¿Qué tienen en común Trump, el gobierno de Maduro y el guaidoismo?

Por diferentes motivos, y con diferentes argumentos, Donald Trump, el gobierno de Maduro y la oposición extremista articulada en torno a Juan Guaidó, tienen en común la voluntad de hacer todo lo posible por generar desconfianza en las elecciones y limitar, al máximo, la posibilidad de que los ciudadanos de sus respectivos países puedan expresar su voluntad política con la participación electoral.

Trump lo tiene claro. Las encuestas de opinión se lo dicen en forma contundente día a día, por más que él pretenda descalificarlas como "fake news", que la mayoría de la población de los Estados Unidos rechaza su gestión y que tiene, de acuerdo a estas encuestas, limitadas posibilidades de ser re-electo en noviembre. Esto ocurre como consecuencia, de sus desastrosas políticas ambientales, que ponen en riesgo la vida en el planeta, sus políticas patriarcales, sus políticas conducentes al acelerado incremento de las desigualdades, su profundo racismo, su respaldo a las organizaciones armadas de la extrema derecha supremacista blanca, y su colección interminable de mentiras.[1]

A todo lo anterior se han sumado tres severas crisis que atraviesan hoy al país. En primer lugar, la pandemia del COVID-19 que, gracias a las erráticas e irresponsables políticas de Trump, que en todo momento puso sus intereses políticos personales (la reelección) por sobre la vida de los estadounidenses, ha afectado a dicho país mucho más que a cualquier otro. De acuerdo al registro oficial del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, para el 23 de agosto del 2020, se habían registrado en el país 5.643.812 casos de infectados y un total de 175.651 muertes,[2] muchas más que la sumatoria de las muertes de soldados estadounidenses en las guerras de Corea, de Vietnam y todas las aventuras militares posteriores de los Estados Unidos. Con solo 4% de la población mundial Estados Unidos tiene 22% de los contagiados y aproximadamente 20% de los muertos por COVID-19.

En segundo lugar, una profunda crisis económica, con una caída del producto nacional más acelerada que la ocurrida durante de la Gran Recesión de la década de los veinte del siglo pasado, y una tasa de desempleo que se ha triplicado en pocos meses. Era precisamente la supuesta bonaza económica lo que le servía a Trump de sustento para sus expectativas de reelección.

En tercer lugar, el asesinato de George Floyd ha producido las movilizaciones de protesta más amplias, más social y étnicamente diversas y más extendidas geográficamente de la historia de los Estados Unidos en contra del racismo sistémico, no solo de los cuerpos policiales, sino del conjunto de la sociedad. Esa sociedad se ha tenido que mirar al espejo. La reacción fundamentalmente represiva ante estas movilizaciones por parte del gobierno de Trump confirma de qué lado está en estas confrontaciones.

Ante la creciente preocupación de que podría perder las elecciones, Trump se ha dedicado en forma sistemática a crear desconfianza en relación a éstas. Se ha negado a afirmar que reconocerá los resultados en caso de perderlas y, aunque como presidente no tiene atribuciones para eso, ha amenazado con posponerlas.

En este contexto, el voto por correo se ha colocado como un tema central del debate electoral. Más del 60% de la población afirma en las encuestas que le daría miedo salir a votar en condiciones de pandemia y la mayoría de los estados han tomado medidas para facilitar el voto por correo. Trump ha respondido a esto llevando a cabo una sistemática campaña para deslegitimar y obstaculizar el voto por correo.

Hay en los Estados Unidos una larga tradición de voto por correo. El voto en ausencia ha sido una práctica generalizada, utilizada por quienes, como resultado de enfermedad, de su edad avanzada o de encontrarse en otra localidad, no pueden acudir a su centro de votación. Varios estados, desde hace algún tiempo, realizan la totalidad de sus procesos electorales por correo. No se han constatado en estas variadas experiencias casos de fraude electoral. El sistema de correos es una de las instituciones más respectadas del país, y como institución federal, cualquier interferencia con su funcionamiento está penada con fuertes sanciones.

Después de la guerra civil y la emancipación de los esclavizados, las élites blancas del Sur, con el fin de preservar su poder, impusieron restricciones legales a la posibilidad de que los ex-esclavizados pudiesen votar: las llamadas leyes Jim Crow. Solo con la aprobación de la Ley de derecho de voto de 1965, en el contexto del gran movimiento nacional por los derechos civiles, durante el gobierno de Lyndon Johnson, fueron prohibidas todas las restricciones al derecho al voto basadas en la llamada "raza". Desde entonces, los Republicanos han continuado haciendo todo lo posible por restringir la participación electoral de los sectores más pobres de la población, fundamentalmente, pero no solo, la población negra y latina. Entre los mecanismos más eficaces han sido las leyes que impiden que los ex-convictos puedan recuperar sus derechos ciudadanos una vez cumplida su sentencia, negándose de esa manera el derecho al voto. Consecuencia del profundo racismo que ha caracterizado a ese país desde antes de su fundación, una elevada proporción de los ex-convictos son pobres, negros, latinos, y otros migrantes, grupos demográficos que tienden a votar por el Partido Demócrata.

Un asalto en gran escala al derecho al voto lo avanza Trump bloqueando el financiamiento que requiere el correo para funcionar adecuadamente. Trump ha afirmado en forma reiterada que la "votación universal por correo" conducirá a "la elección más inexacta y fraudulenta de la historia". Negarle el financiamiento al correo se ha convertido en un mecanismo expresamente reconocido por Trump como vía para limitar el voto por correo.

| "Ahora necesitan ese dinero para que la Oficina de Correos funcione y pueda recibir todos estos millones y millones de boletas. ... Pero si no lo reciben, eso significa que no puede haber una votación universal por correo."[3]

Ha nombrado como Director General del Servicio Postal a Louis DeJoyl, financista del Partido Republicano y de Trump. Dueño de millones de dólares en acciones en una de las empresas privadas que se beneficiaría con un deterioro o la privatización del correo, lo que ha sido un objetivo de dicho partido durante décadas. Para limitar la capacidad del correo para procesar las boletas electorales ha producido un conjunto de cambios en el funcionamiento del correo. Ente otras medidas, ha eliminado el sobre tiempo y retirado un gran número de máquinas de clasificación automática de correspondencia, produciendo con ello serios retardos en la distribución del correo.

Con ello se buscan simultáneamente dos objetivos. Reducir el número de votos por correo, dificultándolo y creando desconfianza de que serían contados y, a la vez, crear una crisis, inclusive un caos el día de las elecciones. Si una proporción mayor de votantes demócratas que de republicanos votan por correo, el día de las elecciones lo votos que se contarían primero favorecerían a Trump. Los votos por correo, mayoritariamente demócratas, podrían retardarse varios días e incluso llegar a los centros de votación demasiado tarde para ser contados. Esto crearía las condiciones para que Trump declarase que ganó las elecciones, y la posibilidad de que sus milicias armadas de ultraderecha salgan a las calles a defender su victoria. No sería la primera vez que las elecciones se decidiesen sin contar todos los votos. Este fue el caso de la elección de George Bush, en el año 2000 cuando la Corte Suprema suspendió el conteo de votos en Florida y declaró que Bush había ganado las elecciones en ese estado y por lo tanto se había impuesto sobre a Al Gore en las elecciones nacionales.

Muchos analistas están hablando de la perspectiva de una muy severa crisis constitucional si Trump se niega a reconocer los resultados de las elecciones. Se han realizado incluso pronunciamientos públicos llamando a los militares a intervenir en caso de que eso ocurra.

En todo caso, se trata de una estrategia doble. Por un lado, hacer todo lo posible por limitar la participación electoral y, por el otro, generar el máximo de desconfianza en el proceso de manera de ir preparando el terreno para desconocer los resultados si no le son favorables.

¿Y el gobierno de Maduro y el guaidoismo?

¿Qué semejanza puede tener todo esto con las elecciones en Venezuela? ¡Mucha!

Por motivos diferentes, tanto el gobierno de Maduro como el guaidoismo están haciendo todo lo posible por generar desconfianza en las elecciones parlamentarias y por limitar al máximo la participación electoral.

Los grupos políticos y partidos articulados en torno a la figura de Guaidó, han denunciado estas elecciones como fraudulentas y anunciado su llamado a la abstención incluso antes de conocer las condiciones en las cuales estas se realizarían, condiciones no necesariamente muy diferentes a aquellas en las cuales los partidos de oposición ganaron las parlamentarias del 2015 por amplia mayoría. Esto por varias razones. Bajo la directriz del gobierno de Trump de "cambio de régimen" como la única opción aceptable, han rechazado toda posibilidad de acuerdo político y visto las elecciones como una reafirmación de la Constitución del año 1999, Constitución que quieren eliminar. Tienen claro igualmente que, en unas elecciones libres, aún en las mejores condiciones posibles, habría un cambio en la composición de la Asamblea Nacional. Saben que el respaldo a Guaidó, y a los partidos y fracciones de partido que lo respaldan hoy, es mucho menor que lo fue hace cinco años, incluso hace un año.

El país ya no está caracterizado por la polarización de años anteriores. De acuerdo con la encuesta Delphos del mes de agosto 2020, la mayoría de la población rechaza a Maduro, pero no por ello se identifica con Guaidó, ni con los partidos que lo acompañan. Todas las encuestas de opinión destacan que una proporción creciente de la población no se identifica ni con el gobierno, ni con los partidos de esa oposición. A diferencia de la situación a comienzos del año 2019, cuando quienes reconocían a Guaidó como presidente superaban ampliamente a quienes reconocían a Maduro como tal, hoy 50% de la población reconoce a Maduro como presidente y solo 16,2% reconoce a Guaidó. Mientras 81,1% afirma que está "poco satisfecho" o "nada satisfecho" con "los resultados mostrados por Nicolás Maduro en su desempeño como político", la cifra correspondiente a Guaidó es aún mayor: 89%. El 52% de los encuestados considera que la "vía más realista y posible para superar la crisis" es "mediante acuerdos pacíficos y negociados" entre gobierno y oposición, una elevada proporción de quienes se identifican con esos partidos de oposición, a la vez que rechazan la participación electoral, consideran que la superación de la crisis pasa por una intervención militar internacional (42,9%). Más encuestados se sienten identificados con el PSUV (24.4%) que la sumatoria de quienes se sienten identificados con los cuatro partidos del llamado G4 (15,6%). Más personas afirman que estarían dispuestas a votar por candidatos del gobierno que por candidatos de los partidos de esa oposición, y más estarían dispuestos a votar por candidatos independientes, que por candidatos de esos partidos.

Sabe este sector de la oposición que con estos significativos desplazamientos políticos y los efectos de la mejoría en la representación proporcional, la composición de la Asamblea Nacional, aun en unas elecciones con un máximo de garantías, cambiaría sustancialmente. Sería una asamblea mucho más diversa en la que ningún sector tendría hegemonía y por lo tanto pasaría a ser un ámbito en el cual, para tomar decisiones, habría que llegar a acuerdos, sería indispensable negociar con los contrincantes políticos. Saben que, sin lugar a dudas, Guaidó dejaría de ser presidente de la Asamblea y con ello se vendría abajo todo el andamiaje de su gobierno paralelo. Le resultaría difícil a lo que los Estados Unidos llama "la comunidad internacional" seguirlo reconociendo como "presidente legítimo". La opción ha sido entonces la de negarse a participar, desconocer de antemano las elecciones y sus resultados, hacer lo posible por deslegitimarlas, y buscar el máximo de abstención. Todo esto parece conducir a la creación de un gobierno en el exilio con un destino incierto.

La prioridad de estos sectores es exterminar la experiencia bolivariana y controlar el poder del Estado cueste lo que cueste. La mejor demostración de esta disposición a colocar sus intereses políticos y/o personales sobre los intereses de la población es, no solo su apoyo a las ilegales sanciones económicas unilaterales que le ha impuesto el gobierno de Trump a Venezuela, sino sus sucesivos llamados a incrementarlas. Estas sanciones no afectan al gobierno de Maduro, que las utiliza para cerrar filas en las fuerzas armadas y en el PSUV e, igualmente, justificar la profundidad de la crisis. Afectan severamente al conjunto del pueblo venezolano. En las condiciones de la severa crisis humanitaria que vive el país, profundizada por la pandemia, apoyar el bloqueo a la exportación de petróleo –principal fuente de ingreso de las divisas requeridas para importar alimentos y medicamentos- obstaculizar o impedir la importación de insumos y apropiarse, como piratas, de gasolina propiedad del Estado venezolano en aguas internacionales, buscando detener la actividad productiva del país, ilustra dónde están las prioridades de este sector. Es una política directamente criminal.

El gobierno de Maduro busca, igualmente, promover al máximo la abstención electoral. Necesita las elecciones para cumplir, por lo menos formalmente, con la Constitución, buscar algún mínimo de legitimidad, y para salir de Guaidó. Pero sabe que si es elevada la participación electoral, dado el muy amplio rechazo de la población tanto a él como a su gobierno, saldría aplastantemente derrotado. Se propone por lo tanto movilizar al máximo a su hoy más reducida, pero existente, base electoral, y buscar por todos los medios que el resto de la población se abstenga como ocurrió en las elecciones de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente que terminó siendo conformada en un 100% por representantes del gobierno.

Para lograr estos objetivo se ha dedicado, y con seguridad continuará haciéndolo, a colocar todos los obstáculos posibles a la participación electoral, cometiendo una amplia gama de arbitrariedades e ilegalidades, dándole en bandeja de plata a los abstencionistas de la oposición guaidoísta, todos los argumentos requeridos para justificar su política abstencionista. La lista de estas ilegalidades, obstáculos y arbitrariedades es amplia. Como ilustración basta con señalar algunas: la limitada actualización del registro electoral, los apretados lapsos del cronograma electoral, la forma como se nombró a la directiva del Consejo Nacional Electoral y como, violando todas las normas, el TSJ nombró al nuevo vice-presidente del cuerpo. Sin embargo todo esto pasa a un segundo plano en comparación con la más autoritaria y arbitraria ilegalidad: la intervención por parte del gobierno, vía TSJ, de los partidos de la alianza guaidoísta, su descabezamiento y el nombramiento de nuevas directivas más favorables al gobierno. La intervención del Movimiento Tupamaro, de la UPV, y del PPT permite constatar que organizaciones de izquierda, aliados que se atreven a asumir posturas críticas, son igualmente sometidas.

