Yo fui una de las primeras personas en Facebook y no debería haber confiado en Mark Zuckerberg

Cuando era estudiante de Harvard, mis amigos y yo oímos hablar de una nueva web que mejoraría nuestras vidas. Catorce años más tarde, veo lo equivocados que estábamos

La verdad es que el gran valor de Facebook ha nacido de haber logrado que todos nosotros perdiéramos el control

 

 

Hace catorce años, dos meses y ocho días, cometí un error. Igual que muchos errores que uno comete siendo muy joven en la universidad, esto tuvo que ver con fiarme de un hombre en quien no debería haber confiado. Y este error me afecta hasta el día de hoy.

 

No, Mark Zuckerberg no me contagió herpes. Pero tras el escándalo de Cambridge Analytica, he estado reflexionando sobre mi decisión de unirme a thefacebook.com el quinto día de su existencia, y me impresionan las similitudes entre la creación de Zuckerberg y un virus molesto (aunque mayormente benigno). Facebook no me va a matar, pero ha afectado a todas mis relaciones personales, me ha hecho contagiar a otras personas y nunca lograré deshacerme del todo de él.

 

La semana pasada, Zuckerberg tuvo que asumir ciertas consecuencias. Durante los dos días en que tuvo que responder las preguntas del Congreso, Zuckerberg buscó asegurar a la población que nosotros, y no él, tenemos un "control absoluto" de nuestras relaciones en Facebook. Repitió esta garantía una docena de veces, volviendo una y otra vez a la idea de que los usuarios pueden controlar la información que Facebook tiene sobre ellos.

 

Sin embargo, el Zuckerberg de 2018 sonaba muy parecido al "Mark E Zuckerberg ’06" que fue entrevistado sobre su nueva web el 9 de febrero de 2004 por el periódico universitario Harvard Crimson. Fue gracias a este artículo que mis amigos y yo decidimos confiar en este extraño detrás del ordenador y darle las claves de nuestra identidad: nombres, fechas de nacimiento, fotografías, correos electrónicos, y mucho más.

 

"Hay muchas opciones de privacidad", dijo en ese momento al entrevistador. "La gente tiene mucho control sobre quién puede ver su información".

 

"En Facebook, tienes control sobre todo lo que compartes", dijo al senador Dean Heller justo después de no poder responder con seguridad si Facebook alguna vez registró el contenido de las llamadas telefónicas de sus usuarios. "Tú puedes decir ‘no quiero que esta información esté allí’. Tienes acceso total a comprender todo, cada pequeña información que Facebook tiene sobre ti, y puedes borrarlo todo".

 

Zuckerberg mintió en aquel momento y miente ahora también. No tenemos "control absoluto" y nunca lo hemos tenido, como lo prueba el hecho de que incluso personas que nunca han tenido una cuenta de Facebook tienen "perfiles en sombra" creados sin su consentimiento.

 

Hace 14 años, dos meses y ocho días que se sale con la suya con el mismo cuento. Mientras lo miraba desarmarse delante del Congreso, no podía evitar verlo como uno de esos muchachos de Harvard de rostro juvenil que pasaban con gracia de su instituto de la zona de Nueva Inglaterra a las universidades de lujo de la Ivy League y lograban mantener contacto visual con el profesor mientras opinaban sobre libros que no habían leído.

 

Todavía recuerdo la emoción y la curiosidad por esta nueva web que prometía mejorar y reemplazar los anuarios universitarios que Harvard entregaba a los estudiantes de primer año. Aquellos volúmenes delgados de tapa dura solían ser una fuente de información útil y entretenimiento picante. Solíamos estudiar el anuario en detalle, intentando encontrar el nombre de un chico de la clase o de aquella chica del sábado por la noche, juzgando por las fotos de los estudiantes y generalmente ejerciendo un poco de ciberacoso precibernético: intentando saber cosas de otras personas sin tener que preguntarles directamente.

 

La web de Zuckerberg lanzó a Facebook a un nivel desconocido. Durante los primeros meses y semanas, fuimos testigos del poder de Facebook para redefinir las relaciones sociales. Con Facebook, erais amigos o no; tenías una relación, eras soltero, o "es complicado"; la popularidad era fácilmente cuantificable; aquellos que decidían no estar en Facebook se definían como abstemios, lo quisieran o no. Todo lo hermoso y doloroso que son las interacciones humanas quedaba reducido a datos en un gráfico social.

 

Recibimos este reajuste de las relaciones sociales sin pensar en quién o qué estaba detrás. Pasamos de juzgar a las personas por su foto del anuario a juzgar a las personas por su perfil de Facebook y sus hábitos en Facebook. Ahora me avergüenzo de mi decisión, nacida de mi propio sentimiento de ser muy guay, de que sólo aceptaría las solicitudes de amistad de otros pero no pediría amistad yo, como si esto fuese una forma significativa de autodefinirme.

 

Me gustaría poder decir que me detuve a pensar en las motivaciones del hombre que estaba detrás de la pantalla del ordenador, pero estoy segura de que no fue así. Incluso si hubiera querido asignarle una palabra, o incluso un valor, a la idea de que yo debería tener control sobre la información que otros utilizan para conocerme y juzgarme –creo que a esto llamamos "privacidad"–, seguramente me habría creído las palabras de Zuckerberg en aquella primera entrevista en la que aseguraba que su web era perfectamente segura.

 

La verdad es que el gran valor de Facebook ha nacido de haber logrado que todos nosotros perdiéramos el control. Sí, podemos decidir qué fotos y actualizaciones de estado y datos biográficos lanzamos a las enormes fauces de Facebook. Pero el verdadero valor está en la información que ni siquiera sabíamos que estábamos entregando.

 

Facebook sabe lo que leo en internet, dónde me voy de vacaciones, si me quedo despierta hasta tarde por las noches, las publicaciones de quiénes paso por alto y las de quienes me detengo a leer. Sabe que viajé a Montana, Seattle y San Diego, aunque nunca permití que me siguiera el GPS. Sabe el número de móvil de mi padre, aunque él nunca ha aceptado ser parte de la red social, porque yo fui lo bastante tonta como para compartirlo con mis contactos una vez hace varios años.

 

Sabe todas estas cosas que, en mi opinión, no le incumben en absoluto.

 

Si algo he aprendido de Mark Zuckerberg es que el conocimiento más valioso sobre otras personas es saber aquellas cosas que no te contarían sobre sí mismas.

 

Así que esto es lo que yo sé sobre Mark Zuckerberg. Durante esas primeras semanas de la existencia de Facebook, mientras él aseguraba a los estudiantes universitarios que podían confiarle sus identidades, Zuckerberg tuvo una conversación privada por Instant Messenger con un amigo suyo. Esa conversación luego se filtró y fue publicada en el Silicon Valley Insider. Y es la siguiente:

 

- ZUCK: vale, pues si alguna vez necesitas info de cualquier persona de harvard

- ZUCK: solo pídemela

- ZUCK: tengo más de 4.000 correos, fotos, direcciones, sms

- AMIGO: ¿qué? ¿Cómo lograste eso?

- ZUCK: la gente me la entregó

- ZUCK: no sé por qué

- ZUCK: "confiaron en mí"

- ZUCK: gilipollas

 

En los años siguientes, supe que Zuckerberg cuida tanto su privacidad que tiene guardias de seguridad que revisan su basura, que compró las cuatro casas que rodeaban su propia casa para no tener vecinos, que demandó a cientos de hawaianos que reclamaban tener derechos sobre pequeñas parcelas de tierra en su gigantesca propiedad en Kauai, y que armó mecanismos secretos para impedir que mensajes privados de su pasado reaparecieran y le trajeran problemas.

