Domingo, 13 Junio 2021 06:29

¡Gracias, JMB!

¡Gracias, JMB!

Al Jesús, al maestro que no se va y al amigo que no nos deja

 

Pensé dejarlo solamente así, un grande, sencillo y contundente ¡GRACIAS!, pero creo que a él le debo explicárselas, puesto que fue lo último que me escribió en un correo electrónico: “Muuuuuuuuchaaaaaaaaaas gracias, Iñaki”.

Gracias a ti, al Jesús

Por tu mestizaje fruto de la circunspecta meseta castellana y la abierta sabana bogotana

Por sentir ese escalofrío epistemológico que te llevó a pensar que había que cambiar el lugar desde el que nos hacemos las preguntas

Por mezclar tu alma filosófica con tu corazón comunicador

Por tus palabras y tus acciones

Por meterle país a la universidad

Por tus cartografías nocturnas para construir sentidos

Por ser ese guerrero que nos invitó a soñar, o sea a reinventar el mundo y la vida

Por tu poesía crecida al frío de las cartillas de racionamiento y al calor de tu madre

Por haber clavado los cordeles de tu tienda, junto a Elvira, en las tierras colombianas

Por enseñarnos que el amor es el revés del tiempo

Por tus collages viajeros y sus historias, desde Benjamin a Ricoeur, anclados en tu estudio

Por preguntarnos ¿A qué sabe algo que tiene el sabor de muchos años?

Por todas tus mediaciones que han articulado tanto y han influido a tantas y tantos

Por todo lo que nos has enseñado en tu fructífero y machadiano caminar

Por devolverme “un chorro de luz latinoamericana” para que trazara “caminos sobre la mar”

Por respaldarme, por trabajar conmigo, por prologar mi libro…

Por estar ahí, por ser un MAESTRO, por ser un AMIGO

Gracias, sin más y sin punto final

Hasta siempre, el Jesús

 

13 Jun 2021

Publicado enColombia
Domingo, 13 Junio 2021 05:53

La izquierda y la familia común

Niñas y niños juegan en una zona de columpios de Pechón, Cantabría. David F. Sabadell

La familia es a la vez la institución patriarcal que hay que desterrar y el sujeto social que alberga nuestras primeras experiencias de cuidado. El atajo que se toma por la izquierda para superar el conflicto ideológico con la familia pasa por vaciarla de contenido y diluirla.

 

La familia es a la vez la institución patriarcal que hay que desterrar y el sujeto social que alberga nuestras primeras experiencias de cuidado y apoyo mutuo. Un imaginario que puede encarnar lo mejor y lo peor de lo que somos, que nos remite con ambivalencia a momentos felices de bienestar y también a agresiones y violencias sufridas en primera persona sin posibilidad de escapatoria. En cualquier caso, una realidad que nos atraviesa, que nos trasciende y nos enciende. No podemos dejarla al margen de nuestra existencia y extiende su influencia a toda la organización social.

La familia es un común y como todo lo común muestra su potencialidad política al instante,  no hay más que observar la superproducción de textos y debates que ha generado el discurso de Ana de Simón del 22.05.21 en el acto institucional sobre los retos demográficos y la iniciativa España 2050.

No se puede hablar de ella sin tocar directamente la infancia, la organización social, el trabajo productivo y reproductivo, el género, la identidad y diversidad, la comunidad y el Estado, la violencia, el apoyo mutuo, la vivienda, la sexualidad, etc.

Pero en ese tótum revolutum, que utiliza la derecha política para vocear sus privilegios y la izquierda reactiva para escribir un nuevo capítulo de autoafirmación, se puede pasar más o menos de largo de lo que acontece.

Es muy diferente partir de la familia para trascenderla, incluso negarla, y hablar “de todo lo demás” como lo importante, para dejarla en indefinición a merced y como reflejo de los procesos socioeconómicos o, por lo contrario, aun con las contradicciones, hacer un esfuerzo por habitarla, tomar conciencia de lo que nos atraviesa y hacer política sin perder la realidad del grupo humano que nos pertenece y al que pertenecemos. Promover un proyecto de transformación que vaya mucho más acá de lo ideológico y que dé cuerpo y presencia a la impugnación.

Entre medias, hay estrategias de fuga, a veces imprescindibles y casi siempre saludables: que si la familia es la que se elige, que si los vínculos de sangre no son los más fuertes, que es solo una construcción cultural pero la vida va por otro lado, etc.

Y también hay estrategias de resistencia afincadas en el torreón de la posición crítica objetiva: la familia es una estructura heteronormativa basada en la opresión, en la explotación y en el ejercicio de poder masculino y adulto, un contexto definido por la violencia de las relaciones de poder que implica en sí misma una patología social que provoca sufrimiento.

Ambas son maneras de capear el temporal esencialmente adultas, porque para los menores de edad, la alternativa a la familia se llama sistema de protección  —donde no hay opciones mixtas para las criaturas,  la familia tal y como la define el Código Civil o el sistema con sus centros, sus educadores y sus muros, sin posibilidad de elección— o de reforma, y no es precisamente amable.

En cualquier caso, en el ámbito de representación de la izquierda, hay más elementos para la fuga y para la resistencia que para la presencia, tanto a nivel simbólico como a nivel político. No se ha sabido encontrar un espacio donde la defensa de la familia no suene sospechosa.

Cuando nos vemos, ya sea por voluntad o necesidad, en la situación de habitar la familia nos encontramos en desamparo, en una orfandad de referencias que se traduce en la carencia de políticas de apoyo efectivas. Su falta de reconocimiento como un sujeto político fundamental, dotado de derechos sociales, dibuja un horizonte de abandono solo poblado por un individualismo autorreferencial, precario y adultocéntrico, muy ineficiente en el sostenimiento de la vida.

No falta quien define este paisaje como progresista y emancipador. Supongo que es más fácil cuadrar la fantasía revolucionaria proyectando en individuos libres, de identidades diversas y en igualdad de derechos, que en la complejidad de las relaciones humanas en contextos de degradación capitalista. 

Hay una carencia absoluta de la cultura de la vida, de “la vida de la vida” de la que habla Edgar Morin (en El método. La vida de la vida, Editorial Cátedra, 1980) y de cómo ésta se desarrolla dentro de un ecosistema autorregulado en dinámicas simbióticas de necesidades y deseos. Y también una carencia peligrosa de cultura perinatal —leer a Casilda Rodrigañez o a Ibone Olza ayudaría a entender la aberración que supone negar el cuerpo de la madre como ecosistema de crianza— que permite todo tipo de relativismos posmodernos para redefinir los procesos de gestación, exterogestación, puerperio y crianza adaptados a lo que el modelo precisa.

Pero, en lo real, nada de hacer causa común con las familias, ni siquiera con las mujeres, madres o díadas que se expresan en lo reproductivo desde la vivencia de invisibilización y explotación. Y si manifiestan placer y deseo, aún más abandono.

Parece que conforme haya más desamparo social más se reivindicará lo público, y por tanto se invocará a la izquierda y a su patrimonio, pero lo que se consigue es todo lo contrario: una falta de representación respecto a los significantes comunes que provoca desafección y dinámicas de repliegue a lo tradicional, por la falta de referencias de alternativas viables.

Debilitar la familia para intentar hacerse fuerte apelando al papel del Estado, cuando no el del Mercado, no parece tan buena idea para cuidar la vida, y peor en medio de las derivas neoliberales que nos despiden del Estado del Bienestar y de su contrato social.

La izquierda se muestra reacia a nutrir de derechos y legislar de manera valiente un lugar del que quiere huir y así, en su afán de diferenciación con la derecha, se ve determinada a abrazar al capitalismo más evolucionado, ese que ha aprendido a hacer dinero de lo reproductivo rentabilizando la interdependencia intrínseca a la sociabilidad humana.

En el terreno ideológico, regala al discurso conservador algo que nos pertenece a todas y del que todas somos parte, y en la práctica la desposesión es mayor aún, porque son ellos los dueños de las empresas de gestión de servicios que capitalizan la externalización y los que, en sus casas, pueden hacer viable la familia sin apoyos públicos. Lo reproductivo queda en sus manos, y en las nuestras el vacío, el abandono y la depresión. Derechos familiares: solo el de pataleta.

Son los modelos de familias tradicionales y patriarcales los que prevalecen, los que presumen de viabilidad, y las alternativas quedan asfixiadas en las trampas de la conciliación y la precariedad.

Las nuevas realidades que se producen distan mucho de ser referencias de cuidado. No se facilitan las condiciones y los apoyos para que las experiencias de familias basadas en la corresponsabilidad, la horizontalidad y en el apoyo mutuo sean sostenidas de manera generalizada y puedan trascender su singularidad. 

De nuevo, solo emerge lo tradicional o el individualismo del sálvese quien pueda, y en la dualidad, la izquierda tiende a posicionarse apoyando lo segundo.

Esta posición se quiere matizar con las políticas de conciliación y dando un papel esencial a los servicios públicos, pero en la práctica no hay una vocación de servicio, no se plantean unos servicios subordinados a las propias dinámicas de gestión de la vida de cada familia, sino que los servicios públicos actúan de manera totalitaria. Son muchos los ejemplos que ilustran la instrumentalización de las necesidades de las personas para la imposición de modelos institucionales, quizá el más paradigmático sea la atención hospitalaria al parto y al nacimiento, pero hay más, como la rígida escolarización infantil o la organización de los permisos de maternidad/paternidad. De este modo se acaban imponiendo modelos que terminan normalizando la precariedad afectiva en los procesos reproductivos y muchas veces convirtiendo las necesidades en productos de consumo. 

Son muchas las personas y las familias que se ven abrumadas cuando lo público pasa por encima de su realidad y se convierte en un espacio de propaganda de la izquierda usado para imponer un modelo que quizá se pueda rentabilizar políticamente, pero que en lo concreto, supone un fuerte condicionamiento de la vida (y si no que se lo pregunten al Pueblo Gitano y a sus familias, atrapadas en dinámicas históricas de contraprestaciones para poder hacer valer mínimamente sus derechos sociales).

