Un hombre usa un puntero para explicar el mapa de la nueva capital egipcia. - MOHAMED EL-SHAHED / AFP


La ciudad promete convertirse en la primera urbe inteligente del país, y de momento sólo está previsto que se trasladen hasta allí los sectores más elitistas de la sociedad.


Abandonando El Cairo por una de las carreteras que conducen hacia la ciudad costera de Ain Sokhna, en el Mar Rojo, un puesto de control despunta en solitario a medio camino. Enfrente, un aburrido grupo de jóvenes uniformados custodia lo que parece ser solo el vasto y vacío desierto que se abre paso detrás de ellos.


A escasos kilómetros de la caserna, algunos edificios monumentales se empiezan a erigir en el páramo sin aparente coherencia. A simple vista podrían parecer un espejismo, pero los carteles que se alzan junto al asfalto les delatan. Las obras son parte del proyecto más avaricioso del régimen del ex jefe del Ejército y actual presidente de Egipto, Abdel Fatah Al Sisi: una nueva capital de 714 kilómetros cuadrados construida desde cero en el desierto, a unos 35 kilómetros al este de El Cairo y a unos 60 de la ciudad de Suez.


Fue durante una conferencia económica celebrada en Egipto a mediados de marzo de 2015 cuando saltó la noticia. Sin ningún tipo de consulta previa, el entonces ministro de Vivienda y actual primer ministro del país, Mostafá Madbuly, hizo pública la decisión del gobierno de construir una nueva ciudad que sustituiría El Cairo como capital del país.


Esquivando la espontaneidad que da forma y carácter a los barrios de ciudades como El Cairo, la futura capital de Egipto estará dividida en distritos temáticos que prometen convertirla en una urbe tan funcional como controlable. Haciendo las delicias del régimen, el espacio para la improvisación urbana, muy común en El Cairo, va a ser nulo.


Por si el proyecto base no fuese suficientemente ambicioso, las autoridades anticipan que la nueva capital será la primera ciudad 2.0 del país. El control inteligente del tráfico, las casas inteligentes o la gestión inteligente de recursos son algunas de las promesas de sus responsables, que aseguran que también habrá cámaras de vigilancia por toda la urbe.


Debido a la gran superficie reservada para el proyecto, todos los esfuerzos se concentran ahora en la primera fase de un total de tres. Estos 168 kilómetros cuadrados iniciales, sin embargo, se convertirán en el corazón de la ciudad, albergando los grandes centros de poder político y económico, y tendrán un coste de entre 20.000 y 25.000 millones de dólares.
Será también en esta primera fase donde se encontrarán algunos de los sueños más megalómanos del régimen, como la mezquita con más capacidad de Egipto y la catedral más grande de Oriente Medio, ambas ya construidas. Y totalmente vacías. Asimismo, la futura capital debería contar con la mayor ópera de Oriente Medio, la torre más alta de África, o una zona verde dos veces más extensa que el Central Park de Nueva York, que atravesará el centro de la ciudad imitando el paso del río Nilo por El Cairo.


Este multimillonario plan se está construyendo, según la versión oficial, con el dinero obtenido a través de la venta anticipada del terreno, y los responsables insisten en que no reciben fondos de las arcas del Estado y que el Ejército se limita a supervisar su ejecución. En la práctica, no obstante, ambas cuestiones resultan hasta cierto punto un enigma.


En este sentido, el Ministerio de Vivienda posee el 49% de la empresa encargada de desarrollar la urbe, y el Gobierno asume el coste de, al menos, el distrito gubernamental. Por otro lado, las filas castrenses ostentan el otro 51% de la compañía, son las promotoras de algunas partes de la ciudad y, aunque no construyen nada, es difícil pensar que su imperio económico no se beneficia indirectamente de unas obras tan gigantescas.


Lo que tampoco está claro a estas alturas es el calendario, puesto que en los últimos meses los responsables de las obras han pasado de señalar el año 2021 como fecha para finalizar la primera fase del proyecto a apuntar hacia 2024. Aun así, la presión que cargan sobre los hombros los cerca de 200.000 trabajadores que se desplazan cada día hasta el lugar es importante, puesto que las autoridades quieren trasladar allí cuanto antes el Parlamento, los ministerios y la Presidencia.
La capital de la élite


La principal razón argüida por las autoridades para justificar la nueva ciudad es que El Cairo es un caso perdido y que una nueva capital permitiría evitar los errores cometidos allí y al mismo tiempo ayudaría a descongestionarla. “Necesitamos urgentemente la nueva capital”, asegura El Husseiny, portavoz de la Nueva Capital Administrativa para el Desarrollo Urbano (ACUD), la empresa a cargo del proyecto. “El Cairo está superpoblada, hay mucho tráfico y la infraestructura ya no es útil para sus ciudadanos”, agrega el militar, en un intento de justificar las obras.


Para lograrlo, los planes de la nueva ciudad pasan por albergar, cuando se haya terminado, un total de seis millones y medio de habitantes y 1.750.000 empleos. La viabilidad de estas cifras, no obstante, resulta muy cuestionable, y en cualquier caso insuficientes.


Egipto cuenta con un largo historial de nuevas ciudades, especialmente diseñadas en la órbita de El Cairo, que se han ideado para descongestionar la capital y han acabado no solo fracasando estrepitosamente en el intento sino centralizando aún más el país. En este sentido, las ocho nuevas urbes ideadas alrededor de El Cairo desde los años setenta aspiraban acoger 16 millones de habitantes y ahora apenas alojan un 8% de ese objetivo.


La nueva capital no parece que vaya a ser una excepción, ya que por ahora no se sabe ni cuándo se construirán sus dos siguientes fases, donde está previsto que se concentren la mayoría de los barrios residenciales, y hay quien teme que esas obras nunca arrancarán. Además, en la primera fase del proyecto no habrá vivienda social, lo que reduce el espectro de potenciales residentes a las clases altas del país.


Incluso en un escenario en el que se cumplen los números prometidos inicialmente para la nueva ciudad, ésta sería incapaz de aliviar la presión sobre El Cairo. Así, en los próximos diez años, está previsto que el Gran Cairo crezca en cinco millones de habitantes y que 1.680.000 jóvenes entren en la edad de trabajar, de modo que la nueva urbe apenas sería capaz de absorber ese incremento cuando aún le faltarían muchos años para terminar completamente las obras.


“Necesitamos otra ciudad importante, sea o no capital, pero ya existen ciudades que tienen la infraestructura y el potencial para convertirse en un centro importante, alejado de El Cairo y que permita descentralizar, disminuir su población y empezar a tener cierta migración hacia [allí]”, observa un arquitecto de El Cairo en condición de anonimato.


Por estos motivos, muchos egipcios consideran que el principal objetivo del régimen con la nueva capital es alejarse de Gran Cairo, donde viven unas 24 millones de personas, y recluirse en una ciudad diseñada bajo una lógica securitaria que permita evitar que el colapso sufrido durante la Revolución de 2011 vuelva a repetirse. “La nueva capital va a ser una ciudad militar, a la que el régimen va a llevarse a sus seguidores mientras hace que físicamente sea muy difícil llegar hasta ellos”, prevé el reputado urbanista David Sims. “Es un sueño para un gobierno autoritario”, agrega.


En esta línea, los actuales progresos de la nueva capital están teniendo lugar mientras el Parlamento egipcio está inmerso en un proceso de enmiendas constitucionales. Cuando éstas se aprueben en un referéndum popular previsto dentro de pocos meses, se establecerá en el país un nuevo orden político que cimentará aún más en el poder a Al Sisi y al Ejército. Cuando llegue el momento, un búnker les estará esperando. “La nueva capital solo se construye con la lógica de asegurar el nuevo régimen”, considera la antropóloga urbana Omnia Khalil, que concluye: “No quieren que un enero como el de 2011 vuelva a suceder”.

