La captura de carbono para mejorar la soberanía alimentaria

Investigadores de los institutos de Ciencias Agrícolas y Conservación de Recursos y Biociencias y Geociencias de Alemania acaban de hacer pública una investigación que ahonda en la posibilidad del secuestro de carbono en el suelo. Los argumentos a favor de aprovecha el potencial de los suelos para estabilizar el clima no son nuevos y, de hecho, en los últimos años se han puesto en marcha iniciativas en esa línea como la iniciativa 4p1000, lanzada en la COP21 por la CMNUCC en el marco del Plan de Acción Lima-París (LPAP) en 2015; los talleres de agricultura de Koronivia, que se iniciaron en la COP23 en 2018 y el programa RECSOIL, puesto en marcha el año pasado por la FAO.

Según indican, en la última década, los seres humanos hemos generado cerca de 5 gigatoneladas de emisiones al año, de las que podrían capturarse en el suelo hasta 1,5 gigatoneladas, lo que ayudaría a paliar –que no a resolver- la contaminación que provocamos. Sin embargo, el denominador común de las iniciativas mencionadas se plasma en que el aumento del Carbono Orgánico del Suelo (COS) no sólo puede mitigar parte de las emisiones de carbono sino que, además, resulta indispensable para la adaptación de los sistemas agrícolas al cambio climático. Y es que el COS tiene efectos positivos sobre la estructura del suelo, la retención de agua y el suministro de nutrientes, habiéndose convertido en crucial para mantener los servicios de los ecosistemas y la productividad agrícola, según subraya el nuevo estudio.

l trabajo publicado incide en la necesidad de establecer una estrategia en los más altos niveles políticos y de mercado para motivar a los agricultores a adoptar prácticas agrícolas sostenibles en una escala lo suficientemente grande como para dar como resultado la transformación de los sistemas de producción agrícola. Para que esto se produzca, las acciones deben estar respaldadas por sólidos programas científicos, educativos, políticos y sociales.

Uno de los problemas que está frenando la captura de COS es la financiación, especialmente en los países en desarrollo, pero no es el único puesto que la investigación destaca cómo en Norteamérica, Europa o Australia existen, incluso, instituciones para respaldar las inversiones que se realicen en esta línea y, sin embargo, ninguna de estas regiones han secuestrado cantidades climáticamente significativas de carbono hasta la fecha.

El estudio detalla que el coste del manejo de suelos que aumentan el contenido de carbono puede oscilar entre 3 y 130 dólares por tonelada de CO2, teniendo presente que el rendimiento es variable en función, por ejemplo, de factores como la abundancia de agua. Así pues, uno de los puntos a potenciar, en opinión del estudio, es incentivar fiscalmente a los productores individuales para que no sólo se enfoquen en la producción agrícola –que está subvencionada pese a la guerra de precios con intermediarios- sino que también en la apropiación de COS adicional.

Los investigadores apuestan por potenciar el secuestro de carbono en aquellos suelos que ya están evidenciando una baja tasa de rendimiento, vinculando de este modo esta práctica a la seguridad alimentaria. En la actualidad, alrededor del 33% de los suelos en todo el mundo se ha degradado, habiendo perdido buena parte de su COS como consecuencia de la práctica de la agricultura intensiva y el pastoreo, así como haber convertido ecosistemas nativos en tierras cultivables.

Una degradación de los suelos, además, que va en aumento mientras no se realice un aporte adicional de carbono. Si se realizaran estos aportes, el estudio indica que podría cerrar la actual brecha de rendimiento global del 32% en los cultivos de maíz o del 66% en el de trigo, evitando así la necesidad de seguir extendiendo la superficie cultivable.

Para que la estrategia tenga éxito, lo primero es determinar las condiciones de cada suelo, mapear el punto en el que se encuentra cada región, pues no todos presentan el mismo potencial de captura, que puede variar en función del tipo de suelo, el clima, los sistemas de cultivo y las tecnologías disponibles, así como de la brecha de rendimiento que presente y las pérdidas históricas de carbono. En términos generales, los suelos minerales, que cubren cerca del 90% de la superficie terrestre, apenas cuentan con carbono orgánico, mientras que los suelos orgánicos que almacenan más del 20% de todo el COS apenas supone un 3% de la superficie terrestre.

Las prácticas de gestión que se aplicarán a estas dos categorías son muy diferentes, porque mientras en los primeros la prioridad es secuestrar más COS, en los segundos lo importante es reducir su pérdida. Se requiere, pues, una coordinación regional dentro de una armonización mundial, quizás a través de la FAO y su Alianza Mundial por el Suelo.

El trabajo presentado aboga por vincular el secuestro de carbono en el suelo con los programas sobre seguridad alimentaria y alivio de la pobreza en áreas rurales, salud del suelo y REDD+ (reducción de las emisiones de la deforestación y la degradación de bosques). Este enfoque contribuiría a allanar el camino para todo el trabajo que resta por realizar, desde la misma identificación de las áreas prioritarias a los cambios organizativos necesarios.

Por David Bollero

20 noviembre, 2020

Jeff Gibbs: «Nunca habrá energía tecnológica verde»

Con el vídeo del documental El planeta de los humanos, de Michael Moore.

 

El Planeta de los Humanos formula difíciles preguntas sobre el fracaso del movimiento ambientalista para detener el cambio climático y salvar el planeta. Para responderlas, preguntamos a su escritor y director.

Publicado en vísperas del 50º aniversario del Día de la Tierra y en plena pandemia mundial Covid-19, el documental Planeta de los Humanos hace un duro análisis de cómo el movimiento ecologista ha perdido la batalla por sus elecciones bienintencionadas pero desastrosas, incluyendo la creencia de que los paneles solares y los aerogeneradores nos van a salvar, y por haberse sometido a los intereses corporativos de Wall Street.

Por lo que no es sorprendente que la película haya suscitado controversia. Ha sido criticada de ser parcialmente anticuada y engañosa y algunos la acusaron de hacer una exposición sesgada de las energías renovables y de apoyar un «maltusianismo antihumano».

Para disipar cualquier duda decidimos entrevistar al escritor y director de la película, Jeff Gibbs.

Nacido en Flint, Michigan, Jeff colaboró durante mucho tiempo con Michael Moore. La primera película en la que trabajó fue Bowling for Columbine [“Un país en armas”, en Argentina, y “Masacre en Columbine”, en México*], en la que produjo muchas escenas icónicas como «el banco que te da un arma», «el perro dispara al cazador» y la «Milicia de Michigan». Tras el éxito de Bowling for Columbine, Jeff se convirtió en coproductor de Fahrenheit 9/11, el documental más taquillero de todos los tiempos. Jeff también escribió la banda sonora original de ambas películas. Desde Fahrenheit 9/11, aunque se tomó algún descanso ocasional para producir otras películas, incluyendo el documental de Dixie Chicks Shut Up and Sing [“Cállate y canta”], Jeff ha estado singularmente obsesionado por el destino de la Tierra y la humanidad.

Pregunta. Hola, Jeff. Muchas gracias por esta oportunidad. En primer lugar, el documental está basado en datos científicos. ¿Cuánto tiempo te llevó recopilarlos y qué confianza merecen?

El planeta de los humanos no es una mera recopilación de datos, sino una historia de descubrimiento que carece de sentido fuera de contexto. El panorama general que se presenta en nuestra película es que la civilización está llegando a muchos límites, incluyendo el agotamiento de los recursos, el empobrecimiento del suelo, la deforestación, la sobreexplotación de los océanos, el colapso de la biodiversidad y, por supuesto, el cambio climático. Resolver únicamente el cambio climático no nos salvará, especialmente cuando las llamadas soluciones implican el uso de tecnologías punta que están diezmando la biosfera y causando daño a los seres humanos en todo el mundo. Peor aún, estas supuestas «soluciones» verdes implican acostarse con los banqueros, industriales, capitalistas y sus «fundaciones». De hecho, nada puede marcar la diferencia a menos que encontremos una manera de terminar con nuestra fatal adicción al crecimiento económico, si bien tenemos que cuidar de aquellos que más lo necesitan.

Hace más de una década, comencé mi viaje de exploración del desastre creado por los humanos, y de cuál podría ser la salida. Cuando me di cuenta de que las llamadas soluciones «renovables» no eran ni renovables ni soluciones, empecé a documentar lo que estaba descubriendo. Por ello, lo que se ve en «El planeta de los humanos» está tomado en su mayor parte del mundo real y de entrevistas con expertos. Todos los datos, ya sean de tablas o gráficos, son los más actualizados disponibles, por regla general de 2019 y 2020.

En la película nos apoyamos en hechos, y ofrecemos una amplia documentación en nuestro sitio web. Por ejemplo, los críticos dicen que no deberíamos haber mostrado una escena histórica con paneles solares de un 8% de eficiencia porque esta se ha duplicado desde entonces. Esto no es cierto. En aquella época también había paneles más eficientes, al igual que ahora, pero cuestan el doble o no duran tanto. La eficiencia solar no se ha duplicado desde 2008. En la actualidad, las nuevas tejas solares de Tesla tienen menos de un 8% de eficiencia.

Pero la cuestión de mayor relevancia es que lo importante no radica en la EFICIENCIA, sino en la INTERMITENCIA, tal como se destaca en la película. Debido a la intermitencia, las llamadas energías renovables no pueden reemplazar directamente a los combustibles fósiles sin el almacenamiento de una gran cantidad de energía, algo que no existe a tal escala, y que de implementarse sería a costa de incrementar enormemente el impacto medioambiental y el consumo energético de la llamada energía «verde».

Pregunta. Usted critica algunas de las renovables más importantes y populares. ¿Existe actualmente alguna forma de auténtica energía verde? ¿Cree que es posible producirla con independencia del modo de producción?

