¿Más libres o más vigilados?, en esta nueva fase del capitalismo el producto eres tú

¿Ha pasado cerca de un centro comercial y recibe en su smartphone publicidad de alguna tienda ubicada en ese establecimiento? ¿Ha descargado música de alguna banda y su red social favorita le “sugiere” que la siga?

 

Uno de los atributos del capitalismo, en esta fase de decadencia, es la capacidad que tiene para hacer sentir libre a la gente más vigilada de la historia. La inteligencia que apellida a cuanto aparato se inventa hoy trae, en letras pequeñas y numerosas, la condición de observar a su usuario. De tal manera que televisores, relojes, monitores para corredores, teléfonos observan a quien hace uso “personalizado” de estos aparatos.

 

¿Delirios de Pedro Carreño?

 

Ah, de aquellos tiempos en los que era un chiste decir que al entonces diputado chavista Pedro Carreño se le ocurrió insinuar que los aparatos de televisión satelital nos espiaban, pocos años después el público se enteró de que televisores inteligentes espiaban las casas de su “dueños”.

La organización WikiLeaks, grupo de ciberactivistas fundado por el australiano Julian Assange, inició en 2017 la publicación de 8 mil 761 documentos procedentes de la unidad de ciberespionaje de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por sus siglas en inglés), en la que trabajan unas 5 mil personas.

Refiere la filtración el caso del programa “Ángel que llora” (Weeping Angel), diseñado por las “televisiones inteligentes” de la empresa surcoreana Samsung. “Después de infectar [el aparato], Weeping Angel pone a la televisión en un modo ‘off’ falso”, según la nota de prensa colgada por WikiLeaks en su web. Cuando está en modo “off” falso, la televisión parece apagada, pero no lo está. En vez de eso, “graba las conversaciones en la habitación y las envía a través de Internet a un servidor secreto de la CIA”.

Cuando en 2015 Samsung lanzó en Estados Unidos sus “televisores inteligentes”, con el eslogan “La tele nunca ha sido tan lista”, el gigante coreano ya advertía en el manual de instrucciones que “el dispositivo puede capturar órdenes orales” que Samsung podría “recolectar” y “transmitir (junto con información acerca del dispositivo, incluyendo la identificación de éste) a terceros”, incluso en el caso de que esos datos incluyeran “información personal o sensible”.

En la última generación de iPhones, Siri, el famoso asistente online de Apple, escucha siempre lo que se dice a su alrededor y lo envía a la sede de la empresa. Lo mismo que Alexa, el rival de Siri de Amazon.

 

Más capitalismo, pero ahora “de vigilancia”

 

Lo que algunos autores han bautizado como “capitalismo de vigilancia” es una fase del capitalismo en la que los medios de producción son las vidas personales y reposan sobre la infraestructura digital, ya no sobre un dueño concreto; la mano de obra es el usuario de aplicaciones, las propias vidas humanas (cuyo sentido es poder comprar, mayoritariamente) son los medios de producción que generan la verdadera materia prima: los datos personales.

Impuesto como un manto, ya el capitalismo no se basa solamente en la fuerza de trabajo de la clase trabajadora sino en la información que aporte cada individuo respecto a su sistema de toma de decisiones para votar, comprar, etc.

Bajo esta faceta del capital no solo se trata de concentrar capital, tierra y fuerza de trabajo sino datos personales como llave para amplificar dicha concentración sin dar la cara, al ejercer el monopolio del negocio digital de marcas como Google, Facebook, Apple y Amazon, que suman a todo tipo de compañías del entorno tradicional a su forma de hacer negocios.

 

Fórmula Google: Saber lo que te gusta (o no)

 

La fórmula Google tiene en su génesis a Sheryl Sandberg, encargada de la publicidad online, quien llegó a la conclusión de que combinando la información derivada de su algoritmo y los datos computacionales recogidos de sus usuarios, podían ofrecer un análisis muy interesante para que, con una predicción de quién necesitaba o deseaba qué, el anunciante supiera a quién dirigirse y qué venderle.

De esto habló,en una entrevista con la BBC Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Harvard Business School quien acuñó el término “capitalismo de vigilancia”.

Se diseminó entonces el modelo mediante el cual los datos se convirtieron en fuente de riqueza debido a que facilitaban las predicciones sobre comportamientos, lo que se traduce en ventas para anunciantes, aseguradoras, almacenes y hasta partidos políticos. Fue así como entre 2001 y 2004, los ingresos de Google crecieron casi un 3.600% y, a partir de marzo de 2008 cuando Sandberg fue fichada por Mark Zuckerberg para Facebook, se implanta el mismo modus operandi exitoso para las minorías megamillonarias.

En el negocio de las predicciones, cuya herramienta es el Big Data, la mano de obra es gratis; se trata de una minería en la que se extraen comportamientos, hábitos, deseos, miedos, sueños, proyectos, dudas… para ser vendidas a partir de un mito: el consentimiento del público poseedor.

Quien desea descargar algún contenido o programa gratuito acepta unos términos sin haberlos leído en profundidad o extraviado en una inaccesible jerga legislativa, técnica y conceptual, sus datos son usados para otras finalidades y cedidos a terceras empresas que buscan conocerle mejor y obtener un perfil de cómo es el usuario.

“Sin saberlo, el usuario puede estar dando consentimiento a ser escaneado en redes sociales y, de ahí, se saca el perfil de la persona. Solo con las fotos de Instagram ya se pueden deducir cosas del comportamiento”, explica Paloma Llaneza, abogada, experta en ciberseguridad y autora de Datanomics.

 

Entre la adicción y el juego: La eterna adolescencia

 

Hay más. Llaneza agrega que “las aplicaciones están basadas en un inteligentísimo sistema de adicción y gamificación. Diseñan esto para hacernos adictos, todo es como un juego y tienes que participar para formar parte de la sociedad”.

Lograda la adicción, parece prácticamente imposible negarse a ceder la vida personal a cambio de la app del momento. Considera la experta que las personas no son inconscientes sino adictas, y que viven en un estado de infantilización ante la tecnología.

El modelaje de la adolescencia eterna, esa en la que se asocia juventud y consumo, y consumo con eternidad, desemboca en una fiebre que consiste en querer formar parte de lo último, recibir atención y no perderse de nada, de ahí que aplicaciones de moda como aquella que convertía rostros en obras de arte terminan creando modelos para el reconocimiento facial y sirviendo a la inteligencia artificial para que, en el futuro, le sean violados a las personas los derechos a la privacidad o a ser admitidos en algún sitio.

El engaño es doble: cuando el usuario entrega sus datos a cambio de servicios aparentemente inocentes, y cuando esos datos son después utilizados para elaborar un perfil cuya utilidad no solo pareciera ser comercial.

El ciclo de la adicción se intensifica mediante otra clave: la gratuidad de los servicios. Las apps gratuitas logran captar usuarios cual anzuelo y, a través de ellas, comienza la extracción de datos y, con ellos, la acumulación de comportamientos se convertirán en predicciones listas para ser transformadas en dinero.

 

¿Más libres o más vigilados?

 

Sistemas combinados de uso entre gadgets (equipos personalizados) recopilan datos que quedan guardados y se mezclan con los datos extraídos del smartphone para reportar un conocimiento de cada usuario desde diversos ángulos, que incluyen el entorno familiar. La conexión total se ha convertido en vigilancia total pero se vende (y experimenta) como libertad.

Analizando el impacto de la hipercomunicación y la hiperconexión en la sociedad en su libro La expulsión de lo distinto, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, profesor en la Universidad de las Artes de Berlín, dice:

“En la cárcel, hay una torre de vigilancia. Los presos no pueden ver nada pero todos son vistos. En la actualidad se establece una vigilancia donde los individuos son vistos pero no tienen sensación de vigilancia, sino de libertad”.

Agrega que la sensación de libertad que brota en los individuos es engañosa: “Las personas se sienten libres y se desnudan voluntariamente. La libertad no es restringida, sino explotada”.

Por lo tanto, no es el mismo sistema represivo de la sociedad disciplinaria: en la actualidad somos teledirigidos en función de nuestra misma aspiración social expresada en posts, tweets, etc. Alimentar ese ya no tan nuevo modo de producción tiene su costo para muchos y ganancia para pocos.

 

(Tomado de Misión Verdad)

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Ingenio y tecnología: las tácticas de los jóvenes en las protestas de Hong Kong

Los manifestantes se inspiran en el Movimiento de los Paraguas de 2014, pero son más conscientes de los riesgos que hoy implica una movilización a cara descubierta

 

 

“Dame tu teléfono. ¿Tienes Telegram? Cambia esto en los ajustes de privacidad. Elimina las conversaciones. Quita estos símbolos”, recomienda Rick, uno de los miles de jóvenes que el miércoles pasado rodeó el Parlamento de Hong Kong para protestar contra el proyecto de ley de extradición. Hace cinco años, los estudiantes hongkoneses que rodearon la sede de su parlamento autónomo durante tres meses en el llamado Movimiento de los Paraguas, no tenían ningún problema en divulgar su cara y sus datos personales. Hoy, ellos y sus hermanos menores, protagonistas del nuevo movimiento de protesta contra la creciente influencia de China en el territorio autónomo, son mucho más cautos. Son mucho más conscientes de los beneficios, pero también los riesgos, del uso de la tecnología. Pero tan ingeniosos como entonces, o más, a la hora de movilizarse.

