Miércoles, 24 Octubre 2018 16:42

Prisión Fantasía

Prisión Fantasía

A pesar de algunos relatos forzados, innecesarios y ‘alargados’ (en el sentido garciamarquiano), The Orange Is The New Black, en su sexta temporada, logra mantener atento al espectador gracias a sus historias dramáticas e irónicas, a sus personajes dotados de gran vitalidad y a su perfecta habilidad de dar “golpes” inesperados (en el sentido cortaciano) hasta dejarnos noqueados.

 

Quien resiste los engorrosos primeros capítulos, como quien cruza por el desierto, encontrará al final la Tierra Prometida, una que, sin duda, mana leche y miel. Sin convertirse en un documento panfletario, la serie denuncia el racismo estructural y las siniestras y deshumanizadas implicaciones de haber privatizado el sistema penitenciario en Estados Unidos. Muestra, al interior de las cárceles, la conflictiva vida cotidiana y sus dinámicas de poder y supervivencia y nos adentra al mundo íntimo, complejo e imposible de juzgar de sus fascinantes personajes.

 

Un juicio con muchos problemas

 

Luego del indignante asesinato de Poussey Washington (Samira Wiley), quien fue asfixiada por un joven guardia sin el perfil para tratar con las reclusas, y el posterior motín desatado por este hecho, reprimido por la fuerza policial antidisturbios, la trama pasa a las sentencias de las reclusas no sólo por haber liderado el motín sino por la muerte del oficial Desmond Piscatella (Brad William Henke), un hombre que, momentos antes de ser asesinado, había secuestrado y torturado a las reclusas. Aquí es donde los guionistas se suben las mangas y comienzan a lanzarles críticas a la justicia penitenciaria.

 

En una escena reveladora se muestra una pared con la palabra “murder” (asesinato) a la izquierda, a la derecha, Riot Leaders. Debajo: las fotos de Dayana Días, Cindy Hayes, Frieda, Mendoza, Flores, Nichols, María Ruiz, Pipper, Roja y Tacha. Tres oficiales tienen la difícil tarea de investigar quiénes fueron las líderes del motín y quiénes están implicadas en el asesinato. Más difícil aun cuando el Gobernador les reduce el tiempo para concluir la investigación dado que están sufriendo una crisis en “relaciones públicas”.

 

Las familias de los policías muertos quieren acusadas y la agencia de Priones necesita a cinco por cargos graves. Sin embargo, el oficial encargado tiene una solución. “Hoy acabaremos con la declaración de Dayanara Días, y de este grupo sacaremos una cadena perpetua por asesinato, y tres condenas de diez años mínimo para las líderes”. Pero aún así es mucho esfuerzo; “hagamos esto más fácil” dice y toma la foto de Tacha –mujer negra y defensora de los derechos de las reclusas– y la pega en cadena perpetua; una oficial le dice que ninguna reclusa acusa a Tacha, pero el encargado la calla diciéndole que no importa, “es la cara que la gente vio en los videos”. Pero para que no se note la injusticia y la arbitrariedad, concluye: “elijamos de todos los colores”. 

 

Así, Tacha Jefferson pasa a ser el chivo expiatorio, la cara negra que hace comprensible el asesinato del oficial. Ella lo sabe y da la pelea. Ante el jurado acepta los cargos por el motín, pero niega responsabilidad por el asesinato. No está sola. A su lado está una organización por los derechos de las reclusas negras y, pieza importante de este puzle, Joe Caputo, exalcalde de mínima seguridad en Lichfield, quien representa el papel del que quiere hacer el bien por las reclusas, pero siempre se ve impedido por el sistema corporativo. Caputo, a la vez que investiga por su cuenta quién es el verdadero responsable por la muerte de Piscatella, idea una estrategia para desviar la atención de la opinión pública sobre Tacha, gracias a su pareja Nataly, mujer ambiciosa y ahora nueva alcalde de mínima seguridad. Contacta a las reclusas a las que les han vulnerado sus derechos y les propone que demanden. Es el caso de Sophia Burset, travesti, quien durante seis meses dejó de recibir su tratamiento hormonal. Al mismo tiempo, Tacha ofrece entrevistas a medios que ejercen el periodismo de investigación. Pero comete un error. En su necesidad de denunciar lo que se vive en la cárcel, miente al decir que los oficiales de máxima seguridad la maltratan.

