Miércoles, 13 Mayo 2020 08:18

La calle es la clave

La calle es la clave

Las calles vacías han puesto en evidencia que el espacio público es imprescindible para la cohesión social y aquello que nos mantiene unidos como comunidad.

 

“La calle es la clave, la clave es la calle”

(Club de los Poetas Violentos) - La saga continúa 24/7 (1997)

 

Esta crisis sanitaria del Covid-19 había sido anunciada, y con esa misma esencia premonitoria está revelando de manera cruda tantas realidades e intuiciones que habían sido enunciadas por muchos las últimas décadas; desde la importancia vital de los servicios públicos a la interdependencia social para mantener los cuidados, pasando por la necesaria revisión de nuestra relación con el planeta. Pero hay una cuestión que me parece transcendental y absolutamente tranversal a casi todos los ámbitos a los que esta crisis afecta, y es la revelación del espacio público como mecanismo para la garantía de derechos, reequilibrio de oportunidades y cohesión social.

Con casi la mitad de la población mundial confinada en los momentos más duros de la pandemia, las calles vacías han puesto en evidencia cómo el espacio público es imprescindible para que tengan lugar todas aquellas actividades que favorecen la cohesión social y nos mantienen unidos como comunidad.

El espacio público se muestra más que nunca necesario para garantizar las relaciones sociales y equilibrar déficits y desigualdades entre las condiciones de la vivienda a la que cada persona tiene acceso, por desgracia mucho más precarias de lo que sería deseable, el espacio público es en estos casos, condición de reequilibrio de las posibles carencias: superficie, soleamiento, aire, o simplemente espacio para desenvolver encuentros que hoy en día no son posibles en muchas viviendas.

El acceso al espacio público es imprescindible especialmente para las personas más vulnerables, pequeñas y mayores. Para las primeras, es necesario para su desarrollo personal, su autonomía, su educación y aprendizaje. Basta recordar para entenderlo, todo aquello que cada uno de nosotros ha vivido y aprendido en el espacio público, individual o colectivamente, interactuando con los demás. Que este ámbito de crecimiento no desaparezca ni se limite sino que aumente y se enriquezca, es básico también para que la conciliación sea posible y la brecha de género no se dispare, especialmente en estos momentos de incertidumbre respecto a la asistencia escolar reglada o los nuevos modelos laborales. Un espacio público rico y seguro es clave para una educación plena.

En el caso de los mayores, el espacio público seguro, que garantice la accesibilidad universal, es clave para la independencia y la autonomía personal, clave para otro modelo vital distinto al de la residencias de ancianos al que hemos condenado a muchos de nuestros mayores. No olvidemos que las residencias que permiten una vida, son aquellas que cuentan con servicios básicos a su alrededor, y por lo tanto una conectividad natural con el espacio público que las circunda.

Son dos ejemplos, quizás los más extremos de como una ciudad que piensa en los más vulnerables es una ciudad pensada para todas las personas.

Todo apunta a que esta realidad pandémica, y la percepción social que ha generado, han venido para quedarse, cuando menos mientras no consigamos una vacuna con garantías, o hasta que llegue la siguiente ola. Esto debería hacernos estar alerta para que el argumento de la seguridad sanitaria no sea una razón para la desdemocratización del espacio público a través del control social, y pensar que las actuales circunstancias son una oportunidad para mejorar la calidad del espacio urbano y facilitar su uso. Una oportunidad para que se visibilice el desequilibrio existente en el uso del espacio público entre el coche y el peatón, y de como otro uso del espacio libre es posible, para que las modificaciones que se están realizando en el espacio público en muchas partes del mundo puedan convertirse en definitivas, consolidar un reparto más justo del escaso espacio de nuestras ciudades y marcar las pautas del diseño urbano en el futuro, especialmente en los barrios más densos con una menor proporción de zonas libres per cápita y habitualmente con unos estándares de vivienda más precarios.

La mejor manera de conseguir un uso verdaderamente democrático del espacio es a través de una ciudad que favorezca la proximidad, donde sea posible realizar una vida plena en tu entorno inmediato, desde el ocio al trabajo pasando por la educación, la salud o la consecución de bienes de primera necesidad. Para conseguir esa ciudad próxima es preciso ejecutar intervenciones en el espacio público que garanticen su uso seguro y cómodo para todas las personas, especialmente las más vulnerables, con actuaciones de mejora que entrelacen los espacios de uso diario (servicios locales, equipamiento, espacios de ocio ...) dando continuidad a las rutas peatonales principales y conectando las diferentes partes de la ciudad, especialmente los barrios periféricos entre si, barrios que muchas veces han sido aislados del resto de la ciudad y de su entorno inmediato por la construcción de grandes infraestructuras pensadas especialmente para el transporte privado. Esta búsqueda de la conectividad es clave para acabar con la dicotomía centro/periferia y la dependencia de usos y funciones que los barrios sufren por el modelo urbano predominante.

Para conseguir esta ciudad de proximidad es esencial el ámbito de la movilidad sostenible y segura. Para evitar la dependencia del vehículo privado, es necesario favorecer y potenciar todas las alternativas posibles de las que por orden de eficiencia, universalidad y economía de recursos. Enumero las tres que considero prioritarias:

Favorecer la movilidad peatonal, extendiendo la sección de aceras que soportan tráfico peatonal alto, peatonalizando aquellas calles donde es posible la desaparición o compatibilización del tráfico vehicular con los peatones, ampliando el espacio peatonal en los accesos y alrededores de equipamientos y servicios que conllevan una alta concentración de personas, garantizando la accesibilidad universal en el espacio público, con especial atención a la resolución de barreras arquitectónicas, especialmente al ensanchamiento de aceras estrechas que hacen imposible garantizar la distancia espacial entre las personas.

Potenciar el uso de la bicicleta, como medio de transporte sostenible unipersonal, posibilitando rutas seguras, aumentando las dotaciones y régimen de oferta para el estacionamiento, implementando servicios públicos de bicicleta con asistencia al pedaleo y garantizando la universalidad de su uso, favoreciendo el acceso a las personas más vulnerables, independientemente de su condición física o económica.

Garantizar acceso al transporte público colectivo, especialmente en las circunstancias actuales en las que se prevé una reducción en su uso debido a las cautelas sanitarias. Para suplir esa menor ocupación de los vehículos, es necesario un aumento de la oferta de transporte público, ya sea con una nueva flota móvil o con un mayor uso de la flota móvil existente, por medio de recorridos prioritarios y prioridad en las intersecciones, la reducción del impacto de la hora punta mediante la regulación de los horarios de entrada y salida de los principales centros de trabajo, grandes empresas, administraciones y centros educativos de cualquier ámbito, así como unos protocolos de desinfección de vehículos y medidas de higiene que eviten la desconfianza hacia estos medios de transporte.

La salida de esta crisis tiene que ser comunitaria y solidaria, como ya se está demostrando de manera empírica con el trabajo de todas esas personas, desde las cajeras a las transportistas, repartidoras o sanitarias, que están manteniendo la sociedad en equilibrio, en muchos casos a pesar de una gran precariedad propiciada por las políticas de austeridad de los últimos años. La potenciación de lo común tiene que ser el camino también respecto al espacio público, lo peor que nos podría pasar sería que en adelante prolifere el control social del espacio público o el modelo de comunidades cerradas y apartadas, más dañino social y ecológicamente.

La forma de la ciudad es el resultado de las luchas de intereses y las circunstancias del paso de la historia, pero los ejemplos positivos parten siempre de la construcción colectiva. Esta situación dejará su huella, en las ciudades ya lo está haciendo con multitud de intervenciones de reconquista del espacio libre a favor del peatón. Los conos y la pintura nos están demostrando empíricamente que cuanto más amable es la ciudad, cuanto más fácil es recorrerla sin depender del vehículo privado, menos necesario es este, y menos espacio libre consume. Un círculo virtuoso.

Aprovechemos la ola e intentemos que de alguna manera sea positiva, convirtiendo las actuaciones provisionales en definitivas, para que en el futuro tengamos más y mejor espacio público, libre y para todas.