“No nos ha quedado otro remedio”, explica “Yip”, un veterano del Movimiento de los Paraguas que hoy es profesor auxiliar en una de las mejores universidades de Hong Kong, y que el miércoles estuvo entre las primeras líneas de manifestantes. “No podemos votar. El gobierno no nos escucha, aunque salgamos a la calle un millón de personas como el domingo pasado, porque está más pendiente de lo que digan en Pekín. Solo nos queda organizar protestas, y en esto nos hemos convertido en expertos. Los jóvenes de Hong Kong, quizá, no saben mucho de cosas como Historia y Literatura, porque nuestro sistema educativo no lo considera importante. Pero pregunta a cualquier chico de 18, 20, 25 años: todos tienen nociones de guerrilla urbana”.

La experiencia acumulada en los casi tres meses en que el Movimiento de los Paraguas ocupó las calles del centro de Hong Kong les sirvió para aprender de logística: en las concentraciones del miércoles era notable la coordinación entre líneas, la rapidez con la que se establecieron puestos de avituallamiento y la eficacia en el abastecimiento. Simplemente moviendo los brazos, los chicos de delante podían hacer saber a la retaguardia si necesitaban comida, agua o material de protección. Un sistema de relevos encadenados se lo proporcionaba en cuestión de segundos. Los desechos volvían de la misma manera a la base para ir a la basura, o al reciclaje.

A diferencia de la de 2014, esta movilización carecía de líderes. Simplemente, los participantes se fueron poniendo de acuerdo a través de la aplicación de mensajería encriptada Telegram, que permite crear canales y grupos que fueron coordinando y comunicando información en tiempo récord. “Todo se organizó en unas pocas horas”, recuerda “Yip”. “No había unos líderes que se tuvieran que poner de acuerdo entre ellos sobre lo que queríamos. Eso estaba claro: la retirada del proyecto de ley de extradición. Además, las redes de mensajería nos permitieron compartir información y consejos de manera mucho más eficaz que hace cinco años”.

“Lo llamamos la estrategia de las arañas, tendiendo redes en Internet para envolver al tigre”, en este caso el gobierno autónomo de Hong Kong o incluso la propia China, apunta este manifestante. Como muchos de ellos, no quiere facilitar más que un apodo y se niega a difundir su imagen, para evitar represalias.

En cuestión de apenas unas horas, desde la medianoche a primeras horas de la mañana del miércoles, decenas de miles de jóvenes -muchos muy jóvenes, aún en edad escolar- habían rodeado el Parlamento, pertrechados con cascos contra las porras, plásticos contra la humedad, y gafas de buceo contra los gases lacrimógenos.

Pero, además, esta vez, la gran mayoría llevaba mascarillas y evitaba dar su nombre, para evitar ser reconocidos. Para llegar y marcharse de la zona de las manifestaciones, en lugar de la tarjeta de metro -la omnipresente Octopus, con la que se puede pagar en muchos otros comercios, pero que revela en qué estación se utilizó-, compraban billetes individuales. Después de la disolución por la fuerza por parte de la Policía, comenzaba un apagón digital: unos a otros se recomendaban cómo eliminar cualquier rastro en el teléfono o en internet, qué decir para justificar visitas a Urgencias, o cómo obtener asesoría legal en caso de ser detenidos.

Es algo, alegan “Yip” y otros varios manifestantes, que aprendieron del Movimiento de los Paraguas. Entonces, aunque los juicios no llegaron hasta años después, los líderes de aquella protesta quedaron todos fichados y muchos cumplen hoy penas de cárcel. Un destino que no quieren imitar. Especialmente, puntualizan, si se acaba aprobando la ley de extradición contra la que protestan. En ese caso, China podrá pedir la entrega de cualquier crítico, con la excusa de una acusación cualquiera. Y si Hong Kong la concede -afirman-, quién sabe qué pasaría del otro lado de la frontera, bajo un sistema legal supeditado al poder del Partido Comunista.

Entre sus motivos para la sospecha, alegan, el hecho de que la propia aplicación de mensajería encriptada Telegram, la preferida en estas protestas, denunciara que el miércoles sufrió un “potente ataque” desde ordenadores en China para interrumpir su servicio. Dos de los 81 heridos en las cargas policiales del miércoles fueron detenidos en el hospital.

Para este domingo está convocada una nueva gran manifestación de protesta para exigir la retirada del proyecto de ley de extradición, que por primera vez permitirá entregar sospechosos a China. Pese a las negativas del gobierno local, muchos hongkoneses temen que se emplee por motivos políticos y que acabe diluyendo la libertad de asociación o de expresión que representan una de las marcas de identidad de Hong Kong frente al resto de la China continental. Los participantes en la movilización del miércoles aseguran que asistirán.

Por Macarena Vidal Liy

Hong Kong 14 JUN 2019 - 14:51 COT

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Lars Wehring : “La tecnología hace que nuestra vida sea predecible y dirigida”

No tiene smartphone y sus equipos informáticos se limitan a un pequeño ordenador portátil con Linux. El activista Lars Wehring cree que no se puede separar el capitalismo de la tecnología

 

“No rechazo la tecnología pero quiero mantener mis secretos a salvo”, comenta el físico e investigador alemán Lars Wehring (Wuppertal, 1969) al explicar por qué no tiene smartphone y sus equipos informáticos se limitan a un pequeño ordenador portátil con Linux. Activista del colectivo Capulcu (Vagabundo, en turco), que surgió en 2013 en seis ciudades alemanas para mantener nuestro futuro no escrito y que los adelantos tecnológicos no conviertan en autómatas nuestras vidas, Wehring ha participado en Bilbao en las jornadas “Kapitala ala bizitza” (Capital o vida), organizadas por Komite Internazionalistak.

Desde Capulcu habláis de ataque tecnológico en lugar de progreso.


Estamos convencidos de que vivimos algo más que un desarrollo tecnológico y además de que no es neutral. Durante la segunda revolución industrial se inventó la cadena de montaje, que no fue algo casual sino intencionado. Taylor quería acabar con la autonomía de los trabajadores. Ahora estamos viviendo lo mismo con la inteligencia artificial. El proceso de innovación tecnológica no es casual sino intencionado y está cambiando la sociedad. Por eso lo llamamos un ataque tecnológico.

La tecnología no es neutral. Y no solo por cómo se usa.


El uso de la tecnología y su desarrollo no se pueden separar, están intrincados. Si queremos, podemos interpretar la historia de la tecnología como algo neutral pero no vamos a entender las dinámicas de sus innovaciones, todo lo relacionado con el poder que está inscrito en ese proceso de innovación. Por eso digo que no podemos entender la historia de la tecnología si hablamos de que es neutral o de que depende de cómo la usemos.

Habéis publicado ya tres libros. El último, en octubre, y de momento solo en alemán, se titula Delete (Borrar). ¿Es esa la solución, borrarse de las redes sociales?


No, no. Tenemos que borrar mucho más que nuestro perfil de Facebook. Se trata de borrar nuestras dependencias de la tecnología. Dejar de ser unos simples usuarios de estas tecnologías.

En este sentido, apostáis por la autodefensa digital.


Ese fue nuestro punto de partida. Comenzamos por ahí en el 2013, cuando Edward Snowden reveló la manera de funcionar de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense. Tuvo que escapar y para mantener a salvo su integridad y el contacto con los periodistas utilizó un sistema operativo muy duro y hermético. Esa fue nuestra primera tarea, escribir un manual sobre este sistema operativo blindado para que lo puedan utilizar los activistas, periodistas y abogados de izquierdas. Entonces descubrimos que eso era necesario pero no suficiente y pasamos a los tres libros que ya hemos publicado: Disrupt (Interrumpir), Disconnect (Desconectar) y Delete (Borrar). Y comenzamos a construir un discurso más político que el de la simple autodefensa.

Hablando de política, ¿se puede liberar a la tecnología del capitalismo?


Estaría bien que pudiéramos desconectar la tecnología del capitalismo pero creo que esta idea es falsa. No se puede quitar la parte capitalista de la tecnología.

Entonces, ¿tampoco se puede hablar de una tecnología anticapitalista?


No. Hay que analizar la forma en la que utilizamos la tecnología y ahí sí que se puede decir quizás que exista una manera anticapitalista. Es interesante mirar a Chile, con Salvador Allende. Inventaron un sistema cibernético para organizar a las doscientas empresas más importantes del país. Su idea era hacer una especie de socialismo cibernético. Podemos pensar que esto es una versión anticapitalista de la tecnología pero incluso en esta interpretación socialista de la cibernética había investigadores que tenían en mente usar esa tecnología para controlar a las personas, al pueblo. Por eso pienso que es difícil darle incluso un uso anticapitalista a la tecnología.

Todo lo relacionado con los avances tecnológicos tiene muy buena prensa y la gente aún lo percibe de manera positiva.


Sí, aunque está cambiando, sobre todo en relación con Facebook, Google y Amazon, que están teniendo problemas para mantener su buena reputación. Ha habido recientes escándalos por el mal uso de los datos que manejan estas empresas y los usuarios estamos volviéndonos cada vez más escépticos. Estamos pasando de pensar que es un escándalo singular o puntual a que quizás sea un problema del modelo de negocio en sí mismo que tienen estas empresas, que al final lo que hacen es vender nuestros datos. La gente está comenzando a entender que se trata de un escándalo permanente.

¿Y cómo se posiciona la izquierda en este tema?


