Lunes, 02 Enero 2017 08:33

El Gato-Perro y el Apocalipsis

El Gato-Perro y el Apocalipsis

Ciencia ficción.


Recuerden eso: ciencia ficción. Ya verán que, en sus próximas pesadillas, les ayudará para no angustiarse tanto, o al menos para no angustiarse inútilmente.
Tal vez recuerden alguna película de ciencia ficción. Tal vez a alguna, alguno de ustedes, la ciencia ficción los llevó luego al camino de la ciencia científica.


A mí no, tal vez porque mi película de ciencia ficción favorita es “La Nave de los Monstruos”, con el inolvidable Eulalio González, “el Piporro”, y cuya banda sonora ha sido injustamente excluida de los premios Oscar, los Globos de Oro, o el renombrado y local “Pozol de Barro”. Tal vez hayan escuchado hablar de ella, es una película de “culto”, según alguna de esas revistas especializadas que nadie lee, ni los que la editan. Si recuerdan el filme y/o lo ven, de seguro entenderán por qué terminé perdido en las montañas del Sureste Mexicano, y no extraviado en la asfixiante red burocrática que, al menos en México, ahoga la investigación científica.


Y también celebrarán que haya sido esa película mi referente de ciencia ficción, y no “2001, Odisea del Espacio” de Kubrick, o “Alien, el octavo pasajero” de Riddley Scott (con la teniente Rippley rompiendo el esquema del macho sobreviviente de Charlton Heston en “El Planeta de los Simios”), o “Blade Runer”, también de Ridley Scott, donde la pregunta, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es el punto nodal.


Así que al Piporro y su “Estrella del Desello”, y al robot Tor enamorado de una rockola, deben agradecer el que yo no esté de su lado en este encuentro.
En fin, filias cinéfilas aparte, supongamos una película promedio del género: un apocalipsis en curso o en el pasado; la humanidad entera en peligro; primero un audaz e intrépido varón como protagonista; después, de la mano del feminismo inocuo, una mujer, también audaz e intrépida; un grupo de científicos es convocado a una instalación súper secreta (claro, invariablemente situada en la Unión Americana); un militar de alto rango les explica: deben crear un plan que salve a la humanidad; se hace, pero resulta que necesitan de un individuo o individua que, dicho de paso, anule el trabajo colectivo y, en el último segundo, corte, con unas pinzas que aparecieron inexplicablemente, el cable verde o azul o blanco o negro o rojo en una decisión azarosa, y zás, la humanidad está a salvo; el grupo de científicos aplaude a rabiar; el muchacho o la muchacha encuentran el verdadero amor; el respetable público se retira de la sala, mientras los colados revisan los asientos para ver si alguien dejó, a medio terminar, algún cartón de palomitas, con ese delicioso e inigualable sabor a benzoato de sodio.


La catástrofe tiene variados orígenes: un meteorito ha cambiado de ruta con la misma constancia de un político haciendo declaraciones sobre el gasolinazo; o un tornado de tiburones; o un planeta desviado de su curso; o un sol irritado y lanzando fuera de su órbita una de esas lenguas ígneas; o una enfermedad proveniente del espacio o de una nave extraterrestre; o un arma biológica que se sale de control y, convertida en gas inodoro, transforma a quien entra en contacto con él y lo transmuta en político profesional o en algo no tan horrible.


Eso, o el apocalipsis ya es un hecho y un grupo de sobrevivientes deambula sin esperanza, introyectando la barbarie exterior en su comportamiento individual y colectivo, mientras la humanidad agoniza.


El final puede variar, pero la constante es el grupo de científicos, sea como responsables de la catástrofe, sea como esperanza de salvación, claro, si un chico o chica guapa aparece en el momento oportuno.


O el desenlace puede ser de interrogante, o de plano modelo “dark azotado” (ya José Alfredo Jiménez nos había advertido que “la vida no vale nada”).


Bien, tomemos como ejemplo cualquier novela, película o serie de televisión de tema apocalíptico o catastrófico. Digamos una con tema de moda: zombis.
Un ejemplo concreto, la serie de televisión “The Walking Dead”. Para quien no la conoce el argumento es sencillo: por alguna causa sin definir, las personas que mueren, se “convierten” en zombis; el protagonista deambula, se topa con un grupo, establecen una organización jerárquica en continua crisis, y tratan de sobrevivir. El éxito de la serie pudiera deberse a que muestra a personajes que en situaciones normales son mediocres o parias, y se convierten en heroínas y héroes dispuestos a todo. [email protected] de ellos:


Michonne, una ama de casa ninguneada por el marido y los hermanos, convertida en una temible guerrera con katana (interpretada por la actriz y dramaturga Danai Jekesal Gurira y, no es por dárselas a desear, es la única de quien doy el nombre real porque, en el baúl dejado por el SupMarcos encontré una foto de ella en el personaje de Michonne, dedicada de su puño y letra al finado, ¡arrrrroz con leche!).


Daril, un paria manipulado, transformado en un “tracker” y ballestero temible. Hasta ahora, el símbolo de la insumisión, la resistencia y la rebeldía.


Glenn, un repartidor de pizzas vuelto explorador estrella. El milusos y mil vidas de la serie, hasta que Rickman regresó al comic.


Maggie, una joven a la que el apocalipsis zombi salva de la vida monótona de la granja y la convierte en líder aún embarazada.


Carol, una esposa maltratada, transfigurada en la versión femenina de Rambo pero inteligente.


Carl, un púber que esconde detrás del parche a un asesino serial, como bien dedujo Negan.


Eugene, el nerd que simboliza la ciencia y pasa a ser, de mitómano, a útil para el colectivo.


El Padre Gabriel, el religioso convenenciero y oportunista que se reconvierte y se vuelve necesario.


Tara y Aaron, la lesbiana y el gay que aseguran corrección política a la trama.


Rosita, mi sueño húmedo preferido, la latina que combina pasión, habilidad y coraje.


Morgan, el superviviente en modo monje shaolín.


Sasha, la mujer que muta del rol clásico romántico a la de superviviente realista.


Y, en la parte alta de la jerarquía, el maltrecho símbolo del orden, Rick, un ex alguacil que difícilmente puede ocultar las inclinaciones fascistas de cualquier policía.


No sé en qué temporada van. Desde la quinta dejé de verla porque al películero que me mandaba las ediciones “alternativas” le cayó la justicia y a saber dónde está (lo que es una pena, porque me había prometido hasta la temporada 10, aunque ni siquiera Kirkman sabe si habrá 10 temporadas). Pero con lo que he alcanzado a ver, me doy cuenta del porqué de su éxito.


Como quiera, no es difícil seguir la trama, basta revisar los spoliers que se cuelan en twiter en los hashtags respectivos.


Hace algunas lunas, le pregunté a una compañera qué hubiera pasado si Rick, o cualquiera de los del grupo, supiera con anterioridad que iba a pasar lo que pasó. Elijo al policía porque parece que es el único que tiene garantizada la supervivencia, al menos en el comic homónimo.


Rick, ¿se hubiera preparado?, ¿habría construido un bunker y en él acumularía alimentos, medicinas, combustible, armas y municiones, las obras completas de George Romero?


¿O tal vez intentaría detener el desastre?


La compañera, zapatista al fin, me respondió con la misma pregunta: ¿qué pensaba yo que hubiera hecho Rick Grimes?


No dudé en responderle: nada. Aun sabiendo lo que iba a pasar, ni Rick, ni cualquiera de los personajes hubieran hecho nada.


Y eso por una sencilla razón: a pesar de todas las evidencias, seguirían pensando, hasta el minuto previo, que nada malo iba a pasar, que no era para tanto, que alguien en algún lado tendría la solución, que el orden se restablecería, que habría a quien obedecer y a quien mandar, que, en todo caso, la desgracia le pasaría a otros, en otra parte, lejos en geografía o lejos en posición social.


Pensarían hasta la víspera que la desgracia es algo destinado, no a ellas, ellos, elloas, sino a quienes sobreviven abajo... y a la izquierda.


Zombis aparte, en la mayoría de esas narraciones apocalípticas, hay uno o varios momentos en que alguien, invariablemente el o la protagonista, cuando todos están rodeados por una horda de zombis, o el meteorito está a poca distancia de sus cabezas, o una situación límite semejante, con serenidad y aplomo dice: “Todo va a salir bien”.


Y resulta que, en este encuentro, a mí me ha tocado el ingrato papel de aguafiestas. Así que debo decirles lo que vemos: No, no es una película de ciencia ficción, sino la realidad; y no, no todo va a salir bien, sólo algunas pocas cosas saldrán bien si nos preparamos antes.


Según nuestros análisis (y hasta ahora no hemos visto a nadie ni nada que los refute, antes bien, los confirman), estamos ya en medio de una crisis estructural que, en términos coloquiales significa imperio de la violencia criminal, catástrofes naturales, carestía y desempleo desenfrenados, escases de servicios básicos, colapso energético, migraciones, hambre, enfermedad, destrucción, muerte, desesperación, angustia, terror, desamparo.
En suma: deshumanización.


Un crimen está en curso. El más grande, brutal y cruel en la breve historia de la humanidad.


El criminal es un sistema dispuesto a todo: el capitalismo.


En términos apocalípticos: es una lucha entre la humanidad y el sistema, entre la vida y la muerte.


La segunda opción, la de la muerte, no se las recomiendo.


Mejor no se mueran. No les conviene. Créanme, yo algo sé de eso porque he muerto varias veces.


Es muy aburrido. Como las entradas al cielo y al infierno sufren de una burocracia pesada (aunque no tanto como las de las universidades y centros de investigación), la espera es peor que en un aeropuerto o central de autobuses en épocas decembrinas.


El infierno es ídem, tienes que organizar encuentros de artes, de ciencias exactas y naturales, de ciencias sociales, de pueblos originarios, y cosas igualmente terribles. Te obligan a bañarte y peinarte. Te inyectan y te fuerzan a comer sopa de calabazas todo el tiempo. Tienes que escuchar a Peña Nieto y a Donald Trump en una conferencia de prensa sin fin.


El cielo, por su parte, es igual, sólo que ahí tienes que soportar el coro monótono de unos ángeles descoloridos, y todos te dan largas si lo quieres hablar al dios para quejarte de la música.


En resumen; digan no a la muerte y sí a la vida.


Pero no se engañen.


Van a tener que luchar todos los días, a todas horas y en todo lugar.


En esa lucha, tarde o temprano, se darán cuenta de que sólo en colectivo tendrán posibilidades de triunfar.


Y, aun así, verán que necesitan también las artes, y que nos necesitan también a nosotras, y a otros, otras, otroas como nosotros.


Organícense.


Como zapatistas que somos no sólo no les pedimos que abandonen su práctica científica, les demandamos que continúen en ella, que la profundicen.


Sigan explorando éste y otros mundos, no se detengan, no desesperen, no se rindan, no se vendan, no claudiquen.


Pero también les pedimos que busquen las artes. Aunque parezca lo contrario, ellas “anclarán” su quehacer científico en lo que tienen en común: la humanidad.
Disfruten la danza en cualquiera de sus versiones. Tal vez al inicio no puedan evitar enmarcar los movimientos en las leyes de la física, pero después sentirán, punto.


Vayan más allá de la geometría, la teoría del color y la neurología y gocen la pintura y la escultura.


Resistan la tentación de encontrarle lógica científica a ese poema, a esa novela, y dejen que las palabras les descubran galaxias que sólo en las artes viven.
Ríndanse ante la falta de sustento científico en las historias que en teatro y cine se asoman a lo humano imperfecto, voluble e impredecible.


Y así con todas las artes.


Ahora imaginen que no es su cotidianeidad de ustedes, sino esas artes las que están en peligro de extinción.


Imaginen a personas, no estadísticas, hombres, mujeres, niños, ancianos, con un rostro, una historia, una cultura, amenazadas con el aniquilamiento.
Véanse en esos espejos.


Entiendan que no se trata de luchar por ellas o en su lugar, sino con ellas.


Véanse a sí mismas, a sí mismos, como los vemos nosotras, nosotros, zapatistas.


La ciencia no es su límite, su peso muerto, su carga inútil, la actividad que deben ejercer en la clandestinidad u ocultándose en el closet de las academias y los institutos.


Entiendan ya lo que ya entendimos nosotros: que, como científicas y científicos, ustedes luchan por la humanidad, es decir, por la vida.

-*-


Ayer nos explicaba el Subcomandante Insurgente Moisés, que los pueblos son ya, y desde hace décadas, nuestros maestros, nuestros tutores. Que el interés por las ciencias es nuevo en el zapatismo. Que ha sido incitado por las nuevas generaciones, por las jóvenas y jóvenes zapatistas que quieren saber más y mejor de cómo es el mundo. Que de los pueblos organizados salió el novísimo empujón que nos tiene frente a ustedes.


Cierto. Pero lo que no es nuevo en el zapatismo es la lucha por la vida.


Aun en la disposición y planes frente a la muerte, tuvimos desde el inicio la preocupación por la vida.


Los que tienen más edad, o interés a pesar de la edad, pueden conocer lo que fue el alzamiento: la toma de las 7 cabeceras municipales; los bombardeos, los choques con las fuerzas militares, la desesperación del gobierno al ver que no podía derrotarnos, el levantamiento civil que lo obligó a detenerse, lo que le ha seguido en estos ya casi 23 años.


Lo que tal vez no conozcan, es lo que le voy a contar a continuación:


Nos preparamos para matar y morir, eso ya se los resumió el Subcomandante Insurgente Moisés. Entonces teníamos dos opciones frente nuestro: el país se incendiaba o nos aniquilaban. Imaginen nuestro desconcierto cuando no ocurrió ni una ni otra cosa, pero eso es otra historia para la que tal vez habrá ocasión.
Dos opciones, pero ambas tenían como común denominador la muerte y la destrucción. Aunque no lo crean, lo primero que hicimos fue prepararnos para vivir.
Y no me refiero a quienes combatimos, a quienes los conocimientos de resistencia de materiales nos sirvieron para tomar abrigo y cubierta en combates y bombardeos; o a los conocimientos que permitieron a las insurgentas de sanidad salvar la vida de decenas de zapatistas.


Hablo de las bases de apoyo zapatistas, ésas a quienes, como explicó anoche el Subcomandante Insurgente Moisés, les debemos el camino, el paso, el rumbo y el destino como zapatistas que somos, así como les debemos el interés por las artes, las ciencias, y el esfuerzo por incluirnos con trabajadores del campo y de la ciudad, el cuartel mundial de lucha, de resistencia y rebeldía que se llama “Sexta”.


Desde algunos años previos a ese primero de enero aparentemente ya lejano, en las comunidades zapatistas se formaron los llamados “batallones de reserva”.
La misión que se les encomendó fue la más importante del gigantesco operativo que llevó al combate a miles de combatientes: sobrevivir.


