Brasil compra a Rusia armamento por valor de mil millones de dólares

En un momento en el que las relaciones del Gobierno de Brasil con el de los Estados Unidos vive momentos de tensión por el supuesto espionaje americano, la presidenta Dilma Rousseff ha estrechado los lazos con Rusia al cerrar la compra de baterías antiaéreas rusas por valor de mil millones de dólares.

 

El ministro de Defensa, Celso Amorim, se ha encontrado en Brasilia con su colega ruso Sergei Shoigu. El ministro Amorim, después de sus conversaciones con su homólogo, ha hecho saber que nada impide hoy la participación brasileña en el proyecto del Sukhoi T-50, un caza que cuenta con cinco prototipos volando y que servirá como base a un modelo que será producido conjuntamente con la India.

 

El Sukhoi T-50, un caza de quinta generación ruso, puede ser comprado para la FAB (Fuerzas Aéreas de Brasil) y servirá de base para un modelo local. Por la oferta, Brasil recibiría el Sukhoi-35 para sustituir a los Mirages-2000 que serán jubilados este mismo año, hasta que el T-50 no alcance su estado operacional. Eso debería ocurrir en 2016. El nuevo caza solo será producido comercialmente al final de esta década.
El ministro ruso, en su encuentro con el colega brasileño, llegó a hablar de que podría alquilar equipamiento militar ruso, lo que fue visto como un paso intermedio antes de adquirir el El T-50, el proyecto de caza de quinta generación más avanzado del mundo. En Estados Unidos tienen sólo un avión de este tipo, el F-22, considerado "invisible al radar".


El ministro ratificó además que el disputado proceso de compra de cazabombarderos de generación actual, el F-X2, sigue en vías de definición entre tres competidores: el F/A-18 de Estados Unidos, el Rafale de Francia y el Gripen NG de Suecia.


Desde fines de 2012, según el medio brasileño, comenzó a circular el rumor de que la presidenta Dilma Rousseff podía inclinarse por los F18 estadounidenses, pero esa hipótesis se desvaneció luego del escándalo del espionaje de la agencia NSA y la suspensión del viaje a Washington previsto para este mes. Lo que no cabe duda es que Brasil ha abierto un nuevo canal de entendimiento con Rusia en materia militar.

 

JUAN ARIAS Río de Janeiro 17 OCT 2013 - 23:25 CET

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Reino Unido convoca un Ejército de 'hackers' para su defensa

 

El Gobierno británico ha sorprendido al mundo al anunciar la creación de un cuerpo de reservistas para formar un Ejército cibernético. La creación de ese cuerpo, anunciada por el ministro británico de Defensa, Philip Hammond, tiene como misión no solo defenderse de ataques cibernéticos, sino estar preparados para lanzar sus propios "ataques en el ciberespacio". Se entiende por guerra cibernética el uso de ordenadores para trastornar las actividades de un país enemigo, especialmente mediante ataques deliberados a sus sistemas de comunicaciones.

 

El verdadero objetivo de ese paso, sin embargo, no está claro. El ministro Hammond ha hablado de disuasión, aunque algunos expertos opinan que eso no es técnicamente posible en materia de ciberseguridad. Otras explicaciones que se manejan van desde la mera propaganda para distraer la atención sobre el impacto de las políticas de ajuste a una maniobra para concienciar a la opinión pública o simplemente un intento de atraer genios informáticos en un momento en el que un gran segmento de la población desconfía cada vez más de los servicios secretos británicos.

 

Desconfía, especialmente, después de que los papeles filtrados por el ex empleado de la NSA Edward Snowden al diario londinense The Guardian entre otros revelaran la enorme dimensión del espionaje británico y su penetración en las redes privadas de comunicaciones y la estrecha colaboración en esa materia con Estados Unidos.

 

Hammond confirmó el domingo pasado la creación de una nueva Ciber Reserva Conjunta para que "los reservistas trabajen junto a las fuerzas regulares para proteger redes críticas de ordenadores y salvaguardar datos vitales", según una nota del Ministerio de Defensa. En esa nota se citan las palabras textuales del anuncio del ministro. "En respuesta a la creciente amenaza cibernética, estamos desarrollando una cibercapacidad de espectro total, incluida la capacidad de atacar, para mejorar la gama de capacidades militares de Reino Unido", precisa Hammond. "Estamos invirtiendo una parte cada vez mayor de nuestro presupuesto en capacidades de alta calidad como herramientas cibernéticas, de inteligencia y de vigilancia para mantener la seguridad del país", añade.

 

"La Ciber Reserva será una parte esencial para asegurar que defendemos la seguridad nacional en el ciberespacio. Esta es una fantástica oportunidad para que expertos en la industria de Internet puedan poner sus conocimientos para que sean aprovechados por la nación, protegiendo servicios vitales y nuestras capacidades informáticas", concluye el ministro de Defensa en el llamamiento más claro y directo de un miembro del Gobierno para que los hackers con más talento busquen cobijo bajo las amplias alas de los servicios de seguridad de Reino Unido.

 

El Ministerio de Defensa no ha aclarado cuáles son las compensaciones que ofrece a quienes quieran formar parte de esta nueva fuerza cibernética, pero sí ha explicado qué condiciones han de cumplir para poder ser aceptados.

 

Los candidatos han de ser mayores de 18 años; británicos o de un país de la Commonwealth; haber vivido en Reino Unido al menos los últimos cinco años; ser capaces de comprometerse a realizar un entrenamiento de entre 19 y 27 días al año, incluidas dos semanas consecutivas y varios fines de semana; tener tiempo libre en fin de semana para apoyar misiones de ciberseguridad de la defensa; superar un proceso de seguridad; y, por supuesto, tener "aptitudes cibernéticas excepcionales y verificables". Entre las cualidades más apreciadas cita una cuarentena de tipo general o relacionadas con redes, lenguajes, calificaciones y cuerpos profesionales a los que se pertenece.

 

La cuestión que más ha llamado la atención es que los británicos hayan sido el primer país que admite públicamente que está montando una fuerza cibernética capaz de atacar y no solo de carácter defensivo. "Las guerras del futuro se van a librar mediante expertos en telecomunicaciones en habitaciones como esta y no con soldados desfilando por las calles o tanques o aviones de combate", declaró Philip Hammond al diario The Mail on Sunday antes del anuncio formal del proyecto.

 

En esa entrevista, el ministro explica cómo un ciberataque puede destrozar las comunicaciones del enemigo, sus arsenales atómicos y químicos, sus aviones o sus barcos. "La gente piensa en lo militar como algo de tierra, mar y aire. Nosotros hace tiempo que hemos incorporado una cuarta esfera: el espacio. Estamos ante una nueva frontera en materia de Defensa. Durante años hemos estado construyendo una capacidad defensiva para protegernos de ciberataques. Eso ya no es suficiente", advierte. "Para disuadir, has de tener capacidades ofensivas. Vamos a construir en Gran Bretaña una capacidad de ciberataque que nos permita responder en el ciberespacio a los enemigos que nos atacan, poniendo lo ciber como una actividad militar convencional junto a tierra, mar, aire y espacio".

 

¿Quién es ese enemigo? Los británicos nunca lo dicen en público, pero en privado señalan a China y Rusia. Hammond aseguró en el congreso del Partido Conservador que el año pasado, las defensas cibernéticas de Reino Unido "bloquearon 400.000 avances, amenazas cibernéticas maliciosas a la red de intranet del Gobierno". Pero, un ejército concebido para atacar, ¿puede convertirse en una herramienta de disuasión como el arma nuclear?

 

Thomas Rid, profesor del King's College y experto en guerra cibernética, cree que no. "Construir un arma cibernética significa atacar primero. Construir una capacidad ofensiva exige conocer de antemano cuál es el objetivo, en detalle, incluyendo configuraciones singulares de sistemas industriales de control, conocidos como SCADA. Conocer esos objetivos exige penetrar primero el objetivo, a través de agresivos sondeos de inteligencia. El efecto de eso es la escalada, no la disuasión", ha declarado a The Guardian. Y en declaraciones al Financial Times, Rid sostiene que hacer ahora públicos los planes de poner en marcha una fuerza cibernética atacante "puede ser contraproducente porque otros protagonistas pueden reaccionar de forma que todos estemos menos seguros". La guerra de las galaxias ya está aquí pero no se libra con sables de luz, sino con pantallas y teclados.

