Una inmensa multitud clama contra Trump en Estados Unidos

Las mismas avenidas que Donald Trump no logró llenar en el día de su inauguración como presidente 45 de Estados Unidos se colapsaron 24 horas más tarde, cuando más de medio millón de personas, según los organizadores, marcharon este sábado por Washington para demostrarle, desde el primer día de su mandato, que hay un Estados Unidos que no comparte su visión oscura y la agenda ultraconservadora de su gobierno y que le exige que, como presidente de todos, respete a las mujeres, las minorías, los inmigrantes y los derechos civiles. A la par que la marcha central de la capital estadounidense se celebraron decenas más en ciudades como Nueva York, Chicago, Boston, Los Angeles o Atlanta, en una protesta que también tuvo réplicas en otras partes del mundo, desde Berlín o Londres a Sydney o Ciudad del Cabo. La participación global se cifra entre 1,5 y hasta dos millones de personas.


Mujeres y hombres de todas las edades, razas, religiones y orígenes viajaron desde todos puntos de Estados Unidos, pero también desde Canadá, México o hasta Europa para participar en la Marcha por las Mujeres, la principal manifestación contra el nuevo presidente republicano y, en vista de las cifras, posiblemente la más masiva celebrada en torno a la toma de asunción de ningún presidente estadounidense de la historia.


“Presidente Trump, yo no le voté. Dicho esto, respeto que sea el presidente y quiero apoyarlo, pero primero le pido que usted me apoye a mí, apoye a mi hermana, a mi madre, a mi mejor amiga, a toda la gente que espera ansiosa a ver cómo su próxima maniobra puede afectar drásticamente sus vidas”, dijo la actriz y activista Scarlett Johansson, una de las oradoras de la protesta que siguió el mismo camino que el desfile inaugural del viernes, desde el Capitolio hasta la Casa Blanca.


Madonna, que hizo una aparición no anunciada, llamó a “no aceptar esta nueva era de tiranía en la que no solo las mujeres están en peligro, sino todas las personas marginadas”. “La revolución comienza aquí, esto es el comienzo de un cambio muy necesario”, afirmó. También el exsecretario de Estado John Kerry se dejó ver en la manifestación, al igual que personalidades como la cantante Cher.


Antes de que arrancara la marcha, por el escenario apenas visible por la densa multitud que colapsaba el National Mall de la capital, hablaron más estrellas, como las actrices America Ferrera o Ashley Judd, la cantante Alicia Keys o el documentalista Michael Moore. También legisladores demócratas como la senadora Kamala Harris de California, activistas de los derechos civiles, los inmigrantes o las mujeres, como la feminista Gloria Steinem o Cecile Richards, presidenta de Planned Parenthood, una organización que cubre los gastos médicos de millones de mujeres sin recursos y además practica abortos. El mensaje fue unánime: una petición de “resistencia” y de firmeza en la defensa de los valores y derechos como el matrimonio igualitario o una mejor sanidad adquiridos en los últimos años y que ahora se sienten amenazados bajo la era Trump, al igual que los inmigrantes, los refugiados, los musulmanes o la comunidad afroamericana.


“No nos van a amedrentar y no nos van a silenciar”, proclamó la abogada de derechos civiles y activista Zahra Billoo, que habló “como mujer y como musulmana”. “Nuestra América nos incluye a todos en nuestra preciosa diversidad y requiere que marchemos para protegernos, este es el momento de arremangarnos, de tener valor y salir preparados para trabajar”, pidió a los manifestantes.


Y estos recogieron el testigo.


Suzanne Matunis tiene 83 años, se mueve en silla de ruedas y no participaba en una manifestación desde las protestas contra la Guerra de Vietnam en los 70. Este sábado sin embargo viajó desde Pensilvania hasta Washington, acompañada de sus tres hijas y dos nietas. “No podía no venir, esto es demasiado importante”, argumentó. “Es importante que se escuchen las voces de las mujeres”.


La misma preocupación llevó a Janice Burbery, una antigua empleada de la ONU jubilada, a tomar un avión desde Roma para estar el sábado en Washington, una ciudad que también llevaba décadas sin pisar. Trump, con su equipo, especialmente el ultraconservador vicepresidente, Mike Pence,”van a imponer un fundamentalismo cristiano”, advirtió. “No podemos aceptar este paso atrás”.


Los lemas gritados durante la marcha y proclamados tanto por los organizadores como los cientos de miles de participantes daban muestra del amplio espectro de preocupaciones que ha generado en esa mitad larga del país que no votó a Trump —Hillary Clinton recibió tres millones de votos populares más— la victoria del republicano que nada más asumir la presidencia firmó una orden ejecutiva para revertir la reforma sanitaria de su predecesor, el demócrata Barack Obama.


Erin McEntee, una joven de Rhode Island, agitaba una pancarta con un mensaje sencillo: “ACA (la Ley de Seguro Asequible, como se llama el programa sanitario de Obama) me salvó la vida”. “Tengo una enfermedad mental crónica y ahora puedo perder mi medicación, mi médico y hasta mi trabajo”, decía preocupada. Un poco más lejos, Ximena Minuche, de origen ecuatoriano, reclamaba respeto por los inmigrantes indocumentados, como ella misma lo fue hasta hace poco y como siguen estándolo más de 11 millones de personas en todo el país a las que Trump ha amenazado con deportar.


La Marcha de las Mujeres, que empezó como una iniciativa privada de una mujer que, consternada por la victoria de Trump preguntó en Facebook a varias de sus amigas si se animarían a ir a Washington al día siguiente de la investidura, ha acabado convirtiéndose en un fenómeno nacional y hasta internacional apoyado por estrellas como Cher, Lena Dunham, Katy Perry o Robert DeNiro. Clinton, aunque no participó en su organización, dio su apoyo desde las redes sociales.

 

Washington 21 ENE 2017 - 22:14 COT

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Lunes, 05 Diciembre 2016 09:10

Distantes pero cercanos

Distantes pero cercanos

Este año la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cada vez más inmensa y numerosa en escritores presentes, expositores y visitantes, está dedicada a América Latina en su conjunto, y por tanto podemos hablar de una celebración ecuménica de la lengua que a través de los siglos sigue expandiéndose de este lado del Atlántico.

Celebramos a nuestra literatura, y las novelas de lo que podríamos llamar el canon clásico latinoamericano tienen ya una edad provecta, según ese arcaico término que se usaba para señalar la edad avanzada. Doña Bárbara, que dio a nuestra literatura uno de sus personajes verdaderamente arquetípicos, aquellos que se salen de las páginas de un libro para andar por el mundo por su propio cuenta, va ya para los 90 años de haber sido publicada; y su autor, el venezolano Rómulo Gallegos, nos recuerda algo ya casi olvidado: a los escritores que aparejaban la vida literaria con la vida política.


Su caso me parece inusual, y por tanto memorable. Era un reformista de corazón, que aborrecía la sociedad cerril, de intensos tintes rurales de su país, y quería establecer la legalidad que décadas de dictaduras militares habían convertido en una mofa. Reformar el campo donde reinaba la ley del más fuerte, sustituir el arbitrio por el orden jurídico, es la tesis de Doña Bárbara como novela. Santos Luzardo, en nombre de la idea de civilización urbana, quiere someter la naturaleza indómita que aquella mujer encarna.


Doña Bárbara es una novela de tesis, y su propuesta es la misma que Gallegos quiso aplicar cuando fue electo presidente de Venezuela en 1947 por más de 80 por ciento de los votos: reformar la sociedad y hacer valer las leyes. Pero fue derrocado apenas nueves meses después de su llegada al palacio de Miraflores por los militares de polainas y charreteras que la magia de la democracia no había hecho desaparecer.


Fueron los mismos nueve meses de don Juan Bosch, electo presidente de República Dominicana en 1963, también por abrumadora mayoría, tras el ametrallamiento del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo. Don Juan no era novelista, sino escritor de cuentos, uno de los mejores de América Latina, pero también olvidó que los generales amamantados por la longeva dictadura trujillista aún seguían allí; para ellos, cualquier reforma democrática no era sino comunismo soviético disfrazado.


Eran otros tiempos, claro, y cuando se hablaba de escritores comprometidos quería decir comprometidos contra las dictaduras de derecha, ahijadas del Departamento de Estado, cuyas políticas se guiaban de acuerdo con los intereses de las compañías madereras, mineras y sobre todo bananeras de Estados Unidos. Escritores antimperialistas. Es lo que fue el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, premio Nobel en 1967, cuya novela El señor Presidente llega el año que viene a su 70 aniversario, otra de nuestras obras capitales ya venerables.