Tal es la defensa de la externalización que termina pareciendo, sino siendo, un fin en sí misma, mucho más importante que las necesidades intrínsecas a la convivencia de los grupos humanos.

El atajo por la izquierda, que se está tomando para superar el conflicto ideológico y psicoafectivo que se tiene con la familia, pasa por vaciarla de contenido y diluirla en estructuras más o menos líquidas que solo se sustancian en lo individual. Ahí se establece un contrato en base a derechos reconocidos por las políticas progresistas, pero que, a la hora de la verdad, distan mucho de ser universales.

El derecho al trabajo, a la vivienda, a un ingreso mínimo, el derecho de las criaturas a ser cuidadas, son cada vez más difíciles de sustanciar.

En el repliegue producto de la precariedad, no nos queda otra que volver a la familia. Y entonces, nos la encontramos erosionada, desértica y desbordada por la función social que representa y que no se corresponde con los apoyos institucionales que recibe. Solo se sostiene en pie por la explotación de las mujeres en lo doméstico y porque no hay plan b para la crianza.

Buscamos sostén y nos encontramos en un solar degradado por la especulación, abandonado y esquilmado con la lógica extractiva del capitalismo de los servicios, y definido por la injusticia social y patriarcal. Esto no es efectivo y nos deja a merced de la violencia del sistema.

Hasta propuestas de derechos que abrazo y defiendo, como es la Renta Básica Universal, difícilmente pueden ser implantadas obviando los sujetos colectivos que generamos a partir de nuestras relaciones de interdependencia. 

Si los derechos son solo individuales, ¿quién gestiona la renta básica de bebés, niños y niñas? ¿O de las personas dependientes? ¿El Estado? ¿Qué nos la conmuten por plazas en guarderías, residencias o centros de acogida? ¿Alimentamos también la industria de la externalización con nuestros derechos? 

Hablamos de cuidados, pero los modelos basados exclusivamente en los derechos individuales solo son viables para las personas con privilegios, que participan de alguna manera de ese sujeto universal de “hombre blanco con dinero” y que por ello tienen poder para transformar los derechos en estructuras de supervivencia. Y estas estructuras se terminan definiendo a costa de otras personas, que aun con los mismos derechos, no les queda otra que subordinar su existencia a quien paga o a quien manda.

Los derechos efectivos debieran ser de todas, de quienes precisan el cuidado y no solo de las personas que lo suministran. ¡Ya cambiaría que la estructura jurídica de la familia no se configurara a partir del matrimonio sino de los derechos propios de las criaturas que alberga!

Si, además en el debate de los cuidados, incluimos la parte libidinal, defendiendo a la familia pero combatiendo el concepto de “cargas familiares” y denunciando la devaluación que supone instalar los procesos esenciales de la reproducción humana en las dinámicas del mercado, negándonos a normalizar el modelo low cost,utilizando para ello la legítima demanda social de igualdad y corresponsabilidad, y de precariedad afectiva como un nuevo paradigma, la incomprensión con la izquierda es absoluta.

Podemos incluso llegar a tenerla enfrente cuando dan alas a discursos tan reaccionarios como “el de la maternidad intensiva”, vendiendo como una enajenación lo que es, como mucho, un enroque en lo reproductivo para salvaguardarlo en un contexto de precariedad y de abandono social, tal y como desmonta por Julia Cañero

Por supuesto que también se sostiene una crítica a la familia desde los cuidados, como dice Nuria Alabao en su reciente artículo de Ctxt: “La familia es ambivalente, no es una institución neutra: todavía se sostiene sobre relaciones jerárquicas de subordinación de género-edad. Todavía es una institución que delega la mayor parte del trabajo de cuidados a las mujeres. Reforzar la familia hoy implica a pesar de todo, reforzar esa realidad persistente. Las enormes cifras de violencia machista o contra jóvenes y niños en su seno son un recordatorio de esa subordinación.

Pero entonces, si queremos validar otras formas propias de organización social, tendremos que empezar por reivindicar reconocimiento jurídico para los diferentes modelos de convivencia que cada persona establece libremente con su grupo de relaciones, ya sea por afectos o por pactos explícitos de cuidado —pactos de crianza, de acompañamiento a la muerte o en la enfermedad, etc.— para dar una estabilidad al marco que pueda estructurar una sociedad distinta. 

Porque, mientras que la patria potestad y, en consecuencia, los mecanismos de filiación y herencia gocen de vigencia y aceptación, y esto no se combata de manera radical desde la izquierda, la alternativa parece, de nuevo, solo alimentar el privilegio adulto de quienes pueden elegir.

Es frecuente encontrar a gente con muchas experiencias en intentos comunitarios —mirar al pasado también es aprender de las iniciativas en este sentido de los años setenta y ochenta, y de algunas que aún perduran— que narran cómo todo se reorganiza en el momento que vienen las criaturas, cómo las figuras de referencia adulta reconocibles se hacen más importantes (entre otras cosas porque hay unas obligaciones intransferibles de guarda a las que dar respuesta) y cómo la familia como institución emerge con fuerza frente a otros vínculos elegidos sin estructura jurídica. Lo mismo ocurre cuando hay que dar respuesta a una enfermedad o repartir una herencia.

La tribu es necesaria, muchas veces imprescindible, hace de seguro de vida, pero sigue pasando que a la hora de afrontar momentos de crisis, prioridades reproductivas o emergencias en cuidados, la familia nuclear radiactiva tiene un papel protagonista.

Si se nace en familia y se muere en familia, al menos en lo jurídico —y esto no va a cambiar pronto— luchemos para que se nos permita intentar un tránsito más saludable.

Políticas de apoyo a la familia a troche y moche, que padres y madres de izquierdas, comprometidos con el cuidado, pudieran hacer viables sus proyectos con solvencia, generando otros modelos desde la presencia, la abundancia y la felicidad que pudieran disputar la realidad: “La libertad de cuidar, el lujo de cuidar, el honor de cuidar (…) cuidar es amar y es el único amor que existe”, dice Maria LLopis en la introducción de “la revolución de los cuidados”.

Y quizá con ello se colabore a diluir la familia tradicional en una alternativa de bienestar, y no en el vacío. Necesitaríamos una izquierda valiente que se atreviera a ser aliada en este proceso.

Porque, si no, la familia seguirá siendo facha y patriarcal, basada en el fraude del amor romántico y en la adultocracia —la familia conservadora está más adaptada por comulgar sin conflicto con los roles tradicionales de género y por tener pasta y privilegios para poner el mercado a su servicio defendiendo su territorio doméstico de aquello que no le gusta, aunque sean derechos—.

Y los y las anticapitalistas seguiremos explotadas en el mercado laboral pidiendo permisos precarios para que nos dejen cuidar un rato, habitando la queja y sin capacidad real de articular mecanismos de convivencia comunitarios. Hasta que poco a poco se vaya imponiendo la opción del sistema: una soledad que consume relaciones y afectos en la medida que los puede sufragar.

Podemos terminar incluso, haciendo real la profética obra maestra de Fernando León de Aranoa, Familia (1996), y buscando comprar en el mercado una familia muy parecida a la que queremos desterrar.

Paco Herrero Azorín

@PacoHerrero1

13 jun 2021 06:00

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Para una universidad en defensa de la humanidad

Pasar a la ofensiva (liderar una vanguardia) es, también, un desafío epistemológico y gnoseológico. Eso puede asumirse responsablemente con una organización impulsada para la investigación, producción y democratización del conocimiento humanista socialmente producido: una universidad de nuevo género… sin burocracias. Hace mucha falta impulsar un motor de principios humanistas sistematizados, y en pie de lucha, contra todas las degradaciones que el capitalismo nos impone en su fase imperial. Hace mucha falta impulsar una universidad humanista de nuevo género que sirva de instrumento para intervenir en todas las agendas de nuestro tiempo. Superar la crisis de dirección revolucionaria.

Hace falta un modelo de universidad distinto, comprometido con las luchas sociales emancipadoras y no con diletancias "escolásticas", sino con escalones científicos para ascender a la praxis dignificante. Universidad abierta a su tiempo, capaz de armar un cuadro combativo de cátedras y módulos, con agendas escogidas, por urgencia y jerarquía, en la resolución de los problemas prácticos y teóricos de nuestros pueblos. Cátedras dinámicas para homenajear a los fundamentos y a los fundadores de nuestras revoluciones sociales.

Tenemos que exigirnos una "cultura general" solvente, descolonizada, multidisciplinaria y exhaustiva, para ascender a la práctica de transformar al mundo cotidianamente, y eso no es un capricho "intelectual", es un imperativo ético-revolucionario. Contamos con ejes teórico-metodológicos correctos y con ejemplos clave. Eso puede articularse en una universidad para todos y, especialmente para la juventud, con (por ejemplo) 10 cátedras: 1) historia de las revoluciones; 2) historia de la praxis humanista; 3) grandes libertadores; 4) comunicación y cultura para la emancipación; 5) economía soberana. 6) arte y poder creador. 7) filosofía, ética y moral de la lucha y luchas de la filosofía; 8) pueblo soldado. Los ejércitos del pueblo; 9) descolonización económica, intelectual, de género y de diversidades; 10) grandes escenarios para la unidad de los pueblos. Piénsese como ejemplo. No sería difícil contar con profesores, bibliografía ni materiales didácticos. Un consejo académico de expertos. Una sede en plataforma digital muy accesible. Un plan de comunicación propio. Considérese como propuesta.

