“En muchos gobiernos falta lealtad planetaria”

El francés Brice Lalonde tiene en sus manos el manejo de la cumbre mundial que buscará un cambio decisivo en torno de los males ambientales del planeta. Aquí, su diálogo con Página/12.
 

Un mes y medio antes de que se celebre en Río de Janeiro la cumbre de las Naciones Unidas Río+20, las perspectivas de que en esa cita se plasme un cambio decisivo para combatir los males ambientales del planeta y la pobreza no son muy alentadoras. Expertos de todo el mundo temen que la humanidad sea incapaz de poner fin a la destrucción de la Tierra. Los científicos que participaron en una conferencia previa a Río+20, celebrada en Londres en marzo pasado, dijeron que la meta de la ONU de limitar el calentamiento global a dos grados Celsius –adoptada hace menos de 18 meses–, ya es inalcanzable. “Tenemos que darnos cuenta de que estamos observando una pérdida de biodiversidad que no tiene precedentes en los últimos 65 millones de años. Claramente estamos entrando en la sexta extinción en masa” del planeta, dijo Bob Watson, ex jefe del panel climático de la ONU y principal asesor del Ministerio de Medio Ambiente británico.
 

La cumbre tiene tres objetivos: combatir esta crisis ambiental, erradicar la pobreza y colocar el crecimiento en un camino sustentable con medidas capaces de estimular la economía verde. Pero a diferencia de lo que ocurrió en 1992, nadie espera un plan maestro de amplio alcance. Las crisis financieras en Occidente, el casi fiasco de la cumbre del clima de Copenhague en 2009 y los cambios geopolíticos, con la emergencia de China, India y Brasil, anticipan un evento de bajo perfil.
 

Sin embargo, pese a la adversidad, Brice Lalonde no apuesta por el fracaso. Este político francés fue nombrado por el secretario general de las Naciones Unidas como coordinador ejecutivo de la cumbre Río+20. En él recae la responsabilidad de poner a todo el mundo de acuerdo. La búsqueda de consensos en un mar tan agitado dista de ser un paseo. Militante ecologista, encargado de las negociaciones sobre el clima para Francia entre 2007 y 2011, ministro de Medio Ambiente en los gobiernos socialistas entre 1988 y 1992, Brice Lalonde ofrece en esta entrevista con Página/12 las pautas y los escollos de una cumbre donde, dice, la “noción simplista” del capitalismo empaña los posibles progresos.
 

–Brasil organiza el próximo junio la conferencia Río+20 sobre el desarrollo sustentable. La conferencia interviene 20 años después de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río en 1992, donde las Naciones Unidas crearon dos foros para enfrentar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Dos décadas más tarde, ¿qué hace falta para que esta nueva cita no termine en la nada?
 

–La pregunta que debemos hacernos consiste en saber si las instituciones, la economía y el gran giro que se dio en la protección del planeta y la lucha contra la pobreza pueden seguir la evolución geopolítica. En 1992 había una situación geopolítica muy especial: el Muro de Berlín acababa de caer y aún no se había producido el ascenso mundial de China, India y Brasil. Hoy, la situación geopolítica es muy diferente a raíz de esto. También conocemos ahora el retorno de guerras y conflictos, así como la crisis económica que nos atraviesa, la cual muestra que las dificultades son complejas en el nuevo sistema mundial de la economía. Otro elemento nuevo en relación con 1992 es Internet y la tecnología. En suma, se trata de saber si podemos adaptar nuevas instituciones a los cambios de la geopolítica y responder a las preguntas, que son las mismas que en 1992: la pobreza y el medio ambiente.
 

–Río+20 suscita muchas expectativas. Sin embargo, los observadores más atentos aseguran que la cumbre apenas servirá para proponer algunas pistas. Usted dijo incluso que el texto que se estaba discutiendo carecía de ambición.
 

–Lo que vamos a hacer tal vez sea abrir una fase para un nuevo modo de desarrollo. Pero sí, al texto le falta ambición. Creo que debemos ir más rápido, con más empuje. Una de las grandes dificultades que tenemos hoy está en que dentro de cada país hay muy pocos negociadores que piensan en el planeta, en la humanidad como un conjunto.
 

–¿Esa es la gran dificultad?
 

–Sí. Los negociadores piensan en sus países, defienden sus intereses nacionales. Pero en todo esto no hay un piloto para el planeta. Eso es lo que me da miedo. Algún día habrá que inventar algo para que nos ocupemos de aquello que tenemos en común, es decir, la atmósfera, los océanos y hasta el mismo conocimiento. Hay muchos, muchos temas que están más allá de los intereses nacionales y que el sistema internacional actual no logra tratar.
 

–Esto significa que, pese a todos los cambios climáticos y a la conciencia cotidiana de lo que ocurre, aún no hay una toma de conciencia global de que el planeta es una historia común y no una cuestión meramente territorial.
 

–No. En muchos gobiernos todavía no hay civismo planetario. Hay mucho civismo nacional, mucha lealtad nacional, pero la lealtad planetaria no está muy presente. Sin embargo, entre los jóvenes sí encontramos muchas personas muy comprometidas.
 

–Una pregunta sobresale de todo esto: ¿La crisis o el planeta? ¿Acaso la crisis se llevará al planeta, o éste salvará la crisis?
 

–El problema está tal vez en el hecho de que esta crisis proviene de un sistema económico que no responde a la situación. Una parte de la respuesta a la crisis está en lo que se llama el desarrollo sustentable.
 

–Los temas fuertes de la cumbre son la economía verde y la lucha contra la pobreza. ¿Cuáles son los dos frentes antagónicos y en torno de qué tema se plasma la controversia?
 

–Ah... No hay dos campos netos o afirmados. Según los temas, hay mayorías, minorías y oposiciones. Pero hay una primera división clásica entre los países de- sarrollados y los países en vías de desarrollo. A esto se le agrega ahora un tercer actor, que son los países emergentes. Por ejemplo, las pequeñas ciudades africanas no defienden los mismos intereses que los grandes países como China. En lo que atañe a la economía verde, hay unos cuantos países que no son en nada entusiastas. El término no les gusta, prefieren el de desarrollo sustentable. En suma, muchos países quieren evitar que la economía verde sea una manera de levantar obstáculos al comercio internacional, o que de pronto haya nuevas condiciones para la ayuda al desarrollo. Luego está el tema de la gobernabilidad, pero esto no plantea demasiados problemas. Diría que la división más clara está entre los partidarios del desarrollo y los que afirman que no se puede continuar así, que es preciso salvar el planeta. Estamos en busca de una fórmula que concilie el desarrollo y el medio ambiente. Esta es la discusión más importante y más difícil de resolver porque está en juego el medio ambiente mundial y la posibilidad de llegar a un punto sin retorno. La discusión enfrenta también a quienes dicen que lo prioritario es la lucha contra la pobreza, es decir, el crecimiento económico, porque no se puede continuar acumulando tantas desigualdades. Este campo argumenta que la cuestión del planeta tiene que ser el paso posterior.
 

–Pero quien dice crecimiento está diciendo consumo de los recursos del planeta. Además, en lo que atañe a la economía verde, sus críticos advierten, y no sin razón, que ello equivale a introducir el mercado en la ecología.
 

–¡Ah! El mercado es un buen servidor pero un mal jefe. Toda la cuestión está en eso, en nuestra capacidad de organizar el mercado, de fijar reglas. No hay mercado sin reglas. Por el momento, hay muchas cosas que no se hacen. Estamos tratando de terminar con las subvenciones a los carburantes fósiles, lo que es una forma de intervenir en los mercados, pero no es nada fácil. Por ejemplo, en cuanto se suspende una subvención hay que recuperar el dinero que el Estado daba y dirigirlo hacia la ayuda a los más pobres. El tema de los mercados implica saber cómo se gestionan los recursos más raros. En realidad, es preciso salir del capitalismo más básico: hay que decir que el capital más importante son el pueblo y la naturaleza. El pueblo y la naturaleza son los elementos número uno del capital. No hay que sacrificar ese capital en beneficio del pequeño capital monetario de las empresas. Como usted sabe, existen muchas empresas que se aprovechan del sistema, así como también hay muchas empresas que financian campañas contra el desarrollo sustentable. Hay una enorme batalla en torno de esto. Existen intereses económicos que trabajan a corto plazo y a los cuales es preciso combatir.
 

–Pero, veinte años después de la precedente conferencia de Río, hoy hay un poderoso actor que antes no existía: la sociedad civil.
 

–La sociedad civil es un gran aliado, tanto para mí como para Brasil, que organiza la conferencia. Tenemos una necesidad absoluta de la sociedad civil. Asociaciones, científicos, profesores, en suma, todos aquellos que trabajan por el planeta son esenciales. Pero también las regiones, las municipalidades y las ciudades ocupan un lugar destacado en este trabajo. Cuando una ciudad fija las reglas urbanistas, esto también es importante. La sociedad civil será entonces un actor muy importante, no sólo porque estará presente sino, también, porque va a participar en un nuevo camino de negociación. Se trata de los “diálogos sobre el desarrollo sustentable”. Brasil y la ONU han hecho un gran esfuerzo para crear un nuevo tipo de conferencia donde no sólo estén los diplomáticos de cada país, sino la sociedad civil en su conjunto.
 

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La VI Cumbre de las Américas concluyó sin declaración
La VI Cumbre de las Américas culminó el domingo sin una declaración final y nubarrones sobre la posibilidad de que todos los países asistan al próximo cónclave.

La próxima cumbre está prevista para 2015 en Panamá, cuyo actual mandatario es Ricardo Martinelli, según ratificó el anfitrión de la cita en Cartagena, el presidente colombiano Juan Manuel Santos.

Funcionarios estadounidenses dijeron a The Associated Press que desacuerdos sobre temas como la participación de Cuba en este tipo de cumbres y el reclamo de Argentina al Reino Unido por las islas Malvinas impidieron llegar a un texto de consenso.

¿Qué opinas de la falta de consenso sobre la inclusión de Cuba en la OEA? Participa en nuestros Foros.

En una conferencia de prensa final de la cumbre, Santos dijo que "no hay declaración, precisamente porque no hay consenso" sobre esos temas de Cuba y las Malvinas, retomó AP.

Sin embargo, más tarde por medio de su cuenta de Twitter, el colombiano se dijo satisfecho con la reunión.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, abandonó el domingo la Cumbre antes de ser clausurada, en protesta por la falta de consenso para respaldar a su país en su demanda de soberanía sobre las islas Malvinas, informaron fuentes diplomáticas.

La agencia Efe recuerda que las dos cumbres anteriores, en Mar del Plata (2005) y Puerto España (2009), terminaron sin declaración, también por posturas irreconciliables en algunos de los temas propuestos.

La Cumbre de Cartagena es además la primera en la que los debates de los jefes de Estado y de Gobierno no han sido públicos, al menos hasta ahora.

La sesión inaugural del sábado, estaba previsto que fuera abierta, para que las intervenciones de los presidentes y primeros ministros pudieran escucharse no solo por ellos.

Sin embargo, sin explicación oficial alguna, se hizo a puerta cerrada, aunque por las declaraciones de algunos asistentes se supo que no hay consenso respecto a la propuesta de incluir unos párrafos sobre Cuba en la declaración final, que recojan el sentir latinoamericano de que ésta debe ser la última cumbre de las Américas sin ese país.

Efe expone que Estados Unidos y Canadá se oponen porque consideran que abrir la puerta a Cuba es ir contra la cláusula democrática que se aprobó en la Cumbre de Québec (2001).

Cuba ha sido la manzana de la discordia


Cuba ha gravitado sobre esta cumbre desde mucho antes de comenzada. Hubo un intento de boicot por parte del presidente de Ecuador, Rafael Correa, que aparentemente se zanjó con el viaje del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, a La Habana para explicar a su colega Raúl Castro porque no podía invitarle.

Sin embargo, Correa declinó asistir en solidaridad con Cuba, y a último momento tampoco vino a Cartagena el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, quien se quedó en Managua para asistir a un acto en defensa de Cuba y desde allí arremetió contra esta cumbre "secreta y censurada para los pueblos".

Hugo Chávez, que está de nuevo en Cuba para tratarse de su cáncer, se excusó por razones de salud, y el presidente boliviano, Evo Morales, el único de los bolivarianos latinoamericanos finalmente presente en la reunión, la rechazó desde dentro.

Los llamamientos a acoger a Cuba en las Cumbres de las Américas no solo se circunscriben al ámbito bolivariano. El propio Santos ha defendido la necesidad de que esta sea la última cumbre de las Américas sin Cuba y lo mismo han dicho las presidentas de Brasil, Dilma Rousseff, y Argentina, Cristina Fernández, entre otros, informó Efe.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha reconocido que el aislamiento de Cuba es una secuela de "la guerra fría", pero no da su brazo a torcer en sus exigencias de democracia real.

Los temas centrales de esta cumbre, eclipsados por el tema de Cuba, fueron pobreza e inequidad, desastres naturales, seguridad, integración física y acceso a las nuevas tecnologías, todos del máximo interés para los habitantes de la región.

Bolivia, Ecuador y Nicaragua imponen condiciones


El grupo de países de la llamada Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), que reúne a países de izquierda de la región, anunció en un comunicado divulgado el sábado que se ausentará de la próxima cita, prevista para 2015 en Panamá, si Cuba no asiste.

"Manifestamos nuestra decisión de no participar en las próximas Cumbre de las Américas sin la presencia de Cuba", dijo el grupo impulsado por el gobierno venezolano y del que actualmente forman parte países como Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua.

El sábado por la noche el mandatario boliviano Evo Morales ratificó que la inclusión de Cuba era la condición para que acudieran a Panamá y que la negativa de Washington se opone a la voluntad de la mayoría de los países.

