Lunes, 17 Junio 2019 06:04

Asombros

Bernie Sanders, precandidato presidencial demócrata, pronunció un discurso la semana pasada en Washington en el cual explicó que él define el "socialismo democrático" como la continuación del legado de Franklin D. Roosevelt. Subrayó que una democracia requiere tanto derechos políticos como derechos económicos básicos.Foto Afp

Abajo y a los lados, a veces casi invisible, y por supuesto sin captar la misma atención que la perversidad, engaño, ataques, obscenidad y crueldad que proviene desde la Casa Blanca y sus alrededores, hay una sorprendente ola de rebeliones, algunas expresadas en las calles, otras en la naciente contienda electoral presidencial, y muchas no temen autoidentificarse como luchas de clase y hasta "socialistas".

 

Sarah Nelson, presidenta del gremio nacional de sobrecargos, Association of Flight Attendants, representando a 50 mil miembros de 20 aerolíneas (gremio que se negó a trabajar en todo vuelo que se usó para la separación de familias inmigrantes ordenada por Trump), recientemente ofreció un discurso ante los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA), vieja organización social demócrata que en los últimos tres años ha experimentado un renacimiento dramático.

 

Recordando que Eugene Debs, Helen Keller, Albert Einstein, fundadores de sindicatos como el automotriz, fueron "socialistas democráticos", Nelson señaló que ante toda la oscuridad y el odio generado por las fuerzas derechistas, en el último año cientos de miles de maestras/os, decenas de miles de trabajadores de supermercados, miles de trabajadores de hoteles, ingenieros de Google y choferes de Uber, participaron en huelgas; más de las que se había registrado en décadas. “Estas huelgas eran trabajadores tomando la ofensiva… Estas huelgas eran visionarias, porque construyeron poder, porque construyeron ahí mismo en el piquete el tipo de país que queremos ser; donde nos cuidamos entre nosotros, donde luchamos mano en mano por nuestra democracia, donde nuestra "multitud" –nuestras muchas nacionalidades y razas y religiones y diversidad de género e identidad de género– es fuente de orgullo, fuerza y amor. Y porque ganamos. Ganamos contra los jefes de avaricia de Wall Street y sus peones políticos que deseaban destruir las escuelas de Los Ángeles al servicio de sus ganancias. Ganamos contra los tecnobarones de Google… Ganamos contra las empresas multinacionales que son dueñas de los hoteles y los supermercados de nuestra nación, quienes ganan miles de millones pero dejan que nuestros niños pasen hambre”. Habló de la solidaridad, incluyendo la internacional con la gente trabajadora de México y otros países, como clave en la lucha para el bien de todos.

 

Son palabras que no hace tanto habrían sonado nostálgicas, pero son muy contemporáneas, y este tipo de mensaje de repente ya no es sólo para veteranos de otras historias, sino por y para jóvenes que desean hacer historia aquí y ahora.

 

Y no deja de sorprender que dentro de estas luchas, y sobre todo entre los jóvenes, muchos –muchísimos– no temen declarar su simpatía por algo que llaman "socialismo".

 

Cuatro de cada 10 estadunidenses preferirían vivir en un país socialista que en uno capitalista, mientras 55 por ciento de mujeres entre 18 y 54 años expresaron una preferencia por el socialismo, según encuestas recientes (vale recordar que la gente entiende "socialismo" de múltiples maneras). Al medirlo en términos muy generales, se puede hasta afirmar que, según las encuestas más recientes, el socialismo es más popular que Trump.

 

El senador y candidato presidencial demócrata Bernie Sanders es tal vez la figura política de mayor perfil de esta expresión y la semana pasada pronunció un discurso explicando su "socialismo democrático" como la continuación del legado de Franklin D. Roosevelt. Subrayó que una democracia requiere tanto derechos políticos como derechos económicos básicos, los cuales "son derechos humanos", y que se requiere una "revolución política" con la participación masiva electoral para lograr esto y argumentó que el futuro en este y otros países se disputa entre una derecha nacionalista y el socialismo democrático. (https://berniesanders.com/sanders- calls-for-21st-century-bill-of-rights/).

 

El solo hecho de que el "socialismo" sea ahora parte del debate nacional cotidiano en Estados Unidos (algo que asusta tanto a Trump como a la cúpula demócrata) no deja de asombrar.

 

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Lunes, 17 Junio 2019 05:59

Las gafas del general

Las gafas del general

Creciente malestar de los militares que integran el gobierno con el presidente, su familia y el astrólogo que los guía.

El ultraderechista Jair Bolsonaro mostró, a sus menos de seis meses de gobierno, que tiene características peculiares, generadas por su personalidad: la vena agresiva, aliada a sus escasas condiciones para el cargo y su relación más que limitada con la realidad, hace con que se mantenga en ofensiva contra quien no comparta su no muy clara visión del mundo y de la vida. 

Nunca jamás hubo un presidente tan primate en la democracia brasileña. Hasta los más torpes de los dictadores militares supieron, a su manera, actuar con más equilibrio.

De las características que dependen directamente de esa extravagante personalidad, salta a la vista la ausencia de cualquier articulación con el Congreso, como con el ala más sensata, o menos enloquecida, de su gobierno.

Para enturbiar el escenario, en los últimos días explotaron escándalos altamente corrosivos, y a la vez disputas internas por espacio y poder elevaron peligrosamente la temperatura. 

Surgieron pruebas de actos ilegales –todas sólidas– involucrando al ex juez Sergio Moro, que ocupa la cartera de Justicia y Seguridad Pública. Además, se retomó la guerra entre dos facciones internas: la de los ideólogos comandados a distancia por un astrólogo que se autonombró filósofo, Olavo de Carvalho, ideólogo de la familia presidencial, contra la considerada técnica, representada por militares y algunos ministros específicos.  

Bajando en picada (de enero a junio la popularidad la aprobación del gobierno cayó 20 puntos, estando debajo de los que lo reprueban), sin diálogo con el Congreso y enfrentando en un mes tres masivas manifestaciones populares en su contra, el ultraderechista reacciona agrediendo.

La crisis social sigue en creciente profundización, el año está perdido para la economía, las proyecciones para 2020 se derriten como un helado al sol, y se refuerzan indicios de que la salida preferida por los que en última instancia detienen el poder –los militares– será endurecer, y rápido, frente a la turbulencia. 

De los puntos que merecen atención, dos se destacan. 

Primero: el escándalo Moro. El sitio The Intercept, capitaneado por el periodista norteamericano Glenn Greenwald, detentor de un premio Pullitzer y revelador, vía Edward Snowden, de la maniobras de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA por la sigla en inglés) espiando a dios y el mundo, sigue goteando datos de mensajes entre el entonces juez de primera instancia Sergio Moro y los fiscales acusadores de Lula. 

Ya quedó claro de toda claridad que no había una colaboración entre Moro y los acusadores: el juez actuaba como una especie de coordinador del grupo de fiscales. Aparece indicando pasos para la acusación, y, en lo que se divulgó el viernes 14, llega a dar instrucciones de cómo mover a los medios de comunicación para maniobrar contra el ex presidente Lula da Silva. Bolsonaro solo fue electo porque Lula no pudo disputar la elección. El premio de Moro, que mandó detenerlo, fue el ministerio de Justicia.

Segundo punto clave: las disputas internas entre “olavistas”, seguidores del gurú familiar, contra “técnicos”, y el creciente malestar de los militares que integran un gobierno que tiene a un general como vicepresidente.

Olavo de Carvalho suele referirse a los uniformados como enemigos conspiradores, y lo hace en términos que van de “bostas inútiles” a “mierda engominada”. Hace poco más de un mes los militares que rodean Bolsonaro lo presionaron para que tanto Carvalho como el hijo presidencial Carlos, concejal municipal de Rio, bajasen el tono de sus agresiones en las redes sociales. En público, el tono efectivamente bajó. Pero en concreto el viernes Bolsonaro echó a un general en actividad, Carlos Alberto dos Santos Cruz, que ocupaba la secretaría general de Gobierno de la Presidencia y era blanco favorito del astrólogo-gurú. La razón: una disputa con Carlos y allegados por el presupuesto destinado a redes sociales ultraderechistas. Santos Cruz quería imponer un criterio técnico, Carlos Bolsonaro quería favorecer a sus indicados. Los militares que integran el gobierno presionaron a Bolsonaro para que nombrara, para el puesto, otro general en activo indicado por ellos, Luis Eduardo da Silva Pereira, quien, a ejemplo del vicepresidente y también general Humberto Mourão, y del jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, Augusto Heleno, es un duro entre duros. 

El viernes, Augusto Heleno, en un desayuno con periodistas junto a Bolsonaro tuvo un ataque de furia al referirse a Lula da Silva. Dijo, entre otras cosas, que el ex presidente es un canalla que debería haber sido condenado a prisión perpetua. Luego se puso gafas de sol, quizá para que nadie se diera cuenta del tamaño del odio en su mirada. Por esos días, y a raíz de las pruebas sobre la conducción arbitraria e ilegal de Moro en el juicio que mandó Lula a la cárcel, sin prueba alguna, el Supremo Tribunal Federal decidirá qué hacer con el preso más importante de América.

