Huelga planetaria…gran logro de las luchas de las organizaciones de mujeres y de los feminismos

Declarar una guerra en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío. Con esta huelga enfrentaron la trivialización que diversas instituciones han hecho del día internacional dedicado a lucha por los derechos de las mujeres


Declarar una huelga en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío, equiparable solamente a las luchas que durante muchos años adelantaron los obreros y obreras del mundo para conquistar el 1 de Mayo como día internacional de la clase obrera.

 

En el 2017, las feministas y organizaciones de mujeres realizamos, por primera vez, una huelga planetaria contra el sistema patriarcal, contra la desigualdad del capitalismo neoliberal y contra las distintas formas de exclusión, aprovechando los medios y tecnologías como whatsapp y el internet, entre otros.

 

Con esta huelga enfrentamos y confrontamos la trivialización que los medios de comunicación, las empresas, los partidos y hasta los sindicatos han pretendido hacer del día internacional dedicado a la lucha por los derechos de las mujeres.A pesar de que el sentido de esta protesta mundial tiene variedad de interpretaciones y sentidos para las organizaciones y grupos que la promovemos en tantos lugares de la tierra, es claro que logramos emocionar a miles de mujeres, reconocerlas y valorar su aporte a la construcción de la riqueza material y espiritual y concitamos su indignación contra este destructivo orden sociosexual, contra esta civilización que amenaza la vida humana y no humana.

 

Se preguntarán algunas personas porque este 8M nos declaramos en huelga y nos fuimos a la calles, nos dedicamos a marchar, reír, cantar y lanzar nuestras arengas. ¿Contra quién fue esta huelga? ¿Acaso puede considerarse que el compañero, marido, amante, la familia, son los explotadores?

 

¡Sí! Radicalmente sí, cuando en la familia no hay un reparto democrático de las labores domésticas y se cree que la mamá, la esposa o compañera es la responsable del orden, del aseo, del bienestar común.


¡Sí! Absolutamente cierto, si el goce sexual es solo para el varón y si hacer el amor se convierte para la mujer en un acto forzado.

 

Sí! Si las hijas e hijos no comparten todas las tareas del hogar, según su edad y circunstancias, y si las adultas de la familia se ven obligadas a renunciar a su formación, educación, al disfrute del tiempo libre, para que las y los más jóvenes vivan “al ancho”, estudien, vayan a cine, salgan de rumba, mientras ellas se quedan en casa, limpiando, lavando, cocinando, empobreciéndose en todo sentido.

 

El 8M pretende justicia para las mujeres en el ahora, no en un hipotético futuro donde se producirá la liberación de las y los oprimidos. Busca erradicar esa primera esclavitud, que es por supuesto, la sujeción al trabajo gratuito, no remunerado que nos pretenden inculcar como parte del amor abnegado y sufrido, del amor romántico según el cual, debemos entregarlo todo, sin esperar nada a cambio.

 

Por eso, la huelga también se hace contra el orden global heteropatriarcal –un patriarcado en el que predominan los varones y la lógica heterosexual– que es depredador de la naturaleza, que destruye nuestras corporalidades, que nos somete a tráfico y explotación sexual desde la infancia, un orden civilizatorio al servicio de la acumulación de poder y riqueza para unos pocos, a costa de la miseria y dolor de millones de personas.

 

Por eso, la huelga fue realizada contra toda entidad o institución cómplice de este orden y de esta civilización, llámese pareja, familia, iglesia, partido, organización social, sindicato o movimiento barrial.

 

No fue fácil. Nosotras la hicimos en Colombia en medio de la contienda electoral en la cual las élites dueñas del país están concentradas en “atornillarse” a los cargos de elección popular por otro cuatrienio, mientras que los movimientos sociales y democráticos, enfrentan complejos y simultáneos escenarios: participan en la lucha electoral, demandan del gobierno de Santos cumplimiento a lo pactado mediante el Acuerdo de Paz con las Farc, apoyan un acuerdo similar con el Ejército de Liberación Nacional –Eln–, y, al mismo tiempo, esquivan las balas criminales que le disparan los enemigos de la paz, la ultraderecha, los paramilitares que se quedaron en la retaguardia esperando precisamente este momento.

 

Así que, ¿a quién le importa la guerra contra las mujeres, que de manera continua produce víctimas en los hogares, en las calles, en los colegios y universidades, en los ámbitos de la salud, la educación, el empleo, el ejercicio político, y, de manera agravada, en las regiones donde opera el narcotráfico y las bandas criminales?

 

Distintas modalidades de una guerra casi invisible

 

Las modalidades de daño que se utilizan en esta guerra del heteropatriarcado contra las mujeres, van desde las exclusiones en el mundo político, social, cultural y económico, hasta el exterminio físico y las lesiones que no son letales en forma inmediata y que ocasionan en las niñas, las jóvenes y adultas daño emocional permanente. Invisible, pero tangible: son vidas humanas destrozadas por largo tiempo, quizás para siempre.

 

Así ocurre con el abuso sexual infantil infringido por el padre (o personas a cargo de las y los menores), al interior del idealizado hogar o familia tradicional que afecta en forma determinante la capacidad de construirse una estructura del yo, esa que hace que alguien sienta que es alguien.

 

Esta violencia que no es imaginada. En el 2017, el Instituto de Medicina Legal practicó 17.908 exámenes médico legales por presunto delito sexual a menores de edad. El 84,2 por ciento de las víctimas eran niñas, entre los 10 a 14 años de edad, con 8.278 casos. Luego están las menores de 5 a 9 años.

 

A pesar de los esfuerzos de entidades internacionales y nacionales que buscan enfrentar esta problemática, poco hemos aprendido de las consecuencias que deja para toda la vida en quienes padecen esta vulneración. Como muestra la película realizada en 1997 “Bliss, el amor es extasis” (que puede verse en Netflix), la protagonista es violada a la edad de cinco años por su padre. En su vida adulta y de casada, esta mujer es desdichada y no puede identificar las razones por las cuales tiene una personalidad límite. No encuentra sustento en sí misma, depende de manera enfermiza de la aprobación y apoyo ajeno, y busca inconscientemente, reproducir el abuso sexual infantil vivido.

 

Herminia Hernáiz, Doctora en Psicología Clínica y Psicoanalista1, señala en relación con esta lesión emocional: “La intemporalidad del inconsciente hace que el trauma vivido se repita sin cesar como una forma de intentar resolverlo, sin embargo esa misma función de resolución deja como suspendido el proceso de convertirse en persona o la consolidación del ser”. En palabras simples, es un daño que es casi siempre irreversible y la posibilidad de que quien lo padece encuentre cualquier forma de gratificación, es remota. Las víctimas, mayoritariamente niñas, lo “borran” de la memoria, como una suerte de defensa para vivir con menos dolor y miedo, porque, como dice la protagonista de la película “quien tenía que protegerlas del daño, era el daño”.

 

Lamentablemente, estas y otras vulneraciones sexuales que padecen las mujeres en los distintos momentos de sus vidas, se tratan como si tuvieran fecha de vencimiento. Así que cuando algunas se han atrevido a denunciar a sus acosadores y violadores, pasados los años, cuando por fin tienen fuerza o están a salvo de ellos, son sometidas a toda clase de sospechas, como le ocurrió recientemente a la periodista Claudia Morales (El Espectador, enero 18 de 2018).



Cabe recordar que frente a la denuncia de tantas actrices estadounidenses contra los directores Harvey Weinstein, Bret Ratner, el realizador James Toback y los actores Dustin Hoffman y Kevin Spacey, se produjo un gran movimiento de solidaridad en Estados Unidos y otros lugares del mundo, expresado en las redes sociales como el “#me too” (a mí también) y en Francia el #Times up, (¡levántate!).

 

Mediante un manifiesto, cien actrices e intelectuales francesas destacadas, como Catherine Deneuve, expresaron su desacuerdo con la campaña. Advierten que si bien es cierto la violación es un delito, “defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidas para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual. En síntesis, consideran que “Los incidentes que pueden tener relación con el cuerpo de una mujer no necesariamente comprometen su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua”. Afirman que una mujer no es reductible a su cuerpo, así que lo que allí le ocurra, no puede ser definitivo. Se convierten, con tal afirmación en seguidoras de René Descartes, quien planteaba “pienso, luego existo”. Asimismo, se alinderan con la religión católica, para la cual lo que importa es salvar el alma, un orden abstracto que es mucho más importante que la materialidad del ser.

 

La división cuerpo/mente o cuerpo/alma afecta la integridad y dignidad del ser, que es consciencia incarnada, es decir, corporalidad. Para facilitar la comprensión de este concepto, recordemos que las especies animales si tienen cuerpo, pero no pueden dar cuenta de su biografía y de las experiencias vividas: por eso, solamente la especie humana no tiene un cuerpo, es corporalidad2.

 

En Colombia, por su parte, el columnista de Semana, Antonio Caballero, consideró “que tocar un coño y unas tetas” o robar un beso, no podía asimilarse al abuso sexual, en un intento por desprestigiar la palabra de las mujeres acosadas y abusadas sexualmente.

 

Tales planteamientos contribuyen a la impunidad del acoso y del abuso sexual. Cada mujer vulnerada se pregunta si tiene sentido denunciar, cuando no obtendrá justicia y en cambio, deberá soportar, además del sufrimiento ya vivido, el escarnio social y toda clase de comentarios mal intencionados sobre las razones por las cuáles tardó en denunciar. En algunas sociedades, las víctimas prefieren suicidarse, porque se las estigmatiza y expulsa de su comunidad, como si padeciesen una enfermedad contagiosa.

 

En este orden sociosexual patriarcal, la corporalidad, es decir la vida de ellas está al servicio de ellos. Las víctimas de todas las formas de abuso, acoso y explotación son principalmente quienes disponen de menores recursos de poder sexual, económico, político y cultural; vale decir, la mayoría de las campesinas, afrodescendientes, indígenas, raizales, palenqueras, rom, lesbianas transexuales intersexuales, habitantes de los barrios marginales, desempleadas, desarraigadas o desterritorializadas y mujeres con alguna discapacidad, es decir, las subordinadas y sometidas a las asimetrías del poder socioeconómico. Las más afectadas, dada su escasa capacidad para defenderse, son las niñas y las jóvenes, como lo recuerda sin velo alguno el rapto, violación y asesinato de la niña Yuliana Andrea Samboní por parte de Rafael Uribe Noguera, miembro de una familia acaudalada de la capital del país, suceso que recordó a todos y todas que en Colombia aún se paga el derecho de pernada por el cual no pocos oligarcas, mafiosos y otros personajes llegados a ricos, aún salen de cacería de mujeres de todas las edades como satisfacción del mismo.

 

El estudio publicado en agosto de 2017 que realizaron entre 2010 y 2015 varias Ongs, sobre una muestra de 142 municipios (mucho menos del 10 por ciento de los municipios que tiene Colombia) en los cuales hacen fuerte presencia la fuerza pública, guerrilla y paramilitares o Bacrim, muestra que la prevalencia de violencia sexual contra las mujeres fue del 18,36 por ciento, es decir, 875.437 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual (Encuesta de prevalencia de violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano 2010-2015). Es fácil imaginar lo que puede estar ocurriendo en el resto del país…

 

Todos los bandos enfrentados en el conflicto armado utilizaron la violencia sexual como instrumento de guerra. Sin embargo, no hay que confundirse: las violencias contra las niñas, jóvenes y adultas se exacerban en el conflicto y postconflicto, pero no son producidas por estos. Hacen parte del orden sociosexual, es decir, del ordenamiento social que otorga a los varones el control sobre las corporalidades/vidas de las mujeres, sobre sus bienes, sobre su capacidad productiva y reproductiva.

