Sábado, 08 Agosto 2020 06:09

Las lenguas son territorios

Las lenguas son territorios

Una lengua nace con cada persona que la aprende. Cuando la mente pueril se comienza a llenar de palabras, a configurarse en ellas (a “formatearse” diría el barbarismo tecnológico en uso), ocurre algo fascinante: la mente piensa, nombra, pronuncia cada parte del mundo que experimenta, de un modo preciso, exclusivo de la lengua que se trate. Nadie necesita leerla o escribirla para identificarla de inmediato y abrirse a la conversación, el canto, la plegaria. Da forma y contenido a la memoria.

Cada lengua es como una biblioteca. Un compendio de los seres, las cosas y sus interconexiones profundas. Si mueren sus hablantes y se extingue, es como si se incendiara la biblioteca de Alejandría nuevamente, decía Elías Canetti, y todo lo que hubo allí se disipa en cenizas y permanece en dos o tres vocablos heredados a otra lengua.

En el curso de su historia hablada, y a veces escrita, cada lengua es un portento colectivo que se renueva y se extiende cuando puede. Lo terrible es que en Babel, como en todas partes, existen idiomas sometidos, negados y prohibidos.

La riqueza de una lengua no está en el número de palabras y tiempos verbales, sino en sus combinaciones, como sucede con la poesía. Las invasiones, las conquistas, las hambrunas y las guerras merman las lenguas originarias alrededor del mundo, las asedian para exterminarlas. La historia del hemisferio americano abunda en ejemplos, desde hace cinco siglos la multitud de idiomas podía concentrarse en territorios compartidos, o coexistidos, vecinos y sin embargo ininteligibles para el otro. Dos casos idílicos en el continente precolombino son la costa pacífica de la actual California y las selvas amazónicas, ricas regiones consteladas de pueblos distintos, completamente entregados a la naturaleza, hablando idiomas propios a pocos kilómetros unos de los otros.

Y el mundo era un coro de pájaros. Sin embargo, cientos, quizás miles de lenguas y sus dialectos, sufren el destino de los taínos, cuya lengua se hablaba en las islas del mar Caribe a fines del siglo XV. La primera con la que tuvieron contacto Cristóbal Colón y los que lo acompañaban. Según diversas estimaciones, hacia 1492 había entre medio millón y cuatro millones de personas en las Antillas (taínos, macaríes, ciguyayos). Bartolomé de Las Casas los calculó en un millón en ese año. Para 1508, el cálculo lascasiano era 60 mil. El último registro taíno se pierde en 1570, menos de un siglo después, cuando quedaban 150 entre los 500 últimos indígenas originarios de las islas. Hasta ahí llegan los registros.

El efecto del “descubrimiento” de La Española fue demoledor, un holocausto o “solución final” que logró exterminar las lenguas, la identidad y los pueblos de un subcontinente. Pero el taíno era una lengua tan adánica y preciosa como otra cualquiera, llena de originalidad sonora y conceptual, que infiltró al castellano y otras lenguas imperiales europeas con palabras clave para entender que en este mundo siempre hay y siempre hubo otros mundos: maíz, canoa, barbacoa, cacique, hamaca, iguana, comején, huracán, cayuco, caribe, enagua, sabana, macana.

En más de un sentido, cada lengua es un territorio. Del mismo modo que la tierra, e incluso más versátil y móvil, la lengua de uno es donde mejor se está. También por eso el odio de los fuertes contra Babel es anterior al mito bíblico y se extiende hasta el presente. El idioma del “otro”, despreciable y amedrentador, debe ser erradicado.

En la actualidad se estima que existen mil lenguas originarias en el continente. Tan sólo en México se contabilizan 68 lenguas y unas 400 variantes dialectales, que en algunos casos son más que meras variantes, como en el tronco nahua o la heredad del imperio zapoteca. En América del Sur ocurre con el quechua, el aymara, el mapungundún.

Las lenguas coloniales son unas cuantas: castellano, inglés, portugués, francés. El espectro hispanoparlante y el anglófono son tan vastos como el chino. Históricamente su dominio ha significado el saqueo y la destrucción de las demás lenguas. Violencia, educación, adoctrinamiento, represión, racismo y miseria son las armas de exterminio contra las lenguas colonizadas. Los colonizadores de antes y de hoy así se adjudican los territorios.

No deja de resultar portentosa entonces la resistencia vital de centenares de pueblos desde el territorio de sus lenguas. Aún los despojados y expulsados, los arrinconados en las orillas de las ciudades conservan y enarbolan la flor de sus lenguas. Sea en México, Tehuacán, Oaxaca, Tijuana, Nueva York o Los Ángeles, siguen en pie las refinadas construcciones de un mundo único, específico y maravilloso, capaz de ser bilingüe y trilingüe en el vientre de la ballena. Noam Chomsky ha subrayado que las lenguas no necesitan escribirse para sobrevivir siglos y milenios. Esto es cierto para el inuktitut, el mazateco o el yanomani, como lo fue para el arameo bíblico. La “bibliotecas de Alejandría” que siguen en pie son la belleza y el tesoro oculto de pueblos amenazados y perseguidos sin reposo por la espada, la cruz, el signo de dólares y la voracidad “redentora” del progreso. De la duración de sus territorios dependen la pervivencia, la soberanía de los territorios físicos de los pueblos y el genio vivo del verbo humano.

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Activa China el sistema de navegación por satélite BeiDou-3, su alternativa al GPS

China activó este 31 de julio su propio sistema de navegación por satélite, conocido como BeiDou-3 (BDS-3), que supondrá una alternativa al GPS estadounidense y al GLONASS ruso.

Esto ha sido posible después de que fuera lanzado la semana pasada el último satélite necesario para el funcionamiento de todo el sistema. El evento, celebrado en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, contó con la presencia del presidente Xi Jinping.

“El BDS es el resultado de los esfuerzos de un ejército de trabajadores, movilizados por el partido y la nación, el trabajo duro de cientos de miles de ingenieros en todas las áreas y el soporte firme del público”, declaró el diseñador jefe del proyecto, Yang Changfeng.

Son tres subsistemas que componen el BDS, que funcionan a través de 55 satélites en la órbita terrestre. El primero de ellos, el BeiDou-1 fue completado en 2000, mientras que el segundo fue lanzado en 2012.

Este ambicioso proyecto, que tomó unos 20 años en ser completado, tiene por objetivo competir directamente con el GPS y reemplazarlo por el BDS en el país asiático. De tal modo, se planea disminuir la dependencia de las tecnologías de Estados Unidos.

31 julio 2020

(Con información de Sputnik)

"Estamos viviendo la vida para mostrarla en las redes"

Santiago Bilinkis y un análisis crítico del presente hiper tecnologizado

“Uno busca en las redes calmar la angustia y lo único que obtiene es más angustia, como las bebidas azucaradas que dan más sed", compara el tecnólogo y economista. Una advertencia sobre la adicción digital y una invitación a la "desconexión programada".

 

En el libro Guía para sobrevivir al presente el tecnólogo y economista Santiago Bilinkis analiza cómo las empresas que diseñan plataformas digitales y aplicaciones para el celular –Google, Facebook, Amazon, Apple, Netflix, Microsoft-- utilizan todo tipo de estrategias de manipulación para “conquistar nuestro tiempo y nuestra atención”. La dependencia a las pantallas que las grandes corporaciones tecnológicas generan es funcional a sus negocios, pero muchas veces va en contra de los intereses de los usuarios, incluso en detrimento de su salud. “Esta es la primera vez que una herramienta, apenas comenzamos a usarla, empieza a usarnos a nosotros”, alerta Bilinkis, quien realizó estudios de posgrado sobre inteligencia artificial, robótica, biotecnología, neurociencia y nanotecnología en la Singularity University, ubicada en una sede de la NASA en Silicon Valley.

 “Lo primero que me pasó cuando arrancó la cuarentena fue que las redes me saturaron. La avidez informativa me hizo estar ultraconectado los primeros días y eso es pésimo para la salud física y mental”, dice el especialista en tecnología. “Uno busca en las redes calmar la angustia y lo único que las redes provocan es más angustia, como las bebidas azucaradas que las tomás porque tenés sed pero te dan más sed. Uno busca el alivio en la red pero lo único que te genera es necesidad de más red. La cuarentena me hizo adoptar una postura mucho más drástica para controlar el tiempo de conexión en redes: implementé sistemas que permiten ponerle un tiempo máximo al uso de cada aplicación. Los sistemas de mensajería tienen un montón de mecanismos embebidos que te generan la ansiedad de estar continuamente pendiente de lo que pasa, incluido WhatsApp, el ‘está escribiendo’, ‘está online’, el doble tilde”...

-Lo que tienen las redes es que nunca se acaban…

-Históricamente, cualquier contenido que consumíamos tenía principio y fin. Una revista la empezabas y la terminabas, un capítulo de una serie televisiva empezaba y terminaba, y después había un periodo de espera obligado hasta que había otro para ver. Una semana para que salga un nuevo número de la revista o el próximo capítulo de la serie. Ahora todo está ahí. No hay nada externo que te ponga un tope, entonces el freno lo tenemos que poner nosotros. Y hay que inventar estos mecanismos medio artificiales para que Instagram se acabe, porque siempre hay una foto o una story más para mirar. Hay que crear el límite. Las plataformas tienen un montón de mecanismos para no dejarte ir. Y lo loco es que el método que usan para atraparte es más sutil que lo que uno cree.

-¿Cómo lo logran?

-Hay un recurso poderoso: el de las máquinas tragamonedas. No existe un juego más tonto en su esencia que esas máquinas. No tienen habilidad alguna, tirás una palanca y lo que sale es variable, no depende de cómo tirás la palanca. Sin embargo, es el juego que más adicción produce, que más ludopatía produce. ¿Cómo se explica? Hay un mecanismo psicológico que se conoce como recompensas variables intermitentes. Es tan simple como que cada vez que tirás la palanca a veces no sale nada, a veces sale un premio chiquitito y muy de vez en cuando sale un premio grande. Ese mecanismo es tremendamente adictivo. Y eso es lo que pasa cada vez que hacés refresh en tu muro de Instagram: a veces no te sale nada, a veces sale algo que está un poquito bueno y a veces algo genial. Es esa timba la que te mantiene constantemente queriendo mirar un poquito más. La sobreestimulación constante multisensorial hizo añicos nuestra capacidad de atención.

-Con el aislamiento, muchas dimensiones de la vida se trasladaron a la virtualidad. ¿Este es el escenario ideal para las compañías que diseñan software?

-No quiero abonar teorías conspirativas, pero que este escenario les conviene, no hay dudas. No es solo estar en casa, también es tener tiempo para las pantallas y que muchas actividades que se hacían presenciales, pasen a tener a la tecnología como actor principal. Para los chicos es asistiendo a la escuela a través de clases remotas, para los adultos teletrabajando o haciendo las compras del supermercado de manera virtual. Para las compañías es una situación ideal porque tenés más tiempo y también porque dejás más impronta. Gran parte del negocio depende de la información que puedan capturar acerca de los usuarios. Si vos siempre hacías tus compras en el supermercado, no había rastro digital de tus hábitos de consumo. Ahora hay información valiosísima para quien la pueda manejar. Claramente es una situación muy conveniente para las compañías, y que nos obliga a elevar nuestros mecanismos de defensa. La otra cosa que es muy importante hacer es desactivar todas las notificaciones.

-¿Y eso qué le permite?