Por XIAO VARELA GÓMEZ

ES ARQUITECTO Y EXCONCEJAL DE REGENERACIÓN URBANA Y DERECHO A LA VIVIENDA EN A CORUÑA POR LA MAREA ATLÁNTICA (2015-2019)

13 MAY 2020 06:51

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Viernes, 24 Abril 2020 06:44

Autonomías para enfrentar las pandemias

Autonomías para enfrentar las pandemias

Cuando el Estado es poco más que un miserable espectro genocida, los recursos de los pueblos son el único relevo posible para combatir guerras y enfermedades, cuyos efectos no tienen, casi, la menor diferencia. Es cierto que las guerras destruyen, además de personas, edificios e infraestructuras, mientras las epidemias afectan, primordialmente, a los seres humanos.

En el norte y el este de Siria, después de una larga década de guerra azuzada por los principales estados del planeta y de la región, los más armados y los menos razonables, capaces incluso de haber creado y alimentado ese monstruo llamado Estado Islámico, los pueblos organizados están resistiendo ahora la pandemia de coronavirus.

Lo más notable, según las noticias que nos llegan, es que combaten el virus con las mismas armas que utilizaron durante la guerra: la cohesión comunitaria, la organización de base y la determinación, como pueblos, de hacer frente colectivamente a los mayores obstáculos. Así es la vida en los territorios donde el pueblo kurdo hace de la autonomía su seña de identidad.

Un ventilador cada 100 mil habitantes, son los recursos técnicos con los que cuenta la región, según el Centro de Información de Rojava. Buena parte del instrumental sanitario fue destruido por los recientes ataques de Turquía a las regiones autónomas kurdas.

Las cooperativas textiles y agrícolas son las encargadas de producir mascarillas para protección y los alimentos necesarios. Las comunas decidieron un toque de queda desde el 23 de marzo, sometiendo a los viajeros que llegan a la zona a una cuarentena preventiva, mientras las estructuras económicas y políticas de la autonomía, las mismas que han permitido la sobrevivencia durante una década de guerra civil en Siria, son las que garantizan la vida de la población.

"Las cooperativas están más en sintonía con las necesidades de las comunidades en las que viven sus miembros y, por tanto, tienen más probabilidades de tomar decisiones basadas en la necesidad que en las ganancias", señala un reporte de "Kurdistán América Latina" (https://bit.ly/2RX5EVo).

Las comunas, que son la unidad básica en las que está organizada la población, garantizan el cumplimiento del toque de queda y la distribución de alimentos, basadas "en el conocimiento local y la pequeña escala de estas estructuras". Elaboran listas con las familias que tienen mayores necesidades de alimentos, productos de limpieza y medicamentos y van de familia en familia distribuyendo la ayuda, para evitar aglomeraciones.

Una forma de organización que facilita la protección de las familias, ya que "los integrantes de la comuna no necesitan viajar mas allá de sus vecindarios para distribuir ayuda, disminuyendo el número de personas que viajan de ciudad en ciudad".

Este orden comunitario y autónomo se mantiene en una región poblada por 4 millones de personas, incluyendo alrededor de un millón de refugiados que viven en tiendas de campaña por la agresión turca. A pesar de la estricta organización, del trabajo de las cooperativas y comunas y de la solidaridad internacional, los hospitales y centros de salud tienen capacidad para atender sólo 460 casos activos de coronavirus.

Un informe del Comité de Solidaridad con Kurdistán de la Ciudad de México destaca que los estados y las organizaciones internacionales, como la ONU y la OMS, están actuando de forma irresponsable ante los continuos bombardeos de Turquía sobre las aldeas de Rojava, que provocan cortes de agua y agravan la situación sanitaria.

Ante esta situación sólo vale la "autoorganización comunal, ecológica y pacífica" de los pueblos en el contexto de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, inspirada en el confederalismo democrático teorizado por Abdullah Öcalan, líder kurdo prisionero en la isla turca de Imrali.

En sintonía con la experiencia zapatista y de otros pueblos latinoamericanos, sigue el Comité de Solidaridad, defienden "una salud comunitaria basada antes que nada sobre la autonomía, la prevención social y la educación más allá de las medidas estatales represivas y centralizadoras".

"Volver a la tierra y a la naturaleza", es uno de los lemas del pueblo kurdo, que busca enfrentar ésta y futuras pandemias repoblando aldeas rurales, reforestando, con cultivos diversificados en base al trabajo comunitario.

Las palabras autodefensa, autonomía y salud comunitaria, resuenan estos días aciagos desde Rojava hasta Chiapas, pasando por Lima, donde cientos de andinos retornan a sus pueblos en la sierra, bajo el lema "Aquí termina Lima", en una magnífica descripción de Rodrigo Montoya (https://bit.ly/3bvGW69). Lejos de la modernidad urbana individualista, quieren rehacer su vida en comunidades, tejidas con base en la reciprocidad y la ayuda mutua.

El futuro de la humanidad se juega en estos espacios y territorios de los abajos, ya que resistir la pandemia supone poner en juego los mismos recursos con los que resisten al Estado y al capital.

 

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Daniel Cabrera, colombiano confinado en Myanmar y uno de los líderes de esa comunidad

A raíz de la poca o nula ayuda por parte de la Cancillería de Colombia en solvencia económica, sanitaria o gestión de vuelos humanitarios que traigan de regreso a los colombianos atrapados por el mundo producto de la cuarentena declarada por diversidad de países, un grupo de colombianos con liderazgo, algunos en Colombia y otros atrapados en el extranjero, crearon la comunidad: Quiero regresar a casa, iniciativa independiente no gubernamental. 

Una iniciativa necesaria, toda vez que el gobierno de Iván Duque y la Cancillería, a cargo de Claudia Blum, no han atendido ni resuelto la situación que sufren miles de colombianos y colombianas que están en el limbo territorial y en situación de vulnerabilidad económica, mental, en salud y otros tópicos. Una realidad que desnuda la ausencia de voluntad política de un gobierno que no reacciona ante la demanda de una parte de sus gobernados, los mismos que ven como su situación llega a extremos inmanejables, situación que de así seguir cada día será peor.

Ante estas circunstancias, como evidencia de la energía que los llena y la esperanza que los motiva, los connacionales atrapados por el mundo crearon una alternativa para poder brindar apoyo a los colombianos que están en su misma situación.

desdeabajo entrevistó a Daniel Cabrera, líder de esta comunidad, confinado en Myanmar, quien contó: “Esta es una iniciativa que nace porque muchos colombianos atrapados por el mundo, y que están buscando ayuda, no encuentran una mano amiga por parte del gobierno. No quiero que esto sea una crítica al gobierno porque nadie se esperaba una pandemia pero ya se salió de control. Lamentablemente la respuesta de las embajadas colombianas no ha sido la mejor. Los colombianos nos sentimos en situación de vulnerabilidad, mientras vemos que ciudadanos de países en Europa o Estados Unidos sí tienen respuesta de sus gobiernos”.

¿Cuáles son los objetivos de esta comunidad?

Queremos hacer realidad tres objetivos, importantes e interdependientes: 1) poder regresar a Colombia, es el más importante y primordial de todos, pero para eso necesitamos de los otros objetivos, 2) Unir a los colombianos en el exterior que sufren de xenofobia, no tienen recursos y muchos no hablan el idioma donde están varados; unirnos con los connacionales que están en Colombia y que pueden apoyarlos mientras logramos volver al país. 3) Concentrar y canalizar las comunicaciones de todos, siendo una sola grande y fuerte voz.

¿Cuál es la estrategia para poder realizar esos objetivos?

La estrategia de unir estos dos mundos es lograr identificar los casos más graves que están sobrellevando muchos compatriotas y para eso nos reunimos varios líderes alrededor del mundo. Por ejemplo, si tú estás en Colombia y estás bien, y nos dices: soy abogado y podría ayudar legalmente, soy psicólogo y podría brindar terapias o dentro de mis posibilidades podría ayudar económicamente, entonces ingreso al portal web de: Quiero Regresar A Casa www.quieroregresaracasa.com para encontrar a todos los colombianos atrapados por el mundo en condición de vulnerabilidad y decido a cuál ayudar. Nosotros hacemos el enlace entre las dos personas, somos el canal de comunicación para conectar estos dos mundos.

¿Qué están realizando ahora?