 

Los saberes contribuyen al desconocimiento del trabajo de las mujeres

 

Como ocurre en toda contienda bélica, los distintos ámbitos del conocimiento, contribuyen a legitimar la desigualdad, explotación y dominación.

 

En un campo estratégico, como es el saber económico, se postula una tajante división entre el mundo de la producción mercantil, la que se comercializa, y el ámbito de la producción y reproducción de la vida, que se consume en los hogares y familias.

 

Los enfoques liberal y neoliberal tienden a mostrar a los seres humanos como una especie de hongos, que brotamos de la tierra, convertidos y convertidas en adultas o adultos, sin que nadie nos proporcione cuidados en las enfermedades infantiles, soporte afectivo y alimentario y estímulo para los aprendizajes básicos de sobrevivencia y convivencia social como el control de esfínteres, el auto-aseo, la auto-alimentación, el lenguaje mismo. Por lo tanto, tampoco existen las personas que limpian la ropa, las casas, hacen los alimentos, cuidan a menores, enfermas enfermos y mayores, quienes, en su mayoría, son mujeres.

 

Desde los años 80 del siglo anterior, las organizaciones de mujeres y las feministas luchamos por la valoración del trabajo invisible y no remunerado en la esfera familiar, y actualmente, este se contabiliza, a través de las llamadas Cuentas satelitales del trabajo doméstico no remunerado3. Porque este trabajo es indispensable para que funcione la humanidad, este 8M le dijimos al mundo: “Nosotras movemos el mundo, nosotras podemos pararlo”.

 

Para hacer posible otro orden civilizatorio el 8M demandamos políticas justas para las mujeres

 

Oxfam informa que 8 varones poseen la misma riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres del planeta y que, de mantenerse el ritmo actual, “llevará 170 años para que se emplee a mujeres y hombres en la misma proporción, se les pague el mismo salario por el mismo trabajo, y tengan los mismos niveles de representación en puestos de dirección” (Oxfam, 2017).

 

Esta descomunal desigualdad hace parte de la concentración de poder y control sobre la sexualidad, la afectividad y la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del heteropatriarcado y es la condición para mantener la extrema vulnerabilidad de millones de mujeres, niñas y adultas en este planeta. Contra esta desigualdad paramos el 8 de marzo.

 

En estos años finales de la segunda década del siglo XXI, reconociendo las limitaciones de las políticas públicas de género, estamos retomando los ideales emancipatorios del feminismo de los años 70 del siglo pasado que el neoliberalismo intentó cooptar a través del discurso liviano o light de género.

 

En su mejor versión, el enfoque de género conduciría a reformas para el logro de la igualdad legal entre mujeres y hombres, y a una distribución más equilibrada del poder entre ellas y ellos, por medio de políticas públicas, que al estar insertas en Estados patriarcales capitalistas, ni siquiera disminuyen las brechas socioeconómicas. Tengamos en cuenta que pasados casi 25 años de la puesta en marcha del enfoque de género en las políticas públicas para las mujeres, la desigualdad salarial por razón de género en el mundo se mantiene en el 23 por ciento, es decir, las mujeres ganamos el 77 por ciento de lo que ganan los hombres (Fondo de Población de Naciones Unidas, 2017). Igualmente, en la mayor parte del mundo no somos más del 22 por ciento del poder político. Y el feminicidio, se ha convertido en una pandemia universal, que cada vez cobra vidas de mujeres más jóvenes.

 

A diferencia del enfoque de género, las feministas emancipatorias consideramos que hay que transformar el orden económico y la forma como se distribuye la riqueza, la propiedad de la tierra, de los medios de producción y el orden cultural y sexual sobre el cual está establecida esta sociedad.

 

Exigimos que todos los gobiernos del mundo acojan e impulsen tres componentes fundamentales para reducir la desigualdad –CRI: mayor inversión en el gasto social, reformas tributarias a favor de las mujeres y la protección, y avance en materia de derechos de las trabajadoras y trabajadores, según lo propuesto por Oxfam y Development Finance International (DFI).

 

Paramos el 8M para denunciar el femigenocidio, o genocidio de las mujeres el mundo y por qué la justicia para las niñas, las adultas las mayores.

 

El 8M paramos para construir un país y un mundo donde nacer mujer no sea una desgracia, donde no haya ablación del clítoris, como todavía ocurre en algunas comunidades indígenas de Colombia.


Nuestro paro asumió diversas formas: nos salimos de las casas, dejamos de hacer oficio, dejamos de hacer el amor para el disfrute ajeno, con el fin de dedicarnos a conquistar un lugar bajo el sol donde sea posible vivir sin miedo al abuso sexual por parte del padre, el hermano, el padrastro, el tío, el amigo cercano, el profesor, el jefe, el director o realizador de cine, o simplemente, el transeúnte que siente que las mujeres son un objeto para su deleite y control personal.

 

Decidimos que en el 8M nuestra mejor labor era hacer posible un lugar, donde por fin, nacer mujer no signifique tener que sacrificar el proyecto personal a la maternidad o esposidad.

 

Usamos nuestras voces, nuestras canciones y nuestros bailes para invitar a todas y todos a construir un mundo sin explotación ni subordinación, en el cual podamos decidir sobre nuestro placer, nuestro deseo y nuestra capacidad reproductiva, y elijamos con quién, para qué y cuándo tenemos relaciones sexuales.

 

El 8M invitamos, convocamos y movimos el planeta para que entre todas y todos transformemos las sociedades, erradiquemos de la vida humana al patriarcado, al capitalismo, al colonialismo, al extractivismo, al guerrerismo: las generaciones venideras tienen derecho a un mundo viable y con justicia para todas las niñas, las jóvenes y las adultas; durante este 8M, y las jornadas preparatorias se lo recordamos y se lo dijimos con claridad al mundo entero.

 


 

* Feminista por justicia emancipatoria y corporalizada- Economista, Especialista en Políticas Públicas y Género, Candidata a Magister en Filosofía, Doctora en Procesos Sociales y Políticos de América Latina-Colectiva Feministas Emancipatorias.
1 https://cinepsicoanalisisycultura.wordpress.com/2012/11/23/bliss-el-amor-es-extasis/
2 Corporalidad. Es una categoría que indica que no hay un antagonismo u oposición entre mente y cuerpo, como pretenden algunas iglesias y otros enfoques teóricos. En cada ser humano, está presente una rica y compleja historia y biografía humana: somos una consciencia que está incarnada y se expresa en la diversidad propia de la especie humana: el género, la etnia, la condición social y económica, la orientación/opción sexual, entre otras situaciones y condiciones. No es correcto decir: tengo un cuerpo, como quien posee cualquier objeto del cual puede tomar distancia. Somos corporalidad.
3 Ley 1413 del 2010, por medio de la cual se regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales con el objeto de medir la contribución de la mujer al desarrollo económico y social del país.

Publicado enColombia
Huelga planetaria…gran logro de las luchas de las organizaciones de mujeres y de los feminismos

Declarar una guerra en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío. Con esta huelga enfrentaron la trivialización que diversas instituciones han hecho del día internacional dedicado a lucha por los derechos de las mujeres


Declarar una huelga en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío, equiparable solamente a las luchas que durante muchos años adelantaron los obreros y obreras del mundo para conquistar el 1 de Mayo como día internacional de la clase obrera.

 

En el 2017, las feministas y organizaciones de mujeres realizamos, por primera vez, una huelga planetaria contra el sistema patriarcal, contra la desigualdad del capitalismo neoliberal y contra las distintas formas de exclusión, aprovechando los medios y tecnologías como whatsapp y el internet, entre otros.

 

Con esta huelga enfrentamos y confrontamos la trivialización que los medios de comunicación, las empresas, los partidos y hasta los sindicatos han pretendido hacer del día internacional dedicado a la lucha por los derechos de las mujeres.A pesar de que el sentido de esta protesta mundial tiene variedad de interpretaciones y sentidos para las organizaciones y grupos que la promovemos en tantos lugares de la tierra, es claro que logramos emocionar a miles de mujeres, reconocerlas y valorar su aporte a la construcción de la riqueza material y espiritual y concitamos su indignación contra este destructivo orden sociosexual, contra esta civilización que amenaza la vida humana y no humana.

 

Se preguntarán algunas personas porque este 8M nos declaramos en huelga y nos fuimos a la calles, nos dedicamos a marchar, reír, cantar y lanzar nuestras arengas. ¿Contra quién fue esta huelga? ¿Acaso puede considerarse que el compañero, marido, amante, la familia, son los explotadores?

 

¡Sí! Radicalmente sí, cuando en la familia no hay un reparto democrático de las labores domésticas y se cree que la mamá, la esposa o compañera es la responsable del orden, del aseo, del bienestar común.


¡Sí! Absolutamente cierto, si el goce sexual es solo para el varón y si hacer el amor se convierte para la mujer en un acto forzado.

 

Sí! Si las hijas e hijos no comparten todas las tareas del hogar, según su edad y circunstancias, y si las adultas de la familia se ven obligadas a renunciar a su formación, educación, al disfrute del tiempo libre, para que las y los más jóvenes vivan “al ancho”, estudien, vayan a cine, salgan de rumba, mientras ellas se quedan en casa, limpiando, lavando, cocinando, empobreciéndose en todo sentido.

 

El 8M pretende justicia para las mujeres en el ahora, no en un hipotético futuro donde se producirá la liberación de las y los oprimidos. Busca erradicar esa primera esclavitud, que es por supuesto, la sujeción al trabajo gratuito, no remunerado que nos pretenden inculcar como parte del amor abnegado y sufrido, del amor romántico según el cual, debemos entregarlo todo, sin esperar nada a cambio.

 

Por eso, la huelga también se hace contra el orden global heteropatriarcal –un patriarcado en el que predominan los varones y la lógica heterosexual– que es depredador de la naturaleza, que destruye nuestras corporalidades, que nos somete a tráfico y explotación sexual desde la infancia, un orden civilizatorio al servicio de la acumulación de poder y riqueza para unos pocos, a costa de la miseria y dolor de millones de personas.

 

Por eso, la huelga fue realizada contra toda entidad o institución cómplice de este orden y de esta civilización, llámese pareja, familia, iglesia, partido, organización social, sindicato o movimiento barrial.

 

No fue fácil. Nosotras la hicimos en Colombia en medio de la contienda electoral en la cual las élites dueñas del país están concentradas en “atornillarse” a los cargos de elección popular por otro cuatrienio, mientras que los movimientos sociales y democráticos, enfrentan complejos y simultáneos escenarios: participan en la lucha electoral, demandan del gobierno de Santos cumplimiento a lo pactado mediante el Acuerdo de Paz con las Farc, apoyan un acuerdo similar con el Ejército de Liberación Nacional –Eln–, y, al mismo tiempo, esquivan las balas criminales que le disparan los enemigos de la paz, la ultraderecha, los paramilitares que se quedaron en la retaguardia esperando precisamente este momento.