 

Entre tanto, como es de esperar, Gerencia y Correccionales mueve sus hilos para impedir que continúe la crisis de “relaciones públicas”. Su primera estrategia es cambiar de nombre: PolyCon se llamarán ahora. Luego, en otra muestra de originalidad, hacen un documental en el que las reclusas hablan de la buena administración de GC. “A PolyCon no le interesan las personas”, se confunde Suzanne (Uzo Aduba), uno de los personajes más impactantes, quien debía decir “no sólo le importan las personas”. Por último, comprar conciencias. Linda, presidenta de PolyCon y examante de Caputo, le ofrece 300 mil dólares y la salida anticipada a Sophia Burset. En este punto, entre otros, es donde se ve la buena mano de los escritores. Tras aceptar el dinero y la salida, el espectador sensato no puede juzgar a Sophia. ¿Cómo se dejó sobornar? ¿No importa más la lucha por los derechos de las mujeres travesti? “La única responsabilidad que tengo es con mi esposa e hijo. Este dinero podría mantenerlos como yo debí hacerlo todos estos años. Mi hijo irá a la universidad, así no terminará aquí como yo”. No es sólo el interés personal lo que guía su conducta. En eso se basa la imposibilidad de juzgarla. Está pensando no en sí misma sino en su hijo.

 

Nancy y la ley del sobreviviente

 

A quien no le gusta que le revelen los finales puede dejar de leer en este instante. Sin embargo, es necesario decirlo para que se comprenda a cabalidad la magnitud del problema. Tacha Jefferson es declarada culpable. ¿Cometió el asesinato? No. Y eso lo sabía Nancy Hayes (Adrienne C. Mooe), mujer negra de cuerpo grande y conocedora de todos los raperos importantes. Ella era la única que podía salvarla. Nancy, junto con Suzanne, presenciaron cuando la policía antimotines, luego de asesinar por error a Piscatella, puso su cuerpo en la piscina donde estaba el grupo de reclusas, entre ellas Tacha, y hacen parecer que ellas fueron quienes lo asesinaron disparándole un tiro en la frente. ¿Por qué Nancy no dijo nada? “Estuve rodeada de policías despreciables toda mi vida. Sé lo que hacen a personas como yo cuando hablamos”, responde ella.

 

Prisión Fantasía

 

Copelad y Álvarez, dos guardias de la prisión, encuentran tiradas en el piso a dos mujeres. Una, boca arriba, se desangra por la garganta. La otra, bocabajo, tiene clavada en la espalda un cuchillo improvisado. “Son puntos dobles por la asesinada y la asesina”, dice Álvarez, un hombre blanco de padres latinos al que se puede odiar con facilidad. “Ganaste Prisión Fantasía”, continúa. Copelad, mujer de cara roja rellena que disfruta de los libros de autoayuda, se congratula de su victoria ante Álvarez. “En tu cara”, le dice. Esta es la prueba máxima de la deshumanización de los guardias de prisión hacia las reclusas. Para ellos, las mujeres no son personas. “Si comienzas a ver a esos animales así, estás jodida”, le dice uno de los guardias a una colega.

 

“Prisión Fantasía” en un juego inventado por los guardias de máxima prisión. Consiste en seleccionar a reclusas y ganar puntos por lo que ellas hagan. Suman si sus reclusas tienen sexo, se pelean, suicidan o vomitan. Para ganar los puntos debe haber un tercero presenciando el comportamiento. Gana, claro, quien más tenga. Las conductas están clasificadas por un número de puntos: suicidio, 20, fuga, 40, vómito 1, así con todos. Aquí es donde comienza la historia. Para ganar, los guardias son quienes incitan y promueven la violencia entre las mujeres. En un momento, desesperada por el ambiente pacífico entre las reclusas, Copelad le dice a Chapman que le devolverá la parte del diente roto que encontró en el pasillo si ella le pegaba a María Ruiz.

