Lunes, 12 Agosto 2019 05:52

Woodstock

 Imagen del 16 de agosto de 1969 durante el festival de Woodstock que se celebró en Nueva York y en el que participaron solistas y bandas de la época como Creedence, Jefferson Airplane, The Who, Janis Joplin, Santana, Jimi Hendrix y Joe Cocker.Foto Ap

Hace 50 años en la granja de Max Yasgur, en el estado de Nueva York, se realizó el festival Woodstock, donde se exhaló el último suspiro de lo que se llama "los 60", y desde entonces prevalece una profunda nostalgia por algo inocente y consciente a la vez.

Ningún evento o festival cultural aquí ha generado tantos libros, discos, documentales, imágenes, memorias (y con este aniversario se están produciendo aún más). Aunque dicen que "si te acuerdas de Woodstock, no estuviste ahí", el festival es punto de referencia y forma parte del consciente (y probablemente del inconsciente) colectivo de este país medio siglo después.

Fue una expresión vital, y precaria, una respuesta rebelde contra las convenciones y las reglas del juego estadunidense y un sueño efímero hecho realidad durante lo que llamaron "tres días de paz y música".

Abbie Hoffman, el gran payaso e intelectual activista subversivo de esa generación, explicó lo que bautizó como la Nación Woodstock, en su libro de ese título, y lo resumió, durante su juicio (conocido como "los ocho de Chicago"), que se inició un mes después de Woodstock. Al ser interrogado en el banquillo de los testigos en el tribunal, se identificó así: “Mi nombre es Abbie. Soy un huérfano de America… resido en la Nación Woodstock”. ¿Y eso dónde está?, se le preguntó. Respondió: “Es una nación de gente joven enajenada. La cargamos con nosotros como un estado de ser de la misma manera que los indígenas Sioux cargaban a su nación Sioux con ellos. Es una nación dedicada a la cooperación versus la competencia, a la idea de que la gente debería tener un mejor medio de intercambio que la propiedad o el dinero, de que debería de haber otra base para la interacción humana… está en mi mente y en las mentes de mis hermanos y hermanas. No consiste de propiedad o material, es de ideas y ciertos valores... Es una conspiración. Actualmente, esa nación está cautiva en las penitencias de las instituciones de un sistema en decadencia”.

Tal vez la mejor canción sobre el festival fue escrita por una artista que nunca logró llegar, Joni Mitchell, cuyo coro es: "Somos polvo de estrella / Somos dorados / Y tenemos que irnos / De regreso al jardín" (en referencia al Jardín de Edén). Un verso contiene este reportaje: "Cuando llegamos a Woodstock / Ya éramos una fuerza de medio millón / Y por todas partes había canto y celebración / Y soñé que vi a los bombarderos... Y se estaban volviendo en mariposas / Sobre nuestra nación".

Woodstock se llevó a cabo entre el 15 y el 17 de agosto de 1969. No hubo comercio y los asistentes no llegaron como consumidores. De hecho, cuando los organizadores, al darse cuenta de que en lugar de 40 mil asistentes que esperaban estaban llegando 10 veces esa cantidad, declararon que el evento era gratuito. No hubo policías, ni seguridad oficial, ni broncas mayores, un poco de ácido malo, y situaciones caóticas que se resolvieron –no todas bien– por una comunidad autogobernada sin autoridades durante tres días (el gran documental Woodstock presentado en 1970 regaló el festival al mundo y sigue siendo el registro definitivo; ahora hay nuevos para marcar este aniversario.

La música fue el centro, el eje, la ruta sonora de una conciencia común informada por resistencia a las guerras imperiales, al racismo, a las injusticias sociales del país, y un rechazo al american way of life. Las canciones –estaban ahí algunos de los mejores intérpretes y bandas de esos tiempos, desde Janis Joplin, al Grateful Dead, Creedence, Jefferson Airplane, Sly & The Family Stone, The Who, Crosby, Stills, Nash & Young, Joan Baez, Santana y más– estaban repletas de historias de estas luchas y resistencias y rebeldías que marcaron los años 60. Jimi Hendrix fue el encargado de cerrar el festival y su furiosa y encendida versión del himno nacional, repleto de guerras y gritos, y, pues, de rebelión, fue tal vez la rola más emblemática.

Los ecos de Woodstock aún se escuchan medio siglo después.

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 Mark Goff, fotógrafo acreditado del Festival de Woodstock, aparece en un autorretrato de 1969. En esa época trabajó para un periódico clandestino en Milwaukee. Algunas docenas de imágenes captadas por Goff, fallecido en noviembre pasado, se exhiben medio siglo después.Foto Ap

Entre el 15 y el 18 de agosto de 1969 tuvo lugar, en la localidad de Bethel, Nueva York, el mítico, emblemático y legendario Festival de Woodstock. Medio siglo después, la pregunta obligada es: ¿Qué queda de ese hito histórico?

El Festival de Woodstock fue un gran, un masivo encuentro revolucionario que no dejará de llamar la atención y provocar la admiración de la gente, haya pasado el tiempo que sea. ¿No es acaso un acto revolucionario una reunión de casi medio millón de jóvenes a lo largo de más de tres días, en donde se prescindió de la presencia de ejército, policía o cuerpo de seguridad alguno o de mecanismos de vigilancia, control o censura? Después de 50 años de celebrado ¿se sabe de algún homicidio, feminicidio, violación o cualquier forma de abuso sexual o violencia que haya tenido lugar ahí? ¡Ninguno! La masa asistente a ese festival, (protagonista del más grande portazo de la historia), tomó, en los hechos, el control de su situación, de su vida; dejó que la libertad y creatividad, arriba y abajo del escenario, fluyeran sin tapujo alguno. En muchos sentidos dio la razón a filosofías anarquistas y comunistas en general: las autoridades y el Estado son el peor obstáculo para una vida plena y humana. "La nación de Woodstock", como en su momento se le llamó, los hizo a un lado, fue libre.

