Sábado, 16 Marzo 2019 06:33

Cinco años

Cinco años

Cinco años atrás –con lo que unos llaman incorporación de Crimea a la Federación Rusa y otros califican de anexión rusa de la estratégica península de Ucrania– comenzó el deterioro de esa suerte de matrimonio de interés que contrajeron Rusia y Estados Unidos, bajo el signo de su simbólica alianza contra el "terrorismo internacional", que al día de hoy, consumado el divorcio, tiene al mundo cada vez más cerca de una hecatombe nuclear, todavía en su fase preliminar de una ya inevitable espiral armamentista.

Evaporado el golpe de efecto que en el plano interno reinyectó popularidad al Kremlin, quedan más dudas que certezas, mientras los únicos beneficiados son los de siempre: empresarios del primer círculo presidencial que se reparten los megaproyectos federales (puentes, carreteras, hoteles, etcétera), mientras todos los habitantes del país, incluidos ancianos y menores de edad, tienen que renunciar a recibir 10 mil rublos por persona, que es su cuota del dinero destinado por el gobierno ruso para mantener Crimea estos cinco años.

En la época soviética, los responsables del aparato de propaganda inventaron los quinquenios para resaltar los avances de la economía; ahora, ningún politólogo habla de éxitos en el primer lustro posterior a Crimea, cuyo costo económico –al sumar subvenciones a la península y sanciones contra el país– sitúa a Rusia, con poco menos de 2 por ciento anual, en el lugar 176 de 193 en la clasificación mundial que elabora Naciones Unidas en materia de crecimiento económico, en tanto los ingresos reales de la población sufrieron una caída del orden de 11 por ciento.

Muchos se preguntan si valió la pena el costo político de la anexión/incorporación, sobre todo cuando ésta se escuda en un referéndum, que por ley se niega a los ciudadanos de cualquier otra región rusa.

Hay quienes creen que con la incorporación de Crimea se evitó una eventual masacre de los ucranios de origen ruso y que la alianza noratlántica ya no tendrá una base naval ahí, además de que Rusia incrementó en 0.15 por ciento (27 mil kilómetros cuadrados) su territorio, así como añadió 2 millones y medio de habitantes a su decreciente población.

Otros sostienen que, al margen de hipotéticos escenarios, Rusia sola se colocó al borde del enfrentamiento frontal con otras potencias nucleares.

 

Publicado enInternacional
Viernes, 01 Marzo 2019 08:50

Hidroituango, el trasfondo del fracaso

Hidroituango,  el trasfondo del fracaso

La imagen es dantesca: piedra sobre piedra, hasta donde la vista alcanza a capturar el entorno, y sobre las piedras, centenas de peces muertos; al fondo, el horizonte de algo que en otra época fue un bosque, y algunos pocos pobladores del lugar que con sus miradas lúgubres en su interior seguramente lloran la desolación de su presente y su futuro.

 

Si la imagen no estuviera acompañada de pie de foto, sería imposible pensar que allí, desde siglos atrás, un inmenso caudal de agua fue labrando un cañón entre montañas, en procura de un lugar para depositar esa belleza hídrica que llamamos río Cauca, Bredunco le denominaban unos pueblos indígenas y Lili otros, los cuales acudieron a él en procura de alimento, refresco y una vía para transportarse.

 

Esta infinidad de agua es en realidad mucho más que eso: es un flujo de vida, un canal de gestación y reproducción de variedad de especies, las mismas que surgen allí o alrededor de él, creando y reproduciendo un ciclo de vida que facilita la conservación de la misma, pues la existencia es un ciclo virtuoso en el cual participan de manera interrelacionada todas las especies: las acuáticas, las terrestres, los árboles y los arbustos, los plantas, los insectos, los anfibios.

 

Por estos días este caudal de líquido vital fluye en menor cantidad e, incluso, por cerca de una semana cesó en su trasegar inmemorable, contenido por una faraónica obra ideada por la especie animal que ha terminado por imponer su huella por doquier, sin miramiento sobre las demás, animales y vegetales, de gran tamaño o de mínima presencia, arrasando a su paso todo y cambiando con ello el ciclo de la vida misma, hasta desatar un gigantesco desastre ambiental que ha dado en llamar cambio climático, el mismo que dice querer detener, para ser consecuente con lo cual, poco o muy poco, realiza.

 

Inconsecuencia que tiene raíz. El ser humano cree ciegamente que la suya es la especie ‘esencial’ –antropocentrismo– y que la naturaleza es un objeto para satisfacer sus deseos y propósitos más racionales, así como los más irracionales, ofuscado por una incansable visión y una meta de desarrollo o crecimiento que hasta ahora nadie sabe exactamente en qué consiste y hasta dónde pudiera llegar. Sin embargo, ahora sabemos que ese carácter insaciable es la causa del vertiginoso avance hacia su propia autodestrucción, sin que su especie como conjunto se percate de los desastres que esa percepción de la vida le ha significado a la propia vida.

 

Es una visión sobre la vida misma impuesta por siglos, con mayor aceleramiento durante los últimos tres, y que en el caso que nos ocupa la imponen los dueños del capital, con beneplácito estatal, a pesar de los reclamos de las comunidades que habitan en el entorno, en este caso de Hidroituango. Silencio, oídos sordos, las Empresas Públicas de Medellín no escuchan los conceptos de ingenieros de varias especialidades, y con persistente proyección desarrollista y cálculos de dividendos económicos por recoger en años por venir, empecinadas en que “todo será mejor una vez realizada la obra”, prosiguen con su empeño hasta causar el desastre que tiene en vilo a 150 mil pobladores de sus áreas más cercanas, y otros miles asentados en otras más distantes, así como en tránsito de muerte, desplazamiento o afectación diversas a una infinidad de integrantes de otras especies allí multiplicadas desde tiempos inmemorables.

 

Es un desastre del cual se habla sin adentrarse en toda su magnitud, inmediata y mediata. Por ejemplo, el agua volverá a irrigar el cauce labrado durante siglos por el río Cauca, pero nunca sabremos con exactitud la magnitud del daño causado sobre un territorio sobre el cual los organismos gubernamentales permitieron que la obra avanzara sin los controles ni las seguridades de rigor. Ahora se sabe que:

 

Para despejar el área requerida por la represa fue necesario tumbar más de 4.000 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país, del cual sólo queda hoy un 8 por ciento de la extensión que tenía (nueve millones de hectáreas en los años 80). ¿Qué implica esto para el ciclo vital en este territorio y en sus alrededores, toda vez que el tiempo de evaporación de humedad, así como de lluvias, sufrirá transformaciones en el mediano y el largo plazo? ¿De qué manera incide la deforestación causada en el cambio climático? ¿Qué consecuencias tiene para el ciclo de lluvias arrasar con la capa vegetal que cubría la superficie de esta cuenca?

 

Dicen los estudios técnicos que, por efecto de lo construido y del llenado de embalses, es muy factible la eutrofización del agua (proceso de alteración de un cuerpo hídrico, a causa de una excesiva acumulación de nutrientes que se manifiestan mediante cambios en la flora y la fauna, y en la composición química del agua) y la deforestación que implica. Si así fuera en el futuro de esta cuenca, ¿qué consecuencias tiene ello para la vida que allí existe y se reproduce? ¿Cambia la composición química de los suelos? Y, nuevamente, si así fuera, ¿qué consecuencia tiene para la vida en general de quienes se nutren de tales suelos y de tal agua?

 

En el bosque allí existente viven y se reproducen en su diversidad 2.600 especies de plantas (83 endémicas), 230 especies de aves (33 endémicas) y 60 especies de mamíferos (tres endémicas). ¿Cuántas de ellas ya no se verán más?

 

La fauna que habita, vive y se reproduce en esas aguas desecadas, como peces, con infinidad de muertes por ausencia de oxígeno en su hábitat natural, y otra multitud estresada en su afán por sobrevivir o al ser capturada para llevarla a otros espacios, ¿qué será de ella? ¿Cómo será su vida/reproducción en esta parte del río? ¿Será igual que antes?

 

Hay unas especies de las que poco se habla, como los insectos, algunos de ellos polinizadores, es decir, ‘estafetas’ de la vida. Al afectarse el entorno de su hábitat, ¿qué sucederá con ellos? ¿Se conservarán? ¿o el impacto de lo allí destruido también los perjudicará hasta verse menguada de manera significativa la vida de plantas y vegetales en general, así como de reptiles y aves que encuentran en ellos parte de su alimento?