Por MARC ESPAÑOL
@mespanolescofet

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Sábado, 30 Marzo 2019 06:17

Terrorismo, un concepto vacío

Terrorismo, un concepto vacío

Los criminales ataques contra dos mezquitas de Nueva Zelanda, si bien han sido ampliamente condenados, han suscitado también vivas polémicas en las redes sociales, pues ciertos responsables políticos, determinados media e intelectuales calificaban a regañadientes a Brenton Tarrant, el autor de la masacre, como terrorista. 

Numerosos comentaristas han subrayado que tal timidez no aparecía jamás cuando se trataba de calificar al responsable musulmán de este tipo de acciones sanguinarias.


Sin embargo, más allá de estos justificados reproches que señalan a la islamofobia dominante en Occidente, habría que reflexionar sobre el término terrorismo, que se ha vuelto de uso tan corriente que ya nadie se pregunta verdaderamente sobre su significado y que parece ser utilizado para desacreditar toda violencia de carácter político.


Desacreditar a los movimientos de liberación nacional


Un pequeño repaso histórico permite sin embargo aclarar el debate. El calificativo de terrorista se ha aplicado a grupos muy diferentes, cuyas ideologías políticas cubren un amplio espectro que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda: desde grupúsculos fascistas italianos de los años 1970 a los Tigres tamiles, pasando por el Ejército Republicano Irlandés (IRA) o la organización separatista vasca ETA. Ponerles en el mismo saco resulta una simplificación primaria.


Para comprender las razones de su acción, hay que estudiar concretamente la situación en la que se han desarrollado; ninguno se reclama del terrorismo o hace del terrorismo su objetivo, al contrario que el comunismo, el fascismo, los nacionalismos, que tienen proyectos claramente reivindicados.


En los años 1950-1960, el calificativo de terrorista se agitó muy frecuentemente para denunciar a los movimientos de liberación nacional, desde el Frente de Liberación Nacional argelino a la Organización de Liberación de Palestina (OLP), pasando por el Congreso Nacional Africano (ANC).


Recordemos que estos dos últimos grupos fueron denunciados como terroristas por Ronald Reagan, Margaret Thatcher y, por supuesto, las y los dirigentes israelíes, cuyo país colaboraba estrechamente con el África del Sur del apartheid.


Ahora bien, todos esos ejemplos han probado que terroristas de ayer son a menudo gobernantes de mañana. ¿El gobierno británico no calificó de terroristas a los grupos sionistas en los años 1940, antes de crear el Estado de Israel?


El arma de los débiles


En el mejor de los casos, se puede inscribir el terrorismo en la lista de los medios militares. Y, muy a menudo, es el arma de los débiles.
Figura brillante de la revolución argelina, detenido por el ejército francés en 1957, Larbi Ben M’hidi, jefe de la región autónoma de Argel, fue interrogado sobre la razón por la que el FLN depositaba bombas, ocultas en el fondo de capazos, en los cafés o en los lugares públicos. “Si nos dan sus aviones, les daremos nuestros capazos”, respondió a sus torturadores, que le asesinarían fríamente unos días más tarde.


La desproporción de medios entre una guerrilla y un ejército regular provoca una desproporción del número de víctimas.


Si se debe considerar como terroristas a Hamas y sus aliados por haber matado a tres civiles durante la guerra de Gaza en el verano de 2014, ¿cómo habría que calificar al Estado de Israel que, según las estimaciones más bajas (las del propio ejército israelí), masacró entre 800 y 1000 personas, entre ellas un gran número de niños y niñas?


Reducir la lucha a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal


El uso del término terrorista tomó una nueva dimensión con el lanzamiento de la guerra contra el terrorismo por George W. Bush tras el 11 de septiembre de 2001.
Denunciando a los responsables de los ataques, el presidente americano declaró ante el Congreso americano: “Odian lo que ven en esta asamblea, un gobierno democráticamente elegido. Sus dirigentes se designan ellos mismos. Odian nuestras libertades: nuestra libertad religiosa, nuestra libertad de palabra, nuestra libertad de votar y de reunirnos, de estar en desacuerdo unos con otros”.


Se trataba por tanto, en particular en Próximo Oriente, de emprender una guerra de civilización contra grupos que amenazarían el modo de vida occidental.


El problema del concepto de guerra contra el terrorismo es que dispensa de todo análisis político y reduce la lucha a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal. Si los terroristas están movidos fundamentalmente por su odio a la libertad occidental, es inútil preguntarse sobre las razones por las que esos grupos se han desarrollado, sus motivaciones, sus objetivos.
De ese modo se puede poner en la misma categoría a Hamas y a Al Qaeda, a Hezbolá y el grupo Estado Islámico (EI). Con el riesgo de caer en algunas contradicciones sobre las que no se hacen muchas preguntas: así, Occidente incluyó al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de Turquía en la lista de las organizaciones terroristas, pero para oponerse al Estado Islámico ayuda militarmente a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), el brazo armado de su rama siria.


Una guerra contraproductiva


Diecisiete años después del 11 de septiembre, se puede medir el fracaso de esa guerra contra el terrorismo, por no hablar de su coste financiero o del terrible balance humano.
Implicados en Afganistán en el conflicto más largo de toda su historia, Estados Unidos se preparan para abandonar ese país cediendo el poder a los talibanes (sin embargo calificados de terroristas), que quisieron derrocar pero que prefieren al Estado Islámico, ya sólidamente implantado en el país.


Es verdad que en Irak el Estado Islámico ha sido aplastado, pero no es inútil recordar que en el momento de la invasión americana de 2003 Al Qaeda no existía en Irak y que el Estado Islámico no habría aparecido nunca sin la guerra americana. Y que, incluso vencido militarmente, el Estado Islámico conserva fuertes bases políticas. Pero sobre todo, la región jamás ha sido tan inestable, tan dividida, tan violenta.


Así pues, el uso de la expresión guerra contra el terrorismo ha permitido prescindir de cualquier análisis político o intento de comprender las causas reales de la inestabilidad. Ha permitido ignorar las consecuencias de las políticas occidentales en Palestina o en Irak que, sin embargo, han hecho bastante más para reforzar el terrorismo que la llamada ideología islamista radical.


¿Se piensa verdaderamente que el reciente reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y de la soberanía israelí sobre el Golán sirio por la administración Trump contribuirá a reducir la violencia en la región?


Hay que repetirlo: la resolución de los problemas políticos es la única capaz de reducir las tensiones y de cortar la hierba bajo los pies de los llamados grupos radicales.


Pero, ¿cómo calificar entonces los actos criminales como los ataques contra civiles con fines políticos? ¿Hay que banalizarlos? El derecho internacional contiene conceptos como crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, genocidios, que permiten calificar esas acciones y también hacer avanzar la idea de una justicia internacional.


Pero también hay que ser claro. Si grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico remiten a la justicia internacional, también se tendría que poder llevar ante los tribunales a los dirigentes políticos (y no solo africanos) responsables de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad en Irak, en Siria o en Palestina.


Alain Gresh es el director del diario en línea Orient XX (https://orientxxi.info). Antiguo redactor jefe de Le Monde Diplomatique, es autor de numerosos trabajos, entre ellos Un chant d’amour. Israël-Palestine, une histoire française, avec Hélène Aldeguer (La Découverte).