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Sábado, 26 Enero 2013 07:26

La seguridad del Atlántico Sur

La seguridad del Atlántico Sur

“Si nosotros no nos ocupamos de la paz y la seguridad del Atlántico Sur, otros se van a ocupar. Y no de la manera que nosotros deseamos: con una visión de países en desarrollo que repudian cualquier actitud colonial y neocolonial”, dijo el ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim, durante la VII Reunión Ministerial de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS) realizada el 15 y 16 de enero en Montevideo [1].

 

En la misma reunión, el canciller brasileño Antonio Patriota dijo que el mundo camina hacia una multiplicidad de centros de poder y que “está en curso un proceso de difusión del poder mundial, con el reconocimiento creciente del papel que está siendo desempeñado por los países en desarrollo”. Agregó que es imperioso “preservar el Atlántico Sur de la introducción de armas nucleares y otras armas de destrucción en masa” [2].

 

Brasil y sus aliados en la región, incluyendo a sus amigos africanos, decidieron revitalizar un instrumento como la ZOPACAS que durante largo tiempo no jugó ningún papel. La alianza de 24 países atlánticos sudamericanos y africanos incluye dos países que integran los BRICS (Brasil y Sudáfrica) y Argentina que integra el G-20, y fue revitalizada ante los vertiginosos cambios que está viviendo el mundo, la crisis que atraviesa Guinea Bisau [3] y la inestabilidad en República Democrática de Congo.

 

De este modo los países con más visión estratégica como Brasil buscan seguir abriendo espacios para el multilateralismo, ante el avance de la política de Washington que consiguió que algunos países del Pacífico establezcan la Alianza del Pacífico para dificultarle a Brasil una salida fluida a ese océano. La creación de la Alianza del Pacífico en abril de 2011, y formalizado el 6 de junio de 2012, entre México, Colombia, Perú y Chile es, como señala el economista peruano Oscar Ugarteche, “un contrapeso a la influencia brasileña en Sudamérica” [4].

 

En opinión del economista, los tres gobiernos sudamericanos tienen en común no haber firmado el acta de constitución del Banco del Sur, no tener acuerdos comerciales con el Mercosur del cual son sólo observadores, tener TLCs firmados con Estados Unidos y carecer de un sector industrial nacional significativo. Ugarteche concluye que el nuevo bloque “sirve no para competir sino para bloquear” la integración regional que propone la Unasur.

 

Cooperación Sur-Sur

 

La Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur fue creada el 27 de octubre de 1986 por iniciativa de Brasil con el apoyo de Argentina, en momentos en que ambos países estaban gobernados por fuerzas conservadoras, José Sarney y Raúl Alfonsín eran los presidentes. Está integrada por 24 países en los que se hablan cuatro lenguas oficiales: español, portugués, inglés y francés [5]. El objetivo es la cooperación y mantener al Atlántico Sur sin armas nucleares.

 

La constitución de la ZOPACAS fue aprobada por Naciones Unidas con los votos en contra de Estados Unidos, Bélgica, Francia, Italia, Japón, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Alemania. Aunque en los hechos la nueva alianza estaba orientada contra la presencia soviética en el Atlántico Sur, la negativa de los países del Norte muestra un claro rechazo a la cooperación Sur-Sur.

 

Por el contrario, la creación de organismo internacional fue apoyada con entusiasmo, por los sectores nacionalistas y en particular por el pensamiento estratégico de Brasil. Guilherme Sandoval Góes, coordinador de la División de Asuntos Geopolíticos y Relaciones Internacionales de la Escuela Superior de Guerra, concluyó que Brasil dio un paso significativo para neutralizar la estrategia continental de Estados Unidos al crear la ZOPACAS.

 

En un trabajo publicado en la revista teórica de ese centro, dijo que la alianza “tiene un importante papel para neutralizar una posible iniciativa de Estados Unidos de crear la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), que consolidaría la hegemonía norteamericana en esta importante región geo-estratégica” [6].

 

Para evitar la subordinación geopolítica de la región, defiende “el liderazgo benigno brasileño en América del Sur”, lo que convierte a la región en “espacio vital para el fortalecimiento internacional de Brasil” y su inserción multipolar en varios frentes de cooperación internacional con la Unión Europea y el bloque asiático [7]. Si estos pasos no se concretaran, Sudamérica sería apenas un objeto de la explotación económica de Washington sin autonomía política.

 

Sin embargo, desde su creación la ZOPACAS tuvo escasa actividad. Muchas dificultades conspiran contra la posibilidad de convertirla en un foro dinámico y resolutivo. La presencia de 21 países africanos que hablan cuatro idiomas y pertenecen a alianzas regionales diferentes, ha sido el principal obstáculo a superar. Hacia seis años que no se reunía y es la primera vez que acuden ministros de defensa.

 

En diciembre de 2010 la cancillería organizó una Mesa Redonda en Brasilia con el objetivo de revitalizar la ZOPACAS. Se identificaron áreas para el desarrollo de proyectos comunes: “mapear y explorar los fondos marinos, proteger y preservar los recursos del mar, transporte marítimo y aéreo, seguridad portuaria, cooperación en defensa y combate a crímenes transnacionales” [8].

 

Despegarse del Norte

 

Como se sabe, en los últimos años la mayor parte de los países sudamericanos vienen construyendo diversos espacios de integración y coordinación económico, política y militar como el Banco del Sur, Unasur y el Consejo de Defensa Suramericano (CDS). Este proceso se aceleró con la crisis mundial y el descubrimiento de grandes reservas de petróleo y gas en Venezuela y el mar de Brasil.

 

Uno de los ejes de la defensa de los países sudamericanos pasa por el Atlántico. El canciller Patriota, de Brasil, recordó en la reunión de Montevideo que el Atlántico tiene cada vez mayor importancia “por el descubrimiento de enormes reservas minerales y petrolíferas”, por sus abundantes recursos en biodiversidad y porque “el 95% del comercio exterior brasileño pasa por ese océano” [9].

 

La seguridad de cada uno de estos países, y Brasil es la sexta economía del mundo, pasa por evitar que otras potencias se hagan presentes en el Atlántico Sur. Por eso la reacción de Brasil a las pretensiones de la Cumbre de Lisboa de la OTAN, celebrada el 19 y 20 de noviembre de 2010, que supuso el reconocimiento de que la alianza militar se ha convertido en una fuerza con vocación de intervención global [10].

 

Brasil respondió ante lo que consideró una posición militarista de Estados Unidos. El 10 de setiembre el ministro de Defensa Nelson Jobim mostró su preocupación por el riesgo de que la OTAN pueda realizar incursiones armadas en el Atlántico Sur, al que definió como “área geoestratégica de interés vital para Brasil” [11]. El ministro fue claro al señalar que es necesario separar las cuestiones del Atlántico Norte de las del Sur, que merecen “respuestas diferenciadas, tanto o más eficientes y legítimas cuanto menos involucren a organizaciones o Estados extraños a la región”.

 

Aseguró que las razones por la cuales se creó la OTAN “dejaron de existir” ya que desapareció la amenaza que representaba la Unión Soviética. Denunció que la OTAN se convirtió en “instrumento para el avance de los intereses de su miembro principal, los Estados Unidos”, y criticó de modo frontal “la extrema dependencia europea de las capacidades militares norteamericanas en el seno de la OTAN”, lo que le impide “constituirse en un actor geopolítico a la altura de su peso económico” [12].

 

El 3 de noviembre, en la apertura de la VII Conferencia de Seguridad Internacional Fuerte de Copacabana (Rio de Janeiro), patrocinada por la Fundación Konrad Adenuer de Alemania, el ministro de Defensa Nelson Jobim dijo que Brasil y Sudamérica no pueden acepar que Estados Unidos y la OTAN “se arroguen” el derecho de intervenir en cualquier parte del mundo y, de modo particular, de “cortar la línea” que separa al Atlántico Norte del Sur [13].

 

Rechazó la idea de “soberanías compartidas” sobre esta región que maneja el Pentágono: ¿Cuál es la soberanía que Estados Unidos quiere compartir, la de ellos o la nuestra?”. Dijo más: “No seremos aliados de Estados Unidos para que ellos mantengan su papel en el mundo” y aseguró que “la política internacional no puede ser definida a partir de la perspectiva que convenga a los Estados Unidos” [14].

 

Rechazó conversar sobre el Atlántico Sur con un país que ni siquiera acepta la soberanía marítima brasileña de 350 millas, reconocida por Naciones Unidas. Jobim defendió que Brasil y los demás países sudamericanos “construyan un aparato disuasorio para enfrentar las amenazas extra-regionales”, que es uno de los ejes de la Estrategia Nacional de Defensa de Brasil, capaz de enfrentar todo tipo de desafíos, diplomáticos y militares, convencionales o no.