Es una cuestión interesante porque la mayoría de los activistas de izquierdas están utilizando constantemente estas tecnologías y al mismo tiempo criticando el uso que se les da. Y cuando se les confronta por ello te llaman primitivista. No quieren mantenerse apartados de esta tecnología pero al mismo tiempo demandan más análisis político sobre ella.

La empresa Facebook ofrece a través de su aplicación móvil “Free basics” acceso gratuito a sitios webs con la idea de favorecer el uso de internet en algunos países en desarrollo.


Eso es neocolonialismo y los propios pueblos lo sienten y perciben así. Y por eso lo rechazan. Sobre todo, en India. En 2015 hubo un gran movimiento contrario al paquete “Free basics” que da acceso gratuito a cuarenta páginas de internet, a las páginas que Facebook quiere, por supuesto. Y la gente en India denunció que se trataba del viejo colonialismo que ya habían sufrido. Y a raíz de las protestas, Facebook tuvo que retirar su oferta allí en febrero de 2016.

Volvamos la vista atrás. Hacéis un paralelismo entre los almacenes de Amazon y las fábricas de producción en cadena de Ford de comienzos del siglo XX. ¿Por qué?


La cadena de montaje es la versión antigua de la herramienta para apropiarse de la habilidad de los trabajadores para organizarse por sí mismos, por su cuenta. La nueva versión, a día de hoy, es el escáner manual con el que se recogen y seleccionan los paquetes en los grandes almacenes logísticos de Amazon. Este escáner monitoriza la posición de los productos en el almacén pero también registra dónde se encuentra en cada instante cada trabajador, a qué hora manipula cada paquete, el tiempo que tarda… así que puede medir la velocidad a la que trabajan los operarios. La máxima de Amazon es que los trabajadores no pueden estar por debajo de la media de rendimiento de la empresa. Y todo el mundo se da cada vez más prisa para lograrlo aunque nadie sabe cuál es esa media. Esta autooptimización es la nueva versión de la cadena de montaje.

La asistencia digital lo ocupa todo. Incluso en nuestra vida cotidiana parece difícil ya pasar un día sin recurrir a Google. ¿Terminaremos convirtiéndonos en bots?


Eso es justo lo que actualmente están midiendo los sociólogos, si nuestro comportamiento es cada vez más robotizado y hasta dónde podrá automatizarse. Con la asistencia digital, basada en la inteligencia artificial, no solo obedecemos sino que nos uniformizamos y volvemos menos individuos.

Alibaba, la empresa líder en comercio electrónico del planeta, utiliza desde hace tiempo en su aplicación móvil Alipay –la principal plataforma electrónica de pagos en China y en el mundo– el sistema de crédito social, un baremo para calificar el comportamiento de los usuarios y la confianza que merecen. Esta puntuación la calcula un algoritmo que se supone tiene en cuenta nuestras compras pero también, por lo que parece, otros datos relativos a nuestras multas, créditos bancarios o informes de salud. ¿Qué consecuencias puede tener para nuestras vidas que las empresas utilicen estos sistemas de puntuación social?


Hacen que nuestra vida no solo sea predecible sino también guiable, dirigible. Y esto es algo que además crea muchísima dependencia y destruye nuestra autonomía. Es por lo que nosotros lo combatimos tan duro como podemos. El sistema chino de crédito social es el instrumento perfecto para manipular realmente los pensamientos y hábitos de la gente. Si yo no tengo suficientes créditos en este sistema, mi cifra es pequeña, me saldrá más caro alquilar un piso, utilizar el tren de alta velocidad, conseguir un billete de avión para vuelos intercontinentales o un puesto de trabajo para el Estado. Las consecuencias son severas solo por no tener suficientes puntos. Así que terminaremos haciendo lo necesario para lograrlos. Nos guste o no somos obligatoriamente dependientes de este número.

De momento, este sistema lo usan ya algunas empresas y el gobierno chino tiene previsto instaurar un carnet cívico público y obligatorio inspirado en él que podrían luego copiar también otros países.


Tengo miedo de que así sea. La respuesta de Google con su “Book of life” es muy similar, va por esa línea. Sin entrar en muchos detalles, la ideología del conductivismo viene a decirnos que el mundo es demasiado complejo así que tenemos que obedecer a nuestros expertos, que ellos nos van a decir cómo vivir. Y esta ideología está en la base de este sistema. Tenemos que combatir esta ideología porque es muy dura. No se trata de combatir solo la tecnología sino la ideología que transmite y esto es mucho más difícil.

¿Cómo se hace?


Tenemos que rechazar este sistema pero no lo podemos hacer de forma individual sino colectiva. El rechazo individual implica colocarnos fuera de la sociedad. De forma colectiva podemos cambiar la opinión pública y esto afectaría también a la aceptación de estos sistemas. Por otra parte, podemos sabotear el funcionamiento de estos sistemas. En Berlín, por ejemplo, la gente ha destruido físicamente, ha quemado, instalaciones y conexiones de internet con la idea de desconectar el flujo de datos necesarios para que el capitalismo funcionara.

Lo que más preocupa a las empresas es su reputación social.


Las empresas tiene miedo a la opinión pública porque la reputación es la base para que la gente utilice sus productos. Ese es su punto más débil. Revelar las condiciones laborales de mierda en Amazon, la visión antisocial del futuro que tiene Amazon, es nuestra mejor opción para combatir y reducir su reputación aún más.

Si las quejas contra alguno de sus productos amenaza su reputación son capaces de retirarlo.


Este fue el caso de Google, en 2014, cuando sacaron al mercado sus Google Glass, las gafas inteligentes para googlear todas las cosas que vemos. Como hubo una gran resistencia en contra, Google las sacó del mercado porque, según reconoció, no estábamos suficientemente preparados para este avance y había que esperar. Ahora está desarrollando otras Google Glass 2.0. Nosotros somos muy escépticos y cuando las saquen otra vez al mercado vamos a seguir combatiéndolas y atacando a la gente que las use. La resistencia permanece y por eso Google de momento solo utiliza estas gafas en la industria automovilística pero no en el espacio público.

Da mucho miedo el futuro que se adivina tras todos estos avances. ¿Cómo se combate ese miedo?


Deberíamos mantener nuestras estructuras de solidaridad, tanto analógicas como digitales, porque son incompatibles con la forma de pensar de Facebook, que nos presiona para aislarnos como individuos en sus sistemas predefinidos de comunicación y vida. Nuestras estructuras sociales son la mejor forma de mantener la esperanza en contra de este distópico futuro.

Vivimos en una especie de cárcel digital en la que todo lo que hacemos está controlado, vigilado.


El panóptico digital no solo es represivo, tal y como veíamos en la obra “1984”, de George Orwell, sino que es también seductor. Si comparamos el viejo panóptico, esa torre central de vigilancia de las prisiones del siglo XVIII, y el de ahora, vemos que el de antes es mucho más represivo y el de ahora, mucho más seductor. Somos nosotros mismos quienes damos los datos sobre nuestros gustos, preferencias, dónde estamos, relaciones personales… En la novela “1984” había palabras que estaban prohibidas y ahora no hay nada prohibido, te seducen todo el rato para que lo entregues todo voluntariamente.

El escritor George Orwell vaticinó en su famoso libro que el Gran Hermano llegaría cuarenta años después. ¿Cómo ves nuestro mundo tecnológico dentro de diez?


Tengo también una visión distópica del futuro. Un montón de gente va a ser completamente dependiente de las estructuras de poder basadas en la tecnología. Sin embargo, va a haber un creciente número de disidentes, bien porque estén en contra críticamente o porque no tengan materialmente capacidad de utilizarlo, que van a desconectarse de este sistema de las tecnologías. Por ejemplo, habrá gente que no va a poder ser partícipe del sistema público de salud porque va a estar tan tecnologizado que no van a poder interactuar con él. Por eso, será importante crear un proceso colectivo para que esta gente expulsada del sistema sanitario tenga su propio sistema de salud alternativo. Algo así como lo que vimos en 2008 en Grecia. El sistema público griego de salud quebró pero en diferentes barrios la gente se organizó para tener su propio sistema de salud.

Y tú, ¿qué estarás haciendo en 2029?


Andaré en algún lugar de Europa tratando de organizar de alguna manera estas resistencias y procesos de autogestión.

2019-06-10 06:41:00

Sábado, 08 Junio 2019 09:14

Amenazas de las redes 5G

Amenazas de las redes 5G
Las nuevas redes de conectividad con tecnología 5G conllevan riesgos sin precedente para la salud y el medioambiente, la vida humana, animal y vegetal. Siendo éste un aspecto fundamental, por el cual no debería permitirse su expansión, es solamente uno de los muchos problemas que implica su desarrollo. Son un elemento crucial de grandes transformaciones –mayoritariamente negativas– en múltiples aspectos de la vida económica, política y social de los países. Afectarán radicalmente la producción de servicios y el comercio internacional, y proveerán nuevas formas de vigilancia y control, todo ello centralizado en manos de unas cuantas empresas trasnacionales y algunos gobiernos. Tanto para China como para Estados Unidos, la expansión de tecnología 5G es una política de gobierno, lo cual es trasfondo del bloqueo a Huawei, ya que China está más avanzada en su desarrollo.

