Martes, 08 Julio 2014 06:31

Un día, dos misterios

Los brasileños que acompañan el Mundial –es decir, todos los que tengan más de dos años– despertaron ayer con dos misterios. Uno: ¿cuál es el nombre del dirigente de la FIFA involucrado en el negocio de venta ilegal de entradas? Otro: ¿cuál será la formación que Felipao pondrá en la cancha mañana, en el juego dificilísimo contra Alemania?

Desde el domingo, la policía brasileña aseguraba haber descubierto la identidad de un "alto funcionario" de la FIFA que sería cabeza de la pandilla que desde al menos 1998 montó un altamente lucrativo negocio de venta ilegal de ingresos para los Mundiales. Ha sido necesario esperar hasta el medio de la tarde para finalmente saber que Raymond Whelan, ciudadano británico, director ejecutivo de la Match, única agencia autorizada por la FIFA (de hecho, un brazo de la entidad) para vender ingresos en los Mundiales, fue detenido en el Copacabana Palace, el más tradicional, lujoso y bello hotel del país. Además de entradas, también era responsabilidad de Whelan elegir los hoteles que son parte de los paquetes turísticos oficializados por la FIFA. Es decir: tenía en sus manos la llave de los "propinoductos" que llenan cuentas bancarias en Suiza.


El súbdito de la reina Isabel ahora les hace compañía a los otros once pandilleros detenidos desde el pasado martes. Según la policía, Whelan era el verdadero jefe del bando, y no el argelino de nombre curioso, Manine Fofana, como se pensó en un principio. No hay dudas de eso: hay llamadas telefónicas grabadas con autorización judicial que comprueban sus tareas de comando. Lo que no se sabe, sin embargo, es si había o hay alguien más de la FIFA en esta mafia específica. Pero ya se sabe que, en caso de existir ese alguien más, será todavía más poderoso que Whelan. La Match es una empresa controlada por Infront, una empresa que tiene entre sus socios a Philippe Blatter, sobrino de Joseph Blatter, el todopoderoso de la historia de los Mundiales. Los dos Blatter ostentan el título de presidente: el sobrino, de la Infront. El tío, de la misma FIFA.


Mucho se habla en Brasil del legado que esta Copa dejará cuando termine. Mientras prosigue esa discusión, Juca Kfouri, uno de los más influyentes y respetados periodistas deportivos del país, aseguró ayer que quitarle la máscara a la FIFA y revelar sus entrañas poco dignas ya es el principal legado del Mundial. Desde 1998, la pandilla pasó incólume por todos los Mundiales. Cayeron en Brasil gracias a un truco elemental: policías disfrazados de turistas iban a la puerta de los estadios, intentando comprar ingresos en el mercado negro. Un agente intentó, con un cambista, comprar un lote de 50 entradas. Así se descubrió el esquema.


Hubo otras noticias involucrando a la entidad, todas ellas negativas. Ayer se supo, entre otras cositas más, que Camilo Zúñiga, el colombiano troglodita que alejó a Neymar del Mundial gracias a un rodillazo cobarde, no fue ni será castigado por la FIFA. Otro que no será punido, al menos por ahora, es Humberto Grondona, hijo de Julio Humberto Grondona, quien además de presidir la entidad que controla el fútbol en su país, ocupa una de las vicepresidencias. El Grondona Junior admitió haber vendido algunas de sus entradas a un misterioso amigo, y jura, cándidamente, no tener idea de cómo fueron a parar al mercado negro. Para la FIFA, semejante inocencia es aceptada como verdad. Para la policía brasileña, el caso sigue bajo investigación criminal.


Resuelto ese misterio, quedó el otro. Y los brasileños ayer fueron a dormir –o a intentar dormir– sin saber qué esperar hoy. Sabemos todos que Felipao probó muchas variantes para suplir las ausencias de Neymar y Thiago Silva. Se barajan nombres de los que integrarán la nueva formación, pero nadie sabe ciertamente quién estará en la cancha y quién en el banquillo.


Para hacer más aguda aún la angustia de toda la hinchada, existe la temible posibilidad de que entre los que no saben ciertamente cuál será la formación esté el mismo Felipao.


De todas formas prevalece la expectativa de que Brasil ataque desde el primer minuto, en un juego veloz, creativo, bien articulado, que deje a los alemanes sin norte en la cancha. Será el primer paso rumbo a la sexta victoria en los Mundiales. Bueno, ésa al menos fue la expectativa que permitió los sueños de los brasileños que lograron dormir. Los otros, y que formaron mayoría, pasaron la noche dando vueltas en la cama tratando de adivinar cómo Felipao pretende, hoy, hacer todo lo que –con la única excepción del primer tiempo contra Colombia– sus muchachos no supieron mostrar hasta ahora.


