Sábado, 18 Mayo 2019 07:00

La batalla por las calles

La batalla por las calles

Cuba y el control de la protesta pública.

Luego de que el gobierno decretara la cancelación de las tradicionales “congas” de la diversidad sexual, unas doscientas personas marcharon en La Habana por los derechos de la comunidad Lgtbiq, un acontecimiento que terminó con varios detenidos y levantó críticas contra la actuación policial. El episodio echa luz sobre los límites de la “apertura” cubana y la compleja posición de las disidencias.
La primera convocatoria había sido anunciada para la mañana en la ciudad de Santiago de Cuba, la segunda más importante del país, casi mil quilómetros al sureste de La Habana. Pero hacia las nueve ya era evidente su fracaso: sólo una veintena de personas había acudido a la Plaza de Marte para participar en la inédita marcha del orgullo gay. Ese sábado 11 en la tarde, en declaraciones a un medio digital alternativo, Ezequiel Fuentes Morales, uno de los congregados, aseguró que “aunque la comunidad (Lgtbiq) está disgustada, teme a la represión y prefiere callar”.


Por primera vez la celebración no era organizada bajo el auspicio del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), institución adscripta al Ministerio de Salud Pública y dirigida por la socióloga y diputada Mariela Castro, hija del todavía primer secretario del Comité Central del Partido Comunista, Raúl Castro.


Días atrás, el Cenesex había anunciado que este año no saldrían a la calle sus tradicionales “congas por la diversidad”. Como argumento justificatorio, se expuso “la agudización de la agresividad contra Cuba y Venezuela (que) ha envalentonado a grupos (que) intentan tergiversar la realidad de Cuba, y (…) pretenden utilizar nuestra conga para desacreditar, dividir y sustituir el verdadero sentido de esta actividad”.
Durante la última década, las “congas por la diversidad” –una suerte de marcha de la diversidad en versión tropical– han constituido el momento cumbre de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia, que cada mes de mayo tienen sus “sedes centrales” en La Habana y en alguna capital de provincia escogida a tal efecto. Este año la elección recayó en la centroriental ciudad de Camagüey, la tercera de la isla en cuanto a población e importancia, pero una de las más conservadoras debido a la influencia de iglesias, como la católica.


Mientras se discutían allí los planes para los festejos (no fue hasta mediados de la semana anterior que las autoridades aprobaron una versión limitada de la programación original), en La Habana se desataba una tormenta de mensajes, convocatorias y contraconvocatorias a través de Facebook y otras redes digitales. La esencia de los debates podía resumirse en dos posiciones: aceptar la suspensión de la conga e incorporarse al resto de la cartelera preparada por el Cenesex, o acudir el sábado en la tarde al céntrico Paseo del Prado capitalino, para marchar sin autorización oficial. A pesar del fracaso matutino en la “cuna de la Revolución”, a las cuatro y media de la tarde unos doscientos habaneros optaron por esa última opción.


LA CALLE, DE LOS REVOLUCIONARIOS.


La de las calles fue una de las primeras batallas libradas por Fidel Castro y sus seguidores luego del 1 de enero de 1959. Pocas victorias han tenido una importancia mayor. Un estudio publicado en 2015 por la investigadora Claudia González Marrero, doctoranda en el Centro de Estudios para la Cultura de la Universidad Justus Liebig, de Berlín, lo resalta desde su propio título: “La calle es de los revolucionarios: Políticas normativas e imaginario social cubano”.


El monopolio de la movilización popular y de la representación de sus intereses constituye una fuente esencial de legitimidad para la dirigencia isleña. “Expresiones de disconformidad o cuestionamiento público han sido conductas, si bien no negadas, reorientadas y absorbidas por el propio proceso normativo. Las críticas han sido aceptadas siempre que sean emitidas desde los espacios instituidos y organizados para ello”, apunta la estudiosa al describir una dinámica de poder que ha evolucionado a la par del país.


Los hechos confirman su efectividad. No fue hasta el 5 de agosto de 1994 que en La Habana se produjeron los únicos disturbios de alguna consideración, que registra la historia reciente de Cuba. Significativamente, las contramarchas que aquella tarde pusieron fin a los desórdenes avanzaron bajo la consigna de“¡Esta calle es de Fidel!”, remarcando un derecho de posesión que el gobierno-partido está obligado a conservar.


Tal privilegio es refrendado por la nueva Constitución, que de manera implícita subordina libertades individuales, como las de reunión, manifestación y asociación, a la “necesidad de proteger nuestra soberanía e independencia”, según explicación brindada en el Parlamento por el secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta. Aun así, teniendo en cuenta las numerosas normas que habrán de complementar la carta magna aprobada el 24 de febrero, no faltó quien especulara respecto a la posibilidad de que fuera establecida una suerte de protocolo para la convocatoria ciudadana de marchas y otras iniciativas de esa índole. Como anticipándolo, a comienzos de abril fue autorizada una manifestación en contra del maltrato animal, que reunió en La Habana a casi medio millar de personas. Poco después, la solicitud para un evento similar era recibida por el gobierno de la central ciudad de Santa Clara, y en otras, como Camagüey y Pinar del Río, grupos interesados en el tema se preparaban para presentar las suyas.


En definitiva, la tendencia fue cortada de raíz a finales del mes pasado, con la destitución del funcionario que había dado luz verde a la solicitud capitalina y la denegación de la presentada ante las autoridades santaclareñas. La facultad “movilizadora” seguirá siendo derecho exclusivo del gobierno, el partido y las organizaciones de masas que se le subordinan.


¿POR QUÉ LOS ANIMALES Y LA COMUNIDAD LGTBIQ?


La marcha por la diversidad sexual, que finalmente tuvo lugar el 11 de mayo en La Habana, fue cubierta por una miríada de corresponsales extranjeros, que pudieron enviar a sus redacciones una jugosa cosecha informativa. Como era de esperar, el momento cumbre de la tarde se produjo cuando la marcha arribó al final de la zona peatonal del Prado y pretendió cortar el tránsito de la concurrida calle San Lázaro para continuar rumbo a Malecón.


¿A dónde se dirigía? Nadie parece saberlo. “Todos los amigos de mi grupo que nos reunimos ese día nos pusimos de acuerdo en Facebook. Por lo que se decía, siempre pareció que la caminata tendría lugar en el Parque Central y el Prado”, contó a Brecha una joven comunicadora social para quien la culminación “natural” de la cita era la “besada” pública, que en la ocasión protagonizaron decenas de parejas. De ahí en más, “creo que todo el mundo tenía sus propios planes. Una amiga mía, por ejemplo, iba preparada para seguir luego hacia el José Antonio (el círculo social José Antonio Echevarría, donde el Cenesex desarrollaba a esa misma hora una fiesta)”.


Muchos, en efecto, lo hicieron. Si bien al día siguiente las portadas de numerosos diarios extranjeros resaltaron la “fuerte represión ordenada por el régimen”, lo cierto es que sólo cuatro personas terminaron esa tarde en el asiento trasero de un coche de patrulla. Cotejando las imágenes y los testimonios de algunos de los presentes, es posible definir casi con exactitud el momento de la confrontación. Sobre su principal animador no quedan dudas: fue el biólogo Ariel Ruiz Urquiola, quien hace un año se vio envuelto en un enmarañado proceso judicial contra funcionarios del Cuerpo de Guardabosques y vecinos suyos en una finca que usufructúa en el paradisíaco Valle de Viñales. Con independencia de la publicación que se revise, es su detención la que acapara los lentes, por el dramatismo de verlo forcejear entre varios agentes vestidos de civil. Los fotorreporteros tuvieron poco más con que trabajar, pese al fuerte dispositivo policial montado en torno del Prado.


“Todo indica que la apuesta de algunas conocidas figuras de la llamada disidencia, que nunca se preocuparon ni ocuparon con propuestas ni mensajes constructivos por nuestros derechos como personas Lgtbi, era por enrarecer aun más el ambiente”, opinó Francisco Rodríguez Cruz en su blog, Paquito el de Cuba, un conocido reportero de la prensa estatal que se autodefine como “martiano, comunista y gay”. “Fue la agencia Efe la que reportó que en ese grupo había quienes al parecer tenían la intención de provocar un incidente (…), y es evidente que en parte lo lograron”, lamentó.


En los últimos años, el activismo por los derechos de los animales y de las personas con orientaciones sexuales diversas ha asumido buena parte de la centralidad mediática que en otros tiempos acaparaba la lucha contra la discriminación racial. De hecho, durante los debates populares sobre la nueva Constitución, el artículo 68 del proyecto (relativo a la posibilidad del matrimonio igualitario) fue uno de los más discutidos, motivando cerca del 10 por ciento de las intervenciones y propuestas. La campaña animalista, pese a no estar contemplada en el texto, también ganó notoriedad, aunque su mayor impacto estuvo en Internet y entre algunos sectores urbanitas, fundamentalmente capitalinos.


Para muchos, el matrimonio igualitario funcionó como una suerte de cortina de humo durante la consulta. El programa televisivo de mayor popularidad en el país, el humorístico Vivir del cuento, lo alertaría en una de sus emisiones. Como en la ficción, muchas reuniones terminaron centrándose en las implicaciones que tendría la hipotética modificación constitucional y no en temas como la política económica o la relación del Partido Comunista con el Estado.


Desde el exterior tampoco faltan los dobles raseros. Regularmente llegan a La Habana generosos donativos individuales para proyectos centrados en la protección de animales callejeros, la conservación del medioambiente o la promoción de colectivos minoritarios, por citar sólo algunos de los más comunes. La casi totalidad de tales emprendimientos se unifican bajo una premisa, al menos formalmente: no “recurrir a gobiernos, partidos políticos, ni Ong de ninguna parte (mucho menos a instituciones estatales cubanas)”. La frase textual pertenece a Isbel Díaz Torres, líder de Abra, un centro social y biblioteca libertaria definido como “empeño autoemancipatorio” por sus miembros. Tres años de campaña internacional permitieron allegar los fondos para que comenzara a funcionar en mayo de 2018, declaró, por entonces, el propio Isbel, quien el sábado se vio impedido de participar en la marcha del Prado, tras ser detenido junto con su pareja por la policía.


Entre las publicaciones más recientes de su perfil en Facebook llama la atención una que recuerda el Día Internacional de la Objeción de Conciencia al Servicio Militar (este 15 de mayo), asumiendo una posición contrapuesta a la del gobierno de La Habana, que en las últimas semanas ha manifestado su preocupación por la agresividad estadounidense y ha reafirmado la defensa como una de sus “tareas estratégicas”. Vale apuntar que la base de las Fuerzas Armadas Revolucionarias radica en los conscriptos del servicio militar, que por ley están obligados a cumplir todos los hombres mayores de 18 años; significativamente, la homosexualidad es uno de los contados motivos de exoneración.


“Con el matrimonio igualitario y la ley de protección animal se aplicó aquello de ‘jugar con la cadena, pero no con el mono’: con seguridad, alguna gente se extendió en esos tópicos para no meterse en problemas opinando sobre otros que podían ser complicados. Si fue una ‘habilidad’ del gobierno, fue una muy buena”, reflexiona un profesor universitario que durante el proceso de consultas integró uno de los cientos de dúos de “facilitadores” encargados de conducir las asambleas y recoger las opiniones de sus asistentes. La misma sombra de duda puede proyectarse sobre el fin último de muchos de los emprendimientos “alternativos” que florecen en la isla. Entre el activismo militante y el oportunismo media una frontera en extremo difusa.


CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA.


Esta marcha “dilata lo que otros activistas hicimos cuando el peligro parecía incluso mayor. Esa memoria estimula a la de hoy, esos rostros de ahora son una certeza que ansío pueda ser la de muchas otras esperanzas. La batalla real comienza ahora”, escribió esta semana el dramaturgo cubano Norge Espinosa, que reside en España. Sus palabras se alinean con las de creadores como el actor Luis Alberto García, y los músicos Silvio Rodríguez y Vicente Feliú, críticos de la actuación de la policía y las “mentalidades que tienen la retranca puesta en todo lo que se intenta mejorar”, según el último. Opiniones similares predominan en las redes sociales y en los despachos noticiosos fechados en La Habana.


Leyéndolos, pareciera que Cuba se detuvo el sábado en la tarde. En realidad, no ha sido así. Lo ocurrido en el Prado quedó –en buena medida– allí; a las provincias han llegado sólo ecos lejanos y videos filmados con móviles, que para la mayoría de la población no pasan de registrar “cómo la policía dispersó la marcha de los maricones”. Al cubano promedio, sobre todo al “del campo”, lo siguen convocando más las urgencias cotidianas que los pulsos contra el gobierno. Conscientes de ese divorcio entre las elites capitalinas y el país profundo, las autoridades evitaron en todo momento informar sobre lo acontecido en el Prado. A la par, fueron anunciadas medidas contra el acaparamiento y la especulación, a favor del incremento de la cantidad de productos que se comercializan de forma controlada, y la próxima entrada en funcionamiento de nuevos servicios de transporte.


Al redactarse esta nota, el presidente Miguel Díaz-Canel completaba una intensa semana de apariciones públicas visitando su provincia natal, Villa Clara, centro de la comunidad Lgtbiq en la isla, que en la jornada de marras permaneció en absoluta tranquilidad. Mirado a contraluz, el recorrido parece destinado a trasmitir un mensaje claro, a tenor de las reiteradas imágenes del mandatario dialogando ante grandes concentraciones de sus conciudadanos: al margen de lo sucedido el sábado, las calles no han cambiado de manos.

Por Amaury Valdivia
17 mayo, 2019

Publicado enInternacional
La gentrificación del pago: la extensión de la red financiera digital

Utilizar —o ser obligado a utilizar— el pago digital supone entrar en la esfera de poder e influencia de las multinacionales.

 

Hay un fenómeno que se desarrolla lentamente por todo el mundo. Tendrá graves consecuencias, pero muy pocas personas son conscientes de ello, quizá porque supone algo aparentemente trivial y benigno: la extensión del pago digital. No sólo ocurre en las ciudades principales de los países más económicamente desarrollados, sino también en los más pobres, a menudo con la ayuda de los programas de ‘inclusión financiera’ de las organizaciones de desarrollo internacional, en compañía de las instituciones financieras más relevantes. 

El crecimiento del pago digital —a veces bajo las etiquetas de ‘e-money’ o ‘dinero móvil’—, vinculado a la eliminación gradual del dinero físico, da a las instituciones financieras y a los gobiernos nuevos medios de supervisión financiera y control a una escala nunca vista. Según argumentaré, este fenómeno puede ser visto como la gentrificación del pago.
El término ‘gentrificación’ suele remitir a los procesos urbanos en los que una comunidad marginada, a menudo caracterizada por sus redes de economía informal, sus mercadillos callejeros y su clima de dureza, ve cómo sus espacios de vida se ven paulatinamente reducidos por la aparición de recién llegados más pudientes, que los encarecen y que usan su comunidad como asentamiento para nuevos mercados formales.


Este proceso pone en marcha una ‘limpieza’ de la informalidad, en la que los recién llegados, atraídos por ciertas expresiones deseables de la comunidad como la música o el clima festivo, eliminan los elementos amenazantes que acompañan la precariedad original: las bandas, los pequeños traficantes o los mercadillos callejeros.


El proceso de gentrificación del barrio termina con el vaciado de la comunidad original, la neutralización del riesgo que representa para la gente más pudiente y la aparición de una imitación inofensiva de esa comunidad, con propietarios de la élite de los negocios y enormes instituciones de fondo.


Puede que todo comience con la sustitución de los pequeños talleres artesanales por tiendas de ropa hipster, pero termina necesariamente con las franquicias apareciendo y reemplazándolo todo, desde las charcuterías familiares a los centros religiosos comunitarios.


Cuando miramos de lejos y generalizamos, la ‘gentrificación’ aparece simplemente como el proceso por el que las redes comunitarias informales e impredecibles, potencialmente peligrosas para el interés de los negocios hegemónicos, son sustituidas por estructuras empresariales formales, estandarizadas y predecibles acompañadas de un aire de ‘amabilidad cool’ y comodidad. La figura del ‘consumidor’ que busca una ‘experiencia de compra’ en un centro comercial reemplaza al miembro de la comunidad buscando sentimiento de pertenencia en redes de amistad, de familia y de compañeros.


¿Qué tiene esto que ver con el pago? El efectivo es una forma de pago vinculada desde hace mucho con las clases más bajas de las economías poscoloniales —la lonja de Maputo, los peluqueros clandestinos de Bombay, el comerciante de manualidades andino...— que emiten los Estados pero se escapa fácilmente de su control más directo. El pago digital, sin embargo, es el dominio de las empresas financieras transnacionales, y no se puede separar ni escapar de ellas. Utilizar —o ser obligado a utilizar— el pago digital supone entrar en su esfera de poder e influencia.


En todo proceso de gentrificación, los desposeídos se apoyan en estructuras informales, o adoptan una identidad, significado y sentido de pertenencia al usar esas estructuras. Sin embargo, desde la perspectiva de las grandes instituciones, estas personas suelen ser vistas de forma implícita como subdesarrollados, incluso criminales, que tratan de escapar de la mirada benevolente y responsable de las instituciones sin las que estarían mejor.


La comunidad de la inclusión financiera, cuyo fin es llevar los servicios financieros formales a la gente sin acceso a ellos, gusta de presentarse como un agente de empoderamiento social, pero a menudo se apega más a los intereses del gran mercado financiero y tecnológico. Una simple búsqueda en Google Imágenes de «inclusión financiera África» muestra incontables imágenes promocionales de mujeres campesinas sonriendo frente a la pantalla de sus móviles, buscando una aplicación creada por algún grupo lejano de hombres de alguna ciudad grande, y vinculada a un centro de datos que monitoriza y rastrea sus acciones con el fin de encontrar oportunidades económicas.


Los tecnicismos del pago


Para desmenuzar esto, antes hay que entrar en los fundamentos. Las economías de mercado modernas reciben a diario una infinidad de interacciones sociales básicas. Dos personas se encuentran en un puesto del mercado; una de ellas le entrega algo específico e inmediato ─ya sean plátanos, una tostadora artesanal o un servicio concreto─, y la otra le da algo general y dirigido al futuro: dinero físico, que le dará acceso a un abanico de potenciales bienes y servicios de parte de terceros.


Si nos alejamos, podremos ver una vasta red interdependiente de personas y empresas que desplazan bienes y servicios reales en una dirección, e intercambios de dinero físico en la otra. Todos estamos enredados en, y dependemos de, esas redes del mercado monetario.


La mayoría de gente usa la divisa nacional, dinero efectivo que sólo funciona en un área geográfica concreta. Estas divisas nacionales tienen fundamentalmente dos formas. En primer lugar el dinero en efectivo, físico, acuñado por instituciones vinculadas al Estado, como los bancos centrales y la tesorería del Gobierno; en segundo lugar, los depósitos bancarios digitales, el ‘dinero’ que vemos en nuestra cuenta bancaria.


Esta moneda digital es legalmente distinta del efectivo. Son pagarés privados que emite un banco, con la promesa de que accedas a la divisa nacional. Ir al cajero para sacar efectivo es, entonces, convertir los pagarés de tu cuenta bancaria en lo que te han prometido. Además, podemos transferir esos pagarés a otras entidades por medio de transferencias bancarias.
El ‘dinero bancario’, es decir, los depósitos digitales, es distinto al ‘dinero del Estado’ (efectivo), pero aun así los manejamos como si fueran funcionalmente equivalentes: hay muchos lugares en los que puedo entrar a una tienda y pagar ‘en efectivo o con tarjeta’. Sin embargo, el dinero bancario no es distinto al dinero acuñado por el Estado sólo legalmente, sino también tecnológicamente —en su implementación— y vivencialmente —en su ‘tacto’, psicología, en la forma en la que interactuamos con él—.


El dinero físico consiste en objetos producidos por una casa de la moneda, y las transacciones con él implican fundamentalmente a sólo dos personas. Entrego efectivo en una tienda, y a cambio recibo una chaqueta. Podríamos querer efectuar la transacción más adelante, y en ese caso nos podríamos quedar con algún registro, como por ejemplo una factura; pero, en principio, sólo son necesarias dos personas para este intercambio.


El dinero bancario, por otro lado, toma forma de ‘objetos-dato’, de unidades registradas en una base de datos controlada por bancos comerciales. Puedo llevar conmigo efectivo, pero no este otro dinero: se mantiene como información en el centro de datos de mi banco, y la única forma de ‘moverlo’ a otra persona es contactando con mi banco para pedirles que lo carguen en mi cuenta y lo abonen en la cuenta de la persona que recibe el dinero.


Hoy en día hay toda una plétora de dispositivos y aplicaciones de pago digital, pero el esquema básico de las transacciones económicas digitales cuenta con cuatro elementos predecibles:


1. Necesitas una cuenta bancaria.


2. Necesitas un modo de demostrar quién eres y que eres el legítimo propietario de la cuenta.


3. Necesitas un modo de mandar mensajes seguros al centro de datos de tu banco para iniciar la transacción.


4. El vendedor necesita un modo de recibir la confirmación del pago.


Estos elementos pueden implementarse de diferentes formas. Por ejemplo, puedo insertar una tarjeta de crédito Visa en la terminal de un punto de venta de un supermercado e introducir un código PIN, después de lo cual la terminal enviará mis datos (a través del sistema Visa) y la petición de mi transferencia a mi banco. Puedo acceder a una aplicación de pagos usando un lector de huellas dactilares en mi móvil, y escanear entonces un código QR que me dé los datos del vendedor. O puedo usar una aplicación de Apple Play vinculada a mi tarjeta de crédito.


El proceso puede implicar distintos niveles de instituciones intermediarias, desde empresas de telecomunicaciones a redes de tarjetas de crédito, pero en última instancia es lo mismo: mi banco (o un proveedor secundario que use un banco para compensar las transacciones) recibe una petición para alterar mi cuenta.
Incluso cuando parece que los bancos no están involucrados, lo están. Servicios como PayPal, o M-Pesa en Kenya, o Paytm en la India, o WeChat en China, son fundamentalmente nuevas capas construidas sobre el sistema económico bancario, o negocios en colaboración con los bancos, o intermediarios entre un banco y tú. Puedes tener cuentas en estos servicios, pero a su vez ellos tendrán cuentas con bancos.


La dinámica psicológica


Aunque podríamos utilizar tanto dinero efectivo como digital para conseguir lo mismo —comprar algo en una tienda—, cada cual tiene características técnicas y empíricas distintas, que suponen una diferencia muy relevante. Generalmente, cuando se le pide a la gente que describa esa diferencia, se fijan en las propiedades más inmediatas: opinarán sobre cuál es más rápido, más adecuado o más fácil de usar en el momento del intercambio, o sobre cuál es culturalmente más relevante, o cuál parece más seguro. Si lo han pensado más, podrían hacer observaciones más profundas sobre sus implicaciones psicológicas. Por ejemplo, quizá crean que gastan más al usar dinero digital, porque parece ‘menos real’.


