Internet, una cuestión de Derechos Humanos

"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión" – Artículo 19, Declaración Universal de los Derechos Humanos.


Internet es la herramienta más poderosa conocida para llevar hasta los últimos términos las libertades de información, expresión y opinión (garantes de los demás Derechos Humanos). Es la plataforma que lleva más de 20 años revolucionando nuestro mundo, pero solo desde los últimos tiempos son los ciudadanos los que revolucionan la red. Es el escenario en el que ahora se promueven las luchas sociales y los cambios políticos.


Empezando por el derecho a la información, ya que como expone el relator de la ONU, Frank La Rue, internet es clave para entender los retos de la libertad para buscar, recibir y compartir información. Por ello es vital que se garantice una equidad de acceso a esta red de comunicación, para evitar que sea monopolizado por las élites (como viene siendo desde los principios de la historia).


Los Derechos Humanos son de aplicación internacional. Como internet. Por eso ambos han de ser cuidados para fomentar la democracia y el desarrollo de las sociedades. Como ningún otro medio, internet permite a los individuos informarse, comunicarse y expresarse de forma instantánea y barata a través de las fronteras nacionales. Fomenta el desarrollo económico, social y político, y contribuye al progreso de la humanidad en su conjunto: nos conecta.


Por lo tanto, es fundamental que la red sea un espacio donde los usuarios puedan desarrollar sus labores democráticas sin restricciones. Para ello, es necesario que estos internautas que vigilan al poder gobernante y denuncian sus fallos y abusos cuenten con la privacidad (anonimato) imprescindible para no verse coaccionados por sistemas de espionaje y control que ahora están saliendo a la luz. No puede haber limitaciones con filtros públicos que escondan información ni desconexiones particulares como las que provocan la Ley Sinde (que denuncia, bloquea y persigue a quienes compartan obras públicas online), el proyecto norteamericano de Ley PIPA/SOPA (que dictó los márgenes de la citada ley española), o el caso de la catástrofe de Fukushima (cuando, ante las manipulaciones oficiales, un grupo de hackers destapó la crítica situación radioactiva). Este derecho a la libertad de expresión a través de la red no admite tampoco desconexiones colectivas que anulen la voluntad de expresarse y encontrarse de los ciudadanos, como ocurrió en el Egipto de Mubarak y ocurre en otras regiones donde los conatos de democracia se apagan a través del wifi.


Es justo recordar que la chispa de Mohamed Bouazizi, en Túnez, prendió gracias a una página de Facebook, igual que las manifestaciones egipcias se coordinaron por internet. Esta fue la única plataforma mediante la cual se pudieron denunciar los abusos y represiones del régimen a los manifestantes. Fue también el medio que vertebró las protestas democráticas del 15 de mayo y a través del cual se expandieron, llegando incluso a Londres, París y Wall Street. El mismo papel democratizador cumplió la red en Gezi (Turquía), o en Brasil en junio de 2013.


A raíz de esa oleada de movimientos sociales pro-democracia, la ONU publicó en junio de 2011 su 'Informe sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión´, del propio Frank La Rue. En dicha publicación destaca la afirmación: "Internet es un derecho humano". "Como se desprende de las 'revoluciones de Facebook´ y la subsiguiente agitación en el mundo árabe, internet es una herramienta poderosa y capaz de cambiar".


Esta iniciativa ha tenido eco en unos pocos países y la recogen algunas formaciones políticas. El pasado mes de noviembre Espazo Ecosocialista Galego, partido miembro de Alternativa Galega de Esquerda (AGE), presentaba el Documento-Declaración "Dereitos humanos e principios no ámbito dixital e en internet". Toma como base esta declaración de la ONU y los principios expresados por la Dynamic Coalition on internet Rights and Principles, asociación que defiende los derechos en el entorno online.


Aquí estos son algunos de los primeros pasos de un derecho que en países como Finlandia ya están reconocidos. Desde el 1 de julio de 2010 cada finlandés tiene derecho a una conexión de banda ancha de 1 megabyte por segundo. Las previsiones para el próximo año son de 100 Mb por segundo gracias a la fibra óptica. Además, esta conexión será a un precio accesible. Países como Francia ya han dado al acceso a internet el estatus de derecho básico fundamental, aunque el país nórdico es pionero en incluir el factor velocidad. Suiza hizo algo similar en el 2008 incluyendo la conexión rápida a la red como servicio universal.


Recientemente, en España se ha anunciado una medida legislativa para garantizar que todos los hogares tengan derecho a una conexión de al menos 10Mb/s en 2017, que tres años más tarde debería alcanzar los 30Mb/s. Sin embargo, ¿para qué? A la vez, la nueva Ley de Seguridad Ciudadana criminaliza a quienes apoyen en la red actos de protesta que "puedan acabar" con disturbios.


Además, según el informe de la OCDE de 2012 la conexión de alta velocidad en España está entre las más caras, solo superada por Grecia en la UE. Los españoles pagan de media 4,15 euros por Mb/segundo mientras nuestros vecinos de Francia pagan 1,56€ y en Portugal 1,25€.


Hay países, organismos y corporaciones económicas, políticas y mediáticas que quieren un internet controlado, asegurado como una fuente de datos infinita. Hay movimientos, colectivos y ciudadanos que ven la red como la herramienta de la liberación de ese control perpetuo. La clave del progreso dependerá de qué visión acabe triunfando.


Los medios de comunicación fueron impulsados por las revoluciones de los burgueses del siglo XVIII. Ponían en contacto la información con los ciudadanos, siempre a través de las élites. Así ha sido hasta hace pocos años. Ahora, internet es el medio que nos pone en contacto a través del mundo, el medio donde todo es posible y con mayor accesibilidad de la historia (ya se acabó la edad en que solo los curas sabían leer y escribir; ya pasó la etapa en que solo los dueños de la imprenta decidían qué se podía publicar). Nos toca a nosotros decidir qué queremos hacer con ese medio. El principio es claro: democracia.

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Viernes, 28 Febrero 2014 05:47

La conspiración de leer

La conspiración de leer

La lectura es sensual. Se abre un libro para gozarlo. El primer deber de un libro de ficción es distraer, y aun las lágrimas que se vierten al leer sobre dolores y desventuras son parte de ese mismo gozo. Al tratar de iniciar a alguien en la lectura, lo peor es anteponer entre el lector y el libro algún aburrido propósito pedagógico.


Un libro sólo es capaz de enseñar si primero gusta. Si no hace reír, si no conmueve, toda enseñanza, toda filosofía, se volverán inútiles, pues nadie llega a la última página de un libro fastidioso; y cuando se abandona la lectura al apenas empezar, es como si ese libro nunca hubiera sido escrito para quien llegó a tenerlo entre sus manos. Veamos al libro como una casa de muchas habitaciones, cada una con un decorado diferente. Uno puede asomarse a esas habitaciones a través de sus múltiples ventanas, o entrar a vivir en ellas.


Al hablar de la enseñanza de la literatura, Jorge Luis Borges cita una frase del doctor Johnson, el sabio británico de las letras que vivió en el siglo XVIII: La idea de la lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría hablar de felicidad obligatoria.


No hay felicidad obligatoria, pero la lectura depara felicidad; cuando un libro nos atrapa, y llegamos a un punto en que nos sobrecogen el asombro y la admiración, estos sentimientos se transforman en dicha, una dicha inefable. Es un asunto de libertad de escogencia. No podemos sacar gozo del castigo, y un libro impuesto viene a ser un castigo. Si el relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, déjenlo de lado, agrega el doctor Johnson.

Nadie disfruta de una promesa de aburrimiento. Cuando a un escritor le piden señalar los 10 libros que se llevaría consigo a una isla desierta, generalmente empieza por La Odisea, El Quijote, La Biblia o La Divina Comedia.


Son obras clásicas, y a muchos esa palabra los pone en alerta. Y a los clásicos, por definición se les considera soporíferos. Al contrario. Un clásico es una promesa de dicha que siempre estará allí esperando por nosotros. Siempre tendrá algo nuevo qué contarnos o qué enseñarnos.
Lo importante es que el candidato a lector al que estamos induciendo entre en la lectura con pies ligeros, sin temor a las cargas, y se convenza de que al enfrentarse a un clásico no se hallará con un libro que se le caerá de las manos, la cabeza pesada de sueño.


Entonces, la nostalgia por lo leído nos llevará a emprender dos o tres lecturas más de ese libro, y luego muchas otras, porque se nos habrá vuelto infinito, en el sentido de que siempre estará recomenzando, y esas nuevas lecturas llegaremos a hacerlas ya no en el orden en que están puestos los capítulos, sino entrando por cualquiera de ellos a cualquier habitación, asomándonos por cualquiera de las ventanas.
El mundo de las novelas es divertido y atractivo porque es humano. Las novelas no son sobre periodos de la historia, sobre espacios geográficos, sobre teorías filosóficas ni sobre asuntos religiosos. Tratan sobre seres como nosotros, sus ambiciones, su idealismo, su perversidad, sus heroísmos y debilidades, la maldad y la nobleza, la devoción y la envidia, la generosidad y los celos, y nos muestran cómo estos atributos, siempre en tensión y contradicción, se dan dentro de los mismos individuos.


Fiodor, el padre rencoroso y atrabiliario, avaro y despiadado, que se disputa a la misma mujer con Dmitri, su propio hijo, llega hasta nosotros en toda su plenitud en las páginas de Los hermanos Karamazov, porque somos capaces de reconocerlo tal como lo retrata Dostoievski; existió, sigue existiendo, así como las voces de los muertos que Juan Rulfo pone a hablar unos con otros debajo de las tumbas en Pedro Páramo, nos son familiares porque lo que cuentan son ambiciones mal cumplidas y pasiones de amor que carcomen hasta en la muerte. Y siempre seguiremos viendo a una lady Macbeth que incita a su marido al crimen para perpetuar el poder, movida por la ambición, aunque Shakespeare haya muerto hace siglos.


No hay que creer entonces a quienes nos dicen que sólo debemos aceptar lecturas serias o edificantes, porque entonces nunca vamos a ser lectores adictos. Cuántos buenos lectores se han perdido por causa de las imposiciones escolares, que mandan leer por fuerza de los programas de estudio libros pesados e indigeribles, o que por falta de método son presentados como tales. Y cuántos buenos lectores, y a lo mejor escritores, se han ganado gracias a los libros prohibidos por la escuela, por el hogar, por la religión, porque lo que la imposición no consigue, lo consigue la curiosidad por lo prohibido. Y los censores son, sin excepción, personas amargadas y hostiles al espíritu de libertad que campea en los libros.


Y quien no aprende nunca a leer, quien no se vuelve desde temprano un vicioso de los libros, no sabe de lo que se pierde. Se expondrá a llevar una vida mutilada y, a lo mejor, amarga, igual que la de los censores, lejos de los espejismos y los fragores de la imaginación.


