Frei Betto: "La desgracia de Brasil es su política, culpa de una herencia colonial no superada"

Hablamos con Frei Betto, escritor y teólogo brasileño, fundador de la CUT y consultor del MST, sobre el contexto extractivista en Brasil y la situación actual de este país tras la llegada al poder de Michel Temer.

Carlos Alberto Libânio Christo, más conocido como Frei Betto, es teólogo de la liberación y ha escrito más de 50 libros. Tras pasar por la universidad, decidió dejar el periodismo por la religión, pero manteniendo una postura crítica y activa contra la dictadura militar que en esos años dominaba Brasil. Fue detenido varias veces y torturado por su activismo político. Es uno de los fundadores de la Central Única de Trabalhadores de Brasil (CUT) y es consultor del Movimiento dos Trabalhadores Rurais Sem Tierra (MST). Hablamos con él a raíz de la publicación de su última novela, El oro perdido de los Arienim (Hoja de Lata, 20169.


Con tu novela El oro perdido de los Arienim se puede dibujar sobre un mapa cómo fue la explotación de los recursos de Brasil por parte de los colonos portugueses. ¿Cómo ha influido esta dinámica extractivista en la configuración de Brasil como país?


Brasil ha sido una colonia ibérica, como toda América Latina –o como todas las Américas, porque Estados Unidos y Canadá durante algún tiempo han sido colonias ibéricas también–. En Brasil llegaron los portugueses y explotaron muchísimo todas nuestras riquezas. Cuando estaba en la enseñanza primaria aprendí que la historia económica de Brasil se dividía en varios siglos: primero el siglo de la madera –el nombre de Brasil viene de palo brasil, un tipo de madera que los portugueses y franceses, que también llegaron para invadir Brasil, sacaban para tintar sus tejidos aquí en Europa [actualmente este tipo de árbol está en peligro de extinción por su masiva explotación]. Después vino la caña de azúcar, después vino el oro, el café. Ocurre que hasta hoy estamos en lo mismo. La única diferencia es que la denominación ‘materias primas’ ha cambiado por el elegante nombre de ‘commodities’. Yo quise escribir esta novela, primero para hacer una narrativa de la historia colonial de Brasil. Poca gente sabe esto: en dos siglos, de Minas Gerais se ha sacado más oro que la suma de toda la plata sacada en toda América Latina. Es una cantidad impresionante. Quise rescatar esta historia, pero con sentido crítico. ¿Cuando vamos a dejar de ser un país extractivista? Y, ¿cuando vamos a aprovechar nuestras propias riquezas? Porque lo que hicieron los portugueses con las explotaciones de oro y diamantes en Minas Gerais fue lo mismo que hicieron los europeos en África y en Asia. Y, ¿qué dejaron? Nada. Dejaron dolor, miseria, hambre y pobreza. Y ahí está ahora el drama de los refugiados. Europa está cosechando lo que ha sembrado.


Por un tiempo usted fue consultor del Gobierno de Lula, que mantuvo la política extractivista, aunque aumentando el poder estatal sobre los recursos brasileños. ¿Qué valoración hace sobre la gestión de los recursos naturales en los Gobiernos del PT?


Yo fui asesor especial de Lula para el programa Hambre Cero. Estuve los dos primeros años en el gobierno y salí por una razón muy sencilla: Hambre Cero era un programa emancipatorio, pero un año después, por presión de los alcaldes de Brasil, el Gobierno decidió cambiar el programa de Hambre Cero por Beca Familia. Beca Familia es un buen programa, pero es compensatorio. ¿Cual es la diferencia? Una familia que hubiera ingresado en Hambre Cero, en tres o cuatro años estaría en condiciones de no volver jamás a la pobreza y producir sus propios recursos. Las familias que han ingresado en Beca Familia, a día de hoy siguen siendo dependientes del dinero del gobierno. Es un programa asistencialista. Me fui porque no estaba de acuerdo con ese proyecto. Efectivamente Lula y Dilma han sido los mejores presidentes de nuestra historia republicana. Han hecho políticas para revalorizar nuestro mercado interno, pero no suficientes como para cambiar estructuras de Brasil que son muy anacróncias. Poca gente lo sabe, pero Brasil y Argentina son los únicos países de las tres Américas que nunca han hecho una reforma agraria. La diferencia es que Brasil es un país demasiado grande y, a diferencia de otros países grandes como Rusia, China, India o Estados Unidos, no tiene áreas estériles. Todo es productivo, para sembrar o para reforestación, como la Amazonia. No tenemos desiertos o zonas de nieve permanentes como hay, por ejemplo, en Canadá o en la Cordillera de los Andes. En Brasil decimos que es un país que está bendecido por dios, que los ángeles se quejaban porque dios le había dado muchos privilegios, pero que dios les respondió que se esperaran a ver qué tipo de políticas esta gente iba a votar. La desgracia de Brasil es la política que tenemos, pero es culpa también de toda una herencia colonialista que todavía no hemos superado.


Al poco de que Michel Temer asumiera el Gobierno, muchas voces ya comenzaban a advertir de los cambios legislativos con los que se iban a volver a abrir las puertas de las empresas extranjeras a la explotación de recursos brasileños. ¿Piensas que el nuevo gobierno puede poner en peligro los avances conseguidos en los últimos años de PT?


Lo que hubo en Brasil fue un golpe. Un golpe blando o golpe parlamentario como ha pasado en Honduras y Paraguay. Ahora vivimos en una 'democradura', o sea, una falsa democracia en la que aparentemente la gente es libre, pero no es verdad. Hay una intensiva criminalización de los movimientos sociales. El pasado sábado, 5 de noviembre, la policía de Sao Paulo invadió la escuela de los Sin Tierra, cerca de la capital de este Estado, en una ciudad llamada Guararema, con armas letales, con mucha violencia. Con Temer las cosas están empeorando muchísimo. Temer se ha puesto de rodillas ante las recetas de ajustes fiscales que ya conocéis aquí en España, igual que en Grecia. En Brasil tenemos casi 20 millones de personas desocupadas. Estamos viviendo una crisis muy aguda, y todavía no sabemos cómo vamos a salir. Nuestra esperanza son las elecciones de 2018, si Lula puede volver a ser candidato. Yo no pienso que se atrevan a meterlo en la cárcel, por la repercusión mundial que esto podría tener, pero pienso que van a incriminarlo y a aprobar alguna ley que le impida ser candidato.


Justamente el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), del que eres asesor, desde el primer momento denunció el golpe de Estado, a pesar de las críticas formuladas contra el Gobierno del PT, que no llevó a cabo la prometida reforma agraria.


El MST es el movimiento popular más importante de Brasil porque congrega a más de cuatro millones de familias sin tierra y las mantiene muy bien organizadas en campamentos o en asentamientos. Es una gente productiva, que hace la reforma agraria de facto. Es decir, ocupa tierras que no son utilizadas –nunca ocupa propiedades productivas– y siempre tiene cuidado en investigar si una tierra que está ocupada por latifundistas pertenece a ese latifundista o si éste es un invasor y realmente la tierra pertenece al gobierno o al Banco de Brasil, que a su vez depende del gobierno. También cuando hay tierras sin uso aunque sean de latifundistas, o, por ejemplo, en el caso de latifundistas que compran áreas de la Amazonia y derriban los árboles y las mantienen sin plantar nada porque lo que quieren es vender esa tierra. Hay incluso latifundistas en la Amazonia que han vendido hasta un cuarto piso de la tierra, es decir, han hecho negocio con la misma tierra hasta cuatro veces. Es una cosa tremenda, de viejo oeste y gansters. Hay tierras de explotación ilegal de madera en las que hay ocupaciones, que ellos llaman invasiones.


En general todas las ocupaciones son exitosas. Yo mismo estaba en el gobierno cuando un grupo indígena del sur de Bahía ocupó una tierra de un latifundista. Hubo mucha protesta por parte de los latifundistas, que protestaban diciendo que eso era comunismo y que era ilegal, pidiendo que se expulsara a los indígenas. Yo estaba en la sala de Lula cuando éste llamó al ministro de Justicia, con todo el equipo de gobierno en la sala, y comentaba: "¿Qué vamos a hacer? esta tierra pertenece a ese señor". Y el presidente del Banco de Brasil le respondió a Lula: "Presidente, no. Esta tierra no pertenece a este señor, nos pertenece a nosotros, al Banco de la Unión. Este señor es un invasor". Entonces Lula legalizó la cesión de la tierra a lo indígenas. Eso pasa muy a menudo. A estos latifundistas invasores en Brasil se les conoce como grileiros, que viene de grillo. ¿Por qué son llamados grilleros? Porque la única reforma agraria que hubo en la historia en Brasil, y con comillas, fue en 1855, cuando el emperador portugués de Brasil ordenó que cada propietario fuera a la parroquia más cercana para registrar su tierra. Cada propietario fue y registró su tierra hasta un límite concreto y se olvidaron de abarcar la tierra que estaba entre propietarios. Pasó el plazo y como ya nadie podía registrarlo como suyo, ¿que hicieron? una escritura falsa que pusieron en un cajón con varios grillos –que segregan una sustancia química que da al papel la apariencia de viejo– y que utilizaron como prueba de que esta tierra era de su propiedad.


Volviendo a la situación actual de Brasil, qué opina, como teólogo, del aumento del evangelismo en el país y la relación que ha podido tener con el impeachment a Dilma Rousseff.


¿Porqué hay tantos evangelistas en Brasil? En Brasil no hay un buen servicio médico, y hay mucha pobreza. La gente que no tiene acceso a servicios médicos muchas veces va a la iglesia pentecostal en busca de curas milagrosas. Hay muchos evangelistas que son honestos, gente de buena cabeza y buena intención, pero hay muchos que son explotadores del pueblo pobre, que sacan millones de reales, porque allí, como aquí, la Iglesia no tiene que pagar impuestos, y yo, como fraile esto en desacuerdo con esto. Creo que la iglesia debe estar obligada a pagar impuestos, porque si no es un lavado de dinero; un lavado 'santo', pero un lavado–. Muchos pastores y curas predican que Jesús es el camino, pero ellos se ponen en medio para cobrar el peaje. Ahora hay un aumento del pentecostalismo en Brasil, con funciones de fundamentalismo político. Ellos quieren llegar al poder para cambiar las leyes civiles según sus preceptos religiosos. Por ejemplo, no permitir que la gente tome bebidas alcohólicas, no permitir que las mujeres tengan derechos sobre su cuerpo, equiparar la homosexualidad a una enfermedad para la que hay que dar tratamiento. Y ya han hecho un gran avance en el Congreso brasileño, están en el poder ejecutivo y legislativo, y acaban de elegir al alcalde de Río de Janeiro. Estamos en una situación muy peligrosa de huevo de la serpiente: se está criando algo que en los próximos años va a explotar, que es el fundamentalismo evangelista en Brasil.


