Ortega acusa de golpistas a los impulsores de una marcha contra el machismo

El Gobierno nicaragüense despliega un fuerte dispositivo de seguridad en Managua para evitar la manifestación contra la violencia de género 

 

La Policía Nacional de Nicaragua prohibió la organización de una manifestación prevista para el domingo, en conmemoración del Día Internacional de la Violencia Contra las Mujeres, porque sus organizadores “están siendo investigados” por supuestamente organizar un “fallido intento de golpe de Estado” contra el presidente Daniel Ortega, en referencia a las protestas que desde abril exigen el fin del mandato del sandinista, que ha gobernado durante más de once años este país centroamericano.


La manifestación fue convocada por organizaciones de mujeres que forman la llamada Articulación Feminista y estaba apoyada por la Unidad Nacional Azul y Blanco, agrupación que reúne a más de 40 organismos opositores al régimen, entre ellas la Alianza Cívica, encargada de negociar una salida a la crisis política. Un grupo de personas se había presentado el jueves en la sede de la Policía Nacional para exigir el permiso a la manifestación, pero ningún funcionario de la institución quiso firmar el documento.


Las mujeres dijeron que con o sin permiso marcharían el domingo, pero desde la tarde del jueves el Gobierno ordenó desplegar un fuerte dispositivo de seguridad en toda la capital, con retenes policiales en las principales arterias, que detenían y revisaban automóviles, mientras que caravanas de antidisturbios patrullaban las zonas neurálgicas de una Managua convertida prácticamente en una ciudad sitiada. “A las 9 p.m. Managua es una ciudad fantasma y andar en la calle te dispara la adrenalina: retenes policiales en Carretera a Masaya, primera entrada de Las Colinas (barrio residencial) y rotonda Jean Paul Genie. Gracias a Dios llegué bien a mi casa”, escribía Katy, una capitalina, en Twitter, en un mensaje que demuestra la tensión en la que viven los habitantes de esta ciudad.


Los oficiales antidisturbios también fueron desplegados en el punto donde estaba previsto el inicio de la marcha y a lo largo de la céntrica Carretera a Masaya, que ha sido el escenario donde durante siete meses han marchado decenas de miles de nicaragüenses que exigen el fin del régimen. También fueron movilizados a la sede del Canal 100% Noticias, uno de los medios más críticos con el Gobierno y que ha sido sacado en varias ocasiones de la televisión abierta por informar de forma ininterrumpida de los ataques a las marchas opositoras por huestes leales al Ejecutivo de Ortega.


“No es la Policía la que debe decir si marchamos o no. Al solicitar el permiso cumplimos con un trámite, por las arbitrariedades que ha venido planteando la Policía”, dijo a EL PAÍS Ana Quirós, integrante de la Articulación Feminista. “La Constitución es muy clara y establece que tenemos derecho a manifestarnos, nos da plena libertad para hacerlo. La Constitución está por encima de cualquier ley, de cualquier normativa”, agregó la líder feminista.


El Gobierno de Ortega informó a finales de septiembre a través de un comunicado emitido por la Policía Nacional sobre la prohibición de las protestas en Nicaragua. Y amenazaba con enjuiciar a quienes organizaran nuevas manifestaciones. Para las autoridades las protestas son “ilegales” y una amenaza a la paz y la seguridad. En los últimos meses, la violencia se ha cobrado la vida de 326 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA. La mayoría de ellos eran civiles que murieron por la represión desatada desde el Estado. El Ejecutivo sandinista, sin embargo, solo reconoce 198 muertos y hace especial hincapié a través de los medios ligados al Gobierno de que 22 de esas víctimas eran policías.


En su comunicado del viernes para prohibir la marcha de las mujeres la Policía afirma que “no autoriza ni autorizará” movilizaciones públicas “a personas, asociaciones o movimientos que participaron y están siendo investigados por sus acciones en el fallido intento de golpe de Estado” contra el Gobierno de Ortega. Ana María Tello, jefa de misión de CIDH en Managua, dijo a los medios que algunas de las personas que habían solicitado el permiso para la marcha fueron “visitadas” luego por agentes de la Policía, mientras que otras sufrieron “hostigamiento e intimidación” en sus domicilios. Tello dijo que también había fuerte despliegue policial en el norte y centro de Nicaragua. “Lo vemos con mucha preocupación. Esto violenta los derechos humanos, es un impedimento a la manifestación pública, a la protesta pacífica”, afirmó.


Las agrupaciones feministas dijeron que insistirán en obtener el permiso para la manifestación, denominada “Por una Nicaragua libre de violencia”, con la que pretenden recordar a las 54 mujeres asesinadas en el país hasta noviembre por la violencia machista, pero también a los muertos en el contexto de la crisis que cumplió siete meses sin que haya voluntad política del Gobierno para encontrar una salida negociada. La feminista Quirós pidió a los nicaragüenses que se vistan el domingo de negro y que usen pañuelos color violeta como símbolo de resistencia y protesta.

Por Carlos Salinas
Managua 23 NOV 2018 - 16:46 COT

 

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Banksy: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”

Okey, última subasta, míster Banksy con la obra “Girl with balloon o Chica con globo”, 1,10, “quién da más”, 1,15… 1,18 millones de euros “se va, se va, se ha ido”. Tras cerrarse la compra sonó una alarma desde el cuadro y segundos después el lienzo, una reproducción de un mural pintado en 2002 por el artista del graffiti, empezó a deslizarse del marco pasando por una trituradora de papel que la destruye pero no totalmente. Luego, el silencio, la desorientación y el despliegue de numerosos celulares para tomar fotos desde todos los ángulos posibles. La difusión de imágenes y el consumo viral de contenidos inunda las redes con este performance, ¿contestario o cómplice?

 

El viernes 5 de octubre, durante la subasta en Sotheby’s (Londres) de la reproducción de un grafiti de Banksy, artista de la calle que con sus creaciones critica constantemente al sistema capitalista, lo que era un acto comercial trascendió como un suceso político en el cual la denuncia y el cuestionamiento a la cosificación y mercantilización dominante en nuestras sociedades, saltó al primer lugar.

 

Según sus historias de instagram, el artista ideó un sistema para la destrucción premeditada de su obra en caso de ser subastada. Ya había demostrado su frustración y desacuerdo frente a la iniciativa de una galería londinense de realizar una exposición titulada “El Banksy robado”, llevada a cabo el 28 abril de 2014 con siete de sus trabajos callejeros, extraídos de los lugares donde fueron creados, entre ellos: “La puerta de Berlín”, “Prohibido jugar a la pelota”, “Rata de Liverpool” y “Chica con globo”.

 

La oposición de su creador a esta exposición, según sus propios argumentos, responde a que “[…] la muestra es el paso previo a una subasta […]. Y agregó, “Este ‘show’ no tiene nada que ver conmigo y me parece repugnante que se permita que cualquiera pueda quitar arte de las paredes sin permiso”. Su oposición y denuncia permite preguntar, ¿Acaso en el capitalismo todo es susceptible de ser vendido o comprado?

 

Capitalismo y arte

 

El capitalismo es una sociedad hostil a las artes y las ciencias. El valor máximo que orienta los actos de quien vive en este sistema social es el dinero. Conseguirlo, cueste lo que cueste, es la única forma de ser exitoso. Trump, el actual presidente de los Estados Unidos, es la quintaesencia de la experiencia del éxito capitalista. No es gratuito que uno de los activos principales de su fortuna sea el mafioso negocio de los casinos.