En esta primera etapa estamos recibiendo los registros de muchos colombianos atrapados alrededor del mundo. No hacemos parte del gobierno, simplemente estamos acá para conectarlos con otras personas que los quieran ayudar. Esto es independiente, somos un equipo de personas que estamos detrás de esto, y por medio de la solidaridad y colaboración podemos lograr ayudar a los connacionales atrapados por el mundo, concluyó Daniel Cabrera.

Aparte de sufrir derechos humanos básicos como a la de salud, vida, igualdad, a no sufrir destierro y, por ello, poder regresar a casa cuando se necesita o quiere, se suma que la mayoría de los colombianos atrapados por el mundo están siendo rechazados por ser extranjeros. Como también hay colombianos en su propio país los rechazan y no quieren que vuelvan al territorio nacional pensando que pueden traer el virus covid-19.

Es el momento de unirnos y agrandar los lazos de solidaridad. Que su voz encuentre oídos prestos. Todas y todos somos país. Únase también a la campaña de desdeabajo Primero el ser humano. Para ver más aquí:

https://desdeabajo.info/sociedad/item/39406-lanzada-la-campana-primeroelserhumano.html

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Jueves, 09 Abril 2020 08:22

De repente el virus llegó a la puerta

De repente el virus llegó a la puerta

De repente el virus llegó a nuestra ciudad y la habita. Esa sucesión de horas y lugares que considerábamos “normal” acaba de licuarse e irse lavamanos abajo. Por eso, la pregunta por lo que considerábamos normal queda abierta. Porque lo que emerge de la “anormalidad” pandémica es la certeza de que lo normal era caótico. Habitábamos una normalidad caótica y desigual, donde unas personas se desgañitaban por dos pesos para el pan o para el crack, mientras otras cantaban en el karaoke o gritaban las subidas en la bolsa.

Porque el bicho silenció las calles. Invisible, nos obligó a la rutina de alejamiento e higienización. Sin ruido ni agazapado puso nuestra vida en estado de guerra, como insisten políticos, médicos y otros agentes de gobierno. El pulso de la “normalidad” era el ruido ensordecido de mil batallas. Hace mucho estamos en una guerra social que por el virus ganó un compás unánime.

La médica Sophie Mainguy advirtió del sinsentido de la metáfora bélica usada en la pandemia. Recalcaba la inexactitud retórica que pone al virus-criatura-natural, en guerra contra nuestra civilización. La naturaleza nunca ha sido nuestra enemiga. Hemos explotado cada gesto de su pasividad desarmada, siendo apenas una pintoresca “materia prima” para el comercio. Es insostenible comenzar una guerra sin un enemigo definido que carece de armas. Esta pandemia es estrictamente el avance de una forma de casi-vida (los virus no están vivos) sobre una especie bípeda en la que encontró posibilidades de reproducción.

Hasta antes de la vida en cuarentena, eran comunes los fines de semana y las vacaciones en la naturaleza, sin preocuparnos mucho por el probable ataque de una horda de virus. Buscábamos el canto de los pájaros y de los insectos y nadábamos en cualquier pozo sin miedo a contagiarnos. La naturaleza, pensábamos, era la “oposición” agreste de la civilización. Pero en el neoliberalismo todo está se mercantiliza. La “naturaleza” fue convertida en “nichos” de monetización. Hoy contabilizamos los precios de producción y consumo de oxígeno. Los países comercian huellas de carbono y derechos de emisión de gases de invernadero. La pretensión de retorno a la naturaleza como pretensión de resistencia a la civilización es el tonto ensueño good vibes de un hippie que viaja en primera clase.

La unidad entre civilización y naturaleza se funda en los tránsitos entre especies, espacios y explotaciones. El flujo neoliberal transportó el virus a las ciudades. El murciélago acusado de la transmisión fue apenas la silla. Que aquel natural virus ahora corra suelto por Guayaquil, Milán o Nueva York es consecuencia del libre comercio de commodities, extraídas de todos los rincones del planeta sin reparar en cuidados para los pobladores, humanos y de otras especies. La otra consecuencia es que en todas las esquinas del globo el bicho tumba gente como moscas con graves problemas respiratorios.

El coronavirus simplemente pasó de un mamífero a otro, por puentes orgánicos entre personas y animales. No busca acabar con la humanidad y menos mantenernos en un asedio permanente que acabe con nuestra vida “normal”. Apenas aprovecha la aglomeración de bípedos para engendrar nuevas cadenas de proteína, sin importarse por el número de contagiados y muertos y menos aún por la suerte de la economía mundial. Carece de estrategia, no entrena ni abastece un ejército, tampoco está previendo armisticios o rendiciones. Sólo hace copias de sí aprovechando la dinámica de las células del bípedo. Una tarea silenciosa y repetitiva que se opone a las estridencias de grandes guerras y al ruido mecánico de la libertad de comercio.

Porque la libertad de mercado sólo funciona por la explotación de todos los seres que participan de cuerpo presente en esas cadenas de valor. Explotados los murciélagos y su cazador. También conductores, agricultoras, empleadas de servicio y todos los que producen valor. La etiología del COVID-19 se explica por el estrechamiento de los contactos entre humanos y otros organismos, debido a la explotación intensa de todos los ecosistemas. Esto lleva a especies de animales silvestres a convivir en espacios reducidos, aumentando la densidad de vectores y enfermedades. Organismos diversos viviendo en inquilinatos y tugurios “naturales”.

El neoliberalismo tuguriza. La normalidad de nuestras ciudades neoliberales incluye el hacinamiento de millones de organismos que son quienes limpian, cocinan, cuidan, matan, transportan y vigilan. Con enormes dificultades económicas y sanitarias, los tugurios son la batahola de la guerra social, contracara del silencio que reina en los barrios de clases medias y altas. El neoliberalismo también tuguriza a los organismos silvestres recluidos en pequeñas selvas y a las vacas y gallinas hacinadas en granjas de engorde. Y en todos esos tugurios se escucha claro el ruido de la guerra de nosotros contra nosotros, motivada por el comercio desbocado.

Una guerra que son las palabras de un Bolsonaro calificando la pandemia de gripezinha, mientras los hospitales en São Paulo y Río de Janeiro comienzan a estar abarrotados de gente con problemas respiratorios. Una guerra que son los balazos que matan a un indígena por proteger las selvas o a un campesino por negarse a vender sus tierras para algún emprendimiento agroindustrial. La guerra silenciada son los alaridos de los extremistas religiosos prometiendo estridentes apocalipsis.

La guerra son los exitosos celebrando a coro la privatización de todo, mientras que lloran en Twitter por la contaminación del mundo por cuenta de las empresas que nos privaron de todo. También es la negación de la guerra por políticos que hacen lobby ante los fabricantes de

armas. La guerra son el inmigrante venezolano machacando su cuerpo en una bicicleta para entregar el pedido del Rappi y siendo insultado por ser migrante. Son las voces impostadas de los videos conspiracionistas de todo tipo. Son los ataques a las ciencias, sociales y naturales, que siempre ayudaron a resolver epidemias y otros males. Porque la ausencia de ruido es el testimonio de la masacre que sostiene la normalidad, esa que podemos escuchar claramente ahora que el virus nos tocó a la puerta.

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Transferencia y poder, la cara social de la angustia

De qué se trata la crisis de la subjetividad en la pandemia

 

Freud llama angustia pánica al sentimiento de muerte de un sujeto cuando siente que su universo de símbolos se desmorona. Acontece, mayormente, durante las guerras y catástrofes. La sensación de muerte pánica puede confluir con la muerte real, pero no es la misma; la muerte real y, aun, la angustia, pueden acontecer sin pánico.

Los símbolos, las lógicas de la conciencia son el universo del sujeto, que le da un sentido en el mundo; es un saber que garantiza su vida, aun así, el sujeto no requiere, para su existir, un conocimiento de esta sujeción sino que es algo más próximo a un saber que lo antecede, lo contiene y lo sostiene, para poder existir.

La dimensión psíquica, en la cual el sujeto vive esta sujeción, es la creencia. La relación del sujeto a la realidad es por convencimiento en lo que creen. No hay una relación directa del sujeto a ninguna evidencia real. El sujeto fundamentalmente “cree” en los símbolos que están promovidos por los discursos que representanal orden simbólico.

Los primeros seres sociales personificaban su universo a través de la creencia en los saberes agrupados en los mitos y en las religiones. Las preguntas y las adversidades; lo desconocido se descifraba desde ellos e imponían, según la necesidad, algún rito, enseñando y organizando a la sociedad.

