Otra peñalosada: ahora contra la infancia y la alimentación

Como el cangrejo. En Bogotá operan en la actualidad 124 comedores comunitarios que benefician a cerca de 35.700 personas, una cifra que ha disminuido entre los años 2016 y 2018 en un 17.24 por ciento, según lo reconoce la Personería. Los jardines y casas vecinales también presentan retroceso. La administración, con excusas, señala la presente como una coyuntura traumática, sin dejar de excusarase en la supuesta intensión oscura que prevalece en los procesos de contratación. ¿A qué juegan las instituciones y qué esperan las comunidades?

 

En Bogotá, desde el comienzo de la administración Peñalosa disminuyó la atención de jardines y comedores a los sectores populares. En efecto, entre marzo de 2017 y junio de 2018 se dejaron de entregar cerca de medio millón de raciones de alimentos a personas de escasos recursos. Así lo confirmó Carmen Teresa Castañeda, personera distrital. Realidad que confirma, una vez más, que una cosa es la campaña electoral y otra el gobierno.

 

Es una decisión con continuidad. Entre los meses de junio y julio de 2018 sólo estaban operando el 23.6 por ciento de todos los comedores de la ciudad, pues en estos meses fueron cerrados 90 de estos, dejando sin atención a 28.000 personas. Otra “decisión técnica” de Kike que por incompetencia dejó terminar los contratos de 110 comedores, excusándose en que perdieron la noción de la vigencia de la ley de garantías.

 

A todo esto debe sumarse que algunos comedores incluso llevan cuatro meses inoperantes, y 20 comedores no volverán a abrirse. Las localidades más afectadas son Antonio Nariño, Puente Aranda, Candelaria, Tunjuelito, Santa Fe y Usaquén. La culpa administrativa recae también en las alcaldías locales que tenían modalidades de contratación directa.

 

Los efectos del “receso obligado” también afectaron a 68 jardines, en especial los cofinanciados, los que representan el 15 por ciento de los cupos de la ciudad. Incluso con cierres a establecimientos para población especial, como los tres Centros Avanzar que desde comienzo de año y hasta agosto afectaron a 230 niños con discapacidades múltiples que quedaron sin la atención requerida. Cierres que se concretaron sin socialización previa con la población afectada. Es decir, estamos ante hechos consumados, ante un gobierno que impone y no discute ni concreta, mucho menos educa.

 

Qué dice la administración

 

La Secretaria Distrital de Integración Social (Sdis), a través de Juan Carlos Peña –director de nutrición y abastecimiento de la entidad–, explicó que la causa principal de la finalización de los contratos y los cambios de operador se dieron por el giro en el modelo de contratación del decreto 777 de 1992 al 092 de 2017, que rige actualmente. Pero 90 comedores vivieron esta situación de manera transitoria, 20 de manera definitiva, por condiciones inadecuadas para su manejo. Se ofertaron 114 en junio de los cuales 71 se declararon desiertos, por lo que se abrió otra licitación donde solo cinco quedaron por fuera. La medida técnica de urgencia fue suplir con la entrega de paquete alimentario o bono canjeable por alimentos.

 

Llama la atención que por medio de esta estrategia están excluyendo a las organizaciones sociales en los procesos de contratación para la prestación de estos servicios. La Administración Central alega que las condiciones locativas que ofrecen estas organizaciones no son óptimas, olvidando así que el lugar de muchos comedores no es el adecuado, precisamente porque en las zonas periféricas las infraestructuras son deficientes, y los arriendos que se logran no permiten modificar las casas de manera estructural.

 

Pese a esta realidad, la Administración insiste con estándares altos en lo referente a planta física a la hora del llamado para ofertar. Además, pide comprometer recursos en dinero para la ejecución en actividades en una proporción no inferior al 30 por ciento del valor total del convenio.

 

A su vez, los anexos técnicos elevan los estándares, haciendo que los operadores tengan que invertir sumas de dinero que sobrepasan su capacidad de endeudamiento. Las supervisiones de interventorías son estrictas en aspectos como salubridad, pero no tienen en cuenta otros aspectos, como son las actividades de inclusión y participación.

 

Modelo de contratación

 

El decreto que llevó a esta desatención con los sectores populares, el 092 de enero de 2017, fue firmado por el exministro de hacienda Mauricio Cárdenas Santa María y por Simón Gaviria, exdirector del Departamento Nacional de Planeación. En su reglamentación sobre la contratación estatal con entidades privadas sin ánimo de lucro, obliga a que ahora todas pasen por la Agencia Nacional de Contratación Pública. En su articulado señala sobre la idoneidad y el proceso competitivo de selección, que se expresa en exigir estándares inalcanzables para las organizaciones sociales. Las organizaciones operadoras se quejan por su inexperiencia para el manejo del Sistema Electrónico de Contratación Pública (Secop) y que no existió un acompañamiento real para manejar la plataforma y subir las propuestas.

 

Entonces, la competencia es desigual frente a operadores con mayor margen de maniobra financiera. Los requerimientos técnicos implican un dinero que no tienen las organizaciones sociales. No pueden disponer de espacios físicos para adecuarlos a los criterios exigidos por la Administración, renuente a invertir como coparte. Debe recordarse que algunos de las organizaciones sociales funcionan en los mismos salones comunales de barrios periféricas, donde la gente ha construido sus barrios a puro pulso, y por lo tanto cuenta con infraestructuras deficientes. Además, los anexos técnicos complicaron tanto las cosas que ahogaron gradualmente a las organizaciones al incrementar las exigencias para poder contratar.

 

Sus voces

 

Para Elsa Melo, representante de la Asociación de Vecinos Solidarios (Avesol) que lleva 35 años de existencia y que tenía a cargo el comedor comunitario del barrio Atenas desde el comienzo del programa de comedores comunitarios, esto parece de ficción y señala “Los cambios se han venido agudizando, actualmente se le pide a la organización poner en dinero efectivo sobre el valor total del convenio. Algunos hemos tratado de argumentar que los espacios y la gente también son recursos que ponemos, pues una organización social no tiene un superávit financiero. No existieron procesos de formación sobre el manejo del Secop. Y las contingencias siempre fueron corriendo los tiempos. Lo curioso es que este cambio de contratación no comenzó con Peñalosa sino bajo la administración de Gustavo Petro que puso a todas las organizaciones a licitar”.

 

La contradicción con la misma administración progresista también encierra una paradoja sobre la política pública de estos gobiernos cuando están al frente de la ciudad, y sobre el empoderamiento de la gente beneficiaria de las agendas comunitarias. La historia nos cuenta que fue Bogotá sin Indiferencia quien implementó a gran escala una política para contener el hambre y la desnutrición en la ciudad. Los comedores superaban por decenas en algunas localidades.

 

En aquel momento, los anexos expresaban unos requerimientos no solo en la administración de alimentos sino para las actividades de inclusión. Se desarrollaron actividades para la formación y participación, pero siempre de manera confusa y tímida, sin mayor claridad sobre temas y metodologías. A pesar de algunos contratistas y personas del comedor, no existió en la Administración la voluntad de empoderar a las comunidades. Los requerimientos técnicos del nivel central, siempre con nuevas versiones y cambios de orientación, no contribuyeron a la construcción de un lineamiento claro sobre el quehacer en los comedores. Ni siquiera se aprovechó para esto la coyuntura presentada en el 2009, cuando se prohibió el aporte diario de los $500 por parte de los beneficiarios, exigiéndoles a los operadores consignar lo recaudado para que la comunidad definiera qué hacer con los recursos. Complicado fue reunir el dinero completo en la cuenta pues algunos operadores se enredaron con este cambio de política, más enredados aún con el proceso para poner de acuerdo a toda esa gente con el qué hacer con esa plata. Fue así como no se logró la participación y organización de la comunidad, y los proyectos de gestión e iniciativas productivas no pudieron sostenerse, e incluso en algunos casos generó conflictos entre integrantes.

 

Por su parte, Luis enrique Buitrago de la Escuela Popular de Artes y Oficios (Epao), que también operaron comedores, identifica una política que desdeñó el proceso de inclusión social. “Lo político supeditó a lo técnico, nunca fue importante la organización ni priorizar lo social. Tampoco existió una formación política, ni siquiera para los profesionales de inclusión. Cuando la gente solo va a comer sin formación ni intencionalidad de organización social las cosas se naturalizan. Para la comunidad puede que sea impopular cerrar el comedor, pero la gente normaliza que no llegue el almuerzo a cambio del bono”.

