Movimientos sociales de izquierda: ¿qué táctica electoral?


La dificultad central de los movimientos sociales de izquierda es determinar la táctica electoral que les posibilitará ganar tanto en el corto plazo como en el mediano plazo. En la superficie parece que ganar en el corto plazo está en conflicto con ganar en el mediano plazo.

En el corto plazo, el objetivo primordial de un movimiento de izquierda debe ser el defender las necesidades urgentes de supervivencia de toda esa franja que constituye 99 por ciento de la población, pero en especial aquella gente situada en los estratos más pobres. Para lograr esto, un movimiento tiene que controlar las instituciones del Estado a todos los niveles. Esto significa participar en las elecciones.

En todos esos lugares donde las instituciones electorales permiten alguna transferencia de poder de una serie de funcionarios electos a otra serie de oposición, la necesidad obvia de los movimientos de izquierda es ganar dichas elecciones. Ganar esas elecciones puede, no obstante, desactivar la capacidad de los movimientos de izquierda para ganar la batalla de mediano plazo que entraña la opción fundamental de cuál sistema (o sistemas) saldrá ganador de la crisis estructural de nuestro sistema-mundo capitalista existente. El modo de evitar esto es nunca involucrarse en la política electoral.

Involucrarse en las elecciones tiene dos efectos negativos sobre los movimientos sociales de izquierda. Primero, los distrae de organizar la batalla de mediano plazo. Y desilusiona a los miembros, que lo ven como venderse por el llamado a votar por personas que no están comprometidas con transformar el sistema-mundo.

¿Habrá alguna serie de tácticas electorales que haga posible escapar a estas consecuencias? Yo pienso que puede haber. La primera, y en un sentido la cosa más fácil de hacer, es discutir en extenso al interior del movimiento de izquierda la diferencia entre las temporalidades del corto plazo y el mediano plazo y el papel de las tácticas electorales en la lucha.

Justo el discutir este aspecto dentro del movimiento social de izquierda ayudaría a mantener junto el movimiento de izquierda y restauraría la confianza mutua. La discusión debería enfocarse en torno a los dos más grandes peligros. En el corto plazo, ganar las elecciones requiere de los votos de muchos que no tienen interés alguno en transformar el mundo. Estas personas exigen un precio por su respaldo.

Qué tan alto es el precio, varía. Qué tan mínimo puede ser el pago que un movimiento social pueda hacer, también varía. Cada batalla electoral es diferente.

El otro peligro es la desilusión. De nuevo, cada situación varía. Pero evitar las ilusiones es siempre la forma de combatir la desilusión. Por supuesto deben celebrarse las victorias nacionales o locales. Pero nunca deben tratarse como algo más que victorias que frenan la brecha, porque se dirigen a proteger a los estratos más pobres.

Creo que es posible para los movimientos sociales el navegar en esos peligrosos bajíos de la política electoral. Al negarse a abrazar o a rechazar definitivamente la política electoral, podemos descubrir que ganar en el corto plazo puede entrenar a los miembros para la batalla de mediano plazo.

De ese modo, los movimientos sociales de izquierda podrían, de hecho, hacer ambas cosas a la vez –ganar las batallas del corto plazo y del mediano plazo. En realidad, lejos de entrar en conflicto una con la otra, ésta es la única forma en que los movimientos sociales de izquierda puedan triunfar en cualquiera de estas batallas.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

© Immanuel Wallerstein

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Domingo, 03 Diciembre 2017 14:34

El triste Sur de nuestra América

El triste Sur de nuestra América

Algo hay que celebrar en la primera vuelta de las elecciones chilenas del pasado mes: las proyecciones de los institutos encargados de los sondeos se equivocaron olímpicamente. La agrupación Frente Amplio tendría, acorde a los institutos, 8% de los votos.


Bueno: tuvo el 20%, y con eso se hizo fuerza esencial para que, en la segunda vuelta, el derechista Sebastián Piñera sea derrotado.


Los integrantes del Frente Amplio son jóvenes. Tan jóvenes que entre sus dirigentes nadie tenía 35 años, edad mínima para presidir Chile. Comparada la edad de su candidata, Beatriz Sánchez, a la de los creadores del Frente Amplio, a sus 46 años la conocida periodista suena a veterana.


El ex presidente Sebastián Piñera obtendría, acorde a los sondeos, 45% de los votos. Tuvo que contentarse con 36%. Irá debilitado a la segunda vuelta, el 17 de diciembre.


En la primera, sin embargo, hubo un dato que merece atención: el diputado José Antonio Kast, declarado admirador de Augusto Pinochet, obtuvo 7,9% de los votos.


Asusta que pasado tanto tiempo un católico ultraconservador logre semejante cantidad de votos. Entre otras preciosidades, Kast aseguró, el 19 de noviembre que ‘si estuviese vivo, estoy seguro de que hoy el general Pinochet votaría por mí’.


Siete elecciones después del fin, hace ya 27 años, de la más sangrienta dictadura padecida por Chile el tenebroso fantasma de Augusto Pinochet sigue acechando a la sociedad chilena.


¿Sería un reflejo de la gran ola que sacude a Sudamérica trayendo el retorno de una derecha desenfrenada? Es como si el muy derechista Piñera no fuese suficiente para parte significativa del electorado.


En la vecina Argentina el gobierno de Mauricio Macri, reforzado por los resultados de las elecciones que renovaron parte del Congreso ahora en octubre, destroza conquistas sociales de décadas. A ejemplo de su vecino Michel Temer, alzado a la presidencia brasileña gracias al golpe institucional del año pasado, Macri implementa lo que llama de ‘reformas’.


Con una inflación que seguramente será muy superior a los 25 por ciento este año, el gobierno de Macri anunció que el reajuste de las jubilaciones será de 5,1. Bastante más sonoros son los aumentos de las tarifas de gas (58 por ciento) y luz (47 ahora y otros 28 en febrero).


Desde el inicio del régimen macrista, en diciembre de 2015, el precio de la energía eléctrica de los argentinos subió astronómicos 1.200 por ciento. El gas tuvo un aumento más modesto: 400 por ciento.


El país está corroído por la creciente violencia contra movilizaciones populares, por una interferencia cada vez más descarada del gobierno  en el judiciario, por la condena absurda de la militante social Milagro Sala, por la implacable campaña de asfixia a medios de comunicación que no se arrodillan frente al altar en que Mauricio Macri está instalado.


Alrededor de 32% de los argentinos viven en la situación que los organismos internacionales llaman de estado de pobreza. Pero Macri y sus asesores no cesan ni por un minuto sus reiteradas exaltaciones a la recuperación nacional.


En el vecino Brasil el cuadro es aún más sombrío. El gobierno de Temer impuso lo que también llama de ‘reformas’ y anuncia, día sí y el otro también, que el país está en pleno proceso de recuperación.


Entre otras hazañas aplaudidas frenéticamente por la sacrosanta e invisible institución llamada mercado está la reducción de los gastos públicos que destrozó el ya muy débil sistema de salud pública y provocó destrozos en la educación pública en todos sus niveles.


Otra reforma destrozó conquistas de más de medio siglo: la legislación laboral. Como resultado, un trabajador que no cobre siquiera el salario mínimo (que corresponde a unos 300 dólares) tendrá que cubrir la diferencia para llegar a la contribución social mínima. O sea, pagar para trabajar.


Mientras entrega al gran capital global partes esenciales del patrimonio público, empezando por el petróleo y la energía eléctrica, el más impopular presidente de la historia brasileña acompaña, sonriente, las acciones de la más mediocre y antiética legislatura desde el final de la dictadura, en 1985.


Entre otras maravillas, sus excelencias del Congreso lo libraron dos veces de ser llevado a la corte suprema para responder por escándalos de corrupción. En un caso insólito y que en otras circunstancias sería risible, Temer fue absuelto por exceso de pruebas en su contra.


Tanto en la Argentina de Macri como en el Brasil de Temer, los sacerdotes del neoliberalismo más fundamentalista tienen bien iluminados sus altares. Las misas negras enriquecen a los ricos muy ricos y sofocan a los de siempre, los ninguneados, los que se hicieron visibles bajo los gobiernos de los Kirchner, de Lula da Silva y de Dilma Rousseff y ahora volvieron a ser invisibles.


El uno por ciento de los brasileños ganan a cada año lo mismo que el 52 por ciento de la población. O sea, el único y concreto programa de recuperación impuesto por el gobierno de Temer es el que ayuda a preserva privilegios.


En semejante escenario, una victoria de Sebastián Piñera en Chile, el domingo 17 de diciembre, significaría la consolidación de un triángulo de entreguismo y retroceso. Eso que los dueños del capital llaman de reforma y recuperación.


Pobre, pobre Sur de América.

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Una crítica libertaria de la izquierda del capitalismo

 

La proletarización del intelectual casi nunca genera un proletario. ¿Por qué? Porque la clase burguesa, bajo la forma de la educación, le impartió desde la infancia un medio de producción que –sobre la base del privilegio educativo– hace que el intelectual sea solidario con dicha clase, y en una medida acaso mayor, hace que esta clase sea solidaria con él. Tal solidaridad puede pasar a un segundo plano, e incluso descomponerse; pero casi siempre sigue siendo lo bastante fuerte como para impedir que el intelectual esté siempre listo para actuar, o sea, para excluirlo estrictamente de la vida en el frente de batalla que lleva el verdadero proletario
 
Walter Benjamín, Reseña de “Los Empleados”,

 

de Siegfried Krakauer

El capital ha proletarizado al mundo y a la vez ha suprimido visiblemente las clases. Si los antagonismos han quedado subsumidos e integrados y ya no hay lucha de clases, entonces no hay clases. No hay clases rebeldes, ni tampoco sindicatos en el sentido genuino del término. En efecto, si el escándalo de la separación social entre poseedores y desposeídos, entre dirigentes y dirigidos, entre explotadores y explotados, ha dejado de ser la fuente principal de conflicto social y las escasas luchas que se originan transcurren siempre dentro del sistema sin cuestionarlo jamás, eso es porque no hay clases en lucha, sino masas a la deriva. Los sindicatos y los partidos “obreros”, la carcasa de una clase disuelta, persiguen otro objetivo: el mantener la ficción de un mercado laboral regulado y de una política socialista. Hoy en día el obrero es la base del capital, no su negación. Éste a través de la tecnología se adueña de cualquier actividad y su principio estructura toda la sociedad: realiza el trabajo, transforma el mundo en mundo tecnológico de trabajadores consumidores, trabajadores equipados con artefactos técnicos que viven para consumir. Fin de una clase obrera aparte, exterior y opuesta al capital, con sus propios valores; tecnificación, generalización del trabajo asalariado y adhesión a los valores mercantiles. Genocidio cultural y fin también de la polarización abrupta de las clases en el capitalismo. La sociedad no se divide en un 1% de elite financiera que decide y un 99% de masas inocentes y uniformes sin poder de decisión. Las masas se hallan terriblemente fragmentadas, jerarquizadas y comprometidas de grado o por fuerza con el sistema; sus fragmentos intermedios, cada vez más numerosos, enfermos de prudencia, desempeñan un papel esencial en la complicidad. La división entre oligarquías dirigentes por un lado y masas excluidas por el otro queda amortiguada con un amplio colchón de clases medias (middle class), una categoría social diferenciada, con sus propios intereses y su propia conciencia “ciudadana”. Las clases medias son al capitalismo de consumo, a la sociedad del espectáculo, lo que la clase obrera fue para la utopía socialista y la sociedad de clases. Las clases medias modernas no se corresponden con la antigua pequeña burguesía, sino con las capas de asalariados diplomados ligados al trabajo improductivo. Han nacido con la racionalización, la especialización y burocratización del régimen capitalista, alcanzando dimensiones considerables gracias a la terciarización progresiva de la economía (y de la tecnología que la hizo posible). Son los estudiantes de antaño: ejecutivos, expertos, cuellos blancos y funcionarios. Cuando la economía funciona dichas clases son pragmáticas, luego partidarias en bloque del orden establecido, o sea, de la partitocracia. Denominamos partitocracia al régimen político adoptado habitualmente por el capitalismo. Es el gobierno autoritario de las cúpulas de los partidos (sin separación de poderes), nacido de un desarrollo constitucional regresivo (que suprime derechos), y constituye la forma política más moderna que reviste la dominación oligárquica. El Estado partitocrático determina de alguna forma la existencia privada de las clases en cuestión. El divorcio entre lo público y lo privado es lo que dio lugar a la burocracia administrativo-política, parte esencial de estas clases. Por su situación particular, las clases medias son dadas a contemplar el mercado desde el Estado: lo ven como mediador entre la razón económica y la sociedad civil, o mejor, entre los intereses privados y el interés público, que es así como consideran su interés “de clase”. Igual que la antigua burguesía, sólo que ésta contemplaba el Estado desde el mercado. Sin embargo, Estado y mercado son las dos caras de un mismo dios –de una misma abstracción– por lo que desempeñan el mismo papel. En condiciones favorables, las que permiten un consumismo abundante, las clases medias no están politizadas, pero la crisis, al separar el Estado partitocrático del Estado del bienestar consumidor, determina su politización. Entonces de su seno surgen pensadores, analistas, partidos y coaliciones hablando en nombre de toda la sociedad, teniéndose por su representación más auténtica.

Nos encontramos inmersos en una crisis que no sólo es económica sino total. Se manifiesta tanto en el plano estructural en la imposibilidad de una sobrecapacidad productiva y un crecimiento suficiente, como en el plano territorial con los efectos destructores de la industrialización generalizada. Tanto en el plano material, como en el moral. Sus consecuencias son la multiplicación de las desigualdades, la exclusión, la degradación psíquica, la contaminación, el cambio climático, las políticas de austeridad y el aumento del control social. En la fase de globalización (cuando ya no existe clase obrera en el sentido histórico de la expresión) se ha producido de forma muy visible un divorcio entre los profesionales de la política y las masas que la padecen, que se acentúa cuando la crisis alcanza y empobrece a las clases medias, la base sumisa de la partitocracia. La crisis considerada sólo bajo su aspecto político es una crisis del sistema tradicional de partidos, y por descontado, del bipartidismo. La corrupción, el amiguismo, la prevaricación, el despilfarro y la malversación de fondos públicos resultan escandalosos no porque se hayan institucionalizado y formen parte de la administración, sino porque el paro, la precariedad, los recortes presupuestarios, las bajadas salariales y la subida de impuestos afectan a dichas clases. Las clases medias carecerán de pudor, serán indiferentes a la verdad, pero son conscientes de sus intereses, puestos en peligro por la clase política tradicional. Entonces, los viejos partidos ya no bastan para garantizar la estabilidad de la partitocracia. En los países del sur de Europa la ideología ciudadanista refleja perfectamente esa reacción desairada de las clases susodichas. Contrariamente al viejo proletariado que planteaba la cuestión en términos sociales, los partidos y alianzas ciudadanistas la plantean exclusivamente en términos políticos. Se dirigen a un nuevo sujeto, la ciudadanía, conjunto abstracto de individuos con derecho a voto. En consecuencia, consideran la democracia, es decir, el sistema parlamentario de partidos, como un imperativo categórico, y la delegación, como una especie de premisa fundamental. Así pues, el vocabulario progresista y democrático de la dominación es el que mejor corresponde a su universo mental e ideológico. Hablan en representación de una clase universal evanescente, la ciudadanía, cuya misión consistiría en cambiar con la papeleta una democracia de mala calidad por una democracia buena, “de la gente”. Así pues, el ciudadanismo es un democratismo legitimista que reproduce tópico por tópico al liberalismo burgués de antaño y con mucho alarde trata de correrlo hacia la izquierda. La crema fundadora de los nuevos partidos ciudadanistas proviene del estalinismo y del izquierdismo; para ella la palabrería democrática equivale a una actualización de las viejas cantinelas autoritarias y vanguardistas de corte leninista, que todavía asoman como actos fallidos en la prosodia verbal de algunos dirigentes. Formalmente pues, se sitúa en la izquierda del sistema. Claro, ya que es la izquierda del capitalismo.

