Miércoles, 05 Noviembre 2014 07:23

La megaminería y sus resistencias

La megaminería y sus resistencias

Doctora en Ciencias Sociales y Humanas y licenciada en Diagnóstico y Gestión Ambiental, Wagner estudia los procesos de movilización social de las poblaciones afectadas por los grandes emprendimientos mineros. El impacto ambiental y los conflictos.


Lucrecia Wagner es doctora en Ciencias Sociales y Humanas por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y licenciada en Diagnóstico y Gestión Ambiental por la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires (Unicen). Como investigadora de Conicet, focalizó sus estudios en el análisis de la megaminería, una actividad que causa un gran impacto ambiental y genera procesos de movilización y resistencia en las poblaciones afectadas.
El desarrollo de proyectos mineros a gran escala motivados por la llegada de inversiones extranjeras se produjo en los '90, en un marco de desregulación económica y flexibilización laboral. A partir de 2005, se visibilizaron los conflictos por el dominio de los yacimientos y la problemática tomó relevancia pública.


En este sentido, la emergencia de los debates realizados en los medios de comunicación impulsó el desplazamiento de voces civiles –en el pasado, periféricas– hacia el centro de la escena social. Durante la última década, especialistas en medioambiente promovieron foros de discusión y fomentaron instancias de participación ciudadana en las diferentes regiones de la nación. Ello, en última instancia, generó la sanción de normativas restrictivas por parte de las legislaturas provinciales respecto de la actividad minera.


–¿Por qué escogió el análisis de los problemas ambientales como objeto de estudio?
–A mí, desde niña, me gustaron los temas ambientales vinculados con la ecología. De modo que cuando fui al colegio secundario hice la orientación en exactas y naturales, y la profesora de ciencias naturales me sugirió la posibilidad de realizar la licenciatura en Diagnóstico en Gestión Ambiental en Unicen. La carrera, cuando la cursé, era muy nueva; tanto es así que soy la séptima graduada. Se trata de un mix de temáticas y perspectivas que combina asignaturas como geología, recursos biológicos y geomorfología, así como también incluye materias de corte social como antropología y sociología. Ello conformó un híbrido que me ayudó a desarrollar una mirada sobre la problemática ambiental compleja y amplia. Cuando me recibí, gané la beca de Conicet y me presenté con el objetivo de estudiar conflictos ambientales en Argentina y los modos de organización y resistencia de las comunidades afectadas. Así es como comencé a observar casos de minería de canteras como ocurría en Esquel (Chubut), que significó el primer impulso para el análisis de la minería a gran escala.


–Pero, entre tantos conflictos ambientales, ¿por qué le llamó la atención la minería en particular?
–La minería me llamaba la atención porque yo advertía que se trataba de un recurso no renovable que comprometía el futuro de las generaciones próximas y que permitía ver, en especial, el modo en que las sociedades se movilizan para defender su patrimonio. Me interesaba el caso de Catamarca y el desarrollo de la minera La Alumbrera (la primera minera metalífera grande de Argentina), aunque no existía un conflicto con demasiada repercusión en 2005. Por esos años, tuve la suerte de leer un trabajo de Diego Bombal –geógrafo mendocino– sobre superposición de usos del suelo en Mendoza que me abrió la cabeza. Bombal estudiaba la proliferación de los derechos mineros durante los '90.


–Tal como ocurrió en otros ámbitos, los '90 significaron un punto de inflexión en relación con la ejecución de políticas públicas que instalaron una suerte de desregulación regulada. ¿Cómo impactó en la minería?
–En los '90 se sancionó un paquete de leyes que complementaron al Código Minero de 1884. Estas normativas resultaron muy relevantes al abrir las puertas para el desarrollo de la minería a gran escala, es decir, a la megaminería.


–La megaminería implica el desarrollo de proyectos de grandes dimensiones que demandan fuentes laborales en localidades cuyos habitantes, muchas veces, se caracterizan por no tener sus necesidades básicas satisfechas. En este sentido, ¿cuáles serían los problemas vinculados a la explotación de los recursos mineros? ¿Por qué se movilizan los vecinos?
–La primera desventaja de la megaminería en el caso argentino, a diferencia de otros países como Perú, Bolivia y Chile, es que no posee una inserción histórica. Recién en los '90 se habilita y se impulsa la llegada de inversiones extranjeras para minería a gran escala. En efecto, si bien hubo otros proyectos, no se trata de una actividad consolidada en nuestra nación. Por otra parte, al menos en los conflictos que yo estudié, lo que ocurre como denominador común es que la misma gente que se esperanzó y observó en la minería la posibilidad de conseguir un empleo y mejorar sus condiciones de vida, enseguida se decepcionó al notar que los puestos prometidos nunca fueron efectivamente otorgados. La Alumbrera, en este sentido, representa un antecedente y un ejemplo de esa desilusión, al ver la realización de inversiones millonarias y ganancias de las que los ciudadanos nunca participan. Por último, también, tiene importancia el desarrollo de las comunicaciones a través de Internet. Incluso en 2002 ya existían ciertas redes que permitían recolectar información de anteriores manifestaciones como producto de conflictos en naciones vecinas. Experiencias previas de contaminación que fluyen y se dinamizan, que logran ser comunicadas y sirven como antecedente y como pistas para emprender acciones de resistencia.


–En relación con el impacto ambiental, ¿cuáles son las principales desventajas de la megaminería? Tengo entendido que se utilizan grandes volúmenes de agua...
–Sí, se utilizan grandes cantidades. Los yacimientos se localizan cerca de las nacientes de agua y los pobladores de la zona, en general, tienden a vincular el sitio donde esas mineras se instalan con la contaminación de las fuentes de agua. Ello, por supuesto, pone en riesgo a las comunidades que consumen el recurso.


–¿Qué ocurre respecto de la deforestación?
–Las empresas mineras actuales no necesitan encabezar procesos de deforestación porque se localizan en zonas de altura donde no existen árboles. Por ello, el principal problema por el que la gente se moviliza es el agua. De todos modos, vale subrayar que la minera necesita de una infraestructura que puede causar otros impactos ambientales asociados, como voladuras –que implican contaminación– y materiales necesarios para el traslado de sustancias requeridas para procesar esos minerales.


–¿Qué cauces siguen las convocatorias y las manifestaciones de los vecinos de las zonas afectadas?
–En la mayor parte de los casos se trata de gente que vive en las localidades perjudicadas que comienza a observar movimientos extraños. En general, son pueblos chicos y el cambio de dinámica que demanda la construcción de nueva infraestructura en sitios que no son demasiado poblados genera una preocupación. Se empieza a ver personas que no son del pueblo, grupos de trabajadores contratados que llegan a los yacimientos. Al principio, la posibilidad de nuevos puestos de trabajo promueve la gestación de grandes ilusiones que se caen conforme pasa el tiempo. Como dije antes, no son entregados todos los empleos que en un inicio son prometidos. En este sentido, los vecinos se reúnen, buscan información acerca de la empresa minera que explotará el yacimiento y se forman asambleas de discusión. En Chubut, por ejemplo, dio lugar a la formación de los Vecinos Autoconvocados de Esquel (2003) como el primer antecedente de este tipo de organizaciones que, luego, se desarrollarán en el país.


–De todas maneras, lo que observaba cuando leía sobre sus investigaciones es que cada provincia elige sus modos de proceder respecto de la explotación o no de los yacimientos...
–Sí, claro. Son las provincias las que tienen la decisión de aprobar o no estos proyectos mineros de acuerdo con la Constitución Nacional. En su artículo Nº 124, la Carta Magna señala que el dominio de los recursos naturales es provincial. En ellas y, sobre todo, en las secretarías de Medioambiente recae la responsabilidad de otorgar los permisos para que los planes de minería a gran escala se desarrollen.