 

El juego macabro no es sólo una forma de diversión producto de la deshumanización, es ante todo de carácter político. Hastiada del juego, McCullough (Emily Tarver), una guardia blanca que padece estrés post traumático por el motín, confronta a Hopper, el jefe de los guardias, y le dice que no tiene sentido el juego, que es horrible. Hopper le pregunta desafiante: “¿alguna vez oíste de un motín en máxima seguridad? ¿qué hayan atacado a un guardia? ¿recuerdas un incidente grande? Por eso hacemos Prisión Fantasía, para que se golpeen entre ellas. Porque cuando hacen eso, no nos miran a nosotros”. El que se peleen entre ellas no sólo evita que pongan el foco en los guardias y las injusticias y abusos que cometen. Evita, ante todo, que miren a Gerencia y Correccionales, que se organicen y peleen juntas por sus derechos en contra de la compañía que ahora busca meter a cuatro prisioneras en una celda hecha para una persona o dejar que la prisión sea sólo para penas largas, con ello el nivel de rentabilidad económica es más alto. Así, Prisión Fantasía es una metáfora de esos juegos, discursos, que el poder diseña para que, como ciudadanos, trabajadores, desempleados, no cuestionemos al poder.

 

Las hermanas y la guerra entre bloques

 

De forma magistral, la serie se esfuerza en resaltar una y otra vez las estrategias del poder para perpetuarse. En este caso, la estrategia que utilizan las hermanas Denning le es muy familiar al espectador colombiano. Bárbara y Carol, las hermanas, llegaron a la cárcel por asesinar a su hermana menor, de quien sentían envidia por concentrar la atención de sus padres. Unidas en la muerte, separadas en la vida, las hermanas entran en conflicto el primer día que pasan en prisión. La causa: los créditos por una historia graciosa que cada una acredita como suya. Sí, por eso. Como el conflicto se hizo tan violento, separaron a cada hermana en un bloque distinto. Carol, bloque C, Bárbara, bloque B. El bloque E está asignado para la tercera edad y las travestis, por eso se considera una región neutral. Así se conformó la guerra entre el bloque C y el D. Cada una de las hermanas buscaban conformar un ejército de reclusas en contra del bloque enemigo. Para convencerlas de unírseles, no bastaba con decirles que una le robó la historia a la otra. Era necesario construir el miedo. Hacerles creer que el bloque contrario quería hacerles daño, que si no hacían algo las iban a lastimar. El discurso funcionó. Las subordinadas se apropiaron de éste y lo vivieron como propio. Además, aspecto fundamental, su poder también se basó en el control del comercio de drogas, productos de todo tipo y los trabajos legales de la cárcel, claro, siempre aliadas con los guardias.

 

En un momento en el que el nivel de tensión llega a su clímax, Bárbara acusaba a Carol de intentarla asesinar con veneno y Carol de que su hermana le quitara los trabajos buenos, cada una se prepara para la guerra. Reclutan soldadas y construyen armas. Aprovecharía el día en que volverían a jugar KIckball, un deporte legendario en la prisión, para ejecutar el ataque. Era necesario, había que vengarse. El día llegó. Los equipos estaban conformados y ya sabían en qué momento se atacarían. Sin embargo, al salir al campo, las dos hermanas se esconden juntas en el cuarto de aseo. Confiesan su verdadero plan: hacer que las mujeres se maten entre sí para así poder ellas infiltrase en el bloque E para matar a Frieda, quien les hizo aumentar décadas a su condena.

 

¿Resulta familiar? Debería. Fernando Guillén Martínez, en El poder político en Colombia, expone cómo líderes liberales y conservadores pasaban de uno a otro bando, dependiendo de la posición de poder que ocuparan. Así, si un líder hacendado conservador quedaba derrotado por otro conservador hacendado, se pasaba a las líneas liberales y desde ahí movilizaba al pueblo para ir en contra de los sotaneros rezanderos. Con la misma lógica, en la actualidad, uribistas insultan a santistas creyendo que sus líderes son radicalmente diferentes.

 

El final de la serie es uno de los más bellos que puedan existir. Profundamente simbólico y con una clara intencionalidad política. Traicionadas por sus soldadas, quienes decidieron dirimir sus diferencias con el Kickball, en el cuarto de baño las hermanas se atacan luego de volver a discutir por los créditos de la anécdota. La una le abre el cuello a la otra al tiempo que recibe una puñalada en la espalda. El poder se acaba así mismo. Y la anécdota en realidad le sucedió a un tercero, a una compañera de trabajo. No hace falta describirla. La misma serie nos muestra la banalidad de las razones del conflicto.

