Sábado, 14 Septiembre 2019 06:30

Los videojuegos están privatizando el deporte

Los ganadores por parejas, Emil "Nyhrox" Bergquist Pedersen (izquierda) y David "Aqua" Wang (derecha), se llevaron a casa $ 1.5 millones cada uno por su victoria. Foto: Epic Games

Cuarenta millones de personas han tomado parte en el campeonato mundial del videojuego Fortnite. Las competiciones digitales a nivel profesional están en continuo crecimiento y representan la nueva frontera de la transformación del deporte en producto privado. Pero no hay que confundir el sistema con los individuos que en él participan.

El pasado julio tuvo lugar el campeonato mundial del videojuego Fortnite (la Fortnite World Cup) y su vencedor, un chico de dieciséis años llamado Kyle 'Bugha' Giersdorf, ganó tres millones de dólares, de un total de 30 millones repartidos en premios, en una final que siguieron más de dos millones de personas, según declaraciones de Epic Games, empresa autora del juego.

Para poner estas cifras en contexto considerad que tres millones de dólares equivalen al mayor premio que se haya asignado en toda la historia del golf. Y resulta aún más relevante el hecho de que 40 millones de aspirantes a campeón participaran en las fases de selección del campeonato. Epic Games construyó el escenario de Fortnite (con una inversión inicial de 100 millones de dólares) precisamente con la idea de que cualquiera pudiese participar en la competición del que, desde su lanzamiento en 2017, se ha convertido rápidamente en uno de los videojuegos más populares en el mundo, al menos en Occidente.

La Fornite World Cup no es un caso aislado, forma parte de ese fenómeno conocido como 'eSports', los deportes digitales (electrónicos), es decir, videojuegos en los que se compite a nivel profesional.

En los últimos diez años, los editores de videojuegos, atraídos por el modelo game-as-a-service (juego-servicio), es decir, por la posibilidad de utilizar sus creaciones como servicio a largo plazo y monetizarlas hasta el infinito, han iniciado a crear productos diseñados para convertirse en eSports y construir una comunidad de jugadores dispuestos a pagar por nuevos contenidos.

“Quien juega de forma competitiva alcanza una inmersión [en nuestro videojuego] cinco veces superior a quien no juega de forma competitiva”, afirma Todd Sitrin, de Electronic Arts, que publica el videojuego FIFA. “Esto se traduce en mayores beneficios, mayores ventas del juego y más dinero gastado por los jugadores dentro del propio juego”. En 2018, se contabilizaron 395 millones de espectadores de eventos dedicados a los eSports y el sector movió 868 millones de dólares. En ese mismo año, el campeonato mundial del videojuego Dota 2 de Valve repartió premios por un total de 25 millones de dólares y la final del League of Legends de Riot Games fue seguida por 100 millones de espectadores.

Eventos parecidos y cifras similares atraen cada vez más a inversores y a prensa. Giersdorf ha asistido como invitado al The Tonight Show Starring Jimmy FallonThe Washington Post tiene ya periodistas especializados en la cobertura de eSports; China ha reconocido el juego competitivo como oficio; más de 30 universidades estadounidenses tienen ya un equipo de eSports; la Staffordshire University tiene un curso centrado en el “negocio de los eSports”; doce países europeos están organizando una European Esports Federation; afirmados deportistas y actores invierten en el sector; la NBA tiene su propia liga dedicada al videojuego, la NBA 2K de Take Two; y la Fórmula 1 organiza la F1 Esports Series, en las que las empresas de la Fórmula 1 tradicional eligen a jugadores para que les representen y compitan en el videojuego oficial de la federación.

En Italia, los equipos de fútbol Roma, Sampdoria, Empoli, Cagliari y Parma tienen una división dedicada al eSport; se está preparando un torneo de videojuegos oficial de la Serie A —Primera División del fútbol italiano—; recientemente las empresas Red Bull, Adidas y Armani han iniciado inversiones en organizaciones italianas de eSports; el Automobile Club d’Italia ha creado una comisión que evaluará la posibilidad de entrar en el mundo de los eSports; los periódicos La Gazzetta dello Sporty Corriere dello Sport tienen ya una sección dedicada al tema y en el canal Dmax acaba de concluir la primera temporada del programa House of eSports.

Futuro en los eSports

El debate se centra a menudo en dinero, cifras, récords y vencedores; los tonos son triunfalistas y se habla de un futuro en el que los eSports serán “más grandes que los deportes”. Es un momento de crecimiento, remolcado entre otras cosas por el éxito de las plataformas de streaming (plataformas online donde jugadores juegan en directo y las empresas transmiten sus eventos), como Twitch de Amazon. Una pena que, como ha revelado la web especializada en videojuegos Kotaku, las cifras del sector hayan sido infladas y los eSports quizás están destinados a ser la enésima burbuja especulativa. Ningún analista y ningún experto tiene ni idea de lo que valen en realidad los eSports y de cuántos son realmente sus espectadores.

Pero el capitalismo no se ha parado nunca de frente a las burbujas especulativas, y el eSport es hoy un fenómeno que hay que conocer y entender para comprender la actual industria del entretenimiento. Porque la importancia de los eSports es tal que ya forman parte del debate incluso en los eventos deportivos tradicionales. El Comité Olímpico Internacional (COI) ha debatido sobre cómo abrirse a los eSports y, aunque el debate ha sido definido por ahora como “prematuro”, el COI ha animado a “una cooperación acelerada” respecto a las simulaciones de deportes que ya forman parte de las Olimpiadas.

Mientras tanto, los Juegos Asiáticos Bajo Techo y de Artes Marciales dan medallas desde hace diez años a los vencedores de competiciones videolúdicas, se ha debatido sobre su introducción en los Juegos Asiáticos del 2022 en China (que son, tras las Olimpiadas, el evento polideportivo más grande del mundo) y en 2017 la Universidad Estatal de Milán empezó a pensar en cómo incluir los eSports en el calendario de sus campeonatos entre facultades.

También en este caso la cuestión es sobre todo económica: lo que interesa en estos eventos y a estas organizaciones no son los eSports en sí, sino su público, y el COI lo ha declarado explícitamente: “Los eSports están mostrando un gran crecimiento, especialmente en los sectores más jóvenes y en diversos países, y pueden generar una plataforma que los acerque al Movimiento Olímpico”.

 “El capitalismo avanzado y monopolista usa a la industria del entretenimiento para colonizar el deseo y el mito del deporte como un contenedor en el que introducir mensajes comerciales”, explica T.R. Young en The Sociology of Sport. También las Olimpiadas, que nacieron como un evento dedicado a deportistas amateurs y que durante mucho tiempo tuvieron reglas más bien severas sobre patrocinadores y marcas, desde los años 90 se han transformado progresivamente en un escenario para promover a sus patrocinadores.

No obstante, tras las Olimpiadas de Río de 2016, el COI y sus socios comerciales se mostraron preocupados por la escasa atención del público joven (18-34 años). Quizás los espectadores se están simplemente yendo a las plataformas digitales donde aún no son contabilizados, pero el COI quiere seguir ese traspaso y el inicio de un debate sobre la entrada de los eSports en las Olimpiadas forma parte de esa estrategia. Frente a un abandono generalizado del medio televisivo por parte de los jóvenes en favor del digital y de las plataformas de streaming, inversores y publicitarios corren a refugiarse en los eSports, que les ofrecen una oportunidad de retomar el contacto con esos nichos de mercado.

La importancia del público en los deportes resulta evidente en los casos en que los reglamentos son modificados precisamente para atraer a espectadores. En los años 90, la administración Clinton desregularizó el beisbol estadounidense e introdujo los integradores alimentarios (como la androstenediona, que sería prohibida más tarde) para aumentar el número de home runs en los partidos y su espectacularidad en general. Con esto se pretendía volver a llevar espectadores a los estadios, tras veinte años caracterizados por continuas huelgas de jugadores y una progresiva pérdida de público.

De una forma parecida pero amplificada, el eSport nace para ser tanto juego como espectáculo y se ve constantemente sometido a la necesidad de ser espectáculo. Las reglas de estos videojuegos cambian continuamente y no existe un interés real en su equilibrio o en hacer emerger al mejor jugador. Para las empresas resulta más importante capturar espectadores (y por tanto patrocinadores), y para hacerlo resulta prioritario crear una experiencia siempre variada y fresca. Para alcanzar ese mismo objetivo, resulta necesario que estos videojuegos den a todo el mundo la sensación de poder realizar sin esfuerzo todo aquello que ven hacer a los campeones.

Una partida es más interesante de ver si no se sabe quién va a ganar hasta el último segundo y, por tanto, si existen mecanismos que permiten recuperaciones inesperadas. El día anterior a un torneo oficial del videojuego Fortnite (el Winter Royale de 2018), su desarrolladora, Epic, introdujo sin previo aviso dos nuevos mecanismos alterando completamente la competición, invalidando el entrenamiento de los jugadores más fuertes y haciendo así posibles victorias inesperadas de participantes menos capaces y expertos. El eSport es, en este caso y en otros, una versión de los deportes potenciada y pensada para la época digital.

Por ejemplo, el deporte y los eventos deportivos son una excusa perfecta para la construcción de obras costosas e inútiles, y para la gentrificación de las ciudades, además de para legitimarse frente a la comunidad internacional. Los eSports, aun pretendiendo ser deportes digitales, prometen las mismas oportunidades de especulación inmobiliaria y de construcción de costosísimos escenarios que podrían volverse inútiles de un día para otro. Asimismo, los eSports para dispositivos móviles (smartphones y tablets) y, en general, los videojuegos online para dispositivos móviles, son también uno de los motivos que, según las grandes empresas, deberían empujar a los consumidores a abrazar la actual carrera hacia las redes 5G.

Por tanto, tanto los deportes como los eSports doblegan el cuerpo a una disciplina capitalista. El concepto contemporáneo de deporte no ha existido siempre: nace para ocupar el tiempo libre, es decir, el tiempo que no se consume trabajando, y esa división nace con el capitalismo. “En una época en que la fuerza de trabajo se compra y se vende, el tiempo dedicado al trabajo se separa clara y antagónicamente del tiempo no dedicado al mismo, y el trabajador le da un valor increíble a ese tiempo libre, mientras el tiempo dedicado al trabajo se considera perdido o malgastado”, escribe Harry Braverman en Labor and Monopoly Capital: The Degradation of Work in the Twentieth Century.