¿Cómo crearse ese vicio? Empezando por un cuento de los hermanos Grimm, luego yendo a uno de Chejov, o de Rulfo, antes de llegar por fin a una novela de Faulkner, o al Ulises de Joyce, ya no se diga. O yendo primero a los capítulos y pasajes más divertidos de El Quijote, a alguno de los cuentos de Las mil y una noches.


Para que un niño o un adolescente adquiera el vicio de la lectura, antes deben adquirirlo los padres y los maestros, con espíritu cómplice, lejos de la severidad de quien encarga una tarea. Ser parte de la conspiración de leer, comportarse como cabecillas de una hermandad de iniciados. Abrirles una puerta al paraíso, donde espera la manzana dorada entre las frondas del árbol del bien y el mal.

Berlín, febrero 2014
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"La ciencia implica una relación con los poderes políticos e industriales"

El biólogo Eduardo Wolovelsky defiende la ciencia, su objetividad e incluso su enseñanza instrumental, pero discute fuertemente con las visiones celebratorias que propician una bonhomía de la ciencia a la cual el público lego debería rendirse como ante un tótem. Polemista de fuste, pero lejos de la polémica mediática más ligada al escándalo, le interesa confrontar ideas, analizar los grandes supuestos sobre los que se levanta ese gran edificio que es la ciencia moderna. Pero la ciencia como parte de la cultura, como determinante fundamental del rumbo que asumen nuestras sociedades contemporáneas, la ciencia como algo que no es sólo de incumbencia de los científicos. "El cientificismo es una ilusión peligrosa, transformar a la ciencia casi en un acto de magia religiosa que podría resolver los grandes problemas que tenemos es peligrosísimo", sentencia. En esta entrevista repasa el lugar de la ciencia y de los científicos de hoy y de ayer, el rol de la divulgación científica y la necesidad de reflexionar y cuestionar supuestos sobre los que se erige buena parte del desarrollo de nuestras medicinas, computadoras, smartphones, test genéticos para predecir enfermedades y demás lindezas de las sociedades del tercer milenio.


–¿Por qué le parece importante la divulgación científica, que el público lego o no experto sepa acerca de la ciencia?


–Me parece importante la divulgación, o el "conocimiento público sobre la ciencia", porque no pueden decidir únicamente los científicos sobre los sentidos del desarrollo tecnocientífico, sólo porque tienen una parte importante y significativa del saber, absolutamente necesaria para discutir hacia dónde vamos, pero no suficiente. Qué vamos a hacer con la energía nuclear o con los organismos transgénicos no lo puede decidir únicamente la comunidad científica, que, además, tampoco es algo homogéneo. No todos hacen ciencia con la misma finalidad o el mismo sentido, aunque trabajen en el mismo campo. Fritz Haber y Otto Hahn no son lo mismo que Max Born (los tres científicos ganaron el Premio Nobel). Max Born era muy jovencito y se negó a trabajar en la guerra química, quiere decir que uno no está obligado a hacerlo. Las perspectivas con las que los científicos trabajan son distintas, y esto también hay que darlo a conocer. Claro que esto no quiere decir que el enunciado que dice que el ADN porta la información genética sea política. La ciencia es una actividad que implica una organización institucional, que implica una relación con los poderes políticos e industriales, todo eso hace a la vida del científico, no sólo el estar en el laboratorio. Que el desarrollo técnico-científico puede ser necesario para lograr soluciones es indiscutible, pero ese desarrollo técnico-científico puede ser leído de diferentes maneras. Entonces, es un riesgo enorme que coloquemos la idea de que podemos solucionar el problema de la exclusión social, de la distribución de la riqueza, o de la energía, con nuevos desarrollos tecno-científicos. Aunque es cierto que la historia moderna resolvió muchos problemas con avances tecnológicos. Entonces, esa ilusión no es una ilusión descabellada, surgida de la imaginación, tiene algún asidero en la historia moderna.


–¿Cómo le parece que se está divulgando la ciencia hoy?


–No acuerdo con la mayoría de las cosas que se hacen en divulgación científica, porque hay una perspectiva publicitaria, propagandística, sin promover ninguna reflexión. Lo que se hace es provocar casi un acto de admiración sobre la ciencia, que de por sí es una actividad muy compleja, con significados sociales y políticos diversos. Con lo cual, para mí no se trata de crear un acuerdo a modo de espectáculo en el que todos los espectadores aplauden. Me parece que ésa es la perspectiva hoy dominante, y en ese aspecto publicitario se termina promoviendo una forma de ignorancia, no una forma de saber o conocimiento. De hecho, cuando hay tanta preocupación por la generación de vocación hacia la ciencia, justamente la perspectiva publicitaria la erosiona, primero porque plantea un perspectiva de divertimento que no es cierta, porque el estudio requiere muchas virtudes, y una de las cuestiones que está ausente es el divertimento, puede existir la pasión, el interés, un deseo profundo, intenso, un compromiso importante, convicción, pero no es el divertimento lo que convoca. Pero además en esa perspectiva publicitaria percibí en muchas obras y realizaciones maltrato hacia el espectador, hacia el otro con quien debería dialogar, promoción de prejuicios de género.


–¿Un ejemplo?


–Un libro de (Marcelino) Cereijido, Hacia una teoría general sobre los hijos de puta, es un compendio de prejuicios de género, pero ha sido elogiado académicamente, y esto genera preocupación, porque pareciera que aquello que se dice sobre la ciencia automáticamente debería ser elogiado, y pareciera que criticar es colocarse contra la ciencia, lo cual es una falacia. Me preocupa ese cientificismo casi de espíritu religioso, casi inquisidor, en la defensa de un conocimiento científico que, si uno quiere, es contradictorio con los propios compromisos epistémicos que la actividad científica asume.


–¿Cómo ve actualmente el tema de la enseñanza de la ciencias en la escuela?


–Me parece que una primera dificultad es que la enseñanza sigue siendo fuertemente instrumental. Esto no quiere decir que la enseñanza instrumental no tenga valor, lo tiene, porque yo necesito de esas herramientas, pero no pueden ser un fin en sí mismo. La ciencia aparece totalmente desvinculada del devenir histórico. De hecho, en la historia que se estudia en la escuela, la ciencia parece tener poco valor como hecho histórico. En los cursos de ciencia, la ciencia es a-temporal y a-espacial, ése me parece que es el principal problema. La ciencia, en ese afán de objetividad, está poco problematizada, poco politizada, y ahí es donde muchos chicos quedan fuera del interés. Se trata de revertir eso hablando de la ciencia en la vida cotidiana, al estilo de "¿sabés por qué pasa tal cosa o pasa tal otra?", y creo que eso no tiene ninguna virtud, creo que no existe la ciencia en la vida cotidiana. Justamente, hay que salir del ámbito más ordinario para construir un ámbito extraordinario de reflexión histórico-política sobre la ciencia, y esto no tiene que implicar relegar el saber instrumental. Si voy a hablar de genética, en algún momento tengo que saber hechos instrumentales, tengo que saber qué es el ADN, cómo está escrita la información genética. No puedo hacer un análisis de los significados de la actividad científica imaginando que lo puedo sostener desde la ignorancia de estos saberes instrumentales. Poder hacer un cálculo en el ámbito de la física tiene un valor, la matematización de los fenómenos naturales ha sido un logro intelectual notable, y esto debe poder ser dominado, en la medida de lo posible, aunque no todos lo van a lograr, y éste es el otro problema. Hoy la escuela tiene una diversidad de alumnos, que es un tema difícil de resolver. Incluir es complejo, pero creo que es una obligación, la escuela no puede ser excluyente. La inclusión implica poner en juego para todos, pero no quiere decir que todos lo van a tomar, sería casi ridículo que todos tomen un saber específico de un área.


–El término "científico" fue acuñado en el siglo XIX pero recién se impuso en el siglo XX. Hasta ese momento la distancia entre expertos y no expertos no era tan amplia como lo sería a partir del siglo XX. No siempre existió, por lo menos no de la manera en que se manifiesta actualmente, esa especie de "brecha" entre científicos y público general. ¿Cuál es el origen histórico y cuáles son los usos políticos de esta división?


–Stephen Jay Gould, que es un biólogo evolucionista, creo que uno de los más interesantes divulgadores modernos, dice que cuando él les daba a sus alumnos El origen de las especies, los alumnos después le pedían el "escrito académico" de Darwin, pero no había tal escrito. El origen de las especies es a la vez el "escrito académico" y el escrito dirigido al gran público. Pero por supuesto que hay un momento en el que hay una profesionalización del desarrollo científico, es decir que empieza a ser un trabajo remunerado, sostenido por el Estado o por empresas, entonces esto implica un cierto desarrollo institucional, y a su vez la ciencia empieza a tener un gran desarrollo que requiere de grandes inversiones económicas, y el científico pasa a ser un trabajador profesional, que recibe una remuneración, premios, toda una serie de reconocimientos que hacen a este desarrollo profesional. Por lo tanto, se empieza a exigir una cierta línea que garantice la eficacia de ese trabajo, empieza a ser diferente, empieza a haber un escrito que es profesional, la ciencia se vuelve más abstracta en el sentido de que son teorías que quedan menos vinculadas a conceptos que se pueden desarrollar desde otras áreas del saber o desde el propio devenir como sujeto pensante en la cultura, entonces se hace más complejo comprender. Por otra parte, la ciencia tiene una explosión en el nivel de conocimiento que hace que incluso me pueda preguntar: ¿cuánta biología sabe un biólogo?


–¿Y cuál es la respuesta a esa pregunta?


–La respuesta es que probablemente sepa poca biología. Porque un biólogo sabe mucho de un cierto campo en el cual él trabaja, en muchos otros campos conoce poco, por supuesto que tiene un bagaje por el cual le resulta más fácil acceder a ese otro campo. Entonces, todo ese gran desarrollo institucional, complejo, la actividad científica como una actividad que requiere grandes inversiones económicas, todo eso ha generado este abismo, si uno quiere, entre una comunidad tecno-científica compleja, con empresas, industrias, universidades, institutos de investigación, y quienes no están vinculados a esto. Es un problema claramente moderno. Esto da origen al "divulgador", al profesor de ciencias, al maestro de ciencias. Yo tomaría lo que dijo Henri Atlan, un médico y biólogo francés, que es interesante, porque eso que antes del siglo XX podíamos llamar divulgación científica era como una cultura ornamental, y en algún punto hoy es un problema político de los más relevantes. Y Carl Sagan decía que el gran de-safío científico del siglo XXI va a ser entender los significados de la ciencia. No sé si es el único desa-fío, porque sería un poco estrecho decir semejante cosa. Pero que la comprensión pública de la ciencia esté en el mismo plano que el desarrollo científico es un planteo interesante. El gran problema es confundir que esta comprensión pública de la ciencia la deberían hacer los científicos. Deberían hacerla los científicos más un montón de otros actores de otros campos que, preocupados, hacen un esfuerzo por entender eso.