Las religiones han ido cediendo su lugar a otro saber, disciplinado bajo un orden diferente, llamado “las ciencias”. Si bien se podría decir que es más verdadero lo que dice la ciencia sobre los fenómenos, que el conocimiento que aportaban los mitos sobre las causas, la relación que mantiene el sujeto con la ciencia es la misma que tenía con los mitos y las religiones. El sujeto solo accede al conocimiento científico vía la creencia. Desplazamiento y sustitución que no es sin un cambio de paradigmas en la valorización de las lógicas que constituyen las certezas.

Este movimiento articulado a la dimensión de la creencia fueron parte fundantes de la civilización y es lo que permite sostener el dominio de los discursos institucionalizados. La civilización le demanda a la ciencia que resuelva todas las incógnitas, que ocupe el lugar de ser un saber sobre la garantía de la existencia humana, sean estos procesos físicos, biológicos o sociales. Participe el sujeto o no, sea consciente o no de ello.

El discurso de la ciencia alcanza su dominio en la civilización, incorporando dentro de sus saberes el discurso del sistema capitalista en tanto es la organización social de generación de riqueza, que se pretende científica. Por ello, las crisis económicas del sistema también son generadoras de angustia pánica, hayan padecido o no, cada uno, algún perjuicio directo.

Interpretamos la angustia pandémica como la ausencia, en la ciencia, de una respuesta a una pregunta que tampoco creó. El poder que la civilización le adjudica a la ciencia es tan elevado como el ruido que hace su caída. Cuando la ciencia pierde su lugar de ser la garantía de existencia, puede desarrollarse, en un sujeto, la angustia pánica conceptualizada por Freud.

La sensación de muerte pánica alude al descontrol de la muerte en sí, al desamparo primordial ante ella. No se refiere a la cantidad de muertos reales, sino a una muerte que contagia de muerte. Hay otras muertes, acotadas, contenidas por un saber; hay otras muertes, de cantidades horrorosas, comandadas por determinantes ideológicas e ignoradas por los productores de la ignorancia y por los sujetos que no advierten su propio horizonte ideológico.

Mientras la ciencia descifra cómo mantener la garantía, ordenó combatir al covid-19 poniendo en cuarentena a la civilizacion: paralizar la circulación y descarga social de los goces propios. El efecto que tiene esta indicación, la limpieza de la naturaleza y la saturación personal, impulsa los interrogantes sobre el principal goce, que nos ofrece el capitalismo, para nuestras descargas: “la acumulación”, razón de ser del sistema, pero que está en oposición directa a lo natural. ¿Será solo un tropezón o una caída de los parámetros que garantizan el goce de la existencia? o ¿la civilización reforzara los diques que protejan el goce del sistema?

Por ahora, lo más importante es respetar las medidas preventivas, que los gobiernos, junto a nuestros chamanes, los científicos, imponen, como rito necesario, para combatir el virus y así lograr restituir la armonía y la disputa social, es decir, nuestras creencias. Como decía Freud, la vida no vale mucho, pero es lo único que tenemos.

Herrnán C. Guggiari es psicoanalista.

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Miércoles, 01 Abril 2020 06:44

Lecciones de una pandemia

Lecciones de una pandemia

El ser humano ingresa en el mundo material y externo al nacer, proceso que es individual para cada persona; es decir llega solo como un humano, quien para crecer, desarrollarse y adaptarse al nuevo ambiente necesita de acompañantes, empezando por sus padres, hermanos, familia y luego, con el tiempo, de la comunidad a la que pertenece. Es decir, difícilmente permanece solo o aislado después de su nacimiento.

Este proceso forma y transforma a las personas, que forjan su existencia dentro de algún grupo de semejantes, que influyen en su manera de ser y hacer. Se crea así la interdependencia y la vida social que es la esencia del existir humano, desde los ancestros que se forjó con agrupaciones por necesidad, colaboración, afinidad y/o afectos.

El sentido comunitario se incrementó y las organizaciones sociales adquirieron carácter humanizado, sentimental y emotivo entre ellas. Se conocían entre todos y valoraban los sentimientos, alegrías, desengaños, tristezas y sufrimientos. Había comunicación, respeto, comprensión, solidaridad y sobretodo relaciones interpersonales. Definitiva mente no se estaba SOLO.

Llegó la era digital con la pesada sombra de la individualidad, autoformación personal con interrelaciones virtuales, cero presencia real de la persona. A pesar de las múltiples conexiones y facilidades de relación; la esencia de la persona en colectivos se desvaneció completamente. Estamos actualmente muy acompañados, pero AISLADOS.

El planeta Tierra, nuestro GRAN HOGAR, está totalmente poblado de gente que no se conoce ni a sí misma, ni a los demás y, por tanto, no hay amistad auténtica, hermandad, solidaridad, respeto, menos afecto; es más, por intereses particulares se atenta contra la tierra, contaminándole, destruyendo, e irrespetando su generosa acogida.

Se ha ofendido a nuestro planeta y al ser humano por mucho tiempo; es hora de rendir cuentas. Una PANDEMIA nos ha convocado a reflexionar individualmente en las acciones tanto para ella, como para nuestros semejantes, que por su presencia se han visto obligados a convivir en soledad con la familia (célula fundamental de la sociedad) y también en comunidad. Comprender que si hay unidad entre personas es posible enfrentar las pruebas que se presentan sorpresivamente.

Claro que la pandemia es una exigente lección, porque al quedar dentro de un espacio limitado entre desconocidos familiares, se requirió esfuerzo, sacrificio, diálogo. Redescubriendo con el pasar de los días, a los tiempos, el valor de la FAMILA.

Sin embargo, esta soledad permitió un auto análisis personal, sintiendo el espacio silencioso de cada yo, con pensamientos de aburrimiento, incertidumbre y fragilidad. Fue necesario redescubrirse entre hermanos, padres, abuelos… tratar de buscar temas y afinidades comunes. Fue un espacio triste y oscuro a pesar de ser tiempo soleado, pero penetró en cada interior como una enseñanza por aprender, para toda la humanidad.

El coronavirus presentó la oportunidad de reflexionar y despertar como seres humanos terrenales; al atacar sin distinción a la raza humana, con la fortaleza de virus microscópicos, agresivos y veloces, doblegando el orgullo humano.

Los virus producen enfermedades, son considerados sin vida, porque no se reproducen como cualquier célula, sino que se duplican cuando se hospedan en ella, invadiéndole su interior a velocidades y cantidades increíbles, acabando así con la vida.

Una persona debe cuidar y preservar su vida de la mejor manera, valorando: su alimentación sana y saludable, el ejercicio físico dosificado a cada realidad, con formación corporal, intelectual y emocional correctas, solo así está dotando a su organismo de defensas internas naturales ante cualquier infección.

Esto genera un sistema inmunitario unipersonal, con un conjunto de elementos y procesos biológicos internos que permiten mantener el equilibrio entre agresiones externas: biológicas, patógenas, físico químicas, radiación, contaminación y/o agresiones internas en el cuerpo humano de virus, bacterias, tumoraciones, células cancerosas…

El sistema inmunológico bien cuidado; identifica la agresión y los agentes patógenos, para reaccionar ante ellos en defensa de la vida, formando moléculas solubles en la sangre, linfa y otros, también en diferentes tejidos y órganos; en la médula ósea se forman células con función inmunitaria (neutrófilos, eosinófilos, monocitos, dendritas y macrófagos…) que se movilizan por la sangre y el sistema linfático a los órganos afectados, para defenderlos.

Hay respuesta inmunitaria natural en el organismo por sí mismo y hay respuesta inmunitaria adquirida a través de la vacunación, para esta última hay que esperar que se creen o que exista. Se depende de lo externo.

En la inmunidad natural no, porque somos dueños de la ella cada uno, si hemos cuidado: mente y cuerpo consciente y consistentemente, en cada etapa de nuestra existencia.

Una célula infectada por un virus secretará interferones, activando de diferentes maneras las defensas antivirus en células cercanas a la infectada. En el ser humano se han identificado interferones de más de 20 genes y proteínas. Las proteínas identificadoras del germen patógeno son proporcionadas por las células, reconociendo la presencia de diferentes factores (virus, bacterias, parásitos, células tumorales).