Es importante estudiar todas esas características, pero están sobrerrepresentadas hasta el extremo en los debates sobre las bondades del pago digital. La diferencia más importante entre el dinero efectivo y el dinero bancario no es tan trivial como cuál de ellos es más rápido. Más bien se trata de la diferencia tecnológica o estructural.


El dinero efectivo es un ‘instrumento del portador’ que no necesita de terceras partes para intermediar entre un comprador y un vendedor, mientras que el dinero digital es un sistema de ‘dinero de libro de cuentas’, que exige varios terceros para intermediar. A menudo parece que la gente no sea consciente de esto, o crea que es irrelevante, quizá porque esa intermediación suela ocurrir tan rápido que no nos damos cuenta, como un misterioso proceso de fondo que funciona ‘como magia’. Sin embargo, es en ese proceso donde surgen las políticas y posibilidades más importantes del pago digital.


Políticas y posibilidades de la intermediación a distancia


Entonces, ¿cuáles son esas políticas y posibilidades? La naturaleza remota e intermediada del pago digital produce determinadas características iniciales:


• Si te encuentras lejos de la persona con la que estás tratando de negociar, pero tienes acceso a la infraestructura de telecomunicaciones, puedes pagar sin estar físicamente cerca de ella. Es por esto que el pago digital es idóneo para el comercio por internet, pero también para otras muchas circunstancias en las que se deben suministrar los bienes a distancia. Por ejemplo, un vendedor ambulante podría querer adquirir bienes de un mayorista en los alrededores de una ciudad, sin tener que dejar su puesto para llevar a cabo una transferencia personal de efectivo.
• Si la infraestructura de distribución de efectivo ha quebrado, no funciona adecuadamente o está muy poco desarrollada (p.e., un pueblo con sólo un cajero roto), aún se podría pagar simplemente teniendo acceso a las telecomunicaciones.
• La ausencia de dinero físico significa que es hipotéticamente ‘más seguro’ (suponiendo que no se está sujeto a fraude o pirateo de tu cuenta digital).


La comunidad financiera convencional se centra inicialmente en esta clase de características. Estas comunidades incluyen grupos como la Fundación Bill y Melinda Gates, la Omidyar Network, el CGAP [siglas en inglés de Grupo de Consultoría para Apoyar a los Pobres], la Better Than Cash Alliance (“Alianza Mejor que el Efectivo”), y muchas otras que presentan el dinero digital como más seguro o adecuado a los consumidores, y más eficiente para los vendedores (que potencialmente procesarían más transacciones de forma más segura).
Los académicos del sector han estudiado las dinámicas psicológicas e interpersonales de tener el dinero en mano en comparación a tenerlo en centros de datos bancarios, mientras que varias start-ups de tecnología financiera subrayan los costes aparentemente menores de la oferta de infraestructuras digitales de cara a alcanzar áreas rurales en las que puede no haber cajeros ni sucursales bancarias.


En general, estos grupos quieren un mundo en el que el pago digital supere las limitaciones del físico para permitir la expansión de oportunidades de comercio. La tendencia fundamental ha sido el lanzamiento de las tecnologías financieras como un agente de inclusión financiera y crecimiento económico, ya sea proveyendo a la gente ‘de debajo de la pirámide’ de alguna herramienta básica para evitar las dificultades relacionadas con el dinero en efectivo, ya sea dándole acceso a los beneficios de una economía digital de la que, de otro modo, sería excluida.


La extensión de la red digital


El relato de la ‘inclusión’ se narra fundamentalmente a través de la modernidad aspiracional. El relato es, a grandes rasgos, como sigue:


La riqueza, la sofisticación y el desarrollo están relacionados con el acceso a las tecnologías más modernas, y estas son todas digitales. Los habitantes de las grandes ciudades ricas son las primeras en adoptar esas tecnologías, y se encuentran en lo alto de la economía global digital que beneficia a un exclusivo grupo internacional. El objetivo debe ser, entonces, darle a los demás las herramientas para entrar en ese grupo y compartir los beneficios.


La historia está implícita en muchos reportajes, discursos políticos y anuncios de empresas en torno a la tecnología financiera, y es muy atractiva.


Pero ‘inclusión’ es un concepto escurridizo. Por ejemplo, imaginemos que hay un club exclusivo, en el que tienes que estar afiliado para entrar. Algunos son incluidos y otros excluidos. Fomentar la ‘inclusión’ puede suponer dos cosas, en este contexto. Puede suponer relajar los requisitos de afiliación para permitir entrar a más gente; o bien puede suponer que se mantengan esos requisitos, al tiempo que se trata de ayudar a entrar a las personas dándole herramientas y formación para ello.


Consideremos, por ejemplo, el debate en el Reino Unido en torno a cómo incluir a los grupos más marginados en las principales Universidades, como Oxford y Cambridge. Se reconoce implícitamente que la dirección política y el sistema económico del Reino Unido están dominados por élites socioeconómicas de ambas universidades; pero en vez de romper con ese elitismo estructural, los esfuerzos se concentran en cómo un abanico algo más diverso de gente entra en esas élites.


La inclusión financiera tiene un problema parecido. Se reconoce implícitamente que la economía global se caracteriza por la desigualdad jerárquica, con una jerarquía geopolítica de naciones y una jerarquía de divisiones de clase en cada uno de esos países. En la cima están las clases profesionales urbanas en las ciudades principales, como Nueva York, San Francisco, Londres, Tokio y demás, y sobre todo aquellas que están en los círculos tanto tecnológicos como financieros.


En general no se discute que la economía digital dominante que presiden sea algo bueno, y el objetivo no es terminar con las jerarquías fundamentales en ella. Más bien, el objetivo de la ‘inclusión’ es incorporar más personas a la red digital, pero en la posición de subordinación de quien acepta y utiliza pasivamente la tecnología desarrollada en las principales ciudades globales.


Si asumes que extender la dependencia del pago digital es bueno, hay muchas oportunidades a considerar:


• Dar a la población acceso a cuentas bancarias o, alternativamente, a cuentas con proveedores de pagos digitales sustentadas en el sector bancario.
• Ofrecer medios para comunicarse con esas instituciones a distancia a través de dispositivos digitales y móviles, aplicaciones y demás.
• Proporcionar nuevos medios para demostrar quién se es (verificación de identidad) al abrir cuentas o al comunicarse con los bancos o las empresas que hospedan esas fichas.
• Eliminar gradualmente los medios alternativos de pago: el efectivo.

Algunas de las historias más controvertidas del sur global están relacionadas con este proceso. Un ejemplo conocido es el programa de ‘desmonetización’ del Gobierno indio en 2016, en el que se retiraban de la circulación los billetes, lo que causó una enorme alteración económica para muchas personas pobres que se apoyaban en el efectivo.


El Gobierno de Modi presentó el programa, en un principio, como una medida para luchar contra el ‘dinero negro’, la corrupción y el crimen, pero luego el relato cambió al de la modernidad digital aspiracional, un cuento sobre el adecuado, brillante y deseable futuro sin dinero físico al que la gente sería empujada, les guste o no.


Al día siguiente de que el Gobierno de Modi anunciara el programa, las empresas de pago digital iniciaron una carrera de seducción en los anuncios de las portadas de los periódicos, elogiando esta política. Por ejemplo, Paytm cubrió la portada del Times of India y el Hindustan Times con un anuncio: “¡Paytm felicita al Honorable Primer Ministro Sh. Narendra Modi por tomar la acción más decisiva de la historia financiera de la India independiente! ¡Únanse a la revolución!”


El colosal programa biométrico indio —el más grande del mundo—, Aadhar, también defiende ese mensaje en términos de inclusión financiera y modernización: la población debe verificar su identidad para abrir una cuenta de pago digital, y la biométrica se presenta como una posibilidad para la gente analfabeta o marginalizada.


El discurso oficial del gobierno indio se acerca mucho a los intereses comerciales del sector digital financiero, y estos son dos de tantísimos programas en todo el mundo para fomentar el cambio hacia el pago digital y la banca, que cruzan con infinidad de campañas privadas en la misma dirección, a menudo con apoyo de las principales instituciones internacionales de desarrollo.


Allí donde los servicios bancarios se encuentran poco desarrollados entre las comunidades más pobres, ha habido un intento de ‘saltarse’ a la banca tradicional mediante intermediarios móviles conectados a la infraestructura bancaria. Por ejemplo, M-Pesa en Kenya fue fabricado a partir de las redes móviles de Safaricom: buena parte de la población tenía tarjetas sim pero no cuenta bancaria, por lo que la estrategia era convertir el número de móvil en un equivalente del número de cuenta bancaria, mientras que la empresa de comunicaciones conectaba por su parte con el sector bancario.


El control digital


En estos esfuerzos entusiastas por la inclusión financiera digital, curiosamente, se han pasado por alto —o planteado como exclusivamente positivas— toda una serie de características clave del pago digital. La intermediación propia del dinero digital implica que:


• Los intermediarios pueden ver tus transacciones y recoger información sobre tus actividades económicas cotidianas.
• Los intermediarios pueden bloquear tus transacciones.
• Como no posees físicamente el dinero, las instituciones pueden expropiarlo o congelarlo.
• Si la infraestructura eléctrica o de telecomunicaciones falla, o si los intermediarios sufren un fallo en su hardware o software, puedes ser expulsado.
• La conexión digital propia de la infraestructura es susceptible de ciberataques y diferentes formas de pirateo.
• Aunque el discurso popular en la industria de las tecnologías financieras es que la gente opta ‘voluntariamente’ por el pago digital, visto de cerca el asunto resulta mucho menos claro.

Dicho sin rodeos, el pago digital favorece un nuevo y vasto horizonte de vigilancia y control financieros, al tiempo que expone los usuarios a nuevos riesgos que no existen en la infraestructura del pago físico.


En principio, los promotores de las finanzas digitales evitaron una reflexión crítica sobre estas posibilidades negativas, ya que la primera etapa de la mayoría de estos productos es ‘adicional’: los servicios digitales son añadidos a la situación del momento, así que se comienzan presentando como una excitante ‘nueva opción’. Por ejemplo, una economía que antes sólo tuviera acceso al efectivo adquiere una opción digital, que abre todo un abanico de nuevas posibilidades creativas.


Estas nuevas posibilidades pueden usarse para evitar algunos de los viejos problemas, aunque introduzcan algunos nuevos, o también pueden presentar la forma anterior como un ‘problema’, en comparación (por usar una analogía: nadie vería un problema en utilizar una hoguera para calentarse, hasta que su vecino tiene electricidad). En consecuencia, la suma es entendida en general como algo positivo.


Sólo en las etapas posteriores, cuando se establece una forma nueva y se extiende lo suficiente como para comenzar a asfixiar los sistemas antiguos, comienza a adquirir un poder de ‘monopolio’. En el caso del pago digital, este proceso de ‘extensión monopolística’ se ha alimentado de varios factores. Aunque el discurso popular en la industria de las tecnologías financieras es que la gente opta ‘voluntariamente’ por el pago digital, visto de cerca el asunto resulta mucho menos claro.