Militancia antimperialista y calidad artística no eran, por supuesto, sinónimos, y la llamada trilogía del banano de Asturias ( Viento fuerte, El papa verde y Los ojos de los enterrados) es más que todo una diatriba. Pero su blanco es la United Fruit Company, patrocinada por los célebres hermanos Dulles, uno secretario de Estado, el otro jefe de la CIA, que en nombre de los intereses de aquélla derrocaron en 1954 al presidente legítimamente electo de Guatemala, Jacobo Arbenz, por intentar una reforma agraria. La realidad política llevaba indefectiblemente al realismo literario.


Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, alcanza el año que viene el medio siglo de haber sido publicada, un fasto que ya veremos celebrar con merecida pompa. Es un libro que nació como un clásico, y cada vez lo es más. Y en lugar de un solo personaje arquetípico, como doña Bárbara, o como Pedro Páramo , de Juan Rulfo, que ya pasó los 60 años, nos ofrece toda una dinastía que se sale de sus páginas, José Arcadio Buendía y su descendencia.


Esta saga convierte por primera vez el discurso político y la denuncia social en fábula múltiple, y es a través de ese juego de espejos que repite y altera imágenes hasta el infinito, que podemos contemplar de otra manera la historia de América Latina, guerras fratricidas, atraso rural, explotación y desigualdad. No es sólo eso, pero también es eso. En algún sentido, podríamos decir que Cien años de soledad es la última de nuestras novelas bananeras, desde luego que la United Fruit Company está detrás de la masacre de trabajadores en la Ciénaga, perpetrada por el ejército de Colombia el 6 de diciembre de 1928, y es la dueña del tren amarillo que transporta en sus vagones los cadáveres para tirarlos al mar como fruta de desecho.
Cuando en 1958 aparece La región más transparente, de Carlos Fuentes, Pedro Páramo ha salido a luz apenas tres años atrás. Son dos novelas casi contemporáneas, pero que abren y cierran dos mundos a mitad del siglo:


Rulfo pone el sello definitivo a la antigua manera de contar las historias rurales, cuando el narrador lo hacía desde arriba, desde el mundo civilizado, que de alguna manera desprecia el lenguaje popular porque lo entrecomilla; él se baja del balcón para meterse entre sus propios personajes, hablando también en murmullos desde debajo de la tierra, junto con los muertos del cementerio de Comala.


Fuentes entrevera múltiples historias narradas por múltiples voces en lo que entonces es ya la inmensa selva urbana de la ciudad de México, caótica y salvaje, desigual y ensañada de crueldades sociales, y esas voces hablan desde los distintos estratos sociales, un gran mural que se va desplegando delante de nuestros ojos.


Después ya tendremos Rayuela, de Julio Cortázar, y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, publicadas el mismo año de 1963 y que han pasado también el medio siglo de edad. Una modernidad distante y a la vez cercana.


Y esa modernidad se sigue multiplicando en el siglo XXI, cuando podemos hablar ya de una literatura latinoamericana del nuevo milenio.


Guadalajara, diciembre 2016


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Lunes, 21 Noviembre 2016 06:58

Desafíos

Desafíos

Con el elenco de la obra de teatro Hamilton –la más exitosa de Broadway de estos tiempos– abrazados sobre el escenario al final de la función del viernes, uno de los actores pidió muy cordialmente que el vicepresidente electo Mike Pence, quien llegó de último momento a ver la famosa producción, escuchara una palabras antes de irse de esta "obra de amor":

"Nosotros, señor, somos el Estados Unidos diverso que está alarmado y ansioso de que su nuevo gobierno no nos protegerá, ni a nuestro planeta, a nuestros hijos, nuestros padres, ni defenderá y respetará nuestros derechos inalienables. Pero de verdad esperamos que esta obra lo haya inspirado a respetar nuestros valores estadunidenses y que trabaje a nombre de todos nosotros. Todos nosotros. De nuevo, de verdad le agradecemos por ver esta obra, esta maravillosa historia estadunidense presentada por un grupo diverso de hombres y mujeres de diferentes colores, creencias y orientaciones".

La obra –que ha ganado los máximos premios en casi todas las categorías– es la historia en rap de Alexander Hamilton como uno de los padres fundadores, su relación con George Washington y adversario de Thomas Jefferson, y otras figuras durante la revolución contra el imperio británico. Pero, además de su idea novedosa de emplear el rap, casi todos esos personajes históricos anglosajones (a excepción de Hamilton, que nació en el Caribe y es presentado como inmigrante) son representados por actores de diversas razas y etnias (el guionista y creador de la obra, quien hizo el papel principal hasta hace poco, Lin Manuel Miranda, es de padres puertorriqueños).

Después de estas palabras, el público estalló en una ovación –los mismos habían abucheado a Pence cuando llegó a tomar su asiento– y los videos del incidente se volvieron virales; casi todo periódico y sitio de noticias registró el suceso. Pero ahí no acabó. El presidente electo Donald Trump se molestó y durante el sábado y este domingo envío cuatro tuits. El primero declaraba: “Nuestro maravilloso futuro vicepresidente Mike Pence fue hostigado anoche en el teatro por el elenco de Hamilton, con las cámaras prendidas. Esto no debería suceder” y continuó: “el teatro debería ser siempre un espacio seguro y especial. El elenco de Hamilton fue muy grosero anoche con un muy buen hombre, Mike Pence. ¡Pidan disculpas!” Siguió este domingo, insistiendo en que había oído que la obra está "sobrevaluada", y repitió que deberían ofrecer disculpas.

El actor Brandon Victor Dixon respondió a Trump en un tuit: "conversación no es hostigamiento, señor".

A la vez, fuerzas derechistas han lanzado una campaña para un boicot a la obra (algo bien recibido por infinidad de personas que esperan tener la oportunidad de conseguir boletos, ya que las entradas han estado agotadas para los próximos meses y es el boleto más difícil de conseguir en todo Broadway).

El acto de desafío ante los próximos ocupantes de la Casa Blanca es una de muchas rebeliones pequeñas y grandes que están intentando rescatar a este país de uno de uno de los momentos políticos más feos –esa es la palabra mas básica para caracterizarlos– en la historia del país (y eso que hay gran competencia por ese honor).

Tal vez las voces más influyentes a nivel nacional han sido los comediantes satíricos en sus programas de televisión, como John Oliver, Samantha Bee, Stephen Colbert y Trevor Noah. O James Corden con su huésped Benedict Cumberbatch, que justo antes de la elección ofrecen un comentario.

Saturday Night Live, con sus más de cuatro décadas en televisión, ya no tiene la agudeza y el filo de sus primeros años, pero también provocó la ira de Trump cuando el sábado pasado el actor Alec Baldwin retomó su imitación ya famosa de Trump en un sketch bastante dócil. “Vi partes de Saturday Night Live anoche. Totalmente parcial y prejuiciado, nada chistoso”, comentó en un tuit la mañana del domingo.

George Takei, famoso por su papel en la serie clásica Star Trek, pero también actor en otras series y películas, escribió en el Washington Post que escuchar a asesores cercanos de Trump hablar de un "registro musulmán", y señalar como antecedente cómo se hizo algo parecido con los japoneses-estadunidenses en la Segunda Guerra Mundial, es alarmante, ya que ese es un episodio en el cual 120 mil estadunidenses, "incluidos yo y mi familia, perdimos nuestros hogares, trabajos y libertades porque nos parecíamos a la gente que había bombardeado Pearl Harbor". Takei cuenta la historia de cuando tenía cinco años y él y su familia fueron trasladados a un campo de concentración. Indica que se está aplicando esta misma óptica a musulmanes estadunidenses hoy día, y concluye: "qué terrible es contemplar, una vez más, que el gobierno podría ser otra vez instrumento de terror y división. Eso no se puede repetir. No lo podemos permitir".

El desafío de artistas y comediantes contra uno de los presidentes más incultos (de nuevo, incluso ante feroz competencia de sus antecesores no tan distantes, como George W. Bush), junto con el brote de múltiples y constantes manifestaciones de protesta por las calles y plazas de este país, es, en su esencia, una lucha de lo noble y lo bello contra lo profano y lo feo. Esta resistencia no es sólo un acto político, sino que gira en defensa de valores y principios, y de luchas anteriores. Estas expresiones tanto en las calles como en los teatros, como el elenco de Hamilton, son un mosaico de colores y acentos.

Aquí, en esta coyuntura, hay un par de enfrentamientos a la vista: el de un Estados Unidos del pasado (en su versión mítica) frente al país del futuro, pero también un masivo desafío a lo feo, usando como municiones explosiones de belleza, desde escenarios de teatro y televisión hasta las calles de todo el país.