Siguiendo con la religión, has trabajado como asesor para países como Cuba, Nicaragua o Polonia en cuanto a relaciones entre Iglesia y Estado. ¿Qué opinas del papel de la Iglesia en España?


Me parece que la Iglesia de España tiene un pecado mortal muy grave por el que tendría que hacer mucha penitencia, que es su apoyo durante 36 años a la dictadura de Franco. La iglesia siempre predica que no se mete en política, pero es mentira. Siempre que ha visto amenazados sus privilegios, como en la guerra civil, toma partido político. Yo tengo también posiciones políticas, pero estoy en contra de que la Iglesia tome posiciones políticas contra los pobres, contra el pueblo, y a favor de los más ricos, los opresores, los banqueros. Todos los cristianos somos discípulos de un preso político: Jesús no murió en la cama de viejo, ni por un camelo en una esquina de Jerusalem. Fue preso y torturado, fue a juicio bajo dos poderes políticos, el romano y el judaico, y condenado a la pena capital de los romanos, que era la muerte en la cruz. Así que la pregunta es otra: ¿qué clase de política hacemos como cristianos y como iglesia: a favor de los más ricos o a favor de los más pobres? El papa Francisco el pasado sábado clausuró un encuentro con líderes de movimientos sociales de 60 países afirmando que tenían que seguir luchando por las tres 't': techo, tierra y trabajo. La iglesia de España todavía no está totalmente alineada con la postura de Francisco. Era muy papista cuando estaba Juan Pablo II o cuando estaba Benedicto XVI, y ahora parece que ya no tiene que seguir las orientaciones del papa. Entonces, no puede decir que no tiene consideraciones políticas.

 

Por Ter García
09/11/16 • 8:00

Publicado enInternacional
La Universidad latinoamericana: ¿tiene falla de origen?



La Universidad es una conquista social de singular importancia para la democratización del saber y su relación con la transformación social. Sin embargo, no es osado señalar que en el presente, presta un limitado aporte a los cambios sociales en su conjunto y mucho menos a los proyectos emancipatorios en América Latina y el Caribe. Más allá de destacadas, honorables y admirables figuras que trabajan desde sus espacios, la universidad comienza a ser percibida socialmente como una institución de titulación para acceder al campo laboral, distante del imaginario que había construido décadas atrás de espacio para soñar y pensar lo social, lo humano y el contrapoder.


Este no es un fenómeno atribuible sólo a las instituciones universitarias. En muchos lugares de la región, los Estados nacionales y sus instituciones parecieran mirar en sentido opuesto al horizonte que están dibujando sus pueblos. Este desencuentro es dramático y puede traer en el mediano plazo severos problemas de gobernabilidad en la región. Las dinámicas del pasado, los discursos de ayer, las respuestas que fueron efectivas cada día tienen mayores dificultades para empalmar con la agenda mínima ciudadana del presente. Es hora de pensar políticamente (con P mayúscula) sobre estos fenómenos, desde una perspectiva descolonial.


Y es que el proceso de colonización logró apropiarse del firmamento de espacios ciudadanos ocupando hasta las rutas de emancipación. La colonización cultural –la peor de todas porque domina las ideas y con ellas el mundo- pretendió y en muchos casos lo lograron, enseñarnos cómo es que era permitido y posible ser libres; es decir, han pretendido enseñarnos los límites y fronteras de la propia libertad. Lo académico no fue ajeno a ello, por el contrario fue y es aún hoy en día, epicentro de ese sostenimiento del orden colonial en las estructuras de pensamiento.


Cuando el esclavo libre, ahora colonizado –neo esclavitud- se atreve a pensar por sí mismo, atreviéndose a explorar, conocer, indagar, construir nuevos caminos para concretar su libertad, suele encontrarse en el peor de los mundos. Por un lado la más feroz rabia del colonizador y por el otro la burla/temor/incredulidad de los iguales, quienes colonizados culturalmente, quieren que otro les muestre como cambiar los cosas, pero no creen posible ser protagonistas del cambio, es decir de la nueva historia.


La universidad latinoamericana debe construir una nueva historia, que le permita romper con el velo cultural del colonizado atreviéndose colectivamente a repensarse en todos los planos, desde la forma de crearse y actuar en ella misma, pero también atreviéndose a cuestionar sus orígenes y pensar una nueva forma de parir y nacer. Revisar sus prácticas y procesos desde ese ejerció descolonizador, puede contribuir con el surgimiento de ese otro mundo no colonizado, alterno, donde pensar el mundo patas arriba sea sinónimo de cordura libertaria.


Al respeto Quijano, A. (2014) afirma que “al formular sus cuestiones en un espacio social abstracto, históricamente indeterminado, quienes así proceden no pueden evitar identificar a piori a esta cultura (o a esta sociedad y a este Estado) con la cultura (o la sociedad o el Estado). El contexto histórico social concreto se asume, pues, como dado, no cómo algo a cuestionar en el punto mismo de partida” (p.667).


Desde ese lugar de enunciación, me atrevo a plantear respecto a las universidades que los problemas que se evidencian y nos hacen siempre pedirle una y otra vez a ella: transformación ... transformación ... transformación universitaria tienen como punto de partida una falla de origen. Esta falla de origen, desde mi punto de vista, tiene que ver con el código genético con el cual se edifica la vida y el que hacer universitario. Falla de origen que se inicia en el propio momento de la fundación de las universidades. Falla de origen que se expresa en su concepción práctica, más allá de la definiciones teoréticas, al auto asumirse y ser aceptada por la mayoría de la gente, como una institución fundamentalmente para la docencia. El gen problemático de la estructura de vida universitaria se desarrolla por una perspectiva colonial de su existencia.


De hecho, las universidades en América Latina y el Caribe tienen sus orígenes en procesos coloniales, asignándosele desde sus comienzos la tarea de formar a la burocracia y los funcionarios que demandaba el orden imperial de dominación. Para Tünnermann (1996) la universidad colonial en América Latina y el Caribe procura resolver:

 

a) La necesidad de proveer localmente de instrucción a los novicios de las órdenes religiosas que acompañaron al conquistador español, a fin de satisfacer la creciente demanda de personal eclesiástico creada por la ampliación de las tareas de evangelización;


b) La conveniencia de proporcionar oportunidades de educación, más o menos similares a las que se ofrecían en la metrópoli, a los hijos de los peninsulares y criollos, a fin de vincularlos culturalmente al imperio y, a la vez, preparar el personal necesario para llenar los puestos secundarios de la burocracia colonial, civil y eclesiástica. Por otro lado, las dificultades de las comunicaciones, arriesgadas y costosas, aconsejaban impartir esa instrucción en las mismas colonias;

 

c) La presencia, en los primeros años del periodo colonial, en los colegios y seminarios del Nuevo Mundo, de religiosos formados en las aulas de las universidades españolas, principalmente Salamanca, deseosos de elevar el nivel de los estudios y de obtener autorización para conferir grados mayores. De ahí que las gestiones para conseguir los privilegios universitarios fueron con frecuencia iniciadas por estos religiosos de alta preparación académica (p.122)


Es decir, las Universidades en la región no fueron pensadas para el desarrollo de las naciones dominadas, ni para la formación de sus ciudadanos, mucho menos para el desarrollo de un conocimiento, ciencia y tecnología que les permitiera ser independientes. Las universidades en América Latina y el Caribe fueron arietes conceptuales de un conocimiento que reproducía el orden de dominación. No fueron universidades desarrolladas a partir de las necesidades de la gente y los requerimientos de sus sociedades, sino implantadas desde las naciones que se asumían conquistadoras y por lo tanto dueñas de los nuevos territorios.


El propio Tünnermann (1996) distingue dos modelos en las universidades implantadas: la de Salamanca y la de Alcalá de Henares, ambas de origen español. El modelo de Salamanca respondió a “la idea de una universidad al servicio de un “estado-nación”, concepto que recién surgía en España (siglo XIV)... Todo el edificio de la transmisión del conocimiento descansaba sobre la cátedra” (pp-124-125). Por su parte, la preocupación central de la universidad alcalaína fue la teología, material que sólo en épocas posteriores ocupó un lugar relevante entre los estudios salamantinos. Su organización correspondió más bien a la de un convento-universidad” (pp-124-125). Los modelos de Salamanca y Alcalá se desarrollaron sobre la base de la docencia, es decir como instituciones para impartir conocimiento.


Para Morles, Medina Rubio y Álvarez Bedoya (2002) en el proceso de construcción de la República, luego de alcanzar independencia nacional, la llamada universidad Republicana reemplazaría el modelo elitesco y eclesiástico imperante por uno más “dinámico, tolerante y científico (...) incorporando nuevas cátedras y laboratorios” (p.20), haciendo que las estructuras académicas se asemejarán bastante al modelo Napoleónico. Continúan estos autores señalando que “con el modelo napoleónico de universidad se afirma en Venezuela, desde el último cuarto del siglo XIX, el pensamiento positivista y evolucionista. El modelo napoleónico se basa también en la docencia, con un carácter más científico contribuyendo a la ruptura con el dogmatismo religioso.

 

Autores Galo Gómez, citado por D’Andrea, R. E, Zubiría, A y Sastre Vázquez, (2012) precisan respecto a la concepción Napoleónica de la universidad:


La Universidad Imperial creada en 1808 y organizada dos años más tarde, es algo muy distinto de lo que tradicionalmente se había entendido como Universidad. Es un organismo estatal, al servicio del Estado que la financia y organiza y que fija no sólo sus planes de estudios, su administración y el nombramiento de profesores, sino hasta la moral pública que ha de inculcar a sus discípulos: "Mi fin principal - declara el mismo Napoleón- al establecer un cuerpo docente es tener un medio de dirigir las opiniones políticas y morales". Una Universidad centralizada, burocrática y jerárquica. Es difícil encontrar algo más opuesto a lo que había sido la Universidad desde su origen" (Galo Gómez O., 1976, p.7)

 

Esta implantación no pasa desapercibida por parte de quienes se resisten a la dominación. Propuestas y modelos alternativos comienzan a surgir en todo el continente en el siglo XX, los cuales tienen una expresión clara y firme en El Manifiesto Liminar (1918) que fundamentó la reforma de Córdoba, en el cual se plantea:


Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.


