Las advertencias del Banco de la República

El gerente del Banco de la República expresó su preocupación por la situación de la economía. Sus argumentos son válidos, y deben ser tenidos en cuenta. Los bancos centrales deben entender la política monetaria desde una perspectiva general, que incluya el empleo, los ingresos y, en general, la calidad de vida de las personas. La estabilidad macro requiere que haya coordinación entre el gobierno y el banco central. Las advertencias del gerente del Banco son un llamado a que la política económica actúe sobre los problemas estructurales de la economía.

El primer punto que preocupa es el lento ritmo de crecimiento del PIB. Durante el primer semestre de este año apenas fue de 2,8 por ciento. El aparato productivo se ha vuelto más frágil y dependiente de las fluctuaciones de los mercados internacionales. Es interesante constatar que el ritmo de crecimiento del PIB fue débil, incluso durante los años de las bonanzas del petróleo y de los minerales. Es clarísima la pérdida de importancia que ha tenido la agricultura y la industria. En la estructura del PIB, a partir del 2005 ganan espacio la minería, el comercio, las comunicaciones, las finanzas y la administración pública. Estas tendencias ponen en evidencia la dependencia de la economía de los productos primarios, del comercio y las finanzas. El crecimiento de la intermediación financiera y de los derivados ha sido significativo. No hay duda que la estructura de la producción se ha debilitado. A los bancos y a los intermediarios financieros les ha ido bien. En gran parte, porque la tasa de interés que cobran sigue muy alta. El costo de la intermediación es demasiado elevado.

Los hechos señalados están llevando a un aumento de la tasa de desempleo, que ha superado el 10 por ciento. En febrero de 2019 tal tasa fue de 11,8 por ciento. Y entre los empleados, casi la mitad es informal. Sin empleo no hay ingresos, y ello se traduce en un cambio en la tendencia de la pobreza, que en los dos últimos años comenzó a subir.

El gerente del banco central también expresa su preocupación por el aumento del déficit del sector externo. El déficit en cuenta corriente es de -4,6 por ciento del PIB, así que las importaciones siguen creciendo más que las exportaciones. La excesiva dependencia de la exportación de bienes primarios (petróleo, minerales, café, banano y flores), y el aumento de las importaciones ha llevado a descuidar el mercado interno, con impactos negativos en los sectores industrial y agropecuario. El daño estructural es evidente. Además, las zonas productoras de petróleo y minerales se han convertido en economías de enclave. Sus habitantes continúan teniendo pésimas condiciones de vida. El déficit externo muestra que la apertura de la economía ha sido “hacia adentro”. En lugar de que las bonanzas hayan servido para mejorar la productividad y la competitividad, Colombia continúa importando mucho más de lo que exporta.


Y la otra preocupación de Echavarría, el banquero central, es el déficit fiscal. El reiterado desequilibrio de las finanzas del gobierno se ha reflejado en un creciente endeudamiento. En el 2018 el saldo de la deuda pública continuó subiendo y llegó a 55,5 por ciento del PIB. El manejo de la política fiscal en Colombia ha tenido dos características. Por un lado, se insiste de manera reiterativa en reducir el gasto. En estos días el ministro Carrasquilla volvió a repetirlo. Este deseo ha sido reiterativo. Y, por otro lado, el énfasis en la reducción del gasto ha llevado a descuidar la tributación. Dada la dificultad de aumentar los impuestos, los gobiernos recurren a una fórmula facilista, que propone cerrar la brecha fiscal con un menor y más eficiente gasto público. Esta alternativa, que suena bien, no se ha cumplido, y la mejor muestra de ello es el aumento del saldo de la deuda pública.

En contra de lo que piensa Carrasquilla, la Comisión del Gasto mostró que el gasto público en Colombia es bajo cuando se compara con el de otros países de América Latina y, mucho más, cuando se compara con los países de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Mientras que en Colombia el gasto del Gobierno Central Nacional es de 18,9 por ciento del PIB, en el promedio de la Ocde está en 36. El peso que tiene el gasto público en los países de la Ocde es el doble del de Colombia. La Comisión del Gasto concluyó que el gasto no se puede bajar. Por el contrario, es necesario aumentarlo pero con eficiencia. En opinión de la Comisión, la modernización del país implica un mayor y mejor gasto. Es contraproducente pretender reducir el déficit fiscal a través de recortes del gasto, dejando de lado la vía tributaria.

Los problemas señalados no son coyunturales, ya que reflejan daños fundamentales de la economía. No hay espacio para ser optimistas, porque el Plan de Desarrollo recién aprobado, no propone soluciones a estos problemas. A duras penas los menciona.

 

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14 de junio de 2019

Publicado enColombia
Las advertencias del Banco de la República

El gerente del Banco de la República expresó su preocupación por la situación de la economía. Sus argumentos son válidos, y deben ser tenidos en cuenta. Los bancos centrales deben entender la política monetaria desde una perspectiva general, que incluya el empleo, los ingresos y, en general, la calidad de vida de las personas. La estabilidad macro requiere que haya coordinación entre el gobierno y el banco central. Las advertencias del gerente del Banco son un llamado a que la política económica actúe sobre los problemas estructurales de la economía.

El primer punto que preocupa es el lento ritmo de crecimiento del PIB. Durante el primer semestre de este año apenas fue de 2,8 por ciento. El aparato productivo se ha vuelto más frágil y dependiente de las fluctuaciones de los mercados internacionales. Es interesante constatar que el ritmo de crecimiento del PIB fue débil, incluso durante los años de las bonanzas del petróleo y de los minerales. Es clarísima la pérdida de importancia que ha tenido la agricultura y la industria. En la estructura del PIB, a partir del 2005 ganan espacio la minería, el comercio, las comunicaciones, las finanzas y la administración pública. Estas tendencias ponen en evidencia la dependencia de la economía de los productos primarios, del comercio y las finanzas. El crecimiento de la intermediación financiera y de los derivados ha sido significativo. No hay duda que la estructura de la producción se ha debilitado. A los bancos y a los intermediarios financieros les ha ido bien. En gran parte, porque la tasa de interés que cobran sigue muy alta. El costo de la intermediación es demasiado elevado.

