“Sendero de las Mariposas”: ecocidio en los Cerros Orientales

La imagen de “atractivo turístico” en los cerros orientales es la premisa con la que se enmascara uno de los proyectos más ambiciosos y codiciados por la Alcaldía Mayor de Bogotá, en cabeza del alcalde Enrique Peñalosa, quien esconde un negocio multimillonario en la idea de reconocimiento, acercamiento y pedagogía profunda a los cerros con el Sendero de las Mariposas.

Una puñalada a la yugular para el ecosistema bogotano. El denominado Sendero de las Mariposas, es un proyecto que se viene trabajando desde el 2005 en la zona panorámica de los cerros orientales. Una obra que se expande por 6 localidades, atravesando de norte a sur la parte periférica de la ciudad. El proyecto inicia en Lagos de Torca, en la localidad de Suba, pasando por el alto de patios en la localidad de Usaquén, seguido de Chapinero, Santa fe, la Candelaria y San Cristóbal.

El proyecto consiste en realizar una zanja peatonal de aproximadamente 165 kilómetros por los estribos de los cerros, estructura que se diseña a modo de cortafuegos para que en caso de incendios o siniestros en inmediaciones del sendero, se logre tener la asistencia oportuna de las entidades primarias en extinguir el fuego.

Una obra que en un primer momento se estimó por un capital aproximado a los 266 mil millones de pesos, sin embargo, los recursos destinados no son solamente para la estructura del sendero, sino también para los hoteles y los cimientos de las zonas comerciales que también se quieren realizar en este territorio natural, elevando así el costo por cerca de 1 billón de pesos.

Aunque las instituciones interesadas en la realización del sendero son la Corporación Autónoma Regional (CAR), la Empresa de Acueducto de Bogotá y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla). Quienes realmente se beneficiarían de este proyecto son los sectores políticos afines a Peñalosa y las empresas privadas que responden a los intereses del capital nacional e internacional, empezando por los integrantes de la Cámara de Comercio de Bogotá.

El Departamento de Ordenamiento Territorial ha desconocido por completo la importancia del ecosistema y han puesto por encima los intereses de las empresas inmobiliarias atraídas por generar planes de vivienda, comercio y urbanización en este territorio.

Ahora bien, es de gran importancia determinar y recalcar la trascendencia que tiene el ecosistema de los cerros en el perímetro inmediato de Bogotá, pues allí es donde nacen las aguas en las cuencas altas, los ríos menores y los páramos más representativos, que surten de agua potable a casi el 80 por ciento de la población bogotana. Así mismo, los cerros orientales se encuentran situados en una parte estratégica de la geografía nacional, pues conectan el páramo de Chingaza y Sumapaz con los llanos, la Cordillera Oriental de los Andes y el trapecio amazónico.
Con la realización del sendero, se verían afectados drásticamente los afluentes, las cuencas y la biomasa natural, afectando así a más de 2 millones de árboles localizados en la zona, al mismo tiempo que a las comunidades campesinas que aún residen en las proximidades de los cerros, perjudicando la superficie montañosa de la que dependen.

Es así, como se evidencia una institucionalidad que esta al servicio del beneficio de los grupos de poder económicos nacionales e internacionales, que se afincan en medio del poder estatal para apalancar los grandes negocios de una minoría en contra de los derechos de las grandes mayorías, la ciudadanía.

*Periodista Voces en Movimiento

Publicado enEdición Nº256
Las termitas han construido la mayor estructura del planeta

En los últimos 4.000 años han levantado más de 200 millones de montículos en el nordeste de Brasil

Durante milenios, un minúsculo insecto ha levantado una de las mayores estructuras jamás creadas por el ser vivo. Una especie de termitas, considerada una plaga en la ciudad, ha excavado millones de montículos en el nordeste de Brasil. Aunque conocidos por los lugareños, su extensión real no se ha podido determinar hasta que la deforestación y los satélites han desvelado su grandeza: más de 230.000 kilómetros cuadrados salpicados de montones de tierra repartidos de forma regular, casi matemática.


"Los montículos siempre estuvieron bien escondidos entre la vegetación de secano de la región (la catinga) y en general apenas se pueden ver. Los de fuera solo los han podido observar después de que alguna porción de tierra fuera deforestada para pastos", dice el investigador de la Universidad Estatal de Feira de Santana (Brasil) y coautor del estudio, Roy Funch. "Algunos locales pensaban que los habían levantado termitas, hormigas u otra criatura similar. Pero para muchos, simplemente estuvieron ahí, formaciones naturales hechas por Dios que siempre habían existido", añade.


Siempre no, pero sí al menos desde hace más de 3.800 años. La datación de una muestra de murundus (como se conoce a estos montículos en la zona) indica que muchos de ellos llevan milenios ahí, lo que los convierte en una de las estructuras de origen biológico más antiguas. Y tampoco son obra divina, sino de la Syntermes dirus, una termita. Mejor dicho, de colonias y colonias de ellas. Pero no son sus nidos. Es la tierra que los insectos excavan mientras buscan hojas caídas con las que alimentar a la colonia.


El estudio a fondo de los murundus, publicado ahora en Current Biology, muestra que hay más de 200 millones repartidos por 230.000 kilómetros cuadrados de la catinga de los Estados brasileños de Bahía y Minas Gerais, una extensión comparable a la que tiene todo Reino Unido. Los autores del estudio han estimado una densidad de 1.800 montículos por kilómetro cuadrado. "Es, con mucho, la estructura animal más grande y extensa jamás encontrada", sostiene el entomólogo de la Universidad de Salford (Reino Unido) y coautor del estudio, Stephen Martin. Experto en insectos sociales, Martin ayudó a Funch a desvelar todos los misterios de los murundus.


Todo es ingente aquí. Cada montículo está formado por unos 50 metros cúbicos (m3) de suelo, así que las termitas han tenido que excavar unos 10 kilómetros cúbicos de tierra, el equivalente a la necesaria para levantar 4.000 pirámides como la de Guiza. Pero más que la cantidad de tierra movida, lo que intriga a los científicos es la regularidad. Con pequeñas variaciones, los montículos tienen una altura media de dos metros y medio y una base de nueve metros. Fascina aún más lo regularmente distribuidos que están sobre el terreno. Los montículos distan entre sí una media de 20 metros, así que forman patrones geométricos regulares visibles desde el aire o el espacio. "Vistos desde arriba, forman un patrón, siempre aproximadamente con el diámetro de dos montículos de distancia entre uno y otro, y nunca sin tocarse", comenta Funch.


La intriga tiene que ver con dinámicas de carácter biológico. Según los autores del estudio, las termitas liberan dos sustancias químicas que crearían una especie de mapa de feromonas que permitiría a las termitas "minimizar el tiempo del trayecto desde cualquier punto de la colonia hasta el montículo de escombros más cercano". Esto daría el límite inferior a la distribución de los murundus. El exterior vendría de la interacción entre los mapas de feromonas de las distintas colonias de termitas.


Este mecanismo relacionaría los murundus de Brasil con otras creaciones geométricas naturales, como los círculos de hadas de Namibia o Australia o los mima del norte de América. En todos esos casos parece funcionar un proceso de difusión-reacción ya postulado por el matemático, informático (y cada vez más biólogo) Alan Turing.

19 NOV 2018 - 12:28 COT

De la experiencia urbana a la construcción colectiva de un nuevo paradigma de ciudad

La construcción de la ciudad hoy demanda nuevas lecturas y acciones encaminadas a reconocer las prácticas territoriales, comunitarias, organizativas e incluso institucionales, que redunden definitivamente en un modelo de ciudad ambiental y socialmente sostenible.

 

En “La experiencia urbana y su relación territorial expandida”**, artículo publicado en la anterior edición de este periódico hicimos referencia al actual modelo de ciudad, a algunas de sus principales características y problemáticas asociadas al desarrollo urbano de las ciudades colombianas, identificando las condiciones de segregación, exclusión, consumismo e individualidad que le dan sentido al modelo de ciudad vigente. Este panorama nos cuestiona acerca de ¿Cómo debería ser entonces la alternativa a éste modelo?

 

La premisa gira alrededor de una orientación más humana, sostenible y equitativa, construida a partir de repensar el hábitat como componente transversal y articulador de la vivienda, el espacio público, el medio ambiente, y el acceso a los servicios públicos, complementarios y urbanos. Un modelo que fortalezca la participación y el trabajo colectivo de los ciudadanos, que les involucre, reconozca y garantice plenamente su derecho a la ciudad.

 

Un nuevo paradigma de ciudad

 

Al ver hacia donde se están orientando las ciudades desde las administraciones municipales, como Bogotá o Medellín, pareciera que un nuevo modelo o paradigma de ciudad está lejos, inalcanzable, pues la priorización de la inversión pública para generar infraestructura productiva está por encima de las necesidades y los derechos de las personas y la naturaleza.

 

El modelo actual considera necesaria la expansión de la ciudad, la renovación urbana y las intervenciones con bulldozer –que arrasan con lo construido, en términos de infraestructura y tejido social–, para potenciar un desarrollo físico espacial que abra las puertas a nuevas inversiones privadas y al mercado, dando paso principalmente al desarrollo económico y el intercambio acelerado de mercancías. La ciudad planeada por la tecnocracia estatal entra entonces en una contradicción expresa con la ciudad habitada –y construida también– por las comunidades.