Durante meses se les dio instrucción. Miles de niños, niñas, mujeres, hombres y ancianos se entrenaron para protegerse de las balas y las bombas, para reunirse y replegarse en orden en caso de que el ejército atacara o bombardeara los poblados, para colocar depósitos de comida, agua y medicinas que les permitieran sobrevivir en las montañas durante mucho tiempo.


“No morir” era la orden única que debían acatar.


La que teníamos quienes salimos a combatir era: “No rendirse, no venderse, no claudicar”.


Cuando regresamos a las montañas y nos reencontramos con nuestros pueblos, fusionamos las dos órdenes y las convertimos en una sola: “luchar por construir nuestra libertad”.


Y acordamos hacerlo con todas, con todos, con todoas.


Y acordamos que, si no era posible hacerlo en este mundo, entonces haríamos otro mundo, uno más grande, uno mejor, uno donde quepan todos los mundos posibles, los que ya hay y los que aún no imaginamos pero que ya están en las artes y las ciencias.
Muchas gracias.


Desde el CIDECI-Unitierra.

SupGaleano.


México, diciembre del 2016.


Del cuaderno de Apuntes del Gato-Perro.


“La Carencia”


Estaba yo en mi champa, revisando y analizando algunos videos de las jugadas de Maradona y de Messi.


Como si fuera una premonición, llegó rebotando una pelota hasta el interior. Detrás de ella llegó “Defensa Zapatista”, entrando sin avisar ni pedir permiso. Detrás de la niña, entró el mentado gato-perro.


“Defensa Zapatista” tomó el balón y se acercó a mirar por encima de mi hombro. Yo estaba demasiado ocupado tratando de evitar que el gato-perro se comiera el ratón de la computadora, así que no me di cuenta de que la niña miraba con interés los videos.


“Oí Sup”, me dijo, “¿tú lo crees que son muy muy el Maradona y el Messi?”


Yo no respondí. Por experiencia sé que las preguntas de Defensa Zapatista o son retóricas, o no le interesa saber qué respondo.
Ella siguió:


“Pero no lo estás viendo bien el asunto”, dijo, “por más que mucho de arte y de científicos, los dos tienen una gran carencia”.


Sí, así dijo: “carencia”. Yo ahí sí la interrumpí y le pregunté: “¿Y tú de dónde la sacaste esa palabra o dónde la aprendiste?”


Me respondió indignada: “Me la dijo el Pedrito, el muy maldito. Me dijo que no podía jugar fútbol porque las niñas tienen una carencia de técnica”.


“Yo me embravecí y le di un zape, porque no lo sé qué cosa quiere decir esa palabra y qué tal que es una grosería. Claro, el muy maldito de Pedrito fue a acusarme con la promotora de educación y me llamaron. Yo lo expliqué a la maestra como quien dice la situación nacional y de internacional, que está cabrón de la Hidra y todo. Y como la promotora entendió que tenemos que apoyarnos como mujeres que somos, no me regañaron, pero me pusieron a buscar qué cosa quiere decir “carencia”. Y yo pues pensé que es mejor ese castigo a que me manden a comer sopa de calabaza”.


Yo asentí comprensivo, mientras trataba de quitarle el mouse de la boca al gato-perro.


“Pues total, que lo fui a buscar en el internet de la Junta de Buen Gobierno qué cosa es “carencia” y ahí nomás lo vi que es una canción de los musiqueros de lucha, que es bien alegre y todos se ponen a bailar y a brincar como que se metieron a donde hay hormiga arriera. Entonces fui con la promotora de educación y ya le dije que “carencia” es una canción que dice: “Por la mañana yo me levanto, no me dan ganas de ir a estudiar”. La promotora se río y dijo “será a trabajar”.

Entonces le dije que las músicas son según cada quien y según su problema que tiene. O sea que le di la explicación política, pero creo ella no entiende, porque sólo se ríe. Y entonces que me manda de vuelta, que no la canción, sino que tengo que saber qué quiere decir la palabra. Y anda vete, ahí voy de vuelta y tengo que esperar que el que está de guardia en la Junta lo manda una denuncia, y entonces ya pude entrar yo y ahí lo miré que “carencia” quiere decir que te falta algo. Y voy otra vuelta con la promotora y ya le dije, y entonces ella me dijo que ya vi que no es grosería y me felicitó, pero como ahí estaba el Pedrito de metiche, le di otro zape, por andar diciéndome que me falta la técnica. Y entonces pues la promotora dijo que le va a decir a mis mamaces que así estoy haciendo, entonces pues me vine a esconder aquí porque lo sé que a ti no hay quien te viene a ver”.


Yo encajé la puya con heroísmo, pues logré al fin arrebatarle el ratón al gato-perro.


“Defensa Zapatista” siguió su perorata:


“Pero no preocupas Sup, antes de entrar, primero me asomé para ver si no estás viendo fotos de mujeres encueradas que, errrr, de una vez, Sup, no se puede creer, y como quiera no te voy a acusar con el colectivo de “Como mujeres que somos”, pero claro te digo que no sirve así como haces, porque eso quiere decir que tienes carencia de mamaces, o sea que, como dice el SubMoy cuando se embravece, no tienes madre”.


Yo aclaro aquí que no es cierto lo que dice “Defensa Zapatista”, lo que pasa es que estaba yo tomando un curso por correspondencia de anatomía.
Como quiera, antes de que la niña siguiera balconeándome, le pregunté por qué decía que Maradona y Messi tenían una gran carencia.


Ella ya casi estaba en el dintel de la puerta cuando me respondió: “Porque les falta algo que es lo más importante: ser mujeres”.


-*-

“Un Viaje Interestelar”


Entre el montón de papeles y dibujos que dejó en difunto SupMarcos, encontré esto que a continuación les leo. Es una especie de borrador o apuntes para un guion, o algo así, de una supuesta película de ciencia ficción. Se llama:


“¿Hacia dónde la Mirada?”


Planeta Tierra. Algún año lejano en el futuro, digamos 2024. Entre los nuevos destinos turísticos, ahora se puede viajar al espacio y dar la vuelta al mundo en un satélite adaptado “ad hoc” para ese fin. La nave espacial es una réplica en escala del satélite lunar, con un gran ventanal que da vista, todo el tiempo del viaje, a la Tierra. En el lado contrario, digamos la parte posterior, hay una especie de claraboya, del tamaño de una ventana casera, que da siempre vista hacia el resto de la galaxia. Los turistas, de todos los colores y nacionalidades, se agolpan en el ventanal que mira hacia el planeta de origen. Se toman selfies y trasmiten en stream a sus familiares y amistades las imágenes del mundo, “azul como una naranja”. Pero no todos los viajeros están de ese lado. Al menos cuatro personas están frente a la ventana contraria. Se han olvidado de sus respectivas cámaras y miran extasiados el abigarrado collage de cuerpos celestes: el serpenteante trazo de luz polvosa de la Vía Láctea, el rutilante destello de estrellas que tal vez ya no existan, la danza frenética de astros y planetas.


Una de las personas es artista; no está inmóvil, en su cerebro imagina notas y ritmos, líneas y colores, movimientos, secuencias, palabras, representaciones inertes o móviles; sus manos y dedos se mueven involuntariamente, sus labios balbucean palabras y sonidos incomprensibles, cierra y abre los ojos continuamente. Las artes miran lo que miran y miran lo que puede llegar a ser mirado.


Otra de las personas es científica; nada de su cuerpo se mueve, mira fijamente no las luces y colores cercanos, sino las más lejanas; en su cerebro imagina galaxias impensadas, mundos inertes y vivos, estrellas naciendo, hoyos negros insaciables, naves interplanetarias sin banderas. Las ciencias miran lo que miran y miran lo que puede llegar a ser mirado.


La tercera de las personas es indígena, de estatura menor, de tez oscura y rasgos ancestrales, mira y toca la ventana. Su mente y cuerpo cargan sobre el sólido material transparente. En su cerebro imagina el camino y el paso, la velocidad y el ritmo; imagina un destino en continua mutación. Los pueblos originarios miran lo que miran y miran la vida que puede llegar a ser creada para ser mirada.


La cuarta de las personas es zapatista, de complexión y tez cambiante, mira a través y toca delicadamente con su mano el cristal, saca su cuaderno de apuntes y empieza a escribir frenéticamente. En su cerebro empieza a hacer cuentas, listas de tareas, trabajos a emprender, traza planos, sueña. El zapatismo mira lo que mira y mira el mundo que será necesario construir para que las artes, las ciencias y los pueblos originarios puedan realizar sus miradas.


Al término del viaje, mientras los demás viajeros adquieren los últimos souvenirs en las tiendas “duty free”, la persona artista corre a su estudio, o lo que sea, para que su mirada sea sentida por otros, otras, otroas; la persona científica convoca inmediatamente a otras y otros científicos porque hay teorías y fórmulas que hay que proponer, demostrar, aplicar; la persona indígena se reúne con sus semejantes y les cuenta lo mirado, para que, en colectivo, la mirada defina el camino, el paso, la compañía, el ritmo, la velocidad y el destino.


La persona zapatista va su comunidad, en la asamblea del pueblo explica y detalla todo lo que hay que hacer para que la artista, la científica y la indígena puedan viajar. La asamblea lo primero que hace es criticar la historia o cuento o guion o como se diga, porque falta poner a los trabajadores del campo y la ciudad. Se propone entonces que una comisión le haga una carta al finado SupMarcos para que ponga en el cuento al quinto elemento, o sea al gato-perro, que porque ya se comió el cable del internet y dos usb´s de los Tercios Compas, y se la pasa persiguiendo el mouse de la computadora, así que mejor se lo lleven; y que ponga, como sexto elemento, a la Sexta también, porque sin la sexta no está cabal la historia. Aprobado eso, la asamblea propone, discute, agrega y quita, planea los tiempos, distribuye los trabajos, vota el acuerdo general y nombra las comisiones para cada tarea.


Antes de que se dé por terminada la asamblea y cada quien vaya al trabajo que le corresponde, una niña pide la palabra.


Sin pasar al frente, parada casi al fondo de la casa comunal, la niña se esfuerza por elevar la voz y dice: “yo propongo que en la lista de cosas que les van a dar para que llevan, pongan una pelota y una bola de pozol”.


El resto de la asamblea estalla en risas. El SubMoy, que es quien está en la mesa que coordina la reunión, llama al respeto. Conseguido el silencio, el SubMoy le pregunta a la niña cómo se llama. La niña responde “Yo me llamo Defensa Zapatista” y pone su mejor cara de “no pasarán, manque sean extraterrestres”. El SubMoy entonces le pregunta a Defensa Zapatista por qué propone eso.


La niña se sube a la banca de madera y argumenta:


“La pelota es porque si no van a poder jugar, pues de balde van a donde quieren ir. Y la bola de pozol es para agarran “juerza” y no se desmayan en el camino. Y también para que allá, lejos, donde están los otros mundos, no se olvidan de dónde salieron”.


La propuesta de la niña es aprobada por aclamación.


El SubMoy está a punto de dar por terminada la reunión, cuando “Defensa Zapatista” levanta su manita pidiendo de nuevo la palabra. Se le concede.
La niña habla mientras, con un brazo, sostiene un balón de fútbol, y con el otro abraza un animalito que parecer ser un perro... o un gato, o un gato-perro:
“Sólo les quiero decir que no hemos completado el equipo, pero no preocupan, ya vamos a ser más, de repente dilata, pero ya vamos a ser más”.
Doy fe.


Guau-miau.

 

29 de diciembre del 2016.

Las Artes y las Ciencias en la historia del (neo) Zapatismo

La noche de ayer, les platicaba del desbarajuste interplanetario que había desatado la pregunta “¿Por qué esa flor es de ese color, por qué tiene esa forma, por qué tiene ese olor?


Ok, me excedí con eso de “interplanetario”. Debí decir: el desbarajuste que en el microcosmos del zapatismo había provocado la pregunta hecha por la jóvena Rosita al Subcomandante Insurgente Moisés.


Aunque creo que es evidente, no sobra el aclarar que la respuesta que el SubMoy le dio a la jovencita zapatista fue la misma que, tal vez, no sé, es probable, es un supositorio, ha dado combustible al avance de la ciencia desde sus inicios: “No sé”.


Ahora pienso que, seguramente, la jovena sabía que ésa era la respuesta, pero esperaba que el SubMoy entendiera que, dentro de la flor, había una pregunta más grande.


El SubMoy, ahora lo sabemos porque estamos aquí, en este encuentro, sabía que la respuesta “No sé”, no sólo era insuficiente, sino que sería inútil si no llevaba a otras preguntas.


Ahora él les platicará lo que es, como quien dice, el contexto de la pregunta... y de su respuesta.


A mí me toca ahora platicarles brevemente algo de la prehistoria de esa pregunta y de esa respuesta.


Las artes y las ciencias antes del inicio del alzamiento, al interior del ezetaelene, tenían un universo muy reducido y una historia breve: ambas, ciencias y artes, tenían un motivo, una dirección, una razón impuesta: la guerra.


Primero en los campamentos guerrilleros, luego en los cuarteles y después en las comunidades, las artes se limitaban a la música, la poesía y algo de dibujo y pintura, todas con mensajes revolucionarios exclusivamente. Claro, no era raro que de pronto se colaran canciones de amores y desamores, corridos, rancheras, y hasta alguna balada de Juan Gabriel, pero eso era en la clandestinidad dentro de la clandestinidad.


El cine o la cinematografía tenía como sala exclusiva o “vip”, nuestra imaginación. Uno de los insurgentes nos contaba siempre la misma película, pero hallaba el modo de modificarla en cada ocasión, o de mezclarla con otras. Así fue como vimos el original y varios “remakes” de “Enter the Dragon”, con Bruce Lee en el único papel, porque el compa se pasaba horas explicándonos los movimientos y golpes. Esto siguió hasta que, con una pequeña planta de luz y un pesado y estorboso proyector de 16 milímetros, vimos una película vietnamita que creo se llamaba “Punto de Enlace” o algo así, y que, por supuesto, sólo estaba en el idioma original, así que con imaginación le poníamos diálogos en español y hacíamos otra película de la película original. No estoy seguro, pero creo eso se llama “intervención artística”.


Llamo la atención sobre esto, porque creo fue la primera vez que confluyeron las ciencias y las artes en un campamento zapatista. Y por las ciencias no me refiero al generador portátil y al proyector, sino a las palomitas de maíz, que alguien tuvo a bien incluir en el envío del aparato y la película.
Por supuesto que nos atascamos de maíz palomero al grito de “comer hoy o morir mañana”, y al otro día casi se cumple la consigna: desde la madrugada, con una diarrea colectiva, el batallón insurgente entero dejó el paraje como si una piara de jabalíes se hubiera asentado ahí. Nos consolamos después, pensando que era una muestra de guerra bacteriológica. Moraleja: tengan cuidado con las consignas.