 

Ante lo que allí ocurre, ¿qué será de los miles de trabajadores del campo, barequeros y pescadores, ahora desplazados e impedidos para su labor, que garantizaban su diario sustento de lo ofertado por esta agua, así como por el conjunto de la cuenca? Como se puede deducir, estamos ante la prolongación de una visión sobre la vida y la naturaleza cuestionada por buena parte del conjunto humano global por haber llevado a la propia humanidad hasta el límite de sus posibilidades, visión reinante y potenciada por el capitalismo, cuyos defensores, con gestos de felicidad en sus rostros, señalan año tras año cómo se multiplican sus arcas a pesar del vaciamiento de la vida misma. Precisamente impuesta por el capital, la separación entre naturaleza y seres humanos, y el dominio de éstos sobre la primera, son la causa del desastre extendido sobre el conjunto de la naturaleza y que impacta de manera severa a la propia vida. A partir de todo esto podemos concluir que pensar y actuar de manera diferente o contraria a la naturaleza, es decir, a la vida, lo único que produce son desastres. Y aquí estamos, producto de esa visión, frente a uno de ellos.

 

Así es porque los potentados que se afincan en los Estados, y aferrados aún a esa concepción del desarrollo y el crecimiento sin límite, están convencidos de que habitamos un espacio vacío, el cual puede ser objeto de todas nuestras venturas, cuando lo que tenemos en la naturaleza es precisamente la vida, la cual, al ser incomprendida, nuestra especie traduce en muerte.

 

Así ha sucedido en Hidroituango, proyecto que en pleno siglo XXI va en contra de las bondades y las potencialidades de nuestro ser natural, la bella biodiversidad que habitamos y en la cual radica el mayor aporte que hacemos a la humanidad toda. Enceguecidos por el espejismo del ‘desarrollo’ y el ‘crecimiento’, los agentes del capital no ven lo que tienen ante sí, y destruyen lo sustancial, todo en aras de acumular el fetiche que, en vez de sangre, les circula por sus mentes y sus venas. Destruyen precisamente las bondades que como territorio tenemos para enfrentar en mejor forma el futuro: la diversidad genética acá palpitante y en ella el agua misma.

 

¿Es posible ponerle un límite a esta concepción utilitarista de la vida y asimismo a una de sus expresiones más recientes, Hidroituango? Para poner ese necesario tatequieto, a la sociedad le corresponde afrontar un debate que debiera ser indetenible, diseñando el modelo de vida que requerimos y exigimos como parte de la humanidad. No proceder, permanecer pasivos y mudos, es permitir que la muerte prolongue su dominio entre nosotros.

 

Publicado enColombia
Jueves, 28 Febrero 2019 17:02

Hidroituango, el trasfondo del fracaso

Hidroituango,  el trasfondo del fracaso

La imagen es dantesca: piedra sobre piedra, hasta donde la vista alcanza a capturar el entorno, y sobre las piedras, centenas de peces muertos; al fondo, el horizonte de algo que en otra época fue un bosque, y algunos pocos pobladores del lugar que con sus miradas lúgubres en su interior seguramente lloran la desolación de su presente y su futuro.

 

Si la imagen no estuviera acompañada de pie de foto, sería imposible pensar que allí, desde siglos atrás, un inmenso caudal de agua fue labrando un cañón entre montañas, en procura de un lugar para depositar esa belleza hídrica que llamamos río Cauca, Bredunco le denominaban unos pueblos indígenas y Lili otros, los cuales acudieron a él en procura de alimento, refresco y una vía para transportarse.

 

Esta infinidad de agua es en realidad mucho más que eso: es un flujo de vida, un canal de gestación y reproducción de variedad de especies, las mismas que surgen allí o alrededor de él, creando y reproduciendo un ciclo de vida que facilita la conservación de la misma, pues la existencia es un ciclo virtuoso en el cual participan de manera interrelacionada todas las especies: las acuáticas, las terrestres, los árboles y los arbustos, los plantas, los insectos, los anfibios.

 

Por estos días este caudal de líquido vital fluye en menor cantidad e, incluso, por cerca de una semana cesó en su trasegar inmemorable, contenido por una faraónica obra ideada por la especie animal que ha terminado por imponer su huella por doquier, sin miramiento sobre las demás, animales y vegetales, de gran tamaño o de mínima presencia, arrasando a su paso todo y cambiando con ello el ciclo de la vida misma, hasta desatar un gigantesco desastre ambiental que ha dado en llamar cambio climático, el mismo que dice querer detener, para ser consecuente con lo cual, poco o muy poco, realiza.

 

Inconsecuencia que tiene raíz. El ser humano cree ciegamente que la suya es la especie ‘esencial’ –antropocentrismo– y que la naturaleza es un objeto para satisfacer sus deseos y propósitos más racionales, así como los más irracionales, ofuscado por una incansable visión y una meta de desarrollo o crecimiento que hasta ahora nadie sabe exactamente en qué consiste y hasta dónde pudiera llegar. Sin embargo, ahora sabemos que ese carácter insaciable es la causa del vertiginoso avance hacia su propia autodestrucción, sin que su especie como conjunto se percate de los desastres que esa percepción de la vida le ha significado a la propia vida.

 

Es una visión sobre la vida misma impuesta por siglos, con mayor aceleramiento durante los últimos tres, y que en el caso que nos ocupa la imponen los dueños del capital, con beneplácito estatal, a pesar de los reclamos de las comunidades que habitan en el entorno, en este caso de Hidroituango. Silencio, oídos sordos, las Empresas Públicas de Medellín no escuchan los conceptos de ingenieros de varias especialidades, y con persistente proyección desarrollista y cálculos de dividendos económicos por recoger en años por venir, empecinadas en que “todo será mejor una vez realizada la obra”, prosiguen con su empeño hasta causar el desastre que tiene en vilo a 150 mil pobladores de sus áreas más cercanas, y otros miles asentados en otras más distantes, así como en tránsito de muerte, desplazamiento o afectación diversas a una infinidad de integrantes de otras especies allí multiplicadas desde tiempos inmemorables.

 

Es un desastre del cual se habla sin adentrarse en toda su magnitud, inmediata y mediata. Por ejemplo, el agua volverá a irrigar el cauce labrado durante siglos por el río Cauca, pero nunca sabremos con exactitud la magnitud del daño causado sobre un territorio sobre el cual los organismos gubernamentales permitieron que la obra avanzara sin los controles ni las seguridades de rigor. Ahora se sabe que:

 

Para despejar el área requerida por la represa fue necesario tumbar más de 4.000 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país, del cual sólo queda hoy un 8 por ciento de la extensión que tenía (nueve millones de hectáreas en los años 80). ¿Qué implica esto para el ciclo vital en este territorio y en sus alrededores, toda vez que el tiempo de evaporación de humedad, así como de lluvias, sufrirá transformaciones en el mediano y el largo plazo? ¿De qué manera incide la deforestación causada en el cambio climático? ¿Qué consecuencias tiene para el ciclo de lluvias arrasar con la capa vegetal que cubría la superficie de esta cuenca?

 

Dicen los estudios técnicos que, por efecto de lo construido y del llenado de embalses, es muy factible la eutrofización del agua (proceso de alteración de un cuerpo hídrico, a causa de una excesiva acumulación de nutrientes que se manifiestan mediante cambios en la flora y la fauna, y en la composición química del agua) y la deforestación que implica. Si así fuera en el futuro de esta cuenca, ¿qué consecuencias tiene ello para la vida que allí existe y se reproduce? ¿Cambia la composición química de los suelos? Y, nuevamente, si así fuera, ¿qué consecuencia tiene para la vida en general de quienes se nutren de tales suelos y de tal agua?

 

En el bosque allí existente viven y se reproducen en su diversidad 2.600 especies de plantas (83 endémicas), 230 especies de aves (33 endémicas) y 60 especies de mamíferos (tres endémicas). ¿Cuántas de ellas ya no se verán más?

 

La fauna que habita, vive y se reproduce en esas aguas desecadas, como peces, con infinidad de muertes por ausencia de oxígeno en su hábitat natural, y otra multitud estresada en su afán por sobrevivir o al ser capturada para llevarla a otros espacios, ¿qué será de ella? ¿Cómo será su vida/reproducción en esta parte del río? ¿Será igual que antes?