 

A pesar de este panorama, la ciudad es producto de múltiples intervenciones hechas por diversos actores, quienes desde perspectivas distintas generan otras formas de apropiarla, realizando diferentes intervenciones comunitarias e, incluso públicas, logrando establecer dinámicas sostenibles con el medio ambiente, el vecindario y la ciudad misma.

 

Estas formas de intervención hacen parte de esa otra cara de lo urbano, de un nuevo paradigma que parte del reconocimiento de la ciudad habitada, socialmente construida, y del trabajo de procesos organizativos que por años han respondido a las adversidades de habitar la ciudad informal. A partir del reconocimiento de esa ciudad que no fue planeada pero que respondió a las necesidades de una población creciente –fuertemente ligadas al déficit de vivienda y los servicios públicos–, surgen estrategias claves desde la política pública para mejorar las condiciones del hábitat y compensar los desequilibrios urbanos.

 

Destacamos el papel que juegan, por ejemplo, el mejoramiento integral de barrios y la revitalización urbana en el posicionamiento de políticas e intervenciones que escuchan las exigencias históricas de la gente por acceso a servicios y espacio público, y que a partir de la escala barrial, del reconocimiento del tejido social y la infraestructura existente, integran la participación ciudadana a la planificación y gestión del territorio. La clave radica en ir más allá de intervenciones físicas puntuales o localizadas, comprometiendo las instituciones y los presupuestos públicos en alcanzar acciones espaciales que tengan como eje fundamental la participación de la gente en la construcción de la ciudad, y que estas actuaciones exitosas sean referentes replicables.

 

Propuestas que construyen el nuevo paradigma de ciudad

 

Con el fin de alimentar las intervenciones públicas, es necesario reconocer los aportes que colectivos y organizaciones realizan en ciudades como Bogotá y Medellín, evidenciando las interrelaciones entre lo público y lo comunitario, así como los espacios de trabajo reivindicados y promovidos por la sociedad que construyen el nuevo paradigma de ciudad.

 

En Bogotá, por ejemplo, puede encontrarse cómo la construcción de acueductos comunitarios en los Cerros Orientales garantiza la prestación de servicios, y han representado un ejercicio transformador del territorio que favorece la autonomía y autodeterminación de barrios completos. O cómo la conformación de una Audiencia Pública en la zona de expansión en Usme permitió jalonar intervenciones urgentes en cuestión de transporte y equipamientos en una zona construida por la misma Administración Distrital.

 

Cada una de estas actuaciones es compleja y está cargada de dificultades en su realización, y aun así conservan la cualidad de estar liderados por la comunidad misma y de responder a unas necesidades muy concretas e inaplazables de los territorios. Por ello la urgencia de repensar el paradigma o el modelo de ciudad radica en reconocer que la organización del territorio no es un ejercicio de decretos y escritorios exclusivamente, sino de acciones ampliadas que tienen múltiples referentes internos y externos que deben ser estudiados y adaptados con rigor. El ejercicio de la participación ciudadana es transversal en cada uno de los ejemplos mencionados, y logra la articulación y fortalecimiento del tejido social a partir de la construcción de diversas estrategias para dar solución a las dificultades comunes.


La transformación de los barrios de la periferia de Medellín

 

La capital antioqueña es uno de los puntos de referencia para el desarrollo urbano, no sólo en el país sino en Latinoamérica, sin embargo, las intervenciones de sus administraciones, que son ampliamente cuestionadas por su insostenibilidad, generan nuevas tensiones territoriales que requieren de la organización y el establecimiento de lógicas de interlocución que permitan llegar a acuerdos entre la comunidad y el municipio. Ejemplo de esto es la estrategia Cinturón Verde, que, aunque busca contener el crecimiento de la ciudad, genera una dinámica de especulación en el mercado del suelo que termina expulsando a los habitantes tradicionales de las zonas afectadas por tal estrategia.

Proyectos urbanos de este tipo, parecen tener implícita la expulsión de la población de un territorio, como si esta no tuviera derecho a residir en los espacios que con su propio esfuerzo han desarrollado o habilitado. En contra respuesta, el mejoramiento de barrios surge como una estrategia poderosa para el ejercicio colectivo e incluyente, que permite interpretar de manera amplia la integración de respuestas a las necesidades –o expectativas– de una comunidad, a la vez que le relaciona con la escala de la ciudad y el mejoramiento de las condiciones de habitabilidad.

Grupos como la Mesa Interbarrial de Desconectados, la Mesa de Vivienda Comuna 8, el Movimiento de Pobladores, entre otros, crean espacios de discusión y formación territorial para pensar una propuesta de ciudad alternativa desde las comunidades, que haga valer su derecho a la ciudad y a participar en las decisiones de cómo, para qué y para quiénes se construye la ciudad. Trabajo que ya ha dado frutos al incorporar en el Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad, los principios de derecho a la ciudad y la protección a moradores, los cuales permiten consolidar el modelo de ocupación territorial que se propuso Medellín, y que deben convertirse en un referente para otras ciudades y municipios.

 

Las mujeres en la lucha por el hábitat en Bogotá

 

En la zona de expansión urbana de Bogotá la construcción de vivienda masiva ha representado para sus nuevos habitantes una oportunidad de establecer un proyecto de vida. La “casita”, como propiedad, en muchos casos es una garantía para el futuro y la reconstrucción de la vida misma. Sin embargo, estos grandes proyectos que buscan dar una propiedad especialmente a grupos vulnerados y empobrecidos, generan nuevas tensiones de difícil manejo para quienes las habitan, especialmente frente a la convivencia y la adaptación a la vida en propiedad horizontal, además del conflicto que representa habitar un espacio entre lo urbano y lo rural.

 

Esta presión recae especialmente sobre las mujeres y su rol histórico –y solitario– en la comunidad, pues quienes más sufren esta débil calidad de vida en un hábitat tan precario como el que hoy por hoy ofrece el modelo de vivienda, son ellas. La falta de equipamientos como jardines infantiles u hospitales, la baja calidad del espacio público o la falta de transporte dificultan las tareas de reproducción y cuidado, y aumentan la doble carga que de por sí ya tienen las mujeres en sus hogares.

 

En un rincón de Bogotá, en la localidad de Usme, los grupos ciudadanos organizados que han dado luz al mejoramiento e instalación de servicios como el alumbrado en las calles, la construcción de jardines infantiles o el acercamiento de servicios sociales como el control de perros o gatos, de dinámicas productivas como las huertas urbanas y la economía rural, o de acceso a derechos culturales como la lectura, el baile o la pintura, están conformados fundamentalmente por mujeres, que a través de los mecanismos jurídicos y de participación han logrado llamar la atención sobre los múltiples sobrepesos que implica habitar la ciudad formal y planeada.

 

La lucha por el agua y el ambiente en Bogotá

 

Desde el borde sur de Bogotá, un grupo de jóvenes se agrupa bajo la consigna “Parque Ecológico Cerro Seco. Lo queremos, lo necesitamos”, y adelanta un trabajo en colectivo para defender de la minería al ecosistema subxerofítico, propio de la alta montaña, y a los habitantes de sus barrios de los impactos que implicaría tal explotación para la salud. Con este trabajo defienden un modo de vida basado en el respeto a la naturaleza y ponen manifiesta la relación existente entre esta y la calidad de vida. En vez de canteras, la juventud organizada de Ciudad Bolívar pide la conformación del parque metropolitano, un espacio que sirva para la conservación, la educación ambiental y para poner freno a la expansión urbana.

Esta experiencia se convierte en un ejercicio intergeneracional de toma de conciencia sobre el territorio: mientras los abuelos fueron quienes dominaron la montaña para construir un proyecto de vida, los jóvenes retomaron la idea de la autogestión del territorio para resignificar el espacio que habitan y proponer un nuevo modelo ambiental y de espacio público. Este territorio es reconocido en la actualidad como un cuerpo vivo que hay que defender, no sólo desde las pujas administrativas, sino desde las prácticas culturales y económicas, y que deben ser transformadas en función del cuidado de la vida y la naturaleza.

 

Materialización del nuevo paradigma de ciudad

 

Cada uno de los ejemplos expuestos evidencian el accionar amplio y diverso que fluye de manera permanente en los territorios y que, además de resistir al modelo de la ciudad de hoy, propone formas de disputa de la misma en el que se garantizan derechos y se construyen otros. Estas posibilidades se dan a partir del trabajo organizado de colectivos y comunidades que desde sus acciones configuran y dotan de sentido un nuevo modelo de ciudad distante del que se sufre en la cotidianidad.

 

Este es un paradigma de ciudad que reconoce a los habitantes y a las comunidades como actores constructores de la ciudad, con capacidades para identificar las necesidades insatisfechas en lo urbano y el entorno natural, y que prioriza formas de resolverlas potenciando los mecanismos de gestión asociada. Este paradigma es posible y se evidencia mediante al menos tres elementos:

 

i) El reconocimiento desde las acciones públicas del territorio socialmente construido que es apropiado de múltiples formas según las necesidades e intereses de los diferentes actores, para que las intervenciones propuestas por la administración pública, partan de los consensos colectivos.
ii) La identificación y potencialización de la construcción de tejido social, con el cual florece el sentido de la vida en la ciudad. La generación de dinámicas que aumenten la participación de la población en la toma de decisiones, además de favorecer las lógicas en las que esto ha sido posible en los territorios, es una deuda a saldar desde los espacios de poder público.
iii) La apertura de la participación ciudadana en espacios o instrumentos de planificación estatal. La sociedad como fuente y creadora de derecho debe permear el ordenamiento jurídico y la institucionalidad en materia urbana, a través de los acuerdos sobre el territorio habitado y administrando de manera consensuada y colectiva los espacios que habitan.

