La NSA construyó su propio Google secreto

La Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA) construyó un sistema de intercambio de información masivo destinado a permitir a la Policía el acceso a los registros que detallan la vida de personas de todo el mundo.


ICREACH, un buscador tipo Google, fue desarrollado por la agencia ya en 2007, pero no se ha hecho público hasta este lunes gracias a los documentos clasificados que dio a conocer el excontratista de la NSA Edward Snowden, escribe The Intercept.


Los documentos filtrados indican que el buscador creado por la NSA permite a los analistas de inteligencia de 23 agencias gubernamentales, incluyendo la Oficina Federal de Investigación (FBI) y la Agencia de Control de Drogas, compartir un conjunto de datos sensibles recogidos por la comunidad de inteligencia de EE.UU. y sus socios en relación no solo a los sospechosos de terrorismo extranjero, sino a "millones de registros de ciudadanos estadounidenses que no han sido acusados de ningún delito", observa el medio.


Según The Intercept, "la información compartida a través de ICREACH se puede utilizar para rastrear los movimientos de la gente, trazar sus redes de asociados, ayudar a predecir las acciones futuras y potencialmente revelar las creencias religiosas o las afiliaciones políticas".
Los detalles sobre ICREACH muestran que la NSA construyó un buscador que puede contener más de 850.000 millones de registros diferentes. Con respecto a este sistema específico, la NSA parece haber creado un buscador lo suficientemente potente como para permitir a los agentes del Gobierno algún día rastrear el equivalente a más de 100 registros para cada persona en la Tierra.


Y ya que los documentos aportados por Snowden son de hace algún tiempo, la agencia podría haber dado ya los primeros pasos hacia el aumento de la capacidad de almacenar información sensible, apunta el medio.


(Con información de RT: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/138334-buscador-nsa-rastrear-datos-ciudadanos)

Miércoles, 27 Agosto 2014 00:00

Redes, gueto y distopías del presidente

Redes, gueto y distopías del presidente

"Cuando hice Facebook hace dos años mi objetivo era el de ayudar a la gente a entender un poquito mejor qué estaba pasando en su mundo." Esto lo decía Mark Zuckerberg en una carta abierta a los usuarios de su red social en 2006 (https://www.facebook.com/notes/facebo ok/an-open-letter-from-mark-zuckerberg/2208562130), ante el primero de los muchos problemas de respeto a la privacidad que tendría a través de sus primeros diez años de vida.

 

La clave de la frase, sin embargo, es el adjetivo posesivo "su". "Su" mundo no era (ni es) "el" mundo. Las redes sociales miran al mundo desde un nosotros excluyente. "Nuestro" mundo es un mundo a nuestra imagen y semejanza.
El mundo social-digital actual invita a todo tipo de predicciones utópicas y distópicas sobre lo que será la Humanidad una vez que las lógicas que habitan en las redes alcancen su máximo potencial y sean ya no una novedad revolucionaria (Google cumple 16 este año, Facebook 10, Twitter tiene 8 años), sino el statu quo de nuestra existencia. Para entonces, los Zuckerberg y los googlers Brin y Page quizá se parezcan más a Hosni Mubarak o Robert Mugabe que a los simpáticos iconos pop del capitalismo global que son hoy (algunos ya empezaron a entender la importancia de estos personajes para el futuro y están compilando, por ejemplo, las "Zuckerberg" files http://zuckerbergfiles.org/ con cada una de las declaraciones públicas del fundador y líder de Facebook).


Pero los apocalípticos y los integrados del siglo XXI quizá sean uno y lo mismo. Así al menos surge de The Circle (El Círculo), la novela más reciente de Dave Eggers, uno de los principales nuevos escritores estadounidenses de este nuevo milenio. En la ficción de Eggers, The Circle es el nombre de una empresa que podría ser la conjunción de las principales empresas de Internet de la actualidad: Google, Facebook, Twitter, Instagram y YouTube, por ejemplo. El Círculo convierte a la privacidad de la gente en un commodity, en un mundo en el que "los secretos son mentiras", y presenta una aplicación llamada Demoxie, que permite a los miembros de El Círculo –y potencialmente a todos los ciudadanos del mundo– votar en tiempo real todas las decisiones públicas –desde la comida del comedor de la empresa hasta el bombardeo de un país lejano– con el mismo nivel de involucramiento que requiere un "Me gusta".


