Lunes, 30 Marzo 2020 06:28

La crudeza de las opciones

La crudeza de las opciones

Hoy es ya claramente manifiesta la disyuntiva que representa la infección por el virus en la conducción política de muchas sociedades. El equilibrio es muy precario entre las exigencias sanitarias para contener el muy rápido avance del contagio y las necesidades de una extensa población con poca o ninguna capacidad de guardarse en casa.

La pandemia muestra la naturaleza misma de poder, así como la expresión particular del modo de hacer política (remito al artículo de D. Runciman, en The Guardian, 27/03/20).

Una de las cuestiones más relevantes en una democracia es cómo se ejerce el poder conferido a un gobierno por medio de las elecciones. La contraparte de esto, claro está, es cómo respondemos los ciudadanos.

En materia política siempre existe el hecho de que ciertas personas indican u ordenan a los demás qué es lo que tienen que hacer. Esta es la alternativa que existe entre la libertad personal y las opciones colectivas.

En el caso que nos ocupa ha habido llamados para cumplir primero con las indicaciones de distanciamiento social, hasta llegar ya al llamado enfático a la reclusión. Cuando esto no es suficiente se imponen medidas compulsivas aplicadas por las autoridades mediante la fuerza pública. Es este rasgo el que finalmente expone dónde se sitúa el límite que, al rebasarse, significa el quiebre del orden político.

Le damos a otros el poder extremo de decidir acerca de la vida o muerte de la gente, y eso se sustenta en que el costo se incurre con miras en la seguridad colectiva.

El caso es que en el campo en que se lucha contra el virus, los niveles de la responsabilidad se van delineando de diversas maneras. Desde las medidas aplicadas por el gobierno al más alto nivel, siguiendo las de índole subordinada y otras a escala local. No es fácil, en ese escenario, mantener la coherencia en la gestión de una crisis como ésta.

Así se llega incluso hasta las decisiones que ya están tomando los trabajadores sanitarios en algunos países respecto a quienes atender en los hospitales en la medida en que éstos se saturan.

Los ciudadanos no tenemos ningún control sobre todos estos ámbitos que se expresan en decisiones que afectan la salud y las condiciones económicas de la población. Es un caso extremo de opciones sociales y la situación se dificulta aún más en una sociedad en la que la legalidad está desgastada y existe una desigualdad social tan grande.

Al asunto eminentemente relacionado con la salud personal y colectiva se suma por necesidad la repercusión económica de la instrucción de quedarse en casa. Si se interrumpen el trabajo y el funcionamiento de las empresas, la parálisis se generaliza. La cuestión tiene un severo impacto en el corto plazo y se asocia con una recesión de la actividad productiva.

La recesión es ya un hecho en todas partes. Si se extienden las condiciones de paro en el tiempo, los escenarios podrán llevar a un periodo de depresión económica como no se ha visto desde hace más ocho décadas.

En Europa se habla de la hibernación de la economía, con lo que se da a entender que el periodo de práctica inactividad que ya prevalece debe, de alguna manera, salvaguardar la capacidad productiva existente para poder remprender el trabajo cuando la pandemia ceda, lo que es, por ahora, impredecible.

Tal hibernación es un proceso sumamente complicado, no sólo en términos físicos asociados con los trabajadores y las plantas productivas, sino con las posibilidades de remprender el financiamiento de la producción, del consumo y la inversión en un entorno de riesgo exacerbado del sistema financiero.

La cuestión es que, primordialmente, las personas tienen que sobrevivir, pero también las empresas, la estructura productiva; ahí se produce, se generan empleos e ingresos.

La política pública ha de enfocarse, pues, a apoyar a las familias que más lo necesitan, aplicar medidas que evitan los despidos masivos y las quiebras; luego habrá que recrear el crédito y reponer la liquidez en el mercado.

Decir todo esto podría ser obvio, pero será endiabladamente difícil conseguirlo sin un amplio pacto social que requiere de una enorme legitimidad de los gobiernos y de la política como instrumento para conseguir una renovada forma de la cohesión social. El complejo proceso de la reproducción social tendrá que ser forzosamente replanteado.

Publicado enEconomía
Coronavirus: Bolsonaro dice que Brasil puede "salir de la normalidad democrática"

Sostuvo que "el caos aparece en el horizonte"

El presidente brasileño repitió que hay que salir a trabajar porque el Covid-19 es una enfermedad de gravedad menor, una "gripecita".  Se multiplicaron los cacerolazos en su contra y los pedidos de impeachment.

 Desde Brasilia. Jair Bolsonaro afirmó (más bien amenazó) que la democracia corre el riesgo de "acabarse" si la crisis causada por el coronavirus desemboca en una "caos". "Lo que pasó en Chile va a ser una ´fichita´ ( nimiedad) al lado de lo que puede acontecer en Brasil, todos vamos a pagar un precio que llevará años para ser pagado, si no es que Brasil sale de la normalidad democrática".

Está en vilo "esa normalidad que ustedes tanto defienden, nadie sabe lo que puede pasar en Brasil", repitió dirigiéndose con desprecio este miércoles por la mañana a un grupo de periodistas apostados frente al Palacio de Alvorada .

Lo dijo durante una conferencia de prensa en la que hubo una serie de consultas sobre el avance del coronavirus , que en poco más de una semana pasó de cuatro a cincuentaysiete víctimas fatales , lista que incluye el primer fallecimiento en la región amazónica, un cuadro sanitario alarmante frente al cual algunos gobernadores decretaron la cuarentena para contener los contagios.

Bolsonaro habló de la dolencia pero demostró que su intención era poner el acento en la zozobra democrática que podría avecinarse. "Brasileños despierten ante la realidad (..) si no nos despertamos ante la realidad en pocos días , dejo claro, en pocos días, puede ser demasiado tarde (...) el caos aparece en el horizonte".

El desprecio por las instituciones es intrínseco al capitán retirado del ejército, quien con frecuencia evoca las dictaduras brasileña y chilena, y a lo largo de sus primeros quince meses en el gobierno se ha dedicado a erosionar lo que aún resta de democracia. Paradójicamente esta crisis de salud pública, que está en condiciones de devorar a su gobierno, al mismo tiempo puede ofrecerle a Bolsonaro una oportunidad para atizar el caos del cual sabe sacar provecho.

El especialista en derecho penal José Carlos Portella, miembro de Abogadas y Abogados por la Democracia, definió al mandatario como un "animal agonizante en el poder intentando salvar su último suspiro de vida tal vez arrastrando consigo a mucha gente hacia la tumba".

El ocupante del Palacio del Planalto ya ha cometido varios delitos que justifican un impeachment, entre ellos varias de sus medidas respecto al Covid-19 , apuntó Portella al sitio Brasil Actual, ligado a la Central Única de los Trabajadores (CUT).

El periodista Bernardo Mello Franco escribió en el diario conservador O Globo que "Bolsonaro usa el coronavirus para hacer una amenaza explícita a la democracia".

El caso es que el mandatario de ultraderecha comienza a ser visto como una rareza mundial: se opone a la cuarentena con el mismo autismo con que rechaza implementar medidas económicas de salvataje para los desocupados y los trabajadores que perderán sus empleos, iniciativas a las que están apelando hasta los gobiernos conservadores y centristas de los países de economías más desarrolladas. Incluso el própio Donald Trump , de quien Bolsonaro es devoto, acepta liberar fondos para campear la crisis.

En su carrera desestabilizadora ( en la que confía sacar partido) el presidente carga contra trabajadores y partidos populares y democáticos, pero al mismo tiempo lo hace contra dirigentes derechistas que hasta poco tiempo atrás fueron sus aliados como el gobernador de San Pablo, Joao Doria, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y Wilson Witzel, jefe del gobierno de Rio de Janeiro, del Partido Social Liberal (PSL).

A Doria y Witzerl los calificó como "demagogos" por haber determinado la suspensión de las actividades económicas y cierre de escuelas, para evitar que la población circule por San Pablo y Rio de Janeiro.

Alegó que el aislamiento en masa derivará en un parate de la economía, desocupación y descontento. Durante una videoconferencia con gobernadores finalizada el miércolese al mediodía el mandatario no se privó de ataques casi ofensivos que lo aislan cada vez más, generando un vacío político considerable.

En ese sentido hoy repitió parte lo dicho en cadena de radio y televisión el martes por la noche: hay que salir a trabajar porque el virus es una enfermedad de gravedad menor, una "gripecita".

El mensaje en cadena por reprobado por sonoros cacerolazos en San Pablo, Rio de Janeiro, Brasilia, Porto Alegre y prácticamente todas las capitales del país. Desde los balcones de barrios de clase media y media alta se gritó , con bastante enojo, "Fuera Bolsonaro" e "Impeachment".

La protesta ocurrida ayer en Brasilia tuvo una magnitud inédita abarcando varias regiones de la capital que hasta ahora se habían mantenido indiferentes.

Todavía no se tiene una dimensión de la repulsa en barrios pobres, pero hay noticias iniciales de desconento en algunas barriadas de Rio de Janeiro, donde hubo una serie de reuniones de la Central Unica de Favelas. En Rio y San Pablo viven unos 2,7 a 3 millones de favelados a quienes el virus golpeará más duro por la fa falta de saneamiento y hacinamiento de las viviendas.

Este martes fue el octavo día seguido de protestas con tachos y cacerolas, de miles de indigados (quizas cientos de miles ) que se manifestaron desde casa ante la imposibilidad de ocupar las calles debido a la cuarentena.

Mientras tanto el Partido de los Trabajadores, la CUT y los campesinos sin tierra comenzaron a organizar un cacerolazo que promete ser ensordecedor para el 31 de marzo, aniversario del golpe militar de 1964. 

Publicado enInternacional
Liderazgo social alternativo para enfrentar la pandemia, y más allá de ella

El Covid-19 nos colocó como sociedad global ante el espejo, y su reflejó es el capitalismo, destructor, atomizador de relaciones humanas, destructor de la naturaleza, aniquilador de vida y de la esperanza.

Esa es una realidad. Pero también nos colocó cara a cara entre procesos sociales y políticos, con su característica atomización y pretensión de hacer cada uno por cuenta propia, con la fragilidad de no proyectar el mediano ni el largo plazo, así como de no retomar las capacidades y debilidades de cada uno para entre todos y todas, sacando lo mejor de sus particularidades, extender ante el país una alternativa que propenda por el liderazgo común, de los millones que somos, para así, con la fuerza totalizante de sueños y disposiciones poder avanzar tras la construcción de la gran vivienda que aspiramos sea nuestro país. Una vivienda donde cada quien encuentre su lugar, así como posibilidad de realización, personal y colectiva.