Agregando:


Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.

Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia.

 

El grito de Córdoba es el más importante cuestionamiento hecho a la universidad desde la perspectiva de sus estudiantes. Los reclamos centrales se refieren a la forma y mecanismos de gobierno interno y de una u otra manera a la desconexión de la universidad con su entorno. En buena medida, el Manifiesto Liminar impulsa un modelo de universidad para un nuevo ciclo de proyectos de independencia nacional.


En el siglo XX la idea de investigación universitaria se fue deslizando progresivamente hacia los posgrados. Para Lucas Luchilo (2010), “en América Latina, el fomento de la formación de posgrado fue y es una de las funciones básicas asignadas a los Consejos de Ciencia y Tecnología, que se crearon a partir de la década de 1950. Desde esta perspectiva, se trata de instrumentos de política con alta legitimidad y en los que los países de la región han acumulado experiencia, tanto en el nivel de promoción como en el de ejecución” (p.14). Este auge se produce en medio del creciente influencia de las ideas de desarrollo nacional y regional, así como de la planificación auspiciadas, entre otras por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Sus resultados en términos de crecimiento sectorial (posgrados) y de impacto se mostraron limitados. Posteriormente el neoliberalismo, en los ochenta y noventa del siglo XX, se encargaría de generar un proceso de vaciamiento de la investigación y los investigadores universitarios promoviendo su migración hacia centros independientes de investigación con fuerte financiamiento privado y ubicados en los países del centro capitalista.

 

El Mayo francés con sus críticas iniciales al Libro Blanco del Ministro Francés de Juventud y deporte François Missoffe, abren un capítulo especial que lleva a la juventud mundial a repensar el compromiso de la universidad con los más altos ideales de la humanidad. Pero la universidad siguió siendo una institución centrada en la docencia. Los movimientos de profesores universitarios planteando la urgente necesidad de una reforma de la educación superior se multiplicaron en el mundo en las décadas de los setenta y los ochenta del siglo XX.

 

Es importante detenernos brevemente sobre los resultados alcanzados en materia de investigación en la región. Lemasson&Chiapee (1999) señalan respecto a la investigación universitaria que “los resultados obtenidos no permiten hoy, con los desafíos contemporáneos que conocemos, concluir que están listos para enfrentar el porvenir de manera constructiva. Si el camino pasado, aunque con muchas diferencias nacionales, fue positivo, la necesidad de continuar con el cambio es imperativa y va a exigir una visión y una voluntad resueltas” (p.315). Más adelante, estos mismos autores afirman:


“Es fácil concluir que la única vía para asegurar la independencia a largo plazo, el desarrollo económico endógeno en nuevas esferas con un alto valor agregado y sistemas sociales más justos, es promover con urgencia las actividades de ciencia y tecnología como prioridades nacionales. Responder a esta urgencia significa que el momento de decisiones radicales ha llegado, particularmente respecto del papel de las universidades, las que constituyen en términos de recursos humanos actuales y futuros las instituciones claves del porvenir colectivo” (p.317).

 

Autores como Didriksson (2000) siguen apostando por el binomio clásico docencia-investigación. Seguramente Axel argumentará en defensa de esta direccionalidad –que no es una cuestión menor- que “la parte más dinámica del proceso [producción y transferencia de conocimientos ] se ubica en la relación entre la docencia y la investigación, y el curriculum desde la perspectiva de la creación de un valor económico: el conocimiento, y de un valor social: los trabajadores del conocimiento“ (pp. 32-33). En consecuencia, la universidad latinoamericana sigue pensándose desde la docencia como epicentro sobre el cual gravita el grueso de su actividad general, pero también particular de cada profesor(a). Es el círculo propio de una universidad pensada para aportar al papel asignado por el centro a la periferia, en el campo de la producción y transferencia de conocimientos. En este sentido, la llamada producción del conocimiento universitaria, no es otra cosa que la adaptación de premisas generales al contexto de países dependientes y neocoloniales.

 

El emerger del neoliberalismo en el mundo, en el marco de la globalización económica y la mundialización cultural, retan el pensamiento respecto a qué modelo de universidad demandan las nuevas formas de acumulación y producción capitalista puestas en marcha. Desde los discursos de resistencia y alternativos se concentraron fuerzas contra la privatización de la educación y fue precario el debate a nivel del público en general. Las polémicas respecto al presente y futuro de las universidades, sin neutralidad pero mucho más allá de la diatriba ideológica, fueron impulsadas en buena medida por instancias internacionales como la CRESALC, hoy convertido en IESALC UNESCO.

 

En los noventa del siglo XX la UNESCO plantea la necesidad de convocar a una Conferencia Mundial sobre la Educación Superior que repensara la universidad a escala planetaria, pero también como un espacio de reencuentro con la academia de la recién desmantelada URSS. Los documentos que circularon con carácter previo y las propias conclusiones de la I Conferencia señalaron preocupaciones muy especiales respecto a la eficacia de la universidad existente, la calidad de sus dinámicas y procesos de aprendizajes, el impacto de las NTIC y la cultura global en las dinámicas universitarias. Esta conferencia, al igual que la segunda (2008) fueron precedidas por sendas Conferencias Regionales (CRES). En cada uno de estos espacios se evidenció la urgencia de repensar a la propia universidad y los límites de los procesos de reforma interna.

 

El año 2018 se cumplen 20 años de la primera Conferencia Mundial de educación Superior y coincide con los cien años del grito de Córdoba. Pensamos que es un excelente momento para reanimar, retomar y reimpulsar el debate sobre la educación universitaria. En esta dirección recibimos con alegría el anuncio hecho este 15 de Junio de 2016, en la propia ciudad y universidad de Córdoba, respecto al lanzamiento de la Tercera Conferencia regional de educación Superior (CRES) en la ruta –aún no anunciada por UNESCO- de la III Conferencia Mundial del sector. En hora buena celebramos este anuncio como oportunidad de oro para reabrir y relanzar los debates por esa otra universidad posible.

 

La Universidad para los proyectos de desarrollo nacional, de independencia y para la construcción de sociedades libres, democráticas, justas, igualitarias y, en permanente cambio tiene que ser una universidad pensada desde una perspectiva del Sur. Boaventura de Sousa Santos (2008) nos habla de pensar lo nuevo con lo nuevo, porque

 

“no puede enfrentarse lo nuevo contraponiendo lo que existía antes. En primer lugar, porque los cambios son irreversibles y en segundo lugar, porque lo que existió antes no fue una edad de oro, o si lo fue, lo fue solamente para la universidad y no para el resto de la sociedad, y en el seno de la propia universidad, lo fue solamente para algunos y no para otros. La resistencia debe involucrar la promoción de alternativas de investigación, de formación, de extensión y de organización que apunten hacia la democratización del bien público universitario, es decir, para la contribución específica de la universidad en la definición y solución colectiva de los problemas sociales, nacionales y globales” (p.30)

 

Para Aboites. H. (2011) “este cambio requiere una transformación de la mentalidad universitaria, las estructuras de gobierno, los mecanismos de acceso, la reglamentación y la organización académica, que deben ajustarse a las nuevas demandas y necesidades de acceso, formación y profesionalización que tiene la actual población joven y estructuralmente excluida, pero también a las necesidades de un momento de tránsito al posneoliberalismo como es el actual”. (p.273, en Bonilla, L y Segrera, F. [2011]. Educación universitaria para el siglo XXI. Ediciones CIM/OPSU, Caracas. Venezuela)

 

En la perspectiva que invitan Boaventura y Aboites, nos atrevemos a pensar la universidad del siglo XXI, el presente y el futuro inmediato, en tres momentos: el primero las universidades que se están creando o se van a crear, segundo las universidades que inician procesos de transformación y tercero, las universidades que permanecen inamovibles. En este artículo me referiré sólo a las primeras, esperando poder abordar los otros dos casos en próximos trabajos.

 

Estoy convencido que crear universidades sobre la lógica estructurante de la docencia con complementos de investigación y extensión –independientemente que se digan vinculadas- es un ejercicio colonial, que reproduce el modelo de conocimiento, formación, indagación y acción en lo social, propio, desde y para la dominación. Trataremos pedagógicamente de ir explicando paso por paso esta afirmación.

 

La universidad fundada en cátedras, escuelas, facultades está pensada en buena medida para reproducir el llamado “conocimiento de punta” en las distintas áreas. En esa orientación, por ejemplo, en la sociología, la medicina o la química surgen textos, contenidos curriculares, paradigmas, discursos, resultados que pasan a ser de uso común en los países de la periferia capitalista. A estos se les suele asociar al llamado “conocimiento de punta”; cuando lo cierto es que estas producciones son sólo el “conocimiento liberado para consumo académico masivo” por parte del modo de producción . Desarrollos de ello, lo constituye el tan cotidiano internet de hoy, que pasó décadas siendo utilizado por el llamado complejo industrial-militar antes de que fuera conocido por todos nosotros; evidentemente la tecnología comunicacional “de punta” que debe estar usando ese mismo complejo hoy en día debe ser revolucionariamente distinta a la que usamos cotidianamente. Muchos otros ejemplos surgen en el campo de la genética, la medicina o la neurociencia. De hecho, la mayoría de las investigaciones más importantes realizadas en el 2015 –como en años anteriores- se refieren al cerebro humano, sus usos y potencialidades las cuales aún no forman parte de ese “conocimiento liberado para consumo académico masivo”. Entonces lo que se enseña en el modelo basado en la docencia es solo el cascarón del conocimiento de vanguardia.

 

Argumentaran los defensores de este modelo que la investigación autóctona esta llamada a reducir esta brecha. Esto tal vez sea cierto en términos teórico-conceptuales pero la realidad o la empírea nos dice a diario que la inmensa mayoría de la investigación que se realiza en las universidades está asociada a trabajos de ascenso en el escalafón universitario o de interés muy particular. Con ello no pretende solapar o desconocer la meritoria labor que realizan algunos investigadores en casi todos los campos de las ciencias, pero a decir verdad esta es por lo general una labor muy particular y excepcional y no característica del sistema.