La idea de círculo –cerrado, claustrofóbico, estanco– fue discutida por Jonathan Zittrain en su libro The Future of the Internet and How to Stop it (http://futureoftheinternet.org/), en el que cuestiona cómo la Web está mutando de ser un lugar abierto y de generación creativa a uno en el cual nos movemos en los "círculos" que generan artefactos/plataformas/ecosistemas prefabricadas por un "poder" central, sean éstas soft como Facebook o hard como el iPhone. La tendencia que marcó Zittrain en 2008 es la que lleva al futuro que imagina Eggers. Zittrain cree que revertir esa tendencia depende de los miles de millones de usuarios. Eggers no es muy optimista al respecto: juega con seis años de consumo prefabricado a su favor.


Lo cierto es que el gueto, sea de estructura o de contenido, tiene consecuencias sociales y políticas que vemos todos los días, aquí y en todos lados. La sociología norteamericana lo llamó ya hace muchos años confirmation bias, una tendencia a favorecer a la información que confirma nuestras propias preconcepciones del mundo, sin que importe si esas informaciones son verdaderas o no. El mundo mass-mediático del siglo XX ya nos permitía elegir qué informaciones creer para confirmar nuestras creencias a partir de un menú de fuentes más o menos establecido. El siglo XXI va un paso más allá: nos permite elegir entre infinitas opciones las fuentes que sabemos las confirmarán (y eliminar al resto). Los grandes actores como Google pretenden ser los editores de este tiempo.


Nacionalismos exacerbados, sectarismos irreductibles y discusiones sin síntesis empiezan a ser norma más que excepción en los debates públicos. Ante la opinión hiperconfirmada por el círculo de los propios, se hace difícil para los actores públicos salir de las posiciones de máxima y buscar acuerdos. La distopía está peligrosamente presente en nuestro tiempo. El rol del liderazgo –político, económico, social– es mirar más allá de los círculos áulicos y salir de la zona de confort. Si no es probable que un día nos encontremos decidiendo el destino de la especie en un retuit.
* Licenciados en Ciencias de la Comunicación y miembros de SIDbaires (@sidbaires).

Publicado enSociedad
Revela Snowden programa de NSA que amenaza seguridad de cualquier sitio web

La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos dispone de un programa informático capaz de contraatacar automáticamente, sin ninguna intervención humana, a piratas informáticos, afirmó el ex consultor de inteligencia estadounidense Edward Snowden.


Según Snowden, hoy refugiado en Rusia, ese antivirus, conocido como MonsterMind es un arma dudosa: en caso de ataque de piratas informáticos contra intereses estadunidenses, permite tomar automáticamente represalias contra el ordenador que alberga la dirección en la que se originó el ataque, incluso en el caso de que esas represalias no estén bien fundadas, explicó en una larga entrevista con la revista Wired aparecida este miércoles.


Se trata de las primeras revelaciones públicas sobre la existencia de ese programa.

De acuerdo con Snowden, ese tipo de respuesta automática plantea problemas, ya que los piratas informáticos habilidosos hacen pasar sus ataques por direcciones electrónicas de fachada. MonsterMind tomará, pues, represalias contra esa dirección de fachada, en lugar de contra los verdaderos culpables.


"Usted puede tener a alguien en China, por ejemplo, que lanza un ataque a través de Rusia. Y entonces nos (podemos) encontrar contraatacando a un hospital en Rusia", lamentó Snowden.


Snowden también declaró durante la entrevista que el programa es una amenaza a la privacidad porque requeriría virtualmente el acceso a todas las comunicaciones privadas provenientes del exterior para residentes en Estados Unidos.


"El argumento es que la única manera que tenemos de identificar estos flujos de tráfico malicioso y de responder a ellos consiste en analizar todos los flujos de tráfico", declaró a Wired.


En la misma entrevista el exconsultor dijo que fueron unos comentarios deshonestos del jefe de Inteligencia estadounidense los que lo llevaron a filtrar a la prensa documentos sobre seguridad nacional.


Aseguró que llevaba años perturbado por las actividades de la NSA, pero que tomó la decisión después de haber leído en marzo de 2013 que el jefe de Inteligencia, James Clapper, había dicho a una comisión del Senado que la NSA recolectaba, de manera "no deliberada", información de millones de estadunidenses.