Publicado enEdición Nº251
"Debemos acercar al diálogo a un importante sector estudiantil"

El canciller de Ecuador, Ricardo Patiño, es moderadamente optimista ante los tímidos avances logrados esta semana entre el Gobierno de Venezuela y los sectores de la oposición que se han sumado al proceso de diálogo auspiciado por Unasur y el Vaticano. Patiño y sus homólogos brasileño y colombiana, Luiz Alberto Figueiredo y María Ángela Holguín, se implicaron en una intensa campaña diplomática para vencer las reticencias de embarcarse en unas negociaciones inmersas en la desconfianza y cuyo futuro es, todavía, muy incierto. "A pesar de que las posiciones siguen siendo distantes, comienza a crearse un clima de entendimiento, lo cual es un bien síntoma para Venezuela y para toda la región", reconoce Patiño a través de varias respuestas remitidas por correo electrónico a EL PAÍS.


El rechazo de los principales promotores de las manifestaciones en la calle, como los líderes políticos María Corina Machado o Leopoldo López, encarcelado, o el movimiento estudiantil -cuyas reivindicaciones detonaron las protestas que ya han cumplido dos meses- es uno de los principales obstáculos que amenazan el éxito de las discusiones, un reto del que el responsable de Exteriores ecuatoriano es muy consciente. "El desafío actual para Unasur, pero también para las partes involucradas en el diálogo, es encontrar los mecanismos más idóneos para incorporar a otros actores que tengan interés en participar en el restablecimiento de la paz en Venezuela y corresponsabilizarse en la construcción de soluciones a los problemas que aquejan al país actualmente", señala Patiño.


El canciller ecuatoriano destaca que la segunda sesión de la ronda de negociaciones entre el Gobierno que preside Nicolás Maduro y una parte importante de la Mesa de la Unidad Democrática ha demostrado que "ha comenzado a superarse la desconfianza que estaba particularmente lesionada por la polarización que había alcanzado el conflicto".


En ese intento por atraer a más voces de la oposición a la mesa de diálogo, Patiño señala directamente a los estudiantes, quienes no han desistido de abandonar la calle. "Debemos acercar a otros sectores que, con honestidad, quieran encontrar soluciones para Venezuela en el marco de la Constitución y, en este caso, podría estar un importante sector estudiantil", afirma. Los representantes del movimiento de estudiantes anunciaron el pasado miércoles, nada más conocerse los tres principios de acuerdo alcanzados entre el Gobierno y la MUD, que sus condiciones para sentarse a dialogar con Maduro pasaban ineludiblemente por una invitación fique exista una invitación formal del Ejecutivo, que la reunión sea transmitida de manera pública y que sea la Iglesia católica el garante del encuentro. El canciller de Ecuador, no obstante, minimiza la influencia que ahora mismo puedan tener las marchas de estudiantes. "En estos momentos han perdido intensidad, son claramente esporádicas y van acompañadas de un creciente grado de concienciación sobre la validez de las mesas de diálogo a las que ha convocado el presidente Maduro desde hace ya varios meses".


Sin nombrarlos directamente, Patiño señala al ala de la oposición liderada por Machado y López, que exige como objetivo ineludible para cualquier negociación la salida del poder de Maduro, como "grupos a los que no les interesa el diálogo para alcanzar la paz y llegar a acuerdos para un pacto nacional sobre los diferentes temas". El ministro ecuatoriano recalca también que, en todo este proceso, "la campaña mediática internacional que ha distorsionado la realidad que se vive en Venezuela y que tiene como una de sus consecuencias la exacerbación de las tensiones y la pérdida de confianza entre actores", es uno de los principales factores que "conspiran" contra su éxito.


Más allá de los elementos externos, Patiño sostiene que, ahora, lo esencial es trabajar para "definir los términos y las condiciones de los posibles acuerdos para su puesta en marcha". Para él, el futuro de este proceso pasa por lograr definir la Comisión de la Verdad, encargada de investigar la violencia en la que se ha sumergido Venezuela en estos últimos dos meses y estipular otros puntos de partida similares que "conciernen a la Comisión Económica y la de Derechos Humanos".


Patiño defiende también la importancia de la implicación de Unasur en este proceso para tratar de acercar posturas frente a quienes sostienen que debería ser OEA –como trató de exigir la propia Machado en una sesión de su Consejo Permanente en Washington- el organismo regional interlocutor. "Unasur ha demostrado ser ágil y efectiva en su funcionamiento y ha buscado canalizar y viabilizar las voluntades políticas reconocidas en la región antes que los aparatos burocráticos", afirma. "La Cláusula democrática ha sido todo un ejemplo de cómo esas voluntades pueden confluir en unas medidas comunes para forzar el entendimiento democrático y pacífico en la región [...] Sus mecanismos han servido en la práctica en las tareas de desactivación de recientes intentos desestabilizadores como los de Bolivia (2008) y Ecuador (2010).