Por fin, queda la esperanza de que la ausencia de Neymar tenga un efecto positivo: sus compañeros se sentirán estimulados a homenajearlo con una victoria. Tratarán de hacer por él lo que él haría por todos. Y así, de esperanza en esperanza, sigue el Mundial.

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Miércoles, 02 Julio 2014 05:51

Ha sido un mundial de los arqueros

De los ocho que pasan a la etapa siguiente, uno será el campeón. En los partidos de los dos últimos días por fin prevaleció la lógica, o lo que se supone que pueda ser lógico en un Mundial. Pero por muy poco. Alemania, Holanda, Argentina, Bélgica, Costa Rica y Francia se clasificaron entre el domingo y lunes. Pero al menos cuatro de esos clasificados –Holanda, Argentina, Alemania y Bélgica–, por más que fuesen considerados favoritos, casi quedaron a mitad del camino.


Costa Rica se mantuvo como el equipo revelación del Mundial, pero tuvo mucha dificultad en superar a Grecia. Francia también sufrió para derrotar a Nigeria. Brasil logró superar a Chile a base de puros rezos. De los ocho, el de Colombia ha sido el único equipo que pasó sin mayores inconvenientes por su adversario, un Uruguay todavía traumatizado por la punición aplicada a Luis Suárez.


Lo que se vio el lunes en las canchas ha sido un duelo de angustias. Difícil decir cuál de los dos partidos fue más desesperante para las hinchadas. Bélgica, por ejemplo, superó ampliamente a Estados Unidos, pero tropezó con un arquero increíble, Howard, y ya en la prórroga casi fue atropellada por el ímpetu con que los rivales se lanzaron al juego. Antes, frente a Suiza, Argentina contó, una vez más, con un jugador que hace toda la diferencia en la cancha: Lionel Messi.


Se confirmó, entre otras vertientes curiosas, que este es el Mundial de los arqueros. En el segundo encuentro, por ejemplo, quedó claro que en Estados Unidos el apellido Ochoa se pronuncia Howard. Y el lunes entendimos todos que en Argelia, Julio César se pronuncia Rais M'Bolhi.
Mientras conocemos curiosidades como esas, los brasileños tratamos todos de enterarnos qué pasa por la cabeza de Felipao y, principalmente, de los jugadores.


Llegó un refuerzo de última hora en la finca Comary, donde está concentrada la verdeamarela, en la sierra vecina a Río. No se trata de alguien capacitado para arreglar el inexistente mediocampo, y tampoco de un compañero de ataque para ayudar a Fred y Neymar. Quien llegó fue Regina Brandao, cuyo currículo indica un doctorado en Ciencia del Deporte (¿alguien sabía que tal ciencia existía?) por la prestigiada Unicamp brasileña y un post-doctorado, vaya elegancia, por el Instituto Superior de Cultura Física de La Habana, Cuba. Su misión: trazar, hasta el jueves, un perfil de cada jugador, preparar un informe sucinto para Felipao y orientarlo sobre la manera de mantener un diálogo especialmente destinado de uno en uno. Tres días.


Es decir: en lugar de entrar a la cancha con Felipao, los jugadores que buscan el sexto título mundial primero se estirarán en el diván del entrenador, que seguirá el esquema táctico de urgencia especialmente diseñado por la doctora Brandao. Definitivamente, son otros tiempos esos que vivimos en el Mundial realizado en Brasil luego de 64 años de la tragedia del maracanazo.


Los diarios, los programas de televisión y radio, todos discuten cómo atender las almas de las estrellas de la selección. Hay sugerencias de todo tipo. Y de repente Brasil descubre que además de 173 millones 408 mil expertos altamente especializados en futbol, cuenta también con alrededor de 173 millones 406 mil sicólogos altamente especializados en jugadores. Los 2 mil faltantes seguramente están siendo atendidos por sus propios terapeutas. De todo lo que se lee en la prensa, se oye en la radio y se discute en los cafés y plazas, la sugerencia que cuenta con mayores adhesiones se refiere a convencer a los muchachos que lo peor ya pasó; es decir, no sufrimos el vejamen extremo de caer en los octavos de final. Claro que caer en la primera etapa clasificatoria sería un caso de suicidio colectivo. Así que hasta aquí llegamos, y lo único a hacer es seguir adelante.