 

Hay unas especies de las que poco se habla, como los insectos, algunos de ellos polinizadores, es decir, ‘estafetas’ de la vida. Al afectarse el entorno de su hábitat, ¿qué sucederá con ellos? ¿Se conservarán? ¿o el impacto de lo allí destruido también los perjudicará hasta verse menguada de manera significativa la vida de plantas y vegetales en general, así como de reptiles y aves que encuentran en ellos parte de su alimento?

 

Ante lo que allí ocurre, ¿qué será de los miles de trabajadores del campo, barequeros y pescadores, ahora desplazados e impedidos para su labor, que garantizaban su diario sustento de lo ofertado por esta agua, así como por el conjunto de la cuenca? Como se puede deducir, estamos ante la prolongación de una visión sobre la vida y la naturaleza cuestionada por buena parte del conjunto humano global por haber llevado a la propia humanidad hasta el límite de sus posibilidades, visión reinante y potenciada por el capitalismo, cuyos defensores, con gestos de felicidad en sus rostros, señalan año tras año cómo se multiplican sus arcas a pesar del vaciamiento de la vida misma. Precisamente impuesta por el capital, la separación entre naturaleza y seres humanos, y el dominio de éstos sobre la primera, son la causa del desastre extendido sobre el conjunto de la naturaleza y que impacta de manera severa a la propia vida. A partir de todo esto podemos concluir que pensar y actuar de manera diferente o contraria a la naturaleza, es decir, a la vida, lo único que produce son desastres. Y aquí estamos, producto de esa visión, frente a uno de ellos.

 

Así es porque los potentados que se afincan en los Estados, y aferrados aún a esa concepción del desarrollo y el crecimiento sin límite, están convencidos de que habitamos un espacio vacío, el cual puede ser objeto de todas nuestras venturas, cuando lo que tenemos en la naturaleza es precisamente la vida, la cual, al ser incomprendida, nuestra especie traduce en muerte.

 

Así ha sucedido en Hidroituango, proyecto que en pleno siglo XXI va en contra de las bondades y las potencialidades de nuestro ser natural, la bella biodiversidad que habitamos y en la cual radica el mayor aporte que hacemos a la humanidad toda. Enceguecidos por el espejismo del ‘desarrollo’ y el ‘crecimiento’, los agentes del capital no ven lo que tienen ante sí, y destruyen lo sustancial, todo en aras de acumular el fetiche que, en vez de sangre, les circula por sus mentes y sus venas. Destruyen precisamente las bondades que como territorio tenemos para enfrentar en mejor forma el futuro: la diversidad genética acá palpitante y en ella el agua misma.

 

¿Es posible ponerle un límite a esta concepción utilitarista de la vida y asimismo a una de sus expresiones más recientes, Hidroituango? Para poner ese necesario tatequieto, a la sociedad le corresponde afrontar un debate que debiera ser indetenible, diseñando el modelo de vida que requerimos y exigimos como parte de la humanidad. No proceder, permanecer pasivos y mudos, es permitir que la muerte prolongue su dominio entre nosotros.

 

Publicado enEdición Nº254
Monólogo del río Cauca Nº 2  en La(mento) mayor

Yo no diré qué mano me lo arranca, ni de qué piedra de mi pecho nace: 

Yo no diré que él sea más hermoso... ¡Pero es mi río, mi país, mi sangre! Dulce María Loynaz

Yo río de tus cóleras inútiles,
oh Río, oh tú Bredunco,
oh Cauca de fragoroso peregrinar por chorreras y vocales atormentado,
indómito y bravío y de perezas
infinitesimales en los remansos
de absintias aguas quietas,
y de lento girar en espirales
Y de cauce luminoso!
Oh Cauca, oh Cauca Río.
Relato de Erik Fjordsson.
León de Greiff.


 
¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Piedad! ¡No me abandonen, ciudadanos de este hermoso suelo! Hoy, más que nunca, clamo, imploro, ruego: ¡Derriben ese muro antes de que sea tarde! Me llamo el Cauca. ¡Yo soy el Cauca! ¡Todos somos el Cauca! Los convoco a que se unan a mi rugido —cada minuto más débil— y entonemos, al unísono, un glorioso cántico de batalla, en un frente unido: «¡Yo soy el Cauca!» Esos hombres… no los quiero nombrar… —ingenieros y burócratas, trúhanes modernos y majaderos antiguos, tejidos de villana y grosera tela, echacuervos, corazón de mantequilla, con ánimo de ratón casero, de alma endurecida y pan mal empleado— desean, en su fuero interno, que yo diga, ¡ay de mi!... yo fui el Cauca. No será así.

 

Pero, ¡ay!, desfallezco en mi debilidad. ¿Quién puede sobrevivir así? Se me va el oxígeno, se me van las aguas, mi acuífero se vacía sin remedio. Y aún así, lucho, pervivo, resisto, aniquilado atrozmente a manos de tan notables cobardes, mentirosos infinitos, incumplidores de promesas y amos de ninguna cualidad que faltan a la verdad tantas veces como horas tiene el día. Soy el Cauca: portentoso, amplio, profundo, sereno y amoroso. Soy el Cauca, acompañado, nutrido, a mi izquierda, del vertiginoso Timba, del pedregoso Rioclaro, del brioso Jamundí, del manso Lilí, del helado Meléndez, del apretado Cañaveralejo, del agreste río Cali; también del Arroyohondo, del Vijes, del Mediacanoa, del río Pie-dras, del Riofrío y del Pescador; a mi derecha: del Desbaratado, del río Frayle, del Párraga, del Amaime, del Cerrito, de la cristalina e impetuosa Zabaletas, del Guabas, del apacible Sonso, del añoso Guadalajara, y del Tuluá; y también del Bugalagrande, La Paila y La Vieja. No es posible que tantos afluentes vengan a mi, a verter sus aguas cargadas de vida y en-cuentren que no hay esperanza, que todo es en vano.

 

Hoy agonizo. Muero, y conmigo, muere la vida. ¿Para qué sirven estas venas que me nutren si igual aniquilan mi corriente? Mis aguas son detenidas, estancadas por ese infame murallón. ¡Atrás, idiotas de cascos blancos, engendros de tres centímetros de estatura! ¡Quiero vivir! Al igual que quieren la vida las especies de la flora y la fauna a las que otorgo el hálito vital; al igual que perviven en mi cuenca los minerales que la nutren: el carbón, la piedra caliza, el mármol, el oro, la plata, el platino, el hierro y el amianto. Por otra parte, de mi dependen los cultivos de arroz, sorgo, yuca, café, cacao, algodón, maíz, frijol, caña de azúcar y banano; los he parido desde tiempos inmemoriales, desde antes de que llegaran esos ingenieros de cascos blancos ilustrados de una inteligencia más espesa que el engrudo de una horrible bazofia. Me enferma el solo verlos acercarse a mis aguas. En verdad, quisie-ra ahogarlos, pero no quiero contaminar más mis aguas.

 

Sí, hablo desde la rabia y desde la ira y desde el dolor que me causa el ecocidio que ellos, hombrecitos de poca valía, se empeñan en sacar adelante a cualquier precio. A ellos —el ingenioso hidalgo los llamaría traidores, descompuestos, villanos, infacundos, deslen-guados, atrevidos, desdichados, maldicientes, canallas, rústicos, patanes, malmirados, be-llacos, socarrones, mentecatos y hediondos— no parece importarles las comunidades asen-tadas aguas abajo de ese paredón de la muerte. A ellos —diría el florido bardo inglés que no son más que tumores, llagas que supuran, úlceras inflamadas en la sangre corrompida de su propio país—, no les interesa las innumerables especies de peces, entre ellas, la sardinata, el barbudo, la picuda, la cucha, el mazorco, el bocachico, el jetudo, el chango, la sabaleta, la guabina, el guachilejo y la dorada, que han muerto y siguen muriendo en las orillas desecadas de mis riberas. A ellos —sus mentes más secas que un mendrugo de bizcocho después de un largo viaje—, no les importa que un río, el segundo río de este sufrido país —pero hermoso y espléndido—, muera impunemente. Todo por la codicia infinita y arrogancia sin límites que los carcome como el orín a las latas de un carromato abandonado al salobre trópico. No sigan, por favor, dando explicaciones ni justificaciones: que la compuerta tal, que no sé qué cuarto de máquinas, que el túnel sí se cuantos, que el rebosadero tal; sus explicaciones técnicas infectan mi entendimiento y mi serena sabiduría.