 

Cooperación y negocios

 

El Plan de Acción de Montevideo, aprobado en el VII Encuentro Ministerial de la ZOPACAS, define siete áreas de trabajo inspiradas en las mismas directrices definidas por la Mesa Redonda de 2010. En el área de Defensa hace un llamado a los países miembros a “fortalecer sus capacidades navales y aéreas” y promueve la realización de “ejercicios militares conjuntos en el Atlántico Sur” [15].

 

En paralelo, el ministro Celso Amorim propuso a los integrantes de la alianza “compartir la experiencia brasileña en el levantamiento de plataformas continentales, capacitación en salvamento y rescate en el mar, operaciones de paz y vigilancia marítima” [16]. Debe recordarse que entre los países africanos del Atlántico hay algunos de los principales productores de petróleo del mundo, como Nigeria y Angola.

 

Si los acuerdos avanzan tal como está previsto y si la Marina de Brasil continúa su constante proceso de modernización y expansión, la ZOPACAS puede convertirse (al igual que la Unasur y el CDS), en piezas de un paraguas regional que garantice su independencia. La intervención unilateral de un país del Norte, como Francia en Mali, por poner un ejemplo reciente, es algo que Brasil y Argentina quieren evitar.

Por eso el canciller Patriota dijo en Montevideo, en referencia a la situación que atraviesa Guinea-Bisau, que “la crisis que vive hoy ese país es ejemplo de una situación con implicaciones serias sobre el espacio del Atlántico Sur ante el cuál no podemos permanecer indiferentes” y definió el conflicto como “muy próximo a Brasil” [17].

 

Hay otras razones para una alianza de este tipo, que no vienen en los comunicados oficiales, como la creciente presencia económica de Brasil en África. Sólo en Angola se instalaron 200 empresas brasileñas que en 2007 eran responsables del 10 % del PIB [18]. La afinidades culturales, históricas y linguísticas explican el interés de los empresarios de Brasil en los países lusófonos africanos.

 

Odebrecht, la mayor constructora brasileña y la 24ª. del mundo, tiene 20 mil empleados en Angola, construyó la mayor hidroeléctrica del país y está levantando un complejo agroindustrial para producir etanol, azúcar y energía eléctrica, además de una segunda hidroeléctrica, líneas de trasmisión, avenidas y la reforma de las redes de agua y saneamiento en las ciudades [19].

 

En total son 32 emprendimientos en manos de Odebrecht que es la primera empleadora privada del país. Lula visitó Angola tres veces en los últimos cinco años. Desde 2000 ingresaron en el país otras constructoras como Camargo Corrêa, Queiroz Galvão y Andrade Gutierrez, también apoyadas con créditos del gobierno. En los últimos años Angola se convirtió en pieza clave en la expansión de las multinacionales brasileñas.

 

Por eso los medios especializados en Brasil se congratularon por la revitalización de la ZOPACAS, que consideraron “uno de los mayores triunfos de la diplomacia brasileña” [20]. Aún así consideraron que se trata de un “ambicioso movimiento” para el cual probablemente la Marina de Brasil, la única verdaderamente importante en el Atlántico Sur, aún no esté preparada para enfrentar.

 

Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el “Informe Mensual de Zibechi” para el Programa de las Américas www.cipamericas.org/es.

 


Raúl Zibechi
Programa de las Américas

 

Recursos

Defesanet, “ZOPACAS ou Mar Brasilis I”, 18 de enero de 2013, en http://www.defesanet.com.br/defesa/noticia/9354/DN—ZOPACAS-ou-MARE-BRASILIS—Lula-e-o-MD

Guilherme Sandoval Góes, “Por onde andará a Grande Estrategia Brasileira?”, Revista da Escola Superior de Guerra, Rio de Janeiro, julio-diciembre, 2008

Ministerio de Defesa, “ZOPACAS. Amorim propõe ações para fortalecer cooperação em Defesa”, Montevideo, 16 de enero de 2013.

Ministerio de Defesa, “Texto-base do discurso de Ministro Antonio de Aguiar Patriota”, Montevideo, 15 de enero de 2013.

Oscar Ugarteche, “El Bloque del Pacífico desde la integración estratégica”, 26 de abril de 2011 en http://alainet.org/active/46100

Notas:

[1] Ministerio de Defesa, “ZOPACAS. Amorim propõe ações para fortalecer cooperação em Defesa”, Montevideo, 16 de enero de 2013.

[2] Ministerio de Defesa, “Texto-base do discurso de Ministro Antonio de Aguiar Patriota”, Montevideo, 15 de enero de 2013.

[3] El 13 de abril de 2012 un grupo militar sublevado secuestró tanto al exprimer ministro Carlos Gomes Júnior como al presidente en funciones, Raimundo Pereira, antes de que se celebrara la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

[4] Oscar Ugarteche, “El Bloque del Pacífico desde la integración estratégica”, 26 de abril de 2011 en http://alainet.org/active/46100

[5] Por orden alfabético son: África del Sur, Angola, Argentina, Benin, Brasil, Cabo Verde, Camerún, República del Congo, Costa de Marfil, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bisau, Guinea Ecuatorial, Liberia, Namibia, Nigeria, República Democrática del Congo, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona, Togo y Uruguay.

[6] Guilherme Sandoval Góes, “Por onde andará a Grande Estrategia Brasileira?”, Revista da Escola Superior de Guerra, Rio de Janeiro, julio-diciembre, 2008, p. 60.

[7] Ibid., p. 61.

[8] Ministerio das Relações Exteriores, 9 de diciembre de 2010 en http://www.itamaraty.gov.br/sala-de-imprensa/notas-a-imprensa/mesa-redonda-da-zona-de-paz-e-cooperacao-do-atlantico-sul-zopacas-brasilia-6-e-7-de-dezembro-de-2010

[9] Ministerio de Defesa, 15 de enero, ob. cit.

[10] “Strategic Concept. For the Defence and Security of The Members of the North Atlantic Treaty. Organisation”, en www.nato.int/lisbon2010/strategic-concept-2010-eng.pdf

[11] “Importante Jobim lança o Mare Brasilis”, en Defesanet, http://www.defesanet.com.br/dn/17SET10.htm

[12] Ibid.

[13] “Ministro da Defesa ataca estratégia militar de EUA e Otan para o Atlântico Sul”, Folha de São Paulo, 4 de noviembre de 2010, en http://www1.folha.uol.com.br/mundo/825261-ministro-da-defesa-ataca-estrategia-militar-de-eua-e-otan-para-o-atlantico-sul.shtml

[14] Ibid.

[15] “Plano de Ação de Montevidéu”, 16 de enero de 2013 en http://www.defesanet.com.br/geopolitica/noticia/9323/ZOPACAS—Plano-de-Acao-de-Montevideu

[16] Ministerio de Defesa, 16 de enero de 2013, ob cit.

[17] Agencia Angola Press, 21 de enero de 2013, en http://www.portalangop.co.ao/motix/pt_pt/noticias/africa/2013/0/3/Brasil-aponta-conflito-entre-maiores-desafios-Atlantico-sul,de6f6842-0d0f-4e7d-9262-ba78eba7cc11.html

[18] “Brasil testa papel de potência global em Angola”, BBC, 17 de setiembre de 2012 en http://www.bbc.co.uk/portuguese/noticias/2012/09/120917_angola_especial_abre_jf.shtml

[19] “Laços com presidente e obra durante a guerra marcam atuação da Odebrecht em Angola”, BBC, 20 de setiembre de 2012, en http://www.bbc.co.uk/portuguese/noticias/2012/09/120917_odebrecht_angola_sub1_jf_ac.shtml

[20] Defesanet, 18 de enero de 2013, en http://www.defesanet.com.br/defesa/noticia/9354/DN—ZOPACAS-ou-MARE-BRASILIS—Lula-e-o-MD

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Viernes, 19 Octubre 2012 06:40

Las mañas del Pentágono

Las mañas del Pentágono
La concentración de poder se ha convertido en la tendencia global más importante en los recientes 50 o 100 años. En este proceso, el poder militar juega un papel decisivo, aunque el pensamiento crítico se ha concentrado, quizá excesivamente, en el poder económico, sin visualizar que es el poder duro el que asegura la continuidad de la acumulación de capital.


Hace siglo y medio Karl Marx destacó en una carta a Federico Engels (25 de septiembre de 1857) la importancia del ejército en el desarrollo económico, en las innovaciones técnicas y como precursor de la división del trabajo en la industria, concluyendo que “la historia del ejército muestra (…) la conexión entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales”.