 

Así que, ¿a quién le importa la guerra contra las mujeres, que de manera continua produce víctimas en los hogares, en las calles, en los colegios y universidades, en los ámbitos de la salud, la educación, el empleo, el ejercicio político, y, de manera agravada, en las regiones donde opera el narcotráfico y las bandas criminales?

 

Distintas modalidades de una guerra casi invisible

 

Las modalidades de daño que se utilizan en esta guerra del heteropatriarcado contra las mujeres, van desde las exclusiones en el mundo político, social, cultural y económico, hasta el exterminio físico y las lesiones que no son letales en forma inmediata y que ocasionan en las niñas, las jóvenes y adultas daño emocional permanente. Invisible, pero tangible: son vidas humanas destrozadas por largo tiempo, quizás para siempre.

 

Así ocurre con el abuso sexual infantil infringido por el padre (o personas a cargo de las y los menores), al interior del idealizado hogar o familia tradicional que afecta en forma determinante la capacidad de construirse una estructura del yo, esa que hace que alguien sienta que es alguien.

 

Esta violencia que no es imaginada. En el 2017, el Instituto de Medicina Legal practicó 17.908 exámenes médico legales por presunto delito sexual a menores de edad. El 84,2 por ciento de las víctimas eran niñas, entre los 10 a 14 años de edad, con 8.278 casos. Luego están las menores de 5 a 9 años.

 

A pesar de los esfuerzos de entidades internacionales y nacionales que buscan enfrentar esta problemática, poco hemos aprendido de las consecuencias que deja para toda la vida en quienes padecen esta vulneración. Como muestra la película realizada en 1997 “Bliss, el amor es extasis” (que puede verse en Netflix), la protagonista es violada a la edad de cinco años por su padre. En su vida adulta y de casada, esta mujer es desdichada y no puede identificar las razones por las cuales tiene una personalidad límite. No encuentra sustento en sí misma, depende de manera enfermiza de la aprobación y apoyo ajeno, y busca inconscientemente, reproducir el abuso sexual infantil vivido.

 

Herminia Hernáiz, Doctora en Psicología Clínica y Psicoanalista1, señala en relación con esta lesión emocional: “La intemporalidad del inconsciente hace que el trauma vivido se repita sin cesar como una forma de intentar resolverlo, sin embargo esa misma función de resolución deja como suspendido el proceso de convertirse en persona o la consolidación del ser”. En palabras simples, es un daño que es casi siempre irreversible y la posibilidad de que quien lo padece encuentre cualquier forma de gratificación, es remota. Las víctimas, mayoritariamente niñas, lo “borran” de la memoria, como una suerte de defensa para vivir con menos dolor y miedo, porque, como dice la protagonista de la película “quien tenía que protegerlas del daño, era el daño”.

 

Lamentablemente, estas y otras vulneraciones sexuales que padecen las mujeres en los distintos momentos de sus vidas, se tratan como si tuvieran fecha de vencimiento. Así que cuando algunas se han atrevido a denunciar a sus acosadores y violadores, pasados los años, cuando por fin tienen fuerza o están a salvo de ellos, son sometidas a toda clase de sospechas, como le ocurrió recientemente a la periodista Claudia Morales (El Espectador, enero 18 de 2018).



Cabe recordar que frente a la denuncia de tantas actrices estadounidenses contra los directores Harvey Weinstein, Bret Ratner, el realizador James Toback y los actores Dustin Hoffman y Kevin Spacey, se produjo un gran movimiento de solidaridad en Estados Unidos y otros lugares del mundo, expresado en las redes sociales como el “#me too” (a mí también) y en Francia el #Times up, (¡levántate!).

 

Mediante un manifiesto, cien actrices e intelectuales francesas destacadas, como Catherine Deneuve, expresaron su desacuerdo con la campaña. Advierten que si bien es cierto la violación es un delito, “defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidas para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual. En síntesis, consideran que “Los incidentes que pueden tener relación con el cuerpo de una mujer no necesariamente comprometen su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua”. Afirman que una mujer no es reductible a su cuerpo, así que lo que allí le ocurra, no puede ser definitivo. Se convierten, con tal afirmación en seguidoras de René Descartes, quien planteaba “pienso, luego existo”. Asimismo, se alinderan con la religión católica, para la cual lo que importa es salvar el alma, un orden abstracto que es mucho más importante que la materialidad del ser.

 

La división cuerpo/mente o cuerpo/alma afecta la integridad y dignidad del ser, que es consciencia incarnada, es decir, corporalidad. Para facilitar la comprensión de este concepto, recordemos que las especies animales si tienen cuerpo, pero no pueden dar cuenta de su biografía y de las experiencias vividas: por eso, solamente la especie humana no tiene un cuerpo, es corporalidad2.

 

En Colombia, por su parte, el columnista de Semana, Antonio Caballero, consideró “que tocar un coño y unas tetas” o robar un beso, no podía asimilarse al abuso sexual, en un intento por desprestigiar la palabra de las mujeres acosadas y abusadas sexualmente.

 

Tales planteamientos contribuyen a la impunidad del acoso y del abuso sexual. Cada mujer vulnerada se pregunta si tiene sentido denunciar, cuando no obtendrá justicia y en cambio, deberá soportar, además del sufrimiento ya vivido, el escarnio social y toda clase de comentarios mal intencionados sobre las razones por las cuáles tardó en denunciar. En algunas sociedades, las víctimas prefieren suicidarse, porque se las estigmatiza y expulsa de su comunidad, como si padeciesen una enfermedad contagiosa.

 

En este orden sociosexual patriarcal, la corporalidad, es decir la vida de ellas está al servicio de ellos. Las víctimas de todas las formas de abuso, acoso y explotación son principalmente quienes disponen de menores recursos de poder sexual, económico, político y cultural; vale decir, la mayoría de las campesinas, afrodescendientes, indígenas, raizales, palenqueras, rom, lesbianas transexuales intersexuales, habitantes de los barrios marginales, desempleadas, desarraigadas o desterritorializadas y mujeres con alguna discapacidad, es decir, las subordinadas y sometidas a las asimetrías del poder socioeconómico. Las más afectadas, dada su escasa capacidad para defenderse, son las niñas y las jóvenes, como lo recuerda sin velo alguno el rapto, violación y asesinato de la niña Yuliana Andrea Samboní por parte de Rafael Uribe Noguera, miembro de una familia acaudalada de la capital del país, suceso que recordó a todos y todas que en Colombia aún se paga el derecho de pernada por el cual no pocos oligarcas, mafiosos y otros personajes llegados a ricos, aún salen de cacería de mujeres de todas las edades como satisfacción del mismo.

 

El estudio publicado en agosto de 2017 que realizaron entre 2010 y 2015 varias Ongs, sobre una muestra de 142 municipios (mucho menos del 10 por ciento de los municipios que tiene Colombia) en los cuales hacen fuerte presencia la fuerza pública, guerrilla y paramilitares o Bacrim, muestra que la prevalencia de violencia sexual contra las mujeres fue del 18,36 por ciento, es decir, 875.437 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual (Encuesta de prevalencia de violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano 2010-2015). Es fácil imaginar lo que puede estar ocurriendo en el resto del país…

 

Todos los bandos enfrentados en el conflicto armado utilizaron la violencia sexual como instrumento de guerra. Sin embargo, no hay que confundirse: las violencias contra las niñas, jóvenes y adultas se exacerban en el conflicto y postconflicto, pero no son producidas por estos. Hacen parte del orden sociosexual, es decir, del ordenamiento social que otorga a los varones el control sobre las corporalidades/vidas de las mujeres, sobre sus bienes, sobre su capacidad productiva y reproductiva.

 

Los saberes contribuyen al desconocimiento del trabajo de las mujeres

 

Como ocurre en toda contienda bélica, los distintos ámbitos del conocimiento, contribuyen a legitimar la desigualdad, explotación y dominación.

 

En un campo estratégico, como es el saber económico, se postula una tajante división entre el mundo de la producción mercantil, la que se comercializa, y el ámbito de la producción y reproducción de la vida, que se consume en los hogares y familias.

 

Los enfoques liberal y neoliberal tienden a mostrar a los seres humanos como una especie de hongos, que brotamos de la tierra, convertidos y convertidas en adultas o adultos, sin que nadie nos proporcione cuidados en las enfermedades infantiles, soporte afectivo y alimentario y estímulo para los aprendizajes básicos de sobrevivencia y convivencia social como el control de esfínteres, el auto-aseo, la auto-alimentación, el lenguaje mismo. Por lo tanto, tampoco existen las personas que limpian la ropa, las casas, hacen los alimentos, cuidan a menores, enfermas enfermos y mayores, quienes, en su mayoría, son mujeres.

 

Desde los años 80 del siglo anterior, las organizaciones de mujeres y las feministas luchamos por la valoración del trabajo invisible y no remunerado en la esfera familiar, y actualmente, este se contabiliza, a través de las llamadas Cuentas satelitales del trabajo doméstico no remunerado3. Porque este trabajo es indispensable para que funcione la humanidad, este 8M le dijimos al mundo: “Nosotras movemos el mundo, nosotras podemos pararlo”.

 

Para hacer posible otro orden civilizatorio el 8M demandamos políticas justas para las mujeres

 

Oxfam informa que 8 varones poseen la misma riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres del planeta y que, de mantenerse el ritmo actual, “llevará 170 años para que se emplee a mujeres y hombres en la misma proporción, se les pague el mismo salario por el mismo trabajo, y tengan los mismos niveles de representación en puestos de dirección” (Oxfam, 2017).

 

Esta descomunal desigualdad hace parte de la concentración de poder y control sobre la sexualidad, la afectividad y la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del heteropatriarcado y es la condición para mantener la extrema vulnerabilidad de millones de mujeres, niñas y adultas en este planeta. Contra esta desigualdad paramos el 8 de marzo.

 

En estos años finales de la segunda década del siglo XXI, reconociendo las limitaciones de las políticas públicas de género, estamos retomando los ideales emancipatorios del feminismo de los años 70 del siglo pasado que el neoliberalismo intentó cooptar a través del discurso liviano o light de género.

 

En su mejor versión, el enfoque de género conduciría a reformas para el logro de la igualdad legal entre mujeres y hombres, y a una distribución más equilibrada del poder entre ellas y ellos, por medio de políticas públicas, que al estar insertas en Estados patriarcales capitalistas, ni siquiera disminuyen las brechas socioeconómicas. Tengamos en cuenta que pasados casi 25 años de la puesta en marcha del enfoque de género en las políticas públicas para las mujeres, la desigualdad salarial por razón de género en el mundo se mantiene en el 23 por ciento, es decir, las mujeres ganamos el 77 por ciento de lo que ganan los hombres (Fondo de Población de Naciones Unidas, 2017). Igualmente, en la mayor parte del mundo no somos más del 22 por ciento del poder político. Y el feminicidio, se ha convertido en una pandemia universal, que cada vez cobra vidas de mujeres más jóvenes.

 

A diferencia del enfoque de género, las feministas emancipatorias consideramos que hay que transformar el orden económico y la forma como se distribuye la riqueza, la propiedad de la tierra, de los medios de producción y el orden cultural y sexual sobre el cual está establecida esta sociedad.