Los hechos señalados están llevando a un aumento de la tasa de desempleo, que ha superado el 10 por ciento. En febrero de 2019 tal tasa fue de 11,8 por ciento. Y entre los empleados, casi la mitad es informal. Sin empleo no hay ingresos, y ello se traduce en un cambio en la tendencia de la pobreza, que en los dos últimos años comenzó a subir.

El gerente del banco central también expresa su preocupación por el aumento del déficit del sector externo. El déficit en cuenta corriente es de -4,6 por ciento del PIB, así que las importaciones siguen creciendo más que las exportaciones. La excesiva dependencia de la exportación de bienes primarios (petróleo, minerales, café, banano y flores), y el aumento de las importaciones ha llevado a descuidar el mercado interno, con impactos negativos en los sectores industrial y agropecuario. El daño estructural es evidente. Además, las zonas productoras de petróleo y minerales se han convertido en economías de enclave. Sus habitantes continúan teniendo pésimas condiciones de vida. El déficit externo muestra que la apertura de la economía ha sido “hacia adentro”. En lugar de que las bonanzas hayan servido para mejorar la productividad y la competitividad, Colombia continúa importando mucho más de lo que exporta.


Y la otra preocupación de Echavarría, el banquero central, es el déficit fiscal. El reiterado desequilibrio de las finanzas del gobierno se ha reflejado en un creciente endeudamiento. En el 2018 el saldo de la deuda pública continuó subiendo y llegó a 55,5 por ciento del PIB. El manejo de la política fiscal en Colombia ha tenido dos características. Por un lado, se insiste de manera reiterativa en reducir el gasto. En estos días el ministro Carrasquilla volvió a repetirlo. Este deseo ha sido reiterativo. Y, por otro lado, el énfasis en la reducción del gasto ha llevado a descuidar la tributación. Dada la dificultad de aumentar los impuestos, los gobiernos recurren a una fórmula facilista, que propone cerrar la brecha fiscal con un menor y más eficiente gasto público. Esta alternativa, que suena bien, no se ha cumplido, y la mejor muestra de ello es el aumento del saldo de la deuda pública.

En contra de lo que piensa Carrasquilla, la Comisión del Gasto mostró que el gasto público en Colombia es bajo cuando se compara con el de otros países de América Latina y, mucho más, cuando se compara con los países de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Mientras que en Colombia el gasto del Gobierno Central Nacional es de 18,9 por ciento del PIB, en el promedio de la Ocde está en 36. El peso que tiene el gasto público en los países de la Ocde es el doble del de Colombia. La Comisión del Gasto concluyó que el gasto no se puede bajar. Por el contrario, es necesario aumentarlo pero con eficiencia. En opinión de la Comisión, la modernización del país implica un mayor y mejor gasto. Es contraproducente pretender reducir el déficit fiscal a través de recortes del gasto, dejando de lado la vía tributaria.

Los problemas señalados no son coyunturales, ya que reflejan daños fundamentales de la economía. No hay espacio para ser optimistas, porque el Plan de Desarrollo recién aprobado, no propone soluciones a estos problemas. A duras penas los menciona.

 

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14 de junio de 2019

Publicado enEdición Nº258
Jueves, 23 Febrero 2017 07:35

PIB de 2% en 2016, el peor en siete años

PIB de 2% en 2016, el peor en siete años

 La economía colombiana registró un crecimiento de 2,0% al cierre de 2016, considerado como mediocre por dirigentes gremiales que exigieron del Gobierno medidas para reactivar el aparato productivo.

Las cifras indican que el PIB total de 2016 es el que muestra menor crecimiento en los últimos 7 años y que se mantuvo en línea con las estimaciones del Gobierno nacional y levemente por encima de las proyecciones del Banco de la República y analistas privados.

El director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, Mauricio Perfetti, dijo que las ramas con mayor crecimiento en el 2016 fueron Servicios financieros e inmobiliarios con 5,0%, Construcción con 4,1% e Industria manufacturera con 3,0%.

El Director del DANE manifestó que “el comportamiento de Servicios financieros e inmobiliarios se explica por el crecimiento de los tres subsectores que conforman la actividad, donde se destacan Servicios de intermediación financiera con 11,1% y Servicios inmobiliarios y de alquiler de vivienda con 3,2%”.

El crecimiento de la construcción en el 2016 se explica por la variación positiva de Construcción de edificaciones con 6,0% y de Trabajos de construcción de obras civiles con 2,4%. El crecimiento del sector Industria manufacturera en 2016 fue 3,0%. Se destaca, además de Productos de la refinación de petróleo (23,2%), Elaboración de bebidas (8,4%), Maquinaria y equipo (7,0%) y Productos de la molinería (4,8%).

Durante todo el año 2016 la Industria manufacturera registró un comportamiento positivo y 15 de las 24 ramas de actividad crecieron positivamente.

El sector Servicios sociales, comunales y personales presentó un crecimiento de 2,2%, explicado por Servicios de educación de mercado con 4,0%, Servicios de asociación y esparcimiento con 2,4%, Servicios sociales y de salud con 2,0% y Administración pública y defensa con 1,8%.

 

 

Los que cayeron

 

Las ramas de actividad que presentaron variaciones negativas durante el 2016 fueron Explotación de minas y canteras con -6,5% y Transporte, almacenamiento y comunicaciones con -0,1%.

El comportamiento negativo de Explotación de minas y canteras está asociado con la dinámica del sector Hidrocarburos.

Sin embargo se destaca el crecimiento positivo de la producción de Carbón mineral que aumentó 5,8%, de Mineral de oro 6,0% y de Mineral de níquel 3,3%, entre otros.

El comportamiento negativo del sector Transporte, almacenamiento y comunicaciones se explica por el Servicio de transporte de tuberías (-7,4%) que depende del sector Hidrocarburos.

En 2016 Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca creció 0,5%.

Se destaca el crecimiento de 2,6% presentado en el cuarto trimestre del año, que está influenciado por la producción de café pergamino (5,4%), arroz (42,7%), hortalizas frescas (11,7%) y otras frutas (4,0%).

