Lanzamiento del cohete portador Long March 6 con el satélite Star Era-12 desde Taiyuan, China, el 6 de noviembre de 2020. Foto: Twitter / UESTC

China ya está mirando hacia el futuro y ha lanzado al espacio con éxito el primer satélite 6G del mundo para probar esa tecnología. Se efectuó desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Taiyuan, en la provincia china de Shanxi, el 6 de noviembre.

Junto con el Star Era-12, satélite experimental con tecnología de telecomunicaciones de sexta generación, el cohete portador Long March 6 llevó a la órbita otros 12 satélites convencionales.

El Star Era-12 o UESTC—por la Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica de China (UESTC, por sus siglas en inglés)— se utilizará para verificar el rendimiento de la banda de frecuencia 6G en el espacio. Se espera que la tecnología 6G sea unas 100 veces más rápida que la 5G.

El satélite también lleva un sistema óptico de detección remota para monitorear los desastres de cultivos y prevenir inundaciones e incendios forestales.

7 noviembre 2020

(Tomado de RT en Español)

Jueves, 05 Noviembre 2020 05:51

Lo público es del pueblo

Lo público es del pueblo

Límites de la libertad de prensa

La comunicación de la comunidad no puede reducirse al rédito económico y el negocio de los medios tiene que tener un límite y una orientación, porque el espectro radioeléctrico es un bien de dominio público y debe ser regulado en bien de la democracia.

 

Las declamaciones en defensa de la exorbitada referencia a la “libertad de prensa” de muchos medios podrían resumirse a “los negocios no se tocan”. A pesar de este repiqueteo descalificador no lograron impedir que muchas otras voces comenzaran  a  hacerse oír. Lejos se está de negar el acentuado carácter comercial de buena parte de los emprendimientos de medios. Pero hay dos cosas que no se pueden obviar. Una, que la comunicación de la comunidad no puede reducirse a un negocio, porque el reduccionismo mercantilista de la comunicación es una forma de atribuirle un poder totalitario. Dos, la posibilidad del negocio de los medios tiene que tener un límite y una orientación. El espectro radioeléctrico es un bien de dominio público y debe ser regulado. Este es el camino para una verdadera democracia. El filósofo J.Habermas se preguntaba cómo ejercer la libre representación de lo público en un espacio que tiene dominio privado cuyo objetivo no es político, sino económico.

La uniforme voz de los medios más importantes ha dejado de ser para muchos la voz de la verdad única. El halo de infalibilidad y autoridad que muchos medios y periodistas ejercieron por muchos años se ha ido desmoronando. Hace tiempo que no puede ya sostenerse que todo lo que ocurre en la sociedad es verdad porque así lo dicen la televisión, los diarios o la radio.

La destronada arrogancia de los medios

¿De dónde ha venido esa arrogancia de los medios para considerarse dueños indiscutibles de la verdad? Se podría pensar si algo de esto no lo han heredado o tomado de lo religioso. La actitud todopoderosa de los religiosos, en muchos momentos de la historia, definía los límites entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo justo de lo injusto. El poder que provee tener información pone una distancia y un grado de superioridad en una relación que parece inhibir toda crítica. Pero los tiempos de la autoridad religiosa impositiva como la de los medios han terminado, la verdad no les pertenece. La verdad se va creando en la verdadera comunicación sin ataduras de la comunidad toda. La comunicación democrática se abre paso.

Nuestro país ha vivido muchos períodos de oscuridad y opresión que han costado muchas vidas, impedido mucha creatividad, producido mucho dolor. No se pueden plegar las banderas de la ciudadanía responsable por el atropello de unos pocos que solo tienen el argumento de su fuerza y su poder económico. Esta es una hora para sacar a la luz a su propios fundamentos y hermanarse con el pueblo todo en la búsqueda de la comunidad solidaria.

En la era del control y el desprecio por la verdad

Mucho se ha hablado sobre el control de los medios y el control de las mentes como una relación inevitable. Lo cierto es que las intenciones de dominación no siempre logran los resultados buscados. Del control de medios al control de mentes hay una gran distancia. Decía Ignacio Ramonet, destacado investigador de la comunicación, que el problema no está en decir que la televisión nos manipula. Para él, el problema está en saber cómo manipula y esto no es tan evidente. La propuesta de un monitoreo de toda información tiene que ser una herramienta útil para valorar y mostrar buenas y malas intenciones de los medios.

Una enérgica acción es ineludible respuesta. Muchos comunicadores, entre los que se encuentran jóvenes bien capacitados, son incansables trabajadores por la democratización de la comunicación, y repetidamente insisten en que se necesitan políticas públicas activas. La salud de la comunidad toda lo necesita.

* Comunicador social. Ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas.

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Algoritmo descifra de forma automática lenguas perdidas

El modelo puede segmentar palabras en un idioma antiguo y asignarlas a sus contrapartes en otro relacionado, explican

Un nuevo algoritmo demostró ser capaz de descifrar automáticamente una lengua perdida, sin necesidad de conocimientos avanzados de su relación con otras.

 

El objetivo del equipo de investigadores del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) es que el sistema pueda descifrar idiomas perdidos que han eludido a los lingüistas durante décadas, utilizando sólo unos pocos miles de palabras.

Encabezado por la profesora Regina Barzilay, el sistema se basa en varios principios sustentados en conocimientos de la lingüística histórica, como el hecho de que los idiomas por lo general sólo evolucionan de ciertas formas predecibles. Por ejemplo, si bien un idioma determinado rara vez agrega o elimina un sonido completo, es probable que se produzcan ciertas sustituciones de sonido. Una palabra con una "p" en el idioma principal puede cambiar a una "b" en el descendiente, pero el cambio a una "k" es menos probable debido a la brecha significativa de pronunciación.

