Presidenciales 2018: conciencia política, condiciones materiales de vida e intereses de clase

La marca del sistema político colombiano está grabada a fuego sobre el cuerpo de la historia nacional. La impronta está conformada por un conjunto de factores complementarios, esenciales e interrelacionados que se retroalimentan y reproducen en un círculo conservador, tradicional y vicioso. Sus distintivos son: caudillismo, fanatismo y sectarismo, jerarquía y autoritarismo, racismo y exclusión, clientela y corrupción, captura de rentas y corporativismo, individualismo e informalidad, iniquidad y miseria, sin visión alguna de futuro.

 

El impacto de su sello no es menor. Durante el último medio siglo Colombia transformó la matriz económica, tecnológica e institucional, adoptó una nueva Constitución, se urbanizó, integró y abrió al mundo. Sin embargo, la estructura política y las mentalidades que dominan en el conjunto social continúan siendo conservadoras, tradicionales, “godas”, coloniales, dominadas por ideologías religiosas y de extrema derecha. La tradición centenaria familiar y la localización espacial, municipal o regional, son las características de la afiliación partidista, pero también del gamonalismo o caciquismo.

 

Los partidos políticos se organizan como carteles mafiosos, controlan el Estado, el presupuesto y el empleo público, ejercen el poder a través de la “clase política”, la parasitaria e inmensa maquinaria burocrático-militar y grupos paramilitares, en medio de la competencia y la batalla entre las distintas facciones. El pueblo cooptado por las variopintas ideologías hegemónicas, las que transmite de generación en generación, no milita formalmente en las organizaciones pero sigue “ciegamente” al caudillo, tiene “fe” en el partido que lidera y permanece alejado del ejercicio real de la política, es decir, del seguimiento y control del gobierno y con esto, del diseño e implementación de todos aquellos programas y acciones que tienen que ver con las condiciones de vida, para garantizar que sea digna.


Los diferentes partidos políticos tienen geográficamente repartidas sus fuerzas, en estructuras multiclasistas. Las raíces de la formación de las identidades y las lealtades partidistas en la construcción de la nación colombiana amalgaman las clases sociales con factores étnicos, religiosos, geográficos y productivos. La simpatía por el caudillo y su partido es parte de la herencia cultural. Corrupción, violencia, clientelismo, tradición y fanatismo constituyen el cemento que une al sistema político.

 

A propósito de la elección del Presidente, para el período 2018-2022, a continuación intento dar forma más precisa a una idea de Karl Marx (1818-1883): la superestructura de opinión pública, creencias y prácticas, leyes e ideologías, no es configurada por sutiles análisis lógicos o diálogos racionales, sino que refleja las condiciones materiales de vida y los intereses de clase1. La tesis a sustentar consiste en demostrar que la estructura del capitalismo periférico y del sistema político colombiano constituye un mecanismo homeostático que funciona mediante variaciones o cambios en la superestructura pero lo hace de tal manera que a largo plazo el núcleo esencial y las relaciones sociales permanecen constantes y se reproducen en los espacios y tiempos históricos. En resumen, el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política, cultural, ambiental y espiritual

 

Marx afirmó que los mecanismos ideológicos son parte del funcionamiento de una sociedad de clases, ya que contribuyen a ocultar a sus miembros cuáles son sus “verdaderos” intereses y necesidades. La sentencia “es el ser social el que determina la conciencia, no la conciencia la que determina el ser social” permite comprender el papel mistificador de las formas mentales de las clases dominantes que se imponen como “sentido común” a través del ejercicio del poder, las instituciones familiar y de trabajo, los medios de manipulación de masas y el aparato educativo. Con esta afirmación Marx desnudó la relación existente entre las formas sociales y materiales de vida (es decir, las relaciones de clase) y sus formas mentales y culturales (la “conciencia”).

 

Fuerzas políticas, abstención e izquierda, breve historia

 

Los partidos políticos constituyen organizaciones que congregan sectores de la población y clases sociales alrededor de la representación y defensa de cosmovisiones, intereses y necesidades comunes en el ámbito del poder político.

 

En Colombia los electores son fieles a su opción partidista. Por la configuración multiclasista, la dirigencia de arriba no toma en cuenta las inquietudes políticas, intereses o necesidades de los de abajo. Sin embargo, los votantes de los partidos les son leales pese a que sus intereses estén o no representados por los programas diseñados desde quienes controlan el poder. Los partidos políticos parecen ser entidades independientes de sus votantes: sus proyectos poco o nada tienen que ver con sus votantes ni con el interés público.

 

La base electoral de cada partido está ahí, localizada siempre, diferenciada geográficamente. La mayoría de los municipios son tradicionales. Los partidos adaptan sus programas y caudillos al cambio del tiempo, a la evolución social, económica e institucional, mientras su cuerpo de militantes tiene una composición local independiente y una estratificación socio-económica inamovible. La localización del voto es factor determinante de las fuerzas de los partidos, a su vez, el gamonal o cacique, maneja la clientela, distribuye subsidios, controla el gasto público y los puestos de trabajo, acumula los votos y domina la estructura local de poder2. A la base material de producción y las relaciones sociales a que da lugar ésta, se imbrica como un factor importante en la tradición de las identidades políticas municipales los patrones familiares como una de las fuentes donde los individuos adquieren sus primeras actitudes políticas. Por la herencia familiar se realiza la transmisión de las afiliaciones partidistas, sobre las condiciones materiales de vida, las necesidades y los intereses, ocupacional y de clase social.

 

Son muchas décadas de esta constante, fracturada en parte en las grandes ciudades, pero no así en los municipios intermedios o pequeños. De manera equivoca se relaciona el origen de los partidos políticos en Colombia a partir de la configuración de los caudillos en la época de la independencia (guerra en la cual los ejércitos españoles asesinaron a 200.000 patriotas, del millón de pobladores en aquella época) y de los primeros años de la independencia, en particular con las fuerzas acaudilladas y las doctrinas antagónicas entre Bolívar y Santander. Contrario a ello, la formación de los partidos políticos, con sus caudillos, plataformas y programas, tiene como fecha de inicio los mediados del siglo XIX.

 

La década de 1849 a 1860 fue decisiva en la conformación del sistema político colombiano. Durante estos años, en un momento de crisis mundial, cuando se luchaba contra la esclavitud y la eliminación definitiva de las estructuras socio-económicas legadas por la Colonia, y en medio de un ambiente de caudillismo, regionalismo, guerras civiles y anarquía, violenta lucha de clases e ideologías, surgieron el partido liberal y el conservador. La oligarquía se asentó desde entonces en el poder como su propiedad privada y exclusiva.

 

El enfrentamiento entre las clases sociales y la lucha violenta de las organizaciones por el poder muestra, de una parte, al Partido Conservador defendiendo y representando los intereses de terratenientes y del clero, es decir, los sectores más tradicionales y de clase dominante. De otra, el Partido Liberal, identificado con los sectores e ideas modernizantes; partido conformado por dos facciones definidas también por las identidades e intereses de clase que representaban: gólgotas que congregaban a comerciantes y clase media profesional, y draconianos que se apoyaban en simpatizantes del socialismo útopico y del radicalismo, defendían intereses de sectores populares como los artesanos, pequeños propietarios, pobladores de las barriadas pobres urbanas y pueblos originarios: campesinos, indios y negros.

 

En sus comienzos la base del movimiento social draconiano representaba las sociedades democráticas del artesanado que constituyen el embrión de las organizaciones obreras de tipo sindical. Los movimientos socialistas y las identidades de clase popular y trabajadora emergen en paralelo con los partidos tradicionales del establecimiento, pero sólo hasta las primeras décadas del siglo XX tendrán presencia en el campo de batalla de la política y en los circuitos económicos.

 

La historia política del siglo XIX se caracterizó por la lucha civil. Las guerras civiles fueron consecuencia del partidismo, las clases propietarias y de la influencia del clero (y no viceversa); estas, además, afianzaron el sentimiento partidista. Entre 1824 y 1908, en el territorio nacional se registraron ocho guerras civiles generales, dos internacionales y tres cuartelazos. En 1854 se registró la derrota sangrienta, ocasionada por la oligarquía nacional que contó con el apoyo de los gobiernos estadounidense e inglés, del experimento democrático-artesanal y único gobierno popular (José María Melo) que ha existido en la historia republicana de Colombia. Durante el cambio del siglo XIX al XX, la Guerra de los Mil Días, enfrentamiento por el poder entre los partidos políticos hegemónicos, ocasionó la muerte a 180.000 residentes colombianos (la población alcanzaba la cifra de cuatro millones en todo el país). En resumen, las guerras civiles, expresión de la crónica y violenta lucha de clases y de partidos, prolongada hasta la actualidad, no actuaron como agentes en la conformación del partidismo en Colombia, sino que fueron, más bien, su manifestación.

 

El 4 de agosto de 1914 inició al primer conflicto bélico mundial que concluyó a finales de 1918. En 1914 tuvieron lugar las primeras elecciones directas en Colombia. Ganó el candidato conservador y oficialista, José Vicente Concha. La abstención fue 57 por ciento, en una época donde solamente podían votar los varones mayores de 21 años (las mujeres adquirieron el derecho al voto en 1957) que supieran leer y escribir (el 87% de la población era analfabeta) y con un ingreso superior a 300 pesos (95% de los habitantes vivía en condiciones de miseria). El número total de votos fue de 331.410, el candidato ganador obtuvo 89 por ciento de estos. El mismo año fue asesinado el general Rafael Uribe Uribe (1859-1914), ideólogo y luchador a favor de la instauración de un socialismo de carácter corporativo y sindicalista en Colombia. Durante el cuatrienio de Concha, los sucesos más comunes de violencia se produjeron al reavivar los odios partidistas y al florecer el sectarismo clerical de una iglesia profundamente unida al partido conservador en el poder. Durante estos años, el gobierno colombiano entregó sin pudor alguno las riquezas del país a la expoliación y saqueo por parte de las transnacionales estadounidenses, también dio inicio al tutelaje político por parte de la “estrella del norte”. El censo realizado en octubre de 1918 registró 5,9 millones de habitantes; el 75 por ciento era población rural.

 

En Colombia las ideas socialistas arraigaron tempranamente, en paralelo a su surgimiento europeo durante el siglo XIX. Estas encontraron el terreno abonado en los sectores populares excluidos urgidos de atención gubernativa, de planes colectivos de trabajo y de requerimientos de derechos sociales para todos. Durante las tres primeras décadas del siglo XX, las ideas socialistas mantuvieron un importante activismo, impulsadas por el movimiento obrero, campesino, indígena, los primeros trabajadores públicos y las primeras organizaciones sindicales, junto a una minoría intelectual comprometida. En 1919 lanzaron el “Manifiesto Comunista” y crearon el primer partido orientado por ese ideario. En 1922 apoyaron la candidatura del liberal Benjamín Herrera, quien obtuvo 256.000 votos, esto es, 38,2 por ciento del total. El candidato conservador, Pedro Nel Ospina, ganó al obtener el 61,8 por ciento de la votación, esto es, 409.131 votos. La abstención fue del 25 por ciento.

 

La década de los años 1920 fue candente en cuanto a la agitación del movimiento izquierdista. En 1925 la difusión de las ideas socialistas se convirtió en delito y el Gobierno presentó al parlamento el proyecto de pena de muerte para quien las divulgara. En la celebración del 1 de Mayo de 1928 el Gobierno encarceló a 8.000 dirigentes obreros, campesinos e intelectuales de izquierda, ante el temor de una conspiración armada para derrotar el gobierno del Conservador Miguel Abadía Gómez (1926-1930). En 1929 el Gobierno ordenó apresar a todos los dirigentes socialistas, expirando de este modo la “década de oro” del socialismo, en medio de la tortura y el asesinato de sus militantes. La historia se repite obsesivamente a lo largo del siglo XX y no afloja en lo corrido del siglo XXI: una oligarquía que concentra el poder, lumpeniza a la sociedad, conforma bandas criminales, excluye con violencia las mayorías populares y persigue de manera homicida cualquier pensamiento que exprese y defienda los principios de igualdad, democracia, justicia o dignidad humana.

 

La Hegemonía Liberal se dio entre 1930 y 1946. Inició en 1930 cuando fue elegido un presidente Liberal: Enrique Olaya Herrera, luego de 46 años de Hegemonía Conservadora. Durante la Hegemonía Liberal Colombia se modernizó, hubo logros sociales, pero también inició de nuevo la violencia entre liberales y conservadores. Al calor de las huelgas y las luchas populares, en 1930 se constituyó el Partido Comunista (PC), el cual fue declarado ilegal durante el gobierno de Enrique Olaya Herrera (1930-1934). El gobierno de Alfonso López Pumarejo lo legalizó y pactó alianzas con los dirigentes comunistas para impulsar las reformas liberales y cambiar la Constitución en 1936.

 

La lentitud de los cambios sociales del presidente Olaya Herrera hizo que un grupo de políticos liberales le retiraran su apoyo en octubre de 1933. De esta manera nació la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (Unir), liderada por Jorge Eliécer Gaitán y Carlos Arango Vélez. En 1934 se efectuaron elecciones para Presidente para el periodo 1934-1938; el número de votantes fue de 942.209. El Partido Conservador decidió no participar en la elección. El candidato liberal obtuvo el 99,6 por ciento del voto a su favor; el Partido Liberal se encontraba en una cómoda situación desde el gobierno nacional y con mayorías en el Congreso, lo cual le permitió emprender una fuerte campaña en favor del empresario y su Jefe único Alfonso López Pumarejo. El marginal y recientemente fundado Partido Comunista presentó la candidatura simbólica del líder indígena Eutiquio Timoté, sólo obtuvo el 0,4 por ciento del total de votos.

 

En 1934 la candidatura de izquierda liderada por Jorge Eliécer Gaitán apenas alcanzó 0,5 por ciento del total; en tanto, la abstención fue de 39 por ciento respecto al potencial de votantes. El intento de quebrar el bipartidismo fracasó, a pesar de los esfuerzos en la búsqueda del apoyo obrero y campesino adelantado por Gaitán, quien mantuvo una posición de respaldo y asesoría a estos grupos en sus huelgas y luchas por la tierra. Gaitán liquidó su movimiento hacia 1935, luego del fracaso electoral, reincorporándose a las huestes del partido liberal.

 

El asesinato de Gaitán, en 1948, como medida preventiva ante su posible conquista de la Presidencia de la República, marcó el inicio de la reedición de la barbarie de la oligarquía nacional en contra de los sectores populares que se prolongó hasta la década de 1960: 300.000 asesinatos políticos y cerca de dos millones de campesinos desplazados por la violencia, en un país con una población ligeramente superior a los 11 millones de habitantes. Liberales y conservadores apoyaron el golpe militar que el 13 de junio de 1953 llevó al poder al general Rojas Pinilla. En menos de un año se desmontó la guerrilla liberal y el Partido Comunista, la única fuerza de izquierda con alguna organización, fue de nuevo declarado ilegal. Tras el derrocamiento de Rojas, en 1957, la oligarquía instaló el Frente Nacional que excluía del gobierno a quien no fuera liberal o conservador, institución que permaneció hasta 1974.

 

El desmonte del Frente Nacional favoreció a la izquierda con vocación electoral. Sólo a partir de 1972 el establecimiento permitió la participación de terceros partidos, diferentes al liberal y al conservador. A partir de este año es que puede hablarse de un sistema político de competencia abierta entre partidos; no obstante, estas organizaciones poco difieren en sus ideologías, intereses de clase y plataformas políticas, al igual que por sus raíces históricas.

 

En los años 1970, las localidades territoriales donde la votación comenzó a favorecer a los grupos radicales tenían lugar en zonas periféricas, en regiones de colonización, en los antiguos territorios nacionales y en los viejos baluartes comunistas. En respuesta, dentro de la cultura política colombiana, los grupos hegemónicos desataron una ideología anticomunista que legitima su asesinato y exclusión; a esta campaña sistémica de intolerancia y autoritarismo, han contribuido la jerarquía de la iglesia católica, los nuevos movimientos evangelistas y cristianos que florecen silvestremente en las zonas de control paramilitar, los medios de comunicación y la propaganda estatal. La última etapa del conflicto social colombiano, entre 1964 y 2016, dejó como saldo 8,5 millones de víctimas y el despojo de la propiedad y usufructo de más de 6 millones de hectáreas a familias rurales campesinas.

