia de clase y de la percepción de conflicto existente en tales clases, percepción que se ha dado en todos los sectores de la población. Así, el porcentaje de la población que indica que hay una lucha de clases (class conflict) ha subido de un 43% en 2009 a un 65% en 2012, porcentaje que alcanza incluso cifras mayores (un 74%) entre los afroamericanos. Entre los latinos es un 61%. Es también interesante indicar que entre la población joven (18-34 años) esta percepción (71%) era mayor que en los otros grupos etarios.

 

Ni que decir tiene que la composición de las clases sociales ha ido variando (siempre ha estado variando), así como la manera como se produce y expresa dicho conflicto. Por regla general, las clases más pudientes rechazan el concepto de conflicto de clases, y solo lo utilizan cuando ven que las otras clases toman acciones en defensa de sus intereses que afectan negativamente los intereses de las clases más pudientes. Así, el Partido Republicano, hegemonizado por la ultraderecha, acusa al movimiento sindical de incentivar la lucha de clases cuando propone aumentar los impuestos sobre los beneficios del capital. Pero en cambio, no utiliza tal expresión cuando se han bajado esos impuestos a costa de aumentar los impuestos sobre el trabajo.

 

Hoy la polarización social, con la enorme concentración del poder financiero y económico, ha redefinido la lucha de clases, creándose una alianza de clases (la clase trabajadora con componentes de la clase media, que constituyen las clases populares) frente a una minoría que incluye los miembros de las élites económicas y financieras, aliadas a las élites de los partidos dominantes y mayores medios de información, que hoy dominan la vida política y económica de nuestros países.

 

El eslogan utilizado por el movimiento Occupy Wall Street, el 1% en contra del 99%, intenta reflejar esta realidad, aun cuando supone una simplificación que tiene costes políticos, pues el 1% (en realidad es un porcentaje incluso menor el sector de la población que posee los medios de producción de bienes y servicios. En Catalunya son, como reconocía uno de ellos, el Sr. Millet, ex Presidente del Palau de la Música, persona conocedora como nadie de cómo funciona la burguesía catalana, solo 400 familias) tiene como aliados otro 9% ó 15% de la población (los sectores de las clases medias de rentas altas encargadas de la gestión y gobernanza del sistema, que incluye sectores importantes como los propietarios y gestores de los mayores medios de información) que juega un papel clave en la reproducción de su poder.

 

De ahí que el eslogan del conflicto entre los de abajo contra los de arriba, aunque exitoso desde el punto de vista mediático, sea insuficiente, pues no tiene la suficiente característica definitoria de señalar por qué unos están arriba y otros están abajo. Las categorías científicas de clases trabajadoras y medias (o clases populares) frente a las clases dominantes, llámense burguesía, clase capitalista o Corporate Class como en EEUU, describe mejor lo que está ocurriendo, que es un conflicto entre las clases populares, que son la mayoría de la población en cualquier país, y la minoría, que deriva su poder de clase de la propiedad de los medios de producción y distribución, así como de los medios de legitimación y persuasión, y sus aliados en las distintas ramas del estado encargadas de reproducir su dominio sobre la mayoría de la población. Así de claro.

 

[Aconsejo la lectura del libro The Democratic Class Struggle, por desgracia nunca traducido y publicado en España, de mi amigo Walter Korpi, el analista más interesante e influyente entre las fuerzas progresistas del norte de Europa y de gran influencia en el mundo académicoanglosajón. En España aconsejo el excelente libro de Marina Subirats, Barcelona: de la necesidad a la libertad. Les clases sociales en los albores del siglo XXI].

 

Publicado enInternacional
¿Aceptaría 44 millones de dólares por un solo día de trabajo?

Naturalmente, diría cualquiera, pero esto sólo puede ocurrir en EE.UU.: horas después de que Bill Johnson asumiera el cargo de director ejecutivo de la Duke Energy, surgida de la fusión de dos empresas abastecedoras de gas y electricidad, el flamante CEO presentó su renuncia. Sólo trabajó ocho horas y se hizo acreedor a 44 millones de dólares, es decir, 5,5 millones por hora (//thinkprogress, 6-7-12). Un buen sueldito. La suma incluye bonos, un pago por cesar en el puesto como si hubiera trabajado años, otros beneficios y hasta 30.000 dólares por gastos de mudanza y reubicación.