La mayoría de los nuevos partidos y alianzas, dirigidos principalmente por profesores, economistas y abogados que, inspirándose en el cambio de rumbo de la izquierda populista latinoamericana y griega, o lo que viene a ser lo mismo, identificando las instituciones tal cuales como el principal escenario de la transformación social, trasladan a los consistorios y parlamentos las energías que antes se disipaban en las fábricas, en los barrios y en la calle. En realidad tratan de cambiar una casta burocrática mala por otra supuestamente buena a través de comicios y posteriores componendas, algo en lo que siempre habían fracasado el neoestalinismo y el izquierdismo. Aspiran a convertirse en la nueva socialdemocracia –para el caso ibérico, bien constitucionalista o bien separatista–. Todo depende de los votos. La revolución ciudadanista empieza y termina en las urnas. Las reformas dependen exclusivamente de la aritmética parlamentaria, o sea, de la gobernabilidad institucional, algo que tiene que ver más con la predisposición a los pactos de la socialdemocracia vieja o del estalinismo renovado. Se han de conseguir nuevas mayorías políticas “de cambio” para asegurar la “gobernanza”, ya que nadie desea una ruptura social, ni siquiera los que persiguen una ruptura nacional, sino una “democracia de las personas”: una partitocracia más atenta con sus creyentes. La desmovilización, el oportunismo y la rápida burocratización que ha seguido a las diversas campañas electorales demuestran que los agitadores de la víspera se vuelven gestores responsables a la hora de instalarse en las instituciones. El resto de los mortales han de conformarse con ser espectadores pasivos del juego mezquino de la política con sus representaciones gestuales de cara a la galería, puesto que la actividad institucional ha eliminado precisamente del escenario a “las personas”. El espectáculo político es un poderoso mecanismo de dispersión.

La derecha del capital ha venido apostando por la desregulación del mercado laboral y por la tecnología, generando más problemas que los que pretendía resolver. Por el contrario, imitando el modelo desarrollista latinoamericano, la izquierda del capital apuesta en cambio por el Estado, ya que en periodos de expansión económica mundial, con el precio de las materias primas por las nubes, podía desviarse parte de las ganancias privadas hacia políticas sociales, y en periodos de recesión podía evitarse que las masas asalariadas, y sobre todo las clases medias, soportaran todo el coste de la crisis: algo de neokeynesianismo en el cocido neoliberal. De ahí viene una cierta verborrea patriótica anti Merkel o anti troika, pero no antimercado: se quiere un Estado social soberano “en el marco de la Unión Europea”, es decir, bien avenido con las finanzas mundiales. Aunque la crisis no pueda superarse, puesto que es “una depresión de larga duración y alcance global” según dicen los expertos, la reconstrucción del Estado como asistente y mediador quiere demostrar que se puede trabajar para los mercados desde la izquierda. Y especialmente para el mercado que explota la materia prima “sol, playa y discoteca”, el petróleo de acá. Es más, los partidos ciudadanistas se creen en estos momentos los más cualificados para dejar las incineradoras en su sitio, respetar la privatización de la sanidad, imponer recortes y cobrar nuevos impuestos. Para los ciudadanistas el Estado es tan sólo el instrumento con el que tratar de maquillar las contradicciones generadas por la globalización, no el arma encargada de abolirla. La preservación del Estado y no el fin del capitalismo es pues la prioridad máxima de los nuevos partidos, de ahí que su estrategia de asalto a las instituciones, ridículo sucedáneo de la toma del poder leninista, se apoye sobre todo en los electores conformistas y resignados decepcionados con los partidos de siempre y subsidiariamente, en los movimientos sociales manipulados. Por desgracia, los abogados y los militantes con propensión a convertirse en vedettes han conseguido monopolizar la palabra en la mayoría, neutralizando así todo lo que estos movimientos podían tener de antiautoritario y subversivo. La actividad institucional promueve una lectura reformista de las reivindicaciones colectivas y anula cualquier iniciativa moderada o radical de la base.

En definitiva, el ciudadanismo no trata de cambiar la sociedad sino de administrar el capitalismo –dentro de la eurozona– con el menor gasto y también con la menor represión posible para las clases medias y sus apoyos populares. Intenta demostrar que una vía alternativa de acumulación capitalista es posible y que el rescate de las personas (el acceso al estatuto de consumidor) es tan importante como el rescate de la banca, es decir, que el sacrificio de dichas clases no solamente no es necesario, sino que es contraproducente: no habrá desarrollo ni mundialización sin ellas. Quiere aumentar el nivel de consumo popular y volver al crédito a mansalva, no transformar de arriba abajo la estructura productiva y financiera. Por consiguiente, apela a la eficacia y al realismo, no al decrecimiento, los cambios bruscos y las revoluciones. El diálogo, el voto y el pacto son las armas ciudadanistas, no las movilizaciones, las ocupaciones o las huelgas generales. Pocos son los ciudadanistas que se han significado en una lucha social. Lo que quieren es un diálogo directo con el poder fáctico, y con “las personas” un diálogo virtual-mediático. Las clases medias son más que nada clases pacíficas y conectadas al espacio virtual: su identidad queda determinada por el miedo, el espectáculo y la red. En estado puro, o sea, no contaminadas por capas más permeables al racismo o la xenofobia tales como los agricultores endeudados, los obreros desclasados y los jubilados asustados, no quieren más que un cambio tranquilo y pausado, desde dentro, hacia lo mismo de siempre. En absoluto desean la construcción colectiva de un modo de vida libre sobre las ruinas del capitalismo. Por otra parte, en estos tiempos de reconversión económica, de extractivismo y de austeridad, hay poco margen de maniobra para reformas, por lo que los partidos ciudadanistas “en el poder” han de contentarse con actos institucionales simbólicos, de una repercusión mediática perfectamente calculada. En la coyuntura actual, el nacionalismo resulta de gran ayuda, al ser una mina inagotable de poses. Las burocracias ciudadanistas dependen de la coyuntura mundial, del mercado en suma, y éste no les es favorable ni lo será en el futuro. En definitiva, sus gestos rompedores ante las cámaras han de esconder su falta de resultados cuanto más tiempo mejor, a la espera o más bien temiendo la formación de otras fuerzas, antiespectáculo, anticapitalistas o simplemente antiglobalizadoras, más decididas en un sentido (un totalitarismo mucho más duro) o en otro (la revolución).

El capitalismo declina pero su declive no se percibe igual en todas partes. No se ha considerado la crisis como múltiple: financiera, demográfica, urbana, emocional, ecológica y social. Ni se tiene en cuenta que fenómenos tan diversos como la egolatría post moderna, el nacionalismo y las guerras periféricas son responsabilidad de la mundialización capitalista. En el sur de Europa la crisis se interpreta como un desmantelamiento del “Estado del bienestar” y un problema político. En el norte, con el Estado del bienestar aún mal que bien en pie, tiende a tomarse como una invasión musulmana y una amenaza terrorista, o sea, como un problema de fronteras y de seguridad. Todo depende pues del color, la nacionalidad y la religión de los asalariados pobres (working poor), de los inmigrantes y de los refugiados. La división internacional del trabajo concentra la actividad financiera en el norte europeo y relega el sur al rango de una extensa zona residencial y turística. Por eso el sur es mayoritariamente europeísta y opuesto a la austeridad; su prosperidad depende del “bienestar” consumista norteño. El norte es todo lo contrario; su prosperidad y buena conciencia “democrática” dependen de la eficacia sureña en el control de los pasos fronterizos y de las aguas mediterráneas. La reacción mesocrática es contradictoria, pues por una parte la ilusión de reforma y apertura domina, pero, por la otra, se impone el modo de vida industrial en burbuja y la necesidad de un control absoluto de la población, lo que a la postre significa un estado de excepción “en defensa de la democracia”. A eso Bataille, Breton y otros llamaron “nacionalismo del miedo”. Las mismas clases que votan a los ciudadanistas en un sitio, votan a la extrema derecha en el otro. Los libertarios –los amantes de la libertad entendida como participación directa en la cosa pública– han de entender esto como propio de la naturaleza ambivalente de dichas clases, que se dejan arrastrar por la situación inmediata. Han de denunciar este estado de cosas e intentar construir movimientos de protesta autónomos en el terreno social y cotidiano “a defender”. Pero si las condiciones objetivas para tales tareas están dadas, las subjetivas brillan por su ausencia. Hoy por hoy, las clases medias llevan la iniciativa y los ciudadanistas la voz cantante. No abunda la determinación de usar la inteligencia y la razón sin dejarse influir por los tópicos característicos del ciudadanismo. La abstención podría ser un primer paso para marcar distancias. No obstante, la perspectiva política solamente se superará mediante una transformación radical –o mejor una vuelta a los comienzos– en el modo de pensar, en la forma de actuar y en la manera de vivir, apoyándose aquellas relaciones extra-mercado que el capitalismo no haya podido destruir o cuyo recuerdo no haya sido borrado. Asimismo mediante un retorno a lo sólido y coherente en el modo de pensar: la crítica de la concepción burguesa posmoderna del mundo es más urgente que nunca, pues no es concebible un escape del capitalismo con la conciencia colonizada por los valores de su dominación. La necesaria desaculturación (desalienación) que destruya todas las identidades de guardarropía (tal como las llama Bauman) que nos ofrece el sistema, así como todos los disfraces deconstructivos del individualismo castrado, ha de cuestionar seriamente cualquier fetiche del reino de la mercancía: el parlamentarismo, el Estado, la “máquina deseante”, la idea de progreso, el desarrollismo, el espectáculo... pero no para elaborar las correspondientes versiones “antifascistas” o “nacionales”. No se trata de fabricar una teoría única con respuestas y fórmulas para todo, una especie de moderno socialismo de cátedra, ni de anunciar la epifanía de una insurrección que nunca acaba de llegar. Tampoco se trata de forjar una entelequia (pueblo fuerte, clase proletaria, nación) que justifique un modelo organizativo arqueomilitante y vanguardista, claramente reformista, ni mucho menos de regresar literalmente al pasado sino, insistimos, de lo que se trata es de salirse de la mentalidad y la realidad del capitalismo inspirándose en el ejemplo histórico de experiencias convivenciales no capitalistas. La obra revolucionaria tiene mucho de restauración, por eso es necesario redescubrir el pasado, no para volver a él, sino para tomar conciencia de todo el acervo cultural y toda la vitalidad comunitaria sacrificadas por la barbarie industrial. El olvido es la barbarie.

Es verdad que las luchas anticapitalistas aún son débiles y a menudo recuperadas, pero si aguantan firme y rebasan el ámbito local, a poco que el desarreglo logre aniquilar políticamente a las clases medias, pueden echar abajo la vía institucional junto con el modo de vida dependiente que la sostiene. No obstante, la crisis en sí misma conduce a la ruina, no a la liberación, a menos que la exclusión se dignifique y tales fuerzas concentren un poder suficiente al margen de las instituciones. La crisis todavía es una crisis a medias. El sistema ha tropezado sobradamente con sus límites internos (estancamiento económico, restricción del crédito, acumulación insuficiente, descenso de la tasa de ganancia), pero no lo bastante con sus límites externos (energéticos, ecológicos, culturales, sociales). Hace falta una crisis más profunda que acelere la dinámica de desintegración, vuelva inviable el sistema y propulse fuerzas nuevas capaces de rehacer el tejido social con maneras fraternales, de acuerdo con reglas no mercantiles (como en Grecia), amén de articular una defensa eficaz (como en Rojava o en Oaxaca). La estrategia actual de la revolución (el uso de la exclusión y las luchas en función de un objetivo superior) ha de apuntar –tanto en la construcción cotidiana de alternativas como en la pelea diaria– hacia la erosión de cualquier autoridad institucional, la agudización de los antagonismos y la formación de una comunidad arraigada, autónoma, consciente y combativa, con sus medios de defensa preparados.

Los libertarios no desean sobrevivir en un capitalismo inhumano con rostro democrático y todavía menos bajo una dictadura en nombre de la libertad. No persiguen fines distintos a los de las masas rebeldes, por lo tanto no deberían organizarse por su cuenta dentro o fuera de las luchas. Se han de limitar a hacer visibles las contradicciones sociales confrontando sus ideas con las nuevas condiciones de dominación capitalista. No reconocen como principio básico de la sociedad un contrato social cualquiera, ni la lucha de todos contra todos o la insurrección permanente; tampoco pretenden basar ésta en la tradición, el progreso, la religión, la nación, la naturaleza, el yo o la nada. Pelean por una nueva sociedad histórica libre de separaciones, mediaciones alienantes y trabas, sin instituciones que planeen por encima, sin dirigentes, sin trabajo-mercancía, sin mercado, sin egos narcisistas y sin clases. Y asimismo sin profesionales de la anarquía. El proletariado existe por culpa de la división entre trabajo manual y trabajo intelectual. Igual pasa con las conurbaciones, fruto de la separación absurda entre campo y ciudad. Ambos dejarán de existir con el fin de las separaciones.

El comunismo libertario es un sistema social caracterizado por la propiedad comunal de los recursos y estructurado por la solidaridad o ayuda mutua en tanto que correlación esencial. Allí, el trabajo –colectivo o individual– nunca pierde su forma natural en provecho de una forma abstracta y fantasmal. La producción no se separa de la necesidad y sus residuos se reciclan. Las tecnologías se aceptan mientras no alteren el funcionamiento igualitario y solidario de la sociedad, ni reduzcan la libertad de los individuos y colectivos. Conducen a la división del trabajo, pero si ésta debiera producirse por causa mayor, nunca sería permanente. Al final, iría en detrimento de la autonomía. La estabilidad va por delante del crecimiento, y el equilibrio territorial por delante de la producción. Las relaciones entre los individuos son siempre directas, no mediadas por la mercancía, por lo que todas las instituciones que derivan de ellas son igualmente directas, tanto en lo que afecta a las formas como a los contenidos. Las instituciones parten de la sociedad y no se separan de ella. Una sociedad autogestionada no tiene necesidad de empleados y funcionarios puesto que lo público no está separado de lo privado. Ha de dejar la complicación a un lado y simplificarse. Una sociedad libre es una sociedad fraternal, horizontal y equilibrada, y por consiguiente, desestatizada, desindustrializada, desurbanizada y antipatriarcal. En ella el territorio recobrará su importancia perdida, pues contrariamente a la actual, en la que reina el desarraigo, será una sociedad llena de raíces.

 

1-Charla en la Cimade, Béziers (Francia), 29 enero 2016.

 

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Democracia de la Tierra y los Derechos de la Naturaleza

Vandana Shiva afirma que para la gente, una “democracia viva” es aquella que afecta a todos los aspectos de la vida, no solo a la vida humana, porque nos encontramos en un momento de la evolución en el que cualquier libertad de la especie humana debe incluir a la de otras especies, tanto animales como vegetales.

 

En un momento en que, alrededor del mundo, todo lo que existe debajo de la tierra está siendo extraído por corporaciones, que obtienen 17.000 millones de dólares de beneficios. Con toda esa cantidad de dinero, todas las restricciones e impedimentos legales, se derriban por la fuerza del dinero.

Hace unos meses atrás, casi por cinco días hubo imágenes del lodo rojo vertido en Hungría. Nadie conectaría el lodo rojo con el aluminio de las puertas de los salones, pero es la parte final de su producción. El aluminio está hecho con bauxita, por cada tonelada extraída de las minas, se produce una tonelada de desechos; 1300 barriles de agua son usados, 30.000 kilovatios de energía, pero todo esto es externalizado. Todo esto, en cada mina, es tomado debajo de la tierra y tornado a la superficie.