El contacto con los pueblos, amplió ese limitado horizonte: en las celebraciones, los compas establecían horarios para “el programa cultural”, decían, y “para la fiesta”. Así, en un horario que se fue acortando con los años, se declamaban poesías, se leían pensamientos y se cantaban canciones, todo de lucha. Paulatinamente, “la fiesta” fue ampliando su duración y calidad. En ese horario era donde se bailaba y se cantaba lo que estaba de moda en esa época. Las músicas digamos “comerciales”, a su vez, empezaron a ser desplazadas por la producción local. Primero, cambiando las letras de las canciones; después componiendo también la música.


Los bailes cambiaron: de las filas enfrentadas, al baile de parejas. Originalmente, en los bailes de los pueblos, se ponían dos líneas: una de mujeres y, enfrente, una de hombres. Esto tenía su razón de ser: con la línea desplegada de las mujeres, las mamaces podían controlar a sus hijas, y ver si se escapaban o se mantenían en el balanceo continuo de “La del moño colorado”. Posteriormente, poco a poco y después de acaloradas asambleas, se permitió el baile de parejas, aunque con el mismo ritmo. Pero la línea pesaba, así que era común ver a una pareja bailando, pero con ella mirando a un costado y él mirando al lado contrario. El teatro, o “seña”, era muy esporádico. Los dibujos y pinturas de los periódicos murales de montaña, se mudaron a las comunidades, pero los temas se mantuvieron.
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Si les parece que la actividad artística era rala, la científica era prácticamente nula (porque el libro de Isaac Asimov, que el finado cargaba en su mochila, no cuenta como ciencia). Para el contacto con la naturaleza, usábamos los conocimientos de las comunidades, es decir, nos limitábamos a conocer hechos, sin saber la explicación o, explicándolos de acuerdo a los cuentos y leyendas que circulaban en las comunidades.


Por ejemplo, el tiempo de lluvia y las etapas de la siembra. Había datos empíricos que indicaban que iba a llover o que no, y estadísticamente funcionaba. En los campamentos de montaña, por ejemplo, cuando los mosquitos aumentaban en número y agresividad, quería decir que iba a llover. Claro, también teníamos barómetros y altímetros, pero los zancudos eran más precisos. Si nos hubieran preguntado entonces cuál era la relación entre los mosquitos y la lluvia, hubiéramos respondido “no sé”, pero no hubiéramos ido más allá, y sabíamos que lo que correspondía era poner los techos de plástico o apurarse a llegar al pueblo o al campamento, y no hacer investigaciones científicas.


Lo más científico que se hacía era calcular energía y trayectorias de bala, resistencia de materiales (porque había que saber dónde protegerse de los disparos del enemigo), alinear miras telescópicas, fabricación de artefactos explosivos, y “navegación terrestre” con el uso de mapas, altímetros y el clisímetro, para lo cual era necesario estudiar lo básico de trigonometría, álgebra y cálculo. Estábamos por aprender a usar el sextante, para poder orientarnos de noche, pero no llegamos a tanto. Y no era necesario, porque los compas de los pueblos conocían tan bien el terreno, que no necesitaban ninguna máquina para orientarse. Y podían “predecir” fenómenos naturales a partir de otros, o de usos y costumbres.


El mundo estaba habitado entonces por personajes mágicos, con el Sombrerón y Xpaquinté recorriendo los caminos reales, picadas y caminos de extravío, y sentándose con nosotras, nosotros, en los campamentos insurgentes de las montañas del sureste mexicano.


En medicina se aplicaban dos métodos fundamentales. Como no sabíamos de la existencia de la cura con cuarzos, el biomagnetismo o cosas parecidas con igual rigor científico, entonces recurríamos a la sugestión impuesta o a la autosugestión. Como no pocas veces no teníamos medicinas, si teníamos fiebre, nos decíamos y repetíamos: “no tengo fiebre, todo está en mi cabeza”. A ustedes les provocará risa tal vez, pero el finado SupMarcos contaba que él enfrentó varios casos de salmonelosis con ese método. “¿Y funcionaba?”, le preguntamos en esa ocasión. Él respondió con su acostumbrada modestia: “Pues mírenme, estoy vivo y más hermoso que nunca”. Bueno, eso fue antes de que le diéramos muerte.


Cuando sí teníamos medicina, usábamos el método científico del “ensayo y el error”. Es decir, alguien se enfermaba, le dábamos una medicina, si no se curaba, otra diferente, y así, hasta que le atináramos o la enfermedad, seguramente aburrida del método, cedía.


Otro método científico de cura era el llamado “escopetazo”. Si alguien tenía síntomas de una infección, le dábamos un antibiótico de amplio espectro. Casi siempre se curaba y, claro, quedaba químicamente puro, con lo mínimo para sobrevivir hasta la próxima infección.


Años después, cuenta el finado, los tratamientos médicos que dictaba se basaban en estadística simple: en montaña, tales y tales síntomas se curan con tales medicamentos en el x % de los casos; si en una tropa de X número de combatientes, tantos se enferman con tales síntomas, hay x % de probabilidades de que se trate de la misma enfermedad.
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Una anécdota de montaña, contada también por el difunto SupMarcos hace años, puede servir para contrastar con el ahora que les mostramos: contaba el finado que, en una exploración en lo profundo de la Selva Lacandona, una sección insurgente de infantería quedó lejos del campamento base, viéndose obligada a pernoctar sin más cobijo que las copas de los árboles y las hojas de las plantas; hicieron una fogata para ver si podían asar una víbora nauyaca que era lo único que habían podido cazar. El SupMarcos entonces no era “sup”, sino teniente insurgente de infantería y estaba al mando de esa unidad militar.


Como era costumbre en esa época, cuando la noche al fin descendía de los árboles y se sentaba junto a los insurgentes, con las sombras bajaban también a sentarse junto al fuego, toda clase de historias, cuentos y leyendas que, entre otras cosas, cumplían la misión de mitigar el hambre y secar las ropas que el sudor y la lluvia habían empapado. El entonces teniente de infantería, se mantuvo apartado y se limitó a escuchar lo que platicaba la tropa.


A uno de los nuevos le había pasado que, al andar por el camino de extravío, el roce de las hojas de la planta llamada La´aj, u Ortiga, le había provocado urticaria en una mano y se le había hinchado. Entre doliéndose y quejándose, el recluta le preguntó a otro combatiente por qué o qué tenía esa planta que hacía tanto daño. El veterano, sintiéndose obligado a educar al nuevo, le respondió: “Mira compa, claro te digo que eso sólo dios y la hojita lo saben”.


Tal vez por todo esto que les cuento, el finado SupMarcos, cuando era el vocero zapatista, abundaba y redundaba en leyendas, cuentos y anécdotas más referidos a explicaciones de la realidad ligadas a la cultura ancestral. Los cuentos del Viejo Antonio, por ejemplo.


Si el finado era una ventana para asomarse al zapatismo de entonces, y ahora es el Subcomandante Insurgente Moisés, no es que haya cambiado sólo la ventana, también lo que se ve y escucha a través de esa ventana. El zapatismo de hoy en las comunidades, es cuantitativa y cualitativamente diferente, ya no digamos al de hace 30 años, sobre todo al de los últimos 10-12 años, que es el período en el cual debe haber nacido la niña que se autodenomina “Defensa Zapatista”.


Con esto quiero decirles que, si los niños de hace 25-30 años nacieron en los preparativos del alzamiento y los de hace 15-20 nacen en la resistencia y la rebeldía; los de los últimos 10-15 años nacen en un proceso de autonomía ya consolidado, con nuevas características, algunas de las cuales, entre las que está la necesidad de la Ciencia, les platicará el Subcomandante Insurgente Moisés, a quien cedo la palabra...

Buenas noches hermanos y hermanas compañeros compañeras.


La ciencia que estamos platicando acá, nosotras, nosotros, las zapatistas, queremos ciencia para la vida. Así como les dijo el sub Galeano, nada más es para decir nada más ya, no les voy a explicar más de ahí eso, la ciencia sí la estudiamos también cuando estábamos pues en la montaña, en la preparación. Ya que salimos a aplicar la ciencia, o sea la guerra, el matar y morir, nuestros compañeros y compañeras de los pueblos, bases de apoyo, ellos y ellas nos dijeron de otra forma de cómo hacer la guerra sin perder los principios de lo que queremos, entonces de ahí nosotros, los combatientes y combatientas, lo bueno que fue es que reconocimos que hay algo dentro de nuestros compañeros y compañeras, o sea los pueblos, y entonces ahí empezamos pues a aprender, empezamos a entender y empezamos a conocer que el ser ejército, cualquiera de los dos ejércitos, ejército pues del rico y el ejército del pobre que lucha, es excluyente, porque ahí no pelea todo hombres y mujeres y niños, y en lo que nos plantearon nuestros compañeros y nuestras compañeras es pelear juntos para lograr lo que queremos, y nos dijeron de que entonces en eso que el arma de que hay que luchar es la resistencia y la rebeldía, como se trata de que entonces de que no queremos el mal gobierno, el mal sistema, se trata de que entonces hay que rechazar todas las formas de cómo nos engañan, y entonces, nosotros, los combatientes, los insurgentes, las insurgentas, fuimos aprendiendo la forma de cómo es eso, de cómo hay que hacer eso, entonces, a nosotros, nosotras, entendimos de cómo hay que pelear juntos, juntas, como de por sí las comunidades hasta ahora viven en común, en colectivo se puede decir, ahí el sistema, el mal gobierno ahora, trata de dividirlo, pero aún no ha podido, las mismas comunidades se entienden, por ejemplo, en algunas comunidades hay varios partidos políticos, o hay varias religiones, pero están en una comunidad, si en esa comunidad es invadido un pedazo de su terreno, por otra comunidad, esa comunidad invadida inmediatamente se juntan, o sea se olvidan de lo que son, que es dividido en varios partidos políticos o en varias religiones, ahí donde funciona, ahí donde no borra lo que significa ser común, comunidad. De ahí entonces nosotros empezamos a entender eso de lo que decían, de lo que nos dijeron nuestros compañeras, compañeros, bases de apoyo, que vamos a tener que pelear juntos, juntas. Entonces fue más, mucho más mejor de lo que ellos, ellas, pensaron, porque entonces no solo el combatiente pelea, sino todos y todas y entonces, nosotros, los combatientes empezamos así a trabajar juntos con ellos y entonces lo que pasó es de que entonces en esa lucha, en esa organización se fue creándose la forma de cómo se quiere de lo que se busca, o sea, quiero decir que de lo que vieron los compañeros, las compañeras, es de que entonces hay que poner en la práctica, chiquito, lo que se quiere, lo que se busca, entonces con su autonomía, con su gobierno autónomo de nuestros compañeros y compañeras, empezó lo que nosotros no sabíamos durante el tiempo de la clandestinidad, en nuestra preparación, y entonces entendimos eso de que ya es la forma de cómo se piensa de que se haga pues el cambio, y esto a lo largo de estos tiempos que llevamos durante los 23 años que estamos haciendo el autogobernar con nuestras comunidades, la verdad pues es que entonces no tenemos tantos muertos de balazos, o heridos o torturados, desaparecidos, de lo que fuimos primero nosotros en el año 94. Con estos 23 años, lo que nos mostraron los compañeros y las compañeras es de que hay otra forma de cómo hacerle la guerra al sistema, que no se muera y que no se mata, pero para eso se necesita organización, para eso se necesita acuerdo, para eso se necesita trabajo y para eso se necesita luchar y poner en la práctica. Ahora vemos que con ese arma de lucha que es resistencia y rebeldía, la verdad el sistema no ha podido hacer nada con nuestros compañeros y compañeras, todo han hecho por querer hacer que lo dejen, no ha podido el sistema. Por qué, porque las compañeras y los compañeros ya lo vivieron durante los 23 años, de lo que ellas, ellos, lo construyeron, como bien estaba diciendo el Sub Galeano, nosotros mismos quedamos sorprendidos de que pero si eso no soñábamos, pero si eso no veíamos, entonces, porque todo lo que han logrado los compañeros y las compañeras, es a través de su pensar, es a través de ver sus necesidades, de lo que se necesita y pensar qué hacer después de que entonces se haya logrado algo de cómo mejorar o de cómo seguir los pasos para hacer el bien de nuestros pueblos, pues. Entonces ahora, las mismas compañeras, compañeros, hacen la comprobación entre ellos y ellas, pues, y las mamás y papás por supuesto que los animan, porque no lo habían visto, pues. Por ejemplo hay compañeras que ya son, no sé cómo se dice, de esos que lo ayudan a los doctores de pasarlo, como los mecánicos que ahí va tu pinza, ahí va tu martillo, ahí va tu marro, como se llamen, pues, pero las compañeras entonces ahora ya son ellas las que le ayudan al médico de pasar lo que necesita a la hora de que está haciendo la cirugía el médico, ya saben manejar pues así aparato de ultrasonido, que los médicos ya le dijeron de que entonces que ya puede decir o sea diagnosticar, pues, de que si ya sabe leer de lo que muestra la placa o la foto de lo que saca el ultrasonido, y así muchos otros tipo de aparato ya las compañeras y compañeros ya saben manejar, de dentistas, de Papanicolau y de muchas otras cosas de la salud, del área de salud, de laboratoristas, pues. Que eso no pensábamos eso, y eso de que entonces ahora nosotros pensamos y decimos: ¿en 23 años de balazos hubiéramos construido eso?, y nuestra respuesta de nosotros es no estaríamos hablando aquí con ustedes ahora ¬hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, científicos, científicas. Si hubiera que es 23 años de balazos, no nos hubiéramos conocido, pues. Pero gracias a su forma de ver, a nuestros compañeros y compañeras, aquí estamos platicando con ustedes, pues. Tanto que así fue el avance de nuestros compañeros y compañeras, claro, se tuvo que separarse de su modo del explotador, del capitalismo pues, o del mal gobierno para ir creando ellos de cómo la piensan su libertad pues, que la conquistamos y que empezamos a construir a nuestra manera de entenderlo pues. Entonces, así es como ahora tienen su educación, tienen su agroecología, tienen su radio comunitaria, hacen sus propios intercambios de experiencias, hacen compartición nuestros compañeros y compañeras, porque lo que se quiere es la vida. Ejemplo, pues, así como la que nos dio ya el Sub Galeano, que le platicamos también a él, eso por ejemplo, pues, de que se comparten, de cómo, que no se muera uno pues, como el caso de una de las preguntas, de que se daba eso de que la asan la placenta del bebé, o que lo hierven pues con tal de que se logra la vida pues, pero eso se hace con un simplemente, una lucha pues, no hay un estudio real de que esto es la mejor manera pues. Entonces como hay muchas generaciones ya de que se ha traído ya esto, de la que les decía el Sub Galeano de la culpa de la flor es que en la Educación Autónoma Zapatista que tanto se ha avanzado pues ya, los jovencitos y jovencitas vieron que entonces han aprendido mucho, entonces lo que pasó es de que empezó a preguntar pues el hijo de un compa, y es hijo de un compa de Tercios Compa, entonces le dijo a su papá porque ya terminó pues su primaria, su primer nivel le dicen los compañeros en los pueblos, entonces el hijo del compa le dijo, papá ya terminé de mi escuela, pero voy a seguir porque quiero aprender más, y entonces el Compa Tercio, que es el papá, entonces le dijo, hijo, déjame ver, porque es que todavía se está planeándose el segundo nivel o sea la secundaria que se dice, se está planeándose porque la educación que queremos no van a aprender cosas que no va a servir si no se necesita, que está pensada qué es lo que aprendan para que va a servir, le dijo el compa a su hijo, y entonces el chavito pues, así de por ahí de 13, 14 años entonces dice: papá, pero no vayas a pensar de que me vas a mandar aquí, en Cideci, porque en Cideci ahí se aprende sastrería, zapatería y otras cosas, más que bien lo pueden hacer aquí en el Caracol, solo que hace falta que se pongan de acuerdo para hacerlo, dijo el chavito a su papá. Y entonces el chavito dice lo que quiero aprender yo es qué sustancia tiene el estafiate, y qué es lo que cura eso. Y entonces el compa, pero ahí está presente ahí su hijo pues, que quería que yo le dijera pues qué cuándo y dónde puede aprender eso, entonces yo le decía, pues déjame ver porque yo no sé. Entonces tan sorprendido que yo me quedé, pues y eso de que bueno, hasta yo me quedé así, ¿será que se puede aprender? Entonces platicando con el Sub Galeano dice, pues eso les corresponde a los científicos, la ciencia, de los que estudian la ciencia, y los científicos pues. Entonces pero lo que vemos es que entonces ya las generaciones que vienen ya están viendo otra cosa y lo bueno es de que están pensando, porque el chavito eso que les platico es que en las Comunidades hay compartición como se dice pues, tanto como le dicen de las tres áreas, o sea donde van compañeros y compañeras a intercambiarse experiencias de las plantas medicinales, de parteros y parteras, y de hueseros y hueseras, ahí donde pues el chavito eso escuchó pues así de muchas plantas que se habla que cura tal y tal ¿no? Pero no se sabe qué es, qué sustancia tiene pues, ahí donde aprendió pues eso pues. Entonces sus mismos prácticos de lo que hacen, sus mismos conocimientos de lo que hacen así pues las compañeras y los compañeros en los pueblos, eso va a ir como abriendo pues así experiencias, pero también al mismo tiempo va a ir abriendo pues otras necesidades de querer aprender más pues. Entonces yo creo que pues escuchando pues ya de lo que se está planteando aquí entre nosotros pues, ojalá de que entonces se vengan pues acá a poner en práctica con un pueblo pues, en colectivo, les daría mucho gusto pues así a los compañeros a las compañeras para que entonces se aproveche más ese conocimiento porque con lo poco que tienen los compañeros y las compañeras que está dando pues un ... como les diré, o sea de lo que se está haciendo, de lo que están construyendo los compañeros y las compañeras claro lo ven a los otros hermanos, hermanas que no son zapatistas, o sea por ejemplo, en los hospitales que tienen pues así los compañeros, sus hospitales autónomos, son más los hermanos partidistas que son operadas, operados allí que los zapatistas. Entonces ahí donde la gente no zapatista, partidistas como les decimos, ahí donde se dan cuenta de que entonces está más mejor de que lo que están haciendo los zapatistas incluso lo dicen directamente ya, que está mucho más mejor lo que están haciendo los zapatistas, pero no solo nada más en eso dan el poco avance que ha habido pues en la salud los compañeros y las compañeras sino también ayudan en orientar o sea hacer política pues, de por qué así están engañados o por qué así están manipulados o por qué así están dominados pues. Entonces, si hubiera de que hay más apoyo a través de la ciencia pues, entonces habrá más avances pues así de los compañeros y de las compañeras pues, y entonces eso le queremos decirles que ojalá de que entonces en verdad empezáramos pues ahora aquí con nuestros compañeros y compañeras en los pueblos a que se vaya viendo de que se pudiera pues de que haiga clase, haiga talleres, que haiga cosas prácticas porque las y los compañeros lo que ven pues así tan interesante y tan importante para enfrentar pues a la hidra capitalista es de que hay que mejorar pues así la salud, y hay que mejorar pues así la alimentación, pero para eso se necesita aprender, se necesita ciencia. Los compañeros y las compañeras hacen pues, pero como ya se ha dicho varias veces que es mediante usos y costumbres pues, o sea se hace la prueba que siembras ahí el maíz a ver si te va a dar, o la calabaza, o el camote, qué es lo que va a dar ahí, porque no hay un estudio de la ciencia ahí, de qué es lo que va a dar ahí en esa tierra y qué cosa da aquí en esta parte pues no. Es de mucho sufrimiento de cómo es que se vive, pero si viera que hay una ciencia, un laboratorio por ejemplo, ahí sí sería diferente, no es cosa de probar sino que ya es porque tiene un estudio científico qué es lo que hace falta a la madre tierra esto o es lo que puede dar aquí esto pues. Entonces pues así se ve, así hacen sus estudios también los compañeros y las compañeras y que entonces de donde nace esto por la cual estamos aquí, la verdad es eso de que entonces es el estafiate que dijo el chavito eso que quiere saber cuál es la sustancia y que entonces ya de ahí eso se vio de que entonces están los demás, Escuelas Autónomas Zapatistas que están en otra necesidad de lo que quieren aprender los jóvenes pues.