Para cuando el festival se desarrolló, Los Beatles (unos de los grandes ausentes) habían sintetizado en tres palabras su concepción global del mundo: amor, saber, sí (Love, Know, Yes). En 1968 esa idea había quedado plasmada en la película de dibujos animados El submarino amarillo, ubicada en el paraje utópico llamado Pimientilandia (Pepperland). Pues bien, el Festival de Woodstock intentó exitosamente llevar a la realidad esos tres principios: 1. Amar: se trataba de dar y recibir el afecto de/a todo individuo que allí se encontrara, a partir del hecho de que cualquier persona es, primero que nada, un sujeto del amor y como tal debería ser tratado. 2. Saber, conocer, comprender el mundo para transformarlo de raíz. La comprensión y el conocimiento como la transformación y como un acto mismo de libertad. 3. Decir que sí. Aceptar que en la vida se tienen deseos placenteros en el plano sexual, estético, intelectual y que la vida debe ser búsqueda y satisfacción de los mismos. Responder afirmativamente a las propuestas de satisfacción de los placeres, elaborarlas, satisfacerlas construir otras nuevas.

Tres conceptos románticos radicales y revolucionarios que encontraron su lugar en la materialidad del festival de Woodstock.

Esa búsqueda de sensibilidades ilimitadas tuvo su eje rector en los músicos que ahí se presentaron. La mayoría ya tenía años inundando el ambiente con sus propuestas. Otros, aun desconocidos, se dieron a conocer al mundo, como Joe Cocker y su voz rasposa profunda, Santana y sus fusiones rockero-caribeño-blueseras. Ahí estuvieron la sicodelia de Jefferson Airplane y Grateful Dead; los increíbles malabarismos guitarreros de Alvin Lee con Ten Years After; los llamados a la libertad de Richie Havens y de una Joan Baez embarazada de seis meses; Jimi Hendrix con su celebérrima interpretación del himno de Estados Unidos, desgarrando en el aire el patriotismo belicista gringo; The Who, Canned Heat, Janis, The Band, Mountain, CSNY, Creedence, Sly Stone, Johnny Winter ¡¡¡¡Tssssssss!!! Toda la propuesta musical de esos tres días constituyó un despedazamiento del hipócrita esteticismo pequeño-burgués.

No fue un acto de diversión ni mucho menos de entretenimiento, fue una poderosa escalada de producción artística, de realización humana a través de la música.

Por todo esto, el festival de Woodstock constituye un punto nodal de esa revolución mundial ocurrida hace cinco décadas. El posmodernismo actual y las visiones pesimistas del mundo argumentarán que se fracasó, que la utopía quedó en frustración y que la libertad no es posible. A esto contrapongo un lacónico ¡Vencimos! ¡En Woodstock alcanzamos la victoria! Ninguna revolución puede completar todas las tareas y objetivos que se propone, toda revolución tiene contenido el germen de su opuesto: la contrarrevolución. Desde luego, ésta ocurrió y echó para atrás muchas conquistas de esos tiempos, pero nunca pudo ni podrá desmantelar el mundo de la imaginación, de la creatividad artística, de la subjetividad liberadora. Como alguna vez mi amigo Gritón, célebre pintor dijera: las muchas o pocas libertades de que gozamos en la actualidad no pueden entenderse sin aquellas jornadas revolucionarias; es motivo de gran satisfacción haber sido partícipe de ellas, y lo más importante ¡No hay nada de lo que haya que arrepentirse!

Woodstock vive…

Por Julio Muñoz Rubio, investigador del CEIICH-UNAM y coordinador de los libros A medio siglo del Sargent Pepper’s y John Lennon, un humanista subversivo.

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Domingo, 26 Mayo 2019 05:48

Parto de huérfano

Parto de huérfano

“En la noche del viernes al sábado una mujer de 51 años de edad, madre de familia, se suicidó tomando una dosis de somníferos”, tal la noticia, una entre tantas, en un diario de Carintia. Pero la noticia, para el hijo no puede quedar ahí por dos motivos: 1) es escritor, 2) la suicida es su madre. Y el orden de importancia de estas dos circunstancias, la literatura y la vida, no es gratuito. La información escueta contiene entre líneas una novela, una familiar. Siete semanas más tarde, el hijo siente la necesidad imperiosa de hacer algo con esa muerte, que no quede ahí. Y lo mejor que puede hacer, se dice, es trabajar en el asunto, investigar los motivos del suicidio, lo que a su vez implica asumir que ella es una desconocida. La memoria, se sabe, deforma. Tratamos de embellecer tanto las derrotas de nuestros seres queridos como las propias. Si ya es difícil conocerse a uno mismo, arriesgo. cómo se puede conocer a otro.Más aún, conjeturo, si el otro es otra, si se trata de la propia madre, y de un pasado del que no queremos ni enterarnos. Pero el hijo escarba en esa llaga. Trabajar en el asunto quiere decir también hacerlo”para no volverse loco machacando con un dedo la misma tecla de la máquina de escribir”, cuenta Peter Handke (Griffen, 1944). “Lo que también podría hacer sería marcharme; además, yendo de viaje, ese dormitar con la mente en blanco, este ir de un lado para otro sin hacer nada me pondrían menos nervioso”, escribe.

Con esta disyuntiva, entre la escritura y el viaje como sustituciones de la locura empieza a escribir “Desgracia impeorable”. Por entonces, 1974, Handke es el niño terrible de la literatura alemana, un intelectual a lo Bob Dylan. De hecho preludia la novela con dos citas, una de Dylan y otra de Patricia Highsmith, de quien fue traductor al alemán. De Dylan, lo que escribe tiene un tono entre desmañado y ruinoso. De Highsmith, el estudio penetrante de un carácter. Biográfica y autobiográfica, “Desgracia impeorable” no sólo perturba. Lastima.
Hacía más de treinta años que no leía esta novela. Ahora volví a encontrarla y acá estoy, queriendo en estas notas explicarme su efecto. Handke, lector de novela negra, aplica el riguroso método Highsmith de análisis de la protagonista y sigue con minuciosidad las pistas de una vida desdichada. Infancia campesina, huida a la ciudad, parejas por conveniencia, simpatía por el nazismo, abortos, hijos arrastrados entre los escombros de posguerra en busca de comida y finalmente, fracasada, el retorno al campo, la reclusión. La angustia y la desesperación del huérfano no incurren ni en la piedad ni en el tremendismo. En el parto de la historia materna, toda una deconstrucción, se fija una objetividad complicada por la clase de distancia que signó la relación madre-hijo y ahora, el hijo como narrador, aspira resignificarla en un relato que puede leerse también como diario, un diario escrito con urgencia donde busca expiar la culpa filial. Un desconsuelo sabido de antemano: la escritura, inescrupulosamente, habrá de funcionar como distracción provisoria, pero a condición de aceptar que llegará un momento en que las palabras ya no podrán cubrir esa ausencia, el vacío.


