El FMI alerta de que la economía global crecerá este año a su ritmo más lento desde la Gran Recesión

El Fondo pronostica para 2019 una subida del PIB mundial de solo el 3% por el bajón del comercio y la industria

 

Hace casi dos años ya que Donald Trump dijo ante la élite financiera y empresarial del mundo que iba a colocar a América primero. “EE UU nunca volverá a hacer la vista gorda ante las prácticas económicas injustas”, aseguró en el Foro de Davos en enero de 2018. Han sido dos años regados de retórica nacionalista y de medidas y contramedidas proteccionistas. Desde entonces, la economía del mundo se ha ido frenando de forma paulatina. El FMI anunció el martes que la ralentización continuará este año con un crecimiento global del 3%, el más bajo desde la crisis de la década pasada, conocida como la Gran Recesión.

No ha tenido buena suerte Kristalina Georgieva en su puesta de largo al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI). La búlgara que antes ocupó altos cargos en la Comisión Europea y el Banco Mundial se estrena como directora gerente del Fondo con un jarro de agua fría sobre la economía mundial. La actividad crecerá poco este año. El próximo lo hará algo más, un 3,4%. Pero —tal y como repitió la economista jefa del Fondo, Gita Gopinath, en una comparecencia en Washington— esta recuperación futura es “precaria” y sometida a muchas amenazas.

“El crecimiento apagado es consecuencia de las crecientes barreras al comercio, de la elevada incertidumbre que rodea al comercio y a la geopolítica; de tensiones en economías emergentes y de factores estructurales como el bajo crecimiento de la productividad y el rápido envejecimiento en países desarrollados”, asegura el informe presentado el martes.

Esta enumeración sonará conocida a los que sigan los informes de organismos multilaterales y gabinetes de estudios. Hace meses que se repiten de forma casi idéntica. Pese a que parezca repetido, es cada vez más preocupante, porque la mera continuación de estos riesgos los convierte en más y más reales. Y golpean a todo el mundo. Así, los pronósticos que emite ahora el FMI son más pesimistas que los del pasado julio en prácticamente todos los países y áreas analizadas.

Gopinath dio algunas cifras que dan que pensar. La economista mostró su alegría por el acuerdo comercial preliminar entre China y EE UU. Pero dejó claro que los riesgos siguen vigentes; y que en la lista de prioridades mundiales destaca la pronta retirada de las barreras comerciales impuestas últimamente. “Esto podría impulsar la confianza, revitalizar la inversión e impulsar el crecimiento”, añadió. En sus previsiones, el FMI no incluye la posibilidad de un Brexit sin acuerdo. Si este se produjera, el Reino Unido perdería entre el 3% y el 5% de su PIB, dijo Gopinath. La situación sería peor sin la actuación de los bancos centrales. Gracias a su política monetaria expansiva, el crecimiento es cinco décimas mayor.

Preocupa Europa

Preocupan especialmente por su anémico crecimiento la eurozona (con países como Alemania e Italia creciendo muy poco o estancados) y Japón (cuyo aumento del PIB se quedará este año y el próximo por debajo del 1%). A España le rebaja también la previsión (2,2% este año y 1,8% el siguiente), pero sigue muy por encima de la media europea.

El EE UU trumpiano tampoco se salva de la quema. El FMI rebaja dos décimas su previsión de crecimiento para 2019 respecto a lo que decía tan solo tres meses atrás, dejándolo en el 2,4% este año y 2,1% el próximo, unas tasas aún respetables pero también a la baja. “Con las incertidumbres que rodean a muchos países y el enfriamiento previsto en China y EE UU y los importantes riesgos a la baja, es muy posible que se materialice un ritmo de crecimiento global aún más apagado”, añade el documento.

Lo peor de las previsiones que acaba de publicar el FMI no son las cifras en sí, que son malas pero no catastróficas. Sino la idea de que si no se hace nada para evitarlo, podrán ir a peor. “Para prevenir un resultado así, habría que enfocar las políticas decididamente a evitar tensiones comerciales y a reforzar la cooperación multilateral”, añade el documento.

Estas previsiones podrían empeorar aún más si la escalada proteccionista de EE UU con China y Europa continúa, o si el Brexit acababa resolviéndose sin acuerdo. Por eso, los analistas del FMI ven con buenos ojos los avances en ambos aspectos del pasado fin de semana. Pero nadie aquí quiere echar las campanas al vuelo, conscientes de que lo que un día son avances al día siguiente pueden convertirse en retrocesos.

Una de las preocupaciones del FMI es el retroceso del sector industrial. Este bajón se explica por tres factores que se refuerzan los unos a los otros: una importante caída en la producción y venta de vehículos, una baja confianza empresarial por culpa de las tensiones comerciales y tecnológicas entre EE UU y China; y un retroceso en la demanda china debida a los esfuerzos de las autoridades por reducir la deuda e impulsada por la escalada arancelaria.

Cuando habló en Davos en 2018, Trump justificaba que su política de poner a su país primero era algo que el resto de líderes del mundo deberían copiar. “América primero no significa América solo. Cuando la economía de América crece, crece todo el mundo”, decía entonces. La perspectiva que da el tiempo demuestra que esto no es así. Porque las trabas comerciales son la primera causa del enfriamiento de la economía global. Y, después de mucho anunciarla, esta es ya una realidad.

ENVIADO ESPECIAL, Washington 15 OCT 2019 - 11:03 COT

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Las economías del G-7 se debilitan y elevan el riesgo de entrar en recesión sincronizada

Nunca en la historia del G-7, las mayores potencias del planeta habían entrado en números rojos de forma simultánea; 2009, tras la crisis financiera que estalló tras la quiebra de Lehman Brothers. Diez años después, el fantasma de la recesión vuelve a resurgir.

 

La historia se repite. O, cuanto menos, tiene visos de que las tensiones comerciales, bursátiles y monetarias que dominan la coyuntura económica global, pueden reeditar estos negros augurios. Empezando por las mayores economías del planeta. Porque el G-7 podría incurrir de nuevo en recesión, como ya ocurrió desde el mismo inicio del ejercicio 2009; por primera vez desde su creación, en 1975, a instancias del presidente de Francia, Valéry Giscard d’Estaing y del canciller alemán, Helmut Schmidt. Ni siquiera en las décadas de la Guerra Fría, este selecto club certificó algún receso económico colectivo.

En 2008, cuando la caída de Lehman Brothers, la acumulación de activos tóxicos en los balances de los bancos (swaps y productos derivados y estructurados de alto riesgo en la mayor parte de las entidades anglosajonas y europeas, y de hipotecas y préstamos inmobiliarios, en el caso del sistema financiero español) generó un credit crunch sin precedentes desde el Crash de 1929 que anuló casi de inmediato los flujos de capital y de comercio y precipitó a las economías del G-7 hacia el abismo un año después.

En cuestión de meses. Porque, según los cálculos de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, según sus siglas en inglés), la institución federal que certifica el comienzo y el final exacto de los ciclos económicos en EEUU, el mayor PIB del planeta entró en números rojos ya en enero de 2008, tras un año del estallido de la crisis subprime en su mercado hipotecario.

La NBER se toma su tiempo para sellar los periodos de bonanza y de vacas flacas. Ahora, la coyuntura está sometida a las inclemencias de unas guerras comerciales desatadas desde la Administración Trump desde el verano de 2018, que se han transformado en hostilidades monetarias, en un baile en el valor de las divisas y en una carrera desaforada por rebajar de nuevo los tipos de interés a cotas próximas a cero (sobre todo entre los bancos centrales anglosajones), así como al daño colateral de un cúmulo de altas tensiones geopolíticas. Esencialmente, por las embestidas del unilateralismo de la Casa Blanca hacia China, Irán (y, por ende, en el conjunto de Oriente Próximo), Rusia o Corea del Norte, pero también por la inconsistente y ambivalente acción exterior americana, que ha desestabilizado el orden global. Sin olvidar las inciertas secuelas que dejará el brexit y los riesgos reales de que se produzca una drástica división social, política y territorial en el Reino Unido.

Diez años después, convienen en señalar tanto los analistas del mercado como las instituciones multilaterales, la sombra de la crisis arrecia de nuevo. Porque, ¿en qué escenario se encuentran las economías del club más poderoso del planeta? Los datos coyunturales de todos ellos revelan ya que se avecina marejada. Y, en algunos casos, fuertes tormentas.

La mayoría de las potencias industrializadas (más allá del G7) están en franca ralentización, hasta el punto de que el sónar de la recesión se escucha en no pocas latitudes. EEUU, Japón, la zona del euro (con Alemania e Italia en registros negativos en los últimos trimestres y Francia en actividad plana), Reino Unido y, en menor medida, Canadá se han sumergido en un escenario crítico, tal y como alerta la OCDE en su último índice director, publicado este mes de septiembre, que anticipa el comportamiento de los ciclos de negocio entre sus socios, y que se ha instalado por debajo del nivel 100 que avisa sobre la amenaza de contracción.

Y que incluye tendencias como la drástica caída exportadora en Alemania o la pérdida de confianza de los empresarios en Japón en el futuro inminente de la economía. “Es aún algo precipitado predecir una recesión sincronizada, aunque no resulta para nada aventurado asegurar que la preocupación de que las potencias más industrializadas caigan en números rojos está en un punto de ebullición”, dice Ian Stewart, economista jefe de Deloitte en su blog corporativo, a propósito del barómetro de la OCDE, en el nivel más bajo desde 2009.

EEUU, más frágil de lo previsto

La economía americana creció un 2% en el segundo trimestre. Incluso una décima menos que la primera de las tres estimaciones que realiza el Tesoro. Sólo la sostiene la fuerte demanda interna, especialmente el consumo, porque la inversión de empresas también se ha gripado. Más evidencias de que las agresiones arancelarias de la Administración Trump están pasando factura a la mayor parte de las rúbricas del PIB. Desde el sector exterior al mercado inmobiliario y que su doble y agresiva rebaja fiscal deteriora las arcas federales por su escasa capacidad recaudatoria. Los gastos de los gobiernos estatales y locales se han frenado y crece el peligro de que el Gobierno federal pueda declararse en bancarrota. Malos augurios si la mayor potencia del mundo carece de fondos y recursos para emprender planes de estímulo en caso de que fueran necesarios para espolear la actividad. “Las últimas semanas han sido más que azarosas”, ha admitido el presidente de la Fed, Jerome Powell, quien achacó la turbulencia a la escalada arancelaria de Washington. El consumo, que aporta casi las dos terceras partes de la economía, repuntó un 4,7%, el mayor salto desde 2014, pero este sostén hará difícil que se cumpla el objetivo oficial de crecimiento anual, del 3%. Desde Wall Street, bancos de inversión como Goldman Sachs, predicen contracción en los próximos doce o dieciocho meses. Antes de los 24 que, a lo sumo, pronostican otros servicios de estudios financieros. La fase de esplendor más prolongada del PIB americano -iniciada en junio de 2019, después de 18 meses de números rojos, la de mayor calado también en su historia reciente, según la NBER-, podría estar dando sus últimos coletazos.