Tenemos ante nosotros, por tanto, una posibilidad –a pesar de todo lo negativo que esconde la coyuntura, manipulada por el poder global y local–. Actuemos de acuerdo al reto.

Como ya es coincidencia social, la cuarentena decretada no puede implicar multiplicación de hambre y penurias para quienes están al margen del sistema; de ahí que necesitemos un plan humano, inmediato, para los de abajo. Pero tampoco puede significar, una vez superada la coyuntura, continuidad de lo que ya traía el país, de una economía organizada a favor de unos pocos, y una participación de forma pero no decisoria; pero tampoco puede significar, producto de la crisis/recesión económica a la que se adentra el sistema mundo capitalista, ahondamiento de desempleo, pobreza y segregación social. La primera lección de la crisis es que necesitamos un país para los 50 millones que somos.

Es por ello que el país está de cara a toma, ya, sin más dilación, medidas como:

Medidas inmediatas

- Entrega de alimentos y otras ayudas para cada familia. Para ello, disponer las sedes de las Juntas de Acción Comunal, así como iglesias, centros educativos, para concentrar alimentos, y logística en general, que demanda la atención de la crisis, para distribuirlos en cada uno de los barrios.

- Para facilitar la entrega de estos recursos. Constitución de grupos juveniles para la selección de todo lo recibido y su entrega, casa a casa. Recordar que quienes están en edad juvenil son las personas menos propensas a un golpe duro por parte del Covid-19

- Realización urgente de censo, barrio a barrio y con duración no mayor a un día, de personas en necesidad de apoyo alimentario, reconexión de servicios públicos, atención médica –terapias y otros tratamientos–, y entrega de la información a las alcaldía locales –para el caso de Bogotá– y a los despachos de los alcaldes en cada una de las otras ciudades. Se supondría que el Dane, o departamentos sociales y comunitarios de cada alcaldía debiera contar con esta información, pero todo indica que no es así, o que no tienen una información totalmente actualizada, producto de que los programas sociales diseñados por años están enfocados no para todos los sectores excluidos sino para algunos de estos.

- Atención directa a personas con alguna discapacidad, así como acompañamiento psicosocial y de todo tipo para personas que lo requieran.

- Protección a mujeres y niños/as sometidos a violencia intrafamiliar.

- Acompañamiento a estudiantes que no cuenten con computador y/o red de internet en sus casas.

- Entrega de salario mínimo generalizado, hasta que dure la crisis, para desempleados e informales.

- En tanto las guarderías también fueron cerradas, despliegue de asistencia social para acompañar madres cabeza de familia, realización de terapias de estímulo a niños y niñas con capacidades especiales, implementación de recreación dirigida en los barrios populares, así como garantía de entrega de apoyos alimentarios para cada uno de estos infantes.

- Diseñar programas urgentes en procura de una conexión con los productores directos en el campo, algunos de ellos organizados en redes de producción y distribución –como lo evidencia la realización de ferias campesinas periódicas en distintas partes del país, algunas de ellas con asiento en plazas principales de ciudades–, rompiendo así la intermediación comercial, estabilizando de esta manera precios y brindando a los campesinos, por esta vía, ingresos seguros.

En pocos meses

La crisis humanitaria pasará, no así la económica, y en ese momento, para que el país vaya avanzando hacia una política cada vez más humana y digna, debemos implementar un conjunto de medidas de manera autónoma, sin esperar para ello la reacción del Estado y de los grupos que lo detentan; política lideradas por los movimientos sociales, dándole vitalidad a:

Soberanía alimentaria. Coordinación de redes de producción y de mercadeo agrario. Así debemos proceder. La coyuntura ha demostrado que el acceso a un abastecimiento suficiente y eficiente a todos los niveles es una de las primeras preocupaciones de las familias. El miedo al desabastecimiento, la especulación con los precios de los alimentos más esenciales para la mesa cotidiana, es un factor de desequilibrio y control social.

Construcción de tiendas comunitarias en todos los barrios populares, a través de las cuales se mercadee lo producido por las redes agrarias, garantizando calidad y control de precios.

Edificar la sociedad a la altura de nuestros sueños, sin depender del Estado. Redes comunitarias en salud, educación, comunicación, deporte, recreación, y demás particulares que facilitan que la vida sea más amena y satisfactoria. Más participación con capacidad decisoria, menos delegación.

Participación. Ampliación de los mecanismos de participación directa de las comunidades, con capacidad decisoria: implementación de asambleas comunitarias, como mínimo mensuales, donde se aborde y decida sobre la vida comunitaria en todos los niveles, donde se decida sobre la administración de lo público, y donde la democracia directa gane concreciones medibles.

Implementación de programas de agricultura urbana, realmente comunitaria, no individual. Para ello, disposición de espacios comunales –lotes– en los barrios. Estos lotes pueden ubicarse tras un censo de todos aquellos espacios que pertenecen a las alcaldías y que están sin uso o en comodatos.

Puesta en marcha de programas ambientales de las más diversas características e impactos: recuperación de cuencas y microcuencas, reforestación, reciclaje en la fuente, control de vehículos y emisión de gases, modernización de procesos productivos en todas las fábricas que por algún motivo generen altos niveles contaminantes, etcétera.

Instalación de industrias para la fabricación de ropa y útiles de aseo de todo uso, abriendo así políticas de empleo comunitario, al tiempo que programas de vida sana y vida digna.

Para ir cerrando las causas del eterno conflicto armado colombiano, amplia movilización por la demanda de restitución de la tierra a todos los usurpados y desplazados, concretando con ello lo definido en el Acuerdo de Paz firmado en reciente fecha. A su par, izar la bandera de reforma agraria integral, con lo cual se daría un paso fundamental para concretar el programa de soberanía alimentaria, así como los complementarios a la misma.

La crisis abre una oportunidad para los de abajo. Otra democracia, directa, radical, plebiscitaria, es posible. Actuemos en consecuencia.

 

Artículos relacionados

Covid 19, oportunidad popular, Sin dilaciones, un país para todos y todas
Marzo 21 de 2020
Covid-19 oportunidad popular.

Periódico desdeabajo Nº266, Marzo 20 - abril 20 de 2020.

Crónicas del temor, y de la esperanza (1)

Marzo 21 de 2020

Con improvisación, imponen simulacro de aislamiento obligatorio en Bogotá y Cundinamarca
Marzo 18 de 2020

A propósito del coronavirus: ¿Amenaza de epidemia en Colombia? ¿está preparado el país?
Periódico desdeabajo Nº266, Marzo 20 - abril 20 de 2020.

El virus desnudó el sistema

Periódico desdeabajo Nº266, Marzo 20 - abril 20 de 2020.

Publicado enColombia
Domingo, 22 Marzo 2020 17:38

Democracia en la periferia

https://www.flickr.com/photos/pablortega23/

En la segunda década del Siglo XXI suele entenderse por democracia un conjunto de procedimientos electorales e instituciones representativas que legitiman el poder político. Ante esto la izquierda echa de menos la participación de los votantes, mientras la derecha celebra la apatía. Luego de la Segunda Guerra Mundial la democracia logró superar los escollos planteados por el fascismo, el nazismo o las democracias populares, en el caso de los países del este europeo que sucumbieron hacia 1991. Mas la democracia ha sido el caballito de batalla y la punta de lanza contra el socialismo y/o el comunismo. De otra parte, la democracia ha estado acompañada de la dictadura. En el caso de América Latina puede decirse que la democracia lleva a la normalidad frente a los regímenes militares en los últimos cincuenta años del Siglo XX.

La oscilación entre democracia, dictadura se ha hecho habitual, si se entiende que existen países que determinan la evolución económica y política del mundo y países periféricos, cuyas relaciones económicas y políticas están influenciadas por los países industriales. La democracia moderna se ha erigido sobre otras bases. Benjamin Constant esboza la diferencia entre estas dos clases de democracia:

“Nosotros no podemos gozar de la libertad de los antiguos, la cual proponía la participación constante del poder colectivo. Nuestra libertad debe componerse del goce pacífico y de la independencia privada. La parte que en la antigüedad tomaba cada uno en la soberanía nacional no era, como entre nosotros, una suposición abstracta: la voluntad de cada uno tenía una influencia real; y el ejercicio de esta misma voluntad era un placer vivo y repetido; por consecuencia, los antiguos estaban dispuestos a hacer muchos sacrificios por la conservación de los derechos políticos, y de la parte que tenían en la administración del Estado, pues conociendo cada uno con orgullo cuánto valía su sufragio, encontraba en ese mismo conocimiento de su importancia personal un amplísimo reconocimiento. Pero este resarcimiento no existe hoy para nosotros: perdido en la multitud el individuo, casi no advierte su influencia que ejerce; jamás se conoce el influjo que tiene su voluntad sobre el todo, y nada hace que acredite a sus propios ojos su cooperación. El ejercicio de los derechos políticos no nos ofrece, pues, sino una parte de los goces que los antiguos encontraban: y al mismo tiempo los progresos de la civilización, la tendencia comercial de la época, la comunicación de los pueblos entre sí ha multiplicado y variado al infinito los medios de la felicidad particular. De aquí se sigue que nosotros debemos ser más adictos que los antiguos a nuestra independencia individual; porque las naciones, cuando sacrifican ésta a los derechos políticos, daban menor por obtener más, mientras que nosotros, haciendo el mismo sacrificio, nos desprenderíamos de más por lograr menos”[1].

Ahora bien, en la sociedad burguesa, caracterizada por el egoísmo y la utilidad, se genera una realidad social por las leyes, instituciones y costumbres universales, en las que tiene gravedad la propiedad privada sin límites, como común denominador. En la sociedad burguesa existe la representación bajo el nombre de la participación y, un conjunto de procedimientos electorales e instituciones representativas que legitiman el poder político.

En la sociedad burguesa el Estado, definido en el Siglo XVIII, como pacto (Contrato social de Rousseau), ya sea contrato por los hombres para evitar el aniquilamiento producido por la guerra (Hobbes), o bien como comunidad de hombres libres (Spinoza), o el Estado que conduce por los caminos de la razón por una vía diferente al oscurantismo (Ilustración); una versión diferente corresponde a una organización de pacto y contrato, que garantiza la libertad (Kant).