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Dario Fo, irreverente maestro del teatro subversivo, murió cantando

"Fue su gran final, resistió y siguió trabajando hasta que fue hospitalizado; hay que ponerlo en los manuales de medicina: el arte, la pasión y el compromiso político sirven", dice su hijo Jacopo

 

Milán.

El dramaturgo italiano Dario Fo, reconocido con el Nobel de Literatura 1997, artífice de una extensa obra irreverente y creativa, murió cantando.

Ayer en la mañana, en el hospital Sacco de Milán, falleció debido a problemas respiratorios y a complicaciones por una vértebra fracturada, el que fue un intelectual comprometido y referente moral para la izquierda de Italia. Él se definía como clown, pero era un maestro del teatro subversivo.

Los médicos del servicio de neumología dijeron que el paciente estuvo lúcido y cooperativo prácticamente los 10 días que permaneció en el nosocomio. Incluso se mostraron sorprendidos, pues hasta el miércoles, antes de que se agravara y tuvieran que sedarlo, Dario Fo cantó "horas", además de preguntar al personal sobre las noticias del país y el mundo, pues no podía ya leer los diarios.

Como rúbrica a una vida siempre a contracorriente, il arlecchino de Italia se fue un par de horas antes del esperado anuncio del ganador de Premio Nobel de Literatura 2016, como un último e involuntario acto antisolemne.

Él mismo fue reconocido en 1997 por la Academia Sueca por "la fuerza de sus textos, que simultáneamente divierten, atraen y brindan perspectivas".

El también actor festejó hace siete meses sus 90 años, rodeado de amigos y familiares en el Piccolo Teatro de esa ciudad, donde además presentó su libro Dario e Dio, escrito a cuatro manos con Giuseppina Manin, como reseñó La Jornada el pasado 24 de marzo, día del cumpleaños del dramaturgo.

Entonces se mostró vital y sorprendido de llegar a las nueve décadas "y no estar chocho. Se me olvidan ciertas cosas, pero nunca he producido tanto ni me ha apasionado y divertido como en estos tiempos", dijo a la prensa.

También participó en la apertura del Museo Franca Rame-Dario Fo, ubicado en el archivo de estado de la ciudad de Verona, que resguardará el acervo de Fo y de su esposa, fallecida en 2013, reunido a lo largo de 50 años, que contiene textos teatrales, manuscritos inéditos, manifiestos, libros y fotografías, además de vestuario, escenografía, marionetas y, en suma, toda su vida en 70 años de carrera.

Además, luego de 40 años de ausencia, Fo regresó a la televisión el pasado diciembre con un espectáculo dedicado a Maria Callas, protagonizado por Paola Cortellesi, última obra coescrita con Franca Rame, en la que quiso borrar la historia frívola de la vida de la cantante.

Autor de 70 libros, Dario Fo (1926-2016) dio voz y dignidad a personajes o hechos ignorados o manipulados por la historia, incluso corrigiéndola en sus textos teatrales de sátira política y social. Incomodó a más de uno por su empeño político de izquierda y por su constante desafío al poder y la hegemonía cultural.

Conocido en el mundo, y en particular en América Latina, donde participó en varios Festivales de teatro como el de Bogotá y Caracas a comienzos de los años 90 del siglo pasado, el teatro de Fo se caracteriza por un lenguaje absurdo en el que mezcla dialectos, latín, italiano y citas literarias.

Anticonformista, simpatizante comunista, admirador de la experiencia chilena con Salvador Allende, la comunidad teatral en el mundo lo llamaba "el maestro", y era uno de los autores teatrales más representados después de Goldoni.

Tan sólo en los recientes 12 meses publicó cuatro libros, además de Dario e Dio: Razza di zingaro, dedicada a Johann Trollmann (1907-1943), el mejor boxeador de Alemania, discriminado en el nazismo por ser gitano, que terminó en un campo de concentración, donde fue asesinado; Storia proibita dell’America, que muestra a algunos de los personajes estadunidenses que desafiaron el poder, empezando por el pueblo de los semínolas, única tribu india que jamás se rindió ante los colonizadores; Hay un rey loco en Dinamarca, novela histórica, en la que Fo recupera documentos inéditos que le permitieron reconstruir la manera en que Dinamarca alcanzó, durante el iluminismo, las bases para la construcción de un Estado moderno, en una historia de pasión amorosa, amargura y lucha por el poder.

Émulo de bufones medievales

Cuando Dario Fo recibió el Nobel de Literatura, la Academia Sueca dijo que Fo merecía el epíteto de bufón "en el verdadero sentido de la palabra. Con una exquisita mezcla de risa y seriedad abre nuestros ojos a los abusos e injusticias de la sociedad y también a la más amplia perspectiva histórica en que pueden ser ubicadas. Emula a los bufones del Medievo cuando critica a la autoridad y sostiene en alto la dignidad de los oprimidos".

El juglar y agitador político nació en Laggiuno-Sangiano, Varese, en el norte de Italia, hijo de un jefe de estación de tren y madre campesina. Desde temprana edad fue reconocido como "joven cascarrabias"; fue militante del Partido Comunista Italiano y mimo. Estudió pintura y arquitectura en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán; sin embargo, la irrupción de la Segunda Guerra Mundial cambió sus planes de dedicarse al arte, pues dejó todo para unirse a la resistencia contra Mussolini.

Dario Fo comenzó su carrera colaborando en revistas satíricas en pequeños teatros y cabarets. Escribió su primera pieza dramatúrgica en 1944. En 1954 se casó con la actriz y escritora francesa Franca Rame, con quien fundó su propia compañía teatral en 1959.

Rame, su compañera de vida, con la que se casó por la iglesia, murió hace tres años de un derrame cerebral, a los 83 años. Fo no se repuso del todo del golpe: "soy ateo, pero Franca se me aparece todas las noches", comentó hace poco a sus allegados.

Procesado 40 veces por "delitos de opinión", es autor de la célebre obra de teatro Muerte accidental de un anarquista (1970), traducida y representada en muchos idiomas; uno de sus muchos textos por los que fue censurado por la cultura oficial y perseguido por la ultraderecha hasta el punto de que Franca Rame fue víctima, en 1973, de secuestro con violación por una banda fascista.

En 1980 las autoridades migratorias de Estados Unidos negaron a Fo permiso para entrar a ese país a causa de sus ideas políticas.

"Soy uno de los últimos marxistas que quedan, los otros se pasaron al Polo (coalición derechista encabezada por el ex fascista Gianfranco Fini)", ironizó alguna vez durante la presentación de sus puestas en escena.

Severo crítico de Berlusconi

Por supuesto, Dario Fo fue uno de los críticos más duros del ex premier Silvio Berlusconi, al que interpretó y ridiculizó en la comedia El anómalo bicéfalo (2003).

Sus obras siguen siendo "incómodas" en países como Turquía, donde hace apenas un par de meses fueron prohibidas por el presidente Erdogan. Cuentan que Fo, al enterarse, estalló en risas al comentar el hecho en una entrevista con el diario La Stampa: "Es como si me hubieran dado otro premio Nobel", dijo.

Misterio bufo, escrita en 1969, es considerada la obra más importante de Dario Fo, donde interpretaba él solo múltiples personajes y mostraba grandes dotes de mímica. En total escribió alrededor de 47 comedias, tres películas y más de 60 canciones.

Otras de sus obras son Los arcángeles no juegan al flipper (1959) y La mariguana de mamá es la más bonita (1976), farsa sobre el problema de la droga, inscrita en el llamado teatro de agitación.

El diario Corriere della Sera menciona que Jacopo, hijo de Fo, dio la noticia del fallecimiento del dramaturgo a la televisora RAI: "Ocurrió esta mañana a las ocho; fue su gran final, se ha ido. La única cosa sensata que puedo decir es que resistió y siguió trabajando entre ocho y 10 horas al día hasta que fue hospitalizado. Hay que ponerlo en los manuales de medicina: el arte, la pasión y el compromiso político sirven".

El concejal de Cultura del ayuntamiento de Milán, Filippo del Corno, informó que el funeral de Fo será en el Piccolo Teatro, donde el Nobel celebró en marzo con sus amigos, familiares, artistas y músicos sus 90 años. Ahora el foro será abierto al público para que se despida al escritor.

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Lunes, 03 Octubre 2016 07:03

El terreno de juego

El terreno de juego

Desde los palacios del futbol americano, del fut de verdad, beisbol, basquetbol y tenis, a campos deportivos de grandes universidades y preparatorias públicas, millones han visto y escuchado un mensaje a favor de la justicia, los derechos humanos y la paz.