Japón, el eterno enfermo económico

Aunque en el periodo entre abril y junio, el segundo PIB del G-7 -tercero del mundo, por detrás del de China- registró un repunte del 1,3% en términos interanuales -apoyado por el alza del consumo y de las inversiones empresariales, que lograron aupar al sector exterior nipón- el clima se ha deteriorado a lo largo del verano. El fervor por las compras tiene dos motivos coyunturales: las inyecciones monetarias del Gobierno, constantes desde hace décadas, y el adelanto de gastos antes de la subida fiscal del IVA prevista para el mes de octubre. Aun así, el mercado ve complicado que se logre la pírrica meta de crecimiento, del 0,7%, para este ejercicio. “No deberíamos ser optimistas”, advierte Yoshiki Shinke, economista jefe de Dai-Ichi Life Research Institute a Bloomberg, “porque las presiones comerciales” no sólo con China, sino también con Corea del Sur, “y las subidas impositivas al consumo están al acecho y podrían deteriorar súbitamente la actividad” y dejar a Japón en un nuevo limbo de crecimiento plano. Otra década más. Porque el alza respecto al primer trimestre fue de sólo tres décimas

Alemania, la locomotora gripada

Nueva contracción en primavera. Del 0,1%. Igual que en el verano de 2018. Y con actividad plana en el pasado otoño e invierno. Los contratos de comercio exterior alemanes restaron medio punto a su PIB durante el segundo trimestre. El colapso de sus ventas a otros mercados es el gran lastre de la mayor economía del euro junto a la pérdida de vigor de su industria, especialmente la automovilística. El Bundesbank predice otro trimestre de contracción, el segundo consecutivo, lo que adentraría a Alemania en recesión técnica, entre julio y septiembre. En un clima en el que los empresarios -y los socios europeos- reclaman planes de estímulo ante la pesadumbre que pesa sobre sus decisiones de inversión futuras. La amenaza de Trump de que las ventajas competitivas del sector del automóvil germano “son peores que la de China” atenazan al poderoso tejido empresarial alemán, que señalan a la guerra comercial y las tensiones geopolíticas como los factores del deterioro. Clemens Fuest, director del Instituto Ifo, alerta de que la debilidad industrial se está propagando a otros sectores de actividad, como lo demuestra el descenso abrupto de su prestigioso indicador de confianza empresarial.

Reino Unido y su encrucijada por el brexit

Fuga de empresas, desmantelamiento gradual de la City y pérdida de atractivo inversor a corto, medio y largo plazo. Las secuelas del brexit restaron dos décimas al PIB en el segundo trimestre. Aunque en julio, según datos del Banco de Inglaterra, el PIB parece haber recuperado un cierto vigor, al repuntar tres décimas, según sus estimaciones preliminares, con la práctica totalidad de sus parámetros en positivo. Pero el riesgo de recesión pre-brexit sigue latente. Aunque el trimestre actual otorgue un balón de oxígeno y Reino Unido eluda con ello los números rojos oficiales. Entre otras razones, por el deterioro político interno, con la opción del divorcio duro encima de la mesa de Boris Johnson, la clausura del Parlamento británico, el rechazo de esta medida “ilegal”, según los altos tribunales escoceses, y la posibilidad de un incierto adelanto electoral.

Francia, la dama se esconde

Tampoco el panorama galo es precisamente halagüeño. Las dos décimas de crecimiento de su PIB le alejan de cualquier conato de convertirse en el motor de la economía del euro. Más bien, al contrario. Su ritmo es el que marca también la zona monetaria europea y el que evidencia que la crisis manufacturera alemana ha contagiado a la francesa y, por ende, a la de los socios del euro. El futuro económico francés es, si cabe, aún más incierto, porque tampoco tira el consumo interno. Ni con el turbo económico decretado por Emmanuel Macron -17.000 millones de euros- para impulsar la actividad, ni con las rebajas fiscales que se pusieron en marcha para contener las protestas de los Chalecos Amarillos. Francia refleja casi a la perfección la profecía de Mario Draghi antes de ceder el testigo del BCE a Christine Lagarde, de que el panorama “empeora por momentos y se deteriorará aún más”. Sólo la inversión de las empresas ofreció un cierto dinamismo. Acrecentado por el alza del gasto público para construir nuevas infraestructuras. Ni el comercio ni la industria mostraron pulso antes del verano. “Francia está en un episodio plano, con previsión de que los mercados, pese a la alta volatilidad, no serán beneficiosos en los próximos años. Debemos estar en estado de cautela máxima y responder de forma ágil a los acontecimientos”, afirmó Laurent Burelle, CEO de Plastic Omnium en un reciente acto empresarial, recogidas por Reuters.

Italia, el mal endémico del euro

El cambio de gobierno en el país, con la salida de la Liga Norte de Matteo Salvini, podría facilitar la vuelta a la estabilidad presupuestaria que exige Europa. Sin embargo, el arsenal fiscal para estimular la economía y, sobre todo, la fragilidad de su sistema financiero, obstruyen cualquier plan de inyección. Su cuadro de mando es muy preocupante. El PIB italiano ha vuelto a fallar en su cometido de registrar crecimiento. Y van cuatro trimestres consecutivos de los últimos cinco. Entre abril y junio certificó una actividad cero. Tras un primer trimestre de ligero alza, aunque de apenas una décima. Vuelve a evitar una recesión técnica que se afana en pulular por la economía trasalpina. El Banco de Italia también carga contra “las varias tensiones comerciales y geopolíticas abiertas” y la manifiesta debilidad del ciclo industrial, sobre todo, el alemán. Por si fuera poco, la censura, con amenaza sancionadora, de la UE por los planes presupuestarios italianos, salvada sobre la campana el mes pasado ante el cambio de gobierno, está supeditada a que Roma reduzca drásticamente su enorme deuda desde este año.

Canadá, la gran esperanza

Es el más emergente de las potencias del G-7. Por ostentar el mayor potencial de crecimiento del club. Y es el que más cartas tiene de que el club sortee la recesión sincronizada. Su PIB aumentó nada menos que nueve décimas en el segundo trimestre, que le aupó a un alza del 3,7% en términos intertrimestrales. Pero su propulsor, el sector exterior, es el más expuesto a un recrudecimiento de las hostilidades arancelarias globales. Porque ni las inversiones empresariales ni el sector inmobiliario, que emite señales de agotamiento, parecen estar en disposición de sustituir al comercio como dinamizadores de la actividad al cumplirse el decimoprimer aniversario de la quiebra de Lehman Brothers.

 

13/09/2019 08:23 Actualizado: 13/09/2019 08:23

Por DIEGO HERRANZ

Publicado enEconomía
Miércoles, 04 Septiembre 2019 06:16

Pesadilla en el banco central

Pesadilla en el banco central

Estas noches de verano los bancos centrales sufren una pesadilla recurrente. Sueñan que estalla un volcán llamado Recesión y que la erupción arrasa con economías enteras. Los flujos piroclásticos destruyen vidas y riqueza sin distingo. Angustiados, los responsables de los bancos centrales despiertan sobresaltados. Por un momento suspiran aliviados, pensando que sólo era una pesadilla. Pero para parafrasear el maravilloso microrrelato de Augusto Monterroso, cuando despiertan el dinosaurio sigue ahí.

No se necesita ser especialista en alta cocina macroeconómica para entender su inquietud. En los tiempos que corren, los nubarrones de una recesión están por todos lados. Y los bancos centrales saben que ya no tienen armas para enfrentarla.

La semana pasada se llevó a cabo la tradicional reunión de Jackson Hole, en Wyoming, Estados Unidos. Es una selecta conferencia organizada por la Reserva Federal de Kansas City, en la que participan funcionarios de bancos centrales, organismos financieros y especialistas en teoría macroeconómica. El tema este año fue el de los "desafíos" que enfrenta la política monetaria. Es el eufemismo que emplean los banqueros para hablar de sus pesadillas.

La última crisis llevó a los bancos centrales a aplicar una política de dinero fácil y bajas tasas de interés. Esa postura recibió el nombre de "flexibilidad cuantitativa" y consistió en inyectar billones de dólares y euros en el sistema financiero y bancario para evitar el colapso. Muchos alertaron sobre la hiperinflación que esto podría ocasionar. Pero 10 años después de haberse inaugurado esta política monetaria, las presiones inflacionarias brillan por su ausencia.

La economía de Estados Unidos se ha mantenido en expansión, pero a una tasa débil (promedio de 2.1 por ciento anual desde 2010). Y aunque la economía se mantiene cerca del pleno empleo, los salarios siguen estancados y no hay presiones inflacionarias por el lado de los costos laborales.

Y en cuanto a las tasas de interés, los bancos centrales han seguido manteniendo una tasa cero o cercana a cero, pero eso no ha servido para reactivar la economía. Los bancos centrales quisieran regresar a una política "normal", es decir, con tasas de interés cercanas a sus niveles históricos. Pero cualquier aumento en las tasas corrientes amenaza con desencadenar mayor volatilidad en las bolsas de valores y frenar todavía más una economía afectada por la deflación y atrapada en un paisaje de bajas tasas de crecimiento.

Ese es el escenario que ocupó la atención de los participantes en la conferencia de Jackson Hole. Algunos, como Larry Summers, el tristemente célebre macroeconomista de Clinton, concluyen que los bancos centrales deberían reconocer su impotencia. Frente a una nueva recesión no tienen ya campo de maniobra: ya no pueden reducir más sus tasas de interés. Además, relanzar otra ronda de flexibilidad monetaria sería parecido a lo que se intentó infructuosamente en Japón durante 20 años.

Los indicadores a escala mundial son inquietantes. Bajas tasas de interés, endeudamiento y déficits elevados, y tasas de crecimiento tenazmente mediocres. Todo indica que existen frenos adicionales a la demanda agregada y que sólo una política fiscal o medidas novedosas, como la renta básica universal, podrían revertir. Pero el pensamiento conservador sobre austeridad fiscal es una cárcel de ideas de la que es muy difícil escapar.

Pero el principal problema que enfrentan los bancos centrales estuvo ausente de las discusiones en Jackson Hole. La verdadera pesadilla de los bancos centrales es su irrelevancia, no sólo en emergencias, sino también en tiempos normales. La raíz de esta intrascendencia es múltiple. Primero, los bancos centrales no controlan la oferta monetaria, contrario a lo que se piensa comúnmente. Hoy, la oferta monetaria es manejada por los bancos comerciales privados. En vista de que los bancos privados crean dinero de la nada, su problema no es conseguir que alguien le deposite sus ahorros en dinero de alto poder. Su problema consiste en encontrar sujetos de crédito confiables. Y en los tiempos que corren, esa tarea no es fácil.

Segundo, el banco central tampoco controla la tasa de interés de referencia para los inversionistas. Sólo la tasa de muy corto plazo (24 horas) que afecta el mercado interbancario de reservas de dinero de alto poder. Y los bancos privados se las han ingeniado para usar todo tipo de tecnologías y optimización contable para reducir su necesidad de reservas.

