Domingo, 18 Agosto 2019 05:48

Últimas noticias del cerebro

Últimas noticias del cerebro

 Cómo la actividad de las neuronas produce la sensación única y global de estar vivo

Hace 2.500 años, mientras los babilonios tomaban Jerusalén, el reino de Wu capitaneado por Sun Tzu machacaba a las fuerzas de Chu y Tales de Mileto vaticinaba un eclipse deteniendo así una guerra cruenta, un joven discípulo de Pitágoras llamado Alcmeón de Crotona propuso por primera vez que el cerebro era la sede de la mente. La idea se enfrió después porque Aristóteles, muy en su línea de equivocarse, dictaminó que la sede de la mente era el corazón, y que el cerebro era un mero sistema para enfriar la sangre. Hoy sabemos que Alcmeón tenía razón. Pero, como Aristóteles, seguimos ignorando cómo funciona el cerebro, y por tanto en qué consiste la naturaleza humana.

Nadie niega que entender el cerebro es uno de los dos o tres grandes desafíos que la ciencia tiene por delante y, al menos desde Cajal, la investigación ha sido intensa, brillante y caudalosa. Sabemos hoy que la clave de nuestra mente es la conectividad entre neuronas, la geometría de sus circuitos. Conocemos los mecanismos intrincados por los que una neurona decide mandar por su axón (su output) el resultado de un complejo cálculo que ha hecho integrando la información de sus 10.000 dendritas (su input). Comprendemos los refuerzos de esas conexiones (sinapsis) que subyacen a nuestra memoria, y utilizamos las ondas de alto nivel, resultantes de la actividad de millones de neuronas, para diagnosticar enfermedades mentales e investigar con el grado de consciencia de los voluntarios.

Pero seguimos sin entender cómo el cerebro genera la mente. Quien diga lo contrario es un ignorante o una trama delictiva.

Pese a los repetidos y denodados intentos de asociar la especificidad humana a uno u otro trozo de cerebro radicalmente nuevo, con una arquitectura original e inusitada en la historia del planeta, los datos nos muestran con tozudez que todas nuestras pretendidas peculiaridades —el lenguaje, las matemáticas, la moralidad y la justicia, las artes y las ciencias— hunden sus raíces en las profundidades abisales de la evolución animal, un proceso que empezó hace 600 millones de años con la aparición de las esponjas y las medusas.

Fueron las medusas, precisamente, quienes inventaron los ojos. Hay un gen llamado PAX6 que se ocupa de diseñar el primitivo ojo de estos cnidarios, y su conexión con las primitivas neuronas que andaban por allí. Ese mismo gen, que inicialmente se descubrió en la mosca, es también el responsable del diseño del ojo humano, y sus mutaciones leves causan enfermedades congénitas como la aniridia o ausencia de iris, y otra docena de anomalías en el desarrollo del ojo y sus neuronas asociadas. En un sentido genético profundo, nuestros ojos y nuestro cerebro visual se originaron en las medusas hace 600 millones de años.

Y eso es solo el principio de la larga, larga historia de nuestra conexión con los orígenes de la vida animal. Del lóbulo óptico de los animales primitivos, que es precisamente el dominio de acción de PAX6, proviene nuestro cerebro medio (o mesencéfalo), esencial para la visión, el oído, la regulación de la temperatura corporal, el control de los movimientos y el ciclo de sueño y vigilia. Y de otro de nuestros sentidos, el olfato, que también ancla sus orígenes en la noche de los tiempos de la vida animal, proviene nuestro córtex (o corteza), la capa más externa del cerebro, que en las especies más inteligentes —nosotros, los delfines, las ballenas, los elefantes— ha crecido tanto que no nos cabría en el cráneo de no haberse arrugado hasta producir esa fealdad abyecta que nos sentimos, de manera comprensible, reacios a aceptar como nuestra mente. Y que sin embargo lo es.

Del córtex y sus asociados, esos frutos evolutivos del ancestral cerebro olfativo, emanan todas las asombrosas aptitudes de la mente humana, todo aquello que nos hace tan diferentes y de lo que estamos tan orgullosos. Esa capa exterior y antiestética del cerebro genera –o, más exactamente, encarna— nuestras sensaciones del mundo exterior, nuestras órdenes voluntarias para mover la boca o los brazos, y un enjambre de “áreas de asociación” donde se integran los sentidos, los recuerdos y los pensamientos para producir una escena consciente única, el tejido del que está hecha nuestra experiencia.

Todo el cerebro es un enigma, pero si hubiera que elegir un problema supremo en esa jungla, ese sería el misterio de la consciencia. Y hay una historia científica que es preciso contar aquí. Uno de los grandes científicos del siglo XX, Francis Crick, estaba verdaderamente preocupado de adolescente porque, cuando él hubiera crecido, todo habría sido ya descubierto. Cuando creció, la primera misión del joven Crick fue diseñar minas contra los submarinos alemanes.

Acabada la guerra, sin embargo, Crick se paró a pensar qué grandes problemas quedaban por solucionar en la ciencia. Resolvió que los enigmas esenciales eran dos: la frontera entre lo vivo y lo inerte, y la frontera entre lo consciente y lo inconsciente. Su primer enigma quedó resuelto de manera satisfactoria con la doble hélice del ADN que descubrió con James Watson en 1953. Y el segundo nunca llegó a averiguarlo —eso le habría convertido en el mayor científico de la historia—, pero sí fue capaz de estimular a investigadores más jóvenes y a los gestores de la financiación de la ciencia norteamericana para que se concentraran en ese pináculo pendiente del conocimiento. El principal de sus colaboradores en esta exploración fue Christof Koch, actual director del Instituto Allen de biociencia, en Seattle.

Quince años después de la muerte de Crick, Koch sigue cautivado por el problema de la consciencia. ¿Cómo la actividad de las neuronas individuales, y de los circuitos que forman miles o millones de ellas, produce la sensación única y global de ser consciente, de haber despertado, de estar vivo? Esa convicción de que somos distintos de una medusa, de que somos una entidad trascendente, capaz de entender el mundo y distinta de todo lo anterior. Veamos el estado actual de esta línea de investigación crucial. Es ciencia básica. Las aplicaciones siempre vienen después del entendimiento profundo, como demuestra la historia de la ciencia.

“La consciencia es todo lo que experimentas”, escribe Koch. “Es la canción que se repite en tu cabeza, la dulzura de una mousse de chocolate, la palpitación de un dolor de muelas, el amor feroz por tu hijo y el discernimiento amargo de que, al final, todos esos sentimientos se acabarán”. Hay dos campos científicos que aspiran a, o no pueden evitar, competir con los poetas en la interpretación del mundo: la cosmología y la neurología. Tiene toda la lógica. Una buena ecuación sintetiza una inmensa cantidad de datos en un centímetro cuadrado de papel, igual que un buen verso.

Para filósofos como Daniel Den­nett, el problema de la consciencia es inseparable del enigma de los qualia: lo que sentimos como la rojez del color rojo, la dulzura de un dulce, la sensación de dolor que nos produce un dolor de muelas. Estos filósofos creen que el enigma de los qualia no puede ser resuelto, ni siquiera abordado, por la ciencia, porque esas sensaciones son privadas y no pueden compararse, aprenderse ni medirse por referencias externas. Esta idea, sin embargo, contradice el principio general de que la mente equivale al cerebro, como ya avanzó hace 2.500 años Alcmeón de Crotona.

Si todo lo que ocurre en nuestra mente es producto de —o más bien es idéntico a— la actividad de ciertos circuitos neuronales, la consciencia no puede ser una excepción, o de otro modo volveríamos al animismo irracional, a la creencia en un alma separada del cuerpo, a los fantasmas y a los ectoplasmas. Crick y Koch decidieron saltarse el supuesto enigma de los qualia para concentrarse en buscar los “correlatos neurales de la consciencia”, es decir, los circuitos mínimos suficientes para que se produzca una experiencia consciente. La estrategia ha sido fructífera.

Tomemos el efecto bien conocido de la rivalidad binocular. Con un sencillo montaje, puedes presentar una imagen al ojo izquierdo de un voluntario (un retrato de Pili, por ejemplo) y otra al ojo derecho (un retrato de Juanma). Podrías pensar que el voluntario vería una mezcla chocante de las dos caras, pero si le preguntas verás que no es así. Ve un rato a Pili, luego de pronto a Juanma, después otra vez a Pili y así. Los dos ojos rivalizan por hacer llegar su información a la consciencia (de ahí “rivalidad binocular”). ¿Qué cambia en el cerebro cuando la consciencia flipa de una cara a la otra?

Los experimentos de este tipo, combinados con las modernas técnicas de imagen cerebral, como la resonancia magnética funcional (fMRI), apuntan una y otra vez a la “zona caliente posterior”. Está compuesta por circuitos de tres lóbulos (partes del córtex cerebral): el temporal (encima de las orejas), el parietal (justo encima del temporal, en todo lo alto de la cabeza) y el occipital (un poco por encima de la nuca). Esto es en sí mismo una sorpresa, porque la mayoría de los neurocientíficos habrían esperado encontrar la consciencia en los lóbulos frontales, la parte más anterior del córtex cerebral, y la que más ha crecido durante la evolución humana. Pero no es así. La consciencia reside en zonas posteriores del cerebro que compartimos con la generalidad de los mamíferos.

Otro descubrimiento reciente es que las áreas implicadas en la consciencia —la zona caliente posterior— no son las que reciben las señales directas de los ojos y los demás sentidos. Lo que ocurre en esas áreas primarias no es lo que el sujeto ve, o es consciente de ver. La consciencia está en áreas que reciben, elaboran e interconectan esa información primaria, tanto en la vista como en los demás sentidos.

Una práctica quirúrgica tradicional nos ofrece más pistas valiosas. Cuando los neurocirujanos tienen que extirpar un tumor cerebral, o los tejidos que causan ataques epilépticos muy graves, toman antes una precaución bien lógica: a cráneo abierto, estimulan con electrodos las zonas vecinas para ver exactamente dónde están en el mapa del córtex, y hasta dónde conviene llegar (o no llegar) con el bisturí. Fue así, de hecho, como se cartografió elhomúnculo motor, esa figura humana deforme que tenemos encima de la oreja y controla todos nuestros movimientos voluntarios. Estimula aquí y el paciente mueve una pierna; estimula allí y moverá el dedo medio de la mano izquierda, o la lengua y los labios.

Cuando lo que se estimula es la zona caliente posterior, el paciente experimenta todo un abanico de sensaciones y sentimientos. Puede ver luces brillantes, caras deformadas y formas geométricas, o sentir alucinaciones en cualquier modalidad sensorial, o ganas de mover un brazo (pero esta vez sin llegar a moverlo). En su forma normal, este parece ser el material con el que se teje nuestra consciencia. Cuando parte de la zona caliente resulta dañada por una enfermedad o un accidente, o extirpada por los cirujanos, el paciente pierde contenidos de la consciencia. Se vuelven incapaces de reconocer el movimiento de cualquier objeto o persona, o el color de las cosas, o de recordar caras que antes le resultaban familiares.