Las elecciones son un ámbito privilegiado de la democracia. Como en los Estados Unidos, los múltiples obstáculos que se ponen en el camino para limitar la participación electoral, venga ésta de donde venga, constituyen una violación al derecho que tiene la población a elegir sus representantes y gobernantes.

Tanto en los Estados Unidos como en Venezuela, son muchos los obstáculos que hay que superar para votar. En Venezuela no hay que votar porque se considere que estas son unas elecciones limpias, equitativas, libres. Hay que votar a pesar de esos obstáculos, a pesar de esas provocaciones, precisamente porque se reconoce que estos dos polos extremos que han dejado de representar al país están haciendo todo lo posible porque no votemos, por negarle la voz a la mayoría.

Las elecciones, por sí mismas no son una solución mágica. Por sí mismas, obviamente, no nos conducen a la superación de las profundas crisis que vive Venezuela. Pero podemos utilizarlas como un referéndum para expresar nuestro masivo rechazo a estos dos polos que han sido cómplices en la destrucción de la nación, y que nos están conduciendo hacia niveles de violencia extremadamente peligrosos. Ofrecen la posibilidad de comenzar a expresar y articular las fuerzas necesarias para recuperar su
Constitución y reconstruir el país.

25 de Caracas, agosto 2020

Por: Edgardo Lander | Martes, 25/08/2020 05:14 PM

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[1]. De acuerdo al Washington Post, que ha dedicado un equipo al seguimiento de cada uno de sus pronunciamientos, desde su inauguración como presidente hasta el 13 de julio del 2020, Trump había enunciado 20 mil afirmaciones falsas o engañosas. https://www.washingtonpost.com/politics/2020/07/13/president-trump-has-made-more-than-20000-false-or-misleading-claims/

[2]. Centers for Disease Control and Prevention, 23 de Agosto 2020. https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/cases-updates/cases-in-us.html

[3]. Aaron Blake, "Trump blurts out his true motive on mail-in voting", The Washington Post, 13 de Agosto, 2020. https://www.washingtonpost.com/politics/2020/08/13/trump-blurts-out-his-true-motive-blocking-post-office-funding-mail-in-voting/

Publicado enPolítica
Fuente: Rebelión

La detención domiciliaria del “colombiano más importante de la historia” aparte de constituir una parodia, ha mostrado hasta que punto hablar de Estado social de derecho en Colombia es una ficción fantasiosa, pese a que los cultores de tal pretensión sostengan lo contrario: que dicha detención ha mostrado la separación de poderes, la vigencia de los logros de la Constitución de 1991, la fortaleza de la democracia colombiana y mil cuentos imaginarios por el estilo.

Por el contrario, lo que están demostrando los actuales acontecimientos es que Estado de Derecho en Colombia no existe y nunca ha existido y para comprobarlo no se necesita ni tener el título de rábula, de los que tanto abundan en la patria de Francisco de Paula Santander, ni pertenecer a ciertas “prestigiosas” ONG, como De Justicia, cuyos empresarios y periodistas exaltan nuestra democracia de pacotilla, porque eso les dispensa miles de dólares de sus investigaciones financiadas desde los Estados Unidos, ni tampoco ser un vocero de  Human Right Watch, esa instancia seudodemocrática que forma parte del aparato legal del imperialismo estadounidense.

Seguir el proceso contra el intocable expresidente es toda una lección de impunidad, que bien vale recalcar en sus aspectos principales, porque desmiente las falacias del pretendido Estado de Derecho y demuestra que es un estado “torcido”. Recordemos que torcido en la jerga imperante en Colombia está asociado a delincuencial, vinculado al mundo de la lumpemburguesia (en donde se fusiona lo chic y lo traqueto), es decir, al entorno que ha dominado la política, la sociedad, la farándula y falsimedia en este país en las últimas décadas

¿Detención domiciliaria o vacaciones en el campo?

El sistema judicial colombiano que es un órgano al servicio de los poderosos que persigue y encarcela a los pobres y humildes, los cuales no gozan de ningún tipo de garantía, ni pueden contratar abogados, tiene en detención a miles de colombianos que no han sido sometidos a juicio. Y ellos no están en latifundios de 1800 hectáreas, como el Ubérrimo, sino hacinados en terribles condiciones en las mazmorras de todo el país. Muchos de ellos inocentes, sin señalamientos claros, con pruebas falsas, llevan años en esas cárceles y sus nombres nunca se mencionan, como si no existieran. Esta es una característica de este “Estado de derecho”, en el cual como lo indica no solo el caso del señor de las sombras sino de los mandamases de este país (como el extraditado Andrés Felipe Arias), la “justicia es para los de ruana”. Si aquí existiera Estado de Derecho hace años estaría en una prisión de alta seguridad el exsenador y expresidente, y condenado a varias cadenas perpetuas por sus numerosos crímenes de lesa humanidad.

“La justicia tarda, pero llega”

Un consuelo que circula en estos días se sustenta en esa máxima para señalar que, por fin, el dueño del ubérrimo fue apresado, tras un largo proceso que comenzó en el 2012. Llama la atención en este caso que, con miles de evidencias, de centenares de grabaciones y de pruebas incontrovertibles la decisión se haya demorado tantos años, cuando eso se debió haber hecho hace tiempo. Y no solo eso, sino que sorprende la celeridad y “eficiencia” de la justicia colombiana que opera en cuestión de días, cuando se trata de perseguir, encarcelar y torturar con saña a alguna persona que declaran su enemigo, a partir de montajes y de mentiras, como sucede a diario con luchadores sociales y dirigentes populares o a todos aquellos que son señalados, sin pruebas, por falsimedia como responsables de atentados o acciones similares.

La “separación de poderes”

Algunos se sorprenden por la interferencia del sub-presidente Iván Duque, de sus funcionarios en la decisión de los jueces, como si eso fuera algo novedoso en nuestra historia, y no un hecho permanente, que ha caracterizado el funcionamiento del aparato judicial de este país como engranaje del Terrorismo de Estado y de la contrainsurgencia. Acaso se nos olvida que eso sucedió durante el Frente Nacional con sus permanentes declaraciones de Estado de Sitio, cuando los jueces actuaban bajo las órdenes directas del régimen de turno, en una especie de estado de guerra judicial permanente contra quienes desafiaran el “orden público” o durante la tal “justicia sin rostro” de la década de 1990, cuando con falsos testigos se llevaba a la cárcel y se acusaba sin pruebas a dirigentes sindicales como “terroristas y enemigos del Estado”, o en el régimen de la (in) seguridad (anti) democrática, cuando el propio señor de las sombras daba en público la orden de perseguir, encarcelar o eliminar a quien dispusiera por considerarlo un enemigo o un terrorista.

La “independencia del poder judicial”

Uno de los preceptos que se invoca para hablar de “Estado de derecho” es el de la pretendida independencia de la rama judicial que, se nos dice, existe como lo demostraría la decisión tomada el 4 de agosto, cuando ordenó la detención domiciliaria de un senador activo. Desde antes de esa decisión y hasta el momento lo que ha quedado claro es que tal independencia es, por decirlo de manera benigna, bastante frágil, si tenemos en cuenta las fuerzas que se han manifestado, con toda la complicidad criminal del caso, esos que a sí mismos se denomina “hombres y mujeres” de bien de este país: los miembros del Consejo Gremial y los grandes empresarios, los medios de desinformación (televisión, radio, prensa) y sus para-opinólogos (por sus abiertas simpatías con el paramilitarismo), y por si hubiera dudas hasta el vicepresidente de los Estados Unidos. Este último, para comprobar que somos una miserable colonia del Tío Sam, dijo: «Respetamos las instituciones colombianas y su independencia, pero estando el expresidente Álvaro Uribe bajo arresto domiciliario, nos unimos a todas las voces amantes de la libertad en todo el mundo para pedir a los funcionarios colombianos que permitan que este Héroe, que ha recibido la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos, se defienda como un hombre libre». Esta retórica si que ejemplifica el Estado de Derecho en Colombia, puesto que habla es el dueño del circo, y no solamente su payaso más patético (Duque, por supuesto), y recordemos que como dice el dicho “Washington no opina, ordena”. Todo esto evidencia que en Colombia puede existir de todo, menos un imaginario de la separación de los poderes, y mucho menos cuando medio se toca a alguno de los “héroes  (léase hedores) de este país”.

La “transparencia de la justicia”

Otro criterio exaltado es el de la pretendida “transparencia” de la justicia, con lo que se quiere dar a entender que esta opera en forma autónoma, sin que sea influenciada por ninguna fuerza externa, llámese prensa, abogados o terceros interesados… El caso del innombrable demuestra todo lo contrario, puesto que, desde un principio, el caso se ha ventilado a través de los medios de desinformación que han conocido los pormenores del proceso, han revelado asuntos internos (testimonios, grabaciones…), con la finalidad de favorecer al ahora exsenador. Y el asunto de esa poca transparencia ha quedado mucho más claro al comenzar la “detención domiciliaria” del expresidente, cuando sí que se ha metido la mano al proceso, hasta el punto de que el largo expediente de 1500 páginas se hizo público, sin que ni siquiera se haya iniciado el juicio.

Un hecho adicional que evidencia la falacia de esa “transparencia” lo indica que el pretendido prisionero # 1087985 siga delinquiendo, como lo hacia Pablo Escobar en su Catedral de Envigado, desde su finca del Ubérrimo, puesto que no se le han cortado las comunicaciones con el mundo exterior, dándose el lujo de conceder una “entrevista” de dos hora y media a esa cloaca periodística que se llama Semana, a dos adoratrices del expresidente, en el que acusa, calumnia, miente, amenaza, desdice y desobedece a la Corte que dio la orden de encarcelarlo en su domicilio. Si existiera transparencia y Estado de Derecho en Colombia, nada de eso se permitiría y de inmediato el preso # 1087985 hubiera sido sacado de su Hotel de Cinco Estrellas y llevado a una cárcel común y corriente por interferir la acción judicial. ¡Como para reforzar lo que es nuestro “Estado de derecho”, vale recordar que cualquier colombiano que esté en la cárcel puede dar entrevistas, transmitidas en vivo y en directo, durante varias horas, y acusar y amenazar a diestra y siniestra, como se hace desde el Ubérrimo!

Conclusión: Un Estado de Derecho muy “torcido”

El caso del preso #. 1087985 indica que antes que vivir en un Estado de Derecho nos encontramos en una terrible realidad completamente distinta (una dictadura, un Estado “torcido”) como lo dijo un periodista convencional, Julio Cesar Londoño, columnista de El Espectador, con unas palabras que deben tener horrorizados a los cultores del Estado de Derecho: “En la precaria historia de nuestra democracia, nunca padecimos una dictadura tan atroz como esta. Comparado con la patriótica malignidad de Uribe, el COVID-19 es un algodón de azúcar”.

Por Renán Vega Cantor | 25/08/2020

Publicado enColombia
Radiografía de la derecha «bannonista»

Steve Bannon, que acaba de ser detenido por quedarse ilegalmente con un millón de dólares proveniente de la campaña trumpista para construir el muro entre México y Estados Unidos, es algo más que un publicista de la extrema derecha. Junto con personajes como el ruso Alexandr Dugin y el brasileño Olavo de Carvalho, expresa una crítica a la globalización que no propone una superación, sino una perspectiva reaccionaria. Los ideólogos de la extrema derecha contemporánea combinan filosofías que atacan el núcleo duro de la Modernidad.

 

La extrema derecha global fue ignorada, despreciada y finalmente temida. Ahora llegó el momento de comprender cómo funciona, qué piensa y por qué tiene tanto éxito para capitalizar el descontento que deja detrás un neoliberalismo predador. ¿O es parte de lo mismo?

La tarea de comprender a la nueva extrema derecha no es fácil, porque más allá de cierto eje común que reúne el racismo, el antisemitismo, el antifeminismo o el uso de delirantes teorías conspirativas y de datos e inteligencia artificial, la derecha se adapta con facilidad a los miedos y frustraciones particulares de los olvidados de cada país. El ingrediente más novedoso de esta derecha extrema es el uso eficiente de tecnologías para detectar temores, frustraciones, rasgos de personalidad o deseos, con datos obtenidos de distintas maneras. Con ese insumo, infinitamente más rico que el provisto por muestreos estadísticos, es posible detectar a los persuadibles y afectar su comportamiento para favorecer ciertas acciones. La capacidad de manipular a las poblaciones por medio de la nueva potencia de los datos, algoritmos e inteligencia artificial hizo su brutal entrada en la escena gracias al escándalo de Cambridge Analytica, pero su diversidad se manifiesta en las grietas que proliferan en las sociedades occidentales.

Sin embargo, sería un error creer que todo se explica por Facebook, Twitter o WhatsApp. Cada vez más analistas entienden la necesidad de escuchar, de ir un poco más allá de la indignación, para entender qué está ocurriendo en el mundo. ¿Qué piensa la extrema derecha?

El hilo

«Vivimos en el neofeudalismo. Esto no es capitalismo». ¿A quién pertenece la frase? ¿A sectores intelectuales anarquistas, socialistas del siglo XXI, a alguna patrulla perdida del comunismo revolucionario? No, pertenece nada menos que a Steve Bannon, quien fuera el jefe de la campaña electoral de Donald Trump en 2016. Bannon, que acaba de ser detenido por quedarse ilegalmente con un millón de dólares proveniente de la campaña trumpista para construir el muro entre México y Estados Unidos, es un personaje peculiar. Director del sitio de noticias de ultraderecha Breitbart News (famoso por sus brutales ataques contra quienes se interponen en el camino de sus protegidos y por el uso de noticias falsas), fue despedido de la Casa Blanca en agosto de 2017 por sus posiciones extremas, sobre todo las contrarias a la globalización. Desde entonces se dedicó a asesorar a buena parte de los sectores más radicalizados y racistas de Europa y América Latina. En este personaje particular, afecto a usar dos camisas superpuestas, se catalizan las ideas de una derecha que perdió la vergüenza de decir lo que piensa y que cuenta con una gran capacidad tecnológica para cultivar los discursos de odio en el fértil estiércol neoliberal.