Al incorporar éstas y otras limitaciones lingüísticas, Barzilay y el estudiante de doctorado del MIT Jiaming Luo desarrollaron un algoritmo de descifrado que puede manejar el vasto espacio de posibles transformaciones y la escasez de una señal de guía en la entrada.

Incrusta sonidos

El algoritmo aprende a incrustar los sonidos del lenguaje en un espacio multidimensional donde las diferencias en la pronunciación se reflejan en la distancia entre los vectores correspondientes. Este diseño les permite captar pautas pertinentes de cambio de lenguaje y expresarlos como restricciones computacionales. El modelo resultante puede segmentar palabras en un idioma antiguo y asignarlas a sus contrapartes en otro relacionado.

El proyecto se basa en un documento que Barzilay y Luo escribieron el año pasado donde descifraron las lenguas muertas ugarítico (lengua semítica) y lineal B (sistema de escritura usado para escribir el griego micénico) la última de las cuales ha tradado décadas en ser decodificada. Sin embargo, una diferencia clave con ese proyecto fue que el equipo sabía que estos idiomas estaban relacionados con las primeras formas del hebreo y el griego, respectivamente.

Con el nuevo sistema, el algoritmo infiere la relación entre los idiomas. Esta pregunta es uno de los mayores desafíos del desciframiento. En el caso de lineal B, se necesitaron varias décadas para descubrir el descendiente conocido correcto. Para el íbero, los estudiosos aún no pueden ponerse de acuerdo sobre el idioma relacionado: algunos defienden el euskera, mientras otros refutan esta hipótesis y afirman que el íbero no se relaciona con ningún idioma conocido.

El algoritmo propuesto puede evaluar la proximidad entre dos idiomas; de hecho, cuando se prueba en idiomas conocidos, incluso puede identificar con precisión familias de ellos. El equipo aplicó su algoritmo al íbero considerando al vasco, así como a los candidatos menos probables de las familias romance, germánica, turca y urálica.

Si bien el vasco y el latín estaban más cerca del íbero que otros, todavía eran demasiado diferentes para considerarlos relacionados.

Hacia una Muralla Tecnológica (Digital) Global

 

Se dice que la actividad espacial sólo es posible si se alcanzan los mayores logros tecnológicos que ella implica.

En estos momentos, esos logros están compartidos, por lo menos, por EEUU y China; lo que, sumado a las guerras en curso, puede desembocar en la formación de dos universos (Occidente y Oriente) separados por una muralla virtual pero eficiente, de base tecnológica, digital y espacial.

Cuando en junio China lanzó el último de los 30 satélites que integran el grupo orbital de Beidou, estaba dando un paso enorme para romper la hegemonía de EEUU en el espacio. No sólo se sitúa a la par del sistema GPS (de EEUU), sino que adquiere autonomía en el terreno militar, al no depender de otros sistemas para el lanzamiento de misiles y la defensa.

Una buena síntesis es que la de la emisora estatal china CCTV, al explicar la importancia estratégica de Beidou: "Un sistema de navegación es como una llave de oro de tu hogar que debe mantenerse sólo en tus propias manos".

Aunque EEUU acusa a Rusia y China de pretender "controlar el espacio", lo cierto es que si no dispusieran de sus propios sistemas de navegación espacial serían naciones desnudas frente a sus enemigos.

La decisión de China de construir Beidu fue tomada luego de que en 1996 perdiera dos misiles disparados a través del Estrecho de Taiwán, para "frenar un movimiento percibido hacia la independencia por parte de la isla". Los científicos chinos realizaron concluyeron que "las fallas de los misiles podrían haber sido causadas por interrupciones en el sistema GPS".

La construcción de Beidou tiene un carácter puramente defensivo y de autonomía nacional. Algo similar a lo que sucede con las otras dos redes existentes, la europea Galileo y la rusa Glonass.

Lo que realmente molesta a Washington es la pérdida del dominio casi absoluto de las comunicaciones y de los sistemas de navegación, y la velocidad con la que China ha sido capaz de montar su red.

"Sólo este año, envió su primera sonda independiente a Marte, completó la constelación de 30 satélites para su sistema de navegación Beidou, probó un nuevo tipo de nave espacial tripulada y su nuevo cohete de carga pesada Larga Marchs-5B. El lanzamiento más notable será la misión de exploración lunar Chang'e-5, que está programada para finales de noviembre", escribe el South China Morning Post.

Además, el próximo año comienza la construcción de la misión espacial permanente. Todo esto lo ha conseguido China de forma independiente, ya que Washington no le permite participar en programas espaciales liderados por EEUU.

​El sistema Beidou tiene otras implicancias que realmente molestan a la superpotencia. La más importante es que China pretende expandirlo a todo el mundo, entrando en colisión frontal con GPS, el sistema estadounidense que es por lejos el más utilizado en el mundo, iniciando su expansión por lo que algunos denominan "La Ruta de la Seda Espacial".

Para el Dragón son 20 años de desarrollo espacial imparable. China lanzó los dos primeros satélites a fines de 2000, para la primera versión de Beidou. En 2011 comenzó a desplegar la segunda generión de Beidou, con diez satélites que cubrían sólo China, para ampliarse luego a 20 satélites que ofrecen cobertura a la región Asia-Pacífico. Desde 2015, la tercera generación comienza a completarse, con 30 satélites y otros cinco experimentales, el último lanzado en junio.

Ya son 30 los países de la Ruta de la Seda que utilizan Beidou. El mapa podría ser el siguiente, según análisis de The Epoch Times: Beidou será un gran impulso a la infraestructura de la Ruta de la Seda, a la vez que "proporciona la brújula digital y el mapa para el sistema de objetivos militares del Ejército de Liberación Popular".

El mismo medio sostiene que el GPS de Estados Unidos, "es cada vez más vulnerable a las interferencias y ataques físicos, y necesita una actualización".