Vale recordar que los coliseos deportivos tanto profesionales como de instituciones académicas suelen ser monumentos patrióticos, o por lo menos, donde se intenta promover el patriotismo y festejar el militarismo. Al inicio de cada partido profesional y muchos de los amateurs se entona el himno nacional, a veces hay ceremonias para "dar gracias" a las fuerzas armadas y siempre hay muchas, pero muchas, banderas nacionales (en este país parece que tienen que estar porque aparentemente a mucha gente se le olvida en que país está, o quién sabe por qué).

Pero desde algunos de estos terrenos de juego están brotando expresiones de otro tipo de amor por este país y su pueblo, expresiones de solidaridad con movimientos en las calles. Son actos atrevidos e inesperados justo por realizarse dentro del terreno de juego en coliseos patrioteros, casi siempre en contra de los deseos y posiciones de los dueños o autoridades académicas y hasta de los compañeros de equipo, y ante los ojos de miles y a veces millones (cuando el evento es transmitido por televisión).

Colin Kaepernick, mariscal del equipo de futbol americano de San Francisco, empezó a mediados de agosto a hincarse al inicio de cada partido ante el tradicional toque del himno nacional, como expresión de protesta. Explicó: "no me voy a poner de pie y mostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a personas negras y personas de color". Su acto, sin declararlo explícitamente, es en solidaridad con el nuevo movimiento nacional de derechos civiles Black Lives Matter, que nació con las protestas por la muerte a balazos de un joven afroestadunidense en Ferguson, Misuri, hace un par de años. Pero Kaepernick, quien sigue expresando su acto de protesta en cada partido, ya no está solo.

Poco a poco, algunos de sus colegas se han sumado a su acto de desafío, tanto en su equipo como en otros de la liga profesional del país. Algunos jugadores de los equipos de Seattle, Miami, Denver, San Luis, entre otros, se hincan, se sientan o levantan el puño o las manos (en símbolo de protesta) durante la interpretación del himno. De repente estos actos se repitieron en partidos entre equipos en universidades y después en los campos de juego de preparatorias en Nueva Jersey, Illinois, Virginia, Nebraska, Ohio y más. Como ya se reportó en estas páginas, hasta integrantes de la banda musical del equipo de la Universidad Howard –institución afroestadunidense– se hincaron mientras tocaban el himno.

Fue notable el impacto cuando la rubia Megan Rapinoe, estrella del futbol soccer femenil de Estados Unidos, se empezó a hincar en solidaridad, afirmando que los blancos necesitan "apoyar a la gente de color" en estos momentos.

Estos actos detonaron denuncias por las autoridades, gremios de policía, agrupaciones de veteranos militares, algunos dueños y empresarios del deporte y todo un coro de políticos que acusaron que era una falta de respeto a la bandera o incluso que era casi traición.

Pero los atletas –entre ellos algunos de los más famosos hoy día– han continuado. Hace meses, superestrellas de basquetbol profesional, incluido el que es considerado el mejor en ese deporte, LeBron James, de los Cavaliers de Cleveland, y Dwayne Wade, del Heat de Miami, entre otros, habían declarado que no podían mantener el silencio ante la violencia e impunidad policiaca contra la comunidad afroestadunidense.

Esta semana pasada la superestrella del tenis, Serena Williams, transmitió un mensaje en el cual citó a Martin Luther King: “llega un momento en que el silencio se convierte en traición... no me quedaré en silencio más”, y expresó su preocupación por su sobrino de 18 años y otros jóvenes ante la brutalidad policiaca contra los afroestadunidenses.

Cuando el equipo olímpico estadunidense que participó en los juegos en Río este verano fue invitado a la Casa Blanca, la semana pasada, entre ellos también estaban dos atletas viejos: John Carlos y Tommie Smith. Fueron reconocidos por el presidente Barack Obama, quien declaró que "su poderosa protesta silenciosa en los juegos de 1968 fue controvertida, pero despertó a la gente y creó mayor oportunidad para aquellos que siguieron". En los Juegos Olímpicos de 1968 en México, ambos, al ser galardonados con las medallas de oro y bronce, y al entonarse el himno nacional de su país, levantaron el puño en lo que definieron como "un saludo de derechos humanos" durante una de las coyunturas mas difíciles del movimiento de derechos civiles. Fueron expulsados del equipo nacional en otras Olimpiadas. Smith expresó apoyo a las protestas de los atletas hoy día, e indicó que son actos valientes, pero "cuando uno hace algo en que realmente cree, uno verdaderamente no piensa en el costo, nada más lo hace".

La semana pasada Joakim Noah, el centro del equipo de basquetbol profesional Knicks de Nueva York, decidió no aceptar una invitación al equipo a la academia militar West Point, por su oposición a las guerra. “Es difícil para mí entender por qué tenemos que ir a las guerras, por qué los jóvenes tienen que matar a otros jóvenes por el mundo... Estoy muy orgulloso de este país, amo a Estados Unidos, pero sencillamente no entiendo que jóvenes maten a jóvenes por todo el mundo” declaró, de acuerdo con The Guardian. Agregó que apoya lo que hacen Kaepernick y otros atletas al usar sus perfiles públicos para enfocar su atención sobre asuntos graves. “Pero tiene que ser más que eso: este país está fuera de control, los jóvenes matan jóvenes... el himno no es el punto; hay cosas que se necesitan componer”.

Algunos atletas y equipos llegan a ser heroicos en el imaginario popular en todas partes del mundo. Aquí, ante la carencia de héroes en el ámbito político, ofrecen una referencia moral en un momento en que está en juego el futuro de este país.

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Sábado, 16 Julio 2016 06:29

Filmar un crimen no es un delito

Filmar un crimen no es un delito

Manifestaciones contra la violencia policial han sacudido Estados Unidos tras el reciente asesinato por parte de la policía de dos hombres afroestadounidenses: Alton Sterling en Louisiana y Philando Castile en Minnesota. Las imágenes en video de sus asesinatos, registradas por ocasionales testigos y publicadas en Internet, provocaron el espanto de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, quienes filman la violencia policial afrontan cada vez más persecución, acoso, detención e, incluso, la cárcel.

 

El 5 de julio de 2016, Alton Sterling estaba vendiendo CDs frente a la tienda de un amigo en Baton Rouge, Louisiana, cuando la policía lo embistió y lo mató de un disparo. El propietario de la tienda, Abdullah Muflahi, filmó lo ocurrido con su teléfono celular y contó lo que vio ese día en el programa Democracy Now!:


“Él no sabía lo que estaba sucediendo. [Alton] se veía confundido. Les decía todo el tiempo: ‘¿Qué hice? ¿Qué está sucediendo? No hice nada malo’.

 

Cuando salí de la tienda ya lo estaban golpeando encima de un automóvil y le estaban disparando con una pistola Taser. En ese momento, otro oficial corre y lo tira al suelo. Y a continuación ambos policías comienzan a golpearlo en el suelo”.


Alton Sterling estaba tirado de espaldas sobre la acera mientras dos oficiales de policía de Baton Rouge, ambos blancos y corpulentos, lo sujetaban contra el suelo. En cuestión de segundos, los oficiales le dispararon a Alton Sterling a quemarropa y lo mataron.


Abdullah Muflahi añadió: “Después de que le dispararon, no estoy seguro de lo que dijo uno de los policías que estaba allí, pero el otro oficial, el que estaba cerca de mí, le respondió: ‘Que se joda. Déjalo ahí tirado’, en referencia a Sterling. En ese momento me metieron en el asiento trasero del patrullero”.


Abdullah Muflahi estuvo detenido durante seis horas, confiscaron su teléfono y, sin una orden judicial, la policía confiscó la cámara de seguridad de la tienda, además del equipo de grabación. Muflahi entabló una demanda contra la policía.


Una pareja que se encontraba en un automóvil a metros de donde estaba Sterling también grabó lo sucedido. El video llegó a manos de Chris LeDay, un oficial retirado de la Fuerza Aérea de Baton Rouge que ahora vive en Atlanta, que inmediatamente lo publicó en Internet. LeDay es un músico que tiene muchos seguidores en las redes sociales. “Cuando obtuve el video, lo primero que quería hacer era difundirlo porque fue un caso de asesinato a sangre fría. Quería publicar el video para que todo el mundo pudiera verlo, para que los policías dejen de cometer estas atrocidades impunemente”.