El director del DANE resaltó que en 2016 los sectores Industria manufacturera y Construcción tuvieron un mejor comportamiento que en el año anterior.

 

 

Flojo crecimiento

 

El crecimiento de la economía en Colombia en 2016 fue mediocre tirando a malo, aseguró el presidente de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, Guillermo Botero Nieto.

El dirigente gremial dijo a EL NUEVO SIGLO que el comercio solo creció 1,8% y la contribución de la actividad a la producción total del país fue de apenas 1,5%.

Señaló que el comercio dejó de ser el jalonador de la economía colombiana y muestra de ello es la baja en la confianza de los consumidores.

 

“Los colombianos no nos resignamos a tener crecimientos por debajo del 3% y con un 3% como se dice en los colegios resultamos rajados”, señaló Botero.

Dijo que el efecto Reficar ya es menor y jalonó la industria hasta crecer 3,0%, pero este efecto se perderá en marzo.

 

Dijo que el Banco de la República debe tomar medidas más agresivas en materia de política monetaria y bajar las tasas de interés para reactivar la economía, pues el traslado de la reducción del costo del dinero se demora en transferirse a los consumidores.

 

Botero aseguró que el panorama es bien complejo, porque el 2017 ha comenzado con una fuerte reducción en el consumo de los hogares que podría impactar el crecimiento de la economía.

El presidente de la Bolsa Mercantil, Rafael Mejía, afirmó que el balance de la economía en el 2016 fue regular e indicó que espera que en el presente año el PIB vuelva a tomar un impulso.

Lamentó que el agro en el año que acaba de concluir haya registrado un pobre desempeño con un ajuste de tan solo el 0,5%.

 

 

Sector fuerte

 

Para la presidenta Ejecutiva de Camacol, Sandra Forero Ramírez, "a pesar de los desafíos de la economía y sus efectos en las decisiones de inversión de los hogares y las firmas, el sector mantuvo un volumen de actividad que le permitió generar un 6% más de valor agregado a lo largo del año".

Por segmentos, el crecimiento que generó la construcción de vivienda durante 2016 fue de 2,2%, y en el desarrollo de proyectos no residenciales se registró una variación de 10%.

La dirigente explicó que los resultados en materia de vivienda se alinean con lo observado en la dinámica comercial y el inicio de obra de los proyectos. Del volumen de ventas de vivienda registrado durante 2016, solo se dio inicio a la construcción del 48% producto de una dinámica comercial moderada por las tasas de interés, en comparación con los últimos años.

"No obstante, el 52% restante de viviendas por iniciar generarán valor agregado, empleo y demanda de insumos durante 2017. Nuestra perspectiva es que se aceleren los procesos de inicio de obras y así lo insinúa el dato del mes de enero, cuando se registraron 16.105 iniciaciones de vivienda, cifra superior en 37% al promedio mensual registrado en 2016", aseguró Forero.

 

 

Venía desacelerando

 

Para el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, Bruce Mac Master, el 2,0% de crecimiento en el PIB es la muestra de que el último trimestre de 2016 ya venía en desaceleración, que se evidenció en enero, no fue solo de ese mes, venía en el consuno del último trimestre del año.

Lo que tenemos es una tendencia más que marcada que tenemos que corregir y hacer una agenda de recuperación, en eso tenemos que trabajar.

 

Crecimiento América Latina

Perú. 3,7%

México. 2,3%

Colombia. 2,0%

Chile. 1,7%

Argentina . -1,8%

Ecuador. -2,3%

Brasil. -3,5%

Promedio. -0,7%

Datos observados y proyección FMI

 

Artículos relacionados:

 

El nuevo espíritu del capitalismo y la economía colombiana, 1991-2016

Libardo Sarmiento Anzola, suplemento Educación y Economía Nº6, septiembre 20 - octubre 20 de 2016

 

Reforma tributaria estructural, 2016:

Libardo Sarmiento Anzola, periódico Le Monde diplomatique Nº161, noviembre 2016

 

La ley tributaria al desnudo

Libardo Sarmiento Anzola, periódico desdeabajo Nº231, enero 20 - febrero 20 de 2017

 

 

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ENRIQUE VALENCIA LOMELI


El investigador mexicano analiza la persistencia de una narrativa que lleva más de 30 años de reformas orientadas por políticas neoliberales. Lejos del desgaste frente a un panorama de escaso desarrollo social –un 50 por ciento de pobreza sostenida desde hace 30 años en México y una muy alta desigualdad–, la narrativa de mercado se repite y es efectiva, según Valencia Lomelí.

 

 

En la base de este relato existe una coalición tecnocrática nacional e internacional obsesionada por la baja inflación, por sostener un salario mínimo extraordinariamente bajo y un conjunto de acuerdos de apertura comercial. ¿Cómo funciona esta narrativa? ¿Cuáles son los actores involucrados? ¿Qué condiciones estructurales sostienen dicha narrativa?

 


–Hace algunos meses presentó en Buenos Aires, en la sede de Clacso, un trabajo que llevaba por título “La (no) extraña persistencia de la narrativa de mercado” ¿Qué significa y por qué entre paréntesis la palabra “no”?


–Si analizamos el desempeño económico y social de México de los últimos 30 o 35 años, parecería muy extraña la persistencia de una narrativa de mercado que ha durado mucho tiempo y ha sido muy consistente. Entonces, teniendo un desempeño económico muy pobre en algunos indicadores y viendo el desarrollo social, donde existe una persistente pobreza y una alta desigualdad que no cede, cabe la pregunta ¿Cómo es posible que se mantenga esta narrativa triunfante? Por otra parte el “no” entre paréntesis, es lo que intento discutir, apunta a los fundamentos de una narrativa que persiste a pesar de los indicadores que arroja. Quienes defienden esta narrativa en México han configurado una coalición internacional que promueve este tipo de discursos. O sea, hay un fundamento de tipo sociopolítico, es decir una asociación de coaliciones mexicanas pro-mercado, con coaliciones internacionales pro-mercado. Por eso juego con esas dos dimensiones: por un lado es extraña la persistencia de esta narrativa, pero por otro lado tiene fundamentos sólidos que la sostienen.


–¿En qué consiste esta estrategia discursiva que se reproduce desde hace 30 años?