Lo que no he visto es que haya cambiado de opinión sobre la inteligencia de sus usuarios. Este es el mundo de Zuckerberg, y todos nosotros somos una banda de gilipollas viviendo en él.

Viernes, 13 Abril 2018 06:25

Una cumbre sobre corrupción justo ahí

Una cumbre sobre corrupción justo ahí

El encuentro regional se realiza en un país que atraviesa una severa crisis política y con el faltazo de Trump. Hace menos de un mes cayó el presidente Kuczynski y otros cuatro ex mandatarios están salpicados por corrupción.

En una ciudad tomada por las fuerzas policiales y miliares se inicia hoy en Lima la octava Cumbre de las Américas. Un encuentro presidencial con notorias ausencias. No estarán, por razones distintas, Donald Trump y Nicolás Maduro. El primero ausente por voluntad propia, el segundo por un veto del gobierno peruano que le retiró la invitación al evento. Paradójicamente, esta cumbre que tiene como tema central la lucha contra la corrupción y la gobernabilidad se lleva a cabo en un país en crisis política por causa de la corrupción, lo que hace menos de un mes produjo la caída del presidente y un cambio de gobierno y que tiene a cinco ex mandatarios –Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski– y buena parte de su clase política con condenas, procesos judiciales o investigaciones por esta razón. Aunque no está en la agenda oficial, la situación en Venezuela seguramente acaparará buena parte de la atención. 

Trump canceló el martes su anunciada asistencia a la Cumbre de las Américas, alegando que la crisis en Siria lo obligaba a quedarse en su país. En su lugar ha enviado a su vicepresidente Mike Pence. Este iba a ser el primer viaje de Trump a Latinoamérica. Es la primera vez que un mandatario de Estados Unidos no acude a una Cumbre de las Américas, encuentro presidencial que se inició en 1994, lo que se ha interpretado como expresión del desinterés de la administración Trump en América Latina.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, que ayer llegó a Lima, lamentó la ausencia de Trump, con quien dijo quería estar “cara a cara para debatir políticas económicas, políticas sociales”


“La ausencia de Trump le va a quitar visibilidad a la cumbre. Trump ha personalizado mucho la política norteamericana y había expectativa de qué podía pasar con su presencia en esta cumbre. El vicepresidente Pence que viene en su reemplazo es alguien bastante gris. Lo de Siria es grave, pero esto le viene bien a Trump para no venir a esta cumbre en la que sabía iba a encontrar un clima confrontativo cuando se enfrente con presidentes como Evo Morales. La política de Trump en temas como la migración abre una brecha con América latina y su ausencia en esta cumbre ratifica su desinterés con la región y puede abrir aún más esa brecha”, le declaró a PáginaI12 el internacionalista Francisco Belaunde.


Donald Trump no viene a la Cumbre de las Américas, pero sí su hija Ivanka, que ayer llegó a Lima y hoy hablará sobre las mujeres empresarias en la cumbre empresarial organizada por el BID.


El tema oficial de la cumbre es corrupción y gobernabilidad, pero la delegación estadounidense, de la mano de algunos gobiernos de la región, esperan utilizar este foro para condenar al gobierno de Venezuela y buscar avanzar más en un aislamiento diplomático al gobierno de Maduro. El veto al presidente venezolano para participar en esta cumbre es parte de ese cerco diplomático a Caracas.


El gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, quien renunció a la presidencia el pasado 21 de marzo por acusaciones de corrupción, vetó a Maduro bajo presiones de Estados Unidos y para asegurar la presencia de Trump. Al final, Trump no viene. El nuevo presidente, Martín Vizcarra, ha mantenido el veto al jefe de Estado venezolano, medida que se ha justificado por una falta de garantías para unas elecciones limpias en ese país. Pero, en una evidencia del doble estándar que prima en esto, uno de los presidentes que participan en esta cumbre es el hondureño Juan Orlando Hernández, que se ha hecho reelegir en unas elecciones denunciadas internacionalmente como fraudulentas. Y también está el golpista Michel Temer.


En un principio, el presidente venezolano dijo que a pesar del veto igual viajaría a Lima, lo que disparó las especulaciones sobre lo que podría ocurrir en ese caso, pero al final desistió de esa intención. Denunció que el gobierno peruano le había retirado “la seguridad mínima” para su permanencia en la capital peruana y calificó esta cumbre como “una pérdida de tiempo”.


La oposición venezolana y cubana –que tienen una amplia cobertura en los grandes medios y apoyo de sectores políticas peruanos, como los herederos de la dictadura fujimorista que controlan el Congreso– se muestra muy activa en las actividades oficiales que giran alrededor de esta cumbre, en las que han recibido lugar preferencial. Ayer, el secretario de Estado interino de Estados Unidos, John Sullivan, se reunió en Lima con representantes de la oposición venezolana y con miembros de grupos anticastristas.


Durante un encuentro de representantes de la sociedad civil seleccionados por la OEA con autoridades de los gobiernos, un nutrido grupo de cubanos presentes en la sala interrumpió el evento denunciando a viva voz que la OEA había convocado únicamente a grupos opositores al gobierno de la isla para participar en representación de la sociedad civil cubana. El representante del gobierno cubano en este encuentro tomó la palabra para calificar a los grupos de la sociedad civil seleccionados por la OEA como “mercenarios al servicio de una potencia extranjera disfrazados de sociedad civil”. “No vamos a dialogar con mercenarios y terroristas”, anunció el diplomático cubano.


La octava Cumbre de las Américas arranca hoy con un discurso del mandatario peruano Martín Vizcarra y mañana será la reunión de presidentes. Con varios gobiernos participantes involucrados en denuncias de corrupción, no hay muchas expectativas en una declaración final con acuerdos importantes que vayan más allá de lo declarativo para enfrentar efectivamente este grave problema, el tema central de este encuentro.

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Cómo ganar elecciones contando “me gusta”

Usando modelos computacionales y psicología cognitiva, CA pudo construir un perfil de la personalidad de cada uno de los 250 millones de votantes en las elecciones de EE.UU.

 La empresa Cambridge Analytica (CA) que utilizó datos personales de Facebook de mas de 50 millones de usuarios, causó una verdadera revolución por la metodología que usó en las campañas de Donald Trump y del Brexit.


Para la campaña presidencial de Trump, usando modelos computacionales y psicología cognitiva, pudo construir un perfil de la personalidad de cada uno de los 250 millones de votantes en las elecciones estadounidenses. Lo hicieron a partir de al menos 5000 “datos” de cada uno de ellos (gastos con tarjeta de crédito, movilidad por el uso de los smartphones, lectura de diarios, programas de TV vistos y sobre todo los “me gusta” en Facebook). Así consiguieron conocer los gustos, valores, temores de cada votante y a partir de esto pudieron crear un mensaje de campaña personalizado a la medida de cada uno de ellos.


Para entender cómo trabaja CA se puede ver en Youtube una charla que su CEO, Alexander Nix, dio en marzo de 2017 en Berlín, en el “Online Marketing Rockstar”. Allí Nix, un británico de 42 años, educado en exclusivísimo Eton College, explica que CA utiliza tres metodologías que –usadas conjuntamente– cambiaron la manera en que se hace marketing político: Las Ciencias del Comportamiento (Psicología), el Análisis de Data (Big Data) y la publicidad personalizada.


Para CA los datos demográficos (sexo, edad, religión, raza) inciden en la forma en que la gente ve el mundo, pero la personalidad es la clave para saber por qué la gente compra o vota de determinada manera. Según este enfoque, la personalidad determina la toma de decisiones.