Gran parte de la divulgación tiene la función de unificar en una visión del mundo algo que en el saber científico está disperso en diferentes disciplinas, y ése es un problema para la divulgación, y es interesante discutirlo.


–Todavía está bastante difundida la idea de una "ciencia neutral" o "ciencia martillo", que puede usarse para hacer el bien o el mal. ¿Cómo le parece que se puede discutir con esta idea?


–La mejor forma de discutir con esta idea es mirar la historia, la historia impide usar la ciencia como ciencia martillo. De hecho yo escuché decir que la ciencia hace mejores a las personas, es el viejo ideal de que el conocimiento hace mejores a las personas. Yo querría que fuese cierto, pero no es cierto. El conocimiento, en última instancia, podría hacer más responsable a la persona, en el sentido de que no puede aducir ignorancia en los actos que comete, pero no la hace mejor, toda la historia desmiente esto. Incluso teniendo las mejores intenciones. Yo pongo siempre el ejemplo de los eugenistas, aquellos que promovieron la mejora genética de la especie humana. Esto lo dice François Jacob, un biólogo francés, que asociamos la eugenesia con el nazismo, pero es falso. Provino de sectores que llamaríamos de la izquierda, progresistas, interesados por el bien público, desarrollado en países democráticos, y tenían las mejores intenciones, pero nadie creyó que debían hablar con la población, que los demás actores debían intervenir, sino que el bien se decidía internamente desde el propio saber científico. Ninguna actividad humana es neutral. Confundimos la ciencia con una descripción de fenómenos naturales. La ciencia en sus decires porta imágenes del mundo. La tecnología no es neutra. Yo defiendo la objetividad de la ciencia, pero no es la objetividad de "yo saco una foto del mundo tal cual es", sino que se trata de enunciados teóricos y diseños instrumentales y técnicos que con el tiempo adquieren una validez que está más allá del sujeto que lo enuncia. Pero de todas formas siempre eso está inmerso en una matriz político-cultural. Yo creo que ésa es una de las peleas más significativas que hay que dar, porque la ciencia-espectáculo es una ciencia que se imagina neutra y objetiva, y la imagina mejorando al mundo, imagina a los científicos como mejores personas. Es un enunciado peligroso para la democracia decir que los científicos son mejores personas por ser científicos, porque esto me llevaría a un gobierno aristocrático: que nos gobiernen los mejores.

–En muchos de los textos divulgativos que escribió abordó varios temas críticos, como por ejemplo el problema de la experimentación con animales (El medio interior), en el que pone en cuestión, por ejemplo, los postulados del especismo. ¿Por qué le parece importante dar este tipo de discusiones?


–Cuando uno escribe libros sobre estas temáticas creo que la única virtud del libro es problematizar el tema, no que el lector comparta mi posición, aunque a mí me parece legítimo generar una discusión proponiendo una posición, no jugando a hablar desde un lugar neutral. Desde ese libro yo defiendo una cierta perspectiva sobre la experimentación con animales, la defiendo con vehemencia, con convicción, lo cual no quiere decir que no tenga puntos criticables, e inclusive que pueda ser criticada hasta la demolición. A mí eso no me preocupa, al contrario. Yo escribí El medio interior porque me preocupaba que no se discutiera este tema. ¿En qué sentido? Pareciera que hay temas que no deben ser tratados porque son problemáticos, políticamente incorrectos. Está muy bien decir que no se debe experimentar con animales, pero esto tiene un costo sobre el desarrollo de la medicina, sobre la posibilidad de curar. Si yo desarrollo un medicamento y no experimento con animales, ¿con quién experimento? Seguramente el primero que lo use es objeto de experimentación inevitablemente. No existe esa solución ideal de "no experimentemos con nadie", porque eso es falso, no puede ser, o no tenemos medicamentos, lo cual puede ser más cruel que la experimentación con animales.


–¿Cuáles son las consecuencias de la experimentación con animales?


–Efectivamente tengo que establecer una separación entre lo humano y lo animal. Yo defiendo esa separación, pero no quiere decir que yo tenga razón ni que mi defensa sea totalmente inobjetable. Lo que yo digo es: llevado a un extremo –y lo llevo al extremo porque el extremo tiene un aspecto más pedagógico donde el problema se ve con más claridad–, el amor a los animales, si bien no promueve el odio a ciertos grupos humanos, no lo inhabilita ni lo bloquea, deja el campo abierto. Esto lo dice Luc Ferry, un biólogo francés que trabajó bastante este tema. Hubo un momento en el que el tema del amor a los animales, en el contexto de la Alemania nazi, en donde se defendía una idealización de la naturaleza como un estado de perfección y equilibrio, terminó llevando a la idea de experimentar con seres humanos, porque algunos humanos entraban dentro del campo de la degeneración biológica. Claro que esto que digo no significa que cualquier persona que defienda el derecho de los animales esté en este campo, y además el derecho de los animales es muy amplio y muy diverso, porque los animales no son todos iguales.

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Geopolítica en clave PISA: El mundo del revés

ALAI AMLATINA, 13/12/2013.- La difusión de los resultados de las prueba PISA mostró, una vez más pero ahora con mayor intensidad, que los países de Asia-Pacífico desplazaron a los europeos y al resto de los desarrollados, de los primeros lugares. Al parecer, la calidad de la educación sigue los pasos de la economía, que ha colocado a esos países en el centro del mundo, pero también muestra que hay sociedades que valoran la importancia de la educación, no sólo del dinero.

 

Si alguien tenía dudas que la relación centro-periferia, sobre la que se construyó el mundo moderno desde 1492, está completamente trastocada, los resultados de las pruebas PISA 2012 lo confirman. Asia se convirtió en el Primer Mundo. La vieja Europa, cuna de la civilización como gusta presentarse con un marcado tinte etnocéntrico, retrocede paulatina e inexorablemente. La ex superpotencia, Estados Unidos, decayó abruptamente hasta un lejano 35 lugar, debajo incluso del promedio de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo) o "países ricos". América Latina sigue siendo la Cenicienta, con altibajos, pero muy lejos del resto.

 

Es cierto que las pruebas PISA no son la mejor forma de medir la calidad del sistema educativo y la capacidad de aprender de los estudiantes. También es inocultable que levantan críticas por la pretendida validez universal de las pruebas que someten a los chicos de 15 años, idénticas en las favelas de Rio de Janeiro que en los más coquetos arrondisements de París. Sin embargo, unas pruebas que respondieron 510 mil estudiantes algo nos están diciendo sobre el estado de la educación en el mundo.

 

Nos dicen, también, que una parte del planeta está desplazando a otra en materia educativa, que las sociedades occidentales parecen haber encontrado un techo y, sobre todo, que nada de esto sería posible si la educación se redujera a lo que sucede durante cuatro horas al día en el aula. En suma, que si bien las pruebas PISA se remiten a la educación, nos están hablando del estado actual de las sociedades.

 

Resultados para meditar

 

Lo primero es comparar. Entre los diez primeros hay sólo tres europeos. Los siete lugares más destacados pertenecen a Asia Pacífico. Por su orden: Shanghai, Singapur, Hong Kong, República China (Taiwán), Corea del Sur, Macao y Japón. Completan la lista de los diez Liechtenstein, Suiza y Países Bajos. Finlandia retrocedió del puesto 6 al 12 en las pruebas de matemáticas, habiendo sido años atrás considerado el país modelo en materia educativa. En ese mismo rubro, Alemania está en el lugar 16, apenas un puesto por encima de Vietnam. Pero Alemania obtuvo un puntaje de 514 frente a 613 de Shanghai, 99 puntos que representan tres años de escolaridad. El Reino Unido está en el puesto 26, alcanzando el mismo promedio que la OCDE, 494 puntos. Pero Estados Unidos está en el lugar 35, por debajo del promedio OCDE y a 130 puntos de la ciudad china.

 

Explicar las razones por las que Vietnam está muy por delante de Estados Unidos y a la par de Alemania, tres décadas después de que fuera destruido por una de las más sangrientas guerras coloniales del siglo XX, implica ir más allá de la tabla de resultados que ofrece PISA. Algo similar puede decirse respecto a los demás países asiáticos que, como se sabe, ostentan sistemas políticos y económicos bien distintos, por lo que sus performances no pueden atribuirse directamente a ellos.

 

Por tanto, la comparación Occidente-Oriente se impone. Mientras las sociedades de Asia-Pacífico están ordenadas en torno al trabajo, o el esfuerzo si se prefiere, las occidentales son sociedades que viven para el ocio, con una vocación consumista cada vez más marcada. Un editorial del oficialista Diario del Pueblo señala que los éxitos de Shanghai "fueron logrados al costo de 13,8 horas en promedio a la semana de tareas domiciliarias, el tiempo más extenso en el mundo, casi dos veces el promedio de los países de la OCDE que es de siete horas" (Diario del Pueblo, 5 de diciembre de 2013).

 

Si a las horas de trabajo domiciliario de los estudiantes de 15 años de Shanghai se suman las 28,2 horas de clases en el aula, el noveno lugar en el mundo, vemos que los chicos dedican 42 horas semanales al estudio. Según el diario chino, es demasiado y propone que los estudiantes vean reducidas sus cargas horarias. Si un chico dedica todo ese tiempo a estudiar, es porque alguien valora lo que hace, y él mismo le otorga importancia.

 

El londinense The Daily Telegraph intenta responder la pregunta del millón: "¿Porqué los alumnos de Shanghai son tan especiales?". Comienza señalando que los resultados de la megalópolis china no son representativos de todo el país, ya que un profesor de Shanghai tiene un salario de 4.400 yuanes (600 dólares) frente a los 2.000 yuanes que perciben los docentes de ciudades de la provincia suroccidental de Yunnan. Así y todo, apunta que en el conjunto del país hay elementos que permiten pensar que la educación ocupa un lugar diferente al que tiene en las sociedades occidentales.

 

"Los padres chinos prestan gran atención a la educación de sus hijos", asegura el profesor Kong Lingshuai de la Facultad de Educación de la Universidad Normal de Shanghai (The Daily Telegraph, 4 de diciembre de 2013). Detecta la combinación de elementos tradicionales y de elementos modernos en la base del buen desempeño educativo. Entre las primeras destaca el haber inculcado a los niños "desde una edad muy temprana que el esfuerzo es fundamental", y entre los segundos "su apertura a las ideas extranjeras y la introducción de la remuneración en función del rendimiento".

 

En todo el país existe lo que Kong denomina "la obsesión por la formación", que determina que los nuevos maestros deben entrenarse durante un año antes de comenzar a dar clases en el aula. Añade que los occidentales suelen creer que el sistema educativo chino es "algo así como una olla a presión para los exámenes con énfasis en la memoria y que se hace poco para estimular la creatividad". Una suerte de prejuicio eurocéntrico.