El historiador William McNeill, en su magnífica obra La búsqueda del poder, nos advierte que para estudiar “el macroparasitismo entre las poblaciones humanas” (que podría ser asimilado al imperialismo), deben estudiarse en especial “los cambios en los tipos de equipamiento empleados por los guerreros”.


Fiel a su más conocido trabajo, Plagas y pueblos, sostiene: “Las alteraciones en el armamento se parecen a mutaciones genéticas de microrganismos en el sentido de que pueden, cada tanto, abrir nuevas zonas geográficas de explotación, o destruir antiguos límites mediante el ejercicio de la fuerza dentro de la propia sociedad que los cobija”. Nada más parecido a una historia de la conquista de América.


La carrera de armamentos ultra sofisticados que lleva adelante Estados Unidos, seguido de lejos por un puñado de emergentes, parece estar buscando esas “mutaciones” a las que alude McNeill, para asegurar y ensanchar la brecha de poder de los más poderosos respecto del resto de la humanidad. La ciberguerra en curso y algunas armas especiales, como el avión supersónico capaz de volar a 20 veces la velocidad del sonido que está desarrollando la estadunidense DARPA (Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa), forman parte de esa ambición de poder.


El reciente discurso de Leon Panetta, secretario de Defensa de Estados Unidos, pronunciado el 11 de octubre en el portaviones Intrepid, convertido en museo anclado en Nueva York, estuvo íntegramente dedicado a la ciberguerra. Anunció que su país está viviendo “un momento pre 11 de septiembre” ya que “los atacantes están tramando” un ataque. Acusó directamente a China, Rusia e Irán.


Esta vez Panetta no mencionó el terrorismo como fuente de posibles agresiones, sino un probable “ataque cibernético perpetrado por Estados-nación” que perpetrarían un “ciber Pearl Harbor”. Exigió que se apruebe pronto la Ley de Seguridad Cibernética que otorga al Pentágono poderes extraordinarios en relación a la ciberseguridad. Omitió decir, y este es el punto clave, que su departamento está preparado para lanzar el primer golpe (contra Irán o Venezuela), algo difícil de demostrar en una guerra inmaterial, pero con cuantiosos daños materiales.


Panetta también habló de ciberguerra el 8 de octubre en Punta del Este, en la décima Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Llegó con un documento de 12 páginas titulado La política de defensa para el hemisferio Occidental, con el que pretendió delinear la estrategia militar del Pentágono con base en “enfoques innovadores, económicos y con una mínima huella”.
Se enfrentó con varios ministros de Defensa de la Unasur, aunque contó con el apoyo entusiasta de Chile –que se encargó de elevar las propuestas previamente negociadas con el Pentágono– y de Colombia, sus aliados sudamericanos. No pudo impedir que Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Surinam y Venezuela se negaran a aceptar un sistema de “asistencia humanitaria” coordinado por militares, mientras que Guyana y Uruguay se abstuvieron. Tuvo que tragar el apoyo mayoritario a la soberanía argentina de las islas Malvinas (sólo Estados Unidos y Canadá votaron en contra).


Los países de la región aún no están en condiciones para poner en pie un sistema de defensa colectivo y autónomo, pero avanzan en la desarticulación de las iniciativas del Pentágono. Días antes de la conferencia, el Ministerio de Defensa de Uruguay desarticuló lo que hubiera sido una nueva “base dormida” en el centro del país, junto al único aeropuerto internacional fuera de la franja costera.


El proyecto consistía en la construcción de apenas “un barracón”, pero el modo de operar es significativo. Fue elaborado por el Comando Sur y propuesto directamente a las fuerzas armadas uruguayas, con financiamiento estadunidense y con la excusa de capacitar frente a desastres naturales, pero sin consultar al Ministerio de Defensa. De haberse concretado, “supondría otorgarle la llave del país a Estados Unidos” con la excusa de la capacitación humanitaria (Brecha, 12 de octubre de 2012).


Días atrás, militares uruguayos participaron en ejercicios en Florida, sede del Comando Sur, pasando por encima de las autoridades civiles, que suelen enterarse cuando los militares ya están volando. Situaciones muy similares suceden en Argentina, no así en Brasil y Venezuela. El Pentágono negocia directamente con los militares, como si se tratara de “TLC entre las fuerzas armadas”. La desarticulación de este modo subversivo de operar generó malestar diplomático en Montevideo y en Buenos Aires, donde también cortaron las alas del grupo militar de Estados Unidos en Argentina.


El Consejo de Defensa Sudamericano de la Unasur aún no pudo concretar su “doctrina” para una defensa regional coordinada. Cada paso adelante cuesta meses y arduas negociaciones, mientras la potencia que nos considera su patio trasero sigue desarrollando la “capacidad para proyectar poder y fuerza”, como dijo Panetta.

Sin embargo, la ofensiva lanzada en Punta del Este chocó con la oposición de un grupo de países que no están dispuestos a dejarse imponer las políticas que Washington ensaya desde hace medio siglo, como le dijo el ministro brasileño Celso Amorim al jefe del Pentágono.

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Cómo el Pentágono fracturó la conferencia americana de Defensa
Al negarse a tratar el reclamo argentino de soberanía sobre las islas Malvinas ocupadas por Gran Bretaña e insistir con el empleo de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior contra las denominadas nuevas amenazas y desafíos multifacéticos, el Pentágono fracturó la Décima Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, que sesionó la semana pasada en Punta del Este, Uruguay. Los desacuerdos fueron tan marcados que ni siquiera llegó a considerarse en la plenaria ministerial la propuesta impulsada por Estados Unidos para que la Junta Interamericana de Defensa (JID) pasara a ser la Secretaría Ejecutiva y la Memoria Institucional de la Conferencia de Ministros de las Américas. En cambio, su rol se tratará junto con el de todo el Sistema Interamericano de Defensa en una próxima conferencia que convocará la OEA.


Un aliado fiel


En la guerra de 1982, Estados Unidos fue el aliado decisivo del Reino Unido al suministrarle bases, apoyo logístico, Inteligencia y misiles de última generación. Ese apoyo deslegitimó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), según cuyo texto Estados Unidos debería haber apoyado a la Argentina ante un ataque extrahemisférico con el eventual despliegue y uso de la fuerza contra el agresor. A raíz de ello menos de la mitad de las naciones de la región son miembros del TIAR. El ministro argentino de Defensa, Arturo Puricelli, pidió que los países asistentes se declararan preocupados por “la creciente militarización del Atlántico Sur y la realización de ejercicios que incluyen el disparo de misiles como los que se están llevando a cabo en las Islas Malvinas” y que reiteraran “su firme respaldo a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía”, de acuerdo con lo expresado por la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en diciembre de 2011. Apoyaron la declaración Bolivia, Brasil, Ecuador, Guyana, Nicaragua, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. En cambio Chile, Colombia y México se pronunciaron en favor de la soberanía argentina pero sin referirse a la militarización británica de la región. Esto marcó una clara diferencia con Estados Unidos y Canadá, que se negaron a tratar el tema porque sostienen que no corresponde a este foro. Estados Unidos sigue privilegiando así su alianza estratégica con el Reino Unido. Canadá fue aún más lejos: esa ex colonia inglesa que aún reconoce como su soberana a la reina británica se refirió al territorio en disputa como Falkland Islands y sentó que lo considera un asunto bilateral sobre el que “sólo los habitantes” de las islas “tienen el derecho de determinar su propio futuro”. El mínimo consenso reflejado en la Declaración Final sostiene que las naciones del continente americano tienen carácter pacífico y voluntad de “promover la paz y la cooperación en el Atlántico Sur” y que reconocen la importancia de la Declaración que la Asamblea General de la OEA firmó este año, para continuar examinando “la cuestión de las Islas Malvinas hasta su solución definitiva” por tratarse de un tema de “permanente interés hemisférico”. O sea, poco menos que nada: hay un problemita y nos preocupa.