"Aquí todos los países de América Latina y el Caribe quieren que esté presente Cuba, pero Estados Unidos no acepta... es como una dictadura", dijo Morales a los reporteros en el centro de prensa de la cumbre, citado por AP.

Ante las ausencias de mandatarios y la negativa de países como los del Alba a excluir el tema de Cuba del texto de declaración final, los ministros del Exterior no terminaron ese documento ni tampoco lo entregaron a sus jefes de Estado para debatirlo.

Los presidentes tampoco acordaron algún texto adicional.

Calderón no manifestó postura


Hasta el final de la Cumbre, un peso pesado latinoamericano, el mandatario de México Felipe Calderón, no comentó públicamente su postura en el caso de Cuba o si su país podría sumarse a las ausencias del próximo encuentro.

Obama dijo en una entrevista con la cadena Univision, previa a la cumbre, que no tenía problemas en que se debatiera la despenalización de las drogas pero que "personalmente no coincido en que esa sea la solución al problema".

Ante los reclamos públicos, que incluyeron los del presidente colombiano Juan Manuel Santos quien en su discurso de apertura de la cumbre aseguró que era inaceptable otra cita sin La Habana, el mandatario estadounidense Barack Obama sólo dijo que no es Washington quien impide su participación.

"Lo que impide que Cuba sea un miembro completo de la comunidad internacional no es Estados Unidos, es su propia práctica, que es contraria a los principios universales" democráticos, dijo Obama en una entrevista publicada el sábado en el diario colombiano El Espectador, y retomada por AP.

Las reuniones de Obama


Obama mantuvo el sábado algunas reuniones separadas con mandatarios como la argentina Cristina Fernández y el salvadoreño Mauricio Funes, sin embargo, el tema de Cuba no fue mencionado, de acuerdo con funcionarios de la delegación estadounidense.

Los funcionarios agregaron que la reunión de Obama y Fernández fue de alrededor de 15 minutos y que entre los temas tratados estuvieron la preocupación de Washington sobre "ciertos temas comerciales", aunque no dio detalles.

Fue el tercer encuentro entre ambos luego de que se reunieran brevemente durante una cumbre de seguridad nuclear realizada en Washington en abril de 2010 y en noviembre de ese mismo año en Cannes durante una reunión del G-20.

La primera jornada en el limbo, sin acuerdos y en secreto


La primera jornada de la VI Cumbre de las Américas concluyó desde el sábado sin acuerdo sobre Cuba, Malvinas y drogas, en secreto y en medio del silencio del Gobierno colombiano, anfitrión de esta cita que reúne a 31 gobernantes del continente.

La cita comenzó al mediodía con un acto abierto a la prensa, en el que presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, puso sobre la mesa uno de los temas más espinosos, la inclusión de Cuba en las siguientes citas continentales.

"No podemos ser indiferentes a un proceso de cambio al interior de Cuba, que es reconocido, y ese cambio debe continuar. Es tiempo de superar la parálisis que lleva a la terquedad, por el bien del pueblo cubano", manifestó Santos ante sus invitados, entre ellos el estadounidense Barack Obama, recordó Efe.

Y les pidió "tender puentes" para superar las diferencias porque, a su juicio, el embargo impuesto por Washington hace más de 50 años a la isla caribeña ha sido "ineficaz".

Poco antes del inicio de la cumbre, Obama había dicho en el Foro Empresarial de las Américas que el caso cubano le hacía sentirse en la era de la "Guerra Fría", pese a que en esos años "ni siquiera había nacido", y afirmó que "ese no es el mundo en el que vivimos hoy".

Pero también dejó claro que Cuba es un país "antidemocrático" y que no cumple con los requisitos para estar en las cumbres.

Plenarias a puertas cerradas


Tras la inauguración, los gobernantes celebraron una plenaria sin acceso a los medios, de la que sólo se supo por algunos presidentes y ministros que contaron detalles a los periodistas, los suficientes para entender que no había acuerdos sobre los temas sensibles.

Mientras el Gobierno colombiano guardaba silencio, el canciller de Perú, Rafael Roncagliolo, declaró en una rueda de prensa junto al presidente Ollanta Humala, en la que confirmó que el anfitrión, Santos, tenía en su mano incluir finalmente los temas sensibles en la agenda.

Y es que la inclusión de Cuba en las próximas cumbres y el apoyo a la soberanía argentina sobre las islas Malvinas son asuntos que "en la reunión de cancilleres no se pudieron resolver y han pasado a manos de los jefes de Estado", reconoció Roncagliolo.

A su turno, Humala habló de una "agenda positiva", entre otros motivos porque se debatió sobre la inclusión de Cuba en la próxima cumbre, al calificar ese hecho como lo "correcto" porque se debe "incluir a todos".

Obama anunció inversión en Centroamérica


La Casa Blanca también informó sobre el desarrollo de la plenaria, en la cual Obama anunció que aumentará la cooperación y destinará más de 130 millones de dólares este año a la seguridad en Centroamérica.

Los presidentes centroamericanos habían celebrado una reunión antes del inicio de la cumbre para buscar consenso en torno a las drogas, un flagelo que afecta especialmente a esta región y que constituye otro tema sensible de la cumbre.

Al término de la primera jornada de la cumbre, los 31 presidentes se desplazaron a la Casa de Huéspedes, la residencia del presidente Santos en Cartagena, para celebrar una cena de gala.

Más en Univision.com: http://noticias.univision.com/america-latina/colombia/article/2012-04-15/cumbre-americas-cartagena-terminaria-sin-declaracion-acuerdo#ixzz1s9bRGN00
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Martes, 10 Abril 2012 12:01

Los colores de una Cumbre descolorida

Los preparativos de la gran fiesta avanzan con celeridad pese a los obstáculos y contrariedades. El presidente Santos y su esposa cumplen los compromisos en lo que seguramente mejor saben hacer: organizar eventos sociales. Y es eso lo que en primer lugar es la Cumbre programada para los días 14 y 15 de abril en Cartagena de Indias. Pero, aunque las apariencias engañan no son algo secundario y menospreciable. Es en el mundo del “aparentar” en donde se juegan los efectos políticos de la diplomacia visible. Y por eso no deben sorprender las disputas en torno a la lista de invitados, las sucesivas declaraciones de unos y otros y los ires y venires de emisarios. Más vale la imagen, el mensaje publicitario, que el contenido de lo que supuestamente habría de discutirse en la reunión.

De hecho, el contenido de las Cumbres pasó a ser secundario desde el momento en que se hizo evidente que la propuesta del ALCA no iba a ser aceptada, al terminar la que se convocó de manera extraordinaria y de emergencia en Monterrey (México) en el 2004. La proeza diplomática de Santos consistió precisamente en haberse inventado para esta ocasión un contenido completamente aséptico, del gusto de todos, de lo cual es muestra su flamante título: “Conectando las Américas: socios para la prosperidad”. Y no carecía de astucia: recogiendo, en apariencia, el dicho popular según el cual en esas cumbres “sólo se habla y bla, bla bla…”, colocó como anzuelo la oferta de que esta vez se aprobarían “proyectos concretos, financiados y todo”. Pero no fue suficiente; se puso en duda hasta la propia validez del evento. La tensión llegó hasta un punto en que había que decidir entre hacerla o no hacerla. Hasta hace unas semanas la disyuntiva era irresoluble: o se hacía sin Estados Unidos o se hacía sin los países del ALBA. Y todo por la disputa en torno a si se invitaba o no a Cuba. Ello es demostración de lo poco que valía el contenido. Pero, como suele suceder, detrás de estas disputas se encuentran otras de mayor calado.

¿A quién le sirve la Cumbre de las Américas?


En realidad a quien verdaderamente le interesa la realización de la Cumbre es a Santos. Se juega un punto importante tanto en el plano nacional como en el internacional. En el primero un punto a favor más que todo publicitario: el dudoso honor de tener en casa a 34 mandatarios del continente incluido el máximo dignatario del imperio. Con algunos réditos adicionales en materia de “atracción de las inversiones extranjeras”. Pero es en el plano internacional en donde aspira a cobrar los mayores beneficios. De una parte, para confirmar públicamente que tiene excelentes relaciones con el gobierno estadounidense; es equivalente en este sentido a recibir la visita del Papa. Para algunos esto puede sonar extraño ya que resultaría impensable afirmar lo contrario. La obsecuencia de los gobiernos colombianos es un hecho reconocido desde principios del siglo XX y en tiempos de Uribe, Colombia alcanzó el vergonzoso honor de ser calificada como el Caín o el “Israel” del continente. Sin embargo, es justamente tal obsecuencia, en la medida en que llegó a ser exclusivamente en beneficio de la derecha republicana, la que comenzó a crear problemas dentro de los Estados Unidos. Lo demuestra el hecho de que durante largo tiempo no pareció ser suficiente el angustioso purgatorio de suplicar de rodillas la aprobación del TLC para convencer a la bancada demócrata. La táctica imperial o, si se quiere, el estilo, había cambiado. Le tocó a Santos proyectar, allá también, la imagen de que no era igual a Uribe. Y logró por fin la aprobación, para satisfacción de las elites de nuestro país. Se trata ahora de ofrecer públicamente sus servicios para una nueva táctica imperial.

Es este último el segundo objetivo de la política internacional. Santos es consciente de que la correlación de fuerzas ha cambiado en el mundo y particularmente en este continente. De hecho, no ha dudado en diversificar relaciones, a través de múltiples TLC y diversos mecanismos de atracción de la inversión extranjera. Y, de manera en apariencia sorprendente, ha reconstruido las relaciones con los vecinos con logros no sólo económicos sino también político militares en el empeño contrainsurgente, no definitivos pero, en todo caso, muchos más de los que prometía Uribe. Al mismo tiempo, viene aplicándose juiciosamente a fortalecer las relaciones con Brasil, la potencia de Suramérica, por la vía de ofrecer oportunidades de inversión. En general, busca congraciarse con todos declarando su apoyo a Unasur; política muy diferente a la de Uribe que consideraba esta unión poco menos que un engendro del terrorismo.

Es con estas cartas en la mano como Santos pretende ofrecer sus servicios. – Porque, desde luego, no abandona su opción preferencial por el Imperio - Quiere jugar a gobierno “puente”, intermediario entre la gran potencia y los gobiernos progresistas, en beneficio naturalmente de la primera y sus aliados. Con ello habría logrado una suerte de cuadratura del círculo: ser apoyado por unos y otros, sin variar su orientación neoliberal y proimperialista. El escenario: la Cumbre.

Entre el desinterés y la indiferencia


No obstante, la situación en América Latina y el Caribe no parece favorable, al menos en lo que se refiere al escenario escogido. Los países actualmente incondicionales de los Estados Unidos apoyan una Cumbre que esté al servicio de éstos, pero es obvio que no la necesitan para consolidar su alianza; cuentan con el Nafta y el Cafta-R.D., y con los tratados ya en vigencia en los casos de Chile y Perú. Se ubican dentro de la línea marcada por Obama de poner todo el énfasis en un acuerdo profundo transpacífico, objetivo que marcha evidentemente hacia un bloqueo tanto de la iniciativa, hacia el oeste, de Brasil como de la presencia de China en el continente. Santos lo sabe perfectamente. Tanto es así que se apresuró a firmar un acuerdo con países latinoamericanos del “arco del pacífico”, justo antes de viajar a Cuba a negociar la realización de la Cumbre.

Por su parte, Brasil, Argentina y en general los países de Mercosur seguramente ven el escenario de la Cumbre como algo secundario. Brasil, consciente de su poder, seguramente prefiere la negociación bilateral con Estados Unidos o en escenarios multilaterales más amplios, mundiales. Argentina considera, y ya lo ha dicho, que no tiene sentido un encuentro continental en donde no se discuta la cuestión de las Malvinas que fue en el momento de la conflagración, en los años ochenta, el acta de defunción política de la OEA, del TIAR, del discurso del panamericanismo y hasta de la doctrina Monroe. Aceptó la Cumbres mientras sus gobiernos simpatizaron con el Alca pero ya en la era Kischner vio con buenos ojos la derrota de la propuesta justamente en su tierra, en Mar del Plata en el 2005, por lo cual puede deducirse que en adelante las Cumbres no serían para Argentina más que rutina diplomática.

Los países del Alba tendrían algún interés. No les viene mal un escenario en el cual se pudieran renegociar las relaciones con Estados Unidos. Obviamente, la perspectiva de mantener unas relaciones bilaterales caracterizadas por la esquizofrenia de la confrontación política y el intercambio económico (el caso extremo y patético es el de Venezuela) no es la mejor y mucho menos la alternativa de la negociación uno por uno; la alternativa sería por lo tanto avanzar en un marco en el que lo que se negocia es la posición de Estados Unidos en el conjunto del continente. Sin embargo, no en una Cumbre tal como se ha definido hasta ahora. No les sirve la fórmula Santista del contenido insulso; se trata por el contrario de ir al grano. Correa tuvo, por tanto, mucha razón al introducir el tema de la invitación a Cuba, ya que su exclusión es de por sí una manera deplorable de comenzar. Es una cuestión si se quiere de principio, pero con efectos políticos prácticos. Porque si se trata de las relaciones con el conjunto de América Latina y el Caribe ya hay escenarios mejores, por ejemplo la promisoria CELAC, y en eso se ponen de acuerdo con los países del cono sur.