-Yo no me entero cuando llega un WhatsApp: no vibra, no suena, no prende luces, tengo todo eso deshabilitado. Es una barrera incómoda para el que quiere contactarse conmigo, porque yo contesto cuando lo veo, no cuando me llega un mensaje. Vuelve la comunicación un poco más pausada, más asincrónica, pero me permite tener control de mi vida, de mi agenda, decidir cuándo me quiero conectar y no estar perpetuamente conectado. Y eso es fundamental. Las notificaciones no tienen como propósito notificarte, tienen como propósito interrumpirte y distraerte. Cuando la herramienta que usás es un dispositivo digital, en el momento que lo agarrás hay un montón de software adentro de tu teléfono al que le conviene que vos hagas algo diferente a lo que estabas por hacer. Es la primera herramienta que, cuando vos la empezás a usar, te empieza a tratar de usar a vos. Cada plataforma va a usar el mejor anzuelo disponible para tratar de que no hagas lo que pensabas hacer y hagas otra cosa. WhatsApp no se puede cerrar, eso debería estar prohibido, ¿cómo va a haber una app que no podés cerrar? Deberíamos tener derecho a desconectarnos sin desinstalar los programas.

-¿Se está discutiendo ese derecho a la desconexión?

-No se plantea en esos términos, como un derecho, pero sí está sobre la mesa el corazón del problema: qué tipo de información pueden las empresas recolectar y en qué medida sabemos qué información nuestra están recolectando. La mayoría de las personas somos muy ingenuas en este punto. Hoy tenés un montón de aplicaciones que te piden la localización, incluso en momentos en los que no estás usando la app. Y eso es injustificable, salvo que sea una aplicación de mapas. Hubo cierta mejora porque cuando instalás una app, pide que consientas los permisos que se otorgan. Y eso pasa por la presión social, pero para la mayoría de la gente sigue siendo algo muy oscuro. Das ok porque querés usar la aplicación, sin entender mucho en qué consentiste y sin mucha posibilidad de decir que no.

-En el libro hace una analogía entre el consumo de comida chatarra y las redes sociales, ¿cómo es ésa relación?

-Me gusta esa analogía. Porque la gente fue tomando conciencia de los temas alimenticios y es obvio que tu cuerpo está hecho de lo que comés: si comés demasiada grasa, te sube el colesterol. Si te alimentás mal, desarrollás problemas de salud. Si estamos haciendo macanas, lo sabemos. Con el contenido digital todavía no pasó eso. Así como tu cuerpo está hecho de lo que comés, tu mente está hecha del contenido digital que consumís. Si estás mirando documentales sobre ecología tu cabeza se arma de una manera y si mirás contenido sobre la vida de los ricos y famosos se arma de otra, es inevitable. Pero no tenemos la misma conciencia de que Internet está lleno del equivalente digital de la comida chatarra. Hace unos meses hubo una campaña de publicidad gráfica de un canal de series con el eslogan: "si es adictivo, está acá". Eso es de locos ¿En qué otro contexto alguien podría usar la palabra adicción como un atributo positivo? Eso pasa porque en lo digital todavía la palabra adicción tiene una connotación positiva, parece algo cool o divertido. Una de las categorías de Netflix es "series para mirarte infinitos capítulos". Tenemos que cambiar el chip porque la adicción es mala en cualquier contexto, especialmente uno que se mete con tu ideología, con tus hábitos de consumo y con tus relaciones interpersonales.

-¿Los estados deberían tener más injerencia en estos temas y regular las prácticas antiéticas de las empresas?

-Idealmente sí, pero el problema es que en general las personas que integran los gobiernos tienen una falta de familiaridad tecnológica alarmante. La mayoría tienen un community manager que les maneja los tweets y eso es lo que entienden de redes sociales. No es un problema específico de Argentina. Cuando fue la interpelación a Mark Zuckerberg en el Congreso de Estados Unidos (en 2018, por el uso de datos personales de los usuarios de Facebook durante la campaña presidencial de 2016), te aseguro que Zuckerberg debe haber estado tres semanas encerrado con sus asesores tirándole las preguntas más difíciles, y preparándose para esquivar todas las balas. Pero cuando ves las preguntas que le hicieron los legisladores, son un papelón. El tipo estaba preparado para que le tiren bombas nucleares y le tiraron con una cerbatana y papelito masticado. Te dabas cuenta que las preguntas los legisladores ni siquiera entendían que hacían, alguien se las había escrito, y no oodían repreguntar porque no entendían las respuestas. Hay una asimetría tan grande entre la sofisticación de las compañías y la poca sofisticación de los funcionarios en estos temas, que es muy difícil dar respuestas a estos problemas.

-La hiperconexión digital es un fenómeno muy nuevo, de los últimos diez años. ¿Cómo afecta todo esto a los más chicos?

-Antes, cuando querías vender un producto para bebés, se lo vendías a la madre. Pero a fines de los noventa descubrieron a los bebés como un target consumidor al que se podía apuntar de manera directa. Empezó con un sistema de videos que se llamaba Baby Einstein, diseñado por una compañía que te prometía hacer a tus hijos "más inteligentes". Y lo que tenían era una sucesión de imágenes muy coloridas, con un tipo de movimiento y músicas que provocaban un efecto adictivo en el bebé. Vos le ponías esto y quedaba obnubilado por horas. Después aparecieron los Teletubbies y una serie de productos dirigidos a un target de edad que hasta ese momento no era tenido en cuenta por la publicidad. Esto generó algo tremendamente funcional a los adultos a cargo, porque los chicos chiquitos son muy demandantes y sobre todo cuando están aburridos. Si vos le das un juguete, el chico se entretiene cinco o diez minutos, pero si le das un celular, se entretiene tres o cuatro horas o hasta que lo desconectes. Esto es muy cómodo para los adultos pero es súper nocivo para los chicos y no hay tanta conciencia de eso. Hoy dejamos a los chicos usar Internet sin ningún acompañamiento o explicación. Eso es una locura. Y tiene que ver con que muchos padres y madres no conocen los riesgos de Internet y no sabrían cómo explicárselos a sus hijos. La recomendación de la Asociación Argentina de Padiatría es que hasta los dos años no se usen ningún tipo de dispositivo. Pero la realidad es que el noventa por ciento de los chicos usan dispositivos antes de esa edad.

-¿Y cómo operan en la autoestima estos “caramelitos mentales” y mecanismos de distracción que implementan las redes sociales?

-La cantidad de seguidores y los likes son la moneda en la que hoy se comercia la aceptación social. Porque si bien siempre fue cierto que había gente más popular y gente más retraída, ahora es explícito y es público, está a la vista de todos. La cantidad de seguidores y de likes es el señalamiento hacia el mundo de cuán aceptado sos. Y obviamente la aceptación de los demás es crucial para cualquier persona. Si antes era más sutil, ahora todo el mundo puede ver cuál es tu grado de popularidad o aceptación. Entonces, empezás a modificar tus actos para conformar la norma y conseguir seguidores y poder mostrarle al mundo que sos aceptado. Y eso lleva a que empecemos a vivir la vida para mostrarla más que para disfrutarla. Vas al Glaciar Perito Moreno y en vez de dejarte inundar por la impresionante grandiosidad de la escena, estás pensando desde dónde va a salir mejor la selfie y la cantidad de likes que vas a tener por haber estado ahí. Y eso contamina todo el día a día, estamos más tiempo pensando qué vamos a mostrar que en lo que estamos haciendo. Todo el esquema de los likes y la cantidad de seguidores hizo añicos nuestra autoestima. Y no se limita a los adolescentes. Los adultos estamos tan entrampados como los chicos. En este momento realmente vivimos la vida para mostrarla. 

-Hizo una columna radial que suscitó polémicas, sobre cómo las clases virtuales, sin planificación, cambiaron de manera abrupta la dinámica de los docentes, alumnos y familias. ¿Cómo ve el escenario de la escuela pospandemia?

-La tecnología bien utilizada y puesta al servicio de nuestros fines es una herramienta espectacular. El problema es que en este momento está siendo utilizada, en general, para volvernos funcionales a los fines de otros. En el ámbito de la educación tuvimos una inercia brutal de resistencia de cambio. A pesar de que otros órdenes de la vida han cambiado mucho, la educación no ha cambiado prácticamente nada. La educación mía y la de mis hijos es la misma. Es como si la educación no hubiera tomado nota de que existe la tecnología y que ofrece posibilidades increíbles. Curiosamente es la pandemia la que nos obligó compulsivamente a incorporar la herramienta tecnológica y ahora el desafío es pensar cómo la usamos. Porque el riesgo que tenemos es que quede, de nuevo, al servicio del interés de otros. 

-Usted propone una especie de enseñanza mixta: que los alumnos puedan ver en sus casas algunas clases grabadas y que el aula sea un espacio de interacción, consulta, debate, ejercicios, exposición de trabajos. ¿Es viable su aplicación?

-Es un terreno bastante inexplorado y hay que hacer mucho laburo de aprendizaje. Las clases remotas no son el futuro de la educación, no es que queremos a los chicos encerrados en sus casas en lugar de estar en la escuela. Pero hay un montón de cositas que pasaron "por accidente", basadas en la circunstancia de que los chicos no pueden ir a la escuela, que están buenísimas. Y que son pequeños bloques para construir la educación que viene. Las clases remotas nos obligaron por primera vez en la historia a cambiar en serio los métodos de evaluación. Porque el método de evaluación más difundido desde siempre era la prueba a libro cerrado con preguntas fácticas que se responden de memoria. Ese mecanismo de evaluación, que no sirve para nada, no se puede hacer ahora. Porque en la computadora o el celular donde los chicos tienen que hacer el examen está Google. Y tienen WhatsApp para preguntarle a su compañero y copiarse. Eso es genial. Porque en la vida, cuando yo tengo un problema y tengo que escribir un artículo sobre determinado tema, pienso a quién conozco que sepa de eso y le pregunto, busco ayuda, investigo, hasta que construyo un discurso propio sobre el tema. Y eso es lo que te entrena un examen a libro abierto o a “internet abierto”: es una habilidad muchísimo más interesante y más rica que aprenderte de memoria todos los ríos de Europa y olvidártelos al día siguiente de la prueba. Lo hicimos por accidente y por obligación, pero es genial. Cuando puedan volver las clases presenciales, ojalá no volvamos atrás en los mecanismos de evaluación.

Por Sergio Sánchez

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La justicia europea anuló el acuerdo UE-EEUU sobre transferencia de datos personales

Duro golpe a los gigantes tecnológicos estadounidenses

La justicia europea canceló el acuerdo sobre transferencia de datos personales de usuarios de Internet entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos. El fallo, que considera que el pacto no protege de manera suficiente estos datos frente a los programas de vigilancia de Estados Unidos, afecta a las empresas que operan en la UE y que albergan sus datos al otro lado del Atlántico. El acuerdo entre ambas partes permitía "injerencias en los derechos fundamentales" de las personas cuyos datos eran enviados a Estados Unidos, destacó el Tribunal de Justicia europeo.

El caso se inició con una denuncia contra Facebook presentada por el jurista austríaco Max Schrems, un reconocido defensor de los derechos en Internet, que calificó la decisión del alto tribunal de "victoria al 100 por ciento para la privacidad". Schrems pedía la interrupción del envío de datos entre la sede europea de Facebook en Irlanda y su casa matriz en California, ya que las agencias de inteligencia americanas como el FBI o la NSA pueden reclamarlos sin control, tal como mostró el caso de Edward Snowden

Los datos personales como la geolocalización o el comportamiento de los internautas son una mina de oro para la economía digital, especialmente para los gigantes estadounidenses de Internet como Google, Facebook o Amazon. A partir de ahora, cualquier empresa que procese datos personales que provengan de la UE deberá respetar compromisos tales como informar si el dueño de los datos pretende transferirlos a terceras partes y los motivos, o no utilizar nunca los datos con un fin distinto al original.

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Sábado, 23 Mayo 2020 06:45

El dilema del prisionero digital

El dilema del prisionero digital

Sobre el culebrón de las aplicaciones de rastreo, código abierto, corporatocracia y batallas ganadas.