Más la democracia se encuentra en la sociedad burguesa enmarcada por dos hechos que inauguran el mundo moderno. Por una parte, la Revolución Francesa y de otra la revolución industrial. Ese es el horizonte de la democracia, con la apariencia política del ideal: igualitarismo, participación y sufragio, debajo de lo cual subyace la estructura política profunda en la cual se halla la propiedad privada, la representación y la ideología que crean los media. Desde este punto de vista algunos afirman que la democracia es un conjunto de afirmaciones vacuas porque bajo el igualitarismo se esconde la propiedad privada creciente en pocas manos –oligarquía. El pueblo se expresa, pero lo que cuenta es la gran propiedad agrícola, la gran industria y el sector financiero que se extiende a lo largo y ancho del globo. Además, se pregona la participación, a pesar de ello, lo real es la supuesta representación, dado que la voluntad de cada uno termina sin influencia real. El individuo, perdido en la multitud, no puede ejercer influencia. Se pregona la representación, pero no hay nada que acredite la influencia que tiene la voluntad individual en el todo. En cuanto al sufragio universal se manipula y es objeto del mercado. No es casual el escándalo por la compra del voto. Así se forma un electorado despolitizado y fácil de dirigir, sin que se dé una propaganda explicita, pues los media llevan a la conquista del electorado. Paradójicamente el sufragio universal se utiliza con fines claramente antidemocráticos.

Es curioso que cuando el pueblo logra expresarse y, esta voz no coincide con los intereses de las clases poderosas la democracia está en crisis y, entonces sale de la sombra la dictadura. Bien puede decirse que la democracia tiene oculto el régimen oligárquico, engalanado por la maquinaria electoral, es decir, mediante el sufragio que, los regímenes europeos adoptaron como técnica de dominio. Cuando la democracia peligra, porque se sale de los cauces, es decir que va en contra de los grandes intereses, entonces se recurre a la dictadura, verbi gratia, el film Z, dibuja lo que sucede con el régimen democrático cuando en él se presentan grietas.

En el film Z. (1969), dirigida por Gosta Gavras, constituye una metáfora de la democracia, pues la “plaga ilusa de los libertarios” olvida que la libertad es una cuestión para los países avanzados, no para la periferia. El candidato de la oposición es asesinado ante la presencia impasible de la policía y el ejército. “En un accidente muere atropellado el candidato. Las autoridades investigan exhaustivamente”, es la noticia en la primera página de los diarios, radio y la TV. La investigación no llega a ninguna conclusión, pero el juez de instrucción y un periodista descubren, que la muerte del candidato no fue un hecho accidental sino un crimen del gobierno y de la ultraderecha. Entonces, se impone la dictadura y la censura.

Bien puede verse en el film lo que es la democracia en la periferia, como el silogismo: “todas las ovejas son blancas, pero algunas ovejas son negras, por lo tanto, todas las ovejas son blancas”. En otras palabras, la exclusión, pues no hay democracia, más bien lo que se hace evidente es que tras la careta de una democracia lo que hay es un régimen oligárquico militar, que mantiene sometido a un pueblo. En el caso de Colombia se puede mirar el candidato asesinado, el sacerdote indígena que predica la liberación, la líder de acción comunal, el ministro baleado por el sicario, el director de un periódico, el activista de los derechos humanos, el candidato que es asesinado en un avión, el hombre de pie izquierdo que es baleado cuando viajaba de un pueblo a la capital, el encargado de relaciones políticas de un movimiento político nuevo, el candidato presidencial que se encuentra en gira y es asesinado en una manifestación, la periodista que realizaba un documental para la BBC  y es asesinada, el candidato que dijo: “Abrázame…me mataron esos hijueputas”, el humorista cuando se dirigía a una emisora, el periodista de provincia asesinado a tiros.
Ahora bien, en el mundo moderno, luego de la Revolución Francesa y el crecimiento de la revolución industrial frente al “poder divino” que decían encarnar los monarcas, o la predestinación que invocaban algunos en favor de los “minorías selectas” la democracia propugna la “soberanía popular”. En otras palabras, el derecho de gobernarse el pueblo a sí mismo, con finalidades que representan el poder de todo el pueblo. Sin embargo, la democracia en un estado de cosas como el descrito no es otra cosa que el conjunto de procedimientos electorales e instituciones representativas de la oligarquía militarista que se encuentra en el poder. De esta forma, la democracia es el gobierno de los ricos, elegidos por los pobres, y sostenido por los militares.

La historia de un país que se autocalifica como democrático, como Colombia, está marcada por los magnicidios que en la mayoría de los casos quedan sin castigo, ni esclarecimiento. Sin llegar al extremo de un golpe militar que lleve a una dictadura. Además, la política de eliminación de la oposición es una estrategia de ablandamiento. Los crímenes no son cometidos por miembros del Estado, y cuando algún miembro del aparato estatal aparece involucrado, suele decirse que “se encontraba fuera del servicio”, “actuó individualmente”, “pertenece a las fuerzas oscuras”. Miles de expedientes se encuentran en los juzgados. Uno de ellos el de Jorge Eliécer Gaitán, y siete décadas después no se sabe quién fue el autor intelectual del crimen, por mucho se asegura que el “homicida fue linchado por la multitud”.

Después de las elecciones los elegidos consultan con los organismos: el Fondo Monetario Internacional, que nació para impulsar la cooperación económica y evitar otra gran depresión como la de los años 30 y que, dictando políticas para despolitizar, ha hecho de las depresiones hoyos profundos.  En segundo lugar, el Banco Mundial, cuyo eslogan reza: trabajamos por un mundo sin pobreza, y tan mal lo hace que la pobreza se extiende por el mundo entero. Y, por último, la Organización Mundial de Comercio para hacer un comercio más abierto.

En Guatemala, verbi gratia, la democracia se aguó en el gobierno de Arbenz (1953) (Vargas Llosa ha publicado Tiempos recios, el cual esboza lo que ocurre cuando se pretende un gobierno democrático.) cuando se propusieron reformas que, según los EEUU consideraron comunistas y las atribuyeron a la influencia soviética. Entonces impulsaron el temor que Guatemala  cayese en manos de los comunistas, ante la propuesta del presidente Arbenz de una reforma agraria que afectaba  a la United Fruit Company,  y a la  oligarquía guatemalteca. O bien, Jorge Rafael Videla, militar argentino y, el guatemalteco Efraín Ríos Montt, retrotraen a una de las etapas más tenebrosas de la historia de América Latina: la guerra contra la subversión. Para llevarla a cabo se fortaleció la alianza cívico-militar entre las clases dominantes y las fuerzas armadas, convirtiendo a la institución castrense en el partido político de la oligarquía. Ya no se trataba simplemente de reponer a las viejas oligarquías en el sillón presidencial. Se buscaba asegurar el proceso de acumulación de capital dentro de una nueva versión del capitalismo trasnacional, cuya esencia suponía desarticular los partidos políticos de izquierda, los sindicatos de clase, los movimientos sociales y también a las burguesías de corte nacionalistas. Quienes pensaron en esta perspectiva tenían claro que se trataba de inducir una revolución para refundar el orden político. Era obligado soltar lastre, deshacerse del sobrepeso contenido en el discurso seudodemocrático de las burguesías desarrollistas de corte keynesiano y, sobre todo, quebrar la ciudadanía, fomentando la despolitización y persiguiendo a militantes, sindicatos de clase e intelectuales de la izquierda política y social. En esta guerra se declararon ilegales las formaciones políticas de ideario marxista y socialista. De esta forma se profundizó el combate hasta el exterminio, si era posible, o en su defecto hasta conseguir una derrota total de todo cuanto oliese a socialismo. La doctrina de la Seguridad Nacional sirvió de anclaje y la geopolítica del fascismo dependiente le facilitó el encuadre teórico.

La guerra contra la subversión fue definida como una guerra global y permanente. El general brasileño Golbery do Couto Silva, ideólogo de la geopolítica latinoamericana, fue claro al señalar que la guerra se ha convertido en una guerra total, una guerra económica, financiera, política, sicológica y científica... En el caso de Chile, en el golpe contra el gobierno de la Unidad Popular en 1973, se implementó la estructura económica del neoliberalismo, luego, después de dos décadas, se volvió a la democracia electoral, pero no se desmontó la estructura económica impuesta por los Chicago’s Boys, ni tampoco la Constitución, inspirada por Pinochet.

No es posible entender la democracia en la periferia cuando se desboca entonces se recurre al freno de emergencia. Videla sabía lo que hacía. No se ruborizó al señalar que el asesinato de miles de ciudadanos argentinos, a manos de los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas, fue confeccionado por empresarios, ejecutivos, profesores universitarios, jueces, dirigentes sindicales y funcionarios adscritos a la derecha peronista y las organizaciones anticomunistas. Durante la transición, los civiles tomaron distancia y se alejaron de los militares. Videla captó su alejamiento al señalar cómo “los empresarios se lavaron las manos. Nos dijeron: ‘hagan lo que tengan que hacer’, y luego nos dieron con todo. Cuantas veces me dijeron: ‘se quedaron cortos, tenían que haber matado a mil, a 10 mil más”. Más la sucesión entre dictadura y democracia parece ser la transformación cuasi natural de una forma de gobierno en otra, un ciclo ordenado y recurrente que cuando se gestan transformaciones de fondo se recurre al cambio político con la violencia que resulta de éste, pero, en estas transiciones no se da el nacimiento de una realidad enteramente nueva.

En tiempos del neoliberalismo (economía de mercado y democracia del voto) es evidente que en la periferia la democracia del voto se convierte en el mercado del voto. Y mucho más cuando hay gobiernos que tienden hacia la democracia, el gobernante es destituido, caso de Dilma Rousseff, juicio a Lula Da Silva, golpe militar a Evo Morales…

 


 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enEdición Nº266
Julio Roberto Vargas Malagón, alcalde Cajamarca.

La comunidad y organizaciones sociales de Cajamarca impulsaron la consulta popular en marzo de 2017, con cuyo triunfo obligaron a la multinacional Anglo Gold Ashanti a salir del territorio, cerrando el proyecto La Colosa. Después de la consulta se abrió un debate político y jurídico de carácter nacional que problematiza el modelo de desarrollo del país. El alcalde en ejercicio para el periodo 2019–2022 representa al movimiento que se opuso a la minería, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta esta administración?

