El mundo perdió el año pasado una superficie de bosques primarios tan grande como Bélgica

Global Forest Watch advierte del aumento de la destrucción de estos valiosos ecosistemas en países diferentes a los habituales

Imágenes de satélite muestran que en 2018 el mundo perdió 12 millones de hectáreas de bosques tropicales, destacando especialmente la destrucción de 3,6 millones de hectáreas de bosques primarios, según los datos dados a conocer esta semana por Global Forest Watch, que depende del World Resources Institute.


Los llamados bosques primarios son ecosistemas en los que crecen árboles de cientos o incluso miles de años, que almacenan gran cantidad de carbono y tienen una gran importancia para la biodiversidad, sobre todo, para especies forestales como orangutanes, gorilas, tigres... “Estos bosques tardan mucho en recuperarse, si se talan, quizá nunca vuelvan a su estado original”, incide Mikaela Weisse, directora de Global Forest Watch, que recalca como, a pesar de no ser tan malas las cifras como en 2016 y 2017, “la pérdida de estos bosques primarios sigue siendo muy alta”.


Los datos de satélite Landsat han sido procesados por la Universidad de Maryland y muestran también un cambio significativo en el mapa de destrucción de estos valiosos espacios. Si en 2002 solo Brasil e Indonesia concentraban el 71% de las pérdidas de los bosques tropicales primarios, ahora estos países suponen el 46%, habiéndose extendido este grave problema a otras áreas del planeta.


Por extensión, en 2018 las mayores pérdidas de estos bosques se registraron en Brasil (1,3 millones de hectáreas), República Democrática del Congo (481.248), Indonesia (339.888) o Colombia (176.977). Pero si se analiza dónde ha aumentado más con respecto a 2017, la lista está encabezada por Ghana (con una subida del 60%), Costa de Marfil (26%), Papúa
“Estamos viendo un aumento de pérdidas de bosques primarios en otras partes del mundo donde antes no teníamos”, señala Weisse, que considera muy difícil determinar las causas. “No sabemos qué está pasando exactamente, a veces se trata de una combinación de pequeñas cosas”, incide la directora de Global Forest Watch. “En Ghana y Costa de Marfil no sabemos si es la minería o la producción de cacao, en el Congo está aumentado la agricultura de pequeña escala, en Liberia vemos que está entrando el cultivo de palma... Depende mucho de cada sitio”.


Esta organización incide en la mejoría que se está produciendo en Indonesia, donde la pérdida de bosques primarios fue en 2018 un 40% menor que el promedio anual de 2002 a 2016.
“Hay dos factores que explican lo de Indonesia”, comenta Weisse. “Por un lado, los dos últimos años fueron más húmedos y no hubo tantos problemas de incendios. Probablemente, en 2019 vuelva a haber más fuegos, por el efecto de ‘El Niño’. Y por otro, el Gobierno introdujo nuevas políticas para frenar los incendios, impusieron restricciones en la transformación de turbas y un mayor control en el cumplimiento de la ley”.


En el caso de Brasil, si bien se ha producido también una mejoría respecto a 2016 y 2017, Global Forest Watch considera que las cifras no son positivas si se analizan tomando un periodo de tiempo más largo. De hecho, se advierte de una tendencia alcista en la deforestación de la Amazonia que podría poner en peligro los avances conseguidos a principios de los 2000.

Por Clemente Álvarez
27/04/2019 - 12:36h

Publicado enMedio Ambiente
Deforestación al Amazonas. El cáncer en nuestro pulmón verde

La región amazónica representa una esperanza verde que conserva la mayor biodiversidad del planeta. Es nuestra fuente de oxígeno para el mundo ante el cambio climático. Pero año tras año la deforestación hace trizas miles de hectáreas de selva virgen. El panorama no solo es aterrador, dentro de poco será irremediable. La agricultura y la ganadería son las actividades que más amenazan a toda esta región. Aquí el reporte más actual.

El proyecto “Monitoreo de la Amazonia Andina” es un portal web https://maaproject.org/es/ que tiene como iniciativa observar los problemas que atentan contra la conservación amazónica. Para monitorear la deforestación de las cuenca amazónica en tiempo casi real –un vasto territorio que comprende las naciones de Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia– utiliza la tecnología satelital. Desde su lanzamiento en el 2015, la organización Conservación Amazónica ha publicado decenas de informes sobre los principales casos de deforestación.

 

 

La conclusión es alarmante: durante los últimos 17 años se han perdido 4.2 millones de hectáreas de bosques andinos amazónicos. Una tendencia creciente desde el año 2006, con grandes picos en los últimos dos años. Es decir, no se ha hecho nada para detener esta constante y el proceso se ha acelerado. En efecto, el año pasado registró el mayor nivel de pérdida anual registrada (426 mil hectáreas), más del doble que en 2006. Perú es el país que registra la mayor pérdida anual, le siguen Colombia y Ecuador. Sin embargo, en el 2017 Colombia superó a Perú con un nuevo máximo histórico anual de 214.7 mil hectáreas. Lo que refleja que en la Amazonía colombiana se ha presentado un auge de deforestación en los últimos dos años.

 

Desangre ecológico

 

Durante los últimos 17 años (2001-2017) se perdió cerca de 4.2 millones de hectáreas de bosques andinos amazónicos. Por distribución y/o afectación, de este total el 50 por ciento corresponde a Perú (2.1 millones), 41 por ciento a Colombia (1.7 millones) y el 9 restante a Ecuador (359 mil). En el presente análisis relacionado no se incluyó Bolivia. La gran mayoría de los eventos de pérdida de bosque –74 por ciento– son de pequeña escala (menos de 5 hectáreas), y el 24 por ciento de mediana escala (5-100 hectáreas), y únicamente el 2 por ciento de gran escala (>100 hectáreas).

Los factores ligados a esta dramática realidad son: Agricultura en cultivos de pequeña y gran escala (palma aceitera y cacao, entre otros), ganadería, minería aurífera, caminos forestales y carreteras. La deforestación por agricultura de pequeña y mediana escala es mucho más común y difícil de documentar en su totalidad. Los cultivos principales son dedicados al cacao, papaya, maíz y arroz.  De manera adicional, la agricultura de pequeña escala es posiblemente un factor determinante en los incendios que degradan la Amazonía durante la intensa temporada seca. El cultivo de coca ilícita es otra causa de deforestación en algunas zonas de Perú y Colombia. La deforestación minera se ha intensificado durante los últimos siete años, con mayor gravedad por minería aurífera en la Amazonía peruana sur, en donde se estima la deforestación histórica de más de 95.7 mil hectáreas .

