El ex presidente de Francia Nicolas Sarkozy, en imagen de 2007.Foto Ap

Después de la extrema unción de Emmanuel Macron –ex empleado de la esclavista Banca Rothschild– sobre el “fin de la hegemonía de Occidente (bit.ly/2L6xVpb)” y “la muerte cerebral de la OTAN (bit.ly/2OWK4y3)”, toca el turno al alicaído neogaullista Nicolas Sarkozy, quien decretó que “Occidente y Europa no son más los ejes del mundo (bit.ly/2R0OruF)”.

La consubstancial corrupción de Sarkozy no le obnubiló su lucidez. Occidente ( what ever that means) y Europa han sido rebasados por la resurrección de Rusia y la parusía de dos civilizaciones milenarias: China e India.

Sarkozy se equivoca al sentenciar que la crisis de los partidos Conservadores (sic) Liberales refleja la crisis de Occidente. No hay tal: da igual la pertenencia de cualquier partido en el amplio espectro permitido en los sistemas electorales de Occidente cuando los laboristas y/o socialistas, tipo travesti como Tony Blair, perdieron también su alma en el trayecto neoliberal global que fue el que periclitó cuando hoy los partidos, sean de cualquier bandera, cesaron de representar las aspiraciones y las voluntades de los ciudadanos, en particular, de los millennials que se han rebelado y revelado en los cuatro rincones del planeta (bit.ly/2qOFPg8) y que hoy carecen de futuro (bit.ly/34yZ9MF).

En Latinoamérica, la revuelta de los millennials va primordialmente contra el "Índice Gini" de la insoportable desigualdad del neoliberalismo global en su esencia antidemocrático por servir exclusivamente los intereses rapaces de la plutocracia.

Sarkozy no aporta nada nuevo cuando reconoce que Occidente y Europa –hoy diametralmente opuestos en la fase del trumpismo y del Brexit, como muy bien diagnosticó con ma-yor profundidad Macron– "no representan más el eje del mundo", por lo que "existen razones demográficas (sic) para ello": el "eje del mundo pasó de Occidente y hoy giró al Este.De 7 mil millones que habitan el planeta, 4 mil millones viven en Asia".

Hasta cierto punto, ya que Rusia con una demografía declinante –a cuya extinción poblacional apostó Estados Unidos, sin una guerra de por medio– mediante su mística y espíritu –palabras abolidas por el ultramaterialismo neoliberal–, que subsume "La Cuarta Teoría Política ( amzn.to/34AaufJ) " de Alexander Dugin (ideólogo del zar Vlady Putin), resucitaron a Moscú del cementerio geoestratégico donde la arrumbaron Gorbachov y Yeltsin.

Sarkozy aduce correctamente que es difícil que exista "una sola Europa con 27 países" cuando hay "cuatro Europas: la de Schengen, la del Euro, la de la Defensa y la de la Unión", lo cual es cierto a nivel jerárquico/estratégico cuando también existe una distinta visión regionalizada de otras cuatro Europas, a mi juicio: “norte, sur, central y oriental, con diferentes velocidades y dispersas en su múltiples instituciones y en la zona Euro de países de primera y segunda clase (bit.ly/33BgmUy)”.

Sarkozy comenta en forma polémica que "bajo la presión de las redes sociales (sic) lo que está de moda es la horizontalidad. Pero yo sólo creo en la verticalidad: un líder, un equipo, una visión, una ambición. En nuestras sociedades de hoy el liderazgo se ha vuelto ilegítimo (sic), el mundo se mueve a gran velocidad y los líderes, para actuar, tienen que esperar a tener la opinión de hasta la última asociación. La democracia no es eso". La democracia de Sarkozy es anacrónica y no tiene nada que ver con la topografía de la "nueva democracia del siglo XXI", que conjuga horizontalidad con verticalidad, en un esquema holístico envolvente donde participan las redes sociales como nuevas correas de transmisión de la comunicación hightech e incorporan a los millennials y a las poblaciones rurales despreciadas por los rascacielos urbanos/suburbanos.

Los errores epistemológicos y filosóficos de su caquistocracia y la ausencia de sabios y pensadores –sustituidos por analistas bursátiles/econometristas e ignorantes comunicadores de pacotilla a sueldo de sus mendaces multimedia– aniquilaron la pluralidad cerebral de un Occidente que se suicidó.

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Sábado, 23 Noviembre 2019 06:34

Blade Runner 2019: la rebelión replicante

Blade Runner 2019: la rebelión replicante

Fundamental obra de la ciencia ficción, Blade Runner (1982) es comúnmente abordada desde el tema medioambiental y la tecnología. Sin embargo, la película de Ridley Scott ofrece lecturas críticas más potentes. La autonomía de los artefactos producidos, la administración de la vida desde el poder y, especialmente, las posibilidades de rebelión superan en ella la adivinación futurista

La película, basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? del escritor estadunidense Philip K. Dick, se puso de moda de nuevo al cumplirse la fecha durante la cual se localiza la trama futurista: noviembre de 2019, mes en el que, como marco para mirar, una serie de insurrecciones recorren el mundo.

Blade Runner relata una cacería (llamada con el eufemismo retiro) de replicantes, androides creados por la corporación Tyrell con cuerpo humano y recuerdos falsos insertos en el cerebro.

Con guiños al Cine Noir de los 30, la cacería se desarrolla en los interculturales bajos fondos de la megápolis losangelina, cuya barroca atmósfera oscura contrasta con el dorado y piramidal edificio de Tyrell, empresa de diseño y administración de la vida (Biopolítica).

En La guerra de las imágenes: De Cristóbal Colón a Blade Runner. (1492-2019), el historiador francés Serge Gruzinski dice que la esencia de Blade Runner se encuentra en la metrópoli como confusión de razas y lenguas: lo barroco colonial. Gruzinski inserta al filme para leer a contrapelo de las imágenes del barroco creadas por el Occidente colonizador en México: se persigue a los replicantes, arguyendo la inhumanidad de eso esclavos androides, como cinco siglos antes los conquistadores sometieron y masacraron a los indios sosteniendo que éstos no tenían alma.

Sin embargo, es en este Los Ángeles como empalme de un barroco futurista donde se pueden esconder los androides-esclavos insurrectos. Es ahí donde se da la posibilidad de un cambio de mundo.

El teórico y crítico literario marxista Joseba Buj es todavía más radical que Gruzinski. En su ensayo Mínima marginalia del libro Cartografía del desencuentro reconoce en el replicante un artefacto cultural que tiene la posibilidad para generar después su propia autonomía: si la imagen Virgen de Guadalupe, implantación del imaginario colonial por excelencia, aparece siglos después en el estandarte del cura Hidalgo, el replicante, creado por el capital como esclavo, destinado a habitar los bordes del cosmos para producir y ser desechado, puede rebelarse contra su código, su papel, y salir a rebelarse contra su creador.

En esta lectura, la categoría migrante sería una réplica: productos de las guerras en los bordes exteriores del mundo conocido; réplicas que llegan por millares a tocar con fuerza en las puertas del Occidente que las produce. También sería una réplica la categoría indio (al igual que mestizo); el indio que, como palabra interpuesta desde la colonización, aglutina a miles de personas administradas y desplazadas por siglos, negadas de alma, igual que los androides. Una réplica hoy insurrecta que bajo el nombre maya, mapuche, aimara. Es hoy, en la constelación de la categoría indígena, que se gestan los levantamientos de emancipación americana de este noviembre de 2019.

Después de arrancar los ojos a su creador, el replicante Roy Batty (interpretado por el recientemente fallecido Rutger Hauer) invierte los roles fílmicos y pregunta a su perseguidor, el detective Deckard: ¿no eras tú el bueno. En la pelea final, el androide aúlla y deviene animal. Es capaz de desnudarse del rol social interpuesto y estar más cerca de la vida que el propio detective.

Invertidos los papeles, el replicante (esclavo insurrecto-Espartaco) vence, se transforma en divinidad para después morir pronunciando uno de los monólogos más citados del cine: he visto estrellas brillar en la noche con mil colores. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, igual que el llanto en la lluvia.

Blade Runner tiene al menos cinco versiones. Curiosamente, todas son réplicas. La versión que más gusta a Ridley Scott pareciera sugerir: al final, todos podríamos ser replicantes. De vuelta a la nocturna ciudad barroca, en un noviembre de 2019, estamos ante la hora de la rebelión.

*Por Al-Dabi Olvera, cronista

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Domingo, 17 Noviembre 2019 05:44

El odio al indio

El odio al indio

Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cánticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.

En el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 4x4 con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman "collas", que viven en los barrios marginales y en los mercados. Cantan consignas de que "hay que matar collas”, y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio. En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremacía racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballería- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. Llevan en la mano bates de béisbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego. La mujer es su víctima preferida; agarran a una alcaldesa de una población campesina, la humillan, la arrastran por la calle, le pegan, la orinan cuando cae al suelo, le cortan el cabello, la amenazan con lincharla, y cuando se dan cuenta de que son filmadas deciden echarle pintura roja simbolizando lo que harán con su sangre.

En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero también las desprecian. Más tarde salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con él, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad. Cuando son muchos, arrastran la Wiphala, la bandera indígena, la escupen, la pisan la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este símbolo de los indios al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en él.

El odio racial es el lenguaje político de esta clase media tradicional. De nada sirven sus títulos académicos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo. En el fondo, la estirpe imaginada es más fuerte y parece adherida al lenguaje espontáneo de la piel que odia, de los gestos viscerales y de su moral corrompida.

Todo explotó el domingo 20, cuando Evo Morales ganó las elecciones con más de 10 puntos de distancia sobre el segundo, pero ya no con la inmensa ventaja de antes ni el 51% de los votos. Fue la señal que estaban esperando las fuerzas regresivas agazapadas: desde el timorato candidato opositor liberal, las fuerzas políticas ultraconservadoras, la OEA y la inefable clase media tradicional. Evo había ganado nuevamente pero ya no tenía el 60% del electorado; estaba más débil y había que ir sobre él. El perdedor no reconoció su derrota. La OEA habló de "elecciones limpias" pero de una victoria menguada y pidió segunda vuelta, aconsejando ir en contra de la Constitución, que establece que si un candidato tiene más del 40% de los votos y más de 10% de votos sobre el segundo es el candidato electo. Y la clase media se lanzó a la cacería de los indios. En la noche del lunes 21 se quemaron 5 de los 9 órganos electorales, incluidas papeletas de sufragio. La ciudad de Santa Cruz decretó un paro cívico que articuló a los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, ramificándose el paro a las zonas residenciales de La Paz y Cochabamba. Y entonces se desató el terror.