 

El esfuerzo común de crear resulta demasiado penoso para quien no se orienta por el cálculo egoísta y el frío interés. Este imperativo social ha tenido un efecto singular en la historia de las prácticas artísticas. Uno de los momentos más significativo de ese efecto fue la propuesta desarrollada por el norteamericano Andy Warhol en la década del cincuenta y sesenta del siglo pasado.

 

La imaginación de Warhol le permitió pensar la idea de una fábrica productora de objetos artísticos. Pero rápidamente asimiló que el producto fabril, al entrar en el mercado de consumo, se transmutaba en mercancía y que al asumir esa condición había que colocarle un precio. Establecer los criterios para asignarle precio a esa mercancía tan singular era un asunto de autoridad. Warhol, al fin norteamericano, captó la lógica del problema y se convirtió en millonario especulando con los precios.

 

Esta se convirtió en paradigma y sobre esa premisa tomó forma el mercado de las obras de arte. Esa incongruencia se nutrió de la necesidad de expropiar a los artistas de su autoridad de creadores, por la vía de comprar sus obras. Acumular pinturas y esculturas se convirtió en otro modo de acumulación de capital, ahora en forma de prestigio y autoridad.

 

El mercado del arte


El escenario donde el ritual acumulativo comenzó a tomar forma fue la subasta. Otro norteamericano, Alfred Taubman, convirtió a Sotheby’s –la organizadora británica de subastas–, en una institución global luego de comprarla en 1983. Pues bien, Branksy ideó un magnífico perfomance para mostrar el sinsentido de esa práctica ritual.

 

Orientado por la máxima: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”, Bransky lleva dos décadas creando experiencias artísticas. En ese proceder, no se sabe cuándo imaginó que una de sus piezas fuera subastada en Sotheby’s. Lo cierto es que decidió que uno de sus grafitis: “Chica con globo” podía cumplir ese propósito. Llevó al lienzo el grafiti y le colocó un dispositivo que al activarse lo haría trizas.

 

La pintura entró a circular en el mercado, hasta que se produjo lo esperado: la obra se ofreció en subasta en octubre de este año, vendiéndose por la suma de un millón doscientos mil euros. En el momento en que el subastador dio por terminada la puja, se activó el dispositivo, seguramente a control remoto, y la obra quedó casi destruida. De esta manera, Bansky quiso burlarse de los galeristas y del consumismo vacío, pero tuvo el efecto rebote: al no destruirse en su totalidad su obra duplicó de inmediato su valor y cayó en la trampa del mercado. Sotheby’s anunció que el 13 y 14 de octubre la exhibiría de nuevo en las galerías New Bond Street, ahora con el nombre “El amor está en la basura”, y sus proyecciones económicas no fueron erradas: las enormes filas para entrar a la galería así lo atestiguan.

 

Todo lo sólido se desvanece en el aire

 

Cómo en la metáfora de Marx, la solida experiencia de la subasta original quedó disuelta en el aire ante el pasmo de los asistentes. La travesura que desnuda las pretensiones de los ricos de expropiar la autoridad estética del artista, para usarla como patrimonio propio, cumple claramente el propósito de confortar a los perturbados. En un primer momento parecía que los confortables estarían comprometidos en una batalla legal para definir quién perdía el dinero invertido: si el comprador o Sotheby’s; finalmente no fue así, la obra duplicó su valor.

 

A propósito de esto es necesario tomar en cuenta que hace cien años se desató una especie de tsunami creativo a propósito de la Revolución de Octubre. La expectativa de una sociedad donde las personas pudieran realizar a plenitud sus potencialidades humanas cristalizó en lo que se llamó las vanguardias en la pintura, la literatura, la escultura, el cine, la arquitectura, el diseño. El desenlace final de ese principio tan esperanzador dejó una herencia de aciertos y frustraciones.

 

Hoy se está dando un nuevo tsunami creativo y Bansky es uno de los protagonistas principales. Todo parece indicar que está culminando la época donde predominó la idea del fin de la historia y el imperio absoluto del capitalismo; luces con distintas intensidades y brillos se desprenden del cuerpo que con diversas lógicas y armas dominó e impuso su lógica a lo largo de los últimos siglos, luces bajo las cuales va tomando forma y se vislumbra el cuerpo –la época– de quien lo superará.

 

* https://www.instagram.com/banksy/?hl=es-la

 

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Domingo, 28 Octubre 2018 05:32

La ceremonia de los miércoles

La ceremonia de los miércoles

Cada miércoles por la tarde, delante de la embajada japonesa en Seúl, un puñado de mujeres coreanas de más de noventa años reclama en vano que Japón reconozca lo que hizo con ellas. Cada vez son menos porque, desde que empezó el reclamo, en el año 1991, han ido muriendo casi todas: hoy sólo quedan treinta y cinco sobrevivientes. Por esa razón, desde el año 2011 se han ido erigiendo estatuas de esas mujeres frente a las embajadas japonesas, no sólo en Seúl, sino también en Hong Kong, Taipei, Yakarta y Tainan, para que su reclamo no cese cuando ellas no estén. ¿Qué hizo Japón, el Japón imperial, con esas mujeres? Las convirtió en esclavas sexuales para su ejército, cuando todas ellas eran menores de edad, entre 1937 y 1945. 

La historia empezó después de la tristemente célebre masacre de Nanking. En diciembre de 1937, luego de que las tropas japonesas arrasaran la capital china, mataran más de trescientos mil civiles y violaran ochenta mil mujeres, el emperador Hirohito se escandalizó con sus altos mandos y ordenó que no se repitieran más “semejantes estigmas para la imagen del Imperio” (cito textualmente). Los altos mandos inventaron entonces las “estaciones de consuelo”, unos burdeles militares que debían cumplir tres funciones: dar satisfacción sexual a las tropas, evitar las violaciones de mujeres locales y reducir la transmisión de enfermedades venéreas, ya que las integrantes de estas “estaciones de consuelo” eran sometidas a revisaciones médicas semanales.


El reclutamiento de “voluntarias” comenzó en 1941, principalmente en Corea. Fueron pueblo por pueblo y aldea por aldea. Amparados en la Ley de Movilización General que regía en todo el imperio, se llevaban las hijas mujeres de todas las familias. Se les decía que viajarían a Japón a colaborar con el ejército imperial cocinando para las tropas, o remendando uniformes, o trabajando de enfermeras. Pero no se las enviaba a Japón sino al frente, donde eran sometidas a un régimen inhumano: vivían apiñadas en las “estaciones de consuelo” sin permiso para salir, mal alimentadas, sometidas a castigos constantes y obligadas a satisfacer las demandas de las tropas, que se incrementaban antes de cada batalla (podían llegar a ser hasta sesenta soldados por noche) porque los japoneses creían que tener sexo antes de combatir los fortificaba y protegía.