¿Se quitará las gafas de sol el general?

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 Buenos Aires se quedó sin servicio de Metro por el colapso del Sistema Argentino de Interconexión, que provocó uno de los apagones más grandes en la historia.Foto Ap

Argentina, Uruguay, partes de Brasil, Paraguay y Chile quedan sin luz; el suministro de agua también sufre interrupciones

 

Buenos Aires. Un excepcional fallo en el sistema de interconexión eléctrica dejó ayer sin luz a Argentina, Uruguay, partes del sur de Brasil, algunas zonas de Paraguay y varias ciudades de Chile, lo que afectó al menos a 45 millones de personas, informaron las empresas eléctricas de la zona.

 

El suministro, que se interrumpió a las 7:06 (hora local) y se restableció en la mayoría de las zonas afectadas más de 10 horas después, se originó porque "las tormentas del litoral sacaron de sistema líneas de Yacyretá-Salto Grande", lo que provocó el colapso del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), informó el ministerio de Energía. En concreto, habría sido un fallo en la conexión entre las centrales de Yacyretá sobre el río Paraná, que a su vez afectó la de Salto Grande, en el litoral argentino.

 

Página/12 informó que antes del apagón hubo una alerta que fue ignorada y ese problema inicial que no fue atendido tuvo un efecto dominó y todas las centrales dejaron de funcionar.

 

Lo que tendrían que haber notado es que cuando la frecuencia de las centrales se ve alterada, salen de funcionamiento como mecanismo de protección. Esa fue la situación, de acuerdo con la empresa de energía eléctrica Edesur, que generó el problema.

 

Es la primera vez que ocurre un apagón que alcanza a la totalidad de Argentina y Uruguay. En Paraguay se registraron cortes momentáneos de energía.

 

Uruguay y Argentina están interconectados, lo cual "permite que los sistemas de los países se protejan ante insuficiencias en cada uno", explicó el ministro de Industria, Guillermo Moncecchi.

 

Argentina, con 44 millones de habitantes, y Uruguay, con 3.4 millones, comparten un sistema de interconexión eléctrico centrado en la represa binacional de Salto Grande, ubicada unos 450 kilómetros al norte de Buenos Aires y unos 500 kilómetros al norte de Montevideo.

 

El presidente Mauricio Macri tardó horas en lamentar lo sucedido y alrededor de las 2 de la tarde anunció que se había restablecido la mitad del sistema eléctrico. "En este momento la situación de 50 por ciento de los usuarios ya se encuentra normalizada. Con el correr de las horas se restablecerá el servicio para todos los usuarios", tuiteó Macri.

 

De acuerdo con Página/12, el gobierno descartó que se haya tratado de un ciberataque como hipótesis principal y afirmó que en 48 horas habrá un primer informe de lo que pudo haber ocurrido, mientras la Secretaría de Energía precisó que "las causas se sabrán en 15 días".

 

En Argentina el corte de suministro eléctrico afectó a quienes se alistaban a celebrar el Día del Padre, el transporte y el alumbrado público. Se interrumpieron el suministro de agua, las comunicaciones telefónicas y el servicio de Internet en las principales ciudades.

 

"Me levanté a las 9 de la mañana, no había wifi, la nevera tampoco funcionaba, ni el agua del servicio central", explicó un joven llamado Iván.

 

El apagón masivo dejó sin semáforos Buenos Aires, lo que ocasionó más accidentes de lo habitual y obligó a reforzar los controles de tránsito en toda la ciudad.

 

Resultó afectado el sistema de distribución de agua potable durante unas horas debido a una falla general en el sistema de interconexión, confirmó la empresa pública Agua y Saneamientos Argentinos (Aysa), que tuvo que facilitar líquido a cuatro hospitales.

 

Todos los centros sanitarios tuvieron que recurrir a generadores externos para mantener los servicios de emergencia.

 

Los aeropuertos funcionaron durante unas horas gracias a generadores, mientras el servicio de trenes y el Metro de la capital argentina se interrumpió y casi todos los locales del centro porteño cerraron.

 

Un portavoz de la petrolera argentina YPF declaró a la agencia Reuters que todas las plantas en su refinería La Plata, clave en la cadena de suministro petrolero, fueron cerradas por el corte.

 

El apagón también incidió en los comicios de ayer en tres de las cuatro provincias del país para elegir a su próximo gobernador: Santa Fe (centro-oeste), San Luis (oeste) y Formosa (norte).

 

La cuarta provincia que convocó a sus ciudadanos a las urnas, Tierra del Fuego (sur), no se vio afectada, ya que no forma parte del sistema de interconexión nacional.

 

Alberto Fernández, uno de los candidatos presidenciales peronistas que buscan sacar a Macri en los comicios de octubre, tuiteó: "el presidente debería dar explicaciones sobre lo que están padeciendo los argentinos. Subieron las tarifas tanto como sus amigos exigieron, y generaron el apagón más grande de la historia", denunció quien lleva como compañera de fórmula para vicepresidenta a Cristina Fernández de Kirchner.

 

Usuarios de redes sociales dijeron que el corte alcanzó también a Paraguay y Brasil, aunque el operador del sistema brasileño de electricidad aseguró que no afectó al país.

 

Con el hashtag #Sin Luz, el apagón se convirtió trending topic en el Cono Sur. No faltaron los memes y las fotografías de las ciudades argentinas y uruguayas en completa oscuridad.

 

Una de las mayores preocupaciones en Uruguay era que la luz llegara "a las siete de la tarde", para ver un partido de futbol de la Copa América.

 

La compañía de electricidad de Paraguay, ANDE, informó que parte de la hidroeléctrica de Yaciretá quedó bloqueada y en consecuencia se fue brevemente el servicio en las ciudades de Ayolas, Villalbin, Pilar y otras aledañas.

 

Los servicios de energía comenzaron a restablecerse "lentamente" en Argentina y Uruguay

 

A las 18:30 horas (local), 98.5 por ciento de los servicios se encontraban conectados a la red de energía uruguaya, informaron autoridades. A las 20:15 ya se encontraban normalizado 98 por ciento de la demanda total, según la Secretaría de Energía.

 

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David Harvey: "Veremos un resurgimiento de la izquierda, pero tiene que buscar una nueva voz"

"Tenemos que quitarnos el capitalismo de nuestras cabezas", asegura uno de los científicos sociales de referencia para los movimientos de izquierdas

 

David Harvey (Gillingham, 1935) es un geógrafo marxista de origen británico que  trabaja como profesor en la City University of New York (CUNY) y que se ha convertido en uno de los científicos sociales de referencia para muchos movimientos de izquierdas. Estos días visita Barcelona para presentar su nuevo libro La lógica geográfica del capitalismo (Icaria Editorial), una obra biográfica en la que se ofrece un repaso histórico de la trayectoria del autor, una entrevista realizada en 2015, nuevos textos traducidos al castellano y un capítulo inédito.

 

Usted se define como anticapitalista antes que socialista, comunista, anarquista o populista. ¿Por qué?

El capital tiene mucha influencia sobre muchos aspectos de la vida diaria. No es solo la economía. Es la cultura, la forma de pensar o las estructuras de conocimiento. Conceptos como el comunismo o el socialismo suelen estar muy asociados con una concepción del mundo muy rígida. Las relaciones sociales entre las personas deben ser transformadas, pero esto requerirá muchas transformaciones mentales. Por eso pienso que tenemos que quitarnos el capitalismo de nuestras cabezas, así como de las calles y de la vida.

¿Y el anticapitalismo es un término que engloba más aspectos que conceptos como el socialismo o el comunismo?

Sí. Creo que no estamos en una posición como para describir ahora una alternativa al capitalismo y quiero escapar de la caja que es el comunismo, el socialismo o el anarquismo.

Después de un periodo de silencio, parece que en los últimos años ha habido un interés creciente por el comunismo. Aquí en España, por ejemplo, en 2017 Alberto Garzón publicó Por qué soy comunista. ¿Cómo se materializa el comunismo hoy?

No lo sé. Tampoco sé qué piensa Garzón sobre el comunismo. De lo que estoy seguro es de que los niveles de desigualdad actuales son inaceptables. No creo en una absoluta igualdad, creo que ciertas desigualdades son interesantes, pero ciertamente las desigualdades de ingresos están revirtiendo muchas de las cosas que deberíamos poder alcanzar.

Una de las cosas en las que pienso más al final del día es en la calidad de las relaciones sociales entre las personas. Uno de los efectos de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha sido la degradación de las relaciones entre grupos de inmigrantes o entre grupos con diferentes orientaciones sexuales. La transformación de estas relaciones sociales está yendo en una dirección muy negativa.

¿El comunismo ha evolucionado desde la caída del muro de Berlín en 1989 o la disolución de la Unión Soviética en 1991?

El comunismo es crítico, obviamente ha evolucionado desde 1989 y creo que, de alguna forma, el colapso de la Unión Soviética y todo lo que ello supuso permitió la reevaluación de lo que debía ser el proyecto comunista. Tenemos un gobierno en China que se llama a sí mismo comunista. Mucha gente no se lo toma en serio, pero deberían hacerlo. Lo que deben hacer o hacia dónde tienen que ir es una gran pregunta para mí.