Bannon es la cara visible de uno de los grandes inversores de la derecha radical, el oscuro Robert Mercer, un informático que se hizo millonario gracias al High Frequency Trading, un precursor sistema de inteligencia artificial que compra y vende acciones en la bolsa miles de veces por segundo ganando centavos cada vez. Este multimillonario es un fuerte donante en organizaciones no gubernamentales de derecha y uno de los inversores de Cambridge Analytica, en la que ubicó como vicepresidente a Steve Bannon. Esta empresa, desaparecida tras el escándalo de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, era una filial estadounidense de SCL, compañía inglesa especializada en operaciones psicológicas. Mercer es muy reservado, no da charlas ni entrevistas, pero, como explica la periodista inglesa Carol Cadwalladar en el documental Fake America Great Again, al seguir el rastro de su dinero se comprende lo que piensa. Bannon es quien pone la cara por las ideas que Mercer financia. Por eso vale la pena detenerse en el recorrido del hombre que estuvo detrás de las campañas, en general exitosas, no solo de Trump, sino también del Brexit en Reino Unido, de Jair Bolsonaro en Brasil, de Viktor Orbán en Hungría, de Matteo Salvini en Italia, del partido Vox en España y de Marine Le Pen en Francia (quien luego rechazó trabajar con él), entre otros. En esos años fundó El Movimiento, una organización pensada para ayudar a los partidos nacionalistas europeos en sus campañas políticas. También, según puede verse en el documental Nada es privado (Karim Amer y Jehane Noujaim, 2019), colaboró con la campaña de Mauricio Macri en Argentina y trabajó para Guo Wengui, un exiliado chino multimillonario opositor al régimen de su país.

Bannon es un ex: ex-militar, ex-agente de bolsa (con la que hizo varios millones de dólares), ex-productor de cine y ex-alcohólico. En una extensa entrevista que brindó para el documental America’s Great Divide (Michael Kirk, 2020), cuenta que le interesaba la política pero que su actividad se detonó con el rescate financiero, el bailout que el presidente Barack Obama brindó al sistema de finanzas estadounidense luego de la crisis de 2008. «Nadie se ha hecho responsable de la crisis financiera», dice indignado. Ninguno de quienes se beneficiaron con esa brutal crisis terminó preso o resignó sus millonarios bonos de fin de año. «Hemos puesto el peso del salvataje en la clase trabajadora y en la clase media. Por eso nadie tiene nada. Los millennials de hoy no son más que los siervos rusos del siglo XIX. (...) No van a tener nada. (...) Esto no se trata de demócratas o republicanos, es la forma en que trabaja el sistema. Se trata de cómo el sistema se une para protegerse a sí mismo y seguir adelante».

No hace falta ser de derecha para indignarse con él. Es cierto que Obama había abierto una enorme expectativa de cambio respecto a los gobiernos de Clinton y Bush, ambos alineados, a pesar de sus diferencias partidarias, con el poder de Wall Street. Al aceptar el rescate, no quiso o no se animó a aprovechar la oportunidad de poner un límite a la voracidad del poder financiero. Con esa firma, se sentenció la esperanza de cambiar un sistema financiero que produce desigualdad, trabajos chatarra, endeudamiento y frustración en la clase trabajadora de ese país. Para Bannon, en ese panorama se hacía necesario un populismo nacionalista liderado por alguien dispuesto de patear el tablero, un vengador que llamase las cosas por su nombre. Un hombre como Trump. Sin ese contexto, no es posible comprender el éxito de las campañas de desinformación brutales que fueron sembradas intencionalmente, pero que echaron raíces y florecieron en una población enfurecida que veía al poder financiero, a los demócratas y a los republicanos, la corrección política, el feminismo y a los movimientos por los derechos de las minorías como un combo indistinguible que los empobrece y humilla. No solo deben endeudarse para sobrevivir, sino que se los acusa de machistas, xenófobos, racistas y contaminadores, quitándoles cualquier reserva de dignidad, sobre todo a los varones (las mujeres también votan a la derecha, aunque Trump exagera los porcentajes). Su mundo tiembla y ni siquiera pueden refugiarse en la seguridad de una identidad ahora sacudida por el mandato progresista.

Según Bannon, el camino hacia el populismo nacionalista debía iniciarse controlando al Partido Republicano por medio de ataques brutales desde las redes (cancel culture es el nombre que recibe esta campaña en Estados Unidos) a cualquier senador que se sentara a dialogar con los demócratas. Los rebeldes eran dinamitados a través de las redes con las municiones provistas por Breitbart y otros medios hasta hacerlos retroceder. Así, podían leerse comentarios que decían que «solo un traidor negocia con un nazi, un comunista, defensor de Wall Street, africano, dictador» y todo lo demás que se pudiera decir sobre Obama desde los medios de derecha. El resultado fue la parálisis del gobierno demócrata, que se desangró para lograr una moderada reforma en el sistema de salud.

Y así llegó Trump. El plan de Bannon se centraba sobre todo en dos cuestiones: primero, en construir un muro como símbolo de la lucha contra la inmigración ilegal utilizada por las empresas para deprimir aún más los ingresos ya «neofeudales» de los trabajadores y trabajadoras. En segundo lugar, y con el mismo objetivo, enfrentar a China, que se lleva el trabajo de la clase obrera. En este sentido, Bannon dice en una entrevista a Benjamin Teitelbaum: «Lo que tenemos ahora es un sistema en el que esclavos chinos fabrican productos para los desempleados de Occidente».

A primera vista, no parece un plan demasiado elaborado para gobernar el país más poderoso del mundo. Pero... ¿hay realmente un plan maestro para la derecha global?

Tomárselo en serio

A principios de este año salió el libro War for Eternity, del etnomúsico Benjamin Teitelbaum, quien lleva años estudiando a oscuros pensadores de derecha (anteriormente escribió Lions of the North, sobre el nacionalismo en Escandinavia). Al escuchar a Bannon en sus entrevistas, Teitelbaum elaboró una hipótesis: él, al igual que algunos otros pensadores de la derecha, es un tradicionalista.

El tradicionalismo es una corriente filosófica de comienzos del siglo XX con fuertes vínculos con el fascismo y que establece que la historia es cíclica, con cuatro periodos que se repiten. Cada uno de estos periodos se vincula a una clase que tiene el poder: los filósofos, los guerreros, los mercaderes y los esclavos (siempre varones, por supuesto). La fase final, la de los esclavos, marca la descomposición del sistema hasta el inicio de un nuevo ciclo. Esta corriente filosófica también plantea la necesidad de las jerarquías en la sociedad y la validez de todas las religiones para organizarlas bajo una doctrina superior. Es una corriente antiiluminista que plantea que las verdades son alternativas: dependen de las cosmologías culturales, un vínculo directo con los «hechos alternativos» puestos en boga durante la campaña de Trump, que constituyen el eje de lo que se ha dado en llamar la posverdad. Si bien Teitelbaum reconoce la heterogeneidad de esta corriente, hay una tendencia a considerar la superioridad de la raza aria, cuyas raíces están en la India. Todo el combo viene sazonado con una buena dosis de esoterismo opuesto al materialismo encarnado por el consumismo, pero también por el comunismo.

Bannon conoce el tradicionalismo, pero se define de una manera más humilde: «Soy solo un fucking tipo que va viendo mientras avanza». Sin embargo, a lo largo de las conversaciones, se transparenta que conoce esa corriente filosófica, aunque hace sus propias interpretaciones y prefiere no profundizar en las partes más esotéricas. Bannon no es el único poderoso con esa visión antimaterialista y antiiluminista que cobró relevancia en los últimos años. Entre ellos está también Alexandr Dugin, uno filósofo ruso con varios libros escritos, que asesora a Vladímir Putin (a veces directamente y a veces en las sombras). El otro personaje que también se reúne con Teitelbaum es un conocido referente de la actual política brasileña: Olavo de Carvalho. Este asesor de Bolsonaro utilizó su canal de YouTube para apoyarlo en su carrera política y despotricar sobre todo contra la ideología de género y el comunismo. Sin embargo, una vez que su protegido llegó a la Presidencia, rechazó formar parte de su gabinete y solo recomendó a personas de confianza para ocupar cargos claves. Cabe aclarar que este pilar ideológico parece estar abandonando a un Bolsonaro en picada y cada vez más aislado.

Pese a las afinidades que encuentra, Teitelbaum reconoce que más allá de las críticas al sistema y cierta cosmología, el hilo ideológico que une a estos personajes es delgado. Los tres coinciden en la necesidad de potenciar los nacionalismos locales para producir una disgregación de los países y revertir la globalización materialista e iluminista que arrasa con los valores espirituales tradicionales. Pero luego surgen las diferencias: Carvalho, que practicó el sufismo en su juventud, se define como un hombre único, «un filósofo, pero no un discípulo», y discute fuertemente con otro tradicionalista como Dugin acerca de qué país representa mejor la próxima etapa del reino de los filósofos por llegar (Rusia o Estados Unidos). La sensación es que la falta de un marco teórico coherente reduce las coincidencias a muy poca cosa y, para peor, permite interpretaciones distintas sobre la actualidad. ¿Es China materialista? O incluso, como dice Carvalho, ¿representa Estados Unidos una visión materialista del mundo o solo lo hacen miembros de su elite explotadora? ¿Es la clase trabajadora de ese país, simple y conservadora, el sujeto histórico emancipador que buscan?

Un denominador común entre estos ideólogos de la derecha es la necesidad de destruir el Estado tal como lo conocemos: su burocracia, su corrupción, su simbiosis con los poderes fácticos, pero también sus sistemas de salud, educativos y científicos, las agencias ambientales, el aparato diplomático. «La destrucción es parte del ciclo», le dice Bannon a Teitelbaum en una entrevista. En la práctica, más allá de un puñado de ideas básicas comunes, las derechas se adaptaron a las coyunturas particulares para llenar el vacío de legitimidad que dejan a su paso el neoliberalismo y una izquierda tradicional incapaz de modificar estructuras de poder y que se dedicó a trabajar la agenda de los derechos humanos o el ambientalismo. Como se suele decir, la política odia el vacío y fue la derecha la que mejor supo llenarlo.

El estallido de la tecnopolítica

El contexto favorece el estallido de una tormenta perfecta en Occidente. Una tormenta que parece ser la de los líderes fuertes y carismáticos que, como diría Max Weber, son capaces de cambiar la inercia de un sistema en el que quienes toman decisiones solo quieren mantener el statu quo. Lo que quieren los humillados es una venganza contra ese establishment (o lo que ellos consideran como tal). En ese contexto en el que no hay mapas cognitivos que permitan comprender qué pasa, las lecturas conspirativas simples y descarnadas que confirman quiénes son los malos funcionan como un salvavidas emocional. Las redes sociales, que carecen por completo de una «responsabilidad editorial», son el espacio ideal para que surjan, se testeen, desarrollen y florezcan posiciones extremas sin fundamentos argumentativos. Bannon explica en su entrevista cómo se consolidó la usina de noticias falsas que dirigía: «Fue la sección de comentarios la que comenzó a construir algo del poder de Breitbart, además de que nosotros éramos más inteligentes (...) Teníamos una increíble optimización para aparecer en las búsquedas. Fue la unión de tecnología y contenido. En particular, yo tenía un equipo entero dedicado a deconstruir los algoritmos de Facebook. Sin Facebook, Breitbart nunca podría haber alcanzado el tamaño que logró». Las redes sociales y toda una batería de nuevas tecnologías basadas en datos e inteligencia artificial permiten utilizar la comunicación como laboratorio sin los límites de la corrección política: los humillados pedían sangre y ellos se la iban a dar. En el laboratorio digital se puede analizar en tiempo real qué mensajes generan la mayor pasión y despiertan más respuestas (engagement) para utilizarlos como munición infinita en cualquier ocasión. Los Trump y los Bolsonaro son los candidatos ideales para una campaña basada en la destrucción de los contrincantes sin necesidad de apelar a la verdad. Como en un judo discursivo, la fuerza del contrincante se utiliza para irritar aún más a los propios y hacerlos reaccionar. Un ejemplo paradigmático de esta desventaja estratégica es lo que ocurrió con el «Ele não» [Él no] de Brasil, cuando miles de mujeres salieron a la calle para rechazar la candidatura presidencial de un misógino explícito. El resultado de la marcha multitudinaria fue una aún más potente reacción en las redes que atacó a aquellas caras más visibles de la manifestación, como Daniela Mercury o Anitta. Lo mismo les ocurrió a quienes se pusieron en el camino de Trump en su camino a la Casa Blanca, no solo «crooked [deshonesta] Hillary», sino también varios senadores republicanos. Las respuestas indignadas que venían de sectores percibidos como aliados del sistema empobrecedor servían para ratificar la confianza en el líder que los insultaba en la cara.

Si bien las grandes líneas del descontento social son perceptibles por cualquier analista político, al mirar a las personas de cerca surgen matices particulares que requieren una comunicación segmentada, como la que llevaron adelante Cambridge Analytica o los numerosos trollcenters del mundo que activan a los sectores más radicalizados a tomar las calles como nunca antes. Eso es lo que permiten las redes sociales: poner en juego las noticias, verdaderas o falsas, y encontrar las que se instalan en la sociedad para utilizarlas como encuadre de las noticias futuras que continúen abonando una mirada sobre el mundo. Como dice Teitelbaum: «El tipo de activismo apoyado por Cambridge Analytica fue una forma innovadora y potenciada de algo que la extrema derecha llama metapolítica. La estrategia implica hacer campaña no a través de la política, sino a través de la cultura, a través de las artes, el entretenimiento, los intelectuales, la religión y la educación. Esos son los lugares donde se forman nuestros valores, no en una cabina de votación». Los militantes deberán insertarse en todos los espacios, sobre todo los apolíticos, y comenzar a bajar su mensaje de a poco, buscando crear un nuevo sentido común, no ya con ancianos aburridos hablando pausado sino de una manera atractiva, seductora y con herramientas que permitan medir en tiempo real la circulación de los mensajes, como hacen los influencersy youtubers de derecha. Como decía el fallecido Andrew Breitbart, el creador del sitio que luego dirigió Bannon, «la política se encuentra corriente abajo de la cultura».

