Covid-19: ¿Nos matarán las dudas sobre las vacunas y el fracaso del mercado?

Para combatir el coronavirus las vacunas son la mejor salida, pero no son una solución milagrosa. La campaña de vacunación se desarrolla con mucha torpeza y hay infinidad de dudas sobre las vacunas. Mientras tanto, las cepas nuevas avanzan. ¿Ganarán las vacunas la carrera contra las nuevas cepas?

«Si las pandemias son guerras microbianas,
entonces las vacunas son nuestras armas preferidas de rescate masivo».
Tedros, director general de la OMS

El coronavirus ha causado la mayor crisis sanitaria de los últimos cien años. Ya han muerto 2,4 millones de personas y todavía sigue muriendo una persona cada seis segundos a causa del COVID-19. Las vacunas son la mejor y única salvación. Sin ellas la pandemia amenaza con cobrarse hasta 30 millones de vidas.i

Afortunadamente, las vacunas son prometedoras. Después de que la mayoría de las personas mayores de 60 años fueran vacunadas en Israel, el número de personas hospitalizadas en este grupo de edad vulnerable se redujo en un 40% en tres semanas. Y esa cifra sigue bajando.

Sin embargo, aún es demasiado pronto para declarar la victoria. No es en absoluto seguro que las vacunas puedan derrotar al COVID-19. Cada vez hay más conciencia de que no podremos erradicar el virus rápidamente, si es que lo logramos al 100%. Hay al menos tres razones para ello: el fracaso del enfoque de mercado, las limitaciones de las propias vacunas y la resistencia a la vacunación.

Fracaso del mercado

En Occidente la producción de vacunas está dominada por un puñado de gigantes farmacéuticos. Monopolizan tanto la producción como la distribución y, por tanto, determinan en gran medida el ritmo y el alcance de la vacunación en todo el mundo. Por su afán de lucro se niegan a aumentar drásticamente su producción y venden a quien más paga. También les interesa mantener esta producción totalmente en sus manos y no compartir sus conocimientos con otros posibles productores. En resumen, la escasez artificial les beneficia.

Por ello, el suministro en los países ricos es demasiado lento. Pero, aún peor, hay muy pocas vacunas para los países del Sur. Los países ricos, que representan el 16% de la población mundial, han comprado hasta el 60% de todas las vacunas. Actualmente el 85% de los países aún no han administrado la primera vacuna. No es fácil predecirlo, pero es probable que muchas personas de los países pobres tengan que esperar hasta 2023 o 2024.ii

Esto último no es sólo un problema para los países del Sur. Dado que el virus no conoce fronteras y que vivimos en un mundo altamente conectado, la pandemia no será derrotada en ningún lugar hasta que lo esté en todas partes. O en palabras de Tedros, el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS): «Para el virus, todos somos un solo rebaño. Para vencerlo, debemos actuar como una sola comunidad».

El jefe de la OMS tiene claro que este enfoque de mercado ha fracasado por completo y que estamos perdiendo la carrera contra el tiempo: «Los mecanismos de mercado son insuficientes por sí solos para detener la pandemia mediante la inmunidad de grupos vacunados. La oferta limitada y la demanda abrumadora crean ganadores y perdedores. Ninguna de las dos cosas es moral o médicamente aceptable durante una pandemia».

Para superar la escasez artificial, aumentar la producción de vacunas y ampliar su distribución Tedros propone intercambiar la tecnología de producción de vacunas, la propiedad intelectual y los conocimientos técnicos a través del Fondo Común de acceso a la Tecnología COVID-19, levantar temporalmente las patentes y permitir y ampliar la colaboración entre los fabricantes.

Según Tedros, hay que acabar con la omnipotencia de los gigantes farmacéuticos: «La comunidad internacional no puede permitir que un puñado de actores dicte los términos o el calendario para acabar con la pandemia». La Comisión Europea sin embargo, sigue insistiendo en seguir el mismo rumbo y dejar que manden las grandes farmacéuticas. Los partidos conservadores, socialdemócratas y liberales están todos de acuerdo. En los momentos de crisis suelen caer las máscaras y este caso no es diferente.

Las vacunas no son la panacea

Las vacunas funcionan muy bien para prevenir los síntomas graves del COVID-19 que llevan a la hospitalización o la muerte. Pero aún no se sabe si también detienen la capacidad infecciosa del virus propiamente dicha ni en qué medida. Es de suponer que reducirán la capacidad infecciosa, pero no la detendrán del todo. Por ejemplo, la vacuna de AstraZeneca podría reducir la transmisión en casi dos tercios. Sin embargo, pasarán meses antes de que se dé una respuesta definitiva a esta importante cuestión.

Esta cuestión ha cobrado aún más importancia con las nuevas cepas. Porque esas parecen ser hasta un 50% más contagiosas. Además, podrían ser incluso más mortales. Por ejemplo, la cepa británica podría causar un 30% más de muertes. En cualquier caso, un pequeño aumento de la letalidad podría tener un efecto catastrófico.

También es cuestionable si las vacunas actuales protegen contra las nuevas cepas y en qué medida. Investigaciones recientes demuestran que las nuevas mutaciones pueden provocar resistencia a las vacunas. Se ha descubierto que al menos cuatro vacunasiii ofrecen menos protección contra la cepa sudafricana, que ya ha aparecido en 30 países. En el caso de Novavax y Janssen se habla de una reducción del 60%. También en el caso de la cepa brasileña hay cada vez más pruebas de que algunas vacunas detienen menos el virus.

Igual de preocupante es que las nuevas variantes también pueden exponer a las personas al riesgo de una segunda infección.iv

Todo esto podría significar que no llegaremos a ninguna parte con una ronda única de vacunas y que, como con la vacuna de la gripe, en el futuro tendremos que administrar una nueva vacuna a intervalos regulares a medida que surjan nuevas variantes peligrosas. A la luz de la torpeza y la lentitud de la campaña actual, no es una idea alentador. Para los gigantes farmacéuticos, en cambio, algo así suena a música celestial: cada ronda de vacunas tiene un valor de varias decenas de miles de millones de dólares. ¡Dinero, dinero!.

El peligro del escepticismo respecto a las vacunas

Una tercera razón por la que corremos el riesgo de no poder erradicar nunca el virus por completo es si una parte importante de la población decide no vacunarse. El grado de disponibilidad a la vacuna varía mucho de un país a otro y también varía con el tiempo. Entre agosto del año pasado y enero de este año el porcentaje de personas dispuestas a vacunarse cayó entre 10 y 20 puntos porcentuales en muchos países, a pesar de los prometedores resultados de las vacunas.

Las dudas sobre las vacunas tiene muchas causas. Una vacuna introduce en el cuerpo una sustancia cuyos mecanismos de acción no siempre se comprenden del todo. Eso asusta a la gente. Gran parte de las dudas sobre las vacunas también provienen de la falta de confianza en el establishment. La forma de lidiar contra el COVID-19 fue y es en la mayoría de los países occidentales desastrosa: a pesar de los meses de (semi)cofinamientos, la cantidad de muertos por habitante es decenas de veces mayor que en la mayoría de los países asiáticos, que además pudieron volver a la vida normal muy rápidamente. Esta forma lamentable de actuar no ha hecho más que aumentar la falta de confianza, que ya es muy alta, en los gobiernos. A ello se suma la actitud descarada de los gigantes farmacéuticos.

Las dudas sobre las vacunas y las teorías conspirativas se extienden más fácilmente cuando la gente pierde la fe en el sistema. Las dudas también se avivan desde sectores de la derecha y la extrema derecha, y se difunden profusamente a través de las redes sociales. En la difusión de la desinformación suele haber también motivos económicos,v así que habrá que estar atentos.

Sea como fuere, con las nuevas cepas se necesita una inmunidad de grupo de alrededor del 80% para ganar al virus. Sólo un puñado de países llega actualmente a un 80% de la voluntad de vacunarse.vi La mayoría de los países están muy por debajo de esa cifra, que podría descender aún más en los próximos meses porque los jóvenes se sienten menos amenazados y, por lo tanto, pueden estar menos dispuestos a vacunarse cuando les toque.

Si nos quedamos por debajo del umbral del 80%, eso podría costar muchas vidas, tanto entre las personas dudosas como entre las demás. El reto de superar las dudas sobre las vacunas será al menos tan grande como el de distribuirlas a tiempo a todo el mundo. Y erradicar esa duda no es fácil. The Economistlo formula así: «El miedo y la incertidumbre son más fáciles de alimentar que la confianza y la pasividad es más fácil de fomentar que de actuar». Y restaurar la confianza en los gobiernos, por no hablar de los gigantes farmacéuticos, requerirá un serio cambio de rumbo.