También están los que se dicen convencidos de que lo que efectivamente les pasa a los jugadores en la cancha es que corren demasiado y piensan muy poco. Corren tanto, y tan sin rumbo, que la serenidad se les cae del alma y queda perdida por el césped, sin lograr rencontrarlos. También grande es el pelotón de expertos en futbol que instantáneamente se transformaron en sicólogos especializados en jugadores que aseguran que hay síntomas evidentes de síndrome de persecución aguda. Es decir, todos persiguen a nuestros jugadores, y no me refiero a los zagueros adversarios: son perseguidos por los árbitros, los burócratas del futbol, la prensa nacional e internacional, la misma hinchada y, claro, mexicanos, croatas, chilenos y los de Camerún.


Mientras nadie aclara qué diablos le pasa a la selección, surge otro misterio: ¿con qué formación Felipao pretende enfrentar a Colombia?
Las dificultades de alemanes, argentinos, holandeses, belgas –en fin, de casi todos– no han sido de gran utilidad para calmar a los brasileños en general y a los de la selección en particular.


Ahora, hay que preocuparse con dos tácticas, la del entrenador y la de la sicóloga. Vaya tensión. Antes, se hablaba de buscar la forma de mantener una formación y un esquema de juego estables. Ahora se habla de intentar estabilizar a los jugadores.


Me siento muy, muy inclinado a, terminado el Mundial, ingresar en el muy emocionante y movido mundo del golf. O del dominó. ¿Habrá un Mundial de dominó? ¿O de damas? Trataré de informarme lo más pronto posible. Mientras, pedí horas extras de hoy al viernes en el sicólogo.

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Salarios y costos laborales en la economía y en la competitividad de las empresas

Una noticia reciente de El Tiempo (eltiempo.com, 14 de octubre de 2013) indicaba que los costos laborales en Colombia atraen más firmas españolas al país. "Las empresas españolas instaladas en Colombia son ya 400, se duplicaron en dos años, atraídas por la clase media creciente, el elevado potencial de crecimiento, bajos costos laborales y más seguridad jurídica", se lee en la noticia.

 

Así nos ven desde fuera los inversionistas extranjeros, mas no así FEDESARROLLO, ni la ANDI y demás gremios empresariales, y menos el Banco de la República, entidades que cada vez que se va a discutir el incremento del salario mínimo aprovechan su influencia en los medios para afirmar lo contrario y debilitar la posición de los sindicatos, resaltando las "excesivas" cargas no salariales que pesan sobre el salario, como las cesantías, dotaciones, subsidio de transporte, los pagos a la seguridad social y los parafiscales , e indicando que el salario mínimo está muy cercano al salario promedio, que incrementos significativos del salario incentivan el incremento de los precios, desestimulan la formalización laboral y la creación de nuevos empleos.

 

Varias de estas ideas las contradice el propio funcionamiento de la economía, como, por ejemplo, que la inflación en Colombia haya bajado todos estos años, que la tasa de ocupación vaya en aumento y esté bajando la tasa de desempleo.

 

Respecto del alto nivel de informalidad, éste no lo causan los supuestos altos costos laborales sino el tamaño del mercado, dominado por grandes empresas nacionales y por multinacionales, las que en la mayoría de los casos dejan a las mipymes tan poco margen de ganancia y rentabilidad en la cadena de subcontrataciones, que no les es posible asumir los costos de la formalización.

 

Tampoco reconocen estas entidades que Colombia es una de las naciones más desiguales del planeta, la tercera de América Latina después de Honduras y de Haití, con un GINI de 0.539 que expresa una enorme desigualdad en la distribución de los ingresos. Ni reconocen que los salarios y la remuneración de los trabajadores apenas representan el 31.6% del PIB, en tanto que las ganancias del capital (el excedente de explotación y el ingreso mixto) representan el 57.6% del PIB.

 

Salarios y ganancias en la economía

 

Las cuentas anuales del DANE nos dan idea clara de lo que representan los costos laborales y la ganancia del capital en la producción y en el valor agregado. Los cuadros que siguen ilustran esta situación.

 

Tabla 1. La distribución del PIB en Colombia (%)

 2002200320042005200620072008200920102011
Crecimiento del PIB 2.53.95.34.76.76.93.51.74.6.6
Producto interno bruto100100100100100100100100100100
Remuneración a los asalariados33,733,132,432,131,932,031,732,832,831,6
Excedente bruto de explotación31,732,733,333,233,132,734,034,033,935,9
Ingreso mixto bruto25,224,424,324,123,824,023,522,922,621,7

Fuente: DANE, cálculos de la ENS.