Tercero, el sistema bancario en su conjunto puede llegar a necesitar más reservas en dinero de alto poder (por ejemplo, cuando se excede en sus operaciones de crédito). En ese caso, el banco central no tiene más remedio que adoptar una postura acomodaticia y proporcionárselas, a menos que prefiera frenar el crecimiento económico.

El banco central camina dándose aires de importancia y emite comunicados severos y formales, como si fuera el dueño del negocio. En realidad no es más que el siervo fiel de los bancos comerciales privados.

Twitter: @anadaloficial

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China con 129 empresas supera a EU con 121: ranking de Fortune 500 Global

En los 10 primeros sitiales del ranking por ingresos de Fortune de las 500 principales empresas, brilla el "capitalismo con características estatales chinas" con tres frente a dos de EU, dos de Gran Bretaña, una de Arabia Saudita, una de Alemania y otra de Japón (https://bit.ly/2YAlEBm).

China Daily se refocila que por primera vez China ostenta 129 empresas frente a 121 de EU (https://bit.ly/2YKpk3m). Vienen 119 de Pekín, a las que habría que sumar 10 de Taiwán.

Va la sectorización de las empresas de EU y China: En Aeroespacio y defensa: empatados EU y China con seis empresas cada uno.Vestimenta: EU sólo con una empresa. Químicos: empatados con uno. Energía: China se desprende espectacularmente con 23 empresas frente a 13 de EU. Ingeniería y construcción: China sola con ocho empresas, frente a la orfandad de EU cuya infraestructura deja mucho que desear. Finanzas: China supera con 28 a las 27 de EU en su otrora su feudo inexpugnable. Alimentos y farmacias: cuatro de EU y China 0 (una de sus vulnerabilidades). Cuidados de salud: EU aplasta con 15 empresas a dos de China que se ha quedado en la acupuntura. Productos del hogar: EU con una empresa frente a cero de China.

Industria: China siete empresas frente a cinco de EU. Materiales: China apabulla con 15 a EU con sólo una. Medios: EU con una empresa y China 0. Automotriz y partes: China supera con siete a dos de EU. Menudeo: EU con 10 empresas frente a cuatro de China. Tecnología: Prácticamente se encuentran empatados, EU con 12 y China con 11. Telecomunicaciones: prácticamente empatados EU con cuatro y China con tres. Transporte: seis de EU frente a cuatro de China. Mayoristas: China con 10 supera a las tres de EU.

Si se suman las 129 empresas chinas y las 121 de EU se obtiene la mitad de las empresas del total. Más grave aun es que de los 193 países adscritos a la ONU, solamente aparece 17 por ciento (34 países).

Lo relevante no es el corte de caja de hoy del ranking sino las tendencias que acentuarán la preminencia de China frente al inexorable declive de EU, quien supera todavía a Pekín en el rubro militar no cuantificado en el Fortune 500 Global, donde Washington es superado por la supremacía de Rusia (https://bit.ly/2CbHXjy).

En forma anómala, Rusia solamente ostenta cuatro empresas (tres de hidrocarburos): Gazprom, Lukoil, Rosneft oil y Sberbank en lugares nada competitivos –a la par de México que cuenta con dos estatales, Pemex y CFE, pese al cataclismo neoliberal, y dos privadas América Móvil y Femsa.

Por deporte geoeconómico, coloco el número de empresas de los otros ocho países en los 10 primeros lugares del PIB medido por el Poder de Paridad de Compra:

India: India Reliance Industries, Indian Oil, Oil & Natural Gas, State Bank of India, Tata Motors, Bharat Petroleum y Rajesh Export. De sus siete empresas, ostenta tres petroleras, siendo importador de hidrocarburos aunque en lugares mediocres.

Japón: 52 empresas que provienen de su época gloriosa neoliberal de las cuales 35 (¡67.3 por ciento!) exhiben pronunciada tendencia declinante.

Alemania: 29 con 17 (58.6 por ciento) con tendencia declinante.

Gran Bretaña: 16 y 10 (62.5 por ciento) con tendencia declinante. En primer lugar su depredadora petrolera BP.

Francia: 31 empresas y 17 (54.8 por ciento) con tendencia negativa. Viene en primer lugar su petrolera Total.

Brasil: ocho empresas, siete (87.5 por ciento) con tendencia negativa. En primer lugar viene Petrobras.

Indonesia aparece una sola: Pertamina (refinación de petróleo).

Por morbo geopolítico coloco a Holanda, que siempre me ha llamado la atención por su triangulación con Gran Bretaña: 11 empresas con seis (54.5 por ciento) con tendencia declinante. En primer lugar viene la petrolera Royal Dutch Shell.

Reinan los ingresos del petróleo, mientras China Daily formula que la I&D (inversión de 2.18 por ciento de su PIB) e Innovación, con ayuda gubernamental (sic), se encuentran detrás de su éxito con el liderazgo de la aviación, ferrocarriles y la tecnología 5G, cuyo sello indeleble es Huawei: más de 87 mil 800 patentes globales, 14.77 mil millones dólares de inversión en I&D (el quinto mundial: más que Microsoft, Apple e Intel) e ingresos por 58.3 mil millones de dólares al primer semestre, pese a la "guerra comercial" de Trump.

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El futuro del mundo explicado por el hombre que dirige la mayor agencia de desarrollo

 Achim Steiner, administrador del PNUD, advierte de que el cambio climático es cruel porque castiga a quienes menos han contribuido a él. Pero, asegura, ni los ricos van a poder comprarse un escenario distinto

 

La trayectoria de Achim Steiner en el sistema de Naciones Unidas ha estado casi siempre ligada a la preservación del planeta. Dirigió el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente durante una década (2006-2016), y también ha sido director general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y secretario general de la Comisión Mundial sobre Represas. Y esto se nota en sus preocupaciones actuales como administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cargo que ostenta desde junio de 2017.

Desde el pasado enero, el PNUD ya no es el encargado de coordinar al resto de agencias, fondos y programas, una función que venía ejerciendo desde hacía un cuarto de siglo. Preguntado por este cambio en su despacho de Nueva York, con el Río Este de fondo, Steiner se limita a mencionar las razones que han llevado al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, a crear una nueva institución de coordinación en el marco de la reforma del sistema de Naciones Unidas. En resumen, para lograr una mayor eficiencia. "Algunos podrían incluso decir que así será más fácil que nos concentremos en el trabajo de desarrollo", zanja sobre cómo afecta al PNUD esta medida.

Con todo, Steiner pilota una de las agencias más grandes de la ONU con enorme peso en el impulso de Agenda 2030, la hoja de ruta internacional para lograr un mundo más justo, pacífico y un planeta todavía habitable para esa fecha. Pero cuatro años después de su aprobación, cuando tenía que despegar y empezar a mostrar resultados, la ONU advierte que no ha sido así. No se hace lo suficiente ni se avanza al ritmo que requieren los retos de la humanidad recogidos en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la igualdad de género, garantizar educación de calidad para todos y sanidad universal.

Pregunta. El informe de seguimiento de los ODS dice que, al ritmo actual de progreso, no se logrará ningún objetivo en 2030. ¿Cuál es su análisis?

Respuesta. Creo que estos son objetivos realizables, nadie debería sentarse ahora y decir: "Oh, nunca lo lograremos". En algunos países estarán mucho mejor y eso debería ser un estímulo para los demás. En solo 30 años hemos logrado reducir la pobreza extrema del 36% al 8%, teniendo en cuenta que la población casi se ha duplicado en ese tiempo, es un ejemplo de que, en realidad, las políticas y los programas funcionan.

P. El documento alerta de que el cambio climático es una amenaza para los ODS y no se está haciendo suficiente contra este mal. ¿Está de acuerdo?

R.. Estamos lejos de hacer lo suficiente. Pero seamos claros, Europa se ha comprometido a una reducción de emisiones del 40% y tengo mucha confianza en que cumplirá. Igualmente, hace 10 años, el mundo siempre señalaba a China e India como países que estaban frenando el progreso en la acción climática global. Hoy es diferente. China está trabajando activamente en la diversificación de su matriz energética para reducir las emisiones. Como estos, puedo dar muchos ejemplos. El problema es que hemos construido este sistema durante 200 años y ahora estamos perdiendo un tiempo que no tenemos para hacer un cambio en nuestros sistemas energéticos, de transporte, agrícolas... Nos dirigimos hacia una situación de emergencia, la ventana se está cerrando y no estamos actuando lo suficientemente rápido, que es distinto a decir que no se está haciendo nada.

P. Entonces, ¿qué hace falta para salvar el planeta?

R. La verdad amarga es que quienes son lo suficientemente ricos comprarán su salida. Comprarán tierras más altas; aquellos que sean lo suficientemente ricos se mudarán de las naciones isleñas que desaparecerán por la subida de los océanos, podrán pagar el doble de primas para asegurar sus propiedades contra inundaciones y poner más aires acondicionados en sus casas. Algunos comienzan a usar la ruta del norte y celebran el hecho de que el hielo del Ártico se esté derritiendo, lo que facilita el transporte de combustibles fósiles. Es la ironía de principios del siglo XXI: el cambio climático es un fenómeno muy cruel porque ha comenzado a castigar a quienes menos han contribuido a él. Pero en algún momento, incluso con todo el dinero del mundo, no vas a comprarte un futuro diferente.

P. ¿Qué hace el PNUD en este sentido?

Respuesta. El PNUD se ha convertido en uno de los principales socios de los países en desarrollo para abordar la adaptación al cambio climático. Esto se consigue con estrategias nacionales para introducir energías renovables, así como sistemas de transporte más eficientes energéticamente. Hoy tenemos más de 800 proyectos en los 140 países a los que apoyamos, y cerca de dos tercios de ellos están directamente relacionados con el cambio climático.

P. El otro problema que frena el progreso del mundo es, según la ONU, la desigualdad. ¿Qué se debe hacer contra este problema?

R. La desigualdad afecta a todas nuestras sociedades, tanto en las llamadas naciones desarrolladas como las que están en vías de desarrollo. Las tensiones políticas y la polarización han surgido de un aumento en el nivel de desigualdad. El problema es que hemos seguido un paradigma económico que básicamente pone el crecimiento económico por encima de todo lo demás. Nos dijimos: "Mira, la destrucción del medio ambiente y la creciente desigualdad social son en realidad el precio que pagas por un desarrollo acelerado". La gente ya no está dispuesta a aceptar esto.

P. ¿La solución es un cambio del sistema económico?

R. A lo que nos enfrentamos ahora es a cómo abordamos el desarrollo sin, digamos, una disrupción económica. Porque los ricos a los que les ha ido bien con este sistema económico no quieren cambiarlo ni debatir sobre los impuestos, subsidios, sobre cómo se sostiene el sistema de bienestar social o cuánto invierte el Estado en la gente que de otra manera no se las arreglaría, ya sea en las niñas para acceder a la educación, las personas con discapacidad o las comunidades rurales. No se trata de hacer que todos sean iguales, lo que es una contra teoría ingenua; se trata de la equidad en el acceso a las oportunidades. La gente ya no aceptará que, por el hecho de haber nacido en una parte de la ciudad, no se tenga el mismo acceso a la educación que alguien en el otro lado. Pero, ¿significa que todos terminarán con el mismo título universitario? Obviamente, no.

