Miércoles, 24 Octubre 2018 16:36

El cristianismo católico en el siglo XXI

El cristianismo católico en el siglo XXI

La visita del papa Francisco a Colombia fue un acontecimiento muy importante para los católicos, pero aún más para los que somos laicos. Su discurso renovado evidencia una cercanía a una sociedad que cambia rápidamente, situación que estima un trabajo muy duro hacia el interior de una institución como es la católica, quien le había dado la espalda a sus seguidores acosados por los desafíos que plantea el mundo actual.

 

Es un hecho evidente: a la Iglesia Católica le costó mucho trabajo entender que la sociedad había cambiado. Hecho palpable a lo largo del siglo XX. Durante esas diez décadas, la Iglesia Católica en cabeza de sus representantes, el Papa y Cardenales, practicaban una Iglesia con creencias y métodos que habían evolucionado muy poco en los últimos cuatrocientos años.

 

Era una actitud regresiva ante una sociedad multiplicada en número de habitantes, intercomunicada por radio y televisión, cada vez más urbana, con imaginarios cada vez menos apegados a la tradición, a las verdades trasmitidos de padres a hijos, lo que le planteaba a la Iglesia resolver variedad de retos en este mundo concreto, para lo cual era de poca ayuda insistir con promesas de un cielo etéreo y abstracto, que ya no encontraba sintonía con las angustias y realidad apremiante de la población cristiana católica.

 

Los cambios sociales producto de dinámicas económicas perversas empujaron al mundo del siglo XX –en su mayoría de creencia católica–, a dos guerras mundiales en menos de cuarenta años y a un sin número de confrontaciones violentas en los siguientes cincuenta años.

 

En estas circunstancias, vivir en pleno siglo XX no era fácil, situación que permite preguntar ¿Y, dónde está la Iglesia Católica? En todo este caótico mundo, dónde estaba la presencia de un guía espiritual y el apoyo moral para sus seguidores, lo que hubiese aliviado el gran dolor de muchos cristianos católicos en aquella época; era lo mínimo que se esperaba. Pero la Iglesia católica por intermedio de sus representantes se encontraba cercana al poder político, en muchos casos dictadores y tiranos, y en otros casos cercana a quienes ostentaban el poder económico, ambas instituciones responsables de la debacle de los valores fundacionales de una sociedad moderna, como son la libertad, la justicia y la equidad.

 

Pero, de igual manera, hacia el interior de la Iglesia se movían manifestaciones que entendían que esta Iglesia no podía seguir al margen de las necesidades humanas, siendo solo espectador del dolor y en algunos casos complaciente, callando sin musitar palabra. Luego, el espíritu de renovación en el discurso se hizo sentir en medio de la debacle.

 

El papa Juan XXIII convoca, hacia mediados del siglo XX, al Concilio Vaticano II, con clara disposición de impulsar reformas hacia el seno de la Iglesia católica hundida en el pasado, pero solo un poco más de diez años duró la reflexión, ya que la muerte de este Papa renovador precipitó el fin de esta oportunidad histórica de lograr identificar el objetivo de la iglesia ante los cambios veloces que experimentaba la sociedad. Hacia el año de 1965, quien lo sucede, el papa Pablo VI decreta el final del Concilio Vaticano II; luego la etapa de reflexión y cambio solo se dio en algunos asuntos de poca profundidad para la Iglesia.
Pese a esto, en Latinoamérica un sector de la Iglesia católica entendió la necesidad de continuar con un discurso progresista, sin aceptar la regresión de la Iglesia en el resto del mundo, continuando así con una acción social progresista que permitiera fundar una nueva visión de la acción pastoral, con fundamento en el contacto directo con las necesidades y apremios de una gran mayoría de la población marginada, y en franca situación de pobreza, en estos países que en su mayoría se encontraban gobernados por las dictadores militares.

 

Este movimiento latinoamericano de sacerdotes progresistas definió nuevas reflexiones teológicas sobre el papel de la Iglesia católica en los países pobres, despertando polémica entre los sectores más conservadores de la Iglesia en Latinoamérica y en las élites de cada país. Esta nueva teología se empezó a denominar “Teología de la Liberación”, caracterizada por la experiencia de conocer a Dios dentro del sufrimiento y la lucha de los pobres, y en algunos casos en lograr explicar y defender esa experiencia1. Igualmente, “La Teología de la Liberación articula una experiencia de Dios en el pobre que tiene lugar en la iglesia”2.