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Jueves, 20 Marzo 2014 06:02

Los ricos destruirán la civilización

Los ricos destruirán la civilización

Con el título de A Minimal Model for Human and Nature Interaction, un grupo de matemáticos de la NASA publicó hace poco más de un año un interesante artículo en el que pronosticaban el final de nuestra civilización en pocas décadas. El artículo ha causado sensación en diversos medios, por el prestigio de los firmantes, algunos de ellos, como Safa Motesharrei de la universidad de Maryland, conocido por sus estudios interdisciplinares que relacionan sistemas de población humana con modelos globales terrestres. Sus conclusiones son escalofriantes, si sus modelos matemáticos no fallan, en pocas décadas nuestra civilización podría colapsar.


El modelo presentado tiene solo cuatro ecuaciones que describen la evolución de las elites, del resto de la población, de la naturaleza y de la acumulación de riqueza. Estas variables se han aplicado a distintas civilizaciones históricas, como a los pueblos minoicos y micénicos, las civilizaciones del próximo oriente, los griegos, los romanos, mayas o aztecas. El estudio demuestra como las civilizaciones avanzadas, sofisticadas, creativas y complejas son a la vez frágiles y destructibles. Los autores concluyen que en la mayoría de casos concurren dos circunstancias que acompañan al fin de una civilización, una referente a la explotación desmesurada de los recursos naturales a unos niveles superiores a la capacidad de renovación de los ecosistemas, la otra a la división social entre elites y masa, y la exagerada acumulación de la riqueza en unos pocos.


El modelo HANDY (Human And Nature Dynamical Model) que han creado para estudiar la relación entre civilización y medio es asimilable al modelo matemático que define la relación entre depredador y presa, siendo la presa el medio natural donde obtenemos los recursos y el depredador la población humana, pero también es aplicable a la relación entre las elites y las masas. Los autores auguran un colapso en pocas décadas de nuestra civilización, por la interrelación entre la explotación del medio y la desproporcionada concentración de riqueza en las elites. Y, curiosamente, no auguran una revolución, el colapso llega según los modelos matemáticos por la inacción. La situación podría salvarse si las elites fueran capaces de introducir los cambios necesarios para ajustar el sistema, pero les puede la codicia. La codicia inmoviliza a la clase dirigente, y el hundimiento de la civilización actual llega forzada por el inmovilismo, por la falta de adaptación. Los ricos acabarán con su propia gallina de los huevos de oro, por ceguera y codicia. En los modelos estudiados, las elites no pueden modular ni frenar su crecimiento, va contra su propia razón de ser. La falta de adaptación a los cambios medioambientales es la causa principal de la desaparición de una especie, en el caso de una civilización, su falta de adaptabilidad será su sentencia de muerte. El colapso, lo provocarán los ricos, pero no nos engañemos, nos perjudicará a todos.

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Encuesta Decenal de Cultura: ¿Mockus otra vez?

Corpovisionarios presentó el pasado 24 de septiembre en el Auditorio Mario Laserna de la Universidad de los Andes, los resultados de una Encuesta Decenal de Cultura (2003-2013), que logró resonancia mediática. ¿Qué dice el estudio frente al comportamiento de la ciudadanía?, ¿Qué silencios guarda ante el fenómeno urbano sobre los sujetos? Al presentar la encuesta, ¿No se tratará más bien del retorno de Antanas Mockus para incidir en el juego electoral?

 

La encuesta, compuesta por 54 preguntas, distribuidas en seis bloques, explora opiniones, percepciones, actitudes, hábitos y reacciones sobre distintos aspectos de la vida cotidiana de Bogotá.

 

El estudio surge de un mandato del Concejo Distrital, que reclama que la inversión de recursos en cultura ciudadana exige contar con instrumentos que permitan evaluar su impacto. Una tarea que Corpovisonarios, como centro de pensamiento y acción con el propósito de lograr cambios voluntarios en los comportamientos colectivos, ha tomado como propia. Como se conoce, al frente de esta Organización No Gubernamental (ONG), figura como presidente y máximo líder Antanas Mockus.