 

También contribuyen a este desastre la tala de bosques para la construcción de caminos forestales, particularmente por facilitar el acceso humano y sus actividades agrícolas, ganaderas, mineras y forestales. Aparecen, adicionalmente, las represas hidroeléctricas, con tres represas hidroeléctricas construidas en Brasil. Documentado está la pérdida de 36,100 hectáreas de bosques asociadas a inundaciones producidas por dos represas (Santo Antônio y Jirau) en el río Madeira, cerca la frontera con Bolivia. Por explotación de hidrocarburos, tanto petróleo como gas, se ha documentado la deforestación directa de 169 hectáreas para infraestructura petrolera, con una deforestación adicional indirecta de 248 hectáreas que corresponden a la colonización a lo largo de una carretera que se construyó con fines de extracción petrolera.

Nuestros bosques tropicales de la Amazonía, secuestran enormes cantidades de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero que conlleva al cambio climático. No solo estamos acabando con la Amazonia sino con nuestra condición superviviente, dependiente de estos ecosistemas. Pero la ceguera de la “modernización” sigue avanzando con colonización y la explotación.

“Modernos” a pesar de la realidad, así como los fumadores saben que sus prácticas los condenan a la muerte y no abandonan el vicio, condenando su propia existencia. Pero para nuestro caso como especie, hacia nuestra extinción.

 

Publicado enEdición Nº255
Deforestación al Amazonas. El cáncer en nuestro pulmón verde

La región amazónica representa una esperanza verde que conserva la mayor biodiversidad del planeta. Es nuestra fuente de oxígeno para el mundo ante el cambio climático. Pero año tras año la deforestación hace trizas miles de hectáreas de selva virgen. El panorama no solo es aterrador, dentro de poco será irremediable. La agricultura y la ganadería son las actividades que más amenazan a toda esta región. Aquí el reporte más actual.

El proyecto “Monitoreo de la Amazonia Andina” es un portal web https://maaproject.org/es/ que tiene como iniciativa observar los problemas que atentan contra la conservación amazónica. Para monitorear la deforestación de las cuenca amazónica en tiempo casi real –un vasto territorio que comprende las naciones de Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia– utiliza la tecnología satelital. Desde su lanzamiento en el 2015, la organización Conservación Amazónica ha publicado decenas de informes sobre los principales casos de deforestación.

 

 

La conclusión es alarmante: durante los últimos 17 años se han perdido 4.2 millones de hectáreas de bosques andinos amazónicos. Una tendencia creciente desde el año 2006, con grandes picos en los últimos dos años. Es decir, no se ha hecho nada para detener esta constante y el proceso se ha acelerado. En efecto, el año pasado registró el mayor nivel de pérdida anual registrada (426 mil hectáreas), más del doble que en 2006. Perú es el país que registra la mayor pérdida anual, le siguen Colombia y Ecuador. Sin embargo, en el 2017 Colombia superó a Perú con un nuevo máximo histórico anual de 214.7 mil hectáreas. Lo que refleja que en la Amazonía colombiana se ha presentado un auge de deforestación en los últimos dos años.

 

Desangre ecológico

 

Durante los últimos 17 años (2001-2017) se perdió cerca de 4.2 millones de hectáreas de bosques andinos amazónicos. Por distribución y/o afectación, de este total el 50 por ciento corresponde a Perú (2.1 millones), 41 por ciento a Colombia (1.7 millones) y el 9 restante a Ecuador (359 mil). En el presente análisis relacionado no se incluyó Bolivia. La gran mayoría de los eventos de pérdida de bosque –74 por ciento– son de pequeña escala (menos de 5 hectáreas), y el 24 por ciento de mediana escala (5-100 hectáreas), y únicamente el 2 por ciento de gran escala (>100 hectáreas).

Los factores ligados a esta dramática realidad son: Agricultura en cultivos de pequeña y gran escala (palma aceitera y cacao, entre otros), ganadería, minería aurífera, caminos forestales y carreteras. La deforestación por agricultura de pequeña y mediana escala es mucho más común y difícil de documentar en su totalidad. Los cultivos principales son dedicados al cacao, papaya, maíz y arroz.  De manera adicional, la agricultura de pequeña escala es posiblemente un factor determinante en los incendios que degradan la Amazonía durante la intensa temporada seca. El cultivo de coca ilícita es otra causa de deforestación en algunas zonas de Perú y Colombia. La deforestación minera se ha intensificado durante los últimos siete años, con mayor gravedad por minería aurífera en la Amazonía peruana sur, en donde se estima la deforestación histórica de más de 95.7 mil hectáreas .

 

También contribuyen a este desastre la tala de bosques para la construcción de caminos forestales, particularmente por facilitar el acceso humano y sus actividades agrícolas, ganaderas, mineras y forestales. Aparecen, adicionalmente, las represas hidroeléctricas, con tres represas hidroeléctricas construidas en Brasil. Documentado está la pérdida de 36,100 hectáreas de bosques asociadas a inundaciones producidas por dos represas (Santo Antônio y Jirau) en el río Madeira, cerca la frontera con Bolivia. Por explotación de hidrocarburos, tanto petróleo como gas, se ha documentado la deforestación directa de 169 hectáreas para infraestructura petrolera, con una deforestación adicional indirecta de 248 hectáreas que corresponden a la colonización a lo largo de una carretera que se construyó con fines de extracción petrolera.

Nuestros bosques tropicales de la Amazonía, secuestran enormes cantidades de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero que conlleva al cambio climático. No solo estamos acabando con la Amazonia sino con nuestra condición superviviente, dependiente de estos ecosistemas. Pero la ceguera de la “modernización” sigue avanzando con colonización y la explotación.

“Modernos” a pesar de la realidad, así como los fumadores saben que sus prácticas los condenan a la muerte y no abandonan el vicio, condenando su propia existencia. Pero para nuestro caso como especie, hacia nuestra extinción.

 

Publicado enColombia
¿Calentamiento Global? ¿Cambio Climático? ¿Desequilibrio climático? ¿De qué hablamos y qué podemos hacer?

