Domingo, 30 Junio 2019 16:17

La pelotera del crecimiento económico

La pelotera del crecimiento económico

“Eso del estancamiento es paja”. Así respondió, públicamente, Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, a su colega el gerente del Banco de la República Juan José Echavarría, quien se había atrevido a expresar, en la Convención anual de la Asobancaria, sus preocupaciones sobre la mala situación económica del país.

Semejante respuesta, más que descomedida, francamente grosera, no deja de sorprender pues ambos hacen parte del mismo círculo tecnocrático neoliberal. Sin embargo, es bien sabido que Carrasquilla es algo más: una combinación explosiva entre uribista ilustrado y negociante inescrupuloso. Ya el expresidente venía, desde hace rato, creando un clima de hostilidad hacia Echavarría a quien acusa de “santista”. Y en la misma línea, días atrás, Carrasquilla lo había confrontado a propósito de la tesis de “la polarización” como factor negativo para la economía.

La refutación, de todas maneras, es más bien débil. Echavarría, ni se ha excedido en sus competencias, ni lo que expresa es una simple opinión sin sustento. Mucho menos tiene que ver con una supuesta desconfianza en las cifras del Dane que parece ser la imagen recreada por el gobierno y los medios. Aunque no deja de llamar la atención esta intempestiva “defensa” del Dane en boca del Gobierno. ¡Explicación no pedida, acusación manifiesta! En todo caso, los comentarios del Gerente del Banco de la República sí han estado respaldados por cifras; junto a la tasa anual de crecimiento del PIB del primer trimestre del año –estimada por el Dane en 2.8% y descontando el efecto estacional en 2.3%– coloca otras cifras altamente preocupantes. Anteriormente, en otras oportunidades, ya había hecho serias advertencias sobre el rumbo de la economía colombiana: ”hay algo más; más allá de los fundamentales de la economía”.

Pero la discusión no es académica ni se trata de tomar partido por lo dicho por Echavarría: tiene una profunda implicación política. La prensa nos ha informado, en efecto, que los Ministros “cerraron filas en defensa del estado de la economía”. Evidentemente, detrás del crecimiento estimado, que de ninguna manera puede calificarse de bueno, se esconde una controversia sobre la dinámica subyacente, esto es, si se trata de “estancamiento”, o más bien de “recuperación” como argumentan quienes insisten en que veníamos de una situación peor. Esto es clave para la evaluación del gobierno Duque, no sólo porque ya casi completa su primer año sino porque está en juego la eficacia, en términos de incremento de la inversión y crecimiento económico, de la reducción de impuestos a las empresas aprobada en la reciente “ley de financiamiento” (reforma tributaria). Este es un dogma del fundamentalismo neoliberal que no se ha podido comprobar en ningún país.

Precisamente por eso, y porque lo único que se verá es la reducción de los recaudos en la tributación empresarial, es que Carrasquilla busca un mayor margen de maniobra en el manejo del gasto público, para lo cual obtuvo el pasado marzo una flexibilización de la regla fiscal. Por todo ello habrá que temer no tanto de la manipulación de las cifras del pasado como de la posible manipulación en las cifras que vendrán en lo que resta del año. La tentación es grande.

 

Luces y sombras de las cifras

 

El florero de Llorente parece ser, pues, la reciente divulgación realizada por el Dane de sus cálculos sobre el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año. Crecimiento que puede calcularse como variación porcentual respecto a lo registrado en el primer trimestre de 2018, lo cual nos da una idea del ritmo de crecimiento anual de la economía, especialmente al compararlo con las variaciones análogas registradas anteriormente (ver gráfico 1). –Suponiendo, por supuesto, que el PIB es una buena medición del desempeño de la economía–. En esta ocaisón la cosa no pintaría tan mal pues 2.8 por ciento es mayor a lo registrado en los primeros trimestres anteriores desde 2015, aunque tampoco es para grandes celebraciones porque en el 2014 fue de 5.7 por ciento y en el 2012 de 5.9, y sobre todo porque la cifra siempre depende de cada punto de comparación. Si el nivel precedente es alto, hasta 1 por ciento es satisfactorio, pero si era muy bajo (y lo fue precisamente en este periodo de sucesivos malos resultados como se ve en el gráfico), crecer entre 2 y 3 no es gran cosa. A simple vista, claro está, la gráfica nos muestra que en comparación con el peor año que fue 2017 parece anunciarse una recuperación. Ahí es donde se atrinchera el Gobierno. ¡Y los gremios, téngase en cuenta!

 

Gráfico 1
PIB Producto Interno Bruto - 2019pr - 1 trimestre
Tasa de crecimiento anual

 

 

 

El punto de controversia que introduce Echavarría consiste en que si queremos apreciar verdaderamente el ritmo de crecimiento de la economía, o sea su tendencia, es necesario examinar esta serie cronológica pero ya ajustada eliminando la estacionalidad y los efectos indeseados de calendario. Implica un procesamiento estadístico que no podemos ni siquiera describir en este artículo pero sobre cuya utilidad basta constatar que es reconocida por todo el mundo académico. Y, en efecto, el propio Dane ofrece simultáneamente la serie ya corregida, o “desestacionalizada” como se acostumbra decir. La variación anual es entonces de sólo 2.3% lo cual sugiere (y es el argumento de Echavarría) que difícilmente se podría llegar al final del año a un crecimiento anual de 3.6 por ciento que es el pronóstico del gobierno, los gremios y los organismos internacionales. El ritmo no da para tanto. Sobre todo teniendo en cuenta que la comparación del primer trimestre con el cuarto del año pasado (comparación que en esta serie sí es válida) nos arroja un 0 por ciento (en rigor un decrecimiento de 0.01%). Es decir, se trata de un estancamiento.

 

La vulnerabilidad de la Estadística y el imperativo de la interpretación

 

Pero poco importa darle a ganar este round al gerente del Banco de la República. Aunque sí nos debería servir de advertencia acerca de las posibles manipulaciones cuando un gobierno se casa con unas cifras; es enorme la tentación de ajustarlas para que coincidan con lo que se está prometiendo. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo que el Gobierno acaba de presentar se mantiene la meta de 3.6 por ciento. Carrasquilla ha dicho una y otra vez que nuestra economía tiene hoy el potencial de crecer al 4 por ciento anual.

Cabe aquí una anotación sobre algo poco mencionado en esta “pelea” cuyos comentaristas en los medios son tan malintencionados como ignorantes. El cálculo del PIB trimestral es tan sólo una estimación que sirve únicamente de orientación en la coyuntura. Las variaciones (que no valores absolutos) se obtienen, mediante un modelo, a partir de una selección de indicadores parciales y sectoriales tanto de la producción como del gasto. Un cambio en los indicadores o una nueva información pueden llevar a rehacer el cálculo de las variaciones. Es ahí donde ciertamente radica la posibilidad de la manipulación. Pero no es realmente significativo el simple hecho de que el Dane ofrezca varias versiones de la misma estadística (este trimestre aparece como provisional) que es lo que también parece haber suscitado el escándalo, ignorando deliberadamente que es lo más corriente, y universalmente aceptado. –De hecho, la información completa, pesada, de las Cuentas Nacionales tiene tres versiones, preliminar, provisional y definitiva, en un plazo de dos años después de terminado el año en consideración–. En realidad, de lo que se trata es de examinar el sentido que van marcando las nuevas versiones, lo cual, para Echavarría, en estas estimaciones trimestrales, es claramente hacia la baja y no hacia el alza.

En fin, lo verdaderamente importante para esta valoración tiene que ver con las fuentes del crecimiento que el Dane dice haber identificado. En sus propias palabras:

- “Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento; alojamiento y servicios de comida crece 4,0%.
- Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y servicios sociales crece 3,3%.
- Industrias manufactureras crece 2,9%”1.

Que las actividades de la administración pública se incluyan en la generación del valor agregado de la economía puede ser discutible, aunque generalmente aceptado, pero aquí lo que más llama la atención es el hecho de que explique buena parte del modesto crecimiento. Lo otro es comercio y servicios. No resulta muy tranquilizadora esta dependencia del sector terciario, pese a lo mucho que lo han elogiado en los últimos tiempos. Téngase en cuenta, en el mismo sentido, que el sector financiero crece un 5.5 por ciento En cambio, Industrias Manufactureras sólo se incluye por su importante participación en el PIB ya que otros sectores crecen un poco más, pero la serie desestacionalizada nos informa de una reducción de 1 por ciento respecto al cuarto trimestre. El sector agropecuario apenas sobrevive y la Construcción continúa desplomándose, con una disminución de 5.6 por ciento. Lo único que puede rescatarse es la recuperación de Minas y Canteras, evidentemente debida a las mejores condiciones en el mercado mundial del petróleo2.

En este orden de ideas, más allá de la cifra global en disputa, son muchos los interrogantes que se plantean respecto a lo que hemos llamado el ritmo de crecimiento. ¿De qué fuentes provendría ese crecimiento? ¿Qué capacidad multiplicadora tendrían? ¿Se orientan al mercado interno o a la exportación? ¿Qué solidez tendría su dinámica? ¿Es sostenible? ¿Podrían servir de sustento a una elevación del nivel de bienestar de la población? Hasta ahora lo que han dicho en todos los Ministerios y desde la dirección del Dane es que el panorama resulta promisorio porque se observa una buena dinámica en sectores claves como el ya mencionado del petróleo y la construcción de vías y otras obras civiles que, en contraste con la recesión en la edificación de viviendas, presenta una variación anual positiva de 8.8 por ciento. Es más, se supone que éste es un sector que en los próximos años va a servir de motor del conjunto de la economía gracias a la resolución de los problemas que tuvo para los cierres financieros (¡más la corrupción!) los cuales todavía se ven reflejados en las cifras.

En otras palabras, las ilusiones continúan afincadas en el mismo modelo de desarrollo capitalista que se instauró aquí por lo menos desde el comienzo del siglo XXI. Sin que se pueda establecer ninguna diferencia, en este sentido, entre Uribe y Santos. Modelo que sigue incluyendo, vale decirlo, entre los productos de exportación, a la coca. Y ahora, todo ello por encima de la tan elogiada “economía naranja” que, junto con el “sector de las TIC”, no deja de ser un recurso publicitario.

 

¿Y es el crecimiento el principal problema?

 

Al decir ritmo de crecimiento, desde luego, se da por descontado que la economía siempre está en crecimiento y que lo importante de analizar son las “aceleraciones” o las “desaceleraciones”. El decrecimiento o disminución del nivel del PIB generado en un año con respecto al registrado el año anterior se suele descartar –aunque sí ocurre – como un hecho excepcional y espantoso. El crecimiento como “deber ser” es parte de la ideología corriente que acompaña a la teoría económica convencional. De ahí la gran dificultad que experimentan los organismos encargados de la producción de estadísticas a la hora de comprometerse con una cifra negativa. Se comprende entonces, fácilmente, el escándalo que se armó cuando el Gerente de nuestro Banco central se atrevió a hablar de “estancamiento”. Y seguramente nunca encontraremos un cero pero sí puede ser un porcentaje bastante exiguo que sería muy malo visto el desempeño reciente de la economía.