 

El contubernio entre espada y cruz, esto es, grandes empresarios, el partido del clero, los diversos grupos religiosos e iglesias evangélicas, paramilitares y partidos de la extrema derecha, se mantiene indisoluble desde la invasión española y la Colonia. Esta asociación fue definitiva en el triunfo del No en el plebiscito de octubre de 20163. Ahora, en 2018, las iglesias protestantes y cristianas han dado su apoyo irrestricto al candidato presidencial de la extrema derecha Iván Duque, del Centro democrático. La candidata Viviane Morales, proveniente de la Iglesia Casa sobre la Roca, arrió sus banderas y se adhirió al proyecto de la extrema derecha4. El candidato del Centro Democrático también recibió el respaldo del movimiento político de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, la cual es considerada una de las más poderosas del país; con esta adhesión y su organización política “Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (Mira)”, que en las pasadas elecciones a Congreso logró más de 500.000 votos, la campaña a la presidencia de Iván Duque ya tiene la mayoría de votos de las comunidades cristianas del país (pues, también se sumó Colombia Justa-Libres, el naciente partido que en las pasadas elecciones sorprendió con poco más de 400.000 votos).

 

Los ligeros avances modernizantes (derechos humanos, como por ejemplo el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos y de igualdad de géneros e identidad sexual), democráticos y de paz están en riesgo. Los tiempos oscurantistas y de lucha violenta de clases, partidista y religiosa renacen con furia. Frente a estas mentalidades tradicionales, las políticas públicas de ciencia y la tecnología moderna agonizan, antes de haber arraigado en el país. Estas iglesias cristianas y la extrema derecha prometen “trabajar por la restauración moral de Colombia”.

 

El informe anual sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, elaborado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudah), presentado en marzo de 2018, señala que en 2017 se registraron 441 ataques en contra de organizaciones sociales defensoras del proceso de paz y de los derechos humanos, incluyendo 121 asesinatos. Las regiones con mayor número de asesinatos fueron Antioquia (13) y Cauca (11). El 62 por ciento de los asesinatos ocurrieron en zonas rurales, el 24 por ciento en ciudades cercanas a las anteriores zonas de conflicto y el 14 por ciento en las ciudades principales. Adicionalmente, en 2017, 1.500 campesinos fueron desplazados forzosamente. Un nuevo ciclo político de conflicto armado, violencia y exclusión alza su tenebroso vuelo sobre la historia del país. Así lo prometen los dos candidatos de la extrema derecha, Duque y Vargas Lleras: “hacer trizas los acuerdos de paz entre el Gobierno y la insurgencia”.

 

El pasado 10 de mayo de 2018, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas realizó la evaluación de derechos humanos a Colombia (la tercera que enfrenta el Estado colombiano en su historia). En total, intervinieron 95 países de los 193 que hacen parte del Comité de Derechos Humanos. Cada interviniente hizo sus recomendaciones sobre cuáles son los temas que, en su opinión, deben mejorar. Sin duda alguna, el más mencionado fue el que tiene que ver con las amenazas y asesinatos de líderes sociales, defensores de derechos humanos y reclamantes de tierras. Pero también fue usual escuchar discursos sobre la importancia de que el país refuerce sus políticas para eliminar el reclutamiento infantil; proteger los derechos de los niños y mujeres, garantizar que los altos niveles de impunidad disminuyan de inmediato; y la necesidad, casi urgente, de que se firme el protocolo facultativo a la Convención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.

 

En 2017 fueron asesinadas en todo el país 10.870 personas, 9.929 fueron hombres y 941 mujeres. En 2018 caen asesinadas mil personas en promedio cada mes, el departamento más violento es el Valle del Cauca, seguido de Antioquia, Atlántico, Norte de Santander y Cauca; entre las ciudades, las más violentas, en lo que va de 2018, son Cali, Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Montería, Santa Marta, Valledupar y Sincelejo. Colombia sigue siendo uno de los países más violentos del mundo debido al conflicto armado interno, a las bandas criminales, el narcotráfico y a casos asociados con la violencia intrafamiliar y la intolerancia interpersonal.

 

El gráfico 1 ilustra los ciclos de violencia en la historia nacional durante el último siglo, acompañado de los porcentajes de votación por la izquierda y del abstencionismo. Pese a todo, durante el último medio siglo los movimientos y partidos de izquierda ganan presencia en las principales ciudades y se constituyen como fuerza política alternativa. Sin embargo, no han podido romper el techo de cristal del 25 por ciento de cooptación de la votación efectiva, ni derrotar la abstención que en promedio representa un 54 por ciento durante la historia de las elecciones directas en el país. La violencia de clases, partidista y religiosa, afecta principalmente a los proyectos democráticos de las organizaciones de izquierda.

 

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La abstención es, sin embargo estructural, se mantiene incólume a pesar de los vaivenes temporales de la política y los indicadores socioeconómicos, fenómeno no sólo explicable por la apatía o la ignorancia política, sino también por el histórico monopolio de los partidos del establecimiento, la corrupción en el sistema electoral (“el pueblo vota hasta las cinco de la tarde, después lo hacen los grupos de poder que controlan la Registraduría”); también es cierto que la clase trabajadora y las comunidades populares odian al Estado o éste le resulta indiferente, ya que física, financiera y por voluntad política, intereses y corrupción, es incapaz de satisfacer las necesidades y las demandas participativas, económicas, sociales y ambientales de dichas clases y grupos.

 

En efecto, para las elecciones presidenciales del año 2006, dos fuerzas de izquierda se unieron, el PDI y la Alianza Democrática (AD), dando nacimiento al Polo Democrático Alternativo (PDA). El candidato de la izquierda, Carlos Gaviria Díaz (1937-2015), alcanzó más de 2,6 millones de votos, esto es, 22,5 por ciento del total. La abstención, por su parte, se mantuvo en 55 por ciento; por tanto, el triunfo del candidato de la extrema derecha, Álvaro Uribe, fue precario, no llegó al 30 por ciento del censo electoral. En las elecciones presidenciales de 2010, el candidato del Polo Democrático concentró el 9,2 de la votación en la primera vuelta; la abstención alcanzó el 51 por ciento. En 2014, la izquierda, con Clara López Obregón como candidata del Polo Democrático, obtuvo en la primera vuelta el 15,3 por ciento del caudal electoral; la abstención fue del 52 por ciento. Para las elecciones del Congreso de 2018, los partidos de izquierda obtuvieron el 7,1 por ciento del total de votos y la abstención promedio (entre Senado y Cámara) representó 52,7.

 

La historia política y económica del país muestra que las tres últimas generaciones no han conocido modificación alguna de las condiciones de desigualdad o iniquidad socioeconómica (Gráfico 2).

 

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El modelo rentista y extractivo no genera empleo ni en la cantidad requerida ni con la calidad que dignifique el trabajo humano. La pobreza por ingresos disminuyó en 50 puntos porcentuales entre 1960 y 2018, sustentado en el sistema político asistencialista y de control clientelista, con privilegio de subsidiar el consumo de masas improductivo en lugar de fortalecer la autonomía, autogestión, capacidad productiva y sustentable de la población.

 

Ante esta realidad, los partidos de izquierda tienen el reto de convertirse en una verdadera fuerza política, económica y social de nuevo tipo, defensora de los derechos humanos y representante de los intereses y necesidades de la clase trabajadora y demás sectores excluidos, en promover el poder popular y aupar de manera sinérgica, consciente y democrática el movimiento y las luchas sociales; de lo contrario, se reduce a una simple maquinaria parlamentaria y electoral, símil de los tradicionales partidos del establecimiento

 

Potencial electoral 2018

 

La población habilitada para los comicios electorales 2018 suma 36,2 millones de connacionales: 51,7 por ciento mujeres y 48,3 hombres. Representan el 75 por ciento de la población total del país. El Distrito Capital de Bogotá y dos regiones (Central y Caribe) concentran el 61,55 del potencial electoral (ver Mapa 1).

 

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Por rangos de edad, el potencial de población votante se concentra en el intervalo de 26 a 64 años, representa el 71 por ciento del total. En el rango de 18 a 25 años se ubica el 17 por ciento de los posibles votantes (Gráfico 3). Para las elecciones presidenciales de 2018, 1,3 millones ‘primivotantes’ están habilitados para acudir a las urnas, representan 3,6 del potencial electoral. Estos jóvenes que por primera vez podrán votar en las presidenciales, subconjunto de los menores de 25 años, quienes en su mayoría no pertenecen a un partido político y se mueven por el voto de opinión, constituyen un sector poblacional decisivo para elegir la fórmula ganadora. Si bien los jóvenes son prolíficos al momento de opinar en las redes sociales, su respaldo no se traduce necesariamente en votos. Éstos poco ejercen su derecho al voto; son los colombianos mayores de 40 años quienes más lo hacen.

 

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Siguiendo la tradición política nacional, la masa de votantes y las maquinarias políticas se manifestaron en los comicios de marzo de 2018 para elegir las 102 curules para Senado y los 166 escaños para la Cámara de Representantes. La hegemonía de los partidos tradicionales no se modificó (los triunfadores fueron los partidos: Centro Democrático y Cambio Radical –expresión de la extrema derecha–, el conservador y el liberal); sumado a las expresiones políticas de los grupos e iglesias cristianas y evangélicas, concentran tres cuartas partes de las curules. La persistencia de la distribución geográfica del voto tradicional también quedó bien demostrado. En efecto, el carácter local o regional de la distribución de los fortines partidistas se refleja en los resultados de las elecciones de Congreso en marzo de 2018 (Mapa 2).

 

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Condiciones materiales de vida y relaciones sociales de producción

El orden lógico de las clases de derechos humanos difiere del orden histórico de la conquista por la humanidad de las condiciones indispensables para garantizar la dignidad humana y hacer posible que las personas vivan en un entorno de libertad, democracia, justicia y paz. Sin garantizar los derechos sociales, económicos y culturales, difícilmente pueden ejercerse con independencia, madurez y conciencia los derechos civiles y políticos.

 

En Colombia, la población en edad de trabajar (PET) está constituida por las personas de 12 años y más en las zonas urbanas y 10 años y más en las zonas rurales. La PET se divide en población económicamente activa y población económicamente inactiva. De los 48,3 millones de nacionales en 2018, el 80,2 por ciento se encuentra en edad de trabajar. De los 38,7 millones de personas que conforman la PET (2,5 millones más que la cifra del potencial electoral), el 37,1 por ciento es población económicamente inactiva (14,4 millones) y 62,9 es población económicamente activa (24,4 millones). La población económicamente inactiva (PEI) comprende a todas las personas en edad de trabajar que no participan en la producción de bienes y servicios (ver infograma).

 

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La población económicamente activa (PEA), también llamada fuerza laboral, está conformada por las personas en edad de trabajar que laboran o están buscando empleo. En 2018, la PEA se divide en 90,6 por ciento ocupados (22,1 millones) y 9,4 desempleados (2,3 millones). En consecuencia, por cada ocupado se encuentra en condición de dependencia económica 1,2 personas.

 

En Colombia la mayoría de la fuerza de trabajo tiene un nivel educativo bajo. Tener un buen nivel educativo y de competencias es un requisito importante para encontrar empleo digno y contribuye al bienestar del trabajador y su familia. En Corea del Sur, por ejemplo, el 87 por ciento de los adultos de 25 a 64 años han terminado la educación media superior. El promedio de los países que pertenecen a la Ocde es de 74 por ciento. En Colombia, el 45,4 por ciento de la fuerza de trabajo no ha llegado a la educación media superior: 16 por ciento del total no cuenta con ningún nivel educativo; 33,7 por ciento solo ha cursado la primaria y 5,7 por ciento abandonó el sistema educativo en el grado de educación básica secundaria. Del total de la fuerza de trabajo en 2017, solo un poco más de una quinta parte había cursado la educación técnica o tecnológica (10,7%), universitaria (8%) o postgrado (3,6%).

 

A causa del atraso del aparato productivo colombiano y del bajo nivel educativo o pertinencia del conocimiento de la fuerza de trabajo se registra un desajuste entre la oferta y la demanda en el mercado laboral. Educarse no es garantía de encontrar un trabajo digno. El desajuste es un hecho que se manifiesta a través del desempleo y el subempleo. Este problema de desajuste tiene un carácter estructural que difícilmente puede ser resuelto únicamente por el sistema educativo; su solución involucra necesariamente la participación de otros sectores sociales (familias, empresas y gobierno). En Colombia, el 67,5 por ciento de los desempleados ha alcanzado los niveles de educación media superior (43,6%), técnica o tecnológica (13,8%), universitaria (8,4%) o postgrado (1,7%).

 

La mayoría de los trabajadores y empresas informales no lo hacen por elección, sino como consecuencia de la falta de oportunidades en la economía formal, y por carecer de otros medios de sustento. El empleo informal es más común entre los más vulnerables de la sociedad. En Colombia, la mitad de la clase trabajadora genera sus ingresos para vivir –él y su familia– bajo condiciones de informalidad (Gráfico 4).

 

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Esto es, uno de cada dos trabajadores vive del “rebusque diario”, por tanto difícilmente puede mejorar su nivel educativo o competencias y contar con oportunidades o tiempo para participar en organizaciones de la clase trabajadora o realizar actividades políticas. Para el Dane, las características que permiten precisar la definición de empleo informal son:

 

• Los empleados particulares y los obreros que laboran en establecimientos, negocios o empresas que ocupen hasta cinco personas en todas sus agencias y sucursales, incluyendo al patrono y/o socio;
• Los trabajadores familiares sin remuneración;
• Los trabajadores sin remuneración en empresas o negocios de otros hogares;
• Los empleados domésticos;
• Los jornaleros o peones;
• Los trabajadores por cuenta propia que laboran en establecimientos hasta cinco personas, excepto los independientes profesionales;
• Los patrones o empleadores en empresas de cinco trabajadores o menos;
• Quienes no cuentan con contrato laboral ni están afiliados al sistema de seguridad social.



En el total nacional, el obrero, el empleado particular y el trabajador por cuenta propia son las posiciones ocupacionales que tienen mayor participación en la estructura ocupacional: 82,6 por ciento. La posición ocupacional es la ubicación que la persona adquiere en el ejercicio de su trabajo (Gráfico 5).

 

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Durante el último siglo, la matriz productiva colombiana ha registrado profundos cambios estructurales. En particular, el sector real de la economía (agropecuario e industrial perdió participación significativa en el PIB: a principios del siglo XX contribuía con el 70 por ciento de la producción nacional, en la década de 1960 se redujo al 50 y en los años 1990 cae por debajo del 30 y en 2017 sólo contribuyó con el 17,2 por ciento. La crisis del sector agropecuario y la desindustrialización que registra el país desde la década de 1970 ha dado paso a un modelo de desarrollo extractivo (principalmente en la explotación minera y de hidrocarburos), rentista, tercerizado, con una participación mayor del Estado en actividades improductivas, burocráticas, militaristas y con monopolio en la generación de servicios domiciliares, con amplia incidencia del comercio, el transporte y la especulación inmobiliaria. En particular, en los últimos 50 años la matriz productiva colombiana entró de lleno en el proceso de financiariación del capitalismo mundial, esto es, el control del trabajo productivo y el comando de la economía por parte del capital especulativo financiero (Gráfico 6).