 

Ante la aparición de una manera diferente de trabajar y acompañar al ser humano, que reclama la presencia de Dios desde sus mismas necesidades vitales, el cardenal Ratzinger, jefe de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, dio alcance a lo que se denominó como Teología de la Liberación en América Latina en una carta denominada “Carta Ratzinger”, donde arremetía en contra de dicho movimiento, acción acompañada de la fuerte represión hecha a sacerdotes progresistas. Como se recordará este Cardenal luego fue ungido como el papa Benedicto XVI y dirigió a la Iglesia entre los años 2005-2013.

 

Pasaron algunas décadas después de este intento de renovación, que si bien no generó los cambios esperados en su momento, estos quedaron postergados hasta cuando un cardenal latinoamericano logró alcanzar la máxima posición en la estructura jerárquica de la Iglesia católica como es el papa Francisco, que, si bien no practicó este tipo de teología, si logró experimentar de cerca la acción pastoral de muchos de sus colegas en aquella época. El papa Francisco fue el que logró que la Iglesia católica abriera sus ojos ante la nueva sociedad después de un largo sueño de más de quinientos años y sin perder tiempo abordará temas de inmensa preocupación en la población cristiana católica actual, como son la violencia hacia la mujer, el aborto, la homosexualidad, la práctica de la fe en Cristo para los cristianos católicos y demás palabras que permiten ver con esperanza la necesidad de acercar a la Iglesia a sus seguidores.

 

A finales del año 2017 el papa Francisco visitó a Colombia como una acción concreta de la participación de la Iglesia en el proceso de paz en marcha en el país, haciendo una praxis dramática y comprometida con este logro, a diferencia de situaciones anteriores, en donde la Iglesia no asumió el papel protagónico que se esperaba en el acercamiento de las partes en conflicto a partir de entender que la fe cristiana no tiene color político o ideología.

 

Luego, no es atrevido pensar, que aquellas enseñanzas y lecciones aprendidas fruto del intento de algunos sacerdotes que cuarenta años atrás llevaron la acción pastoral al contacto directo con los problemas del ser humano del común, denominado por algunos “Teología de la Liberación”, hoy se encuentran presentes en algunas de la acciones y discursos concretos que este Papa utiliza como método de acercamiento a la población cristiana católica que lo sigue. Por esto, se podría afirmar que es el principio del entendimiento sobre la coherencia entre el discurso y la acción, que son las bases fundamentales para la construcción de un cristianismo más cercano a los problemas concretos del ser humano en el presente siglo. Muchos seguidores del papa Francisco animados por su espíritu renovador, desean que tenga un pontificado extenso, y que como líder de su iglesia logre reconstruir un cristianismo católico capaz de afrontar los retos que le plantea el siglo XXI.

 

1 Berryman, Phillip, Teología de la Liberación, Siglo XXI Editores. Colección Sociología y Política. Tercera edición en español. Impreso en México.
2 Ídem.

* Arquitecto con más de veinte años de experiencia de trabajo en temas urbanos y de ordenamiento territorial en entidades públicas y privadas; Especialista en Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano Regional y Magíster en Sociología Urbana.

Bibliografía
Restrepo, Javier Darío, La Revolución de las Sotanas. Golconda 25 años después, Editorial Planeta. Segunda edición. 1995.

 

Publicado enEdición Nº251
Sábado, 29 Agosto 2015 11:39

Del miedo a la esperanza política

Del miedo a la esperanza política

 

La esperanza militante enarbola su pendón.

Ernst Bloch

 

Muchos de los que hoy en Colombia narramos revoluciones abortadas y empujamos revoluciones urgentes somos sobrevivientes apenas. Sobrevivientes de la desaparición y del miedo que instaló en los cuerpos y en las conciencias un engendro puesto en marcha en los años setenta con el nombre de Estatuto de seguridad1 bajo el régimen de Turbay Ayala. En sus brigadas, cuarteles y caballerizas, los cuerpos de cientos de fervorosos militantes fueron destrozados y desaparecidos. Los que sobreviviesen el espanto deberían quedar convertidos en eternos cadáveres políticos por la acción paralizante del miedo. Muerte y miedo fueron los ejes prácticos de su filosofía letal. Por eso la mayoría de sus sobrevivientes se agazapa todavía hoy, varios decenios después, en sus cavernas de quietud y de espanto, de resignación y de silencio.