Por eso estuvimos felices, con el gran movimiento de resistencia contra la minería en la India que comenzó en 2006, en uno de los sitios más sagrados de la India llamado Niyamgiri, hogar de la tribu ancestral Dongria Kondh. Niya, significa “ley”. “La Montaña que se levanta sobre la Ley Universal” es el nombre en hindi para esta montaña. Los indígenas de la zona dijeron: “si ustedes derriban esta montaña, destruyen nuestro mundo”; porque todo está definido por esta montaña. Pero también tenían buenas razones científicas porque todos los arroyos y ríos que riegan el valle bajan de esta montaña, porque la bauxita es una muy buena fijadora de agua. Cada depósito de bauxita está junto a ríos y arroyos que salen de ella.

Existe una gran compañía con sede en India de nombre Vedantas, que justamente significa “El fin de los Vedas”. Los Vedas son el mayor grado de aprendizaje en esta cultura, detrás de ellos, está el real conocimiento del mundo. Esta compañía, que está devastando los derechos de la gente y sus ecosistemas, sobornan a las cortes, al Gobierno, y lograron, protecciones en cada nivel del Estado. Los indígenas de la zona fueron a la Corte Suprema, y un juez planteó, al aprobar este proyecto minero, que “todas las tribus y gentes de la selva debían ser civilizadas, debían ser sacadas de las junglas. Y la única manera de hacerlo era hacer funcionar la mina para que existiese crecimiento económico”. Esta montaña alberga tanta biodiversidad, tantas condiciones para la reproducción de especies, tenían semillas de más de 60 clases de mangos cultivados, piñas, naranjas, plantas medicinales, etcétera, y no necesitaban nada del mundo exterior, excepto sal; y a cambio de ella, tenían tanto para dar al resto del mundo.

Continuamos y persistimos apoyando con asesoramiento en el nivel científico y en la batalla jurídica. El Gobierno, eventualmente, tuvo que aceptar con vergüenza que había aprobado la construcción de esta mina. La compañía se retiró de la zona donde había trazado sus planes de operación y se acordó que se dejaría intacta la Montaña.

 

Economía

 

La única razón por la que la extracción petrolera, minera y todas las actividades destructivas que contaminan y destruyen la vida, sea definida como necesaria, es debido a una tramposa manera de presentar la relación costo-beneficio. Los costos siempre están ocultos y los beneficios siempre se encuentran exagerados. Además, los beneficios que, en realidad van a parar a las corporaciones se presentan como si la pobre tribu de repente se hubiese vuelto millonaria. Nunca dicen a dónde va el dinero. Nunca dirán que, en este momento, los commodities, que incluyen minerales y comidas –han convertido a la comida en commodities– es donde la mayoría del dinero hambriento de inversiones está yendo.

Cuando se trata de los ricos, los gobiernos tienen el dinero para gastar, así fue con los sesenta billones de dólares que dieron a los bancos. Desafotunadamente, siempre tienen el dinero para gastarlo en las cosas equivocadas; en bombas, en aviones de combate. Tienen el dinero para gastar en subvencionar a las grandes corporaciones e instituciones financieras, pero cuando se trata de asegurarse que el campesino reciba por sus productos un precio correcto, que la niñez tengan cobertura de salud, que todos puedan tener alimentos, entonces, de repente, están cortos de dinero. De pronto se han vuelto pobres. Y esta esquizofrenia de poseer riqueza ilimitada cuando se trata de ayudar a los ricos y tornarse miserables cuando se trata de ayudar a los pobres, es la fuente del error cuando definimos la economía.

La economía ya no es más eco-nomía; tiene la misma raíz lingüística que la palabra ecología. Ambas comparten su raíz en la palabra Oikos, que significa hogar. El hogar al que nos referimos es este planeta. Ecología es la ciencia de esta casa; la economía supuestamente debería ser la administración del manejo de este hogar. Mientras esto estuvo en manos de las comunidades locales, mientras estuvo en manos de sociedades democráticas, manejamos bien el hogar. No matamos a nuestros ríos, no talamos o destruimos nuestras selvas, no extrajimos hasta el último pedazo de mineral; no creamos hambre a través de un sistema alimentario que constantemente clama haber terminado con el hambre y la pobreza.

Hoy la economía es un elemento tan distante a cualquier noción de hogar y pertenencia. Ni al planeta ni a los hogares en términos de las economías domésticas de las familias. Oikos es un concepto vacío, vacío de hogar. Ya no se refiere al hogar-planeta, ni a la administración del hogar-familia de las economías domésticas.

 

La globalización

 

La globalización corporativa fue impulsada en las últimas dos décadas a través de dos instrumentos: el primero, aplicado hasta hace poco, en países del Sur; el ajuste estructural. Por supuesto, ahora el ajuste estructural está a las puertas en Islandia, Grecia y Portugal; es decir, el FMI ya no solo impone medidas de ajuste en el Tercer Mundo, ahora se ha vuelto un sistema global para hacer pagar a los pueblos y a la gente los errores generados por la codicia y la deshonestidad de las entidades financieras.

Cuando el mundo financiero es ahora, en sí mismo, tan deshonesto. Ahora las finanzas son 70 veces más grandes que la economía de bienes y servicios. Entonces, cuando unas finanzas son 70 veces más que el sector real de la economía, esas finanzas querrán controlar toda la economía. Este dinero hambriento está tan desesperadamente hambriento, que quiere la última gota de agua, la última biomasa, el último pedazo de alimento, etcétera, y lo quiere tomar en contra de los derechos de la naturaleza y de los derechos de la gente.

En India tenemos un poderoso artículo, el Nº21, que establece que el Estado “tiene la obligación de proteger la vida”. Este es el artículo en el que se basa cada proceso judicial ambiental, y se ha ganado cada uno de ellos, desde la minería de canteras, hasta la agricultura industrial contra la campesina, etcétera. El “deber del Estado de proteger la vida” significa que hay límites para las actividades comerciales que amenazan la vida. El primer caso ganado en la Suprema Corte de la India, tuvo un maravilloso juez, que sentenció que cuando el comercio amenaza la vida, el comercio debe ser detenido, porque la vida debe continuar.

El segundo instrumento es el de la globalización económica –la globalización corporativa. Esta perversión es la Organización Mundial del Comercio (OMC) y los nuevos Tratados de Libre Comercio que se imponen a los países, desde que se la detuvo exitosamente en Seattle. Un pequeño puñado de activistas sentimos que era tiempo de que los asuntos del libre comercio sean tratados por la esfera pública. Esto no era “libre comercio”, sino comercio forzoso; esto no era sobre el bienestar de la gente o de los pueblos, sino sobre el bienestar de las corporaciones.

En un debate con la gente de la OMC en Washington, ellos sostenían que el libre comercio trataba sobre la democracia, sobre el derecho de la gente de elegir y comprar lo que quieren, cuando lo quieran y elegir el país de donde lo quieren. Les contesté que este modelo confisca la libertad de los ciudadanos al producir cosas que la gente podría proveerse por sus propios medios para manejar sus vidas y así evitar convertirse en consumistas. El consumismo es lo opuesto a la libertad. La palabra consumo viene de la edad media, para referirse a las personas que morían de tuberculosis, para graficar el modo en el que morían consumidos por la enfermedad. Pero ahora la palabra consumo supuestamente define nuestros más altos estándares de vida. Nuestras economías se destruyen en el nombre del consumo y el derecho de cada uno a comprar lo que quiere, pero el hecho es que no todos podemos ser consumidores.

Lo que tenemos es una situación desquiciada en la que un gran país como China parece ser el único productor para el mundo. Este país ingresó a la OMC en el año mismo de la masacre de Tianamén con la aprobación de los EU, porque las corporaciones querían trasladar sus fábricas allá para reducir los costos con mano de obra barata y maximizar los beneficios de este modo, así como se mudaron a la India para abaratar los costos del software. ¿Pero quiénes han hecho todo este dinero? ¡Cuarenta billones de dólares como ganancias anuales adicionales extraordinarias para IBM y la industria del software!, esto es lo que llaman outsourcing; sacar las industrias de su base nacional.

Pero la mayor operación de outsourcing es trasladar la contaminación y las industrias extractivas para que actúen con mayor intensidad en los países del Sur. Finalmente, tienes un sistema que piensa que el crecimiento sin fin y el consumismo ilimitado pueden seguir adelante sin tomar en cuenta los límites ecológicos del planeta, sin los límites económicos de la gente. Pero si la gente está desempleada ¿cómo van a ser consumidores?

La gente está comprando más y más todos los productos defectuosos de China y lo hace cada vez porque las cosas se estropean bastante rápido. Si en una aldea tú haces tus propios zapatos de cuero, te duraran por 5 o 10 años, haces un buen chal –todavía uso el chal y el sari que me tejió mi madre– y te durará un buen trecho de tu vida, compras un producto que imita una gran marca en China y al segundo día, mágicamente, se ha desintegrado. Entonces, hay muchas y muchas ventas para hacer, porque el mismo producto se venderá 500 veces debido a su rápido desgaste; y así, compras muchas veces en el más claro anonimato, porque no importa de dónde venga el producto.

Ésta es otra marca de la globalización: borra la fuente en donde se produce, la torna anónima. Le dicen que no importa de dónde venga el producto, usted no tiene por qué saber esto. Después de Seattle, el jefe de la reunión de la OMC, dijo que la esta organización es la ‘Constitución del Mundo’. ¿Quién escribió la Constitución del Mundo? Monsanto, porque ellos escribieron la parte sobre los derechos de propiedad intelectual forzando a que sea necesario firmar tratados adicionales sobre este tema.

Siempre ha existido comercio, pero todo estaba basado en decisiones soberanas de los gobiernos respecto de lo que se debía intercambiar. Era comercio basado en soberanía. El nuevo comercio resta importancia a la soberanía. Los nuevos tratados incorporados a la OMC, no estuvieron antes en el Gatt1, son los tratados de propiedad intelectual que proclaman que las semillas son propiedad de Monsanto, porque la semilla es su creación. Ahora Monsanto está tomando el papel de Dios: “Hemos inventado la vida en la tierra, deben pagarnos regalías”. ¿En qué se traduce el pago de las regalías en lo referente a las semillas? Hemos aprendido una muy amarga lección. Antes era imposible para una compañía proclamarse inventores de la vida, porque una especie tiene su integridad, la vida tiene su integridad, su complejidad, etcétera. Si te molestas en poner un gen tóxico en una semilla y preparas un OGM2, no será este gen el que defina la reproducción de la próxima generación de semillas, sino la cadena original de la semilla en la que insertaste el gen tóxico. Así que la vida, en sí misma, no puede ser “ingeniada”, no es sujeto de la ingeniería. La introducción de un gen no es “ingeniería” de la vida.

La Navdanya, “el nuevo regalo”

Por ello empezamos Navdanya, para decir que esto es improcedente y que, además, una patente sobre una semilla significa que un campesino no puede guardar semillas. Los representantes de Monsanto combatieron este riesgo en la OMC, convertiendo en un delito al almacenamiento tradicional de semillas de los agricultores. Los derechos de propiedad intelectual fueron la criminalización de los derechos de guardar e intercambiar semillas. Esto constituye una clara violación a los derechos de la naturaleza y los derechos de los agricultores.

Empezamos Navdanya, que significa nueve semillas y al tiempo significa “el nuevo regalo”. El nombre de las nueve semillas lo aprendí de un agricultor indígena. Estaba haciendo selección de semillas y no estaba segura de que el concepto que circulaba en esa época, recursos genéticos3, fuese el apropiado para nuestro trabajo. Durante una investigación sobre recolección de semillas en un área y encontramos a un agricultor con nueve tipos de cultivos. Debido a mi oposición a los monocultivos, cada vez que veo a un agricultor con más de un cultivo, lo celebro. Le dije: tiene nueve cultivos, ¡qué bien!, el agricultor se volteó casualmente y me dijo: Sí, Navdanya... Le dije, me contestas como si fuese algo muy significativo, ¿lo es? Él me contestó: ¿No sabe usted nada? En ese momento entendí que puedes tener un PHD y en realidad no saber mucho.

No sabía que las nueve semillas recreaban los nueve planetas del sistema solar y que representaban el balance de la nutrición en nuestros cuerpos. Es una cosmología sobre la armonía ecológica de la vida, sobre la armonía nutritiva en nuestros cuerpos. Y ahí, me dije a mí misma: ¡Claro! Ésta es la palabra, porque las personas que están en Navdanya pueden enseñarnos sobre las maneras de recreación de la vida. Nya significa nuevo y Nav también significa “regalo”, y este es el nuevo regalo para la humanidad: la idea de que compartir no es un crimen, que los bienes comunes son vitales para nuestra sobrevivencia. Desde que empezamos este trabajo en 1987, declaramos todos los años que todos nuestros miembros –no se necesita dinero para ser miembro, solo firmar un compromiso– estamos comprometidos con la protección de la vida, la protección de la agrobiodiversidad; hemos recibido estas semillas de nuestros ancestros, que las han compartido y almacenado, y es nuestro deber seguir almacenando y compartiendo las semillas, por lo que no obedeceré ninguna ley que declare ilegal el cumplimiento de mi tarea por el futuro de la tierra y de nuestras comunidades.

Este juramento significa la búsqueda de la verdad, y la verdad de la vida en la tierra es que la vida en la tierra es íntegra, no salió del laboratorio de Monsanto. Entró a su laboratorio y ellos pueden haberla mutilado, torturado, etcétera, pero no se creó en el laboratorio de Monsanto. Por tanto, guardar las semillas y mantenerlas libres de patentes es un elemento vital para la democracia de la tierra.

Otro tratado, otra columna de la globalización es el acuerdo agrícola sobre la tierra. Este acuerdo fue escrito por el vicepresidente de Cargill, que es la corporación más grande del mundo en el comercio de granos. Se convirtió en diputado para integrar la delegación estadounidense sobre agricultura, y así escribió el acuerdo sobre agricultura. Este documento es terriblemente aburrido, no tiene nada que ver con la tierra, no menciona a los alimentos, no menciona a los agricultores. Menciona impuestos de mercado, exportaciones competitivas y subvenciones domésticas.

Entre las semillas de Monsanto y los contenedores de Cargill, existe una sociedad. Cargill lleva y comercia las semillas que le pertenecen a Monsanto. Alrededor del mundo, todas las semillas que Cargill comercia fuera de los EU, le pertenecen a Monsanto. Y Monsanto, por supuesto, procura comprar todas las compañías de semillas, pero, desde luego, no pueden. Ellos poseen el 95 por ciento de las semillas genéticamente modificadas que se comercian en el mundo, pero también poseen una buena parte de las semillas no modificadas genéticamente, compran aquellas compañías que producen semillas orgánicas para cerrar las divisiones de producción orgánicas de estas compañías. No quieren, bajo ninguna circunstancia, estas divisiones, por ello, constantemente impulsan leyes que declaran ilegales los bancos de semillas, a fin de que todas las semillas sean patentadas.

En India, introdujeron el algodón genéticamente modificado de manera ilegal. Pero estaban tan confiados sobre su dominio en el mundo que pensaban que en un año estarían vendiendo el algodón genéticamente modificado de manera legal. Conozco mis leyes, sé que se deben hacer una serie de experimentos e investigaciones para aprobar una semilla genéticamente modificada, tenemos una Ley de Semillas que requiere varios procesos de experimentación previa, pero ellos pensaban que introducirían en la India los cultivos genéticamente modificados tal como lo hicieron en EU, sin obedecer ninguna ley o como lo han hecho en otras partes del mundo. Demandamos en la Suprema Corte y fueron forzados a pasar por todos los procedimientos legales y científicos para su aprobación.