 

En el evento Mockus, al referirse al estudio afirmó: "Estamos transitando de una propuesta ética a una egoísta". Su propuesta política es recuperar la confianza en las instituciones como bandera fundamental, dado que la desconfianza en lo público como institución aumenta la ilegalidad. Para lograr un buen comportamiento de la ciudadanía, propone lograr acuerdos de calidad. Así, la seguridad en la ciudad se obtiene en la medida que la ciudadanía respete y acepte el orden establecido. En el fondo es una apuesta por la solidificación de procesos de institucionalización.

 

El estudio se basó en la Escala Likert, también conocida como "Método de evaluaciones sumarias", que consiste básicamente en valorar el acuerdo o desacuerdo frente a una declaración. Como se puede deducir, un estudio nada innovador, basado en lo desarrollado por Rensis Likert en 1932, un teórico organizacional que se enfocó en aspectos de la gestión corporativa. Desarrollos más contemporáneos se encuentran en el análisis factorial o en el análisis multivariado, para condensar núcleos de representación colectiva.

 

La presentación propiamente dicha estuvo a cargo de Henry Murraín, director de proyectos de Corpovisionarios y mano derecha de Mockus. Como fiel pupilo, además de seguir el discurso de su tutor, aprovechó el evento para elogiar la gestión de las dos alcaldías de Mockus, "los niveles de convivencia no han vuelto a ser los mismos desde que se descuidó el enfoque". Pero ¿cuál es la novedad en el estudio sobre la convivencia en la ciudad?

 

Seguridad, convivencia y violencia intrafamiliar

 

En la encuesta se exploran, entre otros aspectos, realidades como las del atraco, los homicidios y las situaciones conflictivas entre ciudadanos. Entre los datos arrojados por ésta se concluye que en Bogotá las riñas terminan más en homicidio que los atracos. Para el 2012, por ejemplo, una riña tenía 20 veces más de probabilidades de terminar en muerte que el mismo atraco. Lo anterior, ligado al hecho que entre la gente hay una actitud de validar la justicia por mano propia, más si es por asuntos de familia o de honor.

 

Estas afirmaciones van acompañadas en el estudio de infografías donde se indica, por ejemplo, que dos de cada diez ciudadanos acepta el linchamiento a un ladrón. Podemos recapitular que este espíritu de "renegado justiciero" ambienta un mayor acuerdo social sobre el porte de armas. Desde una perspectiva de género, la encuesta identifica la presencia de una cultura machista violenta que la denominan: "cultura del macho machito", el simio alfa que no se la deja montar de nadie. Esta, que es una evidencia simple y cotidiana para la mayoría de la gente de a pie, fue presentado por la ventana mediática como el último hallazgo sociológico, titulado por la prensa como "Una ciudad de machitos". Lo que sí llama la atención en los resultados entregados es que este comportamiento entre hombres tiende a predominar, sobre todo, en las nuevas generaciones.

 

Frente a la violencia intrafamiliar, la conclusión: Bogotá registra los niveles más altos del país, lo que escandaliza a los responsables del estudio. La Encuesta Decenal de Cultura señaló que un cuarto de los casos de este tipo de violencia ocurren en Bogotá. Aunque son preocupantes las cifras, no se reflexiona, por ejemplo, que quizás esta realidad refleje que en la capital del país se denuncia este tipo de violencia mientras en el resto del país se silencia porque se asume como un asunto privado.

 

El estudio resalta, además, la violencia de pareja, con los celos como principal causa. ¡Vaya novedad! No hace falta ir a una Comisaria de Familia para enterarse de primera mano de esta realidad.


Movilidad y espacio público

 

Aunque mencionan la larga realidad de contar con una malla vial deteriorada, las conclusiones sobre la materia señalan que en accidentes de tránsito (año 2012) los principales afectados fueron peatones, especialmente adultos mayores. Como sus principales causantes se registran los conductores de buses del transporte público. Lo interesante no es el dato sino que debería ser la pregunta: ¿qué pasa con la movilidad urbana de personas adultas o ancianas, que han perdido agilidad, requieren apoyo o ayudas semejantes, y para las cuales no hay consideración alguna de parte de los conductores del transporte ya indicado?