 

Cajamarca es un pueblo de campesinos ubicado en la Cordillera Central andina; por su potencial natural y ambiental es considerado como el municipio la despensa agrícola de Colombia. Entre el año 2005-2006, con el auge extractivista internacional experimentado en Sur América, el municipio vivió la llegada de la multinacional Anglo Gold Ashanti, la cual impulsó el proyecto “La Colosa”, uno de los megaproyectos mineros de oro más grandes del mundo.

Opuestos a tal pretensión, por las nocivas consecuencias que el desarrollo de un proyecto tal conlleva para un territorio y quienes lo habitan, un grupo de ciudadanos y organizaciones sociales del municipio tolimense comenzaron a plantear el debate sobre el modelo de desarrollo del municipio y las consecuencias y efectos naturales y culturales de la minería a cielo abierto.

Sus esfuerzos de todo orden para obligar a la multinacional a salir de su municipio les abrieron dilemas, de ahí que en el 2010 tomaran la decisión de participar electoralmente, sin resultados notables; en el 2015 llevaron a 3 integrantes del movimiento al concejo. Para Julio Roberto Vargas, actual alcalde de Cajamarca, fue gracias a estos concejales que en el año 2016 se aprobó la realización de la consulta popular sobre el tema minero.

La consulta fue una de las primeras en el país en decirle no a la minería: 6.165 cajamarcunos frenaron los intereses extractivistas. Posterior a esta victoria, en las elecciones del 2019 la ciudadanía llevó a un integrante del movimiento ambiental a dirigir como alcalde los destinos del municipio a lo largo de los siguientes 4 años, triunfo obtenido con 5.130 votos, igual al 50.11 por ciento del total de los sufragios contabilizados, doblando al candidato de la política tradicional apoyado por la multinacional.

Hoy los habitantes de Cajamarca tienen la esperanza de que la región cambiará, y que el quehacer del nuevo gobierno girará alrededor de la defensa del territorio, el agua y la vida.

desdeabajo tuvo la oportunidad de conversar con Julio Roberto Vargas, quien nos comentó algunos de los retos fundamentales de su gobierno, como también su visión de lo que implica, en este momento del país, ser elegido y decidir sobre el presente y el futuro del municipio en materia de uso y vocación del suelo.

desdeabajo (da). ¿Cuáles son las organizaciones en las que ha participado y qué papel espera que estas cumplan en su gobierno?
Julio Roberto Vargas (JRV). Vengo del movimiento ambiental y campesino. Acá en Cajamarca se encuentra el Comité ambiental y campesino de Cajamarca y Anaime, el cual es un espacio donde confluyen diferentes organizaciones socioambientales, con una agenda en común que también se articula al comité ambiental del departamento del Tolima y el movimiento ambiental a nivel nacional.
En esta alcaldía buscamos que el movimiento ambiental organizado ayude a construir las políticas públicas en materia ambiental y de desarrollo social del municipio, que tengan voz y voto, que tengan capacidad de articular procesos, jalonar recursos y construir una línea de desarrollo económico armonizadas con la naturaleza y las comunidades.

da. ¿Qué ha pasado con respecto al intento de limitar las consultas populares en el país y todo este debate abierto alrededor del uso y vocación de suelo?
JRV. Cuando se realizó la consulta popular, desde el gobierno nacional y todos los sectores minero energéticos del país, empezaron a decir que los municipios no tenían autonomía para decidir el uso y vocación del suelo en temas mineros, sin embargo esto lo dice el gobierno nacional pensando en los intereses de los grandes conglomerados mineros. Como comunidad y municipio Nosotros nos aferramos a la Constitución y a la ley, que nos dice que los municipios sí tenemos la autonomía territorial para tomar decisiones sobre el uso y vocación del suelo, y nosotros, los cajamarcunos, los campesinos, los amantes de la vida, decidimos que Cajamarca siga siendo la despensa de Colombia, siga siendo la estrella hídrica del departamento del Tolima.

El debate continúa. El sector minero a nivel nacional busca tumbar las consultas populares, busca deslegitimar las decisiones del pueblo, y como alcalde y representante de la comunidad tengo el deber de defender los derechos colectivos y ambientales de la población cajamarcuna, defender el derecho constitucional que tiene la comunidad a tomar decisiones sobre su territorio, promoviendo en todo momento la democracia participativa e incluyente.

da. ¿Qué papel juega en la región y el país su elección como alcalde de Cajamarca?
JRV. En este momento somos la única alcaldía en el departamento del Tolima con un alcalde alternativo y que hace parte de los movimientos sociales. Esto implica políticamente que una alcaldía y una comunidad están dando un debate al país y al gobierno nacional sobre el desarrollo del país. La experiencia de Cajamarca es la mezcla entre movimientos sociales y la administración pública, que tiene una política alternativa, independiente y busca transformar las comunidades con la participación directa de las mismas.

da. ¿Qué tienen proyectado realizar para generar una propuesta alternativa de desarrollo para el municipio que no implique la minería?
JRV. Vamos a profundizar en mejorar todos los sistemas de comercialización de los productos agropecuarios del municipio. Vamos a abrir una línea de exportación de productos agropecuarios hacia Europa y Estados Unidos, así mismo vamos a hacer una apuesta bastante grande en el tema del turismo comunitario en el municipio; hoy tenemos en el territorio los bosques naturales de palma de cera, somos vecinos del volcán cerro Machín –que es el segundo volcán más activo del mundo–, tenemos el páramo del Chiní por todo el cañón de Anaime, tenemos tres ríos que nacen en el municipio (Anaime, Bermellón y Toche), entonces vamos a impulsar el turismo como alternativa de desarrollo municipal.

Otros temas fundamentales, en torno a la cultura, son la creación de la casa de la cultura del municipio, el impulso del festival nacional de música campesina y el museo de antropología; pero también hay temas importantes como la agricultura limpia, mejoramiento de vías terciarias, salud, educación, entre otros.

da. ¿Cómo piensan construir una alcaldía realmente alternativa para el municipio y cómo se puede proyectar esto a nivel nacional?
JRV. Estamos apostando a una transformación estructural en la comunidad cajamarcuna, en la forma de hacer política y generar el desarrollo. Estamos apostando a empoderar a las comunidades. Las JAL, organizaciones sociales, cooperativismo, asociatividad y unidad de la comunidad tienen un protagonismo importantísimo. Lo que queremos es hacer un buen gobierno, y esto implica que los recursos públicos van a ser bien invertidos en obras sociales, proyectos productivos, culturales y educativos.

Invitamos a que todos los movimientos sociales y ambientales de Colombia sigamos construyendo una agenda en común. La unidad de todos los sectores alternativos y sociales del país es la que va a permitir transformar esas condiciones de desigualdad y desequilibrio en la que se encuentra nuestra sociedad. Necesitamos cambios profundos, necesitamos que los movimientos sociales se enraícen en las comunidades, que las empoderen y que se empoderen de los procesos políticos, que la política no la vean como los tradicionales sino como una oportunidad para servir y transformar con las comunidades las condiciones de vida.

 

 

 

Publicado enEdición Nº265
https://bogota.gov.co/

Desde su posesión como regente de la ciudad de Bogotá la alcaldesa Claudia López enfrenta y tema al fantasma de quien la antecedió, quien, como sucede en todas las administraciones locales del país, le heredó múltiples medidas y proyectos por concretar o finalizar de ejecutar. Una realidad que se prolonga por cerca de dos años.

El metro, en su cuestionado diseño, las troncales de Transmilenio y la prioridad del transporte con base en petróleo y sus derivados, dejando a un lado las energías limpias –base de otros modelos de transporte que la ciudad se merece–, el Sendero de las Mariposas, y otro cúmulo de medidas que gota a gota van sintiendo quienes habitan Bogotá.

El 2 de marzo fue el turno para el alza en el transporte masivo, una medida a todas luces antipopular y que afecta las economías de las familias más pobres, las mismas que están obligadas a usarlo. Esta medida, es claro, no la tomó quien dejó el Palacio Lievano el 31 de diciembre anterior para no cargarse más impopularidad, y no la tomó antes la actual inquilina de tal edicifio para no arrancar su gestión enfrentando a las mayorías de la ciudad.

Es una realidad, esta de seguir administrando a nombre de Peñalosa y de no querer enfrentar a los grupos de poder que controlan Bogotá, que obliga a preguntar, ¿Es posible que Claudia López deje a un lado el temor que la domina y enfrente y cambie la herencia y modelo de ciudad que le dejó su antecesor? Como toda la sociedad lo reconoce, Peñalosa administró para el capital privado, y quien ahora rige los destinos de la ciudad ¿para cuál lado se inclina?

Y la respuesta es clara, sí puede. La alcaldesa no está con las manos amarradas –recibí esa herencia y tengo que cumplir con ella, ha expresado–, eso no es cierto, la Constitución Nacional dota a la comunidad en general y a los mandatarios municipales y de otro orden, de un conjunto de instrumentos que les permite acudir al constituyente y derogar, a la par de aprobar, medidas de diferente tenor.

En el caso de la actual regente bogotana, la pregunta es una: ¿pretende administrar con las mayorías, consultándoles, debtiendo con ellas, movilizándolas para que el ejercicio de alcaldesa no sea algo reducido a un saber tecnócrata, u opta por el saber de especialistas y el consejo de quienes han diseñado la ciudad, desde siempre, para su favor?


En estas circunstancias, ante lo heredado, y en particular ante el alza en el transporte masivo, ¿Pudo, si o no, realizar una consulta popular, un referendo local, para decidir sobre incrementar o no el alza del transmilenio? Consulta que podría ampliarse a otros tópicos relacionados con igual materia u otras afines.


Esto es algo posible. En Constitución Política de 1991, Capítulo 1 –de las formas de participación democrática– en el Artículo 105, dice: “Previo cumplimiento de los requisitos y formalidades que señale el Estatuto general de la organización territorial y en los casos que éste determine, los Gobernadores y Alcaldes según el caso, podrán realizar consultas populares para decidir sobre asuntos de competencia del respectivo departamento o municipio”.


Igual puede acogerse a este mecanismo para decidir el rumbo del proyecto del Sendero de las Mariposas, que uniría a Chía con Usme por medio de una red de caminos distribuidos a lo largo de cerca de 102 kilómetros por los Cerros Orientales, proyecto que, por ejemplo, no está armonizado con Plan de Manejo Ambiental de la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental.