P. ¿Se puede evitar el debate sobre impuestos, acumulación de riqueza y paraísos fiscales en la lucha contra la desigualdad?

R. Puedes culpar a las personas ricas, pero creo que es, francamente hablando, una idea limitada. La riqueza extrema es producto de un marco regulatorio que la permite, tolera y promueve. Me sorprendió, hace unas semanas, que varios multimillonarios en Estados Unidos decían que están listos para pagar más impuestos, porque la sociedad en la que quieren vivir no es una en la que su riqueza pueda crecer sin cesar. Ya sabes, las personas no están seguras mientras otras tantas viven en la miseria y cuyos hijos están en condiciones de extrema pobreza. Las discusiones que queremos apoyar son: ¿cuál es el nivel correcto de impuestos? ¿Cómo deben invertirse los ingresos fiscales? ¿Cuál debe ser la proporción de fondos para zonas urbanas y rurales? ¿Y entre educación y defensa? Estas son elecciones que las sociedades tienen que hacer, pero nuestro papel como Naciones Unidas no es decirles cuál debe ser su elección.

P. ¿Cuál es su papel?

R. Mostrarle a los países cuáles son sus opciones. Y, con la experiencia de ver el ingenio de los seres humanos por todo el mundo, poder enseñarles buenos ejemplos. Si quieren eliminar gradualmente los combustibles fósiles, indicarles la forma en que algunas sociedades lo han hecho con éxito, que no es simplemente anunciando el lunes por la mañana que el precio de la gasolina aumentará en un 20%, lo que hará que todos se enfaden. Con el tema de los impuestos, ¿quién está a favor? Nadie. Pero a todo el mundo le gustaría tener sanidad, un sistema de seguridad social, carreteras, policía en la calle... Así que pagamos impuestos y, en muchos países, no nos oponemos a ello. Lo que no nos gusta es pagarlos y no ver lo que deberíamos obtener a cambio.

P. Se habla mucho de acelerar las medidas para conseguir los ODS en 2030. Pero ¿por qué no se habla de dejar de hacer lo que no funciona, causa daño o impide el progreso, como la venta de armas o los paraísos fiscales?

R. Algo, claramente, no está funcionando muy bien. En 2019 tenemos más conflictos armados dentro y entre países de los hemos tenido en los últimos 30 años. Hay 70 millones de personas que se han visto obligadas a dejar el lugar que llaman hogar. Estos son

P. ¿Qué falla?

R. Si recuerdo bien, entre las grandes potencias se gastan fácilmente un billón de dólares en Defensa. Mientras que la financiación total de la Cooperación para el Desarrollo es de alrededor de 150.000 millones. Es una proporción de nueve a uno. Esta ratio de inversión ya dice mucho. Dirijo hoy el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Es el más grande en la familia de las Naciones Unidas. Funciona en 170 países. Pero su capacidad para invertir en el desarrollo es una fracción de lo que puede hacer un ministro de Defensa nacional al comprar la próxima ronda de tanques o aviones. Creo que sería interesante que en el futuro, el conflicto no sea la solución, sino que la cooperación sea el camino a seguir. Habrá quienes dirán que esto es solo un sueño. Pero no. Hay argumentos sobre qué funciona mejor, si las inversiones militares o para el desarrollo. Hay una cierta ironía en el hecho de que, entre las cinco potencias del Consejo de Seguridad con derecho a veto, cuatro son las mayores exportadoras de armas del mundo. No es una buena estadística.

P. Siempre se mencionan los casos de China e India como buenos ejemplos de desarrollo. Pero África subsahariana, según los informes, no avanza. ¿Se está el mundo olvidando de esta región?

R. No debemos subestimar el tamaño de África y la cantidad de países que tiene, más de 50. En este continente hay historias muy diferentes que contar. Algunas de las economías de más rápido crecimiento en la última década son africanas. Senegal es un buen ejemplo. Pero lo que el mundo oye y ve de África son los conflictos y las guerras civiles como la que hay en República Centroafricana. Creo que existe la clara necesidad de mejorar la gobernanza y la creación de instituciones, porque los países en los que los Gobiernos no funcionan tarde o temprano se desmoronan. En segundo lugar, la comunidad internacional tiene que invertir en África, creo que los rendimientos serán enormes. Es la región económica con mayor y más rápido crecimiento en el mundo. Pocos se dan cuenta de que, en solo 30 o 40 años, en el continente habrá 2.000 millones de ciudadanos, es un mercado global. Creo que su futuro está lleno de esperanza

Por Alejandra Agudo

Nueva York 30 JUL 2019 - 17:01 COT

Publicado enSociedad
El FMI recorta drásticamente la previsión de crecimiento para América Latina en 2019

La economía de la región se expandirá un 0,6%, frente al 1,4% proyectado hasta ahora. Brasil, el mayor damnificado por esta revisión

 

 

La dinámica se ha convertido en casi un ritual: la economía latinoamericana empieza el año con previsiones de crecimiento más o menos robustas y, a medida que avanzan los meses, va perdiendo fuelle. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recortado este martes severamente su pronóstico de crecimiento para América Latina y el Caribe en plena desaceleración global: la región cerrará este año con un avance del 0,6%, muy lejos de lo que cabría esperar para un bloque emergente y de la proyección del propio fondo hace tres meses, cuando auguraba que la expansión rondaría el 1,4%. Una rebaja que el propio Fondo califica de “considerable” y que no ayudará a la consecución de otros objetivos como la reducción de la pobreza o la informalidad, ambos estrechamente dependientes de una evolución positiva de la economía. Para 2020 las noticias son algo mejores, aunque también peores de lo que se esperaba hasta ahora: de cumplirse la proyección, Latinoamérica crecerá un 2,3%, una décima menos de lo pronosticado en abril.

El FMI va más allá de los fríos números y constata con palabras contundentes la rebaja de su proyección para la región, el bloque donde más cae el crecimiento respecto a las proyecciones de primavera. “En América Latina la actividad se ralentizó notablemente al inicio del año en varias economías”, subrayan los técnicos de su institución al tiempo que hablan de cuestiones “idiosicráticas”. El 0,6% es una cifra débil incluso si se compara con los dos ejercicios anteriores, en los que la mayoría de organismos internacionales y casas de análisis coincidían en tildar de decepcionante: 1,2% y 1% en 2017 y 2018, respectivamente. Y se queda muy atrás respecto al resto de bloques en vías de desarrollo, que este año crecerán de media un 4,1% liderados, como viene siendo una constante, por Asia.

El organismo comandado por Christine Lagarde —que dejará Washington por Fráncfort, para ponerse al frente del Banco Central Europeo (BCE), a finales de octubre— se detiene sobre varios países de la región, pero solo hace análisis individuales de las dos mayores economías latinoamericanas: Brasil y México. En el primer caso, la proyección es un jarro de agua fría sobre los hombros de su presidente, Jair Bolsonaro, que se enfrenta con la primera revisión a la baja desde que está en el poder. La corrección no es menor: la economía brasileña, según los técnicos del Fondo, cerrará este año con un magro crecimiento del 0,8%, frente al 2,1% que pronosticaba en abril, la rebaja más severa de todos los países analizados. Solo el año que viene el gigante latinoamericano podrá presumir de una expansión económica por encima 2%: del 2,4%. El documento del FMI contiene extractos que dolerán, y mucho, en Brasilia: el prestamista de última instancia a escala global achaca la rebaja en sus previsiones a un sentimiento económico “considerablemente debilitado” como “reflejo de la incertidumbre persistente sobre la aprobación de la reforma de pensiones y de otros cambios estructurales”

 

Mal dato en México, a la espera del crecimiento hasta junio

Para México -que en poco más de una semana sabrá si entró en recesión en la primera mitad del año, tras cerrar en rojo el periodo entre enero y marzo- el diagnóstico es igualmente negativo, aunque el recorte en el crecimiento para el ejercicio en curso dista mucho del rejonazo brasileño. De acuerdo con las cifras del Fondo, la economía del país norteamericano crecerá este año un exiguo 0,9%, siete décimas menos de lo que la institución auguraba en primavera, y en 2020 lo hará un 1,9%. En ambos casos, la expansión se queda lejos del objetivo fijado por su presidente, Andrés Manuel López Obrador, que ha prometido por activa y por pasiva -tanto en campaña como después de tomar posesión- que la economía crecerá un 4% anual durante su sexenio.

La tercera economía de la región, Argentina -un país rescatado por el propio Fondo Monetario hace justo un año y donde la inflación permanece disparada-, se contrajo en el primer trimestre de 2019, aunque a una tasa menor que la registrada en el mismo periodo del año pasado, lo que lleva al FMI a revisar ligeramente a la baja para el resto del ejercicio aunque sin aportar datos en esta primera lectura. Para 2020, los economistas del Fondo pronostican que la economía argentina “se recuperará” -registrará tasas positivas-, si bien será de forma “modesta”. En Chile, aunque todavía con su economía -acaso la más sólida de América Latina- en tasas positivas, la revisión también es a la baja, en lo que constituye otro escollo para su presidente, Sebastián Piñera, que puso la revitalización económica como eje central de su campaña y que ha visto mermada su popularidad al no poder conseguir este objetivo en los primeros meses de su segundo mandato.

Sin embargo, la peor parte del pastel se la lleva, como siempre, Venezuela, una economía atenazada por un sistema de fijación de precios desnortado -la inflación sigue desbocada, en cifras inimaginables en cualquier otro país del mundo: 10.000.000% interanual- y a la que el propio Fondo Monetario señala siempre como el peor alumno de la clase global: el país sudamericano cerró 2018 con una caída del PIB del 25% y este año su economía sufrirá una dentellada del 35%. “La profunda crisis humanitaria y su implosión económica continúa teniendo un impacto devastador”, cierran los técnicos del FMI sobre un país, el presidido por Nicolás Maduro, que ya forma parte del triste club de los mayores descalabros de la historia económica global.

Por Ignacio Fariza

México 23 JUL 2019 - 13:38 COT

Publicado enEconomía
Domingo, 30 Junio 2019 16:17

La pelotera del crecimiento económico

La pelotera del crecimiento económico

“Eso del estancamiento es paja”. Así respondió, públicamente, Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, a su colega el gerente del Banco de la República Juan José Echavarría, quien se había atrevido a expresar, en la Convención anual de la Asobancaria, sus preocupaciones sobre la mala situación económica del país.