Un interferón está formado por proteínas conocidas como citocinas que se comunican entre células, para desencadenar las defensas protectoras del sistema inmune, para la erradicación de patógenos. Deben su nombre por interferir la replicación viral. También activan las células asesinas naturales y los macrófagos, regulando la presencia de antígenos.

Síntomas como fiebre, dolor muscular generan la producción del interferón, muy valioso para combatir infecciones virales: activan células inmunes (macrófagos), identifican células cancerígenas, incrementan la capacidad de las células sanas para resistir las nuevas infecciones. En definitiva, es un agente proteico especial defensor de la salud humana.

El cuerpo humano ese gran laboratorio

No se valora la capacidad del laboratorio interior que tenemos las personas, que nos responsabiliza en su cuidado y respeto. Un constituyente básico es la alimentación cotidiana de todos, que por su importancia para la salud debe contar siempre entre los variados nutrientes, con una ración apropiada de proteinas, protagonistas interiores valiosas de salud y enfermedades humanas.

Hay proteinas animales y vegetales, que participan en el crecimiento, reparación y mantenimiento de músculos, órganos y tejidos. Actúan en la producción de hormonas y son parte de los neurotransmisores (transmiten impulsos nerviosos y del cerebro), son fuente de energía con el 10 al 15 por ciento de las calorías diarias. Son un componente vital del ser humano.

Las proteínas animales como la carne, pescado, huevos, leche, queso, tienen la totalidad de aminoácidos esenciales necesarios para el ser humano, se incorporan fácilmente al cuerpo y toman su tiempo en el proceso digestivo, su adquisición tiene valor económico.

Proteínas vegetales como los garbanzos, arveja, soja, pistachos, quinua y amaranto, tienen también los aminoácidos esenciales necesarios. Hay aminoácidos en otros granos como la lenteja, el maíz, frijol, frutos secos: nuez, almendras, semillas de girasol y zambo. Cereales como la avena, el trigo, pero no cubren todos los aminoácidos esenciales, pero siempre es posible completarlos al combinar entre ellos para que se complementen y cumplan con su papel en el organismo humano.

Tienen además fibra insoluble, tanto en cáscaras como en tallos. Esto favorece el tránsito intestinal y evacuación. Indudablemente, puede tomar más tiempo el proceso digestivo, pero son asimilables y sobretodo más económicos; al alcance de la mayoría. Se sugiere, sin necesidad de que sea en la misma comida, combinarles durante el día consumiendo legumbres con cereales, legumbres con frutos secos, cereales con frutos secos. Aportan además micronutrientes como calcio, magnesio, omega 3 y 6, complejo B, excepto B12.

Es decir, la naturaleza que estamos agrediendo tiene entre sus verdes sembríos todo lo que requiere el ser humano para vivir sano y por largo tiempo.

También hay las vitaminas que el cuerpo humano no puede sintetizar excepto la vitamina D y pero no puede funcionar correctamente sin ellas, deben ser suministradas en la alimentación personal, su carencia produce deficiencias y enfermedades. Son de dos clases: vitaminas solubles en agua son eliminadas por orina, sudor y solubles en grasas pueden incorporarse a grasas del cuerpo porque no se eliminan, debe respetarse la dosis establecida.

Entre las vitaminas hidrosolubles está la vitamina C conocida como preventiva de resfríos, cicatrización, radicales libres, se encuentra en frutas especialmente cítricas y vegetales (repollo, tomates, papas, lechuga). El complejo B tiene variedades (B1, B6, B12….) se encuentra en cereales integrales, leche, verduras, carne, maní, participa en el metabolismo de energía, es respaldo del sistema nervioso, ayuda en la visión normal, salud de la piel. B6 participa en la producción de glóbulos rojos. Cabe anotar que debe ingerirse de acuerdo a indicación médica, el exceso especialmente de B6 es dañino..

Las vitaminas liposolubles (solubles en grasas) como la vitamina A, útil para una buena visión, cuidado de piel y cabello, se obtiene en vegetales verdes, zanahorias, aceite de hígado de pescado, frutas.

La vitamina D (calciferol) presente en aceite de hígado de pescado y en la yema del huevo, puede formarse en la superficie de la piel, por acción de los rayos solares. Participa en la fijación del calcio, en la formación de la estructura ósea, la falta de esta vitamina produce raquitismo. Vitamina E es antioxidante, protege la pared celular hay en la soja, maíz, germen de trigo, huevos, hígado, nueces y semillas. Vitamina K apoya la coagulación sanguínea, se encuentra en hojas verdes, coles, espinacas, brócoli, espárragos, se produce en el intestino por bacterias presentes.

Pensando en una vida saludable, y en la no-saludable, resaltar la existencia de alimentos que aportan sustancias que ayudan al bienestar y buena salud, otros a menguar los efectos de las infecciones, de ahí que cuando nos alimentemos debemos considerar nuestra salud, en las defensas que ayudan a crear los alimentos cuando hay enfermedades, eso sí concienciando sólo si nos alimentamos bien, considerando los beneficios de los nutrientes, vitaminas y agua.

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Lunes, 30 Marzo 2020 06:39

Peste y primavera

Residentes de South Orange y Maplewood, en Nueva Jersey, se han unido para elaborar equipos de protección, como mascarillas y protectores faciales, con el fin de ayudar a los trabajadores sanitarios del área en la lucha contra el coronavirus.Foto Afp

La peste no es sólo el coronavirus, sino el manejo criminal y negligente de la crisis por casi toda la clase política. Está más que documentado que se sabía de las posibilidades terribles de una pandemia como ésta y la cúpula política no dijo ni hizo lo debido. El régimen estadunidense –en los hechos, por los números innecesarios de gente contagiada, personas que mueren– ahora compite con el coronavirus sobre cuál es más peligroso para la salud pública.

Ante la irresponsabilidad del régimen y gran parte de la cúpula política en torno al desastre que estamos viviendo en Estados Unidos, el temor –a veces nutrido por algunos medios cubriendo esta nota roja masiva con un tinte amarillista– se vuelve más contagioso que el coronavirus.

Por las cuarentenas parciales, cunde un silencio ensordecedor en grandes urbes sólo interrumpido por las sirenas de cada vez más ambulancias mientras la gente comparte historias de horror pero también de heroísmo, sobre todo el de los trabajadores de salud que intentan hacer todo para rescatarnos de esta peste.

No respiren, no toquen, el que está al lado puede ser mensajero de la muerte, esperen instrucciones de las autoridades; no se muevan, no se muevan. Ese es el mensaje oficial incesante.

Pero rompiendo esta inercia decretada, esta condición diaria donde uno –si no está capacitado en atender y salvar vidas– está condenado a ser testigo o víctima de todo esto, algo reaparece con la primavera.

Iniciativas de ayuda mutua –concepto de origen anarquista (Kropotkin, entre otros) después mezclado con corrientes cristianas radicales e indigenas donde el apoyo esta organizando horizontalmente para beneficiar a todos los participantes– están brotando en diversas esquinas del país, y con ello florece esa solidaridad que suele aparecer ante actos catastróficos para una sociedad. Son respuestas colectivas basadas en la lección básica de esta pandemia; lo que hacen todos y cada quien afecta a todos los demás.

Con ello, se han organizado brigadas para hacer compras colectivas y distribuir a la comunidad desde alimentos básicos hasta medicinas a organizar transporte y alojamiento. Esas redes, en gran medida son organizadas por jóvenes con sus talentos digitales, en comunidades pobres en Nueva York, Chicago, Los Angeles, Salt Lake City, Washington DC, Nashville, Las Vegas, Cleveland entre decenas y pronto cientos mas (https://docs.google.com/spreadsheets/ d/e/2PACX-1vRks16AM9mtiFCC dEJmckD9IszC7rHkvfRj6xxspMB4BBB8n_SiUsHCfbHb DCixmvNGTSPm7PEii2nP/pubhtml# ; https://mutualaiddisasterrelief.org).

Muchas de estas agrupaciones son recién nacidas ante este desastre, pero otras son más antiguas con largas historias de autogestión autónoma que ahora están respondiendo a una crisis más, y además de promover apoyo mutuo dentro y entre comunidades.