 

Por el contrario, asegura Kong, se estimula a los profesores a asistir a las clases de sus colegas para promover "una cultura de compartir ideas, de intercambio y de competencia positiva". En las escuelas están dando más tiempo a los niños para jugar y buscan no quedarse en el sistema de memorización, se centran en los últimos años en el desarrollo integral de los estudiantes sin abandonar la cultura del esfuerzo.

 

El sociólogo Frank Furedi, de la Universidad de Kent, autor del libro "Por qué la educación no está educando", sostiene que PISA no toma en cuenta "las influencias sociales, económicas y culturales en la promoción de actitudes positivas hacia la educación" (The Independent, 4 de diciembre de 2013). Trabajó en Sydney, Australia, y pudo comprobar que los niños asiáticos tenían desempeños escolares muy superiores a sus pares de origen británico. De ahí concluye que "la influencia cultural más importante en el rendimiento escolar de los niños es la expectativa de sus maestros, de los padres y las comunidades".

 

En suma, habla de sociedades que esperan que los jóvenes tomen en serio sus estudios, que impulsan un ritmo de trabajo "significativamente más alto que los de sus pares en las sociedades occidentales". Por eso, Furedi concluye que "un compromiso serio con el valor de la educación es mucho más importante que cualquier sistema pedagógico o técnico". La fuerza que hace que los jóvenes dediquen tres horas diarias al estudio en sus casas hay que buscarla, en efecto, en el entorno, en el entendido que es una fuerza inmaterial, no de castigos y premios. Esa misma potencia no existe fuera de las sociedades asiáticas. Geopolíticamente, corresponde a un mundo en ascenso, en camino de recuperar el papel histórico que supo tener antes de las invasiones coloniales.

 

Los del medio

 

Buena parte de los analistas europeos se mostraron muy críticos con el sistema educativo de sus países. Los medios finlandeses, país destronado de los primeros lugares de la tabla PISA, hablaron de que el sistema educativo del país se ha derrumbado y los medios suecos mentaron un supuesto "desastre nacional". Es el riesgo de tomar los resultados de las pruebas como si fueran las tablas de las ligas de fútbol.

 

En general, predomina el desánimo en el viejo continente. Y una suerte de advertencia a los estudiantes: "El único aspecto en el que nuestros adolescentes están por encima de la media es en ´ser feliz en la escuela´", espeta un severo y conservador análisis británico (The Daily Telegraph, 4 de diciembre de 2013). El periódico atribuye a Christine Blower, dirigente de la Unión Nacional de Educadores, la idea de que los bajos resultados en las pruebas PISA de los estudiantes del Reino Unido se debe a la mala calidad de los docentes que "no están capacitados para enseñar matemáticas y ciencias, mientras los buenos se hacen añicos por el grosero control de multitudes de niños violentos, mientras los padres se muestran negligentes a la hora de apoyarlos".

 

El izquierdista The Guardian carga contra las reformas educativas a las que acusa de haberse convertido en un virus que "infecta los sistemas educativos" (The Guardian, 8 de diciembre de 2013). Defiende la hipótesis de que la enfermedad que encarnan las reformas tiene cinco síntomas: la creciente competencia entre escuelas en base a tablas de calificación para que los "consumidores" (padres) tomen las decisiones correctas; estandarización de la enseñanza y del aprendizaje con prescripciones detalladas sobre cómo enseñar y qué evaluar; la recogida sistemática de información mediante pruebas estandarizadas; la devaluación profesional de los docentes haciendo la docencia accesible a personas con preparación express; y la privatización de las escuelas al impulsarlas a regirse por los criterios del mercado.

 

Las víctimas principales de este sistema serían las escuelas y las comunidades de Estados Unidos, Inglaterra, Nueva Zelanda, Australia, Suecia y Chile. Las tres principales conclusiones del informe PISA 2012 avalan esta crítica. Los países más exitosos dan cierta autonomía a los centros educativos en los planes de estudio y en las evaluaciones, y no siguen el principio de estandarización de la enseñanza y la evaluación. En concreto, habla de "la autonomía profesional equilibrada con una cultura de colaboración en las escuelas". Eso supone confianza en los docentes y un entorno de mutuo apoyo, no de despiadada competencia.

 

Por último, la posibilidad de elegir la "mejor" escuela no mejora el rendimiento del sistema educativo. Por el contrario, "la elección de escuela y la competencia entre escuelas están relacionadas con mayores niveles de segregación en el sistema educativo". Los sistemas exitosos tienen "un fuerte compromiso en sostener la escuela pública y mantenerla bajo control de la comunidad". Lo que ha fracasado, concluye, es la reforma educativa "basada en el mercado".

 

Estados Unidos salió diez puestos abajo del Reino Unido. Según el Boletín de Anticipación Estratégica (GEAB), puede hablarse de un colapso del sistema educativo. Desde la década de 1970 se comenzó a implementar un sistema de evaluación a través de preguntas de opción múltiple desde la primaria hasta la universidad, que "ha generado un debilitamiento absoluto y persistente en la formación de generaciones de estadounidenses que hoy tienen menos de 40 años" (Geab No. 69, 17 de diciembre de 2011).

 

Con el tiempo se ha consolidado un sistema educativo de dos niveles que ensanchó la brecha entre la elite y la clase media, con universidades muy caras y comercializadas combinadas con la educación a distancia o en el hogar, dos extremos que le quitan "consistencia y calidad" al sistema en su conjunto.

 

El resultado es que actualmente los menores de 40 años están menos educados y menos integrados que sus mayores, lo que tiene consecuencias "en sus posibilidades laborales, en su capacidad para actuar en un mundo donde la globalización exige conocimientos variados, idiomas, historia, geografía". Esto tiene enormes repercusiones para el país a la hora de afrontar sus retos principales: la re-industrialización, los desafíos científicos, tecnológicos y militares. "También genera una disminución en la calidad de la vida democrática porque los ciudadanos son menos capaces de distinguir entre la mentira y la verdad, entre la información y la manipulación", sentencia el Geab.

 

Los de abajo

 

En América Latina lo más destacable fue la performance de Brasil, en particular en matemáticas, que escaló de 334 puntos en 2000 a 391 en 2012. La diferencia es notable porque pasó de tener el 65 por ciento de los jóvenes de 15 años asistiendo al colegio en 2003, al 78 por ciento en 2012. Aún así, se sitúa en el lugar 58, debajo de Chile, México, Uruguay y Costa Rica. Uno de los mayores desafíos del país es la desigualdad por regiones, ya que Brasilia y Santa Catarina tienen 416 y 415 puntos mientras el nordeste (Alagoas y Maranhao) consiguieron 70 puntos menos, lo que revela que entre las zonas ricas y las pobres hay varios años escolares de diferencia.

 

La inversión en educación de Brasil es una de las más elevadas del continente en relación al PIB, pero sólo un tercio de los países ricos. Destina 26.700 dólares para educar un niño entre los 6 y los 15 años, mientras los países de la OCDE destinan 83.400 dólares. Sin embargo, estos países tienen un PIB per cápita tres veces superior al brasileño.

 

El Plan Nacional de Educación, que está en el parlamento desde 2010, fue aprobado por la Comisión de Educación del Senado el pasado 27 de noviembre. Prevé destinar el 10 por ciento del PIB a la educación, ahora está en el 6 por ciento, además del 75 por ciento de los royalties del petróleo pre-sal que fueron destinados al mismo objetivo. Se tomó esa decisión para no quedar atrapados en los avatares del presupuesto nacional, siempre dependiente de los ciclos económicos y de la relación de fuerzas en el escenario político. Entre sus objetivos figura elevar el desempeño en las pruebas PISA hasta 473 puntos en 2021, lo que colocaría a Brasil a la cabeza de la región, aunque aún por debajo del promedio de los países de la OCDE.

 

Pero no todo debe reducirse a números. En este recodo de la historia, en el cual nada está permaneciendo en su lugar y se producen cambios vertiginosos e imprevisibles, tal vez sea necesario retomar los grandes relatos, inspirados en valores, como el de Hannah Arendt sobre la crisis en la educación. Aunque fue formulado hace más de medio siglo, no ha perdido actualidad: "Mediante la educación decidimos si amamos a nuestros hijos lo suficiente como para no expulsarlos de nuestro mundo y dejarlos a su suerte, ni quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que nosotros no imaginamos, lo bastante como para prepararlos con tiempo para la tarea de renovar un mundo común".

 

Por Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.
URL de este artículo: http://alainet.org/active/69793&lang=es

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¿Cómo puede la ciencia contribuir a una cultura de paz?

La paz es diversidad floreciente que se nutre de puntos de vista distintos. Como lo sostenía el Subcomandante Marcos: "No queremos un mundo de zapatistas. Queremos un mundo donde quepan los zapatistas".


 
La búsqueda de la paz implica, negativamente, el final de la guerra y por derivación de toda forma de violencia, justificada o no, legítima o no. Esto es, como lo muestra la historia, relativamente fácil. Y positivamente, significa el desarrollo de una cultura de dignidad de la vida y de calidad de la misma. Esto otro, por el contrario, es más difícil pues la paz no consiste en el final de un conflicto armado, con todo y sus mecanismos jurídicos y políticos correspondientes.


 
Los procesos de construcción de paz son esencialmente políticos, en el más directo y preciso de los sentidos. Es decir, acuerdos políticos, negociaciones, cesión de parte y parte, intereses abiertos y otros encubiertos. La política en el sentido pragmático y práctico de la palabra.
 


Y frente a la misma, la ciencia se encuentra en una relación difícil; en la antípoda, prácticamente. Pues la ciencia no se hace, en absoluto, con base en negociaciones, procesos de maximización y optimización, elección de second best, acuerdo de voluntades y demás. En historia o en antropología, en sociología o en lingüística, tanto como en física, química, matemáticas o en ciencias de la computación, por ejemplo.


 
La relación entre ciencia —en el sentido más amplio pero fuerte de la palabra— y política ha sido tema de numerosos tratamientos, desde la antigüedad, tratando de lograr, por así decirlo, la cuadratura del circulo, en el marco de la geometría euclidiana. Con lucidez, ya en la edad madura, con mucha razón, Platón, hablando del rey filósofo, en la República (Politeia), lo decía así: la conjunción entre ciencia o filosofía y política, y la emergencia de un rey filósofo es algo que se logra sólo "por milagro" (epekeine).


 
En una expresión que se ha vuelto de uso corriente, heredera de Weber, en el mundo político se traza la distinción entre el político y el técnico, para designar con este último término, en general, a un científico, especialista, etc.