En efecto, si observamos la evolución del PIB, ahora según las Cuentas Nacionales Anuales (es decir la medición exhaustiva), entre el 2005 y 2017, encontramos varias cortas fluctuaciones (Ver Gráfico 2). La explicación es acorde en un todo con el modelo aludido atrás, es decir según los precios internacionales del petróleo, el carbón y el oro. Dos años extremadamente buenos, el 2006 y el 2007, culminación de un periodo de expansión que había arrancado, como en todo el continente, en el 2003, y uno “maravilloso” (crecimiento de 7.4%) en 2011, aunque, siendo justos, es sólo la recuperación de los impactos de la crisis mundial de 2008; recuperación que sólo le alcanzó a la economía colombiana para sobrellevar luego, con algunos años mediocres, el impacto de la brusca caída de los precios del petróleo. A partir de ahí las variaciones anuales son cada vez menores, en una clara desaceleración, hasta el catastrófico año de 2017 en el cual se calcula apenas un 1.4 por ciento. Como es bien sabido, en toda Latinoamérica se alude al “fin de la bonanza de las materias primas” y en consecuencia al “fin del modelo extractivista exportador”. Curiosamente, nuestro país parece ser uno de los pocos en donde las elites dominantes siguen insistiendo en la permanencia del modelo.

 

 

Interesante resulta analizar el comportamiento de las diferentes ramas de la actividad económica y su contribución al pobre resultado de 2017, porque ello nos muestra el tipo de economía que hoy tenemos3. A grandes rasgos: las actividades económicas que más contribuyen a este comportamiento son: administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y de servicios sociales; enseguida, comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento. Muy parecido a lo que acabamos de ver en el reporte trimestral. En ese año “agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” creció 5,5 por ciento, en cambio son actividades económicas que contribuyen de forma negativa: explotación de minas y canteras que decreció 5,7 por ciento; e industrias manufactureras y construcción que decrecen 1,8 y 2,0 por ciento, respectivamente. Obviamente, si traemos otra vez a la memoria los resultados de la estimación de este primer trimestre de 2019, comprobaremos que la variación es menos mala gracias a la mejoría en estas últimas actividades. Pero ¿se sostendrá por más tiempo?
No nos apresuremos a responderlo. Es claro que con un sector de comercio y servicios englobado en la especulación financiera, cuyas principales instituciones siguen mostrando año tras año excelentes y desmesuradas ganancias, y la “ayuda” de una cierta “laxitud” en la elaboración de las estadísticas, bien puede ser posible que las cifras de los próximos años oscilen en torno al nivel que en Colombia se considera aceptable. Todo seguirá igual. Y téngase en cuenta que estas élites desvergonzadas están pensando con un horizonte ubicado en el 2030. Pero ¿nos sirve una simple línea de crecimiento como “deber ser”?

Dos argumentos nos permiten expresar algunas dudas bien fundadas. El primero es de orden empírico. Durante la “bonanza”, aunque muchos insisten en la disminución de la magnitud de la pobreza absoluta y la ampliación de la “clase media” es claro que la desigualdad se acentuó. La tasa de desempleo bajó ciertamente, pero nunca por debajo de 8 por ciento, lo cual es una vergüenza, y sumamente preocupante, dado que se había explotado al máximo la potencialidad económica del país. –La potencialidad en el marco de un cierto modelo capitalista, claro está–. Todo ello sin contar los impactos negativos ambientales, con la depredación y la contaminación, o sea la ruina de los ecosistemas.

De ahí que sea pertinente el segundo argumento, esta vez de orden teórico. Ya muchos han cuestionado estos modelos de crecimiento, incluso bajo la forma de modelos de desarrollo, ya no a partir de los ritmos de crecimiento y las pautas de distribución, sino por razones cualitativas. Algunos hablan, por eso, de “Posdesarrollo” para indicar la necesidad de un cambio completo de paradigma. Otros van aún más lejos en este cambio de paradigma que supondría el abandono del axioma del crecimiento como “deber ser”. La calidad de la estructura y la dinámica de la economía es lo que cuenta para garantizar un bienestar; no es necesario alcanzar cada año un nivel de producto interno bruto siempre superior; el imperativo obsesivo del crecimiento sólo sirve al ánimo de lucro. Crecimiento cero dicen algunos; “decrecimiento” dicen otros.

Aplicada a nuestros lares esta teoría podría indicarnos que si bien es cierto que, en principio, para la población que tiene Colombia sería necesaria una ampliación neta de la base productiva para poder sustentarla, también es cierto que lo importante sería el cambio de la estructura productiva, y sobre todo la edificación de un nuevo tipo de relaciones sociales que permitan no sólo la producción del conjunto de bienes y servicios que se necesitan sino su adecuada y equitativa distribución. No obstante, el problema no se resuelve en el refinamiento teórico sino en la acción política. Si las actuales elites se perpetúan en el poder y, en medio de su tranquilidad, ya tienen pensado hacerlo por lo menos hasta el 2030, la solución sólo puede venir de una fuerza social y política que sea capaz de interrumpir esta sórdida inercia.

1 Dane, Boletín Técnico PIB Trimestral . Ver: www.dane.gov.co
2 Ibídem.
3 Ver Dane, Cuentas Nacionales, grandes agregados. www.dane.gov.co

Publicado enEdición Nº258
Domingo, 30 Junio 2019 10:11

La pelotera del crecimiento económico

La pelotera del crecimiento económico

“Eso del estancamiento es paja”. Así respondió, públicamente, Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, a su colega el gerente del Banco de la República Juan José Echavarría, quien se había atrevido a expresar, en la Convención anual de la Asobancaria, sus preocupaciones sobre la mala situación económica del país.

Semejante respuesta, más que descomedida, francamente grosera, no deja de sorprender pues ambos hacen parte del mismo círculo tecnocrático neoliberal. Sin embargo, es bien sabido que Carrasquilla es algo más: una combinación explosiva entre uribista ilustrado y negociante inescrupuloso. Ya el expresidente venía, desde hace rato, creando un clima de hostilidad hacia Echavarría a quien acusa de “santista”. Y en la misma línea, días atrás, Carrasquilla lo había confrontado a propósito de la tesis de “la polarización” como factor negativo para la economía.

La refutación, de todas maneras, es más bien débil. Echavarría, ni se ha excedido en sus competencias, ni lo que expresa es una simple opinión sin sustento. Mucho menos tiene que ver con una supuesta desconfianza en las cifras del Dane que parece ser la imagen recreada por el gobierno y los medios. Aunque no deja de llamar la atención esta intempestiva “defensa” del Dane en boca del Gobierno. ¡Explicación no pedida, acusación manifiesta! En todo caso, los comentarios del Gerente del Banco de la República sí han estado respaldados por cifras; junto a la tasa anual de crecimiento del PIB del primer trimestre del año –estimada por el Dane en 2.8% y descontando el efecto estacional en 2.3%– coloca otras cifras altamente preocupantes. Anteriormente, en otras oportunidades, ya había hecho serias advertencias sobre el rumbo de la economía colombiana: ”hay algo más; más allá de los fundamentales de la economía”.

Pero la discusión no es académica ni se trata de tomar partido por lo dicho por Echavarría: tiene una profunda implicación política. La prensa nos ha informado, en efecto, que los Ministros “cerraron filas en defensa del estado de la economía”. Evidentemente, detrás del crecimiento estimado, que de ninguna manera puede calificarse de bueno, se esconde una controversia sobre la dinámica subyacente, esto es, si se trata de “estancamiento”, o más bien de “recuperación” como argumentan quienes insisten en que veníamos de una situación peor. Esto es clave para la evaluación del gobierno Duque, no sólo porque ya casi completa su primer año sino porque está en juego la eficacia, en términos de incremento de la inversión y crecimiento económico, de la reducción de impuestos a las empresas aprobada en la reciente “ley de financiamiento” (reforma tributaria). Este es un dogma del fundamentalismo neoliberal que no se ha podido comprobar en ningún país.

Precisamente por eso, y porque lo único que se verá es la reducción de los recaudos en la tributación empresarial, es que Carrasquilla busca un mayor margen de maniobra en el manejo del gasto público, para lo cual obtuvo el pasado marzo una flexibilización de la regla fiscal. Por todo ello habrá que temer no tanto de la manipulación de las cifras del pasado como de la posible manipulación en las cifras que vendrán en lo que resta del año. La tentación es grande.

 

Luces y sombras de las cifras

 

El florero de Llorente parece ser, pues, la reciente divulgación realizada por el Dane de sus cálculos sobre el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año. Crecimiento que puede calcularse como variación porcentual respecto a lo registrado en el primer trimestre de 2018, lo cual nos da una idea del ritmo de crecimiento anual de la economía, especialmente al compararlo con las variaciones análogas registradas anteriormente (ver gráfico 1). –Suponiendo, por supuesto, que el PIB es una buena medición del desempeño de la economía–. En esta ocaisón la cosa no pintaría tan mal pues 2.8 por ciento es mayor a lo registrado en los primeros trimestres anteriores desde 2015, aunque tampoco es para grandes celebraciones porque en el 2014 fue de 5.7 por ciento y en el 2012 de 5.9, y sobre todo porque la cifra siempre depende de cada punto de comparación. Si el nivel precedente es alto, hasta 1 por ciento es satisfactorio, pero si era muy bajo (y lo fue precisamente en este periodo de sucesivos malos resultados como se ve en el gráfico), crecer entre 2 y 3 no es gran cosa. A simple vista, claro está, la gráfica nos muestra que en comparación con el peor año que fue 2017 parece anunciarse una recuperación. Ahí es donde se atrinchera el Gobierno. ¡Y los gremios, téngase en cuenta!

 

Gráfico 1
PIB Producto Interno Bruto - 2019pr - 1 trimestre
Tasa de crecimiento anual

 

 

 

El punto de controversia que introduce Echavarría consiste en que si queremos apreciar verdaderamente el ritmo de crecimiento de la economía, o sea su tendencia, es necesario examinar esta serie cronológica pero ya ajustada eliminando la estacionalidad y los efectos indeseados de calendario. Implica un procesamiento estadístico que no podemos ni siquiera describir en este artículo pero sobre cuya utilidad basta constatar que es reconocida por todo el mundo académico. Y, en efecto, el propio Dane ofrece simultáneamente la serie ya corregida, o “desestacionalizada” como se acostumbra decir. La variación anual es entonces de sólo 2.3% lo cual sugiere (y es el argumento de Echavarría) que difícilmente se podría llegar al final del año a un crecimiento anual de 3.6 por ciento que es el pronóstico del gobierno, los gremios y los organismos internacionales. El ritmo no da para tanto. Sobre todo teniendo en cuenta que la comparación del primer trimestre con el cuarto del año pasado (comparación que en esta serie sí es válida) nos arroja un 0 por ciento (en rigor un decrecimiento de 0.01%). Es decir, se trata de un estancamiento.

 

La vulnerabilidad de la Estadística y el imperativo de la interpretación

 

Pero poco importa darle a ganar este round al gerente del Banco de la República. Aunque sí nos debería servir de advertencia acerca de las posibles manipulaciones cuando un gobierno se casa con unas cifras; es enorme la tentación de ajustarlas para que coincidan con lo que se está prometiendo. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo que el Gobierno acaba de presentar se mantiene la meta de 3.6 por ciento. Carrasquilla ha dicho una y otra vez que nuestra economía tiene hoy el potencial de crecer al 4 por ciento anual.