Por Alain Gresh
Middle East Eye

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Trump: “Rusia tiene que salir de Venezuela”

El presidente de EE UU recibe a la esposa de Guaidó y sube el tono de su amenaza a Maduro: "No se puede alcanzar más presión de la que ya tienen, fuera de lo militar"


Donald Trump recibió este miércoles en el Despacho Oval a Fabiana Rosales, la esposa de Juan Guaidó, y subrayó su apoyo hacia el líder de la Asamblea Nacional, cumplidos ya dos meses desde que fue reconocido por Estados Unidos y medio centenar de países como presidente interino de Venezuela, con Nicolás Maduro aún instalado en el poder. El mandatario estadounidense subió el tono de sus amenazas al régimen chavista –"No se puede alcanzar más presión de la que ya tienen, fuera de lo militar", dijo– y lanzó un mensaje directo a Moscú, que ha enviado militares al país caribeño: "Rusia debe salir".


Estaba previsto que fuera el vicepresidente, Mike Pence, el anfitrión de la visita de Rosales a la Casa Blanca, pero finalmente también Trump hizo los honores a la mujer de Guaidó, a quien se refirió como primera dama. "Hoy temo por la vida de mi marido", llegó a decir Rosales ante la prensa, destacando las acusaciones de "terrorismo" contra el hermano de Guaidó, Gustavo, y el arresto de Roberto Marrero, su mano derecha. "Es un golpe al círculo más cercano del presidente pretendiendo desestabilizar su lucha", añadió.


Conforme las semanas pasan en Venezuela, las sanciones por parte de Estados Unidos se multiplican –al petróleo, al oro, al corazón de la economía venezolana–, la presión diplomática aumenta y la crisis del país se agrava, pero el chavismo permanece a los mandos efectivos del Gobierno, protegido por el Ejército. Ahora, además, cuenta con nuevo apoyo militar ruso. El Kremlin, gran aliado de Maduro, reconoció el martes que ha enviado "especialistas", que se suman al despliegue de baterías antiaéreas rusas S-300 en la periferia de Caracas.


La pregunta de cuál será el punto de ruptura por el cual la Administración de Trump optaría por una intervención militar no deja de repetirse en Washington en cada rueda de prensa, en cada entrevista, a medida que el tiempo pasa y la situación política se deteriora. El Gobierno estadounidense asegura que todavía le queda margen para presionar con sanciones, muchas de las cuales aún no se han puesto en marcha de forma efectiva, pero este miércoles Trump sonó más duro. "Ahora mismo tienen mucha presión, no tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada. Así que, ya veremos", afirmó. "Fuera de lo militar, no se puede alcanzar más presión de la que ya tienen", para insistir en el lema oficial del EE UU en este conflicto: "Todas las opciones están sobre la mesa"

Por Amanda Mars
Washington 27 MAR 2019 - 13:40 COT 

 

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Sábado, 16 Marzo 2019 06:33

Cinco años

Cinco años

Cinco años atrás –con lo que unos llaman incorporación de Crimea a la Federación Rusa y otros califican de anexión rusa de la estratégica península de Ucrania– comenzó el deterioro de esa suerte de matrimonio de interés que contrajeron Rusia y Estados Unidos, bajo el signo de su simbólica alianza contra el "terrorismo internacional", que al día de hoy, consumado el divorcio, tiene al mundo cada vez más cerca de una hecatombe nuclear, todavía en su fase preliminar de una ya inevitable espiral armamentista.

Evaporado el golpe de efecto que en el plano interno reinyectó popularidad al Kremlin, quedan más dudas que certezas, mientras los únicos beneficiados son los de siempre: empresarios del primer círculo presidencial que se reparten los megaproyectos federales (puentes, carreteras, hoteles, etcétera), mientras todos los habitantes del país, incluidos ancianos y menores de edad, tienen que renunciar a recibir 10 mil rublos por persona, que es su cuota del dinero destinado por el gobierno ruso para mantener Crimea estos cinco años.

En la época soviética, los responsables del aparato de propaganda inventaron los quinquenios para resaltar los avances de la economía; ahora, ningún politólogo habla de éxitos en el primer lustro posterior a Crimea, cuyo costo económico –al sumar subvenciones a la península y sanciones contra el país– sitúa a Rusia, con poco menos de 2 por ciento anual, en el lugar 176 de 193 en la clasificación mundial que elabora Naciones Unidas en materia de crecimiento económico, en tanto los ingresos reales de la población sufrieron una caída del orden de 11 por ciento.

Muchos se preguntan si valió la pena el costo político de la anexión/incorporación, sobre todo cuando ésta se escuda en un referéndum, que por ley se niega a los ciudadanos de cualquier otra región rusa.

Hay quienes creen que con la incorporación de Crimea se evitó una eventual masacre de los ucranios de origen ruso y que la alianza noratlántica ya no tendrá una base naval ahí, además de que Rusia incrementó en 0.15 por ciento (27 mil kilómetros cuadrados) su territorio, así como añadió 2 millones y medio de habitantes a su decreciente población.

Otros sostienen que, al margen de hipotéticos escenarios, Rusia sola se colocó al borde del enfrentamiento frontal con otras potencias nucleares.

 

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Viernes, 01 Marzo 2019 08:50

Hidroituango, el trasfondo del fracaso

Hidroituango,  el trasfondo del fracaso

La imagen es dantesca: piedra sobre piedra, hasta donde la vista alcanza a capturar el entorno, y sobre las piedras, centenas de peces muertos; al fondo, el horizonte de algo que en otra época fue un bosque, y algunos pocos pobladores del lugar que con sus miradas lúgubres en su interior seguramente lloran la desolación de su presente y su futuro.

 

Si la imagen no estuviera acompañada de pie de foto, sería imposible pensar que allí, desde siglos atrás, un inmenso caudal de agua fue labrando un cañón entre montañas, en procura de un lugar para depositar esa belleza hídrica que llamamos río Cauca, Bredunco le denominaban unos pueblos indígenas y Lili otros, los cuales acudieron a él en procura de alimento, refresco y una vía para transportarse.

 

Esta infinidad de agua es en realidad mucho más que eso: es un flujo de vida, un canal de gestación y reproducción de variedad de especies, las mismas que surgen allí o alrededor de él, creando y reproduciendo un ciclo de vida que facilita la conservación de la misma, pues la existencia es un ciclo virtuoso en el cual participan de manera interrelacionada todas las especies: las acuáticas, las terrestres, los árboles y los arbustos, los plantas, los insectos, los anfibios.

 

Por estos días este caudal de líquido vital fluye en menor cantidad e, incluso, por cerca de una semana cesó en su trasegar inmemorable, contenido por una faraónica obra ideada por la especie animal que ha terminado por imponer su huella por doquier, sin miramiento sobre las demás, animales y vegetales, de gran tamaño o de mínima presencia, arrasando a su paso todo y cambiando con ello el ciclo de la vida misma, hasta desatar un gigantesco desastre ambiental que ha dado en llamar cambio climático, el mismo que dice querer detener, para ser consecuente con lo cual, poco o muy poco, realiza.

 

Inconsecuencia que tiene raíz. El ser humano cree ciegamente que la suya es la especie ‘esencial’ –antropocentrismo– y que la naturaleza es un objeto para satisfacer sus deseos y propósitos más racionales, así como los más irracionales, ofuscado por una incansable visión y una meta de desarrollo o crecimiento que hasta ahora nadie sabe exactamente en qué consiste y hasta dónde pudiera llegar. Sin embargo, ahora sabemos que ese carácter insaciable es la causa del vertiginoso avance hacia su propia autodestrucción, sin que su especie como conjunto se percate de los desastres que esa percepción de la vida le ha significado a la propia vida.