Entonces hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, que los invitamos pues con los compañeros y las compañeras a que vamos formando pues un colectivo, como colectivo pues que andamos las y los zapatistas y que entonces mostremos después al pueblo de México que el pueblo, el propio pueblo puede crear la forma de cómo vivir y que no necesitamos a alguien que manipulen pues así a nuestra riqueza o que las expropian lo que es nuestro como pueblo, más que nosotros como pueblos pues y que para eso necesitamos pues estar juntos con los pueblos originarios y con la ciencia de los científicos y la ciencia de los artistas, qué vamos imaginando, o qué vayamos construyendo, o que vayamos practicando y que vayamos demostrándonos entre nosotros mismos que sí se puede como los compañeros y compañeras bases de apoyo que sin más, más que su propio esfuerzo, su propia resistencia y su propio pensar de ver y crear, imaginar, han demostrado, aunque no sepan leer ni escribir, y aunque no dominan bien el español, pero en los hechos la tienen, lo que decimos pues acá, que el sistema acá, el mal gobierno pues de México se ha hecho a un lado pues y estamos practicando lo que nosotros pensamos y de lo que nosotros creemos, pero sentimos solos porque no sólo nada más los que estamos explotados pues. los indígenas en México, sino están los hermanos y hermanas tanto en el campo y en la ciudad pues. Pero para eso se necesita Ciencia pues, de cómo vamos a tener que construir el mundo nuevo pues.


Necesitamos, se siente la necesidad pues tan eso como así pues el chavito que platicamos, que siendo chavito ya está pensando así de que quiere conocer, que quiere saber por qué es tan importante la sustancia que tiene el estafiate, porque tanto escucha en el colectivo pues, en la compartición que se hacen las compañeras y los compañeros pues. Entonces eso es lo que queremos pues así plantearles, que entonces ojalá nos unamos pues para crear otra forma de ver, otra forma de pensar, imaginar pues de cómo tenemos que ir construyendo un cambio, pues que realmente es el cambio no nomás el nombre, ni nada más de color pues.


Eso es lo que sería que les podemos compartir compañeros y compañeras, hermanos y hermanas.

Subcomandante Insurgente Moisés Subcomandante Insurgente Galeano

28 de diciembre del 2016.

Miércoles, 28 Diciembre 2016 08:28

“La culpa es de la flor”

“La culpa es de la flor”

“El 30 de febrero de este año de 2016, la revista electrónica sueca especializada en temas científicos, “River´s Scientist Research Institute”, publicó un estudio que, tal vez, habrá de revolucionar las ciencias y su aplicación al entorno social.


Un grupo de científicos, encabezados por los doctores suecos Stod Sverderg, Kurt Wallander y Stellan Skarsgard, presentaron un complejo análisis multidisciplinario que llega a una conclusión que sonará escandalosa: hay una relación directa entre el aumento en la cantidad y calidad de los movimientos feministas y la disminución de la tasa de natalidad.


Combinando métodos de estadística, embriología, biología molecular, genética y análisis conductual, los científicos establecen que el aumento en la diversidad y beligerancia del feminismo, provoca una inhibición de la libido en los varones, lo que reduce la frecuencia de la actividad sexual reproductiva.


Pero no sólo. Análisis de laboratorio establecen que los espermatozoides de los varones expuestos a la actividad feminista son más débiles que los de los varones que no están expuestos. Lo que se conoce como astebizisoermia, o síndrome del “espermatozoide perezoso”, tiene más presencia en la población masculina de las sociedades donde el feminismo ocupa un lugar protagónico en las relaciones sociales. Según la prestigiada publicación citada, el doctor Everet Bacstrom, del “Rainn Wilson Institute”, con sede en Londres, Inglaterra, confrontó los resultados de la investigación con una muestra de varones europeos, de clase media, WASP, y obtuvo la misma conclusión.


Por su parte, las activistas feministas europeas, Chloë Sevigny y Sarah Linden, consultadas por la publicación, declararon que todo no era más que una sucia maniobra de lo que llamaron “el cientificismo patriarcal”.


Mientras tanto, el centro internacional de consultoría para gobiernos “Odenkirk Associated”, declaró, a través de sus voceros, James Gordon y Harvey Bullock, que recomendarían a los gobiernos de los países del primer mundo, cito textualmente, “inhibir el activismo y la beligerancia de los grupos feministas”, para así elevar la tasa de natalidad en los países desarrollados. Así mismo, declararon que recomendarán a los gobiernos de los países del Tercer mundo, principalmente en África y Latinoamérica, alentar el surgimiento y participación de grupos feministas, principalmente en zonas marginadas, de modo que se reduzca la tasa de natalidad en esos sectores, evitando así que proliferen los disturbios sociales.


Consultadas al respecto, las asesoras de la Comunidad Económica Europea, Stella Gibson y Gillian Anderson, se negaron a confirmar o desmentir que el citado estudio será la base de la nueva política internacional de Europa para con el tercer mundo.”


Bien, esto que les he leído es un ejemplo del nuevo periodismo científico. Aunque es mi autoría total, se los damos como regalo de fiestas decembrinas. Tómenlo y hagan un experimento: publíquenlo.


No recurran a la prensa escrita. Salvo el que esto escribe y un cada vez más reducido número de personas, ya nadie lee los periódicos y revistas para informarse. Vaya, ni siquiera quienes escriben en esos medios los leen, sólo consultan las referencias que de sus textos se hagan en redes sociales; y más, son las redes sociales quienes les dictan el tema que deben tratar. Hace apenas unos meses, leí a un “líder de opinión” y “analista especializado”, preguntar a sus “seguidores” el tema que debía tratar en su columna periodística: “fav, si sobre la candidata del Consejo Nacional Indigenista” (me cae que así escribió), “rt, si sobre el gran camarada y dirigente, sol de nuestra ruta y preclaro constructor del porvenir”. No necesito decirles que ganaron los rt.


No, si quieren tener “repercusión mediática” recurran, como fuente primaria de difusión, a las redes sociales.


Busquen a una estrella de las redes sociales, por ejemplo, un adolescente tuitstar con cientos de miles de seguidores, alguien preocupado siempre por darle a sus fans materiales que promuevan la tolerancia crítica, el debate racional y la reflexión profunda (cosas que, es evidente, se encuentran en abundancia en esa estimulante red social). Alguien como, por ejemplo, John M. Ackerman (253 mil seguidores). Sí, ya sé que dije que un adolescente, y el señor John Ackerman ya tiene sus kilómetros recorridos, pero estoy hablando de edad mental, así que sean comprensivos.


Luego “síganlo” y consigan que no los bloquee. Esto es muy sencillo, no necesitan escribir nada medianamente inteligible. Basta con llenar su “time line” de rt´s de todas las grandes y sólidas verdades que emanan del teclado del susodicho. Y tampoco eso es complicado, porque pueden configurar su cuenta de ustedes para que dé rt en automático.


Bien, ahora sólo necesitan convencer a ese “influencer” que ponga una breve referencia al citado estudio, y sus cientos de miles de seguidores, en automático, le darán fav y rt.


Así el estudio “científico” será un éxito y será la base de futuros análisis, coloquios, mesas redondas y entrará a la abultada biblioteca de las teorías de la conspiración.


No, no tendrán que preocuparse de que alguien se tome la molestia de analizar críticamente la nota supuestamente científica y se dé cuenta de lo siguiente:


.- Febrero no tiene 30 días.


.- “River” es una serie policial británica en la que protagonista, John River, es interpretado por el sueco Stellan John Skarsgård.
.- Stod Sverderg y Kurt Wallander, son personajes de la serie policial sueca “Wallander”.


.- Everet Bacstrom, es el nombre del protagonista de la serie policial “Bacstrom”, y Rainn Wilson es el nombre del actor.

.- Chloë Sevigny es el nombre de la actriz que protagoniza, en el papel de Catherine Jensen, la serie policial danesa “Those Who Kill”


.- Sarah Linden es el nombre de la protagonista de la serie policial estadunidense The Killing, con la actriz Mireille Enos.


.- Bob Odenkirk es el nombre del actor principal de la serie “Better Call Saul”, supuestamente la precuela de Breaking Bad.


.- James Gordon y Harvey Bullock son personajes de la serie “Gotham”.


.- La Comunidad Económica Europea no existe más, desapareció en 2009 para dar paso a Unión Europea.


.- Y Stella Gibson y Gillian Anderson, son respectivamente el personaje protagónico y la actriz que desempeña ese papel en la serie “The Fall”.


Ahí disculpen si mi pronunciación del inglés está lejos de la etiqueta de coloquios científicos internacionales, y más bien parece de “wet back” de los años 40´s, pero la solidaridad con los migrantes latinos que padecen la pesadilla Trump tiene caminos insospechados y no siempre evidentes. En todo caso, quienes lean y no escuchen estas palabras, no tendrán por qué ligar nada con el horror que ya se vive al norte del río Bravo.


Claro, hubiera bastado que cualquiera de ustedes “googleara” las principales referencias para darse cuenta de que el supuesto “estudio científico” descrito, es un completo fraude.
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¿Tiene qué preocuparse la ciencia de esos fraudes que reducen el quehacer científico a una caricatura de consumo masivo?


¿Creen que sólo deben enfrentarse a la religión y al creacionismo? La religión es la religión, no pretende ser científica. En cambio, la pseudociencia sí es un problema mayor. Si creen que están en la época de la Ilustración, y son felices ridiculizando los paradigmas religiosos y ganando las encuestas de popularidad de la televisión en stream, donde se enfrentan ateos contra creyentes, no se han dado cuenta del boquete que las ciencias tienen bajo la línea de flotación.