(Tomado de AFP)

Martes, 15 Julio 2014 10:34

Compartir no es delito

Diego Gómez es un biólogo de la Universidad del Quindío que enfrenta un proceso penal por compartir una tesis por Internet.
http://www.karisma.org.co/compartirnoesdelito/


Si bien siempre hemos reconocido la necesidad de respetar los derechos de autor, desde hace tiempo insistimos que estos no solo cubren la protección del autor y sus obras, sino que también incluyen otros derechos que deben ser igualmente contemplados, como la garantia al acceso al conocimiento por parte de todos, el acceso a la educación, la libertad de expresión, el derecho a intimidad y un largo etcétera que simplemente son nuestros derechos humanos ahora considerados en medios digitales.


Sin embargo, durante años nuestras leyes han buscado solo proteger los derechos comerciales de unos pocos, lo que ha llevado, en lo concreto a que un estudiante, voluntario de la conservación de especies, amante de la investigación esté enfrentando la posibilidad de pagar con cárcel de 4 a 8 años y multa de 16 a 600 millones de pesos el "delito" de subir una tesis para compartirla por Internet con otros amantes e interesados en la conservación, la investigación y la biología.


Este "delito" según el código penal colombiano es igual o más grave que efectuar un acto sexual violento que se paga con 3-6 años de cárcel, o el contrabando penado con 3 a 5 años o la trata de personas que tiene una condena de 4 a 6 años.
http://www.karisma.org.co/compartirnoesdelito/?page_id=85


Queremos compartir este caso con todos e invitarlos a compartirlo en sus propias redes para acompañar a Diego con mensajes de solidaridad y apoyo mientras esperamos la decisión del juez.


Los invitamos a todos a repetir con nosotros que #CompartirNoEsDelito
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http://redpatodos.co - Respeto a los derechos en el entorno digital.
Destacados y alertas - RedPato2:

Publicado enColombia
Sábado, 29 Septiembre 2007 19:41

Quiénes somos?

Desde 1991 cuando circuló el primer número de esta propuesta comunicativa no solo tinta ha corrido por sus páginas, también, muchas propuestas y esfuerzos se han concretado en distintos sectores sociales, y otras tantas están por hacerse realidad. Todas ellas tras el objetivo central de auspiciar el protagonismo de los sectores populares.

¿Por qué desde abajo?

Este nombre no es casual ni arbitrario. Pretendemos reflejar con él la concepción de lo que debe ser el trabajo popular, la manera de propiciar la comunicación entre las distintas experiencias comunitarias, los sectores prioritarios en estos campos, el ritmo del esfuerzo por hacer, así como la reafirmación en la urgencia de no desfallecer en la construcción de la utopía de la justicia y la libertad.

desde abajo se hizo propuesta comunicativa por estimar que es la manera más práctica de discutir y contarle a otros cada iniciativa popular que se esté concretando. Es en este proceso que, consideramos, se logra elaborar un pensamiento común y unas líneas básicas de acción.

desde abajo se elabora colectivamente, aunque no necesariamente refleja un pensamiento unificado. Las diferencias a su interior transparentan búsquedas que en algún momento del proceso deberán confluir en identidades superiores. Por lo tanto, las diferencias ni nos asustan, ni nos paralizan.

En desde abajo está invitado a escribir tanto el habitante común, el activista, el dirigente o el pensador independiente. Buscamos así, convocar distintas vertientes del esfuerzo social e intelectual a un reencuentro de sueños y acciones que se habrá de manifestar, no solamente en una prensa que lucha por no ser marginal, sino y por sobre todo, en la construcción de una nueva opción social y política para todo el país.

desde abajo retoma el principio natural de que todas las cosas deben tener una base para poderse levantar, y más aún, para arraigarse y sostenerse. En nuestro caso esa base es popular o no lo es.

Nos dirigimos a la gente de abajo, a los negados, a los sin patria, a los perseguidos, a los que aparecen en los procesos de paz pero no se benefician de ellos, a los que son tenidos en cuenta solamente para defender la propiedad ajena o para que voten, a los que se rebuscan en cualquier rincón del país, a los que trabajan pero son señalados o perseguidos por defender sus derechos; en fin, a todos aquellos que son la mayoría nacional, pero que sin embargo aparecen como su minoría -étnica, racial- o como los que nunca tienen razón.

desde abajo reconoce que el conocimiento de nuestro país cruza por quienes lo habitan y construyen diariamente con su trabajo, y de manera muy especial, por quienes lo sufren.

desde abajo retoma la tarea de aportar a la construcción de un proyecto popular, para lo cual requiere elaborar las bases conceptuales del mismo, labor imposible de concluir felizmente si no ganamos el aporte que ofrece la cotidianidad de los explotados y oprimidos. Entendemos por tanto, que el desarrollo de todo este proyecto depende, en gran medida, de la participación que alcancemos de los olvidados, así como de quienes, sin serlo, abrazan su causa.

desde abajo retoma como eje de su proyecto al ser humano, por ello asume el reto de contribuir a la recuperación de la dignidad del proyecto popular, poniendo al centro del mismo sus sueños, angustias y necesidades, sin abandonar el espíritu de trabajo arduo y paciente que caracterizó durante toda una época a la izquierda, procesando la experiencia que vivió el movimiento popular a su lado, desechando lo negativo e impulsando lo positivo.