Cabe aquí una anotación sobre algo poco mencionado en esta “pelea” cuyos comentaristas en los medios son tan malintencionados como ignorantes. El cálculo del PIB trimestral es tan sólo una estimación que sirve únicamente de orientación en la coyuntura. Las variaciones (que no valores absolutos) se obtienen, mediante un modelo, a partir de una selección de indicadores parciales y sectoriales tanto de la producción como del gasto. Un cambio en los indicadores o una nueva información pueden llevar a rehacer el cálculo de las variaciones. Es ahí donde ciertamente radica la posibilidad de la manipulación. Pero no es realmente significativo el simple hecho de que el Dane ofrezca varias versiones de la misma estadística (este trimestre aparece como provisional) que es lo que también parece haber suscitado el escándalo, ignorando deliberadamente que es lo más corriente, y universalmente aceptado. –De hecho, la información completa, pesada, de las Cuentas Nacionales tiene tres versiones, preliminar, provisional y definitiva, en un plazo de dos años después de terminado el año en consideración–. En realidad, de lo que se trata es de examinar el sentido que van marcando las nuevas versiones, lo cual, para Echavarría, en estas estimaciones trimestrales, es claramente hacia la baja y no hacia el alza.

En fin, lo verdaderamente importante para esta valoración tiene que ver con las fuentes del crecimiento que el Dane dice haber identificado. En sus propias palabras:

- “Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento; alojamiento y servicios de comida crece 4,0%.
- Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y servicios sociales crece 3,3%.
- Industrias manufactureras crece 2,9%”1.

Que las actividades de la administración pública se incluyan en la generación del valor agregado de la economía puede ser discutible, aunque generalmente aceptado, pero aquí lo que más llama la atención es el hecho de que explique buena parte del modesto crecimiento. Lo otro es comercio y servicios. No resulta muy tranquilizadora esta dependencia del sector terciario, pese a lo mucho que lo han elogiado en los últimos tiempos. Téngase en cuenta, en el mismo sentido, que el sector financiero crece un 5.5 por ciento En cambio, Industrias Manufactureras sólo se incluye por su importante participación en el PIB ya que otros sectores crecen un poco más, pero la serie desestacionalizada nos informa de una reducción de 1 por ciento respecto al cuarto trimestre. El sector agropecuario apenas sobrevive y la Construcción continúa desplomándose, con una disminución de 5.6 por ciento. Lo único que puede rescatarse es la recuperación de Minas y Canteras, evidentemente debida a las mejores condiciones en el mercado mundial del petróleo2.

En este orden de ideas, más allá de la cifra global en disputa, son muchos los interrogantes que se plantean respecto a lo que hemos llamado el ritmo de crecimiento. ¿De qué fuentes provendría ese crecimiento? ¿Qué capacidad multiplicadora tendrían? ¿Se orientan al mercado interno o a la exportación? ¿Qué solidez tendría su dinámica? ¿Es sostenible? ¿Podrían servir de sustento a una elevación del nivel de bienestar de la población? Hasta ahora lo que han dicho en todos los Ministerios y desde la dirección del Dane es que el panorama resulta promisorio porque se observa una buena dinámica en sectores claves como el ya mencionado del petróleo y la construcción de vías y otras obras civiles que, en contraste con la recesión en la edificación de viviendas, presenta una variación anual positiva de 8.8 por ciento. Es más, se supone que éste es un sector que en los próximos años va a servir de motor del conjunto de la economía gracias a la resolución de los problemas que tuvo para los cierres financieros (¡más la corrupción!) los cuales todavía se ven reflejados en las cifras.

En otras palabras, las ilusiones continúan afincadas en el mismo modelo de desarrollo capitalista que se instauró aquí por lo menos desde el comienzo del siglo XXI. Sin que se pueda establecer ninguna diferencia, en este sentido, entre Uribe y Santos. Modelo que sigue incluyendo, vale decirlo, entre los productos de exportación, a la coca. Y ahora, todo ello por encima de la tan elogiada “economía naranja” que, junto con el “sector de las TIC”, no deja de ser un recurso publicitario.

 

¿Y es el crecimiento el principal problema?

 

Al decir ritmo de crecimiento, desde luego, se da por descontado que la economía siempre está en crecimiento y que lo importante de analizar son las “aceleraciones” o las “desaceleraciones”. El decrecimiento o disminución del nivel del PIB generado en un año con respecto al registrado el año anterior se suele descartar –aunque sí ocurre – como un hecho excepcional y espantoso. El crecimiento como “deber ser” es parte de la ideología corriente que acompaña a la teoría económica convencional. De ahí la gran dificultad que experimentan los organismos encargados de la producción de estadísticas a la hora de comprometerse con una cifra negativa. Se comprende entonces, fácilmente, el escándalo que se armó cuando el Gerente de nuestro Banco central se atrevió a hablar de “estancamiento”. Y seguramente nunca encontraremos un cero pero sí puede ser un porcentaje bastante exiguo que sería muy malo visto el desempeño reciente de la economía.

En efecto, si observamos la evolución del PIB, ahora según las Cuentas Nacionales Anuales (es decir la medición exhaustiva), entre el 2005 y 2017, encontramos varias cortas fluctuaciones (Ver Gráfico 2). La explicación es acorde en un todo con el modelo aludido atrás, es decir según los precios internacionales del petróleo, el carbón y el oro. Dos años extremadamente buenos, el 2006 y el 2007, culminación de un periodo de expansión que había arrancado, como en todo el continente, en el 2003, y uno “maravilloso” (crecimiento de 7.4%) en 2011, aunque, siendo justos, es sólo la recuperación de los impactos de la crisis mundial de 2008; recuperación que sólo le alcanzó a la economía colombiana para sobrellevar luego, con algunos años mediocres, el impacto de la brusca caída de los precios del petróleo. A partir de ahí las variaciones anuales son cada vez menores, en una clara desaceleración, hasta el catastrófico año de 2017 en el cual se calcula apenas un 1.4 por ciento. Como es bien sabido, en toda Latinoamérica se alude al “fin de la bonanza de las materias primas” y en consecuencia al “fin del modelo extractivista exportador”. Curiosamente, nuestro país parece ser uno de los pocos en donde las elites dominantes siguen insistiendo en la permanencia del modelo.

 

 

Interesante resulta analizar el comportamiento de las diferentes ramas de la actividad económica y su contribución al pobre resultado de 2017, porque ello nos muestra el tipo de economía que hoy tenemos3. A grandes rasgos: las actividades económicas que más contribuyen a este comportamiento son: administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y de servicios sociales; enseguida, comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento. Muy parecido a lo que acabamos de ver en el reporte trimestral. En ese año “agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” creció 5,5 por ciento, en cambio son actividades económicas que contribuyen de forma negativa: explotación de minas y canteras que decreció 5,7 por ciento; e industrias manufactureras y construcción que decrecen 1,8 y 2,0 por ciento, respectivamente. Obviamente, si traemos otra vez a la memoria los resultados de la estimación de este primer trimestre de 2019, comprobaremos que la variación es menos mala gracias a la mejoría en estas últimas actividades. Pero ¿se sostendrá por más tiempo?
No nos apresuremos a responderlo. Es claro que con un sector de comercio y servicios englobado en la especulación financiera, cuyas principales instituciones siguen mostrando año tras año excelentes y desmesuradas ganancias, y la “ayuda” de una cierta “laxitud” en la elaboración de las estadísticas, bien puede ser posible que las cifras de los próximos años oscilen en torno al nivel que en Colombia se considera aceptable. Todo seguirá igual. Y téngase en cuenta que estas élites desvergonzadas están pensando con un horizonte ubicado en el 2030. Pero ¿nos sirve una simple línea de crecimiento como “deber ser”?

Dos argumentos nos permiten expresar algunas dudas bien fundadas. El primero es de orden empírico. Durante la “bonanza”, aunque muchos insisten en la disminución de la magnitud de la pobreza absoluta y la ampliación de la “clase media” es claro que la desigualdad se acentuó. La tasa de desempleo bajó ciertamente, pero nunca por debajo de 8 por ciento, lo cual es una vergüenza, y sumamente preocupante, dado que se había explotado al máximo la potencialidad económica del país. –La potencialidad en el marco de un cierto modelo capitalista, claro está–. Todo ello sin contar los impactos negativos ambientales, con la depredación y la contaminación, o sea la ruina de los ecosistemas.

De ahí que sea pertinente el segundo argumento, esta vez de orden teórico. Ya muchos han cuestionado estos modelos de crecimiento, incluso bajo la forma de modelos de desarrollo, ya no a partir de los ritmos de crecimiento y las pautas de distribución, sino por razones cualitativas. Algunos hablan, por eso, de “Posdesarrollo” para indicar la necesidad de un cambio completo de paradigma. Otros van aún más lejos en este cambio de paradigma que supondría el abandono del axioma del crecimiento como “deber ser”. La calidad de la estructura y la dinámica de la economía es lo que cuenta para garantizar un bienestar; no es necesario alcanzar cada año un nivel de producto interno bruto siempre superior; el imperativo obsesivo del crecimiento sólo sirve al ánimo de lucro. Crecimiento cero dicen algunos; “decrecimiento” dicen otros.

Aplicada a nuestros lares esta teoría podría indicarnos que si bien es cierto que, en principio, para la población que tiene Colombia sería necesaria una ampliación neta de la base productiva para poder sustentarla, también es cierto que lo importante sería el cambio de la estructura productiva, y sobre todo la edificación de un nuevo tipo de relaciones sociales que permitan no sólo la producción del conjunto de bienes y servicios que se necesitan sino su adecuada y equitativa distribución. No obstante, el problema no se resuelve en el refinamiento teórico sino en la acción política. Si las actuales elites se perpetúan en el poder y, en medio de su tranquilidad, ya tienen pensado hacerlo por lo menos hasta el 2030, la solución sólo puede venir de una fuerza social y política que sea capaz de interrumpir esta sórdida inercia.

1 Dane, Boletín Técnico PIB Trimestral . Ver: www.dane.gov.co
2 Ibídem.
3 Ver Dane, Cuentas Nacionales, grandes agregados. www.dane.gov.co

Publicado enColombia
EE UU encadena el mayor periodo de crecimiento de su historia

La economía estadounidense suma 121 meses de expansión desde la recesión de 2008, pero la recuperación es más lenta y más desigual

 

 

 La expansión económica en Estados Unidos cumple su décimo aniversario y en julio superará el récord de longevidad de 120 meses seguidos de crecimiento. El anterior gran periodo de expansión se produjo tras la crisis de las puntocom en 2001 y se prolongó durante la presidencia de Bill Clinton. Los frutos de la actual recuperación son patentes: la tasa de paro es la más baja en medio siglo, suben los salarios, la vivienda vale más que antes de la Gran Recesión, la inflación es baja y la confianza se mantiene sólida. Los nombres de Barack Obama y Donald Trump quedarán así unidos para siempre en la historia económica. Pero este periodo de recuperación, el más largo de la historia de EE UU, se caracteriza también por ser más lenta y desigual.