No hay defensa de la humanidad que valga si nos contentamos con fraseología sin formación sistemática, si son sólo "buenos propósitos". Hay que disputar el "sentido" en todos los campos del conocimiento donde se expresa la lucha de clases en las escalas prácticas y simbólicas. La defensa de la humanidad no puede realizarse por intuiciones de coyuntura, sólo con enunciados o declaraciones públicas… hay que ir a la médula del pensamiento y cultivarla ahí, en clave revolucionaria. Disputar la riqueza de la pedagogía y la didáctica de la "batalla de las ideas" y perfeccionarla hasta que se despoje de todo riesgo de individualismo y pase a ser carne en las luchas sociales evolucionada por las propias luchas, como herramienta, por ejemplo, contra el nazi-fascismo que merodea aún en nuestros tiempos.

Eso también debe ser el cometido de una universidad para la defensa de la humanidad que incluya a los pueblos originarios, a los obreros, a los campesinos… y contribuya a una realidad intelectual que determine la conciencia sobre los derechos humanos. Es imprescindible una universidad para la defensa de la humanidad revisada con la óptica y el escrutinio que interpela el carácter individualista de los derechos, contrastándolo con su carácter social ineludible y por definición político. Universidad en debate obligatorio, con sus asignaturas históricas, con una consonancia geosemiótica, en la que se haga cualidad el poder crítico de los conocimientos y se haga visible la necesidad de una educación humanista revolucionaria capaz de transformar al humanismo.

Universidad imprescindible que recorra, con detalle, el universo de las luchas emancipadoras que son cajas de resonancia semántica de donde debe abrevar toda currícula y todo postulado cuya pretensión ascienda a la generalidad de los seres humanos, y a la solución de los problemas históricos en plena praxis transformadora. Universidad, que significa aquí, trabajo teórico-práctico para intervenir de manera diversa y dinámica en la dialéctica del sentido, las leyes generales de su desarrollo, y en cada territorio del saber y de la acción. Universidad compleja e interconectada con los contenidos con que se organiza la conducta cotidiana de los pueblos, sus basamentos filosóficos y sus expresiones morales y éticas. Pasar de lo deseable a lo posible y a lo realizable. Como propuso, alguna vez, Adolfo Sánchez Vázquez, entre otros.

Universidad para la defensa de la humanidad precedida de un conjunto de saberes sobre la realidad y sobre lo que se pretende en el futuro, enraizada en la necesidad de caracterizar, también, los modos de producción de sentido y las relaciones de producción de sentido, en las condiciones concretas en que se desarrolla. No se trata de una universidad esotérica para hacer, todavía más, incomprensible la responsabilidad de combatir a la ideología de la clase dominante. Se trata, por el contrario, de una universidad capaz de enriquecer un instrumental de acción o de praxis científica para facilitar su ascenso en las realidades concretas de cada pueblo.

Todas las tareas que sean necesarias en una universidad en defensa de la humanidad es un reto de urgencia crítica que compromete, de manera multidisciplinaria, a quien pretenda contribuir a orientar las luchas emancipatorias para construir un humanismo sin formas dogmáticas, mecanicista o esquemático, sino para revolucionar al humanismo con herramientas que de nuestros pueblos que miran, con esperanza el derecho a la educación, la nutrición, el trabajo, la vivienda y la cultura emancipada. El derecho a vivir viviendo y no sobreviviendo en las condiciones inmorales en que se vive bajo el capitalismo. Una universidad para la defensa de la humanidad implica combatir el ilusionismo filantrópico con una educación de acción concreta contra las sociedades divididas en clases, donde reine la justicia social, el derecho y la felicidad y contra el modo de producción dominante y de las relaciones de producción alienantes. Sus medios y sus modos.

Por Fernando Buen Abad Domínguez*

*Filósofo y director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride, Universidad Nacional de Lanús.

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Marta Gómez: "Es muy triste ser de Colombia en este momento"

La cantautora presenta este domingo por streaming el espectáculo "Cuando todo pase"

El espectáculo hacía referencia originalmente a la pandemia, pero ahora adopta un nuevo sentido. Pese al desencanto frente a la crisis que vive su país, Gómez señala: "ahora los jóvenes en las calles están dando sus vidas para que nuestro futuro tenga algo de dignidad en un país tan injusto".

La cantautora colombiana Marta Gómez sigue con mucha preocupación lo que sucede en su país. Desde abril, la crisis social, económica y política se agravó en Colombia luego de que el presidente, Iván Duque, intentara imponer una reforma tributaria en plena pandemia. Organizaciones sociales, sindicales y estudiantiles, agrupadas en el Comité Nacional del Paro, salieron a las calles para protestar e impidieron el impuesto. Pero denuncian abuso de poder, violaciones a los derechos humanos, desaparición de personas y militarización de parte del gobierno. “Por un lado, es una situación horrible de miedo y desesperanza. Y por otro, los jóvenes que están en la calle reclamando cosas tan lógicas, tan humanas y tan básicas, como el derecho a la salud y a la educación pública, inyectan esperanza y ganas de luchar”, dice Gómez desde Barcelona, donde reside desde hace más de diez años.

“Pero es muy triste y doloroso ver desaparecidos y torturas; son cosas que nosotros habíamos visto en Colombia siempre desde lejos, en el campo y en la guerra. Pero verlo ahora en las ciudades ha sido un golpe muy duro. Y para los que estamos lejos es muy frustrante ver a la población armada, con complicidad de la policía”, reflexiona la cantautora. “Y gracias a que las personas en la calle están filmando con el celular todo lo que sucede se han salvado muchas vidas, pero aun así hay muchos desaparecidos. Es muy triste ser de Colombia en este momento”, dice. Y la forma que encuentra de acompañar es seguir creando canciones, estar en contacto permanente con sus coterráneos y difundir el conflicto desde sus redes sociales. “El arte es lo que nos va a salvar como especie”, sostiene.

De este modo, la cantautora realizará este domingo al mediodía un concierto por streaming a través de la plataforma Passline. El espectáculo se llama "Cuando todo pase" y originalmente hacía referencia a la pandemia, pero ahora adopta un nuevo sentido. “Es muy bello, porque la canción surgió en la pandemia. Y cada vez que la canto pienso en la situación en Colombia y me encanta porque la música permite eso”, cuenta quien también está repasando veinte años de trayectoria. “En estos días se está celebrando el cumpleaños de Violeta Parra y buscando canciones de ella para cantar, me encontré con ‘La carta’ y pensé: ‘¡Parece que hubiera sido escrita hoy para Colombia!’. Por un lado, qué triste que la historia se repita; pero por otro, qué bello que la música tenga esa atemporalidad y nos dé fuerzas. Y que de las cosas más horrendas pueda salir algo de belleza”.

La compositora colombiana estará acompañada por el pianista Antonio Mazzei y el show se podrá ver en Argentina, Chile y Uruguay. La idea es repasar canciones de todos sus discos: desde Marta Gómez (2001) hasta El corazón y el sombrero (2011), en el que musicalizó doce poemas de Federico García Lorca en clave folklórica, además de canciones infantiles. “Quería que fuera un momento de unión en la familia. Y vamos a aprovechar las redes para leer todo lo que me dicen y componer juntos los versos de la canción ‘Cuando todo pase’”, adelanta esta cantora que profundiza en la canción popular latinoamericana. “Tengo tatuada una frase de una canción argentina en un brazo, ‘Canción para un niño en la calle’ (Armando Tejada Gómez), y en el otro tengo un dibujo de Violeta Parra”, resalta sobre su amor por Sudamérica. “A Uruguay nunca fui, pero escucho hace mucho tiempo la música de Rubén Rada, Jorge Drexler y Jaime Roos ¡Me muero por conocer!”, confiesa.

  -¿Y la música puede ser un buen canal para comunicar el conflicto en Colombia?

  -Yo espero que sí, siempre lo he pensado. De hecho me emociona cada vez que me mandan videos de las manifestaciones de personas cantando "Para la guerra nada". Que es una canción muy directa, que no tiene manera de desviarse. Por supuesto que la música es un bálsamo y espero que sirva como un abrazo, pero en días como estos a mí se me parte el corazón. La orquesta de jóvenes estudiantes de Cali, de mi ciudad, hizo un cacerolazo sinfónico y también se reunió a tocar algunas de mis canciones. Espero que la esperanza me vaya volviendo, pero la situación es muy dolorosa. Desde hace muchísimos años la población está absolutamente olvidada. Y ahora los jóvenes en las calles están dando sus vidas para que nuestro futuro tenga algo de dignidad en un país tan injusto.

Por Sergio Sánchez

06 de junio de 2021

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Los esqueletos examinados durante los pasados ocho años provienen de una excavación realizada en Jebel Sahaba, en el norte de Sudán, en 1965. Foto cortesía Archivos Wendorf del Museo Británico

Expertos detectan agresiones más feroces de lo necesario para matar en restos hallados en valle del Nilo

 

Una nueva investigación arqueológica sugiere una naturaleza humana extremadamente violenta durante la Edad de Piedra.

Un análisis detallado de las heridas sufridas por los miembros de una comunidad pequeña que vivió en valle del Nilo hace alrededor de 20 mil años reveló que los guerreros prehistóricos atacaban poblaciones indiscriminadamente, matando e hiriendo a mujeres y niños con la misma frecuencia con que asesinaban a hombres adultos.

De acuerdo con el estudio llevado a cabo por el Museo Británico y el Centro Nacional de Investigación Científica francés, las grandes batallas campales no eran frecuentes; en lugar de eso, parece que las agresiones en pequeña escala a grupos familiares eran la norma, algunas veces con una ferocidad y violencia mucho mayores a los necesarios para simplemente quitarle la vida a alguien, señala The Independent.

De los restos estudiados se ha descubierto que muchas de las víctimas tenían entre 10 y 20 heridas de flecha o lanza no curadas. En ocho casos los científicos encontraron fragmentos de puntas de flecha de piedra incrustrados en los huesos de las víctimas, en 28 casos más también encontraron restos de flecha en otras partes del cuerpo, lo que sugiere una gran cantidad de heridas en órganos y carne.