Nuestro Sentido Histórico

desde abajo nació y ha venido desarrollándose en un momento histórico muy difícil para los proyectos políticos alternativos. Nace con la crisis de las utopías, da sus primeros pasos en medio de la confusión de quienes creían fielmente en sus postulados, conoce la cooptación por parte del Estado de muchos dirigentes y ve actualmente la indecisión que aún marca a otros tantos. Sin esquemas preestablecidos, busca erigir poco a poco, una personalidad definida por la experiencia y el apoyo popular.

De ahí emana uno de nuestros actuales objetivos aportar a la generación de un protagonismo popular, incentivando la conformación de tejidos sociales, buscando la interrelación de procesos, que concluyan en la construcción de una alternativa social y política para toda la nación.

Tal alternativa apuntará a la superación de la atomización a que nos tiene sometidos la actual política estatal, y la crisis de alternativas, optando por una forma global que facilite confrontar a los enemigos particulares, ocasionales, y estructurales, como un solo cuerpo, discutiendo sobre las superestructuras y las políticas de largo plazo, desde una propuesta surgida en los cimientos de esta sociedad.

Desechar, producto de los desarrollos particulares, el localismo, el afán de protagonismo, el gremialismo, la indecisión, es optar por la expresión política popular, que se constituya en una alternativa para todo el país.

Posibilitar este proceso implica, sin objeción alguna, estimular la formación de nuevos liderazgos populares, ojalá colectivos, que configuren nuevas confianzas, pero también implica un ritmo que retome los imaginarios comunitarios, para poder construir, de esta manera, un proyecto popular con real sustento y apoyo.

Nuevos Pilares

Armar estas posibilidades, liderazgos y confianzas es imposible si no nos dotamos de nuevos pilares teóricos que nos sirvan de brújula en la actualidad y de referente en cuanto a la sociedad que queremos.

Tales pilares deben basarse en el tipo de economía a construir, partiendo para ello del modelo de desarrollo a implementar y la manera de aplicarlo, el tipo de derecho por estructurar y el papel que jugarán en él las formas de reglamentación de que se han dotado las comunidades, así como el derecho consuetudinario que otras tantas tienen; la sociedad por construir, y en ello, el tipo democracia a fundamentar y sus diferencias con la que actualmente funciona; el papel de las fuerzas armadas y de la fuerza pública, así como el proceder para reconstruir la seguridad ciudadana y con él, el derecho de apropiarse de las calles, los parques y demás espacios públicos, como centros de encuentro y convivencia.

Avanzar tras estos propósitos nos ha llevado a proponernos la construcción de una experiencia social, que tiene su expresión en este medio, y que como centro principal retoma los barrios populares, pero sin negar otros espacios; de la cual puede ser parte quien quiera, siempre y cuando se vincule con la clara intención de contribuir para que estas comunidades se transformen en dirigentes de su país. Esto implica que nadie llega a acumular para su fuerza particular, sino para la comunidad, para que los líderes innatos permanezcan en ella, para que ésta eleve sus niveles de comprensión, y para que un día próximo, sean ellas quienes manifiesten al país que dejan de ser simples asociaciones para, sin desecharlas, unirse en una nueva fuerza política: la de los pobres olvidados, los nadie, las mayorías nunca escuchadas que ahora se harán oír.

Sin duda alguna seguimos este camino/proceso.

En las páginas siguientes de esta publicación electrónica, podrán encontrar los suplementos que han sido impresos durante estos últimos años como complemento de algunas de las publicaciones de nuestro periódico.

Cualquier comunicación o proyecto, solicitud de información, comentario acerca de nuestro trabajo, artículo que pueda ser publicado en nuestro periódico, o comunicación que sirva para continuar con nuestra labor informativa y crítica, puede ser enviada y/o solicitada a nuestro correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o puede también contactarnos a través de nuestra sección de Contáctenos.

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Tan sólo Roth, a solas, con su voz un tanto rota por el paso de los años –va camino de los 75–, lo logra. Sus lectores pueden encontrar el vitalismo de una voz que se niega a rendirse.