Bandas paramilitares comenzaron a asediar instituciones, quemar sedes sindicales, a incendiar los domicilios de candidatos y líderes políticos del partido de gobierno. Hasta el propio domicilio privado del presidente fue saqueado; en otros lugares las familias, incluidos hijos, fueron secuestrados y amenazados de ser flagelados y quemados si su padre ministro o dirigente sindical no renunciaba a su cargo. Se había desatado una dilatada noche de cuchillos largos, y el fascismo asomaba las orejas.

Cuando las fuerzas populares movilizadas para resistir este golpe civil comenzaron a retomar el control territorial de las ciudades con la presencia de obreros, trabajadores mineros, campesinos, indígenas y pobladores urbanos -y el balance de la correlación de fuerzas se estaba inclinando hacia el lado de las fuerzas populares- vino el motín policial.

Los policías habían mostrado durante semanas una gran indolencia e ineptitud para proteger a la gente humilde cuando era golpeada y perseguida por bandas fascistoides. Pero a partir del viernes, con el desconocimiento del mando civil, muchos de ellos mostraron una extraordinaria habilidad para agredir, detener, torturar y matar a manifestantes populares. Claro, antes había que contener a los hijos de la clase media y, supuestamente, no tenían capacidad; sin embargo ahora, que se trataba de reprimir a indios revoltosos, el despliegue, la prepotencia y la saña represiva fueron monumentales. Lo mismo sucedió con las Fuerzas Armadas. Durante toda nuestra gestión de gobierno nunca permitimos que salieran a reprimir las manifestaciones civiles, ni siquiera durante el primer golpe de Estado cívico del 2008. Y ahora, en plena convulsión y sin que nosotros les preguntáramos nada, plantearon que no tenían elementos antidisturbios, que apenas tenían 8 balas por integrante y que para que se hagan presentes en la calle de manera disuasiva se requería un decreto presidencial. No obstante, no dudaron en pedir/imponer al presidente Evo su renuncia rompiendo el orden constitucional. Hicieron lo posible para intentar secuestrarlo cuando se dirigía y estaba en el Chapare; y cuando se consumó el golpe salieron a las calles a disparar miles de balas, a militarizar las ciudades, asesinar a campesinos. Y todo ello sin ningún decreto presidencial. Para proteger al indio se requería decreto. Para reprimir y matar indios sólo bastaba obedecer lo que el odio racial y clasista ordenaba. Y en sólo 5 días ya hay más de 18 muertos, 120 heridos de bala. Por supuesto, todos ellos indígenas.

La pregunta que todos debemos responder es ¿cómo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llevándola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo?¿Cómo hizo para irradiar sus frustraciones de clase a la policía y a las FF. AA. y ser la base social de esta fascistización, de esta regresión estatal y degeneración moral?

Ha sido el rechazo a la igualdad, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia sustancial.

Los últimos 14 años de gobierno de los movimientos sociales han tenido como principal característica el proceso de igualación social, la reducción abrupta de la extrema pobreza (de 38 al 15%), la ampliación de derechos para todos (acceso universal a la salud, a educación y a protección social), la indianización del Estado (más del 50% de los funcionarios de la administración pública tienen una identidad indígena, nueva narrativa nacional en torno al tronco indígena), la reducción de las desigualdades económicas (caída de 130 a 45 la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres); es decir, la sistemática democratización de la riqueza, del acceso a los bienes públicos, a las oportunidades y al poder estatal. La economía ha crecido de 9.000 millones de dólares a 42.000, ampliándose el mercado y el ahorro interno, lo que ha permitido a mucha gente tener su casa propia y mejorar su actividad laboral.

Pero esto dio lugar a que en una década el porcentaje de personas de la llamada “clase media", medida en ingresos, haya pasado del 35% al 60%, la mayor parte proveniente de sectores populares, indígenas. Se trata de un proceso de democratización de los bienes sociales mediante la construcción de igualdad material pero que, inevitablemente, ha llevado a una rápida devaluación de los capitales económicos, educativos y políticos poseídos por las clases medias tradicionales. Si antes un apellido notable o el monopolio de los saberes legítimos o el conjunto de vínculos parentales propios de las clases medias tradicionales les permitía acceder a puestos en la administración pública, obtener créditos, licitaciones de obras o becas, hoy la cantidad de personas que pugnan por el mismo puesto u oportunidad no sólo se ha duplicado -reduciendo a la mitad las posibilidades de acceder a esos bienes- sino que, además, los “arribistas”, la nueva clase media de origen popular indígena, tiene un conjunto de nuevos capitales (idioma indígena, vínculos sindicales) de mayor valor y reconocimiento estatal para pugnar por los bienes públicos disponibles.

Se trata, por tanto, de un desplome de lo que era una característica de la sociedad colonial: la etnicidad como capital, es decir, del fundamento imaginado de la superioridad histórica de la clase media por sobre las clases subalternas porque aquí, en Bolivia, la clase social sólo es comprensible y se visibiliza bajo la forma de jerarquías raciales. El que los hijos de esta clase media hayan sido la fuerza de choque de la insurgencia reaccionaria es el grito violento de una nueva generación que ve cómo la herencia del apellido y la piel se desvanece ante la fuerza de la democratización de bienes. Así, aunque enarbolen banderas de la democracia entendida como voto, en realidad se han sublevado contra la democracia entendida como igualación y distribución de riquezas. Por eso el desborde de odio, el derroche de violencia; porque la supremacía racial es algo que no se racionaliza, se vive como impulso primario del cuerpo, como tatuaje de la historia colonial en la piel. De ahí que el fascismo no sólo sea la expresión de una revolución fallida sino, paradójicamente también en sociedades postcoloniales, el éxito de una democratización material alcanzada.

Por ello no sorprende que mientras los indios recogen los cuerpos de alrededor de una veintena de muertos asesinados a bala, sus victimarios materiales y morales narran que lo han hecho para salvaguardar la democracia. Pero en realidad saben que lo que han hecho es proteger el privilegio de casta y apellido.

El odio racial solo puede destruir; no es un horizonte, no es más que una primitiva venganza de una clase histórica y moralmente decadente que demuestra que, detrás de cada mediocre liberal, se agazapa un consumado golpista.

Publicado en celag.org

Publicado enSociedad
Autorretrato

En el Museo de Arte del Banco de la República, en la sala denominada “La Renovación Vanguardista”, donde figuran obras de algunos de los artistas colombianos de los años 20 y 30 del siglo XX, hay una obra que, a primera vista, parece diferir temática y plásticamente del resto. Representa un malecón que se adentra en un mar tranquilo y termina en una escollera de piedras cuyo fin no alcanza a ver el espectador. Al comienzo del malecón hay una bandera italiana y, al final, algunas construcciones de madera que se antojan refugios de pescadores. Desprevenidos caminantes recorren la extensión en un sentido o en otro.

Cuando vi por primera vez esta imagen, vinieron a mi memoria los elegantes paisajes, llenos de bañistas, que algunos artistas de principios del siglo XX, como Raoul Dufy o Albert Marquet, habían hecho de las playas francesas. Su factura me pareció moderna y descomplicada. Esta obra, que se titula Marina (Viareggio, Italia), fue pintada por Eladio Vélez en 1928. Ante esta repentina aparición, surgió inevitablemente una pregunta: ¿Quién fue Eladio Vélez? ¿Por qué, al menos en una primera impresión, difiere tanto de algunos de sus compañeros de generación como Pedro Nel Gómez, Luis Alberto Acuña o Ignacio Gómez Jaramillo?

Eladio Vélez nació en Itagüí el 22 de septiembre de 1897. Allí realizó sus estudios primarios, aunque tuvo algunas estancias en Salgar (Antioquia). Las montañas antioqueñas le dieron el primer sustrato visual que luego desarrollaría como artista, especialmente en sus paisajes, y los valores de la familia lo rodearon del carácter típico de la región, que lo acompañaría durante toda su vida.

Su primer acercamiento con el dibujo se dio a través de la caricatura, pues ya a los 14 años, en 1912, colaboró como caricaturista en el diario El Bateo, de Medellín. Entre 1913 y 1916 estudió modelado y escultura en el Instituto de Bellas Artes de Medellín, la primera de muchas academias por las que pasaría durante su formación. Su vocación artística despuntaría definitivamente en el primer trabajo formal que tuvo entre 1918 y 1923: fue modelador y escultor en el taller de los Hermanos Carvajal, donde conoció y ejerció el oficio de artista, al cual habría de dedicarse por el resto de sus años. Mientras tanto, hizo parte activa de la vida cultural de Medellín en tertulias como la presidida por María Cano y en revistas como Cyrano, que circuló de 1921 a 1923 en la capital antioqueña.

Pronto el medio cultural paisa lo impulsó a conocer otras realidades, y con la intención de ampliar sus horizontes partió a Bogotá en 1924 para encontrarse allí con quien había sido uno de sus más importantes compañeros de formación, el pintor Pedro Nel Gómez. Allí juntos dieron a conocer sus acuarelas, técnica que habían aprendido y desarrollado en Medellín, y se involucraron con la intelectualidad bogotana, donde otros antioqueños como Luis Tejada ya habían hecho un camino y habían logrado concentrar varias de las nuevas tendencias de la plástica y la literatura.

En julio expuso en el hotel Regina una selección de óleos y acuarelas que lo erigen como uno de los más claros cuestionadores de la tendencia a la españolería que predominaba por entonces en algunos círculos burgueses de la capital y lo incluyen entre la nómina de nuevos artistas colombianos. En Bogotá permanecería hasta finales de 1925, cuando regresó a Medellín donde fundó, en compañía de Bernardo Vieco, una sociedad que se dedicaba a decorar edificios de la ciudad.

Sin embargo, aún le faltaba un paso imprescindible para la formación de un joven pintor de la época: el viaje a Europa. Vélez se embarcó para Francia en febrero de 1927. Llegó a El Havre y luego fue a París. Sin embargo, su sensibilidad, anclada en los grandes pintores del Renacimiento, lo impulsó para ir a Italia, adonde partió muy pronto. En abril se encontraba matriculado en la Academia Real de Roma y en julio se trasladó a estudiar en la Academia de Bellas Artes de Florencia.

En diciembre recorrió Italia en compañía de Jorge Eliécer Gaitán y en julio de 1928 participó en la exposición que junto con Pedro Nel Gómez organizó en el Círculo Internacional de Roma con el nombre de “Exposición de los Artistas Centro y Sur Americanos”. Algunas diferencias estéticas durante este evento hacen que rompa para siempre la amistad con Pedro Nel, con quien mantendría algunas disputas hasta el final de sus días. Como lo resume Elkin Alberto Mesa, en estas disputas “vemos a Eladio Vélez como un revolucionario dedicado a la pintura y a Pedro Nel Gómez como un pintor dedicado a la Revolución”**.