De ser así, el futuro de los cierres de los comedores será naturalizado. Pero eso no quiere decir que la desnutrición y el hambre se hallan superado. La lección aprendida es que desde el asistencialismo no se fomenta la organización ni la autonomía de las gentes.

Publicado enEdición Nº250
Viernes, 01 Junio 2018 05:22

El videojuego como procomún

El videojuego como procomún

Con los datos se puede jugar y se pueden generar historias con las que capturar la atención del público mientras se comparte una información de utilidad pública. Es un ejercicio de empoderamiento. No olvidemos que quien controla los datos controla una porción importante de nuestras vidas.

Recientemente vio la luz el "Atlas de utopías", un proyecto promovido por el Transnational Institute donde se mapean 32 proyectos en 19 países que, según recoge su web, «están creando soluciones radicales a las crisis sistémicas de carácter económico social y ecológico de nuestro planeta». Las experiencias mostradas en este atlas, englobadas en el proyecto Ciudades Transformadoras, se clasifican en los ámbitos del agua, energía y vivienda.


Entre las propuestas del atlas relacionadas con vivienda se encuentra 'Juegos del Común', proyecto de ArsGames que utiliza dinámicas de juego para impulsar el empoderamiento ciudadano y los datos abiertos. Esta iniciativa consta de cuatro prototipos de juegos y un servicio en línea que brinda acceso a datos abierto sobre los efectos que tiene el turismo en la vivienda (tema de máxima actualidad que copa informativos a día de hoy y que quizás hubiésemos debido “jugar” antes), prototipos que buscan fomentar la reflexión basada en datos reales del Ayuntamiento de Barcelona y el procesamiento de estos datos.


En palabras de Lorena Zárate, evaluadora de Ciudades Transformadoras, «el hecho de que esta iniciativa [Juegos del Común] vincule explícitamente a especialistas en diseño de videojuegos y a activistas de los derechos humanos en pos de un objetivo común es estimulante y se debería emular en otros lugares. Al mismo tiempo, el uso de datos oficiales con fines sociopolíticos arroja una luz muy oportuna sobre los debates actuales en torno al mantra de la "ciudad inteligente" que están intentando imponer las asociaciones público-privadas en todo el mundo».


Así pues, esta propuesta de ArsGames pone el foco en la importancia de los datos, los cuales hemos visto, durante los últimos 15 años, cómo se han convertido en uno de los bienes comerciales más apetecibles y a la vez en el bien que más se está produciendo. Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp y todas las grandes corporaciones que nos “regalan” a diario sus cómodas herramientas basan su modelo económico en los datos. Nuestros datos. Teraflops viajan a diario en nuestras redes sumándose a ese conjunto enorme que llamamos “big data”. Quien controla los datos controla una porción importante de nuestras vidas, de la economía y de la capacidad de tomar decisiones de acuerdo al análisis algorítmico de estos flujos.


Se demuestra así la necesidad de una política de datos que apueste por cimentar un modelo de gobierno abierto a través de la construcción y gestión de los recursos comunes por medio de la institución pública, entendiendo ésta no sólo como el Estado, sino abriendo espacios de interlocución con el tercer sector, las cooperativas y la colaboración ciudadana. Los datos tienen que circular libremente en las redes y para hacerlo posible es necesario respetar los principios propios del “conocimiento abierto”, práctica de creación cultural surgida desde y en las redes digitales y que establece diferentes principios, entre los cuales se encuentran los de acceso, redistribución, reúso, integridad y atribución, principios que garanticen de forma equitativa tanto quien produce los datos como quien los recibe. Su circulación, además, genera nuevas posibilidades creativas, de producción y de reúso por parte de la sociedad al tiempo que contribuye a un nuevo ecosistema informativo que pone la propiedad ciudadana de los datos en la centralidad del proceso.
Juegos del Común' contribuye, así pues, a imaginar formas creativas que sepan apoyar el desarrollo de juegos con licencias abiertas, fomentando la creación de juegos que tengan un mercado más allá del comercio basado en la escasez. Al investigar sobre las razones que llevan a la mayoría de creadores de juegos a usar licencias cerradas, podemos encontrarnos con que la falta de viabilidad económica de otros modelos es la razón principal para que se siga reproduciendo ese modelo. Desde ahí, y observando el estado de la industria, queda patente la falta de opciones cooperativistas, sumado además a que la dimensión asociativa se cuenta con los dedos de la mano. Otros sectores creativos sí han dado vida a nuevas formas de creación y producción a partir de modelos más abiertos y asequibles que contemplan o bien un retorno social o bien una redistribución más justa de las ganancias.


Desde este paradigma, desde este horizonte, 'Juegos del Común' nace y se desarrolla incidiendo en el concepto de procomún. Parte del videojuego como un recurso colectivo que lejos de ser sólo un producto industrial es un lenguaje para la reflexión y el crecimiento. Estamos viviendo un proceso de cambio importante para este medio que poco a poco se dirige hacia una madurez de formato y de contenido incluyendo cada vez más la diversidad. Para preservar y fomentar esta diversidad será necesario enfrentarse con el problema de las licencias y de la distribución. Muy pocos son los juegos que se liberan bajo licencias abiertas y que permiten estudiar el código, reutilizar su música o las imágenes y, en general, aprender de un proceso de creación previo. Con respecto a otros sectores industriales que también están centrados en el desarrollo de software, el del videojuego es algo peculiar. La industria del desarrollo web, por ejemplo, vierte la propia capacidad de reacción a las necesidades del mercado en la misma posibilidad de copiar, pegar, modificar código informático escrito por otros... La normalidad en este sector industrial es mirar el código fuente y no reinventar la rueda, es decir, no volver a escribir algo si ya alguna otra persona, en algún momento, lo implementó con el mismo lenguaje que se está usando.


En cambio, la industria del videojuego funciona de forma igual y contraria. Se reinventa la rueda constantemente, se escriben una y otra vez las mismas funciones para el cálculo de las físicas, para la cuenta de los niveles o para cualquier otro apartado que hemos visto ya en muchos de los juegos que jugamos. Es una industria creativa que se basa en la repetición de mecánicas consolidadas y de personajes reconocibles. Es necesario romper este mecanismo, un mecanismo que comporta una dificultad de acceso a esos actores que podrían aportar cambio y contenido innovador al medio y que, debido a la escasez artificial del medio, no se atreven a emprender ninguna aventura. El uso de licencias abiertas en el ámbito de los videojuegos es cada vez más necesario a la hora de hacer frente a un cambio de paradigma en el lenguaje videolúdico y a la vez para experimentar con nuevas prácticas creativas.


Con los datos, como demuestran estos 'Juegos del Común', se puede jugar y se pueden generar historias con las que capturar la atención del público mientras que se está compartiendo una información de utilidad pública. Pueden ser una forma novedosa de visualizar los datos para generar dinámicas de juego sencillas e interesantes, contemplando la dimensión lúdica (tan importante en los procesos educativos y formativos del ser humano). Con los datos se puede jugar y se pueden generar historias que pueden capturar la atención del público mientras que se está compartiendo una información de utilidad pública. Crear un juego basado en datos abiertos puede aumentar el nivel de acceso y de atención sobre los mismos destacando alguna información importante mientras que se usan esos datos para generar dinámicas de juego sencillas e interesantes. Ya existen algunos ejemplos de juegos que utilizan datos, como Marvellous Ultimate Appliances u Open Data Monopoly . Ambos casos demuestran que es posible usar el videojuego para conocer conjuntos de datos de interés público que, por sí solos, no llamarían la atención de muchas personas.


Recoge el “Atlas de utopías” esta inspiradora cita del cineasta Fernando Birri:


La utopía yace en el horizonte. Cuando me acerco dos pasos, retrocede otros dos. Si procedo diez pasos hacia adelante, rápidamente se desliza diez pasos adelante. No importa lo lejos que vaya, nunca puedo alcanzarla. ¿Cuál es, entonces, el propósito de la utopía? Es hacernos avanzar


Así pues, invitamos al juego como una forma novedosa de visualizar los datos, contemplándolos (desde la dimensión lúdica, esa que, insistimos, es tan importante en los procesos educativos y formativos de los seres humanos) con el mero y único propósito de "hacernos avanzar".