 

¡Silencio! Solo admito hechos; solo concedo que mis aguas corran libremente, que ese muro sea derribado y deje de existir; que ninguna pared me detenga. Suficiente mal han hecho, dejen de empecinarse, como el más ponzoñoso de los venenos, en sacar adelante una hidroeléctrica que no tiene pies ni cabeza, que nació fallida y sigue fallida por la inmensa soberbia de querer detenerme, a la brava, a toda costa.

 

¡Apártense! ¡Aléjense! Ustedes huelen mal. Me repugna su hedor, el más horrible que alguna vez haya ofendido un noble olfato, sepan que sobre mis aguas, mis riberas y mis valles sobrenadan los dulces aromas que despiden camias, guayacanes, sarrapias, balsaminas y samanes; que, de mis laderas encañonadas, sobresalen mil especies de orquídeas, que en mi cuenca revolotean las mariposas multicolores y cantan las tórtolas, la mirlas, los periquitos, los carpinteros y graznan los patos pico de oro; que de mis arenales surge la vida, la armonía, la belleza de la naturaleza indómita.


Aquí han vivido, antes de estos tiempos aciagos, numerosas tribus autóctonas; recuerdo, cómo, hace quinientos años, habitaban estas tierras los liles, los gorrones, los chancos, los quimbaya, los carrapa, los picara, los paucura, los pozo, los arma, los anserma, los buriticá, los dabeiba, los catío. Poco o nada queda de ellos. El hombre blanco los aniquiló, los ahuyentó, los desplazó. Ahora hay poblaciones mestizas, mulatas, afrodescendientes, indígenas: gente pobre, gente honesta, gente trabajadora, gente necesitada, a lado y lado de mis riberas, que viven de lo que proveo; de lo que otorgo en mi munificencia infinita. Pero esta gente buena no puede vivir si mis aguas no bajan; no puede sobrevivir si de mí no puede sacar agua para su subsistencia; no puede comer si se acaba la pesca artesanal en mis aguas; ni tampoco puede regar sus sembradíos si, simplemente, el agua no está.

 

Es posible matar los ríos; en el mundo asesinan ríos todos los días. Yo no quiero ser uno de más de ellos. ¡Por favor! ¡Detengan a esos malvados! La acidez de su actitud des-compone las más dulces de las mandarinas, granadillas, y naranjas que se cultivan en mis riberas. Ni siquiera ellos —amos de la insolencia—, creen en la viabilidad de su proyecto. Entonces, ¿por qué tanta perversidad? Han dicho, farfullando, mascando las palabras, des-de la primera emergencia, hace ya tantos meses, que su hidroeléctrica no es viable, por tan-to, tiene más fe un coco cocido que sus cabecitas huecas; sus rostros descoloridos, forrados de mentiras, no merecen siquiera la resolana de mediodía.

 

Y, el país ¿qué hace? ¡Por qué tanto silencio? ¡Por qué tanta indiferencia? ¿Por qué tanta connivencia de la gran prensa con aquellos señores de cascos blancos en sus oficinas inteligentes? ¿Dónde están las corporaciones regionales, la autoridad nacional de licencias ambientales, el tal ministerio del Medio Ambiente? ¿Por qué tanto mutismo? ¿Por qué la prensa hegemónica distorsiona la realidad de la catástrofe ambiental, la mengua, la empe-queñece y la niega? ¿Acaso no es este el peor crimen ecológico que se ha cometido en el país? Acaso soy yo, un río que agoniza, quien tiene que recordarles el lamento de aquel hombre que dijo, en medio del desamparo: «Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista… Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.» ¿Cuántos ríos más hay que asesinar en este país, cuántos páramos más hay que aniquilar, cuántos pueblos más deben quedar sin agua, cuántos sembradíos más deben marchitarse para que alguien se levante y me ayude a derribar ese muro de la obstinación? ¿Debo recordar —¡yo, qué ironía!—, que sin agua no hay vida?

 

¡Oh, dolor! ¡Oh, desesperanza! ¡Oh, cólera infinita! Recuerdo antaño, cuando re-montaban mis dulces aguas caucanas en sus falúas, andaluces y extremeños, barbudos, allende cuidadores de cerdos, villanos y analfabetas, llegados ávidos de riqueza inmediata. A su encuentro, salían de los caños escuadrones de veloces canoas que pirueteaban en torno a las naves comandadas por los españoles. A las ballestas, arcabuces y los juramentos se oponían miles de indios emplumados que hacían llover sobre los hombres vestidos de latón —no por ello invulnerables—, las flechas, las lanzas de chonta, el polvo de ají, las hondas de majagua, las macanas de guayacán; adormilaban y confundían a los que salva-ban de la flecha envenenada con vapores y humos, provenientes de columnas de fuego encendidas con maderas verdes, o con sahumerio de ají y pimienta quemada que les provocada quemazón en los ojos. Y el ají, bajo la forma de polvo molido, lo arrojaban a los ros-tros de los españoles, ocasionándoles —hasta risa me da—, un intenso estornudo. Buscaban, los arteros indígenas, que los españoles descuidaran sus rodelas para ofrecer un fácil blanco a las fechas envenenadas. Aupados, además, por su tenebroso vocerío y el zumbido de las trompetas de balso, caían sobre los conquistadores y hundían sus naves. Mis aguas, revoltosas, tornasoladas de ocre-sepia-marrón, se los tragaban para castigar su osadía.

 

Oh, tiempos aquellos donde el hombre originario de esas latitudes era invicto, valiente y temerario ante la afrenta civilizadora. Hoy no hay —¿o me equivoco?— flechas envenenadas, ni lanzas de chonta, ni hondas de majagua; pero no soy yo, el Cauca, quien debe listar los recursos y acciones legales, sociales, populares, disponibles para desafiar la apocalíptica bestia de siete cabezas y diez cuernos que llaman dizque Hidroituango. Y, si por desventura, el derecho de los hombres, lo que llaman la ley positiva, no es suficiente, que entonces sea la ley divina, la ley eterna, la ley de la naturaleza, la ley de origen, aquella misma que asistió a Antígona, y que nunca caduca, la que se encargue de que se haga justicia.

 

¿Es demasiada osadía o altanería, pregunto, pedir que a un río —el segundo del país—, se le permita vivir? ¿Acaso es mi clamor un clamor egoísta e interesado? ¡No! Si vi-vo, viven las comunidades aledañas; si vivo, viven las aves, los peces, las flores, los árboles, los arbustos; si vivo, viven los cultivos de mi cuenca; si vivo, viven y vuelan las aves. Por eso, cuando hablo, cuando decido no callarme, lo hago porque me atormenta, mucho más que mi lecho seco y maltrecho, la vida y la alegría que se extingue en mi entorno por el súbito desecamiento al que me someten esos señores de cascos blancos desde sus supuestas oficinas inteligentes.

 

Amenazas más grandes ha enfrentado el pueblo colombiano para que se amilane hoy ante un adversario no pequeño, pero tampoco invencible. ¡Yo soy el Cauca! ¡Todos somos el Cauca! ¿Quién no es el Cauca? ¡Que nadie me deje solo! ¡Que todos expresen su indignación frente a lo que ocurre ante sus ojos! ¡Qué todos exijan justicia y reparación! Que todos sepan, también, en su generosidad infinita, perdonar, a quienes me han querido aniquilar. Mi madre, la Señora Naturaleza, sabrá lo que debe venir.

Publicado enEdición Nº254
Rusia y China se acercan cada día más, según los principales espías de EU

Hal Brands, historiador oldfashion a sus 36 años, imbuido del tóxico "destino manifiesto", comenta la apreciación de los principales espías de Estados Unidos sobre "el mayor acercamiento de Rusia y China" (https://bloom.bg/2U5DlmD).

Brands –nueva estrella inflada en medio de la orfandad de geoestrategas de EU y autor del polémico libro Las Lecciones de la Tragedia: el Arte de Gobernar y el Orden Mundial– (https://amzn.to/2BPtw5r) analiza la "evaluación de las amenazas globales de la comunidad de espionaje de Washington" ante el selecto Comité de Inteligencia del Senado, por Dan Coats, director del Espionaje Nacional (National Intelligence), y Gina Haspel, la torturadora directora de la CIA (http://bit.ly/2U3EIST).