 

Exigimos que todos los gobiernos del mundo acojan e impulsen tres componentes fundamentales para reducir la desigualdad –CRI: mayor inversión en el gasto social, reformas tributarias a favor de las mujeres y la protección, y avance en materia de derechos de las trabajadoras y trabajadores, según lo propuesto por Oxfam y Development Finance International (DFI).

 

Paramos el 8M para denunciar el femigenocidio, o genocidio de las mujeres el mundo y por qué la justicia para las niñas, las adultas las mayores.

 

El 8M paramos para construir un país y un mundo donde nacer mujer no sea una desgracia, donde no haya ablación del clítoris, como todavía ocurre en algunas comunidades indígenas de Colombia.


Nuestro paro asumió diversas formas: nos salimos de las casas, dejamos de hacer oficio, dejamos de hacer el amor para el disfrute ajeno, con el fin de dedicarnos a conquistar un lugar bajo el sol donde sea posible vivir sin miedo al abuso sexual por parte del padre, el hermano, el padrastro, el tío, el amigo cercano, el profesor, el jefe, el director o realizador de cine, o simplemente, el transeúnte que siente que las mujeres son un objeto para su deleite y control personal.

 

Decidimos que en el 8M nuestra mejor labor era hacer posible un lugar, donde por fin, nacer mujer no signifique tener que sacrificar el proyecto personal a la maternidad o esposidad.

 

Usamos nuestras voces, nuestras canciones y nuestros bailes para invitar a todas y todos a construir un mundo sin explotación ni subordinación, en el cual podamos decidir sobre nuestro placer, nuestro deseo y nuestra capacidad reproductiva, y elijamos con quién, para qué y cuándo tenemos relaciones sexuales.

 

El 8M invitamos, convocamos y movimos el planeta para que entre todas y todos transformemos las sociedades, erradiquemos de la vida humana al patriarcado, al capitalismo, al colonialismo, al extractivismo, al guerrerismo: las generaciones venideras tienen derecho a un mundo viable y con justicia para todas las niñas, las jóvenes y las adultas; durante este 8M, y las jornadas preparatorias se lo recordamos y se lo dijimos con claridad al mundo entero.

 


 

* Feminista por justicia emancipatoria y corporalizada- Economista, Especialista en Políticas Públicas y Género, Candidata a Magister en Filosofía, Doctora en Procesos Sociales y Políticos de América Latina-Colectiva Feministas Emancipatorias.
1 https://cinepsicoanalisisycultura.wordpress.com/2012/11/23/bliss-el-amor-es-extasis/
2 Corporalidad. Es una categoría que indica que no hay un antagonismo u oposición entre mente y cuerpo, como pretenden algunas iglesias y otros enfoques teóricos. En cada ser humano, está presente una rica y compleja historia y biografía humana: somos una consciencia que está incarnada y se expresa en la diversidad propia de la especie humana: el género, la etnia, la condición social y económica, la orientación/opción sexual, entre otras situaciones y condiciones. No es correcto decir: tengo un cuerpo, como quien posee cualquier objeto del cual puede tomar distancia. Somos corporalidad.
3 Ley 1413 del 2010, por medio de la cual se regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales con el objeto de medir la contribución de la mujer al desarrollo económico y social del país.

Publicado enEdición Nº244
Sábado, 31 Marzo 2018 09:45

La ternura de las preguntas

La ternura de las preguntas

Las sillas del auditorio eran más grandes que quienes las ocupaban, de suerte que sus piernas, como caminando en el viento, se balanceaban en el aire sin parar; algunos, tal vez con el deseo de sentirse más grandes, trataban de tocar el suelo con la punta de los zapatos. Mientras tanto, entre inquietos y ansiosos, sus miradas estaban fijas en la tarima donde se encontraban otros como ellos y ellas; allí, atentos, con ojos y oídos bien abiertos, escuchaban y miraban las exposiciones de sus pares.

 

En la tarima se encontraban otros y otras más grandes –en tamaño y edad–, que les presentaban una exposición sobre lo que implica ser un líder comunitario y la importancia del trabajo con y por la comunidad; traían experiencias de vecinos de sus barrios, así como de veredas cercanas, palabras a cargo esta vez de líderes comunales; entre una y otra experiencia también proyectaban videos de pueblos indígenas que en otras lenguas contaban sobre la vida colectiva, la defensa de la tierra y el agua, es decir, la defensa de la vida misma. Llegaron los aplausos.

 

Seguido de la presentación comenzó el dialogo de los adultos; el departamento de ciencias sociales había preparado cuatro preguntas para los panelistas, quienes tomaron la palabra por 45 minutos para compartir sus experiencias en juntas de acción comunal, procesos estudiantiles universitarios y comunicación alternativa –que de por sí eran creados desdeabajo–.

 

Luego de cada intervención el público aplaudía fuerte; aplausos que más allá de ovacionar la intervención del adulto, dejaba un mensaje de cuestionamiento, de decir estamos aquí, no se olviden de nuestra palabra. Finalmente llegó la última intervención y se abrió el espacio para que aquellos que estuvieron en silencio hicieran sus preguntas.

 

Solo hubo tiempo para tres intervenciones. Una niña de aproximadamente 12 años fue la primera en tomar el micrófono ante los ojos de sus compañeros, decidida, pregunta: “si el trabajo comunitario es tan bueno o importante ¿por qué no todo el mundo lo hace?” A continuación un niño de 9 años expresó: “¿De dónde sacan la felicidad para hacer su trabajo comunitario cada día?”. La última persona cuestiona: “He escuchado que el asesinato de líderes sociales y comunitarios en nuestro país no se detiene, ¿cuáles son las razones para seguir siendo un líder comunitario?, ¿cuáles son las soluciones para que esto deje de pasar?”.

 

Los panelistas quedaron por un momento congelados, sin respuesta a la vista; las preguntas del departamento de ciencias sociales fueron mucho más sencillas. Transcurrieron algunos segundos tras los cuales volvió a nacer la palabra y se tejió un dialogo enriquecedor para el auditorio, donde se dejó claro la importancia de seguir creyendo en un país diferente, con esperanza y vida digna para todas las personas; donde los proyectos sociales y políticos no vivan por la idea de una sola cabeza, sino que sean obra de liderazgos colectivos.

 

En el diálogo, quedó en cuestión el actual modelo de participación democrática, dejando en claro que la democracia debe ir más allá de las coyunturas electorales, de manera que llegue a ser un espacio de participación constante, donde las decisiones de la vida en temas como la economía, la educación, la naturaleza, la salud, sean tomadas en asambleas y por consensos.

 

Un diálogo lleno de sorpresas y aprendizajes. Allí, en ese auditorio, se sembró una semilla de que otro mundo es urgente y por lo tanto posible. Allí se vio que los niños y las niñas son fundamentales para las discusiones políticas, pues son quienes, sin temor, abordan otro tipo de preguntas y cuestionamientos. Con esa imaginación y con esa disposición, ellas y ellos son, como no, los motores para creer que otra democracia es posible.

Publicado enEdición Nº244
Una campaña de otro tipo “Entre locos nos encontramos”

Incertidumbre. Maletas grandes y carpas; presupuesto mínimo para transportes; un plan de viaje con destino al diverso sur del país y algunos contactos donde llegar. Eso fue lo necesario para que cinco personas del colectivo desdeabajo decidieran salir a visitar la Colombia profunda, esa de paisajes indescriptibles y atardeceres mágicos, de carreteras sin pavimento y trochas que conectan veredas y pueblos; de gentes trabajadoras con manos callosas y curtidas; de pies descalzos, fuertes y recios, que no se cansan de caminar y trabajar por la vida de los territorios.

 

Las intenciones del colectivo, al decidir este viaje, en primer lugar era aprender, escuchar, conocer y encontrarse con quienes viven y sienten el país desde otras lógicas y miradas. El viaje culminaría con la esperanza de que es urgente tejer pensamientos comunes para empezar a caminar una propuesta conjunta, un proceso colectivo que tiene el propósito de recuperar la esperanza y el ánimo para construir otro mundo que sí es posible.



Primera parada: ¿Pasto?... ¿más bien Palmira?

 

La ruta era clara, el camino diverso. A las 10 de la noche en la terminal de transporte de Bogotá no había buses para Nariño; los contactos en la ciudad de Pasto no contestaban los celulares y el colectivo tuvo que optar por cambiar su trayecto inicial. Eran las 9 de la mañana cuando la ciudad de Palmira se convirtió en la primera parada.

 

Una familia con los brazos abiertos recibió a las cinco personas que recién iniciaban su recorrido; abundante comida, alojamiento y abrazos de ánimo para continuar el viaje fueron los regalos que nos brindarnos. Por azares del destino, uno de los contactos con asiento en esta ciudad invitó a participar en una reunión en la vereda Calucé, donde diferentes personas estaban citadas, ante la llegada de un proyecto minero energético, para preparar un festival por la defensa del territorio y la vida.

 

En medio del diálogo desprevenido, y luego de escuchar sus problemas y las acciones que están construyendo para solucionarlos, desdeabajo presentó su propuesta, no para discutirla ahí, ni para tomar decisiones de inmediato, sino para comenzar a construirla y organizar en colectivo. La propuesta era simple, sencilla, apenas un impulso inicial para prender la tramoya de corazones que desean cambiar sus condiciones actuales de vida sin necesidad de promesas politiqueras.



Otra campaña en tiempos electorales

 

Sí, la propuesta es una campaña; una que no busca votos, no quiere puestos y no piensa poner a nadie en alguna instancia del Estado; una campaña que no llama a la abstención, pero tampoco al voto; una campaña que pretende discutir, más allá de cuál es el candidato o el partido, el modelo de democracia actualmente existente en Colombia, para lo cual su intención es propiciar espacios de encuentro y discusión asamblearios donde se siembren las raíces y las bases de un proceder social de nuevo tipo en el país, donde la democracia, más allá de la realmente existente, de la formal, germine en los territorios de la mano de las gentes, con ellas como los sujetos fundamentales a la hora de diseñar el qué hacer colectivo.

 

Es una propuesta autónoma y con dinámica propia, de ahí que no esté circunscrita ni determinada por la agenda y el tiempo electoral, tanto de la campaña presidencial en marcha, como la de alcaldes y gobernadores del 2019 o 2022 con la que saldrá seleccionado un nuevo Ejecutivo nacional. Tampoco es una iniciativa para que los ilustrados o mesías lleguen a indicar y decidir el rumbo para que los demás lo sigan, más bien es una apuesta de largo aliento con sus propios tiempos, ritmos y formas, más allá de las coyunturas determinadas por Estado; una campaña que en algún momento –más temprano que tarde– invierta la correlación de fuerzas de manera que el Estado quede obligado a responderle a las iniciativas nacidas desde los territorios de los marginados y excluidos. Es esta pues, una campaña que está floreciendo y que debe ser cuidada por cada persona, organización, colectivo, comunidad o pueblo, que se anime a impulsarla.


Del calor al frío

 

La vegetación cambió, los paisajes también, atrás quedaron los monocultivos de caña y comenzaron las gigantescas montañas del cóndor, la música también era diferente, sonidos andinos y algunas tecno-cumbias transformaban la salsa-choque y el reggaetón, el acento de las personas era tan diferente que quienes nunca habían estado en esa región se sorprendieron de inmediato. Siguiente parada: Ipiales.