 

publicado
2018-05-31 19:44:00

Publicado enCultura
La minga y el trabajo comunal, por todo el mundo

“La unión nos hace fuertes, y el individuo es importante como parte de un todo.” Evaristo Nugkuag Ikanan, aguaruna. 

 

“Debemos trabajar de forma colectiva porque ahí es donde radica nuestro poder y, ademas, actuar así resulta ventajoso”. Tanien Ashini, innu.

 

Para los penan, la peor ofensa social se denomina sihun, que significa no saber compartir. Los yanomami creen que un cazador enfermará si consume su propia caza: el egoísmo es la peor falta. En la vasta estepa de Mongolia, es de mala educación llamar a la puerta y los visitantes simplemente deben entrar y hacer uso de ella de manera libre. Los saharauis erguibat también mantienen siempre la puerta abierta.

Para el pueblo pigmeo bakola de Gabón, el ébola es el “ezanga”. Los ezanga son monstruos o malos espíritus con forma humana que devoran los órganos de las personas que no comparten sus cosas con los demás. Además, los ezanga podían convertir a las personas en simios u otros animales.El ébola se transmite cuando se come carne de un animal infectado, normalmente un mono o un murciélago, en zonas aisladas donde no hay carne fresca para compartir.

En realidad, por todo el mundo abundan creencias de este tipo, y por eso existen antiguos y tradicionales sistemas de trabajo comunitario y redes de apoyo y solidaridad, sin esperar nada a cambio más que el bien de todos. 
“Occidente” no es un caso aparte: está el auzolan en el País Vasco, la prestación asturiana andecha, la tornajeira gallega, el tornallom valenciano, tornajornal en Catalunya, geravuelta en algunas zonas de Salamanca, tornapeón en Extremadura y zonas de Andalucía, ir de vereda o las hacenderas en Castilla, o el coor o meitheal irlandés. En el uso moderno, por ejemplo, un meitheal podría ser un grupo de vecinos y amigos invitados para ayudar a decorar una casa a cambio de comida y bebida.

El pueblo Todmorden en Inglaterra utilizó el trabajo comunitario de toda la comunidad para plantar verduras, frutas y hierbas útiles en cada trozo de terreno disponible. 70 espacios públicos y una red de 280 voluntarios, y todo el mundo (incluidos los turistas) pueden servirse gratis y a placer cuando llega la hora de la cosecha. Incluso el hospital dispone de un jardín de hierbas medicinales. “Vivíamos en un pueblo sin nada especial, como cualquier otro, abatido por la crisis y por el desempleo”, recuerda la cofundadora Pam Warhurst. “Lo que hemos logrado ha sido no sólo reverdecer nuestras calles, y poner a cultivar a la policía y a los bomberos. Lo más importante ha sido si acaso reactivar el poder la comunidad, y demostrar que juntos podemos”.

Andernach, una población de unos 30.000 habitantes al norte del estado alemán de Renania-Palatinado. “Los políticos se oponían: temían que los espacios verdes se echasen a perder o se deterioraran, tenían miedo al vandalismo, y al rechazo de la ciudadanía” recuerda el impulsor de esta idea Lutz Kosack. Hoy, los cultivos cubren ya 8.000 metros cuadrados del centro y unas 13 hectáreas a las afueras. Algunas localidades como las germanas Minden, Kassel o Waldkirch, o la austriaca Kirchberg y Wagram, ya se están volviendo también ciudades comestibles.

Talkoot, de Finlandia, es una expresión para la reunión de amigos y vecinos para realizar una tarea. El mismo término y en aproximadamente el mismo contexto se utiliza en Estonia (talgu), en Letonia (talka o talkot) y en Lituania (talka o talkauti). Es el equivalente cultural del trabajo comunitario en una aldea, aunque adaptado a las condiciones de Finlandia, donde tradicionalmente la mayoría de las familias vivían en granjas aisladas, muchas veces a millas de distancia del pueblo más cercano.

Dugnad es un término noruego para el trabajo voluntario realizado en conjunto con otras personas. La participación en un dugnad suele ir seguida de una comida común, servido por el anfitrión. En las zonas urbanas, se identifica con la limpieza de primavera al aire libre y la jardinería. Ocurren más ampliamente en las zonas remotas y rurales. La palabra noruega Dugnadsånd es traducible como el espíritu de la voluntad de trabajar juntos por una mejor comunidad.

El término Guanxi (relaciones) de China consiste en una red de relaciones y contactos entre personas, que cooperan entre sí e intercambian favores, y que se consolida a través del respeto, la lealtad y la confiabilidad. Un pequeño ejemplo es el hecho de que aunque China sea tan extenso como Estados Unidos, tiene un solo huso horario. Es la importancia de mantenerse sincronizados.

Con esta idea general de la filosofía china se entiende la prosperidad de los negocios chinos. Respeto, autoridad, rectitud, lealtad, piedad filial y el deber de reciprocidad. En el proyecto confuciano, la persona buena es la que siempre intenta ser mejor. “Una barra de hierro, a fuerza de ser afilada, puede convertirse en una aguja”, dice un proverbio chino: nada se consigue sin paciencia, constancia y empeño, incluyendo los negocios. De esta manera se consigue ser alguien con prestigio, alguien con mianzi (rostro). Pero este prestigio se consigue únicamente a través del guanxi, las relaciones sociales. Así, se crean redes de apoyo y solidaridad previas a las relaciones de mercado, basada en el don y en la confianza, no en el contrato. 

Gotong-royong es una concepción de la sociabilidad familiar de Indonesia y Malasia. Clifford Geertz habla de “un enorme inventario de instituciones muy específicas y a menudo muy complejas para efectuar la cooperación en el trabajo, la política y las relaciones personales por igual, [...] rukun (ajuste mutuo), gotong-royong (trabajo conjunto de las cargas), tolong-menolong (asistencia recíproca)”.

En “El parentesco en Bali”, Clifford y Hildred Geertz escriben: “El término genérico para cualquier grupo organizado en Bali es seka, que significa literalmente “ser como uno”. El término se aplica a todos estos grupos que se han descrito: consejo de una aldea a la que generalmente se le llama seka banjar; varios grupos de templos referidos como el seka de ese templo; la sociedad de riego es conocida como seka subak; así de continuo. En un seka, todos los miembros tienen idénticos derechos y deberes, con independencia de su posición de estatus. [...] las decisiones son tomadas unánimamente en una reunión de toda la totalidad, y el líder es nominal e inautorizado, ya que la seka no es parte de una gran organización, sino que existe independientemente, libre de otros vínculos o influencias”.

El antropólogo Robert A. Hahn escribe que “la cultura javanesa está estratificada por la clase social y por el nivel de adhesión al Islam. [...] La cultura javanesa tradicional no hace hincapié en la riqueza material. [...] Es el respeto a aquellos que contribuyen al bienestar del pueblo en general sobre su beneficio personal. Y el espíritu de royong-gotong, o el voluntariado, se promueve como un valor cultural”.

Moyai significa literalmente “amarre de embarcaciones en conjunto”, y naoshi significa reparar algo. Moyai naoshi es el término para hablar de trabajo comunitario en Japón, y viene de la trágica historia de Minamata, un pueblo pesquero japonés que contaba con una gran industria llamada Chisso Corporation. Chisso había estado arrojando, de forma oculta, grandes cantidades de mercurio a una bahía cercana desde 1932. Cada vez más personas sufrían de envenenamiento con metilmercurio al consumir pescados contaminados, sufriendo un mal neurológico muy grave. Aún después de que se supiera la negligencia de esta empresa, los pacientes sufrieron el ostracismo por sus comunidades porque se temía contagio y porque esta corporación era la que mantenía a la mayor parte de la población. Los residentes se dividieron uno contra el otro, hasta que recordaron la importancia de moyai naoshi para la reconstrucción de Minamata.