Pero el “tiempo libre” no es tiempo libre de capitalismo, sino solo tiempo dedicado a recargarse para el trabajo. “La diversión en el capitalismo avanzado es continuación del trabajo”, leemos en Dialéctica del Iluminismo de Max Horkheimer y Theodor Adorno. “Se busca el deporte como fuga del proceso de trabajo mecanizado, como modo de recuperar las fuerzas para poder más tarde volver a trabajar”.

El deporte transforma además el cuerpo en máquina y lo disciplina a través de entrenamientos repetitivos parecidos al trabajo en una cadena de montaje. “Podría decirse que los deportes modernos buscan devolver al cuerpo algunas de las funciones que la máquina le ha arrebatado”, escribe Adorno en uno de los ensayos recogidos en Prismas. “Pero lo hacen solo para adestrar a las personas a servir a la máquina de una forma aún más inexorable. Por tanto, los deportes pertenecen al reino de la cautividad”.

Del mismo modo, el videojuego obliga a sus jugadores a obedecer a reglas severas y a repetir obsesivamente las mismas acciones a cambio de una pequeña e ilusoria gratificación que resulta consolatoria por la ausencia de gratificación en el mundo real. Es un trabajo que prepara para el trabajo. Pero el eSport respecto al deporte niega definitivamente al cuerpo y lo sustituye con una máquina y con los cuerpos digitales que ésta simula. El ejercicio físico es aún importante para los jugadores profesionales, pero solo porque necesitan el cuerpo para poder someterse eficientemente a la máquina.

Esa disciplina a la que los cuerpos son sometidos sirve además para sustraer energía a las acciones anticapitalistas. Como escribe Trotsky, “la revolución despertará inevitablemente en la clase trabajadora inglesa pasiones inusuales, hasta ahora suprimidas artificialmente y anuladas gracias a la ayuda de la disciplina social, de la iglesia, de la prensa y de los canales artificiales constituidos por el boxeo, el fútbol, las carreras y el resto de deportes”. Y así funcionan los videojuegos y, con más razón, los eSports, que unen videojuego y deportes.

Escribe Matteo Bittaniti, filósofo y estudioso de videojuegos: “la diversión electrónica ofrece sucedáneos de satisfacciones psicológicas vetadas al precariado en la llamada realidad. Panacea virtual de las crecientes desigualdades, el videojuego es un eficaz dispositivo de gobierno, entendido en sentido foucaultiano”.

El deporte sustituye a las personas y a sus relaciones con números (récords, puntuaciones): “El deporte es un sistema de varias competiciones físicas con el objetivo de comparar y medir las prestaciones del cuerpo humano”, escribe Jen-Marie Brohm en Sociología Política del Deporte. El eSport, y en general el videojuego, se sustenta en una estructura de números y puntuaciones, y está siempre a la búsqueda de nuevas estadísticas para cuantificar las prestaciones.

El deporte no es ajeno a la idolatría de las individualidades. El eSport sigue la tendencia actual de los influencers, celebridades que construyen a su alrededor comunidades que dirigen (influencian) en base a los patrocinadores que representan. En todos esos aspectos, el eSport constituye una forma evolucionada de la unión entre deporte y espectáculo en el capitalismo digital.

Pero, por encima de todo, el eSport completa la transformación del deporte en producto. El fútbol es un sistema de reglas. Una federación, la FIFA, lo regula a nivel internacional y hoy día su reglamento lo respetan incluso en las Olimpiadas, pero la FIFA no posee el fútbol y no puede prohibir jugar al fútbol, jugar con reglas ligeramente distintas, fuera de su federación, como hace la ConIFA.

En cambio, el Fortnite, el Dota 2, el League of Legends y todos los demás eSports son marcas, productos con propietarios específicos. Y son esos propietarios los que deciden qué torneos pueden existir, cómo estructurar las carreras de los jugadores y, en general, quién puede jugar y cómo puede jugar a su videojuego.

Chester King, presidente de la British eSport Association, subrayó cómo esa diferencia entre deporte y eSport haga imposible (o por lo menos no deseable) su equiparación: “No creo que veáis nunca eSports en las Olimpiadas… Porque, ¿qué juego habría que elegir? Habría más de 35 títulos posibles, todos grandes productos comerciales. Nadie posee el fútbol, nadie posee el golf. Pero si las Olimpiadas tuvieran un torneo del videojuego Counter Strike, sus ventas se dispararían hasta alcanzar el espacio exterior”.

Es un problema del que el COI es consciente, y así ha citado entre los obstáculos encontrados en el reconocimiento de los eSports como deportes la rápida evolución de la industria “con la efímera popularidad de juegos específicos”, su panorama fragmentado (“con dura competición entre diversos operadores comerciales”) y su naturaleza “guiada por el comercio, mientras que los movimientos deportivos se basan en valores”.

Al ser un producto y tener un propietario, el videojuego se convierte también en un árbitro que aplica reglas que solo él conoce al completo y que nosotros entendemos tan solo en los límites en que nos las explican o en que se manifiestan más o menos claramente. De hecho, no tenemos acceso al código original de los eSports comerciales y, por tanto, a las auténticas reglas. Descubrir el funcionamiento de una creación, sus mecanismos más extraños, sus excepciones y sus secretos ha formado parte desde siempre de la fascinación por los videojuegos. Es la sorpresa de encontrarse en un mundo distinto del nuestro, un mundo del que hay que entender las reglas. Pero esto tiene poco que ver con lo que consideramos como “deporte”.

En parte, estos problemas podrían resolverse con la creación de eSports open-source y gratuitos, videojuegos de los que todos puedan conocer el reglamento y que no se encuentren bajo el férreo control de una multinacional. Pero, precisamente porque en una operación de ese tipo no habría detrás ninguna gran empresa, con su marketing y su público, hasta ahora nadie ha mostrado un interés real en esa posibilidad. Incluso el COI, que quiere llevar a las Olimpiadas las simulaciones de deportes que ya existen, ha animado a federaciones como la FIFA a no crear alternativas a los productos comerciales, sino a “adquirir o mantener un control adecuado sobre las versiones electrónicas/virtuales de sus deportes”. Además, esto no resolverá ciertamente los problemas más profundos de los eSports, que unen deporte y videojuegos como parte de nuestra “sociedad del espectáculo”.

El hecho de que el eSport sea un producto propiedad de una empresa tiene consecuencias importantes incluso en la vida de todos aquellos que trabajan en el sector. En 2018, la multinacional estadounidense Activision Blizzard interrumpió repentinamente la promoción de su videojuego Heroes of the Storm como eSport: canceló su torneo oficial y mandó así al paro a sus 200 jugadores profesionales, sus streamers (que se habían especializado en un videojuego que ya no tiene escena competitiva) y los expertos que trabajaban en los directos de las competiciones profesionales. Todo un eSport aniquilado por la reestructuración interna de una empresa, un evento que ha devuelto la atención a la necesidad de un sindicato que defienda a los jugadores profesionales, los cuales llegan a trabajar hasta 80 horas semanales. En ocasiones, los consecuentes graves daños mentales y físicos que esto acarrea acaban prematuramente con las carreras de los jugadores, que en cualquier caso están destinadas a concluir antes de los 30 años, igual que sucede en otros deportes.

Pero los eSports, como los deportes tradicionales, se han convertido también en una oportunidad para generar amistades entre personas marginadas, que encuentran un espacio para emerger y generar cambios en su entorno. Como demuestra el acoso sufrido por algunas mujeres durante una fiesta de clausura de la última edición del EVO (uno de los mayores eventos competitivos del mundo del videojuego), no se trata de espacios completamente seguros y acogedores para quien no es un hombre blanco, hetero y cis. Pero, por ejemplo, la comunidad que se ha creado en torno al EVO, formada por jugadores y jugadores de juegos de lucha (como el famoso Street Fighter de Capcom), es conocida desde siempre por su diversidad étnica, y más aún, nació en gran parte en los suburbios negros de Estados Unidos. Además, a pesar de la oposición de grupos organizados ligados a la alt-right estadounidense, los eSports (y los videojuegos en general) se están abriendo lentamente a la diversidad.

Algunos de estos juegos, como el reciente Apex Legends de Electronic Arts, se han distinguido por la inclusividad mostrada en la selección de personajes disponibles y Overwatch de Activision Blizzard ha sido el primer videojuego de su género (el shooter en primera persona) en poner en portada a un personaje femenino y homosexual, un personaje que se ha convertido en símbolo del producto y que no se caracteriza en base a su sexualidad.

Por supuesto, esto está en línea con el actual apoyo de las grandes corporaciones a la diversidad —consecuencia de las luchas reales de activistas y organizaciones—, la cual está siendo introducida en el circuito del mercado capitalista para su explotación. Pero tampoco hay que confundir el sistema con los individuos que viven en él (quienes crean los juegos y quienes juegan), que son capaces de movimientos rupturistas hacia el cambio, movimientos latentes que esperan a ser liberados.

En ese sentido, en la esencia del deporte, los videojuegos y los eSports hay algo revolucionario, algo que hay que hacer emerger: el juego. “El deseo de diversión, distracción, viajes y risas es uno de los más legítimos de la naturaleza humana”, escribe Trotsky. “Podemos, y aún más, tenemos que satisfacer esos deseos con una mayor calidad artística y, al mismo tiempo, hemos de convertir la diversión en un arma de educación colectiva”.

Por Matteo Lupetti

Traducción: Pedro Castrillo

 

2019-09-14 06:06

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 El boxeador argentino Hugo Santillán, fallecido la semana pasada. World Boxing Council

La muerte del boxeador Hugo Santillán desnuda la desprotección económica y laboral a la que los están expuestos los púgiles argentinos

 

 

"Papi, estoy mareado", le dijo el boxeador argentino Hugo Alfredo Santillán a su padre y entrenador, también Hugo Alfredo Santillán, mientras el anunciador leía las tarjetas de los jurados que daban como empate a una pelea televisada para todo el país desde San Nicolás, a 240 kilómetros de Buenos Aires, el sábado 20 de julio. Entonces, Santillán hijo se desplomó. Y aunque alcanzó a responderle al médico cómo se llamaba, en la ambulancia camino al hospital entró en coma y ya no recobró más la conciencia. Con el cerebro hinchado, insuficiencia renal sucesiva y dos paros cardíacos, murió cuatro días después, víctima de una pelea con la que habría cobrado 55.000 pesos argentinos (1.100 euros, 1.240 dólares), poco más de los 45.000 pesos que costó su sepelio.