Como se comentó en un foro virtual esta semana en el Highlander Center por participantes en este tipo de esfuerzos tanto de ahora como en el pasado, el concepto se basa en solidaridad, no caridad, ya que la caridad rescata justo las estructuras que contribuyeron al desastre en lugar de transformarlas para que no se repita este tipo de crisis. Se rechaza la idea de que los expertos, que suelen estar o llegar de fuera, son los que tienen que resolver la situación sino que los problemas y sus soluciones tienen que ser definidos por los directamente afectados. Otra participante señaló que se tiene que rechazar hasta el nombre de la medida oficial de distanciamiento social, insistiendo que lo que se tiene que hacer es guardar una distancia física, pero mantener sobre todo la solidaridad social. Afirmaron que el objetivo es pensar en cómo construir una infraestructura de cuidado comunitario frente a un sistema capitalista que sólo le interesa rescatar sus intereses en una crisis como ésta.

No son una vacuna, pero estas respuestas –junto con la cada vez más esplendorosa gama de expresiones solidarias por artistas y otros trabajadores culturales en estos momentos– son los antídotos vitales, invitaciones a una primavera.

(https://twitter.com/i/status/1243550980022718465). (https://twitter.com/YoYo_Ma/status/1243618409067294720)

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Una vez destruidos los cuerpos y los tejidos sociales hay que destruir la memoria de las víctimas

Nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó, luego de haber conmemorado los 15 años de la horrenda masacre del 21 de febrero de 2005, acto de memoria en el cual nos acompañaron varias representaciones diplomáticas de Europa y Naciones Unidas y grupos solidarios de Colombia, y de haber sentido nuevamente el ambiente viciado que se respira en el largo y tortuoso camino hacia las veredas de Mulatos y La Resbalosa, queremos compartir con el país y el mundo las preocupaciones que nos asedian.

En primer lugar, revivir el dolor de aquella barbarie, como lo hacemos cada año, en lugar de acercarnos cada vez más hacia el olvido, tiene más bien el efecto contrario. Quince años después, cuando la menor intensidad de las lágrimas enturbia menos la visión y permite percibir con mayor nitidez las estructuras actoras del crimen, el sufrimiento se acrecienta al comprobar que continuamos bajo los mismos poderes perversos que en ese momento perpetraron tantos horrores. En estos años ha habido ciertamente victimarios de bajo rango arrepentidos, que han entregado confesiones escalofriantes a los órganos de la justicia transicional, pero esas mismas confesiones y la manera como esos organismos de supuesta “justicia” han recibido sus relatos, nos dejan aún más angustiados. A través de esos relatos queda claro que el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, junto con su entorno de jerarquías castrenses, paramilitares y empresariales, que actuaban y siguen actuando en estrecha coordinación, se inventaron la leyenda de que nuestra naciente Comunidad de Paz era una “guarida de guerrilleros”, y con esa convicción, apoyada en falsos y perversos testimonios, encendieron los ánimos de pistoleros fanatizados, sedientos de sangre y de dinero fácil, para destruir una comunidad de campesinos empobrecidos y enemigos de toda violencia que rehusábamos ponernos al servicio de un Estado corrupto, violento y criminal, que consolidaba cada vez más su carácter elitista, excluyente  y opresor.

En los 23 años transcurridos desde nuestra primera Declaración pública como Comunidad de Paz, el Estado y sus pistoleros legales e ilegales, abierta o clandestinamente fusionados, han perpetrado 1500 crímenes de lesa humanidad cuya relación detallada reposa en tribunales internacionales. Y quizás lo más aterrador es la ausencia total de justicia, pues la impunidad absoluta cubre con desvergüenza todos los horrores sufridos. El único crimen que se aventuró por los túneles del aparato judicial colombiano, fue justamente el de la masacre del 21 de febrero de 2005, y ello por el trabajo de abogados y partes civiles solidarias, pues ya desde antes, para nuestra Comunidad, la justicia colombiana no gozaba de la más mínima credibilidad, por lo cual no participamos como Parte Civil. Pero ese expediente se convirtió en el monumento más evidente y vergonzoso de la impunidad. Tanto la primera como la segunda instancia concluyeron absolviendo a los criminales dentro de un total irrespeto y burla a toda norma procesal. Llevado finalmente a demanda de casación ante la Corte Suprema de Justicia, gracias a un trabajo de juristas honestos e ilustrados, 10 de los victimarios fueron condenados a más de tres décadas de prisión cada uno, pero en ese momento la Jurisdicción Especial para la Paz, fruto del degradado y envilecido “Acuerdo de Paz”, les tendió la mano para colmarlos de privilegios, en violación flagrante de la misma Ley Estatutaria de la JEP. Así las instituciones judiciales exhibieron, en este caso, su más alto nivel de podredumbre

Este 15° aniversario de una de las masacres más horrendas que han tratado de aniquilarnos como Comunidad de Paz, ha estado contextuado por una campaña de MEMORICIDIO. Desde hace más de un año, la perversa articulación entre gobierno nacional y local, fuerza pública, paramilitarismo y juntas de acción comunal, ha orquestado varias campañas para bloquear los santuarios de la memoria que nuestra Comunidad de Paz ha ido construyendo. Siempre se alega, como pretexto, que el gobierno les ha ofrecido algún proyecto y que no lo pueden despreciar, aunque para realizarlo sea necesario destruir los santuarios de la memoria de las víctimas.

En la ALDEA LUIS EDUARDO GUERRA de la vereda Mulatos Medio, la campaña para que nuestra Comunidad abandone ese lugar, donde fue sacrificado nuestro líder histórico Luis Eduardo Guerra y miembros de su familia el 21 de febrero de 2005, lleva ya varios años. Han recurrido incluso a la amenaza armada y en un momento dado nos quisieron hacer creer que la orden de desalojo venía de la Mesa de Negociaciones de las FARC en La Habana, hasta que las mismas FARC desmintieron la versión y sancionaron al supuesto guerrillero que citaba a “negociar” con armas en mano. Luego la Junta de Acción Comunal tomó el relevo de la amenaza, alegando condiciones de la Alcaldía de Apartadó para la donación de una escuela. Actualmente, pasando por encima de todas nuestras denuncias y protestas, han descargado numerosos bultos de arena y de cemento para construir a las malas unas supuestas aulas escolares, en el lugar menos indicado para una institución educativa. Lo importante para ellos es borrar la memoria de nuestras víctimas y lo quieren hacer pisoteando los principios de la Comunidad: han pretendido implantar allí ventas de licor, juegos de azar, competencias y peleas de gallos, es decir, diversiones que embrutecen y arrasan con los valores de sana convivencia.

Algo similar ha ocurrido en la vereda La Unión, donde el 8 de junio de 2000 el ejército con sus paramilitares ejecutó a 6 de nuestros líderes de la manera más cruel. En el mismo sitio donde quedaron sus cuerpos ensangrentados, nuestra Comunidad construyó un memorial físico lleno de simbolismos. Ahora la Junta de Acción Comunal amenaza con destruir el monumento, alegando que la Alcaldía les ha prometido construirles una placa polideportiva en el mismo sitio, lo que para ellos es prioritario, expresando al tiempo el desprecio absoluto por la memoria de los mártires.

Lo que más nos duele en todas estas controversias es que nuestra sociedad civil ha ido perdiendo o perdió ya del todo sus valores éticos. La memoria de las víctimas ya no tiene carácter sagrado. Lo que tiene carácter sagrado son las migajas de ayudas financieras que el Estado nacional o local les ofrece; o quizás lo más sagrado sea la relación politiquera con los poderes de turno; o quizás lo más sagrado sea el deporte que educa en la competitividad, que es el alma de las sociedades neoliberales insensibles a los problemas sociales pues sacralizan el triunfo egoísta de uno sobre los demás; o quizás lo más sagrado seas los espacios donde se cumplen los rituales de una educación que transmite valores elitistas y antisociales y enseña a someterse con servilismo a lo que se presenta como las últimas modas o tecnologías creadas por los modernos imperios.

Pero para poder pisotear los valores éticos, las diversas autoridades y sus secuaces han tenido que volverle la espalda a las mismas normas legales que el Estado ha redactado y promulgado, quizás bajo la presión de los organismos humanitarios internacionales. En efecto, en el Decreto 1800 de 2011 (decreto reglamentario de la Ley de Víctimas), el mismo gobierno de entonces estableció normas muy claras en defensa de la MEMORIA HISTÓRICA, que ahora violan los alcaldes, la fuerza pública, los paramilitares y las juntas comunales en sus campañas de Memoricidio.