 
Con este texto quisiera proponer tres argumentos contundentes de acuerdo con los cuales es posible que la ciencia contribuya activamente al desarrollo de una cultura de paz. Estos son:


 •
Interdisciplinariedad. La experiencia de la interdisciplinariedad consiste en un diálogo y aprendizaje horizontal entre distintas tradiciones disciplinares, conducentes a un trabajo activo, mancomunado. Propiamente hablando, la interdisciplinariedad consiste en la participación de más de tres ciencias o disciplinas a partir de la identificación de problemas de frontera.


 
Exactamente en este sentido, la tendencia de la ciencia de punta es al trabajo en redes académicas y científicas y, con razón, el trabajo en medio de estas redes (que incluyen entre otros aspectos, la participación activa en diversos circuitos de conferencias internacionales y publicaciones cruzadas) es un fenómeno que se valora crecientemente. En una palabra, la cooperación, el entendimiento y el aprendizaje recíproco es una forma de pensamiento y de vida que rompe en mil pedazos la creencia en jerarquías de conocimientos. De hecho, cualquier ciencia o disciplina, concebida desde, por y para sí misma, se acerca vertiginosamente a la ideología y termina por volverse excluyente y en motivo de violencia (simbólica, por decir lo menos).


 
Tres traducciones distintas de la interdisciplinariedad son la interculturalidad, los diálogos de religiones, y los diálogos entre civilizaciones. Con la condición, naturalmente, de que no deben ni pueden haber hegemonismos.


 
La interdisciplinariedad consiste exactamente en procesos continuados en el tiempo en los que las barreras culturales, lingüísticas, nacionales y otras, se desplazan a lugares secundarios y se le da prioridad a los procesos de construcción colectiva. Para nadie que forme parte de estos procesos resulta evidente la especificidad del trabajo académico y científico de punta en el mundo. Con seguridad la ciencia puede, por tanto, contribuir como ningún otro campo, a la construcción de paz.
 

Argumentación y buen manejo de datos. Los datos, sin ser empiristas, constituyen un acervo propio en el trabajo en ciencia. Pero el trabajo verdadero se da a partir de los mismos. Más exactamente, en los procesos de interpretación de los mismos. Hacer ciencia consiste, de plano a plano, en un trabajo mancomunado de argumentación, de discusión en el que se llega a acuerdos fundamentales: que se traducen exactamente en publicaciones conjuntas, en la realización y continuación de eventos académicos y científicos, etc.


 
Si es verdad que la ciencia implica un proceso de formación sólido de argumentación y debate, ello no va en desmedro del hecho de que lo que alimenta la ciencia son los diversos puntos de vista, los desacuerdos, la ausencia de consensos. Pues la interdisciplinariedad no implica, en absoluto, la adopción de puntos de vista mayoritarios, y menos de unanimismo. Ya el trabajo solitario ("de genio" en el sentido del siglo XIX) es inviable en la investigación de punta. La ciencia es un sistema esencialmente abierto.


 
•La verdadera interdisciplinariedad no consiste en publicar conjuntamente en revistas, capítulos de libros y libros construidos de manera colectiva. Por el contrario, más radicalmente, la verdadera interdisciplinariedad consiste en el hecho de que un investigador o un grupo de investigadores con una formación determinada logren publicar, ser leídos, criticados y citados, en campos de formación perfectamente distintos a los de la formación de base. Sólo pocos ejemplos destacan en este sentido, hasta la fecha.


 
Pues bien, como quiera que sea, es su forma de actividad, su forma de vida lo que la ciencia puede aportar a los escenarios de construcción de paz. Pues ni se trata de una paz imperfecta, y mucho menos, de la paz de los sepulcros. Sino de esa forma de existencia que es la diversidad misma, que es constitutiva de la vida. La paz es algo que se encuentra lejos, muy lejos de las mayorías, punto; de los consensos y de los unanimismos. La paz es diversidad floreciente que se nutre de puntos de vista distintos. Como lo sostenía el Subcomandante Marcos: "No queremos un mundo de zapatistas. Queremos un mundo donde quepan los zapatistas". Los poderes imperantes son, hasta el momento, ciegos, sordos y mudos ante este reconocimiento. Y los grandes medios de comunicación... al servicio de mayorías planas, intereses preconcebidos, beneficios que no se quieren negociar ni ceder.


 
Es la complejidad de la paz. En fin, la complejidad misma de la ciencia. O la complejidad de la vida misma.

 

Publicado el Martes, 09 Julio 2013 20:39

 

http://www.palmiguia.com/opinion/turbulencias/694-como-puede-la-ciencia-contribuir-a-una-cultura-de-paz

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Martes, 16 Julio 2013 06:51

¿Al fin, educación por computadora?

¿Al fin, educación por computadora?

“Es posible enseñar cualquier rama del conocimiento humano con el cine”, observó Thomas Edison en 1913, al predecir que pronto los libros serían obsoletos en el salón de clases. En realidad, el cine tuvo poco efecto en la educación. Hasta hace poco ocurría lo mismo con las computadoras. Desde la década de 1970 los visionarios de Silicon Valley han afirmado que su industria cambiará el salón de clases de modo tan radical como la oficina, y han vendido mucha tecnología a las escuelas con esa idea. Los niños usan la computadora para investigar, escribir tareas y hacer trampa. Pero el núcleo de sistema ha cambiado poco desde la Edad Media: un “sabio en la cátedra” que declama “lecciones” a varias filas de estudiantes. Tom Brown y Huckleberry Finn lo reconocerían al instante... y se pondrían a temblar.

 

Hoy por fin hay una revolución en camino. En su centro está la idea de pasar de la educación de “un solo tamaño para todos” a un enfoque más personalizado, en el que la tecnología permite enseñar a cada niño a velocidad diferente, en algunos casos mediante programas de computadora adaptables, y en otros con conferenciantes “superestrellas”, en tanto la tarea del maestro cambia de orador a entrenador: dar atención individual a niños que según los dispositivos requieran ayuda. En teoría el salón de clases será “vuelto de revés”, de modo que se proporcione más información básica en el hogar, por medio de pantallas, y el tiempo en el salón se ocupe en imbuir, refinar y probar ese conocimiento (como hoy se hace con las tareas, pero con más efectividad). La promesa es una mejor enseñanza para millones de niños a menor costo... pero sólo si maestros y políticos la aceptan.

 

¿Por qué es diferente? En gran medida porque varios cambios importantes ocurren al mismo tiempo: redes móviles de alta velocidad, tablets baratas, capacidad de procesar a bajo costo enormes cantidades de datos, complicados juegos en línea y programas de aprendizaje adaptable. Por ejemplo, nuevos libros de texto digitales interactivos, con mecanismos integrados de evaluación continua, pueden hacer cambios en tiempo real, dependiendo de qué y cuánto aprende el alumno (a veces sin que esté consciente de que se le examina). Nuevos programas de extracción de datos pueden predecir la probabilidad de que un alumno falle en lectura o matemáticas sin atención especial, lo cual permite al maestro intervenir antes que sea tarde.

 


Ya se usa en enseñanza superior

 

La educación superior está a la vanguardia. Apenas un año después de su lanzamiento, Coursera, uno de los pioneros en ofrecer “cursos abiertos masivos en línea”, afirma tener 3.9 millones de estudiantes en el mundo, que toman cursos suministrados por 83 instituciones asociadas. Las universidades siempre han estado dispuestas a experimentar con la tecnología: la Universidad Abierta de Gran Bretaña, basada en la televisión, tiene ahora 44 años. Pero esta vez las escuelas de otros niveles las secundan: cuatro años después de que Salman Khan renunció a su empleo en un fondo de inversión para enfocarse en producir videos de matemáticas, la Academia Khan ha registrado 6 millones de usuarios, que resuelven (o tratan de resolver) 3 millones de problemas al día, y ha ampliado su currículum mucho más allá de las matemáticas. También trasciende las fronteras de EU: se dice que Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, financia una versión del currículum de la Academia Khan que se usará para niños de México.


La educación tecnológica ha cosechado otros impresionantes partidarios. Bill Gates afirma que estamos en un “momento especial” para la educación. El sector privado amontona dinero para invertir en el rubro. Rupert Murdoch, que poco tiene de tecnófilo, permite que su empresa de educación digital Amplify acumule pérdidas de alrededor de 180 mdd este año con la esperanza de llegar a dominar un mercado que según estimaciones de News Corporation pronto valdrá 44 mil mdd sólo en EU. GEMS, proveedora de educación con sede en Dubai, quiere expandir el uso de tecnología educativa en India y Ghana para alcanzar a niños de áreas remotas.

 

Otros no están tan seguros. Muchos padres de familia afirman que el exceso de juegos, las computadoras encendidas todo el tiempo y los mensajes de texto con faltas de ortografía han creado la “generación más tonta”. Algunos maestros usan los portales de educación tecnológica, pero sus sindicatos recelan de cualquier cosa que sugiera que las escuelas puedan funcionar con menos profesores, y les desagrada la idea de que empresas privadas como New Corp de Murdoch ganen dinero con la educación. También hay preocupación por la privacidad: las empresas de educación tecnológica acabarán teniendo un vasto almacén de datos personales de los alumnos.

 

A corto plazo la tecnología educativa fomentará la desigualdad, porque será adoptada con mayor entusiasmo por las escuelas más ricas, en especial las privadas, en tanto las escuelas estatales de escaso presupuesto tendrán dificultades para adquirir la tecnología que permita a sus estudiantes ponerse al nivel. Pero el mayor reto para muchos políticos será enfrentar el enorme poder de los sindicatos de maestros.

 

Economist Intelligence Unit

Traducción: Jorge Anaya

En asociación con infoestratégica

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Viernes, 03 Mayo 2013 06:44

Los peligros de la lectura

Los peligros de la lectura

De los peligros de la lectura nos habla el canto V del Infierno de La Divina Comedia. Allí Dante se encuentra con Paolo y Francesca, los dos amantes condenados en la ciudad doliente por su pasión adúltera; y el poeta indaga compasivo por el origen de este «peligroso deseo» que los ha conducido a la muerte y a la aflicción eterna.

 


De los peligros de la lectura nos habla el canto V del Infierno de La Divina Comedia. Allí Dante se encuentra con Paolo y Francesca, los dos amantes condenados en la ciudad doliente por su pasión adúltera; y el poeta indaga compasivo por el origen de este «peligroso deseo» que los ha conducido a la muerte y a la aflicción eterna. Francesca, pálida y lacrimosa, rememora el día en que, por puro entretenimiento y sin «la menor sospecha», leía junto a Paolo los amores de Lanzarote y la reina Ginebra. Absortos en el libro, un poco ya sin color el rostro, aliento contra aliento, se sorprendieron a sí mismos al llegar al pasaje en el que «la deseada sonrisa fue besada por tal amante»; entonces Paolo, tembloroso, besó a su vez la boca de Francesca y «ya no leyeron más desde aquel día».