La energía «verde renovable» no es ni verde ni renovable. La luz solar y la fuerza del viento pueden ser renovables, pero las gigantescas máquinas tecnológicas hechas para recolectar el viento y el sol son precisamente lo opuesto. Que la tecnología pueda llegar a ser alguna vez «verde» o «renovable» es una de las mayores ilusiones de la historia. La tecnología proviene de la excavación, voladura, minería, quema, fundición, refinación y múltiples procesos industriales. La tecnología consume recursos no renovables, y emite toxinas y contaminación. No existen otras opciones. Todo tiene un precio. El cambio de las fuentes de energía basadas en el carbono a las llamadas «renovables», incluso si fuera posible, aumentaría nuestra dependencia y consumo de recursos no renovables, acelerando la desaparición de la civilización industrial. El sol seguirá brillando y el viento soplando mucho después de que nuestro inútil intento de recolectarlos con cientos de miles de millas cuadradas de tecnología «verde» se venga abajo. Nunca habrá energía tecnológica «verde», y fantasear con ella es una contundente manifestación de nuestra desesperación. Y tened en cuenta que la mayoría de lo que se define como energía “verde”, y se subvenciona como tal, son los biocombustibles y la biomasa –y con ellos se quema lo que queda del planeta vivo a fin de seguir alimentando nuestros estilos de vida.

Pregunta. ¿Qué opina de la energía nuclear?

Aunque la energía nuclear proporciona más energía fiable que las tecnologías solar o eólica, sus defensores participan en gran parte de las mismas ilusiones que los llamados defensores de la energía renovable. (Por supuesto, yo mismo fui antaño uno de ellos). Exploraremos más sobre la energía nuclear en nuestro trabajo futuro. Pero incluso la formulación de la pregunta «¿qué pasa con la energía nuclear?» enmascara el erróneo supuesto de que en alguna manera más energía ayudaría a «salvar el planeta». A menos que los humanos tengamos un interruptor de apagado, y comencemos a apagar esta civilización global, la vida en la Tierra acabará “tostada”. Si se nos diera más energía «limpia» mágica y gratuita de cualquier tipo, nuclear, solar, eólica, de mareas, de rayos de luna, lo que sea, los humanos la usaríamos para seguir arando, arrasando, talando, minando, fundiendo, pavimentando, contaminando, plastificando, construyendo, pescando en exceso, cazando en exceso y, en general, consumiendo en exceso, prosiguiendo por este camino hasta liquidar lo que queda de nuestro planeta vivo.

Pregunta. Su documental demuestra cómo las grandes corporaciones se han infiltrado en el movimiento verde. ¿Qué lecciones tienen que aprender los activistas? ¿Qué errores cometieron?

Cuando te acuestas con los capitalistas, banqueros, multimillonarios y sus llamadas fundaciones sin ánimo de lucro, no son ELLOS los que cambian –sino tú. Tu visión se atasca en el tiempo y se entierran las más grandes verdades. La revolución no será financiada por aquellos que se benefician del statu quo. Cuando te comprometes para obtener una «victoria» –pierdes. Todo el mundo pierde. Lenta pero inexorablemente, los capitalistas han dado al movimiento ambientalista un angosto enfoque hacia el cambio climático y la supuesta solución de la energía verde, porque es un centro de ganancias de 50 billones de dólares. Y queda fuera de discusión que, aunque algunos líderes ambientales lo digan de boquilla, nuestra adicción al crecimiento económico perpetuo (verde o no) en un planeta finito se encuentra en fase terminal.

Pregunta. ¿Deberían los activistas más conscientes y radicales participar en movimientos medioambientales para cambiarlos desde adentro o hay mejores lugares y formas de llevar a cabo esta batalla?

Buena pregunta. Creo que lo más importante es estar en posesión de la visión correcta. Esto es de una trascendencia mucho mayor que una emergencia climática, por muy grave que sea lo del clima. Nuestra entera civilización industrial con sus siete mil millones de humanos, en camino hacia los ocho mil, está llegando a su fin. O bien nos adelantamos a la civilización que ahora está emergiendo y al colapso biológico o sufriremos las más extremas consecuencias. Las especies no humanas ya están sufriendo las más graves secuelas en todo el mundo.

Pregunta. ¿Qué piensa del movimiento “Viernes para el futuro” de Greta Thunberg?

Creo que Greta Thunberg tiene unas increíbles percepciones. El hecho de que los jóvenes estén usando la palabra extinción representa un genuino progreso. Comparto el temor de todos los activistas sinceros, motivados y auténticos, jóvenes y viejos. Cuando nos enfocamos en el cambio climático sólo como LA cosa que está destruyendo el planeta, nos vamos acostumbrando a las fuerzas del capitalismo que quieren seguir vendiéndonos la desastrosa ilusión de que con la minería, las fundiciones y la industrialización podemos construir nuestra vía de escape de este evento de extinción. Y otra vez, entre bastidores, mucho de lo que estamos haciendo para «salvar» el planeta es quemar el «bio» del planeta como energía verde.

Pregunta. A pesar de salir en un país occidental supuestamente democrático, el documental sufrió una campaña de censura coordinada. ¿Puede describir el tipo de censura, el papel de YouTube y decirnos qué lecciones ha aprendido?

Hemos aprendido que aquellos que están profundamente inmersos en el statu quo y que se acuestan con los capitalistas harán todo lo posible para intentar detener a aquellos otros que representan una amenaza para su narrativa. Aunque el tiro les salió por la culata, dando como resultado que un mayor número de personas viera «El Planeta de los Humanos», es verdaderamente aterrador percibir hasta que punto en el año 2020 unas pocas grandes corporaciones controlan lo que el público ve. La censura sigue siendo un gran problema: tanto The Guardian como Newsweek rechazaron múltiples intentos de que se editaran respuestas a la censura que habían publicado. Hemos sabido que los escritos de varios periodistas y académicos en apoyo de «El Planeta de los Humanos» han sido rechazados para su publicación.

Pregunta. El documental recibió algunas críticas. ¿Qué aprendiste de ellas?

Pudimos percatarnos de la desvergüenza de nuestros llamados críticos con sus ataques hipócritas, calumniosos, coordinados y, según parece, bien financiados. Intencionadamente ignoran las grandes verdades para confundir a la gente. Después de ver la película, la crítica parece ridícula.

Los críticos dicen que la carga de los vehículos eléctricos ya no se basa en los combustibles fósiles desde 2008. Esto no es cierto. La red eléctrica de Michigan sigue siendo convencional (no solar o eólica) en un 94%, al igual que en la mayor parte del mundo. De hecho, el uso global de combustibles fósiles se ha expandido en los últimos años –en su mayor parte se utilizan para producir los materiales instalados en los vehículos eléctricos, paneles solares y aerogeneradores.

George Monbiot dijo que la película es racista por mostrar la realidad biofísica de que globalmente la población y el consumo están aumentando. Para poder decir cosas que nosotros no dijimos, Monbiot hizo recortes en la película. Luego se inventó ideas altamente perturbadoras sobre cómo lidiar con ello, –ideas producto de su mente, no de la nuestra. No compartimos los aterradores planes de George Monbiot. Se está involucrando en la censura con la intención de asustar a la gente para que no vea la película, pero sus esfuerzos han sido totalmente inútiles.

Para terminar, quiero dejar claro que soy una persona muy esperanzada. Nuestra esperanza proviene de vivir en la realidad, no basándonos en fantasías sobre gigantescas máquinas industriales de recolección solar y eólica, o en “limpios” combustibles nucleares o fósiles que «salvarán el planeta». El planeta no tiene ni el más mínimo interés en un nuevo esquema de dominación y control por parte de los humanos. Ahora, mientras todavía tenemos ballenas azules y secoyas, pájaros cantores y mariposas, es un buen momento para abordar la única esperanza que nos queda: o bien del “más” pasamos al “menos”, o acabaremos en el montón de chatarra de civilizaciones fracasadas arrastrando todo con nosotros.

Por Simone Rossi | 12/11/2020

Traductor: Luis Lluna Reig

Vídeo:Michael Moore. El planeta de los humanos

Fuente:  http://www.wrongkindofgreen.org/2020/08/23/jeff-gibbs-there-will-never-be-green-technological-energy/     

Publicado enMedio Ambiente
Analizan sensibilidad del carbono del suelo al cambio climático

El calentamiento global de 2 grados Celsius sobre niveles preindustriales conduciría a la liberación de alrededor de 230 mil millones de toneladas de carbono del suelo del mundo, sugiere una nueva investigación.

Los suelos globales contienen de dos a tres veces más carbono que la atmósfera y las temperaturas más altas aceleran la descomposición, lo que reduce la cantidad de tiempo que el carbono pasa en ese sitio (conocido como "renovación del carbono del suelo").

El nuevo estudio internacional, dirigido por la Universidad de Exeter y publicado en Nature Communications, revela la sensibilidad de la rotación de carbono del suelo al calentamiento global y, posteriormente, reduce a la mitad la incertidumbre sobre esto en las proyecciones futuras.

Las aproximadamente 230 mil millones de toneladas de carbono liberadas con un calentamiento de 2 grados Celsius son más de cuatro veces las emisiones totales de China y más del doble de las de Estados Unidos en los pasados 100 años.

"El estudio descarta las proyecciones más extremas, pero sugiere pérdidas sustanciales de carbono en el suelo debido al cambio climático con un calentamiento de sólo 2 grados Celsius y esto ni siquiera incluye pérdidas de ese elemento del permafrost más profundo", señaló en un comunicado la coautora del estudio Sarah Chadburn, de la Universidad de Exeter.

Este efecto es lo que se denomina "retroalimentación positiva", cuando el cambio climático provoca efectos colaterales que contribuyen a acelerar el proceso.