La Oficina de Investigaciones económicas de EE UU (National Bureau of Economic Research, en sus siglas en inglés) contabiliza 33 ciclos de crecimiento desde 1854. Estos periodos de expansión duraron entre 10 y 120 meses. Solo en dos épocas se superaron los 100 meses seguidos de crecimiento. Alan Blinder, economista de la Universidad de Princeton, señala que las expansiones no mueren por la edad sino porque algo acaba con ellas. Los expertos suelen señalar a la Reserva Federal (Fed) como principal culpable del fin de los ciclos, por su empeño en combatir la inflación.

Pero también se suele atribuir el fin de los periodos de bonanza a una espiral en el precio del petróleo o a un desplome de Wall Street, aunque en este último caso el estrés en los mercados financieros suele ir en paralelo a otras calamidades. Pero la principal espita que desencadena una crisis suele ser la caída del consumo y la pérdida de confianza.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, descarta una recesión inminente, pero suele mostrarse cauto por los nubarrones desatados por Trump con su desafío comercial a China.

Hace una década, en plena crisis financiera, en lo único que se pensaba en Washington era en cómo evitar que el terremoto que siguió al derrumbe de Lehman Brothers arrastrara a toda la economía hacia el precipicio. Cerca de nueve millones de personas perdieron sus empleos y el paro llegó al 10%, algo casi inaudito en EE UU, con tasas de desempleo históricamente bajas. Desde los primeros años de Ronald Reagan, a principios de los 80, no se veía un nivel de desempleo similar. Pero una década después la situación ha cambiado radicalmente.

Pleno empleo

El mercado laboral es donde se observan los mayores progresos. El sector privado creó más de 21 millones de puestos de trabajo durante la recuperación, tras encadenar 110 meses consecutivos de contratación. La ocupación es ahora un 9% más alta que antes de la recesión. El paro bajó en abril al 3,6% y desde hace tres años se vive una situación de pleno empleo. El gran problema que ahora se encuentran las empresas es dar con la mano de obra cualificada que necesitan para cubrir 7,5 millones de vacantes.

Es otro ejemplo de los grandes progresos alcanzados desde la Gran Recesión. Cuando Obama tomó las riendas de la Casa Blanca, se destruían 700.000 empleos al mes. La pérdida de empleo se redujo drásticamente gracias a los programas de estímulo fiscal que se activaron y a la acción agresiva de la Fed. La mayor parte de la recuperación se produjo bajo la presidencia de Obama y la mejora continúa con Trump.

Pero aunque el paro esté en mínimos y la recuperación sea la más duradera, también es más tibia si se compara con los ciclos de los años dorados que siguieron al periodo posterior de la Segunda Guerra Mundial hasta 1972. En ese periodo, el crecimiento aportó una sustancial mejora en la calidad de vida, algo muy diferente a lo que sucede actualmente. Entonces, el incremento de los sueldos fue mucho mayor.

Los salarios también suben desde 2010, pero la mejora se concentra en las rentas más altas, lo que está elevando la desigualdad. Si se tiene en cuenta la inflación, los sueldos en dólares reales apenas mejoraron, como señala Pew Research. “El poder de compra es el mismo que hace cuatro décadas”, apuntan. Antes de la crisis, los salarios crecían un 4% de media al año. En esta expansión, no llega al 3%. Los economistas señalan que con una tasa de paro tan baja como la actual, los sueldos deberían crecer mucho más.

La expansión económica durante la última década también se caracteriza por haber estado por debajo del potencial previo a la crisis. Desde junio de 2009, cuando se inicia la recuperación, EE UU crece a un ritmo medio anual del 2,3%. Aceleró al 3,1% en el primer trimestre de 2019, pero la previsión es que se suavizará. No es solo que el rendimiento sea más débil. También más desigual.

La última crisis fue la más profunda desde la Gran Depresión y provocó un gran agujero del que costó mucho salir. El detonante fue una burbuja inmobiliaria, que estalló en el verano de 2006. La caída de precios duró hasta 2012 y los inmuebles se depreciaron un 30%. El desplome pegó así un mordisco a la renta de las familias y millones de hogares perdieron sus casas. Eso afectó al consumo. Pero los precios están ahora un 15% por encima del máximo previo a la crisis.

Los economistas de BMO Capital creen que la combinación de crecimiento sostenido, incremento del empleo, inflación contenida en el 1,8% y bajos tipos de interés es “lo más cerca que se puede estar del nirvana”. Por ese cóctel Trump dice que EE UU es la envidia de todo el mundo. “Es la mejor economía en la historia de América”, proclama.

El republicano atribuye el crecimiento actual a sus políticas económicas, en particular al recorte de impuestos, la desregulación y el proteccionismo comercial. El PIB se expande pero no al ritmo del 4% que prometió como candidato ni por encima del 3% de su plan presupuestario. Lo achaca al alza de tipos de interés. “Tenemos el potencial de subir como un cohete”, aseguraba hace un mes.

Pero las cosas no pintan tan bien. La economía muestra sintomas de debilidad por la escasa mejora de la productividad y los efectos de la eclosión de las plataformas digitales en los negocios tradicionales. Los analistas de Cumberland Advisors señalan que Trump y Powell tienen poco margen para cometer errores con sus decisiones de política económica. Los de Deutsche Bank opinan que el actual es el mejor rendimiento que puede tener la economía de EE UU y “el riesgo es mayor”. “Ya no es suficiente con decir que las cosas van bien”, concluyen.

Por Sandro Pozzi

Nueva York 15 JUN 2019 - 17:57 COT

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La economía cubana se resiente de la crisis venezolana

El impacto llega a la calle en forma de escasez de productos y las sanciones de Estados Unidos impiden una mejora a corto plazo. Un informe señala que la caída de Maduro tendría un fuerte impacto en la isla pero menos que con la URSS en los noventa



La estampa ya viene siendo habitual en las calles de La Habana desde hace meses. Han vuelto las colas a los supermercados. Cuesta encontrar algunos productos básicos como el pollo, el aceite y el picadillo y ya se ha limitado el número de bienes que se pueden adquirir para evitar el acaparamiento. La situación, sin embargo, está bajo control gracias a la paciencia infinita de los cubanos. Pero todo el mundo sabe que directa o indirectamente estos problemas están causados por la grave crisis que vive Venezuela y han vuelto los fantasmas del 'Periodo Especial', la profunda penuria económica que vivió la isla después del colapso de la URSS, de la cual era muy dependiente.


En un informe publicado por el Real Instituto el Cano, los economistas especializados en Cuba Carmelo Mesa-Lago y Pavel Vidal Alejandro sostienen que, aún con la salida de Nicolás Maduro, la isla sufriría, pero no tanto como en los noventa. Una de las pruebas según ellos es que la crisis venezolana se empieza a notar ahora pero en realidad ya lleva años desarrollándose. Entre 2013 y 2018, el otrora primer socio comercial de Cuba ha perdido el 50% de su PIB.


El intercambio económico entre ambos países se ha reducido un 74% hasta llegar a los 2.214 millones de dólares anuales y el peso de Venezuela en la economía cubana ha pasado de representar el 43,7% de su PIB en 2012 al 19% en 2017, último año con cifras. A efectos prácticos eso se traduce a la reducción de los envíos petroleros del "mejor amigo de Cuba" a la isla y la disminución de profesionales médicos que viajan al país bolivariano y que representaban la principal entrada de divisas para el país presidido por Miguel Díaz-Canel.


La isla ha conseguido limitar el impacto de estos datos gracias a que paralelamente surgieron unos "amortiguadores" que ayudaron a capear el temporal: el incremento de visitantes y la puesta en marcha de una política fiscal expansiva por parte de las autoridades cubanas aminoró la crisis a costa de incrementar el déficit público. El efecto de estos amortiguadores se está diluyendo ya que el ritmo de crecimiento de turistas está casi estacando y el Estado, con un desbalance cerca del 11% del PIB, no puede seguir aplicando políticas anticíclicas. De igual forma los economistas se sorprenden por el buen comportamiento de la economía cubana porque a pesar de la crisis en el socio estratégico sigue experimentando crecimientos positivos.


El impacto de las sanciones de Trump


El informe también pone atención al impacto en ambos países de las medidas punitivas impulsadas por Donald Trump que tienen un impacto directo en sus economías y en las posibles vías de salida para sus problemas.


De manera resumida, en Venezuela las sanciones norteamericanas están sirviendo para que el país no pueda rentabilizar el incremento del precio del petróleo a nivel mundial. Además, recientemente Estados Unidos está intentando evitar que el petróleo llegue a Cuba sancionando a los barcos encargados de transportarlo. Por el momento se está consiguiendo saltar esta restricción.


En Cuba, la política de Trump va encaminada a cerrar todas las rendijas que se abrieron con la administración Obama y a sembrar dudas sobre la seguridad de las inversiones en Cuba para distorsionar el clima inversor. La isla, necesitada de capital extranjero, intenta dar seguridad a las empresas europeas amenazadas por el título III de la ley Helms-Burton que permite denunciarlas en EEUU por hacer uso de bienes que fueron confiscados al inicio de la Revolución.


Desde Washington se asegura que se quiere evitar que las entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas se beneficien del mayor flujo de turistas americanos, pero algunas medidas parecen encaminadas a golpear al incipiente sector privado de la isla. La limitación del monto de divisias que los cubanos pueden recibir de sus familiares de Miami tiene un fuerte impacto en la inversión de los pequeños negocios privados. La voluntad de querer evitar que los ciudadanos americanos puedan viajar para hacer turismo también es un factor importante ya que estos negocios se benefician indirectamente de estos visitantes. El informe subraya como trascendental el resultado de las elecciones presidenciales americanas del año que viene.


Lo novedoso de esta situación es que parece que Cuba no puede apoyarse en otro país como ha hecho tradicionalmente en el pasado con España, Estados Unidos, la URSS y Venezuela. Moscú y Pekín siguen siendo aliados importantes de La Habana pero difícilmente pueden implicarse todo lo que la Revolución querría.


La isla tiene bien poco que ofrecer a estos países. Las producciones de azúcar y níquel que podían interesar en el pasado se han reducido y los obstáculos culturales y de idioma dificultan que La Habana pueda poner en marcha programas médicos en estos países. Sería una relación básicamente subsidiaria.


El caso de China es algo diferente porque en los últimos años se han reforzado las relaciones comerciales con diversas inversiones en el país caribeño. Aún así, se trata de cifras minúsculas comparado con lo que Pekín está haciendo en la región en países que le interesan por sus materias primas.


Los economistas pronostican tiempos difíciles para la isla pero sin llegar al dramatismo de los 90 gracias a una mayor diversificación de la economía. El hecho de no contar con ningún nuevo "hermano mayor" puede convertirse en una oportunidad para que el país tire adelante por sus propios medios implementando reformas que no terminan de despegar.

06/06/2019 07:54 Actualizado: 06/06/2019 07:54
Por santi piñol
@SantiPinyol

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Una nota sobre teorías del desarrollo y política

El concepto desarrollo, con acepción que se le conoce hoy, surgió en el contexto de la Guerra Fría y el auge de los movimientos de liberación nacional; su uso inicial sirvió para mostrar a los países coloniales y dependientes que la imagen-objetivo de sus luchas tenía que ser la de alcanzar las características de las sociedades del centro capitalista. 