 

La encuesta acierta al identificar las motos como vehículo asociado a las muertes de peatones en un 13%, conductores en un 66% y pasajeros en un 30%. Pero en el estudio no se involucra el creciente negocio de comercialización de estos vehículos, sin restricción alguna. Un hecho categórico: señalar que entre todas las muertes por accidentes de tránsito en la ciudad, la mitad son producidas por la violación de las normas de tránsito. Al parecer, para disminuir las muertes por conducir automotores, obliga a la superación en nuestra cultura comercial aquello de ser "rápido y furioso".

 

Cultura tributaria, confianza y acuerdos

 

Aunque hay espíritu para desobedecer la ley –bajo la lógica de hacer trampa–, concluyen en la encuesta una mejor actitud tributaria, como lo llama Copovisionarios. Un informe para decir que estamos pagando.

 

Frente a quienes generan menos confianza dentro del conjunto social, las respuestas señalan a los funcionarios públicos; en el Congreso y los políticos la mala imagen.

 

Sólo para los funcionarios, desde el 2011, el 87% de los ciudadanos considera que más de la mitad son corruptos. Sin embargo hay un grado de tolerancia con esta realidad al valorarla como algo normal, tolerancia tan laxa que incluye también a los narcotraficantes. Sin embargo poco se habla de las consecuencias derivadas para la nación del largo periodo de traquetización del país, reflejadas en el respeto, admiración y deseo de ser un capo, ahora amplificado por el entretenimiento televisivo. Pero, peor aún, también se percibe a los mismos ciudadanos con disposición a la corrupción bajo la concepción generalizada que Corpovisionarios llama "justificación prosaica". Un eufemismo de individualismo para referirse a la búsqueda de objetivos propios y beneficios personales, bajo la creencia que en el país hay pocas probabilidades de resultar castigado. Lo que en realidad sintetiza una creencia generalizada en el país: el torcido sale, o el delito paga.

 

Participación y valoración de lo público

 

La participación para la gente es algo tan lejano como inexistente. En lo que más se participa en Bogotá: la organización de eventos culturales, recreativos y deportivos. En este aspecto, que pasa el informe de agache, es donde se evidencia de verdad la ausencia de una cultura ciudadana preocupada por los temas de lo público y empoderada para ejercer incidencia y control frente a las instituciones.

 

En general los resultados de la encuesta se basan en la institucionalización regida por la autoregulación. Es decir, que además de las sanción de la norma, el sujeto coopere de manera voluntaria, fortalecido con la mutua regulación "que entre todos nos corrijamos". A esto denomina cultura ciudadana el movimiento de Mockus, como si cultura no existiera en las otras formas de identidad o expresión, en el lenguaje callejero o formas de apropiar el territorio que trasciende lo normativo. Pero preocupa esta forma de cultura corporativa del comportamiento humano, donde la institución siempre debe ser respetada.

 

Después de revisar los resultados, el mérito de sus conclusiones parece perder valor, al descubrir que el enfoque del mismo ya estaba predeterminado, pues Corpovisionarios editó un libro con financiación del Banco Interamericano1 donde gira sobre los mismos asuntos. Tanto bombo para un refrito que les ha permitido mantenerse mediáticamente activos, y que les brinda una ventana para que Sayra Aldana integrante de esta ONG, al referirse a la protesta la considere como un simple vandalismo, porque no hay respeto por lo público. Para completar, agrega, que para la efectividad de la autoridad policial, el recurso se debe invertir en educación pero impartida a los ciudadanos en el respeto a la institucionalidad.

 

Una encuesta que porta algunos datos relevantes, pero en general otros muchos ya conocidos y todos ellos sin el análisis de contexto que permitan explicaciones y comprensiones de los sucesos. Extraña, por tanto el eco mediático que recibió, como extraña el silencio de esos mismos medios de comunicación ante investigaciones urbanas de verdad rigurosas. Ante tal realidad, un interrogante que no puede dejar de plantearse, ¿No será que tanta alharaca con estos estudios es el simple impulso para mantener vivo en el escenario político al profesor Mockus, o a quien su bendición corpovisonaria delegue?

 

1 Mockus, Antanas; Murraín, Henry y Villa María (Coords.) (2012) "Antípodas de la violencia: desafíos de cultura ciudadana para (in)seguridad en América Latina" Banco Interamericano de Desarrollo, Corpovisionarios, Washington.