Las redes 5G, llamadas así por ser la quinta generación de redes de comunicación inalámbrica, prometen ser notablemente más rápidas y con más capacidad de trasmitir datos (mayor ancho de banda), por lo que podrían cubrir una cantidad mucho mayor de conexiones en el mismo espacio. La idea es aumentar la velocidad de descarga hasta 20 veces más rápido que con las actuales redes 4G. La tecnología 5G no es sólo un desarrollo de las anteriores. También cambia la frecuencia de onda con que se transmite. Agrega una frecuencia de ondas milimétricas mucho más cortas que las anteriores y con una densidad mucho mayor. Como su rango de alcance es significativamente menor, para que sustituya a las redes actuales y expanda su potencial, sería necesario instalar una enorme cantidad de antenas de rangos cortos, cada 100 metros (10-12 casas) en zonas urbanas. Éstas estarán a su vez conectadas a una densa red de miles de satélites de baja altura, por lo que sus promotores aseguran que podrían conectar cualquier área en el planeta y que no sufrirán cortes de transmisión.

Esta capacidad de conectar más dispositivos a las redes inalámbricas hará dar un salto cuantitativo al Internet de las cosas, que se refiere a las conexiones inalámbricas entre todo tipo de aparatos industriales y domésticos –teléfonos, computadoras, pantallas, cámaras que nos ven; máquinas de café, estufas, refrigeradores, camas y otros muebles inteligentes; autos y dispositivos de salud. Todo ello conectado a nuestros expedientes médicos, laborales, crediticios, educativos, hábitos de consumo, actividades de tiempo libre, etcétera. También en entornos abiertos o plazas comerciales, centros educativos y de atención pública será posible una multiplicación exponencial de sistemas de conectividad, vigilancia, rastreo e identificación, enmarcados en las llamadas ciudades inteligentes, con una multiplicación de drones y vehículos no tripulados para servicios, entregas y vigilancia.

Todo esto representa una invasión de espacios, mentes y cuerpos como nunca antes habríamos podido imaginar, siendo además una fuente inagotable de datos sobre nosotros y el cuerpo social para vender a empresas de seguros, de medicamentos y muchas otras mercancías, e incluso a entidades políticas y de manipulación electoral, como explica Sally Burch (https://tinyurl.com/yapm9kzp)

Junto con ello aumentará exponencialmente la exposición a radiaciones electromagnéticas de las personas y todo ser vivo, tema ya pendiente con las redes de comunicación existentes. Sobre estas últimas existen numerosos estudios que muestran los riesgos de la radiación relacionada con el uso de teléfonos móviles y Wifi. El Consejo de Europa, por ejemplo, declaró desde 2011 (EC, resolución 1815) que se debería informar al público sobre los riesgos, bajar el nivel de frecuencias permitidas, limitar las conexiones inalámbricas y sustituirlas por conexiones cableadas en escuelas, bibliotecas y lugares públicos, porque el riesgo es mayor para niñas y niños. (https://tinyurl.com/y69tmx52)

Una serie de estudios científicos refieren que estas radiaciones electromagnéticas producen estrés celular, daños genéticos y en el sistema reproductivo, déficit de atención y aprendizaje, trastornos neurólogicos y, por conjunción de varios factores, potencialmente cáncer. Intervienen además los sistemas de orientación de aves, abejas, hormigas y ranas, entre otros animales que han sido estudiados. Katie Singer, autora del libro Una primavera silenciosa electrónica, da cuenta de varios de esos estudios también sobre impactos en humanos (www.electronicsilentspring.com ).

No obstante, la densa red de microondas milimétricas y capa de radiación electromagnética a que nos expondrían la instalación masiva de redes con tecnología 5G no tiene precedente. Tanto por el tipo de ondas, el aumento de la cantidad de aparatos emisores y receptores, por la continuidad y asiduidad de uso, por la red satelital para comunicarlos entre sí y por el proyecto de expansión a todas los rincones del planeta. Por todo ello, un grupo de médicos y científicos de varios países comenzaron un llamado internacional dirigido a Naciones Unidas, con referencia a varios estudios, para detener el despliegue de estas redes (www.5gspaceappeal.org). Urge conocer y ampliar el debate, pues hay demasiado en juego.

 

* Investigadora del Grupo ETC

La verdadera historia de los errores futuros

La verdad de un sistema equivocado es el error. Para ser políticamente eficaz, este error ha de repetirse de manera incesante, difundirse ampliamente y ser aceptado por la población como la única verdad posible o creíble. No se trata de una repetición cualquiera. Es necesario que cada vez que el error se ponga en práctica lo sea como un acto inaugural —la verdad finalmente encontrada para resolver los problemas de la sociedad. No se trata de una difusión cualquiera. Es necesario que lo que se difunde se perciba como algo con lo que naturalmente tenemos que estar de acuerdo. No se trata, finalmente, de cualquier aceptación. Es necesario que lo que se acepta sea aceptado para el bien de todos y que, si implica algún sacrificio, sea el precio a pagar por un bien mayor en el futuro.

El avance de las fuerzas políticas de derecha y de extrema derecha alrededor del mundo se basa en estos presupuestos. Es difícil imaginar la supervivencia de la democracia en una sociedad en la que estos presupuestos se concreten plenamente, pero las señales de que tal concreción puede estar más cerca de lo que se piensa son muchas y merecen una reflexión antes de que sea demasiado tarde. Abordaré las siguientes señales: la reiteración del error y la crisis permanente; la orgía de la opinión y la fabricación masiva de ignorancia; y el paso de la sociedad internética a la sociedad métrica.


La reiteración del error es hoy patente. Desde hace décadas, los países capitalistas centrales, más desarrollados, han asumido la obligación política de dedicar una parte de su presupuesto a la "ayuda al desarrollo". El objetivo es, como su nombre indica, ayudar a los países periféricos, subdesarrollados, a seguir el rastro de los más desarrollados e, idealmente, a converger con estos en niveles de bienestar en un futuro más o menos próximo. Es evidente que la brecha que separa a los países centrales de los países periféricos es cada vez mayor. La llamada "crisis de los refugiados" y el alarmante aumento del movimiento de poblaciones migrantes indeseadas son los signos más evidentes de que las condiciones de vida en los países periféricos son cada vez más intolerables. Lo mismo cabe decir de las políticas de reducción de la pobreza llevadas a cabo por el Banco Mundial desde hace décadas. El balance es negativo si por reducción de la pobreza entendemos la disminución de la brecha entre ricos y pobres dentro de cada país y entre países. La brecha no ha cesado de aumentar. Del mismo modo, las políticas de austeridad o de ajuste estructural que han sido impuestas a los países en dificultades financieras, de las que Portugal y Grecia son ejemplos cercanos, no han logrado sus objetivos, y el propio FMI ha reconocido esto de manera más o menos velada ("exceso de austeridad", "deficiente calibración", etc.). A pesar de ello, las mismas políticas se imponen una y otra vez como si en aquel momento aquella fuera la mejor o incluso la única solución. Lo mismo puede decirse de la privatización de la seguridad social y, por tanto, del sistema público de pensiones. El objetivo más reciente es la seguridad social en Brasil. Según los estudios disponibles, en cerca del 70% de los casos en los que la privatización se realizó el sistema falló y el Estado tuvo que rescatar el sistema para evitar una profunda crisis social. No obstante, la receta sigue siendo impuesta y vendida como la salvación del país.


¿Por qué se insiste en el error de imponer medidas cuyo fracaso es de antemano reconocido? Son muchas las razones, pero todas convergen en la que considero más importante: el objetivo de crear una situación de crisis permanente que fuerce las decisiones políticas a concentrarse en medidas de emergencia y de corto plazo. Estas medidas, a pesar de implicar siempre la transferencia de riqueza de los más pobres a los más ricos e imponer sacrificios a los que menos pueden soportarlos, son aceptadas como necesarias e inviabilizan cualquier discusión sobre el futuro y alternativas a corto y medio plazo.


La orgía de la opinión. El error reiterado y su amplia aceptación no serían posibles sin un cambio tectónico en la opinión pública. Los últimos cien años fueron el siglo de la expansión del derecho a tener opinión. Lo que era antes un privilegio de las clases burguesas se transformó en un derecho que fue efectivamente ejercido por amplias capas de la población, sobre todo en los países más desarrollados. Esta expansión fue muy desigual, pero permitió enriquecer el debate democrático con la discusión de alternativas políticas significativamente divergentes. El concepto de razón comunicativa, propuesto por Jürgen Habermas, se basaba en la idea de que la libre formulación y la discusión de argumentos a favor y en contra en cualquier área de deliberación política, transformaba la democracia en el régimen político más legítimo porque garantizaba la participación efectiva de todos.


Ocurre que en los últimos treinta años la sociedad mediática, primero, y la sociedad internética, después, produjeron una escisión insidiosa entre tener opinión y ser propietario de la opinión que se tiene. Hemos sido expropiados de la propiedad de nuestra opinión y pasamos a ser arrendatarios o inquilinos de ella. Como no nos dimos cuenta de esta transformación, pudimos seguir pensando que teníamos opinión e imaginamos que era nuestra. Empresarios de opinión de todo tipo entraron en escena para simultáneamente reducir el abanico de opiniones posibles e intensificar la divulgación de las opiniones promovidas. Los principales agentes de esta transformación fueron los partidos políticos del arco de gobierno, los medios de comunicación oligopólicos y los sistemas de publicidad, inicialmente orientados al consumo masivo de mercancías, los cuales fueron gradualmente dirigidos hacia el consumo de masas del mercado de las ideas políticas. Así surgió la sociedad mediática y la política-espectáculo, donde las diferencias sustantivas entre las posiciones divergentes son mínimas, pero se presentan como si fueran máximas. Fue el primer paso.