 

Los neoliberales usan esta verdad y realidad para asignarle la mayor cuota de responsabilidad al respecto, al personal docente universitario, eximiendo de culpas al sistema, los gobiernos nacionales, los mecanismos de conducción de la educación superior y mucho más a la propia concepción universitaria. El neoliberalismo educativo, interesado en la privatización educativa a inventado ranking, modelos de evaluación de eficiencia docente, sistemas de clasificación de la investigación, protocolos de reconocimiento de resultados de pesquisas, etc. que sólo terminan certificando los procesos de adaptación del conocimiento liberado por los centros de investigación que sustentan el modelo de producción del capitalismo del siglo XXI.

 

Pero lo que ya resulta inocultable, es que la universidad basada en la docencia con sus complementos de “investigación” y “extensión”, no le resultan útil ni al capitalismo, ni al socialismo en el siglo XXI -desde una perspectiva “neutra” de carácter nacionalista- pero si al modelo de globalización económica y mundialización cultural que impulsa a escala planetaria el neoliberalismo que implica una nueva ruina de las naciones de la periferia en beneficio de las del centro. Es decir, el modelo de universidad, basada en la docencia se ha convertido en un mecanismo de perpetuación de la dominación.

 

No es la primera vez que este debate se abre y las propuestas de solución han sido variadas, desde cacarear una reforma universitaria que se elabore por todos democráticamente –lo cual no ha sido garantía alguna de romper el círculo de la dominación- pasando por modelos organizacionales que terminan queriendo convertir a las universidades en Ministerios, altamente burocratizadas antes que en centros de generación de conocimiento. Pero nadie se atreve a cuestionar los paradigmas, conceptos y procesos sobre los cuales se crean nuevas universidades; por el contrario todos los dispositivos legales y de trámites están montados para repetir una y otra vez el modelo. Área de conocimiento de la nueva universidad a crear, facultades, carreras, programas de formación, cátedras y/o unidades curriculares con variados diseños funcionales terminan pareciéndose cada vez más las unas a las otras.

 

Esto se debe a que la genética epistémica de uno u otro intento tiene una misma raíz: la universidad basada en la docencia. Más allá de cualquier meta discurso innovador, en la mayoría de los casos cualquier iniciativa fenece cuando se concreta en carga de docencia en el aula, de actividades administrativas, de planeación de clases, de asesoría de tesis, etc. del profesor universitario; allí mueren las ilusiones.

 

El desafío doble entonces reside en desarrollar investigaciones nacionales, regionales y locales que permitan ir rompiendo el círculo de la dependencia mediante conocimiento necesario para el desarrollo nacional a la par de ir disminuyendo la brecha de varias décadas existente entre conocimiento de vanguardia y conocimiento reproductor que se suele trasmitir en las universidades de los países de la periferia. Todo ello a la par que se forman los ciudadanos calificados para los proyectos nacionales de independencia económica, tecnológica y cultural.

 

Las universidades son parte integral de un país de una región geopolítica, no son islas a la deriva en un mar abierto, ni un Estado dentro del Estado. La necesaria autonomía universitaria en ningún momento puede significar una desconexión orgánica de las casas de estudios superiores con los proyectos nacionales de país. Por ello considero que el primer pensamiento proto universitario es el de identificar cuáles son los problemas centrales de un país; una vez identificado los 10 o 20 problemas prioritarios para el desarrollo nacional, verificar si alguna universidad de las existentes tiene el perfil para abordar su estudio, análisis y propuestas de solución.

 

De no existir, por ejemplo, en el área del petróleo, pensar primero en el diseño de un Centro Nacional de Investigaciones Petroleras –siguiendo con el ejemplo- que se dedique a estudiar los temas vinculados a esta campo, desde una perspectiva transdiciplinaria, es decir desde los procesos técnicos de producción hasta los operativos de comercialización, pasando por la geopolítica del petróleo hasta la arquitectura financiera para la estabilización de los ingresos producto de las fluctuaciones de precios. Y aquí el pragmatismo de gestión puede no siempre coincidir con las premisas ontológicas, epistemológicas o conceptuales del debate académico, porque se van a requerir estudios disciplinares, multidisciplinares y transdiciplinares en cada caso.

 

Centros de Investigaciones de este tipo, con una plantilla de investigadores con salarios equivalentes al promedio internacional mínimo estándar o más, pueden ser acusados por los conservadores o por los radicales del igualitarismo a ultranza, de elitescos. Pero en ciertas etapas de la historia de las naciones libres y de avanzada se ha requerido y requiere conformar una élite generadora de conocimiento, cuya teleología de constitución es la democratización del mismo y el mejor uso con fines sociales.

 

Centros de investigación de este corte, produciendo resultados concretos luego de cinco, diez o quince años de investigación según sea el caso y la complejidad de los estudios que abordan debieran abrir estudios de postgrado, Doctorados, post doctorados, maestrías, especializaciones y cursos de alto nivel donde se socialice los procesos y resultados de investigación a la par de ir formando, mediante la lógica de equipos de investigación abiertos, el personal docente que trabajaría en el pregrado. Se trataría de invertir la ruta de los procesos de docencia desde el posgrado hacia el pregrado, entendiendo los posgrados no como profesionalizantes, sino como dinámicas de investigación y construcción / validación de discurso científico alternativo. En consecuencia, las nuevas universidades deberían ser paridas por centros de investigación y desde ellos.

 

En consecuencia, serían investigadores con treinta horas mínimas de trabajo semanal investigativo quienes darían un máximo de 8 horas de docencia en la futura universidad. Esta integración investigación-docencia asociada a la validación del impacto social del conocimiento emergente haría posible dar un salto en tecnología, ciencias, conocimientos, técnicas y procedimientos que posibilitarían avanzar en desarrollos nacionales que fundamenten económica, tecnológica y políticamente procesos de autentica independencia nacional.

 

Esto crearía otra serie de problemas, propios de lo nuevo que se crea a los cuales no hay que temerles, sino por el contrario abordarlos dado el impacto de lo nuevo que se construye. Algunos de ellos, como el reconfigurar el concepto de la carrera docente universitaria, el tamaño de la universidad, su vinculación con contextos, el financiamiento, la cobertura, entre otros. En los próximos artículos intentaremos abordar nuestra perspectiva sobre cada uno de ellos, además de plantearnos la reflexión y el debate respecto a cómo alinear las universidades existentes en un esfuerzo tan dialécticamente distinto a la génesis de las mismas, como el que estamos planteando.


A cualquier colega que diga que es posible hacer lo mismo con la universidad fundada sobre la docencia, tendríamos que pedirle que -no como excepción sino como generalidad- muestre donde se está dando esta haciendo lo mismo con el modo colonial viejo, basado en la docencia como epicentro. A los innovadores que han logrado muy buenas definiciones en reglamentos y estatutos universitarios sobre el papel de la investigación deberíamos pedirles que después de por lo menos una década, necesario seria tener resultados de gran impacto para mostrar.


La única forma de eliminar la falla de origen de la universidad es generando una nueva forma de creación del mundo universitario, ya no desde el conocimiento reproductor sino del creador, no desde la dominación sino de la liberación. Se trata de atrevernos a romper con el molde colonial respecto a cómo se construye una universidad. Eso implica dejar de pensar como los dominados que tienen temor de explorar una nueva ruta que no sea la que el amo les enseñó. Creemos pues una universidad a partir de los procesos de investigación, sepultemos la vieja universidad atrapada en la camisa de fuerza de la docencia, construyamos una pedagogía desde el aprendizaje por descubrimiento.

 

 

Lista de referencias:


Bonilla-Molina, L (2001). Gerencia, investigación y Universidad. Ediciones Iesalc. Caracas Venezuela

Bonilla-Molina, L (2015). Calidad de la educación: ideas para seguir transformando el sistema educativo. Ediciones Fonacit MPPE. Venezuela

Bonilla, L y Segrera, F. [2011]. Educación universitaria para el siglo XXI. Ediciones CIM/OPSU, Caracas. Venezuela

D’Andrea, R. E, Zubiría, A y Sastre Vázquez, (2012). Reseña histórica de la extensión universitaria. Mimeografiado

Dridiksson, A. (2000). La universidad de la innovación: una estrategia de transformación para la construcción de universidades de futuro. Ediciones IESALC UNESCO. Caracas Venezuela

Lemasson, J.P y Chiapee, M. (1999). La investigación universitarias en América Latina. Colección respuestas. Ediciones IESALC UNESCO. Caracas. Venezuela.

Lucilo, L. (2019) Formación de posgrado en América Latina: políticas de apoyo, resultados e impactos. Ediciones EUDEBA, Buenos Aires, Argentina.

Manifiesto Liminar: disponible en http://www.unc.edu.ar/sobre-la-unc/historia/reforma/manifiesto
Morles, V., Medina R., E. y Alvarez B., N. (2002). La Educación Superior en Venezuela. Ediciones IESALC. Caracas, Venezuela.

Quijano, A. (2014). Cuestiones y Horizontes: Antología esencial de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Colección Antologías. Clacso. Buenos Aires. Argentina

Sousa Santos, Boaventura (2008). La universidad del siglo XXI. Ediciones CIM. Caracas. Venezuela.
Tünnermann Bernheim, C. (1996) Breve historia del desarrollo de la universidad en América Latina, publicado en La Educación superior en el umbral del siglo XXI, Caracas: Ed. CRESALC, 1996, pp-11-38

 


[i] Especialmente en casas de estudios superiores como la Universidad Central de Venezuela a mediados del siglo XIX.

[ii] Contenido de los corchetes es mío para contextuar adecuadamente la cita

[iii] En este trabajo partimos del principio que todo conocimiento es primero usado, probado, implementado o desechado por las diferentes expresiones del modelo capitalista globalizado, previamente a su liberación en el mercado de consumo académico.

La Guerra de Irak y las mentiras en que se basó siguen generando polémica

 

Esta semana se dio a conocer un devastador informe sobre la activa participación del Reino Unido en la invasión y ocupación de Irak, al mismo tiempo que continúan buscándose entre los escombros los cuerpos de las personas fallecidas en el peor atentado suicida con camión bomba que ha tenido lugar en Bagdad desde el inicio de aquella funesta guerra en el año 2003. El documento se conoce como “el informe Chilcot”, por su principal investigador y autor, Sir John Chilcot. La investigación fue encomendada en el año 2009 por el entonces primer ministro Gordon Brown. Chilcot dio a conocer el informe de 6.000 páginas el miércoles por la mañana, tras siete años de trabajo. El informe ofrece una larga lista de críticas al ex primer ministro Tony Blair y su gabinete al dejar al descubierto de qué manera se exageró la amenaza que suponían las presuntas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, así como la inquebrantable lealtad que Blair demostró al presidente George W. Bush. “Ahora resulta claro que las políticas sobre Irak se elaboraron sobre la base de información de inteligencia y valoraciones infundadas que no fueron contrastadas”, afirma Chilcot en el comunicado que acompañó la publicación del informe.