 

Es una visión sobre la vida misma impuesta por siglos, con mayor aceleramiento durante los últimos tres, y que en el caso que nos ocupa la imponen los dueños del capital, con beneplácito estatal, a pesar de los reclamos de las comunidades que habitan en el entorno, en este caso de Hidroituango. Silencio, oídos sordos, las Empresas Públicas de Medellín no escuchan los conceptos de ingenieros de varias especialidades, y con persistente proyección desarrollista y cálculos de dividendos económicos por recoger en años por venir, empecinadas en que “todo será mejor una vez realizada la obra”, prosiguen con su empeño hasta causar el desastre que tiene en vilo a 150 mil pobladores de sus áreas más cercanas, y otros miles asentados en otras más distantes, así como en tránsito de muerte, desplazamiento o afectación diversas a una infinidad de integrantes de otras especies allí multiplicadas desde tiempos inmemorables.

 

Es un desastre del cual se habla sin adentrarse en toda su magnitud, inmediata y mediata. Por ejemplo, el agua volverá a irrigar el cauce labrado durante siglos por el río Cauca, pero nunca sabremos con exactitud la magnitud del daño causado sobre un territorio sobre el cual los organismos gubernamentales permitieron que la obra avanzara sin los controles ni las seguridades de rigor. Ahora se sabe que:

 

Para despejar el área requerida por la represa fue necesario tumbar más de 4.000 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país, del cual sólo queda hoy un 8 por ciento de la extensión que tenía (nueve millones de hectáreas en los años 80). ¿Qué implica esto para el ciclo vital en este territorio y en sus alrededores, toda vez que el tiempo de evaporación de humedad, así como de lluvias, sufrirá transformaciones en el mediano y el largo plazo? ¿De qué manera incide la deforestación causada en el cambio climático? ¿Qué consecuencias tiene para el ciclo de lluvias arrasar con la capa vegetal que cubría la superficie de esta cuenca?

 

Dicen los estudios técnicos que, por efecto de lo construido y del llenado de embalses, es muy factible la eutrofización del agua (proceso de alteración de un cuerpo hídrico, a causa de una excesiva acumulación de nutrientes que se manifiestan mediante cambios en la flora y la fauna, y en la composición química del agua) y la deforestación que implica. Si así fuera en el futuro de esta cuenca, ¿qué consecuencias tiene ello para la vida que allí existe y se reproduce? ¿Cambia la composición química de los suelos? Y, nuevamente, si así fuera, ¿qué consecuencia tiene para la vida en general de quienes se nutren de tales suelos y de tal agua?

 

En el bosque allí existente viven y se reproducen en su diversidad 2.600 especies de plantas (83 endémicas), 230 especies de aves (33 endémicas) y 60 especies de mamíferos (tres endémicas). ¿Cuántas de ellas ya no se verán más?

 

La fauna que habita, vive y se reproduce en esas aguas desecadas, como peces, con infinidad de muertes por ausencia de oxígeno en su hábitat natural, y otra multitud estresada en su afán por sobrevivir o al ser capturada para llevarla a otros espacios, ¿qué será de ella? ¿Cómo será su vida/reproducción en esta parte del río? ¿Será igual que antes?

 

Hay unas especies de las que poco se habla, como los insectos, algunos de ellos polinizadores, es decir, ‘estafetas’ de la vida. Al afectarse el entorno de su hábitat, ¿qué sucederá con ellos? ¿Se conservarán? ¿o el impacto de lo allí destruido también los perjudicará hasta verse menguada de manera significativa la vida de plantas y vegetales en general, así como de reptiles y aves que encuentran en ellos parte de su alimento?

 

Ante lo que allí ocurre, ¿qué será de los miles de trabajadores del campo, barequeros y pescadores, ahora desplazados e impedidos para su labor, que garantizaban su diario sustento de lo ofertado por esta agua, así como por el conjunto de la cuenca? Como se puede deducir, estamos ante la prolongación de una visión sobre la vida y la naturaleza cuestionada por buena parte del conjunto humano global por haber llevado a la propia humanidad hasta el límite de sus posibilidades, visión reinante y potenciada por el capitalismo, cuyos defensores, con gestos de felicidad en sus rostros, señalan año tras año cómo se multiplican sus arcas a pesar del vaciamiento de la vida misma. Precisamente impuesta por el capital, la separación entre naturaleza y seres humanos, y el dominio de éstos sobre la primera, son la causa del desastre extendido sobre el conjunto de la naturaleza y que impacta de manera severa a la propia vida. A partir de todo esto podemos concluir que pensar y actuar de manera diferente o contraria a la naturaleza, es decir, a la vida, lo único que produce son desastres. Y aquí estamos, producto de esa visión, frente a uno de ellos.

 

Así es porque los potentados que se afincan en los Estados, y aferrados aún a esa concepción del desarrollo y el crecimiento sin límite, están convencidos de que habitamos un espacio vacío, el cual puede ser objeto de todas nuestras venturas, cuando lo que tenemos en la naturaleza es precisamente la vida, la cual, al ser incomprendida, nuestra especie traduce en muerte.

 

Así ha sucedido en Hidroituango, proyecto que en pleno siglo XXI va en contra de las bondades y las potencialidades de nuestro ser natural, la bella biodiversidad que habitamos y en la cual radica el mayor aporte que hacemos a la humanidad toda. Enceguecidos por el espejismo del ‘desarrollo’ y el ‘crecimiento’, los agentes del capital no ven lo que tienen ante sí, y destruyen lo sustancial, todo en aras de acumular el fetiche que, en vez de sangre, les circula por sus mentes y sus venas. Destruyen precisamente las bondades que como territorio tenemos para enfrentar en mejor forma el futuro: la diversidad genética acá palpitante y en ella el agua misma.

 

¿Es posible ponerle un límite a esta concepción utilitarista de la vida y asimismo a una de sus expresiones más recientes, Hidroituango? Para poner ese necesario tatequieto, a la sociedad le corresponde afrontar un debate que debiera ser indetenible, diseñando el modelo de vida que requerimos y exigimos como parte de la humanidad. No proceder, permanecer pasivos y mudos, es permitir que la muerte prolongue su dominio entre nosotros.

 

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Jueves, 28 Febrero 2019 17:02

Hidroituango, el trasfondo del fracaso

Hidroituango,  el trasfondo del fracaso

La imagen es dantesca: piedra sobre piedra, hasta donde la vista alcanza a capturar el entorno, y sobre las piedras, centenas de peces muertos; al fondo, el horizonte de algo que en otra época fue un bosque, y algunos pocos pobladores del lugar que con sus miradas lúgubres en su interior seguramente lloran la desolación de su presente y su futuro.

 

Si la imagen no estuviera acompañada de pie de foto, sería imposible pensar que allí, desde siglos atrás, un inmenso caudal de agua fue labrando un cañón entre montañas, en procura de un lugar para depositar esa belleza hídrica que llamamos río Cauca, Bredunco le denominaban unos pueblos indígenas y Lili otros, los cuales acudieron a él en procura de alimento, refresco y una vía para transportarse.

 

Esta infinidad de agua es en realidad mucho más que eso: es un flujo de vida, un canal de gestación y reproducción de variedad de especies, las mismas que surgen allí o alrededor de él, creando y reproduciendo un ciclo de vida que facilita la conservación de la misma, pues la existencia es un ciclo virtuoso en el cual participan de manera interrelacionada todas las especies: las acuáticas, las terrestres, los árboles y los arbustos, los plantas, los insectos, los anfibios.

 

Por estos días este caudal de líquido vital fluye en menor cantidad e, incluso, por cerca de una semana cesó en su trasegar inmemorable, contenido por una faraónica obra ideada por la especie animal que ha terminado por imponer su huella por doquier, sin miramiento sobre las demás, animales y vegetales, de gran tamaño o de mínima presencia, arrasando a su paso todo y cambiando con ello el ciclo de la vida misma, hasta desatar un gigantesco desastre ambiental que ha dado en llamar cambio climático, el mismo que dice querer detener, para ser consecuente con lo cual, poco o muy poco, realiza.