Isabelle Crevecoeur, líder de la investigación, señaló que las heridas curadas y no curadas causadas por flechas, lanzas y otras armas fueron encontradas en alrededor de dos tercios de los 61 individuos enterrados en el sitio, de forma independiente de su edad o sexo, incluyendo niños pequeños.

Durante los pasados ocho años, los científicos usaron microscopios para examinar en gran detalle el cementerio prehistórico conocido como Jebel Sahaba, en el norte de Sudán. De las 61 personas analizadas, 41 por ciento sufrieron heridas de flecha o lanza en los huesos restantes, otro 21 por ciento habían sido lastimados o asesinados con garrotes o alguna otra arma sin filo.

En muchos casos casi la mitad de las heridas habían sanado, sugiriendo que esos individuos habían sido atacados en múltiples ocasiones, tal vez incluso varias veces al año. Sin embargo, el conteo de heridas todavía permanece como una pequeña fracción del posible total de ataques sufridos por las víctimas debido a que muchos de los huesos no han logrado sobrevivir y porque muchas heridas en órganos y carne se han perdido.

En términos de género, tanto hombres como mujeres parecen haber sido atacados el mismo número de veces por agresiones hechas a distancia; en el caso de los niños las muertes parecen haber sido perpetradas con martillos de piedra o hueso y garrotes de madera. El único grupo más o menos ausente en el estudio fueron los adolescentes.

Los científicos estiman que los niveles de violencia en Jebel Sahaba eran probablemente muy altos debido a que los cambios climáticos incrementaron la competitividad entre distintas comunidades del valle del Nilo.

Cementerio

Para Daniel Antoine, del Museo Británico, Jebel Sahaba ha sido mostrado como el más viejo cementerio en el valle del Nilo y uno de los más tempranos lugares en mostrar violencia interpersonal extensa en el mundo. La competencia por los recursos debido a un cambio en el clima fue muy probablemente responsable de esos conflictos frecuentes.

La edad exacta de Jebel Sahaba es desconocida, pero las pruebas indican que los esqueletos fueron enterrados de hace 13 mil 400 a 20 mil años; sin embargo, el cementerio en sí mismo parece que sólo fue utilizado durante dos o tres generaciones.

La investigación, publicada en Nature, sugiere que en la época pudieron no haber existido reglas, tradiciones y tabús entre las comunidades, lo que a su vez sugiere la inexistencia de valores éticos, al menos hacia los miembros de otras comunidades. La excesiva cantidad de violencia y el brutal asesinato de niños también brinda pistas sobre los atacantes y su posible deseo de eliminar a una comunidad en lugar de simplemente someterla.

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Los estigmas que rodean a la menstruación frustran las vidas de millones de niñas en pleno siglo XXI

 

En muchos países del mundo, los mitos y las falsas creencias en torno a la regla siguen provocando serias violaciones de los derechos humanos de las niñas y adolescentes.

 

En pleno siglo XXI la menstruación sigue siendo un tabú y está rodeada de estigmas que llegan a truncar la vida de millones de niñas a lo largo y ancho del planeta. En un día cualquiera, alrededor de 300 millones de mujeres y niñas de todo el mundo tienen la regla y, sin embargo, es importante recordar que este proceso natural es otro factor de desigualdad de género para muchas de ellas. Así lo recuerda este viernes, coincidiendo con el Día Internacional de la Higiene Menstrual, la organización Plan International. En muchos países el mundo la menstruación sigue siendo un tema tabú que genera vergüenza, discrimina a las niñas y las expulsa de sus ambientes. 

En no pocos países los mitos y las falsas creencias en torno a la regla siguen provocando serias violaciones de los derechos humanos de las niñas y adolescentes. Un mapa creado por la organización de defensa de la infancia hace un recorrido del horror por algunas de ellas.

En algunas comunidades de Malawi, por ejemplo, a las niñas que tienen la regla por primera vez se les dice que tienen que tener relaciones con un hombre como rito de iniciación y si quedan embarazadas están obligadas a casarse. En algunos lugares de Togo sigue vigente la tradición de que una niña no puede tener el período dos veces en la casa de los padres, lo que significa que deberá casarse tras su primera menstruación. En muchos casos esta llega tan pronto como a los 9 años

El lugares de Vietnam las niñas no pueden recolectar frutos del árbol mientras están con la regla porque dejará de florecer al año siguiente. En zonas de Indonesia las jóvenes no pueden utilizar tampones ni copas menstruales si no están casadas puesto que se asocian con la pérdida de la virginidad. En Camerún, por ejemplo, ellas son responsables de la infertilidad de la tierra si caminan cerca de los cultivos mientras están con el período

"Casi la mitad de las adolescentes de Uganda e Indonesia no van a la escuela cuando están menstruando, perdiendo hasta 24 días de clase al año, según una de nuestras investigaciones. Si queremos romper tabúes, debemos conseguir que en todas las sociedades se hable abiertamente de la menstruación y derribar sus mitos", señala Elspeth Chapman, directora de Programas Internacionales de Plan International.

Uno de los mitos más frecuentes y extendidos en casi todo el mundo es el de  considerar la menstruación como una enfermedad, lo que obliga a las niñas a quedarse en casa y, muchas veces, a dejar sus estudios. La idea de que las niñas y mujeres son sucias y que no deben tocar nada porque lo contaminan es otro bulo ampliamente compartido por diversas culturas. Se trata de un proceso natural que es preciso ocultar y que debe provocar vergüenza. En muchas zonas del planeta, la falta de instalaciones diferenciadas y dispositivos higiénicos convierten la regla en un motivo de discriminación. 

Una prioridad sanitaria

Esta cultura del silencio en torno a la regla tiene además consecuencias en la salud, puesto que los productos sanitarios como las compresas no están disponibles, no son asequibles o no se priorizan en el gasto doméstico. Esto tiene como consecuencia que en muchas ocasiones las niñas y mujeres se vean obligadas a utilizar productos antihigiénicos como periódicos, trapos, tierra, arena, ceniza, hierba u hojas, que no solamente son incómodos, sino que además pueden provocar serias irritaciones o graves infecciones.

El acceso a los productos higiénicos es también un problema para miles de mujeres y niñas que se encuentran confinadas en campos de refugiados. En muchos de ellos las mujeres tienen que pagar por ellos, lo que las obliga a buscar trabajos extra, como la recogida de leña en los alrededores del campo, lo que las sitúa en una posición vulnerable de sufrir abusos sexuales. 

En muchos países los productos de higiene menstrual están considerados aún como productos de lujo. En El Salvador, por ejemplo, comprar 10 compresas cuesta lo mismo que adquirir kilo y medio de arroz o un kilo de judías negras. 

Las organizaciones que trabajan por los derechos de la infancia y de las mujeres recuerdan que las fechas señaladas como esta suponen un momento importante para sensibilizar y conseguir acabar con la discriminación. Ante la falta de productos sanitarios o su carestía, Plan International ha comenzado a impartir  talleres para que ellas mismas fabriquen compresas lavables y reutilizables con materiales locales y puedan vender estos productos para generar sus propios ingresos. De esta forma, afirman, no solo se mejora la gestión de la higiene menstrual de las adolescentes, sino su calidad de vida, la de sus familias y comunidades. Recuerdan la importancia de romper estigmas y mitos al tiempo que se dota a los colegios y a las comunidades de los productos higiénicos que permitan a niñas y mujeres llevar una vida digna.

Tampoco en muchos países con mayores ingresos los productos higiénicos se consideran una necesidad básica que facilita la vida de mujeres y niñas. En España compresas y tampones siguen gravados con un 10% de IVA, lo mismo que se paga al tomarse un café en un bar o al comprar una entrada de cine. El Ministerio de Igualdad se ha comprometido a reconocer productos como de primera necesidad y a rebajar el impuesto al 4%, una exigencia que tiene ya un largo recorrido pero que aún no se materializado.

madrid

28/05/2021 07:13 Actualizado: 28/05/2021 09:08

Marisa Kohan@kohanm

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Franco Berardi

Franco "Bifo" Berardi, activista emblemático del movimiento insurreccional italiano del 68

En La segunda venida, su libro que acaba de editar en Argentina, si bien habla del fin del mundo, en un sentido más o menos metafórico, también se pregunta si es posible cambiarlo para mejor.

La de Franco Berardi --teórico y activista emblemático del movimiento insurreccional italiano del 68, mejor conocido como “Bifo”-- es una filosofía en llamas. Un pensamiento que por su pretensión de hablar de las cosas mientras pasan a veces lo pone en peligro de pecar de filósofo-pitonisa, o de agorero. Dice que falta desacelerar y pensar. Parafrasea a Marx a contramano: pide que volvamos a interpretar el mundo, antes de transformarlo. Ejercer la crítica es, dice Bifo, un desafío en tiempos en los que la información va más rápido que la capacidad de procesarla. Hace tiempo que se preocupa por los modos en los que la aceleración informática está cambiando la sensibilidad y la capacidad de deliberación.

En La segunda venida, su libro que Caja Negra acaba de editar en Argentina, si bien habla del fin del mundo, en un sentido más o menos metafórico, también se pregunta si es posible cambiarlo para mejor. ¿Es todavía viable la convivencia y la empatía en un contexto de guerra civil global, de efervescencia neofascista y de lo que Berardi llama “apagón de la sensibilidad”, una ola de “idiotez propagada por el mundo” en forma de “rebeldía contra la ciencia y la razón”? El estado de situación que describe es la caída de “la ilusión neoliberal” que arrastra hacia “una obsesión con la política indentitaria” (los neonacionalismos, los racismos). “¿Cómo podemos pensar en recomponer un cuerpo tan disgregado, una mente tan miedosa?”, se pregunta Berardi en diálogo con Página12.