Semejante respuesta, más que descomedida, francamente grosera, no deja de sorprender pues ambos hacen parte del mismo círculo tecnocrático neoliberal. Sin embargo, es bien sabido que Carrasquilla es algo más: una combinación explosiva entre uribista ilustrado y negociante inescrupuloso. Ya el expresidente venía, desde hace rato, creando un clima de hostilidad hacia Echavarría a quien acusa de “santista”. Y en la misma línea, días atrás, Carrasquilla lo había confrontado a propósito de la tesis de “la polarización” como factor negativo para la economía.

La refutación, de todas maneras, es más bien débil. Echavarría, ni se ha excedido en sus competencias, ni lo que expresa es una simple opinión sin sustento. Mucho menos tiene que ver con una supuesta desconfianza en las cifras del Dane que parece ser la imagen recreada por el gobierno y los medios. Aunque no deja de llamar la atención esta intempestiva “defensa” del Dane en boca del Gobierno. ¡Explicación no pedida, acusación manifiesta! En todo caso, los comentarios del Gerente del Banco de la República sí han estado respaldados por cifras; junto a la tasa anual de crecimiento del PIB del primer trimestre del año –estimada por el Dane en 2.8% y descontando el efecto estacional en 2.3%– coloca otras cifras altamente preocupantes. Anteriormente, en otras oportunidades, ya había hecho serias advertencias sobre el rumbo de la economía colombiana: ”hay algo más; más allá de los fundamentales de la economía”.

Pero la discusión no es académica ni se trata de tomar partido por lo dicho por Echavarría: tiene una profunda implicación política. La prensa nos ha informado, en efecto, que los Ministros “cerraron filas en defensa del estado de la economía”. Evidentemente, detrás del crecimiento estimado, que de ninguna manera puede calificarse de bueno, se esconde una controversia sobre la dinámica subyacente, esto es, si se trata de “estancamiento”, o más bien de “recuperación” como argumentan quienes insisten en que veníamos de una situación peor. Esto es clave para la evaluación del gobierno Duque, no sólo porque ya casi completa su primer año sino porque está en juego la eficacia, en términos de incremento de la inversión y crecimiento económico, de la reducción de impuestos a las empresas aprobada en la reciente “ley de financiamiento” (reforma tributaria). Este es un dogma del fundamentalismo neoliberal que no se ha podido comprobar en ningún país.

Precisamente por eso, y porque lo único que se verá es la reducción de los recaudos en la tributación empresarial, es que Carrasquilla busca un mayor margen de maniobra en el manejo del gasto público, para lo cual obtuvo el pasado marzo una flexibilización de la regla fiscal. Por todo ello habrá que temer no tanto de la manipulación de las cifras del pasado como de la posible manipulación en las cifras que vendrán en lo que resta del año. La tentación es grande.

 

Luces y sombras de las cifras

 

El florero de Llorente parece ser, pues, la reciente divulgación realizada por el Dane de sus cálculos sobre el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año. Crecimiento que puede calcularse como variación porcentual respecto a lo registrado en el primer trimestre de 2018, lo cual nos da una idea del ritmo de crecimiento anual de la economía, especialmente al compararlo con las variaciones análogas registradas anteriormente (ver gráfico 1). –Suponiendo, por supuesto, que el PIB es una buena medición del desempeño de la economía–. En esta ocaisón la cosa no pintaría tan mal pues 2.8 por ciento es mayor a lo registrado en los primeros trimestres anteriores desde 2015, aunque tampoco es para grandes celebraciones porque en el 2014 fue de 5.7 por ciento y en el 2012 de 5.9, y sobre todo porque la cifra siempre depende de cada punto de comparación. Si el nivel precedente es alto, hasta 1 por ciento es satisfactorio, pero si era muy bajo (y lo fue precisamente en este periodo de sucesivos malos resultados como se ve en el gráfico), crecer entre 2 y 3 no es gran cosa. A simple vista, claro está, la gráfica nos muestra que en comparación con el peor año que fue 2017 parece anunciarse una recuperación. Ahí es donde se atrinchera el Gobierno. ¡Y los gremios, téngase en cuenta!

 

Gráfico 1
PIB Producto Interno Bruto - 2019pr - 1 trimestre
Tasa de crecimiento anual

 

 

 

El punto de controversia que introduce Echavarría consiste en que si queremos apreciar verdaderamente el ritmo de crecimiento de la economía, o sea su tendencia, es necesario examinar esta serie cronológica pero ya ajustada eliminando la estacionalidad y los efectos indeseados de calendario. Implica un procesamiento estadístico que no podemos ni siquiera describir en este artículo pero sobre cuya utilidad basta constatar que es reconocida por todo el mundo académico. Y, en efecto, el propio Dane ofrece simultáneamente la serie ya corregida, o “desestacionalizada” como se acostumbra decir. La variación anual es entonces de sólo 2.3% lo cual sugiere (y es el argumento de Echavarría) que difícilmente se podría llegar al final del año a un crecimiento anual de 3.6 por ciento que es el pronóstico del gobierno, los gremios y los organismos internacionales. El ritmo no da para tanto. Sobre todo teniendo en cuenta que la comparación del primer trimestre con el cuarto del año pasado (comparación que en esta serie sí es válida) nos arroja un 0 por ciento (en rigor un decrecimiento de 0.01%). Es decir, se trata de un estancamiento.

 

La vulnerabilidad de la Estadística y el imperativo de la interpretación

 

Pero poco importa darle a ganar este round al gerente del Banco de la República. Aunque sí nos debería servir de advertencia acerca de las posibles manipulaciones cuando un gobierno se casa con unas cifras; es enorme la tentación de ajustarlas para que coincidan con lo que se está prometiendo. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo que el Gobierno acaba de presentar se mantiene la meta de 3.6 por ciento. Carrasquilla ha dicho una y otra vez que nuestra economía tiene hoy el potencial de crecer al 4 por ciento anual.

Cabe aquí una anotación sobre algo poco mencionado en esta “pelea” cuyos comentaristas en los medios son tan malintencionados como ignorantes. El cálculo del PIB trimestral es tan sólo una estimación que sirve únicamente de orientación en la coyuntura. Las variaciones (que no valores absolutos) se obtienen, mediante un modelo, a partir de una selección de indicadores parciales y sectoriales tanto de la producción como del gasto. Un cambio en los indicadores o una nueva información pueden llevar a rehacer el cálculo de las variaciones. Es ahí donde ciertamente radica la posibilidad de la manipulación. Pero no es realmente significativo el simple hecho de que el Dane ofrezca varias versiones de la misma estadística (este trimestre aparece como provisional) que es lo que también parece haber suscitado el escándalo, ignorando deliberadamente que es lo más corriente, y universalmente aceptado. –De hecho, la información completa, pesada, de las Cuentas Nacionales tiene tres versiones, preliminar, provisional y definitiva, en un plazo de dos años después de terminado el año en consideración–. En realidad, de lo que se trata es de examinar el sentido que van marcando las nuevas versiones, lo cual, para Echavarría, en estas estimaciones trimestrales, es claramente hacia la baja y no hacia el alza.

En fin, lo verdaderamente importante para esta valoración tiene que ver con las fuentes del crecimiento que el Dane dice haber identificado. En sus propias palabras:

- “Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento; alojamiento y servicios de comida crece 4,0%.
- Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y servicios sociales crece 3,3%.
- Industrias manufactureras crece 2,9%”1.

Que las actividades de la administración pública se incluyan en la generación del valor agregado de la economía puede ser discutible, aunque generalmente aceptado, pero aquí lo que más llama la atención es el hecho de que explique buena parte del modesto crecimiento. Lo otro es comercio y servicios. No resulta muy tranquilizadora esta dependencia del sector terciario, pese a lo mucho que lo han elogiado en los últimos tiempos. Téngase en cuenta, en el mismo sentido, que el sector financiero crece un 5.5 por ciento En cambio, Industrias Manufactureras sólo se incluye por su importante participación en el PIB ya que otros sectores crecen un poco más, pero la serie desestacionalizada nos informa de una reducción de 1 por ciento respecto al cuarto trimestre. El sector agropecuario apenas sobrevive y la Construcción continúa desplomándose, con una disminución de 5.6 por ciento. Lo único que puede rescatarse es la recuperación de Minas y Canteras, evidentemente debida a las mejores condiciones en el mercado mundial del petróleo2.

En este orden de ideas, más allá de la cifra global en disputa, son muchos los interrogantes que se plantean respecto a lo que hemos llamado el ritmo de crecimiento. ¿De qué fuentes provendría ese crecimiento? ¿Qué capacidad multiplicadora tendrían? ¿Se orientan al mercado interno o a la exportación? ¿Qué solidez tendría su dinámica? ¿Es sostenible? ¿Podrían servir de sustento a una elevación del nivel de bienestar de la población? Hasta ahora lo que han dicho en todos los Ministerios y desde la dirección del Dane es que el panorama resulta promisorio porque se observa una buena dinámica en sectores claves como el ya mencionado del petróleo y la construcción de vías y otras obras civiles que, en contraste con la recesión en la edificación de viviendas, presenta una variación anual positiva de 8.8 por ciento. Es más, se supone que éste es un sector que en los próximos años va a servir de motor del conjunto de la economía gracias a la resolución de los problemas que tuvo para los cierres financieros (¡más la corrupción!) los cuales todavía se ven reflejados en las cifras.

En otras palabras, las ilusiones continúan afincadas en el mismo modelo de desarrollo capitalista que se instauró aquí por lo menos desde el comienzo del siglo XXI. Sin que se pueda establecer ninguna diferencia, en este sentido, entre Uribe y Santos. Modelo que sigue incluyendo, vale decirlo, entre los productos de exportación, a la coca. Y ahora, todo ello por encima de la tan elogiada “economía naranja” que, junto con el “sector de las TIC”, no deja de ser un recurso publicitario.

 

¿Y es el crecimiento el principal problema?

 

Al decir ritmo de crecimiento, desde luego, se da por descontado que la economía siempre está en crecimiento y que lo importante de analizar son las “aceleraciones” o las “desaceleraciones”. El decrecimiento o disminución del nivel del PIB generado en un año con respecto al registrado el año anterior se suele descartar –aunque sí ocurre – como un hecho excepcional y espantoso. El crecimiento como “deber ser” es parte de la ideología corriente que acompaña a la teoría económica convencional. De ahí la gran dificultad que experimentan los organismos encargados de la producción de estadísticas a la hora de comprometerse con una cifra negativa. Se comprende entonces, fácilmente, el escándalo que se armó cuando el Gerente de nuestro Banco central se atrevió a hablar de “estancamiento”. Y seguramente nunca encontraremos un cero pero sí puede ser un porcentaje bastante exiguo que sería muy malo visto el desempeño reciente de la economía.