¿Cree que es una sociedad comunista?

No, no es una sociedad comunista, pero ideológicamente ellos han reivindicado que para el año 2050 serán una sociedad plenamente socialista. Yo me tomo muy en serio esa proclamación, a pesar de algunas medidas que han adoptado, como el intercambio mercantil capitalista. Hay problemas de desigualdad social y de degradación ambiental, pero todos los países los tienen. Ellos han dicho que serán plenamente socialistas para el año 2050 y esto significa combatir el problema medioambiental y la desigualdad social.

Una de las cosas que sabemos de China es que cuando dicen que van a hacer algo lo hacen y lo hacen muy rápido, no son demócratas para nada, pero no hay que subestimar las posibilidades que tiene China. Trump está organizando una política antichina ahora mismo y es un profundo error por parte de los Estados Unidos, porque está empujando a China a ser más autónoma.

Dos de las corrientes de pensamiento más recientes son el feminismo y el ecologismo. ¿Cómo coexisten estos dos movimientos con el sistema económico actual?

Una de las cosas interesantes de estos dos movimientos es que el neoliberalismo ha puesto desde 1970 un gran énfasis en el emprendimiento y ha abierto la posibilidad a que el feminismo use esta ideología para crear lo que podríamos llamar un feminismo corporativo. Ese es el feminismo de Hillary Clinton, un tipo de emprendimiento satisfactorio en el que, por supuesto, hay la posibilidad de que las mujeres ocupen posiciones importantes en el mundo académico, por ejemplo. Lo mismo podría ocurrir con el multiculturalismo y la orientación sexual.

El neoliberalismo puede ser visto como una apertura que permite un progreso en los derechos del colectivo LGTBI y de las mujeres. De todos modos, creo que muchas feministas se están dando cuenta de que el neoliberalismo no es la solución sino que es su enemigo prioritario. Hay una transformación en algunas pensadoras feministas que dicen que no pueden lograr sus objetivos desde el neoliberalismo y que hay que moverse hacia unas posiciones anticapitalistas. Lo mismo se puede decir del movimiento ecologista.

Entonces, ¿es compatible defender el capitalismo a la vez que el feminismo y el ecologismo?

Si defiendes el sistema económico actual te encontrarás defendiendo un tipo de feminismo que se basa en incorporar más mujeres en empresas, pero el problema ahora mismo son las condiciones salariales de las mujeres trabajadoras, que están viviendo en unas condiciones muy difíciles. Ellas son las que están sufriendo las políticas neoliberales. Mientras que una mujer de clase media se puede beneficiar del neoliberalismo, muchas de las trabajadoras están sufriendo mucho bajo las políticas de austeridad. Algunas mujeres y ecologistas se benefician del neoliberalismo, pero las problemáticas principales están fuera de la dinámica capitalista.

¿Usted cree que en los próximos años el capitalismo evolucionará y defenderá el ecologismo, en aras de generar un beneficio económico de ello, o se mantendrá en el mismo punto en el que está ahora?

El ecologismo forma parte de un gran negocio, hay sectores del mercado que están tratando de lidiar con el cambio climático. No digo que el capitalismo no haya prestado atención a las cuestiones medioambientales, lo que cuestiono es el límite del beneficio capitalista. La industrialización de la agricultura, por ejemplo, ha creado un serio efecto secundario. Estos son problemas que llevan al límite la capacidad del sistema económico capitalista.

¿Las problemáticas que van más allá de lo material invisibilizan la lucha de clases?

Hay una tendencia que consiste en evitar la cuestión de clase, particularmente desde la caída de la Unión Soviética había una tendencia que decía que Marx y el conflicto de clases sociales estaban muertos. Si preguntamos ahora mismo cuáles son los agentes activos, en términos de políticas de izquierdas, ya no son los trabajadores fabriles. La clásica visión del proletariado que se va a emancipar es el trabajador de una fábrica.

El problema principal es preguntarse quién es el proletario hoy en día. Cuando nos hacemos esta pregunta tenemos que pensar en una configuración distinta. El otro día, cuando estaba en un aeropuerto, miré por la ventana y vi la fuerza del trabajo. ¿Quién hace funcionar un aeropuerto? Cuando miras a los Estados Unidos, ves a mucha gente de color, muchos inmigrantes y mujeres asalariadas. Si toda esta gente de golpe deciden hacer huelga, el aeropuerto tiene que cerrar. El capital estaría completamente bloqueado. Este es el nuevo proletariado.

En esta década los partidos de extrema derecha han crecido. De hecho, en las últimas elecciones europeas han ganado en Francia, el Reino Unido, Italia, Hungría y Polonia. ¿Cómo deben responder los partidos de izquierdas, ya que una parte de los votantes de extrema derecha son antiguos votantes de izquierdas?

Hace falta una reorientación de las políticas de izquierdas y creo que las bases institucionales de las políticas de izquierdas no han sobrevivido demasiado bien. Las políticas de izquierdas han fallado en gran medida en los últimos 10 o 15 años, con algunas excepciones. Por ejemplo, el auge inicial de Podemos fue una cosa muy positiva, pero creo que está aún en formación. Hay una vasta parte de la población descontenta con las políticas neoliberales. Es un momento muy interesante. Tengo la sensación de que en un futuro muy próximo veremos un resurgimiento de la izquierda, pero tiene que buscar una nueva voz y hablar de un modo distinto. La conversación debe estar basada en una configuración ideológica distinta.

¿En qué se debe basar esa conversación?

Tiene que estar basada en cómo entender las políticas anticapitalistas en la actual conjunción. Las transformaciones revolucionarias no serán violentas. En los últimos 20 años hemos vivido una presión en la calle muy fuerte, un ejemplo actual de ello son los chalecos amarillos en Francia. La gran pregunta es hacia dónde va políticamente. Tenemos que repensar cómo deben ser las políticas. Para eso hay que tener una conversación sobre qué es el anticapitalismo.

Usted concibe la historia y la geografía como dos disciplinas inseparables que, juntas, explican qué está sucediendo en el mundo. De todos modos, hoy en día se estudian por separado. ¿Esto es un error del mundo académico?

Es un profundo error, sí. La especialización es importante, pero lo que realmente no me gusta es la creación de aprendizajes que se supone que no se deben comunicar con otras disciplinas. ¿Por qué estamos segmentando de esta forma? Una cosa peculiar en el mundo académico en Estados Unidos, no sé si también ocurre aquí, es que hay una constante demanda de multidisciplinaridad.

¿Por qué cree usted que la geografía es una disciplina útil para comprender la realidad?

Uno de los motivos es que el hecho de que la geografía no sea una disciplina muy organizada crea una gran oportunidad. Dudo que me pudieran haber dejado hacer en otra disciplina todo lo que he hecho en geografía. La geografía es más abierta, un poco porque la gente no sabe exactamente lo que es, eso está bien, pero a su vez está mal porque los administradores académicos no saben qué hacer con ello.

No sé si está muy pendiente de la situación política en Barcelona. Después de las elecciones municipales, Ada Colau tratará este sábado de ser reelegida alcaldesa con el apoyo del PSC y de la lista de Manuel Valls, que está apoyada por Ciudadanos. Si eso ocurre, ERC, que ganó las elecciones, se convertiría en el principal partido de la oposición. ¿Cuál sería el mejor escenario para gobernar Barcelona, según su opinión?

La gestión de Colau fue muy importante para la gente que, como yo, cree que la organización del poder municipal es parte de un proceso político muy crítico en el mundo ahora mismo. Creo que lo que pasa en el nivel municipal es importante y la administración de Colau ha sido una muestra importante para el resto del mundo, enseñando que las cosas se pueden hacer.

La cuestión independentista se tiene que abordar, este es un hecho muy particular que hace las cosas difíciles, no es una cosa de partidos de izquierdas contra partidos de derechas. Personalmente no me emociona demasiado la idea de una Catalunya independiente, creo que no va a suceder y no creo que la Unión Europea lo vaya a aceptar, pero eso es solo mi opinión desde fuera. Puedo ser persuadido [ríe].

Por Edgar Sapiña

14/06/2019 - 22:30h

Publicado enSociedad
Imagen: Guadalupe Lombardo

A pocos días de la huelga general convocada para el 14 de junio en Brasil, la investigadora señala las condiciones que llevaron a Bolsonaro al poder y su dificultad para sostenerlas.

 

Mientras Jair Bolsonaro disfrutaba de una cena romántica con su esposa en el emblemático “Señor Tango”, los ciudadanos del gigante sudamericano se mantenían en estado de alerta, a días de haberse manifestado masivamente contra los recortes en educación y en defensa de las jubilaciones, vulneradas por una inminente reforma que aparentemente no será resistida en la arena parlamentaria. Las expectativas de gran parte de la sociedad y de la oposición al actual gobierno de Brasil están puestas en la huelga general (greve geral) anunciada por las centrales sindicales para el próximo 14 de junio, que busca generar un efecto demostración volcando a las calles una multitud similar a la que adhirió a la huelga de abril de 2017, durante el gobierno de Michel Temer. La semana pasada confirmaron su adhesión a la medida las centrales del transporte y de la educación pública, entre otras.