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Altos niveles de carcinógenos en el aire en sitios de fracking en EU

Niveles peligrosamente altos de químicos causantes de cáncer han sido descubiertos en el aire en torno a sitios de fragmentación hidráulica (fracking) en Estados Unidos, lo cual suscita temores por el daño que puede ocasionar un proceso que las compañías perforadoras se empeñan en afirmar que es seguro.

Mientras estudios previos han vinculado esta técnica a la contaminación del agua del subsuelo, estos hallazgos destacan la necesidad de reglamentos más severos para controlar la extracción no convencional de petróleo y gas, advirtieron científicos.


Los niveles de benceno, formaldehido y sulfuro de hidrógeno estaban muchas veces arriba de los límites tolerados de contaminación del aire en Estados Unidos y se detectaron en zonas residenciales cerca de los pozos de fragmentación perforados en cinco estados diferentes, precisaron los investigadores. Algunos niveles de benceno eran de 30 veces las concentraciones que se pueden encontrar en el aire en una gasolinera cuando se llena el tanque de un vehículo, explicaron.


Creo que debemos estar muy preocupados por estos hallazgos. Se sabe que el benceno y el formaldehido son carcinógenos, advirtió David Carpenter, profesor de ciencia de salud ambiental de la Universidad de Albany (Nueva York, EU), quien dirigió el estudio. Las concentraciones de benceno se tomaron en un solo momento en el tiempo, pero eran de varios órdenes de magnitud arriba de los niveles que se sabe que causan cáncer. Son elevaciones muy serias.


Las muestras del aire en 11 sitios de fracking variaban desde 35 hasta 770 mil veces más que los niveles anteriores a la perforación. La exposición al benceno en un sitio en Wyoming equivalía a vivir dos años en Los Ángeles u ocho meses y medio en Pekín. Los niveles de sulfuro de hidrógeno, irritante respiratorio, iban de 90 a 60 mil veces más que los registrados anteriormente: niveles que causarían irritación en los ojos y en el tracto respiratorio luego de una hora de exposición, señalaron los investigadores.


Algunas muestras del aire fueron recogidas por los propios residentes utilizando equipo especial de muestreo que han empleado cuando había actividad industrial intensa o cuando percibían un olor peculiar. Otras fueron tomadas por sensores pasivos que llevan registros a lo largo del día, indicó el profesor Carpenter.


En un número desproporcionado de sitios, vemos niveles por arriba de las normas sanitarias de Estados Unidos. Muchos pozos de fragmentación se han ubicado cerca de los residentes, y el Congreso ha eximido específicamente a la industria del petróleo y el gas de las normas relativas al aire, expresó. Recurrimos a la población local para tomar las muestras, porque el gobierno estadunidense ha eximido a la industria de fragmentación de muchas regulaciones sobre contaminación del aire. Hicimos todo lo que pudimos para asegurar que contáramos con personas capacitadas y responsables que recogieran las muestras, y no tenemos motivo para sospechar que hubiese contaminación deliberada de ellas, añadió.
Científicos británicos enfatizaron que en el Reino Unido se aplicarán normas anticontaminantes mucho más estrictas para regular las operaciones de fracking, pues los operadores tendrán la obligación de recolectar los gases residuales en vez de liberarlos a la atmósfera.

"Una de las dificultades esenciales que enfrenta la incipiente industria británica del gas de esquisto (shale) es que tendrá que operar bajo normas ambientales mucho más altas que las prevalecientes actualmente en Estados Unidos, en relación con toda una gama de aspectos ambientales", aseguró Rob Westaway, ingeniero en energía de la Universidad de Glasgow.


© The Independent
Traducción: Jorge Anaya

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Domingo, 19 Octubre 2014 10:11

Marcas fósiles: de tóxicas a odiosas

Marcas fósiles: de tóxicas a odiosas

Cuando entró la llamada informando que la Universidad de Glasgow votó a favor de desinvertir su fondo de 128 millones de libras (http://bit.ly/1vQAVI9), en las empresas de combustibles fósiles, de casualidad estaba en un cuarto lleno de activistas climáticos en Oxford. Inmediatamente se pusieron a festejar. Hubo muchos abrazos y algunas lágrimas. Esto era importante: la primera universidad en Europa en tomar una decisión de este tipo.

Al día siguiente hubo más festejos en los círculos climáticos: Lego anunció que no renovaría una relación con Shell Oil, un acuerdo que venía de mucho tiempo atrás, que se veía reflejado en niños que llenaban sus vehículos de plástico en gasolineras de Shell. "Shell contamina la imaginación de nuestros niños", se escucha en un video de Greenpeace que se volvió viral (http://bit.ly/VDzRsW) y atrajo más de 6 millones de vistas. Mientras tanto, crece la presión sobre el Museo Tate para que rompa su larga relación con BP.

¿Qué está pasando? ¿Las empresas de combustibles fósiles –que durante mucho tiempo han sido tóxicas para nuestro ambiente– se están volviendo tóxicas para el medio ambiente de las relaciones públicas? Parece que sí. Galvanizado con la investigación del "rastreador de carbono" que muestra que estas empresas tienen varias veces más carbono en sus reservas de lo que nuestra atmósfera puede absorber de modo seguro, el ayuntamiento de Oxford votó a favor de desinvertir (http://bit.ly/ZJ2cQc); también lo hizo la British Medical Association (Asociación Médica Británica) (http://bit.ly/1lOfeEq).

A escala internacional hay cientos de activas campañas por la desinversión en combustibles fósiles, en universidades y colegios, y también que tienen como blanco a gobiernos locales, fundaciones sin fines de lucro y organizaciones religiosas. Y las victorias son cada vez mayores. En mayo, por ejemplo, la Universidad de Stanford, en California, anunció que desinvertiría del carbón su fondo de 18.7 mil millones de dólares. Y, en septiembre, un día antes de la cumbre climática de Naciones Unidas, en Nueva York, una parte de la familia Rockefeller –un nombre sinónimo a petróleo– anunció que desinvertiría en combustibles fósiles los holdings de la fundación e incrementaría sus inversiones en energía renovable.

Algunos son escépticos. Dicen que nada de esto va a dañar a las empresas petroleras o del carbón: otros inversionistas tomarán esas acciones y la mayoría de nosotros seguirá comprando sus productos. Nuestras economías, después de todo, siguen enganchadas a los combustibles fósiles, y las opciones renovables y de bajo costo demasiado seguido están fuera de nuestro alcance. Así que, estas batallas contra los patrocinios a las inversiones en combustibles fósiles, ¿son sólo un farsa?, ¿una forma de limpiar nuestras conciencias pero no la atmósfera?

La crítica no toma en cuenta el poder más profundo y el potencial de estas campañas. De fondo, todas atacan la legitimidad moral de las empresas de combustibles fósiles y las ganancias que fluyen de ellas. Este movimiento declara que no es ético estar asociado a una industria cuyo modelo de negocios está basado, de forma consciente, en desestabilizar los sistemas de soporte vital del planeta.

Cada vez que una institución o marca decide cortar sus lazos, cada vez que se usa el argumento de la desinversión de forma pública, se refuerza la idea de que las ganancias obtenidas de los combustibles fósiles son ilegítimos, que "éstas son ahora industrias canallas", como dice el escritor Bill McKibben. Y esta ilegitimidad es la que tiene el potencial para poder escapar del callejón sin salida y lograr una significativa acción climática. Porque si esas ganancias son ilegítimas, y esta industria es canalla, nos acercamos un paso más al principio que desgraciadamente, hasta ahora, ha faltado en la respuesta colectiva climática: el que contamina, paga.

Tomemos el caso de los Rockefeller. Cuando Valerie Rockefeller Wayne explicó por qué decidió desinvertir, dijo que justo porque la riqueza de su familia proviene del petróleo, tienen "una mayor responsabilidad moral" de usar esa riqueza para frenar el cambio climático.