Una prueba de estrés dura como una roca

La combinación de las deficiencias del mercado, las limitaciones de las vacunas actuales, la aparición de nuevas variantes, las dudas sobre las vacunas y el hecho de que los jóvenes menores de 18 años aún no estén vacunados significa que quizá nunca alcancemos la inmunidad de grupo. No obstante, esta inmunidad de grupo es necesaria para erradicar el virus de forma permanente.

Si seguimos así, parece que el COVID-19 seguirá circulando durante años y reaparecerá regularmente, con o sin variantes peligrosas. A diferencia de muchos países asiáticos, no hemos conseguido eliminar el virus. Esa incapacidad causará cientos de miles o incluso millones de víctimas innecesarias.

La crisis del COVID-19 es una prueba de estrés inexorable para nuestro modelo de sociedad. La forma de lidiar contra el COVID-19 nos enseña mucho sobre cómo está organizada nuestra sociedad, cuáles son las prioridades, la eficacia de la política, etc. Funciona como una lupa para los problemas a los que nos enfrentamos. Esta prueba de estrés nos invita a repensar a fondo nuestro modelo de sociedad. ¿A qué esperamos? ¿Acaso preferimos seguir así?

Traducido del neerlandés por Sven Magnus

Notas:

i Calculado a partir de un estudio del equipo de respuesta del Imperial College COVID-19 sobre la probabilidad de mortalidad en caso de infección. Entre los países de renta alta la tasa de mortalidad es de un promedio del 1,15%. Entre los países de renta baja con poblaciones más jóvenes la media es del 0,23%.

ii Además, los jóvenes menores de 18 años no podrán vacunarse hasta 2022. Las pruebas para ese grupo de edad están ahora en pleno desarrollo. Estamos hablando de una parte importante de la población.

iii Se trata de Novavax, Janssen, Pfizer/BioNTech y Moderna.

iv Al parecer, la cepa mutada puede evadir los anticuerpos desarrollados en respuesta a la vacunación o a la infección con la versión original del coronavirus.

v El Centro para Contrarrestar el Odio Digital (CCDH) investigó 425 cuentas antivacunas en Facebook, Instagram, Twitter y YouTube que difunden desinformación. Juntos tienen 59 millones de seguidores y esa cifra crece rápidamente. La investigación muestra que solo una minoría de estos antivacunas tiene creencias muy arraigadas. Para aproximadamente el 80%, los motivos financieros también juegan un papel o incluso el único. La mitad son empresarios con negocios que promueven remedios alternativos o excéntricos, como la inmunización homeopática o un pulverizador de lejía. La otra mitad son teóricos de la conspiración que aprovechan los ingresos por publicidad online que traen sus páginas web y de los productos que venden. Veáse también The Economist.

vi La investigación citada por The Economistincluye a China, Gran Bretaña e Indonesia.

Por Marc Vandepitte | 20/02/2021 

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Otro giro en Ecuador: no habrá recuento de votos 

Lo anunció el Consejo Nacional Electoral casi dos semanas después de las presidenciales

Una vez que se proclamen los resultados oficialmente y se cierre el escrutinio, los candidatos podrán interponer impugnaciones ante el poder electoral. Yaku Pérez anunció la movilización de los movimientos indígenas,. 

 

No habrá recuento de votos en Ecuador. Así lo anunció el Consejo Nacional Electoral (CNE) el martes en la noche en otra sesión que trajo más preguntas que certezas sobre el poder electoral. La decisión de no abrir las actas electorales se dio por la falta de acuerdo: dos integrantes del CNE votaron a favor, uno en contra, otro se abstuvo, y uno abandonó la sala que, cerca de las once de la noche estaba semi-vacía, lo que motivó la suspensión de la sesión.

El anuncio fue un nuevo cambio de escenario en un contexto marcado por sucesivos giros: de un acuerdo el pasado viernes entre Guillermo Lasso y Yaku Pérez, segundo y tercero respectivamente, para realizar el recuento del 100% de los votos en la provincia de Guayas y 50% en 16 otras provincias, a una disputa por los términos del acuerdo y acusaciones mutuas de intento de fraude, a la decisión del martes en la noche.

Así, finalmente, deberá ocurrir lo previsto inicialmente, es decir, que el CNE anuncie los resultados de las elecciones del siete de febrero, donde Andrés Arauz ganó con 32.72% de los votos, seguido de Lasso, con 19.74%, y Pérez, con 19.38%. Arauz, candidato por la revolución ciudadana, había expresado acerca del recuento su “defensa en el marco de la ley”, así como su advertencia para que no sea usado “como excusa para modificar el calendario electoral ni para prorrogar el gobierno de Moreno”.

La decisión tomada por el CNE fue rechazada por Pérez, quien reiteró el miércoles la existencia de “un fraude vergonzoso”. En una conferencia ofrecida en la sede del partido Pachakutik denunció la existencia de un “pacto satánico” entre Rafael Correa, Lasso, y Jaime Nebot - ex alcalde de Guayaquil y líder del Partido Social Cristiano aliado a Lasso en las presidenciales- que serían quienes habrían ordenado la decisión que tomó el poder electoral.

Pérez anunció a su vez que habrá una movilización de sectores del movimiento indígenas, como la Confederación de Pueblos de Nacionalidad Kichwa del Ecuador (Ecuarunari), parte de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), cuyo brazo político es Pachakutik. Según el partido, la movilización debería iniciar este miércoles, para finalizar el día 23 en Quito. ¿Cuán cohesionada estará la dirigencia alrededor de esta convocatoria? ¿Cuánta fuerza logrará desplegar? Son algunas de las preguntas que, por el momento, no tienen respuestas definitivas en el marco de un movimiento indígena heterogéneo y con desacuerdos internos.

Las acciones también abarcarán el orden de lo legal, como, posiblemente, el Tribunal Contencioso Electoral (TCE), como afirmó Pérez al anunciar que agotarán “todos los caminos legales”. Diana Atamaint, presidenta del CNE, explicó el martes en la noche que “una vez que se proclamen los resultados oficialmente y se cierre el escrutinio, los candidatos o las organizaciones políticas tienen posibilidad legal de interponer impugnaciones ante el CNE e incluso apelaciones ante el TCE”.

Las posibilidades de cambiar los resultados electorales parecen, sin embargo, reducirse para Pérez. El candidato de Pachakutik sostuvo, además, que no apoyará a Lasso en una segunda vuelta: “ni sueñen que vamos a apoyar a la delincuencia organizada de Lasso, ni sueñen que para evitar que Correa al Ecuador tengamos que apoyar al feriado bancario y la corrupción del señor Lasso”.

Esta situación de disputa y resultados confirmados por el CNE significaría un escenario favorable para la candidatura de Arauz en la segunda vuelta, debido a la dificultad para que tome forma una alianza anti-correísta encabezada por Lasso, Pérez y Xavier Hervas, candidato de Izquierda Democrática, cuarto en las elecciones, que había propuesta conformar ese acuerdo.

Arauz, con un tercio de los votos obtenidos el pasado siete de febrero, estuvo en los últimos días en Estados Unidos, donde realizó actividades junto a la comunidad migrante ecuatoriana en el país, así como reuniones con diferentes actores políticos, mediáticos y económicos. Guillaume Long, ex canciller, quien lo acompañó, afirmó el miércoles desde Washington:

 “Tenemos algunos canales no oficiales, porque todavía Andrés no es presidente electo, pero ya ven que es el próximo ganador de las elecciones, entonces hay una serie de actores que quieren hablar con él en Washington, afortunadamente la administración Biden está con una muy buena actitud, con respeto mutuo se va a poder avanzar con la administración, es evidentemente más fácil que con la administración Trump que tuvo mucha cercanía con Lenín Moreno”.

Entre los puntos centrales de la agenda en EE.UU. estuvo la reunión en la sede del Fondo Monetario Internacional. Arauz, al respecto, afirmó en una entrevista: “vamos a discutir el programa que está actualmente operando, no pueden continuar esas condiciones leoninas, que están afectando al bolsillo de los ecuatorianos, tiene que haber mucha más flexibilidad para que el país salga adelante (…) no podemos aceptar un aumento del IVA, un recorte tan brutal en el gasto público, no vamos a aceptar que sigan saliendo los dólares de la economía.”