Las pseudociencias o ciencias falsas no sólo ganan cada vez más seguidores, se están convirtiendo ya en una explicación aceptada de la realidad.
Si no me creen, tomen una terapia de cuarzo y de balance bioenergético. O inscríbanse en un diplomado de “Teoría de la Ciencia”, en la división de estudios superiores de una universidad respetable, y sorpréndanse de que deben cursar una materia que se llama “filosofía científica” (el oximorón que les persigue desde aún antes de las leyendas de Prometeo, Sísifo y Teseo).


Créanlo o no, los tiempos oscuros que se vienen, llevan ya a las ciencias, del banquillo de los acusados, al patíbulo social.


Ya volveré en otra ocasión sobre este punto más en extenso.


Pero ahora esto viene al caso, o cosa, según, porque, así como ustedes tienen que confrontar la invasión de esas ciencias falsas, nosotras, nosotros zapatistas enfrentamos eso y algunas cosas más.


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En nuestra participación en la primera sesión general de ayer, les presenté algunas de las preguntas que mis compañeras y compañeros que han sido seleccionados como alumnas y alumnos suyos, prepararon.


No son mis preguntas. Si fueran mías, hubieran sido de otro estilo. Serían preguntas tipo: ¿Qué relación hay entre la sopa de calabaza y la deficiencia cognitiva?, ¿Cuáles son cualidades nutritivas de ese portento alimenticio que es el helado de nuez?, ¿las inyecciones son una forma pseudocientífica de la tortura?, etcétera.


Así que lo único que hice con las preguntas de mis compas fue agruparlas. Quité algunas preguntas porque supuse que serían respondidas en las exposiciones y por otra razón que, si da tiempo, les explicaré.


Estas 200 compañeras y compañeros, 100 mujeres y 100 hombres, fueron seleccionados para asistir, es decir, responden a colectivos. Su presencia aquí no obedece a interés o beneficio personal. Al regresar, deben responder a sus colectivos sobre lo que este encuentro fue, lo que aprendieron o no, lo que entendieron o no. O sea que están obligados a socializar el conocimiento. Esta es la razón por la que ven que estos compas escriben y escriben en sus cuadernos y se consultan entre sí, con una agitación que dudo que encuentren en su alumnado en la academia.


Con esto quiero decirles que, aunque aparentemente ustedes están confrontando a 200 encapuchados y encapuchadas, en realidad sus palabras llegarán a decenas de miles de indígenas de diferentes lenguas originarias.


Sí, da un poco de miedo. O mucho, según.


El interés por la ciencia en las comunidades zapatistas es legítimo, real. Pero es relativamente nuevo, no ha sido siempre así. Responde a una de las transformaciones que nuestra lucha ha experimentado, a nuestro proceso de construcción de nuestra autonomía, es decir, de nuestra libertad.
Esto se los explicará más en extenso el compañero Subcomandante Insurgente Moisés en la sesión de mañana. Por ahora sólo me detendré en un par de detalles:


1.- Las comunidades indígenas zapatistas, representadas aquí por estos 200 transgresores del estereotipo del indígena que reina en la derecha y la izquierda institucional, no conciben este encuentro como un evento único. Para que me entiendan: no es una aventura pasajera. Ellos, los pueblos zapatistas, esperan que este primer encuentro sea el inicio de una relación estable y duradera. Esperan seguir en contacto con ustedes, mantener un continuo intercambio. O como dicen en los pueblos: “que no sea la primera ni la última vez”.


2.- El modo de nuestro modo. Para que no se desesperen y para que entiendan por qué no hay preguntas después de cada exposición, permítanme explicarles cuál es nuestro modo como alumnas y alumnos.


Nosotras, nosotros, no nos planteamos problemas individuales. Como alumnado funcionamos también en colectivo. Cada quien hace sus apuntes, luego de la clase o la plática, se reúne el colectivo y se completan los apuntes tomando lo de todos. Así, si alguna o alguno se distrajo o entendió otra cosa, los demás le completan o le aclaran. Por ejemplo, en la ponencia de ayer, la del físico que leyó la Doctora, hay una parte donde él señala que alguien pudiera decir que no hay avances en las ciencias, comparando con países desarrollados, porque en México somos indios. Un compa zapatista estaba bastante molesto porque, según él, el físico nos estaba criticando como indígenas que somos y nos echaba la culpa del nulo avance científico en nuestro país. En la recapitulación colectiva le aclararon que no el físico decía eso, sino que el físico criticaba a los que decían eso.
Con las preguntas ocurre lo mismo. Primero se preguntan entre ellos sus dudas. Así, buena parte de ellas se aclaran porque son producto de que no escucharon, o no apuntaron bien o no entendieron lo que se decía. Otro tanto de las preguntas las responden entre sí. Y ya entonces quedan las preguntas que sí son dudas colectivas.

Yo sé que a ustedes les puede parecer un proceso engorroso y tardado, y que más de una, uno se desilusione pensando que no participamos, o que no supo captar la atención de nosotros. Se equivoca: después de que se reúnan los colectivos de cada zona, escribirán las preguntas que les surgieron y se las haremos llegar por el mismo medio por el que se les invitó a este encuentro. Al menos mientras acordamos un medio y un modo para estar comunicados.


Claro, todo esto parte del convencimiento nuestro de que este encuentro es el primero de muchos, y que todas, todos ustedes mantendrán comunicación con sus alumnas y alumnos, y, a través de ellas y ellos, con decenas de miles de zapatistas.


Entonces, tengan paciencia. Al menos la misma con la que acometen sus investigaciones y experimentos, o con la que desesperan a que les aprueben el presupuesto para sus proyectos.


Dicho lo anterior, permítanme proponerles la metodología zapatista por excelencia: responder a una pregunta con otra pregunta.


Así, tendrían que iniciar sus respuestas con una pregunta fundamental: ¿por qué están preguntando eso?


Bien, les explico. Debido al modo del zapatismo, nuestra acción en las comunidades no pretende hegemonizar ni homogeneizar. Esto es: no nos relacionamos sólo entre zapatistas, ni pretendemos que todos lo sean. Mientras nuestros tropiezos y errores son sólo nuestros, nuestros logros y avances los compartimos con quienes no son zapatistas e incluso con quienes son antizapatistas. Para entender el porqué de eso, sería necesario estudiar nuestra historia, algo que rebasa con mucho las pretensiones de este encuentro.


Por ahora baste con decir que, por ejemplo, los promotores de salud apoyan también a partidistas. Así que, si un promotor de salud está vacunando, no es extraño que se tope con partidistas que se niegan porque, argumentan, las vacunas no son naturales, porque son venenosas, porque enferman, porque meten males en el cuerpo y otras supercherías que se deben, lo que sea de cada quien, al fraude que es el sistema gubernamental de salud. En efecto, los mayores y mejores promotores de la mala salud en las comunidades partidistas, son las autoridades gubernamentales.


Por eso, frente a los dichos de los partidistas, la promotora de salud busca cómo argumentar y convencer de que sí es buena la vacuna. Por eso es lógico que una de las preguntas que les leí ayer sea: ¿Científicamente es necesario vacunarse y por qué, o hay medios y/o formas para sustituir las vacunas por otras cosas? Por ejemplo, las enfermedades de tosferina, sarampión, viruela, tétano, etc. Con esta pregunta, les están pidiendo más argumentos.


Igual es con los promotores de educación, las locutoras de radio comunitaria, las autoridades y las coordinaciones de colectivos.


Otro ejemplo: cuando en una comunidad una persona se convulsiona o se enferma y presenta síntomas extraños, los partidistas empiezan a decirse que es que alguien hizo brujería. Como las acusaciones de brujería suelen terminar en linchamientos, los zapatistas se esfuerzan en convencer a los partidistas de que no hay tal cosa, que las convulsiones tienen una explicación científica y no mágica, y que no es brujería sino epilepsia lo que provoca esos ataques. Por eso les preguntan de lo sobrenatural, las ciencias ocultas, la telepatía, etcétera. No hay estadísticas de esto, pero más de un partidista le debe al neozapatismo el no haber sido linchado por brujería, mal de ojo, y cosas parecidas.


Están también las preguntas sobre tópicos de los que han recibido visiones contradictorias. Por ejemplo, los transgénicos. Hay quien les dice que son perjudiciales y hay quien dice que no, o que no como se cree. Entonces los compas piden pruebas científicas, y no consignas, de una u otra posición.


El día de ayer, la bióloga nos platicaba de una encuesta que realizó, me parece, en redes sociales. Nos dijo que alguien le respondió que participaría cuando incluyera entre las opciones algo como “la ciencia es un mal”.


Bueno, a las comunidades zapatistas llega todo tipo de gente. La mayoría a decirnos lo que debemos o no hacer. Llega gente, por ejemplo, que nos dice que es bueno vivir en casas con piso de tierra y paredes de bajareque y barro; que es bueno andar descalzos; que todo eso nos beneficia porque nos pone en contacto directo con la madre naturaleza y recibimos así, directamente, los efluvios benéficos de la armonía universal. No se reían pensando que estoy caricaturizando, estoy transcribiendo textualmente una valoración de un exalumno de la escuelita zapatista.


“La modernidad es mala”, dicen, e incluyen en ella el calzado, el piso, las paredes y el techo de material, y la ciencia.


Claro, la ciencia no tiene mucho a su favor. De su mano llegan las minas a cielo abierto, las maquinarias para levantar hoteles y fraccionamientos, los cultivos impuestos con dádivas y programas gubernamentales de “progreso”.


Se dice que la religión llegó a las comunidades indígenas con la espada, cierto. Pero se olvida que las pseudociencias y las anticiencias llegan de la mano de la buena vibra, el naturismo como neo-religión, el esoterismo como “sabiduría ancestral”, y las microdosis como neo-medicina.


Yo comprendo que esas cosas funcionen en los establecimientos hípsters de San Cristóbal de Las Casas o de los Coyoacanes más cercanos a su corazón, y que suenen bien mientras se dan un toquecín (prexta pa la orquexta), bebiendo smartdrinks y consumiendo drogas blandas. Ok, cada quien se evade de la realidad según su presupuesto. No lo juzgamos.


Pero entiendan que el reto que nos hemos propuesto afrontar como zapatistas que somos, necesita herramientas que, lamento si desilusiono a más de una, uno, SÓLO nos pueden proporcionar las “ciencias científicas”, que es como el Subcomandante Insurgente Moisés denomina a las ciencias “que sí son ciencias”, a diferencia de las ciencias que no lo son.


-*-


También ayer se nos habló de un experimento de algo así como “ciencia y género”. Creo que era así: se ponían a un hombre y a una mujer a competir por un puesto en la academia, una y otro con idéntico curriculum vitae; quienes seleccionaban, estaban al par: igual cantidad de hombres que de mujeres; seleccionaban al hombre; les preguntaban por qué lo habían elegido a él y no a ella, y respondieron que la mujer era sumisa, conciliadora y débil.


Claro, mi composición químico biológica incluye las obras completas de José Alfredo Jiménez y Pedro Infante, así que celebré la decisión. Pero luego, con el SubMoy quedamos pensando y haciendo cuentas.


Le preguntamos a la insurgenta Erika (aquí presente) qué pensaba de eso. Ella, a su vez, me preguntó qué significaba “sumisa”, le dije que “obediente”. Luego que qué quería decir “conciliadora”, “que no pelea, que no quiere imponer, que busca el acuerdo”, le respondí. De “débil”, dijo que sí entendía. Quedó pensando un rato y nos respondió: “creo no conozco esas cosas”.


Así que, discúlpenme si vivimos en otro mundo, pero no conocemos a ninguna compañera que sea sumisa, conciliadora y débil. Tal vez porque si lo fueran, no serían zapatistas.


Sin embargo, creo que en estas tierras, ése experimento tendría tal vez el mismo resultado, pero con la razones en contra, a favor. Es decir, elegirían al hombre precisamente porque la mujer no es sumisa, ni conciliadora, ni mucho menos débil.


Y les menciono esto, por lo que a continuación explico:


La anécdota me la contó el Subcomandante Insurgente Moisés y se las narro aquí, después de confirmar los detalles con él.


Debió haber sido en un caracol, en una reunión para el curso de la Hidra que se dio a mensajeros y mensajeras, no está seguro.
El asunto es que una compañera jóvena lo topó al SubMoy y le dijo algo como “Oí compañero subcomandante, yo tengo una duda a ver si lo puedes resolver” (el cambio continuo del femenino al masculino en una misma oración no debe sorprenderles, es ya parte del “modo” en que se habla la castilla en muchas de las comunidades).


El SubMoy le respondió algo como “bueno compañera, dime y si sí sé, te respondo; y si no, pues vamos a ver cómo le hacemos”.


Se veía que la jóvena tenía días y noches con la pregunta rondándole la cabeza, así que la soltó sin titubear:


¿Por qué esa flor es de ese color, por qué tiene esa forma, por qué tiene ese olor?


Ella no se detuvo ahí. Sentía que había librado el obstáculo principal (expresar la pregunta), así que se siguió de largo:
“Y no quiero que me respondan que la madre tierra con su sabiduría así la hizo a la flor, o que el Dios, o lo que sea. Quiero saber cuál es la respuesta científica”.


El SubMoy pudo haber respondido lo que cualquier militar, de izquierda o de derecha, hubiera respondido: que se dejara la compañera de tonterías y se fuera a la posta, o al trabajo que le tocaba, o que se pusiera a estudiar los 7 principios, o que se aprendiera bien la explicación de la Hidra; o tal vez la hubiera remitido a la JBG o al MAREZ o a la comisión de educación o de salud.


Pudo haber hecho eso, pero no lo hizo. El SubMoy me explicó lo que le respondió, cierto. Pero yo me quedé pensando en la multitud de opciones que, en diferentes calendarios y geografías, hubieran inspirado otras respuestas.


Ya con todo eso pasado, a mí, alquimista inédito y anacrónico, se me ocurre que la compañera zapatista no esperaba que el SubMoy le respondiera por qué la mentada flor era la flor que era, sino que captara, como quien dice, la complejidad que en esa flor se anidaba


Tan sólo la pregunta y quien la hacía, ya daba para un seminario completo de historia del zapatismo. No, no los voy a abrumar contándoles una historia que seguro no les interesa. Ustedes ahora, como yo entonces, están más interesados en saber qué le respondió el SubMoy a la compañera.
El SubMoy me contó, con el tono pausado y didáctico que es su modo de por sí, que se dio cuenta de que, detrás de esa pregunta, había no sólo una pregunta, sino una pregunta todavía más grande.


Una pregunta que tenía qué ver con lo que, entonces y ahora, se refiere a los cambios que hay en las comunidades zapatistas.