“No es verdad que escribir me haya servido para algo”, escribe Handke cerca del final. “Durante las semanas que estuve trabajando en la historia, ésta no dejaba de preocuparme. Escribir no fue, como creía al principio, una forma de recordar una etapa ya concluida de mi vida, sino únicamente un continuo trasiego de recuerdos en formas de frases que lo único que hacían eran afirmar unas distancias que yo había tomado. Todavía a veces sigo despertándome por las noches de un modo brusco, de golpe, como si desde dentro un contacto me arrancara del sueño y, reteniendo el aliento, de terror, experimento como si me estuviera pudriendo minuto a minuto”.


Para los escritores no resulta sencillo escribir la madre. Resulta tanto más simple medirse y medírsela con el padre, practicar, si se puede, un parricidio virtual a través de la narración, que encarar a la madre. Problema de género y no sólo, no suele ser igual, en sus variantes, la relación que establecen los escritores con sus madres que con sus padres. La bibliografía al respecto es profusa. Ante la madre las estrategias narrativas masculinas, la elección del género literario, se conflictúan entre la elegía, el lamento compasivo y la confesión de culpa. Lo que cuenta, tal vez, más que el género es cómo ficcionalizar, un acto de escritura en el que se juega una verdad, que es siempre subjetiva y compromete en su exposición. Como si “hacer literatura” fuera incurrir en la mojigatería y el melodrama, “sensiblería femenina”. Una exigencia: hurgar en los propios sentimientos a menudo contradictorios. Handke lo dice así: “Es especialmente en los sueños donde se hace palpable la historia de mi madre: porque allí sus sentimientos se convierten en algo tan físico que los vivo como si fuera su doble y me identifico con ellos, pero son precisamente estos momentos de los que ya he hablado en los que la extrema necesidad de comunicación coincide con la extrema falta de lenguaje”. Si bien estas escrituras suelen apelar a la primera persona y entonces lo que se impone es un yo que todo lo prisma: la ternura, el odio, los celos, la desolación. En esa materialidad del intimismo terminan encontrándose con aquella verdad de la que huyen. La verdad, esa verdad deseada, retorno a la lengua materna, no es sino la escritura: en consecuencia, contra su terquedad, “novelaron” a sus madres. ¿Por qué no inferir entonces que la “literatura del yo” –si es que esta etiqueta cobra algún sentido– empieza con una palabra y ésta es “mamá”?
Vuelvo a la disyuntiva que plantea Handke en el comienzo de su novela: la alternativa entre escritura y viaje, que quizás ahora, ante la muerte de su madre, desde esta perspectiva, no resulten antagónicas sino versiones de una misma acción: el viaje de la escritura que, en ráfagas, como un viento helado,depara un ahondar en la interioridad.”La descripción, naturalmente, no es más que un procedimiento mnémico”, escribe Handke. “Pero, por otra parte, tampoco la descripción es capaz de conjurar nada. Sin embargo, desde los estados de miedo, intentando una aproximación con las formulaciones más adecuadas posibles, esta descripción consigue un pequeño placer, un placer que se produce por una beatitud del miedo y del recuerdo”.


Lo que me sorprende en esta segunda lectura es otra cosa además del dolor “inenarrable” que transmite la reflexión sobre el origen y los sentimientos contradictorios con respecto a la identidad. Esa otra cosa es la puesta en tela de juicio permanente de la herramienta del escritor: el lenguaje, su potencia expresiva pero también sus límites y sus trampas. Es en esta conciencia de los riesgos donde quizá, como en ningún otro texto suyo, en Handkese dirime la cuestión sartreana de para qué “sirve” la literatura, si es que una utilidad que no sea la mercantil puede tener, esa idea de que la literatura “enriquece”. Además de exorcismo, también comunicación. Como lo declaró más tarde Handkeen un texto titulado irónicamente “Soy un habitante en la torre de marfil”, el objetivo consiste en “llegar a ser más atento y volver más atentos a los demás: volverlos más sensibles, receptivos, y llegar a serlo yo para que yo y también otros podamos existir de forma más receptiva y sensible, para que pueda comunicarme con los demás y tratarlos mejor”.

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La ciencia necesita tiempo para pensar: el movimiento que quiere acabar con la cultura de “publicar o morir”

El ritmo de la producción científica se ha disparado en las últimas décadas. Algunos estudios recientes estiman que hoy existen unas 30 000 revistas que publican al año más de 2 millones y medio de artículos científicos, con un índice de crecimiento anual de un 5 %.

La presión constante por publicar (el famoso “publica o muere”) fomentada por el exigente sistema de evaluación académico y la mayor competición entre el creciente número de grupos de investigación son algunas de las causas de esta sobreproducción de artículos y revistas. Por otra parte, hay que destacar también la aparición de revistas y congresos “depredadores” con las que algunos investigadores, ávidos por aumentar su número de publicaciones, intentan hinchar sus currículums con contribuciones científicas carentes de rigor y con una escasa revisión por pares.


Oras consecuencias de esta aceleración en la producción científica son el despiece de un mismo estudio científico en el mayor número de artículos posible (“salami slicing”), el plagio y la publicación de resultados difíciles de reproducir o incluso erróneos, muchas veces debidos a la precipitación a la hora de publicar.
Frenar la producción científica


En 2010, la Slow Science Academy de Berlín lanzó un manifiesto a favor de desacelerar este ritmo de producción en la ciencia.


«Decimos sí al flujo constante de publicaciones de revistas de revisión por pares y su impacto; decimos sí a la creciente especialización y diversificación en todas las disciplinas. Sin embargo, mantenemos que esto no puede ser todo. La ciencia necesita tiempo para pensar. La ciencia necesita tiempo para leer y tiempo para fallar. La sociedad debería darles a los científicos el tiempo que necesitan, pero lo que es más importante, los científicos deben tomarse su tiempo».


Al igual que los llamados “movimientos por la calma” Slow Food y Slow Fashion, el Slow Science tiene como objetivo que se valore más la calidad de los artículos científicos que su cantidad, para así promover una investigación mucho más reflexiva y pausada.