 

En medio del viento congelado y el cansancio, las personas del colectivo desdeabajo se encontraron con un vocero de los pueblos indígenas de la zona, quien les habló de su experiencia organizativa como pueblo, de sus problemas territoriales, sus modos de regir el poder en los territorios, de la “cosmocracia”–concepto construido por las comunidades que articula la democracia con las estrellas, los astros y el cosmos–. Un diálogo corto pero que dejó aprendizajes concretos: la otra democracia ya está caminando, ya tiene formas reales; así mismo quedaron retos para el futuro, por concretar.

 

El tiempo de plumas y tambores

 

A las 10 de la noche los integrantes del colectivo llegaron a su tercera parada. Curva tras curva, una carretera que parecía más una serpiente, acercaba cada vez más el pueblo de Santiago, ubicado en el Valle de Sibundoy. Al llegar a la casa que les abriría las puertas por 3 noches, los sonidos de tambores y flautas les dan la bienvenida. El territorio estaba en tiempo de carnaval, en tiempo de Kalusturrinda.

 

Con carpa lista y espacio para descansar, el carnaval se convirtió en un viaje donde una única melodía era la que orientaba a todas las personas al son de la chicha, las armónicas, las flautas, los cascabeles y tambores. Allí el colectivo pudo vivir en carne propia una fiesta milenaria, una que quizás nació con la vida misma.

 

Entre plumas y colores los viajeros pudieron conocer a los indígenas Inga, escucharon sus dolores como pueblo, sus procesos organizativos; bailaron y rieron juntos, y se contaron historias hasta reconocerse. Al terminar el carnaval, desdeabajo tuvo la oportunidad de comentar su propuesta, de compartir su pensamiento. Caminar juntos es la tarea a consolidar, un reto que debe realizarse en un tiempo no muy lejano, pero sin apuros ni prisas, según el decir indígena.

 

Un encuentro para revivir la esperanza

 

De regreso a la ciudad de Pasto, un encuentro que no estaba previsto se propició. Una llamada a un desconocido abrió el camino para descubrir a un personaje con muchos más años que los sumados por quienes iban de Vuelta por Colombia. En el diálogo abierto pudieron escuchar historias de tiempos mejores donde la esperanza por una vida otra estaba agigantada, así mismo escuchamos que toda esa esperanza estaba comprimida y reducida.

 

Todo tiene su explicación, y esta realidad no es excepción: corrupción, burocracia, clientelismo, caudillismo, son algunos de los vicios que propiciaron que los proyectos que aireaban esperanza de una vida digna no florecieran. Escuchando aquella voz de la memoria, nos queda claro que para darle forma a otra democracia realmente diferente en el país, debemos construir un ejercicio radicalmente honesto, que entregue cuentas claras y no haga mal uso de lo público. Allí, luego de esa reunión, quedó sembrada una semilla que debe cuidarse y acompañarse para que enraíce y avance con una articulación real.
Un proyecto generacional

 

Eran las 4 de la mañana cuando los cinco amigos llegaron a Popayán, a la nueva casa que los alojaría por un día. A las 8 de la mañana ya se encontraban en conversaciones fraternas con un profesor de primaria, que labora en un colegio ubicado de un sector popular de la ciudad; entre gritos de niños y niñas, la conversación fue dándose tranquilamente, sin afanes, apenas era el primer encuentro.

 

La discusión sobre la democracia, entre comunidades concretas, surgió como una necesidad, previa a un proceso de educación y formación que plantee discusiones individuales como colectivas. Gestar otra democracia es un proyecto generacional que debe involucrar a todas las personas que habitan el país, debe reconocer las diversidades de cada región y apostarle a que cada lugar encuentre las formas particulares para hacer nacer esa otra democracia, ya no formal ni aparente.

 

Al terminar la reunión con el maestro, la nueva cita fue con una de las organizaciones más solidas del Cauca, quienes mostraron la importancia de otra economía para otra democracia. Reto mayor, pues la transformación y construcción de una vida digna debe tener una economía clara y sólida que no beneficie a algunos pocos sino a las mayorías. Desafío que necesita imaginación y empeño para que pase del dicho al hecho.

 

La liberación de un territorio

 

Nuevamente en carretera, rumbo a la siguiente parada: Corinto. Dieron las 7 de la noche para llegar al pueblo; entre veredas, cinco motos llevaban a las personas del colectivo, allí piensan que la Colombia en paz aun está muy lejos, pues algún motociclista preguntaba asombrado: “¿qué hacen por aquí?, esto anda muy feo por estos días, ayer hubo hostigamiento a la base del ejército y quemaron un carro”.

 

Caminando entre el monte, sin linternas y con la guía de un comunero Nasa, finalmente el colectivo llegó al lugar donde pasaría la noche. Allí, seis personas del pueblo Nasa estaban sentadas en una banca improvisada de guadua, mirando televisión; se presentaron y comentaron la historia de aquel lugar, contaron sus sufrimientos y dolores, su rabia, su lucha.

 

Atentos, con oídos abiertos y sentimientos encontrados, las personas del colectivo desdeabajo agradecen que les permitieran entrar en sus territorios y cuentan un poco de sus vidas, cada uno se presenta y narra lo que piensa sobre el actual momento que atraviesa el país. La noche ya llega y todos se van a dormir en medio del sonido de grillos, sapos y un riachuelo que corría cerca del lugar donde estaba puesta la carpa.

 

Al día siguiente los forasteros pudieron ver el monstruo del que hablaban los Nasa: cientos de miles de hectáreas de caña de azúcar que despojaron la tierra de los indígenas. De igual manera, también veían la liberación del territorio, la destrucción de aquel monstruo: donde solo había caña ahora hay cultivos de pancoger con diferentes alimentos; donde solo había caña ahora hay una escuela autónoma que construyeron como pueblo, sin ayuda del Estado.

 

Un viaje que abre retos

 

Allí, saliendo a conocer la Colombia profunda, fue posible ver que el mundo nuevo está presente, ya está naciendo y esa otra democracia está ahí para acompañarlo, para hacerlo crecer. El viaje sirvió para abrir los ojos, expandir la mirada y seguir creyendo que es posible construir un nuevo proceder en la política, donde todos los pueblos, en medio de sus diferencias, encuentren una ruta común que ayude a concretar una vida digna y en felicidad para todos y todas como país.

 

El reto es gigante. La campaña debe continuar y crecer entre millones. Es hora de encontrarnos y seguir construyendo esta propuesta urgente y necesaria de otra democracia sí, otra democracia posible.

Publicado enEdición Nº244
Lunes, 28 Noviembre 2016 15:51

Romper el cerco mediático

Romper el cerco mediático

25 años es un tiempo vital significativo. desdeabajo ha sido en estos años un incasable espíritu dinamizador para la comunicación alternativa y para la democratización de las comunicaciones. Sin duda, ha sido el proyecto más persistente y ambicioso en este campo, extendiendo la mano a otras apuestas de los sectores populares que han caminado por la misma senda. El presente plantea nuevos retos
¡Pa’lante!

 

Al igual que la tierra, en Colombia los medios de comunicación están concentrados en unas pocas manos. El país vive un tiempo convulso, con la oportunidad abierta para que lleguen a buen término los diálogos de paz con las dos más grandes insurgencias. El proceso con el Ejército de Liberación Nacional recién arranca, mientras que el proceso con las Farc, a pesar de los tropiezos, se encuentra próximo a su cierre.

 

Precisamente, en este proceso de transformación de las formas de ejercicio de la política, la comunicación y su democratización son elementos neurálgicos. Los movimientos sociales, con sus distintos repertorios de acción, deberían adquirir mayor centralidad. En este marco, y desde hace unos años, la comunicación ha tomado, paulatinamente, mayor protagonismo en las luchas sociales: la explosión de las nuevas tecnologías digitales como el internet y los teléfonos celulares, abrieron la puerta a múltiples posibilidades y nuevos escenarios desafiantes para las acciones colectivas.

 

En los últimos años vivimos experiencias que han demostrado la manera como podría desenvolverse la dinámica de los movimientos sociales en el país, en particular en un ambiente de posacuerdos. Con mucha fuerza e impacto, en los últimos cuatro años hemos vivido tres grandes paros agrarios (2013, 2014 y 2016), con dinámicas regionales y presencia en campos y ciudades. Estas coyunturas, junto con otras movilizaciones recientes, en el campo de la comunicación alternativa se tornaron en ejemplos de cómo romper el cerco mediático; acción comunicativa mediante la cual se logró posicionar agendas y problemáticas de sectores populares, al igual que legitimar sujetos excluidos y potenciar las movilizaciones mediante diferentes mecanismos. El caso particular del Paro Nacional Agrario del 2013 trasluce los límites y posibilidades de los movimientos sociales en articulación con las plataformas de comunicación alternativa, en el intento por democratizar las comunicaciones.

 

Paro Nacional Agrario

 

Aún lo recordamos. El 19 de agosto de 2013, en respuesta a la crisis agraria, diferentes organizaciones, movimientos y trabajadores rurales iniciaron el Paro Nacional Agrario, protestando por los altos costos de los insumos, por la prohibición sobre el uso de semillas nacionales –incluida en el TLC con los Estados Unidos– y otra serie de factores que golpean de manera coyuntural y estructural al campo colombiano. Creciendo en fuerza e impacto rápidamente, en el curso de pocos días se convirtió en la movilización social más importante vivida en Colombia en los últimos tiempos, construyendo un puente particular entre el mundo rural y urbano, e involucrando a diferentes sectores sociales.

 

Además de los factores estructurales y coyunturales generales, como el TLC con Estados Unidos, la estructura del campo colombiano, las movilizaciones precedentes y el proceso de paz que explican el momento histórico en el que surgió el paro, sugiero tres mecanismos particulares que incidieron directamente en la potencia de la movilización: 1) la represión y estigmatización por parte de las fuerzas represivas del Estado, 2) la identificación simbólica-afectiva con el campesinado, en particular con el boyacense, y 3) la comunicación alternativa permitida por las nuevas tecnologías. Dichos mecanismos se articulan entre sí y confluyen particularmente en el último, permitiendo romper dicho cerco.

 

Cerco mediático

 

El cerco mediático del que hablo está caracterizado por barreras a la circulación, producción y consumo de la información y la comunicación, construidas por determinados actores en su ejercicio de poder y exclusión de otros, mediante diferentes dispositivos; que en este caso abarcan desde el control económico corporativo de los medios hegemónicos, y hasta el control político en determinadas coyunturas. Éste es reproducido constantemente por medios y periodistas, en muchas ocasiones de manera inconsciente o automática. Para los movimientos sociales significa la invisibilización de sus luchas y problemáticas, o presentarlas como ilegitimas, estigmatizar sus mecanismos de acción, excluir a sus actores, sus anhelos y perspectivas, entre otros.

 

Según la investigación realizada por Fecolper, Reporteros Sin Frontera y la Flip: “Monitoreo de la propiedad de los medios (MOM)”, unas pocas familias y grupos económicos controlan la mayor parte de los medios de comunicación dominantes en los distintos formatos (tv, radio, prensa, revista y medios digitales): la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, la Organización Ardila Lulle y el Grupo empresarial Santo Domingo –Valorem, son los más representativos y poderosos. La Organización Ardila Lülle, con 28,7 por ciento, y el Grupo Santo Domingo, con 19,5 por ciento, concentran la mayor parte de la audiencia y los medios. Dichos grupos extienden sus tentáculos a múltiples sectores de la economía y la política, configurando un bloque de poder de grandes magnitudes.