 

Un memorando incluido en el informe, enviado por Blair a Bush en julio de 2002, meses antes de la invasión, comienza con la siguiente promesa hecha por Blair a Bush: “Estaré contigo, pase lo que pase". Muchas personas, entre ellas referentes parlamentarios del propio Partido Laborista, piden que Blair sea llevado a juicio por crímenes de guerra. Mientras el Reino Unido, sumido aún en un caos político a consecuencia del referéndum que derivó en el brexit, reacciona al informe Chilcot, la población de Bagdad no se repone aún del atentado del sábado. La cifra de víctimas fatales del atentado se ha incrementado hasta alcanzar las 250. George W. Bush expresó sin ningún atisbo de arrepentimiento a través de un portavoz que “sigue creyendo que el mundo entero esta mejor sin Saddam Hussein en el poder”. Según trascendió, al momento de realizar estas declaraciones, Bush recibía a veteranos heridos en su rancho de Texas.

 

Mientras que las fuerzas británicas perdieron a 179 de sus miembros a lo largo de toda la guerra, las fuerzas estadounidenses tuvieron 4.502 bajas (siete de las cuales sucedieron en 2016). A la invasión y posterior ocupación se destinaron miles de millones de dólares, y se destinarán miles de millones más para el cuidado de por vida de los veteranos heridos y emocionalmente afectados. Sin embargo, la mayor e incalculable pérdida es la que ha sufrido el pueblo iraquí. Como lo demuestra este reciente y devastador atentado, la guerra en Irak no ha llegado a su fin. Se han llevado a cabo varias iniciativas para contabilizar la cifra de víctimas fatales de la guerra. El más bajo de estos estimativos ubica la cifra entre 160.000 y 180.000 fallecidos. Algunos estudios sostienen que el número de víctimas es varias veces mayor. Resulta imposible determinar la cifra exacta, pero el efecto en la población de Irak ha sido devastador y los daños se harán sentir por generaciones.

 

El pronunciamiento británico fue claro: “Nuestros ejércitos no llegan a sus ciudades o a sus tierras como conquistadores o enemigos, sino como libertadores”. Sin embargo, estas palabras no fueron expresadas en 2003, sino en 1917. La guerra arrasaba Europa y la Marina Británica dependía ampliamente del petróleo proveniente de Irak y el Golfo Pérsico. Como sostiene el detallado anexo histórico que acompaña al informe Chilcot: “Para asegurar ese petróleo para Gran Bretaña, en la primavera de 1914, el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, adquirió para el Gobierno Británico el 51% de las acciones de la Anglo-Persian Oil Company o Compañía de Petróleos Anglo-Persa”. Y fue así como todo un siglo de ocupación, explotación, represión, violencia y dolor se ha grabado a fuego en la vida de los iraquíes y en la historia de Irak.

 

Para Sami Ramadani todo esto es más que historia. Ramadani nació en Irak pero vive en Londres desde que se convirtió en un exiliado del régimen de Saddam Hussein. Durante mucho tiempo se ha dedicado ha impulsar el movimiento contra la invasión y la ocupación de Irak, pero también contra las devastadoras sanciones que las precedieron. Poco después de que el informe Chilcot fuera dado a conocer, Sami Ramadani dijo en “Democracy Now!”: “Irak, como sociedad, como Estado, fue destrozado de la manera más cruel desde la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam, con tácticas como la llamada de ‘conmoción y pavor’ y con crímenes en masa a una escala indescriptible. El verdadero objetivo no era sacar al dictador, sino controlar Irak. Y al no poder controlarlo, lo destruyeron, al igual que están haciendo con Libia, con Siria y demás. Esto entra en esa escala. Pero la peor de las tragedias es la pérdida de vidas”.

 

Un año después de la invasión, en la cena anual de la Asociación de Corresponsales de Radio y Televisión en Washington, D.C., el presidente Bush bromeó ante los cientos de periodistas presentes en la cena: "Esas armas de destrucción masiva tienen que estar por aquí, en alguna parte. Nop, por allá no hay armas. Puede que estén aquí debajo". Imágenes de Bush en el Despacho Oval, en cuclillas, buscando armas de destrucción masiva bajo los muebles, acompañaron la comedia cotidiana de aquellos días. En tiempos en que los miembros fallecidos del Ejército de Estados Unidos eran retornados a la Base de la Fuerza Aérea de Dover, en donde estaba prohibido tomar fotografías de las bolsas en que se transportaban los cuerpos, y en que los cadáveres de los iraquíes se amontonaban en las calles y las morgues, la conducta de Bush resulta incomprensible. La guerra no es broma. Tras el informe Chilcot, debería emprenderse una iniciativa seria para que personas como Bush o Blair rindan cuentas por la muerte y la destrucción que siguen teniendo lugar en Irak y en otras partes del mundo.

 

 

Publicado enInternacional
Los monocultivos ya están dándose en algunos países, con los daños que generan, asevera la activista y científica
 
Vandana Shiva, activista y científica de India, advierte que el nuevo colonialismo se da mediante la biopiratería: Bill Gates, dueño de Microsoft, busca mapear territorios y obtener la información genética de más de siete millones de especies de flora y fauna. Esto se debe detener, porque es patrimonio de la humanidad, señala.

 

 

En entrevista con La Jornada, apunta que en varios países ya es una realidad la presencia de monocultivos de alimentos básicos, producidos a partir de semillas genéticamente modificadas que las empresas trasnacionales venden. Son los casos de Argentina y Brasil con la soya. El riesgo aún es para países como México e India, centros de origen y biodiversidad del maíz y la berenjena, respectivamente.

 

La ganadora del premio nobel alternativo (Right Livelihood Award) en 1993, quien estuvo de visita en México la semana pasada para participar en el primer Foro Mundial de los Derechos de la Madre Tierra, advierte que –además del monopolio de los alimentos– las empresas fabrican pesticidas que ocasionan enfermedades y al mismo tiempo desarrollan las medicinas para curarlas.

 

Toxina cancerígena

 

–¿Se cumplieron las promesas hechas sobre los transgénicos cuando se crearon, hace casi 20 años? –se le pregunta.

 

–La promesa principal fue que iba a mejorar la productividad y a resolver el problema del hambre, pero fue una farsa. Lo que hicieron fue introducir la toxina BT al maíz, la soya, el algodón y la canola, así como desarrollar el herbicida round up. Los productos han sido utilizados para elaborar biocombustibles y alimentos de animales; sólo 10 por ciento es para consumo humano. Originalmente las empresas dijeron que se iban a emplear menos químicos, pero en realidad ocupan más. Quienes entonces trabajábamos en investigaciones anunciamos que se darían efectos negativos. Nuestra predicción fue validada. Las promesas de las empresas no se cumplieron. El fin real era patentar la semilla y ser dueños de los alimentos.

 

“La Organización Mundial de la Salud ha señalado que el round up, desarrollado por Monsanto, es cancerígeno. Francia y Sri Lanka han demostrado que produce tumores en el riñón. Nuestra alimentación tiene que ser entera para que nosotros estemos enteros, pero está siendo rota, contaminada y robada. Nuestros cuerpos serán igualmente contaminados y dañados.”

 

–Ante el control de los alimentos que buscan estas empresas, ¿qué se puede hacer?

 

–Hay tres formas en que trabajan las trasnacionales de alimentos. Una, con la semilla, ya que así controlan la alimentación, la vida en la Tierra; la segunda es con tratados de libre comercio, pues tienen el mercado para sus propios fines, y el tercer mecanismo es que se están uniendo. Bayer lo va a hacer con Monsanto; Dow con Dupont, y Syngenta con otras. Se están uniendo, pero estos tres grupos ya son uno. Hablamos de que son un grupo con mucho dinero, que busca controlar la alimentación. Tenemos que ser una unidad para proteger la biodiversidad del planeta.

 

“El nuevo colonialismo se da mediante la biopiratería. Bill Gates es una figura importante en este neocolonialismo de la alimentación. Busca obtener, junto con Carlos Slim, el conocimiento de los pueblos originarios y utilizarlo en fines científicos. Microsoft y la tecnología de computación se unen con la tecnología de organismos genéticamente modificados; mapean los territorios y obtienen la información genética de más de siete millones de especies.

 

“Tenemos que decirle: ‘No, ese es patrimonio de la humanidad y no lo pueden patentar’. Por eso en diciembre, cuando se realice la Convención de Diversidad Biológica en Cancún, voy a regresar para decirlo.”

 

–Hay casos en que estas empresas atacan a quienes cuestionan sus desarrollos. ¿Usted ha sido afectada?

 

–Por supuesto. Las compañías quieren mentir sobre quién produce más comida, pero la vida es un regalo de la tierra, no es invención de Monsanto. Cuando se dice que los pesticidas causan cáncer de riñón y otras enfermedades, persiguen a quien dice la verdad. No es la primera vez que sucede. Sabemos que somos parte de la Tierra, de nuestra biodiversidad y la cultura. Todos esos ataques y periodistas pagados son pequeñas voces que van a desaparecer con la evolución de la historia. Dos o tres años pueden atacar, pero no pueden detener a la Tierra. No pueden detener nuestra libertad.

 

–Monsanto y otras empresas tienen varios años insistiendo en el cultivo de maíz transgénico en México. ¿Usted ve en ello una amenaza del centro de origen del maíz, que se encuentra aquí?

 

–Las empresas se enfocan a ir al centro de origen de las semillas. Llegaron a India, donde hay cientos de especies de la berenjena; buscaron entrar, pero se detuvo la introducción transgénica. En México se ha logrado parar. Hay odio de Monsanto hacia la biodiversidad y la libertad de la alimentación. La defensa debe venir desde un amor a la biodiversidad, a la tierra.

 

–¿Ve el riesgo de que se lleguen a establecer monocultivos de alimentos que son básicos, como el caso del maíz o la berenjena?