 

Por esos mismos años en los escenarios cristianos de América Latina, cuando se cocían transformaciones políticas audaces al calor de transgresoras alianzas entre creyentes y militantes sociales, de teologías políticas, de fes subversivas, de pastoreos con conciencia de clase, se desató otra especie de estatuto eclesiástico de seguridad. Con la forma de nuevo tribunal de la santa inquisición2, el poder eclesiástico soltaba sus furias contra estas nuevas praxis de creyentes y desataba sofisticados mecanismos de eliminación de los cuerpos e instalación del miedo en las conciencias. Sus prácticas macabras incluían silenciamiento de teólogos y catedráticos, señalamiento de pastoralistas ante ejércitos, brigadas y escuadrones de muerte, suspensión de funciones ministeriales, expulsión de iglesias, escuelas y universidades, enclaustramientos, exilios y despidos laborales.

 

Acción con eco. El miedo de la gran masa de creyentes de América Latina y de Colombia sigue ahí con su secuela que es la parálisis para la acción, para el grito, para la denuncia, para el trabajo de alumbrar conciencias y de poner en marcha nuevas prácticas libertarias. Hijas del miedo son las prácticas religiosas ingenuas y carentes de sentido y de fuerza, mucho rezo y ninguna acción, las prácticas intimistas y supersticiosas, la religiosidad folclórica y tradicional, los fundamentalismos bíblicos, las esperanzas milagreras, las castraciones corporales y mentales, las reverencias ante sacerdotes y gurúes, las obediencias ciegas y acríticas, la incapacidad para conectar fe y política.

 

Desde el Pedro de Galilea de hace veinte siglos hasta el argentino Francisco de hoy, místicos, santos, iluminados, profetas, pastores y caudillos del pueblo creyente cristiano, todos, sin excepción alguna, han estado habitados por el miedo. Algunos han dejado que el miedo les hiciera de trampa y de escondite y con ello murió todo espíritu de lucha. Otros, en cambio, los que hicieron significativas transformaciones en su momento histórico o en su hacer de creyentes, lo lograron por haber sido capaces de saltar por encima de sus miedos, por haber ido –digo a menudo– del miedo paralizante a la audacia revolucionaria. Teresa de Jesús –por ejemplo–, la de Ávila, la monja carmelita reformadora en pleno corazón de la inquisición del siglo 16, tenía su método peculiar para vencer los miedos: ponía la muerte ante los ojos, tomaba conciencia de ella, la llamaba y la invocaba3. La exorcizaba y le quitaba poder sobre sus decisiones y actos. Se enfocaba, siguiendo la ruta que analiza Bloch4, en el efecto de lo que esperaba, de lo que soñaba realizar. En palabras de Bloch, este método consiste en trazar la línea "por la que se mueve la fantasía de las representaciones anticipadoras y por la que esta fantasía construye, después, su ruta deseada", su "terreno utópico"5. Es lo que Freire llamó a finales del siglo veinte, la acción esperanzada, acción contraria a toda resignación fatalista.

 

La profecía latinoamericana de la segunda mitad del siglo veinte ha seguido esa sabiduría de Teresa de Jesús y su terapia contra el miedo paralizante: No permitir que el miedo a la muerte –que es el miedo esencial en todas las circunstancias de la vida y, en nuestro caso, cuando las dictaduras se agitan y cuando los poderes se reconcentran–, les haga embolatar el objeto de su lucha y de su esperanza, de su esperanza mística y de su esperanza política: Gerardo Valencia Cano, el antioqueño obispo de los derechos de las comunidades negras del Pacífico, acorralado por el ejército, por los medios, por los jerarcas católicos y por el estado colombiano y finalmente eliminado en un atentado aéreo, rezaba "que el miedo no nuble mi mirada"; y Romero de El Salvador, con la bota y el fusil militar sobre su cabeza, rezaba en el nudo de sus miedos más azarosos "podrán matarme pero resucitaré en las luchas de mi pueblo". Pedro Casaldáliga, flaco, poeta, frágil, obispo de la Amazonía brasileña, acosado por la dictadura militar, rezaba y escribía en las paredes de su cuarto "por mi pueblo en lucha vivo, con mi pueblo en marcha voy". Esos testimonios, y de ellos está lleno el martirial de América Latina y de Colombia, nos dicen bien a las claras que la liberadora terapia contra el miedo paralizante es la mirada puesta en el objeto de la esperanza, es decir, en el suelo de libertades al que se quiere llegar.