El paradigma de ciudad propone traspasar la frontera existente entre el ejercicio de participación en la planeación territorial y el Estado. Su materialización podrá evidenciarse en el momento en el que se logre disminuir la brecha existente entre el ejercicio de la participación y los escenarios legales y técnicos propios del ámbito estatal, materializando una ciudad más equitativa y con servicios urbanos al alcance de todas las personas.

 

Es preciso entonces, fortalecer un sentido, una idea y una razón sobre la cual organizarse y tejer comunidad, teniendo en cuenta que la diversidad de actores hace también dificultosa la tarea de construir ciudades social y ambientalmente sostenibles. Finalmente, es necesario resaltar que la participación y el ejercicio colectivo de la gestión y las victorias por el espacio, construyen de manera incidente, la única y más preciada forma de construir ciudad sobre la ciudad, en la cotidianidad y desde abajo.

 

* Ma. Camila Carreño Novoa, Carolina Catumba, Lucía Duque Guevara y Natalia PedrazaMora
** Ver artículo “La experiencia urbana y su relación territorial expandida” en: https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/34922-la-experiencia-urbana-y-su-relacion-territorial-expandida.html

Publicado enColombia
Una campaña de otro tipo “Entre locos nos encontramos”

Incertidumbre. Maletas grandes y carpas; presupuesto mínimo para transportes; un plan de viaje con destino al diverso sur del país y algunos contactos donde llegar. Eso fue lo necesario para que cinco personas del colectivo desdeabajo decidieran salir a visitar la Colombia profunda, esa de paisajes indescriptibles y atardeceres mágicos, de carreteras sin pavimento y trochas que conectan veredas y pueblos; de gentes trabajadoras con manos callosas y curtidas; de pies descalzos, fuertes y recios, que no se cansan de caminar y trabajar por la vida de los territorios.

 

Las intenciones del colectivo, al decidir este viaje, en primer lugar era aprender, escuchar, conocer y encontrarse con quienes viven y sienten el país desde otras lógicas y miradas. El viaje culminaría con la esperanza de que es urgente tejer pensamientos comunes para empezar a caminar una propuesta conjunta, un proceso colectivo que tiene el propósito de recuperar la esperanza y el ánimo para construir otro mundo que sí es posible.



Primera parada: ¿Pasto?... ¿más bien Palmira?

 

La ruta era clara, el camino diverso. A las 10 de la noche en la terminal de transporte de Bogotá no había buses para Nariño; los contactos en la ciudad de Pasto no contestaban los celulares y el colectivo tuvo que optar por cambiar su trayecto inicial. Eran las 9 de la mañana cuando la ciudad de Palmira se convirtió en la primera parada.

 

Una familia con los brazos abiertos recibió a las cinco personas que recién iniciaban su recorrido; abundante comida, alojamiento y abrazos de ánimo para continuar el viaje fueron los regalos que nos brindarnos. Por azares del destino, uno de los contactos con asiento en esta ciudad invitó a participar en una reunión en la vereda Calucé, donde diferentes personas estaban citadas, ante la llegada de un proyecto minero energético, para preparar un festival por la defensa del territorio y la vida.

 

En medio del diálogo desprevenido, y luego de escuchar sus problemas y las acciones que están construyendo para solucionarlos, desdeabajo presentó su propuesta, no para discutirla ahí, ni para tomar decisiones de inmediato, sino para comenzar a construirla y organizar en colectivo. La propuesta era simple, sencilla, apenas un impulso inicial para prender la tramoya de corazones que desean cambiar sus condiciones actuales de vida sin necesidad de promesas politiqueras.



Otra campaña en tiempos electorales

 

Sí, la propuesta es una campaña; una que no busca votos, no quiere puestos y no piensa poner a nadie en alguna instancia del Estado; una campaña que no llama a la abstención, pero tampoco al voto; una campaña que pretende discutir, más allá de cuál es el candidato o el partido, el modelo de democracia actualmente existente en Colombia, para lo cual su intención es propiciar espacios de encuentro y discusión asamblearios donde se siembren las raíces y las bases de un proceder social de nuevo tipo en el país, donde la democracia, más allá de la realmente existente, de la formal, germine en los territorios de la mano de las gentes, con ellas como los sujetos fundamentales a la hora de diseñar el qué hacer colectivo.

 

Es una propuesta autónoma y con dinámica propia, de ahí que no esté circunscrita ni determinada por la agenda y el tiempo electoral, tanto de la campaña presidencial en marcha, como la de alcaldes y gobernadores del 2019 o 2022 con la que saldrá seleccionado un nuevo Ejecutivo nacional. Tampoco es una iniciativa para que los ilustrados o mesías lleguen a indicar y decidir el rumbo para que los demás lo sigan, más bien es una apuesta de largo aliento con sus propios tiempos, ritmos y formas, más allá de las coyunturas determinadas por Estado; una campaña que en algún momento –más temprano que tarde– invierta la correlación de fuerzas de manera que el Estado quede obligado a responderle a las iniciativas nacidas desde los territorios de los marginados y excluidos. Es esta pues, una campaña que está floreciendo y que debe ser cuidada por cada persona, organización, colectivo, comunidad o pueblo, que se anime a impulsarla.


Del calor al frío

 

La vegetación cambió, los paisajes también, atrás quedaron los monocultivos de caña y comenzaron las gigantescas montañas del cóndor, la música también era diferente, sonidos andinos y algunas tecno-cumbias transformaban la salsa-choque y el reggaetón, el acento de las personas era tan diferente que quienes nunca habían estado en esa región se sorprendieron de inmediato. Siguiente parada: Ipiales.

 

En medio del viento congelado y el cansancio, las personas del colectivo desdeabajo se encontraron con un vocero de los pueblos indígenas de la zona, quien les habló de su experiencia organizativa como pueblo, de sus problemas territoriales, sus modos de regir el poder en los territorios, de la “cosmocracia”–concepto construido por las comunidades que articula la democracia con las estrellas, los astros y el cosmos–. Un diálogo corto pero que dejó aprendizajes concretos: la otra democracia ya está caminando, ya tiene formas reales; así mismo quedaron retos para el futuro, por concretar.

 

El tiempo de plumas y tambores

 

A las 10 de la noche los integrantes del colectivo llegaron a su tercera parada. Curva tras curva, una carretera que parecía más una serpiente, acercaba cada vez más el pueblo de Santiago, ubicado en el Valle de Sibundoy. Al llegar a la casa que les abriría las puertas por 3 noches, los sonidos de tambores y flautas les dan la bienvenida. El territorio estaba en tiempo de carnaval, en tiempo de Kalusturrinda.

 

Con carpa lista y espacio para descansar, el carnaval se convirtió en un viaje donde una única melodía era la que orientaba a todas las personas al son de la chicha, las armónicas, las flautas, los cascabeles y tambores. Allí el colectivo pudo vivir en carne propia una fiesta milenaria, una que quizás nació con la vida misma.

 

Entre plumas y colores los viajeros pudieron conocer a los indígenas Inga, escucharon sus dolores como pueblo, sus procesos organizativos; bailaron y rieron juntos, y se contaron historias hasta reconocerse. Al terminar el carnaval, desdeabajo tuvo la oportunidad de comentar su propuesta, de compartir su pensamiento. Caminar juntos es la tarea a consolidar, un reto que debe realizarse en un tiempo no muy lejano, pero sin apuros ni prisas, según el decir indígena.

 

Un encuentro para revivir la esperanza

 

De regreso a la ciudad de Pasto, un encuentro que no estaba previsto se propició. Una llamada a un desconocido abrió el camino para descubrir a un personaje con muchos más años que los sumados por quienes iban de Vuelta por Colombia. En el diálogo abierto pudieron escuchar historias de tiempos mejores donde la esperanza por una vida otra estaba agigantada, así mismo escuchamos que toda esa esperanza estaba comprimida y reducida.

 

Todo tiene su explicación, y esta realidad no es excepción: corrupción, burocracia, clientelismo, caudillismo, son algunos de los vicios que propiciaron que los proyectos que aireaban esperanza de una vida digna no florecieran. Escuchando aquella voz de la memoria, nos queda claro que para darle forma a otra democracia realmente diferente en el país, debemos construir un ejercicio radicalmente honesto, que entregue cuentas claras y no haga mal uso de lo público. Allí, luego de esa reunión, quedó sembrada una semilla que debe cuidarse y acompañarse para que enraíce y avance con una articulación real.
Un proyecto generacional

 

Eran las 4 de la mañana cuando los cinco amigos llegaron a Popayán, a la nueva casa que los alojaría por un día. A las 8 de la mañana ya se encontraban en conversaciones fraternas con un profesor de primaria, que labora en un colegio ubicado de un sector popular de la ciudad; entre gritos de niños y niñas, la conversación fue dándose tranquilamente, sin afanes, apenas era el primer encuentro.

 

La discusión sobre la democracia, entre comunidades concretas, surgió como una necesidad, previa a un proceso de educación y formación que plantee discusiones individuales como colectivas. Gestar otra democracia es un proyecto generacional que debe involucrar a todas las personas que habitan el país, debe reconocer las diversidades de cada región y apostarle a que cada lugar encuentre las formas particulares para hacer nacer esa otra democracia, ya no formal ni aparente.