En los 70 Berardi participó de la creación de la pirata Radio Alice, una de las más famosas experiencias europeas de comunicación cooperativa. Hacia finales de los años 70 fue arrestado, en el contexto de las persecuciones contra militantes de la autonomía obrera, la radio fue clausurada y Bifo terminó exiliado en París, donde se vinculó con Félix Guattari y a Michel Foucault. Durante los 80 vivió en Estados Unidos, empezó a investigar sobre el cyberpunk. En 2002 fundó TV Orfeo, la primera televisión comunitaria italiana. Hoy, trabaja como maestro de escuela media en el Instituto Aldini Valeriani, en Bolonia. Este libro es la aventura de un diagnóstico. Y también un manual de instrucciones para lidiar con un mundo zombi, que Berardi describe como el ejército de autómatas --que somos todxs-- sin tiempo ni capacidades cognitivas suficientes para elaborar la complejidad del mundo contemporáneo. Berardi tiene 68 años y en La segunda venida, relata que vive en el mismo barrio donde vivía cuando era estudiante, hace 50 años. “Prácticamente nada ha cambiado en el paisaje excepto los estudiantes. Los veo desde mi ventana: solitarios, mirando las pantallas de sus smartphone, apurándose nerviosamente para no llegar tarde a clase, volviendo con caras tristes a los costosos cuartos que les alquilan sus familias. Siento su melancolía, siento su agresividad latente en su depresión. Sé que esa agresividad puede brotar y expresarse bajo el estandarte del fascismo. No del viejo fascismo que explotó de energía futurista, sino del nuevo fascismo que resulta de la implosión del deseo, del intento de mantener bajo control el pánico y de la rabia depresiva de la impotencia”.

--La anterior es una cita que sin duda lleva a la pregunta: ¿No hay en esos modos de conexión --por su globalidad, por su velocidad-- posibilidades emancipadoras?

--Claro que sí, claro que hay enormes potencialidades de emancipación tanto en los medios digitales como en el progreso técnico en general. Pero la transformación técnica y mediática implica una mutación antropológica, y particularmente psíquica, que tenemos que valorar. Seguramente yo me pierdo mucho del potencial de la nueva tecnoesfera, pero la generación que más sufre es la nueva. Hay toda una literatura (pienso en el libro de Jean Twenge sobre la generación hiperconectada, por ejemplo) que muestra cómo la mutación conectiva está produciendo una ola de psicopatía que golpea sobre todo a la generación que aprendió a decir más palabras gracias a una máquina que a la voz de la madre.

--Dice que a la humanidad no le queda alternativa: comunismo o extinción. Nos invita a prepararnos a cuando acontezca lo imprevisto, la irrupción de un neocomunismo que poco tiene que ver con el de 1917. Pero no dice cómo llegaremos a él...

--Marx ha dicho, no me acuerdo cuándo, que no le interesaba escribir recetas para el restaurante del porvenir. Y, de hecho, no se puede encontrar una descripción utópica del futuro comunista en su obra. ¿Por qué? Porque el comunismo no es un estado futuro, es la tendencia posible. No la necesaria --cuidado--, la posible. Hoy, en el agujero negro que se va revelando con la pandemia, y sobre todo después de cuarenta años de devastación sistemática de tipo nazi-liberal, me parece que la perspectiva más probable es un proceso caótico de autodestrucción del género humano. Pero también veo una tendencia hacia la formación de comunidades igualitarias y frugales. Igualdad y frugalidad son los caracteres esenciales del comunismo posible y urgente (pero a nivel mayoritario, no muy probable). Frugalidad no significa sacrificio, ni pobreza. Al contrario, significa una relación concreta con lo útil. Una autonomía en la relación de intercambio abstracto de valor, y autoproducción comunitaria del concreto útil. No hay una tercera alternativa. O la frugalidad igualitaria o la barbarie desencadenada, la violencia totalitaria, la guerra global, la devastación mortífera. Comunismo o extinción.

--Sobre el concepto de conciencia de clase hoy: ¿Existe todavía? ¿Dónde reside hoy la conciencia de clase? ¿Qué formas toma?

--“Conciencia de clase” es un concepto que tenemos que precisar. ¿Qué es? ¿El efecto intelectual de la pertenencia a una clase social? ¿Un efecto determinista? ¿La posibilidad de compartir formas de pensamiento, de comportamiento? No lo sé. Yo prefiero pensar en términos de composición de clase para referirme a la estructura material del trabajo y de la sociedad, y de subjetivación para referirme al proceso de formación de un movimiento fundado sobre la condición material pero cargado de inconsciencia, de mitologías comunes, de imaginación, de deseo. Tenemos que investigar el inconsciente colectivo más que la conciencia de clase. El proceso de subjetivación contemporáneo es el resultado de una larga época de agresión mediática al cerebro colectivo, de disgregación del trabajo, de concurrencia entre trabajadores provocada por la precariedad, y, como si esto fuera poco, el resultado de un largo tiempo de aislamiento, de distanciamiento.

--La pandemia produjo una desaceleración del flujo de información y estimulación permanente. Por lo menos, durante los primeros momentos. ¿Se puede hablar de una desaceleración hoy, un año después?

--La deflación del ritmo cognitivo, psíquico y social es un aspecto que se manifestó claramente al comienzo de la pandemia pero que después nunca desapareció. La mayoría de los trabajadores, y sobre todo de las trabajadoras, no han podido relajarse mucho en la fase pandémica. A pesar del peligro de contagio, han sido obligados y obligadas a continuar con su trabajo. El efecto deflación sigue siendo dominante en la mente colectiva, no solo porque hay muchas cosas que no se pueden hacer, sino sobre todo porque las expectativas de la época neoliberal (crecimiento constante, competencia ininterrumpida, mitología de la energía competitiva y agresiva, mitologías publicitarias) se han visto disueltas. La euforia agresiva producida por la ideología neoliberal no volverá, creo. Solo puede regresar la tristeza agresiva, la rabia depresiva que se manifiesta como histeria de la libertad individualista. La fuerza de la derecha hoy se funda sobre esta tristeza: el fascismo como reacción histérica a la depresión.

--Hablando de subjetivación contemporánea y mitologías... el filósofo francés Jacques Rancière dice que se ha exagerado con respecto al efecto que tienen en ésta las fake news. Que éstas no representan necesariamente un engaño. Dice: No creo que la gente que adhiere a las teorías conspirativas haya sido engañada. Adhieren porque están de acuerdo, su problema no es si es cierto o no, sino si les gusta o no. ¿Qué opina usted?

--Coincido. La noción de fake news está vacía. Siempre ha habido noticias falsas en el discurso público. Hoy hay muchas más porque el volumen de información se ha ampliado. Lo que ha cambiado no es la falsedad del discurso: hay es una crisis de la mente crítica. La crítica no es una facultad natural de la mente humana, se manifiesta cuando la comunicación pública se convierte en comunicación escrita. La crítica deviene una modalidad del discurso público cuando una parte amplia de la población puede leer y releer textos escritos. La crítica necesita del ritmo de la comunicación. Cuando el ritmo de la comunicación se acelera hasta el ruido blanco, la mente pierde su capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso. No podemos contar mucho con la mente crítica. En el futuro, la capacidad crítica habrá desaparecido de la mente humana, será solo el privilegio de una minoría que pueda leer y abstraerse del ruido.

--Entonces, ¿cómo podemos pensar en producir efectos de solidaridad, de emancipación, si no hay crítica?

--Este es un punto... En el pasado, la mente crítica era la condición de la subjetivación progresiva y solidaria. Hoy creo que solo puede serlo la sensibilidad, un tipo de sentimiento mucho más sutil, que no concierne a la razón, que sobre todo concierne a la emoción, al sufrimiento, al placer. Por eso, me parece que la comunicación política tiene que transformarse en comunicación esencialmente estética, en un sentido más amplio de la dimensión del arte. Estética no es solo la facultad de entendimiento del arte, es también la facultad de entendimiento de la percepción psíquica, del dolor, del deseo...

--Hay una sensación de que la rebeldía y la irreverencia se volvieron de derecha y que la izquierda quedó ligada a la corrección política. O como se ha dicho por ahí: que las izquierdas no aprendieron a hacer memes. ¿Cómo lo ve usted?

--¡No estoy de acuerdo! Todo lo contrario, en los últimos cincuenta años, desde el Mayo Francés hasta al black power, desde el Movimiento Antiglobalización hasta Occupy Wall Street, los memes más poderosos y más significativos han sido el producto del progresismo. La derecha no es ni más inventiva ni más inteligente.

--¿Pero no cree que hay algo de los modos de convocar que está fallando?

--Creo que hoy la derecha puede fundar su comunicación sobre una verdad profunda que la izquierda no sabe interpretar: la impotencia, la agresividad que nace de la impotencia. La derecha habla directamente del sufrimiento de los hombres blancos envejecidos, y de los hombres blancos que son jóvenes pero que están deprimidos y furiosos por su impotencia política, psíquica y sexual. No habla de manera sincera, naturalmente. Habla a los impotentes exaltando la potencia infinita de la raza, de la violencia, del trabajo, de la competencia. La izquierda sigue repitiendo palabras cada vez más vacías sobre la democracia. La democracia está muerta, es un ritual ineficaz cooptado por automatismos técnicos y financieros. Es un ritual inútil porque las condiciones de formación del pensamiento colectivo y de la decisión colectiva son manipuladas por el predominio mediático del capital. La democracia es una condición política buenísima y favorable al progreso social cuando hay fuerza cultural para imponer los intereses de los explotados. Es una metodología. La izquierda transformó la democracia en un valor. Y la democracia no es un valor: es una condición de posibilidad. Y ahora esta condición ha sido destrozada.

--En La segunda venida ha escrito que “en los 60 los partidos de izquierda y los sindicatos vieron en la tecnología un peligro, en lugar de una oportunidad de la cual adueñarse para volcarla en el interés de la sociedad”. ¿Cuál es la actualida-d de este problema?