En su visita a Buenos Aires invitada por el Iade, Rosa Marques, profesora de la Pontificia Universidad Católica de San Pablo, dialogó con PáginaI12 sobre las condiciones de posibilidad que llevaron a Bolsonaro a la presidencia de Brasil y acerca de los peligros para la democracia que implica el creciente autoritarismo de su gobierno.

 

–¿Cómo pudo ganar las elecciones en Brasil un candidato como Jair Bolsonaro, que se presenta como un outsider, aunque viene desde adentro de la estructura partidaria? 

 

–Hubo un proceso de desgaste interno muy grande en Brasil. Tuvimos tres años de un gobierno pequeño, el de Michel Temer, con fuertes cambios en las políticas sociales y de distribución de ingresos que, al mismo tiempo, apoyó fuertemente a algunas empresas “campeonas”. Se creó un vacío con Lula preso, un descontento muy grande en una parte de la población. Bolsonaro catalizó esa situación siendo, efectivamente, un “outsider” que estuvo durante dieciocho años en el Parlamento pero perteneció al “bajo clero”. No convive con las clases dominantes, es un “bandido”, aunque sí haya logrado ubicarse entre las milicias.

 

–¿Qué rol jugó el votante de clase media en el resultado de las elecciones? 

 

–La clase media poco a poco fue mostrando su descontento en sucesivas elecciones. Al observar el mapa electoral, notamos que Bolsonaro obtuvo más votos en los estados de ingresos medios y altos que no soportan que se hayan desestructurado las bases de la sociedad brasileña, que siempre ha sido desigual y racista. Desde fines de los ochenta, en Brasil los cambios estuvieron asociados a la democracia y a la posibilidad de convivir con el diferente. Cuando llegaron Lula y Dilma, este cambio estaba en alza. En ese contexto político cultural, los gobiernos del PT aprobaron leyes que beneficiaban a esas minorías. Y buena parte de la clase media no lo soportó. La gente puede ser muy buena, pero cuando una empleada doméstica tiene un hijo en la universidad y tu hijo no entró, se genera un resentimiento. Actualmente, en la universidad hay dos tipos de cupos: uno es para los negros y otro, para sectores de bajos ingresos que estudiaron en escuelas públicas.

 

–En las últimas semanas se han observado muchas movilizaciones en rechazo al recorte en educación y, en general, al ajuste que pretende implementar el gobierno de Bolsonaro. ¿Qué impacto cree que puedan tener esas manifestaciones en vistas de la nueva huelga general convocada para el 14 de junio? 

 

–La educación es el sector que sufrió los mayores niveles de ajuste, lo cual afecta la situación de los estudiantes y de los profesores. Espero que esas movilizaciones hayan sido un paso importante para la huelga general del 14 de junio. Creo que la huelga tendrá un impacto político importante, pero, al mismo tiempo, tenemos que esperar para ver si las centrales sindicales cierran filas con los partidos de la oposición. Se está dando el primer paso para esa construcción y, en ese sentido, que la gente salga a la calle es muy significativo.  

 

–¿En qué sentido las políticas educativas del PT afectaron a la clase media? 

 

–En la dimensión subjetiva. La clase media pensaba que había perdido ingresos, lo cual no es verdad. Lo que ocurrió es que crecieron los ingresos de los sectores más bajos y se acercaron a los de la clase media. La reducción de la brecha en materia de ingresos se dio entre la clase baja y la clase media, pero los verdaderamente ricos, como dice Lula, nunca ganaron tanto.

 

–¿Los verdaderamente ricos apoyaron al PT? 

 

–En un primer momento, sí. 

 

–¿Y por qué se perdió ese apoyo? 

 

–La pérdida de apoyo comenzó después de 2008. En primer lugar, producto de la crisis internacional, que inicialmente no afectó mucho la economía brasileña, aunque después sí tuvo un impacto negativo. Y en segundo lugar, por la baja en el precio de los commodities. Dilma hizo algo que Lula nunca había pensado hacer: bajar la tasa de interés en una economía donde el sector financiero está imbricado con la industria, por lo que comenzaron a aflorar las contradicciones. La situación internacional era mala, encima cayó el comercio internacional y, por ende, la exportación de las commodities, que, además, disminuyeron su precio. Bolsonaro inició su campaña para presidente hacia 2014, muy cerca de las elecciones de ese año. 

 

–Bolsonaro inició su campaña en el momento en que las movilizaciones en Brasil –iniciadas como una crítica al aumento del boleto– fueron cooptadas por grupos de derecha, como el Movimiento Brasil Libre. ¿En qué medida esa derechización de las protestas contribuyó para concretar la destitución de Dilma Roussef?  

 

–Es imposible pensar ambas dinámicas en forma separada. El proceso empezó en 2013, como algo contradictorio, y terminó de otra manera. El gobierno de Dilma intentó aumentar el control sobre la economía. En Brasil hubo una gran ola privatizadora que comenzó con Fernando Collor, pero las mayores privatizaciones las hizo Fernando Henrique Cardoso. Hay quienes sostienen que Lula las continuó, pero fue algo muy chico. Muchos recursos siguen siendo estatales, como Petrobras, el Banco do Brasil, Caixa Económica, Electrobras. Las privatizaciones, sin embargo, son un cambio de propiedad, que no necesariamente transforman la relación entre capital y trabajo. 

 

–No es lo mismo Petrobras en manos del Estado que en manos privadas y extranjeras.

 

–Es cierto, pero el Estado brasileño es fuerte, incluso así. El tema es que tanto los industriales como la clase dominante en general, interna y externa, pedían una reforma laboral. Brasil, como otros países de América del Sur, tiene una fuerza laboral muy despareja: una parte está formalizada y la otra, completamente precarizada. Con Lula, el mercado formal aumentó como nunca antes, sobre todo en los sectores de bajos ingresos. 

 

–¿Ese aumento se debió a la valorización del salario mínimo o fue producto de otro tipo de regulaciones?

–No solo de la valorización del salario, la formalización también trajo beneficios en términos de protección social y de otros derechos. Precisamente, el problema para la industria y para el capital extranjero eran los trabajadores que estaban en la formalidad, porque tenía un salario comparativamente alto. Temer, incluso antes que Bolsonaro, cambió esa situación en el mercado de trabajo.

–¿Cuáles fueron los principales cambios que hizo Temer en el ámbito laboral?

–Lo más importante es que cambió la relación entre patrón y trabajador. La empresa puede proponer un acuerdo que estará por encima de lo que marca la ley y, con eso, se abre una variedad de formas de contratación. 

–¿Qué continuidad dio Bolsonaro a esas iniciativas de precarización laboral?

 

–La precarización laboral ya era un hecho, no era necesario nada más. Bolsonaro hizo cambios en la política de salario mínimo. Dilma aplicaba una fórmula de valorización del salario que incluía la inflación pasada y el aumento de la productividad. Durante los dos gobiernos de Lula y el primero de Dilma, esa valorización llegó al 74 %. El segundo gobierno de Dilma fue muy diferente.

 

–Con el triunfo de Bolsonaro, el resultado de las elecciones en Brasil significó una recomposición en el Congreso y en la propia conformación de los partidos tradicionales. ¿Qué efectos tuvo esa reconfiguración en términos de gobernabilidad?

 

–Bolsonaro no es un político como cualquier otro, su racionalidad es distinta. Desde que se recuperó la democracia en Brasil ha habido un presidencialismo de coalición, lo que llamamos “Nueva República”. Cuando Lula ganó la elección no estaba solo, los ministerios tenían la representación de distintos partidos. Cuando Bolsonaro asumió el gobierno, conformó sus ministerios sin ninguna coalición. 

 

–El gobierno está impulsando la reestructuración de ministerios, una medida que tomó por decreto y debería aprobar el Congreso. ¿Cree que la actual composición parlamentaria permitirá su aprobación? 

 

–Las medidas provisorias son un problema porque el gobierno es muy diferente, casi diría “loco”. Sin embargo, las instituciones no cambiaron, hay un Congreso y hay jueces, aunque los jueces se compren. Por eso es que no puede haber decretos-ley como durante la dictadura. Las medidas provisorias, en algún momento, deben pasar por el Congreso. Con estas elecciones, desaparecieron partidos tradicionales como el de Fernando Henrique Cardoso. Eso no garantiza que todo marche bien para Bolsonaro, tampoco significa necesariamente una derrota para él. La pregunta que uno se puede hacer es: ¿envía todo al Congreso para que pase algo de ese paquete? ¿Cuál es el verdadero objetivo? El Congreso está funcionando y hay una oposición parlamentaria. Hay una tendencia al autoritarismo en Bolsonaro, pero tampoco es que haya cerrado el Congreso. De todas formas, hay propuestas del gobierno que van a pasar más fácilmente, como la reforma jubilatoria, que consiste en aumentar la edad para jubilarse y los años de aportes. La propuesta de un sistema de capitalización puede venir después, no es lo más importante en este momento.