 

Al terminar la reunión con el maestro, la nueva cita fue con una de las organizaciones más solidas del Cauca, quienes mostraron la importancia de otra economía para otra democracia. Reto mayor, pues la transformación y construcción de una vida digna debe tener una economía clara y sólida que no beneficie a algunos pocos sino a las mayorías. Desafío que necesita imaginación y empeño para que pase del dicho al hecho.

 

La liberación de un territorio

 

Nuevamente en carretera, rumbo a la siguiente parada: Corinto. Dieron las 7 de la noche para llegar al pueblo; entre veredas, cinco motos llevaban a las personas del colectivo, allí piensan que la Colombia en paz aun está muy lejos, pues algún motociclista preguntaba asombrado: “¿qué hacen por aquí?, esto anda muy feo por estos días, ayer hubo hostigamiento a la base del ejército y quemaron un carro”.

 

Caminando entre el monte, sin linternas y con la guía de un comunero Nasa, finalmente el colectivo llegó al lugar donde pasaría la noche. Allí, seis personas del pueblo Nasa estaban sentadas en una banca improvisada de guadua, mirando televisión; se presentaron y comentaron la historia de aquel lugar, contaron sus sufrimientos y dolores, su rabia, su lucha.

 

Atentos, con oídos abiertos y sentimientos encontrados, las personas del colectivo desdeabajo agradecen que les permitieran entrar en sus territorios y cuentan un poco de sus vidas, cada uno se presenta y narra lo que piensa sobre el actual momento que atraviesa el país. La noche ya llega y todos se van a dormir en medio del sonido de grillos, sapos y un riachuelo que corría cerca del lugar donde estaba puesta la carpa.

 

Al día siguiente los forasteros pudieron ver el monstruo del que hablaban los Nasa: cientos de miles de hectáreas de caña de azúcar que despojaron la tierra de los indígenas. De igual manera, también veían la liberación del territorio, la destrucción de aquel monstruo: donde solo había caña ahora hay cultivos de pancoger con diferentes alimentos; donde solo había caña ahora hay una escuela autónoma que construyeron como pueblo, sin ayuda del Estado.

 

Un viaje que abre retos

 

Allí, saliendo a conocer la Colombia profunda, fue posible ver que el mundo nuevo está presente, ya está naciendo y esa otra democracia está ahí para acompañarlo, para hacerlo crecer. El viaje sirvió para abrir los ojos, expandir la mirada y seguir creyendo que es posible construir un nuevo proceder en la política, donde todos los pueblos, en medio de sus diferencias, encuentren una ruta común que ayude a concretar una vida digna y en felicidad para todos y todas como país.

 

El reto es gigante. La campaña debe continuar y crecer entre millones. Es hora de encontrarnos y seguir construyendo esta propuesta urgente y necesaria de otra democracia sí, otra democracia posible.

Publicado enEdición Nº244
El derrumbe del edificio Space en Medellín en 2013.


A cuatro años y 23 días de la caída del edificio Space en el sector Poblado de Medellín,el Juez Primero Penal del Circuito de esta ciudad, sentenció a los responsablesde las fallas de la construcción a 4 años de prisión. A su vez, dictó el tiempo por el que cada uno de los culpables no podrán ejercer su profesión; mientras tanto, las familias se sienten abandonadas al no recuperar el patrimonio perdido el pasado 12 de octubre de 2013.

 

Todos recuerdan el momento cuando la torre 6 del edificio Space se desplomó dejando a 12 personas muertas, tragedia que prendió las alarmas en las torres vecinas, días después evacuadas e implosionadas. Todo indicaba que los culpables del suceso eran los directivos, ingenieros y arquitectos de la empresa constructora CDO, los queteniendo conocimiento de los riesgos que presentaba el edificio, hicieron caso omiso y no tomaron las medidas necesarias para evitarlos.

De acuerdo a los peritos que evaluaron lo sucedido, la edificación tenía cerca de 6.000 mil errores en la construcción, además de fallas en los materiales usados, no contar con las medidas de sismo resistencia,también "hubo un cálculo erróneo en materia de soporte del peso. Se planearon 22 pisos y fueron construidos 26", señala el comunicado de la Fiscalía de Medellín. Además de la muerte del joven universitario Juan Esteban Cantor, cuyos familiares fueron los únicos que no conciliaron con la firma constructora y exigieron justicia.

Todo lo anterior se tuvo como motivo para condenar a la ingeniera directora de obras, María Cecilia Posada Grisales a 49 meses de prisión; al representante legal de la constructora CDO, Pablo Villegas Mesa a 51 meses y al ingeniero estructuralista del Space, Jorge de Jesús Aristizábal Ochoa a 50 meses.De acuerdo con la Fiscalía, esta es la primera sentencia condenatoria por homicidio culposo en el país.

Sin embargo, las familias afectadas aún a 4 años de la tragedia no son reparadas por parte de los responsables. El pago de arriendos a cada una de las familias desalojadas solo tuvo vigencia por un año, sus días transcurren entre la zozobra por saber cuándo será el momento en que por fin puedan volver a tener vivienda propia y sobre todo segura.


Lo que no cuadra...


Más allá de las condenas para los responsables de la tragedia del Space, el 23 de enero de 2018 el juez ordenó casa por cárcel para cada uno de ellos.Una vez más los corruptos de corbata reciben un premio. Además, los tiempos por los cuales los responsables no podrán ejercer su profesión son entre 4 y 6 años, lo que lleva a preguntarse si es suficiente dada la gravedad y el nivel de desconfianza que actualmente despiertan las construcciones de la firma CDO.

Sin tampoco perder de vista que el dueño de la constructora es Álvaro Villegas, ex gobernador de Antioquia, quién además hasta 2013 fue presidente de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos, quienes tuvieron en sus manos la construcción de muchas obras antioqueñas por años, posición que ayudó a que CDO entregara los apartamentos de Space a las familias sin tener el visto bueno de la Alcaldía de Medellín y, sobre todo, a acceder a una zona inconstruible –término usado en el POT de Medellín con el que se definen las zonas de alto riesgo o que requieren de estudios e ingenierías para hacerlos estables–.

Finalmente,de acuerdo a los culpables de este grave suceso, el pago de las viviendas a las familias se hará efectivo cuando la constructora logre la venta del terreno donde fue construido el Space, lo que aumenta mucho más la incertidumbre de las familias afectadas.

Una vez más, los afectados por obras construidas por corruptos, que no piensan en la seguridad y calidad de vida de las personas, sino en el lucro que estas les pueden generar sin hacer las inversiones y estudios que en muchos casos requieren.

 

 

 

Publicado enColombia
Se va la vida de quienes construyen el país

Diez trabajadores muertos, 4 desaparecidos, y 8 heridos es el saldo arrojado hasta el momento por el desplome de uno de los puentes-viaducto en construcción en la vía Bogotá–Villavicencio, en el extremo derecho del sector de Chirajara, en hechos ocurridos el 15 de enero de 2018. Al momento del desplome los trabajadores laboraban a una altura de 280 metros.

Una historia ya vivida y padecida, una historia de nunca acabar: el sacrificio de cientos, de miles de trabajadores, de obreros, que son los que realmente construyen el país. En Colombia, entre el año 2005 - 2016 los datos oficiales reconocen 7.458 muertes de origen laboral por accidentes de trabajo; lo que implica cerca de 600 trabajadores/as muesrtos por año, al mes 52 y al día 2. Cifras desgarradoras.

Por sectores productivos, la construcción es el sector que más roba vidas a los trabajadores, seguido de la minería y la agricultura.

¿Quién construyó Teba, la de las siete Puertas?*

Si la historia de la humanidad pudiera contar las vidas perdidas por levantar sus obras de ingeniería, como las pirámides de Egipto y México, la infraestructura de los ferrocarriles y metros, el canal de Panamá, los grandes túneles, los inmensos rascacielos, los extensos viaductos, sería una cifra totalmente vergonzosa que nos produciría enorme escalofrió.

Muertes que no dejan de suceder, como si fueran ocasionadas por factores naturales, muertes que los responsables de las obras ya tienen previstas, muertes que se deben dar porque el “desarrollo” así lo demanda.

¿Son inevitables estos accidentes mortales? Si tal desarrollo tiene la ingeniería para realizar megaobras tan admirables como este viaducto que va a comunicar de mejor manera la ruta Bogotá-Villavicencio, por qué no hay tal desarrollo también para evitar que se sucedan este tipo de desgracias, que tienen como causa desde el desplome de materiales y herramientas en la cabeza de los “rusos”, pasando por la caída de ellos mismos desde las alturas, hasta el colapso de las estructuras que están construyendo, como acaba de acontecer, o como el del viaducto entre Pereira y Dosquegradas que cejó la vida de 6 trabajadores, o como el del edificio que se desplomó el año pasado en Cartagena que se llevó la vida de 21 obreros, o como el desplome del edificio Space en Medellín que sacrificó la vida de 12 personas.

La sociedad no puede ser indolente ante este rosario de muertes de la gente que construye nuestro país. El Estado tiene la enorme responsabilidad para evitar y prevenir tales hechos a partir de desarrollar sólidos procesos de inspección, vigilancia y control. Así mismo, los empresarios constructores tienen la obligación de no permitir que se pierda una sola vida en el levantamiento de sus obras a cargo y no simplemente emitir pronunciamientos de condolencias a las familias de las víctimas.