La neurociencia, por tanto, no solo ha demostrado la hipótesis de Alcmeón de Crotona —que el cerebro es la sede de la mente—, sino que también ha encontrado el lugar exacto en que reside la consciencia. Entender cómo funciona ese trozo de cerebro es una cuestión mucho más difícil, que algún día merecerá un Premio Nobel. Pero la mera localización de la consciencia en la parte posterior del córtex cerebral tiene una implicación nítida. El sello distintivo de la evolución humana es el crecimiento explosivo del córtex frontal. El córtex posterior, incluida la zona caliente, lo hemos heredado de nuestros ancestros mamíferos y de más allá. Muchos animales, por lo tanto, deben ser conscientes: tienen una mente en el sentido de Alcmeón. Es una idea perturbadora, pero tendremos que aprender a vivir con ella y a gestionar sus implicaciones.

Entender el cerebro es sin duda uno de los mayores retos que tiene planteada la ciencia actual. Se trata del objeto más complejo del que tenemos noticia en el universo, y la tarea resulta formidable. Pero la recompensa será grande para la investigación y el pensamiento. Quizá no falte tanto para ello

Por Javier Sampedro

17 AGO 2019 - 17:00 COT

Primera fila, de izquierda a derecha, en tercer lugar el padre Javier Giraldo acompañando a la Comunidad de Paz

La utilización de acciones jurídicas se constituye en una nueva herramienta para seguir atentando contra los habitantes que conforman la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, así lo demuestra la acción de tutela interpuesta por la Brigada XVII del Ejército Nacional contra la Comunidad de Paz, tutela fallada en la Sentencia 327 del 5 de octubre de 2018, mediante la cual pretenden hacer retractar a las comunidades de sus denuncias públicas que evidencian el accionar conjunto entre militares, policías y paramilitares en la región, supuestamente para proteger el buen nombre y la honra de los militares. Vale la pena decir que estas comunidades desde el año 2005 renunciaron a la utilización de los aparatos judiciales del país, pues han vivido en carne propia la ineficiencia de los mismos y, por el contrario, sus miembros han sido amenazados, perseguidos, desplazados y asesinados luego de interponer denuncia judicial.


El padre Javier Giraldo Moreno, representante de la Comunidad de Paz, envió una carta a la Corte Constitucional en la cual defiende el derecho de las comunidades a negarse a obedecer la sentencia de rectificación, argumentando jurídicamente el por qué es legítimo no hacerlo y dejando claro que los elementos jurídicos utilizados por los militares son ilegales, ilegítimos e inconstitucionales. Aquí la carta completa:


Señores Magistrados
SALA DE REVISIÓN CORTE CONSTITUCIONAL

Ref: Exp.: T-7092205, asignado el 28 de enero de 2019
Exp: T-1401460 Seguimiento Sentencia T-1025/07


De toda consideración.

En mi condición de representante de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, habiendo actuado ante esa Honorable Corte en los procesos de revisión que dieron origen a las Sentencias T -249/03, T-327/04, T-1025/07, así como en el seguimiento a esta última y sus Autos consecutivos 164/12, 693/17 y Auto del 7 de septiembre de 2018, y conocedor de la Acción de Tutela interpuesta por la Brigada XVII del Ejército Nacional contra la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, fallada en la Sentencia 327 del 5 de octubre de 2018 por la Juez Segunda Promiscua de Apartadó y de la solicitud de su revisión (Exp. T-7092205), asignada a la Sala de Revisión el 28 de enero de 2019 por Insistencia del Defensor Nacional del Pueblo, me permito aportar el siguiente escrito en calidad de AMICUS CURIAE, cuyo contenido puede tenerse en cuenta también para el seguimiento de la Sentencia T-1025/07 (Exp: T-1401460).

La Brigada XVII del Ejército Nacional, con sede en Carepa, Antioquia, solicitó a la Juez de conocimiento de Apartadó proteger los derechos a la honra, al buen nombre y a la intimidad de los militares adscritos a ella y a sus unidades menores, lesionados por las referencias que la Comunidad de Paz hace sobre el comportamiento de los militares en sus comunicados o Constancias Históricas difundidas en su página web. La Brigada solicita que la Comunidad rectifique las informaciones y que allegue a la fiscalía y a la misma Brigada las pruebas de los comportamientos ilícitos de los militares, y la juez acoge su solicitud en la sentencia.

Como la Honorable Corte lo conoce suficientemente, dadas las diversas sentencias emitidas en relación con la Comunidad de Paz de San José de Apartadó y los Autos que han tratado en vano de hacer cumplir las órdenes de sus sentencias y de los autos consecutivos, esta Comunidad de Paz desde el año 2005 renunció a utilizar en su defensa al aparato judicial y a colaborar con él de alguna manera, luego de experimentar durante 8 años que, en lugar de obtener algún acto de justicia y protección, más bien ponía en riesgo a sus miembros, ya que los testigos y declarantes, numerosos en esos primeros años, llegaban a ser estigmatizados, perseguidos, desplazados o asesinados y que, al examinar un buen número de expedientes, se evidenciaban numerosos mecanismos de corrupción e impunidad, como la Comunidad se lo compartió a todas las Altas Cortes en el Derecho de Petición radicado el 19 de enero de 2009. Dicha ruptura con la justicia la Comunidad la fundamentó en el Artículo 18 de la Constitución Nacional, según el cual “nadie puede ser obligado a actuar en contra de su conciencia”. Esto explica que la Comunidad no haya respondido a los requerimientos de la juez de tutela.

Pero fuera del problema procedimental, el cual hay que discernirlo a la luz de la imperatividad del artículo 18 de la Constitución considerado como principio de alta jerarquía constitucional, existen otros elementos jurídicos que hacen ilegal, ilegítima e inconstitucional la pretensión de los militares, los cuales pongo a consideración de la Honorable Corte:

Este litigio pone en juego el derecho a la libre expresión, consagrado en el artículo 20 de la Constitución Nacional. Este derecho fue examinado profundamente en la Sentencia T-1025/07 (referida a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó) y hace parte de su núcleo doctrinal de fondo. En la Parte IV de dicha sentencia, donde se aborda la “Revisión por parte de la Corte – Consideraciones y Fundamentos” (No. 12, pag. 79) se afirma: “La libertad de expresión ocupa un lugar preferente en el ordenamiento constitucional colombiano, no sólo por cuanto juega un papel esencial en el desarrollo de la autonomía y libertad de las personas (CP art. 16) y en el desarrollo del conocimiento y la cultura (CP art. 71) sino, además, porque constituye un elemento estructural básico para la existencia de una verdadera democracia participativa (CP arts 1º, 3º y 40). Por ello, en numerosas decisiones, esta Corporación ha destacado la importancia y trascendencia de esta libertad[1], que protege no sólo la facultad de difundir y expresar opiniones e ideas, o libertad de expresión en sentido estricto, sino también la posibilidad de buscar, recibir y difundir informaciones de toda índole, o derecho y libertad de informar y ser informado.”

Si se tiene en cuenta, además, la jurisprudencia internacional sobre el tema, es importante referirse a la Declaración de principios sobre la libertad de expresión, adoptada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 20 de octubre de 2000, donde se establecen estos principios:


(1) “La libertad de expresión, en todas sus formas y manifestaciones, es un derecho fundamental e inalienable, inherente a todas las personas. Es, además, un requisito indispensable para la existencia misma de una sociedad democrática”
(2) “Toda persona tiene el derecho a buscar, recibir y difundir informaciones y opiniones libremente en los términos que estipula el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Todas las personas deben contar con igualdad de oportunidades para recibir, buscar e impartir información por cualquier medio de comunicación sin discriminación, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social”.
(5) “La censura previa, interferencia o presión directa o indirecta sobre cualquier expresión, opinión o información difundida a través de cualquier medio de comunicación oral, escrito, artístico, visual o electrónico, debe estar prohibida por la ley. Las restricciones en la circulación libre de ideas y opiniones, como así también la imposición arbitraria y la creación de obstáculos al libre flujo informativo, violan el derecho a la libertad de expresión”.
(11) “Los funcionarios públicos están sujetos a un mayor escrutinio por parte de la sociedad. Las leyes que penalizan la expresión ofensiva dirigida a funcionarios públicos generalmente conocidas como “leyes de desacato” atentan contra la libertad de expresión y el derecho a la información”.

Por otra parte, hay derechos muy claros consagrados por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 8 de marzo de 1999 (A/RES/53/144), en su Declaración conocida como el compendio de derechos de los Defensores y Defensoras de Derechos Humanos: en su artículo 6 establece el derecho de toda persona, individual o colectivamente: “a publicar, impartir o difundir libremente a terceros opiniones, informaciones y conocimientos relativos a todos los derechos humanos y libertades fundamentales, así como a debatir si esos derechos y libertades fundamentales se observan, tanto en la ley como en la práctica, y a formarse y mantener una opinión al respecto, así como a señalar a la atención del público esas cuestiones por conducto de esos medios y de otros medios adecuados”.

Esta Declaración de la Asamblea General no deja duda alguna respecto al derecho que asiste a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó A PUBLICAR Y DIFUNDIR INFORMACIONES QUE PERMITAN DEBATIR SI ESOS DERECHOS SE OBSERVAN O NO, NO SOLO EN LA LEY SINO EN LA PRÁCTICA Y A SEÑALAR A LA ATENCIÓN DEL PÚBLICO ESAS CUESTIONES POR MEDIOS ADECUADOS.