La lucha contra el cambio climático es una emergencia global que no admite excusas. Es alentador comprobar que los jóvenes, -principales sufridores de las consecuencias futuras-, se han puesto en marcha para interpelarnos. Siempre hubo huracanes, grandes borrascas, sequías y otros fenómenos climáticos, pero es un hecho constatable que cada vez son más frecuentes e intensos.


La principal causa de este cambio o desequilibrio son las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la actividad humana.


Los datos del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) son concluyentes respecto a lo que está sucediendo con el clima global: los fenómenos atmosféricos extremos se correlacionan con la temperatura de la superficie del mar en los océanos, que han capturado el 90% del calor adicional producido en los últimos 50 años. Tenemos la obligación de reducir los efectos potenciales de ese calentamiento. Abordar medidas para la mitigación y para la adaptación, lo que implica actuar para minimizar los efectos que empezamos a sufrir. Eso supone la reducción de las concentraciones de gases de efecto invernadero, preferiblemente mediante la reducción de sus fuentes. Pero no se están tomando medidas para lograr una reducción significativa. En muchas regiones del Hemisferio Sur se da por sentado un incremento de temperaturas excesivo.


En países como España, asumiendo el cumplimiento del Acuerdo de París, supondría, en cualquier caso, un aumento en torno a los 4ºC, con terribles consecuencias, ya anticipadas científicamente, para el sector agrícola y las poblaciones costeras, por la subida del nivel del mar.


No hay un Acuerdo Internacional de cómo gestionar la capacidad de carga de la biosfera, de absorber los residuos de nuestra actividad industrial. Lo de París fue un acuerdo de mínimos y no va a tener trascendencia en el control de emisiones.


Hoy existen más refugiados por causas climáticas que por guerras: según datos de Naciones Unidas hay más de 20 millones de personas desplazadas por desastres ecológicos. Los que quieren seguir pensando que son fenómenos naturales quizá no sepan que, en muchos de esos focos de emigración, por ejemplo, en África, sus habitantes llevaban siglos viviendo en durísimas condiciones climatológicas y sabían afrontarlo. Los desplazamientos son algo nuevo y en muchos casos tienen que ver con las políticas de los Gobiernos, favorecedoras de las grandes Multinacionales y de los monocultivos y sobreexplotación de recursos. Acaparan tierras, pero, más dramático aún, acaparan agua en muchos sitios donde ya de por sí escasean y obligan a sus moradores a desplazarse. En ese sentido el Brasil de Bolsonaro nos sirve de triste ejemplo. Lo primero que ha hecho al llegar al poder ha sido desproteger los territorios del acoso de grandes corporaciones madereras, ganaderas o extractivistas en general.


El cambio de paradigma necesario requiere actuar en distintos frentes:


Movilidad global, ordenación del territorio, sobre todo en los crecimientos urbanísticos desproporcionados que generan mayor necesidad de desplazamientos; Gestión hídrica y cierre del ciclo natural del agua. Recuperación de sistemas de protección naturales en nuestro litoral, que eviten las consecuencias de tener buena parte de nuestra costa encementada; mantenimiento de zonas forestales en condiciones óptimas que eviten o minimicen los incendios forestales que cada vez afectan con más intensidad y a mayores extensiones.
Desafortunadamente la mayoría de los medios de mitigación parecen efectivos para prevenir calentamiento adicional, no para revertir el calentamiento existente. Y eso es preocupante. Medidas como: reducir la demanda de bienes y servicios que producen altas emisiones, incrementar la eficiencia, el uso y desarrollo de tecnologías de bajo nivel de CO2 e ir sustituyendo los combustibles fósiles. Incrementar la eficiencia energética de los vehículos, dando mayor peso en el transporte terrestre al ferrocarril y al transporte colectivo. Se precisan cambios en los estilos de vida y en las prácticas de negocios. Así como en el planeamiento urbano, que también debería servir para reducir la expansión descontrolada de las ciudades y con ello, reducir los km viajados, minimizando las emisiones del transporte.


La planificación urbana tiene un efecto evidente sobre el consumo de energía. El uso ineficiente de la tierra, muchas veces tierra fértil escasa, para los desarrollos urbanísticos, más allá de las necesidades reales, y basándolo en la especulación, ha aumentado los costes de infraestructura, así como la cantidad de energía necesaria para el transporte, los servicios comunitarios y en edificios. Se podrían reducir los consumos energéticos considerablemente a través del uso más compacto y mezclado de los patrones del suelo.
El parque urbanístico construido a toda velocidad en los años de la burbuja, no ha cumplido los estándares adecuados desde el punto de vista de eficiencia energética y aprovechamiento pasivo de energía, y, para colmo, la especulación ha impedido cubrir las necesidades de vivienda de la población. Se necesita mejorar la eficiencia energética del parque edificatorio y facilitar el derecho a disfrutar de viviendas en condiciones dignas.


Una grave derivada tiene que ver con la especulación en el litoral. La invasión urbanística del espacio costero y llanuras de inundación ante fenómenos cada vez más fuertes hace también a las poblaciones litorales más vulnerables a sus efectos.


Otro grave problema es el imparable proceso de desertificación donde concurren diversos factores que se van sumando para empeorar la situación: la pésima gestión del ciclo del agua, sobre todo por el elevado peso de la que se destina a regadíos y asimismo la falta de protección a lugares de especial relevancia y valor natural, como el emblemático PN de Doñana, con su especialmente vulnerable y frágil marisma, de extraordinaria importancia como lugar de paso, cría e invernada para miles de aves. Porque también cumplen las marismas importantes funciones, como la de amortiguar y minimizar las corrientes marinas cuando hay mucho viento o tormentas, y esa es una función fundamental en relación a la protección del litoral frente al cambio climático, que no siempre se considera, cuando se le da vía libre a procesos de encementado del litoral.


A lo anterior hay que agregar la acelerada subida del nivel del mar, que además es cada vez más rápida: desde los 1,2 mm año del periodo 1901 a 1990 a los 3,4 mm anuales de los últimos años, que además en el litoral malagueño llega a ser de 9 mm/año. Este incremento del nivel del mar se suma al producido por el oleaje amplificando la zona inundada por el mar.


La conclusión es clara: es urgente tomar medidas contra el cambio climático, de mitigación y de adaptación.