 

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El desplome del sector productivo real en la última centuria ha ido en paralelo del descontrolado y caótico proceso de urbanización, de grandes ciudades con amplios cinturones de miseria, en unión de las profundas transformaciones en la estructura laboral. Cuatro de cada cinco personas habitan en centros urbanos. Dos terceras partes de la población ocupada labora en las ramas económicas de la construcción, el comercio, hoteles y restaurantes, el transporte y los servicios comunales, sociales y personales; en su mayoría actividades de alta informalidad, inestabilidad y precariedad laboral, caracterizadas por insuficientes ingresos, ausencia de conciencia de clase, individualismo y baja iniciativa organizativa (sólo el 4% de la clase trabajadora hace parte de una organización sindical). En la rama de la “agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” labora el 17,1 por ciento de la fuerza laboral ocupada. La “explotación de Minas y canteras” ocupa únicamente el 0,9 por ciento de los trabajadores, similar a la intermediación financiera que genera solamente el 1,3 por ciento de los puestos de trabajo en el país. El rentismo generado por la explotación de los recursos naturales y energéticos, más la especulación financiera, soportan la economía nacional pero son poco generadoras de empleo (Gráfico 7).

 

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El desarrollo desigual y combinado que caracteriza a Colombia se refleja en una dinámica regional, poblacional y cultural determinada por tres condiciones históricas y velocidades temporales: premoderna, moderna y post-moderna globalizada. Esta última se concentra principalmente en los grandes centros regionales y en el Distrito Capital de Bogotá. En particular, las principales empresas, centros de negocios, decisiones financieras y poder político se encuentran fusionadas en la Región Central y en Bogotá, Distrito Capital; en estas dos unidades geográficas y político administrativas se genera las dos terceras partes de la producción nacional (Mapa 3).

 

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En 2018, las zonas rurales del país todavía están habitadas por el 20 por ciento de la población. A partir de la década de 1980, la estructura agraria se ordenó de manera cuatrimodal por los siguientes modos de producción y tipos de fincas: i) latifundios ganaderos, ii) agro-comerciales, iii) cafeteras, iv) minifundio. A esta estructura le corresponden las siguientes clases sociales y fracciones de clase: i) oligarquía terrateniente, ii) burguesía agro comercial, iii) clase media rural cafetera, iv) campesinado pobre, semiproletario y étnico (indígenas y afros). Esta estructura tiene una relación directa con el carácter geográfico de la distribución de los fortines partidistas.

 

La base material de vida y el poder político se retroalimentan por dos condiciones específicas: la concentración del poder económico y político, de una parte, y por la precariedad, estratificación, informalidad, desorganización y exclusión del mundo laboral. Estas condiciones de vida material y de relaciones sociales de producción condicionan, a la vez, la cultura política del pueblo colombiano.

Cultura política

 

La cultura política se define como el patrón de actitudes y orientaciones individuales predominantes frente a la política y acerca del papel de las personas en el sistema político.

 

La Encuesta de cultura política que realiza el Dane desde el 2007, indaga sobre la percepción que tienen los connacionales sobre su entorno político. Explora el conocimiento frente al concepto de democracia, los mecanismos y espacios de participación ciudadana y la percepción de utilidad que estos representan. También se exploran temas relacionados con el comportamiento electoral, la percepción frente a los partidos políticos y la confianza en las instituciones.

 

La Encuesta de cultura política busca generar información estadística estratégica que permite caracterizar aspectos de la cultura política colombiana, basados en las percepciones y prácticas que sobre el entorno político tienen las personas de 18 años y más que residen en las cabeceras municipales del territorio nacional. La encuesta tiene una periodicidad bienal y una cobertura nacional; cuenta con representatividad geográfica para cinco regiones: Bogotá, Caribe, Oriental, Central y Pacífica. El periodo de recolección fue abril-mayo de 2017. El tamaño de la muestra es el siguiente: 104 cabeceras municipales, 1.286 segmentos; 27.841 personas de 18 años y más; 12.387 hogares.

 

En 2017, el 74,5 por ciento de las personas de 18 años y más afirmó asistir a reuniones de iglesias, organizaciones o grupos religiosos, el 13,5 a Juntas de Acción Comunal y demás organismos de acción comunal y el 11,7 a reuniones de Asociaciones, grupos, clubes o colectivos recreativos, deportivos, artísticos o culturales.

 

El mecanismo de participación más conocido, o del cual las personas de 18 años y más han oído hablar mayormente en 2017, es el plebiscito (80,0%); en segundo lugar el referendo aprobatorio o derogatorio (63,1%); seguido por la revocatoria de mandato (55,8%) y la consulta popular (48,7%).

 

Con relación a los espacios de participación ciudadana, en 2017 las personas de 18 años y más afirmaron conocer o haber escuchado hablar de las veedurías ciudadanas (36,6%), audiencias y consultas públicas (32,6%), los comités de desarrollo y control social en salud y servicios públicos (25,4%) y Comités de participación comunitaria en salud (24,0%).

 

En 2017, el instrumento de protección de derechos que más conocen o del que más han escuchado hablar las personas de 18 años y más, es la acción de tutela (87,4%), el segundo es el derecho de petición (81,7%), el tercero la acción popular (44,4%) y el cuarto es la acción de cumplimiento (26,0%).

 

Con respecto a lo que las personas de 18 años y más consideran que un país debe tener para que sea democrático, en 2017 el 82,6 por ciento respondió que deben existir autoridades locales, municipales y departamentales elegidas por voto popular, elecciones periódicas de los gobernantes (81,9%), mecanismos para que los ciudadanos participen en la gestión pública (80,4%) y sistema judicial (77,6%).

 

Al preguntarle a estas personas qué tan democrática consideran que es Colombia, en 2017 el 29,3 por ciento considera que es un país democrático; medianamente democrático el 55,6 y no democrático el 15,1 restante. Por regiones, se observa que el 40,3 por ciento de las personas de 18 años y más de la región Caribe consideran que este es un país democrático, en la región Central el 34,2, en la Oriental el 29,1, en la Pacífica el 26,0 y en Bogotá el 16,3 por ciento. Al indagar por la satisfacción con la forma en que la democracia funciona en Colombia, el 11,5 por ciento de las personas de 18 años y más afirma estar muy satisfecho y el 49,9 muy insatisfecho. Al revisar por regiones se observa que el 18,0 por ciento de las personas de 18 años y más de la región Caribe están muy satisfechos con la forma en que funciona la democracia en Colombia, seguida por la Oriental 12,2, Central 10,1, Región Pacífica 10,0 y Bogotá 7,9 por ciento.

 

De las instituciones o actores en las que los encuestados no confían, se encuentran los partidos o movimientos políticos 61,6 por ciento, el Congreso de la República 51,7, Jueces y Magistrados 45,8, la Presidencia de la República 45,0, la Policía 44,3, la Asamblea departamental 43,2, los Concejos municipales/distritales 43,0, la Contraloría (nacional, departamental y municipal) 39,8, la Procuraduría General de la Nación 39,6, la Alcaldía Municipal/Distrital 35,0, la Fiscalía General de la Nación 34,1, la Gobernación 30,1, la Defensoría del Pueblo 28,6, las Fuerzas Militares (Ejército, Armada y Fuerza Aérea) 26,2 y la Registraduría Nacional del Estado Civil 25,9 por ciento.

 

Sobre la intención de voto, en 2017 el 59,2 por ciento de las personas de 18 años y más afirmó que siempre vota cuando hay elecciones en el país, el 24,7 a veces vota y el 16,1 nunca vota. Las mujeres votan más que los hombres: 60 por ciento y 58,3, respectivamente (Gráfico 8).

 

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Por rangos de edad, los que más votan son las personas de 41 a 64 años (57,6%), siempre votan cuando hay elecciones (Gráfico 9).

 

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Por regiones, las grandes metrópolis como Bogotá registran menor intención de voto (20% nunca vota cuando hay elecciones). Las regiones Caribe y Oriental sobresalen porque dos de cada tres ciudadanos siempre vota (Gráfico 10).

 

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Únicamente el 28,7 por ciento afirmó no haber votado en las elecciones para alcaldes, gobernadores, asambleas departamentales, concejos municipales y juntas administradoras locales de octubre de 2015. Las principales razones para tal comportamiento es porque consideran que los políticos son corruptos (46,2%), porque los candidatos prometen y no cumplen (44,6%) y por desinterés (43,3%).

 

El 64,9 por ciento de personas de 18 años y más, según el grado de importancia que tienen la elección de Presidencia de la República, expresó que “es muy importante”. En Bogotá, esta elección sólo es importante para el 56,1 por ciento de la población mayor de 18 años; la valoración más alta corresponde a la región Caribe con el 76,4 por ciento.

 

Para 2017, sólo el 15,7 por ciento de las personas de 18 años y más consideró que el proceso de conteo de votos es transparente. Por regiones, el Caribe registra el mayor nivel de confianza en el sistema electoral. Bogotá, Distrito Capital y las regiones Central y Oriental son más escépticas, están por debajo del promedio nacional en la valoración positiva del proceso de conteo de votos (Gráfico 11).

 

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Únicamente uno de cada diez colombianos se identifica con alguno de los partidos políticos activos en el país. Si bien, el 82,4 por ciento de las personas de 18 años y más está totalmente de acuerdo con la afirmación “a los políticos les interesan los votos y no las necesidades de la gente”; el 57,8 por ciento está totalmente de acuerdo con la afirmación “votar en las elecciones es útil para generar cambios positivos en el futuro del país” y el 44,1 por ciento está totalmente de acuerdo con la afirmación “votar es la única forma de influir en el gobierno”.

 

Por debajo de los 40 años, los connacionales no tienen simpatías o identificaciones con alguno de los partidos políticos. La mayor identificación con algún partido o movimiento político se registra en los mayores de 64 años. Esta situación refleja un cambio en las tradiciones partidistas entre generaciones (Gráfico 12).

 

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Por regiones, la población de la capital del país es la que menos se identifica con un partido o movimiento político. A mayor tamaño de las ciudades el voto independiente es más importante. La región con mayor adscripción a partidos o movimientos políticos es la Oriental, con el 14 por ciento (Gráfico 13).

 

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Con relación a la posición ideológica, se les solicitó a los encuestados ubicarse en una escala ideológica de 1 a 10, de izquierda a derecha. Agrupando la escala, el 12,0 por ciento de las personas de 18 años y más afirma ser de izquierda (1-4), el 42,6 de centro (5-6) y el 20,7 de derecha (7-10). Los hombres tienden a ser más de izquierda que las mujeres; estas simpatizan más con las ideas de derecha. Por el centro, que es la mayoría, comparten por igual hombres y mujeres en su posición ideológica (43%). Uno de cada cuatro, hombre o mujer, no tiene posición política alguna (Gráfico 14).

 

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Por rangos de edad, la simpatía con las plataformas o programas de la izquierda registra un valor mayor al promedio nacional en las personas con edades entre 18 y 40 años. La posición ideológica de derecha presenta un grado superior en los mayores de 64 años (Gráfico 15).

 

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Finalmente, por regiones es Bogotá Distrito Capital la que más concentra ciudadanos con clara simpatía por las ideas de izquierda. De hecho, durante varios períodos ha elegido candidatos de los partidos de tal perfil. La región Oriental es lo opuesto a la capital del país, allí se concentra la mayoría relativa que mantienen una identificación ideológica con las doctrinas políticas de la derecha (Gráfico 16).

 

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2018: ¿Continuidad o cambio?

 

El reto que tienen ante sí las fuerzas que sueñan con un cambio estructural en el país no es menor: romper la historia –lo cual demanda más que voluntad– y, en contra de las circunstancias materiales de vida, económicas, productivas y sociales que caracterizan al país, lograr que las mayorías sociales de apáticos, indecisos, indiferentes, godos, conformistas, prevenidos, desinformados, opten por todo aquello que hasta ahora han desechado.

 

La información relacionada permite proyectar que la continuidad tiene todo a su favor para seguir al frente de la sociedad colombiana: la estructura económica, laboral, política y social en general, con su expresión en la conciencia política de la población, así permite preverlo. Pero, asimismo, se debe tomar en cuenta a la maquinaria estatal, con su gran engranaje clientelista de cientos de miles de empleados y trabajadores amarrados al poder del jefe –trabajadores, miles de ellos contratados a término definido–, temerosos de que los desbanquen en cualquier momento, además de otros muchos, estos sí contratados a término indefinido, que por obra de la rutina y la comodidad terminan sellando su mente con un pensamiento de mejor así…, mejor malo conocido que bueno por conocer.

 

Estamos ante un reto nada sencillo, mucho más cuando factores como el trabajo informal, el rebusque por cuenta propia, el desempleo, el narcotráfico y toda su mentalidad de individualismo consumista, han terminado por consolidar entre nosotros una estructura social que está altamente atomizada en lo organizativo, sin confianza en los procesos colectivos, incrédula ante la capacidad de los procesos sociales.

 

En medio de todo ello, son positivas las energías que va despertando la campaña liderada por Petro, pues, en medio de ello, puede leerse que la masacre de varias décadas consumada por el poder no logró arrasar con la esperanza.

 

Pero para que la misma sea efectiva, para que este momento de reencuentros no se pierda en la adoración de un caudillo –aprendiendo de la historia nuestra e internacional–, hay que pasar a darle cuerpo a un proceso colectivo donde todos aquellos sectores que ahora depositan su anhelo en un tercero encuentren un espacio y unos procesos para delinear entre el conjunto los objetivos por disputar, las formas de hacerlo, los territorios por enraizar, etcétera.

 

Sólo así, en medio de una coyuntura colectiva, podrá (re)iniciarse el recorrido de un camino transitado en distintos momentos de nuestra historia reciente, recorrido que en este caso tiene que ver con recuperar para la política a las mayorías de abstencionistas, incrédulos, indiferentes, indecisos, confundidos, godos. La encuesta del Dane permite ratificarlo: en Colombia, para sus pobladores, existe una democracia maltrecha, deforme, donde ni partidos ni instituciones son de fiar.

 

Bueno, avanzar hacia esa otra democracia, que sí es posible, requiere mucho más que participación electoral, y mucho más que caudillos. Construir, abrir, potenciar, fortalecer cientos, miles de espacios para la participación directa y decisiva de las mayorías, para que ellas mismas construyan sus plataformas de lucha y vayan concretándolas en el día día. Hay que abrir espacios de todo tipo para compartir entre todos/as, para politizar, para que perdamos el miedo ante la violenta criminalidad del establecimiento, pero también ante lo que habremos de cimentar y levantar, como nueva posibilidad para la vida, en justicia y dignidad. Esto es parte del reto que ahora se ve más viable y necesario de encarar.

 

No es sencillo pero tampoco imposible. Es necesario, como lo es que tengamos en mente la necesidad de otra economía, otro Estado y otros relacionamientos sociales y políticos para –por esa vía– quebrar parte de la estructura de dominación reinante entre nosotros; como es necesario, también, erradicar los carteles políticos, las mafias y sus mecanismos de control y sometimiento social, de los cuales también se vale el establecimiento para profundizar su dominio y su sometimiento.

 

¿Sencillo? ¿Obra de un gobierno? ¿Realización posible sin revolución? La trilogía de estas preguntas tiene un mismo no como respuesta y un triple sí como quimera, pues no es sencillo ni será obra de un solo gobierno ni será factible sin revolución. Todo un cambio estructural, de base, cultural, tenemos ante nosotros, con otra democracia, que sí es posible para que surja otra cultura de la política, vía indispensable para que los gobiernos del futuro sí sean de la gente y para la gente.

 

Para orientarnos hacia estas metas, nos sirve la lectura histórica aquí realizada, cruzada con la información procesada por el Dane y la misma lectura de la realidad que hoy estamos viviendo.

 

 

1. Sarmiento, Libardo. Ontología Humana Crítica. Ediciones Desde Abajo, Bogotá, 2016, capítulo IV.

2.  Pinzón de Lewin, Patricia. Pueblos, regiones y partidos. Ediciones Uniandes-Cerec, Bogotá, 1989.

3. El objetivo de esta consulta era que la ciudadanía expresara su aprobación o rechazo a los acuerdos que se firmaron entre el gobierno y las FARC en La Habana.

4.   Esta iglesia afirma poseer en privilegio “la mente de Cristo” y proclama entre sus fundamentos: “Creemos en el mundo espiritual formado por el cielo y el infierno; en la existencia de los ángeles buenos y malos, y en la de Satanás como jefe de los últimos”.