Eso es lo que ocurre al leer Sale el espectro (Mondadori), la nueva novela publicada en España, en la que Roth saca a pasear otra vez a Nathan Zuckerman, uno de sus alter ego más importantes, como también lo han sido el profesor David Kepesh y el famoso protagonista de la desternillante El lamento de Portnoy. En su nueva obra, Roth persigue al fantasma de un escritor muerto al que alguien quiere dedicar una biografía descubriendo aspectos escabrosos de su existencia. Si se tratara de Roth, esto no sería necesario. El autor de Pastoral americana y El animal moribundo ha compartido con sus lectores, paso a paso, su vida. Su propia experiencia ha servido de catalizador para observar el mundo, un lugar que Roth analiza con inconformismo y rebeldía, con humor histriónico y piedad por la especie. De su infancia en Weequahic (barrio de la peligrosa Newark, en Nueva Jersey) a su vejez a medio camino entre su casa de campo en Connecticut y Nueva York, este autor fundamental, eterno candidato al Premio Nobel, no ha dejado indiferente a nadie. Ni a sus compadres de la comunidad judía, que han montado en cólera más de una vez por la descarnada visión que muestra sobre su propio mundo, ni a los cristianos, que tienen que soportar en los libros de este escritor desde la blasfemia hasta el vapuleo constante de una carga alejada de la moralidad y las costumbres decentes de los más retrógrados. Las novelas de Roth, a no ser que haga política-ficción como en La conjura contra América, juegan en el campo de la realidad, y si Me casé con un comunista fue la novela de la era de McCarthy y La mancha humana fue la obra maestra de la era de Clinton, Sale el espectro aparece con la ambición de convertirse en el mismo fresco de la intrahistoria para estos tiempos de infierno en la Tierra que ha dejado la era de Bush, “el peor presidente que hemos tenido nunca en nuestro país”, comenta Roth.

–Tiene buenos, fieles lectores, y eso que en Sale el espectro se lamenta de que ya no existen. ¿Por qué?

–Le diría que todavía quedan por ahí buenos lectores. Pero en Estados Unidos, no.

Una batalla

–¿Las pantallas nos han derrotado?

–Ahí está la competencia, la dura competencia. La de las pantallas. ¿Cómo deben combatir contra eso los escritores? No lo sé. No me lo planteo seriamente. Sólo le puedo decir lo que ha ocurrido: que han ganado la batalla sobre las páginas.

–¿Tampoco confía en el tan alabado Kindle, el libro electrónico que acaba de aparecer en Estados Unidos?

–No lo vi todavía, sé que anda por ahí, pero dudo de que reemplace un artefacto como el libro. La clave no es trasladar libros a pantallas electrónicas. No es eso. No. El problema es que el hábito de la lectura se ha esfumado. Como si para leer necesitáramos una antena y la hubieran cortado. No llega la señal. La concentración, la soledad, la imaginación que requiere el hábito de la lectura. Hemos perdido la guerra. En veinte años, la lectura será un culto.

–¿Y los lectores serán una especie de gente rara, de espectros?

–No, no, tampoco. Será un hobby minoritario. Unos criarán perros y peces tropicales, otros leerán. Como lo que es hoy leer poesía. Existen poetas, se los publica, pero los lectores de poesía son una minoría. Eso ocurrirá.

–¿Los escritores tampoco serán esas voces que cualquier sociedad necesita?

–Existirán. Pocos se ganarán la vida con ello. Pero no hablo del final de ningún género, como la novela, eso que se habla tanto hoy en día. Hablo de la muerte del lector, algo que en este país ya es un hecho. No sé si en Europa también.

–En su nuevo libro vuelve a sacar a su alter ego Nathan Zuckerman de paseo. ¿Usted también ha renunciado a muchas cosas?

–Zuckerman está retirado, lleva una vida de reclusión. Leyendo, escribiendo. Ha dejado el mundo por varias razones, se ha ido de Nueva York tras recibir amenazas y le ha tomado gusto a vivir en el campo.

–¿Se ha recrudecido el racismo contra los judíos en Estados Unidos estos últimos años?

–No. Es una constante. No nos libramos en este país de sujetos rencorosos y rabiosos. Con una persona que lo haga ya resulta suficientemente desagradable.

–Al poco tiempo de regresar a Nueva York, Zuckerman ya quiere largarse. No puede soportarlo.