Los expertos utilizaron una nueva combinación de datos de observación y modelos del sistema terrestre, que simulan el clima y el ciclo del carbono y, luego, hacen predicciones sobre el cambio climático.

"Investigamos cómo el carbono del suelo está relacionado con la temperatura en diferentes lugares de la Tierra para determinar su sensibilidad al calentamiento global", explicó la autora principal Rebecca Varney, de la Universidad de Exeter.

Los modelos más avanzados sugieren una incertidumbre de alrededor de 120 mil millones de toneladas de carbono a 2 grados Celsius de calentamiento global medio. El nuevo estudio reduce esta incertidumbre a alrededor de 50 mil millones de toneladas de carbono.

El coautor del estudio, Peter Cox, del Instituto de Sistemas Globales de Exeter, indicó: "Hemos reducido la incertidumbre en esta respuesta, que es vital para estimar un presupuesto global de carbono preciso y cumplir con éxito los objetivos del Acuerdo de París".

Lunes, 26 Octubre 2020 11:31

Pulmones del #MalAIRE

Pulmones del #MalAIRE

En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá respiramos un #MalAIRE. Lo respira Gloria, en Guayabal, en la parada del bus; lo respira Andrés cuando juega con sus compañeros en la escuela; lo respira Sandra, en la Alpujarra, mientras le expiden un certificado; lo respira Ángela en la movilización que pasa por la Oriental; lo respira Coco, el gato de Julián; lo respira la bromelia que tiene Alba en el balcón. El #MalAIRE nos afecta a todas y todos porque todas y todos respiramos.


¿Por qué tenemos #MalAIRE en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá?

A lo largo del siglo XX, la ciudad tuvo varios episodios de contaminación atmosférica debido a la generación de basura particulada producida, principalmente, por los sistemas de extracción y utilización de energía. El aumento paulatino de nuevos medios de transporte incrementó los agentes contaminantes, los contaminadores y los efectos socioambientales.

Las actividades fabriles e industriales transformaron los suelos, la atmósfera y el paisaje de nuestro Valle en toda su cuenca, por la expulsión de vertimientos y la emanación de residuos gaseosos a la atmósfera que producen la combustión de madera, carbón, petróleo y derivados. Los impactos, dilemas y peligros que enfrentamos, y que se materializan en el #MalAIRE que respiramos, son el resultado de nuestro modo de habitar, de nuestro sistema productivo y reproductivo, que se expresa en una alta densidad de población y un elevado intercambio de servicios comerciales e industriales.

Si bien desde hace 50 años conocemos este problema, en el 2016 se declaró la primera contingencia atmosférica en el Valle de Aburrá, cuando el #MalAIRE se hizo más visible para la opinión pública. Por contingencia se entiende un episodio de contaminación severa en el que las concentraciones de las micropartículas suspendidas en el aire ponen en riesgo la salud humana y la integridad de los ecosistemas; el término, además, alude al conjunto de medidas que implementa la institucionalidad.

Desde entonces, el Área Metropolitana ha venido declarando las primeras alertas por la mala calidad del aire (naranja y roja), que tiene graves efectos en la salud humana, en las plantas y en los animales. Sin embargo, la zona rural está marginada de esas mediciones que hace dicha entidad porque son competencia de CORANTIOQUIA.

Los datos e información científica del SIATA (Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá) indican que las condiciones geográficas del Valle, sumado a los épocas del año en las que las nubes están más bajas, reducen la cantidad de radiación solar, por lo que los contaminantes, entre ellos el famoso PM2.5, se quedan concentrados en el aire.


A mayor cantidad de contaminantes, mayor riesgo para la salud. El ICA (Índice de Calidad del Aire) reporta los niveles de condensación de contaminantes en el aire por medio de colores: el verde, buena; amarilla, moderado; naranja, dañina a población vulnerable; roja, dañina a la salud; morado, muy dañina.


Según el Plan Integral de Gestión de Calidad del Aire -PIGECA-, la contaminación del aire es el mayor riesgo ambiental para la salud pública en nuestros días (p. 14), lo que genera un aumento de la morbilidad y una crisis del bienestar y el buenvivir social. Las vías respiratorias, el torrente sanguíneo, los vasos circulatorios, el corazón, el cerebro y en general cualquier órgano son altamente afectados por la ecotoxicidad de los contaminantes presentes en el aire.


Sumado al #MalAire que respiramos, la contaminación auditiva y los olores ofensivos afectan nuestra salud física y mental, genera problemas auditivos, estrés, fatiga Y pueden afectar el sistema cardiovascular. Los vacíos normativos frente al ruido y los malos olores profundizan la pérdida de bienestar, en una ciudad con problemas de planificación, porque se construye o ubica en zonas residenciales a fábricas, talleres, bares, supermercados, etc.

Estas situaciones afectan los ciclos biológicos de la estructura ecológica de soporte urbana, que se entiende como el conjunto de elementos bióticos y abióticos que sostienen los procesos ecológicos esenciales del territorio (Decreto 3600, 2007). Esto tiene efectos en la variabilidad climática y podría alterar la temperatura por el efecto invernadero, tal como lo argumenta el Panel Intergubernamental de Cambio Climático -IPCC-, que considera que los contaminantes de vida corta -CCVC-, entre los que se incluye el carbono negro, son responsables de más del 30% del calentamiento global.

Los CCVC son uno de los principales componentes del material particulado -MP-, tanto MP10 como MP2.5, que contamina el aire. Por otro lado, se afirma que estos dañan el rendimiento de los cultivos, lo que comprometería a la seguridad y soberanía alimentaria, así como cuantiosas pérdidas económicas para el sector de la agricultura.

Todos estos son, sin duda, asuntos alarmantes que para la Organización Mundial de la Salud (2019) son un factor primario en la provocación del cambio climático, con desencadenantes como malnutrición, paludismo, diarrea y estrés calórico (OMS, 2015).

Esta información, en sí misma, no es suficiente. Necesitamos más datos y acciones que nos lleven a un despertar ecológico activo. Eso solo es posible si en el relato que construimos en torno al #MalAIRE reconocemos que somos los humanos los causantes de esas emisiones nocivas, consecuencia de las decisiones comerciales, políticas y económicas que hemos tomado.

No obstante, siendo todos responsables, es necesario, obligatorio y constitucional que los gobiernos (elegidos por nosotros en la democracia) y los entes públicos protejan los derechos constitucionales, tomen las decisiones pertinentes y promuevan una campaña descentralizada acorde con la dimensión del problema.

Un problema de estas dimensiones involucra numerosos factores relacionados con la salud pública, la movilidad, el uso de tecnologías y de fuentes energéticas, así como la planeación y el ordenamiento ambiental del territorio, el modelo de desarrollo imperante, la producción industrial y la provisión de servicios. Estos son asuntos directamente relacionados con los paradigmas instalados en la sociedad, con la historia de la ocupación, las ideas y los valores que prevalecen en ella.


En el imaginario colectivo, la percepción de la gravedad del problema de la calidad del aire en el Valle de Aburrá se relaciona, principalmente, con los dos períodos del año de la contingencia ambiental: el primero, entre marzo y abril, y el segundo, entre septiembre y octubre, los cuales coinciden con los cambios de temporada seca a húmeda y viceversa.


Durante estas dos temporadas (cuatro meses, un tercio del año) nos vemos obligados a respirar tanto la contaminación que producimos como la que llega al Valle por factores externos al territorio. Sin embargo, al pasar estos períodos, la percepción y la conversación ciudadana en torno al problema pasa a un segundo plano. Estos ciclos de percepción retrasan y entorpecen las soluciones de fondo para el problema, pues insertan en el discurso colectivo una sensación de que el resto del año “estamos bien”. En otras palabras, se administra el problema pero no se resuelve.

La degradación del territorio y de la calidad de vida en nuestro Valle de Aburrá, que se ha ido convirtiendo en un “Valle de Humo”, muestra que tenemos un modelo insustentable de vida en el mediano y largo plazo. Esto se evidencia, por ejemplo, en el aumento del parque automotor y en la débil regulación de las emisiones que hacen las industrias.

Es un aire comercial. Es un aire industrial. Es un aire demencial. Un aire que está siendo privatizado y sobreexplotado. ¿De quién es el aire? Este asunto se vuelve más preocupante de cara al proceso de súper conurbación que traerá mayores congestiones vehiculares y el incremento de las emisiones de fuentes móviles. La planeación del territorio no puede seguir dependiendo de las fuerzas del mercado, de la incapacidad de planeación del Estado y de la afectación de los ciclos biológicos cuando se supera la capacidad de carga del territorio. Preocupa la “automovilización de la vida”, el aumento de las emisiones y del gasto de energía que proviene de fuentes fósiles energéticas, que agravan, sin duda, la crisis climática.

Ciudadanía activa por el aire

Ciudadanas y ciudadanos, con motivaciones, intereses y anhelos divergentes, hemos apelado al principio de participación política y al derecho al acceso a la información para exigir datos y acciones corresponsables que conduzcan a ese despertar ecológico.

Hemos promovido acciones simbólicas y jurídicas. Hicimos un #SOSporelAire, declaramos a Medellín, #Medehollín e instamos a los gobernantes a tomar #DecisionesValientes. El colectivo Unloquer diseñó y creó un sensor móvil de calidad de aire, con hardware y software de código abierto de bajo costo, para hacer ciencia ciudadana, pedagogía y experimentación a través de una red e intercambia esfuerzos y herramientas con la red CanAirIO (Bogotá). Otra iniciativa que promueve la cultura de datos abiertos y realiza talleres con organizaciones sociales, en Medellín y Calí, es MAKAIA. Por su parte, Melodistas, una iniciativa de periodismo independiente que combina “Periodismo & The Music”, organizó la campaña #HinchasDelAire e invitó a la ciudadanía a hacerse La Prueba del Aire.