La muerte de Dinamita Santillán, ex campeón sudamericano de 23 años y padre de tres hijos, es uno de esos casos en los que una avalancha de fatalidades se alinean para converger en la gran tragedia final. Pero es, también, la muestra de la indefensión que sufre la enorme mayoría de boxeadores en Argentina, que ni siquiera cuentan con un sindicato que se preocupe por agruparlos y generarles mínimas condiciones económicas y laborales.

Santillán, según coinciden varios especialistas, no debió haber peleado la noche de su combate mortal contra el uruguayo Eduardo Abreu por uno de esos títulos que el boxeo moderno encuentra debajo de las piedras: el latino plata ligero de una de las cuatro organizaciones principales. Poco más de un mes antes, el 15 de junio, el argentino había sufrido una golpiza en Hamburgo (Alemania), en un combate que perdió contra el armenio Artem Harutyunyan y por el que ingresó 4.000 euros. Era una fortuna para el mercado local, aproximadamente lo que podría haber ganado en dos años de boxeo en Argentina. "Voy a dejar mi vida. Peleo por mis hijos así que voy a matar o a que me maten", había escrito Santillán en sus redes sociales el 10 de junio, antes de subirse al avión.

Pero el costo de su experiencia europea fue infinitamente superior: Santillán debió combatir tres categorías por encima de su peso habitual. Si en Argentina peleaba en pluma o superpluma, categorías que oscilan entre 57 y 59 kilos, en Alemania enfrentó a un rival superligero, que pesó 63,50 el día previo a la velada pero que después contó con 24 horas para rehidratarse y alimentarse: en ese lapso, los boxeadores que necesitan bajar de peso para no sobrepasar el límite suelen recuperar hasta seis kilos. Sumados a los dos de diferencia que arrastraba desde el pesaje, el argentino subió al cuadrilátero con una desventaja abismal. O criminal.

Santillán soportó los 10 rounds, pero las tarjetas favorables al armenio en todos ellos demostraron la inequidad entre los rivales. Por esa acumulación de golpes, la Federación Alemana suspendió a Santillán para pelear en Europa durante 45 días, hasta el 30 de julio. La sanción se desperdigó entre diversos organismos e incluso les llegó a los editores argentinos de BoxRec, la web más consultada por el ambiente, con una excepción: no ingresó oficialmente en la Federación Argentina de Box (FAB). Por un lado no dejaba de ser un formalismo porque, según contaron editores de BoxRec, admistrativos de la FAB los consultaron sobre la sanción de la Federación Alemana y desde la web les confirmaron el descanso obligatorio. Pero desde la legalidad, y aunque algunos de sus empleados sabían extraoficialmente de la suspensión en Europa, a la FAB siguió sin llegar la penalidad oficial y Santillán nunca estuvo inhabilitado en Argentina.

En ese limbo de incomunicaciones, distracciones y zonas grises, una de las empresas de promotores boxísticos más importantes de Argentina, OR Promotions, debió tapar con urgencia una pelea que se le cayó a último momento de la cartelera prevista para San Nicolás el 20 de julio —un púgil avisó que no llegaba a la preparación—. Santillán ocupó uno de esos lugares a falta de una semana. Sin irregularidades desde la letra chica, la FAB no se opuso a la nueva presentación de Dinamita porque quien acepta o declina una pelea no es la federación sino el entrenador del boxeador pero, además, porque no suele rechazar a su proveedor directo de armados de festivales. El caso es todavía más dramático porque el entrenador de Santillán era su padre, un ex boxeador. Luego de la golpiza en Alemania, su hijo no se realizó los estudios médicos que no le correspondían por reglamento, ya que sólo quienes pierden por nocaut deben presentar un electroencefalograma ante la FAB, sino por sentido común: en su derrota por puntos ante el armenio había caído dos veces a la lona.

Sin descanso ni preparación física ideal, Dinamita aguantó de pie las dos peleas pero la acumulación fatal de golpes con 35 días de intervalo desnudó la desprotección de los boxeadores debajo del ring, también de los supuestos profesionales como Santillán: salvo un par de excepciones, en Argentina no hay púgiles que vivan de su actividad. En algunas peleas televisadas cobran 50.000 pesos, 1.000 euros (la cifra sube si está un juego un título más importante), y a lo sumo pueden aspirar a tres o cuatro por año. Dinamita también fue rehén de un sistema en el que los boxeadores son mano de obra barata fácilmente reemplazable: era un muchacho que todavía debía luchar para llegar a la élite y no elegía cuándo peleaba ni contra quién. Rechazar la oferta de un promotor implica el riesgo de volver a ser convocado quien sabe cuando. Debajo hay 15.000 aficionados que esperan su oportunidad.

Muchas peleas se manejan en la informalidad económica, con retribuciones sin facturas. Campeones argentinos con 15 años de experiencia aseguran que tampoco tienen el respaldo de un gremio del que saben su existencia —se llama Boxeadores Argentinos Agremiados— pero al que califican como un sindicato fantasma e inaccesible. Gente del ambiente asegura que no conocen a ningún boxeador afiliado. Otros agregan que fueron a inscribirse y no los dejaron. Héctor Velasco, ex campeón del mundo en 2003, reunió a otros diez exmonarcas y presentó en 2009 ante el Congreso un proyecto de ley que proteja al boxeador, regule su actividad y garantice obra social. Nunca le respondieron.

Tres días después de la muerte de su hijo, en su primera entrevista, Santillán padre le agradeció a los promotores de la pelea por haber pagado los 45.000 pesos del sepelio.

Por Andrés Burgo

Buenos Aires 1 AGO 2019 - 18:24 COT

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Las futbolistas colombianas desatan una revolución

Las “superpoderosas” rompen el silencio, denuncian la discriminación y ganan el pulso a los directivos para salvar la liga femenina

A las futbolistas colombianas, que en las últimas semanas desataron su propia revolución contra el machismo, las apodan desde hace años “las chicas superpoderosas”. Resultados para exhibir no les faltan. La mejor generación del fútbol femenino en Colombia estalló en la última década, un periodo en que la tricolor logró dos subcampeonatos de la Copa América en 2010 y 2014, así como sendas clasificaciones a Mundiales en 2011 y 2015 y a los Juegos Olímpicos en 2012 y 2016. Con su gesta en Canadá 2015, que incluyó una sorprendente victoria 2-0 sobre Francia, Colombia se mantiene como el único país hispanohablante que ha superado la fase de grupos de un Mundial femenino.


Con esos antecedentes, a comienzos de 2017 se disputó el primer partido profesional de la liga femenina. El Independiente Santa Fe, primer campeón del fútbol masculino en 1948, ganó también la primera final de mujeres. La ‘leonas’ se coronaron frente al Atlético Huila en su estadio, El Campín de Bogotá, ante una asistencia récord de más de 30.000 espectadores. Huila tuvo resonantes revanchas. Primero ganó la segunda edición de la liga y, el pasado diciembre, encabezado por Yoreli Rincón, la diez de Colombia, la Copa Libertadores femenina, al derrotar en penales al Santos de Brasil. Para los que solo lo seguían a la distancia, el fútbol femenino parecía encarrilado en Colombia, con recientes pero sólidas raíces. Sin embargo, debajo de la superficie, las futbolistas enfrentaban un entorno hostil en medio de condiciones laborales indignas. Y decidieron romper el silencio.


Las internacionales Isabella Echeverri y Melissa Ortiz, becadas en Estados Unidos, publicaron en sus redes sociales el pasado 18 de febrero un video que sacudió el mundo del fútbol y desató un pulso con los directivos. Denunciaban abundantes irregularidades en el manejo de la selección femenina: la federación no les pagaba, tenían que cubrir sus propios tiquetes y gastos médicos, sus uniformes eran viejos o usados y a las jugadoras que se atrevían a hablar las vetaban. Se sentían amenazadas, temían que no las volvieran a convocar, pero no estaban dispuestas a callar. “Ya no tenemos miedo”, dicen al final del video, que no tardó en hacerse viral.


Sus denuncias despertaron una oleada de solidaridad. En un país donde el movimiento del Me Too estuvo precedido por la campaña No es hora de callar, las denuncias de las ‘superpoderosas’ resonaron con fuerza. El lema Más fútbol, menos miedo se convirtió en tendencia. Y la bola de nieve se agrandó con denuncias de acoso sexual en las selecciones juveniles.


La mayor damnificada de los vetos fue Daniela Montoya, de 28 años, la primera colombiana en anotar un gol en un Mundial, precisamente en Canadá 2015. La mediocampista salió de las convocatorias por año y medio luego de reclamar los premios prometidos por clasificar a octavos de final, lo que le costó su sueño de jugar los Olímpicos de Río 2016. Un viejo rumor que se vino a comprobar con un audio que hace parte del voluminoso dossier en el que la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro) documentó los abusos. Uno de los momentos más emotivos de estas semanas de polémica llegó cuando Echeverri, de 24 años, le pidió perdón a Montoya en nombre de sus compañeras por no apoyarla cuando la vetaron.


Con el argumento de la poca rentabilidad económica, los directivos del fútbol colombiano respondieron con la propuesta de convertir la liga femenina en una competencia semiprofesional, con límite de edad de 23 años, e insinuaron que las mayores de 25 no volverían a ser convocadas a la selección. El anuncio fue ampliamente considerado como discriminatorio, machista y con ánimo de represalia. Mientras se celebraba el Día Internacional de la Mujer con marchas en distintos países el pasado 8 de marzo, las futbolistas colombianas estaban sumergidas en una batalla por impedir que se diluyera su liga profesional.


Sus condiciones laborales indignas son ilustrativas. En Colombia se han dado avances en igualdad de género, pero persiste la discriminación, sin siquiera profundizar en la violencia machista. Las mujeres nunca han alcanzado la presidencia, y apenas un 12 % de los gobiernos locales están en manos de alcaldesas. La brecha salarial de género, por ejemplo, se mantiene en 19%, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).