 

–No es un riesgo: eso ya está pasando. Hay que ver a Argentina, donde se extendió el cultivo de soya transgénica y sufren los efectos de los pesticidas o el medio oeste de Estados Unidos, es un monocultivo de maíz y soya; Brasil es un monocultivo de maíz. En muchos lugares ya vemos el monocultivo y los daños que esto ocasiona.

 

"En India existe el sistema Navdanya, parecido a la milpa. Son de biodiversidad interna, autosustentables. Lo que las empresas promueven es destruir la biodiversidad, establecer un solo cultivo y la dependencia a una alimentación externa basada en pesticidas. Las compañías que causan las enfermedad son las mismas que trabajan en dar el remedio. La misma que produce el pesticida también tiene la medicina para curar la enfermedad que provocó".

 

 

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 03 Abril 2016 08:27

La pobreza no es bella

La pobreza no es bella
Este año 2016, el 4 de setiembre, habrá otra santa: Teresa de Calcuta. Pero “La madre Teresa será la santa patrona de los blancos que se vayan de año sabático, no de ninguna persona de color”, se expresa la intelectual Krithika Varagur en The World Post.

 

Santa Teresa, la de Ávila, fue, además de fundadora de caminos funcionales a la Iglesia Católica, preclara pensadora que en los caminos del misticismo encontró una manera posible de hacer oír su voz intensa y particular. Y tres siglos más tarde, la joven y luminosa Thérese de Lisieux se convertiría en santa Teresita del Niño Jesús. Este año 2016, el 4 de setiembre, habrá otra santa Teresa mucho más cercana, tanto, que no se precisa ser viejo para haber sido su contemporáneo: Teresa de Calcuta. La muy romana y apostólica no se tomó, en su caso, el tiempo acordado necesario para obtener para ella el título de beata, paso previo a la santificación. Juan Pablo II no esperó los cinco años reglamentarios, después de la muerte de Teresa en 1997, para empezar el proceso de beatificación: lo inició sólo un año después. Ayudó quizá el Nobel de la Paz que Teresa recibió en 1979. El Nobel, después de todo, es lo más parecido a la canonización que la sociedad occidental, laica y obligatoria, aunque no gratuita, puede brindar a sus habitantes.


Pero ni las dos santas Teresas anteriores ni ningún agraciado con el título tuvieron que convivir con un tiempo como éste, en el que, supremacía de los medios mediante, todo se ventila y todo se discute. La monja de Calcuta, en cambio, no sólo convive viva y muerta con los medios sino que su imagen se construyó, en buena medida, gracias a ellos. Y la amplificación mediática, ya se sabe, tiene sus pro y sus contras. Por ejemplo, el polémico, brillante y ateo Christopher Hitchens (1949-2011), una de las figuras públicas del siglo XX –y un poquito del XXI–, más dispuesto a pelearse con dios y con el diablo en cualquiera de sus versiones celestiales o mundanas, dedicó a sor Teresa un documental para la televisión titulado Ángel del infierno (1994), con guión del propio Hitchens y del historiador y periodista pakistaní Tariq Ali. Y según esa película, Teresa trabajó para que los pobres aceptaran su destino de sufrimiento como una manera de estar más cerca de Jesús, y por lo tanto las condiciones de los hogares de la orden por ella fundada no aliviaban el dolor ni buscaban la salud de los pacientes. Además, Teresa consideraba al sida como un castigo divino por un comportamiento sexual inadecuado, se oponía al aborto aun cuando el embarazo fuera fruto de una violación, y llegó a expresar que no permitiría que una mujer que usara anticonceptivos o hubiera abortado adoptase a un huérfano puesto que alguien así “no puede amar”. Intervino en el referendo sobre el divorcio en Irlanda, abogando por su prohibición, aunque mantenía excelentes relaciones con la divorciada princesa Diana de Gales, así como con el dictador haitiano Jean-Claude Duvalier o el albano Enver Hoxha.


En el mismo sentido, pero con un matiz que incluye los efectos del colonialismo, se expresa la intelectual Krithika Varagur, quien escribe, en The World Post: “Lo peor de todo es que ella fue la persona blanca por excelencia que se puso al servicio del tercer mundo –la razón de su imagen pública– y la fuente de desmesuradas cicatrices en la psique poscolonial de India y su diáspora. (...) Aunque tenía 517 misiones en 100 países en el momento de su muerte, el estudio reveló que casi nadie que iba buscando cuidados médicos los encontró allí. Los médicos observaron condiciones antihigiénicas, incluso insalubres, comida inapropiada y ningún analgésico, no por falta de financiación –ese no era un problema para la orden de la madre Teresa–, sino por lo que los autores del estudio califican como una ‘concepción particular del sufrimiento y la muerte’. Incluso teniendo en cuenta la noción cristiana de la humildad, ¿qué tipo de pensamiento perverso subyace tras este razonamiento? La respuesta es el colonialismo racista, como era de esperar dado el lugar donde centró su trabajo. Pese a los 100 países, la madre Teresa es de India e India la consagró como Teresa de Calcuta. (...) Su imagen se encuentra completamente circunscrita en la lógica colonial: la del salvador blanco que enciende una luz entre los negritos más pobres del mundo”. Y culmina: “La pobreza no es bella, es terrible. La madre Teresa será la santa patrona de los blancos que se vayan de año sabático, no de ninguna persona de color”.


Para que la Iglesia acepte convertir a alguien en santo, necesita de milagros probados a favor del candidato a la santidad. No se aclaró de qué color o cultura son, o eran, los que vivieron los milagros que convertirán a Teresa de Calcuta en santa.

Publicado enSociedad
Sábado, 19 Diciembre 2015 08:15

Todos detrás del tesoro

Todos detrás del tesoro

El 27 de noviembre de este año los buzos de la marina colombiana hallaron el galeón que inspiró las páginas de García Márquez en El amor en los tiempos del cólera, cuando los cazadores de fortuna ya asediaban la historia y la leyenda. Ahora el Estado español reclama el buque y el presidente Juan Manuel Santos dice que pertenece a los colombianos.

 

Y Florentino le escribió una carta a Fermina Daza para decirle que rescataría y pondría a sus pies el tesoro del galeón San José. En El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez contó que sumergido bajo las aguas de la península de Barú, Florentino vio la popa del galeón con el nombre visible en letras de oro y que entre los barcos hundidos era el más dañado por los cañones ingleses. "Contó haber visto adentro un pulpo de más de tres siglos de viejo, cuyos tentáculos salían por los portillos de los cañones, pero había crecido tanto en el comedor que para liberarlo habría que desguazar la nave. Contó que había visto el cuerpo del comandante con su uniforme de guerra flotando de costado dentro del acuario del castillo, y que si no había descendido a las bodegas del tesoro fue porque el aire de los pulmones no le había alcanzado."


El 27 de noviembre de este año los buzos de la marina colombiana tuvieron más oxígeno, y mejor suerte. Hallaron el galeón que inspiró las páginas de García Márquez en los años ochenta, cuando los cazadores de fortuna ya asediaban la historia y la leyenda. Ahora el Estado español reclama el buque y el presidente Juan Manuel Santos dice que pertenece a los colombianos. La historia es larga, como la línea de ceros que cotiza el tesoro: 17.000 millones de dólares, dicen unos; Santos habla de 4.600 millones de euros. El oro brilla y las palabras lo envidian, rendidas al cieno de los argumentos.


El San José fue construido en 1698 por el duque Arístides Eslava y su familia en un astillero de Guipúzcoa, España. En 1706 llegó al Caribe en busca de oxígeno económico para Felipe V, acosado por la guerra de sucesión con los austracistas de la corona de Aragón. Cargó en Cartagena de Indias muchas toneladas de oro, plata y esmeraldas, en su mayoría provenientes de Perú, y una tarde de junio de 1708 partió con sus 64 cañones y 16 barcos de escolta rumbo a Cádiz, pero no llegó. Una flota de piratas ingleses al mando del capitán Charles Wagner lo hundió por error en la península de Barú. De modo que Felipe V y el capitán Wagner se quedaron sin el tesoro.
—¡¿No les dije "tiros altos" y que apuntaran a los mástiles?, inútiles!
El mar se lo tragó con los 600 tripulantes del galeón.


Igual que los banqueros, los fabricantes de tornillos y los vendedores de ilusiones, antes de que se cumplieran tres siglos los cazadores de tesoros se beneficiaron de los adelantos tecnológicos y fundaron empresas como la de Ruben Collado, que en mayo de 2000 encontró el tesoro del galeón Nuestra Señora de la Luz frente a las costas de Carrasco y ahora va por el navío inglés Lord Clive, hundido frente a las costas de Colonia. Ya no se trata de los mineros de Alaska o de Jujuy. Hace treinta años me dijo un bolichero de la puna que conocía el paradero de una mina de plata en la cordillera: "Para explotar una mina ahora hace falta tener otra en el bolsillo". Y tenía razón.


En 1982 Glocca Morra Company denunció ante la Dirección Marítima de Colombia haber detectado restos del galeón, y dos años después el gobierno de Belisario Betancur anunció que iba a buscarlo, con la promesa de dar a la compañía la mitad de la carga. Pero Glocca cedió los derechos a la estadounidense Sea Search Armada (Ssa), un decreto de Betancur redujo el porcentaje al 5 por ciento y la Ssa demandó al Estado colombiano. Veinte años de pleitos en los tribunales de Bogotá, en el estado norteamericano de Columbia y en Washington dieron la razón al gobierno de Colombia, que en 2013 aprobó la ley 1.675, de protección del patrimonio sumergido y que permite la comercialización de parte de lo descubierto como pago a empresas privadas asociadas a la expedición, mientras no supere el 50 por ciento del material localizado y existan piezas históricas similares.


La ley blindó los derechos de Colombia ante posibles reclamos foráneos y el destino quiso que el 27 de noviembre pasado los sonares del buque Malpelo dieran con la ubicación del tesoro. Pese a todas las protecciones, poco después de que Santos anunciara el descubrimiento, el 4 de diciembre, el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, aseguró que "desde el minuto uno" España reclamará la propiedad del barco. Se trata de un buque "de Estado" hundido en "acción de guerra", dijo, y es "la tumba de 600 almas españolas que estaban allí".


España va otra vez por el oro de América porque se trata, vamos, del alma española, esgrime derechos otorgados por la Convención sobre la Protección del Patrimonio Subacuático, de la Unesco, que Colombia no firmó, y las cancillerías de ambos países discuten el destino del San José bajo la cordial amenaza de llevar el pleito a tribunales internacionales. Por el momento ningún indígena peruano ha reclamado el tesoro que perteneció a sus antepasados, y es ocioso recordar que las agrupaciones indígenas tendrían derechos más legítimos que los de cualquier ley o convención de patrimonios, pero la historia nunca devuelve el pasado más que por sus pergaminos.