Hace tres años, el 10 de mayo de 2017, inconformes con el #MalAIRE, los abogados Luis Guillermo Mesa y Lucas Andrés Quintero, y el ciudadano Daniel Suárez interpusieron la Acción Popular que otorgó medidas cautelares dadas por el Tribunal Administrativo de Antioquia, confirmadas por el Consejo de Estado al Municipio de Medellín y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

Del 10 al 13 de marzo del 2020 se realizó la audiencia de prácticas de pruebas, en la que el Área Metropolitana, la Alcaldía de Medellín y Ecopetrol le respondieron a la ciudadanía por qué las medidas para mitigar la contaminación del aire no han sido suficientes. La Acción Popular permitió decretar una medida cautelar (aún vigente) que consiste en una protección provisional ante la evidencia de que si no se ordena, se podría generar un riesgo grande o pasar de ese riesgo a un daño severo. Por lo tanto, ninguna de las estaciones de medición de toda el Área Metropolitana puede llegar a estar en naranja.

Desde entonces, las instituciones responsables de dar respuesta deben enviar, mes a mes, informes periódicos al magistrado sobre los avances en la mejora de la calidad del aire. Otro adelanto importante que se deriva de la Acción fue la creación de las Zonas Urbanas de Aire Protegido (ZUAP) en los dos perímetros más contaminados del Valle de Aburrá. Una está ubicada en el centro de Medellín y otra en los límites de La Estrella y Sabaneta. La Acción Popular está en etapa probatoria (testimonial). Se espera que el Tribunal Administrativo reprograme la fecha de audiencia para la recepción de esos testimonios, ya que fue suspendida en marzo, ante la emergencia del Covid-19.

Esta Acción Popular no ha sido la única, el abogado Cristian Zapata y el Colectivo Más Conciencia de Girardota interpusieron el 6 de marzo de 2018 la Acción Popular por el Aire de Girardota, ante el Tribunal Administrativo en Medellín. La demanda busca proteger el derecho al ambiente sano y a la salud de los girardotanos, ubicados en la zona norte del Valle de Aburrá donde están instaladas diversas industrias, para un total de 288 fuentes fijas. La Acción fue denegada por el Tribunal y actualmente se encuentra en trámite de segunda instancia ante el Consejo de Estado.

Por otro lado, ciudadanos que hacen parte de la Veeduría Ciudadana al Medio Ambiente, Desarrollo Territorial y Patrimonio de Itagüí, la Corporación Integral para la Acción Social (CIPAS) y la Iniciativa por el Aire Limpio, el Comité Cívico Belén Nodo 3 y la Veeduría “Somos Licencia Social” se pronunciaron a raíz del convenio celebrado entre CORANTIOQUIA y la Universidad de Antioquia, en el segundo semestre de 2019, para aunar esfuerzos en el fortalecimiento de buenas prácticas ambientales en el sector de arcillas rojas. En dichos comunicados solicitaron la creación de un espacio de participación denominado Mesa Intersectorial, para incentivar el diálogo ciudadano entre todos los actores implicados: ladrilleras, canteras, autoridades ambientales, autoridades municipales, academia y ciudadanía.

La solicitud se hizo en el el marco de ese acompañamiento, ante las afectaciones que derivan de la actividad ladrillera, de canteras y la coexistencia problemática de usos del suelo, en las veredas El Ajizal y Los Gómez del corregimiento El Manzanillo, Itagüí, y el corregimiento Altavista, Medellín, lugar que impacta de manera directa a Belén, comuna 16. Por lo tanto, las decisiones territoriales comprometen tanto a CORANTIOQUIA, como al Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

El viernes 23 de octubre de 2020 se llevará a cabo la audiencia pública virtual: “Calidad del aire en el Valle de Aburrá y sus afectaciones a la salud pública”, aprobada en sesión plenaria de la Cámara de Representantes el 1 de octubre de 2020. Se efectuará entre las 2:00 p.m. y las 6:00 p.m., y contará con la participación de las comunidades de Belén e Itagüí afectadas por las ladrilleras, los vecinos de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Bello que no soportan los olores “ofensivos”, los amantes de la movilidad en bicicleta, los defensores del arbolado urbano “Túnel Verde”, el colectivo Más Conciencia de Girardota con su problema de chimeneas o fuentes fijas, entre otros colectivos y movimientos defensores de una mejor calidad del aire para el Valle de Aburrá. También contará con la participación de profesores e investigadores que trabajan esta problemática y diferentes autoridades del Estado, para que den respuesta a los planteamientos presentados.

Estas acciones simbólicas y jurídicas son nuestros recursos ciudadanos para llamar la atención sobre la urgencia que tenemos como sociedad de impulsar e implementar políticas orientadas a las variables activas, que son las raíces del problema, las fuentes de las emisiones, y no exclusivamente a las variables críticas, que son las contingenciales. Las medidas a inmediato y corto plazo son necesarias para reducir el daño “del ya”, pero a la par necesitamos acciones consecuentes con el trabajo y el conocimiento basado en datos y con la construcción de protocolos, políticas públicas y diálogos ciudadanos.

Desde la política y la juntanza queremos apostarle al ideal de vivir juntos conscientes de la gran responsabilidad que tenemos con la totalidad de la vida, por eso, como ciudadanía creemos necesario poner la vida en el centro para abarcar a la naturaleza como sujeto de derecho y, en ese sentido, reivindicamos al aire, al #BuenAIRE, como un bien común digno de ser protegido y defendido.

 

 

FIRMAN

Ciudadanos por el Aire


Movimiento por el Aire y la Salud Pública
Colectivo Más Conciencia, de Girardota
Corporación Integral para la Acción Social (CIPAS)
Iniciativa por el Aire Limpio, de Itagüí
Vecinos de la 80
Veeduría Ciudadana al Medio Ambiente, Desarrollo Territorial y Patrimonio de Itagüí
Comité Nodo Cívico Belén Nodo 3
Veeduría “Somos Licencia Social”
Mesa Ambiental El Poblado (MAP)
Mesa Ambiental La América Comuna 12, de Medellín
Mesa Ambiental Comuna 13, de Medellín
Mesa Ambiental de San Cristóbal, Medellín
Mesa Triunfo Arrayanes Comuna 6 (Castilla), Medellín
Colectivo SiCLas
Melodistas
Corporación Viva la Ciudadanía
Instituto Popular de Capacitación (IPC)
MISEREOR
Extinction Rebellion Medellín
La Ciudad Verde
Las Marias al Aire
Fundación Más Urbano
Asociación Médica Sindical Colombiana Seccional Antioquia (ASMEDAS)
Red Nacional Ciudadana por la Calidad del Aire
Corporación Fernando González - Otraparte
NoCopio
Colectivo Morada
Corporación Distrito Candelaria
El Derecho a No Obedecer
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Solo la guerra de clases puede detener el cambio climático

Un nuevo informe muestra que el 1 por ciento más rico del mundo es responsable del doble de las emisiones de toda la mitad inferior del planeta. El mensaje es claro: para luchar contra el cambio climático, tenemos que luchar contra la clase dominante.

Nuestro nuevo número, "AfterBernie", ya está disponible. Nuestras preguntas son simples: ¿qué logró Bernie, por qué fracasó, cuál es su legado y cómo debemos continuar la lucha por el socialismo democrático? 

Mientras los incendios arden en California, el permafrost se derrite en Siberia, las olas de calor azotan Europa y los huracanes y tifones se hacen cada vez más fuertes, existe una necesidad urgente de una acción climática ambiciosa. La pregunta es cómo será y quién soportará el peso de una transición hacia un mundo más sostenible.

Desde hace varias décadas, el mensaje ambiental dominante para el público ha sido la acción individual. Nos dijeron que para resolver la crisis climática, necesitábamos cambiar nuestras bombillas, cambiar a electrodomésticos de bajo consumo, comprar vehículos híbridos o eléctricos, aislar mejor nuestros hogares, dejar de usar bolsas de plástico y alterar nuestro consumo personal de otras formas.

Estas cosas son, sin duda, cambios positivos, pero no son suficientes para abordar la escala de la crisis que enfrentamos y pueden llevar a conclusiones perversas sobre dónde radica realmente la culpa de la crisis climática.

Existe un creciente argumento de que una de las fuerzas impulsoras de la crisis climática es la población mundial. El mundo está superpoblado, dicen estas personas, y por eso las emisiones son tan altas. Esta opinión la expresan con mayor frecuencia los  eco-fascistas , que creen que se necesita un genocidio para reducir la población humana. Pero la superpoblación también ha sido citada por destacadas figuras liberales como la primatóloga Jane Goodall  y el naturalista  Sir David Attenborough , lo que ha contribuido a generar conclusiones engañosas y preocupantes sobre lo que está alimentando el cambio climático.

Si bien centrarse en el consumo personal nos impone la responsabilidad a todos por igual, centrarse en el crecimiento de la población traslada la culpa a los países de África y Asia, donde la población ha seguido creciendo en las últimas décadas. Sin embargo, estas personas tienen una de las huellas de carbono más bajas del mundo, y cuando miramos qué jurisdicciones han  emitido los gases de efecto invernadero  que están calentando el planeta, la respuesta es definitiva: Estados Unidos y Europa.

Pero incluso culpar por completo a los estadounidenses y europeos es perder el panorama general. Un nuevo informe de Oxfam concluye que el 1 por ciento más rico de las personas por sí solo es responsable del doble de emisiones del 50 por ciento más pobre de la población mundial. Eso significa que incluso si la clase trabajadora del Norte global tomara todas las acciones individuales recomendadas o forzáramos a los pobres del Sur global a dejar de tener hijos, eso no resolvería el problema.