El surgimiento de esa acepción del concepto fue respaldado por concepciones que,de forma diversa, calificaban a las sociedades de esos países como atrasadas, tradicionales, subdesarrolladas y para salir de esa condición debían adoptar las instituciones y las estructuras de la modernidad capitalista, debían modernizarse.


Esas teorizaciones no tienen en cuenta el papel del colonialismo y el neocolonialismo en la creación de la situación de esos países. Surgió así la teoría de la modernización, la cual dominó ampliamente las ciencias sociales durante los años cincuenta y parte de los sesentas del pasado siglo. Incluso en los países socialistas europeos frente a la experiencia de movimientos de liberación radicales elaboraron una variante de la teoría de modernización: la llamada vía no capitalista de desarrollo. Con esa teorización legitimaban la idea de que estos países estaban en una etapa precapitalista.


En las distintas concepciones de la modernización el mecanismo del mercado es identificado como la condición de progreso; y para poder industrializarse, los países recién liberados debían adoptar las instituciones básicas del capitalismo: el mercado ante todo y, la autonomía de la sociedad civil, el pluralismo político y la secularización.


Estas teorías, de diversos modos y formas, plantean un camino unilineal de desarrollo en el cual el capitalismo industrializado, al que denominan sociedad moderna, es el destino de todas las sociedades, y el análisis del proceso de desarrollo se da a partir del contraste entre sociedad moderna y las sociedades no modernas, a las que denominan tradicionales. Ese contraste es el núcleo básico de sus teorizaciones; o sea, todas las naciones están situadas a lo largo de un continuum cuyos polos están representados por la tradición y la modernidad.
América Latina es la región donde han surgido dos de las más importantes teorías del desarrollo: la estructural cepalina y la de la dependencia.


La primera de las cuales, la cepalina, tiene su antecedente en la experiencia de los gobiernos nacionales-populares de las décadas del treinta y cuarenta del siglo veinte. El eje de esta concepción es el paradigma centro periferia elaborado por Raúl Presbich para explicar la naturaleza desigual del sistema capitalista mundial. Esta es la base de sus concepciones y es a partir de su visión de la dinámica de las relaciones entre ambos polos del sistema, que articula su propuesta de desarrollo, esto es importante, pues no ven las condiciones de atraso de la periferia como consecuencia de encontrarse en una estadía anterior al camino recorrido por las sociedades industrializadas, sino de la evolución que han tenido por sus funciones en el sistema.


En la concepción originaria de la CEPAL, el centro y la periferia forman parte de un único sistema con funciones específicas a partir de las estructuras productivas de cada uno de ellos. Estas estructuras tienen sus particularidades. En el Centro es homogénea y diversificada, con lo cual se refiere a que no tiene grandes desniveles de productividad entre sus distintos sectores y es capaz de producir una gama de productos tanto para satisfacer sus necesidades internas como para exportar, mientras la estructura de la periferia es heterogénea y especializada, tiene sectores con alta productividad del trabajo y sectores de baja productividad y la actividad exportadora se concentra en unos pocos productos primarios. Esta diferencia de estructuras determina las funciones de cada parte del sistema dentro de la división internacional del trabajo. El centro exporta una gama muy amplia de bienes, especialmente productos manufacturados, que intercambian por alimentos y materias primas de la periferia.


De ahí que el punto de partida de sus análisis fuese la crítica de la teoría clásica del comercio internacional cuyo comportamiento real, a contrario sensusde la teoría de las ventajas comparativas y sus dos principales postulados, no procuraba mecanismos para mantener el equilibrio entre los precios de los bienes primarios y los productos manufacturados, produciéndose un deterioro en perjuicio de los primeros, y no lograba repartir equitativamente los frutos del progreso técnico.


El deterioro de los términos de intercambio afecta el patrón de crecimiento de los países que dependen de los ingresos por exportaciones de productos primarios. De ahí nació la idea de una política estatal destinada a eliminar los efectos de ese intercambio y promover un desarrollo más equilibrado. Esto demandaba protección arancelaria y una política de industrialización por sustitución de importaciones (ISI),como eje del desarrollo, concebido inicialmente como crecimiento económico; para lograr esto era necesario un Estado fuerte que fuera capaz de implementar medidas que propiciaran los cambios perseguidos, de ahí el papel del Estado como agente del desarrollo, todo lo anterior se reflejó en toda una política económica conocida como desarrollismo.


Tanto las tesis de la modernización como la de la CEPAL coinciden en que es posible alcanzar el desarrollo en los marcos del capitalismo.


La victoria de la Revolución Cubana tuvo un impacto en el continente, no solo en lo político, sino también en el campo de las ciencias sociales. Al calor de la polémica sobre las vías y características de las revoluciones necesarias en el continente surgió la teoría de la dependencia, que, en su versión marxista plantea la ruptura con el sistema capitalista y la asunción del socialismo como futuro, en tanto desarrollo y subdesarrollo constituyen elementos intrínsecos del sistema capitalista. Las teorizaciones sobre la dependencia se han enriquecidos a partir de la aparición de la teoría del sistema-mundo.


Sintetizando las tesis de los dependentistas :


El subdesarrollo no es la ausencia de desarrollo, es la forma específica de desarrollo capitalista de nuestros países. Es la resultante histórica de la incorporación de estas regiones a la dinámica capitalista mundial. La relación desarrollo subdesarrollo le es inmanente al sistema capitalista, es una relación de explotación de los segundos por los primeros.


La relación de dependencia no es estática. Con la expansión del capitalismo la forma de articulación de los países dependientes a los centros hegemónicos del capitalismo cambia, pero se mantiene la situación de dependencia.


La adopción de políticas contrarias a los intereses nacionales de los países naciones subdesarrollados por parte de las clases dominantes locales se debe a que son coincidentes sus intereses como clase social con los intereses imperialistas.


Los mecanismos acumulativos de la dependencia están en la raíz de la deuda externa de los países de América Latina. Mientras mayor es el grado de desarrollo capitalista dependiente, mayor es el grado de endeudamiento.


El que se desarrolla s el sistema en su conjunto, de ahí el desarrollo del desarrollo y el desarrollo del subdesarrollo.


La posibilidad de desarrollo de los países subdesarrollados se vincula a la ruptura de las mallas de la dependencia y la superación del sistema capitalista.


Con lo cual llegaron a una conclusión política: sólo la revolución socialista es capaz de liquidar los lazos de la dependencia.


Es necesario señalar que la escuela clásica de la dependencia se ha concentrado más en el estudio de los mecanismos que generan y mantienen el subdesarrollo y la explotación de los países dependientes que en la imagen de lo que debe ser el desarrollo, y es poca la reflexión en cuanto a las características del socialismo que se propone. Irónicamente se puede decir que la imagen objetivo siguió siendo la de los actuales países industrializados. [1]


Salvo referencias al socialismo como salida del subdesarrollo y a la necesidad de la Revolución Socialista, no reflexionaron sobre la instrumentación de una política de desarrollo para romper las mallas de la dependencia, y en este sentido, más que un paradigma del desarrollo la dependencia es, una teoría del subdesarrollo.


En la actualidad, sus principales teóricos siguen produciendo y en lo fundamental coinciden con las concepciones del sistema – mundo que ha tenido lugar a partir de la obra de I. Wallerstein.


El desarrollo del capitalismo ha traído a primer plano algunos problemas básicos para la humanidad, dado que este sistema destruye las dos fuentes de la riqueza: la naturaleza y el ser humano. Esta problemática está detrás del surgimiento de concepciones del desarrollo con apellido: desarrollo sostenible y desarrollo humano.


En el primer caso el apellido responde al hecho de que la explotación de los recursos naturales y la forma en que esta se realiza, está sobrepasando los límites de renovación de estos, de ahí que se proclame un desarrollo que satisfaga las necesidades de las presentes generaciones , sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus necesidades.


Existen más de cien definiciones del desarrollo sostenible, por lo que no entraremos en la búsqueda de una definición más o menos precisa, lo importante es que todas se refieren a la relación de la actividad humana y sus efectos sobre el medioambiente y lo importante de preservar el primero para que la humanidad tenga futuro.


El desarrollo capitalista, la forma en que tiene lugar tiene una serie de efectos negativos sobre la naturaleza que se manifiestan de diversas formas, entre ellas el efecto invernadero, el cambio climático, la afectación a la biodiversidad, de las cuales se ha tomado conciencia en gran parte de la humanidad, pero lamentablemente, a pesar de las cumbres mundiales sobre estos temas, las políticas implementadas por las potencias hegemónicas del sistema son insuficientes o tienden a ser nulas.


Ayer hubo los objetivos de desarrollo del milenio, hoy la ONU ha proclamado 17 objetivos del desarrollo sustentable. Si se comparan esos objetivos con las tendencias del desarrollo mundial podemos predecir su incumplimiento.


Más allá de esto y como elemento suplementario, si las tres cuartas partes de la humanidad no logran satisfacer sus necesidades actuales producto de las características del desarrollo del sistema capitalista y la tendencia es al aumento de la desigualdad, como podemos plantearnos proteger las necesidades de las futuras generaciones si el funcionamiento del sistema actual tiende a destruir la base de satisfacción de las actuales.


El otro apellido: humano responde al fenómeno de la creciente desigualdad entre naciones y, sobre todo al crecimiento de la pobreza y la exclusión social, además estaba el hecho de que países con elevadas tasas de crecimiento no eran ejemplos de calidad de vida de su población, puede recordarse el caso de Brasil y su “milagro económico” durante la etapa de la dictadura militar, además los resultados sociales de las política de ajuste durante los ochenta del pasado siglo reforzaron la idea de tener en cuenta la dimensión humana en los procesos de desarrollo por parte de los organismos internacionales, como la UNICEF, estos elementos, sin duda, incidieron en la elaboración del el concepto de desarrollo humano.


Este concepto parte del criterio de que el objetivo del desarrollo es crear un ambiente que permita a las personas disfrutar de una vida larga, saludable, adquirir conocimientos y lograr un nivel de vida decente, partiendo de estos elementos se elaboró un índice compuesto por parte del PNUD para medir el nivel de desarrollo humano de los países. En los primeros informes se elaboró un índice compuesto a partir de elementos cuantificables como esperanza de vida al nacer, matriculas educacionales e ingresos; posteriormente se han ido incorporando otros elementos. A partir de los resultados del índice se elabora una escala que comprende prácticamente a todos los países del orbe. Anualmente se publica un informe que refleja la posición de los países a partir de los datos de este índice.Desde luego el PNUD no cuestiona el sistema capitalista generador de los problemas que afectan el desarrollo humano.


A esta altura podemos resumir que la noción de desarrollo se asocia la noción de bienestar humano para todos; lo cual plantea algunos problemas, el primero de los cuales es la interrogante de cual orden social puede garantizar esto para todas las personas de un país.