Los próximos días estarán marcados por el anuncio de los resultados por parte del CNE -luego de casi dos semanas de la votación-, los intentos de Pérez por revertir un escenario que parece cerrarse a sus intentos de maniobra de última hora, el regreso de Arauz a Ecuador y las amenazas contra su candidatura siempre latentes, en el marco de una elección que transcurre bajo el intento, vía diferentes caminos, de impedir un nuevo gobierno de la revolución ciudadana.

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Bill Gates sugiere que podría necesitarse una tercera inyección de la vacuna para frenar nuevas variantes del coronavirus

Además, es probable que sea necesario modificar las vacunas para que protejan contra las nuevas cepas.

 

El multimillonario y filántropo estadounidense Bill Gates no descarta que pueda necesitarse una tercera dosis de la vacuna contra el coronavirus para prevenir casos graves de nuevas variantes de la enfermedad, según lo señaló este martes durante una entrevista para el programa 'Evening News' de CBS.

"La discusión ahora es si solo necesitamos obtener una cobertura súper alta de la vacuna actual, o necesitamos una tercera dosis de la misma, o necesitamos una vacuna modificada", dijo el cofundador de Microsoft, en medio de las preocupaciones de que los antídotos actuales puedan ser menos eficaces contra las variantes sudafricana y brasileña de coronavirus.

De hecho, según Gates, las cinco compañías que tienen vacunas en EE.UU. "están considerando hacer esa modificación y agregarla", por si las personas que ya hayan recibido dos inyecciones "necesitan una tercera", explicó. 

"Creo que es razonablemente probable que tengamos una vacuna ajustada solo para asegurarnos absolutamente de que, cuando estas variantes lleguen a EE.UU., no escapen de la protección de la vacuna", indicó el filántropo, que está financiando estudios en Sudáfrica para determinar si las vacunas de AstraZeneca, Johnson & Johnson y Novavax resultan igual de efectivas contra la variante más contagiosa.

En este sentido, el multimillonario detalló que "AstraZeneca, en particular, tiene un desafío con la variante", mientras que las otras dos vacunas, de Johnson & Johnson y de Novavax, "son un poco menos efectivas, pero aún lo suficientemente eficaces como para que debamos sacarlas lo más rápido posible mientras estudiamos esta idea de ajustar la vacuna".

Si el coronavirus no es erradicado, es posible que se necesiten inyecciones adicionales de la vacuna en el futuro, aunque "probablemente no anualmente", admitió Gates

Publicado: 18 feb 2021 01:40 GMT

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Manifestantes se enfrentan con policías ayer en Puerto Prín-cipe durante una marcha contra el gobierno de Jovenel Moise.Foto Afp

Manifestantes se enfrentan con policías ayer en Puerto Prín-cipe durante una marcha contra el gobierno de Jovenel Moise.Foto Afp

 

Puerto Príncipe., Miles de personas se manifestaron ayer en Puerto Príncipe para denunciar la tendencia a una nueva dictadura que, según ellos, tiene el gobierno de Haití, y con el fin de criticar el apoyo de la comunidad internacional al presidente Jovenel Moise.

Las afirmaciones del Ejecutivo de Moise de que el fin de semana pasado se había producido un "intento de golpe" en el país fueron recibidas con escepticismo por la oposición y la sociedad civil, que denunciaron una serie de detenciones políticas ilegales. Moise sostiene que su gobierno al frente del país caribeño se extiende hasta el 7 de febrero de 2022; sin embargo, parte de la dirigencia política haitiana afirma que su mandato quinquenal finalizó el 7 de febrero.

Esta discrepancia obedece a que Moise fue elegido en una votación anulada por fraude y luego relegido un año después.

El 5 de febrero, el portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos declaró que un nuevo presidente debería suceder a Moise tras nuevas elecciones "al final de su mandato el 7 de febrero de 2022".

Sin embargo, los manifestantes cuestionaron ayer la legitimidad del mantenimiento del actual mandatario y el apoyo que le dan otros países. “A pesar de todos los secuestros, las masacres en los barrios obreros, Estados Unidos le continúa dando apoyo.

"El dinero del fondo Petrocaribe se ha derrochado, no tenemos buenos hospitales y Estados Unidos sigue apoyando al gobierno", dijo Sheila Pelicier, una manifestante.

La protesta fue pacífica aunque se produjeron altercados entre algunos manifestantes y la policía, que utilizó gases lacrimógenos y balas de goma. Los agentes de policía también dispararon munición real al aire en Pétionville, una comuna acomodada del área metropolitana, donde un automóvil resultó quemado.

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Retroceso laboral de las mujeres por la pandemia

En 2020 se registró una contundente salida de mujeres de la fuerza laboral, quienes, por tener que atender las demandas de cuidados en sus hogares, no retomaron la búsqueda de empleo.

 

"El impacto en el nivel de ocupación y condiciones laborales de las mujeres en América Latina y el Caribe generó un retroceso de una década en los avances logrados en materia de participación laboral en el continente", afirmó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, durante la presentación del informe especial Covid-19 sobre la autonomía económica de las mujeres en la recuperación pospandemia

Según el documento, en 2020 se registró una contundente salida de mujeres de la fuerza laboral, quienes, por tener que atender las demandas de cuidados en sus hogares, no retomaron la búsqueda de empleo, La tasa de participación laboral de las mujeres (es decir, mujeres buscando trabajo) se situó en 46 por ciento en 2020, seis puntos por debajo que en 2019, cuando 52 por ciento de las mujeres en América Latina y el Caribe estaba trabajando o buscando trabajo. La de los hombres también cayó, pero sigue siendo significativamente mayor incluso que en niveles pre pandemia: 69 por ciento. 

Con este dato, el nivel de desempleo (que es un cociente entre la población desocupada y la que busca trabajo) puede llegar a dar más bajo. La Cepal calculó que el 12 por ciento de mujeres desempleadas en 2020 se elevaría al 22,2 por ciento si se asume la misma tasa de participación laboral de las mujeres de 2019. Es decir, si se asume que la cantidad de mujeres buscando trabajo disminuyó no por falta de necesidad de ingresos sino por frustración o un aumento de la demanda de las tareas de cuidado.

Por sector

Además de los efectos a nivel agregado, se esperan impactos de distinta magnitud en los sectores económicos. Desde el punto de vista de género, muchos de ellos cuentan con alta participación femenina, lo que impacta en el  vínculo con el trabajo de las mujeres. El 56,9 por ciento de las mujeres que participan del mercado laboral están expuestas por trabajar en sectores de alto riesgo como el comercio; la manufactura, sobre todo las maquilas en méxico y el Caribe; en el turismo, donde una de cada diez mujeres vivían de ese sector en el Caribe; hogares (trabajo doméstico remunerado); actividades inmobiliarias y servicios administrativos y de apoyo.

Uno de los más dañinos en términos de género, informalidad y a su vez imprescindibilidad es el trabajo doméstico remunerado. Se caracteriza por un alto nivel de precarización, y por la imposibilidad de ser realizado de forma remota, por lo que ha sido uno de los sectores más golpeados por la crisis. En 2019, previo a la pandemia, alrededor de 13 millones de personas se dedicaban al trabajo doméstico remunerado, el 91,5 por ciento mujeres. No obstante, en el segundo trimestre de 2020 los niveles de ocupación en el trabajo doméstico remunerado cayeron en la mayoría de los países, incluso por encima del 40 por ciento en el caso de Chile, Colombia y Costa Rica.

En este marco, Bárcena alentó a los gobiernos a “priorizar en sus estrategias de vacunación al personal de salud -incluidas las personas que prestan servicios asociados de limpieza, transporte y cuidados-, y a quienes se desempeñan en los sistemas educativos y en el trabajo doméstico, en su mayoría mujeres, que son un pilar fundamental para el cuidado y la sostenibilidad de la vida”.

El sector salud tampoco queda exento de la discriminación por género: un 73,2 por ciento de empleadas en el sector de la salud son mujeres que han tenido que enfrentar una serie de condiciones de trabajo extremas, como extensas jornadas laborales, que se suman al mayor riesgo al que se expone el personal de la salud de contagiarse del virus. Todo esto en un contexto regional en el que persiste la discriminación salarial, porque los ingresos laborales de las mujeres que trabajan en el ámbito de la salud son un 23,7 por ciento inferiores a los de los hombres del mismo sector”, remata Alicia Bárcena.