 

Durante la última década, aunque la economía colombiana creció a una tasa promedio anual del 4.6%, las remuneraciones de los trabajadores prácticamente se han mantenido al mismo nivel dentro del PIB: 32.4%, con una disminución en el último año de 1.2 pp.

 

Esta relación mide cuánto de cada $100 de riqueza que genera el trabajo le corresponde a los 20 millones de trabajadores colombianos a través de las remuneraciones que reciben y de los aportes patronales a la seguridad social y al pago del SENA, el ICBF y las cajas de compensación. En cambio la participación del capital en el PIB, o sea de cerca de 950 mil patronos o empleadores (el denominado excedente bruto y el ingreso mixto), ha sido en la última década del 57.2% en promedio, con una ganancia de 1.1 pp en el último año. Esto quiere decir que el 2% de la población, o menos, se queda con la mayor parte de la riqueza que se genera en Colombia, y que el mayor crecimiento que ha tenido nuestra economía en los últimos años solo ha beneficiado a los empleadores.

 

La participación de los salarios en el PIB es un resultado directo de la capacidad de los trabajadores para apropiarse de una mayor cuota de la riqueza generada en el trabajo, la cual se gana a través de los sindicatos y de la negociación colectiva. En los países con mayor presencia sindical y de negociación colectiva la remuneración tienen mayor participación de en el PIB, como lo indican algunos ejemplos de países europeos en los que la tasa de sindicalización supera el 30% y la cobertura de la contratación colectiva más del 70%. En España las remuneraciones de los trabajadores representan el 54% del PIB, en Italia el 60%, y en Dinamarca el 56% .

 

Un informe de la OCDE de 2009 muestra una correlación entre países con índice de GINI inferior a 0.3 (que es un índice que muestra mayor democracia en la distribución del ingreso) y altas cobertura de la contratación colectiva. Suecia tiene un GINI de 0.23 y negociación colectiva del 87%; Finlandia 0.26 y 90%; Alemania 0.28 y 63%; Francia 0.28 y 95%; Noruega 0.28 y 72%; Holanda 0.31 y 82%.

 

Coincidencialmente, estos países figuran entre los primeros del ranking mundial de competitividad. En Colombia el GINI es 0.539, la tasa de sindicalización es de 4.6%, y la contratación colectiva es apenas 4.6% (ésta se presenta en menos del 1% de las empresas). Y en materia de competitividad ocupamos el puesto 69 entre 125 economías.

 

La conclusión de esta primera parte es que en Colombia hay suficiente espacio para el desarrollo de una política que se proponga mejorar los salarios y los ingresos de los trabajadores; que una política así nos haría más democráticos e incluyentes en lo económico; que mejorar los ingresos de los trabajadores es fortalecer el consumo de los hogares, un factor que por su peso en el PIB le daría más estabilidad al crecimiento de la economía; que mejorar los ingresos del trabajo no afecta para nada la competitividad del país, al contrario la mejora, pues mejores ingresos se traducen en más educación, mejores niveles de alimentación y de salud.

 

Costos laborales y ganancia del capital en el valor del producto y en el valor agregado

 

La siguiente tabla muestra la incidencia de las remuneraciones de los trabajadores y la ganancia del capital en el valor del producto y en la nueva riqueza o valor agregado:

 

Tabla 2. Participación de las remuneraciones y del capital en el valor de la producción y en el valor agregado.

 Remuneración a los asalariados %Ingreso mixto %Excedente bruto de explotación %
 
 Producción

 Valor

agregado

Producción

 Valor

agregado

Producción

Valor

agregado

Total18,834,612,923,821,339,4
Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca19,127,946,367,53,04,3
Explotación de minas y canteras7,99,72,73,470,2

86,0

Industrias manufactureras10,233,33,210,316,353,1
Suministro de electricidad, gas y agua9,217,01,01,841,276,2
Construcción10,221,312,926,823,749,1
Comercio, reparación, restaurantes y hoteles22,942,427,049,93,05,6
Transporte, almacenamiento y comunicaciones11,626,415,034,115,835,9
Establecimientos financieros, seguros, actividades inmobiliarias y servicios a las empresas19,913,020,026,334,945,8
Actividades de servicios sociales, comunales y personales45,275,45,38,87,813,0

Fuente DANE. Cuenta de producción y generación del ingreso por ramas de actividad económica. Cálculos de la ENS.