Incluso la FIFA y la Conmebol rechazaron y condenaron los casos de acoso sexual y laboral denunciados las últimas semanas, y los futbolistas de la selección absoluta de mayores, encabezados por astros como James Rodríguez y Falcao García, se solidarizaron con sus colegas y exigieron investigaciones. Las “superpoderosas” consumieron sus maratónicas jornadas en reuniones con la Vicepresidenta de la República, Marta Lucia Ramírez; el Defensor del Pueblo, Carlos Negret; y la ministra de Trabajo, Alicia Arango. El acompañamiento terminó por rendir frutos, y la asamblea de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor), tras una intervención de Echeverri como portavoz de las deportistas, anunció esta semana una comisión para hacer viable la tercera edición de la liga femenina, a disputarse desde agosto. “Le devolvimos el trabajo a muchas mujeres que lo estaban esperando, y para mí eso es lo más importante”, valora Echeverri. “Esperemos que el fútbol femenino en Colombia siga creciendo”

 


Acoso sexual


Pocos días después de las primeras denuncias sobre el entorno laboral, una fisioterapeuta y dos jugadoras de la selección femenina sub 17 señalaron por acoso sexual al entrenador, Didier Luna, y el preparador físico, Sigifredo Alonso, durante las concentraciones previas al Mundial de Uruguay, celebrado en noviembre de 2018. La fiscalía ya investiga los casos. La polémica sobre el acoso en el fútbol se avivó y extendió esta semana, cuando tres exárbitros colombianos afirmaron que sus superiores los acosaban y les pedían favores sexuales como condición para ascender en su carrera.

 

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De la oportunidad Naranja al exponer el propio pellejo

Vivimos en medio de un modelo social, cultural y económico que prioriza el individualismo, propicia la competencia, el sálvese quien pueda, y donde quienes tienen más siempre buscan sacar ventajas a costa de los demás. ¿Es posible superar esta lógica?

 

“La guerra de clases existe y nosotros los ricos la estamos ganando”, fue la declaración dada por Warren Buffett hace algunos años, frase que indica la conciencia de clase que tienen los más adinerados, la misma que no tienen los asalariados (trabajadores rasos y clase media), que son los que peor están parados en esta lucha asimétrica.

 

En el juego capitalista quienes cuentan con mayor capital tienen mayores efectos multiplicadores en la acumulación de su riqueza, y quienes están privados del acceso a las oportunidades incrementan significativamente su propia exclusión. En un estudio reciente (A Broken Social Elevator?) la Ocde muestra que en los países donde peor distribuyen su riqueza, la dificultad para que una persona de ingresos bajos alcance los ingresos medios de la sociedad es mucho mayor. Mientras que en un país como Dinamarca se requiere de dos generaciones para que esto suceda, en Colombia se requiere de 11.

 

En términos globales, el economista francés Thomas Piketty demostró el incremento desmedido de la desigualdad. Mientras que en 1980 el 16 por ciento del ingreso mundial era acaparado por el 1 por ciento de la población más rica (por ingresos), en 2016 este sector social pasó a concentrar el 22 por ciento de la riqueza mundial1.

 

En el caso de Colombia, el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el ingreso de la clase media (33 millones de personas); y entre 2010 y 2015 la riqueza de este segmento minúsculo de la población logró incrementarse casi en 250 billones de pesos2.


La gran desigualdad manifiesta en Colombia y el mundo urge un cambio. No solo por los problemas sociales que genera (violencia, suicidios, enfermedades mentales, etc) sino porque un pequeño grupo de personas muy poderoso ponen entre dicho la viabilidad de toda la vida humana en el planeta, sometiéndonos, por demás, a una dictadura donde el interés de ellos se muestra como si fuera el interés de las mayorías.



Es un cambio necesario, que de acuerdo con el pensamiento de Nassim Nicholas Taleb, solo puede empezar con la transformación de los principios éticos y morales imperantes. La moral predicada por el Neoliberalismo es falaz: aquello de que todos trabajando con el mejor esfuerzo logramos que la riqueza colectiva, de una u otra forma, genere oportunidades para los más excluidos, es falsa. Sucede más bien todo lo contrario, el asimétrico juego donde unos pocos se enriquecen más y muchos otros son excluidos, produce un escenario en el que unas masas manipulables son sometidas, utilizadas, infrigiéndoles un enorme daño.

 

La moral propuesta por Taleb enseña que debemos tener alto nivel de responsabilidad por las acciones que emprendemos y que tienen afectación (cierta o incierta) sobre el bienestar de otros. La crisis financiera de 2008 es un buen ejemplo. Allí unos pocos especuladores amenazaron la estabilidad económica de una nación generando quiebras, desempleo y, siguiendo el estudio de Angus Deaton (El gran escape), problemas de alcoholismo, depresión y suicidios. La solución planteada por Taleb es que si quienes alimentaron esta gran burbuja especulativa hubiesen tenido una porción importante de capital propio involucrado en sus operaciones, y no como sucedió, que en su mayoría se trataba de recursos de terceros, el antecedente y desenlace de la crisis hubiera sido diferente. A esto él lo llama poner en riesgo su propio pellejo (skin in the game).

 

El principio skin in the game abarca toda la elaboración de política pública y sería el principio que haría más justa la responsabilidad y el beneficio de su implementación. Así, por ejemplo, entre los modelos económicos que buscan asegurar un ahorro para la vejez, juzgado por el rasero de Taleb, estaría mejor ponderado el régimen de prima media que el régimen de ahorro individual. Puesto que si no coexistiesen los dos modelos sino solo el primero, los policy makers al estar involucrados deberían preocuparse por solucionar la informalidad del país y mejorar las condiciones de ingresos de la gran mayoría, ya que de esta depende el funcionamiento del sistema y el hecho que se garantice un ingreso vitalicio para la vejez de todos.

 

En caso que solo funcionase el régimen de ahorro individual el principio skin in the game obligaría a que los administradores privados de estos recursos mantuvieran una porción importante de su patrimonio (40% o más) invertidos en los portafolios en los que está el ahorro que los aportantes están destinando a su vejez. De esta forma los mismos administradores serían justos en el costo de las tarifas de administración, serían moderados en los riesgos asumidos, y buscarían las estrategias y coberturas financieras que mantuvieran al menos el valor real de los recursos administrados más un rendimiento garantizado que diera cuenta del costo de oportunidad mínimo de una inversión en pesos. Pero como no es así, el escenario que se tiene es que a la primera generación de pensionados por este régimen les están devolviendo el ahorro sin poderles garantizar un flujo vitalicio, porque lo ahorrado resulta inferior a lo aportado.

 

En el tema de reforma tributaria es donde más presente está la lucha de clases, porque la pugna por quién recibe la carga tributaria para obtener los ingresos de funcionamiento e inversión de la nación, casi siempre la pierden los grupos de medianos y bajos ingresos frente a los más ricos, porque estos últimos dominan a los policy makers a favor de sus intereses mediante el financiamiento de sus campañas electorales. El principio justo por el que debería guiarse la tributación –si no estuviese expuesta a esta distorsión– es el de la progresividad, esto es, que quien tiene mayor ingreso aporta más.

 

En Colombia este principio nunca se ha aplicado. El Estatuto Tributario tiene varias exenciones que han sido introducidas con la intención de atraer la inversión extranjera para, supuestamente, impulsar el desarrollo económico. Así las cosas tenemos, por ejemplo, que la industria extractiva puede deducir el pago de regalías de los impuestos de renta, dejando de pagar anualmente COP 2 billones. Totalizando los beneficios tributarios, la industria minera y petrolera deja de pagar a la nación, cada año, COP 8 billones. En el caso del sistema financiero la cifra es parecida, con el agravante de que ninguno de estos dos sectores son intensivos en trabajo; en otras palabras, estos sectores generan muy poco empleo.

 

Esta falta de progresividad en el ingreso de la nación es un factor limitante en la progresividad del gasto público social. Un sistema de acceso gratuito y universal a la educación superior en Colombia se estima con un costo de COP 16 billones al año (más o menos la misma cifra que el sector extractivo y financiero dejan de aportarle a la nación). Y esta limitación se traduce, a su vez, en una traba a la movilidad social. Si Colombia el acceso universal a la educación superior, podría desarrollar los talentos y capacidades de los jóvenes sin que importara su capacidad socioeconómica, logrado así un mayor desenvolvimiento individual y colectivo de los mismos.

 

El economista Jacob Mincer mostró que el ingreso de las personas se incrementa más que linealmente en función del número de años de escolaridad. Limitar la escolaridad de las personas, además de limitar la movilidad social, tiene otros varios efectos. Uno es el que no desarrollan criterios y capacidades para entender y tomar acciones frente a los problemas complejos de ser ciudadano e incidir acertadamente en propuestas programáticas que sean progresivas y favorables para romper las trampas de pobreza, favoreciendo de este modo al 1 por ciento más rico que cada vez acapara mayor riqueza. Y otra es que la movilidad social sería favorable para todos (incluyendo al mismo 1% más rico) porque habría mayor demanda de sus productos, logrando así un círculo virtuoso.

 

Contrario a la evidencia, en Colombia impera el principio opuesto al skin in the game. Los conductores en un semáforo no ven la precaución de detenerse antes de alcanzar la luz roja sino que ven la oportunidad de no detenerse sin importar el riesgo que implica esta acción sobre los demás usuarios de las vías públicas. Llamemos a esto oportunidad naranja. Que es aplicada de forma general por toda la sociedad colombiana. Por ejemplo, en las filas para abordar Transmilenio hay personas que quieren llegar primero al bus, sin respetar a quienes intentan ‘civilizar’ un sistema de transporte precario. La oportunidad naranja también resalta cuando las EPS no revelan las operaciones de compra de medicamentos y al regulador no le queda otra opción que construir mecanismos regulatorios con base en la información de precios, que sí son observables en otros países.

 

Sin embargo, hay un tema adicional por entender, la posibilidad de superveniencia de la raza humana está en juego, se necesita de un menor crecimiento que no agote los recursos no renovables y que no vulnere la calidad de vida de las personas con alta carga laboral. Ahora el problema es más profundo, además de aplicar skin in the game debemos pensar en políticas económicas que reduzcan la sobreproducción de bienes materiales y que trasladen la actividad económica hacia el cuidado del otro, que es lo que propone el ambientalista Tim Jackson. Con ésta son urgentes las transformaciones morales que necesita una especie que está llevando su propia vida a la extinción.

 

DA2497 art p7

 

 

1 Ver Informe sobre la desigualdad global 2018 en https://wir2018.wid.world/files/download/wir2018-summary-spanish.pdf
2 Ver La pobreza ahoga a la clase media en https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/29112-la-pobreza-ahoga-a-la-clase-media.html

 

Publicado enColombia

Vivimos en medio de un modelo social, cultural y económico que prioriza el individualismo, propicia la competencia, el sálvese quien pueda, y donde quienes tienen más siempre buscan sacar ventajas a costa de los demás. ¿Es posible superar esta lógica?