 

La guerra por el relato se ha ido recrudeciendo desde los inicios de la pandemia. Tras superar los primeros días de incertidumbre y miedo, la fábrica de bulos se ha puesto en marcha. Trolls orquestados organizan sus fechorías en las redes sociales generando tendencias de opinión que finalmente se acaban reproduciendo en los medios mainstream, tanto en telediarios como en programas del corazón. Hoy, la política se hace en Twitter, conocemos la vida de los y las dirigentes a través de Instagram y organizamos manifestaciones digitales a través de Facebook. Utilizamos las redes sociales y la tecnología como si fueran medios legítimos de expresión, olvidando, y obviando que son pura ideología, una vuelta de tuerca a la extracción de valor, acumulación por desposesión y vigilancia masiva.

Detrás de dichas tecnologías se encuentran las corporaciones más poderosas del mundo, que operan en connivencia con gobiernos y servicios de inteligencia. En los últimos años se han sucedido numerosos escándalos en lo que a ellas se refiere. Hagamos un recordatorio de algunos de los que evidenciaron la vigilancia y falta de privacidad a la que estamos expuestas las personas.

ESCÁNDALO VA, ESCÁNDALO VIENE

 

Entre 2013 y 2015 se publicaron en la prensa a través de las filtraciones de Edward Snowden miles de documentos sobre programas de vigilancia secreta, en los cuales se demostraba que la NSA interceptaba y vigilaba las comunicaciones de millones de personas en el mundo, en colaboración con agencias de inteligencia de varios países.

A principios de 2014, en Ucrania, ciudadanos, periodistas y personas ubicadas en los alrededores de las manifestaciones que se produjeron en Kiev, recibieron un mensaje en sus teléfonos con el siguiente contenido: “Estimado cliente: ha sido registrado como participante en un altercado masivo”. El mensaje no contenía firma, y las operadoras negaron tener conocimiento del mismo.

En junio de 2019 la Agencia Española de Protección de Datos sancionó a La Liga de fútbol Profesional con 250.000 euros por espiar a través de su aplicación móvil a los usuarios, conectando el micro y la geolocalización sin permiso para localizar así los bares que emitían los partidos sin licencia.

Uno de los escándalos más recientes que hizo cambiar nuestra percepción sobre las redes sociales sucedió en marzo de 2018, cuando un ex-empleado de Cambridge Analytica, Chrystopher Wylie, reveló que esta consultoría habría recopilado datos de unos 87 millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento. Su objetivo era crear campañas publicitarias y políticas dirigidas a perfiles concretos.

Brittany Kaiser, ex directora de desarrollo de negocios de Cambridge Analytica, facilitó al parlamento británico los correos en los que se reveló que la consultoría había trabajado en la campaña a favor del Brexit (Leave.EU).  En sus declaraciones ante el parlamento británico, Kaiser calificó algunas de las operaciones de la consultoría como técnicas de comunicaciones de grado militar. Esta categoría hace referencia a técnicas de operaciones psicológicas y de guerra de la información usadas por ejércitos y empresas privadas de defensa en zonas de conflicto para influir en el comportamiento de poblaciones. La consultoría ha sido también relacionada con la campaña de Trump y el giro de Estados Unidos hacia posiciones populistas de derechas.

 

AGUDIZACIÓN DE LA VIGILANCIA POR LA PANDEMIA

 

Las aplicaciones de seguimiento de contagios para evitar la expansión del virus se han presentado como una de las soluciones tecnológicas a la pandemia. “Es una justificación de los estados para poner la economía por delante de la vida, porque tenemos esto que nos va a ayudar. Es ‘tecnomagia’, la solución tecnológica que nos va a cuidar”, comenta Adrián Almazán, investigador sobre tecnología y las nuevas ruralidades desde una perspectiva ecosocial y miembro de Ecologistas en Acción.

Por otro lado, los bandazos que están dando las administraciones públicas en torno a las garantías de privacidad de los datos que recogen esas aplicaciones, ha levantado las suspicacias de activistas que trabajan por la privacidad, juristas, organizaciones y ciudadanía en general. La Comisión Europea ha lanzado una aplicación telefónica que, vía bluetooth, permite localizar en el entorno de la persona a otros usuarios que están o han estado infectados con coronavirus.

La científica española Carmela Troncoso estaba liderando un proyecto junto con un grupo de investigadores para desarrollar una aplicación móvil de código abierto, sin embargo, la Unión Europea dio un giro de mando y optó por una aplicación que surgía de la colaboración de los dos gigantes de internet, Google y Apple, las cuales, a través de los sistemas operativos instalados en los teléfonos de todo el mundo, podrían alcanzar a 3.000 millones de personas. Según Almazán “no es casual que Google y Apple se hayan lanzado a hacerlo porque lo que quieren garantizar es estar en todos los dispositivos, en los cuales, además de esa aplicación, hay otras muchas que operan en paralelo recabando datos”.

Este cambio de dirección ocurrió cuando los estados se estaban planteando si era bueno el rastreo y cómo. En ese momento, Google hizo alarde de su predominancia en el mercado publicando los movimientos poblacionales de 131 países desagregados por tipo de lugar en el que dicha población se movía. Google demostró rápidamente que sabía si habíamos estado en un parque, en una tienda, en casa o en la oficina. En el caso de España, los datos además estaban desagregados por comunidades autónomas. Simona Levi, de Xnet, una plataforma que trabaja en el campo de los derechos digitales y la democracia en red, comenta: “Google primero hace un tour de force mostrando todo su poderío y luego se pone al servicio de los gobiernos diciéndoles que si quieren hacer aplicaciones de traceo ellos ayudan”.

El debate que se plantea es complejo. Estamos ante una pandemia que solo se puede afrontar de una manera colectiva. La opción de las apps de rastreo por un lado permiten hacer un seguimiento de todas las personas con las que hemos estado en contacto, sin embargo, que una de las opciones que se valore sea aquella desarrollada por las dos corporaciones más poderosas del mercado, y casi del mundo, con sede en Estados Unidos y con denuncias muy graves de uso y abuso de datos y colaboración con servicios secretos estadounidenses es, como mínimo, preocupante.

Laia Serra, abogada penalista especializada en tecnologías de la información, libertad de expresión, protesta y discriminación, opina que tenemos que hacer autocrítica cuando tiramos de este hilo: “Ha habido un gran cuestionamiento de las apps propuestas por los gobiernos, cuando hay muy poca cultura de la privacidad y no está habiendo un cuestionamiento de los datos que ‘regalamos’ a las empresas de manera habitual”, comenta.

Enric Luján pertenece al colectivo Críptica, una asociación sin ánimo de lucro centrada en la defensa de la privacidad y la seguridad. Él, en este contexto, no ve tan claro que tengamos que poner la privacidad por encima de otros factores. “Como sociedad estamos ante una situación muy adversa y no tenemos una respuesta sencilla. Podemos desconectar el móvil y no instalar las aplicaciones desde el punto de vista clásico de la privacidad, sin embargo, ¿queremos estar al margen del beneficio público que supone esto ahora? Para mí, en este caso, las aplicaciones se justifican”.

Serra, además, señala que ella cree que ha habido tanto debate en torno a las aplicaciones porque tenemos un problema de confianza en los gobiernos que han “demostrado un talante autoritario durante la gestión de la crisis y que desde el año 2015 están inmersos en una deriva legislativa autoritaria”. El hecho de que la ciudadanía no sepa cómo funciona, también ha aumentado esa suspicacia. “Aún así, dentro del  debate de tecnología—seguridad, tenemos que contemplar que muchas veces el problema no es la herramientas en si, sino el uso que se le da”, apunta la abogada.

Cuando hablamos de apps de trazabilidad es necesario distinguir entre “los datos de ubicación y los datos de localización”. Para los primeros, las empresas de telefonía tiene que entregar a las autoridades, datos anonimizados. Para los segundos, se requerirá el consentimiento informado del usuario. Se permite excepcionar este régimen legal en caso de necesidad democrática por razones de seguridad nacional o de salud pública tal y como se reconoce en la Directiva sobre privacidad 2002/58/EC de 12 de julio y el de la Reglamento de tratamiento de datos 2016/679 de 27 de abril. No obstante “resulta muy difícil anonimizar los patrones de movimiento y deben realizarse tests de robustez y seguridad en la anonimización de los datos” afirma la abogada. El abrazo de corporaciones y gobiernos para implementar aplicaciones de rastreo puede ser una bomba para el capitalismo de vigilancia.

 

CORPORATOCRACIA, UNA NUEVA ERA DE CONTROL

 

¿Somos conscientes de las implicaciones que tiene el hecho de que existan corporaciones transnacionales que mediante el análisis de big data sean capaces de predecir e influir en nuestras pautas de consumo y elección de voto? ¿Son capaces nuestras democracias de ejercer un papel de contrapoder y preservar nuestros derechos y libertades? En este contexto, ¿podemos empezar a hablar de corporatocracia?

El crecimiento de las corporaciones tecnológicas de los últimos años es alarmante. En 2019, las llamadas GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) se sitúan según su valor de mercado dentro de los 6 primeros puestos de la lista Forbes Global 2000. Desde 2014 han doblado sus valores, llegando a cifras entre los 512 y los 961 mil millones de dólares.

En la dinámica extractivista del capitalismo hemos pasado por distintas fases de acumulación del capital, llegando a esta etapa en que la mercantilización ha llegado a lo más privado de cada persona, a los procesos cognitivos que determinan nuestras decisiones. Almazán habla de “procesos de digitalización total”, los cuales suponen que la extracción de valor se amplíe a casi todos los aspectos de la vida. “Supone poder expropiar o mediatizar el ámbito de la expresión, de los afectos, de la comunicación. Muchas cosas que de manera tan directa no lo estaban”. 

Luján, de Críptica, hablando de las apps de rastreo comenta que “el riesgo es que el día de mañana tengamos montada una arquitectura de la vigilancia a nivel mundial más incisiva todavía. Es muy probable que nos acabemos viendo en esa situación”. La desescalada no será inmediata. No va a haber un día que todo vuelva a ser como antes, sino que la vuelta a la normalidad será paulatina. “Las medidas implantadas no van a desaparecer ni en una semana ni en dos meses y como sociedad no tenemos experiencia en gestionar este tipo de situaciones”, sentencia.

Parece preocupante que, pese al conocimiento de las prácticas e intereses de las multinacionales de la tecnología, sigamos dando por hecho la presencia y el uso de sus productos en nuestra vida cotidiana, también en esta situación de pandemia.

 

UNA BATALLA GANADA

 

Xnet considera que existen dos aproximaciones al uso de aplicaciones móviles y el covid-19. Por un lado las que están basadas en un sistema centralizado y son propiedad de una autoridad estatal. En este caso, los contactos y la geolocalización de los individuos están en manos de dicha autoridad central, la cual ejerce un control férreo sobre la población. Son casos como el de China, Corea y que países como Francia o Alemania se estaban planteando.

Por otro lado encontramos las soluciones basadas en un sistema descentralizado y bajo el control de los y las usuarias. Los datos están en los teléfonos, y tan solo activando permisos se puede activar la alerta de contagio. Simona Levi comenta que esta segunda opción puede ser peligrosa por estar sometida a “troleos” que generen un estado de alarma ficticio. “"Esta opción debe implicar cooperación entre al menos dos actores, paciente y sistema de salud, si no en manos de personas u organizaciones que quieren crear confusión y distorsionar el debate público, podrían crear un estado de alerta total” por ejemplo, creando falsos positivos. Podríamos tener los bots que contaminan las redes sociales, distorsionando las apps de rastreo, por ejemplo.

Inicialmente, Google y Amazon se habían adherido al primer sistema. Sin embargo, las tornas han cambiado “gracias al esfuerzo de la sociedad civil internacional y la reacción de todos” comenta Levi. Ayer mismo Tim Cook, director ejecutivo de Apple anunció que la aplicación estaba lista.

“Google y Apple, que inicialmente habían optado por la opción centralizada, se están poniendo al servicio de opciones descentralizadas y de software abierto. Además se han puesto a trabajar con el consorcio suizo que son los hiperdefensores del sistema descentralizado y están auditando su código. En realidad esto es una victoria brutal” sentencia Levi. 