En su artículo 170, dicho decreto define la reparación simbólica como “los actos o las obras de repercusión pública dirigidos a la construcción o recuperación de la memoria histórica, el reconocimiento de la dignidad de las víctimas y la reconstrucción del tejido social”.  Por ello ordena que los órganos del Estado concierten con las víctimas el tipo de medidas y “el lugar en el cual se deben ejecutar” (art. 171).  Incluso en el artículo 184 se ordena al Comité creado para ello que debe “coordinar actos conmemorativos en los que se acepte, reconozca y repudie las conductas que involucran graves violaciones a los derechos humanos … y pedir perdón público a las víctimas (…) actos que deben realizarse preferiblemente en el lugar donde acontecieron los hechos victimizantes, donde se encuentran las víctimas afectadas por los hechos que se reconocen o en el lugar reconocido por las mismas víctimas como escenario de vulneración de sus derechos” (art. 184, parágrafo 1)

El artículo 186 afirma, además: “La memoria histórica es patrimonio público (…) El Centro de Memoria Histórica apoyará iniciativas públicas y privadas que autónoma e independientemente aporten a su reconstrucción en perspectiva de consolidación de garantías de no repetición, de reconciliación y de sostenibilidad del legado de los emprendimientos sociales de las víctimas”.  Por eso el artículo siguiente (187) ordena: “las autoridades públicas no censurarán los resultados de los procesos de memoria histórica construidos en el marco de la Ley 1448/11 y cumplirán con su deber de memoria histórica”.

Al referirse a los sujetos de reparación colectiva, el mismo decreto en su artículo 223 los define como: “grupos y organizaciones sociales, sindicales y políticas y las comunidades que hayan sufrido daños colectivos en los términos del artículo 3 de la Ley 1448/11”. A ellos se refiere el artículo 225 al señalar como objetivos del programa de reparación colectiva éstos: “reconocimiento y dignificación de los sujetos colectivos victimizados. Las acciones del programa deben orientarse a la vinculación de las medidas de reparación con el reconocimiento de las víctimas, las violaciones y los impactos y daños en ellos producidos (…) a la reconstrucción del tejido social y cultural de los sujetos colectivos (…) a la construcción de memoria histórica como aporte al derecho a la verdad del que son titulares los sujetos de reparación colectiva”.

También en el Decreto 303 de 2015, enfocado al problema de las desapariciones forzadas, el artículo 53 establece que el Gobierno Nacional declare como SANTUARIO DE LA MEMORIA “el lugar donde se presuma la existencia de cuerpos o restos de las personas desaparecidas forzadamente, incluyendo los que por sus condiciones geográficas y topográficas resulte imposible realizar exhumaciones”.  En esos sitios se erigirán monumentos en honor a los desaparecidos. Dicho decreto establece además que: el Gobierno Nacional por medio de varias de sus instituciones, los familiares de las víctimas y la comunidad, “definirán las características del monumento que se erigirá en honor a las víctimas de desaparición forzada en los lugares declarados como Santuarios de la Memoria, que tenga como propósito devolver la dignidad a las personas desaparecidas y promover acciones que cumplan con el deber de recordar”.

En el artículo 55 del mismo Decreto se prohíbe “intervenir o alterar las condiciones de los Santuarios de la Memoria, salvo en los casos en que sea necesario para realizar actividades de localización o exhumación de cuerpos o restos humanos. El incumplimiento de esta disposición acarreará las sanciones previstas en la legislación penal vigente”.

Cualquiera percibe que, si la sola sospecha de que en esa zona pueda estar sepultado el cuerpo de un desaparecido lleva a una declaratoria del lugar como “Santuario de la Memoria”, con mucha mayor razón, según el espíritu de esta ley, los lugares donde hay certeza de que allí fueron sacrificadas las víctimas tienen que ser declarados SANTUARIOS DE LA MEMORIA y no podrán ser alterados sino para dignificar más la memoria de las víctimas.

Este recuento de normas que supuestamente están vigentes, nos muestra claramente el nivel de ignorancia o voluntario desconocimiento y desacato que las mismas autoridades tienen respecto a ellas. Esto no nos extraña, pues durante más de 10 años hemos experimentado cómo la Corte Constitucional le ha dado órdenes perentorias al Presidente, a los Ministros de Defensa, a los comandantes militares, exigiéndoles que nos entreguen los nombres de quienes estaban en los lugares y fechas de los crímenes más atroces y todos han desacatado esas órdenes, una y otra vez, de manera contumaz, y sin embargo siguen afirmando que “este es un Estado de Derecho”. Lo que niegan rotundamente con sus procedimientos.

Cuando nos desplazamos a la vereda Mulatos para la conmemoración del 15° aniversario de la masacre, los paramilitares con sus espías o “puntos” nos siguieron por todas partes. Pudimos comprobar una vez más que la región sigue bajo control paramilitar estricto gracias a la tolerancia y aquiescencia, activa y pasiva, de todas las instituciones del Estado. Sin embargo, las autoridades siguen afirmando que “el paramilitarismo no existe”. La hipocresía y capacidad de mentira de nuestro Estado no tiene límites. Así, el pasado  28 de septiembre, cuando el Comandante de la Brigada XVII, Coronel Carlos Padilla, presidió un supuesto acto de desagravio, ordenado por un tribunal, dirigido a los familiares de las víctimas de la masacre del 21 de febrero de 2005, no reconoció la enorme criminalidad del ejército en ese crimen y en todos los demás centenares de crímenes de su contexto, y afirmó: “Doy fe de que el ejército continuará con la firme convicción de mantener y garantizar las condiciones de libertad y democracia que todos ustedes como pueblo colombiano nos demandan”.  Una ceguera profunda y un cinismo sin límites le impidió reconocer que nunca han garantizado condiciones de libertad y democracia sino todos sus contrarios: han garantizado genocidio, asesinatos, desapariciones, torturas, violaciones, detenciones arbitrarias y perversas, bombardeos, saqueos, incineración de viviendas y cultivos, desplazamientos, asaltos a mano armada, robos, calumnias, campañas de difamación y estigmatización etc. Por añadidura, calificó a las víctimas de tan atroz terrorismo de Estado como “víctimas del conflicto armado”, como olvidando que justamente las victimizaron por definirse como absolutamente ajenas al conflicto armado.

En las últimas semanas se vienen divulgando panfletos que pretenden ocultar o negar de antemano la responsabilidad de los paramilitares en los crímenes anunciados. Se dice que el ELN ha llegado a la zona, lo cual no es muy creíble, y que otras disidencias de las guerrillas se están enfrentando en la zona. Incluso en la noche del 18 de febrero hubo disparos en el caserío de San José bajo el pretexto de ahuyentar a alguna unidad del ELN. Todo muestra que los paramilitares están buscando crear fantasmas para atribuirles sus próximas acciones violentas y desviar la atención de ellos mismos.

Nuestra Comunidad de Paz quiere expresar nuevamente su gratitud a todas las personas, grupos y comunidades que desde muchos rincones de Colombia y de otros países nos apoyan con su fuerza moral y que en estos días se han manifestado de manera muy especial, recordando la masacre del 21 de febrero de 2005, conscientes de que para nuestra Comunidad es una herida que nunca se sana. A ellas y ellos nuestros agradecimientos sinceros.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Febrero 25 de 2020

Publicado enColombia
Viernes, 25 Octubre 2019 06:24

Un gran desorden bajo los cielos

Un gran desorden bajo los cielos

El aumento del precio del pasaje de autobús en Santiago era de 30 pesos (un dólar son 720 pesos), elevando el costo a 830. Es evidente que la reacción popular no fue por esos 0.04 dólares por billete, sino que obedeció a causas muy profundas que tienen nombre: neoliberalismo/ extractivismo/ acumulación por despojo.

El levantamiento en Quito fue, formalmente, contra el fin de los subsidios a los combustibles, que siempre encarecen los alimentos y escalan los precios. Los pueblos originarios y los trabajadores aprovecharon la brecha abierta por los transportistas, que no tienen intereses populares sino corporativos, para lanzarse a la yugular del modelo.