 

De cada $100 de producto, $18 corresponden al costo laboral total y $34.2 a la ganancia de los empleadores. Y respecto a la forma como se distribuye la nueva riqueza generad en el trabajo, el 63.2% va para los empleadores y el 34.6% para los trabajadores.

 

El cuadro muestra que la mayor participación de las remuneraciones en el valor del producto la tienen sectores que son intensivos en mano de obra, o en el trabajo, como las actividades de servicios, en las que se ubican los servicios de educación y de salud; comercio, hoteles y restaurantes, el sector financiero y el sector agropecuario. Por el contrario, los sectores de minas, electricidad gas y agua, transporte, almacenamiento y comunicaciones, y el sector de la industria, presentan participaciones cuya incidencia se podría calificar de marginal, o al menos que en ellas no tendría ningún impacto en su competitividad estrategias conducentes a reducir costos laborales, como es el caso de la industria, en la que el factor trabajo apenas tiene incidencia del 10.2% en el valor de la producción.

 

Como lo muestra la tabla 2, el sector de la minería es el que presenta la peor distribución del ingreso: 86% a favor del capital, el 9.7% para los trabajadores. Este sector es dominado por empresas transnacionales, a las que los diferentes gobiernos les han otorgado todas las gabelas posibles para explotar nuestros recursos y nuestros trabajadores, dejándonos los daños ambientales, regiones atrasadas dominadas por la corrupción y el clientelismo, y muy pocos impuestos, como lo muestra el hecho de que apenas aporten 1.8 punto en impuesto: 0.8% sobre el valor del producto y 1% sobre el valor agregado.

 

Lo mismo vale decir para el suministro de electricidad gas y agua, un sector que presenta altísimas tasas de rentabilidad, con un alto impacto en el consumo de los hogares, y con una apropiación a favor del capital del 76.2% del valor agregado generado en el trabajo.

 

Como se ve, hay espacio suficiente para mejorar salarios e ingresos sin que la economía se afecte en su competitividad. Simplemente lo que se requiere es una mejor distribución del ingreso, un resultado que por supuesto afectaría la participación del capital en la distribución del ingreso, pero que en ningún sentido afectaría la competitividad de las empresas.

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¿No es una pena que se persiga el dopaje deportivo? Ahora que los dirigentes –públicos y privados- de la sociedad de consumo han conseguido que millones de ciudadanos de a pie rindan culto a unos cuantos dioses apolíneos, resulta que ciertos remilgos sobre la liturgia deportiva han ocasionado un enorme disgusto a los adoradores.

¿Acaso los atletas ahora denostados cada vez corren menos, acaso se han negado a proporcionar espectáculo día tras día, no ponen –incluso- su salud en peligro por mor de su grey y hasta de la bandera nacional? Es justo lo contrario: se les ha exigido más y más, han cumplido y se han hecho merecedores de dinero y adoración. Dioses –o marionetas- para chicos y grandes, aunque bien pagados.

La gente se ha vuelto loca de verdad. Ahora se enfadan con las marionetas –o los dioses- por haber hecho lo que se les ha pedido: entrenamientos de tortura y carreras de galgos (anticipando deliciosamente el nombre de la operación mediática, perdón, judicial, en curso).

El éxtasis entre lo hortera y lo patriótico experimentado por millones en cada competición queda hoy ridiculizado. Los mismos millones no aciertan a reflexionar sobre la esencia del disparatado espectáculo que pagaban con gusto y ahora les sustraen.

Como si los atletas fueran hoy peores o mejores que ayer, como si verles correr una centésima o incluso un segundo más despacio tuviera alguna importancia para sus vidas normalmente antideportivas (el 17% de españoles sufre obesidad y el 55% sobrepeso, según los datos de 2010 de la OCDE). Como si el mismo espectáculo sin sangre alterada fuese sustancialmente diferente.

Es el momento de ponerles convenientemente delante un nuevo asunto morboso –en este caso sobre atletas famosos y traficantes- para distraerles una vez más y tapar todo lo demás.

¿No quería el pueblo tener un puñado de elegidos para realizar en su nombre un moderno sacrificio sobrehumano, casi sobrenatural, no quería entrar en trance gracias a sus médium en pantalón corto?

Pues entonces no es razonable ponerse ahora a discutir sobre si lo hacen así o asá. ¿En qué cabeza cabe que un mozo se ponga a correr 42 kilómetros sin parar a una velocidad media de 3 minutos por kilómetro “por deporte”? Probablemente en la misma que cabe que el PSOE acaba de descubrir, como se deduce de las palabras de sus altos cargos en las instituciones deportivas, algunos con más veinte años de servicio, que las medallas en un espectáculo se dan al que mejor cumple el papel y no al mejor deportista.