En 2017, la que fue secretaria general del Convenio Mundial contra el Cambio Climático, Christiana Figueres, publicaba en la revista ‘Nature’ un manifiesto en el que advertía que nos quedaban tres años para cambiar la actual tendencia en materia de cambio climático y comenzar a reducir las emisiones. O sea, para 2020 debían estar en marcha medidas ambiciosas. Planteaba el desarrollo de una hoja de ruta de 6 puntos en sectores concretos que nos permitieran alcanzar ese objetivo.


El sector de la producción de energía es clave: el ambicioso objetivo era alcanzar con energías renovables para el año 2020 un 35% de la producción energética global. En materia de transporte vehículo eléctrico eficiente, pero mejor aún, ferrocarril movido por electricidad procedente de renovables. Detener totalmente la destrucción de las selvas y bosques tropicales, hoy tan amenazados. Y aquí tenemos pendiente buscar soluciones a los graves problemas de nuestras masas forestales, como la seca del alcornocal y mal estado de encinares y pinares, o frenar la expansión de eucaliptales que promueven empresas como ENCE para pasta de papel. Fundamental detener la degradación de los suelos. Las soluciones están ahí, y hay que ponerlas en marcha.


La lucha contra el cambio climático es una emergencia global que ya no admite excusas. Aceleremos las actuaciones necesarias. Los jóvenes y el futuro lo están demandando.

15 marzo, 2019
Por Carmen Molina Cañadas

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Trasnacionales deforestarán vasta zona de Brasil

Brasilia. Seis grandes comerciantes de materias primas, incluidos Cargill Inc y Bunge Ltd, acordaron un mecanismo común para monitorizar las cadenas de suministro de soya en busca de deforestación en la vasta sabana de El Cerrado, según un comunicado publicado ayer.

El Cerrado cubre aproximadamente un cuarto del territorio de Brasil, el segundo bioma más grande del país después de la selva amazónica. Sus plantas hunden profundas raíces en el suelo, por lo que hace que se compare la zona con un bosque al revés, formando un importante sumidero de carbono, cuya preservación es vital para la lucha contra el calentamiento global.

Las compañías que pertenecen a la red Soft Commodities Forum, que firmaron el acuerdo para controlar sus cadenas de suministro de soya en El Cerrado, incluyen a Archer Daniels Midland, Cofco International, la unidad de agricultura Glencore y Louis Dreyfus Company.

Las empresas acordaron detallar la cantidad de soya que proviene de El Cerrado y las compras realizadas en los municipios con mayor riesgo de deforestación.

Los primeros hallazgos serán presentados en junio. La declaración no dice que las compañías hayan acordado poner fin a la deforestación en El Cerrado.

"Estamos tratando de enfrentar el desafío de alimentar a la creciente población del mundo de manera sostenible", aseveró el presidente ejecutivo de Louis Dreyfus, Ian McIntosh, según el comunicado.

"Esto significa ser conscientes de la preservación del medio ambiente, incluidas las áreas de importancia para su biodiversidad. El bioma El Cerrado es una de esas áreas, donde se debe hacer todo lo posible para garantizar que cualquier expansión agrícola ocurra de la mano con la preservación de la vegetación nativa."

Aproximadamente la mitad del bosque nativo del bioma y otra vegetación han sido destruidos en los pasados 50 años, con tierras recién despejadas que alimentan el auge de la soya en Brasil. El país es el mayor exportador global de la oleaginosa.

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"No nos preguntamos si los productos que consumimos están bañados en sangre"

La activista colombiana denuncia la complicidad del Estado colombiano en la minería ilegal, un cáncer que contamina sus ríos y deforesta sus tierras.



.-¡Negra¡, gritó la niña al verse en el espejo. //Desde entonces, ese es mi color favorito”. Ese fue el verso elegido por Francia Márquez, la mujer afrocolombiana que ostenta el premio Goldman, considerado como el Nobel del Medioambiente, en la presentación del libro "Horas de guerra", minutos de paz, de Emilio Polo. Era uno de los muchos actos que ha mantenido durante su gira por España para subrayar el abandono de sus comunidades por parte del Estado.


La activista es del Cauca, una de la zonas más golpeadas por la guerra en Colombia donde a pesar de los pactos firmados entre las FARC y el Gobierno, la guerra persiste. A esa violencia han de sumar la que trae la minería ilegal: un auténtico cáncer en sus territorios que se está comiendo su tierras –que son deforestadas en busca del metal- y ríos, envenenados por el mercurio utilizado para separar sustancias. Márquez empezó como activista siendo una adolescente, pero su “master” como defensora del medio ambiente le llegó tras una marcha que realizó para gritar al mundo, tras un sinfín de denuncias infructuosas, que la minería ilegal estaba acabando con sus tierras. Caminó 350 kilómetros durante 10 días junto con otras 130 mujeres y jóvenes. Consiguió sacar unas máquinas retroexcavadoras de sus tierras, pero solo unas; las hay por miles. Según fuentes de la Fiscalía colombiana, el 80% de todo el oro minado anualmente en Colombia se produce de forma ilegal con métodos que causan una devastadora destrucción ambiental. Un reciente estudio de la Universidad Externado de Bogotá encontró que hasta 80 ríos del país están contaminados. La Fiscalía también señala que diez importantes ríos están a punto de "desaparecer".


Francia Márquez, que tuvo que desplazarse de su tierra y vive amenazada, dice haberse inspirado en la sabiduría de sus mayores, “gente que no sabía leer pero que le decían: ‘ustedes tiene que cuidar al río como a su papá y a su mamá, porque eso es el ciclo de vida’”.


Usted denuncia una política extractivista por parte del gobierno colombiano que va en contra de las comunidades


Desde que se empezó a vender a Colombia como un país para la minería, se disparó la minería ilegal en toda la región del Pacífico. Para mí, la minería ilegal es una estrategia para justificar la gran minería y esa política extractivista en Colombia que no mira a las comunidades. Porque la minería ilegal ha llegado a nuestras regiones con la complicidad de las instituciones del Estado, que dejan pasar esas máquinas retroexcavadoras por nuestros caminos hasta llegar a los ríos. ¿Cómo llegan esas máquinas allí, no los ven los retenes de la fuerza pública? Pareciese que esas grúas y dragas fuesen cájas de fósforos se llevan en un bolsillo. ¿Quién permite esa compra de un mercurio que forzosamente debe ser importado del exterior? Con licencias o sin ellas, solo hay que asomarse y ver cómo se están destruyendo el territorio, pero eso no lo ven ni el ejército ni las instituciones ambientales.


