MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

El gobierno japonés ha afirmado hoy que es necesario que Tepco, operadora de la central nuclear de Fukushima, revise su plan para enfriar los reactores de la planta tras conocerse que parte de las barras de combustible están fundidas. Reconociendo el retraso en el plan para controlar la central, el operador de la planta dijo ayer que el reactor 1 había sufrido un daño mucho mayor de lo que se pensaba y que tenía una fuga de agua. La compañía había sospechado que las vasijas de contención en los otros dos reactores estuvieran dañadas y tuvieran una filtración, pero esperaba que el reactor 1 estuviera intacto y, por tanto, más fácil de controlar.

Ahora Tepco cree que una fusión parcial perforó el fondo del reactor 1 haciendo que el agua contaminada se filtre a la vasija de contención, y de ahí al edificio que aloja la unidad, informa la cadena NHK. "Creo que es un factor importante que requiere cambios enel plande Tepco para solucionar el problema", ha explicado hoy el ministro de Industria, Banri Kaieda.

Kaieda espera que la eléctrica revise su plan presentado hace casi un mes, mediante el cual espera restablecer en verano la refrigeración de los cuatro reactores afectados por el tsunami del 11 de marzo y llevarlos a parada fría en un plazo de seis a nueve meses. El plan actual prevé llenar con 7.400 toneladas de agua la vasija de contención del reactor 1 e instalar un sistema que refrigere el líquido. Sin embargo, esto último sólo funcionará si el agua en la vasija de contención alcanza un nivel por encima de cinco metros, algo que la empresa de momento no ha conseguido pese a inyectar diariamente toneladas de líquido.

Los trabajos para instalar conducciones de agua en la unidad 1 también pueden verse retrasados debido a los altos niveles de radiación que se detectan en puntos del interior del edificio que la alberga, ha explicado hoy Junichi Matsumoto, portavoz de la compañía. El potente terremoto de 9 grados de la escala Richter y el tsunami del 11 de marzo provocaron en la central de Fukushima una crisis nuclear, la peor desde Chernóbil en 1986, que aún sigue abierta y cuyas emisiones de material radiactivo han desplazado a más de 80.000 personas y afectado a la pesca, la agricultura y la ganadería local.

AGENCIAS - Tokio - 13/05/2011
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Dentro de cien años, en el mejor de los casos, la humanidad estará discutiendo nuevamente qué hacer con las ruinas radiactivas de Chernobyl. “Cien años” no es un término retórico, sino la duración prevista para el nuevo sarcófago (el actual tiene incluso goteras) que desde 2015 procurará contener la radiación. Y “en el mejor de los casos” tampoco es retórico: así será dentro de un siglo si el sarcófago no reventó y si, finalizada la era del petróleo, la humanidad todavía ha de tener los recursos y la capacidad para hacerse cargo. Hoy, el cuarto de siglo de la mayor catástrofe en una central nuclear se cumple bajo la sombra de un nuevo desastre, el de Fukushima. Según el científico argentino que dirigió el Proyecto Chernobyl, de investigación de aquel accidente, a partir de entonces “la seguridad nuclear mejoró enormemente”, y en Fukushima “todavía no sabemos si hay que cambiar la norma sobre tsunamis o si Japón no la aplicó bien”. En cambio, un representante de Greenpeace sostuvo que “no hay que seguir jugando con la energía nuclear, imposible de dominar” y que “Chernobyl muestra que los problemas causados resultan eternos”.

A la hora 1.24 del 26 de abril de 1986, en el reactor 4 de la central atómica de Chernobyl –en el norte de Ucrania, entonces integrante de la Unión Soviética–, en el marco de una prueba para evaluar la seguridad, se produjo una explosión: durante diez días, a cielo abierto, el núcleo combustible emitió una radiación equivalente a 200 bombas de Hiroshima.

El gobierno soviético –cuyo primer ministro era Mijail Gorbachov– primero ocultó el accidente y, después, minimizó su gravedad. El mundo empezó a saber cuando, el 28 de abril, Suecia informó que había una nube radiactiva sobre su territorio. En mayo comenzaron los trabajos, que duraron seis meses, para cubrir el reactor con un “sarcófago” de hormigón.

La contaminación abarcó zonas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Hasta hoy existe una zona de 30 kilómetros en la que se prohíbe la presencia humana. Los principales contaminantes son el cesio 137 y el estroncio 90, cuya vida media (tiempo que tarda la mitad de los átomos en dejar de ser radiactivo) es de 30 años: se requieren 10 a 13 vidas medias –más de 300 años– para que la zona –del tamaño de Suiza– pueda reactivarse.

Según las autoridades ucranianas, unos cinco millones de personas –en Ucrania, Bielorrusia y Rusia– fueron afectados de un modo u otro por la catástrofe. Por efectos directos de la radiación hubo 31 muertos entre los bomberos y técnicos enviados desde el primer momento para combatir el siniestro. Después, y durante meses, unos 600.000 trabajadores, a los que se denominó “liquidadores”, llegaron desde distintos puntos de la Unión Soviética para construir el sarcófago y limpiar la zona contaminada. Entre ellos, y entre la población próxima a la central siniestrada, la OMS estima unas 8900 muertes a largo plazo por cánceres –principalmente de tiroides– y otras enfermedades relacionadas con la radiación, además del aumento en las malformaciones congénitas.

La vida útil del sarcófago –que contiene 200 toneladas de combustible radiactivo– no supera los 30 años, que se cumplirán en 2015; de hecho ya presenta filtraciones que dejan pasar agua. Se prevé construir uno nuevo, por encima del existente, con un costo de por lo menos 1100 millones de dólares que deberían ser pagados por naciones donantes. El proyecto viene demorado, y hasta ahora sólo hay comprometidos 800 millones.

Tanto Ucrania como Rusia y Bielorrusia han limitado o suprimido los beneficios que recibían las personas que estuvieron expuestas a la radiación. A principios de este mes, 2000 veteranos “liquidadores” protestaron en Kiev, capital de Ucrania. Este país se independizó en 1991, tras la disolución de la Unión Soviética (a la cual no fue ajena la catástrofe de Chernobyl).

En diálogo con Página/12, Abel González –ex titular de la CNEA, ex jefe del Proyecto Chernobyl de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) y actual vicepresidente de la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP)– afirmó que “el diseño de la central de Chernobyl era rarísimo, escalofriante, ya que incluía la necesidad de producir rápidamente plutonio para uso militar. Es una lección de lo que no se debe hacer. La catástrofe impulsó normativas internacionales que hicieron subir enormemente la seguridad nuclear. Claro que esto abre la pregunta por el reciente accidente en Fukushima, Japón: esta central fue diseñada de acuerdo con normas internacionales contra terremotos, que le permitieron resistir intacta el terrible sismo que sufrió Japón; pero no soportó el tsunami de 14 metros de altura. Hay una norma internacional para tsunamis, pero todavía es temprano para saber si la norma debe modificarse o si no fue adecuadamente cumplida en Fukushima”.

En cambio, Ernesto Boerio –coordinador de la Campaña Clima de Greenpeace Argentina– sostuvo que “si bien es cierto que los estándares internacionales de seguridad mejoraron luego de Chernobyl, Fukushima muestra que la energía nuclear sigue siendo insegura: en Japón se aplican los criterios más estrictos, que no impidieron el desastre. La energía nuclear sigue siendo costosa y contaminante y genera un pasivo ambiental a futuro a causa del combustible usado, radiactivo: las piletas con este combustible son parte del problema en Fukushima. Pero muchos países siguen tratando de jugar con la energía nuclear, como si fuera posible controlarla. El caso de Chernobyl muestra que, aun pasados muchos años, no es posible librarse de las consecuencias. Es un problema eterno”.