Antes descubrió que televisar deporte todos los días a todas horas se parece mucho a prometer el cielo durante la misa pero con resultados instantáneos. No le importó, al contrario, que ver competiciones deportivas en la televisión, adorar en el bar a los dioses que realizan sus milagros sobre el tartán, soñar en horas de trabajo con glorias ajenas y ondear banderas en la calle al paso de unos chicos encaramados en un autobús con fanfarria, no tiene nada que ver con el deporte.

¿Qué hace que unas personas se entusiasmen hasta el paroxismo en grupo con hazañas físicas, cuya teoría y práctica apenas entienden y que por supuesto son incapaces de imitar siquiera de lejos ni maldita falta que hace?

Quizás la gente ha sido hábilmente inducida a sustituir religión por deporte. El diccionario de la Real Academia identifica religión con “creencias y dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor (…) principalmente la oración y el sacrifico para darle culto”, mientras que el deporte lo define como “ recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre” en su segunda acepción. Añade que hacer algo “por deporte” es hacerlo “por gusto, desinteresadamente”.

El deporte espectáculo de masas, una nueva religión, no puede ser nada bueno, de otro modo ni los gobiernos ni los mercados lo promocionarían.

Por Agustín Velloso
Rebelión
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Lunes, 06 Septiembre 2010 07:24

China y el nuevo orden mundial (I)

En medio de todas las supuestas amenazas a la superpotencia mundial reinante, un rival está emergiendo en silencio y con fuerza: China. Y Estados Unidos está analizando de cerca las intenciones de ese país.
El 13 de agosto, un estudio del Pentágono planteaba la preocupación de que China estuviera expandiendo sus fuerzas militares de manera que “pudiera neutralizar la capacidad de los buques de guerra estadounidenses de operar en aguas internacionales”, da cuenta Thom Shanker en The New York Times.

Washington ha hecho sonar la voz de alarma de que “la falta de transparencia de China sobre el crecimiento, las capacidades y las intenciones de sus militares inyecta inestabilidad a una región vital del globo”.

Estados Unidos, por el contrario, es bastante transparente sobre sus intenciones de operar libremente a lo largo y ancho de la “región vital del globo” que rodea China (y donde sea).

EEUU publicita su vasta capacidad para hacerlo: con un presupuesto militar en crecimiento que casi alcanza al del conjunto del resto del mundo, cientos de bases militares por todo el planeta, y un indiscutible liderazgo en la tecnología de destrucción y dominación.

La falta de entendimiento de las reglas de urbanidad internacionales por parte de China quedó reflejada en su objeción al plan de que el portaaviones nuclear USS George Washington participara en las maniobras militares de EEUU y Corea del Sur cerca de las costas chinas en julio, alegando que este tendría la capacidad de hacer diana en Pekín.

En cambio Occidente entiende que dichas operaciones se llevaron a cabo para defender la estabilidad y su propia seguridad.

El término estabilidad tiene un significado técnico en el discurso de las relaciones internacionales: la dominación por parte de EEUU. Así, ninguna ceja se arquea cuando James Chace, ex editor de Foreign Affairs, explicaba que, a fin de conseguir “estabilidad” en Chile en 1973, fue necesario “desestabilizar” el país, derrocando al Gobierno legítimo del presidente Salvador Allende e instaurando la dictadura del general Augusto Pinochet, que procedió a asesinar y torturar sin miramientos y estableció una red de terror que ayudó a instalar regímenes similares en otros lugares, con el apoyo de EEUU, por el interés de la estabilidad y la seguridad.

Es fácil reconocer que la seguridad estadounidense requiere un control absoluto. El historiador John Lewis Gaddis, de la Universidad de Yale, dio a esta premisa una impronta académica en Surprise, Security and the American Experience, donde investiga las raíces de la doctrina de la guerra preventiva del presidente George W. Bush. El principio operativo es que la expansión es “el camino a la seguridad”, una doctrina que Gaddis rastrea con admiración dos siglos hacia atrás, hasta el presidente John Quincy.

Adams, autor intelectual del Destino manifiesto.

En relación con la advertencia de Bush de que los estadounidense “deben estar listos para acciones preventivas cuando sea necesario luchar por nuestra libertad y defender nuestras vidas”, Gaddis observa que el entonces presidente “se estaba haciendo eco de una vieja tradición, en vez de establecer una nueva” al reiterar principios que varios presidentes ya habían defendido y que desde Adams a Woodrow Wilson “habrían entendido muy bien”.