Solamente llevaron dos clases de semillas de papas para experimentar. Recuerdo que fuimos una vez a una granja fuera de India para ver un experimento. Todos los años salen con la misma cosa, con que crearon un nuevo producto, una nueva calidad que siempre termina siendo una farsa. Decían haber incrementado la proteína en una papa, al poner genes de amaranto en ella. Por supuesto, el amaranto es muy proteico, es casi 40 por ciento de proteína. El problema con estas papas es que solo pudieron incrementar un pequeño porcentaje de proteína adicional y no sabían a papa. Estoy segura de que las papas en India tienen un alto nivel de proteína porque no “importan” la proteína de fuera, no la crean en laboratorio, y saben a papas. Pero una vez que vuelves un alimento en commoditie, ya no importan sus propiedades o para qué será usado. Si cultivo alimentos para comer, debo saber cómo se debe ver, cuál es su sabor, sé que esta clase de papa debe ser cocinada de esta manera, sé cómo deber ser preparado este arroz; una clase de arroz será buena para el estofado, otro será bueno para el arroz relleno, otro será bueno para los niños, otro será bueno para los ancianos, etcétera. Tenemos todo ese saber gracias a la diversidad. Pero cuando un alimento ha sido transformado en un commoditie, no importa. Irá a la industria del almidón. En Europa, a lo largo de un juicio contra una papa modificada genéticamente, se ha fallado a favor de esta papa bajo el argumento de que no será utilizada para consumo humano sino como fuente de almidón. Así han tratado de aprobarla, diciendo que una papa no es para comer. ¿Para qué cultivas una papa si no es para comer?, ¿acaso harán marcos para ventanas con las papas?, ¿de qué hablan?

Tomen el ejemplo de la soya, un cultivo que se usaba para comer y de repente existe un movimiento mundial para impedir la producción de la soya. No porque sea malo producir soya, sino que los acres de tierra que han incrementado los cultivos de soya en Argentina, Brasil, EU, serán transformados en combustible para autos, para torturar al material de la soya y fabricar, pienso. ¡Pero las vacas no quieren soya, lo que quieren es pasto! Su estómago está diseñado para procesar el pasto, son herbívoras; ahora no, de repente proclaman: ¡no comen pasto!

¡En EU la situación es una locura! El 70 por ciento de los cultivos va para el balanceado del alimento de las vacas, el 30 por ciento va para los agrocombustibles, ¿y todavía se piensan a sí mismos como el país super abastecedor de alimentos? ¡Ya no hay alimentos para abastecer a la gente después de la ganadería y el combustible! Este tipo de producción está creando falsa escasez. La primera falsa escasez es la de la biodiversidad. En la India, el algodón BT ha destruido 1500 variedades de algodón que solíamos sembrar. El precio del algodón ha subido de cinco y siete rupias, a 3200 el kilogramo, de estos cada 2400 rupias son derechos de royalties (regalías) pagadas a Monsanto, eso significa 200 millones de dólares anuales que le llegan a Monsanto sentados allá en su oficina de San Louis. Han quebrado a las compañías de India y las han comprado, controlan la industria del algodón, y han reemplazado a los señores de la tierra (terratenientes), convirtiéndose ahora en los señores dueños de la vida.

Los señores de la vida, que ahora se sientan a mirar cómo sus ganancias por propiedad intelectual se incrementan, mientras los campesinos se quiebran el lomo para poder pagar estas constantes tarifas que imponen las regalías y que alimentan a las corporaciones. Además, estas semillas han traído nuevos insectos y enfermedades desconocidas, compañías como Monsanto aparecieron ahora con una nueva generación de pesticidas y venenos más potentes como el Round Up y BT2. De hecho, ahora tienen un paquete que se llama el “paquete inteligente” o el “paquete g” para los organismos genéticamente modificados. Y no puedo evitar recordar una cita de Einstein que sostiene que “una señal de demencia es continuar haciendo lo mismo una y otra vez esperando un resultado distinto”. Monsanto utiliza genes tóxicos que han fallado en su intención de controlar las enfermedades, y esperan que doblando la carga tóxica de los genes logren milagrosos 16 resultados. Eso es demencial.

Los pobladores ancestrales siempre lo supieron, los campesinos que han pagado enormes sacrificios lo supieron; 200.000 campesinos indios cayeron en severas deudas, tanto que muchos, incluso, optaron por el suicidio, éstas son las estadísticas oficiales en India y todo comenzó con la globalización. Otro tratado similar es el Acuerdo General de Servicios y Comercio. Según este acuerdo, todo lo que existe bajo el sol es un servicio. El agua es un “servicio”, por ejemplo. Y todos los seres de la tierra son “proveedores de servicios”. Pero hay algo extraño en este tratado porque, si miran el sector de las semillas, cinco grandes corporaciones controlan este sector; si miran el comercio del sector alimentario cuatro grandes compañías controlan su comercio; si miramos la privatización del agua, cinco compañías controlan su privatización. Alrededor del mundo, la gente y los pueblos están diciendo, la comida no es un comodittie, el agua no es un comodittie, y la gente está luchando.

En el caso de los alimentos, la conversión de la comida en commodities no solamente ha empeorado su calidad... Por cierto, debo decirles honestamente que no puedo comer en EU. Me compro un pastelillo y me sabe amargo, porque mi lengua está todavía acostumbrada a los endulzantes naturales. Y cuando se habla de las terribles consecuencias de la industria alimenticia en EU, lo puedo comprobar por mí misma. Lo sé, no sabe a comida. Ni siquiera puedo lograr terminar un huevo, en serio, no puedo, porque todo tiene muchos preservantes y extraños sabores que no vienen de la comida.

Recuerdo que llevé un grupo de mujeres a un Festival Cultural de la Unesco en España y tuve el cuidado de pedirles que lleven algunas de las semillas que hemos preservado para que se muestren en el festival. Las semillas de mango son una comida que nosotros llamamos, “la comida olvidada” porque son alimentos que solíamos utilizar para comer pero que ya hemos perdido la costumbre de hacerlo; y al tercer día, las mujeres se me acercaron y me preguntaron ¿podemos tomar estos paquetes de semillas para comer?, les pregunté: ¿Por qué, acaso no les han dado comida? Y me contestaron: No, no podemos comer aquí, ¡Es abuction! (en hindi). ¿Qué significa abuction? Es algo tan desagradable, tan despreciable, tan deshecho que no se puede comer. La comida se ha degradado, el suelo se ha degradado, 70 por ciento del agua utilizada en el mundo es para la industria y la agricultura industrial destruye los ecosistemas. A través de este modelo alimentario se han destruido, 8500 especies de plantas que se utilizaban en India. Hoy, con el sistema de comercio globalizado, solo ocho son comerciadas globalmente y de ellas cuatro se siembran en el suelo de la India, las cuatro tienen patentes: maíz, sorgo, soya y algodón. Eso es todo. ¿Pueden imaginar la pobreza de nuestros ecosistemas?

Pero hay otra pobreza, el 40 por ciento de todos los impactos de los gases de efecto invernadero pueden ser atribuidos a la industria globalizada de alimentos. Este sistema, también está haciendo que la producción de alimentos sea más vulnerable, en la medida en que la temperatura se incrementa, los glaciares se derriten, el agua desaparece. Las represas se intensifican y causan más y más inundaciones.

Nuestro trabajo en Navdanya, que está por cumplir dos décadas y media, muy cuidadosamente nos ha permitido medir que las granjas que cultivan y crecen en medio de biodiversidad, que producen alimentos orgánicos en pequeña escala, en un determinado momento se transforman en abastecedoras de alimentos, es decir, se convierten en las granjas que utilizan monocultivos y agroquímicos, quebrando el anterior patrón de cultivos. Entonces, la idea de que debemos industrializar la agricultura sacando a nuestros agricultores tradicionales fuera de sus tierras, es una idea extremadamente distorsionada. Esta es la idea que se ha convertido en una Ley de la Tierra en India, es además la idea que está sirviendo de modelo para la Ley de la Tierra en África. El Presidente Obama vino a la India recientemente y solo habló de dos cosas; la primera fue vender aviones de combate para Boeing, justificándolo al decir: “quiero crear 15.000 puestos de trabajo para los estadounidenses”. Algo está mal, si la mayor superpotencia del mundo, tiene que mendigar empleos en la otra parte del mundo. Algo está terriblemente mal con la economía. La otra cosa que dijo es que quería que India se sume a las iniciativas de EU para introducir los OGMs y la agricultura industrial en África, puesto que “éste es el futuro de la seguridad alimentaria”.

 

Derechos de la naturaleza

 

Cualquier seguridad de la que se trate en este mundo, la de la biodiversidad, la alimentaria, de la supervivencia o cualquier otra que se pretenda, tiene en los ecosistemas protegidos por la diversidad y la naturaleza y que trabajan con estos, los mejores elementos para la seguridad. Porque estos ecosistemas funcionan mejor para y con la gente también.

Es por ello que el tema de los derechos de la naturaleza se vuelve tan interesante en nuestros tiempos. Porque el mundo ha atravesado 500 años de colonialismo, otros 50 años de neocolonialismo que lo hemos llamado “desarrollo” y otros 10 o 20 años de colonialismo recargado que llamamos globalización. Todo este mundo empieza a despertar de este mito que advierte que “si protegemos la naturaleza la gente tendrá cada vez menos”, y solo a través de la explotación y destrucción de la naturaleza podemos proveer más a los seres humanos; y por ello, debemos destruir, pedazo a pedazo, el mundo, debemos destruir cada bosque, cada selva, para poder tener crecimiento. Creo que estamos en un momento en donde este mito ha colapsado. No es capaz de proveer bienestar humano a ningún nivel. Así que, incluso para proveer bienestar a los humanos ahora debemos cambiar el modo y encontrar una nueva manera, y esa nueva manera es poner a los derechos de la naturaleza en primer término. Sobre la base de esos derechos de la naturaleza y la protección de la naturaleza, será posible que tengamos más agua limpia. Si nuestros ríos están protegidos tendremos más agua para nosotros.

Las mujeres eliminarían el hambre en el mundo en el mismo periodo en el que las mineras claman que erradicarán el hambre en una aldea mediante la extracción de oro. Las mujeres erradican de hecho el hambre, al proteger la biodiversidad, apoyar las pequeñas granjas, defender los sistemas de comida local, y solamente intercambiar (comerciar) aquello que no podemos sembrar en nuestros suelos.

¡Ese es el futuro! Proteger los derechos de la tierra, también nos protegemos nosotros. La idea de que los derechos humanos son opuestos a los derechos de la tierra es ecológicamente falsa, filosóficamente falsa, y es otro mito creado por esa antigua modernidad que pensaba que la naturaleza estaba muerta, la gente era estúpida y solamente las corporaciones podían crear riqueza. La naturaleza nos da riqueza, la gente maneja esa riqueza al co-crear con la naturaleza, y esto es cada vez más fácil de apreciar en cualquier población a lo largo del mundo.

En India tenemos un muy antiguo y ancestral concepto sobre ser la familia de la tierra; pero no somos la única familia que vive en este planeta, somos una comunidad de la tierra, y debemos de vivir de tal forma que no desplacemos el espacio ecológico de ningún otro ser –que no se reduce solo al ser humano, sino a cualquier especie viva–. Este pensamiento supone un punto de partida bastante diferente al del crecimiento económico. El paradigma del crecimiento económico dice explota rápido, convierte a la naturaleza en dinero y tienes una solución mágica, pero como los nativos americanos dijeron, “solo cuando hayas matado el último pez y cortado el último árbol te darás cuenta de que no puedes comer el dinero”.

Los globalifílicos dicen que “los anti-globalizadores solamente saben a qué se oponen, pero no saben a favor de qué están”. Y mi respuesta permanente fue: estamos en contra de su avaricia, en contra de su explotación, estamos en contra de la injusticia que están perpetrando, porque sabemos a favor de qué estamos. Estamos a favor de la sustentabilidad, estamos a favor justicia y a favor de la paz. Y ese fue el debate contra el crecimiento que recoge “La Democracia de la Tierra”.

Pero este cambio tan singular está pasando en todas partes. Cuando ustedes ven la misma fotografía de AP en cada periódico del mundo podemos dar cuenta de que la noticia es programada, porque normalmente, diferentes medios deberían tener diferentes fotografías. Debería haber foto-diversidad. Pero cuando las cosas pasan espontáneamente en diferentes partes del mundo, puedes estar seguro que hay una gran corriente de cambio, que está creando verdaderas placas tectónicas en la consciencia de la gente. Por ejemplo en el Reino de Bután, cuyo Primer Ministro quieren volver su producción orgánica al 100 por ciento. En la actualidad es 70 pero quieren llegar al 100 por ciento. Algunos años atrás confirmaron que no medirían más el Producto Interno Bruto (PIB) porque es una falsa manera de medir cómo se va desempeñando el Reino. Plantearon medir la Felicidad Interna Bruta, y de hecho lo hicieron con 72 indicadores. El Gabinete debatía si deberían unirse o no a la OMC. Revisaron sus 72 indicadores y se dieron cuenta que la gente estaría descontenta con las consecuencias de adoptar las reglas para entrada a la OMC; entonces decidieron no entrar y así preservar su Felicidad Nacional.

La felicidad, por supuesto, puede parecer un término vacuo, pero la felicidad supone riqueza, que incluye la riqueza material, pero también incluye la espiritual y cultural. Ellos tienen cuatro pilares de sus índices de felicidad, que creo deberíamos tener en cuenta para profundizar sobre los derechos de la naturaleza en nuestras constituciones: 1) Armonía con la naturaleza 2) Dignidad y orgullo de la cultura local 3) Respeto a los ancianos y, 4) un Desarrollo Sostenible que respete todo lo anterior.

Estos cambios no son triviales. Cuando miran a su alrededor y miran la organización del mundo, tienen por una parte, unas pocas corporaciones que pueden, literalmente, controlar todo el planeta, todos sus recursos, tratando de controlar todos los gobiernos y convertirlos en Estados favorables a las corporaciones –por tanto, destruyendo la democracia–, y utilizando los recursos no renovables como si fuesen a durar para siempre. El petróleo en el Medio Oriente, por ejemplo.

Por otra parte, ustedes tienen 300 millones de especies a quienes podemos escuchar si queremos escuchar. Los pueblos indígenas lo hacen. Sé de tribus en India que lo saben exactamente; ellos dicen, “No, los venados no nos han dado su permiso para cazar”. Ellos piden permiso antes de cazar. Pescadores que pueden ver a varias millas de distancia en el océano cuantos cardúmenes de peces están cerca, qué otras especies están con ellos, dónde debería instalarse la red para atraerlos. Esta clase de inteligencia con la naturaleza está ahí, esperando ser aprendida. Esperando ser enseñada. Seis mil millones de personas de las cuales, la mitad está extremadamente vitalizada hacia los derechos de la naturaleza y otros están empezando a volverse sensibles a ello.

Luego tienes a la sociedad del consumo, del úsalo y tíralo, con sus grupos de privilegio diciéndole a más y más gente que no los necesitan. Incluso tienen una palabra para ellos, los llaman “personas redundantes”. ¿Cómo puede alguna persona, algún ser humano ser “redundante”? Los llaman “desechables”.

Solían decirnos que hemos sido lo suficientemente inteligentes como para crear el Estado de Bienestar y la seguridad social, pero esto ha sido desmantelado, ahí donde alguna vez existió; entonces todos seremos dejados de lado sin ninguna forma realista de seguridad social, así que tenemos que crear nuestra propia forma de seguridad, ¿de dónde crearemos estas forma de seguridad? Ahí es cuando los derechos de la naturaleza toman su lugar. La seguridad vendrá de nuestro respeto a la naturaleza y emergerá de la naturaleza en la medida en que encontremos formas colectivas de auto-sostenimiento.