En efecto, si observamos la evolución del PIB, ahora según las Cuentas Nacionales Anuales (es decir la medición exhaustiva), entre el 2005 y 2017, encontramos varias cortas fluctuaciones (Ver Gráfico 2). La explicación es acorde en un todo con el modelo aludido atrás, es decir según los precios internacionales del petróleo, el carbón y el oro. Dos años extremadamente buenos, el 2006 y el 2007, culminación de un periodo de expansión que había arrancado, como en todo el continente, en el 2003, y uno “maravilloso” (crecimiento de 7.4%) en 2011, aunque, siendo justos, es sólo la recuperación de los impactos de la crisis mundial de 2008; recuperación que sólo le alcanzó a la economía colombiana para sobrellevar luego, con algunos años mediocres, el impacto de la brusca caída de los precios del petróleo. A partir de ahí las variaciones anuales son cada vez menores, en una clara desaceleración, hasta el catastrófico año de 2017 en el cual se calcula apenas un 1.4 por ciento. Como es bien sabido, en toda Latinoamérica se alude al “fin de la bonanza de las materias primas” y en consecuencia al “fin del modelo extractivista exportador”. Curiosamente, nuestro país parece ser uno de los pocos en donde las elites dominantes siguen insistiendo en la permanencia del modelo.

 

 

Interesante resulta analizar el comportamiento de las diferentes ramas de la actividad económica y su contribución al pobre resultado de 2017, porque ello nos muestra el tipo de economía que hoy tenemos3. A grandes rasgos: las actividades económicas que más contribuyen a este comportamiento son: administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y de servicios sociales; enseguida, comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento. Muy parecido a lo que acabamos de ver en el reporte trimestral. En ese año “agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” creció 5,5 por ciento, en cambio son actividades económicas que contribuyen de forma negativa: explotación de minas y canteras que decreció 5,7 por ciento; e industrias manufactureras y construcción que decrecen 1,8 y 2,0 por ciento, respectivamente. Obviamente, si traemos otra vez a la memoria los resultados de la estimación de este primer trimestre de 2019, comprobaremos que la variación es menos mala gracias a la mejoría en estas últimas actividades. Pero ¿se sostendrá por más tiempo?
No nos apresuremos a responderlo. Es claro que con un sector de comercio y servicios englobado en la especulación financiera, cuyas principales instituciones siguen mostrando año tras año excelentes y desmesuradas ganancias, y la “ayuda” de una cierta “laxitud” en la elaboración de las estadísticas, bien puede ser posible que las cifras de los próximos años oscilen en torno al nivel que en Colombia se considera aceptable. Todo seguirá igual. Y téngase en cuenta que estas élites desvergonzadas están pensando con un horizonte ubicado en el 2030. Pero ¿nos sirve una simple línea de crecimiento como “deber ser”?

Dos argumentos nos permiten expresar algunas dudas bien fundadas. El primero es de orden empírico. Durante la “bonanza”, aunque muchos insisten en la disminución de la magnitud de la pobreza absoluta y la ampliación de la “clase media” es claro que la desigualdad se acentuó. La tasa de desempleo bajó ciertamente, pero nunca por debajo de 8 por ciento, lo cual es una vergüenza, y sumamente preocupante, dado que se había explotado al máximo la potencialidad económica del país. –La potencialidad en el marco de un cierto modelo capitalista, claro está–. Todo ello sin contar los impactos negativos ambientales, con la depredación y la contaminación, o sea la ruina de los ecosistemas.

De ahí que sea pertinente el segundo argumento, esta vez de orden teórico. Ya muchos han cuestionado estos modelos de crecimiento, incluso bajo la forma de modelos de desarrollo, ya no a partir de los ritmos de crecimiento y las pautas de distribución, sino por razones cualitativas. Algunos hablan, por eso, de “Posdesarrollo” para indicar la necesidad de un cambio completo de paradigma. Otros van aún más lejos en este cambio de paradigma que supondría el abandono del axioma del crecimiento como “deber ser”. La calidad de la estructura y la dinámica de la economía es lo que cuenta para garantizar un bienestar; no es necesario alcanzar cada año un nivel de producto interno bruto siempre superior; el imperativo obsesivo del crecimiento sólo sirve al ánimo de lucro. Crecimiento cero dicen algunos; “decrecimiento” dicen otros.

Aplicada a nuestros lares esta teoría podría indicarnos que si bien es cierto que, en principio, para la población que tiene Colombia sería necesaria una ampliación neta de la base productiva para poder sustentarla, también es cierto que lo importante sería el cambio de la estructura productiva, y sobre todo la edificación de un nuevo tipo de relaciones sociales que permitan no sólo la producción del conjunto de bienes y servicios que se necesitan sino su adecuada y equitativa distribución. No obstante, el problema no se resuelve en el refinamiento teórico sino en la acción política. Si las actuales elites se perpetúan en el poder y, en medio de su tranquilidad, ya tienen pensado hacerlo por lo menos hasta el 2030, la solución sólo puede venir de una fuerza social y política que sea capaz de interrumpir esta sórdida inercia.

1 Dane, Boletín Técnico PIB Trimestral . Ver: www.dane.gov.co
2 Ibídem.
3 Ver Dane, Cuentas Nacionales, grandes agregados. www.dane.gov.co

Publicado enEdición Nº258
Domingo, 30 Junio 2019 10:11

La pelotera del crecimiento económico

La pelotera del crecimiento económico

“Eso del estancamiento es paja”. Así respondió, públicamente, Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, a su colega el gerente del Banco de la República Juan José Echavarría, quien se había atrevido a expresar, en la Convención anual de la Asobancaria, sus preocupaciones sobre la mala situación económica del país.

Semejante respuesta, más que descomedida, francamente grosera, no deja de sorprender pues ambos hacen parte del mismo círculo tecnocrático neoliberal. Sin embargo, es bien sabido que Carrasquilla es algo más: una combinación explosiva entre uribista ilustrado y negociante inescrupuloso. Ya el expresidente venía, desde hace rato, creando un clima de hostilidad hacia Echavarría a quien acusa de “santista”. Y en la misma línea, días atrás, Carrasquilla lo había confrontado a propósito de la tesis de “la polarización” como factor negativo para la economía.

La refutación, de todas maneras, es más bien débil. Echavarría, ni se ha excedido en sus competencias, ni lo que expresa es una simple opinión sin sustento. Mucho menos tiene que ver con una supuesta desconfianza en las cifras del Dane que parece ser la imagen recreada por el gobierno y los medios. Aunque no deja de llamar la atención esta intempestiva “defensa” del Dane en boca del Gobierno. ¡Explicación no pedida, acusación manifiesta! En todo caso, los comentarios del Gerente del Banco de la República sí han estado respaldados por cifras; junto a la tasa anual de crecimiento del PIB del primer trimestre del año –estimada por el Dane en 2.8% y descontando el efecto estacional en 2.3%– coloca otras cifras altamente preocupantes. Anteriormente, en otras oportunidades, ya había hecho serias advertencias sobre el rumbo de la economía colombiana: ”hay algo más; más allá de los fundamentales de la economía”.

Pero la discusión no es académica ni se trata de tomar partido por lo dicho por Echavarría: tiene una profunda implicación política. La prensa nos ha informado, en efecto, que los Ministros “cerraron filas en defensa del estado de la economía”. Evidentemente, detrás del crecimiento estimado, que de ninguna manera puede calificarse de bueno, se esconde una controversia sobre la dinámica subyacente, esto es, si se trata de “estancamiento”, o más bien de “recuperación” como argumentan quienes insisten en que veníamos de una situación peor. Esto es clave para la evaluación del gobierno Duque, no sólo porque ya casi completa su primer año sino porque está en juego la eficacia, en términos de incremento de la inversión y crecimiento económico, de la reducción de impuestos a las empresas aprobada en la reciente “ley de financiamiento” (reforma tributaria). Este es un dogma del fundamentalismo neoliberal que no se ha podido comprobar en ningún país.

Precisamente por eso, y porque lo único que se verá es la reducción de los recaudos en la tributación empresarial, es que Carrasquilla busca un mayor margen de maniobra en el manejo del gasto público, para lo cual obtuvo el pasado marzo una flexibilización de la regla fiscal. Por todo ello habrá que temer no tanto de la manipulación de las cifras del pasado como de la posible manipulación en las cifras que vendrán en lo que resta del año. La tentación es grande.

 

Luces y sombras de las cifras

 

El florero de Llorente parece ser, pues, la reciente divulgación realizada por el Dane de sus cálculos sobre el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año. Crecimiento que puede calcularse como variación porcentual respecto a lo registrado en el primer trimestre de 2018, lo cual nos da una idea del ritmo de crecimiento anual de la economía, especialmente al compararlo con las variaciones análogas registradas anteriormente (ver gráfico 1). –Suponiendo, por supuesto, que el PIB es una buena medición del desempeño de la economía–. En esta ocaisón la cosa no pintaría tan mal pues 2.8 por ciento es mayor a lo registrado en los primeros trimestres anteriores desde 2015, aunque tampoco es para grandes celebraciones porque en el 2014 fue de 5.7 por ciento y en el 2012 de 5.9, y sobre todo porque la cifra siempre depende de cada punto de comparación. Si el nivel precedente es alto, hasta 1 por ciento es satisfactorio, pero si era muy bajo (y lo fue precisamente en este periodo de sucesivos malos resultados como se ve en el gráfico), crecer entre 2 y 3 no es gran cosa. A simple vista, claro está, la gráfica nos muestra que en comparación con el peor año que fue 2017 parece anunciarse una recuperación. Ahí es donde se atrinchera el Gobierno. ¡Y los gremios, téngase en cuenta!

 

Gráfico 1
PIB Producto Interno Bruto - 2019pr - 1 trimestre
Tasa de crecimiento anual

 

 

 

El punto de controversia que introduce Echavarría consiste en que si queremos apreciar verdaderamente el ritmo de crecimiento de la economía, o sea su tendencia, es necesario examinar esta serie cronológica pero ya ajustada eliminando la estacionalidad y los efectos indeseados de calendario. Implica un procesamiento estadístico que no podemos ni siquiera describir en este artículo pero sobre cuya utilidad basta constatar que es reconocida por todo el mundo académico. Y, en efecto, el propio Dane ofrece simultáneamente la serie ya corregida, o “desestacionalizada” como se acostumbra decir. La variación anual es entonces de sólo 2.3% lo cual sugiere (y es el argumento de Echavarría) que difícilmente se podría llegar al final del año a un crecimiento anual de 3.6 por ciento que es el pronóstico del gobierno, los gremios y los organismos internacionales. El ritmo no da para tanto. Sobre todo teniendo en cuenta que la comparación del primer trimestre con el cuarto del año pasado (comparación que en esta serie sí es válida) nos arroja un 0 por ciento (en rigor un decrecimiento de 0.01%). Es decir, se trata de un estancamiento.

 

La vulnerabilidad de la Estadística y el imperativo de la interpretación

 

Pero poco importa darle a ganar este round al gerente del Banco de la República. Aunque sí nos debería servir de advertencia acerca de las posibles manipulaciones cuando un gobierno se casa con unas cifras; es enorme la tentación de ajustarlas para que coincidan con lo que se está prometiendo. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo que el Gobierno acaba de presentar se mantiene la meta de 3.6 por ciento. Carrasquilla ha dicho una y otra vez que nuestra economía tiene hoy el potencial de crecer al 4 por ciento anual.