Reactivación económica 

Ante este análisis de situación, desde la Cepal planten propuestas concretas para lograr una recuperación transformadora con igualdad de género. "Además de transversalizar la perspectiva de género en todas las políticas de recuperación, se requieren acciones afirmativas en el ámbito de las políticas fiscales, laborales, productivas, económicas y sociales, que protejan los derechos de las mujeres alcanzados en la última década, que eviten retrocesos y que enfrenten las desigualdades de género en el corto, mediano y largo plazo", afirma Bárcena. 

En este contexto, “urge promover procesos de transformación digital incluyentes que garanticen el acceso de las mujeres a las tecnologías, potencien sus habilidades y reviertan las barreras socioeconómicas que estas enfrentan, de manera de fortalecer su autonomía económica”, subrayó Alicia Bárcena. Resaltó el reducido esfuerzo fiscal del 1 por ciento del PBI regional que conlleva la propuesta de canasta básica digital de la Cepal (que incluiría una conexión básica y un dispositivo para 40 millones de hogares no conectados a Internet). El organismo calcula que podría impactar positivamente en una de cada cuatro mujeres del continente latinoamericano.

Por otro lado, aseguró que América Latina y el Caribe debe invertir en la economía del cuidado y reconocerla como un sector dinamizador de la recuperación, con efectos multiplicadores en el bienestar, la redistribución de tiempo e ingresos, la participación laboral, el crecimiento y la recaudación tributaria.

Además, destacó la importancia de “avanzar en un nuevo pacto fiscal que promueva la igualdad de género y que evite la profundización de los niveles de pobreza de las mujeres, la sobrecarga de trabajo no remunerado y la reducción del financiamiento de políticas de igualdad”.

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Carlos Taibo, experto defensor del decrecimiento ante el colapso medioambiental

Si el planeta se va al garete, y todo apunta que así sucederá si no cambiamos algunos parámetros y dinámicas estructurales, algo habrá que hacer. La teoría del decrecimiento, a la que Carlos Taibo (Madrid, 1956) prefiere tildar de "perspectiva", aporta algunas respuestas al qué, cómo, cuándo y por qué que deberían guiar a la sociedad para intentar paliar lo máximo posible los efectos de una crisis climática más presente que nunca. El escritor y teorizador del decrecimiento aterriza la idea y la conjuga con otra de las realidades más acuciantes a las que se enfrenta la Península Ibérica en su libro de reciente publicación Iberia vaciada. Despoblación, decrecimiento, colapso (Catarata, 2021). Al mismo tiempo, el autor ha condensado una docena de años de trabajo en Decrecimiento. Una propuesta razonada (Alianza Editorial, 2021), una edición de remodelada y actualizada de un antiguo libro publicado hace años. Público conversa con él sobre aspectos como el ecofascismo, la cultura de la prisa o la necesidad de que la respuesta al cambio climático sea autogestionaria y antipatriarcal.

Ha escrito que "la perspectiva del decrecimiento nos dice que si vivimos en un planeta con recursos limitados —y vivimos—, no parece que tenga mucho sentido que aspiremos a seguir creciendo ilimitadamente". Esto, por lógico que parezca, parece no estar demasiado interiorizado. ¿Por qué?

La lógica del crecimiento acompaña sin fisuras a la del capital. Es uno más de los elementos que en los países ricos nos han colocado dentro de la cabeza a través de la publicidad, los medios y el sistema educativo. Que salir de ella no es sencillo lo demuestra el hecho de que porfiamos en defenderla aun cuando sepamos que acarrea agresiones sin cuento contra la igualdad y contra el medio natural, y que estimula al tiempo un individualismo abrasivo.

No desdeño, aun así, que la proximidad del colapso acabe por producir cambios radicales en nuestra conducta. En ese sentido, lo ocurrido al calor de la pandemia tal vez nos abra los ojos ante un futuro marcado por ese colapso.

En su Propuesta razonada recoge que las economías capitalistas desarrolladas han crecido de forma notable a la par que se han destruido puestos de trabajo. De la misma forma, el decrecimiento acarreará una gran pérdida de empleos. ¿Qué solución encuentra la perspectiva que defiende ante este problema?

La solución es doble. Por un lado propiciar el desarrollo de aquellos segmentos de la economía que guardan relación con la atención de las necesidades sociales insatisfechas y con el medio natural. Por el otro, y en los sectores de la economía convencional que seguirán existiendo, repartir el trabajo. La combinación de estos dos factores permitirá que trabajemos menos horas, disfrutemos de más tiempo libre, acrecentemos nuestra a menudo alicaída vida social y reduzcamos, cuando sea posible, nuestros desbocados niveles de consumo. Creo que todo ello es manifiestamente preferible al modo de vida esclavo que se nos impone hoy.

En Iberia vaciada afirma que "cualquier contestación del capitalismo en el siglo XXI tiene que ser, por definición, decrecentista, autogestionaria, antipatriarcal e internacionalista". ¿Qué ocurriría si esto no fuera así?

Ocurrirá que, al calor de un colapso probablemente insorteable, seguirán en pie muchas de las taras que arrastra la izquierda que hoy vive en las instituciones. Y entre ellas el acatamiento de la miseria capitalista, la idolatría de la productividad y la competitividad, el sindicalismo claudicante, los flujos autoritarios y personalistas, las huellas de la sociedad patriarcal, el etnocentrismo y el cortoplacismo. Cuánto tiempo dedicamos a hablar de la corrupción y qué poco le asignamos, por cierto, a la plusvalía.

¿Realmente podemos vivir mejor con menos? ¿Por qué?

No nos va a quedar otra opción. Más allá de ello, se imponen tres consideraciones. La primera subraya que, dejados atrás los estadios iniciales del desarrollo, el hiperconsumo al que con frecuencia se entregan los habitantes del mundo rico poco o nada tiene que ver con el bienestar. La segunda llama la atención sobre el hecho de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, y admito que este último concepto es más polémico de lo que pudiera parecer, ese bienestar más se vincula con los bienes relacionales, los que surgen de nuestra relación con otras personas, que con los bienes materiales que nos ofrecen en los supermercados. En tercer y último lugar, lo de "vivir mejor con menos" solo tiene sentido si antes hemos redistribuido radicalmente la riqueza.

En Iberia vaciada continúa con una obra anterior, que en 2020 alcanzó su quinta edición: Colapso. Agrega que ante dicho colapso medioambiental se dan dos reacciones, los movimientos por la transición ecosocial o el ecofascismo. ¿De qué forma se han expresado estas dos reacciones en los últimos años?

Aclararé, antes que nada, que no sostengo que sean las únicas respuestas esperables ante el colapso. Me interesaba analizar, sin más, esas dos porque creo que contribuían a enriquecer el debate correspondiente. En lo que respecta a la de los movimientos, es fácil apreciar una ebullición de espacios autónomos que reivindican la autogestión, la desmercantilización y, ojalá, la despatriarcalización de todas las relaciones. Entre nosotros, y en los últimos años, el fenómeno ha adquirido una fuerza mayor, aunque no suficiente, al calor del 15-M. Tampoco está de más que recuerde el alcance de los numerosos grupos de apoyo mutuo que germinaron, la primavera pasada, con ocasión de los confinamientos.

Por lo que respecta al ecofascismo, y por no abandonar el terreno de la pandemia, creo que los estamentos de poder que empiezan a coquetear con soluciones autoritarias ante lo que entienden que es un exceso de población han observado con alegría el formidable ejercicio de servidumbre voluntaria al que nos hemos entregado. Más allá de ello, no deja de ser llamativo que circuitos que son formalmente negacionistas en lo que hace al cambio climático y al agotamiento de las materias primas energéticas asuman en los hechos posiciones que remiten a criterios muy distintos. Ahí estaba Trump, sin ir más lejos, intentando comprarle Groenlandia a Dinamarca.

Dice que el universo del automóvil y el de la alta velocidad ferroviaria, sectores nada desconocidos para la amplia parte de la población, resumen bien muchas de las aberraciones que el decrecimiento desea contestar. ¿Por qué?

Resumen bien muchas de las sinrazones de nuestras sociedades. Dan rienda suelta a la cultura de la prisa y del movimiento desaforado, se asientan en proyectos que beben de un individualismo feroz, ningún respeto muestran por el medio y, de manera cada vez más clara, se hallan al alcance, pienso ante todo en la alta velocidad, de unos pocos. Qué penoso es que el progreso de una economía se siga midiendo en términos del número de automóviles vendidos o de la apertura de un nuevo, e insostenible, tramo de alta velocidad ferroviaria.