 

Aunque este es el panorama del campo comunicativo colombiano, mal haríamos en echar en un mismo saco a todos los medios y periodistas. Al interior de este bloque hay diferentes apuestas y diversidades políticas, el carácter de RCN –con su apuesta de derecha y de oposición al proceso de paz– contrasta con el de Caracol –en este aspecto con un carácter moderado–; igual acontece con las diferencias entre Semana, El Tiempo o El Espectador.

 

Por esto, es preciso expandir la lectura dicotómica entre medios buenos y malos, dominantes y alternativos, hegemónicos y contrahegémonicos. Captarlos como apuestas de grupos sociales, sectores y clases, con diferentes intereses en choque. Los medios dominantes no son la mera expresión mecánica del modo de producción, no son solo instrumento de los poderosos; su ejercicio en la construcción de hegemonía, en el entretenimiento, en el posicionamiento de concepciones del mundo y percepciones de la realidad, es más complejo.

 

Dentro de esta lógica, podemos, analíticamente, construir cuatro grandes categorías de medios en el panorama colombiano: a) Dominantes o hegemónicos: aquí están ubicados los medios masivos propiedad de grandes grupos corporativos (Rcn, Caracol, El Tiempo, El Espectador, entre otros), b) Institucionales (Señal Colombia, Canales regionales) c) Independientes –por su contenido o propiedad: Las Dos Orillas, La Silla Vacía, Noticas Uno, entre otros– y d) Los medios alternativos y comunitarios.

 

Estos últimos con diferentes concepciones sobre lo que es la comunicación alternativa o popular, integran un amplio espectro de medios en diferentes formatos. Contagio Radio, Prensa Rural, Colombia Informa, El Turbión, Periferia, El Rebelde Medios Alternativos, Noticiero Barrio Adentro y, por supuesto, desdeabajo, son algunos de sus cientos de expresiones. Tienen en común, entre otras cosas, su estrecha relación con movimientos sociales y organizaciones políticas, una apuesta por transformar el orden existente, legitimar interlocutores y sujetos excluidos, y practicar otra forma de comunicación en oposición a la dominante, desde sus formas de organización hasta su financiamiento.

 

Romper el cerco

 

En el paro del 2013, dichos medios hicieron posible romper el cerco. No puede leerse esta dinámica como algo anexo o subsidiario de las movilizaciones en las calles, de los bloqueos, los mecanismos de negociación y las demás formas que el paro adoptó en su transcurso, sino como una acción intrínseca, la comunicación es movimiento, los movimientos sociales son comunicación viva. A la vez que fueron un canal para la transmisión de información de muy variadas personas, fueron una apuesta política que permitió la generación de una dinámica comunicativa que llegó a extensos grupos sociales colombianos. Dicho proceso se vio fortalecido por el uso de las nuevas tecnologías, en particular la internet y los teléfonos móviles, logrando una ruptura con el modelo clásico de emisor–receptor, promoviendo la producción y distribución descentralizada de información, generando también impactos en los medios hegemónicos.

 

Dicho salto, en la práctica, se materializó en el posicionamiento de un sujeto con exigencias legítimas (el campesinado), la visibilización de la problemática rural, la expansión y potenciación de las manifestaciones, y la construcción de redes de solidaridad, permitiendo un proceso de organización como es la Cumbre Agraria, aunque en la práctica haya sido reiterativo el incumplimiento del Gobierno a los acuerdos pactados.

 

Límites y posibilidades

 

En este sentido, el potencial democratizante de los medios de comunicación alternativos es gigante. Por sus dimensiones y características, frecuentemente son calificados como insignificantes, con poco impacto real, con excepción de contadas coyunturas luego de las cuáles pasan a su condición natural vegetativa. Ahora bien, es cierto que su fuerza e impacto en grandes círculos de la sociedad se genera en coyunturas concretas, como la del paro, pero detrás de esto hay dinámicas permanentes, tejidos sociales y fortalecimientos orgánicos de los movimientos y grupos que los componen.

 

El reto consiste en que esta dinámica ocasional pueda ser consolidada como permanente, que se impulse un espacio alternativo de discusión y comunicación. Que se construya una esfera pública alternativa, o contra esfera pública, que logre dotar de contenido el ejercicio democrático con sujetos diversos, en general excluidos. Que puede percibirse en tiempos de mediana duración y consolidarse orgánicamente.

 

Medios con posibilidades pero con muchas limitantes, pues su práctica ha quedado reducida, en general, a la denuncia, dirigida, por demás, a públicos pequeños de simpatizantes. De ahí que sea preciso transformar sus lenguajes, formatos y proporcionar comunicaciones de calidad y análisis, que no se estanquen en la política formal sino que aborden otras esferas culturales. Su propósito no es antagónico con la masividad. La revolución en la técnica y la tecnología proporciona múltiples ventajas y retos en el mundo digital, hay que incursionar con fuerza en las redes sociales y en nuevos formatos.

 

Colombia necesita una democratización en sus comunicaciones. Además de una Ley de medios o una política pública en esta dirección, los medios de comunicación alternativa son una de sus principales expresiones. Para no sólo ser referente sino agentes, deben asumir la tarea de disputa del sentido social en las calles y el mundo digital.

 

* Grupo de investigación Comunicación y Cultura de la Universidad Nacional de Colombia. El Rebelde Medios Alternativos. http://elrebeldemediosalternativos.blogspot.com.co/

Publicado enEdición Nº230
La formación de opinión: el ejemplo de J. C. Mariátegui

Los artículos y columnas de opinión cumplen varias funciones. Por ejemplo, sirven como arma de denuncia, y entonces van acompañados de datos y valor sólidos. O bien están orientados a tratar, por razones de espacio, un tema puntual, de manera autocontenida. Dependiendo del origen del medio, se ocupan de asuntos locales, siempre importantes, o bien de temas de envergadura nacional o mundial. Incluso, en ocasiones, sirven para plantear gustos propios, posturas personales, comentarios con carácter líquido.


Pero, de otra parte, los hay que redundan en la opinión y sirven sólo para exaltar la doxa, que como decía Descartes, es la cosa mejor repartida en el mundo; a saber, el sentido común. Que es, política y culturalmente hablando, siempre, el fundamento de las derechas y los fundamentalismos. Claro, cuando no se ocupan esos artículos y columnas de posturas pseudo–intelectuales. Que las hay de aquellos opinadores que gustan mirar sus textos como la imagen de sí mismos en un espejo.


Aunque, los más valiosos son siempre aquellos artículos y columnas que, en el sentido primero de la palabra forman opinión. Por consiguiente, están ambientados en posturas críticas, en un sano sentido de autonomía e independencia. Y sin bajar la cabeza ni ante Tirios ni ante Troyanos. Hacen más, mucho más, que simple análisis de la realidad o de un acontecimiento.


Hay una figura que en la historia de América Latina fue esencial y que funge como sedimento de la cultura misma. El intelectual. Algo que ya hoy en día no existe; o en muy poca medida.


Nombres como Mariátegui y Estrada, Reyes y Enríquez Ureña, Ingenieros y Arguedas, D. Sarmiento y Arévalo Martínez, Vasconcelos y G. Belli, para no hacer una lista detallada.


Autores reconocidos más allá de su especialidad, más allá de su patria, y con un fuerte sentido de país. Autores que, por lo demás, al mismo tiempo que pensaron su territorio, tuvieron a América Latina en el foco, y fueron conocedores del mundo. Por vivencia propia.
Quisiera considerar aquí un ejemplo conspicuo: José Carlos Mariátegui, peruano (1894–1930). Y su obra cumbre: 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.


Mariátegui escribe el libro a partir de una serie de artículos dispersos y sin gran articulación de partida, que había publicado en las revistas Mundial, Variedades y Amauta (de la que fue su director), y en el diario limeño El Tiempo. Como lo dice el intelectual peruano: "Mi trabajo se desenvuelve según el querer de Nietzsche, que no amaba al autor contraído a la producción intencional, deliberada, de un libro, sino a aquél cuyos pensamientos formaban un libro espontánea e inadvertidamente".


La formación de opinión consiste en un dúplice movimiento, así: de un lado, se aportan elementos de juicio fundamentados y con alguna referencia a datos, en función del contexto y el tema; y al mismo tiempo, de otra parte, se busca superar los lugares comunes (= sentido común; doxa; opinión) para elevarlos, en la medida de lo posible, supuestas las limitaciones de tiempo y espacio, a un nivel de concepto.
En otras palabras, la formación de opinión es un ejercicio de reflexión, crítica e independencia con respecto a los lugares comunes. Pues, efectivamente, el sentido común, de suyo, es acrítico. Y sirve bastante poco para procesos de crecimiento, desarrollo y liberación, individual, colectivo o social. Por el contrario, estos procesos requieren, absolutamente, superar los lugares comunes de la opinión y el sentido común.
Mariátegui no cree —con razón— en la objetividad. "Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y objetivo. Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones".


Se trata, a todas luces, de un autor comprometido con el país, con la cultura y la historia nacionales del Perú (en su caso). Y por consiguiente, ajeno a la idea (eso: ideológica, deformada) de objetividad, que acaso el positivismo y el neopositivismo trataron de imponer en algún momento. Cercenando, así, justamente, la vinculación entre la vida y la obra, entre los sueños y el mundo. Dice Mariátegui: "Mi pensamiento y mi vida constituyen una sola cosa, un único proceso. Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de —también conforme a un principio de Nietzsche— meter toda mi sangre en mis ideas".


Quien fuera considerado ya en vida como el más grande ensayista y filósofo latinoamericano. Él, que nunca tuvo ninguna formación académica de fondo. Hecho a pulso y contra viento y marea: un autodidacta. A pesar de —eso sí— haber tomado varios cursos en Lima y en Italia, en Francia, Alemania y Austria y en sus viajes, pero sin haberlos llevado nunca a feliz término. Cosa que, acaso, no lo necesitaba.


Mariátegui es un ensayista socialista, y se reclama del socialismo en sus ideas y pensamiento. "Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano". Y agrega: "Estoy lo más lejos posible de la técnica profesional y del espíritu universitario".
Pues bien, los 7 ensayos tienen, manifiestamente, la génesis de artículos de periódico y revistas. Impresas en su momento; hoy podríamos decir, además, digitales. El libro, simplificando un poco las cosas, ha incorporado algunas notas de pie de página (habitualmente imposibles en artículos y columnas), y alguna que otra referencia bibliográfica.


Los 7 ensayos comprenden: el esquema de la evolución económica, el problema del indio, el problema de la tierra, el proceso de la instrucción pública, el factor religioso, el regionalismo y centralismo, y finalmente, el proceso de la literatura. A su vez, cada ensayo tiene un lenguaje sencillo y directo, pero crítico y juicioso. Literalmente, cada parágrafo de cada ensayo es autocontenido, y es en la lectura de unos con otros que se aprecia la unidad de la obra. Y, sin embargo, "Ninguno de estos ensayos está acabado: no lo estarán mientras viva y piense y tenga algo que añadir a lo por mí escrito, vivido y pensado".