Les acusan de ir contra el desarrollo


En muchos territorios donde el Gobierno ha entregado títulos mineros a empresas, se nos ha acusado de ser perturbadores de mala fe. Cuando nos dicen que nos oponemos al desarrollo, yo pregunto: ¿al desarrollo de quién? A la gente la han despojado de sus tierras y ahora se ven forzadas a trabajar en latifundios de caña de azúcar, monocultivos que solo dan intereses para los grandes terratenientes. ¿De qué desarrollo estamos hablando si para construir una represa han tenido que quedar sepultadas las tierras con las que vivíamos del café, cacao y plátano, la pesca y la minería artesanal?.


El problema de la minería ilegal viene de hace años, pero además ahora con el nuevo Gobierno estamos saltándonos la Constitución del 91 y retrocediendo a la del 86, donde los afrocolombianos no teníamos derechos. Esos derechos fundamentales que nos permitían proteger nuestros territorios, entendidos como espacio de vida, donde podíamos recrear nuestra cultura, se han ido menoscabando. Se está presentando un proyecto de ley para que el derecho fundamental de la consulta previa [otorgado para la poblaciones originarias] no sea un obstáculo para la élite que defiende que el desarrollo se mida en términos económicos y no en bienestar social.


Resulta paradójico que ríos en su país sean sujetos de Derecho y sus gentes no tengan ni agua potable, ni pescado que comer


Se explica si miras a sus habitantes: somos negros. Y yo no me olvido de nuestra historia, a nosotros nos dijeron que éramos salvajes. A nosotros nos quitaron nuestra humanidad. Y eso está ahí: el racismo hace que nosotros seamos considerados como cosas que no merecemos derechos. Y cuando nos dan derechos, se quedan en el papel. Y cuando los exigimos, nos replican: “Su derecho no puede obstaculizar nuestro desarrollo”.


Estamos hablando casi más de derechos humanos que de medioambiente


Es que no se pueden separar. Están totalmente relacionados. Para mí, la naturaleza no se desprende del territorio, que es vida. Y esa es parte de nuestra lucha, luchamos por nuestro modo de vida, luchamos por el río.


No parece que quede mucho espacio para los derechos humanos hoy en Colombia, a pesar del pacto entre las FARC y el Gobierno


Es cierto. Como comunidades afro, como campesinas y como mujeres hoy le apostamos a la paz, pero el nuevo panorama es muy duro: está el ELN, las disidencias de las FARC, los paras, los narcos… A mí se me parte el corazón, porque tenía la esperanza de que el conflicto iba a disminuir, y sí, ya no hay bombardeos, pero la violencia sigue, entre otras cosas, porque el Gobierno no cumple con su compromiso de implementación de esos acuerdos de paz.


No podemos hablar de paz cuando vivimos realidades como el horror del desplazamiento forzado. La semana pasada en una audiencia pública el gobernador de Nariño denunciaba que en este año se han desplazado por el conflicto armado 5.000 personas en su departamento. ¿No lo ven? Allí no hay que hablar de guerrillas, hay que hablar de gente que lucha todos los días por vivir de una forma digna y que por el contrario, les ha tocado vivir una guerra que no es la suya, una guerra que ha sido introducida por un mismo sistema económico de muerte.


Yo quisiera que no haya gente muriendo en los territorios, sobre todo porque muchos de los jóvenes, de la gente que está en esos grupos armados, son los nuestros. Y se van al ejército, a la policía o a los paramilitares por absoluta necesidad. En muchas comunidades el Estado no está en términos de inversión social. Las vías las levantan la gente a punta de pico y pala. No obstante, sí están para entregar nuestras tierras a empresas multinacionales.


La semana pasada daban el Nobel de la Paz a dos personas que luchan contra la violencia sexual ejercida contra las mujeres en la guerra. ¿Qué pasa en su país?


Ese tema no es algo que yo haya trabajado, pero por ejemplo en Buenaventura, en el mayor puerto de Colombia, el feminicidio ha sido una estrategia para generar terror en la comunidad y entrar allí con un megaproyecto sin tener oposición.


¿Qué responsabilidad tiene la comunidad internacional en esa compleja guerra?


Muchas de las presiones económicas que tenemos sobre los territorios tienen que ver con las empresas que se han lucrado y saqueado nuestros territorios, que son las mismas que esclavizaron a nuestros ancestros y ancestras. Unión Fenosa, entre ellas.


En Europa hay muchas empresas que están violentando y vaciando nuestros territorios. Y eso pasa en mi país, en el resto de Latinoamérica y en África. La gente que se está cruzando el Mediterráneo, que se está muriendo en él, es producto de cómo le han destrozado su casa, de no tener condiciones de vida dignas. Y los que tienen la suerte de llegar y no morir, deben soportar la discriminación y el maltrato, que les traten como basura.


Luego, cada persona debe ver qué hace y cómo consume. No nos preguntamos si los productos que consumimos están bañados de sangre, si el costo de obtenerlos implica la destrucción de ríos y envenenamiento del territorio. Hoy el cambio climático es una muestra de que es necesario transformar esa visión de vida basada solo en el consumo. Hay que repensarnos la vida. Pero algunos, quienes tienen una serie de privilegios, no quieren verlo: creen que los recursos son ilimitados. Quizás nosotros somos los primeros que nos vamos a morir allá, pero el planeta se está apagando día a día. Todos los días esa lucecita se va mermando y va a llegar un momento en donde ya no va a alumbrar más.

 

Madrid
Actualizado: 15/10/2018 07:32

Publicado enColombia
Bosques de Antioquia han perdido 65 por ciento de su extensión

El observatorio de Bosques de Antioquia alertó que solamente quedan 35% de los bosques que existían hace 10 años en el departamento de Antioquia. A pesar de que le atribuyen a este fenómeno la ganadería extensiva, las comunidades de la sub región norte de Antioquia han denunciado que, para la realización del proyecto Hidroituango, se deberán talar de 4.500 hectáreas de bosque tropical.

De acuerdo con el observatorio, de los 2.7 millones de hectáreas que había en ese departamento, para 2015 quedaban 2.2 millones. Además, de los bosques andinos, quedan un poco más de 5 mil hectáreas lo que corresponde al 35% del total que había antes. Esto hace al departamento de Antioquia la región con la tasa de deforestación más acelerada del país.