 

Francisco, el papa, el que como jerarca argentino fue hombre de diplomacia y de prudencias, hombre de muchos cálculos que son hijos del miedo paralizante, nunca amigo declarado de las radicalidades de la teología de la liberación, al llegar a la cúspide del poder eclesiástico hace un poco más de dos años, marca una ruptura significativa: decide romper los cercos del miedo y, sabiéndose objetivo deseado de muchas balas y de muchas muertes, se enfoca en el objeto de su espera, en el objeto de la espera de la humanidad. Y desde esa postura se transforma, y transforma su palabra, y transforma su acción. Empieza a dibujar las parálisis del miedo y a invitar a vencerlas: "Actuemos sin miedo", "hagamos lío", "rompamos estructuras", "este sistema no aguanta, los pueblos no aguantan, la tierra no aguanta", repite por doquier y sin cesar.

 

¿Qué hace falta para romper el miedo?, ¿qué hace falta para que en Colombia rompamos el miedo y nos lancemos audazmente a construir unidad y a sembrar un ordenamiento social, político y económico incluyente, plural y equitativo, justo, hermanado y en paz?, ¿qué hace falta para que mujeres y hombres creyentes de Colombia, con fuerza nueva y lógicas nuevas derivadas de nuestra fe, volvamos a la lucha decididos a juntarnos con muchas y muchos otros para cambiar las cosas con radicalidad?

 

Tal vez una buena pista sobre estos interrogantes nos la brinda Ernst Bloch cuando nos invita a enfocarnos en esperar algo distinto, en creer que puede lograrse lo que esperamos y en actuar para que se dé: "La esperanza es [...], en último término, un afecto práctico, militante, que enarbola su pendón. Si de la esperanza nace la confianza, tenemos o casi tenemos el afecto de la espera hecho absolutamente positivo, el polo opuesto de la desesperación"6.

 


* Teólogo animador de Comunión sin Fronteras. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
1 Doctrina de la seguridad nacional es un concepto utilizado para definir ciertas acciones de política exterior de Estados Unidos tendientes a que las fuerzas armadas de los países latinoamericanos modificaran su misión para dedicarse con exclusividad a garantizar el orden interno, con el fin de combatir aquellas ideologías, organizaciones o movimientos que, dentro de cada país, pudieran favorecer o apoyar al comunismo en el contexto de la Guerra Fría, legitimando la toma del poder por parte de las fuerzas armadas y la violación sistemática de los derechos humanos. El Estatuto de Seguridad Nacional fue la aplicación en Colombia de esta Doctrina, según la cual las Fuerzas Armadas debían combatir al "enemigo interno" que amenazaba los "intereses nacionales". La analista Catalina Jiménez afirma que eso llevó a los militares a "considerar que cualquier opositor o crítico al Estado era una amenaza a los valores políticos trascendentales" de la nación".
2 Con el término Inquisición aludo a diversas instituciones creadas con el fin de suprimir la herejía dentro del seno de la Iglesia Católica. La Inquisición medieval, de la que derivarían todas las demás, fue fundada en 1184 en el sur de Francia para combatir la herejía de los cátaros o albigenses, pero tuvo poco efecto al no proporcionarse apenas medios. La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231, con los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidad de los obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos, a causa de su mejor preparación teológica y su supuesto rechazo de las ambiciones mundanas. En un principio, esta institución se implantó sólo en Alemania y Aragón, aunque poco después ya se extendió al resto de Europa, siendo su influencia diferente según el país. En 1478 es fundado en España por los Reyes Católicos –Isabel y Fernando–, con la autorización del papa Sixto IV, el Tribunal de la Santa Inquisición, un Tribunal mixto, integrado por varios eclesiásticos, expertos conocedores del dogma y moral católicos, del Estado y de la Iglesia, que se ocupaba de juzgar los delitos relacionados con la fe y las buenas costumbres. El principal propósito del Tribunal era vigilar la sinceridad de las conversiones de judíos y musulmanes. El primer inquisidor general fue el célebre fray Tomás de Torquemada.
3 Cf. Zambrano, María. Algunos lugares de la poesía. Editorial Trotta, Madrid, 2007. p. 125.
4 Bloch, Ernst. El principio esperanza. Editorial Trotta, Madrid, 2004. La conciencia anticipadora, Tomo I
5 Bloch, Ernst. Op. Cit., p. 147
6 Ibídem

Publicado enEdición Nº 216
Maduro advierte: la revolución no se negocia

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aseguró este miércoles estar de acuerdo totalmente con la recomendación del ex mandatario brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, quien planteó al gobernante bolivariano establecer una política de coalición, y descartó negociar los principios socialistas en el diálogo directo y público que sostendrá en breve con opositores.