En abril de 1929 retornaría a París, en donde estudió en las Academias Julien y Colarossi y trabajó como asistente en el taller de otro notable antioqueño que a la sazón estaba instalado en París: Marco Tobón Mejía. En 1930 fueron admitidas dos obras suyas –una pintura y una escultura– en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses, donde también expusieron otros artistas colombianos como el mencionado Tobón Mejía, además de Andrés de Santa María y Efraín Martínez, entre otros. En junio de 1931 regresó a su patria, a Medellín, donde permanecería durante el resto de su vida.

Muy pronto, Eladio Vélez desempeñó un papel activo en la vida artística de la ciudad. En 1932 fue nombrado profesor de dibujo y pintura de la Escuela de Bellas Artes de Medellín y en 1934 asumió la dirección de la Escuela de Pintura y Dibujo del Instituto de Bellas Artes en reemplazo de su antiguo amigo Pedro Nel Gómez. Fue profesor de esta Escuela hasta 1944, cuando se retiró de manera definitiva y se consagró a al desarrollo de su obra.

En 1941 había participado en el Segundo Salón de Artistas Colombianos, donde sus obras llegaron a ser finalistas para el primer premio de pintura. En lo personal, en 1938 se había casado con Inés Jaramillo Vieira con quien tuvo dos hijos: Sergio Augusto, quien nació en 1940 y murió al poco tiempo, y Alejandro, abogado y criminólogo asesinado por las Farc en 2000 en el municipio de Argelia, donde se desempeñaba como juez.
También hizo parte de la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia, la cual presidió desde 1956. Desde ese cargo promovió y organizó el I Salón de Artes Plásticas de Antioquia, el cual se llevó a cabo en el Museo de Zea de Medellín entre el 12 y el 30 de octubre de 1956. En 1960 sufrió un derrame cerebral que le dejó como secuela una parálisis facial parcial. Siguió frecuentando los salones nacionales y regionales hasta su deceso, acaecido en Medellín el 24 de julio de 1967. Su obra fue exhibida en múltiples exposiciones después de su muerte y su legado sigue estando vigente en publicaciones sobre el arte colombiano del periodo.

Vélez fue un conocedor profundo de la pintura de su tiempo y, aunque al margen de las tendencias indigenistas de su época, supo refrescar las técnicas pictóricas demasiado depuradas de la academia que habían reinado en los primeros 20 años del siglo XX. En su obra pueden evidenciarse influencias disímiles como la del maestro Francisco Antonio Cano, de quien fue discípulo, pero también de los maestros del Renacimiento italiano y de los Machiaioli, quienes renovaron la pintura italiana a mediados del siglo XIX y cuyas obras deslumbraron al pintor cuando, a los 30 años, pisó suelo italiano. Su protagonismo en escuelas como la de acuarelistas antioqueños de los años 30 y su posterior trayectoria en el arte antioqueño lo hacen merecedor, sin duda, de un lugar destacado en la historia del arte colombiano del siglo XX, a pesar de que sus obras se alejen del estilo preponderante entre sus compañeros de generación. no iodo. Vsco Antonio Cano, de quien fue dis evidenciarse influencias dis periodo.

 

* Esta semblanza biográfica se encuentra basada principalmente en las investigaciones de Miguel Escobar Calle y de Jorge Cárdenas para las cronologías de los catálogos que figuran en el primer y el último lugar de la bibliografía, respectivamente
** Elkin Alberto Mesa, “Eladio Vélez, artista formidable”, en Eladio Vélez, pp. 24-25.

 

Bibliografía:

Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. Paisaje, frutas, retrato : Eladio Vélez 1897-1967. (Cronología de Miguel Escobar Calle). Bogotá: Banco de la República, Biblioteca Luis Ángel Arango, 2002.
Medina, Álvaro. El arte colombiano de los años 20 y 30. Bogotá: Colcultura, 1995.
Vélez, Eladio. El legado del maestro : catálogo publicado con motivo de la inauguración del nuevo edificio para el Instituto de Bellas Artes. Medellín: Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, Instituto de Bellas Artes, 1994.
Vélez, Eladio. Eladio Vélez. (Artículos Elkin Alberto Mesa, Darío Ruíz Gómez ; investigación y documentación Ana Ligia Pimienta Estrada, Carlos Mario Posada Arango, John Jairo Ospina Vargas y Jorge Cárdenas; fotografía de la obra Rosa Restrepo; Ramiro Posada). Medellín: Alcadía de Itagüí, Área Metropolitana del Valle de Aburrá, Escuela de Arte Eladio Vélez, 1994.

Publicado enEdición Nº262
Viernes, 11 Octubre 2019 06:30

La ladrona de fruta...

El escritor y dramaturgo austriaco Peter Handke, ayer, en su casa.Foto Ap

Presentamos en exclusiva para los lectores de La Jornada, un adelanto de la novela de Peter Handke, La ladrona de fruta o viaje de ida al interior del país, inédita en español y que publicará Alianza Editorial en los primeros meses de 2020. Ofrecemos este fragmento gracias a Alianza y su directora editorial, Valeria Ciompi.

 

Esta historia comenzó en uno de aquellos días de pleno verano en que uno anda descalzo por la hierba y por primera vez en el año es picado por una abeja. Al menos eso es lo que siempre me ha pasado a mí. Y ahora sé que esos días de la primera y a menudo única picadura del año, por lo general, coinciden con el abrirse de las flores blancas del trébol, del que crece a ras del suelo, en el que las abejas retozan medio escondidas.

Era un día soleado, también eso como siempre, de principios de agosto, pero, en todo caso bien entrada la mañana, aún no hacía calor, y en lo alto, y cada vez más en lo alto, el cielo azuleaba constante. Apenas había una nube, y si se formaba alguna: se disolvía de nuevo. Una brisa suave, que daba alas, soplaba, como suele ocurrir en verano, desde el oeste –en la imaginación desde el Atlántico– refrescando la bahía de nadie. No había rocío que secar. Igual que desde hacía ya más de una semana, al vagar temprano por el jardín, tampoco se había notado humedad bajo las plantas desnudas de los pies y, menos aún, entre los dedos.

Se dice que las abejas, a diferencia de las avispas, al picar, pierden el aguijón y que, por eso, a causa de la picadura, tienen que morir. En todos los años anteriores, pocas veces me habían picado –casi siempre en el pie desnudo– sin que yo mismo lo presenciara, por lo menos si tenía en cuenta el arpón de tres puntas, tan diminuto como poderoso, que parecía desgarrado de la carne interior de la abeja y alrededor del cual se hinchaba algo inconsistente y gelatinoso, las entrañas del insecto; a la vista estaba, además, un ser combándose, temblando, tiritando, cuyas alas perdían fuerza.

Pero aquel día de la picadura en el que la historia de la ladrona de fruta tomó forma, la abeja que me picó a mí, el descalzo, no sucumbió. Aunque se trataba de una abeja del tamaño de un guisante, peluda, lanosa, con los consabidos colores y franjas de las abejas, al picar, no perdió ningún aguijón y, después de la picadura, una picadura de abeja como pocas –tan repentina como intensa–, se elevó zumbando, dándose un impulso, no solo como si no hubiese ocurrido nada, sino como si, además, en virtud de su acción, hubiese recuperado nuevas fuerzas.

A mí la picadura me pareció bien, y no únicamente porque la abeja había sobrevivido. Hubo además otras razones. En primer lugar, se decía que las picaduras de abeja, de nuevo supuestamente a diferencia de las de las avispas o de los avispones, eran buenas para la salud, para aliviar los dolores reumáticos, para fortalecer la circulación sanguínea o para lo que fuera, y, ahora, una picadura así –otra vez una de mis imaginaciones– me reanimaría al menos durante un rato los dedos de los pies, que de año en año tenía más débiles e insensibles, prácticamente entumecidos; por una fantasía o imaginación similar, arrancaba yo las ortigas con las manos descubiertas, a menudo ramos enteros, tanto del jardín de la bahía de nadie como de las terrazas de la lejana finca de la Picardía –aquí, suelo de loess; allí, calcáreo–.

Di la bienvenida a la picadura por una segunda razón. Me la tomé como una señal. ¿Una buena señal?, ¿una mala? Ni buena ni mala y en absoluto funesta, simplemente una señal. La picadura dio la señal de partida. Es hora de que te pongas en camino. Aléjate del jardín y de la región. Vete. Ha llegado el momento de marchar.

¿Pero necesitaba yo esta suerte de señales? Aquel día, en aquel entonces: sí, y aunque de nuevo sea solo una imaginación o una ensoñación de verano.

Ordené lo que se tenía que ordenar en la casa y el jardín, también dejé expresamente esto y lo otro donde se hallara o reposara, planché las dos o tres camisas viejas a las que tenía más apego –apenas se habían secado en la hierba–, hice el equipaje, metí dentro las llaves de la casa de campo, mucho más pesadas que las de la casa de las afueras de la ciudad. Y no era la primera vez que, poco antes de salir, al atarme los cordones de las botas de caña corta, se me rompía un cordón, no encontraba de ninguna manera las parejas de los calcetines, me pasaban por las manos tres docenas de mapas detallados sin que apareciera el que me interesaba; la diferencia esta vez fue que se me rompieron los dos cordones de los zapatos –durante el cuarto de hora previo que tardé en desanudarlos se me rompió la uña de un pulgar–, que al final hice pares con los calcetines desaparejados –prácticamente sólo de esos–, y que de repente me pareció bien ponerme en camino sin tener ni un mapa.

De repente también me liberé de la falta de tiempo en la que había quedado atrapado, una falta de tiempo infundada que me invadía siempre, no solo en las horas previas a la partida; por lo general, entonces, me cortaba sobre todo la respiración y, en la hora antes de salir, era verdaderamente asfixiante. Ni una hora más allí. ¿Libro de la Vida? Libro en blanco. Se acabó el sueño. Se acabó el juego.

Pero ahora, de manera inesperada: la falta de tiempo se había esfumado, no tenía objeto. Todo el tiempo del mundo tenía yo de repente. Viejo como era: más tiempo que nunca. Y el Libro de la Vida: abierto y, a la vez, bien sujeto; las páginas, en especial las páginas en blanco, resplandeciendo al viento del mundo, de esta Tierra, del aquí. Sí, por fin conseguiría ver a mi ladrona de fruta; hoy no, mañana tampoco, pero pronto, muy pronto, y la vería como una persona, ente-ra, y no meramente en los quiméricos fragmentos que, durante todos los años anteriores, por lo general, entre la multitud y, además, siempre solo de lejos, habían aparecido ante mis ojos envejecidos dándome otra vez nuevas alas. ¿Una última vez?...