El ejercicio de un derecho como éste, fundamentado tan claramente en la jurisprudencia y la doctrina internacional, obedece también a circunstancias contextuales que es bueno tener en cuenta:

La Comunidad de Paz de San José de Apartadó, desde que tuvo claro que su conciencia ética le impedía colaborar con una “justicia” que no llenaba los mínimos requisitos para llamarse tal, como ampliamente se documentó en el Derecho de Petición a las Altas Cortes del 19 de enero de 2009, buscó caminos alternativos para que los crímenes de que era y sigue siendo víctima no se quedaran en la total impunidad. Su primer camino escogido fue llevar sus casos a tribunales internacionales y así lo hizo acudiendo, tanto a la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos, como a la Corte Penal Internacional, a la Audiencia Nacional de España y explorando otros espacios de jurisdicción universal, procesos todos que son muy prolongados y demandan costosos requerimientos. Otro camino, que creyó debía ser más expedito, fue el recurso al derecho constitucional de petición ante el Jefe de Estado, esperando que por vía administrativa tomara decisiones exigidas por su condición de garante de derechos, fundamentada en varios artículos de la Constitución Nacional; sin embargo, los numerosos derechos de petición radicados en los despachos de los últimos 4 presidentes, no dieron resultado alguno, pues los presidentes los remitieron siempre a los ministros de defensa, solidarios de la alta oficialidad castrense, los cuales jugaron un papel sistemático de encubrimiento y complicidad, dando respuestas saturadas de evasiones, negaciones y falsedades que permitieron siempre mantener incólumes las estructuras criminales de la región y sin investigación ni sanción alguna a los oficiales responsables de los crímenes. Presidentes y ministros se negaron, además, a suministrar los nombres de los agentes de la fuerza pública que estuvieron presentes en los días, horas y lugares donde fueron perpetrados los crímenes, y desacataron con inflexible contumacia las sentencias y autos de la Corte Constitucional que les ordenó reiteradamente suministrar esos nombres. Un tercer camino que ha sido casi concomitante con la larga existencia de la Comunidad de Paz, ha sido el recurso a la sociedad civil, sin esperar de ella decisiones judiciales sino sólo éticas y políticas, pues se funda en el derecho de la especie humana a conocer el respeto o irrespeto con que los aparatos de Estado tratan la dignidad humana y en el derecho a pronunciarse, a protestar y a defender la vida y los derechos fundamentalmente humanos desde la opinión pública universal; este camino se ha alimentado a través de las Constancias Históricas que se difunden por las redes sociales y que en este caso son el blanco de ataque de las Brigada XVII y de la Juez Segunda Promiscua de Apartadó.

Otro elemento del contexto que vale la pena tener en cuenta es el esfuerzo que ha hecho la Comunidad de Paz para que la administración de justicia pueda regenerarse. Por muchos años la Comunidad clamó para que se constituyera una Comisión de Evaluación de la Justicia, pues su trágica experiencia le fue mostrando que el aparato judicial desconocía la independencia de poderes y que recurría a métodos excesivamente perversos para construir testimonios y pruebas falsas para condenar a inocentes o para absolver a culpables, violando todos los principios rectores de los códigos vigentes y de los tratados internacionales y comprando la complicidad de fiscales, jueces, procuradores, magistrados y defensores. Cuando el líder histórico de la Comunidad, Luis Eduardo Guerra, fue masacrado con su familia el 21 de febrero de 2005, estaba empeñado en conseguir que se constituyera esa Comisión. Gracias al Auto 164/12 de la Corte Constitucional, dicha Comisión se pudo constituir pero sufrió el boicot interno de los funcionarios participantes, llegando a su plazo máximo de funcionamiento sin haber examinado un solo expediente. A la Comunidad le asiste la convicción de que la justicia no puede funcionar rectamente si no se enfrenta ese pasado lleno de podredumbres, tanto para descubrir y establecer correctivos como para purificar su personal, excluyendo y sancionando a quienes la han convertido en un ámbito repugnante del delito, y además para reparar, al menos moralmente, a las víctimas.

En el Auto 693/17, la Corte no insistió en reconstruir la Comisión de Evaluación de la Justicia sino que propuso que los casos de la Comunidad de Paz fueran remitidos a la Jurisdicción Especial de Paz –JEP-. La Comunidad ha examinado a fondo las posibilidades de justicia con que cuenta la JEP y le elevó una consulta documentada a su Presidenta, la cual fue respondida ampliamente en un documento que confirma sus dudas y temores. En primer lugar, la interpretación laxa que está haciendo la JEP del requisito para que un victimario (y consiguientemente sus víctimas) se acojan a ella: el que los hechos estén relacionados “directa o indirectamente con el conflicto armado” o se hayan perpetrado “con ocasión del conflicto”, distorsiona radicalmente las características de los crímenes sufridos por la Comunidad de Paz, cuya identidad esencial consiste justamente en no participar en el conflicto armado ni colaborar ni convivir con ningún actor armado. Si los victimarios de la Comunidad alegan relación alguna con el conflicto para poder acogerse a la JEP, eso solo es posible hacerlo apoyándose en calumnias infames que les hicieron creer que la Comunidad era lo mismo que la guerrilla. Esa infamia distorsiona radicalmente cualquier intento de justicia. Por otra parte, las diversas manipulaciones políticas del Estatuto de la JEP la inhabilitaron para ejercer justicia de acuerdo a los parámetros y normas del Estatuto de Roma: le quitaron la posibilidad de juzgar la responsabilidad de los jefes de Estado, y si algo llega a ser de absoluta evidencia, para quien lea y analice los 87 derechos de petición, con los horrores que allí se describen y los clamores apremiantes a los presidentes para salvar vidas, integridades y derechos de los miembros de la Comunidad y de los campesinos de su entorno, es que los presidentes fueron los máximos responsables del horror, por no atender clamores tan justos y urgentes de las víctimas y por no cumplir deberes tan esenciales de su cargo. La misma Corte Penal Internacional ha venido cuestionando la redacción tergiversada que se le dio a los artículos sobre responsabilidades de mando de los militares, para acomodarlos a una descarada impunidad. Otros artículos perversamente modificados por los poderes políticos han llenado de trabas la tipificación de los crímenes de lesa humanidad y de las prácticas genocidas; las causales de sistematicidad; la incriminación a empresarios, políticos y funcionarios civiles cuyo papel no pocas veces fue determinante de los crímenes y de su impunidad. Todo esto se envuelve en un manto más gigantesco aún de dudas y oscuridades, cuando se percibe la ausencia absoluta en el SIVJRNR de estrategias de No Repetición. La creencia de que dejar intactas las instituciones y las estructuras que permitieron y favorecieron los horrores es “garantizar la no repetición” no es, en absoluto, de recibo. Queda claro que la JEP no es el escenario que pueda hacer mínima justicia a la Comunidad de Paz.

La revisión de esta sentencia de tutela debería abordar, en sana lógica, los factores que han llevado a una comunidad campesina agobiada por los más horrendos crímenes sistemáticos, a limitarse a la reacción más primaria de una víctima: el grito de auxilio ante sus semejantes. Y ese el último atajo elementalmente humano que la Brigada y la juez quieren cerrar en esa sentencia de tutela.

Anexo a este Amicus Curiae el libro “En las entrañas del Genocidio”, que sistematiza el informe de fondo solicitado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el Caso 12325 y el CD: Anexos al Informe 21 Años de Ignominia, con copias de los procesos desarrollados en 21 años sobre la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.

Con toda consideración,


Javier Giraldo Moreno, S. J.
C.C. 3.515.984 Dirección: carrera 5 No. 33-B-02, Bogotá, D. C. Tel: 2456181

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Publicado enColombia
Todo preparado para la gran rebelión estudiantil por el clima

Los estudiantes de educación secundaria y superior están llamados a un paro este viernes 15 de marzo en la primera gran huelga internacional contra el cambio climático y la falta de políticas para atajarlo.

 

La juventud se planta por su futuro. Es un lema válido para prácticamente cualquier reivindicación estudiantil pero en este caso se refiere, literalmente, a la posibilidad que ese futuro exista para esos jóvenes. “La ONU ya ha dictado que en 2030 tenemos que tener ya una serie de medidas drásticas o no habrá planeta que recuperar”, señala Irene Rubiera, portavoz de Fridays for Future Madrid. “No sé cuántos años van a tener Pablo Casado, Pedro Sánchez y toda esta gente en ese momento, pero sé que serán muy mayores y les importará todo mucho menos”. A ella le va la vida en ello: tiene 19 años.


La lista de eventos globales para la gran huelga estudiantil internacional programada para este viernes 15 de marzo, que tiene el fin de exigir a los gobiernos implementar medidas inmediatas y realistas para frenar el cambio climático y dejar el aumento de temperatura global medio a un máximo de 1,5ºC respecto a los niveles preindustriales, ya supera las 1.300 convocatorias en más de cien países. A nivel estatal, son medio centenar las ciudades donde se han programado concentraciones y manifestaciones, según ha recopilado la plataforma Juventud por el Clima - Fridays for Future.


Es el colofón de un movimiento, Fridays for Future —los ‘viernes por el futuro’—, que tiene una impulsora y cara bien visible en Greta Thunberg, una adolescente sueca de 16 años que comenzó todo esto cuando decidió dejar de asistir a clase para que el gobierno sueco redujera sus emisiones, y una herramienta clara: la huelga. “Como dice Thunberg, nosotros estamos ahora en clase estudiando para un futuro que no vamos a tener, así que es una manera de simbolizar que no vamos a estudiar para un futuro que no tenemos”, explica Rubiera.
Sin precedentes en Europa


En países como Alemania, Australia, Bélgica, Francia o Suiza, los paros y protestas de los viernes están siendo masivos desde hace un mes y han cosechado un éxito sin precedentes en algunos de ellos, más si cabe resaltando que las movizaciones son impulsadas y llevadas a cabo por jóvenes de secundaria que, de esta forma, están elevando la voz contra un problema que los adultos no parece que acaben de tomar demasiado en serio.


En España la iniciativa ha tardado algo más en arrancar, “quizá porque aquí tenemos menos tradición de asociacionismo juvenil”, opina Rubiera. Aunque hace dos meses un grupo de estudiantes se plantó ante la sede de la Generalitat de Girona, el pasado 1 de marzo se producía el primer Friday for Future convocado a nivel estatal, que conseguía tímidas protestas frente al Congreso —unas 500 personas en Madrid—, y en la plaza de Sant Jaume, en Barcelona, además de en otras ciudades como Girona, Málaga o Valencia.


Quince días después, organizado en apenas tres semanas y de forma telemática —”tenemos un grupo grande de coordinación nacional, otros de gente que trabaja en los institutos y otro de diseñadores de carteles”, cuenta la activista del nodo madrileño de la organización—, el movimiento pretende llegar mucho más lejos y multiplicar las protestas tanto en número de asistentes como de ciudades. Aquí, además, las universidades se han apuntado para unir fuerzas para defender el planeta, lo que supone un potente aliado del movimiento.
Escuchen a los científicos


Quien busque un decálogo de reivindicaciones, más allá del cumplimiento de temas básicos que la comunidad internacional apoya de palabra pero no de acción —como es el caso del malogrado Acuerdo de París o no sobrepasar, como dicta el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), los 1,5 ºC— no lo encontrará. “Solo pedimos una cosa, que escuchen a los científicos. Yo tengo 19 años y no sé cuáles son las medidas concretas para abordar el problema, pero sé que hay gente que ya las tiene y nosotros pedimos que se les escuche”, indica Rubiera.