Una alternativa a la cultura del “publicar o perecer”


«Solo porque contar el número de publicaciones sea una forma fácil y rápida de evaluar la investigación, no significa que sea una buena forma de medir su calidad. La ciencia es un proceso lento, constante y metódico. No debemos esperar que los científicos proporcionen soluciones rápidas a los problemas de la sociedad».
Son palabras de Uta Frith, profesora emérita en el Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres y una de las impulsoras del movimiento Slow Science. Cuenta en uno de sus artículos que, al igual que con la producción de alimentos, la lentitud puede ser una virtud.


Se trata de una forma de mejorar la calidad y una alternativa a la cultura predominante del “publica o muere”. Según Frith, “de momento no hay ningún plan a corto plazo, tan solo ir despertando conciencias. Cada vez somos más personas hablando sobre esta idea de manera individual en distintas partes del mundo”.


También en España algunos investigadores son conscientes de la necesidad de ralentizar el frenético ritmo de producción científica.


«Creo que la pertinencia de este movimiento se debe sobre todo a su apuesta por la convivialidad. Tenemos que enlentecer los procedimientos de la investigación para estar seguros de que nos estamos haciendo las mejores preguntas y eso equivale a escuchar a los concernidos e incorporarlos en la tarea del diseño de las preguntas y en la interpretación de las respuestas».


Así explica la importancia del Slow Science Antonio Lafuente, investigador científico del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC y uno de los impulsores del movimiento en España.


En una de sus charlas, Lafuente recuerda la historia de Stefan Grimm, un profesor de toxicología en el Imperial College de Londres que se quitó la vida en 2014 tras recibir un correo electrónico de sus jefes quienes le exigían mejorar sus métricas académicas y obtener más dinero en proyectos de investigación.


Antes de suicidarse, Grimm envió un correo electrónico a sus compañeros universitarios relatando lo ocurrido.


«Mi jefe, el profesor Martin Wilikins, vino a mi oficina y me preguntó cuántas becas tenía. Después de enumerarlas, me dijeron que no era suficiente y que tendría que dejar la universidad dentro de un año como máximo. La realidad es que estos científicos en lo más alto de la jerarquía solo miran las cifras para juzgar a sus colegas, ya sean factores de impacto o ingresos en subvenciones. Después de todo, ¿cómo puedes convencer a tu jefe de que estás trabajando en algo emocionante si ni siquiera asiste a los seminarios regulares del departamento?».


Los científicos deben tomarse su tiempo


«En 1844, Charles Goodyear describió en una patente la preparación de caucho vulcanizado, uno de los materiales que más se producen actualmente en la industria química. Este gran descubrimiento no fue resultado de una inspiración repentina, sino que llegó después de más de 10 años de experimentos repetidos y resultados fallidos».


La historia la cuenta Jean-François Lutz, investigador del CNRS en el Instituto Charles Sadron de Estrasburgo, en la prestigiosa revista Nature Chemistry. En él critica la rapidez con la que se publican muchos artículos en el campo de la química antes de estar suficientemente maduros.


«Seguramente el Manifiesto de Slow Science no consiga un cambio de ritmo en la ciencia contemporánea. Sin embargo, alienta a los científicos a pensar en cómo trabajan y sobre su papel en la sociedad. Por tanto, cada investigador debería dedicar unos minutos a leerlo y luego sacar sus propias conclusiones. Después de todo, tomarse un tiempo para pensar es, en cierta manera, a lo que todos aspiramos».

Por Manuel Souto Salom. Investigador postdoctoral Juan de la Cierva en el Instituto de Ciencia Molecular de la Universidad de Valencia (ICMol-UV), Universidad de Valencia

09/05/2019


 

Jueves, 04 Abril 2019 06:05

Una pelea desigual contra los gigantes

Una pelea desigual contra los gigantes

Las implicancias de la disposición del Parlamento Europeo sobre derechos de autor en Internet



Los más optimistas celebraron la noticia como si fuera la primera batalla ganada a los gigantes de Silicon Valley, a los que dejaban “en jaque”. ¿El argumento? Que Facebook, YouTube, Google y otros monstruos de Internet iban a tener que empezar a pagar por el contenido de otros que utilizan sus buscadores y plataformas en Europa. Los más críticos, sin embargo, alzaron sus voces señalando que se trataba del certificado de defunción de los autores y medios pequeños y alternativos, que ahora verán cercenada la “libre” difusión de sus obras. La aprobación de parte del Parlamento Europeo de una disposición que protege los derechos de autor y obliga a los buscadores y agregadores de noticias a celebrar “acuerdos” por la utilización de contenidos dividió aguas en la manera en que los diferentes medios dieron cuenta de la reforma. ¿A quién beneficia y a quién perjudica realmente esta disposición europea? ¿Nace un nuevo ecosistema en Internet? Interrogantes que distintos especialistas argentinos, reunidos por PáginaI12, intentan dilucidar en medio de la siempre viscosa búsqueda de regular Internet.


Tras más de dos años de debate y de presiones cruzadas, el Parlamento Europeo aprobó la semana pasada una reforma que fue presentada por sus impulsores como una norma que protege la propiedad intelectual de todo el material que la corporación de Internet utiliza “libremente” en sus buscadores o agregadores de noticias. Fue la respuesta que la política encontró para que autores, periodistas y medios -sólo en el ámbito de la Unión Europea- reciban una remuneración de las grandes empresas que se valen de sus obras y contenidos para generar no sólo tráfico sino también ingresos publicitarios: el 80 por ciento de la publicidad global en Internet se la llevan los grandes buscadores estadounidenses.


Sin embargo, la disposición –que cada país deberá implementar dentro de los próximos dos años– corre riesgo de volverse contraproducente a ese supuesto espíritu de “redistribución”. Google fue el primero en mostrar los dientes, al expresar que no está dispuesto a celebrar acuerdos de ningún tipo, amenazando directamente con no subir las noticias a Google News de medios europeos que exijan una contraprestación económica. Los más críticos señalan que por el temor a violar la normativa la circulación de contenidos –sobre todo de los medios más pequeños o alternativos– se vería afectada por la “sobreprotección” que las grandes compañías impondrán a sus “algoritmos” y “filtros” preventivos, cercenando la circulación de material. Una directiva que, como se aprecia, tiene implicancias no sólo económicas sino también culturales y políticas.


“La normativa es un reconocimiento de la necesidad de revisar las reglas de juego presentes, pero también un síntoma de la impotencia para resolver las tensiones creadas entre los múltiples actores sociales, culturales y corporativos que participan de ese circuito productivo, porque una parte de la nueva directiva puede puede restringir la circulación amplia de información y puede concentrar aún más el control, la censura y la autocensura de carácter privado en Internet”, le explica a PáginaI12 el especialista Martín Becerra, investigador principal del Conicet, en relación a que a partir de esta reforma las grandes plataformas están obligadas a vigilar los contenidos que los internautas comparten en sus espacios, para “censurarlos” en caso de que detecten si se está publicando obras protegidas por derechos de autor.