Para clasificar a los individuos según el tipo de personalidad CA usa el modelo OCEAN (por sus siglas en inglés) que define cinco grandes tipos:


factor O (apertura a las nuevas experiencias), factor C (responsabilidad), factor E (extroversión), factor A (amabilidad) y factor N (neuroticismo o inestabilidad emocional).
No es que CA haya realizado este test a cada uno de los 250 millones de votantes norteamericanos, aquí viene la verdadera innovación: ellos tomaron un modelo computacional creado por Michal Kosinski para el Centro de Psicometría de la Universidad de Cambridge y lo aplicaron al marketing político. En 2012, Kosinski había generado su modelo: con 68 “me gusta” de un usuario de Facebook podía predecir con un bajo margen de error su color de piel (en un 95 por ciento), su orientación sexual (88) y su afiliación al partido Demócrata o Republicano (85). También la inteligencia, la religión, el consumo de alcohol y tabaco podían predecirse. Analizando sólo 10 “me gusta” su modelo era capaz de evaluar a una persona mejor que un compañero de trabajo, con 70 “me gusta” podía hacerlo mejor que un amigo, y con 300 mejor que su pareja.


Además de la psicología CA se vale del big data, que es la agregación de datos. Cada vez que hacemos algo vamos dejando “huellas digitales” que son grabadas, recolectadas y analizadas. Se puede recolectar distinto tipo de información sobre una persona para entender sus puntos de vista: datos demográficos (edad, género, religión, etc), datos actitudinales (qué auto maneja, qué revistas lee, qué medios consume, qué hobbies practica, qué películas mira) y datos de comportamiento (cuántos contactos o fotos tiene en Facebook, cuántas llamadas hace, a qué horas está despierto, etc).


Usando modelos computacionales se cruzan esos datos y se crea un perfil individual de acuerdo a un modelo de personalidad que permite hacer una comunicación individualizada, conociendo de antemano qué mensaje quiere escuchar cada uno de los receptores.


Para CA la idea de que millones de personas tienen que recibir el mismo mensaje es cosa del pasado. Ellos creen fervientemente que en este momento las marcas y los políticos tienen que establecer una comunicación personalizada con sus clientes/votantes. Una mujer y su marido, aun viviendo en la misma casa, recibirán un mensaje distinto del mismo producto. Todas las grandes empresas (Walmart, Amazon, etc.) lo saben y están invirtiendo fortunas en construir centros de análisis de datos para refinar su comunicación y llegar mejor a sus clientes.


En la charla en Berlín el CEO de CA dijo que empezaron a trabajar para Trump en junio del 2016, y en base a información previa supieron que en Wisconsin, un Estado tradicionalmente demócrata, había posibilidades de convencer a muchos votantes. Para captarlos, primero identificaron qué “asuntos” les interesaban (derecho de portación de armas, inmigración, economía) y después los sub-segmentaron de acuerdo a su personalidad para dirigirles mensajes personalizados.


Por ejemplo, para quienes se habían mostrado a favor de la portación de armas, crearon distintos tipos de mensajes de acuerdo a cómo los tenían identificados dentro del modelo de personalidad OCEAN: a los “muy responsables y algo inestables emocionalmente” les mandaron un mensaje racional basado en el miedo: un texto relacionado con la importancia de la seguridad acompañado por una fotografía de un ladrón rompiendo una puerta. En cambio a los que tenían identificados como “conservadores” (a quienes les importan las tradiciones, la familia, los hábitos) les enviaron otro texto que decía “Desde el nacimiento de la Nación” acompañado por una fotografía de un atardecer que recorta las siluetas de un padre y un hijo cazando con rifles.


Finalmente, en Wisconsin, Trump terminó ganando por 50 mil votos. Según Nix “En las elecciones que se ganan por un margen muy pequeño, esta tecnología puede hacer la diferencia,” dijo Nix.


CA es la subsidiaria norteamericana de la firma inglesa SCL (Strategic Communication Laboratories) Group, que se dedica a la comunicación estratégica y las ciencias del comportamiento, y fue fundada por Nigel Oakes, un ex empleado de la megaagencia de publicidad Saatchi & Saatchi encargado de la imagen de Margaret Thatcher. SCL Group trabajó durante el ultimo cuarto de siglo para el Pentágono, la OTAN, los ministerios de Defensa de Canadá, Reino Unido y Ucrania, entre muchos otros. Alexander Nix admite públicamente que “persuadir a alguien para que vote de determinada manera es muy similar a persuadir a los muchachos de entre 14 y 25 años de Indonesia para que no se unan a Al Qaeda”.


CA es propiedad del multimillonario Robert Mercer, alguien desconocido en casi todo el mundo, pero con una enorme influencia en las altas esferas de poder. Mercer es un graduado en física y matemática, con un doctorado en informática, que inició su carrera en IBM y años más tarde pasó al fondo de inversión Renaissance Technologies, del que actualmente es el CEO. Desde allí se dedicó a cambiar la industria financiera con el uso de algoritmos, gracias a los cuales maneja el fondo de inversión mas rentable de Estados Unidos. Desde que en 2010 la Corte Suprema de EE.UU. eliminó el techo de las donaciones particulares a las campañas políticas, Mercer lleva donados la friolera de 100 millones de dólares. La mitad fue para candidatos republicanos y la otra mitad para distintas ONGs, todas de derecha ( entre ellas una que desmiente el cambio climático, otra que ataca a los Clinton, y otra que se propone combatir las ideas de izquierda en los medios). En 2016 Mercer fue el primer donante individual de la campaña de Donald Trump, con 13,5 millones de dólares. También donó nueve millones más a otros candidatos republicanos a distintos puestos (gobernadores, senadores, diputados). Además invirtió 10 millones de dólares en Breitbart News, el sitio de noticias numero uno en Facebook y Twitter, con una línea editorial de derecha y plagado de opiniones xenófobas, racistas, antisemitas y machistas.


Hasta el año pasado el director de Breitbart News era Steve Bannon, ex Jefe de Gabinete de Trump. Antes de su paso por la Casa Blanca, Bannon había trabajado para la Marina, Goldman Sachs, fue productor televisivo y cinematográfico, director y guionista de documentales, pero por sobre todas las cosas fue la persona encargada de dirigir la campaña que llevó a Donald Trump a la Presidencia de los EE.UU. Mercer y Bannon trabajan juntos desde 2012 y hasta que el último se hizo cargo de la campaña de Trump, figuraba en el directorio de CA. Todo tiene que ver con todo.


Aunque en una cámara oculta que Channel 4 de Gran Bretaña le hiciera a Nix en enero de este año aparece mencionada la Argentina, aun no está comprobado que efectivamente CA haya trabajado en nuestro país, aunque si lo hicieron es fácil suponer para quién, porque siempre, en todo el mundo, han trabajado para partidos de derecha.

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Instagram modifica su algoritmo tras movimiento “Borra Facebook”

El movimiento “Borra Facebook”, que ha afectado en bolsa a Twitter y Snapchat, ha impulsado a Instagram a modificar su algoritmo para mantener a sus usuarios felices. A partir del cambio, las publicaciones más nuevas aparecerán primero en feed, en función de los intereses del usuario que haya detectado el algoritmo.
Actualmente, el timeline no es cronológico y recupera publicaciones antiguas todo el tiempo.