Auto-sostenimiento colectivo, significa que construimos comunidad, que donde tenemos comunidad hay que defenderla, y donde la hemos perdido hay que recrearla. De la misma manera, cada espacio y aspecto del mundo que las grandes corporaciones desearían privatizar, lo defendemos ferozmente como nuestros bienes comunes; el agua es un bien común, las semillas son un bien común, los bosques y selvas son bienes comunes; el mar es un bien común, el aire es un bien común.

Porque, en definitiva, el asunto es que todos los bienes comunes son parte de la atmósfera que, desde luego, es un bien común que nos pertenece a todos y todos tenemos el derecho a compartirla, y no el derecho de los contaminadores, de primero contaminarla y repartirse ahora toda la atmósfera a través de los mercados de carbono.

El sistema dominante que está extendiendo su vida a través de las subvenciones de los gobiernos, es como un paciente en terapia intensiva, pero el oxígeno se le está acabando. Seis mil millones se les han pagado para salvar a los bancos, ya no hay mucho más para expropiar a la sociedad, ya no hay mucho para sacar de las arcas públicas de los gobiernos y del dinero público. Este sistema no puede continuar, quizá cinco años más, quizá diez años más, prefiero que dure lo menos posible. Necesitamos otro sistema, y ese otro sistema es la Democracia de la Tierra, ese otro sistema es el reconocimiento de que somos solo una más entre otras especies, que tenemos el deber de proteger a las demás pero, tal como todas las especies sobre la tierra que tienen el derecho de desarrollarse y proveerse del alimento que les da la tierra, nosotros también tenemos estos derechos fundamentales al agua y la comida. Estos derechos humanos están íntimamente conectados con los derechos de la naturaleza que son, desde mi punto de vista, los más significantes derechos humanos, la más importante lucha por la democracia de nuestros tiempos, es el más importante aspecto para la justicia, para la paz y para la sostenibilidad.

Las cosas pasan a tal velocidad que es posible que aquellos que les gustaría pensarse al margen de los problemas, no serán capaces de adaptarse a crisis como las del África, pero aquellos que han sido enseñados por la naturaleza, con la tierra y que digan: “Somos parte de ti madre tierra y estamos aquí para protegerte, te defenderemos con toda nuestra energía, con todo nuestro amor, todo nuestro cuidado”, esa energía es la que realmente podría hacer posibles los cambios.

 

*Adaptación de la conferencia magistral, realizada en 26 de noviembre de 2011, Quito-Ecuador.

**Científica, filósofa y escritora india. Activista a favor del Ecofeminismo, recibió el premio Nobel Alternativo en 1993, el Global 500 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y el premio Internacional del Día de la Tierra, también de Onu. 

Vandana con su decidida participación en el movimiento Chipko ha sido ejemplo e inspiración para nuestras luchas en defensa de la naturaleza y sus pueblos.

 

1Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, por sus siglas en inglés.

2Organismo Genéticamente Modificado.

3En 1987 no existía aún el concepto de biodiversidad. La biodiversidad se empleó a partir de la Conferencia Mundial sobre Diversidad Biológica, que conceptualizó la biodiversidad como la diversidad de formas de vida. En ese momento, solamente teníamos el concepto de recursos genéticos. Pero en cualquier otra lengua, este concepto se traduce como átomos de la planta. Y si vas con un agricultor y le dices “guarda los átomos de la planta”, el agricultor diría ¿pero qué son los átomos? Y luego tendrías que desarrollar toda esta larga discusión sobre el ADN y los genes que, de todas maneras, es incorrecta porque la vida no se reduce a los genes. La vida es mucho más.

 


 

 

Principios de la Democracia de la Tierra*

 

1.Todas las especies, pueblos y culturas tienen un valor intrínseco: todos los seres son sujetos dotados de integridad, inteligencia e identidad, y no objetos susceptibles de convertirse en propiedad de otros, de ser manipulados, de ser explotados o de ser desechados. Ningún ser humano tiene derecho a ser dueño de otras especies, de otras personas o de los conocimientos de otras culturas por medio de patentes y otros derechos de propiedad intelectual.

2.La comunidad de la Tierra es una democracia de toda la vida en su conjunto: todos somos miembros de la familia de la Tierra y estamos interconectados a través de la frágil red de la vida del planeta. Todos tenemos el deber de vivir de un modo que proteja tanto los procesos ecológicos de la Tierra como los derechos y el bienestar de todas las especies y de todas las personas. Ningún ser humano tiene derecho a inmiscuirse en el espacio ecológico de otras especies y de otras personas ni a tratarlas con crueldad y violencia.

3.Debe defenderse la diversidad en la naturaleza y en la cultura: la diversidad biológica y cultural constituye un fin en sí misma. La diversidad biológica es un valor y una fuente de riqueza (tanto material como cultural) que crea condiciones para la sostenibilidad. La diversidad cultural genera condiciones para la paz. Todas las personas tienen la obligación de defender la diversidad biológica y cultural.

4.Todos los seres tienen un derecho natural a su sustento: todos los miembros de la comunidad de la Tierra, entre los que se incluyen todos los seres humanos, tienen derecho a su propio sustento, es decir, a la comida y al agua, a un hábitat seguro y limpio, a la seguridad del espacio ecológico general. Los recursos vitales para tal sustento deben seguir siendo comunales. El derecho al sustento es un derecho natural porque es el derecho a la vida. Son derechos no otorgados por los Estados ni por ninguna gran empresa, y tampoco pueden ser anulados por acción estatal o empresarial alguna. Ningún Estado y ninguna compañía empresarial tiene derecho a cercenar ni a debilitar estos derechos naturales, ni a cercar los ejidos que sostienen la vida.

5.La Democracia de la Tierra está basada en las economías vivas y en la democracia económica: la Democracia de la Tierra se basa en la democracia económica. En la Democracia de la Tierra, los sistemas económicos protegen los ecosistemas y su integridad; protegen los medios de vida de las personas y satisfacen sus necesidades básicas. En la economía de la Tierra, no hay personas ni especies culturales imprescindibles. La economía de la Tierra es una economía viva. Está basada en sistemas sostenibles, diversos y pluralistas, que protegen la naturaleza y las personas, que son elegidos por éstas y que obran por el bien común.

6.Las economías vivas están levantadas sobre economías locales: es en el nivel local donde más cuidadosa, creativa, eficiente y equitativamente se consigue la conservación de los recursos de la Tierra y la creación de medios de vida sostenibles y satisfactorios. La localización de las economías es un imperativo social y ecológico. Sólo deberían ser producidos de forma no local y comercializada a larga distancia aquellos bienes y servicios que no pueden ser producidos localmente –es decir, empleando recursos y conocimientos locales. La Democracia de la Tierra está basada en unas economías locales vibrantes que sostienen, a su vez, economías de alcance nacional y global. En la Democracia de la Tierra, la economía global no destruye ni aplasta las economías locales; tampoco genera personas prescindibles. Las economías vivas reconocen la creatividad de todos los seres humanos y crean espacios para que las diversas creatividades alcancen la plenitud de su potencial. Las economías vivas son economías diversas y descentralizadas.

7.La Democracia de la Tierra es una democracia viva: la democracia viva se basa en la democracia tanto de la vida en su conjunto como de la vida cotidiana en particular. En las democracias vivas, las personas pueden influir en las decisiones que se toman sobre los alimentos que consumimos, el agua que bebemos y la sanidad y la educación de la que disponemos. La Democracia de la Tierra se basa en la democracia local; en ella, son las comunidades locales –organizadas sobre los principios de inclusión, diversidad y responsabilidad ecológica y social- las que gozan de la máxima autoridad en aquellas decisiones relacionadas con el medioambiente y los recursos naturales, así como con el sustento y los medios de vida de las personas. La delegación de autoridad en niveles de gobierno más distantes se realiza conforme al principio de subsidiariedad. La autonomía y el autogobierno son los cimientos de la Democracia de la Tierra.

8.La Democracia de la Tierra está basada en unas culturas vivas: las culturas vivas promueven la paz y crean espacios libres para la práctica de religiones diferentes y la adopción de credos e identidades distintas. Las culturas vivas permiten el florecimiento de la diversidad cultural partiendo del terreno de nuestra humanidad común y de nuestros derechos compartidos como miembros de una comunidad de la Tierra.

9.Las culturas vivas nutren la vida: las culturas vivas se basan en la dignidad de (y el respeto por) la vida en su conjunto (humana y no humana), las personas de todos los géneros y culturas y las generaciones presentes y futuras. Las culturas vivas son, pues, culturas ecológicas que no favorecen estilos de vida ni pautas de consumo y producción que sean destructivas para la vida, ni la sobreutilización y la explotación de los recursos. Las culturas vivas son diversas y están basadas en la veneración por la vida. Las culturas vivas reconocen la multiplicidad de identidades basadas en el lugar y en la comunidad local, pero, al mismo tiempo, reconocen también una conciencia planetaria que vincula al individuo con la Tierra y con la vida en su conjunto.

10.La Democracia de la Tierra globaliza la paz, la atención y la compasión: la Democracia de la Tierra conecta a las personas mediante círculos de asistencia, cooperación y compasión, en lugar de dividirlas mediante la competencia, el conflicto, el temor y el odio. Frente a un mundo de codicia, desigualdad y consumo excesivo, la Democracia de la Tierra globaliza la compasión, la justicia y la sostenibilidad. 

 

* https://www.nodo50.org/codoacodo/abril2009/vandana.htm

 

Miércoles, 22 Noviembre 2017 06:59

Triunfo y crepúsculo del capitalismo

Triunfo y crepúsculo del capitalismo

Antes de la gran crisis financiera de 2007 era raro escuchar hablar de "capitalismo". El sistema social y económico existente en el mundo era considerado por la ideología dominante el resultado de un proceso natural. Si en alguna ocasión se hablaba de capitalismo era sólo para indicar que se trataba de un sistema ganador, un esquema de relaciones sociales que había triunfado sobre todos los demás (como lo demostraba el "colapso del comunismo en la Unión Soviética"). Hoy las cosas han cambiado.

A partir de la debacle de 2007 y del fracaso de la política macroeconómica para superar sus efectos negativos, hablar de capitalismo y de su evolución es algo común. Los reveses que sufre el capitalismo son múltiples y se necesita estar ciego para no percibirlos.

El primer fracaso se sitúa en el plano del crecimiento. Los economistas del establishment piensan que a raíz de la crisis estamos frente a un proceso de lento crecimiento o "estancamiento secular". Pero lo cierto es que la tasa de expansión del capitalismo global ha venido disminuyendo desde hace más de 45 años. Entre 1972 y 2017 la tasa de crecimiento anual del PIB de los 20 países miembros de la OCDE disminuyó de 4.2 a 2.5 por ciento. Se trata de una tendencia de largo plazo y no de un problema coyuntural.

El segundo frente en el que fracasa el capitalismo se relaciona con la política económica. Es cierto que en las décadas de la posguerra la mezcla de política macroeconómica dio buenos resultados, pero hoy la política económica no es capaz de sacar a la economía mundial del entumecimiento. La política monetaria explora nuevos territorios mediante la inyección desorbitada de liquidez al sistema financiero, pero el efecto sobre la economía real ha sido muy débil o nulo (como en Japón durante los pasados dos decenios). Por su parte, la política fiscal no ha podido escapar del terrible dilema que le ha impuesto el sistema financiero global: si el Estado no disciplina sus finanzas, el mercado de capitales le castigará.

El tercer fracaso se relaciona con la única fuente de legitimidad social y política que tenía el capitalismo, a saber, su capacidad de mejorar el bienestar de las grandes masas de la población. Ese resultado no sólo depende de la acumulación continua de capital (hoy debilitada), sino de la redistribución de los logros económicos entre la población. Entre 1945 y 1975 el capitalismo desarrollado pudo elevar el nivel de vida promedio de la población. Sin embargo, desde 1973 el crecimiento de los salarios se estancó y el aspecto redistributivo del régimen de acumulación se transformó radicalmente. El ahorro neto privado comenzó a declinar, mientras aumentaba el flujo de crédito hacia el sector privado. Los análisis de Wynne Godley demuestran que el incremento en la demanda agregada alimentado por el crecimiento del endeudamiento fue el principal factor detrás del crecimiento económico en Estados Unidos. A su vez, ese crecimiento estuvo ligado al abultado déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y al endeudamiento externo. Las siguientes décadas estuvieron marcadas por una desigualdad creciente y la transferencia de recursos desde las clases más bajas hasta los más privilegiados de la pirámide social.

El cuarto frente en el que el capitalismo ha fracasado es quizás el más importante. La red de instituciones que proporcionan estabilidad al capitalismo es compleja y desempeña muchas funciones. Pero quizás el apoyo decisivo lo recibe de la idea de que capitalismo, democracia y libertad son criaturas que nacieron en el mismo nido. La verdad es que en ocasiones el capitalismo no ha tenido más remedio que respetar el sistema democrático, pero cuando se ha sentido fuerte ha escogido el camino de la violencia y la represión. Ese fue el destino de Allende y de Mossadegh.

A veces al capital le ha resultado costoso agachar la cabeza y aceptar esquemas de redistribución y garantías de mayor seguridad social y libertad de asociación para la clase trabajadora. Por eso de la Gran Depresión emerge el estado de bienestar. No fue una concesión graciosa de la clase capitalista. Pero una vez que el capital recuperó sus fuerzas, la democracia pasó a segundo plano. Las decisiones políticas se toman ahora por las élites de las corporaciones, bancos y otros agentes de los mercados financieros. Hoy el crecimiento del sistema financiero y la globalización de mercados y cadenas de valor se encargan de disciplinar a los gobiernos. Por la vía electoral no se puede cambiar la desigualdad o alcanzar un nuevo estado de bienestar. Las elecciones son el camuflaje perfecto para disfrazar la explotación y degradar a los ciudadanos al nivel de simples consumidores (aunque cada vez con menor poder de compra).

El triunfo enfermo del capitalismo reside en haber eliminado a la oposición para mantener operando un sistema disfuncional y a todas luces injusto. Pero ese éxito marca al mismo tiempo el principio del crepúsculo. Si alguna vez lo fue, hoy el capitalismo ha dejado de ser el soporte de una sociedad democrática, justa y estable.

Twitter: @anadaloficial

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“Los triunfos te ponen pavo, las derrotas te hacen pensar”

 

Desde Montevideo

Pepe Mujica hace una pausa y pasea la mirada de cejas a lo Arturo Jauretche por el auditorio del velódromo. Todos están en silencio. Retoma el discurso. La voz de ese tipo que pasó los 80 suena fuerte. Dice con su tono de mandíbulas apretadas: “Te van trabajando con mentiras para que tú seas un sujeto comprador, y sobre todo deudor, a lo largo de tu vida”. El ex presidente uruguayo 2010-2015 fue la gran figura del Encuentro Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo (ECDN) convocado esta vez en Montevideo. Miles lo aplaudieron. Al final de tres días aprobaron una declaración que advierte contra “el endeudamiento perpetuo” y propone “aborto legal, libre y seguro”.

Nacido el 20 de mayo de 1935, Mujica volvió a ser senador tras dejar la presidencia en manos de Tabaré Vázquez. Su mujer, Lucía Topolansky, también era senadora y este año asumió la vicepresidencia por renuncia del vice Raúl Sendic. Junto con su amigo Lula, Pepe es uno de los políticos más escuchados de América Latina por los partidos y los movimientos sociales que se reivindican como de izquierda, progresistas o identificados con el nacionalismo popular. Brasileños, caribeños o argentinos, los dirigentes del ECDN reunidos la última vez en Cuba lo comprometieron a que fuera el principal orador en la sesión plenaria del Parque Batlle de Montevideo.