“Hay que decir la verdad”

“La principal lección de Chernobyl es que hay que decirle la verdad a la gente”: eso le dijo ayer a la gente Dimitri Medvedev, presidente de Rusia, al comenzar una vigilia en memoria de las víctimas de la catástrofe de Chernobyl. El funcionario elogió “el autosacrificio” y la “heroica valentía” de los trabajadores que perdieron la vida en el siniestro.

“Fue la mayor catástrofe técnica del siglo pasado: millones de personas fueron expuestas a la radiación y cientos de miles tuvieron que abandonar sus casas”, señaló Medvedev, que hoy participará en un acto recordatorio en la localidad de Chernobyl. El mandatario admitió que la ex Unión soviética “no tuvo el coraje de reconocer lo que había pasado”.

En cambio, los soviéticos realizaron el popular sueño de encontrar un culpable para que se pudriera en la cárcel: Viktor Briuchanov, director de la central, quien sin embargo estuvo en prisión cinco años, hasta que Ucrania se independizó, en 1991.

Por Pedro Lipcovich
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Miércoles, 13 Abril 2011 06:24

Un Chernóbil a cámara lenta

 El sector crítico con la energía nuclear había hecho suya una frase: "Fukushima es un Chernóbil a cámara lenta". Ayer, más de un mes después del tsunami que dañó gravemente cuatro de los reactores de la central nuclear, el Gobierno japonés vino a reconocer algo así al calificar el accidente como un 7 en la escala internacional INES.

El 7 es el nivel máximo y solo Chernóbil (Ucrania, 1986) lo había alcanzado. Aunque Tokio se empeñó en demostrar las diferencias con la central soviética, la compañía eléctrica dueña de Fukushima, Tepco, admitió que la fuga radiactiva, para la que no ve fin, puede acabar superando la de Chernóbil.

El 22 de marzo, 11 días después del terremoto, el Instituto francés de Radioprotección y Seguridad Nuclear dio su cálculo de cuánto había emitido la nuclear. Estimó que la emisión de cesio 137 fue de 10.000 terabequerelios (un 1 seguido de 16 ceros) mientras que la de yodo 131 fue de 90.000 terabequerelios. Eso, afirmó, suponía un 10% de lo que emitió Chernóbil.

Tokio no dio hasta ayer su cálculo sobre la magnitud del escape. Y sus conclusiones son similares a las que Francia dio 20 días antes. Japón calcula que la emisión de yodo 131 ronda los 140.000 billones de bequerelios y la de cesio 137 los 9.000 terabequerelios.

Lo importante no es la primera cifra, sino el número de ceros: 17 para el yodo y 16 (o casi) para el cesio. En Chernóbil, la fuga, medida en bequerelios, tuvo 18 ceros para el yodo y 17 para el cesio. De ahí que los dos países cifren el escape en el 10% de Chernóbil.

Con el cálculo de la fuga, Japón elevó la gravedad del accidente hasta el 7, el máximo. Ese nivel es obligado cuando hay "liberación grave de materiales radiactivos con amplios efectos en la salud y el medio ambiente". La calificación no es arbitraria, sino que debe evaluarse así cuando hay emisión de "decenas de miles de terabequerelios de yodo 131", lo que ocurre en Fukushima.

El cambio de criterio lo hizo público en rueda de prensa televisada Hidehiko Nishiyama, subdirector de la agencia japonesa de seguridad nuclear (NISA). El infatigable Yukio Edano eludió ayer la pregunta y se remitió a la comparecencia posterior de Nishiyama, otra de las caras de esta crisis.

Nishiyama puso todo el énfasis posible en desmarcar el accidente del de Chernóbil. Para ello dio cinco argumentos: que la fuga es solo un 10% de la de la central soviética; que aquí no hay muertos por la fuga radiactiva mientras que en Chernóbil murieron 29 trabajadores directamente por la radiación mientras que en Japón solo 21 trabajadores han recibido más de 100 milisievert (la dosis máxima anual para un empleado nuclear); porque la explosión en Fukushima ha sido de hidrógeno y no del núcleo del reactor, y porque en Fukushima pueden seguir los trabajos para intentar controlar la central mientras que en Chernóbil no se podía entrar. "En Fukushima por supuesto que no ha pasado esto", dijo Nishiyama, que pareció apuntar a un mal diseño de la escala INES.

Sin embargo, en otra rueda de prensa, la compañía Tepco lanzó un mensaje mucho menos comedido: "La fuga radiactiva no ha terminado y nuestra preocupación es que pueda superar la de Chernóbil". Nadie aventura que Japón vaya a controlar pronto Fukushima. Ayer, una réplica del seísmo de magnitud 6 en la escala de Richter provocó un incendio y humo en uno de los reactores, que fue rápidamente sofocado.

Eduardo Gallego, profesor de Ingeniería Nuclear en Madrid, explicó que "las cantidades liberadas de yodo 131 serían equivalentes a un 6% del total acumulado en el reactor número 2 o en el 3. La mayor parte debe de provenir del 2, cuya contención es-tá dañada". Y añadió: "Del cesio 137, el porcentaje liberado sería equivalente a un 3% del acumulado en el combustible del reactor 2 o del 3. Es muy probable que una parte se haya liberado también desde las piscinas de combustible gastado". Es un porcentaje pequeño, que a la vez implica que, hasta que Japón no controle Fukushima, queda mucho dentro de los cuatro reactores dañados.

Tras los mensajes confusos, el primer ministro japonés, Naoto Kan, negó de nuevo en un discurso televisado que hayan ocultado información: "Lo que puedo decir de la información que me llega -por supuesto el Gobierno es muy grande y no tengo toda la información- es que ninguna información ha sido eliminada u ocultada tras el accidente".

Kan pidió a los japoneses no afectados que mantengan su vida diaria, que compren productos de la zona azotada por el tsunami y pidió unidad para superar la peor crisis desde la II Guerra Mundial.

FUKUSHIMA

- El accidente de Fukushima ha causado hasta ahora emisiones radiactivas estimadas entre un 7% y un 12% de las provocadas por Chernóbil, pero los reactores afectados siguen filtrando radiación. La central japonesa cuenta con estructuras de contención y las explosiones registradas en los primeros días las han afectado pero no destruido. A diferencia de Chernóbil, donde decenas de trabajadores murieron en pocas semanas, en Japón no se han registrado muertos por radiación.

Por RAFAEL MÉNDEZ | Tokio (Enviado Especial) 13/04/2011
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Martes, 12 Abril 2011 07:44

¿Adiós a las plantas nucleares?

El desastre en la planta nuclear Fukushima Uno, en el noreste de Japón, vuelve a poner bajo los reflectores el tema de la seguridad de la energía nuclear. Las consecuencias serán de varios grados, desde normas de seguridad más estrictas (que elevarán los costos de construcción y dificultarán la aprobación de reactores) hasta una mayor resistencia de los políticos y del público al uso de esa fuente energética. Aun así, la energía nuclear seguirá siendo una parte significativa de la mezcla energética mundial, como la alternativa más práctica a la creciente dependencia en los combustibles fósiles. China, en particular, se dispone a emprender una inmensa expansión de su industria nuclear en la próxima década. Aunque la magnitud de esos planes no parece realista, en términos agregados el incremento del uso de energía nuclear en ese país compensará en todo o en parte los cierres o suspensiones de plantas en otros lugares.