–Al inicio se genera la necesidad de introducir una reforma. Lo que se dice es que se trata de una reforma indispensable. Incluso se señala que la economía nacional no puede seguir adelante, si no se hace esta reforma. Entonces se busca la legitimidad a nivel nacional, en los medios políticos, académicos, de comunicación, etc. Hay toda una campaña para instalar la legitimidad de la reforma. Luego se busca identificar a los opositores para deslegitimarlos. Según esta narrativa, los opositores están en contra de la reforma porque no hacen un análisis correcto, porque tienen intereses propios, ocultos, etc. Según esta narrativa, el ámbito académico también se opone a la reforma porque los académicos no saben nada de la economía nacional, no saben lo que se vive en el mundo. A esto le sigue la etapa que consolida la reforma en términos legales y reglamentarios. Una vez alcanzada la formalización, viene la etapa de festejos de celebración por los cambios. ¡Como si una simple reforma legislativa cambiara la economía nacional! En esta etapa, se dice “hemos logrado transformar el país” y lo celebran quienes promueven estas reformas, pero además los organismos internacionales, los medios de comunicación afines, etc.


Acto seguido, viene la aplicación de la reforma en la vida cotidiana y sabemos que esta es compleja porque la economía no cambia con una simple ley y al poco tiempo empiezan a aparecer las limitaciones. Es decir, no se consigue todo lo que habían señalado que se iba a conseguir. Entonces viene la siguiente etapa: una nueva reforma, que viene completar un ciclo reformista que no ha terminado. Dicen “es necesario introducir una nueva reforma”. Así vuelve a iniciar el ciclo discursivo. México se ha reinventado no sé cuántas veces, por ejemplo con la reforma comercial, con la ola de privatizaciones, etc.


–¿Cómo está formada la coalición pro-mercado que mencionó previamente?


–Esto se puede ver en varios paìses del mundo donde hombres de Estado antes de cumplir con funciones públicas eran miembros de familias empresariales o bien pertenecían a grandes empresas, etc. Hay un juego entre la entrada y la salida de instituciones públicas a privadas y viceversa. En EEUU varios autores como, por ejemplo, Stiglitz cuestionan este fenómeno llamado de “puertas giratorias” donde hay una circulación que va del Estado norteamericano a Wallstreet y se reproduce en sentido contrario. Algunos hombres de Wallstreet de pronto pasan a ser dirigentes de instituciones públicas que tienen que ver con cuestiones financieras, con el manejo de políticas monetarias, etc. En España este debate referido a las puertas giratorias estuvo muy presente en el debate electoral. Existen propuestas para reglamentar este corredor que va del sector privado al sector público y viceversa. En México esto se ha vivido en los últimos años, donde algunos personajes que fueron muy importantes en las reformas de mercado al poco tiempo se volvieron directores de grandes empresas. Este fue el caso del sector de las telecomunicaciones con Telefónica. Así como ocurrió con las empresas ferroviarias donde algunos hombres migraron desde el sector público y se convirtieron en miembros de los consejos de administración de estas empresas que fueron privatizadas y ahora son estadounidenses. Hace poco en México se ha lanzado la reforma energética y ya vemos funcionarios públicos que cumplieron con cargos importantes que ahora se han vinculado al mundo de las empresas energéticas y petroleras. Ese esquema cementa de una manera muy firme el poder de esta tecnocracia. No es una tecnocracia meramente pública, es una tecnocracia vinculada al sector privado. Este pegamento poderoso entre intereses públicos e intereses privados le da continuidad a esta tecnocracia. Por último, en México hubo una extranjerización de los bancos privados, con la reforma financiera. En su momento quedó un solo banco privado nacional (porque la mayoría fueron a parar a manos extranjeras) que fue dirigido varios años por un ex director del Banco Central, quien además estuvo al frente del Ministerio de Hacienda y otras instituciones públicas financieras. Entonces tenemos el mundo bursátil, el mundo bancario, el mundo financiero, empresas de telecomunicaciones, energéticas y de transporte donde hay una asociación de intereses públicos y privados muy arraigada.


–¿En qué medida es también una coalición internacional?


–Para cerrar la conformación del poder nacional e internacional, existe una asociación con organismos internacionales. Por ejemplo, tenemos hombres de Estado que pasan a ser dirigentes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), etc. En la OCDE hay un funcionario que fue muy importante en todos los procesos de reforma financiera del país, en las negociaciones de la deuda externa mexicana, en fin en varias reformas. Existe entonces un poder nacional con ligas internacionales. Por eso, no concuerdo con quienes plantean que las reformas económicas de mercado en el caso mexicano (y en otros casos latinoamericanos) son una simple imposición internacional, donde el Banco Mundial y el FMI imponen estas políticas y México como un corderito inocente va hacia el precipicio. Esto no funciona de forma unilateral. No quiero dejar de reconocer el enorme poder que tienen todavía estas instituciones, especialmente las financieras. Pero lo que quiero destacar es que las reformas de mercado en México no son “made in FMI” solamente, también lo son, pero primero son locales. Es decir, esto es poderoso y durable gracias a una coalición nacional e internacional.


–¿Qué significa que la economía de México es “perversamente estable”?


–En nuestro país, lo que se busca con las políticas de enfoque de mercado es estabilizar lo que tiene que ver con el manejo de los precios. Se busca llegar a una inflación de un dígito o lo más cercano a la inflación de Estados Unidos. Hay una obsesión mexicana por tener una inflación muy baja. Con esto no quiero decir que yo sea favorable a las políticas económicas de alta inflación. Lo que cuestiono es ponderar el indicador de una baja inflación, como si fuera el indicador fundamental de desarrollo. Ese pensamiento es sumamente cuestionable. En México observamos el placer que siente la tecnocracia por haber logrado una inflación de un dígito. Ellos dicen, “somos un país estable y creíble porque logramos esto”. Durante la crisis del 2009 nuestro PBI llegó a bajar entre 6 por ciento y 7 por ciento pero las autoridades decían “lo logramos, somos estables, a pesar de todo tenemos baja inflación”. ¡Cómo si ese fuera el indicador fundamental! ¡Cómo si el crecimiento y la producción de satisfactores esenciales para la vida de los ciudadanos quedara en un segundo lugar! Como si lo importante fuera el precio bajo, cuando esto es un simple medio. ¡Excelente que tengamos precios bajos! Pero que nos permitan tener dinamismo. Entonces en este sentido la tecnocracia insiste con la idea de que somos creíbles para las calificadoras internacionales, se jactan de que tenemos un déficit público controlado, etc. En contrapartida, el dinamismo económico y el desarrollo social quedan en un segundo plano. Tenemos alrededor de 30 años de crecimiento económico muy limitado. Por eso yo decía que somos perversamente estables, porque efectivamente tenemos una baja inflación y tenemos indicadores macroeconómicos relativamente estables. Pero, por otro lado, tenemos una pobreza estable que se mantiene alrededor del 50 por ciento, así como una desigualdad relativamente estable y muy alta.