Eso, en pocas palabras, es el razonamiento que subyace a "el que contamina, paga". Se basa en que cuando la actividad comercial crea un fuerte daño a la salud pública y al medio ambiente, quienes contaminan deben cargar con una parte significativa de los costos para reparar los daños. Pero no se puede quedar a nivel de los individuos y las fundaciones, y el principio tampoco puede ser puesto en práctica de forma voluntaria.
Como exploro en mi libro Esto cambia todo (http://bit.ly/VEOtIc), las empresas basadas en combustibles fósiles llevan más de una década prometiendo usar sus ganancias para que hagamos la transición y nos alejemos de la energía sucia. BP cambió su imagen a "Más allá del petróleo" (Beyond petroleum), para después alejarse de los renovables y enfocarse lo doble en los combustibles fósiles más sucios. Richard Branson se comprometió a invertir 3 mil millones de dólares de las ganancias de Virgin en encontrar un combustible verde milagroso y luchar contra el calentamiento global, para

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Inundan Wall Street y exigen justicia climática

El toro de Wall Street fue ahogado hoy por una inundación de miles de activistas en demanda de justicia climática, que acusaron al poder financiero de llevar al mundo al borde de la catástrofe ambiental.


Unos dos mil manifestantes rodearon la famosa escultura del toro –símbolo del poder financiero– y avanzaron unas cuadras al norte para llegar hasta el cruce de Wall Street y Broadway, a una cuadra de la Bolsa de Valores, donde decenas de policías mantuvieron cerrado el ingreso. Durante unas ocho horas los manifestantes obligaron a las autoridades a cerrar el tránsito en esta arteria principal en el distrito financiero de Nueva York.


Inundamos Wall Street para frenar su financiamiento de la destrucción planetaria, y abrir paso a economías sustentables que benefician a los pueblos y al planeta, afirmó Michael Lean Guerrero, de Climate Justice Alliance, agrupación que ayudó a organizar esta movilización un día después de que ellos y otros 300 mil participaron en la marcha más grande sobre cambio climático en la historia. La idea es: si Wall Street está provocando la inundación del mundo, hoy Wall Street fue inundado.

Con mantas, bandas de música, dos enormes burbujas de carbón y un oso polar (bueno, alguien con un disfraz), y consignas de a, anti, anticapitalismo, esta fue una acción mucho más filosa en mensaje que la marcha plural de ayer. Con ésta se responsabiliza directamente al 1 por ciento y el sistema actual de la crisis ambiental. Unos 100 manifestantes cargaron una manta de 100 metros de largo en que se leía: "Capitalismo=Caos climático –Inunda Wall Street".

Participaron una amplia gama de activistas: Veteranos de Guerra por la Paz, veteranos de la gran movilización altermundista de Seattle y veteranos de Ocupa Wall Street. Al rodear la escultura del toro –el cual estaba protegido por barreras y policías–, un cura usó el ya famoso micrófono popular para anunciar que ya se necesitaba domar a ese toro, mientras un reverendo sacó una reata para intentar lazar la enorme bestia de bronce.

Somos imparables. Otro mundo es posible, se coreó cuando, después de varias horas de sentarse alrededor del toro, los manifestantes se levantaron para avanzar por la avenida ya cerrada hacia Wall Street. Todos los accesos a la Bolsa habían sido cerrados con barreras custodiadas por policías. Y por las dudas, la famosa plaza de Zucotti Park, sede de Ocupa Wall Street durante unos meses, estaba completamente rodeada con barreras y policías, para evitar una nueva invasión. ¿A quiénes protegen?, repetía el coro ante la defensa policiaca del toro, así como de la Calle Wall. Arresten a los ricos, gritaba un grupo.

"Estos hijos de puta están matando al mundo con su fracking, su petróleo y contaminación", gritó un manifestante apuntando hacia la Bolsa, al responder por qué estaba en la protesta.


Esto fue el reclamo del espacio público: tomar una calle principal en este país en una acción donde cualquiera puede expresarse es algo que casi nunca se permite, afirmó Bill Dobbs, activista veterano de varias luchas sociales.


Después de ocho horas de inundación que congeló el paso por Broadway, esta noche la policía –que hoy actuó de manera mucho menos agresiva y amenazante que durante el gobierno del alcalde anterior en la represión a Ocupa, y sólo hubo un par de arrestos durante el día– ordenó la dispersión de los manifestantes y empezó a arrestar a los que rehusaban despejar la avenida. Entre los arrestados: el oso polar.


Con los ecos de la marcha de cientos de miles por el planeta el domingo y la acción en Wall Street hoy como transfondo, el martes se realizará una cumbre sobre el cambio climático en la sede de la Organización de Naciones Unidas, con más de 120 mandatarios detrás de un inmenso aparato de seguridad y muy lejos de las calles. Ahí se verá lo que la proclamada comunidad internacional propone hacer ante lo que los expertos advierten como daños severos e irreversibles si no se logra frenar el cambio climático.

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Una semana por el clima que podría cambiarlo todo

La crisis climática está empeorando más rápido de lo esperado, según todas las previsiones científicas, y ocurre en paralelo a otra crisis: la del fracaso de las negociaciones sobre cambio climático de las Naciones Unidas. "Han estado negociando durante toda mi vida", afirmó la joven activista Anjali Appadurai en la conferencia sobre cambio climático de la ONU en Durban, Sudáfrica, en 2011. Las negociaciones sobre cambio climático han estado estancadas debido a que varios países, especialmente el Estados Unidos presidido por Obama, están bloqueando el avance y ponen sus intereses nacionales por encima de los del planeta, que continúa calentándose a un ritmo posiblemente irreversible.


Anjali Appadurai, que fue designada portavoz de los jóvenes en la conferencia de Durban, afirmó ante los negociadores enviados por cada país: "Hablo en nombre de más de la mitad de la población del mundo. Somos la mayoría silenciosa. Nos dieron un espacio en este foro, pero nuestros intereses no están representados aquí. ¿Qué hace falta para participar en este juego? ¿Tener lobistas? ¿Tener el poder de influencia que tienen las empresas? ¿Tener dinero?".


A tres años de esa conferencia, la Organización de las Naciones Unidas realizará una cumbre especial sobre el cambio climático el 23 de septiembre en la ciudad de Nueva York, a la que se prevé que asistirán más de cien líderes mundiales. A diferencia de las negociaciones formales sobre el cambio climático de las Naciones Unidas, la finalidad de esta cumbre no vinculante, según la ONU, es: "Reunir voluntades políticas y movilizar la acción para generar las condiciones necesarias para alcanzar un resultado exitoso en las negociaciones". Tras veinte años, los funcionarios de las Naciones Unidas aparentemente se dieron cuenta de que, si se dejan las negociaciones en manos de los sospechosos de siempre, es decir, de los gobiernos y las empresas, jamás se logrará un acuerdo legalmente vinculante sobre el cambio climático, previsto para la cumbre que se celebrará en París en diciembre de 2015. Ahora se considera que la movilización popular es un elemento fundamental para el éxito.


Los activistas defensores del medio ambiente protestaron indignados en la cumbre sobre el cambio climático celebrada en Copenhague en 2009, cuando el Presidente Obama hizo fracasar las negociaciones de la ONU al mantener reuniones a puertas cerradas con los países más contaminadores del planeta. En aquel entonces, la ONU respondió expulsando a los activistas. Las negociaciones sobre el cambio climático de la ONU se realizan en diferentes partes del mundo, pero siempre dentro de establecimientos con máxima seguridad, lejos de la gente que sufre los efectos directos del cambio climático y lejos de los activistas por la justicia climática que se reúnen en las cumbres con la esperanza de presionar a los negociadores para que logren un acuerdo antes de que sea demasiado tarde.


Apenas días antes de la cumbre sobre el clima de la semana próxima, a la que solamente se puede asistir con invitación expresa de Ban Ki-moon, una amplia coalición realizará la Marcha de los Pueblos por el Clima. Se prevé que será la mayor marcha contra el cambio climático en la historia. Personas proveninentes de los más variados ámbitos sociales se reunirán en el lado oeste del Central Park, en Nueva York, el domingo 21 de septiembre. Los organizadores esperan una participación de más de 100.000 personas y se confirmó la asistencia de más de 1.200 bandas musicales.