Según Serra, “la cesión de datos tiene una serie de principios clave, uno de ellos es que sea clara la finalidad que justifica la colecta de datos y el otro es el de proporcionalidad de los datos (en cantidad y calidad) respecto de esa finalidad. Desde el inicio (10 de marzo), entidades como la Electronic Frontier Foundation  alertaron de esas apps”. Venimos de un pasado en el que estos principios no se aplicaban y la duda es si se recrudecerá en caso de que las aplicaciones de rastreo se acaben implementando.

Es importante tomar conciencia de que el uso de tecnología también es una forma de consumo, y que utilizar las aplicaciones y productos de las grandes corporaciones significa darles poder a través de nuestros datos. Tal vez sea el momento de repensar qué relación queremos tener con la tecnología y empoderarnos de todos los beneficios que nos puede brindar.


 

Existen alternativas a las GAFAM, multitud de herramientas han sido desarrolladas por personas que trabajan para que otro internet sea posible, con el objetivo que toda la humanidad se beneficie de ellas. La transición es posible para todas, sobretodo si nos ayudamos mutuamente.

Os proponemos hacer una prueba cuanto menos inquietante, descargar todos los datos que Google tiene sobre nosotras. La cantidad de información que Google almacena sobre nosotras en forma de fotos, audios, localizaciones o contactos entre otras, es abrumadora. Y eso sin contar los metadatos.

Si queremos empezar a explorar alternativas sencillas podemos empezar por la puerta por la que accedemos a internet, el navegador y el buscador. Mozilla Firefox es un navegador que no tiene nada que envidiar a los demás, y como buscador podemos utilizar Duck Duck Go, o Startpage.

Si valoramos nuestra privacidad en las comunicaciones mediante el correo electrónico, podemos abrirnos una cuenta en Tutanota, o en Riseup si alguna compañera con cuenta nos invita.

Para las usuarias de Android, un buen comienzo puede ser descargarnos el catálogo de aplicaciones de software libre F-Droid y substituir poco a poco aquellas aplicaciones que usamos en el día a día. Así, podemos empezar a usar los mapas de Maps.me o Osmand, y comunicarnos a través de Signal o Telegram.

Otra alternativa menos popular pero muy interesante es Briar, que facilita el anonimato mediante la descentralización de los canales de comunicación, el trabajo en red y la encriptación. Una buena herramienta para videollamadas grupales es Jitsi Meet, y para audiollamadas podemos usar Mumble.

Para trabajar en un documento compartido podemos crear un pad, realizar cuestionarios con framaforms y organizar nuestro calendario a través de framagenda. Por último, si todavía usamos un sistema operativo privativo, tal vez sea el momento de lanzarnos a probar uno libre, como GNU/Linux y sus múltiples distribuciones.

Por supuesto existen muchas más alternativas que las anteriores y herramientas para casi todo aquello que queramos realizar. La curiosidad y la voluntad nos ayudará en la transición hacía una forma de relacionarnos con la tecnología que sea más horizontal y orgánica, asumiendo que es un aprendizaje continuo, y que lo ideal es hacerlo grupalmente.

Apoyemos la horizontalidad, la cooperación y la defensa de las usuarias y comunidades que nos brinda el software libre frente a los abusos de poder del software privativo.

Empecemos a tejer nuestras redes afectivas y de cuidados en esferas digitales inclusivas, seguras, y que protejan nuestros derechos y privacidad. Esta apuesta pasa por tener en cuenta la brecha digital, formarnos mutuamente y pedir ayuda a colectivos que trabajan en la defensa del software libre y de la privacidad.

Apostemos por la soberanía tecnológica, porque lo tecnológico también es político.

Lunes, 27 Abril 2020 16:44

Miedos e incompresiones que maniatan

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“Ahí viene el coco”, eso nos decían cuando niños para asustarnos, para que no fuéramos desobedientes. Y el coco tenía una forma y color únicos, y unos poderes inmensos, poderes que no podíamos enfrentar. El temor que despertaba en nosotros tal imagen nos llevaba a pedir protección, casi siempre bajo el ala protectora de mamá.

Solo llegamos a cuestionar y superar tal poder cuando ya estábamos grandecitos, cuando ganábamos cierta comprensión de la realidad, mientras ello llegaba a conjugarse la amenaza lograba su cometido.

Similar, no igual, está sucediendo ahora: con la imagen construida con un virus que puede llegar a quebrar nuestras vidas. Que es cierto, pero que en su manejo mediático los medios oficiosos se han encargado de construir un monstruo que justifica todo tipo de excesos por parte del poder, dándole paso a sociedades no solo cada vez más controladas, sino conformes de ese mismo control, pues, en este caso no mamá sino papá Estado se tiene que hacer cargo de nosotros.

 

Una sola lectura

 

Como es reconocido por todos los estudiosos del tema, el factor fundamental que está en juego con el Covid-19 y las medidas interpuestas para controlar la pandemia que desató es que la infección no suceda en masa sino a cuentas gotas, de manera que el sistema de salud no colapse. De así ocurrir todos tendrían atención plena y el número de pacientes finalmente muertos no sería dantesco.

Ese es el ideal, ya que en la realidad las sociedades se han encontrado con la privatización de los sistemas de salud y con su real postración, un quiebre que lleve a que la atención a toda la sociedad no sea plena ni eficiente, facilitando de esa manera muertes que podrían prevenirse.

También reconocen los estudiosos que en el curso de meses todos habremos sido infectados, lo que provocaría que pasado un tiempo deberíamos ser inmunes –esto siempre y cuando el virus no mute-. Una realidad que no niega la necesidad de la vacuna, la que de manera afanosa entes privados y públicos investigan y tratan de descubrir.

Un riesgo real que prolongará en los meses la alarme que nos conmueve. En su cubrimiento de esta realidad, los medios oficiosos no se han esforzado por informar de manera plena, con todas sus facetas, sobre esta realidad y las opciones existentes para enfrentar el virus; tampoco lo hacen los gobiernos del orden nacional, departamental y municipal, sometiendo a una parte de la población a un encierro “voluntario”, complacidos del poder creciente que ahora amasan, negando con ello derechos fundamentales –a la locomoción, como a la información plena, a reunión, etcétera–, dejando en vilo logros históricos de la humanidad, los mismos que de ahora en adelante se verán limitados de manera directa o indirecta –a través del registro que capturan cámaras instaladas a lo largo de las ciudades y la identificación por su conducto de posibles disidentes, señalados como enemigos del orden, tal vez “terroristas”, necesarios de aislar o “neutralizar”, todo ello por el “bien común”.

Es una (des)información que también niega una realidad palpable: ¿por qué aislar a toda la población y por qué no hacerlo solamente con quienes sufren el impacto del virus y todas aquellas personas con quienes haya tenido contacto directo o indirecto? Una opción que nunca se valoró ni se le explicó al gran público, el mismo que aterrorizado por el “coco” acepta sin mayor resistencia, pese a la precariedad económica que sobrelleva, la orden de encierro.

Tampoco se explica el origen profundo de la crisis en curso, y la posibilidad de que una y otra vez otros virus afecten a la sociedad global sino se atacan las causas estructurales que lo posibilitan, a saber, el modelo extractivista, en producción de vegetales y animales, la manipulación genética y la utilización de sus productos en el control de plagas, infecciones y en el mismo engorde de animales.

Una forma de procurar alimento que ha encubado multiplicidad de enfermedades en el ser humano, propiciando la muerte de millones por diabetes, cáncer de las vías digestivas, obesidad, y otras enfermedades producto de un sistema económico y social que en su afán de reproducir el capital desprecia la vida.

Al no aludir a las causas de lo que ahora nos afecta es obvio, por un lado, que las mayorías estén realmente desinformadas, además de asustadas y temerosas de una muerte eminente, y por el otro que reduzcan la solución –temporal– del problema al comportamiento de cada uno, dejando a un lado al modelo socio-económico, a las multinacionales del agro como de los alimentos, al modelo urbano soporte de la industria automotriz y la alta tasa de contaminación atmosférica que desprende, haciendo cada vez menos respirable el aire en las urbes.

Una visión y comunicación parcelada de la coyuntura que de parte de los gobierno, en una proyección de mediano y largo plazo, tampoco llama a la sociedad en general a emprender proyectos asociativos de base, de todo tipo, para no salir de esta crisis sometidos y dependientes del Estado, y sí airosos y con dinámicas solidarias en curso, unas dinámicas tales que también rompan la dependencia de las multinacionales y retomen la experiencia y producción local, autosostenible, que para el caso de la agricultura retome técnicas de sol y maleza, la convivencia en un mismo terreno de variedad de plantas, dejando a un lado la permanente fumigación de las plantas; y en el caso de los animales deshacinando su cría, así como variando su alimentación –que ahora está basaba en granos producidos bajo manipulación genética. De no ser así, la toxicidad, los venenos incorporados por plantas y animales, en su ciclo final seguirán llegando al cuerpo humano, propiciando el cúmulo de enfermedades “raras” que hoy le acechan.

Es un discurso, una reproducción de imágenes y mensajes que encuentra a las organizaciones alternativas sin capacidad para contrarrestarlo. Una incapacidad soportada sobre la inexistencia de un modelo comunicacional integral, dinámico, moderno, con soporte en los bastiones más fuertes de la cultura nacional, de las propuestas tejidas por las comunidades más diversas en décadas de resistencia, y de los ecos de transformación global que vivimos, desde los cuales y con los cuales disputar la opinión pública.

Un modelo inexistente y que para las prácticas dominantes en lo social termina reducido a la utilización y la circulación de mensajes por las redes sociales, que más allá de lo que piensan unos y otras, no alcanza a entretejer lo fundamental de lo que debe ser un sistema de comunicación alternativo y, por lo tanto, no pasa de seguir reproduciendo imágenes y discursos que por más válidos que sean, por ese simple hecho no implica que permeen el tejido social ni alcancen a sensibilizar a las mayorías, que siguen bebiendo en los vasos que le extiende el establecimiento. Mensajes autocomplacientes con matrices ideológicas que no se preocupan por desestructurar el discurso del contrario ni por cuestionar de manera efectiva el sometimiento y la dependencia ampliada de la sociedad respecto del Estado.

Es una realidad tan potente que permite sin consecuencia alguna que el gobierno, y el establecimiento en su conjunto, puedan prolongar la cuarentena, quincena tras quincena, basados en un modelo impuesto internacionalmente que desprecia o desconoce otros escenarios posibles para enfrentar igual problemática, así como las consecuencias sociales, económicas y otros órdenes que su actuar desprende sobre el conjunto social, en especial los excluidos de siempre, en una primera escena los 13 millones y más de informales, así como los más de dos millones de desempleados.

Con el “coco” encima, con su sombra que nos obliga a cerrar los ojos, sin querer mirar ni al frente, ni atrás ni a los lados, buscando el ala protectora en este caso del Estado, ¿será posible así construir una alternativa social a esta crisis como a la que se avecina en el campo económico? ¿Será posible así mostrarle a las mayorías que tenemos alternativas colectivas para enfrentar y superar ambas contingencias? ¿Será posible así no olvidar el 21N y todas sus demandas pendientes de resolución efectivas, así como contener la ofensiva aniquiladora que prosigue arrebatando vidas a los liderazgos locales? ¿Será posible así romper el silencio sobre esos mismos asesinatos y evidenciar cómo los mismos están relacionados con un modelo social que en su esquema industrial, agropecuario y territorial es la causa de situaciones como las que hoy nos aislan a unos/as de otros/as?

 

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La alternativa por construir

 

Incapacidad informativa que permite, por un lado, que una parte sustancial del peso del encierro caiga sobre los sectores populares, donde residen los más de 13 millones de trabajadores que viven al día –revisen la excepciones para el encierro y verán que esto es así–, pero por otro lado impide confrontar al establecimiento, a su modelo neoliberal propiciador de las crecientes exclusiones que reinan en nuestro país, como de la privatización efectiva de todos los servicios públicos, entre ellos la salud.