Por eso, días después del estreno de Beidou, el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de EEUU "propuso una legislación que reemplazaría el sistema GPS de Estados Unidos en los próximos tres años", para superar la exposición del sistema a interferencias. La furibunda reacción de Trump creando la Fuerza Espacial, definida como "el sexto brazo de las Fuerzas Armadas", en diciembre pasado, es parte de la misma reacción a Beidou.

China descoloca a Occidente por la velocidad de sus avances tecnológicos. Entre 1957 y 1991, durante la guerra fría, los soviéticos completaron la impresionante cantidad de 2.309 lanzamientos exitosos,  más del doble de los 938 lanzamientos de EEUU. China lanzó sólo lanzó 28 cohetes durante el mismo período.

Entre 2010 y 2019, China realizó 207 lanzamientos. Desde 1992, Rusia ha realizado un promedio de 30 lanzamientos por año y EEUU 23 por año.

En marzo de 2020, había 2.666 satélites en órbita. El 13,6% (363 satélites) son chinos, más del doble del número de satélites rusos (169) en funcionamiento. EEUU mantiene la superioridad con 1.327 satélites, pero las distancias se acortan a pasos de gigante.

De la mano del crecimiento de China, observamos cómo el mundo tiende a dividirse en dos grandes macro-regiones, que en algunos años tendrán su correlato en el terreno espacial, tecnológico y de internet. Blaine Curcio, fundador de Orbital Gateway Consulting, una compañía con base en Hong Kong que investiga el mercado satelital, sostiene que esta "bifurcación" tendrá hondas repercusiones.

"Aquellos que se sitúan a favor de China es probable que desconfíen más de los servicios de navegación por satélite de Estados Unidos y Europa", explica Curcio a la BBC.

El panorama se va despejando, aunque para peor. Cuando la globalización retrocede y el mundo tiende a regionalizarse, es imposible que siga existiendo una red de internet controlada y gestionada por EEUU, que maneja también el sistema de geolocalización GPS. Cada potencia tiende a evitar depender de otras, sobre todo de sus adversarios o enemigos.

Así como China tiende a ofrecer Beidou a sus aliados involucrados en la Ruta de la Seda, EEUU busca aislar esa expansión, de ahí la frenética actividad contra Huawei. La compañía de teléfonos china no es el problema, porque no compite directamente con ella. El problema para Washington es la pérdida del monopolio de las tecnologías más avanzadas, como lo demuestra el caso de los satélites, rubro en el que acarició el dominio casi absoluto luego de la implosión de la URSS en 1991.

En las próximas décadas, es posible que emerja un mundo tecnológicamente fragmentado. Una región asiática y euroasiática centrada en China y sus sistemas, llegando hasta Oriente Medio de la mano de Irán. Otra probablemente europea. Una alrededor de Rusia, probablemente aliada con China o con desarrollos propios, involucrando a algunas ex repúblicas soviéticas.

EEUU busca hacerse fuerte en América Latina y el Caribe, donde tiene mayor poder de chantaje. El continente africano está en disputa, aunque China cuenta con aliados importantes. La gran pregunta es qué sucederá con Europa, que en estos momentos es el centro de una disputa estratégica de incalculables consecuencias. Años atrás habríamos asegurado que marchaba hacia su independencia, pero ahora oscila, duda y no sabe qué rumbo tomar.

15:35 GMT 15.10.2020

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Domingo, 11 Octubre 2020 05:43

Las dos Internet

Las dos Internet

Estados Unidos y China se disputan la red global

 

ofensiva de Trump contra el gobierno chino, dirigida a las empresas Huawei, Tiktok y Wechat como objetivos inmediatos, se da en uno de los frentes claves de la guerra fría de nuestro tiempo. El resultado será la polarización del mundo digital.

La orden de la Casa Blanca de prohibir el suministro de semiconductores a partir del mes pasado es un poderoso golpe contra Huawei. La empresa china, que domina el 5G, depende de la compra de chips y puede quedarse sin acceso a sus proveedores. El efecto es mundial: una empresa de Taiwán, Mediatek, ha pedido permiso a las autoridades estadounidenses para seguir vendiéndole, pero el Departamento de Comercio, que dirige la operación bajo las órdenes del presidente, Donald Trump, se apresta a rechazar la licencia. Incluso el principal proveedor chino, SMIC, puede tener que cerrar sus negocios con Huawei, ya que depende de equipos importados de Estados Unidos y no puede arriesgarse a perderlos.

Varios aliados de Trump –como el premier británico, Boris Johnson, y el gobierno australiano– ya obedecieron la orden de cancelar los contratos con Huawei. Portugal se encuentra en una posición curiosa, dado que está bajo la presión de la Casa Blanca para cortar los lazos con la compañía, aunque desde 2011 su mayor empresa energética está en manos de capitales oficiales de Beijing. En cualquier caso, dada su ventaja en el 5G, Huawei sigue aumentando su participación de mercado, por lo que Washington ha decidido atacar su cadena de suministro. Por ahora, este bombardeo es efectivo, puesto que la industria estadounidense aún domina en segmentos de máquinas sofisticadas y tiene una ventaja en los semiconductores. Pero esto tiene un revés: China procurará avanzar rápidamente en la producción de esos equipos y en la investigación de chips o en sistemas operativos. Y se puede poner al día en unos años. Si es así, las empresas chinas podrán volverse autosuficientes en tecnología de punta.