Artículos en proceso; ensayos vivos; pensamiento en desarrollo. Con esa salvedad: la especificidad del género "ensayo", que fue muy bien apropiado, y hecho suyo en cada caso, por parte de los intelectuales latinoamericanos.


Con una idea clara en mente: formar opinión implica para todos ellos algo más, mucho más, que destacar asuntos locales, centrarse en facetas de su ego, o en análisis minimalistas de diverso cuño. Una labor difícil, en verdad.


Cuando existían, en el sentido prístino de la palabra, intelectuales en América Latina. Pues con el tiempo, todos terminaron convirtiéndose en empleados: públicos unos, privados otros: profesores universitarios, consultores, asesores, y demás.


Formar opinión: una expresión que se dice fácil, pero es extremadamente difícil de llevar a cabo. Debido a que la urgencia de los análisis y reflexiones de coyuntura —necesarios siempre—, no permiten una obra, pues al cabo del tiempo se vuelven textos vetustos. Mariátegui es, entre otros, un buen ejemplo de cómo lograr a la vez dos propósitos: artículos pertinentes y una obra inteligente

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Jueves, 19 Septiembre 2013 08:26

Los deberes de los ciudadanos

Los deberes de los ciudadanos

La defensa de los derechos de la ciudadanía nunca fue tan urgente como hoy, en un contexto en el que los derechos más básicos están siendo violados de forma brutal e hipócrita. El 'bienestar' colectivo 'concedido' a los portugueses por los aventureros del Gobierno no es más que la suma del malestar que infligen al 99% de la población. A la vista de esto, tal vez extrañe que yo me dedique a señalar los deberes de los ciudadanos. Somos parte de una cultura que privilegia derecho en detrimento de deberes, lo que parece insensato, pues es evidente la simetría entre derechos y deberes: cualquier derecho es un espejismo si no le corresponde el deber de alguien que garantice que el derecho sea ejercido. Una de las razones por las que tendemos a hablar más de derechos que de deberes es que, en las democracias, está asumido que el deber de garantizar la vigencia de los derechos pertenece al Estado y que a los ciudadanos corresponde disfrutar y defender sus derechos. Es lo que ocurre cuando el Estado deja de cumplir ese deber, como sucede ahora: corresponde a los ciudadanos el deber colectivo de defender los derechos por todos los medios pacíficos que tengan a su alcance.

 

Lejos de ser un deber abstracto, éste es un deber concreto y situacional. Su ejercicio conlleva riesgos porque, cuando el Estado se desentiende de su deber, las instituciones son víctimas de una patología insidiosa: siguen vigentes, pero dedicándose a realizar la misión contraria a aquélla para la que fueron concebidas. Es así como el Estado social se transforma en un Estado antisocial y la seguridad social, en inseguridad social. Por esta razón, el deber de los ciudadanos tiene que ser ejercido fuera de las instituciones y, cuando es ejecutado dentro de ellas, asume un carácter de contracorriente que exige coraje y determinación. Paso ahora a ejemplificar situaciones y deberes específicos de grupos de ciudadanos.

 

Los ciudadanos jueces y magistrados del Ministerio Público tienen el deber de hacer cumplir los derechos hasta el máximo de su jurisdicción. En un Estado democrático, el modo de destrucción de los derechos actualmente en curso sólo fue posible en el pasado instaurando la dictadura, por ejemplo, en el Chile de hace cuarenta años. Sólo cumpliendo el citado deber, el poder judicial no tendrá un día que pedir perdón a los portugueses por haber faltado a su deber, como sucedió recientemente con los magistrados de Chile y Argentina. Los ciudadanos militantes del Partido Socialista (PS) tienen el deber de revolverse contra un liderazgo incapaz de proyectar una visión del país y de Europa más allá del infierno neoliberal, pusilánime hasta el punto de que parece que sólo querría el poder si se lo dieran y de que no lo concibe con ningún rasgo que lo distinga del poder que está en el poder. Urge un congreso extraordinario después de las elecciones autárquicas en la que los socialistas rebeldes puedan decir al ciudadano Antonio Acosta que en política, hay crímenes que se cometen por omisión.

 

Los ciudadanos activistas de sindicatos, movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil tienen el deber de unirse en protestas intensas y turbadoras para los aventureros del poder. Unirse como si la democracia –hoy agonizante- se fuese a morir mañana y, en el caso de que no se hubiesen unido, se lamentasen de que sólo hubieran tenido la voluntad de unirse después de dejar de tener poder para hacerlo. Los ciudadanos intelectuales públicos tienen el deber de defender la dignidad de todos los portugueses, también contra los intereses poderosos que quieren seducirles; y el deber de mostrar que la deuda es impagable y que la austeridad y el neoliberalismo son las manos que sacan el dinero de los bolsillos de los pobres y de las clases medias y los introducen en los bolsillos de los ricos y súper-ricos. Los ciudadanos autárquicos tienen deberes específicos que cumplir en las próximas elecciones. Los de mi ciudad, Coimbra, tienen el deber de castigar ejemplarmente al PS por su incapacidad de renovar su liderazgo y por insistir en un candidato mediocre que durante diez años entregó a la ciudad a la vorágine del sector inmobiliario y a la polución de los residuos tóxicos (co-incineración). Finalmente, los ciudadanos en su conjunto tienen el deber de salir a la calle y dar voz a sus aspiraciones de una democracia diferente para una vida decente. Y el deber de quedarse en la calle hasta que los políticos vayan a escuchar. Cuando dejemos de ir a sus elecciones y ellos sí vengan a nosotros, tal vez empiecen a pensar seriamente en representarnos.

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“Hemos partido de la nada para alcanzar las más altas cimas de la miseria”
 
Groucho Marx.
 
 
 
No se trata de negar que vivimos un cambio de época, se trata de poner en cuestión la naturaleza del propio cambio y la orientación que éste toma. Queda claro que el modelo de organización del trabajo y las relaciones laborales que veníamos conociendo, dejan de ser viables para cada vez más porciones de la población. Tampoco lo es el papel de la propia relación salarial, incapaz ya de asegurar un conjunto de certezas a lo largo del tiempo, bien porque escasea su oferta, bien porque cuando se tiene empleo no garantiza ninguna viabilidad de futuro. Pero las posibles soluciones a un problema objetivo no descansan sobre verdades objetivas, precisamente porque existen interpretaciones que responden a intereses enfrentados. Una de esas salidas es la que nos ofrece la figura del emprendedor, del empresario de sí mismo, que no es solo de carácter jurídico, va mucho más allá, representa toda una idea, una cosmovisión acerca de como debe construirse la percepción colectiva.
 
 
 
Toda esta avalancha mediática que nos habla de  “los emprendedores” a modo de mesías que llega a la tierra, afecta a todo el campo de la experiencia vital: el coaching, las terapias y libros de autoayuda, el pensamiento positivo etc…- suponen distintas facciones de un mismo ejército que batalla por ganar la hegemonía cultural apostando a un relato que reinterpreta el ser y sentir –ethos-, de la población. No se trata únicamente de fomentar la creación de empresas,  el paquete incluye transformar por completo nuestra interpretación de la realidad en torno a lo que es justo e injusto, aceptable o no aceptable, legítimo o no legítimo. Este discurso del cambio aparentemente transgresor en sus formas pero sumiso en sus contenidos, lo encontramos en el artículo del publicista Risto Mejide, “No busques trabajo”. Se nos presenta como un desafío, lo que en realidad no puede ser otra cosa, que la adaptación servil a un conjunto de reglas variables, indefinidas y cínicas que no son discutidas, sino acatadas. Para obtener el éxito tienes que seguir las pautas y si no lo consigues se debe a que no lo has hecho bien y por lo tanto, al igual que eres artífice de tu propio éxito, también lo eres del fracaso y de tu pobreza.
 
 
 
Precisamente, lo que se postula no es otra cosa que aceptar individualmente la realidad que se impone, negando siempre la dimensión social, es decir, la capacidad material de la sociedad para intervenir en el desarrollo de los acontecimientos. Todos somos productos, esto va de saber venderse y para venderse hay que competir sin descanso y ser capaz de gestionar las emociones y la comunicación. Como el empleo ya no es lo que era ni volverá a ser lo que en su día fue, puesto que el imperativo de la competitividad centrado en el consumo no lo permite, debemos “emanciparnos de las conquistas sociales”, que diría El Roto.
 


 
No deja de ser curioso que mientras se alienta un discurso que promueve el desarrollo personal, la autonomía, la libertad, el “triunfo de la voluntad”, la solución de superación personal por medio de la empresa como proyecto común y demás retórica de la gestión de los recursos humanos-RRHH-, nos empujen al mismo tiempo, a sucumbir ante un desarrollo natural de la sociedad, a no criticar ni discutir la esencia del “espíritu absoluto” hegeliano, aceptando así la precariedad extensiva e intensiva que nos exige la competitividad del Dios omnímodo llamado mercado. Esta es la intemperie de la que nos habla e ilustra El Roto como alternativa al túnel en el que estamos.
 
 
 
La otra bifurcación a un mismo problema objetivo – la decadencia del papel del empleo en la sociedad como redistribuidor de riqueza y garante de derechos – camina por el sendero opuesto, pero partiendo del mismo punto. Si el empleo escasea y los salarios son también escasos, pero no así la riqueza concentrada en pocas manos, la solución debería pasar por repensar criterios de ciudadanía para garantizar derechos independientemente del  hecho de tener o no tener empleo. El empleo es un medio, no un fin, si deja de servir como medio, lo lógico es buscar otros para evitar que quien pierda el empleo lo pierda todo. La primera alternativa a la sociedad del salario se basa en restringir derechos para someter el tiempo de la vida a las demandas de la empresa-mundo, sentando las bases para que nos pensemos como si fuéramos empresarios, lo que se traduce en precariedad, dependencia servil y competencia encarnizada. Pluriactividad, la flexibilidad hecha chantaje.
 
 
 
La segunda funciona al revés, orienta el tiempo de la vida de tal forma que consiga obtener autonomía con respecto al tiempo de la empresa, de la aceleración de la competencia y el principio de maximizar beneficios. Si para el primer modelo la punta de lanza es el emprendedor, para esta segunda debe deber la cooperativa. En una economía en red  que funciona mejor achatando jerarquías y donde el trabajo en equipo y la cooperación son fundamentales para promover la innovación y creatividad, ¿por qué promocionar la búsqueda individual en la creación de más empresas? Las cooperativas sostienen mejor las turbulencias y evitan la fractura social, destruyen menos empleo y generan un tejido productivo que mitiga el miedo, genera más bienestar y cumple con las características y el entorno de trabajo para ser más innovador. Multiactividad, la flexibilidad hecha fortaleza.
 
 
 
La economía es la gestión de los recursos escasos, pero algunos de los recursos más preciados para la economía del siglo XXI, tales como el conocimiento, el talento, la innovación, rompen con toda la lógica de la propiedad privada. El conocimiento, el talento, la innovación, aumentan cuanta más gente los comparte porque se pone en común la diferencia y el pensamiento divergente, cualidades necesarias para su desarrollo. Al igual que las moléculas encuentran nuevas configuraciones y exploran terrenos en redes líquidas, pero no sólidas ni gaseosas, las políticas públicas serían más eficaces y democráticas si las cooperativas fueran la avanzadilla de una cultura basada en lo común compartido, en cooperar y no en  privar unos a otros. Se trata de voluntad, pero política, se necesita ambición, pero grande y con finalidad colectiva, no pequeña y oportunista; hace falta un proyecto de país construido por y para todos y no uno en donde todos  competimos entre todos para que finalmente ganen unos pocos.