La gente marchará en "bloques". Al frente de la marcha estará el bloque "Frontlines of Crisis, Forefront of Change" (Primera línea de la crisis, vanguardia del cambio) que incluirá a representantes de pueblos indígenas y de otras comunidades que han sido directamente afectadas por la extracción de combustibles fósiles y los efectos del cambio climático. Los sindicatos de trabajadores y los estudiantes marcharán bajo el eslogan "Podemos construir el futuro", seguidos de los grupos a favor de la energía alternativa, los alimentos sustentables y el agua, que marcharán bajo el lema "Tenemos soluciones". El bloque "Sabemos quiénes son los responsables" se centrará en denunciar a las empresas de combustibles fósiles, a los bancos y a otros contaminadores. Los científicos y los activistas de diferentes religiones formarán el grupo "El debate se terminó". Y, por último, marchará el bloque "Para cambiarlo todo, necesitamos de todos", que agrupará al resto de las personas.


Uno de los principales organizadores de la Marcha de los Pueblos por el Clima es Bill McKibben, fundador de 350.org, una organización que combate el cambio climático y cuyo nombre proviene de las 350 partes por millón, que según los científicos es la máxima concentración de dióxido de carbono que debe haber en la atmósfera para tener un planeta seguro y sustentable. McKibben afirma: "En este momento, a excepción de un pequeño simulacro en Times Square, realmente no hay mucho más que pueda hacer la comunidad científica para advertirnos. Nuestros sistemas de advertencia temprana han funcionado, la alarma sonó. Todos nuestros satélites y sensores y súper computadoras han producido la información que necesitamos saber. La pregunta es: ¿haremos algo al respecto? Y la respuesta hasta ahora ha sido 'no'. Ha sido 'no' en el Congreso de Estados Unidos, que, sin duda, no ha avanzado nada en este tema. Y no hay esperanzas de que se logren los dos tercios de votos necesarios para ratificar un tratado en el Senado. Esa es la dificultad en este momento en las negociaciones internacionales. La única forma en la que lograremos el cambio aquí o en cualquier otro lado es mediante la construcción de un gran movimiento. Es por eso que el 21 de septiembre en Nueva York, este evento que está siendo coordinado por todos estos grupos, es un día tan importante".


El fin de semana, el Seminario Teológico de la Unión realizará una conferencia con miembros del clero del mundo entero, para hablar sobre las cuestiones morales planteadas por el calentamiento global provocado por el hombre. El lunes, al día siguiente de la gran marcha, grupos independientes planean "inundar" Wall Street. "Inundemos, bloqueemos, ocupemos y cerremos las instituciones que están lucrando con la crisis climática", reza la página del grupo, que tiene una casilla para indicar si la persona está dispuesta a arriesgarse a ser arrestada. Un grupo que se autodenomina "Earth Quaker Action Team" realizará una puesta en escena de una investigación de las filiales del banco PNC en la ciudad de Nueva York por el delito de "interferir con el clima" debido a que el banco ha financiado proyectos de minería de carbón de remoción de la cima de la montaña.


Si bien la marcha por el clima del próximo domingo no incluirá discursos, ya que se trata de reunir al movimiento, el lunes, la autora Naomi Klein estará entre los oradores de las acciones que se realizarán en Wall Street. "Porque no tenemos líderes preocupados por el cambio climático reunidos en la ONU, es que la ONU solo ha logrado reunir fracasos. Y algunos de ellos ni siquiera asisten, como el Primer Ministro de mi país, Steven Harper, que es un delincuente climático tan grande que ha decidido saltearse todo el proceso y solamente aparece en las cenas después de la conferencia. Creo que el sentido de urgencia expresado en las calles se transmitirá y creo que será entonces que la gente lo llevará más lejos, lo llevará a quienes son realmente responsables de bloquear el avance. A muchas de las personas que están organizando 'Flood Wall Street' las conocí en el contexto de 'Occupy Wall Street' y entienden que nuestro sistema económico está sacrificando a la gente en nombre de las ganancias. Ya saben eso. Lo que nos dice el cambio climático es que esta misma lógica de lucro y crecimiento por encima de todo lo demás está sacrificando los propios sistemas vitales de los que todos dependemos. Y esa es una conexión evidente y hace que el movimiento tenga aún más urgencia. No se trata de un nuevo movimiento, son todos nuestros movimientos unidos". El nuevo libro de Naomi Klein, titulado "Esto lo cambia todo: capitalismo vs. clima", se publicó esta semana. Se trata de un llamamiento a la acción poderoso y apasionado que rompe con todos los esquemas. En el libro, la autora nos recuerda que: "El cambio climático lo cambia todo. Lo cambia todo porque si seguimos por el camino que estamos ahora, cambiará nuestro mundo físico a tal punto que será irreconocible. Aún es posible detener ese resultado catastrófico, pero eso implica cambiar todo nuestro sistema económico. La buena noticia es que, para mucha gente, ese sistema no está funcionando".


El cambio climático lo cambia todo. Y por un breve período de tiempo, la naturaleza de ese cambio aún está en nuestras manos.


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© 2014 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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Viernes, 19 Septiembre 2014 18:20

Cambio climático y activos tóxicos

Cambio climático y activos tóxicos

Los activos de las empresas petroleras poseen un efecto tóxico. Efectivamente, el comportamiento irracional de los mercados se ha movido a la industria de las energías no renovables (petróleo, gas y carbón), dice con mucho acierto un artículo de Ambrose Evans-Pritchard[1] publicado en The Telegraph.

Recordemos que, en forma previa, a la gran crisis del capitalismo central del año 2008, los bancos crearon las llamadas burbujas financieras, cuando otorgaron grandes préstamos a personas con poca probabilidad de repago. Los bancos norteamericanos, para ampliar el mercado, crearon las hipotecas de alto riesgo, conocidas como opciones "subprime", con el respaldo de la Community Reinvestment Act, que es una ley que obligaba a los bancos a prestar a personas que no tenían buen historial crediticio. El riesgo fue eludido en forma sistemática, lo cual amplió la demanda de bienes inmuebles e incrementó el precio de las casas. Fue ésta la causa para que la burbuja inmobiliaria, tanto en Estados Unidos como en Europa, se disparara.

Ahora, aparecen otros activos tóxicos. Estos se originan en las enormes inversiones de las empresas petroleras relacionados con los crecientes costos debido a que ya se habría alcanzado la tasa máxima de extracción de petróleo global y por lo tanto estaríamos en un declive de los yacimientos hidrocarburíferos.

A este pico petrolero (o cénit) se suma otro factor: la imposibilidad de extraer todas las reservas petroleras a futuro por los graves impactos ambientales que provocaría la quema de combustibles fósiles.

Ya en las tres últimas décadas se han encendido las alertas acerca de lo que sucede en el mundo, debido a las manifestaciones evidentes de los fenómenos naturales como expresiones del cambio climático. Las investigaciones científicas, en torno a las transformaciones ambientales y sus causas, cobraron importancia por cuanto éstas son los medios idóneos para comprender el proceso de evolución del comportamiento del planeta, y determinar el grado de injerencia y responsabilidad que tienen las sociedades humanas respecto al tema que tratamos.