–El 50 por ciento de la población mexicana son aproximadamente 60 millones de personas. ¿Cómo se comportan los movimientos sociales, las organizaciones, los sindicatos frente a este panorama?


–En México, las principales centrales sindicales tienen una larguísima tradición de vinculación dependiente del Estado. Si vemos la política salarial mexicana de los últimos 40 años, la oposición de las centrales sindicales frente a estas políticas ha sido mínima. Tenemos una reducción del salario real en México muy importante. En los últimos 30 años, la coalición conservadora tecnocrática mexicana ha sido hábil para seguir asociada a los líderes de estas centrales sindicales. ¿Cómo se asocian? Bueno, con negociaciones, con acuerdos, beneficios, etc. No hay negociaciones sindicales para solicitar aumentos salariales en determinadas circunstancias que vayan por arriba de la inflación. No todos los sindicatos, pero una buena parte de las centrales sindicales son dependientes de la tecnocracia actual y de los viejos políticos del PRI de los años 60’ y 70’. Por otra parte existen organizaciones civiles ciudadanas muy activas en ámbitos sectoriales pero no han logrado oponerse de manera exitosa a este proceso de reformas de mercado. Especialmente oponerse en el sentido de negociar cambios en la reformas que apunten a alcanzar beneficios sociales. Creo que las acciones ciudadanas en general, que han sido muchas en estas décadas, no han logrado cambios sustanciales en las reformas de mercado en términos nacionales. En ámbitos locales o regionales o sectoriales, las acciones ciudadanas han resistido o han frenado el alcance de estas reformas, con alternativas de solidaridad y de organización propia; en el ámbito nacional no han logrado articularse en una coalición nacional exitosa para generar alternativas con enfoque de derechos sociales. Por último, algo fundamental a considerar es que la tecnocracia ha avanzado con la generación de programas sociales de transferencia de rentas y de servicios que benefician parcialmente a estos 60 millones. O sea, hay reparto de recursos limitados. Para las poblaciones que viven en situación de pobreza y algunos de pobreza extrema, el hecho de contar con recursos permanentes, aunque sean pocos, si no tienen empleo suficiente o empleo digno, se vuelve determinante.


–La represión parece ser un factor estratégico para instalar esta narrativa.


–El recurso a la represión tiene larga historia en el México corporativizado. Generalmente el viejo Estado recurría a las componendas con sus aliados corporativos, a la negociación de prebendas; recurría a la represión cuando las organizaciones corporativas (o movimientos en el seno de ellas) buscaban autonomía o políticas diferentes. Hay larga historia de represión a los movimientos médicos, ferrocarrileros, electricistas. En esa larga historia hay que ubicar la represión a los maestros disidentes. En la historia reciente, la narrativa de mercado trata de deslegitimar a los opositores de las reformas. La idea es avanzar en las reformas lo más rápidamente posible sin necesidad de deliberación o diálogo; la consulta es llevada a los mínimos posibles. Deslegitimar al oponente es clave: ¿cómo dialogar con opositores tan “atrasados”, tan “violentos”, tan “interesados”, etc.? Se construye así un adversario fácil de combatir: “¿Para qué dialogar con opositores sin legitimidad?” es el discurso de fondo; dicho de otra manera, no hay opositores legítimos. Los maestros opositores son presentados como enemigos de los estudiantes, de la educación misma. La tecnocracia hegemónica no es ejemplo de deliberación democrática. En el marco del gobierno actual el recurso a la represión se está convirtiendo en una práctica recurrente. Lo más notable es que algunos casos relevantes se dirigen a estudiantes, maestros y comunidades, de zonas con fuerte presencia indígena y de campesinos pobres. La desigualdad socioeconómica se está expresando así también en desigualdad sociopolítica con violencia y represión como en Ayotzinapa, Guerrero, y Nochixtlán, Oaxaca.


–Usted presentó un cuadro comparativo, con datos de la CEPAL, donde se muestra el salario mínimo real en Brasil, Chile, México y Argentina. En 2014, Argentina presentaba el salario mínimo real más alto entre estos países y México el más bajo. ¿Por qué dice que este indicador es el corazón del asunto?


–Creo que es el corazón del asunto porque en el caso mexicano el indicador salario, especialmente el salario mínimo, nos muestra el pensamiento “en vivo” de esta tecnocracia conservadora. Precisamente recurrí a este gráfico con el índice de salarios desde 1980 hasta 2014 y presenté el caso mexicano comparado con Brasil, Chile y Argentina. Entre 1980 y 2000 hubo una reducción de las 2 terceras partes del salario mínimo mexicano, y de 2000 a 2014 el salario mínimo ha permanecido estable. Esa es la estabilidad perversa.