Los intereses de los Estados Unidos y las angustias de Obama


La posición de los Estados Unidos se ha vuelto, curiosamente, un enigma. Es claro que el Imperio tiene que reconstruir su dominio sobre el continente; es un hecho que ha perdido porciones considerables de control, pese a su hegemonía militar de la que nunca ha dejado de hacer gala. Es un resultado de su crisis socioeconómica interna y de su decadencia en el contexto internacional, pero también de la torpeza belicista de Bush a la que bien servía el gobierno de Uribe. Esto último, justamente, tendría que hacerles entender que no basta la hegemonía militar. Lo cierto es que, paralelamente, casi todos los países de este hemisferio han ganado condiciones de autonomía económica frente a ellos, unos menos y otros más hasta el ejemplo notable de Brasil, y la han ganado incluso a contrapelo de las posiciones de sus gobiernos, como es el caso de Colombia. No cabe duda, en consecuencia, que el Imperio está obligado hoy en día a renegociar sus relaciones hemisféricas.

No obstante, deducir de lo anterior que la actual Cumbre de las Américas constituye un instrumento estratégico para este propósito, sería una simpleza y un error garrafal. En términos prácticos, para Obama, en medio de una dura campaña electoral, no es el lugar ni el momento adecuados para anunciar la redefinición de una política de los Estados Unidos. Sabe que entre menos hable, mejor; su estilo además es el de quedar bien con todos. Pero no sólo son razones prácticas. No fue el momento ni siquiera la V Cumbre de Trinidad en el 2009, a pesar de las expectativas que había creado. Como se sabe, a despecho de la retórica “amigable” y de las necesidades evidentes, lo que se impuso en los años siguientes fue la tradicional política de los halcones de la cúpula militar-industrial. En realidad es de tal naturaleza la crisis imperial que no parece haber culminado un proceso interno consistente de reelaboración de la política imperialista. A los ojos de todo el mundo pareciera que no entienden nada.

El instrumento, por su parte, no es ya el más adecuado. Como se sabe, fue creado por Clinton en 1994 como un instrumento ad hoc para lanzar la propuesta del Alca, entre otras cosas ante la crisis y decadencia de la OEA. Este rasgo, por cierto, ha sido objeto de tergiversaciones; recién se planteó la invitación a Cuba, la primera objeción del gobierno estadounidense consistía en que Cuba no había ingresado todavía a la OEA y no mostraba interés en hacerlo. Tan descarada era la falacia que ya hoy el Departamento de Estado reconoce: “Aunque no es un evento de la Organización de Estados Americanos (OEA)…”(1). En fin, con la derrota de la propuesta del Alca, el instrumento perdió toda funcionalidad. En abstracto, el único sentido que podía tener la prolongación de su existencia era el de constituirse en un escenario para ventilar las relaciones de la potencia con los países del continente. Y así se consideró por parte de muchos la convocatoria a Trinidad; algunos llegaron a pensar que se inauguraba una nueva era. Pero no fue así. La declaración política que nunca fue sometida a discusión y menos aprobada, contenía toda clase de temas menos el único importante que era la crisis económica mundial. Para Estados Unidos, en realidad, la Cumbre de las Américas había dejado de ser importante; dada la nueva correlación de fuerzas en el continente no convenía concurrir a un escenario que tendía a convertirse en un espacio de confrontación-negociación. Se supo entonces que, en adelante, las Cumbres tenían que ser eventos puramente sociales y diplomáticos (2).

Fue por eso que el gobierno de Obama, ante el compromiso de hacerla, vio con buenos ojos la propuesta de Santos. Pero las cosas, como se sabe, se dieron de otra manera.

Simulacro o zafarrancho


No existe posibilidad alguna que el gobierno de Estados Unidos acepte la presencia de Cuba; las concesiones por lo tanto tienen que provenir del otro lado. Y es Santos quien pone en juego sus mejores habilidades para lograrlo. Su primer intento fue ofrecer que el tema de Cuba se discutiría en la propia Cumbre. Pobre oferta que no alcanzó siquiera a ser objetada por el gobierno de Obama –la dejó en la incertidumbre- porque a Cuba, por lo menos, le pareció descomedida e insuficiente; en realidad equivaldría a soñar que en el futuro las Cumbres sí podrían ser otra cosa y eso evidentemente sólo podría provenir de un acuerdo político de fondo con Estados Unidos. Al parecer nadie podía convenir en sacrificarlo todo, solamente para salvarle la fiesta a Santos.

La única posibilidad estaba en modificar la agenda, en un golpe de audacia, para darle a la Cumbre un contenido político fuerte. Y la oportunidad se presentó con la visita de Evo Morales a Bogotá. La Cumbre podía abordar la discusión sobre un tema de fondo: el replanteamiento de la política antidrogas. Al respecto, lo único que ofrecieron los Estados Unidos fue aceptar el diálogo, dejando en claro eso sí que su posición era inmodificable. Y este es el momento en que se alude una y otra vez al tema pero no hay ninguna modificación oficial de la agenda. De hecho, en la hoja informativa que se ha venido citando, el Departamento de Estado se reafirma en los temas iniciales de la convocatoria.

Así las cosas, y contando con que los países del Alba dejen de insistir en su posición, lo único que se puede esperar es que, ya en Cartagena, durante el evento, se escuchen, en algunos discursos, alusiones a los temas de Cuba y las drogas, pero hay pocas esperanzas de que se conviertan en motivo de debate y objeto de decisión. Sería demasiado optimista aspirar a que esta Cumbre se constituya, como piensan algunos, en un episodio inaugural de la confrontación todavía pendiente por redefinir las relaciones hemisféricas, que incluiría no sólo la redefinición de las Cumbres sino la transformación radical de la OEA. No deja de ser significativo que, pese a los denodados esfuerzos de Santos para quien parece ser un hecho histórico, fuera de Colombia, la novela de la Cumbre no despierte ninguna pasión memorable. A quince días de realizarse, todavía estamos a la espera de los pronunciamientos del Alba y de los países del sur. A diferencia de la cumbre de Río + 20, aquí lo notable es el silencio. ν

1 Departamento de Estado de los Estados Unidos: Hoja Informativa. 13 de marzo de 2012. http://iipdigital.usembassy.gov/iipdigital-es/index.html
2 Tal es la posición oficial. Hasta el punto que en una brutal falsificación de la historia, el Departamento de Estado, omite incluso toda referencia al Alca. Ver: Ibídem.


* Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.
Martes, 10 Abril 2012 11:56

América, de cumbre en cumbre

Los próximos 14 y 15 de abril se llevará a cabo en Cartagena, Colombia, la VI Cumbre de las Américas. Criticadas por su falta de resultados concretos, estas reuniones presidenciales constituyen no obstante un termómetro de las relaciones de fuerza continentales, en las que Washington se encuentra cada vez más a la defensiva.

Las Cumbres de las Américas surgieron hace casi dos décadas. En el marco del Consenso de Washington, Estados Unidos impulsaba el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y para instrumentar ese proyecto hegemónico propuso realizar cumbres presidenciales, incluyendo a los 34 países que constituían la Organización de los Estados Americanos (OEA) y dejando expresamente excluida a Cuba (apartada de esa institución hace 50 años, con los votos de Estados Unidos y otros 13 países de la región). La primera Cumbre de las Américas, no casualmente, se realizó en Miami, en 1994. Luego hubo sucesivas reuniones de jefes y jefas de Estado en Santiago de Chile (1998), Québec (2001), Mar del Plata (2005) y Puerto España (2009).

El proyecto del ALCA avanzó sin demasiadas oposiciones en los primeros cónclaves continentales, hasta que en 2001 emergió por primera vez una voz disonante, la de Hugo Chávez, que cuestionó abiertamente la iniciativa de Washington. En los años siguientes fue cambiando la correlación de fuerzas en América Latina, a la vez que muchos países exportadores de bienes agropecuarios, en todo el mundo, exigían a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón que la liberalización del comercio incluyera también a los productos agrícolas, que sufrían diferentes restricciones y protecciones no arancelarias por parte de las potencias. En la cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de Cancún (2003) se paralizaron las negociaciones para liberalizar todavía más el comercio mundial. Y algo similar ocurrió con el ALCA, que fracasó en la célebre reunión de Mar del Plata en 2005, cuando los cuatro países del Mercosur, junto a Venezuela, rechazaron la iniciativa. Ante la resistencia de múltiples sindicatos y movimientos sociales –a través del Foro Social Mundial, la Alianza Social Continental y las Contra-cumbres de los Pueblos–, que logró articular una oposición popular al ALCA, y el rechazo de Brasil, Argentina y Venezuela, Estados Unidos debió abandonar esa estrategia e impulsar tratados de libre comercio bilaterales (1).

En esos años, avanzó la integración latinoamericana: expansión económica y política del Mercosur, aparición de la Comunidad Sudamericana de Naciones, luego Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). En forma paralela, la OEA, escenario de las relaciones interamericanas dominado por Washington desde la posguerra, fue perdiendo influencia. Hasta debió revocar la expulsión de Cuba luego de que los países latinoamericanos presionaran a Barack Obama en la Cumbre de las Américas de 2009. Pocos meses más tarde, hubo una reacción latinoamericana conjunta frente al golpe de Estado en Honduras. La UNASUR también actuó rápidamente ante el intento separatista en Bolivia y el levantamiento policial contra Rafael Correa en Ecuador. En febrero de 2010, además, se creó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), una asociación continental que excluye a Estados Unidos y Canadá. Impulsada por el eje bolivariano y resistida por el Departamento de Estado, la CELAC podría convertirse en un instrumento inédito e histórico de coordinación latinoamericana por fuera del control de Washington.

La VI Cumbre de las Américas se va a llevar a cabo en este novedoso contexto regional. Al que se le suman condimentos especiales: la crítica situación económica internacional y el complejo panorama político en Estados Unidos, que vive un año de elecciones presidenciales. Por lo tanto, la Casa Blanca deberá transitar un muy delicado equilibrio entre las necesidades estratégicas del Departamento de Estado y el Pentágono, las presiones ejercidas por poderosos lobbies estadounidenses y las aspiraciones electorales de Obama.

Delicado equilibrio


Para el gobierno de Obama, la reunión de Cartagena es estratégica porque necesita relanzar las relaciones con América Latina. En los últimos años, los países del Sur han ido mostrando una creciente reticencia a aceptar los mandatos de Washington. Ya sea por su responsabilidad en la actual crisis financiera, la persistencia de las sanciones contra Cuba, las políticas duras contra los inmigrantes latinos (incluyendo el muro en la frontera con México), las restricciones al ingreso de las exportaciones latinoamericanas, o el histórico intervencionismo (actualizado tras el golpe de Honduras), persiste un generalizado sentimiento antiyanqui que alcanzó su auge durante la presidencia de George W. Bush.

En su intervención en la V Cumbre de las Américas (2009) Obama hizo un primer intento por afianzar los lazos interamericanos después del traspié de Bush en Mar del Plata y ahuyentar los temores derivados de las agresivas políticas militaristas de su antecesor. Recién asumido, señaló que pretendía relacionarse con la región en términos de igualdad. Pero las expectativas se transformaron rápidamente en decepción. La continuidad de la IV Flota –reinstalada por Bush en 2008 luego de 50 años– (2), la ratificación del bloqueo económico a Cuba, el mantenimiento de la cárcel de Guantánamo –a pesar de que Obama se comprometió a desmantelarla–, la ausencia de progresos en cuestiones migratorias y la no ratificación de tratados de libre comercio bilaterales ya firmados (con Colombia, por ejemplo), provocaron decepción en muchos gobiernos.

El segundo intento se produjo en la gira presidencial de marzo de 2011 por Brasil, Chile y El Salvador. Pero sólo hubo anuncios acotados, relativos a intercambios académicos, y ninguna mención a las concesiones comerciales reclamadas, por ejemplo, por Brasil.

El tercer intento del líder demócrata será precisamente en la VI Cumbre de las Américas. Esta reunión crucial se da en el contexto de un constante retroceso del comercio entre Estados Unidos y sus vecinos del Sur (del total de las importaciones estadounidenses, las de origen latinoamericano disminuyeron del 51 al 33% entre 2000 y 2011) (3). La contracara es el avance de China, que se ha transformado en un socio comercial fundamental para los principales países de la región además de un creciente inversor; para 2020 la CEPAL calcula que el 20% de las exportaciones latinoamericanas se dirigirán hacia el gigante asiático. Esto ha producido cambios significativos en la relación de Estados Unidos con lo que históricamente consideró su “patio trasero”.

¿Cuáles son las necesidades geoestratégicas del Departamento de Estado? Alentar la balcanización latinoamericana –ninguneando organismos como la CELAC y tratando de reposicionar a la OEA–; morigerar el avance chino, ruso, indio e iraní –el énfasis está puesto en los crecientes vínculos del presidente iraní Mahmud Ahmadinejad con Venezuela, Cuba, Nicaragua y Ecuador (4)–, y debilitar el eje bolivariano –la estrategia de la Casa Blanca incluye una aproximación a Brasil y Argentina para intentar contener la influencia de Chávez en la región– (5). Pero también existen necesidades económicas, potenciadas por la crisis estadounidense, que llevó el desempleo al 9%. Como señaló Obama en reiteradas oportunidades, un objetivo de su política exterior es exportarle más a América Latina, para ayudar a equilibrar la cada vez más deficitaria balanza comercial estadounidense (6).

Asimismo, por razones electorales, el líder demócrata necesita volver a enfocar su atención en el Sur; sus aspiraciones lo obligan a pelear por el voto latino. Sin embargo, el electorado de ese origen no es uniforme. Obama transita, en consecuencia, un equilibrio poco coherente. Por un lado sobreactúa las políticas duras hacia Cuba y Venezuela (para generar simpatías, por ejemplo, en el electorado anticastrista de Miami), por otro pretende mostrarse en sintonía con los demás países de la región, que despliegan una activa campaña en contra del bloqueo a Cuba y de su exclusión de las cumbres interamericanas. Como la población latina crece incesantemente en Estados Unidos, se transforma en un claro objetivo de demócratas y republicanos. Estos últimos critican a Obama por haber descuidado la región, mostrarse demasiado blando con los hermanos Castro y Chávez, y haber permitido el avance del eje bolivariano. El Presidente tiene pocos éxitos para mostrar en su relación con la región, por eso es clave la Cumbre de Cartagena, a la que ya confirmó su asistencia.