Mujica no los defraudó. Su misa laica atrajo la atención de todos. Desplegó ideas acerca del tiempo libre con una simpatía que Carlitos Marx le hubiera envidiado, explicó la concentración económica y encima se dejó un resto para hablar de la esperanza.

 

Sobriedad


“Las masas tienen que ser un negocio, y cuanto más deban mejor porque está en juego su libertad”, dijo. “Eres libre en el pedazo de tiempo de tu vida que gastas en las cosas que sientes y te motivan, para cultivar tus afectos, tus inclinaciones. Ese tiempo de tu vida no siempre te da ganancia. Tienes que cubrir necesidades materiales y tienes que trabajar. El que no trabaja vive a costillas de uno que trabaja. Pero la vida humana no puede ser solo trabajar, pagar cuentas y deber.”

Anunció Pepe: “No hago apología de la pobreza, hago apología de la sobriedad como una forma de enfrentar al capitalismo”. Pidió “vivir livianos de equipaje” y pensar en los propios defectos, porque “como dice una murga veterana de mi país, si no cambias tú no cambia nada aunque tu presidente sea Fidel”.

Muerto Juan Perón, que repetía “todo en su medida y armoniosamente”, solo a Pepe le puede salir natural esta frase: “Decían los griegos, compañeros, nada en demasía”. Tampoco parece raro escucharle que terminó la Edad Media y entonces no hay por qué considerar el paso por la Tierra como un valle de lágrimas. “El infierno y el paraíso están acá.”

“Ustedes van a asistir a la lucha por reformular cuántas horas se trabaja”, dijo a una mayoría menor de 30 años. “No usen las horas libres para conseguir otro trabajo. Guarden tiempo libre para sus afectos, para su querer, para sus hijos, para sus relaciones íntimas, para sus amigos, para las cosas que les gusten. Porque hay derecho a ser feliz y en algunos de nosotros esa felicidad se llama militancia, que significa la lucha por los cambios sociales y la solidaridad y darle un sentido a nuestra vida para una humanidad que sea un poco mejor que la que nos tocó vivir a nosotros.”

¿Y qué pasa con las transnacionales? Que “no son nuevas”. Recordó Pepe: “La conquista de la India empezó por empresas privadas y ejércitos privados. La de Indonesia arrancó con una compañía privada, holandesa. La balcanización de África empezó con empresas privadas”. Y agregó: “Hoy la colonización adquiere formas nuevas”.

No es fácil cuando se es gobierno y se tienen convicciones populares. Por un lado está el pueblo “aguijoneado por la cultura consumista que te demanda más por todas partes, y más rápido”. Por otro lado “te encuentras, como gobierno, con la necesidad de apresurarte y ganar la inversión que si no, en esta región balcanizada, irá a otro lado”. Los sueños son una maravilla pero “no se puede sacrificar la estabilidad de una sociedad entera porque uno tiene un sueño en la cabeza”. Y más: “¿Qué derecho tengo a imponerte un sacrificio por mi hermosa utopía si tu me gritas que tienes que pagar el alquiler?”

Pepe pidió aceptar que hay que navegar las contradicciones, “tener claras las fronteras para saber dónde empieza la derecha” y saber dónde está parado uno mismo. “A veces te tienes que sentar como invitado a una mesa que no es tuya”, dijo. “Debes ser deferente pero tener claro que esa mesa no es tuya. ¿Y cómo? Lo tienes que expresar en tu forma de vivir. Las repúblicas se inventaron para suscribir el grito desesperado de la Humanidad contra la sociedad feudal y monárquica, para decir que nadie es más que nadie. Si decimos que estamos por la democracia, los que tienen la representación de la gente deben vivir como vive la mayoría. No porque esto cambie la realidad económica sino por una cuestión ética y por una forma de comunicarse con las masas. Las masas perdonan chambonadas. Lo que no pueden perdonar es cuando se burlan, cuando las traicionan, cuando quien gobierna no es parte de ellas.”

Sobre el contexto de América Latina reconoció Mujica que “estamos rodeados de derecha”. Aclaró: “Esta derecha es brava pero la vamos a superar, no solo por nuestra fuerza sino por las contradicciones que lleva en sus entrañas”. Una de esas contradicciones sería el efecto de la multiplicación de la concentración de la riqueza, que deja afuera y estancada a una masa de clase media.

“La concentración excesiva de la riqueza es la peor amenaza para la democracia”, dijo Pepe. “Hay una tendencia hacia la plutocracia, aunque no lo veamos.” En rigor dijo “véamos”, una esdrújula grande como una casa para que se divierta Agarrate Catalina, la murga que inventó “Civilicemos al Pepe”.

“Y ojo que el dolor de allá va a pegar acá”, dijo Pepe.

“Se toleran los paraísos fiscales porque son funcionales a la concentración de la riqueza”, explicó Pepe.

“En América Latina se esgrime la corrupción y quedan destrozadas las empresas”, dijo Pepe. “En el mundo desarrollado cobran multas suculentas y siguen funcionando las empresas como la banca Morgan o la Volkswagen. En esta etapa la corrupción es una sopa global que nos encierra. Nos asustamos de la corrupción política. No consideramos en cuenta la corrupción empresarial.”

También se metió en la discusión sobre el desarrollo tecnológico. “El mundo no es tan generoso que quiere que todos sean universitarios. El progreso impone la calificación terciaria. Hay que concentrar las baterías militantes en el mundo estudiantil, porque va a ser más calificado conceptualmente, y ayudarlo a que tenga fortaleza para resistir.”

Mensaje final de Mujica: “Sigan militando y de cada derrota aprendan. Aprendes más de las derrotas y del dolor que de los triunfos. Los triunfos te ponen pavo, engreído y soberbio. Las derrotas, si no te aniquilan, te hacen pensar y darte fuerzas para volver a empezar”.

 

Documento


Bajo el título de “Declaración de Montevideo”, los militantes políticos, sociales y sindicales que trabajaron en comisiones emitieron un texto preocupado por combinar las distintas esferas de la vida. “El avance del capital sobre los pueblos y sus territorios nos muestra que capitalismo, racismo y patriarcado forman un modelo entrelazado de múltiples dominaciones”, dice el documento que puede leerse completo en el link .

“El sistema de endeudamiento perpetuo es un mecanismo de dominación, de condicionamiento del modelo productivo y de expropiación de los recursos públicos y bienes colectivos, al mismo tiempo que profundiza el lucro de las elites locales, cada vez más corruptas y dependientes del sistema financiero internacional”, reza la Declaración.

“Esa misma alianza es la que agudiza la disputa entre el proceso de acumulación permanente del capital y los procesos de sostenibilidad de la vida, generando una explosión de conflictos socio-ambientales en la región, facilitando el acaparamiento de tierras y el desplazamiento de grandes masas de campesinas y campesinos y pueblos originarios, creando una crisis migratoria, ambiental y alimentaria”, señala.

Como las instituciones de la democracia y el ejercicio de los derechos humanos “se han convertido en un obstáculo para esa dinámica del capital”, lo que se produce es “la reducción de los espacios de la democracia, el desconocimiento de la voluntad popular, la criminalización y judicialización de la política, cuyo expresión culminante, entre otras, ha sido el golpe parlamentario, jurídico y mediático contra la presidenta Dilma Rousseff y la pretensión de impedir la candidatura del ex presidente Lula da Silva en Brasil”.

“El proceso de monopolización, concentración y control de la información y la tecnología por parte de corporaciones mediáticas, con ramificaciones hacia otras ramas de la economía, es un atentado a las bases de la democracia”, dice el documento. La explicación es que “en un mundo globalizado quien controle y distribuya la información tiene poder incluso por sobre los poderes políticos y la soberanía popular”.

En cuanto al mundo laboral, la Declaración de Montevideo advierte contra “la precarización de las relaciones laborales y la eliminación de la negociación colectiva y la desregulación contenidas en las reformas brasileña y argentina, así como la ofensiva de la patronal uruguaya contra la negociación colectiva en la OIT”.

Otra cara de la situación es el refuerzo de “discursos de odio y misoginia concretizados en prácticas racistas y discriminatorias contra afrodescendientes, pueblos originarios, migrantes y la población joven de los sectores populares”.

“El control sobre los cuerpos y la sexualidad se impone con feminicidios, criminalización del aborto, violencia contra las mujeres y la población LGBTI”, sostiene. “A esto hay que sumarle el ataque a los derechos humanos, la criminalización de los movimientos populares, el asesinato y la desaparición de líderes y lideresas sociales.”

Sobre los Estados Unidos, el documento describe “una política de intervencionismo abierto” que se expresa en “la guerra multidimensional contra Venezuela que tiene momentos de violencia paramilitar, de bloqueo económico, asfixia financiera, sanciones internacionales, criminalización mediática y aislamiento diplomático”. También se traduce en peligros para los acuerdos de paz en Colombia, en el recrudecimiento del bloqueo contra Cuba y en el asedio contra el gobierno de Evo Morales en Bolivia, mientras cae la institucionalidad de la Unasur y la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, Celac, y retrocede el Mercosur.

A la vez que hace público un programa de movilización, por ejemplo en la Argentina ante la próxima cumbre de la Organización Mundial de Comercio y en 2018 cuando se realice el encuentro del G-20, el documento se compromete a “la defensa innegociable de la autonomía y libertad de las mujeres, la lucha para poner fin al feminicidio y todas las violencias machistas, así como también afirmamos el derecho al aborto legal, público y seguro”.

 

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Sábado, 18 Noviembre 2017 07:17

La saga de los temibles Fujimori

La saga de los temibles Fujimori

 

¿Puede una sola familia paralizar la dinámica política de toda una nación, ocupar el centro de las instituciones y establecer un gobierno paralelo doblegando al verdadero Ejecutivo?

Si la familia se llama Fujimori y el país es Perú, la respuesta es sí.

Desde que perdió las elecciones presidenciales, en junio del año pasado, pero ganando la mayoría absoluta en el Congreso, Keiko Fujimori, hija del ex dictador preso por crímenes de lesa humanidad, ha hecho de todo –y con bastante éxito– para obstaculizar al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, privándolo de sus mejores secretarios y revelando la fragilidad de un gobierno de tecnócratas sin ninguna habilidad política.

El patológico resentimiento de Keiko por haberse visto privada –¡y por un irrisorio 0.24 por ciento!– de una presidencia que ya se sentía en el bolsillo luego de dos costosísimas campañas se ha traducido en 15 meses de feroz boicot a la actividad del Ejecutivo y en un uso prepotente y matonesco de su mayoría absoluta en el Congreso unicameral de 130 diputados.

Banda de cavernícolas irreflexivos, monos con metralletas, han sido definidos los 71 congresistas naranja –el color de su partido, Fuerza Popular– dedicados a interpelar y censurar, insultándolos, a los miembros más competentes del gobierno –ya van cuatro bajas de secretarios, más un gabinete entero– por pura tirria. Su única actividad ha consistido en promover leyes retrógradas, como la que desprotege a las mujeres víctimas de violencia y a la comunidad gay o la que reserva generosas exenciones fiscales a las grandes empresas, provocando un clima de inestabilidad e ingobernabilidad que no ayuda a la necesaria recuperación económica.

Los avances lentos pero devastadores del caso Odebrecht –con el ex presidente Ollanta Humala y su ex primera dama encarcelados, el ex presidente Alejandro Toledo y señora prófugos de la justicia, pasos en la azotea para el blindadísimo Alan García y revelaciones que comprometen a Keiko Fujimori y al propio Kuczynski– han agravado el sentimiento de decepción por un gobierno tan débil y genuflexo frente a las vengativas pataletas de la señora Fujimori.

En cambio, la irresistible ascensión del clan Fujimori –a pesar de que su patriarca se encuentra condenado a 25 años de cárcel por los crímenes cometidos, pero a la vigilia de una posible excarcelación– no ha parado desde finales de los 80, cuando un oscuro rector de la Universidad Agraria La Molina irrumpió en la política y ganó la presidencia a un contrincante tan famoso como Mario Vargas Llosa.

La ilusión de que un outsider de la política pudiera sacar al país de la gravísima crisis provocada por la primera presidencia de Alan García duró muy poco tiempo. El 5 de abril de 1992 –a menos de dos años de asumir la presidencia–, Alberto Fujimori, con un repentino autogolpe, instaura una dictadura que parece inspirada en un shogunato japonés y dura hasta final de 2000, gracias a una relección fraudulenta.

Es casi una década de suspensión de las libertades fundamentales, cierre del Congreso, cirugía institucional (imposición de una nueva Constitución, instauración de un Legislativo unicameral a modo, intervención del Poder Judicial), represión o cooptación de todas las oposiciones, estallido de una guerra sucia en contra de Sendero Luminoso que causará miles de muertos, corrupción galopante a todos los niveles (famosos los videos de Vladimiro Montesinos, el Rasputín del régimen, que filmaba las coimas a muchos diputados), colusión con el narcotráfico (un avión presidencial cachado con 176 kilos de cocaína no es cosa de todos los días), saqueo de las arcas públicas (se calcula por 6 mil millones de dólares), millares de esterilizaciones forzadas en las regiones andinas y un largo etcétera de infamias, entre las cuales innúmeras matanzas de inocentes perpetradas por el ejército y por un comando de sicarios llamado grupo Colina.

La parte descendente de la parábola fujimorista, no exenta de connotaciones novelescas, empieza el 19 noviembre de 2000, cuando el todavía presidente de Perú, tras viajar a Brunei para una reunión de la APEC, renuncia al cargo vía fax desde Japón, donde, con la protección de la poderosa Yakuza y gracias a su doble nacionalidad, se postula infructuosamente al Senado. Sus fechorías, ya inocultables, rebalsan la cloaca en que se han convertido las principales instituciones del Perú.

Capturado en 2005, en ocasión de un imprudente viaje a Chile y extraditado dos años después, Alberto Fujimori fue condenado, luego de un juicio impecable, a 25 años de prisión por los delitos de asesinato con alevosía, secuestro agravado, lesiones graves, más otros siete años y medio de cárcel por peculado doloso, apropiación de fondos públicos y falsedad ideológica en agravio del Estado. Aunque no haya nunca manifestado el mínimo arrepentimiento por los crímenes cometidos ni haya desembolsado un solo centavo de los 16 millones de dólares que debe por reparación civil, el ex dictador sigue mendigando un indulto humanitario con cualquier presidente en turno. Hasta ahora el indulto, que se apoya en un discutible cáncer en la lengua, ha sido constantemente denegado.

Sin embargo, últimamente el presidente Kuczynski, haciendo caso omiso de que fueron los arraigados sentimientos antifujimoristas los que lo llevaron a la presidencia, parece orientado a concederlo.

Paradójicamente, un Fujimori indultado es lo que menos le conviene a su hija Keiko, quien vería inevitable- mente mermado su actual liderazgo, ya amenazado por su hermano Kenji, imagen del hijo fiel, que pide explícitamente la liberación del padre y critica todas las iniciativas legislativas de su propia bancada al punto de arriesgar la expulsión del partido.

Sea como fuere, los Fujimori no paran de ocupar las primeras planas, ya sea que se trate de los disparates de Kenji, las lamentaciones carcelarias del patriarca o las amenazas de Keiko, quien, salpicada por las revelaciones de Marcelo Odebrecht relativas al financiamiento oculto de sus campañas electorales, está embistiendo a la cúspide del Poder Judicial con un atrevido contraataque que sacude hasta los cimientos de la institucionalidad democrática.

Si se suman a las arremetidas en contra del Tribunal Constitucional y del fiscal de la Nación, el amedrentamiento a la prensa, amenazada de denuncias penales y los ataques reiterados al propio presidente Kuczynski, cobra vigencia la inquietante afirmación del politólogo Nelson Manrique: El principal desafío que afronta la democracia peruana hoy es la ofensiva del fujimorismo, que busca destruir la débil institucionalidad existente para asegurar la impunidad de Keiko Fujimori.