 

“La guerra de clases existe y nosotros los ricos la estamos ganando”, fue la declaración dada por Warren Buffett hace algunos años, frase que indica la conciencia de clase que tienen los más adinerados, la misma que no tienen los asalariados (trabajadores rasos y clase media), que son los que peor están parados en esta lucha asimétrica.

 

En el juego capitalista quienes cuentan con mayor capital tienen mayores efectos multiplicadores en la acumulación de su riqueza, y quienes están privados del acceso a las oportunidades incrementan significativamente su propia exclusión. En un estudio reciente (A Broken Social Elevator?) la Ocde muestra que en los países donde peor distribuyen su riqueza, la dificultad para que una persona de ingresos bajos alcance los ingresos medios de la sociedad es mucho mayor. Mientras que en un país como Dinamarca se requiere de dos generaciones para que esto suceda, en Colombia se requiere de 11.

 

En términos globales, el economista francés Thomas Piketty demostró el incremento desmedido de la desigualdad. Mientras que en 1980 el 16 por ciento del ingreso mundial era acaparado por el 1 por ciento de la población más rica (por ingresos), en 2016 este sector social pasó a concentrar el 22 por ciento de la riqueza mundial1.

 

En el caso de Colombia, el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el ingreso de la clase media (33 millones de personas); y entre 2010 y 2015 la riqueza de este segmento minúsculo de la población logró incrementarse casi en 250 billones de pesos2.


La gran desigualdad manifiesta en Colombia y el mundo urge un cambio. No solo por los problemas sociales que genera (violencia, suicidios, enfermedades mentales, etc) sino porque un pequeño grupo de personas muy poderoso ponen entre dicho la viabilidad de toda la vida humana en el planeta, sometiéndonos, por demás, a una dictadura donde el interés de ellos se muestra como si fuera el interés de las mayorías.



Es un cambio necesario, que de acuerdo con el pensamiento de Nassim Nicholas Taleb, solo puede empezar con la transformación de los principios éticos y morales imperantes. La moral predicada por el Neoliberalismo es falaz: aquello de que todos trabajando con el mejor esfuerzo logramos que la riqueza colectiva, de una u otra forma, genere oportunidades para los más excluidos, es falsa. Sucede más bien todo lo contrario, el asimétrico juego donde unos pocos se enriquecen más y muchos otros son excluidos, produce un escenario en el que unas masas manipulables son sometidas, utilizadas, infrigiéndoles un enorme daño.

 

La moral propuesta por Taleb enseña que debemos tener alto nivel de responsabilidad por las acciones que emprendemos y que tienen afectación (cierta o incierta) sobre el bienestar de otros. La crisis financiera de 2008 es un buen ejemplo. Allí unos pocos especuladores amenazaron la estabilidad económica de una nación generando quiebras, desempleo y, siguiendo el estudio de Angus Deaton (El gran escape), problemas de alcoholismo, depresión y suicidios. La solución planteada por Taleb es que si quienes alimentaron esta gran burbuja especulativa hubiesen tenido una porción importante de capital propio involucrado en sus operaciones, y no como sucedió, que en su mayoría se trataba de recursos de terceros, el antecedente y desenlace de la crisis hubiera sido diferente. A esto él lo llama poner en riesgo su propio pellejo (skin in the game).

 

El principio skin in the game abarca toda la elaboración de política pública y sería el principio que haría más justa la responsabilidad y el beneficio de su implementación. Así, por ejemplo, entre los modelos económicos que buscan asegurar un ahorro para la vejez, juzgado por el rasero de Taleb, estaría mejor ponderado el régimen de prima media que el régimen de ahorro individual. Puesto que si no coexistiesen los dos modelos sino solo el primero, los policy makers al estar involucrados deberían preocuparse por solucionar la informalidad del país y mejorar las condiciones de ingresos de la gran mayoría, ya que de esta depende el funcionamiento del sistema y el hecho que se garantice un ingreso vitalicio para la vejez de todos.

 

En caso que solo funcionase el régimen de ahorro individual el principio skin in the game obligaría a que los administradores privados de estos recursos mantuvieran una porción importante de su patrimonio (40% o más) invertidos en los portafolios en los que está el ahorro que los aportantes están destinando a su vejez. De esta forma los mismos administradores serían justos en el costo de las tarifas de administración, serían moderados en los riesgos asumidos, y buscarían las estrategias y coberturas financieras que mantuvieran al menos el valor real de los recursos administrados más un rendimiento garantizado que diera cuenta del costo de oportunidad mínimo de una inversión en pesos. Pero como no es así, el escenario que se tiene es que a la primera generación de pensionados por este régimen les están devolviendo el ahorro sin poderles garantizar un flujo vitalicio, porque lo ahorrado resulta inferior a lo aportado.

 

En el tema de reforma tributaria es donde más presente está la lucha de clases, porque la pugna por quién recibe la carga tributaria para obtener los ingresos de funcionamiento e inversión de la nación, casi siempre la pierden los grupos de medianos y bajos ingresos frente a los más ricos, porque estos últimos dominan a los policy makers a favor de sus intereses mediante el financiamiento de sus campañas electorales. El principio justo por el que debería guiarse la tributación –si no estuviese expuesta a esta distorsión– es el de la progresividad, esto es, que quien tiene mayor ingreso aporta más.

 

En Colombia este principio nunca se ha aplicado. El Estatuto Tributario tiene varias exenciones que han sido introducidas con la intención de atraer la inversión extranjera para, supuestamente, impulsar el desarrollo económico. Así las cosas tenemos, por ejemplo, que la industria extractiva puede deducir el pago de regalías de los impuestos de renta, dejando de pagar anualmente COP 2 billones. Totalizando los beneficios tributarios, la industria minera y petrolera deja de pagar a la nación, cada año, COP 8 billones. En el caso del sistema financiero la cifra es parecida, con el agravante de que ninguno de estos dos sectores son intensivos en trabajo; en otras palabras, estos sectores generan muy poco empleo.

 

Esta falta de progresividad en el ingreso de la nación es un factor limitante en la progresividad del gasto público social. Un sistema de acceso gratuito y universal a la educación superior en Colombia se estima con un costo de COP 16 billones al año (más o menos la misma cifra que el sector extractivo y financiero dejan de aportarle a la nación). Y esta limitación se traduce, a su vez, en una traba a la movilidad social. Si Colombia el acceso universal a la educación superior, podría desarrollar los talentos y capacidades de los jóvenes sin que importara su capacidad socioeconómica, logrado así un mayor desenvolvimiento individual y colectivo de los mismos.

 

El economista Jacob Mincer mostró que el ingreso de las personas se incrementa más que linealmente en función del número de años de escolaridad. Limitar la escolaridad de las personas, además de limitar la movilidad social, tiene otros varios efectos. Uno es el que no desarrollan criterios y capacidades para entender y tomar acciones frente a los problemas complejos de ser ciudadano e incidir acertadamente en propuestas programáticas que sean progresivas y favorables para romper las trampas de pobreza, favoreciendo de este modo al 1 por ciento más rico que cada vez acapara mayor riqueza. Y otra es que la movilidad social sería favorable para todos (incluyendo al mismo 1% más rico) porque habría mayor demanda de sus productos, logrando así un círculo virtuoso.

 

Contrario a la evidencia, en Colombia impera el principio opuesto al skin in the game. Los conductores en un semáforo no ven la precaución de detenerse antes de alcanzar la luz roja sino que ven la oportunidad de no detenerse sin importar el riesgo que implica esta acción sobre los demás usuarios de las vías públicas. Llamemos a esto oportunidad naranja. Que es aplicada de forma general por toda la sociedad colombiana. Por ejemplo, en las filas para abordar Transmilenio hay personas que quieren llegar primero al bus, sin respetar a quienes intentan ‘civilizar’ un sistema de transporte precario. La oportunidad naranja también resalta cuando las EPS no revelan las operaciones de compra de medicamentos y al regulador no le queda otra opción que construir mecanismos regulatorios con base en la información de precios, que sí son observables en otros países.

 

Sin embargo, hay un tema adicional por entender, la posibilidad de superveniencia de la raza humana está en juego, se necesita de un menor crecimiento que no agote los recursos no renovables y que no vulnere la calidad de vida de las personas con alta carga laboral. Ahora el problema es más profundo, además de aplicar skin in the game debemos pensar en políticas económicas que reduzcan la sobreproducción de bienes materiales y que trasladen la actividad económica hacia el cuidado del otro, que es lo que propone el ambientalista Tim Jackson. Con ésta son urgentes las transformaciones morales que necesita una especie que está llevando su propia vida a la extinción.

 

DA2497 art p7

 

 

1 Ver Informe sobre la desigualdad global 2018 en https://wir2018.wid.world/files/download/wir2018-summary-spanish.pdf
2 Ver La pobreza ahoga a la clase media en https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/29112-la-pobreza-ahoga-a-la-clase-media.html

 

Publicado enEdición Nº249
“La escuela es un engranaje del capitalismo: educa para que cada uno busque el éxito a costa del otro”

Christian Felber (Salzburgo, Austria, 1972) tiene claro que el sistema educativo actual se ha convertido en un engranaje más de la máquina capitalista porque "educa para que cauno busque el éxito por encima del otro". Felber, profesor universitario, activista y cofundador del movimiento ATTAC en Austria, desarma en su último libro 'Por un comercio mundial ético' el paradigma del libre comercio y propone otro: el del comercio ético. Ferviente defensor de la democracia soberana directa, el profesor reflexiona sobre los valores que deberíamos anteponer a la "obsesión por el crecimiento de la actividad económica". Felber defiende un cambio radical en el modelo económico y en lo que se conoce como la economía del bien común aboga por sustituir el Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza por otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la justicia social, la dignidad humana o la sostenibilidad medioambiental.


La ciencia económica se ha deslizado hacia el capitalismo. ¿Está equivocada?


Está equivocada de contenido y de nombre. El enfoque predominante actual es el de los objetivos financieros, el beneficio…De hecho, no es ciencia económica, sino ciencia crematística. La economía debe tratar, en primer lugar, de la felicidad y el bienestar de las personas, del bien común. Y el dinero solo debe ser un medio para ello. Pero si el medio se convierte en el fin, por definición ya no es economía, sino capitalismo. La economía de verdad pondría todos sus activos en el bien común.
En la actualidad, el éxito de la sociedad se mide de acuerdo al éxito de la empresa, pero teniendo en cuenta valores como la competitividad y no la ética.
Es el dominio del capitalismo. Es algo anticonstitucional. Repasando las constituciones de los países democráticos hay unanimidad en que lo importante es el bien común, el bien general y explican que el capitalismo es un medio para conseguir ese fin. Y yo me pregunto entonces: ¿Dónde está el balance del bien común que es obligatorio para las empresas?