Evidentemente el capitalismo es incapaz de hacerlo, la experiencia histórica lo muestra fehacientemente. Por tanto proponerse lograr el desarrollo es proponerse una distribución del producto social que beneficie a todos. Esto nos sitúa en el terreno de la política, porque no se puede cambiar la distribución de producto social global, sin afectar a los beneficiarios de la actual distribución, los que, desde luego nunca acceden, ni accederán sin resistencia, por lo cual la lucha de clases acompañará este proceso. De lo cual podemos deducir que el proceso de desarrollo, aunque las medidas económicas estén en primer lugar, es un proceso político que depende de las fuerzas y capacidad de las fuerzas que ejercen el poder en un país. Esta problemática está ausente de las teorías del desarrollo que conocemos.


Una tarea pendiente de la teorización sobre el desarrollo es abordar la reflexión sobre la forma y métodos para lograr el orden social que proporcione un nivel de vida decoroso a toda la población.


Para lograr esto no bastan las buenas intenciones, ni las decisiones administrativas a partir del acceso al gobierno de unpaís. Es necesario actuar con las masas para liberarla del sentido común burgués, mediante su participación activa en la creación de ese orden.


Con ello entramos en la necesidad de una organización política rectora de ese proceso, que sea capaz de funcionar como un cerebro colectivo fuerte y a la vez democrático, capaz de estudiar las formas y vías de creación de la nueva sociedad, que aúnevoluntades, que prevea los obstáculos y desarrolle una labor organizativa y político-ideológica de creación de nuevos valores y nuevas actitudes.


Solo así mientras las personas transforman la realidad, se transforman a sí mismas, esa es la base de un nuevo amanecer social.


Organización política y participación de las masas son claves para plantearse un proyecto de desarrollo el cual puede definirse aproximadamente como el logro de una sociedad cada vez más desmercantilizada, con una economía tendencialmente ecoefectiva que proporciona a cada persona una vida decorosa, sin pobreza, con protección social y con participación real en el ordenamiento social del país.


Nota:


[1] En general en las distintas teorizaciones se ha avanzado desde una posición puramente económica a diversas variantes que tienen en cuenta los elementos sociales.
José Bell Lara es doctor en Ciencias Filosóficas. Licenciado en Sociología. Máster en desarrollo social caribeño. Profesor titular y profesor consultante de la Universidad de la Habana.

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EE UU registra la tasa de paro más baja en casi medio siglo

La desocupación se coloca en el 3,6% en abril tras crear ese mes 263.000 nuevos empleos

La economía de Estados Unidos avanza con solidez cuando la expansión que siguió a la Gran Recesión va a cumplir una década. Se refleja en el empleo. La tasa de paro bajó dos décimas y se colocó en abril en el 3,6%. Es la lectura más baja desde diciembre de 1969. Lo hizo tras registrar 263.000 ocupados, más de lo esperado. Se acelera respecto a los 189.000 de marzo. La Reserva Federal, por tanto, puede seguir avanzando con el proceso de normalización sin prisa.


El mercado laboral no está mostrando señales de que vaya a moderar el ritmo de creación de empleo, pese al bache de febrero, que en la lectura final queda en 56.000 ocupados. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, ya aseguró el pasado miércoles que la creación de empleo estaba siendo robusta y anticipó que la economía seguirá avanzando a un ritmo saludable el resto del año.


La tasa de crecimiento anualizada fue del 3,2% en el primer trimestre. Lo previsible, según los analistas, es que en estas condiciones la creación de empleo progrese a un ritmo ligeramente por debajo a los 200.000 contratos de media mensual. La Fed, entre tanto, se escuda en la baja inflación para dejar los tipos de interés intactos. Están desde diciembre en una banda entre el 2,25 y el 2,5%.


En el primer trimestre, se creó empleo a un ritmo próximo a los 180.000 ocupados mensuales de media. La productividad en ese periodo se aceleró un 3,6% mientras el paro se mantuvo en el 3,8%. Los sueldos crecen, a un 3,2% anual, pero no como para que cree riesgos o temores del lado de la inflación para la Fed. Powell asegura que no ve evidencias que indiquen que la economía se esté recalentando.


La Fed tampoco ve signos en la dirección opuesta que anticipen una contracción y le fuercen a rebajar los tipos, como reclama el presidente Donald Trump con insistencia. El indicador de empleo sí muestra un punto de vulnerabilidad en la industria de la manufactura. Se crearon en el mes solo 4.000 empleos, frente a generar 22.000 ocupados de media en 2018. Es un hervidero de votos para el republicano.


Debilidad en la manufactura


El índice de actividad manufacturera publicado esta semana mostró una desaceleración significativa. Powell explicó durante la rueda de prensa posterior a la última reunión que es una tendencia que se observa a escala global. “Los servicios crecen más rápido”, señaló, aunque al mismo tiempo indicó que espera una “contribución positiva del sector industrial en la expansión económica” porque sigue creciendo.


Aunque junio marcará el décimo aniversario de la salida de la recesión, el mercado laboral necesitó un año más para empezar salir de la crisis. La tanda actual, la más prolongada en los registros, comenzó en octubre de 2010. Entonces el paro rondaba el 10%. Pero buena parte de este descenso se explica porque la tasa de participación está en el 62,8%. En abril medio millón de personas abandonaron el mercado laboral.


Si se tienen en cuenta son las personas que no buscan empleo de forma activa o que se ven forzadas a trabajar a tiempo parcial, la tasa de desocupación sería del 7,3% en abril. En ese caso se habría mantenido estable y estaría a uno nivel ligeramente superior al periodo de expansión que concluyó con el estallido de la burbuja tecnológica. Eso sugiere que aún hay margen para crear más empleo.


EE UU encadena, en cualquier caso, 103 meses seguidos de creación de empleo, marcando así un nuevo récord. El ritmo robusto de contratación no es solo una evidencia más de que el miedo a una recesión se exageró, también cuestiona la retórica de Trump y sus críticas hacia la estrategia de Powell. Le acuso de frenar la economía. El propio presidente de la Fed anticipa, en cualquier caso, que el crecimiento se moderará.


La atención, por tanto, se centra en entender cuándo la Reserva Federal moverá ficha. Jerome Powell dice sentirse cómo donde está. La última encuesta interna publicada en marzo indicaba que la mayoría de los miembros eran partidarios de dejar las cosas como están y no subir tipos. Veían un nuevo incremento para comienzo de 2020. Lo que queda descartado de momento es un recorte preventivo.

Por Sandro Pozzi
Nueva York 3 MAY 2019 - 08:42 COT

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 Xi Jinping, en la ceremonia de inauguración del foro. FRED DUFOUR AFP

Pekín reúne a 37 jefes de Estado en la segunda cumbre de su iniciativa de bandera, cuya expansión ha topado con reveses económicos y políticos

La diplomacia china despliega toda su artillería a partir de este viernes con la celebración del segundo foro sobre la Ruta de la Seda, proyecto clave del presidente Xi Jinping basado en la creación de una enorme red de infraestructuras por todo el mundo. Su concepción en 2013 llamó la atención de todas las capitales del planeta tanto por su ambición como por las incógnitas que rodeaban al plan. Hoy su expansión es innegable, pero muchas preguntas persisten dentro y fuera del país sobre sus fines políticos o viabilidad económica, mientras crecen los recelos tanto en la UE como en Estados Unidos. Pekín es consciente de ello y promete ciertos ajustes en un proyecto que ha llegado para quedarse.


En la ceremonia de apertura de la cumbre este viernes, el presidente chino, Xi Jinping, trató de despejar las dudas sobre el programa. “Tenemos un fuerte compromiso con la transparencia y la gobernanza limpia en esta cooperación. Adoptaremos reglas y estándares ampliamente aceptados y alentaremos a las empresas participantes a seguirlos en el desarrollo, operación, adquisición y licitación de los proyectos (...) Las leyes de los países participantes deben ser respetadas y tenemos la necesidad de asegurar la sostenibilidad comercial y fiscal de todos los proyectos”, aseguró. En esta línea, se prevé que la declaración final del encuentro incorpore un lenguaje que aborde algunas de las preocupaciones de sus socios, con referencias más claras en asuntos como la transparencia, los estándares internacionales de inversión o la financiación sostenible y la deuda.


No se trata de un cambio radical en comparación con el enfoque inicial, pero muestra la voluntad de Pekín de reducir la velocidad y ajustar el plan por su bien a largo plazo. Dentro de China se oyen voces sobre el riesgo de estas inversiones o los posibles incumplimientos de los préstamos. Las autoridades están esbozando una serie de reglas para acotar qué proyectos pueden formar parte de esta iniciativa con el fin de evitar la idea extendida de que la nueva Ruta de la Seda es un cajón de sastre en el que todo cabe. También se ha mostrado cierta flexibilidad al renegociar algunos de los proyectos que estaban en peligro: en Malasia, por ejemplo, la construcción de una línea ferroviaria en su costa oriental sigue adelante después de que China recortara su coste en casi un tercio del valor inicial.


37 jefes de Estado y más de 5.000 participantes de 150 países se reúnen viernes y sábado en la capital china, cifras que superan con creces las delegaciones que asistieron a la primera cumbre celebrada en 2015. Para Pekín es el evento diplomático del año y ha puesto todo su empeño en convencer tanto a sus propios ciudadanos como a la comunidad internacional de que el proyecto está siendo un éxito y que no hay nada que temer.
Ciertamente, China ha logrado en estos últimos años que 125 países respalden abiertamente su plan, entre ellos Italia. Pekín ha desembolsado más de 70.000 millones de dólares en financiar proyectos como carreteras, puertos, líneas ferroviarias, puentes, oleoductos, centrales eléctricas o infraestructuras de telecomunicaciones en Asia, Europa, África e incluso Latinoamérica, región que queda muy lejos de la antigua Ruta de la Seda.


Pero el ambiente en el que se celebra este foro es muy distinto a las grandes expectativas formadas en el encuentro organizado hace dos años. Pekín se ha encontrado con dificultades considerables, desde acusaciones de que el programa es una mera herramienta para expandir la influencia china fuera de sus fronteras a los problemas derivados en aquellos países que solicitan préstamos para megaproyectos (que en ocasiones resultan comercialmente inviables o poco transparentes) y acaban atrapados en una espiral de deuda. Ha habido reveses, por ejemplo, en Malasia, Sri Lanka, Pakistán, Nepal, Maldivas, Myanmar o Etiopía.


“Con estos acuerdos, Pekín quiere mostrar su capacidad de adaptación para asegurarse que la Ruta de la Seda sigue adelante y que estos incidentes son, en realidad, baches en el camino y no barricadas”, afirma Thomas Eder, investigador del Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS). “Pero incluso aunque se hable mucho de transparencia en esta cumbre y sobre cómo lograr que otros países pueden beneficiarse más de estos proyectos, la dificultad recae en su enfoque básico, diseñado para que ayude a la economía china a crecer. Si China financia gran parte estos proyectos, nunca habrá licitaciones públicas y abiertas para los contratos principales, con lo cual las empresas extranjeras nunca se beneficiarán de ellos”, añade el experto. Hasta el momento, la participación de empresas de terceros países en estos proyectos ha sido muy limitada y los contratos han sido monopolizados por empresas chinas.