Ejecuciones extrajudiciales


En el único día que dedicó a la conferencia antes de partir para un encuentro más importante de la OTAN, el jefe del Pentágono, Leon Panetta, dijo que era difícil distinguir si las amenazas transnacionales a la paz y la estabilidad son asuntos de Defensa o de Seguridad Interior y que el empleo de militares para mantener el orden interno “no puede ser una solución de largo plazo”. No cuantificó si hablaba de años, décadas o siglos, pero dijo que entretanto su país apoyará a quienes apliquen esa solución, por supuesto con el siempre declamado “respeto a los derechos humanos y a las competencias de las autoridades civiles”. Uno de los países que votaron junto con el Pentágono por el empleo militar en cuestiones ajenas a la Defensa fue Guatemala, donde tres días antes del comienzo de la conferencia las Fuerzas Armadas ejemplificaron qué ocurre cuando los militares con sus armas letales se vuelcan a las tareas policiales, al matar a seis campesinos y desaparecer a otros que protestaban contra las altas tarifas de luz y el capítulo sobre derechos indígenas en la reforma constitucional que impulsa el gobierno del general Otto Pérez Molina. Como es natural, el embajador de los Estados Unidos en Guatemala condenó el empleo de los militares y nueve de ellos fueron detenidos por “ejecuciones extrajudiciales”, el primer caso desde el proceso de paz. Los campesinos formaban un piquete que cortó la ruta Panamericana, que lleva a México. Los militares fueron enviados para asegurar el derecho a la libre circulación de personas y bienes. El primer detenido por decisión judicial fue el coronel Juan Chiroy Sal, subjefe del Escuadrón de Seguridad Ciudadana del Ejército, quien al mando de ochenta hombres con armas de guerra desoyó la recomendación de las Fuerzas Especiales Policiales (FEP) de no acercarse al área de concentración. Aunque al principio el gobierno dijo que las tropas no estaban armadas, la evidencia fílmica y fotográfica lo refutó. Se recogió en el lugar un centenar de casquillos disparados desde ocho fusiles de asalto Galil.


Los desastres del Pentágono


La Conferencia fue organizada sobre tres ejes temáticos. El primero fue “Desastres Naturales, Protección al Medio Ambiente y la Biodiversidad” y también dio lugar a una votación dividida en la que la Argentina, Brasil y Venezuela se opusieron a la posición del Pentágono. La propuesta firmada por Chile pero que fue distribuida a varios asistentes por la delegación de Estados Unidos, “visualiza a las FF.AA. como un actor principal de los dispositivos de asistencia humanitaria internacional”, según el cuestionamiento argentino, que considera a la capacidad militar “un componente más de la oferta nacional”, cuyo uso y aprovechamiento depende de las autoridades civiles, igual que la coordinación de la respuesta humanitaria internacional. Si resulta necesario, esas autoridades, que en la Argentina dependen del Ministerio del Interior, pueden apelar “al apoyo logístico de las Fuerzas Armadas”. El punto 12 de la Declaración Final reflejó el desacuerdo entre las dos posiciones que confrontaron en la Comisión de Trabajo respectiva. Dispone aceptar la propuesta de Mecanismos de Intercambio de Información sobre Capacidades de Apoyo a Desastres Naturales, “para su eventual adopción” y dice que los ministros de Defensa la someterán “al estudio de las autoridades nacionales responsables de cada Estado con competencias primarias en la materia” y que la participación de cada país en ese mecanismo “será voluntaria, de conformidad con su propio ordenamiento jurídico”. También resuelve poner el tema a consideración de “las organizaciones a nivel hemisférico, regional y subregional que tienen competencia sobre los asuntos de desastres naturales”. Junto con Estados Unidos apoyaron esta posición Canadá, México, Chile, Colombia, Paraguay, Perú, Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Jamaica, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago. Además de la Argentina, Brasil y Venezuela votaron en contra Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Surinam, y se abstuvieron Uruguay y Guyana. La propuesta alternativa, que la Argentina y Brasil defendieron en comisión, no mencionaba la eventual adopción del mecanismo sino apenas “su estudio”. La Cancillería argentina también había advertido al Ministerio de Defensa sobre un párrafo de la propuesta chilena de Estados Unidos sobre el despliegue o empleo de “unidades o medios que tengan una capacidad mínima de siete días de operación con autosuficiencia”. En la práctica ésta podía ser una puerta de acceso para la eventual presencia en el territorio nacional de tropas estadounidenses “con un accionar autónomo”. Como queda claro en el propio punto, lo que se aprobó no es obligatorio, lo cual hace previsible que no sólo quienes votaron en contra se abstengan de entregar información para que el Pentágono la centralice. La discusión fue tan ardua que antes de votar se pasó a un cuarto intermedio, luego del cual el país anfitrión, Uruguay, presentó una tercera propuesta, en un último y fallido intento de impedir que la desavenencia quedara expuesta. La votación fue nominal y constó en el acta a pedido de la Argentina. Como se puede apreciar en sus resultados, Estados Unidos consiguió el apoyo de sus socios en el tratado de libre comercio de Norteamérica, Nafta, de casi todos los países de Centroamérica y el Caribe, del bloque del Pacífico salvo Ecuador, y de Paraguay, recién suspendido en el Mercosur como resultas de lo que sus socios definieron como quebrantamiento del orden democrático, por la destitución del presidente Fernando Lugo sin las garantías del debido proceso. Mientras, la Argentina se alineó con Brasil y con los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). La Declaración Final dispone “conmemorar” los 70 años transcurridos desde la creación de la JID y los 50 del Colegio Interamericano de Defensa. Perú había propuesto “felicitar a la JID por su aniversario y desempeño”, pero el amor no daba para tanto.


Seguridad y/o Defensa


Esto refleja los disensos que empantanaron la discusión del Eje Temático III, que a su vez se dividía en dos subtemas: “Seguridad y Defensa” y “Futuro de la Misión y Funciones del Sistema Interamericano de Defensa”. La Declaración Final se refiere sin discriminar a Defensa y Seguridad, reconoce que ambas son “responsabilidad de los Estados y de la sociedad en su conjunto” (es decir, no sólo de las instituciones armadas) y reafirma “la importancia de la conducción política sobre estos asuntos”, lo cual marca algunos cambios en la región desde que finalizó la guerra fría y pasaron a considerarse inadmisibles los gobiernos militares. Los puntos cruciales al respecto son el 9 (“Los desafíos en defensa y seguridad así como la cambiante realidad de nuestros tiempos requieren una evaluación permanente de los instrumentos y mecanismos de cooperación apropiada entre los Estados”) y 10 (“La Conferencia de Ministros de Defensa considerará los temas prioritarios de las agendas regionales que resulten de interés para los sectores de defensa bajo una óptica integral y en el marco de la cooperación y complementariedad, teniendo en cuenta la importancia del carácter multidimensional de la seguridad para algunos Estados”). En el debate en comisión, se reconoció la coexistencia de distintas visiones y definiciones políticas y conceptuales acerca de la seguridad y la defensa, “según las percepciones de riesgos y amenazas” de cada país y se aclaró que el grupo de trabajo no había intentado definir los conceptos de seguridad y defensa sino delimitar los ámbitos respectivos que podrían ser abordados por los ministros, ya que “la seguridad pública corresponde principalmente a otras instancias hemisféricas y a las particularidades de la arquitectura institucional de cada país”. Si bien existen esas diferencias, los ministros deben aplicar “los criterios de cooperación, visión integral y respeto a las normas de cada Estado, teniendo en cuenta la importancia del carácter multidimensional de la seguridad para algunos Estados”. Además, “los ministerios de Defensa de las Américas, a través de sus Fuerzas Armadas, actúan conforme al ordenamiento jurídico de cada Estado, de manera subsidiaria como institución secundaria en apoyo a las otras fuerzas para hacer frente a una amenaza a la seguridad pública”.


En revisión


El punto 6 de la Declaración Final es el que más tiempo de negociación insumió desde los meses previos a la reunión de Punta del Este, incluyendo un viaje a Montevideo y Buenos Aires del académico Frank Mora, el hijo estadounidense de exiliados cubanos que es viceministro del Pentágono para la región. Estados Unidos planteaba el fortalecimiento de la Junta y del Sistema Interamericano de Defensa. La nueva “Política de Defensa para el Hemisferio Occidental”, difundida por el Pentágono una semana antes de comenzar la conferencia de Punta del Este anticipó que Estados Unidos promovería en la OEA y mediante relaciones entre las Fuerzas Armadas “un férreo sistema de cooperación” para la acción colectiva “frente a los desafíos complejos del siglo XXI”, lo cual implica “reformar las instituciones existentes y aprovecharlas a fin de lograr una mayor eficacia y unidad”. En forma explícita se refiere a la Conferencia de Ministros, a la Junta Interamericana de Defensa y a las Conferencias de Ejércitos, Armadas y Fuerzas Aéreas, descriptas como “los foros principales en donde los jefes de las distintas fuerzas del hemisferio dialogan sobre temas como el mantenimiento de la paz, la ayuda humanitaria y respuesta a desastres, ciencia y tecnología, cooperación cívico-militar, el medioambiente y las amenazas emergentes”. En cambio la Argentina se había ofrecido como sede para una conferencia especial que encarara la revisión total del sistema, incluyendo el Tratado, la Junta y el Colegio Interamericano de Defensa, que considera obsoletos. Mora terminó por aceptar que la revisión era inevitable, pero dijo que su país sólo aceptaría que se realizara en la OEA, cuya sede está en Washington y la Argentina lo admitió. En la Comisión respectiva, la Argentina actuó como relator y entre los organismos que propuso evaluar incluyó a la conferencia de Ejércitos Americanos, la Conferencia Naval Interamericana y el Sistema de Cooperación de las Fuerzas Aéreas Americanas, señaladas como instrumentos originados bajo la lógica de la guerra fría. En el último medio siglo esas conferencias constituyeron “un esquema de intercambio y cooperación horizontal militar-militar, en no pocos casos disociadas de las instancias político-institucionales hemisféricas y nacionales en materia de Defensa”, sostuvo en la Comisión el secretario de asuntos internacionales de Defensa, Alfredo Forti. El punto 6 de la Declaración Final acortó las distancias. Dice que la Conferencia solicita “al Consejo Permanente de la OEA que programe y lleve adelante, con la participación de los ministerios de Defensa, reuniones para la discusión sobre el futuro de la misión y funciones de los instrumentos y componentes del sistema interamericano de defensa, incluyendo a la Junta Interamericana de Defensa”. Continuará.