Lunes, 30 Mayo 2016 08:12

El fujimorismo se acerca al poder

Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori se enfrentaron anoche en el último debate de cara al ballottage.
A una semana de los comicios, los analistas coinciden en que la hija del ex dictador ganó respaldo con el clientelismo y un discurso de mano dura. Su rival, el candidato neoliberal Kuczynski, tuvo una campaña pasiva, que recién en los últimos días tomó impulso.

 



Desde Lima

 

El fujimorismo, con toda su carga de autoritarismo, violaciones a los derechos humanos, corrupción y vínculos con el narcotráfico, se acerca otra vez al poder. A una semana de las elecciones, la candidata Keiko Fujimori aparece como la favorita para ganar el ballottage de este 5 de junio. Cuatro encuestadoras le dan a la hija del encarcelado ex dictador Alberto Fujimori una ventaja de entre cuatro y ocho puntos sobre su rival, el economista neoliberal Pedro Pablo Kuzcynski.

 

Los últimos sondeos que se pueden publicar antes de la elección del domingo, le otorgan a Keiko entre 43 y 46,5 por ciento, y a PPK, como se le conoce a Kuczynski, entre 38 y 40,8 por ciento. Sin embargo, todavía hay un alto porcentaje de electores, entre los abiertamente indecisos (entre cuatro y siete por ciento) y quienes responden que votarían en blanco (entre nueve y 12 por ciento), que aún no definen su respaldo a ninguno de los dos candidatos, lo que da un margen de movimiento en esta última semana de campaña.

 

Al momento del envío de esta nota, se desarrollaba el segundo y último debate entre ambos candidatos. En el primer debate la candidata del fujimorismo sacó ventaja. “Me comenzaron a insultar y me agarraron desprevenido, ahora estoy prevenido”, declaró Kuczysnki antes de ingresar al debate de ayer, haciendo referencia a su opaca actuación y su falta de reacción frente a los ataques de su rival en el primer debate.

 

Kuczynski abrió el debate de ayer, decisivo para sus aspiraciones. Esta vez, a diferencia del primero, estuvo menos pasivo y se puso a la ofensiva desde un inicio. Comenzó recordando el régimen autoritario de Alberto Fujimori, diciendo que su hija representa “una amenaza letal para la democracia” y pidió “terminar con esa amenaza”. A su turno, Keiko Fujimori no respondió el cuestionamiento y se quejó de una supuesta guerra sucia en su contra.

 

Cuando habló de economía y promoción del empleo, la candidata del fujimorismo dijo que un eventual gobierno suyo defenderá los derechos laborales y pondrá en marcha una economía de inclusión. En su respuesta, PPK recordó que el régimen fujimorista dejó el país en el año 2000 en una grave crisis económica, pero dejó pasar la ocasión para recordar que fue el gobierno fujimorista el que eliminó una serie de derechos laborales, que ahora Keiko dice defender, y puso en marcha un modelo económico caracterizado por la exclusión.

 

Al cierre de esta edición, continuaba el debate. Comenzaba el bloque sobre transparencia y lucha contra la corrupción. Keiko inició diciendo que en su gobierno “no habrá espacio para la corrupción”, algo que sonó a un mal chiste viniendo de quien representa la restauración del que es considerado uno de los gobiernos más corruptos en la historia del país. Kuczynski le recordó a su rival los vínculos de miembros de su partido con el narcotráfico y las acusaciones de lavado de dinero contra varios de sus congresistas y financistas de su campaña. “Solo ha cambiado la máscara, la corrupción es la misma”, dijo PPK, comparando al fujimorismo actual con el del gobierno de Alberto Fujimori.

 

Sorprendentemente, el alza de Keiko Fujimori en las encuestas en estas últimas dos semanas coincide con las denuncias de vínculos con el narcotráfico de algunos de sus cercanos colaboradores y principales financistas. La denuncia más notoria, pero no la única, ha sido contra el congresista y secretario general del partido fujimorista, Joaquín Ramírez, quien luego que hace dos semanas se revelara que es investigado por la DEA, la agencia antinarcóticos de Estados Unidos, abandonó su cargo partidario, aunque sigue siendo parlamentario, principal financista de la campaña fujimorista y parte del círculo más cercano de Keiko.

 

“Las denuncias contra Joaquín Ramírez no han tenido mayor impacto en la candidatura de Keiko porque los sectores populares no están muy informados del tema. Ramírez, a pesar de ser congresista y tener un cargo importante en el partido fujimorista, no es un personaje muy conocido, es alguien de perfil bajo”, le señaló a Página/12 Luis Benavente, especialista en comunicación política y director de la consultora Vox Populi.

 

Kuczynski ha tenido una campaña desconcertantemente pasiva, sin energía, sin confrontar con su rival, sin recordarle con suficiente claridad el pasado y presente del fujimorismo en lo que se refiere a corrupción, derechos humanos y autoritarismo, algo que recién ha comenzado a hacer en los últimos días. Y no ha sabido plantear claramente esta elección como una disyuntiva entre democracia y el peligro del regreso del autoritarismo, algo que, coinciden los analistas, es clave.

 

Terminada la primera vuelta, sin hacer mucho Kuczysnki se puso primero en las encuestas iniciales, aglutinando el voto antifujimorista, que votaba por él como el mal menor. Pero siguió sin hacer mucho para consolidar ese apoyo, no logró conectar con los sectores populares, y las cosas se dieron vuelta. Recién luego de su derrota en el primer debate presidencial y con las encuestas en su contra, parece haber reaccionado algo, y ha intentado pasar a la ofensiva. Pero los errores de su campaña ya le han pasado la factura. Keiko ha sido bastante más activa. Ha ganado respaldo con el clásico clientelismo fujimorista en los sectores populares y con un discurso de mano dura contra la delincuencia.

 

“La campaña de PPK ha sido muy mala, ha tenido un equipo de campaña muy mediocre. Keiko ha jugado mejor sus cartas en esta campaña. Su triunfo en el primer debate la ha ayudado a consolidar su ventaja. Veo difícil que esa ventaja que tiene Keiko se revierta, pero PPK todavía tiene un pequeño margen de juego para intentar ganar”, señala Benavente.

 

 

 

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El Congreso de Brasil aprueba el cese de Rousseff "por Dios y la familia"

El 90% de los diputados que votaron a favor del 'impeachment' de la presidenta Rousseff lo hicieron bajo este lema. La Cámara de los Diputados decidió retirar a la presidenta de sus funciones por 367 votos a favor y 137 en contra. Las seis horas de votación estuvieron marcadas por peleas entre parlamentarios, insultos y discursos evangélicos. Ahora el Senado será quien decida si apartan definitivamente a la mandataria.

 


SAP PAULO.- Los brasileños salieron el domingo a la calle en clima de fiesta. En Sao Paulo la Avenida Paulista, como viene sucediendo en el último año, se tiñó con camisetas verdes y amarillas y banderas de Brasil para pedir el impeachment de Dilma Rousseff. En el centro de la ciudad, el color era el rojo y las banderas pedían la defensa de la democracia y el “No al Golpe”. No ocurrieron incidentes significativos, cada uno en su espacio y con sus convicciones.

 

Música, globos, cerveza fría y pantallas de televisión en la calle donde seguir la votación que marcaría el primer paso para acabar con los 14 años de Gobierno petista. A primera hora del día el periodista Leonardo Sakamoto advertía en su columna en UOL: “Si se encara esta votación como si fuera la final de la Copa del Mundo el que saldrá perdiendo será Brasil”.

 

Pero las dos hinchadas estaban preparadas, no tanto en la calle como en el Congreso, donde se jugó un partido que estaba ganado de antemano. De nada sirvieron los esfuerzos del ex presidente Lula da Silva que en las últimas semanas viajó a lo largo del país para dar mítines y negociar cargos a cambio de fidelidad al Gobierno.

 

A lo largo de la semana Rousseff vio como otros tres partidos aliados (PP, PSB y PR) anunciaban su ruptura con el Ejecutivo y prometían votar a favor de su destitución. Con el paso de los días las estimaciones que publicaban los medios daban peores resultados para la presidenta. Sin embargo, en la mañana del sábado comenzaron a correr rumores en Brasilia de que el Gobierno podría haber conseguido los apoyos suficientes para archivar el proceso y que al menos 100 diputados habrían dejado la ciudad para no votar y favorecer al PT.

 

El vicepresidente, Michel Temer, que estaba en São Paulo volvió rápidamente a la capital para convencer a posibles díscolos. Según la periodista de la Folha de São Paulo Mônica Bergamo empresarios pro impeachment facilitaron aviones privados a los diputados que se habían ido de Brasilia y que una vez más cambiaban su voto, ahora para ayudar a la oposición.

 

Circo en el Congreso

 

En la madrugada del sábado se produjeron los primeros altercados entre los diputados. Un representante de la oposición (PSDB) llamó “ladrones” a los petistas, lo que provocó la ira de uno de ellos que se abalanzó contra el opositor. Un poco más tarde sucedió algo parecido con un diputado del PSOL, partido a la izquierda del PT, al que varios oposicionistas intentaron apartar de un ala del Congreso. La Policía acabó separando a los parlamentarios. El domingo desde el inicio del día se produjo un espectáculo más propio de Gran Hermano que de una votación del Legislativo. Los parlamentarios pro impeachment disfrazados con la bandera de Brasil, con bufandas verdes y amarillas y carteles en lo que se leía “Ciao querida”, se amontaban frente al micrófono donde se iban a declarar los votos.

 

Curiosamente ninguno de ellos nombró las acusaciones por las que Rousseff estaba siendo juzgada, basadas en un delito de maquillaje de cuentas para poder recibir préstamos con los que cumplir el gasto social previsto en el presupuesto. Pero lo que sí se escuchó a lo largo de la jornada fue un discurso en el que casi la totalidad de los diputados que votó a favor lo hizo “por Dios y por la familia”. Alguno, en tono exaltado, como si de un mesías se tratara, dijo que había sido “iluminado” para votar contra la mandataria. El peso evangélico se sintió durante las seis horas de votación en la que el propio presidente de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha (devoto de esta religión) votó con esta frase: “Que Dios tenga misericordia de esta nación”, para después cerrar la sesión: “agradezco a Dios por una jornada tan correcta”.


Los 367 diputados que ganaron en la Cámara también citaron a su familia en el momento de dar el voto. Nombraron a sus hijos, nietos, padres, tíos, incluso alguno recordó a su suegra para defender su posición contra la presidenta y para “dejar un país mejor para las nuevas generaciones”, otra frase repetida hasta la extenuación. Muchos de ellos aseguraron que votaban para “acabar con la corrupción y el robo”, un argumento como poco contradictorio cuando uno de cada tres diputados del Congreso es investigado por delitos de corrupción, y el propio presidente de la Cámara, Eduardo Cunha es acusado formalmente de lavado de dinero y está a la espera de ser juzgado por el Tribunal Supremo Federal.

 

También hubo polémicos discursos como el del diputado Jair Bolsonaro (PP), una especie de Donald Trump brasileño, que dedicó su voto al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, torturador de la dictadura: “Este voto es contra los comunistas”, añadió. Poco después de esta declaración, Bolsonaro insultó al diputado del PSOL, Jean Willys, quien le respondió con un escupitajo: “Este proceso político debería enfrentar a quien es machista, promueve la violencia y defiende a torturadores. Eso debería escandalizarnos y no el hecho de escupir a un canalla”.

 

Los diputados que defendieron a la presidenta no nombraron ni a Dios ni a su familia. Todos ellos recordaron que votaban “contra un golpe”. Algunos citaron luchas de izquierda como la reforma agraria, la demarcación de tierras indígenas o las movilizaciones contra el exterminio de la población negra en las periferias. Buena parte de ellos recordó que el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, es investigado por corrupción y en varias ocasiones le llamaron “canalla” y “ladrón”.

 

Futuro incierto

 

Poco antes de acabar la votación la presidenta Dilma Rousseff dio un discurso en el que pidió reconciliación: “Nunca ha habido tanto odio en Brasil, tanto fascismo” y recordó la anécdota de una médica que se negó a atender a una niña porque su madre era una política del PT: “No podemos llegar a ese nivel, hay que luchar por respetar la diferencia de opiniones”, dijo.

 

La mandataria no dejó claro cuál sería su próximo paso. A partir de este momento el proceso de impeachment continúa en el Senado que votará a favor o en contra de su admisibilidad. El presidente del Senado, Renan Calheiros, dijo la semana pasada que respetaría todos los tiempos y que no cedería a las presiones de la oposición para acelerar los trámites. Si Calheiros mantiene su palabra la votación se produciría alrededor del 10 de mayo y se necesitaría una mayoría simple (50% +1 de los senadores) para archivar el caso o para dar entrada definitiva al proceso. Si Dilma también perdiera en el Senado sería apartada de su cargo durante 180 días, tiempo en el que los senadores estudiarían el caso en profundidad para después llevar a cabo una última votación que daría el resultado definitivo. Durante este periodo el vicepresidente Michel Temer podría formar un gobierno interino.

 

Hasta que el Senado haga su primera votación el país se queda en una situación delicada ya que Rousseff ha sido apartada de su cargo sólo en una de las Cámaras del Congreso. El vicepresidente todavía no podría formar Gobierno, a pesar de que desde Brasilia afirman que ya están todos los cargos vendidos.

 

El proceso podría frenarse en el caso de que Rousseff renunciara o convocara elecciones anticipadas. Esta segunda opción parece la más probable y este martes la dirección del Partido de los Trabajadores (PT) se reunirá para discutir esta posibilidad. La idea que plantea tanto el PT como algunos ministros del Gobierno es que la mandataria declare que renuncia a los dos años de mandato que le quedarían si se archivara el impeachment y convoque nuevos comicios para el mes de octubre coincidiendo con las elecciones municipales.

 

Risas y lágrimas

 

El final del día acabó en una gran fiesta para gran parte del país. Cuando se alcanzó el voto 342 (cifra necesaria para continuar con el impeachment) se lanzaron fuegos artificiales en las principales capitales brasileñas. Imágenes de la explanada del Palacio del Gobierno en Brasilia mostraban las lágrimas de los manifestantes petistas junto al carnaval verde amarelo organizado por la oposición.

 

En las redes sociales la izquierda manifestaba su tristeza y denunciaban el “espectáculo bochornoso” del Congreso. Los movimientos sociales advirtieron que seguirán luchando en las calles para “frenar el golpe”. Después de la medianoche los diputados de la oposición marcharon hacia la casa del vicepresidente, Michel Temer, para continuar la fiesta.

 

 

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Exdirector de Petrobras implica a Lula y Rousseff en corrupción

El expresidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva y la actual jefa del Estado, Dilma Rousseff, habrían nombrado cargos en Petrobras y sus subsidiarias para devolver favores, acusó un exdirector del área internacional de la petrolera.


En el marco de la trama de corrupción Lava Jato, este miércoles fue publicada la declaración ante la fiscalía general de Néstor Cerveró, quien dirigió el área internacional de Petrobras entre 2003 y 2008, y fue condenado en agosto por lavado de dinero y corrupción pasiva.


Néstor Cerveró dijo que Rousseff habría ofrecido al senador y expresidente Fernando Collor la presidencia y la dirección de todas las áreas de BR Distribuidora, suministradora de derivados de petróleo y una de las subsidiarias más importantes de Petrobras.


Lo anterior se habría producido en septiembre de 2013, en el marco de un supuesto reparto de puestos de poder en Petrobras a cambio de favores políticos.


La agencia Notimex destacó que esta es la segunda vez que Cerveró, quien al ser condenado fue convertido en testigo protegido, cita a la actual mandataria brasileña en sus declaraciones ante las autoridades en la Operación Lava Jato, por el supuesto uso de fondos desviados de Petrobras para financiar la campaña electoral de Rousseff en 2014.


En noviembre pasado, el exfuncionario dijo que Rousseff –quien presidió el Consejo de Administración de Petrobras de 2003 a 2010– conocía las irregularidades en la operación de adquisición de Petrobras de una refinería en Estados Unidos por un coste muy superior al valor real.