El video se volvió viral y, poco después, Chris LeDay fue detenido por la policía. LeDay trabaja en un centro de la Reserva de la Fuera Aérea de Estados Unidos en Dunwoody, Georgia. Lo detuvieron cuando estaba ingresando a la base. Cuando preguntó por qué lo estaban arrestando le dijeron que:

 

“encajaba con el perfil”. Cuando preguntó con qué perfil, no le respondieron. Este ex oficial afroestadounidense de la Fuerza Aérea que mide 1.90 metros y pesa 120 kilos se asustó. Dijo en Democracy Now!:


“Al cabo de media hora vi que venían más oficiales. Cada vez había más oficiales, así que decidí actuar y publicarlo en Facebook. Etiqueté a mi madre y a mi padre para que supieran lo que estaba ocurriendo. Escribí: ‘En este momento estoy rodeado de oficiales de la policía metropolitana y militar. No sé qué está sucediendo, pero quiero que sepan que si sucede algo no me resistiré’”.


Chris LeDay fue esposado, encadenado, lo obligaron a ponerse un overol naranja y lo detuvieron durante 26 horas. ¿La acusación? No haber pagado multas de tránsito.


Esta semana se cumplen dos años del asesinato por parte de la policía de Eric Garner en Staten Island, Nueva York. El 17 de julio de 2014, después de que un oficial de policía le aplicara una llave de estrangulamiento y otros oficiales se pusieran encima de él, Eric Garner logró decir: “No puedo respirar” once veces antes de morir. Sabemos esto únicamente porque un testigo, Ramsey Orta, filmó la agresión con su teléfono celular. El video tuvo amplia difusión. Ninguno de los oficiales del Departamento de Policía de Nueva York fue acusado del asesinato de Eric Garner.


Ramsey Orta nos dijo que la policía lo persiguió y acosó inmediatamente después de que se publicara el video. Una de las veces que lo detuvieron, Orta declaró que le dijeron: “Nos filmaste, ahora te estamos filmando”. Ramsey Orta acaba de llegar a un acuerdo mediante el cual cumplirá una pena de prisión de cuatro años por otras acusaciones no relacionadas con el caso, por lo que es la única persona presente en el momento de la muerte de Garner que irá a prisión.


Filmar un crimen no es un delito, es un servicio a la comunidad. La policía debe dejar de acosar a los ciudadanos que facilitan pruebas de video de la brutalidad policial.


Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Sábado, 07 Mayo 2016 08:06

La criminalización del pensamiento

La criminalización del pensamiento

Pensar trae consecuencias. Su ejercicio no ha sido una facultad bien vista. Hoy está en peligro de extinción. Resulta significativo que entre los crímenes de lesa humanidad figure la persecución ideológica y política. Desde el castigo bíblico hasta nuestros días, la acción de pensar se castiga. Dos esferas de la realidad política son las más afectadas. La educación y el periodismo. En ambas, sus representantes son objeto de las iras del poder institucional y la violencia. Las universidades, en tiempos de dictaduras militares o cívico-militares, sufren las consecuencias de la criminalización del pensamiento. Maestros y profesores han sido perseguidos y asesinados. Durante la segunda República en España se expulsó a miles de las aulas del magisterio y qué decir del México actual. En cuanto al periodismo, se mata directamente al mensajero. El más reciente informe de la Federación Latinoamericana de Periodistas destaca que sólo en México, durante 2015, fueron ultimados 14 informadores. La lista es larga. Honduras presentó 10 casos, Brasil ocho, Colombia cinco y Guatemala tres. Al mismo tiempo, la Federación Internacional de Periodistas apunta que de 1990 a 2015 se contabilizaron 2 mil 297 asesinatos de comunicadores. En esa lista vuelve a destacar México con 120 casos, Rusia reporta 109 y Brasil 62.

 

Todos los días nos enteramos, por los medios de información, de las arbitrariedades del poder político a la hora de criminalizar cualquier opinión discrepante. Sobre todo si en ella se vierten críticas al orden social, a la violación de los derechos humanos y a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. Basta con que la policía emita informes imputando a organizaciones, personas o movimientos sociales de propagar ideologías disolventes para que sus dirigentes sean detenidos, investigados y encarcelados. Asimismo, cualquiera puede levantar falso testimonio y lograr credibilidad cuando la acusación deriva en el ámbito del pensamiento y las ideas.

 

Si en los siglos XIX y XX el apelativo de terrorista recayó en los movimientos anarquistas y anarcosindicalistas, extendiéndose a socialistas y comunistas, en pleno siglo XXI se han roto dichas fronteras ideológicas. Ya no asistiremos a un montaje judicial para justificar la persecución ideológica. No hace falta encubrir el motivo. Abiertamente se imputa al políticamente incorrecto la condición de antisistema. Basta recordar el reciente caso del cómico alemán Jan Böhmermann, acusado de injurias por el presidente de Turquía, Recep Erdogan, al haber escrito un poema satírico. Lo peor no es la acusación, sino el consentimiento de Angela Merkel, canciller de Alemania, de facilitar la apertura de un proceso judicial por injurias. En la persecución del pensamiento no hay fronteras. En una sociedad de ciegos, el tuerto no es el rey, está preso.

 

En la sociedad occidental, democrática y civilizada se criminaliza la crítica y el pensamiento se tilda de subversivo y antisistémico. Adjetivos que predisponen al uso de la violencia y la razón de Estado para su represión. En Colombia, la Escuela Nacional Sindical entregó un estudio detallado a congresistas estadunidenses subrayando que entre el 7 de abril de 2011 y el 31 de marzo de 2015 habían perdido la vida en atentados 105 militantes pertenecientes a diferentes sindicatos. Asimismo, la Confederación Sindical Internacional, en su informe anual sobre los derechos sindicales en el mundo, denuncia que fueron asesinados 101 trabajadores por ejercer actividades del gremio. De esos 101 asesinatos casi la mitad, 48, se registraron en Colombia, 16 en Guatemala, 12 en Honduras, seis en México, seis en Bangladesh, cuatro en Brasil, tres en República Dominicana, tres en Filipinas, uno en India, otro en Irak y uno más en Nigeria. Dicho texto no considera las amenazas e intentos fallidos de ejecuciones.

 

El miedo y la violencia, al igual que la autocensura, se apoderan de quienes emiten opiniones contrarias al poder dominante. Desde los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, el fantasma del terrorismo se convirtió en excusa para controlar la crítica política y el ejercicio de la libertad de expresión. En el saco del terrorismo se incorporan todo tipo de acciones y pensamientos. La vara de medir está bajo mínimos. Cuando más democracia y libertades se dicen reconocer, más se reprime la facultad de pensar. Ya no se diferencia entre pensamiento crítico y terrorismo. El poder no distingue y, lo que es peor, no quiere ejercer dicha distinción.

 

La crítica teórica y la reflexión han sido materialmente despreciadas, su praxis se condena, constituyen una amenaza. El poder político se siente propietario de las formas de pensar y actuar. Quienes practican la noble actividad de pensar a contracorriente, militantes políticos, sindicales, deportistas, científicos, periodistas, escritores, actores, artistas plásticos, grupos musicales, etcétera, son objeto de escarnio y presiones. Existe una guerra declarada al pensamiento en todas las dimensiones de la vida social.

 

El ejercicio crítico de pensar subvierte el orden y cuestiona el statu quo. Personas y medios que lo impulsan son atacados por el poder. Las medidas aplicadas van de la censura a la clausura de medios de prensa, programas de radio y televisión. Todo es bienvenido si con ello se acallan las voces discordantes. Hoy, los servicios de inteligencia y los aparatos de seguridad del Estado realizan la búsqueda de irredentos. Intervienen correos electrónicos, teléfonos móviles, graban en aulas de clase, restaurantes y centros comerciales. Ningún espacio público está exento de vigilancia. El pensamiento crítico debe ser controlado en corto. Quienes lo denuncian son objetivo militar y político. Es el caso de Julián Assange, fundador de Wikileaks, quien pidió asilo a la República de Ecuador por temor a ser extraditado a Estados Unidos, bajo acusaciones falsas de violación. Lleva recluido desde el 19 de junio de 2012 en la embajada de Ecuador en Londres. Otro ejemplo es el de Edward Snowden, ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, quien hizo públicos los programas de vigilancia masiva a escala mundial desarrollados por la SNA y la CIA. Perseguido y acusado de criminal, se exilió en Rusia, donde reside actualmente. Su vida está en peligro.

 

Las guerras del siglo XXI amplían el espectro de los genocidios civilizatorios. Tecnologías de muerte. Drones y armamento de última generación se utilizan para acallar voces e imponer valores imperiales. Pensar se ha convertido en delito, su ejercicio se ha criminalizado y sus defensores han sido condenados.