La juventud llama a hacer caso a los científicos y estos devuelven el cumplido. Más de 12.000 de Alemania, Australia y Suiza presentaron este martes en Berlín un manifiesto por el que secundan la huelga juvenil. La lista con todos los nombres se entregará este viernes a los activistas alemanes, un país que cuenta con más de 180 protestas programadas para ese día.
Políticos, sin interés


Desde el movimiento ven con preocupación la falta de interés de los dirigentes españoles. “Nos preocupa que estando en campaña electoral no hablen mucho de esto”, indica la activista, “lo ven muy lejos, no ven que es un problema muy serio que hay que abordar de manera inmediata, y eso es un problema”.


Desde el ecologismo nos les faltan apoyos, también logísticos, aunque en Fridays for Future dejan claro desde el principio que es un movimiento apartidista y que no ha surgido de ninguna organización. La Alianza por el Clima, una federación internacional formada por 400 organizaciones, que ha expresado su agradecimiento y apoyo al movimiento, recuerda que “la evidencia científica señala al cambio climático como la principal amenaza para el planeta tierra y nuestros medios de vida, y que disponemos de un plazo tan limitado para frenarlo que todas las acciones cuentan”.


En España, Ecologistas en Acción, a través de un comunicado, remarca que “el compromiso de perseguir una ruta segura de descenso de las emisiones, capaz de limitar el incremento de la temperatura global por debajo en 1,5 ºC, es la única respuesta posible a las demandas de la activista climática Greta Thunberg”. Para la confederación, la ola de movilizaciones iniciada por la adolescente sueca “denuncia con claridad cómo los actores políticos tradicionales no han estado ni están a la altura del reto que supone cambio climático”. Asimismo, reclama a los partidos políticos, sindicatos, empresas y organizaciones que han mostrado su apoyo a la huelga “que canalicen su acuerdo con las movilizaciones juveniles planteando los cambios necesarios en sus propias entidades y asuman el cumplimiento de objetivos coherentes con las indicaciones del IPCC”.


También Greenpeace se ha volcado con los jóvenes, llamando a la movilización “la revolución de las tizas de colores” y animando a toda la sociedad “a sumarse y empujar por un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de ponernos manos a la obra para buscar soluciones. El tiempo es escaso y hay mucho trabajo que hacer”.


Desde Unidos Podemos también se apoyan la movilización, tal como aseguró su secretario de Organización, Pablo Echenique este miércoles. Equo, el partido verde enmarcado en la coalición, ha llamado a secundar la huelga y ha asegurado que apoyará “cualquier acción relacionada con la lucha contra el calentamiento global”.

Publicado enMedio Ambiente
Chelsea Manning, encarcelada por negarse a testificar en el caso Wikileaks


La exanalista militar estadounidense, que filtró cientos de miles de documentos secretos a la organización de Julian Assange, reitera que no cooperará con la investigación

Chelsea Manning, la exanalista de Inteligencia del Ejército estadounidense que filtró miles de documentos secretos del Pentágono y del Departamento de Estado a la organización Wikileaks en 2010, ha sido detenida este viernes después de que un juez federal la declarara en desacato por negarse a testificar ante un gran jurado que investiga a la compañía de Julian Assange. La decisión del juez se produce tras una breve audiencia en la que Manning, de 31 años, ha confirmado que no tenía intención de cooperar con la investigación, a pesar de que los fiscales le garantizaron inmunidad por su testimonio.

Manning deberá permanecer en prisión hasta que acceda a testificar o hasta que el gran jurado termine su trabajo. Sus abogados han pedido que fuera enviada a casa a cumplir su pena, por complicaciones médicas que padece, pero el juez ha negado la petición.


“En solidaridad con muchos activistas que se enfrentan a la adversidad, me mantendré fiel a mis principios”, ha dicho Manning. “Mi equipo legal continúa impugnando el secretismo de este proceso y estoy preparada para enfrentarme a las consecuencias de mi negativa”.


Un juez militar condenó a la exanalista a 35 años de cárcel por la filtración de más de 700.000 documentos, pero solo cumplió siete, gracias a la conmutación de pena concedida por el expresidente Barack Obama en 2017, en los últimos días de su mandato. Por su condición de persona transgénero adaptándose a su vida como mujer, Manning lo pasó particularmente mal en la prisión militar masculina e intentó quitarse la vida en dos ocasiones en 2016.


El caso, que tiene lugar en una corte federal de Virginia, es parte de la amplia investigación sobre Wikileaks y Assange, que se encuentra desde 2012 viviendo en la Embajada de Ecuador en Londres para evitar su arresto. Durante su juicio en 2013, Manning reconoció haber enviado archivos de documentos secretos a Wikileaks. Aseguró haberse comunicado online con alguien que probablemente fuera Assange, pero afirmó que actuó por su cuenta sin ser dirigida por nadie de Wikileaks.


La filtración de Manning lanzó a la fama global a Wikileaks. Años después, la organización de Assange publicó los correos electrónicos del Partido Demócrata supuestamente robados por hackers rusos durante la campaña presidencial de 2016, lo que la convierte en una pieza importante en la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la injerencia rusa en dichas elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

Por Pablo Guimón
Washington 8 MAR 2019 - 15:06 CO

Publicado enInternacional
Miércoles, 05 Septiembre 2018 09:43

Erotizar el consentimiento

Erotizar el consentimiento

Si dices: “oye, ¿te gustaría tomar una taza de té?” y te responde: “¡oh, sí, por supuesto, me encantaría tomar una taza de té, gracias”, entonces sabes que aceptó la taza de té. Pero, si no quieren té, y esta es la parte importante, no hagas que se lo tomen.

 

Si dices: “¿Te gustaría una taza de té?” y te responden: “Mmm, no sabría decirte.” Entonces, puedes preparar el té sin saber si se lo van a tomar. Pero, si no quieren, y esta es la parte importante, no hagas que se lo tomen. Solo porque lo preparaste no tienes derecho a obligar a nadie a que se lo tome.

 

Si te responde: “no quiero, gracias”, ni siquiera prepares la taza de té. No lo hagas. No hagas que se lo tome. Tampoco te enojes con la persona si rechaza el té. Simplemente no lo quieren, ¿vale?

 

También puede pasar que te digan: “sí, por favor, eres muy amable”, y cuando esté en la mesa ya no quieran el té. Seguro que es molesto después del esfuerzo empleado en preparar el té, pero aun así no está obligado a tomarlo. Las personas cambian de opinión desde que hierve el agua, agregas el té, la leche y lo sirves. Querían. Ahora no. Está bien que las personas cambien de opinión. Aun así, no tienes derecho a obligarles a que se lo tomen.

 

Si se desmayan, no les prepares té. No quieren té. No pueden responder, están inconscientes. Bien, tal vez estaban conscientes cuando quisieron el té, pero mientras lo preparabas se desmayaron. Deja el té. Asegúrate de que la persona está bien. Y una vez más, no hagas que se tomen el té. Te dijeron que sí en ese momento, pero una persona inconsciente no quiere tomar té.

 

Imagina que la persona quiere té, lo toma, pero se desmaya antes de terminarlo. No le des más. Deja el té y asegúrate de que está bien. Porque la persona que está inconsciente no quiere té. Tenlo por aseguro.

 

Si alguien aceptó tomar té en tu casa el sábado pasado, no quiere decir que lo quiera todo el tiempo. Tampoco quieren que le visites de forma sorpresiva para tomar el té diciéndole: “pero sí querías té la semana pasada.” Mucho menos quieren despertar porque les estás dando de tomar té, diciéndole: “pero si querías té anoche”.

 

Si puedes entender lo ridículo que es forzar a alguien a que tome té cuando no lo quiere, y ser capaz de entender cuando la gente no quiere té… entonces, por qué es tan difícil entenderlo cuando se trata de tener sexo. Ya sea preparar té o tener sexo, el consentimiento lo es todo. (1)

 

Al comparar una propuesta de compartir té o cualquier otra cosa con tener sexo, se hace evidente la extraña concepción que solemos tener del sexo. Recordemos que el sexo se ha convertido en la norma jurídica como “deber conyugal” y si la jurisprudencia condena hoy el abuso sexual en las parejas, la línea del abuso termina siendo delgada.

 

Des-educarse

 

Nos educaron pensando que el acto sexual, en general entendido como coito (penetración del pene en la vagina), es prueba del amor, lo que ha podido llevar incluso a querer tener sexo para sentirse amados o amadas más que por gusto sexual. Cuántas veces una persona ha accedido a tener relaciones o prácticas sexuales, sin desearlas; porque tocaba o se pensaba que era lo que tenía que hacer para satisfacer a la otra persona. Al pensarlo, parece obvio que la falta de entusiasmo, de deseo o de voluntad clara de la otra persona debería quitarnos las ganas. Sin embargo, erotizar el consentimiento es un proceso que supone una toma de conciencia.

 

Preguntémonos, ¿cómo nos puede excitar una situación confusa en la que no se sabe si la otra persona está bien? Aunque hasta diga que sí o si dudamos que al día siguiente no se arrepienta. Todas estas situaciones fuera del consentimiento explícito y entusiasta deberían despertar nuestras alarmas.

 

Insistir, cuando la otra persona dijo que no, es otro de estos curiosos aprendizajes que debemos cuestionar. ¿Cómo puede ser que al tener a una persona que nos gusta o que amamos a nuestro lado, pero que en ese momento expresa la ausencia de deseo, sin tener que inventar excusas o explicitar motivos, nos invada una frustración tan grande que nos lleve a hacer sentir culpables la otra persona? ¿Por qué algunas personas sienten la necesidad de pedir disculpas por no tener ganas de sexo? ¿Por qué no imaginar un mundo en el cual la ausencia de deseo de la otra persona, automáticamente baje el nuestro?

 

Si salimos con ganas de comer hamburguesa con nuestra pareja, que prefiere ir a comer postre, lógicamente buscaremos un antojo común y no culparemos a nadie por querer comer hamburguesa o postre.

 

El consentimiento se valida y se puede revocar en cualquier momento. Tal vez bailamos delicioso, nos fuimos juntos a casa, nos besamos, nos acariciamos, pero una de las personas prefiere finalmente dormir, ¿por qué no nos podemos alegrar del delicioso baile, de las deliciosas caricias, y en cambio la frustración de una expectativa no cumplida nos trasnocha?

 

El mito de la agresión

 

Solemos imaginar la agresión sexual, incluso la violación, como un hecho perpetrado por seres malvados en callejones oscuros. Sin embargo, se estima que 75 por ciento de las agresiones sexuales son cometidas por un ser cercano con quien había algún grado de confianza. Y en muchos casos el agresor no expresa la intención de hacer un daño, ni reconoce haber cometido un abuso.

 

“Dijo que no, pero su cuerpo dijo que sí”, “se lo buscó”, “qué hacía vestida así”, “por qué vino a la casa entonces” son algunos ejemplos de frases que justifican las agresiones y que escuchamos a menudo. Si los sociópatas, que cometen agresiones conscientemente existen, no constituyen la mayoría de los agresores, un muchacho angustiado, un hombre demasiado seguro de sí mismo, o centrado en sí mismo pueden fácilmente convertirse en agresor, sin darse ni cuenta, legitimado por una educación sentimental que menos precia el consentimiento.