La compañera jóvena, a diferencia de su madre y de su abuela cuando tenían la misma edad, ha ya rechazado dos propuestas matrimoniales (“acaso estoy pensando en marido”, fue la idéntica respuesta que recibieron los 2 pretendientes que, previamente, se habían vaciado medio frasco de loción y se habían peinado con un gel que les durará siglos); habla con fluidez dos lenguas, la materna y la castilla; sabe leer y escribir con una corrección que ya quisieran estudiantes de licenciatura de cierta universidad nacional; ha cursado la primaria y la secundaria autónomas; se desempeña como promotora de salud y Tercio Compa; maneja sin dificultad la computadora y hasta 3 sistemas operativos distintos (iOS, Windows y Linux), además de cámara y programas de edición de video; y navega con soltura en internet, claro, siempre que el clima atmosférico le permita al enlace satelital de la JBG superar la barrera de upload y download de 0,05 kilobites por segundo, y que el límite contratado no se haya agotado con las denuncias de las comunidades.


Con esos antecedentes, era de esperar que no quedara satisfecha con la respuesta de “la madre tierra, con su infinita sabiduría, ha hecho esa flor así como es, porque todo está en armonía con la fuerza universal que emana de la naturaleza” (aquí pueden todos cerrar los ojos, tomarse de las manos y repetir conmigo “ommm, ommmm”).


O sería lógico pensar que, cuando su madre, como respuesta a la pregunta, la hubiera mandado por agua o por leña, la jóvena fuera por las susodichas sin rezongar, pero rumiando la pregunta en el camino de 4 kilómetros a por la leña, o de 2 km a por el agua.


Claro, si les digo que la jóvena zapatista de la pregunta se llama “Azucena”, o “Camelia”, o “Dalia”, o “Jazmín”, o “Violeta”, o, claro, “Flor”, ustedes van a pensar si no son ya suficientes las obviedades absurdas como para seguir lloviendo sobre mojado, así que no, no tiene ninguno de esos nombres. Y no les diré la verdad, a saber, que la compañera se llama Rosita, su mamá se llama Rosa y su abuela se llama Rosalía. Imaginen el horror si la compañera tiene una cría hembra, seguro le va a poner de nombre “Rositía”.


Bueno, el asunto es que, cuando unos días después, el SubMoy me dijo que teníamos que pensar en cómo contactar a los científicos, yo puse la misma cara de extrañeza que pusieron ustedes cuando vieron el título de esta participación. Por supuesto que el SubMoy no se dio por aludido, así que me obligó a preguntarle: “¿y eso por qué, o a qué viene?”


El SupMoy encendió un cigarrillo y me respondió lacónico: “La culpa es de la flor”.


Yo, claro, a mi vez encendí la pipa y quedé callado, pero puse cara de “ah, ¿te cae?”. Nah, no es cierto, puse cara de “¡¿What?!”. Nah, tampoco es cierto. Pero de algo puse cara, porque no traía pasamontañas y el SubMoy se río y me explicó lo que antes les he referido.


El contexto, como quien dice, de la pregunta, y la respuesta, es lo que el SubMoy les platicará mañana.


Así que si a ustedes, científicas y científicos, cuando ya estén de regreso en sus mundos, alguien les pregunta por qué se realizó este encuentro, o a qué vinieron, o de qué se trató, o cómo les fue, pueden ustedes iniciar su larga o corta respuesta así:


“La culpa es de la flor”.


Muchas gracias.


Desde el CIDECI-Unitierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, Latinoamérica, planeta Tierra, Sistema Solar, etc.
SupGaleano.
27 de diciembre del 2016.


Del Cuaderno de Apuntes del Gato-Perro:


Defensa Zapatista, el arte y la ciencia.


No se ha podido esclarecer bien a bien la razón. Unos dicen que fue una apuesta. Otros que el Pedrito se pasó de rosca y así le fue. Algunos señalan que sólo era una práctica. Los menos, hablan de un partido de fútbol en toda su forma, decidiéndose en los últimos segundos cuando el árbitro, el SupMoisés, decretó la pena máxima.


El caso, o cosa, según, es que la niña Defensa Zapatista está a unos metros del manchón de penal, donde un balón deshilachado espera.
En la portería, el Pedrito balancea sus brazos como el portero que fue de lo que fue la selección de fútbol de lo que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas: Lev Yashin, “la araña negra”. Pedrito sonríe socarrón, pues según él, puede predecir a dónde dirigirá su disparo la niña: “Defensa Zapatista es perfectamente predecible. Como acaba de regresar de la plática de mensajeras, seguro que tirará abajo y a la izquierda”
Por su parte la niña, que apenas levanta poco más de un metro del suelo, voltea a mirar hacia uno de los costados de la cancha (en realidad es un potrero en el que irrumpen, impertinentes, vacas con becerros, además de un caballo tuerto).


En ese costado se pueden ver: un extraño ser, mitad perro y mitad gato, meneando alegre la cola; y a dos individuos que, si no fueran éstas tierras zapatistas, se podría decir que desentonaban totalmente con el paisaje. El uno, de complexión mediana, cabello canoso y corto, portando una especie de gabardina. El otro, flaco, alto y desgarbado, con un elegante gabán y un sombrero ridículo en la cabeza.


La niña va hacia el extraño grupo. El caballo choco se acerca también. Cuando están reunidos, el hombre delgado dibuja extrañas figuras sobre el suelo, mientras la niña mira con atención y asiente cada tanto con la cabeza.


La niña Defensa Zapatista regresa al área grande y toma posición. Inicia un trote hacia el balón, pero se sigue de largo, sin tocar siquiera el esférico, y se detiene a pocos centímetros del lado derecho de la portería defendida por el Pedrito, que mira receloso a la niña. Defensa Zapatista se ha detenido y, en cuclillas, empieza a escarbar un poco el suelo, de modo de tomar una flor con todo y su raíz. Con cuidado, la niña lleva la flor en sus manitas, la planta de nuevo lejos de la portería y regresa a la cancha.


El respetable está en vilo, intuyendo que está presenciando uno de esos eventos irrepetibles en la historia del mundo mundial.
El Pedrito, por su parte, está más que confiado. Si tenía alguna duda, Defensa Zapatista ha cometido un grave error: al quitar la flor de donde se encontraba, la niña ha delatado la dirección a la que irá su disparo: abajo y a la izquierda de Pedrito. Claro, se dijo Pedrito, porque las niñas cuidan las flores, entonces Defensa Zapatista no querría que el balón arrancara la flor.


Por si faltara más suspenso, la niña se ha colocado no a distancia del balón y frente a la portería, sino que se coloca justo a un lado de la pelota y dándole la espalda a un Pedrito que ya sonríe imaginando las burlas que le hará a Defensa Zapatista por el penal fallado.


Defensa Zapatista voltea el rostro hacia donde se encuentra el extraño ser llamado Gato-perro, quien empieza a dar brinquitos, girando sobre sí mismo, como un monito bailarín. La niña sonríe e inicia un movimiento que dividirá las opiniones durante las próximas décadas:
Unas participantes del CompArte dicen que inició con la primera posición de ballet, levantó y recogió su pierna derecha, y empezó a girar sobre sí misma, en el movimiento que llaman “pirouette en dehors”, con “relevés” y “passés” rotados. “Fue impecable”, añadieron.


El finado SupMarcos dijo que lo que había ejecutado Defensa Zapatista no era otra cosa que la Ushiro Mawashi Geri Ashi Mawatte, el movimiento de artes marciales que se logra poniéndose de espaldas al objetivo, dando un giro de casi 360 grados y culminando con una patada al frente con el talón del pie.


Las insurgentas reunidas en la célula “Como Mujeres que Somos”, por su parte, dijeron que la flor que recogió Defensa Zapatista era del bejuco conocido como “Chenek Caribe”, cuyas flores semejan pollitos o pajaritos y que es con lo que las niñas más pequeñas juegan en las comunidades indígenas de la Selva Lacandona. El “Chenek Caribe” suele florecer en potreros y acahuales, y es un indicador de que la tierra está lista para la siembra de maíz y frijol.


El SupGaleano que, como siempre, está de colado en estos textos, dice que estaba claro que el Pedrito se iba a confundir con lo evidente; que, en efecto, Defensa Zapatista iba a tirar el disparo abajo y la izquierda, pero que Pedrito pensó que a SU abajo y a la izquierda, y el tiro fue abajo y a la izquierda sí, pero desde la perspectiva de la niña.


El Doctor Watson dijo que lo que hizo Defensa Zapatista fue una breve emulación de la danza-meditación Sema de los Derviches de la orden Sufí, tal y como la vio en su estancia en Turquía, y en la que los danzantes giran sobre sí mismos y se desplazan, semejando el movimiento de los planetas en el cosmos.


El detective consultor Sherlock Holmes explica que ni una cosa ni la otra, que lo que hizo la niña fue aplicar la explicación científica que le dio sobre la inercia rotacional de un cuerpo y la aplicación de la fuerza centrífuga sobre el esférico. “Elemental, mi querido Watson” dijo el detective extraviado en las montañas del Sureste Mexicano, “era claro que, dado el peso y la estatura de Defensa Zapatista, había que aumentar lo más posible la fuerza con la que conectará el esférico, de modo de darle al balón la velocidad y aceleración necesarias para recorrer los 11 metros. Claro, las probabilidades de que el disparo tuviera éxito estaban en 50 y 50%. Es decir, el guardameta bien podría moverse al lado contrario, o moverse hacia el lado donde iría el balón, deteniéndolo sin dificultad.”


“¿Y la flor?”, preguntó el Doctor Watson. “Ah”, respondió Sherlock, “eso, mi querido Watson, es aportación de la niña y no se me ocurrió a mí. Es más, me sorprendió tanto como al parecer sorprendió al niño que resguardaba el marco. Con eso que hizo, aumentó las probabilidades de que el portero se moviera hacia la dirección donde se encontraba la flor. Fue algo que, es claro, no tenía qué ver con la ciencia, ni con el arte. Si me permite Doctor Watson, fue como si ella hubiera logrado sintetizar ambas cosas. Muy interesante, mi querido Watson, muy interesante.”


Después de la algarabía, los Tercio Compas entrevistaron al Pedrito. Cuestionado sobre la causa del gol recibido, el Pedrito respondió lacónico:
“La culpa es de la flor”.


Doy fe.


Guau-miau

 

27 de diciembre del 2016.

Miércoles, 19 Octubre 2016 06:25

Dos modos, dos temperamentos

Dos modos, dos temperamentos

Se necesita mucho valor y coraje para participar en la historia. Que, en realidad, no es un concepto, una categoría o una idea. Sino, mucho mejor, una fuerza poderosa, una fuerza ciega, como todas las fuerzas.



Hay quienes participan de la historia, y hay quienes se abstienen de hacerlo. Los primeros, sensibles, se ven arrastrados, por el vaivén de los acontecimientos, y crean las dinámicas o contribuyen al ritmo y al momento de las mismas. Los segundos prefieren cultivar su propio jardín y cuidar de sus asuntos como si el mundo dependiera de ellos. Aquellos comprenden el momento de la historia y entienden que pueden ser agentes de los grandes giros posibles en ella. Estos se sienten impotentes ante la historia y el destino, y vestidos de escepticismo se dicen que en el fondo las cosas nunca cambian y todo es lo mismo.


Sentir que existe algo más grande que sí mismos, sabiendo que los nombres pueden cambiar y las formas mismas también varían. O bien, en caso contrario, apegarse a las pequeñas cosas —sí: las pequeñas causas— y creer que ellas marcan el sentido y el significado definitivos. En realidad, dos modos trágicos de la existencia. Uno trágico por la actividad y la hybris de la praxis. Y el otro trágico por la pasividad, el alejamiento y la permisividad ante los acontecimientos.


Todas las épocas y todos los espacios conocen estos dos temperamentos. Mientras que unos cambian el mundo, los otros lo conservan. Parece ser una constante, pero en verdad es tan sólo la apariencia. Pues lo verdaderamente determinante no son sus formas y expresiones, sino el resultado final: que es haber cambiado la historia o haber contribuido a que las cosas siguieran siendo las mismas.


Los casos, los nombres, los ejemplos y las expresiones se pueden ilustrar a granel en la historia y en la geografía universales.


A nivel biográfico, existen sacrificios de lado y lado. Puede ser el sacrificio justamente de haber relegado la cotidianeidad y otras felicidades del día a día bajo el peso y los compromisos con las grandes acciones que, siempre, sobrevienen. O también puede ser el sacrificio de no haber intentado nada y haber nacido y muerto en el anonimato, que es la forma más fría de todas las muertes.


Pero nunca valen las justificaciones que se aportan a posteriori, una vez que las cosas han desembocado de una u otra manera. Esas justificaciones ex–post siempre llevan en los labios el sabor de la derrota. En nuestra época las acciones humanas no se juzgan ex–ante, esto es, por las intenciones, y tampoco necesariamente se juzga en la acción misma. Ante todo, el juicio recae, con todo su peso, sobre las consecuencias. (En el momento tan sólo le interesa al derecho y a las fuerzas de Policía). (Por el contrario, el juicio sobre las consecuencias abre de par en par las puertas a la historia).


Hay quienes quieren ser sujetos de la historia y, en ocasiones, sin saber muy bien, sentir que toman el destino en sus propias manos. De otra parte, hay también quienes conocen la impotencia, la pasividad y el cansancio, y se dicen que, al final del día, lo que importa es la paz de la propia conciencia y de la pequeña existencia.


Ahora bien, no es que el tejido social y el tejido histórico esté conformado por estas dos clases de hebras. Jamás se está demasiado cerca ni tampoco demasiado lejos de las llamas del fuego. Nunca somos lo suficientemente ángeles pero tampoco lo suficientemente demonios para simplificar las cosas. Sencillamente vemos en un caso el caudal de las aguas, y participamos en la riada, sabiendo que un rápido dos nos espera a la vuelta o un rápido tres se nos viene encima. Y en el otro caso, se ven venir las cosas encima, pero se actúa como pretendiendo no darse cuenta de las cosas. Por las razones que sea.


Una cosa es segura. Se necesita mucho valor y coraje para participar en la historia. Que, en realidad, no es un concepto, una categoría o una idea. Sino, mucho mejor, una fuerza poderosa, una fuerza ciega, como todas las fuerzas. Nuestra vida se nos va tratando de hacerla comprensible e inteligible, pero no siempre lo logramos. ¿No era Marx quien hablaba de la historia como de una locomotora o un tren con velocidad creciente? Mucho valor y coraje, un tris de sana insensatez, hace que se le dé colorido y sabor justamente a la existencia.


Mantenerse al margen de la corriente de las cosas es fácil y no requiere esfuerzo alguno. Basta con el balcón de la casa, o la ventana de la habitación, pero como en realidad sucede siempre, basta, en realidad, con entreabrir o entrecorrer la cortina o la persiana. Pues puede no resultar conveniente que nos vean viendo a quienes pasan activando los momentos que componen a la historia. Para estos, siempre existen entresijos.