Se trata de un cambio que hizo la app en 2016 y que vuelve locos a los instagramers porque mezcla publicaciones de hace cuatro días, con las de las últimas horas y minutos. Parece ser que Instagram da un paso atrás para recuperar en parte esa versión cronológica, pero no cantemos victoria porque el algoritmo no dejará de decir sobre el orden de relevancia de cada una.


Aunque la fecha del cambio aún no es precesia, de momento solo han dicho que se está probando una opción de “nuevas publicaciones” que permitirá que cada uno elija cuándo desea actualizar, en lugar de que esto suceda automáticamente. De esta forma, la red social sale al paso de las quejas de los instagramers que se estaban perdiendo los post de la gente a la que siguen.


Miles de seguidores se suman al movimiento “Borra Facebook”

Borrar el perfil de Facebook es una acción que no pocos usuarios se ha planteado alguna vez, pero tras conocerse la filtración de datos de la red social a una consultora vinculada a la campaña del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, toma ahora forma de movimiento, con etiqueta incluida: #deletefacebook (#borrarfacebook).
Esta propuesta está sumando seguidores en su rival Twitter, donde miles de usuarios expresan este miércoles preocupación por su privacidad y debaten sobre los retos que supone abandonar una de las redes sociales más utilizadas del mundo, en la que muchos han vertido sus datos desde hace años.


Uno de los mensajes más sonados ha sido el “Ya era hora” de Brian Acton, cofundador de la aplicación de mensajería Whatsapp, que pertenece al abanico de servicios de Facebook desde que el gigante tecnológico la adquirió por 19 mil millones de dólares en 2014, lo que ha llevado a que le acusen de “incoherente”.


“Adiós” a Facebook Muchos usuarios comparten instrucciones, publicadas por los medios, sobre cómo decir “adiós” a su cuenta de la red social y preservar fotografías o textos, y otros consideran que hay que ser “ingenuos” para creer que Facebook respetaba su privacidad desde el principio, como ReiElizabeth29.


“Durante años he dado acceso a Mark Zuckerberg a una gran cantidad de datos sobre mí a cambio de mantener a 342 personas, a muchas de las cuales apenas conozco, al tanto de mi vida. Según los hechos recientes, no me parece un buen trato”, escribió Chrisallday.


Las críticas a Facebook llegan después de las revelaciones hechas el pasado sábado por los diarios The New York Times y The Observer sobre la empresa británica Cambridge Analytica, que obtuvo en 2014 datos de más de 50 millones de usuarios de la plataforma en Estados Unidos a través de la aplicación de un tercero.
Vinculación con el presidente estadounidense Cambridge Analytica, que fue contratada por la campaña electoral de Trump en 2016 por más de 6 millones de dólares, presuntamente utilizó esa información para construir un programa informático destinado a predecir las decisiones de los votantes e influir en ellas.


“Facebook es un servicio de recopilación de datos para aquellos que quieren venderte productos. Es el canal definitivo para tenerte como objetivo según tu edad, sexo, localización, opinión política, intereses y estado civil”, escribió el programador y periodista John Biggs en el portal tecnológico TechCrunch para explicar sus razones.
Una investigación abierta En ese mismo sentido han dirigido su investigación conjunta las fiscalías de Nueva York y Massachusetts, en Estados Unidos, que quieren llegar “al fondo del asunto” porque, afirmaron en un comunicado, “compañías como Facebook tienen una responsabilidad fundamental de proteger la información personal de sus usuarios”.


Entre las demandas de explicaciones por parte de legisladores estadounidenses y británicos y el escrutinio hacia las políticas de Facebook, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos también ha abierto una investigación, que le podría costar a la plataforma creada por Mark Zuckerberg una multa millonaria.


El castigo a la red social no se limita solo a sus usuarios y a las autoridades: este lunes, los inversores estuvieron vendiendo sus títulos en Wall Street hasta el punto que casi cayó un 7%, borrando sus ganancias del año. Aunque ha repuntado en Bolsa, en lo que va de semana ha perdido casi 50 mil millones de valor y algunos de sus accionistas han acudido a querellarse colectivamente contra la firma en una corte federal de San Francisco por cometer “actos ilegales” que les provocaron pérdidas bursátiles.


A través de su vicepresidente, Paul Grewal, Facebook aseguró estar “escandalizada” por las acusaciones de que podría haber facilitado la información de sus usuarios y argumentó que fue víctima de un engaño por las partes implicadas, a las que investiga.


(Tomado de 20minutos)

 

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Sábado, 24 Marzo 2018 06:51

¿Por qué vendemos nuestros datos?

¿Por qué vendemos nuestros datos?

En la actualidad el 51 por ciento de la población mundial accede a Internet, el 41 lo hace a través de computadoras personales y existen más de 5052 millones de usuarios con dispositivos móviles. A la vez, es más común tener presencia en redes sociales y compartir millones de datos “inocentemente” en la nube. En este escenario, Facebook te pregunta constantemente en qué pensamos y diligentemente respondemos. ¿Nos espían o vendemos nuestros datos?


Al comentar sobre este fenómeno que “hemos asumido como natural”, Gabriel Zurdo, del Grupo San Francisco Internacional, expuso en Informática 2018 que “la nube es el elemento que propició que estemos amenazados constantemente. Muchas veces no pensamos en quién administra esos datos ni qué uso se les da. La conectividad total llegó y es directamente proporcional a la adquisición de conocimientos. Sin embargo el principal problema está en el factor humano”, expresó.
La ciberseguridad es una de las principales obsesiones para las grandes compañías y empresas, y tienen motivos. El coste de los ataques a nivel global ha subido casi un 62% desde 2013, según un estudio realizado.


“Apilar tecnología en este mundo conectado no nos indemniza de tener en cuenta al factor humano. Invertir grandes cantidades de dinero en desarrollar e implementar nuevas tecnologías para detener a los hackers parece ser una medida básica y obvia. A pesar de nuestra predilección por usar tecnología para resolver lo que parecen ser problemas tecnológicos, estamos pasando por alto una de las amenazas más persistentes de la ciberseguridad: el comportamiento humano“.


En el caso argentino, explicó el también CEO de BTR Consulting, el 83 % de la población dedica 8 horas a sus computadoras, mientras que el 70 % de los argentinos están vinculados a redes sociales.


“Dónde está el problema, en el uso que le damos a nuestros datos. Se estima que el 58 % de las personas publica su teléfono en redes sociales. El 30% de la población menciona el lugar y hora de trabajo, el 22 % comparte información de su domicilio y un 20 % comparten fecha y lugar de vacaciones. Eso es información de inteligencia. No hace falta hackeo, la mayoría de los casos de suplantación de identidad y delitos económicos vienen de acá”, advirtió Gabriel Zurdo.


El especialista subrayó la existencia de una falta de conciencia de lo que representan estos datos y muchas veces facilitamos información innecesaria que solo conlleva a que se realice “con nosotros” un estudio de mercado.


Ejemplo de ello es el escándalo que envuelve la violación de datos extensiva que realizó la empresa Cambridge Analytica, la cual se dedicó a recolectar información para procesos electorales, a través de Facebook.


La empresa de Mark Zuckerberg actualmente enfrenta procesos legales en diversos países de la Unión Europea, donde incluso ha recibido multas millonarias por recopilar datos sobre ideologías, sexo, gustos personales, navegación y creencias religiosas.


Al comentar sobre los casos de hackeos masivos acaecidos durante 2017, Gabriel Zurdo dijo que no se trata de una casualidad, sino que parten de las vulnerabilidades presentes en la nube.