 

En los recientes casos de denuncia, que llevaron a la campaña en redes #YoTambién, se abrieron discusiones interesantes. Algunos comentaristas no entendían cómo algunas mujeres pueden seguir en contacto con su violador y denunciarlo años después. Sencillamente porque ellas también habían interiorizado su culpa y se demoraron años en entender que lo que sucedió fue una agresión.

 

Todas las personas nos podemos convertir en un agresor, ignorar ese hecho puede tener desastrosas consecuencias para nuestras potenciales víctimas y para nosotras mismas. Lo que define la agresión no es nuestra intención, sino la percepción de quien la vive. Por lo tanto, si no queremos agredir a las personas debemos tener plena seguridad del consentimiento libre e informado continuo de las personas.

 

Preguntar no debería dañar nada

 

Muchas veces podemos pensar que no hay que hablar en el sexo, que eso rompe el encanto. Sin embargo, con palabras o gestos podemos guiar a las personas con quienes exploramos nuestros cuerpos, para garantizar que todo lo que sucede sea agradable.

 

Si no nos gusta hablar mucho, podemos guiar, por ejemplo, una mano tímida hacia donde queramos ser tocadas, levemente dejando la opción a esta mano de cambiar de ruta, si por ahí no iba. Podemos susurrar, muéstrame, guíame, y hacer de esa exploración un momento de intimidad y de confianza.

 

Y podemos ir perdiéndole el miedo a la palabra. Una pregunta abierta, tipo: ¿qué quieres? puede obligar a pensar demasiado, pero propuestas claras que pueden responderse con un sí o un no, siempre sirven. Preguntar: ¿te gusta más aquí o acá, más rápido, más lento? Y dejar claro que siempre se puede parar, no decir nada más, sin que esto sea un problema o deba ser explicado. Nos puede sorprender escucharlo, pero más que reprocharlo se puede agradecer la sinceridad y el cuidado.

 

Por eso, se trata de escuchar el cuerpo, al nuestro y al del otro hablar. Y cuando tengamos dudas, preguntar. Es mejor reírse de una frase torpe que vivir experiencias no deseadas, que por ello mismo dejarán consecuencias en nuestras vidas y relaciones.

 

Y recordar algo clave: “No es No”, “No sé, es No”, “Hoy no, es No”, “Ahorita no, es No”, “Estás borracha, es No”, cualquier cosa que no es un sí entusiasta y erótico es No. Sí es sólo sí cuando el No siempre es posible (2).

 

1 Texto del video “Analogía entre abuso sexual y taza de té”, en: https://www.youtube.com/watch?v=FSleY0yTrM4
2 Puede visitar la sección “Desde Abajo, la otra posición para el placer” para conocer algunos consejos sexuales en www.desdeabajo.info

 

Publicado enColombia
Jueves, 23 Agosto 2018 14:44

Erotizar el consentimiento

Erotizar el consentimiento

Si dices: “oye, ¿te gustaría tomar una taza de té?” y te responde: “¡oh, sí, por supuesto, me encantaría tomar una taza de té, gracias”, entonces sabes que aceptó la taza de té. Pero, si no quieren té, y esta es la parte importante, no hagas que se lo tomen.

 

Si dices: “¿Te gustaría una taza de té?” y te responden: “Mmm, no sabría decirte.” Entonces, puedes preparar el té sin saber si se lo van a tomar. Pero, si no quieren, y esta es la parte importante, no hagas que se lo tomen. Solo porque lo preparaste no tienes derecho a obligar a nadie a que se lo tome.

 

Si te responde: “no quiero, gracias”, ni siquiera prepares la taza de té. No lo hagas. No hagas que se lo tome. Tampoco te enojes con la persona si rechaza el té. Simplemente no lo quieren, ¿vale?

 

También puede pasar que te digan: “sí, por favor, eres muy amable”, y cuando esté en la mesa ya no quieran el té. Seguro que es molesto después del esfuerzo empleado en preparar el té, pero aun así no está obligado a tomarlo. Las personas cambian de opinión desde que hierve el agua, agregas el té, la leche y lo sirves. Querían. Ahora no. Está bien que las personas cambien de opinión. Aun así, no tienes derecho a obligarles a que se lo tomen.

 

Si se desmayan, no les prepares té. No quieren té. No pueden responder, están inconscientes. Bien, tal vez estaban conscientes cuando quisieron el té, pero mientras lo preparabas se desmayaron. Deja el té. Asegúrate de que la persona está bien. Y una vez más, no hagas que se tomen el té. Te dijeron que sí en ese momento, pero una persona inconsciente no quiere tomar té.

 

Imagina que la persona quiere té, lo toma, pero se desmaya antes de terminarlo. No le des más. Deja el té y asegúrate de que está bien. Porque la persona que está inconsciente no quiere té. Tenlo por aseguro.

 

Si alguien aceptó tomar té en tu casa el sábado pasado, no quiere decir que lo quiera todo el tiempo. Tampoco quieren que le visites de forma sorpresiva para tomar el té diciéndole: “pero sí querías té la semana pasada.” Mucho menos quieren despertar porque les estás dando de tomar té, diciéndole: “pero si querías té anoche”.

 

Si puedes entender lo ridículo que es forzar a alguien a que tome té cuando no lo quiere, y ser capaz de entender cuando la gente no quiere té… entonces, por qué es tan difícil entenderlo cuando se trata de tener sexo. Ya sea preparar té o tener sexo, el consentimiento lo es todo. (1)

 

Al comparar una propuesta de compartir té o cualquier otra cosa con tener sexo, se hace evidente la extraña concepción que solemos tener del sexo. Recordemos que el sexo se ha convertido en la norma jurídica como “deber conyugal” y si la jurisprudencia condena hoy el abuso sexual en las parejas, la línea del abuso termina siendo delgada.

 

Des-educarse

 

Nos educaron pensando que el acto sexual, en general entendido como coito (penetración del pene en la vagina), es prueba del amor, lo que ha podido llevar incluso a querer tener sexo para sentirse amados o amadas más que por gusto sexual. Cuántas veces una persona ha accedido a tener relaciones o prácticas sexuales, sin desearlas; porque tocaba o se pensaba que era lo que tenía que hacer para satisfacer a la otra persona. Al pensarlo, parece obvio que la falta de entusiasmo, de deseo o de voluntad clara de la otra persona debería quitarnos las ganas. Sin embargo, erotizar el consentimiento es un proceso que supone una toma de conciencia.

 

Preguntémonos, ¿cómo nos puede excitar una situación confusa en la que no se sabe si la otra persona está bien? Aunque hasta diga que sí o si dudamos que al día siguiente no se arrepienta. Todas estas situaciones fuera del consentimiento explícito y entusiasta deberían despertar nuestras alarmas.

 

Insistir, cuando la otra persona dijo que no, es otro de estos curiosos aprendizajes que debemos cuestionar. ¿Cómo puede ser que al tener a una persona que nos gusta o que amamos a nuestro lado, pero que en ese momento expresa la ausencia de deseo, sin tener que inventar excusas o explicitar motivos, nos invada una frustración tan grande que nos lleve a hacer sentir culpables la otra persona? ¿Por qué algunas personas sienten la necesidad de pedir disculpas por no tener ganas de sexo? ¿Por qué no imaginar un mundo en el cual la ausencia de deseo de la otra persona, automáticamente baje el nuestro?

 

Si salimos con ganas de comer hamburguesa con nuestra pareja, que prefiere ir a comer postre, lógicamente buscaremos un antojo común y no culparemos a nadie por querer comer hamburguesa o postre.

 

El consentimiento se valida y se puede revocar en cualquier momento. Tal vez bailamos delicioso, nos fuimos juntos a casa, nos besamos, nos acariciamos, pero una de las personas prefiere finalmente dormir, ¿por qué no nos podemos alegrar del delicioso baile, de las deliciosas caricias, y en cambio la frustración de una expectativa no cumplida nos trasnocha?

 

El mito de la agresión

 

Solemos imaginar la agresión sexual, incluso la violación, como un hecho perpetrado por seres malvados en callejones oscuros. Sin embargo, se estima que 75 por ciento de las agresiones sexuales son cometidas por un ser cercano con quien había algún grado de confianza. Y en muchos casos el agresor no expresa la intención de hacer un daño, ni reconoce haber cometido un abuso.

 

“Dijo que no, pero su cuerpo dijo que sí”, “se lo buscó”, “qué hacía vestida así”, “por qué vino a la casa entonces” son algunos ejemplos de frases que justifican las agresiones y que escuchamos a menudo. Si los sociópatas, que cometen agresiones conscientemente existen, no constituyen la mayoría de los agresores, un muchacho angustiado, un hombre demasiado seguro de sí mismo, o centrado en sí mismo pueden fácilmente convertirse en agresor, sin darse ni cuenta, legitimado por una educación sentimental que menos precia el consentimiento.

 

En los recientes casos de denuncia, que llevaron a la campaña en redes #YoTambién, se abrieron discusiones interesantes. Algunos comentaristas no entendían cómo algunas mujeres pueden seguir en contacto con su violador y denunciarlo años después. Sencillamente porque ellas también habían interiorizado su culpa y se demoraron años en entender que lo que sucedió fue una agresión.

 

Todas las personas nos podemos convertir en un agresor, ignorar ese hecho puede tener desastrosas consecuencias para nuestras potenciales víctimas y para nosotras mismas. Lo que define la agresión no es nuestra intención, sino la percepción de quien la vive. Por lo tanto, si no queremos agredir a las personas debemos tener plena seguridad del consentimiento libre e informado continuo de las personas.

 

Preguntar no debería dañar nada

 

Muchas veces podemos pensar que no hay que hablar en el sexo, que eso rompe el encanto. Sin embargo, con palabras o gestos podemos guiar a las personas con quienes exploramos nuestros cuerpos, para garantizar que todo lo que sucede sea agradable.

 

Si no nos gusta hablar mucho, podemos guiar, por ejemplo, una mano tímida hacia donde queramos ser tocadas, levemente dejando la opción a esta mano de cambiar de ruta, si por ahí no iba. Podemos susurrar, muéstrame, guíame, y hacer de esa exploración un momento de intimidad y de confianza.

 

Y podemos ir perdiéndole el miedo a la palabra. Una pregunta abierta, tipo: ¿qué quieres? puede obligar a pensar demasiado, pero propuestas claras que pueden responderse con un sí o un no, siempre sirven. Preguntar: ¿te gusta más aquí o acá, más rápido, más lento? Y dejar claro que siempre se puede parar, no decir nada más, sin que esto sea un problema o deba ser explicado. Nos puede sorprender escucharlo, pero más que reprocharlo se puede agradecer la sinceridad y el cuidado.