Por su lado, el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) advirtió este día que pedirá al Tribunal Superior Electoral (TSE) que incluya la declaración de Cerveró en la causa presentada por la formación ante el tribunal contra el Partido de los Trabajadores (PT).


Cerveró, quien trata de cerrar un acuerdo con las autoridades para revelar todo cuanto sabe de la trama de corrupción en Petrobras a cambio de una remisión de la pena de 12 años que le fue impuesta, también acusó a Lula de participar en el reparto de cargos.


Incluso aseguró que él mismo fue nombrado en 2008 por parte de Lula como director financiero de la subsidiaria BR Distribuidora, "en reconocimiento" de la "ayuda" que el exfuncionario prestó para saldar ilícitamente un crédito de 12 millones de reales (2.5 millones de dólares) contraído indirectamente por el PT con el banco Schahin.


En 2008 Petrobras contrató a Schahin Ingeniería –del mismo grupo que el banco Schahin– para suministrar navíos sonda en un contrato valorado en mil 600 millones de reales (400 millones de dólares) que es investigado por las autoridades.


En su declaración a la fiscalía, que puede suponer un recrudecimiento de la crisis política provocada por la Operación Lava Jato, Cerveró también señala al presidente del Senado, Renan Calheiros, como receptor de "mordidas" a cambio de la atribución de contratos a empresas suministradoras de Petrobras.


Más de 60 políticos son investigados o fueron imputados por su implicación en el desvío de por lo menos 2 mil millones de dólares por medio de contratos sobrefacturados en Petrobras, mientras algunos de los empresarios más influyentes del país también fueron encarcelados por su implicación.

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Jueves, 26 Noviembre 2015 11:44

La clientela es lo que importa

La clientela es lo que importa


«L a economía, estúpido» (the economy, stupid), fue una frase muy utilizada en la política estadounidense durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992. Clinton se refería a que era la situación económica de los estadunidenses el problema a resolver.

 

Parafraseando a este expresidente, sostengo, que antes que cualquier problema de violencia y demás, el nuestro, el colombiano, es: "el clientelismo, estúpido", constituido en uno de nuestros principales escollos para el desarrollo en lo económico y social, y por supuesto, lo político. Y así es porque desde dicha relación se desprende gran parte de la corrupción imperante en el país, así como el gran desequilibrio electoral existente para que los movimientos democráticas y de izquierda puedan competir en relativa igualdad de condiciones a las gubernamentales. De igual manera, el clientelismo es factor determinante en el rezago cultural del país. En este sentido, el clientelismo en las actuales condiciones seguirá siendo el problema a resolver, incluso, con la firma de la paz. Es más. Roy Barreras, gran espadachín santita en el tema de la paz, decía en alguna ocasión: "que vengan, que aquí los molemos", en referencia a las Farc. Y claro, con el clientelismo en sus diversas expresiones, a cualquier movimiento político alternativo a la izquierda o al centro, el clientelismo lo barre. O sino, ¿quién es capaz de hacer política seria y honesta al lado, por colocar solo algunos nombres, de Germán Vargas Lleras en La Guajira; los Ñoños en Córdoba; los Char, Gerleín y Efraín Cepeda en el Atlántico, y Roy y Dilian Francisca Toro en el Valle? Que a veces hay chispazos: sí, los hay, pero por lo general, son eso, chispazos.

 

Las recientes elecciones municipales y departamentales 2015 demostraron, que hasta la expresión más viva del clientelismo, representada en los partidos liberal, conservador y de la U, son barridos de sus escenarios cuando de sus entrañas sale un monstruo más poderoso; este fue el caso del autodenominado "Cambio Radical", que de cambio no tiene nada, y de radical tiene el presupuesto de obras del gobierno Santos. Pero sobre todo, la publicidad a su favor.

 

No se había dado antes, que un ministro, caso Germán Vargas Lleras, con movimiento político propio, hiciera uso de su cargo, pero especialmente, de los recursos de los colombianos –manejados por el Estado–, para beneficio propio, con apoyo taimado del Presidente, lo cual le facilitó que a donde llegaba prometiendo obras ganara adeptos para sus candidatos, incluyendo la cuestionada hoy gobernadora del deprimido y expoliado departamento de La Guajira, la llamada "princesa negra" Oneida Pinto Pérez, aliada del "asesino" Kiko Gómez. Hasta el uribismo, representado en el movimiento Centro Democrático, otrora dueño del poder en Colombia a través de la burocracia y el presupuesto, se quejó de la descompensación gubernamental a favor de Cambio Radical1. No en vano se dice, que políticos bogotanos de la talla de Vargas Lleras y Santos, son estadistas en Bogotá y clientelistas en las regiones.

 

Clientelismo extensivo. Las más de 1.123 administraciones municipales y distritales 2011-2015, dejaron 892 sancionados, de los cuales la U tuvo 121 revocados, Alianza Verde 111, igual cifra Opción Ciudadana y 33 del llamado grupo significativo de ciudadanos por firmas.

 

Sancionados que se resisten. Para las elecciones de 2015 la Fundación Paz y Reconciliación, en un simple análisis, demostró 152 candidaturas cuestionadas2. De estos, la mayoría aspiró a la reelección a través de familiares, fueran hermanos, primos, sobrinos o esposas y esposos. Diríamos, "lazos familiares del clientelismo". Ya antes lo habían hecho los parapolíticos por medio de lo que es conocido como "la política o la parapolítica en cuerpo ajeno". Situación que volvió a repetirse en las elecciones 2015, en las que los partidos Cambio Radical y de la U fueron de los que más familiares de parapolíticos apoyaron por medio de su aval3. Ni que decir de Horacio Serpa Uribe y su apoyo al cuestionado Didier Tavera en Santander y Luis Pérez Gutiérrez en Antioquia.

 

Las anteriores cifras demuestran que las administraciones públicas han pasado de la tradicional captura del clientelismo al clientelismo mafioso, caracterizado por disponer de los presupuestos públicos para el más desvergonzado enriquecimiento ilícito. A los partidos políticos descaradamente nada les impide avalar candidaturas mafiosas y corruptas, con tal de participar de parte del poder municipal, y a futuro contar con aliados para las elecciones presidenciales y parlamentarias. En su momento Kiko Gómez –cuestionado por asesinato de sus contrincantes–, fue avalado y apoyado por Cambio Radical, a pesar de ser públicas sus andanzas, y sirvió de soporte para la reelección de Álvaro Uribe II y la elección de Santos I.

 

Todo lo anterior demuestra que las administraciones públicas en sus diversas expresiones constituyen el escenario propicio para el clientelismo, basado en las siguientes fases:

 

- Fase I: Se dispone de presupuestos privados o públicos para "ganar" gobierno.
- Fase II: Se llega a la administración municipal, distrital o departamental y se dispone del presupuesto y de la burocracia.
- Fase III: Se pagan favores a contratistas, amigos y familiares.
- Fase IV: Se cuenta con una base reeleccionista, asegurándose la misma a través de un familiar o amigo cercano. Se repite el ciclo.

 

Democracia al cliente

 

Ante tales situaciones cabe la pregunta, ¿es Colombia una nación democrática por aquello de que realiza elecciones de manera periódica? Para los politólogos de derecha, tipo Fernando Cepeda y Posada Carbó, así como para la inmensa mayoría de medios de comunicación oficiosos, somos un país democrático, y según estos, somos supuestamente la democracia más antigua y estable de América latina. Lo que no dicen, es el cómo.

 

Pues bien, a los ideólogos y a los medios de la derecha, incluyendo al propio uribismo, que hoy le han dado de su propia medicina, hay que recordarles la manera y forma como se llevan a cabo las elecciones en Colombia. Y las recientes, no solo fueron ajenas al más refinado clientelismo, representado en el poder de las grandes obras de construcción de Vargas Lleras, así como sus promesas de vivienda por medio de su ministerio en cuerpo ajeno, de quien su actual ministro no es más que un títere, sino que lo tradicional volvió a la arena pública.

 

La compra y venta de votos en sus diversas formas (dinero, mercados, obras, empleo, contratos, etcétera). El voto de Registraduría representado en registradores y jurados de votación, que juegan a quitar y sumar votos de acuerdo a conveniencias o negocios previamente pactados (el caso UP en Bogotá es apenas un ejemplo, movimiento político al que no le contabilizaron cerca de 4.000 votos, por ignorancia de los jurados o por jugadas maestras que permiten sumar igual número de sufragios a otro partido). Presupuestos y burocracias departamentales y municipales a favor del sucesor. Medios de comunicación parcializados –tipo Rcn, Caracol y Blu Radio–. Elecciones de encuestas: posicionar a un candidato para que tome fuerza se volvió una costumbre electoral en el país, tipo encuestas alcaldía de Bogotá con Peñalosa a la cabeza4. Guerra sucia. bulling tipo Caracol contra Clara López5. Todas y cada una de estas manifestaciones de clientelismo y corrupción, pública y privada, se repitieron de nuevo, como parte de una costumbre ya típica de nuestra democracia clientelizada.

 

Más que la compra-venta del voto, con precios que llegaron en algunas partes de la costa Atlántica a $ 150.000 el combo (gobernación - alcaldía - Asamblea y Concejo), lo más paradójico fue que se vieron escenas contraproducentes, como candidatos repartiendo agua en algunas regiones del país –ante la sed del Fenómeno de El Niño–, mercados marcados en medio del hambre en La Guajira6, vivienda con "casas en el aire", etcétera, manifestaciones clientelistas y corruptas que constituyeron el diario vivir de los candidatos en la búsqueda del disputado sufragio.

 

Casos llamativos como el de los Ñoños7 en Córdoba, quienes con alusión descarada a la mermelada santista, señalaban que con ellos dicho departamento tendría más apoyo gobiernista si sus candidatos salían electos.

 

Por su parte, el candidato del billete, como dicen en la costa Atlántica, era Yahir Acuña, quien para las elecciones 2014 salió electo a la Cámara de Representantes por Sucre, y se dio el lujo de 'vender' su votación para Senado a los entonces candidatos José David Name (hijo del otrora cacique José Name Terán); Efraín Cepeda Sarabia, (llamado en el Atlántico "el rey de la Registraduría"); Julio Miguel Guerra, el hijo del gobernador de Sucre, Julio César Guerra Tulena; Eduardo Pulgar Daza, senador de la U, oriundo del Atlántico, desteñido parlamentario pero hábil clientelista y gran comprador de votos; y Mario Fernández Alcoler, liberal. Pues bien, este personaje, que apoyaba a su esposa a la gobernación de Sucre, ya que él estaba impedido, fue "cogido" a dos días de las elecciones 2015, en una vía de su departamento, con cerca de $ 500 millones en su vehículo particular, sin que a la fecha haya podido explicar origen y destino de dicha suma de dinero, aunque: "blanco es, gallina lo pone, ¿qué será?".

 

Sobre Yahir Acuña en su momento señalaron:

 

"La fila le daba dos veces la vuelta a la manzana y no era para menos. El representante Yahir Acuña en persona, con la usual simpatía que se le conoce en Sucre, estaba entregando a todo el que la quisiera hacer una botella de whiskey y 20 mil pesos con un respectivo apretón de manos y una sonrisa. Para sus líderes de confianza el billete era de 50 mil. El regalo, les explicaba a todos, era para que tuvieran con qué pagar la entrada a la fiesta de toros y para "la sed"8. Si esto es democracia, apaga y vámonos.

 

Las recientes elecciones demostraron una vez más, que más que ideas lo que había de por medio en estos comicios ya no era el tradicional TLC (tamal-lechona-cerveza o teja-ladrillo-cemento), ¡no! esta práctica quedó de lado hace rato. Incluso los 10 y/o 20 votos a que está obligado cualquier empleado vía contrato termino fijo en cualquier dependencia estatal, no determina un buen resultado electoral. Influyen, pero no son la esencia del clientelismo "democrático" colombiano, o mejor, de la democracia clientelizada colombiana.

 

Por cierto, esta democracia, la realmente existente en Colombia, cuenta con cerca de 1.000.000 de empleos públicos directos e indirectos en la administración central y millones de familias con Sisbén, grupos a los cuales en época electoral les recuerdan quién es quién con el empleo y el dinero. Recientemente se descubrieron 457 mil muertos que siguen recibiendo subsidios vía Sisbén. El clientelismo sí sabe sacarle provecho a las prebendas, la izquierda no. Bogotá lo acaba de demostrar.

 

Por cierto, Yahír Acuña lo más probable es que pague por su osadía de desequilibrar el poder clientelar en Sucre y la costa Atlántica. A lo mejor le seguían los pasos sus adeptos y contrincantes, y en un descuido le demostraron que él seguirá siendo una "pata pelaa" como lo fue cuando vendía agua en Sincelejo en un burro. Creyó que Santos y Vargas Lleras, bogotanos "perfumados", eran sus amigos.

 

Otro ejemplo de democracia clientelizada sobresale en Buenaventura, por cierto, gobernada por "dirigentes" políticos afrocolombianos, al igual que el Chocó, en donde los últimos tres alcaldes han terminado presos, y donde 4 de los 7 candidatos estaban seriamente cuestionados9.

 

Zona de masacres, desigualdad social inédita, confrontación armada de todo tipo, y corrupción rampante, Buenaventura constituye un espejo de la política corrupta imperante en amplias zonas del país.

 

Del clientelismo al menudeo, al gran contrato

 

De los Names a los Ñoños. Durante un buen tiempo el símbolo de la politiquería en nuestro país se referenció con políticos de la talla de José Name Terán, todo un experto en clientelismo tradicional, muy al estilo de la escuela del "ilustre" Julio César Turbay Ayala, para quien en su momento, la corrupción debía llevarse a sus justas proporciones: el 10 por ciento de comisión. Pues bien, el clientelismo de antaño se caracterizó por el empleo, la pequeña obra, el abrazo de compadre, y uno que otro contrato. Pero aunque se dice, que esos tiempos quedaron atrás, ya que de por medio está un voto independiente, la televisión y las influyentes redes sociales, hoy lo determinante es el gran contrato, y entre estos, las concesiones viales, eléctricas, mineras, de salud, etcétera, a perpetuidad, las cuales han sido repartidas en algunos departamentos equilibradamente entre grandes parlamentarios.

 

Pero hoy en día, la movida está en las discusiones del presupuesto general de la nación, en donde, a través de trampas, que incluyen las Mesas Directivas y Secretarías de Senado y Cámara, así como funcionarios corruptos de Planeación Nacional y el propio Ministerio de Hacienda, y hasta se podría decir que el propio Presidente y sus Ministros facilitan la formación de una camada de congresistas que saben disponer de partidas presupuestales específicas, que luego de ser aprobadas vía presupuesto general, las venden a contratistas, o piden comisiones por las obras a realizar. Este el clientelismo ñoñonizado.

 

Este clientelismo toma fuerza desde la reforma constitucional de 1968, cuando Carlos Lleras Restrepo, abuelo de Germán Vargas Lleras, tranzó su reforma con el Congreso, al cual le otorgó los llamados "auxilios parlamentarios", permitiendo a cada congresista –basado en su habilidad delincuencial–, disponer de una suma presupuestal para ser distribuida a su conveniencia entre sus amigos. Por lo general el 50 por ciento de los auxilios parlamentarios de la época terminaban en los bolsillos del clientelismo.

 

Con la Constitución de 1991 dicha práctica fue abolida. Pero en las primeras de cambio, tanto César Gaviria, como su ministro de Hacienda –Rudolf Hommes–, los resucitaron por medio de lo que fue llamado como "asignaciones específicas", las mismas que el hoy presidente Santos, como ministro de Hacienda de Pastrana, defendiera ante la Corte Constitucional, ente que los declaró válidos. Dichos auxilios, revestidos como asignaciones, reciben el mote genérico de mermelada.

 

La mermelada es repartida por medio de asignaciones de obras que supuestamente se van a hacer en un departamento. Puede ser un puente, escuela, carretera, cancha deportiva, casa de la cultura, etcétera. La suma que un determinado parlamentario recibe es gracias a su poder de manipular las discusiones en las Comisiones Económicas y del bloque que se llegue a conformar en las Plenarias de Senado y Cámara. Pero aquí juega el jefe de Estado, el ministro de Hacienda, el director de Planeación, y los funcionarios corruptos de la administración central.