--El movimiento obrero y progresista percibió a las tecnologías conectivas como un peligro. Lo eran, pero al mismo tiempo eran la condición para entender la nueva composición social. Ahora ya es tarde para entenderlo, porque las nuevas tecnologías ya se han consolidado como infraestructuras de un poder transpolítico. La fuerza y la pertinencia misma de la política se han disuelto. Hoy el problema de la subjetividad social se mide en términos psicoanalíticos, no políticos. No existirá en el futuro el objetivo de gobernar el conjunto de la sociedad. Se pondrá el foco en el problema de proteger comunidades autónomas capaces de vivir en condiciones de aislamiento, pero al mismo tiempo, capaces de interactuar en condiciones de autosuficiencia alimentaria, educacional, tecnológica.

--También dice que la humillación, como concepto, no ha sido tematizadalo suficiente por la teoría política. ¿Por qué es clave hoy? ¿Cómo hacer para ofrecerle a los humillados otras vías de escape que no sean el fascismo?

--Gunther Anders, un judío de Alemania que se casó con Hannah Arendt, ha sido el pensador que mejor entendió estos temas de la humillación como efectos de la omnipotencia de los automatismos técnicos y como causas del fascismo. En los años 60, bajo el influjo de lo que sucedió en Hiroshima y de la proliferación de las armas nucleares, Anders publicó un libro que se titula Die Antiquiert der Menschen. Ahí dice que los hombres perciben la omnipotencia de la máquina (que es un producto de la inteligencia humana) como algo que supera y aniquila la inteligencia humana misma. Ahí hay un núcleo profundo de la humillación como concepto político. A la intuición de Anders hoy debemos añadir una nueva dimensión de la humillación masculina: la impotencia psíquica y sexual vinculada al envejecimiento de la población blanca en el planeta.

Por Dolores Curia

17 de mayo de 2021

Publicado enCultura
Domingo, 16 Mayo 2021 04:43

¿Qué es el amor?

¿Qué es el amor?

La libre y apasionada enajenación de la libertad

En un mundo dominado por el odio, no será acaso inútil hablar sobre el amor. Es lo que intentarán estas breves líneas.

El amor es la libre y apasionada enajenación de la libertad. Es libre porque es el compromiso que establezco con otra conciencia desde una situación sustantiva, lúcida, que nace desde mí y expresa mi autenticidad. Es apasionada porque no es un acto de la razón, o, al menos, no solamente de la razón, sino que exige el compromiso de las pasiones, y el compromiso del cuerpo, que las vehiculiza, expresándolas. En el amor mi libertad se enajena, porque toda relación de amor con otro ser implica una limitación de mi libertad absoluta. No obstante, es desde esa libertad absoluta que he decidido limitar mi conciencia entregándome a otro ser, que también se me entrega, y con el que establezco un juramento, el de amarnos, que nos limita a los dos, pero es también nuestra superación, nuestro ir más allá de nuestra condición solipcista, de nuestra soledad. 

Amar no es caer, no es enceguecer, no es entregarse a la irracionalidad. Se ama con todo lo que somos. Nuestro amor se construye, se arma, se trabaja con la pasión, la inteligencia, la paciencia y el laborioso, arduo, cotidiano y deslumbrante conocimiento de la persona amada. Lejos de cegar, el amor es una fuerza de conocimiento. A nadie conoceré mejor que a la persona que amo, y a través de ese amor descubriré acaso las mejores cosas que ignoraba de mí. Y digo mejores porque somos mejores cuando amamos.

No busco el sometimiento de quien me ama. No quiero ser amado por una conciencia que se me somete. No quiero convocar su admiración, ni su deslumbramiento, ni nada que reduzca la dimensión de su ser auténtico, de su ser más valioso. Le doy lo que le pido. Le doy mi libertad a cambio de la suya. El amor es un pacto de dos libertades. Muchos le temen a esto. Creen que el pacto que implica el amor les hará perder la libertad. Pero la libertad está para usarla. Somos libres para, desde nuestra libertad, comprometernos, entregarnos. La más alta forma del compromiso y de la entrega es el amor, donde mi libertad se realiza y se enriquece con la libertad de la conciencia que se me entrega, libremente, para ser más plena junto a mí. No somos uno. Somos y seremos dos. 

Nuestro pacto está alimentado por la cotidiana renovación del juramento. Nadie se condena a amar ni a ser amado para siempre. Nuestra libertad pone a prueba y fortalece nuestro juramento. Así, el amor es un trabajo cotidiano. Sé que el ser que me ama dejará de hacerlo si dejo de ser el ser de quien se enamoró. Esto no significa que ya no habré de cambiar, sino que hay un pacto esencial que deberá permanecer a través de todos los cambios y aun las sorpresas de la existencia. Cada día seré otro, porque eso me permitirá sorprender, enriquecer al ser amado. Pero, a la vez, cada día seré el mismo porque no habré de traicionar el juramento primero. 

Hablamos, desde el primer día, un lenguaje que nos expresa a los dos. Ese lenguaje se habla con las palabras, con el cuerpo, con las ideas. Tiene la modalidad de la pasión, de la ternura, pero no de la violencia. Es único y existe porque lo he creado junto al ser que amo. No es un lenguaje cristalizado, sino un lenguaje que incorpora -cada día- palabras nuevas. Cuando ya no existan las palabras nuevas, cuando el juramento esencial se realice por medio de las viejas palabras, infinitamente repetidas, el juramento será una áspera cosa y no una vivencia lúdica y palpitante. Ahí, el amor habrá muerto. Y cada uno se recluirá en la libertad triste, inútil, estéril, de los solitarios. El trabajo del amor, del amor entendido como creación constante, es sofocar esa posibilidad, impedirla por medio de la razón, de la pasión, de la inteligencia y la libertad.

Por José Pablo Feinmann

16 de mayo de 2021

Publicado enSociedad
Colombia: Uribe ‘desencadenado’. Revolución Molecular Disipada, extrema derecha y criminalización de la protesta

En la sexta jornada del Paro Nacional, dos días después de que una madre en Ibagué implorara en grito sordo a la policía que la mataran, así como acababan de matar a su hijo Santiago Murillo (19 años), solo unas horas antes de que esa misma policía asesinara sorprendido e indefenso, no demasiado lejos de allí, a Nicolás Guerrero (27 años) en las tumultuosas protestas de Cali, el expresidente Álvaro Uribe, líder indiscutible de la derecha colombiana durante los últimos 20 años, recibió una inspiración mística.

Tres días antes, la red social Twitter había decidido retirar una de sus publicaciones, en la que sugería que policía y fuerzas armadas deberían utilizar armas de fuego contra los manifestantes, por considerarse que ‘glorificaba’ la violencia. A la luz de los datos y durante los siguientes días, la propia policía le habría de dar la razón.

El lunes a las 11 de la mañana, casi al tiempo de la renuncia del Ministro de Hacienda tras la decisión por parte del gobierno de retirar el polémico proyecto de reforma tributaria que hizo estallar la indignación en las calles de Colombia, un críptico tweet en su cuenta prendió la curiosidad de un gran número de usuarios, desviando incluso parte de la atención de la noticia política del momento y desatando un intenso debate acerca del origen de dicha intervención. Reproduciendo textualmente lo compartido por el expresidente y líder del partido político Centro Democrático, más que una propuesta de acción política, su redacción sugiere una suerte de revelación extática:

  1. Fortalecer FFAA, debilitadas al igualarlas con terroristas, La Habana y JEP. Y con narrativa para anular su accionar legítimo;
  2. Reconocer: Terrorismo más grande de lo imaginado;
  3. Acelerar lo social;
  4. Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa

Muchas y muchos se sorprendieron por el inesperado uso, por parte de un político carismático de la extrema derecha, de un concepto ‘revolucionario’ surgido en el contexto post-mayo del 68. Nada más lejos de la realidad, con su ‘Revolución Molecular Disipada’ Uribe no estaba citando al psicoanalista francés Felix Guattari y su famoso libro, del año 1977, ‘La Revolución Molecular’.

Uribe se refería con el último de los términos al concepto repostulado por el político chileno Alexis López, de inspiración ideológica nacional-socialista, fundador y presidente –hasta su disolución en 2010- del movimiento Patria Nueva Sociedad en Chile, fugazmente famoso en la escena política chilena por ser el principal organizador en el año 2000 del ‘Encuentro Ideológico Internacional de Nacionalidad y Socialismo’ -o ‘Congreso Nazi’, tal y como lo denominaron las publicaciones de la época- y acérrimo defensor del revisionismo del holocausto judío, entre otras propuestas de inspiración neofascista. Conferencista también, en reiteradas ocasiones, en la Universidad Militar Nueva Granada, institución donde se forman algunos de los principales cuadros militares de Colombia.

Con el concepto de ‘Revolución Molecular Disipada’, López describe un ataque organizado desde sectores de vanguardia de la izquierda internacional y la masonería, en el que se utilizarían a diferentes actores de la sociedad civil infiltrados por la delincuencia organizada y el terrorismo, de carácter “total y encubierto” y dirigido como un ataque a todas las instituciones responsables de mantener el orden en el país, con el objetivo de derribarlas y ser reemplazadas por una nueva institución. Para ello, el propio ideólogo chileno reconoce la impronta de Guattari en la definición original del concepto, pero lejos de lo propuesto por el filósofo francés, López asegura que la estrategia orientadora responde a la destrucción de las sociedades a través del terror social, continuo y organizado, para su sustitución por una nueva hegemonía. El concepto, por tanto, es utilizado como una alerta para los diferentes gobiernos e institucionalidades que asumen su veracidad como un riesgo para el ejercicio mismo de la democracia, por lo cual debe ser erradicada a cualquier costo, ya sea en el incremento de los niveles de impopularidad de un gobierno o a través de la supresión de vidas civiles en las calles.

En ese sentido, la propia acepción del concepto tiene una clara inspiración paternalista, por la que gran parte de los individuos que conforman el actor ‘movimiento’ o ‘revolución’ ni siquiera serían conscientes de los fines últimos por los que se están movilizando. El papel, entonces, de las instituciones, resultará en develar la conspiración izquierdista-masónica para persuadir a los agentes del cambio a desistir de ofrecer su energía en pro de la destrucción del Estado. En caso de no lograr dicha persuasión, el ejercicio de la violencia sobre los agentes de destrucción del Estado estará, por tanto, justificada desde el pragmatismo que destila su urgencia.