Cabe aquí una anotación sobre algo poco mencionado en esta “pelea” cuyos comentaristas en los medios son tan malintencionados como ignorantes. El cálculo del PIB trimestral es tan sólo una estimación que sirve únicamente de orientación en la coyuntura. Las variaciones (que no valores absolutos) se obtienen, mediante un modelo, a partir de una selección de indicadores parciales y sectoriales tanto de la producción como del gasto. Un cambio en los indicadores o una nueva información pueden llevar a rehacer el cálculo de las variaciones. Es ahí donde ciertamente radica la posibilidad de la manipulación. Pero no es realmente significativo el simple hecho de que el Dane ofrezca varias versiones de la misma estadística (este trimestre aparece como provisional) que es lo que también parece haber suscitado el escándalo, ignorando deliberadamente que es lo más corriente, y universalmente aceptado. –De hecho, la información completa, pesada, de las Cuentas Nacionales tiene tres versiones, preliminar, provisional y definitiva, en un plazo de dos años después de terminado el año en consideración–. En realidad, de lo que se trata es de examinar el sentido que van marcando las nuevas versiones, lo cual, para Echavarría, en estas estimaciones trimestrales, es claramente hacia la baja y no hacia el alza.

En fin, lo verdaderamente importante para esta valoración tiene que ver con las fuentes del crecimiento que el Dane dice haber identificado. En sus propias palabras:

- “Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento; alojamiento y servicios de comida crece 4,0%.
- Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y servicios sociales crece 3,3%.
- Industrias manufactureras crece 2,9%”1.

Que las actividades de la administración pública se incluyan en la generación del valor agregado de la economía puede ser discutible, aunque generalmente aceptado, pero aquí lo que más llama la atención es el hecho de que explique buena parte del modesto crecimiento. Lo otro es comercio y servicios. No resulta muy tranquilizadora esta dependencia del sector terciario, pese a lo mucho que lo han elogiado en los últimos tiempos. Téngase en cuenta, en el mismo sentido, que el sector financiero crece un 5.5 por ciento En cambio, Industrias Manufactureras sólo se incluye por su importante participación en el PIB ya que otros sectores crecen un poco más, pero la serie desestacionalizada nos informa de una reducción de 1 por ciento respecto al cuarto trimestre. El sector agropecuario apenas sobrevive y la Construcción continúa desplomándose, con una disminución de 5.6 por ciento. Lo único que puede rescatarse es la recuperación de Minas y Canteras, evidentemente debida a las mejores condiciones en el mercado mundial del petróleo2.

En este orden de ideas, más allá de la cifra global en disputa, son muchos los interrogantes que se plantean respecto a lo que hemos llamado el ritmo de crecimiento. ¿De qué fuentes provendría ese crecimiento? ¿Qué capacidad multiplicadora tendrían? ¿Se orientan al mercado interno o a la exportación? ¿Qué solidez tendría su dinámica? ¿Es sostenible? ¿Podrían servir de sustento a una elevación del nivel de bienestar de la población? Hasta ahora lo que han dicho en todos los Ministerios y desde la dirección del Dane es que el panorama resulta promisorio porque se observa una buena dinámica en sectores claves como el ya mencionado del petróleo y la construcción de vías y otras obras civiles que, en contraste con la recesión en la edificación de viviendas, presenta una variación anual positiva de 8.8 por ciento. Es más, se supone que éste es un sector que en los próximos años va a servir de motor del conjunto de la economía gracias a la resolución de los problemas que tuvo para los cierres financieros (¡más la corrupción!) los cuales todavía se ven reflejados en las cifras.

En otras palabras, las ilusiones continúan afincadas en el mismo modelo de desarrollo capitalista que se instauró aquí por lo menos desde el comienzo del siglo XXI. Sin que se pueda establecer ninguna diferencia, en este sentido, entre Uribe y Santos. Modelo que sigue incluyendo, vale decirlo, entre los productos de exportación, a la coca. Y ahora, todo ello por encima de la tan elogiada “economía naranja” que, junto con el “sector de las TIC”, no deja de ser un recurso publicitario.

 

¿Y es el crecimiento el principal problema?

 

Al decir ritmo de crecimiento, desde luego, se da por descontado que la economía siempre está en crecimiento y que lo importante de analizar son las “aceleraciones” o las “desaceleraciones”. El decrecimiento o disminución del nivel del PIB generado en un año con respecto al registrado el año anterior se suele descartar –aunque sí ocurre – como un hecho excepcional y espantoso. El crecimiento como “deber ser” es parte de la ideología corriente que acompaña a la teoría económica convencional. De ahí la gran dificultad que experimentan los organismos encargados de la producción de estadísticas a la hora de comprometerse con una cifra negativa. Se comprende entonces, fácilmente, el escándalo que se armó cuando el Gerente de nuestro Banco central se atrevió a hablar de “estancamiento”. Y seguramente nunca encontraremos un cero pero sí puede ser un porcentaje bastante exiguo que sería muy malo visto el desempeño reciente de la economía.

En efecto, si observamos la evolución del PIB, ahora según las Cuentas Nacionales Anuales (es decir la medición exhaustiva), entre el 2005 y 2017, encontramos varias cortas fluctuaciones (Ver Gráfico 2). La explicación es acorde en un todo con el modelo aludido atrás, es decir según los precios internacionales del petróleo, el carbón y el oro. Dos años extremadamente buenos, el 2006 y el 2007, culminación de un periodo de expansión que había arrancado, como en todo el continente, en el 2003, y uno “maravilloso” (crecimiento de 7.4%) en 2011, aunque, siendo justos, es sólo la recuperación de los impactos de la crisis mundial de 2008; recuperación que sólo le alcanzó a la economía colombiana para sobrellevar luego, con algunos años mediocres, el impacto de la brusca caída de los precios del petróleo. A partir de ahí las variaciones anuales son cada vez menores, en una clara desaceleración, hasta el catastrófico año de 2017 en el cual se calcula apenas un 1.4 por ciento. Como es bien sabido, en toda Latinoamérica se alude al “fin de la bonanza de las materias primas” y en consecuencia al “fin del modelo extractivista exportador”. Curiosamente, nuestro país parece ser uno de los pocos en donde las elites dominantes siguen insistiendo en la permanencia del modelo.

 

 

Interesante resulta analizar el comportamiento de las diferentes ramas de la actividad económica y su contribución al pobre resultado de 2017, porque ello nos muestra el tipo de economía que hoy tenemos3. A grandes rasgos: las actividades económicas que más contribuyen a este comportamiento son: administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y de servicios sociales; enseguida, comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento. Muy parecido a lo que acabamos de ver en el reporte trimestral. En ese año “agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” creció 5,5 por ciento, en cambio son actividades económicas que contribuyen de forma negativa: explotación de minas y canteras que decreció 5,7 por ciento; e industrias manufactureras y construcción que decrecen 1,8 y 2,0 por ciento, respectivamente. Obviamente, si traemos otra vez a la memoria los resultados de la estimación de este primer trimestre de 2019, comprobaremos que la variación es menos mala gracias a la mejoría en estas últimas actividades. Pero ¿se sostendrá por más tiempo?
No nos apresuremos a responderlo. Es claro que con un sector de comercio y servicios englobado en la especulación financiera, cuyas principales instituciones siguen mostrando año tras año excelentes y desmesuradas ganancias, y la “ayuda” de una cierta “laxitud” en la elaboración de las estadísticas, bien puede ser posible que las cifras de los próximos años oscilen en torno al nivel que en Colombia se considera aceptable. Todo seguirá igual. Y téngase en cuenta que estas élites desvergonzadas están pensando con un horizonte ubicado en el 2030. Pero ¿nos sirve una simple línea de crecimiento como “deber ser”?

Dos argumentos nos permiten expresar algunas dudas bien fundadas. El primero es de orden empírico. Durante la “bonanza”, aunque muchos insisten en la disminución de la magnitud de la pobreza absoluta y la ampliación de la “clase media” es claro que la desigualdad se acentuó. La tasa de desempleo bajó ciertamente, pero nunca por debajo de 8 por ciento, lo cual es una vergüenza, y sumamente preocupante, dado que se había explotado al máximo la potencialidad económica del país. –La potencialidad en el marco de un cierto modelo capitalista, claro está–. Todo ello sin contar los impactos negativos ambientales, con la depredación y la contaminación, o sea la ruina de los ecosistemas.

De ahí que sea pertinente el segundo argumento, esta vez de orden teórico. Ya muchos han cuestionado estos modelos de crecimiento, incluso bajo la forma de modelos de desarrollo, ya no a partir de los ritmos de crecimiento y las pautas de distribución, sino por razones cualitativas. Algunos hablan, por eso, de “Posdesarrollo” para indicar la necesidad de un cambio completo de paradigma. Otros van aún más lejos en este cambio de paradigma que supondría el abandono del axioma del crecimiento como “deber ser”. La calidad de la estructura y la dinámica de la economía es lo que cuenta para garantizar un bienestar; no es necesario alcanzar cada año un nivel de producto interno bruto siempre superior; el imperativo obsesivo del crecimiento sólo sirve al ánimo de lucro. Crecimiento cero dicen algunos; “decrecimiento” dicen otros.

Aplicada a nuestros lares esta teoría podría indicarnos que si bien es cierto que, en principio, para la población que tiene Colombia sería necesaria una ampliación neta de la base productiva para poder sustentarla, también es cierto que lo importante sería el cambio de la estructura productiva, y sobre todo la edificación de un nuevo tipo de relaciones sociales que permitan no sólo la producción del conjunto de bienes y servicios que se necesitan sino su adecuada y equitativa distribución. No obstante, el problema no se resuelve en el refinamiento teórico sino en la acción política. Si las actuales elites se perpetúan en el poder y, en medio de su tranquilidad, ya tienen pensado hacerlo por lo menos hasta el 2030, la solución sólo puede venir de una fuerza social y política que sea capaz de interrumpir esta sórdida inercia.

1 Dane, Boletín Técnico PIB Trimestral . Ver: www.dane.gov.co
2 Ibídem.
3 Ver Dane, Cuentas Nacionales, grandes agregados. www.dane.gov.co

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EE UU encadena el mayor periodo de crecimiento de su historia

La economía estadounidense suma 121 meses de expansión desde la recesión de 2008, pero la recuperación es más lenta y más desigual

 

 

 La expansión económica en Estados Unidos cumple su décimo aniversario y en julio superará el récord de longevidad de 120 meses seguidos de crecimiento. El anterior gran periodo de expansión se produjo tras la crisis de las puntocom en 2001 y se prolongó durante la presidencia de Bill Clinton. Los frutos de la actual recuperación son patentes: la tasa de paro es la más baja en medio siglo, suben los salarios, la vivienda vale más que antes de la Gran Recesión, la inflación es baja y la confianza se mantiene sólida. Los nombres de Barack Obama y Donald Trump quedarán así unidos para siempre en la historia económica. Pero este periodo de recuperación, el más largo de la historia de EE UU, se caracteriza también por ser más lenta y desigual.