El asunto quedó convenientemente silenciado después de la guerra porque los japoneses quemaron todos los registros y, además,porque la gran mayoría de las víctimas murieron (durante la guerra o inmediatamente después, por suicidio o por enfermedades consecuencia de su internación)o no se atrevieron a volver a sus pueblos natales, por falta de recursos o por vergüenza. Recién en 1991, cuatro años después de que se estableciera la democracia en la República de Corea del Sur algunas de las sobrevivientes se atrevieron a contar por primera vez su historia. Una de ellas llamada Kim Hak-sun aceptó relatar su experiencia para un diario coreano: dijo que el calvario no había terminado con el fin de la guerra, que callarlo era casi igual de malo que habérselo confesado a sus familiares porque la escarnecían cada vez que tomaban unas copas. La única solución que veía era unirse, contarlo públicamente. Logró que doscientos cincuenta de sus compañeras se sumaran y comenzaron a juntarse cada miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl, al principio con casi nula repercusión.
El debate acerca de la esclavitud sexual en las “estaciones de consuelo” gira en torno al modo en que fueron reclutadas sus integrantes. El gobierno japonés sostuvo durante años que no había habido reclutamiento forzoso, que se trataba de “trabajadoras sexuales con licencia para ejercer y cobrar”, una forma de prostitución legal, como la que regía en su propio territorio. Las sobrevivientes no tenían ningún documento que sostuviera su acusación: sólo podían ofrecer el relato de su atroz experiencia. Pero reuniendo uno a uno esos testimonios se pudo establecer que las “mujeres de consuelo” fueron no menos de veinte mil (y se estima que pueden haber llegado hasta ochenta mil). Luego de que la legendaria jurista argentina Carmen Argibay presidiera el Tribunal Internacional de Mujeres para el Enjuiciamiento de la Esclavitud Sexual, que condenó en diciembre de 2000 al ejército nipón por los crímenes cometidos en las “estaciones de consuelo” durante la Segunda Guerra (Argibay publicó poco después un formidable trabajo sobre el tema en el Berkeley Journal of International Law) se creó en Japón el Fondo de Reparación de Mujeres Asiáticas.


Era una iniciativa privada, orquestada por Yoshiko Yamaguchi, ex actriz chino-japonesa devenida diputada en el Parlamento nipón (hablé de ella en otra contratapa: “La Orquídea de Manchuria”). El resarcimiento sólo fue aceptado por 285 de las víctimas en Corea, China, Filipinas y Taiwan: se le entregó a cada una la suma de dos millones de yens (diecisiete mil dólares). Mientras tanto siguieron las marchas de los miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl y de a poco empezaron a repetirse en otras ciudades del sudeste asiático, hasta que en el año 2015 el gobierno japonés aceptó presentar disculpas públicas a las ya ancianas víctimas sobrevivientes, en forma de un nuevo Fondo de Reparación. Lo hicieron a la manera japonesa: con reticencia, afirmando que no habían logrado hallar en los archivos oficiales ninguna prueba concreta de esclavitud sexual en las “estaciones de consuelo”. El Comité por la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas decretó este año que la respuesta de Japón no es suficiente.


Según encuestas recientes, el 70 porciento de la población coreana cree que el asunto de las “estaciones de consuelo” sigue sin resolución, mientras que el 50 porciento de la población japonesa considera que quedó finiquitado en 2015. Lo que hace falta, sostienen mientras tanto las últimas sobrevivientes, es un museo y un centro de investigaciones que nuclee todos los testimonios y documentos posibles antes de que ellas mueran: para que sea el mundo y no sólo ellas quienes pidan explicaciones al Japón. Así las cosas, en los últimos meses sucedió un hecho minúsculo que quizá tenga enormes consecuencias en esa dirección: la coreana-canadiense Emily Jungmin Yoon publicó un extraordinario libro de poemas en inglés, titulado A Cruelty Special to Our Species (“Una crueldad especial para nuestra especie”), en el que utiliza las voces de las sobrevivientes, sus testimonios, para dar a conocer al mundo los detalles y los alcances de aquella aberración.


Ya en el primer poema, titulado “Una desgracia habitual”, Yoon dice: “Han pasado setenta años ya y nadie sabe / nadie dice que éramos niñas / y esclavas / y cuán habitual era esa desgracia”. Cuenta Yoon que, cuando llegó a América, descubrió que nadie conocía la historia de las “estaciones de consuelo” y que muchas veces, hablando con canadienses y norteamericanos, le preguntaban qué pasaba entre Japón y Corea, ¿tan diferentes eran? Ella contesta así en su libro:”Hace muchos muchos años que en Japón / usan la frase jûgoen gojissen para decir coreanos / Una crueldad especial con nuestra especie / porque jûgo suena a morir en coreano / y goji suena a mentir en coreano”. Yoon dice que se decidió a terminar y publicar su libro cuando leyó que, de aquellas cuarenta mil o doscientas mil esclavas sexuales, sólo quedaban treinta y cinco sobrevivientes. Sus poemas, como esas estatuas que hay frente a las embajadas japonesas en Seúl, Hong Kong, Taipei, Yakarta y Tainan, seguirán hablándole al mundo cuando ya no quede ni una sola de esas ancianas para asistir a la ceremonia de los miércoles.

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Banksy: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”

Okey, última subasta, míster Banksy con la obra “Girl with balloon o Chica con globo”, 1,10, “quién da más”, 1,15… 1,18 millones de euros “se va, se va, se ha ido”. Tras cerrarse la compra sonó una alarma desde el cuadro y segundos después el lienzo, una reproducción de un mural pintado en 2002 por el artista del graffiti, empezó a deslizarse del marco pasando por una trituradora de papel que la destruye pero no totalmente. Luego, el silencio, la desorientación y el despliegue de numerosos celulares para tomar fotos desde todos los ángulos posibles. La difusión de imágenes y el consumo viral de contenidos inunda las redes con este performance, ¿contestario o cómplice?

 

El viernes 5 de octubre, durante la subasta en Sotheby’s (Londres) de la reproducción de un grafiti de Banksy, artista de la calle que con sus creaciones critica constantemente al sistema capitalista, lo que era un acto comercial trascendió como un suceso político en el cual la denuncia y el cuestionamiento a la cosificación y mercantilización dominante en nuestras sociedades, saltó al primer lugar.

 

Según sus historias de instagram, el artista ideó un sistema para la destrucción premeditada de su obra en caso de ser subastada. Ya había demostrado su frustración y desacuerdo frente a la iniciativa de una galería londinense de realizar una exposición titulada “El Banksy robado”, llevada a cabo el 28 abril de 2014 con siete de sus trabajos callejeros, extraídos de los lugares donde fueron creados, entre ellos: “La puerta de Berlín”, “Prohibido jugar a la pelota”, “Rata de Liverpool” y “Chica con globo”.

 

La oposición de su creador a esta exposición, según sus propios argumentos, responde a que “[…] la muestra es el paso previo a una subasta […]. Y agregó, “Este ‘show’ no tiene nada que ver conmigo y me parece repugnante que se permita que cualquiera pueda quitar arte de las paredes sin permiso”. Su oposición y denuncia permite preguntar, ¿Acaso en el capitalismo todo es susceptible de ser vendido o comprado?

 

Capitalismo y arte

 

El capitalismo es una sociedad hostil a las artes y las ciencias. El valor máximo que orienta los actos de quien vive en este sistema social es el dinero. Conseguirlo, cueste lo que cueste, es la única forma de ser exitoso. Trump, el actual presidente de los Estados Unidos, es la quintaesencia de la experiencia del éxito capitalista. No es gratuito que uno de los activos principales de su fortuna sea el mafioso negocio de los casinos.

 

El esfuerzo común de crear resulta demasiado penoso para quien no se orienta por el cálculo egoísta y el frío interés. Este imperativo social ha tenido un efecto singular en la historia de las prácticas artísticas. Uno de los momentos más significativo de ese efecto fue la propuesta desarrollada por el norteamericano Andy Warhol en la década del cincuenta y sesenta del siglo pasado.