Lula propuso el martes establecer una política de coalición, construir un programa mínimo y disminuir la tensión, tras semanas de protestas antigubernamentales que han dejado 39 muertos y centenares de heridos. Estoy apoyando para encontrar una salida en la negociación porque para Brasil Venezuela es estratégica, subrayó.


Cuando Maduro asumió (el poder), hablé con él y le comenté que era importante encontrar el equilibrio para construir la paz y permitir que el país aproveche su potencial. Venezuela debería tener un pacto de cinco años para trabajar contra los apagones, luchar contra la inflación y ser autosuficiente en la producción de alimentos, declaró Lula a la prensa de su país.


Maduro interpretó las palabras de Lula como un llamado a afianzar la coalición socialista de partidos que apoyan su gobierno. Sería un traidor yo si me pongo a negociar la revolución. Es que a mí no me pertenece este poder, este poder le pertenece a la revolución, al pueblo, dijo.
De acuerdo totalmente con Lula; es lo que estamos haciendo, gobernando, a pesar de las guarimbas (barricadas) no hemos dejado de gobernar ni un segundo, hemos tomado decisiones, en épocas de guarimbas yo aprobé más de 150 mil millones de bolívares (15 mil millones de dólares) en proyectos, precisó Maduro.


Lo que no hay en Venezuela es una negociación; yo nunca voy a participar en una negociación, no tengo nada que negociar con nadie, ni pactos ni nada de eso. Aquí lo que hay es un debate, un diálogo, que es diferente, dijo entre aplausos de sus seguidores.


En todo caso, a mí me toca administrar este poder para hacer más revolución, así que tenemos una gran coalición y Lula seguramente apunta hacia allá, seguro que sí, por lo que lo conocemos, consideramos a Lula un padre de la izquierda también, querido compañero.


Horas después, el canciller de Brasil, Luiz Alberto Figueiredo, manifestó que está satisfecho con que meses de acción del gobierno brasileño, de manera discreta, pero continua, hayan rendido frutos, en el sentido de que tanto el gobierno como la oposición en Venezuela pidieron a Brasil ser uno de los facilitadores del diálogo.


El mandatario venezolano acusó que la oposición intentó derrocarlo desde que fue proclamado presidente hace casi un año, tras haber ganado con menos de dos por ciento de diferencia las elecciones del 14 de abril. En un año, más o menos que cumplo ahora, no me han dado un segundo de tregua; normalmente cualquier gobierno del mundo gana y la oposición le da, no sé, una tregua para que respire. El mismo día que me estaba proclamando el Consejo Nacional Electoral (CNE) declararon la guerra civil, y todo 2013 lo pasamos batallando, aseveró.


Interrogado sobre la exigencia de una amnistía para los detenidos durante las protestas, prometió que en su gobierno va a haber justicia, no va a haber impunidad ante los grupos que generaron la violencia de las últimas semanas. La amnistía es uno de los reclamos de la oposición de cara al diálogo en puerta.


Por lo pronto, Estados Unidos hizo saber que no estudiará por ahora la propuesta de Caracas de restablecer un embajador venezolano en Washington porque considera que ello distraería la atención sobre los actuales problemas del país sudamericano, que son internos y no bilaterales.


Creemos que la acción tiene que darse en Venezuela, donde los venezolanos deben dialogar, dijo ante el Congreso la subsecretaria de Estado para América Latina, Roberta Jacobson.


Maduro, que ha acusado en repetidas ocasiones a Estados Unidos de estar detrás de las protestas en con el objetivo de desestabilizar su gobierno, propuso recientemente a Maximilian Arvélaez como nuevo embajador en Washington, con el propósito, dijo, de avanzar en un nuevo tipo de relación bilateral.


En el contexto del diálogo acordado este martes con la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), el gobierno de Venezuela envió una invitación formal para que el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, se sume como testigo de buena fe a las conversaciones que gobierno y oposición sostendrán esta semana con la mediación de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).


Aunque se espera que el diálogo comience tentativamente este jueves, en el sector radical de la MUD surgieron voces de rechazo a participar y mantienen la exigencia de que se libere al líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, y a dos alcaldes opositores que fueron destituidos por su presunta responsabilidad en acciones violentas durante las movilizaciones.


Tras la invitación del gobierno al secretario de Estado vaticano, el opositor Henrique Capriles anunció que acudirá al encuentro para decirle al gobierno la verdad, para que el país abra los ojos, porque con la verdad ni temo ni ofendo.