El segundo paso se produjo cuando pasamos de la sociedad mediática a la sociedad internética. En este paso, el derecho a tener opinión se expandió sin precedentes y la expropiación de la opinión, de la que somos usuarios (más que titulares), alcanzó nuevos niveles. Surgieron los empresarios, tanto legales como ilegales, de la manipulación de la opinión pública, cuyo ejemplo paradigmático son las redes y las páginas de Facebook y de WhatsApp que producen “tácticas de desinformación” particularmente activas en períodos electorales, como sucedió recientemente en las elecciones para el Parlamento Europeo. La conocida organización Avaaz identificó 500 páginas sospechosas, seguidas por 32 millones de personas, que generaron 67 millones de interacciones (comentarios, likes, comparticiones). La empresa Facebook cerró 77 de esas páginas que eran responsables por el 20% de flujo de informaciones en las redes identificadas


Esta extraordinaria manipulación de la opinión tuvo tres consecuencias que, aunque pasaron desapercibidas, constituyeron un cambio de paradigma en la comunicación social. La primera fue que esta vigilancia policial de las redes se legitimó a pesar de haber controlado apenas la punta del iceberg. El recurso cada vez más intenso a los big data y a los algoritmos para llegar a cada individuo en sus gustos y preferencias, y hacerlo simultáneamente para millones de personas, hizo posible mostrar que los verdaderos propietarios de nuestra opinión son Bill Gates y Mark Zuckerberg. Como todo es hecho para no darnos cuenta de eso, nos consideramos deudores gratos de El Dorado de información que nos proporcionan y no como acreedores de un desastre democrático de consecuencias imprevisibles por las cuales ellos debían ser personalmente responsabilizados.


La segunda consecuencia es que la información que comenzamos a usar, pese a ser tan superficial, no puede ser contestada con argumentos. O es aceptada o es rechazada, y los criterios para decidir son criterios de autoridad y no de verdad. Si sirve a los intereses del líder político de turno, el pueblo es exaltado como teniendo finalmente opinión propia, capaz de contradecir a la opinión de las élites tradicionales. Si no sirve, el pueblo es fácilmente considerado como “ignorante e incapaz de ser gobernado democráticamente”. En la medida en que el pueblo sigue la opinión del líder, es el líder quien sigue la opinión del pueblo. En la medida en que el pueblo diverge de la opinión del líder, debe, como pueblo ignorante, confiar en la opinión de líder. Según le convenga, el líder populista puede aparecer ora como seguidor del pueblo, ora como su tutor. Aquí reside la razón última de la reemergencia del populismo. Este capital de confianza se crea fácilmente en la medida en que todo sucede en la intimidad del individuo y de su familia. Mientras la sociedad mediática transformó la política en un espectáculo, la sociedad internética la convierte en un show íntimo, un auténtico peep-show en el que toda la interacción afectiva ocurre entre el líder y el ciudadano, sin argumentos ni mediaciones.


La tercera consecuencia de la sociedad internética es que las redes sociales crean dos o más flujos de opiniones unánimes que corren en paralelo y, por tanto, nunca se encuentran. Es decir, en ningún caso pueden ser contradichos o ser objeto de contraargumentación en un debate democrático. Así, la política errada puede ser aceptada ampliamente si cabalga sobre uno de los flujos de unanimidad. Este es el caldo comunicacional de la radicalización política, el ambiente ideal para el clima de polarización, de odio y de demonización del enemigo político, sin que sea necesario usar argumentos discutibles y únicamente recurriendo a frases apocalípticas.


De la sociedad internética a la sociedad métrica. Vivimos otra orgía, la orgía de la cuantificación de la vida individual y colectiva. Nunca nuestras vidas colectivas estuvieron tan dependientes del número de seguidores en Facebook, de los likes en las interacciones en las redes, de los scores en los concursos, de los rankings en las universidades, en la cuantificación de la producción científica. Sabemos que la lógica de la cuantificación es extremadamente selectiva y muy sesgada por los criterios que usa y por los campos que selecciona para cuantificar. Deja fuera todo lo que es más esencial a la existencia individual y colectiva. Deja fuera sectores sociales que, por su inserción social, no pueden ser adecuadamente contados. Las personas sin hogar son contadas por ser sin hogar, y no por lo que hacen durante el día; la agricultura familiar, informal, pese a que en la mayoría de los países continúa alimentando hoy a una gran parte de la población, así como el trabajo no pagado de la economía del cuidado en casa, no cuentan para el PIB. Lo que está predominantemente a cargo de las mujeres no entra en las estadísticas del trabajo, a pesar de ser crucial para reproducir la fuerza de trabajo. Si no estuviera avalada cuantitativamente, la calidad de la producción científica no contaría para la carrera de los investigadores. Y el gran problema de nuestro tiempo es que lo que no es contado, no cuenta.


Estas son algunas de las dinámicas subterráneas que van minando la democracia y creando una cultura pública y privada indefensa ante errores de los que la derecha y la extrema derecha se van alimentando.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Golpe al corazón de Huawei: ARM veta al fabricante, que no podrá usar sus imprescindibles 'chips'

Aumenta la presión sobre el fabricante de móviles Huawei, y al veto de Google y otras tecnológicas estadounidenses se suma la compañía británica ARM, cuyos diseños de chips son omnipresentes en la industria de los móviles.

 

La creciente presión que ejerce la guerra comercial entre EEUU y China sobre Huawei ha aumentado dramáticamente. Ahora, la multinacional británica ARM, responsable del diseño de los chips usados en la inmensa mayoría de procesadores de los teléfonos móviles del mundo, suspende todos sus contratos con el fabricante chino. Este golpe es, si cabe, más importante que el veto de Google y otras tecnológicas estadounidenses.


Según publica la BBC y recoge la agencia Reuters, ARM —propiedad del banco japonés Softbank— ha enviado una instrucción a sus empleados para que suspendieran "todos los contratos activos, derechos de apoyo y cualquier compromiso pendiente" con Huawei, a raíz de la inclusión de este fabricante en una lista negra de compañías con las que Estados Unidos no pueden hacer negocios.


A partir de ahora, a los empleados de ARM no están autorizados a "brindar asistencia técnica, tecnología de entrega (ya sea software, código u otras actualizaciones) o participar en discusiones técnicas" con la multinacional china.


ARM no fabrica sino que diseña arquitecturas y licencia sus diseños. Huawei, igual que Apple y fabricantes de chips como Qualcomm, usan diseños de ARM para montar los procesadores que hacen funcionar los smartphones. El gigante chino también paga licencias para utilizar tecnología de gráficos de ARM.


De esta forma, una compañía de origen británico y capital mayoritariamente japonés entra a aplicar restricciones impuestas desde la Casa Blanca. Según informa la cadena pública británica, una nota interna de ARM explica que sus diseños contienen tecnología de origen estadounidense.


"ARM está cumpliendo con todas las últimas regulaciones establecidas por el gobierno de los Estados Unidos", dijo un portavoz de ARM en un comunicado. "No hay más comentarios en este momento".


Mientras, la compañía china, que confía en que "esta lamentable situación se pueda resolver", afirma en un escueto comunicado que "valora" las relaciones con sus socios más cercanos, pero reconoce "la presión a la que están sometidos algunos de ellos, como resultado de decisiones con una motivación política".


Golpe "insuperable"


Este veto supone un monumental golpe para Huawei; si bien esta semana Google anunciaba que los nuevos móviles de dicho fabricante no tendrían acceso al sistema operativo Android y servicios como Gmail y Google Maps, existe la posibilidad de instalar alternativas. De hecho, ya han anunciado un plan b, la culminación del desarrollo de un sistema operativo propio.
Sin embargo, el veto a las licencias de diseño de componentes de hardware, como los chips de los procesadores, pueden bloquear de hecho cualquier venta de futuros teléfonos con esos componentes, que pasarían a ser ilegales.


Algunos analistas citados por la BBC consideran este movimiento como un golpe "insuperable" para el negocio de Huawei si se prolonga en el tiempo, porque el desarrollo de los procesadores es mucho más complejo.


Huawei cuenta con una división quer fabrica chips, HiSilicon, aunque éstos se construyen con tecnología de base diseñada por ARM. La BBC apunta que el próximo procesador de HiSilicon, Kirin 985, se utilizará en dispositivos Huawei a finales de este año y "no se espera que se vea afectado por la prohibición". Sin embargo, su evolución no se ha completado y probablemente deba ser reconstruido desde cero, afirman fuentes de Huawei.


 Vodafone y EE retiran los móviles Huawei de sus redes 5G

Ambas empresas británicas se unen así al veto de otros grandes operadores de telefonía del mundo, que han dado la espalda a Huawei tras la decisión de las empresas tecnológicas de EEUU de dejar de suministrarle tecnología para cumplir con la orden del presidente, Donald Trump.


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Las compañías británicas de telefonía móvil Vodafone y EE retirarán sus móviles Huawei de sus redes 5G debido a que la matriz de Google, Alphabet, ha roto relaciones comerciales con el gigante chino siguiendo un mandato del Gobierno de Estados Unidos.


Ambas empresas británicas se unen así al veto de otros grandes operadores de telefonía del mundo, que han dado la espalda a Huawei tras la decisión de las empresas tecnológicas de EEUU de dejar de suministrarle tecnología para cumplir con la orden del presidente, Donald Trump.


"Estamos paralizando los pedidos del Huawei Mate 20X 5G en el Reino Unido", confirmó este miércoles Vodafone en un escueto comunicado de prensa. En la nota, la compañía británica explicó que esa decisión es "una medida temporal mientras haya incertidumbre respecto a los nuevos teléfonos Huawei 5G". Vodafone agregó que mantendrá "esta situación bajo revisión".