 

La imaginación de Warhol le permitió pensar la idea de una fábrica productora de objetos artísticos. Pero rápidamente asimiló que el producto fabril, al entrar en el mercado de consumo, se transmutaba en mercancía y que al asumir esa condición había que colocarle un precio. Establecer los criterios para asignarle precio a esa mercancía tan singular era un asunto de autoridad. Warhol, al fin norteamericano, captó la lógica del problema y se convirtió en millonario especulando con los precios.

 

Esta se convirtió en paradigma y sobre esa premisa tomó forma el mercado de las obras de arte. Esa incongruencia se nutrió de la necesidad de expropiar a los artistas de su autoridad de creadores, por la vía de comprar sus obras. Acumular pinturas y esculturas se convirtió en otro modo de acumulación de capital, ahora en forma de prestigio y autoridad.

 

El mercado del arte


El escenario donde el ritual acumulativo comenzó a tomar forma fue la subasta. Otro norteamericano, Alfred Taubman, convirtió a Sotheby’s –la organizadora británica de subastas–, en una institución global luego de comprarla en 1983. Pues bien, Branksy ideó un magnífico perfomance para mostrar el sinsentido de esa práctica ritual.

 

Orientado por la máxima: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”, Bransky lleva dos décadas creando experiencias artísticas. En ese proceder, no se sabe cuándo imaginó que una de sus piezas fuera subastada en Sotheby’s. Lo cierto es que decidió que uno de sus grafitis: “Chica con globo” podía cumplir ese propósito. Llevó al lienzo el grafiti y le colocó un dispositivo que al activarse lo haría trizas.

 

La pintura entró a circular en el mercado, hasta que se produjo lo esperado: la obra se ofreció en subasta en octubre de este año, vendiéndose por la suma de un millón doscientos mil euros. En el momento en que el subastador dio por terminada la puja, se activó el dispositivo, seguramente a control remoto, y la obra quedó casi destruida. De esta manera, Bansky quiso burlarse de los galeristas y del consumismo vacío, pero tuvo el efecto rebote: al no destruirse en su totalidad su obra duplicó de inmediato su valor y cayó en la trampa del mercado. Sotheby’s anunció que el 13 y 14 de octubre la exhibiría de nuevo en las galerías New Bond Street, ahora con el nombre “El amor está en la basura”, y sus proyecciones económicas no fueron erradas: las enormes filas para entrar a la galería así lo atestiguan.

 

Todo lo sólido se desvanece en el aire

 

Cómo en la metáfora de Marx, la solida experiencia de la subasta original quedó disuelta en el aire ante el pasmo de los asistentes. La travesura que desnuda las pretensiones de los ricos de expropiar la autoridad estética del artista, para usarla como patrimonio propio, cumple claramente el propósito de confortar a los perturbados. En un primer momento parecía que los confortables estarían comprometidos en una batalla legal para definir quién perdía el dinero invertido: si el comprador o Sotheby’s; finalmente no fue así, la obra duplicó su valor.

 

A propósito de esto es necesario tomar en cuenta que hace cien años se desató una especie de tsunami creativo a propósito de la Revolución de Octubre. La expectativa de una sociedad donde las personas pudieran realizar a plenitud sus potencialidades humanas cristalizó en lo que se llamó las vanguardias en la pintura, la literatura, la escultura, el cine, la arquitectura, el diseño. El desenlace final de ese principio tan esperanzador dejó una herencia de aciertos y frustraciones.

 

Hoy se está dando un nuevo tsunami creativo y Bansky es uno de los protagonistas principales. Todo parece indicar que está culminando la época donde predominó la idea del fin de la historia y el imperio absoluto del capitalismo; luces con distintas intensidades y brillos se desprenden del cuerpo que con diversas lógicas y armas dominó e impuso su lógica a lo largo de los últimos siglos, luces bajo las cuales va tomando forma y se vislumbra el cuerpo –la época– de quien lo superará.

 

* https://www.instagram.com/banksy/?hl=es-la

 

Publicado enEdición Nº251
Domingo, 22 Julio 2018 08:15

Silencios que matan

Silencios que matan

Sin ética la izquierda no es nada. Ni el programa, ni los discursos, ni siquiera las intenciones tienen el menor valor si no se erigen sobre el compromiso con la verdad, con el respeto irrestricto a las decisiones explícitas o implícitas de los sectores populares a los que dice representar.

En este período en el que todos los dirigentes de la izquierda se llenan la boca mentando valores, resulta muy significativo que se queden apenas en el discurso. La ética se pone a prueba sólo cuando tenemos algo que perder. Lo demás es retórica. Hablar de ética o de valores cuando no hay riesgos, materiales o simbólicos, es un ejercicio hueco.


Todos recordamos la gesta del Che en Bolivia, cuando en vez de ponerse a salvo de las balas enemigas retornó al lugar del combate para ocuparse de un compañero herido, sabiendo que era más que probable que perdiera la vida en esa acción, sin ningún sentido militar pero rebosante de ética.


Ante nosotros tenemos la segunda oportunidad de que la izquierda latinoamericana se redima de todos sus “errores” (entre comillas porque se abusa del término para encubrir faltas más serias), condenando la masacre que están perpetrando Daniel Ortega y Rosario Murillo contra su propio pueblo. La segunda, porque la primera sucedió dos décadas atrás, cuando la denuncia de Zoilamérica Narváez, la hijastra de Ortega, al denunciar abusos sexuales de su padrastro.


El silencio actual de las principales figuras de la izquierda política de la región y de la izquierda intelectual lo dice todo. Un extravío ético que anuncia los peores resultados políticos.


Culpar al imperialismo de los crímenes propios es absurdo. Stalin justificó el asesinato de sus principales camaradas porque, dijo, le hacían el juego a la derecha y al imperialismo. Trotsky fue asesinado vilmente en 1940, cuando su prédica no podía en modo alguno poner en peligro el poder de Stalin, que en esos años contaba con el visto bueno de las elites mundiales para contener al nazismo. ¿Cómo puede ilusionar a los jóvenes una política que se para sobre una alfombra interminable de cadáveres y de mentiras?


¿Cómo pudo José Mujica guardar silencio durante tantos meses –mientras en Nicaragua morían cientos de jóvenes, y ante la carta abierta de Ernesto Cardenal– hasta pronunciar al fin algún tipo de crítica a Ortega? ¿Cómo pueden algunos connotados intelectuales latinoamericanos justificar la matanza con argumentos insostenibles o con un silencio que los convierte en culpables? ¿Qué los lleva a pedir la libertad de Lula sin revolverse contra el gobierno de Nicaragua?


En este período tan negro para la izquierda –como aquel de los juicios de Moscú, que liquidó todo vestigio de libertad en la Unión Soviética– es necesario rascar hasta el fondo para encontrar explicaciones. A mi modo de ver, la izquierda pasó de ser la fuerza social, y política que pugnaba por cambiar la sociedad a resecarse apenas como un proyecto de poder. No “el poder para”, sino el poder a secas, el tipo de relaciones que aseguran la buena vida para la camarilla que lo detenta.


Fue a través de la lucha por el poder y la defensa de éste que la izquierda se mimetizó con la derecha. Hoy se argumenta con la lucha contra el neoliberalismo como excusa para no abrir fisuras en el campo de la izquierda, con la misma liviandad que antes se argumentaba la defensa de la Urss o de cualquier proyecto revolucionario.