“Cubanización”


Del lado latinoamericano, la antesala de la cumbre está mostrando las contradicciones existentes entre los países de la región. Por un lado, se encuentran los gobiernos más afines a Washington (México, Honduras, Colombia, Chile y Costa Rica). Son los que más dependen de Estados Unidos. Sus gobiernos, con matices, despliegan políticas económicas neoliberales; quieren ampliar el comercio con Estados Unidos a través del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica. Pero la sujeción a Washington es más sutil y matizada que hace una década. En las antípodas, se ubica el eje bolivariano impulsado por Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Los países del ALBA han planteado como impostergable la inclusión de Cuba y quieren que en Cartagena se debata sobre el bloqueo estadounidense a la isla caribeña y sobre la cuestión de las islas Malvinas, consideradas como un resabio colonial inaceptable en América Latina.

Un tercer grupo lo conforman los países del Mercosur, con Brasil a la cabeza. Apuestan a la integración a través de la UNASUR, pero no confrontan abiertamente con Estados Unidos. Asumen una posición distinta a la de los dos primeros grupos. Los gobiernos de estos países tienen acuerdos y tensiones con Estados Unidos. No se sumaron a los países del ALBA en su reclamo explícito de incluir a Cuba en Cartagena, pero a la vez participan en distintas instancias de integración regional con el gobierno de La Habana. Su intervención en Cartagena será clave para dirimir qué rumbo se impondrá. Un dato fundamental es que ésta será la primera Cumbre de las Américas que se realizará tras el establecimiento efectivo de la UNASUR y de la CELAC. Muchos países de la región, que no atraviesan las crisis económicas y políticas de Europa y Estados Unidos, pretenden que se manifieste en la reunión esta nueva correlación de fuerzas continental.

La “cubanización” previa a la Cumbre trastocó los planes de Estados Unidos y del país anfitrión, Colombia. Los países del ALBA plantearon al gobierno colombiano, el 7 de febrero, que debía invitar a Cuba. Aunque el gobierno de La Habana viene sosteniendo desde 2009 que no volverá a la OEA, sí declaró que pretende participar de las Cumbres de las Américas. El Departamento de Estado insistió en que Cuba debe realizar reformas “democráticas” antes de reincorporarse. Fundamenta la negativa a incluir a Cuba en una “cláusula democrática” aprobada en la III Cumbre, en 2001. La líder ultra-conservadora Ileana Ros-Lehtinen, senadora por Florida y presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta, exigió a Obama que boicoteara la Cumbre en caso de que Colombia optara por invitar a Cuba (7). Santos, por su parte, resolvió viajar a la isla el 7 de marzo, para entrevistarse con Raúl Castro y con Chávez, en vistas de hallar una solución que evitara el naufragio de la reunión. Allí anunció que Cuba no participaría, pero que se entablarían negociaciones para garantizar su presencia en la siguiente Cumbre (Panamá, 2015). A poco de iniciarse el cónclave, y más allá de la asistencia de Castro, el Departamento de Estado y la cancillería colombiana temen que el “caso Cuba” acapare toda la atención, como en buena medida ya ocurrió en Trinidad y Tobago en 2009 (8). Aunque en esa oportunidad Obama acababa de asumir y todavía había esperanzas en algunos gobiernos de la región de que flexibilizaría su política hacia La Habana, lo cual operó como línea de fuga de las tensiones interamericanas.

Más allá de la resolución final, el eje bolivariano se anotó un triunfo de entrada. Al “cubanizar” los debates previos a la cumbre, logró justo lo contrario de lo que Estados Unidos necesitaba: el bloqueo, la base en Guantánamo y la exclusión de la Isla del sistema interamericano son temas que necesariamente alejan a Washington de los países latinoamericanos.

Desafíos


El temario formal de la reunión abarca los siguientes puntos: seguridad; acceso y utilización de tecnologías; desastres naturales; reducción de la pobreza y las inequidades; cooperación solidaria; integración física de las Américas (9). En su convocatoria, la cancillería colombiana insiste en reiteradas oportunidades en que el objetivo es arribar a resultados tangibles y concretos. Este énfasis tiene que ver con una apreciación bastante generalizada, incluso al interior de los cuerpos diplomáticos, de lo poco fructíferas que son estas reuniones en términos de avances reales en cuestiones de integración, infraestructura, desarrollo tecnológico conjunto y comercio. Hasta ahora, las cumbres han sido más bien ámbitos de debate político.

Así, si bien está prevista la realización de cuatro foros entre el 9 y el 13 de abril (jóvenes emprendedores, pueblos indígenas y afro-colombianos, sector laboral y sector civil) y de diversos foros preparatorios de actores sociales, lo cierto es que la atención general está centrada en los debates presidenciales que se realizarán el 14 y 15 de abril (el último día, los mandatarios tendrán una extensa reunión confidencial a agenda abierta).
Lo que allí probablemente se va a discutir, aunque no esté en el temario, constituye lo más relevante de la Cumbre: Cuba (bloqueo económico y exclusión del sistema interamericano), préstamos, restricciones comerciales, Malvinas, narcotráfico.

En las últimas semanas, los gobiernos colombiano y guatemalteco plantearon la necesidad de legalizar y regular el comercio de algunas drogas. El fracaso de la “guerra contra las drogas” impulsada por Estados Unidos llevó a los países de la región a proponer un cambio de paradigma. La UNASUR anunció que en la próxima reunión ministerial de mayo discutirá alternativas para abordar la problemática. El Departamento de Estado debió resignarse a aceptar la inclusión de este debate en Cartagena, aunque su vocero, Michael Hammer, declaró que la despenalización es un camino al que Washington se opone (10).

En las últimas dos décadas, estos cónclaves han sido un termómetro de las relaciones interamericanas. Si en los años noventa la Casa Blanca pudo moldearlas según su interés, para desplegar el ambicioso proyecto del ALCA, las últimas dos cumbres (2005 y 2009) mostraron que Washington ya no puede pretender mandar en su “patio trasero”. Fracasó en la creación de un área de libre comercio continental, en sus políticas de guerra contra las drogas, en su agresión contra Cuba y en los múltiples intentos por derrotar o debilitar al eje bolivariano.

La histórica estrategia de fragmentar la unidad latinoamericana, aún vigente, enfrenta serios desafíos. El ALBA, la UNASUR y la CELAC, una suerte de “OEA sin Estados Unidos”, son una manifestación de la menguante hegemonía estadounidense. Superar la concepción del realismo periférico, renuente a confrontar con la principal potencia por los costos económicos que supuestamente acarrearía, es el desafío principal de los países de la región. Es hora de concebir otro tipo de integración, inspirada en los ideales bolivarianos, pero pensada como estrategia de real autonomía e independencia, en el camino hacia la construcción de otro orden económico-social a nivel mundial. γ

1 Véase Leandro Morgenfeld, El ALCA: ¿a quién le interesa?, Ed. Cooperativas, Buenos Aires, 2006.
2 Véase el dossier “Estados Unidos vuelve a patrullar”, Le Monde diplomatique, Colombia, junio de 2008.
3 Andrés Oppenheimer, “Obama debe mirar más al Sur”, La Nación, Buenos Aires, 17-1-12.
4 Ignacio Klich, “A pesar de Washington”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, febrero de 2010.
5 Obama se entrevistó con Cristina Fernández de Kirchner en la Cumbre del G20 de Cannes (noviembre de 2011) y recibirá a Dilma Rousseff en Washington el próximo 9 de abril, para discutir el fortalecimiento del sistema interamericano.
6 Barack Obama, “American Jobs Through Exports to Latin America”, 19-3-11 (www.thewhitehouse.gov).
7 El Nuevo Herald, Miami, 22-2-12.
8 El pasado 15 de marzo el presidente de Ecuador, Rafael Correa, puso en duda su participación en la Cumbre debido a la exclusión de Cuba.
9 Véase el programa de la Cumbre en www.summit-americas.org
10 Juan Gabriel Toklatian, “Drogas: una guerra que fracasó”, La Nación, 13-3-12.


*Docente UBA/ISEN, investigador del CONICET, autor de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las Conferencias Panamericanas, Continente, Buenos Aires, 2011, y del blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

La guerra contra las drogas ha fracasado. Pese a ello, y en el camino hacia un modelo que la sustituya, América Latina continúa huérfana de una estrategia regional frente a la economía ilegal de las drogas. Por ahora prevalecen iniciativas aisladas, incoherentes, contradictorias, y sin apoyo notorio en la región, lo que facilita que los intereses de los Estados Unidos marquen el rumbo en la orientación política en marcha como en las acciones que se despliegan a todo nivel por el continente. Si en la Cumbre de las Américas en Cartagena se avanzara en definir las aristas del debate, el paso dado sería inmenso, pero todo parece indicar que todavía no hay espacio suficiente para ello.

Los actores del debate


América Latina ha carecido históricamente de una estrategia regional frente a la economía ilegal de las drogas. Como sustituto a esa falencia, ha generado un tratamiento del problema de drogas en términos bilaterales, teniendo como principal contraparte a los Estados Unidos. De esa manera su postura como región frente a las drogas, ha sido secularmente débil. Normalmente, los países latinoamericanos con mayor participación como productores o como lugar de tránsito –a excepción de México– han buscado incluir, en términos transaccionales, otros temas de mayor interés en su agenda con la potencia del norte: preferencias arancelarias para sus exportaciones, reinserción en el sistema financiero internacional como en el caso de Perú luego de la primera administración de Alan García, fortalecimiento de la seguridad en relación con conflictos internos, como en el caso de Colombia. Con menos importancia frente al tema, los países de Suramérica distintos a los de la región andina, han buscado igualmente desarrollar sus estrategias en términos nacionales, es decir, sin buscar un proceso regional que les permita abordar en mejores condiciones la posibilidad de una reformulación de la estrategia antidrogas. Pero tampoco esta ha sido una prioridad para ellos y más bien han buscado ajustarse a un eventual incremento de la presencia directa de EU en la región, principalmente en nombre al combate al narcotráfico, como en el caso de Brasil, fortaleciendo su estructura de seguridad (terrestre, aérea y fluvial), en la frontera amazónica principalmente con Colombia (1).

Bajo este contexto y en el marco de iniciativas de personalidades y algunos ex presidentes que han cuestionado la vigencia de las políticas antidrogas basadas en la prohibición, emergen las primeras declaraciones del presidente colombiano Juan Manuel Santos, buscando incidir principalmente en escenarios multilaterales, quien propugna por un cuestionamiento sobre la eficacia de la estrategia antidrogas dominante a nivel global. Concordante con la debilidad regional en esta materia, el acuso de buen recibo sobre la importancia del debate –sobre todo vista la Cumbre de las Américas del 14 y 15 de abril en Cartagena– se da por parte del nuevo presidente de Guatemala Otto Pérez y detrás de ellos cierta simpatía del presidente Calderón de México, que viene de un serio cuestionamiento sobre los costos y beneficios de su guerra frontal al narcotráfico.

No obstante, las referencias específicas del presidente Pérez frente al tema, buscando a la vez una acogida de la región centroamericana, son aún confusas y no parecen generar mucha legitimidad entre los presidentes de esa región. Como conjunto, sus iniciativas denotan una ausencia de un enfoque integral y complejo del tema: en primer lugar, propone el endurecimiento frontal al combate contra los narcotraficantes; en segundo lugar, crear una Corte Penal con jurisdicción regional para perseguir a los delincuentes involucrados en el trasiego de estupefacientes; tercero, despenalizar el tránsito de la droga (sic!) y finalmente, que los países consumidores reconozcan por lo menos la mitad del valor de los narcóticos decomisados en las naciones centroamericanas. (2)

La ausencia de una referencia a los problemas asociados al consumo de drogas y la necesidad de su descriminalización en contraste con el énfasis sobre la despenalización del tránsito, mientras de otro lado, propone estimular la represión al mismo tránsito, a través del reconocimiento económico por las incautaciones, hacen de su visión, un juego incoherente y confuso. A ello se suma la distancia que vienen tomando los presidentes de Centroamérica como en los casos de El Salvador, Nicaragua y Honduras y que se observa, entre otros, en la manera abrupta como cancelaron su asistencia a la cumbre regional convocado por Guatemala para el pasado 23 de marzo.

Llama entonces la atención que en este proceso aún en ciernes, la iniciativa sobre las políticas antidrogas sea tomada por representantes del espectro del centro y la derecha en Latinoamérica.

Mientras de otro lado, los caracterizados líderes de izquierda, por ejemplo, los que se agrupan en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), oscilan entre el prohibicionismo extremo de Cuba –y que hace parte de los países que aplican la pena de muerte por delitos asociados al narcotráfico– o el caso de Nicaragua, cuyo presidente Daniel Ortega, expresó que su país descartaba adherirse a cualquier iniciativa para la despenalización de las drogas agregando que, “no existe ninguna razón” para aprobar la iniciativa guatemalteca, “ni en términos de la lucha contra el narcotráfico internacional ni en términos culturales”. Esta actitud armoniza también con su oposición radical a la despenalización del aborto. De otro lado, en el caso de Bolivia, si bien Evo Morales ha liderado la justa reivindicación del trato no discriminatorio por los usos culturales de la hoja de coca por parte de las comunidades indígenas, su visión frente a las drogas, más allá de esa reivindicación étnico cultural, es altamente favorable al prohibicionismo.