 

Inconsecuencia que tiene raíz. El ser humano cree ciegamente que la suya es la especie ‘esencial’ –antropocentrismo– y que la naturaleza es un objeto para satisfacer sus deseos y propósitos más racionales, así como los más irracionales, ofuscado por una incansable visión y una meta de desarrollo o crecimiento que hasta ahora nadie sabe exactamente en qué consiste y hasta dónde pudiera llegar. Sin embargo, ahora sabemos que ese carácter insaciable es la causa del vertiginoso avance hacia su propia autodestrucción, sin que su especie como conjunto se percate de los desastres que esa percepción de la vida le ha significado a la propia vida.

 

Es una visión sobre la vida misma impuesta por siglos, con mayor aceleramiento durante los últimos tres, y que en el caso que nos ocupa la imponen los dueños del capital, con beneplácito estatal, a pesar de los reclamos de las comunidades que habitan en el entorno, en este caso de Hidroituango. Silencio, oídos sordos, las Empresas Públicas de Medellín no escuchan los conceptos de ingenieros de varias especialidades, y con persistente proyección desarrollista y cálculos de dividendos económicos por recoger en años por venir, empecinadas en que “todo será mejor una vez realizada la obra”, prosiguen con su empeño hasta causar el desastre que tiene en vilo a 150 mil pobladores de sus áreas más cercanas, y otros miles asentados en otras más distantes, así como en tránsito de muerte, desplazamiento o afectación diversas a una infinidad de integrantes de otras especies allí multiplicadas desde tiempos inmemorables.

 

Es un desastre del cual se habla sin adentrarse en toda su magnitud, inmediata y mediata. Por ejemplo, el agua volverá a irrigar el cauce labrado durante siglos por el río Cauca, pero nunca sabremos con exactitud la magnitud del daño causado sobre un territorio sobre el cual los organismos gubernamentales permitieron que la obra avanzara sin los controles ni las seguridades de rigor. Ahora se sabe que:

 

Para despejar el área requerida por la represa fue necesario tumbar más de 4.000 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país, del cual sólo queda hoy un 8 por ciento de la extensión que tenía (nueve millones de hectáreas en los años 80). ¿Qué implica esto para el ciclo vital en este territorio y en sus alrededores, toda vez que el tiempo de evaporación de humedad, así como de lluvias, sufrirá transformaciones en el mediano y el largo plazo? ¿De qué manera incide la deforestación causada en el cambio climático? ¿Qué consecuencias tiene para el ciclo de lluvias arrasar con la capa vegetal que cubría la superficie de esta cuenca?

 

Dicen los estudios técnicos que, por efecto de lo construido y del llenado de embalses, es muy factible la eutrofización del agua (proceso de alteración de un cuerpo hídrico, a causa de una excesiva acumulación de nutrientes que se manifiestan mediante cambios en la flora y la fauna, y en la composición química del agua) y la deforestación que implica. Si así fuera en el futuro de esta cuenca, ¿qué consecuencias tiene ello para la vida que allí existe y se reproduce? ¿Cambia la composición química de los suelos? Y, nuevamente, si así fuera, ¿qué consecuencia tiene para la vida en general de quienes se nutren de tales suelos y de tal agua?

 

En el bosque allí existente viven y se reproducen en su diversidad 2.600 especies de plantas (83 endémicas), 230 especies de aves (33 endémicas) y 60 especies de mamíferos (tres endémicas). ¿Cuántas de ellas ya no se verán más?

 

La fauna que habita, vive y se reproduce en esas aguas desecadas, como peces, con infinidad de muertes por ausencia de oxígeno en su hábitat natural, y otra multitud estresada en su afán por sobrevivir o al ser capturada para llevarla a otros espacios, ¿qué será de ella? ¿Cómo será su vida/reproducción en esta parte del río? ¿Será igual que antes?

 

Hay unas especies de las que poco se habla, como los insectos, algunos de ellos polinizadores, es decir, ‘estafetas’ de la vida. Al afectarse el entorno de su hábitat, ¿qué sucederá con ellos? ¿Se conservarán? ¿o el impacto de lo allí destruido también los perjudicará hasta verse menguada de manera significativa la vida de plantas y vegetales en general, así como de reptiles y aves que encuentran en ellos parte de su alimento?

 

Ante lo que allí ocurre, ¿qué será de los miles de trabajadores del campo, barequeros y pescadores, ahora desplazados e impedidos para su labor, que garantizaban su diario sustento de lo ofertado por esta agua, así como por el conjunto de la cuenca? Como se puede deducir, estamos ante la prolongación de una visión sobre la vida y la naturaleza cuestionada por buena parte del conjunto humano global por haber llevado a la propia humanidad hasta el límite de sus posibilidades, visión reinante y potenciada por el capitalismo, cuyos defensores, con gestos de felicidad en sus rostros, señalan año tras año cómo se multiplican sus arcas a pesar del vaciamiento de la vida misma. Precisamente impuesta por el capital, la separación entre naturaleza y seres humanos, y el dominio de éstos sobre la primera, son la causa del desastre extendido sobre el conjunto de la naturaleza y que impacta de manera severa a la propia vida. A partir de todo esto podemos concluir que pensar y actuar de manera diferente o contraria a la naturaleza, es decir, a la vida, lo único que produce son desastres. Y aquí estamos, producto de esa visión, frente a uno de ellos.

 

Así es porque los potentados que se afincan en los Estados, y aferrados aún a esa concepción del desarrollo y el crecimiento sin límite, están convencidos de que habitamos un espacio vacío, el cual puede ser objeto de todas nuestras venturas, cuando lo que tenemos en la naturaleza es precisamente la vida, la cual, al ser incomprendida, nuestra especie traduce en muerte.

 

Así ha sucedido en Hidroituango, proyecto que en pleno siglo XXI va en contra de las bondades y las potencialidades de nuestro ser natural, la bella biodiversidad que habitamos y en la cual radica el mayor aporte que hacemos a la humanidad toda. Enceguecidos por el espejismo del ‘desarrollo’ y el ‘crecimiento’, los agentes del capital no ven lo que tienen ante sí, y destruyen lo sustancial, todo en aras de acumular el fetiche que, en vez de sangre, les circula por sus mentes y sus venas. Destruyen precisamente las bondades que como territorio tenemos para enfrentar en mejor forma el futuro: la diversidad genética acá palpitante y en ella el agua misma.

 

¿Es posible ponerle un límite a esta concepción utilitarista de la vida y asimismo a una de sus expresiones más recientes, Hidroituango? Para poner ese necesario tatequieto, a la sociedad le corresponde afrontar un debate que debiera ser indetenible, diseñando el modelo de vida que requerimos y exigimos como parte de la humanidad. No proceder, permanecer pasivos y mudos, es permitir que la muerte prolongue su dominio entre nosotros.

 

Publicado enEdición Nº254
Monólogo del río Cauca Nº 2  en La(mento) mayor

Yo no diré qué mano me lo arranca, ni de qué piedra de mi pecho nace: 

Yo no diré que él sea más hermoso... ¡Pero es mi río, mi país, mi sangre! Dulce María Loynaz

Yo río de tus cóleras inútiles,
oh Río, oh tú Bredunco,
oh Cauca de fragoroso peregrinar por chorreras y vocales atormentado,
indómito y bravío y de perezas
infinitesimales en los remansos
de absintias aguas quietas,
y de lento girar en espirales
Y de cauce luminoso!
Oh Cauca, oh Cauca Río.
Relato de Erik Fjordsson.
León de Greiff.