“Wannacry fue emblemático. En el caso de España, por ejemplo, algunas compañías telefónicas tuvieron que apagar sus servicios, y en el Reino Unido se paralizó la atención médica en todos los hospitales. Este ataque afectó a 150 países y se registraron unas 450 mil violaciones”, comentó.
Otro de los ciberataques más sonados el año pasado fue el de Equifax, donde 143 millones de registros sufrieron daños y los datos fueron usados para fraudes de identidad.


Números que debe conocer sobre los ataques cibernéticos:


50 % de las compañías son víctimas de ciberataques.
22 % de las compañías perdieron clientes por ciberataques
29 % de las compañías perdieron ingresos
22 % de las compañías perdieron oportunidades de negocios
Durante la conferencia magistral de este viernes, se advirtió que aunque en 2017 aumentó en un 22.7 % el gasto en ciberseguridad también crecieron en un orden del 27.4 % los ataques.


“Los estados y los gobiernos deben crear estrategias nacional para enfrentar los delitos informáticos. Hay falta de regulación, políticas de estado y existen legislaciones débiles. Debemos crear una cultura y una conciencia de ciberseguridad”, enfatizó.


Cuando es sabido por todos que “nuestros datos valen dinero, que nuestros hábitos y nuestras preferencias son algo muy valioso para empresas a la hora de conocer, en última instancia, qué productos promocionarnos, se hace más necesario que nunca concientizar qué datos ofrecemos. No se trata de aislarnos, pero sí de asumir los nuevos retos que implica vivir en una sociedad interconectada”, concluyó.

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Miles de alumnos de EEUU alzan la voz por un mayor control en la venta de armas

Decenas de miles de estudiantes salieron el miércoles a las calles en todo Estados Unidos o se concentraron en sus escuelas en señal de dolor por la matanza perpetrada el pasado 14 de febrero en un instituto de Parkland, en el sur de Florida, y en demanda de un mayor control en la venta de armas.

 

Al cumplirse un mes del tiroteo, estudiantes de más de 3.000 centros educativos de todo el país dejaron sus clases y se concentraron en los campus e instalaciones o marcharon por las calles para reclamar a la autoridades acciones concretas para restringir el acceso a las armas de fuego.


La masiva participación y protesta tuvo su acto central a las 10:00 hora local durante el paro de 17 minutos de duración, uno por cada vida segada en la matanza perpetrada en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, de Parkland.


Unos 3.000 alumnos y profesores de esta escuela de Florida se concentraron en el campus en memoria de las víctimas y para pedir a los legisladores cambios efectivos a las leyes de control de armas.


"Es muy emocionante. Mi corazón está roto y está siendo muy duro, pero estoy orgullosa de la acción de estos estudiantes", dijo Carla Madeiros, madre de una alumna del centro, para añadir que "no hay lugar para las armas automáticas y tiene que haber un cambio" en las leyes.


Alumnos del cercano colegio West Glades se sumaron a la concentración en Parkland bajo el lema de "No más rifles", un mensaje de protesta que resonó contundente en todo el país en rechazo a las permisivas leyes actuales de control de armas.


Los alumnos que abarrotaban las gradas y el campo de deportes del colegio de Parkland entonaron con emoción "Shine", el himno que ellos mismos compusieron en señal de duelo por la muerte de 14 estudiantes y tres adultos en el tiroteo.


"Lo que pasó fue horrible", señaló Gloria de Jesús, madre de otro estudiante en referencia a la masacre que perpetro Nikolas Cruz, de 19 años, quien disparó indiscriminadamente con un fusil de asalto en este centro educativo.


A Parkland se acercaron personas de todas partes de la nación, como una joven conmocionada de Pensilvania que entregó a los familiares de las víctimas del tiroteo un retrato de cada uno de los asesinados.


En el camino desde la escuela hasta el parque Pine Trails, el estudiante Liam Kiernan aseguró que "nunca se había sentido tan fuerte y entusiasmado" y se mostró conmovido por la "resistencia" de toda la comunidad.


"Sólo podemos mirar hacia delante", dijo el joven mientras caminaba hacia el parque donde el día posterior a la masacre tuvo lugar la vigilia en recuerdo a las víctimas.


Muchos alumnos, como en Nueva York, salieron pronto a las calles para mostrar pacíficamente su rechazo a la violencia por armas de fuego en los colegios y llamar al Congreso de EEUU a que actúe de manera decisiva para aprobar leyes que endurezcan el acceso a las armas.


En Washington, centenares de estudiantes se concentraron frente a la Casa Blanca y al Capitolio con pancartas y con gritos de "Basta es basta" ("Enough is enough") y "¿Cuántos más?".


Líderes demócratas salieron al encuentro de los jóvenes para conversar con ellos sobre sus reivindicaciones de un mayor control de armas.
Las voces airadas de muchos alumnos y líderes comunitarios culpan de la escalada de ataques armados en colegios a la inacción de los legisladores, más pendientes de "enviar mensajes de solidaridad y pesar por las víctimas" que por generar un cambio real con nuevas leyes, señaló su página web el grupo Women's March Empower, organizadora de la protesta.


Esta jornada histórica jalonada por las protestas de miles de estudiantes se sintetizaba en la demanda escrita en uno de los carteles que se agitaba en Parkland: "!Las oraciones y condolencias no son suficiente! Nuestros funcionarios del Gobierno necesitan actuar ya o renunciar a su puesto".


Una de las principales reclamaciones de numerosos estudiantes, padres, profesores y líderes comunitarios es la prohibición de la venta de armas de asalto como el fusil semiautomático AR-15 usado en la matanza por Cruz, exalumno de Marjory Stoneman Douglas.


Cruz, autor confeso de la matanza, afronta 17 cargos por intento de asesinato en primer grado y otros 17 por asesinato premeditado en primer grado, delitos que un gran jurado le imputó la semana pasada.

 

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Lunes, 26 Febrero 2018 06:46

¿Nunca más?

¿Nunca más?

“Sabía que nunca podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin primero hablar claramente sobre el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día: mi propio gobierno”, declaró Martin Luther King Jr en su famoso discurso contra la guerra de Vietnam en 1967, donde vinculó la injusticia y opresión dentro de este país a sus políticas bélicas e imperiales a nivel mundial.

Estados Unidos es un país extraordinariamente violento, el más violento de todo el primer mundo dentro de sus fronteras y, tal vez, si se cuentan las víctimas de su violencia afuera, el más violento del planeta. La violencia es parte integral de su historia, empezando con la campaña genocida contra los primeros habitantes de este país, la esclavitud y las guerras de todo tamaño (algunas con millones de muertos) contra decenas de naciones hasta la fecha. Este país es el único que ha empleado un arma de destrucción masiva. Más aún, su economía ha dependido en gran parte de la producción de armas, de guerras, de control civil; es el mayor subsidio público al sector privado.

Y la violencia institucional y oficial siempre ha sido bipartidista y justificada en nombre de la paz y para defender al país y a veces hasta para salvar al mundo. La violencia oficial dentro y fuera del país no es la excepción, es la regla.

La matanza en la preparatoria pública Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, el pasado Día de San Valentín ocurrió en un país inundado por más de 300 millones de armas de fuego que, cada año, cobran más de 32 mil vidas (y decenas de miles de heridos) y que desde 1968 a la fecha han matado a más estadunidenses que los que perecieron en todas sus guerras desde la fundación de este país. Pero esa violencia interna no se puede separar de la externa, de las guerras e intervenciones casi incesantes de este país a lo largo de su historia. El mensaje oficial es que la violencia es una respuesta legítima, justificable y necesaria. Y las armas, pues, sagradas.