 

Por eso, se trata de escuchar el cuerpo, al nuestro y al del otro hablar. Y cuando tengamos dudas, preguntar. Es mejor reírse de una frase torpe que vivir experiencias no deseadas, que por ello mismo dejarán consecuencias en nuestras vidas y relaciones.

 

Y recordar algo clave: “No es No”, “No sé, es No”, “Hoy no, es No”, “Ahorita no, es No”, “Estás borracha, es No”, cualquier cosa que no es un sí entusiasta y erótico es No. Sí es sólo sí cuando el No siempre es posible (2).

 

1 Texto del video “Analogía entre abuso sexual y taza de té”, en: https://www.youtube.com/watch?v=FSleY0yTrM4
2 Puede visitar la sección “Desde Abajo, la otra posición para el placer” para conocer algunos consejos sexuales en www.desdeabajo.info

 

Publicado enEdición Nº249
En torno a la construcción del sujeto antagonista

¿Cómo construir el sujeto antagonista? Esta es una de las preguntas fundamentales de la política contemporánea. Frente a los esencialismos que funcionaron y siguen funcionando en la tradición antagonista, proponemos un visión del sujeto fundamentada en las prácticas y los procesos de lucha, en consonancia con ciertos planteamientos de Marx.

Ahora que conmemoramos el doscientos aniversario del nacimiento de Karl Marx, resulta muy interesante retornar a sus textos para intentar precisar sus reflexiones en torno al sujeto revolucionario y observar si fuera posible extraer enseñanzas para nuestra tarea política actual. Porque, en este tema, quizá nos encontremos con alguna sorpresa dado que esta cuestión en Marx está muy lejos del simplismo con el que ha solido interpretarlo la tradición dominante del marxismo.


MARX Y LA CUESTIÓN DEL SUJETO


Marx puede ser, sin duda, interpretado en diversas direcciones. Su obra da para interpretaciones mecanicistas, economicistas y esencialistas, pero también para todo lo contrario. Se trata de leer con atención y escuchar al propio Marx, por ejemplo, reprochar a sus seguidores rusos por haber deducido de El Capital cuál debiera ser el proceso político a seguir en Rusia. El enfado de Marx, en forma de carta a una revista rusa, Apuntes de la patria (Otechesvennie zapiski) es monumental. Marx se siente tremendamente disgustado por el hecho de que sus seguidores rusos deduzcan de sus análisis "una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualesquiera que sean las circunstancias históricas en que se encuentre”. Una crítica en toda regla al determinismo y al etapismo que tanto ha gustado a cierto marxismo.


Pero vayamos a la cuestión del sujeto, que es la que aquí nos interesa. Si algo puede extraerse de los textos de Marx es su alejamiento de cualquier posición esencialista, tanto en lo que respecta al sujeto individual como al colectivo. El individual, como apunta en su Tesis sexta sobre Feuerbach, está constituido por “el conjunto de sus relaciones sociales”, en absoluto por su exclusiva posición de clase, que, como reprochaba Sartre al marxismo ortodoxo de los años 60, acaba por no explicar nada. El sujeto individual, denominado como “individuo social”, es múltiple, plural, sujeto a numerosas determinaciones, entre las que su posición productiva desempeña, sin duda, un importante papel.


Para hablar del sujeto colectivo deberemos comenzar recordando algo que no ha sido suficientemente subrayado por la hermenéutica marxista. Para Marx, y Engels, el único criterio de verdad es la práctica. Y esa práctica, además, es el origen de la producción de la conciencia. Es decir, Marx nos indica que la conciencia no es previa a los procesos, sino paralela o posterior a los mismos. Así lo argumentan en La ideología alemana: “…tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que solo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución”. La conciencia comunista se produce tras la revolución, no antes de la misma.


Este planteamiento de la construcción de la conciencia en el proceso práctico, y no antes, encaja perfectamente con otra cuestión poco resaltada respecto del sujeto político colectivo en Marx. Aquella según la cual la clase social tampoco preexiste al proceso de lucha, sino que es, más bien, consecuencia del mismo. En Miseria de la filosofíapodemos encontrar de forma nítida este planteamiento: “Las condiciones económicas habían transformado primero la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa es ya una clase enfrente del capital, pero no lo es aún para ella misma [cursiva JMA]. En la lucha, algunas de cuyas fases hemos señalado, esta masa se reúne, se constituye en clase para sí misma. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase. Y la lucha de clase a clase es una lucha política”. Es la célebre distinción entre clase en-sí y clase para-sí, pero en la que la constitución en clase para-sí no procede de un proceso de concienciación teórica,sino de práctica social. Es decir, la conciencia no puede ser imbuida teóricamente desde fuera al sujeto proletario, sino que es efecto de una autoconstitución práctica. En La ideología alemana, de nuevo, aunque refiriéndose al periodo feudal, Marx y Engels habían escrito algo muy semejante: “Los diferentes individuos solo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase”. La concepción sociológica de la clase, la clase en-sí, carece, por tanto, de efectividad política.

EL SUJETO ANTAGONISTA


Marx nos sitúa ante una perspectiva práctica de constitución del sujeto. Una perspectiva que sintoniza a la perfección con lo que en la actualidad plantea el Comité invisible. En A nuestros amigos puede leerse: “No es ‘el pueblo’ el que produce el levantamiento, es el levantamiento el que produce su pueblo, al suscitar la experiencia y la inteligencia comunes, el tejido humano y el lenguaje de la vida real que habían desaparecido”. Llámesele pueblo, llámesele multitud, llámesele clase, para el Comité Invisible, lo mismo que para Marx en su momento, el sujeto es el producto del acontecimiento desencadenado, de las experiencias e inteligencias que le acompañan, es el resultado de ciertas prácticas. Prácticas que pasan, entre otras cosas, por la apertura a la proliferación de los vínculos. El sujeto que se constituye en los procesos, resulta, por tanto, de la superación de los obstáculos que se levantan en la vida cotidiana, de las inercias de aislamiento que caracterizan a nuestras sociedades neoliberales.


Clase, proletariado, es el nombre de una práctica. Multitud, pueblo, son el reflejo de un proceso. Con Marx nos alejamos de las esencias, el ser es sustituido por el devenir y la relación. No hay un sujeto, reconocible por unos rasgos predefinidos que nos permitirían determinarle. Pues toda determinación, como recuerda el aforismo spinoziano tantas veces recogido por Marx, es negación, y en la cuestión del sujeto no hay determinación a priori. El sujeto deviene en el proceso de la lucha y se configura mediante la multiplicación de los vínculos. Burguesía es quien explota y quien teoriza esa explotación como natural o necesaria. Proletariado es el nombre de quien se rebela. Así como el sujeto individual es entendido como el efecto del conjunto de las relaciones sociales que lo constituyen y es, por tanto, plural, el sujeto colectivo viene definido por una sola relación, la que lo convierte en antagonista práctico del poder constituido. Plural en su constitución, unitario en su expresión. Proletariado es el nombre de todo aquel, aquella, que se enfrenta al capital, que encarna en una práctica la vergüenza, el dolor, la explotación, la humillación del mundo. Y cuya práctica se enfoca al beneficio de la mayoría social.


El sujeto antagonista es un devenir, el efecto de la precaria consolidación de vínculos fluidos. No tiene rostro reconocible, no tiene nombre, aunque nos empeñemos en nombrarle. Es un nombre, como diría Deleuze, “para entendernos”, una exigencia comunicativa. Pero hay que evitar el peligro de, al nombrarlo, designarle una esencia. Ni el proletariado, ni las mujeres, ni los empobrecidos, ni las marginadas, ni los estudiantes son el sujeto.


El marxismo, contra la evidencia misma de su propia práctica, en la que dirigentes de extracción burguesa desempeñan un papel fundamental, desarrolló una teoría esencialista del sujeto político, al que nombró como proletariado. En la actualidad es preciso prevenir cualquier gesto esencialista, ser conscientes de que el sujeto es plural, los sujetos son plurales. Clase es todo aquel, aquella, que se une en la lucha contra el capital, independientemente de que sea estudiante, autónoma o trabajadora de fábrica; mujer es toda aquella, aquel, que se enfrenta al patriarcado, independientemente de su sexo; minoría étnica, todos aquellos que luchan contra el racismo. Multitud, o pueblo, es el nombre que podemos otorgar a la coordinación de esas diversas luchas.

 

Por JUAN MANUEL ARAGÜÉS ESTRAGUÉS
PROFESOR DE FILOSOFÍA, UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

PUBLICADO
2018-03-20 10:00:00

Publicado enCultura
Noam Chomsky: “La gente ya no cree en los hechos”

A punto de cumplir 90 años, acaba de abandonar el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Allí revolucionó la lingüística moderna y se convirtió en la conciencia crítica de Estados Unidos. 'Babelia' visita al gran intelectual en su nuevo destino, Arizona


Noam Chomsky (Filadelfia, 1928) hace tiempo que superó las barreras de la vanidad. No habla de su vida privada, no usa móvil y en un tiempo donde abunda lo líquido y hasta lo gaseoso, él representa lo sólido. Fue detenido por oponerse a la guerra de Vietnam, figuró en la lista negra de Richard Nixon, apoyó la publicación de los papeles del Pentágono y denunció la guerra sucia de Ronald Reagan. A lo largo de 60 años no hay lucha que se le haya escapado. Igual defiende la causa kurda que el combate contra el cambio climático. Tan pronto aparece en una manifestación de Occupy Movement como respalda a los inmigrantes sin papeles. Inmerso en la agitación permanente, el joven que en los años cincuenta deslumbró al mundo con la gramática generativa y sus universales, lejos de dormirse en las glorias del filósofo, optó por el movimiento continuo. No importó que le acusasen de antiamericano o extremista. Él siempre ha seguido adelante, con las botas puestas, enfrentándose a los demonios del capitalismo. Ya sean los grandes bancos, los conglomerados militares o Donald Trump. Incombustible, su última obra lo vuelve a confirmar. En Réquiem por el sueño americano (editorial Sexto Piso) vuelca a la letra impresa las tesis expuestas en el documental del mismo título y denuncia la obscena concentración de riqueza y poder que exhiben las democracias occidentales. El resultado son 168 páginas de Chomsky en estado puro. Vibrante y claro. Listo para el ataque.


—¿Se considera un radical?
—Todos nos consideramos a nosotros mismos moderados y razonables.