Un modelo político, social y económico tal que agarró a más de 200 mil hogares por todo el país desconectados del servicio de agua por incapacidad económica para pagar la factura, que no tarda en llegar mes a mes.

Incapacidad, pobreza, miseria que desnuda la negación efectiva en nuestro país de los derechos humanos, unos derechos reducidos a vil mercancía, para recuperar los cuales (uno de los retos que desprende la crisis en curso), los sectores alternativos reciben la bandera para izar la demanda de desmercantilizarlos, pasando a una administración común de los mismos, para no volver al viejo modelo estatal–clientelar que ya padecimos.


Unos retos que nos demandan, para su disputa efectiva ante la opinión pública, la puesta en marcha de un Sistema Nacional de Comunicación Alternativo, síntesis de la multiplicidad de experiencias que en este campo existen entre estudiantes, sindicatos, Ongs, cooperativas, organizaciones sociales, etcétera. Un Sistema que responda de manera dinámica, plural y en tiempo real, al reto comunicativo potenciado por la tercera como por la cuarta revolución industrial.

Precisamente, es lo producido por estas revoluciones industriales lo que ha fortalecido el poder de las comunicaciones, facilitando que los medios oficiosos difundan un mensaje de status quo que por lo menos confunde o desmoviliza a un segmento importante de nuestra sociedad. Es un poder reconfirmado por el virus de moda. Verificación con valor sustancial toda vez que la emergencia y ampliación de las redes sociales había creado entre múltiples expresiones de los actores sociales alternativo la sensación contraria.

Una errada apreciación nacida del acceso abierto y múltiple a un conjunto de canales de comunicación a través de los cuales es posible interactuar al instante, en vivo, lo que multiplica su impacto. Un acceso que deja por fuera los impedimentos de otras épocas para poder contar con medios propios, en especial el de capital.

Es una posibilidad que con el paso de los años todos y cada uno de los procesos sociales fue asumiendo, bien a través de diseñar y administrar sus páginas web y en ellas presentando a la sociedad sus diferentes propósitos, bien dándole onda a programación radial, bien construyendo sus canales de video, como también poniendo a rotar sus informativos escritos.

Una dinámica abordada a pulso, con el esfuerzo y afán de cada organización –pequeña, mediana o grande– de hacer lo mejor posible en este campo, y con la ilusión de que lo está haciendo bien, pese a lo cual, para unas como para otras, el impacto de su mensaje no trasciende a sus propios afiliados, socios, amigos o influencia más cercana. Es decir, se cambió de soporte –mayoritariamente el papel– por lo virtual pero se continúo haciendo lo mismo que antes: chapolas, agitación, denuncia, pero no mucho más.

Una acción comunicativa que como antes era norma, no intenta conjunción de esfuerzos con procesos similares o simplemente cercanos gremial, social o políticamente, pero que tampoco pretende ascender sobre el conjunto social, para plasmar y ampliar en su tejido un proyecto de país alterno, sino que se conforma, como premio de consolación, con actuar y dejar sus huellas sobre el entorno inmediato.
Un desinterés por la acción común que también se extiende al desconocimiento efectivo que tienen y nos ofrecen las nuevas tecnologías y su posible eco sobre la sociedad –de lo comunicativo– de ser bien usadas.

Conformes con su utilización parcial o mínima, también su impacto es parcial o mínimo. Queda al margen su valoración y utilización efectiva de las nuevas tecnologías, y con ello la posibilidad de interactuar con escritura, imagen y sonido, así como de hacerla en tiempo real, buscando construir audiencias cada vez más amplias, las cuales ya no sean las receptoras de mensajes sino también, y esto es lo ideal, quienes crean el mensaje. Un camino para construir o potenciar desde el movimiento social.

Un proceder comunicativo conformista para el cual, mientras trasmita lo que pienso, con la falsa ilusión que mucha gente está sintonizada conmigo, me doy por satisfecho. Así, con este proceder y este mar de islas ahora llamadas dominios .com, .co, .org, .info, persiste, se multiplica y prolonga la atomización social. Un accionar que oculta, que lleva a insuflar la imagen de lo que no es, como resultado del eco alcanzado por el mensaje alternativo en ciertas coyunturas, bien de lucha callejera, bien en tiempo electoral.

Un actuar que no es ajeno a la concepción política-alternativa imperante, para la cual continúan dominando los proyectos de un solo color político, inflamados de voluntarismo, abrigados en la certeza histórica de su causa, concluyendo por ello, por ese solo precepto, que toda la sociedad está de acuerdo con sus ilusiones: –nosotros somos el centro del país y del universo–.

Nada más lejano de la realidad. La comunicación, como la sociedad toda, es un campo en permanente disputa y en el cual no es posible disputar de manera efectiva a través de islas dispersas ni de mensajes cargados de ideología. De ahí la importancia irrenunciable de construir un Sistema Nacional de Comunicación Alternativo, el cual reúna, retome y potencie las capacidades, recursos y acumulados de diversos procesos, para entre todos y todas darle forma a un mensaje pensando para todos los públicos , interactivo, dinámico, abierto, plural, que fluya por diversidad de canales; mensaje puesto a circular con la consciencia que está en disputa con otros muchos y entre ellos con el construido y difundido por los medios oficiosos, el dominante entre nosotros pues son parte del poder que controla y prolonga una realidad aceptada desde hace mucho tiempo por las mayorías. Es decir, la disputa no es simplemente con los otros mensajes, es con toda la superestructura vigente y al ser así en disputa con la raíz cultural que ahonda un dominio, unos valores, una moral, una ética, un sentido de la vida.

Una superestructura soporte del “coco” que ahora deambula en forma de virus y con el cual nos han llevado a guardar un silencio que le deja expedito todo el terreno al establecimiento. Sin mensaje no es factible la disputa de proyecto histórico, por más que aremos en el terreno local.

 

 

Publicado enEdición Nº267
El origen evolutivo del lenguaje, 20 millones de años antes de lo que se creía

Expertos descubrieron el segmento de una vía del cerebro humano, importante para procesar el habla

Un equipo internacional de investigadores descubrió que los orígenes evolutivos del lenguaje se remontan, como mínimo, a hace 25 millones de años, mucho más atrás en el tiempo de lo que se pensaba hasta ahora.

Los científicos identificaron que la vía del lenguaje humano en el cerebro tiene al menos 25 millones de años, 20 millones de años más de lo que se pensaba anteriormente, según publican en la revista en Nature Neuroscience.

Antes, muchos científicos pensaban que un precursor de la vía del lenguaje había surgido más recientemente, hace unos 5 millones de años, con un antepasado común de simios y humanos.

Para los neurocientíficos, esto es comparable a encontrar un fósil que ilumine la historia evolutiva. Sin embargo, a diferencia de los huesos, los cerebros no se fosilizaron. En cambio, los neurocientíficos necesitan inferir cómo podrían haber sido los cerebros de los antepasados comunes al estudiar los escáneres cerebrales de los primates vivos y compararlos con los humanos.

Chris Petkov, de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Newcastle (Reino Unido) y líder del estudio, explica que "es como encontrar un nuevo fósil de un antepasado perdido hace mucho tiempo. También es emocionante que aún pueda descubrirse un origen más antiguo".

Equipos de científicos europeos y estadunidenses llevaron a cabo el estudio y análisis de imágenes cerebrales de regiones auditivas y vías cerebrales en humanos, simios y monos.

Descubrieron un segmento de esta vía del lenguaje en el cerebro humano que interconecta la corteza auditiva con las regiones del lóbulo frontal, importante para procesar el habla y el lenguaje.

Vínculo auditivo

Aunque el habla y el lenguaje son exclusivos de los humanos, el vínculo a través de la vía auditiva en otros primates sugiere una base evolutiva en la cognición auditiva y la comunicación vocal.

Petkov agrega: "Predijimos, pero no podíamos saber con certeza, si la vía del lenguaje humano puede haber tenido una base evolutiva en el sistema auditivo de los primates no humanos. Admito que nos sorprendió ver una ruta similar escondida dentro del sistema auditivo de esos seres".

El estudio también ilumina la notable transformación de la vía del lenguaje humano. Se encontró una diferencia humana clave: el lado izquierdo humano de esta vía cerebral era más fuerte y el lado derecho parece haber divergido del prototipo evolutivo auditivo para involucrar partes no auditivas del cerebro.

Búsqueda neurobiológica

Además, dado que los autores predicen que el precursor auditivo de la vía del lenguaje humano puede ser aún más antiguo, el trabajo inspira la búsqueda neurobiológica de su origen evolutivo más temprano, el próximo fósil cerebral, que se encuentra en animales más distantes relacionados con los humanos.

Timothy Griffiths, neurólogo consultor de la Universidad de Newcastle, destaca que "el descubrimiento tiene enorme potencial para comprender qué aspectos de la cognición y el lenguaje auditivo humano pueden estudiarse con modelos animales de formas que no son posibles con ellos y simios. Ya ha inspirado nuevos estudios, incluso con pacientes de neurología".

Noam Chomsky

Noam Chomsky nos atendió el miércoles 8 de abril desde su casa de Tucson (Arizona), donde se refugia con su esposa Valeria. Mantuvimos esta entrevista justo antes de que el senador Bernie Sanders anunciara la suspensión de su campaña para la candidatura del Partido Demócrata, lo que convertía al antiguo vicepresidente Joe Biden en el candidato al que se habrá de enfrentar Donald Trump en las elecciones de noviembre. Empecé preguntándole al profesor Chomsky acerca de lo que está ocurriendo ahora mismo en el contexto de las elecciones de 2020 y de lo que cree que va a ocurrir en noviembre.

Noam Chomsky: Si Trump resulta reelegido, el desastre es indescriptible. Significa que las políticas de estos últimos cuatro años, que han sido sumamente destructivas para la población estadounidense, para el mundo, se seguirán aplicando y probablemente se acelerarán. Lo que esto supondrá sólo para la salud es tremendamente grave. Ya mencioné los datos publicados por The Lancet. Irá a peor. Lo que supone para el medioambiente o la amenaza de una guerra nuclear, algo de lo que nadie habla, pero que es sumamente grave, es indescriptible.

Supongamos que Biden sale elegido. Diría que básicamente sería una continuación de Obama: nada espectacular, pero al menos no totalmente destructivo, y ofrecería oportunidades para que una sociedad organizada cambie lo que se está haciendo, ejerza presión.

Actualmente, con frecuencia se afirma que la campaña de Sanders ha sido un fracaso. Creo que es un error. Creo que ha sido un éxito extraordinario porque ha modificado por completo el escenario de debate y discusión. Cuestiones que eran inconcebibles hace un par de años ahora están en el foco de atención.

El peor delito que ha cometido, a ojos de las clases dirigentes, no es la política que propone, sino el hecho de que ha sido capaz de estimular movimientos populares que ya habían empezado a desarrollarse –Occupy, Black Lives Matter y muchos otros– y convertirlos en una corriente activista que no solo aparece cada dos años para presionar a un dirigente y se da media vuelta, sino que ejerce una presión constante, un activismo constante. Esto podría afectar a un gobierno de Biden. También significa, aunque solo se trate de una acción defensiva preventiva, que ha llegado el momento de lidiar con una crisis de gran magnitud.

Analicemos Medicare for All o la otra pieza principal del programa de Sanders, la educación universitaria gratuita. En todo el espectro de las corrientes ideológicas principales, incluso lo que llaman la izquierda dentro de dichas corrientes, las desaprueban porque las consideran demasiado radical para los estadounidenses. Pensemos en lo que esto significa. Es un ataque a la cultura y la sociedad estadounidenses, algo que se esperaría de un enemigo hostil. Esto significa que afirmar que deberíamos estar a la altura de países similares resulta demasiado radical. Todos tienen algún tipo de sistema nacional de salud, en la mayoría la educación superior es gratuita: los países con mejores resultados, como Finlandia, gratuita; Alemania, gratuita; nuestro vecino del sur, México, un país pobre, posee una educación superior de gran calidad, gratuita. Así que, para los estadounidenses, decir que deberíamos estar a la altura del resto del mundo se considera demasiado radical. Es un comentario asombroso. Como he dicho, es una crítica a Estados Unidos que se esperaría de un enemigo muy hostil.