Esa lucha cultural se está transformando en algo brutal, con campos enfrentados que perciben la realidad desde lugares distintos y sin puntos de contacto. El gran éxito de la nueva derecha en Estados Unidos ha sido construir un solo enemigo que condensa al capital financiero, globalizador, exportador de trabajo, centrado en los derechos humanos, de los homosexuales, feminista, ecologista, etc. La prueba de que son lo mismo, como dice Bannon, es que «el presidente más progresista de la historia de Estados Unidos, el presidente Obama, salvó a los ricos». Esa desconfianza contra todos es la que le permite a Trump señalar a los periodistas y decirles en la cara «ustedes son las noticias falsas» sin ruborizarse.

En el mismo lodo

En cada país la derecha supo adaptarse a los contextos. En Brasil, por ejemplo, parte del éxito de gobiernos extremistas como el de Bolsonaro puede entenderse por las limitaciones del Partido de los Trabajadores (PT) para producir cambios estructurales, pero también por el constante ataque de los medios del establishment cuando efectivamente el PT intentaba producirlos. Buena parte de la sociedad, cocinada a fuego lento en el odio destilado por los medios tradicionales, estaba preparada para absorber las más delirantes noticias falsas o teorías conspirativas que se pudieran inventar y testear desde la derecha a través de Facebook, Twitter o, como ocurrió en Brasil, Whatsapp. Contexto, dinero y tecnología permitirían desarrollar ese potencial para que Bolsonaro ganase en las urnas.

Estas líneas permiten trazar algunas respuestas sobre el avance de la derecha global, pero es mucho lo que queda por responder. ¿Alcanza el rechazo de amplios sectores del establishment para no considerar a estos nuevos populismos de derecha simplemente como otra «vuelta de rosca» neoliberal? ¿Son sostenibles estos gobiernos basados en mantener irritadas a sus bases de apoyo y en neutralizar a sus adversarios? ¿Qué lugar tiene la realidad material, como expone brutalmente la pandemia, para socavar sus discursos anticientíficos y antiiluministas? Hasta ahora la receta ha sido duplicar la energía de cada ataque, pero ¿hay un límite? ¿Podrán sobrevivir al nivel de descomposición social que ellos mismos potenciaron? Y, sobre todo, ¿qué viene después de sus cada vez más evidentes fracasos para satisfacer las expectativas de las bases electorales?

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Juan Carlos Huarachi: "El pueblo boliviano se moviliza pidiendo el respeto a la democracia"

Entrevista al secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB)

En el inicio de la huelga indefinida contra la postergación de los comicios presidenciales, el líder sindical señaló que el régimen de Áñez solo busca "saquear, privatizar y vender los recursos naturales". 

 

Bolivia arrancó una semana agitada con una huelga indefinida y bloqueos en distintos puntos del país contra la decisión del gobierno de postergar las elecciones generales. La Central Obrera Boliviana (COB) y las organizaciones de base que componen el Pacto de Unidad exigen que los comicios sean el próximo 6 de septiembre y no el 18 de octubre como anunció el Tribunal Supremo Electoral con la excusa de que el pico de contagios de coronavirus coincidiría con esa fecha. El núcleo de las protestas estuvo en la ciudad de El Alto, en Cochabamba y en Oruro. También se registraron bloqueos en los departamentos orientales de Santa Cruz y Beni.

Juan Carlos Huarachi es el secretario ejecutivo de la COB y una pieza clave de este y otros reclamos de los castigados trabajadores bolivianos. Antes de ocupar ese cargo, Huarachi fue dirigente del sindicato de trabajadores mineros de Huanuni y de la Central Obrera Departamental de Oruro. Siguiendo minuto a minuto y desde las calles el desarrollo de las protestas, Huarachi accedió a una entrevista con Página/12 en la que contó los detalles de esta jornada de "lucha por la democracia" y respondió a los sectores que critican a su federación por provocar un supuesto desabastecimiento. También calificó al gobierno de "fascista y dictador" y aseguró que su único interés pasa por "saquear, privatizar y vender" los recursos naturales del país.

- ¿Cómo se está desarrollando esta semana de protestas en todo el país?

- Recién es el primer día, esto es progresivo. Poco a poco la gente se está sumando y organizando a nivel nacional en varios departamentos y regiones. Hemos delegado también la responsabilidad en nuestro comité de huelga a nivel nacional, para que puedan coordinar las acciones en algunos puntos estratégicos del país. Como le digo, recién estamos empezando. Obreros, campesinos, clase media, sectores populares, en suma el pueblo boliviano se moviliza pidiendo el respeto a la democracia, porque hemos visto lamentablemente decretos del gobierno que van en contra de toda una población que ha venido pidiendo atención en salud, en educación, en el tema productivo y económico, un montón de demandas sociales que hasta la fecha este gobierno no ha atendido.

- Desde la COB expresaron que esta medida de fuerza se levantará si hay una respuesta favorable del gobierno. ¿Tuvieron algún tipo de contacto con las autoridades?

- No tenemos nada, ningún contacto. Habíamos establecido los plazos, por eso es que a partir de las cero horas del tres de agosto la gente ya se ha movilizado. Estamos esperando una convocatoria del gobierno porque los trabajadores creemos que estamos en nuestro derecho de hacer respetar las demandas socialesLejos de dar soluciones, el gobierno acaba de clausurar el año escolar sin dar ninguna explicación, habiendo varias alternativas propuestas por compañeros de la educación urbana y rural. Lamentablemente no ha aplicado ninguna de estas medidas y a través de un decreto cancela y cierra el año escolar, y eso hace que hoy más de 60 mil maestros del sector privado queden sin trabajo. 60 mil familias en las calles sin derecho a nada. El gobierno hasta la fecha no ha hecho conocer un protocolo para combatir el coronavirus, no hay un plan de contingencia para mitigar esta emergencia sanitaria por la que muchos bolivianos y bolivianas están perdiendo la vida. Hoy más que nunca se ha ido desenmascarando que este gobierno es un gobierno de facto, fascista y dictador.

- Ese mismo gobierno acaba de denunciarlo por supuestos delitos debido a las protestas de la semana pasada . ¿Cómo responde a esas acusaciones?

- Es importante que la comunidad internacional conozca que en Bolivia este gobierno de facto está persiguiendo a dirigentes sindicales y asimismo haciendo seguimiento con inteligencia. Nos han pinchado hasta los celulares para hacer un monitoreo de dónde estamos y cómo estamos. Están violando nuestros derechos humanos. Todos los dirigentes tenemos derecho a la protesta, a la huelga de acuerdo a la Constitución y a nuestros propios estatutos. Los dirigentes en este momento están amedrentados, pero aun así estamos trabajando y nos estamos organizando. Creemos que esta lucha es justa y en beneficio del pueblo boliviano.

- Algunas voces críticas sostienen que los bloqueos podrían provocar desabastecimiento en los sectores más postergados. ¿Tienen algún plan para evitar esa posibilidad?

- La instructiva que tienen nuestros compañeros en los puntos estratégicos de bloqueo es hacer pasar a las ambulancias como corresponde en tiempos de lucha. A su vez, no permitir el desabastecimiento es algo fundamental en este momento de crisis. También tenemos la instructiva para nuestros movilizados que deben cumplir con protocolos de seguridad: barbijos, alcohol desinfectante como corresponde. No somos irresponsables como dice el gobierno. Más bien la irresponsabilidad parte de ellos porque no han llegado a tiempo los insumos de bioseguridad, los respiradores, los laboratorios y hoy la gente está exigiendo eso.

- ¿Por qué cree que el gobierno de facto hace todo lo posible para dilatar las elecciones?

- Este gobierno de facto tuvo la oportunidad de hacer las cosas bien. Pero hasta la fecha y no lo digo yo, lo dice el pueblo que es el juez y el soberano, se ha dado cuenta que no han cumplido con el mandato transitorio ni han convocado a elecciones nacionales de acuerdo a los plazos establecidos por ley y sancionados por la Asamblea Legislativa Plurinacional. Se han bañado en actos de corrupción. A nombre de la salud han comprado con sobreprecio los respiradores y así hemos visto que a nuestros tres subsistemas de salud no ha llegado nada, y a la fecha tampoco se aclaran estos actos de corrupción. También se han intervenido varias empresas públicas y estratégicas. Creo que el interés del gobierno es saquear, privatizar y vender nuestros recursos naturales. Ese es el tema de fondo, por eso suspenden las elecciones con argumentos falsos. En respuesta, el pueblo exige elecciones para volver a tener un gobierno demócratico en Bolivia. 

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Jueves, 11 Junio 2020 08:43

La democracia, que sí es posible

Nicolás de la Hoz, sin título (Cortesía del autor)

…en la sombra del otro
buscamos nuestra sombra…
La moneda de hierro, Jorge Luis Borges

 

Como la sombra del caminante, prolongada por el sol matutino, que unas veces realza y otras difumina la silueta, así son algunos de los contornos que va dejando sobre el cuerpo social la crisis que hoy conmueve al conjunto de la humanidad.


Con su brillo de las primeras horas del día, en ángulo obtuso sobre el cuerpo del caminante, con sombra prolongada aparece con mayor realce la fisonomía de quien lo recibe en su humanidad, bien de frente, bien por la espalda. Vemos una proyección similar del cuerpo estatal, que por acción neoliberal y con efecto perpendicular, había visto achatada su proyección durante las últimas décadas. Ahora recupera cuerpo.


Es un renovado vigor que en nada o en muy poco promete ser favorable a las necesidades de quienes padecieron su debilitamiento, cocinado en tres o más décadas en las que fue concretada una variedad de políticas económicas, sociales y culturales, entre ellas: reformas privatizadoras de todo lo considerado público y con potencial rentista; políticas de atomización social para descomponer esperanzas frente a otro modelo social posible y sobre la vitalidad de lo común; multiplicación de beneficios económicos y tributarios, de manera sorprendente, para quienes más tienen, e incremento de la carga tributaria para quienes viven de su trabajo; desestímulo a la producción nacional y, con ello, para el caso de Colombia, desmonte de la escasa producción industrial construida a lo largo de varias décadas, así como igualmente desestímulo a la capacidad agraria, labrada por cientos de miles de campesinos en sus pequeños terruños, al tiempo con articulación sometida al mercado mundial a través de decenas de tratados de ‘libre comercio’; renuncia a políticas de soberanía monetaria y financiera; limitación del gasto social, siempre de acuerdo a los compromisos internacionales de pago oportuno de la deuda pública; estímulo y fortalecimiento de una industria cultural que distrae y adormece sin propiciar reencuentros sociales ni redes de producción propia, con sentido de memoria, por un lado, así como, por el otro, de sueños de presente y de futuro; estímulo al consumo superfluo y al desecho sin miramientos sobre el medio ambiente, ni responsabilidad individual y colectiva con la recuperación de partes e insumos posibles de reutilizar o procesar.


Es claramente un desmonte de su rostro social y del compromiso con la redistribución de lo recogido por el ente central, producto del continuado ejercicio económico de millones de personas –que, para el caso colombiano, nunca fue pronunciado–, a la par del fortalecimiento de su rostro autoritario y violento como producto de lo cual los Derechos Humanos quedaron signados por un gran interrogante, y enmarcada la posibilidad de paz con justicia social como consigna para adornar salones de clase.


Desde el “monopolio legítimo de las armas”, una cara poco amable copó extensas zonas rurales para darle paso a diversidad de proyectos extractivistas, así como a la protección de privilegios de todo tipo, entre ellos la prolongación del latifundio o el ingreso de multinacionales mineras a territorios donde la comunidad no los desea, o la misma aspersión de miles y miles de litros de glifosato sobre extensas áreas boscosas del país, persistencia de una condicionada, manipulada y fracasada “guerra contra las drogas” que no repara en los daños ocasionados sobre la salud humana y de otros animales que las habitan, condenándolas a un extendido envenenamiento de las cuencas de que son parte integral, toxicidad que por décadas guardará residuos en el subsuelo.


Estamos ante el regreso del Estado a la escena central de cada país que, para el caso nacional e internacional, resalta su prioridad por inyectar miles de millones para recuperar o impedir la quiebra de variedad de empresas y, asimismo, el ahondamiento del control y el disciplinamiento social. Un regreso, por tanto, sobre dos rieles: socialización de la crisis –económica– y autoritarismo.


En esta socialización de la crisis, para el caso de Europa resalta el rescate del grupo Air France-KLM, que recibirá un “apoyo histórico de 7.000 millones de euros de parte del Estado francés” (1). De igual manera, la administración de Angela Merkel, en Alemania, concertó con la compañía aérea Lufthansa “[…] un plan de salvación por 9.000 millones de euros que convertirá al Estado en el principal accionista del grupo, con el 20% del capital” (2). Estados Unidos no se quedó atrás y le dio vía libre a un plan de refinanciación para pequeñas empresas (hasta 500 trabajadores), al cual se pegaron grandes empresas, haciéndole malabares a la norma. “El plan de ayudas [fue financiado] con un presupuesto de 349.000 millones de dólares [...]. El grifo se abrió el 3 de abril y en tan solo dos semanas quedó agotado [...]. La Casa Blanca, los republicanos y los demócratas ultiman ahora un acuerdo para refinanciar esta línea de ayudas con otros 310.000 millones” (3). Paralelo a ello “Unos 500.000 millones de dólares en así llamados préstamos han sido entregados directamente a las mayores empresas de EE UU sin una supervisión ni rendición de cuentas significativa” (4). La experiencia vivida en 2008 con el salvataje de bancos permite desde ahora intuir que estas ayudas, presentadas en una primera instancia como créditos blandos y similares, terminarán condonados. Es así como la crisis, una vez más, termina asumida por el conjunto social. En las épocas de bonanza económica, los ricos se miran en el espejo.