¿Es que has olvidado que eso de hablar de una ‘‘última vez’’ no se hace, tan poco como de una ‘‘última copa’’? O si se habla de ello, entonces como aquel niño que, después de que le hayan dejado que juegue ‘‘¡una última vez!’’ (pongamos que con el columpio o el balancín), grita: ‘‘¡una última vez!’’, y luego: ‘‘¡una última vez’’. ¿Grita? ¡Vocea! ¿Pero eso no lo has dicho tú a menudo? Sí, pero en otro país. Y eso qué más da.

Aquel día de verano no me llevé ni un libro, incluso retiré el que tenía en la mesa y todavía había estado leyendo por la mañana, una historia medieval de una joven que, para afearse y así librarse de los hombres que la perseguían, se había cortado las dos manos. (¿Uno mismo se cortaba ambas manos? ¿Cosas así solo pasaban en las historias medievales?) En casa dejé también mis cuadernos de notas y libretas, los guardé, los escondí como para mí mismo, aceptando que ya no los encontraría más, al menos no en el tiempo venidero, prohibiéndome servirme de ellos.

Antes de ponerme en camino me senté –el petate a mis pies– en una silla aislada, más bien un taburete, en medio del jardín, a distancia de los árboles y, sobre todo, lejos de las mesas, de la mesa de debajo del saúco, de la de debajo del tilo, de la de debajo de los manzanos, que era la más grande o, en todo caso, la más saliente. En mi imaginación, sentado así, ocioso, ligeramente erguido, una pierna sobre la otra, con el sombrero de paja para los viajes bien calado, yo encarnaba aquel jardinero llamado ‘‘Vallier’’ (o como sea que se llame) que Paul Cézanne pintó y dibujó una y otra vez hacia el final de su vida, en especial en 1906, año de su fallecimiento. En todos esos cuadros, ‘‘el jardinero Vallier’’ apenas muestra una cara, y no solo por el sombrero que le ensombrece la frente, o, si acaso, una cara, imagino yo, sin ojos, y también la nariz y la boca están como borradas. De la cara del que está ahí sentado, ahora sólo tengo presente una silueta. Pero qué silueta. Un contorno gracias al cual la superficie casi vacía de la cara encarna, expresa y emite algo que va más allá de lo que jamás podría llegar a comunicar el dibujo fiel hasta el detalle de una fisonomía o, por lo menos, es y transmite algo diferente, algo por completo diferente, una variante radicalmente distinta. Una posible traducción del nombre de aquel jardinero, que yo he modificado de ‘‘Vallier’’ a ‘‘Vaillant’’, ¿no sería ‘‘el vigilante’’?, mejor dicho, ¿‘‘el que presta atención’’?, ¿‘‘el que vela’’? o, simplemente, ¿‘‘el despierto’’? Y eso, junto con los órganos de los sentidos semidesaparecidos, orejas, nariz, boca y, sobre todo, los ojos como borrados, ¿se ajustaría a todos los retratos del jardinero Vallier?

Sentado así, despierto, a la vez que como en un sueño, en otro sueño, de pronto vino volando una voz hasta muy cerca de mi oído –más cerca imposible–. Era la voz de la ladrona de fruta, una voz interrogante, tan suave como decidida –imposible que fuera más suave y decidida–. ¿Y qué me preguntó? Si lo recuerdo bien (porque de nuestra historia ya hace mucho tiempo), nada especial, algo como ‘‘¿qué tal?’’, ‘‘¿cuándo te marchas?’’ (O no, ahora me viene a la memoria). Me preguntó: ‘‘¿Qué le pasa, señor?, ¿qué es lo que le preocupa de ese modo?, Qu’est-ce qu’il vous manque, Monsieur?, c’est quoi, souci?’’ Y esta resultó ser la única vez en la historia que la ladrona de fruta, en persona, me dirigió la palabra. (Por cierto, ¿cómo pude pensar que esta primera y única vez ella me tuteara?) Lo especial fue únicamente su voz, una voz de las que hoy en día son raras, o quizá hayan sido una rareza siempre, una voz llena de cuidado, sin un tono extra de preocupación y, sobre todo, una voz, la voz, de la paciencia, de la paciencia como atributo y también, aún de manera más intensa, como actividad, como un permanente estar activo en el sentido de «tener paciencia», también de «soportar»: ‘‘yo tengo paciencia y te soporto, le soporto, la soporto; soporto a quien sea o lo que sea, sin distinción y, sí, sin cesar.’’ Una voz así nunca en la vida modularía de otro modo y menos aún se cambiaría en otra espantosamente distinta –como me parece que es el caso de la mayoría de las voces humanas (la mía incluida) y, de forma más acentuada, de las voces femeninas–. Pero esa voz estaba en permanente peligro de enmudecer, y quizá –¡Dios no lo quiera!, ¡vosotros, poderes, acudid en ayuda de mi ladrona de fruta!– para siempre. Al cabo de los años –su voz todavía en mi oído– pienso que le encaja aquello que respondió un actor cuando en una entrevista le preguntaron cómo le ayudaba la voz a interpretar la historia que le correspondía en una película. Notaba, dijo, y no sólo en sí mismo, si una escena o la historia entera tenía ‘‘el tono adecuado’’, y le ocurría que valoraba la veracidad de una escena, incluso de la película, no a partir de lo que veía, sino de lo que escuchaba. Dicho lo cual el actor añadió riendo, cosa que por un momento hizo que me pusiera en su lugar: ‘‘Y por lo general tengo un oído muy fino, eso lo he heredado de mi madre.’’

Era mediodía, el mediodía que quizá sólo es posible durante la primera semana de agosto. Parecía que todos los vecinos de los alrededores hubieran desaparecido, yno desde ayer. Era como si se hubieran mudado no solo para pasar el verano en sus segundas residencias o chalets de la provincia francesao de otros lugares. Yo me imaginaba que se habían mudado definitivamente, más lejos que lejos, muy lejos de Francia, que habían re-gresado a la tierra de sus antepasados, a Grecia, al Portugal transmontano, a la pampa argentina, al mar del Japón, a la meseta española y, sobre todo, a las estepas rusas...

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Premio Nobel de Literatura para Olga Tokarczuk y Peter Handke

La visión eurocéntrica de la literatura es una rémora que la Academia Sueca no conseguirá templar, por más que proclame que la prioridad es la diversidad y mirar “por todo el mundo”. El mundo parece un pañuelo que se despliega sobre el mapa de Europa desde Estocolmo. La polaca Olga Tokarczuk ganó el Premio Nobel de Literatura 2018, suspendido el año pasado por las denuncias de abuso sexualcontra Jean-Claude Arnault –el marido de una ex académica, Katarina Frostenson, preso por violación-; y el austríaco Peter Handke obtuvo el correspondiente a 2019. Tokarczuk –que se convierte en la decimoquinta mujer que recibe el galardón- fue reconocida por “su imaginación narrativa, que con una pasión enciclopédica, simboliza el cruce de fronteras como forma de vida”, según anunció el secretario de la Academia Sueca, Mats Malm. En el caso del novelista, poeta, dramaturgo y cineasta austríaco se valoró una obra “llena de ingenio lingüístico que ha explorado la periferia de la experiencia humana”.

La literatura es un campo de experimentación para Tokarczuk (Sulechów, 29 de enero de 1962), una de las voces más vigorosas de la narrativa polaca contemporánea, ganadora en 2018 del premio Man Booker International por su novela Flights, que la editorial Anagrama publicará el próximo 6 de noviembre como Los errantes, traducido por Agata Orzeszek. En esta novela la narradora polaca explora el movimiento físico, el cuerpo mortal y el significado del hogar, mediante un puñado de historias aparentemente desconectadas a través del tiempo y el espacio, con ecos de W. G. Sebald, Milan Kundera y Danilo Kiš. En el texto de la contratapa de la edición que lanzará Anagrama se lo define como un libro “inquieto e inquietante, hecho de ‘historias incompletas, cuentos oníricos’ subsumidos en un libérrimo cuaderno de viaje a base de excursos, apuntes, narraciones y recuerdos que muchas veces tienen como tema el viaje mismo”. Uno de esos relatos está inspirado en un hecho real sobre cómo el corazón de Frédéric Chopin llegó a Polonia escondido en las enaguas de su hermana.

La flamante Nobel de Literatura está comprometida políticamente con la izquierda ecologista y vegetariana. “La novelista con rastas”, como la suelen nombrar algunos periodistas, es una tenaz opositora al actual gobierno nacionalista conservador del partido Ley y Justicia. Hay dos libros más de Tokarczuk traducidos al español. Las novelas Sobre los huesos de los muertos (publicada por Siruela en España en 2016 y la editorial Océano en México) y Un lugar llamado Antaño (Lumen, 2001), donde cuenta la historia de tres generaciones de campesinos en un pequeño pueblo llamado Prawiek. La primera es un policial sui generis que tiene como protagonista a Janina Duszejko, una mujer mayor, ingeniera jubilada y profesora de inglés, cuyas convicciones respecto al cuidado del medioambiente y los animales resultan un tanto radicales. 

En Sobre los huesos de los muertos –que ocasionó un fuerte debate en Polonia, donde la cacería es una actividad muy común– se narra una serie de muertes misteriosas desde la hipótesis que postula Janina: los animales son los responsables. Según la narradora, la fauna del lugar, harta de ser cazada por los lugareños, está tomando represalia contra quienes la amenazan con sus rifles. “Quería atraer la atención de la gente hacia el problema de matar animales, que es un tema importante para mí. El tema principal del libro es ¿cómo podemos ser buenos ciudadanos de un país cuando no aceptamos sus leyes? ¿Qué tan lejos podemos llegar si nadie nos escucha sobre eso que queremos cambiar?”, se pregunta la escritora polaca. “Para mí la literatura es un campo de experimentación moral; podemos hacer cosas que no podríamos hacer en la vida real, así que mi provocación fue buena porque hubo discusión. Incluso el ex presidente Bronislaw Komorowski, que era cazador, dijo, luego de leer el libro, que prometía no volver a cazar”.

Aunque todavía no ha sido traducido al español, con Los libros de Jacob (2014) Tokarczuk ganó el premio literario Nike y recibió amenazas de muerte de grupos de la extrema derecha por haber afirmado en una entrevista que Polonia tiene un pasado del que nadie debería sentirse orgulloso. La escritora polaca –que se graduó en Psicología en la Universidad de Varsovia- se considera discípula de Carl Jung. Trabajó en una clínica de salud mental durante algunos años en Walbrzych, al sudoeste de Polonia, antes de dedicarse a la literatura. La ganadora del Premio Nobel de Literatura confesó que cuando era joven creía que escribir era un trabajo inocente. “Ahora creo que todo es político: lo que comes, lo que vistes, qué tipo de libros lees. En Polonia preferiríamos vernos como una nación de colores brillantes sin admitir que también hemos tenido momentos oscuros y que se hicieron cosas horribles", advirtió. "En Polonia tenemos una situación política muy frágil, me convertí en una suerte de víctima inocente de esta energía violenta porque mi libro no es provocador, es simplemente historia documental, todo está documentado en archivos”.