 

–Se empiezan a ver algunos desacuerdos entre los sectores militares y el sector que responde a Olavo de Carvalho. ¿Cree que eso repercutirá en la relación del propio Bolsonaro con los militares?

 

–Olavo es su ideólogo. Donde los militares están más presentes es en el Ministerio de Educación. Hubo un cambio de ministro y se dio un conflicto entre los militares y los olavistas. Yo tengo una interpretación maquiavélica: un tiempo antes, Bolsonaro había hablado en la conmemoración de un acontecimiento militar, el alzamiento del 31 de marzo de 1964. Hubo un gran rechazo de la oposición, principalmente de la izquierda. Muchos periodistas hipotetizaron que esa había sido una movida para que se manifestara el conflicto.

 

–La previsión de crecimiento que había para este año se revirtió. Ahora estaría cerca del 1 por ciento o incluso menos, lo que continuaría con el ciclo recesivo de Brasil. ¿Qué factores o decisiones de este gobierno contribuyen a esa tendencia? 

 

–El nivel de desempleo en Brasil es casi del 13 por ciento, lo que equivale a 13 millones de desempleados. Es una situación grave. Más aun cuando en ese porcentaje no se incluyen las personas que ya no buscan empleo o que trabajan esporádicamente. La tasa de inversión está en el nivel más bajo y la capacidad ociosa es muy alta. Había instituciones financieras estatales orientadas a otorgar crédito al sector industrial. Por eso la inversión estatal fue siempre muy importante, pero ha venido disminuyendo hasta casi desaparecer. Cuando la economía empezó a mostrar problemas más graves, durante el gobierno de Temer, hubo un cambio en el régimen fiscal, permitido por enmienda constitucional, para controlar el nivel del gasto del gobierno federal. En diciembre de 2016, Temer anunció la intención de volver al superávit para garantizar el pago de la deuda estatal, que es mayormente interna. 

 

–¿Eso empeoró el rendimiento de la economía en Brasil? 

 

–El primer presupuesto que no cambió respecto del año anterior fue el de 2017, al año siguiente el aumento fue solo nominal, pero no varió en términos reales. Cuando Bolsonaro inició su gobierno las expectativas eran distintas, pero ahora, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial sostienen que el crecimiento será casi nulo. Y la crisis argentina también afecta a Brasil. En este escenario, la perspectiva de crecimiento es revisada todos los días. Incluso hay pronósticos de crecimiento negativo, con lo cual la recaudación impositiva cae y, por eso, se aplica un procedimiento de contingencia para suspender la ejecución del gasto hasta que se alcance el nivel necesario de ingresos fiscales. En algunos estados las consecuencias de la recesión son muy graves, a tal punto que hay demoras en el pago de los salarios. Es una situación de quiebra. El gobierno federal ayudó un poco a paliar la situación, pero se trata de una situación dramática generalizada. 

 

–¿Cuál es el sector de la economía más afectado por la crisis argentina? 

 

–Principalmente, la industria automotriz. 

 

–En la agenda bilateral, el aspecto importante tanto para Macri como para Bolsonaro es avanzar en los acuerdos con la Unión Europea. De hecho, ya se habían iniciado conversaciones entre ambos gobiernos antes de la visita de Bolsonaro a la Argentina. En el estado actual del Mercosur, ¿cómo se encara una negociación comercial con la Unión Europea?

 

–Bolsonaro tiene una posición ideológica clara e inocultable: no quiere saber nada con América latina y, particularmente, con países como Venezuela. En el mismo sentido, el gobierno brasilero cambió la relación con Estados Unidos. Sinceramente, no sé si un acuerdo con la Unión Europea pueda prosperar. Hay mucha retórica, pero no estoy segura de que haya condiciones para que esa iniciativa se concrete.  

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Mike Pompeo coloca en crisis a la oposición y desmonta el Plan Guaidó

Diversas son las reacciones de la dirigencia antichavista sobre las declaraciones del jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, filtradas por The Washington Post hace pocos días. Lo que pareciera un descuido comunicacional pudiese ser, en realidad, una operación de distanciamiento del tren gerencial plutocrático que comanda la Casa Blanca para, como en otras ocasiones, hacer giros en su agenda y descartar a los decadentes operadores actuales.

El desmontaje de plataformas antichavistas en Venezuela por parte de las administraciones estadounidenses ha tenido distintos momentos, ya ocurrió con la Coordinadora Democrática a comienzos de este siglo y más recientemente con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Las tensiones intestinas de las distintas expresiones del antichavismo salieron a relucir, lo que además de confirmar las palabras de Pompeo, da una oportunidad para que cada quien ataque o defienda al grupo operador de turno: Voluntad Popular.

¿Derrota declarada?

El representante especial de la administración Trump para Venezuela, Elliott Abrams, recomendó al chavismo que regresara al Parlamento y que consensuara con la oposición una transición que desemboque en elecciones, declaración que indica un cambio en el lenguaje y la renuncia de una salida abrupta de la crisis política.

Aquello de «todas las opciones» pareciera descartado debido a que las amenazas van en otro tono, en tanto buscan intensificar las sanciones, generar descontento y abrir un escenario electoral para inducir un resultado como el de las legislativas de 2015.

De esta manera Abrams admite que el golpe para derrocar al gobierno nacional ha fracasado, que no pueden visualizar un futuro inmediato
sin el chavismo como parte de la cultura política del país y que el Estado profundo que realmente lleva las riendas de los Estados Unidos
ve con excesivo riesgo la intervención militar.

La vía de tomar el poder por asalto en medio de la conmoción social tiende a extinguirse mientras el antichavismo ya reconoce que los diálogos en Oslo, Noruega, son vinculantes en su actuar. Con el interés de ocultar sus fracturas, el politólogo antichavista, Luis Salamanca, manifestó que el gobierno estadounidense está optando por presentar una estrategia contra el gobierno constitucional de Venezuela desde distintos frentes, con todas las opciones sobre la mesa, al igual que la del «mandatario interino», que no descartó la vía del dialogo en Noruega.

«La estrategia de Guaidó va de la mano con la de Estados Unidos, no veo contradicción. Tiene que luchar en todos los frentes y eso es lo que está haciendo Guaidó en el frente electoral, el internacional, de negociación y militar», agregó sin nombrar el frente económico.

Opiniones divergentes como el antichavismo

Uno de los personajes que emitió opinión fue el excandidato presidencial Henri Falcón, quien coincidió el pasado jueves con las declaraciones de Pompeo sobre la clase política antichavista venezolana. «Pompeo dijo la verdad, Confirmó lo que hemos criticado en la oposición», escribió Falcón en sus redes sociales.

Agregó el dirigente del partido Avanzada Progresista:»Hacemos un llamado a reflexionar sobre el exhorto de Pompeo, y verlo como una crítica constructiva para propiciar desde ya, una profunda revisión de la actual estrategia opositora, que ha fallado para salir de este mal gobierno».

Por su parte, Andrés Velásquez, otro excandidato presidencial originario de la izquierda y dirigente político de la Causa R, respaldó las declaraciones brindadas por el secretario de Estado de Estados Unidos, manifestando: «Lo que afirma Pompeo no es novedad. Creo que se queda corto, además de la oposición hay que contar también los que aspiran en el Psuv, en el exchavismo, los del partido militar, los que quieren cohabitar, evangélicos y afines».

Contrario a estas declaraciones, Salamanca y los diputados Williams Dávila, de Acción Democrática, y Luis Lippa, de Primero Justicia, declararon que, pese a las discrepancias internas, la dirigencia antichavista ha respaldado a Guaidó y que existe una convergencia entre los partidos políticos en un objetivo común: la salida (forzada) del presidente Maduro del poder.

Al respecto Salamanca declaró que la MUD murió, aunque nadie haya oficializado su muerte y dijo que, con sus declaraciones, Pompeo «no trata de debilitar a la oposición venezolana, sino enviarle un mensaje para que se entienda por encima de las diferencias». Agregó que Guaidó ha logrado «la convergencia en torno a la estrategia que planteó para hacer cesar la usurpación e ir a elecciones democráticas».

Además manifestó que «la única fuerza que tiene la oposición unida es fuerza electoral, no tiene fuerza militar, no tiene capacidad de noquear. Maduro cerró la vía electoral democrática porque sabe que pierde y ese es el único fuerte de la oposición», sin especificar respecto al llamado a elecciones legislativas que Maduro viene realizando las últimas semanas.

Lippa, por su parte, declaró que no volverán a la antipolítica que en el pasado ocasionó que «el régimen chavista» se asentara en el poder mientras Dávila indicaba que «lo importante es fortalecer la unidad, que los partidos se fortalezcan y fortalecer a Guaidó, que es el líder que tenemos».
Guaidó hace control de daños: «Eso es democracia»

Por su parte, y en respuesta a Pompeo, el mismo Guaidó ratificó el mismo jueves que el antichavismo se mantiene unido «en el deseo» de lograr la salida de Nicolás Maduro del poder. «Estamos unidos en el deseo y la necesidad de deshacernos de Maduro», dijo en una entrevista concedida a Bloomberg. «Si 40 personas quieren competir por la presidencia, son bienvenidas. Eso es democracia», agregó.