La Oficina de Investigaciones económicas de EE UU (National Bureau of Economic Research, en sus siglas en inglés) contabiliza 33 ciclos de crecimiento desde 1854. Estos periodos de expansión duraron entre 10 y 120 meses. Solo en dos épocas se superaron los 100 meses seguidos de crecimiento. Alan Blinder, economista de la Universidad de Princeton, señala que las expansiones no mueren por la edad sino porque algo acaba con ellas. Los expertos suelen señalar a la Reserva Federal (Fed) como principal culpable del fin de los ciclos, por su empeño en combatir la inflación.

Pero también se suele atribuir el fin de los periodos de bonanza a una espiral en el precio del petróleo o a un desplome de Wall Street, aunque en este último caso el estrés en los mercados financieros suele ir en paralelo a otras calamidades. Pero la principal espita que desencadena una crisis suele ser la caída del consumo y la pérdida de confianza.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, descarta una recesión inminente, pero suele mostrarse cauto por los nubarrones desatados por Trump con su desafío comercial a China.

Hace una década, en plena crisis financiera, en lo único que se pensaba en Washington era en cómo evitar que el terremoto que siguió al derrumbe de Lehman Brothers arrastrara a toda la economía hacia el precipicio. Cerca de nueve millones de personas perdieron sus empleos y el paro llegó al 10%, algo casi inaudito en EE UU, con tasas de desempleo históricamente bajas. Desde los primeros años de Ronald Reagan, a principios de los 80, no se veía un nivel de desempleo similar. Pero una década después la situación ha cambiado radicalmente.

Pleno empleo

El mercado laboral es donde se observan los mayores progresos. El sector privado creó más de 21 millones de puestos de trabajo durante la recuperación, tras encadenar 110 meses consecutivos de contratación. La ocupación es ahora un 9% más alta que antes de la recesión. El paro bajó en abril al 3,6% y desde hace tres años se vive una situación de pleno empleo. El gran problema que ahora se encuentran las empresas es dar con la mano de obra cualificada que necesitan para cubrir 7,5 millones de vacantes.

Es otro ejemplo de los grandes progresos alcanzados desde la Gran Recesión. Cuando Obama tomó las riendas de la Casa Blanca, se destruían 700.000 empleos al mes. La pérdida de empleo se redujo drásticamente gracias a los programas de estímulo fiscal que se activaron y a la acción agresiva de la Fed. La mayor parte de la recuperación se produjo bajo la presidencia de Obama y la mejora continúa con Trump.

Pero aunque el paro esté en mínimos y la recuperación sea la más duradera, también es más tibia si se compara con los ciclos de los años dorados que siguieron al periodo posterior de la Segunda Guerra Mundial hasta 1972. En ese periodo, el crecimiento aportó una sustancial mejora en la calidad de vida, algo muy diferente a lo que sucede actualmente. Entonces, el incremento de los sueldos fue mucho mayor.

Los salarios también suben desde 2010, pero la mejora se concentra en las rentas más altas, lo que está elevando la desigualdad. Si se tiene en cuenta la inflación, los sueldos en dólares reales apenas mejoraron, como señala Pew Research. “El poder de compra es el mismo que hace cuatro décadas”, apuntan. Antes de la crisis, los salarios crecían un 4% de media al año. En esta expansión, no llega al 3%. Los economistas señalan que con una tasa de paro tan baja como la actual, los sueldos deberían crecer mucho más.

La expansión económica durante la última década también se caracteriza por haber estado por debajo del potencial previo a la crisis. Desde junio de 2009, cuando se inicia la recuperación, EE UU crece a un ritmo medio anual del 2,3%. Aceleró al 3,1% en el primer trimestre de 2019, pero la previsión es que se suavizará. No es solo que el rendimiento sea más débil. También más desigual.

La última crisis fue la más profunda desde la Gran Depresión y provocó un gran agujero del que costó mucho salir. El detonante fue una burbuja inmobiliaria, que estalló en el verano de 2006. La caída de precios duró hasta 2012 y los inmuebles se depreciaron un 30%. El desplome pegó así un mordisco a la renta de las familias y millones de hogares perdieron sus casas. Eso afectó al consumo. Pero los precios están ahora un 15% por encima del máximo previo a la crisis.

Los economistas de BMO Capital creen que la combinación de crecimiento sostenido, incremento del empleo, inflación contenida en el 1,8% y bajos tipos de interés es “lo más cerca que se puede estar del nirvana”. Por ese cóctel Trump dice que EE UU es la envidia de todo el mundo. “Es la mejor economía en la historia de América”, proclama.

El republicano atribuye el crecimiento actual a sus políticas económicas, en particular al recorte de impuestos, la desregulación y el proteccionismo comercial. El PIB se expande pero no al ritmo del 4% que prometió como candidato ni por encima del 3% de su plan presupuestario. Lo achaca al alza de tipos de interés. “Tenemos el potencial de subir como un cohete”, aseguraba hace un mes.

Pero las cosas no pintan tan bien. La economía muestra sintomas de debilidad por la escasa mejora de la productividad y los efectos de la eclosión de las plataformas digitales en los negocios tradicionales. Los analistas de Cumberland Advisors señalan que Trump y Powell tienen poco margen para cometer errores con sus decisiones de política económica. Los de Deutsche Bank opinan que el actual es el mejor rendimiento que puede tener la economía de EE UU y “el riesgo es mayor”. “Ya no es suficiente con decir que las cosas van bien”, concluyen.

Por Sandro Pozzi

Nueva York 15 JUN 2019 - 17:57 COT

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La economía cubana se resiente de la crisis venezolana

El impacto llega a la calle en forma de escasez de productos y las sanciones de Estados Unidos impiden una mejora a corto plazo. Un informe señala que la caída de Maduro tendría un fuerte impacto en la isla pero menos que con la URSS en los noventa



La estampa ya viene siendo habitual en las calles de La Habana desde hace meses. Han vuelto las colas a los supermercados. Cuesta encontrar algunos productos básicos como el pollo, el aceite y el picadillo y ya se ha limitado el número de bienes que se pueden adquirir para evitar el acaparamiento. La situación, sin embargo, está bajo control gracias a la paciencia infinita de los cubanos. Pero todo el mundo sabe que directa o indirectamente estos problemas están causados por la grave crisis que vive Venezuela y han vuelto los fantasmas del 'Periodo Especial', la profunda penuria económica que vivió la isla después del colapso de la URSS, de la cual era muy dependiente.


En un informe publicado por el Real Instituto el Cano, los economistas especializados en Cuba Carmelo Mesa-Lago y Pavel Vidal Alejandro sostienen que, aún con la salida de Nicolás Maduro, la isla sufriría, pero no tanto como en los noventa. Una de las pruebas según ellos es que la crisis venezolana se empieza a notar ahora pero en realidad ya lleva años desarrollándose. Entre 2013 y 2018, el otrora primer socio comercial de Cuba ha perdido el 50% de su PIB.


El intercambio económico entre ambos países se ha reducido un 74% hasta llegar a los 2.214 millones de dólares anuales y el peso de Venezuela en la economía cubana ha pasado de representar el 43,7% de su PIB en 2012 al 19% en 2017, último año con cifras. A efectos prácticos eso se traduce a la reducción de los envíos petroleros del "mejor amigo de Cuba" a la isla y la disminución de profesionales médicos que viajan al país bolivariano y que representaban la principal entrada de divisas para el país presidido por Miguel Díaz-Canel.


La isla ha conseguido limitar el impacto de estos datos gracias a que paralelamente surgieron unos "amortiguadores" que ayudaron a capear el temporal: el incremento de visitantes y la puesta en marcha de una política fiscal expansiva por parte de las autoridades cubanas aminoró la crisis a costa de incrementar el déficit público. El efecto de estos amortiguadores se está diluyendo ya que el ritmo de crecimiento de turistas está casi estacando y el Estado, con un desbalance cerca del 11% del PIB, no puede seguir aplicando políticas anticíclicas. De igual forma los economistas se sorprenden por el buen comportamiento de la economía cubana porque a pesar de la crisis en el socio estratégico sigue experimentando crecimientos positivos.


El impacto de las sanciones de Trump


El informe también pone atención al impacto en ambos países de las medidas punitivas impulsadas por Donald Trump que tienen un impacto directo en sus economías y en las posibles vías de salida para sus problemas.


De manera resumida, en Venezuela las sanciones norteamericanas están sirviendo para que el país no pueda rentabilizar el incremento del precio del petróleo a nivel mundial. Además, recientemente Estados Unidos está intentando evitar que el petróleo llegue a Cuba sancionando a los barcos encargados de transportarlo. Por el momento se está consiguiendo saltar esta restricción.


En Cuba, la política de Trump va encaminada a cerrar todas las rendijas que se abrieron con la administración Obama y a sembrar dudas sobre la seguridad de las inversiones en Cuba para distorsionar el clima inversor. La isla, necesitada de capital extranjero, intenta dar seguridad a las empresas europeas amenazadas por el título III de la ley Helms-Burton que permite denunciarlas en EEUU por hacer uso de bienes que fueron confiscados al inicio de la Revolución.


Desde Washington se asegura que se quiere evitar que las entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas se beneficien del mayor flujo de turistas americanos, pero algunas medidas parecen encaminadas a golpear al incipiente sector privado de la isla. La limitación del monto de divisias que los cubanos pueden recibir de sus familiares de Miami tiene un fuerte impacto en la inversión de los pequeños negocios privados. La voluntad de querer evitar que los ciudadanos americanos puedan viajar para hacer turismo también es un factor importante ya que estos negocios se benefician indirectamente de estos visitantes. El informe subraya como trascendental el resultado de las elecciones presidenciales americanas del año que viene.


Lo novedoso de esta situación es que parece que Cuba no puede apoyarse en otro país como ha hecho tradicionalmente en el pasado con España, Estados Unidos, la URSS y Venezuela. Moscú y Pekín siguen siendo aliados importantes de La Habana pero difícilmente pueden implicarse todo lo que la Revolución querría.


La isla tiene bien poco que ofrecer a estos países. Las producciones de azúcar y níquel que podían interesar en el pasado se han reducido y los obstáculos culturales y de idioma dificultan que La Habana pueda poner en marcha programas médicos en estos países. Sería una relación básicamente subsidiaria.


El caso de China es algo diferente porque en los últimos años se han reforzado las relaciones comerciales con diversas inversiones en el país caribeño. Aún así, se trata de cifras minúsculas comparado con lo que Pekín está haciendo en la región en países que le interesan por sus materias primas.


Los economistas pronostican tiempos difíciles para la isla pero sin llegar al dramatismo de los 90 gracias a una mayor diversificación de la economía. El hecho de no contar con ningún nuevo "hermano mayor" puede convertirse en una oportunidad para que el país tire adelante por sus propios medios implementando reformas que no terminan de despegar.

06/06/2019 07:54 Actualizado: 06/06/2019 07:54
Por santi piñol
@SantiPinyol

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