La información que ahora disponemos es decisiva y nos permite partir de una constatación basada en la realidad y no en una mera especulación. Por primera vez en la historia humana, la concentración de dióxido de carbono (CO2) −uno de los principales gases que provocan el efecto invernadero− en la atmósfera superó ya para siempre o para muchísimos años, la frontera de las 400 partes por millón. Eso fue anunciado el 9 de mayo de 2013, desde Mauna Loa, en Hawái, la estación más antigua de medida de CO2, desde que comenzó a operar en 1958. Cuando se inició el estudio del fenómeno, hacia 1900, la concentración era de 300 partes por millón (ppm). De acuerdo con los registros de medición, ahora aumenta 2 ppm cada año. Los datos con los que contamos y el criterio de los científicos, han alertado ya sobre las impredecibles consecuencias climáticas que tendría en nuestro planeta, si se produjese una cantidad de CO2 superior a los 450 ppm.[2]

Sobre la base de la información de la Agencia Internacional de Energía, Evans-Pritchard dice que las inversiones globales en oferta de energía fósil se han duplicado, en términos reales, en el período 2000-2008, hasta alcanzar los 900 billones de dólares (un billón equivale a mil millones). En el 2013, las inversiones llegaron a los 950 billones de dólares. Las inversiones fuertes están en las fases de la exploración y extracción de petróleo y gas.

La revista The Economist publicó un artículo en el 2013, haciéndose eco de la investigación realizada por la organización Carbon Tracker y del Instituto Grantham de la London School of Economics, en el que asegura que la cantidad de dióxido de carbono que puede ponerse en la atmósfera (si no excedemos en dos grados de aumento a la temperatura del planeta en relación con los niveles pre industriales) es nueve veces menor que la que produciría al quemarse las reservas de carbón, gas y petróleo ya declaradas por empresas privadas o estatales. La implicación de esta investigación es que las empresas petroleras cargan de por sí unos activos tóxicos contables, y por ende los balances financieros están cuestionados.

En tal virtud, nos enfrentamos con varios problemas futuros: un pico petrolero que requiere altas inversiones por los costos crecientes de extracción, pero a su vez la imposibilidad de sacar todas las reservas, a menos que colapsemos como humanidad. Los intereses que están en juego son enormes. Si hay algún tope para micropartículas en la atmósfera, a fin de no pasar el fatídico umbral de los 2 grados centígrados, la industria de la energía fósil podría perder nada menos que 28 trillones (millones de millones) de dólares de ganancias brutas en las próximas dos décadas, según el artículo de The Telegraph.

"Sólo la dosis hace al veneno", decía Paracelso. Parecería que acumulamos una dosis tóxica civilizatoria, cuyos resultados perniciosos podrían observarse en el mediano y largo plazos.

Notas:

[1] http://www.telegraph.co.uk/finance/comment/ambroseevans_pritchard/10957292/Fossil-industry-is-the-subprime-danger-of-this-cycle.html

[2] Hay un consenso científico de que un aumento de más de dos grados centígrados a la temperatura promedio planetaria –por la excesiva quema de combustibles fósiles y la consiguiente emisión de dióxido de carbono, el gas que más contribuye al calentamiento global- sería catastrófico para la humanidad. Ese es el umbral.

- Fander Falconí es profesor investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

* Este texto es parte de la Revista América Latina en Movimiento, No., 498 de septiembre de 2014, que trata sobre el tema "Frenar el calentamiento global" - http://alainet.org/publica/498.phtml

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Cambio climático: una trayectoria rígida y peligrosa

Hace dos semanas se filtró a la prensa un borrador del último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Se trata de un documento preliminar, pero el mensaje es claro: el riesgo de provocar daños severos e irreversibles sobre el clima es real y urge reducir de manera drástica las emisiones de gases invernadero. Este llamado de atención de los científicos contrasta de manera brutal con el desinterés de los gobiernos y grandes corporaciones que dominan la economía mundial.


La versión final del documento filtrado deberá discutirse en una conferencia en la sede de Naciones Unidas en Nueva York el 23 de este mes. Convocada por Ban Ki-moon, esa reunión deberá reunir a líderes de gobierno y del sector privado para discutir acciones concretas orientadas a disminuir las emisiones en el corto plazo. Pero parece que muy pocos jefes de Estado y gobierno asistirán. Eso no debe sorprender.


El mundo carece hoy de un marco regulatorio sobre cambio climático y el proceso de negociaciones para alcanzar compromisos políticos vinculantes es un caos. La cumbre de Nueva York es esencialmente una reunión para conversar. La COP20 de Lima en diciembre sólo permitirá avanzar en un borrador para un nuevo tratado sobre cambio climático. Habrá que esperar hasta la COP21 (París, 2015) para ver qué clase de engendro emerge de este larguísimo proceso de componendas y transacciones.


Los resultados del quinto informe de evaluación del IPCC indican que el calentamiento en el sistema climático es un fenómeno indiscutible y algunos de los cambios observados en las últimas seis décadas no tienen precedente desde hace miles de años. El calentamiento se observa en la atmósfera y los océanos; el volumen de hielo y la cantidad de nieve se han reducido y el nivel del océano se ha incrementado.


Los estudios del IPCC muestran que las observaciones anteriores están correlacionadas con el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. El principal GEI es el bióxido de carbono (CO2) y proviene principalmente del uso de combustibles fósiles y procesos industriales, y en menor grado de la deforestación y cambios de uso de suelo. El inventario de GEI incluye otros gases más potentes en su capacidad de retener radiación infrarroja (como el metano) y aunque es necesario reducir esas emisiones, la principal contribución al cambio climático es la del CO2.


El informe señala que las emisiones no están reduciéndose. Es más, hay indicaciones de que están aumentando más rápidamente. Como dicen algunos analistas, no sólo estamos caminando en la dirección equivocada, sino que lo estamos haciendo de manera acelerada.


Quizás la conclusión más llamativa del informe tiene que ver con las reservas de hidrocarburos y su destino final. Alrededor del 80 por ciento de los combustibles fósiles que se sabe existen bajo diversas formas en el subsuelo tendrían que quedarse donde están para evitar rebasar el umbral de un calentamiento de 2 grados centígrados (con respecto a la temperatura promedio anterior a la revolución industrial). Es decir, cuatro quintas partes de las reservas de combustibles fósiles tendrían que quedarse bajo suelo.


La economía mundial adoptó hace muchas décadas un perfil energético que depende totalmente de los combustibles fósiles. Cambiar la infraestructura asociada a ese perfil es un proceso costoso y lento. No sólo se necesita desarrollar fuentes alternativas de energía. También se requieren cambios en la forma de transportar y de consumir esa energía. Pero los grandes consorcios del sector energético se han comprometido con ese perfil tecnológico y no están preparadas para cambiarlo antes de haber amortizado sus inversiones. Los cambios tendrían que introducirse también en una larga lista de bienes de consumo duradero.


Pero hay algo más. Las grandes corporaciones del sector energético mundial siguen gastando miles de millones de dólares en exploración y extracción de combustibles fósiles. Y si por arte de magia se adoptara la decisión de dejar el 80 por ciento de las reservas en el subsuelo, esas compañías tendrían que aceptar la anulación de billones de dólares de sus activos que son el valor de esas reservas. Las ramificaciones de un cambio radical en la estructura financiera de estas empresas son muy amplias y conllevan una profunda transformación del sistema financiero.


La resistencia al cambio proviene no sólo de una rigidez en la infraestructura de bienes de producción y consumo, también proviene del sector financiero. Y si alguien piensa que la cancelación de activos es una simple operación contable, hay que recordarle que el dominio del capital financiero es el rasgo principal de la etapa actual del capitalismo mundial.


La economía mundial permanece encerrada irremediablemente en una trayectoria de crisis y será difícil cambiar de rumbo. Sólo una movilización ciudadana masiva a escala planetaria podría forzar el cambio para transitar por un sendero menos peligroso.


Twitter: @anadaloficial

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Lunes, 25 Agosto 2014 00:00

Gases que huelen muy mal

La promulgación el lunes 11 de agosto de la nueva ley energética mexicana, que abre las puertas a la privatización de la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y a la explotación de hidrocarburos no convencionales, el fracaso de la ronda de subastas de bloques petroleros que el gobierno colombiano realizó el pasado 23 de julio, y la violencia generalizada que se ha desatado en el Cercano y Medio Oriente pueden tener una relación más estrecha de lo que cualquiera pudiera estar dispuesto a conceder.