Además insistió en la permanencia de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos luego de considerar que cualquier levantamiento solo «normalizaría» la crisis. Estas medidas han constituido una suerte de extorsión contra la población venezolana, aunque supuestamente afectan solamente altos funcionarios del chavismo, han impactado negativamente sobre la economía en general y la vida de la gente.

De pronto ha vuelto el discurso electoral al discurso antichavista a la par que desapareció el distanciamiento y negación de las conversaciones en Oslo. Al parecer han cambiado la seña desde la sede del Estado profundo transnacional que gobierna en Estados Unidos, es decir el American Enterprise Institute (AEI).

De allí provienen personajes de la administración Trump como el asesor de seguridad nacional y uno de los principales actores en la agresiva política contra Venezuela, John Bolton, el criminal de guerra Elliott Abrams, quien ha sido presentado regularmente en las cumbres de la AEI y como invitado en sus paneles y podcasts; el vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado Mike Pompeo, quienes fueron invitados a una reunión «secreta» de la AEI a principios de marzo.

Pareciera que el antichavismo se enfila hacia la opción electoral teniendo como punta de lanza el chirrido de la economía nacional, el plan Guaidó naufraga y Pompeo hace girar la agenda para reducir la cantidad de empleados directos de la Casa Blanca.

10 junio 2019

(Tomado de Misión Verdad)

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Cambio climático y extinción del pensamiento

Sobrevivir a la crisis climática no es un objetivo irrealizable por naturaleza. Lo que se necesita no es un desarrollo sostenible, sino una "retirada sostenible"

La situación del planeta lo está empujando al centro de la mente humana. Para un número cada vez mayor de personas, el cambio climático es un hecho tangible. Las comunidades isleñas y las ciudades costeras sufren los efectos del aumento del nivel del mar, y todos somos testigos de los fenómenos meteorológicos extremos y el dislocamiento de las estaciones. Los políticos moderados han reconocido que se ha hecho urgente alguna clase de acción más radical que cualquiera de las emprendidas hasta el momento. Todo el mundo, excepto los negacionistas más contumaces, se da cuenta de que, en el mundo que los seres humanos han habitado a lo largo de su historia, está teniendo lugar un cambio sin precedentes.
Al mismo tiempo, como escribió Eliot en Cuatro cuartetos, la humanidad no puede soportar mucha realidad, y pensar en el tema resulta cada vez más ilusorio. El cambio, efecto colateral de la industrialización mundial basada en los combustibles fósiles, ha sido desencadenado por los seres humanos. Esto no significa que ellos mismos puedan pararlo. Como han señalado los climatólogos, el calentamiento global se prolongará cientos o miles de años después de que sus causas próximas hayan cesado. El rigor de las exigencias de Extinction Rebellion —unas emisiones netas de CO2 iguales a cero para Reino Unido en 2025, por ejemplo— las convierte en imposibles. Pero incluso si se pudiesen poner en práctica, no tendrían excesiva repercusión sobre las emisiones de gases de efecto invernadero ni evitarían una alteración del clima que ya forma parte inseparable del sistema. Los actuales movimientos ecologistas son expresión de un pensamiento mágico, intentos de ignorar la realidad o evadirse de ella, más que de entenderla y adaptarse.


Una de las realidades que el ideario ecologista pasa por alto es la geopolítica. Pensemos en la idea, tan de moda, de que el mundo —o, por lo menos, el Occidente capitalista— debería dejar de utilizar combustibles fósiles. Desde el punto de vista medioambiental sería algo altamente deseable aunque no detuviese el cambio climático ni las perturbaciones que lo acompañan. Desde el punto de vista geopolítico, la receta provocaría turbulencias en todo el mundo. Algunos de los Estados más importantes necesitan estos combustibles para su existencia. El reino de Arabia Saudí se hundiría sin los ingresos que recibe del mercado del petróleo. Las rentas nacionales de Irán y Rusia dependen en gran medida de que el crudo sea caro. Para todos ellos, el final repentino del consumo de hidrocarburos supondría un descenso brutal del nivel de vida, así como una fractura política a gran escala. Tanto mejor, dirán los ecologistas. No son regímenes demasiado deseables.


Pero sería una estupidez suponer que lo que surgiría a continuación sería mejor. El reino saudí se fragmentaría o sería sustituido por un régimen islamista más radical. Una Rusia empobrecida podría ser más belicosa y temeraria en su política exterior y de defensa. Con Irán privado de los ingresos del petróleo y sin perspectivas de seguir obteniendo beneficios, habría menos, no más posibilidades de un giro democrático en el país. La probabilidad de éxito de los cambios de régimen inducidos por las políticas ecologistas no es mayor que la de los cambios de régimen impuestos por la fuerza militar.


Otra realidad obviada por el pensamiento ecologista es la historia del siglo XX. Las protestas contra el cambio climático, como Extinction Rebellion, son hijas de los movimientos antiglobalización de hace más o menos una década, y al igual que estos, creen que el capitalismo occidental contemporáneo es defectuoso y se dirige hacia el desguace de la historia. En eso tienen razón. El mercado libre mundial ha sido siempre una entelequia, y la estructura tambaleante de los precios de los activos financiados a base de endeudamiento y de las crecientes rivalidades comerciales es frágil. Otra crisis crediticia como la de 2007-2008 probablemente la haría pedazos.


Esto no quiere decir que una economía socialista fuese más beneficiosa para el medio ambiente. Las peores catástrofes ecológicas del siglo pasado sucedieron en la antigua Unión Soviética y en la China maoísta, en las que —bajo la influencia de la ideología marxista, según la cual el mundo natural tiene que ser "humanizado"— la naturaleza sufrió un menoscabo y una degradación peores que en cualquier país occidental.


Las agresiones al medio ambiente incluyen una de las extinciones masivas de otras especies animales más rápidas de la historia. Hace 50 años, alrededor de 180.000 ballenas desaparecieron de las aguas que circundaban la Unión Soviética. En una muestra extraordinaria de vandalismo medioambiental, la industria ballenera soviética acababa con estos mamíferos con la simple finalidad de cumplir los objetivos de producción fijados por los planes quinquenales. Apenas al 30% de las ballenas masacradas se les dio algún uso económico. Era normal que los barcos regresasen con animales en estado de putrefacción inservibles como alimento. Cumplir con el plan quinquenal solo dependía de cuántas se matase. Las tripulaciones que no alcanzaban la cuota eran penalizadas con descensos y despidos, mientras que las que superaban las exigencias del plan recibían gratificaciones. Aparte de los equipos que igualaban o excedían la cuota, nadie obtenía provecho de la matanza. Algunas especies de ballenas quedaron al borde de la extinción, y los efectos del sistema sobre las poblaciones de cetáceos son visibles aún hoy. (Ver Charles Homans, The most senseless environmental crime of the twentieth century [El crimen medioambiental más absurdo del siglo XX], Pacific Standard, 14 de junio de 2017).


Por supuesto, los ecologistas les dirán que quieren un sistema económico diferente de una economía socialista planificada por el Estado, pero nunca han aclarado cómo funcionaría ese nuevo sistema, y en la práctica sus exigencias se resumen en poco más que lo que ellos llaman desarrollo sostenible. El problema es que las propuestas ecologistas implican un descenso del nivel material de vida de gran número de personas, lo cual sería insostenible políticamente. El impuesto de Macron al gasoil impulsó el avance del movimiento de los chalecos amarillos en Francia, y el principal beneficiario de la promesa electoral de Hillary Clinton de clausurar la industria del carbón ha sido Donald Trump. Cuando las políticas ecologistas imponen graves costes a los pobres y a la mayoría trabajadora —como ocurre con frecuencia—, el resultado es una reacción popular.


En teoría, la solución a la crisis ambiental es lo que John Stuart Mill, en sus proféticos Principios de economía política (1848), llamó una economía del Estado estacionario, en la que el progreso técnico no se emplea para expandir la producción y el consumo, sino para aumentar el ocio y la calidad de vida. El problema es que una economía sin crecimiento es políticamente imposible. La reacción de los populismos y la agitación geopolítica darían al traste con cualquier transición a un Estado estacionario. Detrás de estos obstáculos se esconde otra realidad que se ha excluido del pensamiento actual. A pesar de todo lo que se dice del descenso de la fertilidad en buen número de países, el crecimiento de la población humana sigue siendo la causa última de la actual extinción masiva. Las especies desaparecen a gran escala porque sus hábitats están desapareciendo, y la causa principal es la expansión humana. Puede que, efectivamente, entrado el siglo el crecimiento demográfico se estabilice en torno a los 9.000 o 10.000 millones de habitantes. No obstante, la biosfera ya estará arrasada. Si entonces el número de seres humanos desciende, lo hará en un mundo terriblemente depauperado.