El canciller Elías Jaua aplaudió la decisión de Capriles, gobernador de Miranda. Lo exhortó a llevar sus argumentos sobre los hechos de violencia de la oposición en las protestas y a que llame a la paz en su estado, donde el sábado pasado fue atacada la sede del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela.


El gobernador opositor del estado de Lara, Henri Falcón, ratificó también su apoyo al diálogo con apego a la Constitución y rechazo a la violencia. Nosotros creemos en el diálogo porque no estamos en dictadura. Dialogamos o nos matamos; no hay otro camino, subrayó. Restó importancia a la legitimación de Maduro por el diálogo y dijo que pedirán la liberación de presos políticos.


Por lo pronto, el CNE convocó a elecciones el 25 de mayo en dos municipios para sustituir a los alcaldes opositores destituidos por el Poder Judicial, por desacato de una sentencia que los obligaba a impedir barricadas de manifestantes opositores. Los comicios serán en San Diego (estado de Carabobo) y San Cristóbal (Táchira), para sustituir a Enzo Scarano y Daniel Ceballos, respectivamente.


Mientras, un grupo de periodistas inició una campaña para pedir la liberación de su compañera y jefa de corresponsalías del canal Globovisión, Nairobi Pinto, secuestrada por sujetos encapuchados el domingo pasado frente a su casa en Caracas.


Comunicadores de la televisora y los diarios El Universal, El Nacional y Últimas Noticias se unieron a las actividades. Vestidos de blanco para simbolizar solidaridad, posaron frente a las cámaras del canal con carteles que decían liberen a Nairobi, y promovieron etiquetas con ese lema en las redes sociales.


La dirigente estudiantil Gaby Arellano, una de las activistas de las protestas, sugirió que el secuestro de Nairobi es para que revele detalles de su amistad y eventual agenda dentro de la lucha de los estudiantes opositores.


Amiga Nairobi, por tu libertad y la de Venezuela me mantendré en la calle, hoy con más fuerza que ayer, dijo Arellano en un tuit y responsabilizó al ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, y a todo el gobierno por la integridad física de mi amiga Nairobi y de todo mi entorno. Precisamente el ministro Rodríguez dijo ayer que Pinto fue secuestrada en una zona de violencia.


En otro orden, el Banco Mundial advirtió que un deterioro de la situación económica venezolana podría tener efectos graves en el proceso muy serio de apertura de la economía de Cuba, debido al fuerte vínculo de la isla con el país sudamericano.

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Miércoles, 06 Noviembre 2013 06:45

Italia no consigue salir de la recesión

Mientras el Parlamento italiano discute, sin llegar a ningún acuerdo todavía, sobre el proyecto de la Ley de Estabilidad 2014-2017 presentado por el gobierno, es decir, todas las medidas económicas que serán tomadas a partir del año que viene para reactivar la economía, las centrales sindicales preparan un paro general contra esa ley para el 15 de noviembre, por considerarla ineficaz y dañina para los trabajadores. Para completar el panorama, todavía nefasto después de tres años de recesión económica, el Istat (Instituto de Estadísticas) difundió previsiones de sus expertos economistas, más pesimistas que las del gobierno, casi como queriendo decir que la base de la que parte el gabinete del primer ministro Enrico Letta está equivocada y que en consecuencia podrían serlo también sus proyectos. La Unión Europea confirmó en parte las previsiones del Istat y agregó otro dato nada estimulante: la relación entre la deuda pública y el PIB llegará en 2014 a la cifra record de 134 por ciento, pero disminuirá a 133,1 por ciento en 2015. Esto significa un empeoramiento de la solidez financiera del país, que tiene como consecuencia un aumento de los intereses que pagarán los títulos estatales en detrimento del propio Estado.


En otras palabras, labatalla por el qué hacer, qué medidas tomar, qué sectores privilegiar, qué recortes hacer está todavía abierta en la península. Llegar a un acuerdo sigue siendo la batalla más complicada.