 

Francesca se justifica ante Dante acusando al libro y a su autor como testigos y alcahuetes de su abrazo («Galeotto fu’l libro e chi lo scrisse»). ¿Será tanto el poder de los relatos? Pongámoslo en duda. Resulta difícil creer que a Paolo y Francesca no se les hubiera pasado nunca por la cabeza la existencia de las bocas y los besos antes de leer juntos la frase; y que, más bien al contrario, no fueran llevados a esta lectura común precisamente por su deseo de besarse. Los libros determinan poco la realidad; más bien la secundan, la subrayan, la legalizan. Más allá de su potencia afrodisíaca, los amores adúlteros de Lanzarote y Ginebra estaban investidos de una incontestable autoridad literaria que convertía su emulación, entre las clases letradas, en un acto al mismo tiempo prestigioso y aceptable. El libro no era una orden; ni siquiera una tentación. Era algo así como un certificado de buena conducta mitológica o literaria. Lo que prohibía la Iglesia lo permitía la Literatura. Incluso en una cultura aherrojada por la represión moral, puede ser socialmente más prestigioso imitar a Lanzarote o a Ginebra que a Cristo o a la Virgen María. Paolo y Francesca se dejaron llevar por el deseo, no por la lectura, y el libro lo único que hizo –si algo hizo– fue intensificar literariamente el placer de su abrazo prohibido.

 

Nadie puede acusar tampoco a Goethe de provocar la epidemia de suicidios juveniles que siguieron a la publicación en Alemania, en 1774, de Las cuitas del joven Werther. Uno puede quitarse la vida por una tontería, incluso por un libro, pero es más sensato decir que el libro de Goethe recogía el «espíritu» de una época en la que el suicidio, reprobado por la moral y por la religión, era percibido, entre las clases letradas, como una prestigiosa protesta cósmica contra el Todo. Hoy, suprimida la «época», podemos leer las penas de Werther con interés, pero sin peligro alguno.

 

Digo todo esto porque me da un poco de vergüenza confesar que admiro locamente a Tintín, contra cuyo creador, el belga Hergé, se han escrito hace poco tantas y tan certeras críticas. Recientemente incluso se ha interpuesto en Bruselas una demanda para que los tribunales prohíban la reedición y difusión de Tintín en el Congo. No cabe la menor duda de que, incluso en sus mejores álbumes, el asexuado periodista de Hergé transporta esa visión colonial del blanco moralmente superior del que dependen los otros pueblos incluso para tomar conciencia de su igualdad, incluso para librarse del poder de los blancos. En los peores, Hergé es francamente racista y reaccionario; basta pensar, sobre todo, en los tres primeros: Tíntin en el país de los soviets, Tintín en América y el citado Tintín en el Congo. Pero como quiera que existe sin duda una relación kantiana y platónica entre la justicia y la belleza, hay que decir que la evolución artística de Hergé es siempre hacia un nivel mayor de justicia y que sus libros más bellos no se agotan en su ideología católico-scoutiana. Ya El loto azul –siempre un poco paternalista– es un álbum inquietante y provechosamente etno-descentrado; y a medida que aprende a dibujar, que complica sus historias, que enreda a sus personajes, Hergé va desprendiendo mundos que no sabe que lleva dentro y que se pueden mirar y explorar desde otros moldes humanos e ideológicos.

 

Confieso que toda mi formación ha girado en torno a Tintín y Marx. De niño leí todos los álbumes un mínimo de setenta veces cada uno y, cuando ya no era posible, soñaba –literalmente soñaba– que Hergé había dibujado un nuevo cómic después de muerto. Tintín no me impidió leer luego El Capital ni enredarme en una relación promiscua con el mundo árabe, donde vivo desde hace veinte años. Lo que importa de un libro es desde dónde se lee. Lo normal es que un libro se lea desde otro libro y lleve a su vez a un libro nuevo. Leído desde la Inglaterra victoriana, el Kim de Kipling es una de las más fraudulentas exaltaciones del imperio británico, pero leído al mismo tiempo desde la juventud y desde Polanyi o Chesterton, es una emocionante defensa de la antropología elemental y una experiencia fuerte de cosmopolitismo empírico. En el contexto de la Rusia pre-revolucionaria, dominada por la lucha entre eslavófilos y europeístas, Los demonios de Dostoievsky es un estridente panfleto reaccionario que incluso alerta, con fanatismo delirante, de la imparable colusión entre el comunismo y el Papa; pero su atmósfera, su estructura, su pulso psicológico, lo ponen en relación con Nieve de Pamuk o con Salto Mortal de Oé, dos autores claramente de izquierdas. Lo mismo puede decirse de Hergé. A la espera de que el racismo desaparezca del mundo y cuando Europa, en todo caso, se ha venido definitivamente abajo como «proyecto universal», queda el hecho de que Las joyas de la Castafiore, con sus falsos suspenses y su asfixiante atmósfera claustral, es el equivalente en cómic de Las reglas del juego de Renoir; y que Tintín en el Tíbet, con ese blanco impulso contra la felicidad y la lógica, podría utilizarlo el plan Bolonia para explicar a Kant en la Universidad.

 

Lo que importa de un libro es desde dónde se lee. Lo normal es que un libro se lea desde otro libro y lleve a su vez a un libro nuevo. Si Tintín en el Congo fuese el único libro del mundo, habría que prohibir sin duda su lectura. Pero eso sucede con todos los Únicos Libros, incluidos la Biblia, el Corán y El Capital de Marx, de los que aprendemos siempre algo porque no estamos encerrados en ellos. Lo que nos defiende de los libros son otros libros como lo que nos defiende de nuestro cuerpo son los otros cuerpos. No acusemos a la lectura de los besos que damos o de los que no hemos dado. No arrojemos al fuego ni a los enamorados ni las novelas. Contra las malas, están las buenas; y contra la legalización literaria del racismo o del imperialismo o del fanatismo, habrá que encontrar o construir esa combinación platónica de justicia y de belleza desde la cual podamos despreciar Tintín en el Congo y disfrutar de Las joyas de la Castafiore; y extraer de Kim y de Los demonios las armas imprescindibles para combatir la arrogancia de Kipling y el integrismo de Dostoievski.

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Hallan evidencia de interacción entre antimateria y gravedad

La antimateria, lo opuesto a la materia que conocemos, ¿está sometida a la gravedad clásica o a una forma desconocida de antigravedad? Científicos aseguran, en un estudio publicado el miércoles por la revista británica Nature, que pronto podrán responder a esa interrogante, que los intriga desde hace mucho tiempo.

 

En la investigación efectuada por un equipo de físicos del Laboratorio de Berkeley y sus colegas del equipo Alpha del CERN (centro europeo de investigación nuclear), los científicos advierten que aún no es posible responder a esa pregunta sobre el movimiento de la antimateria.

 

Pero la importancia del estudio publicado por Nature es que presenta la primera evidencia directa de cómo los átomos de la antimateria interaccionan con la gravedad.

 

“En el caso improbable de que la antimateria cayera hacia arriba, debemos revisar nuestra concepción de la física y repensar la manera cómo funciona el universo”, subrayó Joel Fajans, del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en California.

 

La antimateria está constituida de antipartículas, conformadas por una carga eléctrica opuesta a la de la materia clásica.

 

Materia y antimateria habrían sido creadas en cantidades iguales instantes después del Big Bang, pero por una razón desconocida el universo privilegió la materia, y sólo quedan ínfimas cantidades de antimateria, principalmente cerca de los hoyos negros o los rayos cósmicos.

 

Medir la acción de la gravedad en la antimateria es un sueño de los científicos desde hace más de 50 años, al punto que ese tema centra innumerables coloquios internacionales.

 

Según las observaciones indirectas, se supone que la gravedad se aplica de la misma manera a la materia y a la antimateria en “caída libre”.

 

Pero para estar seguros, es necesario medir directamente los átomos de la antimateria.

 

Pero la antimateria se destruye al menor contacto con la materia, por lo que es particularmente difícil de estudiar.
En 1995, el CERN, cuya sede está en Ginebra, logró producir sus primeros átomos de antihidrógeno, que se destruyeron casi instantáneamente.

 

Grandes avances

 

Desde entonces, el equipo Alpha del CERN logró inmensos avances: en 2011, átomos de antihidrógeno pudieron ser aislados durante más de 16 minutos en una “trampa magnética”, abriendo la vía a la observación de sus propiedades.

 

Luego, el equipo Alpha decidió utilizar los datos recogidos en 434 átomos de antihidrógeno que habían atrapado para intentar medir la influencia de la gravedad sobre ellos.

 

Para hacerlo, compararon la relación entre la “masa de inercia” (la resistencia a la aceleración) del átomo de antihidrógeno, equivalente a la de un átomo de hidrógeno ordinario, y su “masa gravitacional” (que se aplica a la fuerza de gravedad registrada por un cuerpo) desconocida.

 

Pero los primeros resultados no han permitido dar una respuesta a la interrogante sobre el movimiento de la antimateria, ni comprobar si ésta se mueve en sentido inverso a la materia común.

 

Para su último experimento, Alpha empezó creando átomos de antihidrógeno uniendo un antiprotón (un protón con carga negativa) a un antielectrón (un electrón con carga positiva), y procedió a diferentes experimentos, que arrojaron resultados que provocaron optimismo en los científicos.

 

“¿Existe la antigravedad? Basados en experimentos realizados hasta el momento, no podemos decir sí o no”, señaló Fajans. “Sin embargo, no está dicha la última palabra”, subrayó el investigador, sugiriendo que la luz está al final del túnel, en relación a esta cuestión que los intriga.

 

El experimento de Alpha va a prolongarse en el proyecto Alpha-2, y será posible proceder a pruebas de precisión en un lapso de uno a cinco años, anticipó el estudio publicado por Nature.

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“Los gobiernos y los Estados aprenden de las luchas populares”

Cuando habla de los movimientos antisistémicos que incluye a los Sin tierra en Brasil, a las organizaciones campesinas en Bolivia y de los pueblos originarios en Perú, Colombia ¿cómo encaran su problemática y con qué métodos de lucha en América latina?