1. Al principio, podemos ver esfuerzos políticos dirigidos a demonizar el dinero en efectivo con propaganda directa, a veces por parte del Estado (como es el caso del Gobierno de Modi en India), pero también por grandes empresas del sector, como Visa, cuyos intereses comerciales incluyen librarse del dinero físico. Por ejemplo, en un comunicado de prensa de 2016, Visa manifestó abiertamente que tenía una “estrategia a largo plazo para disminuir el efectivo para 2020”.


2. Después, se trata de incentivar el pago digital. Por ejemplo, Visa tiene un programa de recompensa a los pequeños negocios de moda, como cafeterías en áreas urbanas clave, para que “dejen de usar efectivo”, y por ende extiendan el mensaje y las normas del pago digital a sus clientes (los cuales podrían incluir, por ejemplo, comunicadores sobre tecnología e innovación, expertos en medios y consultores, que popularizarían más el mensaje).


3. Luego, se intenta dificultar el uso del dinero metálico, lo que supone hacer del uso digital algo relativamente atractivo, inspirando a la población a ‘elegirlo’. Por ejemplo, cuando la banca cierra cajeros, haciendo el efectivo más incómodo.


4. En adelante, las compañías y los cuerpos estatales tratan de introducir y mejorar la infraestructura para hacer el pago digital más viable y atractivo.


Estos procesos tienen muchas consecuencias sutiles y formas de retroalimentación. Conforme comienza a cambiar el entorno económico y cultural en favor de la digitalización, las empresas beneficiadas y los Estados usan este cambio como argumento para convencer de su uso incluso a la gente que no quiere usarlo.


Conforme se deriva más inversión a los servicios financieros y menos a las ramas no digitales, se comienza a penalizar —relativamente— a la gente que sigue usando dinero en metálico, que es vista por los propietarios de los negocios como una molestia y presentada en los noticiarios y los medios en general como luditas. La población se ve forzada o ‘alentada’ a usar medios digitales de pago.


Sin embargo, lo que en realidad tiene lugar es un proceso de expansión de la red digital financiera, que es fundamentalmente un proceso de consolidación del poder colectivo del sector bancario, la industria comercial que se asienta en él, y las empresas tecnológicas que ofrecen las aplicaciones y conexiones a ese sistema.


Aunque los bancos, individualmente, pueden tener sus luchas privadas contra los demás y con las compañías tecnológicas por determinadas porciones del pastel de las finanzas digitales, en general lo que dirige este cambio son los intereses de las instituciones financieras por automatizar sus procesos con el objeto de eliminar gastos y expandirse, extrayendo incluso más información sobre más clientes.


Es decir, que el interés de las instituciones financieras por automatizarse no tiene relación con lo que quieran sus clientes, sino con una dinámica interna propia, que justifican apuntando a segmentos de clientes (como los ‘millennials’) que son los primeros en adoptar estas finanzas digitales.


Aunque la economía digital se presenta en un comienzo como una opción más, a largo plazo implica la eliminación de las opciones no digitales con las que compite, reduciendo la elección en vez de añadirla. Por ende, se cierran las sucursales bancarias y cajeros de los pueblos formados sobre todo por jubilados en las zonas rurales británicas, porque los bancos pueden optimizar sus beneficios forzándoles a usar la banca digital, al tiempo que les dice que quienes “lideran el cambio” son los ‘millenials’.


Conforme los sistemas de pago digital se normalizan y el efectivo es demonizado, el relato de la inclusión digital se vuelve más afilado. Si hay consenso general entre los poderosos en que lo digital representa el progreso, y si una evidencia cada vez mayor de la dependencia de la economía digital (la mayoría organizada por las mismas instituciones financieras), entonces el riesgo de exclusión por no utilizarla es mayor que nunca, y proveer de acceso a ella parece más noble que nunca.


No hay mejor ejemplo de esta dinámica circular que la agenda y las prácticas de la Better than Cash Alliance, iniciativa dirigida bajo el auspicio del Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo del Capital, pero financiado por Visa, Mastercard, Citibank, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Omidyar Network, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y muchas empresas internacionales y ONG convencionales.


La Alianza oscila entre el discurso sobre los beneficios que supone introducir el pago digital y la demonización del dinero metálico para fomentar la supresión de la competencia. Trabajan mucho para establecer como sentido común la idea de que la economía digital es empoderante, moderna y aspiracional, y presentar el efectivo como anticuado y peligroso, un lastre para la economía y un apoyo del submundo del crimen. El empoderamiento, en este discurso, implica la seguridad de que todo el mundo sea incorporado a la creciente red digital financiera.


La demonización de la informalidad


Los promotores de la economía digital no pueden esquivar el asunto de la vigilancia y la extracción de información que acompaña al sistema de pago digital. Sin embargo, en general la estrategia ha consistido en revestir este control de transparencia, y hacer hincapié en ello como una herramienta para arrancar de raíz la corrupción y las transacciones criminales.
La extracción de información se presenta también como un paso positivo de camino a ofrecer más servicios financieros, como los préstamos. Por ejemplo, Safaricom y el Banco Comercial de África presentaron el sistema de préstamos M-Shwari, que usa la información de pagos de las cuentas de M-Pesa beneficiarias de préstamos para calcular su capacidad de crédito.


No se puede negar que ciertas intervenciones digitales en esta línea pueden ser beneficiosas a nivel localizado e individual. No se trata de renegar de los esfuerzos que suponen iniciativas como la M-Shwari, sino de señalar el discurso sesgado que suelen apoyar. Se usan esta clase de campañas al servicio de un proyecto más amplio para promocionar los intereses generales de grandes empresas tecnológicas y financieras.


El discurso dominante se ha transformado en un discurso peyorativo para con la economía informal a pequeña escala, y acrítico respecto de los grandes sistemas coordinados a través de las principales compañías e instituciones gubernamentales. Estas últimas son presentadas como ejemplos de progreso, mientras que los acuerdos informales, las interacciones sin un control definido y las redes de relaciones personales impredecibles son vistas como el reino del retraso, del crimen y del fracaso.


Se nos deja entonces con la narrativa oficial, en la que el progreso legitima la eliminación del dinero efectivo y la transición hacia la dependencia de la arquitectura de pagos digitales que pueden ser usados para controlar, disciplinar, mercantilizar e influir a la gente.


Todo esto se justifica con una aseveración: que esta arquitectura traerá beneficios, que será más barata y más segura, y que ‘actualizará’ a la población al mundo moderno, usará la información de la población para dar mayor acceso a los servicios y contribuirá a la ‘higiene’ social.


Y sobre todo, es una narrativa en la que las relaciones informales se disuelven para ser reemplazadas por relaciones mediadas institucionalmente, y por tanto ‘limpiar’ la informalidad. Esto es la gentrificación del pago.


Gentrificar para controlar


Claro, que sólo comienzan a vislumbrarse las posibilidades negativas de esta red digital cuando asume completamente una posición de monopolio. El mejor ejemplo de esto es el nuevo “Sistema de Crédito Social” de China, un programa en desarrollo para monitorizar a los ciudadanos con el objeto de darles puntos de reputación, o amenazarles con ponerlos en una lista negra.


El objetivo es aparentemente crear un sistema de ‘palo y zanahoria’, que recompense a los que sigan las tradiciones oficiales y se comporten correctamente y penalice a quienes no lo hagan, excluyéndoles de servicios como los viajes por aire si se desvían.


Los detalles del sistema en construcción son opacos y aún están sujetos a especulación, pero los estudios indican que se está construyendo contando con las empresas de pagos digitales (como WeChat) o que se integrará con la información financiera y de pagos existente en las principales compañías de finanzas digitales como Ant Financial (empresa madre del sistema Alipay). La información no sólo se usa para la inclusión; se usa para la exclusión.


Aunque el Sistema de Crédito Social chino acecha en la imaginación occidental como si fuera un episodio de una película de ciencia ficción, este proceso de vigilancia, rastreo y condicionamiento digital se da en todo el mundo, a menudo respaldado abiertamente por los Estados democrático-liberales que quieren promover los intereses de las compañías financieras y tecnológicas.


La gentrificación del pago es un aspecto fundamental de todo este proceso. Es un programa fragmentado, parcialmente completado y sin embargo calculado, para dirigir a la población a la red financiera digital que puede ofrecer reducidos beneficios a corto plazo, al tiempo que la expone a amenazas colectivas a largo plazo que son sistemáticamente minimizadas. Es el momento de que los grupos y activistas de la sociedad civil comprendan este fenómeno y lo enfrenten.

Por Patricia Bolinches
Brett Scott

publicado
2019-05-17 06:05:00

Publicado enEconomía
EEUU y China desatan la guerra fría del 5G por controlar el Internet del futuro

Estados Unidos intenta frenar la expansión mundial de la gigante tecnológica china Huawei como principal arquitecta del 5G, el Internet del futuro


Washington ha publicado un decreto que puede suspender la actividad de Huawei, a quien acusa de ser un actor de espionaje para China y teme que se haga con una gran cantidad de información sensible si se consolida como el gran proveedor de 5G


"La carrera por el 5G es una carrera que EEUU tiene que ganar", ha señalado Trump. Sin embargo, actualmente en EEUU solo un teléfono de Motorola ofrecido por la empresa de telecomunicación Verizon es compatible con esta tecnología

Un nuevo Internet está naciendo. Las poderosas compañías de telecomunicaciones están desarrollando la arquitectura de la red de quinta generación (5G), que ofrecerá una conexión mucho más rápida y poderosa y que gestionará una cantidad ingente de información. Mientras tanto, las dos principales potencias mundiales, Estados Unidos y China, luchan en una batalla al más puro estilo de la Guerra Fría por el control del Internet del futuro. Esta semana, Trump ha lanzado su ofensiva más dura hasta el momento declarando una emergencia nacional y limitando considerablemente las actividades de la tecnológica china Huawei en EEUU.


El presidente de EEUU anunció este miércoles una orden ejecutiva que puede vetar a Huawei de las redes de comunicación del país. Poco después, la Casa Blanca añadió a la empresa china a la llamada Lista de Entidades, lo que prohíbe que el gigante tecnológico compre partes y componentes de empresas estadounidenses sin la aprobación previa del Gobierno.


Washington acusa a Huawei, uno de los principales desarrolladores del Internet del futuro, de ser un agente de espionaje del gobierno chino. EEUU teme que las autoridades chinas puedan acceder en cualquier momento a la información gestionada por la empresa. "Si EEUU restringe a Huawei, eso no mejorará la seguridad del país y no lo hará más fuerte. Solo obligará a EEUU a utilizar equipos alternativos peores y más caros", ha respondido la empresa, que se considera "líder indiscutible en 5G".


"La carrera por el 5G es una carrera que EEUU tiene que ganar", señaló el presidente Trump hace un mes. EEUU concibe este tema como un asunto de seguridad nacional y por eso ha levantado barreras y concedido facilidades a las empresas nacionales para que ganen esta batalla en nombre de Estados Unidos y tengan el control sobre la arquitectura de la red global.


Sin embargo, la posición de EEUU en la carrera por el 5G no es especialmente fuerte. Actualmente solo un teléfono de Motorola, ofrecido con la empresa de telecomunicaciones Verizon, es compatible con la tecnología 5G en Estados Unidos. A principios de abril, Verizon activó su nueva red 5G en Chicago y Minneapolis, pero las primeras pruebas no han sido muy exitosas. Mientras tanto, Huawei aprovecha su posición y se ofrece a vender a iPhone el chip de 5G que ha desarrollado la empresa.