Pocos pueden creer que entre 1937 y 1938 hubiera un millón y medio de rusos aliados a las potencias occidentales (todos miembros del partido), que fue la cifra de condenados por la gran purga de Stalin, de los cuales casi 700 mil fueron ejecutados y el resto condenados a campos de trabajos forzados. Si ese es el precio a pagar por el socialismo, habrá que pensárselo dos veces.


Estamos ante un período similar. Los progresismos y las izquierdas miran para otro lado cuando Evo Morales decide no respetar el resultado de un referendo, convocado por él, porque la mayoría absoluta decidió que no puede postularse a una nueva reelección. No quieren aceptar que Rafael Correa es culpable de secuestro en el “caso Balda”, ejecutado por los servicios de seguridad creados por su gobierno y supervisados por el presidente. La lista es muy larga, incluye al gobierno de Nicolás Maduro y al de Ortega, entre otros.


Lo más triste es que la historia parece haber transcurrido en vano, ya que no se extraen lecciones de los horrores del pasado. Sin embargo, algún día esa historia caerá sobre nuestras cabezas, y los hijos de las víctimas, así como nuestros propios hijos, nos pedirán cuentas, del mismo modo que lo hacen los jóvenes alemanes increpando a sus abuelos sobre lo que hicieron o dejaron de hacer bajo el nazismo, escudados en un imposible desconocimiento de los hechos.


Será tarde. Son los momentos calientes de la vida los que moldean actitudes y definen quiénes somos. Este es uno de esos momentos, que marcará el porvenir, o la tumba, de una actitud de vida que desde hace dos siglos definimos como izquierda.

 

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Jueves, 12 Julio 2018 07:49

El hechizo de la nación

El hechizo de la nación

Un rezo y una denuncia de la manipulación religiosa. La ironía y la escritura como invitación a cuestionar y cuestionarnos. Todo es ficción pero todo puede ser real. 

He llegado a la conclusión después de años de análisis ―y hermosa y educativa indignación― de que la situación tan singular de Colombia, con todos sus problemas, su violencia y su hipocresía, no tiene relación alguna con nuestra forma de ver la vida tan influenciada por Occidente –representado por un único país: EU– y su agresivo poder mediático que dicta como ser, actuar y pensar. Tampoco tiene que ver con la vergüenza hacia nuestra naturaleza y ancestros. Mucho menos se le puede echar la culpa a nuestros vicios, nuestra sumisión al dogma católico o la tergiversada cultura popular que exterminó una gloriosa cuna de poetas, intelectuales e idealistas, reemplazándolos por bandoleros, narco-revolucionarios y delincuentes. No. Querido lector, el problema de Colombia definitivamente tiene que ver con que nuestra patria está siendo víctima de un entierro, un hechizo o rezo.

Las cartas y los astros, me hablaron de tu problema. Eres separada, te desmoronaron y tus hijos no te respetan. No es tu culpa vivir con tantos problemas, por lo tanto, debes encomendarte a San Andrés, y así los cuarenta y tanto de millones de connacionales deben conseguir un manojo de ruda, otra de eucalipto y una vela de color blanco. Luego ir juntos ―dejando de trabajar o de subsistir―, a una jornada de sanación, ya que, querido compatriota que sufre, “cuando los médicos no logran dar una solución, entramos nosotros, llámenos”.

Para lograr dejar atrás este hechizo, es fundamental que se haga una jornada nacional, donde cada familia logre expulsar los demonios con una infusión de chancapiedra con uña de gato, porque lo que usted tiene Colombia, es un daño espiritual, una muy poderosa magia negra que requiere que me compre para ayudar a limpiar, el paquete de Buda.

Aunque Dios exterminó a los indígenas, ahora hacemos una alianza ―beneficiosa― para colocar en sus manos la solución a todos sus problemas: se lo atamos, se lo desatamos sin dolor ―al político―. Le mostramos el rostro de la persona que le hace daño ―o sea el corrupto―, le damos el número ganador del chance o del baloto ―quitándoselo por unos días a los testaferros de la salud―, le expulsamos el demonio o aquella influencia de santería antigua que no lo deja dormir tranquilo ―o sea Uribe–.

¿Qué no le rinde la plata? Para esto le aconsejamos la esencia de las “7 suertes”, o “Don Dinero”, “la lluvia de la suerte”, Robert Kiyosaki, “hábitos de Ricos” o “menos miedos más riqueza” ambos de Juan Diego Gómez Gómez. Porque amigo, amiga, para eso también existe la brujería blanca, la que le conviene a su bolsillo, a su enferma idea sobre el amor o el éxito en cualquier tipo de negocio.
No nos interesa si usted es terrateniente, narcotraficante o sicario; si quiere tener una pirámide con su nombre, o ser edil o magistrado, y anhela como todo digno delincuente ―no somos nadie para juzgar― que lo dejen ejecutar sus negocios sin obstáculos. Para estos también tenemos un baño, un “riego magnético”. ¿Quiere seguir pegándole a su compañera sentimental, o violando a su hijastra, despellejando gatos o quemando perritos? Que no le quiten las corridas de toros, o ser famoso o millonario porque si, le tenemos el menjurje, el rezo y el baño.

Pronto podrás visitarnos "querida Colombia" –cuando terminemos en el 2018 nuestro pequeño edificio en Cali de 70.000 mts2, del proyecto CIDS–, «No te enredés, haz como él...» "yo preferí invertir en esto en vez de la casita propia, gracias a una pequeña contribución (préstamo, porque hay que recuperar la inversión) directamente de la cuenta de ahorros de San Pedro, unos irrisorios 300 milloncitos de dólares, administrados por los inmaculados: Apóstol Jhon Milton Rodríguez y Profeta Norma Stella Ruíz, de la "Misión paz para las naciones, oís..." claro, mientras construimos uno más grandecito ―igual, a Dios le gustan las casas de descanso en la Tierra. «No pensés que, nos íbamos a dejar echar tierra, de la "Misión Carismática Internacional", ubicada en Bogotá».

Dicen que Dios gobernará la Tierra, pero creo que nunca dejó de hacerlo, solo les prestó el poder un poquito a los Príncipes.

¡Puede aquí mismo hermano!, adquirir las revistas, libros y demás publicaciones, donde le decimos cómo vivir, porque, hijo de Dios, ¡Usted no sabe vivir! Y también cómo conseguir dinero y ser rico, muy rico, como la Pastora Piraquive, un ejemplo de éxito, de transformación, de la abundancia de Dios, a quien le sirve ―aunque diga en la Biblia que no se refiere a los hombres como siervos sino como amigos y en otras como un limitado y condicionado “libre albedrío”–.

¡Cambia tu vida! (y no es una orden)

“¡Oh! querido hermano, no te aferres a esas minucias que el mundo terrenal te brinda con tu trabajo, hijo de Dios, dáselo a tu iglesia que necesita pisos de mármol, y carros lujosos, ¿o esperan aquellos blasfemos que montemos a Dios y a su hijo y al espíritu, que al final son uno y a la vez no, en Burro o en Trasnmilenio?


– Nooo…

– ¡Gloria a Dios! por el dinero, pero bien dirigido. Dios habita en cada detalle ―de los acabados, claro―. ¿Acaso han visto una baldosa mal colocada? ¿Un estante o atril en mal estado? Dios no nos enseñó aquello, más bien, todo lo contrario, a vivir para trabajar y trabajar para vivir, porque el Estado es una representación de Él aquí, ―según muchos teóricos sociales, económicos y políticos― pero que lastimosamente, ¡oh! Señor… han corrompido y ahora no los aceptamos y tenemos nuestras Repúblicas independientes hincadas a Dios, y sin pagar impuestos.