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Uruguay cuestiona ante ministros la existencia de la Junta Interamericana de Defensa
Punta del Este, 8 de octubre. Uruguay cuestionó hoy la existencia de Junta Interamericana de Defensa (JID), el consumismo, el sistema financiero y los gastos militares, durante la inuguración de la décima Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas que se celebra en este balneario, a la cual asisten delegaciones de 29 de los 34 países que integran el foro.


“La JID tiene 70 años, los mismos que tengo yo, está vieja y estoy viejo, y nació cuando en el mundo pasaban cosas feas”, declaró el ministro uruguayo de Defensa y presidente protémpore de la conferencia, Eleuterio Fernández Huidobro, ante sus colegas de la región, incluido el estadunidense Leon Panetta.


Subrayó que “saber que con una pequeña parte de los colosales gastos militares que dilapida la humanidad podrían resolverse los más graves problemas que hoy nos afligen, es constatar la hondura de la estupidez que nos afecta”. Por ello, destacó que “no puede haber un producto mejor ni más deseable que la paz trasnacional, regional, hemisférica y mundial”.


El ex líder de la antigua guerrilla del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros de los años 60 y 70 del siglo pasado, citó la desigualdad como el gran problema que subyace a muchos otros, y cuestionó el sistema financiero que en gran parte es generador de actividades delictivas trasnacionales peores que el tráfico de drogas, armas, terrorismo, personas, órganos o desechos tóxicos.


El presidente uruguayo José Mujica también habló de que “la gran guerra es contra la desigualdad y la pobreza”, al poner en marcha la reunión. Explicó que el continente americano cuenta con grandes recursos naturales y humanos, pero aún mantiene una “deuda social tremenda”. Añadió que además del sentimiento de patria, “es necesario pensar en los problemas de la humanidad con sentido global”.
En la conferencia, que culminará el miércoles, el ministro argentino de Defensa, Arturo Puricelli, pidió a sus pares pronunciarse sobre el reclamo de su país en torno a las islas Malvinas y criticó los ejercicios militares y la exploración petrolera de los británicos en ese territorio. Calificó de inexplicable que esto suceda en un territorio usurpado ilegítimamente cuando se habla de trabajar por la paz regional.


Aunque no estaba en la agenda inicial, el tema que más ha generado roces es la propuesta sudamericana de que la conferencia reconozca una zona de paz y cooperación del Atlántico sur, lo que implica un respaldo al reclamo argentino por la soberanía de las Malvinas, bajo control británico desde 1833, y un rechazo a los ejercicios militares y la exploración petrolera de Londres en las islas.


El reconocimiento de una zona de paz en el Atlántico sur es un tema que se ha discutido en comisiones desde el domingo para incluir la propuesta en una declaración final. Pero hay un grupo de países que rechazan que el asunto sea incorporado al documento final, dijo el viceministro uruguayo de Defensa, Jorge Méndez.


Los ministros de Defensa de América también han debatido sobre la vigencia del sistema interamericano de defensa, al que varios países de la región dan por muerto desde la guerra de las Malvinas de 1983. No obstante, Estados Unidos se comprometió a fortalecer asociaciones de defensa regional y ha estado presionando en favor de la estrategia del Pentágono.


Afp, Pl, Dpa y Reuters
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Viernes, 21 Septiembre 2012 06:53

Hacia una industria militar sudamericana

Hacia una industria militar sudamericana
Desde la gira del secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, por la región sudamericana en abril pasado, se han profundizado las tendencias que se insinuaban desde tiempo atrás. El Mercosur impulsado por Brasil se afirma cada vez más como potencia económica, política y militar que necesita disputar el espacio sudamericano con Estados Unidos, que sigue considerando la región como su patio trasero.


Recordemos que Panetta consolidó el papel militar de sus dos principales aliados, Chile y Colombia, y que lanzó una suerte de ultimátum al gobierno de Dilma Rousseff para “transformar radicalmente la relación de Brasil y Estados Unidos en el área de la defensa”. En concreto ofrece cierta transferencia de tecnología a la industria militar brasileña, a cambio de la sumisión geopolítica de la potencia emergente (La Jornada, 18 de mayo de 2012).


En poco más de cuatro meses, la “respuesta” regional en el terreno militar (dejo de lado la contraofensiva que supuso el ingreso de Venezuela al Mercosur ante el golpe contra Fernando Lugo en Paraguay) estuvo centrada en dos ejes: la profundización de las alianzas militares sudamericanas y la potenciación del complejo industrial-militar de Brasil.


En el primer aspecto, lo más destacado fueron las maniobras conjuntas entre los ejércitos de Argentina y Brasil denominadas Operación Guaraní, en la provincia de Misiones, cerca de la estratégica Triple Frontera, entre el 23 y el 29 de junio. Participaron mil 200 militares y 210 vehículos de ambos países, con el objetivo de “estrechar lazos de amistad, confianza y cooperación entre los ejércitos de los países” (Defesanet, 30 de junio de 2012).


Según los analistas se registró un hecho “histórico” como la integración en los mismos pelotones de soldados y oficiales de ambos ejércitos, lo que supone la voluntad de unificarse en el combate. Es el segundo año que se realiza la Operación Guaraní, que en esta edición se destacó por la cantidad de personal y material involucrado.


Para evaluar la magnitud del viraje geopolítico que suponen estos ejercicios militares debe recordarse que hasta la década de 1980 la principal hipótesis de conflicto, en cada uno de los países, era la guerra contra el vecino. Se trata de una hipótesis heredada del colonialismo que enfrentó a las coronas de España y Portugal y que se extendió más de siglo y medio después de las independencias, siendo entusiastamente adoptada por las dictaduras de los años 60 y 70.


A principios de agosto Brasil movilizó 10 mil militares en la operación Agata 5, un megaoperativo de seguridad fronteriza que cubrió 4 mil kilómetros, con especial énfasis en la Triple Frontera. Estas operaciones forman parte del Plan Estratégico de Fronteras, lanzado en junio de 2011 por la presidenta Dilma Rousseff (La Nación, 8 de agosto de 2012).


La segunda cuestión que aleja cada vez más al Mercosur de Washington es el fuerte crecimiento de la industria militar brasileña. Los medios especializados señalan que la industria de defensa de Brasil atraviesa un boom y que los empresarios del sector “están felices” y tienen “la voluntad de invertir y crecer”, siguiendo los dictados de la Estrategia Nacional de Defensa aprobada en 2008 (Defesanet, 24 de agosto de 2012).


La Asociación de Industrias de Materiales de Defensa y Seguridad integra 170 empresas, que proyectan duplicar los 25 mil trabajadores que emplea el sector y prevén aumentar las exportaciones de mil 700 a 4 mil millones de dólares para 2020. Los mercados naturales son los países vecinos, con los cuales están en marcha proyectos militares ambiciosos como el carguero KC-390, destinado a sustituir a los C-130 Hércules estadunidenses, en el que cooperan industrias de Argentina, Chile y Colombia en el diseño hecho por la Embraer de Brasil.


El 24 de agosto el Centro de Comunicaciones y Guerra Electrónica del ejército eligió a Embraer para dar los primeros pasos del sistema para monitorear fronteras (Sisfron), con un presupuesto de 6 mil millones de dólares. A diferencia de lo que sucedía hasta ahora, que los radares eran provistos por la multinacional francesa Thales, ahora todos los equipos serán fabricados en Brasil.