EE sí continuará usando Huawei para los equipamientos de radio en su red 5G pese al debate político generado


Por su parte, EE ha adoptado una medida similar al "paralizar" la venta del modelo Huawei 5G por las tensiones entre Estados Unidos y la empresa china. El consejero delegado de EE, Marc Allera, declaró que la compañía no reactivará las ventas de los dispositivos de Huawei hasta tener "toda la información y confianza", así como "la seguridad a largo plazo", de que sus clientes, si compran esos móviles Huawei, van a recibir soporte.


No obstante, EE sí continuará usando Huawei, junto con Ericsson, para los equipamientos de radio en su red 5G pese al debate político generado. EE será la primera compañía en el Reino Unido que lanzará la red móvil de alta velocidad 5G.


La decisión de prescindir de los móviles fabricados por la compañía china se produce después de que Google confirmara que cumplirá con un mandato del Gobierno estadounidense que obliga a las empresas norteamericanas a dejar de comerciar con Huawei. El veto implica que Google dejará de suministrar su sistema operativo Android -del que se nutren los dispositivos Huawei- para los nuevos móviles de la empresa china, aunque sí continuará dando respaldo a los aparatos ya en venta.


NTT Docomo interrumpe los pedidos de Huawei


Por su parte, NTT Docomo, proveedor telefónico líder en Japón, informó este miércoles de que ha interrumpido la recepción de pedidos del modelo de móvil Huawei P30, cuyo lanzamiento en el país está previsto para verano. "Cuando reanudemos las reservas les avisaremos", reza el breve comunicado publicado en la web de la compañía, que no especifica plazos ni da más detalles sobre sus planes futuros.


El anuncio de NTT Docomo llega horas después de que las otras dos compañías de telefonía más importantes del país, Softbank y KDDI, informaran de su decisión de aplazar el lanzamiento del modelo más reciente de la firma china, el P30 lite. La reacción de los operadores móviles japoneses se produce después de que la matriz de Google, Alphabet, anunciara que pondrá fin a la venta y soporte técnico a la compañía china en aplicación de las restricciones impuestas por el Gobierno estadounidense.


Los teléfonos de la serie P30 de Huawei cuentan con el sistema operativo Android de Google, que dejará de permitir su actualización en los terminales de la firma china a partir del 20 de agosto.

En una foto de archivo George W. Bush, ex presidente de Estados Unidos. Durante su administración se difundió en los medios electrónicos la existencia de armas de destrucción masiva como justificación de la guerra contra Iraq.Foto José Núñez.

Rand inició en 2018 su definición solipsista sobre el Declive de la verdad en EU: el papel aminorado de hechos y análisis. Se trata de una imagen local en espejo de la Conferencia de Munich sobre la Posverdad (https://bit.ly/2P76SL9).

La "definición" de Rand comporta cuatro tendencias: 1. Creciente desacuerdo entre interpretaciones analíticas de hechos y datos; 2. Nebulosidad de la línea de separación entre opinión y hechos; 3. Creciente volumen relativo e influencia resultante de la opinión y la experiencia personal sobre los hechos; 4. Confianza declinante en fuentes de los hechos anteriormente respetadas (https://bit.ly/2U9CZvE).

¿Dónde deja RAND la colosal mentira de Baby Bush con sus cómplices multimedia en su época de "verdad absoluta e infalible", sobre las inexistentes armas de destrucción masiva en Iraq que aniquilaron a su población?

En su reporte, que abarca de 1987 a 2017, Rand publica el Declive de la verdad en EU y las noticias en la era digital, donde las de la televisión se llevan las peores críticas (https://bit.ly/30nJA99). ¡Con flagelarse con Televisa/Univisión basta!

El galardonado periodista Chris Hedges comenta que la realidad del periodismo de los multimedia en EU es "mucho peor" que el reporte de la Rand: padece una "esquizofrenia cultural" cuando "se han inclinado a los sentimientos en lugar de los hechos", lo cual "ha desgarrado al país al borde de una guerra civil" (https://bit.ly/2w85eAc).

Hedges alega que la evicción de los hechos a favor de los "llamados emocionales" con mentalidad de litigantes ha sembrado la discordia en la sociedad desde décadas atrás:"es más subjetiva" y "se basa primordialmente en la argumentación y la abogacía". Según el periodista, las tres principales redes de noticias en cable "renunciaron al periodismo" que “sustituyeron con programas de noticias de reality show centradas en Trump y sus tuits y el Russiagate”.

A mi juicio, las cableras de noticias fake, acomodadas a los privilegios de sus accionistas mayoritarios, hoy son propagandistas vulgares de la plutocracia y sus grupos de interés, como la tóxica dupla Univisión/Televisa controlada por títeres del binomio sionista de Haim Saban/George Soros, aliados de Hillary Clinton (https://bit.ly/2LV3hBV).
Hedges arremete contra las redes de noticias en cable y sus conductores/comentaristas –que a mi juicio denigran a los matraqueros porristas.

Hoy 40% de los ingresos de los periódicos "no es más sostenible económicamente", lo cual ha llevado a su "fallecimiento (sic)" cuando "los medios de Internet han creado un espacio libre para todos donde la gente se encapsula en guetos (sic) con sus creencias particulares en sistemas o en teorías de conspiración que apoyan".

Una "teoría de conspiración" en México fue la grotesca trama rusa del lavado de dinero de la Operación Berlín (https://bit.ly/2UrdBVm) y que sus autores tienen todavía el mega-cinismo de endosárselo a adversarios.

Hoy es "difícil apartar las opiniones muy subjetivas de los hechos y las personas creen lo que les conviene", a juicio de Hedges, quien se mofa de los noticieros en EU que "promovieron la teoría de la conspiración de que Trump era un agente del Kremlin". Todo era basura (sic) pura, pero atrajo a sus televidentes”.

Hedges contempla que los multimedia "empujan antagonismos y odios (sic) entre los grupos étnicos en EU" cuando "los medios de derecha demonizan a Bernie Sanders y a Barack Obama comparándolos con Hitler, y los medios de izquierda etiquetan a los partidarios de Trump como racistas (sic) y deplorables", lo cual "crea discordia y fragmentación social". Lo grave radica en que "tales cismas pueden desembocar en turbulencias civiles, que ya suceden en EU".

El máximo problema radica en la definición del florido léxico solipsista que se asestan los adversarios cuando la palabra "odio", ya no se diga "semita", (https://bit.ly/2VhugqM) pierde su universalidad dependiendo si se "formula" en Israel/Hollywood/Televisa/Univisión o en Irán/Rusia/China. Ya entramos a la nueva era de la "verdad geopolítica".

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Viernes, 10 Mayo 2019 05:46

La revolución 5G

La revolución 5G

Con el aséptico nombre de 5G se presentó la nueva generación de comunicación móvil en el Mobile World Congress de Barcelona, a finales de febrero. Se trata de una profunda transformación tecnológica con importantes consecuencias empresariales, sociales y geopolíticas. La estrella del congreso fue el nuevo modelo Mate X de Huawei, la principal empresa tecnológica china. Claro que el teléfono no sirve de mucho mientras no se despliegue la red por la que circulan las señales. Y esto se supone que ocurrirá, al menos en China, Europa y Estados Unidos, en el 2020. 

La conexión de internet con 5G se proyecta como 40 veces más rápida que la del 4G que actualmente utilizamos y el volumen de datos comunicados significativamente mayor (aquí las estimaciones varían). La importancia de esta tecnología es que constituye la infraestructura necesaria para el funcionamiento de la nueva sociedad en red, incluyendo la nueva economía. Esta nueva estructura, que ya existe en gran medida, está en la base de la conexión de grandes bases de datos (big data), del despliegue de las aplicaciones de inteligencia artificial y, por tanto, de la robótica avanzada (máquinas capaces de aprender) y, sobre todo, de la llamada “internet de las cosas”. Por tal se entiende la multiplicidad de conexiones ultrarrápidas de internet no sólo entre humanos y sus organizaciones, sino entre objetos de todo tipo, en el ámbito doméstico, el dinero móvil, el coche sin conductor, la cirugía a distancia, la enseñanza virtual o las guerras de drones. No hablamos de ciencia ficción, sino de lo que ya ha sido investigado, diseñado, producido y es operativo.


Como indicación de lo que ocurre, en el 2014 había unos 1.600 millones de objetos/máquinas conectados. En el 2020 se estima que serán 20.000 millones. Sin embargo, el funcionamiento real de estas múltiples redes sobre una única infraestructura de comunicación requiere una red con las características del 5G. Con sus consiguientes riesgos. Por un lado, el de la ciberseguridad (interferencias y vigilancias de todo tipo, sobre todo de gobiernos, incluidos todos). Por otro lado, los peligros potenciales para la salud aún poco evaluados. Resulta que una característica clave de esta nueva red es una altísima densidad de miniantenas que están sembrando en todas las ciudades para, mediante su cobertura coordinada del espectro, obtener una comunicación ubicua de cualquier punto de la red a cualquier otro. Antes de que le entre pavor piense que esta red, como todo lo que hemos ido inventando, se va a desplegar y usted (o sus hijos o sus nietas) la van a utilizar, sí o sí. Con lo cual lo urgente es analizar seriamente los impactos de estos múltiples campos electromagnéticos sobre la salud (sobre lo que hay muchos mitos, parecidos al movimiento antivacunas) y encontrar soluciones técnicas para prevenir el daño potencial.