Lo que más desea Trump hoy día es un desfile militar con muchos aviones sobrevolando y presidido por él, un comandante en jefe que evadió –como tantos hijos de ricos– el servicio militar durante la guerra en Vietnam. Y su solución para resolver la violencia de las armas de fuego es: más armas de fuego, inlcuida la de armar a los maestros.

Nunca Más es el nombre del nuevo movimiento lanzado por esos estudiantes de Florida que sobrevivieron la más reciente matanza, una respuesta feroz contra los políticos y la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) que son cómplices de la cultura violenta oficial de este país. Por ahora, estudiantes de prepa los están haciendo temblar como nunca.

Emma Gonzalez, de 18 años, sobreviviente, cuyo discurso en la primera manifestación después de los hechos mortíferos se volvió viral, hoy día tiene más seguidores de su cuenta de Twitter, @emma4change, que la @NRA, una de las organizaciones más poderosas de este país. Ella, junto con sus compañeros como Alfonso Calderon, Cameron Kasky, Jaclyn Corin y David Hogg, entre otros, lanzaron Nunca Más y en las primeras horas después de la tragedia convocaron a una marcha nacional para el 24 de marzo declarando que esta será la ultima masacre en una escuela. De repente encabezan lo que podría ser, si se logra sostener, un movimiento de una nueva generación que, en esencia, rehusa ser cómplice de la violencia. (http://videos.jornada.com.mx/video/ 35705386/nunca-mas-video-realizado-por-carlos-sobreviviente/ ).

El movimiento, cuyos objetivos son muy concretos –prohibir la venta de armas de guerra, verificar la salud mental de quien compre armas– está cuestionando con ello la esencia política de esta democracia. Queda claro, señalan, cuando en las encuestas más recientes, la gran mayoría del país favorece controles sobre la venta y uso de armas de fuego (en las dos más recientes: CNN: 70 por ciento en favor; USA Today, 63 por ciento), pero los políticos siguen frenando mayores controles al servir a la NRA.

Empresas nacionales, entendiendo el poder potencial de este movimiento, están huyendo de su relación con la NRA; la lista crece cada día: Delta, United, Hertz, Avis, Enterprise, Symantec, Chubb y First National Bank.

La NRA acusa a estas empresas de cobardía, y una de sus voceras nacionales se atrevió a declarar que los medios son culpables de manipular todo esto, ya que les encantan las matanzas porque elevan los ratings. David Simon, creador de The Wire y Treme, entre otras de las mejores series de televisión, y quien fue periodista del Baltimore Sun, le respondió: “como reportero cubrí más de mil muertes por armas de mano y me pasé un año completo siguiendo a detectives de homicidios de escenario en escenario. Cubrí un tiroteo masivo. ¿Me encantó? Fuck you, vocera estúpida, sin sentido, sociópata… para este infierno estadunidense”.

Michael Moore, cuyo documental Bowling for Columbine investigó el tema de la violencia armada en Estados Unidos a partir de otra matanza en una preparatoria, envió un tuit: La NRA es una organización terrorista, recordando: hemos tenido 1.2 millones de muertes de estadunidenses por armas desde que John Lennon fue baleado en Nueva York.

Pero lo que asusta más a las cúpulas es que estos jóvenes logren crear alianzas con otros movimientos, algo que ya está empezando a suceder. Camila Duarte, estudiante de preparatoria y líder de United We Dream (la mayor organización nacional de jóvenes inmigrantes) en Florida, declaró: como jóvenes de color e inmigrantes, hemos pasado por tanto odio, abuso emocional y violencia en el último año, desde la prohibición musulmana hasta el fin del DACA, pasando por recortes al presupuesto escolar, y anunció que los jóvenes inmigrantes de United We Dream “seguiremos el liderazgo de los estudiantes valientes de la preparatoria Marjory Stoneman Douglas (…) en la Marcha por Nuestras Vidas. Tomaremos las calles juntos porque creemos en un futuro en el cual todos puedan sentirse seguros en sus escuelas y en sus casas”. Se espera que otros jóvenes, de otros movimientos, también se sumarán.

Tal vez los estudiantes podrán enseñar a todos aquí cómo decir nunca más a los maestros de la violencia.

 

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Frank Ackerman y la economía para el peor escenario

La teoría económica neoclásica asume que los agentes económicos son racionales y están bien informados. Además, supone que en nuestro mundo los llamados eventos extremos casi no ocurren y, por tanto, pueden ser ignorados. Este supuesto es uno de los pecados originales de la teoría económica neoclásica, y va de la mano con la creencia de que la incertidumbre no existe.

Por eso decía John Maynard Keynes que los economistas se han asignado una tarea inútil que consiste en afirmar, en medio de una tormenta, que cuando concluya la tempestad el mar estará nuevamente en calma.

El economista Frank Ackerman acaba de publicar un importante libro cuyo título puede traducirse como Economía para el peor escenario (Londres: Anthem Press). El subtítulo de ese texto informa sobre su alcance: Eventos extremos en el clima y las finanzas. Y es que el punto de partida de Ackerman es el hecho de que los eventos extremos en los mercados financieros se han hecho cada vez más frecuentes, y en eso se parecen a los trastornos climáticos que hoy se repiten con mayor asiduidad e intensidad.

Para empezar, Ackerman nos recuerda que la teoría económica neoclásica está obsesionada por lo que acontece en el equilibrio o en su vecindad. Y en ese contexto uno de sus supuestos más importantes es que los eventos discretos que rodean el punto de equilibrio tienen una distribución normal (en forma de campana). Esencialmente, eso quiere decir que podemos ignorar la presencia de eventos extremos, que aquí definimos de manera poco rigurosa como aquellos acontecimientos que se encuentran lejos del promedio. En términos un poco más técnicos, se puede decir que los eventos que están a más de cuatro desviaciones estándar del promedio pueden ser ignorados tranquilamente.

Una de las virtudes de la exposición de Ackerman es que, mediante ejemplos sencillos, permite aclarar conceptos que son a la vez complejos y relevantes. Y los ejemplos le sobran para demostrar que esos eventos extremos son mucho más frecuentes de lo que la teoría tradicional nos quiere hacer creer. En efecto, las crisis financieras, los huracanes cada vez más poderosos y las ondas de calor más intensas tienen la peculiaridad de presentar su fea cara de manera recurrente, a diferencia de lo que el dogma de la distribución normal implica. Y para profundizar en el análisis, Ackerman propone un enfoque alternativo basado en la llamada ley potencial, según la cual la probabilidad de que ocurra cierto evento es inversamente proporcional a algún exponente o potencia de la magnitud del evento. Más allá de los detalles técnicos, la conclusión es que los eventos peligrosos son más frecuentes de lo que se piensa.

¿Por qué son más frecuentes los eventos extremos? Ackerman ofrece varias explicaciones. En materia de eventos climáticos, la respuesta está asociada al hecho de que la inestabilidad aumenta al acercarnos a ciertos umbrales críticos. Por ejemplo, la mayoría de los científicos considera que el umbral de un incremento de 1.5 grados centígrados en la temperatura global promedio ya fue rebasado y que a partir de ese punto los eventos extremos, como huracanes fuerza cinco en la escala Saffir-Simpson, serán cada vez más frecuentes.