–Lo amenazan muchas cosas, entre ellas, la belleza. Bueno, se rinde ante ella, pero también le asusta. Como el cáncer que padece y el pasado, la nostalgia.

Experiencia propia

–Usted mete demasiado de sí mismo, su propia experiencia. Una tendencia que caló en la literatura contemporánea de todas partes. Historias con voces poderosas.

–Bueno, una voz es la que nos distingue a unos de otros. No creo que sea un fenómeno de los últimos años, sino una característica de la literatura en sí. La voz no es una técnica, sino lo que marca diferencia.

–Pero la suya creó escuela. ¿Le incomoda?

–No sabría decirle hasta qué punto eso es así. No me incomoda porque no me doy cuenta de ello. Si me planteara esas cosas, me sentiría terrible.

–No muchos autores pueden presumir de haber sido publicados en vida en la colección Library of America. Usted ahora es el único.

–Debo conservar ese privilegio. Eso espero. Es mi ilusión.

–Como autor que refleja el tiempo en el que vive, si La mancha humana fue su libro de la era de Clinton, Sale el espectro es el de la era de Bush. ¿Cómo será el de la Norteamérica de Obama?

–Quién sabe. No podemos predecir nada. En nuestras vidas podemos programar los próximos cuatro años. En política es un misterio. ¿Quién se habría imaginado hace poco el desastre de Irak?

–¿Qué quedará de Bush?

–Mucho daño. Mucho daño. Tan sólo si lo miramos en cifras, llevó al país a la bancarrota. Ha destruido en el mundo nuestra reputación moral. Ha matado cientos de miles de iraquíes sin razón. Ha sido un desastre, el peor presidente de nuestra historia.

–¿Peor de lo que habría sido Lindbergh, ese presidente de ficción que usted describió para La conjura contra América?

–Mucho peor. Lindbergh habría sido mejor que Bush. Ahora que lo pienso, podría haber hecho ese ejercicio con Bush, pero no sería ficción. Siguiendo en ese terreno, no sé qué ocurrirá con Hillary y Obama.

–Quizá la respuesta de la gente contra la era de Bush haya provocado esta necesidad tan radical de cambio.

–Una de las ventajas de cómo se desarrollan estas elecciones primarias es que están despertando ilusión en todo el país hacia los demócratas. Están convenciendo a mucha gente. Pero si Obama gana esta etapa, todavía, para la elección final, debe vencer muchos prejuicios y barreras. Lo que ocurre es que se está convirtiendo en un auténtico fenómeno de masas. Es muy listo, es brillante. Tiene un discurso articulado, posee esa energía contagiosa, joven y poderosa. Es muy esperanzador para la gente. Los demócratas parecen encantados de votar por alguien así. Cuando era niño, recuerdo que elegimos delegado de clase al único niño negro que teníamos y todos nos sentimos tan bien con nuestras conciencias...

–Su infancia en Newark, Nueva Jersey. Ese territorio mítico.

–Me doy una vuelta de vez en cuando, sobre todo si voy a escribir algo en lo que aparece el barrio. Voy a ver a viejos amigos, pero hay que andar con cuidado por ahí, hay traficantes, droga.

–¿Es más un escenario de Los Soprano que de las novelas de Philip Roth?

–Los Soprano parece un cuento para niños pequeños comparado con lo que hay. Es trágico, persecuciones con disparos, secuestros, robos de coches hasta con los niños adentro... Son el pan nuestro de cada día. Así que le digo: no vaya.

–¿Dónde vive ahora?

–En mi casa de Connecticut, aunque los inviernos los paso aquí, en Nueva York, porque no puedo soportar el frío, me hago viejo, me afecta.

–La vejez es su obsesión de las últimas novelas y memorias. ¿No lo lleva bien?

–Escribo sobre ello. Lo exorcizo. Me viene bien hacerlo. Hacerse viejo es un cambio bastante duro en la vida, no hay nada comparable. Ni a los treinta, ni a los cuarenta. ¿Y qué es lo que no se te puede pasar por la cabeza? Que el tiempo se acaba, que ya no sabes cuántos años te quedan, si cinco, si seis. Sabes que ya no van a ser más de 20. Has llegado al fondo. Y luego están las pérdidas. Un amigo mío murió ayer. Primero has perdido a tus abuelos; después, a tus padres. Ahora pierdes a los amigos. Aparte de todo eso, cuando el tiempo se acaba, vas perdiendo las facultades. La memoria, me aterra perder la memoria.