Antes del desastre en Japón, la energía nuclear parecía enfilarse a un cauteloso renacimiento. El sector representa cerca de 14% de la generación eléctrica mundial. Sus principales ventajas son proporcionar una energía relativamente barata una vez que las plantas están en operación (los costos de arranque son muy altos) y no producir emisiones de carbón. También es atractiva para países muy dependientes de los hidrocarburos importados, y para aquellos en los que la demanda de energía crece muy aprisa y no puede ser satisfecha sólo con combustibles fósiles. Japón y Corea del Sur, ambos usuarios entusiastas de esta energía, caen en la primera categoría. Antes de que el desastre del 11 de marzo inhabilitara los reactores de Fukushima Uno y obligara a cerrar otros, Japón tenía 54 reactores nucleares en condiciones operables, según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), sólo detrás de EU (104) y Francia (58). La energía nuclear representó 27% de toda la energía generada en Japón en 2010. Corea del Sur tiene menos plantas en operación –21–, pero generaron 33% de la electricidad de ese país el año pasado.

La segunda categoría de países en los que esta forma de energía tiene un obvio atractivo está compuesta por economías en desarrollo, como China e India. En ambos países, una combinación de enormes poblaciones, rápido crecimiento económico y gran dependencia del carbón ha llevado a las autoridades a volverse hacia la energía nuclear para mejorar su seguridad energética y combatir la contaminación del aire. El carbón seguirá siendo el combustible dominante en ambos, pero reducir su participación en la generación energética se ha vuelto un elemento clave de sus políticas en la materia. Ambos tienen ambiciosos planes de construir reactores nucleares en las próximas décadas. Hay quienes dicen que China se propone incrementar su capacidad de generación nuclear a 70 gigavatios (GW) hacia 2020, siete veces la actual, y hasta 400 GW hacia 2050. Según datos de la AIEA, tiene 27 reactores en construcción, y es posible que hacia 2020 tenga hasta 75 en operación; actualmente son 13.

India, entre tanto, planea incrementar su capacidad nuclear de 4.6 GW en 2009 a 40 hacia 2030. El capital político que el gobierno del primer ministro Manmohan Singh invirtió en firmar un pacto de cooperación nuclear civil con EU en 2008 subraya la decisión de desarrollar ese sector. India tiene ya 20 reactores en operación, y el acuerdo (que también abre la puerta a un aumento del comercio nuclear con otros países aprobados) incluye incrementar el acceso del país a la tecnología y los materiales esenciales para los planes de expansión.

Secuela global

No está claro aún el significado que tendrán los sucesos de Japón en la industria global. Habrá mayor énfasis en la seguridad, pero sobre todo en el mundo en desarrollo es probable que la necesidad de hacer frente a la creciente demanda de energía se imponga a tales preocupaciones. China se ha apresurado a hacer declaraciones simbólicas sobre la necesidad de adoptar un enfoque más lento y cauteloso para aprobar y construir estaciones nucleares, pero EIU cree que ello no alterará el empuje expansionista de la política de ese país en la materia.

En otras partes del mundo, es probable que el incidente en la Fukushima Uno sobre las perspectivas de la industria nuclear tenga un impacto mezclado. Japón está en la posición más difícil, no sólo porque el desastre obligó a cerrar las plantas nucleares y térmicas que constituyen una porción importante de la capacidad total de generación, sino también porque las opciones no nucleares del país son limitadas. Resulta irónico que la crisis vuelva más difícil en lo político lograr la aprobación de los nuevos reactores que el país necesitará ahora más que nunca. En particular, requerirá más importaciones de carbón y petróleo hasta que la situación se aclare.

La mayoría de los otros grandes consumidores de energía nuclear –EU, Francia, Rusia y Gran Bretaña (GB)– luchan en distintos grados, y en diferentes formas, con el mismo problema esencial de tener viejos reactores nucleares que es necesario remplazar. La extensión en que las preocupaciones de seguridad se vuelvan un obstáculo al proceso de mejoramiento será variable. Francia ha anunciado una revisión de seguridad, pero está demasiado comprometida con la energía nuclear, que representa 77% de su generación total. Rusia no parece demasiado perturbada por los sucesos en Fukushima: acaba de anunciar un acuerdo por 9 mil mdd para construir una nueva planta en Bielorrusia y sigue siendo destacada partidaria de la energía nuclear: sus planes comprenden construir 14 plantas en los próximos 20 años.

Es probable, sin embargo, que la oposición a la energía nuclear aumente en muchos países, sobre todo en Occidente. Los grupos antinucleares han insistido en el incidente de Fukushima para ilustrar los peligros de esta energía. Alemania, que tiene un fuerte movimiento ambientalista, respondió al desastre en Japón suspendiendo la operación de siete reactores.

El desgaste natural será también un factor clave. Según nuestros pronósticos, Alemania y GB tendrán las mayores reducciones en el número de reactores nucleares de aquí a 2020, debido al desmantelamiento de los viejos reactores. También el gobierno estadunidense de Barack Obama había apoyado la energía nuclear como sustituto limpio de los combustibles fósiles, pero, al igual que en GB, la construcción de plantas nucleares llegó a su punto más alto hace décadas y en esencia no ha habido nuevas construcciones en muchos años, lo cual refleja tanto el prolongado proceso de aprobación como, a últimas fechas, la dificultad de obtener financiamiento para estos proyectos. Sin embargo, con más de 100 reactores, que representaban 30% de la generación nuclear mundial en 2010, EU sigue siendo el participante más grande en la industria.

Desplazamiento del equilibrio

Si la resistencia política y pública a la construcción de nuevas plantas, o a la prórroga de las licencias de operación de plantas existentes, se vuelve más fuerte por los recientes sucesos en Japón, podría acelerarse el desplazamiento del equilibrio en la capacidad nuclear mundial hacia los países en desarrollo que ya había aparecido en nuestros pronósticos. En 2010, según nuestras estimaciones, China e India juntas representaban 3.5% de la generación eléctrica nuclear mundial. Según nuestras previsiones más recientes, esa proporción se elevará a 13.6% en 2020.

En un ámbito más amplio, es probable que el aumento de las preocupaciones por la seguridad nuclear conduzca a revaluaciones de las estructuras regulatorias y a un mayor interés por otras fuentes de energía. Ambas cosas son problemáticas. Las normas de seguridad nuclear más estrictas –aunque necesarias en muchos casos– se añadirían a los altos costos de arranque y a los prolongados periodos requeridos para construir plantas de energía nuclear, lo cual debilitaría la viabilidad económica de esta energía. Las alternativas son un uso mayor del gas natural y de combustibles fósiles no convencionales y renovables. Pero el gas, aunque barato, abundante y más limpio que el carbón o el petróleo, implicaría problemas de emisión de carbono si remplazara a la generación nuclear. El interés por las fuentes renovables se incrementará, pero hay límites a su crecimiento. A menos que el cuadro cambie en forma dramática, cualquier abandono de la energía nuclear crearía tantos problemas como los que resolvería.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya
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Japón ha tardado un mes en admitir la realidad del accidente de Fukushima. Esta noche, el Gobierno de Tokio ha admitido que el desastre merece un siete en la escala de sucesos nucleares (en la escala internacional del 0 al 7 de accidentes nucleares INES, por sus siglas en inglés) debido a los altos niveles de radiación detectados tras las fugas de la central. El salto de 5 a 7, sitúa el accidente en el nivel de Chernóbil ocurrido hace 25 años, el único precedente.

La Agencia de Seguridad Nuclear japonesa (NISA) ha admitido el cambio de nivel porque la emisión de yodo radiactivo ha sido de decenas de miles de terabequerelios, un nivel que ha considerado como un 10% de la emisión de Chernóbil.