Pese a las críticas, China no tiene previsto dar marcha atrás en un proyecto clave para la “nueva era” de Xi Jinping, basada en una política exterior más asertiva con una clara intención de ocupar un papel de protagonista en el escenario global. El alcance y duración del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda no se contará por años, sino seguramente por décadas, al estar incluido desde 2017 en la Constitución del Partido Comunista. Apenas seis meses después, el ideólogo de la iniciativa, el presidente Xi, obtuvo el visto bueno de la formación para permanecer en el cargo por el resto de su vida si así lo desea.

Por Xavier Fontdeglòria
Pekín 26 ABR 2019 - 04:43 COT

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Perspectivas al final de la segunda década del siglo XXI

En el presente artículo vamos a repasar por los acontecimientos políticos y sociales que marcan la pauta económica de la primera parte del siglo. Un referente es lo acontecido en la misma etapa en los siglos XIX y XX para ver si estamos o no ante una señal auspiciosa. Lo que está claro es que se está ante un horizonte conflictivo que no tiene señales de acabar pronto. 

Algunos referentes de inicios de siglo XIX y XX


Al final de la segunda década del siglo XIX, las repúblicas americanas culminaban la etapa final de sus luchas por la independencia española y España entraba en una espiral de debilitamiento hegemónico frente a la industrial Gran Bretaña y el liberalismo económico. De otro lado, los Estados germánicos, bajo la influencia de Federico List, impulsaban una unión aduanera, la primera de su tipo. La visión industrialista de List subyacía a sus críticas al liberalismo británico y los británicos, frente a España, se encargaron de equipar y financiar a las tropas independentistas de Bolívar. Los ferrocarriles a vapor de agua eran la tecnología del progreso y reducían las distancias. Las migraciones masivas de España hacia América latina y de Gran Bretaña hacia Estados Unidos marcaron huella.


Al final de la segunda década del siglo XX, en 1919, se firmó el Tratado de Versalles y se fundó la primera organización multilateral: la Liga de las Naciones, con su oficina de inteligencia económica, junto con la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial de la Salud. La revolución rusa había triunfado en noviembre de 1917 y la revolución mexicana estaba en plena lucha. Se estaba en los albores de la deflación de 1920 y del estancamiento europeo de la década de 1920. En China los europeos estaban consolidando Shanghái como un gran centro comercial y Japón había establecido en la Península de Corea un poder militar. Estados Unidos se había instalado en el Istmo de Panamá con el Canal recién inaugurado y todos los imperios europeos fueron derrotados en la I Guerra Mundial, salvo Gran Bretaña que comenzaría su declive como país altamente endeudado con los Estados Unidos. El motor a combustión con combustible fósil era la tecnología del progreso. Aviones, automóviles y barcos reducían las distancias. Las migraciones masivas de post guerra desde Europa hacia el continente Americano marcaron a la mayor parte de los países.


Las guerras y el mundo al que entramos


El final de la segunda década del siglo XXI se caracteriza por el debilitamiento de los organismos multilaterales ante un resurgimiento de nacionalismos localizados en Europa, Estados Unidos y en menor medida en América Latina. Las guerras, que debían ser prevenidas por la Liga de las Naciones, y luego por Naciones Unidas hoy son imprevisibles. Tras la proclama del fin de la historia de Fukuyama, lo que se observa es que hay más guerras en simultáneo que nunca en la historia pero que tienen una forma diferente. Son luchas entre sectores de oprimidos y opresores, en algunos casos religiosas. Todas son en espacios geográficos donde hay petróleo o gas y en todas está involucrado Estados Unidos de alguna manera.
1) La segunda guerra del Congo (1998–2003) que se inició en el siglo XX en un área donde hay riqueza petrolera y minera lleva desde 1998 tres millones de muertos y continúa con menor intensidad con la presencia de 113,000 fuerzas de paz bajo el auspicio de Naciones Unidas desde el 2003.


2) La guerra civil siria desatada tras la invasión occidental a Irak y al mismo tiempo de la Primavera Árabe del 2011. Tiene como actores a grupos políticos y religiosos y a gobiernos como Estados Unidos, Rusia, Turquía, Israel. Lleva 365,679 personas muertas a febrero del 2019. (Syrian Observatory for Human Rights).


3) La guerra de Irak, que se inició en el 2003 con una invasión occidental bajo el argumento falso que habían armas de destrucción masiva. Ha provocado, hasta inicios del 2019, 288,000 muertos.


4) La guerra de Afganistán, iniciada en el 2001, poco después del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York y otros blancos, por un grupo de 19 árabes saudíes asociados a Al Qaeda, grupo paramilitar religioso. Lleva 100,000 muertos hasta febrero del 2019 entre los de Afganistán y los civiles muertos en Pakistán.
5) La Guerra de Boko Haram, cuyo nombre significa “la occidentalización es un sacrilegio”, que comenzó cuando se fundó el grupo en Nigeria en el 2002, poco después de los ataques de Al Qaeda en Estados Unidos. Se desarrolla en un país rico en petróleo con una mala distribución del ingreso y con un proyecto de surtir a Europa a través de un oleoducto que atraviese África. La consecuencia de esta guerra es el desplazamiento de 2 millones de personas.


6) La guerra Civil de Yemen, iniciada con la Primavera Árabe, que fue una lucha por la permanencia en el poder del presidente electo ʿAlī ʿAbd Allāh Ṣāliḥ. Luego entraron a la lucha Al Qaeda, apoyando a los rebeldes Houthi, y del otro lado Arabia Saudí, con el respaldo de Estados Unidos al gobierno del presidente Hadi, que sucedió a As Salih en el 2015. Es un país rico en gas natural y minerales diversos. Llevan 80,000 muertos desde el 2015 según Yemen for the Armed Conflict Location and Event Data Project (ACLED).


7) El conflicto de Ucrania, que se inició en el 2013 cuando el presidente pro-ruso de Ucrania, Viktor Yanukovich, rechazó el acuerdo de asociación con la Unión Europea a favor de lazos más estrechos con Rusia. Kiev, la capital ucraniana, estalló en protestas callejeras y los manifestantes establecieron un campamento permanente en la Plaza de la Independencia. Los enfrentamientos entre la policía (pro rusa) y los manifestantes (pro europeos) se volvieron cada vez más violentos. El Acuerdo de la Asociación entre Ucrania y la Unión Europea se firmó en marzo del 2014 bajo la presidencia de Oleksandr Turchínov. En el proceso, se desató la violencia entre los sectores pro rusos y los pro europeos, lo que llevó a que las fuerzas de seguridad del gobierno abrieran fuego contra los manifestantes. La reacción violenta que se produjo en febrero del 2014 barrió a Yanukovich del poder, y él huyó a Rusia. Al mismo tiempo, en febrero del 2014 el ejército ruso invadió la Península de Crimea para asegurar la salida rusa al Mar Negro, donde se encuentran las bases navales rusas del Mediterráneo; estallando una guerra que lleva 13,000 muertos y que ha convertido a Ucrania en la frontera entre Rusia y Europa. El tema es el gas, los gasoductos que pasan por allí, y quién los controla. Una característica de todas estas guerras es que las empresas siguen operando mientras la guerra avanza. La guerra permanente es un nuevo rasgo de la economía internacional.


Migración y capacidad de absorción


La consecuencia de la Primavera Árabe y las intervenciones de Occidente en Libia, Irak y Egipto han dejado una estela de inmigrantes que intentan escapar de sus países para descansar de la guerra y trabajar. Lo más cercano es Europa, lo que ha llevado posiblemente a uno de los desplazamientos masivos más significativos de la historia moderna. Del año 2000 al 2017, el número total de migrantes aumentó casi 50%: de 173 a 258 millones de personas. La mitad de este aumento ocurrió en países desarrollados, mientras que la otra mitad tuvo lugar en países en desarrollo, según Naciones Unidas. En América Latina, los desplazamientos están asociados a cambios de gobierno sin elecciones o intentos forzados de cambio, como en Honduras, Haití, y Venezuela, pero también, en general, a muy poco crecimiento económico e insuficiencia de empleo.


La falta de crecimiento de las economías desarrolladas adonde se dirige la mitad de los migrantes ha dado lugar a sentimientos nacionalistas similares a los existentes en la década de los años 1930, esta vez culpando a los musulmanes. La diferencia es que la existencia de musulmanes radicales armados e ideologizados como un pueblo oprimido por Occidente los convierte en actores en el conflicto armado no solo en la zona sur del Mediterráneo, sino al norte. Esto es una diferencia sustantiva con los años 30. Este es un componente nuevo de la economía internacional por el impacto de las remesas internacionales en las economías de origen.


El cuadro (1) recorre 66 años de crecimiento económico de economías maduras, de 1950 a 2016. Lo que muestra es que, en primer lugar, las economías que menos crecieron desde 1950 fueron Gran Bretaña, Estados Unidos y Dinamarca. En segundo, lugar muestra como después de la crisis de 1974 el crecimiento se redujo aún más en comparación con la primera etapa, 1950-1975. La diferencia es que entre la primera y segunda etapas, el promedio de la primera etapa de todas las economías maduras era superior al crecimiento americano; en la segunda etapa el promedio del crecimiento es igual al promedio de la economía mayor. Es decir, hay una migración masiva hacia las economías desarrolladas que tienen tasas de crecimiento bajas y a Estados Unidos en especial, que la tiene más baja que el resto. Esto produce las reacciones sociales fascistas, cargadas de odio, racistas, xenófobas, que se observan en el discurso estadounidense pero también en las reacciones populistas de derecha europeas con las consecuencias sobre el proteccionismo y guerras comerciales.


El motor real del crecimiento


El escaso crecimiento de las economías maduras ha sido activado por dinámicas internas, con la posible excepción de Alemania donde el peso externo es muy alto. La tecnología de la década de los años 20 se agotó en los años 70 y desde entonces se viene esperando un cambio en la energía con la que se mueven los vehículos. Lo que ha ocurrido, mientras tanto, en estos cincuenta años es que emergió la inteligencia artificial que nos permite no movernos y estar conectados con otro lugar en tiempo real vía el Whatsapp y Skype así como por Hangouts de Google, entre los más conocidos. Esto hace que la sociedad esté más informada aunque no más comunicada, necesariamente. También permite que no se deban de hacer y en esa medida es un vehículo de meta-transportación virtual.


A pesar de eso, crece el número de vehículos de transporte con tecnología cada vez más avanzada para comodidad del pasajero. Lo más avanzado será el vehículo que sea literalmente auto-móvil, sin chofer. Ese vehículo eléctrico, o energizado por hidrógeno, será limpio y no calentará el ambiente. La competencia está en quien sacará estos vehículos al mercado más pronto. El funcionamiento de éstos va de la mano con lo dicho al inicio, sobre la telemática. La competencia es quién saca la red 5G antes y la coloca en el mercado. Todo indica que la empresa Huawei la tiene lista y la está vendiendo, mientras Estados Unidos sabotea todo ese esfuerzo para no quedarse atrás. Esa es la explicación lógica de la guerra comercial que hasta ahora les cuesta a los consumidores americanos 165,000 millones de dólares y que impacta sobre el 38% de las importaciones estadounidenses (2).
La competencia por los autos limpios sin chofer y con tecnología 5G es por el momento el futuro inmediato para reactivar las economías maduras. Todo indica que esto lo viene ganando China, sin embargo, (ver artículo de Armando Negrete en esta edición) América Latina dentro de este juego continúa siendo la despensa, donde China invierte para asegurar materias primas, entre ellos, el litio y las tierras raras pero también petróleo y gas. En este, la competencia espacial con Estados Unidos en el continente es muy fuerte.