Por los Ñoños se entiende la llave de Musa Besaile y Bernardo 'Ñoño' Elías, ambos de La U y del departamento de Córdoba, convertidos en fenómeno en las elecciones del 2014, en las cuales, gracias a que entre 2011 y 2012, Ñoño Elías habría recibido por concepto de cupos indicativos 90.000 millones de pesos, y Besaile 68.000, lo que les permitió reunir votaciones descomunales10.

 

Al contar con grandes sumas de dinero, producto de las comisiones de obras, si es que estas se hacen, un político clientelizado o ñoñonizado, puede disponer de grandes recursos para la compra de votos a través de los empresarios de la cedulación, es decir, aquellos que ya tienen su "rebaño" electoral apartado y marcado. Por si es el caso, se puede comprar al registrador de la localidad. Y ni que decir de los medios de comunicación.

 

Las grandes obras públicas dan para todo. Los grandes contratistas peñalosistas lo saben, en especial Vargas Lleras. Ellos también son otro tipo de Noños, los cuales alcanzaron el poder, el gobierno y los recursos, frente a una izquierda que no logró conectarse a profundidad con diversos sectores sociales en la capital del país, dejando el espacio abierto para que el clientelismo de viejo y nuevo tipo retornara a la y se colocará a la cabeza de la administración de la ciudad.

 


1 http://caracol.com.co/radio/2015/10/15/politica/1444863628_782957.html.
2 El Espectador, miércoles 21 de octubre 2014, p. 6
3 Ibíd., p. 4.
4 El Espectador, jueves 8 de octubre 2015, p. 2.
5 http://www.semana.com/nacion/articulo/la-dura-carta-de-clara-lopez-semana-por-el-cubrimiento-de-su-candidatura-la-alcaldia/449196-3.
6 http://lasillavacia.com/historia/cambio-agua-por-votos-en-la-guajira-51286.
http://www.pacocol.org/index.php/comite-regional/la-guajira/9321-aida-avella-ninos-wayuu-mueren-de- sed-y-hambre-mientras-corruptos-cambian-votos-por-agua-en-la-guajira.
7 Por los Ñoños se entiende la llave de Musa Besaile y Bernardo 'Ñoño' Elías, ambos de La U y del departamento de Córdoba.
8 http://lasillavacia.com/historia/con-whiskey-y-billete-yahir-acuna-le-pelea-sucre-al-gordo-garcia-46513.
9 El Espectador, viernes 16 de octubre de 2015, p. 8.
10 http://www.semana.com/nacion/articulo/politica-que-va-de-los-names-los-onos/380536-3.
11 Bobbbio, Norberto. Derecha e izquierda, Taurus, 1995, p. 11.

* Magíster en ciencia política, UniAndes; Magíster en periodismo, Universidad de Bielorrusia

 


Recuadro 1

 

Rafael Ballén, candidato del PDA a la gobernación de Cundinamarca

 

"En Cundinamarca, como en toda Colombia, la democracia es apenas un aviso"

 

Entre las muchas experiencias vividas por candidatos del Polo Democrático Alternativo (PDA) en las elecciones de octubre último, destaca la que encabezó Rafael Ballén para la gobernación de Cundinamarca, donde hace varias décadas ejerció la docencia en escuelas y colegios, así como vocerías sociales en diversos concejos municipales. Su posterior formación en leyes le permitió asumir la docencia universitaria en varios centros académicos y funciones en diversas instancias estatales. La postulación que la Coordinadora Departamental del Polo le hizo, lo sacó por unos meses de la literatura –a la cual está dedicado desde hace unos años– llevándolo de nuevo a recorrer municipios y veredas. Aquí su lectura de lo que vivió y vio durante algunos meses de ajetreo electoral.

 

desdeabajo (da). Rafael, ¿cuáles son las lecciones más significativas recogidas durante la campaña que acaba de liderar por la gobernación de Cundinamarca?
Rafael Ballén (RB). Son cuatro: 1. Que tenemos un sistema electoral inepto, obsoleto y corrupto. No tanto por las personas que ocupan su estructura –que no por estar allí son corruptas– pero sí el sistema electoral (de lo cual las elecciones son el principal componente), que solo sirve para quienes tengan dos cosas: a) dinero, b) medios de comunicación. Con el primero corrompen a la gente y compran la conciencia de los líderes, y con el segundo confunden. Un axioma se desprende de esto: "quien tenga dinero y medios gana". La evidencia es contundente: con este sistema electoral es imposible que haya paz, pues no permite una participación ni honesta ni entre iguales.

 

da. Existe una vieja propuesta de impedir que los dineros particulares entren en las campañas, ¿lo que vio por decenas de municipios reconfirma la necesidad de hacer tal propuesta realidad?
RB. Sin duda. Hay que impedirlo pues ahí llega todo tipo de dinero, además de que los contratistas terminan siendo los dueños de las campañas, actuando como los arnés de la política electoral.

 

da. ¿Es necesario, entonces, reforma este sistema electoral?
RB. Estamos ante un sistema electoral que ni es democrático, ni justo ni equitativo, por lo cual una simple reforma no será suficiente; para que de verdad las oportunidades sean para todos debe sufrir una cirugía de cuerpo entero. Tenga en cuenta que siempre que lo han reformado es para favorecer de mejor manera a quienes siempre han tenido el poder.

 

da. Aludía usted a cuadro aprendizajes, faltan tres...
RB. Sí, retomemos, 2. Existe una corriente política en Colombia que sigue propiciando la guerra como mecanismo electoral, imponiendo candidatos en ciudades capitales, departamentos y municipios –aunque ahora no le fue tan bien–; 3. En lo que respecta a Cundinamarca, existen muchos municipios en la miseria, donde los derechos fundamentales son letra muerta; es decir, la miseria en el interior del país es palpable, ¿cómo será en las regiones más apartadas? 4. Aún en contra de los partidos tradicionales, en las comunidades hay alma de organización colectiva, lo que explica que algunos alcaldes resulten elegidos, más que por el aval de x o y partido, por el esfuerzo y capacidad de movilización de las bases.

 

da. Su campaña tuvo muy bajo nivel, ¿a qué se debió ello?
RB. Dos factores son aquí relevantes: 1. La falta de estructura del PDA en Cundinamarca, y por lo tanto, ausencia de acompañamiento al candidato. Es una realidad: el Polo no tiene estructura alguna en el territorio de este departamento, sus simpatizantes lo son por puro corazón. Esa es la queja de los simpatizantes del Polo en esta parte del país: que únicamente los buscan cuando hay elecciones, el resto del tiempo los dejan solos. 2. La democracia en Colombia es un simple aviso, ¿qué democracia es aquella donde a un candidato de oposición no le permiten hablar en los grandes medios?

 

da. ¿Qué quiere decir con ello?
RB. Existe una norma en el país la cual estipula que todos los candidatos deben tener acceso a los medios de comunicación, y estos deben procurar que así sea. Pues bien, la realidad está en contra de la norma, la cual es usada por esos grandes medios para vacunarse ante una posible sanción. Estuve en campaña tres meses y nunca pude acceder a los micrófonos ni a la imagen de ninguna de las grandes cadenas radiales ni a los canales de televisión. Las únicas dos veces que hicieron la pantomima de entrevistarme fue así: Un día me llaman de una de las dos grandes cadenas radiales y me hacen una primera pregunta: ¿Cuál el propósito principal de su plan de gobierno?, la defensa de lo público, respondo sin demora. De inmediato quien preguntó cerró la entrevista. En otra ocasión suena el teléfono y me ordena el periodista de la otra gran cadena radial que resuma en un minuto mi perfil personal y el programa de campaña, está de más decir que rechacé la supuesta entrevista.

 

da. En estas condiciones, ¿ante cuáles retos está el PDA en Cundinamarca para ser consecuente con su ideario?
RB. Ser la expresión del Partido en Cundinamarca, es decir, darle forma a una estructura territorial, y al mismo tiempo realizar foros ideológicos y programáticos que le permitan darse una identidad y estar en contacto permanente con sus simpatizantes. Si actuamos así, quienes lo integramos estaríamos preparados para refrendar los acuerdos de La Habana, y para afrontar de manera cabal las elecciones de 2018, en las que la izquierda debe reunir 10 millones de votos si de verdad aspira a ser alternativa de poder.

 

Ilusas pretensiones politiqueras

 

"[...] la mayor vergüenza no terminó ahí. El heredero de Álvaro Cruz me envió toda suerte de emisarios, desde mis amigos personales, hasta miembros del vértice de la campaña de Clara López, pasando por viejos cuadros de izquierda. Solo hizo falta que la propia presidenta del Polo me llamara para decirme: "Rafael, debes retirarte y adherir al ganador en Cundinamarca". No me extraña ni me aterra la audacia y el desconocimiento que de mi conducta tiene el hombre, pero sí me deprime que la gente del Polo que lo escuchó se haya atrevido a contemplar mi retiro a favor de un tercero. Faltando diez días para el 25 de octubre, una noche recibí una llamada de una persona a quien yo no había escuchado en mi vida. Era la primera o la segunda en la jerarquía de la campaña de Clara López [...]. 'Necesito hablar urgentemente contigo, pero tiene que ser personalmente'. Suspendí los compromisos que tenía y asistí a la cita. Después de varios rodeos concluyó: 'se sientan ustedes dos y hacen el gabinete de Cundinamarca. Tú escoges las secretarias que quieras. Como sé que has hecho una buena campaña en Soacha, tu adhesión deben hacerla en ese municipio'. La pregunta es: ¿Si el heredero de Cruz intentó quebrantar la férrea voluntad del candidato del Polo a la gobernación, a cuántos de nuestros candidatos a alcaldías y concejos sobornó". (Extracto de la carta "Breve percepción de la campaña a la Gobernación", enviada por Rafael Ballén al presidente y demás miembros de la Coordinadora Departamental del Polo, octubre 27 de 2015).

 

Recuadro 2

 

La izquierda a la deriva

 

Lo sucedido en Bogotá es apenas una pequeña nuestra del gran fracaso de la izquierda colombiana, caracterizada por el tribalismo, el egoísmo, el personalismo y mesianismo de grupos, casi sectas, que parecen que no hubieran aprendido de los sucesos de los años 60 y 70 del siglo XX, cuando en las universidades públicas decenas de grupos maoístas, trotskistas, línea soviética y otros, debatían sus consignas a palo, mientras afuera de las centros educativos, el país era otro.
Desaparecida la Unión Soviética, hoy convertida en un Estado mafioso; China, una nación que tiene esclavizada a su población a favor del gran capital internacional; Cuba, pidiendo a gritos la inversión gringa, y el otrora Vietnam heroico marchando por la senda del capitalismo, cabe preguntarse, ¿por qué pelea la izquierda en Colombia?
Un exsindicalista que fue a renovar su pensión, un ladrón a enriquecer su familia, y un ególatra que se cree mesías, demuestran un rotundo fracaso de la izquierda en Colombia.


La clase media fue el puente para que el Polo llegara al gobierno de Bogotá, no al poder. El Polo no lo entendió. La abandonó, prefirió dar el pescado, y a montones, a los sectores "desposeídos", razón ideológica de su bandera. Sin embargo, el día de las elecciones, ante una Bogotá trancada y sucia, Cambio Radical apostó a la palabra Cambio, y no hacía falta ser un gran estratega electoral para voltear la torta. Con paciencia, pero con recursos a la mano, Cambio Radical salió a comprar lideres con votos, algo ya típico de Bogotá, mientras el progresismo petrista, con escasos 50 mil "pecuecos" votos, vio naufragar su barco en medio del apoyo vergonzante a Santos y Pardo. Hasta en Sumapaz sumaron ediles para Vargas Lleras.


Petro fue soberbio y falló en su clasismo. No tenía porque demostrarlo tan rabiosamente. Nunca encontró una propuesta sería para Bogotá. Imposible que disponiendo de presupuesto propio, no pudiera haber hecho el "cemento" que la ciudad esperaba, como era TransMilenio por la Boyacá, así como sus "propias" obras, a saber, el Cable de Ciudad Bolívar y el Tranvía por la Séptima. El contrato de la famosa máquina tapa huecos recayó en un mediocre artista de televisión, lo cual dejó dudas. No tuvo planificadores, y menos ejecutores. La izquierda demostró que no tiene capacidad de gobernar. Será regresar a los pequeños municipios, y volver a barajar en Bogotá con caras nuevas. Aunque Salvador Allende se lanzó cuatro veces a la presidencia de Chile.


Petro no entendió a Norberto Bobbio cuando dice: "Quien quiere hacer política día a día debe adaptarse a la regla principal de la democracia, la de moderar los tonos cuando ello es necesario para obtener un fin, el llegar a pactos con el adversario, el aceptar el compromiso cuando éste no sea humillante y cuando es el único medio de obtener algún resultado"11.


"Partidos" en una serie de partidos y movimientos políticos, Polo, seudo Verdes, Maíz, Unión Patriótica, y una serie de maquinarias "indígenas" prestas a dar avales a cambio de dinero, igual que las negritudes, así las cosas la izquierda no encontró su ideario. Amén de una Clara López desteñida, sin discurso, viviendo de las primeras encuestas, dando espacio para que el sistema, con sus medios y periodistas a su servicio, los molieron. Algo que era sabido, y para lo cual han debido preparase y no "llorar" como hoy lo hacen. Lo peor, se quedaron esperando el guiño santista, en recompensa por haberlo apoyado ante la encrucijada uribista de 2014.
Para mayor inquietud, la izquierda -con algunas islas-, pareciera que no existe más allá de Bogotá. En la costa Atlántica sí que está desaparecida, y lo peor, Polo Democrático, Verdes y petristas se pelean a ver si apoyaban a Verano y Char, y a esperar un "puestecito", que en las primeras de cambio se los quitan. Lo de Barranquilla da ganas de llorar por ti, izquierda colombiana, seudo líderes mercantilistas y pegados al poder corrupto de la ciudad y el departamento. Y pesar que Petro se trajo para su administración a varios costeños que sin conocer la ciudad, naufragaron en la administración capitalina y hoy regresan fracasados a sus sedes.
A futuro, las vías a venir con las Farc y Eln en medio de la "molienda" pronosticada por Roy Barreras, es necesario concretar la frase de cajón muchas veces dicha: Unidad. Algo posible si deponen los egos. Separados, cada uno por su lado, como el suicidio de la UP en Bogotá, la molienda continuará siendo grande. Ha, y llegó la hora de renovar el liderazgo, que con contadas excepciones, tipo Jorge Robledo e Iván Cepeda, lo que hay en la izquierda colombiana es grama en el pasto, caso los concejales del Polo en Bogotá, de donde "no hay pelo pa´ moño".

 

Postdata

 

Valoro la actitud de Antonio Navarro Wolf en apoyar a Clara López. Navarro con este hecho dictó una gran lección a la izquierda en Colombia.

 

Si las Farc y el Eln no están representados en las entidades que tendrán a cargo los recursos económicos del llamado postconflicto, dichos dineros terminaran en manos del clientelismo. El nombramiento del "quemado" Rafael Pardo demuestra que los dineros primero serán para las clientelas.

Publicado enEdición Nº219
Viernes, 24 Julio 2015 16:36

Tú me das, yo te doy

Tú me das, yo te doy

En el marco del análisis del financiamiento político de las elecciones en Colombia, el propio sistema se (auto) favorece. Es mecánico, así recrea las mejores condiciones de todo tipo para los suyos, legales o no. No sorprende, es la lógica del poder. Igual sucede con el clientelismo como herramienta de control social y de reproducción del mismo poder. Lo determinante, por tanto en este campo, a la hora de preguntarnos por las elecciones y la democracia realmente existente en nuestro país, es identificar los sectores económicos que financian el clientelismo, así como los privilegios otorgados por el Gobierno a sus financiadores como contraprestación por el apoyo económico recibido. Tú me das, yo te doy.