Finalmente, en el caso de Venezuela, se observa un manejo que se basa en los mismos indicadores propios de la estrategia antidrogas liderada por Washington (incautaciones, penas muy duras de encarcelamiento por cultivos ilícitos) mientras de otro lado, se guarda silencio frente a los serios cuestionamientos acerca del eventual compromiso de los principales organismos de seguridad en el tráfico de drogas, incrementando con ello la corrupción y que sigue debilitando la institucionalidad de Venezuela.

A ese panorama se suma el poco entusiasmo de Brasil y Argentina, por mencionar dos de los países más importantes, en relación con una apuesta regional de compromiso hacia un replanteamiento de la actual política liderada por Washington (3).

El problema


Situación que contrasta fuertemente con un escenario regional altamente crítico, en relación con la incidencia del narcotráfico y de las políticas que hasta ahora han dominado bajo el liderazgo de EU. Veamos algunos de mayor trascendencia:

- En primer lugar, extensos territorios de la región experimentan hoy un incremento significativo de los índices de violencia en el contexto mundial. Según un estudio realizado por las organizaciones civiles mexicanas Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, las cinco ciudades más violentas del mundo están en Latinoamérica. En tal sentido, Ciudad Juárez, población mexicana cercana a la frontera con EU, ocupó el primer lugar con un total de 2.658 asesinatos, para promediar 191 homicidios por cada 100.000 habitantes. Los siguientes puestos en esta lista de violencia urbana son ocupados por San Pedro Sula (Honduras), San Salvador (El Salvador), Caracas (Venezuela), y Guatemala (Guatemala) (4). Esta violencia se asocia al poder del crimen organizado en esos países.

- En segundo lugar, ya como país, México experimenta una muy alta percepción de inseguridad asociada a la iniciativa de su presidente Felipe Calderón de enfrentar al narcotráfico con la militarización de Estados y ciudades catalogados como epicentro del poder del crimen organizado, proceso al cual se le adjudican alrededor de 48.000 muertes desde que tomó esa decisión hacia inicios de 2007. El principal cuestionamiento a esta determinación se sustenta en la evidente tendencia a la baja que experimentaban las muertes violentas en México desde 1992, y la falta de evidencia estadística que argumentara una situación alarmante de incrementos en el uso de sustancias psicoactivas. Por esa vía se le adjudica una exacerbación inusitada de la violencia, sin que se observen resultados tangibles al culminar su período de gobierno (5).

- Tres, los efectos por los modelos de legislación antidrogas dominantes en el hemisferio, que han incidido sobre la desproporción de las penas; sobre la presencia de tipificaciones penales inadecuadas; sobre el hacinamiento de las cárceles; sobre abusos en detenciones preventivas; sobre prácticas discriminatorias en cuanto al acceso de beneficios procesales y penitenciarios para los procesados y condenados por delitos de drogas. A ello se agrega la gran deficiencia en infraestructura penitenciaria y que afecta gravemente los derechos de las personas privadas de su libertad por este tipo de delitos. Asímismo, la criminalización de los usuarios, la persecución de que son objeto los sectores excluidos social y económicamente, estigmatizados como consumidores de drogas, y, finalmente el fuerte incremento del número de ‘mulas’ en las cárceles.

Las propuestas


Bajo este panorama tanto de actores como de la realidad del problema, se inicia un debate cuyas aristas aun están por definirse. El principal documento de referencia sigue siendo el de la Comisión Global de Políticas de Drogas (CGPD) que recoge la experiencia europea en relación, entre otras, con modelos de regulación de drogas, diferenciación de drogas duras y blandas e incorporación de las experiencias exitosas de reducción de daños y riesgos. Esas propuestas están dirigidas básicamente a problemas asociados a la demanda, uso problemático y al pequeño comercio. Adicionalmente toma partido por un combate frontal a las organizaciones empresariales del crimen. No obstante, la región latinoamericana aporta nuevos escenarios y retos a ese tipo de reflexiones que el documento de la CGPD no abordó en profundidad. Mientras Europa despacha el tema de la oferta con decisiones cercanas a las implementadas por EU, o incluso, apoyándolas como en el caso de Holanda o Gran Bretaña, este constituye un punto crucial en la revisión de la estrategia dominante.

Uno de los aspectos centrales en la discusión es cómo efectivamente tratar el modelo de securitizacion que ha envuelto las estrategias antidrogas en el contexto regional. El expresidente Gaviria, ampliando lo ya esbozado por la CGPD ha señalado una propuesta de flexibilización en relación con el uso pero manteniendo e incluso incrementando las estrategias contra el tráfico. Esta perspectiva es más clara que la que ha mostrado el presidente Guatemalteco. Se trataría de ganar una mayor “autonomización” de las políticas nacionales versus una profundización del modelo de seguridad en relación con tráfico. Esta puede ser una fórmula interesante para Washington y que permitiría su reacomodamiento en un eventual nuevo contexto sobre políticas de drogas en el nivel hemisférico, en donde de ninguna manera perdería los espacios obtenidos en su modelo de seguridad militarizado a cambio de “tolerar” la modificación de legislaciones nacionales sobre uso.

Mientras la tesis de la seguridad (frente al crimen organizado como amenaza externa a la democracia) se mantenga, Washington no va a perder de ninguna manera el espacio hasta ahora obtenido en la región y que avanza en un intento de renovación a través de su discurso sobre seguridad ciudadana. También con esa fórmula Colombia preservaría su proceso de venta de seguridad (cooperación Sur-Sur) con base en el modelo piloto asesorado muy de cerca por el Comando Sur (statebuilding/peace building) y que se ha venido implementado como seguridad militarizada y que está teniendo desarrollos más sofisticados con el manejo de la simbiosis seguridad/desarrollo/seguridad (en el marco del área Conflict and Stabilization del Departamento de Estado), ámbito en el que se inscribe la estrategia de consolidación.

De allí que la única señal de diferenciación clara en el actual debate es la que plantean sectores de la sociedad civil mexicana, de cuestionar la interdependencia de la lucha antidrogas y que se plasma en la tesis de la corresponsabilidad, que a la postre ha servido para obtener beneficios por parte de distintos países latinoamericanos en la agenda bilateral con los EU, a cambio de mantener el modelo de seguridad en el tratamiento del problema de drogas. Lo anterior con costos elevados en materia de vidas, derechos humanos, medio ambiente y gobernabilidad. En otras palabras, la responsabilidad por costos altos frente a beneficios raquíticos en materia de lucha antidrogas, no se explica exclusivamente por una supuesta imposición de Washington sino que las elites latinoamericanas han cohonestado, en el contexto de la responsabilidad compartida, ese status quo.

Adicionalmente en el debate actual, el punto de controversia acá es si la inseguridad procede de amenazas externas que es necesario controlar con el uso de la fuerza o es un problema que corre en simbiosis con cierto tipo de institucionalidad vigente, la cual a su vez, sirve de soporte para empoderar aún más a las elites emergentes del hemisferio. Esto, a diferencia del enfoque que las interpreta como una expresión de cooptación de grupos de criminalidad organizada. Washington es mucho más proclive a este segundo y distorsionado enfoque. También la mayor parte de países con un mayor peso político en la región. Nadie quiere sacar las castañas del fuego y en general se acusa un buen recibo de un enfoque que tiene muchas ventajas: mantiene la fortaleza de las fuerzas armadas ahora extendida en el combate al crimen organizado; evita que los partidos en el poder indaguen sobre la presencia de dineros y elites de claro origen ilegal a diferentes niveles de su proceso de configuración política; genera, en consecuencia, equilibrios necesarios en la gobernabilidad nacional. En todo esto no opera un criterio ideológico. La funcionalidad es válida tanto para gobierno de ‘izquierda’ como de derecha.

Bajo estas consideraciones, y sin negar la validez de su reforma, los desarrollos nacionales en materia de control de drogas alrededor de la despenalización son bastante funcionales, sin que se afecte el núcleo de mayor interés en el contexto regional tanto para Washington como para Brasilia o Caracas.

Al anterior escenario vale la pena agregar otro previsible y que se funda en el criterio de aceptación de la diferenciación de drogas duras versus las blandas y que a la vez que puede flexibilizar el trato de la marihuana, de otro, puede contribuir a radicalizar la situación de la cocaína y heroína, consideradas en la cima de las sustancias peligrosas. Infortunadamente el modelo de reducción de daños, directamente relacionado y exitoso con el uso de drogas, está aún en proceso de elaboración en relación con las estrategias para la oferta. La ausencia de investigación en el caso de la cocaína y la posibilidad de hallar sustitutos frente a su uso problemático, impide que en ese escenario los países productores ganan espacios para nuevas políticas referidas a sustancias consideradas riesgosas. A esta situación se agrega la complejidad que generan aquellos escenarios donde la droga se liga con conflictos armados como en el caso de Colombia.

Conclusiones

  • - América Latina carece de una experiencia multilateral sólida en materia de políticas antidrogas, lo cual la hace vulnerable como región frente a una proyección estratégica de un cambio de política.
  • - Un punto nodal en esa reconstrucción debe ser la discusión sobre el concepto de corresponsabilidad/responsabilidad compartida/ a través del cual se ha afianzado un trato bilateral altamente deficitario para la sociedad civil de los países de la región.
  • - Es observable una falta de solidez argumentativa en las primeras propuestas que se barajan así como una falta de compromiso político de una gran porción de países del hemisferio. Esto evidencia la dimensión del trabajo que se debe adelantar para propiciar y fortalecer un espacio realmente importante en materia de estrategias alternativas a una prohibición fundamentalista.
  • - Washington puede encontrar en un escenario de permisibilidad de reforma de políticas nacionales antidrogas referidas principalmente a la demanda y al pequeño comercio, una oportunidad para que, de otro lado, renueve y consolide su poder en el control del carácter transnacional del tráfico a través de estrategias de seguridad militarizadas –bien directamente o a través de estructuras de seguridad como la colombiana– al afianzarse como un problema de seguridad y de amenaza externa a los Estados.
  • - A través de ese tipo de conceptos se blinda la muy alta responsabilidad de elites nacionales en diversas regiones que han cohonestado o son parte funcional de grupos emergentes de origen ilegal, junto con los cuales se afianza un poder basado en la estructura terrateniente de la tierra (gran parte de centroamérica y regiones de Colombia) y en grandes inversiones en macroproyectos con lavado de activos. Esto incluye el boom de la minería.
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1 Véase Licio Caetano do Rego Monteiro, “Novas territorialidades na frontera Brasil-Colombia:Deslocamientos populacionais e Presença de atores armados irregulares”, en Aragón, Luis e Oliveira, José A. Amazonia no cenario sul-americano. Manaus:editora da Universidade Federal do Amazonas, 2009.
2 Véase La Prensa Gráfica, “Presidente Guatemala plantea cuatro rutas para combatir narcotráfico”, San Salvador, marzo 24 de 2012.
3 Algunos observadores han sobrestimado el alcance regional de la inclusión del tema de las drogas en la Cumbre de Cartagena al denominar el hecho como una “Rebelión en la Granja”, véase Antonio Caballero Revista Semana Ediciones 1559 y 1560, sábado, 17 y 24 de marzo de 2012.
4 sociedadytecnologia.net11/01/2010 “Las cinco ciudades más violentas del mundo están en Latinoamérica, enero 11 de 2010”.
5 Véase sobre el tema César Morales Oyarvide “La guerra contra el narcotráfico en México. Debilidad del estado, orden local y fracaso de una estrategia”. Universidad Complutense de Madrid. Aposta revista de Ciencias Sociales No.50 Julio - Septiembre de 2011. Fernando Escalante, “Homicidios 1990-2007”, Sep.1 de 2009 (mimeo).Carlos Resa Nestares “El comercio de drogas ilegales en México”. Nueve mitos del narcotráfico en México (de una lista no exhaustiva). Notas de Investigación, marzo de 2005.

* Sociólogo y filósofo. Investigador Asociado del Transnational Institute TNI.
Martes, 10 Abril 2012 11:48

La nueva geopolítica del capital

En un período en el que la especulación se ha disparado, los flujos de capital están remodelando las economías regionales, huyendo de algunos países e hincando sus dientes en otros. Sin embargo, la experiencia regional muestra que esos flujos no son imprescindibles para el crecimiento y pueden ser regulados para beneficio del país cuando existe voluntad política.

Seguir el rastro de los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED), o sea, la inversión productiva, no la especulativa, puede ser un buen ejercicio para comprender los drásticos cambios que se están produciendo en América Latina y de modo muy particular en la región sudamericana. El ejercicio, se puede anticipar, confirma que las inversiones se focalizan en bienes comunes, en particular minería e hidrocarburos, pero despuntan algunos elementos novedosos que muestran la capacidad del capital de diseñar su propia geopolítica, de imponerla a los más diversos Estados y asimismo a los gobiernos de todos los colores.

¿Por qué enfatizar en los flujos de capital y no en la evolución de la producción, del empleo o las exportaciones? La respuesta viene de la mano del geógrafo David Harvey, quien en una reciente entrevista comparó al capitalismo con el cuerpo humano, y los movimientos del capital con el sistema sanguíneo: “El capitalismo depende de la continuidad de los flujos de capital y cualquier interrupción, por cualquier motivo, puede tener costos muy altos” (1). Aunque esos flujos están sufriendo bloqueos, constata que “ese cuerpo está creciendo y hay una expansión infinita de las arterias del flujo de capital y del flujo de mercancías”.

América Latina es una de las regiones del mundo donde esa expansión es más visible. En 2011, la IED mostró un crecimiento del 34,6 por ciento, muy por encima de Asia donde creció un 6,7 (2). En números absolutos, las inversiones directas en la región superaron por primera vez las que se dirigieron a Estados Unidos, y sólo fueron superadas por Europa y Asia. Por su parte, la suma de los ingresos registrados por China y Hong Kong iguala la cifra recibida por Estados Unidos, conjunto de datos que no dejan lugar a dudas sobre las opciones que está haciendo el capital.