 

 

 

 

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Estéticas de la denuncia y emociones que redimen la presencia y la vida

Me aterra la nueva moda de considerar que el arte y la cultura no sirven de nada. Un domingo por la mañana salí a pasear por Coyoacán y acompañar al Museo de Culturas Populares a unos amigos de visita. Casi me da un ataque de llanto cuando vi a una muchacha muy ufana bailar en la plaza con una camiseta a la moda que decía: NI ARTE NI CULTURA. De no ser una tendencia habría pensado que era una irresponsable y ya, pero existen en la actualidad marcas de ropa y ministros de educación que anteponen la ingeniería, la genómica y la física al arte y la literatura. El mensaje que lanzan es que si eres una artista eres una fracasada, alguien volcado al hambre. Claro, es parte de una ideología que mina las emociones propias, los recuerdos, memoria y capacidad creativa de las personas. Sin arte es más fácil transformar a los humanos en máquinas. Sin cultura la violencia no se explica, no hay forma de ubicarla en el lugar de las acciones producidas por un sistema que nos quiere aterradas y sin capacidad de respuesta colectiva.

 

Barajémosla más despacio. Como actividad enfocada al despertar de emociones desde la palabra, el movimiento y la representación visual, el arte está sufriendo diversos y repetidos ataques. Las autoridades educativas desaconsejan los estudios de arte y humanidades por motivos de utilidad, los museos dan más peso a las curadurías que a las obras, los medios de comunicación no reportan propuestas estéticas que no estén avaladas por grandes presupuestos. Algunos artistas (porque eso son las performanceras, las poetas, los actores, los bailarines, etcétera) han llegado a criticar la denominación de artista por su clasismo, su etnocentrismo o su esnobismo. Es fácil que en los discursos comunes se tilde el arte de farsa o fraude.


En las páginas de los periódicos a nivel mundial, hay desprecio por la literatura, exaltación del consumismo, descalificación de las obras plásticas, desinterés por el trabajo y las técnicas. No obstante, los pueblos kurdo, sirio e iraquí se sienten consolados por los bailes y las canciones que desafían el orden de muerte del Estado Islámico; las víctimas de atentados y asesinatos masivos leen poesía y reconocen su dolor en obras de teatro; las madres, padres, hermanas, esposos, amigas de desaparecidos reciben fuerza de dibujantes, pintoras, escultores, grafiteras, bordadores, grabadoras, performanceras, moneros, ceramistas que denuncian la falta que les hacen los seres queridos que les fueron arrebatados nadie sabe por quién, ninguna autoridad quiere decir por quién, ninguna pista de investigación conduce a quién.


No faltan los colectivos y las personas que están conscientes de la libertad del arte para revelar lo que la ideología de la producción desmemoriada esconde. Artistas creativas, indignados, presentes inventan formas de alumbrar la realidad que la gran mentira mediática busca minimizar.


Cristina Rivera Garza se ha hecho portavoz del silencio que pesa. Su literatura más reciente socorre una sociedad paralizada por el miedo devolviéndole la palabra poética, nutriendo la resilencia con descripciones precisas. Está convencida de que es fácil reconocer la relación escritura-muerte y que las metáforas se sostienen en las experiencias concretas de la gente. Para ella, el compromiso de la escritura tiene que ver con un lenguaje que presta su voz a los muertos y a todos aquellos cuya vida cotidiana ha sido transformada por el dolor. Desde 2013 publica contra la violencia, contra el desinterés público hacia el dolor del otro. En Los Muertos Indóciles. Necroescrituras y Desaprovación recupera no sólo unos versos de Roque Dalton escritos durante la represión en El Salvador ("Los muertos están cada día más indóciles./ Antes era fácil con ellos:/ les dábamos un cuello duro una flor/ loábamos sus nombres en una larga lista"), sino que pone la literatura al servicio de la ética, cuestiona las relaciones de poder y devuelve a las personas que leen la fuerza filosófica de la política. En Dolerse y en Con/Dolerse, libros escritos inmediatamente después junto con jóvenes poetas, narradores y cronistas, ensaya el consuelo de la comprensión a través de una poesía documental y una crítica estéticamente inmediata de las condiciones de violencia que se viven en México.

 


Antes de morir, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda se había comprometido vitalmente con las denuncias de las madres de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. El teatro mexicano con él se convirtió en un lugar del justo saber. Por ello Cristina Michaus, Enrique Mijares, Alan Aguilar, Demetrio Ávila, Antonio Zúñiga, Juan Tovar, Edelberto Galindo, Ernesto García, Cruz Robles y Virginia Hernández decidieron acompañarlo en el rescate de pánicos supersticiosos, rabias rebeldes, denuncias angustiantes y escribieron 11 obras, reunidas en el libro Hotel Juárez. Dramaturgia de feminicidios para que el arte volviera a poner la denuncia, evidenciar, ubicar la realidad en su dimensión caníbal o excelsa (aunque no la pudiera probar y fuera negada por los administradores de justicia como constructora de la verdad). Una vez más la solidaridad de las y los artistas con las condiciones de vida de quien no tiene poder ni conoce derechos se convirtió en el porqué del arte mismo.


Las y los actores mexicanos, así como algunas directoras/es, estuvieron a la altura de los dramaturgos y asumieron posiciones muy valientes en la denuncia de las desapariciones de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural "Isidro Burgos" de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014. Algunos de ellos, venían de haber acompañado el movimiento por la paz, con sus largas marchas de familiares y amigos de desaparecidos y asesinados, que se agrupó alrededor de la figura de Javier Sicilia, poeta al que le asesinaron el hijo en 2011.

 

 


El arte da miedo al sistema. Y con razón. El arte es capacidad de inventar y reconocerse, de experimentar emociones y de permitir que se expresen. Sobre todo, el arte es crítica: desobedece las reglas y desconecta los controles para discernir lo que hay detrás de ellos.


Francisco Toledo, pintor y promotor de las formas de cultura que su tierra y su gente anhelan y producen, ha revelado, en el centenar de piezas de Duelo en el Museo de Arte Moderno, que la plástica es sentir de un horror colectivo que es también una advertencia: no podemos tolerar nada más. La vida es vida, la sangre mancha la tierra, la desaparición es una violencia indecente, la corrupción es aberrante en cuanto recrea constantemente la desigualdad social. Sus cerámicas urgentes, sus ollas con sangre, sus patios de muerte son la visión del México de 2015 y afirman contundentemente un ¡Ya basta!

 

 


Cuando el 13 de abril de 2011, Javier Sicilia llamó a la gente a manifestarse contra la violencia, a su grito de dolor lo sostuvo la rabia y el deseo de justicia de un pueblo con más de 100 mil muertos y 24000 desaparecidos. Durante su marcha a la Ciudad de México, nacieron colectivos de denuncia visual, el primero entre ellos Fuentes Rojas.


Según la fotógrafa Elia Andrade, la ciudadanía empezó a organizar acciones que hicieran visible el rechazo a la impunidad y su malestar. Así nació la iniciativa Paremos las balas, pintemos las fuentes, que después deviniera en el colectivo Fuentes Rojas. Éste lanzó una convocatoria abierta para una acción concreta: pintar el agua de las fuentes públicas de color rojo, el color de la sangre que ahoga México.


Bordando por la Paz y la Memoria. Una víctima, un pañuelo surgió después y se mantiene hasta la fecha. Se trata de una acción pacífica y constante, de colectivos que bordan sentados en un espacio público los casos que escritores y activistas recogen y documentan. Su objetivo es rendir homenaje a las víctimas de asesinato y desaparición que se han multiplicado durante la "guerra contra el narcotráfico". Exponiendo en tendederos improvisados pañuelos blancos bordados con hilo color rojo-sangre para las personas asesinadas, con hilo color verde-esperanza para las desaparecidas y con hilos morados para los casos de feminicidio se interviene en la conciencia colectiva de la población mexicana e internacional.


Se trata invariablemente de acciones de arte y denuncia que suceden en el espacio público, que lo ocupan y lo devuelven a la ciudadanía que ha sido despojada del derecho a la calle, a la noche, a la seguridad. Acciones de memoria en el lugar del tránsito y la convivencia.


Una de las más impactantes seguramente fue la siembra de un "antimonumento" de tres piezas de placa de metal recubierta con esmalte acrílico rojo de 3.50 por 5 metros, el 26 de abril de 2015 en el centro de la Ciudad de México. Las tres piezas están conformadas por un signo de "más" y por las dos cifras de 43 y están acompañadas de una tira de metal calada en laser con la frase de Rosario Ibarra de Piedra: Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Más 43 hace referencia a los estudiantes secuestrados y desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa, que fueron a sumarse a los casi 30 000 desaparecidos que los antecedieron.