La inyección prioritaria de dinero para los propietarios de fábricas y empresas de diverso tipo toma relieve en Colombia con préstamos ofertados a menor costo, por ejemplo, desde Bancoldex, para lo cual dispuso de 600 mil millones de pesos (5), ofertados con meses a cero intereses y al menos dos años para cancelarlos: pero también con el congelamiento del pago de obligaciones tributarias y salud, a la par de donar a los dueños del capital el 50 por ciento de las primas que debe cancelar en este mes de junio, para salarios que oscilen entre el mínimo y el millón de pesos.


Es este un apoyo directo que, como en el caso de otros países, también gozará de alargues y hasta condonación de lo prestado, tras garantías como no despedir trabajadores, ajustar los procesos productivos a menores cuotas contaminantes y variables similares. Es claramente un favorecimiento al empresariado que afectará las garantías en el ámbito del trabajo al ahondar la flexibilidad laboral tras el teletrabajo, ya existente y extendido en el sector bancario y del comercio, pero que ahora se verá ampliado, debilitando aún la asociación de quienes venden su fuerza de trabajo y entorpeciendo la posibilidad de resistir al afán de mayores tasas de ganancia, siempre pretendidas por la patronal.


Te vigilo y te controlo, sé quién eres y qué piensas

Ahora los rayos desgarran la sombra espesa
Posesión, Vicente Aleixandre


El avance autoritario de los Estados, por su parte, es lo más resaltado por los analistas de distintas corrientes. Destacan con preocupación la implementación de técnicas variadas de vigilancia y control social, bajo el prurito del seguimiento de la pandemia; técnicas y políticas de disciplinamiento social previamente existentes, con especial desarrollo en Estados Unidos (bajo control de la NSA y su ojo universal) y en China, pero ahora realzadas por los supuestos beneficios la viabilidad que encarnan para el conjunto de las sociedades en su lucha por la salud pública (Ver Philip Potdevin pp. 10-11 y Damian Pachón pág. 13).


Se trata del aprovechamiento de esta circunstancia, ahora por parte de multitud de Estados liberales que reducen así el espacio de las libertades públicas y meten sus narices en la vida privada de sus poblaciones, un suceso de total gravedad que lo será aún más si, como está sucediendo por estos días, las poblaciones mismas terminan aceptando e incluso pidiendo estos controles y la injerencia del gran hermano por temor al regreso de la pandemia o, hacia el futuro, por el comienzo de crisis similares que pueden desprenderse tanto de la prolongación de la crisis climática global, por la persistencia del capital con un modelo de ‘desarrollo’ a todas luces antinatural y que devasta el planeta, como de posteriores y cada vez más posibles confrontaciones armadas entre potencias o, incluso, de alzamientos sociales, en este caso en procura de justicia e igualdad.


Este es un aspecto del giro antidemocrático, pero el otro recae en la concentración de poderes que ahora ostentan infinidad de gobernantes a partir de su llamado a declarar estados de emergencia para enfrentar el virus. Regímenes presidencialistas es el resultado final de ello. ¿Hasta dónde irán los mismos? Solo el tiempo lo dirá, pero lo evidente es que, validos de las circunstancias en curso, le han sacado provecho para aplazar elecciones (Bolivia, Chile), para aprobar reformas contenidas por la inconformidad social (Ecuador), o para contener y dilatar la protesta social en curso –con demanda de cambios en lo económico, político y social, (Chile, Ecuador, Colombia, Francia). Todo ello evidencia que la crisis de salud pública se está utilizando por parte de amplios sectores del poder tradicional para gobernar a raja tabla y sin oposición. ¿Qué más desearía un gobernante adepto de la continuidad? ¿Qué más querría el capital para administrar la fuerza de trabajo, su disposición y su rentabilidad, que el silencio perenne?


Estamos ante una respuesta/utilización de la crisis desde los factores de poder dominantes, que desdicen de la inmensa posibilidad de cambio abierta por la misma. Como es evidente, por estos días emergieron con toda visibilidad los marcados contrastes de la sociedad colombiana, signada por la concentración de la riqueza en los bolsillos de unas poquísimas familias y la extendida pobreza que cubre a millones. Tras pocos días de encierro. la ausencia de ingresos y el hambre dibujaron sin tapujo alguno la sociedad que somos, poniéndole grandes interrogantes a la estrategia diseñada para contener la multiplicación del covid-19, clara y absurdamente pensada para sectores con ingresos fijos, que no son precisamente los de la mayoría de quienes integran nuestra sociedad.


De esta manera, con un presidencialismo tan del gusto de la oligarquía criolla, con mecanismos de control social y disciplinamiento autoritario cada vez más notables –de viejo y de nuevo cuño–, sin una economía al servicio del conjunto social, la democracia formal, que siempre ha sido la nota dominante en Colombia, hoy toma mayor cuerpo.


Por tanto, así va siendo desaprovechada por el establecimiento esta coyuntura para enrutar el régimen económico y político hacia el cambio que requiere toda sociedad que se proyecte con vocación humanista a lo largo de las ocho décadas aún por recorrer de la centuria número 21. ¡Algo que no puede sucederle al resto de la sociedad! Si tenemos ante nosotros la sombra de lo que somos, ¿cómo no optar por su comprensión y su transformación? ¿Cómo seguir desconociendo por otros cien años la sombra, la realidad de nuestro ser, confundiéndola con imágenes que la desdibujan y la niegan?
Entendámoslo: este es un reto mayor. De las manos de los excluidos de siempre debe tomar forma la democracia en su mejor y más radical expresión, abriéndole espacio a la participación directa y decisiva de la sociedad toda, con sus matices regionales, que en el caso de la sociedad colombiana le brindan particularidades de pasado y presente, con sus realces territoriales y sus matices culturales que explican por qué somos disimiles en nuestra formas expresivas, en la manera de encarar la vida, en las disposiciones para enfrentar las luchas del ser social.


Tales realces geográficos y culturales, pese a su notoriedad, mantienen en común la demanda por una indispensable redistribución de la tierra para afincar, con el acceso a la misma, el definitivo desmoronamiento del poder señorial que cargamos como lastre desde la Colonia, con la Hacienda, soporte desde hace siglos de poder económico, político y cultural de minorías que someten a las mayorías, hoy reforzadas con el poder mafioso que se extiende sobre cientos de miles de hectáreas. La tierra, como soporte del poder directo y simbólico de unos pocos sobre millones de personas, ya redistribuida deberá darle paso a un dinámico proyecto de soberanía alimentaria, agenciado por cientos de miles de brazos decididos a un sembrado variado sobre tierra propia, potenciado desde la siembra de cultivos nativos y otros recuperados desde diversas experiencias de vida –unos y otros, contrarios a los monocultivos y los organismos genéticamente modificados–, unos y otros de las más variadas especies, para complementar por esa vía un modelo de vida digna, con sustentabilidad alimentaria como aporte para la salud del cuerpo y el fortalecimiento de las energías espirituales.


De modo que una nueva o real democracia, con soporte en el campo y la economía agraria, según nuestras particularidades regionales, deberá propiciar el cimiento de una economía de nuevo tipo, y en ella la conjunción de saberes milenarios con los alcanzados por las nuevas ciencias y lo desprendido por las revoluciones industriales, la tercera y la cuarta, para hacer realidad una industria farmacéutica que esté abierta a la humanidad, para su beneficio y su bienestar.


Con la luz del día sobre el cuerpo de los pueblos se extenderá a su alrededor la figura del bienestar, y con ella la ebullición de los condenados de la tierra. No es posible la democracia directa, participativa, radical, la más exigente que soñamos, si no parte de la movilización y el compromiso de los millones que somos. La democracia no se decreta y se irradia sobre la sociedad por mandatos u ordenanzas. La democracia es mucho más que una fecha y un registro. Como conjunción que es entre economía, cultura, política y territorio, la democracia se enraíza en lo más profundo del ser humano a partir de sembrar en sus más hondos sentires la disposición por la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, el hermanamiento entre diferentes, sabiendo siempre que en el centro de su divisa está el ser humano como persona (6), que no puede quedar relegada a sobrevivir arañando los desechos que le arrojan desde el poder o desde las mesas de los ricos, sino que debe sentir y saber que sin vida digna no hay existencia que merezca ese nombre.


Un devenir así, participativo, directo y decisivo, también debe afrontar la revalorización de la ciudad, despoblando parte de la misma, reubicando a millones de quienes la pueblan y la sufren por sus altas tasas de contaminación, por el encerramiento en cuatro paredes que han dejado de ser vivienda para constituirse en la jaula que impide convivir y disfrutar de la vida diaria y el descanso, donde el complemento de cuerpos ya no cuenta con la privacidad ni la tranquilidad que el goce demanda. No es humano un territorio devorador de recursos naturales de todo tipo, así como de años de vida en el rodar diario de llantas que transportan mano de obra de un rincón a otro de la urbe. La ciudad, en su actual estado, es un germen de múltiples pandemias, sin superar las cuales millones de seres seguirán muriendo cada año por motivos que en el mundo actual son prevenibles.


Se impone construir ciudades vivibles, posibles de administrar entre todos y todas, donde el suelo pase a ser de propiedad pública, liberando así a millones de un esfuerzo interminable y extenuante para pagar el ‘derecho’ a la vivienda, constituida desde hace décadas en botín de especuladores urbanos, antes casatenientes, ahora dominado por el sistema bancario, verdadero amasador de infinidad de metros cuadrados construidos en las urbes.


Es urgente la recuperación, por la vía de replantear el tema urbano, de cuencas y microcuencas otrora fuente de vida y alimento para la fertilidad de la tierra. Y para ello, es indispensable reforestar todos sus alrededores e interiores, para un reencuentro virtuoso con la naturaleza que nos permita bajarle el efecto pernicioso a la contaminación propiciada por el imparable transitar de motores que expulsan sin tregua gases tóxicos, fuente de las más variadas e insufribles enfermedades modernas. Se requieren nuevas ciudades inteligentemente diseñadas, por tanto, con derecho propio para quienes deberán transitarlas a pie, gozando de sus entornos estéticamente construidos, sin el temor al asalto inesperado, ya que la convivencia estará signada sobre bases de igualdad y justicia.


Acciones de cambio, de justicia y vida digna, que deben ir de la mano de otras que permitan el acceso público y general a la internet, al Wi-fi, con diseño e implementación de redes y sistemas computacionales propios que permitan soberanía comunicativa, eviten el espionaje propiciado desde las potencias y sus grandes multinacionales, y protejan a toda nuestra población en el derecho a su privacidad. Un proceder que demanda el fortalecimiento en ciencia y tecnología, auspiciando con presupuestos reforzados investigaciones de punta lideradas desde las universidades públicas, las que deben llegar a ser verdaderos centros de saber ligados de manera dinámica a redes globales del conocimiento donde la propiedad privada deje de ser el afán que ahora domina toda investigación y cualquier escritura, por sencilla que sea.


Son estas y otras muchas las quimeras que revitalizan la democracia que sí es posible, la que vemos tras las sombras del cuerpo social ahora devastado por un sistema que simula ser lo que no es, destruyendo a diario vidas y esperanzas de vida, ofreciendo lo que no habrá de cumplir, pues especula con la vida de millones que son sometidos como piñones de una inmensa máquina devoradora de seres humanos.


Hoy, en medio de una pandemia que resume la crisis de una civilización, por paradójico que parezca, tenemos una lección de vida, un reto para potenciarla. No lo perdamos tras temores ahondados por el control y el disciplinamiento autoritario, ahora ahondado por el poder de siempre, con nuevas y viejas técnicas, sutiles unas y otras no tanto.


Que nuestros cuerpos proyecten en sus sombras un largo y extendido movimiento, que le den forma a la figura del cambio, al abrazo que fortalece, al apoyo que brinda confianza e impulsa a no desistir. Toda crisis trae una oportunidad. No la desaprovechemos. Soltemos por ciudad y campo las amarras democratizadoras.

 

1. https://www.france24.com/es/20200424-air-france-klm-estado-frances-historico-paquete-ayuda-7000-millones-euros.
2. “El gobierno alemán salva a Lufthansa y se queda con un 20 por ciento de la empresa”, https://www.pagina12.com.ar/268271-el-gobierno-aleman-salva-a-lufthansa-y-se-queda-con-un-20-po.
3. “Shake Shack o cómo el rescate económico en Estados Unidos acaba beneficiando a los ricos”, https://elpais.com/economia/2020-04-20/shake-shack-o-como-el-rescate-economico-en-estados-unidos-acaba-beneficiando-a-los-ricos.html.
4. “Estados Unidos: coronacapitalismo y su inminente colapso”, https://www.elsaltodiario.com/crisis-economica/estados-unidos-coronacapitalismo-y-su-inminente-colapso-
5. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2020/600000-millones-suma-Bancoldex-en-fondos-para-financiar-empresas-afectadas-por-el-COVID-19-a-traves-de-la-linea-200402.aspx
6. Zambrano, María, persona y democracia, Alianza Editorial, España, 2019, pág. 183.

Miércoles, 10 Junio 2020 08:40

La democracia, que sí es posible

Nicolás de la Hoz, sin título (Cortesía del autor)

…en la sombra del otro
buscamos nuestra sombra…
La moneda de hierro, Jorge Luis Borges

 

Como la sombra del caminante, prolongada por el sol matutino, que unas veces realza y otras difumina la silueta, así son algunos de los contornos que va dejando sobre el cuerpo social la crisis que hoy conmueve al conjunto de la humanidad.


Con su brillo de las primeras horas del día, en ángulo obtuso sobre el cuerpo del caminante, con sombra prolongada aparece con mayor realce la fisonomía de quien lo recibe en su humanidad, bien de frente, bien por la espalda. Vemos una proyección similar del cuerpo estatal, que por acción neoliberal y con efecto perpendicular, había visto achatada su proyección durante las últimas décadas. Ahora recupera cuerpo.