Si bien el también profesor UBA y UNQ considera “lógico” el reclamo de los creadores de contenidos informativos y culturales de ser remunerados y de participar de la amplia circulación de sus obras, percibe que la disposición aprobada puede transformarse en un boomerang para la libertad de circulación y expresión. “El hecho de tercerizar el control de la legalidad de los contenidos en los gigantes digitales que son verdaderos gatekeepers del acceso social es problemático. Hoy esa función la ejercen (mediante algoritmos sesgados y también con intervención humana, igualmente sesgada) con enorme discrecionalidad, sin auditoría pública y, lo que es más grave, sin mecanismos transparentes para que el usuario pueda apelar remociones y censuras improcedentes. Por eso digo se reconoce el problema, pero ofrecen una resolución más problemática aún”, subraya Becerra.


En la misma línea que el académico, la presidenta de Fundación Vía Libre, Beatriz Busaniche, sostiene que la resolución es “negativa” para la cultura digital y la cultura del siglo XXI. “Hay –dice– un avance muy fuerte contra las nuevas formas culturales, contra la producción on line, los Youtubers, contra ese colectivo de gente que utilizando la tecnología produce o circula cultura de una forma novedosa. Es una normativa que refuerza un modelo económico y de derechos de autor basados en un diseño regulatorio del siglo XIX. Llevan el control hasta sus últimas consecuencias, con las copyright watch, que son máquinas de censura para limitar técnicamente y sin demasiado margen a la apelación, la forma en que una obra es resignificada, reproducida y compartida”.


La Magister en Propiedad Intelectual descree del argumento de que la regulación va a beneficiar a los autores. “Es una forma –afirma, taxativa– de entregar mucho más poder a la concentrada industria del entretenimiento. Todos aquellos que están tratando de forjar una carrera novedosa, de abrirse camino, de desarrollar modelos alternativos de negocios, se van a ver obturados, porque los grandes buscadores van a ser extremadamente sobreprotectores”.


En ese sentido, Javier Pallero, coordinador general de Acces Now, una ONG de Derechos Humanos en Internet, no tiene dudas que la regulación “más que un retroceso es una oportunidad perdida”. En su opinión, no soluciona el problema ni tampoco democratiza la red. “Es necesario actualizar el marco de derechos de autor en la comunidad europea y también hay que regular los nuevos desafíos que enfrentan las industrias culturales y de noticias. Pero hacerlo con disposiciones tan extremistas como poner filtros automatizados, que son tan proclives a la censura, es una pérdida. La legislación pone toda la fe en algoritmos, y una máquina no entiende de contextos. Y las excepciones al derecho de autor que toma en cuenta la norma –como la sátira y la parodia, pero también para contenidos educativos– tienen que ser evaluados de acuerdo al contexto. Los algoritmos tienen la incapacidad para interpretar sin censurar. Y otro aspecto a considerar es que termina subrayando la dominancia de las plataformas de Silicon Valley, porque son las únicas que van a dar respuesta a escala. Aun cuando la directiva pone como excepción de su aplicación a las pequeñas empresas, lo hace de una manera vaga y muy poco conveniente. Eso será un incentivo para que las empresas europeas sean pequeñas. A las pequeñas las condenan al enanismo, mientras les aplican una regla pesada, a medida de los gigantes”.


Lejos de dinamitar el uso y abuso que los gigantes de Internet hacen de contenidos que no les pertenecen, la resolución podría terminar empoderando aún más a las grades compañías, al incrementar sus sistemas de sobreprotección de contenido. En esto hay coincidencia. “Hay –analiza Becerra– una confusión entre la legítima pretensión de discutir el dominio de los gigantes globales de Internet en la captura de la renta publicitaria por la comercialización de los contenidos producidos por las industrias culturales y de medios, y la delegación de mayor poder de decisión respecto de qué se exhibe o no en Internet que la nueva directiva asigna a esos gigantes digitales. En esta paradoja los medios tradicionales (con la excepción, probablemente, de los de mayor escala) no salen ganando”.


La posibilidad de que Argentina replique una regulación con tantos daños colaterales es un alerta que los especialistas coinciden como posible. “América Latina va a la saga de la Unión Europea. Los medios no hegemónicos en Argentina deberían considerar que una regulación de este tipo va a consolidar una acumulación de poder muy fuerte que tienen los grandes medios”, avizora Busaniche. Becerra cree, también, que por historia y tradición es probable que aterrice en estas tierras una regulación similar. “Las decisiones europeas son modelo para muchas otras regiones y para países cuyos procesos de maduración de los debates son más recientes o precarios. Además, los gigantes digitales suelen adaptar sus estándares de funcionamiento a las disposiciones más recientes y/o más rigurosas de Europa o de América del Norte, con lo que de facto esa regulación produce un efecto cascada en países de otras regiones, en particular en los países periféricos”.

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Sábado, 17 Noviembre 2018 06:09

Una ventana al futuro

Una ventana al futuro

Cientos de hombres y mujeres encapuchados miran hacía una de las tres pantallas que tienen de frente. En ellas pueden ver Reed, México Insurgente, película dirigida por Paul Leduc en 1970. La proyección se realiza en Cinema Infantil Emiliano Zapata 3D, una de las dos salas habilitadas en el Caracol de Oventik para la realización del Festival de cine Puy ta cuxlejaltic (Caracol de nuestra vida), convocado por el EZLN. La escena acontece en los primeros días de noviembre de 2018.

Al festival acudieron personas referentes del cine del México contemporáneo. Se trató de otra de las muchas iniciativas que el zapatismo ha lanzado para dialogar con los otros mundos, pero también para expandir el mundo en las propias cabezas, como dijera el subcomandante Galeano.