 

Por Jesús Ruiz Mantilla *

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

Publicado enInternacional

Fruto de esta interrelación, las agendas políticas y gubernamentales descansan cada vez más en sistemas de comunicación. A tal punto avanza esta conexión que actualmente se dice que sin comunicación no hay democracia. Cómo la utilicen los poderes dominantes es fundamental para precisar si la democracia es formal o se sitúa en la vía expedita para que los gobernados estén cada vez más y mejor informados, de modo que tomen sus decisiones con conocimiento de causa. La importancia del papel de la comunicación no es nuevo, aunque sí su énfasis. La antropología ha precisado que uno de los aspectos básicos que permitieron la evolución de la especie humana fue el desarrollo de la comunicación (2).

Posteriormente, darle sentido a los contextos sociales y lograr la inserción grupal de sus miembros dependió en buena medida de ello, de los simbolismos que recogía y potenciaba, de los ritos desprendidos del ejercicio del poder, del valor y significante de la palabra del Príncipe. Con el paso del tiempo, la lucha por una comunicación cada vez más abierta y eficiente se constituyó en agenda central de todos los gobiernos y todos los poderes. Por fortuna, hoy es intensa la pugna por una sociedad donde los sujetos san activos y sus derechos reales, superando la simple declaración formal. En el centro está la legitimidad del poder. Que no es poca cosa. Hay entonces una estrecha relación entre comunicación, identidad y ser nacional. Para el caso colombiano, es indiscutible la importancia de la radio desde los años 30 del siglo pasado.

¿Qué decir de la televisión, ya en los 60, pero más aún a partir de los 80, cuando la pequeña caja ya estaba articulada en la mayoría de los hogares? Con el desarrollo de la televisión, la imagen como valor supremo de la sociedad se impone, pero mucho más con la televisión satelital y todavía más con la incorporación de la internet a la sociedad. Así, fruto de una política científica e industrial de punta, los valores de quienes empezaban a conquistar el espacio y por lo mismo contaban con mayor capacidad de comunicación de larga distancia se fueron haciendo hegemónicos. No es casual el protagonismo profundizado que alcanzara en pocos años el modelo de vida americano. Miles de horas de transmisión de sus numerosos canales –imposición de su modelo estético y su propuesta de vida– lo permiten. En esta forma, los países carentes de una política técnico-científica de punta y de propuestas culturales fuertes, desarrolladas, así como de un proyecto histórico nacional, fueron apabullados.

Todas estas sociedades empezaron a ver a través de ojos ajenos y hasta adversos a sus conveniencias. Para nuestro caso, como una de estas sociedades, ahora mismo, en Leticia o en el Cabo de la Vela, en Arauca o en el Chocó, sin mencionar nuestras principales ciudades, la mayoría de los colombianos quiere vivir –así no sea de manera consciente– como lo hacen los estadounidenses. Sin duda, éstos son un referente válido para miles de connacionales. Y sin duda se ha perdido el sentido de la vista: el control de la comunicación masiva hace que se asuman posiciones contrapuestas a nuestro ser más profundo. Así las cosas, quien plausiblemente desee recuperar los ojos para sus nacionales, quien aspire a luchar por un proyecto propio y alcanzar siquiera un segmento de soberanía, ha de dotarse de un proyecto de comunicación. Venezuela, Argentina, Cuba y Uruguay acaban de hacerlo. Telesur es su nombre. Estos países están en su derecho pleno. En una clara manifestación de autoritarismo, quien más puede ver desea que todos sigan siendo invidentes. Su deseo se manifiesta abiertamente cuando la Cámara de Representantes de los Estados Unidos se escandaliza por el interés de ver de algunos y decide crear un ‘telenorte’ para “contrarrestar el espíritu antinorteamericano de la iniciativa del Sur” (3).

¿Alguien ha podido defenderse de la agresiva visión del Norte? ¿contrarrestar el espíritu individualista, egoísta y consumista que proyecta el modelo comunicativo de los Estados Unidos? ¿demandar su espíritu racista y expansionista, reflejado en las series de indios que defienden su exterminio o que festejan la invasión a México, o aquellas que tratan como idiotas a los asiáticos, los árabes y los latinos? Es inaudito aunque comprensible, si se analiza la índole de los intereses imperiales, que una pequeña iniciativa de comunicación de cuatro países, un intento por ver con ojos propios y prestárselos a los vecinos –con todas las identificaciones que emanan de su común contexto histórico– para que se vean a sí mismos, una iniciativa que parta de preguntarse por su soberanía y buscar otras ofertas para sus ciudadanos, es inaudito, repetimos, que sea inmediatamente satanizada.