Pero hay un rasgo singular que sí permite distinguir a los dos modos, a los dos temperamentos. En un caso, unos van siempre cogidos de la mano o abrazados, o sencillamente acompañándose con las miradas, pero siempre van cantando canciones, como quien le canta a la vida. Las consignas, en ocasiones, son pequeños versos de canciones que alguien más está escribiendo. En contraste, quienes se marginan habitualmente bajan la voz y temen ser escuchados o ser vistos en conjunto con otros. Como si estuvieran traicionando esa que es la alegría de vivir, aunque a veces no sepamos muy bien lo que es la vida.


No existen planes, programas o estrategias para la vida. Cada quien la va construyendo, como puede, como una especie de bricolaje. Aunque hay quienes creen que todo tiene que estar sujeto a un plan estrictamente trazado por fuera del cual no puede haber libreto. Estos creen que allá, en el trasfondo o en la tras–escena hay alguien que ha escrito el guión y dirige los hilos del movimiento. Es fácil y confortable creer esto.


La historia no es otra cosa que la vida vivida de manera conjunta y mancomunada. Lo demás son las pequeñas historias de cada quien, los relatos y las pequeñas anécdotas. Las pequeñas alegrías y las pequeñas tragedias.


La vida misma, al fin y al cabo, es también una fuerza. Decían los antiguos: “Alegra a los dioses aquello que alegra a los humanos, y entristece a los dioses aquello que entristece a los humanos”. Esta no es sino otra manera de decir que incluso los dioses participan de una u otra manera, en función de los temperamentos. Y unos se revelan como dioses tristes, pero existen también, y sobre todo, los dioses alegres. Eso: son los hombres quienes los alegran con sus compromisos y sus acciones.

Publicado enSociedad
Viernes, 26 Septiembre 2014 05:35

Freud y sus críticos a 75 años

Freud y sus críticos a 75 años

Wittgenstein, Derrida, Foucault, Ricoeur grandes lectores de Freud resultan a 75 años de su muerte severos críticos del sicoanálisis desde la filosofía. Entre Freud y Wittgenstein existe un acento común. La obra de ambos produjo un efecto subversivo sobre el saber. La obra de los dos tiene como esencia un quehacer analítico. La piedra angular para Freud fue el desciframiento del inconsciente, para Wittgenstein los juegos del lenguaje. Los dos pertenecieron al universo cultural vienés. En lo formal, no hubo un encuentro entre la obra de estos dos talentos, pero existe una interesante y fecunda confrontación. Como dice Assoun: "Más allá de ese encuentro frustrado, la confrontación de los 'entendimientos' ya no puede aplazarse sin que se transforme en denegación filosófica". Esta confrontación teórica, dada la riqueza de las obras, merece una tarea de exégesis, permitiendo la creación de un espacio donde el fundador del sicoanálisis y el filósofo de los juegos del lenguaje puedan entablar un diálogo con los lectores de sus obras.


En el texto de Wittgenstein, Conversaciones sobre Freud, quien según sus propias palabras se consideraba discípulo de Freud, establece una confrontación basada, en cierta medida, en la temática de una actitud crítica: a partir de la lógica del asentamiento sicoanalítico. Wittgenstein inaugura un camino, después seguido por Derrida, de una crítica y un rexamen de la teoría freudiana de la interpretación (a través de la vía regia de acceso al inconsciente: El proyecto de una psicología para neurólogos, la carta 52 en puente con La interpretación de los sueños) que se convierte en una interesante crítica epistemológica del modo de pensar y racionalidad analíticas.


En realidad, la obra de ambos instaura una apertura al pensamiento contemporáneo para repensar el inconsciente y el lenguaje, la racionalidad y la ética e incluso el malestar en la cultura. Se abre también con ello la interrogación sobre el saber y el estatuto del sujeto. La confrontación Wittgenstein-Freud, fecunda y exegética por naturaleza no sólo representa el encuentro de dos formas de pensamiento sino el diálogo posible entre la filosofía y el sicoanálisis.


Dicho así aparece como evidencia que no necesita consideraciones y, por tanto, no justificaría tantas disquisiciones. Sin embargo esa evidencia no resulta tan evidente... Hay filósofos que no se privan de disertar sobre el sicoanálisis y de hacerle observaciones y objeciones que no deberían dejar indiferentes a los sicoanalistas. Por su parte, los hallazgos del sicoanálisis no deberían carecer de consecuencias sobre las elaboraciones de filósofos y no dejarían de imponer, si son válidos, ciertos límites al despliegue de las concepciones filosóficas.

A los sicoanalistas nos interesa leer la obra de los filósofos que objeten y critiquen con seriedad y fundamento al sicoanálisis. De ahí el particular interés que despiertan las obras de Wittgenstein y Derrida en algunos de nosotros. Con Wittgenstein el cuestionamiento atraviesa por el asunto de la cuestión asentimiento en sicoanálisis, mientras con Derrida la disertación se focaliza en el problema de la resistencia al sicoanálisis y la resistencia del sicoanálisis.


En este diálogo continuo con el episteme, el sicoanálisis puede ubicarse en la categoría de "una práctica y un saber que pueden sostener su pertinencia y su racionalidad sin apelar al dominio de la creencia y que, más aún, pueden dar cuenta de la cuestión de la 'creencia' como una dimensión de la subjetividad y como un aspecto que está en juego en el devenir mismo de la experiencia analítica, como algo que el mismo sicoanálisis permitirá destituir en su culminación en el fin de un análisis cuando sobre su ruina se instituya el sujeto".

Publicado enCultura
Jueves, 22 Mayo 2014 08:43

Dos por dos

 Dos por dos

La sociedad colombiana asiste a una campaña electoral que no logra despertar más que bostezos. La pobreza y similitud programática de los principales candidatos recuerda que la crisis de la política tradicional, en la era del neoliberalismo, es universal, y entre nosotros no podría ser distinto. Gobiernan para sus intereses y por tanto no tienen que esforzarse en imaginar nada. Simplemente copian los recetarios de las agencias internacionales.

 

Pese a esto, hay disputas, diferencias, matices, que permiten la fuga de información y el develamiento de verdades. Una de ellas, que todos estamos espiados. Vivimos en una sociedad vigilada y controlada, no hay duda, ello sucede en el nivel global y Colombia no es la excepción de la regla. Así lo evidenció el caso Andrómeda, agencia de inteligencia del ejército colombiano, puesta al descubierto en febrero pasado, y ahora lo ratifica el 'control de redes' realizado por el 'asesor informático' (¡qué tal el eufemismo!) de la campaña de Óscar Iván Zuluaga, cuyos seguimientos incluían hasta al presidente Santos.

 

No es un hecho cualquiera, pero tampoco es novedad sino una reafirmación: entramos en una nueva fase de guerra preventiva y control social donde el Estado prosigue su deformación como monstruo todopoderoso al que las tecnologías desarrolladas en las últimas décadas le permiten desmanes de todo tamaño. En la supuesta acción preventiva que despliega, el espionaje asume nuevos ribetes y posibilidades, y en el control del territorio llega la ciberguerra.

 

Ya lo habían develado Snowden y Assange, cuyas revelaciones sobre la capacidad tecnológica y las andanzas de la NSA dejaron al descubierto que el derecho a la privacidad llegó a su fin, y que el control de todos los ciudadanos del mundo es una realidad que se puede traducir en muerte o violación de cualquier derecho humano cuando así lo decida este superpoderoso organismo de espionaje de los Estados Unidos. Los agentes secretos, las máquinas de vuelo automático e inteligencia artificial, y otras tecnologías aplicadas a diversas herramientas de guerra, manejadas y teledirigidas por 'personal profesional', hacen lo demás.

 

En Colombia son conocidas tales aplicaciones, facilitadas por la estrecha relación que las fuerzas armadas oficiales mantienen desde décadas atrás con sus pares de Estados Unidos, traducida en la transferencia de ciertos métodos, prácticas, técnicas y tecnologías. La última fase de esta transferencia, de manera abultada, ocurrió bajo el paraguas del Plan Colombia. El caso Raúl Reyes, más otros ataques dirigidos vía satelital contra la insurgencia, reafirman lo anotado.

 

Estamos ante esos contundentes como espionaje desbordado, control y seguimiento de la ciudadanía como si fuéramos agentes de un ejército invasor. Lo ocurrido ahora, en plena campaña electoral para la presidencia de la república, reafirma de bulto que las agencias de inteligencia del Estado actúan a mano libre por doquier. Ahora, con un nuevo expediente: retoman el peligroso esquema de los contratistas privados, en este caso mercenarios de la ciberguerra dispuestos a concretar las tercerizadas tareas ilegales de la inteligencia militar y política.

 

Y los efectos pesan. En el afán de controlar el poder desprendido de la máquina estatal, el acumulado de inteligencia sirvió para presionar la renuncia de J.J. Rendón, asesor de la campaña de Juan Manuel Santos, y con él la de Germán Chica, integrante de la primera contienda de Santos, exalto Consejero presidencial de Asuntos Políticos y exintegrante de la Fundación Buen Gobierno, actuando, según la contraparte, como mensajeros de la mafia y los paramilitares.

 

El golpe fue directo y sin miramientos, tratando de descuadernar la campaña del presidente-candidato. La información que produjo este resultado le recordó a todo el país que la relación de la oligarquía con las mafias del narcotráfico es histórica y estas no están dispuestas a romperla, utilizándola para financiar campañas electorales y para multiplicar patrimonios familiares de históricos del poder o de recién llegados. Los millones de dólares no solamente ofrecidos sino entregados –según sus mismos donantes, Combas y demás– también recuerdan que la democracia colombiana está degradada en todos sus ribetes, y que la acción electoral sigue controlada por quien más tiene y más compra: "democracia del billete", provenga de donde provenga el corruptor de las 'mejores mentes'.

 

Inteligencia, guerra y diálogos de paz

 

La inteligencia es acumulada, seleccionada, procesada y utilizada cuando lo consideran necesario. No pasaron muchas horas, y aún mareada la campaña reeleccionista, cuando mostró para qué sirve el Estado y cómo se utilizan sus instituciones: develaron que uno de los supuestos 'técnicos' en redes sociales, asesor en la campaña del candidato Óscar Iván Zuluaga, era un espía. Al allanar su sede encontraron información diversa: sobre la Policía, los desmovilizados de las farc, periodistas, así como reportes de comunicaciones de personas vinculadas de manera directa con los diálogos de La Habana, y parece que mucho más. El responsable de todo este manejo, Andrés Fernando Sepúlveda, y con él su jefe, el principal asesor de Zuluaga, Luis Alfonso Hoyos, cayeron en desgracia. Golpe por golpe.

 

A la denuncia le siguió la propaganda, sobre todo en este último caso, que logró el eco de las grandes cadenas de comunicación, tomado como bandera por parte de la campaña cuasiestatal para despertar miedos sobre una posible interrupción de los diálogos de La Habana, en caso de triunfar el candidato en cuerpo ajeno, es decir, buscando despertar temor en la sociedad y lograr la movilización del voto útil. En esta, hasta la Fiscalía misma sirve como parlante de los propósitos santistas. ¿Un Estado de bolsillo? Y las farc, como en el 82 con Belisario Betancur, y en el 98 con Andrés Pastrana, terminan actuando –pero también utilizadas– como el factor fundamental de la campaña.

 

Las reacciones van y vienen. Las dos campañas electorales quedan enfrascadas en un mar de denuncias que reflejan la mediocridad de la política oficial colombiana, en la cual los debates programáticos brillan por su ausencia e inexistencia, con el ridículo ejemplo de la negativa a concitar un debate nacional televisado entre los candidatos, recordándole al país que cualquiera que llegue a la Presidencia no variará significativamente el libreto. Sí, habrá matices, pero lo sustancial será idéntico, incluida la negociación de paz, la cual ya hace parte de una política de alto gobierno que no se podrá romper, aunque ello no niegue que en el manejo de la Mesa, en los tiempos y ritmos, sí brillarán particularidades, sobre todo intentando sacarle el mejor provecho a la negociación, es decir, buscando someter al contrario. La guerra sigue: esta es parte de la metodología impuesta por el actual gobierno en los diálogos en curso, desplegando todos los días en su potenciación lo mejor de la tecnología cibernética y el control de comunicaciones de punta, y con ellas las redes sociales, bajo seguimiento constante de las agencias oficiales o de mercenarios, como ahora surge a la luz pública.

 

De parte de los otros candidatos, sólo silencio y estupor, sin capacidad para romper el libreto impuesto, quedando como fichas de negociación para la anunciada segunda vuelta.

Publicado enColombia
Miércoles, 21 Mayo 2014 10:24

Dos por dos

La sociedad colombiana asiste a una campaña electoral que no logra despertar más que bostezos. La pobreza y similitud programática de los principales candidatos recuerda que la crisis de la política tradicional, en la era del neoliberalismo, es universal, y entre nosotros no podría ser distinto. Gobiernan para sus intereses y por tanto no tienen que esforzarse en imaginar nada. Simplemente copian los recetarios de las agencias internacionales.

 

Pese a esto, hay disputas, diferencias, matices, que permiten la fuga de información y el develamiento de verdades. Una de ellas, que todos estamos espiados. Vivimos en una sociedad vigilada y controlada, no hay duda, ello sucede en el nivel global y Colombia no es la excepción de la regla. Así lo evidenció el caso Andrómeda, agencia de inteligencia del ejército colombiano, puesta al descubierto en febrero pasado, y ahora lo ratifica el 'control de redes' realizado por el 'asesor informático' (¡qué tal el eufemismo!) de la campaña de Óscar Iván Zuluaga, cuyos seguimientos incluían hasta al presidente Santos.

 

No es un hecho cualquiera, pero tampoco es novedad sino una reafirmación: entramos en una nueva fase de guerra preventiva y control social donde el Estado prosigue su deformación como monstruo todopoderoso al que las tecnologías desarrolladas en las últimas décadas le permiten desmanes de todo tamaño. En la supuesta acción preventiva que despliega, el espionaje asume nuevos ribetes y posibilidades, y en el control del territorio llega la ciberguerra.

 

Ya lo habían develado Snowden y Assange, cuyas revelaciones sobre la capacidad tecnológica y las andanzas de la NSA dejaron al descubierto que el derecho a la privacidad llegó a su fin, y que el control de todos los ciudadanos del mundo es una realidad que se puede traducir en muerte o violación de cualquier derecho humano cuando así lo decida este superpoderoso organismo de espionaje de los Estados Unidos. Los agentes secretos, las máquinas de vuelo automático e inteligencia artificial, y otras tecnologías aplicadas a diversas herramientas de guerra, manejadas y teledirigidas por 'personal profesional', hacen lo demás.

 

En Colombia son conocidas tales aplicaciones, facilitadas por la estrecha relación que las fuerzas armadas oficiales mantienen desde décadas atrás con sus pares de Estados Unidos, traducida en la transferencia de ciertos métodos, prácticas, técnicas y tecnologías. La última fase de esta transferencia, de manera abultada, ocurrió bajo el paraguas del Plan Colombia. El caso Raúl Reyes, más otros ataques dirigidos vía satelital contra la insurgencia, reafirman lo anotado.