Un amplio informe publicado por O Estado de São Paulo (16 de septiembre de 2012) señala que los seis principales proyectos estratégicos de las fuerzas armadas suponen una inversión de más de 60 mil millones de dólares. Además del Sisfron y del carguero militar, incluyen la modernización de la defensa antiaérea con misiles que alcanzan 300 kilómetros, la fabricación de 2 mil blindados de transporte, inversiones en defensa electrónica y la compra de 120 cazas con transferencia de tecnología.


La marina está construyendo los primeros cuatro submarinos convencionales, de un total de 15, y comenzó el desarrollo del primer submarino nuclear, de un total de seis. La flota contará con dos portaviones nuevos, cuenta con uno antiguo, y 106 naves de combate; una parte de ellas serán construidas en los astilleros brasileños. Además se está relanzando la industria espacial, sector en el que Brasil marcha detrás de Venezuela y Argentina.


El mundo está asistiendo a una acelerada carrera armamentista en el contexto de una profunda remodelación geopolítica. A comienzos de septiembre trascendió la fusión entre la inglesa BAE Systems y la europea EADS, dos de las principales empresas de defensa del mundo, ante la crisis de la primera por la reducción del presupuesto militar de su principal cliente, Estados Unidos. Una Unión Europea cada vez más distante de Washington propone crear un ejército europeo sin Gran Bretaña, y establecer “un mercado único para los proyectos de armamentos” (The Guardian, 18 de septiembre de 2012).


América Latina está muy lejos de garantizar su defensa de forma autónoma y las inversiones en armamento siguen siendo las más bajas del mundo. Algo empezó a cambiar. El crecimiento sostenido de la industria militar brasileña, que va camino a situarse entre las 10 mayores del mundo, está llamado a arrastrar a los demás países de la región.

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Washington acuerda con Tokio instalar un nuevo escudo antimisiles
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, llegó anoche a China en una delicada misión para rebajar la tensión surgida entre ese país y Japón, un asunto enmarcado en la rivalidad entre las dos nuevas superpotencias por la supremacía en Asia. La Administración norteamericana trata de enviar a Pekín el mensaje de que no tiene voluntad en estos momentos de exacerbar un conflicto en un área fundamental para la estabilidad mundial.

 
“Todos deberían estar interesados, todos, en que Japón y China mantengan buenas relaciones y encuentren un camino para evitar una escalada” en sus actuales diferencias, declaró Panetta el lunes en Japón, antes de su llegada a Pekín. El secretario de Defensa llamó a ambos países a “la calma y la contención”, y aseguró que su Gobierno no toma partido en la disputa territorial que ha provocado las últimas fricciones.

 
Pero, al mismo tiempo, Panetta acordó con el ministro japonés de Defensa, Satoshi Morimoto, la instalación en territorio japonés de un segundo sistema de defensa antimisiles que se suma al que ya existe para la protección de ese país ante un eventual ataque de Corea del Norte, un aliado de China.
 

Esa doble actuación sintetiza la complicada encrucijada en la que se encuentra EE UU en ese continente: obligado a proteger a sus aliados, cuidándose, al mismo tiempo, de no provocar la furia de China. EE UU tiene firmado un tratado de defensa con Japón y es responsable desde hace décadas de la seguridad de ese país, pero trata de que el Gobierno chino no entienda ese compromiso, y otros similares que tiene con diversas naciones de la zona, como un gesto de hostilidad hacia el gigante de la región.

 
Difícil labor. Hace dos semanas, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, sufrió algunos desplantes en Pekín y fue muy criticada por la prensa oficial por la posición que esta había mostrado respecto a los problemas territoriales de China con algunos de sus vecinos en el mar del Sur de China. Clinton expresó el deseo norteamericano de que esa vía marítima, vital para el intenso comercio del área, se mantenga libre y abierta. Algunos medios del régimen le contestaron que la mejor garantía de que eso ocurra es que EE UU se mantenga al margen.

 
Pero EE UU no se va a mantener al margen. Al contrario, está intensificando su presencia militar. En enero, el Pentágono anunció que el grueso de su flota navegaría en los próximos años en el Pacífico. EE UU ha abierto una nueva base con marines en Australia y ha alcanzado un acuerdo para aumentar el tránsito militar por Filipinas. La razón de este incremento es, oficialmente, la amenaza creciente de Corea del Norte y la vulnerabilidad de algunos aliados norteamericanos, como el propio Japón o Corea del Sur. China lo interpreta, sin embargo, como una injerencia en una región en la que habría que aceptar su predominio.
 

En su visita, Clinton no pudo ver al vicepresidente y próximo líder chino, Xi Jinping, que estaba entonces fuera de la visibilidad pública. Panetta sí tiene prevista una cita con él, lo que puede facilitar el diálogo, puesto que Xi fue asesor del Ministerio de Defensa de su país y pasa por ser un experto en asuntos militares.

 
La militarización de la rivalidad entre China y EE UU ha sido siempre contemplada como una posibilidad que espanta a la comunidad internacional y como un riesgo que ambos países han tratado de evitar hasta ahora. Muy dependientes el uno del otro para el progreso económico, tanto China como EE UU han entendido siempre lo mucho que perderían con un conflicto. Pero, al mismo tiempo, ninguno está dispuesto a renunciar al control estratégico de una región en la que se concentra el grueso de la riqueza mundial.


Por Antonio Caño Washington 17 SEP 2012 - 19:45 CET

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Nueva visión geoestratégica de Brasil, según Ronaldo Carmona (Universidad de Sao Paulo)
En el encuentro 18 del Foro de Sao Paulo, en Caracas, el geopolitólogo Ronaldo Carmona –coordinador del grupo de trabajo temático sobre defensa e investigador de la Universidad de Sao Paulo– me había invitado a su panel, al que por premuras no pude asistir.


El documento matricial de Ronaldo Carmona aborda la “nueva visión estratégica” que se desarrolla en Brasil, en particular, desde el establecimiento de la Estrategia Nacional de Defensa (END) en 2008, que comporta tres aspectos nodales:


“La definición de tres áreas estratégicas de defensa: nuclear, espacial y cibernética”. A mi juicio, este rubro es insuficiente y pertenece a la etapa de la guerra fría; hoy el enfoque debe ser también en los rubros de GNR (genoma, nanotecnología y robótica), sin descuidar la segunda generación informática y, en especial, la ciberguerra y sus “supercomputadoras”, donde Estados Unidos goza una primacía disuasiva.


“La delimitación geográfica mas nítida de las áreas claves de interés estratégico: el Atlántico Sur (SisGAAz, submarino con propulsión nuclear) y la Amazonia, blanco de creciente codicia (Sisfron, desplazamiento de unidades militares de sur a norte)”. Aquí agregaría la Antártida (tan pletórica en materias primas), cuyo control –en la etapa del cambio climático y su descongelación– definiría el dominio geopolítico a los dos lados del Atlántico Sur, lo cual afectaría los intereses de los bloques BRICS, BASIC (unos BRICS sin Rusia) e IBSA (unos BRICS sin Rusia y China).


“El concepto de tomar como base de la defensa de Brasil la identificación de la nación –¡supersic!– con las fuerzas armadas y de las fuerzas armadas con la nacional”. Este concepto debe “multiplicarse en hipótesis de confrontación con una potencia muy superior (nota: ¿será Estados Unidos/OTAN/Israel?) en el esquema de guerra asimétrica”, el cual se volvería “el principal escenario, y cuya victoria sólo es posible en profunda fusión con el pueblo”. Ronaldo Carmona aduce que “en gran medida, se trata de una reiteración del espírito de Guararapes, que forjó la nacionalidad brasileña”.


El significado simbólico y patriótico, casi espiritual, del “espíritu de Guararapes”, según su interpretación por el portal del Ejército brasileño: “El nacionalismo del espíritu de Guararapes es el nacionalismo racional, estratégico, seguro, traducido en la práctica por una Petrobras, una Transamazónica, el decreto de las 200 millas de mar territorial, nuestra política de fletes marítimos y tantas otras realizaciones como Volta Redonda (la Ciudad de Acero), hitos del progreso material de Brasil”.


Sería recomendable que los teólogos neoliberales proponentes de un “espurio modelo Petrobras” en México entiendan sus alcances nacionalistas vinculados a la geopolítica soberana y a la grandeza de Brasil.


Justamente en mi encuentro con Ronaldo Carmona en Caracas coincidimos en que el “espurio modelo Petrobras” de los teólogos neoliberales arcaicos y entreguistas de México no tiene nada que ver con el modelo original brasileño en su quintaesencia nacionalista que han caricaturizado: una desinformación más de los hijos putativos de Televisa.