Los cambios registrados forman parte de modificaciones de largo plazo en la realidad global. La crisis desatada en 2007 ofició en este sentido como parteaguas, pero el proceso se remonta a comienzos de la década de 2000. En 2010, por primera vez desde que la UNCTAD tiene registros, o sea, desde 1970, los países desarrollados recibieron menos de la mitad de los flujos globales de IED. Hasta fines de la década de 1980, las economías desarrolladas atraían el 97 por ciento de las inversiones. En 2005, las economías en desarrollo y emergentes ya atraían un porcentaje del 12 de los flujos globales; pero en 2010, en un panorama de fuerte descenso de los flujos de capital en el mundo, esas economías superaron la barrera del 50 por ciento (3).

Esa tendencia se mantuvo estable incluso en 2011, cuando las inversiones en Europa registraron un crecimiento de casi el 23 por ciento y las inversiones globales comenzaron una lenta recuperación. Todo indica que la crisis es el momento en el cual las grandes tendencias geopolíticas muestran bifurcaciones y virajes. De ese modo, se puede asegurar que el mundo en desarrollo pasó a jugar un papel decisivo y de algún modo ‘central’ en el nuevo mundo que se avizora.

Hacia una nueva región


América Latina pasó de ocupar un lugar marginal en los flujos de capital (alrededor del 5 por ciento) a convertirse en un destino importante y dinámico. Entre 2000 y 2005 recibió un promedio anual de 66.000 millones de dólares que crecieron de modo exponencial hasta los 216.000 millones en 2011, lo que significa que ha sido capaz de atraer un 15 por ciento de los flujos de capital productivo mundial (4). Lo más importante es registrar si el aumento que delatan las cifras está acompañado por cambios en la dirección de las inversiones, o sea, qué países están pasando a ocupar un destacado lugar y en cuáles el capital se está retirando, y las razones por las cuales esto sucede.

El dato principal es el crecimiento continuo del flujo de inversiones a la región, que en el caso sudamericano puede haber llegado a 150.000 millones de dólares en 2011, unas 15 veces más en cifras absolutas que a comienzos de la década de 1990. Hay tres países que están siendo castigados por el capital: Venezuela, Argentina y México. Además, habría que agregar a Ecuador, país que prácticamente no está recibiendo inversiones extranjeras.
En el caso de Venezuela, la explicación es muy simple: la política de nacionalizaciones del gobierno de Hugo Chávez está en la base de la masiva emigración del capital que no se compensa siquiera por las cuantiosas inversiones de China y las mucho menores de Brasil. En Argentina, el capital pasó de la euforia a una sustancial prudencia. Al comienzo de la fase neoliberal, recibía el doble de inversiones que Brasil y en la segunda parte de la década de los 90 igualó a México, aunque sus economías son mucho mayores que la argentina. Luego de la crisis de 2001, comenzó la retracción, aunque no huida como en Venezuela. Sin embargo, las cifras revelan un cambio de fondo: los principales inversionistas ya no son las empresas europeas y estadounidenses sino las brasileñas, y en menor medida las chinas.

El caso de México es tremendo. Pasó de recibir el 60 por ciento de la IED de toda la región en el período en el que se creó el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) a ingresar un modesto 8 en 2011. El retraimiento del capital se agudizó a partir de 2008, cuando la guerra sucia del Estado contra el narcotráfico evidenció que podría no haber vencedores y que el país puede despeñarse en un infierno de violencia. El caso muestra que el capital es reacio ante situaciones de inestabilidad.

Entre los países que hoy resultan más atractivos para el capital, se destacan tres: Colombia, Brasil y Chile, en ese orden. Desde el año 2000, el flujo de capitales comienza a tomar en cuenta a Colombia, que desplaza a Argentina y se acerca a Chile y México, pese a que esta economía es tres veces mayor que la colombiana. Sólo una mirada más detallada permitirá comprender las razones del interés exponencial del capital en este país, que, observando la serie histórica, arranca con el uribismo y da un salto bajo la actual administración de Juan Manuel Santos.
El caso de Brasil revela el éxito de su proyecto de convertirse en potencia global y el interés que tiene una economía que ha sido capaz de incorporar en apenas una década a 40 millones de personas en el consumo, al aumentar sus ingresos. De recibir la mitad de las inversiones que llegaban a México hace dos décadas, pasó a multiplicarlas por 4, pese a que ambos tienen economías comparables.

Lo más destacado del caso brasileño no es, sin embargo, el crecimiento de la IED, que lo ubica como el cuarto destino mundial, sólo detrás de Estados Unidos, China-Hong Kong y el Reino Unido, sino la calidad de esas inversiones. Hasta 2005, los ingresos de capital tenían tres destinos básicos: la industria, que oscilaba entre el 30 y el 50 por ciento; los servicios, que representaban entre el 50 y el 60; y la minería y la agropecuaria, que eran menos del 10 por ciento del total (5). Con la crisis y la especulación desenfrenada en alimentos y minerales, hubo cambios drásticos: la IED en servicios cayó al 30 por ciento, la minería y el agronegocio se llevan ya más del 30 de las inversiones, y la industria sólo el 35.

Este dato se puede leer de varias maneras. Pese a la fase exponencialmente especulativa de la economía mundial, la industria sigue absorbiendo una parte sustancial de las inversiones, en gran medida porque los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff se empeñan en defender la competitividad de ese sector, al que consideran estratégico para el futuro del país.

En rigor, Chile no presenta mayores sorpresas, ya que, desde el retorno de la democracia en 1990, es uno de los países que ha estado en el campo de mira de los inversionistas, no sólo por contar con una legislación favorable a sus intereses sino también por la estabilidad que le garantizó el gobierno de la Concertación.

Países regionalmente emergentes


Si alguien pensara que la geopolítica es asunto exclusivo de los Estados, los datos anteriores debieran convencerlo de lo contrario. Nadie tan perspicaz como los think tanks del sistema para observar las tendencias de fondo y trasladarlas a los despachos de quienes toman decisiones.
A la hora de realizar inversiones de largo plazo, los capitalistas tienen sus prioridades. Las más destacadas, según un estudio de la UNCTAD, consisten en el tamaño del mercado (17 por ciento de respuestas) y las expectativas de crecimiento de ese mercado (16); muy lejos se sitúan el acceso al mercado regional y la presencia de proveedores (10 por ciento cada una), seguidos por el ambiente de negocios, y la calidad de la mano de obra y de la infraestructura (6). En buen romance, el capital productivo tiene una lógica muy diferente del especulativo, que busca lucros rápidos esquilmando al país receptor.

Un informe difundido por la Sociedad Brasileña de Estudios de Empresas Transnacionales y de Globalización Económica destaca que por cada 100 empleos creados por la inversión extranjera entre 2003 y julio de 2011, 74 fueron en la industria, 23 en los servicios, y sólo 3 en la agropecuaria y minería (7). Teniendo en cuenta que el monto de las inversiones en los tres sectores fue relativamente parejo en Brasil en ese lapso, resulta evidente que ciertas inversiones son negativas para quien las recibe.

Los casos de Colombia y Perú, opuestos al de Brasil, son el mejor ejemplo para ilustrar esa afirmación. El 80 por ciento de la IED que llega a Colombia se dirige a la minería y los hidrocarburos. El mundo empresarial la visualiza como una estrella petrolera ascendente, ya que fue capaz de duplicar la producción entre enero de 2007 y diciembre de 2011, al alcanzar un millón de barriles diarios e igualar la performance de Petrobras (8). La capacidad de Colombia de atraer capitales se afianza en dos hechos ocurridos en 2011: la recuperación del grado de inversión por parte de las tres calificadoras de riesgo más importantes y la entrada en vigor de acuerdos de libre comercio con varios países, sobre todo con Estados Unidos.

Perú es un caso muy similar, con el añadido de que muestra los límites sociales y políticos del modelo extractivo. El 60 por ciento de sus exportaciones proviene de la minería. El congresista Javier Diez Canseco aporta algunos datos para entender por qué la minería es un cáncer que crece sin cesar. En 2011, un 75 por ciento de las exportaciones mineras de Perú se concentran en oro y cobre. El 52 de las de oro las realizaron sólo dos empresas, y el 48 de las de cobre las hicieron tres empresas. El sector minero tiene un margen de ganancias netas del 42,4 por ciento en promedio. Minas Buenaventura, socia de Yanacocha, involucrada en el polémico proyecto Conga, tiene un margen del 84,1 por ciento. Eso quiere decir que las grandes mineras “ganan el equivalente a todo su patrimonio en cuatro años y algunas mineras lo logran en dos. ¿Quién no quisiera invertir ahí?”, se pregunta el congresista (9).

Toda la minería deja en Perú por impuestos 4.500 millones de dólares, apenas el 17 por ciento de lo que exporta. Es muy, muy poco. Pero es casi tanto como el presupuesto anual del Estado en educación (5.600 millones de dólares) y muy superior al presupuesto de salud (3.200 millones) (10). Por eso, los gobiernos se rinden a las grandes empresas.

Pero Perú es también el espejo en el que se pueden mirar los países que le apostaron al extractivismo. Hay 200 conflictos ambientales en 21 de las 25 regiones administrativas y la resistencia social, que en Cajamarca llevó al gobierno a decretar el estado de excepción, consiguió paralizar seis grandes proyectos mineros con inversiones de 11.000 millones de dólares y cuatro represas hidroeléctricas en el sur del país (11). La crisis política y social que afecta al país puede estar anticipando la que mañana padezcan otros países andinos como Ecuador, Bolivia y Colombia.

Como señala Harvey, no hay una relación automática entre el aumento exponencial de los flujos de capital y un colapso posterior. Todo depende, en su opinión, de la fuerza del resto de la economía: “Algunos países están bien posicionados para convertirlos en un gran beneficio (por ejemplo, China en los años 1990), en tanto que otros pueden ser victimados por ellos (por ejemplo, Indonesia y Argentina en la década de 1990)”.

La llegada de capitales extranjeros, que naturalmente buscan ganancias que retornarán a sus casas matrices en los países desarrollados, puede jugar un papel positivo si el país receptor tiene la voluntad política de ponerles condiciones, y, de modo muy particular, de forzarlos a transferir tecnología y conocimientos, que es la carencia principal de los países no desarrollados. Pero pueden destruir al país, literalmente, si se les permite hacer su juego de extraer recursos ilimitadamente, como sucedió en Argentina durante el gobierno de Carlos Menem.

1 “O dinheiro é vermelho”, entrevista con David Harvey, Valor, Sâo Paulo, 9 de marzo de 2012.
2 UNCTAD; “Global Investment Trend Monitor” Nº 8, Nueva York, 24 de enero de 2012.
3 Cepal, “La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe”, 2010, Nueva York, Naciones Unidas.
4 ibíd. p. 45.
5 Boletim SOBEET Nº 77, Sociedade Brasileira de Estudos de Empresas Transnacionais e da Globalização Econômica, Sâo Paulo, 25 de enero de 2011.
6 Boletim SOBEET Nº 79, Sociedade Brasileira…, 26 de abril de 2011.
7 Boletim SOBEET Nº 81, Sociedade Brasileira…, 5 de setiembre de 2011.
8 “Colômbia é estreia em ascensâo no setor de petróleo”, Valor, Sâo Paulo, 9 de marzo de 2012.
9 Javier Diez Canseco, “La oligarquía minera”, La República, Lima, 27 de febrero de 2012.
10 ídem
11 “Tensâo social no Peru inibe US$ 11 bi em investimentos”, Valor, Sâo Paulo, 20 de marzo de 2012.

*Periodista e investigador social.

Jueves, 05 Abril 2012 16:54

A veinte años de la Agenda 21

A veinte años de la Agenda 21
Puntos esenciales del documento aprobado en Río’92 no se han cumplido


El 13 de junio de 1992, 178 países aprobaron la Agenda 21 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra) de Río de Janeiro. Esta Agenda es un plan integral de medidas que deben tomarse a nivel mundial, nacional y local en todos los ámbitos en los que los seres humanos afectan directamente a la Madre Tierra.
 
La Cumbre de la Tierra eligió como escenario un país sudamericano porque en este continente están los Andes y la Amazonía, que alberga las reservas estratégicas de agua y biodiversidad. Y se realiza en un año clave para los pueblos indígenas: 1992, cuando se cumplían los 500 años de la invasión europea y empezábamos a visibilizarnos, a articularnos, a pasar de la resistencia a la propuesta y la acción.
 
En esos años, mientras en el mundo se avanzaba en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y empezaba una seria preocupación por el cambio climático, en nuestro continente y el mundo se imponía la globalización neoliberal. Nuestros Estados se abrieron a las inversiones, principalmente extractivas, lo que fue aparejado a un proceso de militarización territorial, de criminalización del ejercicio de derechos y de la planificación de megaproyectos de infraestructura (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana – IIRSA, Plan Puebla-Panamá).
 
Poco o nada se ha avanzado en el cumplimiento de la Agenda 21. Por el contrario, las emisiones de gases de efecto invernadero han crecido exponencialmente. Uno de los puntos centrales de la Agenda 21 es el cambio de los patrones de consumo, pero los países responsables de las mayores emisiones se oponen radicalmente a hacerlo. Entonces, los ojos del mundo se vuelven a los pueblos indígenas, que supimos y sabemos convivir en armonía y equilibrio con la Madre Tierra desde hace miles de años.
 
Los pueblos indígenas nos identificamos con la Madre Tierra, en esta identificación se sustenta nuestra cosmovisión, nuestra cultura, nuestro modo de vida. Los pueblos indígenas andinos siempre supimos adaptarnos, conservar y desarrollar la biodiversidad, el agua, la vida.
 