Los robos de la conquista en América han quedado a medio sepultar desde que España ingresó a la Comunidad Económica Europea, comenzó a nadar en dinero fresco y levantó la bandera de la cultura hispanoamericana para cubrir las malas heridas de la colonización. Pero se rifaron la nueva dicha como en los viejos tiempos –¿es que nunca entenderán el Renacimiento?–, y nuevamente escasos de divisas, se las reclaman otra vez a América.


Hasta ahora Santos no ha revelado la ubicación del galeón, no declaró cuántas piezas rescataron, cuántas hay debajo de los corales ni qué acuerdos tiene el gobierno con la asistencia de técnicos privados. "La información es un asunto de Estado, por lo que está bajo reserva de ley", aclaró. "Si no se puede resolver por un acuerdo amistoso –contestó el ministro español García-Margallo–, ellos entenderán que nosotros reclamemos y defendamos nuestros derechos."


Las historias de tesoros, piratas y cazadores de fortunas tienen el singular privilegio de pivotar entre la fantasía y la realidad. Como nadie sabe de qué lado se inclinará el destino, todos juegan con cartas marcadas y esconden las mejores. Acá mismo, hace poco, Collado volvió a criticar la política de preservación patrimonial subacuática del Estado uruguayo y dijo que los tesoros están para sacarlos, naturalmente, con el mejor provecho. Se estima que el Lord Clive tiene un capital de 70 millones de dólares en oro y miles de litros de ron. Sólo falta que reaparezca John el Largo y con los viejos piratas de Stevenson reclame el oro, claro, y se consuele con el ron.

Publicado enColombia
Martes, 17 Noviembre 2015 19:19

París: la sombra de Argelia

París: la sombra de Argelia

No sólo uno de los atacantes se esfumó después de la matanza en París. Tres naciones cuya historia, acción –e inacción– ayudan a entender la carnicería cometida por el Isis han escapado en gran medida a la atención entre la casi histérica respuesta a los crímenes de lesa humanidad en la capital francesa: Argelia, Arabia Saudita y Siria.

La identidad franco-argelina de uno de los atacantes demuestra de qué modo la salvaje guerra francesa de 1956-62 en Argelia continúa infectando las atrocidades de hoy. La absoluta negativa a contemplar el papel de Arabia Saudita como proveedora de la forma más extrema del islam, la wahabita sunita, en la que cree el Isis, muestra de qué manera nuestros líderes aún rehúsan reconocer los vínculos entre el reino y la organización que atacó a París. Y nuestra falta total de voluntad de aceptar que la única fuerza militar regular en combate constante con el Isis es el ejército sirio –que lucha por el régimen que Francia desea destruir– nos impide aliarnos con los inmisericordes soldados que están en acción contra el Isis con mayor ferocidad aún que los kurdos.


Siempre que Occidente es atacado y nuestros inocentes perecen, caemos en borrar el banco de memoria. Por tanto, cuando los reporteros nos dijeron que los 129 muertos en París representaron la peor atrocidad perpetrada en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, omitieron mencionar la masacre en París de hasta 200 argelinos que participaban en una marcha ilegal contra la salvaje guerra colonial francesa en Argelia, en 1961. La mayoría fueron asesinados por la policía francesa; muchos fueron torturados en el Palais des Sports y sus cuerpos arrojados al Sena. Los franceses sólo reconocieron 40 muertos. El oficial de policía a cargo era Maurice Papon, quien trabajó para la policía colaboracionista de Petain en Vichy en la Segunda Guerra Mundial y deportó a más de mil judíos hacia su muerte.


Omar Ismail Mostafai, uno de los atacantes suicidas en París, era de origen argelino, y acaso también lo eran los otros sospechosos identificados. Said y Cherif Kouachi, los hermanos que asesinaron a los periodistas de Charlie Hebdo, eran descendientes de argelinos. Procedían de la comunidad argelina en Francia, integrada por más de 5 millones de personas, para muchas de los cuales la guerra en Argelia nunca terminó, y que hoy viven en los barrios bajos de Saint-Denis y otros enclaves argelinos en París. Sin embargo, el origen de los asesinos del 13 de noviembre –y la historia de la nación de la que proceden sus padres– ha sido casi borrado de la narrativa de los horribles sucesos del viernes. Un pasaporte sirio con un sello griego es más emocionante, por razones obvias.


Una guerra colonial de hace medio siglo no justifica un asesinato en masa, pero ofrece un contexto sin el cual cualquier explicación de por qué hoy Francia ha sido tomada de blanco tiene poco sentido. Al igual que la fe sunita-wahabita saudita, que es fundamento del "califato islámico" y sus asesinos, presuntos practicantes de ese culto.


Mohammed ibn Abdel al Wahab fue el clérigo y filósofo purista cuyo implacable deseo de purgar a los chiítas y otros infieles de Medio Oriente condujo a las masacres del siglo XVIII, en las que la dinastía original al Saud estuvo profundamente involucrada.


El actual reino saudita, que con regularidad decapita a supuestos criminales tras someterlos a juicios injustos, construye un museo en Riad dedicado a las enseñanzas de al Wahab, y la furia del viejo prelado hacia los idólatras y la inmoralidad ha encontrado expresión en la acusación del Isis contra París como centro de "prostitución". Gran parte del financiamiento del Isis proviene de los sauditas, aunque, una vez más, este hecho ha sido borrado de la historia terrible de la matanza del viernes.


Y luego viene Siria, cuyo régimen Francia demanda destruir desde hace mucho tiempo. Sin embargo, el ejército de Assad, rebasado en número y armamento –aunque ha recapturado algún territorio con ayuda de los ataques aéreos rusos–, es la única fuerza militar entrenada que combate al Isis. Durante años, estadunidenses, británicos y franceses han dicho que los sirios no combaten al Isis. Pero esta es una falsedad palpable: en mayor, las fuerzas sirias fueron echadas de Palmira cuando intentaban evitar que los convoyes suicidas del Isis se abrieran paso hacia la ciudad... convoyes que podían haber sido atacados por aviones estadunidenses o franceses. Unos 60 mil soldados sirios han perecido en Siria, muchos a manos de islamitas del Isis y de Al Nusra, pero nuestro deseo de destruir el régimen de Assad tiene prioridad sobre nuestra necesidad de aplastar al Isis. Ahora los franceses alardean de haber golpeado 20 veces la "capital" del Isis en Siria, Raqqa: un ataque de venganza por donde se le mire. Porque, si fue un asalto militar serio para liquidar la maquinaria del Isis en Siria, ¿por qué los franceses no lo hicieron hace dos semanas? ¿O dos meses? Una vez más, por desgracia, Occidente –y Francia en especial– responde al Isis con la emoción, más que con la razón, sin ningún contexto histórico, sin reconocer el sombrío papel que nuestros "moderados" y decapitadores "hermanos" sauditas representan en esta historia de horror. Y así creemos que vamos a destruir al Isis...

Traducción: Jorge Anaya

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Viernes, 04 Septiembre 2015 05:34

La candente actualidad de Fanon

La candente actualidad de Fanon

El pensamiento de Frantz Fanon ha retornado. A cinco décadas de su muerte, sus libros vuelven a ser leídos en las universidades y en los espacios de los sectores populares organizados. Algunas de sus reflexiones centrales alumbran aspectos de las nuevas realidades y contribuyen a la comprensión del capitalismo en esta etapa de sangre y dolor para los de abajo.


La redición de algunas de sus obras como Piel negra, máscaras blancas (Akal, 2009), con comentarios de Immanuel Wallerstein, Samir Amin, Judith Butler, Lewis R. Gordon, Ramón Grosfoguel, Nelson Maldonado-Torres, Sylvia Wynter y Walter Mignolo, ha contribuido a la difusión de su pensamiento, así como las periódicas rediciones de su obra principal, Los condenados de la Tierra, prologada por Jean Paul Sartre. Sería necesaria, también, la redición de su libro Sociología de una revolución, publicado en 1966 por la Editorial Era.


Sin embargo, el renovado interés por Fanon va mucho mas allá de sus libros y de sus escritos. Se trata, creo, de un interés epocal, en el dobe sentido del periodo actual que atraviesan nuestras sociedades y del nacimiento de poderosos movimientos antisistémicos protagonizados por los diversos abajos. Quiero decir que estamos ante un interés político más que una curiosidad académica o literaria.


En mi opinión, hay cinco razones que explican la actualidad de Fanon.


La primera es que el capitalismo en su etapa actual, centrada en la acumulación por despojo (o cuarta guerra mundial), redita algunos aspectos de la dominación colonial. La ocupación de enclaves territoriales por las empresas multinacionales,y la ocasional pero importante ocupación militar por los imperialismos de varios países con la excusa de la guerra contra el terrorismo, son algunos de esos aspectos.


Hay otros que es necesario, por lo menos, mencionar. La población se ha convertido en objetivo militar, ya sea para su control o su eventual eliminación, ya que es un estorbo para la acumulación por despojo. La guerra contra las mujeres, convertida en nuevo botín de la conquista de territorios, es otro de los aspectos del nuevo colonialismo, así como la creciente militarización de los barrios populares en las perfierias de las grandes ciudades.


En la medida que el capitalismo acumula robando los bienes comunes de pueblos enteros, nos permite decir que estamos ante un neocoloniaismo aunque, en rigor, se trata de la fase de decadencia del sistema que ya no aspira a integrar a las clases dominadas sino, sencillamente, a vigilarlas y exterminarlas en caso de que resistan.


La segunda es que es cada vez más evidente que la sociedad actual se divide, como dice Grosfoguel con base en Fanon, en dos zonas: la zona del ser, donde los derechos de las personas son respetados y donde la violencia es excepcional, y la zona del no-ser, donde la violencia es la regla. El pensamiento de Fanon nos ayuda a reflexionar sobre esta realidad que coloca tanta distancia entre el capitalismo del siglo XXI con aquel del Estado del bienestar.


La tercera es la crítica que Fanon hace a los partidos de izquierda del centro del mundo, en el sentido de que sus formas de trabajo se dirigen exclusivamente a una élite de las clases trabajadoras, dejando de lado a los diversos abajos que en el marxismo son despachados como pertenecientes al lumpenproletariado. Por el contrario, Fanon deposita en la gente común de abajo su esperanza mayor como posibles sujetos de su autoemancipación, o emancipación a secas.