 


No obstante, esa no ha sido la única ni la primera intervención artística pública, anónima y colectiva con carácter permanente. En la ciudad de Chihuahua, frente al Palacio Municipal, las madres de las mujeres asesinadas y los y las defensoras de los derechos humanos locales habían sembrado una placa conmemorativa en el lugar donde fue asesinada Marisela Escobedo Ortiz, el 16 de septiembre de 2010, por estar reclamando justicia para su hija. En la misma ciudad, la escultura El árbol de la vida reúne una decena de cruces que simbolizan los feminicidios que no han sido resueltos. La placa por Marisela ha inspirado a los colectivos de defensa de los derechos humanos y artistas populares que en la Ciudad de México instalaron placas por la vida de las personas desaparecidas y asesinadas en la controversial Estela de la Luz, monumento impuesto por Felipe Calderón al dejar su sangrienta presidencia.


Igualmente, en Monterrey, capital del estado de Nuevo León, se realizó una importante protesta contra el secuestro, la detención y la desaparición de personas en las cuarenta hectáreas de la Macroplaza, la cuarta plaza más grande del mundo.


La construcción de la Macroplaza implicó la destrucción de casi 400 edificios y simbolizó el poder del gobierno de Alfonso Martínez Domínguez, quien en el sexenio de 1979 a 1985 impulsó su construcción como un proyecto de regeneración urbana. El paseo que conduce a ella fue inaugurado el 15 de septiembre de 2007 por el presidente de la República Felipe Calderón, quien además de halagar a los regiomontanos por la importancia económica de la ciudad, reafirmó su compromiso personal con la seguridad en el estado. "Hemos mostrado que tenemos una determinación plena para poner un alto a la inseguridad", dijo tras nueve meses de haber declarado esa guerra contra el narcotráfico que le costó al país más de 100 mil muertos. Ahí, el 11 de enero de 2014, en un punto de la plaza llamado el Breve Espacio, decenas de personas se reunieron al grito de justicia y bajo el lema #AMiMeFaltaRoy. Conmemoraban los tres años de la ausencia de Roy: 3 años de injusticia, 3 años de lucha. Roy, hijo de Irma Leticia Hidalgo —mejor conocida como Letty—, desapareció el 11 de enero de 2011, cuando cerca de 10 hombres encapuchados, con armas en mano y chalecos de la Policía de Escobedo, entraron a su casa. Lo que al principio parecía un robo, pues se llevaron computadoras, joyas, celulares y camionetas, terminó en el secuestro del joven estudiante de lenguas extranjeras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien estaba por cumplir 19 años.


El Breve Espacio es una zona hundida cuyas escalinatas desembocan en una fuente que cubre casi todo el lugar, como una piscina. Ahí los familiares de Roy y aquellos que se han organizado en las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Nuevo León (FUNDENL), levantaron globos de Cantoya pintados, cantaron y expusieron sus bordados para hacer valer su derecho a la memoria. Tomaron la plaza en nombre de la Esperanza, la de ver regresar a su gente. El Breve Espacio se convirtió así en el sitio de exposición de la exigencia de justicia, recibiendo el nombre de Plaza de los Desaparecidos.


Ahora bien, estas acciones se insertan en una historia de reclamos de justicia que es parte fundamental de la historia del arte mexicana, en particular de la historia del grabado. El grabado tiene una conexión directa con la denuncia. Desde el taller de litografía que José Guadalupe Posada abrió en la Ciudad de México en 1888, célebre por sus dibujos y grabados de crítica socio-política que evidenciaban la falta de justicia y la desigualdad en la sociedad porfiriana, el grabado reveló su carácter inmediato de imputación de responsabilidades públicas. Después de la Revolución Mexicana, el Taller de Gráfica Popular, con Leopoldo Méndez y O 'Higgins, amplió la denuncia de la represión y el rescate de la cultura popular, apoyando las políticas de educación pública del gobierno de Lázaro Cárdenas, la expropiación petrolera y el sostén del campo. El Taller de Gráfica Popular también hizo arte en solidaridad con los pueblos, contra el fascismo y el franquismo y a favor de la República Española. Similar en ciertas expresiones a la producción antibélica del expresionismo alemán, en particular de Käthe Kollwits, el TGP se transformó en las revueltas estudiantiles de 1968 y desembocó en las propuestas de arte activista de la década de 1980, en particular las de Rini Templeton.


Hoy esta tradición muestra su vitalidad en una obra reciente, la del escultor y grabador Alfredo López Casanova, quien quiere dejar impresas las Huellas de la Memoria para señalar la ausencia presente de los y las desaparecidas en el país.
Para el grabador, Huellas de la Memoria apelan a un objeto incómodo que lucha contra el olvido. De hecho, son marcas de la Memoria Incómoda como instrumento de la eterna lucha contra la indiferencia.


El 10 de mayo 2013 en la Ciudad de México las madres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos realizan una vez más su marcha del Monumento a la Madre a la Glorieta del Ángel. Es una marcha triste, de mucho llanto, mucha rabia, indignación y denuncia.


Sentado en las escalinatas, está el grabador que las ha acompañado siempre en silencio. A eso de las dos de la tarde, el sol está bravo, el grabador pone su mano como visera en la frente y mira. Como si fuera el lente de una cámara de video, su mirada da un paneo de norte a sur de la glorieta y de pronto baja la mirada a ras de piso. Sus ojos por alguna razón se detienen en la hilera de zapatos, huaraches y tenis que las mujeres se han quitado esperando tomar el micrófono para compartir su dolor. Vienen de un largo caminar en búsqueda de sus familiares. Vienen de todas partes del país. Los ojos del grabador se detienen un largo rato en esos zapatos, pues en ellos se refleja la gente del país, son un pedazo de la patria que se desmorona de a poquito, dejando una larga estela de dolor por todos lados.


El grabador percibe el vacío contenido en los zapatos, ve la ausencia que se registra en el desgaste de las suelas de quien busca. El peso corporal y emocional tiene una razón al corroer la horma. El zapato por sí solo es un objeto simbólico, pero la marcha lo dota de información. En la suela, con un grabado, el artista lo convierte en un objeto incómodo que reproduce la denuncia y exige justicia.


El grabador desde el momento que efectúa su paneo de la hilera de zapatos, visualiza cuántos registros han pasado por la marcha de las madres de desaparecidos que cada año se realiza entre el Monumento a la Madre y el Ángel de la Independencia. Piensa que si sus zapatos tuvieran la capacidad de revelar en cada pisada la información y las emociones que produce la búsqueda, podrían decirle a todo mundo qué sentimientos carga el camino.


El objeto incómodo tiene identidad, es parte de un ser que cruza de manera tangencial la realidad del país y puede registrarla de norte a sur. El tipo de zapato que se usa en el norte pertenece a una realidad social distinta de la que destapan los zapatos de quien busca en el sur. La tragedia es la misma, las historias familiares cargan con identidades distintas que confluyen en el horror nacional porque la guerra ha cruzado todo el país y sus condiciones.


Recuperar estas historias de resistencia caminada y de denuncia andada mediante el grabado es usar las herramientas del arte para producir objetos incómodos que evidencien lo que se oculta. Hoy, reivindicar el grabado es recuperar la sensación de las texturas y la artesanía de la denuncia. El grabado no simula; el proyecto de Huellas de la Memoria hace sentir el peso corporal de la pisada en la calle, registra en papel la impresión del peso y la voluntad de una memoria.


Desde que en México volvió a incrementarse la desaparición de personas (tal y como sucedió después de 1968), la lucha por la memoria ha englobado distintos tipos de acciones para evitar el olvido y la impunidad que permiten la repetición de los actos de desmemoria y represión. En todas ellas, las y los artistas han tenido un papel de aglutinadores. Han sostenido a la gente que trabaja para mantener la memoria viva, actual en el presente, paralela a los hechos. Se trata de artistas de muchas áreas, teatro, música, grabado, que producen y reproducen cosas que reflejan los hechos. El arte como soporte de la denuncia es contundente porque queda, porque evoca y retiene. Como lo demuestran los treinta grabados realizados por López Casanova en las suelas de los zapatos de quien camina en búsqueda de sus desaparecidos, la imagen puede ser un objeto que disgusta a los represores. A la vez, los grabados reproducidos de diversas maneras por los activistas en las redes sociales contienen textos que se traducen y transcriben. La gente que entrega sus zapatos cree que la acción tiene fuerza para la memoria que busca la justicia. Para ella el arte es importante.