 

27 may 2013

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Viernes, 08 Febrero 2013 08:36

Política de alianzas o hermanamiento

Política de alianzas o hermanamiento

Itacumbú, en 1962, fue el primer campamento de los cortadores de caña de azúcar (cañeros) en Bella Unión, departamento de Artigas, norte de Uruguay. El campamento fue, por un lado, un espacio de convivencia, debate y elaboración colectiva de respuestas de un grupo de cañeros ante el acoso policial y patronal que sufrían. En ese sentido los campamentos contribuyeron a soldar potentes lazos de solidaridad entre oprimidos, condición elemental para afrontar los duros combates que les esperaban.

 

En segundo lugar, a los campamentos llegaron personas de todo el país para apoyarlos en una lucha tan desigual contra las grandes empresas que implementaban formas de trabajo cercanas a la esclavitud. Acudieron estudiantes, obreros, cooperativistas, profesionales, sacerdotes franceses y comunidades católicas, que convivían en el campamento y en casas de familias de la localidad. Trabajaron junto a los cañeros levantando la policlínica, tarea que demandó tres años de trabajo colectivo, y realizaban tareas culturales, recreativas y cursos de formación.

 

Los campamentos de los cañeros, agrupados en el sindicato de nombre UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas), deben mucho a la inspiración de su líder, Raúl Sendic Antonaccio, aunque la forma-campamento ya era y seguirá siendo un modo de acción de los oprimidos en muchos lugares del mundo. La experiencia vivida por centenares de jóvenes, y no tanto, en los campamentos cañeros fue decisiva en la conformación de un vasto movimiento de liberación nacional que detonaría años después. Fueron escuelas de autoformación popular, antes de que naciera la educación popular y muchísimo antes de que ésta fuera codificada como "método" de trabajo por las ONG afines a las políticas de "combate de la pobreza" en línea con el Banco Mundial.

 

Lo sucedido hace medio siglo entre cañeros y jóvenes citadinos no fue algo excepcional aunque, debe reconocerse, no sucede todos los días. Algo similar está sucediendo en Chile entre los sectores más activos y autónomos del pueblo mapuche y los estudiantes organizados en torno a la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES). Decenas y luego cientos de estudiantes liceales comenzaron a poblar las marchas mapuches y crearon en el seno de la asamblea "una comisión especial para trabajar en forma directa con los mapuches", como explican algunos de sus integrantes.

 

Los estudiantes mapuches están también organizados y ambos colectivos apoyan a las comunidades militarizadas en el sur chileno. Los vínculos entre los dos movimientos más importantes del país se profundizan de forma capilar, participando en acciones y en algunos casos acudiendo en pequeños grupos a las comunidades para, simplemente, estar, acompañar, aprender, apoyar. No creo apropiado denominar a este tipo de vínculos "solidaridad", ya que se trata de una relación sujeto-objeto en el que una parte decide, cuando y como le parece, apoyar, del modo que considere adecuado, a otros y otras a mayor o menor distancia. Pero sin moverse del lugar material y simbólico que ocupa.

 

Lo que sucede en el Chile actual y sucedió hace medio siglo en Uruguay, y tantas y tantas veces en tantos abajos, es otra cosa. Prefiero llamarle "hermanamiento". Es un vínculo entre iguales, entre dos sujetos que construyen una nueva realidad, material y simbólica, moviéndose ambos del lugar que ocupaban. Eso supone autoaprendizaje colectivo sin alguien que enseñe y otro que aprende, sino algo mucho más fuerte: la construcción de algo nuevo entre todos y todas los que participan en la experiencia de vida, algo que no pertenecerá a unos y otras porque es un resultado colectivo.

 

Esto no pasa por llevar cosas a quienes se supone que las necesitan porque tienen alguna "carencia". La fuerza motriz de este hermanamiento no es ayudar, algo que nunca se sabe bien qué es, sino crear. No es ni dar ni recibir. Históricamente, ha sido el camino de los de abajo para construir movimientos rebeldes, no para ganar elecciones, sino para crear un mundo nuevo, algo que pasa inevitablemente por la destrucción del sistema capitalista y militarista actual.

 

En Chile, los estudiantes secundarios han transitado un camino empinado en dos años de masivas movilizaciones. Comenzaron con demandas a favor de una educación gratuita y de calidad para poner en pie, ante las elecciones municipales de octubre, la campaña Yo no presto el voto, llamando a la abstención. El 60 por ciento se ausentó de las urnas, mostrando el alto grado de desprestigio del sistema político. La combatividad y radicalidad de los estudiantes, la valentía demostrada al enfrentar a los Carabineros en la calle y al conjunto del sistema de partidos, su creatividad y persistencia en el tiempo, los han convertido en un actor central en el escenario chileno.

 

El movimiento mapuche, como señala Gabriel Salazar en su reciente Movimientos sociales en Chile, hace un tipo de política que "no se rige por la Constitución (...) ni se constituye como partido político; ni acopla su ritmo al calendario de elecciones, ni pretende devenir en poder parlamentario". Tampoco disputa "la conquista de un 'cargo' (fetiche de poder) en el Estado". La política para los mapuches es "el cuidado de un 'pueblo' sobre sí mismo. De la 'vida' sobre sí misma...Y todo eso es, sin duda, una tarea de toda la comunidad, no de uno que otro individuo. Por eso es política, y a la vez, soberanía". En suma, "viven luchando y luchan viviendo".

 

Llamar "política de alianzas" al vínculo entre dos sujetos parece no sólo insuficiente, sino pretende nombrar con palabras del arriba las relaciones entre los abajos. La política de los primeros se rige por la "correlación de fuerzas", concepto que no puede disimular su hechura con base en cálculos mezquinos de intereses inmediatos. Hablemos entonces de hermanarnos, de hacernos carne y sangre, y barro. Para hermanarnos, nos juntamos, nos mezclamos, nos enredamos, nos mestizamos; dejamos de ser para seguir siendo en, y con, otros.

 

Raúl Zibechi

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Hay un tema muy bello que aparece en los profetas del exilio, el tema conocido como “el resto de Israel”1. Ese resto es un pueblo huérfano y desnudo, desplazado y en exilio, lejos de Jerusalén, sin el templo, sin el entorno que le es vital, sin rey y sin unidad popular. Creen que han ganado los poderosos, los que han traicionado el querer de Dios, los que se han vendido a reyes extranjeros, los que han idolatrado a las potencias extranjeras.

Sólo los fortalece la memoria en la forma de un “credo histórico”2 que repiten en sus liturgias y les es fuente de inspiración y vida: que fue la mano de Dios lo que los juntó para la primera liberación de la opresión de los egipcios y sus faraones. Al hacer memoria histórica, redescubren que ¡la alianza está viva! Esa alianza les dice que donde estén, y aunque sean pocos, serán el pueblo amado de Dios y Él será su único señor. Son esa fe y esa memoria las actitudes que los conducirán a reconstruirse en la humillación de su nuevo exilio.

En ese contexto, Sofonías3 es un profeta de consuelo y de fortaleza que retrata las características del nuevo pueblo de Dios que renacerá de las cenizas del exilio: 1. Sólo tienen una espiritualidad los humildes y sencillos; 2. El nuevo pueblo será un pueblo solidario con los pobres; 3. Será un pueblo sin maldad y sin mentira; 4. Será un pueblo sin complicidad con los que roban, engañan, explotan y empobrecen; 5. Será un pueblo en paz y en equitativo disfrute de la tierra.

Siglos más tarde, las bienaventuranzas de Jesús de Nazaret4 y el sermón de Pablo sobre la asamblea del nuevo pueblo de Dios5 se pondrán en línea con esa tradición que representa Sofonías.

Rompiendo esa tradición que después de Jesús se llama “cristiana”, la iglesia hegemónica en Colombia –la católico-romana– le ha enseñado al pueblo sumisión en vez de memoria, conservación de un ordenamiento injusto en vez de rebelión, individualismo en vez de organización, repetición en vez de actitud crítica.

Oyendo a Sofonías, a Jesús de Nazaret y a Pablo, y actuando a menudo en contra de las prácticas y enseñanzas de las iglesias, el pueblo creyente debiera actuar sobre la realidad nacional con los sentidos atentos a unas señales delineadas por los profetas y contrarias al querer del dios bíblico. En coherencia con ellas, un pueblo con memoria, alumbrado con la luz que se deriva de la teología del “resto”, evalúa a quienes lo gobiernan o pretenden gobernarlo: ¿Hay soberbia en su corazón?, ¿arrogancia en sus palabras?, ¿acapara tierras, riquezas y bienes?, ¿ejerce su poder en contra de los humildes y empobrecidos?, ¿es favorable a la creación de leyes despiadadas, injustas, promotoras de inequidad?, ¿usa el nombre de Dios y de sus santos para ganar favor y votos?, ¿utiliza la religión para acallar las voces del pueblo?, ¿miente u oculta la verdad?, ¿obliga a los pobres a mendigar sus limosnas humillantes?, ¿es aristócrata o amigo de poderosos?, ¿vende la nación a potencias extranjeras?, ¿persigue a los que defienden los derechos de los empobrecidos?

Esas preguntas, preguntas de profeta, preguntas de pueblo en humillación, develan el corazón de quienes dicen liderar los destinos de la nación: perfilan a los auténticos servidores del pueblo y desenmascaran a los que gobiernan según sus apetitos injustos.

En tiempos de ceguera colectiva nacional hay que actuar con espiritualidad de “resto de Israel”: pobres que se juntan con pobres y luchan por construir una nueva nación según el Dios de Sofonías, de Pablo y de Jesús de Nazaret; pobres que se quitan las vendas de los ojos y las pasiones del corazón. Pobres, en suma, dispuestos a no dejarse arrebatar de nadie la memoria de lo que los poderes han hecho con su historia y con sus vidas.

1 El “resto”, que era sólo la porción del pueblo que se había quedado en Jerusalén después de la catástrofe del 587 a.C., el resto se comprenderá entre los deportados, serán los del destierro mismo (Ezequiel 6, 8-10).
2 Un buen ejemplo de “credo histórico” es éste de Deut. 26, 6-9: “Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. Clamamos entonces a Yahveh Dios de nuestros padres, y Yahveh escuchó nuestra voz; vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, y Yahveh nos sacó de Egipto […] y nos dio esta tierra”.
3 Sofonías profetizó en tiempos del rey Josías, entre 640 y 609 a.C. El reino de Judá, privado por Senaquerib de una parte de su territorio, vivía bajo la dominación asiria, y los reinados impíos de Manasés y Amón favorecían el desorden religioso. En el debilitamiento de Asiria se fortalece la esperanza de una restauración nacional.
4 Las bienaventuranzas de Jesús se encuentran en Lucas 6, 20-26.
5 El sermón de Pablo sobre la asamblea del nuevo pueblo de Dios está en la segunda carta a los Corintios (6, 16).

Publicado enEdición 185
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