Fukushima no es un “accidente sin impacto significativo”, como declaró Tokio durante semanas; tampoco es un “accidente con riesgo fuera del emplazamiento”, como mantuvo durante un mes. Fukushima es “un accidente grave”, un nivel siete. Los expertos internacionales insistían desde hace semanas en que el accidente debía ser calificado, como mínimo, como un nivel 6 en la escala internacional INES (que va de 0 a 7). Hasta ayer, Japón aún mantenía el nivel 5, similar al accidente de Harrisburg (Estados Unidos, 1979) en el que apenas hubo escape.

Pese a elevar la gravedad, NISA ha insistido en separar el accidente del de Chernóbil: “Hay muchas diferencias”, señaló el portavoz de NISA, entre ellas que aún se puede trabajar junto a la central nuclear o que la emisión al exterior es significativamente menor. La estimación de que lo emitido por Fukushima es un 10% de Chernóbil ya la dio el instituto de radiología francés el 24 de marzo.

El organismo de control japonés ha dicho además que sus cálculos preliminares señalan que la cantidad de exposición externa a la radiación de Fukushima ha alcanzado el límite anual de un milisievert en zonas situadas a más de 60 kilómetros al noroeste de la planta y a unos 40 kilómetros en dirección suroeste. En el radio de 20 kilómetros de zona de exclusión, ampliado ayer por el Gobierno, la cantidad de radiación varía de uno a 100 milisieverts por hora, mientras que en la zona comprendida entre los 20 y los 30 kilómetros de la central, la cantidad se reduce a niveles inferiores a 50 milisieverts.

Ampliación de la zona de exclusión

La central nuclear de Fukushima retrocedió ayer durante 49 minutos al punto de partida, a la crítica situación que vivió tras el tsunami justo un mes antes. Un terremoto de magnitud 6,6 en la escala de Richter a 68 kilómetros de Fukushima dejó a la planta sin suministro eléctrico y sin refrigeración entre las 17.16 y las 18.05 (hora local japonesa). La pérdida de energía externa tras el tsunami del 11 de marzo dejó a cuatro de los seis reactores de la central en tan mal estado que, tras treinta días de trabajo, Japón no logra controlarlos ni aventura cuándo podrá llevarlos a una parada fría, a lo que se suma el anuncio de que ahora Fukushima se ha convertido en el peor desastre nuclear de la historia junto con Chernóbil.

El Gobierno japonés admitió ayer que tendrá que ampliar la zona de evacuación incluso a pueblos situados a 40 kilómetros debido a los altos niveles de radiactividad, pero lo hará sin prisa, a lo largo de un mes. Quizá ahora tras las recomendaciones de la Comisión de Seguridad Nuclear de Japón este plazo se acelere.

Que en Iitate, un pueblo de 7.000 habitantes a 40 kilómetros al noroeste de la nuclear, hay altos niveles de contaminación no es ninguna sorpresa. El 25 de marzo, dos semanas después del tsunami, los partes del Gobierno japonés ya detectaban una contaminación por cesio-137 en el suelo de 163.000 bequerelios por kilo (500 veces más de lo permitido en la UE). El cesio-137 tarda unos 300 años en desaparecer.

La organización ecologista Greenpeace y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) alertaron de que Iitate superaba los niveles de contaminación a partir de los cuales era recomendable la evacuación. El aviso del OIEA se produjo el 29 de marzo, pero el Gobierno japonés ha ido a remolque. Primero fijó un área de exclusión de 20 kilómetros, después recomendó que, voluntariamente, se fueran los habitantes a menos de 30 kilómetros y ayer, su incansable portavoz, Yukio Edano, anunció que ampliaría el perímetro para evacuar tres pueblos más (Iitate, Katsurao, Namie) y zonas de las localidades de Minami Soma y de Kawamata.

“No hay razón para evacuar inmediatamente”, declaró Edano y añadió que les mueve el temor a los efectos de la radiación a medio plazo.

Además, el Ejecutivo anunció que se pondrá serio con los residentes que, ignorando la recomendación, siguen en la zona de exclusión. Desde el 13 de marzo, las autoridades japonesas han medido la radiación a 131.604 personas. De ellas, 102 presentaron contaminación en la ropa, pero ninguna contaminación corporal por encima de los límites. En Iitate y Kawamata se han realizado mediciones en 946 niños para estudiar la acumulación de yodo radiactivo en su glándula tiroides, sin que se hayan detectado niveles superiores a los fijados por Japón, según el Consejo de Seguridad Nuclear. “Nos parece bien esta decisión, pero deberían haberla tomado antes”, explicó por teléfono Greg McNevin, del equipo de Greenpeace en Japón. No es la primera vez que la realidad obliga a corregir las optimistas previsiones del Gobierno de Tokio.

La organización afirma que la gente que aún vive alrededor de Fukushima podría recibir una dosis de radiación de cinco milisievert al año, “que fue el umbral de evacuación en Chernóbil”. Las mediciones muestran que la dispersión de las partículas radiactivas no es uniforme. Aunque los vientos dominantes van hacia el Pacífico, hay una lengua de contaminación hacia el noroeste, que es la que engloba a Iitate.

Información confusa

La eléctrica dueña de Fukushima, Tokyo Electric Power (Tepco), anunció ayer que ha dejado de tirar al mar agua radiactiva, después de un vertido de 10.400 toneladas a lo largo de una semana cuyo efecto sobre el medio ambiente es imprevisible. En principio estaba previsto arrojar al océano 11.500 toneladas, el equivalente a 4,6 piscinas olímpicas, aunque solo una parte, 9.000 toneladas del líquido radiactivo han acabado en el medio natural por ahora. Se trata de una etapa crucial en la lucha de los equipos de emergencia para estabilizar los reactores y detener las emisiones de radiación.

La prueba de la fragilidad de los trabajos para refrigerar la central se vio ayer con la réplica de la tarde, de magnitud 6,6 (aunque inicialmente fue calificado de 7,1), que generó una alerta de tsunami que no llegó a producirse. Dos personas murieron en las prefecturas de Fukushima e Irabaki. El seísmo obligó a evacuar a los trabajadores de la central y Fukushima quedó de nuevo sin refrigeración -tan solo con la ayuda del agua lanzada desde coches de bomberos-, la peor situación para una nuclear. La refrigeración es esencial para enfriar el combustible del reactor y de las piscinas y evitar así la fusión del núcleo.

Esta noche se ha registrado un nuevo seísmo de magnitud 6,3 en la provincia de Chiba, según informó la agencia metereológica nipona, una intensidad que no activó la alerta de tsunami pero que hizo temblar los edificios de Tokio.

Según Tepco, cuando retomó la inyección de agua dulce los cuatro reactores más afectados seguían estables. El problema es que casi nadie sabe a ciencia cierta eso qué significa, porque los datos de la central son escasos. El Congresista demócrata Edward J. Markey mostró la semana pasada en Washington un correo electrónico que le había enviado la Agencia Nuclear de EE UU (NRC) según el cual temía que el núcleo del reactor dos estuviese fundido y hubiera salido de la vasija. Ese panorama es peor que el que presentan las autoridades japonesas, aunque la NRC matizó después que no tenía claro si eso había ocurrido. La situación refleja la incertidumbre en la que aún se mueven los expertos.

Ingenieros de todo el mundo escudriñan los datos que Japón hace públicos para intentar aventurar cuál puede ser la situación en el interior de los reactores. La NRC tiene expertos en Japón desde el primer día y la Embajada estadounidense en Tokio recomienda a sus ciudadanos que se mantengan a 80 kilómetros de la central (para enojo del Gobierno japonés) y les ha repartido pastillas de yoduro potásico. El yoduro potásico a altas dosis satura el tiroides e impide la absorción de yodo radiactivo.