Los problemas que nos acosan, como dice, son los límites medioambientales y de recursos, el cambio climático, el agotamiento de las materias primas energéticas, los ataques que padece la soberanía alimentaria y las pérdidas en materia de biodiversidad. ¿Considera que hay alguno de ellos más acuciante que los demás?

El cambio climático y el agotamiento de esas materias primas, a buen seguro. Cierto es que en el escenario de la pandemia hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo un puñado de factores que parecían llamados a desempeñar un papel menor han acabado por configurar una bola que ha ido engordando y que acaso nos sitúa en la antesala del colapso. Estoy pensando, sin ir más lejos, en las pandemias sanitaria, social, de cuidados, financiera y represiva. Debemos estar atentos, con todo, a las secuelas de una paradoja: son los territorios más deprimidos los que, al menos en primera instancia, mejor saldrán adelante en el escenario del colapso. Y eso importa saberlo en relación con la Iberia vaciada.

Según la perspectiva del decrecimiento, el norte del planeta debe disminuir sus niveles de producción y consumo. ¿Qué principios y valores tendríamos que cambiar para que dicha reducción fuera posible?

Los principales remiten al designio de salir cuanto antes del capitalismo y de sus reglas. Pero, en lo que atañe a los principios y valores que reclama, de manera más específica la perspectiva del crecimiento, ahí están sin duda la recuperación de la vida social que nos han robado, el despliegue de formas de ocio creativo, el reparto del trabajo, la reducción del tamaño de muchas de las infraestructuras que hoy empleamos, la restauración de la vida local y, en fin, en el terreno individual, la sobriedad y la sencillez voluntarias. Por detrás se hallan, inequívocamente, la autogestión y el apoyo mutuo.

Mujeres, cuidados, decrecimiento es el título de uno de los capítulos de la publicación de Alianza Editorial. Son aspectos que también trata en Iberia vaciada. ¿De qué forma están entrelazados estos tres ámbitos que menciona?

Ningún proyecto emancipador, y el decrecimiento quiere serlo, puede rehuir la necesidad de articular una radical despatriarcalización que acabe con la marginación, material y simbólica, de las mujeres. No está de más que recuerde que un 70% de los pobres y un 78% de los analfabetos existentes en el planeta son mujeres, y que, según una estimación, estas realizan el 67% del trabajo para recibir a cambio un escueto 10% de la renta.

Siempre he pensado que, en virtud de su vínculo con el trabajo de cuidados, y pese a las grandezas y las miserias que rodean a este, las mujeres tienen una comprensión más rápida y fluida de lo que significa la perspectiva del decrecimiento. Tal vez es así porque, tal y como lo subraya el ecofeminismo, son decisivas en el sustento de una vida que escapa con fortuna a la lógica mercantil del capitalismo. Si la Iberia vaciada ha resistido, en buena medida ha sido gracias a sus mujeres.

Vivimos en una sociedad capitalista que desde hace años se configura en torno al neoliberalismo. ¿Por qué no se puede defender el decrecimiento y ser capitalista al mismo tiempo?

No afirmo taxativamente que no pueda hacerse. En Francia y en Italia hay empresarios que coquetean con la perspectiva del decrecimiento, toda vez que entienden que el planeta, en efecto, se nos va. Pero no veo que nuestra actuación tenga sentido y eficacia si no cuestionamos, como lo hace la versión del decrecimiento que defiendo, todos los artefactos que rodean al capitalismo: la jerarquía, la mitología del progreso, la explotación, la productividad, la competitividad, el consumo y, naturalmente, el propio crecimiento.

Al respecto tenemos que aprender mucho, por cierto, de las sociedades precapitalistas. Y debemos colocar en primer plano a las generaciones venideras, a las mujeres, a los habitantes de los países del sur y a los miembros de las demás especies con las que, sobre el papel, compartimos el planeta.

MADRID

13/02/2021 09:02

Por Guillermo Martínez@guille8martinez

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¿Es el neoliberalismo la salvación para el petróleo venezolano?

Por sanciones y crisis han pasado muchos países como Irán y Rusia que no han visto debilitar de esta manera su industria petrolera. El Gobierno de Maduro se dispone a abrir las mayores reservas del mundo a las grandes multinacionales.

ara comprender la emblemática crisis que vive Venezuela hay que comprender primero lo que sucede en su industria petrolera, porque ella fue el sostén y único propulsor del bienestar económico que el país disfrutó, siempre de manera intermitente, durante varias décadas.

Hasta 2014, la estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) era la quinta empresa petrolera más importante de todo el mundo, pero ya lleva siete años inmersa en una gran crisis financiera.

Venezuela, al menos por ahora, ya no es tan dependiente del petróleo. Aunque tenga las mayores reservas del mundo, su producción ha mermado de tres millones de barriles diarios a 400.000 a finales de 2020. A pesar de la crisis económica y el bloqueo, nuevos ingresos como las remesas, el oro y la criptominería, entre otros, van “asentando” a la economía a una nueva realidad nacional postpetrolera que parece tocar fondo.

En la economía nacional, el Gobierno de Nicolás Maduro está desarrollando una fase aperturista —dolarización, privatizaciones, desinversión en políticas sociales— que cualquier izquierda consideraría neoliberal y que amenaza con extenderse hacia el sector petrolero.

A pesar de todo, podría decirse que esta apertura está funcionando para enfrentar la cara más agresiva del trumpismo que apuntó hacia Venezuela y que desde 2017 aplicó sanciones contra el Gobierno para que no pudiera vender petróleo. La política de La Casa Blanca en los últimos años ha causado un profundo impacto en la economía venezolana, según reconoce la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO, según sus siglas en inglés) en su informe sobre Venezuela.

Pero las sanciones no han sido el único factor del declive de la industria petrolera. De hecho, cuando se comenzaron a aplicar en 2017 ya la producción se había precipitado. También hay otros factores que llevaron a esta situación. Por sanciones y crisis han pasado muchos países como Irán y Rusia que no han visto debilitar de esta manera su industria petrolera. 

¿Cómo pudo ocurrir el declive de la industria petrolera venezolana?

Durante todo el siglo XX, Venezuela fue teniendo cada vez una mayor dependencia del petróleo y se convirtió en un país básicamente monoproductor y compulsivamente importador.

Hay varios factores que convergieron en una compleja coyuntura general que ni la petrolera estatal ni el país pudieron superar, algo que trajo una verdadera debacle petrolera que aun no culmina.

PDVSA ya estaba realmente cansada antes que Maduro asumiera el poder. La petrolera tuvo que financiar dos programas que implicaban ingentes recursos. El primero era el programa de subsidio alimentario (PDVAL), que se inició desde 2008 y distribuyó enormes cantidades de alimentos a precios irrisorios. El segundo fue la Misión Vivienda, que construyó decenas de miles de viviendas, la mayoría en zonas urbanas.

En la Venezuela chavista se fraguó una de las mayores políticas de democratización de recursos de la historia de América Latina. Pero buena parte de esa operación recayó sobre esta empresa petrolera, sin los mecanismos básicos de control y distribución del Estado. PDVSA sirvió además de gran propulsora, de caja chica, para bypassear al Estado burocrático.

Independientemente de que la empresa asumiera los costos de las políticas mencionadas, y que aumentara su deuda de manera exponencial, la capacidad de producción estaba en su tope —en torno a tres millones de barriles diarios— y el precio del petróleo seguía elevado por sobre los 100 dólares el barril. Así que nadie preveía una crisis de la magnitud que tuvo que enfrentar meses después.

El sacudón

Una vez asumida la presidencia en 2013 y con ambos programas de viviendas y alimentación activos, el nuevo presidente, Nicolás Maduro, lanzó una campaña que llamó “Sacudón” para transformar el Estado venezolano, pero que se concentró en remover a Rafael Ramírez de la presidencia de PDVSA, el hombre fuerte de la empresa durante los últimos años de Hugo Chávez.

No se conocen pruebas en su contra, pero del alto nivel de vida del ex funcionario y de su círculo cercano se desprendía una corrupción que afectaba a muchos altos cargos de la industria petrolera. La consigna de “limpiar PDVSA” era una demanda constante, especialmente desde el chavismo, y terminó generando una purga interna por su control.