Bayanihan es un término filipino tomado de la palabra bayan, en referencia a una nación, país, ciudad o comunidad. El bayanihan se refiere a un espíritu de unidad comunal o esfuerzo para lograr un objetivo particular. Es una tradición comunal en la que sus miembros ayudan a una familia que se muda para el transporte de la casa a una ubicación específica. El proceso implica, literalmente, llevar la casa a su nueva ubicación. Esto se hace poniendo palos de bambú para levantar los pilares de la tierra y llevar toda la casa encima a cuestas. La tradición también cuenta con una pequeña fiesta organizada por la familia para expresar gratitud a los voluntarios. Bayanihan también ha sido adoptada para referirse a un esfuerzo civil local para resolver los problemas comunales. El concepto está relacionado con damayan (“para ayudarnos unos a otros”).

Las ar gzhas, son canciones de trabajo realizadas durante la construcción de las casas en el Tibet. El Arka (piedra caliza triturada) es laboriosamente compactada por equipos de trabajadores que sellan el suelo con sus pies y apisonan con un largo palo (bogto). Esto normalmente se realiza en grupos: los trabajadores se alinean en filas y se mueven un paso adelante, un paso atrás, al mismo tiempo, golpeando el suelo rítmicamente con la bogto. Estos movimientos rítmicos se acompañan de canciones.

Shramadama, en Sri Lanka, es hacer partícipe a toda la comunidad en un trabajo, no sólo de manera física sino también espiritual.


En Latinoamérica también entienden que el trabajo duro no está reñido con el buen vivir. La filosofía de la Suma Qamaña de Bolivia, que se podría traducir como “buen (con) vivir”, es la sociedad buena para todos en armonía con los otros y con la naturaleza (la Pacha Mama). Por eso, la manera de expresar regularmente que alguien es ‘pobre’, es waxcha (o waqcha, en quechua), que literalmente significa ‘huérfano, abandonado’.

Los precolombinos ya utilizaban la minka, mingako o minga (del quechua minccacuni “solicitar ayuda prometiendo algo”), que hoy los pueblos indígenas de la cordillera andina usan todavía. El ayni es un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del ayllu o aillu (una comunidad que trabaja con propiedad colectiva). Como un banco del tiempo. Lo más común es intercambiar trabajos en labores agrícolas, pastoreo, cocina o en la construcción de casas. El caso más llamativo de minga es el del puente peruano de Q’eswachaka, el último puente colgante hecho exclusivamente de fibras vegetales y que se ha regenerado por más de cinco siglos. Y es que cerca de mil personas de comunidades diferentes (Huinchiri, Chaupibanda, Ccollana Quehue y Pelcaro) se reúnen anualmente en su renovación.

Mutirão es el mismo sistema pero de origen tupí que se usa en Brasil, el trabajo comunitario para la construcción civil de casas populares en la que todos son beneficiarios y se prestan ayuda con un sistema rotativo y sin jerarquía. Se usa mucho para acciones colectivas no remuneradas como limpieza de parques, calles, escuelas… Para esta práctica de acción comunal existen muchos sinónimos: muxirão, muxirã, muxirom, muquirão, putirão, putirom, putirum, pixurum, ponxirão, punxirão o puxirum.

En México, de origen náhuatl, se conoce como tequio a la faena o trabajo colectivo que todo vecino de un pueblo debe a su comunidad. En el Estado de Oaxaca, el tequio está protegido por una ley estatal. Jacobo Tomás Yescas, zapoteco de Oaxaca, explica el sentido del tequio y la gozona: “Acá estamos acostumbrados al tequio para realizar los trabajos del pueblo todos juntos... Antes se hacía tequio también cuando se hacía un edificio público... En los últimos años quieren quitar la costumbre de hacer el tequio; pero la mayoría no quiere que se quite porque ya están acostumbrados a trabajar así...”, y ¿qué es la gozona? A mi vecino le voy a ver y le digo: “ven a trabajar conmigo porque no tengo ayuda”. Hacemos gozona... Él va conmigo dos, tres días; y ya le repongo yo luego los días que trabajó conmigo... De ese modo, no se contrata a ninguna persona... Somos gente de escasos recursos; entonces, ya con la gozona nos evitamos el dinero... Y así funcionamos unos con otros, cooperamos... Aquí no hay gente contratada: ya con la gozona tenemos, pues; resolvemos los trabajos...”.

El pueblo mexicano rarámuri, que vive en las montañas de Chihuahua, usan el término córima para definir un acto de solidaridad con alguien que lo está pasando mal. No ofrecer córima a alguien que necesita ayuda se considera un incumplimiento a una obligación y una ofensa a la vez. No se trata de caridad dictada por la moral católica, porque el que da limosna mantiene su mano encima de la mano que recibe. En estas sociedades, no hay mano encima de la otra. Simplemente, las manos se entrelazan en un “hoy por ti, mañana por mi”.

Esto es parecido a la tradición de guelaguetza del Estado mexicano de Oaxaca, un “intercambio recíproco de regalos y servicios”. Su práctica se teje alrededor de las relaciones recíprocas que unen a la gente. Un ejemplo es el que cuenta el escritor oaxaqueño Abel Santiago Díaz, sobre un profesor extranjero que, “sorprendido, vio llegar al aula de la escuela que le servía de hospedaje, uno por uno, al pueblo entero, que le llevaba todo lo necesario para su fiesta nupcial: pollos, guajolotes, maíz, fríjol, especias, cartones de cerveza, cajas de refresco, aguardiente, loza, etc. El presidente municipal y su esposa se ofrecieron como padrinos de la ceremonia, llevándole una banda de música de viento por veinticuatro horas consecutivas. Los que no pudieron llevar obsequios por carecer de recursos, le ofrecieron su trabajo: los hombres construían gigantescos toldos de zacate y carrizo y todo lo relacionado con el trabajo pesado. Las mujeres, todo lo concerniente a la cocina”. Eso sí, después uno por uno fueron a su casa a pedirle de vuelta los dones dados para su boda, cuando así lo necesitaban.

Para este tipo de sistemas, también se utilizan los términos “la faena”, “la fajina”, “el trabajo de en medio” y “la mano vuelta”. Con el fin de detectar en el vecino un motivo para la guelaguetza, una carencia o un problema que pueda exigir la atención comunitaria, es necesario pararse a saludar de manera interrogatoria, sobre su salud, trabajo, familia...

“¿Cómo está nuestro maíz?” preguntan los tojolabales cuando se encuentran con un vecino. El maíz, aún estando en tierras del vecino, recibe el cuidado de todos y, por lo tanto, dicen “nuestro”. En tojolabal, el trabajo que sirve a la comunidad es el komon, y representa el trabajo político realizado por las autoridades eligidas por la comunidad. Dichas autoridades, en tojolabal, se llaman ‘a’tijum, trabajadores. Para decir “trabajo” en tojolabal, se dice ‘a’tel, son los trabajos en la milpa y otros trabajos en y a favor de las comunidades. Para el “trabajo asalariado”, se emplea el término “ganar”.
Gadugi en Cherokee significa “trabajar juntos” o “trabajo cooperativo” dentro de una comunidad, para proyectos tales como la recolección de las cosechas o cuidado a los jardines y de los miembros ancianos o enfermos. La palabra Gadugi viene de la palabra para “pan”, que es Gadu. En los últimos años, el gobierno tribal Cherokee Nation ha promovido el concepto de Gadugi.

En Uzbekistán, la Makhalla es una comunidad que tiene su mezquita, su administración autónoma local, su tradición y su cultura. Esta forma de organización vecinal, nacida de los antiguos gremios de artesanos, garantiza la participación colectiva en los acontecimientos más importantes de todas las familias uzbekas: celebraciones de carácter religioso, resolución de conflictos, educación de los niños y reducción de las desigualdades entre los vecinos. Para ello, se conserva la antigua ceremonia de ayuda mutua khashar. Con este método ayudan a construir la casa a todas las familias e incluso a urbanizar el barrio, la calle y la ciudad. La importancia de Makhalla es tan elevada que fue reconocida para la autoadministración local del país. Los pueblos musulmanes también siguen una retahíla larga y cuidadosa en el saludo, preguntando por cada miembro de la familia, por su salud y su trabajo.