El taller de defensa que coordina Ronaldo Carmona exhibe la “creciente preocupación de las fuerzas de izquierda en relación con el tema”, como “producto de la tensión cada vez mayor sobre temas como soberanía e independencia, es decir, la cuestión nacional, que rebasan los temas clásicos de la izquierda, como la lucha por la justicia social, la democratización del Estado y la centralidad del desarrollo”.


Comenta que en fechas recientes, “los cuatro partidos de izquierda brasileños que participan en el gobierno de Dilma Rousseff realizaron un seminario en Brasilia sobre la relación entre la política de defensa y el proyecto nacional de desarrollo”, en el que participaron el ministro de Defensa, Celso Amorim, y el ministro de Ciencia y Tecnología, Marco Antonio Raupp.


Por cierto, el anterior canciller Celso Amorim, hoy ministro de Defensa –a mi juicio, uno de los mejores geoestrategas de Latinoamérica (baste comparar con el foxiano Castañeda Gutman)–, explica luminosamente las razones geopolíticas del éxito multipolar de Brasil (ver Bajo la Lupa, 18/1/12). Para mí, “el Brasil de Lula/Dilma” simboliza la esencia del nuevo orden multipolar.


Ronaldo Carmona tiene muy claro el panorama geopolítico y estratégico global: “Vivimos un escenario internacional cada vez más cercano a los pronósticos de las visiones realistas y de la teoría del imperialismo”, y arguye que “existen tres aspectos que ejemplifican las nubes cargadas en la situación internacional”: 1) “redefinición estratégica de Estados Unidos para extender su hegemonía en el tiempo” con “el blanco centrado en la contención de China (sic)”, lo cual rehabilita las tres tesis geopolíticas clásicas (Mahan, Mackinder y Spykman); 2) rehabilitación del “imperialismo humanitario” (intervención en guerras civiles provocadas desde el extranjero: Libia, Siria e Irán, y en países con bajo nivel de cohesión interna, incluso en Sudamérica), y 3) “control de los recursos naturales escasos” que abundan en Sudamérica.


Considera que la “situación en Sudamérica, que busca mayor cohesión y unidad en su pensamiento geoestratégico, es bastante distinta (¡supersic!) a Centroamérica y el Caribe, más pegados (sic) a Estados Unidos” en el área de “su” perímetro de seguridad, o “Mediterráneo americano”, como lo denominó Mahan.


Aborda en forma específica a Sudamérica y su “principal vulnerabilidad”: el “bajo nivel de desarrollo”, que contrasta con su enorme potencialidad, lo cual aboga por un “proyecto de integración regional”. ¿Lo dejará Estados Unidos?


Agregaría otras dos vulnerabilidades para que florezca el desarrollo: finanzas (controladas por la banca israelí anglosajona) y tecnología de punta (Estados Unidos).


Destaca los avances en el “proyecto de integración en defensa de Sudamérica” en la Unasur y apunta al nuevo pensamiento estratégico común del Consejo de Defensa Sudamericano (CDS) y sus dos tesis: el “enemigo interno” (¡cómo abundan las mulas de Troya!) y “guerra del vecino como enemigo”.


El CDS/Unasur preconiza un escenario de amenazas o búsqueda de sometimiento por parte de las potencias centrales debido a las características sudamericanas de poseer excedentes en bienes estratégicos claves en: a) energía (petróleo, gas, uranio, etcétera), b) recursos minerales, incluso estratégicos o raros, c) excedentes acuíferos, d) biodiversidad, en especial la concentrada en la Amazonia, y e) capacidad de producción de alimentos, y proteína animal y vegetal en general.


Aduce que “la integración común sudamericana exige una actitud de cooperación hacia adentro y de disuasión hacia afuera frente a amenazas de naturaleza extrarregional”.


Concluye que “la presencia de fuerzas extrarregionales en la región sudamericana se convierte en cuestión clave: Guyana ‘francesa’; bases militares o acuerdos para franquear acceso a bases nacionales; presencia marítima en el Caribe y en el Atlántico sur”.


¿Podrá salvar el espíritu de Guararapes a la Sudamérica emergente?


www.alfredojalife.com

@AlfredoJalife

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Hace poco más de un año Colombia y Venezuela estaban al borde de la guerra. Además, el Gobierno de Bogotá se había granjeado las críticas del resto de Sudamérica por permitir una mayor presencia militar de EE UU en su territorio. Por entonces era impensable que un colombiano pudiese algún día estar al frente de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el bloque político regional que para muchos analistas ha superado en protagonismo a la decana Organización de Estados Americanos (OEA) en la resolución de conflictos en la zona.
 
Pero tanto ha cambiado el panorama con el actual Gobierno de Colombia y tanto se ha avanzado en la integración regional que María Emma Mejía (Medellín, 1953) ocupa hoy ese puesto con todo el respaldo de Sudamérica.
 
"Creo que la Unasur ha sido clave para que las cosas mejoren", dice Mejía, una política y diplomática que, entre otras cosas, fue embajadora en España, ministra de Exteriores y antigua candidata a la vicepresidencia de su país. "La organización ha respondido rápido, sin burocracia y de forma decidida en todos los conflictos. En el golpe de Honduras, en la crisis interna de Bolivia, en la asonada de Ecuador y en el enfrentamiento que hubo entre mi país y Venezuela. Lo que toca ahora es institucionalizar la Unasur y hacerla perdurable en el tiempo. Esa es mi misión", explica.
 
La Unasur comenzó su andadura en 2008 y se constituyó oficialmente en marzo pasado. Aglutina a los 12 países sudamericanos y tiene su sede en Quito. Aunque la Unasur es un bloque con vocación de integración política, su constitución estuvo siempre marcada por el tema de la defensa. Antes de crearse formalmente, el organismo ya contaba con un Consejo de Defensa Sudamericano para el intercambio de experiencia militar, misiones de paz y la ayuda ante desastres naturales. Ahora, consolidadas prácticamente todas las democracias en la región, el Consejo intenta responder a la pregunta de cuál será el papel de los militares.
"Veo a los Ejércitos sudamericanos, a 20 o 30 años vista, protegiendo los recursos naturales como parte de una nueva noción de soberanía de la que hoy se habla mucho en las reuniones de los ministros de Defensa. La región posee el 27% del agua dulce del continente, ocho millones de kilómetros cuadrados de bosques y tres de los países de la Unasur cuentan con la mayor biodiversidad del planeta. Todo esto tiene que ver no solo con la defensa de los recursos, sino con la protección de la reserva alimentaria que posee la región", explica Mejía.
 
"Creo que la idea convencional de la seguridad fronteriza dará paso en el futuro a una noción regional donde la preservación de la democracia y la defensa de los recursos serán temas capitales. Hay naciones y las seguirá habiendo, pero tenemos una nación-región, por decirlo de algún modo, que ya ha empezado a formar parte del vocabulario de nuestros ciudadanos y de nuestras Fuerzas Armadas", añade. Mejía confía en que las líneas generales de la nueva doctrina de defensa sudamericana se perfilen en el recientemente inaugurado Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa (CEED), en Buenos Aires.
 
Así como Mejía sí ve a la maquinaria militar sudamericana volcada en el futuro a la defensa de la democracia y los recursos, no contempla una integración militar para operaciones bélicas ni para la lucha contra el narcotráfico. "La lucha contra las drogas es la que presenta las mayores diferencias de concepción. No veo a los Ejércitos sudamericanos combatiendo unidos el narcotráfico, aun cuando haya una mayor cooperación en temas de logística o de información".
 
Tampoco vislumbra una especie de OTAN sudamericana: "No imagino una fuerza de guerra. Los últimos conflictos regionales se resolvieron sin disparar un tiro y la actitud que he observado en los 12 ministros de Defensa de Unasur es la de preservar, por encima de las diferencias, una zona de paz. Los países están haciendo un gran trabajo a la hora de hacer transparentes los gastos militares, un tema importante para dejar atrás viejos recelos y avanzar en la integración no solo militar, sino en infraestructuras y en desarrollo social... por primera vez empezamos en América del Sur a pensar en grande y a desarrollar nuestras políticas".
 
La diplomática sí cree que los Ejércitos de la región podrán trabajar juntos en el caso de catástrofes naturales. "La experiencia de la fuerza multinacional en Haití, donde la región ha desplegado casi 6.000 efectivos, es el mejor ejemplo de que nuestros militares pueden hacer un gran trabajo juntos a la hora de hacer frente a los desastres naturales. De hecho, a finales de este mes los ministros de Defensa de la Unasur se reunirán en Haití para debatir la creación de una unidad militar regional de emergencia, en la que la colaboración de España será de gran utilidad".
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