URABÁ HA SIDO LA REGIÓN MÁS AFECTADA POR AFECTACIÓN A BOSQUES ANDINOS


El Observatorio indicó que “la transformación del paisaje está relacionada con el cambio del uso de la tierra para actividades agropecuarias como la ganadería”. Además, la cobertura de bosques en Antioquia tuvo una pérdida de 19.700 hectáreas al año desde 1990 hasta 2015 donde los bosques secos fueron los más afectados pues presentaron una reducción del 55% para ese periodo. (Le puede interesar:“Comunidades fortalecen sus estrategias para conservar los bosques colombianos”)


En su libro presentado este año “Bosques Andinos: estado actual y retos para su conservación en Antioquia”, establece el Observatorio que “los municipios con mayor pérdida de cobertura de bosque fueron Turbo, Murindó, Dabeiba, Mutatá y Chigorodó”. Además, teniendo en cuenta el área de cada lugar, “los que presentaron mayores pérdidas fueron Itagüí, San Juan de Urabá, Carepa, Cisneros y Chigorodó”.


Esto hace que la región del Urabá sea la que mayores pérdidas de bosque andino ha tenido y está asociada a actividades como la ganadería y la deforestación. Además, recalcan que el 100% del agua disponible del Valle de Aburrá proviene de los ecosistemas de bosque andino que está en riesgo.


BOSQUE SECO TROPICAL DE ANTIOQUIA TAMBIÉN ESTÁ EN RIESGO


A este panorama, se suma el peligro que corren los bosques secos tropicales que se encuentran en la sub región norte de Antioquia debido a la realización de mega proyectos como Hidroituango. En diferentes oportunidades, el Movimientos Ríos vivos ha manifestado que, la inundación de la represa, va a afectar toda la flora y la fauna que se encuentra a lo largo de 12 municipios que se verán afectados con la construcción. (Le puede interesar:“ESMAD desaloja a campesinos de Sabanalarga en Antioquia”)


Además, de acuerdo con el Movimiento y según los permisos ambientales que tiene el proyecto, “se tendrían que talar 4.500 hectáreas que hacen parte de la inundación”. Ante esto y teniendo en cuenta la fase en la que se encuentra el proyecto Hidroituango, “hasta el momento han sido taladas 5% del total esas hectáreas”. Esto además de afectar los ecosistemas, pone en riesgo la búsqueda de personas desaparecidas por el conflicto armado.


Contagio Radio
19 febrero 2018

Publicado enColombia
Papa Francisco denunció en Perú actividad destructiva de grandes corporaciones en la Amazonia

El papa Francisco dijo hoy que la Iglesia católica está consciente de los males que afectan a las comunidades aborígenes en la Amazonia y denunció la actividad destructiva de las grandes corporaciones en la región.


En un encuentro con unos cuatro mil integrantes de poblaciones indígenas en el coliseo regional Madre de Dios, de Puerto Maldonado, el sumo pontífice agregó que los pueblos originarios amazónicos nunca han estado tan amenazados en sus territorios como ahora.


Denunció, además, el neoextractivismo o minería ilegal y la tala indiscriminada de bosques, así como la fuerte presión por grandes intereses económicos que dirigen su avidez sobre el petróleo, gas, madera, oro y monocultivos agroindustriales.


Confío en la capacidad de resiliencia de los pueblos y de reaccionar ante los momentos difíciles, pues así lo han demostrado en los diferentes embates de la historia, con sus aportes, su visión diferenciada de las relaciones humanas, el medio ambiente y la vivencia de la fé, sostuvo.


El obispo de Roma señaló que estas amenazas también vienen por la perversión de ciertas políticas que promueven la conservación de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano y exhortó a romper el paradigma histórico que considera la Amazonía como una despensa inagotable de los estados despreciando a sus habitantes.


Existe otra devastación de la vida que viene acarreada con esta contaminación ambiental propiciada por la minería legal: la trata de personas, la mano de obra esclava o el abuso sexual,dijo.


La violencia contra las adolescentes y las mujeres ‘es un clamor que llega al cielo’, afirmó el santo padre.


Añadió que esta región, además de ser una reserva de la biodiversidad, es también una reserva cultural que debe protegerse ‘frente a los nuevos colonialismos’.


El santo padre dijo que en momentos de crisis pasadas, ante los diferentes imperialismos, la familia de los pueblos originarios fue la mejor defensa de la vida, y se nos pide ahora un especial cuidado para no dejarnos atrapar por colonialismos ideológicos disfrazados de progreso.


Francisco llegó hoy alrededor de las 10:15 hora local a Puerto Maldonado, donde fue recibido al pie de la escalerilla del avión por un grupo de líderes de comunidades indígenas.
Decenas de alumnos de escuelas de la localidad lo saludaron con himnos y canciones, además de expresiones de respeto y cariño, y en un momento rompieron las normas del protocolo para la llegada, por el deseo de los infantes de acercarse al ilustre visitante y abrazarlo.


El jefe de El Vaticano regresará a Lima alrededor de las 17:00 horas, antes de que se compliquen las condiciones meteorológicas en la región como está previsto en los pronósticos del tiempo.

19 enero 2018
(Información de Prensa Latina)

Publicado enSociedad
Sábado, 21 Octubre 2017 07:20

La privatización de la Amazonia brasileña

La privatización de la Amazonia brasileña

Con la llegada de Michel Temer al Gobierno la privatización y la extranjerización de la Amazonia crecen de forma exponencial. Desde las más diversas posturas ideológicas, se consolida la convicción de que el control del pulmón del planeta está siendo perdido por el Estado brasileño.


El primer punto a considerar es la hegemonía de la bancada ruralista en el Parlamento y en el Gobierno. Se trata de las viejas oligarquías que protagonizaron la historia de Brasil, aliadas ahora con una nueva camada de ocupantes ilegales de tierras que los sucesivos Gobiernos han legalizado. Pero en estos momentos los ruralistas están promoviendo leyes que prevén incluso la extinción de las Unidades de Conservación si no hay indemnización a los 'propietarios' que las ocupan de modo legal o ilegal.
De aprobarse el proyecto de ley presentado por los ruralistas, sería un enorme paso atrás en la conservación de la Amazonia y en el combate a la deforestación. Datos oficiales muestran que el 21% de la selva amazónica ya fue devastada pero que dentro de las Unidades de Conservación se mantiene prácticamente intacta.