En el archivo histórico, alojado en la página Enlace Zapatista, se contabilizan más de mil 700 entradas a documentos publicados entre el 31 de diciembre de 1993 y noviembre de 2018. Una revisión rápida a éste alcanza para esbozar el aporte histórico del EZLN a las luchas en México y el mundo: la guerra, los distintos procesos de diálogo, la Convención Nacional Democrática, consultas, foros especiales sobre derechos y cultura indígenas y sobre la reforma del Estado, encuentros nacionales e internacionales con sociedad civil, intelectuales, pueblos originarios y organizaciones sociales; el Frente Zapatista de Liberación Nacional, su participación en la fundación del Congreso Nacional Indígena (CNI), Caravanas y recorridos por todo el país, la Marcha del Color de la Tierra, las Juntas de Buen Gobierno (JBG) y los Caracoles, la Otra campaña, las movilizaciones en solidaridad con distintos sectores sociales, la Escuelita zapatista, coloquios y seminarios, CompArtes y ConCiencias, encuentros de mujeres y recién, junto al CNI, el proceso del Concejo Indígena de Gobierno.


En 2003, a propósito de los 20 años de formación del EZLN y 10 de su aparición pública, el difunto subcomandante Marcos contó que los tres pilares de esa etapa del zapatismo fueron: 1) el eje de fuego (acciones militares); 2) el de la palabra, (encuentros, diálogos, comunicados y silencios), y 3) el que podía considerarse la columna vertebral: la forma en que se va desarrollando la organización de los pueblos zapatistas.


En el mismo año se dio un paso fundamental en el tercer eje: el ejército zapatista entregó a sus bases de apoyo la totalidad de la administración y mando en los territorios. Los antiguos Aguascalientes se convirtieron en Caracoles, y nacieron con ellos cinco Juntas de Buen Gobierno. El poder popular se organizó en cuatro instancias territoriales (pueblo, región, municipio y zona) y tres niveles de autoridades autónomas (comunitarias, municipales y las JBG). Sin embargo, la máxima son los pueblos y sus asambleas.


En las diferentes generaciones de la Escuelita zapatista, las bases de apoyo mostraron a miles de personas los resultados de su proceso organizativo. Explicaron ahí cómo se organizan de forma diferente atendiendo a las necesidades primordiales y modos de cada pueblo, pero siempre respetando los siete principios del mandar obedeciendo, servir y no servirse, representar y no suplantar, construir y no destruir, obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer, y bajar y no subir.


Rosalinda, una ex integrante de la JBG de la Zona Altos de Chiapas, nos cuenta en uno de los libros La libertad según [email protected] zapatistas (https://goo.gl/A8V1Xg), algunos de los principales logros en materia educativa y de salud alcanzados sólo en esa zona. Ahí existe un Sistema de Educación Autónoma Zapatista de Liberación Nacional, el cual agrupa a 496 promotores y promotoras, 157 escuelas primarias autónomas y una secundaria. Asimismo, existe una clínica central, 11 microclínicas y 40 casas de salud comunitaria.


Una de las bases principales del proyecto zapatista es la tierra. En palabras del subcomandante Moisés, se trata de la base de la resistencia económica del zapatismo. Es la que garantiza su capacidad autogestiva y sobre la que ensayan un mundo poscapitalista, uno de alma agraria. El trabajo colectivo también es clave en su proceso, por medio de este logran financiar la organización, conformar cooperativas de pan, de ganado, de zapatos. Incluso se han construido instituciones bancarias, como el Banco Autónomo Comunitario, que apoya a las familias en situaciones de emergencia.


El mundo, muy otro, que han construido los pueblos originarios zapatistas, es un referente de organización y resistencia. Tenemos ahí una ventana al futuro con su propia historia. Un ejemplo concreto de que los mundos fuera del capitalismo son posibles… y urgentes. Ahora que el EZLN cumple 35 años de existencia, 25 de su aparición pública y 15 de la creación de las JBG, miremos y celebremos su existencia recordando siempre a Mariátegui: ni calco ni copia, sino creación heroica.

Raúl Romero, sociólogo

 

Sociólogo.

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Sábado, 17 Noviembre 2018 06:02

A la libertad por la universidad

A la libertad por la universidad

En la imaginaria Ciudad del Sol de Campanella, rodeada de siete murallas, hay una casa con tantos maestros como ciencias: “el astrólogo, el cosmógrafo, el geómetra, el lógico, el retórico, el gramático, el médico, el físico, el político, el moralista… y un solo libro que contiene la totalidad del saber humano, que debe conocer todo el pueblo”.


Esta visión renacentista es el mejor símil de la universidad, un todo armónico resultante de la diversidad de sus partes, articulado hacia adentro, pero que irradia hacia afuera, inserto en la propia sociedad a la que no puede ser ajena porque perdería su razón de ser.


Lo aprendí cuando en 1959 entré a estudiar derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, la única que existía entonces, con sede en la ciudad de León, y que tenía apenas mil estudiantes. Las clases se extendían fuera del aula y uno podía visitar a los profesores en sus casas, prestar libros de sus bibliotecas y aun sentarse con ellos a las mesas de los bares. Una intimidad académica y de por medio mucha curiosidad juvenil.


El rector de la universidad era Mariano Fiallos Gil, quien había luchado por conquistar la autonomía universitaria. Fuimos sus discípulos y formamos lo que se llamó la generación de la autonomía.


Creó el lema A la libertad por la universidad, que proclamaba un humanismo beligerante, la universidad fuera del claustro, y así salíamos a la calle a enfrentarnos con la realidad de que el país se hallaba bajo la férula de una dictadura familiar.


Solía repetir a Terencio: Soy un hombre, nada humano me es ajeno. Y nada de lo humano es ajeno a la universidad, inmersa en un entorno que en América Latina es injusto con tanta desmesura. Si a la universidad se le arrebata el humanismo y se burla su autonomía, nada queda de ella.


Es lo que hace un siglo enunciaba el Manifiesto de la Federación Universitaria de Córdoba: “Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún– el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara”.
Las universidades fueron en América Latina fortalezas éticas que criticaban a los gobiernos autoritarios y denunciaban los abusos de poder. Por eso fueron blanco no pocas veces de las dictaduras militares, que mandaban ocuparlas con tropas y tanques de guerra.


Ahora, cuando en las encuestas de opinión se pregunta sobre las instituciones de mayor prestigio, las que ejercen influencia sobre los ciudadanos, se olvida a las universidades, como si se hubieran ausentado de la vida pública.


La excelencia académica es un reto. Pero también las universidades tienen otro papel que cumplir más allá de las aulas. Deben volver a ser la conciencia de la nación, ahora que el sistema democrático corre tantos riesgos frente a las trampas de la demagogia, el populismo, y el fanatismo ideológico.