China y Corea del Sur han criticado la gestión de la crisis atómica por parte del país vecino, hasta el punto de que Seúl le ha llamado incompetente. Dentro de Japón, las críticas han sido también fuertes, aunque tamizadas por el afán de no crear tensión adicional, en medio de los esfuerzos de rescate y reconstrucción del terremoto y el tsunami.

Un mes después del seísmo, el país guardó ayer un minuto de silencio a la hora exacta en la que ocurrió (7.46, hora española). Y con motivo de este aniversario, Masataka Shimizu, presidente de la compañía gestora de la central nuclear, Tepco, se desplazó a la zona de la catástrofe para pedir perdón a todos los afectados por la situación.

Sin embargo, según Kyodo, el gobernador de la provincia, Yuhei Sato, se negó a recibirle. El recuento de víctimas sigue subiendo con cada nuevo balance que ofrecen las autoridades: el recuento de víctimas mortales ya supera las 13.000 personas, mientras que los desaparecidos son casi 14.000. Desde el 11 de marzo, dos réplicas han superado el siete en la escala de Richter. Una de esas grandes réplicas, de 7.1, dejó el pasado jueves con problemas de alimentación eléctrica a las nucleares de Higashidori y Onagawa y en la planta de enriquecimiento de uranio de Rokkasho, aunque según el OIEA ya han recuperado la normalidad.

11 ABRIL 2011 

(Con información de El País)
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La era del renacimiento nuclear se acabó. El shock de Fukushima marca el comienzo de la “Edad de Hielo nuclear”. 
La actual crisis nuclear en la planta nuclear Fukushima Daiichi de Japón después de un terremoto y un tsunami está causando revuelo en la política energética de casi todos los países que utilizan energía nuclear. Las repercusiones de Fukushima se sienten con fuerza dentro y fuera del país, tal como las réplicas siguen sintiéndose en el norte de Japón, incluido Tokio.

Hay 432 plantas nucleares que operan en 30 países en todo el globo y 66 reactores en construcción. El primer ministro Naoto Kan dijo el jueves pasado que revisará desde los cimientos el plan del gobierno de construir por lo menos 14 reactores nucleares más hasta 2030, mientras Japón se apresura a superar su peor crisis nuclear.

En EE.UU., la posición pro nuclear del presidente Barack Obama es objeto de escrutinio. Sus planes de seguir adelante con más plantas nucleares en en país se enfrentan a una oposición cada vez mayor.

EE.UU. tiene 104 reactores nucleares comerciales, la mayor cantidad del mundo. De estos, 23 se construyeron con un diseño idéntico al de los reactores nucleares estropeados de Fukushima. Todos utilizan el “sistema de contención Mark I”, diseñado por General Electric hace décadas. 

ABC News y New York Times, entre otros medios, informaron el mes pasado de que los expertos habían criticado desde hace tiempo la capacidad de ese sistema de contención de resistir a los problemas que resultan de lo que expertos nucleares llaman un “apagón de estación”, en el que la pérdida total del sistema eléctrico inhabilita el sistema de refrigeración del reactor. Esta perspectiva del “apagón de estación” tuvo lugar por desgracia cuando un gran tsunami destruyó todos los sistemas eléctricos de emergencia en la planta de Fukushima.

En Alemania, el shock de Fukushima obligó a la canciller Angela Merkel a cambiar su posición pro nucleares. Suspendió los planes del gobierno de alargar la vida de las 17 plantas nucleares de la nación hasta que se complete una exhaustiva investigación de tres meses de duración de la seguridad de los reactores. También ordenó el cierre de las siete plantas que iniciaron sus operaciones antes de 1980.

El presidente francés Nicolas Sarkozy también se enfrenta al asunto. Francia tiene 59 reactores nucleares, cinco más que Japón. Debido al apoyo del sector público y privado, la energía nuclear abastece actualmente casi un 80% del suministro de energía eléctrica. Es la mayor dependencia del mundo de la energía nuclear que sobrepasa el 29% de Japón, el 20% de EE.UU. y el 18% del Reino Unido. Para Francia, los reactores nucleares, el combustible y los servicios constituyen una exportación importante.

Por eso Sarkozy y Areva NC, el gigante francés de la energía nuclear, aumentan su ayuda para enfriar los reactores de Fukushima y para encontrar una solución para el agua contaminada que se filtra de la instalación nuclear averiada. Aparte de un punto humanitario, se trata de control de daños para los negocios franceses.

Sarkozy y el primer ministro japonés, Naoto Kan, dijeron el jueves pasado que la próxima reunión del Grupo de Ocho de los países industrializados el 26 y 27 de marzo considerará el tema de la seguridad nuclear global y discutirá la necesidad de un estándar de seguridad global para plantas nucleares.

El shock de Fukushima también causa interferencia extranjera en asuntos internos. El presidente griego, Karolos Papoulias, instó el pasado mes a la vecina Turquía a que reconsidere sus planes de construir sus primeras estaciones de energía nuclear.

En Corea del Sur, el debate se ha concentrado en un “acuerdo de cooperación nuclear” con EE.UU., que debe expirar en 2014, que prohíbe que Corea del Sur posea instalaciones de reprocesamiento de combustible nuclear usado. Corea del Sur tiene actualmente 20 reactores nucleares y la energía nuclear produce cerca de un 40% de la electricidad del país.

El mayor problema de Seúl es que a sus plantas de energía nuclear se les acaba el espacio para almacenar combustible nuclear usado. Se dice que Corea del Sur probablemente establecerá instalaciones provisionales de almacenamiento, pero el asunto volverá convertirse en un tema importante a medida que se aproxime el fin del acuerdo. 

Y la lista suma y sigue. Exportadores de plantas de energía nuclear como EE.UU., Francia, Canadá, Rusia, Japón y Corea del Sur se ven ante una contracorriente importante.

El “renacimiento nuclear disminuirá”, dijo el viernes a Asia Times Online Tetsuya Endo, ex gobernador del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). “Si ocurre algún accidente nuclear en cualquier parte del mundo, se convierte en un accidente de todo el globo”.

Amplia revisión del ciclo de combustible nuclear de Japón

Japón vive una gran ironía de la historia. El único país del mundo que ha sufrido a causa de bombas atómicas se enfrenta ahora a un desastre nuclear causado por la naturaleza. La situación en la planta nuclear sigue siendo precaria, mientras los ingenieros de la planta, miembros de las Fuerzas de Autodefensa (SDF), los bomberos y la policía continúan sus desesperados esfuerzos por enfriar los reactores sobrecalentados y el combustible usado.

Incluso si el país logra controlar la planta, emocionalmente el público recelará para siempre de la energía nuclear.

El pueblo japonés ya se mostraba extremadamente susceptible con respecto a todo lo nuclear por ser el único país en la historia humana que fue atacado con armas nucleares. Las generaciones mayores especialmente tienen una “alergia nuclear” después del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki. Sus recuerdos de las bombas atómicas siguen vivos.

A pesar de este resentimiento hacia la tecnología nuclear, Japón se vio obligado a expandir la generación de energía nuclear después de los dos shocks del petróleo de los años setenta, que sacaron a la luz la fuerte dependencia que tenía Japón de Medio Oriente para recursos energéticos.

El petróleo suministraba en 1970 cerca de un 60% de toda la electricidad de la nación, pero ahora sólo provee cerca de un 10%. Japón importa casi el 99% de su petróleo. Aunque Japón quiso reducir su dependencia del petróleo de Medio Oriente después de los shocks del petróleo, todavía importa cerca de un 90% del petróleo de Medio Oriente.