El historiador detecta "tres tendencias que podrían alterar seriamente el paisaje global para lo peor (sic)":

1. "La cada vez más íntima relación de China y Rusia" que "están más alineados que en cualquier momento desde la mitad de la década de los años 50". Brands vaticina que esa relación "será probablemente mayor por su oposición compartida a los valores democráticos (sic) y al liderazgo global de Estados Unidos". Agrega que "Beijing y Moscú cooperan ahora en ejercicios militares y ventas de armas, arreglos energéticos y lazos económicos" que permitirán a cada uno "desafiar mejor a EU".

A mi juicio, salvo el zar Vlady Putin y el mandarín Xi, nadie sabe la profundidad y alcance de su "asociación estratégica", pero Brands se atreve a definir que se trata de una "casi (sic) alianza" que "dificulta a la potencia norteamericana tratar con cualquiera de los dos". En abono a la intimidad geoestratégica del zar Putin y el mandarín Xi, no pasó desapercibida durante el discurso del presidente ruso en la Duma, su intención de incrementar las inversiones en inteligencia artificial y big data, además de fortalecer la conectividad de la Unión Económica Euroasiática con la Ruta de la Seda, lo cual fue ampliamente difundido por el órgano oficial del Partido Comunista chino People’s Daily (http://bit.ly/2UaFKwJ).

2. Las coaliciones geopolíticas de EU se encuentran a prueba, como advierte Dan Coats, a punto de ser despedido por Trump por contradecirlo en público (http://bit.ly/2U73S36): "Algunos (sic) aliados y socios de Estados Unidos buscan una mayor independencia (respecto de este país) en respuesta a sus percepciones del cambio de las políticas en seguridad y comercio y se están volviendo más abiertos a nuevas (sic) asociaciones bilaterales y multilaterales" tanto en Europa como en Asia-Pacífico. Brands comenta que hoy lo que los politólogos denominan hedging (cobertura de riesgos) se ha vuelto más común cuando "desde Australia y Japón hasta Francia y Alemania" buscan nuevos acomodamientos que serán más pronunciados "si Trump u otro escéptico (sic) del globalismo estadunidense es elegido en 2020".

3. Los espías de EU, citados por Brands, juzgan que la "economía internacional y la política global serán profundamente configuradas por las tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la computación cuántica y la biología sintética" y "no existe garantía alguna de que Washington encabezará la rivalidad" con sus competidores Putin y Xi. Reconoce que el "liderazgo intelectual de EU en ciencia y tecnología se ha erosionado" cuando "Beijing estaría adelantada en inteligencia artificial y otras tecnologías de punta". Es evidente que el declive del dominio tecnológico de EU tendrá tremendas repercusiones geopolíticas.

En su libro anti-histórico de hace tres años Realizando el Momento Unipolar, Brands no se percató de la parusía militar de Rusia ni del ascenso imparable de China y apostó a la descabellada unipolaridad de EU que, supuso, resucitó gracias al incremento de la economía globalizada y al avance de los derechos humanos y la democracia. Más vale que Brands desaparezca este libro de las librerías porque solamente exhibe su falta de pericia prospectivista (https://amzn.to/2U59YRq).

Guste o disguste a Brands y a la Universidad Johns Hopkins, donde despacha, el mundo se está desglobalizando rápidamente y tiende al (des) orden tripolar de EU/Rusia/China.

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Rusia quiere prohibir los móviles y las redes sociales a sus soldados para eliminar pistas de sus operaciones

Sitios web de investigación se han servido del contenido de las redes sociales de los soldados rusos para confirmar su participación en conflictos

Esta medida servirá, según la Duma, para proteger a los soldados de exposiciones peligrosas ante "supuestos socios"

Varios periodistas informaron que pudieron rastrear a reclutas en zonas como el este ucraniano, donde se supone que Rusia no tenía unidades activas

El Parlamento de Rusia ha votado para prohibir a sus soldados utilizar smartphones y las redes sociales después de que una serie de investigaciones basadas en fuentes abiertas hayan revelado la participación secreta de sus fuerzas en conflictos en el extranjero.


La Duma votó este martes para prohibir a los miembros de las fuerzas armadas publicar información en la red sobre sus unidades militares, despliegues y otra información personal, incluyendo fotos, vídeos e información de geolocalización. También les prohibirán llevar smartphones y otros dispositivos con acceso a Internet o que puedan almacenar información como fotografías. Los teléfonos antiguos no estarán prohibidos.


Autoridades rusas señalan que el veto es necesario para proteger información militar secreta de servicios de inteligencia extranjeros. El texto de la nueva ley hace referencia explícita a la reciente campaña militar de Rusia en Siria.


"Mientras nuestra información no esté protegida de aquellos considerados nuestros socios, estamos indefensos. El objetivo de la legislación no es el de complicar la vida de los soldados, sino el de protegerles de exposiciones peligrosas", ha asegurado Vladimir Bogodukhov, miembro del comité militar de la Duma.


Los militares rusos acostumbran a colgar fotografías y detalles de su servicio en las redes sociales Vkontakte y Odnoklassniki para no perder el contacto con sus colegas. No obstante, esta información ha sido la causa de que se abrieran investigaciones de código abierto para seguir las actividades que realizan las fuerzas rusas que combaten de forma secreta en Ucrania y Siria, a veces en vivo.


Concretamente, los datos publicados en redes sociales han permitido a periodistas rastrear unidades activas en el sudeste ucraniano, donde Rusia aseguró que no tenía presencia militar.


Un análisis del sitio web de investigación periodística Bellingcat llegó a detectar a soldados transportando un sistema de misiles de superficie que podría estar relacionado con el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines. En un vídeo titulado Selfie Soldiers, el medio Vice News consiguió rastrear desde Rusia central a un soldado de Buryatia que había publicado fotos del este de Ucrania durante el conflicto.


Lo que suben a las redes también ha hecho más fácil el poder seguir a miembros de las fuerzas armadas rusas hasta Siria. En algunos casos, esta operación se llevó a cabo varias semanas antes de que el país anunciara su involucración en la guerra civil. Los perfiles se han utilizado también en diversas ocasiones para confirmar bajas de los soldados en el país sirio y en Ucrania, así como para elaborar informes sobre novatadas entre los reclutas.

Por Andrew Roth - Moscú

Traducido por Javier Biosca y Naiara Bellio

20/02/2019 - 18:24h

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Martes, 12 Febrero 2019 06:11

Irán seguirá con sus misiles

Irán seguirá con sus misiles

Con motivo de los 40 años del triunfo de la Revolución Islámica, el presidente iraní destacó los avances pese a las sanciones.

 

El presidente iraní, Hasan Rohani, advirtió ayer que Irán continuará desarrollando sus sistemas de misiles, ante la multitud congregada en la plaza Azadi de Teherán para festejar el 40 aniversario del triunfo de la Revolución Islámica en ese país.


En su discurso a los manifestantes reunidos en la plaza Azadi (Libertad), Rouhani desestimó los esfuerzos de Estados Unidos para aislar a Teherán y dijo que las sanciones de Estados Unidos no podrían quebrar a la República Islámica.

“La presencia de personas hoy en las calles de todo el Irán islámico significa que el enemigo nunca alcanzará sus objetivos malvados”, dijo Rohani, y agregó que el país continuará con su programa de misiles para defender al país de amenazas externas. “No hemos pedido, y nunca pediremos permiso para desarrollar nuestro arsenal de misiles mientras continuamos nuestro camino hacia el poder militar”, subrayó Rohani, quien detalló en su discurso algunos de los logros militares de los últimos 40 años. El mandatario señaló, además, que “la potencia militar de Irán es sorprendente para todo el mundo”, entre los vítores de los asistentes, que llenaron la plaza y todas las calles aledañas.


En una muestra de este poderío, el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución expuso en las calles de Teherán, escenario de ceremonias los misiles Qadr, con un alcance de 2.000 kilómetros; Ghiam, de 700 kilómetros; y Zolfeghar, de 800. Los sistemas de misiles de Irán, así como su influencia regional, preocupan especialmente a Estados Unidos, pero también a Europa y a países de Medio Oriente como Arabia Saudita e Israel. Sobre la influencia regional, Rohani afirmó que gracias al apoyo de Irán a Irak, Siria, Líbano, Palestina y el Yemen, “los enemigos no lograron una victoria”. También incidió en la intervención extranjera en Medio Oriente, en particular de Estados Unidos y aseveró que esas fuerzas foráneas “deben salir de la región”.


El año pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió retirar a su país del acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015 y reactivó las sanciones contra ese país, lo que causó daños a la economía y llevó al régimen de los ayatolás a denunciar una “guerra económica”.