En el ámbito de los mercados financieros, la inestabilidad se incrementa porque muchos títulos y activos (de papel) que son intercambiados carecen de un referente claro en la economía real. Su precio depende cada vez más de las expectativas de los agentes y es más vulnerable frente a eventos como el comportamiento de rebaño y las corridas irracionales. Además, Ackerman nos recuerda que la desregulación que se introdujo en los recientes decenios es una fuente adicional de inestabilidad y volatilidad. La crisis de 2008 es, desde luego, un ejemplo sobresaliente de la dificultad que experimenta la teoría convencional para dar cuenta de la presencia de eventos extremos. Y hoy los episodios de colapsos relámpago (flash crash) propiciados por las transacciones de alta velocidad y el empleo de algoritmos para (supuestamente) reducir riesgos están agravando la volatilidad. El resultado es que los eventos extremos se están haciendo cada vez más frecuentes.

¿Qué hacer frente a este escenario? Frank Ackerman aconseja abandonar el uso de herramientas tradicionales como el análisis costo-beneficio, que supone asignar un precio a todo lo que tiene valor, además de asumir que podemos lidiar con la incertidumbre suponiendo simplemente que el futuro será como el pasado. Al final del día, lo que se necesita es asumir una postura más cercana (aunque no idéntica) al principio de precaución. En realidad no existen los datos rigurosos para medir la probabilidad de que surja un evento extremo. Pero como sus efectos son tan devastadores, nadie debe ignorarlos. La conclusión es que estos eventos y sus consecuencias están regidos por mecanismos que no tienen nada que ver con una supuesta eficiencia de los mercados y su mítica capacidad de ajuste automático. Para reflexionar sobre todo esto, la lectura del libro de Ackerman es indispensable.

Twitter: @anadaloficial

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Viernes, 19 Enero 2018 06:26

Ejércitos fantasma

CC0 / Pixabay

 

Se está librando una guerra invisible, pero real, a lo largo del continente africano. Involucra a Estados Unidos, a una Rusia con nuevo ímpetu y a una China en ascenso. Y es probable que su desenlace defina el futuro del continente y sus perspectivas globales.

Es fácil echarle la culpa al presidente estadounidense, Donald Trump, a su errática agenda política y sus impulsivas declaraciones. Pero lo cierto es que la actual expansión militar estadounidense en África es tan sólo otro paso más en el sentido equivocado, y parte de una estrategia que fue implementada hace una década, durante el gobierno del ex presidente George W Bush, y activamente continuada por Barack Obama.

En 2007, con el pretexto de la “guerra contra el terror”, Estados Unidos consolidó sus diversas operaciones militares en África para establecer el Comando Estadounidense de África (Africom). Con un presupuesto inicial de 500 millones de dólares, el Africom fue lanzado supuestamente para intervenir en países africanos a través de la diplomacia y la ayuda económica. Pero en los últimos diez años se transformó en un comando central para incursiones y acciones militares.

Durante el primer año de presidencia de Trump ese cometido violento se agravó. De hecho, en África se desarrolla una guerra estadounidense oculta que es librada en nombre del “antiterrorismo”.

Según una investigación especial de Vice News, tropas estadounidenses ejecutan 3.500 operaciones militares por año en toda África, un promedio de diez por día. Los medios hegemónicos en Estados Unidos rara vez mencionan esta guerra, dejándoles así un amplio margen a las fuerzas armadas para desestabilizar a su gusto cualquiera de los 54 países del continente.

“El actual número de 3.500 (operaciones) representa un impresionante aumento de 1.900 por ciento desde que fue activado el comando, hace menos de una década, e indica que ha habido una gran expansión de las actividades militares de Estados Unidos en el continente africano”, reportó Vice.

Tras la muerte de cuatro soldados de las fuerzas especiales estadounidenses en Níger, el 4 de octubre, el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, hizo una declaración a una comisión del Senado que no auguraba nada bueno: Estados Unidos está multiplicando sus actividades militares en África.

Mattis –al igual que otros funcionarios del Departamento de Defensa de los anteriores dos gobiernos– justifica las transgresiones militares estadounidenses como parte de esfuerzos “antiterroristas”. Pero esta alusión críptica ya le ha servido de pretexto a Estados Unidos para intervenir y explotar esta enorme región con gran potencial económico.

El viejo y colonial “reparto de África” está siendo reinventado por potencias globales que aprecian cabalmente las dimensiones de la tremenda riqueza sin explotar que hay en el continente. Mientras que China, India y Rusia desarrollan cada una su propia manera de cortejar a África, Estados Unidos ha optado principalmente por la opción militar, que necesariamente causará un daño incalculable y desestabilizará a varias naciones.

El golpe en Mali, en 2012, llevado a cabo por el capitán del ejército Amadou Haya Sanogo, entrenado por Estados Unidos, es tan sólo un ejemplo de ello.

En un discurso en 2013, la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, advirtió contra un “nuevo colonialismo en África (a través del cual es) fácil llegar, extraer recursos naturales, coimear a los líderes y marcharse”. Aunque desde luego Clinton tiene razón, su comentario poco honesto lo hizo en referencia a China, no a su propio país.

La creciente influencia de China en África es obvia, y sus prácticas pueden ser injustas. No obstante, la política china desplegada en ese continente es mucho más cortés y está basada en el comercio, mientras que la estadounidense se apoya en lo militar.

El comercio sino-africano está creciendo a un “ritmo impresionante”, según reportó la Onu en 2013: aumentó de alrededor de 10.500 millones de dólares por año en 2000 a 166.000 millones en 2011. Y desde entonces ha seguido incrementándose sin pausa.

Pero ese crecimiento ha estado acompañado de muchas iniciativas que resultaron en muchos miles de millones de dólares de créditos chinos a países africanos para proyectos de desarrollo de infraestructura elementales. Más dinero aun fue destinado a financiar el Programa de Talentos Africanos, mediante el cual 30 mil profesionales africanos son formados en varios sectores.

No debería sorprender a nadie, entonces, que China haya remplazado en 2009 a Estados Unidos como el principal socio comercial de África.

Sin embargo, el verdadero colonialismo –ese al que se refería Clinton en su discurso– se manifiesta en las acciones y en la percepción que tiene Estados Unidos respecto del continente africano.

Esta afirmación no es una hipérbole, simplemente refleja las palabras de Trump. Durante un almuerzo con nueve líderes africanos, en setiembre pasado, en la Onu, el presidente mostró el tipo de mentalidad que durante siglos inspiró la mirada sobre África de los líderes coloniales occidentales. Después de inventar el inexistente país de “Nabia”, se jactó de sus “tantos amigos (que) van a sus países (africanos) para intentar enriquecerse”. “Los felicito –añadió–, ellos están gastando mucho dinero.”

Al mes siguiente Trump agregó a Chad, su leal socio en la lucha “antiterrorista”, a su lista de países [N de E: de mayoría musulmana] cuyos ciudadanos tienen prohibido ingresar a Estados Unidos.

Dado que África cuenta con 22 países de mayoría musulmana, Estados Unidos está renunciando a cualquier perspectiva diplomática de largo plazo en ese continente, para enfrascarse en cambio cada vez más en la vía militar.

Este avance militar estadounidense ni siquiera parece ser parte de una política integral. Es tan alarmante como errático, y refleja el hecho de que Estados Unidos constantemente y de manera excesiva opta por soluciones militares para todo tipo de problemas, incluyendo las rivalidades comerciales y políticas.

Vale la pena comparar este encare de África con el ruso. Tras reencender su vieja amistad con el continente, Rusia ha seguido la estrategia china de relacionamiento (en este caso se trata de una reanudación), mediante iniciativas para el desarrollo y condiciones comerciales favorables. Pero, a diferencia de China, Rusia tiene una agenda muy amplia que incluye la exportación de armas, que están remplazando el armamento estadounidense en diversas partes del continente. Para Moscú, África también es un socio político con un tremendo potencial desaprovechado que puede darle más peso en la Onu.