Elecciones y clientelismo, una constante no superada en Colombia. Factores de poder, legales e ilegales, la propician, de ahí que, en vísperas de otras elecciones territoriales, sea obligatorio observar la reconversión de parte de las prácticas y de los actores del clientelismo en el sector legal de la economía y su peso, quizás fortalecido, en las decisiones políticas en contra de la voluntad del pueblo colombiano.

Para retomar las palabras de Alfredo de León Monsalvo (ver entrevista) "todos, todos, todos" los sectores económicos tienen injerencia en la política colombiana. Aunque es imposible tener un panorama exhaustivo de las cuentas de las campañas de Santos, de acuerdo a las contabilidades formales entregadas a los organismos de control, es posible establecer los sectores claves que están detrás de las mismas: el financiero, así como la polémica Interbolsa, que declaró una donación de 100 millones de pesos para Santos en 2010, o Bancolombia que otorgó los créditos que financiaron en 2014 el mayor porcentaje de sus campañas, así como la de Zuluaga1. Constructores como Odinsa o Amarillo, y también la industria alimentaria, por ejemplo, Arroz Diana que declaró su apoyo por 50 millones para la campaña en el 2010. Detrás de estos grupos económicos aparecen los tradicionales espacios del poder: las regiones más ricas –Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca y Atlántico–, así como las familias poderosas, esos "cacaos", como los Sarmiento Angulo, Santo Domingo y las que están detrás del Grupo Empresarial Antioqueño.

¿Qué buscan estos financiadores? Pueden distinguirse dos tipos de motivaciones principales. Las familias poderosas, con tradición en la acción política electoral, buscan obtener los contratos públicos que retroalimentarán su riqueza y garantizarán el control político territorial; al tiempo que, como un círculo vicioso, favorece el buen devenir político de sus representantes, tanto en las alcaldías, gobernaciones, como concejos, y el mismo Congreso de la república.

Por su parte, y de manera imbricada, las grandes empresas usan el financiamiento político para influir, de antemano, sobre el gobierno de turno, para que las leyes y normas por éste propuestas y aprobadas, no se constituyan en obstáculo para sus negocios.

Gobernar es contratar

Desde el consenso de Washington, y el apogeo del neoliberalismo como modelo de sociedad, ¿en qué cambió el Estado? Lejos de debilitarse y desaparecer, se convirtió en un órgano clave para garantizar el buen funcionamiento del sistema, para lo cual uno de sus roles y soportes sustanciales continúa siendo la contratación pública. Neoliberalismo que amplió sus fueros en nuestro país por doquier, alimentando las prácticas de corrupción a través de la contratación pública.

En este sentido, la cuarta encuesta sobre las prácticas de control de soborno realizada por "Transparencia por Colombia", publicada en mayo de 2015, es particularmente instructiva. Indica, según sus realizadores, que la corrupción en el sector público es de 40 por ciento y la competencia desleal de 35. La misma encuesta destaca el rol clave del financiamiento político en la corrupción: "En un año electoral, preocupa que solo un 4 por ciento de los encuestados asegura que su empresa lleva un registro contable exacto de contribuciones a campañas políticas".

El peso financiero de las construcciones de infraestructuras en la contratación pública hace del sector una presa muy apetecida para este tipo de corrupción, y una herramienta clave del poder político: permite, a quien tenga una mano fuerte sobre ella, garantizar su devenir político tejiendo las relaciones contractuales que luego le facilitarán campañas electorales victoriosas. El principal ejemplo lo constituye, sin duda, la trayectoria del actual "vice" Vargas Lleras, que crece como levadura política gracias a su carrera en la infraestructura pública, empezando con la vivienda para coordinar en el actual Gobierno todo el sector, regalo no despreciable de Juan Manuel Santos quien prepara su sucesión a la presidencia.

De hecho, los constructores han jugado tradicionalmente un rol clave en el financiamiento de campañas, y la de Santos en 2010 no fue la excepción. Representando, en los informes oficiales, con alrededor de 200 millones de pesos, cerca del 10 por ciento de los $2.302.785.000 del dinero privado recepcionado por su campaña. Entre las 43 empresas de construcción que aportaron a esta campaña, los siete primeros donantes entregaron 130 millones, o sea, el 65 por ciento de las donaciones del sector.

Entre ellos, el grupo Grupo Odinsa (Icein, Mincivil y Openvias) con una donación total de 25 millones de pesos (13, 10 y dos millones respectivamente) fue uno de los grandes recompensados. El grupo obtuvo en agosto de 2010, tres meses después de la elección de Santos, proyectos de infraestructura pública tan importantes como la Autopista de las Américas; la fase tres del Transmilenio en Bogotá, el tercer tramo de la Ruta del Sol y parte de la obra del aeropuerto El Dorado.

Valga también como ejemplo el caso del Consorcio Mario Huertas Cote que declaró un aporte de 25 millones para la campaña de Santos, recompensado con la contratación para la construcción de tres de los seis primeros corredores del proyecto de infraestructura 4G: el corredor Girardot-Puerto Salgar –por más de 1,3 billones de pesos (1.330.348 millones de 2012)–, la autopista conexión Pacífico 3 –con un presupuesto de 1.183 billones (1.183.261 millones de 2012), el corredor Cartagena-Barranquilla y la Circunvalar de la Prosperidad –por 2.88 billones (2.881.000 millones de 2012)... ¡Valió la inversión!

Las fronteras turbias entre poder político, económico y las familias tradicionales

Los ejemplos no faltan. Familias que ejercen cargos políticos porque compraron de manera más o menos directa el voto. Los Char son un buen ejemplo a este respecto, creadores de las Supertiendas Olímpicas, a lo largo de varios años ocuparon algunos puestos como senadores, gobernadores del Atlántico, embajador en Portugal o alcalde de Barranquilla. El apellido Santos, por su lado, es bien conocido, el actual Presidente es sobrino-nieto de Eduardo, otro presidente y propietario en su momento del periódico El Tiempo, asimismo la familia Escobar, a la que pertenece Zuluaga, es dueña de las Acerías de Colombia, Acesco, que en el 2010 apoyó la elección de Santos con 82 millones de pesos y luego, en el 2014, financió su propia campaña.

Otro personaje interesante en las cuentas de la campaña de Santos, en su primer período, fue Gina Parody. Aunque ella no proviene de una familia dominante sino de la nueva riqueza en el sector naval, muestra bien como el dinero sí da la felicidad en política. Oficialmente aportó 100 millones de pesos, una de las contribuciones más importantes a la victoria de Santos, quien lo agradeció asegurándole una carrera política en el sector de la educación con su nombramiento como directora del Sena y luego como ministra de la Educación.

Los cacaos habituales participan de dos maneras en estos procesos. Por un lado, dan su consentimiento y apoyo a los candidatos principales a través de donaciones simbólicas y, por otro, de manera mucho más directa a través de los medios de comunicación que les pertenecen, pues tienen toda la libertad para establecer los precios de los espacios publicitarios y, de igual manera, dirigir las líneas editoriales con el fin de favorecer cierto discurso o propuesta política. Sin embargo, el aporte decisivo de los cacaos a la elección presidencial de 2014 fue apalancado por medio de los créditos (reembolsados por reposición de votos) desde el sector financiero por ellos controlado.

Leyes y normas escritas por los financiadores

La oferta de contratos y de cargos públicos para quienes financiaron la victoria electoral de Santos representa un obstáculo obvio para la democracia, manifestado de diversas maneras, entre ellas con su peso sobre el proceso legislativo, con leyes con destinación particular, que alimentan mucho más la privatización de las riquezas de Colombia y su acaparamiento por una minoría cada vez más restringida.

Los "Proyectos de interés nacional y estratégico" por encima de la ley

El caso de la construcción es diciente. Vargas Lleras impulsó un programa normativo para que los "Proyectos de interés nacional y estratégico" (Pines) de infraestructura, hidrocarburos, minería y energía, fueran declarados como de "utilidad pública", para beneficiarlos con normas propias y preferenciales acabando, de esta manera, con el derecho de las poblaciones originarias y sus territorios.

En nombre de la disminución de los trámites demonizados por el mismo gobierno y por la prensa dominante, este nuevo estatuto les permitirá sobrepasar las normas en vigor en cuanto a licencias ambientales, de adquisición de predios y consultas previas con las comunidades allí asentadas. Adquirirán así, de manera preferencial, los baldíos que necesiten, incluso si son territorios destinados para la población desplazada víctima del conflicto. De esta manera los terrenos comprados estarán libres de vicios de propiedad como, podría ocurrir por haber sido adquirido en el pasado de manera ilegal por paramilitares o sus aliados.

Las EPS velan por la ley de salud

A pesar de notables avances en el sector de la salud, gracias a la lucha de los movimientos sociales para lograr el reconocimiento de éste como un "derecho humano fundamental" con la ley estatutaria N°1751 de febrero de 2015 y como lo ha apuntado Mauricio Torres (2), la historia de la salud en Colombia no "se partió en dos" como dijo Santos en el sentido en que "la Ley Estatutaria de Salud no altera la matriz de intermediación financiera, en tanto se mantiene el modelo de aseguramiento de la atención a la enfermedad (siguen las EPS), que es el elemento estructural que facilita la mercantilización de la salud". El mantenimiento de este modelo y de la impunidad de la empresas que han dilapidado al precio de vidas humanas el dinero público destinado a la salud de las personas, tienen que ser analizados bajo la luz del financiamiento político.

Como lo destacó el partido Alianza Verde, a partir de un derecho de petición dirigido al Consejo Nacional Electoral, el financiamiento político jugó un papel decisivo en la elaboración de la ley de salud, pues casi todos los partidos estaban financiados por las EPS. En efecto, en 2010, primera presidencia de Santos, el partido de la U recibió 445 millones de pesos de parte de las EPS, el aporte más importante que llegó a sus arcas, pero también el Partido Conservador recibió 252 millones, el Partido Liberal 135, el Polo 25 millones, el PIN 14 y Cambio Radical un millón.
Debates previos a los TLC

En fin, la negociación previa para los TLC que aparece en las cuentas de las campañas es digna de comentar. El TLC con Corea del Sur, firmado en febrero de 2013, según numerosos observadores, fue el fruto de un lobby particular de la constructora de automóviles coreana Hyunday la cual habría financiado con 50 millones de pesos la campaña de Santos. Pero no todos tuvieron la suerte de Mattos, el dirigente de la empresa coreana, es interesante también observar que la financiación política no siempre logra sus propósitos. Para Dicorp (Arroz Diana) que expresó reiteradamente su hostilidad a la firma del tratado con Estados Unidos –por el riesgo que representaba esta nueva competencia para el gremio–, la fórmula no le funcionó, a pesar de financiar con 50 millones de pesos la campaña de Santos, lo que no impidió la firma del Tratado de Libre Comercio.

Un conflicto de interés apenas oculto

Es preciso, a la vista de estos ejemplos, revisar la debilidad, sometimiento y efectiva privatización de la democracia colombiana. ¿Quién impera en la casa de gobierno, la política o la economía? ¿Quién domina en el Congreso, los "representantes del pueblo" o sus financiadores? ¿Para quién y a favor de quién legislan los elegidos a los cargos congresionales?

Interrogantes que debemos resolver para decir, con justeza, que requerimos otra democracia, pues esta de papel nos tiene mamados/as.

1 En 2014 Bancolombia, que pertenece al Grupo Antioqueño, aprobó el crédito que permitió financiar la mayoría de la campaña de Zuluaga y las tres cuartas partes de la de Santos, por un valor aproximado a los 24 mil millones y 16 mil millones de pesos respectivamente.
2 Médico integrante del movimiento por la salud en Colombia. Ver discusión de la ley estatutaria de salud de 2015 por Desde Abajo TV: https://www.youtube.com/watch?v=15ssG_osXHI

Publicado enEdición Nº 215
El clientelismo como soporte del gobierno

"Penumbras y demonios" son las prácticas clientelistas en la política colombiana. Pilar del control social y de la corrupción que garantizan dominación y continuidad tanto en el dominio político como en el juego electoral, este fenómeno, incrustado como raíz hasta llegar a constituirse en "política de Estado" en nuestro país, demanda un análisis para desentrañar sus formas y manifestaciones más recurrentes. Para comentar tal fenómeno, ¿quién mejor que un costeño?

 

desdeabajo –da–. En su libro «Penumbras y demonios en la política colombiana. Un análisis sobre el clientelismo», usted dice que el clientelismo en Colombia ha cambiado, ¿a qué se refiere cuando afirma esto?
Alfredo De León Monsalvo –ALM–. El clientelismo en los años 60 y 70 se basaba en que quienes llegaban a los cuerpos colegiados –concejos, asamblea, Cámara de Representante y Senado– basaban su votación en una clientela que estaba sujeta a necesidades básicas insatisfechas, como todo tipo de servicios básicos. Una vez satisfechos estos, los políticos se vieron entonces en la necesidad de buscar nuevas formas de control y dominio, y esta nueva forma fue entonces el empleo público. Sin embargo, luego vino una más, la que está predominando actualmente: la contratación.

da. ¿Cuáles son los sectores claves del clientelismo?
ALM. El sector clave del clientelismo es el propio gobierno de turno. No hablemos del Estado. Llámese Pastrana, Samper, Uribe o Santos, los presidentes necesitan aprobar sus planes de desarrollo y sus leyes. ¿Qué sucede? Los parlamentarios que forman parte del llamado grupo de gobierno, la "Unidad Nacional" para el que ahora funciona; estos señores, que dicen apoyar el Gobierno. ¿Cómo lo hacen? Por ejemplo, los conservadores, ¿brindan su apoyo porque creen en el proyecto de Juan Manuel Santos? No, lo apoyan porque tienen unos ministerios o unas agencias del Estado donde controlan unos representantes que son nombrados bajo su indicación y que responden en estas entidades públicas a los puestos, a los contratos y a una serie de prebendas que los benefician electoralmente. Y así sucede con los demás apoyos, sin distinción alguna. Esta es la primera clave.


Entonces, así vista esta práctica, es el propio Gobierno el primer actor auspiciador del clientelismo, porque necesita los votos parlamentarios para que no le hagan "paro legislativo" para que le asistan en la aprobación de los proyectos. La segunda clave son los propios parlamentarios que están ante la necesidad de apoyar al gobierno de turno como mecanismo para subsistir. Y la tercera, por supuesto, son los propios grupos económicos, los que tienen sus equipos de lobby para que sus proyectos pasen o para que los proyectos que el gobierno presenta no afecten sus intereses.

 

da. ¿Qué papel juega la contratación pública en las elecciones?
ALM. En Colombia se despertó una nueva ola de "contratitis" como la han denominado algunos, en su mayoría grandes contrataciones. No todos los senadores tienen este tipo de influencia pero, como los denominaba Uribe, los más «perfumados», pueden incidir para que un conocido de ellos, o de la familia, pueda llegar a firmar grandes contratos con el Estado y de esta manera obtener recursos para su reelección. La elección directa de alcaldes y gobernadores también posibilitó esto porque ahora tienen bajo su control mayor acceso a los recursos públicos. Hay otro tipo de contratación que también ayuda a un político para su reelección, y es la forma como ellos pueden incidir en los proyectos de ley, favoreciendo a los grandes grupos económicos que responden con donaciones a los partidos o, en particular, a los políticos.

da. ¿Cuáles son los sectores económicos que inciden en la política gubernamental?
ALM. ¡Todos, todos, todos! Los constructores tienen mucho peso, ellos buscan el control de las obras públicas y, por supuesto, el sector financiero, alrededor de dos grupos cabeza: Aval (Sarmiento Angulo) y Bancolombia (Grupo empresarial antioqueño).

En Medellín, y gran parte de Antioquía, la política está sujeta al apoyo que el Grupo empresarial le preste a los candidatos. Es muy difícil que sin su apoyo un candidato acceda al gobierno municipal o departamental, pues todos están sujetos a los acuerdos que establezcan con éste. Si existe un grupo económico que influye en su región ese es el Grupo empresarial antioqueño.

da. ¿Qué proporción del voto resulta de la presión clientelistas?
ALM. He analizado varios tipos de votación clientelista: la compra del voto y el que responde a la carencia de algunos recursos básicos. Pero lo que más me llama la atención es la compra directa del voto. El departamento del Atlántico, y gran parte de la costa Atlántica, para no decir toda, está sujeta a esta realidad.