Nuestro presupuesto de carbono restante está siendo sacrificado para que la élite mundial pueda mantener su lujoso estilo de vida, mientras  llevan aviones privados a conferencias sobre el clima para dar la impresión de que les importa. El fundador de Virgin, Richard Branson, ha sido un líder en este lavado verde multimillonario, haciendo  promesas climáticas  que no cumplió mientras expandía su negocio de aerolíneas. Del mismo modo, ElonMusk  afirma preocuparse por el clima para vender más automóviles, mientras  critica el transporte público  y trata de  detener los proyectos de trenes de alta velocidad .

Pero quizás el más prominente de estos multimillonarios que lavan de verde sus actividades insostenibles es Jeff Bezos. A principios de este año, el CEO de Amazon fue elogiado en la prensa por su Bezos EarthFund de $ 10 mil millones; ¡incluso compró los derechos para  cambiar el nombre de un estadio de Seattle después de su promesa climática! Pero aún no  se han otorgado subvenciones del fondo, mientras que Amazon continúa  ayudando a las empresas de petróleo y gas a  extraer combustibles fósiles de manera más eficiente.

Estos multimillonarios afirman que el capitalismo puede resolver la crisis climática y sus inversiones están ayudando a crear una nueva forma de "capitalismo verde" que reducirá las emisiones y marcará el comienzo de un futuro sostenible. Los gobiernos también están cayendo en este mito y lo están colocando en el centro de sus planes de recuperación ante una pandemia.

En julio, el gobierno británico  anunció un plan de recuperación de 350 millones de libras esterlinas para poner al país a la vanguardia de la “innovación verde”, una gota en el océano de la inversión necesaria. Como era de esperar, no incluía ninguna sugerencia de asumir las emisiones de los ricos reduciendo su riqueza, prohibiendo los aviones privados o eliminando las industrias contaminantes de las que se benefician.

Mientras tanto, en los Estados Unidos, el presidente Donald Trump no tiene un plan climático, pero incluso JoeBiden se enfoca en las energías renovables y los autos eléctricos, mientras promete nuevas carreteras con estaciones de carga y se  niega a prohibir el fracking . Al norte, el reciente discurso en el trono del primer ministro Justin Trudeau  prometió hacer de la acción climática una “piedra angular” de la recuperación pandémica de Canadá, mientras se centra en los vehículos eléctricos, extrae más componentes para ellos e invierte más en energía hidroeléctrica. Guardó silencio sobre los  impactos ambientales   de esas iniciativas.

El capitalismo verde nunca facilitará la escala de acción necesaria para mantener el calentamiento por debajo de 1,5ºC o incluso 2ºC porque se niega a enfrentarse a las personas e industrias poderosas que están alimentando la crisis climática en primer lugar. Continúa asegurando que los beneficios fluyan hacia la cima mientras vaciando a la clase media y produciendo narrativas climáticas que transfieren la carga de la responsabilidad a aquellos que tienen poco poder para hacer los cambios necesarios: el público, si no los pobres del mundo.

El tipo de acción climática que necesitamos requiere enfrentar a los ricos y organizarnos en torno a una visión para un tipo diferente  de sociedad. Eso significa no solo hacer que los ricos paguen impuestos más altos, sino desmantelar activamente las estructuras económicas que facilitan su acumulación de riqueza, tratar al planeta como una abundancia ilimitada de materias primas gratuitas y generar todas las emisiones que calientan el planeta.

O nos enfrentamos al capitalismo y sus vencedores, o seremos incapaces de detener el cambio climático descontrolado, ayudar a los refugiados climáticos que creará o detener el mito eco-fascista de la superpoblación que surgirá como resultado. Nuestra elección es el socialismo o la barbarie, como dijo una vez Rosa Luxemburg. El capitalismo verde no nos salvará.

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Fuentes: La marea climática [Foto: Manifestación por el clima en Madrid. EDUARDO ROBAINA]

Los movimientos por el clima Fridays For Future y Extinction Rebellion no afrontan su mejor momento fruto de la pandemia y las restricciones sanitarias.

 

El interés por los efectos del calentamiento global ha sido un constante ir y venir. Sin embargo, hace un par de años el cambio climático vivió una auténtica explosión de atención mediática. gracias, principalmente, a los movimientos por el clima como Fridays For Future y Extinction Rebellion. Ahora, con la crisis sanitaria provocada por la COVID-19, que monopoliza las vidas y las conversaciones, el clima vuelve a estar, contra su voluntad, en un segundo plano. A su vez, las restricciones sanitarias hacen que los movimientos, cuyo éxito reside en tomar las calles, se encuentren en un limbo en el que no esperaban encontrarse. Ante esta tesitura, ¿ha llegado, por lo menos en España, el fin de los movimientos juveniles por el clima tal y como los conocemos?

Una fría mañana de invierno en Madrid, el 19 de enero de 2019, un grupo de ocho personas se reunieron para impulsar la rama española de Extinction Rebellion (XR), un movimiento de desobediencia civil que había surgido un año antes en Reino Unido para denunciar la inacción climática del gobierno. Uno de los que asistió a ese primer encuentro, y responsable de redactar la primera ‘Declaración de Rebelión’, es el escritor, activista y psicólogo español Antonio Cutanda Morant, conocido como Grian. Sobre por qué decidió meterse en esta aventura, asegura a Climática que «sabía que había que hacer algo con el tema del cambio climático, y que había que hacerlo ya. La situación es tan grave que no podía pensar en mi propio bienestar».

Desde el 31 de octubre del año pasado, ya no forma parte de la coordinadora estatal de XR. Lo dejó, explica, porque «los grupos no son fáciles de gestionar, y los movimientos sociales, con su horizontalidad, aún menos». Según explica, «un movimiento social, donde entra todo tipo de gente, puede llegar un momento en que te supone un gasto emocional y energético excesivo, y necesites buscar otras líneas de lucha dentro de la organización». Aun así, cuenta que todo ese desgaste no fue lo que le llevó a abandonar, sino que fue el hecho de «ser coherente con lo que había propuesto»: «Al buscar espacios libres de conflicto he conseguido mantenerme en XR y he seguido siendo útil en distintos ámbitos», zanja.

Grian ha visto crecer el movimiento y ha vivido sus acciones más notorias, como las desarrolladas durante la Cumbre del Clima celebrada en Madrid o las del 7 de octubre de 2019. Ese día, cientos de activistas de Extinction Rebellion España y la plataforma 2020 Rebelión -formada por activistas de Ecologistas, Greenpeace, Fridays…- bloquearon durante horas un puente situado sobre el Paseo de la Castellana, en Nuevos Ministerios (Madrid), al mismo tiempo que se formaba una acampada frente al Ministerio para la Transición Ecológica que duró cuatro días. Para el activista, acciones como estas hacen que el movimiento haya «servido de mucho». En este sentido, tiene muy claro que la «perspectiva con respecto al cambio climático tuvo como catalizadores a Fridays for Future y Extinction Rebellion». Y añade: «Aunque no hagamos ya nada más (que vamos a seguir haciendo), ya habríamos cumplido con nuestro papel».

A aquella primera reunión que sirvió de germen para impulsar el movimiento en España, asistió también Nicolás Eliades, quien fue elegido coordinador de comunicación. Como Grian, Elades ya no forma parte de la organización de XR España. Reconoce que los comienzos fueron duros, y dice estar «decepcionado» con el recibimiento que les dieron otras organizaciones y movimientos. No obstante, considera que todos estos dos años han valido la pena, y que volvería a involucrarse, porque han conseguido algunos de los objetivos propuestos, asegura. Se refiere principalmente a la asamblea ciudadana que el Gobierno se comprometió a llevar a cabo en los cien primeros días de mandato, pero que debido a la pandemia no se ha podido hacer aún realidad.

 

«El movimiento debe reinventarse»

 

Los movimientos son organizaciones complejas, así lo ha dejado patente Grian. En una línea similar se expresa Elades: «Un movimiento como XR tiene que lograr sus objetivos rápido, antes de que se empiece a organizar y burocratizar». Y es ahí, en la ‘burocratización’, donde el movimiento nacido en Reino Unido se ha perdido, según el activista. Asegura que desde que esto ocurrió «ha habido poco impacto» y se ha «perdido la diversidad», lo que ha provocado  que el movimiento se haya «ido diluyendo». Además, cree que un problema de raíz del movimiento ha sido la falta de personalismos.

Preguntado por los errores que se han podido cometer, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, Nicolás Elades no duda en señalar «la tendencia hacia las luchas sociales». Según explica, «no tenemos tiempo para resolver el problema palestino. No se ha resuelto en cien años, y no se va a resolver en ocho años, que es el tiempo que nos queda para abordar la crisis climática, según el IPCC. Lo mismo con el racismo. Aunque todos parten de un sistema que hace que el cambio climático sea posible, estamos en el punto en que primero hay que aliviar los síntomas para ir luego de fondo a la cura de la sociedad en sí». Y remata: «El movimiento ha llegado a su límite y debe reinventarse». Un pensamiento similar al destilado por Grian: «El movimiento creció muy rápido, y los árboles que crecen rápido no son milenarios. De modo que creo que no durará mucho. Pero, si cumple sus objetivos, no hace falta que se eternice».

Extinction Rebellion no llegó oficialmente a España hasta comienzos de 2019, pero su primera acción se produjo meses antes. El 11 de noviembre de 2018, un pequeño grupo se concentró frente al Congreso de los Diputados. Entre los presentes estaban gente de la talla de Yayo Herrero, Luis González Reyes y Jorge Riechmann. Este último es uno de los que más activo se ha mantenido, ya que ha participado en varias de sus acciones hasta el punto de ser detenido en una de ellas.

Para Riechmann, la aparición de estos movimientos ha dado un nuevo impulso a un ecologismo «algo estancado, demasiado reducido a organizaciones con más peso orgánico popular». Según el filósofo, estamos en lo que define como ‘Siglo de la Gran Prueba’, «haciendo frente a una situación histórica y del todo excepcional». En este punto, sostiene que lo fundamental no es tanto que una generación se active políticamente en torno a ciertos temas, sino que la vivencia de esta generación enlaza una amenaza ecológica extrema con el bloqueo de sus expectativas vitales.