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El mensaje de un cartero al Congreso para recuperar la democracia

"Ni la nieve, ni la lluvia, ni el calor ni la oscuridad de la noche impedirán a estos carteros completar con celeridad sus rondas asignadas" reza el lema no oficial del Servicio de Correos de Estados Unidos. Ahora podríamos agregar: "ni una zona de exclusión aérea de seguridad nacional", como demostró el cartero Doug Hughes. Hughes hizo lo que consideró era su deber: llevar cartas. Tenía 535, una para cada miembro del Congreso, y cada una de ellas estaba firmada por él. En ellas, Hughes escribió sobre la influencia corruptora del dinero en la política y optó por un método de muy alto perfil para entregarlas. Piloteó un helicóptero del tamaño de una bicicleta llamado "girocóptero" a lo largo de 160 km., desde Maryland hasta Washington, y aterrizó en la explanada oeste del Capitolio de Estados Unidos, atravesando espacio aéreo restringido.


La aeronave de Hughes podría haber sido derribada. Le pregunté si valió la pena haber asumido ese riesgo, a lo que respondió: "Soy padre y abuelo y puedo ver el cambio que hubo a lo largo de las últimas décadas. Hemos pasado de una democracia a una plutocracia. Los peces gordos están tomando las decisiones. Están consiguiendo todo lo que quieren y los votantes lo saben. Todo el espectro político, los de izquierda, los de derecha y los de centro, saben que este Congreso no representa al pueblo. Y sí, valió la pena arriesgar mi vida, valió la pena arriesgar mi libertad a fin de lograr una reforma para que el Congreso trabaje para el pueblo".


La carta de Hughes comienza con una cita del Secretario de Estado. Hughes escribió: "Lean la siguiente declaración de John Kerry en su discurso de despedida del Senado: 'Considero que la búsqueda interminable del dinero amenaza con robarnos la democracia. Ellos lo saben. Saben que lo sabemos y, sin embargo, no se hace nada al respecto', afirma John Kerry". Hughes continúa su carta con un análisis del modo en que el dinero corrompe el trabajo de los miembros del Congreso "antes de ser electos, durante y después de su mandato", escribió.


El espectacular modo que encontró Hughes para entregar sus cartas no pasó inadvertido. La mayoría de los medios de comunicación simplemente ignoraron el mensaje que este cartero estaba intentando entregar y se centraron, en cambio, en que su espectacular aterrizaje dejó en evidencia la vulnerabilidad de la seguridad. Resulta interesante que su acción no fuera del todo condenada por quienes trabajan en el Capitolio.


El legislador republicano de Carolina del Norte Walter Jones dijo en la Cámara de Representantes de Estados Unidos: "No defiendo violar el espacio aéreo restringido y arriesgar a personas inocentes al volar un girocóptero en el predio del Capitolio. El Sr. Hughes tiene razón con respecto a la fuerte influencia del dinero en la política. He visto cómo ha empeorado esta situación en los veinte años que llevo en el Congreso. La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos en el caso de Citizens United en 201o, en relación con el financiamiento de las campañas, creó comités especiales, los llamados súper PAC, y multimillonarios que compran candidatos".


El fallo de la Corte Suprema de 2010 al que se refiere Jones, Citizens United contra la Comisión de Elecciones Federales (FEC, por sus siglas en inglés), y un fallo posterior de 2014, McCutcheon contra la FEC, dieron vía libre a las donaciones ilimitadas para el financiamiento de las campañas electorales, incluyendo la posibilidad del financiamiento a través de fondos que no pueden ser rastreados, conocidos como "dinero oscuro". El gasto de grupos externos en las campañas explotó, pasando de 15 millones de dólares en 1998 a más de 1.000 millones de dólares en 2012. Y entre las arcas de Clinton y el efectivo de los hermanos Koch, la crisis empeorará cada vez más mientras se prepara la campaña electoral de las elecciones presidenciales de 2016. Hughes apoya una reforma constitucional que elimine la influencia del dinero en la política.


Al día siguiente de que Hughes aterrizara su girocóptero en el Capitolio, le pregunté al congresista demócrata de Florida Alan Grayson qué pensaba sobre la protesta del cartero contra la influencia del dinero en la política: "De hecho me encontraba en la sala de la Corte cuando se emitió la desastrosa decisión de Citizens United hace cinco años. Mitch McConnell, [en ese etonces congresista republicano y ahora líder de la mayoría del Senado], se encontraba a dos asientos a mi izquierda. Éramos los únicos funcionarios públicos en la sala. Mitch McConnell estaba más feliz que nunca aquel día. Estaba literalmente riendo de alegría cuando se emitió el fallo. Y yo dije en MSNBC aquella noche hace cinco años que si no hacíamos nada, podíamos comenzar a despedirnos de este país. Bueno, prepárense porque ahora mismo son los multimillonarios y las multinacionales los que toman las decisiones con respecto a lo que quieren, ya sea el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, la vía rápida, o cualquier cosa que quieran. Logran rescates financieros, exenciones impositivas. Obtienen la llamada desregulación, lo que sea. Obtienen lo que quieren aquí porque están pagando por ello".


Doug Hughes está actualmente bajo arresto domiciliario en Florida. De ser hallado culpable, afrontaría una pena de cuatro años de prisión. Tiene tres hijos. Tenía cuatro, pero uno se suicidó en 2012. Le pregunté a Doug Hughes si el suicidio de su hijo tuvo que ver con su acción, a lo que respondió: "Su muerte no tuvo sentido. Fue un desperdicio. Tenía tanto potencial. Pensé en lo que había hecho yo, en lo que había logrado y contribuido y pensé qué país y qué mundo vamos a dejar si las cosas continúan como están. Tengo [otros tres] hijos. Tengo dos hijos adultos y una niña de 11 años. Quiero dejarles una verdadera democracia para que puedan tener el control sobre su destino y el destino de sus hijos. Y ahora mismo están perdiendo esa posibilidad. Estamos perdiendo esa posibilidad. Y depende de nosotros restablecer la democracia. Podemos encontrar soluciones a los problemas que tenemos, si las personas tienen el control".


Independientemente de lo que suceda, este cartero ha entregado su mensaje y ha completado sus rondas asignadas.
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Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Trabajadores de Coca Cola, en huelga de hambre

Desde el 13 de abril a las dos de la tarde, cinco trabajadores de Coca Cola realizan una huelga de hambre para que el Estado intervenga y cree una mesa de diálogo con la reconocida compañía.


En la Plaza de Bolívar de Bogotá permanecen cinco trabajadores de Coca Cola, afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema Agroalimentario (Sinaltrainal). Ellos, en representación de sus compañeros, decidieron dejar de comer hasta que se conforme una mesa de diálogo con la multinacional, en donde intervenga el Estado y se discutan cuatro puntos importantes.


"Uno es la violación a todos los derechos convencionales de los trabajadores, el problema de seguridad que hoy enfrentamos los trabajadores, el problema ambiental que ha creado la compañía alrededor de los humedales y el problema de salud, que por las malas prácticas –a causa de la falta de un programa de salud ocupacional–, se accidentan y han quedado lisiados, a lo cual, la empresa no responde", dice William Mendoza, dirigente de Sinaltrainal.


Mendoza explica que los despidos injustificados dentro de la compañía son costumbre, "Hace un mes despidieron cuarenta trabajadores de la administración. Antes éramos diez mil trabajadores, ahora solo somos alrededor de siete mil, pero más de la mitad de esos trabajadores están tercerizados. Es decir, más del 50% de los trabajadores han salido por varias figuras: uno, los despidos, dos, lo que tiene que ver con los "arreglos voluntarios" y tres, salen porque no aguantan la presión de la empresa".


Por su parte, el Gobierno Distrital ha colaborado con la protesta, dice Mendoza, el cual ha garantizado de manera efectiva el derecho a la huelga. Por el tipo de iniciativa, en las mañanas y en las noches, el cuerpo médico del Distrito ha monitoreado la salud de los trabajadores.


El Dirigente, afirma que acudieron a la huelga de hambre porque han intentado obtener respuestas a sus quejas por parte de las entidades estatales, pero no lograron nada. Por tal razón, se tomó esa decisión


"Queremos que se cree una mesa nacional en donde estén obviamente las partes del conflicto: Coca Cola, y el sindicato pero con las autoridades para que estén, dependiendo de los puntos que se toquen. Por ejemplo, en la mesa nacional, si se está afrontando el tema laboral, obviamente queremos que esté el Ministerio del Trabajo", explica Mendoza.
Su lucha, como tantas otras que han liderado los trabjadores en Colombia en defensa de sus derechos, llega hasta el extremo de atentar contra la salud de quienes resisten. ¿Hasta cuándo, el modelo económico y laboral del país, obligará a quienes marcan tarjeta a llegar a este tipo de extremos?

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