Es un renovado vigor que en nada o en muy poco promete ser favorable a las necesidades de quienes padecieron su debilitamiento, cocinado en tres o más décadas en las que fue concretada una variedad de políticas económicas, sociales y culturales, entre ellas: reformas privatizadoras de todo lo considerado público y con potencial rentista; políticas de atomización social para descomponer esperanzas frente a otro modelo social posible y sobre la vitalidad de lo común; multiplicación de beneficios económicos y tributarios, de manera sorprendente, para quienes más tienen, e incremento de la carga tributaria para quienes viven de su trabajo; desestímulo a la producción nacional y, con ello, para el caso de Colombia, desmonte de la escasa producción industrial construida a lo largo de varias décadas, así como igualmente desestímulo a la capacidad agraria, labrada por cientos de miles de campesinos en sus pequeños terruños, al tiempo con articulación sometida al mercado mundial a través de decenas de tratados de ‘libre comercio’; renuncia a políticas de soberanía monetaria y financiera; limitación del gasto social, siempre de acuerdo a los compromisos internacionales de pago oportuno de la deuda pública; estímulo y fortalecimiento de una industria cultural que distrae y adormece sin propiciar reencuentros sociales ni redes de producción propia, con sentido de memoria, por un lado, así como, por el otro, de sueños de presente y de futuro; estímulo al consumo superfluo y al desecho sin miramientos sobre el medio ambiente, ni responsabilidad individual y colectiva con la recuperación de partes e insumos posibles de reutilizar o procesar.


Es claramente un desmonte de su rostro social y del compromiso con la redistribución de lo recogido por el ente central, producto del continuado ejercicio económico de millones de personas –que, para el caso colombiano, nunca fue pronunciado–, a la par del fortalecimiento de su rostro autoritario y violento como producto de lo cual los Derechos Humanos quedaron signados por un gran interrogante, y enmarcada la posibilidad de paz con justicia social como consigna para adornar salones de clase.


Desde el “monopolio legítimo de las armas”, una cara poco amable copó extensas zonas rurales para darle paso a diversidad de proyectos extractivistas, así como a la protección de privilegios de todo tipo, entre ellos la prolongación del latifundio o el ingreso de multinacionales mineras a territorios donde la comunidad no los desea, o la misma aspersión de miles y miles de litros de glifosato sobre extensas áreas boscosas del país, persistencia de una condicionada, manipulada y fracasada “guerra contra las drogas” que no repara en los daños ocasionados sobre la salud humana y de otros animales que las habitan, condenándolas a un extendido envenenamiento de las cuencas de que son parte integral, toxicidad que por décadas guardará residuos en el subsuelo.


Estamos ante el regreso del Estado a la escena central de cada país que, para el caso nacional e internacional, resalta su prioridad por inyectar miles de millones para recuperar o impedir la quiebra de variedad de empresas y, asimismo, el ahondamiento del control y el disciplinamiento social. Un regreso, por tanto, sobre dos rieles: socialización de la crisis –económica– y autoritarismo.


En esta socialización de la crisis, para el caso de Europa resalta el rescate del grupo Air France-KLM, que recibirá un “apoyo histórico de 7.000 millones de euros de parte del Estado francés” (1). De igual manera, la administración de Angela Merkel, en Alemania, concertó con la compañía aérea Lufthansa “[…] un plan de salvación por 9.000 millones de euros que convertirá al Estado en el principal accionista del grupo, con el 20% del capital” (2). Estados Unidos no se quedó atrás y le dio vía libre a un plan de refinanciación para pequeñas empresas (hasta 500 trabajadores), al cual se pegaron grandes empresas, haciéndole malabares a la norma. “El plan de ayudas [fue financiado] con un presupuesto de 349.000 millones de dólares [...]. El grifo se abrió el 3 de abril y en tan solo dos semanas quedó agotado [...]. La Casa Blanca, los republicanos y los demócratas ultiman ahora un acuerdo para refinanciar esta línea de ayudas con otros 310.000 millones” (3). Paralelo a ello “Unos 500.000 millones de dólares en así llamados préstamos han sido entregados directamente a las mayores empresas de EE UU sin una supervisión ni rendición de cuentas significativa” (4). La experiencia vivida en 2008 con el salvataje de bancos permite desde ahora intuir que estas ayudas, presentadas en una primera instancia como créditos blandos y similares, terminarán condonados. Es así como la crisis, una vez más, termina asumida por el conjunto social. En las épocas de bonanza económica, los ricos se miran en el espejo.


La inyección prioritaria de dinero para los propietarios de fábricas y empresas de diverso tipo toma relieve en Colombia con préstamos ofertados a menor costo, por ejemplo, desde Bancoldex, para lo cual dispuso de 600 mil millones de pesos (5), ofertados con meses a cero intereses y al menos dos años para cancelarlos: pero también con el congelamiento del pago de obligaciones tributarias y salud, a la par de donar a los dueños del capital el 50 por ciento de las primas que debe cancelar en este mes de junio, para salarios que oscilen entre el mínimo y el millón de pesos.


Es este un apoyo directo que, como en el caso de otros países, también gozará de alargues y hasta condonación de lo prestado, tras garantías como no despedir trabajadores, ajustar los procesos productivos a menores cuotas contaminantes y variables similares. Es claramente un favorecimiento al empresariado que afectará las garantías en el ámbito del trabajo al ahondar la flexibilidad laboral tras el teletrabajo, ya existente y extendido en el sector bancario y del comercio, pero que ahora se verá ampliado, debilitando aún la asociación de quienes venden su fuerza de trabajo y entorpeciendo la posibilidad de resistir al afán de mayores tasas de ganancia, siempre pretendidas por la patronal.


Te vigilo y te controlo, sé quién eres y qué piensas

Ahora los rayos desgarran la sombra espesa
Posesión, Vicente Aleixandre


El avance autoritario de los Estados, por su parte, es lo más resaltado por los analistas de distintas corrientes. Destacan con preocupación la implementación de técnicas variadas de vigilancia y control social, bajo el prurito del seguimiento de la pandemia; técnicas y políticas de disciplinamiento social previamente existentes, con especial desarrollo en Estados Unidos (bajo control de la NSA y su ojo universal) y en China, pero ahora realzadas por los supuestos beneficios la viabilidad que encarnan para el conjunto de las sociedades en su lucha por la salud pública (Ver Philip Potdevin pp. 10-11 y Damian Pachón pág. 13).


Se trata del aprovechamiento de esta circunstancia, ahora por parte de multitud de Estados liberales que reducen así el espacio de las libertades públicas y meten sus narices en la vida privada de sus poblaciones, un suceso de total gravedad que lo será aún más si, como está sucediendo por estos días, las poblaciones mismas terminan aceptando e incluso pidiendo estos controles y la injerencia del gran hermano por temor al regreso de la pandemia o, hacia el futuro, por el comienzo de crisis similares que pueden desprenderse tanto de la prolongación de la crisis climática global, por la persistencia del capital con un modelo de ‘desarrollo’ a todas luces antinatural y que devasta el planeta, como de posteriores y cada vez más posibles confrontaciones armadas entre potencias o, incluso, de alzamientos sociales, en este caso en procura de justicia e igualdad.


Este es un aspecto del giro antidemocrático, pero el otro recae en la concentración de poderes que ahora ostentan infinidad de gobernantes a partir de su llamado a declarar estados de emergencia para enfrentar el virus. Regímenes presidencialistas es el resultado final de ello. ¿Hasta dónde irán los mismos? Solo el tiempo lo dirá, pero lo evidente es que, validos de las circunstancias en curso, le han sacado provecho para aplazar elecciones (Bolivia, Chile), para aprobar reformas contenidas por la inconformidad social (Ecuador), o para contener y dilatar la protesta social en curso –con demanda de cambios en lo económico, político y social, (Chile, Ecuador, Colombia, Francia). Todo ello evidencia que la crisis de salud pública se está utilizando por parte de amplios sectores del poder tradicional para gobernar a raja tabla y sin oposición. ¿Qué más desearía un gobernante adepto de la continuidad? ¿Qué más querría el capital para administrar la fuerza de trabajo, su disposición y su rentabilidad, que el silencio perenne?


Estamos ante una respuesta/utilización de la crisis desde los factores de poder dominantes, que desdicen de la inmensa posibilidad de cambio abierta por la misma. Como es evidente, por estos días emergieron con toda visibilidad los marcados contrastes de la sociedad colombiana, signada por la concentración de la riqueza en los bolsillos de unas poquísimas familias y la extendida pobreza que cubre a millones. Tras pocos días de encierro. la ausencia de ingresos y el hambre dibujaron sin tapujo alguno la sociedad que somos, poniéndole grandes interrogantes a la estrategia diseñada para contener la multiplicación del covid-19, clara y absurdamente pensada para sectores con ingresos fijos, que no son precisamente los de la mayoría de quienes integran nuestra sociedad.


De esta manera, con un presidencialismo tan del gusto de la oligarquía criolla, con mecanismos de control social y disciplinamiento autoritario cada vez más notables –de viejo y de nuevo cuño–, sin una economía al servicio del conjunto social, la democracia formal, que siempre ha sido la nota dominante en Colombia, hoy toma mayor cuerpo.


Por tanto, así va siendo desaprovechada por el establecimiento esta coyuntura para enrutar el régimen económico y político hacia el cambio que requiere toda sociedad que se proyecte con vocación humanista a lo largo de las ocho décadas aún por recorrer de la centuria número 21. ¡Algo que no puede sucederle al resto de la sociedad! Si tenemos ante nosotros la sombra de lo que somos, ¿cómo no optar por su comprensión y su transformación? ¿Cómo seguir desconociendo por otros cien años la sombra, la realidad de nuestro ser, confundiéndola con imágenes que la desdibujan y la niegan?
Entendámoslo: este es un reto mayor. De las manos de los excluidos de siempre debe tomar forma la democracia en su mejor y más radical expresión, abriéndole espacio a la participación directa y decisiva de la sociedad toda, con sus matices regionales, que en el caso de la sociedad colombiana le brindan particularidades de pasado y presente, con sus realces territoriales y sus matices culturales que explican por qué somos disimiles en nuestra formas expresivas, en la manera de encarar la vida, en las disposiciones para enfrentar las luchas del ser social.


Tales realces geográficos y culturales, pese a su notoriedad, mantienen en común la demanda por una indispensable redistribución de la tierra para afincar, con el acceso a la misma, el definitivo desmoronamiento del poder señorial que cargamos como lastre desde la Colonia, con la Hacienda, soporte desde hace siglos de poder económico, político y cultural de minorías que someten a las mayorías, hoy reforzadas con el poder mafioso que se extiende sobre cientos de miles de hectáreas. La tierra, como soporte del poder directo y simbólico de unos pocos sobre millones de personas, ya redistribuida deberá darle paso a un dinámico proyecto de soberanía alimentaria, agenciado por cientos de miles de brazos decididos a un sembrado variado sobre tierra propia, potenciado desde la siembra de cultivos nativos y otros recuperados desde diversas experiencias de vida –unos y otros, contrarios a los monocultivos y los organismos genéticamente modificados–, unos y otros de las más variadas especies, para complementar por esa vía un modelo de vida digna, con sustentabilidad alimentaria como aporte para la salud del cuerpo y el fortalecimiento de las energías espirituales.


De modo que una nueva o real democracia, con soporte en el campo y la economía agraria, según nuestras particularidades regionales, deberá propiciar el cimiento de una economía de nuevo tipo, y en ella la conjunción de saberes milenarios con los alcanzados por las nuevas ciencias y lo desprendido por las revoluciones industriales, la tercera y la cuarta, para hacer realidad una industria farmacéutica que esté abierta a la humanidad, para su beneficio y su bienestar.


Con la luz del día sobre el cuerpo de los pueblos se extenderá a su alrededor la figura del bienestar, y con ella la ebullición de los condenados de la tierra. No es posible la democracia directa, participativa, radical, la más exigente que soñamos, si no parte de la movilización y el compromiso de los millones que somos. La democracia no se decreta y se irradia sobre la sociedad por mandatos u ordenanzas. La democracia es mucho más que una fecha y un registro. Como conjunción que es entre economía, cultura, política y territorio, la democracia se enraíza en lo más profundo del ser humano a partir de sembrar en sus más hondos sentires la disposición por la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, el hermanamiento entre diferentes, sabiendo siempre que en el centro de su divisa está el ser humano como persona (6), que no puede quedar relegada a sobrevivir arañando los desechos que le arrojan desde el poder o desde las mesas de los ricos, sino que debe sentir y saber que sin vida digna no hay existencia que merezca ese nombre.


Un devenir así, participativo, directo y decisivo, también debe afrontar la revalorización de la ciudad, despoblando parte de la misma, reubicando a millones de quienes la pueblan y la sufren por sus altas tasas de contaminación, por el encerramiento en cuatro paredes que han dejado de ser vivienda para constituirse en la jaula que impide convivir y disfrutar de la vida diaria y el descanso, donde el complemento de cuerpos ya no cuenta con la privacidad ni la tranquilidad que el goce demanda. No es humano un territorio devorador de recursos naturales de todo tipo, así como de años de vida en el rodar diario de llantas que transportan mano de obra de un rincón a otro de la urbe. La ciudad, en su actual estado, es un germen de múltiples pandemias, sin superar las cuales millones de seres seguirán muriendo cada año por motivos que en el mundo actual son prevenibles.


Se impone construir ciudades vivibles, posibles de administrar entre todos y todas, donde el suelo pase a ser de propiedad pública, liberando así a millones de un esfuerzo interminable y extenuante para pagar el ‘derecho’ a la vivienda, constituida desde hace décadas en botín de especuladores urbanos, antes casatenientes, ahora dominado por el sistema bancario, verdadero amasador de infinidad de metros cuadrados construidos en las urbes.


Es urgente la recuperación, por la vía de replantear el tema urbano, de cuencas y microcuencas otrora fuente de vida y alimento para la fertilidad de la tierra. Y para ello, es indispensable reforestar todos sus alrededores e interiores, para un reencuentro virtuoso con la naturaleza que nos permita bajarle el efecto pernicioso a la contaminación propiciada por el imparable transitar de motores que expulsan sin tregua gases tóxicos, fuente de las más variadas e insufribles enfermedades modernas. Se requieren nuevas ciudades inteligentemente diseñadas, por tanto, con derecho propio para quienes deberán transitarlas a pie, gozando de sus entornos estéticamente construidos, sin el temor al asalto inesperado, ya que la convivencia estará signada sobre bases de igualdad y justicia.