 

Ese punto en común, curiosamente, podría estar relacionado con un hecho que tan sólo fue noticia en los medios especializados en hidrocarburos: el fiasco técnico y económico en que se convirtió el campo petrolero de Kashagan. Con reservas estimadas en 13 mil millones de barriles y una inversión quintuplicada en relación con lo presupuestado, en los últimos diecisiete años se han enterrado 50 mil millones de dólares en ese yacimiento para producir tan sólo 320 mil barriles de crudo, menos de lo que se esperaba produjera tan sólo cada día. La reserva petrolera se encuentra en aguas de Kazajistán, en el mar Caspio, y es considerado el descubrimiento petrolero más grande de los últimos treinta años, sin embargo, por las dificultades técnicas, debidas a las difíciles condiciones climatológicas de la región, se ha convertido en el fracaso económico, también más grande de los últimos tiempos.


Ese descalabro comienza a borrar las dudas que algunos aún guardaban acerca de que hemos entrado definitivamente en la "era del petróleo difícil", como la denomina el experto Michel T. Klare, es decir, de hidrocarburos obtenidos en lugares cuyas condiciones meteorológicas y de accesibilidad son complejas, o de fuentes que hacen engorrosa su extracción. Se recurre cada vez más a exploraciones y explotaciones en profundas fosas marinas, áreas sujetas a la congelación en invierno (que es el caso de Kashagan) o muy alejadas de las costas. También a hidrocarburos contenidos en las lutitas bituminosas, las arenas asfálticas o los gases de esquisto. El creciente peso de este tipo de combustibles, es lo que Klare ha denominado la tercera era del carbono, que se constituye en una seria amenaza, pues además de acelerar el calentamiento global también parece tener graves consecuencias contaminantes sobre las aguas aledañas a las áreas explotadas y ser causa del aumento en la frecuencia y tamaño de la actividad sísmica.

 

De Spindletop a Kashagan pasando por Ghawar

 

Luego de la era del carbón, que acompañó la primera etapa de la revolución industrial, apareció el petróleo, que se ha constituido en la columna vertebral del capitalismo tardío. Se asocia el inicio de la explotación petrolera de gran escala al descubrimiento y explotación en 1901 del pozo Spindletop, –Beaumont, Texas– cuyo flujo inicial fue de tal magnitud, que literalmente brotó como un chorro que hizo volar la torre de perforación. La extracción, con un rendimiento diario promedio de 75 mil barriles dio inicio a niveles de producción desconocidos en ese momento y que fueron la base del desarrollo tecnológico y el predominio militar y económico de los Estados Unidos.

 

El autoabastecimiento de la poderosa nación del norte duró 70 años, pues, tal y como lo predijo Marion King Hubbert en 1956, la producción petrolera de ese país llegó a su cenit en 1969, y a partir de ahí comenzó de forma acelerada la fase de declinación. Las importaciones en gran escala de hidrocarburos han solucionado temporalmente el problema a EU, y ha dado el perfil a la estructura mundial del capital, pues no se puede negar la relación que existe entre las importaciones energéticas de Estados Unidos, su déficit comercial permanente, su alto nivel de endeudamiento y la altísima liquidez mundial (por la enorme cantidad de dólares lanzados al mercado mundial como efecto del déficit comercial crónico de ese país) que hoy ya predibuja una burbuja de activos que amenaza con hacer estallar el mundo financiero en una crisis de efectos aún más devastadores que la de 2008.

 

El modelo de Hubbert se ha utilizado para proyectar las tendencias de las reservas mundiales, teniendo en cuenta las existencias probadas y el comportamiento de los nuevos descubrimientos, estimándose que el mundo alcanzará el cenit de su producción alrededor del 2030. Los análisis de la asociación para el estudio del pico del petróleo (más conocida como Aspo por sus siglas en inglés), que inicialmente fueron recibidos con escepticismo, hoy son aceptados por la mayor parte de la comunidad académica internacional, si bien aún tal reconocimiento no tiene efecto en lo político. Y es que no solamente se trata de que los nuevos yacimientos sean cada vez más difíciles de explotar, sino que las fuentes convencionales de abasto más importantes, como es el caso del yacimiento Ghawar, en Arabia Saudita, comienzan a generar dudas. Dicho yacimiento que ha estado en producción desde 1951, tiene un área aproximada de 8400 kilómetros cuadrados, y actualmente produce en promedio cinco millones de barriles diarios (6,25% de la producción del mundo). Sin embargo, depende cada vez más de la inyección gigantesca de agua salada (aproximadamente 7 millones de barriles diarios), por lo que se estima que su rendimiento ha entrado en fuerte declinación.

 

La compañía británica British Petroleum (BP), que con seguridad no es clasificada como escéptica o catastrofista, afirmó en un estudio reciente que las reservas de petróleo probadas del planeta suman 1,68 billones de barriles y que al ritmo de producción actual durarán sólo 53 años. Pero, más allá de lo que pensemos de su pronóstico, por lo menos debería inspirarnos precaución, por venir de quien viene.

 

Del consumo total mundial de petróleo, el 59% es apropiado a través de intercambios internacionales. La producción se concentra en los países del llamado Medio Oriente que extraen el 31,5% del total mundial, siguiendo en importancia Rusia (y las áreas que fueron de su influencia) y Norteamérica, cada una con el 15% de las extracciones. Sin embargo, las asimetrías entre producción y consumo son marcadas, pues América del Norte quema el 26% de lo producido en el mundo, mientras que el Oriente Medio tan sólo usa para sí mismo el 8,6%. En el caso de África la desigual es aún mayor, pues su producción representa el 12% mundial y su consumo tan sólo el 3,5% (América del Sur produce el 9,4% y consume 7%).

 

La extracción también está altamente concentrada, pues de los aproximadamente 70 mil yacimientos que están siendo explotados actualmente en el mundo, tan sólo de 120 (el 0,17%) se extrae el 50% de lo producido, dando una idea clara de la vulnerabilidad a la que estamos sometidos. La solución, entonces, ha sido la de recurrir a los llamados combustibles fósiles no convencionales que parecen entrar en escena sumando nuevos problemas.

 

Fracturando el futuro

 

Inyectar agua a presión en los pozos, cuando el petróleo no fluye de forma natural, es un recurso usado desde hace muchas décadas, pero tan sólo recientemente se ha generalizado para fracturar rocas que encierran gas o petróleo. Las técnicas de fractura hidráulica (más conocidas como fracking) empezaron a ser aplicadas comercialmente desde 1949 por la empresa Stanolind Oil, pero fue tan sólo a partir de 2002 que las inyecciones son realizadas con la mezcla de agua, arena y aditivos (que pueden contener hasta 500 productos químicos), que ha sido tan controvertida por sus innegables consecuencias ambientales. Las recientes explotaciones de gas y petróleo de esquisto (rocas sedimentarias que contienen hidrocarburos), consisten en perforaciones verticales que alcanzan en promedio cinco kilómetros de profundidad, a partir de los cuales se hacen perforaciones horizontales por las que se inyecta, a altas presiones la mezcla líquida que fractura las lutitas.

 

El procedimiento requiere no sólo de alta tecnología sino de un gasto energético significativo, que se traduce en que la tasa de retorno energético (TRE), es decir el cociente entre lo que se obtiene de energía y lo que de ésta se gasta en la obtención, es muy baja. El TRE del gas de esquisto se estima entre dos y cinco (es decir que por cada unidad invertida de energía se obtienen entre dos y cinco) según diferentes investigaciones, cuando el gas y el petróleo convencional es cercano a 15, y el de energías alternativas como la solar y la eólica puede calcularse entre 7 y 15 respectivamente.