REDES BIPOLARES

Sabiendo que el conflicto no tiene solución en la batalla contra Huawei y que se trata, en realidad, de una disputa por el mercado global, Trump, que todavía controla los circuitos financieros y algo de los de alta tecnología, también ataca las redes de difusión y fidelización de usuarios. Por eso apuntó contra Tiktok –que tiene 100 millones de usuarios en Estados Unidos– y Wechat, dos de las empresas chinas con mayor penetración en el mercado estadounidense. El argumento de la sospecha desplegado contra esas empresas es débil. Hay muchas más evidencias de abuso de posición dominante y falta de respeto de los derechos de los usuarios por parte de Facebook y Twitter que por parte de Tiktok, sobre la que sólo pende la denuncia de la nacionalidad de la empresa propietaria y un deseo de venganza personal por el flagrante fracaso –organizado por algunos de sus usuarios– de un mitin electoral del presidente estadounidense. Hasta donde sabemos, Cambridge Analytica se basó en los datos disponibilizados por Facebook y no por una empresa china. En cualquier caso, estamos ante otra serie de medidas tendientes a dividir el mundo en dos Internet: Facebook y Google están prohibidos en China, y, si Trump se impone, las empresas chinas serán prohibidas en Occidente.

Y, ADEMÁS, LOS JUEGOS

La tecnología de producción y los sistemas de acceso son, por tanto, los dos primeros frentes de este conflicto. Y hay un tercero: los juegos. La empresa china Tencent, propietaria de Wechat y poseedora de un margen operativo mayor que el de Facebook, apuesta a la transmisión de juegos en streaming fusionando las plataformas Huya y Douyu. Tendría, así, 300 millones de usuarios sólo en China, a lo que hay que sumar su posición dominante en otros mercados: cuando Tencent compró, en Estados Unidos, la empresa Riot Games, adquirió League of Legends, cuya final de campeonato fue vista online por 44 millones de personas, más del doble de quienes vieron la final de béisbol de ese país. En este dominio, la pugna todavía es entre empresas: Apple y Google contra Epic Games, que produce Fortnite (y tiene un 40 por ciento de sus acciones en manos chinas), y todas las empresas estadounidenses contra Tencent. Pronto será entre gobiernos. Las dos Internet luchan por la atención y los datos, las armas más poderosas de nuestro tiempo. La guerra ya comenzó.

Por Francisco Louçã
9 octubre, 2020

(Nota publicada originalmente en portugés en Expresso. Brecha la publica con la autorización del autor.)

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El Pentágono distribuirá 600 millones de dólares en contratos para "la experimentación de 5G de doble uso" en varios sitios militares de EE.UU.

El plan constituirá la mayor prueba mundial para aplicaciones de doble uso de la tecnología 5G.

El Pentágono ha anunciado que destinará 600 millones de dólares en premios para promover las capacidades 5G en una experimentación a gran escala, que se llevará a cabo en cinco sitios de pruebas militares de EE.UU. Un total de 15 contratistas privados se harán cargo de la realización de las pruebas.

El Departamento de Defensa anunció que se tratará de los ensayos de mayor envergadura mundial para aplicaciones de doble uso de esa tecnología, a la que describe como un "habilitador fundamental para todos los programas de modernización de la defensa de EE.UU. y vital para la seguridad nacional y económica" del país.

Los sitios donde se llevarán a cabo las pruebas son la base aérea Hill en Utah, la base conjunta Lewis-McChord en Washington, la base logística del cuerpo de Marines en Albany (Georgia), la base naval de San Diego en California y la base de la Fuerza Aérea Nellis en Las Vegas, Nevada.

"El Departamento de Defensa está a la vanguardia de las pruebas y la experimentación 5G, que fortalecerán las capacidades de guerra de nuestra nación, así como la competitividad económica de Estados Unidos en este campo crucial", dijo Michael Kratsios, subsecretario interino de Defensa para Investigación e Ingeniería.

Los proyectos incluirán una prueba piloto de realidad aumentada y virtual habilitada para 5G para la planificación y capacitación de misiones, y una prueba de almacenes inteligentes habilitados para 5G, así como la evaluación de tecnologías 5G para mejorar el comando y control distribuidos. Entre los objetivos, el Pentágono cita el desarrollo de "un banco de pruebas para el uso de tecnologías 5G para ayudar en la letalidad en el aire, el espacio y el ciberespacio mientras se mejora la capacidad de supervivencia del comando y control".

Entre las firmas seleccionadas para el proyecto figuran las telecomunicaciones AT&T, Nokia y Ericsson, el contratista de inteligencia e infotecnología Booz-Allen Hamilton, GE Research y una subsidiaria del gigante aeroespacial General Dynamics, entre otras.

Publicado: 9 oct 2020 05:36 GMT

Trump logró que TikTok deje de ser exclusivamente china

Dio su aval al acuerdo para que las norteamericanas Oracle Corp y Waltmart compartan la empresa con ByteDance

 

Donal Trump dio su último toque para que la masiva aplicación TikTok deje de ser un éxito exclusivo del mercado chino. Esta tarde, el presidente estadounidense dio su "bendición" para que las empresas norteamericanas Oracle Corp y Waltmart se asocien con la asiática ByteDance, y de esta manera se revierta la prohibición que a partir de mañana regiría para que la app no pueda operar en los Estados Unidos.

La confirmación fue hecha esta tarde durante una conferencia en la Casa Blanca, donde Trump calificó de “fantástico” al acuerdo entre las firmas china y estadounidense, que pone paños fríos a la larga guerra comercial entre ambos países.

"Pienso que será un acuerdo fantástico" y por eso “le he dado mi bendición al acuerdo”, dijo el mandatario. “Si lo concretan será genial”, agregó y definió que, si todo llega al buen puerto que él lo llevó, la aplicación seguirá llamándose como ahora pero “no tendrá nada que ver con China”.

La inminente asociación se precipitó a solo un día de que el propio Trump anunciara que TikTok dejaría de operar en los Estados Unidos desde mañana domingo, alegando supuestas razones de “seguridad nacional” que se verían amenazadas por el funcionamiento de esa popular aplicación oriunda del principal enemigo comercial de Washington.