Entre el pueblo saharaui erguibat, existía una especie de acto de caridad llamada miniha. Un hombre llamado Ismail explicó a la antropóloga Sophie Caratini lo que significaba este sistema: “No hay pobres entre los erguibat. Si alguien no tiene nada, cada uno le da uno o más animales para que de nuevo tenga la posibilidad de salir adelante; no hay otra solución. Esto todavía se hace hoy. ¡Los erguibat son más socialistas que vosotros!, ¿sabes?”. Hoy, los saharauis refugiados todavía realizan la “tuiza” o trabajo comunitario. Jadiyetu Elmohtar explica que no es únicamente solidaridad bienintencionada, en el desierto es requisito para la superviviencia.

Como modo de reciprocidad, está la hospitalidad islámica, la diyâfa. En Uzbekistán hay un dicho “Mehmon otanda ulugh” (“el invitado es más grande que el padre”). De hecho, el Islam significó la primera globalización del mundo: destruyó las fronteras comerciales y garantizó la seguridad de las personas, de modo que pudiesen trasladarse (y trasladar sus conocimientos y sabiduría) de un lugar a otro sin sufrir daños, protegidos hasta sus últimos pasos y siendo invitados de honor en todos los hogares. Así, comerciaban desde Francia, pasando por Antaki, hasta llegar a Bagdad, para bajar por el Tigris hasta Omán, a India y finalmente a China, y todos estos sitios estaban conectados entre sí sin la menor interrupción.

Naffīr (نفير) es una palabra árabe utilizada en algunas partes de Sudán (incluyendo Kordofán, Darfur, partes de las montañas de Nuba y Kassala) para describir determinados tipos de empresas de trabajo comunal. Se trata de un grupo que recluta a través de las redes familiares, parientes políticos y vecinos de un pueblo, para un propósito en particular, que luego se disuelve cuando se cumple ese propósito. Una alternativa, más reciente, lo describe como “traer a alguien juntos desde el barrio o comunidad para llevar a cabo un determinado proyecto, como la construcción de una casa o la prestación de ayuda durante la temporada de cosecha”. La palabra puede estar relacionada con el término nafr del árabe estándar (نفير) que describe una banda, partido, grupo o tropa, típicamente movilizadas para la guerra.

Asar en Kazajstán es la petición de una familia a familiares, amigos y vecinos para obtener ayuda para realizar un trabajo duro. Al final de la obra, los ayudados presentarán una mesa llena de manjares como agradecimiento. Zhylu se refiere a la tradición asociada a la prestación de asistencia material, moral y financiera a las personas afectadas por catástrofes naturales (incendios, inundaciones, etc.). Todos los vecinos, no sólo los familiares, tienen el deber de ayudar a las víctimas con cualquier aportación: ganado, materiales de construcción, ropa, dinero, etcétera.

Imece es un nombre dado a una colaboración tradicional turca en un pueblo. Por ejemplo, para la organización general de una ceremonia, el lugar, la comida, la construcción y el arreglo de la nueva casa de los recién casados. 


Oceanía no está al margen de estos sistemas. En el pequeño archipiélago Tokelau (Nueva Zelanda) y las islas Cook, los archipiélagos más aislados del mundo, el compartir se convirtió en un auténtico sistema de supervivencia. Maopoopo es el principio rector y se traduce como “una unidad de un propósito común que abarca el cuerpo y el espíritu”. Este espíritu colectivo es cultivado a través de actividades comunitarias que incluyen expediciones de pesca, proyectos de construcción, carga y descarga de los buques, competiciones deportivas, y la música y la danza.

Maopoopo se ejemplifica mejor para el día de hoy a través de la práctica de inati. En días especiales, todos los hombres de las aldeas pescan juntos. A su regreso, se dividen de manera sistemática y ritualmente la captura con todos los clanes familiares de la isla. La pesca fresca se coloca cerca de la playa y se reparte según las necesidades de cada cual.

En Hawai, tiene la laulima (trabajar juntos) para proveer comida para todas las familias. La gente del interior llenaba el ‘umeke ‘ai (recipiente de poi), mientras que la gente de la costa llenaba el ipukai (cuenco de carne/pescado). Juntos mantenían y protegían los recursos para asegurarse de que hubiera sostenibilidad. El romper el kapu o las normas sociales que aseguraban esta sostenibilidad era vergonzoso.

Piliriqatigiinniq / Ikajuqtigiinniq, es el trabajo en común por una causa común, en inuktitut (de los inuit). Los inuit es un nombre común para los distintos pueblos que habitan las regiones árticas de América.

Que el bienestar de uno depende del bienestar de todos lo saben bien en algunas zonas de Sudáfrica. Cuando se desea elogiar a alguien, se le dice que tiene ubuntu, que es una persona que se completa a través de otras. Ello significa que también invitan de modo cotidiano a desconocidos a sus hogares y los niños se crían con la ayuda de toda la comunidad. 

En África Oriental, hay un dicho término similar que se manifiesta en la expresión swahili mtuniwatu que significa “una persona se debe a otras personas”. Harambee es una tradición keniana de eventos de autoayuda de la comunidad, por ejemplo, de recaudación de fondos o de desarrollo actividades. Harambee significa literalmente “tirar todos juntos” en swahili, y es también el lema oficial de Kenia, apareciendo en su escudo de armas.

Después de la independencia de Kenia en 1963, el gobierno adoptó el harambee como un concepto para tirar todos juntos del país y construir una nueva nación. Alentó a las comunidades a trabajar juntos para recaudar fondos para todo tipo de proyectos locales, prometiendo que el gobierno proporcionaría sus costos de inicio. Bajo este sistema, los individuos ricos que deseaban entrar en la política podrían donar grandes cantidades de dinero a las unidades harambee locales, ganando con ello la legitimidad.

Algunas zonas de Haití se reconstruyeron gracias al trabajo comunitario llamado kombit. Un terremoto segó la vida a más de 200.000 personas y dejó sin hogar a millón y medio. Para Michaëlle Jean, enviada especial de Haití en la Unesco, “liberar” al país del asistencialismo de las ONGs era condición imprescindible para devolver al Estado el rol de liderazgo que debía asumir tras la catástrofe. Con el kombit, fue la población la que planteaba problemas por resolver (una plaza comunitaria, un centro cultural o el asfaltado de un segmento de calle) y cada semana hacían turnos de trabajo comunitario.

En Ruanda, la palabra umuganda se puede traducir como “la unión en el propósito común de lograr un resultado”. En la cultura ruandesa tradicional, los miembros de la comunidad pedían ayuda a sus familiares, amigos y vecinos para completar una tarea difícil. Como parte de los esfuerzos por reconstruir Ruanda después de la guerra y cultivar una identidad nacional compartida, el Gobierno de Ruanda se basó en esta tradición para enriquecer y adaptar sus programas de desarrollo a las necesidades y el contexto del país. Hoy en día cerca del 80 por ciento de los ruandeses participan en trabajos comunitarios mensuales. Los últimos sábados de cada mes, de ocho a once de la mañana, la población se aplica a la tarea de adecentar los espacios públicos. La ley contempla sanciones de seis euros para quienes se escaqueen, pero la mayoría de los ruandeses parecen participar de buen grado: la responsabilidad de limpiar ha generado una voluntad decidida de no ensuciar. Los proyectos también incluyen la construcción de escuelas, centros médicos y plantas hidroeléctricas, así como la rehabilitación de los humedales y la creación de parcelas agrícolas altamente productivas.

Entre los Masai, la construcción comunitaria de una casa para una nueva pareja recién casada es todo un ritual. Un grupo de mujeres se afanan en la tarea de mezclar adobe y estiércol, ya que son ellas las que construyen las casas oscuras, bajas y sin ventanas, para evitar los mosquitos.

Los Ndebele viven en la región de Transvaal, Sudáfrica y Zimbawe. Tras la pérdida de la guerra contra los Boers, se trasladaron de sus tradicionales cabañas de ramas, destruidas, a otra zona en la que abundaba el barro, y así comienzan a construir casas de adobe y barro. Sus dibujos eran una reafirmación cultural a la vez que un método de comunicación entre tribus. Los dibujos escondían mensajes que sólo los Ndebele comprendían. Las pinturas son realizadas por las mujeres. Batsiranai, que significa ayudando a otros en la lengua shona, es el término en Zimbabwe.