¿Por qué digo que ahí está la clave? Porque ese es el núcleo del proyecto económico mexicano: les interesa mantener los salarios muy bajos para poder ser exitosos en la inserción exportadora mundial. México en los últimos 20 años ha sido exitoso en sus exportaciones (con todos los límites que deben considerarse en esto). ¿Pero qué exportamos? Exportamos productos ensamblados, manufacturas, etc. Todo esto con una base en salarios extraordinariamente bajos en comparación con toda América Latina (no sólo con Chile, Argentina y Brasil). Si comparamos con otros países estamos en una situación de excepcionalidad en la región. Hay una fuerte resistencia frente a una política salarial más activa, de incremento real del poder de compra de los salarios, como lo han vivido Argentina o Brasil, por ejemplo. En México temen que si se toman políticas salariales activas se va a disparar la inflación. Si tomamos el caso de Corea del Sur, observamos que allí se han incrementado los salarios en los últimos decenios lo cual no desembocó en una alta inflación, al contrario tienen inflación de un solo dígito y las exportaciones coreanas no están basadas en salarios extremadamente bajos. En México, el año pasado por primera vez se discutió un cambio en la política salarial. El objetivo era poder incrementar el poder de compra del salario mínimo. Que los empresarios y la tecnocracia se opongan a un aumento del salario mínimo es comprensible. Lo que es sorprendente es que las centrales sindicales enviaron un comunicado indicando que no estaban de acuerdo con una política de incremento del salario mínimo, tal como se planteaba. Los sindicatos señalaron que eso iba a generar problemas a la clase trabajadora, lo cual cristaliza la asociación entre algunas centrales sindicales y las cúpulas del poder privado en México.


–Argentina se sumó como observador a la Alianza del Pacífico ¿Qué pronóstico indicaría para este país sobre su política económica exterior?


–Las primeras reformas que vivimos en México fueron las reformas de apertura comercial. En un primer momento la tecnocracia de 1985 llevó adelante la apertura para romper con la historia de industrialización sustitutiva de las importaciones. Desde ese momento se realizó todo el proceso de reforma que yo señalaba, indicando que existía una necesidad de apertura. Se buscó deslegitimar a los opositores porque “era gente que no entendía las ventajas de la apertura a los mercados, etc”. La apertura fue la primera gran reforma. Luego vino el proceso de incorporación a los acuerdos comerciales. México se convirtió en uno de los líderes de la firma de convenios de apertura comercial, actualmente tiene convenios de libre comercio firmados con más de 40 países. A diferencia de América del Sur, México depende fundamentalmente del mercado estadounidense. Nuestras exportaciones van en un 80 o 90 % hacia los Estados Unidos. Entonces tenemos la expresión de que si EEUU tiene gripe, México tiene pulmonía. En la apertura comercial lo que tenemos es un incremento de la dependencia a un solo mercado. Cuando empezó la discusión sobre el tratado de libre comercio con EEUU y Canadá se lanzaron estudios econométricos, se escribía mucho para legitimar la reforma, planteos sobre el mundo feliz que viviría México gracias a esta asociación. Se dijo, además, que esto aumentaría los salarios reales de los trabajadores mexicanos, que bajaría la pobreza, etc. Pero lo que sucedió fue un incremento de relaciones comerciales con EEUU. La economía mexicana no creció, la pobreza no se redujo, como comenté, permanece estable. Las industrias trasnacionales asentadas en México han acentuado su productividad de una forma muy importante con la política salarial mexicana que ya conocemos. Pero no hubo dinamismo económico, ni desarrollo social. Entonces, pienso que estas asociaciones y tratados tienen que revisarse de una manera crítica. No me opongo a los acuerdos comerciales con otros países, pero deben basarse en reglas diferentes. Es necesario establecer acuerdos pero que contemplen las diferencias de desarrollo entre los países. Por ejemplo, el primer modelo de integración europea que incorporaba el reconocimiento de los desniveles de desarrollo de los países europeos parece que ya se les olvidó. Algo a destacar es el secretismo en este tipo de negociaciones y discusiones, por ejemplo con el famoso acuerdo de la alianza transpacífico donde los acuerdos se difundieron cuando ya estaban firmados. Lo que es más terrible es que no acaban de difundirse de manera plena. No está claro los costos que vamos a tener en materia sanitaria con la presencia de los intereses de las grandes trasnacionales farmacéuticas. En principio soy escéptico respecto de estas alianzas que acentúan y extreman el libre mercado.

 

 

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Lunes, 23 Mayo 2016 09:00

Tope del crecimiento económico

Tope del crecimiento económico

La realidad tiene poco que ver con las estimaciones. Pero este no es asunto que preocupe demasiado a muchos economistas y tampoco a los políticos. Si se fija una tasa de crecimiento esperada para esta economía y luego se revisa a la baja varias veces durante el año, pues peor para la realidad; siempre habrá manera de explicarlo. Es ahí donde se pone la atención en los métodos para estimar el nivel de la actividad económica y sus consecuencias en la cada vez más repetitiva conversación (o monólogo) que se crea alrededor del PIB.

 

Desde hace tiempo el banco central ha explicado la trayectoria de la inflación con referencia en un concepto que es la brecha del producto. Este indicaría si el producto que efectivamente se mide es mayor o menor que el que se estima como el potencial, es decir, la cantidad máxima de bienes y servicios que se puede generar funcionando a plena capacidad, lo que implica una máxima eficiencia.

 

Vaya, que se trata de lo que se estima que crece el producto y lo que se estima que podría crecer en un momento determinado. Una medición pretenciosa, pero sobre la cual según dicen los técnicos se basa la política monetaria para determinar el curso de la inflación, mediante la tasa de interés y, también, la política fiscal para incidir sobre las decisiones de inversión y de consumo por medio del gasto público y los impuestos.

 

Si el producto efectivo está por debajo del potencial (una brecha negativa) las condiciones de la oferta y la demanda no presionan los precios al alza, si la brecha es positiva la inflación tenderá aumentar. La consecución de las metas de inflación en torno a 3 por ciento anual se basaba en la brecha negativa. Pero ahora esa brecha, según algunos analistas, se está cerrando.

 

Pero no se cierra necesariamente por razones de la asignación y uso de los recursos, por estar utilizando más la capacidad instalada, porque crezca la inversión o se eleven los ingresos de los trabajadores. Tampoco sería la consecuencia del impulso de los procesos de innovación o del cambio tecnológico. No, esto sucede porque la economía no da para más, no logra elevar su tasa de crecimiento más allá de 2.6 por ciento en promedio anual. Este es, según la visión más convencional, su estado natural. No importa si esto es mucho o poco, lo relevante es el tope.