Desde XR España consideran que, si bien las organizaciones ecologistas «han tenido a lo largo de los años un papel clave en la divulgación de está cuestión y en la búsqueda de alternativas, movimientos como el nuestro o FFF han logrado que permee a muchas más capas de la sociedad, y por fin la población en general ha pasado a considerarla como una de las grandes amenazas». Aun así, reconocen no haber logrado sus objetivos más ambiciosos en todo este tiempo, aunque avisan: «El movimiento tiene recorrido».

 

De Greta a Girona

 

El viernes 18 de enero de 2019, un día antes de la primera reunión de Extinction Rebellion, tuvo lugar la primera huelga por el clima en España. Fue en Girona, frente a la sede de la Generalitat. La inspiración llegó desde Suecia, de la mano de la activista por el clima Greta Thunberg.  Fueron sus discursos más significativos los que motivaron a cinco jóvenes a llevar a cabo una primera concentración. Rápidamente, el movimiento se extendió a Barcelona, Madrid y otros puntos de España. Más tarde nacería, fruto de la iniciativa de tres jóvenes, Juventud por el Clima, que sirve de paraguas para todos los nodos que más tarde fueron surgiendo por el territorio. Frente al personalismo de Greta Thunberg  y Fridays For Future, Juventud por el Clima se caracteriza por no tener un solo nombre que lidere la lucha.

Lucas Barrero, estudiante de Ciencias Ambientales, fue uno de los cinco de Girona. Para él, Fridays tuvo mucha fuerza durante el primer curso escolar, «como si fuese un geiser». Luego, afirma, se ha ido agotando y no se ha sabido «movilizar igual de bien. No hemos conseguido mantener la tensión mediática».

El joven activista apunta a la COP 25 como el punto de inflexión en el cual el movimiento empezó a perder fuerza; aunque asegura que ya antes se vislumbraba un importante bajón, «sobre todo en términos de participación, no así de movilización». 

Las restricciones sanitarias ocasionadas por la crisis de la COVID-19 han sido claves en ese desplome:  «Se han intentado hacer movilizaciones y mantener los grupos, pero las restricciones de movilidad han hecho más difícil la labor». Asimismo, se muestra pesimista en cuanto al rasgo más característicos de identidad de Fridays For Future-Juventud por el Clima: las huelgas estudiantiles de cada viernes. No cree que deban -y vayan- a seguir «porque ya no generan la misma tensión. (…) Tenemos que ser sinceros y ver hasta qué punto somos capaces dentro de España de movilizar gente con el modelo de las huelgas estudiantiles», cuenta. Finalmente, afirma que Juventud por el Clima ha servido para que muchos jóvenes, aunque ya no sigan dentro del movimiento, puedan tejer redes con otros movimientos sociales.

 

Expectativas vs. realidad

 

Llegados a este punto, ¿es acertado decir que los movimientos por el clima juveniles han sido flor de un día? «Ni muchísimo menos», responde Emilio Santiago, reciente ganador de la primera plaza de antropología climática que ha creado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Este tipo de interpretaciones, cuenta, «son el péndulo lógico de haber esperado demasiado de ellas, lo cual es muy típico de cierta mirada izquierdista». «Algunos piensan que el cambio social es una pleamar que no cesa, pero no: la movilización social funciona con olas que suben y bajan. Y que, además, suelen tener mucha más incidencia como mutaciones del sentido común que como contrapoder alternativo realmente efectivo», asegura Santiago.

Por tanto, teniendo en cuenta lo que expone el doctor en Antropología Social, el problema está en haber puesto sobre movimientos como Extinction y Fridays unas expectativas que no se corresponden con la realidad. «Las explosiones sociales alteran los imaginarios sociales y el sentido común, y de ahí surgen, por un lado, nuevas posibilidades institucionales y, por otro lado, experiencias micro, moleculares, intersticiales, que van abriendo pequeñas brechas, tanto ideológicas como prácticas, en el camino de la guerra cultural». En este sentido, apunta a España como un país muy movilizado puntualmente, pero cuyas movilizaciones dejan poco poso organizativo.

Como ya han apuntado varias fuentes, la pandemia ha contribuido a que los movimientos y la acción climática hayan perdido fuelle. Aquí, Emilio Santiago va más allá y detecta dos problemas derivados de la actual emergencia sanitaria. Por un lado, el confinamiento y las restricciones han cortado de raíz la reunión presencial y, por tanto, «la autoorganización de esas experiencias alternativas que, por pequeñas que sean, son imprescindibles». Por otro lado, asegura que «el clima de receptividad social ha mutado», ya que en estos momentos resulta realmente complicado hacer comunicación o divulgación climática.

En este punto, Santiago presenta dos posibilidades. La primera sería regañar a la población y poner como argumento que el cambio climático es peor, más grave y que mata más que la pandemia. Esta opción, no obstante, la considera «un error político de enorme magnitud». La segunda opción, a su juicio más acertada, es pasar a lo que llama un «estado de hibernación en la militancia climática». Es decir, mantener un perfil más bajo, en el que la crisis climática siga siendo noticia, pero entendiendo que la atención del debate público está puesta en otro problema. Y hace un vaticinio: «El foco climático volverá. Con él volverá a emerger parte de la energía de cambio del 2019, aunque no seguramente en forma de grandes movilizaciones»

Quien también conoce y es capaz de ofrecer un análisis acertado de la situación actual en torno a la acción climática es Gemma Teso, profesora y experta en comunicación del cambio climático. Reconoce la importancia de los movimientos por el clima, porque antes de su aparición «carecían de vías para expresar su preocupación y de fórmulas para canalizar sus reivindicaciones». 

Para ella, los movimientos sociales por el clima aún tienen mucho camino por recorrer, aunque coincide con el resto en el hecho de que se transformarán: «Su influencia irá consolidándose en iniciativas que pueden institucionalizarse de formas diversas, como sucedió con el 15M». En esta línea, afirma que las reivindicaciones sociales se mantendrán en el tiempo porque «los impactos del cambio climático son cada vez más evidentes y severos a la vez que el conocimiento científico es más robusto y los escenarios de futuro son perfilados con gran precisión». 

Aunque pueda parecer que lleven más tiempo, los movimientos por el clima surgieron hace apenas dos años en España. No obstante, a pesar de su corta edad, Fridays For Future y Extintiction Rebellion se enfrentan, como apunta Teso, a una «inevitable» transformación fruto de una sociedad «compleja y cambiante». En definitiva, queda asistir con atención al devenir de estos movimientos, pero un hecho es seguro, y es que las reivindicaciones no cesarán, pues como resalta Gemma Teso, «el derecho a vivir en medio ambiente cuidado y saludable es un derecho fundamental de la ciudadanía».

Por Eduardo Robaina | 24/10/2020

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/estado-movimientos-por-el-clima/

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El método desarrollado permite usar el gas hidrógeno obtenido de los residuos plásticos como combustible limpio. Foto tomada del Twitter de @OxfordChemistry

 

Químicos de Oxford han desarrollado un método para convertir los desechos plásticos en gas hidrógeno que se puede utilizar como combustible limpio y carbono sólido de alto valor.

Esto se logró con un nuevo tipo de catálisis desarrollado por el grupo que utiliza microondas para activar partículas de catalizador para "extraer" el hidrógeno de los polímeros de manera efectiva.

Los hallazgos, publicados en Nature Catalysis, detallan cómo los investigadores mezclaron partículas de plástico pulverizadas mecánicamente con un catalizador susceptor de microondas de óxido de hierro y óxido de aluminio. La mezcla se sometió a un tratamiento con microondas y produjo un gran volumen de gas hidrógeno y un residuo de materiales carbonosos, la mayor parte de los cuales se identificaron como nanotubos de carbono.

Este rápido proceso de un solo paso para convertir plástico en hidrógeno y carbono sólido simplifica significativamente los procesos habituales de tratamiento de residuos plásticos y demuestra que más del 97 por ciento del hidrógeno del plástico se puede extraer en muy poco tiempo, en un método de bajo costo sin carga de CO2.

El nuevo método representa una solución potencial atractiva para el problema de los residuos plásticos; en lugar de contaminar nuestra tierra y océanos, los plásticos podrían usarse como materia prima valiosa para producir combustible de hidrógeno limpio y productos de carbono con valor agregado, según un comunicado de la Universidad de Oxford.

Europa Press | miércoles, 14 oct 2020 10:58

Sábado, 10 Octubre 2020 06:15

Premio Nobel a la guerra genética

Premio Nobel a la guerra genética

No deja de tener cierta ironía que el premio Nobel de química de 2020 –nombrado así por Alfred Nobel, el inventor de la dinamita y una de las mayores fábricas de armas del globo– se haya otorgado a las investigadoras que encontraron una forma de ingeniería genética –CRISPR-Cas9–, cuyas aplicaciones podrían causar un efecto tan explosivo en la naturaleza y la gente, que hasta se le ha llamado bomba genética (https://tinyurl.com/y2rsr5on).

CRISPR en sí no es una invención, es una forma natural de las bacterias para reconocer virus. Las galardonadas J. Doudna y E. Charpentier publicaron en 2012 la forma de replicar esa construcción sintéticamente y agregarle un sistema asociado (Cas9), que permite reconocer un sitio específico en los organismos donde se introduce y allí cortar las hebras del ADN. De esa forma se pueden silenciar genes o introducir nuevo material genético, o sea, transgénicos.