En cualquier caso, la construcción y gestión de la(s) red(es) 5G se convierte en un campo esencial de la lucha por el poder y el dinero, porque vivimos en la época del capitalismo de los datos y los datos sólo sirven cuando pueden ser procesados y conectados.


Por eso se ha desatado una violenta reacción del Gobierno estadounidense contra la participación de Huawei en el diseño y construcción de la red. Y es que resulta que, en opinión de la mayoría de los expertos, Huawei posee la tecnología de diseño y fabricación más avanzada del mundo en las redes de telecomunicación 5G. Creo que el choque psicológico del Gobierno (mucho menos el de las empresas) es comparable al pánico surgido ante el Sputnik soviético en 1957.


¿Cómo es posible –dicen en Estados Unidos– que los chinos estén más avanzados cuando se suponía que su ventaja competitiva estaba en copiar y fabricar más barato explotando su mano de obra, sin añadir valor mediante investigación? Estamos en presencia de una mezcla de complejo de superioridad e ignorancia. Huawei está entre las primeras cinco empresas del mundo en gasto en I+D, tiene decenas de miles de investigadores, con centros en todo el mundo, no sólo en China, sino en Silicon Valley y otros núcleos tecnológicos. Y obtuvo más patentes tecnológicas en el 2017-2018 que cualquier empresa tecnológica en Estados Unidos. Aun así, la paranoia de los estrategas estadounidenses es tal que, teniendo en cuenta las consecuencias geopolíticas e incluso militares de esta tecnología, decidieron que la ventaja de Huawei sólo podía provenir del espionaje industrial y han arrestado y procesado a la directora financiera, Meng Wanzhou, hija del fundador de la empresa. ¿Pruebas? En el momento de su detención llevaba un iPhone y un iPad. Concluyente, ¿no? La acusación en serio es que Huawei es una empresa estatal (falso, es privada, como lo es Alibaba, la mayor empresa de e-commerce del mundo) y está introduciendo un acceso de “puerta trasera” en la red mediante el cual se puede espiar a todo el mundo. Y sólo faltaba que justo ahora el Gobierno chino lance su iniciativa de construcción de infraestructuras de transporte y comunicaciones en Europa y Asia (la nueva ruta de la seda) en colaboración con diez países europeos, incluida Italia, para que el 5G se interprete como un proyecto de dominación china sobre Occidente.


Objetivamente, hace falta mucho cinismo para presentar al Gobierno de Estados Unidos, así como los europeos, como respetuosos de la privacidad. Hay múltiples revelaciones y documentos (en particular los papeles de Snowden) que muestran la práctica sistemática de vigilancia legal o ilegal de las agencias estadounidenses en todo el mundo, como hace el Gobierno chino. Y la ayuda de mercados militares a empresas como Boeing y a Silicon Valley es un hecho.
La nueva revolución tecnológica se está convirtiendo en un campo de batalla geopolítico, en detrimento de la cooperación sinérgica que intentan algunas empresas europeas.

Por Manuel Castells
La Vanguardia

 

Autocrítica comunicacional y cultural. Geopolitica de todo lo que no hicimos

Estamos bajo el fuego de (al menos) tres guerras simultáneas: una guerra económica desatada para dar otra “vuelta de tuerca” contra la clase trabajadora, una guerra territorial para asegurarse el control, metro a metro, contra las movilizaciones y protestas sociales que se multiplican en todo el planeta y una guerra mediática para anestesiarnos y criminalizar las luchas sociales y a sus líderes. Tres fuegos que operan de manera combinada desde las mafias financieras globales, la industria bélica y el reeditado “plan cóndor comunicacional” empecinado en silenciar a los pueblos. Todo con la complicidad de gobiernos serviles especialistas en gerenciar los peores designios contra la humanidad. Hay que decirlo con claridad y sin atenuantes. 

En particular, pero no aislada, se ha desatado contra el pueblo trabajador, de todo el planeta, una guerra mediática sin clemencia (aunque algunos todavía se nieguen a verla). Tal guerra mediática es extensión de la guerra económica del capitalismo y es inexplicable sin explicarse (histórica y científicamente) cómo opera el capitalismo en sus fases diversas incluyendo su actual fase imperial. La guerra contra los pueblos no se contenta con poner su bota explotadora en el cuello de los trabajadores, quiere, además; que se lo agradezcamos; que reconozcamos que eso está “bien”, que nos hace “bien”; que le aplaudamos y que heredemos a nuestra prole los valores de la explotación y la humillación como si se tratara de un triunfo moral de toda la humanidad. La guerra oligarca contra los pueblos nunca ha sido sólo material y concreta… ha sido ideológica y subjetiva. Nada de esto es nuevo, no se anota aquí como descubrimiento ni como verdad revelada, es la condena de clase sobre la que se verifica nuestra existencia. Mayormente en silencio.


Al lado de las consecuencias concretas de la “triple guerra”, que en cada país deja huellas específicas, está el problema de entender sus efectos supra, trans e intranacionales. Una parte del poder económico-político de las empresas trasnacionales tiene su identidad vernácula desembozada o maquillada por prestanombres de todo tipo. Se trata de una doble articulación alienante que supera a los poderes nacionales (no tributa, no respeta leyes y no respeta identidades) mientras ofrece respaldo a operaciones locales en las que se inclina la balanza del capital contra el trabajo. Así empresas como Shell (energética) aliada con bancos locales o internacionales, financia frentes mediáticos (televisoras, radios, periodistas, prensa) y promueve “estrategias” de defensa para los estados aliados. Sus aliados. El discurso financiado es un sistema de defensa estratégica transnacional operada desde las centrales imperiales con ayudas vernáculas. Mismo modelo imperial con décadas de añejamiento pero tecnología actualizada. Es decir, nada de esto es nuevo, lo supimos y los sabemos.


En su fase “neoliberal”, o neocolonial, el capitalismo imperializado se dispuso a descargar contra la clase trabajadora el peso de la crisis financiera provocada por ellos en el año 2008. Han instrumentado modelos bancario-financieros de endeudamiento y dependencia monetaria inspirados en la retracción del papel del Estado para reducir y suspender derechos históricos adquiridos. Y, al mismo tiempo, se multiplican las bases militares con objetivos represores enmascarados bajo todo tipo de disfraces. Y ahí, las alianzas de los “medios de comunicación” que conforman un plan de discurso único directamente entregado a camuflar las guerras judiciales, las guerras económicas y los muchos episodios de represión, táctica y tecnológicamente, actualizados.


Nuestro presente está teñido por una red de emboscadas “políticas” en las que lo menos importante es fortalecer las democracias, devolverle el habla a los pueblos y garantizar la soberanía económica. Todo lo contrario, reinan por su estulticia los peores ejemplos con las peores prácticas desde Brasil hasta Honduras, desde la deformación grotesca de instituciones como la OEA hasta desfondar iniciativas nacientes como UNASUR. Quedaron desnudas mil y una tropelías de jueces y tribunales que a contra pelo de toda justicia desatan persecuciones, encarcelamientos y condenas basadas en la nada misma, o dicho de otro modo, basada en cuidar los intereses del gran capital vernáculo y trasnacional que funge como su verdadero jefe. Hoy contamos con un repertorio muy completo y complejo de tipologías y secuencias diseñadas para la ofensiva triple que aquí se describe.


No obstante, contra todas las dificultades y no pocos pronósticos pesimistas, los pueblos luchan desde frentes muy diversos y en condiciones asimétricas. Con experiencias victoriosas en más de un sentido es necesaria una revisión autocrítica de urgencia mayor. Intoxicados, hasta en lo que ni imaginamos, vamos con nuestras “prácticas comunicacionales” repitiendo manías y vicios burgueses a granel. La andanada descomunal de ilusionismo, fetichismo y mercantilismo con que nos zarandea diariamente la ideología de la clase dominante, nos ha vuelto, a muchos, loros empiristas inconscientes capaces de repetir modelos hegemónicos pensando, incluso convencidos, que somos muy “revolucionarios”. Salvemos de inmediato a las muy contadas excepciones.


Tan delicado como imitar contenidos es imitar formas. Las formas no son entidades a-sexuadas o inmaculadas, quien lea información seria (pero con el estilo de los noticieros mercantiles) deberá someter su esquizofrenia al veredicto de algún tratante especializado. Al menos, claro, que lo hiciere con ironía intencional y entendible. Quien redacte, hable o actúe, incluso sin darse cuenta, como redactan, hablan o actúan los referentes mercantiles de los mass media, con el pretexto de que “eso si llega”, de que “así la gente entiende”, de que “esto vende”… repite una trampa lógica en la que se corren riesgos de todo tipo, comenzando por legitimar el modo dominante para la producción de formas expresivas. No quiere decir esto que no se pueda expropiar (consciente y críticamente) el terreno de las formas para ponerlas al servicio de una transformación cultural y comunicacional pero debe tenerse muy en cuenta, qué realmente es útil y por qué no somos capaces de idear formas mejores. Hay que estudiar cada caso minuciosamente y eso es algo que muy poco se hace.


Todavía somos víctimas del individualismo y no logramos construir la unidad de clase que nos permita aliar nuestras fuerzas comunicacionales en torno a un programa emancipador. Muchos se sienten “genio único” y “gurú” revelador de verdades mesiánicas. Uno de los cercos mediáticos más duros de romper está en la certeza soberbia -e individualista- del que se piensa “genio comunicacional” poderoso. Por eso nos derrotan con toda facilidad mientras las oligarquías se organizan y se reordenan para atacarnos. No es que seamos incapaces de lograr metas magníficas, el problema es que estamos desorganizados y no logramos concretar la dirección que nos haga entender el lugar que tenemos en la batalla comunicacional, unidos.