Los gurunsi son auténticos arquitectos. Sus casas sukhala son construcciones de adobe que se revisten de barro y excrementos y posteriormente son adornadas con motivos abstractos, que las mujeres de la tribu pintan sobre fachadas y muros para después pulirla con ramas. Aunque lo mejor de la construcción no es el acabado, sino el método: las mujeres cantan a ritmo del trabajo, golpeando la mezcla. Después la regenerarán cada cierto tiempo, porque cada una de sus casas está poblada por los espíritus de sus antecesores y, por ello, tratan de preservarlas durante el mayor tiempo posible, pasando de una generación a otra.

El edificio de barro más grande y más antiguo del mundo necesita una capa de lodo cada cierto tiempo. Toda la ciudad de Djenné se une para este evento. Desde la Edad Media, Tombuctú fue un punto de encuentro entre el África negra y los nómadas del desierto, tuaregs, árabes o bereberes. Gracias a la riqueza generada por el comercio, atrajo a estudiosos y arquitectos, que modelaron con el barro del desierto una de las ciudades más impactantes del planeta. La famosa mezquita de Djingareyber se mantiene en pie 700 años después pese a la decadencia de la ciudad, y no es casualidad. Toda la ciudad lo regenera año tras año. 

 

*http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.co/2014/02/la-palabra-camina-la-minga-transforma.html

 

Fuentes:

 

http://www.waterisrising.com/content/tokelau 

http://www.lahaine.org/est_espanol.php/tequio_gozona_guelaguetza 

http://www.lanacion.com.ar/1672766-huaxi-el-pujante-pueblo-de-china-donde-todos-viven-como-millonarios 

http://tectonicablog.com/?p=53049 

http://sumakkawsay.files.wordpress.com/2009/06/albo_sumaqamana.pdf 

http://lagenterula.files.wordpress.com/2011/06/la-cultura-del-auzolan.pdf 

http://www.lapatilla.com/site/2012/07/10/comenzo-la-destruccion-de-la-mayor-mezquita-en-mali/ 

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/12/24/actualidad/1356352274_604236.html 

http://elpais.com/elpais/2013/10/09/eps/1381323026_969117.html 

Somos uno: un homenaje a los pueblos indígenas. Joanna Eede. 

http://www.elcorreodelsol.com/articulo/el-pueblo-mas-comestible-del-mundo 

http://www.elciudadano.cl/2011/01/05/jorge-moraga-antropologo-%C2%ABlas-redes-de-apoyo-y-solidaridad-explican-el-gran-exito-de-los-chinos-fuera-de-su-pais%C2%BB/ 

http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/ 

http://blogs.elpais.com/seres-urbanos/2015/01/la-reconstrucci%C3%B3n-de-hait%C3%AD-cinco-a%C3%B1os-despu%C3%A9s-del-terremoto.html 

http://www.ecoavant.com/es/notices/2015/01/la-ciudad-comestible-2240.php 

http://uzbekistan-travel.com/index.php/es/costumbres-y-tradiciones/140-2013-05-01-10-08-25 

http://www.ideal.es/sociedad/201507/01/pasar-limpio-20150629122042.html 

Clifford Geertz. Conocimiento local: ensayo sobre la interpretación de las culturas.https://antroporecursos.files.wordpress.com/2009/03/geertz-c-1983-conocimiento-local.pdf

http://www.lavanguardia.com/internacional/20140806/54412801559/ebola-epidemia-panico.html

 

 

Lunes, 28 Noviembre 2016 15:40

Una historia en 25 años y otros por venir

Una historia en 25 años y otros por venir

¿Cómo contribuir a la superación de la atomización y dispersión social que padecen los actores sociales y políticos en nuestro país? ¿Cómo propiciar debates abiertos y plurales, que renueven el imaginario político de los activistas? Estos fueron los primeros interrogantes que vinieron a nuestras mentes hace 25 años, en otro momento de negociación política del conflicto armado vivido en nuestro país, cuando nos planteamos ¿qué hacer? ante una coyuntura de confusión política, perdida de referentes ideológicos, cooptación y exilio de una parte del liderazgo social.

 

Nuestra respuesta elemental encontró en la publicación de un periódico la vía expedita para ello: estimular y propiciar debates en el activismo social, a la par de buscar contacto constante con la población, ubicándonos en sus barriadas.

 

Ocho páginas, y una sola tinta, dedicamos a ello. Esfuerzo elemental pero constante. Luego lo integrarían 12, 16, 20, 24 páginas, además de suplementos temáticos. También las 4 tintas. Así, sin darle tregua al paso de los días, hoy sumamos más de 230 ediciones centrales, y no menos de 150 suplementos temáticos. Tuvieron que pasar varios años para que otros interrogantes y otras publicaciones nacieran como hijas del mismo esfuerzo. ¿Cómo contribuir para que la soberanía nacional no quede barrida? ¿Cómo brindar nuevas luces a la intelectualidad nacional para que despierte de su letargo y juegue el papel que le corresponde? ¿Cómo estimular el actuar común de la izquierda y el nacimiento de un referente orgánico común?

 

Corría el año 1999 cuando así nos interrogamos, y el motivo para ello fue el conocimiento que tuvimos del Plan Colombia, el cual al traducirlo se convirtió en nuestro primer éxito editorial, con más de 20 mil ejemplares vendidos. De alguna manera, nuestros artículos y acciones por la concreción de un referente orgánico común, también contribuyeron a la experiencia de Frente que conocimos por entonces, así como a un amplio debate sobre el Vacío teórico, aguas profundas en que nadábamos por tales años.

 

Como otra respuesta a esta variedad de preguntas asumiríamos la publicación en nuestro país del mensuario Le Monde diplomatique, sin duda, el periódico que de manera más fina y profunda aborda la geopolítica global, sin comprender la cual no es posible adentrarse de manera activa y propositiva, con sentido de Estado, en la arena política local. En el curso de los 14 años que ya redondea su publicación local más de 125 ediciones han visto la luz, además de salones de arte, conciertos, tertulias, conversatorios y otro cúmulo de actividades.

 

Caminando sobre los dos pies, con pasos aplomados, también tomaría cuerpo lo que después llegaría a ser el fondo Editorial Desde Abajo, hoy con más de 200 títulos publicados, cien de ellos en circulación, donde diversidad de autores nacionales han confiado en nuestro sello para que llevemos sus investigaciones, reflexiones y propuestas a la sociedad colombiana, y más allá de la misma.

 

Como Libardo Sarmiento, César Giraldo, Orlando Fals Borda, Gonzalo Arcila, Marco Raúl Mejía, Philip Potdevin, Gloría Inés Peláez, Rafael Ballén, Daniel Ángel, Octavio Escobar Giraldo, Carlos Eduardo Maldonado, Luis Emiro Valencia, Hernán Darío Correa, Carlos Salgado Araméndez, Alfonso Torres Carrillo, Juliana Millán, Carolina Jiménez, María Elena Manjarrés, Damián Pachón Soto, Juan Guillermo Gómez, Víctor de Currea Lugo, Edwin Cruz Rodríguez, Arturo Escobar, Carlos Fajardo, Iván Darío Ávila, Lola Cendales, Jairo Muñoz, Alfredo Gómez Muller, Enrique Santos Molano, entre otros, han confiado en nuestro sello para que llevemos sus investigaciones, reflexiones y propuestas a la sociedad colombiana, y más allá.

 

Otros muchos más allá de nuestra frontera, también han encontrado en nuestra labor el vehículo para llevar a nuestro país y a la región debates de punto. Allí están, entre algunas de estas plumas: Raúl Zibechi, Francesca Gargallo, Ignacio Ramonet, Carlos Antonio Aguirre, Susana Sacavino, Horacio Cerutti, Silvia Federici, Juana Gamero de Coca, Isabel Rauber, Helio Gallardo, Martha Harnecker.

 

Reflexión para la renovación y la creación. No sin sentido hemos publicado aparte de la obra de líderes como Simón Bolívar, además de autores ya clásicos en nuestras fronteras como Jorge Eliécer Gaitán, Manuel Zapata Olivella, Antonio García, Jorge Zalamea. Y de más allá de estas como: Walter Benjamin, Bolívar Echevarría, Carlo Ginzburg, Edward Palmer Thompson, Etienne Bloch y otros más.