 
¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Piedad! ¡No me abandonen, ciudadanos de este hermoso suelo! Hoy, más que nunca, clamo, imploro, ruego: ¡Derriben ese muro antes de que sea tarde! Me llamo el Cauca. ¡Yo soy el Cauca! ¡Todos somos el Cauca! Los convoco a que se unan a mi rugido —cada minuto más débil— y entonemos, al unísono, un glorioso cántico de batalla, en un frente unido: «¡Yo soy el Cauca!» Esos hombres… no los quiero nombrar… —ingenieros y burócratas, trúhanes modernos y majaderos antiguos, tejidos de villana y grosera tela, echacuervos, corazón de mantequilla, con ánimo de ratón casero, de alma endurecida y pan mal empleado— desean, en su fuero interno, que yo diga, ¡ay de mi!... yo fui el Cauca. No será así.

 

Pero, ¡ay!, desfallezco en mi debilidad. ¿Quién puede sobrevivir así? Se me va el oxígeno, se me van las aguas, mi acuífero se vacía sin remedio. Y aún así, lucho, pervivo, resisto, aniquilado atrozmente a manos de tan notables cobardes, mentirosos infinitos, incumplidores de promesas y amos de ninguna cualidad que faltan a la verdad tantas veces como horas tiene el día. Soy el Cauca: portentoso, amplio, profundo, sereno y amoroso. Soy el Cauca, acompañado, nutrido, a mi izquierda, del vertiginoso Timba, del pedregoso Rioclaro, del brioso Jamundí, del manso Lilí, del helado Meléndez, del apretado Cañaveralejo, del agreste río Cali; también del Arroyohondo, del Vijes, del Mediacanoa, del río Pie-dras, del Riofrío y del Pescador; a mi derecha: del Desbaratado, del río Frayle, del Párraga, del Amaime, del Cerrito, de la cristalina e impetuosa Zabaletas, del Guabas, del apacible Sonso, del añoso Guadalajara, y del Tuluá; y también del Bugalagrande, La Paila y La Vieja. No es posible que tantos afluentes vengan a mi, a verter sus aguas cargadas de vida y en-cuentren que no hay esperanza, que todo es en vano.

 

Hoy agonizo. Muero, y conmigo, muere la vida. ¿Para qué sirven estas venas que me nutren si igual aniquilan mi corriente? Mis aguas son detenidas, estancadas por ese infame murallón. ¡Atrás, idiotas de cascos blancos, engendros de tres centímetros de estatura! ¡Quiero vivir! Al igual que quieren la vida las especies de la flora y la fauna a las que otorgo el hálito vital; al igual que perviven en mi cuenca los minerales que la nutren: el carbón, la piedra caliza, el mármol, el oro, la plata, el platino, el hierro y el amianto. Por otra parte, de mi dependen los cultivos de arroz, sorgo, yuca, café, cacao, algodón, maíz, frijol, caña de azúcar y banano; los he parido desde tiempos inmemoriales, desde antes de que llegaran esos ingenieros de cascos blancos ilustrados de una inteligencia más espesa que el engrudo de una horrible bazofia. Me enferma el solo verlos acercarse a mis aguas. En verdad, quisie-ra ahogarlos, pero no quiero contaminar más mis aguas.

 

Sí, hablo desde la rabia y desde la ira y desde el dolor que me causa el ecocidio que ellos, hombrecitos de poca valía, se empeñan en sacar adelante a cualquier precio. A ellos —el ingenioso hidalgo los llamaría traidores, descompuestos, villanos, infacundos, deslen-guados, atrevidos, desdichados, maldicientes, canallas, rústicos, patanes, malmirados, be-llacos, socarrones, mentecatos y hediondos— no parece importarles las comunidades asen-tadas aguas abajo de ese paredón de la muerte. A ellos —diría el florido bardo inglés que no son más que tumores, llagas que supuran, úlceras inflamadas en la sangre corrompida de su propio país—, no les interesa las innumerables especies de peces, entre ellas, la sardinata, el barbudo, la picuda, la cucha, el mazorco, el bocachico, el jetudo, el chango, la sabaleta, la guabina, el guachilejo y la dorada, que han muerto y siguen muriendo en las orillas desecadas de mis riberas. A ellos —sus mentes más secas que un mendrugo de bizcocho después de un largo viaje—, no les importa que un río, el segundo río de este sufrido país —pero hermoso y espléndido—, muera impunemente. Todo por la codicia infinita y arrogancia sin límites que los carcome como el orín a las latas de un carromato abandonado al salobre trópico. No sigan, por favor, dando explicaciones ni justificaciones: que la compuerta tal, que no sé qué cuarto de máquinas, que el túnel sí se cuantos, que el rebosadero tal; sus explicaciones técnicas infectan mi entendimiento y mi serena sabiduría.

 

¡Silencio! Solo admito hechos; solo concedo que mis aguas corran libremente, que ese muro sea derribado y deje de existir; que ninguna pared me detenga. Suficiente mal han hecho, dejen de empecinarse, como el más ponzoñoso de los venenos, en sacar adelante una hidroeléctrica que no tiene pies ni cabeza, que nació fallida y sigue fallida por la inmensa soberbia de querer detenerme, a la brava, a toda costa.

 

¡Apártense! ¡Aléjense! Ustedes huelen mal. Me repugna su hedor, el más horrible que alguna vez haya ofendido un noble olfato, sepan que sobre mis aguas, mis riberas y mis valles sobrenadan los dulces aromas que despiden camias, guayacanes, sarrapias, balsaminas y samanes; que, de mis laderas encañonadas, sobresalen mil especies de orquídeas, que en mi cuenca revolotean las mariposas multicolores y cantan las tórtolas, la mirlas, los periquitos, los carpinteros y graznan los patos pico de oro; que de mis arenales surge la vida, la armonía, la belleza de la naturaleza indómita.


Aquí han vivido, antes de estos tiempos aciagos, numerosas tribus autóctonas; recuerdo, cómo, hace quinientos años, habitaban estas tierras los liles, los gorrones, los chancos, los quimbaya, los carrapa, los picara, los paucura, los pozo, los arma, los anserma, los buriticá, los dabeiba, los catío. Poco o nada queda de ellos. El hombre blanco los aniquiló, los ahuyentó, los desplazó. Ahora hay poblaciones mestizas, mulatas, afrodescendientes, indígenas: gente pobre, gente honesta, gente trabajadora, gente necesitada, a lado y lado de mis riberas, que viven de lo que proveo; de lo que otorgo en mi munificencia infinita. Pero esta gente buena no puede vivir si mis aguas no bajan; no puede sobrevivir si de mí no puede sacar agua para su subsistencia; no puede comer si se acaba la pesca artesanal en mis aguas; ni tampoco puede regar sus sembradíos si, simplemente, el agua no está.

 

Es posible matar los ríos; en el mundo asesinan ríos todos los días. Yo no quiero ser uno de más de ellos. ¡Por favor! ¡Detengan a esos malvados! La acidez de su actitud des-compone las más dulces de las mandarinas, granadillas, y naranjas que se cultivan en mis riberas. Ni siquiera ellos —amos de la insolencia—, creen en la viabilidad de su proyecto. Entonces, ¿por qué tanta perversidad? Han dicho, farfullando, mascando las palabras, des-de la primera emergencia, hace ya tantos meses, que su hidroeléctrica no es viable, por tan-to, tiene más fe un coco cocido que sus cabecitas huecas; sus rostros descoloridos, forrados de mentiras, no merecen siquiera la resolana de mediodía.