“La presencia de la gente en las calles de todo el Irán islámico significa que se han arruinado las conspiraciones planeadas este año por el enemigo”, afirmó el Rohani en su discurso. A su juicio, la gran participación popular en las celebraciones de ayer demuestran que “el enemigo no alcanzará sus objetivos siniestros y la vía de la revolución continuará del mismo modo que en los pasados 40 años”.


Cientos de miles de ciudadanos salieron ayer en las principales ciudades del país para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la caída del régimen del sha Mohamad Reza Pahlevi y el ascenso al poder del ayatolá Ruhollah Khomeini, el líder de la Revolución Islámica.


Las imágenes de las cadenas de televisión estatal mostraron grandes multitudes de manifestantes con banderas iraníes y coreando lemas como “Muerte a Israel, muerte a América”, proclamas habituales desde la Revolución Islámica. “A pesar de la consternación de América, la revolución alcanzó los 40 años”, reza otra de las pancartas exhibida por los manifestantes.


La elevada asistencia a las manifestaciones convocadas por el Gobierno coincide con un momento especialmente delicado para los iraníes por el aumento de los precios, la escasez de alimentos y la alta inflación, circunstancias que provocaron anteriormente una ola de manifestaciones contra el Gobierno.


Arabia Saudita, líder sunnita de la región, y otros países árabes miran con recelo a Irán desde que la Revolución Islámica acabó con el régimen del sha, por el temor a que el ayatolah Khomeini sirviera de inspiración a los milicianos islámicos en Medio Oriente.


Irán y Arabia Saudita están implicadas en los conflictos de Irak, Yemen y Siria, donde defienden a bandos contrapuestos y profesan visiones opuestas del islam: el primero es chiita y su adversario es sunnita.

 

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El presente no perdona: el gobierno Duque y los movimientos sociales

El primer semestre del gobierno Duque ha tenido a la protesta social como uno de sus protagonistas, en gran medida aunque no exclusivamente debido al paro universitario, que tras más de dos meses de movilización consiguió un acuerdo para mitigar la crisis de financiamiento de la educación superior pública. Los organizadores de esta protesta presentaron el acuerdo como una victoria. En efecto, este desenlace parcial es contraintuitivo si se tiene en cuenta el sesgo antiprotesta del gobierno, que se ha manifestado en iniciativas tendientes a “regular” este derecho y, sobre todo, en la exagerada criminalización y represión.

 

En el auge de la protesta convergen factores estructurantes del escenario político incluso desde el anterior gobierno, como el cierre del sistema político institucional y de la política electoral, cada vez percibidos como más corruptos, menos representativos e insuficientes para dar trámite a las demandas de distintos sectores sociales, aplazadas por décadas debido al conflicto armado pero ubicadas con fuerza en la agenda pública durante las negociaciones de paz. Sin embargo, quizás el principal elemento explicativo del ascenso de la protesta es la frustración de las reivindicaciones de transformación social y política, presentes tanto entre los votantes de Duque como entre los de sus opositores.

 

Los problemas del gobierno Duque no se explican principalmente por su falta de liderazgo o experiencia, como han advertido algunos analistas, sino por su carácter anacrónico: se trata de un gobierno que ha calcado sus marcos cognitivos y estrategias de lo que fueron los dos gobiernos de Uribe en un contexto radicalmente distinto.

 

La dominación por el espectáculo

 

En primer lugar, la dominación por el espectáculo: un modo de gobierno que apuesta por resolver los problemas reales del país a partir de cortinas de humo, para tapar un escándalo con otro, y de una estrategia de comunicación política que se esfuerza por vender una imagen popular del presidente. La frivolidad de Duque, quien ha tenido más tiempo para departir con personajes de la farándula, jugar pelota o cantar, que para dialogar con los estudiantes en paro o apoyar la agenda legislativa producto de la consulta anticorrupción, no es para nada accidental. Muy probablemente, si a Uribe se le hubiera dado hacer “cabecitas” con el balón o trovar, no lo recordaríamos tomando tinto encima de un caballo o nadando en un río.

 

La estrategia ha resultado ineficaz, no solo porque es una segunda parte mala, comedia más que tragedia, sino porque desde que se implementó a principios del gobierno Uribe el panorama ha cambiado: el expresidente se reeligió con mayorías y nunca tuvo una oposición con más de ocho millones de votos, lo que muestra que su liderazgo ha ido sufriendo un lento pero real descenso y que el actual gobierno no cuenta con el mismo respaldo.

 

Además, si bien el uribismo, y a su lado los sectores más retardatarios de las élites políticas y económicas, conservan el dominio de los medios de comunicación, fuentes alternativas casi inexistentes hace tres lustros, como las redes sociales virtuales, funcionan como un contrapeso muy relevante. La movilización social, el creciente descontento no son un asunto mediático: el panorama se ha transformado mucho desde cuando Uribe envió a cada uno de sus potenciales votantes una carta con los 100 puntos de gobierno, en 2002.

 

Aunque en general las redes funcionan como un terreno en disputa como cualquier otro, no es menos cierto que en muchos casos determinan la agenda informativa hasta el punto de que los medios de comunicación convencionales y tradicionales se ven obligados a replicar lo que sucede en las ellas. Medios de comunicación como RCN, anteriormente volcado totalmente a acompañar el gobierno Uribe, hoy experimenta su peor crisis. En fin, a juzgar por las encuestas, el fracaso de esta estrategia no solo ha dado por resultado un récord en lo que a la (im)popularidad de Duque se refiere sino que ha minado la del expresidente mentor.

 

Contrainsurgencia en tiempos de paz

 

Un segundo aspecto anacrónico del actual gobierno es su apuesta contrainsurgente, pues no solo es totalmente contraria a la implementación de los acuerdos de paz que la mayoría de la sociedad reclama, sino que le ha impedido hacer una lectura objetiva de la transformación experimentada en el escenario político después del acuerdo de paz.

 

Respecto de problemas como la protesta social, las garantías para la oposición y la implementación de los acuerdos de paz, el gobierno parece leer la realidad política en los mismos términos en que lo hacía la retórica justificatoria de la “seguridad democrática”: reactivando un imaginario contrainsurgente, la creencia en que existe un “enemigo interno” conspirando contra el orden social. Este imaginario tomó fuerza durante la campaña presidencial, cuando incluso líderes alternativos replicaron el discurso uribista en contra del “castrochavismo” representado por el candidato Gustavo Petro, y en la práctica significó una estigmatización a cualquier propuesta de cambio, especialmente si viene de la izquierda.

 

Ese hecho es comprensible si se tiene en cuenta que el uribismo debe su legitimidad a la guerra y, en consecuencia, necesita con urgencia reemplazar el enemigo absoluto que representó la guerrilla de las Farc. De ahí el retorno de una política antidrogas centrada en la represión, las amenazas tácitas y explícitas de guerra con Venezuela, el hecho de que más que programas para la construcción de la paz existan ambiciosos planes e inversiones militares y el sesgo anti-protesta.

 

Desde el comienzo del gobierno, tanto los discursos del Presidente como los del ministro de defensa se mostraron explícitamente contrarios a la protesta, reduciendo el ejercicio de un derecho constitucional a la generación de odio y desorden, a la afectación de terceros y acusando a las organizaciones de recibir financiación de “grupos armados”. De esa manera, el gobierno erigió la protesta en uno de esos enemigos con los que intenta usufructuar algo de legitimidad. En esta perspectiva debe entenderse el llamado a “regular” la protesta social, la exagerada represión que sufrió el paro universitario e incluso el hecho de que los asesinatos de líderes sociales (más de 30 en lo que va del gobierno) aun no se reconozcan como un problema “sistemático”.

 

Pedir una mayor “regulación” del derecho a la protesta en un contexto en donde repertorios de acción básicos como el bloqueo de vías están catalogados como conductas punibles, con altas penas y un amplio margen de interpretación que beneficia a las autoridades, solo puede catalogarse de absurdo. Esa misma consideración merece el argumento de que las protestas benefician a minorías en detrimento de los derechos de las mayorías, porque desconoce que cuando la protesta tiene lugar es debido a que determinados sectores sociales no tienen más recurso para hacerse oír, pero además está basado en una idea antiliberal de la democracia que no favorece los derechos de las minorías. Si se aceptara ese argumento, habría que prohibir o “regular” también los gremios que cabildean en función de sus intereses particulares. Pero el gobierno es consciente de que lo único que escapa a aquello que garantiza su gobernabilidad, la “mermelada”, es la protesta social y por eso hará todo lo que esté a su alcance para deslegitimarla y restringirla.