Parecía ser una forma más rápida y aparentemente más exacta que otras de ingeniería genética anteriores, que no tienen control del sitio donde se inserta material genético foráneo. Pero en poco tiempo se demostró que CRISPR tampoco es exacta. Aunque puede llegar a un sitio determinado en el genoma –lo cual da una falsa imagen de precisión– también altera otros sitios del mismo, con el potencial de producir una multitud de "efectos fuera de blanco", borrar o reacomodar largas secuencias fuera del sitio objetivo, provocando cambios que pueden causar daños y enfermedades graves.

En 2018, un estudio del Karolinska Institutet (que otorga el premio Nobel de Medicina) mostró que la manipulación de células humanas con CRISPR puede causar cáncer (E. González, https://tinyurl.com/yyj4umsx). Otros estudios científicos han mostrado una serie de impactos dañinos del uso de CRISPR en animales, vegetales y células humanas, al punto de que Georges Church, pionero de biotecnología de la Universidad de Harvard, en 2019 llamó a CRISPR "un hacha desafilada", cuyo uso es "vandalismo genómico" (https://tinyurl.com/vanda-geno).

No obstante, desde su puesta en circulación en 2012 –y pese a la agria disputa de patentes que surgió poco después con otro equipo estadunidense que reivindica también haber sido el inventor–, la tecnología se ha licenciado y aplicado a gran cantidad de experimentos con células humanas, en humanos (experimento ilegal en China con mujeres embarazadas, al menos una de las cuales dio a luz gemelas), animales y plantas. Doudna y Charpentier han ganado millones con la tecnología y han creado o están vinculadas a diversas empresas.

En 2016, un informe de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos clasificó CRISPR y la edición genética como "armas de destrucción masiva" (https://tinyurl.com/crispr-armas). El gobierno asignó 65 millones de dólares a la agencia de investigaciones de la defensa de Estados Unidos (DARPA) para el proyecto Safe Genes, con el propósito de desarrollar bioarmas supuestamente para defenderse de las bioarmas que otros podrían crear con CRISPR (https://tinyurl.com/yc5s7oed).

En realidad es para desarrollar las bioarmas de las que supuestamente se tendrían que defender. En ese contexto financian proyectos de investigación en varios países para el desarrollo de "impulsores genéticos", una aplicación de CRISPR para cambiar las leyes de la herencia y lograr que los genes manipulados sean autorreplicantes y dominantes en una especie, por ejemplo, para que sólo nazcan machos, lo cual extinguiría la especie. La Fundación Bill y Melinda Gates financia el desarrollo de la misma tecnología, aunque no lo llama bioarmas, sino proyectos de salud. La ONU intentó establecer una moratoria a esta peligrosa aplicación, pero el dinero de Gates lo saboteó (https://tinyurl.com/y3jzz8oe).

La propia Jennifer Doudna ha manifestado que CRISPR tiene usos tremendamente peligrosos, incluso refiere que tiene una pesadilla en la que Hitler le pide la fórmula de CRISPR (https://tinyurl.com/y62hfmcu). Tanto los proyectos financiados por DARPA y la Fundación Gates, como los experimentos con humanos, transgreden fronteras éticas, ecológicas y políticas de enorme trascendencia, cuyo desarrollo no se debe permitir.

Aún más inmediata es la presión de las trasnacionales para liberar comercialmente la llamada edición genética (son transgénicos) en plantas y animales para la industria agropecuaria. La industria de transgénicos ha hecho una engañosa campaña para hacer creer que los productos de tecnologías como CRISPR no necesitan pasar por evaluaciones de bioseguridad o al menos deberían ser más laxas que las existentes. Lo han logrado en Estados Unidos, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay, Honduras, Guatemala y Costa Rica, países lacayos de los agronegocios transgénicos y de Estados Unidos, en varios casos aprovechando las restricciones por la pandemia. La Unión Europea, gracias a las protestas y demanda de Vía Campesina y otros, se opuso a estos cambios.

CRISPR y todas las formas de edición genética introducen nuevos riesgos al ambiente y la salud, por lo que las normativas de bioseguridad, al contrario de lo que sostiene la industria, son altamente insuficientes. Estas nuevas formas de manipulación de nuestro ambiente y alimentos no se deben permitir.

Por Silvia Ribeiro. Investigadora del Grupo ETC

Sábado, 10 Octubre 2020 05:59

El motor del capital

Protesta fuera de la Suprema Corte de Nueva York durante el primer día de juicio a Exxon Mobil. AFP, ANGELA WEISS

Exxon Mobil y sus compromisos con el cambio climático

 

Una reciente filtración de documentos internos del gigante petrolero Exxon muestra que la firma planea para los próximos cinco años un masivo aumento de su producción y de sus emisiones contaminantes, a sabiendas de sus consecuencias devastadoras en el clima. Mientras tanto, continúa haciendo promesas de responsabilidad empresarial.

Hace ocho años, 20 gobiernos encargaron una investigación acerca de las potenciales víctimas mortales del cambio climático si no se toman medidas para mitigarlo. Se examinaron las diferentes maneras en las que el fenómeno puede resultar en una catástrofe en masa: el hambre, el calor, los desastres «naturales» y las enfermedades. De acuerdo a las proyecciones obtenidas por el Foro de Vulnerabilidad Climática y la ONG internacional DARA se estimó que, para 2030, 700 mil personas alrededor del mundo morirán anualmente por causas directamente vinculadas al cambio climático.

Y eso tan sólo serán las víctimas fatales inmediatas. Cientos de millones de vidas humanas serán radicalmente transformadas por fenómenos climáticos extremos, la desertificación y el creciente nivel del mar. Esto causará, se estima, nuevos patrones migratorios, especialmente entre los miles de millones que viven en la pobreza, muchos de ellos en zonas de alto riesgo climático. A ello le seguirán nuevos conflictos geopolíticos. Ningún Estado será invencible y ningún estilo de vida será inmune a ese proceso.

Sin embargo, el país que hoy es el mayor productor mundial de petróleo y gas natural está, con Donald Trump a la cabeza, en plena cruzada desreguladora en materia de política ambiental, en franca oposición a cualquier consejo de la comunidad científica (no muy diferente a lo que hace por su parte su aliado Jair Bolsonaro, véase «Marcadoafuego», Brecha,2-X-20). Los grandes productores petroleros estadounidenses operan prácticamente librados a su buena voluntad. Y, como demostración de sus buenas intenciones, no escatiman en bellas promesas.

 

ECOLOGISMO PETROLERO

 

El año pasado, en un encuentro de la Business Roundtable (BP) –una asociación de gerentes generales estadounidenses–, varias compañías petroleras se comprometieron a «respetar a los miembros de nuestras comunidades y proteger el ambiente adoptando prácticas sustentables en nuestros emprendimientos». También en 2019, los ejecutivos de BP, Exxon Mobil y otras empresas del ramo publicaron un comunicado conjunto en el que prometen tomarse muy en serio el cambio climático.

Pero las corporaciones existen para un propósito y se someten a una única disciplina: la de generar ganancias. Pueden ceder voluntariamente frente a dilemas éticos por la simple razón de mejorar sus relaciones públicas, restaurar la confianza del público y así remover varios obstáculos (por lo general de índole político) en su carrera por la maximización de ganancias. Si en cambio sienten que sus compromisos públicos no están siendo del todo útiles para ese fin, no dudan en romperlos.

Un buen ejemplo es el de Exxon Mobil; en 2015 la compañía se volvió centro de un escándalo de proporciones mayúsculas cuando periodistas e investigadores revelaron que sus ejecutivos sabían sobre la amenaza que representaba el cambio climático desde los años setenta. A pesar de ello, Exxon Mobil se dedicó durante décadas a mentir de forma reiterada, quitarle gravedad al problema, financiar a negacionistas del cambio climático y continuar como si nada con sus devastadores operaciones petrolíferas.

La revelación y el escándalo resultante llevaron a una petición firmada por 350 mil personas para que el Departamento de Justicia estadounidense investigara a la empresa. En plena campaña electoral, los dos candidatos demócratas de aquel momento, Hillary Clinton y Bernie Sanders, se hicieron eco del reclamo.

Para Exxon Mobil fue una catástrofe. En pos de paliar los daños a su imagen, sus ejecutivos empezaron a hacer promesas, una detrás de otra. Ahora en la web de la compañía puede leerse: «Creemos que los riesgos asociados al cambio climático demandan acciones concretas y se necesita de todos nosotros –empresas, gobiernos y consumidores– para lograr un progreso real».

En una maniobra no falta de ingenio (o de inconmensurable cinismo), la firma petrolera ahora presenta sus viejas investigaciones internas –otrora celosamente escondidas– como una muestra de su compromiso con la causa: «Los científicos de Exxon Mobil han estado por décadas en la primera línea de la investigación climatológica, trabajando junto con los mayores expertos mundiales en la materia».

 

PLAN DE EMISIONES

 

Pero ¡sorpresa!: Exxon Mobil nos ha vuelto a mentir. Una explosiva filtración publicada por la consultora empresarial y agencia de noticias Bloomberg este lunes 5 revela que la empresa «ha venido planeando un incremento anual de sus emisiones de dióxido de carbono del tamaño de lo emitido anualmente por Grecia» y que «las estimaciones realizadas por la propia Exxon de su nueva estrategia de inversión de 210.000 millones de dólares indican un incremento anual de sus emisiones de 17 por ciento para 2025». La estimación sólo tiene en cuenta las emisiones generadas durante las operaciones de producción petrolera, no lo que ocurrirá luego, cuando el producto sea vendido y quemado por sus compradores.

La compañía se centrará en producir en cinco mercados clave: «Petróleo de esquisto en la cuenca Pérmica (Texas y Nuevo México), extracción offshore en aguas de Guyana y Brasil, y explotación de gas natural en Mozambique y Papúa Nueva Guinea». Los periodistas de Bloomberg Kevin Crowley y Akshat Rath apuntan que «los 21 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono anuales que resultarán de este incremento productivo eclipsan las proyecciones elaboradas por Exxon acerca de sus esfuerzos para reducir la contaminación, como el desarrollo de energías renovables y el entierro de ciertas cantidades de dióxido de carbono».