Acciones de cambio, de justicia y vida digna, que deben ir de la mano de otras que permitan el acceso público y general a la internet, al Wi-fi, con diseño e implementación de redes y sistemas computacionales propios que permitan soberanía comunicativa, eviten el espionaje propiciado desde las potencias y sus grandes multinacionales, y protejan a toda nuestra población en el derecho a su privacidad. Un proceder que demanda el fortalecimiento en ciencia y tecnología, auspiciando con presupuestos reforzados investigaciones de punta lideradas desde las universidades públicas, las que deben llegar a ser verdaderos centros de saber ligados de manera dinámica a redes globales del conocimiento donde la propiedad privada deje de ser el afán que ahora domina toda investigación y cualquier escritura, por sencilla que sea.


Son estas y otras muchas las quimeras que revitalizan la democracia que sí es posible, la que vemos tras las sombras del cuerpo social ahora devastado por un sistema que simula ser lo que no es, destruyendo a diario vidas y esperanzas de vida, ofreciendo lo que no habrá de cumplir, pues especula con la vida de millones que son sometidos como piñones de una inmensa máquina devoradora de seres humanos.


Hoy, en medio de una pandemia que resume la crisis de una civilización, por paradójico que parezca, tenemos una lección de vida, un reto para potenciarla. No lo perdamos tras temores ahondados por el control y el disciplinamiento autoritario, ahora ahondado por el poder de siempre, con nuevas y viejas técnicas, sutiles unas y otras no tanto.


Que nuestros cuerpos proyecten en sus sombras un largo y extendido movimiento, que le den forma a la figura del cambio, al abrazo que fortalece, al apoyo que brinda confianza e impulsa a no desistir. Toda crisis trae una oportunidad. No la desaprovechemos. Soltemos por ciudad y campo las amarras democratizadoras.

 

1. https://www.france24.com/es/20200424-air-france-klm-estado-frances-historico-paquete-ayuda-7000-millones-euros.
2. “El gobierno alemán salva a Lufthansa y se queda con un 20 por ciento de la empresa”, https://www.pagina12.com.ar/268271-el-gobierno-aleman-salva-a-lufthansa-y-se-queda-con-un-20-po.
3. “Shake Shack o cómo el rescate económico en Estados Unidos acaba beneficiando a los ricos”, https://elpais.com/economia/2020-04-20/shake-shack-o-como-el-rescate-economico-en-estados-unidos-acaba-beneficiando-a-los-ricos.html.
4. “Estados Unidos: coronacapitalismo y su inminente colapso”, https://www.elsaltodiario.com/crisis-economica/estados-unidos-coronacapitalismo-y-su-inminente-colapso-
5. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2020/600000-millones-suma-Bancoldex-en-fondos-para-financiar-empresas-afectadas-por-el-COVID-19-a-traves-de-la-linea-200402.aspx
6. Zambrano, María, persona y democracia, Alianza Editorial, España, 2019, pág. 183.

Publicado enColombia
Lunes, 11 Mayo 2020 06:59

La pandemia y la dictadura

La pandemia y la dictadura

“La actual emergencia sanitaria –sostiene el filósofo italiano Giorgio Agamben– es el laboratorio en que se preparan los nuevos arreglos políticos y sociales que esperan a la humanidad.” Sí, podríamos salir de la actual situación, piensa Franco Berardi, "bajo las condiciones de un Estado tecnototalitario perfecto". Ambas citas aparecen en el notable estudio de Gustavo Esteva publicado en la revista Ibero (abril de 2020).

Todavía dice Gustavo Esteva: “Los medios electrónicos que se pusieron a prueba con la pandemia y otros recursos experimentados se creará la posibilidad técnica de someter a control pensamientos y comportamientos de individuos que han sido homogeneizados a través de esos mismos medios. Se implementarán experimentos que los gobiernos no se habían atrevido a poner a prueba: cerrar universidades y escuelas para que sólo haya enseñanza en línea, por ejemplo, y que ‘las máquinas sustituyan todo contacto –todo contagio– entre los seres humanos’. Ni siquiera Orwell fue capaz de imaginar distopía semejante. [...] O como advierte Boaventura de Sousa Santos, ‘se está desmantelando democráticamente la democracia’”.

Sin embargo, nos dice también Gustavo Esteva, “la repentina conciencia de las incapacidades y distorsiones del régimen dominante, ha llegado a las élites. Un editorial del diario Financial Times exige reformas radicales ‘que inviertan la dirección política predominante en las últimas décadas’, porque se trata de ‘forjar una sociedad que funcione para todos’. El texto plantea que ‘los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía’, pero con otro sentido, porque los apoyos gubernamentales que han recibido empeoran la situación. ‘La redistribución tendrá que volver a la agenda y salir de ella el privilegio de los ricos.’ Uno de sus más sólidos defensores [ Financial Times] entierra así, con elegancia, el evangelio neoliberal”.

Kolas Yotaka, representante del gobierno taiwanés, explicó, de acuerdo con France 24: “La seguridad social de Taiwán hace que nadie tenga miedo de ir al hospital. Si sospechas tener coronavirus, ve sin preocupaciones porque obtendrás una prueba gratis. Y si debes quedarte en cuarentena durante 14 días, te pagamos la comida, vivienda y gastos médicos.

“Análisis de big data, para el estudio dirigido por el doctor Jason Wang, fueron las claves de la respuesta del gobierno taiwanés a la pandemia, que además empezó a vigilar a viajeros que habían estado en Wuhan, el epicentro del brote, el mismo día en que las autoridades chinas avisaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la detección de la enfermedad.”

Las conclusiones de Wang concuerdan con las advertencias que emitió el director general de la OMS el 18 de marzo: "Para suprimir y controlar la epidemia los países deben aislar, examinar y rastrear".

La cantidad de exámenes de Covid-19 se ha convertido en aquellos países en una clave de la contención. Eso mismo hizo Corea del Sur, uno de los casos de éxito más relevantes y que llegó a ser el segundo país con más contagios en el mundo después de China. Actualmente registra 8 mil 565 personas infectadas pero sólo 91 muertos, menos que en Reino Unido, donde los contagios ni siquiera llegan a 3 mil.

La cantidad de exámenes para detectar los casos de coronavirus son el motivo de que la tasa de mortalidad sea tan baja, es decir, que haya tan pocos muertos por tantos contagiados. Corea del Sur llegó a identificar mucho más deprisa no sólo los casos graves, sino también aquellos casos leves que potencialmente seguían propagando la enfermedad.

Sin embargo, además de los desafíos políticos que implica, nos enfrentamos a otros que han quedado relegados por la emergencia sanitaria. Pero cuestiones como el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad siguen presentes en la situación que vivimos.

Ya se vio en China. Y ahora también en la Europa de la industria y del transporte por carretera, que representan una buena noticia para la consecución de los objetivos de mitigación de gases de efecto invernadero.

De forma similar, la contaminación atmosférica en las ciudades se ha reducido y se espera que este hecho redunde en la salud de las personas que habitan estos núcleos, comparándolos con cerca de las 10 mil muertes prematuras que se producen al año por la polución del aire en España. Un descenso que podemos sumar a los fallecimientos por Covid-19 evitados gracias al confinamiento.

¿Y la democracia qué?

No podrían perderse los avances indiscutibles habidos en este terreno.

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Bolsonaro sigue quemando etapas para provocar el autogolpe en Brasil

El presidente brasileño cesa al máximo jefe de la policía en un intento de tener el control del cuerpo. Con este gesto genera una crisis probablemente irreversible con Sérgio Moro, el popular ministro de Justicia y uno de sus pilares de gobierno. La actitud de Bolsonaro  afirma la línea que avanza un autogolpe militar provocado por el círculo de confianza del presidente.

Hace apenas una semana el presidente brasileño defenestró a su ministro de Salud, Luíz Henrique Mandetta, político que había cobrado prestigio social desde que adoptara las normativas prescritas por la Organización Mundia de la Salud en el combate al coronavirus. El sanitarista mantenía notorias discrepancias con el ex capitán al frente del gobierno, que en el tema coronavirus es un consumado negacionista.

Su destitución fue una decisión en solitario del gobernante que ─según los medios brasileños─ no habría contado con el apoyo del círculo de militares que acompañan su gestión y ni siquiera con el de sus colaboradores cercanos, entre ellos los ministros de Economía y de Justicia, Paulo Guedes y Sérgio Moro, que ha dimitido pasadas las 16h de la tarde hora española. Todos se manifestaron a favor de las directrices de Mandetta ante la pandemia, eso sí, teniendo la precaución de no desmentir en público las tesis radicalmente contrarias de Bolsonaro. Hay que tener en cuenta que Guedes y Moro constituyen dos soportes de sustentación del gobierno del ex militar.

Hoy, 24 de abril, Bolsonaro ha decidido dar otro golpe en la mesa relevando al jefe de la Policía Federal, Mauricio Valeixo. Lo hace tal vez reforzado por la manifestación de sus leales frente al Cuartel General del Ejército en Brasilia, el pasado domingo 19. Se convocaron en su apoyo y en explícita demanda de una asonada militar, una de las líneas en desarrollo en el complejo escenario político brasileño.

Las consignas coreadas no dejaron lugar a dudas: exigían la supresión de las instituciones del Estado ─explícitamente del Supremo Tribunal Federal (STF) y del congreso nacional─ y la instauración de una dictadura, a cuyo frente solicitaban al propio Bolsonaro, en el formato de la inaugurada en el país en 1964. Entre otras consignas, cabe destacar una en favor del Acta Institucional 5 (AI-5), que ─en aquella época─ dio poderes extraordinarios al presidente, suspendió las garantías individuales y, solapándose a la Constitución, suprimió, de hecho, su vigencia.

El mandatario salió al encuentro de sus seguidores y, desde la caja de una camioneta policial respondió en su tono habitual, con un breve discurso cuya síntesis extractamos: “Estoy aquí porque creo en vosotros y en Brasil. Nosotros no queremos negociar nada, queremos una acción en favor del país y un nuevo Brasil. Hay que ser patriota y poner a Brasil en el lugar que se merece. Se acabó el tiempo de la indignidad, ahora es el pueblo quien está en el poder”.

El episodio desencadenó una reacción unánime en contra del Supremo Tribunal Federal, de las asociaciones de abogados y jueces, los políticos brasileños y las entidades defensoras de las libertades y los derechos humanos. Como muestra, el tweet de Gilmar Mendes, uno de los jueces del STF: “La crisis del coronavirus solo será superada con responsabilidad política, con la unión de todos y la solidaridad. Invocar el AI-5 y el retorno de la dictadura es romper el compromiso con la Constitución y con el orden democrático. Dictadura Nunca Más”.

UNA HISTORIA EN CAPÍTULOS

En este marco se produce el relevo del jefe de la policía federal. Pero sucede que este alto mando es hombre de extrema confianza de Sérgio Moro, quien lo nombró en el cargo. Hay que recordar que el ex juez federal y actual titular de Justicia fue el articulador de la Operación Lava Jato, iniciativa judicial rodeada de un aura de cruzada moralizante. La gesta ha acarreado al ahora ministro Sérgio Moro un amplio apoyo y prestigio social, superior al que detenta el presidente.

La historia que acaba con la destitución del jefe policial tiene recorrido. Se inicia en agosto de 2019, cuando Bolsonaro anuncia que “por problemas de productividad” cambiaría a Ricardo Saadi, Jefe de la Policía Federal en Río de Janeiro (ámbito de actuación por excelencia de la mafia bolsonarista) y a renglón seguido intentó colocar en su lugar a Alexandre Silva Saraiva, jefe de la PF en Amazonas. Pero este movimiento suscitó la reacción negativa de la corporación policial y del ministro de Justicia Sérgio Moro, quienes estaban a favor de la designación de Henrique Oliveira Sousa, procedente de la PF de Pernambuco.

La disputa con Bolsonaro duró cerca de tres meses y hasta provocó uno de los proverbiales exabruptos del ex militar, “Si Moro quiere ese cambio va a tener que hablar conmigo. Quien manda aquí soy yo y lo quiero dejar bien claro”. Sin embargo, finalmente el presidente dio marcha atrás y quien tomó posesión fue el candidato de Moro y del cuerpo policial.

Bolsonaro y su clan ─integrado por sus hijos y un grupo cerrado son conscientes de su vulnerabilidad. Su implicación en el asesinato de Marielle Franco y su chófer Ánderson Gomes es algo sobre lo que pocos dudan, así como que son los articuladores y legitimadores políticos de Las Milicias, una vasta red delictiva, parapolicial y paramilitar que opera en el Estado de Río de Janeiro. También es casi de dominio público la vinculación de los Bolsonaro con la llamada Oficina del Crimen, cuyo responsable más visible –el ex capitán Adriano Magalhães da Nôbrega- fuera asesinado hace poco tiempo en una truculenta operación policial, en evidente clave de “quema de archivo”.

EN PELIGRO LA CARRERA DEL PRESIDENTE Y DE SU PROPIO ENTORNO

Según diversos analistas brasileños, si alguien de la cúpula institucional –judicial y/o policial- pusiera alguna voluntad de esclarecimiento podría demostrar sin mayores dificultades la responsabilidad directa de Bolsonaro y los suyos en este extenso magma criminal y delictivo. Equivale a decir que el juez Moro y el Jefe de la Policía Federal que acaba de ser destituido, tienen al presidente y a su clan en un puño y eso es intolerable para Bolsonaro.

Para colmo, en los últimos días un elemento emergente agravó este cuadro de amenaza sobre el ex militar y su círculo áulico: la policía federal investigó una fuente de fake news a cuyo frente estarían los hijos del presidente, destinada a atacar a los adversarios políticos del bolsonarismo. Y las pesquisas habrían llegado a pruebas concluyentes de que este “gabinete del odio” estaría promovido directamente desde la casa de gobierno, en Brasília.