Ante la amenaza de la crisis climática de acabar con todas las formas de vida, el agua y la biodiversidad se convierten en recursos estratégicos. Y la voracidad de las multinacionales y los países ricos apunta a la región andina, que alberga grandes reservas de estos recursos. Una voracidad que contradice dos puntos centrales de la Agenda 21: la conservación de la biodiversidad biológica y la protección de la calidad y el suministro de recursos de agua dulce.
 
En la región andina, la minería se instala en nuestras cabeceras de cuenca, acaparando y destruyendo nuestras fuentes de agua. En el Perú, por ejemplo, a inicios de la década del 90 las concesiones mineras ocupaban 2 millones trescientas mil hectáreas y a finales del año 2010 ya superaban los 21 millones 280 mil hectáreas. Y solo en un año (noviembre de 2008 a noviembre de 2009) estas pasaron del 13.46% al 15.38% del territorio nacional. De las 5.680 comunidades reconocidas y con títulos de propiedad, 3.326 se encontraban a fines del siglo XX con parte de sus territorios ocupados por concesiones mineras.

 

Alarmante desglaciación

 

Otro de los puntos centrales de la Agenda 21 es la ordenación de los ecosistemas frágiles: desarrollo sustentable de las montañas. Contrario a ello, según el Informe Stern, en los Andes tropicales los glaciares se han reducido en una cuarta parte en los últimos 30 años. Ciudades como Quito y Lima y más del 40% de la agricultura en los valles andinos dependen del agua procedente de los glaciares andinos.
 
La región andina concentra el 95% de los glaciares tropicales del mundo. El 71% de ellos están en Perú, el 22% en Bolivia, el 4% en Ecuador y el 3% en Colombia. En todos se observa un franco retroceso producto del calentamiento global.
 

Una respuesta integral: el Buen Vivir

 
Otros dos puntos de la Agenda 21 son el reconocimiento y fortalecimiento del papel de los pueblos indígenas y la información para la toma de decisiones. Contrario a ello, los pueblos indígenas y sus organizaciones estamos excluidos en la formulación y ejecución de los programas nacionales e internacionales sobre el cambio climático y de todos los mecanismos de negociación. No solo nos impiden participar, ni siquiera nos informan.
 
Pese a esta exclusión, los pueblos indígenas continuamos consolidando nuestras organizaciones, articulándolas y avanzando en la construcción de propuestas basadas en nuestros derechos y nuestros paradigmas, como el Buen Vivir. En el continente hemos construido el Foro Indígena del Abya Yala sobre Cambio Climático.
 
Los pueblos indígenas planteamos una respuesta integral: cambiar el modelo de vida volviendo al equilibrio y la armonía con la Madre Tierra. Planteamos la alternativa del Buen Vivir. Vivir bien es la vida en plenitud. En armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia, y en equilibrio con toda forma de existencia, en permanente respeto de todos. Vivir bien significa comprender que el deterioro de uno es el deterioro de todos.
 
Buen Vivir es democracia comunitaria, que es el ejercicio diario de consulta y participación en nuestras asambleas. Donde la autoridad es un servidor. Es el mandar obedeciendo. Buen Vivir es trabajar sin competencia y sin explotación. No acumular sino satisfacer las necesidades de todos. Frente a la economía acumuladora, competitiva y depredadora, proponemos la economía comunitaria, respetuosa de la vida y la naturaleza. Para lograr el Buen Vivir, los pueblos indígenas proponemos un Estado Plurinacional, que es el reconocimiento constitucional de todas las culturas en igualdad de condiciones.
 

El gran desafío: cambiar el modelo

 
La crisis climática, el saqueo y la depredación de la Madre Tierra, son la esencia misma del modelo capitalista neoliberal. La respuesta es cambiar este modelo de desarrollo actual de inequidad social, por el desarrollo sostenible y no solamente la reforma de las políticas ambientales
 
Cambiar el modelo significa responderante los impactos negativos del extractivismo y ejercer nuestro derecho al desarrollo propio, es decir, a decidir libremente el desarrollo que aspiramos los pueblos y comunidades locales. Esto implica el derecho a la consulta y consentimiento previo, libre e informado para toda actividad y proyecto en nuestros territorios. Es el ejercicio de nuestro derecho a la libre determinación.
 
Para el plazo inmediato, planteamos suspender las actividades extractivas en nuestros territorios hasta que nos garanticen los mecanismos de consulta, consentimiento y vigilancia ambiental, y hasta que se haya hecho una zonificación económica y ecológica que señale claramente dónde puede haber actividades extractivas y dónde no puede haberlas.
 
Es también fundamental asumir el agua como un derecho colectivo. Priorizar su uso para el consumo humano y la agricultura, ganadería, forestal y acuicultura. Nos oponemos a su mercantilización.Debemos evitarsu privatización y acaparamiento por unos pocos. Y excluirla de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio y los tratados de libre comercio (TLC).
 
Un tema central en este debate son las “falsas soluciones”, que mercantilizan la vida: mercado de carbono y REDD, energías peligrosas como la nuclear, los agrocombustibles, las represas y los transgénicos. La alternativa es reconocer y apoyar los conocimientos tradicionales y estrategias propias de nuestros pueblos dirigidas a la mitigación y adaptación al cambio climático. Cumpliendo uno de los puntos centrales de la Agenda 21: la cooperación internacional para el desarrollo sostenible, los pueblos indígenas debemos acceder a los fondos de adaptación, creación de capacidades, transferencia de tecnología y otros.
 
Es indispensable atender las verdaderas soluciones: producción y consumo responsables, especialmente en los países industrializados culpables de las excesivas emisiones, promoviendo las energías renovables, el pago de la deuda ecológica y la justicia climática.
 
En resumen, nuestras propuestas centrales son:
 
1. Reconocimiento de la cultura como cuarto pilar del desarrollo sostenible. La diversidad natural y la diversidad cultural están íntimamente ligadas y deben ser igualmente protegidas.
 
2. Reconocimiento de la Declaración ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y el Convenio 169 de la OIT como estándares de derechos para la implementación del desarrollo sostenible a todos los niveles.
 
3. Salvaguardar los territorios. Reconocimiento de la gestión tradicional de los pueblos indígenas de las cabeceras de cuencas, bosques, glaciares, zonas de alta biodiversidad.
 
4. Reconocimiento, protección y promoción de los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas.
 
5. Incorporar la visión y los derechos de las mujeres de forma transversal en todos los programas de desarrollo sostenible y economía verde. al acceso a los territorios de las mujeres para asegurar la supervivencia de los pueblos.
 
Las propuestas de los pueblos indígenas para enfrentar el calentamiento global y sus efectos parten de la perspectiva de los derechos de la Madre Naturaleza y los derechos de los pueblos indígenas: a la autodeterminación, a la identidad, a los territorios, al consentimiento previo, libre e informado. Ese es el reto que hemos asumido y estamos cumpliendo.
 
- Miguel Palacín Quispe, Coordinador General de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas - CAOI
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Cumbre de los pueblos vs. cumbre de las Américas
La historia de la Cumbre de los Pueblos ha estado estrechamente vinculada con la de la cumbre oficial llamada “de las Américas” y en ese sentido su significación política tiende a depender fatalmente de la que alcance esta última. Fue, por eso, importante cuando el tema de confrontación era el ALCA y comenzó a debilitarse cuando ya derrotada esta propuesta, la cumbre oficial empezó a tantear buscando una razón de ser. Hoy, para el evento popular, a las obvias dificultades que representa para las organizaciones sociales encontrar apoyo para transporte (incluido el internacional) y alojamiento, se añaden las indecisiones de los gobiernos que han sido noticia en las últimas semanas.


La historia no oficial de la oficial


Es evidente que la cumbre de las Américas, como reunión de los mandatarios de 34 países del continente, fue inventada por el gobierno de los Estados Unidos en 1994, cuando se realizó la primera en Miami, para materializar su propuesta de un área de libre comercio “desde Alaska hasta la Patagonia”, pieza clave dentro de la disputa mundial que, por entonces, se desarrollaba en torno a la reorganización de las instituciones del comercio internacional. Es por eso que la denominación de “las Américas”-que siempre le ha gustado al gobierno de los Estados Unidos para referirse al continente- sigue la de su propuesta: “Área de libre comercio de las Américas”, ALCA. Esta propuesta sería el único contenido de tales reuniones de alto nivel y su verdadera razón de ser; se marcaba así el sentido primordialmente económico de la política imperial para la región. Obsérvese que, conscientemente, se prescindió de la OEA, mucho más dedicada a los temas políticos y diplomáticos (y, por cierto, bastante desprestigiada en ese momento), aunque se utilizara su estructura administrativa para todo lo referente a la convocatoria y organización.

La derrota del ALCA en la IV Cumbre de Mar del Plata en 2005 representó, en consecuencia, un golpe demoledor para la idea misma de las Cumbres. Pero no sólo por el futuro de la propuesta que poco a poco se fue cambiando en lo que se llamó un Alca “por entregas”, sino porque la derrota revelaba al mismo tiempo una cierta insubordinación por parte de una porción significativa de los gobiernos de la región. Expresión de la resistencia de los movimientos sociales y, en cierto modo, del éxito de las cumbres de los pueblos que venían realizándose desde la segunda Cumbre.

En tales circunstancias, la única posibilidad era que se cambiara el contenido de semejante instancia de alto nivel. No fue así; al parecer ni siquiera el poder imperial pudo entenderlo. Se llegó a la V Cumbre en Trinidad y Tobago hace tres años, como si fuera un asunto de rutina, con un borrador de Declaración bastante extenso y atiborrado de temas (y buenas intenciones) en donde lo único que faltaba era precisamente el único tema crucial: la crisis económica mundial. No hubo, por lo tanto, Declaración, mientras que la cumbre de los pueblos se concentró en la crisis y esa fue la sustancia de su interpelación a los gobiernos. Claro está, recién posesionado Obama, a todos interesaba, naturalmente, escuchar su planteamiento sobre la nueva política para la región. Sin embargo, aparte de la consabida retórica de las buenas relaciones con los vecinos, que, por cierto, tampoco se cumplió, no hubo nada sustancioso. Y así, en medio del desánimo, se convocó para este año de 2012 la sexta Cumbre en Cartagena de Indias. Entre tanto se fortalecían otros procesos de asociación y cooperación, como Unasur y ALBA. Y el más significativo de todos, la CELAC, que podría ser la alternativa más importante desde la segunda guerra mundial: la OEA sin Estados Unidos ni Canadá.


Gol de Correa


En realidad, al único que pareció interesarle la cumbre de Cartagena fue al gobierno anfitrión. A Obama, lo último que se le podía ocurrir era propiciar escenarios para formular una política para la región (nuevamente la expectativa), ya que podía introducir ruidos innecesarios en medio de una complicada campaña electoral. Para Santos, en cambio, era la oportunidad de presentarse, a diferencia de su antecesor, como el supuesto “líder latinoamericano” en capacidad de mantener buenas relaciones con los vecinos díscolos, evitando, al mismo tiempo, enfurecer a la potencia decadente. Para ello se inventó un tema insípido que podía ser del gusto de tirios y troyanos, bajo el lema: “Conectando las Américas, socios para la prosperidad”. Por “conectividad” debería entenderse, tanto el recurso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación como la construcción de la infraestructura física para la integración. No se olvidaba, desde luego, la preocupación por la “pobreza y la inequidad”. El atractivo (o gancho) en esta ocasión sería la aprobación de “proyectos concretos y financiados” para ser desarrollados conjuntamente.

Fue entonces cuando al presidente Correa se le ocurrió mencionar algo obvio: no era posible aceptar una reunión pretendidamente continental que, por exigencia de Estados Unidos, excluyera a Cuba; en su opinión era una vergüenza que los países del ALBA lo aceptaran así. El Departamento de Estado, antes de cualquier manifestación al respecto por parte de Obama, se adelantó a reafirmar su posición tradicional, invocando la OEA. Este tema había sido discutido anteriormente, en particular en la cumbre de Quebec (2001), donde se puso de presente la diferencia explícita que se había hecho entre esta instancia y el funcionamiento de la OEA, y si no se avanzó en la discusión, por lo menos de parte de la cumbre de los pueblos, fue porque resultaba un tanto contradictorio que se vinculara a Cuba a una propuesta como la del ALCA que precisamente se estaba rechazando. Pero tenía que volver a aparecer en un momento en que se trataba de redefinir el contenido de las Cumbres. Al final, el gobierno de Estados Unidos lo expresó abierta y descaradamente: “Cuba no tiene derecho a participar porque no tiene un gobierno democrático”.

La nueva declaración implicaba, por supuesto, una amenaza. Así las cosas, la Cumbre enfrentó la disyuntiva de realizarse o con Estados Unidos o con los países del Alba, con el agravante de que a los gobiernos suramericanos en su conjunto tampoco parecía interesarles mucho ya que la agenda propuesta eludía los temas fundamentales de la política hemisférica. Entre tanto, las organizaciones y movimientos sociales trabajaban para realizar, como de costumbre, una cumbre de los pueblos, con las dificultades adicionales que representa un país militarista y militarizado como Colombia. En su convocatoria se proponen destacar los temas claves de la región que se resumen en uno: la persistente presencia imperialista, tanto más funesta y peligrosa cuanto más decadente es la potencia. Sin embargo, no podían dejar de lado el cuestionamiento de fondo que se le estaba haciendo a la propia Cumbre como instancia de reunión hemisférica y que podía incluso llegar a cancelarla; en cierto modo lo que en estas condiciones había que hacer no era el evento paralelo sino impugnarla de plano. Sobra decir que la incertidumbre ha venido afectando el complejo y costoso proceso organizativo que supone la cita en Cartagena.