China está haciendo un gran esfuerzo por extender su tecnología 5G por países de todo el mundo. Estados Unidos acusa a Pekín de ofrecer precios subvencionados y préstamos a bajo interés para superar a sus competidores occidentales, principalmente Nokia y Ericsson, ambas europeas.


"Estados Unidos tendrá que conectar con estos países [con tecnología china] y se debe preparar para el día en el que el Gobierno de EEUU y las empresas tengan que vivir en 'redes sucias", señaló al diario The New York Times Sue Gordon, directora adjunta de inteligencia nacional de EEUU. En este sentido se ha expresado Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU, que ha llegado a sugerir a sus aliados europeos que si utilizan la tecnología china, ello podría suponer el final del intercambio de información de inteligencia.


"Esta es una discusión que va mucho más allá de la tecnología y el comercio", señaló Pompeo en una visita a Londres el pasado 9 de mayo. "Una seguridad insuficiente impedirá a EEUU compartir determinada información en redes de confianza. Esto es lo que quiere China: dividir las alianzas occidentales por medio de bits y bytes, no balas y bombas. Sabemos que el 5G es una decisión soberana, pero se debe tomar con el contexto estratégico más amplio en mente", añadió. Pompeo aseguró que la legislación china obliga a Huawei a cooperar con el Gobierno y entregarles la información que deseen. El CEO de la empresa. Ren Zhengfei, responde: "En los últimos 30 años no hemos hecho eso [dar información al Gobierno] y en los próximos 30 años, tampoco lo haremos. Nunca lo haremos".


Mientras EEUU acusa a Huawei de ser un agente de espionaje del gobierno chino, Washington ha utilizado grandes empresas tecnológicas estadounidenses –entre ellas Apple, Google y Yahoo– durante años para acceder a sus sistemas y poner en marcha programas de espionaje, tal y como salió a la luz tras las filtraciones de Edward Snowden, exanalista en la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA). Además, según reveló Wikileaks, hackers de la CIA encontraron y/o crearon agujeros de seguridad en muchas de estas poderosas empresas tecnológicas y los explotaron durante años sin advertírselo a las corporaciones afectadas, a pesar de que la ley les obliga a ello.


Estados Unidos también se encuentra en una batalla judicial contra Apple, a la que ha solicitado en al menos 12 ocasiones ante los tribunales acceso a información protegida de los dispositivos de algunos de sus clientes. El caso más famoso se dio en 2016, en el que el FBI solicitó a Apple desarrollar un software para desbloquear el iPhone de uno de los terroristas del atentado de San Bernardino en el que 14 personas fueron asesinadas. Apple se negó y la audiencia se fechó para el 22 de marzo. Un día antes, el FBI aseguró que había encontrado a una tercera parte que ayudaría a desbloquear el teléfono y retiró la solicitud. Apple ha rechazado entregar o desarrollar software nuevo para acceder a los teléfonos de sus clientes.


La nueva guerra fría se desarrolla entre denuncias –Huawei está acusado en EEUU de 23 cargos, entre ellos blanqueo de capitales, fraude y robo de secretos comerciales– y vetos comerciales. Washington sabe muy bien lo que se puede hacer con la información que gestionan las grandes empresas tecnológicas y quiere impedir que China domine el mercado en un mundo en el que las empresas se pueden convertir –voluntaria o involuntariamente– en los mejores espías del mundo.

Por Javier Biosca Azcoiti
16/05/2019 - 21:04h

La gran decepción de la Red que nunca fue lo que quisimos

La utopía de la red de redes iba a cambiar el mundo y lo ha hecho, pero no como nos habíamos imaginado. Ahora que internet celebra su 'día', constatamos cómo en su medio siglo de vida —especialmente en los últimos 30 años— nos hemos hecho dependientes de un sistema de comunicación global, supuestamente bidireccional, que nunca fue totalmente libre ni mucho menos neutro.


Miguel Pérez Subías, presidente de la histórica Asociación de Usuario de Internet (AIE), fue el hombre que convenció a todos para que el 17 de mayo se convirtiese en el Día de Internet, una efeméride reconocida por la ONU y que celebran con diferentes actos gobiernos y entidades de todo el planeta. Pero ahora, cuando la red de redes sufre su particular crisis de la mediana edad, Subías reflexiona: la esperanza para mejorar el panorama exige transparencia e innovación.


El Día de Internet se celebró por primera vez en España en Octubre de 2005 a iniciativa de la AUI. Un mes más tarde, la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información acuerdó solicitar a la Asamblea General de las Naciones Unidas que declararase un Día Mundial de Internet para celebrarlo en todo el planeta. La ONU decidió en 2006 fijar el 17 de mayo, día dedicado a las Telecomunicaciones, a la Sociedad de la Información. Desde entonces, la jornada ha sido una buena ocasión para hacer balance.


Los grandes números siempre aparecen en estas conmemoraciones. Por ejemplo, hay 4.388 millones de usuarios, según el Informe Digital 2019 de Hootsuite, citado por Toucan Toco. De ellos, 3.484 millones son usuarios de redes sociales. Y Gartner asegura que en 2021 habrá en el mundo 25.000 millones de dispositivos conectados. España ya cuenta con 6,5 millones de objetos conectados.


Pero la propia dimensión de internet, con más de media humanidad enganchada, multiplica sus problemas: vigilancia y falta de privacidad, censura, desinformación, dependencia, pérdida de soberanía, privatización de la gestión de los datos, ciberataques y guerra híbrida, colonización cultural, piratería, acoso, manipulación.


¿Qué queda de ese internet primigenio, supuestamente abierto y colaborativo? ¿Cuánto hay, si es que hubo alguna vez, de esa arcadia de libertad de expresión? De eso queda muy poco, lamenta Miguel Pérez Subías. "Eso que conocimos como web 2.0, esa red de información utópica en la que todo el mundo consumía y producía información, ya no existe", evoca. "Ahora, desde la explosión de esa cosa llamada 'red social', da igual a qué llamemos con ese nombre, todo está ahí y ya nada es mío; antes yo podía tener mi blog, tenerlo donde quisiera y decidir sobre los comentarios de terceros en él, pero ahora alguien decide por mí".


Uno de los eternos debates que han estado presente durante la historia de internet ha sido —y sigue siendo— el tramposo dilema entre privacidad y seguridad. Para Subías, parece que "estamos más concienciados, pero seguimos actuando con grandes dosis de candidez e inocencia". "Y todo lo que podamos hacer ahora en internet tiene unas implicaciones mucho más brutales que antes", recuerda.


"En el ámbito del móvil seguimos siendo totalmente confiados y descuidados, y hacemos cosas que si las pensáramos bien nos asustarían: damos acceso a los datos de nuestra agenda, a todas nuestras fotografías [incluso al micrófono y cámara del teléfono] a cualquier aplicación, y ese ejemplo muestra cómo no sólo comprometemos nuestra intimidad y privacidad, sino la de los que nos rodean".


Privacidad


Para Subías, el debate ahora mismo gira, sobre todo, en torno a la privacidad. "Parece que todo el mundo se quiere aprovechar de que es posible coger los datos de una forma muy fácil, ahora que los dispositivos móviles que gestionan y registran toda nuestra actividad, desde dónde estamos hasta con quién actuamos o cuánto dormimos".


Desde hace un par de años, las grandes plataformas —para el común de los usuarios, Facebook o Google son sinónimos de internet— tratan de convencernos de que trabajan para nuestra privacidad. Y lo hacen después de convencernos de que el futuro era compartir experiencias, alcanzar el 'engagement' y buscar la aprobación del otro, coleccionar 'me gusta' y 'clics', 'posicionarnos' como sea. Lo hacen después de que Silicon Valley nos gritase a la cara: "Ustedes no tienen nada de privacidad. Asúmanlo".


En esta inmensa campaña de imagen en la que están embarcadas, los gigantes de la red que usamos a diario se muestran ahora preocupadísimos por nuestra intimidad personal. Todo a raíz de varios hallazgos informativos, como el escándalo de Cambridge Analytica o la constatación, una y otra vez, de que trafican con nuestros datos y éstos terminan en manos de gobiernos, partidos y agencias de seguridad. Les hemos pillado.


"Antes no existía la conciencia de que los datos eran valiosos, muy valiosos; y resulta que son la parte nuclear de un inmenso negocio que, además, está gestionado por monopolios", apunta Subías, y añade: "Además, uno no se puede salir de ese ámbito porque si lo hace pierde la capacidad de relacionarse con el resto de personas o de encontrar información útil". Es decir, no podemos salir de internet, aunque queramos.


Concentración por empresas, fragmentación por países


En internet está produciendo un doble fenómeno: por un lado, existe una recentralización en torno a las grandes compañías —Amazon, Microsoft, Google, Apple, Facebook, Alibaba...—, por cuyos sistemas pasa prácticamente toda la información que vemos a través de internet.


Por otro lado, se está dando una fragmentación de la propia infraestructura mundial de la red, que comenzó con los esfuerzos de control por parte de China, y que se materializará pronto con los planes de desconexión de Rusia, que contará con una red interna para controlar qué datos viajan y cuáles no.


"Se están 'renacionalizando' los espacios de internet, cuando antes pensábamos que la red era un espacio que estaba por encima de las nacionalidades", comenta el presidente de la AUI. Porque la Red nunca fue neutral, a pesar de lo que nos vendieron en su día. Internet no es algo etéreo, sus infraestructuras son muy reales (cables, centros de datos, energía) y pertenecen a alguien. Así que vale, ya no somos inocentes. ¿Qué hacemos?


"Nadie es neutro, todo el mundo tiene intereses, pero quizá lo más interesante sería trabajar para que internet fuese transparente", razona Subías. "Saber qué es lo que haces en internet y para qué lo haces, quién va a manejar tus datos, qué datos son esos o aquellos, por dónde viajan... creo que es importante; quizá no puedas evitar usar un determinado servicio, pero al menos conocerás las consecuencias de usarlo".


Transparencia e innovación


Para el fundador de la AUI, deberíamos pelear más por la transparencia —que, además, conlleva que exista más competencia y ayuda a luchar contra los monopolios— que por una neutralidad que nunca existió.


¿Qué esperanza nos queda? "Yo creo que la innovación puede terminar cambiando de nuevo las cosas, como ya pasó precisamente con la creación de todos los protocolos y sistemas que dieron como resultado internet", opina Subías. "La propia innovación ha ido rompiendo con algunas situaciones en el pasado". "Eso sí", alerta, "lo que no parece que vaya a cambiar es que los datos y su gestión van a seguir siendo el motor de internet, y tenemos que hacer una reflexión muy profunda sobre esto".


"Al final, si no tenemos privacidad, la tendencia social es que nos comportemos como se espera que lo hagamos, y eso también puede comprometer la innovación", apunta Subías, que concluye: "Precisamente, el origen de muchas innovaciones está en la capacidad de cuestionar el sistema establecido y pensar de forma diferente; si eso no puede hacerse de una forma libre, no funciona". "Al final la innovación es lo que nos queda para cambiar el futuro y el presente".

Por Pablo Romero
@pabloromero

 El profesor Henry Giroux en el patio del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Juan Barbosa

El pedagogo estadounidense Henry Giroux reclama una reforma del sistema educativo para que el pensamiento crítico impregne todas las asignaturas

Henry Giroux (Providence, 1943), uno de los académicos más reconocidos en Canadá y uno de los impulsores de la llamada pedagogía crítica, tiene un discurso radical sobre los fallos del sistema educativo. Él no habla de los resultados de las pruebas PISA —que miden el conocimiento en ciencias, matemáticas y comprensión lectora de los alumnos de 15 años en los países de la OCDE—. De hecho, cree que las pruebas estandarizadas son una estrategia de la derecha para desviar la atención del "verdadero" problema de la educación: no fomentar el pensamiento crítico para crear ciudadanos "conformistas" que no reclamen nada a las administraciones.