 

Labor visionaria y para la renovación del pensamiento del activismo social. No han estado ajenas a esta labor los debates de punta que toman cuerpo en distintas latitudes, como en su momento logró sintetizarlo Martha Harnecker en su obra La izquierda en el umbral del siglo XXI, o como logran hacerlo las feministas en variedad de obras que integran nuestro catálogo. Pero también como lo abordan quienes reflexionan la complejidad de las transformaciones en ciencia y tecnología en que está inmerso el mundo producto de la revolución técnico-científica en marcha, o los mismos animalistas en los debates que nos plantean sobre sociedad, naturaleza y cultura. Pero también las polémicas sobre el sentido que hoy tiene el periodismo, la comunicación y la política. No pueden quedar por fuera los debates sobre el sentido de la Historia, la memoria, el papel de la filosofía, el reflexionar nuestroamericano, la preocupación por el accionar de los movimientos sociales, entre otros.

 

Debates con asidero público en centenares de foros, seminarios, conversatorios, realizados a lo largo de estos años de pensamiento y acción, todos ellos con el propósito de estimular el acercamiento de los actores sociales a la reflexión fresca y abierta, no sectaria, motivando el entre-relacionamiento de esfuerzos para superar la debilidad en que nos mantiene postrados la desunión de hermandad que nos consume.

 

Así andando, recorriendo los años que cerraron el milenio y abrieron la puerta a uno nuevo, ya éramos conscientes del potencial de la Red y ya teníamos nuestro dominio en la misma, con el cual hemos avanzado hasta tener hoy un diario virtual en construcción, en un esfuerzo por hacer realidad que la prensa se hace a diario y entre todos/as.

 

Toda una apertura y una reflexión que va transformando este esfuerzo comunicativo en lo que debe ser: un baluarte para la reflexión, el debate, la investigación, y la renovación de las propuestas políticas para poder aspirar a que una sociedad dada viva un giro en su presente, dirigiéndose hacia el futuro sobre nuevas miradas y un pisar al ritmo de los pueblos que somos y los tiempos que nos habitan. Un accionar con profundo calado cultural, sin el cual ningún esfuerzo social en pro de cambio de la minoría por las mayorías puede surtir resultados sostenibles en el largo plazo.

 

Preguntas que nacen y que les vamos dando respuesta a la medida de nuestras capacidades, autogestionarias, congregadoras de muchas manos desinteresadas conscientes de que la disputa contra el status quo requiere autonomía y libertad total, las cuales sólo pueden venir de lo construido desde abajo y por fuera de las esferas del Estado y del poder aún hoy imperante.

 

Preguntas que requieren nuevos mecanismo para que las respuestas lleguen cada día a sectores cada vez más amplios del país. Es por ello que hace ya unos diez años afrontamos la realización de videos, al tiempo que algunos intentos en radio, porque ya comprendíamos que sin un esfuerzo comunicativo integral no es posible que el actor social logre una sintonía con todas aquellas personas a las que envía sus mensajes, con la aspiración a que la comunicación sea, en verdad, de doble vía. Hoy, una programación semanal en la elaboración de videos ya es parte de nuestra cotidianidad; aspirando a que en poco tiempo sea diaria. Acercamientos al mundo del arte, a la vida de artistas plásticos y de teatro, al humor político, a la reflexión sobre la ciencia, a la actualidad política, y otras maneras de leer nuestra realidad son parte sustancial de nuestro registro visual.

 

Con todo ello, hoy tenemos ante nosotros, para el servicio de todos los actores sociales, y con vocación de país, el embrión de un Sistema Nacional de Comunicación Alternativa, y la conciencia de que estamos ante el reto –no nosotros sino el conjunto de los actores sociales– de disputar la opinión pública como camino inevitable para lograr la disposición social para aprestarse a nuevas gestas por justicia, fraternidad, igualdad, democracia radical, soberanía, redistribución de la renta nacional.

 

He aquí el fruto de 25 años de labor ininterrumpida. Este logro, que es de toda nuestra sociedad, aún está por consolidarse. Una propuesta comunicativa integral habrá de surgir para que aportemos a la superación de aquello que ya detectábamos en 1991, hace 25 años: la dispersión social, pero también para construir y ganar seguridad en todo lo que proponemos a nuestra sociedad en particular y a la latinoamericana en general.

 

Nuevos y mayores retos tenemos ante nosotros, los que alcanzaremos, con seguridad, con el apoyo desinteresado de decenas de activistas y organizaciones que, aunque identificadas con diversidad de referentes ideológicos y políticos, encontrarán en desdeabajo la otra posición para leer, ver, comunicar, escuchar... y luchar.

Publicado enEdición Nº230
Leonila Murillo, madre comunitaria

Hace un clima agradable en Buenaventura, el sol en el puerto aún no se ha asoma, ni acosa, solo se siente una atmosfera húmeda con un ligero olor a salinidad que dejan entrever un ambiente tranquilo donde nos hallamos.

Las mujeres convocadas van llegando una en una donde se agrupan en el salón. Entre un tiempo y otro, los minutos pasan hasta que aparece Leonila Murillo, representante de las madres comunitarias perteneciente al sindicato de Sintracihobi.Su figura fina, delgada se impone bajo un paso lento, avanzando con firmeza, ella tranquila y de manera rítmica llega al recinto, allí con su carisma reposado, invita bajo su voz apiñada por los años un saludo que con gran fuerza invita a mirarla, de manera discreta se sienta en la parte de atrás del grupo. Las mujeres a su alrededor se fijan en ella, la saludan dejando ver un agrado, una admiración por su presencia en el lugar. Todas allí están reunidas con un gran gesto, con sentido que colma el trabajo y el amor colectivo.

En el trasegar y hacia el final del día hablo con ella nuevamente, ella amablemente me concede una pequeña entrevista –se sienta a mi lado– y ligeramente se sonríe, le expreso:

MF: Dígame sobre usted...

Con un gesto amable, me reposa su brazo sobre mí espalda se sonríe y agrega:

Soy Leonila Murillo madre comunitaria, se ríe con gran amplitud como mujer chocoana –dice– tengo 80 años...soy del Chocó, del río San Juan, hace más de 60 años vivo en Buenaventura. Nunca nos vinimos por cosas de violencia, sino porque quisimos.

 

MF:¿Hace cuánto es madre comunitaria?

Leonila: Soy madre comunitaria hace 27 años, tengo 3 hijos.

 

MF: ¿Qué es lo más mejor de ser madre comunitaria?

Leonila: Es la relación con los niños.

 

MF: ¿Cuál ha sido su lucha al interior de la organización de las madres comunitarias?

Leonila: El enfrentamiento con el Instituto de Bienestar Familiar–ICBF, por los derechos de nuestros trabajos, por el derecho laboral. Lo vengo haciendo desde 1999.

 

MF: ¿Cómo se llama el sindicato y cuantas mujeres comunitarias lo integran?

Leonila: Se llama Sintracihobi, somos 1.200 integrantes de los ríos y las veredas de Buenaventura.

 

MF: ¿Qué es lo más bello de ser sindicalista?

Leonila: Es tener poder para reclamar los derechos como madre comunitarias

 

MF: ¿Cuáles son los avances sobre la reivindicación y el reconocimiento de los derechos de las madres comunitarias ante el gobierno?

Leonila: La aceptación del trabajo como madre comunitaria, el reconocimiento de un salario mínimo, contratar a las madres comunitarias actualmente vinculadas, un proyecto de pensión para las madres comunitarias y aún una pelea para que se reconozca a las madres comunitarias antiguas, sin los términos que se debe ser “profesional” para contratar o reconocer nuestros derechos, nosotros empezamos a trabajar con mínimas condiciones y somos madres. Esperamos que el ICBF cumpla lo pactado.

 

MF: ¿Cuál ha sido la mayor dificultad que atravesado el sindicato estos últimos tiempos?

Leonila: el enfrentamiento con el Instituto de Bienestar Familiar- ICBF

 

MF: ¿Qué le diría a las nuevas generaciones?

Leonila: Para enfrentar la vida hay que tener bien el corazón y no tener miedo. Invito a muchas madres comunitarias que se unan al trabajo de lucha. La unión hace la fuerza.

 

MF: ...en la lucha..?

Leonila: Si, cuando se inicia hay que llevarla en el corazón y con fuerza de trabajar, unirnos y no desfallecer.