Los goles de Santos


Como una demostración más de su estilo astuto y sibilino, Santos viene haciendo todo lo posible por salvar su cumbre. No sin antes confirmar los acuerdos con los países “del pacífico”, por ahora México, Panamá, Perú y Chile, en la línea de los Estados Unidos que desde la posesión de Obama ha venido insistiendo en el “arco del pacífico” hacia un acuerdo “profundo” que involucre Australia y Nueva Zelanda y un grupo significativo de países asiáticos, con miras a aislar a China, Santos viaja a la Habana en donde para su fortuna se encuentra también Chávez. El gesto tiene un efecto político: ofrecer, en la práctica, un reconocimiento a Cuba, a cambio del cual le pide aceptar que es imposible invitarla porque supuestamente “no hay consenso”, como si en algún momento, en el pasado, se hubiese verificado el consenso de no hacerlo. En realidad, y no se necesita ser politólogo para descubrirlo, se trata de que Estados Unidos lo prohíbe y Santos nunca le llevaría la contraria. El gesto, de todas maneras, introdujo las dudas en el grupo del Alba, comenzando por Venezuela.

No obstante, la incertidumbre se mantiene. Ante la oferta adicional de Santos de discutir en la propia Cumbre el “tema de Cuba”, el gobierno de la isla declara que no tiene ningún interés en que se ponga allí en discusión. Es claro que no lo ve políticamente aceptable como expediente para legitimarla. Se anuncia entonces una visita extraordinaria de Evo Morales a la Casa de Nariño, a nombre del Alba. No es claro todavía, al momento de escribir esta nota, el propósito de la visita, ya que a esta altura suena ridícula la pretensión de convencer a Santos de cursar la invitación a Cuba. Sin embargo, para éste, es la ocasión de hacer otro gol.

Como se sabe, el presidente de Bolivia viene de reiterar ante las Naciones Unidas su propuesta de modificar la convención de 1961 en materia de estupefacientes y legalizar el uso de la hoja de coca. Y ya hay antecedentes, numerosas declaraciones y pronunciamientos, incluso por parte de expresidentes, en el sentido de abandonar el tratamiento de guerra, centrado en el narcotráfico, que se ha venido utilizando desde entonces, con evidente fracaso y enormes costos en vidas y tranquilidad para los pueblos. Santos ofrece entonces, modificar la agenda de la Cumbre, para introducir éste como tema central. Todo depende de que sea cierta la percepción según la cual el gobierno de Estados Unidos si bien no está dispuesto a modificar su posición, sí admite, por lo menos, abrir el diálogo al respecto.


El final del partido


En todo caso, la maniobra tiene un claro objetivo. Elevar el perfil político de la cumbre para incrementar el costo de no asistir. Un costo político que no estarían dispuestos a sufragar, por lo menos, los países andinos, de Centroamérica y el Caribe. Entre tanto, la cumbre de los pueblos se confirma. Aunque, desde luego, la ciudad amurallada haciendo honor (o deshonor) a su denominación, va a estar cercada por fuerzas militares, y controlada hasta en los mínimos aspectos de la vida cotidiana, Cartagena va a recibir miles de representantes de organizaciones sociales de Colombia y de otros países que deliberarán sobre los temas acordados y aprobarán una declaración política que, después de una movilización, será presentada ante los mandatarios como exigencia de los pueblos. El desafío consiste, no sólo en llevar a cabo la cumbre superando las dificultades de toda índole, sino en hacer visible la voz auténtica de los de abajo siendo que el gobierno colombiano, como es su estilo, se ha propuesto también organizar, bajo sus reglas y propósitos, una “participación de la sociedad civil” que, ante el mundo, ofrezca la imagen de una democracia avanzada.

Como se ha sugerido, el verdadero partido se ha jugado, y se está jugando, antes del evento oficial, antes de la flamante Cumbre de las Américas y sus conclusiones. Y no carece de interés; cualquiera sea el resultado, incluso con el sometimiento de los países del Alba, es claro que estamos viviendo un replanteamiento de las relaciones políticas en el continente. Sin duda nos esperan otros más. Por lo pronto nos queda una inquietud: ¿qué tanto puede interesarles esta cumbre a los países del Cono Sur, especialmente a Brasil?
Publicado enEdición 178
Guatemala, 22 de junio. La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, respondió a los presidentes centroamericanos que demandaron recursos urgentes para enfrentar a la delincuencia, que su país aportará 300 millones de dólares y que, en todo caso, los ricos de cada nación deberán pagar impuestos justos y ser socios plenos en este esfuerzo.
 
“La seguridad no puede financiarse con base en los pobres, la sociedad civil debe ser un socio pleno para definir e implementar soluciones de largo plazo”, planteó Clinton, quien presentó como buena noticia que Estados Unidos dará esos fondos, que en los hechos representan 40 millones de dólares adicionales a los 260 millones otorgados en 2010 a Centroamérica.
 
Sólo que en 2011 este dinero y el que aporten otros donantes, como el gobierno español, que también dijo que esta lucha iba más allá de los recursos, servirán para respaldar la primera estrategia de seguridad conjunta acordada por los presidentes de Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Panamá y Belice, así como sus invitados de Colombia y México.
 
El anuncio de Clinton no correspondió con las peticiones hechas por los mandatarios. El nicaragüense Daniel Ortega calificó de limitados estos recursos, si se considera que Centroamérica es el “punto más frágil, el talón de Aquiles” para la seguridad de Estados Unidos.
 
Demandas desesperadas
 
La ex senadora llegó hora y media después del inicio de los trabajos de la primera Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica, una vez que la mayoría de mandatarios, entre ellos el anfitrión Alvaro Colom, había hecho demandas desesperadas por incrementar la ayuda internacional a esta región, considerada la más violenta del mundo.
 
Colom se quejó de que los países centroamericanos destinan a seguridad 4 mil millones de dólares, “muchísimo dinero” comparado con las aportaciones provenientes del exterior, de 140 millones de dólares. Es decir, el respaldo internacional representa sólo uno de cada 40 dólares invertidos en seguridad.
Clinton hizo referencia a todos los cuestionamientos de los mandatarios y si bien reconoció la responsabilidad de Estados Unidos en el fenómeno del narcotráfico, advirtió que supervisarán que hagan uso apropiado del dinero y sin duplicaciones.
Dejó en claro que los recursos ya fueron etiquetados para la creación de nuevas unidades policiales, un observatorio de la criminalidad, la formación de jueces y fiscales, la promoción de una reforma fiscal y un programa de donaciones con 20 millones de dólares iniciales.
 
Indicó que Estados Unidos buscará ser observador en el Sistema de Integración Centroamericana (Sica), aunque luego aclaró que el liderazgo debe ser centroamericano, y sostuvo que así como los países de la región pusieron fin a la guerra civil hace dos decenios, también derrotarán al crimen.
 
Ante las críticas planteadas por los presidentes centroamericanos, admitió que gran parte de la demanda de droga proviene de su país y la violencia que embarga a la región amenaza también a Estados Unidos.
 
En su defensa, afirmó que el presidente Barack Obama busca que el Congreso estadunidense apruebe 10 mil millones de dólares para programas de prevención de consumo de drogas y acelera esfuerzos policiales para capturar filiales de las organizaciones criminales trasnacionales y perseguir las redes de tráfico de armas.
Los mandatarios ya habían expuesto el panorama “trágico” que enfrenta la región, cuya tasa de homicidios es 33 por ciento superior al resto del mundo.
 
Colom aseveró que están llegando al límite de su capacidad y que las bandas de criminales no han tenido freno y hasta se ha configurado un “narcoempresariado” que amenaza con colapsar las economías de sus países. El lavado de dinero es tan criminal como los mismos Zetas, la banda de narcotraficantes surgida en México, expresó.
 
Al presentar este diagnóstico, estimó que una tonelada de cocaína cuesta ocho asesinatos, “mucha sangre”. Por esa razón demandó esfuerzos para detener el tráfico de armas, disminuir el consumo de drogas y el lavado de dinero, y deslizó la posibilidad de cobrar un impuesto especial para atender esta emergencia.
La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, no se mostró partidaria de elevar impuestos para financiar esta lucha. Señaló: no podemos seguir postergando la deuda social aplicando raquíticas y regresivas cargas tributarias a las naciones, y propuso la creación de un fondo de compensación para el combate de la delincuencia trasnacional en Centroamérica.
 
Deuda pendiente de EU
 
La responsabilidad de Estados Unidos como principal consumidor de drogas y exportador de armas fue señalada con insistencia. El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, remarcó la deuda pendiente de aquel país al no haber ejercido control en la venta de armas, pero reconoció que si los delincuentes no las obtienen por la vía legal, lo hacen mediante la corrupción de las instituciones centromericanas.
Invitado junto con el presidente de México, el colombiano Juan Manuel Santos presumió la experiencia de su país en abatir el crimen y recomendó “pegarles a los narcotraficantes por donde más les duele”, mediante la creación de un centro regional contra el lavado de activos y un sistema de información de armas ilegales, porque a su nación llegan las armas hasta por el servicio de paquetería de Federal Express, agregó.
 
La reunión concluye este jueves sin la presencia de Clinton, quien se retiró de inmediato.
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El movimiento ecológico realiza acciones positivas y necesarias, pero, al mismo tiempo, alberga posiciones enormemente simplistas. Entre ellas se encuentra la propuesta del “crecimiento cero”, la idea de que la energía nuclear es la “más limpia” de todas y la consigna nuevamente lanzada durante el circo ecológica de Cancún: “O todos juntos nos salvamos o todos juntos nos morimos”.

La demanda de la moratoria del crecimiento económico abstrae, por lo general, de aspectos fundamentales del problema, como son: el crecimiento cero demográfico; la especificación de los paises dónde se implementaría la medida (¿aquellos que tienen $50.000 de ingreso per capita, como Estados Unidos, o los que tienen $300, como Haití y Honduras?); el modelo económico que con crecimiento cero lograría dar empleo formal a los des- y subempleados (más del 50%) del mundo subdesarrollado; la acumulación del poder político-militar necesario para imponer esa meta a las clases dominantes actuales.

Otras ideas erróneas son  que   la energía nuclear es la “más limpia” de todas    ---de hecho es la más letal de todas---   y, sobre todo, la consigna “O todos juntos nos salvamos o todos juntos nos morimos”, lanzada nuevamente durante la farsa climática de Cancún. Tal afirmación niega la ley que rige la evolución de los sistemas biológicos en el Planeta Azul desde hace 3.6 mil millones de años. Su primera formulación rigurosa es mérito de Charles Darwin y establece que la posibilidad de sobrevivencia de individuos y especies depende de su capacidad de adaptación a los cambios del entorno. Esa ley, conocida en inglés como survival of the fittest, ha sido verificada innumerables veces desde el inicio de la vida y ningún científico serio duda de su validez para la  absoluta mayoría de las transformaciones que ocurren en el entorno natural del ser humano.

Esta ley rige también las consecuencias para las especies que se derivan de las tendencias climáticas que estamos experimentando. Su significado real para esos fenómenos es absolutamente claro. Si el nivel de los mares aumenta, digamos dos metros, no nos vamos a ahogar todos, sino “solo” aquellos que no tienen el poder para ocupar o conquistar zonas más elevadas de su hábitat actual.

Los tres tipos de poder necesarios para conquistar esos nuevos entornos, son el militar, el demográfico y el científico-técnico. Poder militar hoy día es sinónimo de armas nucleares y, en segundo lugar, de potencial demográfico. El poder científico-técnico, como en el mito del Arca de Noé, se refiere a la tecnología disponible para la adaptación a las nuevas circunstancias, por ejemplo, la capacidad de desarrollar plantas transgénicas que sólo consumen el 30% del agua que necesitan actualmente, o de disponer de antibióticos para parar una epidemia de cólera.

La guerra por los limitados recursos del Planeta, que Darwin vinculó con intuición genial con la genética de los sistemas biológicos, determina el pensamiento de las elites en las sociedades de clase. Washington, por ejemplo, ha realizado estudios sobre las consecuencias agrícolas que tendrá para Estados Unidos un aumento de la temperatura media mundial. Uno de los resultados es que la perdida de áreas cultivables sería esencialmente cero. Debido a la gran extensión del país, las tierras cultivables que se perderían en ciertas zonas por la creciente sequía, se recuperarían en regiones pantanosas y montañosas. Este efecto se reforzaría con el desarrollo de nuevas plantas transgénicas. Pequeños países, en cambio, no tendrían ninguno de los dos mecanismos y quedarían indefensos ante el impacto climatológico.

Cuando hace alrededor de 7000 años el derretimiento de los glaciares en Europa del Norte  inundó el Mar Negro, dando origen a la leyenda del Arca de Noé, se calcula que alrededor de 140.000 personas fueron desplazadas de sus hábitats. La escasa densidad demográfica de esa época permitió sus migraciones hacia nuevas tierras. En la densamente poblada ecúmene de hoy, esas migraciones se decidirían por el poder militar, demográfico y científico en lo que la bioética llama the quest for the optimum environment  --  el conflicto por el entorno óptimo.

En la raíz del problema ecológico está la destrucción secular de la naturaleza que el capitalismo ha realizado en tres grandes pasos científico-técnicos: a partir del siglo XVIII mediante la física (máquina de vapor), desde el siglo XIX mediante la química y en el siglo XXI mediante la biotecnología (transgénicos y sustitución de la biodiversidad). Todo ese proceso ha sido autocrático, siendo el gran capital el ejecutor de la ley descubierta por Darwin. Quién quiere acabar con ese proceso secular de destrucción, tiene que acabar con el capitalismo y la antidemocracia que lo rige. Y, por supuesto, con sus ilusiones pre-científicas sobre la realidad.
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