Lo mismo ocurre con los sucesores de Wilson hasta el presente. La doctrina de Bill Clinton era que EEUU estaba autorizado a utilizar la fuerza militar para asegurar “el acceso desinhibido a mercados clave, suministros energéticos y recursos estratégicos”, sin siquiera la necesidad de inventar pretextos del tipo de los de Bush hijo.

Según el secretario de Defensa de Clinton, William Cohen, EEUU debe consecuentemente mantener una enorme avanzadilla de fuerzas militares “desplegadas” en Europa y Asia “con el fin de moldear la opinión de la gente sobre nosotros”, y “para forjar acontecimientos que afectarán nuestra subsistencia y nuestra seguridad”. Esta receta para la guerra permanente –observa el historiador militar Andrew Bacevich– es una nueva doctrina estratégica, que fue amplificada más tarde por Bush Jr. y por Barack Obama.

Como todo capo de la Mafia sabe, incluso la pérdida más sutil de control puede desembocar en el desmoronamiento del sistema de dominación cuando otros se animan a seguir un camino similar.

Este principio central de poder se formula como la teoría dominó en el lenguaje de los estrategas políticos. Se traduce en la práctica en el reconocimiento de que el “virus” del exitoso desarrollo independiente puede “contagiarse” en cualquier otro lugar y, de esta manera, debe ser destruido mientras las víctimas potenciales de la plaga son inoculadas, normalmente a manos de brutales dictaduras.

Según el estudio del Pentágono, el presupuesto militar de China se expandió a unos 150.000 millones de dólares, cerca de “la quinta parte de lo que el Pentágono se ha gastado para operar y llevar a cabo las guerras de Iraq y Afganistán” en ese año, lo cual es sólo un fragmento del total del presupuesto militar estadounidense, por supuesto.

Las preocupaciones de Estados Unidos son comprensibles si uno toma en cuenta la virtual e indiscutida suposición de que EEUU debe mantener un “poder incuestionable” sobre la mayoría del resto de países, con “una supremacía militar y económica”, mientras asegura la “limitación de cualquier ejercicio de soberanía” por parte de los Estados que pueda interferir con sus designios globales.

Estos fueron los principios establecidos por los planificadores de alto nivel y expertos de política exterior durante la Segunda Guerra Mundial, cuando desarrollaron el marco para el mundo de la posguerra, el cual fue ampliamente ejecutado.

EEUU debía mantener esta dominación en una “Gran Área”, que debía incluir, como mínimo, el hemisferio occidental, el lejano Oriente y el antiguo Imperio Británico, incluyendo cruciales recursos energéticos de Oriente Próximo.

Mientras Rusia comenzaba a pulverizar a los ejércitos nazis tras Stalingrado, las metas de la “Gran Área” se extendieron lo máximo posible por Eurasia. Siempre se ha entendido que Europa pudiera escoger seguir una causa alternativa, quizás la visión gaullista de una Europa desde el Atlántico hasta los Urales. La Organización del Tratado del Atlántico Norte nació en parte para contrarrestar esta amenaza y este asunto permanece muy vivo hoy en día en momentos en que la OTAN se expande hacia una fuerza de intervención de Estados Unidos, responsable del control de “infraestructuras cruciales” del sistema global del que depende Occidente.

Desde que se convirtiera en la potencia mundial dominante durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha buscado mantener un sistema global de control. Pero ese proyecto no es fácil de mantener. El sistema se erosiona visiblemente, con implicaciones significativas para el futuro. China es un jugador potencial muy influyente y desafiante.

Por Noam Chomsky
Público
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Domingo, 06 Septiembre 2009 08:34

Rivales, alternativos, aliados

No faltan quienes creen que China (o Europa) está disputando la hegemonía a Estados Unidos e, incluso, los que opinan que este país es el sostén del capitalismo y que, por lo tanto, todo enfrentamiento con él es un golpe al sistema. Por supuesto, éste está constituido por múltiples capitalismos, resultantes de diferentes relaciones de fuerzas sociales locales y de diferentes densidades histórico-culturales, y no hay ni nunca hubo un bloque único reaccionario”. Pero una cosa es ver las contradicciones internas que presenta el capitalismo, las disputas por los mercados entre los diferentes grupos (y las duras manifestaciones estatales de esa disputa) y otra es creer que dichas contradicciones internas, por sí mismas, van a llevar a la implosión del sistema o, cuando menos, a su profunda modificación y suponer además que la hegemonía es sólo técnica, o comercial, o militar. Porque el capitalismo no es sólo explotación del trabajo ajeno sino también alienación, enajenación de sus víctimas, y dominación imponiendo una ideología, valores, relaciones de mando y obediencia no sólo con la violencia militar o policial sino sobre todo mediante la educación sesgada, la cultura adulterada, la industria del entretenimiento envenenada, la difusión de una cultura material hedonista, egoísta, antisolidaria, violenta.