 

La escalada represiva

 

La guerra funcionó como un obstáculo insalvable para la representación de diversas reivindicaciones de resolución de los problemas estructurales que la desencadenaron –redistribución de la tierra, participación política, etc.-. Es lógico que una vez mermada la confrontación esas reivindicaciones emerjan y que lo hagan de la única manera que pueden hacerlo en un contexto de cierre del sistema político institucional: la protesta. Construir o consolidar la paz pasa necesariamente por garantizar el derecho a la protesta social, precisamente como una vía para la resolución de dichos problemas estructurales que estuvieron en la raíz de la guerra. Por esa razón, un tercer anacronismo del gobierno Duque es la descomunal represión que ha demostrado frente a la protesta, en particular frente al paro universitario.

 

Las marchas estudiantiles fueron tratadas como si fueran actos de guerra y como si sus participantes fueran insurgentes, más que ciudadanos ejerciendo un derecho. No solo fueron contrarrestadas con todo el poder de fuego del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), que dejó una cantidad no determinada de heridos, entre ellos tres estudiantes que perdieron uno de sus ojos cada uno por causa de lo que solo puede calificarse de sevicia en el uso de las armas “de letalidad reducida”, sino que incluso fueron infiltradas por agentes de la Policía no uniformados, como si en realidad representaran una amenaza para la seguridad del Estado y el orden social. Si bien es cierto que el Esmad ya antes ha demostrado que no es un cuerpo para garantizar derechos sino para conculcarlos a la fuerza, en esta coyuntura la represión está totalmente articulada a la estigmatización de la protesta y al retorno del discurso contrainsurgente en el alto gobierno.

 

La desproporción con la que se trató la movilización universitaria no habría sido notoria de no ser por la apuesta explícita de las organizaciones estudiantiles por las manifestaciones sin violencia y los repertorios de acción lúdicos y expresivos. Inicialmente, se retomaron repertorios exitosos en la movilización de 2011 como los abrazos y la entrega de flores a los policías, apostando por evitar así la represión. El 24 de octubre de 2011 el abrazo espontáneo de policías por parte de estudiantes en una manifestación en la Plaza de Bolívar de Bogotá, sorprendió tanto a la Policía como a los medios de comunicación, hasta el punto de que la revista Semana incluyó como su portada una fotografía del suceso, y contribuyó a afincar la legitimidad y el respaldo social al movimiento estudiantil.

 

En contraste, lo que demuestra la represión en 2018 es que tanto la policía como los medios aprendieron la lección: una vez que fracasó la treta de negociar con los rectores, con la que el gobierno pretendió desactivar la movilización, se incrementó notablemente la represión y en los medios predominó el “vandalismo” y los “disturbios”, que por lo demás son ocasionados por la intervención violenta de la fuerza pública, en lugar de la información de fondo sobre las protestas y sus reivindicaciones. De manera que, si se pudiera extraer una lección para los movimientos sociales sería la necesidad de innovar en los repertorios de acción para hacer frente a la represión, cosa que no es nada fácil pues muchas veces –incluyendo el abrazo a los policías- resulta más de la espontaneidad que de la planeación estratégica.

 

Horizontes despejados

 

A corto plazo los costos para la protesta social en términos de represión no se van a reducir. Sin embargo, no es muy probable que las movilizaciones disminuyan. Paradójicamente, su disminución está en función de la capacidad que tenga el gobierno Duque para regresar al presente y reconocer los aspectos estructurantes del contexto político posterior al acuerdo de paz.

 

En la medida en que el gobierno insista, como lo ha hecho, en “volver trizas” los acuerdos de paz y en ese empeño cuente con el respaldo de la mayoría de la clase política, dejará como única alternativa para escuchar la voz de los excluidos a la protesta. Lo más probable es que la moderación de Duque llegue por la vía de la desarticulación de su coalición inicial, debido al carácter escaso de la “mermelada” con que está pegada. Pero en ese caso abriría oportunidades políticas para los movimientos sociales, que tendrían más posibilidades de encontrar aliados en el terreno social o en el político.

 

En el auge de la protesta social confluyen vectores estructurales que tarde o temprano requerirán una respuesta más allá de la represión. En el terreno sociopolítico, han salido a flote, para no sumergirse nuevamente, demandas bloqueadas durante medio siglo a causa de la guerra y que no se limitan a la implementación de los acuerdos, aunque eso puede en última instancia articularlas. La creciente desigualdad, que ubica al país en los primeros lugares del ranking hemisférico, no va a resolverse a punta de “economía naranja” o reformas tributarias regresivas. Los conflictos socioambientales tampoco se van a resolver restringiendo los mecanismos de participación y consulta a las comunidades afectadas.


Pero sobre todo existe una población mayoritariamente joven que ha empezado a experimentar una frustración ante la falta de alternativas vitales. En efecto, el 68,3 por ciento de la población del país se ubica en el rango de edades entre 15 y 64 años. Como ocurre en el campo de los movimientos sociales, la franja más joven intenta tomar el relevo generacional en los distintos ámbitos, pero se encuentran con bloqueos de distinto tipo y falta de oportunidades para desarrollar sus capacidades. Para no ir más lejos, Duque hizo campaña ofreciendo un relevo generacional que no se ve por ningún lado. Tampoco es casual que en esta coyuntura la mayor fortaleza la haya demostrado el movimiento universitario.

 

El desafío para los movimientos será armonizar el descontento social que producen esos vectores estructurales con la esfera política. Como es bien sabido, las organizaciones de los movimientos sociales tienen fuertes vínculos con organizaciones políticas y partidos de izquierda. Por esa razón, las competencias electorales y la división de los actores políticos que conllevan siempre se han traducido en la desarticulación de los movimientos sociales. El escenario ideal sería una articulación de los esfuerzos en los dos ámbitos, el social y el político propiamente dicho, pero incluso evitar que los movimientos sociales se desestructuren en función de las disputas partidistas y electorales puede crear los espacios y los incentivos para que los problemas sociales mencionados se expresen por vía de la protesta.

 

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Publicado enEdición Nº253
Miércoles, 14 Noviembre 2018 05:47

Un ejército europeo para Merkel y Macron

Un ejército europeo para Merkel y Macron

“Tenemos que trabajar por una visión para crear un día un auténtico ejército europeo”, señaló la canciller. Coincidió así con planteos similares presentados por su par francés.

 

La canciller alemana, Angela Merkel,apoyó ayer el proyecto de crear un Ejército europeo, aunque sin ofrecer propuestas concretas, en un discurso ante la Eurocámara en Estrasburgo en el que presentó su visión de futuro para la Unión Europea. “Tenemos que trabajar por una visión para crear un día un auténtico Ejército europeo”, señaló la canciller, que coincidió así con planes similares planteados hace unas semanas por el presidente francés, Emmanuel Macron.


“Un ejército común europeo demostraría al mundo que nunca más volverá a haber una guerra entre países europeos”, añadió Merkel en un discurso que se vio interrumpido por abucheos, sobre todo por parte de eurodiputados de extrema derecha. Merkel consideró que un Ejército europeo podría constituir un buen complemento a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Además, la UE debería desarrollar una política común de exportación de armamento.


Recientemente, otras voces en Alemania habían apoyado la iniciativa, como Andrea Nahles, la líder de los socialdemócratas, socios de gobierno de Merkel, y de su correlegionaria y posible sucesora al frente de la Unión Democristiana (CDU) Annegret Kramp-Karrenbauer. Merkel respaldó así la propuesta del presidente francés Macron, que la semana pasada insistió en la creación de ese ejército para tener más independencia de Estados Unidos. “Lo que no me gustaría es que los países europeos aumentaran su presupuesto en defensa para comprar armas a Estados Unidos o a otros países”, dijo además el domingo a la emisora estadounidense CNN.


Sus palabras desataron las críticas inmediatas del presidente de ese país, Donald Trump, que ayer volvió a arremeter contra el mandatario galo. “Emmanuel Macron sugirió la creación de un Ejército propio para defender a Europa de Estados Unidos, China y Rusia. ¿Pero qué le ocurrió a Francia cuando Alemania actuó en la Primera y Segunda Guerra Mundial? En París estaban empezando a aprender alemán antes de que Estados Unidos llegara. ¡Paguen por la OTAN o no!”, dijo, reiterando una vez más su exigencia de que los europeos aumenten su contribución económica a la alianza atlántica.