–El término de movimientos antisistémicos lo inventó el sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein. Él lo utiliza para englobar tanto a los movimientos socialistas del centro del sistema como a los movimientos de liberación de la periferia, pero trató de darle otro sentido al término. Creo que hay movimientos anticapitalistas que luchan contra la explotación económica, el estado capitalista, las clases y la cultura capitalista, pero hay movimientos que se construyeron a partir de 1968 en adelante y que nos recuerdan una tesis de Marx que es muy valiosa pero muy poco recuperada, Marx nos dice en varios de sus textos que cuando el capitalismo termine se va a dar el fin de toda sociedad posible dividida en clases sociales y se va a dar el fin de la prehistoria humana y del reino de la necesidad se dará paso al reino de la libertad. El sentido del movimiento antisistema tiene justo este sentido, los movimientos actuales en la etapa de la crisis terminal del capitalismo no sólo luchan contra la explotación sino que luchan contra toda la herencia de la sociedades de clase y por eso emerge el movimiento feminista que lucha contra el machismo y el patriarcado o emerge el movimiento ecologista que lucha contra esta relación prepotente instrumental que el hombre estableció con la naturaleza desde hace cinco siglos o lucha contra la división entre el trabajo manual e intelectual. La lucha contra estas herencias de la sociedad clasista e incluso de la prehistoria humana forman el núcleo de la lucha antisistémica. En América latina los movimientos que están dando no sólo una lucha anticapitalista, sino también antisistémica serían, por ejemplo, de manera más desarrollada el zapatismo mexicano, el movimiento Sin Tierra en Brasil, más las bases del movimiento, ya que muchos de sus líderes poco a poco han adoptado una posición menos antisistémica y se han separado de las bases, por eso en diciembre pasado hubo una salida importante de 51 dirigentes del MST y pienso lo mismo de un sector de la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas) ecuatoriana, sobre todo el sector amazónico, y pienso en el movimiento de Felipe Quispe en Bolivia o las Juntas Vecinales del Alto o sectores del movimiento mapuche o del movimiento indígena del Perú.

 

–Estos movimientos cómo se enmarcan en la nueva realidad del continente pues hay nuevos aires con la revolución bolivariana, con Correa, Evo, Dilma, Pepe Mujica ¿Estos movimientos ayudan a construir una nueva realidad como sujeto social?


–Hay tres grandes fuerzas que se disputan el escenario político en América latina. Una la ligada al pasado, la más retardataria y la más regresiva que sería una derecha-ultraderecha que está representada en el gobierno de México de Felipe Calderón que acaba de salir pero también en el gobierno de Enrique Peña Nieto, que parece ser que está desarrollando más continuidades que diferencias respecto del gobierno anterior a pesar que uno sea del PAN y otro del PRI, pero también representado por el gobierno de Colombia de Juan Manuel Santos y el gobierno de Sebastián Piñera en Chile. Hay un sector de la derecha militante que se ha vuelto una derecha cínica, desvergonzada que ahora pelea por el poder político en las elecciones y lo gana a veces mediante el fraude como en México, pero es la fuerza que se está batiendo en retirada. En el otro extremo estos movimientos sociales antisistémicos que cada vez mas están ejerciendo una presión social fuerte y en todo el planeta aunque muchos de ellos se encuentran en América latina. Sólo ellos fueron capaces de derrotar con movilizaciones a gobiernos nacionales en Argentina, en Bolivia, en Ecuador y a gobiernos locales como sucedió en Chiapas por ejemplo. Sólo ellos tuvieron la iniciativa de organizar el Foro Social Mundial que es una iniciativa que fue muy importante y muy legítima en sus primeras cinco ediciones y después dejó de ser anti sistémica y se homogeneizó (nota de R: se refiere a parte de las ONG) y se volvió muchísimo más reformista, pero no debemos olvidar que nació en América latina, son movimientos que ya tienen 15 años, 20 años luchando y tienen una tradición de lucha consolidada que está sirviendo de modelo y de referente a nivel mundial. Y ubicaría a estos gobiernos que usted mencionaba: la revolución bolivariana, Rafael Correa, Evo Morales, Dilma Rousseff y otros, creo que son una expresión intermedia de esta presión popular que ha sido tan fuerte y ha provocado una crisis política tan grande que ha llevado al poder a grupos reformistas que representan hoy una opción social demócrata, es decir que mantiene el neoliberalismo pero ya no como neoliberalismo salvaje sino como neoliberalismo moderado y que lo tratan de emparchar con toda una serie de políticas sociales contra la pobreza, de becas familiares, o a través de formas que le dan más prioridad al gasto social pero manteniendo las estructuras capitalistas fundamentales, lo que hacen es representar a sus burguesías nacionales. Creo que sí son genuinamente antiimperialistas y están defendiendo los recursos naturales para el estado por lo cual se llevan a cabo renacionalizaciones del gas en Bolivia, YPF aquí, estimular el gasto social es para hacer crecer el mercado interno de sus respectivos países con lo cual se beneficia a sus burguesías nacionales porque produce para el mercado nacional. Dentro de una perspectiva temporal más larga creo que ellos son como una etapa de transición creada por esta fuerza creciente de los movimientos populares. Quiero ser optimista, creo que el día de mañana estos movimientos populares tendrán la fuerza y lograrán instaurar autogobiernos populares.


–¿Lo dice porque no tocan la estructura de dominación?


–No tocan la estructura de dominación capitalista, el estado capitalista se ha mantenido en lo fundamental, en cambio lo social tiene un poco más de margen, se trata de ayudar a los sectores más desprotegidos, a las madres solteras o becas a los estudiantes pero la naturaleza del Estado capitalista que domina y despoja a los ciudadanos de sus derechos políticos no se ha eliminado. Es curioso lo que decían representantes del gobierno venezolano cuando definen el socialismo del siglo XXI: “No vamos a expropiar más que aquellos latifundios que estén ociosos pero los productivos los respetaremos”. Dicen: “socialismo no es atacar la propiedad privada sino que redistribuyan mejor sus ganancias” y decía que el socialismo era lo mismo que el cristianismo a nivel cultural.


–¿Usted está planteando que el capitalismo tiene mucho maquillaje en la polvera pero cuál es la razón, entonces, de que la gran prensa esté tan en contra de estos gobiernos y actúe como un partido político de oposición variopinta?


–En México vivimos una situación similar. A nivel de la TV tenemos un monopolio, un grupo que se llama Televisa que incluso está presente en Estados Unidos y que muchos de sus programas se exportan a muchos países de América latina y Europa, Televisa ocupa el 80 por ciento del espectro de la televisión mexicana. Muchísimo. Los gobiernos han ido debilitando su capacidad de construcción de consenso, la gente cree cada vez menos en los Estados.


–Le preguntaba por el rol de la prensa que se ensaña con los gobiernos progresistas.


–Creo que estos grupos que están en los medios de comunicación adquirieron tal poder que se han propuesto fabricar presidentes y quitarlos. En México un candidato, Vicente Fox, fue fabricado por Televisa y ahora en la llegada al poder de Enrique Peña Nieto, del PRI, Televisa jugó un papel fundamental y ellos sienten que ese poder se ve amenazado por estos gobiernos progresistas. Lo mismo sucede con el grupo O Globo en Brasil. Ellos actúan cuando estos estados neo keynesianos y neo desarrollistas empiezan a avanzar con una política que toca un poco sus intereses porque, por ejemplo, casi todos estos gobiernos construyen sus canales estatales o proponen reformas para tener construcción de consenso y legitimarse. Esto agrede los intereses de estos grupos y es ahí donde ellos reaccionan con esta virulencia porque siempre quieren tener capacidad para manipular la información.


–Hay muchos que opinan que el capitalismo va a seguir ¿hay alguna posibilidad que estos movimientos antisistémicos triunfen en la perspectiva de una sociedad más solidaria?


–Aquí yo sigo los puntos de vista del propio Immanuel Wallerstein que hace 20 años analiza la crisis terminal del capitalismo. El señala que en los últimos 30 años vivimos fenómenos que nunca habíamos vivido en el capitalismo por ejemplo con la crisis ecológica actual se está llegando a un punto de no retorno donde el hombre arriesga mucho. Y grandes científicos dicen que si seguimos este esquema depredador y de visión instrumental de la naturaleza donde pensamos como amo y señor y así explotarla sin límites, estamos produciendo el calentamiento global y el achicamiento de los polos o los fenómenos del Niño. Si la humanidad no cambia su modo de relacionarse se puede acabar la especie humana. Fue el capitalismo el que llevó esta postura depredatoria sin límites respecto del propio entorno natural. En la crisis económica los economistas decían que si hay estancamiento no hay inflación y si había inflación era porque había crecimiento, las mercancías y riquezas producidas ya son excedentarias para los circuitos capitalistas. ¿Por qué crecen los mercados negros en todo el mundo? Porque la producción de riqueza se siente constreñida en los circuitos de distribución y de comercio capitalista y eso construye las economías paralelas.


–Y la barbarie y la guerra, muchos conflictos armados se dan por la puja por el excedente.


–Así es. Esa idea de que los jóvenes ya no creen en la política, ese dicho que los argentinos inventaron y exportaron con éxito: “Que se vayan todos que no quede ni uno solo”, esta deslegitimación no sólo de los Estados sino de las clases políticas es un fenómeno que no se vivió antes, los jóvenes son educados en el individualismo y egoísmo feroz que cuando se lleva a la práctica provoca autodestrucción. La política está en crisis, la situación ecológica y económica, las relaciones sociales y la cultura creo que nos autorizan a hablar de una crisis terminal del sistema capitalista como esquema civilizatorio. Ya dio todo lo que pudo dar en términos positivos y llegó a su fin y esto acrecienta las chances de los movimientos anti sistémicos, nunca tuvieron más oportunidades de vencer que hoy.


–¿Tampoco se ve una alternativa política?


–Hoy América latina es el frente de vanguardia mundial de la lucha antisistémica, aquí se está construyendo el germen, los nuevos mundos que podrían darnos el modelo de cómo será una sociedad distinta por ejemplo las Juntas de Buen Gobierno zapatistas, ahí se desarrollan otras relaciones económicas otro tipo de comercio otra relación con la naturaleza, la idea de la madre tierra que es una idea indígena, otra forma de hacer política, otro modo de cultura. En los barrios piqueteros acá, que empiezan a reestructurar su modelo pedagógico educativo o el proyecto de las fábricas recuperadas, son gérmenes de cómo puede funcionar una sociedad nueva sin relaciones de opresión ni discriminación. Estos movimientos vienen de un modelo que se remonta a la Comuna de París o los soviets y que fue recuperada por el movimiento de consejistas del movimiento socialista pero la tradición hegemónica era “tomen hagan el modelo stalinista, construyan desde arriba” y el pueblo vuelve a quedar marginado y eso nos da el socialismo fallido del siglo XX.


–¿Podrán los movimientos sociales como el zapatismo evitar las presiones cada vez más fuertes de los sectores dominantes de los Estados Unidos?


–En el Manifiesto del Partido Comunista Marx escribió que cuando la lucha llega a un punto crítico las clases se enfrascan en un conflicto abierto y sólo hay dos opciones. O se construye una nueva sociedad o puede venir una barbarie en la que todo se destruye. Estados Unidos es una potencia cada vez más en decadencia, está sufriendo una derrota en el plano tecnológico, financiero geo político, económico cultural pero sigue siendo la primera potencia militar y puede utilizar el poder militar para revertir la situación y ahí corremos un riesgo todos pero debemos ser optimistas, creo que la humanidad es inteligente y el pueblo norteamericano reaccionará y los pueblos de Europa se levantarán contra todo aquel que quisiera hundirlos en una tercera guerra mundial.