La votación de la ciudad capital, y la del sur de departamento, por ejemplo, prácticamente el 80 por ciento, es comprada, es decir, existen grandes compradores del voto. Por ejemplo, el senador Roberto Gerlein hace años que no da un discurso (incluso por condiciones de salud). No recorre el departamento del Atlántico, no visita un barrio –como en su comienzo, hacia los años 60–, porque no lo necesita: tiene cinco personas más o menos que le compran de manera directa los votos. Estas cinco personas a su vez tienen otro equipo que le van a conseguir los líderes de determinados barrios, los que a su vez tienen otros que le van a llevar a las familias. También hay lugares en donde se ven más votantes que habitantes, como en el departamento de Córdoba, donde acabó de salir una noticia de este tipo. Eso es muy típico, el trasteo del voto, el "voto comisión". El voto comprado como tal, particularmente en la costa, es muy alto.

da. ¿Por cuánto y cómo se compra un voto?
ALM. Un concejal de Bogotá, por ejemplo, actualmente no sale con, por lo menos, 500 millones de pesos. En cada localidad de la capital el concejal cuenta con un edil que tiene que pagar a los líderes de barrio para que le apoyen. El concejal tiene que pagar una suma determinada al edil para que lo apoye. En Bogotá un edil puede contar, como mínimo, con 500 votos. Este edil no vale 10 millones de pesos ni 20, éste te vale, como mínimo, 50 y cien millones de pesos. Y el edil apoya al que le pague. Él puede ser de un partido, digamos del partido de la U, pero va apoyando al concejo al partido Radical que le pagó una suma mayor que su propio partido. Un voto comprado hoy puede costar entre 50 o 100 mil pesos. Pero no se debe olvidar que existe el "combo", ¿qué es?, es la compra del voto alcaldía, voto gobernación, voto diputado y voto concejal. Como un senador, en particular, lleva su candidato o lleva su apoyo a determinado candidato, él busca la compra del voto en combo.

da. En un artículo publicado en la edición de junio, analizamos la debilidad del marco legal que rige la entrega de cuentas de las campañas. Además del dinero obviamente oculto, usado para aceitar la corrupción directa, ya citada, ¿qué otro tipo de gastos desaparecen de estas cuentas?
ALM. Los candidatos tienen que presentar unas cuentas de campaña pero ¡estas cuentas no son reales! Y lo que hay en todas las campañas es financiación por «debajo de la mesa». En la ciudad de Barranquilla por ejemplo, el día de las elecciones no hay transportes públicos y sobre todo no hay taxi. Todos los taxis son contratados por los políticos para movilizar a su electorado. Eso cuesta un dineral, sin hablar de la carpa blanca, de los sánduches, de la gaseosa, del dinero destinado para hacer la reunión que no entra en las cuentas electorales. El dinero que se mueve en estas campañas es mucho.

da. ¿Cómo se instrumentaliza la carencia de servicios públicos en las elecciones?
ALM. Hay un caso muy llamativo, es el de Mockus y Santos en 2010. Juan Manuel Santos sintió una amenaza con la denominada "ola verde". ¿Qué hicieron entonces ante esto? Sencillo, dedicaron un gran esfuerzo para que por los sectores populares fueran diciendo que Mockus les iba a quitar el Sisbén. Y es conocido que el Sisbén significa acceso gratuito a la salud, acceso gratuito a la educación y unos subsidios. Una familia beneficiaria del Sisbén, fácilmente recibe hasta 500 mil pesos mensuales en subsidios. Esta campaña de miedo, brindó sus «buenos» resultados a favor de la primera elección de Santos.

da. ¿Cuál es la geografía partidista del clientelismo?
ALM. El clientelismo lo ejercen, en lo fundamental, los partidos "tradicionales". Pero de todas maneras, un político sin clientela es prácticamente un político muerto. En Colombia un político tiene que tener clientela para subsistir.

De allí que el Partido Conservador le llamen el "partido de los puestos", o el partido de la burocracia, y con sus maniobras y acomodamientos logra estar en todo tipo de gobierno. Aunque es partido minoritario, siempre está buscando alianza con el gobierno de turno. Pero hay que decir que en la izquierda colombiana también hay políticos clientelistas. Hay políticos que se sujetan a los puestos y se sujetan a los contratos. La izquierda en Colombia, lamentablemente, no es tan pura como quiere aparecer.

da. Con lo dicho hasta aquí, ¿existe el voto de opinión en el país?, ¿en qué condiciones?
ALM. ¡Claro que existe el voto de opinión!, y está muy sementado en determinados partidos y determinados candidatos. En el partido liberal hay candidatos que recogen votos de opinión y en el partido conservador también, pero la mayoría de quienes allí militan sobreviven a través de la clientela.


El voto de opinión, está centrado en las grandes ciudades (Bogotá, Medellín, Cali), y en mínima proporción, comparada con estas ciudades, en Barranquilla. Se han presentado casos donde el voto de opinión camina a base de una campaña específica, y muchas veces programada desde la ciudad de Bogotá. Hace dos años fue famoso el caso de buscar el voto blanco para la gobernación del César. En Valledupar, zona de mucha clientela, sí, triunfó el voto blanco, no en todos los municipios, pero fue algo prodigioso. La campaña fue realizada desde Bogotá pero contó con recepción positiva y acogimiento de la ciudad de Valledupar que lo entendió. Eso es una muestra grande de madurez política, lamentablemente no es una constante.

da. Entonces, ¿piensa que en Colombia falta de "madurez política"?
ALM. Yo diría que el cuarto gran auspiciador del clientelismo en Colombia somos nosotros mismos, con la cultura política. Nos falta mucha cultura política. Todavía el voto en Colombia es de pobreza, y a través de ésta oficiamos el clientelismo. El día de elecciones puede verse gente en muchos pueblos, pero también en ciudades grandes como Barranquilla, saliendo a buscar a quienes compran el voto. Es un caso lamentable pero es un caso muy cierto. Otro factor que me llama mucho la atención, es la pedagogía. No he podido entender como un sindicato que se ha denominado de izquierda, como Fecode, que tiene más de 200 mil maestros y que dominan el 60 por ciento de la educación en Colombia, no cuenta con una pedagogía de este tipo para desplegarla en las poblaciones donde tiene presencia.

da. Entonces, desde el aquí y el ahora, ¿cómo podríamos salir de lo que usted llama un "sistema primitivo electoral clientelista"?
ALM. Primero, logrando un mejor nivel de desarrollo. Es decir, que todas las personas tengan acceso a los bienes del Estado por derecho propio; que ellos sientan que no se lo están regalando o que se lo lleva un determinado político, sino que ese es el deber del Estado y que ellos pueden exigir estos derechos. Segundo, el factor determinante en la cultura política, es la educación. En Colombia nos hace falta un mayor nivel de educación, no tanto en cuanto a conocimiento de la ciencia exacta, el arte, la cultura, etcétera, sino alrededor de la cultura política, lo cual, en lo fundamental, depende de la escuela y de los medios de comunicación, que como es conocido, siempre cuentan con sus candidatos, casi siempre dentro del establecimiento.

La opinión pública aquí es determinante, y en nuestro país diversos políticos decentes, entre ellos Jorge Robledo y otros, logran grandes votaciones como efecto del reconocimiento espontáneo a su labor, a sus denuncias. Pese a estos casos, en Colombia falta decencia para la política.

Publicado enEdición Nº 215
Segundo gobierno de Santos muestra síntomas de debilitamiento político.

La codicia burocrática, fiscal y clientelar del segundo gobierno de Santos está erosionando su legitimidad y debilitando su capacidad política, con serias repercusiones en el proceso de paz y en la Mesa de conversaciones con las Farc en La Habana.


Ya han transcurrido varias semana del segundo gobierno del señor Juan Manuel Santos, se conocen los nombres de sus ministros y los núcleos de sentido de su gestión estratégica, reflejado en la reorganización administrativa de la Presidencia con la creación de varios super ministros mediante los decretos 1649 y 1647. La Vice presidencia de la República, en cabeza de Germán Vargas Lleras, ha sido convertida en una mega gerencia encargada de la gestión de gigantescas inversiones en las dobles calzadas de cuarta generación/4G y en otras obras de infraestructura urbana, que alcanzaran una cifra cercana a los 150 billones de pesos en los siguientes 46 meses.


Destaca en estos peldaños iniciales la ausencia de la Izquierda democrática en el gobierno, no obstante su apoyo decisivo a la reelección, frente a las amenazas del regreso de la ultraderecha fascista en la persona de Oscar Iván Zuluaga, para destruir el proceso de paz que se adelanta en La Habana.


La inclusión de la Izquierda en los altos cargos del gobierno, independientemente de los nombres o apellidos, es un elemento esencial en la nueva etapa política, como garantia de los diálogos de Estado con los delegados de la resistencia campesina revolucionaria. Su ausencia, desde otro ángulo, genera riesgos muy graves para los desarrollos de los acuerdos orientados a la superación del conflicto armado colombiano. Santos, como prueba de su naturaleza clientelar y oportunista, ni corto ni perezoso, se comio toda la torta con sus amigos de la coalición burguesa oficialista, sin que le importara el daño hecho a la esperanza de paz de millones de colombianos. Muy grave.


El ingreso de la Izquierda en el gabinete es el reflejo de un nueva concepcion en la misma, pues su función, en esta etapa, no es la de la oposición a la manera liberal, como lo hace la facción ultraderechista de la parapolítica, cuyo propósito fundamental es destruir la Mesa de paz de La Habana.


La Izquierda debe pasar de la Oposición a la disputa política. Otra manera de abordar los problemas de hoy. Se trata de la disputa en los escenarios del Estado o del Estado como escenario de disputa, contra las camarillas oligárquicas. Se trata de la disputa por las rentas, y en el caso concreto de hoy, de la lucha por el reparto de la renta minero energética. Es una riqueza que inicialmente tiene un monto anual cercano a los 40 billones de pesos, originada en las participaciones, impuestos, dividendos y regalias petrolero/mineras que ingresan cada año a las arcas del gobierno que son manipuladas, desviadas y despojadas por las capas oligárquicas que manejan a Ecopetrol, la Agencia Nacional de Hidrocarburos/ANH, Planeación Nacional, el Ministerio de Hacienda, las gobernaciones y las alcaldías a través de los Ocad.


La renta petrolera y minera, base de la Colombia del siglo XXI, no puede ser la fuente de conformación de nuevos núcleos de burguesía parasita inclinada al despotismo y exclusión. Por el contrario ella debe servir para darle soporte a la paz con justicia social.


Son los argumentos que permiten sugerir las implicaciones regresivas que ofrece esta primera etapa del segundo gobierno del señor Santos. Su debilidad es evidente. Se requiere abrir el debate para obrar en consecuencia. La política cambia y es preciso advertirlo oportunamente para reaccionar a tiempo. El movimiento popular y la izquierda social deben actuar con iniciativa para impedir que quien pase a la ofensiva sean las tendencias fascistas de la parapolítica uribista. Con todo los peligros que esto conlleva.

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Bucaramanga, en el pantano de la corrupción.

Bucaramanga, la capital del departamento de Santander, fundada hace casi 400 años y con una población superior a los 500 mil habitantes, epicentro de una pujante área metropolitana que agrupa a los municipios de Giron, Piedecuesta y Floridablanca, con cerca de 1 millon 100 mil habitantes, es hoy escenario de una cadena de escándalos de corrupción protagonizados por altos funcionarios del gobierno municipal que dirige "Lucho" Bohorquez.

 

Se trata de la tercera ciudad de Colombia, caracterizada por el auge económico merced al papel de la pequeña y mediana empresa del calzado y la joyería. Tiene bajas tasas de desempleo y goza de una importante cadena de universidades especializadas en formación técnica, tecnológica y social.

 

Sin embargo, hay un lunar

. La estructura pública repres

entada por la Alcaldía municipal es escenario de una serie de eventos de corrupción que abruman los ciudadanos y generan la inconformidad popular debido a la malversación de los fondos gubernamentales que alcanzan la importante cifra de un billon de pesos anuales (cerca de 500 millones de dólares).

 

El periódico Vanguardia liberal, de gran tradición y credibilidad en la región, ha denunciado varios casos ocurridos en la actual administración de Bohorquez (Ver:http://www.vanguardia.com/actualidad/politica/263221-denuncian-presunto-direccionamiento-en-contrato-de-alcaldia) , con el acomodo de contratos para favorecer con cifras millonarios a conocidos socios de concejales y a empresas que han capturado franjas importantes de la administración encargadas de temas como el alumbrado público, construcción de vías, dotación de escuelas, construcción de viviendas y apoyos a desplazados y victimas de la violencia.

 

La advertencia sobre esta cadena delictual incluye la inoperancia de los organismos de control como la Contraloria, la Procuraduría y la Fiscalía.

 

En editorial publicado recientemente (http://www.vanguardia.com/opinion/editorial/263174-editorial-una-ciudad-que-no-cree-en-sus-funcionarios ) dicho periódico lanza una alarma general para que la ciudadanía haga presencia en el espacio público democrático repudiando este descarado despojo de los bienes colectivos y comunales de los bumangueses.

 

Llama la atención que varios instrumentos implantados en la administracion municipal recientemente, como los mapas de riesgo contra la corrupción, los estatutos anticorrupción, los Códigos de ética, los manuales de contratación y los manuales de calidad, queden convertidos en letra muerta ante la voracidad y ambición de personas que llegan a los cargos públicos a enriquecerse sin limite, mediante la acción delincuencial.

 

El llamado de Vanguardia liberal debe ser escuchado por la ciudadanía para detener el saqueo de la ciudad, lo que desvía los dineros de la hacienda pública, los cuales deben ser canalizados para atender graves problemas sociales de Bucaramanga.

 

Es necesario que la ciudadanía ejerza un mayor control sobre las Rendiciones de cuentas del Alcalde Bohorquez, que exija las audiencias públicas y transparencia en la adjudicación de contratos, que organice veedurias ciudadanas, que haga las denuncias de funcionarios corruptos, que revise los procesos contractuales y que observe los permanente cambios en los contratos para incrementar sus valores por la vía de decisiones discrecionales de los funcionarios.

 

Bucaramanga requiere de un gran movimiento ciudadano democrático que detenga el despojo y saqueo de los dineros públicos que deben invertirse de manera transparente en la solución de los graves problemas que afectan a miles de personas sin educación, sin salud, sin empleos decentes, sin vivienda, sin vias adecuadas y sin adecuada protección de los recursos naturales de la ciudad.

 

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Penumbras y demonios en la política colombiana

 

 Reseña:

Clientelismo, politiquería, corripción. Son palabras comunes para la sociedad colombiana, sometida desde hace años a escándalos y denuncias sobre robos, cohechos, favores a terceros y venta de sus principales bienes públicos a menor precio.

¿Cómo funciona la maquinaria que se posibilita todo esto? ¿Cómo opera la politiquería tradicional en un país que deforma el sentido elevado que contiene la Política? ¿Cuáles son las características de los sujetos que así alternan el significado de una ciencia que, para serlo, debe servirle a la gente? ¿Por qué la sociedad colombiana acepta que una y otra vez le prometan y no cumplan? ¿Qué tipos de clientelismo hay y cómo se interrelacionan?

De todo esto trata "Penumbras y demonios en la política colombiana. Un buen análisis sobre el clientelismo, obra escrita de manera sencilla pero profunda por Alfredo De León Monsalvo, estudioso del tema y quien, basado en herramientas de la ciencia política, la sociología y la psicología, logra desnudar admirablemente el entramado de la políitiquería colombiana.Una buena elección para estudiosos y profanos, sobre las diferencias entre política y la deformación de la misma, es decir la politiquería.

 

Edición:2011. Formato: 14 x 21 cm. Páginas: 248

P.V.P.: 25.000 USD: $8,5 ISBN: 978-958-8454-37-5

 

 

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