El contrapunto entre TikTok y Trump escaló luego de que la empresa de capitales chinos hiciera caer las ofertas de asociación o venta con varias megacompañías estadounidenses, como por ejemplo Microsoft. Desde entonces, las presiones de la Casa Blanca contra la app se incrementaron hasta la paz alcanzada en las últimas horas.

Si el acuerdo se firma en las próximas horas o si hay garantías certeras de que se lo hará sin marchas atrás, TikTok podrá seguir operando en los Estados Unidos a partir de la entrega de sus códigos guardados bajo siete llaves a Oracle Corp.

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Viernes, 18 Septiembre 2020 06:15

Si no pagas por el producto, eres el producto

Si no pagas por el producto, eres el producto

Cuentan que Silicon Valley es la Alejandría digital donde mentes privilegiadas deciden la conducta de 2.000 millones de internautas. Sus ideólogos son ingenieros reconvertidos en humanistas de la conducta.

 

Según Cathy O’neil, los algoritmos son "opiniones incrustadas en un código". En el docudrama El dilema de las redes sociales, su director Jeff Orlowski aborda los métodos del gran mercado para generar adicción a los megusta, y las consecuencias sobre el combustible más vulnerable de este juego: las jóvenes y las niñas. En el documental aparecen chamanes de la industria como Tristan Harris (ética de diseño, Google), Chamath Palihatipiya (ex de Facebook), Jeff Seibert (Twitter), Tim Kendall, Joe Toscano, Sandy Parakyllas (Facebook, Uber), Sean Parker (Facebook) y otros jóvenes dotados con el don de la profecía de la conducta y la predicción. A todos les une la necesidad de desenmascarar al monstruo de las redes emancipado de sus creadores, como un mito en crecimiento constante que se alimenta de las vulnerabilidades. Por eso, la socióloga Shoshana Zuboff considera que "se trafica con humanos a gran escala".

Son mercados que construyen modelos predictivos de crecimiento constante "entre dos usuarios solo es necesario un tercero". "Hemos creado una sociedad donde el significado de comunicar es la manipulación", dice Jaron Lanier, autor de Diez razones para dejar las redes sociales. Los sentimientos y anhelos generan una gran cantidad de información. Una vez iniciado este proceso, se entra en un bucle de necesidades insatisfechas.

Solo en EE. UU. y desde el 2010, las autolesiones han aumentado entre las adolescentes un 62% y un 70% los suicidios. Pero donde se ceban estos patrones auto destructivos es entre las niñas preadolescentes (182% autolesiones y 150% más suicidios respecto al 2010). Hasta las relaciones amorosas y el número de carnés de conducir han descendido. Tal vez nadie esperaba esto, pero la pestaña Me Gusta es un Punto G nunca satisfecho.

La redención de este elenco de personajes tiene un punto de patetismo. Son prestidigitadores fascinados por sus propias magias algorítmicas.

Facebook, Google, Pinterest, Twitter, Instagram, Snapchat; muestran la pretensión de la democracia: transparente, del pueblo libre para opinar. Sin embargo, esta alegoría tecnológica sucumbe al exhibicionismo, la violencia, la pornografía y el control de masas. Porque tal vez la red está en manos de un lumpen mafioso al que no le importa la salud mental de los niños, sometidos a todo tipo de estímulos bestiales. El poder político ni tan siquiera opina, se limita a apuntar las transacciones como los administradores de la propiedad.

Las llaves de la democracia están en los mercados, y sus herramientas preferidas son las redes. Además, son capaces de polarizar para modificar los resultados electorales. La verdad es un difícil consenso entre las partes enfrentadas. ¿Qué sucede cuando ese compromiso entre sectas no se logra?: "Wikipedia ofrece una definición para cada término. Imagina que la wiki diera un significado diferente en función de la región de residencia: eso sucede con Google o Facebook", señala Jaron Lanier. ¿Cómo ofrecer una versión unificada de un acontecimiento? Teclear "cambio climático" en Google llevaría a un resultado diferente en función del país o continente. Google es un espejo de los deseos y prejuicios. Lo único que hace es confirmarlos. De lo contrario, no sería el buscador que es.

El cortocircuito de la conciencia conlleva a la predicción de estándares de comportamiento. La opinión no es consecuencia de un ejercicio de meditación donde se toma de diferentes fuentes hasta alcanzar una síntesis. La opinión es idéntica a los deseos

Señala el empresario e inversor en tecnología Roger Mcnamee, que al comienzo se vendía software y hardware. Luego el producto fueron las personas, o más bien su privacidad. La metáfora es una supercomputadora, y los usuarios neuronas movidas por una gran Inteligencia Artificial.

Hay que reconocer cierta puerilidad en ese pensamiento, porque para que una manipulación se produzca es necesario algún tipo de complementariedad con el usuario afectado.

Las llaves de la democracia la tienen las plataformas. Ayudan a materializar los deseos alimentados por el capitalismo de los datos personales. Los sentimientos son una fuente inagotable de energía renovable donde se exponen las vulnerabilidades.

Buscar la riqueza en las profundidades de una mina es una cosa de siglos pasados. El valor de las cosas está en la cantidad de información capaz de generar a lo largo de una vida útil. Dicen los sabios de Silicon Valley que el deseo de llamar la atención mantiene vivas las redes sociales, lo que es muy difícil de evitar en la conducta humana.

Parece que es imposible cambiar un modelo apodado capitalismo de vigilancia. En todo caso es consentido por los usuarios. Este modelo de poder es pura coacción: la reputación de los individuos, su prosperidad, están controlados por las tecnológicas. Es difícil imaginar una tiranía mayor. Los posicionamientos políticos, sociales y opiniones son vigilados por una gran inteligencia orgánica que también es humana. Esta situación supera cualquier profecía.