Conscientes de esta evidente competencia global, algunos líderes africanos están trabajando para encontrar nuevos aliados fuera de las estructuras occidentales tradicionales, que han dominado gran parte de África desde el fin del colonialismo tradicional, hace décadas.

Un ejemplo destacable de ello fue la visita a Rusia del presidente de Sudán, Omar al Bashir, a fines de noviembre pasado, y su reunión con el presidente Vladimir Putin. “Hemos soñado con esta visita durante mucho tiempo”, le dijo Al Bashir a Putin: “precisamos protección contra las acciones agresivas de Estados Unidos”, agregó. Parte de esa codiciada “protección” es la promesa rusa de contribuir a modernizar el ejército sudanés.

Preocupado por el alcance ruso en África, Estados Unidos responde militarmente y con poca diplomacia. La miniguerra que Estados Unidos está librando allí hundirá aun más al continente africano en un abismo de violencia y corrupción, que tal vez le sirva a Washington, pero que sumirá a millones de personas en una incalculable miseria.

Sin duda, África ya no es un “terreno” que Occidente pueda explotar a su gusto de manera exclusiva. Pero pasarán muchos años antes de que el continente y sus 54 naciones sean verdaderamente libres de la mentalidad neocolonial obstinada que se basa en el racismo, la explotación económica y las intervenciones militares.

 

(El título original de esta columna traducida del inglés es “Shadow Armies: The Unseen, But Real US War in Africa”)

 

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MK Ultra: la manipulación psicológica de la CIA

 

La temporada de series en Netflix ha traído algunas sorpresas, una de ellas es Manhunt: Unabomber (2017), donde se retrata la frenética búsqueda durante 17 años de Theodore Kaczynski, un genio precoz de las matemáticas que estudió en Harvard, quien envió 16 cartas bomba a universidades, líneas aéreas, científicos y empresas, con un resultado de tres víctimas fatales, heridos y daños materiales.

Unabomber se convirtió en uno de los terroristas más buscados en los Estados Unidos y este es el punto central de la serie: la búsqueda y caza por los equipos especiales del FBI. Unabomber solicitó que se publicara su manifiesto, “La sociedad industrial y su futuro” (1995), en los diarios New York Times y el Whashigton Post, con la promesa de no realizar más atentados. La edición del escrito tuvo una consecuencia: permitió que su propio hermano lo denunciara a las autoridades al encontrar expresiones y giros lingüísticos tan singulares que lo delataron, al menos dentro de su círculo íntimo. La historia ha tenido ribetes tan dramáticos como fascinantes, y tanto Paul Auster (Leviatán) como Ricardo Piglia (El camino de Ida) han escrito novelas con puntos de partida en esta historia. Piglia fue un poco más allá y descubrió que el Unabomber leyó a Conrad, particularmente el texto, El agente secreto (1907), donde un atentado con una bomba es planificado para dañar al “fetiche sacrosanto” que representa la ciencia. Un objetivo externo de las frecuentes pasiones humanas, un escenario perfecto para lograr ser escuchado. Esta fue la línea que siguió el Unabomber por más de 15 años, atentar contra lo que él denominaba el mal mayor: la tecnología y sus representantes. Un buen ejemplo de cómo la literatura no solo retrata la realidad, sino que puede crearla y con consecuencias imprevisibles.

Más allá del caso policial y la cinematográfica persecución, un detalle de la biografía de Kaczynski no debe ser pasado por alto. Siendo alumno precoz de Harvard, a los 16 años participó en una experiencia de manipulación psicológica conocida como MK Ultra. Éste era un programa secreto e ilegal de la CIA que se creó en el año 1953, su primer director fue Sidney Gottlieb y consistía en una serie de maniobras farmacológicas, físicas y psicológicas para producir control mental, quebrar la personalidad y poner a prueba la resistencia psicológica frente a tormentos. Básicamente, como señala Naomi Klein en su libro La doctrina del Shock (2007), el programa se propuso diseñar un sistema con base científica para la extracción de información de “fuentes resistentes”.

Decenas de miles de civiles fueron sujetos de experimentación en universidades, hospitales y cárceles. Kaczynski participó en estos experimentos en Harvard, que fueron supervisados por equipos de psicólogos y psiquiatras. Uno de los psiquiatras responsables del programa, Donald Cameron, a través de sus experimentos brindó las bases para la confección del manual de tortura psicológica de la CIA. No era un científico loco precisamente, de hecho en el período 1952-53 se convirtió en el primer presidente de la Asociación de Psiquiatría Americana. En el programa MK Ultra se utilizaron drogas como el LSD, PCP y técnicas de dominio psicológico como la privación sensorial, aislamiento e hipnosis.

El programa MK Ultra nos lleva a la segunda producción de Netflix, llamada Wormwood, una sorprendente miniserie documental de Errol Morris (ver artículo en PáginaI12 de Horacio Bernades). La serie, de un gran valor visual, histórico y narrativo, es una mezcla de escenas dramatizadas y entrevistas reales al hijo de un científico estadounidense llamado Frank Olson, que murió el 28 de noviembre de 1953, poco tiempo después de haber sido drogado sin su consentimiento con LSD, en uno de los ya citados experimentos de la CIA. Atravesó la ventana de la habitación 1018 en el piso 13 del Hotel Statler, en Nueva York. Por más de dos décadas, la familia tuvo una versión oficial de suicidio, pero luego de años de protestas y denuncias a la prensa y en sedes judiciales, un informe de la comisión Rockefeller en 1975 en el Senado reveló que el suicidio podría haber sido provocado por una respuesta inesperada a las drogas que recibió en el experimento, y fue denominado “suicidio experimental”. Esta versión tampoco conformó al hijo de Olson, Eric, quien halló documentos que evidenciaban que su padre, que trabajaba en Fort Detrick (un laboratorio destinado a la guerra biológica), no estaba conforme con el trabajo que allí se hacía: no aprobaba las pruebas que se estaban haciendo con armas biológicas en la guerra de Corea. Frank Olson empezó a ser un estorbo a sus superiores, en épocas de macartismo, con poco lugar para conciencias dubitativas. Tal circunstancia empeoró cuando lo obligaron a participar, sin saberlo, de un experimento con drogas psicoactivas, que se conoció como la sesión del lago Deep Creek. En 1994, la familia logró exhumar el cuerpo de Olson y la figura del suicidio quedó aún más lejos como posibilidad y cobró finalmente fuerza la idea del asesinato. La ejecución de una persona con demasiada información es la hipótesis que sostiene la familia y que es avalada por distintas investigaciones periodísticas como la del premio Pulitzer Seymour Hersh. Incluso el hijo de Olson encontró un manual de la CIA para asesinatos, en donde sugiere que la forma más eficaz y fácil de disimular un asesinato es arrojar a la persona por la ventana (a una altura superior de 25 metros) y simular un suicidio. Para la Justicia norteamericana, si bien hay consenso que no se trató de un accidente o suicidio, no se encontró suficiente evidencia para acusar a nadie. Los experimentos de la CIA en la población civil de su país cobraron conocimiento público con la desclasificación de archivos en 1977 y más recientemente en 2001. El extraordinario documental Wormwood deja en claro que aún quedan por resolver muchos aspectos que el poder ha sabido callar y ocultar.

Las técnicas de manipulación psicológica no se detuvieron en las prácticas setentistas de la CIA, se han perfeccionado a niveles más sutiles, están vigentes en nuestras vidas, en la forma en la que consumimos, nos informamos, deseamos, y hasta votamos. Para estar atentos.

 

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