Con Ramírez en el exilio, a la empresa no le fue mejor. Rápidamente fue disminuyendo su producción. En cinco años de Gobierno, Maduro nombró a tres presidentes de PDVSA. De estos, los dos primeros fueron encarcelados y el tercero fue destituido. Con todos ellos, la producción no dejaba de caer.

Mientras tenía lugar la pugna interna y sucesivos presidentes de la empresa patinaban, en EE UU se vivía la explosión del fracking, que desplomó los precios del petróleo desde mediados de 2014 hasta 2016, permitiendo a EE UU bajar a mínimos históricos su dependencia petrolera.

Así que con pobres ganancias, enorme deuda y costosas políticas sociales a cuestas, la empresa se iba debilitando y bajando sus niveles de producción y refinación. En este contexto llegaron las sanciones.

Las sanciones

Si bien la orden ejecutiva de Barack Obama en el que declara a Venezuela un país de “inusual amenaza” data de marzo de 2015, fue en agosto de 2017 cuando se declararon sanciones directas contra representantes del Gobierno. Desde finales de 2017, se impuso un cerco financiero que dificultaba la venta y el cobro de las operaciones petroleras. En 2019, las sanciones se dirigieron directamente hacia la venta de petróleo venezolano.

En ese momento, la producción de la industria petrolera se vio en caída libre. A mediados de 2018 ya llegaba a millón y medio. A comienzos de 2019, rondaba por el millón de barriles diarios y, en el peor momento de 2020, llegó a producir en torno a los 400.000 barriles.

Con el nombramiento de Elliot Abrams en 2019 como representante de la Casa Blanca para asuntos sobre Venezuela, en medio de la aventura de Juan Guaidó y el desconocimiento de 50 países al Gobierno de Maduro, se ejecutó una persecución a cualquier empresa que tuviera relaciones comerciales con PDVSA. Su oficina apuntó a varias empresas y buques petroleros,   y logró que la española Repsol y la rusa Rosneft, entre muchas otras, tuvieran que ceder y dejar de comercializar el petróleo venezolano.

La apertura petrolera

La industria petrolera ha sufrido un desmantelamiento por la falta de inversión en momentos de vacas gordas, un infarto debido al bloqueo y ahora podría sufrir un desmembramiento si la posibilidad de su salvación pasa de manera obligatoria por considerar inversiones extranjeras sin el control establecido por la Constitución, lo que es un leit motiv del chavismo.

Desde los 90 hay empresas extranjeras operando en Venezuela, pero siempre a la sombra de PDVSA. Ahora las condiciones del país son muy desfavorables y es posible que el Estado tenga que ceder mucho más en cuestiones importantes en torno a la soberanía y las leyes.

Constitucionalmente PDVSA no puede ser vendida. La estrategia pasa más bien por privatizar áreas y territorios que no puede explotar. Quizá en muchos pedazos. Un desmembramiento podría impulsar la reactivación de la industria, pero no se sabe qué impacto futuro puede tener. Además, es una medida injustificable para el chavismo, cuyo transe más complejo fue la toma de PDVSA después del paro petrolero de 2002-2003.

Sin embargo, no parece que existan otras opciones, pues el Gobierno no tiene línea de crédito con ninguna instancia de peso.

Hoy, economistas del Gobierno como Jesús Faría concuerdan con las proclamas antichavistas que, desde siempre, exigían apertura y liberalización de la economía, esto es, el fin de los controles con que gobernó Chávez durante más de un decenio. Con la nueva Ley Antibloqueo promulgada a finales de 2020, se prevé que las privatizaciones y medidas neoliberales que, paradójicamente, están permitiendo un respiro económico a todos los niveles y clases sociales, se trasladen a la industria petrolera.

A comienzos del mes de febrero, una nota de Reuters indicaba que “nuevos clientes de PDVSA” estaban impulsando la industria petrolera a comienzos de este año. La producción habría aumentado un 12% en relación a diciembre de 2020.

En febrero, Chevron y otras empresas, según Bloomberg, pidieron al nuevo Gobierno de EE UU la relajación de las sanciones contra Venezuela.

PDVSA se convierte en un laboratorio de los modelos económicos. El modelo estatista que fue tan efectivo durante décadas hoy está en franco declive y un Gobierno que se presume progresista tendrá que aplicar modelos aperturistas. Ya veremos cómo nos va.

Por Ociel Alí López

Sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela

13 feb 2021 06:00

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La cantante brasileña Maria Bethania, en una imagen de febrero de 2021.Jorge Bispo / Divulgação

La artista brasileña habla sobre la tristeza que le provoca su país y del concierto que ofrecerá este sábado, el día que cumplirá 56 años de su debut musical

 

Maria Bethânia (Santo Amaro, 75 años) fue aconsejada por Boninho, director de televisión de la cadena Globo, para que hablara bastante durante el recital en directo que ofrecerá este sábado y que podrá verse de forma gratuita a través de la plataforma Globoplay. Le sugirió que evitara el vacío entre las canciones ante la ausencia de aplausos, ya que no habrá público. La cantante sonríe: “Le dije que se quedara tranquilo, porque soy la cantante brasileña que más pega una canción con la otra, ya sea con un texto, con una introducción. Odio esos vacíos, no me gusta darles espacio”, comenta por teléfono la también hermana de Caetano Veloso. “Espero los aplausos, pero no cuento con ellos. Muchas lecciones de Fauzi”, dice la cantante, nombrando a Fauzi Arap, el director y dramaturgo que fue su gran maestro en la sabiduría de casar texto y música en los espectáculos, una dinámica que se tornó su marca registrada.

Rosa de los vientos, un espectáculo fundamental de la colaboración entre Bethânia y Fauzi, cumple 50 años en 2021 y se celebrará en el directo de este sábado, su primera experiencia en este formato, que se emitirá desde el espacio cultural Ciudad de las Artes, en Río de Janeiro. No es la única efeméride que marca la presentación. Bethânia recuerda, “perfectamente”, el 13 de febrero de 1965, día de su debut en el espectáculo Opinión: “Recuerdo mi llegada al Teatro Opinião, entré con Caetano. Tereza Aragão [actriz y productora] me recibió y me llevó al camerino. Recuerdo que era muy pequeño, pero cálido. Una luz ámbar, un espejo cuadrado, sencillo. El camerino desnudo”, describe con detalle. Una osadía para aquellos años. Brasil vivía en dictadura después del golpe militar de 31 de marzo de 1964.

Días antes del audaz espectáculo, Bethânia había llegado desde Bahía. Estaba allí para sustituir a otra estrella de la música brasileña, Nara Leão. Ya había cantado en Salvador, capital del Estado de Bahia, pero Opinión sería su debut nacional. “El Grupo Opinión me pidió una hora en una peluquería al día siguiente de mi llegada, no les gustó mi pelo”, recuerda. “Me pasé toda la mañana en esa peluquería. No me gustó nada cómo quedó. En el camerino, el día del estreno, me miraba y pensaba: ‘Este no es mi pelo’.” Minutos antes de entrar, un gran escenógrafo, amigo de Tereza, vio que no estaba satisfecha, me cogió el pelo y me hizo ese moño con el que canté Carcará. Me preguntó si estaba bien, le dije que estaba mucho mejor que antes. Subí al escenario feliz, descalza, para cantar É de manhã, de Caetano. Había conseguido convencerles de entrar con esta canción de mi hermano, que por aquel entonces era un artista desconocido. Y el moño se convirtió en una marca”.

Bethânia recuerda que estaba tranquila: “Tereza estaba muy nerviosa, Caetano también, yo no”. Pero no estaba indiferente. Estaba ansiosa por subir al escenario y mostrar lo que había preparado. La misma sensación que tiene poco antes de su primer directo virtual, 56 años después de aquel espectáculo. “Siempre es así, hasta hoy. Por eso me gusta ensayar, mucho. Sé hacerlo, lo he aprendido, esto es lo que he elegido, voy a mostrarlo”, afirma Bethânia, anticipando que el espectáculo Opinión será recordado brevemente en el directo “con una estrofa”. “No voy a cantar Carcará. Pero cantaré algunos éxitos y algunas cosas de Noturno”.

Noturno es el disco que lanzará en los próximos meses, con canciones de compositores como Adriana Calcanhotto, Chico César y Tim Bernardes, algunas de ellas extraídas del espectáculo Claros breus, de 2019. Carcará — nombre de una ave del norte de Brasil — es un marco de la historia musical, una música de protesta metafórica en contra los militares. Su letra tiene versos como Carcará es malo y valiente… coge, mata y come.