Esta es la izquierda del espectro político. Lo cual indica que tenemos problemas sumamente graves. No es solo Trump. Él lo ha agravado todo aún más, pero los problemas son mucho más graves, como, por ejemplo, la catástrofe de los respiradores, que describí en su momento, basada en la lógica capitalista y con el mazazo extra de un gobierno ineficaz a la hora de lidiar con cualquier asunto. Esto va mucho más allá de Trump. Y tenemos que enfrentarnos a los hechos. Algunas personas lo hacen. Seguro que informaste –no lo recuerdo–,  probablemente informaste de que había que poner en marcha el Reloj del Apocalipsis en enero. ¿No?

Sí.

Fíjate en lo que ocurrió. Durante todo el mandato de Trump, el minutero del Reloj del Apocalipsis, el mejor indicador general de la situación del mundo, se acercó a la medianoche –el final–,  alcanzó el punto más alto de su historia. El pasado mes de enero, lo sobrepasó. Los analistas pasaron de los minutos a los segundos: cien segundos para alcanzar la medianoche, gracias a Donald Trump.

Y el Partido Republicano, que es monstruoso, ya no se puede calificar de partido político. Se limita a repetir, con vergüenza, todo lo que dice el amo. Carece absolutamente de integridad. Observarlo es increíble. Se ha rodeado de una colección de psicópatas que se limita a repetir con sumisión todo lo que dice. Un verdadero ataque a la democracia, junto con el ataque a la supervivencia de la humanidad... La guerra nuclear, aumentar la amenaza de una guerra nuclear, desmantelar el sistema de control de armas que, en cierto modo, nos ha protegido del desastre total... Observarlo es asombroso.

El mismo memorando que cité sobre el modo en que las políticas que estamos adoptando están arriesgando la supervivencia de la humanidad concluía argumentando que los bancos debían reducir su apoyo a los combustibles fósiles, en parte por las consecuencias para su reputación. La reputación de los bancos se está viendo perjudicada. ¿Y eso qué significa? Significa que los activistas los están presionando y tienen que conservar cierta reputación. Esa es una buena lección.

El Partido Republicano, que es monstruoso, ya no se puede calificar de partido político. Se limita a repetir, con vergüenza, todo lo que dice el amo

Y funciona. Hemos visto varios ejemplos muy llamativos. Por ejemplo, el Green New Deal. Hace un par de años era objeto de burla, si es que se llegaba a mencionar. Algún tipo de Green New Deal es esencial para la supervivencia de la humanidad. Ahora forma parte de todas las agendas. ¿A qué se debe? Al compromiso del activismo. Especialmente del Sunrise Movement, un grupo de jóvenes que llevaron a cabo acciones relevantes hasta el punto de llegar a los despachos del congreso. Recibieron el apoyo de Alexandria Ocasio-Cortez y otros jóvenes legisladores que llegaron a su cargo como parte de la oleada popular que se inspiró en Sanders: otro gran éxito. Ed Markey, senador por Massachusetts, se sumó a la causa. Ahora forma parte de la agenda legislativa. El siguiente paso es hacerlo viable para forzar su aprobación. Hay muy buenas ideas para lograrlo. Y esa es la forma de cambiar las cosas.

Si Biden alcanzara la presidencia, no sé si habría un gobierno absolutamente comprensivo, pero al menos sería abordable, se podría ejercer cierta presión. Y eso es muy importante. Si echamos un vistazo al estupendo historiador especializado en asuntos laborales –seguro que conoce a Erik Loomis, que ha estudiado los esfuerzos de la clase trabajadora para introducir cambios en la sociedad, en ocasiones en beneficio de los trabajadores, en ocasiones en beneficio de la sociedad en general–, presentó una idea muy interesante. Esos esfuerzos tenían éxito cuando había un gobierno tolerante o comprensivo, no cuando no lo había. Hay una gran diferencia –una de las muchas diferencias enormes entre Trump, el sociópata, y Biden, que es un poco vacuo– en poder presionar de un modo u otro. Es la elección más crucial de la historia de la humanidad, literalmente. Cuatro años más de Trump nos expondría a un grave problema. 

¿Cómo es posible que Estados Unidos, el país más rico del mundo, se haya convertido en el epicentro de la pandemia?

Los países han reaccionado de formas muy diversas, algunos con notable éxito, otros con más o menos éxito. Hay uno que ha tocado fondo. Nosotros. Estados Unidos es el único país importante que ni siquiera puede proporcionar datos a la Organización Mundial de la Salud porque es sumamente disfuncional.

Esto tiene un origen. Parte de dicho origen es un sistema sanitario vergonzoso, que sencillamente no está preparado para nada que se salga de lo normal. Simplemente no funciona. Esto se ha visto agravado por la presencia de una extraña colección de gánsteres de Washington que pareciera como si, de forma sistemática, hubieran adoptado todas las medidas posibles para hacerlo lo peor posible. Durante el mandato de Trump, estos últimos cuatro años, se han recortado sistemáticamente en todos los aspectos relacionados con la salud. El Pentágono progresa. La construcción de su muro progresa. Pero cualquier otra cosa –de hecho, cualquier cosa que pudiera beneficiar a la población en general– empeora, y en particular la sanidad.

Durante el mandato de Trump se han recortado sistemáticamente  todo lo relacionado con la salud. El Pentágono progresa. La construcción de su muro progresa. Pero cualquier otra cosa empeora, y en particular la sanidad

Algunos casos son casi surrealistas. Por ejemplo, en octubre, en un momento tremendamente oportuno, [Trump] canceló por completo un proyecto de la agencia para el Desarrollo de EE. UU. –se llamaba Predict– que trabajaba con países del Tercer Mundo y también en China, para tratar de detectar virus nuevos que podían convertirse en la pandemia prevista. Y de hecho desde entonces se preveía –al menos a partir de la epidemia del SARS en 2003–. De modo que tenemos una combinación de factores, algunos de ellos específicos de Estados Unidos.

Si queremos asegurarnos, o al menos tener la esperanza, de poder evitar nuevas pandemias –que es muy probable que lleguen y más graves que esta, en parte debido a la enorme y creciente amenaza del calentamiento global– tenemos que estudiar el origen de esta. Y es muy importante analizarlo detenidamente. De modo que, si echamos la vista atrás, los científicos llevan años prediciendo pandemias. La epidemia del SARS fue bastante grave. Se logró contener, fue el comienzo del desarrollo de las vacunas, pero nunca llegaron a la fase de prueba. Entonces ya se sabía que iba a ocurrir algo más y hubo otras epidemias.

Pero no basta con saberlo. Alguien tiene que coger el testigo y entregarse a ello. ¿Y quién puede hacerlo? Lo lógico sería que fueran las empresas farmacéuticas, pero no están interesadas. Siguen la buena lógica capitalista: las señales del mercado indican que prepararse para una catástrofe anticipada y prevista no genera beneficios. De modo que no les interesaba.

En ese momento, otra posibilidad es que el gobierno tome cartas en el asunto. Tengo edad suficiente para recordar que se puso fin al horror de la polio gracias a un proyecto que puso en marcha y financió el gobierno y que derivó en la vacuna de Salk, que era gratis, carecía de derechos de propiedad intelectual. Jonas Salk dijo que debía ser libre como el viento. Muy bien, se logró acabar con el horror de la polio, el horror del sarampión y otros. Pero el gobierno no ha podido tomar cartas en este asunto a causa de otro aspecto particular de la época moderna: la plaga neoliberal. Recordemos la alegre sonrisa de Ronald Reagan y su frasecilla que afirmaba que el gobierno es el problema, no la solución. De modo que el gobierno no puede intervenir.

Las farmacéuticas siguen la buena lógica capitalista: las señales del mercado indican que prepararse para una catástrofe anticipada y prevista no genera beneficios

Se han hecho esfuerzos, no obstante, para intentar prepararse para esto. Ahora mismo en Nueva York y otros lugares, médicos y enfermeras se ven obligados a tomar decisiones angustiosas sobre a quién matar –una decisión nada agradable– simplemente porque no tienen suficiente equipamiento. Y el obstáculo principal es la falta de respiradores, una enorme escasez de respiradores. Ahora bien, el gobierno de Obama se esforzó en intentar prepararse para esto. Y esto revela, de forma radical, el tipo de factores que nos conducen a la catástrofe. Contrataron a una pequeña empresa que estaba fabricando respiradores de gran calidad a bajo coste. La empresa fue adquirida por una más grande, Covidien, que fabrica respiradores sofisticados y caros. Y dejaron de lado el proyecto. Presumiblemente no querían que compitieran con los suyos, más costosos. Poco después, comunicaron al gobierno que querían rescindir el contrato. La razón era que no era suficientemente rentable, por lo que no se hicieron más respiradores.

Lo mismo ocurre con los hospitales. Los hospitales, según los programas neoliberales, se supone que tienen que ser rentables, es decir, no pueden tener capacidad de más, solo el suficiente número de camas para arreglárselas. Y de hecho, mucha gente, yo incluido, puede testificar que incluso los mejores hospitales han causado gran dolor y sufrimiento a los  pacientes, ya antes de que estallara esta pandemia, debido a este concepto de eficiencia bajo mínimos que maneja nuestro sistema sanitario privatizado con ánimo de lucro. Cuando algo se sale de lo normal, mala suerte. Y así funciona todo el sistema.

De modo que tenemos una combinación de la lógica capitalista, que es letal pero controlable, pero que es incontrolable siguiendo los programas neoliberales, que además dictan que el gobierno no puede intervenir y coger el testigo cuando el sector privado no lo hace.

Para más inri –y esto atañe específicamente a Estados Unidos– tenemos un espectáculo circense en Washington, un gobierno totalmente disfuncional, que está causando graves problemas. Y no es que no se supiera nada. Durante todo el mandato de Trump, incluso antes, se sabía que se avecinaba una pandemia. Su reacción fue reducir su prevención. Sorprendentemente, esta actitud continuó incluso después de que se manifestara la pandemia.

De modo que, el 10 de febrero, cuando ya era grave, Trump publicó sus presupuestos para el próximo año. Échenle un vistazo. El presupuesto mantiene el recorte de fondos del Centro para el Control de Enfermedades y demás instituciones gubernamentales responsables de la salud, sigue recortándolas. Aumenta la financiación de algunas cosas, como la producción de combustibles fósiles, concede nuevas subvenciones a las industrias de combustibles fósiles. Es decir, es como si el país sencillamente estuviera… Mejor dicho, el país sencillamente está gobernado por sociópatas.

Y la consecuencia, por tanto, es que reducimos los esfuerzos para lidiar con la pandemia que está tomando forma y aumentamos los esfuerzos por destruir el medioambiente –los esfuerzos en los que Estados Unidos, bajo el mandato de Trump, va a la cabeza en la carrera hacia el abismo. Ahora bien, hay que tener en cuenta que eso –obviamente– es muchísimo más grave que la amenaza del coronavirus. Y es nocivo y grave, en particular en Estados Unidos, pero de algún modo nos recuperaremos, a un precio muy alto. No nos recuperaremos del derretimiento de las placas de hielo polar, que está derivando en un efecto retroactivo, bien conocido, que va en aumento: a medida que se derriten, disminuye la superficie reflectante y aumenta la absorción en los mares oscuros. El calentamiento que provoca el derretimiento aumenta. Y solo es uno de los factores que nos lleva a la destrucción, a menos que hagamos algo al respecto.