 

En el mundo de los CEO esto no causó sorpresa alguna, están acostumbrados a las remuneraciones altísimas y a los privilegios que éstas conllevan. El promedio de los salarios anuales que perciben fue de 9,6 millones en el 2011, pero se superaron en el 2012: 9,7 millones de dólares (www.cleveland.com, 22-5-13). Las empresas justifican este dispendio asegurando que necesitan los mejores talentos en el campo. Sólo que el 99 por ciento –como los bautizó el movimiento juvenil Ocupa Wall Street que nació hace casi dos años– no la pasa tan bien: el salario promedio del trabajador aumentó 1,1 por ciento en el 2010, 1,2 en el 2011 y un 1,6 por ciento este año. Aumentos incapaces de lidiar con la inflación.

 

La brecha entre los salarios de los unos y los otros se ensanchó aún más el año pasado, aunque se considera que el país atraviesa un período de recuperación económica. El promedio de ingresos de los CEO fue 354 veces mayor al de los trabajadores en el 2012 (www.af.org, 6-4-13). La Ley Dodd-Frank de reforma de Wall Street y de protección al consumidor, que promulgó Obama en julio de 2010 para enfrentar este problema, establece que las empresas públicas tienen la obligación de dar a conocer con exactitud la disparidad salarial entre el CEO y los trabajadores. Muchas grandes compañías cabildean para que este requisito desaparezca en el proceso de reglamentación de la ley (www.bloomberg.com, 30-4-13).

 

Han pasado tres años desde que el Congreso ordenó a las empresas públicas revelar la relación CEO/trabajador en materia de salarios, pero esto no se cumple: el trámite de regulación de la ley Dodd-Frank se encuentra estancado en la comisión de garantías e intercambio, un organismo federal que es blanco preferido de las tentaciones que ofrecen los cabilderos. Pero diferentes organismos independientes se encargan de destapar lo que se oculta en esta esfera.

 

Un reciente análisis de las estadísticas demográficas de la Oficina de Censos que el Pew Research Center llevó a cabo revela que en el período 2009/2011 los ingresos del 7 por ciento de la cúspide económica aumentaron un promedio estimado en el 28 por ciento, mientras que para el 93 por ciento restante descendieron un 4 por ciento (www.pewsocialtrends.org, 23-4-13): “Desde finales de la recesión en 2009 hasta 2011 (el último año de datos disponibles de la Oficina de Censos), los 8 millones de hogares con un ingreso neto superior a 836.033 dólares acrecieron en conjunto sus haberes en 5600 billones, mientras que los 111 millones de hogares con un ingreso neto inferior o igual a la cifra antes mencionada padecieron un descenso estimado en 6 billones de dólares”.

 

El importante aumento de los ingresos de la parte superior de la pirámide en las últimas décadas se debe en buena medida a que el jefe de familia es un ejecutivo o un agente en el sector financiero. Un informe del Economic Policy Institute señala que “los ejecutivos y los ocupados en el sector financiero del 1 por ciento percibieron un 58 por ciento de la expansión del ingreso y el 0,1, un 67 por ciento en el período 1979/2005” (www.epi.org, 23-1-13). Es decir, el sistema global de hoy, dominado por las finanzas, se viene alejando hace tiempo del capitalismo clásico basado en la producción. Como confesara un ex corredor de Lehman Brothers, la compañía financiera que declaró una bancarrota escandalosa en el 2008: “No hay otra industria en la que se paga tanto por hacer tan poco” (//thinkprogress.org, 6-2-13).

 

Es un proceso con alzas y bajas de veloz desarrollo. En los últimos 30 años el promedio de la fortuna de los 500 de Forbes aumentó a una velocidad 127 veces superior a la media del salario obrero. Como se ha indicado ya, el ingreso promedio de los 500 es 354 veces superior al del trabajador. En 1980 la proporción era de 42 (www.epl.org, 23-1-13).

 

Tendría, finalmente, razón el magnate Warren E. Buffet, la persona más poderosa del mundo según Times, quien declaraba hace años: “Hay guerra de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está haciendo la guerra y estamos ganando” (www.nytimes.com, 26-11-06). La remembranza marxista de esta afirmación le suma claridad.

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