Señala Shoshana Zuboff que, si los mercados de esclavos se prohibieron, ¿por qué no este modo de explotar la vulnerabilidad de la gente?

Otra opción es gravar el uso de datos a las tecnológicas para limitar su voracidad. Que coticen por una actividad que no es ética. Hasta para esto es ya tarde.

Por Javier López Astilleros

Documentalista

18/09/2020

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El fin de la realidad ¿Qué son los «deepfakes»?

La izquierda quería transformar la realidad. La tecnología ha ayudado a burlarla. La inteligencia artificial ha permitido que un político de la India hable idiomas que no habla, ha conducido a la creación de videos pornográficos falsos de celebridades mundiales y hasta ha colaborado a que en Gabón (donde se dio por enfermo al presidente) se produzca un fallido golpe de estado. A través de los deepfakes, Internet está diseminando una nueva amenaza fantasma: que, a través de la imitación de rostros y sonidos de las personas, nunca más sepamos qué es verdad. La realidad está siendo hackeada.

 

En menos de seis años, el desarrollo de la inteligencia artificial puso a disposición de casi cualquiera la posibilidad de crear imágenes falsas indistinguibles de la realidad. Del negocio del porno a un golpe de Estado en Gabón, Internet está diseminando una nueva amenaza fantasma: que nunca más sepamos qué es verdad.

En las últimas elecciones legislativas de Nueva Delhi, el candidato Manoj Tiwari sorprendió a sus electores con un video hablando en hindi, otro en inglés y otro en haryanvi. Antes de ser la principal figura del Partido Popular Indio (BJP, por sus siglas en hindi) en la capital del país, Tiwari fue actor, cantante popular y estrella de un reality show, pero nadie sospechaba que hablara en inglés (capital valioso para las clases urbanas) y mucho menos el dialecto de la zona de Haryana. Días después se supo la verdad: una agencia publicitaria le había propuesto al BJP, al cual pertenece el primer ministro Narendra Modi, ampliar la oferta electoral utilizando inteligencia artificial para crear deepfakes de Tiwari. Con grabaciones anteriores y software de punta, pusieron en su boca palabras que desconocía y llevaron su mensaje por WhatsApp a votantes fuera de sus núcleos de apoyo. No es la primera vez que un candidato imposta su voz para acercarse a nuevos conciudadanos. Ni la primera que se utiliza inteligencia artificial en política. Sí, hasta donde se sabe, es la primera vez que un candidato cambia su propio cuerpo y voz con deep learning para mejorar su performance.

Los deepfakes aparecieron por primera vez en 2017, uno de los años del boom de las fake news. El usuario de reddit /r/deepfakes publicó sus primeras creaciones pornográficas utilizando algoritmos y librerías de imágenes de libre acceso con resultados asombrosos. En sincronía con la aparición de TikTok y las apps de envejecimiento o rejuvenecimiento facial, la técnica de este usuario anónimo se popularizó y pronto surgió la primera app abierta para incorporar un rostro cualquiera a un video existente. Desde Bolsonaro como el Chapulín colorado hasta Cristina Kirchner como una Drag Queen de Ru Paul, Internet se llenó de videos con propósitos básicamente humorísticos, aunque la abrumadora mayoría seguían siendo pornográficos. Lo más notable, a tres años de su aparición, es la mejora de su calidad. En agosto, un fan publicó su propia versión de las escenas de Robert De Niro joven en The Irishman. La comparación entre el trabajo de CGI de Netflix y el deepfake de este usuario de YouTube (y los millones de dólares de diferencia) da la pauta de la accesibilidad y potencial eficacia de esta herramienta.

Para estas creaciones se utiliza un autocodificador, que crea una imagen latente con solo algunas variables (parámetros de sonrisa, ceño fruncido, etc.) y repone con otras la imagen final (los mismos gestos con otro rostro, o el mismo rostro con otro discurso, por ejemplo). Pero no estamos hablando solo de imágenes fijas o en movimiento, sino también de sonido. La falsa primicia basada en un audio viral sobre el supuesto pase de Lionel Messi al Manchester City podría haber prescindido de un imitador talentoso. El audio bien podría haberse creado con un software como el que utiliza el Boston Chlidren’s Hospital para reecrear la voz de quienes perdieron el habla. En septiembre se conoció la primera gran estafa de un deepfake: según el Wall Street Journal, el CEO de una compañía inglesa transfirió 220.000 euros por orden de un software que imitaba la voz de su jefe alemán.

La mera existencia de esta tecnología no solo habilita la posibilidad de crear fakes -con consecuencias políticas y sociales inusitadas- sino desbancar a la realidad de su status: si lo que existe realmente puede ser adulterado o directamente inventado, todo el mundo tiene derecho a desconfiar. El ejemplo más paradigmático de este problema, relató Rob Toews en la revista Forbes, ocurrió en Gabón. Durante largos meses de 2018, su presidente, Ali Bongo, no apareció públicamente. Los rumores sobre su estado de salud e incluso su muerte obligaron al gobierno a revelar que Bongo había sufrido un accidente cerebro vascular, pero que estaba recuperándose y que daría un discurso para Año Nuevo. La rigidez y aparente artificialidad de los movimientos del líder en el mensaje grabado rápidamente despertaron la psicosis de la oposición: el video es falso, exclamaron. Una semana después, y apoyándose en la aparente acefalía, una fracción del Ejército quiso dar un golpe de Estado en Gabón, aunque luego fue reprimido... por el propio Bongo, que sigue al frente del gobierno. El video no había sido alterado.