A contracorriente

“Vivo de aquello que los otros no saben de mí”. La frase extraordinaria de Peter Handke (Griffen, 6 de diciembre de 1942), dicha para importunar como un aguijón que irrita la piel de las buenas conciencias –un aspecto que lo conecta con otro austríaco maestro en el arte de la diatriba, Thomas Bernhard-, podría condensar el camino literario y vital del prolífico escritor austríaco en lengua alemana. La soledad y la falta de comunicación son la médula espinal de una obra que abarca la poesía, la novela, el teatro, el ensayo y el cine

Los personajes angustiados y desterrados de la sociedad o que deciden apartarse de las convenciones de una vida burguesa para apostar por la experiencia radical de una introspección “silenciosa” abundan en sus mejores páginas, como en la obra de teatro Kaspar (1968), donde indaga en el caso de Kaspar Hauser, un adolescente del siglo XIX que creció aislado y al que la sociedad destruye al imponerle su lenguaje y sus valores racionales. O en Ensayo sobre el Lugar Silencioso (2015), una suerte de elogio del retiro y la meditación, cinco textos en los que explora temas y lugares aparentemente marginales como el cansancio, los bares de extrarradio de las ciudades o las estaciones de tren; pero también impera una suerte de sublevación contra la amenaza del lenguaje periodístico. “La invención, la ficción son la verdad. (…) Hoy, la literatura está en peligro de volverse periodística, de resultar indistinguible del periodismo. Cuando lo precioso de la literatura es la ficción, la transformación, el relato sin receta previa”, explicó Handke en una entrevista con El País de España.

Nadie como el escritor austríaco para despeinar las estanterías mentales. Entre sus primeras piezas como dramaturgo está Insultos al público (1966), en la que cuatro actores analizan la naturaleza del teatro, lanzan sus dardos envenenados contra los espectadores y elogian sus propias actuaciones. Visto desde la infame distancia temporal, que la obra haya sido un escándalo parece una ingenuidad anacrónica. En su primera novela Los avispones, también de los años 60, esquiva las convenciones del género y expone el método de escritura en las narices de los lectores. 

En 1971 la madre de Handke se suicidó con una sobredosis de somníferos. El hijo, acaso para intentar calibrar el efecto de esa pérdida, escribió una de sus mejores obras, Desgracia impeorable, en la que escarba en la llaga de ese suicidio para “no volverse loco machando con un dedo la misma tecla de la máquina de escribir”. La escritura está lejos de servir para algo. “Escribir no fue, como creía al principio, una forma de recordar una etapa ya concluida de mi vida, sino únicamente un continuo trasiego de recuerdos en formas de frases que lo único que hacían eran afirmar unas distancias que yo había tomado. Todavía a veces sigo despertándome por las noches de un modo brusco, de golpe, como si desde dentro un contacto me arrancara del sueño y, reteniendo el aliento, de terror, experimento como si me estuviera pudriendo minuto a minuto”, plantea el narrador.

También de la década del 70 es su novela policial El miedo del arquero al tiro penal, situada en la Alemania de la posguerra, donde un ex arquero de fútbol asesina a una mujer, pero en vez de huir para evitar ser detenido por la policía continúa con su vida con “normalidad”. La novela fue llevada al cine por Wim Wenders, con quien Handke escribió el guión de un film emblemático del director alemán: Las alas del deseo

Las últimas dos décadas del autor de notables novelas como Carta breve para un largo adiós, La mujer zurda, La tarde de un escritor, Historia del lápiz y El año que pasé en la bahía de nadie, entre otros títulos, han estado marcadas por la polémica a partir de la publicación de Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Sava, Morava y Drina, o justicia para Serbia (1966), considerada por los críticos como un “panfleto proserbio”. Algunos además sostuvieron que ponía en cuestión el genocidio de Srebrenica, en el que fueron asesinados unos 8000 musulmanes por fuerzas serbiobosnias. Handke rechazó que minimizara esa matanza y afirmó que solo intentó criticar que se hubiera demonizado a los serbios y se les atribuyera todos los males de la Guerra de los Balcanes. No solo defendió al autoritario presidente serbio Slodoban Milosevic, acusado de crímenes de guerra y apodado “el carnicero de los Balcanes”, sino que habló durante su entierro en 2006. Entonces tuvo que renunciar al Premio Heine por “una campaña de difamación por pensar a contracorriente”, según alertaron los que apoyaron al actual Premio Nobel como Elfriede Jelinek, Patrick Modiano, Wim Wenders y Emir Kusturica.

 “Debido a los problemas que tuve hace 20 años, nunca pensé que me elegirían”, declaró Handke desde su casa en Chaville, Francia. “Este tipo de decisión es muy valiente por parte de la Academia Sueca”, subrayó el escritor austríaco que llegó a pedir la “supresión” del Premio Nobel de Literatura por ser “una falsa canonización”, que “no aporta nada al lector”. ¿Llegará a la ceremonia en Estocolmo, el próximo 10 de diciembre, o habrá presión para obligarlo a renunciar al premio? ¿Prevalecerá el criterio literario por encima de la política? Preguntas que, por ahora, no tienen respuestas.

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Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino

En Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo, Kristen Godsee señala al capitalismo como yugo principal de la mujer y destaca algunos aspectos del socialismo de Estado en materia de género

Según la intelectual, todo se basa en la seguridad social porque una sociedad que no castigue a la mujer por tener hijos, ni devalúe su trabajo, provocará que sean más felices y disfruten de su sexualidad sin que esta sea un activo comercial

 

En la última huelga por el día internacional de la mujer, Ciudadanos rehusó participar porque, en su opinión, ser feminista no es incompatible con ser capitalista. O, en otras palabras, porque faltar a trabajar el día 8 de marzo es un gesto ideológico que no ayuda a la igualdad. Como si el terreno laboral y los cuidados domésticos no fuesen dos de los principales nichos de machismo, al menos, en la sociedad occidental.

Si la escritora y etnógrafa estadounidense Kristen Ghodsee hubiese escuchado a Rivera y a Inés Arrimadas en la víspera de la marcha feminista, se hubiera echado a temblar. Hace un par de años, ella misma fue atacada por el ala republicana y las defensoras del feminismo liberal por una columna en The New York Times titulada ¿Por qué las mujeres tuvieron mejor sexo bajo el socialismo?

La premisa quedaba bastante clara en las siete palabras de la cabecera y no faltó quien la quiso echar a los leones sin siquiera haberse leído el artículo. Estalinista y defensora de los gulags fueron las acusaciones más suaves. Pero, lejos de sucumbir a la presión, Ghodsee convirtió la pieza de opinión en un ensayo de 200 páginas que llega a nuestro país de la mano de Capitán Swing.

Partiendo de la base de que el sexo y el cuerpo femenino hace tiempo que abandonaron la esfera privada, y que incluso los orgasmos fingidos son políticos, la autora encuentra en el capitalismo el peor yugo para la mujer. Su teoría es que, "cuando se desarrolla correctamente", el socialismo conduce a la independencia económica, al equilibrio entre el trabajo y la vida, a mejoras laborales "y, sí, a un mejor sexo".

"Hay evidencias empíricas de que, en el contexto de la Alemania Oriental y Occidental, las mujeres de la RDA indicaron niveles mucho más altos de satisfacción sexual que las mujeres de la RFA", explica la autora a eldiario.es. En concreto, dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo "casi siempre" y un 18% "con frecuencia".

Ghodsee lleva dos décadas estudiando el impacto cotidiano y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín en 1989 y su conclusión siempre es la misma: con la entrada del libre mercado, todos los avances que la mujer consiguió bajo el paraguas del socialismo se fueron a pique. Incluidos los del sexo.

Uno de los conceptos más controvertidos que derivó del libre mercado, según ella, fue la economía sexual. Mientras que en el capitalismo el sexo de las mujeres es un activo que se ven obligadas a vender o regalar para satisfacer sus necesidades básicas, en el socialismo pueden satisfacerlas por sus propios medios y, por ende, serán menos reticentes a venderlo y "más dispuestas estarán a disfrutarlo por placer".

Otros factores que devaluarían el sexo en los estados socialistas son la disponibilidad de anticonceptivos y el aborto legal. Sin embargo, tampoco obvia el papel de Stalin y otros líderes soviéticos en la restricción de todos esos derechos, además de cercenar otros: "Los gobiernos del socialismo de Estado reprimieron los debates sobre acoso sexual, la violencia doméstica y la violación".

Quien crea que Ghodsee llega a esta conclusión a través de un cúmulo de frivolidades, se equivoca. Su ensayo se cuida de parecer un "tratado académico", pero incluye sucesos históricos, encuestas, conceptos económicos y textos sociológicos del siglo XX que conforman de todo menos una lectura ligera. Como hay aspectos que nos llevaría decenas de miles de palabras explicar, qué mejor que los aborde ella misma de su puño y letra.

Ha tenido que explicar en numerosas ocasiones que no aboga por volver a un sistema como el soviético. ¿Por qué cree que la lucha contra el sistema capitalista se relaciona enseguida con los estados totalitarios?

¡Gracias! No estoy defendiendo de ninguna manera volver al socialismo de Estado del siglo XX, y me frustra cuando los críticos intentan definir el libro como una especie de nota nostálgica por el totalitarismo. Hay políticas que han sido aprobadas en países que no son estrictamente socialistas, más bien capitalistas (Europa occidental, Canadá o Australia), y podríamos aprender de ellos en EEUU.

Dondequiera que miremos, el capitalismo contemporáneo está flaqueando. Las políticas de austeridad han destruido vidas y han creado una carga increíble para las mujeres y las familias. Durante demasiado tiempo hemos vivido en un mundo donde las ganancias son más importantes que las personas. Mi libro aboga por un mundo donde las personas y el planeta sean más importantes que las ganancias. Algunas personas dirán que esta es una idea utópica, pero creo que es una visión necesaria para nuestro futuro político y económico colectivo.

Sin embargo, admite que muchas de las políticas de igualdad conseguidas por el socialismo fueron inmediatamente aplastadas por los hombres que entraban al poder, como Stalin con el aborto. ¿Funcionaba el patriarcado en Europa del Este de forma más velada?

El patriarcado nunca desapareció en el Este, pero su poder se vio atenuado por la independencia económica y un compromiso fundamental con la emancipación de las mujeres (aunque fuera solo teórica). Aunque no lograron que los hombres contribuyeran al cuidado de los niños y al trabajo doméstico, intentaron apoyar a las mujeres ampliando la red de seguridad social para proporcionar estos servicios públicamente.