Finalmente


El mundo está marcado por guerras en zonas de producción de petróleo y gas. Estas son ahora un rasgo de los tiempos y no eventos pasajeros. Son guerras que duran más que las guerras mundiales y que tienen millones de muertos pero que no generan un cambio tecnológico significativo como para sacar a Estados Unidos de su trayectoria declinante de crecimiento. El futuro tecnológico está comprometido con el transporte y la telemática para hacer dicho transporte más cómodo y eficiente en términos de energía. La competencia por esto en la forma de vehículos eléctricos o a hidrogeno, sin chofer, es posible, siempre y cuando el control de la tecnología de redes 5G esté en las mismas manos occidentales que los vehículos. La competencia parece estar inclinada a favor de China y eso ha motivado una guerra comercial costosa para Estados Unidos, cuyo déficit externo ha crecido en este año pasado. El proteccionismo va acompañando las migraciones indeseadas mientras Estados Unidos busca colocar a la economía en declive en una posición de líder mundial, sin éxito en ninguno de los campos. Su déficit externo es mayor y su desprestigio aumenta (3).


Las guerras ocurren en espacios donde hay petróleo y gas, lo que indica que no está echada la suerte de los combustibles fósiles todavía a pesar de los efectos adversos que tienen. La guerra comercial con China no se inició el año 2018, ni tampoco la competencia por la red 5G. La resistencia a la migración tampoco es un fenómeno reciente. Lo que está pasando es que se vienen acentuando las tendencias y las radicalizaciones de derecha se van fortaleciendo conforme éstas se agudizan. Zizek (4) nos dice que cuando hay frustración política en la izquierda, esa población vira hacia el extremo de la derecha en búsqueda de respuestas reales. Eso es lo que está pasando. En medio de esto, el crecimiento tanto de Europa como de Estados Unidos está más debilitado que antes. Los países orientales sentirán también el efecto de la desaceleración occidental, pero en un horizonte cinco veces más alto de crecimiento del PIB que Occidente (1.4% vs 6.4%). América Latina va a tener que escoger bien con quién comerciar y cómo desarrollarse porque los modelos pensados en mercados próximos están, por el momento, terminados sin una transformación productiva, que por ahora no está a la vista.

Por Oscar Ugarteche
Alainet


Notas


(1) Alan Freeman, “The sixty-year downward trend of economic growth in the industrialised countries of the world”, GERG working paper No.1, 2019, University of Manitoba.
(2) The impact of the 2018 trade war on U.S. prices and welfare, Mary Amiti, Stephen J. Redding and David E. Weinstein, Discussion Paper DP13564, Published 02 March 2019, Centre for Economic Policy Research, London.
(3) “Donald Trump won little applause during Munich Security Conference — and Ivanka wasn’t too pleased”. “UN members laugh at Trump after claim his administration has ‘accomplished more than almost any in US history”. “Trump’s North Korea summit failed because he doesn’t understand what Kim Jong Un really wants”.
(4). Slavoj Žižek, Problemas en el paraíso. Del fin de la historia al fin del capitalismo. Traducción de Damià Alou. Editorial Anagrama. Barcelona
Artículo publicado originalmente en la Revista América Latina en Movimiento Nuevas pistas de la economía mundial

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Transformar la economía de EU: el Green New Deal

Una nueva propuesta de legisladores del Partido Demócrata busca rediseñar la economía de Estados Unidos. Ha recibido el nombre en inglés de Green New Deal, que se traduce como el "Nuevo trato verde" y renvía al paquete de política económica que introdujo Franklin Roosevelt en 1933 para enfrentar la Gran Depresión.

Esta propuesta ya genera un gran debate en Estados Unidos, polémica que ya hacía falta en un país que se ha inclinado tanto a la derecha que la palabra socialista se ha convertido en insulto. Por ese motivo el Partido Republicano no tardó en atacar la propuesta como un proyecto para llevar a Estados Unidos al socialismo. Y los dirigentes del Partido Demócrata, con Nancy Pelosi a la cabeza, han preferido adoptar una postura de precaución, sin apoyar abiertamente la propuesta del Green New Deal. No sorprende su cautela, pues esa jerarquía del Partido Demócrata ha estado desde Clinton cercana a los grandes intereses económicos que la nueva propuesta va a afectar.

El Nuevo Trato Verde (NTV) es un paquete de política macroeconómica y sectorial para responder a los retos económicos, sociales y ambientales del capitalismo estadunidense. Pretende alcanzar tres objetivos: enfrentar el cambio climático y otros problemas ambientales, reducir la desigualdad social y relanzar la economía por una senda de crecimiento sostenido. La referencia a Roosevelt recuerda que se necesitará una gran movilización de recursos para alcanzar los objetivos planteados.

El Nuevo Trato Verde incluye importantes programas de inversión en infraestructura y para la transición energética. Uno de los ejes medulares del NTV es la transición energética para reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero y transitar hacia un perfil 100 por ciento dependiente de energías renovables. Otra vertiente del NTV consiste en proporcionar servicios de salud gratis a todos los miembros de la sociedad.

Desde luego, la principal objeción de la derecha a este paquete de políticas ha sido su pretendida falta de realismo. La pregunta que se utiliza para atacar la propuesta se disfraza de rigor económico: ¿de dónde va a salir todo el dinero para financiar este programa? Es una interrogante mal intencionada. Detrás de ella se esconde la hipocresía de quienes nunca cuestionaron el costo astronómico de los rescates para el sistema financiero. Es la misma pregunta que encubre la duplicidad de los que hace un año aprobaron la reforma fiscal de Trump, que condujo a un explosivo incremento del déficit fiscal.

Pero a pesar de ser utilizada como ariete para la ofensiva en contra de la propuesta, la pregunta es válida. Y los legisladores del Partido Demócrata han estado tratando de responder con una referencia a la "teoría monetaria moderna", que ha sido promovida por importantes economistas heterodoxos como Randall Wray y Stephanie Kelton. Ésta ofrece una respuesta a la pregunta sobre el origen del dinero muy diferente a la que propone la teoría económica convencional. Esta última es absurda y sostiene que el dinero surge natural y espontáneamente en respuesta a las dificultades que enfrentan las transacciones por medio de trueques. Por el contrario, la teoría monetaria moderna sostiene que el dinero se origina por la acción deliberada del Estado, que al emitir la moneda con la que se pueden pagar impuestos crea el medio de pago generalizado.

La teoría monetaria moderna está siendo sometida a un fuerte debate académico, pero una de sus implicaciones es que el Estado posee un enorme poder de financiamiento y no tiene por qué preocuparse por su endeudamiento: al Estado soberano nunca se le acaba el dinero, pues siempre puede imprimir/emitir nuevos medios de pago. En última instancia, la teoría monetaria moderna sostiene que el dinero tiene valor porque el Estado así lo determina. Para los defensores del NTV, el atractivo de la teoría monetaria moderna es que permite hacer frente a las necesidades de financiamiento porque el endeudamiento público no sería un problema.

Esta postura no es la más adecuada, toda vez que la teoría monetaria moderna no acaba de afinar el análisis en varios puntos delicados que son objeto de debate. Uno de ellos tiene que ver con la inflación y otro con la relación entre ahorro e inversión. Este último tema requiere todavía un análisis más serio sobre el circuito monetario en el contexto del corto y largo plazos. Por esta razón los promotores del NTV cometerán un error si descansan exclusivamente en este planteamiento teórico como respuesta al tema del financiamiento. Hay otras fuentes de recursos, pero también siguen siendo temas tabú. Algunos precandidatos demócratas a la presidencia ya han manifestado la necesidad de incrementar los impuestos para los estratos de mayores ingresos, pero el recorte al gasto militar, que cada año es superior a 740 mil millones de dólares, sigue siendo un tema proscrito. Mientras la cara militar del imperialismo no sea objeto de una crítica profunda, no habrá nuevo trato.

Twitter: @anadaloficial

 

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 El primer ministro chino, Li Keqiang, en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. Ng Han Guan AP

Pekín prevé crecer entre un 6 y un 6,5% este año, y aumentar su presupuesto de Defensa un 7,5%


China ha moderado sus objetivos de crecimiento económico y de gasto militar para este año, en medio de un clima que describe como “más grave y más complicado”. En su informe anual sobre las tareas de gobierno —similar al discurso sobre el Estado de la Nación—, el primer ministro chino, Li Keqiang, anunció una meta de crecimiento para este año entre el 6 y el 6,5%, con una inflación que rondará el 3%. El año pasado, el crecimiento fue del 6,6%, el más modesto en 28 años. La partida presupuestaria de Defensa, que hasta 2016 superó los dos dígitos anuales, aumentará un 7,5% en 2019, frente al 8,1% de 2018.


“Debemos estar preparados para una dura lucha. No hay que subestimar las dificultades que encaramos, pero nuestra confianza no debe debilitarse”, ha subrayado el primer ministro en su discurso, que inaugura la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular (ANP), el Legislativo chino, en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín.


Pero, ante los cerca de 3.000 delegados venidos de toda China, Li también ha dejado claro que el Gobierno chino no se plantea ningún giro radical, y continuará las políticas que ha venido poniendo en práctica hasta ahora. “Con el telón de fondo de un clima internacional complejo y que está cambiando rápidamente, debemos mantener nuestro foco estratégico y llevar a cabo nuestro trabajo de acuerdo con los planes y metas que ya nos habíamos trazado”.


Ante los vientos en contra de una guerra comercial con Estados Unidos, un crecimiento más débil y un complicado clima global en el que crecen los populismos y el proteccionismo y disminuye la demanda, el Gobierno chino prevé aumentar su gasto público este año un 6,5%, hasta los 23 billones de yuanes (3,03 billones de euros). También, como medidas de estímulo, promete reducir la carga fiscal de las empresas —especialmente mediante rebajas en el IVA y sus contribuciones a la Seguridad Social— en unos 2.000 millones de yuanes (260 millones de euros). El déficit presupuestario crecerá ligeramente, un 0,2%, para quedar en el 2,8%.


Durante su sesión anual, que continuará hasta el 15 de marzo, la ANP tiene previsto debatir y aprobar una nueva ley de inversiones extranjeras, como parte de las medidas para intentar resolver la guerra comercial. Estados Unidos exige a China un mayor equilibrio de la balanza comercial, el fin de la transferencia forzosa de tecnología y garantías sobre la protección de la propiedad intelectual.


En una rueda de prensa para presentar los principales objetivos de la sesión legislativa, el portavoz de la ANP, Zhang Yesui, recordó que desde hace meses los equipos negociadores de los dos países han mantenido rondas de conversaciones para intentar llegar a un acuerdo. “Esperamos que las dos partes continúen sus consultas y consigan un acuerdo que beneficie a todos”, declaró.

Por Macarena Vidal Liy
Pekín 4 MAR 2019 - 21:44 COT

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