 

La conocida empresa calificadora Moody’s emitió hace unos cuantos días una nota de análisis en la que trata este asunto. Dice: Dado que la economía se encuentra funcionando a tasas consistentes con su capacidad productiva, la brecha del producto se ha cerrado. Y concluye que no se necesitan más los estímulos de tipo fiscal y monetario, pues se generaría una inflación por encima del objetivo de 3 por ciento y, además, forzar un crecimiento del producto por arriba del actual provocaría desequilibrios macroeconómicos.

 

Pues los técnicos economistas del sector privado y del gobierno conceden así que esta economía no da para más. Ni aumenta su capacidad de producción, ni rebasa su grado de ineficiencia actual, no cuenta con fuerza alguna que impulse su potencial de crecimiento. Pues que sea el 2.6 por ciento de crecimiento anual del producto y quien se quede fuera lo hará siempre en beneficio de una inflación controlada y de la preservación de los equilibrios macroeconómicos. Este es el mensaje político que tendrá que asumirse abiertamente. El poder tomado por los profesionales.

 

Decir que cualquier método de estimación de la brecha del producto está sujeto a un alto grado de incertidumbre es una simpleza. Eso se desprende de la estructura de la economía y sus cambios, lo que incluye las condiciones el mercado laboral en cuanto al empleo de la gente y sus ingresos, también, la situación de las empresas de distintos tamaños en diversos sectores, las condiciones financieras y las diferencias en el desarrollo regional.

 

Pero es, sin duda, más fácil tomar una medida de la brecha del producto y usarla de modo directo y sin filtros, sobre todo el que impone una seria consideración del estado de la sociedad. Así se pasa sin pausa alguna a proponer que los estímulos monetarios y fiscales son excesivos y en aras de la estabilidad macroeconómica admitir que solo se puede crecer al 2.6 por ciento. La receta es reducir el déficit fiscal de alrededor de 3.5 por ciento del PIB (¿será con menos gasto y más impuestos?) y subir las tasas de interés. Pocas variables para un problema tan grande.

 

A estas tasas de crecimiento máximo posible y según los datos de ocupación del Inegi al primer trimestre de este año, 63 por ciento de la población ocupada recibía un ingreso hasta de tres salarios mínimos, 12.5 por ciento recibía más de tres y 5.9 por ciento más de cinco salarios mínimos. La marginación social a este nivel en que la brecha del producto desaparece es un tema que cuando menos también habría que considerar técnicamente. Agréguese que la informalidad sigue siendo de 60 por ciento, que el país vive en buena medida de las remesas que llegan de Estados Unidos, la quiebra económica de estados como Tabasco y Campeche y el desplome del peso.

 

Según las consideraciones de la brecha del producto, apenas unas cuantas variables parecen necesarias para abordar el problema del límite de crecimiento de la economía mexicana. Ni ésta puede crecer más ni el análisis económico predominante puede ofrecer otra cosa.

 

 

 

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Vista de la ciudad de Bogotá (Colombia), tomada en enero de 2016.
El Informe Mundial de Ciudades 2016 dibuja un panorama crecientemente desigual y propone las líneas para las próximas décadas


 

Las ciudades bien planeadas pueden ser la solución a algunas de las grandes crisis que afronta la humanidad. Inequidad, cambio climático, informalidad o inseguridad son problemas que no podrán ser superados sin un planeamiento urbano adecuado, según el Informe Mundial de Ciudades 2016 (WCR2016, por sus siglas en inglés), que se presentó el pasado miércoles en Nueva York. Entre sus conclusiones, una es clara: “El modelo de urbanización actual es insostenible”.

 

El documento de 260 páginas es el resultado de 20 años de estudio, los que van desde la segunda a la tercera edición de la conferencia de ONU Hábitat sobre desarrollo urbano sostenible: Hábitat III, que se celebrará el próximo octubre en Quito (Ecuador) con el fin de marcar la agenda del crecimiento en las urbes para las próximas décadas.

 

La inexorable urbanización del planeta —más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y se estima que en 2030 sean dos tercios— es a la vez una oportunidad de corregir inequidades y un riesgo, ya que también puede agravarlas. Todo dependerá de cómo se afronte este crecimiento: si es como hasta ahora, probablemente la situación de millones de personas empeorará. Pero si se hacen cambios, es posible atajar muchos problemas. Una urbanización bien dirigida “propicia el avance económico y mejora la calidad de vida de todos”, según el texto.

 

El reto es enorme, especialmente en las ciudades más grandes. En las 600 mayores urbes del mundo vive una quinta parte de la población del planeta y se genera el 60% del Producto Interior Bruto (PIB) global. En 1995 había 22 grandes ciudades y 14 megaciudades en el mundo; hoy ambas categorías se han multiplicado por dos. Convertir especialmente a estas —pero también a otros asentamientos menores— en lugares sostenibles medioambientalmente, resilientes, socialmente inclusivos, seguros y económicamente productivos debe ser el objetivo para los próximos años.

 

Conseguirlo dependerá, según el informe de ONU Hábitat, de la importancia que le otorguen las autoridades locales y nacionales al planeamiento urbano. “Esto requiere un cambio de paradigma: de la construcción básica de hogares a un acercamiento más holístico que integre marcos regulatorios, planeamiento urbano y financiero, reconocimiento de los derechos humanos y la necesidad de poner a las personas en el centro del crecimiento sostenible”, reza el WCR2106. A nivel práctico, esto se traducirá en una mayor densificación urbana y periurbana, ya que el crecimiento poblacional no puede ser directamente proporcional al de ocupación de suelo: los recursos y las infraestructuras son mucho más eficientes en las zonas compactas y pobladas que en las dispersas.

 

Para ello, según Joan Clos, director ejecutivo de ONU Hábitat, hará falta un doble acercamiento que mejore las zonas ya existentes y propicie que las nuevas cumplan estándares mínimos de calidad. El informe señala que es necesario construir 1.000 millones de viviendas de aquí a 2025 para quienes no tienen una con los requisitos mínimos de habitabilidad. Esto, calcula, costará entre 9 y 11 billones de dólares (entre 8 y 10 billones de euros).