Lleva predicando por el bien común desde hace años. Cuando echa la vista atrás. ¿qué sensación le queda?


Es una cuestión de tiempo regular el capitalimo y encaminarlo hacia el bien común. Pero es algo que no sé si lo podremos conseguir en los próximos tres o 30 años. Hago lo que hago porque me parece justo, correcto y me da libertad para comprometerme por los valores que considero apropiados. No es el éxito a corto plazo lo que me guía ni me motiva.


¿Se trata de ganar menos dinero?


Los ricos son los que tienen que ganar menos, pero los pobres sí deben consumir más. Hay que repartir los recursos de la tierra de una forma equilibrada entre todos sus habitantes. Es un derecho humano ecológico. Cada vez que realizamos una compra habría que abonar un precio ecológico al igual que un precio financiero. Al igual que nos damos cuenta cuando la cuenta financiera está vacía, si también hay una cuenta ecológica vacía nos preocuparíamos. La idea es que aquellos que hoy se están pasando ya no tendrían capacidad de compra ecológica. Pero los que consumen menos de lo que es posible pueden consumir más.


¿Qué lecciones se han extraído de la crisis?


Desde China a Estados Unidos, la desigualdad es excesiva, pero no veo ningún parlamento del mundo que la limite. En cambio, sí que hay parlamentos regionales que caminan en esa dirección. Por eso hemos propuesto que sean los ciudadanos soberanos los que tomen la decisión de terminar con la desigualdad. Su deseo es que como mucho haya una diferencia de 10 a 1 entre el que más cobra y el que menos. En las cuestiones de limitación de poder, la democracia indirecta fracasa. Para eso hace falta la democracia directa.


La democracia directa no reemplaza a la indirecta. Solo añade un elemento más, dando a los ciudadanos el derecho de cambiar o, incluso, vigilar la Constitución
Los políticos tienen miedo a esa fórmula.


No todos. Es una cuestión de tiempo. La democracia directa no reemplaza a la indirecta. Solo añade un elemento más, dando a los ciudadanos el derecho de cambiar o, incluso, vigilar la Constitución.


Parece que la educación también se ha contagiado de los valores del sistema capitalista, promocionando solo a los mejores.


El problema empieza con la ciencia económica, que no enseña las alternativas. Hay un pensamiento único, por eso es una ideología. El problema es que en la escuela primaria y secundaria en lugar de educar a seres humanos autónomos, con voz propia, con competencias democráticas, emocionales y de comunicación la tendencia es producir engranajes para la máquina capitalista.


¿Cómo se puede cambiar?


Los afectados son los que tienen que intervenir directamente en el sistema educativo. El único que no está afectado es el Ministerio de Educación y es el que precisamente se encarga de diseñarlo todo. En la democracia soberana serían los padres, los estudiantes, los profesores y algunos agentes más los que diseñarían las pautas del sistema educativo. Seguro que no se planteaban producir engranajes para el sistema educativo, sin empoderar seres humanos autónomos.


La escuela fomenta la competitividad en la peor acepción del término.


En latín la palabra competencia significa buscar juntos, pero la escuela está educando para que cada uno busque el éxito a costa del otro. Justo al contario de los valores constitucionales, que son la solidaridad y la cooperación.


En su último libro ‘Por un comercio mundial ético’, se pregunta cómo ha podido el libre comercio convertirse en la religión de nuestra era


Trato de demostrar que el libre comercio extremo está destrozando todos nuestros valores. Lo podríamos llamar comercio neurótico, pero no libre. El comercio ético es una alternativa porque considera al comercio como un medio para servir al bien común. Las empresas cuando quieren acceder al mercado mundial ético tienen que presentar un balance del bien común, en qué medida sirven a los derechos humanos, al distribución justa, al medio ambiente….Cuanto peor son estos parámetros menos libre resulta el comercio. Los productos tendrían que mostrar toda su trayectoria, desde dónde se fabrican hasta los impuestos que la empresa paga. Todo eso se evalúa y la puntuación que se obtiene del bien común lleva a aranceles e impuestos diferenciados a las empresas o la prioridad en la contratación pública.
Algunos países propugnan el libre comercio, pero defienden con firmeza el proteccionismo.


Proteccionismo es un término equivocado. Podría significar protección de industrias jóvenes, tecnologías delicadas encaminadas al bien común, pero no es así. Pero el proteccionismo se ha convertido en un fin en sí mismo. Es un extremo que no tiene sentido. Tanto el libre comercio como el proteccionismo adolecen de los mismos excesos. El comercio puede ser beneficioso y la protección también, pero el comercio en sí mismo no es una finalidad, como tampoco lo es el cierre de las fronteras.
Nadie parece dispuesto a regular el poder de las empresas transnacionales.


La fuerza de esas empresas radica en que ni los gobiernos ni los parlamentos están dispuestos a limitar su poder. Seguro que los ciudadanos soberanos lo harían sin vacilar, pero no tienen esa capacidad porque carecen de derechos. Y eso de la democracia representativa a menudo no funciona.


¿La globalización es buena o mala?


Es un medio. A veces, mercados globalizados pueden aportar ventajas, pero lo más importante es tener una economía local o regional estable, resistente y democráticamente controlable. Después podremos ampliar relaciones internacionales. Abrir las fronteras al máximo puede tener efectos nefastos, que pueden ir desde la erradicación de industrias regionales hasta la corrupción total y el acaparamiento regulador de los parlamentos.


¿La figura del arancel es mala por sí misma?


Puede ser neutral, lo mismo que el interés o el impuesto. Ningún economista dirá que el impuesto es malo de por sí. Son herramientas de la política económica. El arancel es un instrumento para encauzar y dosificar las relaciones comerciales. A veces queremos más comercio porque ayuda al bienestar de las personas, pero en otras ocasiones un exceso de comercio puede perjudicar. Para que un país no se cierre a las importaciones y promueva sus exportaciones obteniendo un superávit, un comercio ético se obligaría a balances equilibrados y no se aumentarían los aranceles. El límite es no obtener un superávit comercial a costa del otro.

Publicado enSociedad
Jueves, 22 Junio 2017 17:47

El doping legal

El doping legal

Para poder comprender cuál es el alcance de la explosiva afirmación que sirve de título a este artículo, es necesario explicar previamente algunos procesos que se llevan a cabo en nuestro cuerpo:

La cetosis es un proceso metabólico por medio del cual nuestro organismo hace frente a una situación de inanición, después de que el cuerpo agota la extracción de energía de carbohidratos y grasas obtenidos a partir de una dieta equilibrada, esto es, cuando se acaban las reservas de glucosa en nuestro hígado, bien sea debido a un ayuno prolongado o por la continuada práctica de un ejercicio físico aeróbico; cuando esto sucede el cuerpo comienza a quemar ácidos grasos, lo que eleva de manera significativa los niveles cetónicos medidos en sangre, generando una forma de alimento extremadamente eficiente en la producción de energía, la cual es fácilmente empleada por la mayoría de nuestros órganos, de hecho, el cerebro sólo puede hacer uso de dos sustancias nutritivas: glucosa y cuerpos cetónicos.

El diagrama anterior muestra de manera detallada este proceso, los cuerpos cetónicos son producidos de manera natural por nuestro cuerpo y no se encuentran en cantidades significativas en los alimentos comunes (1).
Dicho en otras palabras, la cetosis es la respuesta metabólica a la crisis de energía en nuestro cuerpo, es un mecanismo que emplea nuestro organismo para mantener la vida mediante la alteración de la selección del combustible oxidativo de uso normal. Es por ello que la cetosis es muy poco conocida fuera de la inanición o crisis diabética.


Bien. En la Universidad de Oxford, durante el año 2011 la Dra. Kieran Clarke consiguió, en un trabajo pionero, la identificación y producción de cuerpos cetónicos que pueden formularse en productos alimenticios, los cuales elevan los niveles de cetona disponible, tanto en el cerebro como en el músculo esquelético. Clarke desarrolló este producto dentro de un proyecto para satisfacer las necesidades de la Agencia de Defensa de Proyectos de Investigación Avanzada (Darpa), la rama de investigación del Ejército de los Estados Unidos, quien invirtió US $10 de millones de dólares para desarrollar un sistema alimenticio más eficiente, dirigido a que los soldados lo pudiesen llevar consigo, buscando aumentar su combatividad y resistencia física en el campo de batalla.


Durante ese mismo año un grupo de científicos, bajo la dirección de la profesora de bioquímica Kieran Clarke junto con el Dr. Ricahrd Veec, iniciaron la investigación de la influencia del preparado alimenticio en los resultados de los deportistas, comenzando a probarlos en las olimpiadas de Londres 2012.


En cinco estudios independientes realizados con 39 atletas de alto rendimiento, se demostró como este estado metabólico mejora la resistencia física mediante la alteración del tipo de combustible empleado en la respiración oxidativa. La cetosis disminuyó la glucólisis muscular y las concentraciones de lactato en plasma, lo cual no solamente suministró a los atletas energía adicional, sino que disminuyó de manera muy importante el dolor asociado a las altas cargas de desgaste físico que supone el ejercicio prolongado. Estos hallazgos pueden dar pistas sobre un mayor potencial humano y una mejor comprensión del metabolismo de los combustibles, tanto en individuos sanos como enfermos (2).

El mágico preparado recibió el nombre de “Delta G”; su efectividad fue probada con atletas de diferentes deportes. Los resultados obtenidos demostraron que en las disciplinas que requieren resistencia física, o sea cuando hay un gasto prolongado de energía en un ejercicio aeróbico, este preparado alimenticio permite conseguir logros muy importantes. Es así como en una prueba efectuada entre 22 remeros que emplearon el “Delta G”, uno de ellos marcó un record mundial, en tanto que seis superaron sus marcas personales, y diez de ellos obtuvieron sus mejores resultados de la temporada.


Al mismo tiempo, ciclistas bajo la influencia de igual preparado incrementaron su productividad en un 2 por ciento, y recorrieron en una carrera de 30 minutos una distancia promedio de 411 metros mayor, que otros ciclistas que no consumieron el preparado.