La planta de Fukushima se dejará sin servicio activo y es probable que ningún gobierno local o comunidad acepte la construcción de una nueva planta de energía nuclear en su zona.

El accidente de Fukushima será un fuerte revés para el ciclo de combustible nuclear de Japón, dijo Endo. El ciclo de energía nuclear comienza con la extracción de uranio y termina con la eliminación de los desechos nucleares. Con el reprocesamiento del combustible usado, las etapas forman un verdadero ciclo. Japón ha implementado este programa desde 1956, según Endo.

Sin embargo, la nación no ha logrado ubicar un lugar para la segunda planta de reprocesamiento nuclear después de la Planta de Reprocesamiento Rokkasho de la prefectura Aomori, que logró escapar indemne del terremoto del 11 de marzo.

Takashi Hirose, un conocido escritor japonés sobre problemas nucleares, ha señalado que hay cerca de 3.000 toneladas de combustible nuclear radioactivo usado almacenados en Rokkasho que podrían sobrecalentarse y comenzar a arder si fallan los sistemas de refrigeración. Esa cantidad podría propagar contaminación nuclear o “cenizas de muerte” a todo el mundo, dijo.

Kosuke Takahashi, periodista japonés residente en Tokio. Su Twitter es @TakahashiKosuke. 
Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens



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Martes, 29 Marzo 2011 06:01

Amplía el radio la radiactividad

Parece agua sucia nomás, pero la radiactividad que emite en una hora equivale a la dosis máxima que un hombre puede recibir en un año entero: tal es el nuevo problema que se presentó en la central nuclear de Fukushima, Japón. La aparición de agua contaminada se registró en tres de los reactores y la radiactividad más intensa se registra en uno de ellos cuyo núcleo, por la falta de refrigeración, ya está parcialmente fundido. También se detectó plutonio en el suelo, aunque, según la empresa operadora, no en niveles que representen peligro. Tanto la empresa como la autoridad regulatoria japonesa son objeto de críticas, por el manejo de la información y por haber desatendido advertencias previas sobre los riesgos de un tsunami. Y ayer el Ministerio de Salud japonés previno sobre el riesgo de que el agua de lluvia, contaminada por los vapores radiactivos, contamine a su vez el agua potable. Además un monitoreo efectuado por Greenpeace arrojó valores excesivos de radiactividad por fuera de la zona de evacuación. Según los ambientalistas, “las autoridades japonesas saben que la radiación se ha diseminado, pero no informan ni protegen a la población”.

“Encontramos agua acumulada en túneles subterráneos que desembocan en el exterior desde tres reactores. En el reactor 2 el nivel de radiactividad supera los 1000 milisieverts por hora”, anunció la empresa Tokyo Electric Power (Tepco), operadora de la central Fukushima Daiichi. El máximo admitido para trabajadores es de 200 a 250 milisieverts al año. El reactor 2 es el más dañado por la falta de refrigeración, al punto de que su núcleo está parcialmente fundido: allí la altísima radiación impedía hasta ayer los trabajos para retirar el líquido mediante bombas, y lo mismo sucedía en el reactor 3, donde se midieron 750 milisieverts por hora. En el reactor 1 también había agua contaminada pero sólo con 0,4 milisieverts, lo cual permitió iniciar el desagote.

El agua radiactiva fue detectada en instalaciones situadas a sólo 60 metros del océano Pacífico, junto a la cual se halla la planta: “Estamos verificando si pudo haber tomado contacto con el mar”, dijo el vocero de Tepco. Ayer, los niveles de iodo radiactivo en el agua del mar, junto a la central, eran 1150 veces superiores a la normal.

Es la primera vez que aparece agua radiactiva en el exterior de los edificios, pero ya se la había detectado en el interior; el jueves pasado, tres empleados recibieron excesiva radiación proveniente de agua estancada en el reactor 3: no se detectaron daños a su salud en lo inmediato, pero su probabilidad de padecer cánceres se ha tornado elevada. Tepco admitió que 19 empleados, de los 500 que trabajan en la planta, recibieron ya niveles de radiación superiores a 100 milisieverts.

En cuanto a la presencia de plutonio 238, 239 y 240, se detectó en el suelo de la central y se ignora de qué reactor proviene. Según Tepco, “la débil concentración no representa un peligro para la salud”.

Entretanto, el Ministerio de Salud de Japón requirió que las plantas de agua potable cubran sus depósitos para aislarlos de la lluvia, que podría estar contaminada con sustancias radiactivas; también prohibió la toma de agua de los ríos durante o después de las lluvias.

Si bien hace más de una semana se restableció el suministro eléctrico, los sistemas de enfriamiento siguen sin funcionar en los cuatro reactore, por lo cual continúa el paliativo de arrojar agua a presión. Jorge Navarro, experto de la Autoridad Regulatoria Nuclear de Argentina, observó que “los equipos de refrigeración pueden tener cañerías rotas u obstrucciones, que no podían detectarse mientras no había electricidad”.

Ayer el gobierno japonés criticó a Tepco, aunque sólo por una falla comunicativa: el domingo la empresa había anunciado la detección de una radiactividad diez millones de veces superior a la normal, siendo que era apenas 10.000 veces mayor:

Por otra parte, se dio a conocer que en junio de 2009, en una reunión de asesores de la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial japonesa (NISA), el sismólogo Yukinobu Okamura señaló la necesidad de adecuar las instalaciones de Fukushima Daiichi al riesgo de tsunami: un representante de Tepco desestimó la advertencia y la NISA aceptó el criterio de la empresa –en la que suelen entrar a trabajar funcionarios cuando dejan sus cargos en el Estado–. En 2002, el presidente, el vicepresidente y el director de Tepco tuvieron que renunciar, luego de que la empresa reconoció no haber informado adecuadamente a las autoridades regulatorias acerca de fallas en reactores nucleares.

La entidad Greenpeace Internacional comunicó los resultados de su monitoreo independiente de niveles de radiación en los alrededores de Fukushima: en la localidad de Iitate, a 40 kilómetros de la planta –20 más allá del área de evacuación– registró diez microsieverts por hora: “Es claramente peligroso para la población, especialmente chicos y mujeres embarazadas, que podrían recibir el máximo admitido de radiación anual en unos pocos días”, sostuvo el experto nuclear Jan van de Putte, que dirigió el monitoreo, y afirmó: “Las autoridades japonesas saben bien que la radiación llega mucho más allá de la zona de evacuación, pero no actúan para proteger o informar a la población”.

Por Pedro Lipcovich
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Martes, 22 Marzo 2011 17:58

Ya no hay agua para todos

Desde hace 19 años atrás la comunidad internacional, por decisión de la Asamblea General de la ONU, celebra cada 22 de marzo el día mundial del agua. Fecha que, no en pocas ocasiones, en varios países, pasa completamente silenciada por los acontecimientos coyunturales. Pero el agua, como derecho universal, hoy, se constituye en una cuestión de vida o muerte. Mañana será peor.
 
Si bien el planeta Tierra es azul porque está compuesto de 71% de agua, sin embargo, sólo el 2.5% de esa agua es dulce. Y del total del agua dulce, sólo el 0.4% se encuentra en la superficie en estado líquido. El resto está en los glaciales y el subsuelo.
 