Por otro lado, la nueva legislación vulnerará los compromisos adquiridos por Brasil en la Conferencia del Clima para contener la deforestación, proceso que debería estar detenido en 2030 y reducido a sólo 3.900 kilómetros cuadrados anuales en 2020.


La segunda cuestión son las razones económicas de la deforestación. Un reciente libro publicado por el Instituto Agronómico de la Amazonía, titulado 'Dueño es el que deforesta', sostiene que los responsables no son ni la soja ni la ganadería, como aseguran buena parte de los ambientalistas. Quienes deforestan son los ocupantes ilegales, que al abatir la selva elevan el precio de la tierra 20 veces, y en algunos casos hasta 200 veces su valor inicial.


Luego venden la tierra a los ganaderos y los sojeros, legalizándola de forma también irregular, usando a su favor resquicios legales y la corrupción de las instituciones encargadas de velar por la integridad de la Amazonia.


La ocupación ilegal de tierras va de la mano de la violencia contra campesinos, indígenas y pescadores, según un reciente informe de la periodista Eliane Brum en el diario brasileño El País. Desde que Temer ocupa el Palacio de Planalto, se registra un incremento sustancial de las muertes por conflictos de tierra, a razón de un asesinado cada seis días. Son 47 en lo que va de 2017, como señalan los informes periódicos de la Comisión Pastoral de la Tierra.


La violencia no es una desviación de la norma, sino la forma habitual de hacerse con tierras estatales, de pueblos o de pequeños productores. De ese modo, el llamado 'consorcio de la muerte' está consiguiendo que las tierras públicas de la selva pasen a manos privadas, en gran medida destruyendo las organizaciones campesinas por la violencia. Los crímenes ambientales, como los reconoce la legislación, suelen ser amnistiados cada cierto tiempo, como sucede ahora bajo el Gobierno Temer.


El Gobierno debió dar marcha atrás en su intento por anular la Reserva Nacional del Cobre y Asociados (RENCA), un área de 46.000 kilómetros cuadrados creada en 1984 que fue bloqueada a los inversores privados. Su objetivo es abrir la reserva, entre los estados de Pará y Amapá, a la minería aurífera. La oposición de la sociedad fue tan grande, que en apenas un mes Temer debió retirar el decreto.


La tercera cuestión es la más compleja porque tiene un carácter estratégico. Podemos focalizarla en el estado de Roraima, fronterizo con Venezuela y Guyana, con acceso privilegiado a las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco que conectan la Amazonia con el Caribe. En Roraima están las mayores reservas de oro, niobio y estaño del mundo, además de importantes yacimientos de torio, cobalto, molibdeno, diamantes y titanio, según el Inventario Mineral del Escudo Geológico de Roraima, realizado por el Ministerio de Minas y Energía de Brasil en 2003.


Esa misma región alberga los mayores yacimientos de uranio del mundo, compartidos por Brasil, Venezuela y la Guayana Esequiba, zona en disputa desde 1966 entre Venezuela y la República Cooperativa de Guyana, antigua Guayana Británica. Desde 2009 empresas canadienses explotan yacimientos de uranio en esa región, algo que no es visto con buenos ojos ni por Caracas ni por Brasilia.


El Gobierno de Lula había previsto formar en el norte de Brasil y en el sur de Venezuela un 'espacio económico común', en una zona considerada geoestratégica, con el objetivo de 'ocupar' una región que es codiciada por multinacionales del Norte y es zona de expansión de los paramilitares colombianos.


Los militares nacionalistas brasileños tienen perfecta conciencia de esta situación. Afirman que el declive estratégico de Estados Unidos implica retrocesos en todo el mundo menos en el área del Caribe, que es la fuente histórica de su poder. Citando un trabajo de los periodistas Robert D. Kaplan y Karen Hooper, publicado en Stratfor bajo el título 'La fuente del poder estadounidense', recuerdan que el Gran Caribe del imperio abarca desde Yorktown (Virginia) hasta las Guyanas, o sea hasta la selva amazónica.


En esa región, aseguran los nacionalistas, se está produciendo una "ocupación internacional silenciosa" de la mano de ONG ambientalistas que han promovido la instalación de reservas indígenas y forestales que "obstaculizan cualquier actividad económica moderna". Sostienen que a través de organismos internacionales, Washington sigue aspirando a controlar la Amazonia, acotando la soberanía de Brasil sobre la región con la excusa del conservacionismo ambiental.


Mientras el Gobierno de Temer acelera la privatización de la mayor selva del mundo, sectores militares apuestan por revertir las políticas de conservación, en la misma línea del Gobierno aunque desde intereses opuestos. En tanto, la sociedad brasileña contempla la privatización y la extranjerización de su principal riqueza sin siquiera poder participar en un inexistente debate nacional. Todo indica que las fuerzas capaces de frenar la destrucción están paralizadas, desmoralizadas y a la defensiva, mientras que los depredadores tienen el timón en sus manos para avanzar sobre lo que queda de la Amazonia.

Publicado enInternacional
Domingo, 24 Septiembre 2017 07:42

La Amazonia a subasta

Amazonia Brasileña

 

Brasil y la sangrienta guerra por la tierra.

 

La situación de inestabilidad política, con el presidente acusado de obstrucción a la justicia y organización criminal, paradójicamente afecta directamente al pulmón del mundo.

Tiene el tamaño de toda la Unión Europea. Ocupa un total de 550 millones de hectáreas, con 390.000 millones de árboles y 25 millones de personas que la habitan. Una de cada cinco especies de fauna en el mundo proviene de ese territorio. El “pulmón de Brasil”, lo llaman, también se puede decir que del planeta. La Amazonia hoy es un órgano dañado. Tan sólo en 2016 se perdieron 8 mil quilómetros cuadrados de selva, un 30 por ciento más que en el año anterior. El nivel máximo de deforestación de la última década. Como si cada hora desaparecieran 128 campos de fútbol.