El país requiere con urgencia una política de Estado que proteja la vida en su vínculo con el trabajo, en donde los actores protagónicos de esa protección sean los propios trabajadores/as, exigiendo condiciones de trabajo absolutamente seguras; en donde el Estado cumpla su labor de rectoría en el control de las condiciones de trabajo desde un enfoque de salud y seguridad en el trabajo; donde los empresarios cumplan el deber de impulsar sistemas de gestión que protejan la salud y la vida de sus trabajadores y donde las aseguradoras de riesgos laborales inviertan realmente en desarrollar estrategias de prevención de la accidentalidad.

Que no sigan muriendo quienes realmente construyen nuestro país, es totalmente evitable.

Por Mauricio Torres-Tovar, Médico-Cirujano, Salubrista Laboral, Profesor del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia.


Desplome del puente Chirajara: la mancorna del poder financiero y el Gobierno colombiano

 

El 17 de noviembre de 2017, en la inauguración del puente Chirajara que une en el sector del mismo nombre la vía Bogotá-Villaviencio, el presidente Juan Manuel Santos, en compañía de su equipo de gobierno, celebró la entrega de la construcción diciendo “siempre he soñado que Colombia tenga unas autopistas, unos viaductos, unos túneles, unos puentes, similares a los que encuentra uno en los países desarrollados: Suiza, Alemania y Estados Unidos, y hoy hemos hecho realidad ese sueño, manejando por estos túneles, nada tienen que envidiarle a los túneles de los países más desarrollados”. Celebración antes de tiempo. En efecto, el 15 de enero de 2018, a dos meses de la entrega parcial de la construcción, el puente se desplomó dejando 10 personas muertas, 2 heridos y 3 desaparecidos.


Una vez anunciada la construcción, aún sin tener firmada la concesión, Coviandes contrató firmas extranjeras para los estudios y seguimientos “minuciosos” de las vías y túneles con modelos europeos –el nombre de dichas firmas es desconocido-. Cuando la concesión fue efectiva, Coviandes certificó seguridad y tecnología para estas construcciones, en ese entonces, Enrique Segura Echániz, subgerente de operación de túneles e integración vial de la firma, le expresó a la revista Dinero “esta carretera la vemos como un ser vivo que está en permanente cambio y crecimiento. Es por ello que se hace necesario combinar seguridad y tecnología para hacer más eficiente la operación”. (sic)


Dentro de las proyecciones y lo firmado con el Gobierno, el tramo Tablón–Chirajara consiste en 18 túneles y 46 puentes a cargo de la concesionaria, construcciones que proyectaron entregar en diciembre de 2017, pero el 17 de noviembre de ese año solo entregaron 15 puentes y 4 túneles, entre los cuales estaba el puente Guayabetal–Chirajara que con 5.6 kilómetros incluye 8 puentes y 5 túneles, integrando así el puente más largo hasta ahora construido en el país, según Juan Manuel Santos. Este trayecto costó un total de 540 mil millones de pesos. Desde la inauguración de diversos tramos de esta vía la empresa constructora no ha perdido ni un día para recoger los dineros acordados por la explotación económica (privatización) de la misma. Es así como en el 2016 con los peajes de Piripal: 81 mil millones, Naranjal: 60 mil millones y Boquerón: 76 mil millones.


A la fecha no hay pronunciamientos por parte del mandatario, pero se recuerda el agradecimiento dado en su discurso el 17 de noviembre, en la inauguración del puente, al empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño del Grupo Aval al cual pertenece la concesionaria Conviandes.


El poder financiero, extendiendo sus téntaculos por todos los sectores económicos del país. Poder financiaero y político, de nuevo entrelazados como una mancorna. Concentración de riqueza y poder del cual quedan excluidos los trabajadores, a pesar de ser los que garantizan los avances que en distintas áreas logra el páis. Como siempre, los trabajadores son una cifra a la izquierda, a pesar de sumar a la derecha con sus vidas cercenadas.


* Preguntas de un obrero que lee

Autor: Bertolt Brecht


¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros aparecen los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los constructores?
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue ter-
minada la Muralla China? La gran Roma
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes
triunfaron los Césares? ¿Es que Bizancio, la tan cantada,
sólo tenía palacios para sus habitantes? Hasta en la
legendaria Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían,
gritaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿No llevaba siquiera cocinero?
Felipe de España lloró cuando su flota
Fue hundida. ¿No lloró nadie más?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años
¿Quién
venció además de él?
Cada página una victoria.
¿Quién cocinó el banquete de la victoria?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagó los gastos?
Tantas historias.
Tantas preguntas.

 

Publicado enColombia
Sábado, 02 Septiembre 2017 10:15

La disputa por Bogotá

La disputa por Bogotá

La posible citación en los próximos meses a quienes habitan Bogotá para que decidan sobre la continuidad o destitución de Enrique Peñalosa como alcalde, recuerda que en esta ciudad está en disputa la forma de habitarla, construirla y apropiarla. En este artículo un acercamiento a tal realidad a través de repasar algunos escenarios que resaltan la importancia de esta urbe para el país y las dinámicas que la agitan.

 

Su día a día. Lo sucedido en el Bronx, el incremento en las tarifas de Transmilenio, la persecución a los vendedores ambulantes, las intenciones sobre la reserva Van Der Hammen, el tema del metro, y la venta de la ETB, son parte de las cuestiones más relevantes que durante los últimos meses han marcado la pauta en los medios de comunicación, las calles, los cafés, los hogares y cada uno de los escenarios que constituyen la vida en la urbe capitalina.

 

Podríamos decir que todas estas controversias, más allá de su impacto mediático, expresan algo más profundo: una disputa sobre el modelo de ciudad, su rumbo y su que hacer, que asume nuevos elementos y matices, pero que vale la pena no dejar pasar por alto.

 

Dinámicas de Bogotá

 

Bogotá es una urbe que cada día se posiciona más en el concierto internacional como una ciudad cosmopolita vinculada a una economía global y unas dinámicas internacionales, muestra de ello es la presencia de fuertes capitales internacionales (financieros, inmobiliarios, entre otros), clúster de emprendimientos y negocios, aumento de la movilización de carga y pasajeros a nivel internacional, localización de hubs de servicios, aumento del turismo internacional y de la localización de multinacionales asociadas, venta de servicios de educación superior y de salud especializados, las TICs –en particular las telecomunicaciones–, entre otros negocios que ganan posicionamiento y prosperidad en la ciudad.

 

Junto a esta dinámica de posicionamiento del capital internacional se encuentra el fortalecimiento de los capitales nacionales, también presentes en ella, basados en la capacidad de consumo que presenta esta aglomeración urbana de más de 8.110.595 (SDP, 2017), a los que se suman cerca de 1.500.000 habitantes en los 19 municipios localizados en su entorno inmediato y con los cuales funcionalmente constituyen un área metropolitana.

 

En Bogotá se genera y concentra de más del 25 por ciento del PIB de Colombia. Un territorio con la población suficiente para poder encarar cualquier actividad productiva que aquí se localice, con la infraestructura y los recursos dispuestos para el desarrollo del capital en todas sus manifestaciones.

 

Esta dinámica, prioritariamente económica, se territorializa en la ciudad y se acomoda a los intereses del mercado, de ahí que esta urbe se encuentre en constante proceso de ajuste y construcción, ya que las nuevas demandas exigen nuevos escenarios en condiciones específicas; así el territorio se dispone en función de los intereses del mercado.

 

Sin embargo, este vertiginoso crecimiento no llega en sus beneficios a todos los que aquí habitan, ni en términos de mejoras de sus territorios ni en términos de recursos económicos que les permitan acceder al consumo de un mayor número de bienes y servicios, reafirmándose con ello dos dinámicas: por una parte, una ciudad en la que cada día resulta más difícil habitar, producto de los costos de localización que ello implica y, de otra, la expulsión de la población del territorio a través de las dinámicas de especulación y despojo que impone el mercado.

 

Dinámicas políticas y escenarios de participación

 

También hay que reconocer que la ciudad ha cambiado políticamente desde el proceso de elección de alcaldes a fines de los años 80, la elección de las JAL a inicios de los años 90 junto con el nombramiento de los alcaldes locales, sumado al mal llamado proceso de descentralización de la ciudad en 20 localidades. De igual manera, la puesta en marcha de la Constitución Política de 1991 mutó las dinámicas políticas así como los procesos y prácticas de la participación.

 

Por un lado, pasamos de contar con dos partidos políticos claramente caracterizados (liberal y conservador) y hegemónicos a lo largo de más de 100 años, a una diáspora de partidos derivados de estos que se plantean ambivalentes, con discursos ambiguos pero con las mismas prácticas políticas tradicionales. Por su parte, la izquierda no logra consolidar una propuesta unitaria y a semejanza de los partidos tradicionales, se encuentra fragmentada y dispersa.

 

Ciudad en disputa, donde el principal botín es la alcaldía, tanto por su cuota burocrática como por los espacios, mecanismos y caudales de que dispone para hacer negocios de todo tipo, turbios o limpios, eficientes o precarios. Solo baste mencionar el negocio del manejo de las basuras y del botadero de Doña Juana, donde nada vale hablar de programas de reciclaje, uso eficiente de energías, generación de riqueza y valor a partir de los desechos cuando todo se entierra.