 

Y, el país ¿qué hace? ¡Por qué tanto silencio? ¡Por qué tanta indiferencia? ¿Por qué tanta connivencia de la gran prensa con aquellos señores de cascos blancos en sus oficinas inteligentes? ¿Dónde están las corporaciones regionales, la autoridad nacional de licencias ambientales, el tal ministerio del Medio Ambiente? ¿Por qué tanto mutismo? ¿Por qué la prensa hegemónica distorsiona la realidad de la catástrofe ambiental, la mengua, la empe-queñece y la niega? ¿Acaso no es este el peor crimen ecológico que se ha cometido en el país? Acaso soy yo, un río que agoniza, quien tiene que recordarles el lamento de aquel hombre que dijo, en medio del desamparo: «Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista… Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.» ¿Cuántos ríos más hay que asesinar en este país, cuántos páramos más hay que aniquilar, cuántos pueblos más deben quedar sin agua, cuántos sembradíos más deben marchitarse para que alguien se levante y me ayude a derribar ese muro de la obstinación? ¿Debo recordar —¡yo, qué ironía!—, que sin agua no hay vida?

 

¡Oh, dolor! ¡Oh, desesperanza! ¡Oh, cólera infinita! Recuerdo antaño, cuando re-montaban mis dulces aguas caucanas en sus falúas, andaluces y extremeños, barbudos, allende cuidadores de cerdos, villanos y analfabetas, llegados ávidos de riqueza inmediata. A su encuentro, salían de los caños escuadrones de veloces canoas que pirueteaban en torno a las naves comandadas por los españoles. A las ballestas, arcabuces y los juramentos se oponían miles de indios emplumados que hacían llover sobre los hombres vestidos de latón —no por ello invulnerables—, las flechas, las lanzas de chonta, el polvo de ají, las hondas de majagua, las macanas de guayacán; adormilaban y confundían a los que salva-ban de la flecha envenenada con vapores y humos, provenientes de columnas de fuego encendidas con maderas verdes, o con sahumerio de ají y pimienta quemada que les provocada quemazón en los ojos. Y el ají, bajo la forma de polvo molido, lo arrojaban a los ros-tros de los españoles, ocasionándoles —hasta risa me da—, un intenso estornudo. Buscaban, los arteros indígenas, que los españoles descuidaran sus rodelas para ofrecer un fácil blanco a las fechas envenenadas. Aupados, además, por su tenebroso vocerío y el zumbido de las trompetas de balso, caían sobre los conquistadores y hundían sus naves. Mis aguas, revoltosas, tornasoladas de ocre-sepia-marrón, se los tragaban para castigar su osadía.

 

Oh, tiempos aquellos donde el hombre originario de esas latitudes era invicto, valiente y temerario ante la afrenta civilizadora. Hoy no hay —¿o me equivoco?— flechas envenenadas, ni lanzas de chonta, ni hondas de majagua; pero no soy yo, el Cauca, quien debe listar los recursos y acciones legales, sociales, populares, disponibles para desafiar la apocalíptica bestia de siete cabezas y diez cuernos que llaman dizque Hidroituango. Y, si por desventura, el derecho de los hombres, lo que llaman la ley positiva, no es suficiente, que entonces sea la ley divina, la ley eterna, la ley de la naturaleza, la ley de origen, aquella misma que asistió a Antígona, y que nunca caduca, la que se encargue de que se haga justicia.

 

¿Es demasiada osadía o altanería, pregunto, pedir que a un río —el segundo del país—, se le permita vivir? ¿Acaso es mi clamor un clamor egoísta e interesado? ¡No! Si vi-vo, viven las comunidades aledañas; si vivo, viven las aves, los peces, las flores, los árboles, los arbustos; si vivo, viven los cultivos de mi cuenca; si vivo, viven y vuelan las aves. Por eso, cuando hablo, cuando decido no callarme, lo hago porque me atormenta, mucho más que mi lecho seco y maltrecho, la vida y la alegría que se extingue en mi entorno por el súbito desecamiento al que me someten esos señores de cascos blancos desde sus supuestas oficinas inteligentes.

 

Amenazas más grandes ha enfrentado el pueblo colombiano para que se amilane hoy ante un adversario no pequeño, pero tampoco invencible. ¡Yo soy el Cauca! ¡Todos somos el Cauca! ¿Quién no es el Cauca? ¡Que nadie me deje solo! ¡Que todos expresen su indignación frente a lo que ocurre ante sus ojos! ¡Qué todos exijan justicia y reparación! Que todos sepan, también, en su generosidad infinita, perdonar, a quienes me han querido aniquilar. Mi madre, la Señora Naturaleza, sabrá lo que debe venir.

Publicado enEdición Nº254
Rusia y China se acercan cada día más, según los principales espías de EU

Hal Brands, historiador oldfashion a sus 36 años, imbuido del tóxico "destino manifiesto", comenta la apreciación de los principales espías de Estados Unidos sobre "el mayor acercamiento de Rusia y China" (https://bloom.bg/2U5DlmD).

Brands –nueva estrella inflada en medio de la orfandad de geoestrategas de EU y autor del polémico libro Las Lecciones de la Tragedia: el Arte de Gobernar y el Orden Mundial– (https://amzn.to/2BPtw5r) analiza la "evaluación de las amenazas globales de la comunidad de espionaje de Washington" ante el selecto Comité de Inteligencia del Senado, por Dan Coats, director del Espionaje Nacional (National Intelligence), y Gina Haspel, la torturadora directora de la CIA (http://bit.ly/2U3EIST).

El historiador detecta "tres tendencias que podrían alterar seriamente el paisaje global para lo peor (sic)":

1. "La cada vez más íntima relación de China y Rusia" que "están más alineados que en cualquier momento desde la mitad de la década de los años 50". Brands vaticina que esa relación "será probablemente mayor por su oposición compartida a los valores democráticos (sic) y al liderazgo global de Estados Unidos". Agrega que "Beijing y Moscú cooperan ahora en ejercicios militares y ventas de armas, arreglos energéticos y lazos económicos" que permitirán a cada uno "desafiar mejor a EU".

A mi juicio, salvo el zar Vlady Putin y el mandarín Xi, nadie sabe la profundidad y alcance de su "asociación estratégica", pero Brands se atreve a definir que se trata de una "casi (sic) alianza" que "dificulta a la potencia norteamericana tratar con cualquiera de los dos". En abono a la intimidad geoestratégica del zar Putin y el mandarín Xi, no pasó desapercibida durante el discurso del presidente ruso en la Duma, su intención de incrementar las inversiones en inteligencia artificial y big data, además de fortalecer la conectividad de la Unión Económica Euroasiática con la Ruta de la Seda, lo cual fue ampliamente difundido por el órgano oficial del Partido Comunista chino People’s Daily (http://bit.ly/2UaFKwJ).

2. Las coaliciones geopolíticas de EU se encuentran a prueba, como advierte Dan Coats, a punto de ser despedido por Trump por contradecirlo en público (http://bit.ly/2U73S36): "Algunos (sic) aliados y socios de Estados Unidos buscan una mayor independencia (respecto de este país) en respuesta a sus percepciones del cambio de las políticas en seguridad y comercio y se están volviendo más abiertos a nuevas (sic) asociaciones bilaterales y multilaterales" tanto en Europa como en Asia-Pacífico. Brands comenta que hoy lo que los politólogos denominan hedging (cobertura de riesgos) se ha vuelto más común cuando "desde Australia y Japón hasta Francia y Alemania" buscan nuevos acomodamientos que serán más pronunciados "si Trump u otro escéptico (sic) del globalismo estadunidense es elegido en 2020".

3. Los espías de EU, citados por Brands, juzgan que la "economía internacional y la política global serán profundamente configuradas por las tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la computación cuántica y la biología sintética" y "no existe garantía alguna de que Washington encabezará la rivalidad" con sus competidores Putin y Xi. Reconoce que el "liderazgo intelectual de EU en ciencia y tecnología se ha erosionado" cuando "Beijing estaría adelantada en inteligencia artificial y otras tecnologías de punta". Es evidente que el declive del dominio tecnológico de EU tendrá tremendas repercusiones geopolíticas.