– ¡Gloria a Dios!


–«Gloria y gracia y desgracia, y en el nombre de…, y por la sangre de… un granito de mostaza… la montaña con dinamita se moverá…» ¡Sí! Siento un orgasmo divino… acérquense, queridas niñas y jovencitos, sáciense, sácienme. En el nombre del Padre y del Hijito europeo y de la blanca palomita, himen”.

De todos ustedes es la culpa y a la vez no. Él existe y consiste únicamente para que usted lo vea, lo busque y lo acepte, pero no en el Facebook, o en Instagram, sino en su corazón. Si no lo hace, igual lo castiga, a menos que…

Jornaleros de mi padre […], (golpes de pecho de “niño bien”) pequé contra el cielo y contra ti ―El Estado o la iglesia o el negocio― […] (más lamentos y quejumbres) trátame como uno de tus Jornaleros. “¿Ven hermanos?, Lucas no miente, ni bugs, ni los que participaron en Space jam; usted se equivoca, Él, en cambio, sabe lo que hace…”

Tráiganme esas maticas, úntense esas esencias, no olviden su dinero y abran el corazón, porque si no, sin fe, toda empresa se vuelve imposible.

Gracias por visitar mi página, y no olviden adquirir el baño dorado para que no se pierda el amarillo de tu bandera, querida Colombia.

 

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El Pentágono y la agencia ICE preparan instalaciones para albergar a 20 mil indocumentados

Los testimonios de padres y niños migrantes tratando desesperadamente de encontrarse después de ser forzosamente separados por el régimen de Donald Trump se han multiplicado, mientras el presidente calificó ayer de falsas las historias de tristeza que cuentan sus críticos sobre los menores.

La confusión impera entre funcionarios y abogados que, desesperadamente también, tratan de entender si hubo o no un cambio de política y sus implicaciones, después de la firma de la orden ejecutiva para poner fin a las separaciones e instrucciones del mandatario para que se reunificaran las familias separadas. Si procede, la nueva disposición cambia una de separación de familias por una de encarcelamiento de familias.

Pero el primer obstáculo para reunificar a esas familias es que nadie sabe bien dónde están muchos de los más de 2 mil 500 niños que han sido separados de sus padres sólo en los pasados dos meses (más de 4 mil durante el último año).

Se supone que se encuentran entre los más de 11 mil menores de edad clasificados como no acompañados que están internados en unos 100 albergues en por lo menos 16 estados.

Sin embargo, nadie parece saber en cuáles ni cuántos han sido colocados con familiares de este país o con guardas. Incluso, si fueron deportados o finalmente reunificados con sus familias.

Abogados y oficiales narran que madres y padres detenidos preguntan –con lágrimas y furia– una y otra vez por la ubicación de sus hijos, cuándo los verán de nuevo, y que una y otra vez tienen que responder que no saben. Erik Hanshew, defensor público en El Paso, dijo al Washington Post que en los procesos judiciales para adultos detenidos interrogó ante el juez a un agente de Migración, a quien preguntó si sabía dónde estaba la niña de cuatro años que estaba con su cliente cuando fueron detenidos. La respuesta de los agentes es siempre negativa. Ni se le proporcionó información al padre sobre cómo ubicar a su hija. Durante el interrogatorio, el juez enfureció e incrédulo comentó que cuando te procesan en una cárcel y te quitan tu cartera, te dan un recibo, pero si te quitan a tus hijos, ¿no te dan nada? ¿Ni una hoja de papel?

La red de albergues para menores de edad migrantes, que en realidad se trata de centros de detención, son operados de manera privada, bajo contrato con el Departamento de Salud y Servicios Humanos, en lo que es un negocio multimillonario, el cual se está ampliando con las nuevas políticas de Trump de crear centros para menores de 13 años –incluso hay bebés– y ciudades de carpas para alojar a cientos más.

Por otro lado, se reportó ayer que la agencia migratoria ICE está buscando ampliar su capacidad de detención para acomodar a unas 15 mil familias. Se informó que el Pentágono está preparando lugares en bases militares para unos 20 mil migrantes detenidos, se supone que con niños.

El costo de alojar a un niño en estas ciudades de carpas es de 775 dólares la noche (más que muchos hoteles de lujo), mientras mantenerlos en albergues más tradicionales cuesta 258, reportó NBC News citando fuentes oficiales. La estancia promedio en esas instalaciones es de casi dos meses.

Todos los medios nacionales están repletos de crónicas sobre la agonía de madres y padres buscando a sus hijos, de los cuales fueron separados dentro de un complicado gigantesco laberinto burocrático, más aún por falta de coordinación entre agencias, barreras de idioma y por el caos generado desde lo más alto.

Ayer, Trump intentó descalificar esas historias declarando que los demócratas están difundiendo cuentos falsos de tristeza y dolor. Reiteró que las leyes de inmigración son débiles y por tanto la necesidad de una frontera sureña fortalecida, ya que “no podemos permitir que nuestro país sea abrumado por migrantes ilegales”.

Poco después intentó cambiar la narrativa –tras su derrota por niños migrantes– al acusar que las verdaderas víctimas de lo que llama la crisis de migración son estadunidenses. Sostuvo una reunión, en la cual tuiteó: “Estamos reunidos para escuchar directamente a las víctimas americanas de la migración ilegal. Estos son ciudadanos americanos permanentemente separados de sus seres queridos, porque fueron asesinados por criminales extranjeros ilegales”.

En el encuentro agregó que esos ciudadanos están permanentemente separados de sus seres queridos. No por un día o dos, sino permanentemente, porque fueron asesinados por extranjeros criminales e ilegales.

Pero críticos y activistas continuaron denunciando como cruel la política de Trump. Esta es una crisis humanitaria de proporciones épicas, que fue creada por el presidente Trump, acusó el abogado David Leopold, ex presidente de la Asociación Americana de Abogados de Inmigración. Señaló que la orden ejecutiva no resuelve esa crisis. Se realizará una acción de protesta nacional el 30 de junio, mientras el torrente de denuncias continúa por todo el país.

Mientras tanto, relatores especiales sobre derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas expresaron que la orden ejecutiva del presidente no resuelve el problema de fondo de mantener a niños en detención, sea separados o con sus familias, y llamaron a que el gobierno estadunidense los libere. La detención de niños es punitiva, daña severamente su desarrollo y, en algunos casos, podría llegar a ser tortura (https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/Display News.aspx?NewsID=23245&LangID=E).

En medio de todo esto, con el régimen de Trump nutriendo la ola antimigrante, una nueva encuesta de Gallup reveló que 75 por ciento de estadunidenses –nivel récord– opina que la migración es algo positivo para el país. Sólo 19 por ciento opina lo contrario.

Más información en http://www.jornada.com.mx/sin- fronteras

Sábado 23 de junio de 2018
Nueva York

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Miércoles, 28 Marzo 2018 08:23

Salud, ambiente y minería en La Guajira

Desbarrancamiento de árboles en el río Ranchería, Ynske Boersma

La Misión de Observación: salud, ambiente y minería en La Guajira, junto con el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, publicó un informe resultado del trabajo etnográfico realizado por distintos investigadores y periodistas, entre el 29 de septiembre y 1 de octubre de 2017. La crisis humanitaria que sufre el departamento producto de la desaforada explotación minera es motivo de alerta para propios y extraños; con las fotografías y testimonios consolidados en el informe se avanza en acciones para detener la actividad de Cerrejón Limited.


Entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre de 2017, un grupo de 12 personas, integrado por profesionales en los derechos de la niñez, periodistas, activistas e investigadores; visitaron el sur del departamento de La Guajira para conocer de cerca las problemáticas que enfrentan las distintas comunidades indígenas y afro en las zonas vecinas a los tajos y botaderos de desechos tóxicos de la multinacional Cerrejón Limited, quien lleva alrededor de tres décadas y media en este territorio.


El desplazamiento forzado, la privatización del agua, la muerte de niños, jóvenes y ancianos, la contaminación por material particulado, la pérdida de tejido social y el total abandono estatal, son algunos de los puntos más importantes que vivenció la Misión de Observación, por lo que cada uno cuenta con capítulos especiales dentro del informe. Las cifras y estadísticas frente a la cantidad de muertes y la falta de atención y protección que reciben las comunidades por parte del Estado son dolorosas, sobre todo en un país que se plantea una transición hacia la paz, y cuya clase dominante busca a toda costa el ingreso del país a la Ocde, organización que supuestamente respeta y exige respeto de los derechos humanos.


La contradicción existente entre desarrollo y vida digna es crudamente real en La Guajira, los testimonios de las comunidades evidencian que no solo es el Estado quien se hace el de los oídos sordos, sino también los sectores dominantes de la sociedad que a pesar de las evidencias continúan impulsando y aprobando políticas que contradicen el bienestar de la Madre Tierra, asi como de quienes la habitan; en medio de ello también resalta la indiferencia de las mayorías sociales ante el drama padecido por los hermanos wayúu desde hace más de 30 años.


¿Cuáles son las exigencias del informe?


1. Aplicar el principio de precaución tanto por parte de la multinacional Cerrejón, como por el Estado colombiano: se debe frenar la actividad minera hasta que no se compruebe que realmente no afecta la salud y la vida de todos los seres vivos y que no genera graves afectaciones para el medio ambiente. Al no existir esta certificación científica en La Guajira y, por el contrario, contar con todas las pruebas que evidencian los graves daños generados por la actividad de Cerrejón, el principio de precaución debe ser aplicado.


2. Estudios, caracterización y monitoreo tripartito: Garantizar transparencia en la inspección, vigilancia y control ambiental de la producción de carbón, donde exista un compromiso de todas las instituciones estatales e independientes. También es urgente la creación de sistemas de control y medición de contaminación para uso de las comunidades.


3. Responsabilidad de los países importadores: comprometer a cada uno de los países importadores del carbón explotado por Cerrejón, a que reconozcan la crisis humanitaria generada en La Guajira por su consumo y, de esta manera, efectuar acciones para que esto no siga sucediendo.


4. Desarrollo de políticas públicas de atención integral a la crisis ambiental, humanitaria y social de La Guajira como consecuencia de la minería: realizar un censo que permita identificar realmente cuánta es la población del departamento y permita saber cómo está constituida, de manera que las soluciones sean integrales y equitativas.


5. Fortalecimiento del Estado e institucionalidad en La Guajira: garantizar transparencia y participación política a las comunidades, para que puedan tomar decisiones frente a su territorio.


6. Garantizar los derechos de la niñez y garantizar la aplicación del principio del interés superior del niño: cumplir con la implementación de la Convención Internacional de Derechos del Niño de manera integral y concordante con los compromisos adquiridos ante los nacionales y la comunidad internacional.


7. Respeto por la cultura y autonomía del pueblo wayúu: reconocer la crisis humanitaria que sufre el pueblo wayúu en sus dimensiones sociales y culturales, garantizando autonomía soberanía.


8. Visibilizar y sensibilizar a la sociedad colombiana. Rol de los medios de comunicación: Crear estrategias y campañas comunicativas que denuncien la grave situación que vive La Guajira, las cuales provoquen pronunciamientos de colectividades e individuos que unifiquen esfuerzos para respaldar a la población wayúu. A su vez, esto puede fortalecer la solidaridad entre distintos pueblos indígenas, campesinos y afrocolombianos afectados por el fenómeno del extractivismo en tiempos recientes. Para esto es necesario apoyarse en medios alternativos e independientes, que presenten información clara y contundente acerca de las comunidades afectadas.


El informe será presentado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dejando testimonios claros y contundente de la crisis que padece La Guajira producto de un desarrollo que es para unos cuantos, modelo que sintetiza la ausencia de una vida digna para muchos.

 

Informe: Misión de Observación Salud, Ambiente y Minería en la Guajira: Misión de Observación Salud, Ambiente y Minería en la Guajira

Bogotá, 2018

 

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Agua potable para resguardo wayuu 


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Y vea

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Lunes, 29 Enero 2018 06:34

Reportando desde el manicomio

Reportando desde el manicomio

Si no cae antes –la eterna esperanza de mayorías en este país y seguramente del mundo– estamos ante otro año más de reportar sobre el manicomio estadunidense, cuyo rey insiste en que toda verdad que se le oponga o lo cuestione es fake news. Pero no sólo se trata de la locura arriba, sino una especie de locura abajo, una insistencia de que a pesar de calificar el gobierno de Trump como un peligro para la "democracia", para el país, para el planeta, hasta ahora le han permitido operar con todas sus consecuencias brutales para millones de personas aquí –primero que todos, los inmigrantes– y en el mundo cada día.

Periodistas –incluso de los medios más institucionales– han hecho tal vez su mejor esfuerzo en tiempos recientes para documentar y revelar la locura oficial, pero hasta ahora, todo sigue funcionando más o menos normal, incluyendo reportar desde este manicomio. Tal vez los mejores periodistas ahora, porque se atreven a desnudar el emperador, siguen siendo los comediantes.

Todo mundo sabe la regla de que un bully sólo puede obrar si los demás se lo permiten, y eso está ocurriendo mientras observadores, entre ellos nosotros los periodistas, reportamos y comentamos sobre el más reciente atropello, humillación, engaño o escándalo. Todos los días se advierte y se denuncia cómo todo esto amenaza a la democracia, y no sólo por los de abajo, sino en lugares como Davos, donde George Soros reiteró su alarma sobre los efectos nocivos del ocupante de la Casa Blanca, sumándose a un coro de premios Nobel, y hasta gente dentro del propio gobierno, incluso entre el gabinete del loco (su secretario de Estado supuestamente habló de él en términos de "fucking idiot").

Esta locura ya contagió a toda la cúpula política. Nada más esta última semana, los republicanos intensificaron su campaña de hace tiempo de minar la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la injerencia rusa en las elecciones y los posibles intentos de Trump para frenar la indagatoria, al acusar que hay un complot dentro de la propia FBI y otras partes de la burocracia permanente (a lo que llaman el "estado profundo") para derrocar al presidente. Denuncian que desde el inicio –tal como también ha sugerido Trump– todo ha sido políticamente motivado por los demócratas.

Pero el hecho es que los principales actores en estas investigaciones –el presidente, el liderazgo de ambas cámaras del Congreso, el procurador general, el subprocurador general, el jefe de la FBI y el propio Mueller– son todos republicanos. El presidente está dispuesto a atacar a cualquiera de sus colegas, subordinados y amigos que se atrevan a criticarlo (ha despedido u obligado la salida de unos 15 colaboradores en los primeros 12 meses de su gobierno, y continúan los rumores de que está considerando despedir o está encabronado con su procurador general, su secretario de Estado, el jefe de la FBI, y ahora hasta con su propio jefe de gabinete, entre otros). En el Congreso, todos saben que tienen enfrente a un presidente absurdo y obsceno, pero siguen en el juego, tratando de usarlo para lograr obtener todo lo que puedan de sus agendas.