—Pues defínase ideológicamente.
—Creo que toda autoridad tiene que justificarse. Que toda jerarquía es ilegítima hasta que no demuestre lo contrario. A veces, puede justificarse, pero la mayoría de las veces no. Y eso…, eso es anarquismo.
Una luz seca envuelve a Chomsky. Después de 60 años dando lecciones en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), el profesor se ha venido a vivir a los confines del desierto de Sonora. En Tucson, a más de 4.200 kilómetros de Boston, ha abierto casa y estrenado despacho en el Departamento de Lingüística de la Universidad de Arizona. El centro es uno de los pocos puntos verdes de la abrasada ciudad. Fresnos, sauces, palmeras y nogales crecen en torno a un edificio de ladrillo rojo de 1904 donde todo queda pequeño, pero todo resulta acogedor. Por las paredes hay fotos de alumnos sonrientes, mapas de las poblaciones indígenas, estudios de fonética, carteles de actos culturales y, al fondo del pasillo, a mano derecha, el despacho del mayor lingüista vivo.
El lugar nada tiene que ver con el rompedor espacio de Frank Gehry que le daba cobijo en Boston. Aquí, apenas cabe una mesa de trabajo y otra para sentarse con dos o tres alumnos. Recién estrenada, la oficina de uno de los académicos más citados del siglo XX aún no tiene libros propios, y su principal punto de atención recae en dos ventanas que inundan de ámbar la estancia. A Chomsky, pantalones vaqueros, pelo largo y blanco, le gusta esa atmósfera cálida. La luz del desierto fue uno de los motivos que le hizo mudarse a Tucson. “Es seca y clara”, comenta. Su voz es grave y él deja que se pierda en los meandros de cada respuesta. Le gusta hablar con largueza. La prisa no va con él.


PREGUNTA. ¿Vivimos una época de desencanto?
RESPUESTA. Hace ya 40 años que el neoliberalismo, de la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración aguda de riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población general. La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones.


P. ¿Y así surgen las fake news (bulos)?
R. La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie.

P. ¿Ni siquiera en los medios de comunicación?
R. La mayoría está sirviendo a los intereses de Trump.

P. Pero los hay muy críticos, como The New York Times, The Washington Post, CNN…
R. Mire la televisión y las portadas de los diarios. No hay más que Trump, Trump, Trump. Los medios han caído en la estrategia que ha diseñado Trump. Cada día les da un aliciente o una mentira para situarse él bajo los focos y ocupar el centro de atención. Entretanto, el flanco salvaje de los republicanos va desarrollando su política de extrema derecha, recortando derechos de los trabajadores y abandonando la lucha contra el cambio climático, que precisamente es aquello que puede terminar con todos nosotros.

P. ¿Ve en Trump un riesgo para la democracia?
R. Representa un peligro grave. Ha liberado consciente y deliberadamente olas de racismo, xenofobia y sexismo que estaban latentes pero que nadie había legitimado.

P. ¿Volverá a ganar?
R. Es posible, si consigue retardar el efecto letal de sus políticas. Es un consumado demagogo y showman que sabe cómo mantener activa su base de adoradores. A su favor juega también que los demócratas están sumidos en la confusión y puede que no sean capaces de presentar un programa convincente.

P. ¿Sigue apoyando al senador demócrata Bernie Sanders?
R. Es un hombre decente. Usa el término socialista, pero en él significa más bien new deal demócrata. Sus propuestas, de hecho, no le serían extrañas a Eisenhower [presidente por el Partido Republicano de 1953 a 1961]. Su éxito, más que el de Trump, fue la verdadera sorpresa de las elecciones de 2016. Por primera vez en un siglo hubo alguien que estuvo a punto de ser candidato sin apoyo de las corporaciones ni de los medios, solo con el respaldo popular.

P. ¿No advierte un deslizamiento hacia la derecha del espectro político?
R. En la élite del espectro político sí que se ha registrado ese corrimiento; pero no en la población general. Desde los años ochenta se vive una ruptura entre lo que la gente desea y las políticas públicas. Es fácil verlo en el caso de los impuestos. Las encuestas muestran que la mayoría quiere impuestos más altos para los ricos. Pero esto nunca se lleva a cabo. Frente a esto se ha promovido la idea de que reducir impuestos trae ventajas para todos y que el Estado es el enemigo. ¿Pero quién se beneficia de que recorten en carreteras, hospitales, agua limpia y aire respirable?

P. ¿Ha triunfado entonces el neoliberalismo?
R. El neoliberalismo existe, pero solo para los pobres. El mercado libre es para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege. Las grandes industrias energéticas reciben subvenciones de cientos de millones de dólares, la economía high-tech se beneficia de las investigaciones públicas de décadas anteriores, las entidades financieras logran ayudas masivas tras hundirse… Todos ellos viven con un seguro: se les considera demasiado grandes para caer y se los rescata si tienen problemas. Al final, los impuestos sirven para subvencionar a estas entidades y con ellas a los ricos y poderosos. Pero además se le dice a la población que el Estado es el problema y se reduce su campo de acción. ¿Y qué ocurre? Su espacio es ocupado por el poder privado y la tiranía de las grandes entidades resulta cada vez mayor.

P. Suena a Orwell lo que describe.
R. Hasta Orwell estaría asombrado. Vivimos la ficción de que el mercado es maravilloso porque nos dicen que está compuesto por consumidores informados que adoptan decisiones racionales. Pero basta con poner la televisión y ver los anuncios: ¿buscan informar al consumidor y que tome decisiones racionales? ¿O buscan engañar? Pensemos, por ejemplo, en los anuncios de coches. ¿Ofrecen datos sobre sus características? ¿Presentan informes realizados por entidades independientes? Porque eso sí que generaría consumidores informados capaces de tomar decisiones racionales. En cambio, lo que vemos es un coche volando, pilotado por un actor famoso. Tratan de socavar al mercado. Los negocios no quieren mercados libres, quieren mercados cautivos. De otro modo, colapsarían.

P. Y ante esta situación, ¿no es demasiado débil la contestación social?
R. Hay muchos movimientos populares muy activos, pero no se les presta atención porque las élites no quieren que se acepte el hecho de que la democracia puede funcionar. Eso les resulta peligroso. Puede amenazar su poder. Lo mejor es imponer una visión que te dice que el Estado es tu enemigo y que tienes que hacer lo que puedas tú solo.

P. Trump emplea a menudo el término antiamericano, ¿cómo lo entiende?
R. Estados Unidos es el único país donde por criticar al Gobierno te llaman antiamericano. Y eso supone un control ideológico, encender hogueras patrióticas por doquier.

P. En algunos sitios de Europa también pasa.
R. Pero nada comparable a lo que ocurre aquí, no hay otro país donde se vean tantas banderas.

P. ¿Teme al nacionalismo?
R. Depende, si significa estar interesado en tu cultura local, es bueno. Pero si es un arma contra otros, sabemos a donde puede conducir, lo hemos visto y experimentado.

P. ¿Cree posible que se repita lo que ocurrió en los años treinta?
R. La situación se ha deteriorado; tras la elección de Barack Obama se desencadenó una reacción racista de enorme virulencia, con campañas que negaban su ciudadanía e identificaban al presidente negro con el anticristo. Ha habido muchas manifestaciones de odio. Sin embargo, Estados Unidos no es la República de Weimar. Hay que estar preocupados, pero las probabilidades de que se repita algo así no son altas.

P. Arranca su libro recordando la Gran Depresión, un tiempo en el que “todo estaba peor que ahora, pero había un sentimiento de que todo iría mejor”.
R. Me acuerdo perfectamente. Mi familia era de clase trabajadora, estaba en paro y no tenía educación. Objetivamente, era un tiempo mucho peor que ahora, pero había un sentimiento de que todos estábamos juntos en ello. Había un presidente comprensivo con el sufrimiento, los sindicatos estaban organizados, había movimientos populares… Se tenía la idea de que juntos se podía vencer a la crisis. Y eso se ha perdido. Ahora vivimos la sensación de que estamos solos, de que no hay nada que hacer, de que el Estado está contra nosotros…

P. ¿Tiene aún esperanzas?
R. Claro que hay esperanza. Aún hay movimientos populares, gente dispuesta a luchar… Las oportunidades están ahí, la cuestión es si somos capaces de tomarlas.
Chomsky termina con una sonrisa. Deja vibrando en el aire su voz grave y se despide con extrema cortesía. Luego sale del despacho y baja las escaleras de la facultad. Afuera, le esperan Tucson y la luz seca del desierto de Sonora.

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Lunes, 20 Febrero 2017 09:24

Acordes para la sublevación

Billie Holiday

 

La relación entre música y poder es una historia de confrontación política y estética. Valentín Ladrero recopila en ‘Músicas contra el poder. Canción popular y política en el siglo XX’ los itinerarios de esas melodías capaces de agitar conciencias.

 

Escribe Roberto Herreros en el prólogo de Músicas contra el poder. Canción popular y política en el siglo XX (Ed. La oveja roja), de Valentín Ladrero, que la neutralidad no existe y que por ello resulta “imposible que un artista no haga referencia a algo que está en la realidad social”. La vinculación entre música y política, desde el quejido fatalista de los primeros bluesmen a las bacanales acid, pasando por el alegato anti-Thatcher de Billy Bragg o el nihilismo punk, ha sido una constante reformulación de lo que significa el compromiso con un determinado contexto social y político.

Ladrero repasa un siglo XX intenso, plagado de ritmos y melodías con y sin letra, evidenciando que la música no es solo lo que dice, sino también lo que es capaz de generar. De lectura adictiva, este volumen repasa cientos de estilos y lo hace poniendo el foco en la intención, en el propósito de resistencia, evasión, rabia o revolución que ha ido guiando la historia de la música reciente. Como explica el propio autor, “no creo que la música pueda cambiar la sociedad, pero sí tiene la capacidad de concienciar a la gente”. A continuación detallamos algunos de esos momentos epifánicos que despertaron conciencias.

 

 

De la resignación a los poemas que matan


En el origen fue África, un viaje de partida que encuentra su primera escala en el blues, “la madre de todas las músicas, creada para calmar la tristeza, desplegar la rabia y provocar el gozo”, explica Ladrero. El quejido como esencia ante la imposibilidad de empoderarse a nivel social o político. “El blues es sinónimo de problemas”, solía decir Howlin’ Wolf, “el blues, como también lo es el flamenco, son el síntoma de la resignación”, añade el autor. Desfilan por aquí Huddie Ledbetter, más conocido como Leadbelly, Billie Holiday y su Strange fruit –¿la primera canción protesta de la historia?–, y bluesmen descarriados como Booker Bukka White, ex boxeador, vendedor clandestino de licor, músico itinerante y convicto por asesinato para más señas. “Con él, el blues llegó a navegar por las aguas de la canción protesta, señalando a los culpables de la situación de la población negra”, escribe el autor.