 

Por otra parte, los procesos de participación en la ciudad también han mutado, quizás lo más visible es la pérdida de protagonismo por parte de las JAC ante el establecimiento de las JAL. Pero también la ciudad ha crecido, expandido y, en buena medida, consolidado. Ya las demandas y aspiraciones de la población no están relacionadas exclusivamente con el acceso a servicios públicos domiciliarios y transporte, ya el problema mayor no es de cobertura sino de calidad y de tarifas. Realidad que ha conllevado la aparición de múltiples formas de organización en torno a múltiples intereses que antes no eran tan visibles y evidentes, procesos que hoy están presentes en la ciudad en todas sus localidades. Procesos barriales, zonales, locales, territoriales, sectoriales, entre otros.

 

Todo esto muestra la capacidad de los habitantes de esta urbe por construir sus propias apuestas, por adelantar dinámicas no institucionalizadas, por exigir el reconocimiento de derechos que aunque consagrados no se materializan, por exigir la efetiva concreción de las políticas públicas, fenómeno que expresa un claro conflicto entre prácticas políticas tradicionales y procesos de participación en los que el cómo, para quién, y con quién se gobierna esta ciudad se torna en punto central de la disputa.

 

Modelo de desarrollo y modelo de ordenamiento

 

Colombia, como ya se ha señalado en múltiples ocasiones, es un país que está determinado por el modelo de desarrollo asociado al modo de producción capitalista, y con éste su etapa más desarrollada, el neoliberalismo**, modelo que se refleja en todos los ámbitos de la vida de la ciudad, tanto los públicos como los privados, generando a su vez una visión territorial que se construye a través de los Planes de Desarrollo y los Planes de Ordenamiento Territorial –POT–, especializando un modo de producción que basa todo su crecimiento y progreso en las fuerzas del mercado.

 

Este modelo ha efectuado la transferencia de la responsabilidad pública al sector privado en materia de servicios públicos (privatización de las empresas de electricidad, telefonía, gas natural, aseo y transporte), en materia de servicios sociales (imposición de un modelo de privatización de la salud y la educación), la reducción de los salarios y la pérdida del poder adquisitivo, todo lo cual ha impactado de mala manera a quienes la habitan, como al conjunto del territorio que pueblan.

 

Dentro de esa perspectiva, el problema del modelo no se centra en resolverle la problemática ni las necesidades al conjunto de la población, sino en disponer de los recursos que están en ese territorio, indistintamente de que todos puedan ser beneficiados o no. Por lo tanto, el modelo no está planteado como una alternativa para resolver las lógicas de segregación y exclusión de la ciudad, no, está pensado como un mecanismo que permita una mirada y una perspectiva desde un sector de la sociedad –el dominante– que concibe el territorio frente a unos fines específicos –de lucro–.

 

Este modelo de ciudad basa su configuración sobre cuatro elementos de análisis: el territorio, la población, la política y el mercado. El territorio, como escenario donde se expresan la segregación socio-espacial, la expulsión de población de los territorios mejorados y la especialización y usos del suelo urbano de manera rentística frente al mercado. La población, sujeta a la satisfacción de sus necesidades, la resolución de la pobreza y la miseria, el acceso a condiciones de calidad de vida y de participación en el juego de la democracia. La política, como reguladora de las relaciones entre lo público y lo privado, como determinante de la construcción social del territorio, así como la construcción y orientación del modelo de desarrollo. Y el mercado, entendido como la base fundamental del modelo de desarrollo, su materialización como modelo de ciudad y como determinante de lo público.

 

Por ello, lo que hoy está en disputa son dos formas de entender la construcción y apropiación de la ciudad. Una, al servicio del capital y del conjunto de demandas del mercado en cabeza de las clases dirigentes asociadas en los partidos políticos tradicionales y que hoy presentan como figura visible al señor Enrique Peñalosa, voz de los poderosos y sus intereses.

 

Pero, por otra parte, en Bogotá se están configurando propuestas que conciben la ciudad para sus habitantes, garantizando su acceso a bienes y servicios para el conjunto de sus pobladores, incluyendo los más necesitados. Una ciudad incluyente, no solo en el discurso sino en la práctica. Una ciudad que valore la participación y la considere incidente y decisiva. Una ciudad donde el territorio se respeta y se defiende, donde los recursos naturales se valoran y el agua se considera un bien común, una ciudad que se debe ordenar en función de las necesidades mayoritarias y no de los intereses particulares. En fin, una ciudad que se piensa colectivamente, cuestión que no se reconoce, no se valora y se descalifica.

 

Esta disputa contiene hoy un ingrediente importante, la convocatoria a un proceso de revocatoria del mandato de su alcalde, no por ser Enrique Peñalosa, sino porque lo que está en disputa son el modelo de desarrollo y el modelo de ordenamiento para todos los que vivimos en esta ciudad.

 

¿Hacia dónde avanzar?

 

En el sentido anterior, es necesario definir los puntos centrales que se espera sean incluidos en la configuración de un modelo de ciudad incluyente. Una propuesta donde el derecho a la ciudad y el territorio se constituyan en la bandera reivindicativa en la disputa por la Bogotá. Debemos profundizar el reconocimiento del derecho a la ciudad y el territorio con base en la Carta por el Derecho a la Ciudad: caso Bogotá, como un elemento articulador de las reivindicaciones colectivas, de manera que se reconozcan nuestras particularidades, que se privilegien los bienes comunes y se fortalezca el sentido de lo colectivo. Esta disputa deberá ser, a su vez, la base de la construcción de la paz territorial, en este caso no sólo para Bogotá sino para todas las ciudades colombianas.

 

Se trata, entonces, de poner en práctica el derecho a la ciudad, un derecho que garantice el ejercicio pleno de la ciudadanía y la realización de todos los derechos como lo señaló la Asamblea Mundial de Pobladores celebrada en México en 2000 (HIC-AL, 2008). Es decir, hablamos de un nuevo proyecto de ciudad en el que su base sean los derechos humanos, individuales, colectivos y de tercera generación. Derechos que permitan el pleno ejercicio de sus habitantes a ser parte de la ciudad. Una ciudad dispuesta al servicio de las mayorías.

 

Bogotá, 12 de agosto de 2017

 

* Arquitecto, Magíster y Doctor en Urbanismo. Doctor en Arquitectura y Ciudad. Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia. Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Investigador Senior (IS). Líder del Grupo de Investigación «Procesos Urbanos en Hábitat, Vivienda e Informalidad». Dirección Carrera 30 No. 45-03. Edificio Sindu. Oficina 106. Bogotá. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
** La ciudad de Bogotá es el referente del avance del modelo en el país.

Publicado enEdición Nº238
Jueves, 29 Junio 2017 10:20

Bogotá desunida y segregada

Bogotá desunida y segregada

Aunque Bogotá es la responsable de la tercera parte del ingreso de la nación, su desarrollo urbano refleja desigualdad e inequidad entre sus habitantes. De acuerdo con el Índice de Segregación Residencial (ISR), calculado desde la UPZ, Bogotá pasó de 0.73 en 2003 a 0.84 en 2010. Un proceso en el cual el mercado inmobiliario es quien decide la planificación de la capital, dejando en su avance amplias zonas excluidas. La consecuencia es una creciente limitación de la participación de sus pobladores en la construcción de su ciudad. La concreción de este derecho no puede quedar solo en manos de algunos, lo que vuelve imperioso abrir espacios para integrar y compartir con quienes sufren aislamiento.

 

Derecho versus especulación. El año anterior se vendieron en Bogotá 34 mil nuevas viviendas, un resultado 31 por ciento mayor que la cifra de 2015. Sin embargo, esta oferta no es suficiente para satisfacer la necesidad de vivienda de la ciudad que cada año produce 59 mil nuevos hogares. Desde 2015 la oferta de vivienda nueva es creciente pero el dinamismo es mayor en los estratos medios que en los bajos, fenómeno explicable ya que la vivienda en este segmento no se adquiere para satisfacer una necesidad habitacional sino como una oportunidad de negocio. Desde 2003, tanto el precio de la vivienda nueva como usada conservan una tendencia ascendente: entre 2011 y 2016 el precio de la vivienda en estratos medios se incrementó en un 42 por ciento.

 

Fenómeno contraproducente. La actividad especulativa empeora la segregación y convierte la tenencia de vivienda para hogares pobres en un objetivo inalcanzable. En zonas exclusivas existe una presión para mantener precios diferenciadores, y en zonas pobres se encarece el precio del suelo impidiendo que el Estado desarrolle soluciones de vivienda y, en consecuencia, se presenta hacinamiento y viviendas con defectuosa habitabilidad. En la gráfica se observa que las localidades capitalinas que tienen un mayor número de pobres están asociadas a una dificultad mayor en el acceso a parques o zonas verdes.

 

Bogotá es, por tanto, una ciudad poco incluyente que deja su diseño, cada vez más, en manos de una élite mientras que otros tienen que ajustarse en zonas con bastantes carencias. Lógica urbanistíca fortalecida por las mismas normas de que se dota la ciudad. De ahí que en la capital, el mejoramiento vial, las ciclorutas, los nuevos parques y andenes, no pueda seguir dependiendo de un financiamiento futuro con el pago del impuesto de valorización. Aunque a muchos les suene justo que quien tiene más paga más, con este principio se estimula la segregación porque quienes tienen menos no reciben nada, o reciben menos debido a que la dotación de sus zonas se sujeta a la posibilidad de las finanzas distritales.

 

La integración de la ciudad

 

Para adelantarse, y evitar, ciertos comportamientos humanos, con sus consecuencias para la integración urbana, se cuenta ahora con diferentes juegos e instrumentos para proyectarlos. Veamos dos de ellos, y saquemos conclusiones sobre sus posibles beneficios para los territorios que habitamos.