En ambos casos, y en muchos otros, lo que está sucediendo es que los pueblos están hartos de una desigualdad que no para de crecer bajo los gobiernos de los más diversos signos. Porque la desigualdad es estructural y está ligada de forma estrecha al modelo extractivista, que se resume en polarización social, pobreza creciente y concentración de poder en las élites financieras y las grandes empresas multinacionales.

Las gigantescas movilizaciones populares, en Quito, en Santiago, en Puerto Príncipe, por no hablar de Barcelona, Hong Kong y París, muestran dos cosas que están pautando la situación: el poder que ha adquirido la movilización popular, capaz de configurar hondos virajes políticos, y que las acciones colectivas trascienden gobiernos, cuestionando un modelo que produce miseria abajo y lujo arriba.

Para ser más precisos: junio 2013, con 20 millones de brasileños en las calles en 350 ciudades, fue un grito contra la desigualdad que sepultó la gobernabilidad lulista al no haber comprendido el gobierno la profundidad del clamor. Diciembre de 2017 fue clave, pero en un sentido inverso, ya que sepultó la gobernabilidad conservadora y clasista de Macri (https://bit.ly/2MWWh4M).

Sin embargo, esas apreciaciones siguen siendo generales y no tocan lo central. Caminar por las calles de Quito estos días de octubre, donde permanece el olor pegajoso del humo de las llantas quemadas, te fuerza a la reflexión. Los intercambios con personas de los más diversos movimientos, rurales y urbanos disipa la niebla de la confusión sistémica en la que nos movemos.

La primera apreciación es que en el levantamiento jugaron un papel decisivo las mujeres y los jóvenes, que desbordaron a los dirigentes históricos. Ellas protagonizaron la mayor marcha de mujeres en la historia de Ecuador, aportando los saberes de la reproducción y el cuidado de la vida, sumando lucidez al fervor juvenil sin menoscabo de la combatividad.

La segunda es la diferencia entre un levantamiento organizado y un estallido espontáneo. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) es una organización de base comunitaria, muy bien estructurada y por eso tuvo la capacidad para sacar a los provocadores de las marchas, incluso a los encapuchados. Algo que no está siendo posible en Chile, donde las manifestaciones son sistemáticamente infiltradas por agentes de la policía que alientan saqueos que vuelven a la población en contra de las protestas.

La tercera es que el levantamiento fue posible gracias a las comunidades rurales en primer lugar, que aportaron lo necesario para asegurar la permanencia durante 12 días en la lejana Quito. Dos fuerzas destacaron: las comunidades de la sierra central, al norte y al sur de la capital, y los pueblos amazónicos, cuya llegada organizada como guardia indígena fue decisiva en las jornadas finales.

También hubo una presencia importante de las comunidades urbanas, los barrios pobres donde los jóvenes jugaron un papel activo y decisivo. Un sector de las clases medias urbanas superó el racismo fomentado por los medios y apoyó con agua y alimentos a los pueblos originarios.

Por último, está la interpretación de lo que viene sucediendo. Entre los diversos análisis, creo que el más profundo es el que ensaya Juan Cuvi y sus colegas, en un trabajo titulado El agotamiento de un modelo de control social (https://bit.ly/2W6nLsV). Este modelo nació a comienzos de la década de 2000 con Lucio Gutiérrez y fue desarrollado por la década de Rafael Correa.

En efecto, el modelo está en crisis, pero no se avizora nada que lo pueda sustituir a corto plazo. Por eso el caos en curso, que durará un tiempo imprevisible, hasta que maduren las fuerzas capaces de superarlo. Debemos pensar en términos de décadas, más que de años y, menos aún, comprimir los cambios en curso a los tiempos electorales. Tampoco podemos pensar que lo que venga sea necesariamente mejor que lo que caduca.

Un gran desorden, como señalaba Mao Zedong, puede ser algo positivo. Un gran orden, es el cementerio social que necesitan los capitales para seguir acumulando. No alcanza con el desorden para modificar las cosas. El sistema cuenta con la protesta social para reconducirla hacia sus intereses, aprovechando la confusión que puede serle funcional, si no encontramos los modos de convertir la coyuntura en un escenario favorable a los pueblos.

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Arde Perú. En medio de protestas suspenden minera Tía María

Los primeros días de julio el gobierno de Martin Vizcarra otorgó la licencia para la construcción del proyecto cuprífero Tía María, de la  Southern Copper Corporationdel Grupo México. A principios de agosto el mismo gobierno debió dar marcha atrás y suspender esa licencia, “hasta que los recursos de revisión presentados por la autoridades y colectivos sociales de Arequipa se resuelvan”, según declara el Consejo de Minería del ministerio.

¿Qué sucedió para provocar un cambio tan drástico? La población de la región Arequipa se levantó contra la minera y el gobierno. Estaba en curso el paro de cinco días con epicentro en la provincia de Islay, donde se asienta la mina, pero con fuerte repercusión en la ciudad de Arequipa.

La huelga indefinida comenzó a mediados de agosto en el Valle de Tambo, una región situada entre el desierto costero y la cordillera andina, donde está el distrito Cocachacra, corazón de la resistencia anti-minera. El paro urbano de cinco días lo decidieron los gremios dela Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa (FDTA) junto a las asociaciones civiles que comenzaron la protesta el pasado lunes 5.

La paralización de la mina es uno de los mayores triunfos de la lucha popular contra la minería. El conflicto lleva ocho años en pie, pero se agudizó el 3 de agosto cuando el gobierno decidió la movilización de las fuerzas armadas en la región.

La región está en conflicto desde 2011, cuando la empresa que comenzó a gestionar la mina en 2003, presentó su proyecto de impacto ambiental. Se sucedieron paros, marchas y cortes de ruta con un saldo de siete muertos. El 2009 se realizó una consulta vecinal promovida por las autoridades distritales de la provincia de Islay y supervisada por la asociación civil Transparencia, con el resultado de que el 95% de los votantes se opusieron al proyecto.

José De Echave, investigador de CooperAcción, sostiene que un paro que comenzó a escala local en Islay, se había instalado en Arequipa, la segunda ciudad del país con algo más de un millón de habitantes. Con los días, el conflicto se fue extendiendo hacia otras ciudades, como Moquegua, y estaba a punto de hacerse carne en toda la región macro sur, cuando el gobierno decidió la paralización del proyecto.

De Echave sostiene que el marco actual para la minería “fue construido y diseñado como parte de los ajustes sectoriales de los años 90, auspiciados por el Banco Mundial”, que beneficia a las empresas y “fue reduciendo derechos económicos sociales, ambientales y culturales de las poblaciones que están en la zona de influencia directa de las actividades mineras y esoexplica la creciente conflictividad social” (https://bit.ly/2MPr1Gx). Por eso, “el Perú se ha convertido en uno de los principales productores de conflictos sociales vinculados a la minería a nivel mundial”.

El problema de fondo es que Perú es un país minero desde la conquista y la colonia, no ha desarrollado su industria pero tiene un importante sector agrícola que está siendo afectado por las explotaciones mineras. La nueva mega-minería a cielo abierto, aterrizada a base de militarización por el régimen de Fujimori a principios de la década de 1990, es una actualización del colonialismo. 

Va de la mano, naturalmente, de los estados de excepción, la ocupación empresarial-policial-militar de los territorios concesionados a las mineras, y de una sostenida resistencia comunitaria indígena y campesina.

La violencia no es excepcional sino intrínseca al modelo, como señala Gilberto López y Rivas cuando la define como “acumulación militarizada por desposesión” (https://bit.ly/2KCk4pG). Es una política de muerte, porque es el único modo como el capital puede seguir acumulando en su fase de decadencia global, que el zapatismo ha definido como “cuarta guerra mundial”.

Lo verdaderamente importante, es que pese al brutal despliegue de armas y violencia que hace el sistema, se consiguen victorias tan importantes como las de Conga y Tía María en Perú, Río Blanco y Kimsacocha en Ecuador, y un puñado más en Chile, Colombia y Argentina. 

Son triunfos de la pelea cara a cara con los opresores, victorias que no se consiguen tecleando “like” en la pantalla del celular ni firmando desplegados en los medios, sino poniendo el cuerpo, arriesgando la vida, como se hizo siempre.

Son pequeñas victorias que no toman en cuenta los investigadores de arriba, pero que están abriendo brechas en la dominación y creando las condiciones para la fuga de los poderosos

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