Bethânia tiene una ansiedad tranquila por el recital de este sábado. Se afirma en la certeza de que el 13 de febrero es “el día de la buena suerte, el día de la bendición”. Ese día, en 2016, la escuela de samba Mangueira, de Río de Janeiro, ganó el Desfile de Carnaval de ese año con el tema María Bethânia: la niña de los ojos de Oyá, en honor a la cantante, otro recuerdo que se invocará en el directo, en el que estará acompañada por dos guitarras, bajo y percusión.

“El 13 de febrero es inolvidable. Es el mes de Nuestra Señora de la Purificación, siempre estoy en Santo Amaro para las fiestas, que no se han celebrado este año”, se lamenta. “Siempre reservo el 13 de febrero para pasarlo con un amigo, descorchar un champán, beber una cerveza. Es un gran día. La gente le tiene un poco de manía al 13, pero para mí es todo lo contrario”.

El lamento de estar lejos de Santo Amaro estos días se hace más fuerte en esta era de noticias falsas. Un vídeo, realizado en 2019, en el que aparecen Bethânia y Caetano en una fiesta en Santo Amaro, se compartió como si fuera de esta pasada Nochevieja. Es decir, se les acusó falsamente de asistir, durante la pandemia, a un evento donde había multitud de gente y sin llevar mascarilla. “Ni siquiera he visto el vídeo, pero por supuesto me he enterado”, dice Bethânia. “También he oído que se ha desmentido. Que tampoco sirve de nada, porque todo el mundo sabía que no era verdad, pero no se trata de eso. El mundo se ha convertido en esto. La pandemia llegó como una marca de hierro de esta cosa vulgar, pequeña, perversa y mala que vivimos. Y no parece que Brasil vea que hay una salida. Pero un día lo hará”.

El Brasil de 2021 que describe Bethânia no se parece en nada al país de belleza profunda y luminosa que cantó con ternura en Brasileirinho, un álbum de 2003. Pero afirma que aquella patria de sussuaranas, de Heitor Villa-Lobos y de cigarrillos de paja aún permanece: “Brasil sigue siendo el mismo, pero está dormido, aterrorizado, asustado, enfermo y triste. Ya no me gusta hablar de Brasil. Me dan ganas de llorar”.

Noturno, el nuevo disco de Bethânia, no es una respuesta a ese estado de cosas: “Este Brasil no me inspira”. Pero, como ella misma explica, el álbum no ignora su tierra, su tiempo. Su repertorio incluye, por ejemplo, “2 de junio”, lanzada por la cantante Adriana Calcanhotto en 2020 sobre la muerte del niño Miguel Otávio, que se cayó de un edificio de lujo en Recife mientras su madre, una empleada del hogar, paseaba al perro de su empleadora. Ese caso de marcada negligencia por parte de los empleadores expone (y la canción lo pone de manifiesto) profundos nudos en la cuestión racial y la desigualdad social que han formado y forman Brasil.

Noturno invoca una sobriedad, una calma, una madurez”, dice Bethânia. “Pero es un disco de una mujer de 74 años, una cantante brasileña, en una pandemia, con las angustias y situaciones que todo eso implica. También trae una canción como Lapa santa, inédita, de Roque Ferreira y Paulo César Pinheiro, que canta este Brasil de hoy, de manera fuerte, nordestina, honesta. En uno de los versos, se pregunta: ‘¿Dónde está el dueño de la casa?”. En un país que no ve salida, la pregunta podría estar inscrita en la bandera.

Leonardo Lichote

Río de Janeiro - 12 feb 2021 - 23:56 UTC

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Fuentes: Público [Un hombre se prepara para colgar el cartel de 'Disponible' en el local de una cafetería cerrada durante la pandemia del coronavirus, en el centro de Madrid. REUTERS/Susana Vera]

Los demoledores efectos económicos de la pandemia han obligado a poner en suspenso las políticas neoliberales que se venían aplicando en los últimos cuarenta años. Hasta los acérrimos defensores de la privatización y los recortes de gasto social han reclamado intervención pública masiva, «cueste lo que cueste», para evitar un colapso que la dinámica autónoma de los mercados nunca podría evitar.

Cabe esperar que se haya aprendido algo y que en esta ocasión no haya tanta precipitación y torpeza como en la anterior crisis, cuando los recortes de 2010 provocaron una segunda recesión. Pero es seguro que, una vez que pase lo peor de la pandemia, se volverá a lo que ha venido suponiendo el neoliberalismo: la lucha para aumentar el beneficio del capital y de sus propietarios a costa de cualquier otro interés social.

El problema con el que ahora nos vamos a encontrar unos y otros es que las condiciones para recuperar el beneficio serán muy complicadas, como también será más difícil todavía imponer políticas alternativas para lograr un mejor desempeño económico y una distribución más equitativa de la riqueza.

Será así, por dos grandes razones. La primera, relacionada con las secuelas que dejará la Covid-19 sobre el conjunto de las economías y, la segunda, con las dos posibles vías para aumentar el beneficio en el capitalismo de nuestros días.

La pandemia va a dejar, al menos, cuatro grandes problemas que van a complicar cualquier tipo de estrategia económica que se quiera llevar a cabo.

– Un incremento brutal de la deuda, tanto pública como privada. La primera supondrá un aumento de entre 20 y 50 puntos del PIB en la inmensa mayoría de las economías. Eso obligará o bien a realizar amplios programas de reestructuración y quitas o a aplicar gigantescos recortes de gasto público. Lo primero, como es bien sabido, produce una urticaria fatal en el poder establecido porque atenta contra el fuero del capital financiero, aunque solo de esa manera se pueda salvar el huevo del capital en su conjunto. Por tanto, poner generalizadamente en cuestión el principio de que las deudas se pagan en su totalidad, como sería necesario hacer, no se va a consentir salvo que haya un movimiento internacional de gran fuerza que imponga la razón en todo el planeta. Si no se produce, veremos el mayor proceso de privatización y desmantelamiento del sector público de la historia y un recorte sin precedentes de los derechos sociales, ya de por sí mermados por el neoliberalismo. Lo cual, no solo producirá un incremento global del malestar social sino nuevas caídas de la actividad económica ocasionadas por falta de demanda efectiva.

El incremento de la deuda de las empresas, por su parte, va a producir una escalada de quiebras y una pérdida de solvencia de la banca que contribuirá a aumentar la debilidad de las economías si no se ponen en marcha programas de ayudas e inversión pública que sirvan de estímulo para la inversión privada y si no se disponen, al mismo tiempo, de nuevas y más seguras y efectivas fuentes de financiación de la actividad empresarial.

– La pandemia va a dejar también muchos problemas en el funcionamiento de los mercados. Se resentirá la oferta porque quedarán afectados la capacidad de producción de bienes y servicios y los canales de distribución y aprovisionamiento en muchos sectores de actividad económica. Y también la demanda si ahora ocurre lo mismo que en otras grandes crisis: una mayor tendencia al ahorro por la incertidumbre generalizada y el temor al futuro.

Es muy posible que las perturbaciones en esas dos fuerzas de los mercados se traduzcan en tensiones al alza de los precios que obliguen, por una parte, a reducir los costes salariales y, por otra, a que las autoridades suban los tipos de interés para frenar la inflación. Y si fuese así, llegaría con seguridad una nueva fase de frenazo de la actividad económica y desempleo masivo.

– Las compras masivas de títulos financieros que vienen realizando los bancos centrales está provocando burbujas impresionantes en todas las bolsas del mundo que pueden ir estallando a medida que los programas de expansión monetaria se vayan acabando, porque tendrán que acabar antes o después. La volatilidad y el peligro de otra gran perturbación financiera son la tercera dificultad a la que se enfrentarán las economías tras la pandemia.

– Finalmente, los efectos tan desiguales que tiene esta crisis en los sectores económicos y en las diferentes economías, y la recuperación tan diferenciada que se producirá van a provocar un efecto generalizado de fragmentación y desconexión entre actividades, áreas económicas, países y grupos de población que serán muy negativos para el comercio internacional y para la economía mundial en su conjunto.

Como dije, a estas dificultades de entorno se añadirá otro problema. Para aumentar el beneficio del capital solo caben dos posibilidades en nuestro sistema económico: incrementar la productividad de los factores productivos (capital, trabajo y recursos naturales) o la explotación del trabajo, es decir, intensificar el tiempo de trabajo no pagado a los asalariados.