Este suplemento dietario biológico sirvió muy bien para nadadores, quienes también consiguieron un progreso sustancial.


Todos los resultados anteriores son bastante notables, ya que antes del año 2012, tanto los ciclistas como los remeros británicos eran incapaces de imponer marcas importantes, pero durante los Juegos Olímpicos de Londres demostraron resultados fantásticos, ocupando por ello Inglaterra el primer puesto en las disciplinas mencionadas y el tercer puesto a nivel general de los Juegos.
Como ya dijimos, como base del preparado “Delta G” se encuentran sustancias conocidas como Cetonas, las cuales produce de manera natural el organismo durante el proceso metabólico. En la vida normal, las cetonas empiezan a trabajar como fuentes de energía en el caso de agotamiento de las demás fuentes, o sea cuando la glucosa y la grasa ya han sido quemadas. Pero, al saturar al organismo con cetonas desde el exterior, aparece una fuente de energía adicional (la tercera), la cual eleva la capacidad de trabajo físico y la fuerza. Lo más notable de este asunto es que hasta ahora no se ha podido diferenciar en el organismo las cetonas producidas de manera natural de aquellas introducidas de manera externa (3).


A pesar del claro efecto doping del preparado, la Wada, dirigida por anglosajones, aseguró a los británicos que no incluirá a “Delta G” en la lista prohibida, puesto que, como ya anotamos, no es posible hacer diferencia entre las cetonas producidas internamente por el organismo y las introducidas por vías diferentes, inclusive si se presenta un alto porcentaje de cetonas en el organismo, pues esto puede interpretarse como el efecto de una dieta especial para quemar grasa, la que generaría la alta producción de cetona en el cuerpo.


Esta manipulación fue registrada por The Guardian en su edición del martes 20 de septiembre de 2016, resaltando las fisuras presentadas entre las diferentes autoridades del deporte olímpico, pues el Comité Olímpico Internacional COI está considerando seriamente erosionar los poderes de la Wada, creando un nuevo organismo para de esta manera resolver los gravísimos problemas presentados con motivo de la evidente persecución de los atletas rusos por parte de la Wada.


La organización también fue objeto de un virulento ataque por parte de Gerardo Werthein, miembro argentino del COI y presidente del Comité Olímpico Argentino, quien acusó a Wada de "debilitar el movimiento deportivo" y "hacer esfuerzos evidentes para culpar a otros de los principales problemas en el sistema de control antidopaje" (4)


La polémica sobre lo acá tratado fue abordada de nuevo por The Guardian el 27 de octubre de 2016, al informar que la Wada reconoció que en los Jueos Olímpicos de Río hasta el 50 por ciento de las pruebas de drogas tuvo que ser descartado debido, textualmente, a “serias deficiencias”. Inclusive, un informe de 55 páginas elaborado por observadores independientes destacó gran falta de coordinación por parte del equipo encargado de las pruebas antidoping y muy pobres resultados en su gestión: “Se llevaron a cabo en Río 2016 casi 500 menos pruebas de drogas de las que se habían planeado, según el informe. El plan era que se llevarían a cabo 5.380 pruebas en total pero, en realidad, sólo se efectuaron únicamente 4.882. De otra parte, de las 450 pruebas de análisis de sangre previstas para expedir el pasaporte biológico de los atletas, sólo se llevaron a cabo 47” (5).


Queda aquí develada la desigualdad existente en este tipo de controles, por ejemplo unos son los aplicados a Rusia y otros los usados para controlar a los atletas de los Estados Unidos y los de Gran Bretaña (6).
No es casual que ahora se diga, por tanto, que las competencias enfrentan más a las farmaceúticas que a los atletas.

Notas
1. http://www.tdeltas.com/site/how_it_works999.html
2. http://www.cell.com/cell-metabolism/pdf/S1550-4131(16)30355-2.pdf
3. https://www.newscientist.com/article/2099175-legal-ketone-sports-supplement-pushes-athletes-further-faster/
4. https://www.theguardian.com/sport/2016/sep/20/wada-ioc-olympics-russia-ban-rio-2016
5. https://www.theguardian.com/sport/2016/oct/27/wada-serious-failings-rio-2016-olympics-anti-doping
6. http://laotraopinion.net/la-wada-y-su-doble-moral/

Publicado enSociedad
Miércoles, 01 Febrero 2017 07:12

Guía para entender el neoliberalismo

Guía para entender el neoliberalismo

La mayoría de las veces el término neoliberalismo se usa para criticar la economía de mercado, como si fuera una palabra clave de cualquier argumento anticapitalista. Además, tampoco se entiende con facilidad por qué hay que ponerle prefijos al liberalismo, la filosofía política de los siglos XVIII y XIX sobre la que se sustenta la democracia moderna.


Sin embargo, el “neoliberalismo” es una corriente ideológica con unas características muy bien definidas, que toma algunos aspectos del liberalismo económico y los modifica sustancialmente para adaptarlos a los nuevos tiempos. Según Wikipedia la palabra se usa desde 1938, y aparece en un artículo de 1951 escrito por Milton Friedman, un reconocido impulsor del proyecto neoliberal.


Pero es Michel Foucault, un famoso filósofo francés, quien en 1979 explora en profundidad esta corriente de pensamiento durante un curso universitario publicado con el título El nacimiento de la biopolítica. Este autor también se muestra partidario del neoliberalismo, al que considera la forma de gobierno que mejor garantiza la libertad del individuo.


Según describe Foucault, las ideas neoliberales empiezan a fraguarse a partir de 1930, en Alemania, con la escuela de los “ordoliberales” (así se llamaban a sí mismos), y en Austria, con pensadores como Ludwig Von Mises y Friederich Hayek. Tras la II Guerra Mundial, el centro de gravedad de esta doctrina se traslada a la Escuela de Chicago, donde emigran muchos de sus impulsores.


Esta corriente teórica se desarrolló lentamente en entornos académicos reducidos, mientras que la realidad política iba por otros derroteros: las décadas posteriores a la guerra (1940-1970) estuvieron dominadas por las políticas keynesianas de gasto público y el desarrollo del Estado de Bienestar, con gobiernos progresistas, laboristas y de izquierdas.


La situación cambió en la década de 1980 con los triunfos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quienes aplicaron a conciencia la políticas neoliberales, creando una nueva realidad social y política. Es entonces cuando comienza la globalización, triunfa la sociedad de consumo, y el ideal del éxito económico da lugar a un individualismo creciente. En Latinoamérica el neoliberalismo también se instala con fuerza, a veces gracias a dictaduras militares como la de Augusto Pinochet en Chile, donde se siguieron con vehemencia los consejos neoliberales de los “Chicago Boys”.


A partir de entonces el término neoliberalismo empieza a usarse de forma crítica para referirse a todas estas políticas basadas en la privatización de los recursos públicos, la liberalización de la economía y la destrucción del Estado de Bienestar. En Breve historia del neoliberalismo, el profesor de la David Harvey describe esta fase de aplicación de las políticas neoliberales:
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Esta interpretación del neoliberalismo como un proyecto político basado en el incremento de la desigualdad y la mercantilización de todos los recursos es a la que estamos más acostumbrados. Sin embargo, al ser una interpretación de la realidad política siempre se prestará a la discusión entre los que están “a favor” o “en contra” del sistema capitalista. Por ello, para salir del debate estéril, es necesario entender el origen histórico de la teoría neoliberal y su justificación ideológica.
Dos hechos que lo cambian todo


En la década de 1930 el mundo había sufrido grandes cambios. La guerra mundial había hecho que los Estados crearan “economías de guerra”, movilizando a toda la sociedad para sostener el esfuerzo colectivo de la guerra. La economía nacional se convierte entonces en asunto de Estado, que debe responsabilizarse de su buena marcha para hacer frente a los retos del mundo moderno.


Además, a principios del siglo XX los movimientos obreros habían demostrado ya con creces su poder de movilización, logrando el éxito de la revolución rusa. Esto hace necesario que, para mantenerse, el sistema de mercado necesite de forma clara la protección del Estado. En gran parte, la construcción de una “clase media” con capacidad de consumo fue vital para calmar las reclamaciones de los movimientos proletarios.


Estos dos factores históricos —la guerra mundial y la movilización obrera— hacen que las teorías liberales del laissez faire y el desarrollo autónomo del mercado queden desactualizadas. En cierto sentido, la I Guerra Mundial y la Revolución rusa son para liberalismo clásico lo que la caída del muro de Berlín fue para el comunismo de Estado: el hecho histórico que muestra el agotamiento ideológico de un modelo político.


El mundo sobre el que James Stuart Mill, John Locke o Tocqueville habían desarrollado la filosofía política del liberalismo había dejado de existir; al igual que hoy en día el “proletariado” industrial del que hablaba Marx en el siglo XIX se ha transformado en algo diferente.


En estas circunstancias, los teóricos neoliberales recuperan algunos de los preceptos del liberalismo económico —olvidando completamente sus ideas políticas como los derechos civiles o la soberanía popular/nacional— para construir una nueva ideología, más acorde con los nuevos tiempos. El resultado es la idea de que el Estado tiene que esforzarse en promocionar el desarrollo de la economía de mercado.


La clave es que el Estado neoliberal no interviene sobre la economía, como proponen comunistas y socialdemócratas, sino sobre la sociedad. Su función es crear condiciones de libertad para los agentes económicos, previniendo que los movimientos sociales y políticos interrumpan el normal funcionamiento de los mecanismos competitivos del mercado.
Foucault lo explica mucho mejor que yo:


<El objetivo es hacer de la competición el único principio rector de la vida social, y del sistema de mercado el principio regulador de toda la sociedad. Tal como aclara más adelante: la política neoliberal “no debe entonces anular los efectos antisociales de la competencia, sino los mecanismos anticompetitivos que pueda suscitar la sociedad” (p. 190).>>
En resumen, el neoliberalismo es un modelo ideológico basado en la competición, a la que identifica como principio de progreso y condición de la libertad individual. Por ello, se opone frontalmente a las dinámicas de solidaridad y apoyo mutuo, a las que considera manifestaciones irracionales que se alejan de la búsqueda del beneficio propio.


Estaremos todos de acuerdo en que cada persona debe ser libre para decidir sobre que principios y valores quiere basar su vida; pero creo antes de alinearnos con una determinada ideología conviene conocer su origen, así como sus implicaciones teóricas y prácticas.