A finales de agosto volvió a sufrir otro golpe, una vez más del gobierno brasileño. El Ejecutivo de Michel Temer, de la mano del Congreso y de la bancada ruralista que lo controla, puso sobre la mesa un decreto presidencial para privatizar la Reserva Natural de Cobre y Asociados (Renca). Este territorio, del tamaño de Dinamarca (47 mil quilómetros cuadrados), situado en la zona amazónica entre los estados de Pará y Amapá, además de ser un terreno rico en minerales también contiene diversos parques naturales y reservas indígenas. Lo que antes era propiedad del Estado, ahora Temer decidió abrirlo a la explotación de empresas privadas extranjeras.

La noticia llegó hace tres semanas, pero las multinacionales canadienses lo sabían desde hacía cinco meses, cuando el ministro de Minas y Energía brasileño, Fernando Coelho Filho, se lo comunicó a diversos empresarios de ese país del norte. La medida cayó como un balde de agua fría entre los ecologistas, que ven como se han acumulado los retrocesos en materia ambiental en el último año. Intelectuales, actores y modelos, como Gisele Bündchen, lanzaron una campaña en las redes sociales y consiguieron 800 mil firmas para que el presidente revocara el decreto. El 30 de agosto el juez del distrito federal, Ronaldo Spanholo, lo suspendió al considerar que la Constitución no permite que el gobierno tome una decisión de este tipo sin debate previo en el Congreso. Ante las críticas y la presión judicial Temer anunció que suspendía los efectos del decreto durante 120 días para llevar a cabo “un amplio debate” con grupos ambientalistas. Por ahora no ha llamado a nadie.

 
TIERRA POR VOTOS.

 

El decreto sobre el Renca es la gota que colma un vaso que hace tiempo está a punto de derramarse. Desde que Temer llegó al gobierno apostó por el agronegocio y rechazó todo lo que oliera a preservación del ambiente, siguiendo las órdenes de los congresistas ruralistas que lo llevaron al poder cuando votaron a favor delimpeachment contra la ex presidenta Dilma Rousseff.

La bancada del agronegocio representa el 44 por ciento de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado, y se siente legitimada para plantear exigencias fundamentalmente por dos razones. La primera es que el sector agropecuario supone el 23 por ciento del Pib del país y el 55 por ciento de las exportaciones. La segunda, y quizás la más importante, es la lealtad y el apoyo que le ha dado a Temer, convirtiéndose en el principal aliado del presidente, en un momento en que los escándalos de corrupción también arrasan con las alianzas políticas. Ellos son la llave de la gobernabilidad. El último bastión del Ejecutivo.

Algunas de las prioridades de esta bancada son no sólo mantener sus tierras sino acumular más territorio, reducir hasta la mínima expresión las reservas indígenas, regularizar grandes superficies invadidas por terratenientes, derogar las leyes laborales del campo –legisladores ruralistas llegaron a sugerir que los campesinos no tuvieran salario y trabajaran a cambio de vivienda y comida– y deforestar lo que sea necesario para consolidar la extracción y la exportación de materia prima como base económica. Por eso no es de extrañar que el ministro de Agricultura, Blairo Maggi, sea uno de los principales exportadores de soja del país y haya recibido hasta en dos ocasiones el premio Motosierra de Oro de Greenpeace, por los estragos que han causado sus plantaciones en la Amazonia.


INVASIÓN LEGAL.


Algunos de sus deseos se han hecho realidad y otros parecen estar cada vez más cerca de cumplirse. El pasado mes de julio se aprobó una ley que legaliza las invasiones de grandes áreas de tierra y terrenos que estén dentro de parques nacionales que se ubiquen en zonas urbanas. La legalización de tierra ocupada, que en un principio se podría entender como un guiño a las peticiones del Movimiento Sin Tierra (Mst), en realidad responde a los intereses de medianos y grandes terratenientes del campo, ya que afecta a invasiones de terreno de más de 2.500 hectáreas que pertenecen al Estado, que el gobierno vendería y regularizaría por un precio más bajo que el del mercado.

Uno de los principales miedos de los ecologistas es que el Ejecutivo haga cada vez más laxa la protección ambiental. Eso fue lo que sucedió con la Selva Nacional Jamanxim, un área de 350 mil hectáreas que según un proyecto que se tramita en el Senado perdería una parte de su categorización para preservarla ambientalmente y se abriría a la explotación agropecuaria y minera. “Lo que vemos todos los días es que el Congreso está buscando la manera de eliminar los derechos de las unidades de conservación que tiene Brasil. Ofrece tierra para deforestar y no le importa qué tipo de terreno sea, su codicia no tiene límites”, señaló aBrecha Michel de Souza, coordinador de políticas públicas del Fondo Mundial para la Naturaleza (Wwf, por sus siglas en inglés).


CAMPO VIOLENTO.


Las leyes que amparan la legalización de tierras para los grandes terratenientes provocaron que el pasado año fuera el más violento de la última década en el campo brasileño. Según la Comisión Pastoral de la Tierra (Cpt), en 2016 se cometieron 61 asesinatos relacionados con la disputa agraria, y ya hay 939 áreas rojas en conflicto por ese motivo. La Cpt acusa directamente a la bancada ruralista de haber presionado a Temer para que acabara con el Ministerio de Desarrollo Agrario, que se encargaba de mediar en este tipo de conflictos. Ya no hay mediación, impera la ley del más fuerte.

En esta guerra los indígenas, además de ser el eslabón más débil, también son la diana sobre la que tiran sus flechas los ruralistas. La bancada del agronegocio ha conseguido que la Fundación Nacional del Indio (Funai), el organismo encargado de proteger y demarcar áreas indígenas, pierda esa potestad para entregársela a los congresistas, que ya no basarán sus decisiones en criterios antropológicos sino económicos. En el Senado está en marcha la aprobación de una ley que cambia los mecanismos de demarcación y que si se aprobara podría acabar con la supervivencia de 70 por ciento de los indígenas brasileños. Además de los que ya mueren asesinados por los garimpeiros del oro, como sucedió el pasado mes de agosto, cuando mataron a diez indígenas de una tribu no contactada.

La situación de inestabilidad política, con el jefe del Ejecutivo acusado de obstrucción a la justicia y organización criminal, paradójicamente afecta directamente a la Amazonia y a otras áreas que necesitan ser preservadas. Pero la bancada ruralista es la que tiene el poder de evitar que el Congreso apruebe la investigación del mandatario en el Tribunal Supremo. Así que para mantenerse vivo, Temer no duda en subastar la Amazonia y lo que queda de un país que hace meses tiene colgado el cartel de “Se vende”.

 

 

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