Estados Unidos, sencillamente, está gobernado por sociópatas

Y no es ningún secreto. Recientemente, por ejemplo, hace un par de semanas, se filtró algo muy interesante, un memorando de JPMorgan Chase, el banco más importante de Estados Unidos, que advertía de que, según sus propias palabras, “la supervivencia de la humanidad está en peligro si continuamos nuestro camino actual”, que incluía la financiación de las industrias de combustibles fósiles por parte del propio banco; es decir, estamos poniendo en peligro la supervivencia de la humanidad. Cualquiera que tenga los ojos abiertos en el gobierno de Trump es perfectamente consciente de ello. Es difícil encontrar palabras para calificarlo.

(...) Trump está desesperado por encontrar un chivo expiatorio al que culpar por sus espeluznantes errores e incompetencia. El más reciente es la Organización Mundial de la Salud, el ataque a China. El responsable siempre es otro.

Sin embargo, es sencillo, los hechos son muy claros. El pasado mes de diciembre China informó rápidamente a la Organización Mundial de la Salud de que se encontraban con pacientes con síntomas similares a la neumonía de etiología desconocida. No sabían qué era. Aproximadamente una semana después, el 7 de enero, comunicaron a la Organización Mundial de la Salud, la comunidad científica internacional, que los científicos chinos habían descubierto el origen: un coronavirus parecido al virus del SARS. Habían identificado la secuencia, el genoma. Estaban proporcionando la información al mundo.

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos eran perfectamente conscientes de ello. Durante los meses de enero y febrero intentaron que alguien en la Casa Blanca prestara atención a la llegada de una grave pandemia. Sencillamente, nadie les escuchaba. Trump estaba fuera jugando al golf o tal vez escuchando o comprobando sus índices de audiencia en televisión. Ayer supimos que a finales de enero, un funcionario de alto nivel, muy cercano al gobierno, Peter Navarro, había enviado un mensaje muy contundente a la Casa Blanca afirmando que se trataba de un peligro real. Pero ni siquiera él tuvo éxito.

Noam, usted menciona a Peter Navarro, delegado de comercio, que envió un memorando –acaba de publicarse en The New York Times– a finales de enero advirtiendo de que con el coronavirus podían morir aproximadamente un millón de personas. Y la reacción de Trump en ese contexto fue prohibir los viajes desde China, no actuar en consecuencia, que era asegurarse de que Estados Unidos tenía los test adecuados y los EPIs, el equipo de protección individual, que los médicos, enfermeras, el personal de limpieza de los hospitales necesitaban para sobrevivir, tratar a los pacientes y ayudarles a ellos a sobrevivir. Y ha salido a la luz que las agencias de inteligencia, en ese momento, incluso antes que Navarro, estaban advirtiendo a Trump. Si pudiéramos retroceder a hace dos años, cuando disolvió la unidad para pandemias dentro del Consejo Nacional de Seguridad, pongamos cuando estaba en China departiendo acerca de gastar dinero en bombas o un muro, que le dijeran: “Señor, también tiene que fijarse en lo que está ocurriendo aquí”. Y esa unidad, la unidad para pandemias, no solo se ocupa de cómo procedemos en Estados Unidos, sino que también se asegura –tal y como hace el Centro de Control de Enfermedades (CDC) y otros organismos del gobierno de Estados Unidos– de enviar científicos a otros países, como China, para investigar y ayudar a otros países, porque cuando se trata de una pandemia tenemos que ir todos a una. De modo que, ¿podría hablarnos de estas advertencias y por qué los test y los equipos de protección individual son tan importantes?

Hay que recordar que esa actitud continuó incluso después de que la pandemia estuviera presente. Ahora bien, la propuesta presupuestaria es asombrosa. Se hace el 10 de febrero, con la pandemia muy avanzada. Trump recorta aún más los materiales gubernamentales relativos a la salud para seguir atacando. Estaban en el patíbulo, al igual que durante todo su mandato.

De hecho, las imágenes que has mostrado antes son parte de una estrategia muy inteligente. Independientemente de que sea algo planeado a conciencia o simplemente intuitivo, eso no lo sé. Pero seguir la pauta de hacer una afirmación, contradecirla mañana y salir con algo nuevo al día siguiente es realmente brillante. Significa que lo van a justificar. Pase lo que pase, lo habrá dicho. Si disparas flechas al azar, alguna dará en el blanco. Y la técnica que emplea con el altavoz de Fox y una base de admiradores que solo sintonizan la Fox, Limbaugh, etc., simplemente van a escoger lo que resultó ser cierto y dirán: “Miren a nuestro maravilloso presidente, el mejor presidente de la historia, nuestro salvador, lo supo desde el principio como muestran sus declaraciones”. No falla.

Se asemeja mucho a la técnica de fabricar mentiras constantemente. Ya sabemos cómo funcionan, no hace falta insistir en el tema. Los diligentes verificadores de informaciones llevan la cuenta. Creo que hasta ahora hay detectadas unas 20.000. Y mientras Trump se muere de la risa. Es perfecto. No paras de decir mentiras y lo que ocurre es que el concepto de verdad simplemente desaparece. 

En un fragmento del The Daily Show, de Trevor Noah, que se llama “Homenaje a los estúpidos heroescépticos de la pandemia del coronavirus”, aparecen varios miembros de los medios de comunicación de derechas, como Sean Hannity, Rush Limbaugh, Tomi Lahren y otros, así como congresistas republicanos y miembros del gobierno de Trump, minimizando o burlándose de la pandemia del coronavirus. Empieza el 24 de febrero y termina con Donald Trump el 17 de marzo y Hannity el 18 de marzo diciendo que ellos siempre se habían tomado la pandemia en serio.  De modo que, cuando usted escucha las noticias de Fox News –que no es un canal cualquiera, es la gente con la que se comunica el presidente Trump. Tal vez sean sus consejeros, porque continuamente le quitaron hierro a la situación–, ¿considera que el presidente Trump es responsable? ¿Diría que tiene las manos manchadas de sangre?

No hay duda. Trump hace una declaración disparatada. Después es amplificada por el altavoz de Fox News. Al día siguiente dice lo contrario. Se hacen eco; el altavoz lo amplifica. Hay que fijarse en el tono, el tono del reportaje es interesante. Es de una confianza absoluta, no lo que cualquier persona sensata y en su sano juicio diría: “No lo sabemos con certeza. Hay mucha incertidumbre. Hoy las cosas están así”. Nada por el estilo. Confianza absoluta. Independientemente de lo que nuestro querido líder diga, lo amplificamos. Y es un diálogo interesante. Amplifican lo que dice. Sean Hannity dice: “Es la mejor maniobra que se ha hecho en la historia universal”. Y a la mañana siguiente, Trump sintoniza Fox & Friends y escucha lo que se ha dicho. Se convierte en su reflexión del día. Es una interacción, Murdoch y Trump se preparan literalmente para intentar destrozar el país y destrozar el mundo, porque en el fondo, no debemos olvidarlo, hay una amenaza muchísimo mayor, que cada vez está más cerca, mientras Trump se abre camino hacia la destrucción.

Recibe ayuda. Así, en el hemisferio sur, bien abajo, hay otro loco, Jair Bolsonaro, que rivaliza con Trump para ver quién puede ser el peor criminal del planeta. Le está diciendo a los brasileños: “Esto no es nada. Solo es un resfriado. Los brasileños no contraemos virus. Somos inmunes”. Su ministro de Sanidad y otros funcionarios están intentando intervenir y decir: “Esto es muy serio”. Muchos gobernadores, afortunadamente, están ignorando lo que dice. Pero Brasil se enfrenta a una terrible crisis. De hecho ha llegado hasta el punto de que en las favelas, los barrios pobres de Río, donde el gobierno no hace nada por la gente, otros han intervenido para, en la medida de lo posible, imponer restricciones sensatas bajo esas miserables condiciones. ¿Quién? Las bandas criminales. Las bandas criminales que torturan a la población han intervenido para intentar imponer normas sanitarias. La población indígena se enfrenta prácticamente a un genocidio, lo cual no le importaría a Bolsonaro porque, en cualquier caso, cree que no deberían estar allí. Entretanto, mientras todo esto ocurre, se publican artículos científicos advirtiendo de que en 15 años el Amazonas pasará de ser un sumidero neto de carbono a un emisor neto de CO2. Algo devastador para Brasil –de hecho, para el mundo entero.

La población indígena se enfrenta prácticamente a un genocidio, lo cual no le importaría a Bolsonaro porque, en cualquier caso, cree que no deberían estar allí

De modo que tenemos al llamado Coloso del Norte en manos de unos sociópatas, que están haciendo todo lo que pueden para perjudicar al país y al mundo. Y al llamado Coloso del Sur que, a su manera, está haciendo lo mismo. Sigo la situación de cerca porque mi esposa Valeria es brasileña y me mantiene al día con las noticias que están apareciendo en Brasil. Y, sencillamente, es asombroso.

Sin embargo, mientras tanto, hay países que están reaccionando con sensatez. De modo que, en cuanto empezaron a llegar las noticias de China –y hubo muchas enseguida, al contrario de lo que se está diciendo– los países de la periferia de China empezaron a reaccionar –Taiwán, Corea del Sur, Singapur–  de una manera bastante efectiva. Algunos de ellos lo tienen básicamente bajo control. Nueva Zelanda aparentemente ha contenido el coronavirus, tal vez casi por completo, con un confinamiento inmediato durante un par de semanas, y parece que está a punto de eliminarlo. En Europa, la mayor parte de los países vacilaron, pero algunos, los mejor organizados, actuaron enseguida. Es muy llamativo. Sería muy útil para los estadounidenses que compararan los desvaríos de Trump con las informaciones y declaraciones sobrias y objetivas de la canciller alemana Angela Merkel dirigidas a la población alemana, describiendo exactamente lo que está ocurriendo y lo que hay que hacer.

Quería preguntarte, mientras conversas con nosotros desde tu casa de Tucson, Arizona, donde estás confinado porque estamos en medio de esta pandemia para evitar la propagación y para protegerte a ti mismo y a tu familia: ¿Qué te da esperanza?

He de decir que sigo un régimen estricto porque mi esposa Valeria está al mando y yo sigo sus órdenes. De modo que Valeria y yo estamos aislados.

Pero lo que me da esperanza son las iniciativas que están adoptando sectores populares por todo el mundo, muchos de ellos. Algunas cosas que están pasando son verdaderamente motivadoras. Por ejemplo los médicos y enfermeros que están trabajando sin descanso bajo unas condiciones sumamente peligrosas, carentes –especialmente en Estados Unidos– del mínimo apoyo, viéndose obligados a tomar unas decisiones angustiosas sobre a quién matar mañana. Pero lo están haciendo. Se trata de un tributo ejemplar a los recursos del espíritu humano, un modelo de lo que se puede hacer, junto con los movimientos populares, los pasos para crear una Internacional Progresista. Son señales muy positivas.

Sin embargo, si nos remontamos a la historia reciente, ha habido épocas en que la situación parecía verdaderamente imposible y desesperada. Pienso en mi infancia, a finales de la década de 1930 y comienzo de la de 1940. Parecía que el ascenso del azote nazi era inexorable, victoria tras victoria. Parecía que era imparable. Fue la invención más espeluznante de la historia de la humanidad. Resulta que –entonces yo lo desconocía– los estrategas de EE. UU. esperaban que durante la posguerra el mundo se dividiera entre un mundo controlado por EE. UU. y otro controlado por Alemania, incluida toda Eurasia: una idea horripilante. Y se superó. Ha habido otros movimientos en defensa de los derechos civiles: el joven movimiento Freedom Riders que se manifestó en Alabama para animar a los granjeros negros a que fueran a votar, a pesar de la grave amenaza de muerte que se cernía sobre ellos y sobre los propios manifestantes. Son algunos ejemplos de lo que los humanos son capaces de hacer y han hecho. Y hoy en día vemos muchas señales: esa es la base de la esperanza.