En cuarto lugar, Fanon no era un intelectual ni un académico, sino que puso sus conocimientos al servicio de un pueblo en lucha como el argelino, a cuya causa sirvió hasta el día de su muerte. Esta figura del pensador-militante, o como quiera llamarse al profesional que se compromete incondicionalmente con los de abajo, es un aporte extraordinario a la lucha de los sectores populares.


En este sentido, vale destacar la crítica al eurocentrismo de las izquierdas, a la pretensión de trasladar mecánicamente propuestas y análisis nacidos en el mundo del ser al del no-ser. El nacimiento de feminismos indios, negros y populares en nuestro continente es una muestra de las limitaciones de aquel primer (y fundamental) feminismo europeo que, sin embargo, necesitaba reinvertarse entre las mujeres del color de la tierra, con base en sus propias tradiciones y realidades, entre ellas la centralidad de la familia en el mundo femenino latinoamericano.


Aunque esta breve recapitulación deja de lado varios aspectos importantes de la obra de Fanon, como sus reflexiones sobre la violencia de los oprimidos, me parece necesario destacar un aspecto adicional, creo que central en el pensamiento crítico actual. Se pregunta las razones por las cuales el hombre negro desea aclarar su piel, los porqués la mujer negra desea ser rubia o conseguir una pareja lo más blanca posible. El dominado, dice Fanon, el perseguido, no sólo busca recuperar la hacienda apropiada por el amo, sino que quiere el lugar del amo. Es evidente que, luego del fracaso de las revoluciones rusa y china, esta consideración debe ocupar un lugar central en la lucha anticapitalista.


No comparto el lugar que otorga Fanon a la violencia de los de abajo en este proceso de convertirse en sujetos de sus vidas, en su liberación de la opresión. La violencia es necesaria, pero no es la solución, como atinadamente reflexiona Wallerstein en su comentario a Piel negra, máscaras blancas.


Creo que debemos profundizar en este debate. Cómo hacer para no reproducir la historia en la cual los oprimidos repiten una y otra vez la opresión de la que fueron víctimas. A mi modo de ver, se trata de crear algo nuevo, un mundo nuevo o realidades nuevas, que no sean calco y copia del mundo de los de arriba, que sean lo suficientemente potentes como para difuminar, del imaginario colectivo, el lugar central que ocupa el opresor, el amo o el patrón. Sigo creyendo que la experiencia de las bases de apoyo del EZLN es un ejemplo en esta dirección.

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Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías/I

El libro más reciente de Raúl Zibechi, Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías, autonomías y emancipaciones en la era del progresismo, publicado recientemente en nuestro país por Bajo Tierra Ediciones (2015), constituye una sólida y profunda contribución al debate de las ideas en el ámbito de las resistencias y los procesos autonómicos anticapitalistas, así como una crítica de gran calado a los progresismos de las denominadas izquierdas institucionalizadas, considerados por el autor incluso como una nueva forma de dominación.


Dividida en cuatro secciones, precedidas de una introducción (I. Las sociedades en movimiento; II. Los movimientos en la era progresista; III. Los progresismos como nuevas formas de dominación; IV. Abajo y a la izquierda), la obra se fundamenta en un conocimiento vivencial del autor de importantes movimientos antisistémicos en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú, Venezuela, Uruguay y, en especial, en México, a partir de la convivencia de Zibechi con el proceso de los pueblos mayas agrupados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).


La introducción es clave para la comprensión del extenso texto de 375 páginas, e inicia con el impactante y poco conocido relato acerca de la masacre de al menos 200 argelinos y el arresto de otros miles en París el 17 de octubre de 1961, así como de los costos en vidas humanas y torturados de la guerra de liberación, que según informes del Frente de Liberación Nacional, de un total de entre 9 y 10 millones de habitantes, un millón de argelinos fue muerto, mientras que otro millón fue torturado. Zibechi señala que nunca hubo condenas por asesinar argelinos y que este es el clima en el que reflexionaba Frantz Fanon, considerado como la "zona del no-ser (...) donde la humanidad de los seres es violentada día tras día, hora tras hora. Se reivindica la actualidad del pensamiento de Fanon al cuestionar la teoría crítica hegemónica, o sea, el marxismo soviético de las décadas de 1950 y 1960, y por pensar y practicar la resistencia y la revolución desde el lugar físico y espiritual de los oprimidos: allí donde buena parte de la humanidad vive en situaciones de indecible opresión, agravada por la recolonización que supone el modelo neoliberal. Zibechi sostiene que sigue siendo necesaria una estrategia que aborde el complejo de inferioridad sufrido por el colonizado, y se pregunta: ¿De qué sirve la revolución si el pueblo triunfante se limita a reproducir el orden colonial, una sociedad de dominantes y dominados? Por ello, abordar la cuestión de la subjetividad es un asunto estratégico-político de primer orden, sin el cual el dominado volverá a repetir la vieja historia: ocupando el lugar material y simbólico del colonizador, reproduciendo así el sistema que combate. Criticando el papel liberador que Fanon atribuye a la violencia, al elevar al pueblo a la altura del dirigente, se retoma la necesidad de abordar el problema de la subjetividad como una prioridad política, rompiendo así con la centralidad de la economía y con el papel excluyente concedido a la conquista del poder y a la recuperación de los medios de producción y de cambio por la teoría de la revolución.


A partir de estas ideas, Zibechi desarrolla aspectos que considera centrales, y que ciertamente están presentes en los textos que integran el volumen: autonomía y dignidad, poder, re-producción y familia, comunidad o vanguardia, identidad, producción colectiva de conocimientos y creación de un mundo nuevo. Señala que los que viven en la zona del no-ser no pueden ser autónomos en la sociedad opresora, ya que la violencia es vida cotidiana y la sociedad no los reconoce como seres humanos; por ello, los colonizados (Fanon), los de abajo (zapatistas), deben crear espacios seguros a los que los poderosos no puedan acceder. Asimismo, las autonomías de los pueblos indígenas, campesinos y mestizos deben ser integrales, esto es, abordar todos los aspectos de la vida, desde la producción de alimentos hasta la justicia y el poder. Los dominados no pueden apelar a la justicia del Estado, sino crear instituciones propias. De esta manera, los procesos de cambio no pueden ordenarse alrededor de los estados actuales. Los procesos autonómicos se fundamentan en poderes democráticos, no estatales, anticoloniales porque destruyen las relaciones de subordinación de raza, género, generación, saber y poder heredadas, construyendo otras nuevas en las que las diferencias coexisten sin imponerse unas a las otras.

Los movimientos de la zona del no-ser se cuentan por familias. El paso político fundamental es el pasaje de la reproducción en la casa familiar a la reproducción colectiva en los movimientos, modificando la inmovilidad de la sociedad dominada, renovar su sangre y su alma (Fanon). Es en la reproducción donde la sociedad de los de abajo puede hacer un esfuerzo sobre ella misma.


Se sigue también a Fanon en su denuncia al elitismo de las izquierdas, incluyendo la noción de partido que considera importada de la metrópoli. Su rechazo a la organización centrada en las élites más conscientes y organizadas se basa en su capacidad de negociar e incrustarse en el aparato estatal. No tienen necesidad de destruirlo, ya que esperan un lugar a la sombra del sistema. Zibechi destaca que el zapatismo, por el contrario, se propone organizar el conjunto del pueblo. El EZLN invirtió la lógica colonial de las izquierdas, al ponerse al servicio de las comunidades, esto es, del vanguardismo revolucionario al mandar obedeciendo; de la toma del Poder de Arriba a la creación del poder de abajo; de la política profesional a la política cotidiana; de los líderes, a los pueblos (sub Marcos). El zapatismo transita este camino de descolonización del pensamiento crítico, sostiene Zibechi, revitalizando tradiciones de carácter comunitario, y a partir de saberes que enseñan que para construir un mundo nuevo no es necesaria una teoría revolucionaria separada de la realidad y que se coloca por encima de ella.

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Ratifican en la ONU derecho de Puerto Rico a autodeterminación e independencia

El Comité de Des¬colonización de la ONU adoptó este lunes por consenso una nueva resolución que ratifica el derecho de Puerto Rico a la libre autodeterminación e independencia.


Por trigésima cuarta ocasión, ese órgano aprueba un documento sobre el caso de Puerto Rico, nación sometida a cinco siglos de colonialismo, los últimos 117 años bajo el dominio de Estados Unidos.


La iniciativa presentada por Cuba, con el pa¬¬tro¬cinio de Venezuela, Nicaragua, Ecua¬dor, Bolivia, Rusia y Siria demanda a Wa¬shing¬ton asumir su responsabilidad y permitir que el pueblo boricua ejerza plenamente esas prerrogativas, en sintonía con la proclama lanzada en 1960 por la Asamblea General de las Naciones Unidas de poner fin al colonialismo en el planeta.
Además, insiste en el carácter latinoamericano y caribeño del pueblo de Puerto Rico, "que tiene su propia e inconfundible identidad nacional."


El texto también refleja las preocupaciones por el debate existente en esa nación sobre la implementación de un mecanismo que pueda asegurar la participación de todos los sectores de opinión locales, como una asamblea constitucional sobre la cuestión del estatus.


Al respecto, insta a basar dicho instrumento en las alternativas de descolonización reconocidas por el derecho internacional, "consciente del principio de que toda iniciativa por la solución del estatus político de Puerto Rico debe tomarla originalmente su pueblo".


La resolución adoptada aquí pide al go¬bierno estadounidense completar la devolución de toda la tierra ocupada y las instalaciones de la isla de Vieques. Asi¬mis¬mo, reclama la libertad del preso político Oscar López Rivera, de 71 años, encerrado durante más de tres décadas por la causa independentista.


Antes de la adopción por consenso del documento, el Movimiento de Países No Ali¬nea¬dos, que agrupa a 120 naciones, y la Co¬munidad de Estados Latinoamericanos y Ca¬ri¬beños, integrada por los 33 países de la re¬gión, expresaron su apoyo a la autodeterminación boricua.


También Cuba, Ecuador, Venezuela, Bo¬livia, Nicaragua y Siria intervinieron en el foro para demandar respeto a que los puertorriqueños ejerzan su derecho inalienable a la autodeterminación y la independencia.


(Información de Prensa Latina)

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