 

                                

 

 

Unidos ganamos: El juego de la vida

 

En los tiempos que corren los computadores facilitan los procesos para simular la conducta de las personas en un espacio como la ciudad. Con pocas reglas de interacción entre los individuos se llega a conclusiones importantes sobre las dinámicas sociales. El juego de la vida es una de las simulaciones más conocidas. Fue propuesto por el matemático John Conway en 1970. Allí se establece que los humanos en cada generación obedecen a las siguientes reglas:

 

Una persona permanece viva si tiene dos o tres vecinos inmediatos


Una persona muere por soledad si no tiene vecinos o solo tiene uno


Una persona muere por sobrepoblación si tiene más de tres vecinos


Una persona nace si a su alrededor hay tres vecinos

 

Las celdas blancas son ausencia de vida y las negras representan a las personas de una sociedad. Estas, conforme a las reglas de conducta impuestas, buscan extender su existencia, sin embargo es la interacción con los otros lo que permite configurar estructuras que los preserven o no en el tiempo. En la representación que hace la anterior figura, las personas mueren por aislamiento (E8) o por hacinamiento (C6), y permanecen con vida (C3) o se genera nueva vida (F9) por la unión entre las personas.

 

El cambio demográfico, además de estar explicado por sus variables conocidas (la natalidad, la mortalidad y las migraciones), está determinado por la cohesión del tejido social. El juego de la vida tiene tres posibles finalizaciones. Si la cooperación entre los humanos no es fuerte al cabo de un número finito de generaciones la especie desaparece. Por el contrario, los lazos y estructuras sólidas dan lugar a un crecimiento estable o creciente entre generaciones. En la gráfica se observa que las localidades bogotanas más segregadas son aquellas que tienen un mayor potencial de crecimiento, mientras que los sectores privilegiados tienden a reducirse.

 

                                                                            

                                                                          Figura 1. Izquierda: Estado inicial del juego de la vida. Derecha: Estado del juego en la segunda generación

                                                                

 

 

 

 

Segregamos, aunque no queramos

 

En 1971 Thomas de Schelling creó el modelo del vecindario acotado para explicar la exclusión en las ciudades. En este juego, pese a que cada individuo acepta convivir con miembros de un grupo diferente y su bienestar se obtiene si una parte pequeña de sus vecinos es semejante, el resultado es que la satisfacción de todos los individuos se alcanza con la conformación de guetos.

 

El deterioro en la distribución del ingreso se refleja en la segregación urbana. Si el sistema productivo no reparte con equidad la riqueza, la ciudad margina barrios por su condición socioeconómica. En las ciudades latinoamericanas son visibles las diferencias entre ricos y pobres. Las zonas de menores ingresos tienden a tener un menor acceso a parques, colegios, hospitales, medios de transporte, centros financieros y zonas de trabajo.

 

Las celdas negras representan miembros de un grupo A y las celdas rayadas al grupo B. Las personas no tienen problemas en vivir mezclados siempre y cuando se cumpla las siguientes reglas:

 

Un individuo es feliz si la tercera parte de sus vecinos tiene sus mismos atributos y no tiene porqué mudarse.


Si no ocurre lo anterior un individuo es infeliz y se debe mudar buscando su felicidad.

 

 

 

                                                                                 Figura 2. Schelling. Izquierda: Estado inicial. Derecha: Estado final (después de varias mudanzas)

 

Con las reglas anteriores las personas en las posiciones B4, B6, E4 y F7 son infelices y se mudarán de barrio. Las reubicaciones de las personas finalizan cuando en el plano todas las personas sean felices. El resultado colectivo es la segregación.

 

El precio de la vivienda y el ingreso de los hogares son las variables de mayor incidencia en la formación de zonas excluidas. Para mantener el valor de sus viviendas quienes tienen ingresos suficientes eligen vivir en zonas con baja densidad poblacional, con acceso a bienes públicos, y distante de barrios pobres, conflictivos y con riesgos de desastre natural. Por el contrario, los hogares pobres se ubican donde pueden conforme a sus posibilidades.

 


Recuadro

 

Por el derecho a la ciudad

 

La política urbana debe obedecer al bienestar social, por encima de los intereses especulativos. Cuando el Estado no puede garantizar la calidad de vida de las mayorías, se requiere de ciudadanos fortalecidos, colectivamente, que incidan en las decisiones que hoy se toman de manera centralizada.

 

En 2005 se dio a conocer la Carta mundial por el derecho a la ciudad, dirigida a fortalecer la formación de organizaciones comunitarias, juntas vecinales, juntas de acción comunal, asociaciones de vecinos, organizaciones cívicas o asambleas de copropietarios que actúen para que “las ciudades desarrollen una planificación que impida la segregación y la exclusión territorial”.

 

La influencia de este texto se dejó ver en el 2013, cuando varios residentes de Estambul organizaron manifestaciones para detener un proyecto de edificación en el parque Gezi. La Red por el derecho a la ciudad de Hamburgo integró asociaciones de barrios y colectivos de artistas y migrantes que ante cualquier iniciativa excluyente cuelgan banderas de protesta en las ventanas, organizan charlas informativas y ocupan edificios y calles. En 2009 impidieron la demolición de Gängeviertel, considerado patrimonio nacional.

 

A Bogotá le ha faltado una contundencia similar, lo sucedido en el Bronx, el incremento en las tarifas de Transmilenio, la persecución a los vendedores ambulantes, las nefastas intenciones con la reserva Van der Hammen, así lo evidencia. La falta de organizaciones fuertes en la sociedad bogotana se refleja en el claro aumento en la segregación. De acuerdo con el Índice de Segregación Residencial (ISR), calculado desde la UPZ, Bogotá pasó de 0.73 en 2003 a 0.84 en 2010.

Tomado de:

Edición N°236, junio 20 - julio 20 de 2017

Publicado enColombia
Viernes, 23 Junio 2017 16:28

Bogotá desunida y segregada

Bogotá desunida y segregada

Aunque Bogotá es la responsable de la tercera parte del ingreso de la nación, su desarrollo urbano refleja desigualdad e inequidad entre sus habitantes. De acuerdo con el Índice de Segregación Residencial (ISR), calculado desde la UPZ, Bogotá pasó de 0.73 en 2003 a 0.84 en 2010. Un proceso en el cual el mercado inmobiliario es quien decide la planificación de la capital, dejando en su avance amplias zonas excluidas. La consecuencia es una creciente limitación de la participación de sus pobladores en la construcción de su ciudad. La concreción de este derecho no puede quedar solo en manos de algunos, lo que vuelve imperioso abrir espacios para integrar y compartir con quienes sufren aislamiento.

 

Derecho versus especulación. El año anterior se vendieron en Bogotá 34 mil nuevas viviendas, un resultado 31 por ciento mayor que la cifra de 2015. Sin embargo, esta oferta no es suficiente para satisfacer la necesidad de vivienda de la ciudad que cada año produce 59 mil nuevos hogares. Desde 2015 la oferta de vivienda nueva es creciente pero el dinamismo es mayor en los estratos medios que en los bajos, fenómeno explicable ya que la vivienda en este segmento no se adquiere para satisfacer una necesidad habitacional sino como una oportunidad de negocio. Desde 2003, tanto el precio de la vivienda nueva como usada conservan una tendencia ascendente: entre 2011 y 2016 el precio de la vivienda en estratos medios se incrementó en un 42 por ciento.

 

Fenómeno contraproducente. La actividad especulativa empeora la segregación y convierte la tenencia de vivienda para hogares pobres en un objetivo inalcanzable. En zonas exclusivas existe una presión para mantener precios diferenciadores, y en zonas pobres se encarece el precio del suelo impidiendo que el Estado desarrolle soluciones de vivienda y, en consecuencia, se presenta hacinamiento y viviendas con defectuosa habitabilidad. En la gráfica se observa que las localidades capitalinas que tienen un mayor número de pobres están asociadas a una dificultad mayor en el acceso a parques o zonas verdes.

 

Bogotá es, por tanto, una ciudad poco incluyente que deja su diseño, cada vez más, en manos de una élite mientras que otros tienen que ajustarse en zonas con bastantes carencias. Lógica urbanistíca fortalecida por las mismas normas de que se dota la ciudad. De ahí que en la capital, el mejoramiento vial, las ciclorutas, los nuevos parques y andenes, no pueda seguir dependiendo de un financiamiento futuro con el pago del impuesto de valorización. Aunque a muchos les suene justo que quien tiene más paga más, con este principio se estimula la segregación porque quienes tienen menos no reciben nada, o reciben menos debido a que la dotación de sus zonas se sujeta a la posibilidad de las finanzas distritales.

 

La integración de la ciudad

 

Para adelantarse, y evitar, ciertos comportamientos humanos, con sus consecuencias para la integración urbana, se cuenta ahora con diferentes juegos e instrumentos para proyectarlos. Veamos dos de ellos, y saquemos conclusiones sobre sus posibles beneficios para los territorios que habitamos.