En las sociedades capitalistas, el trabajo de las mujeres en el hogar no tiene valor en la economía formal, y los capitalistas pueden aumentar sus ganancias porque las mujeres dan a luz y crían a la próxima generación de trabajadores y contribuyentes de forma gratuita. Piensa en las políticas de austeridad. Cuando el trabajo de cuidar a los niños, a los enfermos y a los ancianos ahora ocurre en el hogar, la carga de ese trabajo recae sobre los hombros de las mujeres.

Por lo tanto, el patriarcado en las sociedades capitalistas es mucho más insidioso que el patriarcado en las sociedades donde hay más provisión pública de servicios sociales.

¿Y por qué no sobrevivieron esas políticas socialistas tras la caída del Telón de Acero?

Porque la transición del socialismo al capitalismo requirió despidos masivos y los estados obligaron a las mujeres a regresar al hogar para ser amas de casa, adonde supuestamente pertenecían. Al abandonar el compromiso con la igualdad de género y las garantías de empleo al mismo tiempo, los estados post-socialistas podrían reducir efectivamente la fuerza laboral a la mitad.

En los países capitalistas, las mujeres siempre han servido como un ejército de reserva de trabajo cuando es necesario, y no importa lo que quieran o no. Las mujeres de Europa del Este fueron en gran medida víctimas del proceso de transición porque los estados podían reducir sus números oficiales de desempleo al reclasificarlas como "amas de casa". En muchos estados, esta fue una política abierta e intencionada que devastó a las mujeres que habían trabajado durante toda su vida.

Hablemos ahora de la temática del libro y una de las teorías que más ha escamado en su país: el sexo femenino como moneda de cambio para conseguir amor, compromiso y/o manutención. ¿De qué manera ese intercambio sigue existiendo en los países occidentales?

Sé que esto es muy controvertido, pero claro que todavía existe, y especialmente en los Estados Unidos. La teoría económica sexual tiene muchos problemas, pero lo que me interesa es que la idea del "intercambio sexual" es esencialmente la misma que la crítica socialista del siglo XIX sobre el efecto del capitalismo en las relaciones románticas.

En las sociedades que ponen toda la carga del trabajo de cuidado en las mujeres, ellas tendrán dificultades para combinar el trabajo y la vida familiar. Esto las obliga a depender económicamente de los hombres y esa dependencia a menudo crea una situación en la que las mujeres mismas se convierten en un tipo de mercancía. Los socialistas han hablado de esto durante más de 150 años, pero el problema no ha desaparecido.

Por lo tanto, mi argumento es muy simple pero importante: cuando las mujeres pueden atender sus propias necesidades materiales y las de sus hijos, y ya no dependen económicamente de los hombres, tienen la libertad de dejar relaciones heterosexuales infelices o abusivas o insatisfactorias, si es que las tienen. Esa autonomía básicamente permite una relación más igualitaria con los hombres y más libertad en la sociedad.

Habla del intercambio sexual dentro del matrimonio. Como Silvia Federici, ¿lo considera más alienante que otras transacciones explícitas y monetarias como la prostitución?

El trabajo sexual es trabajo. Es un intercambio abierto de fuerza de trabajo. En este caso, servicios sexuales por un salario monetario. Una vez que se transfiere el dinero, se puede reutilizar en la economía para todos los demás bienes y servicios. El trabajo sexual, por supuesto, existía antes del capitalismo.

Pero las mujeres pueden intercambiar el acceso a su sexualidad por una remuneración no monetaria (cena, bebidas, ropa, un anillo de bodas) y estas cosas no se convierten fácilmente en dinero para su uso en el resto de la economía. La mercantilización de la sexualidad no es una transacción negociada explícitamente, sino un conjunto de expectativas sociales cambiantes sobre las cosas que las mujeres pueden o deberían o podrían exigir a cambio del acceso a su sexualidad.

Por último, ¿qué opina de la defensa del feminismo mainstream? Es decir, al que ha engullido el capitalismo.

Ciertamente el capitalismo se ha tragado el movimiento feminista dominante. Creo que todas las feministas deberían ser socialistas si quieren que el gobierno intervenga para corregir las deficiencias del mercado libre en términos de la devaluación del trabajo de los cuidados.

Los mercados libres solo pueden empoderar a las mujeres sin hijos. Y tal vez es por eso estamos viendo una disminución tan profunda de las tasas de natalidad en los países capitalistas avanzados.

Las mujeres saben que su trabajo de cuidado es esencialmente inútil en una economía capitalista moderna, por lo que eligen limitar o renunciar a la maternidad. Pero si las mujeres quieren tener hijos y alguna forma de independencia económica, necesitarán la ayuda de políticas sociales progresivas implementadas por el estado. En definitiva, creo que el feminismo necesita socialismo si quiere trabajar para todas las mujeres.

Por Mónica Zas Marcos 

03/10/2019 - 21:38h

Publicado enSociedad
Jueves, 26 Septiembre 2019 15:55

Cada acto es una ceremonia

Cada acto es una ceremonia

¿Armonización, saneamiento, rituales, ceremonias? Conceptos y prácticas que pueden parecer innecesarios, poco “racionales” pero que para las culturas indígenas son imprescindibles para entender los entornos, las consecuencias de los actos humanos sobre los territorios, los seres vivos y la naturaleza.

Conocí a una mujer hace unas semanas que trabaja con un mamo Kogi, o chamán, de la Sierra Nevada de Colombia. Llegó a California hace unos años y realizó extensas ceremonias en un lugar particular de la tierra. Él dijo: “Será mejor que hagas una ceremonia aquí regularmente, o habrá serios incendios”. Nadie hizo las ceremonias, y al año siguiente hubo incendios forestales. Volvió después y repitió su advertencia. “Si no haces las ceremonias, los incendios serán aún peores.” Al año siguiente, los incendios fueron peores. Vino de nuevo y emitió su advertencia por tercera vez: “Las ceremonias o los incendios en esta parte del mundo serán aún peores”. Poco después, el Campamento de Fuego devastó la región.


Más tarde, la mujer se enteró de que el lugar que el chamán kogi había identificado era el lugar de una masacre genocida de los indígenas que vivían allí. De alguna manera fue capaz de percibirlo. En su entendimiento, un trauma horrible como ese afecta a la tierra además de a los seres humanos. Estará enojado, desequilibrado, incapaz de mantener la armonía hasta que sea sanado a través de la ceremonia.

En reunión con algunos sacerdotes Dogon y les pregunté acerca de sus puntos de vista sobre el cambio climático. Al igual que los Kogi, los Dogon han mantenido intactas las prácticas ceremoniales durante miles de años. Los hombres dijeron: “No es lo que ustedes piensan. La razón más grande por la que el clima se está volviendo loco es que se han sacado los artefactos sagrados de los lugares a los que pertenecen, los lugares donde fueron colocados con gran deliberación y cuidado, y se los ha llevado a museos de Nueva York y Londres”. En su entendimiento, estos artefactos y las ceremonias que los rodeaban mantienen un pacto entre los humanos y la Tierra. A cambio del pago de la belleza y la atención, la Tierra proporciona un ambiente adecuado para la habitación humana.

Ritual, ceremonia y materialidad

La mente moderna políticamente correcta quiere respetar otras culturas, pero duda en adoptar seriamente la visión radicalmente diferente de la causalidad que tienen. Las ceremonias anteriores están en una categoría diferente de lo que la mente moderna considera una acción práctica en el mundo. Por lo tanto, una conferencia climática podría comenzar invitando a una persona indígena a invocar las cuatro direcciones, antes de pasar al serio asunto de las métricas, los modelos y las políticas.

Exploraré otra visión de lo que la gente moderna puede extraer del enfoque ceremonial de la vida son las llamadas “culturas de la memoria” que son pueblos tradicionales, indígenas y basados en lugares, así como linajes esotéricos dentro de la cultura dominante. Esta alternativa no sustituye el enfoque racional y pragmático para resolver problemas personales o sociales. Tampoco es paralelo, sino independiente del enfoque pragmático. Tampoco es un préstamo o la importación de las ceremonias de otras personas. Es un reencuentro de lo ceremonial con lo pragmático construido sobre una forma profundamente diferente de ver el mundo.

Practicidad y reverencia

No tiene sentido decir de una cultura indígena: “La razón por la que han vivido de manera sostenible en la tierra durante cinco mil años no tiene nada que ver con sus ceremonias supersticiosas. Es porque son astutos observadores de la naturaleza que piensan siete generaciones en el futuro”. Su reverencia y atención a las necesidades sutiles de un lugar es parte de su enfoque ceremonial de la vida. La mentalidad que nos llama a la ceremonia es la misma mentalidad que nos llama a preguntarnos: “¿Qué quiere la tierra? ¿Qué quiere el río? ¿Qué quiere el lobo? ¿Qué quiere el bosque? y luego presta mucha atención a las pistas. Mantiene la tierra, el río, el lobo y el bosque en un estado de ser –contando con ellos entre los seres santos que siempre están vigilando, y que tienen necesidades e intereses entrelazados con los nuestros.

Lo que estoy diciendo puede parecer contrario a las enseñanzas teístas, así que para aquellos que creen en un Dios creador, ofreceré una traducción. Dios se asoma de cada árbol, lobo, río y bosque. Nada fue creado sin propósito ni intención. Y entonces nos preguntamos, ¿Cómo podemos participar en el cumplimiento de ese propósito? El resultado será el mismo que preguntar, ¿Qué quiere el bosque?

Los seres santos como el cielo, el sol, la luna, el viento, los árboles y los antepasados no eran seres santos en absoluto. El cielo era una colección de partículas de gas que se desgastaban en el vacío del espacio. El sol era una bola de hidrógeno en fusión. La luna era un trozo de roca (y una roca una aglomeración de minerales, y un mineral un manojo de moléculas no vivas...). El viento era moléculas en movimiento, impulsadas por fuerzas geomecánicas. Los árboles eran columnas de bioquímica y los antepasados eran cadáveres en el suelo. El mundo fuera de nosotros era mudo y muerto, un cuerpo arbitrario de fuerza y masa. No había nada ahí fuera, ninguna inteligencia que me atestiguara, y ninguna razón para hacer algo mejor que sus consecuencias racionalmente predecibles podía justificar.

En mi imaginación infantil, el sol, el viento y la hierba pueden verme, pero vamos, no me están viendo realmente, no tienen ojos, no tienen un sistema nervioso central, no son seres como yo. Esa es la ideología en la que crecí.