 

El documento acusa a los gobiernos de haber sido ineficientes en los últimos 20 años, en los que los asentamientos informales se han disparado sin un marco regulatorio adecuado para controlarlos. El crecimiento ha sido “caótico y disfuncional” y se ha ampliado el abismo entre la demanda y el abastecimiento de servicios básicos. En el lado positivo —aunque han crecido en términos absolutos— la proporción de chabolas se ha reducido en estas dos décadas.

 

Es sin embargo una victoria pírrica en unas urbes cada vez más desiguales. El 75% ha incrementado su inequidad y son “demasiadas” las que han fracasado a la hora de proveer a sus habitantes de un espacio sostenible para todos. “El fiasco de las políticas urbanísticas ha sido espectacular y devastador en su impacto a hombres, mujeres y niños de muchas ciudades. La urbanización pasiva (o espontánea) se ha probado como insostenible”, añade el informe.

 

La agenda que se tendrá que perfilar de aquí a octubre debe “mirar hacia adelante y estar enfocada a resolver problemas con medios claros de implementación”, según el documento, que recoge las líneas generales sobre las que se asentará:

 

• Ha de adoptar una aproximación general de las ciudades con estrategias y acciones concretas, introduciendo mecanismos de financiación claros y formas de monitorización efectivas.

 

• La implantación de las políticas tiene que estar recogida en planes bien definidos, y no puede variar en función de agendas partidistas ni oportunismos.


• Tendrá que reforzar la relación entre urbanización y desarrollo, con el objetivo de que se conviertan en instrumentos paralelos de crecimiento sostenible.


• Debería establecer enlaces a otros acuerdos globales y agendas y estar claramente conectada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


• Debe introducir cambios transformadores y promover un nuevo modelo de urbanización que sea universal y adaptable a las distintas realidades nacionales.

 

Además de esto, el WCR2016 incluye cinco principios irrenunciables: asegurar un nuevo modelo que proteja los derechos humanos y el cumplimiento de la ley; garantizar un crecimiento inclusivo; empoderar a la sociedad civil; promover la sostenibilidad medioambiental y las innovaciones que faciliten el aprendizaje y compartir el conocimiento.

 

 

 

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Decepciona la recuperación global, afirma el BID; prevé que AL no crecerá este año

La recuperación global ha vuelto a decepcionar, sentencia el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2016, dado a conocer este domingo. Advierte que la región tendrá un crecimiento nulo o levemente negativo este año por los bajos los precios de las materias primas, como el petróleo, y que la contribución del empleo al producto interno bruto (PIB) se reducirá por el envejecimiento de la población.


Tras la advertencia, la recomendación: Es imprescindible que los países latinoamericanos apliquen reformas fiscales profundas de manera inmediata para impulsar su crecimiento económico, so riesgo de que tengan que hacer ajustes más complicados en el futuro, indica el organismo.


Ello a pesar de admitir que en 15 países que han anunciado programas explícitos se contemplan ajustes de entre uno y 7 por ciento del PIB por uno o cinco años basados en la reducción del gasto, cuyo promedio calcula en 1.7 por ciento del PIB, y en el incremento de impuestos, en alrededor de 1.1 por ciento del producto.


En el caso de México, el BID elogia la reforma fiscal, las coberturas petroleras para suavizar el impacto del choque petrolero y la eliminación de subsidios internos, pues asevera que gracias a esas medidas se ha evitado hasta ahora un ajuste marcadamente procíclico del gasto público. En realidad, aquí ya se aplicaron dos recortes. El primero, por 124 mil 300 millones de pesos, en 2015, y el segundo, por 132 mil millones, en 2016, cada uno equivalente a 0.7 por ciento del PIB.


El BID justifica la urgencia de nuevos ajustes fiscales con el argumento del deterioro de las finanzas públicas en la región, pues asegura que el año pasado el déficit rebasó 2 por ciento del PIB en promedio y la deuda pública llegó a 50 por ciento del mismo.
Además, los ingresos recaudados entre 2011 y 2014 por la explotación y exportación de recursos naturales no renovables cayeron casi 4 por ciento del PIB regional. En el caso de México, los recursos fiscales provenientes del petróleo disminuyeron de 35 por ciento de los ingresos totales de 2013 a 20 por ciento en 2015, reducción de 8.3 a 4.5 por ciento del PIB.


Mucho espacio para los recortes


La buena noticia es que hay mucho espacio para mejorar la eficiencia del gasto, sostuvo Santiago Levy, vicepresidente del BID y ex subsecretario de Hacienda en México, al hablar sobre los ajustes fiscales durante la presentación del informe anual del organismo, titulado Es tiempo de decisiones: América Latina y el Caribe ante sus desafíos, que se realizó en Nassau, capital de Bahamas, uno de los principales paraísos fiscales del mundo.


El banco regional agrega que los ajustes deben aplicarse al gasto corriente, con reasignaciones de subsidios en gasolina, electricidad y transporte público, no en inversión pública para no afectar el crecimiento a futuro de la región. La infraestructura debería recibir al menos 5 por ciento del PIB en los países en desarrollo, pero el promedio en la región apenas llegó a 3.7 por ciento entre 2008 y 2013, señala.


Calcula que la zona crecerá sólo 1.7 por ciento anual en el periodo 2014-2020, promedio similar a las décadas de los 80 y 90, pero muy por debajo del 4 por ciento alcanzado entre 2003 y 2013 con el auge de las materias primas.


“La región enfrenta el doble shock de precios de materias primas y cambios demográficos. El envejecimiento poblacional, junto con otras tendencias demográficas, implica que en el periodo 2011-2020 el incremento de la participación del empleo puede llegar a contribuir 0.6 por ciento al índice de crecimiento, contra 2 por ciento registrado durante la década de 2000, pérdida potencial de 1.4 puntos porcentuales”, alerta.


Por si fuera poco existen riesgos adicionales, ya que por cada punto porcentual que se reduce la economía de China la de América Latina baja 0.6 por ciento y por cada punto que cae la de Estados Unidos la región pierde 1.5 por ciento de crecimiento. Si se suma el impacto de China y Estados Unidos, entre ambos pueden retrasar la recuperación económica de la región un año, sostuvo José Juan Ruiz, economista en jefe del BID.

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