 

* Periodista italiano

 

 

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El largo camino de una candidatura independiente

 

El 1 de enero de 1994 un levantamiento armado en Chiapas, compuesto en su mayoría por indígenas mayas, hacía pública una declaración de guerra al Estado mexicano; dando a conocer el por qué de su lucha en la Primera Declaración de la Selva Lacandona que se concentraban en 11 demandas: Tierra, trabajo, alimentación, salud, educación, vivienda digna, independencia, democracia, libertad, justicia y paz.1

Su aparición coincidió con un año electoral, los zapatistas declararon abiertamente su no participación pero sí su apoyo al entonces candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Cuauhtémoc Cárdenas, quien fuera el primer civil por el que las bases zapatistas se movilizaron para darle un recibimiento masivo. Su relación con los procesos electorales ha sido más o menos la misma, declarar que su organización como tal no participa, pero puede apoyar a otros. Don Amado Avendaño, candidato a la gubernatura de Chiapas, fue otro de los que recibieron en su momento el apoyo zapatista en aquel 1994.

Hoy, junto con el Congreso Nacional Indígena (CNI) fundado en 1996,2 como parte de los esfuerzos entre el EZLN y varias representaciones de pueblos indígenas para formar una plataforma común, llevan adelante una iniciativa en la que impulsan a una mujer indígena (una de las fundadoras del CNI junto a otras mujeres y hombres), como su representante y vocera, para aparecer en las boletas electorales de 2018: María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy. Su registro es fundamental para aparecer en las papeletas de la elección como la imagen “individual” de la propuesta colectiva a la presidencia del país, o como el “símbolo de los tiempos y las demandas populares.”

 

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La vocera candidata inició su gira por el país en septiembre pasado, para recabar las firmas necesarias para su registro ante el Instituto Nacional Electoral (INE), con las bases de apoyo y la estructura militar del EZLN, en el estado que vio también su nombramiento: Chiapas. En su recorrido por los 5 Caracoles zapatistas, Marichuy recibió las muestras de apoyo de las bases civiles y el EZLN volvió a mostrar su presencia en gran número, que da fe de no ser una fuerza política menor.

¿Pero entonces, hay candidata a presidente o hay vocera candidata o todavía no hay candidata?

Las emociones ya se agolpan y las acciones de simpatía hoy se logran ver más en las redes sociales que en las calles, pero esto apenas comienza. Lo cierto es que el CIG, el EZLN, el CNI y todas las redes de apoyo tenemos como primer compromiso lograr alcanzar las 867 mil firmas de apoyo en por lo menos 17 entidades federativas, hasta el 12 de febrero de 2018, lo cual demanda una labor titánica en un escenario adverso por donde se le vea. A pesar que el zapatismo guarda una gran vitalidad dentro de sus comunidades y bases civiles, no sucede lo mismo a nivel nacional.

Recordemos que en 1995, apenas a un año de su aparición pública y ante un muy reciente proceso electoral perdido, los zapatistas declaraban: “señalamos en nuestra Tercera declaración de la Selva Lacandona, (la necesidad de) un Movimiento para la Liberación Nacional que junte todas las fuerzas, a todos los ciudadanos y organizaciones que luchan contra el sistema de partido de Estado. Un movimiento que encuentre el punto en el que todas las fuerzas democráticas coincidan. Un movimiento que enarbole un programa de lucha común. Un movimiento que proponga un plan de acción nacional de lucha por la democracia, la libertad y la justicia para todos los mexicanos, y por la defensa de la soberanía nacional.”

 

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Hoy declaran su oposición a todas las fuerzas políticas electorales: “Ninguna reivindicación de nuestros pueblos, ninguna determinación y ejercicio de autonomía, ninguna esperanza hecha realidad ha respondido a los tiempos y formas electoreras que los poderosos llaman democracia. Por lo que no sólo pretendemos arrebatarles el destino que nos han quitado y desgraciado, pretendemos desmontar ese poder podrido que está matando a nuestros pueblos y la madre tierra y las únicas grietas que hemos encontrado y que han ido liberando conciencias y territorios, dando consuelos y esperanza están en la resistencia y rebeldía.”4

“Nuestro llamado es a organizarnos en todos los rincones del país, para reunir los elementos necesarios para que el Concejo Indígena de Gobierno y nuestra vocera sea registrada como candidata independiente a la presidencia de este país y sí, echarles a perder su fiesta basada en nuestra muerte y hacer la propia, basada en la dignidad, la organización y la construcción de un nuevo país y de un nuevo mundo.”

Bueno, la cosa es que se necesitan las miles de firmas; pensando en que la sociedad civil nacional ha tenido un papel fundamental en algunas de las iniciativas zapatistas precedentes, podríamos tener de referencia dos concretas: la Consulta Nacional e Internacional de 1995, donde como hoy, fue posible con recursos de simpatizantes, y en la cual participaron 1,300,000 personas, Alianza Cívica fue clave y sí, también se necesitaba credencial de elector para poder participar o en su caso, un documento con fotografía oficial. Y el otro precedente es la “Consulta Nacional por el Reconocimiento de los Derechos Indígenas y por el Fin de la Guerra de Exterminio” realizada el 21 de marzo de 19995 y en la cual participaron 2 millones 854 mil personas, con credencial para votar o documento con fotografía oficial, cartilla militar, cédula profesional o credencial de escuelas; la fundación Arturo Rosenblueth, fue la encargada del cómputo de resultados de esa jornada.

Hoy el llamado es a recoger casi un millón de firmas en 17 estados, y es como una especie de consulta, no un llenado de plazas, no una marcha; al pedirte la firma es como invitarte a que digas SÍ, que Marichuy.

logre su registro, SÍ, que el CIG esté en las boletas electorales en 2018 con el nombre de la vocera, SÍ que el CNI-EZLN entren al escenario electoral cumpliendo las formalidades para “echarles a perder la fiesta”, como afirman los zapatistas y el CNI.

En el escenario electoral donde todos buscan los votos y alcanzar la presidencia, la iniciativa de CNI-EZLN que va por los medios y la organización, sigue siendo uno de sus paradigmas más riesgosos.

Todavía hay mucho que responder, pero pensamos varios que todas las preguntas se reducen en este momento a una sola ¿Lograremos el registro de la vocera ante el INE?, la historia ha demostrado que no sólo es alcanzable sino necesario, porque son iniciativas como estas las que siguen poniendo el “dedo en el renglón”, en los temas de fondo, no en la frivolidad de la politiquería. Evidentemente no son ni las únicas, ni siquiera las mejores, pero las iniciativas zapatistas son una constante en poco más de dos décadas, para bien y para mal, y algunas han permitido avances en la vida política nacional, mismos que están amenazados y son agraviados todos los días por un sistema político entrelazado con el crimen organizado, imposibilitado por su falta de visión de Estado, por un pensamiento empresarial que todo lo define como mercancía y como utilidad.

La campaña del CNI-EZLN es una nueva paradoja en el contexto de la cultura política mexicana donde se hace a un lado al líder máximo (hombre en todos los casos), donde no es un partido político tradicional, donde la vocera candidata siempre va acompañada de miembros del CIG, donde el proyecto es el CIG y no la candidata vocera, donde se vuelve a poner a prueba el racismo, el clasismo y la misoginia mexicana. Si bien muchos quisieran ir por todo en esta coyuntura, hay que ir por lo primero, que son las firmas para lograr el registro, ya después vendrá lo que falta por hacer.

 

 

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Hoy vemos los resultados que según PageRank nos son más apropiados, mientras que otras personas ven otros completamente diferentes. En pocas palabras, Google no es igual para todos.

 

Pocas personas se han percatado del post aparecido en el blog oficial de Google el 4 de diciembre de 2009. No buscaba llamar la atención, ninguna declaración llamativa ni anuncios impactantes de Silicon Valley, solo unos pocos parágrafos ensartados entre la lista de las palabras más buscadas y una actualización sobre el software financiero de Google.

Pero no ha escapado a todos. El blogger Danny Sullivan analiza siempre cuidadosamente el post de Google para tratar de averiguar cuáles son los próximos proyectos de la empresa californiana y lo ha encontrado muy interesante. Ha escrito que se trataba del “cambio más grande jamás acaecido en los motores de búsqueda”. Bastaba el título para entenderlo: “Búsquedas personalizadas para todos”.

Google usa actualmente 57 indicadores –desde el lugar en que estamos, al navegador que estamos usando, al tipo de búsqueda que hemos hecho– para averiguar quiénes somos y qué sitios visitamos. También cuando no estamos conectados, continúa personalizando los resultados y mostrándonos las páginas sobre las que probablemente clicaremos. Normalmente se piensa que haciendo una búsqueda en Google todos obtenemos los mismos resultados, aquellos que según el famoso algoritmo de la empresa PageRank tienen mayor relevancia en relación a los términos buscados. Pero desde diciembre de 2009 ya no es así. Hoy vemos los resultados que según PageRank nos son más apropiados, mientras que otras personas ven otros completamente diferentes. En pocas palabras, Google no es igual para todos.

No es difícil darse cuenta de la diferencia. En la primavera de 2010, mientras la plataforma Deepwater Horizon vertía petróleo en el golfo de México, pedí a dos amigos hacer la misma búsqueda en Google. Ambos viven en el noreste de Estados Unidos y son dos personas muy similares, de raza blanca, educados y de izquierdas. Los dos buscaron “BP”, consiguiendo resultados muy diferentes. Uno encontró información sobre las inversiones relacionadas con BP y otras noticias. En un caso, la primera página de resultados de Google contenía los links sobre el incidente en el golfo; en el otro no aparecía nada sobre el tema, solo una publicidad de la compañía petrolífera. Incluso el número de resultados era diferente: 180 millones y 139 millones. Si las diferencias entre dos personas de izquierda de la costa este eran tan grandes, imaginémonos cuánto lo serán, por ejemplo, respecto a las de un viejo republicano de Texas o las de un hombre de negocios japonés.

Ahora que Google está personalizado, la investigación sobre “células madre” probablemente dé resultados diametralmente opuestos para los científicos que son favorables a su estudio y para quienes estén en contra. Escribiendo “cambio climático”, un ecologista y el dirigente de una compañía petrolífera obtendrán respuestas diferentes. La mayoría de nosotros cree que los motores de búsqueda son neutrales, pero probablemente lo pensamos porque nos son impuestos para secundar nuestras ideas. La pantalla del ordenador cada vez mira más por nuestros intereses mientras los analistas de los algoritmos observan todo lo que cliqueamos. El anuncio de Google marca el punto de inflexión de una revolución importante, pero casi invisible de nuestro modo de consumir la información. Podríamos decir que el 4 de diciembre de 2009 comienza la era de la personalización.

 

Dime lo que quiero

 

 

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Cada clic es una mercancía y cada movimiento de nuestro ratón puede venderse en unos pocos microsegundos al mejor postor.

 

El mundo digital está cambiando, discretamente y sin hacer demasiado ruido. Lo que hace un tiempo era un medio anónimo en el que todos podían ser cualquiera –en el que nadie sabe si eres un perro, como decía una famosa viñeta del New Yorker– ahora es una forma de recoger y analizar nuestros datos personales. Según un estudio del Wall Street Journal, los cincuenta sitios más populares del mundo, desde CNN a Yahoo, a MSN, instalan una media de 64 cookies y beacons cargados de datos sobre nosotros.

Si buscamos una palabra como “depresión” en un diccionario online, el sitio instala en nuestro ordenador hasta 223 cookies y beacons que permiten a otros sitios invadirnos con publicidad de antidepresivos. Si hacemos una búsqueda sobre la posibilidad de que nos engañe nuestra esposa, seremos acosados por anuncios sobre tests de ADN para determinar la paternidad de nuestros hijos. Hoy la red no solo sabe si eres un perro, sino también la raza, y la comida que tiene que venderte.

La carrera por saber lo más posible de nosotros está ahora en el centro de la batalla del siglo entre gigantes como Google, Facebook, Apple y Microsoft. Como ha explicado Chris Palmer de la Electronic Frontier Foundation, “el servicio parece gratuito, pero lo pagamos con información sobre nosotros. Información que Google y Facebook están dispuestos a convertir en dinero”. Incluso siendo herramientas útiles y gratuitas, Gmail y Facebook también son eficientes y máquinas voraces para extraer información, donde revelamos los detalles más íntimos de nuestras vidas.

Nuestro iPhone sabe exactamente dónde vamos, a quién llamamos, qué leemos. Con su micrófono integrado, el giroscopio y los GPS, es capaz de entender saber si estamos paseando, nos encontramos en el coche o en una fiesta.

Aunque Google, hasta ahora, ha prometido no revelar nuestros datos personales, otros sitios y aplicaciones populares no lo garantizan. Detrás de las páginas que visitamos se esconde un enorme mercado de información sobre lo que hacemos online controlado por sociedades que recopilan datos poco conocidos pero muy rentables, como BlueKai y Acxiom. Solo Acxiom ha acumulado una media de mil 500 informaciones, –desde la capacidad de crédito a los medicamentos comprados online– sobre cada persona de su base de datos, que incluye al 96% de los estadounidenses. Y cualquier sitio web, no sólo Google y Facebook, puede ahora participar en el banquete.

Según los agentes, los comportamientos de mercado, cada clic es una mercancía y cada movimiento de nuestro ratón puede venderse en unos pocos microsegundos al mejor postor. Como estrategia de mercado, la fórmula de los gigantes de internet es simple: cuanta más información personal son capaces de ofrecer, más espacios publicitarios pueden vender, y más probabilidades de que compremos los productos que se nos muestran. Es una fórmula que funciona. Amazon vende miles de millones de dólares intentando prever lo que puede interesar a los consumidores y volcando los resultados en su tienda virtual. Más del 60% de las películas descargadas o de los DVD alquilados en Netflix depende de las hipótesis que el sitio se hace sobre las preferencias de cada cliente.

Según la directora operativa de Facebook, Sheryl Sandberg, dentro de tres, o cinco años como máximo, la idea de un sitio no personalizado parecerá absurda. Uno de los vicepresidentes de Yahoo, Tapan Bhat, coincide: “El futuro de la web es la personalización. Hoy la web habla en primera persona. La red debe ser inteligente y a la medida de cada usuario”. El exadministrador de Google, Eric Schmidt, declara con entusiasmo: “el producto que siempre he querido crear ‘es un código que imagine lo que voy a escribir’”. Google instantáneo, que anticipa lo que queremos buscar mientras escribimos, fue lanzado en el otoño de 2010, y es sólo el comienzo. Según Schmidt, los usuarios quieren que Google diga lo que deben hacer después.

Si fuera sólo una forma de vender publicidad orientada, no sería tan grave. Pero la personalización no condiciona sólo lo que compramos. Para un porcentaje creciente de usuarios, los sitios de noticias personalizadas como Facebook se están convirtiendo en fuentes de información fundamental: el 36% de los estadounidenses menores de 30 años lee las noticias en las redes sociales. Como dice su fundador, Mark Zuckerberg, Facebook es quizás la mayor fuente de noticias del mundo (al menos por lo que respecta a una cierta idea de noticias). Pero la personalización no está condicionando el flujo de la información no sólo en Facebook: actualmente servicios como Yahoo y News.me, lanzado por el New York Times, adaptan las noticias a nuestros intereses y deseos particulares.

La personalización interviene también en la selección de los videos que vemos en YouTube y en los blogs, influye en el correo electrónico que recibimos, sobre potenciales parejas que encontramos en OkCupid y en los restaurantes que nos recomienda Yelp. La personalización puede determinar no sólo con quién salimos, sino también a dónde vamos y qué hablamos. Los algoritmos que gestionan la publicidad orientada están empezando a administrar nuestras vidas. Como ha explicado Eric Schmidt, será muy difícil ver o comprar algo que en cierto sentido no haya sido hecho a nuestra medida.