Como bien lo anotó La Mesa de Cerros Orientales en un comunicado difundido por desdeabajo: “Exigimos que se reconozcan las propuestas de los pactos de vida, los ecobarrios, los caminos ancestrales, los viajes de barrio y demás alternativas que desde los cerros proponemos para que como ciudadanía bogotana nos reconectemos con la naturaleza. Exigimos, por último, a la alcaldesa Claudia Nayibe López, que cumpla el Compromiso Ambiental por Bogotá, sea consecuente con lo manifestado públicamente durante la campaña electoral y proteja la Estructura Ecológica Principal de la ciudad”.

Pero si Claudia López sigue empeñada en proseguir ejecutando al pie de la letra el modelo de ciudad que le dejó su antecesor, seguirá dejando un velo sobre las mentiras de Peñalosa, quien aseguró que el metro estaría antes de 2025, y ahora tienen que salir a notificarle a la ciudad que eso solo será realidad en el año 2028. Una realidad de incapacidad e improvisación que no es responsable con las angustias que cada día sobrellevan millones de capitalinos a la hora de trasladarse una parte de la ciudad a otra.


Mientras esto ocurre, Luxemburgo se estrena como primer país del mundo en donde el transporte público es gratuito en todo su territorio. ¿Llegaremos a tener un sistema de transporte gratuito en Bogotá –y en el resto de urbes colombianas–, como lo demanda toda sociedad donde la redistribución de riqueza y la concreción de vida digna y demás sea un imperativo? Una medida, por demás, acorde con la lucha contra el cambio climático, toda vez que desestimula el uso de carros particulares. En este campo, Claudia podría empezar implementando subsidios para personas de la tercera edad, personas con limitaciones para su movilidad –bien muscular, ocular y otras–, así como para estudiantes y menores de 13 años. Como es conocido, ya se opuso al subsidio para estudiantes. Administrando de espaldas a las necesidades de las mayorías.


La actual alcaldesa debería atreverse a cambiar el camino impuesto por los ricos de la ciudad, por medio de quien la antecedió, ¿o es que desea favorecer a los mismos de siempre?

Artículos recomendados:

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/38957-bogota-sendero-de-las-mariposas-comunicado-contra-las-declaraciones-de-la-administracion-distrital-gobierno-nacional-y-car.html

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/38976-bogota-alza-en-transmilenio-ahonda-ganancias-de-20-familias.html

 

 

 

 

Publicado enColombia
Medellín, https://www.grupoipsi.org/

“Hay días en la vida de una nación que condensan décadas, en los que se expresan con nitidez su carácter, sus virtudes y defectos, sus limitaciones y posibilidades. Pero si los hay que son síntesis de lo pasado, hay otros que son igualmente germen del futuro, cuando con fatal fecundidad se inauguran periodos tormentosos y atormentados o con feliz feracidad dan paso a procesos transformadores”.
Camilo Castellanos, historiador, 1950-2019.

Nunca en el país tanta gente se había mantenido en actitud de protesta y de propuesta durante tanto tiempo como el 21N (2019), días y semanas siguientes. Incluso el 21E (2020), cumplido el forzoso receso de fin de año, se retomó la iniciativa de movilización.

Un gran debate está abierto a raíz de estos acontecimientos. ¿En qué sentido ellos son síntesis de lo pasado? ¿En qué sentido germen de futuro? Por supuesto, desentrañar el sentido y la potencialidad de lo que está ocurriendo demanda reflexión y deliberación.

Se intenta aquí una lectura del proceso tomando como guía la observación del historiador Camilo Castellanos con que se abre el texto la cual invita a develar con las luces de muchos y muchas el sentido del tiempo político que estamos viviendo.

 

La emergencia de un nuevo sentido común

 

En un contexto de retroceso general, determinado por las derechas en el poder y en el gobierno, atadas a poderes retardatarios globales, tres hechos-proceso de notorio relieve son indicativos hoy en Colombia de una potencialidad de cambio democrático:

1. La movilización ciudadana, social y popular, sostenida, con flujos y reflujos, durante más de una década, incluidas las extraordinarias marchas de los últimos meses (2008-2019).
2. El paso de la lucha armada a la lucha política civil por parte de las Farc, en virtud de los diálogos realizados durante el gobierno Santos que concluyeron en el acuerdo firmado el 24 de noviembre de 2016.
3. El sorprendente crecimiento electoral de las opciones alternativas, como se aprecia en la segunda vuelta presidencial en junio 2018 (más de 8 millones de votos, el presidente fue elegido con 10 millones), en la consulta anticorrupción, agosto (más de 11 millones de votos), y en las elecciones territoriales de octubre de 2019. En esta ocasión, fuerzas no tradicionales ganaron alcaldías tan importantes como las de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Santa Marta, Cúcuta, Bucaramanga, Villavicencio, Florencia, Popayán1…
A tales hechos-proceso se agrega una especialísima circunstancia: el extraordinario auge literario y artístico que experimenta el país, en gran parte crítico con el statu quo, orientado al rescate de la memoria del conflicto para la reconciliación y a proyectar una utopía de vida, de relaciones sociales y de tratamiento ético-estético de lo público, lo que se ha dado en llamar artivismo, por afortunada combinación de las palabras arte y activismo.

Todo ello configura la incipiente aparición de un nuevo sentido común –otra manera de ver, sentir y hacer– en clases subalternas, medias y populares, hombres y mujeres demócratas, al tiempo que muestra el avance en la construcción de una identidad social y política alternativa.

En general, la percepción de que otro país es posible, mediante la vivencia de una democracia cualitativamente distinta, comienza a abrirse camino.

 

Lo que está pasando: colapsa la república elitista

 

Un profundo malestar se advierte en relación con el deprimente ejercicio de la política, queda al desnudo la incapacidad de la democracia partidaria representativa para dar cabal respuesta a los problemas y aspiraciones de la gente del común, se hace patente la insolvencia casi total de los sucesivos gobiernos para ejercer sus funciones con respeto y complacencia de la ciudadanía. Los grafitis en los muros de las ciudades y en las piedras de los caminos, las leyendas en las pancartas de las marchas y en las camisetas de los marchantes, mayoritariamente jóvenes, los clips y memes que en abundancia circulan por las redes, son elocuente expresión del malestar2.

Está cuestionado el origen del poder, su ejercicio y su reproducción. El gobierno de Iván Duque, expresión de un regresivo entendimiento político de fuerzas de derecha y extrema derecha (Arcadia regresiva)3 torpemente se niega a aceptar el hecho histórico de un alzamiento político armado, simula la paz, simula el respeto a la protesta social, simula las garantías a los líderes sociales4. El despertar ciudadano deja en claro para todos que ya no es tiempo de odios y armas sino de concordia y democracia. La guerra está fuera de juego5.

A 200 años de la Independencia literalmente el país nacional no aguanta más la forma excluyente, mafiosa y demofóbica (antipatía hacia al pueblo) de gobernar, se agota sin remedio la república elitista acorralada por la consistente movilización social, la fuerza transformadora de la paz, el creciente éxito electoral de las fuerzas alternativas y el auge cultural que marca cambios significativos en el sentido común.

 

Violencia ayer, violencia hoy, violencia siempre…



Lo que más impacta es que la historia de hoy ha sido la historia de siempre durante toda la vida independiente: una combinación de “orden y violencia”, donde la violencia ha sido un recurso permanente empleado por las elites para contener y desarticular la fuerza ascendente de los de abajo. “En Colombia, desde la independencia, la relación histórica del Estado y los grupos y clases hegemónicas con la violencia ha sido ambivalente. Junto a un discurso sobre la violencia legítima, estructurado alrededor del Estado, se ha utilizado sistemáticamente la violencia extrema o violencia pura contra la oposición política y los movimientos y las organizaciones sociales populares”6.

Algunas de las guerras civiles en el siglo XIX, las varias violencias del siglo XX, los magnicidios de líderes opositores, el exterminio de conglomerados enteros: integrantes del gaitanismo, militantes y elegidos de UP, sindicalistas, campesinos, estudiantes, líderes sociales, reincorporados de las guerrillas, significan miles y miles de hombres y mujeres que han sido víctimas, en diferentes momentos, del uso de la violencia como reaseguro de la exclusión social y del oligopolio político. Hoy ocurre exactamente lo mismo, inclusive abultando las dimensiones de la tragedia.

Esa realidad oprobiosa es la que le permite a Castellanos, en aguda mirada de conjunto, establecer: “En general, entre las élites y el pueblo ha existido un foso insondable creado por la pretendida superioridad de las élites o el miedo que no les permite un sueño tranquilo. Un miedo que no logran disimular con el paternalismo episódico y que se revela implacable en el uso recurrente de la violencia. Pánico al que el pueblo responde en ocasiones con terror que pretende ser justiciero, como el Nueve de Abril. El fruto del pánico y el terror es un régimen fundado en la violencia y el fraude, que no son otros los resultados de una democracia sin pueblo. Mejor, una democracia que acepta un pueblo si y solo si se muestra dócil y adocenado”7.

 

Lo que puede pasar: el advenimiento de la república democrática

 

Los hechos-proceso señalados en la primera página de este escrito indican con bastante evidencia que el país efectivamente está ante un nuevo comienzo. Un movimiento socio-histórico está en desarrollo: ese movimiento puede entenderse como el tránsito de la república elitista manejada por el círculo exclusivo de unas pocas familias a la república democrática gobernada por un conjunto cohesionado de fuerzas sociales y políticas decididas a convertir en realidad los cambios largamente aplazados o amagados. ¡Es posible¡

Pero no es la colombiana una transición tranquila, no se realiza a partir de un programa de cambios institucionales pactados (por unanimidad o por amplia mayoría) y bien acotados en su contenido, actores, tiempo y vías de realización. La transición colombiana se está efectuando en medio de gran turbulencia originada en una tenaz oposición de la derecha política refractaria a los cambios, en la pervivencia de grupos armados de carácter político, paramilitar y delincuencial (narcotráfico), en medio de una enorme tragedia humanitaria materializada en el exterminio de líderes sociales y de reincorporados de las Farc que firmó la paz.

La búsqueda de un presente y un futuro mejor parte de asumir que, en la última década, incluidos los afortunados acontecimientos de noviembre-diciembre 2019, se percibe claramente la configuración de una agenda democrática de sociedad y de país (el pliego del paro forma parte de ella). Contar con una agenda de país es una ganancia estratégica invaluable. La agenda de país es una matriz de entendimientos básicos que se nutre de las agendas territoriales y sectoriales. La agenda no es estática, existe in fieri porque su función es alimentar un proceso incesante de acción, cambio y transformación8.