¿Por qué esta falta de apego de Exxon Mobil a sus promesas? Quizás la respuesta se encuentre en otra proyección: para 2025, la compañía espera duplicar sus ingresos.

Megan Day
9 octubre, 2020

    (Publicado originalmente en Jacobin como «We CantTrustOilCompaniestoRegulateThemselves». Traducción y titulación de Brecha.)

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Europa exporta venenos prohibidos en sus propios países

Los pesticidas europeos invaden los cinco continentes. Para las multinacionales agroquímicas con sede en el Viejo Mundo no importa si sus productos no son autorizados para la venta en la misma Europa. Todo vale y la deontología, para ellas, no existe en el diccionario de la rentabilidad.

 

En 2018, grandes empresas de los países de la Unión Europea (UE) exportaron más de 81.000 toneladas de pesticidas prohibidos a la venta en el propio mercado continental por contener sustancias que afectan seriamente la salud humana o el medio ambiente.

Los principales exportadores fueron empresas del Reino Unido con 32.187 toneladas; de Italia 9.499; de Alemania 8.078; de los Países Bajos 8.010. En igual período, desde Francia se vendió fuera de la UE, 7.663 toneladas; desde España 5.182 y desde Bélgica 4.907. El destino: unos 85 países – las tres cuartas partes catalogados como “en desarrollo” o emergentes. Entre los cuales, en América Latina, Brasil, México, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Honduras, por citar solo algunos.

Entre los principales destinatarios de esos químicos prohibidos en suelo europeo se encuentran países que, paradójicamente, nutren, a la postre, a la Unión Europea con productos agrícolas. La UE permite así a sus empresas químicas y agroquímicas exportar desde su territorio sustancias que luego se encontrarán residualmente en las comidas consumidas por su población. Perversa práctica boomerang de mercado.

Dichas empresas aprovechan así de actividades económicas en naciones donde las reglamentaciones y controles son menos severos y los riesgos más elevados que en la misma UE, concluye la investigación elaborada por la ONG suiza Public Eye (el Ojo Público) en colaboración con Unearthed, célula de investigación de Greenpeace de Gran Bretaña. El estudio, cuyos resultados iniciales fueron develados a inicios del 2020, vuelve a ocupar hoy el espacio mediático a través de detalles y complementos difundidos a fines de septiembre.

Una pesquisa inteligente

Para evitar las respuestas edulcoradas de las multinacionales agroquímicas, durante varios meses, los investigadores de las dos ONG solicitaron informaciones, directamente, a la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA), encargada de regular las sustancias químicas y biocidas en el mercado continental.  Esta instancia procesa expedientes de ese tipo de productos y observa si respetan las normas. Se dedica también, en colaboración con los gobiernos nacionales, al análisis de las sustancias más peligrosas y en ciertos casos, pone el foco en aquellas que obligan a una mayor gestión de riesgos para proteger las personas o el medio ambiente. Colabora, además, con un centenar de organizaciones “acreditadas” ligadas a la producción, al medio ambiente, académicas, sindicales (https://echa.europa.eu/es/about-us/partners-and-networks/stakeholders/echas-accredited-stakeholder-organisations), entre las cuales, Greenpeace.

A través de la ECHA lograron recolectar “miles de notificaciones de exportaciones”, es decir, los formularios que, según la legislación europea, las empresas deben completar cuando se trata de productos que contienen sustancias químicas prohibidas para la comercialización en la Unión Europea. “Si a veces dichas notificaciones pueden diferir de los volúmenes efectivamente exportados, esa documentación constituye la fuente de información más completa” señala el estudio. Resultado: las dos ONG lograron elaborar una cartografía hasta ahora inédita de las exportaciones pesticidas prohibidas que salen de los diferentes países de la UE. (https://www.publiceye.ch/fileadmin/doc/Pestizide/202009_EU-export-pesticides_worldmap_FR.pdf)

Identifican un total de 41 productos de esa categoría. De los cuales se reconocen oficialmente algunos de los efectos más graves: toxicidad aguda; malformación genética; problemas reproductivos o del sistema hormonal; cáncer; contaminación de fuentes de agua potable; impactos perversos para los ecosistemas.

Como parte de la investigación, Public Eye y Greenpeace contactaron también a unas 30 empresas, de las cuales quince – incluida Syngenta- respondieron formalmente. Las mismas coinciden en cuatro argumentos retóricos repetidos: que sus productos son seguros; que están comprometidas con la reducción de riesgos; que respetan las leyes de los países donde operan – y que éstos deciden libremente sobre los pesticidas más adecuados para los agricultores locales. Y, en particular, que es normal que numerosos pesticidas vendidos al extranjero no sean registrados en la UE dado que el clima y el tipo de agricultura son diferentes a los europeos.

Círculo macabro: semillas de laboratorio y pesticidas

Producido por la transnacional química suiza Syngenta en su fábrica inglesa de Huddersfield, el Paraquat está prohibido desde 1989 en Suiza y desde el 2007 en la Unión Europea.

En 2018, funcionarios británicos la autorizaron a exportar nada menos que 28.000 toneladas de un producto que incorpora dicho veneno vendido en muchos mercados bajo el nombre de Gramoxone. La mitad, destinada a Estados Unidos, donde la multinacional agroquímica es acusada ante los tribunales por campesinos que padecen del Mal de Parkinson. La otra mitad, en dirección, principalmente de los principales consumidores mundiales como Brasil, México, India, Colombia, Indonesia, Ecuador y África del Sur. Aunque su comercialización se expande en buena parte del planeta, incluido muchos países latinoamericanos.

Primer productor de pesticidas del mundo y tercer fabricante de semillas, Syngenta constituye, junto con Monsanto, el símbolo de la agricultura industrial. En 2018, la organización suiza Multiwatch publicó la versión francesa de su Libro Negro de los Pesticidas. Esa asociación que se dedica a denunciar las políticas ilegales de las transnacionales, describe en su publicación que las tres cuartas partes de la actividad de Syngenta está consagrada a productos fitosanitarios y un cuarto a organismos genéticamente modificados (OGM).  “Asistimos a la apropiación de la naturaleza por parte de las multinacionales con el fin de constituir monopolios en el mercado de semillas y pesticidas”. Y denuncia el mecanismo diabólico que lleva a los campesinos, fundamentalmente en el Sur, a tener que comprar las semillas, “con el gran riesgo de aumentar sus deudas y de disminuir la biodiversidad”. Y de estar obligados a usar pesticidas, de las mismas multinacionales, responsables de la degradación de la salud de ellos y de las poblaciones expuestas a esos productos. Los ejemplos, no faltan: de Pakistán a Hawai, de la India al continente africano y en toda América Latina. Multiwatch dedicó este libro al militante social brasilero Keno, dirigente del MST (Movimiento de Trabajadores rurales sin Tierra) asesinado en el 2007 en Santa Tereza do Oeste, Estado de Paraná, por miembros de una sociedad privada de seguridad contratada por Syngenta, quien ocho años después fue condenada por tal hecho.

En esa publicación los militantes helvéticos retoman cifras que provienen de la misma ONU. El organismo internacional calculaba ya en el 2017 alrededor de 200 mil decesos anuales resultantes del uso de pesticidas. Y subrayan la gran capacidad de las multinacionales de cambiar de ropaje cuando el descrédito amenaza sus intereses. De la misma manera que la estadounidense Monsanto desapareció en 2017 al ser absorbida por el gigante alemán Bayer, la Syngenta suiza fue formalmente vendida en el 2016 a la Chemchina, aunque su sede principal sigue estando en Basilea, capital suiza de la industria química.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de septiembre del 2019 indicaba, por otra parte, que cada 40 segundos se produce el suicidio en una persona en algún lugar del planeta. El envenenamiento con pesticidas es uno de los tres métodos más usados. Y concluye que “la intervención con mayor potencial inmediato para reducir el número de suicidios es la restricción del acceso a los plaguicidas que se utilizan para la intoxicación voluntaria”.

Concesión a las multinacionales

En julio del año en curso Baskut Tuncak, por entonces todavía Relator Especial de las Naciones Unidas sobre productos tóxicos, pidió a los países ricos que pongan fin a la “deplorable” práctica de exportar productos químicos y plaguicidas tóxicos prohibidos a las naciones más pobres que carecen de «capacidad para controlar los riesgos».

Su declaración fue sostenida por otros 35 expertos del Consejo de Derechos Humanos. Entre ellos David Boyd, Relator Especial sobre derechos humanos y medio ambiente, Tendayi Achiume, Relator Especial sobre las formas contemporáneas de racismo, Francisco Cali Tzay, Relator Especial sobre los derechos de los pueblos indígenas, y Michael Fakhri, Relator Especial sobre el derecho a la alimentación.

Tuncak explicó que las naciones más ricas suelen aplicar un mecanismo cuestionable “que permite el comercio y el uso de sustancias prohibidas en partes del mundo donde las regulaciones son menos estrictas, externalizando los impactos sanitarios y ambientales en los más vulnerables… Estos vacíos legales son una concesión política a la industria”, que permite a los fabricantes de productos químicos aprovecharse de trabajadores y comunidades envenenadas en el extranjero… Hace mucho tiempo que los Estados deberían haber finalizado con esta explotación, concluyó.

Veneno para muchos -especialmente campesinos de países periféricos-, rentabilidad extrema para las grandes multinacionales agroquímicas. Cara y cruz de una realidad planetaria que sin embargo no se queda solo en la sanción sanitaria y ambiental del Sur. Va y viene, como un enorme boomerang interoceánico, y llega también, inexorablemente, al plato diario del consumidor europeo.

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