Este pequeño porcentaje de agua dulce disponible se va agotando a causa de la contaminación, mala distribución y la “cultura” del despilfarro. Sí, aunque Ud. no lo crea, ésta nuestra conducta inmoral e irresponsable hace que cada 20 segundos muera un niño/a en el mundo a falta de agua limpia. En la actualidad, más de mil millones de personas ya padecen sed, y más de 2.5 millones (40% de la población mundial) carecen de saneamiento básica. Para 2025, 2 de cada 3 personas en el mundo pasaremos sed.
 
En la actualidad cerca de 30 países tienen serios problemas de agua. Entre ellos Kuwait, Libia, Qatar, Arabia Saudita, Singapur, etc. En los EEUU cerca del 40% de las reservas de agua dulce se encuentran contaminadas. Los 10 principales ríos del planeta están contaminados.
 
Ante la imposibilidad humana de aumentar las reservas de agua dulce, y ante la imparable contaminación de las pocas reservas que quedan, se plantean dos posturas filosóficas y políticas para la administración de este recurso vital:
 
La primera, promovida por los promotores del libre mercado (BM, FMI, BID, CAF, etc.) que consideran el agua como un simple recurso mercantil y que para su eficiente administración y asignación debería pasar a manos de empresas privadas, porque consideran que el Estado es el principal responsable del despilfarro de este recurso.
 
La segunda, promovida por la ONU, ONGs y pueblos conscientes del mundo que consideran y defienden el agua como un derecho universal, requisito para la satisfacción de los demás derechos fundamentales. Destinado a satisfacer las necesidades de todos los seres vivos. El agua es un derecho, no una mercancía. Por tanto, son las comunidades organizadas quienes deben administrar y cuidar el agua y los bosques. Por eso, en 2010, el acceso al agua potable y saneamiento básico fue declarado como un derecho humano fundamental por la ONU.
 
Honduras, país bendecido por la Madre Tierra por sus reservas hídricas, asumió, de manera irresponsable e irreflexiva, la primera postura. Los servicios de agua y saneamiento, que históricamente fueron asumidos, de forma espontánea, por las organizaciones comunales (juntas de agua), desde inicios de la pasada década (2003) están siendo trasferidos a los municipios para su inmediata privatización (como está ocurriendo en la ciudad de San Pedro Sula). Casi simultáneamente, se transfirieron y transfieren los ríos a las empresas privadas para la producción de hidroeléctricas. Y, ahora último, hasta los bosques están siendo vendidos “para el mercado de carbono”. Así, sin servicios de agua, sin ríos y sin bosques, el pueblo hondureño va camino seguro a su calvario infernal. Y todo, en nombre del “Humanismo Cristiano”.
 
Si no le conmueven los niños/as que murieron en los minutos que leyó o escuchó esta editorial, quizás porque sean del África o Asia, piense en sus hijos y nietos. Ellos padecerán el calvario de la sed y se enfrascarán en guerras de exterminio por unas moléculas de agua. Y, entonces, sólo quedará lamentos y maldiciones por cómo usamos el agua, y nuestra indiferencia ante la mercantilización de ríos y bosques. Ahora es el momento para que Ud. y yo alcemos nuestras voces y defendamos la sangre y los pulmones de nuestra Madre Tierra.

Ollantay Itzamná
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Tokio, 19 de marzo. Las autoridades de Japón informaron que fueron encontrados alimentos contaminados con radiactividad cerca de la central nuclear de Fukushima, donde los equipos de emergencia trabajan día y noche para evitar una catástrofe atómica de grandes proporciones, después de resultar dañada por el terremoto de 9 grados en la escala de Richter del pasado 11 de marzo, que devastó la región.

Este sábado, las autoridades japonesas emitieron una primera alerta de contaminación en productos de consumo tras detectar niveles elevados de radiactividad en leche y espinacas en las prefecturas de Fukushima y de Ibaraki, cercanas a la central nuclear accidentada en el noreste del país.

En Tokio y otras localidades las autoridades detectaron rastros de yodo radiactivo en el agua potable, aunque inferiores al límite legal permitido en Japón.

El nivel de contaminación no presenta riesgos inmediatos para la salud. Les pido que permanezcan serenos, declaró a los medios de comunicación Yukio Edano, el vocero del gobierno, en alusión a la leche y las espinacas contaminadas. Por tal motivo, el Ministerio de Salud japonés decretó el cese de la venta de los alimentos procedentes de Fukushima.

Con respecto al agua, las dosis de yodo radiactivo y de cesio detectados son netamente inferiores al límite legal, precisó el Ministerio de Ciencias. Hasta el momento se ignora cómo las partículas radiactivas pudieron alcanzar el agua y se desconoce si proceden de la central nuclear.

Asimismo, la autoridad atómica de Japón instó a quedarse en su casa a la población debido a que se espera en las próximas horas una lluvia radiactiva.

La oficina del primer ministro, Naoto Kan, añadió que este domingo y el próximo lunes podría llover en la zona. Aunque según las autoridades no hay peligro para la salud, incluso si la gente está expuesta a la lluvia, la población fue instada a salir solamente en caso de emergencia y cubrirse muy bien cabello y piel.

En tanto, electricistas, bomberos e ingenieros continuaban una carrera a contrarreloj para evitar en la central atómica de Fukushima un accidente nuclear más grave que el sucedido en Chernobyl el 26 de abril de 1986.

La prioridad es restablecer el suministro eléctrico para los seis reactores dañados a partir de un cable de alta tensión conectado el pasado viernes desde el exterior de la central. Los operarios no lograron alimentar con electricidad un primer reactor, como lo esperaban las autoridades.

La electricidad no fue restablecida ya que hay que hacer varias verificaciones porque varias zonas están inundadas por agua marina, explicó un portavoz del operador Tepco, Fumiaki Hayakawa.

Las autoridades japonesas esperan que los reactores dos y uno podrán recibir energía este domingo, para luego repetir la operación con los reactores tres y cuatro, los más dañados.

Un grupo electrógeno alimentado con gasoil hace funcionar actualmente los sistemas de refrigeración de los reactores cinco y seis, los menos afectados.

Los electricistas soportan una enorme presión porque el éxito de su misión es esencial para restablecer el suministro eléctrico que permitiría el funcionamiento de las bombas que suministran agua al sistema de enfriamiento de los reactores y llenar las piscinas en las que se guardan las barras del combustible utilizado, cuyo vaciado amenaza con liberar importantes cantidades de radiactividad en el medio ambiente.

Las autoridades afirman de momento que los niveles de radiación registrados no son peligrosos más allá de una zona de 30 kilómetros alrededor de la central.

La Agencia Internacional de Energía Atómica consideró que es cada día menor la posibilidad de que se produzca la peor de las catástrofes en Fukushima.

Por lo pronto, las localidades afectadas por el terremoto y el posterior tsunami viven la llegada masiva de cadáveres, mientras la cifra de muertos alcanzó los 7 mil 197, según la policía.

Además, una nueva réplica sísmica, de magnitud 6.1 en la escala de Richter, sacudió este sábado el noreste de Japón, según informaron medios locales.

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La situación en la central de Fukushima parece continuar degenerando. A primer hora de la mañana en Japón (hacia las once de la noche en España) el Gobierno ha confirmado que se ha desencadenado un nuevo incendio en el reactor 4 de Fukushima -sería el segundo en 24 horas-, parece ser que provocado por una nueva explosión de hidrógeno.

Un empleado de la planta fue quien descubrió el fuego a las 5.45 de la mañana (hora local), un foco que reavivado del incendio del día antes. La Compañía de Electricidad de Tokio (TEPCO, en inglés), responsable de la planta, asegura que ahora mismo los bomberos están intentando controlarlo y rocían el reactor con ácido bórico (un inhibidor de la llama).