 

                                

 

 

Unidos ganamos: El juego de la vida

 

En los tiempos que corren los computadores facilitan los procesos para simular la conducta de las personas en un espacio como la ciudad. Con pocas reglas de interacción entre los individuos se llega a conclusiones importantes sobre las dinámicas sociales. El juego de la vida es una de las simulaciones más conocidas. Fue propuesto por el matemático John Conway en 1970. Allí se establece que los humanos en cada generación obedecen a las siguientes reglas:

 

Una persona permanece viva si tiene dos o tres vecinos inmediatos


Una persona muere por soledad si no tiene vecinos o solo tiene uno


Una persona muere por sobrepoblación si tiene más de tres vecinos


Una persona nace si a su alrededor hay tres vecinos

 

Las celdas blancas son ausencia de vida y las negras representan a las personas de una sociedad. Estas, conforme a las reglas de conducta impuestas, buscan extender su existencia, sin embargo es la interacción con los otros lo que permite configurar estructuras que los preserven o no en el tiempo. En la representación que hace la anterior figura, las personas mueren por aislamiento (E8) o por hacinamiento (C6), y permanecen con vida (C3) o se genera nueva vida (F9) por la unión entre las personas.

 

El cambio demográfico, además de estar explicado por sus variables conocidas (la natalidad, la mortalidad y las migraciones), está determinado por la cohesión del tejido social. El juego de la vida tiene tres posibles finalizaciones. Si la cooperación entre los humanos no es fuerte al cabo de un número finito de generaciones la especie desaparece. Por el contrario, los lazos y estructuras sólidas dan lugar a un crecimiento estable o creciente entre generaciones. En la gráfica se observa que las localidades bogotanas más segregadas son aquellas que tienen un mayor potencial de crecimiento, mientras que los sectores privilegiados tienden a reducirse.

 

                                                                            

                                                                          Figura 1. Izquierda: Estado inicial del juego de la vida. Derecha: Estado del juego en la segunda generación

                                                                

 

 

 

 

Segregamos, aunque no queramos

 

En 1971 Thomas de Schelling creó el modelo del vecindario acotado para explicar la exclusión en las ciudades. En este juego, pese a que cada individuo acepta convivir con miembros de un grupo diferente y su bienestar se obtiene si una parte pequeña de sus vecinos es semejante, el resultado es que la satisfacción de todos los individuos se alcanza con la conformación de guetos.

 

El deterioro en la distribución del ingreso se refleja en la segregación urbana. Si el sistema productivo no reparte con equidad la riqueza, la ciudad margina barrios por su condición socioeconómica. En las ciudades latinoamericanas son visibles las diferencias entre ricos y pobres. Las zonas de menores ingresos tienden a tener un menor acceso a parques, colegios, hospitales, medios de transporte, centros financieros y zonas de trabajo.

 

Las celdas negras representan miembros de un grupo A y las celdas rayadas al grupo B. Las personas no tienen problemas en vivir mezclados siempre y cuando se cumpla las siguientes reglas:

 

Un individuo es feliz si la tercera parte de sus vecinos tiene sus mismos atributos y no tiene porqué mudarse.


Si no ocurre lo anterior un individuo es infeliz y se debe mudar buscando su felicidad.

 

 

 

                                                                                 Figura 2. Schelling. Izquierda: Estado inicial. Derecha: Estado final (después de varias mudanzas)

 

Con las reglas anteriores las personas en las posiciones B4, B6, E4 y F7 son infelices y se mudarán de barrio. Las reubicaciones de las personas finalizan cuando en el plano todas las personas sean felices. El resultado colectivo es la segregación.

 

El precio de la vivienda y el ingreso de los hogares son las variables de mayor incidencia en la formación de zonas excluidas. Para mantener el valor de sus viviendas quienes tienen ingresos suficientes eligen vivir en zonas con baja densidad poblacional, con acceso a bienes públicos, y distante de barrios pobres, conflictivos y con riesgos de desastre natural. Por el contrario, los hogares pobres se ubican donde pueden conforme a sus posibilidades.

 


Recuadro

 

Por el derecho a la ciudad

 

La política urbana debe obedecer al bienestar social, por encima de los intereses especulativos. Cuando el Estado no puede garantizar la calidad de vida de las mayorías, se requiere de ciudadanos fortalecidos, colectivamente, que incidan en las decisiones que hoy se toman de manera centralizada.

 

En 2005 se dio a conocer la Carta mundial por el derecho a la ciudad, dirigida a fortalecer la formación de organizaciones comunitarias, juntas vecinales, juntas de acción comunal, asociaciones de vecinos, organizaciones cívicas o asambleas de copropietarios que actúen para que “las ciudades desarrollen una planificación que impida la segregación y la exclusión territorial”.

 

La influencia de este texto se dejó ver en el 2013, cuando varios residentes de Estambul organizaron manifestaciones para detener un proyecto de edificación en el parque Gezi. La Red por el derecho a la ciudad de Hamburgo integró asociaciones de barrios y colectivos de artistas y migrantes que ante cualquier iniciativa excluyente cuelgan banderas de protesta en las ventanas, organizan charlas informativas y ocupan edificios y calles. En 2009 impidieron la demolición de Gängeviertel, considerado patrimonio nacional.

 

A Bogotá le ha faltado una contundencia similar, lo sucedido en el Bronx, el incremento en las tarifas de Transmilenio, la persecución a los vendedores ambulantes, las nefastas intenciones con la reserva Van der Hammen, así lo evidencia. La falta de organizaciones fuertes en la sociedad bogotana se refleja en el claro aumento en la segregación. De acuerdo con el Índice de Segregación Residencial (ISR), calculado desde la UPZ, Bogotá pasó de 0.73 en 2003 a 0.84 en 2010.

Publicado enEdición Nº236
Miércoles, 05 Octubre 2016 07:04

El agotamiento de la destrucción.

El agotamiento de la destrucción.

A tu presente ausencia
Carlos Enrique Restrepo Bermúdez.

 

Otrora es la vida no una creación constante sino una destrucción permanente. Se agota a sí mismo, y en sí misma de tantas maneras que lo propio de este agotamiento destructivo es la creación. La vida crea porque necesita destruir, porque la destrucción es creación de un origen indeclinable, de un nomadismo disyuntivo, de una superposición de lo caduco y sedimentado reducido a su abstracta conservación, en algo nuevo pero que por su misma naturaleza vital es también autodestructivo.


La vida del anarca de risa contagiosa y mirada profunda fue bella. La vida anarca, nihilista, destructiva y autodestructiva. La vida del anarca no se vive de otra manera que explotando la creación carismática, la confrontación permanente, la deconstrucción amorfa, las rupturas disonantes entre filtraciones de belleza en la fealdad y de fealdad en la belleza sintetizadas en movimientos espontáneos.


Vivir en un agotamiento destructivo es la fuerza manifiesta de quien existe por y para sí mismo. Esta destrucción apela a un espíritu transgresor, que apropiándose de sí, denuncia el olvido del ser enmarcado en un determinismo histórico, que procura este olvido en enunciados de progreso colectivo.


Ya no hay fe en la humanidad, ya no hay fe en la revolución o en el porvenir ¿por qué tener fe en todo lo que se constituye como una ficción del intelecto? ¿Por qué ansiar desesperadamente la certidumbre de un futuro inexistente? ¿Por qué confiar en la razón edificadora y dominadora para objetivar un mundo desconocido que excede el umbral del conocimiento miope? O en últimas, ¿Por qué participar de la promesa de progreso?


El miedo constituye la necesidad de explicar, de dar razón, conocer o afirmar lo conocido, para deparar un porvenir como promesa de algo mejor. Denuncio que es el miedo ante lo desconocido porque es esto lo que pone de manifiesto nuestras fuerzas destructoras, que han sido censuradas por el temor a la decadencia; desterradas al lugar de lo indómito donde deben quedar dominadas por la razón, amordazadas por la conciencia y domesticadas por la moral.


Las fuerzas destructivas son en apariencia nocivas para el hombre mismo. Sin embargo, la apariencia de una razón confiable también ha dado cuenta de procesos destructivos beligerantes y violentos, no solo con el hombre mismo, sino con todo lo que a su paso puede obstaculizar su afán dominador y objetivizante.


Por otra parte, cuando se asume la delimitación de las fuerzas destructivas, estas conducen a un ascetismo propio de quien por resignación y sacrificio renuncia a todo y puede hacerlo en virtud de dañarse y renunciar a sí mismo. En este sentido, las fuerzas destructivas no crean, no superan la resignación y la apatía del gozo, sino que son tenidas como el trasfondo de un hombre que se enajena por causas y valores ulteriores últimos, pero que no le son propios.


El anarca asume sus fuerzas destructivas y autodestructivas con altivez y orgullo. No las esconde tras el velo del asceta o del fanático, de la resignación y el sufrimiento. El anarca en un nihilismo vitalista destruye y crea. Se destruye y se recrea en una superación de la dualidad entre destrucción y creación o pasión y razón, de la que se burla mientras juegaa una resistencia pasiva contra el aceleramiento de un mundo cada vez más exigente y enajenante con él. Burlarse de la dualidad es reconocer no la unidad, sino la multiplicidad quedesconfigura la existencia al procurar el arte de vivir en la incertidumbre, de no saberse y adentrarse en el conocimiento siempre inacabado ante la incertidumbre de ser y no ser apariencia de sí.


El anarca no espera (y no esperó más) que la transformación histórica inscribiera su vida en un progreso genérico. El anarca decidió por y para sí mismo usar su vida, gozarla. Como diría algún autor atractivo para un anarca “gozar de la vida es devorarla y destruirla”, como quién viviéndola y padeciéndola en intensidades absolutas, destruyó su vida antes que entregarla a la parca razón del miedo.

 

Publicado enColombia
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