Afincado en Toronto, Giroux es conocido por sus publicaciones conjuntas con Paulo Freire, uno de los pedagogos de referencia del siglo XX por su teoría de la pedagogía del oprimido, donde propone la rebelión de los más desfavorecidos a través del acceso a la educación. Giroux, investigador en la McMaster University de Ontario, fue incluido en la obra Fifty Modern Thinkers on Education: From Piaget to the Present (Routledge, 2002), que nombra a los 50 pensadores que más han contribuido al debate educativo en el siglo XX.
Giroux, que acaba de publicar el libro La guerra del neoliberalismo contra la educación superior (Herder), critica que las universidades están siendo atacadas con recortes continuos en su financiación, especialmente los departamentos de humanidades, para que dejen de ser centros de pensamiento. La semana pasada, tras dar una conferencia en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, atendió a este diario.


Pregunta. ¿Qué es la pedagogía crítica?


Respuesta. No es un método que se pueda aplicar en los colegios. Es una revisión del tipo de escuela que queremos. Es un intento por reconocer que la educación es siempre política y el tipo de pedagogía que se usa tiene mucho que ver con la cultura, la autoridad y el poder. La historia que contamos o el futuro que imaginamos se refleja en los contenidos que enseñamos. La pedagogía tal y como está planteada ataca en lugar de educar. Es un sistema opresivo basado en el castigo y en la memorización, que persigue el conformismo. Hay que desarrollar otros métodos que formen alumnos capaces de desafiar las prácticas antidemocráticas en el futuro.


P. Desde hace unos años, ha habido una ola de innovación educativa que ha transformado muchos colegios. ¿No cree que estén cumpliendo esa función?


R. Las escuelas están siendo atacadas, especialmente desde Gobiernos fascistas y de derechas. En Brasil, Bolsonaro ha animado a los estudiantes a denunciar a los profesores de izquierdas de un supuesto adoctrinamiento y quiere eliminar todas las referencias a Paulo Freire de los temarios. Acaba de anunciar un recorte en las carreras de humanidades como filosofía y sociología para priorizar profesiones que "generen un retorno al contribuyente". La crisis de la escuela es la crisis de la democracia. Los gobiernos de derechas no quieren que la gente piense y la educación tiene un papel central en la lucha contra las narrativas tóxicas y el surgimiento de ideologías ligadas a la supremacía blanca.


P. ¿Cómo se puede aterrizar el cambio que propone? ¿Cree que los partidos de izquierda sí están a la altura?


R. Primero el interés tiene que venir de la calle, de la comunidad de vecinos y de los propios profesores. El poder se tiene que tomar la educación en serio. La izquierda es muy estúpida en lo que se refiere a la educación. No se dan cuenta de la importancia que tiene. En Estados Unidos, Obama replicó el programa de los republicanos, el teaching for the test (focalizar la enseñanza en la superación de exámenes estandarizados). Los exámenes forman parte de un discurso de opresión, son una forma de disciplinar a estudiantes y a profesores y restan imaginación a los alumnos. Se tiene que potenciar el diálogo, la construcción de identidades y cómo encajar a los otros, por ejemplo, a la minorías.


P. ¿Cuál es el peligro de los exámenes?


R. Son una estrategia para hacer ciudadanos menos críticos. A los profesores se les ha dicho que no son intelectuales, que son tecnócratas y que están ahí para medir el conocimiento de los alumnos, que lo que importa son los exámenes. Parece que la evaluación es el centro del sistema educativo. Pero la función de la escuela debería ser conseguir crear ciudadanos tolerantes, con capacidad de diálogo. El colegio es el lugar donde se crean las identidades. ¿Quién quieres ser? Cuando el profesor y los contenidos son incuestionables, están inculcando una forma autoritaria de entender la sociedad. Silenciar las dudas sobre lo que viene dado desde arriba. La derecha sabe tomar ventaja de eso.


P. Canadá es un ejemplo de inclusión en las aulas. ¿Cree que es un referente?

R. Canadá tiene un sistema muy progresista, pero tampoco se salva. En Ontario el nuevo primer ministro, Doug Ford, del partido conservador, ha suprimido las clases de educación sexual y ha obligado a volver al plan de 1990. Quiere centrar el sistema en educar para el trabajo. Los gobiernos transforman la educación en algo que no debería ser.

P. ¿No cree que las escuelas deben preparar a los alumnos para las habilidades que pide el mercado de trabajo? Van a encontrar un terreno muy competitivo.

R. No les tienen que preparar para el trabajo que tendrán en el futuro, sino para el tipo de sociedad en la que quieren vivir. Te ofrezco las habilidades digitales para que trabajes en Google o en Facebook, pero vivirás en una sociedad fascista e intolerante. Eso no vale. Hay que priorizar que aprendan a ser ciudadanos informados cuando hay partidos de extrema derecha que están ascendiendo al poder.


P. Le podrían acusar de tener una visión demasiado utópica.


R. Sobrevivir no es solo encontrar el trabajo adecuado, es reclamar un buen sistema público de salud o el derecho a una vivienda digna. El sistema escolar, basado en la competitividad entre iguales y en la idea de ganadores y perdedores, enseña a creer que cuando tienes un problema la culpa es tuya. Que los problemas son individuales. Las personas no pueden trasladar los problemas personales a carencias del sistema. Así surgen individuos alienados que se culpan a sí mismos de su situación desgraciada. "No hice lo suficiente en el colegio, por eso me va mal", piensan, en lugar de mirar al estado del bienestar, ver si se está desmantelando. Hay que enseñar a luchar y a exigir a la administración que cumpla sus obligaciones.


P. En su último libro hace una crítica muy dura al trato que dan los Gobiernos a las universidades.


R. Trump ha amenazado con retirar fondos federales de universidades que cree que están copadas por liberales e izquierdistas y ha propuesto reducir el presupuesto educativo en 7.000 millones en 2020. El 70% de los profesores de educación superior en Estados Unidos tienen contratos a media jornada.Eso afecta a su libertad de expresión, piensan que si hablan pueden ser despedidos. Tienen miedo de movilizarse contra la administración. La universidad debería ser un espacio para el diálogo. Las universidades cada vez funcionan más como empresas, no contratan intelectuales para liderarlas, sino CEOs. Los estudiantes se han convertido en clientes. La gente joven es un valor en el que merece la pena invertir, una inversión a largo plazo. Pero los políticos, tanto de izquierdas como de derechas, solo buscan resultados a corto plazo.

Barcelona 14 MAY 2019 - 01:37 COT
Por Ana Torres Menárguez

Publicado enSociedad
Martes, 14 Mayo 2019 05:23

Monopolios de las armas

Monopolios de las armas

Un “sentido común”, trasegado a punta de bayonetas, nos enseñó a postergar (cuando no a resignar) nuestro derecho a saber por qué se gasta en armas el monto descomunal que se ejerce planetariamente… ¡sin consultas ni rendición de cuentas! Historia larga. Es una especie de “valor entendido” por el que suponemos que es “necesario” y “bueno” someterse al mercado mundial de mercancías bélicas fabricadas por la industria trasnacional de la guerra. Y sin chistar. “El gasto militar mundial crece un 2,6% empujado por EEUU y China: «Es una nueva carrera armamentista»” [1] 

Es norma que ignoremos las “hipótesis de guerra” con que se justifica la adquisición de ofertas bélicas. ¿Qué nos amenaza, desde cuándo, cómo y dónde… cuántos son los “enemigos” que percibe el “establishment”, cómo se los define y cómo se los detecta? ¿Quién define dónde se compra, con qué lógica de “defensa” o “ataque” y qué emboscadas tácticas y estratégicas nos convierte en rehenes de los “productos” bélicos del mercado? ¿Nos dan garantía, nos hacen descuentos, tienen “ofertas de temporada”, cómo se publicitan? ¿O el negocio consiste en que paguemos sin preguntar el plan de obsolescencia que a los monopolios de las armas les viene en gana según sus crisis de sobreproducción, también? ¿No merecemos saber en qué se gasta el dinero del pueblo trabajador, especialmente cuando los arsenales que se adquieren no están exentos de peligro -real- de ser usados contra los pueblos que los pagan? “Según los datos más recientes del Instituto Internacional de Estudios para la Paz en Estocolmo (SIPRI), el gasto militar mundial se incrementó un 2,6% respecto a 2017 hasta alcanzar los 1,8 billones de dólares, 87.000 millones más que el año anterior. En la actualidad, es un 76% más alto que el mínimo histórico registrado después de la Guerra Fría, en 1998.” [2]


Se trata de un festín mercantil por el que transitan fortunas inmensas dirigidas, mayormente, a los negocios de: 1. Lockheed Martin (Estados Unidos)con ventas en 2016 de US$47.248 millones; 2. Boeing (Estados Unidos) con ventas de US$29.500 millones (División Defensa, Espacio y Seguridad); 3. BAE Systems (Reino Unido) con ventas de US$25.600 millones; 4. Raytheon (Estados Unidos) con ventas de US$24.069 millones; 5. Northrop Grumman (Estados Unidos) con ventas de US$24.508 millones… son los líderes mundiales en el negocio de la muerte. [3] No se necesita mucha imaginación para comprender la trama comercial de semejante pachanga financiera donde los dueños comparten negocios con la industria bancaria global y los monopolios trasnacionales de “medios de comunicación. Los tres más grandes negocios “legales” del planeta. Y no se requiere mucha retórica para poner en claro que, además de “dividendos” jugosísimos, estos negocios dejan muerte, desolación y humillaciones planetarias. “Industria Global de Armas: Las Empresas de los Estados Unidos Dominan la Lista Top 100” [4]


Con el pretexto legalizado del “secreto de estado”, compradores y vendedores constituyen una feligresía del dispendio y de la muerte a espaldas de los pueblos. Incluso contra los pueblos. No pocas de esas compras y ventas son producto de extorsiones muy diversas con las que ampara una cultura bélica inoculada minuciosamente a diestra y siniestra. Películas, series de televisión, libros, juegos cibernéticos para niños y niñas, canciones, mitos y fetiches a granel inundan los imaginarios colectivos para remachar los principios macabros de una lógica del armamentismo convertida en entretenimiento. Mientras el mundo es bañado con sangre de inocentes. “El 57% de la venta de armamento en el mundo está controlada por empresas de EE.UU.”


Atrapados como estamos en la lógica de la violencia colonialista, los poderes opresores nos hacen aceptar que necesitamos armas, ejércitos, policías y todo género de fuerzas de espionaje y represión. Nos obligan a aceptar, mansamente, que algo o alguien nos amenaza siempre y que debemos adquirir todas las novedades de temporada que los “genios” de la muerte fabrican sin parar. Nos venden las armas y nos venden el entrenamiento, nos venden los “asesores” y nos venden la ideología necesaria para mantenernos fieles a su mercado. Y nos venden, incluso a crédito, la caducidad de su parafernalia para ahogarnos en la lógica de la “actualización”, que ellos han programado, para destruirnos los presupuestos nacionales y los seres humanos. Y también nos venden la idea de que paguemos puntualmente y seamos (nosotros) “pacifistas”.