"Tenemos una Presidencia del caos y un Congreso del caos, y para oponerlo, necesitamos otro tipo de política que restaure la fe del pueblo en cuestiones públicas, incluyendo el propio Congreso", comentó recientemente el representante federal demócrata Jamie Raskin.

Todas las encuestas registran que la mayoría de este pueblo no confía en su gobierno, sea el presidente o la legislatura. Durante todo su primer año, Trump ha tenido el índice más bajo de aprobación de cualquier presidente en la era moderna. Este próximo martes dará su primer informe presidencial ante el Congreso, donde el mensaje central, según fuentes oficiales, será que él está "construyendo un Estados Unidos seguro, fuerte y orgulloso". Sin embargo, según la encuesta más reciente de NBC News/Wall Street Journal, la palabra más usada por el público para calificar esta presidencia es "indignado". O sea, la mayoría no está engañada. ¿Entonces?

Según el cuento oficial de la democracia, el pueblo –y no el presidente ni los multimillonarios– es el rey. Supuestamente, los periodistas son los que tienen la responsabilidad de informar y revelar la verdad al público, y con ello obligar a que los "representantes" rindan cuentas al poder soberano.

Aquí, desde que llegó, el periodismo fue tachado por este rey del manicomio como "enemigo del pueblo estadunidense", porque su régimen depende de descalificar y hasta de anular la verdad. Se entiende: algunos de los mejores momentos del periodismo en este país fueron cuando se enfrentó y derrotó al poder corrupto o abusivo con la verdad (sin olvidar que también en sus peores momentos ha hecho justo lo opuesto, ser cómplice en difundir la mentira oficial). No es accidente que la película The Post, de Steven Spielberg, saliera ahora, contando la historia de uno de esos momentos gloriosos donde un periódico se atrevió a publicar, en 1971, la verdad secreta sobre la guerra en Vietnam en el caso célebre de Los papeles del Pentágono filtrados por Daniel Ellsberg, (ejemplo y héroe para otros filtradores que deseaban dar a conocer la verdad al público en tiempos recientes, incluidos Edward Snowden y Chelsea Manning). Fueron periodistas y editores los que se atrevieron a confrontar a otro presidente que los calificó de "enemigos del pueblo", Richard Nixon, en el llamado escándalo de Watergate, cuyos fantasmas de nuevo rondan en la Casa Blanca de Trump.

Vale recordar que fue un periodista (junto con un oficial militar) quien finalmente frenó al senador Joe McCarthy, que periodistas de todo tipo –desde Frederick Douglas, Mark Twain, John Reed, John Steinbeck, I.F. Stone, Bill Moyers, Molly Ivins y Pete Hamill, hasta un amplio número de periodistas actuales– han sido fundamentales para generar resistencia contra fuerzas antidemocráticas a lo largo de la historia de este país. El periodismo sólo puede ser enemigo del pueblo si no cumple con su función esencial de cuestionar al poder y la historia oficial.

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Domingo, 21 Enero 2018 05:27

Marea violeta en Estados Unidos

Marea violeta en Estados Unidos

A un año de la histórica Women’s march, una segunda gran manifestación tendrá lugar hoy y mañana en Estados Unidos. Se espera que más de un millón de mujeres salgan a las calles contra las políticas del presidente Donald Trump en todas las grandes ciudades de ese país. Habrá marchas hermanas en todo el mundo.

 

Al día siguiente de que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos, cientos de miles de mujeres tomaron las calles de ese país como gesto de resistencia a la agenda misógina que había sido parte de la plataforma política del empresario durante toda la campaña. Ese 21 de enero de 2017 el epicentro fue Washington, se registraron alrededor de mil marchas en todo el planeta, en cincuenta estados de ese país y también en otros noventa países. La Women's march tendrá su segunda edición hoy y mañana.

Mañana se cumple un año de aquella histórica manifestación, y a partir de hoy las feministas, el colectivo lgbti, la comunidad migrante y el activismo afro, entre muchos otros sectores opositores, encabezan una segunda edición de la marcha que busca convertir la furia y el entusiasmo en capital político.

Las marchas en distintos puntos del país comenzarán hoy a partir de las 15.30 pm (hora local). Además de la concentración en Las Vegas, que se espera que sea multitudinaria, habrá grandes manifestaciones en ciudades como Nueva York, Los Angeles, Chicago. En Nueva York, por ejemplo, cuidad en la que el año pasado marcharon 400 mil personas, la concentración comenzará a partir de las 16 en el Central Park, luego atravesará el parque y continuará a lo largo de la Quinta Avenida.


El 21 de enero del año pasado las mujeres marcharon en Washington al día siguiente de la asunción de Donald Trump en un grito de hartazgo contra sus discursos de odio, misóginos, racistas y xenófobos, que en este año de gobierno se han traducido en políticas. De enero de 2017 a esta parte, la Women's march se ha convertido en un símbolo y un punto de encuentro crucial para feministas, organizaciones de izquierda, ambientalistas, y se ha posicionado como una fuerza política de cara a 2018. Durante el año pasado, las impulsoras de la marcha original han adoptado un enfoque amplio, organizando eventos en asociación con grupos que se enfocan en la justicia racial, la discapacidad y los derechos lgbti, por nombrar algunos. El resultado es menos un frente unificado que una colección de organizaciones e individuos que trabajan por la igualdad de género y la justicia social, cada uno a su modo.


Este año además habrá que sumarle el impulso generado por el #MeToo, la avalancha de denuncias por abuso de poder y sexual que se originó en Hollywood a partir de las acusaciones contra el productor Harvey Weinstein.


Para mañana, cuando se cumpla un año de esa marcha inaugural, las organizadoras preparan un evento para registrar votantes llamada #PowerToThePolls. Ese evento tendrá su punto neurálgico en Las Vegas (a diferencia de 2017 cuando fue en Washington DC). Están programadas oradoras como Alicia Garza, una de las fundadoras del movimiento Black Lives Matter, Cecile Richards, presidenta de la Planned Parenhood -fundación que protege los derechos reproductivos en ese país-, y la senadora del estado de Nevada Catherine Cortez Masto.


“El slogan elegido, #PowerToThePolls, busca alentar a las mujeres a registrarse para votar y elegir mujeres del espectro progresista en cargos electivos de cara a las legislativas de noviembre de este año. En esta oportunidad se va a buscar también que las consignas sean más amplias y abarcativas, ya que un sector de la población considera que en la marcha del 2017 los reclamos giraban fundamentalmente en torno a las necesidades de las mujeres blancas, hetero y de clase de media”, le relató a Página12 desde las calles de Nueva York -donde actualmente reside-, Magalí Brozio, economista argentina y una de las creadoras del sitio Economía Feminista.


“La marcha de hoy no es explícitamente opositora a Trump o por lo menos no se centra excluyentemente en ello, aunque muchas de las consignas ponen de relieve este carácter. Sí es verdad que hay una campaña muy fuerte vinculada a lo electoral”, apunta Brosio. En este sentido, continúa la economista, resulta crucial recordar que “las mujeres de color, latinas, lesbianas, trans, indígenas, entre otras, sufren distintas formas de desigualdad que se solapan y refuerzan por lo que sus necesidades deben ser jerarquizadas dentro del movimiento y la marcha. Y esa visión del mundo sin duda atraviesa gran parte de la Women’s march de este año”.

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