Nada más que la verdad

La pandemia llevó nuestra relación con las imágenes virtuales a niveles insospechados. Entrevistas laborales, clases, bautismos, consultas médicas, audiencias judiciales, sesiones legislativas, y hasta sexo. La «presencia» es un requisito cada vez más prescindible en los rituales e instituciones que nos constituyen como sociedad. A la inversa, la identidad virtual, su «huella digital», se vuelve cada vez más relevante, y no solo en términos jurídicos sino también prácticos. Allí donde la vida cotidiana encuentra su cauce solo a través de una proyección digital, su autenticación es vital. Lo saben los niños de todas las latitudes que, igual que el senador argentino Esteban Bullrich lo hiciera en el Congreso, ya aprendieron a burlar a sus profesores poniendo imágenes en loop en una clase virtual.

Los deepfakes presentan problemas más complicados. La inteligencia artificial (IA) ya se utiliza en la creación masiva de comentarios para posicionar un producto o servicio en plataformas de e-commerce, y también para fines políticos, como se comprobó durante la campaña presidencial argentina en 2019. ¿Por qué no imaginar protestas o movilizaciones masivas, ejecuciones sumarias, represiones, crímenes callejeros y demás registros visuales inventados? Si las «campañas de desprestigio”» son ya una herramienta consolidada, tanto para quienes la ejercen como para quienes la enarbolan como excusa, ¿qué posibilidades abren los deepfakes? ¿Qué niveles de miseria política puede arrastrar la posibilidad de que un registro visual sea falso?

Según un un análisis del Crime Science Journal, los deepfakes con propósito criminal son el delito basado en inteligencia artificial con mayor poder de daño (o lucro) de su especie y el más difícil de derrotar. Entre sus modalidades se encuentran la falsificación extorsiva de secuestros mediante la imitación de voz o imagen en video, la imitación por voz para acceder a sistemas seguros y una amplia gama de extorsiones con videos falsos.

Estas preocupaciones ya dispararon algunas reacciones. China prohibió la difusión de deepfakes sin su correspondiente advertencia y el Estado de California prohibió su utilización con fines políticos en periodos electorales. En octubre, Facebook creó un fondo de 10 millones de dólares para desarrollar herramientas que detecten rápidamente las imágenes falsas. Microsoft, por su parte, acaba de presentar su «Video Authenticator», una herramienta para detectar deepfakes. E incluso apareció Sensity, la «primera compañía de inteligencia sobre amenazas visuales», que combina monitoreo y detección algorítmica de deepfakes.

Según Sensity, hasta julio de 2019 había menos de 15.000 deepfakes circulando por la web. Un año después, la cifra creció a casi 50.000. El 96% son pornográficos y en lo que va de 2020 ya se subieron más de mil deepfakes por mes solo en sitios de porografía, donde aparecen con cada vez más frecuencia supuestos «videos prohibidos» de celebridades e influencers. «Las compañías detrás de la web porno no consideran que esto sea un problema», le dijo a Wired el CEO de Sensity, Giorgio Patrini. Más bien al contrario. Un deepfake de Emma Watson tiene 23 millones de vistas en Xvideos, Xnxx y xHamster, tres de los mayores sitios porno del mundo, cuya lógica de monetización consiste en la derivación de tráfico masivo a contenidos pagos.

Entre las especulaciones más retorcidas se cuenta el cruce entre deepfakes y realidad virtual, donde personas reales (celebrities o no) puedan cobrar vida como esclavas sexuales virtuales de un usuario. No debería ser la preocupación principal para sociedades como las latinoamericanas, donde ni siquiera está garantizado el acceso a Internet. Pero los últimos años demuestran que el futuro nunca está demasiado lejos.

Nadie lo puede negar

Deepfake no es cualquier tipo de edición de video, sino la aplicación de una tecnología específica para un fin específico: deep learning (aprendizaje profundo) en un registro falso. A su vez, el deep learning no es cualquier tipo de inteligencia artificial. Según la definición del libro homónimo de Ian Goodfellow (2014), Deep Learning busca «resolver las tareas que son fáciles de realizar por un humano pero difíciles de describir formalmente». Por ejemplo, reconocer una imagen. El desarrollo de la informática fue en sentido contrario: ya en 1997, la computadora de IBM Deep Blue logró vencer al mejor ajedrecista vivo del mundo. Pero es mucho más reciente la capacidad de las computadoras para interpretar un estado de ánimo, distinguir a un perro de un gato o directamente «hablar», tareas que cualquier ser humano silvestre puede realizar sin entrenamiento específico. La ironía está encerrada en algunos captcha: «Demuestre que es un humano identificando este semáforo». Qué gran habilidad, señor humano. Felicitaciones.

Ian Goodfellow ya había causado revuelo entre sus colegas con su libro cuando ese mismo año ideó el invento que lo colocó en el panteón global de las mentes fundamentales de la inteligencia artificial: las redes generativas antagónicas (GAN, por sus siglas en inglés), un modelo algorítmico que posibilitó, entre otras cosas, la aparición de los deepfakes. El actual director de Machine Learning en Apple y ex investigador principal en Google Brain (quien todavía no cumplió 35 años) estaba tomando cerveza en un bar de Montreal mientras discutía con unos amigos sobre la capacidad de la inteligencia artificial para generar fotos realistas. El alcohol propulsó una idea que hubiera descartado bajo los efectos de la sobriedad.

Para que una red neuronal aprenda a crear una imagen no solo tiene que observar millones de imágenes sino saber si lo que haya creado está bien o mal. Para resolver este problema, Goodfellow propuso enfrentar a dos redes en una competencia: una red «generadora», entrenada para crear las imágenes, y una red «discriminadora», entrenada específicamente para detectar las diferencias entre una imagen real y otra creada artificialmente. A través de sucesivos rounds, las redes mejoran automáticamente los parámetros sobre los que cumplen su tarea. Y eventualmente, la red discriminadora ya no podrá detectar qué es real y qué falso. La teoría de Goodfellow se comprobó en la práctica y, entre otros usos menos publicitados, los deepfakes asomaron en los suburbios de Internet.