Lo que se pone al orden del día, al momento del bicentenario de vida independiente, es la vía de renovación o transformación política para la construcción de una nación y un estado en la modalidad de república democrática. Para eso es la paz, para eso son las marchas, para eso se ganan elecciones: para construir un país decente, democrático y justo. La Constitución del 91 en su parte dogmática contempla esa perspectiva con claridad meridiana (primeros 112 artículos). Lo cual se refuerza con la inclusión del Acuerdo de paz entre los artículos transitorios de la Carta.

 

Resignificar el concepto y recrear la praxis de la democracia

 

Avanzar en ese sentido requiere desatar un movimiento cultural que resignifique el concepto y recree la praxis de la democracia. Se requiere, en expresión consagrada, la “reforma intelectual y moral”9. Sobre este trascendental asunto aquí solo puedo consignar unas pocas palabras para incentivar el debate y la innovación: preciso es repolitizar la política, afianzar su carácter de bien público común, ciudadanizarla; imprescindible democratizar la democracia, esto es, sacarla del marasmo, el desgaste, la superficialidad y la manipulación en que la ha colocado el capitalismo (neoliberal) bajo la enseña a ultranza del mercado.

Democratizar la democracia es transitar hacia una democracia de alta intensidad que visualiza la construcción de un estado-república con el protagonismo de la ciudadanía consciente, organizada y movilizada y la inclusión plena de mujeres, jóvenes, diversidades sexuales, etnias y culturas. La forma republicana de Estado puede ser la que mejor articule libertad e igualdad, la que mejor procure el ejercicio de virtudes cívicas y la que mejor sirva a la justicia social con libertad, a la vigencia integral de los derechos humanos, derechos de los pueblos y derechos de la naturaleza.

“La gran tradición histórica de la libertad republicana… se dividía entre el republicanismo democrático y el oligárquico o antidemocrático… La tradición republicana asocia la libertad a la independencia material, y esta característica es común tanto a la variante democrática como a la oligárquica… Así que la concepción de la libertad es la misma en las dos grandes variantes lo que las diferencia (y no es poca cosa) es la población a la que se debe llegar: a los ricos que tienen la existencia material garantizada, para los oligárquicos; a toda la población a la que debe garantizarse esta existencia material, para los democráticos”10.

Colombia no puede seguir en el esquema de una república elitista, oligárquica o señorial. Hoy existe en el país la posibilidad de una democracia más directa, democracia de verdad participativa (asociativa, deliberativa, informatizada), en suma, se hace posible tener por fin una república realmente democrática. El Punto 2 de La Habana contiene la mayor parte de los cambios normativos e institucionales que requiere hoy la democracia colombiana. La reforma política en él contemplada no se ha realizado. Es urgente realizarla.

 

El sujeto plural y el accionar político transformador

 

Cierto es que la paz total y definitiva11, la democracia de alta intensidad, la agenda de sociedad que surge de la movilización y de los acuerdos de paz, suscritos y por suscribir, la demanda de cambio que se va interiorizando y expandiendo prefiguran al presente un proyecto de país al cual lógicamente tiene que corresponder la construcción de un amplio sujeto plural, bloque histórico, convergencia, unión, confluencia de los inconformes y alternativos (coalescencia más que yuxtaposición) para enrumbarse, con clarividencia y decisión, hacia el ejercicio de hegemonía como direccionalidad incluyente de la nación entera y, por ende, sujeto determinado a ser poder y ser gobierno.

Los jóvenes reclaman condiciones favorables para superar la incertidumbre y hacer realidad sus proyectos de vida. La transformación democrática vendrá de la mano de la juventud inconforme que no se resigna a vivir en un país de privilegios para unos pocos y de estrechez para las mayorías, entre ellas los inmensos conjuntos en la informalidad y el precariado.

A pesar de la ofensiva criminal contra los líderes y lideresas sociales, que destruye de manera irreparable el tejido social, un movimiento constituido por variadas formas organizativas de base se gesta en los territorios. La organización para la marcha, el cacerolazo y el paro surgida con ocasión de la ola de movilización iniciada el 21N debe adquirir permanencia y sostenibilidad, sin perder flexibilidad, como embrión de poder ciudadano, social y popular en el espacio rural, en territorios étnicos y en el espacio urbano de pequeñas y grandes ciudades12.

El amplio e imaginativo despertar ciudadano que se advierte al presente no puede quedarse en un estadio prepolítico y corporativo sino que, convertido en un accionar político transformador –mediante el debate, la iniciativa cultural y la articulación en pluralidad– tiene que tender a hacer realidad la república democrática para materializar el vivir, buen vivir y convivir que sintetiza la utopía real en esta tercera década del nuevo siglo (Arcadia progresista).

El pueblo colombiano avanza hacia una democracia de alta intensidad, las élites tradicionales se agotan, se aproxima la república democrática, los jóvenes están en el centro de la escena. Un nosotros transformador se afianza frente a un ellos conservadurista.

Estamos ante acontecimientos que constituyen síntesis de un pasado de lucha al tiempo que son germen de un futuro de victoria. El cambio es posible, se precisa volverlo ineludible. ¿Qué harán las fuerzas sociales, políticas y culturales alternativas frente a los retos que se avecinan?

Camilo Castellanos, hay que reconocerlo, tiene razón cuando señala: “Hay días en la vida de una nación que… con feliz feracidad dan paso a procesos transformadores”.


1 Grafitis en sitios céntricos de Bogotá: “La prosperidad de una nación es la REVOLUCION”, “Si no eres parte de la solución, sigues siendo parte del PROBLEMA”, “Mientras no nos dejen soñar, no los dejaremos dormir”, “Creemos en la utopía porque la realidad nos parece imposible”, “Si los de abajo se mueven, los de arriba se caen!”, “Cuando tú pierdas el miedo, ellos pierden el poder”, “Quieren enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas”, “Sin líderes sociales no hay democracia”, “Desmonte del Esmad ¡ya!”, “Soy artista, no terrorista”, “Allanar y censurar provoca paro nacional”, “Hasta que la dignidad se haga costumbre”.
2 “Arcadia regresiva”, “Arcadia progresiva” son expresiones del analista uruguayo Gerardo Caetano para identificar respectivamente los proyectos de retroceso y de avance democrático (2019).
3 Ver El Aprendiz del Embrujo, finge la paz, reinventa la guerra y privatiza lo público, balance del primer año de Iván Duque, Plataforma Democracia y Desarrollo, Coordinación Colombia Europa Estados Unidos, La Alianza, Bogotá, septiembre de 2019.
4 En febrero de 2019 se constituyó el movimiento Defendamos la Paz –DLP–, con inmensa amplitud y pluralidad, por iniciativa de las bancadas parlamentarias que hicieron con éxito la defensa de la JEP ante las objeciones del Gobierno a la Ley estatutaria de la misma. DLP desarrolla actividades permanentes en el campo de la opinión, la movilización y la diplomacia por la paz.
5 Múnera Ruiz, Leopoldo, La ambivalencia de la violencia y las encrucijadas de la paz (guía de exposición), Bogotá, julio de 2019 (pro manuscrito).
6 Castellanos, Camilo, Los pueblos del nueve de abril, Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, 2016, pág. 122.
7 García Villegas, Editor, ¿Cómo Mejorar a Colombia? IEPRI UNal-Ariel, Bogotá, 2018. Ver las siete propuestas básicas en la introducción.
8 La expresión “reforma intelectual y moral” es de Antonio Gramsci (Quaderni 4,7, 10, 11, 13, 14, 16, 19, 21, 26, 27); uno de los lemas más característicos de Jorge Eliécer Gaitán y de su movimiento fue precisamente este: “Por la restauración moral y democrática de la república: ¡A la carga!” (de memoria).
9 Domenech, Antoni, El Eclipse de la fraternidad, una revisión republicana de la tradición socialista, akal, 2ª Edición, Barcelona, 2019, pág. 557.
10 Para este concepto ver la columna del Senador Iván Cepeda Castro La paz total y definitiva, El Espectador, 18.07.19.
11 Otras alcaldías se ganaron en poblaciones intermedias como la de Turbaco, cerca a Cartagena de Indias, donde el triunfador fue Gustavo Torres (Julián Conrado) del nuevo partido de la rosa (Farc) en coalición con Colombia Humana.
12 Una presentación comprensiva de enfoques y prácticas innovadores puede verse en el texto de Isabel Rauber: Los movimientos sociales en tiempos de contrarrevolución preventiva global, noviembre de 2017.

* Investigador social, columnista, Presidente de la Asociación de estudios y acción política Democracia Hoy DEMHOY. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enEdición Nº265
Lunes, 02 Marzo 2020 19:14

Nuevas derechas, nuevas resistencias

Nuevas derechas, nuevas resistencias

En un período como éste, sería irresponsable lanzar las campanas al vuelo creyendo que el triunfo del mundo nuevo está a la vuelta de la esquina, un sentimiento que cultivamos con fruición los setentistas y que, ahora, vuelve de la mano de las culturas juveniles y feministas, quizá por el agobio de tantas opresiones y la necesidad de respirar nuevos aires, sin más demora, aquí y ahora. Siento que es positivo para la lucha emancipatoria, porque lo peor sería congelarnos en el lugar de víctimas, esperando una mano del Estado o del caudillo de turno.

Para avanzar, necesitamos practicar un doble ejercicio. Por un lado, tantear el terreno, reconocer la realidad por desagradable que sea, sin concesiones pero incluyendo también nuestros errores e insuficiencias. La otra tarea consiste en potenciar lo que ya somos, los espacios y potencialidades de los mundos otros, no capitalistas ni patriarcales ni coloniales. En suma, resistir y crear, resistir creando, porque necesitamos espacios propios (de los pueblos, de las mujeres, de las más diversas opresiones) para fortalecer las resistencias.

Medellín, https://www.grupoipsi.org/

“Hay días en la vida de una nación que condensan décadas, en los que se expresan con nitidez su carácter, sus virtudes y defectos, sus limitaciones y posibilidades. Pero si los hay que son síntesis de lo pasado, hay otros que son igualmente germen del futuro, cuando con fatal fecundidad se inauguran periodos tormentosos y atormentados o con feliz feracidad dan paso a procesos transformadores”.
Camilo Castellanos, historiador, 1950-2019.