Creer que China disputa a Estados Unidos la hegemonía es, por eso, una tontería. La economía estadunidense no sobreviviría un día si China no acumulase dólares sosteniendo así la moneda verde, no comprase los devaluados bonos del Tesoro dándole crédito al imperialismo estadunidense, se opusiese a la política de Washington en escala mundial en vez de compartirla. Creer que China figura en un inexistente “campo anticapitalista” o “no capitalista” o, peor aún, ”socialista”, es olvidar que ese país le dio nuevo oxígeno al capitalismo mundial, es la tierra de elección para las inversiones de las trasnacionales, difunde y desarrolla los valores y la ideología capitalista en una población que equivale al cuarto de la Humanidad, está dirigido por un partido del cual pueden formar parte los millonarios (que hacen sus millones explotando a “sus” trabajadores que carecen incluso de derechos sindicales). Pensar que China modificará a fondo el capitalismo mundial es ignorar que es éste el que está modificando a fondo a China. En efecto, por primera vez en su historia milenaria, los chinos, que entonces gozaban de una civilización y organización superiores, no absorben en su cultura a los conquistadores sino que comienzan a absorber masivamente la cultura capitalista y el american way of life, los modelos de consumo estadunidenses, en un proceso que se apoya en el doble conservadurismo de las tradiciones de Confucio y de las del comunismo estalinista-maoísta. Por supuesto, ese capitalismo no es exactamente igual al de sus modelos y promotores extranjeros y está “abollado” aquí y allá por la cultura y las tradiciones chinas. Pero, cualquiera sea su ropaje, capitalismo es.

Naturalmente, hay capitalismos donde las relaciones de fuerza son más favorables para las víctimas del sistema y para su autorganización, la autogestión, su educación, tales como los capitalismos de Estado de países dependientes que luchan por su liberación nacional utilizando y modificando el aparato estatal mientras en ellos susbsisten relaciones sociales capitalistas y una dependencia profunda del mercado capitalista mundial. Obviamente, es necesario y legítimo utilizar las contradicciones entre los diversos países capitalistas, entre las diversas empresas trasnacionales, entre los diversos grupos y amalgamas sociales que luchan por predominar en el seno del capitalismo en cada país, y es igualmente legítimo –en determinadas condiciones– llegar a acuerdos puntuales con algunos de esos grupos pero a condición de jamás presentarlos como aliados estratégicos. No se debe abandonar jamás la necesidad de difundir valores contrahegemómicos, solidarios.

Hoy la hegemonía del capitalismo es indiscutida y su ideología penetra profundamente incluso en los sectores que se dan el objetivo de construir un socialismo democrático, del “siglo XXI” (frase que no quiere decir nada y que demuestra cuál es el grado actual de nebulosidad del pensamiento alternativo al capitalismo). Por eso el capitalismo mundial está saliendo de esta crisis económico-financiera a costa de nuevos desastres sociales (mayor desocupación, más hambrunas, menos solidaridad, menos sindicatos, mayor concentración de la riqueza y del poder). O sea, de la barbarie y la destrucción ambiental.

Los procesos de liberación son, por fuerza, locales, nacionales, y se dan utilizando incluso las contradicciones en las clases dominantes y entre éstas y el capital financiero internacional, o sea metiéndose en las grietas de los dominadores. Pero, para que se produzca un cambio social, hay que cambiar las relaciones de fuerza entre opresores y oprimidos, hay que hacer que éstos entiendan el proceso mediante el cual son explotados y oprimidos y no consideren que sólo depende de la mala suerte o del destino. Es necesario hacerles conocer su historia (es decir, hacer un balance del pasado y de las derrotas y convencerlos de que hay una salida no capitalista a las cada vez peores crisis del capitalismo). Si no se hace colectivamente un balance del pasado y colectivamente no se construyen las grandes líneas del proyecto futuro, en efecto otro mundo resultará posible. Pero será el de la barbarie creciente.

Por Guillermo Almeyra

 

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