Al otro lado de la historia están los pueblos que han sabido someter el uso de las armas a sus proyectos emancipadores. Todas las luchas independentistas cuentan con referentes fundamentales que lograron (y logran) levantarse en armas para sacudirse el yugo de las dominaciones imperiales. Hoy mismo las grandes revoluciones pacíficas, acorraladas por las amenazas bélicas burguesas, sólo encuentran salida recurriendo a sus fuerzas populares armadas. Y esta es la clave. No es lo mismo armar bandas de profesionales asalariados para acribillar a los pueblos que los pueblos armados para emanciparse de todas las canalladas opresoras… llámense como se llamen.


En nuestra educación y en nuestra cultura, las armas también juegan un papel crítico de los sistemas económicos y políticos, están en los himnos y están en los próceres. Hay avenidas, calles y barrios que homenajean luchas sociales armadas, tenemos música, pintura, escultura y poética de las batallas contra los opresores. No pocos monumentos y estatuarias refieren a herramientas o héroes con que el pueblo armado derrotó, militar y culturalmente, al opresor (antiguo o nuevo) que levantó sus armas traidoras contra el proletariado que, por cierto, los financió. La lucha entre opresores y oprimidos, la lucha de clases, da a las armas una significación radicalmente contraria. Es una contradicción en donde es necesaria la consciencia de la libertad y la certeza de la emancipación para un mundo distinto, en paz, sin clases sociales, sin amos y sin armas. Humanista.

Por Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

Notas
[1] http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/05/05/el-gasto-militar-mundial-crece-un-26-empujado-por-eeuu-y-china-es-una-nueva-carrera-armamentista/
[2] https://www.rebelion.org/noticia.php?id=255518
[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-41314528
[4] http://cpnn-world.org/spanish/?p=7757

Publicado enCultura
Assange y Snowden frente a la arquitectura de la opresión y el espionaje

Poco tiempo ha pasado desde que el presidente ecuatoriano Moreno entregó a Julián Assange a las autoridades británicas, en sintonía con los intereses de Estados Unidos, que no perdonan que el fundador de Wikileaks haya revelado documentos con las prácticas de tortura empleadas en Guantánamo, las violaciones a los derechos humanos y asesinato de civiles cometidas en Irak y Afganistán, entre otros documentos secretos. Snowden, quien reveló el espionaje global que hace la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) sigue exiliado en la Federación Rusa, imposibilitado de regresar a su país.

El fenómeno del espionaje global, el papel de los servicios de inteligencia y la vigilancia masiva en el marco de lo que se comienza a denominar como un "complejo securitario digital", está abriendo nuevos escenarios para el "campo de la guerra" como para el "campo de la política". El epicentro de este dispositivo que se despliega y consolida a nivel mundial es EU. Aquí se sostiene que no reemplaza, sino que convive –y construye poder– junto al "complejo militar industrial", término utilizado por Eisenhower en su discurso de despedida como presidente en 1961, en el que advertía el peligro de la "influencia injustificada" de este sector para el futuro de EU y sus "posibles efectos desastrosos" [1].

Ramonet sostiene que el ciberespacio se constituye como un "quinto elemento", dando lugar a nuevas formas de concebir la defensa y las estrategias de seguridad de un país/región y que, en efecto, ha nacido un nuevo complejo securitario digital que adquiere cada vez mayor relevancia, el cual consiste en una alianza entre las mayores empresas privadas globales de Internet y la principal potencia militar: EU.

El espionaje, incluso masivo, no es nuevo. Luego de la segunda guerra mundial Gran Bretaña, EU, Australia, Nueva Zelanda y Canadá habían diseñado un programa de intercepción de comunicaciones a nivel global (UKUSA). Lo que resulta destacable es el perfeccionamiento constante, la sofisticación y el alcance de estos sistemas de vigilancia y de obtención de información tanto para la persecución/acción política como para los réditos de las empresas que utilizando la información vertida, conocen mejor los gustos e inclinaciones de sus posibles consumidores. El español sostiene que "en la era de Internet, la vigilancia se ha vuelto omnipresente y totalmente inmaterial, imperceptible, indetectable, invisible. Además, ya es, técnicamente, de una excesiva sencillez" [2].

Un hecho no menor es que la más conocida de las 12 agencias de inteligencia de EU (la CIA) haya sido vulnerada con la revelación de miles de documentos secretos. O’Donnell resume que "se trata de una serie de instructivos, escritos en clave informática, con programas de virus y troyanos para pinchar con la última tecnología todo tipo de teléfono, computadora y televisor inteligente, incluyendo comunicaciones justo antes y después de ser encriptadas en smartphones de iPhone y Android por personas que pensaban que sus comunicaciones eran seguras precisamente porque eran encriptadas". [3]

Por otro lado, merece una breve caracterización otra de las agencias más importantes de EU, que gracias a las revelaciones de Snowden, hoy podemos conocer mayores elementos de su capacidad de despliegue. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) "emplea directamente a unos 30 mil agentes, y dispone de 60 mil personas más, reclutadas por empresas privadas. De todos los presupuestos destinados a los servicios secretos estadunidenses, el más importante es el de la NSA". [4] Además, realizó acuerdos con decenas de empresas telefónicas, de ingeniería informática y electrónica y con servicios de inteligencia de otros países para obtener mayor y mejor cantidad de información.

Como señala Snowden, estamos ante una minuciosa y peligrosa "arquitectura de la opresión". Esta es la esencia del complejo securitario digital que, todo indica, tendrá cada vez más incidencia en el siglo XXI. El rumbo de la mundialización está en disputa y como contrarrestar estas tendencias desde una lógica solidaria y humanista que no contribuya a la cultura del descarte [5], al decir de Francisco, constituye un gran desafío para este siglo, en el cual los pueblos, respetando y aceptando la pluralidad de identidades e historias, debemos ser los protagonistas.

Por Nicolás Canosa, sociólogo argentino

 

Publicado enSociedad
Minority Report en las policías europeas: llegan los sistemas de predicción de delitos

La comisaria europea de Derechos Humanos alerta del uso de algoritmos en sistemas policiales y judiciales de la Unión que atentan contra los derechos ciudadanos.



Algoritmos para predecir en qué zonas es más probable que tengan lugar robos u otro tipo de crímenes, algoritmos para ayudar a decidir si imponer prisión preventiva o no a una persona pendiente de juicio. Los algoritmos han llegado y también lo han hecho a los sistemas policiales y judiciales europeos. Y de ello alerta la comisaria de Derechos Humanos en el Consejo de Europa, Dunja Mijatović. “Aunque aún se encuentran en sus etapas experimentales, el uso de algoritmos de aprendizaje automático en los sistemas de justicia penal es cada vez más común”, afirma Mijatović en un texto publicado en la web del Consejo de Europa en el que señalaba los resultados “potencialmente discriminatorios” de este tipo de programas de predicción de delitos.


Como ejemplo, cita PredPol, un programa diseñado por el departamento de policía de Los Ángeles (Estados Unidos) en colaboración con la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) que extrapola los datos de estadísticas criminales CompStat —sí, esa que usaban los policías de la serie The Wire—. ¿Cómo funciona? En la web de PredPol se explica que calcula las predicciones en base a tres tipos de datos: tipo de crimen, localización y fecha y hora. No usa información personal, ni demográfica, étnica o socioeconómica —se afirma en la web—, y los resultados se representan en un Google Map en el que se localizan las áreas con más alto riesgo de delitos cada día y en cada turno. En 2013, la policía de Kent (Reino Unido) compró los derechos de uso del programa por 100.000 libras anuales. Lo probó durante cinco años y en noviembre de 2018 desechó su uso, anunciando que seguirían trabajando en esa dirección, con un nuevo proyecto o construyendo su propio sistema. “Predpol tenía un buen historial de predecir dónde es probable que se cometan los crímenes”, afirmaba entonces John Phillips, superintendente de la policía de Kent, al Financial Times . “Lo que es más difícil es demostrar que hemos podido reducir el crimen con esa información”.


Este programa de algoritmos, así como otros parecidos usados en otras zonas de Reino Unido —como Manchester, Yorkshire o West Midlands— fueron criticados por organizaciones como Big Brother Watch en un informe en el que citaban estudios realizados sobre este tipo de sistemas que concluían que estos refuerzan patrones ya existentes de discriminación y dan lugar a una retroalimentación, conllevando que la policía sea enviada a vecindarios en los que ya hay una presencia excesiva de policías, independientemente de la tasa real de criminalidad.


Otro de los sistemas de algoritmos a los que hace referencia la comisaria de Derechos Humanos europea es la Herramienta de Evaluación de Riesgo de Daños (HART por sus siglas en inglés), usada por la policía de Durham, también en Reino Unido, para decidir si mantener o no a un sospechoso de un delito en custodia o si derivarlo a un programa de rehabilitación. Para ello, Hart utiliza hasta 34 categorías diferentes de datos que van de la edad y el sexo al historial delictivo. Y, al menos hasta abril, también usaba el código postal del sospechoso, lo que desde Big Brother Watch señalan que deriva en la criminalización de la pobreza. Un informe de 2018 elaborado por el Royal United Services Institute for Defence and Security Studies —que no es precisamente un lobby conservador en cuanto a tecnología aplicada a defensa y seguridad— también alertaba de que sistemas como Hart “reproducirán inevitablemente los sesgos inherentes a los datos que se les proporcionan”, lo que perjudicará a las minorías étnicas y religiosas.


Pero más allá de la experiencia británica, este tipo de sistemas de algoritmos también han llegado a otros países de la Unión Europea, como Italia, donde el sistema XLAW se usa en Nápoles y Venecia para prevenir robos, o en Alemania, donde el sistema Precobs —que suena aún más a los precons de Minority Report— se usa ya, de manera corriente o en fase piloto, en los cantones de Aargau, Basel, Baden-Württemberg, Babaria, en Sajonia y en Zug. Precobs también se usa desde 2013 en Zurich (Suiza) para prevención de robos en viviendas.


En España, este tipo de sistemas predictivos también han comenzado a hacerse hueco. A finales de 2015 Rivas (Madrid) fue el primer municipio en comenzar a experimentar con el sistema Pred-Crime. Su policía local lo usó durante nueve meses tras los cuales lo descartaron. “Necesita seguir desarrollándose para ser realmente eficaz”, señalan a El Salto desde el prensa del Ayuntamiento. Diseñada por EuroCop Security Systems, empresa constituida en 2004 y que a día de hoy cuenta con doce empleados y, en 2017, facturó 3,7 millones de euros —casi el doble que en los dos ejercicios anteriores—. En España, su administrador único y director general, financiero, comercial, de márketing y de informática es Ramón García Esteve.


También en 2015, desde la Policía Nacional se comenzó a desarrollar un sistema parecido de la mano del policía científico Miguel Camacho Collados, que en 2014 había recibido una beca Fullbright para estudiar este tipo de sistemas, en colaboración con la Universidad de Granada, la UCLA y la Policía de Los Ángeles, siguiendo la senda de PredPol. Aunque no hay más información sobre el posterior desarrollo de este sistema, desde finales de 2018 sí entró en fase piloto en la Policía Nacional otro sistema basado en algoritmos, en este caso para detectar denuncias falsas, Veripol, también desarrollado por Camacho e instalado ya en todas las comisarías.