Es interesante observar que John Stuart Mill ya predijo este futuro en 1848, cuando concibió la idea del Estado estacionario en sus Principios de economía política. No produce “mucha satisfacción", decía, "... contemplar un mundo en el que nada se deja a la actividad espontánea de la naturaleza; en el que hasta el más minúsculo pedazo de tierra capaz de dar alimento al ser humano se ha puesto en cultivo y el último retazo de pastizal florido ha sido arado; en el que los cuadrúpedos y los pájaros no domesticados por el hombre han sido exterminados como rivales que le disputan los alimentos; cada seto y cada árbol superfluo ha sido arrancado de raíz, y apenas queda sitio en el que una flor o un arbusto silvestre puedan crecer sin ser erradicados como malas hierbas en nombre del progreso agrícola. Si la tierra debe perder la enorme parte de su placidez que debe a las cosas que el aumento ilimitado de la riqueza y la población extirparía de ella con el mero propósito de sostener a una población mayor, pero no mejor o más feliz, espero sinceramente, por el bien de la posteridad, que se contenten con estar estacionarios mucho antes de que la necesidad los obligue a ello".


Más de 170 años después no parece que nadie se contente con estar estacionario. Nada en el actual clima de pensamiento goza de tan poca popularidad como el neomalthusianismo de Mill. Es verdad que él lo vinculaba a la emancipación de la mujer, y que llegó a pasar una noche en la cárcel por el delito de distribuir panfletos a favor del control de la natalidad entre las mujeres de clase trabajadora. Sin embargo, los liberales de hoy en día lo consideran una débil excusa para lo que denuncian como la siniestra misantropía del filósofo y economista, que prefería un mundo con una población reducida y grandes superficies de territorio salvaje a otro asfixiado y desolado por miles de millones de seres humanos luchando por sobrevivir.
Aquí es donde la crisis de la extinción asoma en el horizonte. La economía industrial no aceptará los límites al crecimiento porque la civilización a la que sirve ha rechazado cualquier restricción a su capacidad de logro. Según la mentalidad actual, el hecho de que un objetivo sea imposible de alcanzar no es motivo para no intentarlo. Más bien todo lo contrario. Los sueños imposibles —nos dicen innumerables predicadores laicos— hacen a los seres humanos únicos y especiales. En esta religión moderna, aceptar cualquier límite último al poder humano es el peor de los pecados. En consecuencia, el pensamiento mágico —que descansa sobre la creencia en la omnipotencia de la voluntad humana— es obligatorio.


Sobrevivir a la crisis climática no es un objetivo irrealizable por naturaleza. Lo que se necesita no es un desarrollo sostenible, sino algo más parecido a lo que James Lovelock, en su obra A Rough Ride to the Future [Una dura carrera hacia el futuro] (2014), denominaba una "retirada sostenible". Utilizando las tecnologías más avanzadas, entre ellas la energía nuclear y la solar, y abandonando la agricultura en favor de los medios sintéticos de producción de alimentos, se podría alimentar a la todavía creciente población humana sin seguir haciendo demandas aún más intolerables al planeta. La intensificación de la vida urbana podría permitir la recuperación de territorios salvajes que hubiesen quedado despoblados. Los recursos se podrían concentrar en construir defensas contra el cambio climático, que tendrá lugar hagamos lo que hagamos ahora los seres humanos. Los sueños soberbios de "salvar el planeta" se sustituirían por ideas sobre cómo adaptarnos a vivir en un planeta que nosotros mismos hemos desestabilizado. Si los seres humanos no se amoldan, el planeta los reducirá a un número menor a los condenará a la extinción.


Esta clase de programa es lo contrario de lo que proponen los ecologistas. También es profundamente incompatible con la cultura dominante. Una consecuencia de la decadencia de la religión es el declive simultáneo de la idea de que el mundo natural impone límites a la voluntad humana. En vez de verse a sí mismos como un animal entre tantos, como la especie que domina en el presente, pero que, al igual que todas las demás, no tiene asegurada su permanencia en la Tierra, los seres humanos se han crecido hasta pensar que tienen el poder sobre la naturaleza del Dios en el que ya no creen. Si Dios no hizo el mundo, la humanidad puede —y debe— rehacerlo a su imagen. Esta es la base sobre la que se asienta nuestra civilización supuestamente laica, y también la fuente última de la crisis de la extinción.


En estas circunstancias, cualquier programa fundamentado en el hecho de que los seres humanos se enfrentan a un cambio climático imposible de detener será tachado de fatalismo desesperado. Tratándose de una civilización que se enorgullece de su devoción por la ciencia, es una actitud curiosa. El propósito de la ciencia es la formulación de leyes universales independientes de las creencias y los valores humanos. Si estas leyes debilitan nuestras esperanzas y ambiciones, que así sea. Si el sentido del ejercicio es la verdad objetiva, se deben dejar de lado las emociones subjetivas. Y también la fe, ya sea religiosa o de otra clase. Si creemos a sus ideólogos, la ciencia es una indagación del mundo natural del cual el ser humano es parte consustancial. De hecho, la ciencia se ha convertido en un canal de la creencia ‒heredada del monoteísmo‒de que la humanidad puede trascender el mundo natural.
La paradoja de los movimientos ecologistas actuales es que fomentan esta religión antropocéntrica. La crisis de la extinción solo se puede mitigar reorientando nuestra mente para que aborde la realidad. El pensamiento realista, sin embargo, está prácticamente extinguido


Por John Gray, catedrático emérito de Pensamiento Europeo en la London School of Economics. 

8 JUN 2019 - 17:00 COT 
Traducción de News Clips.

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La crisis de Honduras y las responsabilidades históricas de EU
El pasado 31 de mayo, manifestantes hondureños intentaron incendiar la entrada de la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, en el marco del paro nacional convocado por la Plataforma en Defensa de la Salud y la Educación. Ese mismo día Donald Trump anunció que impondría un impuesto de 5 por ciento a los productos mexicanos, como represalia por no parar la migración centroamericana. En su cuenta de Twitter escribió: Los aranceles tienen que ver con detener las drogas e inmigrantes ilegales. Este vínculo forzado entre los dos fenómenos: migración y narcotráfico, es parte de las campañas de estigmatización y xenofobia contra migrantes que Trump ha venido promoviendo.

Las amenazas del mandatario y la ignorancia de la ciudadanía estadunidense en torno a las responsabilidades históricas de su país en la crisis económica y la violencia que se vive en Honduras, contrasta con los análisis que los familiares de migrantes desaparecidos y masacrados. Integrantes del Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos del Centro de Honduras (Cofamicenh), me explicaron de manera clara y reflexiva, cómo el golpe de Estado del 28 de junio de 2009, contra el presidente Manuel Zelaya, apoyado por el gobierno de Estados Unidos, es un antecedente fundamental para entender el presente éxodo de hondureños, ya que representó un parteaguas en la crisis de derechos humanos que desde entonces se vive en ese país. En los pasados 10 años Honduras se ha convertido en el país más peligroso del mundo para ecologistas y defensores de los derechos humanos, siendo también la tercer nación más desigual del planeta, sólo atrás de Sudáfrica y Haití. La dudosa elección presidencial de Juan Orlando Hernández, en 2014, vinculó a un importante sector del gobierno hondureño con el narcotráfico y ha profundizado las políticas económicas neoliberales que atentan contra el sistema médico y de salud, dejando a 64.5 por ciento de la población hondureña en situación de pobreza.

Pero el intervencionismo estadunidense en Honduras tiene una larga historia, desde finales del siglo XIX cuando la United Fruit Company controlaba la economía bananera de ese país, poniendo y quitando presidentes según sus intereses. Esta historia incluye también el uso de bases militares estadunidenses en territorio hondureño como centros de entrenamiento de los contrarrevolucionarios nicaragüenses, y de detención de activistas hondureños, con el objetivo de evitar el contagio revolucionario. Los organismos de derechos humanos han reportado que durante la década de los 80 hubo más de 3 mil activistas asesinados y desaparecidos. Algunos de ellos aparecieron años más tarde en fosas comunes de la base militar estadunidense en Palmerola.

Muchos de los integrantes de los cárteles que ahora controlan las rutas migratorias en México cobrando derecho de tránsito, asesinando y desapareciendo migrantes, son ex integrantes de las tropas de élite centroamericanas que fueron entrenadas en la Escuela de las Américas en Estados Unidos. Se trata de una cultura militarista de muerte que ha globalizado técnicas de tortura y pedagogías del terror que tuvieron su origen en manuales contrainsurgentes estadunidenses y que hoy son retomados por narcotraficantes como Los Zetas. Muchas de las armas usadas por el crimen organizado y las fuerzas de seguridad que se han coludido con ellos llegaron a México entre 2006 y 2011 vía Estados Unidos, en el contexto de una operación legal de venta de equipo militar conocida como Rápidos y Furiosos, que luego se perdió y fue a dar a manos equivocadas según explicación oficial de ambos gobiernos.

Si la gente de Honduras ahora cruza las fronteras en caravanas es porque la migración se ha convertido en un riesgo de vida, como lo demuestran las masacres de San Fernando 1 y 2 en 2010 y 2011, y la de Cadereyta en 2012. Estados Unidos ha contribuido a desestabilizar gobiernos democráticamente electos en Centroamérica, ha apoyado con armas y entrenamiento a la formación de una cultura de muerte que ahora es retomada por los cárteles de la droga, ha promovido a través de organismos financieros el desarrollo de reformas estructurales y políticas económicas que profundizan la pobreza y la desigualdad. Los migrantes hondureños que intentan cruzar la frontera norte, sólo quieren un trabajo digno y recuperar un poco de lo mucho que el intervencionismo estadunidense les ha quitado.