Una de las gotas que colmaron el vaso corrió por cuenta del Istat. El Instituto de Estadísticas, en efecto, dice que en 2013 el PIB (Producto Interno Bruto) disminuirá 1,8 por ciento y en 2014 en cambio crecerá el 0,7 por ciento. Las previsiones del gobierno, en cambio, eran para los mismos períodos de una disminución del 1,7 por ciento y de un crecimiento del uno por ciento. El gobierno tendió a quitarle importancia a esta diferencia. "Tenemos opiniones levemente diferentes". Pero "la economía comenzará su recuperación a fines del cuarto trimestre de este año y en el año próximo" , dijo el ministro de Economía, Fabrizio Saccomani. Mientras el ministro de Trabajo, Enrico Giovannini, comentó que "para empezar, son sólo previsiones, y la diferencia representa un estímulo para hacer aún más esfuerzos". En efecto, el Istat indicó que si crece la confianza, entonces se logrará un crecimiento del uno por ciento como dice el gobierno. El informe de la Comisión Europea sobre la situación económica de la región, y de Italia en particular, subrayó que los indicadores dicen que "la recesión en Italia está llegando a su fin" y que habrá una "gradual mejoría de la producción a fines del cuarto trimestre de 2013".


Otra cifra revelada por el Istat es aún más alarmante: la desocupación general aumentará en 2014 en vez de disminuir, pasando del 12,1 por ciento de fines de 2013 al 12,4 por ciento. La UE confirma estas cifras añadiendo que en 2015 la deso-cupación tendrá una leve mejoría, volviendo al 12,1 por ciento. La desocupación juvenil, en cambio, supera actualmente en Italia el 40 por ciento y también sufrirá alteraciones en 2014, aunque no se dieron cifras en este sentido. La deso-cupación ha sido una de las causas principales del empobrecimiento de los italianos y ha llevado a que los pobres, según el Istat, se hayan duplicado en cinco años. Entre 2007 y 2012 llegaron, en efecto, a ser 4,8 millones de personas.


"La frazada seguirá siendo corta –comentó el jefe del Estado, Giorgio Napolitano, en alusión a las medidas que no serán suficientes para solucionar de una sola vez todos los problemas–. Pero con un gran esfuerzo colectivo de responsabilidad y cohesión, lograremos abrir un sendero de crecimiento para la economía."


Pero las tres centrales sindicales, CGIL-CISL-UIL, no están de acuerdo porque, dicen, la Ley de Estabilidad presentada por el gobierno "no realiza los cambios necesarios para que el país salga de la recesión y la economía vuelva a crecer". Según los sindicalistas, una "significativa reducción de los impuestos a los trabajadores y jubilados, así como a las empresas que invierten, es el camino principal para producir el gran cambio". Y a nivel europeo, dicen, es necesaria una política que "libere recursos para financiar inversiones y apoyar la ocupación, la innovación tecnológica y las políticas sociales".


En pocas palabras, los sindicatos piden que haya menos impuestos para trabajadores y jubilados, que las jubilaciones sean revaluadas o que tengan, como en otras épocas, una adecuación por lo menos según el índice inflacionario. A nivel público, insisten en la necesidad de recortar el gasto improductivo y los costos de la política. Es decir, no se trata de echar nueva gente a la calle reduciendo los empleados públicos, sino de recortar, por ejemplo, los sueldos de los parlamentarios, que superan en tres, cuatro o cinco veces los de un común mortal.


Muchos se preguntan en Italia qué hay que hacer para reunir los recursos necesarios a fin de estimular el empleo y la inversión, dado que el Estado está casi en bancarrota. Las centrales sindicales dicen que, entre otras cosas, hay que reducir drásticamente el número de sociedades públicas o de entes públicos inútiles –que han servidos todos estos años sólo para conseguir votos para algunos partidos–, reducir el número de integrantes de la administración antes y reducir los cargos de nombramiento político.


Por supuesto, concluyen, es necesario incentivar la lucha contra la corrupción, porque de eso depende también la calidad de los servicios que se ofrece a los ciudadanos. Y podría significar también, según otras fuentes, un ahorro para el Estado. Para aclarar este punto, basta dar algunos ejemplos. Los empleados públicos que se encargan de los servicios a la comunidad teóricamente entran a trabajar por concurso. Pero, en realidad, lo fundamental es la recomendación, no los méritos. Y esto significa pura corrupción. Otro ejemplo distinto: en un municipio del norte de Italia acaba de salir a relucir que ninguna empresa se ha presentado al concurso público para recoger la nieve de las calles. No porque no les interese, sino porque la mafia napolitana, la camorra, en esa localidad tiene mucha influencia y los empresarios honestos tienen miedo o han sido corrompidos por ella para no presentarse.