Nunca en el país tanta gente se había mantenido en actitud de protesta y de propuesta durante tanto tiempo como el 21N (2019), días y semanas siguientes. Incluso el 21E (2020), cumplido el forzoso receso de fin de año, se retomó la iniciativa de movilización.

Un gran debate está abierto a raíz de estos acontecimientos. ¿En qué sentido ellos son síntesis de lo pasado? ¿En qué sentido germen de futuro? Por supuesto, desentrañar el sentido y la potencialidad de lo que está ocurriendo demanda reflexión y deliberación.

Se intenta aquí una lectura del proceso tomando como guía la observación del historiador Camilo Castellanos con que se abre el texto la cual invita a develar con las luces de muchos y muchas el sentido del tiempo político que estamos viviendo.

 

La emergencia de un nuevo sentido común

 

En un contexto de retroceso general, determinado por las derechas en el poder y en el gobierno, atadas a poderes retardatarios globales, tres hechos-proceso de notorio relieve son indicativos hoy en Colombia de una potencialidad de cambio democrático:

1. La movilización ciudadana, social y popular, sostenida, con flujos y reflujos, durante más de una década, incluidas las extraordinarias marchas de los últimos meses (2008-2019).
2. El paso de la lucha armada a la lucha política civil por parte de las Farc, en virtud de los diálogos realizados durante el gobierno Santos que concluyeron en el acuerdo firmado el 24 de noviembre de 2016.
3. El sorprendente crecimiento electoral de las opciones alternativas, como se aprecia en la segunda vuelta presidencial en junio 2018 (más de 8 millones de votos, el presidente fue elegido con 10 millones), en la consulta anticorrupción, agosto (más de 11 millones de votos), y en las elecciones territoriales de octubre de 2019. En esta ocasión, fuerzas no tradicionales ganaron alcaldías tan importantes como las de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Santa Marta, Cúcuta, Bucaramanga, Villavicencio, Florencia, Popayán1…
A tales hechos-proceso se agrega una especialísima circunstancia: el extraordinario auge literario y artístico que experimenta el país, en gran parte crítico con el statu quo, orientado al rescate de la memoria del conflicto para la reconciliación y a proyectar una utopía de vida, de relaciones sociales y de tratamiento ético-estético de lo público, lo que se ha dado en llamar artivismo, por afortunada combinación de las palabras arte y activismo.

Todo ello configura la incipiente aparición de un nuevo sentido común –otra manera de ver, sentir y hacer– en clases subalternas, medias y populares, hombres y mujeres demócratas, al tiempo que muestra el avance en la construcción de una identidad social y política alternativa.

En general, la percepción de que otro país es posible, mediante la vivencia de una democracia cualitativamente distinta, comienza a abrirse camino.

 

Lo que está pasando: colapsa la república elitista

 

Un profundo malestar se advierte en relación con el deprimente ejercicio de la política, queda al desnudo la incapacidad de la democracia partidaria representativa para dar cabal respuesta a los problemas y aspiraciones de la gente del común, se hace patente la insolvencia casi total de los sucesivos gobiernos para ejercer sus funciones con respeto y complacencia de la ciudadanía. Los grafitis en los muros de las ciudades y en las piedras de los caminos, las leyendas en las pancartas de las marchas y en las camisetas de los marchantes, mayoritariamente jóvenes, los clips y memes que en abundancia circulan por las redes, son elocuente expresión del malestar2.

Está cuestionado el origen del poder, su ejercicio y su reproducción. El gobierno de Iván Duque, expresión de un regresivo entendimiento político de fuerzas de derecha y extrema derecha (Arcadia regresiva)3 torpemente se niega a aceptar el hecho histórico de un alzamiento político armado, simula la paz, simula el respeto a la protesta social, simula las garantías a los líderes sociales4. El despertar ciudadano deja en claro para todos que ya no es tiempo de odios y armas sino de concordia y democracia. La guerra está fuera de juego5.

A 200 años de la Independencia literalmente el país nacional no aguanta más la forma excluyente, mafiosa y demofóbica (antipatía hacia al pueblo) de gobernar, se agota sin remedio la república elitista acorralada por la consistente movilización social, la fuerza transformadora de la paz, el creciente éxito electoral de las fuerzas alternativas y el auge cultural que marca cambios significativos en el sentido común.

 

Violencia ayer, violencia hoy, violencia siempre…



Lo que más impacta es que la historia de hoy ha sido la historia de siempre durante toda la vida independiente: una combinación de “orden y violencia”, donde la violencia ha sido un recurso permanente empleado por las elites para contener y desarticular la fuerza ascendente de los de abajo. “En Colombia, desde la independencia, la relación histórica del Estado y los grupos y clases hegemónicas con la violencia ha sido ambivalente. Junto a un discurso sobre la violencia legítima, estructurado alrededor del Estado, se ha utilizado sistemáticamente la violencia extrema o violencia pura contra la oposición política y los movimientos y las organizaciones sociales populares”6.

Algunas de las guerras civiles en el siglo XIX, las varias violencias del siglo XX, los magnicidios de líderes opositores, el exterminio de conglomerados enteros: integrantes del gaitanismo, militantes y elegidos de UP, sindicalistas, campesinos, estudiantes, líderes sociales, reincorporados de las guerrillas, significan miles y miles de hombres y mujeres que han sido víctimas, en diferentes momentos, del uso de la violencia como reaseguro de la exclusión social y del oligopolio político. Hoy ocurre exactamente lo mismo, inclusive abultando las dimensiones de la tragedia.

Esa realidad oprobiosa es la que le permite a Castellanos, en aguda mirada de conjunto, establecer: “En general, entre las élites y el pueblo ha existido un foso insondable creado por la pretendida superioridad de las élites o el miedo que no les permite un sueño tranquilo. Un miedo que no logran disimular con el paternalismo episódico y que se revela implacable en el uso recurrente de la violencia. Pánico al que el pueblo responde en ocasiones con terror que pretende ser justiciero, como el Nueve de Abril. El fruto del pánico y el terror es un régimen fundado en la violencia y el fraude, que no son otros los resultados de una democracia sin pueblo. Mejor, una democracia que acepta un pueblo si y solo si se muestra dócil y adocenado”7.

 

Lo que puede pasar: el advenimiento de la república democrática

 

Los hechos-proceso señalados en la primera página de este escrito indican con bastante evidencia que el país efectivamente está ante un nuevo comienzo. Un movimiento socio-histórico está en desarrollo: ese movimiento puede entenderse como el tránsito de la república elitista manejada por el círculo exclusivo de unas pocas familias a la república democrática gobernada por un conjunto cohesionado de fuerzas sociales y políticas decididas a convertir en realidad los cambios largamente aplazados o amagados. ¡Es posible¡

Pero no es la colombiana una transición tranquila, no se realiza a partir de un programa de cambios institucionales pactados (por unanimidad o por amplia mayoría) y bien acotados en su contenido, actores, tiempo y vías de realización. La transición colombiana se está efectuando en medio de gran turbulencia originada en una tenaz oposición de la derecha política refractaria a los cambios, en la pervivencia de grupos armados de carácter político, paramilitar y delincuencial (narcotráfico), en medio de una enorme tragedia humanitaria materializada en el exterminio de líderes sociales y de reincorporados de las Farc que firmó la paz.

La búsqueda de un presente y un futuro mejor parte de asumir que, en la última década, incluidos los afortunados acontecimientos de noviembre-diciembre 2019, se percibe claramente la configuración de una agenda democrática de sociedad y de país (el pliego del paro forma parte de ella). Contar con una agenda de país es una ganancia estratégica invaluable. La agenda de país es una matriz de entendimientos básicos que se nutre de las agendas territoriales y sectoriales. La agenda no es estática, existe in fieri porque su función es alimentar un proceso incesante de acción, cambio y transformación8.

Lo que se pone al orden del día, al momento del bicentenario de vida independiente, es la vía de renovación o transformación política para la construcción de una nación y un estado en la modalidad de república democrática. Para eso es la paz, para eso son las marchas, para eso se ganan elecciones: para construir un país decente, democrático y justo. La Constitución del 91 en su parte dogmática contempla esa perspectiva con claridad meridiana (primeros 112 artículos). Lo cual se refuerza con la inclusión del Acuerdo de paz entre los artículos transitorios de la Carta.

 

Resignificar el concepto y recrear la praxis de la democracia

 

Avanzar en ese sentido requiere desatar un movimiento cultural que resignifique el concepto y recree la praxis de la democracia. Se requiere, en expresión consagrada, la “reforma intelectual y moral”9. Sobre este trascendental asunto aquí solo puedo consignar unas pocas palabras para incentivar el debate y la innovación: preciso es repolitizar la política, afianzar su carácter de bien público común, ciudadanizarla; imprescindible democratizar la democracia, esto es, sacarla del marasmo, el desgaste, la superficialidad y la manipulación en que la ha colocado el capitalismo (neoliberal) bajo la enseña a ultranza del mercado.

Democratizar la democracia es transitar hacia una democracia de alta intensidad que visualiza la construcción de un estado-república con el protagonismo de la ciudadanía consciente, organizada y movilizada y la inclusión plena de mujeres, jóvenes, diversidades sexuales, etnias y culturas. La forma republicana de Estado puede ser la que mejor articule libertad e igualdad, la que mejor procure el ejercicio de virtudes cívicas y la que mejor sirva a la justicia social con libertad, a la vigencia integral de los derechos humanos, derechos de los pueblos y derechos de la naturaleza.

“La gran tradición histórica de la libertad republicana… se dividía entre el republicanismo democrático y el oligárquico o antidemocrático… La tradición republicana asocia la libertad a la independencia material, y esta característica es común tanto a la variante democrática como a la oligárquica… Así que la concepción de la libertad es la misma en las dos grandes variantes lo que las diferencia (y no es poca cosa) es la población a la que se debe llegar: a los ricos que tienen la existencia material garantizada, para los oligárquicos; a toda la población a la que debe garantizarse esta existencia material, para los democráticos”10.

Colombia no puede seguir en el esquema de una república elitista, oligárquica o señorial. Hoy existe en el país la posibilidad de una democracia más directa, democracia de verdad participativa (asociativa, deliberativa, informatizada), en suma, se hace posible tener por fin una república realmente democrática. El Punto 2 de La Habana contiene la mayor parte de los cambios normativos e institucionales que requiere hoy la democracia colombiana. La reforma política en él contemplada no se ha realizado. Es urgente realizarla.