 


 

 

Recuadro

 

La base del pensamiento mockusianso está en las teorías desarrollados por Jon Elster, investigador social que desarrolla la teoría de elección racional desde una perspectiva del individualismo metodológico donde existe una relación fundamental de condicionar a los individuos a sus comportamientos. Sin embargo, Elster discute con el funcionalismo de Talcott Parsons, al señalar que el mecanismo sirve para explicar la variabilidad de discursos sobre el comportamiento de los sujetos en función de otros factores. Pero Elster se dedicó en vano a integrar el marxismo y compatibilizarlo con su teoría, pues en general, la teoría de elección o acción racional ha sido utilizada al comportamiento social y económico, donde el individuo siempre se va a comportarse de manera egoísta.

Publicado enEdición N°197
Jueves, 23 Abril 2009 19:17

La cárcel más singular del mundo

La prisión de San Pedro, en La Paz, es la más grande de Bolivia, pero no es una cárcel cualquiera. Alberga a 1.500 presos. Y a sus invitados. Cerca de 200 reos conviven ahí con sus familias. Las mujeres y los hijos pueden entrar y salir de la prisión sin ningún problema. Pero la rocambolesca situación no termina ahí. Hasta hace un mes, San Pedro también era el sitio turístico más extraño del mundo, según la guía de viajes Lonely Planet. ¿La razón? Por unos 35 dólares (unos 26 euros), cualquier visitante podía conocer la peculiar sociedad establecida en el interior de la prisión, consumir la cocaína producida en el mismo sitio y hasta pasar una noche en una celda.

Entre sus reos están varios de los prisioneros más famosos de Bolivia. Algunos de ellos son el ex prefecto de Pando, el opositor y autonomista Leopoldo Fernández, a quien el Gobierno ha señalado como el responsable de la matanza efectuada en esa región el año pasado; el destituido presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) Santos Ramírez, y hasta los dos detenidos la semana pasada por el supuesto complot en contra del presidente Evo Morales. El criminal de guerra nazi Klaus Barbie (acusado de 4.500 asesinatos en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial) estuvo encarcelado en la prisión unos meses durante 1983 antes de ser extraditado a Francia, donde murió en 1991. Pero ninguno de estos presos fue el que convirtió a San Pedro en una atracción turística.

Un británico nacido en Tanzania, Thomas McFadden, pasó tres años encarcelado por tráfico de drogas, entre 1996 y 1999. Su temporada en prisión le inspiró fundar la singular compañía de viajes que ofrecía recorridos y estancias en el interior de la cárcel. "Mostraba las condiciones con las que los presos vivían. Era un sitio muy extraño", explica.

La mayoría de los presos trabajan en las cárceles para matar el tiempo. No en San Pedro. Los reos consiguen trabajos remunerados, con los que pueden aspirar a mejorar sus condiciones. El centro dispone de una peluquería, pequeñas tiendas de alimentos y un salón de billar.

La prisión se divide en ocho secciones, de acuerdo con el poder adquisitivo del preso. Las más lujosas tienen baño privado, cocina y televisión por cable; los prisioneros más pobres comparten celda. McFadden, gracias al éxito de su "empresa turística", consiguió hacerse propietario de una cafetería y un pequeño supermercado en el interior del penal.

La fama del sitio comenzó a pasar de boca en boca y llegó a oídos del mochilero australiano Rusty Young, que visitó La Paz en 1998, donde conoció a McFadden. Los dos son autores de un libro basado en las memorias de McFadden, Marching powder (Polvo en marcha), publicado en 2002. La novela incluso ha llamado la atención de Hollywood. El libro será llevado al cine en 2010. La película será producida por Brad Pitt; el director, el brasileño José Padilha (Tropa de élite, 2008) y el papel de McFadden será interpretado por el actor estadounidense Don Cheadle (Traffic y Ocean's eleven).

La notoriedad, sin embargo, llevó a las autoridades a poner un alto a los recorridos. El diario boliviano La Razón publicó en febrero un reportaje sobre el sitio, donde además denunciaba el tráfico de drogas. Las restricciones causaron un motín en la prisión y dos gobernadores de la cárcel fueron destituidos por no poder orden.

El Gobierno boliviano también había anunciado su intención de separar a las familias e impedir que los niños y las mujeres siguieran viviendo en San Pedro. Esta última decisión fue revocada ayer, después de que 18 presos se declararan en huelga de hambre desde el martes. El actual gobernador de la prisión, José Cabrera, declaró que la meta de las autoridades es "que los internos entiendan que éste es un centro penitenciario".

VERÓNICA CALDERÓN - Madrid - 24/04/2009
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