El invento de Goodfellow entraña una lógica fáustica: serás capaz de crear lo real, pero ya no sabrás qué es lo real. En una entrevista con la MIT Technology Review, admite que no habrá solución técnica al problema de la autenticación, sino que será un requisito social educar y concientizar a la población sobre los peligros de esta tecnología y la posibilidad de que las imágenes que observamos pueden o no ser reales. «¿Cómo probarías que eres un humano y no un robot?», le preguntó Lex Fridman en su podcast. «De acuerdo a mi propia metodología de investigación no hay manera de saberlo a esta altura», respondió Goodfellow, quien desde su apellido (que significa «buen compañero») hasta su tono monocorde y precisión discursiva podría pasar por androide. «Probar que algo es real por su propio contenido es muy difícil. Somos capaces de simular casi cualquier cosa, así que habría que servirse de algo más allá del contenido para probar que algo es real», siguió Goodfellow.

La mala reputación de la simulación, sin embargo, no debería eclipsar su potencial: el testeo de drogas simuladas sobre órganos simulados, afectados por enfermedades simuladas; la experimentación subatómica para el desarrollo de energías alternativas; la proyección algorítmica de los viajes espaciales; aplicaciones industriales, agroalimentarias, e incluso artísticas. La mayoría de estas disciplinas requieren una capacidad computacional inmensa (y en ese terreno la mayor apuesta es la computación cuántica), pero lo interesante es la premisa que subyace. Goodfellow busca que las redes «comprendan el mundo en función de una jerarquía de conceptos, cada uno de ellos definidos a partir de conceptos más simples», provenientes de la experiencia.

Si las redes neuronales de inteligencia artificial continúan con este ritmo de aceleración, la humanidad tendrá a su disposición herramientas capaces de dislocar su experiencia con el mundo. Para siempre. A diferencia de otras tecnologías, la «democratización» no resolverá los dilemas que presentan los deepfakes. ¿A quién le reclamaremos la verdad? Quizás habrá que acostumbrarse a vivir sin ella.

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La presión de Trump surte efecto y TikTok elige a Oracle para su negocio en EE.UU.

El presidente estadounidense había amenazado a la red social china con retirarle la licencia para operar en su país por considerarla un herramienta de espionaje

 

La presión del presidente de EE.UU., Donald Trump, ha surtido efecto. ByteDance, la empresa china propietaria de la popular red social TikTok, eligió a la estadounidense Oracle para ser su socio tecnológico de confianza en el país norteamericano, según trascendió este domingo.

Trump, que considera la propiedad china de TikTok una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU., había dado a ByteDance un plazo que vence el 15 de septiembre para vender sus operaciones en el país a una empresa local o abandonar el país. Con este movimiento, los datos personales generados por los usuarios estadounidenses permanecerán en el país.

TikTok seguirá en EEUU

Con lo conocido este domingo, la opción de que TikTok se viese forzada a cerrar sus operaciones en EE.UU. quedaría en principio descartada, aunque todavía falta tanto la aprobación de la operación por parte del Gobierno estadounidense como del de China, que ya en el pasado ha mostrado su disconformidad con la presión ejercida por Trump.

La elección de Oracle no implica que vaya a producirse una venta en términos estrictos del negocio de ByteDance en EE.UU., sino que esta tendrá a Oracle como socio en el país, algo que ambas compañías consideran que satisface los requerimientos impuestos por el presidente.

TikTok, que en EE.UU. tiene más de 80 millones de usuarios, es una de las redes sociales que más ha crecido en los últimos años, que se ha convertido en el principal entretenimiento para muchos adolescentes y un canal de márketing para importantes celebridades.

Fuertes vínculos entre Oracle y Trump

Oracle, con sede en Redwood City (California) y fundada en 1977, es una de las empresas pioneras de Silicon Valley, y pese a no tener un nombre tan reconocido para el gran público como Apple o Google, su software es usado por millones de empresas en todo el mundo.

El presidente ejecutivo y cofundador de Oracle, Larry Ellison –la quinta mayor fortuna del mundo, según Forbes– es uno de los pocos destacados ejecutivos de la industria tecnológica que ha expresado públicamente su apoyo a Trump, e incluso celebró un acto de recaudación de fondos para la campaña de reelección del presidente en febrero.

En las últimas semanas, se había especulado con que precisamente esta buena sintonía entre Ellison y Trump podía decantar la balanza a favor de Oracle, ya que el principal objetivo de ByteDance es tener garantizado el funcionamiento de sus operaciones en EE.UU. con el beneplácito del mandatario.

Microsoft admite la derrota

El mayor rival de Oracle en esta puja era precisamente su competidor en el mundo del software Microsoft (en esta industria, Microsoft ostenta el número 1 y Oracle, el número 2 en volumen de ventas a nivel mundial), que unas horas antes de que se conociese la elección de Oracle ya admitió la derrota en un comunicado.

"ByteDance nos ha dicho que no nos venderá sus operaciones en EE.UU. Tenemos confianza en que nuestra propuesta hubiese sido buena para los usuarios de TikTok, y a la vez habría protegido los intereses de seguridad de EE.UU.", apuntó la compañía propietaria del sistema operativo Windows.

Microsoft era visto desde principios de agosto como el favorito para hacerse con el negocio de ByteDance en EE.UU., y la firma de Redmond (estado de Washington) había llegado a asociarse con la cadena de grandes almacenes Walmart para este fin.

Walmart, la mayor compañía del mundo tanto en facturación anual como en número de empleados, veía en TikTok una oportunidad para avanzar en su apuesta estratégica por el comercio electrónico y la publicidad on-line.

EFE

14 de septiembre de 2020 08:50h

Publicado enInternacional
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