Los ingenieros de la central han explicado en la televisión japonesa NHK que se plantean inyectar agua desde helicópteros, puesto que el edificio del reactor 4 es inaccesible por tierra debido a los altos niveles de radiación. En este momento consideran prioritario hacer subir el nivel de la piscina dentro del reactor para evitar que el aumento de temperatura acelere una fusión del núcleo. Los ingenieros creen que el agua de la piscina de contención puede haber entrado en ebullición. En consecuencia, las varillas de combustible estarían calentándose y habrían quedado al descubierto por el descenso del nivel del agua, abriendo las puertas a "un desastre nuclear de mayores dimensiones", explica la agencia Kyodo.

La alarma de un desastre nuclear sigue creciendo en torno a la planta, afectada en cuatro de sus seis reactores por el terremoto que devastó el país el viernes. La agencia Kyodo alerta (atribuyéndole la información a Tepco) sobre daños del 70% en las barras de combustible del reactor 1 y del 33% en el 2 [consulta en este gráfico los distintos componentes del reactor]. De confirmarse la información, sería un avance hacia la fusión del núcleo.

El cuadro en Fukushima se agravó el lunes por la noche (hora española) tras un incendio en el reactor 4, que ya está controlado, y una explosión en el número 2. La situación en ese reactor es especialmente preocupante ya que, según ha informado el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) la contención primaria puede haber resultado dañada, una posibilidad que ya fue discutida en las horas posteriores a la explosión pero que descartó en un primer momento la agencia nuclear japonesa, contrariamente a la información que ha transmitido luego al organismo de Naciones Unidas. El jefe del OIEA, el japonés Yukiya Amano, aseguró el lunes que la situación es "preocupante" y reconoció que su organismo no puede hacer todo lo posible porque le falta información de las autoridades japonesas. "No tenemos todos los detalles y por tanto lo que podemos hacer es limitado" -aseguró- "estoy intentando mejorar la comunicación".

La gravedad de la situación en la central ha puesto contra las cuerdas al Gobierno japonés. El primer ministro Naoto Kan compareció ayer ante la nación, a través de un comunicado por televisión, en el que, tras pedir calma a los ciudadanos, reconoció que "está creciendo el peligro de más fugas radiactivas". Los japoneses, aún conmocionados por la inmensa pérdida de vidas humanas -unas 10.000, según datos no oficiales- que han causado el terremoto y el tsunami, recibieron con poca simpatía sus palabras, que muchos consideran que han llegado tarde y que han levantando más alboroto que tranquilizado.

Al mismo tiempo, Tepco parecía tirar la toalla y retiraba de la planta siniestrada, en las que ya se han producido tres explosiones y dos incendios, a casi todos los 800 ingenieros y técnicos que estos días han tratado de evitar una catástrofe. TEPCO ha dejado solo a 50 operarios en una titánica lucha para controlar los fuegos y reactivar la refrigeración con agua de mar en los otros tres reactores accidentados. Los niveles de radiación, que se habían disparado a primera hora de ayer, bajaron sensiblemente, al menos de momento, gracias a las labores de esos operarios.

Los expertos, sin embargo, consideran que no debería haberse dejado semejante tarea en manos de un puñado de hombres y echan en falta que el Gobierno no se haya colocado al frente de esta batalla. Especialmente después de que el portavoz, Yukio Edano, reconociera que los problemas se extienden a los dos últimos reactores de la planta, el 5 y el 6. Ha comenzado a calentarse el agua de las piscinas de estos, que, como el 4, también estaban desconectados para una revisión antes de que ocurriera el tsunami. No se descartan nuevas explosiones.

"¿Qué demonios está pasando?", le espetó Naoto Kan al director de TEPCO por no haberle informado de la explosión. El primer ministro ha decidido formar una célula de crisis -en la que está integrada TEPCO- y se ha colocado al frente de ella. Poco después le llamó el gobernador de Fukushima, Yuhei Sato, para advertirle de que "el miedo y la rabia de los habitantes de esa prefectura está llegando al límite".

La política informativa es un absoluto fracaso. Después de que todos estos días el Gobierno haya tratado de mantener en un perfil bajo la información sobre lo que estaba ocurriendo en la central de Fukushima, el giro radical de ayer ha desconcertado a la tradicional sociedad japonesa. "Cuanto más lejos estén de la central, más seguros estarán", se le ocurrió decir a Edano en una conferencia de prensa también televisada. "Ahora hablamos de niveles [de radiación] que pueden tener un impacto en la salud", subrayó.

El caos no se apoderó del norte del país ni de Tokio, una megalópolis de 30 millones de habitantes, porque el extremado civismo de los japoneses frenó la onda expansiva de las palabras del portavoz. Sin embargo, muchas empresas extranjeras se hicieron eco de la explosiva advertencia y ordenaron a sus expatriados que abandonaran Japón lo antes posible, informa Reuters. A la huida de empresarios, turistas y residentes extranjeros contribuyó la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos que elevó la situación de Fukushima al nivel 6 de alerta nuclear, tan solo uno por debajo de la calificación de Chernóbil, la máxima jamás alcanzada.

Las autoridades de Tokio, mientras tanto, indicaban que en algunas partes de la ciudad la radiactividad era 40 veces superior a la habitual, lo que no representa un riesgo para la salud, y se habían detectado partículas insignificantes de yodo y cesio.

"Nuestra preocupación ha sido saber qué había pasado con nuestros familiares y amigos. Estamos desconcertados. El Gobierno nos ha dicho que corremos peligro, pero no nos da explicaciones ni directrices sobre lo que podemos o debemos hacer", señala la intérprete Rika Yoshida, que ha optado por irse de vacaciones a España.

Naoto Kan no puede ocultar su pánico a que se funda el núcleo de alguno de los reactores dañados o reviente alguno de los sarcófagos que contienen a los reactores -como sucedió en Chernóbil en 1986- y lance a la atmósfera una nube radiactiva 500 veces superior a la de la bomba atómica sufrida por Hiroshima en 1945. Por ello, ha decidido prohibir los vuelos sobre Fukushima en un radio de 30 kilómetros. Ayer también se acabó de evacuar a todos los habitantes en un radio de 20 kilómetros y se pidió a los que viven entre los 20 y los 30 kilómetros de la central que se mantuvieran en sus casas con las ventanas y las puertas cerradas.

"Toda mi familia es de Kioto [sur de Japón] y están muy inquietos porque aquí en Niigata estamos cerca de Fukushima. Me he tomado cuatro días de vacaciones y me bajo a verles", afirma Tanaka, empleado de un hotel.

La mayoría de los 127 millones de habitantes de Japón pasan estos días pegados a los móviles y al televisor. Por el móvil reciben las alarmas de terremoto superior a 6. Ayer mismo sonaron dos veces, pero los seísmos no tuvieron consecuencias. Y a la televisión por la amplia cobertura que están dando diversos canales a lo ocurrido y a lo que puede aún llegar. Muchas personas han hecho acopio de agua, comida deshidratada, arroz y otros alimentos. En Niigata, una ciudad de medio millón de habitantes situada 150 kilómetros al oeste de Fukushima, pueden verse estanterías vacías y cierta escasez en los supermercados. Pero conforme se viaja del oeste al este, hacia la zona siniestrada, la escasez es más palpable, para hacerse extrema en la costa en que ocurrió el tsunami. Así, en Sendai, una ciudad de un millón de habitantes, los restaurantes y los supermercados están cerrados porque están vacíos. Igual sucede en el entorno de la zona de exclusión de Fukushima, en cuyos albergues y escuelas se refugian los desplazados.

EL PAÍS - Madrid - 15/03/2011
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