La visión ceremonial no niega que uno puede ver el cielo como un montón de partículas de gas o la piedra como un compuesto de minerales. Simplemente no limita el cielo o la piedra a eso. Tiene como verdaderas y útiles otras formas de verlos, no privilegiando su composición reduccionista por ser lo que “realmente” son. Por lo tanto, la alternativa a la cosmovisión de mi educación es no abandonar la practicidad por algún tipo de estética ceremonial. La división entre lo práctico y lo estético es una falsedad. Sólo existe en un relato causal de la vida que niega su misteriosa y elegante inteligencia. La realidad no es como se nos ha dicho. Hay inteligencias que actúan en el mundo más allá de lo humano, y principios causales además de los de la fuerza. La sincronicidad, la resonancia mórfica y la autopoesis, aunque no son contrarias a la causalidad basada en la fuerza, pueden ampliar nuestros horizontes de posibilidad. Por consiguiente, no es que una ceremonia “haga” que sucedan cosas diferentes en el mundo; es que tira y moldea la realidad en una forma en la que suceden cosas diferentes.

Vivir una vida sin ceremonias nos deja sin aliados. Al margen de nuestra realidad, nos abandonan a un mundo sin inteligencia, la imagen misma de la ideología modernista. La cosmovisión mecanicista se convierte en su propia profecía autocumplida, y de hecho no nos queda nada más que la fuerza para afectar al mundo.

La transición que las personas tradicionales como los Kogi o Dogon ofrecen no es adoptar o imitar sus ceremonias; es una visión del mundo que nos mantiene como seres humanos compañeros en el mundo, participando en un coloquio de inteligencias en un universo repleto de seres. Una ceremonia declara una elección de vivir en tal universo y de participar en su realidad-formación.

Ceremonia de sanación ambiental

Es necesario extender la mente ceremonial al ámbito de la política y la práctica medioambientales. Eso significa hacer lo correcto en cada lugar de la Tierra, entenderlo como un ser, y saber que si tratamos a cada lugar, especie y ecosistema como sagrado, invitaremos al planeta también a la totalidad sagrada.

A veces, las acciones que surgen de ver cada lugar como sagrado encajan fácilmente en la lógica del secuestro de carbono y el cambio climático, como cuando detenemos un oleoducto para proteger las aguas sagradas. Otras veces, la lógica del presupuesto de carbono parece ir en contra de los instintos de la mente ceremonial. Hoy en día, los bosques están siendo removidos para dar paso a mega-arrays solares, y las aves están siendo asesinadas por gigantescas turbinas eólicas que se elevan sobre el paisaje. Además, todo lo que no influye fácilmente en los gases de efecto invernadero se está volviendo invisible para los encargados de formular políticas ambientales. ¿Cuál es la contribución práctica de una tortuga marina? ¿Un elefante?

En una ceremonia, todo es importante y nos ocupamos de cada detalle. A medida que nos acercamos a la sanación ecológica con una mente ceremonial, más y más se hace visible para nuestra atención. A medida que la ciencia revela la importancia de seres anteriormente invisibles o trivializados, el alcance de la ceremonia se expande. El suelo, los micelios, las bacterias, las formas de las vías fluviales... cada uno exige su lugar en el altar de nuestras prácticas agrícolas, prácticas forestales y todas las relaciones con el resto de la vida. A medida que se profundiza la sutileza de nuestro cálculo causal, vemos, por ejemplo, que las mariposas, las ranas o las tortugas marinas son cruciales para una biosfera saludable. Al final nos damos cuenta de que el ojo ceremonial es exacto: que la salud ambiental no puede reducirse a unas pocas cantidades mensurables.

No se debe abandonar los proyectos de remediación que podrían basarse en una comprensión más tosca del ser del mundo; es decir, que podrían ser mecanicistas en su concepción de la naturaleza. Hay que reconocer el siguiente paso adelante en la profundización de una relación ceremonial. Eso no quiere decir que la interferencia cero sea la más poderosa de todas. Es que cuanto más fino y preciso sea su entendimiento, más capaz será de alinearse y servir al movimiento de la naturaleza, y menos tendrá que interferir para lograrlo. El resultado es que ha creado –o más exactamente, ha servido para la creación de– un oasis exuberante y verde en un paisaje en deterioro; un altar viviente.

Los proyectos surgen de una comprensión más convencional y mecanicista de la hidrología. ¿Dónde está la santidad? pregunta. ¿Dónde está la humildad ante la exquisita sabiduría de los ecosistemas interdependientes únicos de cada lugar? Sólo están construyendo estanques. Puede que sí, dije, pero debemos encontrarnos con la gente donde están y celebrar cada paso en la dirección correcta. Estos proyectos hidrológicos mecanicistas también llevan consigo una reverencia por el agua.

Para que la tierra se cure necesita un ejemplo de salud, una reserva de salud de la que aprender. El oasis de salud ecológica puede irradiar hacia afuera a través del entorno social y ecológico, transmitiendo salud a lugares cercanos (por ejemplo, proporcionando refugio y zonas de desove para plantas y animales) y transmitiendo inspiración a otros sanadores de la tierra. Es por eso que la Amazonía es tan crucial, especialmente su cabecera, que es posiblemente la mayor reserva intacta y fuente de salud ecológica del mundo. Es donde la memoria de la salud de Gaia, de un mundo pasado y futuro sanado, aún reside intacta.

El trabajo de reparación de tierra funciona exactamente como una ceremonia. Uno podría decir: “No hagas ceremonias especiales –cada acto debería ser una ceremonia. “¿Por qué destacar esos diez minutos como especiales?”. La mayoría de nosotros, al igual que la sociedad en su conjunto, no estamos preparados para dar ese paso. El abismo es demasiado grande. No podemos esperar deshacer nuestros sistemas tecno-industriales, sistemas sociales, o nuestra psicología profundamente programada de la noche a la mañana. Lo que funciona para la mayoría de nosotros es establecer un oasis de perfección –la ceremonia– lo mejor que podamos, y luego permitir que se extienda a lo largo de nuestra vida, atrayendo progresivamente más atención, belleza y poder en cada acto. Hacer de cada acto una ceremonia comienza con hacer de cada acto una ceremonia.

Ceremonia desde los primeros principios

Traer alguna parte de la vida a la ceremonia no arroja el resto a la categoría de lo mundano o de lo poco ceremonioso. Al llevar a cabo la ceremonia, pretendemos que irradie a través de nuestro día o semana. Es una piedra de toque en medio de la robustez y la oscuridad de la vida. Así también, no debemos simplemente preservar algunos lugares salvajes, santuarios, o parques nacionales, o restaurar algunos lugares a su condición prístina; más bien, estos lugares son lodestars: ejemplos y recordatorios de lo que es posible. A medida que establecemos un pequeño momento de ceremonia en nuestras vidas, somos llamados a traer un poco de ella, y luego más y más de ella, a todos los momentos.

¿Cómo reintroducimos la ceremonia en una sociedad en la que está casi ausente? No se trata de imitar o importar las ceremonias de otras culturas. Tampoco es necesario resucitar las ceremonias de la propia línea de sangre, un esfuerzo que, aunque evita la apariencia de apropiación cultural, arriesga la apropiación de la propia cultura. Sin embargo, las ceremonias están vivas; los intentos de imitarlas o preservarlas nos traen sólo su efigie.

¿Qué opción queda entonces? ¿Crear nuestras propias ceremonias? Estrictamente hablando, no. Las ceremonias no se crean, se descubren.

He aquí cómo podría funcionar. Comienzas con una ceremonia rudimentaria, tal vez encendiendo una vela cada mañana y tomándote un momento para meditar sobre quién quieres ser hoy. ¿Pero cómo se enciende la vela perfectamente? Tal vez lo levantes y lo pongas sobre el fósforo. ¿Dónde pones el fósforo? En un plato pequeño, tal vez, mantenido a un lado. Y vuelves a poner la vela en su sitio. Entonces tal vez toques el timbre tres veces. ¿Cuánto tiempo entre anillos? ¿Estás apurado? No, ¿esperas a que cada tono se desvanezca en silencio? Sí, así es como se hace.....

No estoy diciendo que estas reglas y procedimientos deban regir su ceremonia. Para descubrir una ceremonia, siga el hilo del “Sí, así es como se hace”, que la atención revela. Observando, escuchando, concentrando la atención, descubrimos qué hacer, qué decir y cómo participar.

La vela puede convertirse en un pequeño altar y su iluminación en una ceremonia más larga de cuidado de ese altar. Luego irradia hacia afuera. Tal vez pronto organice su escritorio con el mismo cuidado. Y tu casa. Y luego pones ese mismo cuidado e intencionalidad en tu lugar de trabajo, en tus relaciones y en la comida que pones en tu cuerpo. Con el tiempo, la ceremonia se convierte en un punto de anclaje para un cambio en la realidad que ustedes habitan. Usted puede encontrar que la vida se organiza alrededor de la intención detrás de la ceremonia. Podrías experimentar una sincronización que parece confirmar que, de hecho, una inteligencia más grande está trabajando aquí.

A medida que eso sucede, la sensación es que un sinnúmero de seres nos acompañan aquí. La ceremonia, que sólo tiene sentido si los seres santos están observando, nos lleva a una realidad experiencial en la que los seres santos están realmente presentes. Cuanto más presentes estén, más profunda será la invitación a realizar más actos, y más aún cada acto, una ceremonia realizada con plena atención e integridad. ¿Qué sería entonces la vida? ¿Qué sería el mundo entonces?

La plena atención e integridad toma diferentes formas en diferentes circunstancias. En un ritual significa algo muy diferente que en un juego, una conversación o una cena. En una situación puede exigir precisión y orden; en otra, espontaneidad, audacia o improvisación. La ceremonia establece el tono de cada acto y palabra que se alinea con lo que uno realmente es, lo que uno quiere ser y el mundo en el que uno quiere vivir.

Ceremonia ofrece un vistazo a un destino sagrado, el destino de:

Cada acto es una ceremonia.

Cada palabra es una oración.

Cada paseo es una peregrinación.

Cada lugar es un santuario.

Un santuario nos conecta con lo sagrado que trasciende cualquier santuario e incluye todos los santuarios. Una ceremonia puede convertir un lugar en un santuario, ofreciendo una cuerda de salvamento a una realidad en la que todo es sagrado; es la avanzada de esa realidad o de esa historia del mundo. De la misma manera, un pedazo de tierra sanado es un puesto de avanzada de los oasis que quedan de la vitalidad original de la Tierra, como el Amazonas, el Congo, y una dispersión de arrecifes de coral no perturbados, pantanos de manglares, y así sucesivamente. Miramos con desesperación el plan del nuevo gobierno brasileño de saquear la Amazonia y nos preguntamos qué podemos hacer para salvarla. La acción política y económica es sin duda necesaria para ello, pero al mismo tiempo podemos operar a otra profundidad. Cada lugar de curación de la tierra también alimenta al Amazonas y nos acerca a un mundo en el que permanece intacto. Y, al fortalecer nuestra relación con esos lugares, recurrimos a poderes desconocidos para fortalecer nuestra determinación y coordinar nuestras alianzas.