Cabe decir que para el antiguo movimiento fundado por Alexis López, Patria Nueva Sociedad, el Estado es considerado como un ente natural orgánico, surgido de la nación misma, en el cual la lucha de clases debía ser erradicada para ser sustituida por la cooperación entre dichas clases, en favor de una democracia gremial que favorezca el corporativismo como sistema que guíe el devenir político de las sociedades. Para contextualizar su impronta, el sistema corporativista fue uno de los caballos de batalla del fascio durante la dictadura de Benito Mussolini, siendo su adaptación para América Latina el denominado ‘integralismo’ brasileño, del populista Getulio Vargas.  

Por el contrario, la ‘revolución molecular’ propuesta por Félix Guattari y elaborada en torno a ideas dispersas, en dialogo con su compañero Gilles Deleuze a lo largo de diferentes e imprescindibles publicaciones para el avance del pensamiento político contemporáneo -tales como ‘Mil mesetas’ (1980) o ‘El Anti-Edipo' (1972)- ofrece una lectura mucho más heterogénea, heterodoxa y consciente de las características de su propio tiempo. Ante la imposibilidad de abarcar la amplitud de su definición, y a fin de centrarnos en las posibles relaciones con el concepto apropiado por la extrema derecha latinoamericana, en este texto sólo nos centraremos en su carácter más estructural.

En su definición materialista, la propuesta misma de ‘revolución molecular' surge en un momento social concreto de transformación en el que, a partir de los años 70, las luchas de clase -eminentemente sindicales- van cediendo terreno a otro tipo de actores sociales organizados, de una multiplicidad variable en sus estructuras, deudores no solo de la reivindicación de una temática propia y alternativa, sino de su surgimiento en un contexto social y temporal específico. Prueba de ello es la multiplicidad de procesos geopolíticos subsumidos en la década (desde la ampliación y ordenación del ‘Capitalismo Mundial Integrado’ a la estabilización de las luchas decoloniales en gran parte de los países de África y Asia), lo cual añadía una apertura en los paradigmas de acción social y evidenciaba la enormidad de reivindicaciones que se escondían tras la clásica -y caduca, en su definición más vulgar- lucha de clases. Estas nuevas conciencias surgen de las nuevas ‘segmentariedades’ de un capitalismo desterritorializado, ubicuo, descabezado pero homogeneizador, que amplía sus estructuras sobre nuevos nichos de acumulación e integran espacios hasta entonces ajenos a su impronta, tales como el ocio o el deseo.

Precisamente por ello, ambos teóricos comienzan a discernir sobre formas de acción distintas, heterodoxas, más allá de la lucha de clases tradicional y basadas en una multiplicidad de quiebres que rompe (o cuanto menos cuestiona) la dialéctica epistémica hasta ese momento aplicada, e intenta comprender las formas de resistencia y acción frente a las posibilidades y cercamientos de este nuevo tipo de capitalismo. Es en este punto que Guattari, aun consciente de la imposibilidad de predecir las nuevas formas de revolución y lucha, considera que estas, al menos, compartirán una serie de características entre las que se incluyen:

  • No centrarse únicamente en objetivos cuantitativos, sino que pondrán en tela de juicio las finalidades del trabajo, y por consiguiente, las del ocio y la cultura, entre muchas otras representaciones.
  • No centrarse únicamente en las clases obreras-industriales-cualificadas-blancas-masculinas-adultas, dado que la producción ya no puede identificarse con la industria pesada.
  • No centrarse únicamente en un partido de vanguardia concebido como sujeto pensante de las luchas y con arreglo al cual será determinado el conjunto de los «movimientos de masas».
  • Ser policéntricas, tanto así que los sujetos que participen no estarán necesariamente coordinados y entre ellas podrán surgir contradicciones, incluso antagonismos irreductibles.
  • No centrarse en un ámbito nacional.
  • No centrarse en un corpus teórico único.
  • Rechazar la compartimentación entre valores de cambio, valores de uso y valores de deseo.

Estas ‘nuevas’ formas de acción que configurarían la ‘revolución molecular’ surgen como una propuesta asumible por las luchas pensadas para América Latina desde la década de los 70 y en adelante, en la conquista por la democracia en muchos casos y en contextos en los que es necesario ‘inventar’ nuevas formas de organización entre las luchas de clases occidentales y las luchas de emancipación inherentes a las repúblicas poscoloniales en sociedades híbridas y con múltiples tensiones.

En la comprensión de su posible éxito en el contexto de los estados latinoamericanos es donde empiezan y terminan las similitudes entre ambas acepciones. Si para Guattari la revolución es potencia, para López es tragedia. Si para Guattari es distribuida, para López es jerárquica. Si para Guattari es deseo, para López es terror. Si para Guattari es esperanza, para López es traición.

Y Uribe, gran conocedor del poder del marketing en la justificación de los intereses propios aun en contra de los de todo un pueblo, del valor de la emocionalidad en la construcción de mecanismos de poder y legitimación, gran populista, asume providencial la deformación del concepto. De esta forma, alimenta su serie de grandes éxitos que inician con el ‘castrochavismo’ y continúan con otras deformidades tales como aquella de la ‘ideología de género’ o la alargada sombra del Foro de São Paulo, algunos de los argumentos más difundidos para la negativa de apoyo al proceso de paz en el referéndum de 2016.

Álvaro Uribe Vélez asume en estos casos la inspiración del esperpento, y se erige en un Max Estrella de camisa blanca y pecho descubierto para el que el reflejo en espejos cóncavos de aquello que construye lo más democrático de las sociedades, el ejercicio crítico de la ciudadanía, se torne desfigurado en la mayor amenaza para la democracia: aquello que combatir. Adaptando la genial frase de Valle Inclán, podría decirse que el sentido trágico de la vida colombiana sólo puede entenderse a través de una política sistemáticamente deformada.

La estrategia no es nueva por parte de la derecha, y es realmente sencilla. La desinformación se nutre del anonimato en la generación del mensaje y del capital simbólico de la figura que lo difunde. Su único fin es el de reforzar sesgos, crear narrativas paralelas y afianzar el pánico colectivo a través de una manipulación consciente de la información presentada. Información falsa presentada como veraz con una clara orientación de interés político. Si a ello unimos un entorno favorecido por el avance de la posverdad, cuyo principal requisito es el de contar con una sociedad en crisis económica y de representación, polarizada en lo social, tenemos una oportunidad perfecta para que figuras políticas carismáticas logren romper el cerco del anonimato de propuestas más o menos marginales y vanas y ubicarlas, a través de la apelación a las emociones (la utilización sistemática de la amenaza del terrorismo), en el centro del debate político.

Paradójicamente, y contrario a lo que proponen López o Uribe, el mayor problema para la democracia surge cuando el político de inspiración populista utiliza herramientas propicias de la posverdad para instigar a la utilización de formas de violencia y represión interna por frente a otras formas de persuasión sobre la propia ciudadanía, una de las principales y más claras fronteras teóricas que marcan la diferencia entre el populismo y el fascismo.

La criminalización de la ciudadanía y del derecho a la protesta marcan el golpe de gracia a un supuesto Estado de Derecho terriblemente azotado por la enorme desigualdad penitente, los indecentes niveles de concentración de su riqueza, el asesinato sistemático de sus líderes sociales y la terrible pesadilla de los falsos positivos, entre otros crímenes. Es importante recordar que en Colombia es solo hasta la Constitución de 1991 que la reunión y manifestación pública y pacífica se reconocen como derecho fundamental. Antes, diferentes gobiernos, por medio de decretos y estatutos, habían restringido e incluso anulado el derecho a la 'reunión pacífica’ consagrada en la Constitución de 1886, equiparándolo a un delito de alteración del orden público.

Paradójicamente, durante los gobiernos del propio Uribe (2002-2010), y amparado por la doctrina política de la seguridad nacional que orientó sus mandatos, fue usual la judicialización de los activistas sociales en torno a delitos asociados al conflicto armado. En ese sentido, el carácter abierto, ambiguo e indeterminado de los delitos asociados al terrorismo implican un enorme riesgo frente a la criminalización de la protesta en Colombia, especialmente en la indeterminación de los tipos penales y el uso abusivo del derecho penal. La protesta judicializada por un sistema judicial politizado, marcado por la desconfianza de los actores institucionales sobre el ejercicio de su garantía y la subsunción de imaginarios que equiparan protesta con terrorismo, manifestación pública con delincuencia, insertos en la tradición histórica de la derecha política más reaccionaria, ejerciendo la sospecha de las verdaderas intenciones de aquella parte de la ciudadanía que desea ejercer su derecho a movilizarse. Algo que aúna, de nuevo, el devenir de Colombia y Chile, especialmente en la redacción en ambos casos de su carta magna y el reconocimiento de la garantía al derecho de reunión pacífica. En Colombia, justificada en la mentada sospecha de la infiltración terrorista. En Chile, la desconfianza de la herencia pinochetista hacia las leales intenciones de los manifestantes, traducida en los últimos tiempos en ejemplos tan claros como la criminalización del pueblo mapuche o de la revuelta estudiantil.

Y es que, llegados a este punto, ya no solo se trata de la ‘revolución molecular’ de Guattari, o de la inspiración neonazi de algunos tweets de Uribe, sino de la sistemática subsunción movilizada por los imaginarios autorreferencialmente sustentados de la extrema derecha. Estos imaginarios reducen, de forma utilitaria, cualquier manifestación que los cuestione a las lógicas de justificación de su propio sistema de valores, en mora de conseguir una comprensión y actuar de las propias instituciones del estado que quiebren sus límites y respondan a sus propios intereses.