 

Estamos ante esos contundentes como espionaje desbordado, control y seguimiento de la ciudadanía como si fuéramos agentes de un ejército invasor. Lo ocurrido ahora, en plena campaña electoral para la presidencia de la república, reafirma de bulto que las agencias de inteligencia del Estado actúan a mano libre por doquier. Ahora, con un nuevo expediente: retoman el peligroso esquema de los contratistas privados, en este caso mercenarios de la ciberguerra dispuestos a concretar las tercerizadas tareas ilegales de la inteligencia militar y política.

 

Y los efectos pesan. En el afán de controlar el poder desprendido de la máquina estatal, el acumulado de inteligencia sirvió para presionar la renuncia de J.J. Rendón, asesor de la campaña de Juan Manuel Santos, y con él la de Germán Chica, integrante de la primera contienda de Santos, exalto Consejero presidencial de Asuntos Políticos y exintegrante de la Fundación Buen Gobierno, actuando, según la contraparte, como mensajeros de la mafia y los paramilitares.

 

El golpe fue directo y sin miramientos, tratando de descuadernar la campaña del presidente-candidato. La información que produjo este resultado le recordó a todo el país que la relación de la oligarquía con las mafias del narcotráfico es histórica y estas no están dispuestas a romperla, utilizándola para financiar campañas electorales y para multiplicar patrimonios familiares de históricos del poder o de recién llegados. Los millones de dólares no solamente ofrecidos sino entregados –según sus mismos donantes, Combas y demás– también recuerdan que la democracia colombiana está degradada en todos sus ribetes, y que la acción electoral sigue controlada por quien más tiene y más compra: "democracia del billete", provenga de donde provenga el corruptor de las 'mejores mentes'.

 

Inteligencia, guerra y diálogos de paz

 

La inteligencia es acumulada, seleccionada, procesada y utilizada cuando lo consideran necesario. No pasaron muchas horas, y aún mareada la campaña reeleccionista, cuando mostró para qué sirve el Estado y cómo se utilizan sus instituciones: develaron que uno de los supuestos 'técnicos' en redes sociales, asesor en la campaña del candidato Óscar Iván Zuluaga, era un espía. Al allanar su sede encontraron información diversa: sobre la Policía, los desmovilizados de las farc, periodistas, así como reportes de comunicaciones de personas vinculadas de manera directa con los diálogos de La Habana, y parece que mucho más. El responsable de todo este manejo, Andrés Fernando Sepúlveda, y con él su jefe, el principal asesor de Zuluaga, Luis Alfonso Hoyos, cayeron en desgracia. Golpe por golpe.

 

A la denuncia le siguió la propaganda, sobre todo en este último caso, que logró el eco de las grandes cadenas de comunicación, tomado como bandera por parte de la campaña cuasiestatal para despertar miedos sobre una posible interrupción de los diálogos de La Habana, en caso de triunfar el candidato en cuerpo ajeno, es decir, buscando despertar temor en la sociedad y lograr la movilización del voto útil. En esta, hasta la Fiscalía misma sirve como parlante de los propósitos santistas. ¿Un Estado de bolsillo? Y las farc, como en el 82 con Belisario Betancur, y en el 98 con Andrés Pastrana, terminan actuando –pero también utilizadas– como el factor fundamental de la campaña.

 

Las reacciones van y vienen. Las dos campañas electorales quedan enfrascadas en un mar de denuncias que reflejan la mediocridad de la política oficial colombiana, en la cual los debates programáticos brillan por su ausencia e inexistencia, con el ridículo ejemplo de la negativa a concitar un debate nacional televisado entre los candidatos, recordándole al país que cualquiera que llegue a la Presidencia no variará significativamente el libreto. Sí, habrá matices, pero lo sustancial será idéntico, incluida la negociación de paz, la cual ya hace parte de una política de alto gobierno que no se podrá romper, aunque ello no niegue que en el manejo de la Mesa, en los tiempos y ritmos, sí brillarán particularidades, sobre todo intentando sacarle el mejor provecho a la negociación, es decir, buscando someter al contrario. La guerra sigue: esta es parte de la metodología impuesta por el actual gobierno en los diálogos en curso, desplegando todos los días en su potenciación lo mejor de la tecnología cibernética y el control de comunicaciones de punta, y con ellas las redes sociales, bajo seguimiento constante de las agencias oficiales o de mercenarios, como ahora surge a la luz pública.

 

De parte de los otros candidatos, sólo silencio y estupor, sin capacidad para romper el libreto impuesto, quedando como fichas de negociación para la anunciada segunda vuelta.

Publicado enEdición Nº202
Con la peor asistencia en sus 19 años de historia

La poca asistencia de público al reciente Festival de Rock al Parque en Bogotá, por la carencia de grupos que representen y sintonicen el actual ambiente roquero de la ciudad, el país y la región, fueron los elementos que se destacaron en el cierre de la XIX versión del festival.


Las jornadas

 

El primer día fue a cargo del metal. La mitad del espacio destinado para el festival, al interior del parque Simón Bolívar, sobresalió por una mancha negra. En ese escenario, grupos como Symphony X, Havok, Ikarus falling, Vitaimana, Masacre y el gran cierre de Cannibal Corpse, dieron un gran muestra de lo que es este género musical. Se vivió y se sintió el pogo con sonidos eufóricos de guitarras y baterías que retumbaron la noche en la ciudad bogotana. Los amantes del metal salieron satisfechos.

 

Para el segundo día, la falta de información y la poca publicidad sobre las bandas que participaron propiciaron la poca asistencia. Varios grupos capitalinos –como la Real Academia del Sonido, Alto Grado, Banbarabanda, La Mercosur–, hicieron saltar y cantar a los espectadores. Los grupos internacionales debieron cerrar el festival, el rock and roll de Rebel Cats, que entonó la noche con temas clásicos de Chuck Berry, el excelente show de Dubioza Kolektiv, que estremeció a todo el público con su energía y variedad de instrumentos, y el gran cierre de la legendaria banda neoyorquina Living Colour, con sus sonidos de guitarra heavy metal que lamentablemente no tuvo el favor del gran público que no los conocía.

 

Para el tercer día, los espectadores demostraron su opinión con la ausencia. Para los asistentes se convirtió en consigna la frase "Los grupos no dan la talla para estar en el gran día del cierre", así que la banda bogotana Pornomotora se echó a la espalda la tarea de aglutinar a las pocas personas que asistieron, creando la ilusión de llenar la plaza, pero no había público para hacerlo.

 

El turno después fue para Illya Kuryaki & The Valderrama, su gran show emocionó a los asistentes con sus canciones más reconocidas como "Ula ula", "Abarajame", "Coolo", pero el poco público sentenciaba el final de esta presentación.

 

La deuda es grande. Para el próximo año, cuando se cumplan la versión XX del festival gratuito de rock más grande de Latinoamérica, los organizadores tienen el reto de disculparse luciéndose, ante los amantes de este género musical, presentando artistas de reconocimiento mundial.

 

Publicado enEdición N°193
Medio siglo después de que el abogado inglés Peter Benenson publicara en The Observer el artículo The Forgotten Prisioners [Los presos olvidados] para denunciar el encarcelamiento en Portugal de dos estudiantes que habían brindado por la libertad, cientos de personas volvieron a brindar ayer simbólicamente por la liberación de todos los presos de conciencia. Aquel artículo supuso la fundación de Amnistía Internacional (AI), que ayer cumplió 50 años, y quienes brindaron son los dirigentes de una ONG que se ha convertido en un gigante de tres millones de socios y simpatizantes.

"En 1961, sólo nueve países habían abolido la pena de muerte. Hoy, 139 han renunciado a la penal capital. Tener verdugos en los Presupuestos Generales del Estado era lo normal. Y la tortura no fue ilegalizada en todo el mundo hasta 1984", resumió ayer el director de AI en España, Esteban Beltrán.

Para evitar la autocomplacencia, el 50 aniversario fue aprovechado por la ONG para poner en valor lo alcanzado y lo pendiente. "Como siempre decimos, nada nos gustaría más que desaparecer. Sería una buena señal, pero no parece que vaya a ser posible. Desde septiembre de 2001 hasta noviembre de 2008 se pusieron en peligro muchas de las metas alcanzadas. La guerra contra el terrorismo legalizó la tortura en un país democrático como fue EE UU en Guantánamo", añadió Beltrán.
La tortura es uno de los campos de batalla de la secciónespañola de AI. "En las leyes españolas perviven elementos como la detención incomunicada, que dan pie a que se puedan producir abusos sobre los arrestados. Además, los autores tienen sensación de impunidad porque los juicios llegan tarde y las penas son leves o van acompañadas de un indulto. Por ello aún se dan casos puntuales", reflexionó al respecto el presidente de AI España, Alfonso López.
La mirada de AI llegó a España en 1975, coincidiendo con la aprobación en la ONU de la Declaración contra la Tortura. En julio de ese año se produjo la primera visita de investigación a España de un equipo de AI. Tres años después nació AI España. En 1979, la sede española de la ONG en Madrid recibió el impacto de una bomba incen-diaria.

Ese fue el recibimiento que la derecha dio al reclamo de derechos humanos. Algo tristemente habitual en la época. La Asociación Pro Derechos Humanos de España, fundada entre otros por el magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín, también recibió una bomba en su sede.
63.000 miembros
Desde entonces han pasado 30 años de lucha por las libertades en España donde la ONG cuenta con 63.000 miembros. La última campaña en marcha en España ha sido la que lleva por lema "Exige dignidad", que conllevó la presentación del primer informe sobre justiciabilidad de los derechos económicos, sociales y culturales en España. "El acceso a la salud y la vivienda es un derecho que no puede ser reclamado ante un juez", denunció Beltrán al respecto.

Otra de las banderas actuales que AI ha enarbolado en España ha sido la de la recuperación de la memoria histórica. "Todas las víctimas tienen derecho a que se conozca la verdad y a que se haga justicia, también las de la Guerra Civil y el franquismo. En esto, la Ley [de la Memoria Histórica de diciembre de 2007] se ha quedado corta", lamentó el presidente de AI España.
Publicado enInternacional
Siglos de guerras, de enfrentamientos, de luchas entre pueblos y de conflictos de clase nos están dejando una amarga lección. Este método primario y reduccionista no nos ha hecho más humanos, ni nos aproxima más unos a otros, ni mucho menos nos ha traído la tan ansiada paz. Vivimos en permanente estado de sitio y llenos de miedo. Hemos alcanzado un estadio histórico que, en palabras de la Carta de la Tierra, "nos convoca a un nuevo comienzo". Esto requiere una pedagogía, fundada en una nueva conciencia y en una visión incluyente de los problemas económicos, sociales, culturales y espirituales que nos desafían.

Esta nueva conciencia, fruto de la mundialización, de las ciencias de la Tierra y de la vida y también de la ecología nos está mostrando un camino a seguir: entender que todas las cosas son interdependientes y que ni siquiera las oposiciones están fuera de un todo dinámico y abierto. Por esto, no cabe separar sino integrar, incluir en vez de excluir; reconocer, sí, las diferencias, pero buscar también las convergencias, y en lugar del gana-pierde, buscar el gana-gana.

Tal perspectiva holística está influenciando los procesos educativos. Tenemos un maestro inolvidable, Paulo Freire, que nos enseñó la dialéctica de la inclusión y a poner "y" donde antes poníamos "o". Debemos aprender a decir «sí» a todo lo que nos hace crecer, en lo pequeño y en lo grande.

Fray Clodovis Boff acumuló mucha experiencia trabajando con los pobres en Acre y en Río de Janeiro. En la línea de Paulo Freire nos entregó un librito que se ha convertido en un clásico: Cómo trabajar con el pueblo. Y ahora, ante los desafíos de la nueva situación del mundo, ha elaborado un pequeño decálogo de lo que podría ser una pedagogía renovada. Vale la pena transcribirlo y considerarlo, pues puede ayudarnos, y mucho.

"1. Sí al proceso de concienciación, al despertar de la conciencia crítica y al uso de la razón analítica (cabeza). Pero sí también a la razón sensible (corazón) donde se enraízan los valores y de donde se alimentan el imaginario y todas las utopías.

2. Sí al ‘sujeto colectivo’ o social, al ‘nosotros’ creador de historia (‘nadie libera a nadie, nos liberamos juntos’). Pero sí también a la subjetividad de cada uno, al ‘yo biográfico’, al ‘sujeto individual’ con sus referencias y sueños.

3. Sí a la ‘praxis política’, transformadora de las estructuras y generadora de nuevas relaciones sociales, de un nuevo ‘sistema’. Y sí también a la ‘práctica cultural’ (simbólica, artística y religiosa), ‘transfiguradora’ del mundo y creadora de nuevos sentidos o, simplemente, de un nuevo ‘mundo vital’.

4. Sí a la acción ‘macro’ o societaria (en particular a la ‘acción revolucionaria’), la que actúa sobre las estructuras. Pero sí también a la acción ‘micro’, local y comunitaria (‘revolución molecular’) como base y punto de partida del proceso estructural.

5. Sí a la articulación de las fuerzas sociales en forma de ‘estructuras unificadoras’ y centralizadas. Pero sí también a la articulación en ‘red’, en la cual por una acción descentralizada, cada nudo se vuelve centro de creación, de iniciativas y de intervenciones.

6. Sí a la ‘crítica’ de los mecanismos de opresión, a la denuncia de las injusticias y al ‘trabajo de lo negativo’. Pero sí también a las propuestas ‘alternativas’, a las acciones positivas que instauran lo ‘nuevo’ y anuncian un futuro diferente.

7. Sí al ‘proyecto histórico’, al ‘programa político’ concreto que apunta hacia una ‘nueva sociedad’. Pero sí también a las ‘utopías’, a los sueños de la ‘fantasía creadora’, a la búsqueda de una vida diferente, en fin, de ‘un mundo nuevo’.

8. Sí a la ‘lucha’, al trabajo, al esfuerzo para progresar, sí a la seriedad del compromiso. Y sí también a la ‘gratuidad’ tal como se manifiesta en el juego, en el tiempo libre, o simplemente, en la alegría de vivir.

9. Sí al ideal de ser ‘ciudadano’, de ser ‘militante’ y ‘luchador’, sí a quien se entrega lleno de entusiasmo y coraje a la causa de la humanización del mundo. Pero también sí a la figura del ‘animador’, del ‘compañero’, del ‘amigo’, en palabras sencillas, sí a quien es rico en humanidad, en libertad y en amor.

10. Sí a una concepción ‘analítica’ y científica de la sociedad y de sus estructuras económicas y políticas. Pero sí también a la visión ‘sistémica’ y ‘holística’ de la realidad, vista como totalidad viva, integrada dialécticamente en sus varias dimensiones: personal, de género, social, ecológica, planetaria, cósmica y trascendente".

Por Leonardo Boff
Adital
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