Hay nuevas formas de populismo y de caudillismo, y las universidades no se libran de la férula ideológica, alineadas al poder político como ocurre hoy en Nicaragua, donde se ha perdido todo vestigio de autonomía en las universidades públicas y la autoridad académica se subordina a la de los comisarios políticos. Son universidades intervenidas.


Los profesores que no responden a las líneas políticas oficiales son despedidos y decenas de estudiantes han sido expulsados o se hallan en la cárcel acusados de actos de terrorismo. La lealtad política sustituye al rendimiento académico, y por tanto la calidad de la enseñanza se empobrece hasta el ridículo.


La democracia es una herramienta ineludible e insustituible, sin la que no son posibles ni la paz social ni la institucionalidad ni la transformación social ni el progreso económico. ¿Tienen que ver las universidades con la defensa de la democracia? Deben estar a la cabeza. La democracia necesita ser defendida con las herramientas del pensamiento elaborado de manera crítica en los recintos académicos. En el ejercicio pleno de su autonomía y en libre debate de las ideas, las universidades deben ser ellas mismas escuelas de democracia.
No se ha roto el molde del dogma. Un dogma vuelve siempre a sustituir a otro y el antídoto sólo está en poner en cuestión la verdad absoluta, rasgar su coraza y hacer que surja el pensamiento libre. Y crear pensamiento libre de manera incesante es tarea de las universidades.


La primera prédica de la universidad, que por su naturaleza y su misión encarna la diversidad, es en beneficio de la libertad para cerrar así el paso a la intolerancia de quienes no admiten el pensamiento ajeno y buscan anularlo. Quienes expulsan de las universidades toda forma diferente de pensar son quienes terminan levantando los cadalsos e inflamando las hogueras donde se empieza quemando libros y se terminan quemando personas, según las palabras de Heine, que nunca debemos olvidar.


Madrid, noviembre de 2018
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Viernes, 19 Octubre 2018 06:04

Peligros reales y virtuales de la novela

Peligros reales y virtuales de la novela

Una literatura social o políticamente correcta es la muerte de la invención

En el ensayo El mundo impreso en peligro (la edad del 'homo virtualis' está sobre nosotros), publicado en el último número de la revista Harper's, el escritor británico Will Self advierte, con nostalgia anticipada, que igual que las sinfonías y la pintura de caballete, que son ya ajenas al mundo contemporáneo, la novela, pieza central de la civilización, tiende a convertirse en un “tema de conservatorio”, relegada a los talleres de creación literaria.

La novela, que ha dependido de la relación íntima entre el lector y el autor, vendrá a ser sustituida por la experiencia de alguien que, con un casco en la cabeza y provisto de un taje sensorial, entra en calidad de protagonista virtual en un universo de imágenes, percepciones y sensaciones, en el que ya no tiene que descifrar palabras. El papel de lector que imagina queda abolido.


Atrapados en la formidable maquinaria de la BDDM (medios digitales bidireccionales), seremos engullidos dentro de una matriz operativa alimentada por megacomputadoras, codificadores y cables de fibra óptica. La disolución de la imaginación en un miasma cibernético, las aguas del oscuro río Leteo donde en lugar de la memoria de lo leído nos aguarda la desmemoria de la olvidoteca.


Pero antes de eso, temo una amenaza más palpable y cercana contra la novela, y contra la imaginación que la alimenta, y es la obediencia temerosa a la implacable censura de quienes exigen corrección política, o corrección social, que es lo mismo. Es cuando, quienes ejercemos este oficio libérrimo, debemos recordar que la escritura es transgresora por su naturaleza y que toda compostura la vuelve neutra y por tanto la anula. Quienes dictan los cánones de la nueva decencia pública exigen el silencio o el subterfugio.


El temor de quedar mal con los censores sociales conduce por un camino de perdición, que es la autocensura. Las mentalidades cerradas que buscan conjurar los demonios de la libertad creadora han existido en cada época y lo que varía son los temas; recordemos que no pocas obras literarias capitales se han enfrentado a la intolerancia: Las flores del mal, Madame Bovary, Ulises, El amante de Lady Chatterley. Antes el blanco era prohibir o censurar la incitación al pecado de la infidelidad, el erotismo, la impudicia. En México una dama de no sé qué asociación exigió que no se proyectara la película basada en Memoria de mis putas tristes, de García Márquez.


Los demonios necesitados de agua bendita hoy son el machismo, la homofobia, violentar la proclama de igualdad de géneros, como si se tratara de bandos en los que sólo se puede estar a favor o en contra. Pero la literatura es mucho más compleja y desafía las alineaciones. Convertir la escritura creativa en un campo de propaganda siempre va en su detrimento y liquidación, no sólo respecto a esos temas, sino en lo que hace a la política y las ideologías

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Una literatura social o políticamente correcta es la muerte de la invención. Contar historias felices es siempre aburrido y rompe con la regla de la contradicción, del conflicto, que está en la esencia dramática de la construcción narrativa. Es un absurdo convertir al autor en responsable moral de las acciones y palabras de sus personajes. Si todos los maridos en las novelas son ecuánimes, cambian los pañales a los niños, comparten las tareas domésticas, y eliminamos los triángulos amorosos, por ejemplo, volveríamos todo gris y quitaríamos verdor al árbol de la vida.


La ficción no es educativa, es por principio incorrecta, disruptiva. La pedagogía moral es ajena a la novela y se vuelve una aberración. Tratar de quedar bien con los censores, es quedar mal con los lectores. Si no se está dispuesto a ser transgresor, hay que abandonar el oficio y dejárselo a otros que no se cuiden del canon. La literatura está contaminada sin remedio. La vida es oscura y sucia, y lo que hace el escritor es buscar cómo entrar en sus honduras que nunca son asépticas.


Flaubert fue llevado a juicio acusado de que Madame Bovary era “una afrenta a la conducta decente y la moralidad religiosa". Pierre Pinard, el fiscal de la causa, se permitió elaborar una tesis sobre el papel del arte: “Imponer las reglas de decencia pública en el arte no es subyugarlo sino honrarlo". Peligrosa concepción. ¿Y Lolita? Todavía se sigue acusando a Nabokov de perversión. Si ambos hubieran honrado al arte de la manera que quería Pinard, habría dos obras maestras menos en el mundo.