Para el caso de la subsunción de la movilización social actual (o cualquiera en los últimos tiempos), el imaginario deforme es el del ‘terrorismo’ y la ‘Revolución Molecular Disipada’ es la tergiversación utilitaria para subsumir a las lógicas de la guerra cualquier cuestionamiento de la ‘seguridad democrática’ de las instituciones. Mientras que para Guattari la ‘revolución molecular’ implica la participación de “un pueblo múltiple, un pueblo de mutantes, un pueblo de potencialidades que aparece y desaparece”, y que es capaz de materializarse en “encuentros”, “instituciones”, “afectos” y “reflexiones”, en el imaginario deforme del ‘terrorismo’, las expresiones de múltiples actores, diversos y con intereses disímiles, es inmediatamente subsumido a una concepción vetusta de la masa informe y descontrolada, incapaz de comprender la responsabilidad de sus actos pero capaz de llevarlos a cabo en fin último, peligrosa en tanto desestabiliza los cimientos del esquema axiológico que justifica el orden existente, independientemente que sea fallido.

La revolución molecular tiene en la heterogeneidad de la movilización su razón de ser, lo cual implica la necesidad de desmantelar las lógicas de relacionamiento basadas en la exclusión, la asimilación o la dominación de lo diferente. En cambio, en la lógica de la mismidad u homogeneización del imaginario del ‘terrorismo’, para la ‘Revolución Molecular Disipada’, ante la imposibilidad de dominar lo diferente, su eliminación es el único camino.

Solo queda por asistir a la inminente batalla por el relato.

Juan Ramos Martín

Director del Doctorado en Comunicación, Lenguajes e Información. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

María Reneé Barrientos Garrido

Investigadora del Instituto de Iberoamérica. Universidad de Salamanca (España).

Juan Pablo Bermúdez González

Profesor-investigador del Departamento de Lenguas. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Nathalia Lamprea Abril

Directora de la Licenciatura en Lenguas Modernas. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Fuente:

www.sinpermiso.info, 8 de mayo 2021

Publicado enColombia
Jueves, 13 Mayo 2021 05:38

Freud en el mes de su nacimiento

Freud en el mes de su nacimiento

La intacta potencia revulsiva del pensamiento freudiano

La impiadosa visión negativa y el encarnizamiento pasional testimonian que sus ideas siguen siendo indigestas para una sociedad no menos hipócrita que la suya.

 

En 1916 Freud ubicó al psicoanálisis dentro de los tres grandes descubrimientos que hirieron el amor propio de la humanidad. Copérnico mostró que la Tierra no es el centro del universo, conmoviendo la pretensión del hombre de sentirse dueño de este mundo. Darwin puso fin a la arrogancia humana de crear un abismo entre su especie y la del animal. Pero ni la afrenta cosmológica ni la afrenta biológica han sido tan sentidas por el narcisismo como la afrenta psicológica. Porque el psicoanálisis enseña que el yo, no sólo no es amo del mundo ni de la especie, sino que no es amo en su propia casa.

Ubiquemos los comienzos del psicoanálisis, ya que en ellos está en germen su particularidad. Freud tiene una formación racionalista, su espíritu es kantiano, es decir que él es un racionalista crítico. Tiene la vocación iluminista de querer salir de la minoría de edad sin otra tutela --como dice Kant-- que no sea la de la razón. Su descubrimiento le mostrará el límite de la razón: la sexualidad. De este modo, el psicoanálisis se presenta como la Filosofía de las luces, interpelada, asediada, alterada por el "factum" freudiano de la pulsión. El psicoanálisis no es oscurantista, por eso Lacan nos dice que Freud prosigue el debate de las luces. Pero también indica el punto en el que estas se apagan, y esto conduce a su ética: las luces deben se moderadas.

La vida pulsional de la sexualidad no puede domesticarse plenamente, lo que no se integra se reprime, nuestra morada está habitada por aspectos que no queremos reconocer, ya que no entran en armonía con nuestros ideales. Pero el empeño por rechazar fracasa y lo más extraño de nosotros emerge desfigurado a través de los síntomas. No cabe asombrarse, afirma Freud, que el yo no le otorgue su favor al psicoanálisis y se obstine en rehusar su crédito. Diremos que tanto ayer como hoy.

Las terapias no analíticas son aceptadas pues se empeñan por erigir al yo como soberano, le enseñan cómo liberarse mejor de lo que irrumpe, elevan su apetito de control, lo invitan a no acercarse nunca al suelo molesto de su hábitat. Pero ello, no lo dudamos, conducirá siempre a lo peor, no sólo porque se habrá limitado el campo del conocimiento, sino por el destino infernal que sufrirá lo que se intenta elidir.

Freud invita a la aventura humana que es la cura psicoanalítica, aventura de ese explorador que, recorriendo los caminos más alejados de sus creencias vuelve con recursos de los que no disponía. Y esas energías gastadas antaño en preservar sus dominios, estarán libres para fines acordes al deseo que siempre excede los límites del yo.

En los últimos tiempos, el pensamiento de Sigmund Freud es objeto de crecientes críticas. Podría decirse, es cierto, que las impugnaciones al psicoanálisis lo acompañan desde sus propios orígenes. Pero al período de las resistencias iniciales le sucedió otro de amplia difusión y aceptación general logradas muchas veces, también hay que decirlo, a expensas del rigor. La impiadosa visión negativa, el encarnizamiento pasional, testimonian que la potencia revulsiva del pensamiento de Freud permanece intacta y sus ideas siguen siendo indigestas para una sociedad no menos hipócrita que la suya. Más sutilmente hipócrita, eso sí. Si es cosa de suprimir síntomas molestos, poner lo más rápidamente posible a un sujeto en condiciones de retomar el automatismo ciego de la vida actual, reintegrarlo al mercado como productor exitoso y --sobre todo-- consumidor voraz e insaciable, reactivando sus apetencias, es plausible que el tratamiento psicoanalítico no sea el camino más indicado. Mejor Prozak o la reeducación cognitivista.

La práctica analítica es altamente efectiva si se trata de emprender una de las pocas aventuras aún accesibles al hombre de nuestro tiempo, en un mundo ya totalmente explorado y donde incluso los viajes han sido expropiados por la industria del turismo. El psicoanálisis no es solo una cura, que nunca fue el interés prioritario de Freud, él como explorador de la vida anímica, quiso construir un sujeto a la altura de la época, un sujeto que al ampliar y redefinir el campo de la subjetividad, sea apto para desenvolverse digna y humanamente en los tiempos de la muerte de Dios. Es decir, en el trance de la devaluación de los valores más altos que identificaron a Occidente, del derrumbamiento del orden tradicional, de la pérdida de toda referencia y, por ende, de la errancia planetaria

Freud no quería ser médico, le interesaba la ciencia, la biología, la investigación. Deudor de distintos descubrimientos y de una Viena liberal luego de la destrucción del imperio austro-húngaro, el psicoanálisis tiene una especificidad propia. El anhelo freudiano por descifrar los enigmas del mundo fue superior al de curar. Creía en la ciencia y en su juventud, el laboratorio de Brucke le permitió afincarse en la fisiología histológica. Y fue éste --su maestro admirado-- quien le advirtió que, en vista de sus reducidas posibilidades materiales, no le sería posible una dedicación a una carrera puramente teórica por la cual sentía devoción. Es así que pasa de la histología del sistema nervioso a la neuropatología, y más tarde, será un enigma --el de la neurosis-- quien dará lugar a su creación: el psicoanálisis. Este encuentro hará que Freud tome un interés creciente en la clínica, pie fundamental para una teoría que jamás se separó de ella. Siempre recordó una frase de Charcot que éste emitió sin darle importancia y la evocó a lo largo de su vida cuando conmovía al mundo con lo que le revelaba: “La teoría es buena pero no impide que los hechos existan”. Creyente de la ciencia, gustaba definirse como explorador: “No soy en absoluto un hombre de ciencia, ni un observador, ni un experimentador, ni un pensador. Por temperamento no soy más que un conquistador, un aventurero, si quieres traducir esta palabra, con toda la curiosidad, la osadía y la tenacidad de ese tipo de hombre”.

Freud nació en un siglo fuertemente marcado por la impronta biológica, por el positivismo y es desde esta base que descubre el síntoma histérico como no respondiendo a esta lógica. Nada más alejado del psicologismo que pretende vincular todo lo que sucede en el cuerpo con un correlato psíquico, haciendo de tales campos un todo indivisible. Lacan dice que no hubiese sido posible el paso freudiano sin el cartesiano. Aclaremos: Freud no quería ser médico ya que le interesaba fundamentalmente la investigación aunque, de todos modos, su saber como médico concordaba con el de su época. Lejos de la medicina hipocrática, la medicina de su tiempo --como también la de hoy-- considera que el hombre tiene un cuerpo, lo que no era algo obvio, antes del paso cartesiano. En efecto, Descartes introduce un corte, a partir del cual quedan atrás la unidad del ser humano, el alma como forma del cuerpo. La división está hecha. Dice Lacan que, de aquí en más el médico encarará al cuerpo con la actitud de un señor que desmonta una máquina. Y que es desde esta posición de la que Freud partió, siguiendo lo que era su ideal: la anatomía patológica, el sistema nervioso. Si el síntoma histérico habla de un cuerpo que no es el biológico, fue sin embargo necesaria la fundación de la biología para ubicarlo en otro paradero.

A fines de 1800 el conocimiento médico era el hegemónico: el saber lo tenía el médico y el paciente escuchaba obedeciendo. Pero ya en los primeros casos freudianos se halla un cambio fundamental, su modo de trabajar parte de suponer saber en sus pacientes, invirtiendo así la posición del saber. En pocas palabras: hay un cambio en la idea de razón a partir de Freud cuyas incidencias en el campo del conocimiento son sin precedentes.

Por Silvia Ons

13 de mayo de 2021

Silvia Ons es psicoanalista.

Sigmund Freud nació el 6 de mayo de 1856.

Publicado enCultura
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