 

El sujeto plural y el accionar político transformador

 

Cierto es que la paz total y definitiva11, la democracia de alta intensidad, la agenda de sociedad que surge de la movilización y de los acuerdos de paz, suscritos y por suscribir, la demanda de cambio que se va interiorizando y expandiendo prefiguran al presente un proyecto de país al cual lógicamente tiene que corresponder la construcción de un amplio sujeto plural, bloque histórico, convergencia, unión, confluencia de los inconformes y alternativos (coalescencia más que yuxtaposición) para enrumbarse, con clarividencia y decisión, hacia el ejercicio de hegemonía como direccionalidad incluyente de la nación entera y, por ende, sujeto determinado a ser poder y ser gobierno.

Los jóvenes reclaman condiciones favorables para superar la incertidumbre y hacer realidad sus proyectos de vida. La transformación democrática vendrá de la mano de la juventud inconforme que no se resigna a vivir en un país de privilegios para unos pocos y de estrechez para las mayorías, entre ellas los inmensos conjuntos en la informalidad y el precariado.

A pesar de la ofensiva criminal contra los líderes y lideresas sociales, que destruye de manera irreparable el tejido social, un movimiento constituido por variadas formas organizativas de base se gesta en los territorios. La organización para la marcha, el cacerolazo y el paro surgida con ocasión de la ola de movilización iniciada el 21N debe adquirir permanencia y sostenibilidad, sin perder flexibilidad, como embrión de poder ciudadano, social y popular en el espacio rural, en territorios étnicos y en el espacio urbano de pequeñas y grandes ciudades12.

El amplio e imaginativo despertar ciudadano que se advierte al presente no puede quedarse en un estadio prepolítico y corporativo sino que, convertido en un accionar político transformador –mediante el debate, la iniciativa cultural y la articulación en pluralidad– tiene que tender a hacer realidad la república democrática para materializar el vivir, buen vivir y convivir que sintetiza la utopía real en esta tercera década del nuevo siglo (Arcadia progresista).

El pueblo colombiano avanza hacia una democracia de alta intensidad, las élites tradicionales se agotan, se aproxima la república democrática, los jóvenes están en el centro de la escena. Un nosotros transformador se afianza frente a un ellos conservadurista.

Estamos ante acontecimientos que constituyen síntesis de un pasado de lucha al tiempo que son germen de un futuro de victoria. El cambio es posible, se precisa volverlo ineludible. ¿Qué harán las fuerzas sociales, políticas y culturales alternativas frente a los retos que se avecinan?

Camilo Castellanos, hay que reconocerlo, tiene razón cuando señala: “Hay días en la vida de una nación que… con feliz feracidad dan paso a procesos transformadores”.


1 Grafitis en sitios céntricos de Bogotá: “La prosperidad de una nación es la REVOLUCION”, “Si no eres parte de la solución, sigues siendo parte del PROBLEMA”, “Mientras no nos dejen soñar, no los dejaremos dormir”, “Creemos en la utopía porque la realidad nos parece imposible”, “Si los de abajo se mueven, los de arriba se caen!”, “Cuando tú pierdas el miedo, ellos pierden el poder”, “Quieren enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas”, “Sin líderes sociales no hay democracia”, “Desmonte del Esmad ¡ya!”, “Soy artista, no terrorista”, “Allanar y censurar provoca paro nacional”, “Hasta que la dignidad se haga costumbre”.
2 “Arcadia regresiva”, “Arcadia progresiva” son expresiones del analista uruguayo Gerardo Caetano para identificar respectivamente los proyectos de retroceso y de avance democrático (2019).
3 Ver El Aprendiz del Embrujo, finge la paz, reinventa la guerra y privatiza lo público, balance del primer año de Iván Duque, Plataforma Democracia y Desarrollo, Coordinación Colombia Europa Estados Unidos, La Alianza, Bogotá, septiembre de 2019.
4 En febrero de 2019 se constituyó el movimiento Defendamos la Paz –DLP–, con inmensa amplitud y pluralidad, por iniciativa de las bancadas parlamentarias que hicieron con éxito la defensa de la JEP ante las objeciones del Gobierno a la Ley estatutaria de la misma. DLP desarrolla actividades permanentes en el campo de la opinión, la movilización y la diplomacia por la paz.
5 Múnera Ruiz, Leopoldo, La ambivalencia de la violencia y las encrucijadas de la paz (guía de exposición), Bogotá, julio de 2019 (pro manuscrito).
6 Castellanos, Camilo, Los pueblos del nueve de abril, Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, 2016, pág. 122.
7 García Villegas, Editor, ¿Cómo Mejorar a Colombia? IEPRI UNal-Ariel, Bogotá, 2018. Ver las siete propuestas básicas en la introducción.
8 La expresión “reforma intelectual y moral” es de Antonio Gramsci (Quaderni 4,7, 10, 11, 13, 14, 16, 19, 21, 26, 27); uno de los lemas más característicos de Jorge Eliécer Gaitán y de su movimiento fue precisamente este: “Por la restauración moral y democrática de la república: ¡A la carga!” (de memoria).
9 Domenech, Antoni, El Eclipse de la fraternidad, una revisión republicana de la tradición socialista, akal, 2ª Edición, Barcelona, 2019, pág. 557.
10 Para este concepto ver la columna del Senador Iván Cepeda Castro La paz total y definitiva, El Espectador, 18.07.19.
11 Otras alcaldías se ganaron en poblaciones intermedias como la de Turbaco, cerca a Cartagena de Indias, donde el triunfador fue Gustavo Torres (Julián Conrado) del nuevo partido de la rosa (Farc) en coalición con Colombia Humana.
12 Una presentación comprensiva de enfoques y prácticas innovadores puede verse en el texto de Isabel Rauber: Los movimientos sociales en tiempos de contrarrevolución preventiva global, noviembre de 2017.

* Investigador social, columnista, Presidente de la Asociación de estudios y acción política Democracia Hoy DEMHOY. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enColombia
Lunes, 02 Marzo 2020 06:13

La guitarra de Woody

La guitarra de Woody

La guitarra de Woody Guthrie tenía grabada la frase "esta máquina mata a fascistas".

Esa guitarra viajó por todo el país, acompañando canciones de luchas sociales, huelgas, migrantes, desafíos y sobre todo de solidaridad entre los muchos que enfrentan la injusticia a manos de los pocos, o sea, canciones de amor y rabia desde abajo.

Tal vez la más conocida, aunque también censurada, es su himno This land is your land ( Esta tierra es tuya), escrita hace justo 80 años en la ciudad de Nueva York, una respuesta furiosa a una canción patriótica que se llama God Bless America. Esta tierra es tuya resume la disputa que hoy es más contemporánea que nunca, sobre a quién le pertenece este país.

Lo que está al fondo de la dinámica política y social en este país en este momento es que la desigualdad económica ha llegado a su punto más alto en medio siglo, algunos dicen que la concentración de riqueza es la más extrema en 80 años (más o menos cuando se escribió esa canción). Por ejemplo, los tres hombres más ricos del país son dueños de más riqueza que 50 por ciento de la población más pobre, y el 5 por ciento más rico de los estadunidenses son dueños de dos tercios de la riqueza nacional (https://inequality.org/facts/wealth-inequality/). La disputa política y electoral tiene que ver en gran medida con las consecuencias y la respuesta a eso y, a la vez, con la democracia misma.

Louis D. Brandeis, juez de la Suprema Corte y uno de los intelectuales constitucionalistas más importantes de Estados Unidos, declaró hace más de un siglo: "Podemos tener democracia o podemos tener la riqueza concentrada en las manos de unos pocos, pero no podemos tener ambas".

Algunos señalan que Trump es una respuesta populista de derecha a estas condiciones. A la vez, el movimiento en apoyo de Bernie Sanders ofrece una expresión progresista a las mismas condiciones. Ambas cosechan la furia contra las cúpulas políticas y económicas que en todo sus sentidos han anulado el llamado sueño americano al imponer una agenda neoliberal sobre la economía más rica de la historia.

La apuesta de Trump toma prestados algunos de los ingredientes clásicos del fascismo histórico pero sin la coherencia ideológica, lo cual ya está ampliamente documentado. Pero vale subrayar que a pesar de los gritos de que la democracia está en jaque con este régimen, ese proyecto cuenta con la complicidad suficiente de las cúpulas económicas y políticas del país como la cooperación "pragmática" de otros gobiernos. Hemos visto esta película.

No es por causalidad que el nuevo proyecto de David Simon (el creador de las series extraordinarias The Wire y Treme, entre otras), que se estrenará próximamente, es una serie basada en la novela de Phillip Roth El complot contra America, cuya premisa es descartar la noción de que "eso no puede ocurrir aquí", al imaginarse cómo un nazi (el famoso aviador, quien era un simpatizante nazi en la vida real –o sea, una celebridad–, Charles Lindbergh) se vuelve presidente de Estados Unidos en 1940 y busca imponer su poder sobre las tres ramas del gobierno, explorando el culto de celebridad y la tiranía de una mayoría que de repente apoya a un político sin escrúpulos, y la lucha de resistencia contra el abuso del poder que no necesariamente triunfa.

La nación y sus nociones, ilusiones y realidades democráticas están en disputa. Por ahora no se sabe de quién es este país.

La canción de Guthrie incluye un par de versos frecuentemente censurados en escuelas y otros lugares:

“Ahí había un alto muro ahí que intento pararme / El letrero ahí decía ‘Propiedad Privada’ / Pero del otro lado, no decía nada / Ese lado fue hecho para ti y para mí”.

Otro más:

"Una mañana asoleada en la sombra del campanario / Por la oficina de asistencia social vi a mi gente / Mientras estaban ahí hambrientos / Me quede ahí preguntándome / ¿Esta tierra fue hecha para ti y para mí?"

Llegó la hora para sacar la guitarra de Woody.

"https://www.youtube.com/ watch?v=wxiMrvDbq3s" https://www.youtube.com/ watch?v=wxiMrvDbq3s. "https://www.youtube.com/ watch?v=6IfehzGF9GE" https://www.youtube.com/watch?v=6IfehzGF9GE." https://www.youtube.com/ watch?v=dS0OQ9HP3Oo" https://www.youtube.com/watch?v=dS0OQ9HP3Oo

Publicado enCultura
Página 1 de 81