Y esto no es todo. A la par, hicieron sentir su disconformidad los gobernantes de otro país, Colombia. El motivo: la transmisión de un piloto donde se aprecia al “guerrillero más viejo del mundo”, Manuel Marulanda Vélez. De acuerdo con los voceros oficiales, “Marulanda no es la imagen de lo que es Colombia”. Como en la vida personal, en la pública también sucede lo propio. Se cree ser de una manera pero la gente nos ve de otra, tal vez con mayor agudeza de lo que uno cree. Vale entonces la manera como nos ven los vecinos para interrogar por lo que somos como nación, pero también para preguntar por el proyecto histórico abrazado por la dirigencia nacional desde finales de los años 40. Sin duda, somos una de las naciones más desiguales del mundo.

Aquí, a la sombra del águila del norte, abjuramos del proyecto de nuestro fundador. Por más de un siglo desconocimos más de la mitad del territorio nacional y la realidad de sus pobladores, y aún ahora negros, campesinos e indígenas –por no relacionar la inmensa pobrecía urbana– continúan discriminados como si no fueran carne de nuestra carne. Nos consideramos la mayor democracia del continente. Aquí se vota en rito sagrado periódicamente, pero mientras esto sucede se asesina a miles de compatriotas, y otro tanto no menos apreciable de connacionales amplía la cifra de la mortandad por física hambre. Somos los campeones de la simulación. Adoramos las tradiciones. Los templos se llenan periódicamente de fieles. Los presidentes se encomiendan al Corazón de Jesús. Los sicarios rezan –cuando se disponen a apretar el gatillo o hundir el cuchillo– para que su tino sea el mejor.

Sin embargo, durante los cuatro años de gobierno los jefes del Ejecutivo no se acuerdan de su pueblo sino para manipularlo, hiriéndolo por la espalda. Es claro que el reclamo de las autoridades por una imagen de Colombia que identifica una parte del país y que resume los últimos 57 años de su historia nos permite volver sobre nosotros y reclamar por qué hemos dejado a un lado el proyecto histórico con el cual nacimos. El comentario nos permite al mismo tiempo recordar uno de los problemas históricos que ha sobrellevado nuestro país: la censura, que para nuestro caso no es sólo prohibición o inquisición sino también, y mucho más grave, el asesinato de los más fogosos líderes populares. La censura es el silencio mismo y el temor a opinar que desde siempre ha recorrido la extensa geografía nacional (4). Con el silencio, el establecimiento ha logrado uno de sus grandes objetivos: imponer una sola versión de lo que es Colombia. En vez de aprovechar la manera como nos ven los vecinos, nos incomodamos. Deberíamos antes que nada preguntar: ¿por qué nos ven así? Claro, es difícil hacerlo cuando el mismísimo Presidente, –negándose la luz de sus ojos– sentencia que aquí no hay conflicto, ordenando que sus funcionarios hagan lo propio, obligándolos de paso a no mencionar tal palabra. Pero es la oportunidad.

¿Qué somos? ¿Qué deberíamos ser? La vía para desarrollar el debate bien pudieran ser unos medios de comunicación cada vez más independientes, plurales y veraces, pero la dinámica nacional va en contravía. Como se sabe, en Colombia los medios de comunicación están cada vez más concentrados, las fuentes son básicamente oficiales, y su ligazón con el poder económico y político no permite confiar plenamente en ellos. Su funcionamiento ha llegado al extremo de que a la ‘responsabilidad’ la llaman autocensura. ¿Hay diferencia entre ésta y la censura? ¿hay diferencia entre el susurro débil e inaprensible o tal vez deformado por el puño que aprieta, y el silencio fiero que ahoga al país?

Los dos son expresión de la misma dinámica del poder y los dos demandan abrir el puño que sujeta todas las gargantas colombianas. Mirarnos al espejo, abrir los ojos, es necesario, es urgente. Tal vez Telesur aporte su porción de arena en esta empresa de mirarnos al espejo, de percibir con ojos propios, de desatar todas las voces, para que reconozcamos lo que realmente somos y los que debiéramos ser. 1 Castells, Manuel, La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Edit Siglo XXI. 2 Lévi-Strauss, Claude, Antropología estructural, Buenos Aires, Eudeba. 3 Globovisión/AFP, 20-07-2005 4 Hernández, Manuel, El ahogado grito del despierto, fotocopiado, 1998. Le monde diplomatique, ediciòn Colombia No. 37, agosto 2005

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