Eso significa que la concentración de energía de los gases de esquisto y petróleo, en relación con la unidad superficiaria en la que están contenidos es también baja, por lo que la extensión de los territorios utilizados para producir una cantidad determinada de producto es mucho mayor que en el caso de los productos convencionales. El agotamiento acelerado de este tipo de pozos hace que en promedio el 80% del producto útil sea extraído en el primer año, obligando a una explotación nómade que tiene que moverse rápidamente afectando grandes extensiones geográficas.

 

Los Estados Unidos han sido pioneros en la técnica de la fractura hidráulica y son los principales productores de gases de esquisto, hasta el punto que, de acuerdo con proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, en el año 2035, en ese país, más de la mitad de la producción de gas será obtenida mediante la aplicación de técnicas de fracturación hidráulica, permitiéndole no sólo sustituir las importaciones sino en un futuro un poco más lejano convertirse en exportador neto. Se entiende, entonces, que EU busque que el precio del gas en el mercado sea el determinado por los costos de la producción de gas de esquisto, y promueva que los países más afines a su política y sus dictados, impulsen este tipo de explotación. El actual suministro de gas ruso con el que se abastece una buena parte de Europa es contrario a los intereses estadounidenses, en la medida que en un costo de producción menor y un flujo seguro hacía el viejo continente los percibe como una amenaza a su competitividad. No se necesita, entonces, hilar muy delgado para entender que una parte no pequeña del conflicto ucraniano tiene como propósito alejar Rusia de la Comunidad Europea.

 

Tanto la Cámara de Representantes como el senado norteamericano agilizan la aprobación de proyectos directamente relacionados con gas licuado, buscando facilitar su exportación futura, así como la de otros productos energéticos. Se ha llegado incluso a plantear el reinicio de las exportaciones de crudo, en una muestra del afán que el gobierno estadounidense muestra por querer sustituir la relación económica que Rusia y Europa mantienen en el sector energético.

 

Las amenazas son reales

 

El alto impacto físico de la explotación de hidrocarburos a través de la fractura hidráulica, y las consecuencias para la salud humana, no son asuntos de enemigos del progreso ni de fundamentalistas de la ecología. La población de Dimock, en Pennsylvania, es icónica de las consecuencias de la explotación de gases no convencionales. La ciudad se ubica sobre la formación de esquisto llamada Marcellus, y en el año 2008, la compañía Cabot Oil and Gas inicio perforaciones en su territorio. Los habitantes han visto prender fuego en el agua que emana de sus grifos y a comienzos del 2009 el sistema de agua de una residencia explotó literalmente por el alto contenido de metano.
El 22 de abril de este año, en Decatur, Texas (EU), un tribunal falló a favor de la familia de la joven Lisa Parr, y condenó a la empresa petrolera Aruba Petroleum a pagar 2,9 millones de dólares por daños presentes a la salud, la alta probabilidad de afectaciones futuras y la pérdida de valor de su propiedad, pues consideró que los efectos eran consecuencia del uso de las técnicas de la fractura hidráulica. El llamado "caso castor", en Castellón, España; el de la localidad inglesa de Blackpool y el de Ohio, en EU, en los que se ha probado la relación entre las inyecciones para fractura hidráulica y sismos de diferentes magnitudes, muestran otra dimensión de los riesgos de esta forma de extracción de hidrocarburos. La alta posibilidad que las sustancias que libera ésta técnica sean cancerígenas y la afirmación que son también disruptores endocrinos obscurece aún más el panorama.

 

Las dudas sobre la viabilidad económica de este tipo de explotación también han sido ampliamente difundidas, afirmándose que su expansión en los Estados Unidos obedece a que las empresas del sector basan sus inversiones en una cadena de préstamos, de la que se va honrando cada vez una parte más pequeña, dando lugar a una verdadera pirámide financiera (esquema Ponzi) que en cualquier momento puede colapsar.

 

Pero, independientemente de eso, de lo que no se puede dudar es que en términos de recursos energéticos, las grandes potencias han empezado a "raspar la olla", para utilizar una expresión coloquial, y que esto trae como consecuencia un aumento en las tensiones mundiales y grandes riesgos de que se escalen los conflictos. La era del petróleo difícil, de continuar las lógicas actuales del consumo, será también una era de conflictos agudos.

 

Colombia, buscando estar en el lugar equivocado

 

El primer semestre de 2014 la producción diaria de petróleo colombiano mostró una reducción de 2,4%. En ese mismo período, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el aviso de descubrimientos se redujo en 70 % y el número de pozos exploratorios que resultaron secos y tuvieron que taparse y abandonarse aumentó el 68,7 por ciento, al pasar su número de 16 a 27. Si bien es cierto que las reservas han aumentado en el último quinquenio, no es menos cierto que aún no alcanzan a ser el 1% de las que se contabilizan en Suramérica. Cusiana, el último gran descubrimiento petrolero en Colombia, tuvo lugar hace 23 años, y en ese período no se ha hallado un yacimiento que pueda llamarse al menos mediano.

 

No es de extrañar, entonces, que de los 95 bloques de hidrocarburos subastados por el Estado colombiano, a fines de julio de este año, se hayan recibido ofertas tan sólo para 27. Del total de los subastados, 19 eran ofrecidos para explotación no convencional, de los que tan sólo uno recibió ofertas. Lo que podría calificarse como de relativamente buena noticia, en la medida que parece que nuestras reservas de esquistos no son abundantes, y por tanto las consecuencias de su explotación van a ser menores, lo que no significa aceptar la técnica de la fractura hidráulica sin más, o descuidar los efectos que ésta tenga en las zonas donde se desarrollen los proyectos. Si países como Francia y Bulgaria la han prohibido totalmente, y otros como Alemania y Suiza han dilatado una aprobación que incluye fuertes restricciones es porque el asunto no es de dudas sobre si existen los impactos negativos, sino sobre su tamaño.

 

La ley 1715 de 2014, por medio de la cual se regula la integración de las energías renovables no convencionales al sistema energético nacional, en el artículo primero dice textualmente "La presente ley tiene por objeto promover el desarrollo y la utilización de las fuentes no convencionales de energía, principalmente aquellas de carácter renovable, [...]", donde la expresión "principalmente" abre la puerta a que se puedan también promover fuentes no convencionales de energía no renovables, es decir, energías como los gases y petróleos de esquisto, que habían sido materia de discusión y de objeción.

 

Que esta ley, y la reglamentación para la exploración y explotación de hidrocarburos no convencionales haya tenido lugar entre finales de 2013 y principios de 2014, es señal que en un nuevo acto de lambonería internacional, el gobierno colombiano se ha querido mostrar nuevamente solícito con las multinacionales y con gobiernos como el de Estados Unidos, en un momento en el que la resistencia a la fractura hidráulica se hace fuerte en el mundo y la gente, mejor informada, rechaza que le den una vuelta más al nudo que aprieta su garganta.

 

Exigir que se reconozca la existencia del "pico del petróleo", tal y como se ha terminado aceptando de forma oficial el calentamiento global, es un primer paso que permite denunciar el derroche energético en los llamados países desarrollados. Igualmente, eso debe llevar a la aceptación que el "mercado" es totalmente inoperante en la asignación de este tipo de recursos, y que la lógica de la "eficiencia" económica es contraproducente en la producción y distribución de los bienes fundamentales para la vida humana.

Publicado enEdición Nº 205
Viernes, 08 Agosto 2014 10:44

El último retrato

El último retrato

Recién está saliendo el sol y la fotógrafa ya lleva varias horas caminando. Le ha costado más de lo habitual encontrar las escenas de aves despertándose, de lombrices trabajando o de abejas cortejándose que buscaba para su catálogo, pero finalmente ha tenido suerte y ha podido hacer varias tomas en un campo de maíz. Con el macro como objetivo ha captado ese momento mágico en que las hojas verdes sudan, como si la noche hubieran sido largas horas de esfuerzo para ellas. Tomas de perfectas gotitas de agua como una hilera de funambulistas en la cuerda floja. En una de ellas, como un espejo, se ve el rostro reflejado de una abeja a punto de saciar su sed.