 

*El autor es profesor coordinador del Máster CCCD, miembro del grupo de investigación Cibersomosaguas y editor en Teknokultura

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Carlsen: “Mi punto más débil es el control de las emociones”

El campeón el mundo de ajedrez repasa la consecución de su tercer título ante Kariakin



Magnus Carlsen es muy consciente de que ha estado a punto de perder el título mundial ante el ruso Serguéi Kariakin, y que la causa principal es psicológica. Sus tremendos berrinches cuando las cosas no le salen bien, que en el Mundial de Nueva York le han costado una multa de 27.500 euros, y los fracasos en el remate de posiciones ganadoras le obligaron a ganar el miércoles un desempate rápido de infarto el día que cumplía 26 años. El rey del ajedrez aún no ha asumido que la prensa es un vínculo esencial con millones de aficionados de todo el mundo y con los patrocinadores cuyos nombres luce en la chaqueta. En las 18 horas siguientes a su triunfo negó toda petición de entrevista individual (incluidos los medios de Noruega, donde es el mayor ídolo deportivo), y solo aceptó reunirse 15 minutos con una decena de “periodistas muy seleccionados” (la mitad, noruegos); entre ellos, el enviado de EL PAÍS.


Pregunta. Ha estado a punto de perder la corona...


Respuesta. Sí. Tras no ser capaz de ganar posiciones muy ventajosas en las partidas 3ª y 4ª, lo pasé mal en la 5ª; tras la derrota en la 8ª estaba devastado, y sufrí mucho para no perder la 9ª. Aunque seguía pensando que era el jugador más fuerte de los dos, apenas me quedaban oportunidades de remontar el marcador. Una parte de mí aún quería tener fe, pero fue un momento dificilísimo. Creo que en esas situaciones lo que uno debe hacer es concentrarse en lo siguiente, no en el marcador o en el pasado. Pero eso es fácil de decir y muy difícil de hacer. Durante las dos partidas siguientes me asaltaba el pensamiento de “cómo demonios voy a ganar yo este duelo”, que no es precisamente una actitud muy buena.
P. ¿Logró dormir esas noches?
R. Tuve problemas para dormir después de las partidas 8ª y 9ª, pero después de ganar la 10ª dormí como un niño.
P. ¿Y cómo se recuperó?
R. Pues no lo tengo muy claro. Incluso antes de la 10ª no estaba en la mejor actitud mental. Luego no jugué tan mal pero, claro, cuando me di cuenta de que había hecho una jugada que permitía a Serguéi forzar las tablas, me invadió ese sentimiento de ¡otra vez, no! De hecho, daba por seguro que la partida iba a terminar de inmediato en tablas y que tendría que irme al hotel para preparar algo que me permitiera ganar con negras la 11ª, pero ya con muy pocas esperanzas. Por fortuna, él no vio esa variante, y me dio un respiro muy importante, que pude aprovechar. Yo no diría que en esa partida fui capaz de recuperarme de un error, sino más bien que me encontré ante una oportunidad y la aproveché.
P. Después de esa victoria hizo dos tablas sin mucha historia porque usted quería forzar el desempate.
R. Sí. Yo sabía que en el desempate tenía muchas probabilidades de ganar. De modo que mis momentos de mayor tensión no fueron los de ese día [el miércoles], sino todos los anteriores a mi victoria en la 10ª. Es verdad que me irritó bastante no ser capaz de ganar la 2ª del desempate en una posición ganadora. Pero en los diez minutos de descanso antes de la 3ª logré evitar la sensación de pánico, fijarme solo en el marcador, que estaba igualado después de todo, y centrarme en ganar la siguiente, llevado por ese enfado conmigo mismo, pero sin perder el control.
P. Ha fallado especialmente al intentar convertir posiciones muy ventajosas en victorias.
R. Es verdad. Cuando eso te ocurre una vez, no hay que darle mayor importancia. Pero si son varias, quiere decir que algo falla. Lo normal en este duelo hubiera sido que yo tuviera uno o dos puntos de ventaja después de las primeras cuatro partidas, lo cual cambiaría por completo el panorama y el rumbo. Lo que ocurrió de verdad es que yo era mejor que Serguéi en las tres primeras horas, pero luego, en la 5ª, 6ª o 7ª, yo fallaba y él se defendía magníficamente. Está claro que también debo trabajar en ese terreno, y que tenía que haberme preparado mejor en cómo optimizar mi rendimiento en las partidas muy largas.
P. Pero usted hasta ahora se ha negado a trabajar con un psicólogo especializado en el deporte de alta competición, como hace la mayoría de las estrellas de los demás deportes.
R. Es cierto, pero creo que voy a corregir eso en un próximo futuro. Todo lo que tiene que ver con el control de las emociones y la psicología es mi punto más débil. Cuando las cosas me van bien y me siento fuerte, con todo bajo control, es muy difícil ganarme. Pero mi fuerza de juego baja considerablemente cuando las cosas no me salen como están planeadas. Definitivamente, debo trabajar más en ese campo.
P. ¿De qué está más satisfecho en este Mundial?
R. He hecho muchas cosas bien en cuanto a estrategia general y aperturas, pero quizá queden difuminadas por mis errores inusuales en varias partidas; sobre todo, en la 7ª y 8ª, que fueron horribles por mi parte; especialmente en la 8ª, cuando hice una jugada de farol, y salió mal. Pero es muy estimulante ver que he sido capaz de ganar cuando las cosas no iban tal como yo quisiera. La situación antes de la 10ª era el peor escenario posible, pero finalmente la gané. Y, por supuesto, estoy muy satisfecho de mi capacidad de lucha en las partidas del desempate, así como del remate de la última, muy brillante en mi opinión.
P. El año pasado usted propuso cambiar el sistema del Mundial volviendo a las eliminatorias a solo dos partidas, que convirtió en campeones del mundo a jugadores de segunda fila.
R. El mismo sistema que produjo a campeones como Jálifman o Kasimyánov hizo que Anand perdiera solo un duelo en tres de esos torneos. Yo creo que ese sistema es justo, pero todo indica que el mundo del ajedrez no está de acuerdo, y yo lo acepto y me olvido del asunto por ahora.
P. ¿Cómo ve el futuro del ajedrez? ¿Tiene ideas innovadoras?
R. Estoy abierto a todo lo que sea innovador y no perjudique nuestro rendimiento en el tablero. Por ejemplo, me parece interesante, y no tengo objeción alguna, que nos midan las pulsaciones o el gasto energético mientras estamos jugando.
P. Usted siempre ha sido muy sensible a la difusión del ajedrez como herramienta pedagógica.
R. Sí. Hace poco visité un colegio público aquí, en Brooklyn, donde casi todos los alumnos son hijos de inmigrantes. Han tenido un enorme éxito con el ajedrez, no solo para mejorar la inteligencia y desarrollar valores, sino para aumentar la autoestima de esos niños, que han ganado varias veces el Campeonato Escolar de EE UU por delante de colegios privados carísimos. Debemos expandir por todos los países el mensaje de que el ajedrez no es solo muy divertido, sino también muy útil como herramienta educativa

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Campeonato del Mundo de Ajedrez: Segundas tablas entre Karjakin y Carlsen

El ruso Serguei Karjakin, aspirante, no hizo ninguna concesión psicológica al noruego Magnus Carlsen, campeón, en la segunda partida del Campeonato del Mundo que concluyó en tablas en 33 movimientos. El marcador del encuentro que se disputa en Nueva York, programado al mejor de 12 partidas, registra un empate a 1.


Aunque pocos expertos apuestan por Karjakin, el aspirante puede exhibir en su favor que no ha estado en ningún momento en posición inferior. Además, en la segunda partida optó en la jugada 22 por continuar la lucha en vez de simplificar con rapidez y firmar el reparto del punto. Una buena actitud mental que muestra una gran confianza, tan importante como el juego en una competición donde te enfrentas todos los días al mismo rival. En este sentido, Karjakin cuenta como jefe de analistas con Yuri Dojoian, que ya desempeñó esta labor de manera satisfactoria durante años con Gari Kasparov. Contar con una voz tan experimentada es garantía de que el ruso no perderá el sentido de la realidad en caso de perder una partida y quedar pocas para el final.


Carlsen, con las piezas negras, optó como hace habitualmente en situaciones parecidas por no eludir la apertura española. Karjakin, en la jugada seis, se apartó de la continuación más habitual y eligió una línea considerada más tranquila. En el movimiento 12, el campeón del mundo realizó una mejora en comparación con una partida que disputó con el búlgaro Veselin Topalov en París, el pasado año. Una idea que igualaba la posición, y aunque su adversario trataba de luchar por la iniciativa, evitando incluso rápidas simplificaciones, en ningún momento pudo lograr nada positivo. No obstante, el noruego debía de jugar con cierto cuidado para evitar sutilezas. Y así lo hizo en el movimiento 27, con una jugada de peón que terminaba con cualquier esperanza de soñar de las blancas.


El lunes, tras la jornada de descanso de hoy, se diputará el tercer juego.


Campeonato del Mundo, 2ª partida.


1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ab5 a6 4.Aa4 Cf6 5.0-0 Ae7 6.d3 (La línea más popular en esta posición de las española es 6.Te1) 6...b5 7.Ab3 d6 8.a3 0-0 9.Cc3 Ca5 10.Aa2 Ae6 11.d4 Axa2 12.Txa2 Te8 (Novedad; lo conocido era 12...Cc6 13.d5 Cb8 , con ventaja blanca, Topalov-Carlsen, París 2016) 13.Ta1 Cc4 14.Te1 Tc8 15.h3 h6 16.b3 Cb6 17.Ab2 Af8 18.dxe5 dxe5 19.a4 c6 20.Dxd8 Tcxd8 21.axb5 axb5 22.Ce2 (Karjakin no se conforma con unas tablas casi inmediatas con 22.Ta6 Cfd7 23.Tea1) 22...Ab4 (Digna de consideración era 22...Cxe4 23.Axe5 Cd2 24.Cfd4 Txe5 25.Cxc6 Ted5) 23.Ac3 Axc3 24.Cxc3 Cbd7 25.Ta6 Tc8 26.b4 Te6 27.Tb1 c5 (Con esta jugada se podía haber firmado ya el empate) 28.Txe6 fxe6 29.Cxb5 cxb4 30.Txb4 Txc2 31.Cd6 Tc1+ 32.Rh2 Tc2 33.Rg1, tablas. (0,5-0,5).

 

14 noviembre 2016


(Con información de Marca)

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