Todavía somos víctimas de la improvisación empirista. No pocos padecen alergia al estudio y no pocos sufren mareos sólo de pensar en planificar racionalmente las tareas que nos tocan. Por eso muchos repiten y repiten errores que no se cometerían con sólo abrir las páginas de algún libro medianamente especializado -y serio- o con trabajar en colectivo con las bases. Por eso, no pocos salen a filmar documentales, a grabar programas radiofónicos, salen a escribir reportajes o entrevistas… sin saber, siquiera, el nombre de sus interlocutores. Por eso muchos se sienten frustrados por los magros resultados, cuando el problema está en el método y en su praxis.


Todavía perdemos horas y días y semanas y meses buscando desesperadamente a quien echarle la culpa de nuestras “desgracias”. Hay camaradas que se resisten a entender que sólo la fuerza organizada de la clase trabajadora podrá generar las transformaciones que necesitamos y que de nada sirven las rogativas a las puertas de las burocracias ni de las sectas iluminadas.


Nos equivocamos si creemos que “nos las sabemos todas”. Nos equivocamos si pensamos que nuestros diagnósticos inventados en noches diletantes son la “verdad revelada”. Nos equivocamos si no trabajamos en un frente de base al lado de los trabajadores que luchan por emanciparse. Nos equivocamos si creemos que todo se logra saliendo en la tele o siendo famosos. Nos equivocamos si abandonamos la militancia directa en las organizaciones de base. Nos equivocamos si creemos que los medios de comunicación lo “arreglarán” todo. Nos equivocamos si creemos que con “mensajes” ultra-revolucionarios se logra mágicamente el avance de la conciencia. Nos equivocamos, en fin, si nos contentamos con repetir fórmulas y especialmente las fórmulas que la burguesía ha ideado para someternos y no nos damos cuenta. Es verdad que ellos generan efectos poderosos en nuestra contra pero nada serían si no dominaran, primero, la base económica y política desde donde financian sus máquinas de guerra ideológica.


Ninguno de nuestros errores podrá borrar los aciertos magníficos que siguen siendo orientadores e inspiradores. Pero no olvidemos que la primera de las manías, primera en importancia por su carácter dañino, es la carencia casi total de autocrítica y que somos víctimas de una especie de soberbia voluntarista plagada con empirismos de todo tipo. “Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase” Lenin.


Esto no es un réquiem. Insistamos. Aunque hoy parece una “perogrullada” que, a fuerza de repetirse, puede perder “sentido”, conviene recordar (aunque moleste) que una de nuestras grandes debilidades y fallas, se expresa en la incapacidad para transmitir nuestras ideas y acciones. Especialmente las ideas y las acciones de los frentes sociales y sus luchas emancipadoras. Queden salvadas las excepciones honrosas.


Transferimos al aparato empresarial bélico, bancario y mediático -sin frenos y sin auditorias- sumas ingentes. Hicimos leyes que no cumplimos, adquirimos tecnología sin soberanía, no consolidamos nuestras escuelas de cuadros, no creamos una corriente internacionalista para una comunicación emancipadora organizada y apoyada con lo indispensable, no creamos las usinas semióticas para la emancipación y el ascenso de las conciencias hacia la praxis transformadora, no creamos un bastión ético y moral para el control político del discurso mediático y el desarrollos del pensamiento crítico… y no es que falten talentos o expertos, nos es que falte dinero ni que falten las necesidades con sus escenarios. Hizo estragos, nuevamente, la crisis de dirección política transformadora. Hablamos mucho, hicimos poco. Ni el “Informe MacBride” (1980) supimos escuchar y usar como se debe.


Se ha convertido en una “tara” echar la culpa de todos nuestros “males” a los “medios de comunicación” de la clase dominante. Un recurso “fácil” que por su obviedad parece incontestable y parece reducto inapelable para refugiar a ciertos discursos plañideros. Cuando la culpa (toda la culpa) es de los “malos”, y nada se explica por los errores que cometemos, tributamos pleitesía a una emboscada que nos tendemos nosotros mismos para quedar encerrados en justificaciones a granel y con pocas esperanzas de superación concreta.


Nuestra dependencia tecnológica en materia de comunicación es pasmosa, gastamos sumas enormes en producir comunicación generalmente efímera y poco eficiente, nuestras bases teóricas están mayormente infiltradas por las corrientes ideológicas burguesas que se han adueñado de las academias y escuelas de comunicación, no tenemos escuelas de cuadros especializadas y no logramos desarrollar usinas semánticas capaces de producir contenidos y formas pertinentes y seductoras en la tarea de sumar conciencia y acción transformadora. Con excepción de las excepciones.


Para colmo, la clase dominante desarrolla permanentemente medios y modos para anestesiarnos sin clemencia. Inventa falsedades alevosas que transitan con impunidad, y sin respuesta, a lo largo y ancho del planeta, siempre con un poder de ubicuidad y de velocidad que nosotros no podemos siquiera medir ni tipificar en tiempo real. Y la inmensa mayoría de las veces lo miramos desde nuestras casas (dormitorios incluso) en forma de “noticieros”, “entretenimiento” o reality show. Consumismos sus productos, engordamos sus rating y rumiamos nuestra impotencia, hacemos catarsis indignados y enredados en frases hechas mayormente inútiles e intrascendentes. Eso es parte de la guerra.


No es que falten iniciativas o buenas voluntades que asumen su papel y emprenden tareas en la lucha comunicacional bien cargadas con intereses muy diversos y (a veces) contradictorios. Algunas son iniciativas que anhelan dar pasos transformadores jalonando a destajo voluntades de todas partes. Otras veces, las menos, surgen tareas comunicacionales desde el corazón de las luchas sociales para especializarse, casi exclusivamente, en sí mismas. El panorama es de un archipiélago inmenso cargado con buenas ideas pero inconexo. Una muchedumbre de iniciativas sin programa de acción común. Fuerza debilitada. No nos detendremos en analizar ciertos sectarismos, individualismos, egolatrías ni oportunismos que hacen de las suyas de manera desigual y combinada. Con sus debidas excepciones.


Visto así, en lo general, vale decir que ya a nadie le sorprende -ni le ofende- semejante panorama. Nos acostumbramos. Hemos sido más audaces en el diagnóstico que en la acción. Ha sido más grande la petulancia que la eficacia. Somos campeones del empirismo ciego y le rendimos culto a la palabrería “progre” antes que a la acción organizada de la clase trabajadora en pie de lucha. Vamos a palos de ciego “dando respuestas artesanales” a la segunda mega industria de la guerra ideológica que más recursos económicos y tecnológica mueve en todo el planeta. Nos derrota más el auto-engaño que la fuerza. Pontificamos soluciones sin un programa de lucha, de unidad y consensuando porque, entre otras cosas, creemos que tenemos la razón y no tenemos por qué entablar acuerdos de lucha unificados. Por cierto “unidad” no es uniformidad.


Claro que hay grandes iniciativas y grandes avances. Claro que contamos con victorias de lo particular a lo general y viceversa. Claro que en nuestras filas hay grandes genios y genialidades individuales y colectivas. Y claro que con eso no nos alcanza en una lucha que además de su amplitud, duración y profundidad, crece exponencialmente porque, además de su carácter alienante, es un gran negocio muy rentable. El negocio de embrutecernos.


No vamos a salir del atolladero haciendo promesas para dejarlas truncas. No tenderemos fuerza comunicacional improvisando siempre mientras aguardamos que las “musas” nos iluminen. No conseguiremos transmitir nuestras ideas, ni construiremos un plan de lucha conjunto, aislados por nuestros egos ni resignados a la marginalidad. La clave no es imitar las fórmulas del éxito burgués ni copiar a sus operadores ideológicos creyendo que, siguiendo las biblias del márquetin, vamos a ser exitosos progres. Necesitamos organizar una lucha comunicacional y cultural que no repita los errores ni las taras más comunes y necesitamos romper todo cerco entre nosotros mismos comenzando por poner en agenda, y acompañar sistemáticamente, las luchas del pueblo trabajador. Necesitamos que nuestra agenda prioritaria en comunicación no seamos nosotros mismos sino las luchas transformadoras de la clase trabajadora y de su mano. Hombro con hombro. No adelante, no encima. Estamos a tiempo.

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Jorge Gestoso, la antigua cara de CNN, cuenta cómo se cuenta el golpe a los norteamericanos. Venezuela: "Cómo se convierte a la mentira en verdad"

Jorge Gestoso es uno de los periodistas latinos más conocidos en los Estados Unidos. Nacido en Uruguay, fue durante 14 años la cara de CNN en español, durante los cuales recibió gran cantidad de premios y reconocimientos a su labor. Se alejó en 2004 de la cadena de noticias para desarrollar su propia productora, que alimentó durante años a muchos canales hispanos de Estados Unidos y a muchas televisoras de todo el continente. En los últimos años colabora con la cadena venezolana Telesur desde Washington. En este video de aproximadamente 9 minutos, cuenta cómo se le informa al pueblo norteamericano sobre el nuevo intento de golpe en Venezuela, las maniobras oficiales y la actitud de los medios. 

 

https://youtu.be/8TQUvIEv_vU

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