Esta habría sido la gota que rebalsó el vaso y llevó a Bolsonaro a fulminar al máximo jefe policial, parece evidente que sintió que estaba en juego la supervivencia de su clan y de él mismo. El ex capitán, que pocos días atrás no vaciló en quitarse de encima al “estorbo Mandetta” para seguir sin impedimentos con su política negacionista del coronavirus ─por imperativos quizá aún más acuciantes─ ahora se mueve para reemplazar al jefe policial por un mando de su confianza, cuyo nombre aún no es público.

A esta situación, se suma un agravante que amplifica el sino de Espada de Damocles sobre la cabeza del presidente: las conocidas pretensiones de Sérgio Moro de presentarse a las elecciones de 2022, en las que disputaría a Bolsonaro la presidencia del país. Fácil es deducir que poco costaría a Moro destrabar las investigaciones policiales sobre los delitos de la cofradía y así ─por la vía judicial─ quitar de en medio al desequilibrado mandatario. Después de todo, el ex juez ya probó con Lula su habilidad para sacar de la carrera a un candidato que podría haber disputado la presidencia a Bolsonaro, con buenas posibilidades de éxito.

EN LAS ÚLTIMAS HORAS CIRCULAN RUMORES ENCONTRADOS

La situación aún es confusa. Las versiones más consolidadas afirman que Moro ha presentado al presidente su renuncia irrevocable. Esto constituye un problema para Bolsonaro y la cúpula militar que le circunda. Que renuncie el ministro de mayor prestigio da mala imagen y debilita al gobierno, por ello tanto Bolsonaro como los generales Walter Souza Braga Netto y Luiz Eduardo Ramos ─muy próximos al ejecutivo─- estarían intentando hacer desistir de su decisión al ministro Moro. Y aquí los medios brasileños se dividen: algunos sostienen que el ministro estaría decidido a dimitir y otros, que el ministro aceptaría quedarse a condición de nombrar al sustituto del alto jefe policial. Afirman que su candidato sería el director de la Depen, Fabiano Bordignon. Por otra parte, Bolsonaro no desistiría de ser él quien imponga al nuevo mando y sería favorable a la designación de Alexandre Ramagen director general de la Abin (Agencia Brasileña de Inteligencia) o, en su defecto, del secretario de Seguridad Pública de Brasília, Anderson Torres. Y, yendo más lejos, otros medios afirman que Bolsonaro estaría dispuesto incluso a prescindir del ministro Moro y ya tendría el nombre de su sustituto ─sería Jorge Oliveira, de la secretaria general de la presidencia─ en caso de que el ex juez se mostrase irreductible a negociar el nombramiento del próximo jefe de la policía militar.

En las próximas horas se dirimirá el episodio, pero de lo que no cabe duda es que esta jugada implica una conmoción en el interior del gobierno. La biografía de Jair Bolsonaro lo retrata como un hombre de audacia, al límite de la cordura. Jugar con fuego le pone y el paso que acaba de dar podría interpretarse como un nuevo avance en favor del (auto)golpe que sus más fieles le instigan a dar. Para más inri, habría un segundo frente de conflicto en la cúpula gubernamental y sería con el ministro de Hacienda Paulo Guedes, el otro pilar del gobierno Bolsonaro. Algunos de sus proyectos estratégicos estarían siendo congelados en los cajones del escritorio presidencial y se rumorea que el presidente ya no está tan convencido de la eficacia de las recetas hÍper neoliberales del ministro para dar una salida consistente a la mayor recesión en la historia del país.

La analista del periódico O Globo, Miriam Leitão, en su columna de hoy, compara la crisis del gobierno Bolsonaro con la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Sin augurar cualquier desenlace final, afirma que el presidente habría decidido atacar a los dos pilares de sustentación del actual gobierno: los ministros Sérgio Moro y Paulo Guedes.

ACTUALIZADO TRAS LA RUEDA DE PRENSA DE MORO

El ministro de Justicia renunció sí, pero cayó tirando y dejó el camino expedito para un impeachment al presidente Jair Bolsonaro. En la rueda de prensa que acaba de dar en la tarde del 24 de abril ante los periodistas en que anunció su decisión, acusó al presidente de haber cometido crimen de responsabilidad al destituir al director de la Policía federal, para reemplazarlo por alguien en quien confiase, que le pase información confidencial sobre las investigaciones de crímenes protagonizados por su familia. Más claro, agua.

Y, hasta confidenció que Bolsonaro se lo habría dicho sin tapujos: “el presidente me comentó que pretendía nombrar al nuevo cargo, para poder tener informaciones personales. Y eso no es función de la Policía Federal”, denunció. “Tampoco es función del presidente, tener comunicaciones permanentes para obtener informaciones personales. Ese es un valor fundamental que debemos preservar dentro de un estado democrático de derecho”, agregó.

De pasada, hizo un elogio explícito a la gestión en ese ámbito de la depuesta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, reconociéndole haber dado autonomía e independencia a la Policía Federal durante el período de la Operación Lava Jato, que comandara el propio Moro. Como para no dejar dudas respecto a la intención de sus declaraciones, acrecentó: “Tenemos que garantizar la autonomía de la Policía Federal contra las interferencias políticas”. A renglón seguido, se refirió directamente a Bolsonaro: “Me había garantizado autonomía”. Y aseguró que él no se habría opuesto a la sustitución del director de la Policía Federal, si hubiera habido causas consistentes para ello, “pero no puedo concordar con esto, voy a empaquetar mis cosas y a presentar mi carta de renuncia”, concluyó, recibiendo un fuerte aplauso de los periodistas presentes.

Por ALBERTO AZCÁRATE

24 ABR 2020 14:34

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Bolsonaro alienta una intervención militar para cerrar el Congreso

Protesta en Sao Paulo contra cuarentena

Sao Paulo. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, arengó ayer a manifestantes que, rompiendo la cuarentena por la pandemia del nuevo coronavirus, se concentraron frente a un cuartel general del ejército para exigir una intervención militar y el cierre del Congreso, horas después de que miles participaron en una protesta virtual con cubrebocas en los cuales se leía: "fuera Boslonaro" .

"No queremos negociar nada", gritó el presidente desde el toldo de una camioneta al dirigirse a los manifestantes que se agolparon en el lugar con pancartas llamando a una "intervención militar, ya" y a defender el AI-5 (Acta Institucional 5), que en 1968 cerró el Congreso y suprimió garantías constitucionales.

"Estoy aquí porque creo en ustedes y ustedes están aquí porque creen en Brasil", gritó el neofascista Bolsonaro ante los manifestantes, de quienes se mantuvo algunos metros distante. Niños y ancianos, algunas personas con máscaras, estaban en la primera línea de la movilización que reunió a unas 600 personas.

Bolsonaro critica constantemente a los líderes del Congreso, a los gobernadores y alcaldes que defienden las medidas de cuarentena y distanciamiento social para contener la propagación del Covid-19 que en Brasil ya lleva 2 mil 462 muertos y 38 mil 654 infectados.

El mandatario demerita la letalidad del nuevo coronavirus, al cual califica de "gripecita", promueve aglomeraciones y se pronuncia rei-teradamente a favor de la apertura del comercio y las escuelas.

"Ustedes tienen la obligación de luchar por su país. Cuenten con su presidente para hacer todo lo que sea necesario con el fin de mantener la democracia y garantizar nuestra libertad", expresó Bolsonaro, quien en intervenciones previas ha condenado las restricciones de circulación y de actividad comercial implementadas en el país por la crisis de salud.

En breve discurso, el presidente no cuestionó el pedido de intervención militar ni las consignas a favor del cierre del Congreso.

"Todos en Brasil tienen que entender que están sometidos a la voluntad del pueblo brasileño", sostuvo.

"Un día juramos dar la vida por la patria y vamos a hacer lo posible para cambiar el destino de Brasil", consignó Bolsonaro, interrumpiendo su discurso por una crisis de tos.

El gesto del mandatario fue condenado por políticos y portavoces de los poderes públicos brasileños. "Asusta ver manifestaciones por el regreso del régimen militar, después de 30 años de democracia", manifestó Luís Roberto Barrozo, juez del Supremo Tribunal Federal.

"Es lamentable que el presidente se adhiera a manifestaciones antidemocráticas. Es hora de la unión alrededor de la Constitución contra toda amenaza a la democracia", tuiteó el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), publicó en Twitter: "La misma Constitución que permite que un presidente sea electo democráticamente tiene mecanismos para impedir que conduzca al país a la destrucción de la democracia y a un genocidio de la población".

Horas antes, durante un acto convocado por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, Lula reiteró sus críticas a la gestión de Bolsonaro. "La única posibilidad de que parte de la sociedad permanezca aislada es que reciba dinero. No es secundario y es responsabilidad del Estado".

Gleisi Hoffmann, presidenta del PT, consideró que la convocatoria es una "receta perfecta para la tragedia".

El presidente del Congreso, Rodrigo Maia, escribió en Twitter: "no hay camino fuera de la democracia. No tenemos tiempo qué perder con retóricas golpistas".

Veinte gobernadores suscribieron una carta en apoyo al Congreso nacional.

En Sao Paulo, donde comenzaron a utilizarse excavadoras para abrir fosas en el mayor cementerio del estado, también hubo movilizaciones contra la cuarentena.

La entidad, que reporta mil 15 muertos y 14 mil 267 casos, es el epicentro de la enfermedad en Brasil. El gobernador Joao Doria, visto como un rival político por Bolsonaro, expresó su repudio a la acción del presidente.

Personalidades como el cantautor Caetano Veloso, Patricia Pillar, Leticia Sabatella y Nanda Costa protestaron desde su casa y usaron un filtro de mascarilla con la frase "Fuera Bolsonaro".

La movilización popular contra el neofascista y su gobierno se afianzó en redes sociales tras la destitución de Luiz Henrique Mandetta, el ahora ex ministro de Salud, quien defendió medidas de distanciamiento social, y ocupó el cargo el oncólogo Nelson Teich, quien defiende la reactivación de la economía.

El Consejo Nacional de Salud calificó de "irresponsable" el cese de Mandetta, en una nota que emitió junto con la organización humanitaria Oxfam Brasil, en la cual afirmó que con esto "se pone en riesgo la vida de millones de personas".

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Lunes, 30 Marzo 2020 06:28

La crudeza de las opciones

La crudeza de las opciones

Hoy es ya claramente manifiesta la disyuntiva que representa la infección por el virus en la conducción política de muchas sociedades. El equilibrio es muy precario entre las exigencias sanitarias para contener el muy rápido avance del contagio y las necesidades de una extensa población con poca o ninguna capacidad de guardarse en casa.

La pandemia muestra la naturaleza misma de poder, así como la expresión particular del modo de hacer política (remito al artículo de D. Runciman, en The Guardian, 27/03/20).

Una de las cuestiones más relevantes en una democracia es cómo se ejerce el poder conferido a un gobierno por medio de las elecciones. La contraparte de esto, claro está, es cómo respondemos los ciudadanos.

En materia política siempre existe el hecho de que ciertas personas indican u ordenan a los demás qué es lo que tienen que hacer. Esta es la alternativa que existe entre la libertad personal y las opciones colectivas.

En el caso que nos ocupa ha habido llamados para cumplir primero con las indicaciones de distanciamiento social, hasta llegar ya al llamado enfático a la reclusión. Cuando esto no es suficiente se imponen medidas compulsivas aplicadas por las autoridades mediante la fuerza pública. Es este rasgo el que finalmente expone dónde se sitúa el límite que, al rebasarse, significa el quiebre del orden político.

Le damos a otros el poder extremo de decidir acerca de la vida o muerte de la gente, y eso se sustenta en que el costo se incurre con miras en la seguridad colectiva.

El caso es que en el campo en que se lucha contra el virus, los niveles de la responsabilidad se van delineando de diversas maneras. Desde las medidas aplicadas por el gobierno al más alto nivel, siguiendo las de índole subordinada y otras a escala local. No es fácil, en ese escenario, mantener la coherencia en la gestión de una crisis como ésta.

Así se llega incluso hasta las decisiones que ya están tomando los trabajadores sanitarios en algunos países respecto a quienes atender en los hospitales en la medida en que éstos se saturan.

Los ciudadanos no tenemos ningún control sobre todos estos ámbitos que se expresan en decisiones que afectan la salud y las condiciones económicas de la población. Es un caso extremo de opciones sociales y la situación se dificulta aún más en una sociedad en la que la legalidad está desgastada y existe una desigualdad social tan grande.

Al asunto eminentemente relacionado con la salud personal y colectiva se suma por necesidad la repercusión económica de la instrucción de quedarse en casa. Si se interrumpen el trabajo y el funcionamiento de las empresas, la parálisis se generaliza. La cuestión tiene un severo impacto en el corto plazo y se asocia con una recesión de la actividad productiva.

La recesión es ya un hecho en todas partes. Si se extienden las condiciones de paro en el tiempo, los escenarios podrán llevar a un periodo de depresión económica como no se ha visto desde hace más ocho décadas.

En Europa se habla de la hibernación de la economía, con lo que se da a entender que el periodo de práctica inactividad que ya prevalece debe, de alguna manera, salvaguardar la capacidad productiva existente para poder remprender el trabajo cuando la pandemia ceda, lo que es, por ahora, impredecible.

Tal hibernación es un proceso sumamente complicado, no sólo en términos físicos asociados con los trabajadores y las plantas productivas, sino con las posibilidades de remprender el financiamiento de la producción, del consumo y la inversión en un entorno de riesgo exacerbado del sistema financiero.

La cuestión es que, primordialmente, las personas tienen que sobrevivir, pero también las empresas, la estructura productiva; ahí se produce, se generan empleos e ingresos.

La política pública ha de enfocarse, pues, a apoyar a las familias que más lo necesitan, aplicar medidas que evitan los despidos masivos y las quiebras; luego habrá que recrear el crédito y reponer la liquidez en el mercado.

Decir todo esto podría ser obvio, pero será endiabladamente difícil conseguirlo sin un amplio pacto social que requiere de una enorme legitimidad de los gobiernos y de la política como instrumento para conseguir una renovada forma de la cohesión social. El complejo proceso de la reproducción social tendrá que ser forzosamente replanteado.

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