Debemos detener la entrevista ya es tarde y ella debe regresar. No despedimos, no sin antes agregarme... “que algunos políticos como Dilian Francisca –gobernadora del Valle– ahora quiere abanderarse del tema de las madres comunitarias cuando realmente, los logros son de las madres comunitarias bajo una lucha sindical, pero no por la intervención de políticos ya que muchos se quieren apropiar de la causa..”. Mientras la escucho viene a mi pensamiento como el expresidente Alvaro Uribe Vélez, implicado en graves violaciones de derechos humanos, hoy senador del partido de extrema derecha Centro democrático, ha tomado la causa de las madres comunitarias, él habilidosamente el pasado 11 de mayo radicó un proyecto de ley que busca formalización laboral de madres comunitarias (173-2016). Sigo atenta y la escucho.

 

Leonila dice, seguiré luchando como sindicalista hasta el final de mis días, pues el derecho laboral es inalienable, se debe seguir luchando por los derechos de las mujeres –asegura–, ninguna mujer debe tener miedo y siempre debemos estar en pie de lucha. Ella finaliza allí, se para de la silla, se despide con un gran abrazo fraternal. La veo silenciosamente como avanza hacia la puerta donde nos encontramos...

 

Jornada de la mañana, Buenaventura Mayo-2016

* Geógrafa e Investigadora social: Memoria–Territorio y Derechos Humanos.

Publicado enEdición Nº225
Miércoles, 13 Febrero 2013 07:26

¿Son legítimas las policías comunitarias?

¿Son legítimas las policías comunitarias?

Se discute si la guardia o policía comunitaria (como la de la CRAC en Guerrero) son legítimas. El presidente del CNDH, Raúl González Plascencia, ha declarado que son una "señal de alarma". El ombudsman insiste en que una "frágil línea divisoria" distingue las policías comunitarias de los grupos paramilitares. En el editorial de La Jornada del 7 de febrero pasado se escribe que "no por ello debe soslayarse que esa vulneración al orden constitucional ocurre con el telón de fondo de un estado de derecho violentado de antemano", ya que se infringiría el artículo 17, que enuncia que "ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma". Todo esto merece algunas precisiones semánticas, de principios.

 

En primer lugar, habrá que distinguir: a) la pretensión de derecho del ciudadano individual que toma en sus manos directamente el cumplimiento del ejercicio de la justicia. Esto no puede aceptarse, ya que el Estado tiene el monopolio del ejercicio de la coacción legítima (si es que es legítima). Pero muy distinto es b) cuando una comunidad originaria, parte del pueblo, desde un derecho consuetudinario (anterior al Estado de las Indias en la época colonial o el Estado mexicano desde el siglo XIX), asume el ejercicio del poder político, que ostenta como última instancia de ser el sujeto colectivo de la soberanía. El Estado ejerce delegadamente dicha soberanía por representación y fundado, ese ejercicio, en la soberanía popular (que es anterior a la constitución y al estado de derecho). Es decir, cuando una comunidad reúne al pueblo y toma una decisión colectiva según usos y costumbres, no es una persona cualquiera que se arroga un derecho que le niega el artículo 17. El ejercicio de la soberanía del pueblo reunido legítimamente según sus costumbres no es ninguna "señal de alarma", sino, por el contrario, señal que debe escuchar el Estado, en el ejercicio del poder obediencial fundado en el pueblo, para atender con suma diligencia ese reclamo que se le impone como una obligación ineludible en favor de dicha comunidad que manifiesta una necesidad perentoria. Es, por tanto, ejercicio de un derecho pleno, anterior a la Constitución y al estado de derecho.

 

En segundo lugar, la diferencia entre a) la existencia de la policía comunitaria (como la de la CRAC) y b) los grupos paramilitares no tienen una "muy frágil línea divisoria", como opina el ombudsman, sino una abismal diferencia (y creer que son simplemente dos actuaciones ilegales semejantes comienza a preocupar). Los paramilitares son organizados por el Estado, los gobiernos, las estructuras militares o grupos de poder que, no pudiendo reprimir legalmente al pueblo que defiende sus derechos, crea estas estructuras violentas para de manera ilegal cumplir sus corruptos fines. Los grupos paramilitares son parte del terrorismo de Estado inconfesable. La policía comunitaria es, en cambio, expresión de la soberanía popular legítima anterior al Estado (y al que éste debería respetar y respaldar, y no pretender comandar, infiltrar, corromper o instrumentar como se está orientando la estrategia estatal en Guerrero con comunidades que no tienen la experiencia de la CRAC).

 

En tercer lugar, podría pensarse que supuesto el estado de derecho es peligroso ponerlo en cuestión porque crea una situación de caos, anomia, o "ingobernabilidad", opina el ombudsman. Habría que preguntarse si existe estado de derecho cuando el Poder Judicial está mostrando debilidad, contradicción y hasta corrupción en tantos miembros, y viendo que hasta en su más alta esfera no se admitió ningún argumento para demostrar un fraude electoral o haber superado los límites de gastos de un candidato en una campaña política, lesionando los intereses de las mayorías; cuando las policías locales, de los estados y federal, y hasta el Ejército, han sido infiltrados por el narco, como es público, quedando la población inerme ante la violencia de los cárteles; cuando las cárceles son escuela del crimen y no lugar de readaptación de los criminales, etcétera. En realidad si hay algo "muy frágil es la línea divisoria" entre la inexistencia del estado de derecho y su existencia. Por ello las comunidades más pobres y más golpeadas, de manera legítima (según usos y costumbres, y por la definición constitucional de que la soberanía reside en el pueblo), toman democráticamente la decisión de su autoprotección. Y lo han hecho desde 1995 en la CRAC, en armonía con toda la comunidad, habiendo extirpado el crimen y la droga en sus territorios, ejemplarmente. La intervención de la policía oficial, y aun del Ejército, se manifiesta frecuentemente como problemática, porque se ha mostrado como elemento de conflicto, de peligro para la comunidad y de posibilidad de que se "entiendan" con las fuerzas del crimen.

 

En cuarto lugar, se exige que sean entregados por la policía comunitaria los presuntos criminales al Poder Judicial estatal. En la CRAC, desde hace años, se había concedido que las comunidades ejercieran prudentemente la justicia según usos y costumbres, y lo han hecho de modo equilibrado, sabio, y sin mayores conflictos. No son linchamientos o juicios apresurados. Son juicios que van cumpliendo su jurisprudencia ancestral y reciente, y han funcionado. Ahora se exige que entreguen los posibles culpables de crímenes. ¿Tiene realmente el Poder Judicial procesos debidos precisamente definidos para estos casos? ¿No será que muy fácilmente los presuntos culpables serán liberados (como se acostumbra), por falta de pruebas, y las comunidades los vean volver a sus fechorías? Es posible que en esos casos el sistema comunitario de justicia muestre mayor coherencia, pues tiene un conocimiento mucho más completo de las motivaciones de los criminales, y así pueden mejor recabar las pruebas y juzgar apegados a sus costumbres. Grupos de estudiantes de derecho en Acapulco comienzan a estudiar estas cuestiones.

 

Por último, pareciera que la estrategia política en Guerrero es cooptar este movimiento democrático participativo de las comunidades y subordinarlo a las estructuras del estado local, in­corporando esas policías comunitarias a la policía oficial. Ésta desnaturalizaría la experiencia de los pueblos, porque la policía respondería a las órdenes de las estructuras estatales y no a las exigencias de las comunidades. Así, lo logrado se corrompería rápidamente por el deterioro de las instituciones policiales y de justicia en las que el pueblo más pobre sabe que no puede confiar.

 

Es necesario respetar la dignidad y el derecho de las comunidades originarias y campesinas a que ejerzan una autonomía de autoprotección y de impartición de justicia según usos y costumbres democráticas y participativas, que no sólo solucionarán el problema de la seguridad (que el Estado no puede hoy garantizar), sino igualmente serán escuela de democracia que puede ser ejemplar para toda la sociedad campesina y urbana en general. Lo contrario sería implantar un régimen autoritario, una represión generalizada de los movimientos sociales y comunidades originarias, que nos recordarían tiempos pasados que habíamos esperado que no volvieran.

 

Enrique Dussel

* Filósofo.

 

Publicado enInternacional