Dicho de una forma coloquial, la primera vía permite aumentar en mayor medida el tamaño de la tarta y de esa forma es más fácil lograr una distribución más beneficiosa para el capital con menos costes asociados porque, gracias a que hay más que repartir, los salarios también se pueden ver beneficiados. Es lo que ocurrió en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, precisamente por eso llamados los «años gloriosos del capitalismo».

Es sabido que estamos viviendo ya una nueva revolución tecnológica que permitirá que la productividad se dispare en muchas actividades económicas gracias a la digitalización, el big data y la inteligencia artificial. Pero, para que se produzcan aumentos generalizados de la productividad en toda la economía y no sólo en empresas o sectores puntuales, es imprescindible que se registre un incremento muy grande y generalizado de la inversión. Algo que es muy difícil que se dé solo de la mano del capital privado, justamente por las circunstancias que he señalado antes y por el gran atractivo que sigue teniendo la especulación financiera, pues ofrece mayor y más rápida rentabilidad.

Sin una masiva inversión pública, viviremos aumentos espectaculares de productividad en algunos sectores, pero no de la forma generalizada en que sería necesaria para recuperar el beneficio sin empobrecer todavía más el trabajo en la mayoría de las actividades económicas.

Por lo tanto, nos enfrentamos a la posibilidad de vivir en los años venideros la fase de mayor precarización y pérdida de derechos laborales de la historia del capitalismo contemporáneo. Y no exagero, pues ya son muchas las voces que comienzan a reclamar el aumento de las horas de trabajo, el fin del descanso dominical, la sustitución del contrato laboral tradicional por el de «cero horas», para proporcionar el trabajo sólo en los momentos en que lo requiera la empresa, o incluso la creación de territorios de potestad empresarial con sus propias leyes e instituciones de gobierno, a semejanza de los que ahora conforman las administraciones públicas.

Para evitar un escenario como el que acabo de describir brevemente sería necesario permitir que los estados tengan manos libres para promover la inversión y el apoyo que permita la generalización del aumento de productividad. Para lo cual es imprescindible dar una solución al crecimiento de la deuda y reformar el funcionamiento de las administraciones públicas, para lograr que se gaste bien y para acabar con su servidumbre hacia las grandes empresas que dominan el mercado y las instituciones. Es imprescindible que se diseñen programas de ayudas a las empresas para que estas puedan aumentar su dotación de capital e innovación, rebajando su endeudamiento. Hay que evitar de una vez que el capital financiero imponga la deuda como motor de la actividad económica reformando el sistema bancario y acabando con el privilegio que le proporciona el sistema de reserva fraccionaria. Hay que asumir que los beneficios del incremento de la productividad deben distribuirse con equidad, llegando a pactos de rentas. Y, tal y como ha demostrado esta pandemia que no será la última, se deben mejorar los sistemas de gestión del riesgo, fortaleciendo los servicios públicos y los recursos comunes imprescindibles para dar respuesta a los males o problemas que nos afectan a todos por igual.

No hay razones, desgraciadamente, para ser muy optimista sobre la posibilidad de que se pongan en marcha estas vías alternativas que sirvan de contrapeso frente a la voracidad que los grandes grupos económicos y financieros han demostrado tener en las últimas décadas. Las derechas de todo el mundo tienen muy claro cuál es su papel para apoyarlos. Las izquierdas, sin embargo, carecen de proyecto común o, mejor dicho, han pasado a defender proyectos que satisfacen intereses cada día menos «sociales» y más reducidos y singulares, de tribu, cuando no puramente individuales. Han dejado a un lado lo que les dio sentido históricamente y lo único que les puede proporcionar fuerza y capacidad de transformación: la defensa de los intereses mayoritarios, la asunción del «sentido común» de la gente corriente.

Por Juan Torres López | 13/02/2021

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Trabajadores de la salud en Lima reciben la vacuna provista por el laboratorio chino Sinopharm, cuyo primer embarque de 300 mil dosis llegó el domingo pasado.Foto Afp

Algo que ha contribuido en el pésimo manejo desinformativo de las vacunas anglosajonas es que desde julio de 2020 la británica AstraZeneca está exenta de daños y perjuicios y/o reclamaciones de responsabilidad ( liability claims) con su polémica vacuna contra el Covid-19 en la mayor (sic) parte de los países en los que había concretado acuerdos de suministro (https://reut.rs/3rCLbVs).

Ignoro si en México se plegaron a tan inusitada obligatoriedad que no existe para otro tipo de medicamentos. Para quienes duden de la ideologización y geopolitización de las guerras de las vacunas (https://bit.ly/36XksLp): Ruud Dobber, ejecutivo de AstraZeneca, había comentado que no podemos simplemente correr el riesgo de que en cuatro años (sic) la vacuna muestre efectos colaterales.

Astra exige hasta indemnizaciones (¡mega-sic!), ya que para la mayoría de los países es aceptable cargar el riesgo en sus hombros porque es de su interés nacional. ¡Uf!

EU tiene ya una ley que excluye los reclamos de daños de productos que ayudan a controlar las crisis de salud pública de su Enmienda PREP (Public Readiness and Emergency Preparedness) de 2005, desde cuando el polémico doctor Richard Hatchett (RH), consejero salubre de Baby Bush y del secretario del Pentágono, Donald Rumsfeld, ideó el confinamiento obligatorio para la población civil (sic) sana (https://bit.ly/3p5ituw) en una guerra biológica.

La premonitoria Enmienda PREP de hace 16 años vence en 2024 y seguramente será renovada debido al inmenso poder del Big Pharma (https://bit.ly/2OescSu) que ostenta una fabulosa capitalización de mercado de un trillón de dólares (en anglosajón).

Hoy Hatchett destaca como jefe ejecutivo de la polémica CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations; https://cepi.net/), asociación global (sic) lanzada en 2017 para desarrollar vacunas con el fin de frenar epidemias futuras.

La CEPI –con tres sedes geopolíticas en Oslo, Londres y Washington DC– calcula que el costo global anual (sic) de una pandemia es de 570 mil millones de dólares. De nueva cuenta, aparece con la CEPI el ubicuo y controvertido Bill Gates y su filantrópica fundación (https://bit.ly/3tLK4om).

La CEPI –agrupación público /privada /filantrópica (sic)– fue fundada en 2016 (tres años antes del brote del Covid-19) en Davos por los globalistas del Foro Económico Mundial, la caritativa fundación británica Wellcome Trust y la fundación de Bill Gates.

El 18 de octubre de 2019 se realizó el premonitorio Event 201, bajo el patrocinio de Gates, de la bélica Universidad Johns Hopkins y el Foro Económico Mundial globalista de Davos (https://bit.ly/3cYAk4a). Ya en julio pasado los funcionarios de la Unión Europea habían comentado que los daños y perjuicios y/o reclamos de responsabilidad eran puntos contenciosos para asegurar los acuerdos de suministro de las vacunas de Pfizer, Sanofi y Johnson&Johnson.

La empresa privada AstraZeneca goza del apoyo público del gobierno británico para su producción y desarrollo, además del apoyo inicial del gobierno de EU por mil 200 millones de dólares, pese a que aún no cuenta con la aprobación de la FDA de EU (https://bit.ly/3jCkj5c). ¡Vaya contradicción: EU la financia, pero la FDA no la aprueba aún!

El desempeño bursátil de AstraZeneca, con todo tipo de alicientes de los gobiernos anglosajones, ha sido más que mediocre (https://cnn.it/3a2OEXa), así como Pfizer (¡menos 3 por ciento!: https://cnn.it/3rD1wJM), frente al alza antigravitatoria de Moderna ¡con 741 por ciento! (https://cnn.it/2OoeNre)

Hace casi dos meses News18 fustigó que los estadunidenses no pueden entablar juicios a las vacunas de Pfizer y Moderna en caso de efectos colaterales: el gobierno de EU otorgó a esos laboratorios inmunidad (sic) de daños y perjuicios y/o reclamos de responsabilidad en caso de que algo (sic) sin intención maligna (sic) ocurra con sus vacunas del Covid.

De forma sarcástica, News18 pregunta quién es el culpable si alguien desarrolla una reacción alérgica a tales vacunas. Y contesta: Nadie, ya que en los tribunales de EU nadie será culpabilizado. ¡No, bueno!

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