No está claro, sin embargo, cómo podría ser ese Ejército propuesto por Macron. Según la propuesta de Francia, podría empezar por una tropa creada por un número reducido de países que interviniera en crisis, por ejemplo en el continente africano. En una siguiente etapa podría ampliarse el proyecto de un “auténtico Ejército europeo”.


Sin embargo, el gobierno alemán no está del todo de acuerdo con la propuesta de Macron porque quiere crear la tropa de intervención fuera del marco de la UE, con el objetivo de incluir a los británicos, que se saldrán del bloque en 2019. “Un ejército europeo debe crearse dentro de la Unión Europea, para eso creamos el año pasado la Unión de Defensa Europea”, dijo la ministra del ramo alemana, Ursula von der Leyen, la semana pasada, dejando claro que la decisión de intervención de las tropas tendría que seguir estando en manos de los Estados y Parlamentos nacionales. En lugar de un ejército europeo, el lunes habló de un “ejército de europeos”.


La UE cuenta desde 2007 con tropas de reacción ante crisis, pero nunca intervinieron, entre otras cosas porque son en su mayor parte los países que aportan los tropas los que deben asumir los costes. En su discurso, Merkel reiteró también su idea, ya presentada el pasado verano (boreal), de un Consejo de Seguridad europeo con miembros rotativos, al tiempo que pidió determinación a los países miembro.


Durante su discurso, la canciller alemana subrayó la importancia de la solidaridad europea y consideró que el alto endeudamiento o las limitaciones en el Estado de derecho en algunos países dañan a todo el bloque. El euro sólo puede funcionar si cada uno de sus miembros cumplen sus responsabilidades a la hora de tener finanzas saneadas en casa, dijo en una indirecta alusión a Italia, horas antes de que se cumpla esta medianoche un plazo de Bruselas a ese país para que revise su presupuesto y rebaje su objetivo de déficit para 2019, que la UE considera demasiado elevado.

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Domingo, 11 Noviembre 2018 05:58

Trump se ofende e insulta

Trump se ofende e insulta

Su anfitrión francés habló de formar un ejército europeo y el visitante se empacó, lo atacó por Twitter y se abrió de las conmemoraciones. Un momento de extrema vulgaridad en una ceremonia solemne.

 

Antes de que pisara el suelo de Francia el presidente norteamericano Donald Trump lanzó su bomba envenenada desde Twitter contra el jefe del Estado francés, Emmanuel Macron. Junto a decenas de otros jefes de Estado y de gobierno, Trump viajó a Francia para participar en las conmemoraciones de los 100 años del Armisticio, es decir, el fin de la Primera Guerra Mundial. El multilateralismo del evento seguramente le provocó una indigestión de rabia que hizo explotar en su cañón preferido, Twitter: “el Presidente Macron acaba de sugerir que Europa construya su propio ejército para protegerse contra Estados Unidos, China y Rusia. Esto es muy insultante, pero tal vez Europa debería primero pagar su contribución a la OTAN a la que Estados Unidos subvenciona ampliamente”.


Poco le importó a la diplomacia de verbo grosero el marco consensual y reconciliador de las ceremonias. Cuando llegó a París y se reunió con Macron, Trump tenía cara de haber dormido con pesadillas. Las imágenes de los dos responsables muestran a un Trump insolente, vulgar, desafiante mientras su homólogo trata de disipar el efecto con modales de alta costura. Trump se molestó con las declaraciones que hizo Macron hace unos días donde el mandatario decía: “los europeos sólo estarán protegidos si se decide la creación de un verdadero ejército europeo. Debemos protegernos ante China, Rusia, e incluso ante Estados Unidos”.


Según Trump, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial Europa se protege bajo el paraguas norteamericano sin pagar el precio justo. Luego de este primer episodio antagónico que no fue más que el preludio a muchos otros, la presidencia francesa explicó que el famoso “ejército europeo” evocado por Macron no apuntaba hacia los Estados Unidos y que, por consiguiente, hubo una “confusión” en la forma con que se interpretaron las palabras del Presidente francés. Macron abrió más tarde los paracaídas para desactivar una controversia que se agregó al clima de ímpetu y abismos profundos que separan a Estados Unidos y el Viejo Continente desde que Trump llegó a la Casa Blanca. Macron sacó los violines para ejecutar la melodía de la conciliación.


En el encuentro que mantuvo con Trump dijo: “debemos compartir mejor la carga en el seno de la OTAN”. Los dos responsables teatralizaron las reiteradas frases de “convergencia”, “amistad” y “alianza” tan comunes cuando las relaciones son ásperas. Nada ocultará sin embargo la ruptura radical que existe entre uno y otro lado del Atlántico. OTAN, medio ambiento, políticas multilaterales, relaciones comerciales, postura ante Irán, comercio mundial y filosofía de la gobernabilidad, no existe ningún tema donde los europeos y los norteamericanos compartan el más mínimo principio. El presidente Macron es un adepto de los evangelios multilaterales y Trump detesta el multilateralismo.


Trump no sólo se expresa como un malcriado sino que, además, manifiesta su desacuerdo boicoteando el acontecimiento central que rodea las conmemoraciones. Uno de los momentos más fuertes de estos dos días es el foro internacional sobre la paz y la gobernabilidad mundial. Este encuentro es, de hecho, una tribuna ideal de la defensa del multilateralismo. La delegación norteamericana se lo tomó muy a pecho y decidió no participar en el foro. En vez de acudir a la cumbre, Trump irá el cementerio norteamericano de Suresnes, en las afueras de París. Este sábado, ni siquiera se animó a desafiar el frío que hacia en el Norte de Francia y a último momento anuló la visita prevista al cementerio de la localidad de Bois Belleau.


La diplomacia francesa había preparado el foro con la intención de hacer del foro una suerte de “Davos” dedicado a la seguridad colectiva y no a la economía, como es el caso del foro de Davos que se lleva a cabo en Suiza. Justin Vaïsse, el presidente del foro por la paz, explicó que se necesitaba la presencia “ de ONG, empresas y fundaciones para tratar temas como el cambio climático, la gobernabilidad de internet, la inteligencia artificial o el desarrollo de los Estados. Este foro es un lugar de defensa y de adaptación del multilateralismo”.


La acción colectiva es la palabra envenenada para Trump. Con su propia agenda de ogro solitario contra el mundo y una actitud de patotero en jefe del patio planetario, Trump sembró su mal humor en un acontecimiento que tiene varios ejes: uno de los principales es volver a reafirmar el carácter irreversible de la reconciliación franco alemana. Por ello, Macron y la canciller alemana Angela Merkel acudieron a Rethondes, un predio despejado cercano a la localidad de Compiègne, al norte de París, donde, el 11 de noviembre de 1918, en el vagón de un tren, se firmó el Armisticio que selló la paz luego de cuatro años de una de las guerras más cruentas del Siglo XX. Países vencedores y países vencidos se hicieron presentes así como las naciones que surgieron con el desmembramiento de los imperios que siguió al conflicto mundial. La primera potencia mundial miró hacia otro lado.


Incluso lo que en un momento se evocó como casi seguro, tampoco se plasmó enla realidad: no habrá en Francia una cumbre entre Trump y el presidente ruso Vladimir Putin. Según deslizaron fuentes presidenciales francesas, el encuentro Trump-Putin no tuvo lugar debido a “la escasa predisposición norteamericana”. La memoria del Armisticio de 1918 habrá servido al final para poner en escena de forma cinematográfica la discordia entre Washington y las capitales europeas. Al principio de su mandato iniciado en 2017, Emmanuel Macron activó lo que se llamó “la diplomacia del beso”. Gestos efusivos de amabilidad, cuidadosos honores diplomáticos y guiños afectuosos se congelaron con el tiempo. “Nos fuimos haciendo buenos amigos”, dijo Trump ante Macron. Una frase de plástico. La distancia quedó retratada en la frialdad que rodeó el saludo oficial entre los dos presidentes en las escaleras de la presidencia francesa. El próximo foco multilateral donde Trump estará presente es la cumbre del G20 que se celebra a finales de mes en la Argentina. Ya debe estar pensando con que descortesía sepultará lo poco que va quedando del sistema internacional hecho de pactos y consensos que se plasmó luego de la Segunda Guerra Mundial.


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