 

Pobre animal. No sólo es agua lo que ingiere en ese momento. Ese maíz ha sido tratado con productos de Bayer o Syngenta y su organismo está recibiendo una dosis de 11.709 µg/l de clotianidina o 55.260 µg/l de tiametoxam. Según explica el informe de Greenpeace Gotas de veneno para las abejas, en un solo trago de esas gotitas de gutación en plantas tratadas incluso un mes antes, la abeja beberá veneno por encima de la dosis letal 50. Es decir, como un guión de cine de terror, una de cada dos abejas que bebe este néctar estará muerta antes del tercer día. Si ella no es la que muere, entonces de por vida volará desorientada, con torpeza, tal vez no sepa regresar a su colmena. ¿Será este el último retrato de la abeja?

 

Quizás, o así parece que lo deseen las empresas agroquímicas que fabricando esta clase de venenos, los llamados neonicotinoides, ven crecer a muy buen ritmo sus ganancias económicas. En el mercado de insecticidas, esta familia de pesticidas neurotóxicos derivados de la nicotina ya alcanza 40 por ciento de cuota, con ventas globales de más de 2 mil 630 millones de dólares anuales. La compañía líder es Bayer, que exporta cada año más de mil toneladas de imidacloprid a más de 120 países y sus ventas son superiores a 597 millones de euros. Cuando la exclusividad de la patente venció, Bayer añadió en el mercado la clotianidina, y sus millones de euros anuales, más de 192, ya son muy significativos. Detrás tenemos a Syngenta con el tiametoxam.

 

La toxicidad de estas sustancias ya estaba demostrada, y por ello desde diciembre del año pasado, Europa decidió prohibir su uso durante dos años. Ahora, un reciente informe elaborado por un equipo internacional de 29 investigadores e investigadoras, después de evaluar más de 800 artículos científicos y 150 estudios de efecto directo al respecto, ha repetido la afirmación: el uso de este tipo de insecticidas sistémicos es responsable del descenso de población de mariposas, abejas, otros insectos polinizadores y también de la lombriz de tierra. La evidencia es muy clara. Estamos siendo testigos de una amenaza para la productividad de nuestro medio ambiente natural y de cultivo, son las tajantes palabras empleadas por uno de los científicos del Grupo de Acción sobre Plaguicidas que elaboraron el trabajo referido para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

 

Pocos meses antes, la doctora Cynthia Palmer, de la American Bird Conservancy, presentó un informe similar respecto al impacto de estos insecticidas sobre las aves en Estados Unidos. Y la conclusión es idéntica. "Un solo grano de maíz recubierto de neonicotinoides puede matar un pájaro –dijo–, incluso un ínfimo grano de trigo o colza tratado con imidacloprid puede envenenar fatalmente a una ave". Pero lamentablemente en su país parece que las evidencias científicas se diluyen ante los lobbys de las empresas que producen estos venenos.

 

Menos científicas son mis propias observaciones, pero en las tierras de secano y cereales de la Segarra tarragonina (Cataluña) por donde paseo, la primavera nos ha traído menos golondrinas, (según la sociedad científica y conservacionista SEO/Birdlife, en España había, en 2004, cerca de 30 millones de ejemplares, y desde entonces han desaparecido una de cada tres golondrinas, un millón por año), hemos visto menos gorriones y recién han llegado los abejarucos, pero también nos parece que son menos. Y a usted, ¿cuánto hace que no le pica una abeja?

 

No hacen falta más datos, lo que escasea es la voluntad política de preservar la vida ante la muerte.

 

* Autor de No vamos tragar

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Un tipo de pesticidas vinculado al descenso en las poblaciones de abejas también afecta a una amplia variedad de otros organismos benéficos, como las lombrices de tierra y las mariposas, según un importante estudio que contradice la relajada postura del gobierno sobre el uso de los neonicotinoides.


Un grupo de 29 científicos de cuatro continentes encontró evidencia inequívoca en cientos de estudios publicados para asegurar que los neonics –los pesticidas más usados en el mundo– tienen un impacto dramático en los ecosistemas que sustentan la producción de alimentos y la vida silvestre.


Los investigadores independientes, también asesores de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), han concluido que pesticidas sistémicos como los neonicotinoides representan una amenaza tan grave al medio ambiente como el insecticida prohibido DDT.
Los hallazgos del Grupo de Trabajo sobre Pesticidas Sistémicos, publicados esta semana, contrastan con la postura del gobierno británico sobre estas sustancias, según la cual no hay evidencia suficiente para prohibir su uso o para apoyar la moratoria propuesta a la Unión Europea.
El grupo de trabajo, integrado hace cuatro años, analizó 800 informes científicos, revisados por pares, relativos a los nicotinoides y al fibronil, otro pesticida sistémico. Los pesticidas de este grupo son absorbidos por todas las partes de la planta: raíces, hojas, flores, fruto e incluso néctar y polen.


Uno de los autores que dirigieron el informe, Jean-Marc Bonmartin, del Centro Nacional de Investigación Científica en Francia, señaló que ha quedado firme la evidencia publicada sobre el nexo entre los neonics y el daño a la vida silvestre. Presenciamos una amenaza a la productividad de nuestro ambiente natural y agrícola, equivalente a la que representan los organofosfatos y el DDT, sostuvo.


Lejos de proteger la producción de alimentos, el uso de neonics amenaza la infraestructura que la permite, poniendo en peligro a los polinizadores, los ingenieros del hábitat y los controladores naturales de plagas que están en el centro de un ecosistema funcional

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El informe, llamado Evaluación integrada mundial, descubrió que los neonics representan un riesgo no sólo para las abejas, sino para una variedad de otros animales, entre ellos las lombrices de tierra que acondicionan el suelo, invertebrados actuáticos e incluso aves y peces.
Un hallazgo clave de la evaluación es que los neonics se acumulan en el suelo y persisten durante meses y, en algunos casos, años. Los productos que causan la descomposición química son a menudo tanto o más tóxicos que los ingredientes activos del pesticida, diseñados para actuar como agentes nerviosos venenosos. Si se emplean cada año, se acumulan, se infiltran en el agua del suelo y de allí pasan a las corrientes. Así que, en esencia, estamos contaminando el ambiente global con químicos altamente tóxicos y persistentes, expuso David Goulson, profesor de biología en la Universidad de Sussex (Inglaterra), uno de los autores del informe.


Hasta la fecha se ha puesto el enfoque en las abejas, pero está claro que los impactos de los neonics son más profundos. La historia va mucho más allá de las abejas: alcanza toda la vida silvestre que se encuentra en tierras de cultivo, comentó.


Maarten Bijleveld van Lexmond, quien dirigió la investigación, expresó: Los hallazgos... son mortificantes. Podemos ver con claridad que los neonics y el fibronil suponen un riesgo para el funcionamiento de los ecosistemas y los servicios que rebasa con mucho la preocupación por una sola especie, y que en verdad demanda atención de los gobiernos.

Contra las afirmaciones gubernamentales, los científicos encontraron evidencia publicada que sugiere que niveles relativamente bajos de neonics, similares a las concentraciones halladas en el campo, pueden afectar la navegación, aprendizaje, recolección de alimentos, longevidad, resistencia a enfermedades y fertilidad en las abejas.


Una evaluación realizada el año pasado por el Departamento de Asuntos Rurales, Medioambientales y Alimentarios (Defra, por sus siglas en inglés) de Gran Bretaña, concluyó que, en circunstancias normales, no hay efectos en las abejas, aunque no es posible descartar efectos infrecuentes.


Los científicos del Defra también concluyeron que los estudios de laboratorio que mostraban efectos subletales de los neonics en las abejas no representaban niveles ni condiciones realistas de exposición en el medio natural. En consecuencia, el riesgo de los neonicotinoides, como se usan en la actualidad, para las poblaciones de abejas es bajo.

 

The Independent
Traducción: Jorge Anaya

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