Y mientras el blues anhelaba la redención y se daba de bruces con las leyes redactadas por el hombre blanco, el jazz representaba el bullicio y marcaba la cadencia del hombre moderno. Despreocupado y salvaje, amenizaba la algarabía negroide a base de arritmias voluptuosas que le conferían la tan ansiada libertad. “Su carácter político, en aquellos primeros años, no auguró la protesta en la que se enrolaría posteriormente porque la protesta, entonces, era el propio jazz”. El viaje acababa de empezar; catalogado de inmoral y salvaje por el hombre blanco, no tardó en ser asimilado y reinventado una y otra vez. Se hizo introspectivo, radical, desquiciado... sería el germen que décadas después derivaría en la poesía-verborrea urbana y revolucionaria del gueto de la mano de Gil Scott-Heron, Watts Prophets y The Last Poets. “Como los spoken word de la beat generation en los clubs jazz, contaban historias que tenían que ver con la población afroamericana y con su contexto sociopolítico”. Querían poemas asesinos, pólvora saliendo de sus bocas, el rap y el hip hop tomaron el testigo y, no sin contradicciones, encontraron el modo de resultar incómodos al poder. “Este arte de la palabra fue el género más excitante y perturbador del último cuarto de siglo XX”, apunta Ladrero.

 

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De la Amérikkka profunda a la contracultura


Forajidos, pasajes bíblicos, escenas de la Guerra Civil... el folk norteamericano fue actualizando su imaginario caduco y lo llenó de sindicalistas, desempleados, conflictos raciales, vagabundos a la intemperie... Lo hizo de la mano de gente como Joe Hill –líder sindical por el día, músico por las noches–, Woody Guthrie y su máquina que mataba fascistas, y cómo no de Pete Seeger. “Él fue el gran hilo conductor del folk del siglo XX, indagó en otros mundos, escribió canciones sobre la Guerra Civil española, era un auténtico purista que hizo las veces de enlace entre el folk rural y el folk urbano”. Un recorrido que va de la atribulada existencia de los granjeros y los mineros a la bohemia del Greenwich Village, una suerte de exilio en el interior de EEUU que revitalizó el folk y redescubrió su potencial a la hora de narrar la cara b del país. Baez, Dylan, Paxton, Ochs... encabezaron esa generación que acicaló el folk manteniendo sus raíces. “La música folk significó siempre autenticidad, característica que se celebró en EEUU con devoción durante mucho tiempo, ligado a la tierra y a los problemas de la gente y ajena a los gobiernos que dirigieron el país”, escribe Ladrero.

Poco después, cuando el sueño beatnik parecía desvanecer, fue el rock el encargado de coger de nuevo el timón. La combustión entre contracultura, ruido de guitarras y lucha afroamericana daría lugar a los white panthers. “Esta corriente nace fundamentalmente en Detroit con grupos como MC5 y no sólo cree que el rock debe ser político, sino que tiene la capacidad de cambiar el mundo”. Lenin, Mao, la Revolución Cubana, el sexo libre... a medio camino entre la provocación y la militancia y con John Sinclair como jefe de operaciones el rock sacudió de nuevo las conciencias de una generación aturdida por la sociedad de consumo. Nada nuevo, según se mire, el binomio cultura y agitación ideológica era muy antiguo, pero los white panthers fueron capaces, como explica Ladrero, de “implicar al rock en la creación de un modelo político para infiltrarse en las cañerías del mercado de la cultura oficial”.

 

 Fania All Stars

 
La supremacía del baile


Sucedió durante la década de los 50 y 60. La migración caribeña a Nueva York es otro de esos momentos epifánicos en la historia de la música. El caribe urbano parió la salsa, legado de una población marginada que no tardó en propagarse por toda latinoamérica. Con todo, Ladrero matiza: “La salsa no es un género musical como se suele creer, es una forma de hacer música. Esto es importante, en la salsa puede entrar un merengue, una plena o un son, de hecho la base fundamental de la salsa es el son cubano”. El feliz alumbramiento tuvo lugar en “El Barrio”, eufemismo de gueto en el que de las tensiones entre tradición y modernidad emergieron nuevos ritmos que evidenciaban la crisis de identidad de los caribeños y la degradación urbana.

“Del South Bronx surgen malotes como Willie Colón y Héctor Lavoe, pero también gente como Rubén Blades, cuya trayectoria es infinita y se podría decir que es un poeta de la salsa, cuyas letras, por cierto, tienen un contenido social y político muy potente”. En todo caso, no sonó salsa en las manifestaciones o en las huelgas, pero sí puso sobre la mesa un mensaje de fracaso y esperanza, de identidad y rebeldía desde el agujero al que le relegaba día sí y día también el sueño americano. “El Barrio se había convertido en un decorado tropical bajo un cielo nublado de monótonos rascacielos en los que los rayos de sol solo entraban al mediodía”, perfila Ladrero.

 

 

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¿Qué dice El teorema fuerte del libre albedrío?

La libertad no consiste en hacer lo que se quiera. Por el contrario, consiste en el hecho de que el pasado no determina las acciones del presente. En otras palabras, el presente inaugura permanentemente nuevos horizontes y dimensiones, indeterminados, por definición.



En febrero del año 2009, publicado inicialmente en Arxiv, y luego oficialmente en la revista Foundations of Physics, J. Conway y S. B. Kochen publican El teorema fuerte del libre albedrío (The Strong Free Will Theorem), un texto que, a simple vista, diera la impresión de ocuparse de temas propios de la filosofía. Ambos autores se encuentran en la punta del conocimiento en matemáticas y en teoría cuántica. Dos auténticos monstruos del conocimiento y la investigación.
Un texto de seis páginas a doble columna, se trata de la demostración de un teorema cuyo enunciado no presenta dificultades. Pero cuyas consecuencias son, literalmente, descomunales.


La demostración del teorema dice que, supuesto que los seres humanos disponen de libre albedrío, en el sentido preciso de que nuestras acciones no son el resultado de otras acciones que tuvieron lugar en el pasado, bajo algunas asunciones, lo mismo debe poder decirse de algunas partículas elementales. Dicho sin más: el universo tiene libre albedrío ya desde las escalas más fundamentales de los fotones y partículas elementales. Libre albedrío no es sino el término anglosajón para designar, simple y sencillamente, libertad. Traducido al lenguaje de la psicología y de las ciencias del comportamiento: las partículas elementales se comportan —son agentes libres—, tales como usted y yo.


Pues bien, la posibilidad de que pueda hablarse de las partículas elementales del universo —protones, electrones, gluones, mesones, quarks, leptones, y varios más (todos los cuales conforman el ABC del Modelo Estándar en la física actual junto con otras particularidades)— como dotados de libertad y, por consiguiente, no determinados por el pasado, tiene consecuencias enormes. Las dos más evidentes saltan ante la mirada sensible, a saber: las partículas elementales están dotadas de conciencia, o bien, lo que es equivalente, están vivas.


La primera tesis se denomina el panpsiquismo. La segunda, que es en realidad el equivalente no ya desde el punto de vista de la conciencia, sino de la vida, es el panteísmo. Son pocos, han sido muy pocos los filósofos y científicos que han defendido, abiertamente, el panpsiquismo o el panteísmo —dos caras de una sola y misma moneda.


(El primero en la historia moderna en defender el panteísmo, B. Spinoza (1632–1677), fue objeto de críticas y mantos de olvido de parte de filósofos, científicos y religiones e iglesias. Spinoza, filósofo racionalista, una de las fuentes de las que habría de beber la Ilustración, y con ella, el movimiento Enciclopedista que se tradujo en la revolución francesa de 1789).
Algunos de los científicos y textos que han defendido, con seriedad, recientemente la idea de un panpsiquismo y/o panteísmo son: S. Kauffman (2016), Humanity in a creative universe; H. P. Stapp (2011), Mindful universe: quantum mechanics and the participating observer; J. Gribbin (1994), In the beginning: birth of the living universe. Existen varios otros trabajos con títulos semejantes, pero, científica y filosóficamente, son bastante cuestionables.


Subrayemos esta idea: la libertad no consiste en hacer lo que se quiera. Por el contrario, consiste en el hecho de que el pasado no determina las acciones del presente. En otras palabras, el presente inaugura permanentemente nuevos horizontes y dimensiones, indeterminados, por definición. En este punto la teoría cuántica y las ciencias de la complejidad coinciden y se refuerzan mutuamente.


La libertad fue un tema que tradicionalmente tuvo una atmósfera antropológica, antropomórfica, antropocéntrica. Solo los seres humanos eran libres y solo de los seres humanos podía predicarse la libertad. Concomitante con esta idea, los seres humanos poseían un rango alto en la jerarquía del universo y de la realidad.


En una historia que no cabe contar aquí más que resumidamente por motivos de espacio, esta concepción ha cambiado de manera radical, con avances en numerosas ciencias y disciplinas en tiempos recientes. Hasta llegar a la más fundamental —esto es, básica— de todas las escalas: las partículas últimas constitutivas del universo.


Se trata de los descubrimientos, en orden descendente, según los cuales los primates poseen inteligencia y cultura, análogamente a los seres humanos. O bien, que las aves tienen matemáticas, sólo que con base cuatro o siete, y no con base diez, como sucede en la actualidad con los humanos. O bien, que hay insectos sociales cuya inteligencia y capacidad de aprendizaje supera con mucho, para efectos de evolución, la propia capacidad de los seres humanos. Gracias a ellos, por ejemplo, hemos aprendido un concepto diferente de inteligencia, a saber: la inteligencia de enjambre.


Al nivel de las plantas, hemos llegado a descubrir que poseen veinte sentidos (los seres humanos sólo cinco), y que se comunican, se desplazan, modifican el entorno y aprenden, de tal suerte que se constituyen en el fundamento de toda la vida en el planeta. En efecto, el 97 de la biomasa de la Tierra son plantas.


Asimismo, hemos llegado a saber que incluso las bacterias procesan información de modo inimaginable para los seres humanos, y que poseen una inteligencia propia, perfectamente distinta a las conocidas. Al cabo, toda la existencia en el planeta se debe ulteriormente a la importancia de las bacterias, lo cual ha dado lugar al descubrimiento del bacterioma.
Incluso, un nivel más abajo, hemos logrado saber que los virus —cuyo núcleo de estudio se conoce como el viroma— se comunican con base en estructuras perfectamente estéticas, en términos de quimiotaxis; es decir, comunicación química.
De esta suerte, cabe precisar la importancia del paper de Conway y Kochen. Descendiendo desde los humanos hasta llegar finalmente a las partículas elementales, existe conciencia y vida de formas que ni se fundan ni coincide necesariamente con el modo humano de entender ambos temas. Una auténtica revolución.


Recabemos en esto: trabajando en la combinación entre matemáticas y física cuántica, hemos llegado a saber que la conciencia y la vida son ínsitos a la naturaleza, al universo mismo. Extraigamos la conclusión: no hay vida en el universo, el universo mismo está vivo; no hay inteligencia en el universo, el universo mismo es inteligente. Una conclusión que pone nerviosos a los más conservadores.

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