Otro magnífico ejemplo de lo que significan la corrupción y el clientelismo lo ha dado la reconstrucción de L'Aquila, la ciudad del Abruzzo que quedó semidestruida después del terremoto de 2009 que costó la vida a 308 personas. Según un reciente informe de parlamentario europeo dinamarqués Soren Sondergaard, que debía controlar el uso que se hizo de los 300 millones de euros que aportó la Unión Europea en ese momento, hubo "precios inflados" y "escasa calidad" de los productos usados para la reconstrucción, como pudo verificar en parte en los departamentos construidos en tiempo record para los que quedaron sin casas, que hoy se están viniendo abajo de a poco. Pero el parlamentario también constató "infiltraciones mafiosas" en los contratos con los constructores y "negligencia" de parte de las autoridades italianas. Silvio Berlusconi era el jefe del gobierno en ese momento.

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"Y ahora, Señor Dios, salva a tu pueblo,
pues piensan liquidarnos y quieren destruir tu antigua herencia.
No abandones a esta parte tuya
que de la tierra de la esclavitud rescataste"
(Libro de Ester, capítulo 4).

Es la oración del cortesano Mardoqueo que quiere ser más leal a Dios y su pueblo, que a la corte en la cual y de la cual vive. Su oración es impresionante porque deja sentir un tufo de miedo ante la amenaza de liquidación y destrucción del pueblo y de la que ha construido como su herencia histórica. La vida y la libertad son, sin lugar a dudas, según el espíritu del texto, la porción más preciada de esa herencia que está en peligro.

Molesta un poco el tufillo de miedo que respira el cortesano. Y molesta porque nada bueno y mucho malo les ha hecho a los pueblos la religión practicada por miedo. América Latina carga a sus espaldas 518 años de resignación derivada del miedo metafísico que han sembrado los supersticiosos de distintos credos de matriz seudocristiana. Por eso, no gusta ese aire miedoso, y porque la vida trae ya su buena carga de miedos y malestares, de incomodidades y rompederos del alma, como para andar inventando dioses de castigo. Los seguidores de la utopía de Jesús de Nazaret son más aliados de la rebeldía creativa y la espiritualidad subversiva que de los miedos domesticadores.

Pero, más allá de lo dicho y en esencia, nos cae bien Mardoqueo por su brillante intuición de cuatro amenazas que siempre han pretendido conducir el coche de la historia: 1) Que nos liquiden como individuos, 2) que nos liquiden como pueblo 3) que liquiden nuestro proyecto histórico, 4) que destruyan lo que en limpia lucha hemos heredado y construido.

La historia humana se la ha pasado en esas: viendo desfilar minorías que se organizan para enseñorearse de la historia y los pueblos, y borrar los derechos de los individuos y los individuos mismos. Augures de desgracias, esas minorías, una vez que logran domar las conciencias y someterlas por las argucias del miedo, se adueñan de todos los productos y los bienes de la inteligencia humana, de los recursos naturales necesarios para la vida en sus diversas formas y de la herencia cultural de los pueblos; inventan tratados y normas para conducir las riquezas a sus arcas, excluyendo y condenando a la muerte inexorable, y se declaran amos y señores de los flujos de bienes y servicios, dueños y controladores absolutos y omnímodos del poder. Y pretenden también adueñarse del pensamiento, obligando al olvido con sus armas, sus obsecuentes iglesias, sus domadas escuelas y sus poderosos medios de desinformación y control de las conciencias. En fin, se la pasan avasallando con su palabra unilateral y prepotente.

Todo eso intuyó el modesto Mardoqueo y por eso se convirtió en una especie de filósofo de la historia en su oración desesperada. ¿Qué resulta siendo, entonces, Mardoqueo? Mardoqueo es el pueblo que se planta ante la desgracia y no camina más hacia el abismo; es la conciencia que se inicia con la palabra compartida, como oración, por ejemplo; es la resistencia creativa que se abre paso, modestamente, de uno en uno, y que se convierte luego en resistencia organizada, popular, inteligente, masiva, y con proyecto histórico social, político y económico.

Mardoqueo es memoria histórica, es acto de fe en el presente y acto de confianza en el futuro: "No abandones esta parte tuya que de la tierra de la esclavitud rescataste". Los mejores acompañantes de la humanidad hacia nuevos y liberadores destinos siempre han hecho esos “credos históricos” y así han concitado voluntades y convocado a los pueblos subyugados para la movilización hacia tierras de libertad. Es por eso que en comunión orante con ese buen hombre, invocamos para nuestra historia y en este esperanzador reinicio de la voluntad libertaria de las fuerzas populares, la santa y revolucionaria virtud de la memoria.


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Publicado enEdición 157