Los seres que hemos excluido de nuestra realidad, los seres que hemos disminuido en nuestra percepción en no seres, siguen ahí esperándonos. Incluso con toda mi incredulidad heredada (mi cínico interior, educado en la ciencia, las matemáticas y la filosofía analítica, es al menos tan estridente como la suya), si me permito unos momentos de silencio atento, puedo sentir a esos seres reunidos. Siempre esperanzados, se acercan a la atención. ¿Puedes sentirlos también? En medio de la duda, tal vez, y sin ilusiones, ¿puedes sentirlas? Es la misma sensación de estar en un bosque y de repente darse cuenta como si fuera la primera vez: el bosque está vivo. El sol me está mirando. Y no estoy solo.

Publicado enEdición Nº261
Estudio de ADN humano antiguo resuelve misterio de las lenguas indoeuropeas

Los resultados de una de las más grandes investigaciones sugieren como clave una migración masiva de pastores de la estepa euroasiática en la edad de Bronce

 

La forma en que las lenguas indoeuropeas llegaron a hablarse desde el sur de Asia hasta las islas británicas ha sido objeto de debate entre investigadores durante décadas.

Ahora, la mayor investigación de ADN antiguo de humanos jamás realizada sugiere que la respuesta podría estar en una migración masiva de pastores de la estepa euroasiática durante la edad de Bronce, movimiento que comenzó hace 5 mil años en dirección oeste hacia Europa y también hacia al este, rumbo a Asia.

Vagheesh Narasimhan, coautor de un artículo sobre esa investigación publicado en la revista Science, señaló que la migración de poblaciones en los pasados 10 mil años es clave para entender los cambios lingüísticos y la transición de cazadores-recolectores a agricultores.

“Ha habido mucho trabajo de ADN, así como arqueológico, sobre estos dos procesos en Europa”, explicó este profesor invitado de la Escuela Médica Harvard, pero se conoce menos sobre estas transformaciones en Asia.

Un equipo global de genetistas, arqueólogos y antropólogos analizaron el ADN antiguo de 524 individuos de Asia central y el sur de Asia que nunca había sido estudiado, proceso que aumentó 25 por ciento el total mundial de trabajos de genoma antiguo publicados.

Mediante la comparación de esos genomas y los de restos hallados anteriormente y la ubicación de esa información en un contexto histórico mediante registros arqueológicos y lingüísticos, el equipo de investigadores pudo completar los baches que existían en la comprensión de esos fenómenos migratorios.

Un artículo de 2015 señalaba que las lenguas indoeuropeas, que constituyen el mayor grupo de idiomas en el mundo y del que forman parte el hindi-urdu, farsi, ruso, inglés, francés, gaélico y otros 400 más, llegaron a Europa a través de la estepa euroasiática.

Sin embargo, el camino de las lenguas protoindoeuropeas para llegar a Asia estaba menos claro. Una de las escuelas de pensamiento sostenía que las difundieron agricultores de la región de Anatolia, territorio que en la actualidad ocupa Turquía.

En el artículo de Science los investigadores indican que encontraron que los habitantes actuales del sur de Asia tienen poca o ninguna ascendencia que los conecte con los antiguos agricultores de Anatolia.

“Podemos descartar una propagación a gran escala de agricultores con raíces en Anatolia hacia el sur de Asia, lo que constituye la pieza central de la ‘hipótesis Anatolia’”, que sostiene que ese movimiento trajo la agricultura y las lenguas indoeuropeas a la región, precisó David Reich, otro autor del artículo, también de la Escuela Médica Harvard.

“Al no haber ocurrido movimientos sustanciales de personas, es un jaque mate a la hipótesis Anatolia.”

Nuevas pruebas

Existen dos nuevas líneas de pruebas en favor del origen estepario. Primero, los investigadores detectaron similitudes que conectan a hablantes de las ramas indoiranias y baltoeslavas de las lenguas indoeuropeas.

Encontraron que los hablantes actuales de esos dos grupos descienden de un subgrupo de pastores esteparios que migraron en dirección oeste hacia Europa hace 5 mil años, y luego se esparcieron en dirección este hacia el centro y el sur de Asia en los siguientes mil 500 años.

Otra observación en favor de esta teoría: surasiáticos que hablan las lenguas drávidas o dravídicas, principalmente en el sur de la India y el suroeste de Pakistán, tienen muy poco ADN estepario mientras los que hablan lenguas indoeuropeas como hindi, panyabí o bengalí tienen mucho más.

En cuanto a la agricultura, trabajos anteriores han encontrado que se esparció hacia Europa por medio de pueblos de ascendencia anatolia.

Otro artículo publicado en la revista Cell Press por muchos de los mismos autores describe el primer genoma de un individuo de la cultura del valle del Indo (IVC, por sus siglas en inglés), una de las mayores civilizaciones de la antigüedad, contemporánea con las de Egipto y la Mesopotamia.

EU, en riesgo de acostumbrarse a las declaraciones irracionales de Trump

Felicita a Polonia por la invasión nazi; asegura que un huracán llega a Alabama y arremete de nuevo contra sus funcionarios y aliados

 

 Nueva York. Donald Trump continúa provocando dudas sobre su estabilidad mental con una serie de declaraciones y acciones –más allá de las ya normales racistas, xenófobas y engañosas– que sencillamente carecen de sentido.

Por ejemplo, al acercarse el huracán Dorian a las costas del sureste estadunidense el domingo pasado, Trump tuiteó de repente que el estado de Alabama, y otros más, estaba en peligro por la tormenta, algo que no era cierto. El propio servicio federal meteorológico, 20 minutos después del tuit presidencia, se vio obligado a desmentir por todos los canales anunciando: “repetimos, NINGÚN impacto del huracán Dorian será sentido en Alabama”.

Pero Trump hasta la fecha ha rehusado aceptar que cometió un pequeño error y durante toda esta semana ha insistido que en tenía razón, al insistir en un tuit de este jueves: “¡lo que dije fue preciso! Todo lo demás es Fake News para descalificarme”. Esto, después de que el miércoles pasado, en un intento para justificar su error del domingo, ante periodistas en el Salón Oval de la Casa Blanca mostró un mapa del Centro Nacional de Huracanes fechado el 29 agosto, que había sido visiblemente alterado con un plumón para incluir dentro de la zona marcada de peligro un cachito de Alabama.

Todo esto ha dejado a periodistas (la nota sigue entre las principales en los medios), analistas y comediantes maravillados ante el grado que Trump está dispuesto a llegar para evitar cualquier admisión de un error, y a la vez mantener la atención sobre él, aun mientras un huracán está azotando la costa sureste de su país.

El pasado fin de semana, Trump canceló su gira a Europa que incluía una escala en Polonia para conmemorar, con otros jefes de Estado, el 80 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, con el argumento de que tenía que mantenerse en casa para supervisar la respuesta de emergencia federal al huracán que se acercaba a Florida y otros estados de la costa este. Pero en lugar de ir a Polonia se fue a jugar golf (por la 227 vez desde que llegó a la Casa Blanca hace 958 días, según MSNBC) en Virginia.

En comentarios a la prensa sobre Polonia el domingo, adonde envió en su lugar al vicepresidente Mike Pence, comentó: quiero felicitar a ese país europeo en este aniversario. Nadie entendió cómo estaba felicitando al país en el aniversario solemne de su invasión por el régimen nazi de Alemania (ocupación en la que perdió a una quinta parte de su población), con lo cual se inició una de las guerras más bárbaras en la historia.

Pero no fue el primer viaje que canceló en días recientes, pues el mes pasado estaba programada una visita a Dinamarca. Sin embargo, en otro berrinche, suspendió la ida porque el liderazgo danés se burló de su propuesta de comprar Groenlandia (vale recordar también que mucho de su propio equipo y los medios también pensaban al inicio que eso era una broma, pero resultó que no).

En tanto, al aproximarse el huracán, el régimen de Trump ordenó el traslado de 270 millones de dólares del presupuesto de las agencias federales encargadas de dar respuesta a desastres naturales para invertirlos en ampliar centros de detención para migrantes.

En ese mismo rubro, el régimen esta desviando 3.6 mil millones de dólares de fondos militares para acelerar la construcción de su gran proyecto medieval: el muro fronterizo con México. Trump ordenó que toda medida que sea necesaria para construir su barda, aun si es ilegal, debe de proceder, informando a sus propios subordinados que les otorgará perdones presidenciales si son acusados de violar las leyes para lograrlo, reportó el Washington Post.

Por otro lado, mientras Puerto Rico se preparaba una vez más la semana pasada para la posibilidad de que pasara el huracán, Trump volvió a atacar a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz, feroz crítica del presidente. Calificó a todo ese país de corrupto y proclamó: yo soy lo mejor que jamás le ha ocurrido a Puerto Rico.

A la vez, durante estas últimas semanas, Trump ha continuado sus extraordinarios ataques contra sus propias agencias federales, sobre todo la FBI, ex directores de esa y otras agencias de seguridad nacional que se han atrevido a criticarlo, legisladoras demócratas latinas y afroestadunidenses y aun hay asombro ante su acusación de que todo judío estadunidense que vote por el Partido Demócrata es un traidor, retórica que tiene ecos históricos antisemitas.

No por primera vez asumió poderes que las leyes no le otorgan, el más reciente, cuando hace unos días escribió: nuestras grandes empresas estadunidenses están con la orden de buscar inmediatamente una alternativa a China para sus negocios, algo que por supuesto él no puede ordenar.

Al mismo tiempo, el presidente ha seguido atacando a sus propios aliados, incluso a legisladores republicanos e integrantes de su régimen, entre ellos el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, a quien él mismo instaló en ese puesto. En medio de su disputa comercial con China, y ante pronósticos de una posible recesión por estas maniobras, Trump le echó la culpa a quien nombró en el banco central, tuiteando el 23 de agosto: mi única pregunta es: ¿quién es nuestro enemigo más grande, Powell o el presidente Xi?

Varios comentaristas señalan que tal vez lo más preocupante es que estas expresiones, declaraciones, tuits y más cada vez provocan menos alarma. O sea, advierten que lo más peligroso para el país es que todo esto se vuelva normal.

El veterano periodista de televisión, ex conductor de CBS News Dan Rather advirtió: cuidado con la fatiga Trump, y comentó que estamos en un momento en que el daño acumulativo de la presidencia Trump golpea como las incesantes olas de calor de verano y que, para este presidente el manejo del agotamiento podría ser su arma más potente, al proceder hacia la pugna electoral de 2020.

Y si todo esto no es suficientemente preocupante en medio de esta temporada de huracanes y locuras, se reveló que Trump había sugerido varias veces a altos funcionarios de seguridad nacional que exploraran la posibilidad de usar bombas nucleares para frenar a huracanes antes de que impactaran a Estados Unidos, según fuentes que lo escucharon y un documento oficial que registró las palabras del comandante en jefe, reportó Axios.

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