En su libro anti-histórico de hace tres años Realizando el Momento Unipolar, Brands no se percató de la parusía militar de Rusia ni del ascenso imparable de China y apostó a la descabellada unipolaridad de EU que, supuso, resucitó gracias al incremento de la economía globalizada y al avance de los derechos humanos y la democracia. Más vale que Brands desaparezca este libro de las librerías porque solamente exhibe su falta de pericia prospectivista (https://amzn.to/2U59YRq).

Guste o disguste a Brands y a la Universidad Johns Hopkins, donde despacha, el mundo se está desglobalizando rápidamente y tiende al (des) orden tripolar de EU/Rusia/China.

http://alfredojalife.com

@AlfredoJalifeR_

https://www.facebook.com/AlfredoJalife

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Rusia quiere prohibir los móviles y las redes sociales a sus soldados para eliminar pistas de sus operaciones

Sitios web de investigación se han servido del contenido de las redes sociales de los soldados rusos para confirmar su participación en conflictos

Esta medida servirá, según la Duma, para proteger a los soldados de exposiciones peligrosas ante "supuestos socios"

Varios periodistas informaron que pudieron rastrear a reclutas en zonas como el este ucraniano, donde se supone que Rusia no tenía unidades activas

El Parlamento de Rusia ha votado para prohibir a sus soldados utilizar smartphones y las redes sociales después de que una serie de investigaciones basadas en fuentes abiertas hayan revelado la participación secreta de sus fuerzas en conflictos en el extranjero.


La Duma votó este martes para prohibir a los miembros de las fuerzas armadas publicar información en la red sobre sus unidades militares, despliegues y otra información personal, incluyendo fotos, vídeos e información de geolocalización. También les prohibirán llevar smartphones y otros dispositivos con acceso a Internet o que puedan almacenar información como fotografías. Los teléfonos antiguos no estarán prohibidos.


Autoridades rusas señalan que el veto es necesario para proteger información militar secreta de servicios de inteligencia extranjeros. El texto de la nueva ley hace referencia explícita a la reciente campaña militar de Rusia en Siria.


"Mientras nuestra información no esté protegida de aquellos considerados nuestros socios, estamos indefensos. El objetivo de la legislación no es el de complicar la vida de los soldados, sino el de protegerles de exposiciones peligrosas", ha asegurado Vladimir Bogodukhov, miembro del comité militar de la Duma.


Los militares rusos acostumbran a colgar fotografías y detalles de su servicio en las redes sociales Vkontakte y Odnoklassniki para no perder el contacto con sus colegas. No obstante, esta información ha sido la causa de que se abrieran investigaciones de código abierto para seguir las actividades que realizan las fuerzas rusas que combaten de forma secreta en Ucrania y Siria, a veces en vivo.


Concretamente, los datos publicados en redes sociales han permitido a periodistas rastrear unidades activas en el sudeste ucraniano, donde Rusia aseguró que no tenía presencia militar.


Un análisis del sitio web de investigación periodística Bellingcat llegó a detectar a soldados transportando un sistema de misiles de superficie que podría estar relacionado con el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines. En un vídeo titulado Selfie Soldiers, el medio Vice News consiguió rastrear desde Rusia central a un soldado de Buryatia que había publicado fotos del este de Ucrania durante el conflicto.


Lo que suben a las redes también ha hecho más fácil el poder seguir a miembros de las fuerzas armadas rusas hasta Siria. En algunos casos, esta operación se llevó a cabo varias semanas antes de que el país anunciara su involucración en la guerra civil. Los perfiles se han utilizado también en diversas ocasiones para confirmar bajas de los soldados en el país sirio y en Ucrania, así como para elaborar informes sobre novatadas entre los reclutas.

Por Andrew Roth - Moscú

Traducido por Javier Biosca y Naiara Bellio

20/02/2019 - 18:24h

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Martes, 12 Febrero 2019 06:11

Irán seguirá con sus misiles

Irán seguirá con sus misiles

Con motivo de los 40 años del triunfo de la Revolución Islámica, el presidente iraní destacó los avances pese a las sanciones.

 

El presidente iraní, Hasan Rohani, advirtió ayer que Irán continuará desarrollando sus sistemas de misiles, ante la multitud congregada en la plaza Azadi de Teherán para festejar el 40 aniversario del triunfo de la Revolución Islámica en ese país.


En su discurso a los manifestantes reunidos en la plaza Azadi (Libertad), Rouhani desestimó los esfuerzos de Estados Unidos para aislar a Teherán y dijo que las sanciones de Estados Unidos no podrían quebrar a la República Islámica.

“La presencia de personas hoy en las calles de todo el Irán islámico significa que el enemigo nunca alcanzará sus objetivos malvados”, dijo Rohani, y agregó que el país continuará con su programa de misiles para defender al país de amenazas externas. “No hemos pedido, y nunca pediremos permiso para desarrollar nuestro arsenal de misiles mientras continuamos nuestro camino hacia el poder militar”, subrayó Rohani, quien detalló en su discurso algunos de los logros militares de los últimos 40 años. El mandatario señaló, además, que “la potencia militar de Irán es sorprendente para todo el mundo”, entre los vítores de los asistentes, que llenaron la plaza y todas las calles aledañas.


En una muestra de este poderío, el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución expuso en las calles de Teherán, escenario de ceremonias los misiles Qadr, con un alcance de 2.000 kilómetros; Ghiam, de 700 kilómetros; y Zolfeghar, de 800. Los sistemas de misiles de Irán, así como su influencia regional, preocupan especialmente a Estados Unidos, pero también a Europa y a países de Medio Oriente como Arabia Saudita e Israel. Sobre la influencia regional, Rohani afirmó que gracias al apoyo de Irán a Irak, Siria, Líbano, Palestina y el Yemen, “los enemigos no lograron una victoria”. También incidió en la intervención extranjera en Medio Oriente, en particular de Estados Unidos y aseveró que esas fuerzas foráneas “deben salir de la región”.


El año pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió retirar a su país del acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015 y reactivó las sanciones contra ese país, lo que causó daños a la economía y llevó al régimen de los ayatolás a denunciar una “guerra económica”.


“La presencia de la gente en las calles de todo el Irán islámico significa que se han arruinado las conspiraciones planeadas este año por el enemigo”, afirmó el Rohani en su discurso. A su juicio, la gran participación popular en las celebraciones de ayer demuestran que “el enemigo no alcanzará sus objetivos siniestros y la vía de la revolución continuará del mismo modo que en los pasados 40 años”.


Cientos de miles de ciudadanos salieron ayer en las principales ciudades del país para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la caída del régimen del sha Mohamad Reza Pahlevi y el ascenso al poder del ayatolá Ruhollah Khomeini, el líder de la Revolución Islámica.


Las imágenes de las cadenas de televisión estatal mostraron grandes multitudes de manifestantes con banderas iraníes y coreando lemas como “Muerte a Israel, muerte a América”, proclamas habituales desde la Revolución Islámica. “A pesar de la consternación de América, la revolución alcanzó los 40 años”, reza otra de las pancartas exhibida por los manifestantes.


La elevada asistencia a las manifestaciones convocadas por el Gobierno coincide con un momento especialmente delicado para los iraníes por el aumento de los precios, la escasez de alimentos y la alta inflación, circunstancias que provocaron anteriormente una ola de manifestaciones contra el Gobierno.


Arabia Saudita, líder sunnita de la región, y otros países árabes miran con recelo a Irán desde que la Revolución Islámica acabó con el régimen del sha, por el temor a que el ayatolah Khomeini sirviera de inspiración a los milicianos islámicos en Medio Oriente.


Irán y Arabia Saudita están implicadas en los conflictos de Irak, Yemen y Siria, donde defienden a bandos contrapuestos y profesan visiones opuestas del islam: el primero es chiita y su adversario es sunnita.

 

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