El código de la nueva red es bastante sencillo. Los filtros de nueva generación vigilan las cosas que nos gustan –basándose en lo que hemos hecho o lo que les gusta a las personas semejantes a nosotros– y después extrapolan la información. Son capaces de hacer predicciones, para crear y perfeccionar constantemente quiénes somos, qué hacemos y lo qué queremos. Juntos, filtran un universo de información específica para cada uno de nosotros, una “burbuja de filtros”; que altera la manera en que entramos en contacto con las ideas y la información. De un modo u otro todos siempre hemos elegido las cosas que nos interesan e ignorado el resto. Pero la burbuja de filtros introduce tres nuevas dinámicas.

En primer lugar, estamos solos en su interior. Un canal de cable dedicado a quienes les interesa específicamente, por ejemplo el golf, tiene otros espectadores que comparten cosas en común. Sin embargo, en la burbuja estamos solos. En una época en que la información compartida es la base de experiencias compartidas, la burbuja de filtros es una fuerza centrífuga que nos divide.

En segundo lugar, la burbuja es invisible. La mayor parte de las personas que consulta fuentes de noticias de derecha o de izquierda sabe que esa información está dirigida a quienes tienen una orientación política determinada. Pero Google no es tan transparente. No nos dice qué piensa o por qué nos muestra los resultados que vemos. No sabemos si está haciendo suposiciones acertadas o no sobre nosotros, ni siquiera si las está haciendo. Mi amigo, que buscaba noticias acerca de “BP”, no tiene ni idea de por qué encontró información acerca de las inversiones, no es un agente de bolsa. Dado que no hemos elegido los criterios con que los sitios filtran la información entrante y saliente, es fácil imaginar que la que nos llega a través de la burbuja es objetiva y neutral. Pero no es así. De hecho, desde el interior de la burbuja es casi imposible darse cuenta de cuánta información se ve. Nosotros no decidimos lo que recibimos, y, sobre todo, no vemos lo que sale.

Finalmente, nosotros no decidimos entrar en la burbuja. Cuando vemos Fox News o leemos The New Statesman, ya hemos decidido qué filtro utilizar para interpretar el mundo. Es un proceso activo, y como si nos pusiéramos voluntariamente un par de lentes de colores, sabemos muy bien que las opiniones de los periodistas condicionan nuestra percepción del mundo. Pero en el caso de los filtros personalizados no hacemos el mismo tipo de elección. Vienen a nosotros, y dado que se perfeccionan, será cada vez más difíciles evitarlos.

 

El fin del espacio público

 

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La democracia depende de la capacidad de los ciudadanos para hacer frente a puntos de vista diferentes. Cuando sólo nos ofrece información que refleja nuestras opiniones, Internet limita esta confrontación.

 

La personalización se basa en un acuerdo económico. A cambio del servicio que ofrecen los filtros, regalamos a las grandes empresas una enorme cantidad de datos sobre nuestra vida privada. Y estas empresas cada vez están más dispuestas a usarlos para tomar decisiones. Pero no tenemos ninguna garantía de que los traten cuidadosamente, y cuando sobre la base de estos datos se toman decisiones que nos afectan negativamente, nadie nos lo dice. La burbuja de filtros puede influir sobre nuestra capacidad de elegir cómo queremos vivir. Según Yochai Benkler, profesor de derecho en Harvard y estudioso de la nueva economía de la red, para ser artífices de nuestras vidas debemos ser conscientes de las alternativas.

Cuando entramos en la burbuja de los filtros, permitimos a las empresas que la construyen elegir qué alternativas podemos considerar. Nos ilusionamos con ser dueños de nuestro destino, pero la personalización puede producir una especie de determinismo de la información, en que lo que hemos cliqueado en el pasado determina lo que vamos a ver en el futuro, una historia diseñada para repetirse indefinidamente. Nos exponemos a permanecer atascados en una versión estática y cada vez más reducida de nosotros mismos, una especie de círculo vicioso. También hay consecuencias más amplias. Robert Putnam en su Capital social y el individualismo, el libro sobre la decadencia del sentido cívico en América, afronta el problema del agotamiento del ‘capital social’, es decir, de los lazos de confianza y reciprocidad lleva a las personas a devolverse favores y a colaborar para resolver problemas comunes. Putnam identifica dos tipos de capital social: “El espíritu de grupo”, que, por ejemplo, se crea entre los exestudiantes de la propia Universidad, y el “sentido de la comunidad”, que, por ejemplo, se crea cuando personas diversas se encuentran en una asamblea pública. Este segundo tipo de capital es muy potente: si lo acumulamos, tenemos más probabilidades de encontrar un puesto de trabajo o alguien dispuesto a invertir en nuestra empresa, porque nos permite atender a tantas redes diversas.

Todos esperábamos que internet fuera una gran fuente de capital de este segundo tipo. En el apogeo de la burbuja tecnológica hace diez años, Thomas L. Friedman escribía que internet se convertiría en una comunidad de vecinos. Esta idea fue la base de su libro Las raíces del futuro: Internet se convertirá en un gran dispositivo con que contará el sistema de la globalización hasta hacer el mundo cada día más pequeño y veloz.

Friedman tenía en mente una especie de aldea global en la que los niños africanos y los hombres de negocios de Nueva York formarían una sola comunidad. Pero no es eso lo que está pasando. Nuestros vecinos virtuales se parecen cada vez más a los reales, y nuestros vecinos reales se parecen cada vez más a nosotros.

Tenemos cada vez más espíritu de grupo; pero poquísimo sentido de la comunidad. Y esto es importante porque del sentido de comunidad nace nuestra idea de un espacio público en el que tratamos de resolver los problemas que van más allá de nuestros intereses personales. Normalmente tendemos a reaccionar a una serie de estímulos muy limitados: leemos antes una noticia sobre sexo, política, violencia, famosos, o que nos hace reír. Este es el tipo de contenido que entra más fácilmente en la burbuja de filtros. Es fácil hacer clic en Me Gusta y aumentar la visibilidad del post de un amigo que ha participado en una maratón o ha hecho una receta de sopa de cebolla.

Es mucho más difícil hacer clic en Me Gusta en un artículo titulado Ha sido el mes más sangriento de los últimos dos años en Darfur. En un mundo personalizado, hay pocas probabilidades de que cuestiones importantes, pero complejas o desagradables, llamen nuestra atención. Todo esto no es particularmente preocupante si la información que entra y sale de nuestro universo personal se refiere solo a productos de consumo. Pero cuando la personalización también incumbe a nuestros pensamientos surgen otros problemas. La democracia depende de la capacidad de los ciudadanos para hacer frente a puntos de vista diferentes. Cuando sólo nos ofrece información que refleja nuestras opiniones, Internet limita esta confrontación. Aunque si a veces se nos hace cómodo para ver lo que queremos, en otras ocasiones es importante que no es así.

Como los viejos guardianes de las puertas de la ciudad, los técnicos que escriben nuevos códigos tienen el enorme poder de determinar lo que sabemos del mundo. Pero a diferencia de aquellos guardianes, los de hoy no se sienten defensores del bien público. No existe el algoritmo de la ética periodística. Una vez Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, dijo a sus colegas que “para un usuario una ardilla que muere en su jardín puede ser más relevante que todas las personas que mueren en África”. En Facebook, la relevancia es prácticamente el único criterio que determina lo que ven los usuarios. Concentrarse en las noticias más relevantes a nivel personal, como la ardilla muerta, es una gran estrategia de mercado pero nos deja ver sólo nuestro jardín y no las personas que sufren, mueren o luchan por la libertad en otros lugares.

No es posible volver al antiguo sistema de los guardianes, y tampoco sería justo, pero si ahora son los algoritmos los que toman las decisiones y determinan lo que vemos, debemos estar seguros de que las variables de que disponemos van más allá de la estrecha “relevancia” personal. Deben hacernos ver Afganistán y Libia, no solo Apple y nuestro cantante favorito. Como consumidores no es difícil determinar lo que para nosotros es irrelevante o poco interesante. Pero lo que es bueno para un consumidor no tiene por qué serlo para un ciudadano. No quiere decirse que lo que aparentemente nos gusta sea lo que realmente queremos, y mucho menos que sea lo que debemos saber para ser ciudadanos informados de una comunidad o un país.

Es nuestro deber como ciudadanos estar informados también sobre las cosas que parecen no merecer nuestro interés, según el experto en tecnología Clive Thomp. El crítico Lee Siegel lo dice de otra manera: “Los clientes siempre tienen razón, las personas no”.

 

Lobotomía global

 

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Cuando entramos en la burbuja de los filtros, permitimos a las empresas que la construyen elegir qué alternativas podemos considerar.

 

La era de la personalización está poniendo todas nuestras expectativas en internet. Los creadores de la red han imaginado algo más grande y más importante que un sistema mundial para compartir imágenes de nuestro gato. El manifiesto de Electronic Frontier Foundation al inicio de los años 90, hablaba de una “cultura de la mente en el ciberespacio”, una especie de metacerebro global. Pero los filtros personalizados cambian las sinapsis del cerebro. Sin saberlo, nos estamos haciendo una lobotomía global.

Los primeros entusiastas de internet, como el creador de la web, Tim Berners-Lee, esperaban que la red sería una nueva plataforma desde la cual afrontar juntos los problemas del mundo. Creo que todavía puede serlo, pero antes debemos mirar entre bastidores, comprender qué fuerzas están impulsando la dirección actual. Tenemos que desenmascarar el código y sus responsables, a quienes nos han dado la personalización.

Si “código es ley” como ha declarado el fundador de Creative Commons, Larry Lessig, es importante comprender lo que están intentando hacer los nuevos legisladores. Debemos saber qué creen los programadores de Google y Facebook. Debemos entender qué fuerzas sociales y económicas están detrás de la personalización, cuáles son inevitables y cuáles no. Y tenemos que pensar qué significa todo esto para la política, la cultura y nuestro futuro.

Las empresas que utilizan los algoritmos deben asumir esta responsabilidad. Deben dejarnos el control de lo que vemos, diciéndonos claramente cuándo están personalizando y permitiéndonos modificar nuestros filtros.

Pero también nosotros debemos hacer nuestra parte, aprender a conocer los filtros para usarlos bien y pedir contenidos que aumenten nuestros horizontes, incluso cuando sean desagradables. Es por nuestro interés colectivo que tenemos que asegurarnos que internet expresa todo su potencial de medio revolucionario. Pero no podrá hacerlo si permanecemos encerrados en nuestro mundo online personalizado.

 

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Eli Pariser, activista web y autor del libro “La burbuja de los filtros: lo que Internet te oculta”.

 

Nota:

 

Eli Pariser, es activista web y autor del libro “La burbuja de los filtros: lo que Internet te oculta” (The Filter Bubble: What the internet is hiding from you) Nació en 1980 en Lincolnville, Maine. Ha sido el director de MoveOn.org, que reagrupa e incluye los movimientos de base de la izquierda estadounidense, y uno de los fundadores de Avaaz, una organización que apoya campañas para el medio ambiente y la democracia en todo el mundo. En febrero de 2011 tuvo lugar una Conferencia Ted sobre la burbuja de filtros, con el argumento de su libro The filter bubble.

 

 

Concentración económica, poder político y desigualdad

Desde hace años se sabe que la tendencia hacia una mayor concentración industrial y centralización del poder económico es una característica sobresaliente de la economía de Estados Unidos. Los datos económicos lo han confirmado periódicamente, por ejemplo con información sobre control de parcelas de mercado o sobre el valor de mercado de los activos de una empresa. Y el crecimiento del sector financiero y sus oportunidades de espacios especulativos agravó esta tendencia.

Recientemente Luis Zingales (economista de la Universidad de Chicago) publicó un estudio sobre la dinámica de este proceso en Estados Unidos. Una de sus principales conclusiones es que el vínculo entre poder de mercado y la influencia política forma un círculo vicioso. El mayor poder económico es utilizado para incrementar el dominio político mediante actividades que van desde el cabildeo más o menos ilegal, hasta lo que se ha llamado la "captura regulatoria". Este último fenómeno consiste en debilitar y controlar las agencias regulatorias encargadas de aplicar la normatividad vigente. Para Zingales este proceso es comparable al que existía en la dinastía de los Medici en el siglo XV en Italia: el dinero era usado para obtener poder político y el poder político era empleado para ganar más dinero. Así de sencillo era el círculo vicioso de los Medici.

Para apreciar la importancia de este análisis hay que recordar que la teoría económica dominante considera a las empresas como entidades que bien pueden tener poder económico, pero no pueden afectar las reglas del juego político. Sin embargo, en el mundo real las grandes corporaciones contratan intermediarios que se aseguran de introducir nuevas leyes, modifican las vigentes y adecuar los reglamentos existentes para reducir los costos de las empresas dominantes o para abrir el paso a todo tipo de prácticas monopólicas en detrimento de consumidores y del medio ambiente. Los ejemplos de todo lo anterior abundan, ya sea en el ámbito de la salud humana, sanidad vegetal, seguridad internacional o estabilidad financiera. El despliegue de actividades de los grupos de cabildeo o lobby de la industria farmacéutica, agro-alimentaria, militar o del sector financiero en Washington son un testimonio elocuente de cómo opera la cadena de transmisión del círculo vicioso identificado por Zingales.

La importancia de este fenómeno en Estados Unidos ha sido estudiada por muchos investigadores. La concentración industrial y la falta de competencia que conlleva ha sido vinculada con varios problemas graves que aquejan a la economía estadunidense. Entre ellos destaca la falta de competividad internacional, la menguante participación del trabajo en el ingreso nacional y la creciente desigualdad. En realidad, la deformación de las estructuras económicas en Estados Unidos en las últimas décadas es producto de este proceso de concentración de poder económico y político.

Pero el problema no es privativo de ese país. El último informe anual de UNCTAD sobre comercio y desarrollo (publicado el pasado septiembre) muestra que este tipo de círculo vicioso es un rasgo prominente de la economía mundial. Las tres décadas de neoliberalismo y de globalización condujeron a un fuerte incremento en la concentración de mercado y a la proliferación de lo que Keynes llamaba capitalismo rentista (se refería a una clase social que obtiene ganancias por la simple propiedad de activos en lugar de hacerlo a través de una inversión productiva). El estudio de UNCTAD cubrió 56 países de distintos grados de desarrollo durante el periodo 1995-2015. O sea que bajo el neoliberalismo la tendencia a una mayor concentración industrial corta todas las diferencias entre países.

Hay otra consideración por la que este tema no puede quedar en un segundo plano. La concentración industrial es casi siempre vista como un problema sectorial cuyos efectos se circunscriben al ámbito de cada rama de actividad. Así, el problema es considerado limitado a la cuestión de cuántas empresas grandes coexisten en cada rama (jabones o automóviles, por ejemplo) y las implicaciones sobre el bienestar de los consumidores de esos bienes. En realidad, el problema tiene una dimensión macroeconómica y la misma idea del círculo vicioso nos permite ver ese aspecto del problema con mayor claridad.

Varios estudios confirman hoy que la creciente concentración industrial promueve mayor desigualdad porque cuando las estructuras competitivas se ven distorsionadas, existe mayor probabilidad de aumentos de precios anti-competitivos con efectos regresivos. La generación de poder de mercado busca incrementar la recompensa al capital y contribuye a perpetuar la desigualdad.

Hoy hasta el Fondo Monetario Internacional está preocupado por el tema de la desigualdad. Pero las fuerzas que han generado este problema no se podrán resolver con algunas medidas cosméticas. Los complejos vínculos entre la concentración industrial y el poder político más bien indican que se trata de uno de los aspectos más profundos de la evolución del capitalismo mundial.

Twitter: @anadaloficial

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