Por Sergio Ramírez, es escritor, Premio Cervantes 2017.
17 OCT 2018 - 17:00 COT

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Pese al avance de la tecnología, prefiero las salas de cine: Scorsese

Oviedo. España. El sentimiento de división es muy peligroso y va contra la idea básica de lo que es Estados Unidos, país que creado por inmigrantes, aseguró el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2018, Martin Scorsese.

El multipremiado cineasta destacó que en la Estatua de la Libertad de Nueva York puede leerse "Traednos a los que no tienen casa", por lo que confió en que pase la discriminación hacia los migrantes impuesta por el presidente Donald Trump "y podamos trabajar todos juntos para cambiarla".

Incluso, dijo que si esa política hubiera empezado en 1909, "yo no estaría aquí ni tampoco la mayoría de los estadunidenses".

Recordó su película Gangs of New York aborda la reacción contra los inmigrantes irlandeses en Nueva York, a los que se odiaba por su catolicismo, aunque, insistió, a Estados Unidos lo crearon los nacidos en otras tierras.

"La migración es un experimento; todo mundo habla una lengua distinta, hay religiones distintas, todos viven juntos. Estamos intentando convivir, nunca va a ser fácil, pero es muy triste que ahora esté pasando esto, y es trágico en muchos casos", dijo.

Scorsese, director de las célebres películas Taxi driver, Buenos Muchachos y El lobo de Wall Street, entre otras, se refirió a la polémica que se ha generado con la plataforma Netflix, que producirá su próxima cinta The Irishman, con la participación de Robert de Niro, Joe Pesci y Al Pacino.

"Tenemos que proteger el respeto por el cine como arte, de modo que pueda ser apreciado por los públicos que asisten a las salas todo el tiempo posible; sin embargo, hay un factor muy importante en muchas películas, y es que no están apoyadas ya por los estudios", asentó.

Puntualizó: "Los que ponen el dinero ahora son Netflix o Amazon, y es esencial a tomar en cuenta de dónde va a salir el dinero para financiar las películas, ya que las becas o las fundaciones, no son suficientes".

Habló del mexicano Alfonso Cuarón, cuya película Roma, premiada con el León de Oro en la muestra de cine de Venecia, también es producida por Netflix.

A mí me pasó igual, agregó. "Netflix nos ha apoyado y esta película con De Niro, Pesci, Al Pacino y demás, no tenía financiamiento de otra manera".

No obstante, subrayó que la cuestión clave actual y lo que hay que proteger es la experiencia teatral que se produce al ver una película. "El cine del que yo vengo, o que intento mantener, restaurar y respetar, necesita ser visto con un público; eso no significa que las películas no se puedan ver en casa, con grandes pantallas. Creo que se trata de ambas cosas".

Llamó a trabajar para que, aunque una cinta sea producida por Netflix o cualquier otra plataforma, antes tenga tiempo suficiente en las salas de cine y luego ya se pueda ver en casa.

Scorsese, quien recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Artes el próximo viernes, de manos del rey Felipe VI, en el Teatro Campoamor, de Oviedo, aseveró que “estamos viviendo una revolución extraordinaria.

"No sabemos hacia dónde se dirige el cine; no sabemos en qué se va a convertir la imagen en movimiento. Han pasado 100 años de su historia y a lo mejor el cine es lo que ha sido hasta ahora y ahora entramos a una nueva fase", anotó.

Scorsese citó a George Lucas y expresó que “tal vez vamos a tener 15 años de un agujero negro; no sabemos a dónde nos vamos a dirigir con toda la tecnología a nuestra disposición.

"Nuestros hijos están teniendo una experiencia de cine completamente distinta y a lo mejor esa experiencia es en casa, pero yo prefiero las salas", apuntó.

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Colombia: la lucha de las mujeres afrocolombianas contra el sistema de despojo capitalista, patriarcal, colonialista y racista

Astrid Cuero, feminista afrocolombiana, fue invitada en el seminario de Otros Mundos A.C. titulado “Defensa del territorio y Lucha antipatriarcal: Cuerpo, Territorio y Trabajo”, organizado el 1 de mayo 2018 en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.

“Lo que más conozco es la experiencia del Pacífico colombiano, en la costa occidental de Colombia. Es un territorio selvático con salida al mar, con mucha diversidad y muchos recursos naturales, donde la minería ha tenido una función esencial dentro del capitalismo y la economía extractivista.


Este territorio está habitado por una población afrocolombiana e indígena. Desde los años 1990 ha sido objeto de la presencia de multinacionales, en especial mineras como la AngloGold Ashanti (de capital sudafricano). Este territorio está siendo disputado por muchos actores, incluso armados, porque allí también se siembran cultivos ilícitos como la cocaína, la amapola, la mariguana, en complicidad con el estado.
Es un territorio disputado por las guerrillas y por paramilitares que han sido pagados por narcotraficantes como por las empresas multinacionales. Esto ha generado una situación de destierro en las poblaciones afrocolombianas. Los hombres negros han sido los que han sido más asesinados en todo el conflicto en el pacífico colombiano. En particular las mujeres negras son las que quedan sobreviviendo y resistiendo, intentando reconstruir su vida. Han sufrido violencias de todo tipo porque aparte de que destruyen a sus familias, matan a sus esposos y sus compañeros, también han sido violadas y violentadas por los actores armados, sobre todo militares y paramilitares.


Además, muchas de ellas han sido desplazadas, desterradas de sus territorios, han tenido que llegar a las ciudades con sus hijos, para intentar sobrevivir, enfrentándose a condiciones de pobreza y de racismo. Es una lucha muy profunda y muy dura contra un sistema que es patriarcal, y capitalista, pero que también es racista. Es fundamental darnos cuenta de ese racismo estructural que las mujeres negras tienen que enfrentar para sobrevivir y defender sus territorios. Algunas han podido seguir intentando defender su territorio desde sus lugares, pero a muchas les ha tocado salir.


Mujeres como Francia Márquez (Premio Goldman 2018) y Marilyn Machado, entre otras, hacen parte de todo un proceso de comunidades negras y de la Red de movilización de mujeres afrodescendientes por el cuidado de la vida y los territorios ancestrales, quienes no se definen como feministas pero están ejerciendo un feminismo negro. Estas mujeres negras que han defendido la vida, el territorio y la relación integral que existe entre la naturaleza y el humano, son mujeres que no se definen como feministas, pero que en sus practicas políticas están generando una vida alternativa al sistema de despojo capitalista, patriarcal, colonialista y racista.”

 

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