2019-05-12 12:02:00

Un cofundador de Facebook pide que los reguladores dividan la compañía porque tiene demasiado poder

Chris Hughes argumenta en un artículo en 'The New York Times' que Mark Zuckerberg tiene más poder "que cualquier persona en el sector privado o en el Gobierno"

 

Ha llegado la hora de dividir Facebook. Su presidente ejecutivo, Mark Zuckerberg, tiene demasiado poder, “más que cualquier persona en el sector privado o en el Gobierno”, de Estados Unidos. Lo dice Chris Hughes, uno de los cuatro compañeros de estudios de Zuckerberg que fundaron con él la empresa. Hughes publicó este jueves un artículo pidiendo que las autoridades partan la compañía en tres y atizó un debate que es parte de la conversación en torno al poder de las grandes tecnológicas desde que se reveló hace dos años hasta qué punto la red social puede ser utilizada como una arma de propaganda tóxica. Hughes propone que la compañía sea partida al menos en tres: Facebook, Instagram y Whatsapp

“Hace 15 años que cofundé Facebook en Harvard y no he trabajado en la compañía desde hace una década. Pero tengo un sentimiento de enfado y responsabilidad”, dice Hughes en un artículo titulado Ha llegado la hora de dividir Facebook y publicado en The New York Times.


Hughes dice en su artículo que Zuckerberg “es humano”. No lo presenta como alguien malévolo. “Pero su humanidad es precisamente lo que hace que sea tan problemático que tenga un poder sin control”, afirma. Zuckerberg controla el 60% de las acciones con derecho a voto de la compañía y la gente que está a su alrededor, dice Hughes, apenas sirve como control. Él solo puede decidir qué ven cada día más de mil millones de personas en Facebook o en Instagram.


“Mark es una buena persona”, dice Hughes. “Pero me irrita que su fijación con el crecimiento le haya llevado a sacrificar seguridad y civismo a cambio de clics. Estoy decepcionado conmigo mismo y con el equipo de Facebook de los primeros tiempos por no pensar más en cómo el algoritmo del chorro de noticias (news feed) podía cambiar nuestra cultura, influir en elecciones y empoderar a líderes nacionalistas. Y me preocupa que Mark se ha rodeado de un equipo que refuerza sus creencias en vez de contestarlas”.


“El Gobierno debe pedir responsabilidades” a Mark Zuckerberg, continúa el artículo. Hughes argumenta que el poder del CEO de Facebook es “antiamericano”. Estados Unidos “se construyó sobre la idea de que el poder no debía estar concentrado en una sola persona, porque todos cometemos errores. Por eso los fundadores crearon un sistema de contrapesos. No necesitaban adivinar el surgimiento de Facebook para entender la amenaza que suponen compañías gigantescas para la democracia”.


Hughes pone ejemplos de otras industrias de crecimiento rápido a lo largo de la historia en las que el Gobierno intervino para dividir las compañías que acabaron en una posición dominante, como la partición de la petrolera Standard Oil o la telefónica ATT.


Facebook fue lanzado por un grupo de amigos en 2004 en un dormitorio de Harvard para poner en contacto a estudiantes. 15 años después, su plataforma principal la utilizan 2.300 millones de personas al mes. Por el camino ha comprado otras redes de comunicación. La aplicación de mensajería Whatsapp la utilizan 1.600 millones de personas; la aplicación Messenger, 1.300 millones; su última gran adquisición, Instagram, 1.000 millones de personas. Facebook posee los datos de todas las interacciones de todos esos usuarios.


“El aspecto más problemático del poder de Facebook es el control unilateral que tiene Mark sobre el discurso. No hay precedente de esta capacidad para vigilar, organizar e incluso censurar las conversaciones de 2.000 millones de personas”, escribe Hughes.


Tras el impacto de la publicación del artículo, Facebook rechazó los argumentos de Hughes y la petición pública de que la compañía sea dividida. “Facebook acepta que con el éxito viene una responsabilidad. Pero no se aplica la responsabilidad pidiendo la partición de una compañía americana de éxito”, dijo la empresa en un comunicado firmado por su portavoz, Nick Clegg, y citado por Reuters. “La exigencia de responsabilidades a las compañías tecnológicas solo se puede hacer a través de la difícil introducción de nuevas reglas para Internet. Eso es exactamente lo que ha pedido Mark Zuckerberg”.


La influencia de Facebook en la conversación nacional de Estados Unidos y del mundo quedó patente durante las elecciones presidenciales de 2016 y la campaña del Brexit. Meses después se descubrió hasta qué punto el news feed había sido utilizado como arma de desinformación. Aparte, se descubrió que Facebook había otorgado los datos de millones de personas a una consultora política, Cambridge Analytica. La compañía también se enfrenta a una multa que se espera de unos 5.000 millones de dólares por no cumplir las normas de privacidad. Varios directivos se han ido de Facebook desde entonces, aparte de los fundadores de Whatsapp y de Instagram.

Por Pablo Ximénez de Sandoval
Los Ángeles 9 MAY 2019 - 19:24 COT

 

Imposible esconderse detrás de falsas identidades

Nuevamente nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se ve en la necesidad de acudir al país y al mundo para dejar constancia de los últimos hechos de los cuales hemos sido víctimas por seguir en nuestra resistencia civil en defensa de la vida y del territorio.

Ha continuado la amenaza contra la vida y la integridad de nuestra Comunidad y la violación de los derechos fundamentales del campesinado de nuestro entorno. Cada día el campesino es obligado a someterse, contra su voluntad, al control y a las normas que quieran imponerle los paramilitares. Ya el campesino no puede trabajar su propia tierra sin que los paramilitares le cobren altos impuestos; tiene que tener permiso de los paramilitares para sembrar y tiene que pagar impuestos hasta por sus siembras de pan-coger

Según muchas informaciones que pobladores de la zona le han transmitido a nuestra Comunidad, en los últimos días los paramilitares están coordinando reuniones en las veredas, en las cuales obligan a los campesinos a participar en ellas y allí les ordenan someterse a sus normas, a sus proyectos y a sus planes sobre la región y al mismo tiempo les hablan en contra de nuestra Comunidad de Paz, la estigmatizan y anuncian nuevamente su próximo exterminio. Siempre hemos dejado constancia sobre la identidad de los líderes paramilitares alias “René” desmovilizado del 58 frente de las Farc-Ep durante el Proceso de Paz, hoy comandante de los paramilitares en las veredas de San José de Apartadó, alias “Caballo”, alias “Bruja” y alias “Majute” comandantes paramilitares en la vereda Arenas de San José de Apartadó, encargados de reunir y someter contra su voluntad a los campesinos de las demás veredas, toda una estrategia de control y de exterminio.

Los hechos de los cuales dejamos hoy constancia son los siguientes:

El sábado 20 de abril de 2019, en horas del día, nuestra Comunidad de Paz fue informada de un supuesto plan que tendrían los paramilitares para seguir asesinando en el corregimiento de San José de Apartadó y en sus veredas, pues, según los mismos paramilitares, habían tenido que suspender los asesinatos desde el 16 de enero del presente año, cuando asesinaron al joven Deimer Úsuga, cerca del caserío central de San José, según ellos porque nuestra Comunidad de Paz había denunciado el crimen y todo se estaba complicando, pero ahora, pasados ya varios meses, van a retomar el control realizando nuevas ejecuciones.

Del miércoles 24 al sábado 27 de abril de 2019, nuestra Comunidad de Paz realizó un recorrido con la Defensoría del Pueblo por las veredas Mulatos, Resbalosa y La Esperanza, de San José de Apartadó, con el fin de poder visibilizar más concretamente el control paramilitar que existe en toda esa zona y que cada día oprime más nuestra región.

El jueves 25 de abril de 2019, en horas del día, dos paramilitares conocidos como alias “Santiago” y alias “Arcadio” le prohibieron a un campesino de la vereda La Cristalina de San José de Apartadó sembrar un lote de maíz y le advirtieron que si tumbaba monte le cobrarían $ 5.000.000 (cinco millones) de pesos. Es de recordar que alias Arcadio y alias Alfredo son dos paramilitares de los 5 que participaron en el atentado contra nuestra Comunidad de Paz el pasado 29 de diciembre de 2017 donde intentaron asesinar a nuestro representante legal German Graciano Posso y a otros miembros de nuestra Comunidad, de esta manera los paramilitares están extorsionando y controlando a los campesinos, pues se aprovechan de la necesidad para prohibirles sembrar, con la intención de someterlos a sus proyectos y quitarles dinero o animales domésticos, como ganado o caballos, a cambio de dejarles tumbar y sembrar sus lotes de pan coger.

El sábado 4 de mayo de 2019, en horas de la tarde, pobladores de la zona informaron a nuestra Comunidad de Paz sobre una serie de reuniones que realizarán los paramilitares alias “Rene”, alias “Caballo” y alias “Bruja” en las veredas de San José de Apartadó, a las cuales convocan de manera obligatoria al campesinado de cada vereda. Según las informaciones, las reuniones tendrán lugar en las dos semanas siguientes.

El martes 7 de mayo de 2019, en horas de la tarde un paramilitar de nombre Domingo Antonio Herrera conocido en la zona como “Chirrí” abordó a miembros de nuestra Comunidad de Paz que se encontraban sembrando un cultivo de maíz en la vereda Resbalosa del corregimiento San José de Apartadó, allí este paramilitar manifestó en tono amenazante diciendo: está prohibido para los campesinos sembrar pan coger y tumbar montañas sin permiso hasta nueva orden, a la vez que amenaza diciendo, en el transcurso de los dos días siguientes llegará una comisión paramilitar a esta vereda y ellos darán las ordenes, yo solo cumplo órdenes y por eso estoy aquí.

El control paramilitar es cada vez más fuerte en la zona pues cobran grandes vacunas o impuestos, someten a la población a reuniones forzadas, ubican puntos de informantes en las casas de los civiles y ahora están prohibiéndole al campesinado sembrar y trabajar sus tierras heredadas de sus padres y abuelos, todo esto como una estrategia de exterminio y control territorial donde hay que obedecer y someterse al paramilitarismo y si algún campesino no lo hace no puede trabajar su tierra.

El miércoles 8 de mayo de 2019, a las 17:00 de la tarde llegó un grupo armado no identificado a la vereda la Resbalosa de San José de Apartadó, de esta presencia aún no tenemos más informaciones, nos preocupa pues el día martes 7 de mayo el paramilitar alias “Chirri” amenazó a miembros de nuestra Comunidad de Paz con que llegaría una comisión paramilitar a la vereda en los próximos dos días siguientes.

En el discurso oficial del gobierno y de las instituciones estatales, el paramilitarismo “no existe”. Sin embargo, la experiencia del campesinado en muchas regiones del país, como en nuestro territorio, evidencia que su presencia y su dominio es total. Como no es un fenómeno de hoy ni de ayer sino que lo hemos sufrido en más de 22 años y conocemos sus identidades y sus prácticas, nadie podrá convencernos de que son grupos “fuera de control” del Estado. Si la fuerza pública no los tolerara y los patrocinara y si el gobierno y sus instituciones administrativas, judiciales, disciplinarias y políticas no se hicieran “de la vista gorda”, como lo ha hecho en todas estas décadas, no podrían funcionar ni existir. Para nosotros continúan siendo una política de Estado.

Desde nuestro territorio amado agradecemos a las muchas voces de ánimo que recibimos a diario desde el país y el mundo, pues contar con todo su apoyo político y moral nos da mucho valor para seguir adelante, en resistencia, en este territorio tan dominado por el poder de las armas al servicio de lo peor.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Mayo 09 de 2019

Publicado enColombia
Página 1 de 19