–¿En ese escenario usted ve que hay sectores de izquierda que terminan por coincidir de hecho con las acciones de la oposición conservadora y los intereses de las grandes corporaciones para acabar con el avance progresista en América latina?


–Los gobiernos y los Estados aprenden de las luchas populares y la burguesía trata de desactivar de reducir, de achicar y lo digo en el caso chiapaneco en México, donde el estado utilizó todas las estrategias y todas le han fracasado para enfrentarnos. Confrontar y el concepto de autonomía es un concepto de todos los movimientos de izquierda. En Bolivia la derecha pretende la autonomía de Santa Cruz. Si uno hace una crítica de estos gobiernos progresistas correría un riesgo de ser recapturado por la derecha pero creo que hay una manera muy sencilla de evitar eso y es precisamente reclamarles a estos gobiernos demandas anticapitalistas y antisistémicas que son irrecuperables por la propia derecha. Pongo un ejemplo claro: en México surgió el Movimiento 132 de los jóvenes y ellos decían al principio “democraticemos los medios de comunicación” y al no darle contenido, Carlos Slim, que es el hombre más rico del mundo, dijo “democraticemos porque yo quiero tener mi propia cadena de TV, que se abran otros 5 canales yo los compro todos”. Para darle un sentido anticapitalista y antisistémico a la idea de democratizar los medios de comunicación, no hay que plantearlo en abstracto sino devolverle a los medios de comunicación al pueblo, crear 200 radios comunitarias, 40 canales de TV de los movimientos sociales, en cada universidad que podamos hacer revistas, periódicos que se difundan ampliamente.


–Daría la impresión de que esos cambios se producen en forma gradual y no todo proceso es nacional del todo, siempre tiene algo que ver con lo internacional y lo que ocurre en Europa repercute aquí. ¿Cómo ve usted esta situación en el Viejo Continente?


–Son expresiones de la crisis terminal del capitalismo. Durante varias décadas Europa, Estados Unidos y Japón pudieron desplazar a la periferia sus crisis y ahora le llegó al corazón mismo. Francia y Alemania que son los pivotes que están imponiendo la peor de las recetas porque están creyendo que con más neoliberalismo, más austeridad y con más ajuste es como van a salvar la crisis y es como echarle gasolina al fuego. La crisis llegará a Francia y Alemania y provoca que la gente se comience a movilizar. En España la manifestación del 25 de septiembre de 2012 fue duramente reprimida porque la gente se citó alrededor del parlamento y planteó un nueva asamblea constituyente y en Grecia han estado a punto de tomar el parlamento todas las marchas alrededor de la Plaza Sintagma muy cerca del centro del poder político. Allí en las revueltas piden las mismas demandas de los zapatistas del primero de enero de 1994, luchan por libertad, luchan por democracia, luchan por educación, por alimentación, por vivienda. Son las once o doce demandas zapatistas tierra, techo trabajo y las mismas demandas zapatistas están reapareciendo en el primer mundo con sus modalidades y sus variantes, es una protesta que se está volviendo mundial. El lado triste de esta historia es que esa crisis nos va a pegar a nosotros. Estos gobiernos están haciendo medidas antiimperialistas, renacionalizan, incentivan el mercado interno propio y atemperan los efectos de la crisis, pero no pueden dar más y para que den más se necesitan gobiernos mucho más a la izquierda y que se tomen medidas radicales.


–¿Cómo se trabaja en la subjetividad dado que hubo marchas antigubernamentales fogoneadas por la derecha y los grandes medios de comunicación?


–Los medios de comunicación mienten de una manera tan descarada y absurda que llega un punto en que la gente que vive en el mundo real se da cuenta que no corresponde con lo que le están contando, creo que se está erosionando la credibilidad de los medios de comunicación. Los movimientos sociales tienen que activar una estrategia de contra información y los medios tecnológicos dan muchas posibilidades. Un muchacho puede comprar una cámara y la imagen la puede difundir para dar la información verdadera y desarrollar un trabajo de concientización. Los medios de comunicación son cada día más autistas, más falsos, mas monopolizados y del otro lado la gente está apostando a otras maneras de informarse. Cuando hacemos análisis políticos creo que vale lo que decía Fernand Braudel que nos dejamos llevar por el ritmo de la coyuntura política pero por debajo de lo que está aconteciendo hay que tratar de ver la tendencia. Todo este poder de los medios de comunicación está reñida con el protagonismo de las clases populares, están poniendo en la agenda diaria tema centrales, en los últimos 30 años el grado de maduración política de las clases populares en América latina, de su conciencia y claridad con los logros de derrocar gobiernos les enseña que pueden hacerlo de una manera pacífica para pasar de un repliegue a una ofensiva en cada país según particularidades, según su historia. Aquí en el 2001 vi un libro que me gustó mucho cuyo título era Cuando el país entero era una asamblea. La sociedad argentina está movilizada. Gramsci tenía razón, se va construyendo un bloque nuevo que va creando consensos diferentes, crea una nueva cultura y termina por imponerse por la fuerza de las cosas, las clases dominantes ya no tiene nada que ofrecer.

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Lunes, 29 Abril 2013 06:42

Biblioteca incompleta

Biblioteca incompleta

Hace unos días, un quinteto presidencial se reunió en Texas para celebrar la inauguración de una biblioteca con el nombre de uno de ellos, y con ello, rehabilitar a uno de los peores presidentes, según la opinión pública, de la era moderna.


La Biblioteca Presidencial George W. Bush fue inaugurada con la presencia de ex presidentes de este país, y el actual, Barack Obama: el de la biblioteca estrenada, Bill Clinton, George H.W. Bush (el padre del festejado) y Jimmy Carter. En el discurso de Obama (quien aseguró que Bush “es un buen hombre”) como en todos los demás de este exclusivo club, lo más notable fue la ausencia de referencias al tema de las guerras de Irak, la respuesta al desastre natural del huracán Katrina y la peor crisis económica desde la Gran Depresión; o sea, los principales “logros” de la gestión de Bush.


Y es que, como todos en el planeta saben, el gran logro de Bush fue llevar a su país a las dos guerras ahora más largas de su historia, con justificaciones falsas, inauguró el campo de concentración de Guantánamo, autorizó el uso de la tortura y la desaparición como instrumentos oficiales de la “guerra contra el terror”, e impulsó una de las mayores ampliaciones del gobierno para administrar esta nueva “guerra” infinita, que incluyo toda una serie de medidas sin precedente para espiar al mundo, incluyendo a su propio pueblo; todo esto denunciado por organizaciones de derechos humanos y de libertades civiles como violaciones a la Constitución y al derecho internacional.

 

Por si fuera poco, Bush y su gente llevaron al país al “precipicio” del caos económico. Eso con el costo de millones de desempleados y el incremento de la población con hambre, sin casa y sin acceso a servicios de salud. La lista de consecuencias es extensa. Pero también fue parte de una política económica que se ha extendido con Obama, quien, en los hechos, ha resultado en uno de los traslados de riqueza de las mayorías al 1 por ciento más rico y más dramático de la historia contemporánea. La desigualdad económica desde los años de Bush hasta ahora se ha vuelto la más aguda desde justo antes de que estalló la Gran Depresión.


Nada de esto se mencionó en el gran festejo, lo cual lleva a preguntar qué hay dentro de esa biblioteca, o más bien, qué no hay.
Por ejemplo, seguro no está la carta abierta que le envió un veterano de guerra de Irak llamado Tomas Young el mes pasado al celebrarse el décimo aniversario de esa guerra. “En todo los niveles –moral, estratégico, militar y económico– Irak fue un fracaso… Y fueron ustedes, Sr. Bush y Sr. Cheney, quienes iniciaron esta guerra. Son ustedes quienes deberían de pagar las consecuencias”, escribió en lo que llamó “La última carta”, porque Young ha tomado la decisión de suicidarse en las próximas semanas porque ya no aguanta el dolor y deterioro físico de su existencia después de quedar paralizado en esa guerra.

 


Young escribe que enviaba esta carta a Bush y Cheney “no porque pienso que entienden las terribles consecuencias humanas y morales de sus mentiras, manipulación y sed por riqueza y poder. Escribo esta carta porque, antes de mi propia muerte, quiero dejar claro que yo, y cientos de miles de mis compañeros veteranos, con millones de compañeros ciudadanos, y cientos de millones más en Irak y Medio Oriente, sabemos plenamente quiénes son ustedes y qué han hecho. Ustedes podrán evadir la justicia, pero a nuestros ojos cada uno es culpable de crímenes de guerra severos, de pillaje, y de asesinato, incluyendo el de miles de jóvenes estadunidenses, mis compañeros veteranos cuyo futuro usted robo”. (La carta completa se puede consultar en: truthdig).


Seguro tampoco están en esa biblioteca los detalles de uno de los mayores fraudes en la historia mundial, donde los principales bancos, aseguradoras y casas de inversión engañaron y manipularon a tal grado de avaricia que lograron detonar una crisis gigantesca que puso en riesgo la viabilidad económica del país. Fueron rescatados por el estado, con el tesoro del pueblo, para poco después regresar a una prosperidad récord hoy día.


Y ahora sigue la fiesta para los afortunados: durante los dos primeros años de la recuperación económica, el valor neto de los hogares del 7 por ciento más rico del país se incrementó aproximadamente 28 por ciento; para el restante 93 por ciento se desplomó 4 por ciento, según un análisis difundido la semana pasada por el Centro de Investigación Pew. Con ello se incrementó la desigualdad: el 7 por ciento más rico ahora concentra 63 por ciento de la riqueza de los hogares; dos años antes tenía 56 por ciento.


Bush afirmó en la celebración que las generaciones futuras “se enterarán de que nos mantuvimos fieles a nuestras convicciones”.
Tanto las guerras como la política financiera y económica han sido un gran negocio para unos cuantos. Todo esto producto de un consenso entre las cúpulas políticas y económicas a lo largo de esta última década.


John LeCarre, el gran escritor británico, ha sido un crítico de la creciente interrelación entre las cúpulas políticas y económicas, señalando con alarma hasta la cada vez mayor privatización de las operaciones bélicas y de inteligencia del Estado. Comentó recientemente al New York Times que “Mussolini dijo que la definición del fascismo era cuando uno no podía colocar un papel de cigarro entre el poder empresarial y el poder gubernamental”.


Pero nada de esto está en esa biblioteca, y menos que Bush continúa ocupando el segundo lugar de los presidentes más desaprobados por la opinión pública en la era moderna, a pesar de este tipo de ceremonias y otros esfuerzos para intentar rehabilitar a quien formaba parte de lo que Gore Vidal llamaba la “junta Cheney/Bush” (en ese orden).


Tal vez se debería de abrir una biblioteca sólo con lo que no está en esa.

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