 

*Investigadora de CIESAS

En memoria de las víctimas de Caderyta y en solidaridad con sus familias

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Más de cuatro millones de migrantes venezolanos

Según la ONU, es una de las poblaciones desplazadas más grandes del mundo

 La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas (Acnur) anunciaron ayer que el número de venezolanos que abandonaron su país por la crisis superó la barrera de los cuatro millones, por lo que se convirtieron en uno de los grupos de poblaciones desplazadas más grandes del mundo.


“El ritmo de salidas de Venezuela ha sido asombroso. Unos 695.000 a finales de 2015, la cantidad de refugiados y migrantes de Venezuela se disparó a más de 4 millones a mediados de 2019, y desde el 1 de enero de 2016 el ritmo se aceleró y se mantiene en la actualidad”, señalaron la OIM y Acnur en una declaración. En solo siete meses, contados desde noviembre de 2018, el número de refugiados y migrantes venezolanos aumentó en un millón, según datos de las autoridades nacionales y de otras fuentes creíbles utilizados por ambos organismos de la ONU.


Venezuela atraviesa una profunda crisis económica, agravada por la escasez de comida, medicinas y otros bienes básicos, mientras se mantiene una puja de poder entre el presidente Nicolás Maduro y el líder opositor Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino reconocido por más de 50 países, entre ellos Estados Unidos.


La actriz estadounidense y embajadora de buena voluntad de la ACNUR Angelina Jolie viajará hoy a la región colombiana fronteriza con Venezuela “para evaluar la respuesta humanitaria al éxodo”, dijo la agencia.


La gran mayoría de venezolanos se han trasladado a otros países de la región, como Colombia, que recibió a 1,3 millones de ellos, seguido de Perú, con 768.000; Chile con 288.000; Ecuador con 263.000; Argentina con 130.000; y Brasil con 168.000.


“Estas cifras son alarmantes y resaltan la necesidad urgente de apoyar a las comunidades de acogida en los países receptores”, comentó el representante especial de Acnur-OIM para refugiados y migrantes venezolanos, Eduardo Stein. Citado en la declaración, Stein alabó a los países de América Latina y el Caribe “por estar haciendo su parte para responder a esta crisis sin precedentes”, pero agregó que no pueden seguir haciéndolo solos, sin ayuda internacional.


Ambos organismos están intentando prestar parte de ese apoyo mediante un plan regional lanzado el pasado diciembre y que les permitiría asistir a 2,2 millones de venezolanos en los países receptores y a 580.000 personas en comunidades de acogida en 16 países. El gran problema con el que se han topado es la escasa financiación que ha recibido ese plan, cuyo presupuesto actualmente solo está cubierto en un 21 por ciento.


Maduro anunció ayer que se firmarán nuevos acuerdos para incrementar el apoyo técnico humanitario en materia de salud, entre el Ministerio del Poder Popular para la Salud y la Federación Internacional de la Cruz Roja Internacional y la Media Luna Roja, informó la cadena Telesur.


“La verdadera ayuda humanitaria está llegando a Venezuela de la mano de China, India, Rusia, Turquía. ¡Han llegado cientos de toneladas de medicinas!”, dijo el presidente durante una jornada de trabajo con el sector salud, en el Palacio de Miraflores.

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Eco(in)movilismo. Movilidad urbana e inmovilismo cultural

Ante la catástrofe ecológica es necesario dar vida a un cambio cultural profundo a través del decrecimiento. A nivel de movilidad urbana el vehículo eléctrico representa la defensa del dogma del crecimiento económico ilimitado. 

 

André Gorz ya lo escribió en 1974: «La ecología es como el sufragio universal y el descanso dominical: en un primer momento, todos los burgueses y todos los partidarios del orden os dicen que queréis su ruina, y el triunfo de la anarquía y el oscurantismo. Después, cuando las circunstancias y la presión popular se hacen irresistibles, os conceden lo que ayer os negaban y, fundamentalmente, no cambia nada». Cuarenta y cinco años más tarde, fundamentalmente, no ha cambiado nada. Ni las cumbres del clima (de Berlín a Katowice) ni los protocolos y acuerdos (de Kioto a París) han conseguido minar las bases de la economía neoliberal. Los partidarios del orden conceden una aparente atención hacia los problemas ambientales, sin embargo todo permanece igual. La economía neoliberal muestra formalmente interés en ocuparse de las exigencias ecológicas, en realidad absorbiéndolas en su lógica.


Así que se propone solucionar la catástrofe climática con propuestas que siguen alimentando la economía del crecimiento, sin descarrilamientos. En el ámbito de la movilidad urbana, por ejemplo, el coche eléctrico se convierte en el elemento perfecto para conceder lo que ayer os negaban para que, fundamentalmente, no cambie nada. Se añade el prefijo eco- a una producción que sigue generando beneficio y destruyendo el planeta. La anarquía no ha triunfado.


Resulta evidente, sin necesidad de ser un experto, que la implementación de un sistema de transporte metropolitano que apuesta por el vehículo privado motorizado no cambiaría sustancialmente la situación. Por un lado se traslada el problema de los combustibles fósiles a la fuente de producción de la energía necesaria para alimentar los coches, que para reducir las emisiones de CO² tendría que ser energía verde. Por otro lado el proceso de producción de los vehículos eléctricos —la energía utilizada, los materiales y las consiguientes emisiones de gases de efecto invernadero— tiene un importante impacto ambiental, debido en gran parte a la producción de las baterías, que requieren minerales y metales altamente contaminantes (nickel, plomo y cobre). En cuanto a la contaminación atmosférica, no se eliminarían las micropartículas generadas por el desgaste de frenos, embragues, neumáticos y asfalto, que representan una fuente importante de contaminación (PM10). Además, el tráfico sería el mismo, así como el espacio robado al caminante, a las exigencias de juego de los niños, a la vida comunitaria, a la naturaleza, a la agricultura urbana, a los trazados urbanos irregulares que generan perspectivas nuevas. Las muertes por accidentes de tráfico no variarían. Desde luego tampoco los beneficios de la industria automovilística disminuirían, así como su omnipresencia en la vida urbana, su concentración de poder, su injerencia en los asuntos políticos. Sería un ecoinmovilismo.


Cuestionar el dogma del crecimiento

 


Para enfrentarse al problema vital representado por la catástrofe ecológica es necesario cuestionar el dogma de nuestra economía: el crecimiento. Hasta que no se cuestione el crecimiento, por ende el capitalismo, éste seguirá destruyendo el planeta con su consumo ilimitado de la naturaleza. Cualquier medida que eluda el núcleo de la cuestión resultaría siendo un paliativo que mantiene el actual inmovilismo ante la catástrofe ecológica inminente, con la agravante de retrasar la implementación de las medidas necesarias a intentar salvar la vida en el planeta.


El decrecimiento, nacido de las reflexiones de autores como Ivan Illich y André Gorz en los años setenta —cuando la situación planetaria aún no había llegado a los peligrosos límites que estamos viviendo hoy en día—, ha alcanzado finalmente su momento de legibilidad. El decrecimiento representa hoy la única solución para un cambio cultural profundo cuya implementación es urgente.


Los problemas que estamos viviendo no son climáticos, sino económicos. Por ende las soluciones no deben ser tecnológicas, sino principalmente económicas y políticas. El verdadero cambio cultural sería producir las condiciones que permitan contradecir a André Gorz, para que la ecología no sea como el sufragio universal y el descanso dominical.


Volviendo al ámbito de la movilidad urbana, la solución no se encuentra en la tecnología, o sea la implementación del uso del coche eléctrico. La solución consiste en impulsar una cultura nueva, una cultura, como decía Colin Ward, de la libertad de circular después del fin de la dependencia del automóvil [After the motor age]. La sinergia entre un sistema de transporte público gratuito, la organización de la ciudad basada en distancias cortas y el uso del medio de transporte que mejor representa la relación pacífica y respetuosa entre seres humanos y naturaleza —la bicicleta, simple, comprensible, mensajera de una cultura nueva— sería la solución que impulsaría el movimiento de personas e ideas hacia la ciudad del decrecimiento, basada en una ética y unas prácticas nuevas en todos los ámbitos, más allá de la movilidad, reduciendo drásticamente el uso de energía.


La solución está en el cuestionamiento del capitalismo, desautorizando el consumo ilimitado y la destrucción de los equilibrios naturales, y la organización de una sociedad que ponga en el centro la vida, el ambiente, las relaciones humanas entre iguales y los bienes comunes, devolviendo las calles a las personas, al juego, a la naturaleza, al vivir y pensar en común.


Luego, si el género humano conseguirá proseguir su camino en este planeta, habría que ocuparse del sufragio universal y del descanso dominical.

 

publicado: 2019-06-08 00:26:00

Publicado enMedio Ambiente
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