––––––––– 

Por Amy Goodman (Democracy Now) 19/04/2020

Esta entrevista se emitió en Democracy Now.

Traducción de Paloma Farré.

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Amy Goodman (Democracy Now)

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Twitter con su pajarito fue atrapado por el buitre Singer 

Cuáles son los objetivos económicos y políticos del desembarco del millonarios financistas en la red social preferida de Trump

Paul Singer realizó una compra hostil de acciones por unos 1000 millones de dólares, lo que le permitirá nombrar directores de la compañía para desplazar al actual CEO, identificado con el Partido Demócrata. El buitre es Republicano.

 

Durante el ultimo fin de semana se conoció que Paul Singer, a través de su fondo de inversiones Elliott Management, hizo lo que se llama una “compra hostil” de acciones de Twitter, que le permitirían desplazar a su CEO y fundador, Jack Dorsey.

Ni Twitter ni Elliot han querido comentar públicamente cuántas acciones han sido compradas por el fondo de inversión, pero ha trascendido que serían papeles por al menos 1000 millones de dólares, lo que le permitiría nombrar cuatro de los ocho directores de la compañía.

En Argentina Paul Singer es ampliamente conocido por ser uno de los “buitres” que durante años llevó adelante el juicio en el juzgado neoyorkino de Thomas Griesa, que sólo se resolvió en 2016 cuando Macri le pagó todo lo que pedía (2426 millones de dólares, más 235 millones de dólares por los honorarios de sus abogados )

Esta no es la primera vez Elliott Management realiza una “compra hostil”.  En 2009 Singer hizo una jugada muy audaz: compró acciones que le permitieron tomar el control de la autopartista Delphi Automotive, la principal proveedora de Chrysler y General Motors, tras lo cual anunció que planeaba cerrar la empresa, lo que en dos días dejaría sin autopartes a estas grandes automotrices, obligaría a detener su producción y dejaría a miles de norteamericanos sin empleo. 

Como resultado de la extorsión consiguió que el Tesoro de Estados Unidos le pagara 12.900 millones de dólares en efectivo y subsidios para que continuara con la producción. Pero a pesar de tamaña ayuda, al poco tiempo Delphi cerró 25 de sus 29 plantas en Estados Unidos, y trasladó 25.000 empleos a Asia. Sólo con esta operación Singer ganó personalmente 900 millones de dólares.

En el caso de Twitter pareciera que la pelea no es sólo económica, sino también política. Singer, un billonario con un patrimonio personal de 3500 millones de dólares, según Forbes, es uno de los mayores donantes del partido Republicano

Aunque no apoyó abiertamente a Trump en las últimas elecciones presidenciales, le dio su apoyo para la reelección después de una cena a puertas cerradas en la Casablanca a fines del 2017. Por el otro lado Dorsey, CEO de Twitter, es demócrata. En 2016 apoyó la candidatura de Hillary Clinton y ahora ha hecho donaciones a las campañas de varios de sus precandidatos presidenciales, entre otros Bernie Sanders.

En este año electoral en Estados Unidos, Twitter recientemente prohibió toda publicidad política argumentando que las redes sociales les dan a los anunciantes una ventaja injusta en la proliferación de mensajes altamente específicos y fake news. 

También había trascendido que Twitter estaba a punto de anunciar una novedad para estas elecciones: un indicador de mentiras. Se trataría de una nueva función que permitiría a los propios usuarios marcar tuits como "engañosos" y aportar información que lo demuestre, después de lo cual el tuit mostraría un enorme recuadro naranja para llamar la atención de que lo que está diciendo el usuario puede no ser cierto. 

No hace falta aclarar que Trump utiliza habitualmente Twitter para realizar declaraciones públicas, muchas de las cuales carecen de veracidad. Es muy probable que con el desembarco de Singer en la compañía esta función nunca llegue a implementarse.

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Las citas online y el encuentro entre los cuerpos

Love Apps, el lugar privilegiado para solitarios inmersos en el anonimato

Una mirada psicoanalítica sobre el uso de estas herramientas de conquistas que moldean las relaciones actuales. Los “matches” como trofeo, los encuentros fugaces, la soltería prolongada, las familias constituidas a partir de una cita on line.

 

Las Love Apps son el lugar de encuentro privilegiado para los solitarios inmersos en el anonimato de las grandes ciudades. En un contexto donde la desconfianza de unas y la precaución de los otros hace cada vez más improbable un acercamiento espontáneo, estas aplicaciones brillan como una instancia pacificadora en la regulación de los lazos. El marco controlado que proponen permite que el anonimato se preserve. Mediante un simple clic, el otro puede volver a desaparecer sin dejar rastro ni heridas afectivas tangibles. La posibilidad de concretar una cita a distancia mediante la presentación de un perfil, filtrada por un chat previo y quizás algún intercambio de audios, transmite la idea de una reducción sensible de las eventuales contingencias del encuentro. El filósofo Zizek proclama que estas aplicaciones promueven una suerte de máxima: “we want the love without the fall” (queremos el amor sin la caída) --refiriéndose a la conocida expresión sajona “falling in love” (enamorarse o, literalmente “caer en el amor”)--. Las Love Apps abonan la idea de un intercambio justo y cuantificable. El salto al encuentro entre los cuerpos, muchas veces, hace trizas todo cálculo previo.

Historias sin historia

El cuerpo en su vertiente libidinal permanece a resguardo en el primer contacto, permitiendo en cierta medida avanzar sin riesgos. En su lugar se ofrece el semblante virtual, mediado por una serie de fotos. El encuentro entre los partenaires implica pasar de una situación perfectamente controlada y de la que se puede salir rápidamente vía “delete” a vínculo con otro ante el cual los seres hablantes se sienten, en ocasiones, desamparados. Las citas padecen de una carencia que hay que sobrellevar a nivel de la puesta en escena. Sin historia previa, ambos se comprometen, al menos, a compartir la mesa de un bar. Este efecto de deshistorización es fuente de evitación y angustia. Lacan definía en “La Tercera” a la angustia como la sensación de reducirse a un cuerpo. En el consultorio resuenan las dilaciones ante la inminencia de una primera cita: cada cual se siente, en ocasiones, repentinamente “a merced” de un desconocido. La fragilidad del lazo hace que cualquier movimiento baste para que la cita se interrumpa: el otro puede devenir repentinamente ominoso, precipitando una fuga fuera de la escena.

Este carácter deshistorizado también tiene otra cara, que es una de las principales innovaciones que traen las Love Apps: la posibilidad de tener citas random, es decir, de conocer alguien que está por fuera de nuestro círculo social, incluso de nuestro círculo virtual, es decir, que ni siquiera sería contacto nuestro en Instagram o Facebook.

“Dr. House” describió alguna vez la diferencia sexual en estos términos: “Las mujeres se enamoran de lo que escuchan, los hombres se enamoran de lo que ven. Por eso las mujeres se maquillan, y los hombres mienten”. Estas aplicaciones dejan al varón desarmado en este aspecto: el culto a la imagen que promueven lo somete al mismo criterio de selección que el sexo femenino. El motivo principal para ser aceptado o rechazado en estas apps no es otro que una serie de fotos, acompañadas de un mínimo texto. Una mujer que promedia los treinta me relata la prehistoria virtual de su actual pareja: se cruzan en Happn donde él le da clic al corazón, mientras ella, impiadosa con la pancita cuarentona de él, lo descarta. La permanencia de la visualización de los cruces en esta aplicación hace posible que él la rastree en Instagram, donde puede exhibirle sus méritos profesionales, así como sus bienes materiales. Consigue por esta vía una cita. Una simpática pancita varonil casi lleva al fracaso lo que hoy es para ella el amor de su vida. Ante este cruel filtro que impone el rechazo instantáneo en las Love Apps, los varones se ven forzados a mejorar su cuerpo… para salir bien en las fotos.

La dinámica de la app hace que la mujer entre en contacto con el varón, no por el lado de un semblante de mostrarse como objeto de conquista y oponer resistencia sino a partir de un "Sí" inicial. Lo cual da lugar a otro fenómeno corriente: los varones no inician las conversaciones. A veces, nunca. "Hacen match y no te hablan" es una queja femenina usual en los consultorios. Mientras las mujeres sostienen una búsqueda más decidida del encuentro, es más frecuente en los varones utilizar las apps para corroborar que gustan al otro sexo. "Me encanta juntar matches en Tinder", me confiesa un paciente de treinta años. En lugar de contabilizar "polvos", muchos varones hoy acumulan conquistas virtuales.

Aunque estas aplicaciones adquirieron temprana fama por promover vínculos fugaces, existen hoy familias constituidas a partir de un cita online. La construcción de una pareja estable, diga lo que se diga, sigue estando en el corazón de la mayor parte de los usuarios de estas apps. Los partenaires que aparecen en el camino entretienen, alivian la sensación de desamparo hija de la soledad y reafirman la propia posición sexuada: hoy para ser hombre y ser mujer no es necesario ser amado, pero sí contar con algún deseo del cual sostener un semblante masculino o femenino. Ellos hace tiempo que vienen reemplazando la mujer y la familia por la circulación entre mujeres para legitimarse ante sus pares. Ellas empiezan a tomar la misma posición. “Nos mueve el deseo” es una de las principales consignas de los movimientos feministas. Lo que se gana en el campo del deseo tambalea del lado de la construcción del lazo amoroso. Una chica cool festeja en una storie de Instagram un pasacalle que sus amigas le habrían dedicado: “Maru, aflojale al Tinder. El 20 juntate con nosotras. El día del amigo no se chonguea”. La homenajeada comenta “Estas son mis amigas”, y añade el emoticón de la cara sonriente con ojos-estrella.

Salvavidas de hielo

Es insoslayable la tristeza que se evidencia, sobre todo en los migrantes digitales, al momento de usar estas aplicaciones. Sensación que debería ser debitada a la soledad de las capitales, y no a las Love Apps. En Buenos Aires se construyen cada vez más edificios colmados de monoambientes. Algunos perfiles imploran: “sacame de esta aplicación”. La oferta constante va en detrimento de la estabilidad del lazo amoroso. Las nuevas tecnologías de la elección favorecen las solterías prolongadas, que ya no son vividas como marginales. La figura de la “solterona” o el “solterón”, con la carga despectiva que conllevan estos términos, ha caído en desuso. No hacen falta círculos sociales tumultuosos ni agobiantes noches en bares atiborrados para tener una cita.

Si en la era analógica el amor dolía por el hastío de un corsé al deseo (matrimonio y monogamia, sus nombres privilegiados) hoy el amor duele porque es un lugar inhóspito para reposar, y donde la extravagancia de la palabra “poliamor” destila cinismo. El amor sigue siendo la posibilidad de nombrar al ser amado: no hay amor sino de un nombre --propuso Lacan sobre el final su seminario 10-- nominación sin la cual no hay superación de la angustia. Pretender hacer del amor algo poli es policíaco respecto de la incompatibilidad del deseo con la palabra. Al tiempo que el amor se declara, el deseo circula sin dejarse atrapar. A esta disyunción apunta una de las letras más lúcidas de Joaquín Sabina: “De sobra sabes que eres la primera, que no miento si juro que darí­a por ti la vida entera. Y sin embargo un rato cada dí­a, ya ves, te engañarí­a con cualquiera, te cambiarí­a por cualquiera”.

Mientras las generaciones analógicas buscaban adrenalina en estimulantes narcóticos, el vértigo de la circulación contemporánea de los afectos en la era digital promueve el consumo masivo de ansiolíticos. En el amor contemporáneo todo se construye y se destruye tan rápidamente que los afectos no encuentran otro alivio que el abrazo farmacológico. La pareja ya no es una cárcel de oro sino un salvavidas de hielo.

Por Santiago Thompson, psicoanalista. Doctor en Psicología, Magister en Psicoanálisis - UBA. Autor del libro "El obsesivo y la mujer" (Letra Viva, 2017).

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